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La corporación del mal en América Latina por Miguel Henrique Otero – Red de Noticias – 13 de Octubre 2019

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La principal corporación del mal en América Latina tiene una historia que supera los 60 años. Durante ese período, otras feroces corporaciones aparecieron en distintos países -como la red que, en su momento, constituyeron las dictaduras del Cono Sur y su fallida Operación Cóndor-, pero no lograron mantenerse en el poder por un tiempo tan prolongado como el castrismo en Cuba.

El 1 de enero de 1959 no solo marca el inicio de la creación de la cárcel más grande que ha tenido nuestro continente -casi 110 mil kilómetros cuadrados donde sobreviven encerrados y sometidos a un opresivo sistema de vigilancia, alrededor de 11.8 millones de presos políticos-, sino también, una época marcada por los constantes esfuerzos del castrismo para sacar provecho de las riquezas, las economías y las fragilidades político-sociales del resto de los países del continente.

A comienzos de este año, cuando el castrismo celebró sus seis décadas en el poder, los balances publicados hicieron evidente en qué ha consistido la estrategia de fondo de la corporación: el de crear mecanismos de recolección de lealtades políticas y de dólares, sobre la base de la más falsa y engordada mentira que se haya sido creada y propagada en todo el siglo XX: que en Cuba se estaba produciendo una revolución, gestora de un hombre nuevo, hombre que se liberaría de la dominación imperialista para siempre.

Esa grotesca ficción -reinventada, maquillada, disfrazada de defensa de los derechos humanos o del derecho de los pueblos a su autonomía- ha tenido una eficacia y utilidad extraordinaria. Ha servido para que políticos, centros académicos, intelectuales y oenegés crearan una servidumbre castrista; fue el motor que fundó y diseminó por América Latina movimientos guerrilleros; fue el mecanismo para que, durante todos estos años, “el problema de Cuba” dividiera a los países, de las más diversas maneras. El castrismo, esto hay que reconocerlo, ha logrado ser un núcleo del debate político del continente, y siempre ha contado, cuando menos, con apoyo de fuerzas internacionales, aunque hayan ido declinando con el tiempo.

Pero en el transcurso la corporación ha cambiado de forma sustantiva. De la fuente de ilusiones que fue, especialmente durante los sesenta y los setenta, ha derivado en una considerable estructura delincuencial, que tiene su casa matriz en La Habana, desde donde se dictan los lineamientos a las dos filiales que, ahora mismo, controlan de forma directa: Venezuela y Nicaragua.

Ambas son esenciales para el régimen cubano: la primera constituye su principal fuente de ingresos. Venezuela no solo es proveedora de petróleo subvencionado, maletas de dólares y una cantidad de negocios de incalculable volumen, que recién comienza a ser investigado. El caso de Nicaragua, a su escala, guarda semejanzas: además de importantes negocios, el país bajo la dictadura de Ortega y Murillo, funciona como un aliviadero y estación de paso para militares, asesores, espías y funcionarios, que entran y salen de La Habana a través de Managua, sin registros ni control alguno.

Pero la Corporación del Mal opera bajo otros modelos: tiene franquiciados como los gobiernos de Rafael Correa en Ecuador, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil. Tiene cómplices y lobistas políticos como Manuel López Obrador en México y Tabaré Vázquez en Uruguay. Tiene una entidad especializada en el activismo y la propaganda, el Foro de Sao Paulo, que ha mostrado una maléfica habilidad para engatusar a las buenas conciencias de Europa y otras partes del mundo. Los tentáculos de la corporación, luego de seis décadas, se han diseminado por el mundo, hasta los lugares más insospechados como, por ejemplo, entre algunas corrientes del partido Demócrata de Estados Unidos. Estas son solo algunos de los elementos de la cara A de la corporación.

La cara B configura el poderío oscuro de la corporación cubana: alianzas con las narcoguerrillas del ELN y las FARC, operadores del narcotráfico, organizaciones terroristas del Medio Oriente, traficantes de armas y capos de la corrupción que encuentran refugio y protección en ese país.

Tanto en Venezuela como en Nicaragua, la corporación castrista tiene bajo su supervisión directa a los más altos niveles de las fuerzas armadas y de los cuerpos policiales. Son responsables directos de estrategias, diseño de planes de represión y tortura, entrenamiento y de las actividades de inteligencia dirigidas a las propias instituciones armadas. Quienes han permitido este estado de cosas en ambos países, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Rosario Murillo, han traicionado a las leyes, a la soberanía, a los principios esenciales de sus respectivas Patrias.

El objetivo de la Corporación del Mal es inequívoco: mantenerse en el poder, al costo que sea. Por ello no titubea cuando reprime, tortura y mata a los disidentes en su propio país, en Nicaragua y Venezuela, ni le importan las vidas que puedan perderse en las calles de Ecuador, una vez que ha activado el plan para acabar con el gobierno democrático de Lenin Moreno.

¿Están Cuba y Venezuela detrás de la desestabilización de América Latina? por Pedro Benítez – ALnavío – 9 de Octubre 2019

¿Por qué convulsiona América Latina? Hoy existe un plan trazado y monitoreado desde La Habana (con apoyo ruso) para aprovecharse de la cíclica inestabilidad latinoamericana. Pero el auténtico origen de la misma reside en los problemas institucionales, económicos y sociales que la región no termina de superar.
El plan de La Habana no es salvar a Maduro sino a la propia dictadura cubana / Foto: EFE
El plan de La Habana no es salvar a Maduro sino a la propia dictadura cubana / Foto: EFE

¿Es una conspiración castrochavista dirigida por Nicolás Maduro la causa de la actual convulsión que sacude a varios países de América Latina? La respuesta rápida es que no. Pero el análisis es más complejo.

En un comunicado difundido por la Cancillería de Colombia, los gobiernos de ese país, Argentina, Brasil, El Salvador, Guatemala, Paraguay y Perú “rechazan toda acción encaminada a desestabilizar nuestras democracias por parte del régimen de Nicolás Maduro”, al mismo tiempo que manifiestan su respaldo al presidente ecuatoriano Lenín Moreno, acosado por una ola de violentas protestas.

No es que no exista un plan trazado, no desde Caracas, sino desde La Habana, para aprovecharse de todos los problemas que hay en la región. El objetivo central de ese plan no es salvar el régimen de Maduro (aunque la estrategia pasa por ahí) sino a la dictadura comunista cubana. Países como Venezuela y Nicaragua son su cordón de seguridad.

El lunes pasado Moreno acusó directamente a Maduro de haber activado un plan, junto con el expresidente de ese país Rafael Correa, para desestabilizar su gobierno.

