elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Voto

El mantra por Carlos Raúl Hernández – El Universal – 24 de Marzo 2019

Todo lo ganado en estos 20 años, ha sido por votar. Y todo lo perdido fue por abstenernos. Claro que queremos votar decentemente. Pero el mantra suena a argucia con fines no expuestos

Se piensa que la primavera árabe fue lo que las imágenes enseñaron, románticas jornadas de masas en las calles por la libertad, igual que Ucrania. Los videos espectaculares del final simplificaron la complicadísima trama de amarres precedentes, varios de ellos tortuosos y de consecuencias terribles. Lo esencial para el oficio político, las complejidades para construir desenlaces, no lo es para la antipolítica, esa nueva dinámica que lleva los jugadores “doble AA” directamente a las grandes ligas y luego al desastre, como vimos en 20 años.

En Edipo Rey, la aterradora esfinge arrojaba a los hombres al abismo mientras exclamaba “el vacío al que caes está dentro de ti”. Pero la primavera se convirtió en canícula desértica y en el ocaso de países milenarios como Siria y Libia. Egipto salió de una dictadura a otra, salvándose por poco del fundamentalismo de Hermanos Musulmanes, y Túnez trata de nadar con brazos amarrados. Varios cambiaron el terror por el desastre, peste por cólera.
Desde hace décadas se desarrolla la transitología que ya acumula un tesoro bibliográfico, y por los menos tres grandes tratados que recogen la mayoría de las experiencias y cuentan detalladamente cómo se lograron. Los cambios de régimen salieron bien cuando los protagonistas jugaron con variables políticas reales, y no abundan mantras, como los define @Karla_ngj, en secuencia inmodificable: “cese a la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres”. Todo mantra es aneuronal y pelético como ese de “jugar en todos los tableros”. Y el abrazo del oso mántrico son las “condiciones electorales”.
 Mantra de las condiciones
Y en la historia de las transiciones, el abstencionismo o boicot electoral, fue una bestia exótica. En Brasil contra la opinión de Dilma Rousseff, en aquel entonces joven jefa de la organización armada Val-Palmares, la oposición concurrió a elecciones de segundo grado y ganó, ante la estupefacción de la dictadura. En Polonia Jaruselski convocó un proceso viciado con un mecanismo que le garantizaba mayoría previa de diputados, pero Solidaridad obtuvo todos los cargos a elegir. La oposición panameña le ganó a Noriega en 1989 en medio de la violencia de los batallones de la dignidad, por no recontar el caso de Violeta Chamorro en Nicaragua.
Hay incontables ejemplos de triunfos electorales en procesos sucios y debemos fijarnos en nuestra propia experiencia. La oposición concurrió a las parlamentarias de 2015 aunque el gobierno había quebrado la institucionalidad para ponerla a su favor. Bajo la orientación de Tibisay Lucena cambiaron circuitos electorales con desbocados jerrymandering. Migraron a los ciudadanos de sus centros de votación. A última hora desorganizaron las planchas opositoras al aprobar paridad de hombres y mujeres, los colectivos creaban terror por las calles y Capriles denunció que sacaron testigos a punta de pistola de los centros de votación.
Los médicos cubanos se convirtieron en maquinaria de extorsión electoral. En 2018 en vista de que estaban inhabilitados los candidatos “naturales” y Lorenzo Mendoza no aceptó serlo, la excusa para no permitir un outsider fue lo de las condiciones, las mismas del triunfo en 2015 que obtuvo la Asamblea Nacional. Todo lo ganado en estos 20 años, ha sido por votar. Y todo lo perdido fue por abstenernos. Claro que queremos votar decentemente. Pero el mantrasuena a argucia con fines no expuestos.
Día del abecedario
Mientras en el norte deshojan la margarita de la invasión, se anuncia un nuevo “día D”, otro intento de asalto civil al poder. En años recientes y el primer trimestre del actual tuvimos días D, X, Z, Y, y el Presidente colombiano declaró hace un mes que el gobierno caería en horas. Comenzamos con el 5 de enero, seguimos el 10, luego el 23 de enero y el 23 de febrero. Así podríamos seguir en cada fecha patria, Día de la bandera, 19 de abril, 24 de junio, 5 de julio, 24 de julio, etcétera y ya tenemos precedentes de tales secuencias. Así otro mantra, la amenaza creíble, como todo tiene su coyuntura, perderla torna el drama en comedia.
La oposición escaló un gran pico que le permitía sentar creíblemente al gobierno con la Unión Europea. El 23 de febrero eso cayó aunque de nuevo se ha repuesto y no es recomendable dejar pasar otro buen momento. El punto es que la idea de que la solución deber ser electoral y producto de un acuerdo con el gobierno y los militares, parece no tener relevancia para algunos y luce que se trata de nuevo de patear la puerta, el mismo esquema de 2014 hasta hoy, mientras musitamos el mantra “cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres”.
Patear la puerta, la insurrección cívica y desarmada, simplezas tales como “el 187.11”. Se echó mano al 233, al 333, al 350 y posiblemente no alcancen los artículos de la Constitución. Preocupa algo en la larga ristra de agradecimientos. Aparecen los gobiernos de EEUU, Perú, Colombia, Brasil, Paraguay, Chile, Argentina, Ecuador y el grupo de eurodiputados que vino a cuestionar al trabajo de Federica Mogherini. Pero no se le reconoce a ella, que suena gran esperanza de que este aquelarre pudiera conseguir una vía de salvación. A Mogherini y a la Unión Europea no conviene excluírseles de los reconocimientos.

Maduro y los fundamentalistas del voto por Ibsen Martínez – El País – 3 de Diciembre 2018

El fundamentalista del voto no es exactamente un protagonista de la clase política sino una figura ancilar de la misma

El presidente Nicolás Maduro en Maracay.
El presidente Nicolás Maduro en Maracay. REUTERS

Descuella en ese fandango de locos que es la Venezuela de Maduro la figura del fundamentalista del voto.

