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Venezuela, el desastre que no cesa por Francesco Manetto – El País – 12 de Julio 2020

Una economía destruida, unos servicios sanitarios incapaces de responder a la pandemia y un presidente que maniobra para descabezar a la oposición, convertida en una jaula de grillos. El cambio en el país sudamericano se antoja cada vez más complicado

Un manifestante en una protesta contra el Gobierno de Nicolás Maduro, el pasado 10 de marzo en Caracas.
Un manifestante en una protesta contra el Gobierno de Nicolás Maduro, el pasado 10 de marzo en Caracas.

Primero, una sensación de calma aparente. Después, un sobresalto. Y de repente la sorpresa se convierte en caos. Sucede a menudo en Venezuela. Ese es en buena medida el ritmo cíclico de su historia reciente. La profunda emergencia económica y social y la fractura institucional han hecho del país caribeño un territorio en el que las nociones habituales de la confrontación política carecen de sentido. La polarización es mucho más que eso y con frecuencia —después de dos décadas de pulso entre el chavismo y la oposición, acciones militares, intentos fallidos de derrocar al régimen y estrategias disparatadas— se acerca a un abismo insalvable. Y la crisis es un pozo sin fondo del que nadie ha sido capaz de salir.

La sucesión de esas tres fases quedó plasmada a principios de año en un episodio que marcó el enésimo giro de tuerca del Gobierno de Nicolás Maduro y que sacudió a sus rivales. Ese día empezó, de alguna manera, un nuevo ciclo. El 5 de enero Juan Guaidó, jefe del Parlamento reconocido como presidente interino por casi sesenta países, iba a ser reelegido al frente de la Asamblea Nacional, la única institución controlada por fuerzas opositoras. Sin embargo, una maniobra de la bancada chavista y de un sector minoritario de tránsfugas convirtió la sesión en una jornada de vértigo. Se votó sin quorum en un hemiciclo en el que se cruzaban proclamas e insultos y donde iban y venían, sin apenas control, parlamentarios, asesores y periodistas. Los alrededores del palacio legislativo estaban llenos de militares. Una de las imágenes del día fue la del propio Guaidó —que mantiene que no llegó a entrar— intentando trepar por una verja para eludir a la Guardia Nacional. En un ambiente de caos, lleno de especulaciones y medias verdades, se juramentó un nuevo presidente del Parlamento: el opositor disidente Luis Parra, expulsado semanas antes de su partido, Primero Justicia, por un caso de corrupción. Solo el chavismo le reconoce. Y a efectos prácticos es suficiente, ya que el régimen nunca ha perdido el control del aparato estatal.

Vecinos de San Agustín del Sur (Caracas), en las fiestas de San Juan Bautista.
Vecinos de San Agustín del Sur (Caracas), en las fiestas de San Juan Bautista.ANDREA HERNÁNDEZ BRICEÑO

Lo que ocurrió entonces cobra ahora más sentido en medio de la pandemia, con un país paralizado y sin capacidad de respuesta por la destrucción de los servicios sanitarios. Maduro, en el poder desde la muerte de Hugo Chávez en 2013, trata de deshacerse de la presión interna convocando elecciones parlamentarias. Esta convocatoria amenaza con dinamitar los ya precarios equilibrios de la oposición, que rechaza participar. Guaidó, su equipo y sus seguidores afrontan uno de sus momentos más difíciles: debilitados por el acoso de la justicia, frustrados por la falta de horizonte y divididos tras los errores cometidos, buscan mantenerse a flote apelando a la unidad y aferrándose a su principal activo, el respaldo internacional. El llamado G-4, el frente de los principales partidos opositores, lo tiene cada día más difícil. El Tribunal Supremo inhabilitó a las direcciones de Voluntad Popular, la formación fundada por Leopoldo López; Primero Justicia, la organización de Henrique Capriles; y Acción Democrática. El fallo entregó esas fuerzas a unas gestoras encabezadas por dirigentes más dóciles y el cuarto partido, Un Nuevo Tiempo, teme una decisión similar. A eso se añade que los comicios, convocados para el 6 de diciembre, tendrán un árbitro designado por ese mismo tribunal, afín al Gobierno. Los intentos de pactar entre las partes una nueva composición del Consejo Nacional Electoral (CNE) que se dieron hasta finales de febrero quedaron desbaratados, como todas las demás aproximaciones al diálogo.

“Hoy Venezuela está más lejos de una transición democrática de lo que estaba 18 meses atrás, por errores estratégicos y la incapacidad de aglutinar el factor militar. El mundo y, en particular, la región, enfrentan la covid-19 en un ambiente de recesión global que hace que EE UU pierda cierto interés en la crisis venezolana”, opina Michael Penfold, investigador del Wilson Center de Washington y profesor del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA). “Maduro lo ha aprovechado, pero con las elecciones no busca legitimarse internacionalmente, sino que tiene dos objetivos: descabezar a la oposición y crear una oposición leal”, comenta.

Guaidó se proclamó presidente interino durante una movilización multitudinaria el 23 de enero de 2019. Lo hizo valiéndose de una interpretación de la Constitución por la que Maduro es considerado un usurpador —tras ganar las elecciones presidenciales el año anterior sin la participación de la mayoría de las fuerzas opositoras y en medio de acusaciones de fraude—. Ese desafío alentó las expectativas de millones de venezolanos que vislumbraron la posibilidad de un cambio político inminente, confiando en una rebelión militar que no se produjo. Multiplicó también la presión internacional contra el régimen, encabezada por EE UU, Colombia, la mayoría de los países latinoamericanos y la Unión Europea. Un año y medio después, todo parece haber quedado en agua de borrajas y la frustración interna es una bomba de relojería.

