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Víctimas de torturas en Venezuela aumentaron 500% en los primeros nueve meses de 2019

Provea señaló que la Dgcim y el Cicpc encabezan la lista de dependencias que refleja el ascenso del terrorismo de Estado en el país

Dgcim

En los primeros 9 meses de 2019 se registró un aumento de 508% en los casos de víctimas de torturas en Venezuela por parte de los organismos de seguridad del Estado.

El  Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos reveló la cifra en un informe sobre las violaciones de derechos humanos registradas entre enero y septiembre de este año.

La Dirección General de Contrainteligencia Militar y el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas encabezan la lista de dependencias que refleja el ascenso del terrorismo de Estado en Venezuela.

Los casos ocurridos hasta los momentos superan sustancialmente los registrados en 2018, cuando el programa reportó un total de 109 personas afectadas por torturas.

En los primeros 9 meses de 2019 se denunciaron 34 casos de torturas, que incluyeron 554 víctimas individualizadas.

Es el registro más alto documentado por Provea en 31 años de monitoreo del derecho a la integridad personal en el país, señaló el informe.

El número pudiera ser mayor

Provea, no obstante, presume que el número de agraviados pudiera superar la cifra que maneja debido a factores como la opacidad oficial, las dificultades para el monitoreo y el temor para denunciar.

Señaló la ONG que 98,55% (546) de las víctimas individualizadas fueron hombres, y 0,90% (5) mujeres. En el restante 0,54% (3) de los aquejados no pudo identificarse el género.

Provea precisó que las edades de las víctimas oscilaron entre los 18 y los 50 años de edad.

Agregó que la mayoría de las lesiones infligidas a estas personas consistieron en golpes, culatazos, descargas eléctricas, crucifixión, patadas e insultos.

Del total de las víctimas reportadas entre enero y septiembre, 408 fueron privados de libertad por delitos comunes, 124 militares detenidos por supuesta conspiración contra Nicolás Maduro y 22 civiles detenidos por razones políticas.

La tortura en Venezuela se convirtió en una práctica generalizada y sistemática que se comete a diario en la mayoría de las cárceles y centros de detención, denunció Provea.

Aseguró que el régimen de Maduro institucionalizó la tortura y ahora forma parte del repertorio represivo que emplean las autoridades.

La organización también expuso que la violencia institucional es empleada en comunidades pobres y cárceles del país como un mecanismo de control social.

Víctimas de torturas en Venezuela
Infografía: Provea

“Maduro aplica la tortura sistemática y ejemplarizante para sembrar el miedo” por Ana Alonso – El Independiente – 1 de Noviembre 2019

La abogada defensora de Derechos Humanos asegura que Cuba está implicada en el plan de represión que se aplica en Venezuela

Tamara Sujú

Tamara Sujú, abogada defensora de Derechos Humanos y directora ejecutiva de Casla Institute. E.I.

Exiliada desde julio de 2014, Tamara Sujú es una de las activistas de Derechos Humanos más combativa contra el régimen de Nicolás Maduro. Sujú lleva las causas de numerosos presos torturados y en su labor de abogada defensora de las víctimas ha escuchado testimonios escalofriantes. Cada uno de ellos se le ha quedado grabado.

Como el caso de un joven que le contó cómo le violaron, y a quien vio como si fuera uno de sus hijos. O, más recientemente, el calvario del capitán Acosta, quien compareció moribundo ante el tribunal que no le pudo juzgar porque falleció una hora después. Tamara Sujú lleva su causa.

 

Su objetivo es que los líderes chavistas, encabezados por Nicolás Maduro, sean juzgados ante el Tribunal Penal Internacional. «La justicia internacional es la única esperanza de las víctimas en Venezuela», explica Tamara Sujú, a quien el gobierno español concedió la nacionalidad española en octubre de 2018 por carta de naturaleza aduciendo sus vínculos familiares con nuestro país y por razones especiales.

Sujú está preparando un informe que presentará en diciembre sobre las torturas del régimen chavista. Ha reunido testimonios que prueban la implicación de Cuba en las torturas y en la formación de los servicios de Inteligencia bolivarianos.

España se ha convertido en el oasis de los familiares de los represores en Venezuela. ¿Por qué no se van a disfrutar del paraíso que han creado ellos?

La justicia internacional, asegura Sujú, es una «amenaza real» porque la Justicia avanza, pase lo que pase. «Las víctimas ven que el día de mañana esa persona que cometió el crimen que él padeció se sentará en el banquillo».

A juicio de esta abogada y activista de Derechos Humanos, las sanciones han sido magníficas. «Quien quiera negociar con Estados Unidos, no puede hacerlo con estos criminales. Hasta Cubana de Aviación ha retirado su ruta. Esas sanciones personales han sido extraordinarias. Han tenido que salir de Estados Unidos esposas, hijos, amantes… España también se ha convertido en el oasis de los familiares de los represores en Venezuela. ¿Por qué no se van a disfrutar de ese paraíso que han creado ellos? La Unión Europea debe hacer mucho más. Tendría que cercar el espacio a los familiares de los criminales».

Mantiene que la UE sabe perfectamente quiénes están en sus países y qué crímenes han cometido. Reclama que la UE aplique sanciones a las familias de todos aquellos que estén implicados en la represión y en el crimen. «España podría hacer más. Debe hacer más. Saben quiénes está aquí disfrutando de la estabilidad y la seguridad de España. Aquí tienen todo para sobrevivir a costa del dolor de los venezolanos. Yo les mandaría de regreso a Venezuela».

En el objetivo chavista

Desde 2005 Tamara Sujú estaba amenazada por el régimen chavista. Acusaban a Sujú de traición por criticar al gobierno desde las instancias internacionales. Por su labor al frente de dos ONG que siguen activas en Venezuela, Fundación Nueva Conciencia Nacional y Damas de Blanco de Venezuela, la denunciaron por conspiración.

Desde estas ONG formaban a líderes juveniles en activismo de derechos humanos. Hacían marchas, denunciaban ante la Fiscalía abusos, y recopilaban testimonios de torturas.

En 2014, cuando hubo grandes protestas contra el heredero de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, el régimen puso en su punto de mira a los abogados. Decían que eran partícipes de la desestabilización y les acusaban de complicidad por defender a los manifestantes. En junio Tamara Sujú fue interrogada en el Helicoide durante más de seis horas. «Entonces decidí irme del país», relata.

«Entendí que la siguiente vez me detendrían o me impedirían salir del país. Decidí irme del país porque mi trabajo era la denuncia internacional y no me arrepiento. No habría podido hacer lo que hago él de haber seguido dentro. Los he acusado a todos, con caras, con nombres y apellidos, he dicho quiénes son los criminales y cómo inducen los crímenes de lesa humanidad», señala Tamara Sujú, directora ejecutiva de Casla Institute.

Un mentor llamado Vaclav Havel

Siete años antes de decidir exiliarse, en 2007, Tamara Sujú, que ya trabajaba en la defensa de presos políticos, había conocido a Vaclav Havel, el escritor y activista checo defensor de los Derechos Humanos que fue presidente de la República Checa entre 1993 y 2003.

«Havel ya estaba preocupado por lo que pasaba en Venezuela en 2007. Veía que Venezuela podía terminar como los países del Este de Europa que quedaron envueltos en el comunismo», recuerda Sujú, quien remarca cómo la Historia ha dado la razón a Havel. «Hoy somos un país rico en manos de un usurpador arrodillado al castrismo».

Havel veía ya en 2007 que Venezuela podía terminar como los países del Este de Europa que quedaron envueltos en el comunismo

Desde aquel encuentro revelador Vaclav Havel invitaba a Tamara Sujú al Foro 2000, un foro por la democracia global que organizaba anualmente. En 2010 la abogada venezolana defendió a unos estudiantes en huelga de hambre y Havel le mostró su preocupación por su caso. Vaclav Havel ofreció asilo a Tamara Sujú.

«Entonces no me pasaba por la cabeza el exilio. No estaba preparada. Pero me dijo algo que no se me olvida: ‘Los activistas de derechos humanos hemos de diferenciar esa raya amarilla que nos separa de la cárcel, de la muerte o de la libertad’. Y añadió el presidente: ‘Usted no es útil presa. Usted es útil libre’. Mi raya amarilla fue el Helicoide, donde están los presos políticos venezolanos. Recogí mis cosas y me fui en 15 días».

La República Checa fue su base de operaciones durante unos años, pero llegó un momento en que no se sentía segura. La embajada venezolana había organizado su seguimiento. En la última etapa Tamara Sujú fue embajadora del presidente encargado Juan Guaidó durante unos meses pero lo dejó «por conflicto de intereses» por su trabajo con la Justicia.

«No me puedo sentar a conversar con quienes tienen las manos manchadas de sangre. La Justicia ha de ir por la acera de enfrente de la política. En mí confían las víctimas. Me han dado sus testimonios y tienen esperanza», apunta la activista. «No podía estar en los dos lados».

Esperanza en la Justicia internacional

Asegura que todos los dirigentes chavistas saben que han cometido crímenes de lesa humanidad. «Quien induce, oculta, y no acciona, es tan culpable como el que ejecuta, según la ley venezolana y lo que establece el Estatuto de Roma. Lo saben todos, Maduro, Cabello, Padrino, el alto mando militar lo sabe, los ministros de Maduro lo saben. Los miles de venezolanos que han sido víctimas de la represión sistemática del régimen siguen luchando para conseguir justicia. Sin justicia no hay paz y así pasa en El Salvador», remarca.

La vía, insiste la abogada, es la Justicia internacional, porque «la justicia venezolana está podrida desde la raíces. El 95% de los jueces son provisionales. Los van cambiando. Los fiscales, igual. Son herramienta de persecución. Hay que reformar todo el sistema de justicia (tribunales, fiscalía, Supremo, defensoría) para que haya independencia verdadera. Creo en la justicia internacional, y en el trabajo en la Corte Penal Internacional. Iremos de crimen en crimen pidiendo justicia».

La Corte Penal Internacional no tiene lapsos procesales, según el Estatuto de Roma. Ha de haber certeza de que hubo crímenes de lesa humanidad. Son crímenes inducidos de forma sistemática para causar dolor, represión y muerte en la población.

Hay que demostrar que hubo un plan político de destrucción sistemática de una población. En el caso de Venezuela se abrió un examen preliminar por asesinato, detenciones arbitrarias, tortura y violencia sexual en las torturas.