El fundamentalista del voto mete la mano cada tanto en su muestrario de lecturas de ciencia política para repartirlas al paso, como si fuesen octavillas, entre aquellos a quienes busca persuadir de que, a pesar de que los esbirros de Maduro puedan secuestrar funcionarios electos y luego de torturarlos, asesinarlos arrojándolos desde un décimo piso, los venezolanos amantes de la libertad no tienen más opción que votar en cuanta elección disponga la dictadura, así esté amañada según sus propios despóticos términos, desde hoy hasta la consumación de los siglos.

El fundamentalista del voto, ya lo dijimos, no es exactamente un protagonista de la clase política sino una figura ancilar de la misma. Esto es así porque las cabezas visibles de los pocos acorralados partidos de oposición no prodigan ya ideas, y mucho menos, libros: eso es cosa del siglo pasado, algo que solo podría ocurrírsele a un Rómulo Betancourt o a un Teodoro Petkoff. Para airear ideas sobre lo que conviene hacer para poner fin a la dictadura está el fundamentalista del voto.

El fundamentalista del voto suele ser un profesional de la demoscopia o un politólogo, o ambas cosas a la vez, y tiene acceso como articulista a los contados espacios de opinión que el régimen tolera. Lo esencial de su argumento es la denuncia del abstencionismo y, puesto a ello, es capaz de hacer del sofisma un deporte extremo.

Uno de ellos achaca el empantanamiento de la acción opositora al hecho de que, según el fundamentalista del voto, la política de oposición ha estado últimamente en manos de aficionados, de gente ingenua e impaciente, imbuida de un inconducente misticismo moral. Otro gallo cantaría, se nos dice, si los oficiantes fuesen políticos profesionales, curtida gente del gremio, gente dueña de los fríos saberes propios del oficio. No entenderlo así no es más que antipolítica.

Este argumento es groseramente fullero pues basta leer la prensa de atrás hacia adelante para constatar —sin hurgar mucho en la herida— que, desde al menos 2005, han sido veteranos políticos partidistas los jefes de la oposición.

Los despropósitos, los vaivenes, los tejemanejes electoreros, los diálogos en la trastienda, las metas incumplidas, los fracasos y en suma, la perpetuación de Nicolás Maduro en el poder, son achacables únicamente a ellos. El electorado, o por decir mejor, la gente moliente y sufriente, estuvo todo ese tiempo siempre atenta, no solo a votar, sino también a hacerse matar en la calle cuantas veces lo exigieron los profesionales del difícil arte de la política tan sacralizado por el fundamentalista del voto. Algún día la decepción universal tenía que manifestarse y así lo hizo en mayo pasado.

En esto del abstencionismo se ha llegado al extremo de afirmar que de haber elegido en mayo pasado —acudiendo en masa a unas elecciones claramente fraudulentas—, a Henri Falcón, ese sosías de Chávez, alguien que remeda al Comandante no solo al hablar, sino hasta en el tono de las corbatas, ya a estas alturas estaríamos viendo los frutos de un gobierno de reconciliación y concordia nacionales, un gobierno restaurador de la economía de mercado y la democracia liberal. ¿Quién se interpuso? ¿Quién nos robó ese rutilante desenlace de nuestra tragedia? Nada menos que el 54% del padrón electoral que se abstuvo de votar.

El fundamentalismo atribuye esas cifras a protervos trolls y bots alentados por el gran Partido Abstencionista de la Burguesía Apátrida y Proyanqui que expresa a la facción plutócrata de la oposición liderada por María Corina Machado. El fundamentalismo niega que el electorado se haya abstenido soberanamente: fueron anónimos tuiteros quienes lo engatusaron.

El fundamentalismo finge creer que votar en las elecciones municipales, pautadas por la dictadura para el venidero 9 de diciembre, es el primer paso en la recuperación de nuestra democracia.

El fundamentalismo del voto es la zarza ardiente desde la que Nicolás Maduro habla y nos pide el voto.

Voto y representación política desde el extranjero, una propuesta por Carmen Beatriz Fernández – La Patilla – 2 de Octubre 2018

La Venezuela de hoy ya está constituida por dos países: el de adentro y el de afuera. Ambos países deben concebirse juntos, como parte de una unidad inseparable, y cualquier esfuerzo político, y de políticas públicas debe considerarlo así. Las cifras de FaceBook son contundentes y me las creo, pues no hay quién maneje datos mejor que el gigante que creado por Zuckemberg. Hay hoy más de 3 millones de recientes emigrados de Venezuela, cifra muy superior a la que reconoce Naciones Unidas. La encuestadora Datincorp hizo una repregunta de ese fenómeno en la encuesta sobre el exilio venezolano de Feb 2018. La respuesta hace estimar una emigración cercana a los 7 millones de venezolanos. Cualquiera sea la cifra real está entre ambos números, entre un 10 y un 20% del padrón electoral, y cualquier propuesta para Venezuela debe incluir esos dos países…

Es un éxodo, ciertamente. Y un éxodo que merma de manera importante las posibilidades de desarrollo del país, puesto que despoja a Venezuela de su mejor fuerza productiva. Un estudio reciente del Servicio Jesuita a Refugiados, evidencia que un 74% de quienes emigran están en la mejor edad laboral, entre los 20 y los 40 años, mientras que un 60% de los que se marchan tienen estudios universitarios. Es esta emigración acelerada la que ha vuelto a poner al país en los reflectores globales. Y las alertas de ese éxodo sobre los países receptores lo que imprime el sentido de urgencia a una acción de presión colectiva desde el exterior.

Ante esta realidad, urge plantear desde la Asamblea Nacional una iniciativa legislativa que garantice los derechos políticos de los venezolanos en el extranjero. Pese a que la constitución nacional garantiza expresamente el derecho a voto de los venezolanos, donde quiera que se encuentren, sabemos que la realidad burocrática se tropieza duramente contra ese objetivo constitucional. La iniciativa legislativa debe por ello poner énfasis en garantizar el derecho a voto sólo con la cédula y el registro previo en el CNE, independientemente del centro de votación.

