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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

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“La ONU tiene que hacerse oír y ayudar en Venezuela” por Daniel Verdú – El País – 11 de Septiembre 2017

El Pontífice pide a Trump que repiense la ley que pretende expulsar a 800.000 ‘dreamers’ y alerta de las consecuencias de obviar el cambio climático

A bordo del avión del Papa 1505131240_096588_1505145799_noticia_fotograma.jpg
El papa Francisco, con un moratón en el pómulo izquierdo y una tirita en la ceja, aparece entre las filas del avión papal. Después de cinco días viajando por Colombia tratando de limar las asperezas que ha suscitado el proceso de paz entre dos sectores completamente divididos de la sociedad, atiende a los periodistas para hablar de otras cuestiones como la crisis de Venezuela, Corea del Norte –donde cree que hay una lucha de intereses que se le escapan- los dreamers o el cambio climático. Media hora después de despegar, algo cansado por una abrumadora agenda y todavía en el espacio aéreo colombiano, responde a la mayoría de preguntas hasta que la rueda de prensa se da por zanjada por el aviso de turbulencias.

El Papa cree que el conflicto entre EE UU y Corea del Norte “se ha calentado demasiado”
Uno de los temas recurrentes del viaje, por su proximidad geográfica, ha sido Venezuela. El Papa se había ya referido en dos ocasiones al conflicto político y la crisis humanitaria que vive el país bajo el régimen de Nicolás Maduro. Además, se vio con un grupo de obispos venezolanos después de la gran misa de Bogotá. Pese a que el portavoz del Vaticano negó que fuera una reunión, los obispos aseguraron que habían sido convocados a ello y lo anunciaron a bombo y platillo en Twitter. Algo que ilustra lo delicada que es la situación para el Vaticano, que hace equilibrismos diplomáticos para no ser instrumentalizado por ninguno de los bandos enfrentados. Aunque, a menudo, eso termine viéndose desde los sectores de la oposición o de la propia jerarquía católica de Venezuela como un síntoma de excesiva tibieza.

Este lunes en el avión se le pidió al Papa si podía ser más contundente y claro con su posición al respecto. “La Santa Sede ha hablado fuerte y claramente ya. Hemos enviado ahí el grupo de trabajo de 4 expresidentes, un nuncio de primer nivel. Hemos hablado con personas, públicamente yo tantas veces en el Angelus, siempre buscando una salida. Ayudando y ofreciendo salidas. La cosa es muy difícil y lo más doloroso es el problema humanitario. Tanta gente que escapa o sufre. Las Naciones Unidades tienen que hacerse oír y ayudar”.

El fin del programa que permite permanecer legalmente en Estados Unidos a los llamados dreamers (soñadores), los inmigrantes sin papeles que llegaron al país siendo menores (unos 800.000), y su consecuente expulsión del país que defiende el presidente Trump, ha sido otro de los temas en los que más se ha explayado el Papa. “Separar a los jóvenes de la familia no da un buen fruto. Espero que esta ley, que viene del Ejecutivo y no del parlamento, sea repensada un poco. El presidente de EE UU se presenta como un hombre provida; y si es un gran provida debe entender que la familia es la pureza de la vida y se debe defender su unidad. Quiero estudiar bien esa ley. Cuando los jóvenes se sienten así, o explotados… al final se sienten sin esperanza. Y acaban en la droga, otras dependencias, suicidio juvenil”, ha señalado.

Trump, un tema recurrente en las entrevistas y ruedas de prensa con Francisco, volvió a salir indirectamente por el asunto del cambio climático. El Pontífice no comprende cómo todavía pueden negarse ciertas evidencias. “Quien niega esto debe acudir a los científicos, que son muy precisos con esto y han dicho qué camino hay que seguir. Todos tenemos una responsabilidad moral. Tenemos que tomarlo en serio. No es algo para bromear. Cada uno tiene su responsabilidad moral, los políticos también. La historia juzgará sus decisiones”, señaló en referencia a los líderes –Trump es el paradigma del autoaislamiento en esa teoría- que no aceptan reducir las emisiones para revertir el calentamiento global. Respecto al mismo asunto echó mano del Antiguo Testamento para concluir: “El hombre es un estúpido. El único animal de la creación que tropieza sobre la misma piedra dos veces”

 

Venezuela: Los que se quedan por Ángeles Mastretta – Nexos – 1 de Septiembre 2017

portada-septiembre.jpgNunca le ha gustado hablar de tormentas, pero es venezolana. Imposible librar su corazón de ese linaje. ¿Y cómo no afligirse? Arduo vivir en Venezuela. Pero ella no ha querido ni quiere moverse de ahí. A pesar del espanto. Yo, en cambio, frente a la deriva de su país, temo hasta decir su nombre.

Arely es un privilegio que me concedió la fortuna. La encontré hace nueve años y desde entonces vamos sabiendo una de la otra, como sabemos de los nuestros.

Con las penas de su mundo ella siempre ha sido prudente. Porque es de una elegancia de alma que le impide maldecir y perder la esperanza.

En diciembre de 2015, tras las elecciones en que la oposición a Maduro ganó la mayoría en el Congreso, la tenía entera. Escribió: El momento que estamos viviendo en Venezuela es un buen motivo para decirles que siempre las quiero y forman parte de mi vida. En esta patria del alma llanera sabemos que este nuevo camino es largo, pero es el comienzo que estábamos esperando, necesitando, deseando, desde hace muchísimo tiempo.

Acompañó este envío con un texto, del escritor Laureano Márquez cuya primera frase, hoy, suena a ensalmo: Este lunes amaneció de democracia. Y era una celebración. Hasta del cielo y los árboles de su país. Lo que parecía imposible para muchos se logró. Venezuela tiene un solo camino, la democracia y el voto como instrumento de cambio y el que no lo entienda, peor para él.