Como vemos, el tema Venezuela no sólo no sale del centro de interés de la región, sino que ahora sube un escalón más. Basta con seguir la cobertura que medios como TeleSur (con sede en Caracas) y RT en español (la cadena de televisión del gobierno de Vladímir Putin) le dan a las protestas en Ecuador para comprender que efectivamente hay una colusión internacional contra el gobierno de Lenín Moreno. Correa, antecesor y ahora enemigo jurado del que fuera su vicepresidente, acaba de admitir a la agencia Reuters que se gana la vida como asesor del gobierno de Maduro y haciendo entrevistas para la televisora rusa.

Sin embargo, el verdadero origen de la actual crisis en Ecuador no lo encontraremos en una conspiración castrochavista sino en su dolarizada economía que hace rato arrastra problemas. El reciente cese al masivo subsidio a la gasolina ha sido el detonante.

Desde 2005 el Estado ecuatoriano ha gastado 55.000 millones de dólares en mantener artificialmente bajo el precio de los combustibles que ese país en su mayoría importa, pues no tiene suficiente parque refinador para procesarlo, mientras que el presupuesto anual del gobierno es de 40.000 millones de dólares. Ese país gasta más en subsidiar el combustible que todo lo que invierte en educación pública.

Pero tal como ha ocurrido con otros países exportadores de petróleo, el precio barato de la gasolina es un “privilegio” sostenido casi invariablemente desde que en la década de los 70 del siglo pasado Ecuador se transformó en exportador neto de ese recurso.

En los 10 años que gobernó (2007-2017) Rafael Correa se las arregló para mantener la economía dolarizada y subsidiada la gasolina. Lo mejor de los dos mundos. Eso fue posible gracias al boom de las materias primas (del que también gozó Ecuador) y luego a un masivo endeudamiento. En sus años de poder la deuda pública creció de 10.000 millones de dólares en 2009 a 43.000 millones en 2017.

Hoy Correa está sometido a un proceso en ausencia por precisamente haber manipulado la contabilidad nacional a fin de superar el límite legal de endeudamiento del 40% del PIB.

Por otro lado, la economía ecuatoriana se ha estancado desde 2015, con una creciente contracción del consumo y la liquidez. Esa fue la pesada herencia que Rafael Correa el dejó al hombre que escogió para sucederlo en la Presidencia del país en 2017.

En ese sentido la situación de Lenín Moreno es muy parecida a la de Mauricio Macri en Argentina, con una salvedad: no puede devaluar. Ecuador no tiene moneda propia, pues desde el 2000 su economía está dolarizada. Por lo tanto, el inevitable ajuste es más duro y directo.

Como economista Correa sabía que una crisis así se venía. Muy populista y amigo del chavismo, pero no se atrevió a desdolarizar. Esa puede haber sido la auténtica razón por la cual tomó la decisión de no buscar otro mandato presidencial. Le estaba dejando una bomba de tiempo a su sucesor, pues no se puede tener dolarización y subsidios de esa magnitud. O se tiene una o se tiene la otra. Pero no las dos.

De modo que Rafael Correa está empleando hoy una táctica muy parecida a la que el peronismo le aplicó al hoy fallecido expresidente argentino Fernando de La Rúaentre 1999 y 2001, quien recibió en aquel caso una economía atada a la caja de conversión pero quebrada.

Sin margen de maniobra (tampoco podía devaluar), cuando De La Rúa decretó el corralito financiero, el peronismo sindical atrincherado en el gobierno de la provincia de Buenos Aires jugó deliberadamente a tumbarlo y lo consiguió en diciembre de 2001. A eso siguieron los 15 años de gobiernos kirchneristas.

En América Latina las historias nunca son exactamente iguales, pero se parecen mucho. En 2003 Evo Morales al frente del movimiento cocalero desestabilizó y luego derrocó el entonces presidente de Bolivia (elegido democráticamente) Gonzalo Sánchez de Lozada. Haría lo mismo con el sucesor de este, Carlos Mesa, en 2005.Moreno acusó a Maduro y Rafael Correa de desestabilizar su gobierno / Foto: @Lenin

Moreno acusó a Maduro y Rafael Correa de desestabilizar su gobierno / Foto: @Lenin

Hoy Rafael Correa, que todavía tiene mucho capital político, está intentando hacer lo mismo pero con el apoyo del régimen de Maduro (que es lo mismo que decir La Habana) y también con la larga mano de Putin por detrás, que, por cierto, se sigue burlando de los Estados Unidos en sus narices. Como sabemos en Latinoamérica cuando la autodenominada izquierda hace algo así no se le puede llamar golpe de Estado.

No obstante, nada de esto debe distraer el análisis del asunto central: el castrochavismo como el kirchnerismo son la consecuencia, no la causa; aunque ahora sean parte del problema.

No es que no exista un plan trazado, no desde Caracas, sino desde La Habana, para aprovecharse de todos los problemas que hay en la región. El objetivo central de ese plan no es salvar el régimen de Maduro (aunque la estrategia pasa por ahí) sino a la dictadura comunista cubana. Países como Venezuela y Nicaragua son su cordón de seguridad.

Pero si hoy Alberto Fernández, el candidato de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, tiene altas posibilidades de ganar las elecciones en Argentina no es por una conspiración, sino por el mediocre desempeño económico de la administración de Macri.

Si el Congreso peruano está enfrentado al presidente Martín Vizcarra es como consecuencia de la elección de 2016 que le otorgó mayoría al fujimorismo en ese Parlamento y a la estela de podredumbre que ha dejado el caso Odebrecht en ese país.

Si los mexicanos eligieron a Andrés Manuel López Obrador como presidente el año pasado fue para castigar la corrupción y los fracasos de los gobiernos anteriores.

De la misma manera que los brasileños eligieron a Jair Bolsonaro para castigar la corrupción de los gobiernos del Partido de los Trabajadores y del resto de la clase política de Brasil.

América Latina convulsiona cíclicamente porque tiene problemas institucionales, económicos y sociales que no termina de superar. Otro asunto es que la operación política montada y monitoreada desde La Habana (con apoyo ruso) pretenda nuevamente (el castrismo tiene seis décadas haciendo lo mismo) surfear en beneficio propio la recurrente inestabilidad latinoamericana.

Arepas, Gorras, Tartas y Tequeños en un día caluroso por Iñaki Anasagasti – Blog Deia -30 de Septiembre 2019

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Tuvimos un gran éxito en nuestra Txozna de Venezuela. Nos habíamos preparado mucho mejor que el año anterior. Parecíamos profesionales. Y lo eran algunos del grupo como Josu Rekalde, Luis Guerekaetxebarria, Rober e Iker Anzola. Todos somos necesarios pero ellos fueron imprescindibles. Se creó un buen equipo que funcionó como un reloj. Lo único molesto fue el sonido por estar demasiado alto. Deberían tenerlo en cuenta otros años. No había forma de hablar.

