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La mala solidaridad por Fernando Mires – Blog Polis – 1 de Septiembre 2019

No es que uno se sienta culpable. Las cosas son como son y no como uno quisiera que fueran. Al pasado no lo podemos cambiar aunque nunca haya pasado. Pero igual; después lo decidí: no hay que callar más en nombre de una mala solidaridad.
Después del golpe en Chile nos juntábamos entre conocidos de la fauna política y todos estábamos de acuerdo en una: no debimos haber callado. Lo decíamos, pero en círculos cerrados. O lo escribíamos, pero no con fuerza y convicción. No fuera a ser que la gente creyera que no estábamos por la unidad. Porque de saber lo sabíamos, o por lo menos lo intuíamos.
Las cosas, meses antes del golpe, iban de mal en peor. Los milicos ya estaban en la calle. Pero una parte de la izquierda dejaba solo al gobierno y huía hacia adelante en nombre de una revolución que nadie sabía como se iba a hacer. Muchos no estábamos de acuerdo con esa locura desatada. Sabíamos que no podíamos hacer nada en contra. Pero al menos debimos haber dicho que íbamos por el camino del infierno. Aunque nadie nos hubiera hecho caso, debimos haberlo dicho. Habríamos al menos dejado un testimonio.
Pasó tiempo antes de que me decidiera nuevamente a practicar política activa. Fue durante los años del Solidarnosc polaco cuando formé parte de uno de los tantos comités universitarios de solidaridad con Polonia. En una de las reuniones, un estimado colega, viejo profesor, dio a conocer sus reservas sobre la composición política de Solidarnosc. Aseguró, datos en mano, que algunos intelectuales que apoyaban a Walesa provenían de círculos fascistas y que parte del clero abrigaba posiciones de tipo franquista. Por cierto, había que apoyar a Solidarnosc, señalaba el profesor, pero a la vez había que denunciar la existencia de esos círculos. La mayoría de los miembros de nuestro grupo se pronunció en contra. Nuestra tarea, según ellos, debería ser solidarizar con las instituciones representativas de la resistencia polaca, no tomar partido por unas en contra de otras. “Esa es una mala solidaridad“ respondió el viejo profesor, resignado. Solo un par lo apoyamos.
Hoy Polonia está regida por políticos ultramontanos organizados en el PIS del caudillo KaczyńskiTodos tributarios de las corrientes sobre los cuales alertó, a su debido tiempo, el viejo profesor. Debieron haberle hecho caso. Pero una “mala solidaridad” lo impidió.
Recordé ese episodio hace algunos meses al escribir un artículo cuyo título es “miseria de la oposición rusa” en donde alerto sobre las posiciones representadas por el líder más simbólico, el místico Alexei Navaltny. Poco tiempo después recibí una misiva vía ND de una señora de origen ruso diciéndome entre otras cosas que yo ignoraba las profundidades del alma eslava (sic). Que para ella Navalny era el símbolo de la resistencia y que criticarlo como yo lo hacía, me convertía en cómplice de Putin. Le respondí del modo más respetuoso posible que yo solidarizo con Navalny cada vez que va a parar a la cárcel, pero eso no me impide estar en desacuerdo con sus visiones religiosas, ultranacionalistas y patriarcales. Agregué que por ser lo que soy, solo puedo apoyar a los sectores liberales y democráticos, vale decir, a quienes están en condiciones de vincularse con el occidente político, sobre todo con el europeo. Y agregué finalmente una frase que me llegó desde otros tiempos: “no escribir acerca de lo que yo sé, es una mala solidaridad”.
Desde Solidarnosc hasta ahora ha pasado mucha agua debajo de los puentes. Hoy soy yo un viejo profesor que opina sobre lo que ocurre en diversos países. Y con intensidad -muchos lo saben- sobre los acontecimientos que tienen lugar bajo el régimen de Maduro. Los que me conocen saben que mi solidaridad con quienes padecen esa dictadura ha sido constante. Pero también, crítica. Demasiado, dirán algunos. Pero no podía ser de otro modo. La solidaridad para que sea “buena” debe ser crítica. La otra, la que se contenta con mencionar hechos, no sirve demasiado.
La verdad, cuando la oposición decidió abstenerse el 20-M, yo podría haber escrito que esa era la respuesta adecuada a un régimen que hacía trampas electorales. El problema es que muchos sabíamos que esa oposición, aún en las peores condiciones, podía derrotar a la dictadura. Sabíamos además que la abstención podía terminar con la existencia de la MUD, embarcando a la oposición en las aguas de la nada. ¿Cómo no decirlo si lo sabíamos?
La verdad es que cuando Guaidó, ante el entusiasmo general propuso la triada que comenzaba con el fin de la usurpación, sabíamos que esa no era una estrategia sino un objetivo frente al cual no se especificaba ninguna ruta. Y sabíamos que los objetivos sin ruta terminan por destruir a los objetivos. Sabíamos también que el plan de Maduro pasaba en primer lugar por anular la opción electoral y que colocar a esa opción en un indeterminado tercer lugar, solo podía favorecer a Maduro. ¿Cómo no decirlo si lo sabíamos?
La verdad es que la debacle del 30-A fue la consumación de la del 20-M y que entre esas dos fechas hay una línea recta. ¿Cómo pasar la página frente a lo uno y lo otro si sabíamos que ambos episodios formaban parte del mismo capítulo? Supimos que ese día fatal no fue consecuencia de un par de errores sino de un proyecto que ya había sido puesto en escena el 2014, con La Salida comandada por el mismo López del 30-A. Como lo supimos, había que decirlo.
La verdad es que la comunidad internacional no es un todo homogéneo ni mucho menos una coalición y que poner las principales decisiones en manos ajenas -nacionales o internacionales- significaba renunciar a toda iniciativa y autonomía política paralizando a la oposición, como ocurrió. Lo sabíamos y porque lo sabíamos lo dijimos.
La verdad es que siempre hemos sabido que nunca han estado todas las opciones puestas sobre la mesa y que solo había una, nada más que una, la de rectificar el rumbo y volver a la exitosa línea de las cuatro estaciones: la democrática, la pacífica, la constitucional y la electoral. Había que decirlo. Lo sabíamos y lo dijimos.
La verdad es que la complicidad de diversos partidos con la anti-política impuesta en la oposición durante el liderazgo de Guaidó ha bordeado los límites de la irresponsabilidad. De nada vale decir (estimado Trino Márquez) que los partidos han sido víctimas de la maldad de Maduro. La tarea de un dictador es atacar a la oposición. La tarea de la oposición es defenderse para atacar al dictador. Maduro ha hecho lo que a él corresponde. La oposición, en cambio, ha hecho todo lo que no hay que hacer. Y como lo sabemos, lo decimos.
Podríamos seguir numerando. Sabemos y hemos dicho muchas otras cosas. Nunca serán del gusto de todos. Como escribió Javier Marías en su punzante artículo dominical: “Hay una fortísima tendencia a negar lo desagradable, lo turbador, lo peligroso, y a hacer caso omiso de los avisos. Muchos políticos han detectado rápidamente esta propensión, y están dedicados a fomentarla y a aprovecharse de ella. Prometen cosas imposibles o absurdas sin anunciar nunca cómo las van a realizar.“
La solidaridad no se hace con frases piadosas. Callar sobre lo que uno sabe en nombre de una buena solidaridad es hacer “mala solidaridad”, dijo el viejo profesor durante los tiempos de Solidarnosc. Hoy repito esa frase como si me estuviera mirando en un espejo.

