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Antonio Ledezma: “Hay que sustituir a Maduro y la Asamblea tiene la palabra” por Orlando Avendaño – Panampost – 16 de Julio 2018

“Este es un momento de relanzar la lucha cívica”, dijo el exalcalde metropolitano de Caracas

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El líder de la alianza Soy Venezuela envió un sólido mensaje a los venezolanos. (Archivo)

Se cumple un año de una de las mayores muestras de rebeldía de la sociedad venezolana; y, al mismo tiempo, de una de las mayores estafas de gran parte de la dirigencia presuntamente opositora.

A propósito de ello, algunos políticos hablaron. Recordaron el 16 de julio del año pasado, día en que se celebró el plebiscito en contra de la tiranía de Nicolás Maduro. En el acto, más de siete millones de venezolanos alzaron su voz.

El dirigente de la alianza Soy Venezuela, exalcalde y expreso político, Antonio Ledezma, publicó un mensaje. En él, además de recordar el dieciséis de julio, plantea una ruta para lograr la salida del dictador Maduro. Según dice, la Asamblea Nacional debe jugar un papel esencial en esa ruta.

“Hoy 16 de julio es un día histórico para todos los venezolanos. Un día inolvidable. Y por eso, es ocasión para rendirle un tributo al valeroso pueblo venezolano. El gran protagonista de esa jornada, épica, que deja un punto significativo marcado en la historia de Venezuela y de nuestro continente”, dice Ledezma.

“A ese pueblo, que salió a las calles el 16 de julio del año 2017, y un reconocimiento a los miles de venezolanos que, por razones que todos conocemos, han tenido que huir de la tragedia, del martirio, que sobrellevan millones de compatriotas, deambulando”, agrega.

Luego, el líder de Soy Venezuela y jefe del partido Alianza Bravo Pueblo, recuerda muchos de los atropellos de la dictadura chavista contra la ciudadanía: las manifestaciones, la crisis humanitaria o la muerte de Franklin Brito, cuya protesta de huelga de hambre, por una propiedad que le expropiaron, lo llevó a la muerte. También, mencionó el asesinato de Óscar Pérez y su grupo de rebeldes.

“Es una hora de reconocimiento y de homenaje póstumo a los estudiantes, a los escuderos. A las mujeres y hombres, muchachas y muchachos de todos los sectores de Venezuela, que murieron en marcha. Que fueron arrinconados por el oprobio y por la ignominia”, dice.

Por último, Antonio Ledezma propone a los venezolanos, remar en la misma dirección.

“¿Es que acaso es muy difícil comprender que lo urgente es salir primero de la dictadura para luego hablar de elecciones presidenciales y candidaturas? Es la hora en la que todos tenemos que estar comprometidos en luchar para desalojar al dictador del poder. Para vencer a las mafias”.

El exalcalde metropolitano de Caracas, asegura que se debe continuar la ruta esbozada en el plebiscito del año pasado: hay que sustituir al dictador, exigir a los militares acompañar a la sociedad y renovar las instituciones chavistas.

“Este es un momento de relanzar la lucha cívica. Al lado del pueblo y con el único compromiso de hacer resplandecer de nuevo la luz de la paz, del progreso y la esperanza”, espeta Antonio Ledezma.

Y, en su cuenta de Twitter, el dirigente señaló su senda: “1. Cubrir vacante de Maduro. 2. Designar nuevos poderes públicos. 3. FAN debe acatar Constitución Nacional. 3. Intervención humanitaria para desarrollar concepto de responsabilidad de proteger. La Asamblea Nacional tiene la palabra”.

Hace una clara referencia al enjuiciamiento del Tribunal Supremo de Justicia contra Nicolás Maduro, y la responsabilidad de los diputados de suplir la ausencia que deja el dictador.

Es, entonces, otra de las voces que se alza para presionar al Parlamento. Que le exigen que admita el juicio y, en consecuencia, proceda a nombrar un Gobierno de transición, que sea apoyado por lo que él llama “intervención humanitaria”.

¿Qué puede producir un cambio?por Luis Vicente León – ProDaVinci – 8 de Julio 2018

lvl-300x359Hay muchos estudios sobre las condiciones necesarias para producir los cambios desde las autocracias a las democracias. La mayoría coincide en que estos no se producen por crisis económica, aunque pueda ser un condimento.

No es cierto que, cuando un país entra en barrena, basta sentarse a esperar el desenlace, rascándose la barriga o desperdiciando el tiempo en ataques furibundos desde los medios y redes sociales. Eso es pura paja. Los cambios políticos se producen por crisis políticas y, en la mayoría de los casos, no son eventos espontáneos. Los elementos necesarios para el cambio son conocidos: 1) liderazgo creíble y fresco, 2) articulación opositora y 3) acción y participación masiva. Tres vacíos que en Venezuela paran los pelos.

Con respecto al liderazgo opositor, me parece que no hace falta convencer a nadie de que hay un problema monumental. No se trata de una crítica o ataque a quienes han hecho su mejor esfuerzo para conducir las acciones opositoras hasta ahora. Arranco por decir que dirigir a la oposición aquí es una actividad de alto riesgo, que supone sacrificios de vida, persecuciones, amenazas, posibilidad de cárcel, pérdida de patrimonio, afectación de la familia y exilio, sin contar con los ataques demoledores de los propios opositores, que suelen ser aún más despiadados que los verdaderos enemigos (imaginen que han sido capaces de atacar y vilipendiar a Laureano, que ha sido un opositor insigne, impecable y comprometido, para entender qué pueden hacer con el resto, que no piensa como ellos o los ven como un competidor interno).

