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El español omnipotente artífice de las políticas económicas de Maduro por Antonieta La Rocca – Venepress – 8 de Noviembre 2017

Alfredo Serrano Mancillo es señalado de ser el emisario de Pablo Iglesias en Venezuela

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Según Wikipedia Alfredo Serrano Mancilla es un economista y académico español, mientras que para el presidente Nicolás Maduro, es «el Jesucristo de la economía», elogio que le ha conferido el Jefe de Estado de Venezuela por sus contribuciones con el «sentido común económico venezolano».

Serrano actualmente ocupa el cargo de director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, mejor conocido por sus siglas, Celag, pero su nombre retumba en Venezuela más que en su natal España por otras razones.

Con un amplio curriculum vitae que abarca estudios en Europa y América Latina, no le ha hecho falta gerenciar desde la silla presidencial de un ministerio venezolano para ejecutar su plan de medidas económicas de izquierda, pero podría ser el cerebro de las políticas en esta materia, implementadas por el sucesor de Chávez.

El doctor en Economía egresado de la Universidad Autónoma de Barcelona, es quien mueve los hilos económicos en Venezuela y quien, de manera sesuda, ha insistido en el socialismo del siglo XXI.

El militante del partido español Podemos, de convicciones marxistas, forma parte del grupo de economistas, politólogos y hasta juristas que se convirtieron en asesores de gobiernos de países de América Latina, como el caso de Venezuela, secta integrada por personajes como Juan Carlos Monedero, Roberto Viciano Pastor, Luis Alegro y, por supuesto, Pablo Iglesias.

Para el andaluz “sería un error histórico pensar que se puede salir únicamente con medidas económicas sin atender a la disputa política”, por lo que ha recomendado al gobierno de Maduro resolver “en el menor tiempo posible las cuatro grandes enfermedades que padece la economía venezolana”.

Según él esos males son “los efectos del rentismo petrolero, la dependencia de las importaciones, la especulación derivada de un deficiente sistema distributivo y el lastre que provoca una estructura económica oligopólica”.

Pero todo este “cuadro médico complejo” tendría una “cura”. Serrano Mancilla ha recomendado una revolución Tributaria, una nueva política de estabilización de precios con el mecanismo de “abastecimiento Soberano”, formas captación y administración de divisas y la profundización de políticas de subsidios, sin dejar de mencionar-por cierto- las cajas o bolsas CLAP, que muchos han catalogado desde su implementación como la versión más actual de la libreta de racionamiento en Cuba, entre otras medidas que han sido ejecutadas por Ministros y hasta por el propio Presidente de la República, camufladas con la investidura de las autoridades venezolanas.

“¿Por qué no lleva esas ideas que tiene aquí a España? Encontró (refiriéndose a Serrano) en Venezuela un campo de experimentación… Eso de estatizar las empresas y aplicar controles y racionar la comida a los españoles. Que le diga a la gente de Madrid, Barcelona o Murcia que les va a distribuir una bolsa de comida”, recriminó José Guerra, presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, sobre la ideas del economista español aplicadas en Venezuela.

Y fue en esa instancia, en el Poder Legislativo, que el parlamentario Carlos Valero pidió la interpelación de quien es- a su juicio- “cómplice de la grave crisis que atraviesa el país”.

Reproches que también provienen de quienes han ocupado cargos en ministerios, como Felipe Pérez Martí, ministro de Planificación durante los años 2002 y 2003.
“Quienes favorecen a los corruptos son ideólogos equivocados, como Alfredo Serrano. Charlatán”, dijo Pérez Martí.

Pero en medio de políticas económicas puestas en marcha que, lejos de sacar a flote a los venezolanos, han profundizado flagelos como la escasez y la inflación, Serrano confía en que la superación de la crisis es posible al “generar un nuevo consenso de ideas económicas del Chavismo en torno a la nueva época y nueva épica”.

Dilo con tu voto por Gustavo Tarre Briceño – RunRunes – 9 de Octubre 2017

Unknown.jpegEl viejo Karl Schmidt, soporte intelectual del autoritarismo del siglo XX, definió la política como el enfrentamiento entre amigos y enemigos. Hugo Chávez posiblemente nunca leyó a Schmidt, pero lo intuyó: el socialismo del siglo XXI no tiene adversarios, como ocurre en las democracias, sino enemigos. Producto de su mentalidad fascista y de su formación militar, se trazó un objetivo: Destruir a los que se atrevieran a pensar distinto. Plomo, gas del bueno, insultos, calumnias, trampas, cárcel, torturas, exilio, intolerancia y descalificación.

A la oposición, a los demócratas, no nos está permitido responder con las mismas armas. Tenemos una limitación ética y no queremos parecernos a ellos: no podemos asesinar, ni torturar, ni calumniar, ni descalificar. Nuestras armas son la verdad y la ley. Pero eso no significa que debamos disminuir la contundencia y radicalidad de nuestra respuesta. Debemos tomar todas las iniciativas que conduzcan a la derrota de quienes nos consideran “enemigos” y quieren destruirnos.

Frente a las elecciones regionales cabían dos posibilidades, diría Perogrullo: participar o no participar.

Por un cúmulo de razones que en su momento traté de explicar con la mayor claridad, propuse no participar en estos comicios. No voy a repetir mis argumentos. El hecho es que la mayoría del liderazgo político venezolano decidió de manera distinta y a mí y a muchos como yo nos quedaban también dos posturas: la primera, mantenernos en nuestra posición y dejar que aquellos amigos que decidieron ir a votar dieran su pelea solos. Hablo de amigos porque muchos de ellos efectivamente lo son, pero lo fundamental es que “todos los enemigos de mi enemigo son mis amigos”.

Hoy en día mis amigos van desde Leopoldo López, por quien siento no solo cariño, comprensión y admiración, sino que también incluyo a Luisa Ortega Díaz que fue instrumento principal de mi salida del país. Y entre esos dos extremos están todos los venezolanos que piensan que la prioridad única es salir de Maduro y de su pandilla de ladrones y criminales. Todos son mis amigos, cualquiera que sea el camino que escojan para librar la batalla.

Por eso pongo mi granito de arena y pido a los venezolanos que vayan a votar, que se coloquen del lado de los amigos, así estos se hayan equivocado. No se trata de “preservar” unos espacios que sigo creyendo que no existen, sino de derrotar de manera aplastante al enemigo de todos: Nicolás Maduro.

Sabemos muy bien que los gobernadores electos serán perseguidos, acosados, encarcelados, privados de presupuesto y de sus competencias constitucionales. Pero eso no es lo que importa. Lo que realmente debemos buscar es la expresión masiva del rechazo popular al payaso que pretende gobernarnos. Y un mensaje a Raúl Castro, el dueño del circo…

¿Qué quiere el gobierno? Ganar “limpiamente” estas elecciones. Por ello, no votar es votar por el PSUV.

No caben medias tintas, no basta con “no llamar a la abstención”. Se trata de movilizar, de revivir un entusiasmo que ha venido mermando, de respaldar a quienes están en la calle, arriesgando mucho, pidiendo el voto.

Por eso llamo a mis grandes amigos María Corina Machado y Antonio Ledezma a dar un paso más y ser los primeros en ir, en la madrugada del 15 de octubre, a su centro de votación (si es que a Antonio se lo permiten) y que lo anuncien desde ya.