Mi hija Naiara con su franelita con la bandera venezolana vendió cientos de tequeños y arepas que las teníamos en cuatro versiones y las cuatro gustaban. Funcionó bien la sección bebidas aunque nos faltó algún refresco y que la gente no sabía que teníamos café, que es lo que nada más llegar, tempranito se pide. Y funcionaron las tartas hechas por Ainhoa Etxearte, Magali y Ana Cristina. Deliciosas. Y el ejército de colaboradores. Mari y Maitena con Junior y Alazne en la caja y los cambios, y todos con la sonrisa en los labios y una gorra que nos trajo Pedro Arriaga de Caracas y que había llegado la víspera. Las vendimos las treinta. Es un hombre enamorado de la divulgación de lo que se hace en el Centro Vasco. Nos trajo una imagen de la patrona de Venezuela para la nueva lonja que inauguraremos en breve. Y estaba Tierra de Gracia a tope con su presidente Pedro Gil, Aitzbea, Alexeidry y Julián a la cabeza, gente que se desvive por los demás. El matrimonio Iñaki Nimo y su esposa, que regentaban casi una decena de restaurantes en Caracas nos dieron su entrega y su buen hacer y los sobrinos de Iker Anzola, Iker y Mertxe junto con Iñaki Gainzarain, Lisbet, Jon Txarterina y José Tablante no pararon.

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Nos visitó Unai Rementería, Roman Sudupe, Jose Juan Gonzalez Txabarri, Zeler, Zigor Urkiaga, Patxi Agirre, Ezenarro, Zabalia, Barandiaran, Legarreta, Iñaki San Juan, Uriarte, Aman, Goikolea, Carrandi, Sota, Ibarzabal, Batarrita, Irune Zuluaga con toda su familia, Larronde, Irala, gallego Bastida, Alvarez, Burzako con el presidente de ODCA, Ereña, Rosa, Saenz de la Maza, Jose Mari Etxeberria con la representante de las mujeres copeyanas, Zubia, Iñigo Landa y sus capitanes, Irene la nueva mundakesa, Ina Etxeberria, Satur Leoz, el invitado canario Narvay Quintero, con el que coincidimos en el senado, Maria Eugenia Iparraguirre, Cazalis, Juan Luis Bikuña, Ansotegi, Fano, Arregi, Irala,Koldo San Sebastian, Arrese, Abio, Garcia Uribe, Gabriel Inclán, Aitor Miñambres, Mikel Astelarra, José Cruz Lasarte, Mirian Olibares e Iñigo Alberdi, Miriam Aranguren y Rodolf Larretxi, Javier Aldamiz Etxebarria, Alex Bidetxea y muchísimos más que consumieron y aportaron su ayuda a los tres cerditos, que teníamos. Me dejo más de la mitad en el tintero pero yo, algo insólito en mí, estaba friendo tequeños con Edurne Atxurra, mientras las hermanas Elgezabal, Karoliñe, servían, atendían, vendían y los hijos de Josu, Maitane y Josu no dejaban ripio, junto a María Esther que abrió casi todas las arepas. Me saqué un montón de fotos y hasta firmé gorras, con lo que en esta vida termina uno haciendo de todo. Y atendí a Bingen Amezaga un notable médico, hijo de D. Vicente Amezaga, que vive ahora en Renteria ya que en Caracas es imposible hacerlo sin riesgo.

Todo fue bien y el resultado excelente. Y con los pequeños defectos subsanados ¡a por el año que viene!.

 

El Alderdi Eguna como Johnnie Walker por Iñaki Anasagasti – Blog Deia – 26 de Septiembre 2019

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El PNV nació en 1895, tiene por tanto 124 años. Y el whisky Johnnie Walker, algo más. Su slogan es. ”Nació en 1820 y sigue tan campante”. Podía ser el lema del Alderdi Eguna. ”Nació en 1977 y sigue tan campante”.

 

Aquel año celebramos el Aberri Eguna con las broncas consabidas. Nosotros poníamos la gente y la sopa de siglas las manos en la pancarta. Ajuriaguerra era partidario de que todos los partidos celebraran dicha fiesta nacional de forma conjunta, aunque ya veíamos que al PSE cada vez se le hacía más difícil celebrar una fiesta patriótica vasca y además con ese nombre.

En las elecciones de junio de 1977 habíamos obtenido ocho diputados que comenzaban a dar la batalla parlamentaria. Yo formaba entonces como burukide parte del Euzkadi Buru Batzar cuyo presidente era Carlos Garaikoetxea. También del BBB. Para ser del EBB, había que ser del BBB. Era el año de la salida del PNV de la clandestinidad, de la legalización de la ikurriña, del registro de los partidos, de la libertad de expresión y de la aceleración de la historia. Algo que no quería ETA, que seguía matando y extorsionando. Desde las ejecutivas quería que el partido se fortaleciera.

Ante aquello propuse una idea que había visto funcionar en Venezuela. Era la fiesta anual de los partidos en el Parque de los Caobos en Caracas. Cada partido celebraba su fiesta con música, asados, casetas, torneos, y al final un breve mitin político. Algo parecido había visto en Paris con la fiesta del periódico L, Humanité y en Roma con la del PCI. Y propuse hacer algo parecido aquí. Una fiesta de partido, Alderdi, no una fiesta nacional. Lo propuse en el BBB, y lo elevamos al EBB donde se aceptó y tras aquello fuimos Saratxaga y yo a la pequeña oficina de Ajuriaguerra en la calle Dr. Areilza. Nos las veíamos muy felices pero a D. Juan no le gustó. Rompía para él el Aberri Eguna. Le dijimos que eran compatibles. Arrugó el ceño. Sacando fuerzas de no sé dónde le dije que lo íbamos a hacer y que respetando su opinión, él estaba en Madrid y nosotros en el partido. Lo hacíamos por deferencia a su persona. Fueron treinta segundos de silencio muy tensos. ”Hacer lo que queráis” no dijo. Pasada la fiesta nos felicitó.

Con las piernas temblando salimos de aquella entrevista. Aquello no nacía bien pero gracias a la capacidad organizativa del recientemente fallecido Txomin Saratxaga y a través de la revista Euzkadi hicimos el llamamiento. No pensábamos reunir más de doscientas personas y lo organizamos todo, pero nos confundimos en el lugar elegido, San Miguel de Aralar, patrón del partido. El sitio es fantástico pero aquellos accesos deplorables para llevar cientos de autobuses que no podían coincidir subiendo y bajando.

Y es que no fueron tres los autobuses. Fueron casi tres millones, exagerando un poco. Todavía a las seis de la tarde, la gente estaba llegando. Gente que estuvo te recuerda este dato.

