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Torturas, secuestros y asesinatos en el infierno de Maduro por Daniel Gómez – ALnavío – 22 de Marzo 2019

Ahora fue el secuestro del jefe de Despacho de la Presidencia, Roberto Marrero. Hace un mes la masacre del pueblo Pemón en la frontera con Brasil. Hace cinco meses el “suicidio” de Fernando Albán. Hace un año el asesinato del piloto Óscar Pérez. Desde que existe el chavismo, torturas, persecuciones, amenazas, detenciones… Y es que como se ve en el informe de Michelle Bachelet, alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, el régimen de Nicolás Maduro mata, persigue y tortura. Torturas que un militar acaba de mostrar al mundo.

La ONU denuncia asesinatos por parte de los policías de Maduro / Foto: Provea
La ONU denuncia asesinatos por parte de los policías de Maduro / Foto: Provea

Por primera vez, gracias a la valentía del teniente de aviación Ronald Dugarte, el mundo puede ver con sus propios ojos, sin filtros, la crueldad del régimen de Nicolás Maduro.

Dugarte abandonó la Fuerza Armada porque vivió “seis meses de terror”. Fue funcionario de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) de Venezuela y desde agosto de 2018 ejerció como vigilante en las cárceles del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en Caracas. Allí fue testigo de las torturas con las que “militares venezolanos y cubanos” sometían a los prisioneros políticos.

Dugarte no desertó sin más. Un día, de madrugada, de servicio, se escondió una cámara en el uniforme para enseñar cómo es el interior de una cárcel del Sebin. Se han leído testimonios de todo tipo. Relatos repletos de detalles. Informes técnicos en los que se describen torturas y se apuntan nombres. Pero nunca se habían visto imágenes de lo que ocurre con los presos de Maduro.

Dugarte grabó imágenes de El Calabozo, la prisión en la que se encuentran retenidos militares contrarios al régimen como el coronel Jhonny Mejías Laya y el capitán Juan Caguaripano.

La cárcel, de paredes blancas, estrechas, sucias, muestra imágenes aterradoras. Como las que han venido denunciando la Organización de Estados Americanos(OEA), el Instituto Casla de Tamara Sujú y recientemente las Naciones Unidas tras el informe del miércoles de la expresidenta de Chile Michelle Bachelet, hoy alta comisionada para los Derechos Humanos en Ginebra.

“Mi Oficina documentó numerosas violaciones y abusos de derechos humanos perpetrados por las fuerzas de seguridad y los colectivos armados progubernamentales, incluyendo el uso excesivo de la fuerza, asesinatos, detenciones arbitrarias, torturas y malos tratos en condiciones de detención, así como actos de amenaza e intimidación”, dijo Bachelet.

Ahora gracias al teniente, estos testimonios llegan a todos y hacen que la frase del abogado Atticus Finch, personaje de la novela Matar a un ruiseñor de la escritora estadounidense Harper Lee, cobren más actualidad si cabe en el caso Venezuela: “En ausencia de testigos oculares, siempre queda una duda, a veces sólo la sombra de la duda. Siempre existe la posibilidad, por improbable que sea, de que el acusado sea inocente”.

Palizas en las detenciones, torturas en la cárcel

Ana María Da Costa es la hermana de Vasco, un político venezolano capturado y secuestrado por el Sebin el 16 de abril de 2018. Ella presenció a los funcionarios “golpeando brutalmente” a su hermano “con una extensión de un cable mientras le daban golpes y patadas” y este sólo respondía “con gritos desgarradores”.

El relato lo contó la propia Da Costa al diputado José Guerra en una visita que hizo la semana pasada a la Asamblea Nacional. El testimonio se hizo público ya que Guerra lo contó en una columna del Diario 2001 el pasado domingo.

Guerra también compartió un testimonio de lo que ocurre en la cárcel militar de Ramo Verde, donde “a muchos presos les golpean en las costillas y tienen fracturas. Además, les colocan una capucha con gas lacrimógeno hasta que se desmayan y también les colocan una cinta de plomo en la cabeza para que el dolor sea mayor”.

Las pésimas condiciones de la cárcel

A las torturas se suman las condiciones que se sufren en las prisiones. El teniente Dugarte presentó el vídeo en la OEA con Sujú horas después del informe de Bachelet. Mientras recorría los pasillos del calabozo, se paró a hablar con el teniente Caguaripano. Con serias dificultades para expresarse, el preso dijo que no podía comer, que sufría problemas de estómago y que además estaba orinando sangre. Entonces mostró la evidencia.

Caguaripano cargó una garrafa plástica de agua, la mostró a Dugarte, y al fondo se vio un líquido rojo, casi marrón. Era su orina. Sí, en El Calabozo los presos orinan en botellas.

Dugarte continuó el recorrido y se detuvo en la habitación de Mejías Laya. Abrió la puerta y lo que mostró fue al coronel sentado en el suelo con los ojos vendados y las manos en la espalda. “Duró de esa forma 30 días”, precisó el teniente.

Mejías Laya no se podía mover. Tampoco hablar. Hizo algún sonido, pero no se descifra lo que quiso decir. Unos cuantos trapos en el suelo le servían de cama. Su cuarto no tenía colchón, no tenía ventanas, no tenía baño. Sólo algunos recipientes en los que, según el teniente, “hacía sus necesidades fisiológicas”.

Cuartos de tortura

La última parada de Dugarte fue en uno de los cuartos de tortura. Tras recorrer un pasillo, angosto, en el que apenas había luz, abre una puerta y de repente se identifica a los coroneles Oswaldo García Palomo y José Acevedo, junto a un tercer hombre que se identifica como “ciudadano Avichela”.

Estos tres individuos, tirados sobre unos colchones de espuma, eran incapaces de hablar. Se retorcían entre las sábanas y emitían sonidos. No palabras. En la conversación que mantiene Dugarte con un guardia se escucha que uno de los presos “está infectado, aquí se le ve”, dijo el guardia señalándose el brazo, pero sin apuntar más detalles.

Este fue el último extracto del vídeo que compartió la OEA. El teniente, en su testimonio, afirmó que los presos del Sebin “son torturados con descargas eléctricas, asfixias con bolsas plásticas, colgamientos con las manos hacia atrás y golpes contundentes en áreas vitales”.

Estos son los detalles de las torturas que denuncia Bachelet y en los que la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos ahondará en el informe que presentará dentro de tres meses.

“Sobre muchas de estas preocupaciones hemos hecho hincapié en nuestros comunicados de prensa, y en el informe que presentaremos al consejo durante el periodo de sesiones de junio ofreceremos información detallada al respecto”, comentó la alta comisionada.

Los asesinatos de las FAES

Bachelet también habló de muertos. De 205 muertos en 2018 que se atribuyen a las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de Maduro. De los 37 supuestos asesinatos que cometió este cuerpo este enero en Caracas. Crímenes que, según Bachelet, siguieron un patrón similar.

Las FAES son uno de los cuerpos más cruentos del régimen / Foto: Provea

“Ocurren durante allanamientos ilegales de domicilio realizados por las FAES, y posteriormente estos órganos notifican el fallecimiento como resultado de una confrontación armada, aunque los testigos declaran que las víctimas no portaban armamento alguno. En determinados casos, los parientes de las víctimas denunciaron que la Oficina del Fiscal General se había negado explícitamente a iniciar investigaciones contra miembros de las FAES. La mayoría de las víctimas vivía en barrios pobres y había participado en protestas antigubernamentales. Me preocupan particularmente los informes que indican que las operaciones de este tipo se utilizan como una forma de represalia e intimidación”.

Albán, como Marrero, también fue secuestrado

Los secuestros son una práctica habitual en el régimen de Maduro. Roberto Marrero, jefe de Despacho del presidente encargado, Juan Guaidó, fue capturado en la madrugada del jueves por funcionarios del Sebin. De su paradero no se sabe nada y la última frase que se le escuchó es “seguimos en la lucha”.

Esta incertidumbre no es nueva. Con tristeza lo advirtió Guaidó en su primera intervención tras el secuestro: “Sabemos los riesgos a los que nos enfrentamos”.

El 4 de octubre de 2018, Fernando Albán desapareció en una de las terminales del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar. Fue capturado por el Sebin y encerrado en su sede en Plaza Venezuela. Las noticias sobre su paradero llegaban a cuentagotas a su esposa y a su abogado. Este dijo que le habían torturado. No física, sino psicológicamente.

El domingo Albán desapareció. El lunes, el régimen comunicaba su muerte. “Se suicidó”, dijo el fiscal general Tarek William Saab, afirmando que el concejal se lanzó desde un décimo piso. Entró al baño, vio una ventana y se precipitó desde el edificio, muriendo en el acto.

Nadie se creyó esa historia. Ni siquiera el fiscal, quien a los pocos días cambió la versión y dijo que Albán no se había tirado del baño, sino de una sala de espera. Este relato, el definitivo según el régimen, tampoco fue aceptado. La oposición insiste en que lo asesinaron. En que el Sebin lo tiró desde el edificio para que el impacto de la caída camuflara el verdadero motivo de su fallecimiento: las torturas.

El relato de cuatro años de torturas

Nadie sabe lo que ocurrió exactamente con Albán. El activista Lorent Saleh sí sabe lo que le ocurrió a él. Saleh pasó cuatro años detenido por el régimen. En octubre de 2018 lo liberaron y se refugió en España.

En conferencias, entrevistas y reuniones, Saleh siempre comenta lo que sufrió. Sus días en La Tumba, una prisión subterránea, blanca e impoluta, en la que fue torturado por militares venezolanos, cubanos y también rusos. Lo supo por sus acentos.

