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Venezolana relata cómo se diseñó equipo para rescatar a los niños de la cueva de Tailandia – La Patilla – 9 de Julio 2018

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María Giovanna Castro Salas es la ingeniero venezolana que participó en el diseño del equipo para rescatar a los 12 niños y el instructor de fútbol que se encuentran en una cueva en Tailandia.

Así lo relató a su familia la propia María Giovanna: “Familia ayer participe en una de las cosas más increíbles, temprano en la mañana el dueño de Tesla y SpaceX llamo a Wing para que diseñara y fabricara unas capsulas para sacar a los chamos del equipo de fútbol de Thailandia que están en la cueva atrapados”.

“Enseguida nos pusimos a correr a hacer un prototipo. Lo llevamos a la piscina para probarlo y luego Space X nos dio luz verde para hacer mas. Hicimos 13 cápsulas. Y salimos corriendo a montarla en el avión privado de Space X. Fue todo súper emocionante y bueno trabajamos mucho ayer hasta las 8:30 de la noche”, agregó.

Aquí les presentamos las imágenes:

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Chavismo : La Peste del siglo XXI – Documental – Junio 2018

La primavera latinoamericana por José Ignacio Guédez Yépez – El País – 14 de Junio 2018

La democracia para Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela debe ser una bandera mundial y un objetivo de los paises civilizados comprometidos con la libertad de los pueblos
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Este año han sucedido tres acontecimientos que no pueden analizarse de forma aislada y que son parte de un mismo expediente que lamentablemente ha pasado desapercibido casi siempre. Me refiero a la designación de un nuevo presidente en Cuba, las protestas populares en Nicaragua y la fraudulenta reelección de Nicolás Maduro en Venezuela. Estas tres noticias, aunadas a la situación en Bolivia, conforman el último capítulo de una historia que tiene décadas escribiéndose y que me voy a permitir llamar “La Primavera latinoamericana”, sobre la lucha de los pueblos contra los populismos totalitarios de esa región.

No sorprende que en la mayoría de los reportes internacionales sobre los sucesos en Nicaragua casi nadie alcanzó a advertir el fondo del asunto. Las protestas de la población y la represión criminal del Gobierno que todavía continúan tienen una única causa: la dictadura. No se trató de un tema de pensiones o de un mal manejo administrativo como repiten los medios, el caso es que en Nicaragua se dinamitó la democracia desde adentro consolidándose una tiranía luego de una elección fraudulenta en medio de la más descarada persecución política. Lo mismo que pasa en Venezuela. Son pueblos oprimidos que de vez en cuando logran sublevarse en busca de libertad y democracia a costa siempre de un sangriento saldo. Igualmente, Raúl Castro colocó a cargo de la isla a un títere elegido a través de un partido único y con votación unánime, sin que se levantara una sola voz clamando por democracia y elecciones libres.

Somos todavía un laboratorio ideal para hacer experimentos de relanzamiento del comunismo tras su rotundo fracaso en el mundo desarrollado.

Y es que después de Pinochet, si acaso Fujimori ha sido el único que ha merecido el calificativo de dictador en Latinoamérica, a pesar de que en los últimos veinte años hemos visto una camada de tiranos que con ropajes de izquierdas han destruido las democracias en sus países. Se trata de los pupilos de los Castro, los más grandes dictadores de nuestro continente que han contado con la alcahuetería e impunidad mundial más grotesca. En el caso de Chávez, nadie se sonrojó cuando a su llegada al poder cerró todos los poderes públicos y cambió unilateralmente la constitución, para luego violarla procurándose hasta un tercer mandato consecutivo ya sin separación de poderes de ningún tipo. De Evo Morales muy pocos hablaron cuando anunció que iba a desconocer la voluntad de su pueblo para aspirar a otra reelección como ya lo hizo de forma fraudulenta Daniel Ortega. En Brasil y en Argentina, la institucionalidad democrática pudo al final evitar la catástrofe populista dejando al descubierto una trama de corrupción de proporciones épicas de la que tampoco se habla mucho en el mundo, mientras que en Ecuador la página se está pasando sola y sin ayuda de nadie. Se trata del club de autócratas más perversos de la historia que usaron las democracias de sus países para acabar con ellas y sustituirla por una mafia de crimen organizado cuyos tentáculos llegaron a España a través de algunos partidos políticos cómplices de esas tiranías y portadores del mismo virus populista.

Quizá el arquetipo de un héroe que hace justicia con sus propias manos —quitándole a los ricos para darle a los pobres perpetuando por la leyenda de Robin Hood— pudiera explicar cómo desde Europa se valoran a veces los populismos tropicales y latinoamericanos y las razones por las que casi siempre carecen de condena los casos de expropiaciones, persecución y censura. Eso y el complejo del “buen salvaje” heredado de los tiempos de la conquista y colonización del “nuevo continente”. La igualdad utópica que ya no es posible en la irreversible civilización europea, quizá sea viable en aquellos parajes en los que hace apenas quinientos años se vivía semidesnudos en un ambiente rural. Somos todavía un laboratorio ideal para hacer experimentos de relanzamiento del comunismo tras su rotundo fracaso en el mundo desarrollado, apalancados siempre en figuras heroicas y exóticas como lo han sido Fidel, Allende, el Che, Perón y, más recientemente, Chávez, Lula, Kirchner, Evo, Correa y Ortega, con la nueva camada de Maduro, López Obrador y Petro, entre otros. Pero El Bosque de Sherwood quedó devastado con sus habitantes viviendo en miseria y retraso, mientras que Robin Hood terminó multimillonario con cuentas en Andorra. Para acabar con el mito sería suficiente el caso Odebrecht y las cuentas encontradas a jerarcas del chavismo en paraísos fiscales, pero a eso hay que agregarle nada menos que narcotráfico, contrabando de minerales y lavado de capitales provenientes del terrorismo.

