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¿Cuál sería el mejor destino de la renta petrolera en una Venezuela libre? por Guillermo Rodríguez González – Panampost – 3 de Octubre 2019

Jamás el socialismo fue tan impopular en Venezuela como ahora, pero jamás nuestros políticos en el poder han estado tan inclinados al socialismo más radical

La planificación central de Venezuela fue la causa de su pérdida de competitividad. (Foto: Flickr)

En la década de 1970 Venezuela completó su transformación inicial en una economía socialista moderada. Era una economía petrolera sometida a sustitución de importaciones, gigantescas empresas industriales (monopolios del Estado) y una planificación central de la economía que produjeron una creciente pérdida de competitividad –en empresas estatales y privadas– junto a un atraso tecnológico y desindustrialización crecientes.

El desastre futuro no era difícil de intuir en medio de la aparente bonanza. Se intentó explicar infructuosamente lo que comenzaba a no funcionar con teorías marxistas y modelos keynesianos de impacto agregado simple de la renta petrolera distorsionado por la volatilidad del precio del crudo a ser corregido por la planificación centralizada del activismo macroeconómico. Pero eso nada explicaba realmente. Lo que sí lo hacía, era considerar que la apropiación de la renta por el Estado generó una estructura de incentivos que impulso la transición al socialismo, lo que se hizo inevitable el empobrecimiento a largo plazo por la creciente descoordinación económica correspondiente. Este empobrecimiento revertido parcial y temporalmente por medios populistas clientelares apenas sostenibles durante los periodos de precios altos del crudo coincidieron, simultáneamente, con los de avance del socialismo.

La prevalencia cultural y política del socialismo –en una u otra versión de intervencionismo y activismo económico estatal creciente, fuera civil o militar– sin alternativa en Venezuela de 1945 a nuestros días ha sido el elemento que ha impedido que el fracaso económico recurrente impulse una transición al capitalismo en lugar de ajustes coyunturales fácilmente reversibles, y nuevos avances a cada vez más socialismo.

Identificar los factores claves de un cambio radical de modelo que haga posible el crecimiento y desarrollo en un país como Venezuela –algo que de lo que ya he tratado antes– pasa por la transición del socialismo al capitalismo, y en tanto sea una economía petrolera la que entraría en tal transición, pasa a su vez por la propiedad privada, no solo de la industria, pues limitado a eso sería inevitablemente un regreso al mercantilismo, sino del recurso (es decir, del subsuelo) además de la industria que lo explota, tan amplias que sean, de una parte potencialmente irreversibles y de la otra catalizador del resto de los cambios indispensables para tal transición.

Claro que estamos muy lejos del consenso cultural y la voluntad política necesarias para algo así. De hecho, jamás la palabra socialismo fue tan impopular en Venezuela como ahora, pero jamás nuestros políticos en el poder –y en oposición– han estado tan inclinados al socialismo más radical. Pretenden imponer el totalitarismo socialista quienes gobiernan. Pretenden, además, que sin cambios de fondo en la destruida economía venezolana se puede sostener una democracia de partidos sin recaer en el autoritarismo de quienes aspiran a sustituirlos.

La batalla de las ideas es el único campo del que pudiera llegar a surgir eventualmente el consenso cultural nuevo, si y solo si se discute seriamente. Siempre hay que insistir en que cualquier posible transición al capitalismo en Venezuela dependería de crear condiciones institucionales por las que la desindustrialización de corto plazo sería seguida de una reindustrialización mucho más competitiva en la producción de bienes y servicios transables de mayor valor agregado a mediano y largo plazo. Esas las condiciones favorables al reforzamiento de la empresarialidad –que termine por corregir, en formas que ahora no podemos ni imaginar, la excesiva dependencia de sectores primarios– pasan por la apropiación privada del ingreso gubernamental al que se atribuye la llamada enfermedad holandesa.

Los fondos de estabilización son insuficientes para algo como lo que tratamos aquí –aunque serían útiles a otros efectos– su debilidad es que es finalmente imposible hacerse con toda la información de antemano, la volatilidad del precio que suele presentarse como argumento para su creación es en realidad un argumento en su contra. Los modelos matemáticos de predicción y manejo de riesgo pueden obtener premios nobel de economía, pero no pueden predecir y manejar el riesgo real de eventos impredecibles que inevitablemente aparecerán en el mercado real.

Los fondos intergeneracionales o de ahorro, representan una mejor alternativa, especialmente si se enmarcan en el concepto de una dinámica de propiedad clara y una nueva relación de dependencia fiscal que genere diferentes incentivos en la relación política del forzado contribuyente y el fisco. En ese sentido, Rodríguez y Rodríguez, en el libro El petróleo como instrumento de progreso de 2012, aportaron con su noción de un nuevo contrato fiscal un aspecto clave mejor desarrollado que valiosas propuestas anteriores en similar sentido.

Pero si bien la apropiación privada universal de la renta sería la clave de ese nuevo compromiso fiscal, la concentración de los recursos en un fondo único –que comparten casi todas las propuestas teóricas de transferencia de la renta del Estado a la población– implica un incremento inmanejable del riesgo de reapropiación política indirecta de esa renta, por lo que (como ya un sistema nacional de transferencia que implique el traslado de los recursos universalmente apropiados de la renta a administradoras privadas competitivas de fondos de seguridad social) resulta la única solución con esperanzas de evitar la reapropiación política por vías no-fiscales, para la transferencia privada más amplia y eficiente del control patrimonial del subsuelo y con ello de la renta petrolera del Estado a la población en Venezuela.

Para lograr la reconstrucción y el crecimiento de la economía venezolana –entre todas las reformas estructurales, fiscales, legales y políticas necesarias para establecer una verdadera economía de mercado– se debe interponer entre la renta en su origen y el Estado fondos de ahorro con cuentas individuales de todos los ciudadanos que deje clara la acumulación individual de ahorro producto de la transferencia de renta, las condiciones de su empleo personal asociadas a un sistema universal privado de seguridad social, y sobre todo, el aporte fiscal petrolero individual descontado a cada persona antes de ser entregado.

Flores perennes por Rodolfo Izaguirre – El Nacional – 14 de Julio 2019

Rodolfo Izaguirre

Me crispa y avergüenza admitir que todavía hoy, transcurridos veinte o más años de oprobios y ofensas, el país venezolano, bajo el socialismo bolivariano, sobrevive aturdido, descentrado. Comenzamos cada nuevo día con pie equivocado, damos brincos, tropezamos con piedras políticas, nos confundimos y nos estrellamos contra la espiral inflacionaria, resbalamos en la acera de los infortunios y sufrimos la crueldad de la diáspora y la agonía de no saber qué vamos a comer mañana.

¡Creo que somos flores perennes! Y lo es mi propio país cultural. Los museos nada ofrecen en sus espacios; no dan muestras de vida, sucumbieron en el desplome de la cultura oficial y el régimen militar; siguiendo la mejor tradición del nazismo, considera degenerado el arte que hacemos. Borró toda huella cultural de altura y nobleza para hundirse en los manglares de una “patriótica” mediocridad que solo le ha servido para pintarrajear las paredes y afear las ciudades suficientemente castigadas por las torpezas económicas y la crueldad de las aflicciones. San Cristóbal ya no es la misma; Maracaibo huele mal y es un desastre; Mérida perdió el encanto que alguna vez tuvo, y el resto del país vive en la oscuridad.

Pero hay, en la otra acera, en una zona perfecta y absolutamente privada, una vida cultural intensa y asombrosa. Se editan libros, hay reuniones, conferencias, existen en Caracas las librerías El Buscón y Kalathos que se manejan con criterios de una modernidad apasionante. Hay en ellas oxígeno suficiente para respirar y rozar nuevos horizontes.

Se celebran talleres con diversos propósitos; hay una plaza en Los Palos Grandes (¡posiblemente, la única!) que ofrece sus espacios no solo para el goce de una vida al aire libre (juegos, niños, ajedrez, taichí, actos culturales), sino para que Eugenio Montejo continúe vivo y Francisco Herrera Luque persista, a través de la Fundación que lleva su nombre, en la búsqueda de la luna de Fausto.

Las artes visuales son como flores perennes, persisten en sus fragancias. No sé cómo hacen los creadores para conseguir los materiales que componen sus obras, pero ellas aparecen en galerías que nacen y se sostienen en espacios que jamás imaginaron que iban a servir para actividades tan gloriosas y fascinantes: unas quintas en algunas urbanizaciones, un tercer piso en un edificio anónimo y allí nos esperan los prodigios del arte.

El Trasnocho, en Las Mercedes, es un oasis en permanente fervor. El teatro puede llevar acertadamente el nombre de Héctor Manrique, aunque hay otros teatreros de enorme talento; y el cine, el nombre de José Pisano (¡no puedo olvidar el magazine Moviola que dirigió en tiempos de La Previsora!). El Trasnocho también es aroma de café y cacao, espejos, una esclarecida galería de arte y la presencia de Solveig Hoogesteijn. ¡Se siente uno seguro allí!