Laureano Márquez estudió ciencias políticas, nació en 1963, es un comediante, un crítico. Tiene dos millones de seguidores en Twitter. @laureanomarquez, escribe la editorial del diario Tal cual (@talcual). Yo no supe de él, ni de tantos, cuando recibí el premio Rómulo Gallegos, que le debo a Venezuela como quien debe una bendición para toda la vida. Siempre tendré cariño y deudas con ese país que hoy sufre tanto. Entonces Márquez ya trabajaba en la tele y los periódicos, pero los escritores de mi generación perdimos el buen hábito que sí tuvieron los de la generación anterior: buscar a los otros, hacer amigos en cada uno de los países que visitamos. Escribo esto y me contradice la emoción de un recuerdo. En 1996 conocí a Carlos Pacheco. Fue presidente del jurado que decidió el premio. Durante los días que entonces pasé en Venezuela nos hicimos amigos. Hablamos de libros, de su pasión por Augusto Roa Bastos. Pero yo vivía entonces en una vorágine. Perdí el rumbo de Carlos y ahora que lo busco en la red me entero, con pesar, de que murió en 2015, en Bogotá.

Investigador, ensayista, crítico, editor, profesor de la Universidad Simón Bolívar, miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Todo eso era Carlos y me perdí de celebrarlo con él. No puedo saber qué sentiría ahora frente a la desgracia que atormenta a su país. He de buscar a su esposa, Luz Marina Rivas, profesora titular de la Universidad Central de Venezuela, magíster en Literatura Latinoamericana y doctora en Letras por la Universidad Simón Bolívar.

Le pregunté a Arely si algo sabe de ellos, pero cuando esto escribo aún no me dice nada.

Hace días, tras la supresión de la Asamblea Nacional elegida democráticamente y el invento de una Asamblea Constituyente, escribió un mensaje breve.

La lectura y la escritura las tengo a un lado y esa no soy yo, así no soy, pero el país se metió hasta la médula y no hay otra actividad que esta zozobra y este día a día de incertidumbres. La diáspora venezolana se ha instalado en el alma y en el ánimo.

Este artículo de Leonardo Padrón es uno de los retratos de nuestro acontecer y lo comparto porque es la perfecta descripción de lo que pasa en nuestros corazones.

El texto de Padrón es largo y se titula “La casa grande”. Elijo algunos de su párrafos. Me han sorprendido porque explican lo que a veces nos parece inexplicable. Por qué quienes sí hubieran podido salir de Venezuela siguen y quieren seguir ahí. Responde a lo que tantas veces le han preguntado al escritor.

Las razones para quedarse y lidiar, para no irnos en desbandada.

No es un tema fácil. Es un tema espinoso por el espinoso país que hoy vivimos… Ahora bien, ocurre que habitualmente uno no anda explicando las razones que tiene para no irse de su casa.

…Mi casa, si me pongo específico, limita al norte con la fiesta que es el Caribe, al sur con la selva fantástica de Brasil, al oeste con kilómetros de vallenato, cumbia y hermandad y al este con la vastedad del Atlántico y ese litigio histórico, otra vez de moda, que es Guyana. Mi casa tiene el techo azul casi todo el año. Mi casa es un clima de mangas cortas y risa fácil. Mi casa tiene un catálogo de playas irrepetibles. Y si la camino a fondo me topo con la belleza de sus abismos de agua, con la neblina a caballo de sus páramos, con sus árboles redondos, con su sol de tamarindo y papelón. Mi casa tiene 30 millones de habitantes…

…En mi casa está mi infancia, mi ventana y mi lámpara, mi postre favorito, mi carro, mi lista de amigos, mi cine recurrente, mi ruta de librerías, mi estadio de beisbol, mi zona de costumbre y apegos. El sol nace y se pone en mi casa.

…Tengo una vida entera en ella. Y una vida entera es mucho tiempo.

…Pero sucede que a pesar de todo eso, tengo que explicar por qué no me quiero ir de mi casa.

…cuando no llega el agua a mi casa averiguo, pregunto, resuelvo, compro, instalo un tanque. Cuando aparecen filtraciones busco, llamo, persigo al plomero… Cuando se agrietan sus paredes, cuando se colma de insectos, cuando la cubre el polvo, cuando se trastornan sus aparatos, cuando la polilla ataca, en todos esos casos, no suelo irme, no desisto, no salto por la ventana. Sencillamente, me ocupo. La lleno de atenciones…

Sí, en estos tiempos las goteras se han vuelto absurdas, el techo se ha corrompido, el agua sale negra, la luz es escasa, el tronar de las armas eclipsa el bullicio de las guacamayas, la nevera se ha llenado de vacío y nostalgia, a los insectos se le han sumado alimañas impensables. Mi casa es hoy un tesoro arruinado, malbaratado, saqueado. Pero es mi casa. Me cuesta no atenderla. No procurar remedios. No aportar la cal de mis opiniones, la despensa de mis esmeros, el martillo de mi insistencia y su tanto de ética, perspectiva y confianza.

Mi casa está rota. Y yo me sumo a la reparación. No al adiós. Irme es un verbo posible. Tengo derecho a hacerlo. A veces me intoxico de ganas. Pero entiendo que en cualquier otro confín seré un extranjero. Un emigrante. Un nómada accidental.

Es una opción válida… pero el exilio es una palabra llena de piedras… Es una acrobacia espiritual.

Hay vecinos que se han ido, otros que están haciendo maletas, ensayando un nuevo idioma, aprendiendo a usar un GPS. Mis hijos se despiden de sus mejores amigos. Mi pareja se despide de sus mejores amigos. Mis mejores amigos se despiden de sus enemigos.

