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El dólar en Venezuela: cómo sobreviven quienes solo tienen bolívares Guillermo D. Olmo – BBC News – 22 de Noviembre 2019

Enfermeras.Muchos colectivos, como el personal de enfermería, reclaman que se les pague en dólares

Venezuela se dolariza, pero no todos pueden subirse a ese tren.

De acuerdo con un reciente informe de la consultora Ecoanalítica, las transacciones en la moneda estadounidense alcanzan ya el 53% del valor total de las que se realizan en el país.

En Maracaibo, una de las ciudades más importantes del país y una de las más golpeadas por la crisis económica, ese porcentaje sube hasta el 86%.

Sin embargo, según los estudios, un amplio sector de la población no tiene acceso a la divisa o lo tiene solo muy esporádicamente.

Son muchos los que cobran su sueldo o pensión en bolívares, la moneda nacional, que lleva años perdiendo valor sin freno a causa de la hiperinflación que sufre el país.

Aunque muchos reciben ayuda de sus familiares emigrados o cobran en dólares por trabajos puntuales en la economía informal, los expertos creen que aún hay una mayoría que se maneja en bolívares.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dijo en una reciente entrevista que la dolarización “puede servir para la recuperación” y como “válvula de escape” para la economía del país, que ha perdido más del 50% de su Producto Interno Bruto (PIB) en los más de 6 años que lleva en el poder.

Sus palabras causaron gran polémica, porque suponían una rectificación de la política de control de cambios que durante años llevaron a cabo los distintos gobiernos chavistas y por lo que dijo de los que solo disponen de bolívares.

Maduro afirmó que a estos “los salva la patria”, con el sistema de bonos y ayudas del gobierno.

MaduroDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionDespués de años, Maduro rectificó una política llevada a cabo por los distintos gobiernos chavistas y dijo que ahora aprueba el uso del dólar en Venezuela.

Muchos empleados públicos perciben modestos salarios en bolívares y ayudas en forma de pagos especiales y bolsas con alimentos, pero hay colectivos que denuncian que son insuficientes.

También cobran en bolívares muchos de quienes trabajan por su cuenta o en el sector privado.

En palabras de Asdrúbal Oliveros, economista de Ecoanalítica, la dolarización “excluye a los que solo tienen acceso a bolívares, cuya capacidad de compra está severamente limitada“.

Para los venezolanos que viven en bolívares, o “bolos”, como se los conoce popularmente, la vida consiste a menudo en la búsqueda de propinas que no alcanzan, compaginar varios trabajos y una lucha diaria por cosas básicas como la comida, el agua o el transporte.

BBC Mundo conversó con algunos de ellos.

“Me pagan en bolívares o hacemos trueque”

A la casa de la enfermera Francis Guillén empiezan a llegar más bolívares, pero nunca dólares.

Ella lo intenta, pero no lo consigue.

Francis GuillénLa enfermera Francis Guillén está pensando en dejar su trabajo en un hospital por lo poco que le pagan.

Hace un año, harta de comprobar que los 420.000 bolívares mensuales (menos de US$15 al cambio) que le pagan en su trabajo en el Hospital Pérez Carreño de Caracas no eran suficientes para cubrir las necesidades de su familia, decidió emprender.

“Empecé vendiendo obleas en el hospital. Después aprendí cómo elaborar champú y geles para el cabello, y mi marido y yo empezamos a venderlos”.

Con los productos para el pelo, dio en el clavo, y su éxito le permitió mejorar sus ingresos, pero siempre en bolos.

Tanto ella como su marido, que la ayuda en el negocio, ofrecen a un dólar el kilo de gel fijador, pero, según cuenta, “casi nadie paga en dólares”.

El trato suele ser 18.000 bolívares por un cuarto de kilo. A veces, incluso, quienes no tienen efectivo les cambian paquetes de pasta o arroz por su producto capilar.