Un centenar de horas entre sombras por Maolis Castro – El País – 16 de Marzo 2019

La solidaridad florece en los barrios de Caracas para paliar los efectos del apagón más devastador de Venezuela

Un grupo de personas recoge agua durante el apagón en Caracas.
Un grupo de personas recoge agua durante el apagón en Caracas. ANDREA HERNÁNDEZ EL PAÍS

Estas noches, nadie anda sin velas encendidas. No es un rito, sino una precaución frente a la peor epidemia de apagones de Venezuela. Yelitza Izalla, de 43 años, ha roto unas cuantas para convertirlas en focos de iluminación. Su departamento en Macaracuay, al este de Caracas, ha experimentado 108 horas continuadas de oscuridad y otras tantas interrumpidas por ráfagas de luz.

Sus hijos, de 12 y 4 años, preguntan cuánto durará el corte eléctrico. Pero nadie puede responder a esa duda en todo el país. Aunque el suministro regresó este jueves en varias partes de Venezuela, el servicio todavía no se ha restablecido totalmente en áreas de Caracas y en algunas regiones del oeste. Yelitza y su esposo, Carlos Guerra, se han organizado con sus vecinos para superar la fatalidad. En una cima de la ciudad y aislados de otros barrios, la mayor preocupación es la supervivencia. Su misión es mantener la comida, tener agua potable y su propia seguridad.

Yelitza Izalla y Carlos Guerra suben recipientes llenos de agua a su apartamento.
Yelitza Izalla y Carlos Guerra suben recipientes llenos de agua a su apartamento. ANDREA HERNÁNDEZ
La emergencia ha superado la capacidad de las autoridades. De ahí que la solidaridad reduzca el impacto de la crisis. Carlos, de 44 años, es superviviente del deslizamiento del Estado de Vargas (litoral), una tragedia que dejó miles de muertos y damnificados en diciembre de 1999. Tras recordar el desastre natural, el hombre afirma que el apagón ha traído una sensación parecida. “Fue una experiencia horrorosa, pero se contaba con la asistencia del Estado. Había ayuda para los afectados. Hoy no siento esa atención”, explica.