Pero no hay que ser muy perspicaz para entender que los liderazgos opositores, con sus virtudes, esfuerzos, sacrificios, aciertos, y también errores, conflictos, contradicciones y desaciertos, están desgastados y no generan ni la confianza ni la motivación necesaria. Desde los líderes opositores más inteligentes, estructurados y serios, hasta los loquitos y loquitas de carretera, que tratan de conectar masas con gritos, insultos, ofertas y amenazas increíbles, inventos de épicas martirizantes y ladridos de perro echado, todos están desconectados de quienes quieren cambio, pero no con ellos, abriendo las compuertas para el surgimiento de outsiders. Puede resultar injusto, pero así es la política. Simplemente, no son los líderes que conectan ya a la población. No generan esperanza de cambio, ni establecen lineamientos racionales y accionables, ni hacen soñar a la gente con la que sí se puede, ni provocan unidad a su alrededor.

La articulación opositora es otra tarea pendiente y ya no depende de una negociación entre los partidos y líderes opositores, sino del surgimiento de una propuesta que alinee a su alrededor a las mayorías, elevándose respecto a sus contrincantes a tal nivel que quien no lo siga se queda como la guayabera: por fuera. Ya no parece haber espacios para la articulación negociada de la oposición (y conste que sigo pensando que la solución del país pasará por una negociación al final de toda esta historia). Pero, internamente, en la oposición lo que queda es la articulación inducida por el despegue de un líder o propuesta que se adueñe de los sueños de la gente y presione a los demás a seguirlo por supervivencia.

Finalmente, no hay cambio sin que la gente participe y actúe en la defensa de sus derechos. La presión será efectiva cuando las masas actúen en conjunto y obliguen al abusador a respetarla. La comunidad internacional es una ayuda, pero no un sustituto de la acción interna. Si la oposición no logra que la gente se articule para provocar los cambios, es probable que se articule espontáneamente, pero para recibir las migajas de quien las tiene. Y, entonces, simplemente será mucho más largo y difícil el cambio.

 

¿Para qué serviría la justicia transicional en Venezuela?por José Ignacio Hernández – ProDaVinci – 6 de Julio 2018

justicia-150x150.jpgEn días pasados, la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, presentó ante la Asamblea Nacional un proyecto de “Ley de Amnistía”, cuyo propósito básico es otorgar beneficios penales a aquellos funcionarios que decidan colaborar con el restablecimiento del orden constitucional.

Esta idea no es nueva. Así, más que una amnistía, pareciera que la fiscal está refiriéndose a lo que se conoce como “justicia transicional”, cuya finalidad es crear condiciones favorables para promover una transición de regímenes autocráticos a regímenes democráticos. En el pasado, esta idea ha sido promovida por la Asamblea Nacional y por diversas ONG. En general, el tema de la transición democrática en Venezuela ha venido siendo estudiado, entre otros, por el Centro de Estudios Políticos de la UCAB, así como por el profesor Miguel Mónaco, en un artículo publicado aquí en Prodavinci.

Tomando como referencia casos comparados de transiciones democráticas, convendría analizar cuál sería el rol de la justicia transicional en Venezuela.

¿Qué es una transición?

Siguiendo la definición de O’Donell y Schmitter, la transición puede definirse como el intervalo entre un régimen político y otro. Por ello, la transición democrática es el proceso por el cual un régimen autocrático da paso a un régimen democrático. La transición se considera exitosa si la democracia logra establecerse de manera permanente, al menos, con condiciones mínimas o básicas.

Este concepto aclara varias ideas. La primera de ellas es que el cambio de autocracia a democracia no siempre es instantáneo; por el contrario, se trata de un cambio gradual en el cual el régimen autocrático es desmontando al mismo tiempo que el régimen democrático es construido. Por ello, la segunda idea es que es difícil marcar el momento en el cual se inicia el paso de una autocracia a una democracia. La tercera idea está asociada con la imperfección: la transición implica que el régimen democrático no será instalado de manera pura, sino que, por el contrario, se irá construyendo sobre la base de instituciones autocráticas.

La gradualidad de la transición puede justificarse por dos causas. La primera está asociada a las condiciones políticas que impiden un cambio súbito de la autocracia a la democracia. La segunda se refiere al éxito del proceso: cambios súbitos suelen generar regímenes democráticos inestables. Como señala Popovic, el objetivo final no es sólo promover un cambio político, sino establecer un Gobierno democrático permanente.

¿Por qué se inicia una transición?

Acemoglu y Robinson, junto a otros autores, han concluido que los gobernantes autocráticos sólo deciden ceder el poder cuando calculan que luego del cambio podrán estar en una posición igual o mejor a la que tenían durante la autocracia.

Por ello, las transiciones están asociadas a cambios que afectan el poder que el régimen autocrático ejerce, lo que le lleva a aceptar cambios hacia un régimen democrático en la medida en que ese cambio pueda preservar sus propios derechos, tal y como North y otros han señalado. De allí surge el concepto de pacto, como el acuerdo que promueve la cooperación entre diversos actores políticos con intereses y posiciones disímiles, para organizar una transición beneficiosa para todas las partes.

Una ecuación matemática

Robert Dahl resumió todas estas ideas al señalar que la democratización comienza cuando se logra aumentar los costos de represión y disminuir los costos de tolerancia. Vamos a explicar en términos sencillos esa ecuación.

Un gobernante autocrático manda por el uso de la fuerza y de la coacción, y no por la legitimidad de elecciones libres y transparentes. Pero, por más poder que tenga, el gobernante necesita de personas que cumplan sus órdenes, como por ejemplo, funcionarios policiales y judiciales. Estos funcionarios –y las instituciones a las cuales pertenecen- son llamados “pilares de soporte”, pues ellos soportan al régimen autocrático. La base de tales pilares es, por ello, el deber de obediencia.

Por lo tanto, para iniciar la transición, lo primero que hay que hacer es minar esos pilares, para lo cual es preciso aumentar el costo de represión, o sea, el costo de los funcionarios del régimen autocrático de seguir apoyando medidas que consoliden el autoritarismo. Esto se logra, por ejemplo, con amenazas de sanciones, en especial, en el ámbito internacional.

