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El reto 2020 por José Ignacio Guédez – La Patilla – 2 de Enero 2020

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El mayor reto que tenemos los venezolanos este 2020 es romper el conjuro cubano o profecía comunista que en nuestro caso pudiera rezar más o menos así: “…Y destruirán la moneda hasta dejarla sin ningún uso práctico, tu patrimonio perderá casi todo su valor y tendrás que pagar las cosas en dólares a precios más caros que en el primer mundo. Pero llamarás a eso dolarización y recuperación económica… Y crearán una policía de exterminio para la persecución política y el control social. Pero llamarás a eso seguridad… Y no habrá energía eléctrica ni suministro de gasolina. Pero no te quejarás porque ambas eran regaladas… Y no habrá estado de derecho, ni separación de poderes, ni justicia independiente, ni elecciones libres. Pero ya se te habrá olvidado qué es la democracia… Y la producción nacional no existirá, pero podrás traer todo de afuera puerta a puerta… Y recibirás remesas, pero de lavapocetas que no estarán a la altura de tu recién descubierta felicidad… Y los presos políticos seguirán aumentando por cientos, pero ya no te importará… Y criticarás a los que todavía luchan, porque te recordarán a ti cuando luchabas”.

El terreno donde se libra esta batalla es la mente y se trata de un factor meramente psicológico que puede sellar para siempre el destino del país. Son veinte años ya de resistencia democrática contra una tiranía que ha pasado por diferentes fases pero que siempre ha pretendido el totalitarismo y que ahora se encuentra en su etapa más perversa, la de un narcoestado dominado por mafias del crimen organizado internacional. Llamar las cosas por su nombre es el último bastión de resistencia. En menos de un año se pasó de hablar de crisis humanitaria a discutir sobre una presunta burbuja económica que, aunque no es tal, logró cambiar el léxico del debate. Hablar de burbuja económica cuando el 90% de la población no cuenta con suministro constante ni de luz, ni de gas, ni de gasolina, es tan contradictorio que raya en el ridiculo, pero no olvidemos que esta batalla se libra es en la mente y nada tiene que ver con la realidad objetiva de las cosas. Tal como lo describió Orwell en su obra 1984, los absolutismos no descansan hasta vencer a la verdad y sustituirla por la mentira oficial. En Venezuela estamos en presencia de una operación de “neolengua orwelliana” para intentar lograr el sometimiento final. Poco a poco se van borrando del diccionario palabras como libertad, producción, derechos humanos y civiles, seguridad jurídica, libertad de expresión, justicia, legalidad, crecimiento, constitución y trabajo; al tiempo que se reconoce como lujo vivir la vida bajo el tóxico arrullo de una planta eléctrica o tener acceso a gasolina bachaqueada.

Hace doce años cuando en verdad había burbuja económica producto del boom de los precios del petróleo y la gente sacaba carros del concesionario a crédito y viajaba por el mundo con Cadivi, hubo un estallido social por el cierre de un solo medio de comunicación (RCTV), lográndose luego derrotar la pretendida reforma constitucional de Chávez. Luchábamos por nuestra libertad, la que no se puede comprar en un bodegón. Por cierto, esa generación que surgió en esta circunstancia, sigue luchando hoy. Ese es el espíritu que debemos rescatar este 2020, estemos donde estemos, comenzando por el lenguaje, por los principio y por nuestras convicciones. El antídoto contra este conjuro es la verdad y la resistencia del lenguaje.
¡Abajo la narcotiranía que tiene al país a oscuras y sin gasolina!
No puede haber ni habrá mejoría con Maduro. Pongámosle fin a esta tragedia.

 S.O.S. por Ramón Peña – La Patilla – 24 de Noviembre 2019

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Desde el pasado mes de septiembre los medios noticiosos se concentran en la agitación social, casi telúrica, que ha sacudido a Perú, Ecuador, Chile, Bolivia y, ahora, a Colombia. Eventos todos, sin duda, de importancia para la opinión pública mundial.

