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Crisis en Venezuela: “Si el gobierno contempla unas elecciones, parece suicida que piense en Maduro como candidato” por Guillermo D. Olmo – BBC News – 11 de Julio 2019

MaduroMaduro ha rechazado hasta ahora la exigencia de convocar unas elecciones presidenciales.

La batalla política venezolana se libra ahora entre bambalinas.

Mientras los negociadores del gobierno de Nicolás Maduro y la oposición de Juan Guaidó se reúnen en Barbados bajo la mediación de Noruega, que ha puesto su prestigiosa diplomacia al servicio de una solución al laberinto de Venezuela, muchos en el país se preguntan de qué están hablando y qué puede resultar de unas conversaciones de las que apenas hay información.

A falta de noticias, proliferan los rumores. La oposición exige la renuncia de Maduro y la convocatoria de elecciones presidenciales, y cada vez más voces señalan que el gobierno podría estar dispuesto a aceptarlas como parte de un acuerdo.

Parece la única manera de romper con una parálisis política que acompaña desde hace meses el continuo deterioro económico del país.

La de Phil Gunson, analista especializado en la América Andina del International Crisis Group, es una de ellas. Aunque cree que todavía son muchos los obstáculos en el camino y que, si quiere ganar una elección limpia, el chavismo debe encontrar una alternativa a su actual líder.

¿Se pondrán de acuerdo el gobierno y la oposición?

Me sorprendería mucho que esta ronda termine con un acuerdo final. Lo que espero es que, al menos, el proceso no se rompa y se llegue a algunos acuerdos preliminares. Todo está envuelto en un gran misterio, como prefieren los noruegos, y no vamos a tener muchas informaciones fidedignas. Eso significa que va a haber mucha especulación y algunas informaciones, quizás tendenciosas, sobre lo que podría suceder y lo que está en la agenda.

Podemos celebrar el hecho de que hayan regresado a la mesa de negociaciones porque realmente este es un proceso muy vulnerable y es positivo que, por lo menos, se siga discutiendo, pero evidentemente son dos contrincantes a los que separa una gran distancia todavía.

Guaidó.La oposición, liderada por Juan Guaidó, exige que Maduro deje la presidencia antes de las elecciones.

Es posible que esta no sea la ronda de contactos definitiva, ¿cree que de veras habrá una solución negociada a la crisis política en Venezuela?

Las alternativas a un acuerdo son mucho peores. Es casi inevitable que en algún momento esto lleve a una negociación y a un acuerdo. Ambas partes van a tener que aceptar hacer concesiones, quizás mucho más allá de lo que aceptan ahora. Por supuesto, el gobierno tiene que aceptar la posibilidad de perder el poder, y hasta ahora no hemos oído ninguna declaración que lleve a pensar que eso pase por su cabeza.

Hasta ahora ha dado la impresión de que negocia para mantenerse en el poder, no negocia su salida, y en el otro extremo, la oposición solo está dispuesta a hablar de su salida del poder. Es más, dice que es el primer paso de la negociación. Ahí la oposición va a tener que ceder, porque, a menos que tengas, metafóricamente hablando, la pistola en la sien de tu adversario, no puedes llegar a una negociación diciendo que lo primero que tiene que hacer la otra parte es irse.

Pero, si el Gobierno no está dispuesto a ceder el poder y la oposición no contempla ninguna alternativa a eso, ¿no es ingenuo contarle a los venezolanos que la negociación puede dar resultados?

Una vez que el Gobierno acepte la necesidad de que haya una nueva elección bajo supervisión internacional y la oposición acepte que para llegar a esa elección no pueden exigir la salida inmediata de Maduro, los demás detalles se pueden resolver relativamente rápido. Hasta que unos y otros no acepten que deben hacer concesiones dolorosas, no se puede avanzar. Una vez lo hagan, podría ser extremadamente rápido.

Héctor Rodríguez.Héctor Rodríguez podría ser una alternativa a Maduro como candidato del chavismo.

¿Sin Maduro ni Guaidó?

En estos momentos pareciera que el principal obstáculo es la suerte de Nicolás Maduro. ¿Cuál podría ser un buen acuerdo que desencallara esta situación?

Si uno ve la cosa en frío, podría llegar a la conclusión de que podría haber renuncias recíprocas. Si tenemos dos hombres que dicen ser el presidente, lo lógico en el proceso de negociación, donde ambos tienen fuerzas y debilidades, es que ambos se aparten temporalmente para dar lugar a un tercero para permitir un gobierno interino que prepare el camino a una elección sin que lo maneje ninguno de los dos. Claro, ahí nos encontramos con el problema de quién lo haría entonces, pero hay fórmulas que se pueden aplicar.

¿Qué fórmulas?

Una sería que acordaran una figura, si no neutral. sí aceptable para los dos lados. Quizá una figura más tecnocrática. Quizá algún tipo de poder compartido podría ser la solución.

Tanto el gobierno como la oposición han insistido mucho en la necesidad de respetar los términos de la Constitución del 99. Hoy eso dificulta evidentemente la cosa. Podría haber un acuerdo sobre el nombramiento de un vicepresidente luego de la renuncia de Maduro en el entendido de que pueda ser candidato, o podría ser de otra forma… Hay diferentes maneras de encararlo dependiendo de si pretenden seguir la Constitución.

¿Le parece Maduro el tipo de dirigente que estaría dispuesto a renunciar a la presidencia antes de las elecciones?

No lo sé. Lo que creo es que el gobierno está contemplando la posibilidad de unas elecciones y pareciera absurdo que piense en ganarlas en las actuales circunstancias. Si se mira la diferencia de popularidad entre Maduro y Guaidó, parece una ilusión que el gobierno piense que podría ganar una elección.

Pero ya nos han sorprendido antes. Mucho dependerá de la disposición de los electores de la oposición a salir a votar y el Gobierno nos ha demostrado en múltiples ocasiones que tiene formas de convencer a los votantes de la oposición de que no vale la pena.

¿Está sugiriendo que si el gobierno quiere ganar esas elecciones, Maduro no puede ser el candidato?

Sí. Lo mejor pareciera ser otro candidato. En este contexto siempre se menciona a Héctor Rodríguez, que forma parte de la delegación negociadora del gobierno. Él sería un candidato joven, más potable incluso para algunos dentro de la oposición, un tipo que podría hacer una buena campaña y presentar una cara renovada del chavismo. Ciertamente, parecería suicida para el chavismo volver una contienda electoral en condiciones libres y justas con Maduro como candidato, porque su popularidad, incluso entre las filas chavistas, es muy baja.

Trump.Gunson detecta errores en la política de Donald Trump sobre Venezuela

Hay un montón de asuntos pendientes. ¿Cuáles serían los obstáculos para un acuerdo global, aparte de la presidencia?

Uno es la presencia en cada uno de los bandos en conflicto de factores que no están representados en las negociaciones y que quieren sabotearlas. Hay gente del lado de la oposición que llama a diario a terminar con lo que llaman la farsa de las conversaciones y piden una intervención militar. Aparte están sus ataques frontales a Juan Guaidó.

Si se acerca el momento de un acuerdo se quitarán los guantes y darán una pelea muy fuerte.

Por el lado del gobierno hay gente que no ve ninguna posibilidad de una transición en la que pudiera conservar sus privilegios. Perciben que ellos serían sacrificables para el gobierno. Y estos tienen todavía más posibilidad de sabotear, porque tienen una fuerte presencia entre las fuerzas represivas.

También hay que pensar en el hecho de que uno de los elementos importantes para el gobierno es el levantamiento, al menos parcial, de las sanciones, pero quien puede hacer eso no está sentado en la mesa en Barbados. La oposición pudiera comprometerse a pedirlo, pero es el gobierno de Trump quien tendrá que decidir eso. Esa es una debilidad del proceso; sobre todo porque Estados Unidos ha dado indicios claros de estar a favor de ese proceso. Más bien está dividido. Hay algunos algunas figuras importantes del gobierno Trump que, claramente, no creen en las negociaciones.

Los mediadores noruegos han impuesto que todo transcurra en medio de un gran sigilo. ¿No tiene derecho el público venezolano a saber de qué se está hablando en algo tan importante para el país?

Es la metodología de los noruegos de toda la vida. Llevan décadas en esto y es lo que siempre tratan de hacer. Claro, nunca habían trabajado en un país como Venezuela, donde todo al final se acaba sabiendo. Aquí no hay secretos y hay muchas facciones internas en cada lado dispuestas a revelar lo que está pasando para sus propios fines. Hubiera sido mejor que no se filtrara la existencia de las conversaciones en mayo…

Malos precedentes

Una de las críticas que recibió el anterior proceso en República Dominicana, incluso desde la oposición, es la de que se hizo en la oscuridad y la gente no supo qué se estaba negociando ¿No se está repitiendo ahora aquel error?

