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¿Se alza la sargentada en la Fuerza Armada de Venezuela? por Juan Carlos Zapata – ALnavío – 21 de Enero 2019

En Caracas, un puesto de la Guardia Nacional amaneció tomado esta mañana del lunes. Según los videos que se han difundido, los efectivos alzados denuncian la situación de penuria que sufren mientras la oficialidad, la alta oficialidad se llena de dinero, o lo que es lo mismo, se enriquece a base de la corrupción. El puesto rebelde es el Escuadrón Montado de Cotiza.
En Caracas, un puesto de la Guardia Nacional amaneció tomado este lunes / Foto: Cortesía
En Caracas, un puesto de la Guardia Nacional amaneció tomado este lunes / Foto: Cortesía

El presidente de la Asamblea NacionalJuan Guaidó, se ha hecho eco de la situación, y le da crédito al mensaje de los efectivos en rebeldía. “Lo que sucede en el comando de la GN (Guardia Nacional) en Cotiza es una muestra del sentimiento generalizado que impera dentro de la (Fuerza Armada Nacional) FAN”, ha colgado en su cuenta de Twitter, Guaidó, quien hoy por hoy es el dirigente de mayor jerarquía de la oposición venezolana.

No es desconocido el malestar que reina en la Fuerza Armada. El propio Guaidó ha venido denunciando que el régimen de Nicolás Maduro mantiene al menos 160 oficiales detenidos. Muchos oficiales han escapado de Venezuela. Las deserciones son casi a diario. Y en la Guardia Nacional, que es la maquinaria represiva del régimen, los efectivos se niegan a reprimir como lo hicieron en el pasado.

Juan Guaidó

@jguaido

1/3 Lo que sucede en el comando de la GN en Cotiza es una muestra del sentimiento generalizado que impera dentro de la FAN.

Una fuente consultada por ALnavío señala que esta es una expresión de la sargentada que hace dos años, inclusive uno, contaba con privilegios y ahora no. Se le suministraban carros, casas, artículos de economato y ahora no.

Por si faltara poco, dice esta fuente que se mantiene en los cuarteles porque fue oficial y es contratista de la Fuerza Armada, los subalternos son testigos de lo que hacen los superiores. De los negocios de los superiores. Como se sabe, los militares en Venezuela son el poder que sostiene a Maduro y tienen bajo su responsabilidad las áreas claves de la economía como el petróleo y la minería, fuentes de divisas.

Señala la fuente que un escenario posible es que ocurra en Venezuela una especie de sargentada. Antes -y ese fue el caso de Hugo Chávez y su grupo- se alzaban los comandantes. Ahora se pueden alzar los sargentos. “Son limitados, pero actúan y pueden poner en aprietos al gobierno de Maduro”.

Dice la fuente que los sargentos, vaya ironía, son una fuerza dentro de la lucha de clases que Chávez les vendió. Y lo que ocurrió, afirma, es expresión de la rabia acumulada. Tenían que salir. En cualquier momento tenía que producirse una situación así.

Una fuente consultada por ALnavío señala que esta es una expresión de la sargentada que hace dos años, inclusive uno, contaba con privilegios y ahora no. Se le suministraban carros, casas, artículos de economato y ahora no

Pasa que el movimiento, aislado, pequeño, hasta ahora, ocurre justo cuando la oposición ha convocado para este 23 de Enero a una jornada de protestas en toda Venezuela, pero principalmente en Caracas. El 23 de Enero es la fecha en que cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958 y con las protestas se pretende debilitar a Maduro. El plan trazado por Guaidó consiste en tres líneas políticas. Que cese la usurpación de la Presidencia por parte de Maduro. Poner en marcha un gobierno de transición y convocar elecciones libres.

La fuente no descarta que estos movimientos aislados desaten una crisis real. Mientras, Juan Guaidó apunta que quiere una Fuerza Armada unida para lograr el propósito del cambio político. “No queremos que la FAN se divida ni se enfrente, queremos que se ponga como un solo hombre del lado del pueblo, la Constitución y en contra de la usurpación”.

La esperanza toma la calle por Luis Ugalde S.J. – El Universal – 22 de Enero 2019

Luis-Ugalde-800x478El desierto reverdece y donde todo era aridez y tristeza brota la primavera. Es un hecho indudable que desde el 5 de enero el país vuelve a sonreír en medio de su enorme y creciente tragedia. Hay salida, hay fuerza de cambio, hay esperanza creativa y empieza a despuntar la imprescindible unión superior entre diversos. Casi inesperadamente las miradas del país y del mundo democrático se centran en la legítima Asamblea Nacional con su Presidente Juan Guaidó y su Directiva unitariamente elegida. Guaidó simboliza el futuro democrático sin odios, con la mano abierta al abrazo e invitando a su apoyo y responsabilidad decisiva a quienes lo pueden y deben dar: el pueblo movilizado y repolitizado y la Fuerza Armada democrática. Tres palabras claves: Usurpador, Transición y Elecciones Libres. Guaidó ha expresado con mucha claridad que para sacar al usurpador hay que poner a valer el sentimiento democrático de la inmensa mayoría de los venezolanos y ha invitado por activa y pasiva a la Fuerza Armada a cumplir su deber constitucional. La Asamblea propone una Ley de Amnistía para los civiles y militares que den su paso decidido para salir de este régimen colapsado y sin esperanza que ha entronizado la miseria. Los gobiernos democráticos del mundo han manifestado su apoyo a la AN en la tarea de reponer la constitución y restablecer la democracia.

Seguramente no se podrá realizar antes de fines de 2019 la elección presidencial libre y democrática (que fue negada en 2018) sin presos políticos, sin candidatos ni partidos inhabilitados, sin ANC dictatorial y supraconstitucional, con nuevo CNE y con todo el proceso electoral transparente. Pero la transición ya la siente cada uno de los venezolanos en su interior y en un mes su esperanza ha pasado de la noche al día. Ahora hay que cuidar que no se apague, sino que se convierta en fuerza eficaz para el cambio. La política sin emoción no se mueve, pero ésta sin racionalidad se estrella. Los dirigentes deben sobresalir por su capacidad de mover emociones y orientarlas con serenidad, como Guaidó lo va haciendo: escuchar al pueblo y dirigirlo con esperanza creativa, sin caer en ilusiones frustrantes. La política transforma lo posible para convertir en realidad lo necesario.

