Su objetivo es que los líderes chavistas, encabezados por Nicolás Maduro, sean juzgados ante el Tribunal Penal Internacional. «La justicia internacional es la única esperanza de las víctimas en Venezuela», explica Tamara Sujú, a quien el gobierno español concedió la nacionalidad española en octubre de 2018 por carta de naturaleza aduciendo sus vínculos familiares con nuestro país y por razones especiales.

Sujú está preparando un informe que presentará en diciembre sobre las torturas del régimen chavista. Ha reunido testimonios que prueban la implicación de Cuba en las torturas y en la formación de los servicios de Inteligencia bolivarianos.

España se ha convertido en el oasis de los familiares de los represores en Venezuela. ¿Por qué no se van a disfrutar del paraíso que han creado ellos?

La justicia internacional, asegura Sujú, es una «amenaza real» porque la Justicia avanza, pase lo que pase. «Las víctimas ven que el día de mañana esa persona que cometió el crimen que él padeció se sentará en el banquillo».

A juicio de esta abogada y activista de Derechos Humanos, las sanciones han sido magníficas. «Quien quiera negociar con Estados Unidos, no puede hacerlo con estos criminales. Hasta Cubana de Aviación ha retirado su ruta. Esas sanciones personales han sido extraordinarias. Han tenido que salir de Estados Unidos esposas, hijos, amantes… España también se ha convertido en el oasis de los familiares de los represores en Venezuela. ¿Por qué no se van a disfrutar de ese paraíso que han creado ellos? La Unión Europea debe hacer mucho más. Tendría que cercar el espacio a los familiares de los criminales».

Mantiene que la UE sabe perfectamente quiénes están en sus países y qué crímenes han cometido. Reclama que la UE aplique sanciones a las familias de todos aquellos que estén implicados en la represión y en el crimen. «España podría hacer más. Debe hacer más. Saben quiénes está aquí disfrutando de la estabilidad y la seguridad de España. Aquí tienen todo para sobrevivir a costa del dolor de los venezolanos. Yo les mandaría de regreso a Venezuela».

En el objetivo chavista

Desde 2005 Tamara Sujú estaba amenazada por el régimen chavista. Acusaban a Sujú de traición por criticar al gobierno desde las instancias internacionales. Por su labor al frente de dos ONG que siguen activas en Venezuela, Fundación Nueva Conciencia Nacional y Damas de Blanco de Venezuela, la denunciaron por conspiración.

Desde estas ONG formaban a líderes juveniles en activismo de derechos humanos. Hacían marchas, denunciaban ante la Fiscalía abusos, y recopilaban testimonios de torturas.

En 2014, cuando hubo grandes protestas contra el heredero de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, el régimen puso en su punto de mira a los abogados. Decían que eran partícipes de la desestabilización y les acusaban de complicidad por defender a los manifestantes. En junio Tamara Sujú fue interrogada en el Helicoide durante más de seis horas. «Entonces decidí irme del país», relata.

«Entendí que la siguiente vez me detendrían o me impedirían salir del país. Decidí irme del país porque mi trabajo era la denuncia internacional y no me arrepiento. No habría podido hacer lo que hago él de haber seguido dentro. Los he acusado a todos, con caras, con nombres y apellidos, he dicho quiénes son los criminales y cómo inducen los crímenes de lesa humanidad», señala Tamara Sujú, directora ejecutiva de Casla Institute.

Un mentor llamado Vaclav Havel

Siete años antes de decidir exiliarse, en 2007, Tamara Sujú, que ya trabajaba en la defensa de presos políticos, había conocido a Vaclav Havel, el escritor y activista checo defensor de los Derechos Humanos que fue presidente de la República Checa entre 1993 y 2003.

«Havel ya estaba preocupado por lo que pasaba en Venezuela en 2007. Veía que Venezuela podía terminar como los países del Este de Europa que quedaron envueltos en el comunismo», recuerda Sujú, quien remarca cómo la Historia ha dado la razón a Havel. «Hoy somos un país rico en manos de un usurpador arrodillado al castrismo».

