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Sadismo del siglo XXI por Brian Fincheltub – El Nacional – 8 de Julio 2019

Brian Fincheltub
La tortura rima con dictadura y no es casualidad. Esta práctica cruel e inhumana está profundamente liada a la historia de los regímenes militares más sanguinarios de  Latinoamérica. Hoy, cuando las dictaduras en nuestra región son parte del pasado, Venezuela marcha en el sentido contrario, convirtiéndose en Estado forajido en el que la tortura, las desapariciones forzadas y las ejecuciones extrajudiciales son la regla. Para desdicha de los venezolanos, esto no es algo nuevo, es lo que ha sido denunciado durante años por las organizaciones defensoras de los derechos humanos y finalmente esta semana, confirmado por las Naciones Unidas en voz de la alta comisionada de los derechos humanos, Michelle Bachelet.

Lo peor es que los torturadores de estos tiempos son los mismos que en en el pasado recorrían las salas de redacción de los periódicos buscando que le dieran un espacio para denunciar violaciones de los derechos humanos. Los torturadores de hoy son los mismos que crecieron restregándole a un país que su padre había sido asesinado en los calabozos de la policía política y que la sociedad venezolana estaba en deuda con ellos, una deuda que al parecer se cobran con sangre y venganza. No hay nada más vomitivo que traicionar tus orígenes, que la gente te haya conocido por ser “humanista” durante toda tu vida para que termines siendo un encubridor de asesinados. No hay nada más absurdo que haber denunciado durante años ser víctima de la represión del Estado y sentir placer por dejar huérfanos y viudas a hijos y esposas de militares que el único delito que han cometido es tratar de rescatar la institucionalidad en nuestro país.

Véanse al espejo, vean sus rostros y recuerden lo que una vez decían ser. No son más que lo que una vez dijeron condenar. Es más, superaron cualquier exceso que pudo haberse cometido durante la democracia venezolana. Ustedes no solo torturan y matan, sino que disfrutan haciéndolo. Llegaron al poder con un solo propósito: sacar lo peor de ustedes. Quizás siempre fueron así y siempre engañaron a la gente. Son ustedes los padres de la desvergüenza, los máximos representantes del sadismo del siglo XXI.

Un Régimen de Odio por Luis Betancourt Oteyza – América 2.1 – 2 de Julio 2019

“Lo que cuenta es el valor para continuar”
Winston Spencer Churchill

En fecha 10 de octubre de 2018, con ocasión del horrible asesinato del Concejal Fernando Albán, aventado ya muerto por la ventana de un décimo piso, escribí un Desahogo titulado “El Desprecio por la Vida”, que puedo reproducir hoy y aquí, en cuyo epígrafe citaba la sentencia maléfica de Ernesto “Che” Guevara, uno de los peores asesinos de nuestra realidad latinoamericana y mundial, con su apología al odio como valor y virtud de un revolucionario marxista leninista que vuelvo a citar por su docencia horrorosa, cruel e inhumana: “Por encima de todo debemos mantener vivo nuestro odio y realizarlo hasta el paroxismo. El odio como factor de lucha. El odio Intransigente contra el enemigo, el odio puede impulsar a un ser humano más allá de sus limitaciones naturales y convertirlo en una máquina para matar, fría, violenta, selectiva y eficaz”. Estas palabras las escribió en las selvas bolivianas antes de ser ajusticiado como alimaña que era y hay que meditar sobre ellas. Ya en sus inicios de la aventura de la Sierra Maestra con su cómplice de alma, Fidel Castro, escribió cariñosamente a sus padres en Argentina, que había matado a un ser humano y les confesaba: “haber disfrutado con ello”. Eso era el “Che”.

No ha sido el único de los monstruos modernos; en la Alemania nazi encontramos carniceros como Reinhard Heydrich, la “Bestia Rubia”, despiadado sobre todo con mujeres y niños; Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda -¿les suena?- que sufría trastornos narcisistas de personalidad y mató a sus seis hijos antes de su mujer y, afortunadamente, pegarse un tiro; Ernst Rohm, el brutal jefe de las SA, colectivos nazis, homosexual y sádico -¿también les suena?- liquidado por Hitler por temerle. Así con el “Che” hay otros ejemplos de bárbaros inhumanos que han tratado de ser el emblemas ductores del norte de una revolución sangrienta y sólo han encarnado su crueldad.
La tortura en Venezuela, y el mundo, es de larga y ominosa data. Se ha practicado en presos indefensos para obtener información sobre el “enemigo” pero también ha sido una práctica de castigo al preso sin aparente utilidad, como las famosas panelas de hielo donde sentaban desnudos, una vez detenidos, a los adversarios de la dictadura de Pérez Jiménez, etc.

Pero ahora estamos ante una nueva dimensión de la tortura: La tortura como diversión, con todo detenido, como pasatiempo, un complemento al fichaje del preso; el desprecio por el indefenso.

La tortura no siempre implica daño físico, sino también, y por encima de todo, presión sicológica, daño emocional, como es el caso de fusilamientos frustrados o amenazas a esposas o hijos. Durante la Segunda Guerra Mundial, unos valerosos buzos italianos Luigi Durano de la Penne y Vicenzo Martelloti, lograron colocar unas enormes cargas explosivas bajo el casco de los acorazados Queen Elizabeth y Valiant, entre otros navíos, surtos en la base de Alejandría, Egipto, pero al emerger fueron capturados por los ingleses; el Almirante Andrew Cunningham, jefe de al flota ordenó interrogarlos intensamente sin lograr información de la localización de las minas instaladas, y encerrarlos en el pañol del barco, polvorín, del Valiant, con la amenaza sicológica de volar con las cargas. El buzo Luigi de la Penne -tenía que tener ese nombre- esperó a que transcurriera el tiempo y al faltar sólo diez minutos de estallar la carga advirtió al comando del buque, para evitar pérdida de vidas innecesarias. Salió luego de la explosión y años después fue condecorado por su nobleza y valor por el Capitán Charles Morgan, comandante inglés del barco. Resistió su tortura sicológica y cumplió.

