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El colapso del país provocará el colapso del gobierno por Lazlo Beke – Notiespartano.com – 4 de Agosto 2018

download.jpgEl camino al colapso de los servicios, de la economía, de cualquier elemento que forma parte del país sigue avanzando a paso firme. Para comenzar una recuperación se requiere un cambio de modelo económico y político y el gobierno ha demostrado ser incapaz de emprender ninguno de los dos. En lo político ha cerrado la salida electoral y su única apertura ha sido el intento continuo de promover la creación de una oposición complaciente. En lo económico, cada medida que anuncia o que toma empeora la situación y ha perdido la credibilidad y las esperanzas con el 90% de la población. El apagón en Caracas del martes 31-7 es un ejemplo claro de lo que se avecina y muy rápidamente.

Otro fenómeno que la lógica indicaba que debía ocurrir está comenzando a aparecer, y además está tomando velocidad, se refiere a la unidad de la oposición, pero también a la fractura del oficialismo. Desde hace bastante tiempo también se pensaba que la oposición terminaría organizada en dos grupos: (1) los que abiertamente enfrentaban una dictadura y (2) los designados o complacientes con el gobierno. Simultáneamente, las protestas sociales aumentan y la conformación la oposición puede acelerar el paso siguiente donde la Protesta Social se convierte en Protesta Política. Es importante entender que existe una alta probabilidad que una explosión social ocurra antes que los tiempos políticos funcionen!

La cacareada unidad

Una unidad necesariamente tiene que ocurrir alrededor de los que enfrentan al gobierno y está comenzando a aparecer y el mejor ejemplo se notó el pasado fin de semana en Barquisimeto. Para apoyar al Alcalde Alfredo Ramos participaron en un mítin, Andrés Velázquez (CR), Lilian Tintori (VP), Alfredo Marquina (PJ) y María Corina Machado (SoyVenezuela-Vente) y además envió su audio Antonio Ledezma (SoyVenezuela-ABP). Cada uno planteó su propio mensaje, pero en unidad alrededor del propósito común (cambio de gobierno y transición posterior), el cual está conformando el hilo común. En paralelo está notándose un cambio en las ideas y el lenguaje en los que escriben (Elías Pino- “La cacareada unidad”) y los que forman opinión por radio. Incluso una importante líder de UNT (Delsa Solórzano) planteó la exigencia de la “dimisión” de Maduro. Se está avanzando hacia esa unidad de propósito y mientras se coordine para que se trabaje conjuntamente no es necesario que todos pertenezcan a una alianza única.

Oposición designada o complaciente & chavismo

Los que se denominan oposición y no se unan a ese esfuerzo quedarán execrados, serán los designados o complacientes, y los opositores los considerarán colaboradores del gobierno. Simultáneamente está comenzando a notarse otro componente que tiene que ocurrir en forma natural. Aumenta el ruido público dentro del chavismo-madurismo. Más allá de las posiciones críticas de los Nicmer Evans, Giordani, Maripili Hernández o Rafael Ramírez, ahora está también Andrés Izarra y como respuesta aparece Walter Martínez sugiriendo que Andrés Izarra desfalcó a Telesur y que es un ladrón. Hay menos botín que repartir y hay quienes necesitan preparar puentes para el futuro. Nicolás Maduro ya tildó de traidores a exfuncionarios que ahora piden cambio de gobierno. Cómo los militares no pueden hablar públicamente, el Padre Ugalde publica “Nicolás Maduro sabe que los militares lo quieren sacar y tiene miedo” en Clarín en Argentina.

Unidad con los jodidos… por Eleazar Narváez Bello – El Nacional – 16 de Julio 2018

Unknown-1.jpegCon aquellos que resisten y luchan en la supervivencia con una fuerte dosis de desesperación. Con los que reciben o no las bolsitas de comida de la indigencia y no tienen dinero para comprar lo que necesitan para el sustento diario. Con esos que no consiguen o no pueden comprar las medicinas para tratarse una dolencia o para ayudar a un familiar o a un amigo con problemas de salud. Con quienes dependen del trabajo y de los servicios de los hoy muy deteriorados hospitales públicos. Con los que no disfrutan de un seguro médico para cubrir los gastos ante una eventual enfermedad. Con todos los que están obligados de cualquier modo a mantenerse con vida con sueldos y salarios de miseria. Con todos esos venezolanos que ahora en las calles nos recuerdan, desmienten y repudian con coraje el descomunal y detestable cinismo de Nicolás Maduro cuando el año pasado afirmara que “Venezuela es Venezuela, jodidos, pero felices”. Con esos venezolanos jodidos de verdad, sin motivos ni razones para sentirse felices padeciendo la espantosa tragedia provocada por un régimen incapaz, corrupto, indolente y criminal. Con esos venezolanos estamos llamados a caminar juntos para enfrentar tanto la crisis como a los responsables de la misma que insisten obstinadamente cada día en profundizarla.