Los venezolanos estamos viviendo una experiencia inédita. En esta época de ideologías y militancias extremas, el desencanto ha hecho que el país esté advirtiendo el mayor de los éxodos de su historia. Me he topado con la conmovedora circunstancia de ver a una madre hacer todo lo posible por separar a su hijo de ella. Apurándolo para que se vaya a estudiar a Calgary. Para salvarlo. Para saberlo seguro.

¿Es este el fin del país? No. Los países no concluyen. Es este un episodio amargo.

Se habla de la inflación más alta del mundo. De la escasez más pavorosa que hemos vivido. Del corrimiento del sistema de valores. De una violencia sórdida y copiosa que ha convertido al mapa entero en sangre y luto. Así de grave está la casa, así de extrema la inundación.

Entonces, ¿desertamos?, ¿desmantelamos lo que queda? ¿Realmente queremos renunciar a nuestra casa?

Leonardo Padrón es escritor. @leonardopadron y publica en su .com y @caraotadigital. Nació en Venezuela, en 1959. Licenciado en Letras por la Universidad Andrés Bello, ha escrito y escribe todo el tiempo. Poesía, crónicas, guiones para cine y televisión, entrevistas. Es productor en medios electrónicos, es editor. Es otro venezolano extraordinario.

Termino este artículo al recibir el más reciente mensaje de Arely: El lunes pasado murió en manos de este desastre el hijo de una amiga. Vivían en Barquisimeto y él, Eduardo, de 19 años, estaba manifestando pacíficamente.

Todo esto sufre, pero se queda. Ahí está su casa.

Ángeles Mastretta
Escritora. Autora de El viento de las horas, La emoción de las cosas, Maridos, Mal de amores, Mujeres de ojos grandes y Arráncame la vida, entre otros títulos.

 

“Casas Muertas” de Miguel Otero Silva – 1955

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“Yo no vi las casas, ni vi las ruinas. Yo sólo vi las llagas de los hombres.
Se están derrumbando como las casas, como el país en el que nacimos.”

“No es posible soportar más. A este país se lo han cogido cuatro bárbaros, veinte bárbaros, a punta de lanza y látigo. Se necesita no ser hombre, estar castrado cómo los bueyes, para quedarse callado, resignado y conforme, como si uno estuviera de acuerdo, como si uno fuera cómplice.”

“Los estudiantes dejaron sus casas y sus libros y sus novias, para hundirse en los calabozos de la Rotunda y del Castillo, para que los mataran de un tiro, para que los mandaran a morirse en Palenque. Sería un crimen dejarlo solos.”

“Los que mandan son cuatro, veinte, cien, diez mil. Pero los otros, los que soportamos los planazos y bajamos la cabeza, somos tres millones. Yo sí creo que se puede hacer algo. Yo no soy un iluso, ni un poeta del pueblo, sino un llanero que se gana la vida con sus manos, que ha criado becerros, que ha domado caballos. Y sé que se pueda hacer algo.”

“yo no soy partidario de la guerra civil como sistema, pero en el momento presente Venezuela no tiene otra salida sino echar plomo. El civilismo de los estudiantes terminó en la cárcel. Los hombres dignos que han osado escribir, protestar, pensar, también están en la cárcel, o en el destierro, o en el cementerio. Se tortura, se roba, se mata, se exprime hasta la última gota de sangre del país. Eso es peor que la guerra civil. Y es también una guerra civil en la cual uno solo pega, mientras el otro, que somos casi todos los venezolanos, recibe los golpes.”

Miguel Otero Silva, Casas Muertas. 1955

La increíble y triste historia…por Roberto Alifano – El Imparcial – 2 de Agosto 2017

robertoalifano_big.jpgEs grave tarea juzgar el presente de un país a través de la enojosa política sujeta siempre a cuestiones ideológicas o financieras; más aún si responden a intereses totalitarios. Lo deseable, lo grato, sería hacerlo a través de su cultura. Intentaré una elemental aproximación a la década del 70’, que fue de gloria para Venezuela. A pesar de sus contrastes sociales, era la “tierra prometida”. En su subsuelo reposaba la mayor reserva probada de petróleo del planeta. Sus barriles de crudo, eran un verdadero océano de combustible, que podían cubrir la demanda de todos los Estados Unidos y buena parte de Europa, como se pronosticaba, para los próximos cien años.

En consonancia, su exquisita y universal cultura, era una de las más influyentes de América Latina. Manuel Díaz Rodríguez, prosista y narrador de refinado lenguaje, se destacó como una de las figuras más importantes que el modernismo produjo en el continente. Le sucedieron Luis Urbaneja Achelpohl, Rufino Blanco Fombona, José Rafael Pocaterra, Teresa de la Parra y Rómulo Gallegos, autor de la inmortal novela Doña Bárbara, que culminó toda una etapa de la narrativa venezolana.

En el siglo XX, empezaron a brillar los altos nombres de Arturo Uslar Pietri, Miguel Otero Silva, Julio Garmendia, Guillermo Meneses y Héctor Mujica, cuyas creaciones pretendían liberar la prosa del costumbrismo, del criollismo y de la temática rural, desarrollada con un modo de contar lineal. En ese contexto se destaca también Salvador Garmendia, que aborda en sus temas argumentos de consecuencias hiperrealistas y fantásticas. Para esa época dorada, también sobresalieron sus poetas y ensayistas; Juan Liscano editaba la revista Zona Franca y la editorial Monte Ávila era una de las primeras con grandes tiradas en sus ediciones.

No faltaron notables artistas plásticos de todas las tendencias, entre los que sobresalen nombres como el de Bárbaro Rivas, Armando Julio Reverón, Héctor Poleo, Jesús Rafael Soto, Oswaldo Vigas y Gabriel Bracho. En tanto que en cine también se destacan directores y actores de primer nivel. Fueron los años en los que Renny Ottolina, en la Cadena Venezolana de Televisión, conquistaba al público con su programa dinámico y diverso, que parecía hecho en estos tiempos. Este animador descomunal sabía muy bien cómo llamar la atención de la gente con sus entrevistas y monólogos, que cautivaban frente a los emergentes televisores en color, que se multiplicaban como los panes y el vino bíblico.

