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Acción Militar interna o externa y el monopolio de la violencia inoculada por Tomás Kaurima – La Patilla – 25 de Mayo 2019

Es ingenuo pensar que llegue uno de nosotros a la Presidencia y por magia desaparezcan los conflictos. Obvio que heredaremos un polvorín. Suficientemente más complejo que el heredado por Betancourt en los años 60. Las FFAA de entonces, desplazadas del poder con la caída de Perez Jiménez, fueron reducidas a sus cuarteles. Y no obstante produjeron el Carupanazo, el Barcelonazo y el Porteñazo. Entonces no tenían el virus “ideologizante” del culto a la personalidad caudillesca del “comandante eterno”, ni operaban en mafias financieras de negocios turbulentos de las drogas, el petróleo, el diamante, el oro o el coltan; el contrabando y todos los ilícitos imaginados o por imaginarse.
De hecho, no tenían entonces nexos con la guerrilla colombiana, ni con organizaciones terroristas, ni grupos irregulares nacionales, políticos o delincuenciales.

Sumemos otro escenario de los sesenta: las dictaduras de derechas, como Trujillo en República Dominicana, que veía en Venezuela una amenaza a su régimen y orquestó el atentado de los Próceres contra Betancourt. Y, adicionalmente, otro adversario a confrontar era Fidel Castro, tirano cubano de izquierda, artífice de la lucha armada, en esa década, contra la democracia.

Hoy no es menos complicado el escenario. Los enemigos de la cultura occidental y la democracia tienen muchos intereses involucrados en nuestro territorio. Justo ahora no podemos darnos el lujo de lucir desconcertados. Por supuesto que estamos conscientes del reto que encaramos. Esto transciende al hecho jurídico y leguleyo, no sólo a lo previsto en nuestra constitución por lo de la asistencia militar, tal como lo señala el artículo 187.11 o el Tratado interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR) o bien el R2P, sino al interés que priva en este momento para salir del atolladero inducido por el régimen de Maduro, bajo el signo de la amenaza de convertir a Venezuela en una guerra civil de proporciones internacionales.

En consecuencia, ya no se trata de lo que le conviene o interese a otros, sino a nosotros. ¿Tenemos, o no, aliados para enfrentar la coyuntura ? Actuemos en consecuencia. Si los tenemos, obremos con ellos, de no tenerlos, busquémoslos.
¿No fue eso lo hizo De Gaulle para liberar a Francia de la ocupación nazi? ¿No fue lo que hizo Churchill con los aliados para derrotar a Hitler? ¿No fue acaso una inspiración similar de autodefensa la asumida por Vietnam para salir de Pol Pot en Camboya; incluso en contra de sus aliados históricos, ideológicos, militares y financieros de China y la URSS? Y los desafiaron; en una guerra que duró 10 años y que hábilmente, como siempre, los izquierdopatas, en su misión gato, saben hacer muy bien al ocultar, para que no hieda, la caca que generan.

¿Qué argumentos jurídicos o tratados fueron los que usaron entonces estos personajes ante la imposición de la realidad que los apremiaba?

Ejemplos más vinculantes a nuestra vernácula tradición histórica como los de Miranda y Bolivar peregrinando en Rusia, Francia, Inglaterra, EEUU y Haití. O el “Leander”, cuya réplica exhibe el régimen en el Parque del Este. A Miranda se lo entregaron en Río Caribe. ¿Cuál es el complejo, que deben aprobar la acción primero afuera para nosotros suscribirlo? ¿La Legión Británica fue una iniciativa de los ingleses o de Bolívar? ¿El problema es de EEUU o nuestro? ¿Quién debe asumir la direccionalidad?

Si la iniciativa la asumen afuera, me temo que debemos preparar espacio para nuestro propio Guantánamo. Si la iniciativa parte de nosotros, tendremos autoridad para sugerirles cuándo retirarse. Y poder indagar con los interesados “cuánto le debo y de qué le debo”.

La crisis venezolana: impactos y desafíos por Eduardo Pastrana Buelvas y Hubert Gehring – Fundación Konrad Adenauer – Mayo 2019

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Presentación KAS

Ante la creciente crisis que atraviesa Venezuela, Colombia enfrenta nuevos desafíos relacionados con su capacidad institucional, la población migrante que diariamente atraviesa la frontera, su relación bilateral y la seguridad en la región, entre otros. En ese sentido, la Fundación Konrad Adenauer (KAS) ha querido contribuir al análisis de la crisis venezolana y ofrecer una reflexión sobre el papel que debe desempeñar Colombia frente a este fenómeno.

Con tal objetivo en mente, convocamos a un grupo de expertos nacionales e internacionales para abordar la crisis desde múltiples enfoques que hemos recogido en el presente libro, del cual esperamos que sirva como insumo para el diseño y la ejecución de políticas públicas en Colombia y para la implementación de estrategias multilaterales que permitan atender las necesidades más urgentes de los migrantes y mitigar los efectos de la crisis en la región.

Siendo Colombia el principal receptor de población proveniente de Venezuela, y reconociendo los esfuerzos realizados hasta el momento, es necesario que se implementen acciones más de mediano y largo plazo que permitan atender de manera efectiva este fenómeno. Al ser una problemática multidimensional, necesita de respuestas con un enfoque diferencial, coordinadas e intersectoriales que, además, involucren a todos los niveles de gobierno, a organizaciones de la sociedad civil y a la comunidad internacional.

En efecto, no puede dejarse de lado el papel de la comunidad internacional como garante de una posible transición política en Venezuela, principal proveedor de ayuda humanitaria y facilitador de una eventual recuperación económica. Colombia debe apoyarse en las instancias internacionales y hacer uso de los mecanismos que ofrecen instituciones como la ONU o la OEA, e incluso la Unión Europea, para continuar el liderazgo que ha ejercido hasta ahora en la visibilización de la crisis y la mitigación de sus efectos.

Sabemos de los enormes esfuerzos que demandan la atención humanitaria, una transición democrática y la restauración económica en Venezuela. Sin embargo, la comunidad internacional debe tomar una posición más activa y responsable frente a la crisis humanitaria y ejercer una presión contundente para restablecer la democracia en Venezuela.

En este orden de ideas, de lograrse dicha transición, aún quedaría un camino largo por recorrer para la reconstrucción de la sociedad venezolana y su economía; un camino que sin duda exigirá sacrificios y la solidaridad de muchos actores a nivel nacional, regional e internacional.