Cuando los pueblos árabes protestaron contra regímenes autocráticos nadie dudó en calificar como “primavera” el mismo fenómeno que tiene años dándose en Latinoamérica sin contar con ese reconocimiento. La resistencia democrática cubana contra los Castro tiene ya sesenta años con fusilados, presos y exiliados. En Venezuela tenemos ya veinte años en los que se ha intentado todo (elecciones, paro, marchas, rebelión). Evo Morales y Daniel Ortega ya tienen doce años consecutivos en el poder a cuenta de persecución y secuestro institucional. Entre esos cuatro países suman más de un siglo de dictadura abierta. El caso es que esos pueblos latinoamericanos se han movilizado permanente contra los tiranos que los oprimen en su propio nombre.

Recientemente las protestas populares se han dado con fuerza en Venezuela, Bolivia y más recientemente en Nicaragua. Es la misma historia, es el mismo enemigo, es la misma necesidad de libertad y democracia de un continente que lo merece. Las revoluciones (se justifiquen o no) solo sirven para derrocar sistemas, pero cuando un Gobierno se declara revolucionario simplemente está desmontado el Estado y dejando a la población sin seguridad jurídica ni garantías de derechos civiles fundamentales. Lo que comienza con expropiaciones a la propiedad privada, termina con la expropiación de todo un país dejando a una nación entera como rehenes de la arbitrariedad más perversa.

La democracia para Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela debe ser una bandera mundial y un objetivo de los países civilizados comprometidos con la libertad de los pueblos, porque al final nadie está inmune al virus populista que siempre intentará propagarse. No es un tema de derechas e izquierdas, la valoración debe centrarse en los parámetros de democracias y dictaduras. Es la hora de acabar con la impunidad con la que los caudillos latinoamericanos violan derechos humanos manteniendo invisibilizadas a sus víctimas, entendiendo de una vez por todas que las democracias son causa y no consecuencia del bienestar social.

De un duelo a otro…por Francisco Jiménez – Blog Cielos Cruzados – 18 de Abril 2018

No sé cómo expresarles todas las emociones que me embargan desde que llegué a Venezuela, debo decir que me han atendido muy bien, desde el agente en inmigración, el chófer del autobús al hotel, en el hotel y luego el chófer que nos trajo a Caracas, no podía esperar menos, hemos sido siempre un pueblo amable.

Iniciamos nuestro camino desde Maiquetía a Caracas. Mi asombro se queda inerte tras cada metro que andamos en el coche, pues mi cuerpo se llena de aires y recuerdos, de sentimientos añorados y de un cúmulo de muchas cosas. Mis ojos tratan de no mirar, pero, me es imposible estar ausente; deterioro, una miseria que arropa cada pedazo de montaña, cada rostro, cada espacio donde alcanzo la mirada, puestos de controles militares, persona que a nuestro pasar diviso, no reflejan mucha alegría, tan solo una conforme y pesada situación, una pena no oculta, pero si, callada. Pasamos los túneles boquerón 1, 2 y el último que por fin me deja apreciar de nuevo … ¡Caracas!… ¡Vaya, que alegría, y al mismo tiempo que tristeza tan agobiante, un paisaje dantesco y lleno de mucho gris y más deterioro, descuido, pinturas llenas de canas y falta de colores, y todo eso que tan bien ha llevado a cabo esta “gran revolución”, continuamos nuestro trayecto, pasamos al lado del Paraíso, donde desde muy pequeño, paseaba y jugaba, en aquella época, y bien recuerdo, allí, vivió mi abuela, una casa que quedaba bajando la siguiente calle doblando a la derecha, justo al pasar la entrada principal del Estadio Nacional. Muchos recuerdos de aquella Caracas de los años 60.

Continuamos, me recibe a mi derecha San Agustín Sur, con sus modernas telecabinas, por cierto; vacías. Bien recuerdo mis visitas al maestro Octavio Tour, pintor venezolano, quien vivió o vive allí, no lo sé. En aquellos tiempos, subimos caminando entre sus calles y su gente, en esa oportunidad visitarle y conocerle, gracias a mi querida suegra. He de confesar que tengo y disfruto de algunas de sus obras en las paredes de mi casa, pero hoy, a diferencia, es que todo se ve tan gris y tan deplorable que no me imagino siquiera asomar mis pies sobre alguna de sus calles, es realmente escalofriante.

A mi Izquierda, resalta, imponentes, gigantescas como las recordaba; “Las Torres Gemelas de Parque Central o Torres de Parque Central”: son dos rascacielos de 225 m de altura y 60 pisos, esta última es el segundo rascacielos más alto de Sudamérica después de la Gran Torre Santiago, parte del complejo comercial Costanera Center, sin embargo, ostentaron el título de las más altas de Latinoamérica desde 1987, año en que se le redujo la altura a la Torre Pemex. Hoy día, han perdido todo ese imponente brillo que de sus lucientes ventanas apreciábamos, abandonadas y constantes “obras inconclusas”. Están así a consecuencia de los variados incendios y siniestros ocurridos; el primero el 17 de Octubre de 2004, luego el 6 de Diciembre de 2012 y el último el 12 de Noviembre de 2013, y para extrañar, todos en oficinas o entes nacionales donde se almacenaban importante información, el del 2004, se calcinaron los pisos donde se ubicaban importantes oficinas del Gobierno Nacional, la del Ministerio del Interior y Justicia, Ministerio de Infraestructura y de la ONIDEX (actual SAIME), entre otras, no hay que pensar mucho para sacar alguna conclusión al respecto.

Hoy las adornan sus cantidad de ventanas sin cristales, abandonadas al deterioro y a la programada incompetencia de la “revolución”, pareciera que tuviesen los ojos abiertos de asombro y llenos de pena… aquellas que fueron un icono urbanístico y un centro donde además se conjugaban con mucho gusto y armonía, la cultura; justo, en este hermoso complejo, además se encuentran; el Teatro Teresa Carreño, el Museo de los Niños, el Museo de Arte Contemporáneo y una gran muestra de centros culturales, hoy como todo, en pleno proceso de deterioro. Sigue mi sentir y mi lamento llenando de lágrimas mis recuerdos, que, por momentos, creo no estar en Venezuela, avenidas solas, calles vacías y a oscuras, sin luces, todo lleno de la peor de las suciedades, descuidadas y llenas de mucha hierba, tan mala como esa que nos ha llevado a todo esto.