A Saleh lo golpearon. Lo maniataron. Lo cegaron. Lo tuvieron sin comer y sin dormir. Lo presionaron para que hablase. Para que mintiese. Para que incriminara a opositores. Lo torturaron.

Saleh también venció al régimen. Fue cuando el motín en El Helicoide, en el que los presos rompieron las cadenas con sus propias manos y por unos días tomaron el control de la cárcel. Una prisión que es totalmente diferente a las otras del Sebin. Aquí reina el caos. El desorden. “Hay miedo”, relató a ALnavío un preso político que no quiso revelar su nombre.

La angustia en El Helicoide

Miedo por las torturas. “Te envuelven en una sábana y te dan palazos y golpes”. Esto se llama la cobija. Los funcionarios también perturban el sueño. “Te amarran con una esposa a una tubería con la mano en alto sintiendo la presión durante días”, comentó.

El daño físico, según este recluso, es insignificante en comparación al daño psicológico. “Allí hay presos con privilegios. Presos comunes que te amenazan y presionan para sacarte información. Esa sensación de angustia, ese tipo de tortura, es lo peor”.

El Helicoide rompe con el estereotipo de las prisiones del Sebin / Foto: WC

En El Helicoide la mayoría de las celdas no son individuales. Allí se hacinan y como ocurre en las cárceles centroamericanas, ladrones y narcotraficantes “con privilegios” conviven con presos comunes que acaban “siendo objeto de extorsiones”.

Sin libertad para informar

Otra de las preocupaciones de Bachelet son los límites al periodismo. “Me inquieta el aumento de las restricciones a la libertad de expresión y de prensa en Venezuela y las alegaciones de que las autoridades han usado arbitrariamente la ley contra el odio, aprobada en noviembre de 2017, para imputar a periodistas, dirigentes de la oposición y a cualquiera que exprese opiniones disidentes, lo cual termina por generar autocensura”.

El régimen, cada vez más debilitado, está pagando su frustración con quienes se dedican a informar desde Venezuela. El caso más conocido fue el del periodista mexicano Jorge Ramos, expulsado de una entrevista con Maduro porque le enseñó vídeos que le molestaron.

Los vídeos, de pobres buscando en la basura qué comer, molestaron al equipo de prensa del mandatario, que no se conformó con parar la entrevista y retener por varias horas al periodista, sino que también destruyó todo el material de grabación.

Detenciones arbitrarias a periodistas

Otro caso reciente es la detención del periodista hispano-venezolano Luis Carlos Díaz. El régimen lo retuvo por más de 30 horas por supuestamente participar en el “sabotaje” que causó el apagón. Un apagón consecuencia del escaso mantenimiento e inversión en un sistema eléctrico que es sinónimo de corrupción e ineficiencia.

Lo de Díaz fue recogido como una detención arbitraria, y lo del periodista alemán Billy Six también. Este fue detenido a mediados de noviembre de 2018 en un bar del municipio Los Taques, en el estado Falcón. Es una zona pobre, deprimida, y la única intención de Six era documentar la situación para narrarla en un reportaje, como venía haciendo para la prensa internacional y para su canal de YouTube desde 2017.

En el bar, los policías de Maduro capturaron al periodista. Le quitaron el teléfono móvil, le revisaron los archivos, y decidieron usar una fotografía que guardaba de Maduro para calificarlo de “sospechoso” por conspiración. Así lo denunció Espacio Público en su momento.

Six fue liberado con medidas cautelares, por lo que de Caracas voló a Berlín. Mientras el alemán era liberado el pasado sábado, otro periodista, en esta ocasión polaco, de nombre Tomasz Surdel, contaba la agresión que el jueves había sufrido de las FAES.

Como relató Surdel al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa de Venezuela, las fuerzas de seguridad le golpearon “con algo duro” en las costillas y en la cara. No pudo distinguir el objeto porque le taparon “con un saco” y al retirárselo, uno le apuntó directamente con una pistola.

“Uno [un policía] ordenó disparar el arma en mi cara. Él, riendo, apretó el gatillo. El arma no estaba cargada. Estaban con pasamontañas, se subieron a su camioneta y se fueron, dejándome golpeado en la vía”, relató el polaco.

Detención por “corrupción espiritual”

La represión en Venezuela y las precarias condiciones de vida convierten al país en un escenario que bien podría describirse en la distópica novela de George Orwell1984. También por el uso del lenguaje. La neolengua con la que el Gran Hermano de Orwell distorsionaba la realidad de los ciudadanos.

El régimen de Maduro también tiene su neolengua. La jueza venezolana María Lourdes Afiuni fue condenada este jueves a cinco años de cárcel otra vez, por “corrupción espiritual”, un delito que sólo existe en la justicia chavista.

Afiuni ya estuvo detenida en 2009 tras la supuesta liberación irregular de un empresario y entonces condenada por “corrupción espiritual”. En 2013, fue puesta en libertad condicional con medidas cautelares y el jueves el Ministerio Público la volvió a detener. Hay que recordar que esta jueza fue enemiga del expresidente Hugo Chávez, quien en 1999 la sentenció a “prisión de por vida”.

Los colectivos del terror

No sólo son las detenciones arbitrarias, las cárceles, las torturas, las persecuciones… La ONU también denuncia la labor de “los colectivos armados progubernamentales”, grupos paramilitares armados por Maduro responsables de marcar como “objetivos militares” las casas de los vecinos que ayudaron al reparto de la ayuda humanitaria en Cúcuta, tal como denunció y documentó en ALnavío el diputado Carlos Valero.

Los colectivos también son los responsables de la masacre de los pemones. El pueblo indígena Pemón, en Santa Elena de Uairén, municipio fronterizo con Brasil, y escenario de la matanza el 23 de febrero, día en el que el régimen bloqueó la entrada de la ayuda humanitaria.

En Santa Elena de Uairén estuvo el diputado José Trujillo. En conversación con este diario, reveló que los pemones “certifican más de 25 muertes”, consecuencia de un asalto de los colectivos, los cuales por sorpresa asaltaron uno de sus campamentos y apuntaron contra todos.

Según Trujillo, lo que sí está certificado es que, por el asalto, hubo al menos 15 heridos y una mujer muerta. Una de las nueve personas que, en total, de acuerdo con cifras oficiales, fallecieron ese día.

El crimen de Óscar Pérez

Las muertes del pueblo Pemón fueron definidas por el alcalde de Caracas en el exilio, Antonio Ledezma, como “un crimen de guerra”. Eso dijo a ALnavío. Y también dijo que otro “crimen de guerra fue el asesinato de Óscar Pérez”.

Óscar Pérez fue un piloto venezolano que, tras tomar los mandos de un helicóptero del régimen, atentó contra el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela con disparos y granadas el 27 de junio de 2017.

Óscar Pérez huyó, pero fue encontrado por un comando militar en el que participaron efectivos de las FAES, el Sebin, la Guardia Nacional Bolivariana y la policía. El piloto, acorralado, divulgó por sus redes sociales la llegada del comando, comunicando en varias ocasiones su rendición.

Pese a estar rendido, las fuerzas de Maduro lo acribillaron. Perforaron todo su cuerpo con balas, como mostró hace dos semanas la exfiscal general de Venezuela Luisa Ortega por Twitter. Otra imagen de un régimen que como dijo Bachelet, persigue, reprime, tortura y mata.

Militar rompe el silencio en la OEA: Revela atroces técnicas de tortura cubana en Venezuela – La Patilla – 20 de Marzo 2019

La Directora Ejecutiva del Casla Institute y delegada ante la Corte Penal Internacional Tamara Suju presentó este martes en la sede de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en Washington un informe sobre las torturas sistemáticas a la población venezolana bajo el régimen de Nicolás Maduro.

Suju, estuvo acompañada por el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y además contó con el testimonio del Teniente de la Aviación venezolana Ronald Alirio Dugarte Silva, integrante de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) que contó los detalles de cómo recibieron instrucción para las torturas de militares cubanos.

Gabriel Bastidas@Gbastidas

También el teniente Ronald Dugarte sustrajo de la DGCIM un video que le ordenaron grabar para dejar constancia de que el Capitán Caguaripano no quería comer. En él denuncia problemas de salud, pues orinaba sangre.

Video insertado

Gabriel Bastidas@Gbastidas

Teniente Ronald Dugarte contó en la OEA que presos políticos en la DGCIM son torturados con descargas eléctricas, asfixias con bolsas plásticas, colgamientos con las manos hacia atrás, golpes contundentes en áreas vitales, y los inyectaban con sustancia desconocida. pic.twitter.com/CVocte0vmo

Video insertado

“Observe cómo la milicia de inteligencia cubana realizan operaciones mixtas entre militares venezolanos y cubanos (…) Su trabajo es monitorear todas las unidades militares al momento de que la milicia de inteligencia cubana ingresa, ellas le dan órdenes de cómo realizar el trabajo de inteligencia y siempre sembrando odio a cualquier persona que se muestre contra el comunismo”, dijo.

Por otro lado, contó las atrocidades que presenció en las cárceles militares venezolanas, que aseguró grabó con el telefono escondido en el pecho. “No me había imaginado ver tantas atrocidades inhumanas: prisioneros durmiendo en el piso, haciendo sus necesidades en una botella, prisoneros siendo torturados (…) En varios ocasiones en mi permanencia en el área de investigaciones pude ver al mayor Granco entregar prisioneros que habían sido torturados. A uno de ellos le pregunté y me contó que le hacían descargas eléctricas, asfixias, golpes contundentes, fue inyectado con una sustancia”, contó.

Gabriel Bastidas@Gbastidas

Abogada @TAMARA_SUJU: Funcionarios de la DGCIM utilizan centros clandestinos de tortura. Algunos de estos son viviendas que han sido incautadas al narcotráfico.

