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Italia rompe el cerco europeo a Maduro por Eduardo Martínez – Revista Zeta – 29 de Abril 2019

La visita a Caracas en Semana Santa de un consejero de Giussepe Conte, premier de Italia, habría resultado en un rompimiento del cerco de la Unión Europea al gobierno de Nicolás Maduro.

En todo caso, estaríamos en presencia de una especie de “Divorcio a la italiana”, la célebre película con Marcello Mastroiani y Stefania Sandrelli de 1961, que dibujó la manera italiana de abordar las crisis, con ambigüedad y poca claridad.

Esta ambigüedad se manifiesta en la posición del Premier Conte, quien señala que deben hacerse elecciones presidenciales en Venezuela -lo que constituye un claro desconocimiento del nuevo período presidencial de Nicolás Maduro-, y acto seguido no reconoce la presidencia de Guaidó –lo que constituye un desconocimiento de la presidencia interina de Guaidó.

En declaraciones exclusivas al diario milanés “Il Corriere della Sera”, publicadas el pasado Viernes Santo, el premier Conte confió que en cuanto a la crisis en Libia –de gran importancia estratégica para Italia- había sostenido conversación telefónica con el presidente Donald Trump. “Lo invité a ayudarme a buscar una solución política. La opción militar, apoyada también por miembros de la comunidad internacional, ha fracasado”, dijo. A lo que añadió que “en Libia vimos que teníamos razón, porque hablamos con todos los actores libios y con el tablero de ajedrez del Mediterráneo. Incluso Venezuela nos ha criticado, y en cambio las cosas van en nuestra dirección”.

Cuando un periodista le señala que “en realidad al principio parecías apoyar al régimen de Nicolás Maduro”, Conte aseguró que “Nunca como un gobierno. Y no es casualidad que ahora estemos llevando a cabo una mediación a favor del diálogo con la Santa Sede, apoyada por los Estados Unidos. Estamos con el pueblo venezolano, que en parte es de origen italiano, y siempre hemos pedido elecciones presidenciales creíbles y transparentes”.

Estas declaraciones no pasaron desapercibidas para el resto de la prensa italiana. Por una parte, el reconocimiento de un encuentro telefónico con el presidente Trump. En segundo lugar, y no menos importante, fue la revelación de una acción conjunta con el Vaticano, en relación a la crisis venezolana.

El diario “La República” se sumergió al día siguiente en los cabos sueltos de las declaraciones de Conte. Recurrió a sus fuentes en Washington y en la Santa Sede. El diario fechó la llamada telefónica para el miércoles 17 de abril. Un día después de que el Consejero Diplomático de Conte, el embajador Pietro Benassi, concluyera una misión discreta en Caracas. La nota del periodista confirmó los temas tratados en la conversación de los dos jefes de gobierno: la crisis militar en Libia  y la crisis en Venezuela, así como también la presencia en Caracas de un enviado del gobierno de Italia.

Libia es un asunto de vital importancia geopolítica para Italia. Apoya al gobierno de Tripoli de Fayez Mustafa Serraj, en momentos en que el mariscal Khalifa Haftar inicia un ataque contra el gobierno reconocido y apoyado por Italia. En cuanto a Venezuela, La República aseguró que “Trump y Conte acordaron la urgencia de celebrar elecciones presidenciales en Venezuela a través de un proceso democrático efectivo”.

El vaticanista Giancarlo De Palo, de la web “Libero Reporter”, abordó el suceso político bajo el titular: ¿Qué tiene que ver Libia con Venezuela? Pregúntale a Donald Trump. De Palo apuntó que el premier italiano habría solicitado a Trump “apoyo estadounidense en Libia, a cambio del reconocimiento italiano del presidente venezolano Guaidó”. Según el periodista:  “Conte habría preparado el terreno al enviar al diplomático italiano Benassi a una entrevista con Guaidó”. Una aseveración que en Caracas no está muy clara. “Conte favoreció a la flema anglosajona con respecto al rechazo inmediato de las posiciones vergonzosas y retrógradas y marxistas en favor de Maduro que aún sobreviven con Alessandro Di Battista, en el Movimento de 5 estrellas (MVS)”, señaló De Palo. Di Battista es un nombre, que según los políticos romanos, “los venezolanos no deben olvidar” por su presunta vinculación con el gobierno de Caracas.

Benassi en Caracas

La visita del embajador Benassi estuvo precedida por un impresionante flujo de invitaciones a los integrantes de la comunidad italiana en Venezuela. En la invitación, fechada para el lunes 15 de abril, se precisó que estaría el embajador de Italia, Silvio Mignano, los cónsules generales en Caracas y Maracaibo, y un representante del gobierno de Italia cuyo nombre se mantendría en secreto por razones de seguridad.

Ese “nombre tapado” resultó ser el embajador Pietro Benassi, un diplomático de carrera, que con la coalición que llevó a Conte a presidir el gobierno italiano, alcanzó el más alto puesto logrado en su carrera: Consejero diplomático del Presidente del Consiglio.

Como era previsible, el desconocimiento del nombre del enviado  despertó reservas entre los integrantes de la comunidad italiana en Venezuela. Un viejo inmigrante italiano, de gran experiencia en estas reuniones con representantes del gobierno de Roma, señaló que “este hombre vino seguro a negociar con Maduro; y se reúne con nosotros para aplacarnos y esconder el objetivo de su visita”. Tema que parece haber recibido ecos en otros miembros de la comunidad italiana, porque son innumerables las penurias y protestas de los italianos en Venezuela. Rechazan al gobierno de Maduro. Se quejan del trato dado en los consulados, y resienten la poca ayuda a los italianos necesitados que viven en el país suramerciano.

La reunión, realizada en el auditórium del Centro Ítalo Venezolano (CIV), situado en un lado de la autopista de Prados del Este, habría resultado un desastre, según la opinión de varios miembros de la comunidad. Lo que recogió la página web “Agora Magazine”, publicada en italiano desde Caracas, señaló: “enésima ocasión perdida”.

A pesar de los intentos de los directivos del club social de señalar que allí no se hablaba de política, la concurrencia no perdió la oportunidad para reclamar y decirle en su cara a Benassi lo que pensaban. Entre ellos Franco Castiglione, expresidente del CIV.

En todo caso, el visitante Benassi durante el encuentro no habló claro del verdadero objetivo de su visita a Caracas. Aunque mencionaría que al día siguiente tendría reuniones con diversos representantes políticos.

La noticia de ese objetivo vendría de Italia, a raíz de las declaraciones del Premier Conte, y de Caracas, de lo poco divulgado en el parte diplomático de la cancillería venezolana.

De acuerdo con una nota del Palazzo Chigi –sede de la presidencia del Consiglio- “Durante su visita a Caracas, el Embajador Benassi, junto con el Nuncio Apostólico en Venezuela, Monseñor Aldo Giordano, se reunió con el ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Jorge Arreaza, el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, y varios miembros de la Asamblea Nacional de Venezuela”.