Hay en Caracas portentosas colecciones de pintura, la Fundación Polar cumple tareas de asombrosa modernidad y todos sostenemos y expresamos pensamientos propios y admitimos que nuestros hijos son mejores que nosotros mismos y nos enorgullece saber que seguramente encontrarán un nivel laboral y una vida emocional armoniosa en el país que eligieron víctimas de la diáspora cruel desatada por el régimen militar.

Insisto en calificarnos como flores perennes. Más aún: como flores de loto que nacen en las aguas de los estanques o en el pantano, porque igualmente todos nacemos y florecemos en un país absurdo, áspero, caudillesco y petrolero que oficialmente odia o niega la belleza y persigue con saña la sensibilidad y la inteligencia y, sin embargo, persistimos en amarlo con abierta pasión. Y me pregunto: ¿qué he ganado yo? Y el Eclesiastés, en una Biblia que leo a veces, responde por mí: “No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo: y esta fue mi parte de toda mi faena”.

Lost Opportunity to Save Venezuela by Michael Rowan – Latin American Herald Tribune – 1 de Julio 2019

“Socialism produces results like Norway, another wealthy oil state where almost 100% of the population is comfortable or wealthy. Socialism does not allow over $300 billion to go missing in the government’s books over 20 years,” writes political guru Michael Rowan. ” Kleptocracy does. A kleptocracy is a government run by a few who steal from the poor. That’s not a revolution. That’s a hoax based on a lie.

Venezuela is slipping into the routine it has been conditioned to accept as natural and good for twenty years: in a word, death.

The search for oil and gold found more than Venezuela needed to make everybody rich. But the search for a way to help the population prosper through democracy did not. Venezuela has always suffered from poverty and inequality.

But the way democracy and economy were destroyed in Venezuela is unique in history. It is not a proud time to remember.

In the 20th century, both military dictators and elected presidents since 1958 failed. Corruption, poverty and inequality increased along with all the hortatory damnations of politicians.

But the last 20 years are particularly hard to take. In 1998, the socialist revolution took power and 90% of the public hoped it would succeed on its promise to share the oil wealth with the poor. It did not. It was neither socialist nor a revolution.

Socialism produces results like Norway, another wealthy oil state where almost 100% of the population is comfortable or wealthy. Socialism does not allow over $300 billion to go missing in the government’s books over 20 years. Kleptocracy does. A kleptocracy is a government run by a few who steal from the poor. That’s not a revolution. That’s a hoax based on a lie.

With all the power and money in their control, a kleptocracy of a few thousand multi-millionaires and billionaires who cynically pretend to be democrats and socialists, are letting babies starve, the sick die from lack of medicine, and 1 out of 10 Venezuelans crawl across the borders — hungry, sick and desperate — while the kleptocracy takes a jet to Istanbul to have an elegant lunch.

The one hope of removing the kleptocracy was when the National Assembly president was recognized as the true President of Venezuela by 53 nations that possess over half the world’s GDP. But for whatever reason, the actual president and government is hiding in Venezuela, in safe houses or embassy sanctuaries, waiting for the kleptocracy to go away or for some miraculous power to sweep the bad guys away. That strategy has about as much chance of success as a snowball in hell.

What the actual government of Venezuela should do is set up government across the border, raise $20 to $50 billion immediately from its 53 national supporters, confiscate the funds of the kleptocracy in foreign countries, build an army, interfere in the kleptocracy’s cocaine trade and terrorism connections, run a refugee program for 4 million Venezuelans who are burdening social services in neighboring countries, and run a subterranean food and medicine delivery service to every family it can – even military families – in Venezuela. And finally, run a global campaign in print, TV, internet and social media to build global support for democracy and freedom and against kleptocracy and populism everywhere.

Venezuela should use its unique status in history – the earliest in South America to adopt democracy and the earliest to destroy it – as a warning signal to the world. Populism and kleptocracy can kill you.

The de facto kleptocrats in control are very worried about this eventuality, but delighted that the actual government will voluntarily stay under the thumb of the kleptocracy, which is shipping gold to Uganda and oil to Russia as fast as it can. Venezuela, which has been looted for two decades, still has a few more items on the shelf which the kleptocracy, having de facto powers, may want for itself.

What could billionaires want that they haven’t confiscated, you might ask? In the short term, freedom from prosecution. They have squirreled away billions around the planet, most of it protected by sovereignty of a state that they have stolen. And in the long term? The goal is obvious: 20 more years, 40 more years, breaking Fidel’s record in ruling Cuba, and so on. Kleptocrats can dream, too.

In late 2019, the technical legitimacy of the National Assembly presidency may expire – the kleptocrats are busy trying to make that happen. The real president may disappear into the shadows of asylum or prison. Why the legitimate government would allow that to happen is beyond the imagination of this humble observer. However, self-destructive acts litter history and literature. Suicide of otherwise successful and happy persons happens a lot. It’s just hard to understand and accept.

Michael Rowan is an author and political consultant who has advised presidential candidates throughout Latin America, including Governor Manuel Rosales in Venezuela, President Jaime Paz Zamora of Bolivia and President Oscar Arias of Costa Rica. In the U.S., he has advised winning candidates in 26 states. He has been an award winning columnist for El Universal, The Daily Journal — predecessor to LAHT — and the Latin American Herald Tribune since the 1990s. He is the author, with Douglas Schoen, of The Threat Closer to Home – Hugo Chavez and the War Against America. 

A Venezuela, el país que somos por Emmanuel Rincón – PanamPost – 30 de Junio 2019

Las bases putrefactas sobre las que se sostiene actualmente Venezuela deben ser abolidas. (Foto: EFE)

En Venezuela nos hemos convertido en cazadores de conspiraciones, en agitadores sociales, en implacables fuentes de animadversión y controversia, en caníbales de opiniones adversas. El chavismo ha sacado lo peor de nosotros, nos hemos vuelto implacables contra nuestros conciudadanos, dictatoriales contra quienes piensan diferente, radicales, en el amplio sentido de la palabra, para defender nuestras posiciones, sean erradas o correctas, o quizás, ninguna de las anteriores.

Incluso yo, que me gustaba pensar que era una persona razonable, he encontrado que de a ratos me vuelvo irracional, insoportable, que me molestan los que piensan que hay una salida amigable con estos delincuentes, y que mucho de esto, no es sino una somatización de la impotencia que produce el haber pasado casi un 80 % de mi vida siendo gobernado por narcotraficantes corruptos y asesinos.

Aquello me ha hecho implacable, sí, implacable y radical, contra la corrupción y la mentira, contra la manipulación, contra todo aquello que considero fomenta que el dictador Maduro siga en pie.

Es cierto que cometemos errores en el camino (que los he cometido), como particulares lo hacemos, puesto que vivimos en una histeria colectiva. Los errores son parte de la dinámica humana. Vivimos o venimos del país más errático del presente siglo, debemos encontrar una solución, y esa solo va a pasar por reconocernos, por mirarnos a la cara y decirnos lo que verdaderamente tengamos que decir.

El reciente escándalo protagonizado por la filtración del escándalo de corrupción, publicado por mi colega y amigo Orlando Avendaño en el PanAm Post, me enseñó muchas cosas, y la primera de ellas es que como sociedad, estamos realmente jodidos, pues incluso para señalar corruptos nos hemos vueltos enemigos, o no logramos ponernos de acuerdo. ¿Hay corrupciones malas o buenas? Creo que lo primero que debemos cuestionarnos es cómo hemos permitido que nos lleven tan bajo para que debamos preguntarnos si es oportuno o no señalar un caso de corrupción. Es comprensible que el chavismo ha dejado el listón por el piso, pero nosotros como venezolanos debemos aspirar a más, debemos esperar más, debemos querer más.

Con nuestros aciertos y desaciertos, los venezolanos hemos sido personas influyentes en el mundo. No en vano el libertador de gran parte de Sudamérica proviene de nuestras tierras, y si bien la épica de Bolívar en la historia quizás nos haya hecho más daño que favores, ya que ha servido sobre todo para alimentar las mentes, sueños y narrativas de pequeños dictadores, no podemos renegar de nuestro pasado.

Con tinos y errores, Bolívar fue un personaje que marcó la historia del mundo, como lo han hecho muchos venezolanos. Pero ha llegado la hora de que empecemos a hablar con la verdad en todo sentido. Bolívar también fue un dictador, también cometió excesos, su liberación no fue una forma de traer igualdad a los pueblos, sino quizás una manera de enriquecerse más, de engrandecer su nombre, o de gobernar toda América, nunca lo sabremos con precisión.