En Isla Negra, la casa de Pablo Neruda, conocí en 1971 a Miguel Otero Silva, autor de la famosa novela Casas muertas, que, según algunos críticos con los que coincido, fue precursora del “realismo mágico”. Yo era un joven e inquieto periodista que cubría en Chile, para mi país, la dinámica información que sucedía durante el gobierno socialista de Salvador Allende. A Otero Silva y a su esposa, María Teresa Castillo les caí bien y me invitaron a viajar a Caracas para colaborar en El Nacional, el diario de la familia. Neruda, con ese humor sabio y sarcástico que lo caracterizaba, me aconsejó: “Debes aceptar el ofrecimiento de Miguel. Venezuela es el país más próspero de América. Te puedes hacer un hombre rico allí, y yo no quiero tener amigos pobres, Roberto”.

No viajé inmediatamente porque me encontraba bien instalado en Chile y el proceso socialista de la Unidad Popular era único y atrapante. Lo hice algunos años después y me fue bastante bien en Venezuela. Trabajé para la Enciclopedia Británica y pude ahorrar el dinero suficiente para instalarme luego durante una larga temporada en Europa. En la moderna Caracas conocí y trabé amistad con los poetas Juan Liscano y Luis Pastor y con el consagrado autor de Las lanzas coloradas, el talentoso y amable don Arturo Uslar Pietri.

De manera que mi afecto hacia ese querido país está plenamente justificado. Como ahora mi dolor… Conocida como la Venezuela Saudita, debido a su gran expansión y crecimiento económico que fueron causados esencialmente por incrementos sustanciales en los precios del petróleo en el primer Gobierno de Carlos Andrés Pérez, donde la cotización llegó a niveles increíbles para esos años; pero, como nada suele ser demasiado duradero en nuestra melancólica y fragmentada América, los precios empezaron a caer y comenzó la historia de inestabilidad y el malestar económico alcanzó a la tierra de Simón Bolivar.

Hagamos un poco de estadística. Para lograr un mayor bienestar de la población, se requiere en los países algo más que aumentar las cuentas de ingreso, sino contar también con una justa distribución de la riqueza. Los datos estadísticos nos muestran que en 1970 la población urbana representaba más del 75 por ciento del total, y que en 1972 el sector primario de la economía empleaba un 20 por ciento de la población activa, mientras que el sector secundario un 28 por ciento, y el terciario el 52 por ciento restante. Con esas buenas bases estadísticas, se sentaron en ese período las bases de una renovada modernización del país, que alcanzó un pico máximo y empezó a decaer.

Con un criterio progresista y con un alto ingreso per capita, el entonces presidente Rafael Caldera impulsó un genuino cambio en Venezuela. El sistema político vivió entonces sus mejores años. Se desmontó y pacificó la guerrilla, que durante años se parapetaba en las montañas y se crearon nuevos partidos. Yo recuerdo, de aquellos años, a algunos líderes que me tocó entrevistar (Pompeyo Márquez, Américo Martín, Héctor Mujica, Alexis Adam, José Vicente Rangel y Teodoro Petkoff, yerno del poeta Luis Pastor, íntimo de García Márquez y también mi viejo amigo).

Los partidos políticos como el PCV, el MAS, el MIR y el MEP, se legalizaron ante los entes respectivos del Estado y comenzaron sus proselitismos, buscando crecer y convertirse en una fuerza política más acorde al momento histórico. En esa década, democristianos y socialdemócratas se alternaron legalmente en el gobierno disfrutando de los generosos ingresos petroleros; pero, todo llegó a su fin durante el “caracazo” de 1989. Hoy, un gobierno populista que lleva casi veinte años ha sumido al país en la violencia, con una recesión, que lo ha dejado sin reservas y endeudado por más de 95 mil millones de dólares. A eso se suma la inflación más alta del mundo y carente de todo tipo de insumos. Entre 1999 y 2014, Venezuela ingresó casi 1.000 millones de dólares por exportaciones petroleras. Pero el país no se industrializó y sigue importando lo esencial del consumo. A diferencia del peronismo, que se viene resignando a perder elecciones, la patética “revolución bolivariana”, que también perdió a su líder y también lo reemplazó por un personaje grotesco, mientras que en la Argentina, después de la muerte de Perón, dictadura militar mediante, se sucedieron varios (y varias).

Este incoherente Gobierno, cada día más desprestigiado, parece decidido a llegar a las últimas consecuencias violando su propia Constitución y reprimiendo a mansalva. En perspectiva, vemos pues un derrumbe del mal llamado “socialismo bolivariano”, y una continua y creciente violencia del conflicto, que puede desembocar en una cruenta y abierta guerra civil si las Fuerzas Armadas se dividen. El “chavismo” se descompone, pero el poder militar, entrampado en negocios multimillonarios con el gobierno, hasta ahora le responden, aunque hay ya síntomas de fractura.

Al momento de cerrar este artículo, veo por televisión como las fuerzas del Gobierno acribillan a balazos a un joven indefenso y como el grotesco presidente Nicolás Maduro ordena la detención de varios líderes opositores; entre ellos a Leopoldo López y Antonio Ledesma, el alcalde de Caracas. Llego así a la dolorosa conclusión, después presenciar esos hechos, de que Venezuela ya está inmersa en una guerra civil, aunque con armas de un solo lado y bajo el omnímodo poder del repudiable terrorismo de Estado.