Gabriel Bastidas@Gbastidas

ATENCIÓN. Teniente de la Aviación Ronald Dugarte, quien trabajó en la DGCIM hasta el 27 de febrero de 2019, presenta en la OEA video que logró grabar clandestinamente de la situación del Coronel Mejías Laya, preso en la sede de Boleita. pic.twitter.com/rVABFDv9yC

Video insertado

La abogada venezolana informó que han detectado 40 nuevos casos de torturas a menores de edad de 12 y 16 años, a militares y 8 casos de asesinatos extrajudiciales todos serán llevados a CPI. También consignarán pruebas de familiares de militares que cruzaron a Colombia, 5 fueron detenidos por el régimen.

Las víctimas ponen cara a los torturadores de la inteligencia militar de Venezuela por Manuel Trillo – ABC – 21 de Marzo 2019

Un mayor y dos capitanes se encargan personalmente de ejecutar los malos tratos a los detenidos en la sede del Dgcim

El mayor José Sánchez Castro y los capitanes Néstor Blanco Hurtado y Jonathan Becerra, alias «Piraña», son los siniestros oficiales que se encargan de ejecutar con sus propias manos las torturas a los detenidos y secuestrados en los sótanos de la sede de la Dirección General de Contrainteligencia Militar de Venezuela (Dgcim) en Boleíta (Caracas), según la directora del Instituto Casla, la abogada de derechos humanos Tamara Suju. De allí proceden las imágenes de vídeo que ABC adelantó este miércoles, en las que se puede apreciar el trato brutal que se da a los confinados.

De izquierda a derecha, el capitán Néstor Blanco Hurtado, el mayor José Sánchez Castro y el capitán Jonathan Becerra, alias «Piraña»
De izquierda a derecha, el capitán Néstor Blanco Hurtado, el mayor José Sánchez Castro y el capitán Jonathan Becerra, alias «Piraña» – Fotos facilitadas por Tamara Suju. Montaje: Manuel Trillo

Suju, que había dado a conocer el vídeo durante una rueda de prensa en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, divulgó este jueves también las imágenes de los tres torturadores. «La gente cree que los que torturan son militares de bajo rango, pero se trata de mayores y capitanes», asegura Suju a este diario por teléfono desde la capital estadounidense. Según indica, el capitán apodado «Piraña», por ejemplo, es el que se encarga de aplicar las descargas eléctricas y de la violación de los detenidos. «Es el más sádico», denuncia.

La abogada explica que este grupo de miembros de la inteligencia militar que se dedica a torturar está a cargo del coronel Hannover Esteban Guerrero Mijares, director del centro del Dgcim en Boleíta, a las órdenes a su vez del director del Dgcim, Iván Hernández Dala. «Toda la cadena de mando del Dgcim sabe lo que pasa en estos sótanos, y lo saben Néstor Reverol,(ministro del Interior del gobierno ilegítimo), Vladimir Padrino López (Defensa) y Nicolás Maduro (presidente)», sostiene

Entre los torturados en las instalaciones del Dgcim no solo hay militares, sino también civiles, denuncia Tamara Suju. Y no se trata únicamente de presos políticos, sino que hay también personas que permanecen allí secuestradas después de que se les extorsione y se nieguen a pagar la «vacuna», es decir, el dinero que se les exige como condición para no llevárselos. «El secuestro está en manos de los organismos de inteligencia, que extorsiona a empresarios y ganaderos con dinero», advierte.

El aparato de tortura del régimen de Maduro está estrechamente vinculado con cubanos enviados desde la isla, que son quienes se encargan de adiestrar a los funcionarios de los organismos de inteligencia para llevar a cabo estas prácticas. Precisamente, el testigo que detalló este miércoles por videoconferencia en la sesión de la OEA las torturas que se realizan en la sede del Dgcim, el teniente de aviación desertor Ronald Dugarte, reveló que él mismo había sido entrenado por un agente cubano para perseguir y reprimir y que este le especificó a quién le tocaba perseguir. En este sentido, hay incluso centros de torturas clandestinas dirigidos precisamente por cubanos, denunció.

Por otra parte, en el mismo edificio del Dgcim donde se tortura tienen oficinas los fiscales que ejecutan las órdenes de persecución y encarcelamiento. Suju identificó a dos de ellos, Farik Mora Salcedo y Dinora Bustamante. «Imagine el grado de impunidad que hay», comentó a ABC.

Denuncia ante la Corte Penal Internacional

Tamara Suju -que ha sido recientemente designada embajadora en Praga por el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó– incorporará estos nombres a la larga lista de cargos y excargos del chavismo que conforman la cadena de mando de la violación de derechos humanos en Venezuela y que ha denunciado ante la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya. Desde que empezó a trabajar en esta denuncia en julio de 2016, ya cuenta con 190 acusados, entre los que se incluye la ex fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega.

Entre los últimos en añadir a la lista está la ministra de Maduro para el Servicio Penitenciario, Iris Varela, por la represión, apoyada en los «colectivos» paramilitares, a lo largo de los pasados meses de enero y febrero, que se saldaron con 43 muertos, además de cientos de heridos y casi mil detenidos. Según Suju, 26 de esas muertes se atribuen a organismos de seguridad y paramilitares.

El Instituto Casla, con sede en Praga y que dirige esta abogada de derechos humanos, ha llegado a un acuerdo de alerta temprana con la OEA para la «identificación preventiva» de violaciones de derechos humanos en América Latina para evitar que sean masivas y recurrentes y se transformen en crímenes de lesa humanidad, como sucede en Venezuela y Nicaragua.

 

Salen a la luz las torturas de la contrainteligencia militar de Maduro por Daniel Lozano – El Mundo – 21 de Marzo 2019

El teniente Ronald Dugarte ha “desertado” y ha presentado ante la OEA vídeos grabados en la sede de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), incluidas las salas de tortura
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El teniente Ronald Dugarte ha asestado este miércoles en la OEA un demoledor golpe contra el chavismo sólo horas después del informe Bachelet. “Decidí desertar porque no había visto tantas atrocidades, prisioneros que no se les brinda de forma automática servicios médicos y torturados”, desveló el militar, conectado por skype con la sede del organismo, donde se encontraba su secretario general, Luis Almagro, y la venezolana Tamara Suju, defensora de derechos humanos.

Vestido con su uniforme militar, Dugarte presentó los vídeos grabados en la sede caraqueña de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), incluidas las salas de tortura y las celdas de los militares. En esa instalación de Boleíta Norte permanecen 70 militares convertidos en presos políticos.

Son varios vídeos en los que se ve al capitán Juan Carlos Caguaripano negándose a desayunar porque orinaba sangre y ningún médico acudía a verle. Otro coronel aparece de rodillas en la celda, con las manos atadas a la espalda y con los ojos vendados. Y así una sucesión de imágenes impactantes, que confirman las denuncias de los organismos de derechos humanos.

Dugarte relató que los presos son torturados con descargas eléctricas, reciben golpes en zonas vitales, les inyectan sustancias desconocidas y se les asfixia con bolsas de plástico.

El Centro de torturas DGCIM se viste de “gala” antes de la visita de Michelle Bachelet por Tamara Suju Roa – La Patilla – 6 de Marzo 2019

La oficina del Alto Comisionado de Nacionales Unidas, que encabeza la chilena Michelle Bachelet, anunció el envío de una comisión técnica que llegará a Caracas los próximos dias, y que dirá si es necesaria una evaluación “in situ” de la Sra. Bachelet en el país.

Para aligerarles un poco el trabajo de recolectar testimonios, ya que pruebas físicas de lugares, instrumentos y celdas para la tortura están siendo remodeladas, desaparecidas y transformadas, quería describirle como han pasado estos últimos dias los presos civiles y militares que conviven en los sótanos de la División General de Contra Inteligencia Militar ( DGCIM), centro de torturas ubicado en Boleíta, Caracas. La actividad actual de “maquillaje”, a la espera de la visita de la Comisión técnica incluye, remodelación y pintura de paredes, instalación de sanitarios – que no existían y por lo tanto, los presos políticos han hecho sus necesidades hasta ahora en bolsas plásticas o potes- instalación de un televisor y la desaparición física de las celda conocida como “la jaula de los locos” o celda de castigo, famosa por ser el lugar donde se aplica todo tipo de torturas las 24 horas del dia.

No voy a narrar hoy las torturas físicas aplicadas a los detenidos políticos, usadas según las necesidades de obtención de información o castigo que su director, el Mayor General Iván Hernández Dala, necesita para satisfacer a Nicolás Maduro. Es decir, la asfixia, la electricidad, los colgamientos, el uso de narcóticos y otros métodos, están detallados en cada caso, en cada victima, en la Corte Penal Internacional acompañados por supuesto, de la cadena de mando que Hernández Dala necesita para ejecutar sus actos de terror, entre ellos, los oficiales Rafael Franco Quintero, Hannover Guerrero, Alexander Gramko Arteaga, Nestor Blanco Hurtado, José Sánchez Castro, Germán Sánchez, José Castillo, Jonathan Becerra, Johana González, Reunirte Amaro, Keyler Chacón Bautista, Saúl Méndez, entre otros.

El día a día de los detenidos transcurre en medio de la tortura blanca. Aquella que no deja huella física inmediata, pero que merma la salud física y psicológica de las personas, y cuyas huellas pueden ser irreversibles. En las celdas del DGCIM la luz blanca permanece encendida las 24 horas del dia. Nunca es de noche, el cuerpo y la mente nunca descansa. Cuando los detenidos están recién llegados, pasan semanas sin saber la hora, sin saber cuanto duermen, cuando es la hora de comer, siendo la primera desorientación a la que son sometidos.