Por ese motivo, este libro incluye, entre otros, una reflexión en torno a las capacidades institucionales propias de los sistemas de la ONU y de la OEA para hacerle frente a la crisis política y humanitaria, y la competencia de la Corte Penal Internacional de cara a las violaciones de los derechos humanos por parte de las autoridades venezolanas. También un análisis sobre el papel que desempeñan algunas potencias globales y los principales socios políticos y comerciales en el contexto de la crisis. De igual manera, un balance sobre los retos y las oportunidades para la relación colombo-venezolana en el marco de la crisis humanitaria.

Ahora bien, somos conscientes de que algunos temas se escapan del alcance de este análisis, por lo que esperamos inspirar otras reflexiones que incluyan nuevos y distintos puntos de vista sobre un tema que además de ser importante, es urgente para Venezuela, Colombia, la región y el mundo.

Finalmente, agradecemos a todo el equipo de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) por su apoyo. A los autores que contribuyeron con sus reflexiones y propuestas a la realización de esta iniciativa. Y al profesor Eduardo Pastrana Buelvas, nuestro más sincero reconocimiento por su liderazgo, compromiso y acompañamiento en la implementación de este proyecto editorial.

Esperamos que el lector encuentre en este libro una guía útil para ampliar y profundizar sus conocimientos alrededor de estos temas y, de ser posible, luces para posibles soluciones a los problemas expuestos.

Dr. Hubert Gehring / Representante en Colombia

Fundación Konrad Adenauer

Enlace para acceder al texto del libro :

La crisis venezolana. Impactos y desafíos

La dificil transición pacifica y democrática por Nelson Bocaranda Sardi – RunRunes – 22 de Mayo 2019

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 Este artículo editorial de The Washington Post conecta con un profundo trabajo de dos catedráticos estadounidenses Douglas Farah y Caitlyn Yates de IBI Consultants para la National Defense University. Nos da luces sobre la complejidad del tejido criminal montado durante los gobiernos de Chávez y Maduro en estos 20 años de “revolución bolivariana”.

Me interesó, y por eso lo comparto con nuestros lectores, pues pareciera servir, con datos reales y precisos, para ir definiendo la terrible y posible denominación de Venezuela como “Estado Forajido”. Prende las alarmas a todos los niveles globales. Angustia compartida ante una difícil transición pacífica. Preocupa a los países vecinos y mucho mas a los “socios” involucrados. Algunos ya detectados, otros ya comprometidos cantando y los terceros listos para el “bel canto” , bien de uniforme o de civil:

LA VERDADERA RAZÓN POR LA CUAL MADURO SOBREVIVE: EL DINERO SUCIO.

 En Venezuela, la administración de Trump necesita retroceder. Los venezolanos son los perdedores en el conflicto político entre el gobierno y la oposición, y Estados Unidos lo está empeorando. (Joshua Carroll, Kate Woodsome / The Washington Post)

 Por Jackson Diehl, sub-director de la página Editorial de The Washington Post

12 de mayo de 2019.

“Cuando se les pidió que explicaran por qué sus esfuerzos por derrocar al presidente venezolano, Nicolás Maduro, se han quedado cortos, los funcionarios de la administración de Trump suelen citar la influencia siniestra de Cuba y Rusia, que dicen ha endurecido la resistencia del régimen. De lo que no hablan tanto es un factor posiblemente más importante: el Cartel de los Soles. Ese término colorido se refiere a la red de tráfico de drogas que cada año transporta cientos de toneladas de cocaína colombiana desde los aeródromos venezolanos a América Central y el Caribe para su distribución final en los Estados Unidos y Europa, y eso incluye a algunos de los funcionarios de mayor rango en el régimen de Maduro. Estos hombres no se aferran al poder porque son verdaderos creyentes en el socialismo, o por su lealtad a Vladimir Putin y Raúl Castro. Se aferran porque, a pesar de la implosión económica de Venezuela, todavía están cosechando millones, y es probable que se encuentren encarcelados en Venezuela o los Estados Unidos si se alejan de su país. El tráfico de cocaína es solo una de las muchas actividades delictivas en las que está inmersa la élite de la “revolución bolivariana” de Hugo Chávez. También hay minería ilícita de oro y hierro; ventas fraudulentas de petróleo; los beneficios de las importaciones de alimentos y medicinas; y el comercio de divisas corruptas. Maduro y todos los que están cerca de él, incluyendo a su esposa, su No. 2 y los ministros del Interior y de la Industria, están a su altura.

Aunque tanto el gobierno de Trump como los defensores extranjeros de la extrema izquierda de Maduro prefieren describir la crisis venezolana en términos políticos, la realidad es que el régimen es menos un gobierno, mucho menos socialista, que una pandilla criminal. Eso tiene dos consecuencias que complican su eliminación.

Primero, el dinero que está obteniendo de la actividad criminal está sirviendo como un apoyo que le permite sobrevivir a las sanciones de los Estados Unidos.

Quizás lo más importante es que la contaminación tóxica en casi todos los altos funcionarios hace que sea mucho más difícil seguir las fórmulas habituales para una transición pacífica, incluida la creación de un gobierno de transición y la amnistía para aquellos que renuncian.

El colapso de la economía regular de Venezuela ha creado una grave escasez de alimentos, agua, medicinas y energía, y ha provocado que más del 10 por ciento de sus 30 millones de personas huyan del país. Sin embargo, los ingresos ilícitos que se están derramando para la camarilla de Maduro parecen estar aumentando. Un reciente informe de CNN dijo que los vuelos de drogas desde Venezuela habían aumentado de aproximadamente dos por semana en 2017 a casi todos los días en 2018; citó a un funcionario de los Estados Unidos diciendo que este año se habían realizado hasta cinco vuelos por noche. En el 2018, se calcula que se traficaron a través de Venezuela 265 toneladas de cocaína colombiana, con un valor de venta de $ 39 mil millones, según el informe.

Otro nuevo estudio preparado para la Universidad de Defensa Nacional por Douglas Farah y Caitlyn Yates encontró que incluso mientras el régimen de Maduro vendió 73 toneladas de oro en Turquía y los Emiratos Árabes Unidos el año pasado para recaudar efectivo, sus reservas crecieron en 11 toneladas, el resultado probable de la minería ilegal de oro, incluso por grupos rebeldes colombianos con sede en Venezuela y aliados con el régimen. Esas ventas podrían haber recaudado cerca de $ 3 mil millones, más que suficiente para financiar las fuerzas de seguridad y los grupos paramilitares aún leales a Maduro.

Farah y Yates describen el régimen venezolano como parte de una red regional que denominan Empresa Criminal Conjunta Bolivariana, un “consorcio de estados criminalizados y actores no estatales”. Identificaron 181 individuos y 176 empresas en 26 países vinculados a la actividad criminal venezolana. Gracias a esta empresa, dicen, “el régimen de Maduro no se ha derrumbado y puede que no durante un período de tiempo significativo. . . . “La capacidad de la red para adaptarse y diversificar su cartera criminal significa que el dinero continúa fluyendo hacia los cofres del régimen”.