Más adelante, a mí derecha, aquel hermoso Jardín Botánico, donde más de una vez pasie y me senté a mirar el día y apreciar la naturaleza, hoy, un perfecto lugar donde delinquir, donde la maleza se expande, descuidado y según me han dicho (no lo pude corroborar), habitan en carpas muchos venezolanos, esos que creyeron o no sé si aún creen, que “tomando” los espacios ajenos, como suyos, por tan solo el hecho de invadir, están abonando las semillas para una Venezuela mejor, que equivocados y ciegos son; no existe mayor error, y aún continúan, bajo la misma premisa, ya no sé cómo llamarles; creyentes, ingenuos, necesitados, oportunistas, locos!…. me parece imposible que hoy aún sean capaces de creer que viven, tienen y tendrán un futuro mejor (??).

No dejo de asombrarme. Y eso que apenas he podido ver algunas cosas. ¿Como estará todo aquello que nos es ajeno y prohibido a muchos?, Pobre mi país, mi gente, mi angustia, mis recuerdos.

Un día más, otras vías, otros lugares, cuando se despierta un poco más el bullicio de la gente y se asoman algunos sonidos, doy otro giro a mi vista, e intento ser objetivo en todo lo que observo; es que observar, siempre se me ha dado bien, y ahora, frente a mí, coches (vehículos/carros) de los años 60, 70, 80, 90… Creo de todos los tiempos, algunos nuevos, otros ya andando sobre sus viejas carrocerías, inundados de mucho óxido… Calles, avenidas tan descuidadas, que el propio asfalto se ha confundido y resquebrajado con tantas grietas, huecos…. me recuerdan la tierra de algunos desiertos; secos, muertos y agrietados. Un trecho conocido, aquella carretera que desde casa más de una vez recorrimos para bordear la salida a la autopista, esa que pasa justo frente a la Universidad Simón Bolívar, otro de nuestros preciados iconos de enseñanza, … Ni tan siquiera es aquello de hace tiempo, el trayecto, transcurre entre más de lo mismo; huecos, suciedad, deterioro, …. continuamos y como siempre pasamos por lo que antes era el peaje de tazón (ya no existe), hoy día, un lugar donde el mercado y la venta ambulante se confunde entre el puesto de policía y un sin fin de simbolismos, mensajes y abandonadas cacetas, todo lleno de más “revolución” y más vendedores ambulantes (algo muy típico en Venezuela).

Iniciamos el trayecto, desde Caracas hasta Valencia, las mismas condiciones y el mismo dantesco escenario; sucio, falta de mantenimiento, huecos, postes sin luz, postes sin postes, señales oxidadas, deterioradas o inexistentes, y esto tan fuerte que he sentido desde que llegué, un sentimiento tan abrumador y a veces temeroso de que algo está por pasar (espero que no). Justo y después de varias curvas, a mi derecha, la popular y famosa fuente de agua, donde muchos conductores llenan sus botellas de la que por tradición se cree milagrosa, pura y saludable… Más adelante, a mi izquierda, luego de pasar por oscuros y tenebrosos túneles, aparece una majestuosa vía para un tren que nunca, llegó a transitar, es algo realmente impactante, pues está a unos 2 o 3 metros sobre el nivel de la carretera, y con unas sólidas y reforzadas vigas de acero y toneladas de concreto, y con sus vistosos carteles publicitarios “Obra de la Revolución”, más propaganda, vaya obra de la revolución, bueno, cuántos millones de dólares se habrán gastado?, cuántos repartidos? y cuántos robados?… un misterio como todos de estos nefastos de revolución.

Nos sigue el concreto; túneles, rieles, durmientes al sol, apostados en perfecto orden, eso sí, en total y abierto abandono, porque nunca llegarán a pasar sobre ellos tren alguno… sigue el asombro y la tristeza, ahora estamos pasando por una zona conocida; Maracay, cuántos kilómetros recorrí a diario para llegar a esta ciudad, vivía en Valencia, trabajé aquí, disfruté de unos excelentes 4 años.

Contemplo a mi paso desde la autopista, un mar de galpones vacíos (aquella flamante Zona Industrial), en ruinas, donde alguno que otros negocios se mantienen detenidos en el tiempo, y de pronto, que sorpresa; recuerdan aquella fábrica de coches para bebe, pues si, allí estaba aún aquel gigantesco coche de publicidad, saludando, aunque algo viejo y sin mucho color, que nostalgia. Ahora la base aérea, toda llena de monte (seguro algunas culebras también), pero, nada que ver con aquella que tantas veces desde acá miré y que en una visita que le hice a una amiga, pude apreciar un poco sus instalaciones.

El Túnel la Cabrera, he de decir que muchas veces y debido a su antigüedad tendía a deteriorarse, pero, de la misma forma, lo reparaban. Hoy es un acertijo de huecos, oscuro y más peligroso de transitar que en mis tiempos, luego, al salir del túnel, el viaducto, que nos recibe con tan solo un canal en servicio y con doble sentido de circulación, el otro lo tienen cerrado, me comentan que reparando (pude ver solo a un operario trabajando), a ese ritmo, creo culminan antes las obras de la Sagrada Familia en Barcelona, y eso que esta la llevan poco a poco.

Continuare luego, por lo pronto sigo ordenando mis sentidos y tragando todo esto; mi bella Venezuela, que no te han hecho.

 

 

Venezuela y el «socialismo como problema» por Tomás Straka – Nueva Sociedad – Febrero 2018

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La utilización del término «socialista» para definir al sistema venezolano puede suponer un lastre para las izquierdas democráticas de la región. ¿Todo socialismo lleva necesariamente a una situación como la que hoy vive el país gobernado por Nicolás Maduro?