Juan Guaidó y Leopoldo López, el 30 de abril de 2019,  día en que se alzaron contra Maduro, flanqueados por algunos militares, en un levantamiento que no prosperó.
Juan Guaidó y Leopoldo López, el 30 de abril de 2019, día en que se alzaron contra Maduro, flanqueados por algunos militares, en un levantamiento que no prosperó.CRISTIAN HERNANDEZ / AFP VIA GETTY IMAGES

“La oposición en este momento no tiene ninguna opción buena, tiene que elegir la menos mala”, continúa Penfold. “La situación venezolana tiene una sola solución posible, que es un acuerdo político, pero no hay incentivos. Aquí se requiere un proceso de reactivación de la comunidad internacional, que cree incentivos para esa negociación. Muchos en la oposición lo plantean con la idea de votar o no votar, pero eso sin negociación previa no significa nada”. Al mismo tiempo, los mensajes lanzados por el Gobierno no son alentadores. El domingo pasado el ministro de Defensa de Maduro, Vladimir Padrino López, advirtió durante un acto castrense que “[los opositores] nunca podrán ejercer el poder político en Venezuela”.

Con estas premisas, y con un estamento militar que se ha mantenido fiel a Maduro pese a cientos de deserciones, los escenarios siguen siendo muy inciertos. Un análisis apunta a que una atomización de la oposición puede facilitar un proceso de diálogo con los sectores más moderados. En las filas opositoras se oyen cada vez más voces que dudan de la eficacia del alcance simbólico del Gobierno interino y el aparato paralelo creado por Guaidó. Que critican el liderazgo de la estrategia de Leopoldo López, resguardado desde mayo del año pasado en la residencia de la Embajada de España en Caracas. Y que repudian algunos de los errores más sonados de los últimos meses, como el intento de incursión militar en dos playas próximas a la capital con soldados venezolanos y dos mercenarios estadounidenses. Un plan suicida que acabó con al menos siete muertos y decenas de detenidos. Henrique Capriles Radonski, ganador de las elecciones parlamentarias de 2015 y alejado de la primera línea desde 2017, lanzó hace días unas duras críticas al camino emprendido y llamó a reconstruir no solo el país, sino también la oposición. López le respondió a su manera, reapareciendo con ocasión del 209 aniversario de la independencia en un acto telemático para pedir la unidad de los opositores.

Sin embargo, los criterios internos son muy diferentes y las opciones de negociación política —que debería ser la salida natural y que representa la apuesta de la UE— son arduas. “El Gobierno no negocia de buena fe. Está dispuesto a mantenerse en el poder a toda costa, sin importar la posición de los chavistas, incluso, y de la comunidad internacional”, señala Raúl Gallegos, director de la consultora Control Risks. “La llegada de Guaidó, si bien era una posición necesaria para apretar a Maduro, no iba inmediatamente a llevar a un cambio, y ahora estamos viendo una consolidación del régimen, que está apostándole a sobrevivir de aquí a diciembre”, prosigue.

Las legislativas están previstas un mes después de las presidenciales en Estados Unidos. Y la posición de Washington es crucial para Guaidó. Lo fue desde el primer momento, a pesar de los altibajos y los exabruptos de Donald Trump, quien lo calificó de “crío”, según revela en sus memorias recientemente publicadas el exconsejero de Seguridad Nacional de EE UU John Bolton. También el secretario de Estado, Mike Pompeo, reconoció la dificultad de mantener la cohesión de la oposición. Sin embargo, aunque muchos dudan del compromiso real de Trump desde el principio, su respaldo y las sanciones impuestas al régimen fueron determinantes para sostener el discurso de Guaidó frente a Maduro.

“El impacto de la covid-19 en EE UU ha sido brutal y sigue siéndolo, por ende la importancia del tema Venezuela va a ser muchísimo menor. Aunque Trump saliera reelegido sería con un resultado muy ajustado. Va a haber un problema de salud y económico muy grave, y vas a tener empresas petroleras haciendo cabildeo para seguir operando en ese país”, analiza Gallegos. Este último factor es decisivo. Venezuela, un país petrolero que ya no tiene capacidad de refinación, tuvo que importar combustible de Irán en medio de la emergencia sanitaria. La economía está destruida. La pobreza extrema casi alcanza el 80%, el salario mínimo y los bonos de alimentación rondan los cuatro dólares mensuales. Maduro se conforma con el apoyo de sus aliados: Irán, Rusia, China y Turquía. El régimen, opina el consultor, ha llegado a una etapa en la que no le teme a la comunidad internacional. Según sus previsiones, si en EE UU gana Biden, la presión de Washington sobre Caracas será menor y el enfoque diplomático cambiará de tono, aunque eso no quiere decir que se produzca un levantamiento de sanciones de la noche a la mañana.

El equipo de Guaidó no ha perdido, sin embargo, la fe en el cerco diplomático. La transición llegará con más presión nacional e internacional hacia los funcionarios del régimen y con una oposición unida en torno a un solo objetivo, según Edward Rodríguez, portavoz del líder opositor, que considera los próximos comicios parlamentarios “una farsa electoral como en mayo de 2018”. “Nuestra lucha seguirá girando en torno a conseguir elecciones presidenciales libres”, subraya. “Esa es la pieza fundamental para construir una transición democrática”.

Mientras tanto, la rutina de Venezuela seguirá fluctuando como hasta ahora entre la calma, los golpes de efecto y el caos.

US Reiterates Support for Venezuela’s Interim President Guaido – Latin American Herald Tribune – 5 de Julio 2020

WASHINGTON – The United States reiterated on Friday its support for opposition leader Juan Guaido, recognized by Washington as the interim president of the crisis-ridden Venezuela.

In a message on the eve of Venezuela’s Independence Day to be celebrated on Sunday, US Secretary of State Mike Pompeo stated that Washington was committed to a “peaceful and democratic transition” of the South American country.

“Today, the Venezuelan people carry the spirit of Simon Bolivar as they seek a democratic transition from the authoritarian rule that is abetted by nefarious foreign infiltrators that enable repression and corruption. This struggle for freedom and democracy will not end until its goals are realized,” Pompeo said.

The secretary of state stressed that the daily struggle of Venezuelans in defending their rights “brings them a day closer to truly celebrating Independence.”

“Democracy will not be intimidated. We remain committed to supporting Venezuela’s peaceful, democratic transition and free and fair presidential and parliamentary elections. The United States, and nearly 60 nations, stand with Venezuelans inside Venezuela and the more than five million forced to flee.”

On June 22, President Donald Trump said on his Twitter account that he would only meet with Venezuela’s incumbent Nicolas Maduro to discuss his “peaceful departure from power” shortly after he stated in an interview that he was open to having that meeting.

