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EE UU incluye a Cuba y Venezuela en su lista de “adversarios extranjeros” – América 2.1 – 8 de Julio 2020

Esta orden tiene como objetivo proteger las instalaciones y los sistemas de control necesarios para operar la red eléctrica de las «actividades maliciosas» de actores extranjeros, y ordena al Departamento de Energía que los defina.

A consideración de este Departamento, y basándose en informes de la comunidad de inteligencia, según el mismo diario, los países mencionados podrían atacar la red eléctrica de EE UU.

De la lista se han librado otros países considerados patrocinadores del terrorismo, como Siria y Sudán.

La orden prohíbe la adquisición de equipos de estos países que podrían hacer que la red eléctrica estadounidense sea vulnerable a los ataques cibernéticos

La orden ejecutiva, detalla El Nuevo Herald, define el término «adversarios extranjeros» como gobiernos y actores extranjeros que han mostrado «a largo plazo un patrón o conductas significativamente adversas a la seguridad nacional de Estados Unidos».

El Departamento precisó que los actores extranjeros señalados «están empleando combinaciones innovadoras de espionaje tradicional, espionaje económico y operaciones cibernéticas y en la cadena de suministro para obtener acceso a infraestructura» energética en Estados Unidos.

La orden ejecutiva prohíbe la adquisición de equipos o software de estos países que podrían hacer que la red eléctrica estadounidense sea vulnerable a los ataques cibernéticos.

Aunque es poco probable que las empresas estadounidenses importen software de Cuba y Venezuela por las posibles sanciones, recuerda el diario de Miami, la designación de ambos países como «adversarios» se suma a la «campaña de máxima presión» que la administración lanzó el año pasado para obligar al líder venezolano Nicolás Maduro a salir del poder.

El pasado mayo, el Departamento de Estado volvió a incluir a Cuba en su lista de países que «no cooperan completamente» con EE UU en la lucha antiterrorista, una medida que prohíbe vender armas a la Isla y que también afecta a Venezuela, Irán, Siria y Corea del Norte.

 

 

US Reiterates Support for Venezuela’s Interim President Guaido – Latin American Herald Tribune – 5 de Julio 2020

WASHINGTON – The United States reiterated on Friday its support for opposition leader Juan Guaido, recognized by Washington as the interim president of the crisis-ridden Venezuela.

In a message on the eve of Venezuela’s Independence Day to be celebrated on Sunday, US Secretary of State Mike Pompeo stated that Washington was committed to a “peaceful and democratic transition” of the South American country.

“Today, the Venezuelan people carry the spirit of Simon Bolivar as they seek a democratic transition from the authoritarian rule that is abetted by nefarious foreign infiltrators that enable repression and corruption. This struggle for freedom and democracy will not end until its goals are realized,” Pompeo said.

The secretary of state stressed that the daily struggle of Venezuelans in defending their rights “brings them a day closer to truly celebrating Independence.”

“Democracy will not be intimidated. We remain committed to supporting Venezuela’s peaceful, democratic transition and free and fair presidential and parliamentary elections. The United States, and nearly 60 nations, stand with Venezuelans inside Venezuela and the more than five million forced to flee.”

On June 22, President Donald Trump said on his Twitter account that he would only meet with Venezuela’s incumbent Nicolas Maduro to discuss his “peaceful departure from power” shortly after he stated in an interview that he was open to having that meeting.

Trump’s tweet came a day after the president in an Oval Office interview with digital newspaper Axios suggested that he has had second thoughts about his decision to recognize Guaido as the legitimate leader of Venezuela and said he was open to meeting with Maduro.

Trump had considered the possibility of meeting Maduro during the 2018 UN General Assembly, but that did not happen.

Trump’s former National Security Advisor John Bolton has said in his new book that the president wanted to withdraw his support for Venezuelan opposition leader Guaido just 30 hours after recognizing him in January 2019 as interim president because he believed he was projecting an image of a “child” in front of the “tough” Maduro.

EE.UU. firma un acuerdo sin precedentes con Guaidó para financiar sus políticas por David Alandete – ABC – 9 de Junio 2020

La Casa Blanca busca que el Gobierno de Guaidó tenga liquidez para poder aplicar programas de ayuda a los venezolanos ante la grave crisis humanitaria que padecen

El Gobierno de Estados Unidos ha firmado este martes por primera vez en 65 años un acuerdo bilateral con Venezuela, y lo ha hecho con enviados del presidente encargado Juan Guaidó, al que el grueso de la comunidad internacional considera único gobernante legítimo del país. El primer punto de ese acuerdo es concederles a los opositores al régimen de Nicolás Maduro 214 millones de dólares (195 millones de euros) para que el nuevo gobierno interino pueda invertir en ayudas sociales a la población.

«Así formalizamos nuestra alianza con el gobierno de Guaidó, único interlocutor legítimo en ese país porque es quien de verdad representa los intereses del pueblo venezolano», dijo este martes el administrador de la agencia de ayuda humanitaria norteamericana Usaid, Mark Green, en la firma del acuerdo en Washington. El objeto del pacto es canalizar las ayudas que EE.UU. destina a los venezolanos, que en meses recientes han superado los 568 millones de dólares (518 millones de euros)

Con este acuerdo, con pocos precedentes, la Casa Blanca busca que el Gobierno de Guaidó tenga liquidez para poder aplicar programas de ayuda a los venezolanos ante la grave crisis humanitaria que padecen, que ya ha provocado el éxodo de más de cuatro millones de refugiados. El Gobierno de EE.UU. prevé mandar 99 millones de dólares (90 millones de euros) dentro de Venezuela en los próximos días, aunque no ha explicado cómo va a hacerlo.

Según dijo el embajador venezolano en EE.UU., Carlos Vecchio, el acuerdo, en el que estampó su firma, es «histórico». «Este convenio nos permite fortalecer nuestras capacidades como gobierno interino, fortalecer a la sociedad civil venezolana y luchar por restaurar los derechos humanos», ha dicho. El presidente encargado Guaidó agradeció al Gobierno norteamericano y a Donald Trump la firma del acuerdo en una conexión grabada por videoconferencia.

La diplomacia norteamericana ha participado activamente en la negociación de este acuerdo, que supone un importante espaldarazo para los opositores prodemocráticos en Venezuela.