Sería muy largo discutir por qué no resultó aquello. La ventaja que tiene este proceso con los noruegos es la gran capacidad que tienen como mediadores, no solo por su capacidad y su experiencia, sino también porque pueden operar de forma ágil, ya que es un solo gobierno, un solo equipo que no tiene que consultar a mucha gente.

Y porque su interés es que esto tenga éxito. Se ha dicho que a Noruega le interesa el petróleo. Para ellos no se trata de una cuestión de ganancias económicas. No están bajo la misma sospecha que otros como (José Luis Rodríguez) Zapatero (expresidente español), que estuvo tan presente en la República Dominicana. Aquí tenemos un equipo cuyos objetivos tienen que ver con un elemento central de la política exterior de Noruega, que es la promoción de la paz y la participación en procesos de mediación, que es parte de su “soft power”. Siendo un país extremadamente rico, Noruega se promociona en el mundo a través de eso.

ManifestaciónGunson dice que con Guaidó la oposición recuperó poder de convocatoria.

Aunque sea Noruega quien actúe como mediador, en Venezuela chocan los intereses de Estados Unidos, Rusia y China, las principales potencias mundiales. Lo hemos visto sobre todo este último año. ¿Podrán ellas también ponerse de acuerdo?

Parece difícil; sin embargo, en los últimos seis meses hemos visto un importante proceso de convergencia. Vemos hoy cómo incluso las posiciones de Estados Unidos y Rusia se parecen más que hace seis meses. Hemos visto el acercamiento entre el Grupo de Lima (países de Sudamérica) y el Grupo de Contacto (Internacional, promovido por la Unión Europea), y en privado muchos funcionarios norteamericanos conceden que su optimismo inicial, cuando pensaban que esto se podía resolver en 48 horas, era una equivocación y que hace falta un plan. Y a pesar de que al principio hablaban muy mal del Grupo de Contacto, vemos que hay menos reticencias de Estados Unidos a un acercamiento entre las partes.

Ya no hay tantos pronunciamientos ni tan contundentes desde EE.UU. sobre Venezuela como los había a principios de año. ¿Ha favorecido la política de Donald Trump la solución al conflicto político de Venezuela?

Su apuesta de enero era muy osada. En las primeras semanas hizo que el nuevo liderazgo de la oposición tuviera muchísimas ganancias. Lograron demostrar que era posible volver a la calle y restablecer el poder de convocatoria. La figura de Guaidó claramente caló entre la gente.

Pero eso fue pasajero. Sobre todo a partir del 30 de abril, en las últimas protestas hubo menos gente.

Es cierto, pero ese poder sigue ahí latente. Decidieron apostar todas esas ganancias por una sola opción, la de maximizar la presión y tratar de forzar la salida de Maduro a corto plazo. Desde el principio pensé que era difícil que eso prosperara como política. Trump y sus aliados en la oposición lograron ejercer una gran presión sobre Maduro. El punto es qué hacer ahora con esa presión, y en ese sentido ha habido muchas equivocaciones. Como en muchas ocasiones anteriores. EE.UU sobreestimó las fuerzas de la oposición y su capacidad de dividir a la fuerza armada y convencer a los militares de que abandonaran a Maduro.

Eso fue claramente una equivocación y en este momento es muy importante que Estados Unidos le diga claramente a la oposición que eso de que todas las opciones están sobre la mesa no quiere decir que esto se vaya a resolver por la vía militar.

Elecciones.Gunson cree que la única salida a la crisis pasa por unas nuevas elecciones y una solución política.

Se habla mucho de que Venezuela necesita una “transición”. Pero ese término implica que Venezuela no es una democracia. ¿Acaso no lo es?

La Constitución es democrática. Venezuela ha evolucionado en los últimos 20 años de ser una democracia con problemas a ser lo que los politólogos llaman un régimen autoritario competitivo con elecciones relativamente libres y, finalmente, a ser un régimen autoritario no competitivo que no se atreve a ir a ningún proceso electoral que no sea controlado.

La palabra dictadura se usa para referirse peyorativamente a los gobiernos que a uno no le gustan. Es importante que seamos precisos con el lenguaje para poder saber por dónde hay una salida. Este es un gobierno que en este momento ha cerrado las vías electorales para la solución del conflicto. A eso se debe, en buena medida, la gravedad de la crisis que enfrenta. Aparte de resolver la crisis en todas sus dimensiones económicas y sociales, lo fundamental es una solución política y para eso no hay otra vía que no sea una elección libre.

¿Hay algún país o experiencia que pudiera servirle de modelo a la Venezuela actual?

Todos los casos son diferentes y además vivimos en una época en que quizás la resolución de este tipo de conflicto se ha puesto más difícil que en el pasado. Estoy pensando en la gran dificultad que existe hoy en día para que un gobernante acusado de diferentes crímenes pueda simplemente marcharse al exilio y vivir cómodamente sin temor a ser perseguido por el resto de su vida. Hoy es mucho más difícil por los avances que ha habido en el derecho internacional y eso complica el asunto.

No hay ningún caso que se asemeje precisamente a este, pero sí hay lecciones que se pueden derivar para no caer en la trampa de proceder con base en puras consignas políticas. Hay gente que dice que con criminales no se puede negociar. La historia nos demuestra que las negociaciones se hacen con el contrincante que tienes enfrente. Si tú quieres negociar con las hermanitas de la Caridad, entonces mejor que no seas político, porque la política se trata precisamente de tratar las circunstancias que uno encuentra.

Bachelet.Michelle Bachelet elaboró un informe que responsabiliza al gobierno de violaciones de los derechos humanos.

¿Está diciendo que Nicolás Maduro es un criminal?

Estoy diciendo que hay gente en el gobierno que está acusada tanto de actos de delincuencia común como de violaciones de los derechos humanos. Hasta que lleguen a un tribunal competente son solo eso, acusaciones. Pero esa gente puede tener temores fundados a que, al dejar el poder, serán perseguidos por la justicia nacional e internacional. Y eso complica el proceso negociador.

¿Qué va a ser de Venezuela si el diálogo finalmente fracasa?

La crisis humanitaria, económica y social va a seguir profundizándose, con el riesgo de que esto termine en un conflicto de baja intensidad a muy largo plazo o, quién sabe, hasta en una intervención militar. No se puede olvidar que el flujo migratorio sigue y es insostenible para los países vecinos.

Es particularmente peligrosa la situación en Colombia, porque, aunque quisiera imponer restricciones, no puede evitar la llegada de venezolanos. Como no puede cerrar la frontera, en la medida en que los otros vecinos apliquen cada vez más restricciones, los que terminan recibiendo el grueso son los colombianos. Y es obvio que, ni política ni económicamente, su país está en disposición de aguantar indefinidamente eso.

La transición por Ismael Perez Vigil – Noticiero Digital – 29 de Junio 2019

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La discusión acerca del proceso de “transición” en Venezuela está, a mi entender, en un contexto equivocado. La “transición” en Venezuela no se dará porque sea “justa”, “razonable”, “conveniente”; porque sea un paso “natural” en la salida de un régimen de oprobio y en la búsqueda de la reconciliación de los habitantes de un país, polarizados y enfrentados. En otras palabras, la “transición” en Venezuela se tiene que dar –desde mi punto de vista que creo que comparten muchos– porque ninguno de los dos grupos en liza está en capacidad de acabar con el otro. Es tan simple y pragmático como eso. No queda más remedio, para encontrar una salida, que ir a una etapa de “transición”. Veamos, sin edulcorantes y con toda crudeza esta situación.

Hay una larga lista de desafueros por parte de la dictadura y de reclamos que hacer al régimen chavista/madurista; no voy a caer en elaborar una larga y penosa lista de todas las razones para salir de esta dictadura, las doy por conocidas; lo importante es tomar conciencia de que todo eso que estamos pensando, y mucho más, lo ha hecho el régimen durante más de 20 años, en los que ha destruido el país, pero no ha logrado acabar con la oposición y en esto radica nuestra fuerza, ni nos hemos rendido ni nos han dominado.

Por parte de quienes nos oponemos al régimen, –a través de procesos electorales, referendos, consultas populares, movilizaciones masivas, protestas callejeras por cientos y miles, intentos de sublevación cívica o militar, o cívico militar, o llamando la atención de la comunidad internacional sobre nuestra desgracia y penurias y solicitando su activo apoyo y ayuda–, hemos hecho varios intentos para desalojarlos del poder, sin lograrlo tampoco.

En síntesis, el régimen controla todas las palancas y resortes del poder: la administración pública; el efímero, insuficiente, pero jugoso, presupuesto; la mayoría de las gobernaciones y alcaldías y todos los mecanismos de represión y no ha podido acallar a la oposición. Por su parte, como he dicho, la oposición ha pretendido –sin una fuerza física similar, con la sola fuerza de la calle, de la verdad y de la razón–, desalojarlo del poder y tampoco ha podido. Está demostrado que no es una tarea fácil, doblegar el uno al otro, de allí que tengamos que convenir en un proceso de “transición” por el cual se desaloje del poder a la actual dictadura.