Es la unidad con esa gente que comienza a responder de modo espontáneo a un liderazgo social que se hace sentir cotidianamente cada vez con mayor frecuencia e intensidad en diversos lugares del país. Con quienes forman parte de gremios, sindicatos y otras organizaciones sociales que han decidido levantar su voz de angustia, malestar y reclamo ante las condiciones miserables de vida impuestas a gran parte de la población por los usurpadores del poder en Venezuela. Con líderes y trabajadores protagonistas de una lucha orientada fundamentalmente por razones sociales y humanitarias, sin motivaciones político-partidistas, la cual amenaza con extenderse en medio de una crisis cuyos efectos resultan cada vez más demoledores. En fin, es la unidad con trabajadores de distintos sectores de la sociedad que en esencia reclaman salarios dignos y mejores condiciones laborales, e igualmente con vecinos de diferentes comunidades que protestan, entre otros motivos, por la pésima situación de los servicios públicos y el estado de indefensión de los ciudadanos ante la delincuencia.

Cómo conectarse con ese liderazgo social, cómo acompañarlo, cómo ayudar a articularlo para potenciarlo, para evitar que se desgaste, son desafíos clave que debemos atender con la debida importancia y urgencia, y también con ciertas precauciones. Sin pretender secuestrarlo para una determinada parcialidad política. Con el cuidado de no distorsionarlo. Sin sacrificar su autonomía. Sin desdibujar o borrar algo que le es propio y sustancial: el de ser portador de un auténtico grito desesperado de hombres y mujeres que exigen tener las condiciones necesarias para vivir y trabajar con dignidad en medio de la voracidad del proceso hiperinflacionario que azota al país.

Asegurándole el respeto que se merece, debemos entonces contribuir a darle el mayor aliento posible a ese liderazgo social. Inyectarle la fuerza de otros liderazgos como parte de un esfuerzo unitario nacional dirigido a superar la espantosa tragedia que hoy agobia a los venezolanos. Con la firme convicción de que esa unidad es indispensable para fortalecernos y abrir cauces de esperanza en la dura y compleja lucha contra la tiranía.

Solo así, a contrapelo de la fantasiosa felicidad que Maduro le sigue atribuyendo cínicamente a Venezuela, podríamos tener aquí una verdadera rebelión de los jodidos. Una rebelión que, tal como están las cosas en el país en los actuales momentos, podría ser de casi todos los venezolanos.

Unidad y realidad por Simón García – TalCual – 8 de Julio 2018

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Es preocupante, que la política de la oposición haya producido pocas alteraciones en el gobierno y muchas, en su mayoría negativas, en el campo opositor. Tiene que haber una respuesta que nos explique por qué no se ha fracturado el bloque de poder mientras la oposición se fragmenta, se aísla de la sociedad y pierde identidad. Este efecto boomerang se produce también en otros ámbitos de la oposición.

¿Es la falta de unidad la causa básica de los fracasos de la oposición? ¿O se trata más bien de la concepción que se tiene sobre la unidad, la forma como ella se expresa o la clave está situada fuera del tema de la unidad? Lo cierto es que alguna reflexión debe hacerse contra la costumbre de acumular derrotas y obtener éxitos sin que sean analizadas y sintetizadas en un conocimiento compartido…

Después del grave error de la abstención del 2005, se inició un proceso unitario empujado por la necesidad de subsistir y por lograr presencia en los órganos a los que se podía acceder electoralmente. La otra cara de ese proceso es que se llevo a cabo sin una articulación política con la sociedad civil y sin ocuparse de lo que se dio en llamar la lucha en los otros tableros.

Ante un régimen autoritario, que usa la democracia para abatirla, el peso del Estado y su intensificación del control y sumisión de la población civil implica enormes trabas para la existencia de los partidos y el debilitamiento programado de la sociedad civil. La idea de unidad se reduce a intento de sobrevivencia y a la lógica de sumar fuerzas para compensar debilidades.

La unidad se fue sembrando como un mito, el propio opio de la oposición. El pensamiento y la acción política se desfasaron del cambio en la relación de fuerzas, sosteniendo una actitud ofensiva cuando debía evitar choques, protegerse con la ligera colchoneta de la legalidad y apelar a un enorme ingenio para acumular fuerzas mediante recursos defensivos.

En cambio se optó por exigirle a una autocracia que se comportara como una democracia. Esta exigencia sin posibilidad de logro, condujo a sustituir la realidad por los deseos y surgió la política ficción. Ya una parte de la oposición va rumbo a un gobierno paralelo en el exilio que llegará a Miraflores de la mano de fuerzas militares extranjeras o de un golpe de estado. La película tiene fin inminente.

La consistencia del proceso unitario, además de sus resultados políticos, debe medirse por la calidad de sus relaciones con el conjunto de la sociedad, por el método para tomar las decisiones y por el modo cómo se trate a las divergencias. Los hechos muestran una imposición, de vetos y exclusiones. La tendencia a excluir las divergencias de la democracia y a condenar a los disidentes. La relación social desapareció.