Hoy estamos ante un hecho novedoso y horrible, traído de Alemania comunista, vía Cuba castrista: la tortura sin fin de de un ciudadano, el Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo (Mayor en su equivalente a otros componentes) detenido, secuestrado y horriblemente torturado físicamente hasta llevarlo a la muerte; muerte casi ocurrida ante un juez, el Tercero Militar, alcahuete como todos, funcionarios de una cadena de horror y no de justicia, suficientemente cobarde para aterrado pedir que se llevaran de su presencia lo que ya era un muerto; al día siguiente falleció el Capitán de Corbeta en el hospital militar porque no había nada que hacer por él. Fue secuestrado un 21 de junio de 2019, domingo, presentado al tribunal (?) siete días después, y murió un 28 de junio¸ sólo soportó a sus esbirros siete días, siete de tormento, para acabar con la vida de un ser humano, ciudadano y, además miembro, de nuestras FAN, nada más.

¿Quiénes hicieron esto? Según la alcahueta mayor del régimen, esa especie de bailarina exótica vestida de muchachito, de apellido Saab, que presurosa salió a imputar a dos pobres infelices de la maquinaria tenebrosa, agarrados por pendejos y engrasados: Un teniente Ascanio Antonio Tarascio y un sargento Estiben José Zárate, ambos de la GN, dos aparecidos, choferes de la muerte sin ninguna responsabilidad en nada, ni siquiera de sus vidas, dos esbirros. Pero todo esto es anecdótico, casualmente anecdótico.

Lo sustancial es ¿por qué el Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo fue detenido y secuestrado en las ergástulas del SEBIN o de DGCIM? ¿ Quién dio la orden? ¿Fue el inefable Gral. Hernández Dala? ¿Por qué y para qué lo hizo? ¿Una razón personal o familiar? ¿Por que ordenó su tormento mortal? ¿Qué buscaba Hernández Dala? ¿Actuó por instrucciones de Padrino o de Maduro? ¿Cómo se puede andar por ahí secuestrando civiles y militares para causar daño y temor, como decía Lenin, sin consecuencias? No darán respuestas a estas interrogantes porque desprecian a todos, fieles a Lenin y al Che desprecian a la vida; son los poderosos del momento. No importa, ha habido otros que han pagado su soberbia chupando el barro de sus pies.

Y por último, hay algo que resaltar en esta maléfica trama: La crueldad de las acciones, crueldad ajena a nosotros, a los venezolanos. Quiero recordar unas enseñanza de Vladimir Lenin, el primer monstruo del siglo XX, y antes de Hitler, cuando el 19 de marzo de 1922 recomendó: “Un momento como el del hambre y la desesperación es único para crear entre las masas campesinas en general una disposición que nos garantice su simpatía o, en cualquier caso, su neutralidad” para agregar luego “El Hambre destruirá así mismo la fe no solo en el Zar, sino también en Dios”. El hambre siempre ha pertenecido a la tetrarquía comunista: los otros tres elementos son el terror, la esclavitud, y, evidentemente, el fracaso, el sempiterno e incorregible fracaso.
Estamos inmersos en este proceso de sumisión por terror y hambre que nos aplican unos malhechores, encabezados por Nicolás Maduro, que no es venezolano ni colombiano, sino cubano de corazón e intención; los hermanos Rodríguez, que han declarado que nos cobrarán a los venezolanos la muerte de su padre, procesado y castigado, pero que el odio que llevan en sus corazones no los deja vivir, ni familiarmente, y un militar traidor, en los términos que sí tipifica nuestra legislación, y no ese que construyen a conveniencia para la disidencia.

¿Hasta cuándo nuestras ciudades, estados y guarniciones militares van a soportar esta tragedia que vivimos los venezolanos? Los civiles, con Juan Guaidó y María Corina Machado ya hemos dado varios pasos al frente ¿qué esperan nuestros jóvenes oficiales de las FAN? ¡ Que Dios y la Virgen nos acompañen y nos ayuden a liberarnos! ¡ Venezuela merece otra oportunidad y el momento ha llegado! ¡Ya basta!