Pero no basta con aumentar el costo de represión. Además, es necesario disminuir el costo de tolerancia. ¿Y eso qué significa? En términos sencillos, ello implica que es necesario promover que los funcionarios del régimen dictatorial sean aceptados e incluidos en el nuevo gobierno democrático. Ningún funcionario de la dictadura va a colaborar con el restablecimiento de la democracia si a cambio obtendrá la cárcel. Por el contrario, ese funcionario tendrá incentivos de colaborar si obtiene ciertos beneficios que garanticen sus derechos luego de la transición.

La justicia transicional

Ahora estamos en posición de explicar qué es la justicia transicional.

Retomemos lo antes señalado. Imaginemos una dictadura en la cual la sociedad civil ha logrado incrementar los costos de represión, pero, a la par, han aumentado los riesgos de penas y sanciones, o sea, han incrementado los costos de tolerancia. En ese escenario es difícil que se inicie un proceso de democratización, pues los funcionarios del régimen autocrático tenderán a no apoyar un cambio que podrá conducirlos directamente a la cárcel.

Precisamente, para evitar ello, existe la justicia transicional. Se trata de un mecanismo de justicia orientado a investigar crímenes cometidos por funcionarios de regímenes dictatoriales, a los fines de restaurar la dignidad de las víctimas y otorgar mecanismos de reparación efectivos, pero bajo beneficios penales a los funcionarios que decidan contribuir con el restablecimiento de la democracia. Esos funcionarios no serán objeto de penas privativas de libertad, o en su caso, serán objeto de sanciones atenuadas, precisamente, por su contribución a la transición democrática.

La justicia transicional es el término medio entre la amnistía y la justicia penal. Así, de la justicia penal toma la posibilidad de investigar crímenes cometidos para reparar a las víctimas y de la amnistía toma los beneficios penales. Sin embargo, mientras que la amnistía implica el olvido del delito cometido, la justicia transicional implica determinar la verdad de las violaciones cometidas por los funcionarios de la dictadura.

¿Por qué la justicia transicional implica beneficios penales? Ello se justifica para disminuir los costos de tolerancia. Así, un funcionario estará más dispuesto a colaborar con la transición si sabe que el nuevo régimen democrático no lo pondrá en la cárcel. Por ello, en la justicia transicional, la imposición de penas se sacrifica por un objetivo superior: asegurar la transición democracia estable y, con ello, la reconciliación.

¿Implica la justicia transicional impunidad? No. La impunidad supone que determinado crimen no será investigado. En la justicia transicional, los crímenes son investigados, las víctimas son reparadas y, eventualmente, los culpables tendrán alguna consecuencia, que no será, sin embargo, las penas privativas convencionales.

Pero no todos los crímenes pueden ser objeto de estas medidas. Graves crímenes de lesa humanidad –como los tipificados en el Estatuto de Roma– deberían tener un tratamiento distinto.

Con lo cual, en resumen, una Ley de Justicia Transicional podría ser parte de una estrategia mayor, a saber, para diseñar y promover un proceso de transición hacia la democracia en Venezuela. De allí la pertinencia de discutir este tema.

 

La transición en Venezuela es posible pero no estamos “condenados” a ella – TalCual – 3 de Julio 2018

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Durante la 74° Asamblea Anual de Fedecámaras, el analista de Políticas Públicas *Michael Penfold* se refirió a cómo una transición política en Venezuela es posible pero no ocurrirá por sí sola ni por la mera presión económica o internacional

Mientras Julio Borges dice que Venezuela está “condenada” a ser un país libre y que el cambio político es “inevitable” e incluso “inminente”, el analista Michael Penfold no se anda con rodeos y hasta se atreve a pinchar algunos globos a quien crea la retórica de que el cambio es inevitable, que el sistema “ya no aguanta”, que falta un empujoncito o que Maduro está caído pero él no se ha enterado.

Es la manera que tiene profesor del Centro de Políticas Públicas del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) de *alertar sobre los peligros de quedarse esperando a que tales escenarios simplemente lleguen, ocurran*. Así lo planteó un día después de que Borges afirmara que el gobierno va a colapsar y la oposición estará lista para entonces encabezar una transición.

Penfold, doctor en Políticas Públicas expuso, durante su participación en la asamblea anual 2018 de Fedecámaras, que pensar que la catástrofe económica barrerá con el gobierno es ingenuo, especialmente porque “los sistemas autoritarios no son tan vulnerables a los factores económicos y sociales como los sistemas democráticos”.

Insistió en que “la transición no es solo un problema de legitimidad sino de alternativas”. Por tanto, hay que construirlas. Por eso enfatizó que *para lograr el cambio político hace falta: 1) el quiebre de la coalición dominante, 2) ofrecer una alternativa creíble e incluyente, 3) motorizar el apoyo internacional y 4) reducir los costos de salidas.*

Pero nada de eso será posible si no se producen escenarios de encuentro entre todos quienes desean la llegada de esa transición. *“No hay forma de salir de esta crisis sin altísima cooperación política. Hay muchos factores compitiendo creyendo que van a dominar una transición. No podrán. Hay que cooperar para reinstitucionalizar al país. Solo así se podrá enfrentar la estabilización”*, apuntó el académico.

Penfold llamó a no desestimar al contrario. “El chavismo no es un pie de página de la historia”, soltó.

A partir de allí, puntualizó los factores que complican el quiebre del oficialismo: se trata de un régimen autoritario de carácter hegemónico, que tiene control político sobre la renta petrolera en un petroestado y ejerce control social de la acción ciudadana “mediante la salud, la vivienda y la comida”. Además, entra en juego la corrupción “que es tan grande que cualquier cambio pasa por abordarla inteligentemente”. Se refiere, claro, a los incentivos para quienes han hecho de la acción del Estado y los enriquecimientos a través de la economía negra un modus vivendi.

La construcción del cambio político pasa por tragar grueso. Entender que sin incentivos para el quiebre, o con costos de salida muy alto las oportunidades de que ocurra serán menores. A juicio de Penfold, al ser el actual un sistema hegemónico y no solo uno autoritario militar, lograr el quiebre de la coalición es más difícil.