En teoría, la oposición venezolana, el gobierno de Trump y otros que buscan sacar a Maduro podrían resolver perdonar todo esto. La oposición ha hablado sobre la amnistía para los líderes militares que denuncien el régimen y la semana pasada, el Departamento del Tesoro levantó las sanciones al jefe de inteligencia de Venezuela luego de que desertara el 30 de abril.

Sin embargo, como cuestión práctica, es difícil imaginar a la mayoría de la mafia de Maduro simplemente alejándose del poder. Al menos dos de sus capos han sido acusados ​​por grandes jurados federales de los Estados Unidos. Otro, el ex general Hugo Carvajal, desertó a España el mes pasado, y fue encarcelado rápidamente en una solicitud de extradición de los Estados Unidos. Se enfrenta a cargos federales de contrabando de cocaína.

Algunos líderes de la oposición y gobiernos extranjeros esperan negociar una administración de transición que incluya figuras del régimen. Pero, como dijo la veterana activista de la oposición María Corina Machado a The Post, “no se puede tener a los capos de la droga. . . no puede haber individuos que formen parte de la mafia en el tráfico de oro, el tráfico de petróleo y el tráfico de gasolina o las mafias de alimentos ”. Eso, por desgracia, puede excluir a casi todos los que tienen el poder de lograr un cambio pacífico en Caracas”.

Hasta aquí el editorial.

El detallado trabajo del que habla Diehl elaborado este mes de mayo por Douglas Farah y Caitlyn Yates, de IBI Consultants,LLC para la National Defense University, es contundente en su investigación. Las pesquisas incluyen desde movimiento de dinero en diferentes monedas y en variados países hasta las empresas fachadas, las ventas de oro, la distribución de las comisiones, los negocios en países amigos del régimen venezolano, y otros elementos que podrían servir para declarar a Venezuela un “estado forajido” con la contundencia de los hallazgos de ilícitos criminales de tipo muy variado. La investigación estuvo en parte financiada por la National Defense University a través del Instituto de Estudios de la Seguridad Nacional. En una aclaratoria inicial enfatizan que el reporte no representa la visión de la Universidad, el Departamento de Defensa o cualquier otro ente del gobierno estadounidense.

Estos son los tres párrafos introductorios:

“En 1998, el pueblo venezolano eligió a Hugo Chávez, iniciando un movimiento regional conocido como la Revolución Bolivariana. En un esfuerzo por aislar a los Estados Unidos y promover su “Socialismo para el proyecto político del siglo XXI”.

Chávez consolidó sistemáticamente el poder en la rama ejecutiva. A su vez, transformó a PDVSA, la compañía petrolera nacional venezolana, en una empresa regional multimillonaria que opera en concierto con líderes políticos simpatizantes, élites económicas y organizaciones criminales. Mientras Chávez dirigió el proyecto, fue ayudado por el liderazgo político en Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Surinam y El Salvador. En los últimos 20 años, esta red criminal creció para abarcar varias docenas de personas y cientos de empresas de fachada. Nicolás Maduro luego heredó este régimen criminal en 2013 después de la muerte de Chávez. Veinte años después del inicio del proyecto político, la red abarca todo el mundo, desde El Salvador a los Estados Unidos, desde Rusia a Hong Kong, y a través de varios paraísos financieros en el medio.

Sin embargo, incluso después de que Estados Unidos sancionó a cientos de personas y entidades por cargos como el narcotráfico y el lavado de dinero, Maduro continúa sirviendo, de facto, como el líder de Venezuela. Los resultados de este régimen criminal culminaron en una economía venezolana que se contrajo más del 50 por ciento, mientras que al menos el 10,5 por ciento de la población venezolana ahora vive como refugiados. En otros países. Esta crisis cada vez más visible impone enormes costos a los vecinos regionales.

Mientras tanto, los fondos lavados ilícitamente socavan el estado de derecho y la democracia, causan estragos sobre las economías legales, fortalecen los regímenes autocráticos corruptos y crean espacios donde las redes criminales organizadas transnacionales prosperan. Si bien la dinámica de las actividades delictivas conjuntas en Venezuela se mantiene prácticamente sin cambios, el régimen de Maduro está sintiendo cada vez más la presión doméstica e internacional para el cambio de régimen.

Este informe destaca la escala de lo que llamamos la “Empresa Criminal Conjunta Bolivariana”. Aquí nosotros resaltamos algunas de las tipologías criminales utilizadas por la red y exploramos el impacto más amplio de las acciones de esta red. El informe recopila el trabajo de campo realizado durante cinco años en 11 países y aumenta este análisis cualitativo con investigación de código abierto y análisis de datos.

Por último, argumentamos que la Empresa Criminal Conjunta Bolivariana no es una entidad única, sino una red de empresas aliadas, estructuras regionales e individuos históricamente vinculados que operan en todo el globo. A menos que la red sea atacada desde múltiples puntos simultáneamente, la alianza , sobrevive y se transforma en una operación más dispersa y sofisticada”.

El profundo trabajo de investigación incluye las ventas falsas de petróleo venezolano, las Compras Cíclicas de Activos Fijos, la Minería Ilegal, los Proyectos de Infraestructura Falsificados y las Transferencias Banco a Banco, El Impacto Humano y Económico, las Conclusiones y el detalle de las múltiples fuentes utilizadas en tan enjundiosa investigación durante cinco años.

CONCLUSIONES: Este informe destaca la interconexión de diferentes actores y mecanismos económicos que facilitan la resistencia de la empresa, aunque actualmente en un estado debilitado. La “Bolivarian Joint Criminal Enterprise” es una estructura única basada en la participación directa del Estado en el comportamiento criminal, operando en múltiples esferas económicas y jurisdicciones de aplicación. Este portafolio criminal se basa en el apoyo de entidades estatales, empresas lícitas y grupos delictivos organizados.

El resultado es una compleja operación criminal que socava el Estado de Derecho, la Democracia, la Gobernanza y las alianzas de Estados Unidos en todo el hemisferio occidental.

La estructura bolivariana ha demostrado ser resistente y adaptable, con múltiples capacidades redundantes. Operacionalmente, cuando se presiona una faceta de la red criminal, la Empresa Criminal Conjunta Bolivariana es experta en trasladar operaciones a nuevas áreas o encontrar nuevos aliados, a menudo alimentando las diferentes fortalezas y conexiones de la historia compartida de la Empresa y sus objetivos comunes. El gobierno de los Estados Unidos ha emprendido recientemente un esfuerzo más holístico y unido para enfrentar a estos actores criminales, dando resultados significativos.