Para el régimen, aunque es el que controla el territorio, ya solo le es posible mantenerse en el poder por la fuerza; con casi el 90% de la población y gran parte de la comunidad internacional en contra, el país se le ha hecho ingobernable; no tiene ninguna viabilidad política bajo su control, por eso debe cederlo, aunque la oposición no tiene forma de arrebatárselo de las manos por ninguna vía institucional o de fuerza.

Solo la renuncia voluntaria o la intervención de una fuerza militar, interna o externa, podría lograr desalojar del poder a la mafia enquistada en él y abrir un compás para la “transición” de la que se ha hablado. Ese es el terreno en el que hay que colocar las cosas, pues no tiene sentido hacer comparaciones inverosímiles con ninguna situación en otro país, en otra latitud, que pueden ser parecidas, pero no son comparables.

Sentada de esta manera la base de la discusión podemos ver otras aristas del tema.

Obviamente hay que ponerse de acuerdo con quienes dejarán el poder, sobre la forma que esto ocurrirá y los plazos. Eso será lo que llamaríamos la “transición” y desde luego, no parece realista pensar que quien tiene todo el poder y la fuerza física para mantenerlo, lo va a entregar sin más y se va a “retirar” dejando el terreno libre y despejado, exponiéndose además muchos de sus personeros a ir a la cárcel, al exilio y entregar sus fortunas seguramente mal habidas. Por el contrario, es obvio que algunos –o muchos– personajes que ahora están en el poder, se querrán mantener en él. Esa es la particular complejidad de este problema en Venezuela, seguir negándose a verlo de esa manera es vivir engañados, o peor aún, tratar de engañar a otros.

El chavismo, que controla todo el poder, en todo el país, no desaparecerá, no se esfumará cuando el actual usurpador deje la presidencia y al día siguiente de finalizada la usurpación no vamos a tener un gobierno democrático, similar al de Suiza, Alemania o los EEUU; restos del poder corrupto de hoy y su influencia permanecerán en los intersticios de la sociedad: en ministerios, empresas públicas, gobernaciones, alcaldías, en la propia AN, es algo inevitable; precisamente por eso se necesita una “transición”, mientras se abre paso nuevamente la democracia y el estado de derecho.

De allí que tenga que darse entonces un proceso de “negociación” –otra palabra maldita– para acordar los términos de esa “transición”. Desde luego, y disculpen la ironía y el sarcasmo, lo mejor sería que este proceso de “negociación” se diera entre la oposición y la Superiora General de la orden de las Carmelitas Descalzas de Venezuela, que es una magnifica persona, pero desafortunadamente la negociación se tendrá que dar con los representantes de la actual dictadura militar. Sí, militar, no olvidemos eso.

De nada servirá “retorcerse” en el piso porque se va a negociar con “delincuentes y maleantes”, porque esa es la realidad: se negocia con quienes tienen el poder en Venezuela y no hay fuerza nacional –y parece que tampoco internacional– que pueda hacer que las cosas sucedan de otra forma. Claro, hay la opción de no hacerlo, de no hacer nada, de cruzarnos de brazos y esperar que el país se termine de derrumbar por completo y que se vayan varios millones más de venezolanos a ver si al final de todo, los sustentadores del régimen, no habiendo más que expoliar, se cansan y se retiran. No creo que sea esa una perspectiva aceptable.

La alternativa es negociar, firmemente, sin temor ni vergüenza y sin hacer concesiones, tomando el tiempo y en el espacio que sea necesario y, simultáneamente, manteniendo la presión interna e internacional, hasta asfixiar a la dictadura; si la comunidad internacional no presiona fuertemente, con medidas severas y amenazas creíbles, al tiempo que nosotros mantenemos la presión de calle, no vamos a lograr nada con una negociación, sería ir a un matadero sin opción. El apoyo internacional es crucial, pero no a posteriori, como paso en República Dominicana, que se limitaron a desconocer el gobierno salido de las elecciones del 20M de 2018, después de consumado el irrito proceso.

Mantener la movilización interna es la parte más compleja, sobre todo por la presión de opositores “radicales”, internos y en el exterior, que desde posiciones ideológicas y la distancia lo ven todo muy sencillo y empujan por salidas que internamente muy pocos están dispuestos a seguir, e internacionalmente, nadie. Se constituyen en un enjambre de la antipolítica que, en redes sociales, con sus abejas y reinas, trabajan incesantemente.

 

La Casa Blanca descarta un golpe militar y negocia una Venezuela sin Nicolás Maduro por Marcos García Rey – El Confidencial – 27 de Junio 2019

Las negociaciones por Venezuela continúan a pesar del aparente punto muerto . En Caracas, Bogotá, Santo Domingo, Madrid y Washington se está pactando un futuro cercano sin Maduro

Foto: Opositores a Maduro se manifiestan durante la visita a Caracas de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los DDHH.(EFE)
Opositores a Maduro se manifiestan durante la visita a Caracas de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los DDHH.(EFE)
“Tras el fracaso de hace unas semanas, los americanos se han dado cuenta de que el modelo clásico de los golpes de Estado de la década de los setenta en Latinoamérica [Chile, Argentina, Bolivia o El Salvador, entre otros] no es viable en la Venezuela de hoy porque los militares controlan todo el tejido socioeconómico y político y la solución va por otro lado”, cuenta a este diario un agente de Inteligencia que conoce de primera mano la diplomacia secreta que se lleva a cabo en diversas ciudades del mundo para dilucidar el futuro del país caribeño. Washington no se siente apremiado, pero tampoco desea que Venezuela se convierta en una Cuba II. La Administración Trump no quiere que un desenlace de la crisis a favor de sus intereses se demore en el tiempo.

Un golpe cívico-militar en Venezuela para derrocar al Gobierno de Nicolás Maduro estaba planificado para el día 2 de mayo pasado, como contó en exclusiva. El Confidencial. Washington estaba al tanto de esa asonada. Sin embargo, el presidente interino, Juan Guaidó, y el opositor Leopoldo López se precipitaron y lo anunciaron el 30 de abril de buena mañana en Caracas. Esta misma semana la información ha sido reconfirmada por los negociadores internacionales a este diario.

Desprevenidos por la imprudencia de Guaidó y López, los oficiales militares y los magistrados del Tribunal Supremo involucrados en el levantamiento recularon. Entre ellos, plegaron velas el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y el presidente del Supremo, Maikel Moreno. Enseguida, el Ejército y el Gobierno restablecieron el ‘statu quo ante’. No les costó mucho y continúa la estabilidad dentro de la inestabilidad general del país. Los militares que tienen capacidad de mando logístico han cerrado filas en torno a Maduro y en torno a los agentes de los servicios de Inteligencia cubano que rodean y asesoran al presidente.

Bolton será sustituido pronto porque ha operado a espaldas de Trump en el caso Irán y porque su desempeño en Venezuela no es satisfactorio

Ahora, asumido el error de cálculo de Estados Unidos sobre una solución rápida para Venezuela, la Casa Blanca y su morador, Donald Trump, apuestan por una transición pacífica que cuente con una junta de gobierno formada por todas las instituciones, incluidos alto militares chavistas, pero sin la participación de Maduro a quien se busca un exilio. España ha declinado ya acogerlo en su suelo. Por su lado, el Gobierno socialista de Portugal de Antonio Costa no ve con malos ojos procurar un refugio seguro a Maduro.

Se busca, asimismo, que Juan Guadió no cobre demasiado protagonismo en el futuro cercano porque Wasington recela de su trabajo y del de sus asesores más próximos. Así lo explica a El Confidencial un venezolano que está mediando directamente entre los asesores más cercanos a Trump en la Casa Blanca y los más altos cargos chavistas dispuestos a poner fin a la presidencia de Maduro. “Tengo el plácet de ambas partes para tender puentes y buscar una solución negociada sin sangre”, asegura esa fuente que desea mantenerse en el anonimato para continuar la diplomacia secreta con todas las garantías.

Los opositores a Maduro Juan Guaidó y Leopoldo López en un mitin en Caracas.(Reuters)
Los opositores a Maduro Juan Guaidó y Leopoldo López en un mitin en Caracas.(Reuters)

Según relata con multitud de detalles ese negociador jefe, la Casa Blanca se ha adjudicado el papel protagonista de la diplomacia para Venezuela porque no confía en Mike Pompeo, actual secretario de Estado, quien ha dinamitado la CIA entre grupos afines y contrarios a una actuación ideológica ‘neocon’. Las fuentes diplomáticas y de Inteligencia consultadas afirman que la CIA está dando palos de ciego en el dosier Venezuela. “El G2 cubano está dando sopas con honda a la CIA”, sostienen esas mismas fuentes. El G2 es el organismo de Inteligencia de Cuba.

Donald Trump también recela de John Bolton, su consejero de Seguridad, quien le ha fallado en una solución temprana para finiquitar el régimen de Maduro y quien le ha presionado para realizar una intervención inmediata en Irán. En su propia cuenta de Twitter, Trump anunció que el pasado 21 de junio había parado un ataque contra objetivos militares iraníes diez minutos antes de que se lanzara. “Bolton será sustituido pronto porque ha operado a espaldas de Trump en el caso Irán y porque su desempeño en Venezuela no es satisfactorio a los ojos del presidente gringo”, asevera con rotundidad esa fuente.