Hace casi medio siglo, exactamente en 1969, apareció en uno de los libros más polémicos e influyentes de la literatura política venezolana. Se trataba de Checoslovaquia, el socialismo como problema, escrito por Teodoro Petkoff. Ese mismo año el Frente de Liberación Nacional, la alianza entre el Partido Comunista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria que había intentado reproducir en Venezuela una revolución como la cubana, decidía abandonar las armas y desarrollar una autocrítica sobre su accionar. Algunos guerrilleros e intelectuales comunistas ya habían empezado a dudar de su ideología y de sus métodos tras sus propias experiencias en Europa Oriental, destino de no pocos exilios. Otros habían comenzado a desarrollar la autocrítica al ver los problemas entre Fidel Castro y la Unión Soviética. Sentían que, de una manera u otra, eran solo piezas en la política internacional cubana. Sin embargo, la gota que rebasó el vaso fue la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968.El socialismo, tal como lo concebían, no sólo no ofrecía más libertad y bienestar a los pueblos, sino que, por el contrario, era incluso capaz de reproducir intervenciones imperialistas como aquellas que habían aprendido a odiar en América Latina.Algo andaba muy mal en el socialismo real.¿Para eso hemos arriesgado nuestras vidas? – se preguntaban entonces.

El libro de Petkoff fue un éxito inmediato.Su desenfado, su estilo periodístico y la fama de su autor, célebre por sus evasiones de cárceles militares, lo impulsaron a la palestra pública.Para 1971 ya había roto con el Partido Comunista y junto a un grupo importante de la Juventud Comunista y otros ex comandantes guerrilleros fundaba el Movimiento al Socialismo (MAS), en un primer momento definido como parte del «nuevo comunismo». Era el intento de una renovación que entusiasmó a la mayor parte de los intelectuales, artistas, estudiantes y profesores.La resonancia fue tan fuerte que el líder soviético Leonid Brezhnev citó Petkoff en su discurso en el 24° Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética de ese mismo 1971 como uno de los grandes enemigos del comunismo a nivel mundial.El escritor y político pasó de ser una estrella venezolana a cobrar resonancia internacional. Todo esto viene a cuento porque a casi cincuenta años de estos sucesos Venezuela vive muchos de los peores efectos del socialismo real.Es una situación que merece ser analizada desde muchos ángulos pero que inicialmente demuestra que el debate planteado por aquel libro -y por toda la obra posterior de Petkoff, que lo llevó a ser uno de los principales opositores a Hugo Chávez- está lejos de carecer de vigencia. Es una situación que demuestra que el socialismo como problema no se liquidó con la caída del Muro de Berlín y el triunfo de Occidente en la Guerra Fría. Este no es un asunto reservado meramente para historiadores. El problema sigue vigente y puede afectar, como sucede en Venezuela, a millones de personas.Las polémicas que se han tejido en torno a Gustavo Petro y Andrés Manuel López Obrador, que puntean en las encuestas en Colombia y México para el momento que se escriben estas líneas, conectan de forma directa con el meollo de este asunto: ¿todo socialismo ha de conducir «necesariamente» a un desastre humanitario como el venezolano, o es posible que haya otro más exitoso?

Las evidencias parecen decir abrumadoramente que sí es posible. En primer lugar, por las experiencias de las socialdemocracias europeas. Y, en segundo término, por el ciclo de gobiernos izquierdistas que, aunque con una tradición distinta a la socialdemócrata, dirigieron a América Latina en las dos primeras décadas del siglo XXI. Exceptuando el caso venezolano, estos gobiernos fueron más bien exitosos.Aunque no hay que soslayar que contaron con el alza de los commodities -¡aunque ninguno como Venezuela con el boom petrolero de aquellos años!- y que en algunos casos terminaron en medio de escándalos, la posibilidad de respetar las reglas de la democracia, la empresa privada y la disciplina fiscal con políticas de inclusión social, es posible para la izquierda moderna. En este sentido, se diferencian de aquello que en su libro Las dos izquierdas, Petkoff denominó como la «izquierda borbónica». Es decir, aquella que, como se decía en el siglo XIX de los Borbones, «ni aprende ni olvida». No estamos en condiciones de decir qué tan «borbónicos» (o «chavistas») puedan ser Petro y López Obrador, aunque sí que de querer serlo no contarían con el viento a favor que supo aprovechar Chávez: ese enorme poder que otorga en Venezuela el control de la única fuente de ingresos del país: la industria petrolera. Tampoco contarían con la ausencia de contrapesos sociales reales –como un empresariado o unos partidos de oposición potentes– ni tendrían una estrecha alianza con los militares.Chávez no es reproducible sin esas condiciones específicas de Venezuela, sobre todo sin la riqueza petrolera que una vez produjo el llamado «excepcionalismo venezolano» (el país supuestamente próspero, libre y feliz de la década de 1970) y que en buena medida produjo un «nuevo excepcionalismo». Me refiero al que, de nuevo amparado por el petróleo, se decide por lo que más nadie piensa: una especie de socialismo real en el siglo XXI.

En cualquier caso, Venezuela es un problema para ellos como para cualquiera que se declare de izquierda.Si aceptamos que una política como el Primer Plan Socialista del Desarrollo Económico y Social de la Nación, promulgado por Hugo Chávez en 2007, constituye el único socialismo posible, hay que darle la razón a Donald Trump cuando afirmó que la crisis venezolana no se debe a que el socialismo no se haya aplicado correctamente, sino por el contrario, porque se aplicó vehementemente.A una década de ese «socialismo bolivariano», Venezuela, sin ser exactamente una economía de corte soviético, ya dibuja una especie de síntesis de las calamidades de los socialismos reales.La lista, naturalmente, debe arrancar con la escasez de productos de primera necesidad y de medicinas –un hecho que crea las largas filas que fueron el signo distintivo de los países del bloque soviético- pero que incluye otros aspectos distintivos y particularmente patéticos: la gigantesca brecha entre los que tienen acceso a divisas y los que solo ganan en moneda nacional, la dolarización de facto para comprar cualquier bien más o menos importante (una casa, un automóvil, pero poco a poco también operaciones médicas, pasajes aéreos, tratamientos estéticos), un floreciente mercado negro, y la llamada «inflación socialista» similar a la vivida por Yugoslavia en la década de 1960, por Rumania en la década de 1980 o por Corea del Norte entre 2002 y 2009. Todo esto se combina con apagones y deficiencia en el transporte público y con el deterioro sistemático de las infraestructuras, hasta crear ciudades ruinosas y oscuras como La Habana o muchas capitales de Europa del Este, que rememoran los peores períodos del viejo socialismo real. Esto, por supuesto, se completa con una enorme cantidad de personas intentando salir del país de cualquier manera.