Entretanto, sin ser noticia porque ya no es novedosa, se profundiza incesante la tragedia social de Venezuela. Ojalá esto no signifique que el padecimiento de la inmensa mayoría de los venezolanos, dentro y fuera de su propio territorio, comience a configurar un hecho que los medios y la opinion mundial den por descontado. Los eventos reportados en los países vecinos son en buena medida de naturaleza coyuntural. Lo que acontece en Venezuela ya es estructural.

Como indicador de la tragedia venezolana basta una mirada a cualquier rubro social del país. Tomemos la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calificado la condición sanitaria del país como “emergencia humanitaria compleja”. Esta semana reporta la reaparición de fiebre amarilla en el Estado Bolívar, temiendo que pueda esparcirse como ha ocurrido con la malaria, la difteria y el sarampión. La Organización Panamericana de la Salud enumera 32 mil casos de malaria y decenas de muertes en 2019. La OMS registra “una caída brutal de la vacunación infantil”, en el caso de fiebre amarilla solo cubre a 37% de los niños. Las autoridades sanitarias, para ocultarlo, descaradamente no emitien boletines epidemiológicos. Esta semana, se exhibieron decenas de zapatos de niños como testimonios desgarradores de sus muertes por precariedad de los hospitales infantiles. Médicos y enfermeras en todo el país denuncian salarios de hambre. Miles de médicos y paramédicos continúan emigrando al mundo entero. Jubilados con pensiones miserables carecen de seguros de salud… Entretanto, millones de dólares son dedicados a fortalecer las fuerzas militares que sostienen al régimen.

Si permitimos que la tragedia venezolana perdure y envejezca, cada día será menos noticiosa.

 

La tragedia venezolana parece un asunto genético por Gustavo Coronel – Blog Las Armas de Coronel – 24 de Septiembre 2018

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El ADN es la sigla  internacional del ácido desoxirribonucleico, el cual se encuentra en el núcleo de las células y es el principal constituyente del material genético de los seres. Determina un buena porción de lo que somos y como somos.  Hay características de la personalidad individual o colectiva que son genéticas, otras que son culturales. Aunque pensar así sea políticamente incorrecto sospecho que pueden existir características de origen genético en la región latinoamericana que nos estén haciendo difícil (¿imposible?)  la solución de la tragedia venezolana.

¿Cuál es la esencia de la tragedia venezolana? ¿Es acaso el hambre que los venezolanos están sufriendo?  ¿Es la falta de dinero? ¿Es la incapacidad para viajar?   ¿Es la masa de venezolanos que abandona el país en avión, en barco, en canoas, en buses o a pie? La región está empeñada en ver estas carencias como el problema a vencer cuando en realidad – ellos son los efectos y síntomas del verdadero problema. Aunque muchos de estos esfuerzos son muy bien intencionados y hasta dignos de elogio, están dispersando las fuerzas necesarias para hacer lo que hay que hacer, eliminar la raíz de la tragedia.

Y así vemos que están surgiendo los centros para recibir a los venezolanos que huyen. Están creándose centros de ayuda humanitaria para enviar ayuda a los venezolanos. En las Naciones Unidas, la Unión Europea, en el Vaticano se clama por el diálogo, por la comprensión entre los venezolanos. En Venezuela algunos “demócratas” como Henri Falcón y José Luis Rodríguez Zapatero se ponen de acuerdo para pedir diálogo y negociación con el narco-régimen. Estos “demócratas” latinoamericanos rechazan la intervención del narco-Régimen, a pesar de que intervenir al régimen es esencialmente igual a la intervención que un buen ciudadano ejercería para ayudar a una mujer que está siendo asesinada por un sádico  a la vista de todos.

Esta actitud de ir a lo secundario en lugar de ir a lo primario es a veces honesta pero otras veces interesada o producto de la cobardía. En la medida en la cual los esfuerzos de la región latinoamericana se centren en atender a los efectos y no a la causa, en tratar de bajar la fiebre en lugar de eliminar el cáncer, en esa misma medida estaremos oxigenando al narco-régimen, permitiendo que el cáncer gane terreno.