Los esfuerzos para canalizar algunos de los fondos que fluyen desde PDVSA y la estructura bancaria bolivariana al legalmente reconocido gobierno interino de Guaidó, y fuera de las manos del régimen de Maduro, es innovador y necesario.

Pero, como dijo el ex comandante del USSOUTHCOM, el almirante James Stavridis: “se necesita una red para luchar contra una red ”.

La clave para combatir esta red, argumentamos, es la integración de las autoridades y las capacidades en todo el gobierno de los Estados Unidos, y en colaboración con socios de confianza como Colombia, para abordar el alcance de la Red Bolivariana. Este enfoque incluye la combinación de recursos y autoridades de los departamentos de Hacienda, Estado, Justicia, Seguridad Nacional y Defensa, junto con la Comunidad de Inteligencia para enfrentar los múltiples nodos de la “empresa”. Sin embargo, abordar la “Empresa Criminal Conjunta Bolivariana” también requiere respuestas de los actores en países más allá de Venezuela y abrazar en conjunto un compromiso más sólido y a largo plazo con políticas alineadas con naciones socias en el hemisferio occidental. Como los impulsores ideológicos de la revolución bolivariana. han sido ampliamente desacreditados, recientemente esta es una oportunidad para que Estados Unidos se comprometa audazmente con la región y abordar el alcance y la complejidad que esta empresa criminal hoy abarca.

Aquí el enlace con el trabajo que en sus 20 páginas incluye gráficos en detalle de las conexiones globales actualizadas. Incluyen PDVSA, las compañías fachadas, los activos millonarios, la corrupción de funcionarios del régimen, los traficantes de oro, las falsas refinerías de oro usadas para venderlo en el mercado internacional, el mercado de oro en Dubai, las organizaciones traficantes de oro, las inversiones falsas de PDVSA, bancos locales, bancos corresponsales, bancos de terceros países con cuentas personales y presión a vecinos por éxodo de refugiados.

https://www.ibiconsultants.net/_pdf/maduros-last-stand.pdf

La oposición venezolana ahora considera negociar con Maduro por Anatoly Kurmanaev – The New York Times – 21 de Mayo 2019

Juan Guaidó en un mitin en Caracas este mayo CreditRodrigo Abd/Associated Press

Fue una apuesta atrevida: Juan Guaidó, el líder de la oposición venezolana, apareció en una base militar rodeado por decenas de oficiales uniformados y aliados políticos para llamar a las fuerzas armadas a sublevarse contra el presidente Nicolás Maduro.

Tres semanas después, Guaidó se ha estado moviendo entre casas seguras para evadir una posible captura. Muchos de los hombres que estuvieron a su lado ese 30 de abril, al igual que varios legisladores y políticos que lo han apoyado, ahora están en prisión o refugiándose en embajadas de otros países en Caracas. Los soldados ya han cerrado varias veces el acceso a la Asamblea Nacional que encabeza Guaidó.

Además, las protestas de simpatizantes de Guaidó que desbordaban las calles se han reducido mientras los venezolanos, ante el desplome económico y la escasez de alimentos, combustibles y medicamentos, han regresado a su rutina de sobrevivencia.

Debilitado y sin poder resolver de manera rápida la crisis política que asedia a Venezuela, Guaidó se ha visto forzado a considerar posibles negociaciones con Maduro, el hombre al que prometió sacar del poder. Ambos lados enviaron representantes a Noruega para discusiones hace poco, en una concesión que Guaidó ya había rechazado.

En público, Guaidó se muestra optimista y decidido. En varios mítines celebrados en la capital venezolana ha urgido a sus partidarios a mantener vivas las protestas. Sin embargo, en una entrevista, reconoció que la capacidad operativa de la oposición se ha visto afectada.

“Ha sido muy salvaje la persecución del gobierno”, dijo desde el pasillo vacío de una de las casas seguras que ha estado usando.

Rafael del Rosario, asesor de Guaidó, huyó hacia Colombia cuando sus vecinos le advirtieron que lo estaban buscando oficiales del servicio de inteligencia. CreditFederico Rios Escobar para The New York Times

Más de cincuenta países —incluyendo a Estados Unidos, Canadá y casi toda la Unión Europea— reconocieron a Guaidó como presidente legítimo a finales de enero, después de calificar como fraudulenta la elección del año pasado que le dio un segundo mandato a Maduro.

A partir de enero, los gobiernos de varios países que respaldan a Guaidó se han pronunciado a favor de adoptar otros enfoques para acabar con la parálisis política venezolana, un giro respecto a los llamados internacionales para que Maduro fuera removido del poder.

En una entrevista en abril, Elliott Abrams, el enviado especial para Venezuela del gobierno de Donald Trump, dijo que para que pueda funcionar una transición democrática todos los venezolanos deben ser parte, incluidos los que son leales a Maduro.

“Son parte de la escena política de Venezuela”, dijo Abrams. “Entonces solo queremos dejar claro que realmente queremos una Venezuela democrática. No estamos eligiendo a un bando como ganador”.

El presidente Trump ahora ha puesto su mirada sobre Irán, lo que desvaneció las esperanzas que pudieron tener algunos miembros de la oposición sobre el respaldo militar estadounidense.

Sin ver atisbos de una resolución expedita, los aliados europeos de Guaidó redoblaron sus esfuerzos para conseguir un pacto negociado entre la oposición y el gobierno, lo que trasladó la batalla política venezolana hacia el ámbito diplomático, dijo Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos, con sede en Caracas y que ha asesorado a la oposición.

A mediados de la semana pasada viajaron a Noruega representantes de la oposición para reunirse con enviados del gobierno con el fin de sostener diálogos exploratorios, según funcionarios de ambas partes.

Guaidó dijo el 16 de mayo pasado, en un evento con trabajadores del sector público, que estuvo de acuerdo con que se iniciaran esos diálogos, pero aseguró: “No nos vamos a prestar para ningún tipo de negociación falsa”. Declaró que el objetivo seguía siendo sacar a Maduro del poder, establecer un gobierno de transición y convocar elecciones libres.

Asimismo, Guaidó se reunió la semana del 13 de mayo con diplomáticos europeos que representan al Grupo de Contacto Internacional sobre Venezuela, el cual ha estado trabajando para que haya nuevas elecciones en el país. En otros esfuerzos para encontrar un espacio común con los principales defensores de Maduro, la canciller canadiense, Chrystia Freeland, viajó a Cuba y el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, acudió a Rusia.