Torturas espeluznantes

«Hemos demostrado en nuestra denuncia que desde 2002 se han creado cárceles para torturar, se han remodelado cárceles para torturar, han creado centros clandestinos para torturar. Han formado a policías de inteligencia para torturar, no es algo aleatorio, es algo inducido. Desde 2014 los cientos y cientos de torturas ejecutadas contra manifestantes tenía el objetivo de paralizar a la población a través del terror. Cuando torturan a un joven, hacen que la familia, los vecinos, los amigos, queden paralizados por miedo», relata Sujú.

Más recientemente son los militares quienes están en la mirilla del régimen chavista. Al asesinar a un militar por torturas, como fue el caso del capitán Acosta, Maduro lanza un mensaje dirigido a los más de 200 militares encarcelados. Sujú lleva el caso del capitán Acosta, que le conmovió profundamente.

El capitán Acosta fue torturado de forma terrible durante seis días. Cuando compareció estaba moribundo. Le arrojaron agua con ácido en las heridas tras torturarlo

«Me impactó por la maldad. En las torturas hay combos: golpes, patadas, les dan con la culeta de las armas, los arrodillan durante mucho tiempo, los bañan con agua fría… Ese era el patrón. Pero también hay torturas especializadas, como en el caso del capitán. Durante seis días el capitán Acosta fue tan terriblemente torturado que cuando compareció ante el tribunal iba moribundo. Murió a la hora con síntomas de torturas. Cuando terminaban de torturarle le echaban agua con ácido para que le ardieran las heridas», relata Sujú.

En la memoria de la abogada hay cientos de testimonios espeluznantes. «Recuerdo a uno de mis defendidos a quien mostraban imágenes de su perro desmembrado mientras le torturaban. También sé de esposas o las hijas torturadas para presionar al preso. O los meten huecos en los dedos de los pies para que la electricidad les corra por los nervios. Así los revientan. He escuchado a víctimas a quienes colocan en rieles de caucho, colgados con los brazos hacia atrás, y allí les golpean, les aplican electricidad durante días. Recurren a la asfixia con bolsas con agua y luego los reviven con electricidad. O los ponen drogas en las heridas. Los torturadores descansan, los torturados no».

Practican también torturas sexuales, según los relatos recogidos por Sujú son el 90% de los casos. «Son sádicos. Les violan con las culatas de las armas, por ejemplo, especialmente a los militares para humillarles».

Otra modalidad es la tortura psicológica, como la Tumba (cinco pisos bajo tierra en el Sebin). Pasan meses en celdas mínimas, con luz artificial, sin comunicarse con nadie. Recuerda cómo Lorent Saleh decía que dormía sin saber cuánto tiempo había dormido. La desorientación vuelve loco al detenido. Hay neveras donde meten a las víctimas desnudas durante varios días. «En Venezuela la tortura ha sido planificada para doblegar a las personas».

Maduro ha ido haciendo torturas ejemplarizantes. «Así fue el caso de la juez Afiuni, encarcelada, torturada y violada. O médicos a los que destroza los dedos para que ya no pueden ejercer. El régimen de Maduro practica la tortura con el fin de paralizar a la población con el terror, el miedo, a través de crímenes de lesa humanidad», resume la abogada.

En los últimos tiempos he reunido testimonios sobre la intervención de los cubanos en este plan y la formación de la Inteligencia venezolana por parte de Cuba

Lo último que de lo que tiene pruebas Tamara Sujú apunta a Cuba. «En los últimos tiempos he reunido testimonios sobre la intervención de los cubanos en este plan y la formación de la inteligencia venezolana por parte de Cuba», afirma. En diciembre presenta un informe con estas revelaciones.

«Ahora la tortura va a por los militares y aquellos que pueden estar organizando la resistencia. También van a por sus familias. Saben dónde compran, dónde estudian sus niños… Han infiltrado los grupos de resistencia y han convertido la Fuerza Armada Nacional en espía de sus propios compañeros de armas. Venezuela es ahora una sociedad de delatores, igual que en Cuba», explica la activista.

Recuerda la película La vida de los otros, ahora que se cumplen los 30 años de la caída del Muro.

Héroes supervivientes

Tamara Sujú sigue escuchando a todo aquel que tiene pruebas de torturas y de abusos. «Han torturado, han asesinado bajo torturas, han realizado ejecuciones extrajudiciales. Perdonar no puede perdonarse. No pueden seguir en política. Sería una sinvergüenzura. Son criminales, narcoterroristas y corruptos. Y no es menor la corrupción porque deriva en hambruna y en el exilio de millones de venezolanos».

Infatigable, expone sus más recientes preocupaciones: «Cuando se preguntan qué le pasa a los venezolanos… Lo que nos pasa es que tenemos a los cubanos, a los rusos, a los iraníes, metidos en la Inteligencia y educando para avanzar en la represión. En Nicaragua ha habido torturas espantosas. Mi preocupación es que el patrón del narcochavismo está siendo exportado. Nos preocupa la ramificación. La esperanza de Venezuela es que los países democráticos se fortalezcan, no que se destruyan. Si secuestras a países democráticos, y destruyes sus instituciones ¿qué nos espera en América Latina?».

Elogia a los venezolanos que siguen dentro del país, a quienes considera auténticos héroes. «Los niños con cáncer que salen a protestar, los profesores que van a las clases sin zapatos, los médicos que protestan porque se les mueren los pacientes, los jóvenes que salen a las calles, son héroes sobrevivientes. Por eso hay que seguir trabajando. La fuerza que me mantiene para no parar es eso. No me puedo permitir un momento libre cuando allá sigue habiendo gente valiente dando la batalla».

Voices from Inside Sebin – Caracas Chronicles – 17 de octubre 2019

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“The Bolivarian Intelligence Service is a monster that takes away the freedom from your body and soul,” is the first we hear from a former prisoner, whose identity remains hidden in SEBIN, the documentary researched and produced by 14 Lawyers. In it, the NGO that protects the right of defense, scrutinizes the repressive dynamics behind Sebin: the dissolvement of the rule of law, poorly trained and easily manipulated officers forging evidence, the intitutionalization of torture and the lack of autonomy in the judicial system.

The team of 14 Lawyers—an NGO based in Bilbao that protects and fights for the independence of the most exposed and vulnerable lawyers— first set foot in Venezuela after the 2017 protests, which resulted in 4,848 political arrests. “Our first visit was focused on talking to defense attorneys. We interviewed 15 people, and every attorney who had been involved in a political trial reported threats, persecution and harassment from Sebin officials,” says Ignacio Rodríguez, director of 14 Lawyers. “We realized how Sebin was a fundamental piece of the Venezuelan regime to persecute and contain civil organizations.”

Sebin was created in 2009 as the premier intelligence agency in Venezuela but, since 2013, it became an internal security force subordinated to the Vice-Presidency, currently occupied by Delcy Rodríguez. It’s a division aimed at “detecting and neutralizing internal and external actors that threaten national security” and has been described as the political police force of the Bolivarian government to persecute dissidents. Former prisoners of this force insistently describe arbitrary detentions, intimidation, physical violence and torture. “Testimonies are consistent, so we conclude this is state policy,” says Rodríguez.

For the five-part documentary, 14 Lawyers interviewed 40 people—human rights activists, lawyers, former Sebin officers and prisoners—most of them with hidden identities due to the precautionary measures dictated by Venezuelan courts prohibiting them to publicly talk about their case. “Testimonies were hard to hear, but the most difficult interview was with a former Sebin officer, who acknowledged and talked with incredible ease about forged evidence. She didn’t understand the magnitude and consequences of her actions,” recalls Rodríguez after explaining the long and detailed process behind the interviews and the importance of corroborating testimonies.

The former Sebin officer’s testimony confirms how often intelligence bodies forge evidence, plant weapons, money and fingerprints, and present made-up witnesses. Such is the case of Raúl López, La Tumba’s first prisoner. He was detained during a demonstration, but when officers saw his ID, they presented him as Leopoldo López’s brother and made up communications between him and opposition leaders. He was detained for two months under gruesome conditions.

Alonso Medina Roa, director of  the Coalition of Human Rights and Democracy, sustains how torture has been implemented systematically as part of the detention process. In Caracas, El Helicoide, La Tumba and Ramo Verde are the most notorious political prisons, but there’s a multitude of satellite centers, scattered and hidden inside the city, destined specifically for torture. Interviewees describe practices like waterboarding, electric shocks, asphyxia, beatings, mock executions, deep cuts, cigarette burns and sexual abuse.

While detention centers like La Tumba apply total isolation, white surroundings, 9° temperature, bright lights at all times and 24 hour surveillance; punishment areas inside El Helicoide like El Tigrito, Guántanamo and La Pecera are minuscule spaces without ventilation or running water, where common and political prisoners have to endure overcrowding, extreme heat and police brutality. “Political prisoners suffer grave abuses even though they usually have NGOs, lawyers and public opinion on their side. Common prisoners are exposed to ill treatment because they don’t have proper representation. Officers feel free to show their most sadistic side with them,” says Andrea González, former Sebin prisoner.

Meanwhile, arbitrary arrests, abuses and torture can’t be denounced to prosecutors. Medina Roa explains how the judicial system is subordinated to the intelligence divisions and judges get their posts for ideological reasons rather than academic ones. “Attorneys are also exposed to a lot of violence while they try to defend political prisoners. The team was impressed, on our first visit in cities like Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, San Carlos, to see how threats, intimidation and physical violence were normalized among Venezuelan lawyers trying to do their jobs.”

Even though 14 Lawyers has documented harassment, provided lawyers with technology so they can work safely, assisted attorneys in strategic litigation, and pressured governments that violate the freedom and independence of lawyers (like China, Turkey, Iraq, Iran, Afghanistan, Nicaragua, Mexico and Colombia) Rodríguez says that Venezuela’s most distinguishable trait is how public Sebin’s practices have become: “They don’t want to hide what they do. They’re comfortable with how they’re seen.”

El secuestro, tortura y calcinamiento de un sueño por Gustavo Tovar-Arroyo y Leopoldo Lopez – El Nacional – 22 de Octubre 2019

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Prólogo de un nombre y de una lápida fría

Sé lo que significa perder -asesinado- a un compañero de lucha o a un amigo, sé también la indignación que se siente cuando esa pérdida ocurrió a manos de una tiranía criminal. Conozco ese sufrimiento bien porque tenemos varias cruces alojadas fatalmente en el cementerio, lápidas blancas y frías con un nombre rotulado entre dos fatídicas fechas, un nombre que simboliza una piel, una mano, un abrazo que más nunca lograremos sentir.