Pero por lo demás fue un día extraordianrio. Se puede decir que constituyó el primer abrazo que se dio internamente el partido. Tras la guerra, el exilio, la clandestinidad y la dictadura. Gudaris con gudaris que no se habían visto desde las cárceles, desfilaban con su cartel alusivo a su batallón, gentes que habían estado en la clandestinidad, políticos llegados del exilio, diputados y senadores firmando autógrafos, la gente comiendo la tortilla traída de casa y empinando el codo con su bota, el reparto del neonato Deia, las fotos con Irujo, un mitin desde un mecanotubo inestable allí al fondo y con un sonido deplorable, pero fue un día tan extraordinario que fue la gasolina para el siguiente, el siguiente, el siguiente, el siguiente que al principio se fue turnando en Aiegi, Itziar, Olarizu, Aixerrota, Salburua para desembarcar finalmente en Foronda donde el domingo celebraremos su 42 edición, este año sin Txomin al que nunca se le invitó a izar la ikurriña. Este partido es así. Una pena.

Venezuela, entre Eibar e Iparralde

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El año pasado la extraterritorial de Venezuela montó una Txozna para recabar fondos con el fin de ayudar a los vascos que en Venezuela seguían tratamientos médicos y no tenían el medicamente adecuado habida cuenta de la crisis humanitaria que vive el país gracias a la insoportable dictadura chavista. Estuvimos en una esquina y la gente acudió y creo fue una de las Txoznas más visitadas. Este año os esperamos entre las txoznas de Eibar e Iparralde, vendiendo arepas y tequeños, bebidas y tortas y tartas, y una bebida especial, el Poncre CremAlex, con lo que esperamos duplicar aquel éxito. De fondo tenemos un cartelón con esa pareja de jóvenes que transitan por una calle de Caracas, uno con la bandera venezolana y otra con la ikurriña y el lema “Eskerrik asko Venezuela”. Lo que se obtenga será para subvenir los gastos de ayuda a los emigrantes que vienen continuamente a Euzkadi correspondiendo a la apertura de puertas que tuvo Venezuela cuando hace 80 años aquel país abrió sus fronteras al exilio vasco. Contaremos también con músicos venezolanos.

Y allí estaremos.

Las cifras del Alderdi.

Mireia Zarate es la secretaria del EBB. Ha ofrecido este jueves una rueda de prensa en Sabin donde ha invitado a toda la ciudadanía vasca a acudir al Alderdi en Foronda. Políticamente será el primer acto de campaña electoral, aunque lo lúdico, lo deportivo, lo gastronómico impregnarán como siempre la fiesta y la saludarera. ¡Que bien te veo!, será lo más repetido.

Mireia ha dado datos. Son éstos:

Como cada año, el Alderdi Eguna contará con distintas actividades en un día en el que va a primar el encuentro y la confraternidad entre las gentes venidas de todos los rincones de Euskadi y muchos acompañantes de otras naciones que también nos quieren acompañar: Catalunya, Galiza, Illes Balears, Comunitat Valenciana, Canarias, Flandes, Bretaña, Georgia, Venezuela, etcétera… Quiero destacar este año la presencia del presidente de Córcega, Gilles Simeoni, y del presidente de la Organización de la Democracia Cristiana Americana, Juan Carlos Latorre.

Las cifras son, un año más, espectaculares. Cerca de 90 voluntarios trabajan desde hace un mes en la organización del evento. Desde aquí nuestro más sincero agradecimiento en nombre de todos los militantes de EAJ-PNV. El Alderdi Eguna ocupará 400.000 metros cuadrados, de los cuales 130.000 corresponderán a la zona de la celebración, 25.000 a las carpas, y el resto a aparcamientos y servicios. Se instalarán 28 txosnas, 140 comedores y se servirán unas 20.000 comidas. Habrá como el año pasado txoznas de la Extraterritorial de Venezuela. También se suman a la fiesta gastronómica nuestros socios y amigos de Compromiso por Galicia.

El programa de actos comenzará a las 10:00 horas con la bienvenida a los asistentes. A esa misma hora se oficiará un misa, y a las 11:15 comenzará el desfile de autoridades. A las 12:00 horas llegará el acto central, con las intervenciones del Lehendakari, Iñigo Urkullu, y del presidente del Euzkadi Buru Batzar, Andoni Ortuzar. A las 13:15 horas, habrá una exhibición de deporte rural y romería. Y a las 16:00 horas dará comienzo la Disko-Festa. No faltarán a la cita el Txiki-Txoko, con ludoteca e hinchables, y rocódromo, tirolina, jumping, circuito de quads y circuito de bicicletas.

 

Doodle de Google – 5 de Julio 2019

Soy hermano de la espuma por Jorge Hernández – El País – 25 de Enero 2019

Venezuela vive hoy la tragedia de no pocos coágulos acumulados, el enfrentamiento demediado de poderes radicalmente opuestos

Soy hermano de la espuma

Llega el momento de leer o releer Doña Bárbara de Rómulo Gallegos. Para perezosos o millennials muy ocupados queda el recurso de ver la película protagonizada por María Félix. Es la historia de una mujer autoritaria y despótica, dueña de una finca en Venezuela llamada “El Miedo”, que gobierna con sus arqueadas cejas de déspota, y la caprichosa violencia dictatorial que termina atraída pasionalmente por el carisma e ideas contrapuesta de Santos Luzardo, un hombre que confía en el progreso y que aboga por la civilización a contrapelo de la barbarie latifundista que lleva en su rostro la Bárbara, mujer más bella de Venezuela. Y no digo más, pues con esos detalles basta para celebrar la gran novela de Gallegos que fue además, presidente de aquel país hasta que un golpe de estado lo tumbó de la silla

Con estas líneas quiero sugerir que se vuelvan a leer los mejores párrafos del alma llanera de una tierra entrañable y que tantos amigos vivos y muertos, tanto poeta de elevados vuelos y novelistas de luenga vegetación silábica vuelvan a cantarle la belleza de sus promesas a esa tierra llamada Venezuela que vive hoy la tragedia de no pocos coágulos acumulados, el enfrentamiento demediado de poderes radicalmente opuestos bajo los mismos colores con los que orgullosamente llenan de música sus jóvenes por el mundo. Como dijo don Rómulo en algún pasaje de Doña Bárbara, Venezuela es la inmensa llanura propicia para el esfuerzo, como lo fue para la hazaña, tierra de horizontes abiertos, donde una raza buena, ama, sufre y espera.