Insistió el director de Strata Apoyo Empresarial que *la presión internacional es necesaria, pero pasa por la existencia de presión interna.* “Las sanciones pueden obligar a buscar una salida pero también incrementan los costos de salidas y suelen no ser muy eficaces en procesos de democratización”, añadió.

En eso coincidió con el diputado Miguel Pizarro, quien aprovechó su intervención en Fedecámaras para afirmar que *“afuera pueden presionar, ayudar, pero sí aquí adentro no hay fuerza, movilización, activación, reclamo, aquí no va a haber cambio”.* El parlamentario insistió además en que la clase política debe ser autocrítica: “Los políticos no estamos para ser analistas de la realidad sino para marcar caminos”.

De igual forma, Pizarro condenó que los partidos políticos “mantengan la discusión estúpida de cuál es mas grande en un país donde no pueden competir. Merecemos mejor politica y mejores políticos. Hemos sido sumamente ineficaces en la construcción de expectativas y hemos terminado construyendo frustraciones”, admitió.

Según Penfold, el abordaje de la crisis política debe ser multifactorial, con estrategias combinadas y “con algo de alquimia”.

Por eso insistió en que sin protesta social es imposible el cambio, pero solo con protestas tampoco; que la negociación por sí misma no genera el cambio, pero que es ilusorio pensar que sin negociación se puede llegar a ella; que es ingenuo pensar que el gobierno va a entregar solo por la vía electoral, pero sin la vía electoral también es imposible transitar el cambio.

Mientras tanto, la conflictividad social aumenta, sin guía, desperdigada, sin la tan mentada conducción política que se ha afirmado hace falta desde hace un lustro; dicho incluso por los propios dirigentes opositores que describen más que lideran.

Penfold añadió que “el país no está en paz. Hay tantos saqueos como el julio del año pasado. Las protestas han caído, pero en estos dos meses van subiendo. Hay días con más de 30 protestas sociales, fundamentalmente de temas reivindicativos y de servicios públicos”. Todo ello en un país donde la salida ya no necesariamente es por Maiquetía, como se decía hasta que la emigración la protagonizan los buses.

“Hace un año atrás la opción de irse era más atractiva porque con 12 salarios integrales ahorrados se podía viajar a Perú. Ahora hacen falta 240 salarios mínimos integrales. Entonces protestar es más atractivo”, puntualizó el experto.

 

Crisis, Transition in Venezuela por TalCual – Latin American Herald Tribune – 4 de Julio 2018

Overcoming the current difficulties the Opposition is going through, the reconstruction and relaunch of its unitary platform, and designing a route depending on the political change, are goals increasingly imperative to help Venezuela overcome the current calamities

Various institutions and social researchers at both national and international level have been analyzing the possible turns the Venezuelan crisis may take. There are a variety of options ranging from the possible rectification of the Government in its economic policies, a social upheaval, a military coup or a foreign intervention.

If the analysis of all possible scenarios is adopted as a methodology, it is understandable that the range of alternatives will offer all the imaginable variables, including the study of experiences of transitions from authoritarian or dictatorial regimes to democratic regimes; such investigations include a dedicated work that may serve as guidance to understand Venezuela’s own reality.

A quick look at these transitions that may have some similarities with the nation’s process, idiosyncrasy and history allows us to jump to the first important conclusions: each process presents original and unprecedented characteristics in relation to others, regardless of similar traits. Not all events evolve in line with the forecasts of a plan. The political leadership must have the flexibility to adapt to unforeseen situations and outline the conduct in accordance with such situations.

The change of regimes implies that the forces of renewal must lay the foundations for ensuring governance and stability of the democratic alternative and reconciliation which requires, not only as necessary but essential, the support of sectors and individualities that have differed and dissented from the political practice of the regime in spite of having supported it over certain periods.

The successful experiences from other countries in the region (Chile among others) have been characterized by incorporating elements such as those mentioned here. What’s more, some of those elements have already been present during the transition from dictatorial regimes to democratic governments in Venezuela’s own history.

The dogmas of faith, as well as the rigidity and inflexibility, have not been the formula that policy directions have selected to carry out the transition processes, on the contrary they have contradicted the indications of the pre-established recipes that some have tried to impose in the form of manuals.

The wealth of the social and political struggle always incorporates in its experiences innovative elements that cannot be dismissed, particularly a comprehensive vision of the current situation. Pompeyo Márquez, a late politician and founding member of Venezuela’s Movement toward Socialism (MAS) party, used to warn when discussing this kind of issues that “you have to leave something to life.”

The democratic, constitutional and peaceful strategy to challenge authoritarianism demands creativity and actions that avoid violence and evade the Government’s repressive action. This is easier said than done, because meeting these premises considering the nation’s permanent political behavior involves complexities that necessarily have to be assumed.

The situation of Venezuela requires the political leadership of the country to cope with the challenges of the present. The crisis is getting worse and the clock is ticking. These challenges cannot afford the slowness with which decisions are being made or the members of the opposition making up their minds on overcoming their existing differences. In the meantime, the Government remains wedded to the continuation of its policies to wreak havoc in all social sectors in the midst of the most serious crisis that contemporary Venezuela has gone through.

La enfermedad, el remedio y la ruta por Luis Ugalde S.J. – El Nacional – 15 de Junio 2018

 

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La situación es tan grave y la crisis se acelera tanto cada día que ya no se puede hablar con eufemismos y en susurros para que el enfermo no se alarme. Es necesario que civiles y militares hablemos y discutamos abiertamente sobre la necesaria y rápida intervención quirúrgica si no queremos que el enfermo se muera; es decir, que nos quedemos sin país. Proponer abiertamente las vías de solución no es delito, pero sí lo es ocultar con cinismo, disimular con el silencio y agravar con la inacción. La GRAN UNIDAD NACIONAL está constituida y crece con todos los que defienden que Maduro está deslegitimado por su desempeño (violación sistemática del art. 2 de la Constitución) y por la fraudulenta votación del 20M, que la dramática realidad humana económico-social no debe prolongarse y que es imprescindible el pronto restablecimiento de la Constitución democrática y elecciones libres. Esta es la unidad que el país reclama para salvar la vida del enfermo. Ante la dura realidad que nos oprime, hay que buscar la cirugía mayor para evitar la muerte y definir la ruta de salida y reconstrucción.