Algo similar sucedió con Hugo Chávez en los últimos tiempos, el pequeño tirano, basándose en el nombre de Bolívar, cometió inimaginables crímenes, regaló nuestras riquezas a una pequeña isla déspota, y nos sumergió en la peor crisis humanitaria de nuestra historia. A partir de allí, han salido a relucir los pequeños Bolívar, los pequeños Gómez, los pequeños Pérez Jiménez, los pequeños Chávez, y lo que es peor, los pequeños Maduro. Esa épica dictatorial hoy aflora desde muy dentro, la intolerancia nos corroe, nos ciega, todos queremos salir de la catástrofe imponiendo nuestra catástrofe personal, y así solo podremos conducirnos a un hoyo negro.

Es cierto, el primer paso que debemos cometer como sociedad para reconstruirnos es salir de la tiranía, pero también es cierto, no podemos permitir que la actual tiranía sea sustituida por nuevas formas de tiranía, por nuevas formas de demagogia, por nuevas formas de corrupción.

Las bases putrefactas sobre las que se sostiene actualmente la nación deben ser abolidas. Ese espacio público transitado por tantos que se han enriquecido a raíz de la desgracia de tantos millones de venezolanos, debe ser limpiado. El costo de implementar una nueva estructura social será pesado, la carga será fuerte, quienes están adheridos con yeso a la estructura corrupta no querrán desaparecer, y será nuestra misión demolerlos para poder limpiar el terreno, extinguir la maleza, sembrar de nuevo y recoger frutos comestibles, sin veneno, que realmente puedan reproducirse y generar un ecosistema de relaciones personales, sociales y económicas sanas.

En el PanAm Post yo encontré un espacio en el cual me puedo expresar libremente y sin censuras, y si algo compartimos todos los que trabajamos para esta casa editorial es que comprendemos que no puede haber compasión contra la corrupción, y que el único camino para que América Latina salga de la miseria es combatiendo el populismo, el socialismo en todas sus vertientes, e impulsando modelos sociales y económicos basados en el libre mercado.

A los colombianos, argentinos, mexicanos, peruanos, chilenos, y en definitiva, a todos los ciudadanos de América Latina, les pido que nos unamos, en primer lugar para acabar con la dictadura de Nicolás Maduro, con la Daniel Ortega y con la de los Castro, y que sobre todo, nos unamos para combatir los modelos políticos que buscan repartir la miseria de nuestras sociedades, y no multiplicar sus riquezas.

Y a los venezolanos, también les pido que nos unamos, pero no con cualquiera: vamos a unirnos con gente honesta, intachable, sin negocios sucios, vamos a unirnos con todo aquel que quiera aportar para hacer de Venezuela un país mejor, para progresar como sociedad y finalmente derrotar al chavismo y todo lo que el chavismo representa, junto a todos aquellos que desde la «oposición», han colaborado de una u otra forma para que se mantengan sus instituciones de miseria, sus negocios sucios, y la normalización de la barbarie.

Venezolanos, soñemos con un país mejor, soñemos como el país grande que somos.

La opinión pública venezolana se inclina hacia las ideas de libertad por Vanessa Novoa – IF Revista Digital – 7 de Junio 2019

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Nada enseña mejor sobre los vicios del socialismo que vivirlo en carne propia hasta sus últimas consecuencias. Por eso, luego de 20 años bajo un régimen de extrema izquierda, la opinión pública venezolana se inclina hacia ideas de libertad.

Atrás quedaron los aplausos ante las subidas de salario mínimo, ya no las vemos más. Hoy, los venezolanos entienden que los incrementos salariales no se traducen en mayor riqueza, y los relacionan con el recrudecimiento de la inflación y la escasez.

Atrás va quedando, cada vez más, la defensa encarnizada de la estatizacion de empresas. La destrucción de PDVSA, Corpoelec y otras tantas compañías en manos estatales hicieron entender a muchas personas el riesgo de dejar todo en manos de burócratas. Pero no solo los burócratas tiene responsabilidad es esto, la gente también.

El fracaso de este modelo demuestra que la idea de las “tarifas fijas y por tiempo indeterminado” en los servicios públicos es algo que el venezolano ha tenido que arrancarse de la cabeza a la fuerza. No más electricidad con tarifa regalada. No más de esa fantasía llamada “la gasolina más barata del mundo”.

El venezolano ha aprendido, de la peor forma, lo que significa el socialismo. Por eso hoy se inclina hacia la libertad.

“Si alcanzara la plata no necesitaría que el gobierno me diera nada”, fue una frase que escuché muchas veces en mi trabajo como reportera en Venezuela.

La escuché siempre en los sectores más pobres y entre las familias más humildes. Para ellos, que debían soportar más que nadie las humillaciones que vienen con la dependencia al Estado, solo la independencia económica de los burócratas podía romper las cadenas. Lo entendieron sin leer un solo autor liberal. Lo entendieron de una forma en la que solo lo puede entender quien sufre el socialismo en carne propia.

Mientras, un grupo de periodistas e “intelectuales”, que por 20 años han decidido ser los porristas de los partidos políticos de siempre, defienden a capa y espada un socialismo “de verdad” que no aguanta en lo absoluto ante el peso de los hechos.

No es en las élites de izquierda donde está la verdadera Venezuela Liberal, esa que podrá surgir una vez se haya enterrado para siempre el chavismo y sus males.

La semilla de la libertad se sembró en la gente, esa gente que sin haber leído a Mises aún, sufren la puesta en práctica de las ideas de Marx. Y esa Venezuela Liberal es la que va a reconstruir el país.

 

¿Puede Venezuela Ser El País Más Libertario de Latinoamérica? por Jose Miguel – iF Revista Digital – 23 de Mayo 2019 

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“El venezolano es socialista”

Quiero comenzar con “lo que se habla en la calle”. En “la calle” se dice que los orígenes de nuestra república “son socialistas” y que por eso, “el venezolano es y será socialista”.

Si llegas a discutir con opinadores de redes sociales, te dirán que nuestra historia solo guarda una triste inclinación socialista. Acusarán a algunos próceres de “haber sido de izquierda”, de no comulgar con las ideas de derecha ni libertarias, de declararse anti-imperialistas y otro centenar más de “estamos condenados a ser socialistas”.

Si decides hablar con los que yo llamo los “libert-arios”, esa raza “pura” e inerte de personas con mucho conocimiento -quizás-, pero cero tacto ni inteligencia al momento de promover las ideas y que se atribuyen a sí mismos el tener “Pedigree” en los ideales libertarios, te dirán que “Simón Bolivar era socialista”, que “Francisco de Miranda era un tibio socialdemócrata” y que “El venezolano lleva el socialismo en la sangre”. Lo curioso es que ellos nacieron y crecieron en la misma tierra también.

Para ellos, Venezuela no tiene potencial para ser el país más libertario de Latinoamérica.


La cúpula política

Si miramos a los partidos tradicionales, los que han gobernado desde los orígenes de la democracia en Venezuela, entonces sí, todos son socialistas. Y si miramos el panorama actual en el que el partido que controla la droga y el poder en Venezuela (PSUV) es comunista y los partidos que integran esa obra maestra de la Inteligencia Cubana G2, la falsa oposición (AD, UNT, PJ, VP, AP, entre otros), la cosa deprime.

A eso sumémosle que los principales políticos, medios de comunicación, periodistas, opinadores, comediantes, “empresarios” e influencers venezolanos, también llevan dentro de sí ese cáncer llamado socialismo.

Nada alentador.


¿Y qué vamos a hacer si “todos somos socialistas?

Pues si te dejas llevar por las opinadores y por los libertarios, terminarás diciéndote en el espejo que “eres un socialista”. Si te crees las conclusiones sobre nuestros próceres y nuestros “orígenes socialistas”, dirás que estamos condenados desde el inicio. Y si observas el panorama actual, a los partidos, a los políticos, a los medios, a los periodistas, a los chistosos, a los “empresarios” y a los influencers, dirás que no hay salida.

Pero estarás muy lejos de la realidad.


Los libertarios en Venezuela

Ningún otro país en Latinoamérica tiene tanta actividad en la promoción y defensa de las ideas de libertad hoy día, como Venezuela.

Sea que el venezolano esté en Venezuela aún, lo que ya lo convierte en una acto de valentía, o que el venezolano esté en algún otro país, el crecimiento en la promoción, difusión y defensa de las ideas libertarias por parte de venezolanos no tiene comparación ni competencia en Latinoamérica.

¿Que lo aprendimos de la peor forma? ¿Que ha sido una consecuencia de lo que nos tocó vivir? El venezolano, especialmente la juventud con edades entre los 18 y los 40 años de edad hemos desarrollado una pasión y una dedicación por las ideas de libertad, que no se ve en ninguna otra parte del mundo.

Movimientos, revistas digitales, medios de opinión alternativa, blogs, grupos de Facebook, grupos de WhatsApp, cuentas de Instagram, La Resistencia, protestas, cervezadas liberales, GoFundMe, Live en redes sociales, canales de YouTube, conversatorios, diálogos socráticos y cuanta idea se nos ocurren, han saltado las barreras impuestas por la izquierda venezolana y hoy día, los libertarios representamos la amenaza más real que los socialistas venezolanos hayan visto a lo largo de su estadía en el poder.