No se trata de aplicar aquel viejo dicho: “A los amigos, con la razón o sin ella”, porque a quienes decidieron participar en estas elecciones le pudieran faltar “razones” pero les sobre la “razón”. Puedo no compartir ni la táctica, ni la estrategia; me disgusta muchísimo la forma de tomar las decisiones y la pobre manera de comunicarla, pero están tratando, a pesar de todos los desaciertos, de reconquistar la democracia. No son los medios que yo hubiera deseado, no son los tiempos que a mí me gustarían, muchas veces no me agrada el discurso y carecen de una buena narrativa, pero entre los dos bandos que se enfrentan el 15 de octubre, sé muy bien cuál quiero yo que pierda.

Son pocos los medios que están a nuestro alcance para expresar nuestra opinión en la Venezuela de hoy, pero todos tenemos derecho de expresarla, todos tenemos mucho que decir, que exigir, que reclamar, que responder. “DILO CON TU VOTO

María Gabriela es mala por Nelson Castellano-Hernández – Noticiero Digital – 30 de Septiembre 2017

nelsoncastellanohernandez.jpgEs lo que tendría que decir su padre si estuviera vivo, pero el hombre de Sabaneta, el que exclamaba que ser rico es malo, siempre tuvo un doble discurso. Junto a todos sus seguidores, hicieron del chavismo, la mayor fábrica de corrupción que se ha visto en América Latina.
Según fuentes parlamentarias venezolanas, la suma desfalcada asciende a un monto de 700.000 millones de dólares en 16 años.
No bastó robar el ingreso petrolero, tenían que apoderarse, a través de las expropiaciones, de las riquezas construidas con el trabajo de otros venezolanos. Tuvieron también que negociar las riquezas naturales, aunque destruyeran el equilibrio ecológico del Arco Minero.

Pero nada de eso bastaba para saciar al régimen de delincuentes, unos se especializaron en el tráfico de drogas, otros a enriquecerse con el comercio del Hambre, quienes tuvieron los dólares para importar comida podrida o con sobreprecio, como la reina del arroz con pollo, María Gabriela Chávez

Rápidos surgieron contrabandistas en las fronteras, bajo la mirada impasible de la Fuerzas Armadas. Estas también callaron frente a los cubanos, los guerrilleros y los terroristas islámicos que nos penetraron.

Se buscaron testaferros, florecieron enchufados y boliburgueses, quienes cínicamente se llenaron los bolsillos a costa de la libertad y la vida del pueblo venezolano.
Se armó a delincuentes, para defender el trabajo sucio chavista, con sus motos, armas y el apoyo gubernamental se constituyeron en colectivos, quienes montaron su negocio propio de secuestros, asaltos, robos, invasiones, vacunas y atropellos.

Existió también los que nos vendieron a precios exorbitantes plantas eléctricas viejas con pintura nueva, o aquella Zarina que mantuvo el monopolio de importación de medicinas y equipos médicos. Cual los perros de la guerra, que son responsables de los tráficos de armas, en Venezuela se desarrollaron los perros de la desnutrición y la enfermedad.

Como en la obra trágica de William Shakespeare “Julio César”, Chávez pareció repetir: “Grita: ‘¡Devastación!’ y suelta los perros de la guerra”. Entonces surgió Maduro, el Marco Bruto venezolano, junto a su grupo de conspiradores, motivados por la envidia y la ambición, no dudaron en asesinar la democracia.

Son los “hijos de Chávez”, sus clanes conforman la cúspide, los más poderosos: los Chávez, los Maduro-Flores, los Cabello y los Padrino. Roban y dejan robar, echan raíces como el cáncer, surgen los Ramírez, los Rodríguez, El Aissami, la Lucena.

Grandes y chiquitos todos los que ocupan cargos tienen su tajada, Rocco Albisinni presidente de CENCOEX; Alejandro Fleming Cabrera, viceministro para Europa; Simón Zerpa, vicepresidente de finanzas de PDVSA; y Carlos Malpica Flores, ex tesorero nacional y ex vicepresidente financiero de PDVSA, quien deja su cargo luego que, sus primos los narco-sobrinos lo mencionan en el juicio.

El ex ministro de Obras Públicas Haiman El Troudi, destaca el Teniente Alejandro Andrade, ex tesorero de la Nación con una fortuna estimada en 5.000 millones de dólares. Wilmer Ruperti, quien mejor representa el “empresario chavista” con una fortuna estimada en 1.600 millones de dólares.

Diosdado, su hermano José David y el vicepresidente El Aissami, forman un clan vinculado al narcotráfico y al extremismo islámico, hicieron metástasis en Kalil Mayed, lobista chavista en el mundo árabe, cuya fortuna se estima en 400 millones de dólares, aparece vinculado a José Vicente Rangel, a su esposa, a Diosdado Cabello quien es su socio en la Empresa EVEBA, a Tarek William Saab y a militares de alto rango.
La corrupción se extendió hacia el testaferro del El Aissami, Samark López quien tendria 500 millones de dólares en cuentas offshore, apartamentos y coches de lujo, según lo publicado por Univisión. Según el gobierno americano, los dineros del Vice proceden del tráfico de droga, entre sus colaboradores se señalan Los Zetas de México, el venezolano Walid Makled y el colombiano Daniel El loco Barrera.

La metástasis de Rafael Ramírez se produjo en Baldo Sansón y en su primo Diego Salazar. El Rojo de Oro, hijo de un guerrillero de los 60 que, obtuvo de Ramírez el mayor contrato de seguros de PDVSA.

Todos estos capos y corruptos se repartieron la Patria y se convirtieron en magnates. Los más vivos intentan permanecer en la sombra, otros ni siquiera usan testaferros, total el régimen se hace la vista gorda ante la corrupción chavista.

Estos son solo unos ejemplos, entre otros gracias a ellos el país está como está. En todo caso nadie puede negar que la escasez, la inflación y el desabastecimiento, es producto del robo, del lavado y la especulación del socialismo del siglo XXI.

Una mención especial merece María Gabriela Chávez, la hija de Hugo, es considerada en la prensa internacional como la mujer más rica de Venezuela, su fortuna esta evaluada en 4.2 millardos de dólares y se supone se encuentra en cuentas bancarias americanas y de Andorra

Una cifra escandalosa que contrasta con la realidad económica y social del país. El hambre que sufre el pueblo, es proporcionalmente inversa a la vida de lujo y placeres de la descendencia del galáctico.

La reina del arroz, se ganó ese apodo después del escándalo de importación de arroz proveniente de argentina. En el caso estarían involucrados los hermanos Vignati (Roberto, María Isabel, Julián, Gabriel y María Eugenia), que vendieron arroz con 80% de sobreprecio al Gobierno de Venezuela.

En el 2014, exportaron 37.000 toneladas de arroz por montos muy superiores a los del mercado, y en la celebración de la operación comercial, tomaron una foto donde aparecía María Gabriela en el centro, abrazada con todos ellos.

“Ser rico es malo, es inhumano. Así lo digo y condeno a los ricos”. Vociferaba Hugo Chávez en 2005, hoy en día su hija predilecta, dueña de una fortuna, vive en Nueva york, con un puesto permanente en la ONU, aunque jamás asiste.

El periódico español ABC reveló en el 2014 que las dos hijas mayores de Chávez gastaban una media de 730.000 euros por día. Otro periódico “el Comercio” publicaba que entre ellas, su otra hermana y los hijos de Maduro, le costaban al país 3.6 millones de dólares diarios.

Tendríamos que concluir que toda esta gente es mala, pero no por ser ricos, sino por cínicos, mentirosos, deshonestos, ladrones y asesinos. La ironía de la historia es que, si comparamos a Chávez y Maduro con los presidentes de la democracia de la cuarta república, observamos como los hijos de Betancourt, Leoni, Lusinchi, Caldera, Pérez o Herrera Campins, ninguno resultó heredero de fortunas.