A ese nombre solo podremos hallarlo a través de una piedra inerte sembrada en la tierra. Sé lo que significa ese inconsolable dolor y por eso he decidido cederle la palabra a Leopoldo López. Su afectado pero inspirador mensaje tras la muerte política a manos de la tiranía de su copartidario Edmundo “Pipo” Rada es una bengala que anuncia una nueva etapa en la lucha de la libertad. Ojalá sea la definitiva. Eso dependerá de cada uno de nosotros.

Aquí su voz y nuestro eco.

El secuestro, la tortura y el calcinamiento de un sueño

Con mucho sentimiento, con mucha frustración, mucho dolor, hoy quiero mandarles este mensaje. Se trata del secuestro, la tortura, el ajusticiamiento y luego el calcinamiento de nuestro hermano Edmundo Rada, Pipo, como lo conocíamos todos nosotros. Pipo, concejal de Petare, petareño de pura cepa, un hombre dedicado a la lucha social; una persona que desde todo punto de vista era eso que nosotros decíamos: “Para ser un líder político, primero hay que ser un líder social”, y Pipo era un líder social que asumió la política para transformar la realidad de su barrio, de su Petare, de su ciudad y de su país, Venezuela. Pipo siempre estuvo desde el inicio, desde que fundamos Voluntad Popular, en la primera fila de la lucha, en la vanguardia, asumiendo todos los riesgos en los momentos difíciles; pero también toda la solidaridad, todo el amor, todo el cariño que tiene que tener un líder en estos momentos que está viviendo Venezuela.

Yo no tengo ninguna duda hermanas, hermanos, que este asesinato de Pipo está políticamente motivado. Los indicios así lo afirman. Y es otra expresión más de la crueldad de la dictadura que hoy está en el poder en Venezuela y que nosotros tenemos la responsabilidad, la obligación de despojar del poder. Tenemos la obligación por la memoria de los que han fallecido y por el dolor y el sufrimiento de quienes todavía padecen en tierra venezolana y en tierra extranjera las consecuencias de la dictadura.

El camino hacia la mejor Venezuela

Nosotros, hermanas, hermanos, en este momento estamos ante una coyuntura: o abandonar la lucha, o seguir la lucha con más firmeza. Yo entiendo, hermanas, hermanos, que una noticia como esta nos pone a todos a reflexionar si vale la pena o no vale la pena la lucha; si vale la pena o no vale la pena arriesgarse; si vale la pena o no vale la pena estar en la vanguardia; y yo les digo hermanas, hermanos, claro que vale la pena.

Estoy seguro de que Pipo estando en el cielo, compartiendo con Dios Nuestro Señor, en estos momentos está apoyando esta posición de seguir en la lucha hermanas, hermanos, de seguir adelante. De hacer lo que nos corresponda para despojar la dictadura del poder, para construir la libertad, para construir el camino hacia la mejor Venezuela y que no va a ser un camino fácil, no lo ha sido hasta ahora, ni lo será. Pero requerirá lo mejor de nosotros, la mayor dedicación de nosotros, la mayor seriedad de parte nuestra, el mayor compromiso entre nosotros mismos, la mayor solidaridad con nosotros, nuestros equipos, con la gente que sufre, y los venezolanos que hoy están siendo objeto de una desgracia creada por la dictadura. Y nos corresponde a nosotros, hermanas, hermanos, seguir en esta lucha.

Nosotros no podemos abandonar a nuestro pueblo, abandonar a los millones de venezolanos que tienen fe en que esto va a cambiar, que tienen la convicción de que podemos y tenemos que transitar hacia la libertad y hacia la mejor Venezuela.

Los riesgos de la libertad

Somos conscientes de que hay riesgos, pero también somos conscientes de que no asumir los riesgos significa estar perdidos y enterrados en una dictadura que tarde o temprano irá por todos nosotros, que tarde o temprano buscará cerrar todas las puertas de la libertad, del progreso y el bienestar para los venezolanos. Y nos corresponde a nosotros resistir y avanzar, hoy más que nunca, resistir y avanzar.

Hoy escuché el mensaje de nuestro presidente Juan Guaidó, un mensaje claro, valiente, directo, asumiendo la responsabilidad que él tiene en estos momentos. Asume la responsabilidad de dar la cara y de liderar; bueno, hermanas, hermanos, nosotros tenemos que estar allí para acompañar, para apoyar y para que cada uno de nosotros sea la cara de la lucha en el barrio, en el caserío, en la ciudad, en el municipio y en toda Venezuela. Que esta muerte trágica de Pipo nos inspire, que esta muerte trágica de Pipo nos mantenga en la lucha, que esta muerte nos lleve a nosotros a saber que tenemos que seguir adelante.

Yo entiendo, hermanas, hermanos, que esta es una circunstancia que puede generar temor, que puede generar duda, que puede generar incluso que algunos piensen en apartarse de esta lucha por pensar que no vale la pena. Pero yo les pido de todo corazón, hermanas, hermanos, se los pido, que nosotros entendamos que nos corresponde resistir y avanzar, y seguir, y que nunca, nunca olvidemos que esta lucha que estamos dando, que este sacrificio que hemos puesto en el altar de la libertad, se lo debemos a la gente que sufre.

Una bengala en la larga noche chavista

El presidente Guaidó ha planteado y yo quiero apoyarlo al mil por ciento, que tenemos que organizar nuevamente una fase de lucha, de protesta, en la calle para hacer sentir la necesidad del cambio en Venezuela, de salir de la dictadura, de despojar a los delincuentes asesinos que hoy están controlando las fibras del poder para enriquecerse, para su propio beneficio y por la desgracia de los venezolanos que hoy están sufriendo las consecuencias con hambre, con enfermedades, con éxodo y con sufrimiento.

Sigamos adelante hermanas, hermanos, que Dios tenga en la gloria a Pipo, y que nosotros honremos su ejemplo, que nosotros honremos con nuestra dedicación, con nuestra entrega, el sacrificio de quienes han pasado por la dificultad de la persecución, de la cárcel, del exilio, de la tortura y también de la muerte. Nos corresponde hermanas, hermanos, estar en sintonía con el dolor de nuestro pueblo. No es posible pretender liderar un país en sufrimiento si no estamos dispuestos a sufrir; tenemos nosotros que estar dispuestos a sacrificar lo que sea necesario para lograr la libertad de nuestra patria, que significa abrir la puerta para el bienestar y la superación de la pobreza, del hambre, del sufrimiento, de la miseria y de la enfermedad que hoy tiene nuestro pueblo.

Llenos de fuerza y de fe

Sigamos adelante hermanas, hermanos, llenos de fuerza, llenos de fe; atendamos los llamados de nuestro presidente Juan Guaidó, organicemos a nuestros equipos, entendamos que esta lucha es en serio, como siempre lo ha sido y salgamos a apoyar en todos los espacios, todas las luchas, todas las acciones, todas las protestas a favor de la libertad y de la democracia en Venezuela.

Que Dios tenga a Pipo en la gloria, que Dios bendiga a Voluntad Popular, que Dios bendiga a todas las mujeres y hombres que están dispuestos a estar en la vanguardia como ha estado hasta el día de hoy nuestro hermano Pipo y que sigamos adelante por Venezuela, por una Venezuela libre…

(Hasta aquí la fuerza de un discurso y la fe en la libertad de Leopoldo López)

Ya sabemos que la tiranía está intentando asesinar doblemente a Pipo. En los próximos días iniciará una infame campaña de desprestigio contra Edmundo Rada. Dirán todo de él. No tienen piedad. Ni asesinado de una manera tan despiadada y vil tendrá paz. Me equivoco, sí la tendrá, nosotros se la daremos cuando logremos la libertad.

SEBIN – 14Lawyers – Octubre 2019

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«LEALES SIEMPRE, TRAIDORES NUNCA»

Esta frase repetida por Nicolás Maduro en los actos oficiales ha cobrado un sentido diferente para 14Lawyers. Va mucho más allá de una proclama de adhesión a unas ideas.

Venezuela atraviesa una honda crisis económica y social, muy difícil de revertir. Y un retroceso democrático inaceptable. Con esta situación de país, el descontento de la población es enorme y las voces críticas y contestatarias son imparables. El Gobierno es consciente de ello, y utiliza la servicios de inteligencia (SEBIN) y contrainteligencia militar (DGCIM) para “neutralizar” a los desleales, es decir, a los disidentes.

Enlace para el sitio web con videos sobre Montajes, Torturas y complicidad de jueces aplicados por esta policia represiva:

https://www.sebin.site/es/

El SEBIN, el servicio bolivariano de inteligencia, adscrito a la Vicepresidencia de la República, ha creado un sistema que le ha permitido controlar la acción penal, tener bajo cuerda a jueces y fiscales, institucionalizar impunemente la tortura, la arbitrariedad policial y la violación permanente de los derechos más elementales.

Esta investigación nace de otra investigación previa. Nuestra organización, 14Lawyers, estaba registrando y documentando los casos de persecución y hostigamiento que sufrían los abogados defensores de derechos humanos en Venezuela. Abogados que habían sido golpeados, secuestrados, torturados, tiroteados, amenazados o acosados, por enfrentarse al sistema judicial de su país. Detrás de estas acciones represivas siempre estaban “los colectivos” (grupos paramilitares leales y a sueldo del Gobierno) y el SEBIN. El SEBIN siempre era citado en todas las entrevistas. Pero, ¿quién era el SEBIN? Nunca habíamos oído hablar de ellos, y apenas había información sobre él.

Desde entonces, esta investigación ha sido desarrollada a lo largo de un año, hemos recogido más de 40 testimonios en ciudades como Caracas, Maracaibo, Maracay, Barquisimeto, San Carlos o Valencia. De los primeros testimonios de abogados defensores de derechos humanos, pasamos a entrevistarnos con profesores universitarios, presos, torturados, familiares de presos, activistas, militares, ex jueces, funcionarios del SEBIN y ciudadanos de a pie. Todos ellos tienen una cosa común; en algún momento manifestaron su desacuerdo con las decisiones del Gobierno de su país.

No se ha contando con el testimonio de ningún líder político.

Lorent Saleh: “Es muy duro ver a un funcionario que tortura y llora al mismo tiempo” por Sebastiana Barraez – Punto de Corte – 12 de Octubre 2019

(II parte) Entrevista exclusiva para PuntodeCorte.com

Es impresionante la cantidad de gente que lo cree un personaje violento y terrorista. Durante las horas que estuvo frente a mí, vi a un chico que ha vivido a prisa, muy a prisa. Es capaz de hablar de sus errores, con la misma facilidad que reconoce su llanto. Lorent Enrique Gómez Saleh no oculta la atracción que sintió por la violencia, pero también agrega “ya pasé por eso y no es la mejor vía”. Hoy ve el mundo distinto. No se puede permitir ser un aventurero. Es papá.