El presidente Nicolás Maduro habla con sus tropas el 14 de mayo. Buena parte de las fuerzas armadas se mantuvo leal en abril cuando Guaidó los llamó a sublevarse. CreditPalacio de Miraflores

Maduro también ha quedado debilitado por la sublevación convocada por Guaidó. El jefe del servicio de inteligencia desertó y Estados Unidos asegura que varios funcionarios de alto nivel, incluidos el ministro de Defensa y un magistrado del Tribunal Supremo de Justicia estuvieron involucrados en el complot que buscaba derrocarlo.

Las sanciones de Estados Unidos han golpeado duramente los sectores clavede la economía venezolana, el petróleo y las importaciones, lo que dificulta que Maduro pueda gobernar. Este fin de semana, el país quedó prácticamente paralizado debido a la falta de combustible, una escasez que el presidente atribuye a las sanciones.

Sin embargo, seis años de recesión han preparado a Maduro para gestionar, aunque no para resolver, una serie de crisis. Su apuesta parece ser que la represión y la fatiga eliminen el respaldo a Guaidó antes de que las sanciones lo obliguen a dejar el poder, según sostiene Seijas, el encuestador.

“El gobierno cree que el tiempo juega a su favor, y no están tan equivocados”, dijo Seijas. “Parece un equilibrio. Ningún lado puede doblar el brazo del otro, pero el gobierno cree que es una situación que puede manejar y controlar”.

Líderes opositores dijeron que seguirán trabajando para sacar a Maduro y que están estableciendo un gobierno de transición desde las casas seguras y embajadas donde se han estado refugiando.

“La meta ahora no es volverse mártires políticos al ser arrestados”, dijo Juan Andrés Mejía, diputado del partido Voluntad Popular, quien se escondió después de que el gobierno le retiró la inmunidad política el 15 de mayo. “La meta es asegurar un gobierno de transición. Estoy enfocado ahora en asegurarme de que el trabajo que iniciamos no se detenga”.

Guaidó (izquierda) con su mentor de Voluntad Popular, Leopoldo López, quien se escapó del arresto domiciliario, el pasado 30 de abril CreditMiguel Gutiérrez/EPA vía Shutterstock

No obstante, para los integrantes de la oposición que están escondidos es difícil mantener su trabajo de contacto con las bases, que han dicho es fundamental para que siga el respaldo popular. Después de que fracasó el levantamiento, el objetivo de sacar a Maduro sí parece más lejano, reconoció Rafael del Rosario, el vicejefe de gabinete para Guaidó.

Cuando los vecinos de Del Rosario le dijeron en abril que los funcionarios del servicio de inteligencia lo estaban buscando, eligió exiliarse ante la amenaza de ser arrestado y tomó el primer vuelo a Bogotá, Colombia. Solo llevó consigo tres pares de ropa interior y un suéter prestado.

“Tengo que seguir luchando porque sé que esto va a caer, pero yo entiendo que puedo pasar un buen tiempo aquí”, aseguró Del Rosario en una entrevista desde el departamento de Bogotá que renta por Airbnb.

Al día siguiente de la huida de Del Rosario, su esposa y sus dos hijos pequeños lo siguieron a Colombia. Tuvieron que cruzar a pie un río por la noche, con la ayuda de soldados que simpatizan con Guaidó.

Desde entonces la familia ha estado subsistiendo con donativos, ayuda de familiares y la amabilidad de partidarios. Solamente cuentan con 300 dólares de ahorros en efectivo que Astrid Zuleta, la esposa de Del Rosario, agarró de su casa antes de irse.

Más de 3,7 millones de venezolanos han huido del país a medida que empeoran las condiciones, según la Agencia de la ONU para los Refugiados. Como la familia Del Rosario, alrededor de 1,3 millones de ellos están en Colombia.

“Aquí soy un venezolano más”, dijo Del Rosario.

La policía nacional apostada afuera de la sede de la Asamblea Nacional en Caracas, el 14 de mayoCreditIván Alvarado/Reuters

María Corina Machado: Opciones en la mesa – Prensa 2001 – 19 de Mayo 2019

Foto: Cortesía

Foto: Cortesía

María Corina Machado

No todas las opciones están sobre la mesa. Los últimos eventos han dejado claro que elecciones fraudulentas o falsos diálogos están descartados por los venezolanos, como también debe estarlo por los aliados internacionales que quieren la libertad de Venezuela, la salida del régimen y la derrota del conglomerado criminal, “la revolución”, cuyos tentáculos ya transcienden nuestras fronteras.

Descartadas las anteriores, solo tenemos las opciones basadas en la inteligencia y la fuerza y, entre éstas, queda ejecutar la más conveniente y efectiva. En el país no enfrentamos una dictadura, ni siquiera una narco-tiranía con apoyo cubano, lo que está enquistado en Venezuela es un régimen de otra naturaleza, nunca antes presente en el Hemisferio y que está conformado por las peores mafias del mundo que, además, desarrolla una guerra no convencional en nuestro país.

Este tipo de guerras, también llamadas asimétricas, se libran en múltiples planos, comenzando por el fundamental, que es el plano de las mentes. De allí, la importancia que la tiranía le otorga a las operaciones psicológicas y la inmensa inversión que realizan para influir en la opinión pública, nacional e internacional, posicionando su propia narrativa.

En este sentido, el régimen de Maduro, apoyado por la experiencia propagandística cubana y lo medios de divulgación de otras potencias del mundo, ha sido efectivo en la construcción de matrices falsas,con el objetivo de desmontar fuerzas externas, diluir la amenaza creíble y desmoralizar a los venezolanos.

Ellos operan sobre tres mitos fundamentales: el primero, que una operación externa en Venezuela sería una ocupación militar masiva y convencional. El segundo, que el intento de una acción externa que conlleve la salida del régimen generaría una guerra civil. Y el tercero, que una transición pacífica, tiene que incorporar a las mafias criminales del régimen como parte del gobierno de transición.

Con relación al primer mito: plantear el clamor nacional de la Responsabilidad de Proteger a través de una coalición internacional con fines humanitarios y equipararlo a una ocupación militar convencional, es una banalización inaceptable. Aquí estamos luchando por detener la pérdida diaria miles de vidas debido a la violencia y a la indolencia. Evidentemente, resolver un conflicto de esta naturaleza, requiere el uso de la fuerza, la cual se aplica en diferentes niveles y proporciones, en el policial, en el económico, en el diplomático, en el de la justicia internacional y en el de las operaciones militares especiales de última generación.