He puesto el énfasis de esta evocación en la cultura y profundizaré un poco más en un aspecto que bien vale mencionar: el auge del cine venezolano de aquella década del 70’, quizá los años de mayor apogeo de la gran pantalla de ese país. Recuerdo que en 1975, estando yo allí, el Gobierno venezolano aprobó una política crediticia para estimular la producción cinematográfica y publicó las normas para la comercialización de películas venezolanas. Se produjeron importantes filmes tales como: Cuando quiero llorar no lloro (1976) de Mauricio Wallerstein, El Pez que Fuma (1977) de Román Chalbaud, País Portátil (1979) de Iván Feo y Antonio Llerandi, y Bolívar sinfonía tropical (1980) de Diego Rísquez, entre tantas otras.

En un encuentro que tuve en México con el entrañable Gabriel García Márquez, antes de dejarnos para siempre, me resumió con tono poético su devoción por Venezuela: “Yo estuve radicado en Caracas durante la década del 50’ y he recorrido el país a lo largo y a lo ancho –evocó con una sonrisa-. No haberme quedado a vivir para siempre en esa tierra increíble y mágica es una de mis grandes frustraciones. Me gusta su gente, con la que me siento muy parecido, me gustan sus mujeres tiernas y bravas, y me gusta su locura sin límites y su sentido experimental de la vida. Pocas cosas me gustan tanto en este mundo como el color del Ávila al atardecer…”

Por desgracia, ese querido lugar de nuestra América se desbarranca. Sea lo que fuere y lo que el destino depare a Venezuela, estas inútiles palabras no intentan ser más que una serie de consideraciones afectuosas hacia un país muy querido, que tanto ha dado a la cultura. Lo que importa ahora es la unidad de un pueblo que hoy está dividido y parece sin rumbo. ¡Ah, con la increíble y triste historia cada vez más amarga, grotesca y desesperante!

 

Macondozuela por Frank Calviño – El Susurro de las Cadenas – 10 de Agosto 2017

Macondo existe. Macondo es un pueblo donde 17 locos con michelines y sin municiones intentan tomar un fuerte militar. Macondo es un sitio donde los golpes de Estado se anuncian por Twitter, Snapchat y Facebook. Macondo es un embalse que estuvo seco los últimos cinco años y el gobierno no lo supo gestionar, pero que ahora se les desborda, porque lleno lo hacen aún peor. Macondo es tener líderes políticos y alcaldes presos porque te da la gana, sin delito, sin pruebas, sin vergüenza. Y luego moverlos de un sitio a otro como si fueran fichas de un ajedrez macabro.
Macondo es una AN que gana en el 2015 con la promesa de nombrar un nuevo TSJ y CNE, que durante dos años legisla sin que la dictadura se atreva a joderla frontalmente y que, en lugar de aprovechar ese tiempo, se mira el ombligo en supuestos “diálogos” y no hace nada de lo que tenía que hacer. Macondo es esa misma AN pidiendo un plebiscito el 16J, el pueblo arriesgándose a votar masivamente, y ahora los promotores del voto ignorando las mismas propuestas que promovieron. Macondo es una nación donde si no te agarra el chingo, te agarra el sin nariz. Macondo es Venezuela.
Cuando Gabriel García Márquez describió el ficticio pueblo de Macondo, el maestro creó para la eternidad el arquetipo de un “lugar surreal”. Un sitio que no solamente es mágico, sino absurdo e inesperado todo a la misma vez y en el mismo momento. Cuando Gabriel García Márquez creó Macondo lo hizo lo mejor que pudo, pero se quedó corto, porque no existían las Regionales. Macondo es Venezuela, pero las Regionales están más allá de la humilde locura que Macondo puede ofrecer. Es otro nivel de absurdo. Es un nuevo estrato de pendejez colectiva. De delirium tremens.
¿Cómo se puede ir a Regionales luego de invocar un 333 y 350? No se puede convocar al 333 y 350 y ahora ir a elecciones. Aquí se invocó a la rebelión y 120 personas lo pagaron con su vida. Aquí se desconoció al Estado porque “esta vez sí, ya no hay dudas, es una dictadura” y más de 680 personas están presas por eso. Aquí la MUD pegó el grito de batalla y las naciones de medio mundo respondieron afirmativamente. ¿Y ahora el mismo CNE que hace menos de un mes era una cueva de bandidos, es confiable? ¿Se llama a elecciones con un CNE sobre el que durante una década larga han pesado sospechas de fraude, justo después de que Smartmatic nos despejara la duda? ¿Qué vaina es esta?
La MUD dice que votemos en las Regionales, y la única razón que la realidad política puede darle es para mandarle compañeritos de juego a Daniel Ceballos, Enzo Scarano, Lumay Barreto, Delson Guarate y la parranda de alcaldes, concejales y autoridades públicas que están presas de bola, aun cuando GANARON elecciones. ¿O es que participar en la propaganda política de la dictadura (vulgarmente llamada Regionales) es para no “abandonar los espacios”? ¿Cuáles espacios? ¿La AN por ejemplo? Ese espacio tan importante que la MUD supo defender con gallardía y por eso ahora se sientan en las escaleras del Capitolio como mendigos o carajitos regañados
Hace dos años, cuando se ganó la AN, una de las advertencias más lúgubre – y más repetida – fue la que varios analistas le hicieron a la MUD diciéndoles: Usen el poder que tienen, si el poder no se usa, no se acumula. Los van a joder. Esto es una contra-reloj. Revienten el Estado chavista desde la AN, presionen, desconozcan, dicten nuevas autoridades. Pongan a las FANB en el compromiso de meterlos a ustedes presos o reconocer el nuevo gobierno legítimamente designado dentro de los poderes constitucionales de la AN. Arriesguen la vida ustedes – que por algo son LÍDERES – para crear ese escenario de “doble estado” (dopple stad) que tantas veces en la historia de la humanidad ha sido el alimento fundamental para desbaratar a una tiranía.
No lo hicieron. Los diputados prefirieron usar su poder para “negociar” con bandidos y terroristas – porque como todos sabemos eso siempre funciona, claro está – y al pueblo le pidieron el sacrifico de lanzarse a las calles para presionar. Murieron las ovejas. Murió la gente, los que pusieron su fe en estos “líderes”. Murieron 120 personas para que ahora la MUD esté sentada en las escaleras de la AN. Un triste postal de su incompetencia. En efecto, Venezuela es Macondo, pero Macondo no son las Regionales. Las Regionales son Macondozuela. Un nivel más en la escala de lo absurdo, de la incoherencia política, de la bipolaridad irracional: un día defendemos la tesis del fin del Estado, y luego de la pataleta, defendemos la tesis del juego democrático y aquí no ha pasado nada.
Y si tan solo fuese eso, un cambio temperamental en la dirección política, un reniego de todo lo que se ha hecho en estos últimos cinco meses, un trasplante de cerebro colectivo, las Regionales no serían más que una anécdota para narrar la incoherencia de la MUD. Uno más en una larga lista de “Donde dije digo, digo Diego”. Pero es que ir a las Regionales encierra problemas mucho, muchísimo más terribles.
Mantener las apariencias de democracia – la dictablanda que tenemos desde el 98 – es el escenario preferido por el chavismo. En dictablanda no hay sanciones internacionales, en dictablanda se venden bonos de la deuda, no los persigue la DEA y en resumen, pueden seguir haciendo negocios. En dictablanda pueden pisar un Starbucks, comprar en un WalMart, subirse a una montaña rusa en Six Flags. En dictablanda pueden vivir con el dinero y los recursos robados gracias al comunismo en Venezuela, en la comodidad del Capitalismo en el extranjero.
Estos 4 meses de lucha una de las grandes cosas que han logrado es pasar de dictablanda a DICTADURA. Cerrándoles el acceso al dinero. Jodiéndole las facilidades para negociar bonos de la deuda. Bloqueándole los reales robados en las cuentas del extranjero. Quitándoles el apoyo político y haciéndoles saber que si salen de Venezuela, van a caer presos. Eso es lo que se va a perder con las Regionales, amén de la cordura. Porque repito, no se puede llamar a un 333 y 350 e invocar la rebelión civil, tener 120 muertos más de 680 presos y ahora desconocer todo lo que ha pasado. La credibilidad se tritura. La gente no confía en la MUD con razón. Cuando un líder miente, nadie lo vuelve a seguir. Miren la respuesta de la calle en las últimas manifestaciones. El ánimo en la calle no se apagó- Lo apagaron. Lo que el gas y el plomo no pudo, la estupidez de la MUD lo consiguió. Ir a las Regionales no va a cambiar la situación, solamente va a revalidar la dictadura. El camino sigue siendo uno solo: desconocer al chavismo como gobierno y designar nuevas autoridades, constituir un nuevo Estado, desde lo que queda de la AN, rápido, antes que no quede nada y entonces en verdad el único camino sea la vía de las armas.