En Venezuela no se ha aplicado un plan nacional para atender el apagón. Solo se ha agudizado el conflicto político y la persecución del régimen. Nicolás Maduro ha ordenado a los colectivos —grupos parapoliciales chavistas— que se “activen” en las comunidades para “cuidar la paz” en la emergencia provocada por la falta de electricidad en muchas zonas del país.

“Siempre dicen que fue un sabotaje y que tengamos paciencia, pero no vemos soluciones. No se hace un reporte diario para saber qué ocurre”, asegura Jessica Ramos, de 30 años y madre de un bebé. Es amiga de Yelitza y Carlos, viven al lado, y desde hace varias tardes escuchan gritar a Germán, un hombre alto que reside tres pisos más abajo, que abrirá el “tanque” que almacena agua. Sin su aviso, la comunidad estaría desorientada.

En filas, las familias caminan hacia el estacionamiento, donde se localiza el profundo pozo. Cargan con recipientes, envases vacíos de refrescos. Un hombre moreno y con sombrero es el primero en lanzar un balde, atado a una cuerda, hasta el fondo. Es lunes, son las cuatro de la tarde, y todos se apresuran antes de que oscurezca. “Nadie se queda sin agua porque hasta a las personas mayores se les lleva un poco a su casa”, explica Leily Salinas, una administradora de 46 años, que asegura que muchos de sus vecinos “migraron” a otros distritos con algún servicio.

Vecinos de la urbanización El Encantado, en Caracas, llenan recipientes de agua.
Vecinos de la urbanización El Encantado, en Caracas, llenan recipientes de agua. ANDREA HERNÁNDEZ

El colapso es absoluto. Leily ha encontrado cobertura telefónica en una planta de su edificio. Es como hallar un tesoro. El lugar es compartido por turnos para enviar mensajes por celulares a familiares o amigos, muchos de ellos en otros países. “Sentimos como si hubiera pasado un tsunami por Venezuela, pero sin agua. Estamos totalmente desasistidos, sin información ni nada”, indica.

Algunos se detienen en la garita del urbanismo para preguntar a los que llegan sobre la situación en las calles. El apagón ha desatado el colapso de otros servicios. El agua no es bombeada, el transporte público es casi inexistente, las telecomunicaciones desaparecen, la mayoría de los comercios están cerrados y los hospitales operan con dificultades en un país a ciegas. “Una señora me regaló una pastilla para la migraña, compartimos las medicinas”, agrega Yelitza.

Dos jóvenes suben agua a sus casas.
Dos jóvenes suben agua a sus casas. ANDREA HERNÁNDEZ
El lunes, ella se había atrevido a salir con su familia al supermercado después de cuatro días de apagón. Había usado un billete de 50 dólares para comprar unos panes, galletas, gaseosa y otros alimentos no perecederos. No podían pagar con bolívares y las transferencias eran imposibles sin electricidad. El colapso del sistema eléctrico ha acentuado todos los males de Venezuela. “Tenemos temor, incertidumbre. Ninguno sale sin el otro. Todos nos movemos juntos a cualquier sitio”, añade.

Congregadas, las familias recogen troncos, ramas y hojas secas de árboles para encender una fogata en las noches. Durante el apagón esto permitió iluminar, acompañar a los vigilantes y hasta aplacar la angustia. En las mañanas, otros se reunían en el patio para jugar a las cartas, conversar y hasta conocer las noticias. Es una escena repetida en los vecindarios de Caracas —una ciudad con un récord de crímenes en Sudamérica— que carecen de energía aún.

Horas antes, había vuelto la electricidad en varias zonas de Macaracuay. Al principio, Yelitza sintió alivio, pero su angustia reapareció tras conocer la magnitud de la crisis. Ahora se prepara para otro posible corte de energía, aunque todavía algunas regiones están sumidas en la oscuridad: “Somos solidarios y la calamidad la llevaremos con esperanza”.

Ciudadanos con dos alas por Luis Ugalde S.J. – El Nacional – 13 de Diciembre 2018

SJ. Luis Ugalde

Nuestra República está moribunda y no puede levantar vuelo con medias verdades ni con súbditos sumisos y resignados. Tenemos que nacer de nuevo como ciudadanos para quienes “soberanía del pueblo” no sea palabra engañosa del dictador para legitimarse y dominar. Soberanía significa poder del pueblo sobre la vida nacional donde cada venezolano se sienta corresponsable de la construcción de la Venezuela que va a resurgir de las actuales ruinas.