«El Gobierno norteamericano ha destacado repetidamente lo importante que la transición a la democracia en Venezuela, pero creemos que es importante ir más allá y asegurarnos que el apoyo internacional a los venezolanos va más allá de reconocer al presidente interino Guaidó», dijo Carrie Filipetti, vicesecretaria para Venezuela del departamento de Estado norteamericano.

La salida de John Bolton el mes pasado como consejero de Seguridad Nacional de EE.UU. hizo temer a los opositores venezolanos que el cambio de régimen en su país pasaría a un segundo plano en las prioridades de la Casa Blanca. Sina embargo, los diplomáticos estadounidenses al cargo de las políticas sobre Venezuela defienden que este acuerdo es prueba de que seguirán invirtiendo esfuerzos y fondos en conseguir el relevo de Maduro.

 

Chavismo y Foro de Sao Paulo están detrás de las protestas en América por Arturo J. Solórzano – IF Revista Digital – 6 de Junio 2020

Las protestas en EE.UU. tienen el mismo patrón de esas que vivimos en varios países de Latinoamérica. ¿Es la brisita Bolivariana?

Las violentas manifestaciones en los últimos días en los Estados Unidos, iniciadas como protesta por la muerte de un ciudadano de raza negra a manos de un policía y los disturbios en Chile de hace menos de un año, iniciados como protesta por aumentos en el precio del pasaje en el metro, tienen como elemento común el alto nivel de violencia y destrucción, que no justifica la causa que los originó.

En ambos casos, las protestas han reunido a los “antisistema”, es decir, a todos los que adversan el sistema de mercado y la democracia, llámense anti-racistas, anti-fascistas, feministas extremas, movimientos pro LGTB, ambientalistas, marxistas, socialistas o comunistas. Todos tienen en común el mismo objetivo: acabar con el sistema “opresor”. Son grupos pequeños pero con capacidad para influir y arrastrar a seguidores de partidos opositores y muchedumbres de ciudadanos descontentos no afiliados con ningún grupo, entre los que se cuelan también delincuentes que aprovechan los disturbios para cometer toda clase de crímenes.

Pero solo un grupo pequeño entre ellos tiene claro con qué tipo de sistema debe ser sustituido: con el socialismo tiránico. En este grupo están todos los que creen en la vieja pero perdurable teoría marxista de que el capitalismo es un sistema de explotación, que los empresarios explotan a los trabajadores y hay que cambiarlo porque es el culpable de la desigualdad de ingresos y riqueza, y de las deficiencias objetivas que existen, aunque sea el sistema que más haya disminuido la pobreza y traído más innovaciones y progreso en el mundo, excepto en aquellos países donde aún persiste un alto nivel de corrupción, controles y políticas estatales que frenan la inversión y la competencia en el mercado.


Los jóvenes adoctrinados hace pocas décadas en el sistema educativo hoy forman parte de organizaciones civiles antisistema y medios de comunicación, otros son militantes de partidos políticos y hasta funcionarios gubernamentalesArturo Solórzano

El núcleo de este grupo marxista sigue la estrategia descrita por el italiano e ideólogo comunista Antonio Gramsci de llegar al poder mediante la penetración y el control de las instituciones educativas y culturales, una táctica que requiere la infiltración de organizaciones influyentes que integran la sociedad civil, especialmente escuelas y universidades, así como medios de comunicación para convertirlos en instrumentos de agitación marxista, las “trincheras” desde donde se llevaría a cabo la lucha cultural para socavar la hegemonía ideológica de la “clase dominante” que ocupa al Estado. Esta estrategia ha estado en marcha desde hace más de 50 años y ha dado sus frutos. Los jóvenes adoctrinados hace pocas décadas en el sistema educativo hoy forman parte de organizaciones civiles antisistema y medios de comunicación, otros son militantes de partidos políticos y hasta funcionarios gubernamentales. El desarrollo de las redes sociales ha potenciado su capacidad de influir en las mentes de muchos más. Los “influencers” no se cansan de repetir el discurso de la “opresión” causada por “el sistema” y la “reivindicación de derechos” “robados” por el “neoliberalismo” y los más ricos.

En América Latina, los movimientos antisistema están organizados en el Foro de São Paulo, cuyo objetivo es implementar dictaduras socialistas en los países latinoamericanos, con apoyo financiero del crimen organizado.


En América Latina, los movimientos antisistema están organizados en el Foro de São Paulo, cuyo objetivo es implementar dictaduras socialistas en los países latinoamericanos, con apoyo financiero del crimen organizado.Arturo Solórzano

Es tan evidente el papel del castrochavismo y la izquierda aglutinada en el Foro de São Paulo en la promoción de los disturbios en varios países latinoamericanos que la Secretaría General de la OEA emitió un comunicado el 16 de octubre de 2019, en el cual expresa: “Las actuales corrientes de desestabilización de los sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivariana y cubana, que buscan nuevamente reposicionarse a través de su vieja metodología de exportar polarización y malas prácticas, pero esencialmente financiar, apoyar y promover conflicto político y social. … La estrategia de desestabilización de la democracia a través del financiamiento de movimientos políticos y sociales ha distorsionado las dinámicas políticas en las Américas.”

No olvidemos la confesión de Maduro: “Todas las metas que nos hemos propuesto en el Foro de São Paulo las estamos cumpliendo una por una”…”articulando los partidos políticos progresistas, revolucionarios, de izquierda … de toda América Latina y el mundo con los movimientos sociales, esa fue la estrategia que trazamos, y vamos bien… y todavía lo que falta.”

Es obvio que no podía decir más. Es un plan organizado para subvertir las democracias de todo el continente americano, en curso de ejecución por las organizaciones del Foro. Lo ejecutaron en Chile y Ecuador, lo han intentado en Colombia, Panamá y Honduras. Hoy lo ejecutan en los Estados Unidos. En todos los países, el plan está en curso, solo esperando el momento adecuado. No son “teorías conspirativas”, la evidencia está ante nuestros ojos.


Es un plan organizado para subvertir las democracias de todo el continente americano, en curso de ejecución por las organizaciones del Foro. Lo ejecutaron en Chile y Ecuador, lo han intentado en Colombia, Panamá y Honduras. Hoy lo ejecutan en los Estados Unidos.Arturo Solórzano

Pero los políticos y funcionarios gubernamentales en los países democráticos siguen ignorando o subestimando la amenaza de la izquierda continental organizada. Su fin último ha sido confesado innumerables veces: la destrucción del sistema de mercado y la democracia para instaurar el socialismo, no importa cuántas veces haya fallado. No en vano Cuba ha persistido más de 60 años en el comunismo intentando exportar su revolución, ahora con Venezuela como su aliado principal.