La decisión de AD de retirarse de la MUD obliga a replantearse radicalmente una nueva concepción unitaria. Es probable que temporalmente la unidad pase a un segundo plano y los distintos polos de oposición se concentren en su propio fortalecimiento y en posicionarse en competencia con los otros.

Pero la unidad de salón se agotó. Cualquiera sea la forma que se encuentre para su renovado relanzamiento requiere expresar la energía de cambios que sacude al país y revisar la viabilidad de los fundamentos pacíficos, constitucionales, democráticos y nacionales de la estrategia. El fin de la MUD puede ser el comienzo de otra visión sobre la UNIDAD.

Los retos del futuro inmediato por Trino Márquez – Noticiero Digital – 24 de Mayo 2018

Unknown.jpegSalvo algunos saltimbanquis que andan por el mundo llamando traidores a quienes se les ponen por delante y algún descerebrado que elabora listas inicuas de “colaboracionistas”, el mundo opositor entendió que conviene pasar la página del 20 de mayo y entrar al capítulo dedicado a cómo enfrentar un mandatario y un régimen que, a pesar de salir averiados de la cita electoral, conservan bien sujetas en sus manos las riendas del poder.No obstante los rumores y detención de militares, el gobierno mantiene la cohesión del Alto Mando, la unidad del Psuv y de los principales dirigentes oficialistas; preserva el dominio de todas las instituciones del Estado (excluyendo la Asamblea Nacional); mantiene el respaldo de la mayoría de los gobernadores y alcaldes. Este entramado tan urdido no ha dado muestras de fracturas ostensibles. El régimen evidencia su disposición a enfrentar la creciente presión internacional y endógena con esa malla protectora, incluso a costa de seguir destruyendo lo poco que queda de la nación. No le importa que la hiperinflación siga su curso arrollador, que Pdvsa esté quedando en escombros, que la miseria arrope a un número cada vez mayor de venezolanos y la estampida hacia el exterior alcance cifras siderales. No piensa ceder ni un milímetro sus posiciones. Cuentan con el respaldo de Rusia, China, Irán, Turquía y Cuba.

En este cuadro de dominación hermética y deterioro global, les corresponde moverse a las fuerzas democráticas. Roberto Casanova, el padre Luis Ugalde y Fernando Mires han escrito interesantes artículos acerca de qué hacer a partir del pasado domingo. No voy a repetir lo que ellos dicen. Me limito a recomendar la lectura de sus trabajos, titulados respectivamente, Una propuesta para después del 20 de mayo acusaciones mutuas versus plan unitario, Reflexiones del día después del No al Sí y Venezuela: después del 20-M. Prefiero puntualizar algunos aspectos y señalar otros retos.

Recomponer la unidad, luego de las agresiones mutuas entre los partidarios de Falcón y quienes optaron por llamar a la abstención, autocalificados como la “verdadera oposición”. La política es un arte donde lo primero que debe fortalecerse es la piel. Sin embargo, hay que medir las palabras. Los exaltados deben controlarse. La unidad pasa por la reintegración, e incluso por la incorporación de personajes como Bertucci, a las decisiones y al plan de lucha que se defina en la MUD y en el Frente Nacional, o en la nueva plataforma ad hoc que se cree a partir de las conversaciones entre las fuerzas y grupos políticos. Sólo una férrea unidad de los sectores adversos al gobierno, puede lograr avances significativos en la lucha contra un régimen que ve comprometida su existencia por factores externos tan poderosos como los que reclaman su cabeza.

Reconectarse con los sectores populares. Los padecimientos de la inmensa mayoría de los venezolanos son inenarrables. La sensación de abandono no proviene solamente de su desencanto del gobierno. También existe una enorme decepción con respecto a la alternativa democrática. Los sectores de la clase media y popular sienten que, a pesar de su esfuerzo y contribución para que la situación cambie, los líderes no han estado a la altura de los desafíos. No han conducido con inteligencia la lucha. Esta puede ser una percepción injusta, sin embargo, forma parte del panorama y hay que lidiar con ella. Resulta crucial encontrase con la gente que ha visto erosionar irremediablemente su calidad de vida, canalizar sus deseos y reanimar la esperanza en sí misma, para que vuelva a creer que su esfuerzo puede y tiene que contribuir a cambiar el caos dominante.

Recuperar la confianza en las elecciones tomando en consideración las condiciones reales existentes, caracterizadas por la hegemonía madurista. No resulta conveniente estar proclamando que los demócratas sólo acudirán a nuevas elecciones cuando se haya conformado un nuevo CNE, químicamente puro. Esa aspiración representa un imperativo categórico en una sociedad democrática, pero no en un régimen hamponil. Unas eventuales elecciones presidenciales en un futuro cercano, únicamente se darán en el marco de una crisis colosal que obligue al gobierno a pactar ese mecanismo como fórmula para superar el descalabro. Un punto de esa negociación será la integración de ese hipotético CNE y las condiciones que regirán el proceso. De producirse esa abismal crisis, siempre anunciada pero jamás concretada, el gobierno concertará, cederá y propondrá acuerdos conciliatorios, pero jamás renunciará a demandar algunas garantías. No hacerlo, sería capitular. Ya tenemos evidencias suficientes que indican que la capitulación no se encuentra en sus planes. Un desafío fundamental de la oposición reside en recuperar la confianza del ciudadano en la importancia de su voto, teniendo en cuenta que las elecciones se darán en medio de ese quiebre de la gobernabilidad en la que los bandos en pugna tendrán que ceder en aspectos que consideran cruciales. Lo demás es ilusorio. Si la dirigencia no adquiere plena conciencia de estas restricciones que el cuadro político impone, toda concesión al régimen aparecerá como un signo de debilidad y entrega. El pensamiento simple y maniqueo campea.