¡Auxilio!, por Laureano Márquez – RunRunes – 2 de Julio 2019

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Ya perdí la cuenta de cuantas veces lo he leído y todas me afectan de la misma manera: el capitán de corbeta llegó al tribunal “molido” por las torturas, con la mirada perdida, sentado en una silla de ruedas ante la imposibilidad de tenerse en pie, solo era capaz de pronunciar débilmente una palabra, dirigiéndose a su abogado: “¡auxilio!”. Me revuelve el alma el pensar en qué clase de horrores viviría este ser humano en sus últimas horas, en el dolor de su familia, de su esposa, de su madre, que no trajo un hijo al mundo para verlo sufrir. Pienso en María ante la cruz.
El llamado de “¡Auxilio!”, del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo no es solo suyo, es el de toda una nación desesperada que ya no sabe qué hacer. Una nación que se equivocó en su elección -ciertamente- por la confluencia de una multitud de razones y de ignorancias acumuladas, que también tienen culpables, pero que no merece ser torturada hasta morir por ello. Venezuela está siendo asesinada cruelmente y se necesitaría no tener corazón para no denunciarlo a los cuatro vientos, para no gritarlo con desesperación.
La tortura en Venezuela hoy tiene demasiadas formas y modalidades. Como en toda situación de maldad generalizada solo trascienden las más relevantes, pero el horror se nos ha vuelto el pan nuestro de cada día: los mayores que viven de su pensión también están siendo torturados, los niños que padecen en los hospitales públicos, todo aquel que muere por falta de asistencia médica, por carencia de insumos, aquel cuyo sueldo no alcanza para dar de comer a sus hijos recibe su dosis de tortura cada vez que se sienta a la mesa, el que huye caminando por la frontera, cruzando páramos helados o perdiendo la vida ahogado en el mar, las víctimas de la brutal represión, como terrible y doloroso caso del joven tachirense que acaba de perder la vista a causa de perdigonazos a quemarropa en medio de una protesta por la falta de gas, ¡le dispararon a los ojos!:
¿Qué clase de monstruo hay que ser para dispararle a la cara a un niño de 16? ¿Cómo no va a estar nuestra alma destrozada? ¿Cómo no vamos a increparla, señora Bachelet, con tanto sufrimiento acumulado?
Toda Venezuela es un solo grito de auxilio. Como en toda situación desesperada, ya nadie sabe qué hacer, hemos perdido el rumbo, la razón nos abandona y cede su espacio a la indignación y la rabia. ¿Cómo saldremos de este infierno en el que nos hemos convertido? También eso nos tortura: ya no sólo detestamos al narcorrégimen criminal, asesino, corrupto y cruel, nos detestamos todos, incluso los que estamos de acuerdo, a favor de la democracia, bien por una ambición de poder que luce absurda ante los acontecimientos que nos agobian, bien porque toda propuesta nos parece una traición que nos lleva a descalificar al que ayer era nuestro héroe.
Estamos perdidos señores del mundo y tenemos razones para ello, no es poca cosa lo que nos ha tocado. El régimen venezolano será estudiado en ciencia política como una de las peores degradaciones de la convivencia humana en la historia universal. El nuestro es el peor de todos los rumbos que puede tomar la conducción de un Estado: su conversión en una banda criminal de asesinato y tortura.
La situación venezolana puede terminar en una de las más dolorosas tragedias de la historia, si el mundo no se la toma en serio, si gente deleznable continúa mediando en nuestra desgracia, zamureando nuestras ruinas para su propio provecho
Lo que sucede en Venezuela es para que las organizaciones de derechos humanos actúen con claridad, contundencia y rapidez. Eso de que este tiempo de dictadura no se mide en meses ni años, sino en muertes es una angustiosa verdad.
Uno entiende que los organismos internacionales no pueden hacer mucho, porque están diseñados justamente para que no puedan hacer mucho. Un orden mundial de justicia es imposible de lograr, mientras los intereses de las potencias lo frenen, pero algo serio hay que hacer, más allá de contemplar la masacre y la estampida de una nación. Nuestros connacionales tienen que ser socorridos, dentro y fuera del país.
Ya Venezuela, como el capitán de corbeta Acosta Arévalo, no puede tenerse en pie, con la mirada perdida, solo tiene fuerzas ya ni siquiera para gritar, sino para susurrar una sola palabra: “¡auxilio!”.

Preguntas al viento (a propósito del asesinato del Capitán Acosta), por José Ignacio Guédez – La Patilla – 29 de Junio 2019

Un régimen que secuestra, tortura y asesina, en pleno siglo veintiuno, en el corazón de la civilización occidental, sin vergüenza ninguna, a plena luz del día, sin medida, sin sonrojo. Sus víctimas son variadas, en eso no discrimina, desde un concejal hasta un capitán. Su estrategia del terror no es nueva, cada víctima es un mensaje, como los empalados de Drácula o los crucificados romanos. Son trofeos que dicen en su placa “Somos capaces de todo” y que se exhiben para dejar claro su superioridad en maldad. El resultado es un país entero convertido en campo de concentración y una población entera convertido en rehén.

Pero, ¿Cómo se llega hasta aquí? Bastaría recordar a Montesquieu para responder desde una perspectiva política, sintetizada por la famosa frase de Lord Acton: “todo poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. En Venezuela no existe Estado de Derecho, en cambio hay un poder ejercido de forma absoluta y sin límites por parte de una élite corrupta y corrompida. Por lo tanto, todo puede pasar, como en efecto pasa. Un diputado da un discurso en un debate parlamentario y en la noche es capturado por la policia politíca quien lo desaparece por varias semanas y lo deja preso sin juicio alguno. Un gobernador en ejercicio intenta viajar fuera del país y en el aeropuerto le anulan el pasaporte. Un concejal retorna luego de ir a una sesión de la ONU y a su llegada lo secuestran para torturarlo hasta lanzarlo por el décimo piso de un edificio público. Una jueza dicta una sentencia y acto seguido es capturada y torturada por orden presidencial. Un joven marcha pacíficamente y es asesinado con un tiro a quema ropa.

Todos estos casos son reales, pero lamentablemente no son excepcionales, al contrario, representan apenas la punta del iceberg, ya que detrás de cada víctima famosa hay una estela de anónimos que ya no son ni cifras y que no consiguen siquiera notoriedad, al punto que ya se normalizó la operación exterminio llevada a cabo por un cuerpo policial llamado Faes que desaparece gente en los barrios del país para atemorizar al pueblo humilde que sufre la peor crisis humanitaria de la historia de la Región.

Pero no escribo sobre este tema, que me duele en cada letra, solo para hacer un diagnóstico o para narrar la tragedia cotidiana de la que tanto se ha hablado ya. Mi único propósito esta vez es hacer preguntas que hago al viento esperando que lleguen a donde tienen que llegar a lo largo y ancho de la comunidad internacional: ¿Cómo podemos evitar la próxima víctima? ¿Qué consecuencias concretas tendrá este nuevo asesinato? ¿Qué pasará si hay otro? ¿Qué pasará con los que siguen secuestrados y están siendo triturados hoy? ¿Es lógico pedirle a este régimen solamente elecciones imparciales sin reparar en la ausencia total de garantías constitucionales y derechos humanos? ¿Es moral equiparar víctimas con victimarios calificando el caso de Venezuela como un conflicto entre dos partes en vez de condenar el genocidio que está llevando a cabo un régimen contra su propio pueblo? ¿Cuándo la tolerancia se convierte en complicidad?

Lo que dijo Bachelet: un balance preliminar de su visita a Venezuela por Indira Rojas – ProDaVinci – 22 de Junio 2019

Lo que dijo Bachelet: un balance preliminar de su visita a Venezuela

 

Michelle Bachelet, alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos, visitó Venezuela entre el 19 y el 21 de junio para constatar la situación del país ―que se encuentra en emergencia humanitaria― y proponer mecanismos para la protección de los derechos de los venezolanos. Es la primera vez que un representante de esta oficina de la ONU visita el país. Antes de partir, Bachelet dio declaraciones a la prensa a las 9:30 p.m. del viernes 21 de junio, en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía.