De la verdadera concordia por Ramón Pérez-Maura – ABC – 5 de Enero 2019

No es frecuente ver en tiempos recientes a un grupo notable de políticos, en su mayoría católicos, salir a contestar al Papa

Ramón Pérez-Maura

Veinte expresidentes latinoamericanos se han dirigido por escrito a Su Santidad el Papa para llamarle la atención sobre lo equivocado que resulta en esta hora hacer llamamientos a la concordia en países como Venezuela y Nicaragua. La concordia puede ser un bien, pero no a cualquier precio. El Papa Francisco ha hecho un llamamiento a la concordia en su reciente mensaje de Navidad a los pueblos de ambas naciones. Pero, como recuerdan esos veinte expresidentes en la carta encabezada por el premio Nobel de la Paz Oscar Arias, los venezolanos hoy son «víctimas de la opresión de una narco-dictadura militarizada, que no tiene reparos en conculcar de manera sistemática los derechos a la vida, a la libertad y a la integridad personal y, además, como consecuencia de sus políticas públicas deliberadas y una palmaria corrupción que escandaliza mundialmente, somete a éstos a condiciones de hambruna generalizada y falta de medicinas». Y en el caso de los nicaragüenses, «a mediados año, fueron víctimas de una ola de represión que deja como saldo casi 300 muertos y unos 2.500 heridos». En ese contexto, los expresidentes manifiestan una lógica preocupación por el llamamiento del Papa a la concordia porque «en el contexto actual puede entenderse como un pedido a los pueblos que son víctimas para que se acuerden con sus victimarios; en lo particular, en el caso venezolano, con el gobierno que ha causado 3.000.000 de refugiados, en una diáspora que proyecta la ONU, para 2019, a 5,4 millones de personas».

Los expresidentes, agrupados en torno a Idea, la Iniciativa Democrática de España y las Américas, admiten la buena fe del Santo Padre y su espíritu de pastor, pero le advierten de que ese llamamiento a la concordia «está siendo interpretado de un modo muy negativo por las mayorías de Venezuela y Nicaragua. Sobre todo, por cuanto no existe, actualmente, en dichos países, un diferendo político que reclame de entendimiento, tolerancia, entre fuerzas encontradas con narrativas distintas, dentro de una democracia normal o deficiente que hoy lamentablemente no existe en estos. Sus poblaciones enteras son sometidas al sufrimiento por sus gobiernos, bajo regímenes que sirven a la mentira, y los líderes sociales y políticos, los conductores de opinión y prensa, sufren cárcel, persecuciones y también la muerte, como le consta a los organismos americanos y europeos de derechos humanos».

Y para que no haya dudas de la legitimidad de su denuncia sobre el llamado papal a la concordia, los expresidentes fundan su licitud en San Juan XXIII: «La encíclica Ad Petri Cathedram reza que el llamado a la concordia ha de hacerse, fundamentalmente, “a los que gobiernan las naciones”. “Los que oprimen a otros y los despojan de su debida libertad no pueden ciertamente contribuir a esta unidad” de las inteligencias, de los espíritus, de las acciones, como lo recuerda su predecesor, San Juan XXIII, y que todos anhelamos reconquisten los queridos pueblos de Venezuela y de Nicaragua a partir de la verdad y de la justicia, para que gocen de una justa paz».

 

El último glaciar de Venezuela por Helena Carpio – ProDaVinci – Noviembre 2018

La Sierra Nevada de Mérida tenía 10 km² de hielo en 1910. En 2018, tiene menos de 0,1 km² de superficie glaciar. De las Cinco Águilas Blancas que cantó Tulio Febres Cordero, los picos Bolívar, Humboldt y Bonpland (ambos formaban un águila), Concha, León y Toro, queda uno solo: el de Pico Humboldt, el cual se derrite aceleradamente. Al desaparecer, Venezuela podría convertirse en el primer país del mundo que pierde todos sus glaciares.

Mi abuelo Michel murió cuando papá tenía 16 años. No lo conocí. No sé mucho de él. Evito preguntarle a mi papá porque se le quiebra la voz cuando lo recuerda. Cada invocación es una despedida. Lo extraña.

En la sala de mi casa había una fotografía de Michel. En el fondo se veía una montaña nevada y esquiadores. Mi abuelo tenía suéter rojo y una sonrisa de medio lado, como resguardando algún secreto del que nunca me enteré.

Siempre supuse que esa foto había sido tomada lejos de Venezuela. En Europa, quizás, donde sabía que el abuelo había esquiado. Un domingo le pregunté a mi papá. El retrato fue tomado en Mérida, Venezuela, cuando Michel esquió en sus glaciares.

Durante los años cincuenta y sesenta, una de las cinco pistas de esquí más altas del mundo estaba en Pico Espejo, en la Sierra Nevada de Mérida. Incluso, dos campeonatos se llevaron a cabo allí: uno en 1956 y otro en 1961. Mi abuelo compitió en ambos.

Campeonato de esquí en Pico Espejo, 1961. Archivo fotográfico Grupo Últimas Noticias.

El Club Andino, liderado por Francisco Anzil, convocó el Primer Campeonato Nacional de Esquí el 12 de octubre de 1956. La pista se extendía más de 200 metros en el glaciar de Pico Espejo, desde la cota 4.850 hasta los 4.600 metros sobre el nivel del mar.

Los glaciares son masas de hielo que se forman al acumularse mucha nieve en un mismo lugar por largo tiempo. La diferencia entre un glaciar y cualquier otra masa de hielo es que estos están en constante movimiento.

A medida que cae la nieve, las capas inferiores de hielo se compactan. Los cambios de temperatura hacen que este se derrita y vuelva a congelarse, cambiando su estructura y volviéndolo maleable. A medida que se acumula, dichas capas se deforman por el peso y fluyen hacia los márgenes por gravedad.

Carsten Braun, profesor de geografía de la Universidad de Westfield en Massachusetts, lo describe como una masa de panquecas viscosa: al verterla en la sartén, se desparrama y se extiende hacia los lados porque no es suficientemente densa para aguantar su peso. No crece verticalmente, sino hacia las orillas.

Los glaciares ocupan el 10% de la superficie terrestre y almacenan casi el 70% del agua dulce del planeta. 4.5% de los glaciares del mundo están en la Cordillera de Los Andes.

Vista del Pico Bolívar desde el Pico Espejo. Archivo fotográfico Grupo Últimas Noticias.

Mi abuelo subió al glaciar de Pico Espejo en mula desde la ciudad de Mérida, caminando ciertos tramos y cargando sus esquís de madera al hombro. El trayecto tenía un desnivel de 3.000 metros entre la ciudad y la cumbre del pico. La Sierra Nevada es la cordillera más alta de Venezuela y se extiende entre el estado Mérida y Barinas. Es una vertiente de la Cordillera de Los Andes que atraviesa el continente sudamericano de norte a sur. Esa vez, mi abuela Belén pasó días sin saber de él.

Participaron 28 esquiadores de Suiza, Austria, Noruega, Alemania, Letonia, Bolivia, Francia, Hungría y Venezuela, incluyendo cuatro mujeres. Varios de los europeos compararon la sierra con los Alpes suizos. Los cuatro picos más altos -Bolívar, Humboldt, Bonpland y La Concha- estaban cubiertos por glaciares.