El liderazgo que emerja después del 20 de mayo tiene ante sí retos descomunales. Si no los asume con éxito, la labor destructiva del régimen continuará indetenible.

El Poder de los sin poder por Luis Ugalde S.J. – El Nacional – 10 de Mayo 2018

LuisUgaldexRobertoMata-4325-e1519499432509Ahora me preguntan directamente: “¿usted va a votar, o no?” Respondo: “Iré a votar cuando haya elección libre y democrática; no iré a esta votación dictatorial y fraudulenta, impuesta por el régimen para suprimir la elección presidencial democrática de 2018 y perpetuar la actual catástrofe nacional con Maduro. Con razón los obispos recientemente pidieron aplazar los comicios del 20 M para tener la debida elección presidencial con condiciones justas. También lo hizo AVERU (Asociación de Rectores Universitarios). Todos los países democráticos así lo ven y avisan que no reconocerán el fraude de mayo. También los candidatos opositores debieran exigir aplazamiento y elecciones con condiciones democráticas para fines de año, y, en caso de negativa, renunciar, dejando en evidencia y soledad al Dictador.

Los venezolanos no saldremos de esta tragedia sin una unidad superior indispensable para reconstruir la vida, una sociedad de necesidades fundamentales garantizadas, con comida, medicinas, ingresos, libertades y esperanza. Por lo menos 8 de cada 10 venezolanos reclamamos cambio político. En las monarquías absolutas y dictaduras la soberanía está usurpada por el tirano que usa las leyes como instrumentos de dominación. Los venezolanos en décadas anteriores, aunque de modo deficiente, vivimos y gustamos la democracia con tales logros socioeconómicos que millones de otros países se acogieron a nuestras libertades y oportunidades. No somos un pueblo sometido que no añora la libertad y la prosperidad porque nunca las saboreó.

De unidad pasiva a la activa
La gran mayoría de los venezolanos somos víctimas de este impresionante desastre humano. Descubrimos la unidad pasiva como miembros de la fosa común, víctimas de la misma catástrofe, sin que nos salve ningún color político. Sobre esta condición común impuesta debemos reconocernos y generar nexos de solidaridad y de simpatía, identificar cuál es la enfermedad y el virus y cuál el agente político que nos lo inocula hasta someter al país entero a esta postración y agonía. ¿Qué modelo político y quiénes son los enemigos comunes? Al mismo tiempo descubrimos que ese enemigo común de la sociedad venezolana quiere perpetuarse y para ello inventó las votaciones del 20M, excluyendo a candidatos y partidos verdaderamente opositores, testigos internacionales, auditorías y árbitros independientes. El régimen logró que los opositores y demócratas vayan divididos y sabe de antemano con cuántos votos va a proclamar su triunfo. Y por si algo pudiera fallar al final, cuenta con el anticonstitucional poder absoluto de la Asamblea Constituyente para quitarle todo valor a los votos opositores, como lo hizo en la elección del gobernador del Zulia.

Más allá de la ya existente unidad pasiva (víctimas comunes del desastre impuesto por un régimen tiránico), tenemos que avanzar, hacia una unidad activa de ciudadanos para la reconstrucción nacional y renacer con una economía, sociedad y política plurales, con un proyecto compartido y liderazgos que antepongan las necesidades comunes a su pequeño mundo de intereses. ¡Una primavera para que brote la ciudadanía en cada uno y la soberanía en todos juntos! La gran lucha de Venezuela, frente al poder que se impone y quiere cerrar toda alternativa, es levantar el poder de los “sin poder”, el poder soberano de su conciencia y responsabilidad ciudadana. En Alemania Oriental la víspera de la caída del Muro de Berlín parecía que el régimen policial tenía todo el poder controlado y sin grietas, pero cuando las conciencias de millones tomaron en silencio su decisión de reconocerse unos con otros como “poder originario” y no seguir sometidos a la tiranía usurpadora, el Muro se cayó y las armas callaron, pues ni los militares quisieron disparar contra el pueblo, al reconocer que ellos mismos lo eran. El poder de los sin poder amaneció irresistible y cargado de esperanza.

¡Venezuela despierta!, como nos llamó Juan Pablo II, despierta unida para juntos reconstruir las condiciones de vida para los que estamos aquí y para los millones que fueron expulsados. Ante este reto del despertar nacional, queda en evidencia la fraudulenta votación perpetuadora del 20M y haremos que al día siguiente la necesidad de cambio sea un clamor mayor y genere una acción más unida y eficaz.