Estos son los 7 puntos que resaltó en su discurso:

1. Asignó dos representantes de la Oficina del Alto Comisionado para Venezuela:

“Hemos alcanzado un acuerdo con el gobierno para que un pequeño equipo de dos oficiales de derechos humanos permanezca aquí, con el mandato de proveer asistencia y asesoría técnica, pero también, muy importante, continuar monitoreando la situación de derechos humanos en Venezuela”.

Sin embargo, esto no significa la creación de una oficina local del Alto Comisionado. Sobre la labor de los oficiales designados, señaló:

“Vamos a venir trabajando como lo hemos hecho antes. La diferencia es que antes el trabajo lo hacíamos desde afuera. Desde Panamá, desde Ginebra (…) pero ahora vamos a tener gente aquí, que va poder interactuar con todo lo que sea necesario, que va a poder recibir la información que exista, que va a poder mirar cómo evoluciona la situación de derechos humanos en Venezuela, y por lo tanto también tener interlocuciones con las partes para ver si hay situaciones que hay que mejorar, situaciones que hay que corregir o situaciones que hay que denunciar”.

2. Pidió priorizar violaciones del derecho a la salud:

“He hecho un llamado al Gobierno también para que le de una prioridad a los temas de salud y comparta los datos relacionados con la situación sanitaria y otros derechos socioeconómicos, que nos permita evaluar la situación y apoyar en la mejor manera que Naciones Unidas pueda”.

3. Acordó la evaluación de la Comisión Nacional de Prevención de la Tortura:

“Tenemos el compromiso expreso del gobierno para llevar a cabo una evaluación de la Comisión Nacional de Prevención de la Tortura, así como también para evaluar cuáles son los principales obstáculos en el acceso a la justicia en el país”.

4. Acordó el acceso pleno de su equipo a los centros de detención:

“El gobierno también ha aceptado que mi equipo tenga acceso pleno a los centros de detención para poder monitorear las condiciones de detención y hablar también confidencialmente con los privados de libertad. El Ejecutivo también se ha comprometido a trabajar para permitir un acceso más amplio a los distintos mecanismo de derechos humanos, incluido a los expertos independientes de Naciones Unidas conocidos como relatores especiales”.

5. Exigió la liberación de presos políticos:

“Celebro la liberación del parlamentario opositor Gilberto Caro (Gilber Caro), que se encontraba en custodia del servicio de inteligencia Sebin, y así mismo recibo con beneplácito la liberación de Melvin Farías y Julio Rojas; aunque hago un llamado a las autoridades a liberar a todos los que estén detenidos o privados de libertad por ejercer sus derechos civiles y políticos de forma pacífica”.

6. Mostró preocupación por el impacto de las sanciones:

“Me preocupa que las sanciones impuestas este año sobre las importaciones de petróleo y el comercio de oro están exacerbando y agravando la preexistente crisis económica”.

7. Abogó por las negociaciones para resolver la crisis:

“He apelado a todos líderes políticos a que participen constructivamente con el diálogo facilitado por Noruega y con cualquier otro intento de esfuerzo para parar y enfrentar la actual situación política en Venezuela. El destino de más de 30 millones de venezolanos reside en la voluntad y la habilidad de sus líderes para colocar los derechos humanos de la gente por encima de cualquier ambición personal, política o ideológica”.

“Creo que ha sido una buena visita”, dijo Nicolás Maduro al salir de la última reunión con Bachelet en el Palacio de Miraflores, ese viernes 21 de junio en la noche. “Le he dicho que puede contar conmigo como Presidente de la República (…) para tomar con toda la seriedad sus sugerencias, sus recomendaciones, para que en Venezuela prive un sistema de derechos humanos cada vez más profundo”. Horas antes, Bachelet conversó en privado con Juan Guaidó. Después del encuentro, el presidente de la Asamblea Nacional y presidente encargado de Venezuela ―reconocido por más de 50 países―, aseguró que la discusión se enfocó en «aproximar soluciones» a la «catástrofe humanitaria» que vive Venezuela.

Carlos Ayala Corao, vicepresidente de la Comisión Internacional de Juristas, explicó que consignar dos representantes de la Oficina del Alto Comisionado “es un paso importante pero inicial, porque debe evolucionar en el corto plazo hacia una oficina permanente con un estatus de acuerdo a los protocolos de Naciones Unidas, para la cooperación técnica y para la promoción y protección de los derechos humanos en Venezuela. De tal manera que, si bien el gesto inicial es importante, es solamente eso. Es un gesto inicial”.

Ayala, quien fue presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (1997-1998) y asesor en derechos humanos en varios organismos internacionales, señaló que la oficina local tendría más personal con capacidad de acción “y una serie de inmunidades relativas a las oficinas de las Naciones Unidas”, así como “diversidad de mecanismos de protección”. Hay oficinas locales en Colombia, México y Guatemala, entre otros países de la región.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos monitorea las violaciones a los derechos humanos en Venezuela desde 2014. El organismo publicó dos informes sobre las violaciones en 2017 y 2018, y Bachelet hizo un reporte oral este año sobre la situación venezolana. Entre el 11 y 22 de marzo de 2019, un equipo de la Oficina del Alto Comisionado visitó Venezuela para evaluar la situación del país. La visita de Bachelet es la última fase para completar uno de sus primeros mandatos como alta comisionada: presentar un informe detallado sobre el caso de Venezuela, que deberá entregar el 5 de julio ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Ayala señaló que el informe no solo será valioso por la documentación de las violaciones generalizadas y sistemáticas. Serán igual de importantes “las recomendaciones que se formulen al Estado venezolano, a quienes detentan el poder y el control del aparato del Estado, y cómo el Consejo de Derechos Humanos lo recibirá y qué medidas va a seguir”.