Pero además, garantizar los derechos políticos de los venezolanos en el extranjero tambien implica proponer un rediseño institucional del parlamento para que incluya representantes de la diáspora. Que al menos el 10% o 15% de los parlamentarios sean escogidos por venezolanos en el exilio. Tener un bloque parlamentario de unas 20 sillas en las que estén representantes de los venezolano-colombianos, venezolano-españoles, venezolano-norteamericanos, etc… Tal como ocurre en el parlamento francés o el italiano, y también en los congresos de países hermanos como Colombia y Ecuador.

Trabajar en torno a una propuesta de esta naturaleza permitiría también encontrar puntos de conciliación entre las posturas de varios dirigentes políticos, los de fuera y los de dentro, y trabajar por una agenda común en un tema que refuerza la visibilidad del problema migratorio venezolano. Hay gran incertidumbre en estos momentos y un sentido de impotencia desde parte de la dirigencia y de la gente, en el sentido de que el desenlace de lo que ocurra en Venezuela no tiene que ver con lo que podamos hacer o dejar de hacer. Por un lado se está a la espera de lo que “pueda pasar” desde el exterior, y por otro lado se está expectante ante una posible última estocada, una convocatoria a un referendum aprobatorio de una nueva constitución express. Un proceso que ejercería la coacción y coerción ad nauseam. Nada peor para la acción política que este sentimiento de alienación. Un trabajo conjunto que apunte a garantizar los derechos políticos de los venezolanos no sólo es imperioso, sino que escapa del encasillamiento del manejo de la agenda pública con la que el régimen asfixia la discusión nacional, y permitiría hallar puntos de encuentro que faciliten entenderse, tanto a ciudadanos como a sus dirigentes.

Seguro es el voto, por Luis Martínez – TalCual – 25 de Julio 2018

1-42.jpg

Es el peor momento del gobierno y, a la vez, el peor momento de la oposición. Lo que costo innumerable luchas, muertes, sacrificios y negociaciones para transformarlo en instrumento de la democracia: el voto, en término de 3 años, parte de la oposición venezolana lo ha dilapidado, estigmatizado y desechado como opción de rescate de la democracia. Es increíble la ligereza con que se descarta el voto y se estimulan salidas indescifrables, incoherentes e indefinidas que nadie ha podido explicar para hacerlas creíbles.

Toda reunión que siente en una mesa a distintos sectores de la oposición, no importa las diferencias que tengan, es importante para iniciar la recomposición de esta, con el firme propósito de confrontar seriamente al régimen autocrático que gobierna a Venezuela. Por eso ha sido importante la reunión que propicio Henrique Capriles, pues permite el acercamiento y la búsqueda de coincidencias para definir una estrategia única frente al gobierno. Seguro estamos que el principal tema de discusión esta, contradictoriamente, en el dilema votar o no votar, cuando debería ser el tema que unifique a la oposición en una única estrategia.

El voto, más que una vía parta derrotar al gobierno, es el único instrumento para deslegitimarlo y dejarlo en evidencia si osara violentarlo”

No basta esgrimir precarias condiciones electorales o ventajismo del gobierno para desechar su utilidad, pues todo ello se supera si se logra plasmar a través de él, el enorme descontento de la población que ronda el 78 % opuesto al presidente y su gobierno.

Hasta ahora el escepticismo y la desesperanza del pueblo venezolano no conectan masivamente con el voto como estrategia sólida, pacífica y constitucional capaz de poner contra la pared al régimen. El gobierno lo utiliza como instrumento para descomponer el estado democrático, dividiendo a la oposición, utilizando la fuerza mediática de quienes en la oposición se empeñan en abandonar la confrontación electoral y sembrando dudas en las redes sociales que, como esponjas, algunos repiten sin darse cuenta que reman a favor del gobierno. Buscan legitimar una nueva estructura de estado, utilizando el voto como instrumento para lograr su hegemonía, y si lo dejan solo, mejor para ellos, pues sin oposición electoral y sin confrontación, el mandado lo tienen hecho.

El voto por tanto, es el principal instrumento de cambio para la oposición venezolana, independientemente de mejores o peores condiciones, ventajismo o precariedades impuestas. En estos 3 años se ha demostrado que ni comunidad internacional, ni golpe militar, ni guarimbas, ni abstención logran cambiar al gobierno. Empeñarse en repetir los errores que han desilusionado a la gran mayoría de los venezolanos, es un craso error. Ya lo estamos pagando con un nuevo gobierno de Maduro al que se le relaja la comunidad internacional. La tarea de cambiar al gobierno deben resolverla los venezolanos. Bienvenido el encuentro de dirigentes y fuerzas políticas para reordenar la estrategia y confrontar con fuerza al régimen ¡pero eso sí! El voto en cualquier estrategia y escenario, sigue siendo el principal instrumento de cambio para salir de este gobierno. Lo demás son ilusiones. Seguro es el voto.

 

 

 

Mea Culpa por Laureano Márquez – La Patilla – 22 de Junio 2018

UnknownNo se trata de una particular manera de hacer aguas. La frase viene del latín y significa literalmente “por mi culpa” . En el rito romano, es una oración de preparación para la liturgia en la cual se confiesan públicamente los pecados ante el pueblo de Dios, como decir el Twitter Supremo, para que se entienda. Hago, entonces, mi mea culpa:

I
Conocí a Chávez en 1998 cuando trabajaba en KYS FM. El programa que conducían Alba Cecilia Mujica y Sergio Novelli mantenía un espacio: “Viernes de humor” y la pasábamos bastante bien y parece que el público también. Un viernes se presentó el entonces candidato presidencial, Hugo Chávez. Como se sabía de su visita desde el día anterior, yo llevé varios ejemplares de unos artículos en clave de humor, sobre un supuesto plan de gobierno para la salvación de la economía venezolana, que había escrito para la revista SIC del centro Gumilla. Recuerdo que entre ellos había uno: “Microdiccionario de macroeconomía” en el que definía todos los términos macroeconómicos de manera confusa para producir un efecto cómico ex profeso (que no es alguien que fue profesor, sino una locución latina que significa “a propósito”, “intencionadamente”). Fue la única vez que vi a Chávez en mi vida, pero fue suficiente. Al final de la entrevista, en la que tuvimos un intenso debate, yo caracterizando a Caldera y el caracterizándose a sí mismo, como solía hacer, le regalé los ejemplares de las revistas con los artículos aludidos.