La realidad sin eufemismos :

1-Maduro el 20 de mayo no fue elegido democráticamente, sino que impuso dictatorialmente una votación para continuar hasta el 2025.

2-La actual realidad de muerte (con votaciones o sin ellas) es causada por la insensata política impuesta por el Gobierno que ha fracasado en todas las áreas. Frente a la tiranía, todos, civiles y militares, estamos obligados (art. 333) a actuar para restablecer la Constitución y los derechos humanos.

3- Esta tragedia humana tiene que ser el factor decisivo y más urgente para la unidad. Sería terrible que los demócratas no entendieran ni supieran comunicar que la respuesta es para hoy y no para empezarla a pensar dentro de 8 meses, luego de realizar procesos electorales que están bloqueados por la dictadura.

La ruta más razonable y democrática hacia la que todos unidos debemos empujar nacional e internacionalmente es:
A- Renuncia de Maduro y su gobierno, con salida negociada.
B- Gobierno de transición presidido por el Presidente de la legítima AN.
C- Junta de Gobierno civil con participación militar para de inmediato tomar las medidas de ayuda humanitaria, frenar la hiperinflación y establecer las condiciones y garantías jurídicas para la reactivación económica y la inversión. En la Junta debe haber una representación empresarial-trabajadora capaz de elaborar una propuesta económica-social productiva y generadora de trabajo e ingresos dignos, consciente de que si no trae solución para los pobres no la habrá para nadie.
D- Restablecimiento de la legalidad constitucional con separación de poderes, liberación de presos políticos, exiliados y perseguidos.
Habilitación de políticos y partidos arbitrariamente inhabilitados. Restauración de la plena libertad de expresión y de comunicación.
E- Eliminación de la dictatorial Asamblea Nacional Constituyente y nombramiento del nuevo CNE.
F- Preparación de las condiciones indispensables para la elección presidencial libre, democrática y transparente; que seguramente solo será posible dentro de nueve meses o más.

Renuncia y transición.

Todo este proceso empieza con la renuncia de Maduro (porque su régimen desde hace tiempo es tiránico y su reelección fraudulenta), con mucha urgencia y al menor costo político. El nuevo gobierno de transición necesita el mayor apoyo y unidad nacional e internacional; en primer lugar de la inmensa mayoría de los 30 millones que se animará, movilizará y organizará, si ve que por fin el cambio va en serio.

La transición requiere negociación, tanto para la salida de este gobierno como para la respuesta a la emergencia económico-social y la movilización para la reconstrucción.
Necesitamos nacer de nuevo, ciertamente los partidos pero también los empresarios, trabajadores, líderes espirituales, universidades, academias, gremios, vecinos, variadas organizaciones sociales…

El Frente Amplio Venezuela Libre es necesario como espacio de encuentro amplio, decidido, apasionado, con sentido de organización y urgencia para salvar la vida de este enfermo grave que es Venezuela; esa conciencia superará las diferencias y los graves errores y limitaciones políticas del pasado y del presente con una decidida voluntad ética capaz de vencer el cinismo y de dotar a la política de trascendencia para la reconstrucción moral del país.

Actores para la ruta. De los actores necesarios para este cambio, dos ya están:
1) El clamor creciente de millones de venezolanos, de familias, de instituciones y de empresas que agonizan. Ahora hace falta movilización y organización con visión política unitaria.
2) La claridad de las instituciones y gobiernos democráticos internacionales sobre la dictadura venezolana, tragedia humanitaria y democratización.
Pero los otros dos factores están todavía rezagados:
1) La unidad del liderazgo nacional lista para actuar y liberar al país de esta tragedia socioeconómica y dictadura política.
2) La Fuerza Armada decidida a restablecer y defender la Constitución y los derechos humanos violados. La prisión política de cerca de 200 militares, sin respeto a sus derechos humanos, revela que a la tiranía le queda la represión como último recurso y que la FA quiere cambio.

Seguramente otros tienen propuestas y rutas mejores, pero no existen mientras no se presenten públicamente. Sirva esta de provocación para la discusión y acción.

 

 

Asamblea de Venezuela evade responsabilidad y se niega a iniciar transición por Orlando Avendaño – Panampost – 8 de Mayo 2018

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“La actitud deleznable de la Asamblea Nacional, al dejar solo al Tribunal Supremo, cuyos miembros están el exilio y los familiares de estos perseguidos, demuestra plenamente que Venezuela es un Estado fallido”

Asamblea de Venezuela evade responsabilidad y se niega a iniciar transición. (Twitter)
El pasado 3 de mayo el Tribunal Supremo de Justicia en el exilio acordó la continuación del proceso de juicio contra el dictador Nicolás Maduro —esto implicó su suspensión de la presidencia— y exhortó a la Asamblea Nacional a hacer lo propio para suplir la ausencia en el Palacio de Miraflores. Es decir, iniciar la transición que muchas voces han exigido.

Ahora los diputados han respondido con un documento con el que pretenden evadir su responsabilidad por completo.

“Finalmente, en fecha 9 de enero de 2017 esta Asamblea Nacional, entre otros aspectos, acordó: primero. Declarar que Nicolás Maduro, invocando el cargo de presidente de la República, ha incurrido en acciones y omisiones que sitúan su desempeño al margen del diseño y funciones constitucionales“, se lee en el texto.

“Segundo. Declarar, en consecuencia, y de conformidad con los artículos 232 y 233 de la Constitución, que Nicolás Maduro Moros ha abandonado su cargo (…) Como puede observarse en lo antes expuesto, la aplicación del artículo 233 constitucional ya fue efectuada por esta Asamblea Nacional al decidir que Nicolás Maduro abandonó su cargo”, continúa el secretario del Parlamento, Negal Morales, en el documento.