Los sótanos del DGCIM tienen áreas donde actualmente hay personas cuyos nombres se desconocen, incluyendo mujeres, cuyos gritos “desgarradores” se escuchan sobre todo por las noches mientras los torturan, causando efectos de angustia y zozobra al resto de los detenidos.

La semana pasada, luego de haber pasado tres meses sin recibir luz solar y aire natural, sacaron a todos los presos políticos a broncearse la cara. La ultima vez, que ya casi no recuerdan, fue a finales de noviembre. Quizá Iván Dala debería pensar en llevarles una cámara bronceadora artificial, para llevar a su máxima expresión, su obra bufa.

La “división ideológica editorial” solo permite que los presos políticos reciban como lectura diccionarios de idiomas. A veces, permiten algún libro o folleto que primero deben ser aprobados por dicha división. Tampoco tienen derecho a tener objetos religiosos como crucifijos o libro de oraciones. Las familias no les puede llevar a los detenidos fotos de su hijos o hermanos, nada que les cuente la realidad externa y que los vincule con sus familias.

Tampoco tienen acceso al agua. Solo toman la que la familia les lleva los días de visita. Quienes tienen la fortuna de recibir a su familia semanalmente se hidratan, y quienes no, se quedan sin el vital liquido. Hay presos que solo toman algunos tragos al día, hay otros a los que han privado del liquido casi completamente durante semanas, para castigarlos. Algunos ya padecen enfermedades renales. Los custodios se roban las medicinas que le llevan los familiares, sobre todo las más costosas, como aquellas para la tensión, para la gastritis y antibióticos entre otras. Cuando entre las visitas hay hijas y jóvenes, las acosan y las desnudan delante de oficiales femeninas, algunas de ellas las tratan con morbosidad.

Hace poco, en el día de visita, sacaron a uno de los presos más jóvenes vestido con una braga naranja, a caminar por el área donde los presos políticos reciban a sus familiares. El joven, llevaba atado a su cuello una gruesa y larga cadena, cuyo extremo sujetaba el custodio. Iván Hernández Dala y toda su comitiva de criminales y torturadores deberían visualizarse de la misma manera, en sus próximos dias y años, cuando sean juzgados por los más terribles crímenes cometidos en nuestro país.

Iván Hernández Dala: Ni que pongas la alfombra de “Welcome” a la entrada, borraras los horrores que se ocultan detrás de esas paredes.

Venezuela: Tortura de acusados de conspiración – Human Rights Watch – 9 de Enero 2019

Detención y abuso de militares y sus familiares

Agentes cubanos asisten a Maduro para torturar a los opositores por David Alandete – La Patilla – 28 de Noviembre 2018

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel (L), y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, pasan revista a la guardia de honor durante una ceremonia en el Palacio de la Revolución en La Habana, Cuba REUTERS / Alexandre Meneghini

 

El régimen venezolano ha institucionalizado la tortura como método de represión habitual de opositores, para el que cuenta con asistencia de agentes cubanos, según denunció el martes la secretaría general de la Organización de Estados Americanos (OEA) durante la presentación de un informe sobre crímenes de lesa humanidad elaborado por el Instituto Casla. Este, que ha denunciado a Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional, asegura que ha hallado y documentado 190 nuevos casos de tortura, publica ABC.

El Instituto Casla asegura tener pruebas de al menos once casos, durante lo que va de año, en los que los torturadores tenían acento cubano. Confirman estos hallazgos las sospechas de la secretaría general de la OEA de que hay agentes cubanos -cree que unos 46.000- infiltrados en el régimen de Maduro para protegerlo.

«La tortura no puede quedar impune», dijo durante la presentación del informe el secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien pidió a la Corte Penal Internacional que atienda las denuncias que ha recibido de Argentina, Chile, Colombia, Perú, Paraguay y Canadá contra el régimen de Maduro por estos abusos. Con los nuevos casos, 106 ocurridos en 2018, son 536 las víctimas registradas de tortura, aunque el Instituto Casla cree que la cifra real puede triplicarse.

Estos abusos se cometen sobre todo en la Dirección General de Contrainteligencia Militar, dependiente de la vicepresidencia. Los métodos más comunes son palizas, encadenamiento y ahogamiento simulado. Casla ha registrado prácticas como la privación de aire tapando la cabeza de la víctima con bolsas de plástico. Y ha detectado abusos como mantener a alguien colgado por los pies 72 horas. Los interrogadores emplean gases lacrimógenos y descargas eléctricas. Hay abundantes casos de tortura psicológica, como disparos fingidos a la cabeza. «Nunca había visto tanta maldad como la que reflejan estas denuncias», dice Tamara Suju, directora de Casla.

Uno de los casos denunciados es el de Sorbay Padilla, esposa del coronel retirado de la Guardia Nacional Oswaldo Valentín García Palomo. Fue capturada en Caracas en febrero junto a tres miembros de su familia. Durante cuatro días fue torturada para que revelara el paradero de su marido, opositor al régimen. Encapuchada y con las manos atadas a la espalda, fue rociada con gases lacrimógenos y recibió descargas eléctricas. Se desmayó en varias ocasiones y suplicó que la mataran. Finalmente, fue abandonada en una carretera cercana a su hogar. «El trauma psicológico es lo peor que padecemos los torturados. No hay día que no me acuerde de lo que me hicieron», dijo Padilla durante la presentación del informe.

Una novedad de 2018 es que el régimen venezolano está torturando no sólo a disidentes sino también a sus familiares, a los que detiene de forma arbitraria.

Sánchez, en La Habana

Preguntado por la reciente visita del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, a Cuba, Almagro asegura que cualquier socio internacional de América Latina debe tener claro que «Cuba es parte del problema, no de la solución, porque ningún camino que conduzca a la democracia en Venezuela va a pasar por Cuba, porque Cuba no tiene democracia».

Lorent Saleh explica como sobrevivióa la tortura chavista por cuatro años por Robert Valencia – Newsweek – 16 de Noviembre 2018

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Lorent Saleh, figura de la oposición venezolana, habla en una conferencia de prensa en Madrid el 23 de octubre. A un mes de su excarcelación, Saleh habla con Newsweek sobre su suplicio por cuatro años.
A inicios de la década del 2000, el ahora fallecido presidente Hugo Chávez comenzaría a tomar fuertes medidas en contra de disidentes políticos que criticaron sus medidas populistas, las mismas que llevaron a Venezuela al borde del colapso socioeconómico hoy.

Dentro de las fuerzas opositoras se encontraba Lorent Saleh. El líder estudiantil ayudó a organizar protestas en Venezuela y llevó su causa a otros países con el fin de condenar los abusos a derechos humanos cometidos por los regímenes de Chávez y Nicolás Maduro. En 2014, se mudó a Colombia para estudiar defensa en la Escuela Superior de Guerra, pero luego se vería en aprietos. Ese mismo año, el entonces presidente Juan Manuel Santos lo extraditó a Venezuela bajo acusaciones de llevar a cabo actividades políticas siendo turista en Colombia. A los 26 años, Maduro lo acusó de recibir entrenamiento para cometer atentados terroristas en Venezuela por medio de la derecha colombiana, algo que Saleh niega.

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Lorent Saleh en una conferencia de prensa en Madrid, el 23 de octubre. Saleh habla con Newsweek sobre su experiencia bajo prisiones manejadas por el régimen chavista por cuatro añosOSCAR DEL POZO/AFP/GETTY IMAGES

Por cuatro años, fue llevado preso en dos de los centros de inteligencia más tenebrosos de Venezuela: La Tumba y El Helicoide. El primero es un edificio de 16 pisos que posee varios sótanos, los cuales contienen celdas blancas sin ventanas cuyo único sonido es el pasar del metro de Caracas sobre los rieles. El segundo, originalmente construido para ser un lujoso centro comercial en los años 50s, se convirtió en un lugar operado por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN).

Saleh ocuparía los titulares internacionales como el ejemplo más claro de un régimen que viola los derechos humanos de forma sistemática. En 2017, recibió el Premio Sájarov para la Libertad de Conciencia del Parlamento Europeo, cuyo primer galardonado fue Nelson Mandela en 1988. El pasado 12 de octubre, el régimen madurista excarceló a Saleh, hoy de 30 años, citando tendencias suicidas. Al día siguiente, se trasladó a España con su madre.

En entrevista con Newsweek, Saleh describe su suplicio en prisión, lo que debe hacer la administración de Donald Trump para ayudar a Venezuela y por qué el mundo no debe ignorar una de las peores crisis humanitarias del mundo.

Ahora que hay un nuevo congreso en Estados Unidos, ¿cree que Washington tome mayor acción sobre Venezuela?

Yo creo que se puede avanzar y mucho. El tema de derechos humanos y libertad nos une, y los demócratas y republicanos creen y defienden la libertad y la democracia. Ellos deben adquirir conciencia de cómo el régimen en Venezuela representa una amenaza directa para los ciudadanos norteamericanos, porque Venezuela se convirtió en la capital del terrorismo en la región. Cuando Estados Unidos deje de comprar petróleo a Venezuela, el régimen se desplomará.

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Fuerzas de seguridad entran al El Helicoide en Caracas, 17 de mayo. Saleh describe la influencia extranjera en el aparato de inteligencia bolivariano.JUAN BARRETO/AFP/GETTY IMAGE

¿Las sanciones de la administración Trump contra funcionarios maduristas debilitarán el régimen?

Yo creo en las sanciones, y de hecho le he pedido al gobierno de España que las aumente y las profundice, es decir, que no solamente incluya a los funcionarios sino también a aquellos que están involucrados con ellos. Una persona que viola abiertamente los derechos humanos y que abusa del poder no puede gozar de impunidad. Por lo tanto, el deber de la comunidad internacional es presionar al régimen y llevarlo a la rendición.