Me gustaría finalizar este artículo con un extracto de Max Eastman, que advierte sobre las consecuencias de no actuar de forma rápida y contundente para impedir el avance de la agenda antisistema de la izquierda, válido para todas las democracias del continente.

“Ahora, cualquiera que haya investigado los escritos de Lenin y haya seguido su solicitud por parte de Stalin, sabe lo que significa esa frase: “aplastar el aparato estatal burgués”. Significa en los Estados Unidos apoderarse de los edificios públicos y purgarlos de cada funcionario y cada empleado, y el asistente de cada empleado que sea fiel a los ideales, o imbuido de los hábitos de la libre empresa y el gobierno representativo; entre en los edificios y límpielos a punta de bayoneta, desinféctelos de la democracia mediante ejecuciones sumarias y campos de prisioneros, y establezca una dictadura despiadada de un solo partido en este país que se hará cargo de nuestro comercio, nuestra industria, nuestros sindicatos, nuestro último círculo de costura y sociedad para la conservación de la vida de las aves. Eso es lo que significa.” Max Forrester Eastman (January 4, 1883 – March 25, 1969). Reflections on the Failure of Socialism. 1955..

 

Se agravan las tensiones  internacionales por Fernando Ochoa Antich – El Nacional – 7 de Junio 2020

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En mi artículo de la semana pasada mantuve que el desafío de Nicolás Maduro al gobierno de Estados Unidos podría acarrearle graves consecuencias a su régimen y a Venezuela. En ese sentido, consideré que la presencia de Irán, Rusia y Cuba en los asuntos internos de Venezuela constituía una amenaza a la seguridad continental, la cual, con absoluta certeza, iba a tener una fuerte respuesta de Estados Unidos. Sostuve que parte de esa respuesta había sido la reunión de Donald Trump con varios presidentes latinoamericanos y Julio Borges. Lo que nunca me imaginé fue que Donald Trump, aún en medio de la delicada crisis política interna que afronta su gobierno a consecuencia de la pandemia y del asesinato del afroamericano George Floyd en Minneapolis, y a pesar del despliegue naval que mantiene frente a nuestra fachada atlántica, tomara la decisión de movilizar una brigada de las Fuerzas Armadas estadounidenses a Colombia y que su presencia fuera aceptada por el presidente Iván Duque, sin cumplir el procedimiento constitucional requerido, pero con el suficiente respaldo político para hacerlo.

El desplazamiento de esa unidad superior a Colombia debería obligar a los Altos Mandos de la Fuerza Armada Nacional a una reflexión: primero, rompe el equilibrio estratégico entre Colombia y Venezuela; segundo, es la primera vez que una unidad de esa magnitud se despliega en la América Latina; tercero, su misión de asesorar y cooperar con las Fuerzas Militares de Colombia en operaciones de lucha contra el narcotráfico, durante cuatro meses, se amplía, según  las recientes declaraciones de Robert O’Brien, asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, a “reducir el soporte financiero que el narcotráfico provee al régimen corrupto de Maduro en Venezuela y a otros actores perniciosos de los fondos necesarios para realizar sus malignas actividades”. Por su parte, el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, declaró que “la misión de la SFAB en Colombia es una oportunidad de mostrar nuestro compromiso mutuo contra el narcotráfico y el apoyo a la paz regional, el respeto a la soberanía y a la promesa duradera de defender ideales y valores compartidos”.

También es de importancia considerar la realización de ejercicios conjuntos por los ejércitos de Estados Unidos y Colombia en el Centro Nacional de Entrenamiento de Tolemaida. Espero que los organismos correspondientes de la Fuerza Armada Nacional estén realizando una adecuada apreciación de la situación. De todas maneras, insisto en recordar algunas causas de esta crisis internacional y sus delicadas consecuencias. Ella tiene su origen en la tragedia interna generada por el ilegítimo gobierno de Nicolás Maduro, el cual ha provocado una gigantesca diáspora de venezolanos con la consecuente amenaza a la estabilidad de la región, así como la presencia en nuestro país de organizaciones terroristas y del crimen organizado que actúan dentro y fuera del ámbito nacional, con la reprochable anuencia del régimen madurista; así como también, la injerencia de Irán, Rusia y Cuba que, como ya dije, representan un riesgo en la seguridad continental. Para colmo, Nicolás Maduro y su camarilla han saboteado todas las posibilidades de  solución pacífica, provocando la escalada de la crisis.

Asumo, que los órganos de inteligencia y planificación de la Fuerza Armada Nacional reconocen la gravedad y credibilidad de la amenaza existente y sus delicadas consecuencias. La comparación de las capacidades militares de la ya reconocida alianza, Estados Unidos, Colombia y Brasil, con las de Venezuela es abrumadoramente negativa para nuestro país. Es necesario evitar el uso de la fuerza y fortalecer la negociación como alternativa. El primer paso, en mi criterio, es darle legitimidad al sistema político venezolano. Esto solo puede lograrse a través de la Asamblea Nacional. La lamentable decisión de la Sala Constitucional, dictada sin una sólida sustentación jurídica, la cual reconoce como legítima una Asamblea Nacional presidida por Luis Parra creó un problema inmanejable. Sus decisiones serán ignoradas por la oposición venezolana y por  los gobiernos democráticos que la respaldan. Las instituciones que sean electas por esa Asamblea Nacional adolecerán de la misma ilegitimidad del órgano que las designe. La alternativa debió haber sido, como planteó mi hermano Enrique, que el TSJ convocara a una nueva sesión, con todas las garantías necesarias, para elegir, por votación personalizada, una nueva directiva de la Asamblea Nacional.

