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¡Cómo duele la UCV! por  Juan Carlos Pérez-Toribio – El Nacional – 29 de Junio 2020

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Solo el inmenso dolor que produce la imagen del techo caído de la Universidad Central de Venezuela ha podido sacarme de la inacción y la impotente melancolía que causa el destierro y el caos visto desde la distancia. No puedo dejar de pensar que en esos pasillos abovedados, que ahora se derrumban como lo hace el país entero, viví gran parte de mi apasionada juventud. En aquellos precisos lugares, sentado en una silla de extensión que guardaba en la maleta del carro, pasé en solitario innumerables domingos y días festivos, devorando libros y preparando clases, acompañado únicamente por el trinar de los pájaros y la charla de algún grupo de estudiantes que garabateaba fórmulas matemáticas en los pizarrones que adornan sus espacios. En la UCV no solo recibí un título de licenciado después del superlativo esfuerzo que supuso combinar la escolaridad nocturna con el trabajo diurno, sino que en mucho de sus apreciados rincones y vericuetos pude disfrutar (y sufrir) las avatares de mi primer y arrobado amor, aquel de besos y achuchones apasionados que no volverán, así como del trato de unas amistades que se prolongarían en el tiempo. El otro amor primerizo e insaciable fue el que sentí allí por las ideas marxistas, sin llegar a intuir, como muchos otros, que un día, mal digeridas por un osado teniente coronel, me echarían a perder la vida y terminaría odiándolas con todo mi ser.

La UCV para mí fue en un momento el centro de mi existencia, hasta el extremo de que, ya graduado, seguí visitándola a fin de pasar el duelo que me embargaba tras tantos años de transitar por sus pasillos y rebuscar entre sus libreros. Tal vez ese fue el momento en que decidí convertirme en profesor, una forma de volver a las aulas y compartir de nuevo con los estudiantes y la muchachada. En aquella casa tuve la inmensa suerte, además, de vivir los mejores momentos de la Escuela de Filosofía, donde hombres y mujeres de la talla de Nuño, Riu, Vásquez, Pagallo, Núñez Tenorio, Duno, Catrysse, Cappelletti, Rozitchner, Fernando Rodríguez y otros, fueron mis profesores e inyectaron en mí la pasión por el equilibrado razonamiento y la búsqueda de la “verdad”.

Hay que decir que aquellos eran tiempos en que se apreciaba la formación y la discusión fundamentada, muy lejanos de estos en que se fomenta la ignorancia ex professo y se aplaude la barbarie. Por mucho que luego desarrollara mi profesión en la Universidad Simón Bolívar, me doy cuenta ahora de que sigo siendo un ucevista, con todas las luces y sombras que ello signifique. Y lo que eso representa no puede saberlo sino alguien que vivió y padeció “la casa que vence las sombras” en todos sus dimensiones, como aquella de ir en las tardes a la Sala de Conciertos a ver lo mejor de la cinematografía mundial, pasear por la “tierra de nadie” entre el humo que salía del corrillo de sus asiduos visitantes, echar una mirada a su espectacular piscina o asistir al Aula Magna y permanecer alelado observando los móviles de Alexander Calder que embellecían su techo.

Pero hasta este sentido de pertenencia nos lo quieren robar los que todo nos han robado, estos seres  que sufren del famoso síndrome o efecto de Dunning-Kruger, aquel según el cual los individuos de escasos conocimientos se creen superiores a la media o se consideran más inteligentes que las personas preparadas, y esto porque la historia y las majaderías de un insignificante militar, al que sucedieron, les ha permitido apoderarse del poder político y mantener sometido a todo un pueblo.

Sí, cómo duele la UCV y cómo duele todo. Se cansa uno, como decía el desaparecido Omar Lares.

Historia y decadencia de la Universidad de Venezuela, el monumento que ha sobrevivido a todo menos al régimen de Maduro por Idoia Sota – El País – 23 de Junio 2020

La Ciudad Universitaria de Caracas, del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, fue declarada Patrimonio de Humanidad en el año 2000. A pesar de ello, la falta de mantenimiento de los últimos años ya le pasa factura

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A la izquierda, el aula magna con los móviles de Alexander Calder, diseñados para mejorar la acústica de la sala. A la derecha, uno de los pasillos cubiertos de hormigón armado diseñados por Carlos Raúl Villanueva, en una foto tomada la semana pasada. | GETTY / WHATSAPP

“No sirvió de nada declararlo patrimonio”. Paulina Villanueva, hija del arquitecto Carlos Raúl Villanueva (1900-1975), autor del campus de la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, no podía creerlo cuando al abrir un nuevo mensaje en su móvil se encontró con las imágenes del hundimiento de una de las piezas más singulares de la obra de su padre, un corredor cubierto de hormigón armado, dentro de un conjunto que la Unesco considera “una obra maestra del urbanismo, la arquitectura y el arte” y un “ejemplo sobresaliente” de los ideales del movimiento moderno.

Paulina atiende la videollamada de ICON Design desde Nueva York, donde se quedó bloqueada cuando se declaró la pandemia de covid-19. Varios factores fatales han confluido para que esta pasarela haya acabado venciendo: “El cerco económico del gobierno de Maduro a las universidades, que se han quedado prácticamente sin recursos, ha coincidido con las lluvias torrenciales que han caído en los últimos días en Caracas”. Todo ello en plena cuarentena por el coronavirus, “que ha hecho que la universidad se haya quedado vacía varios meses”.

La obra del diablo

La Ciudad Universitaria de Caracas (1940-1060) es la obra de una vida: cerca de 40 edificios se distribuyen en 200 hectáreas cuatro zonas: el hospital universitario (que el artista moderno Mateo Manaure revistió con un mural policromado), el conjunto central (en el que se ubican el aula magna y el rectorado), la ciudad deportiva y las facultades, entre las que destaca la de Arquitectura. “A principios de los años cincuenta comenzó a trabajar en el conjunto central, que ya no es como los edificios estucados de blanco de la primera etapa, sino un despliegue de formas de hormigón armado a la vista, muy audaces, que ejecutó con ingenieros e integrando las artes”, explica María Fernanda Jaua, arquitecta venezolana licenciada por la facultad de Arquitectura en esta universidad y ahora residente en Madrid.