Venezuela: la unidad como azote por Victor Maldonado – Panampost – 16 de Marzo 2018

¿Tiene sentido una unidad impuesta por la oligarquía del fracaso y del error sistemático?

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Ellos quieren mantener un odioso derecho a veto porque todavía pretenden ser los mandatarios de un respaldo popular que fue alguna vez mayoritario, pero que ya no tienen.
Una ansiedad perniciosa recorre a Venezuela. ¿Es acaso posible derrotar a la tiranía reinante en ausencia de unidad? ¿Es la unidad una condición indispensable, necesaria y suficiente para superar los obstáculos actuales y recuperar el sendero de la libertad? ¿Hay que deponer principios y valores para disolvernos en una mezcla inconexa de intereses contradictorios que solo se disimula en algunas puestas en escena? ¿Cuál es la unidad que necesita el país? ¿Y si no aceptas las condiciones impuestas por los “unionistas”, entonces eres un traidor a la patria?

La ansiedad unitarista se está transformando en un dedo acusador que anda buscando culpables, inventando componendas y propagando falacias. Por eso hay que hacer el esfuerzo de aclarar tanta confusión. La unidad no es una condición, tampoco un desiderátum. Es simplemente un curso de acción que solo funciona adecuadamente si se cumplen un conjunto de requisitos. La unidad no puede ser asumida como un fetiche milagroso, componedor de todos los entuertos y conjurador de todas las tiranías. No puede ser tampoco el trapiche en el que se muelan la integridad, la congruencia y los valores, para mezclarlos con la inconsistencia, las apuestas subalternas y la extrema flexibilidad con la que algunos tratan al régimen.

La ansiedad unitarista pretende invertir el proceso lógico asociado a la formulación de consensos y alineación de objetivos. En la vida real primero se definen las metas y los medios para alcanzarlas, y luego se proponen las condiciones indispensables para acumular la fuerza y la organización que se necesitan para lograrlas. Es en ese momento, y no antes, que se plantea la pertinencia o no de practicar la unidad, si eso es lo que conviene, o si resulta necesario.

No es al revés, tal y como se pretende hacer en Venezuela con la experiencia del llamado “Frente Amplio”. Ellos quieren primero la foto, desean que primero se celebre el espectáculo, y luego se haga el trabajo de acordar los términos de la coalición. Pero allí está la trampa. Porque sus proponentes pretenden practicar la política de los hechos cumplidos, la imposición autoritaria de un guión preestablecido y la preservación de privilegios de mando y dirección de un liderazgo quebrado en su moral, además de su capacidad de producir resultados. Ellos quieren mantener un odioso derecho a veto porque todavía pretenden ser los mandatarios de un respaldo popular que fue alguna vez mayoritario, pero que ya no tienen. Y, por supuesto, nombrar a gente de su confianza en los puestos de dirección ejecutiva.

A decir verdad, los partidos, que se lucran de una supuesta mayoría obtenida en las últimas elecciones parlamentarias, quieren seguir ejerciendo una influencia determinante, a pesar de todo lo que ha ocurrido en los últimos dos años, plenos de errores estratégicos y rebosados de una obsesión por el fracaso de cuanto han intentado. Erraron en la agenda parlamentaria. Erraron en la oportunidad de solicitar un referendo revocatorio para destituir al presidente. Erraron al conducir las protestas de calle. Erraron al defraudar los compromisos de la consulta popular celebrada exitosamente el 16J. Erraron al acompañar procesos electorales espurios. Erraron al participar “por mampuesto” en las elecciones municipales. Erraron al juramentarse ante la fraudulenta Asamblea Constituyente, a la que permitieron instalarse. Erraron al ir a las parodias de negociación realizadas en República Dominicana. Erraron al no reaccionar rápidamente ante la convocatoria, también fraudulenta, de una simulación de elecciones presidenciales. Erraron al pedir “una mejora de las condiciones electorales para decidir participar”. Erraron al enmascararse detrás de la tramoya de un frente amplio. Y siguen errando al intentar, por todos los medios, que todos se sumen a esa farsa.

Estos son los que quieren seguir dirigiendo la agenda política de Venezuela. Los mismos que son incapaces de asumir la responsabilidad por sus desafueros. Los mismos que necesitan echarle la culpa a “los radicales” que los obligan al incómodo extremo. Los mismos que nunca son realmente solidarios con los que son transformados en presos políticos y mercancía de canje. Algunos plantean que el momento exige “pasar la página y perdonar”. ¿Perdonar sin propósito de enmienda? ¿Perdonar para preservar la mezquindad analítica y salvaguardar la prepotencia con que intentan dirigir?