En la nota de prensa de la cancillería venezolana, se enfatiza el discurso “pacífico” del régimen imperante en Venezuela, y no se menciona cuál fue la posición que el embajador Benassi trajo de Roma.

En cuanto a la presunta reunión con Guaidó, fue imposible confirmar si hubo ese encuentro presumiblemente del martes 16 de abril. Tanto las oficinas de prensa de la Asamblea Nacional y de Guaidó, así como el encargado de llevar las relaciones con Italia, vía telefónica señalaron “desconocer si tuvo lugar esa reunión”.

El Papa dice que le cuesta “hacerse una” opinión sobre Maduro – Sumarium.com – 31 de Marzo 2019

El papa Francisco ha dicho hoy que la mediación que mantuvo la Santa Sede en la crisis de Venezuela fueron “puentes” que ayudaron, pero que no se terminan de resolver.

Durante una entrevista concedida a la cadena española de televisión La Sexta y emitida la noche del domingo, el papa reconoció que el Vaticano “medió” oficialmente con el grupo creado al efecto y luego hubo “comunicaciones de la secretaria de estado, después mediaciones discretas, extraoficiales, puentes que han ayudado un poquitito pero no se termina de resolver“.

Preguntada su opinión sobre Nicolás Maduro, Francisco ha dicho que es difícil “hacerse una” en los dos encuentros que ha mantenido con el mandatario venezolano “antes de que se agudizara mucho la cosa”, pero en los cuarenta minutos que duró su primera y la media hora que se prolongó la segunda lo vio “muy convencido de lo suyo”.

Mientras, la que celebró con Trump, una “persona que tiene su proyecto y su plan”, fue una visita “muy protocolar y muy corta”, ha asegurado Bergoglio, quien ha añadido que si tuviera que elegir entre tomarse un café con Maduro o con el presidente estadounidense, lo haría “con los dos”.

En relación a la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos, que promueve el Gobierno español, el papa Francisco dijo no haber participado en las comunicaciones entre el Gobierno y la Santa Sede al respecto, y añadió: “No tengo opinión”.

Sí defendió, sin embargo, “el derecho a la verdad sobre lo que pasa, el derecho a una sepultura digna, a encontrar los cadáveres”, un derecho que es de la familia y de la sociedad, porque “una sociedad no puede sonreír al futuro teniendo sus muertos escondidos”.

El papa dedicó buena parte de la entrevista al drama de la inmigración, censurando “la insensibilidad o la injusticia” de que a una persona que migra en busca de una vida mejor se “le cierre la puerta”.

Y mientras países como Líbano o Jordania acogen millones de refugiados, “la madre Europa se volvió demasiado abuela, se envejeció de golpe”; aunque el problema más grave, en su opinión, es que haya olvidado ya “cuando sus hijos iban a golpear las puertas de América”.

“Pero es tal la inconsciencia que parece lo más natural, nos hemos acostumbrado a esto. El mundo se olvidó de llorar, esto es lo más inhumano que hay, esto demuestra hasta dónde es capaz de descender la inhumanidad de una persona”, ha censurado con una de estas cuchillas en las manos.

Bergoglio quiso advertir de que los discursos contra la inmigración basados en el miedo son “una historia que se repite” porque es este sentimiento “es el material sobre el cual se edifican las dictaduras”.

Por otra parte, el pontífice aseguró sentir “pena” porque España venda armas a Arabia Saudí, aunque “no es el único gobierno”.

“No tienen derecho a hablar de la paz, están fomentando la guerra en otro país y quieren la paz en el propio”, pero esto es como “la teoría del boomerang”, avisó.EFE

Irritante confusión por Luis Ugalde S.J. -TwitLonger – 20 de Febrero 2019

“Neutralidad positiva” “Neutralidad inaceptable” Luis Ugalde s.j.


Vivimos Tiempos de mucha tensión, confusión y deseos de que alguien desde fuera nos resuelva esta tragedia nacional. Algunos quisieran que el Papa nos liberara del usurpador. Para que esta ilusa esperanza no traiga más frustración, la Iglesia católica debe ser más clara y evitar confusiones y silencios que aumentan la irritación contra el Vaticano.
Para muchos es difícil entender que el Papa sea cabeza y servidor de la Iglesia católica y al mismo tiempo Jefe de Estado en un mínimo territorio pero con relaciones diplomáticas con casi todos los estados del mundo. El problema es que actuaciones razonables para el Estado Vaticano pueden resultar chocantes y escandalosas para la Iglesia Pueblo de Dios. En esa confusión estamos.
Neutralidad positiva Hace unos años Argentina y Chile llegaron a las puertas de la guerra por cuestiones fronterizas. El papel activo del Vaticano fue decisivo para frenar el conflicto y ahorrar muertos y odios. La mediación vaticana fue posible porque ambas naciones son de gran mayoría católica y sus gobiernos aceptaron la intervención como muy positiva por la creíble imparcialidad de un Estado sin tanques, con mucho reconocimiento moral e interesado en ayudar a ambas partes. Se le reconocía al Vaticano imparcialidad positiva (lo que recientemente el Secretario de Estado cardenal Parolín llamó “neutralidad positiva”) necesaria para ser árbitro o mediador.
Neutralidad inaceptable. No es esa la situación de Venezuela en la que los cristianos no podemos ser neutrales, sin traicionar a Cristo. Cuando un usurpador a mano armada secuestra la Constitución, arrebata las libertades, apresa, tortura y despoja de su patria y bienestar a millones… nadie en conciencia puede ser neutral entre el victimario y las víctimas. Jesús traza una radical diferencia y llama “benditos de mi Padre” a quienes atienden al hambriento, al exiliado, al preso y al enfermo, y “malditos de mi Padre” a los que niegan al prójimo la comida, la medicina, la patria y la libertad. Venezuela sufre un asalto a mano armada por bandidos que la dejan medio muerta, como en la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10,25-). La Iglesia en Venezuela, a costa de su tranquilidad y aun de su libertad, tiene que abrazar y curar al hermano herido, como lo hizo en El Salvador de manera ejemplar Monseñor Romero (con mucha incomprensión y disgusto del Vaticano en ese tiempo) hasta ser asesinado por el poder dominante. Recientemente por esa virtud heroica el Papa Francisco ha canonizado con toda celeridad a San Romero de América y lo ha puesto como ejemplo de obispo y cristiano defensor de los perseguidos. En muchas otras ocasiones (por ejemplo en la etapa final de Pinochet) se produce el conflicto entre la Iglesia-Estado en buena relación con el Gobierno y la Iglesia-Pueblo de Dios, de ciudadanos que sufren y luchan por la dignidad humana y los derechos negados por ese Gobierno.
Nos sentimos orgullosos de nuestra Iglesia en Venezuela, y considero que nuestra Conferencia Episcopal (CEV) lleva tres lustros como la institución más lúcida y valiente frente a un régimen que hace mucho tiempo perdió la legitimidad, y con ello nos pone en el deber de cumplir con los artículos constitucionales 333 y 350 basados en la tradicional doctrina católica sobre la legítima rebelión contra el tirano. Tenemos pruebas de que esta actuación de la CEV cuenta con la comprensión y apoyo del Papa y de su Secretario de Estado y contamos con las oraciones y la solidaridad de diversos episcopados e iglesias del mundo. El Régimen trata de manipular esa realidad presentando al Papa como amigo empeñado en salvar su “socialismo del Siglo XXI” y enfrentado a la CEV degenerada en partido político contra este buen gobierno. Lamentablemente no faltan opositores que, malévola o ingenuamente, favorecen al gobierno que odian, atacando al Papa. El régimen ha abusado tanto con la manipulación del “diálogo” y la mediación del Vaticano, que el Papa ha enviado una carta al Sr. Maduro diciéndole que el Régimen, para perpetuar su poder y el desastre nacional, viola e incumple las buenas palabras de diálogos anteriores.
Baño de muerte y gobierno de transición. No es cierto que lo mejor sea someterse dócilmente a la dictadura para así evitar el baño de sangre, pues el baño de muerte ya es una terrible realidad que sufren millones, no es solo un peligro. Por eso Venezuela necesita salir cuanto antes del usurpador y formar un gobierno amplio de transición decidido a convocar elecciones presidenciales libres y democráticas (impedidas el año 2018) y restablecer la Constitución y los derechos humanos violados. Gobierno de Transición a la mayor brevedad 1) para establecer las condiciones para una elección justa y limpia (nuevo CNE y TSJ, eliminación de la ANC, habilitación de candidatos y partidos, actualización del REP, votación en el exterior, auditorías, empresa de soporte, máquinas electorales etc.). Según los entendidos todo esto tomará unos 9 meses y por eso conviene empezar ya. 2) De máxima urgencia en el tiempo es también el cambio de la disparatada política económica y el freno de la hiperinflación (va mucho más allá de la ayuda humanitaria), que no pueden lograrse sin mucha iniciativa privada e inversión y sin un apoyo internacional grande y sostenido de los gobiernos democráticos y de los organismos multilaterales. Nadie en sus cabales piensa que la prolongación del régimen actual puede traer bienestar a Venezuela. El usurpador Maduro no puede, ni quiere, convocar a elecciones presidenciales limpias, ni cambiar del modelo “socialista”; tampoco tiene credibilidad ni apoyo internacional y nacional, ni tendrá la de la Fuerza Armada.
La Iglesia de Cristo sin confusiones debe movilizarse más, nacional e internacionalmente, para liberar a Venezuela de la actual tragedia humana, evitando manipulaciones del Régimen. El Vaticano –si se presenta la oportunidad- estará dispuesto a contribuir a la salida no sangrienta del usurpador.
Caracas, 19 de febrero de 2019.