Cómo funciona el trueque en el mercado de Puerto La Cruz

Ni sus compañeros en el hospital, ni los otros fieles de la iglesia evangélica a la que acuden, ni la gente que compra en el puesto ambulante que coloca su marido a diario en el bulevar de Catia, una zona popular al oeste de Caracas, manejan la divisa.

Ella, no obstante, se alegra porque con su nuevo negocio su familia ingresa el equivalente en bolívares a US$200 mensuales, mucho más de lo que le pagan en el hospital.

“Ahora al menos nos alcanza para lo esencial”, dice, mientras observa a su hijo pequeño corretear contento por la casa que habitan en un barrio de ranchitos en la zona de Artigas, en el oeste de Caracas.

“En un buen día de ventas, puedo ganar más que en todo un mes de trabajo en el hospital”, explica.

Francis, no obstante, conserva su empleo allí y participa en los paros y otras protestas que lleva a cabo estos días el personal de enfermería venezolano en demanda de un sueldo digno y contra el deterioro del sistema sanitario público del que culpan al gobierno de Maduro.

Lo hago por vocación. Vengo de una familia de enfermeros y me niego a entregarle la salud a un régimen que está matando a los venezolanos”, afirma.

Francis GuillénFrancis empezó a vender champú y geles para el cabello y eso se ha convertido en el principal sustento de su familia.

Pero todo tiene un límite y Francis piensa en dejar su empleo por lo poco que le pagan, la misma razón que empujó a su esposo hace un año a abandonar su puesto en el servicio de Bomberos del Distrito Capital.

Tengo compañeras que hacen trabajos por libre (independiente) y les pagan en dólares en el este de la ciudad”, dice.

En la capital de Venezuela hay un gran contraste entre el oeste, donde vive la gente con menos ingresos, y el este, donde suelen estar los vecindarios de mayor renta.

Recuerda que una vez hace tiempo la contrataron en el este para cuidar de una persona mayor los fines de semana y le pagaban US$10 por seis horas de trabajo. Es de las pocas veces que tuvo ingresos en divisas y un recuerdo que la anima a seguir los pasos de otras enfermeras que dejaron los hospitales públicos para trabajar por su cuenta.

También se acuerda de la época en la que su sueldo de enfermera en un hospital público le alcanzaba para llevarse a su familia de vacaciones a la Isla Margarita.

“Me da mucha pena, porque ahora no podemos pagarlo y mi hijo no ha podido conocer lo maravillosa que es Venezuela”.

“Alguien deja un dólar una vez al mes”

El empleado de la petrolera estatal Nelson Candelario se levanta siempre mucho antes de que salga el sol.

Gasolinera.Los empleados de la petrolera estatal dependen de las propinas de los clientes y muy pocos dejan dólares.

Vive en la zona de La Bombilla, un barrio de ranchitos en lo alto de Petare, el arrabal, considerado uno de los más extensos de América Latina, que domina gran parte del paisaje urbano de Caracas.

Llegar a su puesto de trabajo en una gasolinera de la zona caraqueña de Chuao le lleva mucho tiempo y dinero.

Solo en el pasaje ya me gasto todo mi sueldo“, le dijo a BBC Mundo, mientras llenaba los depósitos de los autos que iban llegando a la estación de servicio.

Nelson se gasta en transporte 8.000 bolívares diarios, lo que significa que solo en desplazarse se le va un buen pellizco del salario mínimo que le paga PDVSA, 150.000 bolívares mensuales, más otros 150.000 que percibe del llamado Cesta Ticket, una ayuda oficial complementaria.

En total, percibe unos US$10 mensuales al cambio ,una cantidad que cuando usted lea esto seguramente se habrá reducido, porque la cotización del dólar habrá subido, igual que los precios.

Tiene 6 hijos: 4 de ellos todavía dependen económicamente de él y de su esposa. “Con eso uno no les da de comer, si acaso, los tiene a medio comer”, lamenta.