La ansiedad unitarista es un azote. Persiguen por todos los medios ser un polo también totalitario a la tiranía que ellos no se atreven a calificar como totalitaria. Su objetivo a corto plazo no es enfrentar al régimen que, con esa oposición fofa y equivocada, luce cómodo en el logro de sus propias metas. Su objetivo real es devorar la diversidad de opciones, depredar a los que con razón se resisten, y lograr lo que efectivamente buscan: el monopolio absoluto de la alternativa para implantar una connivencia con el régimen que les permita seguir siendo lo único que han practicado en los últimos años: un atractivo y confortable juego de roles en el que ellos se han especializado en ser oposición y nunca una posibilidad de Gobierno.

A pesar de lo dicho, ¿hace falta asumir la unidad como una necesidad impostergable? Definitivamente no. Lo que se necesita es acumular fuerza. Y eso se logra con integridad, claridad estratégica, disciplina táctica, confianza social y significación política honesta de lo que efectivamente está ocurriendo. No se pueden acompañar la duda y los entuertos, sin terminar estando equivocados. No se puede compartir la ambigüedad de los que tienen miedo de definir al régimen como una tiranía. No se puede convivir con quienes tienen miedo de criticar al socialismo.

Tampoco vale la pena ser el cortejo de los que no quieren renunciar al discurso populista, o de los que sueñan con ser los rectores de un Estado arbitrario y patrimonialista. Pero, sobre todo, ¿qué sentido tiene ser parte de los que simulan amplitud porque acogen en su seno a represores confesos, violadores obvios de los derechos humanos, practicantes de la cuerda floja ideológica y farsantes conspicuos que no se pueden remangar la camisa porque allí esconden bonos de la deuda ilegalmente contraídos, comisiones estatales, prebendas políticas e historiales inconfesables de cooperación silenciosa? Eso no es unidad. Eso es contubernio. Y una unidad así no es demostración de probidad, es un peligroso azote de las posibilidades de triunfo.

¿Cuál es el verdadero dilema de la oposición? por Luis Vicente León – ProDaVinci – 1 de Febrero 2018

1505317186703Las condiciones para tener una elección democrática son específicas y perfectamente conocidas y compartidas en el mundo. No las decide una fuerza política dominante. Sin ánimo de ser exhaustivo, el voto debe ser universal, directo y secreto. Todos los ciudadanos tienen el derecho a votar, sin miedo y sin restricciones. Todos los ciudadanos tienen el derecho a postularse y a ser elegidos, sin bloqueadores ni limitaciones establecidas desde el poder. No puede haber partidos proscritos, ni candidatos inhabilitados. Las condiciones y oportunidades de todos los aspirantes deben ser iguales. Para que exista un campo de juego justo, no puede haber uso de recursos públicos en la campaña. Las instituciones electorales tienen que ser equilibradas y responder sólo a la Constitución. El proceso electoral tiene que ser transparente y verificable por todas las partes. Esa verificación se hace directamente a través de los testigos nacionales y los observadores internacionales calificados y reconocidos.

Cuando una elección no cumple con algunas de esas condiciones, se considera que hay una deficiencia democrática. Pero cuando hay un proceso electoral que no cumple con ninguna de esas condiciones, estamos frente a la ausencia total de democracia.

Una fuerza política que se enfrenta a un poder abusivo tiene frente a sí un aparente dilema: participar o no participar. Los argumentos de la no participación son muy fáciles de entender: ¿por qué ir a una elección sesgada? ¿Por qué validar un proceso ilegítimo, donde tus probabilidades de triunfo son claramente minoritarias? ¿Por qué aceptar condiciones no democráticas? En esta decisión, la estrategia es llamar a la abstención como un mecanismo de protesta y deslegitimación del gobierno abusador. Si además, la comunidad internacional está compenetrada con el problema y presionando por el rescate de la democracia en ese país, la coherencia parece indicar que debe rechazarse la participación, denunciar el abuso y continuar una lucha por el rescate de los derechos violentados. La preguntas que deben responderse desde el punto de vista estratégico son: ¿Qué significa seguir la lucha? ¿Existe la fuerza para conducirla? ¿Está unida toda la oposición para soportar una estrategia que a las primeras de cambio significa entregar el poder al gobierno sin que tenga que mover un dedo?

La segunda posibilidad es participar bajo protesta. El argumento se basa en la idea de que una fuerza opositora, contundentemente mayoritaria, si está unida puede superar las barreras y las desventajas, creando un momentum estelar de presión en el que el gobierno correrá riesgos relevantes por impedir el triunfo de la mayoría. Bajo este escenario, la falta de competitividad del proceso es muy clara. No se están chupando el dedo. Saben que es una elección contra corriente y con graves riesgos de derrota por estar controlado por el adversario. Pero cuando una oposición asiste a una elección en esas condiciones, debe hacerlo también bajo una estrategia coherente. Puede equivocarse, pero está apostando a que su lucha debe darse en todos los tableros y presionar al adversario a mostrarse tal como es.

Es una forma de hacer visible frente al mundo el abuso del poder y el despliegue de los bloqueadores prohibidos en democracia. El gobierno entonces asumiría el riesgo de quiebre que puede generar la rabia y la frustración de una población que se siente abusada en ese acto. El caso de Alejandro Toledo en Perú ilustra perfectamente de qué se trata ese momentum.