La batalla diplomática: Venezuela, la crisis más incómoda para Francisco por Elizabetta Piqué – La Nación – 10 de Febrero 2019

La postura del Papa ante el conflicto político le generó críticas en la región; sin embargo, aunque no lo reconozca en público, el Vaticano trabaja en silencio para una salida de Maduro
La postura del Papa ante el conflicto político le generó críticas en la región; sin embargo, aunque no lo reconozca en público, el Vaticano trabaja en silencio para una salida de Maduro Fuente: LA NACION – Crédito: Ippóliti 

ROMA.- Venezuela se ha vuelto la crisis más incómoda para elPapa . Muchos fieles de su continente están descolocados. No entienden cómo, a diferencia de los obispos venezolanos y de muchos gobiernos americanos y europeos, no respaldó al opositor Juan Guaidó , presidente encargado del país, para una transición que lleve a elecciones libres. Pero aunque no lo admitirá públicamente, la diplomacia vaticana trabaja silenciosamente, con mucha prudencia, para una salida “elegante” de Nicolás Maduro .

Salvando distancias y diferencias, es una situación similar a la salida del último líder comunista de Polonia, el general y dictador Wojciech Jaruzelski, que dejó el poder tras los Acuerdos de la Mesa Redonda de 1989, que condujeron a Polonia a la democracia. Otro ejemplo podría ser la caída del dictador filipino Ferdinand Marcos, que se vio obligado a abandonar la presidencia y a exiliarse en 1986 después de masivas protestas, también impulsadas por la Iglesia local.

El Papa explicó que respaldar un bando u otro en Venezuela “sería una imprudencia pastoral” de su parte, que podría hacer más daño y que temía un derramamiento de sangre. Muchos en América Latina interpretaron esta postura como un virtual respaldo del “papa comunista” al régimen de Maduro.

Es una regla de oro de la diplomacia vaticana no romper relaciones con ningún país y mantenerse en equilibrio con respecto a las partes en conflicto, para poder ser un canal y poder intervenir, si es necesario. En esta línea, la Santa Sede nunca rompió ni con los Castro en Cuba ni con Augusto Pinochet en Chile.

La posición del Vaticano le permitió justamente a Maduro enviarle una carta al Papa, en la que le pidió ayuda para entablar un diálogo con Guaidó. Francisco se manifestó dispuesto a mediar, pero solo si las dos partes lo piden, algo que hasta ahora no ha sucedido.

En una entrevista televisiva, Guaidó hace unos días llamó al Papa y a la diplomacia internacional a “ayudar para el fin de la usurpación”. Pero no hubo ningún pedido formal de intervención, sino que Guaidó reiteró su tajante rechazo a cualquier posibilidad de diálogo con Maduro, que con eso pretende solo ganar tiempo.

Francisco, que a fines de 2016 se arriesgó para ser facilitador de un diálogo entre el gobierno de Maduro y la oposición que terminó en fracaso, también ha sido criticado por su postura en apariencia soft. ¿Por qué no levantó la voz, como hizo la combativa Conferencia Episcopal Venezolana?

En el Vaticano explican que si los obispos venezolanos pudieron decir lo que dijeron fue porque tenían y tienen luz verde para hacerlo.

Por eso, si bien hubo quien habló de distanciamiento entre el Papa y los obispos, nunca hubo tal división. “El Vaticano nos ha confiado a nosotros, los obispos, las riendas; hacemos lo que es justo y sabemos que el Papa nos apoya”, confirmó el cardenal Baltazar Porras, arzobispo de Mérida y administrador apostólico de Caracas, desde siempre opositor del chavismo y de Maduro, en una entrevista al diario italiano Il Fatto Quotidiano.

“El Papa está interesado desde siempre en Venezuela y recibe constantes informes de mi parte, de los obispos y del cardenal Pietro Parolin [secretario de Estado vaticano]. El Papa pide que se cree un mecanismo diplomático con el Vaticano protagonista, a través de la Iglesia local, para una solución pacífica, sin sangre, sin guerra”, agregó Porras.