La noticia de un posible acuerdo para enfrentar la pandemia, entre Nicolás Maduro y Juan Guaidó, hay que recibirla con optimismo pero con alguna reserva. Ese anuncio indica que la magnitud y la gravedad de la crisis nacional son tan graves que podría conducir a un compromiso más amplio entre gobierno y oposición, a fin de  superar la tragedia venezolana. Los Altos Mandos de la Fuerza Armada Nacional, que deben conocer muy bien el agravamiento de la situación, a la luz de las últimas acciones militares realizadas por la coalición internacional, deberían presionar para tratar de  encontrar una forma que permita, en primer lugar, legitimar todas las instituciones. El reto es muy exigente y el tiempo es corto. Si se rechaza el uso de la fuerza, pero al mismo tiempo se reconoce que puede ocurrir, es posible que todos los actores acepten ceder en sus intereses para lograr un sólido acuerdo. El único camino son las elecciones generales convocadas, con todas las garantías requeridas,  en un tiempo prudencial, pero lo más breve posible. Es imperativo recuperar el sistema democrático y la alternancia republicana. Los ejemplos de México, Argentina, Uruguay y Nicaragua así lo muestran. El otro camino es la guerra, con sus trágicas consecuencias.

Los mochos se juntan por Antonio A. Herrera-Vaillant – El Universal – 4 de Junio 2020

 

downloadLos recientes disturbios en Estados Unidos confunden a quienes buscan paralelismos en cosas de otros países, y más a los que – con una imagen muy edulcorada sobre esta gran nación – creen que todo responde a grupos ideológicos foráneos. Pero esta situación norteamericana es perfectamente endógena. 

Con cincuenta estados y casi 330 millones de habitantes, aquí hay de todo como en la viña del Señor, y siempre ha habido extremistas y desequilibrados dispuestos a cualquier fechoría para promover sus agendas, o ventilar frustraciones personales. 

Desde 1919 aquí hay un Partido Comunista, ahora muy mermado, que se integra y mimetiza con grupos que ahora llaman “progresistas”, con agendas idénticos. Todos explotan las desigualdades raciales desde 1931. Igualmente, un Partido Nazi Americano, con grupos derivados y afines, sobre todo los que promueven la supremacía de la raza blanca.

Se suma una profunda veta anarquista, enraizada desde el siglo XIX, con amplia secuela de bombardeos, incendios y asesinatos – incluso cobrando la vida del Presidente William McKinley, cuyo magnicidio fue elogiado por la también anarquista Emma Goldman, que llamó al mandatario “el presidente de los reyes del dinero y de los magnates”. Su frase de 1901 es idéntica a la narrativa “antifascista”” de quienes hoy promueven violencia.

Aquí se libró una de las más cruentas guerras civiles en la que repetidamente señalaron a Abraham Lincoln – asesinado luego por otro fanático desorbitado – como monstruo y el peor tirano de la humanidad. 

A lo largo de la historia de esta nación han ocurrido cientos de violentos motines entre distintas etnias y religiones.  Ha habido más de 100 casos de violencia racial masiva desde 1935, casi todos desatados por incidentes policiales – los más cruentos los de 1967 y 1968, con más de 200 muertos. 

Entre las pruebas de la solidez del sistema democrático norteamericano está su capacidad de encarar y derrotar las amenazas radicales de todos los tiempos. El persistente respeto por un sistema de derecho, por las instituciones y por los principios de la constitución hace que todas fracasen al chocar con su centenaria capacidad de reimponer la ley y el orden, manteniendo las libertades fundamentales. 

Y muy desubicados andan quienes identifican a los ocasionales elementos foráneos que aparecen fugazmente en la panorámica con el meollo de una trama fundamentalmente protagonizada por los propios norteamericanos. Es banal buscar culpables externos cuando cada país tiene su propia cuota de mal nacidos: Apenas hay mochos que se juntan para rascarse.

 

¿Habrá guerra por los tanqueros iraníes? – Editorial El Nacional  – 19 de Mayo 2020

De acuerdo con las informaciones disponibles, entendemos que navegan hacia Venezuela varios tanqueros, que transportan la gasolina que el régimen de Nicolás Maduro ha comprado a precio de oro a los ayatolás iraníes. Algunos comentaristas especulan acerca de una posible confrontación con la Armada estadounidense en aguas caribeñas. Según tales conjeturas, Washington cerraría el paso a las embarcaciones enviadas por Teherán, las abordaría y quizás las confiscaría. Desde la capital iraní se escuchan entretanto advertencias, según las cuales, de concretarse las hipotéticas acciones norteamericanas, habrían “serias consecuencias”.

No creemos que Washington detenga los buques iraníes, pero de pronto nos equivocamos. Que sepamos, el gobierno de Trump no se ha pronunciado oficialmente al respecto. Es cierto, Washington no avisaría de su intención a menos que estuviese plenamente dispuesto a llevarla a cabo. En ese caso, el de una advertencia explícita, pensamos que Teherán debería tomarla muy en serio, sobre todo en vista de lo ocurrido con el general Qasem Soleimani en Bagdad el pasado 3 de enero. Todo indica que resulta aconsejable no desestimar las amenazas de Trump, pues cuando se hacen efectivas son letales.

Ahora bien, ¿tienen igual credibilidad las amenazas iraníes? El problema radica en la asimetría de los contrincantes y de lo que está en juego para ambos. En el escenario hipotético de una acción estadounidense contra los tanqueros en ruta hacia Venezuela, una también conjetural retaliación militar iraní tendría lugar probablemente en la zona del golfo Pérsico, contra la poderosa flota norteamericana que navega en esa región, o se desarrollaría en forma de ataques terroristas contra otros blancos norteamericanos en el Medio Oriente, por ejemplo. ¿Y entonces, cómo reaccionaría Washington? ¿Es factible una guerra de significativas dimensiones, producto de la gasolina que avanza hacia Venezuela? Pensamos que sí, en teoría, pero que ello es poco probable, por los momentos, en la práctica. En este sentido, conviene recalcar que la política de Estados Unidos hacia la dictadura madurista, por ahora, es de gradual asfixia económica y no de cerco total y permanente.

Con respecto a la gasolina adquirida a Teherán, deben tomarse en cuenta varios aspectos. Este tipo de operación no se repetirá, o a lo sumo pocas veces. El oro venezolano no es inagotable, las distancias entre Irán y Venezuela son enormes, y los propios ayatolás necesitan combustible para su gente, agobiada por el desastre económico generado por otra tiranía, tan delirante como ineficaz. La operación de transporte que ahora contemplamos nada tiene que ver, para citar un caso, con el puente aéreo que los aliados occidentales llevaron a cabo para alimentar a los berlineses, luego del bloqueo terrestre soviético a la ciudad en 1948-1949. Durante casi un año los occidentales llegaron a transportar por aire hasta 9.000 toneladas diarias o más de suministros, a razón de unos 900 vuelos cada 24 horas. No imaginamos a Irán, ni a nadie más, invirtiendo tan cuantiosos recursos y esfuerzos para que los organismos represivos de Maduro carguen sus tanques.