El miedo entre los militares venezolanos a dar un paso en falso existe. El régimen de Maduro no se anda con chiquitas a la hora de represaliar a los díscolos. “Nadie quiere ser una cucaracha en un baile de gallinas”, subraya el negociador jefe venezolano con la Casa Blanca. Al mismo tiempo que cuenta que altos representantes del chavismo clásico ven con buenos ojos una transición controlada que desemboque en la creación de una junta de unos dos años que prepare unas elecciones con garantías en el país. Siempre con la participación de altos militares que tienen actualmente mando. Las negociaciones se llevan a cabo principalmente en Santo Domingo, Bogotá y Washington. Ese negociador jefe venezolano subraya que no trabaja para Estados Unidos, sino que lo hace por el bien de su país.

A Diosdado Cabello ninguna parte lo quiere molestar, confían en que participe en una transición política ordenada

Una de las personas mejor posicionadas para poner orden y a ser protagonista en esa junta de gobierno transicional es Humberto Calderón, actual representante en Colombia del gobierno interino de Guaidó. Calderón fue ministro de Energía y Petróleo y de Asuntos Exteriores en varios periodos ante de la llegada de Hugo Chávez al poder en 2002. Como experto en el sector petrolero, también ejerció como presidente de la estatal PDVSA y de la Organización de Exportadores de Petróleo (OPEP). “Calderón es muy respetado por los militares y los políticos opositores, está limpio de casos de corrupción y, además, pondría en órbita la reanudación la exportación de crudo en poco tiempo”, argumenta el negociador. Hoy, la estatal petrolera PDVSA, que hace poco tiempo garantizaba el 95% del ingreso de divisas del país, está funcionando en mínimos. Por si fuera poco todo lo anterior, Calderón mantiene grandes vínculos personales con el ministro de Defensa actual.

Igualmente, Diosdado Cabello, ‘de facto’ número dos del régimen de Maduro, contaría con respaldo interior y exterior para desempeñar un papel relevante en la transición. “Cabello conoce todo el sistema desde los inicios de Chávez, controla a los militares y no se le conoce un patrimonio robado al país”, explica el enlace entre la Casa Blanca y Caracas. Añade: “A Diosdado Cabello ninguna parte lo quiere molestar, confían en que participe en una transición política ordenada”.

Diosdado Cabello, número dos del Gobierno, junto a Michelle Bachelet. Cabello trabaja en la sombra por una transición ordenada en Venezuela.(EFE)
Diosdado Cabello, número dos del Gobierno, junto a Michelle Bachelet. Cabello trabaja en la sombra por una transición ordenada en Venezuela.(EFE)

Noruega es un pantomima

Desde el pasado mes de mayo, el Gobierno noruego está mediando entre el Ejecutivo de Maduro y parte de la oposición venezolana. Se están celebrando reuniones en Oslo, pero igualmente en las islas caribeñas de Margarita y Barbados.

Cilia Flores, esposa de Maduro, considera traidores a los representantes gubernamentales que acuden a la mediación que auspicia Noruega

Por parte del Gobierno de Caracas, participan, entre otros, el ministro de Comunicación e Información, Jorge Rodríguez, y el ministro de Exteriores, Jorge Arreaza. Por el lado de la oposición, hasta cuatro representantes se sientan con los enviados de Maduro. Stalin González, segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional, ejerce a modo de portavoz.

Pero esta vía es una pantomima. El Gobierno de Maduro está fraccionado en clanes de poder. Las reuniones propiciadas por los noruegos no conducen a ningún lugar, según cuentan a este diario fuentes de las negociaciones y de Inteligencia. “Cilia Flores [esposa de Maduro] recela de Jorge Rodríguez y dice en la intimidad que esos representantes que acuden a Oslo, a isla Margarita y próximamente a Barbados están traicionando a su marido”, refiere el negociador venezolano.

A pesar de que la mediación de Noruega sea vista como una vía muerta por Washington, Caracas y otros actores involucrados en las negociaciones clave, el ministro de Exteriores español en funcionesl pidió el 17 de junio a los socios europeos que la repaldaran. “Lo importante es que el proceso de Oslo no embarranque”, indicó Josep Borrell en una rueda de prensa al término del Consejo de ministros de Exteriores celebrado en Luxemburgo, según informó EFE.

El matrimoniio Nicolás Maduro y Cilia Flores en un acto reciente de apoyo popular a su Gobierno.(Reuters)
El matrimoniio Nicolás Maduro y Cilia Flores en un acto reciente de apoyo popular a su Gobierno.(Reuters)

Madrid: lugar de reuniones

James Story es el encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en Caracas. Convocó al ministro de Defensa venezolano a reunirse la semana pasada en Madrid. Padrino López fue uno de los que en principio habían dado el sí a la asonada frustrada de hace unas semanas, aunque finalmente reculó. Maduro lo ha mantenido en el cargo hasta la fecha. Pero Padrino López finalmente dio plantón a Story y no acudió a la capital española. Canceló su vuelo en el último momento. ¿Por qué? Su viaje fue vetado por la propia esposa de Nicolás Maduro. Como reacción, el diplomático estadounidense, enojado, tampoco aterrizó en Madrid.

Cilia Flores envió a dos representantes: Calixto Ortega, magistrado de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, y a Elvis Amoroso, contralor de la República Bolivariana, encargado de velar por la buena gestión del patrimonio público del Estado. La expedición estadounidense fue finalmente de segundo nivel.

Las fuentes consultadas por este diario aseguran que las vías que auguran éxito en las mediaciones para garantizar una transición ordenada en Venezuela no pasan por Madrid, de momento. ¿Hay otras rutas de negociación que afectan a España? Sí, las contaremos.

Transición hacia el desarrollo por Eddie A. Ramírez S. – Noticiero Digital – 25 de Junio 2019

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Las transiciones en Venezuela solo han producido algunos cambios de la personas que detentan el poder y, a veces,lo único positivo ha sido el paso de un gobierno dictatorial a uno democrático con ciertas limitaciones. Hoy, el colapso del país obliga a una transición que realice cambios profundos, no solo para instaurar una verdadera democracia, sino para poder enrumbar al país hacia el desarrollo y que este sea sustentable. Por ello no puede ser una transición corta.

No nos referimos a la transición que está planteada hoy para después de la salida de Maduro, la cual en un lapso perentorio debe convocar una nueva elección presidencial. Esa transición puede que ocurra o no, pero en todo caso la salida de Maduro es inevitable. Lo que planteamos es una transición producto de un pacto de gobernabilidad que dure varios períodos presidenciales, los cuales deben ejecutar políticas consensuadas que permitan lograr el desarrollo.

Para lograr ese consenso hay que aceptar que nuestros males no son solo consecuencia de los múltiples atropellos, corrupción e ineptitudes de los últimos veinte años. Algunos señalan que esos males arrancaron a partir de la década de los 70 del siglo pasado, pero es muy probable que nunca en nuestra historia republicana hayamos tenido una estrategia adecuada para lograr nuestro desarrollo. Desde luego hemos tenido unos gobiernos mejores que otros y hay que reconocer que varios presidentes actuaron de buena fe pensando que sus premisas eran las adecuadas.

¿Será posible lograr ese consenso que va mucho más allá de elegir un candidato de la unidad y una repartición de curules? Ojalá nuestra dirigencia tenga la suficiente madurez y desprendimiento. La tarea sobre el qué hacer está hecha. Hay varios trabajos al respecto. Uno que nos parece muy apropiado, por haber sido elaborado desde las bases de la sociedad, es el contenido en el libro “Venezuela, vértigo y futuro“, recientemente publicado por Editorial Dabhar y que también puede conseguirse en Amazon. Este importante aporte se lo debemos a Werner Corrales y a la lamentablemente fallecida Tanya Miquilena.

Estos investigadores realizaron un trabajo cíclope, iniciando en el 2009 la construcción de una Visión Compartida de País. Lograron unir esfuerzos con las organizaciones no gubernamentales Ciudadanía Activa, Manifiesta, Pon Tu Ladrillo, ProPaz, Observatorio Hannah Arendt y Foro Inter Universitario. En un medio como el nuestro, donde cada quien quiere actuar por su cuenta, sin duda esta Alianza por la Venezuela que Queremos fue un logro muy importante que denota el desprendimiento de las organizaciones mencionadas y el tesón de Tanya y Werner.