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El pasillo de hormigón armado y acero que se ha hundido estos días en una imagen de 1959. | GETTY

Todos quedan unidos en un entramado de pasillos cubiertos, un ejemplo extraordinario de la adaptación de la arquitectura al entorno. “Villanueva tuvo la posibilidad de llevar a la realidad los ideales de la arquitectura moderna de principios del s. XX, pero a la vez tuvo en consideración el lugar, de clima tropical”, señala Jaua.

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Vista general de la Ciudad Univeristaria de Caracas. A la derecha, el edificio rojo de la Biblioteca, que forma parte del conjunto central. | JULIO CÉSAR MESA (@JULIOTAVOLO)
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Vista del conjunto central con el rectorado a la izquierda, el aula magna en el centro y la biblioteca a la derecha. | FUNDACIÓN VILLANUEVA

“Para la protección del sol y del calor [con sombras y ventilación]”, continúa, “se inspiró en la arquitectura colonial española, sin copiarla, con elementos como celosías, corredores, espacios abiertos e intermedios entre exterior e interior. Estos pasillos son casi un kilómetro y medio de distintas estructuras que unen los edificios para caminar entre ellos protegido del sol”. En ellos, Villanueva tuvo la ocasión de experimentar con el hormigón armado y el acero, junto a los ingenieros Juan Otaola Paván y Óscar Benedetti.

“El corredor que se ha caído”, explica Jaua, “tiene las columnas a un lado para dejar abiertas las vistas al jardín central al que da el aula magna. Es un pasillo ondulado que se llena de agua y de hojas y, si no lo limpias, el peso termina afectando a la estructura”.

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La plaza cubierta de la ciudad universitaria es una síntesis de la arquitectura moderna y de elementos propios de las construcciones coloniales, como la generación de sombras y ventilación. | JULIO CÉSAR MESA (@JULIOTAVOLO)

Además, decenas de obras de arte se distribuyen por toda la ciudad, integradas en la vida cotidiana; una “síntesis de las artes” –una idea que le Le Corbusier trabajó durante toda su vida– ,en la que participó un importante grupo de creadores de vanguardia, como el estadounidense Alexander Calder o el francés Fernand Léger. El diseño incluye desde el paisajismo, con especies autóctonas de hoja verde, hasta las manillas de las puertas y por supuesto los muebles.

“Cuando mi padre fue a presentarle el proyecto a Alexander Calder para pedirle que participara, él le respondió: ‘Villanueva, eso es demasiado ambicioso, esto no lo puede construir un hombre. Si llega a construirlo es porque es usted el diablo”. Terminado el conjunto Calder se presentó en Caracas con una silla negra con alas de mariposa que había hecho para el arquitecto: “Es la silla del diablo”, le dijo. Ahora se encuentra en el jardín de la casa Caoma, la residencia de Villanueva en Caracas.

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Alexander Calder, de pie, con Carlos Raúl Villanueva en la silla del diablo. | FUNDACIÓN VILLANUEVA

Un funcionario lo suficientemente loco

Pero tan milagroso como el proyecto es el hecho de que Villanueva lograra llevarlo a cabo sin interferencias, desde un despacho en el Ministerio de Obras Públicas, y pasando por gobiernos de todos los signos, golpes de estado, presidentes asesinados y dictaduras. “Solo en una ocasión recibió la visita el general Marcos Pérez Jiménez (1952-1958)”, cuenta Paulina Villanueva, también arquitecta y directora de la Fundación Villanueva, que lleva décadas velando por preservar la integridad de la obra.

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El arquitecto posa bajo los móviles de Calder en el aula magna de la Universidad Central de Venezuela. | PAOLO GASPARINI / FUNDACIÓN VILLANUEVA

“Le fueron con el chisme de que el arquitecto de la Ciudad Universitaria estaba haciendo una cosa loca en el aula magna con un artista, Calder, que estaba chalado. Pérez Jiménez se acercó y le preguntó qué era aquello que había por el suelo. Allí estaban las nubes de Calder por el suelo. Y mi padre le dio la respuesta que había que darle: ‘Esto, general, es funcional”.

Los móviles de Calder que pueblan el auditorio como platillos flotantes de formas y colores irradian las ondas acústicas del espacio, pero son a la vez la guinda de una síntesis de las artes que se compone de un total de 107 obras de 24 artistas plásticos, entre murales y esculturas.

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El rectorado y la biblioteca vistos desde uno de los corredores cubiertos, en 1959. | GETTY
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El edificio de la facultad de Arquitectura fotografiado en 2016. | JULIO CÉSAR MESA (@JULIOTAVOLO)

No es que el general Pérez Jiménez compartiera los ideales del movimiento moderno. “La dictadura militar venezolana quería celebrar en la universidad la X Conferencia Iberoamericana en 1954, con mandatarios de todos los países, y quería mostrarse al mundo con lo que sabía que el mundo valoraba en aquel momento”, cuenta Paulina Villanueva. “Así que durante al menos el tiempo hasta que se celebró la cumbre, hubo recursos de sobra para ejecutar el proyecto”.

Para cuando el dinero se acabó la Ciudad Universitaria estaba prácticamente completada, al menos a ojos profanos. Para Villanueva, la arquitectura estaba viva y debía ir creciendo y adaptándose con el paso del tiempo y el cambio de usos. Costó más convencer a algunos artistas para que participasen en un proyecto financiado por una dictadura, que a la propia dictadura de las bondades del arte. En el caso de algunos creadores venezolanos, como Jesús Soto, la negativa “era comprensible”, dice Jaua, no querían vincularse con el gobierno militar.

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Parte trasera del aula magna en 2016. Al fondo el edificio de la biblioteca central. | JULIO CÉSAR MESA (@JULIOTAVOLO)

Otros, como Miró, simplemente estaban en plena fertilidad creativa, con demasiado trabajo para atender ningún nuevo encargo. En general, los europeos de izquierdas comprendieron que era más trascendente el proyecto en sí mismo que el origen del dinero. “La dictadura va a pasar, pero la obra va a quedar”, dijo Fernand Léger, criticado por contribuir al conjunto, en 1954, con un vitral ubicado en el edificio de la biblioteca central.

¿Por qué no podemos cultivar rosas?