Trump’s tweet came a day after the president in an Oval Office interview with digital newspaper Axios suggested that he has had second thoughts about his decision to recognize Guaido as the legitimate leader of Venezuela and said he was open to meeting with Maduro.

Trump had considered the possibility of meeting Maduro during the 2018 UN General Assembly, but that did not happen.

Trump’s former National Security Advisor John Bolton has said in his new book that the president wanted to withdraw his support for Venezuelan opposition leader Guaido just 30 hours after recognizing him in January 2019 as interim president because he believed he was projecting an image of a “child” in front of the “tough” Maduro.

Felipe González: “La prioridad de la oposición venezolana debe ser una estrategia autónoma” por Florantonia Singer – El País – 12 de Junio 2020

El expresidente del Gobierno español conversa con Juan Guaidó sobre las perspectivas de Venezuela

El expresidente del Gobierno español Felipe González, en una imagen de archivo.
El expresidente del Gobierno español Felipe González, en una imagen de archivo.VICTOR SAINZ

La transición que, como Sísifo, impulsa Juan Guaidó en Venezuela cuenta con un elemento clave en la mirada del expresidente del Gobierno español Felipe González: el poder legislativo. Un factor con el que no contaron los que estuvieron en la primera línea de lucha contra el franquismo o, en otras latitudes, las fuerzas que derrotaron a Augusto Pinochet.

“En la transición española o la chilena no había el elemento clave en el que se basa la legitimidad de la lucha de los demócratas. La oposición venezolana ganó ampliamente la Asamblea Nacional en 2015, es el único órgano democrático representativo (…) No solo se está luchando por recuperar las libertades y democracia, y contra una dictadura, sino que es la única representación legítima y democrática”, destacó González durante el primero de una serie de foros llamados Encuentros por Venezuela que se iniciaron este jueves de forma virtual, bajo el auspicio del equipo de Guaidó. “Imagínese la diferencia que eso significa”, enfatizó.

Ese atropello sistemático que el chavismo ha emprendido contra el Parlamento una vez perdió la mayoría en elecciones es un contexto que, subrayó González, debe tenerse presente cada vez que se piensa en una solución para la deriva del país. “Hemos hablado muchas veces del diálogo, como si hubiera unos que son partidarios y otros que no. No puede haber diálogo con presos políticos, con inhabilitaciones, negando las competencias de la Asamblea Nacional”, dijo.

Para el expresidente, la palabra se ha maltratado en el contexto venezolano. “Diálogo de verdad significa comprender el logos del otro. Yo me encontré con Adolfo Suárez en una casa neutral, los dos solos, cara a cara, después de varias horas no llegamos a una conclusión sino a una coincidencia de propósito”, rememoró.

El papel de la comunidad internacional ha sido un punto clave en el tablero de la crisis venezolana. Luego de varios intentos de negociación, y en momentos en que se retoman gestiones como las del Grupo de Contacto Internacional, lideradas por Uruguay, México, España y Canadá, González hace una advertencia sobre el rol de Europa ante Venezuela, que calificó como “un tumor que se expande por la democracia latinoamericana”.

La Unión Europea considera ilegítima la elección y toma de Maduro, y ha actuado en consecuencia, reconociendo a Guaidó como presidente del Parlamento y encargado interinamente, recordó González. “Pero a la vez contemplan que el poder de facto lo tiene la tiranía y tratan de operar para encontrar una línea de solución. En medio de eso nos encontramos con el shock de la pandemia y cambian las prioridades con respecto de la solución, obviamente en función de la crisis humanitaria”, argumentó. “Con respecto a la solución no basta con decir que son los venezolanos los que tienen que ponerse de acuerdo internamente, porque para ponerse de acuerdo debe haber un propósito común y el propósito de Maduro nunca va ser ir a unas elecciones democráticas”, advirtió. “Esto se lo digo al Grupo de Lima, al Grupo de Contacto, a la Unión Europea: Maduro nunca va a aceptar una elección en la que pierda”, agregó.

Por ello, González respalda la propuesta que volvió a poner sobre la mesa la oposición en febrero sobre la conformación de un Gobierno que conduzca una transición, sin incluir al líder chavista, “y eso lo saben dentro del régimen y su partido”.

Su intervención también tuvo llamados de alerta: “La prioridad de la oposición debe ser la unidad de propósito y una estrategia autónoma”. Esto último en respuesta al impacto que podría tener en la situación venezolana un cambio de Gobierno en Washington, que ha sido el principal aliado de Guaidó el último año y medio. “En lo único en que el bipartidismo histórico de Estados Unidos ha estado de acuerdo en cuanto a su proyección exterior es en el compromiso con Venezuela, en todo lo demás está polarizado y más con un personaje como [Donald] Trump, con quien un día podemos esperar un tuit y al otro día otro en dirección contraria y que el 4 de enero de este año, un día antes de la reelección de Guaidó, todavía no sabía qué hacer”, señaló de cara a las elecciones de noviembre en el país norteamericano. “Si no gana Trump, ganaremos previsibilidad”, valoró.

Una tarea pendiente, que Guaidó reconoció en su intervención, es la empatía con el sufrimiento de los venezolanos “que pagan un costo altísimo por la dictadura”. La masiva diáspora también estuvo presente en su reflexión, con una dosis de optimismo: “Hay que hacerse cargo del estado de ánimo de la gente. La gente está exasperada. Ya cinco millones se fueron y ese éxodo bíblico tiene derecho a regresar. Les digo que resistan, que la libertad y el bienestar social llegarán”.