Para Rodrigo Diamanti, miembro de la delegación que Guaidó envió a Roma para entrevistarse mañana con el gobierno italiano -uno de los pocos de Europa que aún no lo reconoció-, “la posición de la Iglesia es una sola y es la de la Conferencia Episcopal Venezolana”.

“Esperamos que junto al Vaticano, la Iglesia venezolana pueda ayudar a que cuanto antes haya elecciones libres y transparentes para que Venezuela pueda superar la crisis que está viviendo”, dijo a LA NACION Diamanti. “No puede seguir adelante una dictadura que no acepta elecciones y no permite la entrada de ayuda humanitaria”, agregó.

Marinellys Tremamunno, periodista ítalo-venezolana y autora del libroVenezuela, el derrumbe de una revolución, no oculta su decepción con el Papa y refleja por qué Venezuela es la crisis más incómoda para él. “Obviamente la posición neutral del Papa ha generado mucha molestia en Venezuela. El venezolano común, los que fueron víctimas de torturas, los que son víctimas de este drama que se vive, los exiliados, piensan que no es posible no fijar posición ante la violación de los derechos humanos”, opinó, en diálogo con LA NACION.

“Los que sufrimos el tema Venezuela sabemos que la solución no está en manos del Papa. Pero nos duele que siga hablando de la necesidad de diálogo con un dictador señalado por crímenes terribles, con quien está claro que no se puede hablar”, agregó Tremamunno.

Probablemente consciente de estos sentimientos en un país que conoce muy bien, el cardenal Parolin, que fue nuncio en Caracas antes de ser llamado por Francisco para convertirse en su número dos, intentó explicar la postura de la Santa Sede con un calificativo: “neutralidad positiva”.

“El enfoque de la Santa Sede es de neutralidad positiva, no del que se asoma a la ventana para ver qué sucede casi indiferente. Es el enfoque del que busca estar por encima de las partes para superar la conflictividad”, dijo a la televisión del episcopado italiano. Parolin también afirmó que el compromiso de la Santa Sede, tal como dijo el Papa, “es siempre la búsqueda de soluciones pacíficas e institucionales de la crisis en curso”.

Los vaivenes en la puja por el apoyo del Vaticano

Maduro le envió una carta al Papa, mientras que Guaidó pidió ayuda para “el fin de la usurpación” del poder

  • A fines de 2016, Francisco se arriesgó para ser facilitador de un diálogo entre el gobierno de Maduro y la oposición, que terminó en fracaso
  • La semana pasada, el Papa se mostró dispuesto a mediar en la crisis de Venezuela, pero dijo que necesitaba un acuerdo de las dos partes. Días antes, Maduro le había enviado una carta a Francisco en la que le pedía su ayuda para abrir un canal de diálogo
  • Luego de los dichos del Papa, Guaidó lo llamó a él y a la diplomacia internacional a “ayudar para el fin de la usurpación” del poder, pero no hubo ningún pedido formal de intervención; el líder opositor reiteró su tajante rechazo a cualquier posibilidad de diálogo con Maduro
  • El jueves pasado, el Vaticano insistió en que mantiene una “neutralidad positiva” respecto de la disputa política entre Maduro y Guaidó. “No es la actitud de quienes se sientan delante de la ventana y observan de manera casi indiferente. Es la actitud de estar sobre las partes para superar el conflicto”, señaló el secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin

En el reino de la hipocresía por Hector E. Schamis – El País – 10 de Febrero 2019

Coincidencias retóricas que prolongan el sufrimiento de los venezolanos

El papa Francis, durante una audiencia en el Vaticano.
El papa Francis, durante una audiencia en el Vaticano. AFP

Leo en el periódico que murió un preso político venezolano. Llevaba 15 meses en la cárcel de Uribana luego de haber sido apresado en las protestas callejeras. Jamás le otorgaron una audiencia judicial, aunque sí le otorgaron el trato de rutina: torturas, mala alimentación y ausencia de atención médica.

Leo en otro periódico que el Vaticano se mantiene neutral en relación a Venezuela, pero que se trata de una “neutralidad positiva”. No comprendo el término, pero según el Secretario de Estado Parolin no es la neutralidad de quienes se sientan delante de la ventana y observan de manera casi indiferente sino la actitud de estar sobre las partes para superar el conflicto. En fin.

Leo en el portal oficial de noticias de las Naciones Unidas que el secretario general Guterres se reunió con el canciller de Maduro el 16 de enero. Su portavoz Dujarric había dicho casi en simultáneo que “el secretario general, la Secretaría, no nos dedicamos a reconocer a Jefes de Estado o a no reconocer a Jefes de Estado”.

Olvidó que en 1971, por cuestiones de reconocimiento, el gobierno de la República de China, Taiwán, tuvo que pasarle su asiento en las Naciones Unidas al gobierno de la República Popular China, pero ese es otro tema. Lo que llamó mi atención ahora fue el titular de la noticia; en el portal oficial, enfatizo: “Venezuela refuerza el trabajo conjunto con la ONU y advierte amenaza de golpe de Estado”.

Leo en varios periódicos que el exjuez Baltasar Garzón afirmó que el gobierno de Maduro es legítimo y que cualquier problemática de Venezuela debe resolverse “entre actores internos”. En este caso también hubo un olvido: que en octubre de 1998 Pinochet fue arrestado en Londres bajo cargos de tortura y asesinato de ciudadanos españoles en Chile. La solicitud de arresto había sido remitida a Londres por un juez desde España: Baltasar Garzón.

Leo también en las redes sociales que Lorent Saleh visitó México. Habló en el Senado sobre la situación de su país. Durante su alocución, una senadora oficialista le gritó “mentiroso” y a la salida, todavía en el edificio, un supuesto consultor español de Morena lo increpó llamándolo “golpista”.

Saleh fue preso político, estuvo recluido en los centros de tortura conocidos como La Tumba y el Helicoide. Su testimonio es relevante y creíble, en México y en cualquier parte.

Leo que Delcy Rodríguez dice que en Venezuela no hay crisis humanitaria, que se trata de un “falso positivo” para justificar una invasión extranjera. Siendo así, leo en la cuenta de Twitter de la Embajada de Venezuela en La Habana que el viernes arribó un barco militar venezolano con 100 toneladas de ayuda humanitaria.

Lo contrasto con los testimonios de los pediatras del hospital Razetti en la ciudad de Barcelona, Anzoátegui. Los médicos informan el fallecimiento de niños por diarrea y deshidratación causada por la ingestión de agua contaminada y por las limitaciones para tratar dicha dolencia dada la falta de insumos. La cantidad de victimas que se reporta oscila entre 13 y 19 según el medio.