Luego aseguran que la Asamblea está comprometida con los esfuerzos para que se “restituya el hilo democrático“. Dicen que respetan “la separación de poderes”; y reiteran que la declaración del abandono de cargo, en enero de 2017, fue un acto “público, notorio y comunicacional”.

El 3 de mayo, exactamente, el legítimo Tribunal Supremo de Justicia en el exilio ordenó la continuidad del proceso contra el dictador y planteó en un comunicado que transmitió a la directiva de la Asamblea Nacional: “En consecuencia (…) se exhorta a la Asamblea Nacional a iniciar el procedimiento que permita la transición constitucional de la presidencia de la República, de conformidad con los artículos 233 y 234 de la Constitución”.

En los artículos citados, se dice: el 233, hace referencia a la falta absoluta y “cuando se produzca (…) el presidente electo o presidenta antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta (…) Mientras se elige y toma posesión el nuevo presidente o la nueva presidenta, se encargará de la presidencia de la República el presidente o presidenta de la Asamblea Nacional”.

También, en el artículo 233: “Si la falta absoluta del presidente o la presidenta se produce durante los primeros cuatro años, se procederá a una nueva elección universal (…)” y si se produce “durante los últimos dos años del período constitucional, el vicepresidente ejecutivo asumirá la presidencia”.

En síntesis, en el artículo 233, si bien se mencionan las razones por las cuales pudiera declararse el abandono de cargo, también se señala cuál es el procedimiento que se debe seguir. Es, por lo tanto, a lo que el Tribunal Supremo de Justicia en el exilio hace referencia cuando pide al Parlamento “permitir la transición constitucional” (este documento, pro cierto, el del legítimo Tribunal, fue reconocido por figuras internacionales tan importantes como el secretario general de la OEA).

Pero, frente a la legítima exigencia del Tribunal, el Parlamento ha tratado de excusarse con un proceso que, si bien sí se llevó a cabo, jamás se continuó. Cierto: en enero del año pasado se declaró el abandono de cargo de Maduro; pero a los días los diputados lo seguían llamando “presidente”.

Es claro que los miembros de la Asamblea Nacional no quieren impulsar la transición institucional en Venezuela. Justo antes de que se diera la votación hace unas semanas para aprobar la continuación del juicio contra Maduro, el medio Runrunes publicó un artículo en el que reveló la incomodidad que sienten los diputados con el proceso, con la transición y con el Tribunal Supremo de Justicia en el exilio. Por presiones de la opinión pública, cedieron.

El comunicado del secretario de la Asamblea generó gran indignación —así como en su momento las posturas de algunos diputados ante el antejuicio de mérito—. El consultor y columnista, Armando Martini, escribió en su cuenta de Twitter: “Asamblea Nacional, utilizando subterfugios leguleyos, defecó en mandato ciudadano del 16 de julio [cuando en el plebiscito más de siete millones de venezolanos apoyaron la transición]. Hoy, con truculencia jurídica depuso en la orden del TSJ legítimo, al negarse cumplir sentencia. Merecen el repudio de quienes luchan por la libertad y democracia”.

“No solo la tiranía. La actitud deleznable de la Asamblea Nacional, al dejar solo al Tribunal Supremo, cuyos miembros están el exilio y los familiares de estos perseguidos, demuestra plenamente que Venezuela es un Estado fallido y que por lo tanto necesita de una prótesis internacional”, dijo al respecto el filósofo Erik Del Bufalo.

En medio de esta coyuntura la denominada Fracción 16 de Julio de la Asamblea, integrada por diputados de diferentes partidos, hizo público un texto en el que expresa su apoyo al Tribunal Supremo de Justicia en el exilio y piden que se debata el “auto de proceder dictado” por los magistrados.

Algunos, como el diplomático y expresidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Diego Arria, criticaron que, luego del importante documento de los magistrados, se decidiera debatir este martes en la sesión ordinaria de la Asamblea sobre “la reconversión monetaria y su repercusión en la economía familiar”.

 

Un pacto de gobernabilidad por Alexander Guerrero E. – CEDICE – Abril 2018

Como Emparan el 19 de Abril por Luis Ugalde – RunRunes – 17 de Abril 2018

 

LuisUgaldexRobertoMata-4325-e1519499432509Sin condiciones democráticas no hay elecciones democráticas, sino votación dictatorial para legitimar y perpetuarse en el poder. El Gobierno sabe que 15 millones de venezolanos quieren salir de esta tragedia; salir de Maduro y del modelo que ha destrozado al país. Ellos quieren además elecciones libres, justas y transparentes.

El régimen, asustado por la derrota de 2015, impuso fraudulentamente una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) para tener un poder “supraconstitucional”, con él anular la Asamblea Nacional legítima y ejercer a su antojo los poderes judicial, ejecutivo, legislativo y electoral. Luego la ANC arrebató el triunfo de la gobernación del Zulia a Juan Pablo Guanipa porque este dignamente se negó a arrodillarse ante la ilegítima; a Andrés Velázquez le robaron la gobernación del Estado Bolívar falsificando actas y votos. Nadie puede ser tan ingenuo de pensar que ahora están dispuestos a entregar la Presidencia de la República en una votación q inventada por ellos para perpetuarse.

No hay condiciones democráticas con media docena de candidatos presidenciales rivales inhabilitados, partidos de la oposición anulados, árbitros comprados, un millón de votantes en el exilio impedidos; en fechas absurdas puestas a conveniencia para que la oposición no pueda organizarse, con una distancia ilegal de menos de 3 meses entre la convocatoria y la fecha de elección y con una coacción brutal con el carnet de la Patria y el hambre de la gente; y otra media docena de trampas inaceptables… Desde el Gobierno y descaradamente se ha proclamado que este régimen nunca entregará el poder y luego nos toma el pelo invitándonos a unas elecciones pulcras. No hay elecciones limpias con condiciones tan evidentemente tramposas y una ANC que decide en definitiva. Candidatos que anunciaron retirarse si no había condiciones democráticas, ahora juran que seguirán adelante sin condiciones…

Esta no es cualquier elección: estamos al final de un régimen que despertó mucho entusiasmo, pero ha ido quemando inmensas oportunidades, robando fortunas y arruinando todo hasta dejar a la población sin sistema de salud ni medicinas, sin seguridad, sin ingresos, sin producción, sin libertad y sin esperanza… Si logran que el 21 de mayo Venezuela y el mundo reconozcan el ya cocinado triunfo de Maduro, la trágica fuga de millones al exilio y el cierre de empresas se incrementarán. Los candidatos perdedores dirán que la oposición es la culpable de la trampa gubernamental y la ANC sacará de la manga una Constitución antidemocrática para perpetuarse, al estilo comunista.