Venezuela y la negociación por Sadio Garavini Di Turno – El Universal – 10 de Junio 2020

Los costos de la represión en Venezuela aumentarían si hubiese una mayor amalgama política de las protestas por el creciente desastre socioeconómico

La historia nos enseña que no hay transición de un gobierno autoritario a uno democrático que no pase por unas negociaciones, a menos que sea por un golpe de Estado, guerra civil o intervención militar extranjera. Las negociaciones generalmente involucran a todos los que tienen intereses en el resultado de esas negociaciones, que no son necesariamente sólo las partes internas del Estado en cuestión, sino también actores internacionales. Hubo negociaciones en los casos de Polonia, Chile, España, Filipinas, Indonesia, Nicaragua y Sur África. En estos dos últimos la negociación vino después de conflictos armados internos. La negociación es un proceso de decisión interdependiente, en la cual los resultados para cada parte dependen no sólo de su propia acción sino de lo que haga, deje de hacer o se piense que vaya a hacer el “otro” y hay negociación posible cuando las partes consideran que negociando se puede lograr algo mejor de lo que se puede obtener sin negociar. En la teoría de las negociaciones se afirma que la parte que tenga la mejor alternativa al acuerdo negociado (MAAN o BATNA en inglés) es la parte que tiene más poder. En efecto, no voy a negociar si mi alternativa es mejor que cualquier posible acuerdo. En el caso venezolano es evidente que una posible salida negociada a la gravísima crisis socioeconómica y política implicaría una compleja red de negociaciones entre múltiples actores. Además del régimen y la alternativa democrática estarían, en mayor o menor medida, EEUU, Rusia, Cuba, China, Colombia, Brasil y la UE.

Hasta ahora, el régimen siempre ha considerado que su MAAN es preferible a cualquier acuerdo negociado, porque ha percibido que los potenciales costos de su salida del poder son superiores a los incentivos para aceptar una transición. El politólogo Robert Dahl decía que para que un régimen autoritario dejara el poder era necesario reducir los costos de su salida (costos de tolerancia, según Dahl) y aumentar los costos de la represión que el régimen ejerce sobre la población para mantenerse en el poder. Los costos de la represión en Venezuela aumentarían si hubiese una mayor amalgama política de las protestas por el creciente desastre socioeconómico. Sin embargo, el colapso de los servicios públicos, la “crisis” de la gasolina, el creciente efecto de las sanciones, particularmente en materia financiera y el probable incremento de la crisis sanitaria por el coronavirus están haciendo mella en la misma capacidad de gobernar del régimen. La propuesta de Pompeo y Guaidó de un gobierno de emergencia nacional con presencia de dirigentes chavistas no implicados en la criminalidad organizada y el mantenimiento temporal del Alto Mando militar, le está proporcionando una reducción significativa de los costos de salida. Hasta para Maduro y sus colaboradores más cercanos, la propuesta les deja la posibilidad de refugiarse en Rusia, Cuba, China, Irán y Turquía, entre otros. La propuesta viene acompañada de advertencias y amenazas: La flotilla antinarcóticos en el Caribe, las imputaciones por narcotráfico del Fiscal General Barr, las millonarias recompensas por las “mayores cabezas” del régimen, la movilización a Colombia de una brigada del ejército de EEUU y las fuertes declaraciones norteamericanas que mencionan las diferentes alternativas de acciones de fuerza posibles en el Siglo XXI. No creo que EEUU pueda, por razones geopolíticas, aceptar, a mediano plazo, con Trump o sin Trump, que Putin logre mantener a Maduro, “vía Cuba”, en un país del hemisferio occidental. Para el régimen los costos de salida han disminuido y los riesgos de mantenerse en el poder han aumentado.

¿Acuerdo humanitario? por  Lorena Lima – El Nacional – 9 de Junio 2020

A inicios de 2020 la oposición venezolana se puso al frente a un ejercicio serio de poder, de táctica, no solo de activismo como desde hace años se venía observando. Y es que en el terreno político ya no se limitan a los acostumbrados actos de movilización ciudadana (las marchas) y eso por un elemento que se ha sumado a la grave situación que viene arrastrando Venezuela: la pandemia.

La política nacional puso su foco en factores externos, en lo que ocurre en el Caribe entre barcos de Estados Unidos y buques iraníes, en las opiniones especulativas de las llamadas telefónicas de Putin y Trump, en los aportes que hace China en función de nuestro oro, pero preocupante y tristemente no hay una acción visible que nos transmita confianza a los venezolanos.

¿Qué está pasando dentro de Venezuela a nivel político?

Recientemente reapareció Guaidó en una cola para surtir gasolina, instando a la gente a que había que “rebelarse”. ¿Rebelarse contra quién? ¿Con quién se pactó hace pocos días que la Organización Panamericana de la Salud actúe en Venezuela? Es contradictorio, el mensaje se desvirtúa cuando se ponen en el mismo plano las acciones de “rebelarse» y «asumir acuerdos”, se difumina la comunicación y es muy complejo para los ciudadanos entender el propósito que persigue el interinato.  Guaidó también agregó: “Maduro, eres la nada y sigue el desastre. Nadie se acostumbra. Nos van a encontrar en la calle”. Ante esto cabe preguntarse, procedimentalmente ¿cuál es la ruta? ¿Rebelarse primero y pactar después; o pactar y luego rebelarse? Porque sea cual sea el orden, el resultado sería precisamente la nada.

Ante este acuerdo que se ha consumado entre régimen y oposición para atender la situación de pandemia con apoyo de la Organización Panamericana de la Salud, cabe debatir si esto es favorable o no a la situación política que atraviesa el país. Este pacto pudo haberse celebrado antes y evitarse muchas de las desgracias, al asumirse medidas para proteger a los venezolanos; de hecho, estamos muy claros de que el virus no es la primera preocupación en nuestro país. ¿Por qué no se firmó antes este pacto, si es que de verdad están preocupados por la salud? Es sencillo, porque hace poco más de un año el norte era el cese de la usurpación, el remedio para salir de la tragedia; pero ahora este medicamento ya no se percibe cercano por la clase política, los recursos están y hay que hacer algo con ellos, buscar al menos la forma de que sea como sea se note que algo se está haciendo por la gente, y si para ello es necesario pactar… lo harán.

Este pacto es un hecho valioso para atender la situación, bien hay que decirlo, pero lo que hay que poner en revisión es ¿dónde están los elementos de coacción? ¿Qué hace que el régimen “flexibilice”? A quien se le atribuye el haber impedido la entrada de la ayuda humanitaria en 2019 y haber quemado esas toneladas de insumos médicos, ahora pacta para que entre ayuda. En este sentido, cabe creer que las gestiones con la Organización Panamericana de la Salud, además de ser positivas para los venezolanos que mucho necesitan que el país autorice el apoyo médico y la entrada de insumos, favorece mucho al régimen. Pues ya sabemos que estos no van a hacer nada, ni van a permitir flexibilizaciones que no les favorezcan.