Havel veía ya en 2007 que Venezuela podía terminar como los países del Este de Europa que quedaron envueltos en el comunismo

Desde aquel encuentro revelador Vaclav Havel invitaba a Tamara Sujú al Foro 2000, un foro por la democracia global que organizaba anualmente. En 2010 la abogada venezolana defendió a unos estudiantes en huelga de hambre y Havel le mostró su preocupación por su caso. Vaclav Havel ofreció asilo a Tamara Sujú.

«Entonces no me pasaba por la cabeza el exilio. No estaba preparada. Pero me dijo algo que no se me olvida: ‘Los activistas de derechos humanos hemos de diferenciar esa raya amarilla que nos separa de la cárcel, de la muerte o de la libertad’. Y añadió el presidente: ‘Usted no es útil presa. Usted es útil libre’. Mi raya amarilla fue el Helicoide, donde están los presos políticos venezolanos. Recogí mis cosas y me fui en 15 días».

La República Checa fue su base de operaciones durante unos años, pero llegó un momento en que no se sentía segura. La embajada venezolana había organizado su seguimiento. En la última etapa Tamara Sujú fue embajadora del presidente encargado Juan Guaidó durante unos meses pero lo dejó «por conflicto de intereses» por su trabajo con la Justicia.

«No me puedo sentar a conversar con quienes tienen las manos manchadas de sangre. La Justicia ha de ir por la acera de enfrente de la política. En mí confían las víctimas. Me han dado sus testimonios y tienen esperanza», apunta la activista. «No podía estar en los dos lados».

Esperanza en la Justicia internacional

Asegura que todos los dirigentes chavistas saben que han cometido crímenes de lesa humanidad. «Quien induce, oculta, y no acciona, es tan culpable como el que ejecuta, según la ley venezolana y lo que establece el Estatuto de Roma. Lo saben todos, Maduro, Cabello, Padrino, el alto mando militar lo sabe, los ministros de Maduro lo saben. Los miles de venezolanos que han sido víctimas de la represión sistemática del régimen siguen luchando para conseguir justicia. Sin justicia no hay paz y así pasa en El Salvador», remarca.

La vía, insiste la abogada, es la Justicia internacional, porque «la justicia venezolana está podrida desde la raíces. El 95% de los jueces son provisionales. Los van cambiando. Los fiscales, igual. Son herramienta de persecución. Hay que reformar todo el sistema de justicia (tribunales, fiscalía, Supremo, defensoría) para que haya independencia verdadera. Creo en la justicia internacional, y en el trabajo en la Corte Penal Internacional. Iremos de crimen en crimen pidiendo justicia».

La Corte Penal Internacional no tiene lapsos procesales, según el Estatuto de Roma. Ha de haber certeza de que hubo crímenes de lesa humanidad. Son crímenes inducidos de forma sistemática para causar dolor, represión y muerte en la población.

Hay que demostrar que hubo un plan político de destrucción sistemática de una población. En el caso de Venezuela se abrió un examen preliminar por asesinato, detenciones arbitrarias, tortura y violencia sexual en las torturas.

Torturas espeluznantes

«Hemos demostrado en nuestra denuncia que desde 2002 se han creado cárceles para torturar, se han remodelado cárceles para torturar, han creado centros clandestinos para torturar. Han formado a policías de inteligencia para torturar, no es algo aleatorio, es algo inducido. Desde 2014 los cientos y cientos de torturas ejecutadas contra manifestantes tenía el objetivo de paralizar a la población a través del terror. Cuando torturan a un joven, hacen que la familia, los vecinos, los amigos, queden paralizados por miedo», relata Sujú.

Más recientemente son los militares quienes están en la mirilla del régimen chavista. Al asesinar a un militar por torturas, como fue el caso del capitán Acosta, Maduro lanza un mensaje dirigido a los más de 200 militares encarcelados. Sujú lleva el caso del capitán Acosta, que le conmovió profundamente.

El capitán Acosta fue torturado de forma terrible durante seis días. Cuando compareció estaba moribundo. Le arrojaron agua con ácido en las heridas tras torturarlo

«Me impactó por la maldad. En las torturas hay combos: golpes, patadas, les dan con la culeta de las armas, los arrodillan durante mucho tiempo, los bañan con agua fría… Ese era el patrón. Pero también hay torturas especializadas, como en el caso del capitán. Durante seis días el capitán Acosta fue tan terriblemente torturado que cuando compareció ante el tribunal iba moribundo. Murió a la hora con síntomas de torturas. Cuando terminaban de torturarle le echaban agua con ácido para que le ardieran las heridas», relata Sujú.