Los temores en el resto de América Latina de que un Petro o un López Obrador escojan un camino «borbónico» no son del todo infundados: tienen ante sí un espectáculo capaz de asustar a cualquiera.Además, no siempre el resto de la izquierda se deslinda con la suficiente claridad del régimen venezolano. En ocasiones, hasta lo apoya como Podemos en España.Por eso el «socialismo como problema» sigue estando vigente.Han pasado casi cincuenta años de la publicación del libro de Petkoff y aquello que olía mal en Checoslovaquia y parecía haber muerto dos décadas después, pugna por sobrevivir del otro lado del globo.Enfrentarlo, por lo tanto, sigue siendo uno de los principales retos de la izquierda moderna y democrática, ya que en eso estriba mucho de su credibilidad y viabilidad en el porvenir.Podría usarse la tesis de Brezhnev, pero invertida: el principal peligro del socialismo es no leer a Petkoff; el principal enemigo del socialismo ha sido, desde siempre, eso que se llamó «socialismo real».

Una carta de amor por Laureano Márquez – RunRunes – 14 de Febrero 2018

laureano-marquez-opinion-640x330Amor mío:

Hace algunos años te escribí esta carta. Te la reenvío hoy, día de San Valentín porque creo que los sentimientos que en ella expreso no han cambiado en lo más mínimo:

Cómo haré, vida mía para enamorarte de nuevo, para que este amor mío no se pierda en medio de este absurdo destino que nos ha tocado vivir. Qué haremos para que vuelvas a creer en mí y yo en ti, para que todas estas cosas que nos han pasado no destruyan ese sentimiento tan bonito que tenemos. Tú y yo lo sabemos, este amor nuestro es lo más grande que hay, porque este es el amor sobre el cual otros amores se levantan. ¿Por qué lo hemos deshonrado tanto? ¿Por qué nos hemos hecho daño si sabemos que no podemos vivir el uno sin el otro? ¿Cómo haremos para recobrar la confianza perdida, para pasar la página de tantos dolores y daños causados? ¿Por qué estamos destruyendo lo que sabemos es sagrado?

Tú lo sabes, yo no puedo estar lejos de ti. Tus ausencias me matan. Te extraño. La vida no me sabe igual si no te tengo cerca, me le falta brillo, color, alma. Y aunque este en el lugar más hermoso, tu ausencia me agobia. No se cómo vivir sin ti y además no quiero intentarlo. Es que como te llevo dentro de mí, la distancia no hace sino acrecentar mi dolor, mi sufrimiento. Cuando siento tu calor en mí, tu cercanía en las cosas de mi vida, soy feliz. Por ti amo, sufro y espero.

¿Por qué no nos atrevemos a soñar juntos un destino mejor? Un destino de hijos bellos que nos se los lleve una bala en el Día de la Juventud, mientras protestan por la inseguridad. Yo te he esperado y te espero. Hasta el fin de mis días si es preciso. No sé si algún día me cansaré y me vaya por ahí con alguien que me ofrezca promesas de amor que no me llenaran como las que sueño contigo, pero que termine aceptando con resignación. No es lo que quiero: me niego a que mi destino sea una vida de frialdad distante. Quiero la emoción y pasión que tú me das, la fuerza con que cada día me mantienes en pie, para seguir adelante y luchar. Cuando la tristeza y la desolación me vencen, tú me animas.

Hoy es el día de los enamorados y quise escribirte esta carta de amor, para que sepas que sigo locamente enamorado de ti, que me haces falta como eras, tolerante, amable, bella; para decirte que podemos reconstruir lo perdido, que la fuerza de nuestro amor puede vencer cualquier adversidad.

Hoy quisiera llevarte a cenar, pero la oscura noche que nos envuelve activa todos nuestros miedos, enciende todas las alarmas (y además este año San Valentin cayó en ayuno). No te mando un ramo porque no hay flores en el mundo para tanto sentimiento. Solo puedo ofrecerte hoy, como regalo, esta carta de amor en la que va mi alma comprometida en seguirte adorando con todas mis fuerzas y de que ese amor se convierta en lucha por verte sonriente y feliz.

Te amo, Venezuela.

 

Viaje al corazón de Venezuela por Gustavo Coronel – Blog Las Armas de Coronel – 14 de Febrero 2018

gse_multipart55967Este año, 2018, cumplo 15 años de haber emprendido lo que ha resultado ser un viaje al verdadero corazón de Venezuela. No me sorprende que este viaje se haya llevado a cabo íntegramente fuera de sus límites territoriales, ausente del contacto físico con su geografía y su diario quehacer. Intuía, antes de salir de Venezuela, que la manera de llegarle a su verdadero corazón era abandonar lo que ya era su caricatura para ir a encontrar, desde una depuradora distancia, la verdadera Venezuela. En nuestra patria aún existe un acentuado narcisismo patriótico que hace pensar a muchos compatriotas que están viviendo en un país de excepcionales características. Estos compatriotas han ido aceptando de manera acrítica la visión del país que ese narcisismo ha cultivado, es decir, la Venezuela de la gente más feliz del mundo, de las majestuosas e incomparables sierras nevadas, de las playas más hermosas del planeta, rebosante de un petróleo que codicia la humanidad entera, poblado por las mujeres más bellas y el pueblo más heroico. Ello viene cocinándose desde hace muchos años. En la década de 1940 un pequeño avión chocó con el Empire State y esa noticia fue recogida en la prensa venezolana con titulares que decían: “Avión choca contra edificio más alto del mundo”. En Caracas, al leerlo, muchos corrieron hacia el Hotel Majestic, a observar la tragedia.