Antes de que yo tuviese tiempo de explicarle que eran en clave de joda, él, luego del consabido tic nasal, dijo: “Mira, te prometooooo, que voy a estudiar esto detenidamente y te prometoooooo que lo vamos a aplicarrrr…”

Supongo que él vio la revista SIC, de corte progresista, y se imaginó que la cosa iba en serio. Ya en el gobierno no hizo otra cosa que aplicar en serio el plan de gobierno que yo le había dado en broma.

II
(10 años antes). Recién graduado en ciencias políticas, buscaba trabajo desesperadamente. La situación estaba entonces muy difícil para los politólogos, al punto que, muerto un colega en la indigencia, hacíamos una vaca para su sepultura y solicitábamos colaboraciones de 100 bolívares. Inquirido un funcionario de entonces por nosotros:
¿Podrías colaborar con 100 bolívares para enterrar a un politólogo?

El susodicho respondió: ¡¡¡Toma 200 y entierra a dos!!!

En un contexto así, naturalmente, conseguir empleo no era sencillo. Vi en El Nacional un aviso en el que solicitaban choferes para metrobús y me presenté con mi currículum. A la semana me llamaron para darme el empleo, pero en esos días surgió también la posibilidad de realizar estudios de postgrado en “Planificación y Gestión Gubernamental ”. Opté por estudiar y fui a la C.A. Metro de Caracas a dar aviso de que no tomaría el trabajo. En la taquilla vi la lista de aspirantes; tacharon mi apellido y llamaron al otro aspirante que quedaba por la M. Es decir, que de no haber hecho estudios para gobernar el país, sería yo ahora el presidente. Lamento hasta el día de hoy no haber aceptado el puesto.

Aceptadas estas culpas capitales, como dicen las ventas por TV: “Hay más, mucho más”:

Nunca he pensado que otro ser humano es una rata ni un gusano. Con ese pensamiento, los nazis exterminaron millones de personas. Así como me opongo a que los chavistas nos sigan aniquilando, tampoco quiero aniquilarlos a ellos.

Nunca he mandado a nadie a hacer alguna acción que conlleve riesgo, si no estoy presente yo también en la misma, corriéndolo también. En tal sentido -con vergüenza-, reconozco mi admiración por todos los líderes opositores que se la han jugado, que han recibido tortura, agresiones y – de manera especial- por todos los que han sido asesinados en esta lucha.

Me declaro culpable también de creer que esta es una confrontación ética en la que no podemos convertirnos en aquello que pretendemos cambiar. Eso fue lo que hizo el chavismo, elevando los males que padecíamos a la enésima potencia.

Me declaro culpable de haber propiciado el voto cuando creí que el voto podía ser útil, como lo fue en la elección de la Asamblea Nacional, cuyos resultados agarraron tan fuera de base al régimen que tuvieron que hacer reforma exprés con la Asamblea vieja para inhabilitar la nueva.

Confieso haberme opuesto a este régimen desde el primer día, cuando muchos de los que hoy me crucituitan aún votaban por él porque aquí hacía falta “mano dura”.

Pero sobre todo, me declaro culpable de no tener el más mínimo propósito de enmienda.

Y por último me arrepiento, además, de haber escrito este artículo cuando la jauría debe estar tras una nueva presa. La historia me absorberá, el Twitter ya me absorbió.

 

Venezuela: las trampas del hambre en jornada electoral por Francesco Manetto – El País – 20 de Mayo 2018

El desastre económico del país mantiene bajo el yugo a la población. Mientras, el régimen teje fidelidades ante las elecciones presidenciales

El Portugués mide las palabras y evita los aspavientos delante de los clientes. Luce un cuidado bigote con canas y entremezcla los recuerdos con la indignación detrás del mostrador de El Chamo, la carnicería que regenta desde hace décadas en Petare, el barrio popular más grande de Caracas. El Portugués vende, o vendía, solomillos, chorizos y morcillas. José Florentino, este es su verdadero nombre, que pocos conocen, rememora los sucesos del Caracazo, el sangriento estallido social que partió en dos el destino de Venezuela. Se originó en 1989 tras una fuerte subida de precios, durante el Gobierno de Carlos Andrés Pérez, y sectores del chavismo lo reivindican hoy como premisa de la llamada revolución bolivariana.

“A mí me agarró aquí y me saquearon, pero entonces era fácil porque todo era más barato. La gente ya no hace mercado”. Tras las impresiones de este comerciante, a punto de cumplir 60 años, hay dos realidades en torno a las que existe consenso incluso más allá de las posiciones políticas. Primero, la situación de la gran mayoría de la población, su odisea cotidiana para sobrevivir, nunca había sido tan insostenible. Segundo, la escasez y el yugo de los precios han tejido tramas de fidelidades que atan a los ciudadanos a las autoridades a través de las bolsas de comida y los subsidios y, al mismo tiempo, fomentan negocios informales o directamente al margen de la ley. El kilo de carne se disparó hace semanas por encima de los dos millones de bolívares, la moneda local, y llegó a rozar el salario mínimo integral, fijado en 2,5 millones. Menos de tres dólares al cambio no oficial (2,6 euros).

Hablar de costes hoy en un barrio de Caracas se ha convertido en una especie de quiniela. Los precios aumentan en cuestión de días, a veces horas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un incremento del 1.800.000% en dos años, un drama superado en este siglo solo por Zimbabue. Y mientras el desastre económico se consolida, el régimen de Nicolás Maduro busca fortalecerse en unas elecciones presidenciales convocadas con unas reglas del juego que, según las fuerzas mayoritarias de la oposición, favorecen al Gobierno y suponen un mero trámite. Algo más de 20 millones de venezolanos se debaten entre votar y no acudir a las urnas por falta de garantías como piden las principales formaciones críticas con el chavismo.