“¿Los tanques rusos en Praga? ¡Hasta Gibraltar tendrían que llegar!” por Juan Cruz – El País – 9 de Agosto 2017

Se le ha puesto a los que se oponen a las bravatas de Maduro y de Diosdado Cabello el cascabel de fascistas y ricachones

Cuando los tanques soviéticos entraron en Praga, en 1968, la izquierda comunista o compañera de viaje se removió aquí para buscar foco. ¿Qué pasa, qué pasa? Y en esos segundos que amenazaban la ortodoxia debida a los dictados del Kremlin y de París un sindicalista le explicó a otro para alertarle:

—¡Los tanques rusos han entrado en Praga!

En el desconcierto, el colega al que no le cabía duda de quién tenía la razón dejó pasar segundos y exclamó:

—¿En Praga? ¡Hasta Gibraltar tendrían que llegar!

Entonces no teníamos ninguna duda. Los tanques rusos hicieron el camino que tenían que hacer. Padilla era lo peor, Cuba hacía bien en llevarlo a la mazmorra; Stalin no merecía la gloria, quizá, pero sí su santuario; la historia estaba hecha de buenos y malos, y los malos eran los que no estaban con nosotros; el muro de Berlín garantizaba la pureza, la democracia burguesa contaminaba el aire y las cañerías. Los norteamericanos eran de la CIA y los comunistas venían del cielo celeste, o rojo. Que nadie nos tocara el color. Los compañeros de viaje asistíamos en silencio, era mejor, estábamos sentados pero estábamos ganando.

La izquierda era de izquierdas y el infierno eran los otros. ¿En medio? En medio no había nada. Cuando acabó aquí la guerra (en 1976 o 1978, según se quiera), siguió habiendo buenos y malos. Ahora los malos son los mismos y los buenos son los nuestros, aunque ya no se sepa muy bien quiénes son los nuestros.

Lo que pasaba con el sindicalista y su amigo se parece ahora a lo que sucede con respecto a Venezuela y a otros países en los que hasta el subsuelo es rojo y bello, como antaño nos gustaban los subsuelos. Puede pasar en Venezuela o en Nicaragua o en Cuba cualquier cosa que no nos guste, que si está protagonizado por los nuestros debe ser bueno. Nos pasaba con la URSS, con Cuba, con Rumania incluso, con las Brigadas Rojas, con la Baader Meinhoff, hasta con ETA… ¿Son los nuestros? ¡Algo bueno tendrán! ¡A Gibraltar tendrían que llegar! ¿Leopoldo López? Un terrorista, duro con él. ¿Ledezma en la cárcel? Algo habrá hecho. ¿Los venezolanos del exilio? ¡Trastos de la CIA!