19 de abril. Cuando el viejo orden entra en agonía irremediable, lo más inteligente y menos costoso para todos es seguir el ejemplo del capitán general Emparan el 19 de abril de 1810. Este Gobernador de Caracas cuando sintió que la gente lo rechazaba a gritos, dijo una frase memorable “Pues yo tampoco quiero mando”. Y se fue.

Si entonces la política de la Corte Española hubiera sido racional y sensata, ante la insostenibilidad del viejo imperio y la irremediable emancipación de sus colonias, hubiera organizado la transición sin echar un tiro, se hubiera ahorrado decenas de miles de muertos de ambos lados y preservado una futura relación ventajosa entre madre e hijas…

Lo que Venezuela vivió en su parto republicano entre 1810 y 1812 fue algo maravilloso: la transición a la Independencia con una muy sólida argumentación civil y democrática sobre el derecho de los pueblos a darse su propio gobierno y proclamarse independiente sin guerra. Si Madrid hubiera tenido visión, hubiéramos tenido una transición no traumática. Por el contrario, tuvimos la más larga (14) años y más sangrienta y destructiva guerra de todas las Américas y llegamos a 1825 con una Venezuela destruida, con las siembras abandonadas, la ganadería diezmada, la población desangrada y harapienta y la mayoría de sus líderes civiles muertos. La pesada deuda de guerra que duró un siglo, impidió una economía productiva y de paz y un sólido sistema educativo. Lo peor de todo, la guerra envenenó el alma venezolana sembrándola de caudillos, cada uno imponiendo su “república” con argumentos que salen de la punta de las lanzas y de los machetes. Triste, muy triste que después de la última batalla de 1902 amaneciera Venezuela en la misma pobreza que en 1825, sin democracia, sin ciudadanía y sin soberanía popular.

Nicolás Maduro, si quiere a Venezuela, renuncie como Emparan el 19 de abril y empecemos una novedosa transición civilizada. La votación del 20M no engaña a nadie, es un medio programado para perpetuar un gobierno y un modelo ruinosos. Maduro renuncie a la terrible destrucción de Venezuela y abra las puertas a la secuestrada esperanza. Su renuncia, antes y después del 20M, será esperanza de cambio y vida para millones y millones de desesperados.

 

¿Podrá renacer la república? por Víctor Maldonado – La Patilla – 12 de Marzo 2018

thumbnailVictorMaldonado.x43795.jpgLa república civil ha muerto. El socialismo del siglo XXI se ha convertido en un entramado de intereses que se entretejen hasta lograr asfixiar cualquier intento de libertad y derecho. Los efectos están a la vista en la represión, la primacía del socialismo policial, el racionamiento y la debacle de la dignidad humana usada como palanca para lograr la servidumbre de la nación. Pasamos a ser una ficción en la que todavía alucinan los resquicios de una oposición que prefirió ser contraparte estable y no ruptura definitiva.

Sin embargo, el colapso sigue su curso y no hay alternativa a la debacle del régimen. Se hundirá y en su síncope arrastrará consigo la orquestación colaboracionista, la complicidad de los mandos militares, los negociados que arruinaron al país y la fábula del bienestar socialista. Todos ellos formarán parte de un repudio inconsciente, de un esfuerzo para que nunca más caigamos en la felonía caudillesca que, por quedarse en el poder para siempre, es incluso capaz de entregar soberanía y recursos a otro país.

Algún día toda esta tragedia pasará y tocará a los supervivientes responder interrogantes y actuar en consecuencia. La primera de ellas no es retórica ni meramente legalista. Superado el socialismo ¿podemos restaurar la república invocando la misma constitución que la abrogó, o necesitamos una nueva constituyente? ¿Y si regresamos a la constitución de 1961? Ninguna de ellas nos saca del yugo de un estado fuerte, propietario indebido de los recursos del país, oferente de un conjunto de derechos que no se pueden cumplir, excesivamente centralista, negador de la aspiración federalista y excesivamente presidencialista. Esas constituciones restringen el libre mercado, recelan de los derechos de propiedad, delimitan el emprendimiento y colocan al gobernante en la posición de ser mejor que el resto de los venezolanos. Ellas pretenden un país rico cuando es lo contrario, y asumen como proyecto a seguir el capitalismo de estado, error de fatal arrogancia, que ahora nos tiene al borde de la quiebra, si no es que más allá de ella. Necesitamos una constitución nueva, en la que se pacten límites al gobierno, se replantee el rol de las FFAA, se garantice estabilidad económica y donde el populismo no sea la ideología oficial.

Y en la transición deseable, ¿cuál es la legalidad que se puede invocar? Se recibirá un país arruinado, violentado, devastado en los servicios públicos, sin instituciones confiables, y tomado por grupos de delincuencia organizada. ¿Cómo se puede garantizar la gobernabilidad de un régimen de transición? ¿Cómo se puede decidir con rapidez, eficacia y respetando los derechos de las gentes? Esto solo será viable con un gobierno de unidad nacional que permita presuponer los acuerdos necesarios para sacar al país del foso. No es un pacto para repartirse el poder sino para sacar adelante un proyecto de país estable y capaz de progresar. Probablemente haya que actuar en el marco de la sensatez para pasar del desgobierno a un gobierno que quiera y pueda resolver problemas hasta llegar a un mínimo aceptable: Seguridad creciente, estabilidad económica progresiva, y restablecimiento del estado de derecho. Hay que refundar el poder judicial, reconocer la autonomía del parlamento, derogar la legislación de la tiranía, y reactivar la economía privada mediante el establecimiento del libre mercado y el reconocimiento de los derechos de propiedad. Que no se nos olvide señalar el deber moral de decretar una amplia amnistía que libere a todos los presos políticos, los civiles y los militares, los que son de nuestro gusto y los que no lo son. No podemos transformar esa promesa en una nueva parodia.