Delcy Rodríguez también elogió al llamado “Mecanismo de Montevideo” impulsado por Uruguay, Bolivia y el Caricom, todos países que se definen a sí mismos como neutrales y establecen un proceso de diálogo sin condiciones previas. Maduro y su vicepresidenta rechazaron, sin embargo, al Grupo de Contacto formado por países de la Unión Europea y algunos latinoamericanos, con Uruguay en ambos grupos.

Es que el Grupo de Contacto exige elecciones, aun cuando Uruguay parece haber hecho lo posible por ayudar a Maduro. Ello se infiere de la entrevista al canciller de Uruguay Nin Novoa en la prensa de dicho país. Pues allí asegura el canciller que un borrador inicial de la declaración del grupo incluía condiciones, cuatro en particular: la liberación de los presos políticos, observación internacional independiente, la eliminación de los obstáculos para la participación libre e igualitaria de todos los partidos y la reorganización del Consejo Nacional Electoral.

“Todo eso Uruguay lo rechazó”, dijo Nin Novoa con un cierto orgullo. O sea que parecería ser un éxito diplomático del gobierno de Uruguay mantener presos políticos, impedir la observación internacional y limitar la participación política en Venezuela.

Debo reconocer que después de tanta hipocresía coordinada que había leído, la candidez del canciller de Tabaré Vázquez me resultó hasta refrescante. Por fin alguien nos dice la verdad, sin eufemismos ni hipocresías.

¿Qué papel debe jugar la Iglesia en la crisis en Venezuela? – NTN24 – 8 de Febrero 2019

El Vaticano se ha ofrecido como mediador si ambas partes lo solicitan. El Cardenal Baltazar Porras considera “inviable” una mediación del Vaticano

La posible mediación del Vaticano en la crisis de gobernabilidad que atraviesa Venezuela está sobre la mesa. El Papa Francisco estaría dispuesto a mediar si ambas partes así lo solicitan; sin embargo, la Iglesia venezolana considera “inviable” esta posibilidad, alegando falta de voluntad real por parte del régimen de Nicolás Maduro.

A través del Secretario de Estado, el Cardenal Pietro Parolin, el Vaticano se declaró en “neutralidad positiva” frente a la crisis venezolana y reiteró su disposición a servir como mediador, únicamente si existe una solicitud expresa de ambas partes.

La Iglesia se ha desempeñado en varias ocasiones como mediadora en la crisis de gobernabilidad en Venezuela pero en esta oportunidad las condiciones parecen haber cambiado. El Cardenal Baltazar Porras, arzobispo metropolitano de Mérida y administrador apostólico de Caracas, afirmó a una radio local argentina que abrir un diálogo en el país sería una hoja en blanco y calificó como “inviable” la mediación del Vaticano en la crisis en Venezuela, considerando que en los procesos pasados de diálogo no ha habido voluntad real para conseguir una salida.

El falso enfrentamiento entre el Papa y los Obispos por Venezuela por Rafael Luciani – Teologia Hoy – 30 de Enero 2019

La falsa división entre un Papa de izquierda y unos obispos de derecha

El actual proceso de reformas eclesiales que preside Francisco busca conceder mayor autonomía a las Conferencias Episcopales locales. En pontificados anteriores, la centralización del poder eclesial en manos de la Curia Romana causó un sin fin de abusos sobre las iglesias locales y regionales fruto de lo que Francisco describió, al inicio de su pontificado, como la patología del poder. En términos geopolíticos esto se ha traducido en un trabajo en conjunto y coordinado entre las autoridades eclesiásticas en Roma y las directivas de las conferencias episcopales locales. De este modo, la orientación de la narrativa geopolítica vaticana busca enfocarse en la cura pastoral y la atención humanitaria de los países en crisis, dejando el recurso diplomático de la negociación y la apelación a la multilateralidad como vías que pueden evitar salidas violentas y sangrientas de los regímenes políticos que se adueñan del poder. Corresponde a los obispos locales la calificación política y el posicionamiento ético frente a dichos regímenes. El Vaticano, desde los Pactos Lateranenses que le dieron carácter estatal en 1939, jamás ha calificado a un presidente de «dictador». No puede hacerlo. Experiencias como las de China, donde la Iglesia fue expulsada, sólo han podido ser sanadas muchos años después y con lentas negociaciones.

Sabiendo esto, el oficialismo venezolano ha buscado, por diferentes vías, debilitar la credibilidad de la Iglesia. En este juego han caído también sectores de la oposición polarizando así la dimensión pastoral de la acción eclesial bajo la idea de una supuesta división entre «un Papa de izquierda y unos obispos de derecha», o entre «un Papa que reconoce al gobierno ilegítimo de Maduro y unos obispos venezolanos que no lo reconocen». Este tipo de argumentaciones sólo otorgan mayor fuerza a la estrategia del gobierno de buscar que el pueblo pierda la credibilidad en la institución eclesiástica que, por naturaleza organizacional, actúa siempre de forma colegiada, es decir, con una inquebrantable unidad entre el Papa, los obispos y los fieles. ¿Acaso los que hoy critican a Francisco por haber hablado con Fidel Castro, levantaron su voz cuando San Juan Pablo II le dio la comunión a Pinochet? Ambos torturaron y asesinaron a miles de hermanos que pedían la misma libertad que hoy pedimos los venezolanos. Para la Iglesia la fe no es ideológica ni doctrinaria. Su único interés es la atención pastoral a las personas traducida en la promoción del bienestar para con los más pobres y sufridos de una sociedad, como lo es hoy la venezolana, pues —como dice Francisco— no podemos «considerar a nada ni a nadie como definitivamente perdido en las relaciones entre las naciones, los pueblos y los estados».

«En la voz de los obispos venezolanos también resuena la mía»

¿Cuál es la posición del Papa Francisco? ¿es posible en la Iglesia, que exista un número 2 por encima del número 1? ¿acaso la Iglesia funciona como una democracia? ¿puede existir una división entre la postura del Papa —como pastor y jefe de estado—, su Secretario de Estado —el Cardenal Parolín—, y la Conferencia Episcopal venezolana que se ha manifestado en bloque al declarar a la presidencia de Maduro como ilegítima?

El 8 de Junio de 2017, el Papa Francisco dijo personalmente a los miembros de la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana que «en la voz de los obispos venezolanos también resuena la mía». A diferencia de otros pontificados, el reconocimiento de Francisco es a lo que han discernido y decidido los obispos locales, quienes conocen su realidad, y no lo que Roma pueda pensar desde lejos de nuestra realidad. Esto no sólo dice de la honradez de Francisco ante lo que vivimos, sino también de su humildad al querer llevar un proceso de reforma y «descentralización» en la Iglesia Católica, como lo indicó en su primera Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (n.16).