Dos alas para volar. El renacer de Venezuela requiere dos alas: producción y solidaridad, que tienen que remar juntas para que el país levante vuelo. Pero son tan distintas que tienden a rechazarse mutuamente.

Producción. En cinco años el producto interno bruto (PIB) se ha hundido a menos de la mitad; tragedia increíble para cualquier país, y hambre, miseria y éxodo para Venezuela. Ello no es causado por una catástrofe natural o una guerra arrasadora, sino por una demagogia reparticionista y populista del aclamado mesías militar: Venezuela –decía– es un país riquísimo, con las mayores reservas petroleras del mundo. ¿Cómo se explica que el pueblo sea pobre en país tan rico? La respuesta mesiánica gustaba a muchos: porque hay tres bandidos que asaltan nuestro ingreso petrolero: el imperio, los corruptos partidos políticos y la empresa privada de los ricos. Pero yo –continuaba diciendo el mesías– llego como vengador y acabaré con la corrupción, expropiaré a estos asaltadores y repartiré al pueblo lo que es suyo. Arrancaré de raíz la empresa privada, invento diabólico para apropiarse de la sangre y producción del trabajador. ¡Grandes aplausos y luz verde sin control!

En estos veinte años el “socialismo del siglo XXI” ha hecho el trabajo: lLa mayoría de las empresas están cerradas o a 25 % de su capacidad productiva, las instituciones republicanas en ruinas, en quiebra la “Pdvsa del pueblo” y el país en el pódium mundial de la corrupción. Estos “socialistas” demostraron que el liberal Adam Smith tenía razón: la riqueza de las naciones no consiste en la cantidad de oro y plata (petróleo, coltán, esmeraldas…) que poseen, sino la cantidad de bienes y servicios que produce su población. Hoy la producción venezolana es ridículamente pobre, debido a que la prédica revolucionaria sembró la idea de que gobernar es distribuir (sin necesidad de producir) la abundante renta petrolera y estimuló todos los reflejos reparticionistas e improductivos hasta llegar a la ruina total.

Para reconstruir el país, todos esos reflejos condicionados deben ser sustituidos por reflejos, estímulos, capacidades e instituciones para producir la riqueza que no tenemos. Productividad y solidaridad son nuestras primeras necesidades.

Solidaridad. La República no es un conglomerado de individuos, de “yos” yuxtapuestos cada uno en su juego impulsado por su egoísmo. La República surge cuando esos habitantes descubren y deciden formar un “nos-otros”, una unión con voluntad común con raíces en el yo de cada uno. No puede haber solidaridad sin pacto social de derechos iguales y sin instituciones de bien común alimentadas y acatadas por todos. Y que todos sientan la Re-pública como una verdadera riqueza y oportunidad en su vida.

El igualitarismo en economía es romántico y gusta a las utopías laicas y religiosas, que son utopías justamente porque atraen pero no tienen lugar en este mundo. El hecho productivo no es igualador, sino diferenciador. Empeñarse en lo contrario es la causa fundamental del fracaso de todos los socialismos y colectivismos. Es diferenciador porque premia más al que produce más y mejor; todo empeño de pagar y retribuir igual a quienes producen distinto, lo mata. La retribución desigual a producción distinta no es un invento perverso del capitalismo, sino que ya practicaba hace miles de años el hombre primitivo que al salir a cazar, recolectar, pescar o sembrar sabía que a mejor trabajo mejor cosecha. En la retribución diferenciada está el imprescindible estímulo económico. La carencia de estímulos productivos mató la economía soviética y sigue matando la cubana. Los hechos demostraron que los intentos soñadores de suplir los “estímulos materiales” por “estímulos morales” son pecados “contra natura” económica. Fomentar la productividad, inversión, tecnología, creatividad, libre iniciativa y libre mercado, han hecho que la humanidad pase de una modesta subsistencia a la “revolución permanente de las fuerzas productivas”, como diría Marx.

La Venezuela productiva que necesitamos reverdecerá con estímulos económicos y garantías jurídicas a la inversión, a la productividad, y con un matrimonio bien avenido entre formación-educación y sistema productivo. La buena educación es para formar buenos ciudadanos y productores, no para repartir títulos para el ascenso social. Es desacertado seguir hablando y pensando en “fuerza” de trabajo, pues hoy en el siglo XXI la empresa más vale cuanto mejor sea el “talento” de todos sus integrantes, y mejor enlazados estén los talentos de todo su equipo. Con la primitiva mentalidad capitalista del siglo XIX el fracaso y el conflicto social serían insuperables.