La permanencia, en cambio, ha sido un caballo de batalla que ha habido que sacar casi a diario desde que Villanueva falleció a causa del Párkinson. Su hija puede contar cada una de las veces que ha tenido que frenar los impulsos creativos de rectores, profesor y alumnos, afear la dejadez de las administraciones públicas y universitarias en el mantenimiento o bajar los brazos ante cambios irreparables.

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El reloj de la entrada a la Ciudad Universitaria, también de hormigón, fue llevado a cabo por los ingenieros Juan Otaola Paván y Óscar Benedetti, los mismos que desarrollaron los corredores cubiertos. | JULIO CÉSAR MESA (@JULIOTAVOLO)

“Un día, en una reunión de alguna de las comisiones de conservación que ha habido en la universidad, llegó la solicitud de un decano que quería plantar rosales. Le dijimos que no y el decano se indignó con nosotros, y de paso el rector se indignó también con nosotros. Tuvimos que explicarle que el diseño no se reducía a los edificios, sino que era un proyecto integral, del que formaban parte también los espacios, los pasillos y los jardines: chaguaramos, palmas, vegetación verde, así eran los jardines de mi padre”, cuenta. “Todo el mobiliario del aula magna era una preciosidad y lo cambiaron por unos muebles nuevos de un mal gusto horrible. Un rector decidió que a mi papá le faltaron pasillos y acordó construir unos nuevos que no tienen nada que ver con el proyecto”.

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Detalle del museo al aire libre en la plaza central de la Ciudad Universitaria. | PAOLO GASPARINI / FUNDACIÓN VILLANUEVA

Con todo, se consiguieron mantener la integridad y autenticidad del diseño de Villanueva, condiciones indispensables para que la Unesco llegase a declararlo Patrimonio de la Humanidad en el año 2000, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Villanueva. En vista de las dificultades cotidianas para que aún hoy se comprenda la importancia de preservar la Ciudad Universitaria, cuesta imaginar cómo el arquitecto consiguió salirse con la suya durante dos décadas.

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Edificio del rectorado. | PAOLO GASPARINI / FUNDACIÓN VILLANUEVA

Quizá fue por esa habilidad para dar la respuesta idónea o quizá por su manejo precario del español. De padre venezolano, Villanueva nació y se educó en Francia, primero en el Liceo Condorcet y luego en la Escuela de Bellas Artes de París. Fuera de la academia se vinculó con las vanguardias de aquel París efervescente. Y conquistó a la que luego fue su mujer, una venezolana que, según bromeaba, se había casado con él “porque hablaba perfectamente francés”, cuenta Paulina.

Ya en Venezuela, regresó a París en 1937 porque había hecho el pabellón de Venezuela para la exposición universal, en la que España presentó el pabellón de la República. “Mi mamá decía que se pasaba el tiempo allí con Sert, que en el venezolano estaba menos interesante. Allí conoció también a Miró”. Los recuerdos que Paulina Villanueva tiene de su padre trabajando comienzan cuando él estaba enfrascado con la ejecución del conjunto central de la Universidad. “Era como un sacerdote de la arquitectura: trabajaba de ocho de la mañana a 12 del mediodía y de dos a seis de la tarde, y cuando llegaba la hora cerraba”.

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El Hospital universitario es el principal de los edificios de la primera etapa, estucados en blanco y con líneas más clásicas. | GETTY

Sorprende que consiguiera así, sin nocturnidad ni arrebatos de genio excéntrico, no solo levantar la Ciudad Universitaria, sino combinar el proyecto con sus clases de Proyectos y de Historia de la Arquitectura y con su trabajo en el Banco Obrero, a través del que hizo un buen número de edificios de viviendas sociales, como El Silencio o 23 de enero.

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Dos estudiantes posan en 1959 en un panel de azulejos ubicado en la plaza central. | GETTY

“Arreglarse se va a arreglar”

Mientras esos edificios no tienen problemas de mantenimiento, el estado actual de la universidad es, en palabras de Paulina Villanueva, triste. “Sobrevive gracias a la dedicación de muchas personas [afines al proyecto] que quedan trabajando allí. Cada vez que pasa el tiempo y no se hacen los trabajos de mantenimiento la ciudad universitaria se deteriora. Y ahora con la pandemia la universidad ha estado sola varios meses”, lamenta. “El concreto no es como la piedra, no es eterno. El estado de ese pasillo ya era delicado desde hace bastante tiempo. Se hizo un diagnóstico y luego no se realizó el mantenimiento que se debía: los drenajes estaban tapados y había que arreglar la impermeabilización. Ahora, los soportes de acero están dañados”.

Aunque reconoce que hace falta un informe de peritaje para saber si se va a poder salvar o si habrá que demoler la estructura para volverla a construir, Paulina no pierde la fe en el diablo: “Arreglarse se va a arreglar; hay que tratar de hacerlo de la mejor forma posible y con las personas adecuadas, buenos ingenieros”.

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La Sala de Conciertos con un mural del artista moderno venezolano Mateo Manaure. | PAOLO GASPARINI / FUNDACIÓN VILLANUEVA

Se desplomó el techo en uno de los pasillos de la UCV – El Nacional – 17 de Junio 2020

Dirigentes estudiantiles señalaron la asfixia presupuestaria que el régimen de Nicolás Maduro ha mantenido en contra de las universidades autónomas del país

techo UCV
Isaac Fernández (@esIsaacF)

El techo de uno de los pasillos de la Universidad Central de Venezuela (UCV) se desplomó este miércoles. El hecho ocurrió luego de las lluvias de los últimos días, y usuarios en Twitter señalan la falta de presupuesto para el mantenimiento de las áreas.

«Estos espacios, y muchos otros han sufrido por la falta de presupuesto para su mantenimiento. Se derrumba el patrimonio mundial de la humanidad», expresó Viva la UCV, medio informativo del Movimiento Estudiantil Venezolano y del recinto universitario.

Viva la UCV (@VivaLaUCV)

«Apenas vi estas imágenes se me hizo un nudo en la garganta y se me aguaron los ojos», lamentó Rafaela Requesens, expresidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela.