Como todos los empleados de las gasolineras de Venezuela, Nelson se ayuda con las propinas que dejan los clientes después de repostar. La gasolina es casi gratis en el país y la costumbre es dejarle unos bolívares al trabajador que despachó el combustible.

“La mayoría dejan 100 bolívares”, cuenta. Son menos de diez centavos de dólar. A final de mes, reúne unos 40.000 bolívares extras por esta vía, pero tampoco esto es suficiente, ya que esta cantidad equivale a poco más de un dólar y medio.

Dólares.El uso del dólar es cada vez más frecuente en Venezuela y ya convive con la moneda local, el devaluado bolívar.

Su mujer ha montado en casa un negocio de venta de empanadas, en el que él echa una mano los fines de semana, que se ha convertido en un flotador para la economía de una familia a la que no le entran dólares por ninguna parte.

En la gasolinera ve alguno muy de vez en cuando. “Aproximadamente una vez al mes alguien deja una propina de un dólar en la gasolinera, pero luego piden el cambio en bolívares”, dice Nelson.

En realidad, cree él, es la manera que han encontrado algunos de conseguir bolívares en efectivo, muy escasos en el país, pero que abundan en los puntos de abastecimiento de PDVSA.

Los bolívares en efectivo se suelen usar para pagar las propinas de los aparcacoches y en transacciones de muy poco valor.

A veces, también hay quien, a falta de “bolos” en efectivo, entrega algún regalo. Esta mañana, una mujer que no tenía dinero le dejó a Nelson un paquete de galletas.

Nelson se queja de que la hiperinflación que afecta al país desde 2017 les golpea a ellos doblemente. “Los precios no paran de subir y eso, a la vez, hace que la gente deje cada vez menos propina”, indica, mientras sujeta la manguera de la gasolina y un fajo de bolívares arrugados.

A la pregunta de si escuchó las declaraciones de Maduro sobre la dolarización responde con desinterés. No sabe muy bien de qué le están hablando. “Uno escucha tantas tonterías…”, dice.

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Liliana del Valle.La maestra Liliana del Valle se queja de que su sueldo no le basta.

“Camino dos horas hasta el mercado”

Para Liliana del Valle, maestra de 38 años, la vida en la Venezuela de la crisis se resume en “estirar y estirar”.

Eso es lo que, dice, está obligada a hacer para resistir la incesante subida de los precios con un sueldo que apenas le alcanza para dos kilos de carne.

Con los 150.000 bolívares mensuales (unos US$5 al cambio) que le pagaban en una escuela pública en la zona de La Quebradita, en Caracas, había que hacer milagros.

Se queja de que las bolsas CLAP, alimentos subsidiados que entrega el gobierno, no siempre llegaban y de que tampoco son suficientes las ayudas que recibe a través del Carnet de la Patria, una polémica tarjeta implantada por el gobierno de Maduro que se exige para percibir los beneficios.

“Yo me saqué el Carnet de la Patria porque decían que sin él no recibiría la bolsa CLAP”, indica.

Gracias a esa tarjeta llegó este mes el bono llamado “Paz y felicidad”, unos 90.000 bolívares (poco más de US$3). “Cada 4 o 5 meses recibo un pollo“, cuenta.

Liliana considera las ayudas del gobierno un mero “camuflaje”.

Para completar sus ingresos, empezó a impartir clases particulares a hijos de vecinos y compañeros de trabajo que tenían dificultades con sus estudios por las que cobraba 20.000 bolívares (alrededor de US$0,70)

Y se acostumbró a hacer sacrificios antes impensables en el día a día para llegar a fin de mes.

Persona cargando agua.La casa de Liliana lleva semanas sin recibir suministro de agua, un problema muy habitual en Venezuela.

“Voy a pie hasta los mercados de Coche o Quinta Crespo a hacer mis compras para ahorrarme el precio del pasaje; a veces son dos horas de camino”, cuenta.