Provenientes de familias pobres, hijos de inmigrantes, huérfanos o provenientes de familias sencillas con grandes valores familiares, ningunos de sus descendientes vive como una carga para el país, ni se quedaron en la casona, ni se le pagan sus gastos, ni viven derrochando lujo.

Chávez dejó una herencia de parásitos del estado, lamentablemente también nos dejó un país dividido, sin capacidad de producción, endeudado, lleno de pobres y de cubanos castristas.

El informe de Transparencia Venezuela y el “Estado empresario” por Anabella Abadi y Carlos García Soto -ProDaVinci – 30 de Septiembre 2017

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La presentación del informe “Empresas propiedad del Estado en Venezuela. Un modelo de control del Estado”, preparado por Transparencia Venezuela, pone la atención en uno de los problemas principales del modelo económico venezolano, agravado a niveles alarmantes en los últimos años: el tamaño del “Estado empresario” en Venezuela.

La gestión pública en materia económica comprende, fundamentalmente, dos aspectos básicos: la regulación económica de la actividad privada y la participación del Estado en la actividad económica. La primera, es propia de toda Administración Pública contemporánea y resulta en ocasiones necesaria para responder a fallas del mercado. La segunda, es de carácter instrumental para el cumplimiento de objetivos propios del Estado. Si bien ambas son comunes a todo Gobierno, se convierten en un problema de gestión pública cuando los objetivos que las encaminan no responden a los intereses que debería atender al Estado y al respeto de los derechos de los ciudadanos.

En el caso venezolano, y específicamente bajo el modelo económico al que usualmente se le denomina como “Socialismo del Siglo XXI”, la gestión pública en materia económica ha sido utilizada para la promoción de un modelo basado en la planificación centralizada y el impulso de la propiedad estatal o a costa de la libertad económica y de la propiedad privada.

Una de las expresiones fundamentales de ese modelo ha sido el incremento del “Estado empresario”, entendido como el conjunto de empresas que son de propiedad mayoritaria del Estado. Este incremento se ha producido en el marco del grave crecimiento del tamaño de la Administración Nacional en los últimos años, a lo que ya nos referimos en una oportunidad.

¿Cuántas empresas son hoy propiedad del Estado?

En el estudio señalado “Empresas Propiedad del Estado en Venezuela. Un modelo de control del Estado” se advierte que entre 2001 y 2017 el Estado venezolano pasó de ser propietario de 74 empresas públicas a 526. Resalta que el total actual de empresas propiedad del Estado venezolano es hoy cuatro veces el de Brasil (130) y diez veces el de Argentina (52), si sólo se toma en cuenta el dato cuantitativo: es preciso recordar que tanto en Brasil como en Argentina, el Estado debe atender a una población sustancialmente mayor a la de Venezuela.

Mayor participación no se ha traducido en mayores aportes a la economía

Aunque es indiscutible que ha aumentado la participación del sector público en la economía, también es cierto que dicho aumento no se ha traducido en aportes efectivos a la economía. Mientras que el número de empresas en manos del Estado se multiplicó por poco más de 7 entre 2001 y 2017, el PIB Público multiplicó por apenas 1,5 entre 2001 y 2015 (último dato oficial disponible). Incluso, el sector público sigue aportando menos a la economía que el sector privado: la data del BCV refleja que el PIB Público pasó de representar 33% del total (excluyendo impuestos) en 2001 a 38% en 2015.

A nivel microeconómico, los sectores en los que el Gobierno Central ha aumentado su participación no presentan resultados alentadores. Esto se debe, en gran medida a que -tal y como como precisa Roberto Casanova [1]-, “es infrecuente que una empresa estatal se halle sometida a los incentivos asociados a una competencia” y, por tanto, en general, las empresas públicas no están “realmente orientadas al logro de beneficios, al aumento de la calidad y variedad de productos, a la atención a los clientes, a la innovación”, entre otros.

No sorprende pues que el propio Gobierno Central haya tenido que admitir el fracaso de la política expropiatoria. En junio de 2014, el para entonces Diputado del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ante la Asamblea Nacional Freddy Bernal admitió que el Gobierno había “cometido errores en la aplicación del modelo económico”; y agregó: “por alguna razón no supimos gerenciar adecuadamente” las empresas expropiadas “y las llevamos al fracaso”.

Dos años después, en julio de 2016, Bernal –ahora en su rol como Vicepresidente sectorial para la activación productiva y los Consejos Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP)- reiteró que “las empresas expropiadas no funcionaron, por diferentes motivos y es una responsabilidad que ha asumido el Presidente [Nicolás Maduro]”.

A manera de ejemplo, en agosto de 2017 el Cenda registró problemas de escasez para 14 de los 58 productos de la canasta alimentaria normativa, resaltando:

Arroz: 40% de la capacidad instalada (14 instalaciones) para su producción está en manos del Estado. Además, 51% -al menos- de la capacidad de almacenamiento de cereales que se producen en el país está en manos del Estado.
Azúcar: 10 de las 16 centrales azucareras del país están en manos del Estado.
Aceite de maíz, margarina y mayonesa: 26% de la capacidad instalada para su producción está en manos del Estado.
Café: 80% de la capacidad instalada (8 instalaciones) para su producción está en manos del Estado.
Harina de maíz: 42% de la capacidad instalada (18 plantas) para su producción está en manos del Estado.
Harina de trigo, pan y pastas alimenticias: el Estado tiene el monopolio para la importación de la materia prima. A mediados de septiembre de 2017, el presidente de la Federación Nacional de la Industria de la Harina (Fetraharina), Juan Crespo, afirmó que la importación de trigo que realiza el Gobierno para abastecer el mercado nacional era insuficiente.
Leche en polvo: 80% de la leche en polvo que se comercializa en el país la compra la empresa CASA (una Corporación estatal) a proveedores internacionales.
Tal y como reporta Transparencia Venezuela, las empresas propiedad del Estado venezolano arrojaron pérdidas por Bs. 1,29 billones en 2016, siendo Pdvsa y Corpoelec los casos más emblemáticos, con saldos negativos estimados en Bs. 775 millardos y Bs. 149,3 millardos, respectivamente. En 2017, Transparencia Venezuela estima que las empresas propiedad del Estado venezolano presentarán pérdidas de Bs. 481 millardos, cifra menor que 2016 por no considerar la información de Pdvsa y sus filiales.

Resulta fundamental abrir el debate sobre las líneas esenciales para acometer una reforma del Estado empresario en Venezuela, siendo su reducción una de las aristas clave a ser consideradas. Para dicho debate, este trabajo de Transparencia Venezuela será muy necesario.

[1] “Propiedad, libertad e inclusión. Aportes para el debate público”. En Fernando Spiritto (coordinador), La nueva economía venezolana. Propuestas ante el colapso del socialismo rentista, Editorial Alfa, Caracas, 2017, pp. 429-430.

 

Venezuela: la perfecta ruina económica de un país petrolero por Guillermo Rodríguez González – Panampost – 17 de Septiembre 2017

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En los últimos tres años despareció poco menos de un tercio del PIB venezolano. (La Tabla)
Si sumamos todo lo que pudiéramos estimar que se produjo en valor presente de productos y servicios durante un año y lo dividimos entre la población, tendremos un Producto Interno Bruto per cápita. No es una estadística que carezca de problemas. Entre otros, que la producción intermedia se descontará para obtener un aproximado de producto neto, restando al valor de bienes de consumo actuales, el de unos bienes intermedios que se emplearan en otros bienes de consumo futuros. Pero es una medida aproximada del consumo presente real. Si comparamos el PIB per cápita año a año, con ciertas previsiones estadísticas tendremos una curva que nos dirá si la población aumento más que el producto, empobreciéndose en promedio la gente. O si el producto aumentó más que la población y por con ello se enriquecieron en promedio las personas.