Ahora es más fácil de entender que el divorcio entre empresa y educación, radicalizado por este insensato régimen político, trae la ruina para toda la población y todos los sectores sociales. Con las instituciones en ruinas y bajísima productividad pública, a los gobernantes reparticionistas no les duelen las suspensiones de clases, ni las largas colas de millones de personas perdiendo el tiempo en la aventura cotidiana de conseguir los servicios más básicos y elementales.

Liberalismo y solidaridad. Cuando el liberalismo económico no se toma como una básica condición humana sino se ideologiza con el nombre de “neoliberalismo”, se cae en la ilusión de levantar vuelo sin el ala de la solidaridad y se rechaza enfermizamente todo lo que sea Estado social. Es indispensable la solidaridad comprendida y querida (voluntad general) con reconocimiento mutuo entre los diversos miembros y sectores. Voluntad colectiva que se hace realidad en vasos comunicantes, en instituciones verdaderamente solidarias. Por eso cualquier sociedad de economía capitalista inteligente, ha desarrollado instituciones de beneficio común, y entre 35% y 55% de los ingresos individuales van al presupuesto común para garantizar a todos el acceso a los básicos y comunes bienes públicos, como salud, educación, seguridad y múltiples servicios. Ello permite la igualdad de oportunidades que va acompañada de desigual retribución a desigual rendimiento.

Lo que demuestra la historia contemporánea es que las sociedades de liberalismo unilateral o de estatismo igualitario de sello socialista fracasan por su intento de volar con una sola ala. Libertad sí, pero con igualdad de oportunidades y de dignidad humana, nutridas por la siempre renovada fuente espiritual de la fraternidad que alimenta a ambas.

Es un arte difícil combinar una economía capitalista con una sociedad de democracia solidaria, pero imprescindible afirmar ambos componentes de manera que el uno no anule el buen funcionamiento del otro.

Las disidencias de Cuba y Venezuela piden en Chile más solidaridad regional por Rocío Montes – El País – 29 de Noviembre 2018

La cubana Rosa María Payá y el asambleísta venezolano Tomás Guanipa cierran el encuentro para repensar la democracia en América Latina organizado por IDEA

Un empleado estatal reclama mejores salarios durante una protesta realizada en Caracas, el miércoles 28 de noviembre.
Un empleado estatal reclama mejores salarios durante una protesta realizada en Caracas, el miércoles 28 de noviembre. AFP

Las tres jornadas de reflexión en torno a los desafíos de la democracia en América Latina, organizado por el Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA Internacional) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en Santiago de Chile, finalizaron este miércoles con un análisis específico a los países que causan mayor preocupación, como VenezuelaCuba. Aunque fuera del programa oficial, cerca de 40 intelectuales y dirigentes políticos de la región, Europa y Estados Unidos­ invitados al evento fueron convocados por IDEA para escuchar al asambleísta venezolano Tomás Guanipa y la activista cubana Rosa María Payá –entre otros panelistas de Nicaragua, Honduras y Colombia–, quienes insistieron en la importancia de la solidaridad de la región con sus países para afrontar sus respectivas crisis.

Para Rosa María Payá, en tanto, “la petición a la comunidad internacional es a poner la mirada en los ciudadanos de Cuba y no tanto en la narrativa del poder totalitario de 60 años”. “¿Cuánto tiempo más tiene que esperar la región para que haya un consenso de las democracias latinoamericanas y por primera vez en mucho tiempo se pongan parte del pueblo cubano y no de los dictadores?”, se preguntó Payá, cuya presencia en el encuentro de Santiago motivó una carta de reclamo del embajador de Cuba en Chile, Jorge Lamadrid, dirigida al director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO),Ángel Flisfisch, que facilitó las dependencias de la institución para que se pudiera llevar a cabo esta última actividad del evento.

Con una intervención que arrancó con un análisis sobre “cómo el régimen cubano es cada vez más evidente en sus intentos por expandir los métodos represivos a otros lugares”, Payá apuntó a la forma en que el Gobierno de su país “vende relatos y realidades” con el objetivo de “lavarse la cara con miras a la comunidad internacional, mientras intenta un proceso de transición del poder al poder”. “La Habana sigue generando relatos, que, al día de hoy, toma la forma de ‘Cuba está cambiando’. La visita de Obama y los Rolling Stone, Channel y su desfile de moda en el Paseo del Prado habanero. Es la utilización de los símbolos del mundo libre para dar una imagen de cambio que no es real”, indicó la hija del fallecido dirigente opositor Oswaldo Payá.

La activista indicó que actualmente el número documentado de presos políticos es de 130, mientras se producen entre 6.000 y 7.000 detenciones arbitrarias anualmente. “En paralelo, se castigan expresiones alternativas y no solo las políticas, sino los movimientos artísticos o el de cuentapropistas [trabajadores independientes]”, dijo.