Las 4 condiciones del Vaticano siguen hoy vigentes

Hagamos un poco de memoria sobre los varios llamados públicos de Francisco en torno a la crisis venezolana. El 10 abril de 2014 hizo un fuerte reclamo a los líderes políticos por la violencia e instó a respetar la verdad y la justicia. Un año más tarde, el 1 de marzo de 2015, condenó la muerte de estudiantes que protestaban pacíficamente. Y en octubre de 2016 cuando aceptó la petición de facilitación que le hiciera primeramente la propia oposición nacional, el Vaticano dio a conocer el día 2 de diciembre las cuatro condiciones que debían acompañar una verdadera negociación con el gobierno: «elecciones, restitución de la Asamblea Nacional, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos».

El punto más álgido fue la denuncia del Papa ante el incumplimiento de dichas condiciones por parte del gobierno, lo que llevó a la culminación del proceso de diálogo y a esto se refirió en la rueda de prensa que ofreció durante el regreso de su viaje apostólico a Egipto, el 29 de abril de 2017. Ahí dijo que el diálogo «no resultó porque las propuestas no eran aceptadas» no sólo por la oposición política que, en ese momento, carecía de unidad política y estratégica, sino fundamentalmente por el gobierno, cuya falta de seriedad y coherencia la describió como un: «”sí,sí” pero “no, no”» y le hizo un «sentido llamamiento al gobierno para que se evite cualquier ulterior forma de violencia, sean respetados los derechos humanos y se busquen soluciones negociadas a la grave crisis humanitaria, social, política y económica que está extenuando la población».

Un día después de este viaje, ante la crueldad de la represión a miles de personas que protestaban en el país, el domingo 30 de abril de 2017 en su mensaje Urbi et Orbe, Francisco difundió y cuestionó para el mundo «la situación en Venezuela, con numerosos muertos, heridos y detenidos»; abogó por los «derechos humanos» y exhortó a «soluciones negociadas a la grave crisis humanitaria».

Algo que muchos olvidan es que, paralelo a todas estas denuncias, el Papa ya se había reunido con Susana Malcorra, canciller argentina del recién electo gobierno de Macri, para conseguir el pronunciamiento en bloque de los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Perú, Paraguay y Uruguay sobre la crisis venezolana. Una reunión que llevó a otras más, como parte del ejercicio silente de la diplomacia Vaticana y que inspiró lo que luego se crearía bajo el nombre de grupo de Lima.

La movilización de la Iglesia latinoamericana en contra de la represión del gobierno venezolano

Todas estas acciones del Papa y los pronunciamientos de la Conferencia Episcopal Venezolana produjeron algo que pocos han valorado: por primera vez en la historia de la Iglesia latinoamericana, todas las entidades locales y regionales alinearon su posición reiterando, a su vez, las varias denuncias hechas por el Papa. Veamos a qué nos referimos.

A casi dos meses del inicio de las protestas estudiantiles, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) fijó posición, el 2 de abril de 2014, de forma pública y oficial, mediante el comunicado que lleva por nombre: «Responsables de la paz y el destino democrático de Venezuela». Los Obispos comienzan su análisis con una premisa muy clara: «la causa fundamental de la actual crisis es la pretensión del partido oficial y autoridades de la República de implantar el llamado Plan de la Patria, detrás del cual se esconde la promoción de un sistema de gobierno de corte totalitario». Para lograr imponer este modelo de corte totalitario, basado en la lógica del pensamiento único y, por tanto, excluyente de todo otro modelo sociopolítico, se han puesto «restricciones a las libertades de información y opinión», se ha incrementado «la inseguridad jurídica y ciudadana» y se han promovido «los ataques a la producción nacional». Todo esto, bajo el peso de una «brutal represión de la disidencia política» (num. 2).

Las cosas no cambiaron. Antes bien, se siguieron agravando y el 31 de marzo de 2017 la Conferencia Episcopal Venezolana se pronunció denunciando que para el gobierno «todo gira en torno a lo político, entendido como conquista del poder, olvidando las necesidades reales de la gente». Ante la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de eliminar la Asamblea Nacional y suplantarla «por una representación de los poderes Judicial y Ejecutivo», indicó el episcopado que «no se puede permanecer pasivos, acobardados ni desesperanzados. Tenemos que defender nuestros derechos y los derechos de los demás. Es hora de preguntarse muy seria y responsablemente si no son válidas y oportunas, por ejemplo, la desobediencia civil, las manifestaciones pacíficas, los justos reclamos a los poderes públicos nacionales y/o internacionales y las protestas cívicas».

El 4 de abril 2017 se sumó la voz de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Venezuela contra «la falta de autonomía entre los cinco poderes públicos: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral y Ciudadano», y subrayó «la indolencia del gobierno nacional ante la situación crítica que vive nuestro pueblo, demostrando una vez más que solo le interesa la lucha por mantenerse en el poder» en un contexto de «inminente dictadura». El camino inmediato para salir de la crisis, se lee en el documento, ha de pasar por el cumplimiento de tres exigencias: «respeto al Estado de derecho, separación de poderes, legitimidad del Parlamento».

Tres días más tarde, el 7 de abril 2017, la Compañía de Jesús en Venezuela, a través de la editorial de su revista SIC del Centro Gumilla, hizo pública su posición oficial: «nos enfrentamos a una dictadura como ciudadanos y como cristianos», la cual se consuma, a juicio de los jesuitas, con «las decisiones asumidas por el Tribunal Supremo de Justicia en Sala Constitucional de fecha 28 y 29 de marzo que suponen un claro golpe de Estado y un desenmascaramiento definitivo del gobierno como una dictadura». Y añadió, en consonancia con la petición del Papa Francisco a través de su secretario de Estado, que la solución a la crisis actual del país pasa, necesariamente, por las siguientes condiciones: «democracia con elecciones, liberación de todos los presos políticos, pleno reconocimiento de la Asamblea Nacional, apertura a la ayuda humanitaria internacional y entierro de este modelo fracasado que atenta contra la vida de toda la población». Nada menos de lo que exigió el bloque político de oposición, que por intereses partidistas no lograba llegar a una estrategia unitaria y permanente.

A este movimiento eclesial, se unieron las distintas Conferencias Episcopales Latinoamericanas. Entre ellas, el 21 de abril 2017, la Conferencia Episcopal Panameña se solidarizó con la posición de los obispos venezolanos expresando que «la difícil situación del país cada vez se hace más insostenible». A este comunicado le siguió el de la Conferencia Episcopal Colombiana en pro de la labor de «obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos que en medio de dolorosas situaciones y privaciones, siguen trabajando por la defensa de los valores humanos». El día 26 de abril de 2017, la Conferencia Episcopal Ecuatoriana declaró que «se trata de una situación donde está muerta y desaparece toda posibilidad de opinión divergente o contraria a quienes están en el poder, se abre la puerta a la arbitrariedad, la corrupción y la persecución, un despeñadero hacia la dictadura». A lo largo de ese mes de abril se solidarizaron también, entre otras, las Conferencias Episcopales de Uruguay y Chile, así como la boliviana, que el 2 de mayo de 2017 se pronunció en torno a «la violencia fratricida, pobreza abrumadora y pérdida de la vigencia de los derechos humanos» en Venezuela.