En Venezuela esa curva presenta varias décadas de notable crecimiento sostenido desde principios del siglo pasado hasta mediados de su década de los 70. En los 60 el crecimiento se ralentizó. A mediados de los 70 empezó una caída sostenida que no se ha revertido en tendencia hasta la fecha. Si se toma la población económicamente activa, en lugar de la población total, y el capital no residencial en lugar del producto, para estimar el capital invertido por trabajador, obtenemos otra curva de acumulación y des-acumulación, esta vez de capital. Y muy próxima a la anterior.

En los últimos tres años despareció poco menos de un tercio del PIB venezolano. Entre la llegada del chavismo al poder y el presente cayó el producto aproximadamente dos tercios. Lo acelerado del desastre presente oculta fácilmente que es la última y más radical fase de un proceso más largo. Llegamos a una economía Maltusiana. La población crece más aprisa que los recursos y amenaza la hambruna. Tratándose de un país que pasó de receptor neto de inmigrantes a exportador neto de emigrantes, incluso ilegales. El problema no es tanto que seamos más, sino que se produce mucho menos. Y como todo esto se inicia en los 70 del siglo pasado, tendríamos que identificar lo que cambio en la economía venezolana esa década. Sin descartar que el fenómeno tuviera causas anteriores que comenzaran a manifestarse entonces.

En agosto de 1975 se decretó la Ley que Reserva al Estado la Industria de los Hidrocarburos y en enero de 1976 se puso esta en vigor, naciendo una Industria petrolera monopolio del Estado. Los ingresos del Estado venezolano ya eran mayoritariamente patrimoniales desde que el petróleo pasó a ser la principal actividad económica del país en el primer tercio del siglo pasado. Lo que cambio en los años 70, fue que la principal industria del país, la que representaba cerca de la mitad del PIB y más de la mitad del ingreso externo pasó al control directo del Estado. Estado que estatizó o creo otras grandes empresas gubernamentales en áreas asociadas a la minería, como las industrias del acero y el aluminio. Además de bancos, navieras, y diversidad de empresas de producción y distribución de bienes y servicios. En Venezuela antes de los años 70 las empresas del Estado eran la excepción. A partir de entonces fueron la norma.

La pregunta no es qué causó el empobrecimiento. Fue la estatización de los sectores claves de la economía. La pregunta es cómo una gigantesca inversión gubernamental en industrias estratégicas, finanzas y transporte, pudo ser la causa de un empobrecimiento sostenido de varias décadas en un país petrolero que contó con recursos para inversiones hasta anteayer. Ya no es así, pero lo fue por casi un siglo. Y hasta hace apenas un par de años. Vimos una gran inversión en empresas gubernamentales en toda la estructura de producción, muy especialmente en los estadios más alejados del consumo final. Justamente la mayor inversión pública de nuestra historia se concentró en el período que inicia la caída del ingreso por habitante en Venezuela.

Como la más aceptada definición de socialismo en economía es “control estatal de los medios de producción”. Y empezaría el socialismo con control directo de medios considerados estratégicos, e indirecto del resto. Dejando espacio para un sector privado en economías socialistas. En Venezuela lo que vimos junto con al comienzo del empobrecimiento a largo plazo fue el inicio de una economía socialista. Hay dos momentos críticos. En la década de los 70 del siglo pasado la economía pasó a ser socialista, en términos de control directo del Estado sobre medios estratégicos. La principal industria exportadora y con ella la mayoría de las divisas. El resultado de la estatización de las industrias del petróleo, el hierro, el aluminio, etc., junto a la abundante inversión gubernamental, fue el empobrecimiento sostenido de la población a largo plazo. El segundo gran impulso al socialismo ocurre durante la prolongada bonanza de precios del petróleo con que el chavismo pudo encubrir los efectos de la destrucción concienzuda de un débil y poco competitivo aparato económico privado. Y el resultado es la miseria.

La clave de la curva es que durante las caídas de los periodos negativos superan el alza de los de crecimiento. Crecimiento que ocurre única y exclusivamente durante periodos de altos precios del crudo. Obviamente, las finanzas públicas sufrieron en los momentos de bajos precios petroleros el efecto de compromisos de gasto y endeudamiento asumidos con altos ingresos petroleros. Pero en la década de los 90 observamos un fugaz momento en que el crecimiento económico privado y la diversificación de exportaciones acompañan un período de bajos precios del petróleo. Momento fugaz en que la economía se hizo menos socialista mediante privatizaciones hoy revertidas, y recuperó en pocos años gran parte del atraso tecnológico acumulado. Tímida reforma, producto de la debacle financiera del fisco, exhibió contradicciones económicas internas y problemas políticos insuperables. Pero fue el único momento en que vislumbramos la posibilidad de revertir el rumbo a la miseria actual.

América Latina frente a Venezuela por Juan Gabriel Tokatlian – Nueva Sociedad – Agosto 2017

Venezuela se enfrenta hoy a la crisis más dolorosa y de mayor alcance de América. Algo está claro: hay muchos intereses en juego.

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La Revolución Bolivariana que comandó Hugo Chávez no prometió una democracia liberal. Su propósito era establecer una democracia mayoritaria que desembocara en una democracia participativa. Se retomaba, aunque en clave popular y antielite, lo que en 1919 publicó el periodista y político venezolano Laureano Vallenilla Lanz, en su libro Cesarismo democrático. Ante lo que concebía como la existencia de un pueblo incapacitado, Vallenilla reivindicaba para el país el ideal del caudillo carismático y gendarme que concentrase poder y garantizase orden. O, puesto en otra clave y en términos de Antonio Gramsci, ante la muy aguda inestabilidad derivada del «Caracazo» de 1989, Chávez aparecía para muchos como la expresión de un «cesarismo progresista».

A partir de la gestión de Nicolás Maduro, la incierta aspiración a una democracia mayoritaria encabezada por un «buen César» se transformó en un «cesarismo regresivo» y en una oclocracia liderada por un «mal César». Según Polibio (siglo II a. C.), la oclocracia desvirtuaba la democracia con su recurso a la demagogia y la ilegalidad. En una interpretación más moderna, en una oclocracia, antes que fortalecer a un pueblo organizado y el poder popular, se instrumentaliza a las masas por diferentes medios y se afirma una estrecha base de apoyo para lograr la supervivencia de un grupo en la cima del gobierno. Ahí se produce un retroceso: componentes básicos de toda democracia, como la protección de los derechos humanos, se degradan y surgen dispositivos autoritarios. En Venezuela esto se da en medio de una monumental crisis económica, que arrasa con los avances que beneficiaron a los sectores populares, agudiza la confrontación social y refuerza una economía sustentada en el petróleo.

Pero más allá de tal o cual definición politológica que precise la naturaleza del régimen actual, la comunidad internacional debe lidiar con la Venezuela realmente existente y no con la que impugnan sus críticos de distintas orillas políticas, la que desean los que abogan por una democracia liberal o la que defienden los amigos del «socialismo del siglo XXI».

Tal realismo demanda, de entrada, la respuesta a una pregunta: lo que hace el gobierno de Maduro ¿es el resultado de una gran cohesión del «chavismo» y su plan de perpetuación en el poder, que se produce en medio del avance de fuerzas opositoras unificadas y legitimadas y ante el surgimiento de inquietantes fisuras en la fuerza armada? Si la respuesta es sí, entonces no es mucho lo que pueden hacer América Latina y la comunidad internacional para frenar un choque de trenes ruinoso. Si, por el contrario, lo que subyace es la existencia de pugnas intensas en la cúpula dirigente, la creencia de ciertos sectores oficiales de que no es viable la perennidad del gobierno, la presencia de conscientes voces opositoras que comprenden que es imperativo acumular respaldos de manera pacífica y el temor de los militares de las consecuencias de una profunda división del país, entonces sí habría una pequeña –muy pequeña– ventana de oportunidad para que la región aportara una solución política que siempre será posible por lo que hagan los propios venezolanos.