El asambleísta Guanipa también entregó cifras de la realidad venezolana: “Hoy un venezolano común gana seis dólares mensuales y todos los días esa cifra se va depreciando. Más de tres millones de personas han tenido que salir, en el éxodo más importante después de Siria que vivimos en el mundo y que ha convertido la crisis venezolana en una crisis regional”. Indicó que, según el estudio de la Universidad Católica Andrés Bello, un venezolano común ha perdido en promedio 11 kilos de peso en el último año. “Pero peor aún: según Cáritas, el 40% de los niños que ingresan a los hospitales lo hacen por enfermedades que tienen como causa la desnutrición”.

Para Guanipa, “no es simplemente una crisis de persecución a políticos”, aunque señaló que actualmente “hay casi 300 personas detenidas en Venezuela, a los diputados no se le pagan sus sueldos hace dos años y medio y se le han quitado todas sus funciones a la Asamblea Nacional”.

La solidaridad con Venezuela encuentra hueco en Foronda – Deia – 1 de Octubre 2018

La asociación Tierra de Gracia recoge fondos para mandar medicamentos a las Euskal Etxeak de aquel país

Foronda – Ya lo dijo el lehendakari, Iñigo Urkullu, con motivo del acto celebrado recientemente dedicado a la diáspora vasca: “No os vamos a abandonar, como tampoco vosotros abandonasteis a quienes llegaron a Venezuela desde Euskadi”.

Así, Venezuela estuvo presente en el Alderdi Eguna. Por primera vez, la asociación Tierra de Gracia -grupo de apoyo a la inserción social de los venezolanos en Euskadi- instaló una txosna en las campas de Foronda con el fin de recaudar fondos que serán donados en medicamentos a las Euskal Etxeak en Venezuela. A base de arepas -alimento hecho con masa de maíz seco molido o de harina de maíz precocida, de forma circular y aplanada- o tequeños -masa de harina de trigo frita rellena de queso blanco- estos venezolanos en Euskadi trasladaron los sufrimientos de su tierra.

El exdiputado y exsenador Iñaki Anasagasti, venezolano de nacimiento, señalaba que “Venezuela es un desastre. Falta de todo, y lo poco que podamos ayudar desde aquí ya es mucho allí”, asegura. Junto a él estaba Jon Aretxabaleta, hijo de Lucio Aretxabaleta, destacado miembro del PNV que se exilió tras la guerra y en 1955 fue nombrado delegado del Gobierno vasco en este país. A sus 84 años, Jon se considera vasco por los cuatro costados “y venezolano también” ya que abandonó Euskadi con apenas dos años. Una cuestión familiar le ha traído a Euskadi y ahora retorna a Venezuela. “La cosa está muy mal y por eso es importante toda la ayuda que se puede enviar desde Euskadi”, señala. – J. Núñez

Video del acto de Solidaridad con Venezuela – 30 de Septiembre 2018

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ALDERDI EGUNA 2018. Foronda. Gazteiz. Euzkadi.

Para ver el video ir al siguiente enlace:

Hemos vendido todos los tequeños, arepas y tartas por Iñaki Anasagasti – Deia -30 de Septiembre 2018

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Éxito de la Txosna de Tierra de Gracia en el Alderdi Eguna de Foronda. Era la primera vez que poníamos una txosna y hemos logrado vender todo lo comestible y bebible e incluso el cerdito que hemos puesto en el mostrador de ayuda para paliar la situación venezolana se ha llenado de billetes a satisfacción. Algo que tampoco esperábamos.

La arepa que primero ha salido ha sido la que bautizamos La Pelúa con sabrosa y jugosa carne mechada. Para las doce ya no teníamos carne mechada y, tras esta este éxito el siguiente ha sido para los Tequeños. La gente no los conocía y les ha encantado. Eso sí, también nos pedían Ron Cacique y Café, que no teníamos. El año que viene nuestro menú se va a ampliar.

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Ha sido el primer paso público de la ONG Tierra de Gracia y a partir de ahora trataremos de abordar la multitud de caras de este caleidoscopio de la problemática venezolana que comprende pensiones que Maduro no paga, papeles de residencia, primeros trabajos, sanidad, y todo lo que necesite una familia que sale de aquel país con el cielo arriba y la tierra abajo habida cuenta de la emergencia humanitaria en la que viven y de la hambruna que les han pronosticado.