Andrés Calpavire, secretario de Asuntos Internacionales adjunto de la FCU- UCV, manifestó: «Años de asfixia presupuestaria por parte de un régimen que quiere ver de rodillas a la Universidad, y se empiezan a ver los resultados. Esto acaba de pasar en la UCV. La obra de Villanueva, patrimonio de la humanidad, en ruinas».

«Cuando era un estudiante de arquitectura en la UCV siempre me daban paranoia estos techos. Son estructuras que requieren chequeos y limpieza de desagües, y eso en Venezuela no existe, pero jamás me imaginé que el techo efectivamente fuera a colapsar«, dijo el comediante venezolano Led Varela Bargalló.

Javier Chirinos, coordinador del movimiento político Vente Venezuela en el Distrito Capital, acusó al régimen de destruir el conocimiento, con sus autoridades universitarias que no han estado a la altura histórica y han estado desligadas del sentir de los estudiantes del país.

Rafaela Requesens@RRequesens

Y apenas ví estas imágenes se me hizo un nudo en la garganta y se me aguaron los ojos… Mi UCV.

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Viva la UCV

@VivaLaUCV

| se desploman parte de los Pasillos Cubiertos de la Ciudad Universitaria de Caracas de la

Estos espacios, y muchos otros, han sufrido por la falta de presupuesto para su mantenimiento. Se derrumba el patrimonio mundial de la humanidad @UNESCO_es

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Led Varela Bargalló@LedVarela

Cuando era un estudiante de arquitectura en la UCV siempre me daban paranoia estos techos, son estructuras que requieren chequeos y limpieza de desagües, y eso en Venezuela no existe, pero jamás me imaginé que el techo efectivamente fuera a colapsar. https://twitter.com/VPITV/status/1273300697442811910 

VPItv

@VPITV

#17Jun Se cayó parte del techo del pasillo frente a la Facultad de Humanidades de la UCV en Caracas. La estructura tenía años presentando problemas de goteras.

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Yo, egresado ucevista por  Ignacio Ávalos – El Nacional – 4 de Junio 2020

Entre las mejores cosas que me han pasado en la vida está el haber estudiado en la UCV. Dejó en mí una huella, de esas que te marcan hondo para siempre y te ayudan a pararte bien en la cancha de la vida. Digo lo que digo porque el último día del mes de mayo se celebró, en medio de los límites que impuso la pandemia, el Día del Egresado, es decir, mi día y el de otros miles que han pasado por sus aulas hasta recibir su título, en mi caso el de sociólogo, tras haber cometido la equivocación –no me mal interpreten los abogados– de cursar casi tres años de Derecho.

El gobierno y la universidad

La conmemoración de este día me ha dado pie, gracias al tiempo que me da la cuarentena, para pensar en los últimos tiempos de la UCV y, en general, de las universidades públicas. Tiempos duros y complicados, debidos en buena medida a un gobierno que las ha adversado de diversas maneras. Es cosa conocida, pero no está de más recordar los presupuestos deficitarios que han afectado seriamente las instalaciones y los laboratorios, la remuneración del personal, desarrollo de proyectos y otras actividades propias de la academia, dejándola en un estado de precariedad que traba su desempeño. Adicionalmente, su concepción de lo que es la universidad pasa por revisar el concepto de autonomía a fin de que “…esta sirva para construir hombres y mujeres libres al servicio de la patria….», frase que no es sino la retórica que esconde su convicción de ponerla bajo control oficial, inspirado en un credo incompatible con los que es más distintivo de la universidad: la libertad de pensamiento.

A lo anterior hay que añadir otros antojos ideológicos, entre los que cabe mencionar su pretensión, mediante una decisión que el TSJ se sacó de la manga de cambiar las normas electorales que rigen en el ámbito universitario, lo cual llevó a su suspensión durante alrededor de una década, convirtiéndose en un elemento perturbador del funcionamiento universitario, en lo que ha ayudado, pues todo hay que decirlo, una actitud que resulta inexplicable por parte de las autoridades, con importantes excepciones, que se han dejado ganar por la inercia, agobiadas por la coyuntura. Así las cosas, tenemos una universidad quieta que no encara los desafíos que pautan estos tiempos.

No es solo cuestión de vacunas

El coronavirus nos ha puesto a pensar, a unos más que a otros. No podía ser de otra manera, se ha vuelto una advertencia, señal del desacomodo que sufre el planeta y de la necesidad de transformarlo a fondo, no valen los cosméticos para disimular, cambiando cositas por aquí y por allá, pero para que todo siga igual. El asunto va en serio y alude, dicho en breve, al modo de vida de vida adoptado por los terrícolas desde hace al menos cuatro décadas. En este sentido, bastaría con mencionar que el problema del cambio climático, del cual hablamos mucho y hacemos más bien poco, nos ha convertido en una “especie en extinción”, frase lapidaria del profesor Jeremy Ryfkin, a quien suelo citar, dado que resume lo que muchos identifican, mediante diversas argumentaciones y con distintos énfasis, como una crisis civilizatoria. En fin, no es cuestión de que se descubra la vacuna y listo, retomamos el camino que nos ha traído hasta aquí. Dentro de este marco, la universidad tiene mucho en qué reflexionar para ajustarse al siglo XXI.

Repensar la universidad

No hay quien dude que la universidad actual requiere modificarse en sus propósitos, estructuras y modos de funcionamiento, para ponerse a tono con la época que corre, en función de  circunstancias inéditas que en buena medida derivan volumen y rapidez con la que hoy en día se generan y difunden los conocimientos, en sus diversos formatos; al espectacular acortamiento de los ciclos que van desde la creación del conocimiento hasta su aplicación; a la aparición de nuevas disciplinas y subdisciplinas y a su interrelación como imperativo del “pensamiento complejo”, según la expresión de Edgar Morin. Nuevas circunstancias asociadas, así mismo, a la globalización del conocimiento; a su integración institucional a los llamados sistemas de innovación constituidos por diversos actores sociales, en función de intereses tanto públicos como privados; a las posibilidades que abre la digitalización y, por citar un último aspecto, entre otros muchos, a las tensiones que plantea alrededor de la propiedad del conocimiento, tal como ha salido a relucir a propósito de la pandemia.