“Voy a votar porque es un deber. Un buen ciudadano debe votar”, dice Carmen Holguín, costurera de 55 años, mientras espera el autobús en una larga cola que serpentea en una esquina del sector de Catia, una de las zonas más fieles a la memoria del expresidente Hugo Chávez. “Espero un cambio que sea bueno para todos porque estamos viviendo muy mal. No alcanza el dinero para nada. Cada día suben los precios”, se lamenta. Aunque no confiesa su voto, se intuye su simpatía por Henri Falcón, el representante opositor con más peso en estos comicios. William José y Víctor Valera, transportistas, muestran su desencanto con la política, pero tienen posturas distintas. “No voy a votar, ya me cansé en 2003. Ni por uno ni por otro”, asegura el primero, mientras el segundo está dispuesto a dar su apoyo a Falcón, quien se alejó de los postulados de la revolución bolivariana en 2010. “Lo más seguro es que me lance y vaya a votar. Pienso que ese hombre tiene unas ideas muy claras. Pero la política tiene mil caras”, opina sobre las sospechas de que haya pactado con Maduro un puesto en su Gobierno.

No obstante, las elecciones y su resultado, más que previsible, no son lo que más interesa en las calles de Caracas, en los mercados, en los barrios humildes y en los municipios opositores como Chacao. Con la salvedad de los chavistas ortodoxos, los caraqueños están mucho más preocupados por la seguridad —en 2017 hubo casi 27.000 asesinatos, de los que más de 5.000 se produjeron por resistencia a las fuerzas de seguridad, según el Observatorio Venezolano de Violencia—, por el colapso de los servicios públicos y un modelo productivo extractivista, por la caída de PDVSA, la petrolera estatal, el desabastecimiento y el aislamiento internacional. Cientos de miles de personas huyeron en los últimos meses a la vecina Colombia en busca de oportunidades.

Dar con alguien con ganas de desahogarse no es difícil. Más complicado es superar la desconfianza inicial, relacionada con el control que ejercen sobre la población las autoridades. La advertencia es habitual: cuidado con los colectivos motorizados, los grupos de choque del chavismo. Junior Moral, de 33 años, está a vueltas con unas cuentas en un establecimiento vacío. En el mostrador, un puñado de empanadas. “Una cuesta ya 200.000 bolívares. Un desayuno, tres empanadas y un jugo serían 800.000 bolívares. Si comes dos días ya prácticamente se te murió el sueldo. ¿Con qué sobrevivimos los otros 29 días? Cada día, cada hora, cada segundo la situación se hace más difícil”, describe. Moral no votará a pesar del hartazgo. O, en realidad, precisamente por el hartazgo. “Si de verdad saliera la gente a votar, yo creo que podríamos ganar, pero como todo está comprado, no va a pasar. Creo que hace cinco años ganó Henrique Capriles”, afirma sobre las elecciones de 2013.

A pocos metros, la discusión en un puesto de plátanos gira en torno a la mala calidad de los servicios y de las misiones, los proyectos sociales de barrio impulsados por Chávez con el apoyo del Gobierno cubano. “¿Qué queremos nosotros de Maduro? Que haga como Chávez, que corte por arriba, no por abajo”, resume Gladys Contreras, de 46 años, enferma y desempleada en un sistema que el año pasado superó el 27% de paro, según el FMI. “Tengo el carnet de la patria y del PSUV [Partido Socialista Unido de Venezuela] y yo era de las que me ponía a pelear con cualquiera. Pero no voy a votar. Por ninguno, no tiene sentido porque esto ya está arreglado”, continúa.

El carnet de la patria

El llamado carnet de la patria es un documento con el que el chavismo trata de asegurarse el apoyo de las clases populares. En el país circulan más de 16 millones. Permite acceder a bonos y servicios y, aunque sobre el papel no sirva para tener una atención preferente en la recepción de las cajas periódicas de alimentos, es un instrumento utilizado para medir la fidelidad al régimen.

En Petare, Pedro Key, jubilado de 65 años, y Romina Oporte, educadora de 34, se encargan de repartir esa bolsa a través de los Comités Locales de Abastecimientos y Producción (CLAP). Esto es, una ayuda introducida por Maduro en 2016 que, como ha denunciado en repetidas ocasiones la oposición, es la base de las redes clientelares. Cada caja contiene algunos paquetes de pasta, harina, leche, sal, arroz, azúcar, aceite, atún, tomate y mayonesa… “Soy uno de los que lleva los beneficios a una parte de la población”, explica Key, veterano militante chavista. Cada mes, en el mejor de los casos, coordina la distribución de esos productos entre 503 familias de la comunidad.

A pesar de su entrega absoluta a la causa, también transmite perplejidad sobre la situación. “Maduro dice que después, el 21, las cosas van a cambiar. Ojalá sea verdad. Él tiene que mejorar la economía, llevamos cinco años aguantando esto”, explica sobre lo que califica de “guerra económica”. “Los países que hoy tenemos un poco de revolución somos los más atacados en el planeta”, continúa. “Hay una larga tarea, hay que levantar el país”, tercia Romina Oporte. Mientras tanto, la trampa del hambre sigue siendo el principal recurso que permite al chavismo perpetuarse en el poder.

 

¿Votar o no votar por Maduro? por Heinz Dieterich – Aporrea – 18 de Mayo 2018

heinz_dieterich.jpgMuchos amigos y medios internacionales me han pedido analizar la situación electoral en Venezuela. En particular, me pidieron contestar las siguientes preguntas.

1) ¿Son legítimas o ilegítimas las elecciones del domingo en Venezuela?

Las elecciones son ilegitimas, porque no existen las condiciones básicas para que los ciudadanos puedan tomar decisiones razonadas sobre el proceso y los candidatos electorales. Esta deficiencia estructural existe en varios ámbitos claves.

1. Se requiere un entorno socio-económico estable que permite a la población concentrarse en la contienda electoral y ponderar las opciones que se presentan. Con una hiperinflación de más del 10,000 %, una ausencia de medicinas y alimentos generalizada para las mayorías, una reducción del PIB en el último lustro de alrededor del 45%, una emigración económica de más de un millón de personas, y una muy alta tasa de criminalidad, esas circunstancias socio-económicas no están dadas.