Para el hospedaje solo había un refugio pequeño. Muchos de los organizadores e invitados tuvieron que dormir sobre la nieve a temperaturas de 14 grados bajo cero.

El día del campeonato nevó tan fuerte que suspendieron las prácticas. Era peligroso alcanzar velocidades de 90 km/h, con un campo de visibilidad de apenas 20 metros. Al día siguiente siguió nevando. Varios competidores decidieron bajar a Mérida. Mi abuelo se quedó.

El Club Andino pospuso las prácticas cuatro días, pero el clima no mejoró. Nunca compitieron. Los organizadores prometieron una segunda válida cuando se terminara la construcción del Teleférico de Mérida.

Cuando Michel regresó a Caracas, llegó con las medias empapadas en sangre. Las botas que usaba para subir la montaña eran robustas, sólidas y resistentes al frío, pero le rompían los dedos.

El teleférico más alto del mundo abrió en marzo de 1960. El gobierno del general Marcos Pérez Jiménez tardó cuatro años en construirlo. Con el teleférico y la llegada de turistas, abrieron temporadas de esquí de mayo a octubre durante las épocas de invierno.

Al año siguiente, la Dirección de Turismo del estado Mérida junto con el Club Andino anunciaron la segunda competencia de esquí en Venezuela.

Entre el 25 y 30 de octubre de 1961, un grupo de esquiadores acompañados por decenas de turistas subieron en teleférico hasta la última estación. Realizaron dos pruebas, velocidad y estilo, para una sola clasificación. Los días estuvieron despejados. Desde la pista de esquí se veían las cumbres de los picos Humboldt y Bonpland arropadas por un mismo glaciar. El Bolívar también estaba cubierto de hielo.

Esquiador en el Pico Espejo a 4.700 metros de altura sobre el nivel del mar. Archivo fotográfico Grupo Últimas Noticias.

La mañana del último día dieron el nombre de los ganadores. Carlos Feix, un austríaco-venezolano, ganó el primer lugar. Mi abuelo Michel obtuvo el segundo. Por eso la sonrisa de medio lado. Acababa de conquistar ese honor en el único campeonato de esquí que se completaría en Venezuela. Tomás Sensky, checo-venezolano, ganó el tercero. El cuarto, quinto y sexto lugar correspondieron a un italiano, un chileno y un alemán.

Diez años después del campeonato, no había suficiente nieve para esquiar en Pico Espejo.

En febrero de 2018 hizo calor. La carretera hacia Los Nevados, un pequeño pueblo dentro de Sierra Nevada, a cuatro horas de Ciudad de Mérida, estaba seca. Cerramos las ventanas del Jeep para que no entrara el polvo.

Los Nevados se llamaba así por los glaciares. Cuando llegaron los españoles, el hielo de Pico León y Pico Toro arropaba la aldea. Pero en estos días, lo único blanco son las paredes de las casas.

Nuestra expedición a Pico Humboldt comenzaba allí. Sumamos un día en el pueblo para conocer a Francisco Castillo, el habitante de mayor edad del valle. Jota García, guía de montaña, contactó a Castillo usando la estación de radio comunitaria que conecta las aldeas del valle. Estábamos buscando personas que recordaran los glaciares.

Francisco nos recibió en una casa colonial de 200 años de antigüedad, con patio central y capilla. Nació ahí, en una aldea de cuatro casas llamada El Carrizal. Su abuelo era español. Fue la primera casa del valle con tejas y ladrillos cocidos.

Francisco Castillo en un patio externo de su casa en El Carrizal, Mérida. Fotografía de Helena Carpio.

Nos sentamos en el patio trasero donde su nieto secaba trigo recién cosechado. Francisco agradeció la visita y nos contó una leyenda publicada por Tulio Febres Cordero, historiador, periodista y escritor merideño. La más importante de la Sierra.

“Cinco águilas blancas volaban sobre cielos andinos. Caribay, hija del sol y la luna y primera mujer entre los indígenas Mirripuyes, perseguía sus sombras errantes entre montañas y valles. Las águilas cogieron altura y desaparecieron entre nubes. Caribay rezó a sus dioses para alcanzarlas; quería sus plumas plateadas para decorar una corona. Cayó la noche y las cinco águilas reaparecieron volando alrededor de la luna. Cada ave se posó sobre una cumbre de la Sierra Merideña. Caribay corrió tras ellas. Al acercarse para finalmente arrancar sus plumas, un frío gélido le congeló las manos. Las águilas estaban petrificadas, y en su lugar, nacieron cinco glaciares”.

Gesticulando con sus dedos encorvados, que según cuenta, se torcieron por el frío, recordó que los pobladores de la zona subían a los glaciares a buscar hielo. “Iban a cortarlo a Pico Bolívar. En Pico Espejo hay hielo, pero ese no sirve, tiene que ser hielo duro. Lo cortaban con un machete y le daban con un martillo”. Los hombres iban a la base del glaciar, picaban el hielo y lo bajaban algunos kilómetros en mochila. Luego volvían a subir sin peso y cortaban un segundo bloque. La mayoría llevaba dos bultos. Bajaban el segundo hasta donde habían dejado el primero y se encaramaban ambos sobre la espalda. Podía pesar más de veinte kilos cada uno.

Los merideños compraban hielo de glaciar para hacer raspados y conservar la comida. “Hasta que pusieron una planta en Mérida, una planta movida por agua. Entonces la gente empezó a tener neveras y no compraron más”, recuerda Castillo.

Febres Cordero escribió sobre los “hieleros” y los glaciares en 1890: “De tiempo atrás se dice que la nieve de la sierra va en disminución, y los vecinos de mayor edad señalan con tristeza los sitios donde la nieve ha desaparecido por completo (…). Si el fenómeno de la disminución de la nieve no se precipita, estemos seguros de que (…) hay todavía allí masas de hielo suficientes para prepararle sorbetes al mundo entero por centenares de años”.

Cuando Francisco nació, en 1935, un águila blanca -el glaciar de Pico El León- había desaparecido.

Después le tocó a Pico Toro, la primera cumbre que se conquistó en la Sierra Nevada. En febrero de 1868, Pierre Henri Georges Bourgoin, profesor de Botánica de la Universidad de Mérida, registró desde la cumbre “inmensas masas de hielo” con grietas gigantes de hasta 16 metros de espesor. Cincuenta años después, no quedaban glaciares.

Cuando Francisco cumplió sesenta, La Concha había perdido su corona blanca. Por último, ya anciano, vio con tristeza cómo Pico Bolívar se quedaba sin hielo.

La Sierra Nevada tenía 10 kilómetros cuadrados de hielo en 1910. En 2018, tiene menos de 0,1 kilómetros cuadrados de superficie glaciar.