23 de enero con tiempos distintos. El proceso electoral necesita nueve meses para hacer realidad una elección de Presidente en forma limpia y libre. En cambio es criminal cada día que se demora la creciente hiperinflación y el cierre a la ayuda humanitaria. Abrir puertos y aeropuertos para que entre la solidaridad internacional y unir los corazones de millones de venezolanos para activar un inmenso voluntariado sin barreras, que nos moviliza y une. Sería criminal que el usurpador impusiera más meses sus políticas económicosociales que hunden la producción nacional, cierran las empresas y matan de hambre y exilio a millones de venezolanos. Venezuela no puede salir de esta inmensa tragedia sin cambiar cuanto antes de régimen y desarrollar la producción económica y mejorar el poder adquisitivo salarial, sin una muy fuerte ayuda internacional, con refinanciamiento de la deuda e inversión. Es imposible que todo esto ocurra con este usurpador empeñado en sustituir la realidad trágica con mentiras e ilusiones de prosperidad al tiempo que sus políticas refuerzan las ruinas. La tragedia nacional hay que frenarla ya, aunque el nuevo gobierno democráticamente elegido no pueda llegar antes de un año. Por eso es imprescindible que avance la transición que ya ha comenzado. Impresiona ver y sentir que en una semana millones de venezolanos han pasado de una aparente parálisis desesperada a una movilización de esperanzas. Las Asambleas y Cabildos Abiertos están brotando como hongos con una ciudadanía movilizada, reflexiva y exigente. El 23 de enero es la fecha emblemática de la unión de todos los demócratas civiles y de la Fuerza Armada para salir del dictador. El primer gran cambio será encontrarnos ese día multitudinariamente en más de un centenar de plazas y calles dentro y fuera del país. Vernos y sentirnos movilizados y que el mundo nos vea así. Que la Fuerza Armada se identifique sumándose y se redima diciéndole al usurpador y a los cubanos que se tienen que ir para que Venezuela viva. Este 23 de enero no será el final, sino la prueba de que la transición acumula fuerzas aceleradamente. Como dice el bíblico salmo 126 “Los que siembran con lágrimas cosechan con cantos de alegría” y ven que el desierto reverdece. Después de estas primeras lluvias se abre la etapa de nuevas siembras y cosechas que exigen esmerada preparación de la tierra y sin precipitaciones. Se multiplicarán los cabildos, se repolitizará la sociedad civil con nueva conciencia ciudadana y renacerán los valores morales: todos unidos para salir del túnel de la muerte, todos unidos en defensa de la vida. No confundir la esperanza creativa activada con la ilusión mesianista de un juramento solitario. Venezuela guiada por su AN y su Presidente Guaidó (que ha demostrado valor y serenidad) entra en una nueva etapa, asumiendo con responsabilidad y creatividad lo público arrebatándolo a quienes lo han convertido en botín criminal. El cambio y la transición están en marcha, porque en marcha está – no una juramentación sin soporte social ni fuerza-, sino el pueblo soberano que camina hacia la reconciliación para restablecer la gran unión nacional capaz de producir libertad y vida entre todos y para todos. Caracas, 21 de enero de 2019.

Colapsa la “Distopía socialista” de Maduro por Heinz Dieterich – La Patilla – 20 de Enero 2019

1- Avanza ofensiva final

El asalto final del Imperio avanza rápidamente. En su primera semana, Maduro ha sufrido cuatro graves derrotas consecutivas: 1. no logró evitar el ultimátum del Grupo de Lima (5.1.); 2. no pudo neutralizar el nombramiento de su sustituto, el “presidente interino” Juan Guaidó 11.1.); 3. no consiguió bloquear el cabildo abierto, donde Guaidó trazó públicamente la ruta de su remoción; 4. fracasó en su criminal intento de secuestro de Guaidó por su Gestapo tropical, el SEBIN. La camarilla madurista ha perdido la iniciativa estratégica en esta última Batalla por Caracas y no volverá a recuperarla, porque ya no tiene fuerza de resistencia.

2- Colapso político-mental en Miraflores

Cada una de esas derrotas, a las cuales hay que agregar el fallido intento de tiranicidio –desde el cual Maduro tiene miedo de estar en la calle- ha mermado el escaso capital político de negociación del régimen. Pero, más importante, ha producido un colapso político-mental en la mafia de Maduro-Cabello-Padrino López, que se refleja en su total incapacidad de defensa estratégica y táctica. Más allá de las habituales amenazas terroristas del Torquemada anti-comunista Diosdado Cabello y los delirantes y quijotescos discursos de Maduro –cuyo paroxismo es el último panfleto que aparece con su nombre, “Distopía Socialista”– no hay estratagema visible que impresione a aliados y opositores. Hasta en el lenguaje corporal de sus bufones civiles y armados, que apenas se molestan en ocultar su desmoralización cuando escuchan a sus “líderes”, se refleja la agonía final del régimen.

3- El Fuehrer en su Bunker

La actuación de la camarilla, basada en la conciencia, de que finalmente le ha llegado su hora y que es inevitable su capitulación incondicional ante la orden de regime change (cambio de régimen) de Washington –ejecutada en cooperación con sus sátrapas monroeistas en Bogotá, Brasilia, Buenos Aires y Santiago– es comparable a la de Hitler en la Batalla de Berlin, después del inicio de la ofensiva final soviética (16.4.1945). Al igual que Hitler en su Bunker,  la troika usurpadora hace grandes movimientos salvadoras con ejércitos fantasmas: dos millones de milicianos estarán listos en abril (Maduro); inversiones fantasmas: “las mejores empresas de EEUU van a venir a invertir aquí”, y monedas fantasmas, como el petro. Son los Geisterarmeen de Hitler en Berlin y las quimeras de mentes delirantes que no van a salvar a los usurpadores. Como tampoco les va a salvar su febril esperanza de que Rusia o China pueden rescatar su distopía contra la voluntad del Imperio. En el fondo saben, que la Madre de todas las Batallas de la mafia burguesa usurpadora de Miraflores está por terminar. Por eso, el indigno Maduro ya se arrastró ante Trump, mandando un “mensaje muy humano” vía Fox News, pidiendo desesperadamente negociar, porque “somos gente humana”; somos personas con las que “se puede acordar”.

4- Ho Chi Min y Maduro

En su repugnante rendición televisiva ante Trump, Maduro tiene el descaro de insinuar que como Washington negoció con Vietnam, igualmente puede negociar con Caracas. No hay mayor manifestación de su falta de dignidad y de su incultura, que ésta. El heroico pueblo de Vietnam, conducido por su vanguardia comunista bajo Ho Chi Minh y el apoyo solidario de los países socialistas del mundo, derrotó en treinta años de guerra a Japón, Francia y Estados Unidos, para conquistar su independencia.  Más de tres millones de vietnamitas pagaron con su vida la “osadía” geoestratégica, de defender la soberanía nacional ante Washington. Fue la derrota militar, con sesenta mil agresores militares gringos muertos, que obligó al Imperio a negociar la paz y establecer relaciones diplomáticas. Es decir, Hanoi habló de vencedor a vencido con Washington. En Venezuela, la situación es al revés. Maduro está vencido y Washington está en condiciones de dictar unilateralmente la capitulación incondicional y las condiciones de post-guerra. Por eso, pedir negociaciones “con mucho respeto”, cuando no se tiene ningún poder de negociación real, es simplemente un acto de postración y delirio más de este lumpen gobierno burgués.

5- La Solución sandinista

El principal problema del futuro venezolano, aparte de la reconstrucción económica, es la paz interna. Es decir, impedir que el modelo de asesinato político selectivo del régimen colombiano se aplique en Venezuela. Si a Maduro y su camarilla le quedara un ápice de responsabilidad y patriotismo, negociaría con los gringos y su ficha Guaidó la solución sandinista de 1989:  gobierno transitorio, elecciones libres y el reemplazo de la corrupta cúpula militar de Padrino López, Nestor Reverol y del SEBIN, por los militares patrióticos chavistas, como los generales Rodríguez Torres, Raúl I. Baduel y Cliver Alcalá. Esta es la única forma, en la cual se puede proteger la vida de los militantes chavistas y abrir cauces pacíficos para el futuro del país. En contrapartida, se permitiría a la camarilla burguesa madurista exiliarse en un país que la quiera aceptar.

6- Trump, Maduro y el impeachment

La política exterior de Estados Unidos está en manos de los neofascistas gubernamentales, encabezados por John Bolton y Mike Pompeo, de los neofascistas (neoconservadores) republicanos y demócratas del Congreso, de la mafia anti-comunista de Miami y de la derecha israelí. Trump ya no es más que un bufón distractor, que pierde cada vez más poder de decisión y terminará probablemente destituido por un impeachment (juicio político), durante el año en curso. Si se da este escenario, seguirá el vicepresidente Mike Pence en la Casa Blanca: un oportunista teocrático como Bolsonaro, que es aún más reaccionario que Trump. De ahí, que aún un cambio de este tipo en la Casa Blanca no modificaría esencialmente la política monroeista frente a América Latina, porque Washington necesita el subcontinente esclavizado, como peón geoestratégico frente a China, Rusia y la Unión Europea.