Ayala espera que tenga impacto en los órganos políticos de Naciones Unidas y dentro de los organismos de derechos humanos. “Los llamados procedimientos especiales llevan más de diez años pidiendo visitas a Venezuela. Por ejemplo, la relatoría contra la tortura, el grupo de trabajo sobre detenciones arbitrarias y la relatoría sobre independencia de jueces y abogados. A estos mandatos no se les ha permitido entrar a Venezuela. Debería hacerse una invitación abierta”.

La agenda de Bachelet

1. Reuniones con altos cargos y actores políticos

La máxima responsable de derechos humanos de la ONU llegó al país el miércoles 19 de junio, pasadas las 6:30 p.m. Fue recibida por el coordinador residente del sistema de las Naciones Unidas, Peter Grohmann. Ese día se reunió con el canciller Jorge Arreaza, quien dijo haber analizado con Bachelet “el impacto del bloqueo ilegal (…) del gobierno de los Estados Unidos”.

El jueves 20 de junio, la expresidenta chilena se reunió con el fiscal general de la administración de Maduro, Tarek William Saab, y el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno. Conversó en privado con el ministro de Interior y Justicia, Néstor Reverol; y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López. Asistió a este encuentro el Comandante Estratégico Operacional de la Fuerza Armada, Remigio Ceballos, y representantes de otras carteras ministeriales. Se realizó en la Casa Amarilla en Caracas, sede de la Cancillería.

El viernes 21 de junio, Bachelet dialogó con el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello.

2. Encuentro con la sociedad civil y las ONG

El jueves en la tarde, Bachelet se reunió en la Universidad Metropolitana con víctimas de violaciones a los derechos humanos y sus familiares. También escuchó a los representantes de la sociedad civil, líderes de diferentes organizaciones no gubernamentales, delegados de sindicatos, religiosos y autoridades universitarias. Los defensores de derechos humanos concordaron en que la alta comisionada escuchó con atención los casos expuestos y fue empática con quienes relataron sus historias. Durante la reunión, anunció que dos representantes del Alto Comisionado de las Naciones Unidas se quedarían en el país, punto que confirmó el viernes en la noche antes de partir.

La nutricionista Susana Raffalli, especializada en gestión de la seguridad alimentaria, emergencias humanitarias y riesgo de desastres, explicó que los dos oficiales que quedan en Venezuela en representación de la alta comisionada no son caras nuevas y conocen la metodología de trabajo de las ONG en el país. “Trabajamos con ellos desde hace 4 años, pero ahora tienen un nombre, es decir, son una representación de la Alta”.

Raffalli partició en una manifestación frente a la sede del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en la avenida Francisco de Miranda de Caracas. En la concentración se reunieron líderes y voceros de ONG venezolanas, sociedad civil, y personas afectadas por la crisis de salud y la inseguridad alimentaria. “Señora Bachelet, Maduro es Pinochet”, gritaban. Nioska Ponce, de 35 años, sostenía un coche de bebé con el cartel “S.O.S”. Tiene dos hijos, uno de 7 y otro de 11, y mantiene su hogar limpiando casas. “Hace años que no sé lo que es comer completo. Lo último que compré hace unos días en el mercado fueron lentejas y yuca. No tenía para más”. A unos diez pasos, en las escaleras del edificio, un grupo de docentes exigía mejoras salariales y recursos para las escuelas.

Josefa Merino, tía de Neomar Lander, exigía justicia para su sobrino, quien murió en las protestas de 2017. “Víctimas, familiares, defensores… todos reclamamos una oficina o una representación que pudiera atendernos y escucharnos sin esperar tanto tiempo, queríamos algo más inmediato. Para nosotros esta es una buena noticia”, dijo. Contó que durante la reunión “Bachelet explicó que ella vivió lo que nosotros estamos viviendo, cuando fue una exiliada política en la época de Pinochet. Hacían cosas que hacemos nosotros ahora, como consolarse los unos a los otros”.

Daisy Galaviz, reportera de sucesos en el medio digital El Pitazo, escribía en una planilla los correos y teléfonos de los asistentes a la protesta. Estos se suman a una base de datos y así el medio crea un contacto directo para enviar información y ofrecer talleres de formación para info-ciudadanos, una fórmula que les ha funcionado como alternativa a los bloqueos web reportados desde 2017. “Decidimos que queremos hacer algo de voz a voz porque ya nos han bloqueado tres dominios”. El Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) confirmó la aplicación de bloqueos contra los medios de comunicación digitales El Pitazo y Efecto Cocuyo en la víspera de la llegada de Bachelet.

La Conferencia Episcopal expresó en un comunicado que espera “que el informe refleje el rostro real de lo que pasa en Venezuela, que permita señalar mecanismos para solucionar los problemas de fondo de lo que ocurre con nuestro pueblo”.

Los arzobispos y obispos venezolanos pidieron a Bachelet que “intervenga en la restitución de los derechos electorales, políticos y económicos de la población, (…) que se busque la solución de fondo a la crisis de gobernabilidad a través de elecciones libres y transparentes, con un nuevo CNE y una nueva revisión de la data del Registro Electoral”. Resaltaron que “Venezuela antes de estas sanciones ya estaba en una situación económica deprimente”.

Carlos Ayala Corao consideró que a partir de ahora queda el seguimiento de la implementación de las recomendaciones de la alta comisionada por parte del Estado. Recordó que “la experiencia en el pasado con las recomendaciones del Examen Periódico Universal y las de los órganos de tratados en sus exámenes periódicos ha sido la no implementación de esas recomendaciones. Ahí va a estar el centro de los futuros pasos, saber si la visita fue tomada en serio, o solo fue una visita protocolar”.

Confirmado, el ingeniero de Corpoelec Angel Sequea, fue asesinado por el régimen – La Patilla – 19 de Marzo 2019

Velásquez
Andrés Velásquez. | Foto: Cortesía

Este martes, el director del partido político La Causa R, Andrés Velásquez denunció a través de su cuenta en la red social Twitter, que el Ingeniero, Angel Sequea, jefe de despacho y operaciones de Corpoelec en Guayana, que apareció muerto luego que fuera detenido por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), “fue asesinado por los cuerpos de represión del régimen”.