Cuando la mayoría está con el débil, puede jugar a la participación no competitiva porque confía en que su fuerza será de tal magnitud que es difícil ocultarla y su intento creará espacios de quiebre y tensión que no habría con la abstención, especialmente si el abstencionismo no tiene claro el día después.

Si la fuerza opositora, en cambio, es una mayoría estrecha o incapaz de generar unidad y confianza en sus seguidores, asistir a esa elección puede ser más bien un evento desastroso, pues termina de validar a su contrincante no democrático. Las condiciones del ambiente venezolano hacen pensar que una participación opositora, sin resultados en la negociación, ni cambios en las condiciones electorales, fracturaría a la oposición como en las elecciones regionales, lo cual tendría un pésimo pronóstico.

En la opinión pública se ha discutido la posibilidad de que la oposición participe con un outsider. Alguien que sea capaz de unificar a la oposición, movilizar el voto y defenderlo. Es un escenario que sin duda depende justamente de que la gente perciba esperanzas reales de triunfo, algo que a su vez depende de las condiciones electorales.

Por otra parte, la oposición no debe subestimar la opinión de buena parte de la comunidad internacional, que ya se ha manifestado sobre las condiciones asimétricas y la ausencia de competitividad del sistema electoral venezolano y que incluso ha anunciado que desconocerá los resultados de unas elecciones presidenciales que se realicen fuera de un acuerdo que garantice condiciones mínimas aceptables. Es muy importante que la comunidad internacional entienda la estrategia de la oposición, cualquiera que sea.

Una pregunta que me hacen con frecuencia es si vale la pena votar o abstenerse. Respondo, sin titubear, que ese no es el dilema actual. Si el objetivo es producir un cambio político en el país, el dilema no es si se debe votar o abstenerse. La pregunta central es si la oposición es capaz de reconstruir la unidad y movilizar a las fuerzas opositoras, pues la decisión correcta siempre será la que te lleve a actuar con coherencia estratégica y unidad de propósito. Divididos, la derrota está cantada, votes o no.

NO y SÍ de las Elecciones Presidenciales por Luis Ugalde S.J. – Blog Cesar Miguel Rondón – 1 de Febrero 2018

LuisUgaldeColOpi-848x478La anticonstitucional Asamblea Constituyente nos quiere imponer unas elecciones dictatoriales para prolongar seis años más el actual infierno nacional. Evidentemente todo venezolano que -por ineptitud y corrupción gubernamental- está sufriendo y sobreviviendo en este inmenso desastre, no quiere esta elección tramposa con un lapso indebido de solo un par de meses y con partidos, tarjetas, candidatos y votantes inhabilitados y árbitros vendidos.

NO. Todos los países democráticos del mundo se oponen a esa elección tramposa y presionan para que el gobierno respete nuestra constitución democrática. En Venezuela civiles y militares tenemos la obligación de defender la Constitución y “el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia” (Art. 333 Const.). Por tanto todos y de todas las maneras posibles debemos decir no a las elecciones dictatoriales impuestas ilegítimamente para prolongar por seis años (y más) este infierno actual, que va a empeorarse en los próximos meses.

SÍ a las elecciones presidenciales constitucionales y democráticas establecidas en la constitución para 2018. Movilización en todos los frentes para exigir que sean realmente libres, transparentes y justas, con árbitros y tiempos equitativos. Pero no basta decir sí, hay que obligar al gobierno con todas las presiones posibles a que abra la puerta a estas elecciones que nos debe. No somos abstencionistas, ni somos bobos para confundir la fraudulenta votación anticonstitucional con la debida votación democrático-constitucional para salvar al país de la miseria.

Unidad. La población está desesperada y no confía en el Gobierno ni en las elecciones dictatoriales a las que se quiere obligar. Tampoco ve que los líderes de la oposición estén a la altura para dirigir la salida con propuestas de salvación de este infierno. No es posible salir sin una unidad rotunda y vigorosa que diga no al drama caótico actual; unidad que presente un equipo de trabajo, con un líder con garra y un coordinador interno con autoridad y eficiencia. Equipo que presente media docena de puntos claves para el cambio y para un gobierno de salvación nacional. Esa unidad tendrá un valor extraordinario para movilizar el país y recibir el apoyo efectivo de las democracias del mundo.

Esa unidad fundamental e indispensable ha de ser de los partidos y de toda la sociedad que defiende la democracia, los derechos humanos y los valores morales indispensables para rescatar la República con una economía sana, productiva y sin pobreza.
Todavía no hace falta candidato si el gobierno no cede e impone la tramposa elección dictatorial con chantaje y coacción; en su momento los demócratas unidos y unánimemente dirán que no van a esa elección, ni reconocerán su resultado fraudulento. Por el contrario, si dentro de dos o tres semanas se ve que el gobierno se abrió a condiciones electorales, democráticas e imparciales, los demócratas unidos deben ir a ganarlas; en ese momento por consenso elegirán el candidato.
En el mismo sentido deben manifestarse el mundo empresarial, el académico, las organizaciones gremiales y otras asociaciones de la sociedad civil, las iglesias y comunidades religiosas plurales.