Tiene una sonrisa a veces tímida, otras nerviosa, como un tic. Confiesa que desde niño fue muy sensible. De adolescente descubrió que la protesta era una vía para impedir cosas o para presionar a que se realizaran, como lo hizo en San Cristóbal cuando iban a cortar los árboles o contra el maltrato animal.

Dice que la suya es una generación marcada por hechos cómo el golpe de Abril 2002, la imágenes de Puente Llaguno, el asesinato de los hermanos Fadoul, las acciones violentas de Joao De Gouveia en Plaza Altamira, las mujeres tiradas contra el piso en Carabobo y aquellos sacados de los campos petroleros. “En la Universidad lo ocurrido con el cierre de Radio Caracas Televisión fue un interruptor”.

Reconoce que el drama del preso político es que no sabe cuándo va a salir, “si por una negociación, porque invadieron o no sales nunca”. Confiesa que en las últimas semanas, antes de salir, había llegado a tener tanta paz que se sentía libre. “Eso prendió mis alarmas, porque me veía en el espejo de quienes tenían más tiempo que yo”.

Hay tres personas que Lorent Saleh considera “claves para entender el aparato represor y terrorista del régimen venezolano: Ortega Díaz, Rodríguez Torres y Gabriela Ramírez”, a quienes les pide contar la verdad.

Relata que, a finales del 2011, tuvo la huelga de hambre en la OEA, donde lograron la libertad de 11 presos políticos. “Todo eso se da en el marco de una negociación con Tarek El Aissami, entonces ministro de Interior y Justicia, quién se presentó a hablar conmigo en la huelga enviado por Hugo Chávez, según dijo”.

¿Cuál es el momento en el que ha sentido más miedo?

(silencio muy largo) Una vez cuando me secuestró el hampa común y fue una de las razones por las que decido estar más tiempo afuera. Fue horrible lo que vi en ese secuestro, porque todo era impredecible. Sentí miedo profundo. También una vez que estaba en La Tumba y me subieron a la planta baja para tomarme una foto. Sentí mucho miedo porque sentí extraña la superficie, quería regresar a mi celda. Después del motín liberan a todos los compañeros y aplican un castigo muy fuerte, me tocó estar ahí solo; estaba muy enfermo, también sentí miedo y ese miedo lo he sentido porque es como el riesgo de mimetizarte con eso, porque he visto hombres a quien se lo traga esto, los ves de pie, pero, sin luz, y esa posibilidad de rendición es la que quizás me ha hecho sentir más miedo.

¿Algún carcelero le dejó marca emocional?

¡!Wao!! Un coronel que venía después de Gustavo López, era muy cruel, se llama Juvenal. Cuando matan a Robert Serra, yo tenía unas pocas semanas en La Tumba, donde ese primer proceso era rudo, así como el sonido de la llave venía de por allá, abriendo las puertas plumplum, haciéndote temblar. Estás ahí aislado en esa mi… tan chiquitica, pero se sintió como una tensión que arropó a ese lugar. Me sacan de mí celda y dicen: “asesinaron a Robert Serra, maldito. ¿Qué tuviste que ver?”. Esa presión y ese interrogatorio que me montaron fue muy duro, llegué muy asustado a mí celda. Ese coronel fue muy cruel, cruel, cruel.

¿Sintió alguna vez que lo quebraron? ¿Estar dispuesto a decir lo que ellos querían oír?

(enfático) Jamás. Prefería cortarme ahí mismo, me les mato aquí hiju… pero eso no lo iban a lograr. La fiscal Katherine Harrington bajaba a eso. Yo temblando. Y ella  ¿Quieres que le baje al frío? Di esto y esto y estoDi que Ledezma tal y que Leopoldo tal cosa, me decía ella. Yo aguantaba. Una vez estaba muy flaco, pesaba como 40 y algo y muy enfermo, el pelo rapado; mi mamá venía a visitarme. Imagínese la escena, en una celda, no sabía ni la hora, ni el día, secándote los ojos, tratando de verte bien, porque sabes que tú mama está sufriendo. Me sacan a una sala con unos espejos, y las cámaras grabando todo; del otro lado mi mama tratando de entrar lo mejor posible a verme, pero cuando me ve así de mal, se pone a llorar, y yo también. Le afectaba la falta de solidaridad de tanta gente; había más presidentes en el mundo pronunciándose que los diputados de la Asamblea Nacional.

Lloraban juntos.

Sí, estábamos llorando simultáneamente. De repente mi mamá se para y golpea la mesa, y me dice: “aguante, no j.., aguante que yo parí un varón. De ésta salimos, no nos van a derrotar”. ¡Imagine cuando tú mamá te dice eso! Ya había pasado por tantas cosas, un montón de veces detenido, una mamá y una familia que nunca sintió vergüenza, ni me cuestionó la lucha, creo que fueron un plus que me dieron herramientas para mantenerme ahí fuerte. Si traicionaba a alguien o algo, si renunciaba y creía que por lo que luchábamos no está bien, ahí sí iba a perder el tiempo en prisión, pero lo único que me daba fuerza era saber que era lo correcto y que me tuvieron que buscar en Colombia y meterme ahí, porque no estaba dispuesto a callarme, sino a seguir luchando.

¿Cuénteme cómo fue ese hecho con Tareck El Aissami?

Aunque los partidos políticos siempre trataban de infiltrar las huelgas para poder controlarlas, yo enviaba todos los días los exámenes de sangre para que se dieran cuenta que no estaba comiendo; esa huelga duró 21 días. Una madrugada Tareck me escribe preguntándome qué es lo que realmente queremos. Le respondo que le den libertad a un número de personas presas y que venga la comisión de Derechos Humanos. Él insiste en que queremos tumbar al Gobierno. Le respondo que de qué sirve cambiar a Hugo Chávez si va a seguir el problema de la contaminación del agua, de los hospitales. Empezamos a debatir. Le dije que a mí no me viniera con el cuento del antiimperialismo porque mi familia es palestina; yo soy gocho palestino, le dije. Me negué a ir a su oficina. Sabía que sí me levantaba iba a perder la poca fuerza que tenía y queríamos esperar por José Miguel Insulza. Cuando me están sacando la sangre, y viene llegando Globovisión, me desmayé. Supongo que en el gobierno se prendieron las alarmas y Tareck me dice «vamos a reunirnos». Le digo: «Venga usted». Así se montó una operación para que nadie lo viera, porque él no quería. Solo una señora lo vio desde un edificio y le gritó «Tareck te amo». Y la periodista Mariana Reyes que lo agarra cuando él va saliendo escondido.

¿Qué pasó en esa conversación entre ustedes?

Le enseñé cada caso. Le menciono a Alejandro Peña Esclusa, me responde que es innegociable; con los hermanos Guevara (Otoniel y Rolando), dice que es punto de honor para la revolución igual que Iván Simonovis y Mazuco. Él tenía un teléfono comunicándose con Miraflores; pero se logró que salieran Otto Gebauer, Felipe Rodríguez, Silvio Mérida, Freddy Curupe, Biaggio Pirelli. Un sector enfrentado a Tareck desde la ULA, monta otra huelga y por eso no salen los policías metropolitanos.

¿Cuénteme cómo fue lo de la foto frente a Miraflores?

Estábamos denunciando la situación de las cárceles. Nos vamos para un evento en Los Próceres y le llego a Maduro que era canciller y lo pongo a hablar con los familiares de los presos. Hablé con Héctor Rodríguez, pero despreció a la gente, la mayoría chavistas. Anuncian ahí que Chávez viene a Venezuela, porque ya estaba lo de su enfermedad, por lo que le digo a los muchachos que vayamos y le reclamamos a Chávez. Llegamos hasta frente al balcón. Agarramos los afiches de Chávez que nos entregaban y por detrás escribíamos “respeten los derechos humanos”. Esa fue una época en que estábamos desafiando al régimen y demostrar que podíamos llegarles. Sabía que al acabarse la transmisión vienen por mí. La hija de Chávez, María Virginia, es la primera en reconocerme, por lo que apenas termina la cadena me les logro escapar.

¿Qué pasó?

Llegué a la Defensoría en la torre Latino. Esa noche nos vamos para Puente Llaguno, donde tenemos un choque con La Piedrita. De ahí en adelante, ellos no llegaban a la Torre del Latino y nosotros no íbamos a Puente Llaguno. Al otro día era el gran desfile en Los Próceres, por el Bicentenario, con asistencia de presidentes de todo el mundo y había temor que lo saboteáramos, y sí queríamos hacerlo denunciando la violación de los derechos humanos. Rodearon con el Cicpc y el Sebin todo el lugar donde estábamos. El director de la Policía Nacional me dijo que la orden era neutralizarme si salía de ahí. Niñadas de uno. Me les escapo por atrás en moto, llego a Los Próceres, tomo una foto y la envío diciendo “aquí los estoy esperando” y me regreso a la torre Latino. Como a unos de los muchachos los agarran en la esquina de El Universal, me voy hasta allá caminando, pero una camioneta me golpea y salen unos comandos a golpearme. Me montan en la camioneta y me lanzo, me vuelven a agarrar y me llevan al SEBIN; me dan una paliza y me suben al piso 10 u 11, cerca de una ventana. Abro la ventana y amenazo con lanzarme sino liberan a los compañeros que detuvieron, lo que finalmente hacen, Luego me llevaron al Helicoide. Cuando se fue la última misión diplomática del país me soltaron en la Avenida Victoria. Ahí estaba el CICPC extorsionando a una licorería y después me iban a j.. porque los vi. El SEBIN tuvo que regresar a rescatarme y dejarme más cerquita de donde estaba mi familia Eso fue a finales del 2011. En esas semanas fue lo de Mario Silva.

¿Qué pasó con Mario Silva?