En la región existe una tendencia a crear respuestas a los problemas secundarios derivados del problema primario venezolano,  pero no existe una acción decidida para eliminar la verdadera causa, la verdadera raíz del problema, que es la existencia de un régimen ladrón, lavador de dinero, narcotraficante, inepto y rapaz en Venezuela, integrado por grupos de semi-analfabetas y hampones que han saqueado al país. Es a la eliminación de este narco-régimen a lo cual debería dedicarse la región, con mucho más ahínco que a aliviar los síntomas de la grave enfermedad.

Esta actitud de los latinoamericanos parecería ser parcialmente genética. Por eso es que la región acepta tragedias como la venezolana en relativo silencio, en apego a mitos como el de la no-intervención, mitos que han llegado a ser simples excusas para disfrazar la cobardía, la mezquindad y la indiferencia. En la OEA coexisten dos principios: el de la no intervención y el que exige aplicar la Carta Democrática Interamericana a los gobiernos que la violen. Hasta ahora, el primero de los principios mantiene asfixiado al segundo porque es más cómodo, porque deja hacer a los bandidos, porque el resentimiento hacia los Estados Unidos por su conducta del pasado pesa más que las exigencias que les imponen la dignidad y del honor. Este sesgo perverso ha consagrado en la región un prostituido ejercicio de la política y de la diplomacia que nos da nauseas.

Una región sin alma está condenada a la eterna mediocridad.

 

 

Venezuela leída como tragedia por Fernando Mires – Blog Polis – 27 de Agosto 2017