El parroquialismo exacerbado, nuestra obsesión por ser – como lo repite incesantemente el ignorante sátrapa – país potencia, nos ha ido conduciendo al extremo negativo de ser una potencia en Inflación, asesinatos e ineptitud administrativa.

Salir de Venezuela para integrar otras sociedades no ha ido enseñando que no somos el ombligo del universo. Hemos ido aprendiendo que hay montañas más nevadas, que hay playas más limpias, que hay muchas sociedades que ríen y cantan, que existen mujeres bellas en todas partes y que hay países sin una gota de petróleo pero con una calidad de vida que bien desearíamos nosotros tener algún día.

En suma, hemos descubierto en nuestro viaje que Venezuela no es un país especial, ni destinado inevitablemente a la grandeza, ni el más chévere en el planeta Tierra. Lo que si hemos llegado a comprender es que Venezuela es nuestro terruño, al cual amamos, en ocasiones como los padres aman a sus hijos minusválidos. Como decía él nunca olvidado Cabrujas hemos llegado a aceptar que el Papa no escucha el Popule Meus cada jueves santo o que el vino de piña de Carora no es el que sirven en el Tour Argent en las grandes ocasiones pero que es nuestro rincón con sabor y olor a hogar.

Hemos ido comprendiendo que el verdadero corazón de la patria está en cada uno de los compatriotas expuestos a la libre e intensa competencia mundial por ser miembros valiosos de la sociedad global. Hemos visto como hay venezolanos científicos, intelectuales, chefs, atletas destacados gente de bien en todo el mundo y como estos compatriotas inclinan la balanza sobre el gentilicio positivamente en los demás países, a pesar de la vergüenza que genera la sub-especie que domina al país desde hace 18 años.

Es en nuestros logros de gente de bien, en esa búsqueda activa y exitosa de la universalidad, que radica el verdadero corazón venezolano. Los venezolanos han tomado vuelo, han roto sus cadenas territoriales para sembrarse en todo el planeta, han llegado a ser miembros dignos de la sociedad global, se han liberado del carnet de la patria, de la adulación, de la mezquindad y la pequeñez para irse a fundir con la inmensa corriente de humanidad en la cual con alguna frecuencia sobresalen. Ello no quiere decir que somos los mejores y los más chéveres y que el resto del mundo nos envidia, como reza el credo de los homínidos chavistas. Significa algo mucho más importante para nosotros: que somos iguales y que podemos, si nos esforzamos, lograr niveles mundiales de excelencia.

Allí está nuestro verdadero corazón. En el tratar de hacer nuestro mejor esfuerzo, en despojarnos de complejos de grandeza, los cuales apenas son evidencia de complejos de inferioridad. Es hora de darse cuenta de que nuestra verdadera Venezuela posee un universo de héroes civiles que nos da lustre, a quienes debemos veneración igual o hasta mayor a la que le damos a nuestros héroes montados a caballo.

Esto es parte importante de lo que he aprendido en mi viaje sin retorno de 15 años hacia el corazón de Venezuela.

 

“La ONU tiene que hacerse oír y ayudar en Venezuela” por Daniel Verdú – El País – 11 de Septiembre 2017

El Pontífice pide a Trump que repiense la ley que pretende expulsar a 800.000 ‘dreamers’ y alerta de las consecuencias de obviar el cambio climático

A bordo del avión del Papa 1505131240_096588_1505145799_noticia_fotograma.jpg
El papa Francisco, con un moratón en el pómulo izquierdo y una tirita en la ceja, aparece entre las filas del avión papal. Después de cinco días viajando por Colombia tratando de limar las asperezas que ha suscitado el proceso de paz entre dos sectores completamente divididos de la sociedad, atiende a los periodistas para hablar de otras cuestiones como la crisis de Venezuela, Corea del Norte –donde cree que hay una lucha de intereses que se le escapan- los dreamers o el cambio climático. Media hora después de despegar, algo cansado por una abrumadora agenda y todavía en el espacio aéreo colombiano, responde a la mayoría de preguntas hasta que la rueda de prensa se da por zanjada por el aviso de turbulencias.

El Papa cree que el conflicto entre EE UU y Corea del Norte “se ha calentado demasiado”
Uno de los temas recurrentes del viaje, por su proximidad geográfica, ha sido Venezuela. El Papa se había ya referido en dos ocasiones al conflicto político y la crisis humanitaria que vive el país bajo el régimen de Nicolás Maduro. Además, se vio con un grupo de obispos venezolanos después de la gran misa de Bogotá. Pese a que el portavoz del Vaticano negó que fuera una reunión, los obispos aseguraron que habían sido convocados a ello y lo anunciaron a bombo y platillo en Twitter. Algo que ilustra lo delicada que es la situación para el Vaticano, que hace equilibrismos diplomáticos para no ser instrumentalizado por ninguno de los bandos enfrentados. Aunque, a menudo, eso termine viéndose desde los sectores de la oposición o de la propia jerarquía católica de Venezuela como un síntoma de excesiva tibieza.

Este lunes en el avión se le pidió al Papa si podía ser más contundente y claro con su posición al respecto. “La Santa Sede ha hablado fuerte y claramente ya. Hemos enviado ahí el grupo de trabajo de 4 expresidentes, un nuncio de primer nivel. Hemos hablado con personas, públicamente yo tantas veces en el Angelus, siempre buscando una salida. Ayudando y ofreciendo salidas. La cosa es muy difícil y lo más doloroso es el problema humanitario. Tanta gente que escapa o sufre. Las Naciones Unidades tienen que hacerse oír y ayudar”.