Hay un libro que cura aquel mal de bajura que acepta que lo de los nuestros es lo mejor, lo único. Ese libro es Tumulto (Malpaso, 2015), de H. M. Enzensberger, que vivió aquellas revoluciones, convencido de quienes eran los nuestros. Hasta que, pasadas las décadas, se encontró consigo mismo en el espejo y se preguntó: pero, ¿dónde estaban mi corazón y mis ojos? ¿¡Y yo era también de los nuestros!?

Con Venezuela está pasando. Se le ha puesto a los que se oponen a las bravatas de Maduro y de Diosdado Cabello el cascabel de fascistas y ricachones y ya nada de lo que digan ni la ONU ni nadie sobre lo que pasa le gana al filtro de buenos y malos que nosotros hemos engrasado también para estar contentos como unas pascuas.

Ahora pasa en España como pasaba con los tanques que llegaban a Praga:

—¡Mira lo que hace y dice Diosdado Cabello contra los opositores venezolanos!

—¡¿Diosdado Cabello?! ¡¡En Cádiz lo tendría que decir!!

 

Dos venezolanos entre los cinco académicos latinoamericanos más brillantes en los Estados Unidos por Mariel Lozada – Efecto Cocuyo – 24 de Julio 2017

montajeHausman.pngLa arquitecta Mónica Ponce de León y el economista Ricardo Hausmann tienen algo en común además de estar en el Top 5 Académicos Latinoamericanos, según la revista Americas Quarterly (AQ): ambos son venezolanos.

Ponce de León, caraqueña, es la primera mujer y la primera latina en ocupar el cargo de decana en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Princeton. También fue la primera hispana en ganar el Cooper-Hewitt National Design Award en arquitectura, fue decana del Taubman College of Architecture and Urban Planning de la Universidad de Michigan durante casi ocho años y tiene una maestría en Diseño Urbano en Harvard.

Hace cinco años fundó su propio estudio -MPdL Studio- y este año fue una de las dos estadounidenses que el Departamento de Estado escogió como curadoras adjuntas del Pabellón de Estados Unidos en la 15ª Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia.

Hausmann actualmente es el director del Centro para Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, y durante su carrera ha asesorado a más de 50 países en el desarrollo de estrategias acertadas para el crecimiento. En Venezuela trabajó como ministro de planeación (1992-1993) y en el consejo del Banco Central de Venezuela (BCV).

Entre 1994 y el 2000, después de su paso por el ministerio y antes de llegar a Harvard, fue economista en jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

“Conservo mi optimismo por Venezuela; (la crisis) es sólo de origen humano”, señaló Hausmann en una entrevista para AQ. Nuestro país fue el único que repitió en la lista. La arquitecta y el economista están acompañados por el matemático brasileño Artur Avila, el doctor cubano Agustín Lage y la astrónoma chilena María Teresa Ruiz González.

Para AQ, una de las grandiosas historias sin contar de Venezuela es el “vasto número de venezolanos talentosos, muchos de los cuales viven en el exterior, que ojalá algún día sean llamados de vuelta para ayudar a recuperar a ese maravilloso país”.

La publicación termina diciendo que es una “colección de mentes formidable” en una región que usualmente no tiene mucha atención en estos temas. “Latinoamérica tiene muchas razones para tener esperanza”.

 

 

Días difíciles por Claudio Nazoa – El Nacional – 17 de Julio 2017

C50MrbmWQAAyFSH.jpg-mediumA veces no tenemos tiempo para darnos cuenta de lo afortunados que somos. Todas las probabilidades estaban en contra de que naciéramos. Sin embargo, lo logramos. Tenemos la suerte de estar vivos. De saber que existimos y que viajamos hacia un destino desconocido e incierto.

Antes de nacer, existíamos con otra forma y en cuerpos diferentes. Fuimos proyectos en los genes de nuestros padres quienes, por alguna misteriosa y afortunada casualidad para nosotros, decidieron conocerse y amarse.

¿De qué sirve la belleza del Salto Ángel si no hay ser pensante que la admire y le dé la connotación de bello?

La cosa es más preocupante si pensamos en la probabilidad de que la raza humana jamás hubiera existido. Nadie sabría que era posible que existieran las maravillas que disfrutamos en nuestro entorno.

Somos pasajeros de un tren veloz. Sabemos dónde vivimos y cómo nacimos. Pero no, cuándo partiremos ni a qué estación llegaremos. Nos asombramos al ver las cosas que pasan rápidamente por las ventanas. A veces, se bajan algunos viajeros que no saben a dónde van y, al mismo tiempo, suben otros que no pueden explicar lo que había en su estación.

Las maletas de nuestros viajes contienen grandes tesoros. Maravillas que nos ayudó a empacar un misterioso maquinista que conduce nuestro tren: familia, amigos, mascotas, casas, empleos, automóviles, naturaleza y alimentos. Algunos pasajeros lo tienen todo. Otros, aunque son nuestros compañeros en el viaje, cual si fueran fantasmas, no logran tocar lo que en el tren existe.

Somos capaces de crear cosas que tangiblemente no tienen forma definida y que además son invisibles: amor, amistad, principios, valores, dignidad, perdón y respeto. Son esos los cinturones de seguridad y salvavidas a la vez, que nos permiten ser felices en este viaje extraño y surrealista.

De repente, el viaje de los venezolanos adquiere un rumbo diferente. Por casualidad, nos descubrimos como seres hermosos capaces de crear cosas que solo pueden imaginar quienes tienen la virtud y el privilegio de amar a otros.

¡El amor existe! Es tan grande que cuando nos toque bajarnos del tren será lo único que podremos llevarnos y dejar a la vez.

La vida es una idea. Una fantasía efímera que sirve para que el amor viva en ella.