Cinco talleres de expertos y seis simposios fueron realizados en alianza con el Cendes de la UCV, la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Metropolitana, en los cuales participaron más de 500 profesionales, con 143 expositores académicos y especialistas, tanto cercanos a la oposición, como al “proceso”. En alianza con la directiva de Fedecámaras y con la Asociación de Trabajadores, Emprendedores y Microempresarios, se realizaron diez encuentros regionales entre líderes de los gremios empresariales y emprendedores populares. Además, “veinte autoridades universitarias y capitanes de empresa acordaron una agenda común para cooperar en proyectos de economía del conocimiento, de elevación de la calidad y pertinencia de la enseñanza superior y reducción de la pobreza”. Con un gran trabajo previo, en el 2013 iniciaron la construcción de la Visión Compartida de País, que duró tres años, y que está contenida en esta importante publicación.

El libro cuenta con un brillante prólogo del distinguido académico Héctor Silva Michelena. En su Parte I nos ilustra cómo y por qué llegamos hasta aquí, que en tres capítulos nos pasea desde 1920 hasta el presente y en el cuarto asoma cómo salir del vértigo y construir un nuevo futuro.

La Parte II trata en detalle la visión compartida: objetivos y estrategia para nuestro desarrollo futuro, en la cual los autores tratan sobre la necesidad de robustecer el capital humano, fortalecer la educación superior, ciencia y tecnología, la economía que hay que desarrollar, la reforma del Estado, la reforma institucional, reformas y políticas para relegitimar a Venezuela en el mundo , la Fuerza Armada, la reconciliación con justicia y finaliza el con el pacto necesario para el progreso de todos y la superación de la pobreza.

Es fundamental tener presente en esta propuesta gira alrededor de “que los venezolanos se conviertan en agentes de sus propias vidas”. Tenemos la mesa servida para emprender nuestro desarrollo.

Como (había) en botica: Se pueden entender algunas críticas y dudas sobre la actuación de la doctora Bachelet, pero sus declaraciones evidenciaron las violaciones a los derechos humanos. Su visita no podía ser para desconocer a Maduro. La Comisionada reconoció la existencia de presos políticos y solicitó su libertad, también que se sintió conmovida por denuncias de tortura, aceptó que hay crisis humanitaria y conversó con organizaciones de derechos humanos y familiares de víctimas; además dejó una misión de seguimiento Esperemos su informe ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

 

Maduro se asoma a una transición negociada con final incierto por Julio A. Fariñas – La Voz de Galicia – 16 de Junio 2019

Medio año después de la irrupción de Guaidó en la crisis venezolana, Maduro resiste. ¿Hasta cuándo?

A la vista de la evolución de los acontecimientos en lo que va de año, cada día parece más descartado el abandono, voluntario o forzoso, inminente de Nicolás Maduro. La tragedia que padecen la inmensa mayoría de los venezolanos dentro del país y una buena parte de ese 10 % que se ha visto forzado a emigrar y malvive en los países limítrofes no ha amainado, sigue yendo a más, pero cada día tiene menor protagonismo mediático y en la agenda de los que dicen estar llamados a resolverla.

La vía noruega, que aboga por una transición negociada, se va consolidando como la más realista, en la medida en que está marcando distancias con experiencias anteriores que tuvieron como escenario la República Dominicana y como protagonista estelar a un árbitro de más que dudosa imparcialidad apellidado Zapatero.

Está transición negociada, según los observadores más realistas, podría pasar por unas elecciones parlamentarias y presidenciales simultáneas, a celebrar el próximo año. Unos comicios con garantías de juego limpio, supervisadas por la comunidad internacional, precedidas de una renovación total de los órganos de control interno de las mismas y de la liberación de todos los líderes opositores presos e inhabilitados.

Esta salida, que para ser viable y asumible por el chavismo-madurismo, no podría exigir el abandono previo del cargo por el actual presidente ni impedirle ser candidato a la reelección y le permitiría al régimen actual legitimarse como oposición, en el caso más que probable de resultar derrotado en las urnas. Incluso le abriría la puerta a disfrutar legítimamente de toda o al menos una buena parte de las cuantiosas fortunas acumuladas a lo largo de las dos últimas décadas.

 

Conspiración interna

Visto el resultado de la intentona del pasado 30 de abril de derrocar a Maduro vía conspiración interna, un fracaso imputable a la ineptitud de sus promotores desde EE.UU. y que le sirvió a Maduro para constatar que no se puede fiar de nadie, a todas las partes implicadas les urge una salida en la que, al menos aparentemente, no haya ni vencedores ni vencidos.

La oposición, si consigue superar los personalismos que han sido su mal endémico, puede revalidar con creces los resultados de las parlamentarias de diciembre del 2015. Si forma piña, sin fisuras, ante un líder único, también puede desalojar del palacio presidencial de Miraflores a un Maduro que se tenía que haber caído antes por su propio peso y al que ni sus más incondicionales van a echar de menos.

El eje de convergencia de la oposición, en estas circunstancias, no puede ser otro que Juan Guaidó, que no solo ha hecho méritos suficientes desde que asumió la presidencia de la Asamblea Nacional, sino mucho antes, trabajando en la sombra, primero como diputado suplente y, desde hace cuatro años, como titular.

Si bien es verdad que la continuidad de Maduro es el factor determinante que personaliza el momento actual de la tragedia venezolana, no es el único y con su salida, si es que sale -el poder es la adicción más fuerte que puede enganchar al ser humano-, la crisis no se acabará.

Desde la llegada del chavismo, hace poco más de dos décadas, se ha ido consolidando, cada vez con más fuerza, lo que un reciente y documentado informe de InSight Crime (Centro de Investigación del Crimen Organizado) define como «el paradigma del Estado Mafioso, que se ha convertido en un eje del crimen organizado en la región».

Y esto ha ocurrido no por casualidad. Este país, uno de los más ricos del mundo en recursos naturales, está ubicado en un punto estratégico del continente americano dentro de la ruta de salida al mercado mundial de la cocaína andina, el negocio por excelencia del crimen organizado internacional.

Organizaciones criminales

Las organizaciones criminales que manejan el negocio, según el aludido informe, no han tardado en penetrar en los altos niveles de las instituciones del Estado. Entre las que citan se encuentran la Vicepresidencia, seis ministerios, la Guardia Nacional, la Fuerza Armada Bolivariana, el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) y Petróleos de Venezuela (PDVSA).

A todo ello se suman los colectivos, civiles armados que actúan con el respaldo del Gobierno y que realizan funciones de seguridad ciudadana, inteligencia, represión y control de la venta de alimentos subvencionados; los pranes, líderes carcelarios que dirigen organizaciones delictivas desde las prisiones; los paramilitares, surgidos de las Autodefensas Unidas de Colombia, que operan en la frontera y se dedican al contrabando, el narcotráfico y la extorsión; el ELN y los disidentes de las FARC, que se dedican a lo mismo en las mismas zonas y las megabandas, dedicadas al secuestro, la extorsión, el robo de vehículos y la venta de drogas.

Este complejo panorama delincuencial es lo que está generando mayor incertidumbre sobre la viabilidad de una transición que los políticos parecen resignados a negociar. Tiempo al tiempo.

Los Factores van alineándose por Trino Márquez – Noticiero Digital – 13 de Junio 2019

Ningún país, ni remoto ni cercano, desea participar en un conflicto bélico contra el régimen de Nicolás Maduro, a pesar de todo el daño que su permanencia en Miraflores causa. El éxodo masivo y creciente de venezolanos hacia Colombia, Ecuador y Perú, con todas las dificultades que ese flujo continuo genera; la actividad cada vez más evidente del ELN y de fracciones disidentes de las Farc en territorio nacional; la presencia de oficiales rusos en el país; la existencia de agentes terroristas del Medio Oriente y la importancia cada vez mayor alcanzada por Venezuela en el tráfico de drogas, al parecer no son suficientes para que los Estados Unidos y los demás  países afectados por estos hechos irregulares, se planteen seriamente una confrontación armada con el causante de estas calamidades. Todos evitan el choque. El mundo y la región enfrentan demasiados problemas para desatar uno nuevo. Una conflagración en Venezuela podría desbordarse. Maduro es un incordio que debe removerse sin causar grandes traumas.