Antes de despedirnos, Francisco nos mostró un cuaderno y nos invitó a leer poemas mientras él los recitaba de memoria. Había compuesto coplas, contrapunteos, chistes y canciones sobre la Sierra Nevada, y una de sus nietas los transcribió. El cuaderno tenía más de 60 páginas.

Al día siguiente, emprendimos la expedición al Humboldt.

A las 9:00 de la mañana, Jota García y Jaseh Munelo, guías de montaña, y yo comenzamos a caminar desde el campamento base en Laguna El Suero, una laguna de origen glaciar en la ladera suroeste de Pico Humboldt. Las capas usuales de ropa para hacer alta montaña no hacen falta durante el ascenso: metemos el suéter de fibra polar y la chaqueta de plumón en el morral.

Jota y Jaseh llevan las cámaras fotográficas y el GPS para marcar con coordenadas satelitales los puntos de monitoreo del hielo. Son 2 kilómetros de recorrido hasta la cumbre de Pico Humboldt. Vamos al último glaciar de Venezuela.

Al desaparecer el glaciar de Pico Humboldt, Venezuela podría convertirse en el primer país del mundo en perder todos sus glaciares, según el World Glacier Monitoring Service basado en Zurich. Uganda y Papúa Nueva Guinea también están entre los primeros países que se quedarán sin hielo.

Las paredes de roca son toboganes. Cada paso requiere balance para no resbalar. Las botas no tienen suficiente tracción. El precipicio amenaza. Líneas minerales rosadas, verdes y amarillas atraviesan en paralelo toda la extensión de la cuenca.

Un manto blanco rodea la cúspide rocosa. Parece un puñado de nubes inmóviles o un montón de espuma cremosa envuelta por un farallón café. El sol se refleja plateado sobre el hielo. La cumbre está cerca. Acelero el paso.

Llegamos a la frontera entre la roca y la nieve a las once. Atravesamos el glaciar. El hielo es tan delgado, que no hacen falta crampones, unos dispositivos de tracción con dientes metálicos afilados que se clavan en el hielo y ayudan a caminar. El glaciar tiene muchas tonalidades de azul. Hay múltiples grietas en los bordes. Destellos celeste y azul cerúleo revelan heridas abiertas en la masa robusta. Lo atraviesan rocas oscuras.

No hay vegetación ni fauna cerca del glaciar. Las cumbres son inhóspitas. Lo único que nos acompaña es la certeza de que pocos han estado allí.

La primera vez que una expedición conquistó Pico Humboldt y le puso nombre fue en enero de 1911. Alfredo Jahn organizó una expedición científica junto con el Ministerio de Obras Públicas para estudiar la región occidental de Venezuela.

La mañana que llegaron a la cumbre del Humboldt hacía seis grados centígrados bajo cero. Jahn tardó más de media hora derritiendo hielo para hacer una taza de café. Comenzaron a caminar sobre las siete. A orillas del glaciar encontraron una grieta enorme adornada por estalactitas de hielo. Parecía tener unos 8 metros de profundidad. Durante la subida, el glaciar era tan empinado que usaron picos para no resbalarse. A las 9:35 a. m. del 18 de enero midieron la temperatura: 0,5 grados bajo cero. Rodeados de hielo, se pararon sobre las pocas piedras que encontraron. Estaban en la cumbre más alta que se había hecho en Venezuela. Jahn escribió que aquella era la mejor vista de los llanos.

Alfredo Jahn registró nieve sobre los 4.500 metros en la Sierra Nevada. Este cálculo es importante porque ayuda a identificar la zona de acumulación, donde se aglomera más nieve de la que se pierde, y la zona de ablación, donde se derrite más hielo del que se acumula. La primera queda en la parte alta del glaciar. La segunda en la más baja.

El balance entre acumulación y ablación (Mass balance) revela si un glaciar crece o se reduce. Por eso, aunque nieve en Mérida se derriten los glaciares. El hielo que cae no es suficiente para contrarrestar la masa que se pierde durante el año.

Al identificar estas zonas, se calcula la línea de equilibrio o ELA (Equilibrium-line altitude). Es la altitud donde se pierde y se acumula la misma cantidad de hielo. Encima de esta línea dinámica, las condiciones climáticas, atmosféricas y geográficas permiten que el hielo se conserve. Debajo de la línea se derriten los glaciares. Esta altitud cambia con la variación de condiciones, como la temperatura, por eso es altamente sensible a factores locales. Esta línea ayuda a entender el comportamiento de los glaciares.

En Los Andes, el ELA suele estar por encima de los 5.000 metros en 2018. En Colombia, todos los glaciares están sobre los 5.110 metros de altura. Pero nuestro último glaciar está sobre los 4.800 metros. Es una anomalía, según el estudio Carsten Braun y Maximiliano Bezada. No debería existir.

La vida de un glaciar depende del clima y del terreno. El glaciar del Humboldt todavía existe porque tiene condiciones topográficas favorables, como la cuenca relativamente plana que lo hospeda y su ubicación en la cara oeste del pico, que lo protege de la radiación solar directa.

Llevamos una hora grabando video y tomando fotografías. Es mediodía y los labios arden. Olvidé usar protector y tengo la cara hinchada por la insolación. Nos quitamos las chaquetas y nos quedamos en camisa ligera. Buscamos la sombra. El único parche sombreado está debajo de la cumbre. Exploramos en esa dirección.

En los bordes del glaciar y en puntos regados al azar, el hielo es gris o negro. El viento arrastra polvo. Se mezcla con hollín o con otras partículas contaminantes en la atmósfera. “Se ensucia el hielo”. El hielo oscuro se derrite más rápido porque las partículas negras absorben más calor solar. Alrededor de estos parches se forman pequeñas lagunas. Tenemos que esquivar los charcos para evitar hundirnos.

Los glaciares se derriten porque el planeta se calienta.

Cinco grandes eras de hielo han transformado la Tierra desde que nació hace más de cuatro mil millones de años. Dentro de estas largas eras de hielo hay periodos más pequeños de glaciación, que tienden a ser fríos, y periodos interglaciales, que tienden a ser más calientes.

Maximiliano Bezada, doctor en paleoecología especializado en geomorfología glaciar, ha realizado estudios que indican que, en el siglo IX, la Sierra Nevada de Mérida se veía similar a como se ve hoy: con poco hielo. Pero cuando llegaron los españoles, en 1558, encontraron la sierra vestida de blanco. Incluso había glaciares en La Culata, otra vertiente de los Andes venezolanos que bordea la ciudad de Mérida. “La pequeña era de hielo” afectó a todo el planeta. Los glaciares se habían reducido y volvieron a crecer.

Aunque estamos en un periodo interglacial y la tendencia es que la tierra se caliente, según la NASA, el ritmo de calentamiento actual supera diez veces el promedio de las antiguas eras. En una década, el ritmo de deshielo de los glaciares en Antártida se ha triplicado. La Cordillera de los Andes perdió de 30 a 50% de su área glaciar en los últimos 30 años.