En la memoria de la abogada hay cientos de testimonios espeluznantes. «Recuerdo a uno de mis defendidos a quien mostraban imágenes de su perro desmembrado mientras le torturaban. También sé de esposas o las hijas torturadas para presionar al preso. O los meten huecos en los dedos de los pies para que la electricidad les corra por los nervios. Así los revientan. He escuchado a víctimas a quienes colocan en rieles de caucho, colgados con los brazos hacia atrás, y allí les golpean, les aplican electricidad durante días. Recurren a la asfixia con bolsas con agua y luego los reviven con electricidad. O los ponen drogas en las heridas. Los torturadores descansan, los torturados no».

Practican también torturas sexuales, según los relatos recogidos por Sujú son el 90% de los casos. «Son sádicos. Les violan con las culatas de las armas, por ejemplo, especialmente a los militares para humillarles».

Otra modalidad es la tortura psicológica, como la Tumba (cinco pisos bajo tierra en el Sebin). Pasan meses en celdas mínimas, con luz artificial, sin comunicarse con nadie. Recuerda cómo Lorent Saleh decía que dormía sin saber cuánto tiempo había dormido. La desorientación vuelve loco al detenido. Hay neveras donde meten a las víctimas desnudas durante varios días. «En Venezuela la tortura ha sido planificada para doblegar a las personas».

Maduro ha ido haciendo torturas ejemplarizantes. «Así fue el caso de la juez Afiuni, encarcelada, torturada y violada. O médicos a los que destroza los dedos para que ya no pueden ejercer. El régimen de Maduro practica la tortura con el fin de paralizar a la población con el terror, el miedo, a través de crímenes de lesa humanidad», resume la abogada.

En los últimos tiempos he reunido testimonios sobre la intervención de los cubanos en este plan y la formación de la Inteligencia venezolana por parte de Cuba

Lo último que de lo que tiene pruebas Tamara Sujú apunta a Cuba. «En los últimos tiempos he reunido testimonios sobre la intervención de los cubanos en este plan y la formación de la inteligencia venezolana por parte de Cuba», afirma. En diciembre presenta un informe con estas revelaciones.

«Ahora la tortura va a por los militares y aquellos que pueden estar organizando la resistencia. También van a por sus familias. Saben dónde compran, dónde estudian sus niños… Han infiltrado los grupos de resistencia y han convertido la Fuerza Armada Nacional en espía de sus propios compañeros de armas. Venezuela es ahora una sociedad de delatores, igual que en Cuba», explica la activista.

Recuerda la película La vida de los otros, ahora que se cumplen los 30 años de la caída del Muro.

Héroes supervivientes

Tamara Sujú sigue escuchando a todo aquel que tiene pruebas de torturas y de abusos. «Han torturado, han asesinado bajo torturas, han realizado ejecuciones extrajudiciales. Perdonar no puede perdonarse. No pueden seguir en política. Sería una sinvergüenzura. Son criminales, narcoterroristas y corruptos. Y no es menor la corrupción porque deriva en hambruna y en el exilio de millones de venezolanos».

Infatigable, expone sus más recientes preocupaciones: «Cuando se preguntan qué le pasa a los venezolanos… Lo que nos pasa es que tenemos a los cubanos, a los rusos, a los iraníes, metidos en la Inteligencia y educando para avanzar en la represión. En Nicaragua ha habido torturas espantosas. Mi preocupación es que el patrón del narcochavismo está siendo exportado. Nos preocupa la ramificación. La esperanza de Venezuela es que los países democráticos se fortalezcan, no que se destruyan. Si secuestras a países democráticos, y destruyes sus instituciones ¿qué nos espera en América Latina?».

Elogia a los venezolanos que siguen dentro del país, a quienes considera auténticos héroes. «Los niños con cáncer que salen a protestar, los profesores que van a las clases sin zapatos, los médicos que protestan porque se les mueren los pacientes, los jóvenes que salen a las calles, son héroes sobrevivientes. Por eso hay que seguir trabajando. La fuerza que me mantiene para no parar es eso. No me puedo permitir un momento libre cuando allá sigue habiendo gente valiente dando la batalla».