¿No me creen? Nada más vean cómo han perdido poder en la opinión pública. Aún con todo el aparato mediático, cada vez que los libertarios y radicales nos unimos en una misma linea, la izquierda venezolana sufre, se retracta, da explicaciones y… sí: ¡Ataca! ¡Insulta! Señal de impotencia.


¿Puede Venezuela llegar ser el país más libertario de Latinoamérica?

Cuidado y si ya no los somos, no en términos políticos ni económicos -por supuesto-, pero sí en términos filosóficos y sociales.

Piensa en esto: Yo nací y crecí en Venezuela, de seguro usted también. Recibí la misma educación que millones. Compartí con muchos socialistas. Mis mejores amigos eran socialistas. Pase por la escuela, el bachillerato y la universidad en las que se enseña socialismo y se hace política de izquierda, y yo no soy socialista.

De seguro mis “ancestros” -y los tuyos también- formaron parte de estos partidos políticos tradicionales. De seguro creyeron en el socialismo durante su juventud, lo defendieron, lo practicaron, lo apoyaron. Es probable que hasta hayan ocupado posiciones de poder, la historia da para todo. Y aún así, yo soy libertario.

Lo mejor de todo es que no somos pocos. Cientos, miles son los que hoy día, habiendo nacido y crecido en la Venezuela “condenada a ser socialista” se declaran libertarios, se comportan como libertarios y sus acciones hablan en consecuencia con sus principios.

Es a ellos a quienes yo les tengo fe, una fe terrenal, una fe basada en la razón.


¿Por qué?

Y aquí quiero remitirme a los movimientos y medios libertarios y liberales, como Derecha CiudadanaiF Revista DigitalRumbo LibertadDisobey, el Movimiento Libertario de Venezuela y Vente Joven. Porque estos movimientos y medios que se han formado en Venezuela, aún con todo el sistema represivo detrás, con todo el bloqueo mediático de la izquierda y nuestros supuestos “orígenes y condena a ser socialistas”, representan una luz al final del túnel.

Si usted ha leído el libro 1984 de George Orwell y recuerda a Winston Smith escribiendo a escondidas de “El Gran Hermano”, entonces se identificará con los libertarios en Venezuela. Si usted ha leído la historia de los emprendedores de Silicon Valley, quienes desde un Garage y con una idea, formaron empresas que nadie imaginó posibles, entonces se identificará con los movimientos y medios libertarios -por muy pequeños que sean- formados en Venezuela. Y si usted recuerda el Holocausto y la persecución despiadada a los judíos, entonces usted entenderá a los libertarios en Venezuela y lo que les ha tocado vivir.

Aún así, se atreven a declararse libertarios en el país más peligroso del mundo para hacerlo.


Todo gran viaje comienza con algo pequeño: el primer paso.

Los libertarios en Venezuela lo dimos hace mucho tiempo.

Porque es mentira esa generalización que afirma que “el venezolano es socialista”. Hay muchos, claro que sí; pero también hay muchos que no lo son. Porque es mentira que “Venezuela está condenada a ser socialista”. En manos de la izquierda, claro que sí; pero en manos de los libertarios no. Y porque es mentira que “el socialismo está en la sangre y la idiosincrasia del venezolano”. En la educación, en la política, en la economía y en muchos otros ámbitos del acontecer venezolano, claro que sí; pero en la sangre, en la mente, en la voluntad y el compromiso de quienes no se han dejado contaminar por estas ideas, no.

Venezuela puede ser un ejemplo para la región. Venezuela puede ser el país más libertario de Latinoamérica, emergiendo entre los escombros, los cadáveres del socialismo y esquivando las balas de la izquierda, para sorprender al mundo como la nación más libre del continente.

¿Qué hace falta? Bueno, una limpieza de la clase política (PSUV- Frente Amplio MUD), el apoyo a nuevos movimientos libertarios y medios de opinión alternativa y… que los libertarios quieran. ¿Quieran qué? Trabajar en equipo, cosa que lamentablemente no saben hacer muchos.

¡Alianzas! Hacen falta alianzas: Alianzas libertarias.

 

La Idiosincrasia del Venezolano, ¿Socialista o Libertaria? por Alexis Paredes – iF Revista Digital – 23 de Mayo 2019 

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¿Cuántas veces hemos escuchado que el venezolano es flojo, “vivo”, que le gusta lo fácil y un sin fin de descalificativos como estos? Estas son etiquetas infundadas por -el sistema que ha destruido nuestro país en las últimas 6 décadas- la izquierda. Pervirtieron los incentivos, eliminaron la meritocracia, sistematizaron el amiguismo y han procurado destruir la base de la sociedad: la familia ¿Como podíamos esperar buenos resultados? Nunca fue culpa de la “idiosincrasia venezolana”, sino del sistema.

Han aniquilado nuestro autoestima como país. Los más débiles han sucumbido a la idea de que un líder político mesiánico es su única salvación. Otros hemos dejado de creer en nosotros mismos como venezolanos, como nación. Pero ¿Hay motivos para creer que Venezuela será un país libertario y capitalista? A continuación daré tres razones que me hacen creer que si:


1)  El venezolano es emprendedor.

Las ganas de emprender forman parte de nuestro “ADN”. El querer “montar” el negocio propio, el taller, el consultorio; el querer “ser mi propio jefe”. Son temas diarios del venezolano que busca progresar. Con condiciones de libertad en el mercado, hay muchísimas posibilidades de llegar a ser uno de los países con más emprendimientos nuevos en el mundo.


2)  El venezolano es individualista.

Los “intelectuales” y las masas detestan esta característica, por cierto, bien arraigada en los venezolanos. Por supuesto que existe la solidaridad, pero en sentido general actuamos en favor de nuestros propios intereses. Y esto no es para nada malo, como dijo Adam Smith: “No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés.”  Es decir, las acciones individuales a pesar de estar impulsadas por intereses propios y en algunos casos, profundamente egoístas, al final causan un bienestar concreto a la sociedad.

El individualismo es la senda.


3) El repudio hacia el socialismo.

Y esta, quizás, es la prueba más contundente de porqué se nos viene un futuro libertario y capitalista: se está formando una nueva generación que repudia las ideas socialistas.

Imagínese miles de personas -individualmente- padeciendo el socialismo. Quizás un joven que siente que se le van los años productivos de su vida. Quizás una señora mayor a la que el socialismo la puso a sufrir para conseguir alguna medicina. Quizás un padre joven, que no consigue suficiente dinero para llevar lo necesario para su hija pequeña. Como sea el caso, muchos y cada vez hay más personas que sienten la necesidad de leer e investigar por qué están viviendo esa pesadilla en Venezuela. Pero esto no termina aquí, una vez descubren la raíz del problema, comparten sus ideas con otros, se unen para pasar a la acción. Odian el socialismo y quieren acabar con su práctica.

De esta forma surgen una cantidad de movimientos civiles (Movimiento Libertario de Venezuela), políticos (Rumbo LibertadDisobey), partidos políticos (Vente Venezuela) o medios de comunicación alternativos (como unos servidores en iF Revista Digital), que en cada uno hay individuos valiosos para la causa libertaria. Todos siguen el mismo patrón: la coherencia. Y comparten el mismo enemigo: la izquierda, sin importar el rostro de turno.


Personalmente creo que en 20 años de chavismo y 60 de socialismo, por fin está surgiendo una verdadera oposición. Recuerdo que hace un par de años, Gloria Álvarez dijo que lo que pasaba en Venezuela era cuestión de las élites (políticas, económicas, influencers y medios de comunicación; todas corruptas por supuesto). Pues está llegando el momento de sustituir estas élites podridas, por unas nuevas, llenas de gente que ama la libertad.

Por todas estas razones yo creo que Venezuela sí tiene mucho potencial. No por su ubicación geográfica, por su petróleo o minerales. No. Nada de esto define la prosperidad de un país. Su potencial reside en su gente. Venezolanos con ganas de emprender, individualistas y sobretodo tienen en común el amor por la libertad, por respetar el proyecto de vida del otro y un desprecio total por el socialismo.

El Socialismo Deja a Venezuela Sin Carne, Sin Pan y Sin Gasolina por Vanessa Novoa – iF Revista Digital – 18 de Mayo 2019 

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Más allá de la arena política, persiste la crisis económica más grave que ha vivido Venezuela en su historia. Las noticias de esta semana incluyeron cifras preocupantes respecto al abastecimiento de alimentos e insumos básicos. En socialismo, las necesidades se convierten en lujos.

El Instituto Venezolano de Leche y Carne reportó que los venezolanos pasaron de consumir 22 kilos de carne al año a menos de 3 en un cuatrimestre. Desde hace tiempo, la producción no alcanza para cubrir la demanda nacional, con lo que los precios se mantienen en subida.

En comunismo, las familias optan por reducir al mínimo el consumo de carne o eliminarla por completo de la dieta.