Usted dijo que volvería a Venezuela con muchas personas, pero Maduro todavía maneja el país. ¿Por qué volvería a Venezuela en medio de un gobierno que se niega a ceder el poder?

[Larga pausa] La vida de un hombre o de una mujer no cabe en una maleta. Nadie huye de su país, nadie sale caminando de su país, nadie vive expatriado por placer. Venezuela no está muerta, está viva pero secuestrada por la mafia. Sin embargo, Nicolás Maduro está debilitado y desgastado, ahora hace falta que la oposición se concrete en torno a una alternativa democrática y se va a dar una transición porque el sistema colapsó, y dentro de las filas del gobierno cada vez está más difícil ser más leal a algo que fracasó. Debemos regresar a Venezuela para ponerla a producir y sacarla adelante.

¿Como se puede concretar una oposición que se ha visto debilitada por el régimen?

Es una tarea difícil y compleja, pero vale la pena. Yo creo que el éxito no es otra cosa que levantarse una y otra vez. La oposición está golpeada, la dirigencia política opositora a la dictadura está perseguida y está presa, y con toda razón ya que son 20 años de dictadura violenta. Pero al mismo tiempo, el deseo y la voluntad de libertad está ahí.

Escuchamos de boca del ex presidente colombiano Álvaro Uribe que los militares “deben apuntar sus armas al palacio de Miraflores” mientras que Trump contempló la intervención militar. ¿Esta es la solución?

Yo no creo en la lucha armada, y eso que vengo de la línea más radical de la oposición. Creo que en la resistencia porque nací y ayudé a crearla en Venezuela, y las armas no son una opción. Lo que vive Venezuela es un estado de total violencia y eso no se combate con más violencia. Ese cuento de una intervención militar y todo un despliegue internacional pone más complicaciones a algo que es más sencillo de lo que parece. Se lo dije al primer ministro de España Pedro Sánchez y a la vice presidenta de Colombia Marta Lucía Ramírez hace unos días: Es más efectivo una llamada con voluntad política que 10 fragatas artilladas.

La dictadura está lo suficientemente débil para que se dé una transición, pero se necesita que Latinoamérica “le corte el chorro” y que Estados Unidos, por ejemplo, deje de comprarle petróleo. Vamos a ver cómo termina de ser la llegada de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil el próximo año, pero va a tener una línea dura contra Venezuela.

Pero Bolsonaro también tiene una postura radical y añora la dictadura militar de Brasil que gobernó entre los años 60s y 80s.

Habría que ver porque una cosa es ser candidato y otra cosa es ser gobierno. A veces dicen cosas por voto pero no porque lo crean así. Probablemente no sea tan radical como se pensó en las elecciones y será más cuidadoso en su forma de gobernar.

¿Y qué debe hacer la ONU?

En el caso de la ONU, Michelle Bachelet tiene una enorme responsabilidad como comisionada de derechos humanos de ese organismo, porque su silencio frente a Venezuela cuesta caro y significa la muerte. Ella sabe lo que es la prisión política y sabe que en Venezuela hay un estado terrorista. Como presidenta de Chile trató y evitó muchas veces tocar este tema, pero es que ahora tiene un cargo donde tiene que abordarlo.

Usted habló de un preso inocente que todavía está en esos sótanos. ¿Cuántos presos políticos hay en Venezuela?

En Venezuela se calcula que el número de presos políticos sobrepasa los 300, pero es muy difícil tener una cifra oficial. En El Helicoide hay muchas personas que están secuestradas, que nadie sabe que están ahí, por razones económicas. En Venezuela, ¿cómo calculas cuántos presos políticos si todos los días están allanando casas, persiguiendo periodistas? Me sacan a mí pero meten a 20 más sin orden de captura y en absoluta impunidad. Nadie los frena y hacen los que les da la gana, por eso es que no permiten desde hace 15 años que organizaciones internacionales visiten estos centros para evaluar la situación de derechos humanos.

En una entrevista usted mencionó que “nuestra generación está asesinada, presa o en el exilio.” ¿Cuántas generaciones se necesitarán para levantar a Venezuela?

El mayor capital de Venezuela es su gente, y eso es algo que no se han podido robar. Creo que la economía se puede reactivar en un estado donde se respete la propiedad privada y la inversión. Creo que la educación y la salud se puede levantar de manera rápida porque estamos en pleno 2018 y la tecnología está disponible.

Usted dijo que hablaría con el ex presidente colombiano Juan Manuel Santos luego de que lo extraditara a Venezuela en 2014. ¿Qué le diría si lo tuviera en frente?

Hace tan solo días, Santos estuvo en España en un foro donde yo también estaba invitado [larga pausa]. Yo no sé qué decirle, porque es él que tiene que decir cosas. Además como Premio Nobel, debería decirle al mundo muchas verdades, como el hecho de no entregar a un activista en derechos humanos a manos de una tiranía. Hoy, cuando se van a cumplir el 70 aniversario de la declaración de derechos humanos, están ocurriendo cosas graves en contra de activistas. Lo que hizo el señor Juan Manuel Santos es un ejemplo de lo que no se puede hacer, ni con ciudadanos de todo tipo. Tú no puedes secuestrar a alguien y entregarlo sin orden de captura.

Si no se hubiera hecho esa entrega, ¿cree que no se hubiera alcanzado el proceso de paz en Colombia?

No es que haya un proceso de paz, sino simplemente es una cosa que evoluciona. Es un fuerte desplazamiento de terroristas y guerrilleros colombianos hacia el territorio venezolano. Una de las cosas que le incomodaba al gobierno de Santos y La Habana era las denuncias que yo hacia en el 2014 sobre las operaciones guerrilleras de las FARC y ELN en suelo venezolano. La producción de droga no ha descendido y se modificó las rutas del Caribe y del Pacífico por Venezuela, que se ha convertido en la plataforma del narcotráfico.

Hablemos un poco de su experiencia en El Helicoide y en La Tumba.

La Tumba es un lugar sofisticado y bastante moderno. Es un laboratorio que es más parecido a un manicomio y queda a varios sótanos bajo tierra. No es propio de los venezolanos ese lugar; es un lugar de tecnología y operación distinta a la venezolana. Se sienten los cubanos y los rusos allí. Un laboratorio moderno para la aplicación de la tortura psicológica, con temperaturas muy bajas, intensa luz blanca, hecho para aislar a las personas donde no haya sonido ni colores distintos al gris. Es un lugar completamente vigilado y donde no hay comunicación con nadie; es todo el peso del estado sobre el individuo allá abajo. Además, existe esa sensación de que el metro está sobre ti y que pasan miles de personas por minuto pero que no tienen la más remota idea de que hay alguien vivo allí abajo. No puedes saber del tiempo, no existe el tiempo. Pierdes la noción de todo.

El Helicoide es exactamente lo contrario. Es un edificio viejo, remodelado y remendado por muchos lados. Hay hacinamiento, desde personas que pican gente hasta empresarios, banqueros y narcotraficantes, y un gran margen de presos políticos. Es más violento. La tortura física, el sadismo, es más criollo, es la decadencia y la ruinas de lo que fue un estado poderoso. Hoy sigue siendo usado para la tortura.

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Vista general de El Helicoide, la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y del CICPC (Policía científica) en Caracas, 8 de agosto. Saleh estuvo preso durante cuatro años y describe para Newsweek su experiencia en ese centro de operaciones.FEDERICO PARRA/AFP/GETTY IMAGES

Acaba de decir que La Tumba es operada por rusos y cubanos. ¿Puede dar más detalles?

Todo el servicio de inteligencia y aparato de control y de seguridad venezolano fue entregado al servicio cubano y ruso. Con ellos han cambiado sus programas de formación desde hace 10 años y han vaciado toda su doctrina y mecanismos de control social. Eso lo sabemos todos los venezolanos, porque han logrado crear un organismo de espionaje. Al interno, hay una gran debilidad, porque esos funcionarios tienen familia que pasan hambre y también les llega el hampa. Ellos están descontentos y débiles por dentro, por eso son tan violentos.

¿Se saben de otros lugares similares como La Tumba y El Helicoide en otras partes del país?

A parte de esos dos lugares, está la Dirección General de Contrainteligencia Militar, está 26 de Julio en los Llanos y Ramo Verde. Pero hay cualquier cantidad de casas clandestinas en manos del SEBIN y de los cubanos donde tienen gente secuestrada. Esto es incontrolable porque además no solamente persiguen por razones políticas sino también económicas. Estos grupos secuestran a cualquier persona a cambio de dólares, y no tienes quién te defienda, ni siquiera los fiscales o el defensor del pueblo.

Se ha dicho que su liberación ocurrió luego de la visita del senador estadounidense Bob Corker a Caracas, pero también se dice que la muerte de Fernando Albán y el activismo de su madre fueron factores importantes, pero no se sabe a ciencia cierta el motivo de su excarcelación. ¿Qué cree que llevó a un régimen tan duro a liberarlo?

Fue una suma de muchas cosas. La verdad es que los vencimos, eso fue lo que ocurrió. La Unión Europea asumió mi caso como si fuera el suyo, cuando fui galardonado con el Premio Sájarov. La iglesia católica también presionó, los gobiernos de EE.UU y Latinoamérica presionaron, y mi mamá logró moverse por todo el mundo para visibilizar lo que estaba pasando en Venezuela. Los medios de comunicación tuvieron un rol fundamental.

El trabajo interno en la prisión, es decir, ser un virus de libertad dentro del sistema represor influyó mucho. Fueron muchas cosas, y dentro de ellas la muerte de Albán. Para las tiranías, no somos seres humanos, somos cosas. En mis años tras las rejas trataron de quebrar mi espíritu, pero no lo lograron.