7- Revolución rusa en Caracas

La nueva situación venezolana puede resumirse en tres características: 1. Una dualidad de poder reminiscente a la descrita por Lenin en la Revolución Rusa de 1917. Por supuesto, que el conflicto en Venezuela no es una guerra de clases entre un poder obrero revolucionario (soviets) y la burguesía nacional, sino entre dos fracciones de la burguesía, que luchan por el control monopólico del Estado. Esa dualidad de poder compite por la legalidad, legitimidad y el control efectivo de cuatro áreas claves del aparato burgués de dominación estatal: en lo legislativo, la Asamblea Nacional (AN) vs. la Asamblea Nacional Constituyente (ANC); en lo judicial, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) vs. el TSJ en el exterior; en lo ejecutivo, Maduro vs. el presidente “interino” Juan Guaidó y en lo electoral, el Instituto Nacional Electoral (INE) vs. la AN.

8- ¿Quién liquida a quién?

Por su propia naturaleza, una situación política dual o contradictoria es inestable y, por lo tanto, transitoria, Ambas facciones, en pugna, procuran acumular fuerzas para liquidar al rival y quedarse con el poder único. En Venezuela se trata, en esencia, de un conflicto hegemónico intra-burgués sobre las rentas extractivas, que se ha internacionalizado por afectar los intereses geopolíticos del centro de gravitación continental, Washington. Por lo mismo, Washington decide el conflicto por los medios imperiales que vea oportuno y en el momento oportuno. Ese momento oportuno ha llegado y terminará pronto en el colapso del régimen. El efecto geopolítico Saddam Husseín y Muhamar Gaddafi se impondrá en el hemisferio. La lección fundamental para las auténticas fuerzas bolivarianas, chavistas y progresistas del país, que se deriva de esta lógica imperial en la actual fase de transición, es clara: no darle un cheque en blanco al joven y carismático Guaidó, porque, al fin y al cabo, es la carta de Washington. Sólo con acuerdos públicos férreos, como la solución sandinista, debería apoyárselo, si no se quiere entregar el país incondicionalmente a los neofascistas en Washington, Miami, Bogotá, Brasilia y Buenos Aires, cuyos verdugos están listos para la venganza.

9- Ajedrez geopolítico de la Patria Grande

Los imperialistas washingtonianos han declarado públicamente que quieren destruir a los actuales gobiernos de Venezuela, Nicaragua y Cuba. Es probable, que el gobierno de Maduro caiga hasta mediados de 2019. El gobierno de Daniel Ortega, que repite la misma política ciega de Maduro, tendrá un espacio de vida más largo. Pero, a lo máximo, hasta las elecciones del 2022. El futuro de Cuba depende, esencialmente, de la voluntad de China y Rusia, de proporcionar los medios de una simbiosis económica y un Plan Marshall, para dar un salto cualitativo en su desarrollo económico y resistir la intensificación de la agresión gringa.

De este primer grupo de gobiernos, al cual pertenece también la Bolivia de Evo, hay que diferenciar los grandes vasallos latinoamericanos, que han aceptado el quid pro quo imperial monroeísta: comprar la protección de la mayor organización delincuencial de la historia, la OTAN, pagando con la entrega de las regiones estratégicas del subcontinente: Macri, la Patagonia y el acceso a la Antártida; Bolsonaro, la Amazonia y el Pantanao del Matto Grosso; Uribe, Santos, Duque el “portaaviones terrestre” de Colombia para el control bi-oceánico y el Canal de Panamá y Paraguay, el acuífero del Guaraní.

10- México en el gran tablero de ajedrez

Es obvio, que México no encaja en ninguno de los dos grupos: ni en el “socialista”, ni en el entreguista. Y también es obvio, que hay varios puntos de contención estratégicos con el Imperio. Por ejemplo, la Doctrina Estrada de política exterior, fundada en el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la soberanía nacional, nunca será respetada por el Imperio gringo en proceso de ocaso. De ahí, qué con el neofascismo estadounidense, hegemónico en este momento, difícilmente habrá coexistencia duradera. Una versión más preclara de la dominación imperialista, como la que ejecutó Obama, en cambio, puede priorizar la estabilidad interna de México y la tranquilidad en la frontera, que garantiza el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Siendo AMLO un genio político y, sin duda, el hombre de Estado más talentoso del continente americano, puede ser posible, que con la caída de Trump y su equipo de walking dead neofascistas, logre establecer una cohabitación viable con el futuro gobierno de los demócratas.

Puede parecer poco dentro de una perspectiva maximista. Pero, para los pueblos de la Patria Grande sería una avenida hacia la paz y la prosperidad. Una luz de esperanza en la noche de los Maduro, Macri, Duque y Bolsonaro. De hecho, la única luz visible en el firmamento del Sur.

Guaidó presidente legítimo por Héctor E. Schamis – El País – 12 de Enero 2019

La transición democrática de Venezuela está en marcha

Juan Guaidó (derecha), en una concentración de opositores al Gobierno de Maduro.
Juan Guaidó (derecha), en una concentración de opositores al Gobierno de Maduro. MIGUEL GUTIÉRREZEFE

Es la hora de la transición democrática en Venezuela. Dos hechos inéditos lo corroboran. Primero, la valiente decisión del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, al asumir sus responsabilidades de acuerdo a la Constitución. Segundo, una cohesión sin precedentes en la comunidad internacional, especialmente en el continente americano. Vayamos por partes.

Ese día estuve con Idania Chirinos en su programa La Tarde de NTN24. Día plagado de incertidumbres, dije que Juan Guaidó se encontraba entre la gloria y el olvido. La gloria consistía en obedecer lo que la Constitución le ordenaba, lo cual implicaba riesgos a su seguridad, su integridad física y su libertad. Esto a sabiendas de que la Constitución es la de Chávez, a la medida del régimen.

Lo cual es mejor desde el punto de vista del argumento político, ya que desnuda por completo el carácter autoritario de ese régimen y su deterioro irreversible. Es casi una ley, signo inequívoco de colapso cuando, para continuar en el poder, una dictadura debe violar hasta la propia institucionalidad que diseñó a su antojo.

Para el nuevo presidente de la Asamblea Nacional, no cumplir con esa Constitución suponía comprar un boleto sin retorno hacia el olvido. Es decir, pasar a ser despreciado y descontado por una sociedad que ha escuchado demasiadas acrobacias discursivas de parte de políticos dispuestos a cohabitar con la dictadura. Y agregué que estaba en él tomar esa decisión, nadie más.

El viernes 11 Juan Guaidó se acercó a la gloria, rápidamente y con convicción. Como reza la comunicación oficial del parlamento, apegándose a los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución, el presidente de la Asamblea Nacional asumió las competencias de la presidencia de la república para convocar a un proceso de elecciones libres que faciliten una transición. La declaración es inequívoca.

Apeló a los militares y a la comunidad internacional, ambos imprescindibles, y aquí le hago una sugerencia: hacerse de la chequera cuanto antes. A propósito, un grupo de tenedores de papeles de deuda venezolana, llamado Venezuelan Creditors Committee, anunció que no negociará con Maduro sino con la Asamblea Nacional por ser el único poder legítimamente constituido. Inmejorable oportunidad.

En otras palabras, un Jefe de Estado o de Gobierno es tal en tanto sea reconocido por el mundo financiero, cuente con la obediencia de las instituciones armadas y sea considerado legítimo por parte del sistema internacional. Por ello es necesario que nombre embajadores rápidamente, aprovechando el apoyo recibido de diversos países de América Latina y Europa.

La comunidad internacional se ha ido cohesionando para desconocer a Maduro y eso ha dado impulso a la decisión de Guaidó. La OEA lo hizo inmediatamente, en la figura de su secretario general. Después, varios países miembros reconocieron la autoridad legitima del presidente interino. Ocurrió en el marco de la reunión que se llevaba a cabo en la OEA y siguió con pronunciamientos desde varias capitales.