39768fernandomires1640x360No sin suma preocupación le leído el artículo de hoy domingo 27 de agosto escrito por Mario Vargas Llosa con relación a Venezuela. Su título: Venezuela, hoy. Se trata de un texto muy pesimista. Venezuela, a juicio del escritor, vive una tragedia sin salida. Lo dicho es, por cierto, una redundancia.
Desde Ésquilo, Euripides y Sófocles no existen tragedias con salida. En las comedias de Aristófanes sucedían también tragedias pero no eran trágicas porque su final -el final es lo que determina si una obra pertenece al género de la tragedia o no- no era trágico. De tal modo cuando Vargas Llosa – quien ha escrito novelas trágicas y otras no tanto- opina que en la Venezuela de hoy ya no vale la pena votar porque el régimen nunca realizará elecciones libres y a la vez no propone ninguna alternativa, quiere decir, lisa y llanamente, que él está leyendo la reciente historia de Venezuela como una tragedia.
Claro está, Vargas Llosa no pica en los anzuelos abstencionistas, ni sueña con una intervención extranjera o con un general mágico que nadie sabe donde está. Incluso, desde el punto de una lógica deductivista, Vargas Llosa tiene razón. El problema es que la historia – y este es el detalle que pasa por alto- no se deja regir por la lógica deductivista.
Aplicando la lógica deductivista nadie puede negar que el régimen de Maduro es tramposo. Desde abril de 2013 cuando le fueron robadas las elecciones presidenciales a Capriles, el régimen no ha parado de hacer trampas. Todos sabemos que si la oposición ha logrado ganar elecciones a la dictadura, ha sido a pesar de esas trampas. Eso también lo sabe Vargas Llosa. Seguramente también sabe que en todos los regímenes dictatoriales, la oposición, a sabiendas de que les van a ser robadas las elecciones –está en la naturaleza de cada dictadura robarlas- ha puesto en la primera línea de sus reivindicaciones las elecciones libres y secretas.
Para que se entienda mejor lo expuesto voy a contar una historia. Voy a contar esa historia que comenzó en la RDA un día 7 de junio de 1989. Ese día tuvieron lugar las elecciones comunales destinadas a consagrar una nueva victoria del Frente Nacional formado por el partido del régimen (SDE) y otros partidos filiales (al estilo del Polo Patriótico con respecto al PSUV.)
Las elecciones estaban desde un comienzo viciadas. Prácticamente no había candidatos de oposición. Solo se podía votar SÍ o NO. Pero si alguien votaba NO y a la vez no anulaba a todos los candidatos de la larga lista uno por uno, el voto valía como SÍ.
Como suele ocurrir, la oposición al régimen se dividió en dos fracciones. Una llamaba abiertamente a no votar. La otra llamó a votar NO. La primera, afirmaba que votar era legitimar a la dictadura comunista. La segunda fracción aducía que no se podía estar a favor de las elecciones libres y al mismo tiempo no participar en elecciones, por muy sucias que estas fueran.
La segunda fracción, la no-abstencionista, no solo fue a las elecciones. Además organizó grupos destinados a llevar recuento mesa por mesa.
Las elecciones estuvieron plagadas de irregularidades. En cada cabina, por ejemplo, había un representante de la dictadura cuya función era escribir el nombre y la dirección de cada votante.
Como era de esperarse, las elecciones comunales fueron ganadas por el gobierno con amplia mayoría. No así según la oposición. Reunida en diferentes iglesias evangélicas cotejó los resultados oficiales con los que ella había anotado en los lugares de votación. Gracias a esos recuentos, llegó a la convicción de que el régimen había cometido un fraude monstruoso (algo parecido al de las elecciones por la constituyente en Venezuela.)
La oposición denunció el fraude a diversas organizaciones internacionales. En vano. De acuerdo a la doctrina de la no-injerencia en los asuntos internos de estados extranjeros, la oposición de la RDA no contó ni siquiera con el apoyo de los partidos democráticos de Alemania Occidental. Recuerdo incluso que el gran escritor Günter Grass propagaba en ese entonces (estoy hablando de apenas unos meses antes del derribamiento del muro) que había que resignarse frente a la realidad de una Alemania políticamente diferente y convivir con ella en los términos más normales posibles.
Grass, al igual que Vargas Llosa con respecto a Venezuela, leía la historia de la DDR como una tragedia. Esa historia había llegado a su final, la DDR sería comunista durante mucho tiempo y no había más alternativa que aceptar los hechos. Los disidentes estaban abandonados a su suerte.
El fraude de junio fue, sin embargo, el punto de partida de la rebelión nacional que culminaría en noviembre de 1989. El 7 de julio, justo un mes después, la oposición realizó una demostración en Berlín-Este contra el fraude electoral. Los manifestantes fueron violentamente apaleados. La brutalidad de la dictadura desató una ola de solidaridad con la oposición. Instintivamente muchos entendían que “algo” estaba cambiando desde que el ex estalinista Gorbachov puso en práctica su Perestroika. Fue esa la razón por la cual durante todo el resto del año 1989 la oposición no dejó de denunciar, todos los 7 de cada mes, el fraude electoral de junio. Esa denuncia sería el eje en torno al cual lograron articularse las demostraciones de los lunes en diferentes ciudades de la DDR, especialmente en Leipzig y Dresden. Entre esa denuncia y la caída del muro hay una relación cronológica y política a la vez.
Naturalmente la denuncia del fraude en las elecciones de junio no determinó la caída de la dictadura. Pero si la oposición no hubiese participado en esos comicios no podría haber alegado fraude. Y fue precisamente esa denuncia el hecho significante que impulsó a las grandes demostraciones de masas. Cabe agregar que en esos días de junio y no en noviembre, con la caída del muro, los disidentes levantaron la consigna “nosotros somos el pueblo” en contraste con la afirmación oficial de que “el pueblo” había ganado las elecciones. ¿Se entiende? La consigna central fue “elecciones libres”. No “abajo el muro” ni mucho menos “Honecker, vete ya”
Desde el punto de vista de una razón puramente deductivista no tiene sentido participar en las elecciones regionales venezolanas pues, para muchos, el fraude está cantado de antemano. Pero desde el punto de la lógica política, siempre imprevisible, la razón deductivista está destinada a fracasar.
Por cierto, con honestidad Vargas Llosa afirma que él “quisiera estar equivocado”. Con la misma honestidad, quienes estamos a favor de la participación electoral afirmamos que “quisiéramos no estar equivocados”. Cada decisión política es una apuesta al futuro.
Pues, al fin y al cabo, los demócratas de la RDA, al perder en fraudulentas elecciones, ganaron.

 

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