Si Chávez no hubiese fallecido, ¿se hubiera llegado a este nivel de decadencia?

Probablemente hubiese sido hasta peor. Chávez no es que era menos malo, es que tenía el barril a $130, pero él asesinaba y apresaba gente. El colapso de Venezuela, su crisis y convertirla en la capital del terrorismo occidental fue una obra de Chávez. Cuando Maduro llegó al poder en 2013, ya todo estaba destrozado. En Venezuela ya estaban los paramilitares, la guerrilla colombiana, ETA, ISIS y Hezbollah. La única diferencia es que Chávez tenía más dinero, pero arremetía contra los estudiantes y compañeros míos, que fueron asesinados. Lo mejor que le pudo haber pasado al chavismo es que Chávez se muriera. Definitivamente fue una persona que le trajo mucho daño a nuestro país.

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Lorent Saleh (izq.) sostiene la mano de su madre Yamileh (der.) durante una conferencia de prensa en Madrid, el pasado 23 de octubre. Saleh se mudó a España luego de su liberación.OSCAR DEL POZO/AFP/GETTY IMAGES

¿Alguna vez pensó que iba a salir vivo de allí?

La primera opción que tenía era que iba a morir allí adentro, pues estaba enterrado en La Tumba y en manos de mis enemigos. Allí, la muerte estuvo siempre ahí, durmiendo a mi lado, y en El Helicoide también. No se si recuerdas que hubo un motín muy fuerte en El Helicoide [a comienzos de año] porque no solo era el enfrentamiento con los comandos del SEBIN y del ejército, sino que habían 200 delincuentes comunes con puñales.

El mismo día que me entregaron al gobierno español pensé que iba a morir allí adentro. Habían psicólogos, profesionales y mis familiares que me decían que me visualizará en libertad y lo que me gusta hacer, pero era imposible. ¿Cómo visualizabas la libertad cuando estabas allí adentro secuestrado? Pero pasó algo que nunca se esperaba, que me iban a soltar y entregar a Europa. La zozobra y la incertidumbre, que también le pasa al venezolano en general, es una forma de tortura. Vivimos en un estado de terror.

Pero ahora vive en España. ¿Sigue temiendo por su vida?

Sí. Siempre está esa sensación de que en cualquier momento te vas a levantar y vas a estar en otra celda, viendo los barrotes y las paredes. Hace unos días, mi mamá le dijo al gobierno español que tiene miedo de que negocien con el régimen de mi país y nos entreguen. Esa amenaza siempre está para los que defendemos los derechos humanos.

Lorent Saleh, preso y torturado cuatro años por el chavismo: “Buscaban anular todos mis sentidos” por Cayetana Alvarez de Toledo – El Mundo – 28 de Octubre 2018

El venezolano Lorent Saleh, durante la entrevista en Madrid. ANTONIO HEREDIA

Hijo único de una humilde costurera soltera de origen palestino, a los 20 años se convirtió en activista por los Derechos Humanos en su país, Venezuela. El chavismo lo encarceló y torturó cuatro años, hasta que el pasado 12 de octubre aceptó trasladarlo a España. En 2017 fue distinguido con el Premio Sajarov. Esta es la primera entrevista que concede a un periódico ya como un hombre libre.

Pregunta.- Ha estado cuatro años preso en Venezuela. Más de la mitad, en un lugar siniestramente llamado La Tumba. ¿Qué es La Tumba?

Respuesta.- La Tumba es un centro de tortura. Está ubicado cinco pisos bajo tierra, en un edificio del centro de Caracas llamado Plaza Venezuela, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional. Es un laboratorio creado para la aplicación de un tipo muy particular de torturas. Un lugar sofisticado, moderno.

P.- ¿Moderno?

R.- Muy moderno. La gente no lo sabe. Sólo ha visto imágenes de El Helicoide, el otro gran centro de tortura del régimen chavista.

P.- Un lugar sórdido.

R.- El Helicoide es lo criollo, el garrote, la costilla rota, el bate. Es la secuela de la decadencia de lo que una vez fue la cuarta República venezolana. El edificio es viejo y su interior es sórdido, sí. Plaza Venezuela es distinto. La institución es la misma, pero la estética y los métodos son diferentes. La Tumba es la tecnología y la tortura psicológica. Todo brilla. Todo es limpio y blanco. El silencio es absoluto; la soledad es completa. Parece un manicomio futurista. El Helicoide es el hacinamiento, el mal olor, las cucarachas y las ratas. La Tumba son los espejos, las cámaras, las paredes blancas. Se huele perfectamente el tufo extranjero.

P.- ¿Cubano?

R.- Ruso-cubano. No es Venezuela. El venezolano rompe costillas. No te saca la sangre antes de un interrogatorio para debilitarte. No te expone a la tortura blanca.

P.- ¿Qué es la tortura blanca?

Lorent Saleh hace una larga pausa mientras mira de reojo hacia su madre, que está sentada a unos metros, junto a la ventana. Espera que ella abandone la habitación. Luego se sienta en una silla, con las manos cogidas a la espalda.

R.- ¿Diría usted que estoy siendo torturado?

P.- No…

R.- A mí me tomaron una foto así. Cualquiera hubiera dicho: “No está tan mal Lorent”. ¿Pero qué pasa a las 12 horas de estar en esta posición, con las manos esposadas y una intensa luz blanca en la cara? ¿Y a las 24? ¿Y a la semana? Extenuado. Destruido. Haciéndome todo encima. Los mecanismos de protección y garantías de los derechos humanos han evolucionado en los últimos 70 años, pero menos que los métodos de tortura.

Lorent se pone de pie. Levanta un brazo a la altura del hombro y lo coloca sobre una estantería, como si lo tuviera atado.

R.- Esposado así. Soportando chorros de agua sobre el cuerpo cada hora. La luz blanca, siempre blanca… Luego la corriente eléctrica… Los golpes. Te rodean las muñecas de tirro -papel periódico con cinta adhesiva- para que las esposas no dejen marca. Lo mismo en la cabeza. Y esto en mi caso. Se cuidaban de no dejar huella. Buscaban métodos alternativos a la violencia a palos, porque no les convenía. A otros presos directamente les rompían las costillas y los dejaban morir.

P.- Lo trasladaron a La Tumba desde Colombia. El ex presidente Santos afirmó en una entrevista a El Mundo que la suya había sido una extradición legal.

R.- Juan Manuel Santos, Nobel de la Paz, me secuestró y me entregó en un pacto con Maduro.

P.- ¿Por qué?

R.- Primero, porque yo llevaba tiempo denunciando su complicidad con la dictadura. El proyecto personal de Santos -el acuerdo con las FARC y el premio Nobel- chocaba con la causa de la democracia en Venezuela. Santos necesitaba complacer a Maduro, que además lo tenía bajo chantaje a través de la guerrilla. Las FARC, el ELN y los grupos narcoterroristas con los que Santos buscaba un acuerdo forman parte del régimen venezolano. Maduro tenía la capacidad de tumbar el proceso de paz. En segundo lugar, yo llevaba tiempo trabajando en Colombia sobre un asunto incómodo para Santos en ese momento: la ocultación de víctimas de las FARC. Durante el proceso de paz, nadie hablaba de los asesinados, los secuestrados, los desaparecidos. Mi ONG, sí. Las dos cosas se sumaron y Santos me entregó. No fue una extradición ni una deportación. Nunca hubo orden de captura de un tribunal venezolano ni una solicitud de Interpol. Nunca me presentaron ante un tribunal en Colombia. Nunca compareció un fiscal. No me permitieron defenderme. Santos me secuestró y me entregó a sabiendas de lo que me pasaría.

P.- Lo llevaron a La Tumba.

R.- Cuando llegué me desnudaron. Me fotografiaron. Me raparon. Me pusieron un traje color caqui. Y empezamos a cruzar puertas. Gruesas. Blindadas. Hasta llegar a una sala cubierta de espejos y cámaras. Todo estaba limpio, impoluto. Sentí el poder. Absoluto. Totalitario. Atravesamos dos pasillos estrechos. Puertas y más puertas. De pronto oí un rugido, como de una turbina. La descompresión. Y luego otra puerta. La abrieron. Y entramos. Parecía el cuarto de refrigeración de un matadero. Había sólo siete calabozos. Todos vacíos. Me metieron en uno y cerraron las rejas. Miré a mi alrededor. La celda era pequeña, de dos metros por tres. Había una cámara en el techo, que seguía todos mis movimientos. Un timbre. Un colchón sobre una lámina de cemento. Y dos potes, uno para beber agua y otro para orinar. Y pensé: Uhhhhh…

P.- Uh…

R.- La sensación de haber sido aplastado por el Estado en su mayor expresión de violencia y terror. Literal y figuradamente. Escuché el ruido del Metro sobre mi cabeza. Pensé en toda esa gente, esos viajeros más o menos despreocupados. Me dije a mí mismo: “Ninguno de ellos sabe que yo estoy aquí, debajo, enterrado en un sarcófago blanco”. Y también: “Jamás saldré vivo de este agujero”. En un lugar así, ni siquiera hace falta que te pongan un dedo encima. Tú deseas que te golpeen.

P.- ¿Deseaba que le golpearan?

R.- Espere. Necesito terminar la descripción. El frío. Glacial. Lo utilizan para encogerte. Para que no puedas moverte. Para reducirte a una lámina de piel. Para jibarizarte. Para que sepas que el individuo, tú, no vales nada. Por más que te hayas preparado para algo así, y los activistas venezolanos en Derechos Humanos estamos preparados, te hundes. Yo empecé a llorar.

P.- ¿Cómo sobrevive un hombre en esas condiciones dos años?

Lorent Saleh levanta una pierna y golpea el zapato contra el suelo, dos, tres, cuatro veces.