Pero si fuera esto factible, América Latina debe superar cuatro dificultades evidentes. Primero, los mandatarios deben evitar que sus preferencias ideológicas obstaculicen el posicionamiento de cada país: se necesitan mentes lúcidas y prudentes. Segundo, el caso Venezuela no puede ser solo funcional a la dinámica interna –electoral y/o política– de cada nación: se requiere un balance entre motivaciones internas y responsabilidades externas. Tercero, es disfuncional para la región en su conjunto, y más allá de esta coyuntura, puede erosionar, por acción u omisión, los foros como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), entre otros. Y cuarto, es estratégicamente contraproducente aislar y aislarse de Venezuela y contribuir así inadvertidamente a que Estados Unidos asuma un papel protagónico que será, con más sanciones y amenazas, el preámbulo de mayor inestabilidad en el área: toda América Latina está en una situación demasiado delicada como para jugar con fuego.

Si se lograsen superar los obstáculos mencionados, dos cuestiones son fundamentales. Por un lado, aunque es esencial un cambio, Latinoamérica no debería precipitarlo. La idea de una transición inmediata puede ser incluso peligrosa. En octubre próximo habrá elección para gobernadores y la presidencial de 2018 será en diciembre. Se debería procurar que esa fecha fuese efectivamente anticipada. Por otro lado, si se avanzara en una salida a la crisis, hay que reconocer que la situación económica no se resolverá rápida ni fácilmente y, por lo tanto, habrá que comprometerse en serio con el futuro venezolano. La eventual transición venezolana debiera acompañarse para que no resulte en una frustración que, a su turno, reagudice las contradicciones imperantes; contradicciones que en el fondo expresan el agotamiento de un modelo social, económico y político anclado en el rentismo petrolero.

América Latina ya ha conocido en los años 60, y por décadas, lo que sucedió después de la Revolución Cubana. La mezcla de plegamiento a Washington en su política de cercamiento, aislamiento y punición de La Habana y la ausencia de una mínima concertación regional pragmática para evitar cortar puentes con Fidel Castro tuvo consecuencias lamentables para la región. Se «continentalizó» definitivamente la Guerra Fría y se contribuyó a exacerbar clivajes internos en cada país como reflejo de ello; esa combinación fue nefasta para el bienestar, la estabilidad y la autonomía de las naciones latinoamericanas. Sin duda, aquella experiencia debe haber dejado algunas lecciones.

En forma concomitante, en Venezuela hay intereses regionales en juego. Venezuela se enfrenta hoy a la crisis más dolorosa y de mayor alcance de América. La degradación de la situación actual sería catastrófica para todos los venezolanos y podría tener efectos nefastos para América Latina. En estos momentos, la comunidad internacional sabe cuánto se ha deteriorado la economía, cuán profunda e intensa es la polarización política y cuán ineficaces han sido las contribuciones puntuales de buenos oficios desde el exterior. Básicamente, el país se encuentra atrapado en una situación inestable y de signo negativo. En ese contexto, la parálisis diplomática y la retórica agresiva solo garantizan una menor defensa de los propios intereses nacionales de los países vecinos y de los más distantes también. Preservar América Latina como zona de paz es una autoexigencia ineludible para la región.

Finalmente, en el caso de Venezuela es primordial evitar lo que llamo el «efecto Bubulina». En la película Zorba el griego había un personaje, Madame Hortense (que interpretó Lila Kedrova, que recibió por este papel el Oscar a mejor actriz secundaria en 1964), quien habitaba el autodenominado Hotel Ritz, que pudo haber tenido cierto esplendor pero que se fue deteriorando paulatinamente. A ella se la conocía en el pueblo como la «Bubulina». Buena parte de los aldeanos –en este caso, de Creta– estaba a la espera de la muerte de la Bubulina para saquear el hotel. Y en efecto, eso ocurre cuando alguien grita que ella falleció. Uso metafóricamente esa imagen para sugerir que lo peor que puede suceder en esta hora es que buena parte de los gobiernos del continente –e incluso, extrarregionales– procuren usufructuar la grave crisis venezolana; unos para propósitos internos de diversa índole, otros para acercarse más a Washington suponiendo que obtendrán ventajas de algún tipo; otros en función de cálculos estratégicos respecto a la riqueza petrolera del país, etc.

Este es el momento de que la región repiense qué quiere y puede hacer para que Venezuela no se deslice hacia un abismo de imprevisibles costos internos y regionales.

 

Arepas de sangre por Alonso Escalada – El Diario Vasco – 4 de Septiembre 2017

La frase de Franco Moretto refleja fielmente el momento político y la alta tensión social que se vive en el país andino de Bolívar: «Está toda Venezuela en la inconformidad». Y este mismo analista refuerza su visión del caos en que se ve envuelta la sociedad con esta constatación real: «Lo que está sucediendo es que las circunstancias del choque político han llevado a la sociedad, sobre todo en Caracas, hacia una sensación de anarquía soterrada que a veces deriva en episodios de caos explícito».

Los que conocemos y admirábamos la Venezuela del desarrollo y del bienestar, a pesar de las diferencias por la distribución de la riqueza, anterior al chavismo y al ‘madurazo’, nos hacemos la pregunta a diario entre el malestar y el asombro: ¿Cómo ha podido llegar este otrora país potencialmente rico a este estado actual tan ruinoso en donde escasean los alimentos y hasta el papel higiénico? ¿Quién o quiénes son los culpables de haber empobrecido y hasta arruinado a un país que nadaba en la opulencia por estar clasificado como el tercer país exportador de petróleo del mundo?

Si la Venezuela de ayer, orgullosa y hasta ostentosa de su condición de señora rica, ha caído a la actual pobre harapienta y avergonzada, que hace colas para el litro de aceite y su arepa y hasta para el rollo de papel higiénico, ¿quiénes son los diabólicos artífices de este descenso a los infiernos de la pobreza y el desabastecimiento que hayan traído tanta ruina y tanto malestar? Venezuela se encuentra, como la ve Andrea Rizzi, en «el terrible péndulo de Rusell», porque parece instalada en esa dramática tendencia pensular que describía el gran pensador británico. «El chavismo se enroca en el autoritarismo; la protesta cobra intensidad. En el choque se abren paso creciente bolsas de caos y anarquía. La comunidad internacional no debería ahorrar esfuerzos para evitar la deflagración sea completa y que la deriva conflictiva/anárquica llegue demasiado lejos». Pero ese «demasiado lejos» ya ha llegado.

Un poco de memoria y de analítica nos hará entender el actual caos y deriva del autoritarismo de Chaves y Maduro. Tanto el artífice del «socialismo bolivariano del siglo XXI» como su continuador iniciaron su revolución lanzados desaforadamente hacia una oleada de nacionalizaciones y una de ellas, la de Radio Caracas, excomulgada por Chaves por ser la voz crítica de sus excesos y atropellos contra la libertad de expresión.

Esa acometida y anulación del popular medio de comunicación radial fue el detonante y desencadenante de otras nacionalizaciones. Pero el chavismo arrollador no se detuvo ante las críticas de los medios de masas opuestos a sus demasías autoritarias. Chávez era la voz del pueblo y no había otra voz, según sus proclamas matinales «Aló, Venezuela, les habla su presidente».