En cuanto al abastecimiento de pan y otros derivados de la harina de trigo, Fetraharina reportó esta semana la paralización de uno de los molinos más importantes del país. El sector, que actualmente trabaja a 50% de su capacidad, tampoco tiene las condiciones para satisfacer la demanda.

Sin carne, sin pan y con graves fallas en los servicios básicos de agua y electricidad, la Venezuela comunista se enfrenta además al colapso del sector petrolero: las únicas dos refinerías que se encuentran operativas en el país trabajan a 10% de su capacidad.

Las consecuencias del colapso económico se reflejan en una generación completa que crece con problemas de peso y talla, enfermedades erradicadas que vuelven y la normalización de las largas filas para encontrar comida o combustible racionados.

La causa es una sola: el socialismo. Un conjunto de políticas de expropiaciones, controles sobre el sector privado y saqueos estatales al aparato productivo bajo control del Estado alimentaron la crisis.

Estas políticas, defendidas por socialistas de todos los partidos en mayor o menor grado, no son nuevas: causaron resultados similares en Cuba, Alemania y la Unión Soviética.

El colapso económico de Venezuela es resultado de las políticas nefastas de un régimen de extrema izquierda. El socialismo, en cualquiera de sus variantes, destruye naciones al llevarse a sus últimas consecuencias…y siempre habrá alguien dispuesto a llegar a esas consecuencias.

 

Caracas estaba aquí por Marco Negrón – TalCual – 16 de Abril 2019

 


(Este artículo se publicó originalmente en El Universal el 13 de agosto de 2002, es decir, hace casi 17 años. Pero se vuelve a publicar no para jactarse de los talentos premonitorios del autor sino porque demuestra algo hondamente preocupante: cómo a la razón que alertaba acerca de lo que estaba por venir se oponía el sentimiento, legítimo pero irracional, de no querer reconocer el miserable destino que, detrás de las proclamas de un sedicente socialismo del siglo XXI, tantas actuaciones preanunciaban).

Seis años después de que en 1999 el litoral central de Venezuela desapareciera bajo el deslave de la montaña, un fenómeno aún no explicado arrasó Caracas. Los temores causados por el raro fenómeno hicieron que por años nadie se atreviera a aproximarse al lugar; solamente en 2012, conmemorando los 445 años de su fundación, una autodenominada “Expedición humboldtina” intentó la empresa para terminar desapareciendo. El siguiente es el único testimonio de esa aventura, llegado por milagro a manos de este compilador de memorias del futuro:

Expedición humboldtina, 25 de julio de 2012.- Dejando atrás la costa de La Guaira, atravesamos la serranía hasta el sitio donde debía encontrarse el centro de la ciudad de Caracas. El panorama del antiguo valle del Guaire resulta aún más desolador del que acabamos de dejar: entre las todavía verdes masas de las montañas, unos 50 metros por encima del fondo original del valle se extiende una monótona llanura de color indefinible, entre el gris y el mostaza, formada por una pastosa mezcla de detritus humano y materiales diversos de desecho, que despide un olor nauseabundo y ha terminado por corroer todas las estructuras levantadas durante los años de su esplendor urbano.

“Hacia el atardecer, cuando planeábamos buscar un sitio menos hostil para acampar, avistamos en lontananza una figura humana que se desplazaba lentamente, como quien se hunde en el fango. Al aproximarnos encontramos a un ser famélico y desnudo, con apenas una raída boina sobre la pelada cabeza. Aunque hablaba de manera confusa, creímos entender que se llamaba Bolivariano Libertador y, en un largo y enrevesado discurso, salpicado reiterativamente por expresiones como orinocuapure, devolución, voy a darte lo tuyo, terminó relatando cómo otros de sus congéneres habían logrado sobrevivir al desastre y, en un remedo de su vida anterior, vagaban en círculo por las montañas intercambiándose una y otra vez las mismas inútiles baratijas.”

 

20 años de chavismo: el quiebre del «Estado mágico» por Tomás Straka – Nueva Sociedad – Marzo/Abril 2019

La Revolución Bolivariana se benefició de un aumento del precio del petróleo de alrededor de 1.000% desde la llegada de Hugo Chávez al poder, a inicios de 1999, hasta los picos del segundo boom petrolero. No obstante, esto tendió a reforzar la dependencia de los hidrocarburos y reactualizó las ilusiones de la «Venezuela saudita», en medio de una gestión de los recursos públicos ineficiente y crecientemente autoritaria. Hoy, tras dos décadas de esa experiencia, Venezuela vive una combinación de crisis que hablan del agotamiento del proyecto chavista.

20 años de chavismo: el quiebre del «Estado mágico»

Muy pocos de los venezolanos que el 2 de febrero de 1999 estaban eufóricos por la toma de posesión de Hugo Chávez habrían podido imaginarse su país 20 años después. Ni ellos ni el grupo nada despreciable que vio la jornada como una tragedia podrían haberse hecho una idea clara de cómo marcharía el país en las siguientes dos décadas. Es probable que solo dos de las muchas ideas que entonces bullían en torno de Chávez se hayan cumplido a cabalidad, cada una sostenida por uno de los espectros polares del mapa político de aquellos días: que dos décadas más tarde el chavismo seguiría gobernando, como entonces solo se habrían atrevido a asegurar los más entusiastas (seguramente Chávez incluido entre ellos), y que el balance de su gestión sería un colapso económico y social de proporciones bíblicas, como barruntaban los más escépticos.

Demostrando, a contravía del tango, que en ciertos casos 20 años sí es mucho, el 2 de febrero de 2019, en el aniversario de aquella controvertida toma de posesión, casi nadie se acordó de ella. Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional proclamado «presidente encargado» en franco desafío a Nicolás Maduro y rápidamente reconocido por varias decenas de países, fue por esos días el foco de atención. Y es un dato muy revelador del estado de la Revolución Bolivariana.

Con Chávez muerto –otra cosa que nadie habría podido pensar en 1999– y el chavismo dividido, con un presidente con 80% de rechazo, el balance de las dos últimas décadas parece desolador. Venezuela es la economía con el peor desempeño del mundo y probablemente con uno de los peores de la historia mundial. Ha sufrido una contracción de más de 50% del pib en cinco años (bajo la Gran Depresión en Estados Unidos, el retroceso fue de 30% y solo duró tres años) y sigue sumida en la hiperinflación. Según la asociación empresarial Fedecámaras, en 20 años han cerrado 60% de las empresas existentes para 1999. El salario mínimo es de alrededor de seis dólares mensuales, mientras la canasta alimentaria se ubica en unos 300 dólares al mes, según el Centro de Documentación y Análisis Social (cendas). No en vano, es una sociedad donde alrededor de 90% de las personas pueden definirse como pobres, de acuerdo con lo que arrojó la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) de 2018, organizada por varias universidades. Cáritas alerta que alrededor de 15% de los niños sufren una desnutrición tan grave que están en riesgo de morir. La Sociedad Venezolana de Salud Pública, una organización independiente, habla de más de un millón de casos de malaria durante 2018. Es el país con una de las peores crisis migratorias en tiempo de paz de las que se tienen noticias, con tres millones de migrantes por el mundo según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (acnur) y la Organización Mundial para las Migraciones (oim). Buena parte de ellos se ha marchado a pie hacia los países vecinos, donde vive en refugios o en las calles. Esta cifra de migración es especialmente ilustrativa de la dimensión del colapso venezolano, porque está en los rangos de Afganistán (2,5 millones de refugiados), Siria (con seis millones) y Colombia (casi siete millones de desplazados internos).

¿Cómo es posible, entonces, que sin una guerra y después de recibir una bonanza petrolera de un billón de dólares durante el segundo boom petrolero, de 2004 a 2008, las cosas estén tan mal? A través de una apretada síntesis histórica esperamos dar una explicación. No podrá, por la extensión de este artículo, atender todas las variables, e incluso dejará por fuera algunas muy importantes, pero esperamos delinear los aspectos nodales: el esfuerzo de una sociedad por mantener su forma de vida y la manera en que fracasa en el intento. Nos enfocaremos en los pasos a través de los cuales la sociedad le entregó todo el poder a un hombre, este logró generar una ilusión de prosperidad por un súper boom petrolero, aprovechó la coyuntura para empujar las cosas hacia una versión moderada del socialismo real y, finalmente, cuando los petrodólares comenzaron a escasear, el país cayó en una bancarrota peor que la sufrida por la mayor parte de los socialismos reales antes de su colapso definitivo. Es también la historia del ascenso y el declive de una revolución, que pasó de ser una bocanada de esperanza aplaudida por buena parte del mundo a un régimen que hoy la mayor parte considera una dictadura ilegítima.