La universidad debe participar en la solución de los desafíos (económicos, políticos, educativos, éticos…), producidos desde los campos del conocimiento, tales como la cognotecnología, biotecnología, nanotecnología, optoelectrónica, superconductores, inteligencia artificial, inteligencia aumentada y robótica, entre otros, expresión de la integración de lo físico, lo biológico y lo digital, que comienza a dejar ver en el horizonte los que los que investigadores de distintas disciplinas han llamado el transhumanismo.

En suma, la denominada sociedad del conocimiento, que es a la vez la sociedad del desconocimiento –ambas constituyendo el marco dentro del que la toca ubicarse la universidad contemporánea–, están cobrando forma transformaciones generadas por la tecnociencia que han resuelto problemas antes no comprendidos, pero también han sembrado incertidumbres y dudas a problemas provocados por ellas mismas, dando como resultado una enorme complejidad de la que, de nuevo, la pandemia nos ha dado varios ejemplos.

Un nuevo ethos

En la tarea de entonar a la universidad, llevamos un considerable retraso. Salvo iniciativas muy valiosas que se dan en algunas facultades y escuelas, su transformación, creo, no la tenemos trazada en una agenda de trabajo que plantee su concepción en torno a un nuevo ethos, como tal vez lo expresaría un filósofo.

Como oí en una conferencia, no tendrá sentido enseñar lo que se cree que se debe conocer, sino desarrollar las capacidades para descubrir, aprender a aprender, generar y reproducir de manera cada vez más original y extensa, hasta construir un conocimiento de bien común, social y económico, en medio de lo que, sin duda, asoma como la organización de la vida humana de acuerdo con un nuevo paradigma.

Así las cosas, yo, profesor de a pie de la UCV, me sumo a la iniciativa que impulse la redefinición de políticas y planes orientados a la búsqueda de distintos modelos de organización para la UCV con referencia a sus funciones, a sus ámbitos de actuación, a su gobernabilidad, a su calidad y al rol que deben desempeñar al servicio a la sociedad venezolana, en su condición de institución pública.

 

El reloj de la UCV por Laureano Márquez – Blog Infatigables – 13 de Junio 2015

“LA UCV SIEMPRE HA VENCIDO
 LA SOMBRA,
 LA BRUTALIDAD
 Y LA ESTUPIDEZ”
Carlos Raul Villanueva paseaba por la Universidad Central de Venezuela, su universidad…
Se detiene frente al reloj y compra una chicha ligadita con ajonjolí. Escucha que alguien lo llama.
Voltea a todos lados hasta que levanta su cabeza y descubre que es el Gran Reloj quien le habla:
-¡Maestro, auxilio! ¡Ayúdenos!
Estas horas son negras y pesadas. Son horas de brutalidad e ignorancia. Y suplicante añade:
-Por favor, sáqueme de aquí, regreseme al hermoso diseño que creó sobre su mesa de dibujo.
Calcinado por el sol, el gran reloj de la UCV continuaba su monólogo:
-Yo, maestro Carlos, apuré siempre a profesores y alumnos que llenos de alegrías, ideas, proyectos y sueños pasaban por aquí. Yo no fui diseñado para andar hacia atrás y usted lo sabe; solo puedo y debo andar hacia adelante, pero parece que algunos no lo entienden.
Carlos Raul escuchaba en silencio…
-Mi base en forma helicoidal me inspira a ir hacia arriba, a ese lugar donde está usted junto a su colega, el gran arquitecto del universo. Soy el símbolo del tiempo universitario, que marca la sublime inteligencia que siempre me ha rodeado.
-Soy el vigilante silencioso del tiempo que alumnos y maestros invierten en descubrir los cimientos de la ciencia y la filosofía.
-Mis agujas señalan optimistas los segundos, que se convierten en minutos y estos en horas y luego en años.
-Soy mi estimado Carlos, el tiempo útil que jóvenes llenos de ilusiones, emplean para descubrir los misterios de la vida…
Tras una larga pausa, unió las agujas que giran en su esfera numerada y casi como si fuera a orar, marcando las 12 imploró con dolor:
-Maestro dígale a Calder que nos preste las nubes de la cubierta arqueada que flotan sobre nuestra Aula Magna.
-Dígale, que montados sobre ella, usted y yo podremos volar hacia un sitio donde existe la UCV que usted soñó.
-¡Apúrese Maestro! Vargas nos espera y nos recuerda que el mundo no es de los violentos, sino de los justos que habitan en él.
Y mientras escuchaba al Reloj, Villanueva terminó de tomar su chicha, tras una breve pero significativa pausa, con dulzura en la voz dijo:
-No querido Reloj Tú, Calder, Vargas y yo, nos quedamos aquí, acompañando a los justos, a los que piensan, enseñan, estudian y aman la Libertad.
Recogiendo sus instrumentos de diseño, Villanueva levantó su cabeza y con el sol de frente le dijo al Gran Reloj:
-Ten calma, guía el tiempo, que lo que hay aquí es un problema de plomería; se rompió un tubo y salió lo que estaba  descompuesto y sucio, las cucarachas han invadido momentáneamente este recinto .
-No te preocupes, seguramente ya vienen 50 mil plomeros de boinas azules a limpiarlo.
El Reloj más erguido que nunca, miró con nostalgia hacia tierra de nadie, hacia las instalaciones de su ahora mancillada Casa de Estudios. Uno de sus números, como si fuera una lágrima, se desprendió de su esfera y cayó sobre la Plaza del Rectorado.
-Ten calma, no eres el único reloj que se queja en Venezuela. Los relojes como tú, nos alertan que el tiempo se diluye en esperanzas inútiles. Solo te pido lo que sabes dar, dame tiempo Reloj Ucevista. Ese tiempo que tú mismo marcas, el que nos avergüenza después que pasa por no haber tomado partido por la verdad.
-Por favor, tranquilízate, pronto será todo como antes, recuerda que eres el principal testigo de que la UCV SIEMPRE HA VENCIDO LA SOMBRA, la brutalidad y la estupidez; que en vano tantas veces ha tratado de posarse en ella.

Profesores de la cátedra de Derecho Constitucional de la UCV rechazaron ataques del régimen contra la AN – El Nacional – 1 de Enero 2020

En una reunión convocada para este fin de año, los profesores recordaron que el régimen atenta contra el Poder Legislativo desde el año 2015, cuando una mayoría opositora tomó posesión del Parlamento

régimen

Profesores de Cátedra de Derecho Constitucional de la Universidad Central de Venezuela rechazaron este 31 de diciembre los continuos ataques del régimen de Nicolás Maduro contra la soberanía de la Asamblea Nacional.