Ha quedado demostrado ahora que el interinato y sus representantes están dispuestos a pactar para salvar vidas, y eso -reitero- es “positivo”. Lo que preocupa ahora es la normalización de las situaciones:

A muchos ciudadanos ya no les importa tanto si la ayuda viene del interinato o del régimen, lo que quieren es solución a sus problemas, ya esa pugna está por debajo de los instintos de supervivencia, y esta realidad en términos políticos no es favorable para quienes buscan asumir el poder desde la constitucionalidad.

¿Este pacto favorece a los venezolanos? De ser favorable, realmente ¿de quién es el acierto?

Esta especie de acercamientos se produce en un año de cuestionable legitimidad para la AN, la presencia de desaciertos para quienes representan el primer ápice de transición, y en un mes en el que aparece nuevamente el espíritu electoral en el debate, sin cese de la usurpación, sin muchas alternativas para terminar positivamente este 2020, y con las elecciones previstas en la Constitución.

Después de año y medio de la proclamación de Juan Guaidó como presidente encargado; en Venezuela lo que se percibe es el cese de la transición, abriendo paso a los acuerdos entre régimen e interinato. Ante estas realidades es indispensable que los sectores democráticos vayan a un proceso de recomposición interno y externo; y de revisión en cuanto al mensaje a los venezolanos, articulando dichas palabras con la coherencia de las acciones.

¡Otra vez! decíamos ayer por Eugenio Montoro – Punto de Corte – 1 de Junio 2020

Muy conocida es la anécdota de Luis de León, un fraile Agustino del siglo XVI, que enseñaba en la Universidad de Salamanca que, por su trabajo y calidad intelectual, despertó la envidia y las intrigas de sus pares y vino a parar, con todos sus huesos, por cuatro años a la cárcel.

De acuerdo, a sus inquisidores su principal falta fue la de haber traducido “el cantar de los cantares”, atribuido a Salomón en el Antiguo Testamento, a lengua vulgar, cosa que estaba inexplicablemente prohibida. Al final fue absuelto y pudo volver a su cátedra y cuentan que, acostumbrado a referirse a la clase anterior, y minimizando la tragedia de los cuatro largos años en chirona, comenzó con su hoy famosísimo “decíamos ayer”, himno al optimismo para seguir con paso firme hacia el futuro a pesar de los períodos canallas.

La pandemia, está cercana a que le digamos algo parecido. La mayoría de los países ya toman medidas prudentes y direccionadas a recuperar la vida normal. Esta especie de hibernación de 4 meses llega a su fin y la sociedad se despereza para volver a trabajar, a estudiar, a enamorarse, a viajar, a divertirse y a reír. Habremos pasado los sustos y las tragedias y empezará a correr el reloj para el siguiente.

También, Venezuela está próxima a una transición hacia la democracia poniendo fin a una dictadura comunista podrida de delincuencia. En lo interno, el desafío político escala su fuerza y el sancocho de una enorme protesta final sigue cocinándose. En lo externo barcos de guerra a la vista en el mar Caribe y una brigada especial con miles de soldados gringos se posiciona en la frontera con Colombia.

Lo que habrá que hacer, luego de la salida de los rojos está bastante claro. Casi todos los conocedores en las áreas de servicio, producción y comercio prepararon planes concretos y forman, entre todos, el Plan País y la acción combinada sería como sigue.

Se solicitará, a instituciones internacionales cuantiosos préstamos de dinero para atender las urgentes necesidades de la población incluyendo salud, alimentos y servicios. Se ejecutará un plan de seguridad para eliminar acciones de irregulares de organizaciones narcotraficantes, guerrilla FARC y ELN, terroristas como Hezbollah, colectivos y el regreso de los cubanos a su país.

La recuperación, no es asunto de un grupo especial sino, principalmente, la decisión de millones de ciudadanos dispuestos a rescatar su país y, sintiéndose libres y seguros, esforzarse para acometer con entusiasmo la actividad de aporte que deseen.

La mayoría, de las empresas propiedad del Estado, deberán ser privatizadas y se devolverán a sus dueños originales centenares de empresas expropiadas. Todo el parque industrial privado existente debe reanimarse para satisfacer el mercado nacional y la oferta de empleo debe crecer intensamente.

También, se impulsará un aumento de producción petrolera como garantía a los préstamos internacionales y aquí también las empresas privadas participarán protagónicamente en todas las etapas del negocio de hidrocarburos.

Llegar a corregir, el gigantesco desastre que se ha producido en la economía, en la educación, en la salud, en la electricidad y el agua, en la gasolina y el gas, en las telecomunicaciones, en la infraestructura vial, en la producción del campo, casi podríamos decir “en todo”, es asunto que nos tomará varios años. El tiempo importa, pero es el sentido de dirección lo trascendente. Revertir la curva en descenso que traemos por una en ascenso es el reto principal.

En estos días, aprendimos de un conocido intelectual que la caída del 70% del Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela es algo sin parangón en países fuera de guerra. Inclusive lo comparó con una caída del PIB del 29% durante la guerra civil en España y la caída del 42% en la Alemania post segunda guerra mundial. Esto da una idea de la pavorosa y extraordinaria capacidad de destrucción de estos purulentos virus rojos.

La recuperación de Venezuela, es una tarea de patriotas. Es tan compleja como para requerir toneladas de paciencia y dedicación. Pero hay que hacerlo. Tal vez nunca olvidaremos estos 20 años de desorden y destrucción, pero al igual que Fray Luis podremos invocar el “decíamos ayer” como forma de significar que este paréntesis oscuro de nuestra historia no evitará que conquistemos el brillante futuro que nos merecemos.  Y así va a ser.

El COVID-19 y la transición venezolana – Politiks Report – Mayo 2020

“La oposición tiene que hablar con la verdad si quiere que la gente le crea” – Entrevista a Benigno Alarcon por Ramsés Ulises Silverio – Politika UCAB – 21 de Mayo 2020

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El politólogo Benigno Alarcón, director del Centro de Estudios Políticos de la UCAB, analiza los escenarios después de la llamada Operación Gedeón y el haber esperado demasiado por los marines.