Estando en la Torre Latino me dicen que Mario Silva está diciendo que soy de la CIA y ese tipo de cosas. Me voy, en un Aveo, con cinco de los muchachos que estaban conmigo, a pedir un derecho de palabra en Venezolana de Televisión. Ingenuo que es uno. En el patio de VTV tomo una foto, sigo hasta donde está el vigilante y le pido acceso al estudio de Mario Silva. Me dice que no tiene comunicación con el estudio, pero que en el estacionamiento están sus escoltas. Vamos hacia el estacionamiento y bajan unos muchachos con fusiles en la mano, pero amables en el trato a quienes les insisto en ir al programa. Responden que él ya va a salir, pero me prohíben esperarlo y dicen que debemos irnos. Luego de mucho insistir, les digo que regreso al día siguiente. Colocó la foto en mi Twitter, diciéndole a Mario Silva a qué había ido a VTV, pero que no me quiso dar la cara. De regreso a la Torre Latino, vemos en la tv a Silva junto con Morín decir “mentiroso, tú no estuviste aquí”. Caigo en la trampa y me regreso para el canal; afuera estaban todas las camionetas de sus escoltas y había un montón de hombres. Después de parar el carrito más adelante, nos bajamos. Cuando los tipos armados se acercan les digo “¿Mire y Mario Silva?”. Yo creía era una cosa …(risas y risas)

Usted creía que iba a ser una cosa entre hombres.

(risas) Si. Uno de los tipos me dice “Mario Silva te manda esto” y se nos viene encima. Nos dieron una golpiza brutal. La gente de los edificios empezó a tocar cacerolas y a lanzarles cosas. Los tipos nos robaron todo lo que traíamos encima y las tiraban para dentro de VTV. Gracias a la presión de la gente nos dejaron de golpear y pudimos marcharnos de allí. Nos fuimos para PoliChacao y allá llego mi mama y me llevó hasta SaludChacao. Así golpeado decidí regresar a la carpa, pero en la madrugada me sacan casi convulsionando y estuve hospitalizado varios días. Esas denuncias se hicieron todas, porque la gente de los alrededores había grabado. Ni Gabriela Ramírez ni Luisa Ortega Díaz respondieron.

¿Por qué alguna de esas cosas que hizo antes no las haría ahora?

Porque es muy arriesgado y, ahorita en esta condición de papá, uno cambia radicalmente la perspectiva del mundo. Arriesgué mi vida un montón de veces. Lo hice cuando fui a la frontera por la entrega de ayuda humanitaria y me he cuestionado, porque daño a personas que me quieren y me aman, cuando defender los derechos humanos es una decisión mía. Cuando los psicólogos, encargados del informe sobre mi proceso de prisión y tortura, me preguntaron qué fue lo que más me cambió de todo esto, respondí: La comprensión.

Explíqueme eso.

Ya llevaba 7 años luchando por la liberación de presos políticos, así como denunciando la tortura. después me tocó estar desde lo más íntimo y estar tan cerca del funcionario que puede ejercer algún tipo de tortura, no son robots ni animales sino personas. Con tanto tiempo para sentir, observar y analizar es innegable plantearse debates sobre el comportamiento humano.

¿Algunas de esas conclusiones?

Que no todo es blanco o negro. No es tan simple. Está el que tortura por obediente, que no sabe de política ni le interesa. Está el que tortura por razón política e ideológica; funcionario con grado importante de resentimiento, que tortura y lastima porque él es un chavista que defiende la revolución y el torturado es un escuálido apátrida. Está el que tortura, aun cuando odia a Chávez y a Maduro, pero lo disfruta. Y finalmente, está el que tortura por razones económicas, así sea votando por Capriles o por María Corina, por Diosdado o por Maduro.

¿Qué fue más difícil, el hacinamiento o la soledad?

(suspira) La soledad. En el hacinamiento, lo difícil era aceptar que se torturara a alguien y no decir nada, comer mientras alguien está llorando y suplicando. No es lo mismo ser preso político que ser preso activista en derechos humanos. La visibilidad que pudiera tener como preso me daba cierta protección, pero traía consigo una responsabilidad de denunciar y pelear por aquellos invisibles que están mucho más vulnerables, porque la mayoría de los presos son invisibles. Ahí estás bajo custodia y en convivencia con un organismo que es esencialmente una estructura de extorsión donde la corrupción lo es todo, donde puedes tener desde una laptop, mujeres, licor y lo que sea, como estar en un tigrito donde no puedes ni ponerte de pie.

¿Cómo se sobrevive?

Estando preso es cuando más fiel debes ser a tu causa. puede ser que pagando en esa dinámica te vaya un poco mejor, pero pierde sentido estar ahí. Ya es demasiado feo estar preso, como para que no tenga sentido. Mi mamá me dice que a mí me robaron esos años de vida en prisión, pero es que no me los robaron, los viví, aunque fueron muy duros, me quebré muchas veces, lloré muchísimas noches, sufrí muchísimo. Y ahora estoy aquí, pero entiendo que torturado es torturado así este en el Helicoide o en Guantánamo.

¿Cuál fue el caso que más le impactó en la cárcel?

(silencio largo) Durante cuatro años, no podía salir de mi celda; incluso mi visita la recibía en mi celda. En una época la tenía suspendida y estaba pegado a la reja cuando veo a un señor afanado, quien me pide una bolsa. La comida de la semana que le daban en la cárcel, él la guardaba para dársela a los hijos en la visita. Ese día lloré mucho. El gran drama del preso es que el tiempo pasa y saben que sus hijos están afuera y que no vas a poder regresar el tiempo ni compensar esa falta, pero si a eso le sumas saber que tu hijo no tiene qué comer, es peor aún. Sebastiana, a mi celda metieron a dos presos a quienes les agarré mucho cariño. Uno de ellos se había caído y estuvo llorando durante casi dos días seguidos; en su finquita de Guatire, le encontraron enterrados unos fusiles de los del asalto a Paramacay. Estaba muy triste, su hijo no había podido ir a visitarlo porque no tenía zapatos. Esa es una realidad que te cachetea, que te duele.

¿Cómo fue el contraste de La Tumba para El Helicoide?

Fue muy duro. Al principio tenía que usar tapones en los oídos, porque el ruido me afectó en extremo, además por las defensas muy bajas, me enfermé. El día que más sufrí Sebastiana, estaba acostado y me voy hasta la reja porque escucho algo. Era un hombre llorando desgarradoramente, luego golpes, llanto, sufrimiento y risas. Grito: funcionario, funcionario. Uno de ellos llega agitado, sudando, con sangre en las manos, me sonríe: “¿qué tienes Lorent? ¿En que te puedo ayudar?”. Y lo dice con educación, con amabilidad. No pensé que ese funcionario era capaz de torturar. Esa fue la primera vez en la vida en que me quedé sin palabras. Me eché hacia atrás, me acosté y empecé a llorar tanto que terminaron metiéndose en la celda y sedándome; me sentí miserable, cobarde, me sentí muy al venezolano que sabe lo que está pasando. Entendí que esto es más complejo. Es muy duro ver a un funcionario que tortura y llora al mismo tiempo. Funcionarios que aún con los zapatos rotos siguen siendo fiel a un sistema cruel que los tiene pasando hambre. Me conmovía mucho la gente mayor, aquellos que si salían no tenían con quién estar porque lo habían perdido todo. Me impresiona mucho ver tipos duros y entrenados arrodillándose para que otro más pequeño lo golpee. Cómo un sistema puede reducir a alguien con el tiempo y convertirlo en una sombra.

¿Entonces, la libertad?

Descubrí el tema de la libertad después de que he perdido tantas cosas, tantas veces. Cada cosita que tú podías tener en prisión te hacía más preso todavía. “No digas nada porque nos van a quitar el televisor” “No digas nada porque nos quitan la visita”. La persona sólo está libre cuando está dispuesto a perderlo todo, y sin temor, una y otra vez. El tema de estar preso es enfrentar la realidad del tiempo, porque te detienen, pero no detienen el paso del tiempo. De los que sí estamos seguros es que en algún momento vamos a morir y eso angustia porque no podemos comprar tiempo. Estar sin libertad física ya es un drama y siendo inocente es mucho peor.

Por lo ocurrido con Tareck El Aissami me da la impresión que ellos no sabían quién era usted, de dónde venía.

Cada ladrón juzga por su condición; ellos no creen en la lucha genuina porque están encerrados y tienen una limitación retórica de la realidad, lo que es un grave peligro, ante el cual todos somos vulnerables: la polarización. Más que un tema de derecha o izquierda es realmente un tema de respeto o no.

¿Cómo manejó el odio?

Nunca he sido de odiar visceralmente incluso si peleo con alguien a las horas se me pasa. Decidí ser un hombre libre y no hay nada más esclavizante que el odio y el rencor, lo que no quiere decir impunidad, no quiere decir que no duelan y afecten las cosas. Hay tres personas que para mí son esenciales en la configuración e ingeniería del aparato represor y terrorista que impuso el régimen venezolano: la fiscal Luisa Ortega Díaz, el señor Miguel Rodríguez Torres y la señora Gabriela Ramírez.

¿Por qué ellos? 

Quitemos los nombres y dejémoslo así: la que fue fiscal por mucho tiempo, el que dirigía el servicio de inteligencia y quién estaba al frente de la Defensoría del Pueblo. Los tres claves en responsabilidad de Derechos Humanos. Esas tres personas hoy están enfrentadas a Nicolás Maduro y hay debates sobre esa situación. No sé hasta qué punto es sincera la posición de Ortega Díaz por ejemplo o hasta qué punto es simplemente una posición política de oportunidad para mantenerse en el poder y garantizar su impunidad. Hasta ahora esas tres personas defienden su gestión. No es que yo quiera qué Rodríguez Torres se pudra en La Tumba, porque eso no es correcto, pero por conveniencia política no se puede blanquear los graves delitos y crímenes de lesa humanidad. Que le expliquen al mundo cómo es que ha funcionado ese monstruo qué es el aparato represor venezolano.

Hay quienes lo apoyan con firmeza y otros lo atacan con dureza. ¿Qué siente ante cosas como esas?

Estando preso escribí, denuncié e hice un montón de cosas que me generaban castigos y situaciones muy hostiles más allá de lo propio de la prisión. Salí de la cárcel el 12 de octubre 2018. La primera huelga de hambre pidiendo la atención de la ONU y de la Comisión Interamericana de los DDHH, fue en el 2008. La comisionada de los derechos humanos me llego atender 10 años después en noviembre del 2018, cuando estando yo aquí en Madrid me avisan de la audiencia con la señora Michelle Bachelet. Lo que para un político sería llegar a gobernador o alcalde, para mí lo es consignar todas nuestras denuncias ante la ONU. Me costó 10 años. Ella no iba a negar que en Venezuela se tortura porque conoce la tortura y sabe lo que es un régimen abusivo e irrespetuoso de la dignidad humana. Cuando dos personas, que han sufrido la persecución y la tortura, se miran a los ojos, ahí no hay color, porque se reconocen. Ella se comprometió conmigo a que no iba a prestarse para lavarle la cara al régimen y dio su palabra. fue mucho más pragmática de lo que pensé y le di mi voto de confianza. Cuando voy saliendo, ella me llama de nuevo. Me abrazó y empieza a llorar. Yo también lloré. Tranquilo hijo, esto es duro, yo te entiendo, me dijo.