En cuanto al segundo mito, el régimen pretende hacer creer que su salida del poder provocaría una guerra civil en Venezuela, creando un escenario como el de Libia, Siria, Afganistán, o Vietnam, y que ello implicaría la presencia de un gran número de tropas externas en tierras venezolanas por tiempo prolongado. Esto es absolutamente falso, por cuatro razones fundamentales: 1) En Venezuela no existen tensiones de orden étnico, religioso, cultural, ideológico ni territorial. Somos una población cohesionada donde más del 90% clama la salida inmediata de Maduro y el régimen. 2) En los países vecinos también existe completa alineación con este propósito y sus pueblos y gobiernos están comprometidos con la transición y la democratización de Venezuela. 3) El número y la dotación de grupos violentos afectos al régimen, como colectivos, milicias y guerrilla, ha sido irracionalmente abultado por el régimen, con el propósito de convertirlo en el inhibidor de cualquier acción internacional. Gran parte de estos grupos operan con base en el beneficio económico; una vez que Maduro no esté y no haya incentivos que repartir, no van a arriesgar su vida por “la revolución”. 4) Nuestras Fuerzas Armadas están hoy neutralizadas y aunque lo desean, no pueden restituir el orden democrático producto de la fuerza de las mafias que las han infiltrado, espiado, perseguido y torturado. Una vez que el quiebre se produzca y nuestros cuerpos de seguridad se liberen, tendremos un importante y comprometido recurso humano, de militares y civiles, activos y retirados, que al ser reorganizados y rápidamente dotados de equipos, inteligencia, tecnología, comunicación y logística, serán muy efectivos en la desmovilización y neutralización, a corto plazo, de estos grupos paramilitares.

Por último, el tercer mito consiste en la farsa que una transición “ordenada” requiere involucrar a las mafias criminales, militares, judiciales y financieras en el gobierno. Éste no es solamente un planteamiento inaceptable desde el punto de vista ético, sino también un error garrafal desde el punto de vista político y pragmático. Dejar a los criminales en el poder es condenar a que en Venezuela se consolide un estado mafioso.

Los acontecimientos de los últimos días han despejado aún más el panorama. Quienes alertan sobre los riesgos y los costos del apoyo internacional a la liberación de Venezuela, convenientemente no consideran ni cuantifican los costos de la no actuación, no sólo en miles de vidas, también en el avance de la desestabilización de las democracias de nuestro hemisferio; basta con ver lo que ya está ocurriendo en Colombia.

La ruta está muy clara: frente a un conflicto no convencional, la respuesta es la ofensiva inteligente, creativa e igualmente no convencional para ganarlo en todas sus dimensiones y de manera definitiva. Así será.

No vamos bien por Simón García – TalCual – 12 de Mayo 2019

Las consecuencias del amago de abril exigen verificar no sólo cómo vamos, sino hacia dónde. Algunos opositores piden a sus dirigentes respuestas sobre estas y otras preguntas. Otros acuden a la fe  y aseguran un éxito inminente. Unos pocos, intentan acallar dudas, criminalizar disidencias y liquidar la pluralidad propia de una alternativa democrática.
A los primeros no les contenta el acto de fe y estiman como riesgo repetir la promesa, fallida en anteriores oportunidades, de una salida instantánea de Maduro. Si ella no se da, volvería a descargar frustración y desconfianza. Fin de expectativas si llegamos a la esquina y el cambio no está allí. Educados en el inmediatismo, no todos tendremos ánimo para dar otras vueltas.
Hay que bajarse de la montaña, vuelta y revuelta, del ciclo esperanza, derrota, desesperanza. El 30 de abril fue, para la ruta opositora, un segundo y rotundo traspiés, término que significa resbalón y en modo figurado, error. Entre mis amigos hubo una reacción encontrada, los radicales consideraron esa denominación como juicio piadoso; los extremistas (que los tengo, pese a sus esfuerzos de escurrirse del debate con etiquetas lacrimógenas) gritaron colaboracionismo. Sin embargo, después de tales trompadas accesorias, permanece ahí la pregunta: ¿cómo y hacia dónde vamos?.
No todos tenemos información confiable sobre lo que se movió entre los hilos de los entrompes de nuestro problema interno, manejados por los dueños del tablero geopolítico en el que EEUU y Rusia desenvuelven su juego de tronos. Pero desde la cercanía local, el 30 de abril aparece como una cesión del líder radical Guaidó al pensamiento más extremista de Leopoldo López, dirigente fundamental de Voluntad Popular. Tal concesión puede implicar conflicto o formar parte de un convenido reparto de roles: uno conductor de la transición; el otro, candidato presidencial.
El 30 de abril parece una jugada bajo engaño de la oposición, porque sus protagonistas no quisieron seguir esperando a Godot. La parada fracasó. Mostró imágenes de soledad que aún no significan aislamiento. Ahora, esperar es no dejarse acorralar y evitar la separación entre las vanguardias y la contundente mayoría de la población que rechaza al régimen. Si ocurre sonará la alarma del soplo de la derrota en la nuca. 
Sin embargo, el 30 mostró cuatro virajes en la ruta del cese a la usurpación que no se admiten. Primero, constatación de que no hay solución con un solo ganador.  Segundo, realización de una negociación previa con fracciones del poder militar y judicial. Tercero, prioridad de la visión civil sobre la militar. Y cuarto, alinearse con la certidumbre que avanza en la comunidad internacional de apartar la invasión del “todas las opciones están sobre la mesa”. La conclusión es clara: hay que recuperar la vía democrática, constitucional y electoral del cese a la usurpación.
Retornar al vamos bien reclama una política transicional de consenso, que incluya reforzar el liderazgo de Guaidó; ampliar la Unidad; reducir el blanco de ataque; precisar una negociación concreta y en tiempo definido; formar una alianza nacional plural para la transición; asumir como inmediato objetivo común frenar la hiperinflación y devolver poder adquisitivo a los salarios; cambio de gobierno con redistribución del poder entre los polos en pugna; asegurar garantías y reglas de convivencia para iniciar los cambios institucionales en el CNE y TSJ y realizar elecciones que permitan al pueblo resolver cual modelo de país y a cuales dirigentes respalda.

El Chavismo Disidente Amenaza la Transición en Venezuela por Vanessa Novoa – Revista Digital – 11 de Mayo 2019

Vanessa Novoa
Resulta peligrosa la línea discursiva que ha insistido en mantener el Frente Amplio respecto al llamado “chavismo disidente”. Tan peligrosa, que pone en riesgo una verdadera transición en Venezuela.

En un intento por mantener el apoyo de los dirigentes chavistas que “dieron la espalda” al régimen de Nicolás Maduro, el presidente Juan Guaidó y sus portavoces han optado por reivindicar “el legado de Chávez”, rescatando la idea del “chavismo democrático” y solidarizándose con quienes hoy son perseguidos por el mismo aparato represivo que ayudaron a construir.