Compra en estas zonas populares porque los precios son más bajos y los comerciantes ofrecen descuentos a quien paga en bolívares en efectivo. Para hacerse con el preciado efectivo, muy escaso en el país, aguarda paciente cada mañana la fila en una sucursal bancaria en la que casi nunca le permiten retirar más de 3.000 bolívares (unos 10 centavos de dólar).

Proveerse de lo básico es una lucha que requiere paciencia y tesón.

Su casa lleva semanas sin recibir suministro de agua, un problema muy habitual en Venezuela, y a veces le toca caminar hasta caños y fuentes en los que aprovisionarse.

Ahora está buscando trabajo y acaba de presentar su candidatura en la escuela en la que trabaja su esposo, también docente, porque allí pagan algo más.

En cualquier caso, no será en dólares.

“Hay una enorme diferencia para los que tienen dólares. Uno ve que andan más desahogados”, afirma.

“Pero yo no tengo familia fuera, así que no tengo esa suerte”, lamenta.

No escuchó las declaraciones de Maduro sobre las ventajas de la dolarización, pero tiene un mensaje para él> “Si el presidente nos quiere dolarizar, que nos pague el sueldo en dólares”.

De lo contrario, cree, sus palabras no serán más que una “falacia”.

Retorno a la barbarie por Mario Vargas Llosa – El País – 1 de Septiembre 2019

Lo que ha hecho con Venezuela el “socialismo del siglo XXI” es uno de los peores cataclismos de la historia. Las últimas noticias publicadas muestran que la barbarización del país adopta un ritmo frenético

Retorno a la barbarie
El segundo hombre fuerte de Venezuela, Diosdado Cabello, enfurecido porque, debido a la vertiginosa inflación que azota a su patria, el bolívar ha desaparecido de la circulación y los venezolanos sólo compran y venden en dólares, ha pedido a sus compatriotas que recurran al “trueque” para desterrar del país de una vez por todas a la moneda imperialista.

El trueque es la forma más primitiva del comercio, aquellos intercambios que realizaban nuestros remotos ancestros y que algunos pensadores, como Hayek, consideran el primer paso que dieron los hombres de las cavernas hacia la civilización. Desde luego, comerciar es mucho más civilizado que entrematarse a garrotazos como hacían hasta entonces las tribus, pero yo tengo la sospecha que el acto decisivo para la desanimalización del ser humano ocurrió antes del comercio, cuando nuestros antecesores se reunían en la caverna primitiva, alrededor de una fogata, para contarse cuentos. Esas fantasías los desagraviaban del espanto en que vivían, temerosos de la fiera, del relámpago y de los peores depredadores, las otras tribus. Las ficciones les daban la ilusión y el apetito de una vida mejor que aquella que vivían, y de allí nació tal vez el impulso primero hacia el progreso que, siglos más tarde, nos llevaría a las estrellas.

En este largo tránsito, el comercio desempeñó un papel principal, y buena parte del progreso humano se debe a él. Pero es un gran error creer que salir de la barbarie y llegar a la civilización es un proceso fatídico e inevitable. La mejor demostración de que los pueblos pueden, también, retroceder de la civilización a la barbarie es lo que ocurre precisamente en Venezuela. Es, en potencia, uno de los países más ricos del mundo, y cuando yo era niño millones de personas iban allá a buscar trabajo, a hacer negocios y en busca de oportunidades. Era, también, un país que parecía haber dejado atrás las dictaduras militares, la gran peste de la América Latina de entonces. Es verdad que la democracia venezolana era imperfecta (todas lo son), pero, pese a ello, el país prosperaba a un ritmo sostenido. La demagogia, el populismo y el socialismo, parientes muy próximos, la han retrocedido a una forma de barbarie que no tiene antecedentes en la historia de América Latina y acaso del mundo. Lo que ha hecho con Venezuela el “socialismo del siglo XXI” es uno de los peores cataclismos de la historia. Y no sólo me refiero a los más de cuatro millones de venezolanos que han huido del país para no morirse de hambre; también a los robos cuantiosos con los que la supuesta revolución ha enriquecido a un puñado de militares y dirigentes chavistas cuyas gigantescas fortunas han fugado y se refugian ahora en aquellos países capitalistas contra los que claman a diario Maduro, Cabello y compañía.