Por haber engañado a la Muerte, el rey Sísifo fue condenado a empujar eternamente una pesada piedra montaña arriba y a verla rodar pendiente abajo cada vez que lograba llevarla cerca de la cima. El mito griego viene a la mente con el análisis del profesor Benigno Alarcón: *“Pasaron muchas cosas para estar de nuevo en el punto de partida”*.

Los estudios de opinión que en noviembre de 2019 hizo el Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello, que dirige Alarcón, encontraron *desesperanza y desmovilización* en niveles similares a los de noviembre de 2018.

Con el comienzo de 2020 vino la pugna por la Asamblea Nacional y la gira internacional que oxigenó a Juan Guaidó, pero cuando entró un jugador inesperado, el SARS-Cov-2, el régimen de Maduro aprovechó para desmovilizar de nuevo a la ciudadanía y dejar a una oposición como espectador pasivo y sin estrategia. *“Eso básicamente vuelve a poner al país en la misma posición de noviembre de 2018”*, dice Alarcón. *“No hemos hecho mediciones, pero estimamos que la gente piensa que no hay nada que hacer. Dilucidar cómo la oposición podría volver a poner al gobierno contra las cuerdas es difícil”*. Por eso no le sorprende que el régimen planee elecciones parlamentarias para finales de este año. Y además, cree que Guaidó piensa que si sale a la calle lo van a apresar. *“El gobierno ya no se come la amenaza de que si lo toca a Guaidó se hará algo definitivo”*.

*¿Ve ese escenario a pesar del amplio cuestionamiento internacional a las elecciones que organiza el régimen de Maduro?*

Sí, porque el gobierno, en la medida en la que sienta que tiene mucha ventaja, hará una elección con los menores cuestionamientos posibles, pero que le permita ganar. Incluso puede que inviten a observadores internacionales. La comunidad internacional no es solo la que está con nosotros: cerca de la mitad no son democracias, y algunas de éstas prefieren no inmiscuirse porque tienen otros intereses.

Muchos están pendientes de obtener algún contrato petrolero, y aunque los precios del crudo están muy bajos, es la oportunidad para hacer una inversión a futuro.

Incluso si EEUU dice que sancionará a quienes hagan negocios con Venezuela, pueden apostar por una inversión inoperativa por unos años hasta que se resuelva el problema político y ellos tengan esos activos en la mano, aprobados por una futura AN cuestionada por unos y otros no.

*¿Cómo queda el liderazgo de Guaidó y de la AN luego de este capítulo de los mercenarios? ¿Seguiremos contando con el mismo respaldo internacional?*

Las dudas continuarán hasta que todo se aclare, pero el daño a la confianza dentro y fuera de Venezuela no se puede ignorar. *No sé si esté dispuesta, pero es mejor que la oposición ataje eso y haga control de daños, explique coherentemente el asunto y trate de que las cosas no se enreden más*. También es importante entender que pareciera que la comunidad internacional no va a renunciar al caso venezolano, que no se siente cómoda con lo que sucedió el 3 de mayo ni con las explicaciones, y que parte de ella presionará para que se normalicen las condiciones de vida y con ellas las políticas.

*Creo que al régimen le interesa brindar esa imagen de normalidad.*

Le interesa lo primero, mas no lo segundo, aunque nunca lo digan.

Dirán que fueron a elecciones parlamentarias y ganaron, con lo que una mayoría de gobiernos dirán *“aquí no hay nada qué hacer, hay que normalizar la situación del país”* y otros, que también hay que normalizar la situación política. No es una comunidad apática de lo que suceda políticamente, pero tiene argumentos sólidos, como que no se puede sacrificar a la gente y extender su sufrimiento para que haya elecciones, por ejemplo.

*La siempre necesaria negociación. Siempre ha apostado por la negociación como mecanismo facilitador de una transición política. ¿Cómo queda esa posibilidad luego del episodio tipo la serie Jack Ryan?*

La negociación no es un tema al que se debe renunciar. Ese escenario sigue allí, lo difícil es determinar bajo qué formas se puede dar.

Normalmente estos procesos tienen dos tipos de dinámicas: una violenta, en la que se termina derrocando al gobierno, expulsándolo, o una intervención militar, la menos común de las transiciones; y las demás formas que tienen un componente de negociación más o menos importante, que muchas veces se dan cuando el gobierno siente que no puede seguirse sosteniendo porque la presión lo desborda o pierde ciertos aliados.

*¿Y usted ve posible un golpe de Estado?*

No, porque hoy las fuerzas armadas son mucho más pequeñas y menos capaces, no son piramidales, y cualquier decisión que tomen debe ser coordinada con muchos otros actores armados menos institucionales que en varios casos responden únicamente al gobierno. El régimen es un sistema, no una persona, que ha generado sus balances y contrapesos como en las democracias. Se ha venido montando por años, con la experiencia principalmente de Cuba.

*Así que solo quedaría la vía de la negociación.*

Sí. Estar dispuesto a negociar, siempre y cuando la otra parte está dispuesta a una negociación cierta. Debe haber señales claras del otro lado, pero nunca cerrar las puertas. ¿Por qué unos a veces se aventuran a cerrarlas? Porque creen que la comunidad internacional es la que les va a resolver el problema. Te cruzas de brazos a esperar a los marines. Pero cuando te asomas al frente de tu casa y ves que no llegan tienes dos opciones: o haces algo o sigues esperando a que lleguen. Esas son soluciones que no están en tus manos como oposición.

Ni siquiera la solución militar local está en tus manos, porque al final tú no controlas esa fuerza.

Pero mientras, tienes que hacer algo, como abrir las posibilidades de una negociación, plantear esquemas de acuerdos que el gobierno puede rechazar al principio pero luego aceptar. Generar condiciones para hacer más atractiva la negociación que mantenerse en el poder por la fuerza, de manera que estos casos terminan casi siempre de manera irremediable en una negociación.