Una nueva expresión de la colegialidad eclesial se manifestó, históricamente, entre el 9 y el 12 de mayo de 2017, cuando se celebró en San Salvador la XXXVI Asamblea Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Allí, todas las Iglesias locales de América Latina y el Caribe decidieron, unánimemente, tomar posición frente a la situación de nuestro país al observar que «se vuelve insostenible la falta de alimentación, la falta de medicinas y la falta de libertades». Tras la discusión se creó una Comisión de seguimiento de la situación sociopolítica y humanitaria venezolana. Es la primera vez que el conjunto de las Iglesias locales latinoamericanas se unen para levantar su voz en contra de lo que se vive sociopolíticamente en uno de sus países.

Un último ámbito de conciencia eclesial internacional que no podemos pasar por alto es el comunicado publicado por la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina. El 27 de abril de 2017, unas treinta universidades de catorce países latinoamericanos expresaron su «condena a los actos de represión que el gobierno está ejerciendo sobre quienes legítimamente salen a las calles a manifestar su protesta ante esta situación». Todas las universidades jesuitas del continente se unieron para denunciar «la intolerancia a la discrepancia y la militarización de la sociedad», y demandaron «a todos nuestros gobiernos y organismos internacionales que defiendan el Estado de derecho, la institucionalidad democrática y el libre ejercicio de la ciudadanía en Venezuela».

 El llamado del Vaticano a desconocer la Constituyente y retomar las 4 condiciones

Ante todos estos pronunciamientos internacionales, el 13 de mayo de 2017, poco antes de que oficiara la misa solemne en Fátima, el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolín, «número dos» de Francisco, declaró nuevamente que «la solución para la grave crisis en Venezuela son las elecciones». Como es lógico, toda elección supone un cambio de gobierno o transición política. Por ello precisó, como ha dicho el Pontífice en repetidas ocasiones, que «se necesita mucha buena voluntad, empezando por el gobierno, que debe dar señales de que desea resolver la crisis y tener en cuenta el clamor del pueblo».

Esto llevó a que el 4 de agosto de 2017, el mismo Papa enviara de nuevo un comunicado muy fuerte a través de la Secretaría de Estado diciendo que: «la Santa Sede pide a todos los actores políticos, y en particular al Gobierno, que se asegure el pleno respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, como también de la vigente Constitución; se eviten o se suspendan las iniciativas en curso como la nueva Constituyente que, más que favorecer la reconciliación y la paz, fomentan un clima de tensión y enfrentamiento e hipotecan el futuro; se creen las condiciones para una solución negociada de acuerdo con las indicaciones expresadas en la carta de la Secretaría de Estado del 1 de diciembre de 2016, teniendo en cuenta el grave sufrimiento del pueblo a causa de las dificultades para obtener alimentos y medicamentos, y por la falta de seguridad». Nuevamente se recuerdan las 4 condiciones que han de marcar la hoja de ruta hacia el restablecimiento de la democracia en Venezuela: «elecciones, restitución de la Asamblea Nacional, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos».

Un hecho aparentemente controversial sucedió el 10 de enero (2019) durante la juramentación de Maduro ante el Tribunal Supremo de Justicia para un nuevo período de gobierno. Dicho mandato ha sido desconocido por la comunidad internacional. La Secretaría de Estado del Vaticano decidió enviar a un Encargado de negocios ad interim, en vez de al Nuncio en Caracas. Hecho que no ha de pasar desapercibido cuando el protocolo vaticano siempre ha prescrito la presencia de un Nuncio, sea el del propio país o de otro vecino que lo represente en su calidad de Jefe de Misión en tales actos de investidura. Aquí se optó por un funcionario de menor rango, prácticamente desconocido. Ante las reacciones que surgieron, el Vaticano emitió un comunicado el pasado lunes 14 de enero explicando que «la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas con el Estado venezolano. Su actividad diplomática tiene como finalidad promover el bien común, tutelar la paz y garantizar el respeto de la dignidad humana», y añadió nuevamente el principio de colegialidad geopolítica bajo el cual actúa, siempre en coordinación con los obispos locales. Por eso, dice el comunicado, «la Santa Sede y los obispos del país trabajan juntos para ayudar al pueblo venezolano, que sufre las implicaciones humanitarias y sociales de la grave situación en la que se encuentra la nación».

«El nuevo período presidencial es ilegítimo y abre una puerta al desconocimiento»

Todas estas acciones y posiciones, frutos de una acción colegiada entre el Papa, los obispos y los fieles católicos, quedó claramente expresada y reconocida el 9 de enero de 2019 en la exhortación que lleva como título: «Lo que hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños a mí me lo hicieron» (Mt 25,40). Ahí, la Conferencia Episcopal Venezolana en pleno exigió al gobierno «el cambio que el país pide a gritos: la recuperación del Estado de Derecho según la Constitución y la reconstrucción de la sociedad venezolana, en dignidad, libertad y justicia para todos». Por tal motivo, dice la exhortación: «reiteramos que la convocatoria del 20 de mayo (para elegir el Presidente de la República) fue ilegítima, como lo es la Asamblea Nacional Constituyente impuesta por el poder ejecutivo. Vivimos un régimen de facto, sin respeto a las garantías previstas en la Constitución (…). La pretensión de iniciar un nuevo período presidencial el 10 de enero de 2019 es ilegítima por su origen, y abre una puerta al desconocimiento del Gobierno».

Así como los obispos han sido claros en no reconocer la legitimidad de Maduro, el Papa fue el primero en desconocer a la asamblea nacional constituyente impuesta por Maduro sin voto popular. No olvidemos que las acciones de una diplomacia muchas veces silente y poco perceptible iniciaron un proceso de concertación entre gobiernos latinoamericanos y conferencias episcopales locales, que fueron alzando sus voces para pedir, con el Vaticano: «elecciones, restitución de la Asamblea, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos».

Venezuela, Nicaragua, Yemen y Siria…

La decisión del Papa de incorporar a Venezuela el 25 de diciembre de 2018 en la lista de países que nombra en su mensaje Urbi et Orbi, es otro reconocimiento de un país que vive una severa tragedia humanitaria y en condiciones de estados fallidos, como Yemen y Siria, o totalitarios como Nicaragua. Es un mensaje fuerte y profético de la diplomacia vaticana que ha pasado desapercibido para muchos, y que ha sido enviado con contundencia a la comunidad internacional, reconociendo así, la necesidad de un cambio político urgente.