R.- Esto es lo que hacen: pisarte, pisarte, pisarte. Pero no matarte. Eso es lo peor. No te matan. Te dejan ahí para poder levantar el zapato y mirarte y reírse. ¿Me explico?

P.- Sí, por eso con más motivo le pregunto: ¿cómo sobrevivió?

R.- Mi madre dice que me robaron cuatro años de vida. Yo creo que no. Ni me los robaron ni los perdí. El tiempo no se detuvo. Yo entré en la cárcel con 26 años y salí con 30. Lo que aprendí no me lo quita nadie.

P.- ¿Qué aprendió?

R.- El poder de la contemplación. El valor de lo esencial que parece invisible. Los periodistas y los políticos quisieran que yo hablara de otras cosas. Pero para mí esto es lo fundamental. ¿Cuánto vale el color verde? ¿Y el azul? Yo estuve en un sarcófago blanco, como un ciego, meses y meses. ¿Y cuánto vale la conciencia del tiempo? No es que yo no supiera si era de día o de noche. Es que no sabía si había dormido una hora o diez. ¿Y qué valor tiene un espejo? Cuando no te ves la cara durante mucho tiempo te olvidas de cómo eres. La primera vez que me vi en un espejo tuve un ‘shock’. Me palpé, susurré… “Éste soy yo”. El cielo no es cualquier cosa. El sol, la luna, la lluvia, las estrellas… tampoco. Unos zapatos. Una silla. Yo peleé tanto, como un loco, para conseguir cosas que a cualquiera le parecerían irrelevantes. Hice una huelga de hambre de 18 días para que me dieran un reloj. La Defensora ¡del Pueblo! me decía: “¿Dónde está escrito que un reloj es un derecho humano? ¿Dónde dice que debamos dejarle una mesita?”.

P.- Algunas cosas consiguió.

R.- Sí, aunque luego me las quitaban. Me gusta leer y escribir. Octavio Paz y Borges son mis autores favoritos. Recuerdo cuando por fin me dieron un lápiz. Gastado. Como un tapón. Y una hojita. ¡No quería que se acabara nunca! Escribía con letra diminuta. La giraba. Buscaba rinconcitos blancos donde seguir escribiendo. El valor de las cosas… Fui sometido a una técnica de aislamiento celular. Su objetivo es anular, uno a uno, todos los sentidos del preso, hasta que ya no sabe si está vivo o muerto. ¿Y sabe usted cuál es la única forma de averiguarlo? El dolor. Por eso quieres que te golpeen. Y por eso te golpeas a ti mismo. Contra el suelo. Contra los barrotes. Contra lo que sea. Buscando la sangre. Porque solo la sangre y el dolor te reafirman en que sigues existiendo.

P.- Usted intentó suicidarse.

Lorent Saleh se arremanga la camisa y estira el brazo izquierdo. Dos gruesas cicatrices cruzan sus venas.

R.- Lo intenté cuatro veces. Pero ahí entró en juego algo distinto. Llevaba más de un año en La Tumba. Sabía que el régimen no iba a soltarme y que yo no iba a ceder. Y tomé una decisión: mis carceleros ya no dormirían tranquilos; no verían relajadamente la televisión mientras yo estuviera ahí. Y así lo anuncié: “Yo estoy dispuesto a matarme. Y si me mato ustedes van a ir presos. Y a sus jefes les dará igual. Los sacrificarán como insectos”. No era un: “¡Oh, ah, quiero morirme!”. Al contrario. Era mi último recurso. Como una huelga de hambre, pero más fuerte. Porque ellos debían saber que iba en serio. Mis intentos de suicidio fueron una forma de desafío a la dictadura.

P.- Se cortó las venas.

R.- La primera vez intenté guindarme.

P.- ¿Guindarse?

R.- Sí, colgarme. Con una sábana. Pero me vieron a través de la cámara. Entonces tuve que diseñar otra estrategia. Al baño siempre debía ir acompañado de un funcionario. Cuando por fin permitieron que me afeitara empecé a simular el mayor sometimiento. Para que cogieran confianza conmigo y bajaran mínimamente la vigilancia. Y así me fui llevando a mi celda trocitos de cuchilla de afeitar. Hasta que un día, de madrugada… A partir de entonces, un funcionario tuvo que dormir en mi celda cada noche. Con un ojo medio abierto, aterrado. Una noche intenté colgarme de las rejas. Mi carcelero se despertó y se abalanzó sobre mí para salvarme ¡y salvarse! Otro día, volviendo del baño, le cerré la puerta en la cara. Le dije: “Estoy cansado. Se acabó”. Y me volví a rajar. A los dictadores hay que desafiarlos. Para que sepan que no son dioses. Que también pueden sangrar y llorar y sufrir. Y que sus abusos tienen un coste, no sólo para los demás. Ésa es la verdadera resistencia: el desafío.

P.- ¿En su caso, cuál era el objetivo concreto de las torturas?

R.- Que denunciara a Antonio Ledezma, María Corina Machado, Leopoldo López o Álvaro Uribe. Con Uribe tenían una obsesión. Y yo era la pieza que les faltaba en su delirante narrativa: Colombia, los paramilitares, la oposición venezolana, los gringos. Algo parecido le ocurrió a Joshua Holt, un mormón americano con el que coincidí en El Helicoide. Lo detuvieron simplemente por ser catire -rubio- de ojos azules. El enemigo yanqui… Reforzaba su relato.

P.- Después de dos años y medio en La Tumba, fue trasladado al Helicoide.

R.- El cambio fue difícil. Yo estaba acostumbrado al silencio y a la soledad. El Helicoide era ruido, mugre, hacinamiento, depravación. Presos políticos y opositores se mezclaban con presuntos corruptos y 200 presos comunes. Me enfermé.

P.- ¿Cómo es El Helicoide?

R.- El Helicoide es la pura expresión del Estado mafioso. Ahí reina la extorsión, sobre todo económica. A niveles que nadie es capaz de imaginar. Hay presos que han llegado a pagar 200.000 dólares a cambio de una celda un poco mejor. Sus familias se han endeudado, y sus hijos y sus nietos. Y luego están los corruptos, reales y presuntos. El SEBIN sabe que Fulano tiene dinero. Le montan un expediente simulando un hecho punible, igual que a los presos políticos. Lo secuestran. Lo encierran. Lo torturan. La familia de Fulano no tiene adónde denunciar, claro, porque es la propia policía la que lo tiene secuestrado. Y entonces le dicen: “Venga, Fulano, paga tanto”. Y Fulano paga.

P.- Y ellos lo llaman “lucha contra la corrupción”.

R.- Es la peor corrupción. Y es endémica. Para el Gobierno tiene dos ventajas. En plena ruina económica, le permite pagar a los funcionarios esbirros. Y al mismo tiempo garantiza que le serán férreamente leales. Si cualquiera de estos funcionarios decidiese un día hacer lo correcto, bastaría recordarle su historial para que volviera volando al redil criminal. Así funciona el sistema de terror en Venezuela. Y por eso yo no podía demostrar la más mínima debilidad.

P.- ¿Otros sí lo hicieron?

R.- Yo he visto a hombres arrodillarse para que les golpearan. Y lo peor -lo más terrible y estremecedor-, he visto a hombres no hacer nada frente al sufrimiento de otros hombres. He visto presos colgados tres días de una reja. Crucificados. Y a otros presos pasar a su lado, como si nada. He visto a reclusos prestarse para maltratar a otros reclusos, creyendo que así evitarían ellos ser maltratados. Y eso no sucedía, claro. También era maltratados. Y más todavía. Porque nadie, ni sus carceleros ni sus compañeros, confiaba ya en ellos. Es tan enfermo, tan trágico: ver al ser humano en su estado más elemental y miserable. Como el judío que lleva a otro judío al horno. Eso ha conseguido el chavismo, la deshumanización más abyecta.

P.- No sé qué decir.

R.- Déjeme que lo diga yo. Unos se acostumbran a golpear, someter, torturar. Pero lo peor es que otros se acostumbran a ser golpeados, sometidos, torturados. Es como el elefante bebé, al que atan de una cadenita con un clavo al suelo. Y el elefante crece y se hace inmenso, pero sigue ahí, encadenado. Porque no sabe que le sobra fuerza para romper la cadena con un solo movimiento. El ser humano es así. Es el animal más doméstico. En El Helicoide tratan a los presos peor que a los perros y la mayoría lo soporta.

P.- ¿Usted nunca se sometió?

R.- Sí. Una vez callé. Y fue el peor día de mi estancia en la cárcel. De mi vida. Una mañana desperté escuchando el llanto de un hombre rogando clemencia. Y luego un golpe seco. Y otro. Y al mismo tiempo la risa del torturador. Me fui hacia los barrotes de mi celda. Nadie decía nada. Sentí asco. Empecé a llamar al funcionario, temblando de miedo. Y el funcionario apareció. Con una naturalidad absoluta. Llevaba la gota de sudor en la frente. Jadeaba. Tenía una sonrisa en la cara. Me preguntó, amable: “¿Cómo estás, Lorent? ¿Qué necesitas?” Y me hundí. La gota, su respiración agitada de tanto golpear, y esa sonrisa… Era un funcionario al que yo había creído incapaz de hacer algo así, distinto a los demás. ¿Cómo podía ser tan cruel con otro hombre y tan amable conmigo? ¿Cómo digerir eso? No supe qué decirle. Regresé al fondo de mi celda, como un perro. Esa noche tuvieron que doparme. Había destruido el calabozo. Me había dado golpes contra las paredes. Lo había roto todo. Nunca más callé. Pero no me perdono haber callado ese día. Fue una traición. A ese hombre. A mí mismo. A mi causa.