El fin del programa que permite permanecer legalmente en Estados Unidos a los llamados dreamers (soñadores), los inmigrantes sin papeles que llegaron al país siendo menores (unos 800.000), y su consecuente expulsión del país que defiende el presidente Trump, ha sido otro de los temas en los que más se ha explayado el Papa. “Separar a los jóvenes de la familia no da un buen fruto. Espero que esta ley, que viene del Ejecutivo y no del parlamento, sea repensada un poco. El presidente de EE UU se presenta como un hombre provida; y si es un gran provida debe entender que la familia es la pureza de la vida y se debe defender su unidad. Quiero estudiar bien esa ley. Cuando los jóvenes se sienten así, o explotados… al final se sienten sin esperanza. Y acaban en la droga, otras dependencias, suicidio juvenil”, ha señalado.

Trump, un tema recurrente en las entrevistas y ruedas de prensa con Francisco, volvió a salir indirectamente por el asunto del cambio climático. El Pontífice no comprende cómo todavía pueden negarse ciertas evidencias. “Quien niega esto debe acudir a los científicos, que son muy precisos con esto y han dicho qué camino hay que seguir. Todos tenemos una responsabilidad moral. Tenemos que tomarlo en serio. No es algo para bromear. Cada uno tiene su responsabilidad moral, los políticos también. La historia juzgará sus decisiones”, señaló en referencia a los líderes –Trump es el paradigma del autoaislamiento en esa teoría- que no aceptan reducir las emisiones para revertir el calentamiento global. Respecto al mismo asunto echó mano del Antiguo Testamento para concluir: “El hombre es un estúpido. El único animal de la creación que tropieza sobre la misma piedra dos veces”

 

Venezuela: Los que se quedan por Ángeles Mastretta – Nexos – 1 de Septiembre 2017

portada-septiembre.jpgNunca le ha gustado hablar de tormentas, pero es venezolana. Imposible librar su corazón de ese linaje. ¿Y cómo no afligirse? Arduo vivir en Venezuela. Pero ella no ha querido ni quiere moverse de ahí. A pesar del espanto. Yo, en cambio, frente a la deriva de su país, temo hasta decir su nombre.

Arely es un privilegio que me concedió la fortuna. La encontré hace nueve años y desde entonces vamos sabiendo una de la otra, como sabemos de los nuestros.

Con las penas de su mundo ella siempre ha sido prudente. Porque es de una elegancia de alma que le impide maldecir y perder la esperanza.

En diciembre de 2015, tras las elecciones en que la oposición a Maduro ganó la mayoría en el Congreso, la tenía entera. Escribió: El momento que estamos viviendo en Venezuela es un buen motivo para decirles que siempre las quiero y forman parte de mi vida. En esta patria del alma llanera sabemos que este nuevo camino es largo, pero es el comienzo que estábamos esperando, necesitando, deseando, desde hace muchísimo tiempo.

Acompañó este envío con un texto, del escritor Laureano Márquez cuya primera frase, hoy, suena a ensalmo: Este lunes amaneció de democracia. Y era una celebración. Hasta del cielo y los árboles de su país. Lo que parecía imposible para muchos se logró. Venezuela tiene un solo camino, la democracia y el voto como instrumento de cambio y el que no lo entienda, peor para él.

Laureano Márquez estudió ciencias políticas, nació en 1963, es un comediante, un crítico. Tiene dos millones de seguidores en Twitter. @laureanomarquez, escribe la editorial del diario Tal cual (@talcual). Yo no supe de él, ni de tantos, cuando recibí el premio Rómulo Gallegos, que le debo a Venezuela como quien debe una bendición para toda la vida. Siempre tendré cariño y deudas con ese país que hoy sufre tanto. Entonces Márquez ya trabajaba en la tele y los periódicos, pero los escritores de mi generación perdimos el buen hábito que sí tuvieron los de la generación anterior: buscar a los otros, hacer amigos en cada uno de los países que visitamos. Escribo esto y me contradice la emoción de un recuerdo. En 1996 conocí a Carlos Pacheco. Fue presidente del jurado que decidió el premio. Durante los días que entonces pasé en Venezuela nos hicimos amigos. Hablamos de libros, de su pasión por Augusto Roa Bastos. Pero yo vivía entonces en una vorágine. Perdí el rumbo de Carlos y ahora que lo busco en la red me entero, con pesar, de que murió en 2015, en Bogotá.

Investigador, ensayista, crítico, editor, profesor de la Universidad Simón Bolívar, miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Todo eso era Carlos y me perdí de celebrarlo con él. No puedo saber qué sentiría ahora frente a la desgracia que atormenta a su país. He de buscar a su esposa, Luz Marina Rivas, profesora titular de la Universidad Central de Venezuela, magíster en Literatura Latinoamericana y doctora en Letras por la Universidad Simón Bolívar.

Le pregunté a Arely si algo sabe de ellos, pero cuando esto escribo aún no me dice nada.

Hace días, tras la supresión de la Asamblea Nacional elegida democráticamente y el invento de una Asamblea Constituyente, escribió un mensaje breve.

La lectura y la escritura las tengo a un lado y esa no soy yo, así no soy, pero el país se metió hasta la médula y no hay otra actividad que esta zozobra y este día a día de incertidumbres. La diáspora venezolana se ha instalado en el alma y en el ánimo.

Este artículo de Leonardo Padrón es uno de los retratos de nuestro acontecer y lo comparto porque es la perfecta descripción de lo que pasa en nuestros corazones.

El texto de Padrón es largo y se titula “La casa grande”. Elijo algunos de su párrafos. Me han sorprendido porque explican lo que a veces nos parece inexplicable. Por qué quienes sí hubieran podido salir de Venezuela siguen y quieren seguir ahí. Responde a lo que tantas veces le han preguntado al escritor.

Las razones para quedarse y lidiar, para no irnos en desbandada.

No es un tema fácil. Es un tema espinoso por el espinoso país que hoy vivimos… Ahora bien, ocurre que habitualmente uno no anda explicando las razones que tiene para no irse de su casa.