A pesar de todo lo dicho, los peligros que encierra este tipo de situaciones no deben menospreciarse. Las dificultades surgen de la incertidumbre, de los pasos en falso, del azar y los accidentes que son parte insoslayable de los eventos humanos, en particular cuando se trata de escenarios en los que desempeña un papel la amenaza de la violencia. De modo que ya veremos qué pasa. Lo que sí afirmamos con seguridad es que, de un lado, la gasolina que viene en camino no le resolverá al régimen venezolano sus gravísimos problemas, y de otro lado que lo mejor, en esta oportunidad, es que Washington actúe con prudencia. No merece la pena otra opción.

“A la oposición se le olvidó que lideraba una rebelión democrática y social” – Entrevista a Michael Penfold por Blanca Vera Azaf – Hispanopost – 10 de Mayo 2020

Michael Penfold le huye a la retórica, se niega al discurso apocalíptico, analiza en frío y a profundidad, pero sobre todo evita las visiones que califica de “infantiles” y que se centran en la lucha por alcanzar el poder y no de generar los cambios. Esto, en su opinión, ha fortalecido a Nicolás Maduro, quien gobierna en la práctica.

Egresado de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela y doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Columbia en Estados Unidos, ha dedicado gran parte de sus horas de estudio a entender el proceso político derivado del surgimiento del chavismo.

Destaca con pesar que la oposición venezolana se burocratizó cuando su principal figura, Juan Guaidó, prefirió usar corbata, caminar alfombras rojas y centrar su estrategia en la presión internacional. Sostiene su argumento señalando que todo el liderazgo logrado por la oposición se lo dio la gente al entender la necesidad de defender la institucionalidad democrática alrededor de la Asamblea Nacional, y esa fue una lucha interna en las calles venezolanas.

Le preocupa la retórica belicista de salidas exprés y aboga por la necesidad de recuperar un espacio de entendimiento que conduzca a la reinstitucionalización del país, a través de una fórmula que perfectamente puede ser la negociación impulsada por Noruega.

-En las últimas semanas el lenguaje político opositor y de Maduro se ha vuelto particularmente violento. Pareciera que hay una puja por demostrar quién puede hacerle más daño al otro. ¿Acaso murió el ejercicio político en Venezuela?

-Es evidente que el país enfrenta un deterioro económico, político y social tan pavoroso -cuyo origen está en una revolución que quiere aferrarse al poder a cualquier costo- que hace que la dinámica de supervivencia del régimen y la política de una parte importante de la oposición de promover un quiebre interno por la vía de la fuerza nos haya terminado llevando cada vez más cerca de una espiral de violencia política. Lo preocupante es que esa dinámica muy probablemente se mantenga por un tiempo, pues nadie tiene incentivos reales de abandonarla mientras este conflicto político continúe teniendo un carácter existencial y el país continúe en una dinámica de grandes ganadores y grandes perdedores.

El problema central que tiene Venezuela es que el régimen percibe que no tiene más opciones que resistir en el poder y que eso tiene menos riesgos que abandonarlo; y la oposición piensa que la única forma de lograr una transición democrática es por medio de crear capacidades que hagan que las amenazas sean creíbles o simplemente incrementando el costo de sostenerse a través de más sanciones.

Estamos viviendo literalmente una guerra de supervivencia política. El problema es que esa dinámica, cuya principal causa fue el desmontaje de toda la institucionalidad democrática del país y el haber cerrado las salidas constitucionales y electorales para sostener por la fuerza a la revolución, hizo que el costo social y económico de este proceso sea el mismo que el de un país con una guerra civil. El tema no es retórico.

El lenguaje político de guerra tiene consecuencias, y lo viven los venezolanos con una crisis humanitaria como nunca la ha tenido América Latina; y esa es quizás la peor herencia del chavismo, el haber concebido la política de esa forma. Todo o Nada. Amigo y Enemigo. Revolución o Muerte.

La oposición tampoco ha sabido responder adecuadamente frente a esa dinámica del lenguaje. Guaidó llegó donde lo hizo no solo por la presión internacional exclusivamente. Antes de que Guaidó ascendiera a la presidencia de la Asamblea Nacional, ya había mucha presión internacional, pero todos pensaban que la oposición venezolana estaba liquidada. Ese diciembre fue probablemente uno de las más tristes de la historia contemporánea.

Curiosamente, su sorpresivo ascenso en enero de 2019 se logró porque se había realizado un trabajo previo en el plano doméstico de muchos meses y contra grandes intereses políticos. Se cerró filas alrededor del pacto parlamentario, se logró enmarcar la crisis institucional alrededor de la falta de legitimidad de los comicios presidenciales de mayo de 2018, se logró denunciar el cerco institucional a la Asamblea Nacional y se movilizó a la sociedad para restaurar el orden constitucional y buscar una salida democrática. Solo luego vino el apoyo internacional. En el fondo, se trazó una línea política orientada a construir una coalición nacional por la democracia.

Sin embargo, muy pronto, ese objetivo fue sustituido por una estrategia de ambivalencia que se resume en “todas las opciones están sobre la mesa e incluso debajo de la mesa”, que subrepticiamente volvía a privilegiar lo internacional y la fuerza por encima de lo doméstico; lo cual le ha permitido a grupos avanzar con iniciativas que han sido muy problemáticas como la del puente Simón Bolívar o el 30 de abril o con la construcción de amenazas creíbles, como el TIAR, que han terminado siendo muy contraproducentes, o esta última exploración que hace quedar a grupos internos muy radicales, que parecieran operar incluso fuera del G4, explorando salidas insurreccionales financiadas quien sabe cómo.

Tampoco ha ayudado creerse en la práctica que se es un gobierno cuando no tienes de facto control sobre el territorio. A mí me parece que la imagen de Guaidó saltando una verja para entrar a la Asamblea Nacional es mucho más poderoso como político que un Guaidó en flux con una bandera de Venezuela luciendo como un presidente que en la práctica no existe o caminando por alfombras rojas por todo el mundo.

La oposición al aceptar ser gobierno se burocratizó, al ponerse a gastar se arriesgó a escándalos por corrupción, al no montarse sobre el tema humanitario se volcó sobre las sanciones, se olvidó que estaba liderando una rebelión democrática, y social y se montó en una retórica también muy belicista (de más sanciones, narcoestado e incluso intervención) auspiciada por diversos factores nacionales e internacionales.