Venezuela o mejor, la oposición, no tenía otra opción que echarse a la calle y gritar sus consignas de «queremos una Venezuela libre», pero Chaves desde su Palacio de Miraflores seguía proyectando a sus fieles su ‘Alicia en el país de las maravillas’. Chaves, admirador y seguidor de la Revolución cubana de Castro y del Che, habían inaugurado otro ensayo de socialismo contrario a una democracia liberal y prometía la instauración de una democracia popular tratando de descabezar y tirar por tierra las oligarquías y a sus dirigentes. Lo que nunca se atrevió el reformador bolivariano es a nacionalizar los bancos, aunque no le faltaran ganas de hacerlo. El caudillo de las ansias y de las hazañas de Bolívar no se atrevió o no pudo con someter a su arbitraria manera de desgobierno al sector de la banca. Y además, le llegó la muerte a una imprevista y dejó su testamento político señalando a su sucesor Nicolás Maduro como el hombre de su Revolución.

Yo me he acordado estos días convulsos de conflictos, encarcelamientos como los de Leopoldo López y de Antonio Ledezma, de sobresaltos y muertos en refriegas callejeras, de aquel exquisito escritor venezolano Arturo Uslar Pietri. El gran escritor publicó en 1947 un libro titulado ‘De una a otra Venezuela: glosas de una transformación, angustias de una supuesta defunción’. Aquel trabajo se centraba en el periodo de gobierno de Rómulo Betancourt y de Rómulo Gallegos (1945-1948) para reflexionar sobre la crisis y transformación de aquella Venezuela que salía de su condición de agropecuaria y adoptaba la explotación del petróleo como símbolo de modernización y desarrollo. Con aquel brillante escritor sostuve yo conversaciones sobre Venezuela y su filosofía política. Yo le decía a Uslar Pietri que la democracia venezolana estaba vigilada por el ejército y que este rasgo la obligaba a ser dependiente, y él me replicaba diciendo que en Venezuela los gobiernos de Acción Democrática (Adecos) y de Democracia Cristiana se sostenían por la habilidad de sus gobernantes. Hoy, tal vez, no pensaría lo mismo. Hoy, a la larga distancia histórica de aquel 1948, ante la incertidumbre y la «sensación de anarquía» reinantes, habrá que convenir con el mencionado Andrea Rizzi que «la solución real sólo puede brotar desde dentro en Venezuela».

 

La gran estafa bolivariana por Joaquín Villalobos – Nexos – 1 de Septiembre 2017

Fidel Castro solía lamentarse de que la primera revolución marxista en el continente hubiera tenido lugar en un país pobre como Cuba; decía que habría sido mejor en un país rico como Venezuela y lo intentó. En los años sesenta un grupo de cubanos se sumó a las guerrillas venezolanas y cuenta Teodoro Petkoff, veterano de aquella insurgencia, que Fidel les propuso enviar al Che Guevara, pero los guerrilleros venezolanos se opusieron, obviamente el Che sería más ruido que ayuda. En los ochenta las luchas revolucionarias más importantes tuvieron lugar en Nicaragua y El Salvador, dos países más pobres que Cuba que estaban más para pedir que para dar. En ese contexto se derrumbó la Unión Soviética que era la gran proveedora, el panorama se volvió desolador, Cuba se organizó para resistir el hambre y, entonces, llegó Hugo Chávez.

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A diferencia de Colombia, que es un país violento con una cultura política civilista, Venezuela es un país pacífico con una cultura política militarista. Muchos venezolanos les confieren a los militares el papel de “salvadores de la patria”. No es extraño que el rechazo al ajuste estructural de Carlos Andrés Pérez acabara convertido en oportunidad para el golpismo militar en 1992 y luego en la victoria electoral del teniente coronel Hugo Chávez en 1998. El militarismo venezolano de tradición conservadora, vocación autoritaria, pasado represivo y entrenamiento estadunidense, pudo así alcanzar el poder con una narrativa antipolítica como la de Fujimori, para luego asumir una plataforma izquierdista antineoliberal. La pregunta en aquel momento era si Chávez era un nuevo “gorilato militar” o una revolución como él decía. Leer más de esta entrada

¿Quién dijo desaliento? por José Toro Hardy – El Nacional – 24 de Agosto 2017

Unknown.jpegUn amigo, abatido por el desaliento, me comentaba que el camino que nos aguarda es el de Cuba, donde los Castro tiranizaron a esa Isla por casi seis décadas.

Estoy en total desacuerdo.Veamos:

Cuba fue la última colonia española. Su guerra de independencia se inició en 1895 con el Grito del Baire y concluye con el Tratado de París en el que España renuncia a su soberanía sobre la isla. Finalizada la guerra se temió que EEUU -que le había declarado la guerra a España en 1898 por el hundimiento de su acorazado Maine en La Habana- se apoderase de la isla. Ello sembró una animadversión hacia ese país. Finalmente el 20 de mayo de 1902 nace la República de Cuba bajo tutelaje estadounidense. A lo largo de su historia, prácticamente no ha conocido la democracia.

La Revolución Cubana fue la alternativa a una III Guerra Mundial. Para 1962 la URSS había emplazado misiles atómicos en la isla capaces de alcanzar todo el territorio de los EEUU. El mundo estuvo más cerca que nunca del estallido de una guerra nuclear. Finalmente Kennedy y Krushev llegan a un acuerdo. Krushev retiraría los cohetes y Kennedy se comprometería a que EEUU nunca invadiría a Cuba.

De allí en adelante, el régimen cubano sólo pudo subsistir gracias al apoyo masivo de la URSS. Cuando cae el Muro de Berlín en 1989, colapsa el comunismo y en 1991 se desploma y desintegra la URSS, Cuba entra en el “período especial” sufriendo graves carencias. Sólo pudo superarlo cuando Chávez llega al poder y sustituye el apoyo soviético.

La Revolución Cubana alardeaba de dos virtudes: Épica y ética. Nace de una cruenta lucha armada en la Sierra Maestra, derrocando finalmente a Fulgencio Batista en 1959. Fidel Castro convence a un mundo crédulo de que aquella fue una epopeya cargada de ética.

Coincide con el momento más álgido de la Guerra Fría. Cuba era mimada por las izquierdas del mundo. Intelectuales de alto calibre como Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar , Mario Benedetti y muchos otros le dieron un lustre particular.

Todo lo anterior contrasta radicalmente con la Revolución del Siglo XXI. Venezuela fue de los primeros países en emprender la lucha por su emancipación. Fuimos durante décadas una de las democracias más sólidas y antiguas de Latinoamérica. Lejos de tener una animadversión hacia los EEUU, fuimos uno de sus más cercanos amigos. Incluso durante la II Guerra Mundial -aún manteniéndonos neutrales- fuimos un factor determinante del triunfo por haber aportado más del 60% del petróleo utilizado por los aliados durante el conflicto.

El Socialismo del Siglo XXI no se ha caracterizado por virtudes enaltecedoras como la épica ni la ética. La épica se limita a una intentona militar fracasada en 1992 y la ética, brilla por su ausencia, destacándose más bien por ser el régimen más corrupto en toda la historia del continente. Ningún intelectual de valía la apoya.

Está revolución no es más que el resultado de un accidente histórico: una etapa en la que los precios del petróleo alcanzaron máximos nunca antes imaginados alimentando un carnaval de populismo y devastación. En lugar de promover una economía sustentable, el régimen desmanteló las instituciones y arrasó con todo.