Contra el neoliberalismo, la naturaleza inicial de la revolución

Una primera respuesta de por qué las cosas terminaron tan lejos de cómo se imaginaron en 1999 tiene que ver con variables venezolanas, en particular con la historia anterior a la llegada de Chávez al poder. A diferencia de otros gobiernos del denominado «giro a la izquierda», que dominó la región en la primera década del siglo xxi, como los de Luiz Inácio Lula da Silva, Rafael Correa, José «Pepe» Mujica y Evo Morales, el chavismo decidió llevar las cosas por un camino más radical, tomó decisiones más temerarias en la administración de los recursos, se trazó metas más altas («la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana», dice el Plan de la Patria 2013-2019), hizo más ruido internacional. Descontando los años del segundo boom petrolero (2004-2008) y los indicadores sociales que entonces hicieron aplaudir al mundo, la Revolución Bolivariana no logró ofrecer un periodo de estabilidad política, crecimiento económico, disminución de la pobreza y consolidación de las clases medias como los que, con más o con menos, ofrecieron sus aliados regionales.

En este sentido, hay que subrayar el papel del petróleo que, en esto, como en todo lo que refiere a Venezuela, moldeó el proceso. El chavismo fue inicialmente una reacción a la crisis del llamado «capitalismo rentístico», ese sistema de desarrollo financiado por los petrodólares que permitió la implementación de planes de industrialización, políticas sociales, obras públicas y negocios, y que hizo de Venezuela un país singularmente estable y libre durante la mayor parte del siglo xx. Para ver de qué se habla, baste señalar que hasta 1960 Venezuela fue el segundo productor de petróleo del mundo, cuando fue desplazado por la Unión Soviética, y el primer exportador mundial hasta inicios de los años 70, cuando Arabia Saudita ocupó ese lugar. En las décadas de 1950 y 1960, Venezuela fue uno de los 20 países más ricos del mundo si tomamos su pib per cápita. El «Estado mágico» iba más allá del «ogro filantrópico», en parte porque no era un ogro. Como por arte de magia, proveía créditos, subsidios, empleos, servicios gratuitos o casi gratuitos y un bolívar sobrevaluado que permitía comprar de todo, y les daba a todos un poco de lo que querían, creando lo que no en vano Moisés Naím y Ramón Piñango llamaron la «ilusión de armonía»1. Venezuela se volvió en gran medida una sociedad de «buscadores y reclamadores de renta», como la definió Diego Bautista Urbaneja, que vivían en un mundo ideal en el que había mucha renta petrolera que repartir2. La democracia instituida en 1958, tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, profundizó ese sistema de consensos, que inicialmente permitió sortear los golpes militares de derecha y después obtener la más rápida victoria sobre una guerrilla de izquierda de la que se tiene noticia. Aunque un estudio de 1984 del Instituto de Estudios Superiores de Administración (iesa) evidenciaba una desigualdad enorme, en la que el 20% más rico captaba el 80% de la renta, había un alto conformismo y 90% de los electores votaban por partidos del sistema. No es de extrañar: era una desigualdad que, sin embargo, permitía que alrededor de 70% de los venezolanos fueran considerados, en sentido amplio, de clase media. Todo esto explica por qué fue especialmente traumático el declive del capitalismo rentístico, así como las reformas de mercado («neoliberales», aunque en Venezuela nunca se aplicaron a fondo) de los años 90. En ese periodo la economía se contrajo 20%, poco si se compara con el 50% del último quinquenio, pero ello no le quitó dramatismo a la caída. La pobreza aumentó a más de 70% para finales del siglo xx. La serie de disturbios y saqueos, finalmente sometidos a sangre y fuego por el Ejército, conocida como el Caracazo (del 27 de febrero al 1o de marzo de 1989), no puede atribuirse tanto al «paquetazo» en sí mismo, que llevaba solo una quincena de anunciado, como a la enorme indignación provocada por la evidencia de que el sueño de volver a la bonanza de los 70 era imposible. Y en efecto, cuando, aprovechando esta coyuntura, la logia militar Movimiento Bolivariano 200, creada en 1983, decidió dar un golpe de Estado el 4 de febrero de 1992, obtuvo gran apoyo.

De ese modo, el primer objetivo del chavismo, en tanto fenómeno político de gran arraigo social, no fue generar una revolución socialista, sino mantener, tanto como fuera posible, el sistema anterior. Obviamente, esto no fue declarado así, pero la «Agenda Alternativa Bolivariana» de Chávez (1996), llamada así para contraponerla a la «neoliberal» Agenda Venezuela, parecía ser el típico programa de un militar nacionalista reformista. Y fue el programa con el que obtuvo, una y otra vez, el respaldo mayoritario del electorado, que a través de una sucesión de votaciones le entregó todo el poder entre 1998 y 2006. Fue una etapa en la que Chávez sentó las bases de su poder desplazando a la vieja clase política, sobre todo con la elección de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, y sustituyendo poco a poco el neoliberalismo por controles y otras formas de intervencionismo estatal destinadas a mantener vivas las ilusiones de «armonía» y el «Estado mágico».

La Constituyente fue un enorme éxito, en la que el chavismo obtuvo 95% de las curules. La Constitución que redactó amplió algunos derechos (democracia participativa a través de referendos, admisión de la doble nacionalidad, reconocimiento del carácter pluriétnico de Venezuela, consagración de la progresividad de los derechos humanos, creación de dos poderes: el Ciudadano y el Electoral). También se cambió el nombre oficial del país, que pasó a llamarse República Bolivariana de Venezuela. Pero no fue una Constitución socialista.

Por supuesto, esto no obsta para que algunos (incluyendo, seguramente, al mismo Chávez) aspiraran a llegar tan cerca como fuera posible del socialismo real. En un principio el chavismo fue una alianza de políticos e intelectuales de izquierda y derecha, que tenían en común haber sido «antisistema» desde 1958 y haberse opuesto al neoliberalismo y, en grados diversos, a la democracia representativa3. El primer programa reformista, para la mayor parte de ellos, pareció haber sido un simple mascarón de proa.

El socialismo, 18 años después de la caída del Muro de Berlín

Rápidamente la alianza chavista se decantó hacia la izquierda. El convenio Cuba-Venezuela de 2000, la amistad estrecha con Fidel Castro, la llegada de miles de asesores cubanos y, finalmente, la Ley Habilitante de 2001, que le permitió a Chávez legislar sobre áreas sensibles como las tierras y el petróleo, fueron la voz de alerta para quienes barruntaban un camino como el cubano. Adicionalmente, a pesar del fervor popular que le hizo ganar una seguidilla de comicios, la economía estuvo lejos de mejorar. Para inicios de 2003, la popularidad de Chávez había caído a menos de 30%. Pero dos cosas vinieron en su auxilio: el golpe de 2002 y el boom de los precios petroleros en 2004.

La Ley Habilitante produjo el primer paro cívico en diciembre de 2001 y reagrupó a los sectores opuestos a Chávez. Había allí muchos grupos desplazados del poder, como los viejos partidos y sindicatos, pero también una parte de la Iglesia católica, el empresariado y casi toda la clase media, que temía al socialismo y la pérdida de la democracia. A un primer paro cívico de un día en diciembre de 2001 le siguieron unos agitados meses de protestas callejeras que desembocaron en un paro indefinido en abril de 2002, convocado por la central sindical, la empresarial y los gerentes de la industria petrolera. El gobierno se debilitó lo suficiente como para que la mayor parte del generalato lo abandonara el 11 de abril de 2002, en el marco de una multitudinaria movilización que se dirigió al Palacio de Miraflores. Chávez fue depuesto y detenido, en tanto que el presidente de la central empresarial, Pedro Carmona Estanga, se autoproclamaba presidente. Ello generó una reacción muy negativa tanto en el ámbito nacional como en el internacional, lo que precipitó que otro sector del generalato diera un contragolpe y regresara a Chávez al poder el 13 de abril. Aunque inicialmente su llamado fue de unidad y olvido, las tensiones volvieron a crecer rápidamente. En diciembre se inició otro paro, que tuvo como eje la industria petrolera. Pero tan pronto el gobierno retomó el control del sector, a inicios de 2003, el conflicto terminó siendo la oportunidad para que Chávez acabara de tomar el control de lo que le faltaba, por ejemplo, la estatal petrolera, de la que expulsó a unos 19.000 trabajadores; para que depurara el Ejército, que pasó a ser uno de sus sostenes; y para que obtuviera un aura de héroe invencible, que lo volvió a posicionar en las encuestas. También le dio una imagen internacional de revolucionario justiciero, enfrentado a las elites conservadoras, lo que solo era parcialmente cierto. En todo caso, fue en 2002, y no en 1999, cuando el sistema político fundado en 1958 terminó de morir, con la derrota de muchos de sus actores claves, como los partidos, las centrales sindicales ligadas a ellos, la gerencia de la industria petrolera y los empresarios, que hasta entonces habían gobernado el país en un sistema de consensos y reparto de la renta petrolera.