En una reunión convocada para este fin de año, los profesores recordaron que el régimen atenta contra el Poder Legislativo desde el año 2015, cuando una mayoría opositora tomó posesión del Parlamento.

Asimismo, destacaron que desde entonces el régimen eliminó la inmunidad parlamentaria a más de 30 diputados; muchos de ellos se encuentran en el exilio.

El ataque más reciente contra el Parlamento sería la declaración de nulidad absoluta a la modificación del reglamento interior y de debates que aprobó una mayoría de diputados.

Dicha modificación tenía la finalidad de permitir la participación de los parlamentarios que se encuentran en el exilio, a través de la web.

Afirmaron también que es falso que la emisión del voto no presencial no se aplique en sistemas constitucionales, situación que alegó el TSJ del régimen para no permitir la modificación del reglamento.

Países como España, Senegal, Costa de Marfil, Francia, Alemania y Grecia, contemplan leyes que permiten la participación de sus diputados en las sesiones mientras se encuentren fuera del país.

«Por todas estas razones es que ratificamos, nuevamente, la necesidad de declarar la emergencia legislativa y la sesión permanente de la Asamblea Nacional al momento de designar de nuevo a su directiva en uso de las atribuciones previstas en la Constitución y en el Reglamento Interior y de Debates», manifestaron.

Añadieron que es necesaria la instalación del Consejo Consultivo presidido por el Presidente de la Asamblea Nacional, integrado por la directiva, las presidencias de comisiones permanentes y los ciudadanos representativos de los factores comprometidos en la restauración democrática de la República. Todo esto ante la absoluta ilegitimidad y la usurpación ejecutada por el Régimen de Facto que sigue destruyendo a Venezuela.

David Sosa: “No vamos a ceder al chantaje” por Hugo Prieto – ProDaVinci – 3 de Noviembre 2019

David Sosa: “No vamos a ceder al chantaje”La sentencia 0324 del Tribunal Supremo de Justicia le pone fecha de caducidad a la autonomía universitaria: 28 de febrero de 2020. Marca, además, “la intervención, la liquidación de la universidad”, dice David Sosa, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y estudiante del tercer semestre de la Escuela de Ciencias Políticas.

Ese día finaliza el lapso que el TSJ estableció para que se realice la elección de autoridades, no ya según las pautas dispuestas en la ley de universidades y la Constitución Nacional, sino en lo que se ordena, como en el mundo militar, en esa sentencia. “En este momento se están dando las discusiones para que la comunidad universitaria, todos sus integrantes —profesores, estudiantes, empleados y obreros— le demos una respuesta al régimen”, dice Sosa. “Si las medidas del régimen son ilegales, nuestra respuesta tiene que ser legal”. El conflicto asoma a la vuelta de la esquina.

¿En qué estado se encuentra la Universidad Central de Venezuela?

Probablemente la universidad atraviesa por una de sus más grandes crisis. Ha habido momentos en que fue cerrada, bajo los gobiernos de Guzmán Blanco o Juan Vicente Gómez, momentos en que fue allanada (Rafael Caldera). Pero actualmente, su infraestructura, por ejemplo, se encuentra deteriorada como nunca antes se había visto en el campus universitario, lo que afecta, incluso, su patrimonio cultural. Las condiciones laborales de empleados y profesores, cuyos sueldos y salarios son de miserias, empeoran cada vez más. Las condiciones de los estudiantes están en el piso. El comedor cerrado, vandalizado por el hampa en varias ocasiones. Sólo algunas rutas de transporte funcionan, por problemas de mantenimiento de las unidades. Tenemos becas de 720 bolívares que no alcanzan ni para dos fotocopias. Esa es la universidad que a mi generación le ha tocado vivir.

La Ciudad Universitaria fue declarada Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de la Humanidad, por la Unesco. ¿Esta organización de Naciones Unidas se ha pronunciado sobre el deterioro de su infraestructura y de las obras de arte? ¿La universidad cumple con las pautas que la Unesco ha establecido?

Hasta el momento, y con mucho esfuerzo, se ha hecho el mínimo necesario para mantener el complejo de la Ciudad Universitaria reconocido por la Unesco como patrimonio cultural de la humanidad. Cada vez se hace más cuesta arriba, más difícil. La universidad ha tenido que hacer alianzas, convenios, con empresas privadas, mediante los cuales la universidad presta algunos servicios y esas empresas aportan recursos para mantener ciertos espacios. Recientemente, a través de esta figura, se recuperaron ciertos camerinos y la iluminación en el Aula Magna, de acuerdo a los parámetros de la Copre. En ese sentido se ha podido mantener el estatus, pero como universidad y como país, en un contexto como este, podríamos perder ese reconocimiento.

Hay un malestar social en todo el mundo, no siempre damos con las razones de la protesta. Parece que la política perdió la brújula. No hay una conexión entre la política y la gente. ¿Eso se está viviendo en la universidad?

Ciertamente, es un momento de agitación. Pero hay una diferencia en la respuesta que dan los distintos gobiernos a las protestas y manifestaciones que se dan en determinados contextos. Hay gobiernos que escuchan a sus pueblos y dan una respuesta. Pero también hay gobiernos, dirigidos por irresponsables, que no escuchan ni ofrecen respuestas. Es el caso de Venezuela. A lo largo de 20 años se han realizado gestiones, se han introducido cartas, se han solicitado audiencias, se ha intentado el diálogo, en fin, se ha intentado todo tipo de métodos para que los que hoy nos gobiernan de forma ilegitima, respondan a las necesidades de la población. Sí, la gente no ve a los políticos como un interlocutor válido. Y eso genera un sentimiento anti político, al que no escapa la universidad.

La universidad era una especie de laboratorio de lo que ocurría en el país o todo lo que ocurría en el país se reflejaba en la universidad. Quizás ambas cosas. En ese sentido, la universidad hoy es un témpano a la deriva, porque no hay conexión con el gobierno del señor Maduro, ni con fuerzas de la oposición política que, además, no tienen capacidad ni para procesar ni para gestionar demandas. ¿Usted qué cree?