“Confirmado. Ing. Angel Sequea, fue asesinado por cuerpo de represión del régimen dictatorial. Fue secuestrado por policía de la dictadura y murió bajo tortura. El ing. Sequea, había denunciado situación de abandono del sistema eléctrico”, dijo Velasquez.

Andres Velasquez@AndresVelasqz

Confirmado. Ing. Angel Sequea, fue asesinado por cuerpo de represión del régimen dictatorial. Fue secuestrado por policía de la dictadura y murió bajo tortura. El ing. Sequea, había denunciado situación de abandono del sistema eléctrico

Venezuela, territorio hostil para la prensa crítica por Francesco Manetto /Javier Lafuente – El País -27 de Febrero 2019

El chavismo secuestra la entrevista a Maduro que grababa el periodista mexicano Jorge Ramos. Los medios locales independientes sufren censura

Jorge Ramos, el martes, en el aeropuerto de Caracas. En vídeo, el testimonio del periodista. REUTERS | EPV

El periodista de Univision Jorge Ramos estuvo retenido el lunes durante más de dos horas en el palacio de Miraflores de Caracas después de que Nicolás Maduro interrumpiera una entrevista por considerar inapropiadas algunas de las preguntas. El periodista mexicano, uno de los más destacados de la cadena estadounidense y un referente en América, denunció que el personal de seguridad le confiscó todo el material grabado. El incidente con Ramos es el segundo de envergadura que afecta a los medios internacionales desde el pasado 23 de enero, un tiempo en el que Maduro ha dado, no obstante, varias entrevistas a medios extranjeros.

El presentador de la cadena estadounidense Enrique Acevedo difundió por Twitter el vídeo, de algo más de dos minutos de duración, en el que se ve cómo tres hombres cogen comida directamente de la parte trasera del vehículo de basuras cuando se detiene en una calle en su recorrido y otras personas graban con sus móviles la escena.

El de Ramos no ha sido el único incidente con la prensa internacional que se ha vivido desde el pasado 23 de enero. Días después de que Juan Guaidó desafiara a Maduro proclamándose como presidente interino, un equipo de la agencia Efe fue detenido durante varias horas por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin). Desde entonces, Maduro ha concedido diversas entrevistas a medios internacionales y los permisos para los enviados especiales para cubrir la actualidad del país, que generalmente se demoran, están siendo agilizados.

Ambos incidentes han acaparado los focos de todo el mundo, algo que no suele ocurrir con los medios y periodistas locales, que denuncian la coacción más a menudo. Muchos de ellos se han tenido que exiliar. Es el caso de varios periodistas del portal de investigación Armando.info, en el que trabajan los excolaboradores de EL PAÍS Ewald Scharfenberg y Alfredo Meza, quienes tuvieron que salir de Venezuela a raíz de la publicación de una serie de artículos sobre la corrupción vinculada a las cajas de alimentos (CLAP) que distribuye el Gobierno. A ello se suman la cada vez menor presencia de medios grandes independientes —el diario El Nacional dejó de imprimirse en diciembre— y los continuos apagones informativos que sufren los canales de televisión, incluso por cable.

El Gobierno recurre desde el año pasado al bloqueo de portales informativos. Internet y las redes sociales se han convertido en el principal terreno del periodismo crítico en un país en el que el control del chavismo sobre la radio y la televisión es casi total y en el que las autoridades deciden si vender papel a las publicaciones impresas.  A través de la Compañía Anónima Nacional de Teléfonos de Venezuela (CANTV), el Ejecutivo ha redoblado la censura contra varias cabeceras online.

Ramos describió los pormenores del encontronazo con Maduro, con quien está radicalmente enfrentado al igual que con su antecesor, Hugo Chávez. “Estuvimos retenidos más de dos horas dentro del palacio de Miraflores […] Tras 17 minutos de entrevista [con Maduro] a él no le gustaron las cosas que le estábamos preguntando sobre la falta de democracia en Venezuela, la tortura, los prisioneros políticos, sobre la crisis humanitaria que estaba viviendo, y se levantó de la entrevista después de que le mostrara el vídeo de unos jóvenes comiendo de un camión de basura. Inmediatamente después, uno de sus ministros, Jorge Rodríguez, vino a decirnos que la entrevista no estaba autorizada y nos confiscaron todo nuestro equipo (no tenemos nada). Se quedaron con las cámaras. (…) La entrevista la tienen ellos, nos quitaron todos los celulares y nos mantuvieron separados [a los miembros del equipo] durante dos horas y media. En mi caso y en el de la productora María Guzmán nos metieron en un cuarto de seguridad, apagaron las luces, nos arrancaron los celulares, nos quitaron el backpack [la mochila] y nos quitaron nuestras cosas personales”.

Este diario pidió una versión de lo ocurrido a Rodríguez, quien a través de un mensaje aseguró: “No vino a hacer una entrevista. Vino a insultar y a grabar con cámaras escondidas zonas de seguridad del palacio. Dimos por terminada la entrevista y ya se fueron al hotel”. En su cuenta de Twitter, el titular de Comunicación escribió: “Por Miraflores han pasado centenas de periodistas que han recibido el trato decente que de forma habitual impartimos a quienes vienen a cumplir con el trabajo periodístico y han publicado el resultado de ese trabajo. No nos prestamos a shows baratos”.

Todo el equipo de Ramos, integrado por otro mexicano, un venezolano y cuatro estadounidenses, estuvo retenido entre las 19.00 y las 21.30 hora local, antes de ser escoltados hasta su hotel en la capital venezolana, que hasta la mañana del día siguiente siguió vigilado por agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia. Todos ellos fueron deportados el martes y ya se encuentran en Miami. Horas después, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa de Venezuela (SNTP) denunció la desaparición de Daniel Garrido, reportero de Telemundo, al parecer después de fotografiar la patrulla del Sebin que vigilaba el hotel donde se encontraba Jorge Ramos.