A esta situación le siguió el boom de los precios petroleros, que pasaron de unos 14 dólares a más de 100 dólares el barril en 2010. Este enorme volumen de petrodólares le permitió al Estado ser más «mágico» que nunca y a Chávez, volverse un gran demiurgo, con un rápido aumento de su popularidad, sobre todo entre los sectores populares. Y junto con el aumento de la renta vino la expansión del gasto público a través de múltiples subsidios, ayudas y otras formas de políticas asistenciales que se conocieron como misiones. Se trataba de programas para masificar el acceso a la educación y la salud, de venta de alimentos subsidiados, viviendas gratuitas y ayudas directas en dinero, que en general se englobaron, dentro del carácter cristiano que siempre enarboló el chavismo, en la llamada «Misión Cristo» (2005), cuyo objetivo era llevar a Venezuela a la «pobreza cero» en 2021. A ello se sumó un control de cambios muy severo, que sin embargo mantuvo el bolívar muy sobrevaluado, lo que permitía acceder a una gran cantidad de bienes importados. Ello significó un aumento de consumo para todos, dólares baratos (aunque racionados) para las clases medias y grandes negocios para muchos empresarios, incluyendo las transnacionales, que pudieron repatriar ganancias que no pocas veces fueron fabulosas. En este contexto, el gobierno pudo mostrar al mundo cifras muy alentadoras: los más pobres pudieron duplicar su capacidad de consumo, según un estudio de la Universidad Católica Andrés Bello, lo que explica que la pobreza bajara de 70% en 1999 a 30% en 2013, según cálculos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal); en 2005, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró a Venezuela territorio libre de analfabetismo; en 2012, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (fao) señaló que el hambre se había erradicado del país; en 2013 el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud) señaló que el índice de desarrollo humano había subido a 0,764, lo que ubicaba a Venezuela en el puesto 67 de 187 países. Es la época de oro del chavismo, cuando la vocación venezolana de ser una potencia regional y más o menos emular a Bolívar se echó a andar. De un modo u otro, Caracas ayudó a los movimientos de izquierda que tomaron el poder en casi todo el continente, y después estableció alianzas políticas y comerciales con ellos. A diferencia de lo ocurrido en la década de 1970, esta vez existía la intención ideológica de crear un eje alternativo a Estados Unidos. En 2004 se formó la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (alba) y en 2005, Petrocaribe. El billón de petrodólares se empleó a fondo en esto y hoy es razonable comparar la bancarrota venezolana con las españolas del siglo xvii: así como el oro y la plata americana se dilapidaron en una política imperial fracasada, en sinecuras de hidalgos y en la importación de manufacturas, los petrodólares venezolanos se deshicieron más o menos en lo mismo. Según algunos cálculos, solo por las facilidades otorgadas para obtener petróleo, Venezuela dejó de ganar unos 50.000 millones de dólares entre 2000 y 20174.

Pero no nos adelantemos. Los números de la época de oro del chavismo explican la sucesión de triunfos electorales que siguió obteniendo Chávez hasta 2006, cuando en las elecciones presidenciales duplicó la cantidad de votos del candidato de la oposición (62,84% contra 36,90%). Este triunfo marcó un parteaguas. Primero, porque Chávez, que por primera vez habló de socialismo en el Foro de San Pablo de 2005, señaló que ese era el objetivo del nuevo periodo presidencial. Probablemente pocos de sus electores repararon en la trascendencia del discurso o creyeron que se trataba de una continuidad de la bonanza. Pronto, dos hechos inesperados demostraron la debilidad de los indicadores. El primero, la crisis económica mundial de 2008, que provocó una caída en los precios del crudo. Con ello, a Venezuela volvió a pasarle, pero de forma amplificada, lo mismo que con los booms petroleros de los años 50 y, sobre todo, de los 70: todo era una especie de ilusión sostenida por petrodólares y gasto público, fenómeno ya identificado por Celso Furtado en su famoso estudio sobre Venezuela de 19575, y que después teorizó Terry Lynn Karl como la «paradoja de la abundancia»6. El segundo fue el cáncer que terminó llevándose la vida de Chávez en 2013.

El declive

Con el «Proyecto Nacional Simón Bolívar. Primer Plan Socialista del Desarrollo Económico y Social de la Nación para el periodo 2007-2013» (pps), puede afirmarse que Venezuela pasó a ser oficialmente un «Estado socialista» en 2007. Esto, inicialmente, se tradujo en una cadena de estatizaciones o, en todo caso, reestatizaciones de empresas privatizadas en los años 90, como la telefónica cantv(2007) o la Siderúrgica del Orinoco (sidor) (2008). Con respecto a las grandes fincas, el proceso había comenzado antes, en buena medida fomentando, o al menos tolerando, invasiones por parte de campesinos. Entre 2005 y 2017 se estatizó un millar de empresas, según cálculos del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (cedice)7. Esto, dentro del marco del Proyecto Nacional Simón Bolívar, que contemplaba poner en manos estatales todo lo fundamental de la economía y dejar un espacio marginal para lo privado. Lo que no se estatizó se sometió a controles rigurosos de precios, de acceso a divisas e incluso de comercialización.

El resultado de estas políticas se puede medir por algunos guarismos. Si Petróleos de Venezuela (Pdvsa), después del despido de los gerentes en 2002, vio cómo su producción pasaba de tres millones de barriles diarios en 1998 a un millón y medio para fines de 2017, en todos los demás rubros ocurrió un comportamiento similar: la producción de arroz bajó de 900.000 toneladas en 2007 a 405.000 toneladas en 2017; el maíz pasó de 2,4 millones de toneladas en 2007 a un millón de toneladas en 2017; la caña de azúcar pasó de ocho millones de toneladas en 2006 a 3,5 millones de toneladas en 2017, por solo nombrar tres rubros básicos de la dieta venezolana. De 170.000 vehículos producidos en 2007, la industria automotriz pasó a producir solo 2.768 en 2017. De cuatro millones de toneladas de acero líquido en 2008, la producción bajó a 270.000 toneladas en 2017. De 600.000 toneladas de aluminio en 2007, diez años después se pasó a unas 400.0008. Y así en todos los sectores. A la mala administración de las empresas estatizadas se sumó un férreo control de precios, que muchas veces obligaba a los empresarios a vender a pérdida. Mientras los precios del petróleo estuvieron altos, la obvia escasez que esto produce se compensó con importaciones (su valor en millones de euros pasó de unos 19.000 en 1999 a unos 39.000 en 2012), pero tan pronto los precios comenzaron a bajar, esta se disparó. Para 2017, el volumen de las importaciones ya era una cuarta parte del de 20129. No en vano la escasez en ciertos rubros, algunos tan importantes como determinados medicamentos, es de 80%. Pero era algo que ya se perfilaba en 2012 cuando el índice estaba en 16%. Para 2014, había saltado a 28%10. Fue entonces cuando se hicieron habituales en todo el país –y no solo en ciertas zonas– los racionamientos, tanto por la cantidad de productos que una persona podría comprar como por el día en que podía hacerlo según su número de la cédula de identidad; de ahí las grandes filas para acceder a determinados productos, así como la expansión del mercado negro. La ampliación del gasto público, por otra parte, mantuvo altos los índices de inflación en alrededor de 20% o 30%, más o menos similares a los que comenzaron con el boompetrolero de los años 70, hasta que en 2013 dieron un salto a 56% y desde allí siguen en ascenso hasta llegar a 720% en 2016, 2.000% en 2017 y, finalmente, 1.000.000% en 2018. Amenaza con ser la hiperinflación más larga de la historia de la humanidad.

Estamos ante la insostenibilidad del modelo rentístico, ya manifestada en la década de 1980, y su intento de rescate por el chavismo; así como ante la insostenibilidad de lo que se ideó para sustituirlo, el «socialismo bolivariano». A ello hay que sumar un correlato político. A pesar de que el chavismo se mantuvo en el poder, desde 2007 la oposición fue recuperando espacio, con un momento particular en 2015 cuando conquistó dos tercios de la Asamblea Nacional, hasta llegar al momento actual, en que tiene un presidente reconocido por gran parte de la comunidad internacional, Juan Guaidó, con control de parte de los activos del Estado venezolano en el exterior y con una representación diplomática reconocida como tal en muchos países. El primer –y en vida de Chávez, único– revés electoral del chavismo fue el referéndum para aprobar la reforma constitucional en 2007. Sorprendentemente, los mismos electores que votaron de forma abrumadora un año antes por «el Comandante» no apoyaron su intento de radicalizar la revolución. Aunque al final logró por medio de otro referéndum imponer la reelección indefinida, el funcionamiento cada vez peor de la economía, el personalismo creciente y la corrupción alejaron a muchos venezolanos del chavismo. Los resultados prácticos de un socialismo con bajos precios petroleros ahuyentaron a otros más. En 2011, Chávez anuncia, para sorpresa de todos y consternación de muchos, que padece cáncer, y la enfermedad lo aleja de la vida pública por un tiempo, para regresar después con recaídas. Debilitado física y políticamente, emprende la campaña electoral de 2012. Aunque logra vencer por unos diez puntos a Henrique Capriles Radonski, la reducción de la brecha con la oposición ya era notable. Pero fue un triunfo que no pudo disfrutar: poco después anunció en cadena nacional que, en caso de su falta absoluta, se votara por su canciller, Nicolás Maduro, lo que todos interpretaron como una confesión de la gravedad de su enfermedad. Fue la última vez que se lo vio con vida. Tras el anuncio de su muerte en marzo de 2013, en las siguientes elecciones, en medio de unos resultados muy controvertidos, Maduro ganó por apenas 1%. La erosión política del chavismo sin petrodólares y sin su líder era evidente. Desde entonces, Maduro ha logrado sobrevivir en el poder, pero cada vez con menos apoyos internos y externos y respaldándose cada vez más en las armas.