Venezuela es, en potencia, uno de los países más ricos del mundo, millones de personas iban allá a buscar trabajo

Las últimas noticias que se han publicado en Europa sobre Venezuela muestran que la barbarización del país adopta un ritmo frenético. Las organizaciones de derechos humanos dicen que hay 501 presos políticos reconocidos por el régimen, y, pese a ello, se hallan aislados y sometidos a torturas sistemáticas. La represión crece con la impopularidad del régimen. Los cuerpos de represión se multiplican y, el último en aparecer, ahora operan en los barrios marginales, antiguas ciudadelas del chavismo y, debido a la falta de trabajo y la caída brutal de los niveles de vida, convertidos en sus peores enemigos. Las golpizas y los asesinatos a mansalva son incontables y quieren, sobre todo, mediante el terror, apuntalar al régimen. En verdad, consiguen aumentar el descontento y el odio hacia el Gobierno. Pero no importa. El modelo de Venezuela es Cuba: un país sonámbulo y petrificado, resignado a su suerte, que ofrece playas y sol a los turistas, y que se ha quedado fuera de la historia.

Por desgracia, no sólo Venezuela retorna a la barbarie. Argentina podría imitarla si los argentinos repiten la locura furiosa de esas elecciones primarias en las que repudiaron a Macri y dieron 15 puntos de ventaja a la pareja Fernández / Kirchner. ¿La explicación de este desvarío? La crisis económica que el Gobierno de Macri no alcanzó a resolver y que ha duplicado la inflación que asolaba a Argentina durante el mandato anterior. ¿Qué falló? Yo pienso que el llamado “gradualismo”, el empeño del equipo de Macri en no exigir más sacrificios a un pueblo extenuado por los desmanes de los Kirchner. Pero no resultó; más bien, ahora los sufridos argentinos responsabilizan al actual Gobierno —probablemente, el más competente y honrado que ha tenido el país en mucho tiempo— de las consecuencias del populismo frenético que arruinó al único país latinoamericano que había conseguido dejar atrás al subdesarrollo y que, gracias a Perón y al peronismo, regresó a él con empeñoso entusiasmo.

Las golpizas y los asesinatos a mansalva son incontables y quieren, sobre todo, mediante el terror, apuntalar al régimen

La barbarie se enseñorea también en Nicaragua, donde el comandante Ortega y su esposa, después de haber masacrado a una valerosa oposición popular, han retornado a reprimir y asesinar opositores gracias a unas fuerzas armadas “sandinistas” que se parecen ya, como dos gotas de agua, a las que permitieron a Somoza robar y diezmar aquel infortunado país. Evo Morales, en Bolivia, se dispone a ser reelegido por cuarta vez como presidente de la República. Hizo una consulta a ver si el pueblo boliviano quería que él fuera de nuevo candidato; la respuesta fue un no rotundo. Pero a él no le importa. Ha declarado que el derecho a ser candidato es democrático y se dispone a eternizarse en el poder gracias a unas elecciones manufacturadas a la manera venezolana.

¿Y qué decir de México? Eligió abrumadoramente a López Obrador, en unas elecciones legítimas, y en el país prosiguen los asesinatos de periodistas y mujeres a un ritmo aterrador. El populismo comienza a carcomer una economía que, pese a la corrupción del Gobierno anterior, parecía bien orientada.

Es verdad que hay países como Chile que, a diferencia de los ya mencionados, progresa a pasos de gigante, y otros, como Colombia, donde la democracia funciona y parece hacer avances, pese a todas las deficiencias del llamado “proceso de paz”. Brasil es un caso aparte. La elección de Bolsonaro fue recibida en el mundo entero con espanto, por sus salidas de tono demagógicas y sus alegatos militaristas. La explicación de ese triunfo fue la gran corrupción de los Gobiernos de Lula y Dilma Rousseff, que indignó al pueblo brasileño y lo llevó a votar por una tendencia contraria, no una claudicación democrática. Desde luego, sería terrible para América Latina que también el gigante brasileño comenzara el retorno a la barbarie. Pero no ha ocurrido todavía y mucho dependerá de lo que haga el mundo entero, y, sobre todo, la América Latina democrática para impedirlo.