2. Elecciones sólo tienen sentido cuando los candidatos representan alternativas viables de política pública progresista ante los grandes problemas de la nación y de los ciudadanos. Ninguno de los dos bandos –o bandidos– de la “oposición” cumple con esta condición. El oportunista ex chavista Henry Falcón y el oscurantista “evangélico” Javier Bertucci –los dos candidatos de mayor preferencia electoral de la “oposición”– van a ir con el FMI para recomponer la economía. Las condiciones draconianas que pondrá el FMI para dar su infame Paquete de Ajuste Estructural, harán palidecer las condiciones que la institución impuso a Grecia en su momento, porque Venezuela no es parte del Primer Mundo y tiene cero poder de negociación. En consecuencia, las condiciones infernales en que vive actualmente la mayoría de los venezolanos, empeorarán drásticamente. De hecho, ni Falcón ni Bertucci tienen un programa para regresar el país al camino del desarrollo sustentable. La dolarización y el FMI de Falcón y la “salvación del país a través de la fe”, del Rasputín pentecostalista, son el mismo proyecto: entregar la soberanía de Venezuela a Washington y el gran capital occidental.

El otro ala del espectro político, que representa Maduro, igualmente no tiene ningún programa realista ni creíble para salir del desastre económico que ha creado. Venezuela necesita un Plan Marshall para salvarse, pero la mafia usurpadora de Miraflores no tiene cabezas para diseñarlo, ni acceso a los circuitos financieros internacionales, que podrían costearlo. Desconocidas las elecciones de antemano como “ilegales”, por los centros de poder occidental, será imposible que –“ganando” Maduro– consiga los recursos para el ajuste estructural necesario del sistema económico. Sin Occidente y sin China, la elección se realiza, por así decirlo, en un catch-22, donde no hay solución electoral alguna para salvar a la economía. De ahí, que la promesa de Maduro, que si gana las elecciones, llevará a cabo “una revolución económica que sacudirá al mundo”, no es más que una patética mentira. Ninguno de los candidatos tiene un proyecto económico viable. Por eso, ninguno sirve para ser presidente.

3. El régimen de Maduro se basa en la mentira (de la guerra económica), las bayonetas de los generales faccionistas Padrino López y Néstor Reverol (represión militar), la monopolización de los dólares y la dependencia asistencialista generalizada cual medio de control socio-político, financiada con ellos (Carnet de la Patria, CLAP). La combinación de esos cuatro factores ha creado una clientela electoral cautiva para el gobierno, por una parte; y un ambiente generalizado de desmovilización, frustración, incertidumbre y tendencia hacia el abstencionismo, por otra. En ese ambiente, el debate público racional y transparente que es una precondición imprescindible para facilitar la conciencia ciudadana cual precondición del voto razonado, no se ha podido dar. La situación de manipulación sistemática de la información y del razonamiento electoral, muy semejante a la que prevaleció en Estados Unidos en la última contienda presidencial, hace imposible cumplir en Venezuela con el mandato de una votación nacional democrática que exprese la soberanía popular mayoritaria.

2) ¿Fracasó la oposición en su intento por derrotar a Nicolás Maduro o el Presidente venezolano les pasó por encima?

Las dos cosas. Era –y es—un conflicto entre la vieja clase política y la nueva clase política, que se formó durante los primeros años del Chavismo. Dos fracciones de la clase política, con iguales carencias éticas y compromisos populares, se enfrentaron, como dos mafias del barrio que procuran controlarlo. Mostraron ser más eficientes en la guerra callejera y sucia, al igual que en los pleitos de superestructura (parlamento), las cohortes de Maduro/Cabello, que las de las viejas élites políticas.

3) ¿Se radicalizará aún más el gobierno de Maduro tras los comicios o está condenado en el corto plazo?

Está condenado a colapsar relativamente pronto, por el aislamiento internacional y latinoamericano. Para impedirlo, se volverá más represivo, implementando la llamada “reforma constitucional” e imponiendo el llamado “Estado comunal”, que es, esencialmente, el Estado de Mussolini con control total del centro del poder, bajo el disfraz de un régimen popular revolucionario de nuevo tipo.

4) Finalmente Maduro se salió con la suya en cuanto a la realización de elecciones ¿Esto demuestra el fracaso o el escaso peso de los organismos internacionales y regionales?

Sin duda, que Maduro salió triunfante de las turbulencias políticas de la era post-Chavez, tanto a nivel del Partido como en cuanto a la estructura nacional de poder. Hay que tomar en cuenta, sin embargo, que se aprovechó de una coyuntura internacional que le benefició de múltiples maneras. En primer lugar, el bolivarianismo hemisférico que construyó Hugo Chávez con Lula, Fidel y Kirchner, le sirvió en su momento como paraguas protector al Madurismo. Sin embargo, esto se acabó ya.

En segundo lugar, las crisis mundiales en Corea, Medio Oriente y Europa oriental, desplazaron el conflicto de Venezuela a segundo y tercer plano. De todas formas, el imperialismo occidental sabe que la caída del régimen es inevitable, de ahí que no le importa, si sucede un año antes o después. Es decir, la intensidad de la presión externa imperial ha sido relativamente baja, comparada, por ejemplo, con la destrucción sistemática de la Unidad Popular chilena por Nixon, o la Revolución Sandinista nicaraguense, por Reagan, para no mencionar la agresión a la Revolución cubana. Las afirmaciones contrarias de Maduro y su aparato de propaganda son simples mentiras.

5) ¿Qué rol juegan los militares al sustentar la Presidencia de Maduro?

Como decía, junto con los dólares y las mentiras, son el tercer sostén del régimen. Sin los generales faccionistas Padrino López y Néstor Reverol, que encabezan la “pandilla de malandrines” que usurpan el Palacio de Miraflores, en palabras del general chavista Cliver Alcalá, ya no estaría en la presidencia.