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Por la Txozna pasó el sábado el Lehendakari y Andoni Ortuzar, y hoy parlamentarios, Rubalcaba, Ortuondo, Zalbidegoitia, Jon Azua, Rut Martínez, Jokin Bildarratz, Asier Arambarri, Carmelo Saenz de la Maza, Ricardo Ansotegui, Iñaki Erkoreka, Félix Aranbarri, Amaia Espinosa, Josune Irabien, Iñigo Gómez, Iñigo Ansola, Josu Loroño, Xabier Ormaetxea, Txomin Saratxaga; Ramón Sota, Xabier Aguirre, Aitor Miñambres, Iñigo Camino, Juan Mari Garín,Jon Aretxabaleta el último delegado del Gobierno Vasco en Venezuela del Lehendakari Leizaola, Iñaki, su hermano, locutor de Radio Euzkadi y centenares de venezolanos, de vasco venezolanos, de simpatizantes, de curiosos y de gentes de buen vivir que han llenado nuestros mostradores.

Lo dicho, un éxito total que servirá para mejorar en próximas ediciones.

El nieto del chichero es una excepción por Iñaki Anasagasti – Deia – 23 de Septiembre 2018

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La fotografía tiene aire tropical. Es lógico. Está sacada en el puerto de la entonces Ciudad Trujillo (Santo Domingo), capital de la República Dominicana en diciembre de 1939. Son dieciséis vascos que jamás hubieran pensado que su destino pasaría por América. De los dieciséis, el señor de la txapela, de más edad, era D. Luis Aranguren, un republicano de Bilbao. También podemos ver al Dr. Díaz de Rekarte de ANV, los demás son jelkides, gudaris, del PNV. En la parte derecha abajo, el primero  con el sombrero en la mano, es mi aita, Comisario del Batallón Larrazabal y a su lado Juan Goikoetxea, gudari del Padura, protagonista de lo que voy a contar. Su cuñado Pedro Agirrezabal está asimismo en la fotografía  así  como Zarobe, Juan Martin Alegría, los hermanos Urkidi, y José Mari Barrenetxea. Llegaban a Venezuela con lo puesto, juventud y la idea  clara que terminada la guerra mundial, ya iniciada, volverían pronto a casa. ¿Qué pintaban ellos en el trópico?. Desgraciadamente la mayoría están enterrados en aquella Tierra de Gracia.

Tuvieron que rehacer sus vidas en aquel país tan generoso y en el caso de Juan Goikoetxea, como en otros, triunfaron económica y socialmente. Goikoetxea se fijó cómo en las calles de Caracas, gentes del pueblo voceando  vendían en la calle una bebida blanca a la que llamaban chicha. Un perol de aluminio lleno de aquel aparente brebaje con hielos  flotando  transportados  en un carromato rústico era una de las bebidas del venezolano en la calle  para saciar la sed y alimentarse ya que este producto estaba hecho a base de arroz, leche, a la que se le agrega leche condensada y canela al gusto, quedando una bebida espesa que se bebía fría, con hielo y es muy sabrosa. Yo siempre que podía la tomaba. La vendían los chicheros.

Viendo aquello, Juan Goikoetxea, seguramente la probó, le gustó, la pasteurizó, la  envasó y la vendió comercialmente logrando un gran éxito con su Chicha A-1, cuyos anuncios publicábamos en la revista Euzko Gaztedi del Centro Vasco de Caracas ya que aquel antiguo gudari ayudaba a todas las iniciativas vascas y al Gobierno Vasco en el exilio, como por ejemplo cuando nos quitaron la Delegación de París en la Av. Marceau  y en una semana, tras el llamamiento del Lehendakari Aguirre, hubo que comprar otra en la rue Singer.

Todo ésto para decir que hace dos meses fue noticia el que un joven venezolano, su nieto, había sido el único que se había enriquecido en España. Se trataba de Andoni Goikoetxea, un joven  médico de treinta años que ante la caótica situación de Venezuela cogió el portante y se asentó en Madrid en 2012  donde ejerció la medicina pero su gusanillo empresarial le hizo comprar un local para dar un servicio de venta de hamburguesas y tequeños de forma distinta y ha sido tal el éxito de su iniciativa que hoy factura sesenta millones de euros al año, tiene 50 Goiko Grill abiertas en el estado español, una acaba de inaugurar en Bilbao y pronto en Donosti, los camareros y camareras son venezolanos a los que así ayuda y se va a expandir por toda Europa hasta el punto que un Fondo de Inversión le ha comprado el 80% de la empresa siguiendo él dirigiéndola  y ampliando el negocio. Y no para.

Pero  Andoni  es la excepción y  no la expresión de los miles y hasta millones de venezolanos que huyen del hambre, la inseguridad, las colas, la falta de alimentos, el impago de las pensiones (los pensionistas de Bilbao podrían solidarizarse con sus compatriotas en situación límite que no cobran nada tras una vida de cotización), la libertad de expresión racionada, el encarcelamiento de quien disiente, la inmensa corrupción, un ejército que ha convertido el país en un cuartel, el asentamiento del narcotráfico, la dirección cubana, la hipermillonaria inflación, y sobre todo del venezolano de a pie que ha de soportar una dictadura bolivariana monitoreada desde La Habana y tras haber recibido en tiempos de Chávez los “sabios” consejos de varios dirigentes de Podemos que lloraron a lágrima viva cuando murió aquel militar golpista contra un régimen democrático presidido por Carlos Andrés Pérez.