Diosdado Cabello sugiere regresar al «trueque» para fortalecer el bolívar y desterrar el dólar por Ymarú Rojas – ABC – 27 de Agosto 2019

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El número dos del chavismo carga contra el dólar por usarse como moneda para fijar el valor de los productos en Venezuela y responsabiliza de ello a la oposición

El chavista Diosdado Cabello reaccionó la noche del lunes por el uso del dólar en Venezuela, que ha desplazado al bolívar –moneda oficial– en los pagos de bienes y servicios, una opción que ha sido un mecanismo de defensa para los venezolanos en medio de la acuciante crisis económica. El «número dos» del régimen dijo que hay que fortalecer la moneda nacional, obligando a que se use el pago en bolívares o aplicar el «trueque» con el objetivo de desterrar la moneda americana.

«Lo que nosotros debemos hacer es fortalecer nuestro bolívar, obligar a que las transacciones sean en bolívares o trueque», dijo Cabello. Asimismo, aseguró que la economía de su país es una batalla que el chavismo tiene pendiente. Cabello también se quejó de una «inflación en dólares» en el país petrolero y cuestionó lo que hacen con el dólar: «Va a comprar algo ahora (y) te lo dicen así, cinco dólares hoy, (…) la semana que viene vale ocho (…) ¿a cuenta de qué una inflación en el dólar?».

Según el director de la firma Ecoanalítica, Asdrúbal Oliveros, en el país no existe una inflación en dólares, sino «que el costo de vida en dólares sube y el poder de compra ha disminuido (…) y como las cosas en Venezuela cada día suben más rápido de lo que la gente cambia los dólares, que es la depreciación, entonces se necesita más cantidad de dólares para comprar los mismos bienes». Oliveros explicó a ABC que «el proceso de dolarización en Venezuela es prácticamente irreversible, y es algo que la gente ha asumido en su cotidianidad. Y el trueque es una expresión de atraso, y es algo que lo ha superado la economía».

Un tercio de la población

Esa visión la comparte Henkel García, director de Econométrica, quien explicó además que «esas fluctuaciones son comunes y sobre todo en un periodo de inestabilidad en el tipo de cambio que empezó en 2002. Desde 2018, los precios han sido muy superior a la variación del tipo de cambio lo que ha hecho que el dólar pierda poder de compra a lo interno».

Para Diosdado, es responsabilidad de la oposición y de EE.UU. que «quieren hacer daño a nuestro pueblo» por medio de lo que ellos han llamado «la guerra económica», un término que ha utilizado el régimen chavista para acusar a sus detractores.

El dólar ha desplazado al bolívar y se ha situado como valor referencial para fijar precios tanto de productos como de servicios. Sin embargo, solo un tercio de la población tiene acceso a las divisas, y por lo tanto, más oportunidades para adquirir productos de la canasta básica alimentaria, e incluso para importar alimentos y medicinas, algo que los expertos han denominado «economía dual», en la que un sector de la población es primitiva y está empobrecida; y otro sector más pequeño tiene más alternativas por el acceso a las divisas estadounidense y europea.

Para que una familia de cuatro miembros pueda mantenerse a flote en el país, requiere 700 euros por mes, sin embargo las ofertas salariales están muy por debajo de eso. Este martes, el precio de cada unidad de dólar en el país petrolero se disparó a 20.200 bolívares, ubicando el salario mínimo mensual en 2.50 euros, por lo que el ingreso mínimo en Venezuela es de 40.000 bolívares.