En el caso más reciente, el diputado José Guerra mostró su respaldo a Miguel Rodríguez Torres, la mente maestra detrás del sistema de torturas del Sebin materializado en La Tumba, que desde 2014 se convirtió en sede de torturas y asesinatos bajo el suelo de Caracas.

Ante las críticas, responde que es momento de “reconciliación” y “unidad”.

Es pertinente recordar al diputado Guerra (y a todo el Frente Amplio) que el “chavismo disidente” no desea un régimen político muy distinto al que instauró Chávez: el mismo régimen que asesinó a Franklin Brito, torturó y apresó a Simonovis y Afiuni, expropió empresas y destruyó medios de comunicación.

Una transición con Rodríguez Torres implicaría el mantenimiento de la policía política y la amenaza de que no cesarán los centros de tortura.

Una transición con Luisa Ortega Díaz implica mantener un sistema judicial viciado, al servicio de ideas y partidos nefastos y no al servicio de la justicia.

Una transición con Gabriela Ramírez implica tener en el poder a una mujer responsable de ejecutar y justificar crímenes de lesa humanidad, como las torturas.

El chavismo disidente es una oda a la injusticia. Sus intereses los llevaron a alejarse del PSUV, pero no porque se opusieran al sistema.

De hecho, muchas de sus víctimas aún pagan sus acciones en las cárceles del país. Otros, desde el exilio.

La justicia con las víctimas del chavismo exige un juicio contra todos los responsables de instaurar el régimen de terror que por 20 años destruyó el país. Sin importar lo que ahora digan. Sin excepciones.

Prohibido olvidar.

 

“Es improbable una intervención directa de EE UU en Venezuela” – La Razon – 7 de Mayo 2019

1553191402061Venezuela brinda a Vladimir Putin una posibilidad de negociación indirecta para afianzar su posición como actor clave en el tablero internacional

El experto chileno en asuntos latinoamericanos Fernando Mires responde a LA RAZÓN varias cuestiones sobre la crisis venezolana. En su opinión, aún se está lejos de una transición política en Venezuela.

¿Hasta dónde cree que Rusia se va a implicar en la crisis venezolana? El ministro venezolano Arreaza ha dicho que Rusia podría ampliar su presencia militar.

 

A primera vista, hasta donde lo deje llegar Donald Trump. Pero el tema es más complejo. Vladimir Putin tiene interés en convertirse en actor político mundial, aunque por el momento sus intereses duros están concentrados en Europa y en los peones que allí maneja para ampliar su radio hegemónico. Puede ser que Venezuela le brinde una posibilidad de negociación indirecta para llegar a una fórmula. «Tú, Trump, no te metas en mi zona de influencia y yo no me meto en la tuya».

¿Cree que si EE UU rebajara sus pretensiones en Ucrania, Rusia cedería en la crisis de Venezuela?

Mi respuesta espontánea es sí. Pero esos son los dos polos de la diferencia. Generalmente se opta por estaciones intermedias. Por ahora Putin tiene más que pedir que otorgar y Trump más que otorgar que pedir. Putin lo sabe. Si Trump lo sabe es algo de lo que no estoy muy seguro.

¿Qué posibilidades hay de que EE UU emprenda una intervención militar en Venezuela si pasan los meses y Maduro se mantiene en el poder?

La política internacional de Trump no es previsible. No obstante, rescato dos puntos centrales de ella. Primero: no inmiscuirse en asuntos externos si eso no se traduce en beneficios directos para Estados Unidos. Segundo: la política internacional estará sometida al primado de la nacional, en este caso de su reelección. Los dos puntos hacen improbable una intervención directa en Venezuela. La indirecta se mantendrá.

¿Una transición con el chavismo participando en ese proceso es una opción viable?

Precisemos el tema transición. En este caso, debería haber dos: una con Maduro en Miraflores y con participación del Partido Socialista Unido de Venezuela, el PSUV (es el partido mayoritario de la nación), y otra –eventualmente– post Maduro. La segunda transición debería depender del resultado de la confrontación electoral y/o plebiscitaria. Pero hoy estamos todavía lejos de eso.

“La salida completa” por Maria Corina Machado – PanamPost – 6 de Mayo 2019

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Los venezolanos sabemos la responsabilidad histórica que tenemos en estas horas. La derrota de la tiranía aquí instalada no solo marcará la vida de millones de venezolanos, muchos de los cuales aún no han nacido, también, será crucial para el destino de otros países de nuestro hemisferio, empezando por Colombia, el próximo país en la mira de este Estado criminal.
 
Por eso, desalojar al régimen de Maduro del poder con urgencia es tan importante, como la profundidad y el alcance de ese cambio. Tenemos claro que no basta con sacar a Maduro, hay que arrancar de raíz los tentáculos de las redes criminales que han penetrado en todos los órganos del Poder Público y de la sociedad venezolana.
 
Ésta es la gran diferencia con la derrota de una dictadura tradicional. En un Estado criminal no basta con sacar al dictador y a su entorno autoritario, hay que desmontar las redes de financiamiento ilegal transnacional, demoler sus pilares de sustento dentro del sistema y expulsar hasta el último criminal extranjero del territorio venezolano.
 
Por supuesto que un proceso de esta complejidad y envergadura no ocurre de un día para otro, y requerirá de significativa asistencia tecnológica, financiera y operativa por parte de nuestros aliados democráticos externos, que saben que liberar a Venezuela de las garras de las redes criminales y antioccidentales del mundo es una prioridad para la seguridad hemisférica.
 
Aunque esta tarea requerirá meses y le corresponderá finiquitarla al gobierno democrático electo en la Transición, la conformación de este gobierno interino será decisivo para que el cambio en Venezuela sea real y definitivo, y no sólo un reacomodo superficial y temporal.
 
Ante la desesperación por lograr que Maduro se vaya, algunos pueden verse tentados a aceptar cualquier arreglo que consista en deshacerse de Maduro y establecer un pacto con sectores del régimen cuyos expedientes criminales están comprobados. ¿Es concebible cogobernar con miembros del Cartel de los Soles? ¿O con integrantes de las organizaciones que realizaron las transacciones financieras más obscenas de la historia como las notas estructuradas, los dólares preferenciales o los bonos ilegales de la República? ¿Es posible sentar las bases de la Transición democrática con los más poderosos “juristas del crimen”, con perpetradores de crímenes de lesa humanidad o con los jefes de bandas paramilitares?
 
Creer que individuos comprometidos hasta los tuétanos con la mafia mundial van a facilitar un proceso de Transición cuyos pilares son la justicia y el fin de la impunidad, la honestidad y el reintegro de los recursos robados, la solidaridad y el respeto a los derechos humanos, el libre mercado y el fin del intervencionismo estatal; es profundamente ingenuo e irresponsable.
 