El destino de los torturadores por Miguel Henrique Otero – Editorial El Nacional – 6 de Enero 2019

La tortura constituye el límite más extremo de todo régimen político. La diferencia entre los regímenes que torturan de forma sistemática y los que no, es sustantiva, puesto que define el lugar que la vida humana tiene para el poder: si la reconoce como el más alto bien de la vida en común -si acepta su condición de valor sagrado-, o si no la reconoce -si niega la prioridad absoluta de la vida- y, en consecuencia, decide torturar y matar para preservar el poder. La tortura es la respuesta que los regímenes totalitarios dan al debate entre vida y poder.

Difícilmente, quienes no hemos sido torturados podemos siquiera imaginar el infierno que experimenta el torturado. Indefenso, arrancado de la realidad del mundo, separado de sus referentes cotidianos y de cualquier señal que suponga alguna forma de esperanza, la sesión de tortura es la negación de lo humano y de la civilización. Sobre todo, es la suspensión de la vida: la víctima, mejor dicho, el cuerpo de la víctima es sometido al dolor puro, repetido, prolongado, cada vez más brutal. Los testimonios de quienes han sobrevivido a la tortura cuentan que el pensamiento queda anulado por el poderío totalizante del dolor.

A lo largo de los milenios se ha utilizado la tortura para castigar a los enemigos, especialmente en tiempos de guerra. En algunas culturas solía reservarse el castigo corporal a quienes eran acusados de traición. El vínculo que unía confesión y tortura no ha sido exclusivo de la Inquisición, sino que ha formado parte del esclavismo, de las prácticas de dominación colonial, de absolutismos, monarquías, tiranías, dictaduras y mafias. Solo en las verdaderas democracias la tortura ha sido erradicada y penada. Hasta la aprobación, en 1948, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no existió un pronunciamiento en contra que involucrara a un número considerable de países. Dos años más tarde, entró en vigencia la Convención Europea de Derechos Humanos, cuyo artículo 3 prohíbe de forma expresa la tortura y los tratos inhumanos o degradantes.

La creación de la Cheka, ordenada por Lenin en diciembre de 1917, y que copió su modelo de la Ojrana, la policía zarista, marca un hito en la moderna historia de la tortura: incorpora el terror como un factor esencial de los regímenes comunistas y totalitarios. La Cheka bolchevique, que a lo largo de los años cambió varias veces de nombre (GPU, NKVD y KGB), estableció un método -detener sin procedimiento judicial, interrogar, torturar, juzgar sumariamente y, a menudo, matar, que resultó constitutivo de los regímenes totalitarios de izquierda. Esto es fundamental: donde se instaura el terror como política del poder no tarda en aparecer la tortura.

Es posible rastrear las tres ramificaciones principales de la práctica de la tortura a partir de 1917: una de sus ramas más cruentas se instauró en Asia: primero en la China de Mao Zedong, en el régimen asesino de los Kim en Corea del Norte, y en Camboya durante los años de los Jemeres Rojos. Una segunda ramificación, principalmente europea, pasó de Stalin a países como Rumanía, Polonia, Bulgaria y la Alemania comunista. Una tercera derivación, latinoamericana, inaugura sus operaciones en la Cuba castrista, y se ha proyectado hasta la Nicaragua bajo la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y en la Venezuela de Chávez y Maduro.

Un aspecto esencial a considerar: entre los torturadores no hay distinciones políticas o ideológicas. Entre el general Manuel Contreras, responsable de la Dirección de Inteligencia Nacional -la DINA de Pinochet- y Gustavo Enrique González López -que dirigió el SEBIN de Maduro-; o entre Emilio Eduardo Massera -el hombre de la siniestra Escuela Mecánica de la Armada, ESMA, responsable de las torturas y desapariciones de miles y miles de argentinos entre 1976 y 1978- e Iván Hernández Dala, a cargo de la Dirección General de Contrainteligencia Militar, DGCIM, hay comunidad de métodos y afinidades inequívocas: son piezas fundamentales del engranaje, desatado desde la cúpula del poder, que tiene como finalidad causar los más atroces sufrimientos sobre los cuerpos de quienes les oponen.

Sin desconocer las diferencias entre unos y otros, los torturadores son una especie: su cerebro deshumaniza a sus víctimas: los convierten en enemigos no humanos; se sienten señores de la verdad: son fanáticos; llevan consigo un deseo muy acuciante de ser reconocidos por sus jefes; antes de adquirir categoría en el oficio, deben ‘iniciarse’, es decir, participar en una sesión acompañado o guiado por alguien ya experto. En el torturador conviven dos impulsos: el del sadismo y el de una cobardía ilimitada. Esas son las fuerzas que se unen para descargar la violencia en contra del indefenso. Mientras golpea o penetra o quema o electrifica o sumerge o ahoga o fractura el cuerpo expuesto, su propia cobardía descansa: se siente superior, corajudo, invencible. El primer propósito del torturador no es matar sino infligir daño y sufrimiento, por el mayor tiempo posible. En ese consiste el quid de su profesión. Y es por ello que, a lo largo de la historia, los métodos de tortura se han multiplicado y refinado una y otra vez. El torturador para, no por compasión, sino para disponer de un cuerpo, todavía con algo de vida, al que continuar torturando en una próxima sesión.

A diferencia de lo que ha ocurrido en otros países de América Latina, en Venezuela se ha logrado documentar, ampliamente, la actividad del régimen torturador. Los testimonios de los torturados, de sus abogados y familiares, y hasta de funcionarios que se desempeñan en las instituciones en las que se tortura, han servido para que ciudadanos ejemplares como Tamara Suju y otros, hayan podido estructurar las mismas y construir los expedientes que hoy se acumulan en la Corte Penal Internacional.