Tarjeta de vacunación

La misma crisis económica, entre otros problemas, ha desencadenado una estampida de 4 millones de venezolanos que han huído de su país hacia otros: Perú (768.000), Chile (288.000), Ecuador (263.000), Brasil (168.000) y Argentina (130.000).

David Smolansky, exalcalde venezolano y actual coordinador de la OEA para la crisis de migrantes y refugiados venezolanos, informó la aprobación de una Tarjeta Unificada de Vacunación para los venezolanos: «Esto permitirá compartir la información entre los países y evitar las revacunaciones. Buen ejemplo de política común en la región».

Funcionarios de salud de Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Panamá, Canadá, Haití, República Dominicana, Argentina, Perú y Paraguay aprobaron por unanimidad la medida y forma parte de un acuerdo para garantizar que reciban las vacunas necesarias que eviten la propagación de enfermedades.

 

Maduro ofrece pagar medicamentos con minerales y metales preciosos por Sabrina Martín – Panampost – 4 de Enero 2018

Venezuela no tiene cómo liquidar US$ 5 mil millones en deudas con compañías farmacéuticas; para enfrentar dicha situación ofreció el intercambio que “dejó perplejos” a los involucrados.

A falta de dólares, Venezuela ofreció a proveedores de medicinas pagar con minerales y metales como diamantes, oro y coltán.

Un reportaje del diario estadounidense The Wall Street Journal (WSJ) reveló que el régimen de Nicolás Maduro se vio en la necesidad de buscar alternativas de pago para adquirir medicinas ya que no cuenta con divisas suficientes.

Explica el diario estadounidense que Venezuela no tiene cómo liquidar US$ 5 mil millones en deudas con compañías farmacéuticas y que para enfrentar dicha situación ofreció el intercambio que “dejó perplejos” a los involucrados.

Fuentes relacionadas con la industria de los medicamentos revelaron que las empresas alegaron que no tienen políticas para aceptar gemas ni metales como forma de pago en una reunión que se dio con el ministro de Salud del país suramericano.

Se desconoce si alguna de las firmas aceptó la propuesta; sin embargo la oferta demuestra el colapso económico que enfrenta Venezuela tras la improvisación en los pagos de bienes.

Con el paso de los días se evidencia aún más la escasez de divisas y la crisis económica en Venezuela, a tal punto que el trueque se ha convertido en una forma de “sobrevivencia”, tanto para el régimen como para las mismas comunidades.

Y es que mientras Maduro busca saldar sus deudas con farmacéuticas, también debe darle prioridad a mantenerse solvente en el exterior.

La deuda externa total de Venezuela es cercana a los USD $150.000 millones, según estimaciones del economista José Guerra, presidente de la Comisión de Finanzas del Parlamento; esto ante unas finanzas en caída libre y una deuda galopante.

El precio del barril de petróleo aún se mantiene bajo, por lo que los ingresos en dólares son cada día menores, además de que las refinerías trabajan al mínimo de su capacidad impidiendo su buen funcionamientos.

A esto se suma que la estatal petrolera Pdvsa se encuentra prácticamente en ruinas y que en el país suramericano la producción de productos básicos cada día es menor; esto porque las empresas no reciben las divisas suficientes para fabricar los alimentos y medicamentos necesarios para cubrir la demanda nacional.

El portal digital estadounidense The World Weekly (TWW) reveló que Nicolás Maduro se mantiene en el poder hipotecando a Venezuela a un costo irreversible. De acuerdo con TWW, la magnitud de lo que ha hecho el mandatario con las arcas del país suramericano va “más allá de la imaginación”.

“Caracas y PDVSA deben devolver alrededor de US$ 13 mil millones para fines del 2018 y sin embargo, sus reservas internacionales de divisas se han hundido a menos de US$ 10 mil millones”, señala el portal digital.

Un incumplimiento de pago en todas estas deudas podría llevar a los acreedores a apoderarse del dinero de la estatal petrolera PDVSA a través de los tribunales. Si eso sucediera, Venezuela perdería su único sustento económico.

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