…Mi casa, si me pongo específico, limita al norte con la fiesta que es el Caribe, al sur con la selva fantástica de Brasil, al oeste con kilómetros de vallenato, cumbia y hermandad y al este con la vastedad del Atlántico y ese litigio histórico, otra vez de moda, que es Guyana. Mi casa tiene el techo azul casi todo el año. Mi casa es un clima de mangas cortas y risa fácil. Mi casa tiene un catálogo de playas irrepetibles. Y si la camino a fondo me topo con la belleza de sus abismos de agua, con la neblina a caballo de sus páramos, con sus árboles redondos, con su sol de tamarindo y papelón. Mi casa tiene 30 millones de habitantes…

…En mi casa está mi infancia, mi ventana y mi lámpara, mi postre favorito, mi carro, mi lista de amigos, mi cine recurrente, mi ruta de librerías, mi estadio de beisbol, mi zona de costumbre y apegos. El sol nace y se pone en mi casa.

…Tengo una vida entera en ella. Y una vida entera es mucho tiempo.

…Pero sucede que a pesar de todo eso, tengo que explicar por qué no me quiero ir de mi casa.

…cuando no llega el agua a mi casa averiguo, pregunto, resuelvo, compro, instalo un tanque. Cuando aparecen filtraciones busco, llamo, persigo al plomero… Cuando se agrietan sus paredes, cuando se colma de insectos, cuando la cubre el polvo, cuando se trastornan sus aparatos, cuando la polilla ataca, en todos esos casos, no suelo irme, no desisto, no salto por la ventana. Sencillamente, me ocupo. La lleno de atenciones…

Sí, en estos tiempos las goteras se han vuelto absurdas, el techo se ha corrompido, el agua sale negra, la luz es escasa, el tronar de las armas eclipsa el bullicio de las guacamayas, la nevera se ha llenado de vacío y nostalgia, a los insectos se le han sumado alimañas impensables. Mi casa es hoy un tesoro arruinado, malbaratado, saqueado. Pero es mi casa. Me cuesta no atenderla. No procurar remedios. No aportar la cal de mis opiniones, la despensa de mis esmeros, el martillo de mi insistencia y su tanto de ética, perspectiva y confianza.

Mi casa está rota. Y yo me sumo a la reparación. No al adiós. Irme es un verbo posible. Tengo derecho a hacerlo. A veces me intoxico de ganas. Pero entiendo que en cualquier otro confín seré un extranjero. Un emigrante. Un nómada accidental.

Es una opción válida… pero el exilio es una palabra llena de piedras… Es una acrobacia espiritual.

Hay vecinos que se han ido, otros que están haciendo maletas, ensayando un nuevo idioma, aprendiendo a usar un GPS. Mis hijos se despiden de sus mejores amigos. Mi pareja se despide de sus mejores amigos. Mis mejores amigos se despiden de sus enemigos.

Los venezolanos estamos viviendo una experiencia inédita. En esta época de ideologías y militancias extremas, el desencanto ha hecho que el país esté advirtiendo el mayor de los éxodos de su historia. Me he topado con la conmovedora circunstancia de ver a una madre hacer todo lo posible por separar a su hijo de ella. Apurándolo para que se vaya a estudiar a Calgary. Para salvarlo. Para saberlo seguro.

¿Es este el fin del país? No. Los países no concluyen. Es este un episodio amargo.

Se habla de la inflación más alta del mundo. De la escasez más pavorosa que hemos vivido. Del corrimiento del sistema de valores. De una violencia sórdida y copiosa que ha convertido al mapa entero en sangre y luto. Así de grave está la casa, así de extrema la inundación.

Entonces, ¿desertamos?, ¿desmantelamos lo que queda? ¿Realmente queremos renunciar a nuestra casa?

Leonardo Padrón es escritor. @leonardopadron y publica en su .com y @caraotadigital. Nació en Venezuela, en 1959. Licenciado en Letras por la Universidad Andrés Bello, ha escrito y escribe todo el tiempo. Poesía, crónicas, guiones para cine y televisión, entrevistas. Es productor en medios electrónicos, es editor. Es otro venezolano extraordinario.

Termino este artículo al recibir el más reciente mensaje de Arely: El lunes pasado murió en manos de este desastre el hijo de una amiga. Vivían en Barquisimeto y él, Eduardo, de 19 años, estaba manifestando pacíficamente.

Todo esto sufre, pero se queda. Ahí está su casa.

Ángeles Mastretta
Escritora. Autora de El viento de las horas, La emoción de las cosas, Maridos, Mal de amores, Mujeres de ojos grandes y Arráncame la vida, entre otros títulos.

 

“Casas Muertas” de Miguel Otero Silva – 1955

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“Yo no vi las casas, ni vi las ruinas. Yo sólo vi las llagas de los hombres.
Se están derrumbando como las casas, como el país en el que nacimos.”

“No es posible soportar más. A este país se lo han cogido cuatro bárbaros, veinte bárbaros, a punta de lanza y látigo. Se necesita no ser hombre, estar castrado cómo los bueyes, para quedarse callado, resignado y conforme, como si uno estuviera de acuerdo, como si uno fuera cómplice.”

“Los estudiantes dejaron sus casas y sus libros y sus novias, para hundirse en los calabozos de la Rotunda y del Castillo, para que los mataran de un tiro, para que los mandaran a morirse en Palenque. Sería un crimen dejarlo solos.”

“Los que mandan son cuatro, veinte, cien, diez mil. Pero los otros, los que soportamos los planazos y bajamos la cabeza, somos tres millones. Yo sí creo que se puede hacer algo. Yo no soy un iluso, ni un poeta del pueblo, sino un llanero que se gana la vida con sus manos, que ha criado becerros, que ha domado caballos. Y sé que se pueda hacer algo.”

“yo no soy partidario de la guerra civil como sistema, pero en el momento presente Venezuela no tiene otra salida sino echar plomo. El civilismo de los estudiantes terminó en la cárcel. Los hombres dignos que han osado escribir, protestar, pensar, también están en la cárcel, o en el destierro, o en el cementerio. Se tortura, se roba, se mata, se exprime hasta la última gota de sangre del país. Eso es peor que la guerra civil. Y es también una guerra civil en la cual uno solo pega, mientras el otro, que somos casi todos los venezolanos, recibe los golpes.”

Miguel Otero Silva, Casas Muertas. 1955

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