Balance

La mala marcha de la economía y la pérdida de apoyo social siguieron profundizándose con el gobierno del «hijo de Chávez». Aunque varias veces ha anunciado cambios en la conducción de la economía –cosa que incluso Chávez insinuó antes de morir–, por lo general estos terminaron siendo muy tímidos, por decir lo mínimo. El resultado ha sido el ya mencionado colapso económico. En 2018 se decretó la emergencia económica, se implementó una reconversión monetaria y se ensayó la creación de una criptomoneda, el petro, como forma de anclar los precios. Finalmente se optó por flexibilizar el control de cambios, lo que es una legalización de la dolarización de facto que ya existía, y por una contracción de la masa monetaria instrumentada mediante una especie de «corralito», que limita los montos de efectivo que se puede sacar de los bancos, y la prohibición en la práctica de los préstamos. Por otro lado, siguiendo el esquema cubano, grandes sectores de la economía han pasado al control militar, en áreas claves como la minería y el petróleo. También se ha profundizado el extractivismo, con la participación de empresas extranjeras, sobre todo (aunque no únicamente) rusas y chinas.

Pero sin duda el rasgo más nítido de la administración de Maduro ha sido la sistemática pérdida de legitimidad. De aquella visión de 2002 en la que Chávez era el líder joven y justiciero, ahora esa posición la ocupa, al menos para gran parte de la prensa internacional, el presidente de la Asamblea Nacional Guaidó o el encarcelado Leopoldo López, de su mismo partido (Voluntad Popular).

El intento de derrocar a Maduro con protestas callejeras en 2014, conocido como «La Salida», fue un fracaso que solo desilusionó a los opositores, produjo unos 40 muertos y terminó con el exilio y encarcelamiento de muchos líderes (López es el más famoso). Pero la represión desprestigió cada vez más a Maduro. La campaña #sosVenezuela fue apoyada por figuras como Cher y Madonna. La verdad es que la persecución a opositores, el cierre o el acoso de medios de comunicación independientes, el ventajismo electoral y la falta de autonomía en los poderes ya eran claros bajo el gobierno de Chávez. Según el Instituto de Prensa y Sociedad (ipys), entre 2005 y 2017 se cerró casi un centenar de medios de comunicación, sin contar con la prohibición de la transmisión de muchos canales internacionales, como cnn. Hay unos 9.000 millones de dólares en demandas por expropiaciones que, según los afectados, no cumplieron con los requisitos legales, o que cumpliéndolos no han sido canceladas. En 2010 Transparencia Internacional ubicaba a Venezuela en el puesto 164 de 178, uno de los peores del mundo. Pero con todo, Chávez se mantuvo dentro de ciertos límites que Maduro, acaso por la pérdida de respaldo popular y la falta de recursos, rompió. Cuando en las elecciones parlamentarias de 2015 la oposición obtuvo un enorme éxito con 56% de los votos y consiguió la mayoría calificada, el gobierno se limitó suprimir en los hechos a la Asamblea Nacional a través de 30 sentencias en las que el Tribunal Supremo de Justicia invalidaba cada una de sus disposiciones. En marzo de 2017 fue aún más allá y le quitó a la Asamblea, en la práctica, la capacidad legislativa. Eso produjo una de las rebeliones cívicas más largas de la historia: los 100 días de protestas y los disturbios, reprimidos con fuerza, con más de un centenar de muertos.

En medio del conflicto, Maduro convocó a elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente, sin seguir los pasos que estipula la Constitución. Por ello, no fueron reconocidas como legítimas por los opositores ni por algunos países, entre ellos varios de la Unión Europea y eeuu. Otro tanto pasó con las elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018, que no fueron consideradas limpias por la inhabilitación de varios partidos y dirigentes opositores, buena parte de ellos en el exilio o encarcelados, además de la manipulación de las fechas de convocatoria. Es por eso que se consideró ilegítimo el nuevo mandato de Maduro, la vacante absoluta de la Presidencia de la República y, según la Constitución, el interinato en ella del presidente de la Asamblea Nacional, que por rotación entre los principales partidos recayó en Guaidó, un joven parlamentario, hombre de aparato, muy poco conocido hasta el momento. El descabezamiento de su partido por las prisiones y los exilios de los principales líderes le dio esa oportunidad. Maduro, entre tanto, parece atrincherado fundamentalmente en las armas, los apoyos –no poco importantes– de China y sobre todo Rusia, y 20% del electorado, que no es despreciable para el nivel de crisis que vive Venezuela.

Esta es la situación en que se está actualmente. Es imposible saber hacia dónde evolucionarán las cosas, pero el apretado balance del chavismo hecho en estas líneas deja en evidencia las líneas matrices de la historia venezolana de la que forma parte: el petróleo y el capitalismo rentístico que no se ha querido o podido superar (en este terreno sí que «20 años no es nada»), la búsqueda de su sustitución por una especie de versión light del socialismo real, la inviabilidad de ambas cosas sin el sostén de los petrodólares y su desembocadura en el colapso actual. Quedan por fuera muchas otras variables, como lo específicamente ideológico, el hecho de que una porción importante de la sociedad venezolana no haya dejado en 20 años de oponerse una y otra vez, sin importar las numerosas derrotas, al chavismo; el papel de los militares y el espacio gris que ha sido la corrupción que la abundante renta petrolera potenció, y otras fuentes más o menos ilegales de financiamiento. A 20 años del 2 de febrero de 1999, Venezuela es un país quebrado y ninguna de las esperanzas que hicieron de aquel día una celebración parece haberse cumplido. Por el contrario, los males que ya existían y que se buscaba remediar han sido amplificados a grados inimaginables incluso para los peores pronósticos.

  • 1.M. Naím y R. Piñango: El caso de Venezuela. Una ilusión de armonía, IESA, Caracas, 1985.
  • 2.D.B. Urbaneja: La renta y el reclamo. Ensayo sobre petróleo y economía política en Venezuela, Alfa, Caracas, 2013.
  • 3.Entre ellos, Jorge Olavarría y el nacionalista argentino Norberto Ceresole, el filósofo con vocación socialcristiana Ernesto Mayz Vallenilla, y muchos marxistas, como José R. Núñez Tenorio, promotor de la «idea juche» en Venezuela.
  • 4.Orlando Zamora: «Cuba recibió de Venezuela 40.000 millones de dólares» en Tal Cual, 3/3/2018.
  • 5.C. Furtado: El desarrollo reciente de la economía venezolana. Planteamientos de algunos problemas, Ministerio de Fomento, Caracas, 1957.
  • 6.T.L. Karl: The Paradox of Plenty: Oil Booms and Petro-States, University of California Press, Berkeley, 1997.
  • 7.Observatorio de Derechos de Propiedad: «Informe: costo e impacto de las expropiaciones: causas de un Estado patrimonialista», CEDICE, Caracas, 2016.
  • 8.La mayor parte de las cifras se tomaron de Fernando Spiritto y T. Straka (coords.): La economía venezolana en el siglo XX. Perspectiva sectorial, Abeditores / Instituto de Estudios Parlamentarios Fermín Toro / Konrad-Adenauer-Stiftung, Caracas, 2019. Pueden encontrarse datos útiles en la página web de la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro), https://fedeagro.org
  • 9.Cfr. «Venezuela. Importaciones de mercancías» en Expansión. Datos Macro, s./f., https://datosmacro.expansion.com/comercio/importac…
  • 10.Una fuente útil para estudiar el caso es Human Rights Watch: «Crisis humanitaria en Venezuela. La inadecuada y represiva respuesta del gobierno ante la grave escasez de medicinas, insumos y alimentos», 2016, www.hrw.org/sites/default/files/report_pdf/venezue… V. t b. Codevida y Provea: «Informe sobre la situación del Derecho a la Salud de la población venezolana en el marco
    de una Emergencia Humanitaria Compleja», Caracas, 2018. Para la situación una década atrás, v. Víctor Maldonado C.: «2008: ¿año de escasez, desabastecimiento o especulación?», Ildis, Caracas, 2008, disponible en www.ildis.org.ve/website/administrador/uploads/Lam…
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