Lo esencial del trabajo realizado hasta ahora, es que cada caso está articulado hasta en sus más cruentos detalles. La investigación realizada contiene lo necesario: las cadenas de mando responsables del engranaje de la tortura, los responsables directos de las mismas, el relato de los métodos -de la brutalidad física y sicológica- que se han empleado hacia centenares de presos políticos venezolanos. Los documentos consignados ante tribunales internacionales, o los que han sido producidos por la Organización de Estados Americanos -OEA-, bajo el impulso de su secretario general, Luis Almagro, son, probablemente, los más reveladores de la esencia, de la naturaleza del régimen de Chávez y Maduro: un régimen que desconoce el principio de la vida. Un régimen que actúa de espaldas a los derechos humanos.

Más allá de las decisiones que en algún momento tomará la Corte Penal Internacional, hay una cuestión que no se puede pasar por alto: que tocará a la sociedad venezolana y a sus instituciones, apenas se produzca el cambio de régimen, afrontar el destino de los torturadores. Ello no solo implica a los directamente responsables, sino también a sus cómplices, aliados, testigos y facilitadores. En los expedientes están las identidades y las responsabilidades que deberán asumir. Uno a uno, tendrán que responder ante los tribunales. Uno a uno, ir a prisión. Uno a uno, enfrentar la realidad de ser enjuiciado como torturador: para vergüenza de su familia y para la institución en que se desempeñaban.

Tortura y muerte en Estambul y Caracas por Héctor E. Schamis – El País – 20 de Octubre 2018

Las similitudes del despotismo

Jamal Khashoggi fue al consulado de Arabia Saudita en Estambul el pasado 2 de octubre para realizar trámites personales. Nadie volvió a verlo con vida. Una cámara de seguridad grabó su ingreso a la sede diplomática, no así su salida. Agentes de la inteligencia saudita lo esperaban, con un médico entre ellos y equipados con una sierra para cortar huesos.

Mientras era brutalmente asesinado, el Post ya tenía su columna en la redacción, pieza póstuma. El argumento de la misma fue revelador, sino premonitorio, desde el título mismo: “Lo que el mundo árabe más necesita es libertad de expresión”. La cual practicaba regularmente, a menudo denunciando los abusos de la monarquía: censura, intimidación, encarcelamiento. Ello alcanzó para convertirlo en blanco.

Las explicaciones oficiales se propagaron, contradictorias entre sí. Primero que no sabían dónde estaba. Luego que lo ocurrido dentro del consulado no fue de conocimiento del gobierno de Riyhad, como si se tratara de un hecho privado en una dependencia oficial. Más tarde que fue un interrogatorio que salió mal—”botched”, en inglés, es la expresión usada que denota incompetencia o descuido—en una admisión de haber torturado a la víctima pero sin la intención de matarlo.

Finalmente, un comunicado de la fiscalía Saudí dice que Khashoggi murió en una “acalorada pelea” dentro del consulado, y que 18 funcionarios han sido arrestados por ello, iniciándose una investigación. Es sabido donde terminarán esas 18 personas. La ausencia del Estado de Derecho tiene consecuencias para propios y extraños.

El gobierno de Estados Unidos—aliado de Arabia Saudita y de Turquía, a su vez rivales entre sí—no parece acertar en sus respuestas, admitiendo dichas explicaciones mutuamente contradictorias a lo largo de estas semanas. Ello incluye haber aceptado las promesas del gobierno saudí de llevar a cabo su propia investigación. Quedar a dos fuegos es problemático aun en términos de una política exterior realista; es decir, prescindiendo de consideraciones normativas. Turquía ahora anuncia que mostrará toda la evidencia que posee.

En América Latina nada de esto sorprende demasiado, desgraciadamente. Por un lado porque la violencia contra periodistas se ha hecho costumbre. Sea por investigar al autoritarismo, la corrupción o el narcotráfico, y la confluencia de todo ello, el periodismo es víctima de una guerra sin reglas donde el objetivo es silenciar al mensajero. Pero además no sorprende por las similitudes de las autocracias en relación a sus críticos.

Tómese el caso de Fernando Albán. Abogado, dirigente político y concejal, también él estaba marcado. Después de asistir a la Asamblea General de Naciones Unidas, lo esperaban en el aeropuerto a su llegada a Caracas. De Maiquetía al Helicoide, prisión administrada por el Sebin, hasta su muerte. El cuerpo de Albán cayó de un decimo piso.

El régimen argumentó suicidio, que Albán se había arrojado desde la ventana de un baño. Ex prisioneros políticos declararon de inmediato que ningún baño tiene ventana y que nadie va al baño solo. Hubo una autopsia oficial, pero las no oficiales aseguraron que el dirigente político tenía agua en sus pulmones.

También allí fue un caso de tortura “botched”. El régimen comunicó de inmediato que llevaría a cabo una investigación de los hechos. Aquí la idea que los que torturan y matan son capaces de averiguar la verdad y contarla solo pareció aceptable para Zapatero y pocos más.

En el mercado de vidas y muertes que es la Venezuela de Maduro, dejar de hablar del asesinato de Albán requirió hablar de otro preso político, y para eso se dispuso la excarcelación y destierro de Lorent Saleh. La dictadura chavista es tan abominable que la libertad de un inocente es consecuencia del asesinato de otro inocente, ambos de idéntica autoría. Es una sociedad victimizada por muchas tragedias, pero tal vez ninguna como la erosión de la más básica dignidad humana.

Ya que se trata de dignidad, el caso es relevante. Lorent Saleh residía en Colombia, pero el gobierno de Santos le negó la petición de asilo, desconociendo normas fundamentales del derecho internacional, y lo extraditó en septiembre de 2014. Las autoridades colombianas lo cruzaron en andas sobre el puente internacional Simón Bolívar, entregándolo al Sebin en mano en la frontera. Literalmente, el video está en Youtube. Su madre, Yamile Saleh, ha recorrido el mundo para mostrar semejante horror.

Es que todo esto tiene que ver con la libertad, como en la columna de Khashoggi. Para los periodistas y los opositores políticos, es la libertad de investigar al poder, contárselo al ciudadano, criticar, asignar responsabilidades y exigir rendición de cuentas, todo ello mientras son protegidos por garantías constitucionales. Garantías que el despotismo anula, el monárquico, como en Arabia Saudita, o el militar y de partido único, como en Venezuela.

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