Hay que decirlo. Se recibirá una tragedia humanitaria en lugar de un país con posibilidades. Habrá que atender la urgencia y sentar las bases de una recuperación estable. Solo una economía de mercado permitirá reencontrarnos con el sendero que lleva al progreso. Empresas, producción y empleos son el triángulo dorado de la prosperidad. Y mientras más rápido se decida, más rápida será la recuperación.

En muchos aspectos habrá que comenzar de cero. El daño institucional es mayor. El abandono de la función de gobierno y su sustitución por el diletantismo ideológico y la lógica mafiosa hacen que muchas entidades luzcan inservibles. Ese va a ser el desafío a la hora de restablecer el orden público, porque los cuerpos policiales tendrán que ser revaluados integralmente. El indicador de éxito será la derrota de la impunidad y el abandono de la política de raseros múltiples aplicado por la revolución. No se puede obviar el esfuerzo pedagógico para evitar que haya un retroceso fatal. Tiene que instrumentarse una “comisión de la verdad” y mecanismos de justicia transicional que acompañen el esfuerzo de rescatar la decencia y la probidad. Ojalá que la pedagogía política intentada permita determinar quiénes son los enemigos de Venezuela, de su libertad, democracia, independencia, soberanía, dignidad y justicia, para denunciarlos y apartarlos definitivamente. El continente tiene mucho que aprender con nuestra experiencia.

Una fiscalía independiente, nombrada a título temporal, deberá garantizar el debido proceso y la vigencia de los derechos humanos. La firmeza en el combate a la delincuencia no puede llevarse por delante el derecho a la vida y la preeminencia de la justicia. Este tipo de designaciones implica nuevos aprendizajes institucionales. No se trata de intentar negociar cuotas partidistas. Se trata de intentar consensos sobre personas cuyo mandato sea provisto de independencia y autonomía institucional.

Otro proyecto urgente es “la descubanización” de las FFAA y los sistemas de registro público e identidad. Terminada la fatal intervención castro-comunista las instituciones deberán volver a su espacio natural de servicio público. El militarismo empresarial tiene que concluir. El control de información sensible por parte de los cubanos tiene que eliminarse. Y probablemente se deba hacer otro registro de identidad, para superar la malversación de cédulas y pasaportes.

Respecto al capitalismo de estado hay que ser realistas. ¿Podemos financiar un gobierno que tiene más de quinientas empresas quebradas y más de 2,7 millones de empleados públicos? Este socialismo acabó con esa ilusión. La nacionalización de activos productivos que comenzó hace cuarenta años terminó en esta ruina que ahora experimentamos. PDVSA es la mejor representación de lo que nunca más debe ocurrir.

Hay que intentar rescatar los recursos saqueados. Esa tarea debe comenzarse de inmediato y no cesar hasta que tengan perfectamente mapeados donde están y quien los tiene indebidamente. Esos recursos son necesarios para reconstruir la infraestructura del país y recomponer la economía. Identificar a los saqueadores, neutralizarlos y llevarlos a juicio tiene que convertirse en parte del esfuerzo de restaurar la soberanía nacional. Pero no podremos hacerlo solos. Necesitamos cooperación internacional para que se haga justicia y también para evitar que esta tragedia se repita.

Rescatar a Venezuela va a requerir de un gran apoyo continental. Nuestro país ha sido entregado de facto a intereses geopolíticos que nada tienen que ver con la democracia y la libertad. Sacarnos del trance exige, por lo tanto, de un esfuerzo sostenido para librar a américa latina de los peligros del terrorismo, la delincuencia organizada en mafias, la penetración del comunismo en alianza con los integrismos, y por supuesto, la guerrilla transformada en negocio trasnacional.

Son muchos los desafíos de la primera etapa. Todos parecen urgentes. Todos forman parte de un acertijo que si no se resuelve apropiadamente va a terminar por condenarnos a ser un crónico país fallido. Por eso es tan importante tener las metas claras y a la mano los acuerdos mínimos para darle viabilidad a nuestro futuro. La transición será menos turbulenta si nos hemos paseado por el desafío de recomponer un país cuando ha sido arruinado, violentado, saqueado y tomado por fuerzas e intereses hostiles. Y cuando las instituciones esenciales han traicionado a la patria. Por eso es por lo que solo tiene sentido una unidad de propósitos, que piense en términos del fin que aspiramos y los medios para conseguirla.

Por último, debemos preocuparnos por la estabilidad. “Soy Venezuela” ha propuesto su proyecto “Venezuela tierra de gracia” en la que visualiza un país donde rigen diez consensos esenciales. Todos ellos van en la dirección de deponer la tradición de los gobiernos que dicen ser fuertes pero que son pasto de los personalismos y el faccionalismo que al final trae como consecuencia una nueva temporada de inestabilidad. Hay que apostar a las instituciones, la vigencia del derecho, y, sobre todo, aprender a vivir con gobiernos limitados pero eficaces, no patrimonialistas, y por eso mismo, inhabilitados para aplastar nuestra libertad. El gobierno no puede seguir siendo visto como un botín, sino como una oportunidad para proveer de libertades y prosperidad a los venezolanos. La no reelección es por eso, el principio de cualquier cambio institucional que nos propongamos.

¿Podrá renacer la república? Sin duda, pero solos no podemos. En su momento requeriremos de todo el apoyo posible para refundarla. Y de toda la coherencia y determinación que podamos aportar. Lo demás vendrá por añadidura.

 

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