*Lo cierto es que el régimen de Maduro, con sanciones o no, sigue respirando gracias a sus aliados internacionales y negocios ilegales. ¿Su voluntad de negociación depende directamente de esas válvulas de oxígeno?*

En buena medida, sí. En la medida en la que el gobierno crea que no puede mantenerse tendrá mayor disposición a negociar. Mientras sientan que no tiene nada de qué preocuparse del lado de la oposición, los incentivos para negociar desaparecen. Es un tema de fuerzas relativas: no es cuán fuerte soy yo, sino cuán fuerte soy respecto al otro. Como cualquier pelea: yo puedo ser muy fuerte, pero la decisión de si confronto o no a quien se mete conmigo depende de qué tan fuerte o débil vea a mi rival respecto a mí.

*En ese escenario, tenemos una oposición que no parece representar una amenaza al acosador del colegio.*

Creo que la oposición jugó a decirle a los que le hacen bullying en el colegio que iba a traer a su hermano mayor, pero este no se metió en la pelea porque era mayor de edad y todo el mundo lo criticaría, así que se limitó a presentarse en el colegio y decir que si se metían con su hermanito él se iba a meter, pero no pasó de la reja. Entonces los acosadores le sacaron la lengua al hermano mayor, lo retaron a que entrara, y cuando se fue, por supuesto fue peor la pela para el hermanito menor. Fue un error depender tanto de lo externo, cuando lo que uno aprende al estudiar estos procesos es que una característica casi omnipresente en las transiciones es el empoderamiento de la sociedad.

*“Power to the people”*

Alarcón desmenuza varios casos. El Muro de Berlín era parte de un conflicto geopolítico, pero *“se cayó el día que los alemanes lo tumbaron. No lo tumbaron los marines, ni el gobierno se trajo un tractor. Hubo un momento en que la gente sintió que nadie se iba a meter y lo tiró abajo. Cuando no empoderas a la gente, el riesgo que corres es que te quedes solo, porque la gente no te acompaña y eso afecta tu correlación de fuerzas”*, explica el profesor.

Del caso chileno rescata que, entre otros factores, la clave fue convencer a la gente de que si se atrevían todos a tomar en serio el desafío del referendo de 1989, podrían sacar a Pinochet del poder. Y lo lograron. *“Pero ves el caso de Cuba, que tuvo un embargo, toda la presión del mundo, se les cayó la URSS, quedaron prácticamente huérfanos, no tenían dinero, hubo una situación humanitaria terrible, pero la gente sentía que no tenían ninguna posibilidad de cambiar la situación. Incluso veían como ingenuos a aquellos que trataban de hacer algo. En Cuba la gente se desmovilizó por completo, y poco importaba la presión internacional o el hambre. Cada quien luchó por su propia sobrevivencia, unos lograron adaptarse y otros se fueron del país”.*

*¿Cómo puede remendar el capote la oposición en este momento?*

Lo primero es plantar cara y asumir responsabilidad. Hablar con la verdad si quieres que la gente te crea.* Con todos estos dimes y diretes no puedes arriesgarte a decir algo que no sea cierto porque al final se va a saber.

Lo segundo es reconstruir la alianza en la medida en la que se pueda*, atendiendo a criterios como mecanismos de funcionamiento, de discusión, consulta y toma de decisiones, cómo participan instancias distintas de los partidos políticos y cómo involucrar a la ciudadanía. Ninguna fuerza política en lo interno puede hacer el cambio sola.

Lo tercero es reconstruir la confianza con la comunidad internacional, desde la humildad, reconociendo los errores y con intención de hacer las cosas de otro modo*. Si no, lo más probable es que la mayoría de esa comunidad internacional apueste por un *“salvemos a los venezolanos del hambre, y que los políticos vean cómo se salvan porque yo no me voy a meter ahí”.* Hay gobiernos que ya comparan el caso de Venezuela con la independencia de Timor Oriental de Indonesia, donde la ONU debió ayudar a construir una institucionalidad capaz de organizar unas elecciones antes de poder salirse de ese territorio.

*¿Cómo perfila políticamente al país a final de año?*

No veo ninguna posibilidad real de que ocurra una transición en lo que queda de año.*
La oposición tiene la obligación de jugar más a su sobrevivencia que a una posición ofensiva. La presión internacional por un cambio político la veremos moderarse posiblemente a partir de mediados de año, porque su principal actor, el gobierno de Trump, se concentrará en su elección entre julio y agosto.
Otros países se preocuparán más por lo humanitario, donde pueden tener mayor impacto.
Seguimos en un estancamiento que favorece al gobierno, a menos que pierda el control de la situación social y tenga que aumentar significativamente los niveles de represión, lo que puede llevar al componente militar a decidir que no se puede mantener el status quo por la fuerza y que ellos serán los garantes del orden mientras se llega a un acuerdo. Pero si no se da eso lo que veremos es esto mismo, con sus picos de conflictividad social local y agravamiento de la pandemia. Y no dudo de que la intención del gobierno es utilizar esta tragedia a su favor. La junta militar de Birmania salió fortalecida del tsunami de 2004, por ejemplo.

Ricardo Hausmann: “Al país lo recuperan 30 millones de personas, no tres ilustres en el gobierno” por José Gregorio Meza – El Nacional – 22 de Mayo 2020

En un coloquio organizado por la asociación civil Venezuela Libre dijo que hay que cambiar la legislación e impulsar la recuperación petrolera. Indicó que es necesario empoderar a los ciudadanos. Señaló que la transición debe tener dos precondiciones: un gobierno que pueda tomar decisiones y que además pueda mantener la seguridad

Hausmann

Ricardo Hausmann no cree en mesías. Está claro en que la recuperación de Venezuela pasa por empoderar a la ciudadanía. “Al país lo recuperan 30 millones de personas y no tres ilustres en el gobierno”, indicó.

“Hay que devolverles sus derechos para que puedan actuar”, agregó.

Señaló que un proceso de este tipo involucra mucha gente realizando cosas. “Deben pensar que las pueden hacer, que pueden soñar”, manifestó.

Hausmann: cambiar la legislación

Citó un documento que trabajó con José Ignacio Hernández, procurador especial de la República, que se llama la Ley Omnibús, que considera importante en la transición, “Es una ley que se para en muchas de las leyes que nos dio el chavismo y las va reformulando para recrear una economía de mercado”, explicó.

Recalcó que la legislación que se acumuló en estos últimos 20 años no permite el funcionamiento de una economía donde la gente esté empoderada, por lo que hay que cambiarla.