Los aliados de Maduro, por su parte, siguen hablando de soberanía y no intervención. Un discurso falaz que ahora también repite López Obrador haciendo referencia a una supuesta tradición mexicana de no intervención. Esa tradición no fue obstáculo para romper relaciones con la España de Franco y el Chile de Pinochet, por citar dos ejemplos, además de otorgar asilo a cantidades de exiliados y a las propias instituciones de la España republicana.

Con dicha doctrina e historia, López Obrador debería hoy ofrecer asilo al Tribunal Supremo de Justicia legítimo de Venezuela. El mundo de la no intervención es tan solo una ficción de cómplices o miopes. Si el mundo funcionara así, el Apartheid continuaría vigente, Milosevic habría muerto en su casa y Videla en el poder. Quienes proclaman semejantes sinsentidos solo protegen la reproducción de la injusticia. El mundo democrático, por el contrario, ha dado un paso firme en apoyo a la transición política que se inicia en Venezuela.

Fuenteovejuna, señor por José Toro Hardy – La Patilla – 10 de Enero 2019

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“Fuenteovejuna” es quizá la obra más universal de Lope de Vega. Refiere lo acaecido en un pueblo así llamado en tiempos de los Reyes Católicos. El Comendador de la villa era un hombre soberbio y corrupto, que abusaba del pueblo y de su autoridad, robaba las rentas y torturaba y encarcelaba a los habitantes. Finalmente el pueblo se subleva ante su tiranía en una noche de abril de 1476.

Los Reyes envían jueces para investigar lo ocurrido y ante la pregunta _“¿Quién mató al Comendador?_”, todos contestan, _“Fuenteovejuna, señor”, “¿Quién es Fuenteovejuna?_”,y por respuesta: “Todo el pueblo, a una”.

Lope de Vega, en su obra inmortal, presenta un tema que se repite a lo largo de la historia: la rebelión de un pueblo ante la opresión de un tirano.

Ese es precisamente el fundamento del Artículo 350 de la Constitución:

“_El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos_”.

El 5 de enero vimos renacer la unidad. La oposición votó unánimemente por Juan Guaidó como nuevo presidente de la Asamblea Nacional. En su discurso expuso que a partir del 10 de enero se desconoce la legitimidad de Maduro, “se rompe la cadena de mando” y abordó además el tema de la “usurpación del cargo de la Presidencia de la República”.

Recordemos que el Art 138 de la Constitución reza: “Toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos”

La Academia de Ciencias Políticas y Sociales rechaza la juramentación del presidente prevista para el 10 de enero “por ser electo en un proceso fraudulento” como el que ocurrió el 20 de mayo.

Los argumentos para tal rechazo fueron desarrollados por la Cátedra de Derecho Constitucional de la UCV, que propone a la AN declarar como “gobierno de facto” al actual régimen agregando que el despotismo del 10E apunta a la “disolución de la República”.

La Conferencia Episcopal Venezolana “cataloga de ilegítimo y moralmente inaceptable un nuevo mandato de Maduro” y afirma que “la Asamblea Nacional electa con el voto libre y democrático de los venezolanos es él único órgano del poder público con legitimidad …” Y en su Exhortación del 11 de julio del 2018 había planteado: “Reiteramos que la convocatoria del 20 de mayo fue ilegítima, como lo es la asamblea nacional constituyente impuesta por el Poder Ejecutivo. Vivimos en un régimen de facto …”

Nos viene a la memoria la Pastoral de Monseñor Arias Blanco del 1 de mayo de 1957 y sus repercusiones que condujeron al 23 de enero de 1958.

Además los 14 miembros del Grupo de Lima (excepto México) advirtieron: “el proceso electoral llevado a cabo en Venezuela el 20 de mayo de 2018 carece de legitimidad por no haber contado con la participación de todos los actores políticos venezolanos, ni con la presencia de observadores internacionales independientes, ni con las garantías y estándares internacionales necesarios para un proceso libre, justo y transparente”. Agregan que “no reconocen la legitimidad del nuevo período presidencial”, reafirman su “inequívoca y firme condena a la ruptura del orden Constitucional en Venezuela” y exhortan al presidente Maduro a “transferir a la Asamblea Nacional, en forma provisional, el poder ejecutivo hasta que se realicen nuevas elecciones presidenciales democráticas”.

Asimismo el Parlamento de Mercosur ratificó la “inequívoca y firme condena a la ruptura del orden constitucional y del Estado de Derecho en Venezuela…”

Alemania señala que los comicios de mayo fueron ilegítimos y apoya transferir el poder ejecutivo a la AN. Por una decisión conjunta, ningún embajador de la Unión Europea asistirá a la toma de posesión de Maduro. La UE pidió nuevas elecciones justas porque la de mayo “no fue libre ni creíble”.

Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo afirmó: “No reconocemos al régimen … Estamos con los venezolanos humillados cada día por la dictadura con opresión, pobreza y hambre”.

El Parlamento se apresta a debatir el “Estatuto que rige la transición”. Aún no sabemos la reacción del gobierno, aunque suponemos que será radical. La rueda de la historia está girando. Se avecinan momentos cruciales. A la Asamblea Nacional y al TSJ legítimo les corresponde un papel protagónico, junto con “todo el pueblo a una”, tal como decía Lope de Vega en su imperecedero drama “Fuenteovejuna”.

La pregunta sobre el final del régimen por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 13 de Enero 2019

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La inmensa mayoría de las preguntas sobre el estado de la política en Venezuela han sido aplastadas por los hechos. La ilegalidad acumulada, la ilegitimidad sin retorno, los miles de expedientes de violaciones a los Derechos Humanos, la devastación de las condiciones de vida de millones de familia, la destrucción de la industria petrolera, el desconocimiento programático de la Constitución y el marco legal, la vinculación abierta del poder con la delincuencia organizada dentro y fuera del territorio, han derivado en una conclusión: la dictadura debe acabarse de inmediato. El régimen de Maduro es inviable y no debe continuar destruyendo a una Venezuela ya destruida.

Una pregunta se ha impuesto a todas las demás: cómo se producirá el final del régimen. Qué tendría que ocurrir para dar paso a una fase de transición, que instale las bases de un régimen democrático, de libertades y progreso económico. Ya nadie, ni siquiera los tibios que cierran los ojos y los oídos, guardan esperanza alguna en que Maduro y el grupo que lo rodea, podrían cambiar de rumbo, tomar medidas para responder a la crisis humanitaria, permitir el libre ejercicio de la política y la disidencia, dar las garantías suficientes para el funcionamiento del Estado de Derecho.

Una cuestión esencial pasa desapercibida: que en el PSUV, en el Gran Polo Patriótico, entre los altos cargos de ministerios y empresas del Estado, en los poderes públicos y entre ciudadanos que invirtieron sus ilusiones en las promesas de Chávez, predomina el mismo sentimiento: que el régimen se agotó. Que ha perdido apoyos sustantivos, que se encuentra sin recursos políticos y económicos para atender las necesidades del país hambriento, que la corrupción, la incompetencia y las guerras internas liquidaron al país. Repito: en el mundo que, en apariencia, mantiene su apoyo al poder, la mayoría cree que Maduro debe irse. La mayoría presiente que el final está cerca. Y, sobre todo, sienten miedo. Miedo porque observan de cerca el empecinamiento de un grupo que no tiene sino la represión para mantenerse en el poder. Miedo porque han sido testigos de la disposición de Maduro al uso de la violencia. Miedo porque no saben cómo será el desenlace. Miedo porque no se imaginan qué vendrá después de la caída del régimen.