La tesis que ha venido ganando fuerza en el plano internacional, se sintetiza en obligarlo a aceptar  la convocatoria de unas nuevas elecciones presidenciales, que corrijan los entuertos del 20 de mayo de 2018. En esta línea se inscriben el Grupo de Lima, la Unión Europea, el Grupo de Contacto Internacional, los Estados Unidos, Canadá y hasta el sinuoso López Obrador. El leve giro de Rusia y China, expresado en Moscú la semana pasada con las declaraciones de los cancilleres de ambos países, indica que Vladimir Putin y Xi Jinping, también podrían estar contemplando esa posibilidad. Cuba todavía no se ha pronunciado de forma categórica, pero si las sanciones norteamericanas continúan, no habría que extrañarse si apoya la moción. Las piezas del tablero internacional se han ido colocando en esa línea.
En donde se perciben más dudas y confusión es el plano interno. Las tres fases propuestas por Juan Guaidó –cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres- hay quienes las asumen como un dogma. Intentan ajustar la realidad a las consignas, cuando lo sensato consiste en seguir el curso inverso: ajustar las consignas a lo que permite la realidad. Proponer el objetivo del  cese de la usurpación tenía sentido cuando se suponía, o se creía poseer información fidedigna, que el estamento militar se fragmentaría y un sector muy amplio apoyaría a Guaidó. A partir de esa premisa era válido plantearse formar un gobierno de transición. Por las razones que sea, los planes abortaron. Padrino López no se sumó al proyecto de desplazar a Maduro, o nunca formó parte de él. No cesó la usurpación, ni se pudo formar el gobierno de transición. Queda en pie el último eslabón de la cadena: las elecciones libres.
Entiendo que Juan Guaidó insista en la trilogía. Su giro hacia el reconocimiento de la realidad debe ser progresivo y lento. Lo que no comprendo y no comparto es que otros líderes opositores se aferren de manera ortodoxa a la tríada, cuando todas las evidencias indican que los esfuerzos hay que dirigirlos a arrinconar a Maduro para que acepte ir, en un plazo cercano, a unos  comicios tal como lo manda la Ley Orgánica del Sufragio aprobada por ellos en 2009, cuando mantenían la hegemonía de la Asamblea Nacional. Para lograr este propósito ya se tiene el soporte internacional y podría obtenerse el respaldo del Alto Mando, núcleo al cual se le está haciendo cada vez más costoso sostener a Maduro en el poder. Si los militares calzan en este mecano, Maduro tendrá que medirse sin apelaciones.
Imponerle a Maduro su propia Ley no resulta nada sencillo. Le aterroriza una consulta transparente y justa, con un nuevo CNE, con la posibilidad de que los venezolanos en el exterior sufraguen, con un REP depurado, sin presos políticos, ni inhabilitados. Llegar a un acuerdo en el que participen los actores internacionales y los líderes que aún quedan en el país, será el resultado de una batalla gigantesca. Para alcanzar esta cota, Maduro deberá aceptar, aunque sea de forma indirecta, que los comicios de 2018 fueron fraudulentos y que, en consecuencia, tendrá que someterse a una nueva evaluación popular. Este vuelco sería fenomenal. Hasta ahora, su argumento más firme ha sido que la consulta del 20-M fue más cristalina que agua de manantial. Tal fue su razonamiento ante el periodista Jorge Ramos y en numerosas comparecencias públicas. Tendrá que tragar grueso para aceptar el escamoteo.
Para obligarlo a admitir la trampa existen varios factores cruciales en los cuales apoyarse: el respaldo y la presión internacionales, que no cederán mientras Maduro se pasee por los pasillos de Miraflores; la grave situación nacional, el descontento y la conflictividad social que lo acompaña; las diferencias dentro de Psuv; el malestar dentro de los militares y la brecha entre los cuadros bajos y medios con el Alto Mando.
Los países que apoyan la salida pacífica y electoral han ido cuadrando. Falta alinear los factores internos fundamentales.

Negotiating Venezuela’s Transition by Abraham F. Lowenthal and David Smilde – The New York Times – 11 de Junio 2019

By Abraham F. Lowenthal and David Smilde

Anti-government protesters and security forces clashing in Caracas, Venezuela, last month.CreditCreditMeridith Kohut for The New York Times

Last month’s preliminary talks between representatives of Venezuela’s government and the democratic opposition, facilitated by the government of Norway and held in that country, are an important first step toward a democratic transition. Norway is well placed to take the lead in facilitating negotiations; it has considerable experience, expertise and international respect for its scrupulous and impartial approach to conflict resolution.

Solutions to bitter conflicts are possible when circumstances convince key actors on both sides that negotiating a change of regime on mutually acceptable terms is preferable to a painful stalemate. At that point, effective local leadership, backed by strong international support, can forge agreements that work.

The divisions within Nicolás Maduro’s coalition laid bare during the failed April 30 uprising, coupled with Juan Guaidó’s unsuccessful call for the support of the armed forces, may have finally persuaded key people on both sides that the only viable way forward is a negotiated transition.

Lessons learned from the democratization process in PolandSpainSouth AfricaChile and Brazil can provide some guidance on how to move forward.

 

Many remain skeptical of “dialogue,” but negotiation and compromise between the conflicting parties is key. To explore whether such compromises can be achieved requires creating space and other conditions for discreet conversations, even while confrontations between the incumbent regime and the opposition continue. Opposition leaders need to explain why negotiating with the government makes sense, confronting predictable criticism, while not raising expectations too high, too fast

The opposition should mobilize civic protests to challenge the regime but at the same time concentrate on improving its leverage through realistic demands and concessions. This sometimes requires more political courage than clinging to attractive but impractical principles. Although Mr. Guaidó’s three-part sequence— end of usurpation, transition government and elections — is very popular, his coalition must be flexible and make hard choices about priorities.

The coalition must also help create the conditions that induce key figures within the authoritarian regime to support transition. This means ensuring that wholesale revenge against the former rulers and their main supporters will not be taken and that certain economic and other interests of established power centers will be respected within the rule of law. It is not easy to reconcile such assurances with the expectations of the long-repressed opposition, but concrete efforts to do so are necessary.

Inclusionary procedures should engage all key players, rather than insisting on specific outcomes up front. Modes of interim and medium-term power sharing should include key officials of the Maduro regime and the armed forces, key leaders of the democratic opposition and representatives of Venezuela’s economic sector and its civil society.

Accepting Gen. Augusto Pinochet as senator for life and as commander in chief of the armed forces for eight years helped broker Chile’s transition. Naming members of the Communist Party as ministers of defense and the interior facilitated the Polish transition. In South Africa, Nelson Mandela’s appointment of F.W. de Klerk as deputy president was one of several pragmatic steps that made a historic change possible.

It is encouraging that in Venezuela each side sent relative moderates to begin the discussions in Norway. To find a way forward, opposition leaders must now sublimate their own differences and rivalries. This may require confronting those who are too skeptical of negotiations to undertake it in good faith, as well as rejecting the participation of those who encourage violence or external intervention. The incumbent regime must also constrain those who favor violent repression, as was done in Chile, Spain, South Africa, Brazil and elsewhere.

Those who seek to make a democratic transition must project an attractive, optimistic, inclusive and credible vision of the future that can help ordinary people overcome pervasive frustration and crippling fear and enable them to embrace positive change. Negotiations should concentrate on identifying and pursuing the interests all parties have in common before trying to resolve what divides them.

Processes of transitional justice must be carefully created to address or commemorate human rights violations without inviting revenge or risking a return to repression. Finding an approach that recognizes victims and restores justice without returning to mutual intolerance and exclusion must be a high priority.

A key challenge in democratic transitions is to bring the armed forces, the police and other security institutions under democratic civilian authority while recognizing their legitimate roles, their appropriate claim on some level of resources and their need to be protected from reprisals. Trying to replace security forces lock, stock and barrel is likely to be disastrous, as was the case in Iraq.

Claims that most of Venezuela’s military officials are deeply corrupt don’t take into account that some may still honor the codes and vocation of the professional armed forces. Subjecting all security and intelligence forces to firm civilian control will require constant vigilance and the gradual construction of trust. Vague references to eventual amnesties and reconciliation are not enough; detailed plans must be drafted in consultation with affected parties.

Democratic transitions are primarily achieved by domestic forces and processes, but they can be assisted by strategic international involvement. International players clearly have their own interests and priorities. They should not be expected or asked to resolve internal issues, nor should they try to displace domestic individuals, who should take and retain the lead. Military intervention would only bring more violence, destruction and hostility. It would also exacerbate the regional migration crisis. Threats of military force tend to silence moderates and lead hard-liners to dig in.

 

The international community should now exercise skillful diplomacy and willingness to help Venezuela move forward. Norway can help the parties find space and procedures for negotiation, but support will be necessary from other countries and multilateral bodies, as well as assurances from countries and international agencies that they will provide assistance for reconstructing Venezuela’s economy and reintegrating the country into global trade and investment; facilitating and monitoring negotiations and the processes of transitional justice; and if requested, providing technical assistance and monitoring for eventual free, fair and credible elections.

The United States government should explore and help reinforce the interests that other international powers — including China, Russia and Cuba — actually share with the United States in a stable Venezuela with a recovering economy, a healthy petroleum industry, reduced violence and effective governance. That outcome should be welcomed by all Venezuelans and the entire international community.

Abraham F. Lowenthal is a professor emeritus at the University of Southern California, and the founding director of the Woodrow Wilson Center’s Latin American Program and the Inter-American Dialogue. David Smilde is a professor of human relations at Tulane University and a senior fellow at the Washington Office on Latin America.

Las transiciones en Venezuela por Eddie A. Ramírez S. – RunRunes – 10 de Junio 2019

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Para efectos de este artículo entendemos por transición un período relativamente corto, posterior a  gobiernos democráticos o dictatoriales,  con un poder Ejecutivo de facto. Concretamente nos referiremos a las siguientes: 1-  Junta Revolucionaria de  Gobierno del 18 de octubre de 1945 a febrero de 1948. 2-   Junta Militar del 24 de noviembre de 1948 a diciembre de 1952. 3-    Junta Cívico Militar del 23 de enero 1958 al 13 de febrero de 1959 .  4- La presidida por Ramón J. Velásquez,   del 5 de junio de 1993 al 2 de febrero de 1994. 5- La iniciada este año  presidida por Guaidó, con las restricciones conocidas.