Hausmann es economista. Vive en Estados Unidos. Es profesor en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard. Fue el representante principal de Venezuela ante el Banco Interamericano de Desarrollo. Renunció en agosto de 2019. Invitado por la asociación civil Venezuela Libre participó en un coloquio a través de una plataforma virtual.

Hausmann

La actividad petrolera

La segunda cosa que tiene que estar en toda reforma es la recuperación de la actividad petrolera, señaló.

“La recuperación se tiene que dar sin dinero público. Allí hay que redefinir entonces los derechos de propiedad, por eso hay que crear una nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos, que me gusta por donde va, ya que separa los roles de productor y terrateniente del Estado y lo convierte en un terrateniente inteligente, creíble, serio, a través de una agencia nacional de hidrocarburos y esa agencia asigna los recursos del país para que pueda maximizar el valor presente neto de los flujos de caja que se puedan generar en la actividad petrolera”, afirmó.

Explicó que el valor presente neto involucra el precio del petróleo, la cantidad de crudo y la participación del gobierno. “La ley da la flexibilidad para que una buena agencia nacional de hidrocarburos haga una tarea adecuada”, subrayó.

La deuda

Hausmann dijo que Venezuela es un país quebrado con una deuda que es impagable, lo que quiere decir que se va a tener que reestructurar. “Va a ser una exigencia de la comunidad internacional, que nos va a querer ayudar pero que le va a preocupar que la deuda vieja reestructurada más la deuda nueva, que vamos a necesitar, la suma de las dos nos dé un monto de deuda que sea sostenible para el país”, aclaró.

Explicó que eso va a ayudar a solventar la escasez de divisas. “Esa escasez se traduce que en el país no están los insumos, los repuestos, las máquinas, las semillas, los fertilizantes, los agroquímicos para producir más. Parte de lo que le está pasando al país es que se está viviendo de la depreciación de su stock de capital”, recalcó.

“El déficit fiscal ampliado, incluido el subsidio a la gasolina, a la electricidad, al agua y todo lo demás se traduce en un hueco fiscal que al final la macroeconomía se ocupa de ajustarlo, tumbando el salario y las pensiones que paga el gobierno”, agregó.

Hausmann dijo que la agenda para reestructurar la economía es la misma que ya tenía clara en 2016 y que no ha cambiado.

“Lo que sí han cambiado son las condiciones iniciales. Y otra cosa que sabemos es la importancia de la escasez de gasolina como freno de la actividad productiva, que puede tener consecuencias que creemos empezar a ver, pero que no las hemos visto plenamente, como la ruptura de cadenas de valor, especialmente en el suministro de alimentos, y otras cosas que creo van a ser un dolor de cabeza”, señaló.

Para Hausmann la transición debe tener dos precondiciones: un gobierno que pueda tomar decisiones y que además pueda mantener la seguridad.

Las preguntas

Miguel Henrique Otero, presidente editor de El Nacional:

─¿Crees que la estructura de la oposición puede lograr un gobierno que tome decisiones?

─Voy a pecar de franco. Creo que es un problema que los partidos principales, lo que se llama el G4, no hayan querido empoderar a Guaidó y hacer un gobierno más o menos gobierno, sino que se mantenga esta entelequia parlamentaria en la que todo se tiene que negociar. Yo renuncié al BID porque quería que se creara algo que se parezca más a un gobierno, con un presidente y unos ministros. Esto se volvió un jueguito de pequeñas cuotas de poder. Se pelean por migajas de poder ridículas. Esa estructura política no está. El comportamiento reciente de Primero Justicia me preocupa, pero no voy a ahondar en eso.

Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas en el exilio:

─¿Dolarización o recuperación de la moneda?

─Yo creo que si terminamos dolarizados sería en cierto sentido un fracaso. Ideal sería que el país tenga su propia moneda. Renunciar a una política monetaria propia es un problema.

Beatriz de Majo, internacionalista:

─¿Qué hacer con los buques iraníes? ¿Cuánto de esa gasolina va a resolver el problema?

─Creo que es una curita. Dan como para 10 días normales, 30 días de consumo al nivel actual. Hay dudas si esos buques van todos a Venezuela o algunos a Cuba.

Albis Muñoz, ex presidenta de Fedecámaras:

─¿Qué cambios fundamentales se dan en el trabajo debido a la pandemia de coronavirus y cómo eso influirá a futuro?

─En Lima, por ejemplo, se perdieron 1,2 millones de empleos. En Estados Unidos la tasa de desempleo debe llegar a 20%. Pensaron que después de la cuarentena venía inmediatamente la recuperación. Ahora todo el mundo se está dando cuenta que viene un período de muchas restricciones porque la enfermedad no va a estar bajo control. Viajes internacionales y turismo no se va a recuperar hasta que haya una vacuna. Nos enfrentamos a un período con niveles de desempleo que nadie menor de 100 años de edad ha visto. Ese es un tema importante.

Simón Deffendini, de la junta directiva de Venezuela Libre:

─¿Quién le va a prestar dinero a Venezuela y qué podemos comprar con eso?

─Tenemos que entender que el FMI es el único ente internacional que tiene capacidad de préstamo. Venezuela tiene una cuota de 5.200 millones de dólares, pero a Argentina le prestaron tres veces su cuota y a Grecia 30 veces. Las limitaciones van a ser si los países van a querer darnos el dinero o no. Hay que ver cuál es la capacidad de repagar que vamos a tener.

─¿Cómo reconstruir un país sin contar con inversión extranjera?

─Creo que hay mucho dinero con ganas de invertir. Esa gente es normalmente arriesgada. Ese tipo de capital lo va a haber.

Otras frases

─“Un país que está quebrado no es plenamente soberano. Las políticas las tendrá que negociar con quienes van a poner los churupos, que les interesa la capacidad que se tiene para devolverlos”.

“Es más fácil recuperar la producción de petróleo de Venezuela que recuperarla a través de Pdvsa”.

─“El futuro de Venezuela no va a ser el petróleo”.

─“En Venezuela ha habido una inflación en dólares fenomenal”.

─“En un mundo ideal tenemos que pensar en otra Constitución”.

“En este momento necesitamos un nuevo entendimiento social que soporte un juego político distinto”.

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