Al caer el petróleo y morir Chávez, la revolución no tiene la menor posibilidad de subsistir. La economía colapsó, la moneda destruída junto con el aparato productivo, la industria petrolera severamente dañada, la inflación más alta del mundo, al borde del default, escasez insoportable, 82% de la población por debajo de la línea de pobreza y 50% de pobreza extrema.

Ni Rusia ni China pueden echarse a cuestas a Venezuela como pudo hacerlo la URSS con Cuba en el apogeo de su poderío militar y económico y en plena guerra fría. Rusia, también en crisis, tiene problemas más acuciantes en Ucrania y Siria. A China lo que le interesa es recuperar el dinero prestado. Por su parte Cuba se aferra a Venezuela porque su alternativa es morirse de hambre.

Lo repito, la Constituyente le está saliendo al régimen por la culata. Ha logrado una coincidencia mundial sin precedentes. Desde los 29 países de la Unión Europea hasta la inmensa mayoría de las naciones del Hemisferio Occidental y el Mercosur han declarado la muerte de la democracia en Venezuela. Tal consenso no se había visto en toda la historia de Latinoamérica. A ello se le suma un severo aislamiento financiero y la incertidumbre de posibles sanciones. Un régimen amenazante pero exangüe sufre sus últimos estertores.

La rueda de la historia, inexorable, está girando. ¿Quién dijo desaliento?

La intervención de Cuba en Venezuela por Alvarez Quiñones – Human Rights Foundation for Cuba – Julio 2017

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Intervención masiva de Cuba en Venezuela amenaza a la región

La heroica lucha de los venezolanos contra la dictadura que encabeza Nicolás Maduro y por restablecer la democracia, choca no sólo contra los esbirros de la Guardia Nacional y los “colectivos”, sino con la maquinaria represiva, logística y política de la tiranía castrista, la más implacable y duradera en la historia de las Américas.

La intervención de Cuba en Venezuela es abrumadora. Hay allí miles de militares cubanos, incluyendo 3 generales, 12 coroneles y tenientes coroneles, 6 capitanes de fragata y otros 25 oficiales de distintas graduaciones. También intervienen 4,500 soldados de infantería en 9 batallones, uno de ellos acantonado en Fuerte Tiuna, el corazón militar del país, según el sitio online venezolano “Q’Pasa en Venezuela” y la periodista Sebastiana Barráez, especialista en temas sobre las fuerzas armadas de Venezuela.

Hay también fuerzas especiales del MININT. Y los más de 34,000 médicos y profesionales cubanos de la salud tienen órdenes de defender la tiranía con las armas. Ese contingente cubano interventor tiene conexión por cable con el Centro de Operaciones de Valle Picadura en La Habana, al mando del general Leonardo Andollo Valdez y supervisado por la cúpula militar cubana.

Otros miles de cubanos copan puestos claves del Estado, el Gobierno, las fuerzas militares y represivas venezolanas, y en particular los servicios de inteligencia y contrainteligencia. La seguridad personal de Maduro está a cargo del MININT. Hay tantos castristas que venezolanos enfurecidos queman banderas cubanas en la vía pública. A los cubanos eso nos entristece, pero si nos ponemos en el lugar de esos manifestantes logramos comprender lo de “Cubanos go home” en español.

Además, en abril pasado el ex presidente de Colombia, Andrés Pastrana, denunció en su cuenta twiter que hay en Venezuela al menos 4,000 guerrilleros de las FARC. Hay también iraníes y denuncias de que podrían estar enviando uranio a Irán. “Noticias 24” informó que esos yacimientos de uranio venezolanos han sido denunciados por los servicios de inteligencia de Alemania, Francia, Reino Unido, EE.UU , Israel y el Mukabarat jordano.

Artículo de The Wall Street Journal…

Artículo de Mary Anastasia O’Grady publicado en The Wall Street Journal el 16 de julio de 2017 con el título “How Cuba Runs Venezuela”.

Igualmente hay terroristas del movimiento Hezbolá; por órdenes de Tarek El Aissami, Caracas ha entregado unos 15,000 pasaportes diplomáticos venezolanos a milicianos del Hezbolá, chiítas iraníes, y a otras huestes yihadistas del Medio Oriente que hoy se mueven por el mundo con propósitos nada edificantes, según el periodista libanés Francois Bayni, quien hizo pública su denuncia en Facebook y fue publicada por medios de todo el mundo..

O sea la crisis venezolana tiene un peligroso carácter internacional. Preocupados deben estar en Colombia, Brasil, Guyana, Panamá, Ecuador y Perú, por dos motivos: 1) si estalla una guerra civil multitudes de venezolanos huirían hacia esos países vecinos o más cercanos; y 2) si Maduro impone la Constitución redactada en Cuba la erosión de la democracia en la región será mayor que nunca.

Sin la tutela de La Habana ya Maduro habría caído

Sin la tutela directa de Raúl Castro, su Junta Militar, el PCC, las FAR y de todo el aparato de inteligencia y contrainteligencia castristas (a cargo del coronel Alejandro Castro, hijo del dictador), el gobierno de Maduro habría ya sucumbido.

Ese tutelaje apuntala al régimen chavista, lo rescata cuando comete errores, y lo ha convertido convenientemente en un vulgar gobierno forajido de narcotraficantes, criminales y ladrones. La Habana los alentó a enriquecerse con el tráfico de drogas y el robo al Estado. Incitó a Hugo Chávez a comprar armas y entregárselas a miles de delincuentes, émulos de las brigadas de respuesta rápida castristas, pero no con palos y cabillas, sino con fusiles y unos 5,000 lanza cohetes hombro-aire.

Maduro, su esposa Cilia y sus hijos, el “Cartel de los Soles”, y los demás jerarcas chavistas, están metidos hasta el cuello en el narcotráfico. Casi el 90% de la cocaína que va hacía EEUU y Europa pasa por Venezuela. Todos roban al Estado y muchos cometen crímenes de lesa humanidad. Ya son más de 130 los venezolanos ejecutados en las calles desde febrero de 2014.
Con semejante nivel de criminalidad, a Raúl Castro le resulta fácil recordarles a esos “fuera de la ley” que si entregan el poder irán todos a la cárcel. Esto es lo más grave de la crisis venezolana, que el alto mando chavista se sabe en prisión si pierde el poder. Se aferra a él y solo lo soltará a cañonazos.

Las directrices castristas causaron el desastre económico

Entre 1999 y 2015 Venezuela recibió 960,589 millones de dólares por sus exportaciones de petróleo, un promedio de 56,500 millones anuales, según la consultora Ecoanalítica. Esa cantidad fue muy superior a todo el dinero obtenido antes por Venezuela desde 1811, al declarar su independencia de España.

Pero con tan fabulosa fortuna el gobierno “bolivariano” no diversificó la economía (hoy depende más del petróleo), ni hizo nada por desarrollar el país. Guiado por Fidel Castro, Chávez utilizó su chequera para comprar lealtades políticas en Latinoamérica, intervenir y financiar campañas electorales de izquierda en Latinoamérica y hasta en España para extender el “Socialismo del Siglo XXI”.

También lo empleó en gastos sociales desmedidos con fines propagandísticos (al estilo fidelista), en vez de emprender obras de infraestructura y desarrollo económico. Gastó miles de millones en armas y tecnología para reprimir. Recientemente llegaron a Venezuela 167 nuevas tanquetas Norinco de fabricación china, que lanzan gases lacrimógenos y agua a los manifestantes. . Pero lo peor es que buena parte de esa bonanza financiera fue robada por la cúpula chavista y sacada del país.