El 2018 registró temperaturas sin precedentes en todos los continentes. En julio, una ola de calor en Canadá mató a 54 personas con picos de 36,6 grados celsius en Montreal; en la costa de Siberia con el Océano Ártico las temperaturas alcanzaron más de 32 grados celsius y en Argelia 51,3 grados celsius, la temperatura más alta registrada en el continente africano.

Hay consenso científico sobre la relación entre el aumento de temperatura y la concentración de gases invernadero, como dióxido de carbono y metano. Desde la Revolución Industrial, los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera han aumentado un 35%, y los de metano se han duplicado. Esos gases son, en su mayoría, generados por actividades humanas. Estamos acelerando el calentamiento del planeta.

Cerca de la cumbre, al este, los bordes del glaciar ya no abrazan la roca. Hay un espacio de más de un metro de ancho entre el hielo y la pared rocosa. Bajamos trepando hasta encontrarnos debajo del glaciar. Un sistema de cavernas parece rodear la masa de hielo. El sol entra directamente por la ranura y revela paredes translúcidas y lisas, con una profundidad aparentemente infinita.

Hay incontables burbujas congeladas en el hielo. Funcionan como prismas. Cuando la luz las atraviesa, nacen arcoiris. Esas burbujas son testigos; antepasados.

Jaseh Munelo se amarra las trenzas bajo el glaciar del Pico Humboldt. Fotografía de Helena Carpio.

Cuando la nieve se acumula, atrapa partículas de polvo, burbujas de oxígeno, moléculas de gases o ceniza volcánica. Hay glaciares con ocho millones de años de antigüedad en Antártida. Al analizar las burbujas dentro de las distintas capas de hielo, los científicos pueden saber cómo era la atmósfera y cuánta concentración de dióxido de carbono había en distintos periodos. El hielo también revela cambios químicos en el agua, en su salinidad. Y el polvo ayuda a identificar erupciones volcánicas, grandes cambios en humedad o grandes cambios geográficos. Incluso, científicos pueden determinar la temperatura promedio de cada periodo. El hielo nos dice mucho sobre cómo era nuestro planeta, miles de años antes de que existiéramos.

Además de tener un registro único del pasado, los glaciares también son centinelas del cambio climático. Traducen pequeñas alteraciones climáticas en cambios pronunciados de grosor y longitud. En los trópicos son indicadores más sensibles, porque nieva menos, entonces no tienen cobertura nival que los proteja. Están desnudos ante los cambios. Por eso son más vulnerables a la temperatura o a las lluvias. Para la comunidad científica, los glaciares son importantes vigías.

Venezuela perdió el 99.5% de su área glaciar en el último siglo. Cada año, entre 1885 y 1972, el hielo de la Sierra Nevada retrocedió 6 metros verticales en promedio, según Carlos Schubert, pionero en el estudio de glaciares en Venezuela.

Jaseh y Jota sacan una botella vacía del morral con capacidad de un litro. La sostienen bajo las estalactitas mientras miran fijamente el reloj. Se llena en 1 minuto y 38 segundos. Guardan la botella como souvenir y salen a explorar el resto del glaciar.

Jaseh Munelo y Jota García, guías de montaña, miden el tiempo que le toma a una botella llenarse con agua que cae de las estalactitas. Fotografía de Helena Carpio

Jota García, guía de montaña, explora el glaciar del Pico Humboldt en febrero de 2018. Fotografía de Helena Carpio

En dos años, entre 2009 y 2011, el glaciar del Humboldt perdió un tercio de su hielo y nacieron nuevas grietas que lo atraviesan. Las grietas aceleran el derretimiento. Cuando desaparezca, en menos de una década, los glaciares de la Sierra Nevada solo existirán en fotografías. Las cinco águilas habrán abandonado los Andes.

Pequeños riachuelos corren apurados hacia el valle. Busco rocas secas y me siento en silencio. Recuerdo la canción de Jorge Drexler: Despedir a los glaciares. Una canción que, como ha explicado, está inspirada en los glaciares merideños.

Las nubes tapan el sol, regresa el frío, pero las goteras no cesan. Los charcos crecen.

Muere el último glaciar.

Captura cenital del Glaciar del Humboldt, 1 de marzo de 2018. Helena Carpio.

Francisco, el anciano de la sierra, falleció en agosto de este año. Tenía 83 años. La mayoría de sus nietos emigraron de Venezuela, lejos de El Carrizal, y no pudieron enterrarlo. Con él murió el testimonio de las Cinco Águilas Blancas. Ya no hay nadie vivo que las recuerde.

En Caracas busqué la foto de Michel. Para mí ya no es solo la imagen de mi abuelo. Es un retrato de los glaciares. Quiero verla otra vez, pero no está en la sala donde la recordaba. Mi papá me asegura que estaba en una repisa. Él también la recuerda, aunque dice que no había esquiadores al fondo. Yo comienzo a dudar. Ahora no sé si el suéter era rojo. Mi mamá no recuerda la foto, pero me ayuda a buscar.

Abrimos cajas. Escudriñamos.

No encontramos la foto, pero mi papá me cuenta sobre Michel. De los años de trabajo en Fénix, la empresa familiar que fabricaba colchones, que luego vendieron a Simmons. De la construcción del club Guataparo en Valencia y de sus proyectos en los que nadie creía al principio.

Michel llevaba a mi papá al trabajo agarrado de la mano “como un maletín”. Lo paseaba por las oficinas, lo sentaba en el escritorio y lo dejaba estar en las reuniones. Mi papá tenía 10 años. Ya Michel tenía cáncer. También regañaba en francés y le jalaba las orejas hasta que se le ponían rojas cuando no agarraba bien los cubiertos en la mesa.

El abuelo siguió esquiando enfermo. Sólo paró cuando el cáncer hizo metástasis, seis años después. Murió a sus 50 años.

Subí al glaciar con la intención de hacer un registro de la última águila blanca. Quería documentar un prodigio que pronto ya no estará; rescatar un pretérito. Pero buscando el glaciar encontré a mi abuelo.

En casa de mi abuela Belén había una copia de la foto de Michel. Fui, le tomé una fotografía y la imprimí. Ahora está de nuevo en mi casa. Pero ya no en la sala. Está en mi habitación. Allí están los esquiadores en el fondo con un cielo despejado y Michel con su sonrisa y su suéter rojo.

Cada vez que veo ese retrato, viajo al último glaciar de Venezuela.

Retrato de Michel Carpio Méndez en el Pico Espejo, octubre de 1961. Fotografía tomada por Enrique Lander.

Caricatura por Rayma – 4 de Octubre 2018

Donde está Venezuela ? por Nacho Palacios – Cuento infantil – Septiembre 2018

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