Fuerte experiencia.

Si, ese día yo me sentía muy contento y la reunión se hace pública por ella, lo cual era un mensaje importante para el régimen. Me imagino a Maduro, a Diosdado y a todos estos generales, violadores de Derechos Humanos, viendo esa foto. Esa noche Sebastiana, cené con venezolanos en Ginebra. Cuando reviso el teléfono los mensajes eran: traidor, maldito, chavista, ojalá te hubieses lanzado del piso 10, te liberaron para lavarle la cara al régimen, te reuniste con esa chavista y comunista desgraciada. Las peores ofensas de mi vida las leí ese día. Lloré. Me sentí tan mal y me cuestioné; casi logran lo que no lograron los dos años en La Tumba y los dos años en El Helicoide, preguntarme ¿vale la pena todo esto?

Esa es la pregunta obligatoria. ¿Cree que vale la pena?

Mira Sebastiana, me dije: a dos meses de haber salido de prisión yo debería estar en la playa haciendo lo que más amo que es surfear, pero estoy aquí y me atacan horriblemente. Me sentí tan triste, pero tan triste, lloré mucho y la pasé muy mal. Llegué aquí a la casa. Empecé a meditar, porque además me aterra el odio en nuestro país. No miro la salida de Venezuela por los buques que mueva el Comando Sur sino en cuanto al grado de odio y de inefectividad de los políticos. Tergiversar la foto del balcón del pueblo que le envío a La Patilla. Pero ya lo había vivido en La Tumba cuando Patricia Poleo decía que no existía y que todo era un cuento del G2 cubano. Aquí en España converso con un sacerdote que es como mi guía espiritual y esa noche entendí lo difícil que es vencer algo tan humano como el ego. Me pregunté por qué sufría, por qué hago lo que hago, ¿por el reconocimiento? y entonces sentí pena de mí mismo. No se puede ser un defensor de Derechos Humanos esperando recibir algo porque vas a vivir triste frustrado y derrotado. Y ese “a cambio” no puede ser ni siquiera que te reconozcan algo.

¿Si tuviera la oportunidad ahora de decirles algo a Luisa Ortega Díaz, a Miguel Rodríguez Torres y a Gabriela Ramírez, qué sería?

Ellos saben muy bien lo que hicieron. Fueron crueles, le generaron mucho daño y mucho sufrimiento a mucha gente, a miles de familias. Recuerdo de Gabriela Ramírez cómo mandó a fumigar la Defensoría del Pueblo, porque yo estaba encadenado contra la contaminación del agua en el embalse Pao Cachinche y lo que estaban haciendo con Franklin Brito; ella se burlaba. O como Rodríguez Torres protegió a grandes criminales. Conmigo estuvo preso en La Tumba Jhony Bolívar, que tenía credencial, firmada por Rodríguez Torres de comisario activo del SEBIN, secuestrador, asesino, a quien sacó Iris Varela. La fiscal Luisa Ortega Díaz, gran cómplice de crímenes de lesa humanidad. Esas tres personas deben decirle al país la verdad, demostrar que lo que buscan no es el poder o ser los sustitutos de Maduro y de Diosdado, ¿Qué les cuesta hacerlo? Reconozcan y cuéntenle al país todas esas acciones en las que participaron que generaron tanto dolor y tanto sufrimiento. Sólo así van a demostrar que es sincero su deseo de ayudar al país y no un oportunismo vulgar. Hasta ahora no lo han hecho. Que cuenten cómo murió El Aviador. ¿Por qué la fiscal y la defensora no quisieron investigar todas las denuncias que les entregamos de la corrupción en Hidrocentro e Hidrocapital que tenían contaminado los embalses de La Mariposa y el Pao Cachinche?, ¿O los containers con comida podrida? ¿O todas las denuncias que poníamos de la corrupción en la ciudad hospitalaria en Valencia? ¿Por qué nunca se investigó los asesinatos por colectivos en Táchira y en Valencia? Que lo digan. El mundo necesita entender mejor la naturaleza de ese monstruo y ayudaría mucho que ellos lo explicaran de verdad, verdad.

Y la última pregunta. ¿Qué le diría a Nicolás Maduro?

(silencio largo) Que ya está bueno. Que no tenga miedo. Que ya. Ya está bueno. ¿Qué más le puedo decir? Ya está bien. Ya no hace falta más.

Crueldad en una comisaría de Maduro: peleas de gallos sobre presos desnudos – ABC – 10 de Octubre 2019

Tal es la gravedad de las imágenes que Tarek William Saab, fiscal general de Maduro, anunció una investigación por lo ocurrido

Desnudos, mojados, con las manos sobre su cabeza, tirados en el suelo y con gallos de pelea encima de ellos. Es la tortura a la que se vio sometido un grupo de presos del Centro de Coordinación de la Policía en Anaco, en el estado Anzoátegui, al noroeste de Venezuela, como muestran unas imágenes virales difundidas en Twitter por la periodista Alexandra Belandia el pasado 30 de septiembre.

«¡Cállate la boca, chico!», dice uno de los agentes mientras golpea en la cabeza a uno de los presos con una tabla. «Cuando pregunten sobre Derechos Humanos en Venezuela, lo que sucede en las Comisarias/Prisiones (escuche el diálogo.) El trato entre la Policía y sus privados, además de “la reinserción” a la sociedad a través de “grandes obras” de Maduro, muestre el vídeo», comentaba la periodista en la red social.

La grabación, que acumula casi 400.000 reproducciones, ha horrorizado a todo el mundo. Tal es la gravedad que Tarek William Saab, fiscal general de Maduro, anunció una investigación por lo ocurrido.

«He designado a fiscales en materia de Derechos Humanos de Anzoátegui para investigar los brutales hechos acaecidos en la Policía de Anaco, por lo que serán imputados por su responsabilidad el Comisario Hernán Díaz y dos funcionarios policiales subalternos», informaba en Twitter horas después de la difusión del vídeo.

Según la ONG venezolana «Una ventana a la libertad», se trataba de 82 «privados de libertad recluidos en el Centro de Coordinación Policial de Anaco, quienes fueron sacados de su calabozo y, mientras un grupo de uniformados realizaban requisa, otro grupo golpeaba a los detenidos».

Los internos, como habrían relatado sus familiares, «iniciaron una huelga por falta de agua y alimentos y para pedir que dejaran pasar medicamentos a sus familiares».

Como explica la organización, «los uniformados comenzaron a rociar combustible en el interior de la celda para obligarlos a salir […] Los obligaron a desnudarse al tiempo que los golpeaban con una tabla en los glúteos. También los rociaron con agua mientras dos gallos peleaban sobre sus cuerpos y picoteaban a más de uno».

Torturas y tratos degradantes

Se ha denunciado en varias ocasiones la situación que viven los presos en Venezuela, sobre todo por las duras condiciones que soportan, con palizas frecuentes, y falta de higiene y alimentos en muchos casos.

El pasado mes de julio, un informe de la Alta Comisionada de los DDHH de la ONU, Michele Bachelet, señaló a la Dirección General de Contrainteligencia Militar venezolana (DGCIM) como uno de los cuatro cuerpos de seguridad donde se cometen torturas, además de detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas. Los otros tres órganos son el SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia), el FAES (Fuerzas de Acciones Especiales) y la cárcel militar de Ramo Verde.

Tras la visita de Bachelet, la represión y la tortura del régimen de Nicolás Maduro contra los presos políticos aumentó, instalando «en su honor» las denominadas «puertas Bachelet», unas celdas de máxima seguridad, de 2 por 2 metros sin inodoro ni ventilación.

En 2017, el director de «Una ventana a la libertad» aseguraba que la superpoblación en las comisarías del país era del 400%. Pero el hacinamiento no era el único problema según la ONG: el 62% no poseía servicios higiénicos y el 64% carecía de agua potable.

 

Testimonio de torturas en cárcel militar chavista por Sebastiana Barráez – Revista SIC – Agosto 2019

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Una práctica recurrente en Venezuela

En los sótanos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) en Caracas, han estado y están actualmente detenidos los oficiales considerados de mayor riesgo político y militar por el gobierno de Nicolás Maduro, a excepción del general en jefe (Ej) Raúl Isaías Baduel y el capitán (GNB) Juan Carlos Caguaripano

Infobae conversó con un oficial que permaneció en las celdas del DGCIM hasta hace unos meses, cuando el coronel Rafael Antonio Franco Quintero era el director de investigaciones de esa institución.

Solo estuvo 45 días en el año 2017, pero durante ese tiempo detenido este alto oficial, que ascendió de primero hasta los más altos grados en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), vio y vivió hechos aterradores. En consecuencia, hemos resguardado su nombre para protegerlo a él y a su familia.

“Los muchachos que conozco de la Marina y están allí presos son oficiales ejemplares, de primera, todos de la Infantería de Marina, de Operaciones Especiales”, afirma. El costo para las familias es muy alto: “solamente tres horas de visita a la semana en el DGCIM (refiriéndose al actual DGCIM). Para que tenga una idea, por ejemplo, en la cárcel de Ramo Verde el régimen es abierto, tienen hasta cantina, cocinas, la visita se puede recibir en la propia celda, tienen televisores y creo que unos dos o tres días de visita desde la mañana hasta la tarde”.

– ¿Cómo es en la DGCIM?

– En la DGCIM se tortura incluso a las familias, porque tienen que recorrer largas distancias, pagar hoteles, transporte, para tres horas de visita que en oportunidades las cancelan sin previo aviso. Allí vi gente venir de Margarita con sus hijos pequeños, o de la región andina, personas muy humildes, y no poder visitar a su familiar sin que se les haya avisado con tiempo. Es todo muy cruel, mucho más de lo que la propia imaginación puede recrear.

– ¿Usted estuvo en tiempos del coronel Franco Quintero?

– Sí, ese coronel, en mi opinión, es un psicópata. Nunca imaginé que una persona así pudiese, no solo ser parte de la FANB, sino considerarse humano. Su paso por la DGCIM fue terrible.

– ¿Por qué él en particular?