Tenemos demasiado cerca y demasiado vivos los errores de Nicaragua para no entender que si allá el sandinismo regresó en pocos años, aquí en Venezuela, si no se desarticulan de raíz y desde el principio estas redes criminales, llenas de plata y vínculos internacionales, en un plazo mucho menor estarán de vuelta ocupando todos los espacios de poder.
 
Un Gobierno de Transición debe ser muy amplio política y socialmente, incluir a todos los sectores de la Nación y demostrar grandeza, firmeza y humildad. Pero este Gobierno de Transición debe significar una ruptura con el crimen y la corrupción de manera radical, o no contará con la confianza de los venezolanos.
 
En estos 20 años de lucha épica hemos aprendido y crecido admirablemente como ciudadanos y como sociedad. Hemos entendido que se trata de una conquista existencial y espiritual. Los errores que hemos cometido, subestimando la crueldad y complejidad del sistema, han significado la prolongación de la agonía, y el régimen nos los ha cobrado con muertos. Ya no más.
 
Avanzamos en la ruta del coraje, de la liberación definitiva de Venezuela. Estamos cerca, concluyamos con fuerza la tarea completa.
 

Transición por Luis Ugalde S.J. – America 2.1 – 5 de Mayo 2019

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El régimen de Maduro no tiene futuro y su continuación hunde al país en una catástrofe generalizada. Eso lo saben el gobierno y los militares. El cambio es inevitable y cada minuto que se agrega añade muertes y destrucción. Maduro ni quiere ni puede cambiar esta muerte; debe irse. Perpetuar el régimen es suicidio para el gobierno y crimen para el país entero, pero es comprensible la resistencia mientras sientan que para ellos no hay más alternativas que la persecución y la cárcel. Urge definir más la transición, acortar sus tiempos y concretar la negociación de la salida. No se trata de diálogo para ganar tiempo ni de una negociación táctica de corto plazo para salir de Maduro y del régimen, sino de reencontrarnos como venezolanos para reconstruir en democracia con garantías constitucionales para todos. Sin los que son o fueron chavistas no habrá ni democracia ni reconstrucción.

Elecciones libres, transparentes y con garantías internacionales para que el pueblo decida soberanamente. Requerirá cerca de un año constituir un nuevo CNE, actualizar el Registro electoral, asegurar las condiciones de voto en el extranjero, eliminar las inhabilitaciones de partidos y de personas, eliminar la constituyente supraconstitucional, recomponer todos los procesos electorales, etc.

Pero sería un gravísimo error pensar que los cambios socioeconómicos deben esperar al nuevo gobierno electo. El actual modelo económico es criminal y su hiperinflación vuelve miserables el trabajo, el salario y la producción e inviable toda empresa. Necesitamos ya el cambio de modelo y de régimen con apertura económica, estímulo y garantías a la inversión privada nacional e internacional, recuperación urgente de la arruinada industria petrolera con fuerte inversión privada, refinanciamiento de la inmensa deuda externa, préstamo multimillonario de las multilaterales y masiva ayuda humanitaria. Nada de esto puede demorarse. Por eso desde ahora deben avanzar en paralelo la preparación de elecciones limpias, el restablecimiento de la Constitución hoy violada, el cambio del funesto y destructivo modelo del “Socialismo del siglo XXI” y el fin de la delincuencia gubernamental. Maduro ni quiere ni puede hacer esto.

Es de necesidad absoluta un gobierno de transición, que desde ahora inicie el trabajo para unas elecciones libres y justas y al mismo tiempo aborde la terrible postguerra que solo tendrá éxito con una gran movilización interna y solidaridad externa, centradas en la reconstrucción y no en la revancha ni venganza. Lo menos doloroso lógico, y justo sería la renuncia de Maduro, que obviamente no es de su gusto y debe ser presionada interna y externamente.

Hay que acelerar y avanzar simultáneamente en cuatro aspectos distintos, aunque complementarios:
1-Presión internacional con sanciones crecientes y salidas, movilización nacional, con mayor organización hasta un paro nacional en el momento oportuno.
2- Negociación. Al mismo tiempo se tiene que organizar de manera muy discreta y con garantía internacional para las partes de una negociación sobre la base de la salida pronta de Maduro. Para avanzar en la negociación es necesario acelerar el programa básico de la transición y el perfil del equipo, inclusive, que la va a dirigir.
3- En tercer lugar tiene que acelerarse la ayuda humanitaria apolítica (ONGs, Cruz Roja, Caritas, Iglesias, UNICEF, ONU etc.) para atender emergencias que ya son masivas. Hay que hacerlo con movilización del voluntariado interno con una acción sin fronteras políticas, de tal manera que en torno a actividades urgentes se vayan desarrollando plataformas de encuentro suprapartidistas en las cuales se vaya experimentado, que es posible y gratificante, una Venezuela plural y reconciliada donde los diversos trabajen juntos.
4-En cuarto lugar es clave la negociación más concreta con militares para garantizar su aporte constitucional a la democracia y su presencia y responsabilidad constructiva en la transición, con exclusión del control militar-policial cubano sobre Venezuela.

La legítima Asamblea Nacional y su Presidente Guaidó, encargado de la Presidencia son responsables de la transición, como lo exigen los artículos 233, 350 y 333 de la Constitución. Entre sus muchas cualidades Guaidó ha logrado ser aclamado de manera suprapartidista, aunque él sea de un partido. Esto debe mantenerse y desarrollarse por encima de todo, tanto en la presión para el cese de la usurpación, como para la negociación, la ayuda humanitaria y el diseño, de al menos, la próxima década.
Internacionalmente hay países con papel decisivo en la presión y negociación con amenazas (como sería EE.UU) y otros en la negociación sin amenazas propias (como pudieran ser Noruega y otros), e instituciones de ayuda humanitaria suprapartidistas. Negociación, presión de calle y presión internacional no son opuestas sino complementarias y se necesitan, aunque requieren talantes y modos distintos.

Lo anterior acelerado y concretado haría innecesaria la intervención militar externa y el enfrentamiento armado interno. La manera de que desaparezca la amenaza armada es que efectivamente funcionen las presiones, la negociación y el gobierno de transición con fuertes cambios socioeconómicos y acelerada preparación para unas elecciones libres y justas. Urge hacer efectivas las diversas plataformas humanitarias suprapartidistas con decidido apoyo de instituciones nacionales e internacionales de esta naturaleza. Es muy importante que nadie pretenda manipular, ni partidizar, ni impedir la naturaleza específica de cada uno de estos componentes de una misma estrategia: Presión, negociación, acción humanitaria suprapartidista y negociación específica con la Fuerza Armada.

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