P.- También aprendió.

R.- Muchas veces, para justificarse, los funcionarios decían: “Éstos a los que golpeamos son presos comunes, delincuentes”. Y aunque lo fueran, ¿qué? Como si el hecho de que una persona sea un criminal te diera a ti el derecho a dejar de ser humano. Ahora bien: ¿torturar es de humanos? Piénselo… Yo creía que no lo era. Pero quizá estaba equivocado. El hombre no es un buen salvaje. Rousseau se equivocó. El socialismo y el comunismo también, claro. Por cierto, ¿por qué el nazismo está prohibido y el comunismo, no? ¿Lo ha pensado alguna vez?

P.- Muchas veces… Usted protagonizó el motín de El Helicoide.

R.- Sí, sé que las imágenes tuvieron un impacto mundial. El motín se veía venir. Fue la acumulación de muchos factores: las extorsiones, las torturas, el secuestro de menores de edad… Muchachos de 16 años hacinados en una celda. Yo no lo podía soportar. Y El Helicoide explotó. Y se demostró lo que le comentaba hace un momento, con la metáfora del elefante. El ser humano tiene una fuerza impresionante, sólo que no lo sabe. Nosotros volamos todas las rejas de ese maldito lugar. Tomamos todas las cámaras de seguridad. Yo destrocé los tres candados de mi celda con mis propias manos. Los funcionarios vieron eso y huyeron. Ese día descubrieron que ellos también sangran, aunque no sufrieron un rasguño. Ese día se dieron cuenta de que ahí había hombres, no insectos. Lo mismo ocurre con la sociedad.

P.- Después del motín, tres grupos de presos fueron liberados. Usted no.

R.- Yo tuve que asumir el castigo del motín y fue sumamente duro. Vi cómo eran liberados todos mis compañeros, activistas y presos políticos. Dos personas que se despiden a través de las rejas, el calor humano dividido por el frío del acero. No es fácil, no. Cuando sueltas la mano y te quedas solo… Te agarras la cabeza, esperas el latigazo del huracán y al mismo tiempo piensas: ¿por qué él sí y yo no, cuando tengo más derecho, cuando llevo más tiempo? Y te sientes un miserable por pensarlo. Y llegas a la conclusión de que Dios no existe o que no le importa. Y entiendes que sólo hay una salida para soportar lo que viene: asesinar cualquier esperanza de salir en libertad.

P.- ¿Cómo lo hizo?

R.- Renunciando a todo. A lo más importante, incluso al amor a la familia. Yo soy liberal, de derechas y católico. Pero en esos momentos hubo dos cosas que me ayudaron especialmente. Estudié el budismo como forma de desprendimiento. Y empecé a leer los discursos de Pepe Mujica [el ex presidente de Uruguay]. Mandela es la referencia universal de cualquier preso, pero su tiempo y circunstancias me son ajenas. Mujica, en cambio, estuvo 13 años preso en una cárcel llamada precisamente La Tumba. Y leer sus textos era como leer mi mente. Sobre todo una frase suya, que hago mía: “Descubrí qué tan duro grita la hormiga”. Es decir, el valor de la contemplación. De la concentración en los detalles más ínfimos como forma de supervivencia.

P.- A usted lo liberaron pocos días después de la sospechosa muerte del concejal Fernando Albán, que cayó del décimo piso de Plaza Venezuela. ¿Cree usted que lo mataron?

R.- Sospecho que lo lanzaron ya muerto, aunque lo mismo daría si se hubiera tirado él. También sería una víctima directa de la dictadura. Yo estuve en ese mismo piso 10, junto a esa misma ventana, y conozco la desesperación que podría llevar a un hombre a saltar.

P.- ¿Por qué ha sido liberado?

R.- Se ha especulado mucho sobre los motivos. Hasta se ha dicho que fue gracias al ex presidente Zapatero. Es falso. Zapatero no tuvo nada que ver con mi liberación. Yo soy libre por un cúmulo de factores. El primero, la lucha de mi madre. Luego, la presión de los periodistas, cuando ni siquiera los políticos querían hablar de mi caso. El trabajo de mis abogados. El apoyo del Parlamento Europeo, que el año pasado me concedió el Premio Sajarov. El debilitamiento del propio régimen. Y la ayuda de muchos países, incluida España.

P.- No guarda rencor.

R.- No. La necesidad de venganza es otra forma de servidumbre. Además, mi celda no está vacía. En las cárceles chavistas aún quedan muchas personas inocentes por las que debemos luchar y fuera, un país entero por reconstruir.

P.- ¿Cómo?

R.- Los venezolanos se sienten derrotados. Yo no voy a decirles, como hacen algunos: “Ya estamos cerca del final, falta poco”. Ni falta poco ni será fácil. Es y será difícil. Y, además, tiene que serlo. De pequeños nos decían que las cosas que valen la pena no se consiguen sin esfuerzo y sacrificio. Y esto por lo que estamos luchando vale la pena. De hecho, es lo más valioso que tenemos. Es la democracia y es la libertad.

P.- ¿Qué es Venezuela hoy?

R.- Un Estado terrorista. Definitivamente. El régimen de Maduro se sostiene mediante el pánico, la violencia y el hambre. El hambre no es la mera consecuencia de un mal gobierno. Es una estrategia, y de las más efectivas, de sometimiento. El régimen tiene que subyugar a los venezolanos porque ya es incapaz de convencerles. ¿Cómo lo hace? Aprovechándose de su nobleza y profunda vocación democrática. Así se lo comenté al presidente Sánchez.

P.- ¿Qué le dijo?

R.- Le dije: “Mire, presidente: yo vengo de la línea más radical de la oposición y jamás se ha valorado como opción la lucha armada. Si se hubiese planteado, la mitad de los líderes chavistas estarían bajo tierra. Millones de venezolanos han preferido incluso el exilio antes que la confrontación. El pueblo es pacífico. El que sí es terrorista es el Gobierno”.

P.- ¿Y qué le contestó?

R.- Me dijo que también lo entiende así.

P.- ¿Y le pidió usted algo concreto?

R.- Le insistí en la importancia de las sanciones. Es falso que las sanciones perjudiquen a la gente, como ha dicho Zapatero. Al revés. El pueblo agradece que se castigue a sus torturadores. Pero, además, veamos las cosas más allá de Venezuela y sus víctimas. ¿Cómo no vamos a sancionar a criminales de este calibre? ¿Qué mensaje estaríamos trasladando al mundo? Que a máxima crueldad, máxima impunidad. También le hice al presidente Sánchez otra reflexión: no es la oposición venezolana la que debe exigir la rendición del régimen. Deben hacerlo España y las demás democracias del mundo. Son ustedes los que tienen que decir: “Hasta aquí. Ya no más. Basta”.

Lorent Saleh: Katherine Harrington dirigía las torturas dentro del Sebin por Sarai Coscojuela – TalCual – 23 de Octubre 2018

Después de cuatro años preso, Saleh aseguró que no negoció nada para su salida de la cárcel y que no se quedará callado ante lo que sucede en el país


Vestido de negro junto a su madre, el ex preso político Lorent Saleh denunció que la ex vice fiscal Katherine Harrington dirigía las torturas dentro del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), donde estuvo preso durante cuatro años.

A sala llena en un salón de conferencias de la Asociación de Prensa de Madrid, en el centro de la capital española, Saleh aseguró que estas órdenes que dictaba Harrington eran conocidas por la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz. “Estas denuncias llegaron a ella pero no actuó ¿Por qué? Habrá que preguntárselo”, agregó.

Saleh fue específico al decir que la ex vice fiscal iba personalmente todos los días al Sebin “durante semanas para dirigir y ordenar cómo me iban a presionar. Me decía que si quería salir tenía que declarar en contra de Ledezma, Leopoldo, Uribe. Tenía que seguir el guion”.

Igualmente aseguró que Harrington no solo se encargó de sus torturas, sino también la de otros presos del Sebin.

Sobre las torturas, Saleh a veces con voz entrecortada, explicó que en las dos sedes de este componente policial eran diferenciadas. “En la sede de Plaza Venezuela era más lo psicológico, la falta de luz, el aire frío, el no poder ver el sol. En cambio en El Helicoide es más del palo, la madera, el tubo”.

Por eso informó que durante su viaje a Madrid firmó una petición para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para pedir protección para todos los presos que están recluidos en el Sebin, “porque todos sufrimos los mismo, los presos políticos y los comunes”.

Ahora Saleh empezará una gira para seguir denunciado la violación a los Derechos Humanos en Venezuela y enfatizó en que cualquier solución o método que se busque tiene que empezar por la liberación de los presos políticos.

Sobre el concejal Fernando Albán, el dirigente señaló que se ha cuestionado si su salida de la cárcel tiene que ver con su muerte, que según el Fiscal impuesto por la Asamblea Constituyente, Tarek William Saab, fue suicidio. “Me cuestiono si eso incidió en mi salida, creo que fueron varios factores”.

Agregó también que el Estado venezolano es el responsable de esta muerte, “al decir que se suicidó quieren hacer ver que eso es menos grave, al contrario”.

Perseguidos y torturados

Saleh fue enfático al decir que no negoció nada para su salida de la cárcel y que no se quedará callado ante lo que sucede en el país. Sin embargo, agradeció al Gobierno español por sus diligencias, dejando en claro también que su objetivo es volver a Venezuela.

“Yo quiero estar en Venezuela y haré todo lo posible por regresar”, expresó en el salón donde más de uno se atrevió a aplaudir y a darle la razón, porque agregó que no volverá solo “seremos miles”.

Sobre la dirigencia opositora del país, el joven indicó con firmeza y preocupación que la oposición venezolana está muy golpeada, “están siendo perseguidos, amenazados o asesinados”.

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