Lo he escrito en otras oportunidades y vuelvo a repetirlo aquí: este masivo sentimiento de rechazo, esta mezcla de hartazgo y humillación, esta sensación de que el régimen no debe continuar es también predominante en las fuerzas armadas. Esto lo sabe el ministro de la Defensa y lo saben las autoridades del Alto Mando Militar. Salvo los algunos fanáticos -muchos de ellos concentrados en las FAES- los militares venezolanos no son distintos al resto de los venezolanos: viven bajo padecimientos reales, son testigos impotentes del sufrimiento de sus familias, saben que el poder se mantiene al margen de las leyes. También los uniformados se preguntan a diario cuándo sucederá, de una vez por todas, el final del régimen.

¿Por qué tantos se formulan, dentro y fuera de Venezuela, la misma pregunta sobre el cómo y el cuándo ocurrirá el final del régimen? Porque todos sabemos que el régimen no entregará el poder a través de mecanismos democráticos como el diálogo, la renuncia de Maduro o un proceso electoral. Todos sabemos que la banda es inmune a presiones diplomáticas, económicas y legales. Todos sabemos que no les importa ni la muerte, ni el sufrimiento, ni la ruina de la Nación. Lo que todos sabemos es que Maduro y sus secuaces han cruzado el umbral del no retorno. No retrocederán ni negociarán. Lo han demostrado una y otra vez: desconocen las leyes, el respeto por la vida humana, los criterios esenciales de la política democrática. Prefieren disparar, detener y torturar. No se irán, a menos que se les obligue. Entre otras razones, porque las opciones que tienen, una vez perdido el poder, son pocas y nada atractivas: exilio en Cuba, en Nicaragua, en China, en Rusia o en Irán. No más.

Este escenario de callejón sin salida es, en mi criterio, fuente de un amplio abanico de fantasías. Algunas que se repiten: que Maduro terminará renunciando a cambio de impunidad. Que, presionado por el cerco financiero, tendrá que llamar a un gobierno con factores de oposición. Que la sumatoria de presiones diplomáticas, sanciones y dificultades financieras lo conducirán a una mesa de negociación. Que la acción combinada de caída de la producción y caída de los precios del petróleo crearán una crisis dentro del propio gobierno. Otra fantasía recurrente es la de una intervención militar extranjera. Lo digo con respeto hacia quienes detentan estas posiciones: ninguna de las anteriores me luce factible.

Lo primordial: creo que sacar a Maduro será tarea exclusiva de los venezolanos. Creo, además, que será necesario obligarle. Y que eso solo es posible si una gran movilización civil y militar se produjera con la contundencia necesaria. Cuando uso la palabra ‘contundencia’ no me refiero a violencia, sino a que sea el producto de la confluencia de la mayor cantidad de factores que sea posible. Esto no significa que los múltiples esfuerzos que están en curso sean inútiles, especialmente el de los valientes parlamentarios opositores a la Asamblea Nacional y el anuncio que ha hecho Juan Guaidó de que asumirán las tareas del Ejecutivo, así como los apoyos fundamentales que, desde fuera de Venezuela, no se cansan de condenar y denunciar a la dictadura. Pero, tal como los entiendo, se trata acciones que preparan el camino, que debilitan al gobierno, que reducen sus apoyos, que estimulan a los que tienen dudas, a atreverse y sumarse al objetivo prioritario del cambio en Venezuela. Allanan los caminos para la movilización que, tarde o temprano, cambiará el destino de Venezuela.

¡Enhorabuena con el Cabildo Abierto! por Edgar Yajure – Blog Transformazuela – 12 de Enero 2019

Estoy de regreso del denominado Cabildo abierto convocado por la Asamblea Nacional, y me siento obligado a confesar que desde el 16 de julio de 2017, hace casi año y medio, no había sentido una perspectiva de transformación política concreta del país como la que experimenté hoy, hasta el punto de que me decidí a desenterrar mi blog de combate Transformazuela.

Después de casi quince meses de atestiguar desde rupturas estelares en público y trifulcas chateadas cotidianas, hasta acusaciones de traición y rayadas de madre en vivo y en directo, entre líderes, cuadros y participantes de la oposición, ambiente en el cual me resultaba difícil intervenir, y menos con mi intención original, de octubre de 2017, de hacer un balance de nuestra actuación y nuestros errores en los procesos de abril-julio de 2017, y, luego, de nuestra infeliz participación en las regionales del 15 de octubre de ese año, todo lo cual le hubiese metido más leña a la candela, y cuidado si gasolina al incendio, me resultó harto entusiasmante la experiencia de asistir al Cabildo abierto de hoy.

Allí pude formar parte de una concentración de no menos de cinco mil ciudadanos venezolanos (con muchas ciudadanas venezolanas, por supuesto), convocados apenas desde ayer por la tarde para hoy por meras vías electrónicas o informales, que nos congregamos frente a la representación de la Organización de Naciones Unidas (PNUD/ONU) en la Francisco de Miranda, para ver y escuchar, como desde hace varios años no se hacía, las posiciones coherentes, combativas y firmes de un grupo selecto de nuestros líderes políticos enfrentados a la dictadura madurista.

O sea, una especie de 19 de abril posmoderno y en pleno siglo XXI, con la variante de que aquí no se le preguntó al presidente Maduro (porque no estaba allí) si quería seguir con su mando ilegítimo, sino a Guaidó si quería mando legítimo, y él dio la extraña pero ingeniosa respuesta de que sí, pero a condición de que nosotros, los que estábamos abajo, sobre todo, y también la Fuerza Armada Nacional, nos comprometiéramos a apoyarlo, y nos preguntó si estábamos dispuestos. Cuando todos le gritamos, sin necesidad de Madariaga alguno, que ¡sííí! (pero quizás porque no hubo nadie que respondiera por la Fuerza Armada), nos respondió con algo así como que: Entonces lo que quiero es que me ayuden a impulsar la ruta de transición para el rescate de nuestra democracialos convoco para una gran movilización nacional de apoyo el 23 de enero,  y veremos de aquí allá si puedo asumir tal mando.

En la concentración, nada parecida a las insulsas concentraciones opositoras mudas de tantos meses pasados, sino más bien a un mitin al estilo de aquellos tiempos de la Avenida Bolívar, la Plaza O’Leary o la Plaza del Rectorado de la UCV, intervinieron jóvenes brillantes como Gabriela Requesens (Primero Justicia – FCU/UCV), Marlon Díaz (Primero Justicia – FCU/UC), Nicmer Evans (Marea Socialista / Frente Amplio /NUVIPA), Miguel Pizarro (Primero Justicia – Diputado), Carlos Julio Rojas (Periodistas / Movimientos vecinales), y el propio Juan Guaidó (Voluntad Popular / Presidente de la Asamblea Nacional); más dirigentes ya sesentosos o dele de mi generación, como Belsaí Yánez (Bandera Roja / Movimiento femenino), José Elías Torres (CTV y otras centrales obreras), William Barrientos (Un Nuevo Tiempo – Diputado) y Williams Dávila (Acción Democrática – Diputado).

Con variantes y matices, todos destacaron que nos hallamos en un momento de reactivación de nuestras luchas y ante un hito decisivo del proceso de atropello a nuestra soberanía, como es la pretensión de iniciar un nuevo período presidencial sin que haya presidente legítimamente electo. Y se pronunciaron inequívocamente en defensa de nuestra Asamblea Nacional y contra la usurpación de poderes y violación flagrante de la constitución que adelanta el régimen de Maduro, con él mismo como el cabecilla de los usurpadores. Una y otra vez se recalcó el contenido del Artículo 138 de nuestra carta magna: “Toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos”.