Así el 2018 será el año del triunfo de la democracia y del inicio de la reconstrucción con reconciliación.

La dictadura de Pérez Jiménez a mediados de diciembre de 1957 impuso su plebiscito y lo ganó con procedimientos dictatoriales. Con ello creció la desesperanza de muchos demócratas perseguidos que vislumbraban una década más de dictadura militar. Simple ilusión del dictador y de los demócratas derrotistas contra los que luchaban esperanzados: antes de un mes huía el dictador y brotaba la primavera democrática unitaria. Así ocurrió también en otros países de América Latina y del mundo. Así será en 2018, si todos los demócratas activamos las conciencias y nos unimos en lo fundamental para salir de este infierno de muerte. Sin esa gran unidad de salvación nacional, Venezuela irá al abismo.

Padre Ugalde: Lo peor que se puede hacer es perpetuar seis años más “el infierno que estamos viviendo” por Emily De Nobrega – Caraota Digital – 26 de Enero 2018

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 El teólogo e historiador jesuita venezolano, Luis Ugalde, cuestionó este viernes la decisión del Gobierno de Nicolás Maduro de adelantar para antes de abril de este año las elecciones presidenciales, advirtiendo que no es posible “seguir en el mismo infierno”, por lo que hizo un llamado a la población a no abstenerse de votar.

Creo interpretar a la inmensa mayoría de los venezolanos, al decir que el peor servicio que se le puede hacer a Venezuela es perpetuar seis años más el infierno que estamos viviendo” , destacó Ugalde durante una entrevista en el programa radial La fuerza es la unión.

Resaltó durante la transmisión que los venezolanos no deben aceptar mecanismos de chantaje de cara a los comicios presidenciales. “No hay que aceptar las elecciones dictatoriales con coacciones, chantajes, cajas clap, etc”.

Ugalde aseveró que estas elecciones son “absurdas” porque realizan una votación en abril y el presidente Nicolás Maduro, si es derrotado, “tiene que mandar en el país desde abril hasta el año que viene. Esa es parte de la trampa”.

Aseguró que se trata de una convocatoria “anticonstitucional, que solo busca garantizar y perpetuar la prolongación de este infierno, y por ello nadie se puede abstener”.

En tal sentido hizo un llamado a “mantener la unidad, hace falta una increíble movilización de todos los sectores, no solo es posible sino es necesario”.

Unidad dinámica por Oswaldo Álvarez Paz – El Nacional – 25 de Enero 2016

thEl régimen actual es el peor de nuestra historia republicana. No tengo ninguna duda. Además de la ideologización comunistoide, la realidad lo presenta como ineficiente, altamente corrompido y penetrado por los tentáculos del narcotráfico y del terrorismo que actúan con plena libertad en el país. La seguridad de las personas, de las familias y sus bienes es inexistente y genera un clima de angustia creciente a las puertas de una especie de resignación pesimista que toca a las puertas de algunos.

Lo cierto es que cerca de 90% de los venezolanos aspira a un cambio radical que empezaría con la salida del Sr. Maduro. Espera de la dirigencia una mayor contundencia en sus acciones, y unidad en cuanto al objetivo señalado. Esta unidad tiene que ser dinámica y podría aceptarse la calificación de diferenciada, siempre y cuando el objetivo sea el mismo. No podemos olvidar que nuestra oposición es hija legítima del pluralismo democrático. En consecuencia es imposible considerar iguales a quienes son diferentes por naturaleza. Pero hasta allí. La unidad de objetivo es el punto clave para que todos los esfuerzos caminen en la dirección correcta. Las estrategias y tácticas pueden adelantarse con las características propias de cada tendencia, pero repito, hacia el mismo desenlace que la nación reclama.

Los males de Venezuela están sobrediagnosticados. Todos sabemos de qué se trata. Por estos días, la fecha memorable del 23 de Enero ha revivido las jornadas de 1958 en contra de la dictadura de Pérez Jiménez. Muchos analistas han establecido comparaciones entre aquel régimen y el actual, saliendo favorecido el derrocado en aquella fecha. Los tiempos han cambiado y de aquellas cúpulas militares del primer nivel se ha pasado ahora a lo que estamos viendo y sufriendo. La represión de entonces era esencialmente política. Dura e implacable contra quienes tuvieron el coraje de enfrentarla con todos los hierros, pero el resto de las actividades nacionales más o menos funcionaban para bien. El país creció y alcanzó grados razonables de desarrollo y seguridad. Ahora da lástima la situación. Tenemos los peores niveles de calificación en todas las áreas tanto en el continente como en el mundo entero.

Para concretar una jornada con los mismos efectos del 23 de enero del 58 hace falta la acción decidida de una nueva alianza cívico-militar con participación de todos los sectores más allá de las organizaciones políticas actuales. Debemos recordar que lo electoral es instrumento importante de la democracia, pero no es el único, ni siquiera el más importante.

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