No es casualidad que los venezolanos no se van a Cuba ni a Corea sino a Colombia, Brasil, Ecuador, Perú, Argentina, Chile, Panamá, Miami, España y Euzkadi. Ya saben cómo es el paraíso socialista de las propuestas de Podemos y en Euzkadi hay ya más venezolanos que exiliados fueron a Venezuela en 1939. Y cada semana vienen en inmenso  y sobrecogedor goteo  huyendo de aquel marasmo hasta el punto que el Lehendakari Urkullu, el 8 de Septiembre, primer Día de la Diáspora, tuvo el generoso impulso de recordarles y comprometerse con ellos de esta manera: ”Envío un afectuoso saludo a la colectividad vasca de Venezuela y a los venezolanos ante la preocupante situación en que se encuentran. Mantenemos una comunicación fluida y, desde nuestras posibilidades, intentaremos seguir ayudándoles. No os vamos a abandonar, como tampoco vosotras y vosotros abandonasteis a quienes llegaron a Venezuela desde Euzkadi”.

El Alderdi Eguna nació en 1977 en Aralar trayendo importada la idea de lo que hacían Acción Democrática y Copei  dos partidos venezolanos en el Parque Los Caobos de Caracas en su fiesta anual. Y aquello tocó la fibra de tal manera  que sigue celebrándose cada año, éste  con la novedad que la ONG Tierra de Gracia, va a tener txozna y el resultado de la venta de sus arepas y tequeños lo empleará en medicamentos para los vascos que sufren la situación de ausencia de medicinas porque Maduro se niega a declarar a Venezuela en situación de crisis humanitaria. El “no os vamos a abandonar” del Lehendakari también va a estar presente el domingo 30 en Foronda.

Solidaridad con Venezuela – Asociación Tierra de Gracia – 30 de Septiembre 2018

Organizado por la Asociación Tierra de Gracia y con la colaboración de un grupo de vasco-venezolanos se ha programado una Jornada de Solidaridad con Venezuela el próximo día domingo 30 de Septiembre de 2018, a realizarse en la ocasión del “Alderdi Eguna ” , festividad que celebra todos los años el Partido Nacionalista Vasco (PNV).

El lugar del evento será en las campas de Foronda en Vitoria (Alava) a partir de las 10 AM donde podrán degustar ricos platillos criollos. Los fondos recaudados serán donados en medicinas a traves de los Centros Vascos de Venezuela.

Asiste y colabora !!

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Fake news por Ramón Peña – La Patilla – 2 de Septiembre 2018

UnknownSolo alguien, corroído por el resentimiento y que -como proyecto familiar- está en el poder por “venganza personal”, puede burlarse de la imagen desoladora que proyecta el éxodo de cientos de miles de venezolanos, afirmando que se trata de “fake news”.

El cuadro, de una huida casi bíblica, es de humildes seres en las carreteras de los vecinos países bolivarianos. A pie, con menguados enseres, con niños colgados en sus hombros, que pincelan lo que se ya ha sido calificado como el mayor éxodo en la historia de Latinoamérica. No son “escuálidos”, como burlonamente llamaba Chávez a sus opositores, es el pueblo llano que alguna vez creyó en las promesas de la revolución y ahora huye del hambre y la insalubridad sembrada por el sucesor putativo de aquel charlatán. Es una marea humana que se suma a las capas medias y a los profesionales que iniciaron la emigración al atisbar tempranamente este caos.

La infeliz declaración de este vocero confirma la indiferencia oficial ante el drama de la emigración y ante la crisis humanitaria que la provoca. La cruel indolencia que ha impedido la asistencia solicitada por Naciones Unidas y la Cruz Roja Internacional. Ahora, también desconoce a ACNUR, la Agencia de ONU para los Refugiados, la cual se ha apoyado en la decisión del gobierno ecuatoriano de declarar el estado de emergencia para nuestros migrantes en las fronteras de Ecuador, Colombia y Peru.

Afortunadamente, han sido ejemplares las manifestaciones de solidaridad de los gobiernos de la región. En algunos casos, inspiradas por la reciprocidad hacia la Venezuela que acogió a miles de latinoamericanos aventados de sus países en tiempos de otras dictaduras, de las que huían perseguidos politicos, nunca un pueblo espantado en masa como ahora

El verdadero “fake news” al que debería referirse Rodríguez, es al haber anunciado esta vaina hace 20 años como una revolución para los más humildes.

 

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