El apoyo a la Asamblea Nacional fue irrestricto por parte de absolutamente todos los oradores del acto, como bien lo merece el único poder indirecto legítimo con que contamos los venezolanos para el ejercicio de nuestra soberanía, consagrada en el Artículo 5 de nuestra constitución, pues a la Asamblea la elegimos limpiamente cerca de catorce millones de ciudadanos, incluyendo al personal militar, con una participación superior al setenta por ciento del registro electoral, el 6 de diciembre de 2015. Cifras estas que por sí solas, incluso al margen de abusos, ventajismos e irregularidades obscenas de toda laya, ni la supuesta asamblea nacional constituyente o el propio Maduro, dizque electo el 20 de mayo del año pasado, jamás podrán esgrimir; y mucho menos los funcionarios de los poderes públicos nacionales judicial, electoral o ciudadano, electos de manera ilegítima al cuadrado…

La expectativa de la inmensa mayoría de los asistentes, de que se definiera, ante la falta de un presidente electo legítimo para el inicio del período presidencial en el día 10 de enero (Art. 233), una vía factible o ruta de transición hacia el restablecimiento de la vigencia de la Constitución (Art. 333) y en desconocimiento de “cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos” (Art. 350), quedó satisfecha, y, en mi caso particular,  plenamente satisfecha. Sobre todo con la aguda posición de Guaidó de destacar que no basta un elemento o un mero decreto para que él pueda asumir la Presidencia interina de la República, vía Artículo 233, sino que se requiere de la participación y el compromiso de todos los que apoyamos a la Asamblea Nacional y apoyamos a, o participamos en, el Frente Amplio Venezuela Libre y todas sus organizaciones vinculadas, más el respaldo, todavía faltante, de la Fuerza Armada Nacional, para hacer realidad tal asunción y convocar, por fin, al ansiado proceso de elecciones libres y transparentes y salir de esta pesadilla.

Todos los líderes convocaron a la Fuerza Armada Nacional a asumir sus responsabilidades con el pueblo y frente a la usurpación en curso, así como a respetar la letra y el espíritu del Artículo 328 de nuestra Constitución, que sin ambigüedades establece que “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación [‘… que reside instranferiblemente en el pueblo…’, Art. 5, añadido nuestro], y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y con la ley”.

Los dirigentes estudiantiles Rafaela Requesens y Marlon Díaz ratificaron el compromiso heroico de la juventud, que ha ofrendado una cuota de sangre y sudor inigualada por ninguna otra fuerza social, a la vez que nos propinaron un discreto, aunque merecido, regaño inverso a los padres y adultos que no hemos sido capaces de aportar la unidad de propósitos y directrices necesarios para el triunfo frente a una dictadura feroz y sanguinaria, apoyada por tenebrosas fuerzas internacionales. Belsaí Yánez destacó la mayúscula dimensión del padecimiento de las mujeres en la catastrófica crisis actual, y subrayó que, en materia de derramamiento de lágrimas por los hijos perdidos, heridos, en peligro o alejados del hogar, no hay quien pueda competir con nuestras madres, por lo cual hizo un llamado a la organización y movilización, y a convertir en hechos la consigna de la Plataforma Nacional de Conflictos, brazo del Frente Amplio Venezuela Libre, de que “todas las luchas son una lucha”. José Elías Torres insistió en poner al desnudo el despojo y explotación más que salvaje a que hoy están sometidos nuestros trabajadores, a quienes sus salarios o ingresos derivados de sus esfuerzos productivos no les alcanzan, ni “soberana” ni “petra” ni remotamente, para sustentar una vida digna junto a sus familias.

Nícmer Evans, Miguel Pizarro y William Barrientos fueron muy explícitos al alertar sobre los riesgos de volver a incurrir en las políticas de gestos, desplantes, declaraciones vacías, deseos, atajos, guarimbas, radicalismos sin base, y afines, que nos puedan llevar a nuevas frustraciones y atornillamientos del régimen, como ha ocurrido varias veces en las dos décadas pasadas. Y el propio Guaidó, también de Voluntad Popular, y hasta no ha mucho paladín de La Salida y afines, y de seguro tras conversaciones con algún Leopoldo y algún Freddy, ahora más sabios después de tanto mes de cárcel o reclusión y con tiempo de sobra para leer, reflexionar y madurar ideas políticas, insistió en que la asunción de una Presidencia interina dependería de la capacidad de todos nosotros los ciudadanos venezolanos y de nuestros poderosos aliados externos, tanto vecinos como casi, para apoyar a la Asamblea, y a él mismo como eventual Presidente interino, y no de decreto alguno o artes de magia.

Y no añadieron ellos, pero lo incluimos aquí de cosecha propia, que en la actualidad ni en América ni en Europa Occidental, Australia o Nueva Zelandia, es decir, en el mundo occidental en general, existe un solo movimiento político vigente que se plantee derrocar por las armas o con base en apoyos armados externos a los poderes establecidos. La última vez que en América hubo una intervención armada externa, que recordemos, fue en Panamá, en 1989, orientada exclusivamente a la captura del dictador Noriega, exagente de la CIA, narcotraficante y lavador de dinero a dedicación exclusiva; y en Granada, en 1983, cuando el gobierno de Reagan ordenó la captura de la isla de solo 345 km² (menor que el municipio Libertador) y menos de 100.000 habitantes (menos de la población de mi Carora), que estaba intervenida por Cuba. La guerra de El Salvador, desatada en 1980 tras el asesinato de Monseñor Romero, hoy San Oscar Arnulfo Romero, por los escuadrones de la muerte, si bien contó con apoyo norteamericano para el bando de extrema derecha, nunca pudo resolverse y terminó sin ganadores ni perdedores, excepto el propio pueblo, que pagó los platos rotos, con una negociación en México en 1991. En Colombia, los Estados Unidos se limitaron a apoyar a los gobiernos electos frente a la guerrilla, pero sin intervenir directamente, y, en lo que va de segundo milenio, más que enfrentamientos armados gruesos lo que ha habido son escaramuzas, emboscadas y saboteos menores, y lo que quedan son residuos guerrilleros y viejas heridas sin cicatrizar. De resto, los otrora movimientos armados de Bolivia, Uruguay, Perú, El Salvador, Nicaragua, Argentina, Colombia, Chile, Ecuador, México, Brasil, Haití o Venezuela, es decir, de América Latina, se han extinguido, al punto de que muchos de los guerrilleros y abanderados de la lucha armada de ayer, hoy son catedráticos que dictan charlas, foros y talleres por todo el mundo acerca de la impracticidad de las luchas violentas. En los Estados Unidos ya muy pocos recuerdan el movimiento armado de las Panteras Negras, y en Canadá hay que ir a los museos y bibliotecas para investigar si alguna vez hubo una lucha violenta real por su independencia frente a los imperios británico o francés, o ante ciertas pretensiones de su vecino americano en el siglo XIX. En Europa Occidental, los movimientos armados en Irlanda, Alemania, España, Portugal, que recordemos de memoria, también se han extinguido o reducido a exiguas expresiones políticas; mientras que en Europa Oriental, todo el bloque soviético se derrumbó, en los alrededores de 1990, con muy escasos disparos pero con un poderoso movimiento no-violento activo, que incluyó múltiples iniciativas sindicales, culturales y religiosas, echó por tierra los regímenes comunistas y se dio el lujo de poner flores en los fusiles y misiles del Ejército Rojo. Los conflictos armados actuales en Europa Oriental no son conflictos sociales internos sino conflictos entre naciones, por lo general inducidos por odios religiosos y/o por los afanes rusos de recuperar territorios perdidos en la huida de muchas naciones hacia el capitalismo, a veces salvajemente. Para examinar los casos de Oceanía no occidental, Asia y África, tendríamos que meternos al menos un par de horas en Internet, para sacar conclusiones, pero presumimos que estas no serían muy distintas de las ya expuestas y preferimos dejarlo hasta aquí para sacar este artículo hoy. Pero no sin antes puntualizar la conclusión, razonable, que es a donde queríamos llegar y dirigida a quien pueda interesarle, de que en el mundo occidental y en el siglo XXI, la solución a los problemas sociales y políticos hay que buscarlas, esencialmente, en el terreno de los forcejeos políticos no-violentos, pero sí muy activos, y de las negociaciones, en lo posible desde posiciones ventajosas, para poner fin a tales forcejeos. Lo demás lo dejamos para las esferas de las fantasías y las oraciones para que alguien venga a rescatarnos de estos muérganos…