– Porque él fue quien cambió toda la rutina y condiciones de encarcelamiento a condiciones infrahumanas…

– Descríbame ese lugar, cuando estuvo ahí

– Las celdas son herméticas, las puertas son de lámina de hierro, no de barrotes. Con una ventana pequeña que también permanece cerrada 24 horas; el encierro es absoluto, no se puede ver hacia afuera de la celda. No tienen baño y las necesidades, salvo cuando se lo permiten, se hacen en bolsa plástica las sólidas y en potes de plástico las líquidas. Prohibió los libros, inclusive las biblias, prohibió suplementos alimenticios, nada que no fuese agua, quitó el teléfono del pasillo y creó la norma de los tres minutos una vez al día.

– ¿Recuerda algún caso cruel?

– En una de las celdas había cuatro jóvenes reos llaneros que tenían meses allí sin que sus familias supiesen si estaban vivos. Sus condiciones eran peores, ni siquiera se les permitía bañarse sino cada una o dos semanas, con la misma braga y ropa interior por no tener ningún familiar que se las llevase; usaban cuando se les permitía, la pasta y cepillos de dientes que les dábamos. Igual sucedía con el papel higiénico. No tenían ningún tipo de utensilio de higiene y su aspecto y conducta, dadas las severas condi‑ ciones, era como en las películas de guerra, que no levantan la cabeza y caminan arrastrando los pies; un grado de sumisión extremo provocado por este tipo de tortura blanca brutal, yo nunca había vivido o visto algo así.

Los familiares los describen como si estuvieran en campos de concentración. Eso mejoró un poquito cuando llegó el coronel Hannover Esteban Guerrero Mijares, pero parece que ahora es implacable.

Un sargento, cuando nos traía la comida, que era extremadamente reducida. Por ejemplo, en la mañana una arepa pequeña y dos cucharadas de arvejas, a esos jóvenes llaneros, en vez de darles las cuatro, le daban dos. A diferencia de otras cárceles donde se permiten los alimentos, allí está prohibido. El confinamiento es absoluto, sin libros, sin teléfonos y lo único para ingerir que se puede recibir es agua.

– Con la llegada del coronel Guerrero Mijares, empezaron a permitir que los familiares les llevaran alimentos, lo cual hizo que recuperaran algo de peso, pero volvieron a impedirlo. ¿Será que les gusta aplicar la tortura?

– No lo sé, pero le comento algo. Después que salí en libertad, a los 45 días gracias a Dios, el ministro Padrino López me mandó a llamar a su despacho y personalmente me pidió disculpas y aceptó que yo tuviese diferencias de criterio de manera muy amable. Sin embargo, me preguntó si había visto su entrevista con José Vicente del domingo anterior, lo que significa que él creía que yo tenía tv en la cárcel. Lo que no sabía es que cuando me llamaron tenía tres días sin bañarme y en absoluto aislamiento, lo cual no pude decirle en esa reunión porque mi órgano de investigación designado era mi propio órgano de reclusión, es decir, mientras tuviese cautelares estaba en sus manos.

– ¿Cuándo les permitían llamar, tenían privacidad?

– No, ¡qué va! Hacíamos una fila para llamar por teléfono y eran solo tres minutos desde que comienzas a marcar, caiga o no caiga la llamada. Cuando hacíamos la fila, no podíamos hablar entre nosotros. En ese famoso pasillo hay una celda de castigo de un poco más de un metro cuadrado cubierta, piso y paredes, de colchoneta podrida, donde el reo solo puede sentarse en el piso. La hediondez es tan grande que cuando usted pasa frente a esa celda el mal olor llega a la parte exterior; allí colocaban a los castigados, en ocasiones hasta dos. La celda no posee iluminación, es oscura 24 horas al día, y normal‑ mente los colocan con capucha y esposados con las manos atrás; comían del plato como perros. Algunos tenían la flexibilidad de pasar los brazos por debajo de las piernas hacia adelante y así podían burlar un poco esta barbarie. Yo, ante el temor de ser castigado, trataba de practicar en la celda el paso de los brazos hacia adelante y nunca lo logré. Rogaba a Dios no caer allí, moriría, creo que no lo resistiría, se lo confieso.

– ¿Qué pasa ahí en las noches?

– A las nueve de la noche apagan las luces de manera centralizada y la oscuridad, por ser un sótano, es absoluta. Usted abre y cierra los ojos y no hay diferencia. Así había que cuadrar muy bien la posición de la bolsa para necesidades, el pote para orinar, el papel, agua para beber, etcétera. En posiciones aprendidas, porque la luz  la volvían a colocar a la hora del desayuno. La cama era de concreto con una colchoneta encima. No hay sillas ni repisas ni nada adicional en la celda. Algunos compañeros, quienes de alguna manera tenían receta médica para ello, se mantenían allí a base de pastillas para dormir. Paradójicamente le puedo decir que le doy gracias a Dios por esa experiencia.

– Usted es un alto oficial, que hizo carrera durante décadas en la institución armada… ¿Qué fue lo que más le impactó de lo que vio en la DGCIM?

– Allí vi a jóvenes recién capturados de las protestas, normalmente los más importantes; los tenían semanas en el pasillo, manteniendo en su cabeza la capucha negra y esposados 24 ho‑ ras al día, excepto para comer o higiene. Y le digo que sentía una gran admiración por esos jóvenes que no cedían a todo este cruel trato y presión. Por alguna extraña razón el coronel (Franco Quintero) solo a mí me permitió a la mitad de mi estadía (tal vez una concesión ordenada por algún superior que me conocía) llevar tres libros y mi esposa me llevó mis libros preferidos: La Biblia, el Conde de Montecristo y Don Quijote.

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– ¿Puede describirme el área?

– El área es totalmente cerrada en el sótano con dos puertas para entrar al pasillo. Allí, un viejo aire acondicionado recoge el aire del baño y lo lleva a las celdas por ductos, en un eterno circuito cerrado sin tomas de aire del exterior. Puede imaginarse el efecto del aire viciado, com‑ binado con los malos olores y tener que respirar así en una celda cerrada, incomunicado y sin poder hablar con nadie día a día. En algunas oportunidades nos daban permiso para salir al pasillo y podíamos hablar y de repente volvíamos a la condición anterior. Estaba previsto, una vez a la semana, subirnos media hora a tomar sol, lo cual durante mis 45 días solo se hizo una vez. Las visitas son solo de dos personas que tienen que sentarse separadamente de las otras familias y no se puede hablar ni saludar entre familias.

– ¿Alguna razón para ello?

– No la dicen. Al terminar la visita éramos desnudados uno a uno en el baño, teniendo que flexionar las piernas en posición de cuclillas para verificar que no tenemos algo en el ano. Faltando unos 15 días para mi libertad que solo supe el día que salí cuando me mandaron a bañar, colocaron a un teniente en mi celda y para que usted tenga una idea, en oportunidades yo lo tenía que tranquilizar y decirle que respirara poco a poco por el efecto del aire viciado. El aislamiento para ellos es una forma adicional de tortura. – ¿Por qué? – Imagínese cómo será eso, que yo le decía a mi esposa que prefiero estar hacinado a solo, porque es terrible ver cómo pasan los días y usted sólo puede pensar o rezar.

– ¿Cómo fue su detención?

– Me detuvieron diciéndome en mi casa que era una entrevista. Y el trato no solo fue inhu‑ mano, sino que me metieron en una pequeña oficina de dos por dos con una silla rota, sin ventilación, cuatro lámparas potentes y pintada de marrón, paredes y techo. Ya allí comienza la tortura. Allí pasé desde las cinco de la tarde hasta la una de la mañana, sin comer, sin tomar agua y sin explicaciones. A la una de la madrugada, cuando llegó la orden de aprehensión, me pasaron a la celda, por supuesto sin agua y sin haber comido. Y aun así, puedo confesar que me considero afortunado.

– ¿Afortunado?

– Sí. Allí tenía dos meses un general, un palo de hombre, solo por ser amigo del general Baduel y siendo 10 años mayor que yo, bajo y de contextura delgada, había rebajado 20 kilos y no se le permitía de manera humanitaria que su familia le llevase algún suplemento. Esas personas me dieron la fuerza para resistir y en la soledad de la celda, rezar. No me imagino a alguien que no crea en Dios, sobrevivir en un sitio así. Para que algunos compañeros se distrajeran les escribía en papel fragmentos de la Biblia de los que levantan la moral y se los pasaba, cuando podía, por debajo de la puerta.

– Sé que no hay la mínima consideración para la atención médica. Quedó demostrado con el caso de Nelson Martínez, ministro y presidente de PDVSA

– No se pueden tener pastillas ni medicina en la celda. Si le duele la cabeza o ante cualquier otro problema, solo tendrá la medicina si se lo permite el custodio de guardia y se toman de sus pertenencias que son guardadas en otro lugar. Al cerrar las celdas en la noche no entra nadie hasta el otro día, no hay manera de ser atendido en caso de cualquier emergencia, incendio u otra cosa.

– ¿Cómo eran los custodios?

– La mayoría son formados en Cuba, de acuerdo a sus propios comentarios. Cuando abren la puerta para dar de comer, no la abren totalmente, solo lo suficiente para pasarle el contenedor de plástico con la comida, mientras un funcionario lo graba con una cámara como para dejar constancia que comió. Ahí se come con cubiertos plásticos que limpiamos con servilleta al terminar y los colocamos de nuevo en una bolsita con nuestro nombre. Cuando se les olvidaba los cubiertos, en vez de regresar los 20 metros donde se depositan, simplemente nos ponían a comer con las manos. Cuando cierran la puerta, que posee dos grandes bisagras, lo hacen con fuerza. Yo no entendía por qué y después entendí que, hasta esa insignificancia, formaba parte de toda esta tortura blanca.

– ¿Usted lo sentía así?

– Sí, es brutal el efecto psicológico de ver cerrar de nuevo la puerta hasta la próxima co‑ mida, o hasta el día siguiente con un fuerte golpe. No saber si es de día o de noche, no saber qué hora es, ya que no permiten relojes; escuchar solo el ruido del aire que a veces se apagaba y el sofocamiento aumentaba. No soy vengativo, pero de verdad le digo que estas personas han hecho mucho mal.