Lo que quiero decir es simple: la oposición debe volver a construir su estrategia sobre sus verdaderas fortalezas y no sobre unas debilidades en las que nunca va a poder superar al régimen. Y esas fortalezas vienen dadas por la amplitud de una coalición política y social; por su capacidad de movilizar a la población para buscar una salida electoral; apuntalando la única institucionalidad democrática que queda en el país que es la Asamblea Nacional; conectándose socialmente con los problemas de la gente y las regiones; impulsando la legitimidad que tiene la demanda social de restaurar el orden constitucional y democrático y alineando a toda la comunidad internacional detrás de ese objetivo y no solamente fijando una política exterior perfectamente acorde con los intereses, muchas veces electorales, de Estados Unidos por más importante que ese apoyo pueda resultar.

-¿Qué tan popular y exitoso puede ser para la oposición y para Maduro centrar la diatriba política en enemigos y aliados externos?

-Yo creo que la pregunta es qué tanto interés tiene ese tipo de actores externos en resolver de una forma adecuada el problema venezolano. Y yo te diría que es interesante verlo de esa manera para comprender porque son relevantes para ambos en su diatriba. Te pongo dos ejemplos: Rusia y Estados Unidos. En el caso de Rusia, el conflicto venezolano lo ha beneficiado desde todo punto de vista. Nosotros en el fondo competimos con Rusia como país petrolero, lo cual hace un poco contradictorio verlo como un aliado permanente. En la práctica, Rusia se ha visto beneficiado por el simple hecho de que Venezuela salió casi por completo del mercado petrolero, debido al pésimo manejo de la industria y también de las sanciones impuestas por Estados Unidos e incluso se ha quedado con parte de su mercado.

Rusia tiene un interés muy claro en mantener la crisis venezolana y por eso ayuda a bypasear las sanciones, pero también accede a retirar a Rosneft cuando se ve muy asediado por las sanciones secundarias, pero tampoco hace nada para obligar un desenlace que permita resolver la situación. Mientras Venezuela siga con esta crisis ellos se benefician en el corto, mediano y largo plazo como el segundo país productor más grande en el mundo detrás de Arabia Saudita. En ese sentido, son muy útiles para el régimen como aliado para resistir, pero no para resolver en el largo plazo. La crisis venezolana también le permitió a Rusia debilitar a la OPEP y ampliar su influencia dentro de esa organización, en la que Venezuela antes era uno de los socios más importantes.

En el caso de Estados Unidos es diferente. Venezuela no tiene realmente ningún valor estratégico para ellos salvo por los temas de narcotráfico y por la influencia regional y en especial su competencia con China. Venezuela no tiene un valor estratégico como país petrolero, que lo tuvo y muy relevante, pero lo perdió frente a países como Canadá y a la mayor producción interna de los mismos Estados Unidos.

La decisión de Trump de colocar a Venezuela en un lugar muy alto en su agenda de política exterior obedece a otros factores: Obama había instrumentalizado la relación con Venezuela para favorecer el proceso de paz en Colombia y para negociar el acuerdo con Cuba, por lo que el asunto venezolano le permitía diferenciarse y, en segundo lugar, porque le ayuda mucho electoralmente en Florida y fortalece su relación con distintos senadores republicanos y también demócratas.

¿Le importa tener un triunfo político en Venezuela? Ciertamente, en la medida en que lo ayude en Florida. Pero en Florida lo que ellos quieren percibir es que a Trump le importa resolver los temas de Cuba y Venezuela; pero eso no quiere decir que demanden una acción militar, sino que le basta ver que mantiene una posición de confrontación con Venezuela a través de más sanciones o acciones más focalizadas de otra naturaleza. Y eso pone a Cuba en una posición más defensiva frente a Venezuela, pues sabe que la tiene que proteger a toda costa.

En ese sentido, el único interés político de Estados Unidos es que salga Maduro. Eso sería una victoria. Su victoria no necesariamente es un triunfo en el sentido que eso pase por estabilizar institucional y políticamente al país. Idealmente, quisieran ambas. Pero no van a estabilizar a Venezuela pactando con algo que incluya a Maduro. Al menos no de aquí al momento electoral de finales de año en Estados Unidos.

El riesgo de tercerizar la política exterior de Venezuela, que en parte es lo que viene haciendo tanto el régimen como la oposición hacia este tipo de actores, es que los intereses de estos países no siempre van a coincidir con los nuestros.

-A casi dos meses de cuarentena en Venezuela ha sido imposible que Maduro y Guaidó hayan podido llegar ni siquiera a pequeños acuerdos humanitarios. ¿Esta lucha de poder está dejando de lado a los venezolanos más vulnerables?

-Indudablemente. No hay forma de justificar moralmente que ambos no puedan ponerse de acuerdo en torno a unos mínimos para ayudar a una población que ya ha sufrido innecesariamente. Entiendo que hay grupos que han estado trabajando muy activamente en una especie de tregua humanitaria para permitir la entrada de apoyo internacional y darles mayor espacio a las organizaciones de la sociedad civil a fin de atender el problema sanitario pero también el alimentario. Quizás ahí se pueda iniciar algo que posteriormente ayude políticamente. Me parece que diversos grupos muy heterogéneos han estado impulsando iniciativas muy interesantes. También es importante que ambos dejen a la comunidad científica, médica, farmacéutica y tecnológica asumir el liderazgo en las recomendaciones de cómo seguir abordando los temas de la pandemia. Hay muchas cosas que se pueden hacer.

-La propuesta de gobierno de transición impulsada por Estados Unidos se centra en una salida política en la que no queda claro el papel de la reinstitucionalización. De hecho, ni se nombra. ¿Es ese un talón de Aquiles?

-Yo leo esa propuesta de la siguiente manera. Primero, tiene el visto bueno tanto de Estados Unidos como de la oposición en su conjunto. En ese sentido está bien coordinada y busca un quiebre interno en el chavismo. Sin embargo, dudo mucho que lo logre por diferentes razones, entre ellas, que ese anuncio vino acompañado de los “indictments” y de la movilización militar en el Caribe, que son acciones que más bien cohesionan al chavismo y a los militares. Y en ese sentido es muy contradictorio, pero muy consistente con el lema de todas las cartas están sobre la mesa.