1- La transición producto de la llamada Revolución de Octubre fue presidida por Rómulo Betancourt, con participación de otros tres militantes de Acción Democrática,  un  independiente pro adeco y dos militares. Sus principales logros fueron establecer el voto universal y directo, y dejar sentado que las petroleras debían aportar al Estado el 50% de sus ganancias. Aplicaron la polémica política de no más concesiones para explorar petróleo, lo cual hoy muchos consideran que fue un error. Años después,  miembros de AD reconocieron que fue un período de mucho sectarismo, incluyendo enfrentamientos con la Iglesia.  Otro error fue aplicar medidas retaliatorias injustas en contra de algunas personalidades del medinismo. Todo ello  fue caldo de cultivo para  el injustificable golpe militar de noviembre de 1948. Hay que reconocer el desprendimiento de Betancourt al no aceptar ser candidato presidencial en 1947.  Fue una transición con aspectos positivos y negativos.

2- La transición iniciada en  1948 puede dividirse en dos etapas. La primera, desde esa fecha hasta el asesinato de Carlos Delgado Chalbaud en  noviembre de 1950, período autoritario sin muchas persecuciones políticas. Posteriormente asumió la presidencia de la Junta el abogado Germán Suárez Flamerich quien,  incomprensiblemente, se prestó para sustituir a Delgado. Este período fue puente para que Pérez Jiménez fuese designado en 1953  presidente “constitucional”, por  un Congreso fraudulento. Fue una transición injustificable.

3- El 23 de enero de 1958 se produjo la tercera transición a raíz de la huída de Pérez Jiménez por perder el apoyo de los militares debido al descontento popular.Después de algunos cambios, la Junta Cívico-Militar quedó integrada por tres militares y dos civiles. La presidió el contralmirante Wolfang Larrazábal. Esta transición estableció el llamado Plan de Emergencia, criticado por muchos. Durante este período hubo varias  crisis por el descontento de los militares.  A Larrazábal se le criticó por ser  populista, quizá porque quería ser candidato en las próximas elecciones, lo cual logró con el apoyo de  URD y Partido Comunista. También se le criticó por entregar armas a  civiles, principalmente de extrema izquierda, punto que poco se menciona.  Larrazábal renunció  para ser  candidato presidencial., siendo sustituido por Edgar Sanabria, quien elevó los impuestos a las petroleras.  Fue una transición que permitió que regresara la democracia.

4- El periodista e historiador Ramón J. Velásquez fue designado presidente encargado cuando el Congreso, el Fiscal General y el TSJ defenestraron a Carlos Andrés Pérez, en 1993. Velásquez  evitó que hubiese  otro intento de insurrección militar y permitió  la elección de Rafael Caldera por segunda vez. Fue una transición sin pena , ni gloria. Quizá solo se recuerda por el indulto presidencial al narcotraficante Larry Tovar,  del cual  el doctor Velásquez no fue responsable.

5- Ahora hay una  transición sui generis encabezada por el ingeniero Guaidó, quien asumió la presidencia interina acatando la Constitución, pero sin poder ejercerla como corresponde debido al soporte de la Fuerza Armada al usurpador  Maduro. Desearíamos  que logre ejercer efectivamente la transición. De concretarse, sin duda será un período   difícil, ya que los rojos destruyeron las instituciones,  el aparato productivo,  los servicios públicos y  empobrecieron   la población. Esta tiene grandes expectativas de que un cambio de gobierno solucionará los problemas a corto plazo, lo cual no pareciera posible.  Si los ciudadanos perciben que la transición no logra resultados tangibles, el riesgo en la próxima elección puede ser alto.

La posición de la Fuerza Armada  dificulta visualizar el futuro. Por ahora, no hay duda de que Guaidó es el dirigente que aglutina a la mayoría.  Los demás tienen poca aceptación  en las encuestas. Quizá no sea políticamente correcto plantear hoy que, en una negociación bien manejada, podría obviarse la transición y acordar la realización de elecciones transparentes. Para ello hay que ofrecer   al electorado y al mundo un equipo de gobierno que inspire confianza, por competente y libre de sectarismo. La dirigencia debe evaluar esta opción.

Como (había) en botica: Los argumentos esgrimidos por algunos para descalificar a Noruega como facilitadora no son válidos. La demanda en contra de La Patilla es otro acto de cobardía de Diosdado y de los tribunales mal llamados de justicia. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

Escenarios 2do semestre 2019 por Thays Peñalver – Venepress – 11 de Junio 2019

2019 es el año final y habrá un nuevo comienzo de cara al 2020, de eso no tengo ya la menor de las dudas

Escenarios 2do semestre 2019

2019 es el año final y habrá un nuevo comienzo de cara al 2020, de eso no tengo ya la menor de las dudas. Sobre las que si tengo, es sobre lo que he reiterado hasta el cansancio en mis artículos, que posiblemente a muchos no les guste este final y el nuevo comienzo. Vienen cambios y están a la vuelta de la esquina, mientras las fuerzas democráticas tienen por delante el reto más difícil de toda su existencia, hacer un giro de 180 grados, dejar de pensar que clavarse cuchillos argumentando que es “competencia democrática”, definir una estrategia completamente distinta y trabajar a marcha rápida y forzada los cien días siguientes, pues estos serán los definitivos para demostrar que pueden ser exitosos y sobre todo ser aptos y estar preparados para gobernar a Venezuela o la comunidad internacional aceptará las alternativas que se estarían negociando y no precisamente en Oslo.

Seamos honestos, ni en los sueños más salvajes nos habríamos imaginado que los norteamericanos estaban hablando con el sector más “cubano” de las Fuerza Armada. Hasta hace unos días, usted ni siquiera imaginaba que era factible que el poderoso y temible jefe de la policía política estuviera: “en la nómina de la CIA” y que además hablara con Trump de las sanciones. Hasta hace unos días usted ni siquiera sospechaba que los mil millonarios sancionados negociaban con Estados Unidos en nombre del chavismo y que los más altos personeros estaban sacando cuentas y ajustando cálculos con los estadounidenses, a ver cuanto dinero salvan. Hasta hace unos días, usted pensaba que tenían un santuario en República Dominicana y no tenía idea que: “la mayoría quiere el cambio”.

Imaginemos por las palabras de Abrams lo que no sabemos, preparémonos para lo que desconocemos y estamos a punto de saber, porque esas negociaciones se llevan a cabo a escala planetaria. Pero ¿cuál cambio es el que viene?. Veamos…

Para entender nuestra realidad, recurro a tres citas de Winston Churchill : “De nada sirve decir: «Lo estamos haciendo lo mejor posible». Tienes que hacer lo que sea necesario para tener éxito”, “El éxito no es el final, el fracaso no es fatal: es el coraje de continuar lo que cuenta”, “Puede que la crítica no sea agradable, pero es necesaria. Cumple la misma función que el dolor en el cuerpo humano. Llama la atención de un estado de cosas no saludable”.

Comencemos por ver la foto del costosísimo 30 de Abril, en la que se habría perdido el apoyo de algunos gobiernos y posteriormente la aparición de Oslo, que representan oficialmente la culminación adelantada de la luna de miel del presidente (e) Juan Guaidó. No es algo malo, ese adelanto también le pasó a Kennedy en un abril con Bahía de Cochinos, simplemente comienza el período en el que el apoyo estaría condicionado por el: “si no lo hiciere, que Dios y la Patria os lo demanden”. Más que la sentencia final de un juramento que acarrea un gran compromiso en el ejercicio de la función presidencial, es una sentencia lapidaria que ha recaído sobre todos los Presidentes constitucionales de Venezuela.

Ahora bien, el antichavismo como un todo también tiene la obligación de revisarse, porque una cosa es lo que piensa de sí mismo aquí adentro y otra muy distinta como nos ven desde afuera. Y más si vuelve como un De javú a cometer los mismos errores de 1998, 2002, 2014 y 2017.

La principal vulnerabilidad del antichavismo (no somos oposición) se vio claramente reflejada con la llegada de Juan Guaidó, cuyo mayor adversario es su inmensa popularidad. A partir de ese momento se desataron los demonios internos y la comunidad internacional ha visto en estos meses como varias facciones de la otrora oposición entraron en una guerra a cuchillos, e incluso Guaidó ha tenido desde el primer día una rivalidad permanente en su propio partido, gravísimo error porque están demostrando –como equipo- que con ese comportamiento no tienen manera de garantizar alguna gobernabilidad. Y aquí el problema no es el partido, que no ha ganado la presidencia con votos, el problema es no entender que la prioridad es Venezuela, construirla desde cero rescatando los principios republicanos e instaurando la democracia. Ya que luego llegarán los tiempos de aspirar, cómo es lógico, pero ahora el enfrentamiento y el sectarismo, es destructivo.