No más tortura – Editorial Revista SIC – Agosto 2019

downloadPara la Iglesia la vida es sagrada. La dignidad humana está por encima de cualquier poder. El Estado está llamado a garantizar los derechos humanos, no a violarlos. Hoy, en Venezuela, la tortura, los tratos crueles y degradantes por par‑ te de los cuerpos de seguridad no son un hecho aislado, obedecen a una política sistemática de Estado. La tortura está tipificada como crimen de lesa humanidad. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos regula su prohibición absoluta en el artículo 7, donde reza: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes…”. Los venezolanos, en nuestra Constitución contemplamos en el artículo 43 que:

“… el derecho a la vida es inviolable. Ninguna ley podrá establecer la pena de muerte, ni au‑ toridad alguna aplicarla. El Estado protegerá la vida de las personas que se encuentren privadas de su libertad, prestando el servicio militar o civil, o sometidas a su autoridad en cualquier otra forma. “

Nuestra realidad contrasta con estos principios. Se observa cómo, desde 2009, con la de‑ tención arbitraria de la doctora Afiuni –jueza sentenciada públicamente en cadena nacional por el finado y entonces presidente de la República Hugo Rafael Chávez Frías–, se viene aplicando la detención arbitraria y la tortura como recursos de amedrentamiento y control de los poderes, en este caso del Poder Judicial. La doctora Afiuni, actuando institucionalmente, apegada a la Constitución y siguiendo las recomendaciones de la ONU, había otorgado unas medidas cautelares a Eligio Cedeño, decisión que se convirtió en tragedia para la jueza debido a que el detenido en cuestión era de interés presidencial. En julio de 2015, después de varios años de prisión, la doctora Afiuni declara haber sido sometida a tortura y tratos crueles: “A mí me vaciaron el útero, porque lo tenía vuelto mierda. Pero no contentos con eso, se me destruyó la vejiga, la vagina y el ano. Yo estoy reconstruida”.

Este hecho ha generado lo que se conoce como el efecto Afiuni, que no es otra cosa que el control total, por la vía del miedo, del Ejecutivo hacia el Poder Judicial.

De igual modo, los testimonios registrados por las ONG de DDHH en las protestas de 2014, 2016, 2017, 2018 y 2019 dan cuenta de que los tratos degradantes y la tortura no son eventos aislados, sino un modo de represión sistemático que ex‑ presa una política de Estado. Se trata de un listado extenso difícil de enumerar, lleno de rostros y biografías de personas –en su mayoría jóvenes– que han entregado su vida por Venezuela. En estos casos tales mecanismos de represión se han utilizado sistemáticamente con el fin de desmovilizar social y políticamente a la población.

Después de las parlamentarias de 2015, cuando las fuerzas democráticas ganan legítimamente el Parlamento, se inicia una confrontación entre los poderes cooptados por el Ejecutivo Nacional en contra de la Asamblea Nacional (an). Los ataques sistemáticos hacia los miembros de la an, la persecución, detención arbitraria de los diputados y la emblemática tortura de Juan Requesens como corolario de este proceso represivo, es un indicador claro de que se trata de una política de Estado. El 10 de agosto de 2018 fuimos sorprendidos por un video que circuló por las redes donde el diputado Juan Requesens, quien había sido detenido arbitrariamente, aparecía drogado y torturado dando declaraciones en contra de Julio Borges, para entonces presidente de la AN, hoy refugiado en Colombia. El hecho fue tan horrendo, que el poeta Armando Rojas Guardia lo describió así: “me estremece la percepción de que ya hemos ingresado al horror literalmente obsceno, al terreno minado de la pornografía política”.

También miembros del nivel municipal del Poder Público han sido violentados en el sagrado derecho a la vida por la vía de la tortura. El 8 de octubre de 2018, el mártir por la democracia, Fernando Albán, concejal del Distrito Metropolitano, fue lanzado por una ventana del edificio del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), en Caracas, donde se encontraba detenido arbitrariamente y había sido cruelmente torturado por el régimen.

Su asesinato causó gran conmoción, dolor e impotencia en los sectores populares y las iglesias. Eran los dos ámbitos de Fernando Albán: acompañar a las organizaciones sociales de base para responder al desafío humanitario y convidar a las iglesias, de distintos credos, a una cruzada por la vida desde la no violencia activa. Lo hacía con pasión. Su modo de vivir y hacer política, que le otorgó una gran credibilidad y autoritas, se convirtió en una amenaza para el poder de facto. La supuesta “versión oficial” de los hechos, en boca del fiscal Tarek Williams Saab, responde a un suicidio: “Murió tras saltar desde la ventana de un décimo piso”, dijo entonces. No obstante, quienes conocimos a Fernando Albán sabemos que, por sus hondas raí‑ ces cristianas, católicas, de amor y defensa de la vida, la versión del régimen es una mentira que busca banalizar el crimen y disfrazar la verdad. Así lo señalaron también representantes de la Arquidiócesis de Caracas, el partido Primero Justicia, la ONG Foro Penal, entre otros.

El estrato militar tampoco ha estado inmune. Los miembros de las Fuerzas Armadas que se han desmarcado del régimen han sido tratados con ensañamiento e imputados de traición a la patria, instigación a la rebelión y contra el decoro militar. El reciente fallecimiento del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo, detenido el 21 de junio y torturado hasta arrebatarle la vida el sábado 29 a la 1 de la madrugada, por funcionarios de la Dirección de Contrainteligencia Militar (DGCIM), pone nuevamente en evidencia la tortura como política de Estado. Según la abogada Tamara Suju, el capitán “llegó a tribunales en silla de ruedas, presentando graves signos de torturas. No hablaba, solo pedía auxilio a su abogado. No entendía ni escuchaba bien… El juez ordenó su traslado a un centro de salud en el que falleció a la 1:00 a.m.”. En el contexto del asesinato del capitán de corbeta, Provea –ong de derechos humanos–, publicó un comunicado avasallante: “el pasado 29 de junio Provea dio a conocer que, de los 100 casos de tortura registrados durante 2018, 75 fueron cometidos por agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM)”1 , el mismo cuerpo de seguridad que tenía bajo custodia al capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo. Fue, por lo tanto, el organismo que más torturó en 2018, y desde 2017 se vienen incrementado las denuncias contra dicho organismo policial, tanto por prácticas de tortura como por desaparición forzada de personas.

Este recorrido deja claro que la tortura es hoy, en Venezuela, una política sistemática de Estado, dirigida desde el Ejecutivo y utilizada con el fin de aterrorizar, amedrentar y doblegar al resto de los poderes públicos: Judicial (caso Afiuni), Legislativo (Juan Requesens), en el nivel Municipal (caso Albán), así como la desmovilización de la sociedad civil (coaccionando líderes de protestas) y, también, controlar por vía de la fuerza a sectores descontentos y disidentes de las Fuerzas Armadas (caso ilustrativo el de Rafael Acosta Arévalo). Mientras, el fiscal general y el defensor del pueblo hacen silencio cómplice, aun sabiendo que la tortura es un crimen de lesa humanidad y estos, por su naturaleza, no prescriben.

NOTA: 1 PROVEA. (29 de junio 2019): La DGCIM el organismo que más torturó en 2018. Recuperado de: https://www.derechos.org.ve/actualidad/dia-internacional-enapoyo-a-las-victimas-de-la-tortura-488-casos-de-tortura-registro-provea-entre2013-y-2018 A

La UE sanciona a 5 agentes venezolanos por matar a golpes al capitán Acosta por Gabriela Ponte – ABC – 28 de Septiembre 2019

Bruselas señaló hasta siete miembros de la inteligencia por torturas y violaciones de derechos humanos

A 25 personas ha aumentado la lista de venezolanos sancionados por la Unión Europea, tras la incorporación ayer de siete agentes más de los cuerpos de seguridad e inteligencia del régimen de Venezuela. Cinco de ellos están implicados en el asesinato a golpes y torturas del capitán de corbeta, Rafael Acosta Arévalo, detenido en junio por Nicolás Maduro por presúntamente estar planificando un golpe de Estado junto a otros militares retirados.

Para un total de siete señalados, los nuevos sancionados corresponden a personas que están «relacionadas» de alguna forma con torturas y violaciones graves de los derechos humanos, según Bruselas. El paquete de medidas se ha hecho efectivo tras el pedido del Gobierno español de actuar contra los responsables de cometer crímenes de lesa humanidad en el país.

La UE confirmó así el acuerdo político al que llegó el pasado miércoles por iniciativa de Josep Borrell, para ampliar la lista de sancionados. De la terrorífica dirección de Contrainteligencia Militar (Dgcim) se encuentran Rafael Ramón Blanco, Rafael Franco Quintero, Alexander Enrique Gramko y Hannover Esteban Guerrero; y del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), Néstor Blanco, Alexis Enrique Escalona y Carlos Calderón.

En julio, ABC había adelantado en exclusiva los nombres de los nueves torturadores implicados en el asesinato del capitán Acosta bajo custodia del Gobierno, cinco de ellos están ahora señalados por la UE a los que se les impide viajar y se les congelan sus bienes en suelo europeo.

Presión de EE.UU.

La alta representante comunitaria para la Política Exterior, Federica Mogherini, recordó que este tipo de sanciones son selectivas y «no afectan a la población y pueden revertirse si hay progresos hacia la restauración de la democracia, el Estado de derecho y los derechos humanos en Venezuela».

La Administración de Donald Trump, que ya sancionó al régimen de Maduro y sus colaboradores, lleva meses presionando al bloque comunitario para elevar la presión para la salida de Maduro con mayores sanciones económicas a su Gobierno.

Los Veintiocho prohibieron el año pasado la entrada a territorio comunitario y confiscaron los activos de otras 18 personas, entre ellas altos cargos políticos y militares como la vicepresidenta, Delcy Rodríguez; el ministro de industria, Tareck el Aissami; el fiscal general, Tarek William Saab, y el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno.

Anteriormente, en 2017, la UE impuso un embargo de armas y un veto a material que pueda utilizarse para la represión interna. Estas sanciones fueron prorrogadas hasta el próximo 14 de noviembre.

Julio Borges, el ministro de exteriores del Gobierno de Juan Guaidó, ofreció ayer un balance de su participación en las Naciones Unidas y se refirió a las sanciones impuestas por la UE: «Demuestran que la presión internacional va a continuar hasta que tengamos libertad en Venezuela». Asímismo destacó que mientras el gobierno interino ha logrado grandes avances en la ONU, «a Maduro no le quedó de otra que ir a esconderse a Rusia, Diosdado Cabello se fue a Corea del Norte, y Delcy Rodríguez y Jorge Arreaza viajaron a la ONU, donde nadie los recibió».

Apoyo de la región

La presión internacional para sacar a Nicolás Maduro del poder continúan haciendo mella en Venezuela. Esta nueva ronda de sanciones de la UE se unen a las del pasado encuentro en Nueva York de los cancilleres de los países que forman parte del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), quienes acordaron imponer mayores sanciones contra la nación sudamericana. La resolución aprobada por 16 de los 19 Estados firmantes acuerda imponer nuevas sancione contra miembros del Gobierno de Maduro.

 

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