La ruta de la transición, que nuestros muchachos bien nos explicaron hoy, semiregañándonos, será, entonces, fundamentalmente, la de una lucha ciudadana y pacífica interna, lo que no descarta, sino que presupone, un apoyo y una amenaza creíble sobre el régimen por parte de nuestros poderosos aliados occidentales, tanto vecinos como casi, que ya la tenemos. El apoyo de una fuerza externa es indispensable ante la posibilidad de que desquiciados y colectivos enloquecidos del régimen, con apoyo ruso-cubano-iraní-y- paremos-allí, pretendan masacrarnos a centenas, miles, cientos de miles y ojalá millones, y ¿por qué no una decena de millones (en julio de 2017, cuando el desastre madurista apenas cogía cuerpo, y cuando los empleados públicos temían expresar abiertamente su descontento, logramos al menos 3/4 de eso…)?, del pueblo opositor, con decenas de pelajes políticos y sociales, a la dictadura usurpadora de Madurobá y sus cuarenta ladrones.

Y, por si acaso no sobra aclararlo, cuando decimos que ya tenemos esa amenaza creíble, como se ha convenido en llamarla, es por aquello de que, parafraseando al Nixon aquel –los malos no tienen por qué ser 100% malos en todo lo que hacen o dicen, y esta es una gran ventaja del enfoque no-violento activo, que no implica el odio a nadie sino la lucha contra ideas, prácticas, funciones, relaciones y sistemas nefastos– los Estados Unidos, y mucho menos si están al lado de la casi totalidad de las naciones líderes de Occidente, afortunadamente no tienen la necesidad de amenazar explícitamente a nadie…

Para ñapa, otro orador, el médico y diputado William Barrientos, oportunamente nos recordó, no para ilusionarnos sino para invitarnos a actuar con coraje y confianza, que los apoyos militares nunca han sido, ni pueden ser, tan explícitos como muchos desearían. Por ejemplo, los militares juraron lealtades a, y celebraron con, Pérez Jiménez la Navidad y Noche Vieja de 1957, y el Año Nuevo y el Día de Reyes de 1958, y “estuvieron con él” hasta el 22 de enero de 1958, para, a la madrugada siguiente, volcarse en su contra y obligarlo a salir huyendo despavorido en su avioneta, tanto que olvidó en el piso una famosa maleta repleta de dólares…

Entre los elementos fundamentales que conformarían dicha ruta de transición,estarían la designación progresiva de una junta o gabinete de transición, la aprobación de una ley de amnistía de los presos políticos, el impulso a una iniciativa de ayuda humanitaria, y la aprobación de una ley de transición hacia la democracia, siempre en concordancia con el poder real que progresivamente logre acumular la Asamblea Nacional con sus fuerzas de apoyo, es decir, con todos nosotros, y con el apoyo de las naciones líderes de Occidente, incluyendo las latinoamericanas.

El Presidente de nuestra Asamblea Nacional nos convocó a todos los ciudadanos venezolanos, dentro y fuera del país, a la FANB, y a la gran comunidad internacional de naciones occidentales y organizaciones líderes que nos apoyan, desde el Grupo de Lima y la OEA y Mercosur, hasta la Unión Europea, Japón, Israel y pare de contar, para respaldar la conformación efectiva del Gobierno de transición en Venezuela, y dar respuestas a la peor crisis política, económica y social de nuestra historia. Además, nos convocó a una gran movilización nacional para este próximo 23 de enero en todo el país, cuyos términos serán anunciados oportuna pero discretamente.

¿Qué más le podríamos pedir a nuestros jóvenes, que no nos obligue a avergonzarnos por pretender que ellos, que deberían ser nuestros pupilos, nos den la papa pelada?

Postdata: en la tarde de hoy estuvo colgada, durante al menos un rato, una noticia falsa, alias fake news, de que Juan Guaidó había asumido la Presidencia interina, incluyendo un tuit con felicitaciones de Almagro y yerbas aromáticas afines. ¿De dónde salió semejante ex-abrupto, pues en el Cabildo abierto en donde estuve de principio a fin, nadie mencionó algo semejante?

Venezuela, 2019: año de perro y colmillo por Ibsen Martínez – El País – 31 de Diciembre 2018

Para el país, el año que termina ha añadido tamaño y peso a los horrores que acompañan su ya irreversible disolución como nación

Un joven transita con su bicileta por el Estado de Barinas, en Venezuela.
Un joven transita con su bicileta por el Estado de Barinas, en Venezuela. F. PARRA AFP

Para Venezuela el año que termina ha añadido tamaño y peso a los horrores que acompañan su ya irreversible disolución como Estado de derecho y como nación. El infierno se ha entronizado en el país.

Una hiperinflación tan irrestañable y duradera como nunca antes se había registrado en los anales que mundialmente llevan estas cuentas. La desnutrición y la escasez de medicamentos, el colapso del sistema público de salud, la ineptitud, incuria y corrupción de una mafia narcomilitar usurpadora del poder político, dedicada tan solo al saqueo de toda la riqueza nacional, pública y privada, todo ello concurre cada día que pasa en la muerte de miles de venezolanos.

Un concienzudo trabajo realizado por competentísimos expertos y hecho público, en fecha reciente, por la prestigiosa Brookings Institution, calcula en ocho millones los emigrantes venezolanos en el futuro cercano. Un inminente 25% del total de 31 millones.

En medio del desconsuelo y la desesperanza generales, surgen acontecimientos que acaso infundan ánimo a muchos de mis compatriotas pero que, ¡Dios me perdone!, en mí solo remueven incredulidad y conmiseración.

Entre esos acontecimientos que menciono está la fomulación de cuidadosos planes de reconstrucción nacional “para el día siguiente” de una taumatúrgica evaporación instantánea de la tiranía de Maduro, lograda por líderes opositores que aún no están a la vista.

Estas propuestas de reconstrucción nacional, formuladas por gente que admiro y de cuya probidad no tengo duda, lucen en verdad muy persuasivas pues sus proyecciones se basan en premisas macroeconómicas en absoluto descabelladas.

Como sus promotores son gente sensata, scholars de alta competencia, pero en modo alguno adivinos ni mucho menos factores de la política contingente, prudentemente no ofrecen calendario ni hoja de ruta política para lograr el fin de la bárbara cleptocracia que nos desangra. Se limitan a formular, previsivamente, lo que habría que hacer cuando Maduro ya no esté allí cada mañana.

Saber que hay gente que sabría qué hacer “al día siguiente” es cosa buena, pero solo pensar en ello remite a la formidable tarea que una oposición política, extenuada y ayuna de ideas tiene pendiente, si es que, en verdad, quiere acercarnos a ese por ahora mitológico “ día siguiente”.

El hecho capital de los últimos tiempos venezolanos ha sido el éxodo de millones. De su próspera clase media profesional, tanto como de los desdentados por la vida. La profunda disparidad de esos dos exilios − que, en realidad, se desglosan en muchísimos tipos de exilios – es trágica y se manifiesta cruelmente al contrastar eso que los sabihondos llaman “sus representaciones”.

Por un lado, la otrora pujante y nutrida clase media, huérfana de expresión política, ha abandonado casi por completo el país y, fatalmente, aun mal de su grado, se cosmopolitiza. Sus vástagos hace tiempo que se aclimatan e integran, también inevitablemente, a otras realidades.