Creo que actualmente hay muchas demandas, muchas razones, que nos unen a los distintos sectores de la sociedad venezolana. Esas razones no son necesariamente de índole ideológico o de intereses políticos. Como representante de un movimiento social, lo digo con claridad: A nosotros lo que nos interesa es generar cambios de abajo hacia arriba, no la toma del poder. Ojalá hubiese actores, me refiero a los partidos políticos, que desde el poder hicieran las cosas distintas. Pero más allá del sector, organización o grupo al que usted pertenezca hay cosas que nos unen, que nos unen… ¡a todos! Esas razones son el hambre, la miseria, la corrupción, la represión, que todos estamos padeciendo. Esas razones son las que están llevando a la gestación de un movimiento, alrededor del cual se están congregando las distintas fuerzas sociales y políticas del país. A lo largo de este año, en Venezuela ha habido más de 10 mil protestas. ¿Por qué no se han traducido en la presión para que se produzcan los cambios que ellas demandan? Entre otras cosas, porque no están concentradas en un mismo momento, en un mismo espacio.

Esa desconexión entre las protestas y la política viene incluso antes del chavismo. Son protestas aisladas. Acaba de mencionar un número, más de 10 mil. ¿Qué tendría que pasar para que se dé esa conexión entre la política y la protesta? Digamos, para que la protesta encuentre masa crítica y sea no un foco sino un movimiento, un vehículo de cambio.

Lo que hace falta es la articulación política. Esas son protestas sociales, totalmente legítimas, protestas que son la expresión de los ciudadanos por falta de servicios, por falta de alimentos, de medicinas, por mejores condiciones laborales, por becas, por transporte, por un sinfín de necesidades y problemas. En este momento estamos gestando la articulación política para darle a ese malestar social un objetivo político. Puedo hablar por el movimiento estudiantil, entre otras cosas, porque lo hemos discutido y prácticamente hay un consenso entre todos los dirigentes estudiantiles a nivel nacional.

¿Cuál sería ese objetivo político?

El único objetivo político que puede traducirse, que puede alcanzar, una mejora de nuestras vidas, me refiero a mejoras de las condiciones laborales de nuestros trabajadores, de la infraestructura de la universidad y del bienestar estudiantil, es el cambio político en Venezuela. Que este país tenga la oportunidad de escoger libremente y que las mayorías decidan cuál sea el destino de nuestra nación. Oportunidad que hoy está totalmente secuestrada y restringida por una pequeña minoría, a través del uso de la fuerza, de la represión y del miedo. Solamente hace falta que esa pequeña minoría que detenta el poder del Estado salga de allí y permita una transición para que en Venezuela haya un proceso electoral justo y, en definitiva, el país pueda avanzar y tener a servidores públicos en los puestos de gobierno y que las universidad, realmente, pueda tener a un ministro que nos escuche. Hoy, eso no existe.

La dirigencia estudiantil tomó la iniciativa política en 2004, sus iniciativas y propuestas encontraron eco en los partidos políticos y en la sociedad. Incluso, varios de ellos fueron electos a la Asamblea Nacional y siendo diputados tuvieron que exiliarse. Ahí está el caso de Juan Requesens, secuestrado y torturado por la policía política. ¿Cómo se ubica David Sosa, digamos, generacionalmente y qué balance hace?

Si vamos a evaluar la acción del movimiento estudiantil, eso nos sitúa claramente en una línea histórica. ¿Qué ha significado el chavismo como proceso político? Ellos fueron acumulando poder. 2002, toma de PDVSA —el poder económico— que, a su vez, aportó recursos para corromper a las Fuerzas Armadas —toma del poder militar, del poder fáctico—, con el cual puedes controlar las instituciones, sin el riesgo de que alguien te detenga —toma del poder institucional—, empiezas a corromper al TSJ, a la AN, a los órganos de gobierno. Apruebas leyes, como la ley Resorte, para aplicar la censura y crear un poder mediático, un aparato de propaganda, cuando vienes a ver, te conviertes en un Hegemón político. Ese Hegemón muere y su sucesor, paulatinamente, va perdiendo cada vez más poder. Quebraron PDVSA, perdieron el respaldo internacional, se han dividido —Luisa Ortega Díaz, Cristopher Figuera, Rodríguez Torres, entre otros—, pierden instituciones del Estado como la Asamblea Nacional, único poder legítimo reconocido por las democracias del mundo. Hoy han devenido en una tiranía.

¿Pero cuál ha sido el papel que ha jugado el movimiento estudiantil?

Dentro de ese contexto jugamos un papel clave. En 2007, le infligimos su primera derrota electoral a Hugo Chávez y representamos la esperanza para muchas personas. En 2014, las protestas estudiantiles, que se iniciaron en Táchira, contribuyeron a quitarle la careta al régimen y en 2017 contribuimos para que perdieran el respaldo internacional. Es decir, la generación de la cual me toca ser dirigente estudiantil es producto de los aciertos y desaciertos de generaciones anteriores. Pareciera que en este momento tenemos muy claro el objetivo que nos unifique, que no es otro que el cambio político y un proceso de transición que culmine en unas elecciones, en las que podamos, todos los venezolanos, elegir el destino que queremos. Y muchísimas razones tenemos para unirnos, para no quedarnos en nuestras casas: Hambre, miseria y corrupción.

¿Qué crítica, que reproche, le haría a la clase política?, porque esa dirigencia estudiantil adscribió a los partidos políticos, algunos fueron electos a la Asamblea Nacional, institución del Estado que no ha sido precisamente asertiva en la conducción del proceso al que hace referencia.

La falta de unión, claramente la falta de unión. Yo le pido a la dirigencia política del país que se una, que las diferencias ideológicas, no pueden estar por encima. Que si usted, sea de derecha o de izquierda, pero cree y comparte los valores de la democracia, tal como la conocemos en Occidente —es decir, elecciones libres, separación de poderes, forma republicana de gobierno— usted es mi aliado para luchar contra la dictadura, para luchar contra la tiranía. Las diferencias ideológicas no pueden ser la razón que desuna a la oposición venezolana.

Usted ha dicho que le han pedido audiencias, que le han enviado petitorios, al ministro de Educación Superior.