6) ¿Hay una fractura interna en el chavismo?

Sí, una fractura total, como se evidencia en el hecho, de que muchos de los colaboradores militares de alto rango de Hugo Chávez, como los generales Rodríguez Torres y Raúl Baduel, el héroe que derrotó al golpe militar, están en la cárcel, mientras que muchos civiles chavistas de jerarquía están organizados en movimientos anti-maduristas. Por supuesto, hay una tercera fracción de oportunistas deleznables que pasaron sin problema moral alguno del proyecto humanista de democracia participativa del Comandante Hugo Chávez, a la miserable dictadura pequeño-burguesa de Maduro. Allá están Tarek William Saab, Alí Rodríguez y muchos otros.

7) ¿Qué podría ocurrir en Venezuela a partir del 21 de mayo?

En primer lugar, es irrelevante quién gane las elecciones, porque ninguno de los candidatos puede resolver los grandes problemas nacionales. En este sentido, no son elecciones, sino una pantomima de simulación de soluciones nacionales. En segundo lugar, si Maduro pierde, simplemente desconocerá en los hechos al nuevo gobierno, tal como desconoció a los ganadores de las elecciones parlamentarias de diciembre, 2015.

En tercer lugar, arreciará la presión internacional, habrá nuevas sanciones de Washington y Bruselas y, quizás del Grupo de Lima; es posible que haya un par de días de protestas, que serán fácilmente controladas por la policía; Maduro avanzará la preparación de la estructura política de dominación tipo Mussolini, mediante el “Estado Comunal” y una nueva Constitución, hecho a la medida; el éxodo de la emigración venezolana se intensificará; la economía colapsará vía la hiperinflación, el default externo y la creciente confiscación de la infraestructura petrolera, como ahora en la colonia holandesa de Curazao; Washington pasará a la fase del regime change y el inicio de la agresión paramilitar –similar a la agresión de Reagan contra el Frente Sandinista y la destrucción de la Unidad Popular de Allende en Chile–, regime change como en Siria y Ucrania, en pocas palabras. Un conflicto intra-militar abierto es muy probable al igual que una mayor intervención estadounidense vía el Comando Sur y la Cuarta Flota de Washington.

8. Votar como acto de masturbación

Votar en estas circunstancias es un acto fútil, una operación de autismo, sin relevancia transformadora real. Un acto apologético para el régimen, tan tragicómicamente grotesco como el cierre de campaña de Maduro, diseñado sobre los mecanismos de manipulación barata y de mercadotécnia de los charlatanes tele-evangelistas. Con un gritón ridículo que procuraba calentar a las masas, seguido por un payaso patriotero llamado Héctor Rodríguez, con intermezzo de un obsceno panzón futbolista argentino y, finalmente, la apoteosis con el panzón Presidente Obrero y la Primera Combatiente. En fin, un teatro surrealista que refleja a la perfección la naturaleza apócrifa del régimen burgués en cuyas garras ha caído el noble pueblo de Venezuela.

 

 

¿Votar o no votar en Venezuela? por Notimex – Yoinfluyo.com – 18 de Mayo 2018

 

votar_vzla.png

En vísperas de las elecciones presidenciales del domingo, miles de venezolanos se debaten entre votar o no en unos comicios marcados por la polarización del país, que vive una grave crisis política y económica sin precedente.

Unos 20.5 millones de venezolanos están convocados a acudir a las urnas este domingo con la disyuntiva de reelegir al presidente Nicolás Maduro o votar por un cambio de régimen que lo aleje del poder.

En medio de esta situación, los ciudadanos se debaten entre votar o no formar parte de lo que sus detractores califican como un fraude, según un reporte del diario local El Nacional, que mostró algunas de las opiniones de la población acerca de los comicios.

Unos afirmaron que no votarán porque desconfían del proceso y otros llaman a participar porque consideran que es la “única esperanza para el cambio”.

“No creo en ninguno de los candidatos. Para mí todo es una especie de cortina de humo para validar un fraude”, afirmó Heidi Minavares, vendedora de café a las afueras de la estación del Metro Los Cortijos.

Germán Antonio Alvarado, quien se dedica a la plomería, indicó que “no le conviene votar por nadie”. A su juicio, después del 20 de mayo habrá “caos” en el país. “Saquen a Maduro de ahí, él no sirve”, aseveró.

Una trabajadora de Empresas Polar de 20 años, quien pidió no revelar su nombre, señaló que aún no está segura si votará en las elecciones. “No votaría por Maduro. Henri Falcón tampoco me persuade. Es un poco complicado porque realmente no me convencen (las elecciones)”, expresó.

Los que afirman que participarán en el proceso argumentaron que hay que votar por otros candidatos que no sea el presidente Nicolás Maduro, quien aspira a la reelección.

“Hay que salir de esta pesadilla. El mejor candidato es otro que no sea el mismo. La transparencia no la sabemos con certeza, pero hay que votar. Esa es la única esperanza que tenemos”, indicó Álvaro Jaspe, un carpintero de 63 años de edad.

Aseguró que la gestión de Maduro ha sido “terrible”, así que dijo que la salida es que la gente vote de manera “masiva”.

El mecánico José Molina, de 50 años de edad, dijo que la solución es votar por Javier Bertucci. “Después vemos qué se puede hacer en la presidencia”, añadió.

“Tenemos que votar, de verdad. La solución es votar, pero, claro, no votar por el régimen que tenemos. Prácticamente, si seguimos en esto, vamos a votar por el hambre. Hay que votar por la democracia, en la que creo que no estamos”, manifestó.

El obrero Argenis Farraco señaló que votar “es una forma de transmitir” la opinión. “Hay sectores que están llamando a la abstención, pero no hay que hacerles caso”.

La coalición opositora venezolana Mesa de Unidad Democrática (MUD) reiteró su llamado al boicot a los comicios, que considera fraudulentos y pidió a los candidatos Henri Falcón y Javier Bertucci a retirarse de las elecciones del domingo y no seguir con “la farsa electoral que le hace el juego a Maduro”.