Hoy el Papa, en medio de nuevas críticas por parte de académicos y políticos latinoamericanos, especialmente de oposición, vuelve a insistir, el 7 de enero de 2019 en su Discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede: «Deseo para la amada Venezuela que se encuentren vías institucionales y pacíficas para solucionar la crisis política, social y económica, vías que consientan asistir sobre todo a los que han sido afectados por las tensiones de estos años y ofrecer a todo el pueblo venezolano un horizonte de esperanza y de paz». Vías que, como explicaron los obispos venezolanos, pasan por reconocer que «la Asamblea Nacional, electa con el voto libre y democrático de los venezolanos, actualmente es el único órgano del poder público con legitimidad para ejercer soberanamente sus competencias».

Lo que el Papa desea sigue siendo hoy el clamor de los nuevos líderes de la única y legítima Asamblea Nacional, elegida bajo el voto popular con una mayoría opositora abrumadora: «elecciones, restitución de la Asamblea, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos». Es esta la hoja de ruta vaticana para un proceso de transición hacia la democracia en Venezuela. Es la voz que llevan hoy nuestros jóvenes diputados con un mensaje que ha devuelto la esperanza en un cambio político en Venezuela que mira al bien común y se aleja de los intereses partidistas e ideológicos tanto de la oposición política como del oficialismo castrista.

No nos dejemos robar la esperanza, no perdamos la fe en las personas e instituciones que están trabajando por un cambio en Venezuela. Recordemos las palabras de Francisco en Paraguay: «las ideologías terminan mal, no sirven, las ideologías tienen una relación incompleta, enferma o mala con el pueblo porque no asumen al pueblo» (Visita Apostólica al Paraguay, 2015).

No es conflicto por Alfonso Ussía – La Razón – 30 de Enero 2019

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Con el debido respeto, Santidad. En Venezuela no hay un conflicto. Un conflicto, en efecto, puede resolverse con el diálogo y la buena voluntad. En Venezuela, Santidad, el conflicto equivaldría a un masaje con final feliz. Ese conflicto al que Su Santidad se refiere, es la dictadura comunista de un asesino ladrón que ha ordenado ejecutar, en la calle y en las cárceles, a decenas de miles de venezolanos, centenares de menores de edad entre ellos. Ese conflicto al que Su Santidad se refiere, ha arruinado a uno de los países más ricos del mundo, torturado de hambre y necesidades al pueblo de Venezuela, mientras sus mandatarios comunistas han acumulado fortunas cuyos ceros no cabrían en la plaza de San Pedro. Ese conflicto, Santidad, proviene entre otros motivos de un matón que no aceptó los resultados de unas elecciones que perdió. De un narcotraficante rodeado de narcotraficantes. No hace mucho que Su Santidad lo recibió en el Vaticano e intercambió con él las sonrisas que previamente le había negado a Trump y a Macri. La misma sonrisa que Su Santidad regaló en diferentes ocasiones a su compatriota ladrona, Cristina Fernández de Kirchner, de quien se sospecha que ordenó el asesinato del fiscal que investigó sus corrupciones financieras, el origen negro de su inmensa fortuna y sus relaciones con el simpático mundo del negocio instantáneo. Su Santidad regala sonrisas a gentes muy extravagantes, como a la monja argentina y dirigente del separatismo catalán, Lucía Caram, de quien Vuestra Santidad tiene sobradas noticias, copiosa información de sus actividades muy poco relacionadas con la fe en Cristo, y a la que sonríe beatífico en cada ocasión que la ve. El conflicto de Venezuela, como Su Santidad lo define, ha originado que más de tres millones de ciudadanos venezolanos vivan en el exilio. Son muchos millones, Santidad. Tres millones de granos de trigo apenas son nada. Tres millones de seres humanos escapados de su tierra para alcanzar el derecho a la supervivencia, son muchos millones. En Venezuela, nación riquísima, se mueren de hambre, mientras Maduro y compañía tejen con el beneplácito del comunismo internacional –del que no es del todo ajeno el Vaticano–, inconmensurables fortunas, aún mayores que la de Georges Soros, el baluarte y financiador de la corrupción sociopolítica del llamado mundo libre. Nuestro presidente sin votos ni escaños, Santidad, a la primera persona que recibió cuando ocupó La Moncloa, fue a Georges Soros, el financiero de Podemos y de la persecución a los cristianos en todo el mundo. Su Santidad, y lo que escribo es un juicio de valor sin pretender rozar la falta de respeto, es un Papa extraño, más argentino que extraño y menos emocionante que argentino. Decir que lo de Venezuela es un simple conflicto equivale a elevar a Juan Domingo Perón a la dignidad de un santo de la Iglesia.

Pero hay un problema mayor aún que el hambre en Venezuela, Santidad. La muerte que espera en cada esquina por las bocas de fuego de los fusiles bolivarianos. La estancia de miles de criminales del castrismo cubano en territorio venezolano. La tortura en sus prisiones. Y ello no merece la llana y simple definición de conflicto. Se trata de una tragedia. Sus obispos en Venezuela, Santidad, que sí están con el pueblo y no con los tiranos, se sienten desamparados de los brazos y las palabras de Vuestra Santidad. Me atrevo a creer que el gran conflicto se lo han creado a Su Santidad sus informadores, su círculo íntimo y curial mal elegido, porque no considero posible tan caprichoso proceder de quien todos los que pertenecemos a la Santa Madre Iglesia veneramos como nuestro Santo Padre.

El vaticano, además de la Santa Sede, es un Estado. Y como tal, no puede mantener la equidistancia con los que matan y con los que mueren, con los asesinos y con los asesinados, con los que roban y con los que son robados. La autoridad de Su Santidad es la más respetada del mundo. Una palabra del Papa lo es todo. Y esa palabra ha errado su significado.

Vaticano justificó presencia de un enviado en la toma de posesión de Maduro – El Nacional – 14 de Enero 2019

Alessandro Gisotti, portavoz del país europeo, aseguró que su actividad diplomática promueve el bien común

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El Vaticano justificó hoy la presencia de un enviado en la toma de posesión del segundo mandato de Nicolás Maduro en lo que sería su segundo periodo en Venezuela debido a que “la Santa Sede tiene como finalidad promover el bien común, tutelar la paz y garantizar el respeto de la dignidad humana”.

Por esto, agrega el comunicado, “la Santa Sede ha decidido estar representada en la ceremonia de inauguración de la Presidencia, por el encargado de negocios ad interim de la Nunciatura Apostólica de Caracas (George Koovakod)”.

Añade además que el Vaticano y los obispos del país “continúan trabajando juntos para ayudar al pueblo venezolano, que sufre las implicaciones humanitarias y sociales de la grave situación en la que se encuentra la Nación”.

Maduro tomó el pasado jueves posesión para un segundo período en Venezuela en medio de críticas internacionales, lideradas por Estados Unidos y varios países latinoamericanos, sobre la legitimidad de su nuevo mandato.

A su juramento del cargo únicamente acudieron cuatro presidentes de los 19 países latinoamericanos: el de Bolivia, Evo Morales; el de Cuba, Miguel Díaz-Canel; el de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén; y el de Nicaragua, Daniel Ortega.

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