No a un ministro en particular sino a los sopotocientos ministros que han desfilado por el gobierno en estos 20 años. En cada una de esas comunicaciones, lo que hemos pedido es respeto a la autonomía universitaria, a la autonomía administrativa, organizacional, pero también a la autonomía financiera. He ahí el mecanismo que ha utilizado el régimen para tratar de asfixiar y arrodillar a la universidad. Se supone que la Zona Rental, por ejemplo, debería producir una renta para la universidad. Se la han quitado. Hoy en día, lo que era un mercado Bicentenario, se convirtió en depósito del Sebin y de las fuerzas represivas del régimen. Si quienes diseñan las políticas públicas ven a la universidad como un enemigo, no nos dejan otra posibilidad que cambiarlos a ellos. Ya no creemos en un régimen que vaya a cambiar o dar un viraje. Durante 20 años nos han demostrado que eso no es posible.

En distintas oportunidades, el gobierno del señor Maduro ha tratado, digámoslo así, de poner en cintura a la universidad. Esas acciones, por lo general, se toman cuando las protestas pacíficas y legítimas de los ciudadanos decaen en las calles.

Ciertamente ellos aprovechan las vacaciones, en los que no hay afluencia estudiantil, que en sí misma es la principal fuerza de defensa de la universidad, para agredirla o violentarla. Precisamente, durante el más reciente período vacacional, el TSJ emitió la sentencia 0324, una sentencia ilegítima, anticonstitucional, porque ese tribunal no es quién para decirnos a nosotros cómo organizar nuestros procesos electorales.

Los estudiantes eligieron a sus representantes, pese a las disposiciones del TSJ.

Sí, pero son sentencias distintas.

¿Por qué los profesores no hicieron lo propio?

Precisamente la sentencia 0324 propició el debate sobre la necesidad de realizar elecciones. Pero no como lo dice el TSJ, sino como lo dice la ley de universidades y nuestra Constitución. Si las medidas del régimen son anticonstitucionales, nuestra respuesta debe ser constitucional; si las medidas del régimen son ilegales, nuestra respuesta debe ser legal. Si ellos se empecinan en seguir adelante, encontrarán la respuesta de la comunidad universitaria, movilizada en la defensa de su autonomía, en la defensa de sus procesos de elección de autoridades para que esta universidad siga siendo Academia; y que ello se convierta en un hito político para decirle al régimen que no tenemos miedo, que no vamos a ceder a su chantaje.

¿Qué otros retos tiene el movimiento estudiantil?

Tenemos tres objetivos. Uno, la organización del movimiento estudiantil a nivel nacional. Actualmente, estamos trabajando en la creación de la Confederación de Estudiantes de Venezuela (Confev), que nos permita tener tesis nacionales, que a su vez nos permitan desarrollar acciones, igualmente nacionales, en cada uno de los estados donde haya una universidad púbica nacional autónoma, una universidad pública experimental o una universidad privada. Dos. La realización de elecciones de autoridades y representantes estudiantiles en la mayor cantidad de universidades posibles. Sólo mediante el respeto a nuestros derechos de asociación política podemos avanzar en la consecución de nuestros objetivos, no ya como un movimiento estudiantil sino como un movimiento social. Tres. Nosotros queremos renovar la ley de universidades para fortalecer el concepto de autonomía, sobre todo en su aspecto financiero, para que la universidad más nunca sea dependiente de ningún gobierno.

La cuerda se ha tensado y la violencia podría estallar a la vuelta de la esquina. ¿Usted qué piensa?

Nosotros no hemos renunciado ni renunciaremos a nuestro derecho a la protesta pacífica. Nos reconocemos, además, como un movimiento no violento y la no violencia tiene sus lógicas, que te permiten generar masa crítica y, a partir de ahí, cambios. Pero tiene que haber condiciones. ¿Cuáles? Unidad de objetivos, tenemos que tener un objetivo político claro; organización para que eso suceda en el mismo lugar y en el mismo momento, disciplina para cumplir con nuestros planes y nuestra estrategia. En el marco de esas tres condiciones, vamos a trabajar conjuntamente con todos los sectores de la sociedad venezolana para generar el cambio político que todos necesitamos.

Cuatro universidades venezolanas en el top 100 de las mejores de Latinoamérica – Yo Soy Venezolano – 25 de Octubre 2019

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La Universidad Simón Bolívar, Universidad Central de Venezuela, Universidad de Los Andes y la Universidad Católica Andrés Bello, figuran en el top 100 de las mejores de Latinoamérica.

El Latin American University Rankings 2020 también incluyó en su lista de las mejores a la Universidad del Zulia, a la Universidad de Carabobo y a la Universidad Metropolitana.

A escala internacional, la USB lidera el top con el número 38; la UCV, el 43; la ULA, el 82, y la UCAB, el 84.

El estudio tomó en cuenta “el impacto de la investigación y productividad, compromiso de enseñanza, empleabilidad, impacto en Internet e internacionalización«. /
Unión Radio/

García Arocha instó a defender el próximo lunes la autonomía universitaria por Melissa De Sousa Visconti – El Universal – 13 de Octubre 2019

La rectora de la Universidad Central de Venezuela, Cecilia García Arocha, calificó como “inconstitucional” el decreto del TSJ donde ordenó a que se realicen elecciones de autoridades

Caracas.- Este domingo, la rectora de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Cecilia García Arocha, invitó a los venezolanos a participar en el evento que se llevará a cabo en el Aula Magna de la UCV, en favor de la autonomía universitaria el próximo lunes.

Arocha calificó como “inconstitucional” e “ilegal” el decreto publicado el pasado 27 de agosto por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), donde ordenó la renovación de todas las autoridades de la Universidad Central en un plazo no superior a seis meses.
Asimismo, la rectora ratificó que “estamos al frente de nuestros cargos porque una sentencia de la Sala Electoral del TSJ impidió que las comisiones electorales que habían convocado las elecciones universitarias, en este caso no solamente decanos sino también rectores, fueron suspendidas”.
Aseguró que la Asociación Venezolana de Rectores Universitarios (Averu) está de acuerdo con la renovación de las autoridades, pero no en el sistema de votación que pretende implementar el máximo órgano judicial, en el que pone en igualdad de condiciones todos los sufragios.

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