Parte de este exilio “cuelga” en las redes sociales spots publicitarios venezolanos de los años 80, discursos de Renny Ottolina ( célebre presentador de TV, fallecido en 1978), mensajes navideños de la expropiada Radio Caracas TV, como ritual exvoto de sus convicciones y valores. Su invencible nostalgia recuerda a las mesas de dominó del exilio cubano, en la plaza Martí de la Pequeña Habana, en Miami. Con el mismo signo de irreversibilidad.

Los otros, las huestes de menesterosos, los zambos y mulatos, los “pata-en-el- suelo” de todos nuestros siglos, sin escolaridad ni calificación laboral alguna, solo entrenados en la mendicidad por veinte años de socialismo del siglo XXI, cruzan Suramérica de norte a sur con lastimeros escapularios de cartón solicitando limosna. Pocos entre ellos piensan en el retorno a Venezuela.

Nicolás Maduro, por su parte, tiene un ejército desalmado y asesino, una petrolera estatal que rematar, oro y minería que enajenar a surafricanos y turcos, tiene a los rusos − ¡oh sí, los tiene y muy a su lado!−, tiene sus viejos perros de presa y una leal oposición de fundamentalistas del voto.

Tendrá su constitución a la cubana, también, y una larga vida más allá del 10 de enero.

¡Feliz año nuevo!

Claves petroleras de una futura transición del socialismo al capitalismo en Venezuela por Guillermo Rodríguez González – Panampost – 22 de Diciembre 2018

Me limito a identificar algunas claves que harían posible una transición del socialismo al capitalismo en una economía petrolera como la venezolana

Pugna en el chavismo
Claves petroleras de una futura transición del socialismo al capitalismo en Venezuela 

La semana pasada trataba algunos aspectos de la larga y empobrecedora transición de Venezuela al socialismo, desde un mercantilismo tan aproximado a una economía de libre mercado como para  lograr medio siglo de acelerado crecimiento económico.

En algún momento se superará al socialismo que ha hundido a Venezuela en la miseriaEl socialismo es inviable. A largo plazo mutará en algo cada vez menos socialista, o colapsará.

El socialismo revolucionario en Venezuela ya se sostiene únicamente como dependencia de potencias antioccidentales, que aprovechan un eje de corrupción, terrorismo y narcotráfico. Un terreno pantanoso. Y el empobrecimiento venezolano bajo el socialismo es tan profundo como para que eventualmente se acepte como única solución, una transición al capitalismo.

El petróleo facilitó el hundimiento venezolano en el socialismo Y del tema petrolero dependerá el éxito de una transición al capitalismo, desde estas ruinas socialistas. Las claves serían transferir la renta del subsuelo, ya no al Estado sino a la población, junto a la participación universal de nacionales en la privatización de la industria petrolera, seguida de la captación del necesario nuevo capital adicional, local y/o foráneo. En resumen:

  • La transición del socialismo al capitalismo es indispensable para alcanzar el desarrollo, y en una economía en que lo contrario se financió con la apropiación de renta petrolera por el Estado, establecer un sistema capitalista dependerá de la apropiación privada universal y directa de esa renta por la población. Mientras el acceso a la renta sea a través del Estado no se superará una economía mercantilista, en gran parte socialista.
  • Como la apropiación de la renta por el Estado se justificó en un subsuelo patrimonio de la Nación, la apropiación privada de la misma pasaría por un esquema universal de usufructo vitalicio que mantenga esa ficción jurídica, superando su apropiación por el Estado. Y como la transición al capitalismo depende del cambio en la estructura de incentivos, el sistema de transferencia, asociado a un sistema de capitalización individual para pensiones, debería crear incentivos de ahorro e inversión propios de una economía de libre mercado.
  • La estatización de la industria petrolera marcó la transición del mercantilismo al socialismo. Su privatización paralela a la apropiación directa de esa renta por la población sería indispensable para una transición al capitalismo. Y la transferencia directa y gratuita de la propiedad de la mayoría del capital accionario actual a la población mayor de edad, sería una condición sine qua non de la irreversibilidad de esa transición a corto y mediano plazo.
  • Asumiendo un momento de confluencia de voluntad política y consenso cultural mínimo necesarios, la transición del socialismo al capitalismo es posible, pero compleja. El socialismo simplemente se decreta cuando se tiene el poder para imponerlo, aceptando el empobrecimiento material consecuente. El capitalismo no se decreta, emerge espontáneamente del orden espontaneo evolutivo de la sociedad libre, por lo que lo único que podemos hacer es incorporar en el desmontaje del socialismo los incentivos que conocemos para que emerja un capitalismo. Y luego corregir resultados imprevistos e involuntarios que comprometan la consolidación y desarrollo sostenido de la economía de libre mercado.
  • Una economía capitalista depende de instituciones jurídicas y morales que no pueden simplemente decretarse. Deben surgir y lo único que se puede hacer para que ocurra es generar incentivos adecuados en la transición. Pero al final también se requiere consenso cultural. En ausencia del consenso cultural que soporte esos nuevos arreglos institucionales, una transición hacia el capitalismo será fácilmente reversible. Aunque hubiera mejorado claramente las condiciones de vida de todos. Y aunque la reincidencia en cualquier tipo de socialismo nuevamente causase el empobrecimiento material y moral de la mayoría. Porque las personas creen lo que quieren creer, contra toda evidencia.

Me limito a identificar algunas claves que harían posible una transición del socialismo al capitalismo en una economía petrolera como la venezolana. Entendiendo que para el desarrollo que significaría una prosperidad, libertad y diversidad hoy inimaginables en Venezuela, las condiciones políticas y culturales necesarias exceden en mucho la caída del socialismo revolucionario imperante hoy. Y lo que pretende el socialismo opositor es inviableen una economía tan severamente empobrecida.

Las condiciones para el cambio únicamente podemos incentivarlas mediante la investigación, divulgación y debate económico, político y moral –e incluso estético y emocional– que derroten los mitos, prejuicios y vicios que nos que nos condujeron al socialismo; y a los que se aferra todavía gran parte de la población.

Especialmente porque únicamente asumiendo que una transición al capitalismo se adelantara sin distorsiones socialistas-mercantilistas, los cambios en los incentivos que implicarían las dos reformas masivas del esquema petrolero –renta y propiedad accionaria– serían el catalizador de una diversificación descentralizada de la inversión de buena parte de esa renta, en todas aquellas actividades competitivas que un entorno institucional liberal permitiría descubrir a infinidad de personas que ejercerían libremente su empresarialidad, en la identificación de nuevas oportunidades que hoy no podemos siquiera imaginar.

Y es en esas oportunidades no identificadas por la inexistencia del entorno institucional necesario que se encontraría la eficiencia dinámica que saldaría los errores en malinversiones cíclicas con una tendencia de largo plazo al crecimiento. Y corregiría la excesiva concentración de la inversión no petrolera en sectores no transables con la identificación de oportunidades en sectores transables de competitividad equivalente a la petrolera. Todo por la simple búsqueda de ganancias empresariales.

La diversificación eficiente, propia de una economía de mercado terminará por ser mucho mejor respuesta a la inestabilidad de los precios del crudo que la fatal arrogancia de una planificación centralizada en que fondos estatales de estabilización actúan en combinación con planes de desarrollo impuestos por políticos y burócratas, que intentan decidir por todos sin información indispensable que sus propias acciones destruyen. Pero impedir al Estado la manipulación monetaria y limitar a propósitos fiscales prudentes los fondos de estabilización, en el marco de una economía de mercado, resultaría vital para una transición en el que el petróleo todavía sería vital a corto y mediano plazo.

Plan País: La Venezuela que Viene – frente Amplio Nacional – 29 de Noviembre 2018

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