Y es que la gobernabilidad no es un tema de ganar elecciones, ni de popularidad, ni de tener una presentación de PowerPoint, se trata de un asunto delicado y complejo, formar gobierno y aplicar programas de gobierno a través de mayorías y de consensos. Y eso es precisamente lo que quiere ver de nosotros  la comunidad internacional. Y el antichavismo -como un todo- está muy lejos, siquiera de entenderlo. Lamentablemente.

Por otra parte el problema de Oslo como siempre no es el dialogo, ni la negociación. Un canal que he dicho hasta el cansancio debía ser continuo, bajo reglas técnicas concretas, con negociadores o facilitadores profesionales y con las garantías de un país neutral y serio, pero con la protección a los negociadores de las potencias involucradas en Venezuela, así como unas precondiciones mínimas y objetivas. Es decir un mecanismo transparente y técnico de negociación permanente y profesional, que hasta la fecha, sigue sin existir. Por qué lo digo? Porque han cometido el pecado mayor en este tipo de procesos, esconderlo.

Pero a la fecha, es la imagen internacional del “antichavismo” el problema más serio que tiene de cara al segundo semestre. Internamente se piensa exitosa, pero tales éxitos no son percibidos afuera. Internamente prevalece la visión que 56 países apoyan a Guaidó, pero dentro de esos países, la verdad es que reconocen a ambas partes en conflicto. Internamente se cree en la versión victoriosa que sostiene que el 23-F logramos demostrarle al mundo la naturaleza del régimen, pero en esos países ya sabían la naturaleza del régimen y lo que demostramos es el exiguo poder y el divorcio con la FAN. Esto último no es nuevo, la dirigencia política venezolana nunca ha entendido que ocurre puertas adentro y tampoco se han ocupado de estudiar su comportamiento e intereses. De allí que los mensajes nunca lleguen. Digan lo que digan y hablen con quien hablen, no llegan.

Es de esta forma que debemos comprender la costosa debacle del 30 de abril, una “victoria” más a lo interno, pero en la versión de la comunidad internacional fue la estocada a un toro cuya faena ha sido infortunada. Si el 23 de Febrero se entibió Trump y buena parte del apoyo duro de Latinoamérica, el 30 de abril Venezuela fue una bomba en los cimientos de Brasil, cuando el gabinete de Bolsonaro exclamó: “un acto de ingenuidad” y el vicepresidente expresó: “no fue la mejor decisión de Guaidó” (Sao Paulo) mientras el general Augusto Heleno Rivero, asesor del Presidente y jefe de la Casa Militar explicó que: “parecía una pelea de hinchas de futbol” (O Globo) y en rueda de prensa sentenció: “es una prueba de que no hay grandes líderes para conducir una acción más contundente y también parece que no hay suficiente entusiasmo por parte de la población” (Veja). Eso amigos, es la imagen que hay que evitar a toda costa. Los hinchas no son los que están en el campo, son los jugadores profesionales.

El ya “viejo” liderazgo debe entender y ayudar a los jóvenes a comprender que no solo se trata de cómo se sale del problema, ni de negociar, ni de invadir, ni del TIAR, ni del 187, sino de a quien le entreguen el gobierno posteriormente y quienes estarán en capacidad de formar gobierno y garantizar poder sostenerse en el poder. No hay un solo precedente histórico donde la comunidad internacional le entregara ese poder a una minoría, ni a quienes no estén dispuestos a reagruparse para formar un gobierno en mayoría y eso incluye al chavismo, (la comunidad internacional no ve cambios sin el chavismo incluído, empiecen a digerirlo) pero de lo que si estoy segura es que no lo entregará a los del concierto y la ayuda humanitaria, mucho menos, a los organizadores del 30 de abril, hasta que demuestren ser exitosos.

Por eso la sorpresa más grande nos llega de los Estados Unidos que, tras el fiasco del 23 de febrero, también pareciera que cambiaron su postura y por eso el 30 de Abril nos trajo otras sorpresas. Nos enteramos que estaban negociando desde febrero directamente con el régimen un cambio y estaban dispuestos a aceptar una nueva propuesta de gobernabilidad, lo que demuestra que Trump está cambiando, como Bolsonaro, de dirección. La salida luce ya bastante clara y que será negociada, los casos de Nicaragua y Chile pareciera que serán tomados en cuenta, porque aquellas fueron transiciones tuteladas que garantizaron la estabilidad, la misma que no parecen estar en capacidad de proporcionar los nuestros.

La comunidad internacional escuchó claramente a Pompeo filtrar (sea privado o no) que la atomización opositora no garantiza el futuro y a Abrams expresar “la importancia del chavismo”. Con esa frase dejó entrever la necesidad de un gobierno tutelado  y que el nuevo estaría conformado como “el Consejo de Estado”, es decir un régimen híbrido con presencia opositora como “mejor proyecto” para “lograr la estabilidad de la nación”. Y eso es lo que estaría detrás de las negociaciones y lo que vendrá, si los negociadores chavistas dan con la propuesta correcta. Ante este escenario, Venezuela amanecería libre del socialismo, pero no libre del todo de lo que muchos consideran: “la usurpación”.

Por eso mi sugerencia para estos cien días siguientes para las fuerzas democráticas es el cambio inmediato en la estrategia, pues se están jugando nada menos que el destino de Venezuela y el de ellos, en estas negociaciones (y repito no precisamente en las de Oslo). En estos cien días tienen que cambiar la imagen y posicionarse como gobierno. Así que si se comprometen con un concierto y a recaudar cien millones, recaudémoslos. Si decimos que la ayuda humanitaria entrará, que entre, si decimos que vamos a hacer un plan público de salud, hagámoslo, si vamos a hacer una huelga, cumplamos nuestra palabra. Si hemos jurado “asumir las competencias” asumámoslas. Porque si no tenemos apoyo para gobernar y no somos exitosos, sencillamente no somos los que gobernaremos, nunca.

Debemos abandonar la ingenuidad, las políticas erradas, la pésima ejecutoria, y dejar de demostrar el escaso apoyo del poder de facto. Pero más aún abandonar la pelea a cuchillos interna y el reto permanente al líder constitucional y popular, pues es la foto que están viendo afuera constantemente. Llegó pues el momento de cambiar en estos cien días y exigir un trabajo metódico y formal, y sobre todo el cese de las facciones en pugna. Busquen urgentemente reagruparse y unan esfuerzos hoy, que ya mañana podrán asumir sus posiciones de lucha y aspiraciones políticas. Hoy no tienen país para hacerlo. Entiendan de una vez.

Institucionalicen el proceso, cuiden las formas para que las formas cuiden de ustedes. Den apariencia de estar rescatando los Poderes Públicos y las instituciones, reflejen seriedad republicana y compórtense como demócratas a carta cabal. La democracia no es votar, es consenso y el gobierno interino reposa sobre las bases de los partidos políticos que hacen vida en la Asamblea Nacional, en las decisiones conjuntas y sobre todo en las ejecuciones de las mismas, es donde se demuestra que están aptos para gobernar.

También les recomiendo abandonar dogmas absurdos e ingenuos que hacen mucho daño a estos procesos por crear falsas expectativas, como por ejemplo que podremos gobernar solo porque hicimos elecciones libres y salió electo alguien en minoría, como si Venezuela fuera una democracia consolidada o mantras que representan camisas de fuerza como el del “Cese de la usurpación”Volvamos sobre la mesa de planificación y modelemos un plan y un futuro realista o de otro modo quienes están negociando nuestra libertad, tomarán las decisiones por nosotros. Y como se deduce por las palabras y mensajes, ya no tan subliminales de Pompeo y Abrams, hay quienes van adelantados y nos llevan ventaja.

Así que como en Oslo, esa negociación sigue su curso en el chavismo y seguramente afinan esas propuestas de nueva gobernabilidad y el problema lógico es que en los próximos cien días, nos llevemos más sorpresas. Y si alguno de ellos hace exactamente la propuesta correcta y se da con una formula de gobierno, casi Venezuela entera y la comunidad internacional lo celebrará y respirará aliviada, aunque hayamos vuelto a 1945 y represente el fin de una fuerza política, tal y como la conocemos.

A menos que Venezuela sea reducida a cenizas por la idiotez, la Venezuela que viene no será una de vencedores y vencidos. En cualquier mañana de estas los venezolanos nos levantaremos con un cambio. Pero hoy la oposición tiene que evitar que Trump diga: “Están despedidos”, porque al fin y al cabo, el 30-A demostró que varios contendientes se disputan ganar en este capitulo de “El Aprendiz” y como lo ha demostrado Trump hasta el cansancio, no hay celebridad que valga.

Cambiemos, se los ruego por Venezuela y los venezolanos que hoy estamos en riesgo, por el futuro y nuestra paz, por favor háganlo, que aún estamos a tiempo.

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