Debido a ello, ni el chavismo ni los militares confían realmente en que tienen verdaderas garantías por parte de Estados Unidos, quienes siguen privilegiando el uso del garrote, y hace por lo tanto que chavistas y militares decidan mantenerse donde están.

En segundo lugar, el hecho de que hablen de una salida negociada me parece positivo, pero yo pienso que es poco realista pensar que vas a tener una negociación sin Maduro. En el fondo la oferta es la siguiente: el chavismo remueve o convence a Maduro que salga del poder, controla la transición con algunas figuras opositoras a través de un Consejo de Estado (que es una figura constitucional de difícil interpretación para ese papel), mantiene intacta a las Fuerzas Armadas y es posteriormente cuando se negocian los términos de la transición para, eventualmente, convocar a elecciones.

El mayor avance aquí es que Estados Unidos es muy claro en la secuencia de eventos para desmontar las sanciones tanto económicas como individuales y acceder a ayuda de los multilaterales. El problema es que esa secuencia de eventos es más un deseo que cualquier otra cosa.

En este sentido, la propuesta es muy problemática a mi juicio por otra serie de elementos. Asume que Maduro no es una parte del chavismo. Y creo que eso es difícil en la práctica traducir en acciones concretas, pues Maduro existe en el chavismo así haya mucho descontento dentro de sus filas con su talante y su desempeño.

De modo que la idea que existe una negociación sin Maduro, después de tantos errores y en un momento en que el chavismo se percibe fortalecido a pesar de la crisis económica y social, es un tanto utópico. Tampoco ayuda que los “indictments” hacen que la negociación cambie completamente y obliga incluso, tal como ocurrió con las FARC en Colombia, a que la negociación tenga que ser previa, pues se necesita amarrar todas las garantías -tanto constitucionales como legales- antes de si quiera entrar en la transición.

Con esas acciones, ningún factor de poder dentro del chavismo ni dentro del mundo militar va a aceptar nada sin haber amarrado todo previamente. Incluso, aquellos que nunca han estado de acuerdo con la idea de la negociación, con esta propuesta de Estados Unidos y con la activación de los “indictments”, van a tener que aceptar que la única salida es negociada. Y en esa negociación, las garantías, es decir, el tema institucional pasa a ser central.

-¿Cuál es la razón por la que se habla tanto de cese de la usurpación, cambio de gobierno y elecciones libres, pero no de una estrategia plausible que priorice a las instituciones como vía del rescate democrático?

-Idealmente eso podría funcionar, pero lamentablemente los sueños no empreñan. ¿Por qué habría el chavismo de remover del poder a otro chavista y compartir el poder con la oposición y otorgarle unas instituciones electorales que les permitan ganarles unas elecciones y luego barrerlos políticamente? La oposición tiene que poder presionar y tratar de obtener las concesiones suficientes para garantizar unas elecciones competitivas, pero es difícil pensar que eso lo va a obtener sin entregar concesiones y garantías muy importantes y que eso lo vaya a poder lograr sin pelear ella misma por esas condiciones.

La realidad es que en Venezuela no quedan instituciones y que el sistema electoral venezolano está completamente destruido en cuanto a su credibilidad y muy debilitado en cuanto a su infraestructura. Pero eso no quiere decir que ese no sea el centro de una estrategia unitaria. Maduro quiere unas elecciones parlamentarias, y la verdad es que tocan, pero esas elecciones son una oportunidad para abrir una negociación, que evidentemente el chavismo no quiere, sobre el tema de las garantías institucionales y las mismas elecciones presidenciales. Ese era el centro de la discusión en Oslo y creo que era la discusión correcta. Lamentablemente ese proceso fue bombardeado por distintos grupos, pero toca retomarla.

-Hay quienes señalan que Nicolás Maduro no tiene suficientes incentivos para negociar, pero las dificultades económicas son enormes a lo que se añade la escasez de combustible. Hay quienes apuestan que esto impulsara su salida y otros piensan que más bien se perpetuará. ¿No llegó el momento de comenzar a ver soluciones a la crisis desde otra perspectiva?

-La verdad es que las soluciones a la situación económica y social de los venezolanos tiene básicamente tres requerimientos: acceso a financiamiento masivo por parte de los multilaterales, la ejecución de un plan que permita retomar el crecimiento y acciones inmediatas para restablecer los servicios públicos básicos. De modo que no hay muchas alternativas. Y satisfacer esos tres requerimientos va a depender de la posibilidad de remover las sanciones internacionales, reconstruir el sector petrolero, impulsar la actividad privada y atender la emergencia social. Pero nada de eso se puede dar sin que el país resuelva su problema institucional, que en el fondo es una grave crisis de gobernabilidad y de libertades.

Dada esa realidad, ¿tiene Maduro incentivos para negociar? Yo pienso que no la tiene en el sentido de buscar acuerdos integrales, pero sí puede tener incentivos para acuerdos incrementales que lamentablemente no van a resolver ninguno de los problemas estructurales del país.

Maduro hoy se siente más fuerte y el chavismo rara vez negocia en un momento de fortaleza.  En ese sentido, Maduro va a buscar acuerdos parciales como lo puede ser un acuerdo humanitario, las elecciones parlamentarias, el Consejo Nacional Electoral y lo tratará de hacer puntualmente. Pero nada de eso va a resolver el tema de las sanciones ni la escasez de gasolina ni va a permitir reactivar económicamente al país ni atender integralmente la emergencia social.

Yo creo que Maduro va a esperar también a los resultados de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Mientras tanto resistirán. Sin embargo, no hay duda de que la situación externa -y en especial las sanciones- los obliga a explorar seriamente algunas soluciones. El tema está en que el chavismo muy pronto hará una propuesta similar a la de Estados Unidos, pero a la inversa: descabecen a Guaidó de la Asamblea Nacional y hagamos una transición a la medida con una parte de la oposición. Y eso tampoco va a volar como no voló con la mesita, que era un mal chiste, ni funcionó tampoco con la Asamblea ilegítima de Parra.

En el fondo aquí hay combinación de gula por el poder, muy propia del chavismo, y de infantilismo político, muy propio de un sector opositor relevante, que impide aceptar lo inevitable:  retomar las negociaciones con el apoyo de Noruega para buscar una solución integral.  Mientras tanto el costo social de esa dinámica política continuará siendo extremadamente alta.