A pesar de que la MUD ha llamado a no votar en las elecciones presidenciales, algunos ciudadanos dijeron que sí lo harán.

 

El Sistema de Información electoral del Observatorio Electoral Venezolano – Mayo 2018

cropped-OEV-cabcero-nuevo-03.jpg

Para acceder a los Informes mas relevantes del OEV sobre la manipulación de centros electorales y votos dirijas al siguiente enlace:

http://www.oevenezolano.net/info/ 

  • LA MANIPULACIÓN DE LOS CENTROS ELECTORALES Y SUS MESAS DE VOTACIÓN PARA EL CONTROL ELECTORAL
  • · INCOHERENCIAS E INCONSISTENCIAS EN LOS RESULTADOS DE LAS ELECCIONES REGIONALES Y MUNICIPALES DE 2017
  • · ESTIMACIÓN DEL NÚMERO DE LOS VOTOS MANIPULADOS EN LAS MESAS EN LAS ELECCIONES DE GOBERNADORES Y ALCALDES

Voy a votar: mis razones por Trino Márquez – La Patilla – 16 de Mayo 2018

Download (3)Decidirme a votar por Henri Falcón pasó por un detenido proceso de lecturas, comparaciones y discusiones, algunas veces tensas, con amigos fraternales. He leído artículos de opinión, oído entrevistas a través de la radio y visto programas de televisión. He examinado algunos procesos históricos. El referendo chileno de 1988 y las elecciones legislativas en Polonia, en 1989, me permitieron contrastar el comportamiento entre una dictadura de derecha, la de Pinochet, y la dictadura comunista de Jaruzelski, en Polonia.

Refresqué la memoria sobre lo sucedido con el sandinismo en Nicaragua en 1990. Constaté cómo las alternativas democráticas en esos y otros países tuvieron que participar en procesos electorales en medio de climas hostiles, que desestimulaban la participación popular y proyectaban una chocante imagen de invencibilidad, ilegalidad y arrogancia por parte de los amos del poder, figuras que manifestaban un desprecio olímpico por la expresión soberana del pueblo.

A partir de esas indagaciones y de mis propias reflexiones acerca de la naturaleza del régimen de Maduro, y de las alianzas que este mantiene con Moscú, Teherán y La Habana, decidí ir a depositar mi voto por Falcón, único candidato que encarna en las condiciones actuales la posibilidad de comenzar la transición hacia una Venezuela distinta, que recupere el concepto de Nación y de República.

El voto representa el instrumento fundamental de cambio pacífico y ordenado de una sociedad, incluso cuando la consulta comicial se realiza en medio de condiciones tan adversas como las existentes en el país desde 1999. A pesar de la voluntad e intereses de los dictadores, las elecciones constituyen escenarios propicios para develar la incompetencia y corrupción de los gobernantes. De allí que le huyan a los procesos comiciales pulcros y manipulen de forma descarada para convertirlos en trajes a la medida de sus propias ambiciones, nunca satisfechas.

Deploro que los dirigentes de la MUD no hayan extraído las lecciones que se derivan de las numerosas experiencias históricas en las cuales los partidos y grupos opositores acuden a citas electorales con muy pocas o ninguna garantía legal. Este es un rasgo de los comicios en sistemas autoritarios. Mientras más degradados son los modelos. Mientras más canallas o mafiosos, como llama Insight Crime al gobierno de Maduro, peor se comportan. Más ruines son. De esos gamberros no conviene esperar que se comporten como los Caballeros de la Mesa Redonda. Tal actitud resulta de una ingenuidad pueril. A esos sujetos hay que enfrentarlos en el único terreno que los desequilibra: la organización popular.

Las neodictaduras, y la de Maduro es de este tipo, están obligadas por la legalidad internacional a convocar periódicamente elecciones con el fin de reafirmar su poder. Ese es el caso de Daniel Ortega y Evo Morales. Rafael Correa trató de sumarse al coro, pero cometió un error de cálculo que le costó ser enviado por Lenín Morreno, su delfín, al desván de los trastos viejos. La oposición nicaragüense y la boliviana concurren a los comicios convocados por los neodictadores. Nadie tacha a esos sectores de colaboracionistas o legitimadores de la autocracia. Los grupos más racionales entienden que se trata de movimientos tácticos dirigidos a preservar espacios institucionales o a ganarlos, en el mejor de los casos. La oposición boliviana tendrá que participar en la próxima contienda electoral presidencial, a pesar del abuso de Morales al valerse de sus serviles miembros del Tribunal Supremo de Justicia para torcer la voluntad del pueblo, que ya había decidido rechazar la reelección indefinida en un referendo popular. Así es la política: oblicua, llena de recodos y salidas laterales. Lamentablemente, la MUD no entendió esta realidad y cayó en la celada montada en República Dominica por los demonios instalados en Miraflores.

De haber ido unida la oposición a la consulta de mayo, otro sería el escenario. Maduro, con 80% de rechazo, con hiperinflación, derrumbe de la economía, escasez de medicinas, Pdvsa devastada y todos los demás desastres que ha creado, estaría arrinconado. Habría sido colocado ante el siguiente disparadero: ir a una derrota electoral segura o emprender la aventura de un autogolpe, ante una comunidad internacional que pide su cabeza. ¿Lo habrían acompañado las FAN en semejante temeridad? Tengo serias dudas. Los militares no brillan por su talento, pero tampoco son tontos de capirote.

Leer y analizar procesos políticos cruciales tiene la ventaja de mostrar cómo los políticos democráticos en ocasiones deben actuar en condiciones extremas cuando enfrentan tiranías. Una forma democrática de cambiar la correlación de fuerzas en las autocracias consiste en introducirse en la piel de esos esquemas y a partir de allí tratar de modificarlos. Las elecciones pueden desencadenar los procesos de cambio que la violencia callejera, las huelgas, las intervenciones extranjeras o los golpes versallescos no logran desatar.

Vayamos a votar por Falcón con la convicción de que estamos haciendo lo más conveniente en este trance tan dramático que vive el país.

A %d blogueros les gusta esto: