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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Venezuela

Caricatura por Rayma – 4 de Octubre 2018

Donde está Venezuela ? por Nacho Palacios – Cuento infantil – Septiembre 2018

Solidaridad con Venezuela – Asociación Tierra de Gracia – 30 de Septiembre 2018

Organizado por la Asociación Tierra de Gracia y con la colaboración de un grupo de vasco-venezolanos se ha programado una Jornada de Solidaridad con Venezuela el próximo día domingo 30 de Septiembre de 2018, a realizarse en la ocasión del “Alderdi Eguna ” , festividad que celebra todos los años el Partido Nacionalista Vasco (PNV).

El lugar del evento será en las campas de Foronda en Vitoria (Alava) a partir de las 10 AM donde podrán degustar ricos platillos criollos. Los fondos recaudados serán donados en medicinas a traves de los Centros Vascos de Venezuela.

Asiste y colabora !!

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Va pensiero Venezuela – Video You Tube – Agosto 2018

Venezolana relata cómo se diseñó equipo para rescatar a los niños de la cueva de Tailandia – La Patilla – 9 de Julio 2018

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María Giovanna Castro Salas es la ingeniero venezolana que participó en el diseño del equipo para rescatar a los 12 niños y el instructor de fútbol que se encuentran en una cueva en Tailandia.

Así lo relató a su familia la propia María Giovanna: “Familia ayer participe en una de las cosas más increíbles, temprano en la mañana el dueño de Tesla y SpaceX llamo a Wing para que diseñara y fabricara unas capsulas para sacar a los chamos del equipo de fútbol de Thailandia que están en la cueva atrapados”.

“Enseguida nos pusimos a correr a hacer un prototipo. Lo llevamos a la piscina para probarlo y luego Space X nos dio luz verde para hacer mas. Hicimos 13 cápsulas. Y salimos corriendo a montarla en el avión privado de Space X. Fue todo súper emocionante y bueno trabajamos mucho ayer hasta las 8:30 de la noche”, agregó.

Aquí les presentamos las imágenes:

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Chavismo : La Peste del siglo XXI – Documental – Junio 2018

La primavera latinoamericana por José Ignacio Guédez Yépez – El País – 14 de Junio 2018

La democracia para Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela debe ser una bandera mundial y un objetivo de los paises civilizados comprometidos con la libertad de los pueblos
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Este año han sucedido tres acontecimientos que no pueden analizarse de forma aislada y que son parte de un mismo expediente que lamentablemente ha pasado desapercibido casi siempre. Me refiero a la designación de un nuevo presidente en Cuba, las protestas populares en Nicaragua y la fraudulenta reelección de Nicolás Maduro en Venezuela. Estas tres noticias, aunadas a la situación en Bolivia, conforman el último capítulo de una historia que tiene décadas escribiéndose y que me voy a permitir llamar “La Primavera latinoamericana”, sobre la lucha de los pueblos contra los populismos totalitarios de esa región.

No sorprende que en la mayoría de los reportes internacionales sobre los sucesos en Nicaragua casi nadie alcanzó a advertir el fondo del asunto. Las protestas de la población y la represión criminal del Gobierno que todavía continúan tienen una única causa: la dictadura. No se trató de un tema de pensiones o de un mal manejo administrativo como repiten los medios, el caso es que en Nicaragua se dinamitó la democracia desde adentro consolidándose una tiranía luego de una elección fraudulenta en medio de la más descarada persecución política. Lo mismo que pasa en Venezuela. Son pueblos oprimidos que de vez en cuando logran sublevarse en busca de libertad y democracia a costa siempre de un sangriento saldo. Igualmente, Raúl Castro colocó a cargo de la isla a un títere elegido a través de un partido único y con votación unánime, sin que se levantara una sola voz clamando por democracia y elecciones libres.

Somos todavía un laboratorio ideal para hacer experimentos de relanzamiento del comunismo tras su rotundo fracaso en el mundo desarrollado.

Y es que después de Pinochet, si acaso Fujimori ha sido el único que ha merecido el calificativo de dictador en Latinoamérica, a pesar de que en los últimos veinte años hemos visto una camada de tiranos que con ropajes de izquierdas han destruido las democracias en sus países. Se trata de los pupilos de los Castro, los más grandes dictadores de nuestro continente que han contado con la alcahuetería e impunidad mundial más grotesca. En el caso de Chávez, nadie se sonrojó cuando a su llegada al poder cerró todos los poderes públicos y cambió unilateralmente la constitución, para luego violarla procurándose hasta un tercer mandato consecutivo ya sin separación de poderes de ningún tipo. De Evo Morales muy pocos hablaron cuando anunció que iba a desconocer la voluntad de su pueblo para aspirar a otra reelección como ya lo hizo de forma fraudulenta Daniel Ortega. En Brasil y en Argentina, la institucionalidad democrática pudo al final evitar la catástrofe populista dejando al descubierto una trama de corrupción de proporciones épicas de la que tampoco se habla mucho en el mundo, mientras que en Ecuador la página se está pasando sola y sin ayuda de nadie. Se trata del club de autócratas más perversos de la historia que usaron las democracias de sus países para acabar con ellas y sustituirla por una mafia de crimen organizado cuyos tentáculos llegaron a España a través de algunos partidos políticos cómplices de esas tiranías y portadores del mismo virus populista.

Quizá el arquetipo de un héroe que hace justicia con sus propias manos —quitándole a los ricos para darle a los pobres perpetuando por la leyenda de Robin Hood— pudiera explicar cómo desde Europa se valoran a veces los populismos tropicales y latinoamericanos y las razones por las que casi siempre carecen de condena los casos de expropiaciones, persecución y censura. Eso y el complejo del “buen salvaje” heredado de los tiempos de la conquista y colonización del “nuevo continente”. La igualdad utópica que ya no es posible en la irreversible civilización europea, quizá sea viable en aquellos parajes en los que hace apenas quinientos años se vivía semidesnudos en un ambiente rural. Somos todavía un laboratorio ideal para hacer experimentos de relanzamiento del comunismo tras su rotundo fracaso en el mundo desarrollado, apalancados siempre en figuras heroicas y exóticas como lo han sido Fidel, Allende, el Che, Perón y, más recientemente, Chávez, Lula, Kirchner, Evo, Correa y Ortega, con la nueva camada de Maduro, López Obrador y Petro, entre otros. Pero El Bosque de Sherwood quedó devastado con sus habitantes viviendo en miseria y retraso, mientras que Robin Hood terminó multimillonario con cuentas en Andorra. Para acabar con el mito sería suficiente el caso Odebrecht y las cuentas encontradas a jerarcas del chavismo en paraísos fiscales, pero a eso hay que agregarle nada menos que narcotráfico, contrabando de minerales y lavado de capitales provenientes del terrorismo.

Cuando los pueblos árabes protestaron contra regímenes autocráticos nadie dudó en calificar como “primavera” el mismo fenómeno que tiene años dándose en Latinoamérica sin contar con ese reconocimiento. La resistencia democrática cubana contra los Castro tiene ya sesenta años con fusilados, presos y exiliados. En Venezuela tenemos ya veinte años en los que se ha intentado todo (elecciones, paro, marchas, rebelión). Evo Morales y Daniel Ortega ya tienen doce años consecutivos en el poder a cuenta de persecución y secuestro institucional. Entre esos cuatro países suman más de un siglo de dictadura abierta. El caso es que esos pueblos latinoamericanos se han movilizado permanente contra los tiranos que los oprimen en su propio nombre.

Recientemente las protestas populares se han dado con fuerza en Venezuela, Bolivia y más recientemente en Nicaragua. Es la misma historia, es el mismo enemigo, es la misma necesidad de libertad y democracia de un continente que lo merece. Las revoluciones (se justifiquen o no) solo sirven para derrocar sistemas, pero cuando un Gobierno se declara revolucionario simplemente está desmontado el Estado y dejando a la población sin seguridad jurídica ni garantías de derechos civiles fundamentales. Lo que comienza con expropiaciones a la propiedad privada, termina con la expropiación de todo un país dejando a una nación entera como rehenes de la arbitrariedad más perversa.

La democracia para Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela debe ser una bandera mundial y un objetivo de los países civilizados comprometidos con la libertad de los pueblos, porque al final nadie está inmune al virus populista que siempre intentará propagarse. No es un tema de derechas e izquierdas, la valoración debe centrarse en los parámetros de democracias y dictaduras. Es la hora de acabar con la impunidad con la que los caudillos latinoamericanos violan derechos humanos manteniendo invisibilizadas a sus víctimas, entendiendo de una vez por todas que las democracias son causa y no consecuencia del bienestar social.

De un duelo a otro…por Francisco Jiménez – Blog Cielos Cruzados – 18 de Abril 2018

No sé cómo expresarles todas las emociones que me embargan desde que llegué a Venezuela, debo decir que me han atendido muy bien, desde el agente en inmigración, el chófer del autobús al hotel, en el hotel y luego el chófer que nos trajo a Caracas, no podía esperar menos, hemos sido siempre un pueblo amable.

Iniciamos nuestro camino desde Maiquetía a Caracas. Mi asombro se queda inerte tras cada metro que andamos en el coche, pues mi cuerpo se llena de aires y recuerdos, de sentimientos añorados y de un cúmulo de muchas cosas. Mis ojos tratan de no mirar, pero, me es imposible estar ausente; deterioro, una miseria que arropa cada pedazo de montaña, cada rostro, cada espacio donde alcanzo la mirada, puestos de controles militares, persona que a nuestro pasar diviso, no reflejan mucha alegría, tan solo una conforme y pesada situación, una pena no oculta, pero si, callada. Pasamos los túneles boquerón 1, 2 y el último que por fin me deja apreciar de nuevo … ¡Caracas!… ¡Vaya, que alegría, y al mismo tiempo que tristeza tan agobiante, un paisaje dantesco y lleno de mucho gris y más deterioro, descuido, pinturas llenas de canas y falta de colores, y todo eso que tan bien ha llevado a cabo esta “gran revolución”, continuamos nuestro trayecto, pasamos al lado del Paraíso, donde desde muy pequeño, paseaba y jugaba, en aquella época, y bien recuerdo, allí, vivió mi abuela, una casa que quedaba bajando la siguiente calle doblando a la derecha, justo al pasar la entrada principal del Estadio Nacional. Muchos recuerdos de aquella Caracas de los años 60.

Continuamos, me recibe a mi derecha San Agustín Sur, con sus modernas telecabinas, por cierto; vacías. Bien recuerdo mis visitas al maestro Octavio Tour, pintor venezolano, quien vivió o vive allí, no lo sé. En aquellos tiempos, subimos caminando entre sus calles y su gente, en esa oportunidad visitarle y conocerle, gracias a mi querida suegra. He de confesar que tengo y disfruto de algunas de sus obras en las paredes de mi casa, pero hoy, a diferencia, es que todo se ve tan gris y tan deplorable que no me imagino siquiera asomar mis pies sobre alguna de sus calles, es realmente escalofriante.

A mi Izquierda, resalta, imponentes, gigantescas como las recordaba; “Las Torres Gemelas de Parque Central o Torres de Parque Central”: son dos rascacielos de 225 m de altura y 60 pisos, esta última es el segundo rascacielos más alto de Sudamérica después de la Gran Torre Santiago, parte del complejo comercial Costanera Center, sin embargo, ostentaron el título de las más altas de Latinoamérica desde 1987, año en que se le redujo la altura a la Torre Pemex. Hoy día, han perdido todo ese imponente brillo que de sus lucientes ventanas apreciábamos, abandonadas y constantes “obras inconclusas”. Están así a consecuencia de los variados incendios y siniestros ocurridos; el primero el 17 de Octubre de 2004, luego el 6 de Diciembre de 2012 y el último el 12 de Noviembre de 2013, y para extrañar, todos en oficinas o entes nacionales donde se almacenaban importante información, el del 2004, se calcinaron los pisos donde se ubicaban importantes oficinas del Gobierno Nacional, la del Ministerio del Interior y Justicia, Ministerio de Infraestructura y de la ONIDEX (actual SAIME), entre otras, no hay que pensar mucho para sacar alguna conclusión al respecto.

Hoy las adornan sus cantidad de ventanas sin cristales, abandonadas al deterioro y a la programada incompetencia de la “revolución”, pareciera que tuviesen los ojos abiertos de asombro y llenos de pena… aquellas que fueron un icono urbanístico y un centro donde además se conjugaban con mucho gusto y armonía, la cultura; justo, en este hermoso complejo, además se encuentran; el Teatro Teresa Carreño, el Museo de los Niños, el Museo de Arte Contemporáneo y una gran muestra de centros culturales, hoy como todo, en pleno proceso de deterioro. Sigue mi sentir y mi lamento llenando de lágrimas mis recuerdos, que, por momentos, creo no estar en Venezuela, avenidas solas, calles vacías y a oscuras, sin luces, todo lleno de la peor de las suciedades, descuidadas y llenas de mucha hierba, tan mala como esa que nos ha llevado a todo esto.

Más adelante, a mí derecha, aquel hermoso Jardín Botánico, donde más de una vez pasie y me senté a mirar el día y apreciar la naturaleza, hoy, un perfecto lugar donde delinquir, donde la maleza se expande, descuidado y según me han dicho (no lo pude corroborar), habitan en carpas muchos venezolanos, esos que creyeron o no sé si aún creen, que “tomando” los espacios ajenos, como suyos, por tan solo el hecho de invadir, están abonando las semillas para una Venezuela mejor, que equivocados y ciegos son; no existe mayor error, y aún continúan, bajo la misma premisa, ya no sé cómo llamarles; creyentes, ingenuos, necesitados, oportunistas, locos!…. me parece imposible que hoy aún sean capaces de creer que viven, tienen y tendrán un futuro mejor (??).

No dejo de asombrarme. Y eso que apenas he podido ver algunas cosas. ¿Como estará todo aquello que nos es ajeno y prohibido a muchos?, Pobre mi país, mi gente, mi angustia, mis recuerdos.

Un día más, otras vías, otros lugares, cuando se despierta un poco más el bullicio de la gente y se asoman algunos sonidos, doy otro giro a mi vista, e intento ser objetivo en todo lo que observo; es que observar, siempre se me ha dado bien, y ahora, frente a mí, coches (vehículos/carros) de los años 60, 70, 80, 90… Creo de todos los tiempos, algunos nuevos, otros ya andando sobre sus viejas carrocerías, inundados de mucho óxido… Calles, avenidas tan descuidadas, que el propio asfalto se ha confundido y resquebrajado con tantas grietas, huecos…. me recuerdan la tierra de algunos desiertos; secos, muertos y agrietados. Un trecho conocido, aquella carretera que desde casa más de una vez recorrimos para bordear la salida a la autopista, esa que pasa justo frente a la Universidad Simón Bolívar, otro de nuestros preciados iconos de enseñanza, … Ni tan siquiera es aquello de hace tiempo, el trayecto, transcurre entre más de lo mismo; huecos, suciedad, deterioro, …. continuamos y como siempre pasamos por lo que antes era el peaje de tazón (ya no existe), hoy día, un lugar donde el mercado y la venta ambulante se confunde entre el puesto de policía y un sin fin de simbolismos, mensajes y abandonadas cacetas, todo lleno de más “revolución” y más vendedores ambulantes (algo muy típico en Venezuela).

Iniciamos el trayecto, desde Caracas hasta Valencia, las mismas condiciones y el mismo dantesco escenario; sucio, falta de mantenimiento, huecos, postes sin luz, postes sin postes, señales oxidadas, deterioradas o inexistentes, y esto tan fuerte que he sentido desde que llegué, un sentimiento tan abrumador y a veces temeroso de que algo está por pasar (espero que no). Justo y después de varias curvas, a mi derecha, la popular y famosa fuente de agua, donde muchos conductores llenan sus botellas de la que por tradición se cree milagrosa, pura y saludable… Más adelante, a mi izquierda, luego de pasar por oscuros y tenebrosos túneles, aparece una majestuosa vía para un tren que nunca, llegó a transitar, es algo realmente impactante, pues está a unos 2 o 3 metros sobre el nivel de la carretera, y con unas sólidas y reforzadas vigas de acero y toneladas de concreto, y con sus vistosos carteles publicitarios “Obra de la Revolución”, más propaganda, vaya obra de la revolución, bueno, cuántos millones de dólares se habrán gastado?, cuántos repartidos? y cuántos robados?… un misterio como todos de estos nefastos de revolución.

Nos sigue el concreto; túneles, rieles, durmientes al sol, apostados en perfecto orden, eso sí, en total y abierto abandono, porque nunca llegarán a pasar sobre ellos tren alguno… sigue el asombro y la tristeza, ahora estamos pasando por una zona conocida; Maracay, cuántos kilómetros recorrí a diario para llegar a esta ciudad, vivía en Valencia, trabajé aquí, disfruté de unos excelentes 4 años.

Contemplo a mi paso desde la autopista, un mar de galpones vacíos (aquella flamante Zona Industrial), en ruinas, donde alguno que otros negocios se mantienen detenidos en el tiempo, y de pronto, que sorpresa; recuerdan aquella fábrica de coches para bebe, pues si, allí estaba aún aquel gigantesco coche de publicidad, saludando, aunque algo viejo y sin mucho color, que nostalgia. Ahora la base aérea, toda llena de monte (seguro algunas culebras también), pero, nada que ver con aquella que tantas veces desde acá miré y que en una visita que le hice a una amiga, pude apreciar un poco sus instalaciones.

El Túnel la Cabrera, he de decir que muchas veces y debido a su antigüedad tendía a deteriorarse, pero, de la misma forma, lo reparaban. Hoy es un acertijo de huecos, oscuro y más peligroso de transitar que en mis tiempos, luego, al salir del túnel, el viaducto, que nos recibe con tan solo un canal en servicio y con doble sentido de circulación, el otro lo tienen cerrado, me comentan que reparando (pude ver solo a un operario trabajando), a ese ritmo, creo culminan antes las obras de la Sagrada Familia en Barcelona, y eso que esta la llevan poco a poco.

Continuare luego, por lo pronto sigo ordenando mis sentidos y tragando todo esto; mi bella Venezuela, que no te han hecho.

 

 

Venezuela y el «socialismo como problema» por Tomás Straka – Nueva Sociedad – Febrero 2018

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La utilización del término «socialista» para definir al sistema venezolano puede suponer un lastre para las izquierdas democráticas de la región. ¿Todo socialismo lleva necesariamente a una situación como la que hoy vive el país gobernado por Nicolás Maduro?

Hace casi medio siglo, exactamente en 1969, apareció en uno de los libros más polémicos e influyentes de la literatura política venezolana. Se trataba de Checoslovaquia, el socialismo como problema, escrito por Teodoro Petkoff. Ese mismo año el Frente de Liberación Nacional, la alianza entre el Partido Comunista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria que había intentado reproducir en Venezuela una revolución como la cubana, decidía abandonar las armas y desarrollar una autocrítica sobre su accionar. Algunos guerrilleros e intelectuales comunistas ya habían empezado a dudar de su ideología y de sus métodos tras sus propias experiencias en Europa Oriental, destino de no pocos exilios. Otros habían comenzado a desarrollar la autocrítica al ver los problemas entre Fidel Castro y la Unión Soviética. Sentían que, de una manera u otra, eran solo piezas en la política internacional cubana. Sin embargo, la gota que rebasó el vaso fue la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968.El socialismo, tal como lo concebían, no sólo no ofrecía más libertad y bienestar a los pueblos, sino que, por el contrario, era incluso capaz de reproducir intervenciones imperialistas como aquellas que habían aprendido a odiar en América Latina.Algo andaba muy mal en el socialismo real.¿Para eso hemos arriesgado nuestras vidas? – se preguntaban entonces.

El libro de Petkoff fue un éxito inmediato.Su desenfado, su estilo periodístico y la fama de su autor, célebre por sus evasiones de cárceles militares, lo impulsaron a la palestra pública.Para 1971 ya había roto con el Partido Comunista y junto a un grupo importante de la Juventud Comunista y otros ex comandantes guerrilleros fundaba el Movimiento al Socialismo (MAS), en un primer momento definido como parte del «nuevo comunismo». Era el intento de una renovación que entusiasmó a la mayor parte de los intelectuales, artistas, estudiantes y profesores.La resonancia fue tan fuerte que el líder soviético Leonid Brezhnev citó Petkoff en su discurso en el 24° Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética de ese mismo 1971 como uno de los grandes enemigos del comunismo a nivel mundial.El escritor y político pasó de ser una estrella venezolana a cobrar resonancia internacional. Todo esto viene a cuento porque a casi cincuenta años de estos sucesos Venezuela vive muchos de los peores efectos del socialismo real.Es una situación que merece ser analizada desde muchos ángulos pero que inicialmente demuestra que el debate planteado por aquel libro -y por toda la obra posterior de Petkoff, que lo llevó a ser uno de los principales opositores a Hugo Chávez- está lejos de carecer de vigencia. Es una situación que demuestra que el socialismo como problema no se liquidó con la caída del Muro de Berlín y el triunfo de Occidente en la Guerra Fría. Este no es un asunto reservado meramente para historiadores. El problema sigue vigente y puede afectar, como sucede en Venezuela, a millones de personas.Las polémicas que se han tejido en torno a Gustavo Petro y Andrés Manuel López Obrador, que puntean en las encuestas en Colombia y México para el momento que se escriben estas líneas, conectan de forma directa con el meollo de este asunto: ¿todo socialismo ha de conducir «necesariamente» a un desastre humanitario como el venezolano, o es posible que haya otro más exitoso?

Las evidencias parecen decir abrumadoramente que sí es posible. En primer lugar, por las experiencias de las socialdemocracias europeas. Y, en segundo término, por el ciclo de gobiernos izquierdistas que, aunque con una tradición distinta a la socialdemócrata, dirigieron a América Latina en las dos primeras décadas del siglo XXI. Exceptuando el caso venezolano, estos gobiernos fueron más bien exitosos.Aunque no hay que soslayar que contaron con el alza de los commodities -¡aunque ninguno como Venezuela con el boom petrolero de aquellos años!- y que en algunos casos terminaron en medio de escándalos, la posibilidad de respetar las reglas de la democracia, la empresa privada y la disciplina fiscal con políticas de inclusión social, es posible para la izquierda moderna. En este sentido, se diferencian de aquello que en su libro Las dos izquierdas, Petkoff denominó como la «izquierda borbónica». Es decir, aquella que, como se decía en el siglo XIX de los Borbones, «ni aprende ni olvida». No estamos en condiciones de decir qué tan «borbónicos» (o «chavistas») puedan ser Petro y López Obrador, aunque sí que de querer serlo no contarían con el viento a favor que supo aprovechar Chávez: ese enorme poder que otorga en Venezuela el control de la única fuente de ingresos del país: la industria petrolera. Tampoco contarían con la ausencia de contrapesos sociales reales –como un empresariado o unos partidos de oposición potentes– ni tendrían una estrecha alianza con los militares.Chávez no es reproducible sin esas condiciones específicas de Venezuela, sobre todo sin la riqueza petrolera que una vez produjo el llamado «excepcionalismo venezolano» (el país supuestamente próspero, libre y feliz de la década de 1970) y que en buena medida produjo un «nuevo excepcionalismo». Me refiero al que, de nuevo amparado por el petróleo, se decide por lo que más nadie piensa: una especie de socialismo real en el siglo XXI.

En cualquier caso, Venezuela es un problema para ellos como para cualquiera que se declare de izquierda.Si aceptamos que una política como el Primer Plan Socialista del Desarrollo Económico y Social de la Nación, promulgado por Hugo Chávez en 2007, constituye el único socialismo posible, hay que darle la razón a Donald Trump cuando afirmó que la crisis venezolana no se debe a que el socialismo no se haya aplicado correctamente, sino por el contrario, porque se aplicó vehementemente.A una década de ese «socialismo bolivariano», Venezuela, sin ser exactamente una economía de corte soviético, ya dibuja una especie de síntesis de las calamidades de los socialismos reales.La lista, naturalmente, debe arrancar con la escasez de productos de primera necesidad y de medicinas –un hecho que crea las largas filas que fueron el signo distintivo de los países del bloque soviético- pero que incluye otros aspectos distintivos y particularmente patéticos: la gigantesca brecha entre los que tienen acceso a divisas y los que solo ganan en moneda nacional, la dolarización de facto para comprar cualquier bien más o menos importante (una casa, un automóvil, pero poco a poco también operaciones médicas, pasajes aéreos, tratamientos estéticos), un floreciente mercado negro, y la llamada «inflación socialista» similar a la vivida por Yugoslavia en la década de 1960, por Rumania en la década de 1980 o por Corea del Norte entre 2002 y 2009. Todo esto se combina con apagones y deficiencia en el transporte público y con el deterioro sistemático de las infraestructuras, hasta crear ciudades ruinosas y oscuras como La Habana o muchas capitales de Europa del Este, que rememoran los peores períodos del viejo socialismo real. Esto, por supuesto, se completa con una enorme cantidad de personas intentando salir del país de cualquier manera.

Los temores en el resto de América Latina de que un Petro o un López Obrador escojan un camino «borbónico» no son del todo infundados: tienen ante sí un espectáculo capaz de asustar a cualquiera.Además, no siempre el resto de la izquierda se deslinda con la suficiente claridad del régimen venezolano. En ocasiones, hasta lo apoya como Podemos en España.Por eso el «socialismo como problema» sigue estando vigente.Han pasado casi cincuenta años de la publicación del libro de Petkoff y aquello que olía mal en Checoslovaquia y parecía haber muerto dos décadas después, pugna por sobrevivir del otro lado del globo.Enfrentarlo, por lo tanto, sigue siendo uno de los principales retos de la izquierda moderna y democrática, ya que en eso estriba mucho de su credibilidad y viabilidad en el porvenir.Podría usarse la tesis de Brezhnev, pero invertida: el principal peligro del socialismo es no leer a Petkoff; el principal enemigo del socialismo ha sido, desde siempre, eso que se llamó «socialismo real».

Una carta de amor por Laureano Márquez – RunRunes – 14 de Febrero 2018

laureano-marquez-opinion-640x330Amor mío:

Hace algunos años te escribí esta carta. Te la reenvío hoy, día de San Valentín porque creo que los sentimientos que en ella expreso no han cambiado en lo más mínimo:

Cómo haré, vida mía para enamorarte de nuevo, para que este amor mío no se pierda en medio de este absurdo destino que nos ha tocado vivir. Qué haremos para que vuelvas a creer en mí y yo en ti, para que todas estas cosas que nos han pasado no destruyan ese sentimiento tan bonito que tenemos. Tú y yo lo sabemos, este amor nuestro es lo más grande que hay, porque este es el amor sobre el cual otros amores se levantan. ¿Por qué lo hemos deshonrado tanto? ¿Por qué nos hemos hecho daño si sabemos que no podemos vivir el uno sin el otro? ¿Cómo haremos para recobrar la confianza perdida, para pasar la página de tantos dolores y daños causados? ¿Por qué estamos destruyendo lo que sabemos es sagrado?

Tú lo sabes, yo no puedo estar lejos de ti. Tus ausencias me matan. Te extraño. La vida no me sabe igual si no te tengo cerca, me le falta brillo, color, alma. Y aunque este en el lugar más hermoso, tu ausencia me agobia. No se cómo vivir sin ti y además no quiero intentarlo. Es que como te llevo dentro de mí, la distancia no hace sino acrecentar mi dolor, mi sufrimiento. Cuando siento tu calor en mí, tu cercanía en las cosas de mi vida, soy feliz. Por ti amo, sufro y espero.

¿Por qué no nos atrevemos a soñar juntos un destino mejor? Un destino de hijos bellos que nos se los lleve una bala en el Día de la Juventud, mientras protestan por la inseguridad. Yo te he esperado y te espero. Hasta el fin de mis días si es preciso. No sé si algún día me cansaré y me vaya por ahí con alguien que me ofrezca promesas de amor que no me llenaran como las que sueño contigo, pero que termine aceptando con resignación. No es lo que quiero: me niego a que mi destino sea una vida de frialdad distante. Quiero la emoción y pasión que tú me das, la fuerza con que cada día me mantienes en pie, para seguir adelante y luchar. Cuando la tristeza y la desolación me vencen, tú me animas.

Hoy es el día de los enamorados y quise escribirte esta carta de amor, para que sepas que sigo locamente enamorado de ti, que me haces falta como eras, tolerante, amable, bella; para decirte que podemos reconstruir lo perdido, que la fuerza de nuestro amor puede vencer cualquier adversidad.

Hoy quisiera llevarte a cenar, pero la oscura noche que nos envuelve activa todos nuestros miedos, enciende todas las alarmas (y además este año San Valentin cayó en ayuno). No te mando un ramo porque no hay flores en el mundo para tanto sentimiento. Solo puedo ofrecerte hoy, como regalo, esta carta de amor en la que va mi alma comprometida en seguirte adorando con todas mis fuerzas y de que ese amor se convierta en lucha por verte sonriente y feliz.

Te amo, Venezuela.

 

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