Definitivamente, el amor existe. La prueba: los hombres y las mujeres llenos de amor que luchan por fecundar la Venezuela heroica que está naciendo en estos días difíciles, pero llenos de luz y esperanzas.

 

Neruda escribe sobre Venezuela por Fernando Mires – Blog Polis – 10 de Junio 2017

Unknown.jpegSe transcribe a continuación el párrafo que escribió Pablo Neruda sobre Venezuela en su libro “Para nacer he nacido” :

“¿Dónde está Santocristo? Venezuela me llama. Venezuela es una llama, Venezuela está ardiendo. Yo no veo las nieblas de este gran otoño, yo no veo las hojas enrojecidas. Detrás de París, como un fanal de faro, de luz multiplicada, arde Venezuela. Nadie ve esta luz en las calles, todos ven edificios, puertos y ventanas, personas apresuradas, miradas que enceguecen. Todos van sumergidos en el gran otoño. No es mi caso.
Yo detrás de todo veo a Venezuela como si detrás de mi única ventana se debatiera con toda la fuerza del fuego una gran mariposa.¿Dónde me llevas?”

 

Venezuela por Arantzazu Amezaga – Deia – 22 de Mayo 2017

aametzaga4.jpgLLEVO tiempo llorando sobre los recuerdos de mi juventud venturosa a ritmo de arpa, maraca y tambor en los 60, cuando en Venezuela, ya derrocado el dictador militar, Pérez Jiménez, una sociedad vitalista se lanzó al compromiso de trajinar democracia y hacer realidad el lema de Simón Bolívar: “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”.

En alas del impulso libertario, con esa generosidad de la humanidad americana que se sabe habitante de un mundo nuevo, diverso y variante, se abrieron bibliotecas y archivos, se instalaron escuelas en las barriadas, se impulsó la universidad, cursos nocturnos para los trabajadores diurnos, promoviéndose no solo la alfabetización sino la literatura e historia nacionales, fomentándose artes, fundándose industrias y servicios. Se hizo tanto y en tan poco tiempo, que cansa enumerarlo.

Se trataba de que el petróleo que emanaba portentoso de los pozos de Maracaibo y Punto Fijo favoreciera a la sociedad en general, no a unos en particular. Y repito la idea del intelectual Arturo Uslar Pietri, de sembrar el líquido apestoso que una vez sirvió a los caribes para embardunar sus cuerpos con fines curativos.

De ser el segundo país exportador de petróleo tras Estados Unidos, en los 40, Venezuela hoy mantiene un quinto lugar, pero posee grandes minas de oro y hierro, poderoso caudal en sus ríos -el Orinoco es padre de las aguas- para represas y reservas de energías renovables, un agro que se abandonó pero resulta prometedor si se trabaja, una naturaleza hermosa desde sus costas caribeñas a los nevados Andes, que pudiera apuntarla entre los primeros en el listado turístico…

Desde su guerra de independencia, Venezuela estuvo sometida al poder militar, tan poderoso en América con su repertorio de caudillos ilustrados, en diversas fases, más o menos violentas, con interludio de guerras civiles. Su verdadera historia democrática arrancó en 1957, con la vibrante actuación de sus partidos y líderes cívicos, la loable conducta de estudiantes y obreros, de una Iglesia autónoma, de una sociedad que anhelaba bienestar, rebajando las tajantes y seculares diferencias sociales. Pero la exigencia fue descendiendo con el desastre de gobiernos inoperantes y corruptos, facilitando la irrupción de un hombre mesiánico en la política venezolana, primero como golpista, más tarde, elegido en las urnas por un pueblo atribulado.

Chávez, militar sin preparación intelectual, en su andadura errática y populista proyectó un carisma que necesito robar a Bolívar para terminar vendiendo Venezuela a una Cuba que necesitaba respiro económico para culminar sus cuarenta años de revolución famélica, con sus exiliados, torturados, presos y hambrientos. Convirtió a Venezuela, otorgándole un registro revolucionario, en copia de semejante desastre humano. Tras casi veinte años de desgobierno, la multitud, impaciente, se ha lanzado a la calle para reclamar comida. Como en tiempos de la Revolución Francesa, cuando el hambre del pueblo hizo estallar los desvaríos de la nobleza de Versalles.

“No vengas”, me aconsejan los pocos amigos que me quedan en Venezuela, pues se han exiliado casi todos. “Llorarás” por el declive de la universidad donde estudiaste, declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad y que se desmorona, por la peligrosidad de la urbanización donde viviste y el deterioro del parque donde jugaron tus hijos y en el que mangos y acacias y aun el araguaney, han muerto por el gas lacrimógeno que enturbia el ambiente. “No vengas” porque es arriesgado caminar por las calles, reclamar libertad para los políticos encarcelados, y sobre todo, expresar tu opinión de las cosas. “No vengas” porque no te podrás alimentar. En Venezuela, tierra de comedores de arepas, del maíz con que se hacen, vocablo indígena que significa “el que sustenta la vida”. Tampoco hay azúcar ni cacao, que en el siglo XVIII fueron sus grandes productos agrícolas, con que se enriqueció y los enriqueció la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, ni leche para los niños, medicina para enfermos ni ancianos. El pueblo hace colas para comprar los escasos alimentos con cartilla de racionamiento y miedo a ser asaltado. No hay nada de nada sino la perpetuación de un régimen disfrazado de ideología progresista que prometió al pueblo lo que no podía cumplir, entre otras cosas, porque cada uno de ellos debe amasar su propia fortuna.

Lloro, impotente, por Venezuela. Por sus muertos. Por la marcha de hombres y mujeres reclamando libertad en sus instituciones, en lucha desarmada contra un ejército y una policía agresiva y hostil. Por cuanto ha perdido en estos veinte años de sistema desgraciado. Lloro por la Venezuela de Gracia que quiso y pudo ser y no lo es.

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