-Hasta el momento el gobierno interino de Juan Guaidó basa su legitimidad, fortaleza, y liderazgo en el gobierno de Estados Unidos, pero ¿qué pasaría si Donald Trump pierde las elecciones presidenciales?

-La política de Estados Unidos hacia Venezuela es bipartidista, aunque hay distintos bemoles en cómo se debe resolver el problema. Ya Biden ha dicho abiertamente que si gana va a retomar el acuerdo de Obama con Cuba y va a centrar su política hacia Venezuela, sin necesariamente eliminar las sanciones, en tratar de buscar una salida electoral que permita restaurar el funcionamiento del Estado de Derecho. Eso se traduce en que probablemente Estados Unidos esté más dispuesto a alinearse con Europa y con otros países latinoamericanos en buscar una solución más política. Pienso que Biden también va a instrumentalizar la apertura a Cuba a cambio de una salida democrática en el país. Sin embargo, Biden no creo que vaya a bajar la guardia en cuanto a su interés por el tema venezolano ni va a bajar necesariamente la presión externa.

 

 

Trump nominó a James Story como embajador en Venezuela – El Nacional – 6 de Mayo 2020

Maduro expulsó en enero de 2019 a los diplomáticos estadounidenses de Caracas después de que Trump reconociera a Juan Guaidó como mandatario

James Story embajador
Archivo

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, nominó a James Broward Story como embajador «extraordinario y plenipotenciario» en Venezuela. El gonierno estadounidense no mantiene relaciones diplomáticas desde enero de 2019.

Story es actualmente el encargado interino de negocios -el más alto cargo en ausencia de un embajador- en la Unidad de Asuntos de Venezuela en la embajada de Estados Unidos en Bogotá. Anteriormente se había desempeñado en ese mismo cargo en la legación estadounidense en Caracas.

El régimen de Nicolás Maduro expulsó en enero de 2019 a los diplomáticos estadounidenses de Caracas. Esto después de que Trump reconociera a Juan Guaidó como mandatario legítimo de Venezuela.

Washington también expulsó a los diplomáticos de Maduro en 2019. Actualmente reconoce como embajador al enviado de Guaidó, Carlos Vecchio, al que ha entregado los edificios diplomáticos de Venezuela en Estados Unidos.

El nombramiento de Story como embajador llega días después de los ataques fallidos en Venezuela en los que participaron militares venezolanos desertores; y dos presuntos mercenarios estadounidenses, que están bajo custodia de Caracas.

Sin responsabilidad

Aunque Washington negó cualquier implicación en los ataques, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, anunció que su gobierno usará «todas las herramientas» a su alcance para repatriar a los estadounidenses, dos ex boinas verdes identificados como Airan Berry y Luke Denman.

Además, el propio Pompeo explicó la semana pasada que ya empezó a hacer planes para reabrir su embajada en Caracas.

«Le pedí a mi equipo la semana pasada que tenga nuestros planes listos para cuando el día llegue», dijo el más alto diplomático estadounidense.

El objetivo de Pompeo es que todo esté preparado para que, cuando la «democracia vuelva» a Venezuela, los venezolanos sepan que «físicamente los estadounidenses están con ellos». Consideró que «izar la bandera estadounidense sobre la embajada en Caracas será un gran símbolo de eso».

Estados Unidos no tiene embajador en Venezuela desde que en 2010 el fallecido presidente Hugo Chávez (1999-2013) expulsara al ese entonces enviado de Washington, Patrick Duddy.

Story fue anteriormente cónsul de Estados Unidos en Río de Janeiro y desempeñó cargos diplomáticos varios en Afganistán, Colombia, México y Mozambique.

Maduro despliega las armas en medio de la creciente tensión con Estados Unidos – ABC – 4 de Abril 2020

«En las próximas horas he ordenado en el marco del operativo permanente ‘Escudo Bolivariano’ la movilización de piezas de artillería, para estar preparados para el combate por la paz», dijo el dirigente chavista

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El presidente venezolano, Nicolás Maduro, ordenó este viernes la movilización de piezas de artillería para hacer frente a un eventual combate armado, en medio de la creciente tensión entre la nación sudamericana y el Gobierno de Estados Unidos.

«En las próximas horas he ordenado en el marco del operativo permanente ‘Escudo Bolivariano’ la movilización de piezas de artillería, para estar preparados para el combate por la paz«, dijo el mandatario en un acto de trabajo transmitido por la televisión estatal VTV.

«Como comandante en jefe, estoy al frente de todos los preparativos para que Venezuela tenga paz, y para estar preparados para cualquier combate que haga falta. Sé lo que estoy diciendo, Venezuela», prosiguió el mandatario sin ofrecer más detalles.

El anuncio de Maduro surge en medio de la creciente tensión entre Venezuela y Estados Unidos, que esta semana propuso un Gobierno de transición para atajar la crisis del país caribeño.

El plan, anunciado el martes por el Secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, plantea que Maduro se aparte del poder, que ejerce desde 2013, y se conforme un Consejo de Estado que controle el Ejecutivo hasta que sean convocadas «elecciones libres».

Además, el propio presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció un día después que duplicará el número de barcos militares en las costas latinoamericanas para luchar contra el tráfico de drogas en el este del océano Pacífico y el Caribe, con especial atención a México y Venezuela.

Estados Unidos también acusó a finales de marzo a Maduro, y a una decena de sus más cercanos colaboradores, por presunto narcoterrorismo y lavado de activos, señalamientos que el líder venezolano rechazó casi de forma inmediata. «Tengo la obligación de preparar a la opinión pública nacional e internacional, y de prepararnos», insistió Maduro esta noche al anunciar que desplegará armas.

La semana pasada, el Gobierno venezolano denunció que desactivó un golpe de Estado y acusó al jefe del Parlamento, Juan Guaidó, de estar detrás de la intentona. Por estos hechos la Fiscalía venezolana abrió una nueva investigación contra Guaidó, a quien casi 60 países reconocen como presidente interino, y lo citó a declarar, aunque el opositor no acudió.

Hoy, Guaidó rechazó que Maduro despliegue armas en las calles del país, que atraviesa su tercera semana de cuarentena para frenar los contagios del nuevo coronavirus, que ya se cobró la vida de 7 personas y sufren otras 153.

«Lo que hay es que hacerse respetar y recobrar la dignidad del pueblo de Venezuela«, dijo Guaidó al asegurar que el Gobierno de Maduro no defiende la soberanía de Venezuela ante grupos irregulares colombianos.

 

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