Encima, Chávez ordenó emitir 54,327 millones de dólares en bonos de la República y de PDVSA, la entidad estatal petrolera. Y ahora, ya en ruinas, el país tiene que pagar a esos acreedores $110,000 millones hasta 2027, en intereses y capital. Aparte, le debe a Rusia y China. La deuda con Pekín llegó a $60,000 millones. El país está quebrado.

La estatización del grueso de la economía venezolana, y la guerra a la empresa privada destrozaron la planta industrial, comercial y agrícola del país. La burocracia pasó de 900,000 empleados públicos a 2.4 millones. Y los de PDVSA de 40,000 a 145,000.

Con la tutoría castrista a la “revolución bolivariana” hoy los venezolanos son más pobre que nunca en su historia. Familias venezolanas con niños pequeños hurgan en latones de basura para poder llevarse algo a la boca.

CONCLUSIONES

Caracas mantiene a Cuba, y Cuba guía los hilos del poder en Caracas
Quien mejor aprovechó la bonanza de petrodólares fue el castrismo, con subsidios por unos $10,000 millones anuales y unos 40 millones de barriles de petróleo gratis cada año (66% del consumo nacional cubano).

Esos subsidios de Caracas a La Habana ahora han disminuido a unos $6,500 millones, pero siguen siendo, junto con aproximadamente la mitad del petróleo que recibía antes, uno de los dos soportes que mantienen a flote la economía cubana (el otro lo componen las remesas, los paquetes y el turismo).

¿Qué ofrece la isla a cambio?: Nada menos que su “know how” para mantener al chavismo en el poder. Curiosa ironía, Cuba, el país más pobre y pequeño de los dos, es la metrópoli colonialista, pues tiene el conocimiento para mantener a la mafia chavista en el poder. Y el país más fuerte económicamente, más grande y con el triple de población, es la colonia. Sin duda vivimos en la era del conocimiento.

Con la eventual caída del chavismo el castrismo sufriría un terremoto en lo económico, político, ideológico, y diplomático. Sería el fin del “Socialismo del Siglo XXI”, y de paso, del Foro de Sao Paulo, la internacional comunista creada en 1990 por Castro y Lula da Silva para “cubanizar” la región.

Al haber sucumbido también el segundo mayor aliado político-financiero de La Habana, el gobierno populista de Brasil, y también el de Argentina, y la negativa de Pekín y Moscú a regalar dinero, el Estado proxeneta del Caribe se quedaría sin mecenas. Se produciría una reedición del “período especial” en una escala algo más pequeña, pero devastadora. Baste saber que casi la mitad del comercio exterior (45%) de Cuba se realiza con Venezuela.

Sin el petróleo venezolano el gobierno de Raúl Castro tendría que conseguir $1,800 millones para comprar los 110,000 barriles diarios que le suministraba Venezuela hasta 2014, o $1,000 millones para comprar 68,000 barriles diarios, reducir el consumo de combustible en un 38%, y sufrir apagones que podrían desestabilizar al régimen y hundir el turismo.

La Constituyente pretende impulsar viejo proyecto castro-guevarista

La convocatoria de Nicolás Maduro de una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución copiada de la cubana es una maniobra para sepultar la Constitución “burguesa”, no celebrar las elecciones de 2018, desmantelar la Asamblea Nacional, todas las instituciones del Estado, y militarizar definitivamente el gobierno al estilo cubano. Para ello cuentan con 2,000 generales, una cifra asombrosa (y ridícula) que supera el total de generales de los 29 países miembros de la OTAN en conjunto.

Con una Constitución comunista, el chavismo emprendería — con 50 años de retraso–, el malogrado proyecto de Fidel Castro y el Che Guevara de llevar el totalitarismo “revolucionario” a Sudamérica, tal y como anunció el argentino en su carta a la Conferencia Tricontinental. Esta vez no con un grupito de guerrilleros hambrientos perdidos en la selva boliviana, sino en Venezuela, el mayor productor regional de petróleo, y desde el Palacio Presidencial de Miraflores.

La Constitución cubana fue copiada de la vigente en la Unión Soviética. Así surgió en las Américas la figura del Presidente del Consejo de Estado en lugar del Presidente de la República. Ese Presidente es elegido a dedo por el Consejo de Estado (Presidium del Soviet Supremo en la URSS), que a su vez es nombrado a dedo por el dictador (primer secretario del PCC), quien le ordena a esa cúpula estatal que debe elegirlo a él mismo otra vez como Jefe de Estado. Y punto.

Los chavistas se despojarían de las hojitas de parra que cubrían la fachada democrática que vendían al mundo. Pero agravarían a niveles insospechados la crisis venezolana y afectaría a las naciones vecinas, en particular a Colombia con las FARC convertidas en fuerza política legal. La lucha popular en Venezuela se dispararía. También hay sectores del chavismo, con respaldo militar, que rechazan que Venezuela se convierta en otra Cuba.

Aplastar los derechos humanos no es ‘asunto interno’ de un país

La indiferencia de la comunidad internacional ante el salvajismo del gobierno de Maduro es una expresión de la “realpolitik” que parece prevalecer en Latinoamérica y en todo el mundo en lo que va de siglo, y que coloca los intereses políticos y económicos por encima de los derechos humanos. Ya en el tercer milenio, el desarrollo mismo de la civilización exige que la salvaguarda del ser humano sea la prioridad de todos los gobiernos, por encima de la política, la economía y todo lo demás.

Si antes de la Revolución Francesa ya Jean Jacques Rousseau y otros baluartes de la Ilustración en Europa se percataron de que la soberanía de una nación es el pueblo mismo, con más razón el mundo moderno debería disponer hoy de leyes supranacionales de obligatorio cumplimiento para todos los Estados, para proteger los derechos precisamente del pueblo soberano.

La violación de los derechos ciudadanos no puede ser “asunto interno” de un país. Eso atañe al género humano, sin importar fronteras. Y las denuncias internacionales al respecto no violan la “soberanía nacional”. Es todo lo contrario. Todo Estado violador de derechos humanos debe ser obligado, por la fuerza si es necesario, a respetarlos. Es hora de que haya instrumentos legales y fuerzas internacionales para intervenir donde quiera que se atropelle la integridad física de los seres humanos y se asfixien sus libertades fundamentales.

La actuación prochavista en la OEA es una vergüenza histórica

Pero ocurre todo lo contrario. En Latinoamérica los gobernantes y políticos no quieren disgustar a los partidos de izquierda porque pueden perder votos electorales, o quieren evitar ruidosas protestas callejeras de la izquierda. Otros venden su lealtad política al que pague, y si con petróleo barato mucho mejor. Esa obediencia muy tempranamente la compró Hugo Chávez, aconsejado por su paradigma, héroe y guía, Fidel Castro.

Y tan importante fueron sus consejos que ahora en la OEA, ni en su reunión de cancilleres del 31 de mayo, ni en la más reciente de junio, se logró nada. No ya para para aplicar la Carta Democrática a Caracas, romper masivamente relaciones diplomáticas con Venezuela, o para retirar los embajadores en Caracas, sino ni siquiera para “rogarle” a la dictadura chavista que reconsiderase la creación de la Asamblea Nacional Constituyente.

Se necesitaban 23 votos para obtener los dos tercios de un total de 34 países miembros de la OEA y se consiguieron 20 votos. La propuesta de 14 países –-a los que sumaron otros 6–, para solicitarle al chavismo que no sea tan malo fue bloqueada por los gobiernos neocomunistas aliados de Caracas y por los países caribeños que reciben crudo venezolano barato. Vale precisar que Venezuela, Nicaragua, Bolivia, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas y Dominica, los cinco países que votaron en contra de condenar al régimen de Maduro, tienen 17 millones de habitantes, mientras que en los 20 países que querían hacer lo justo habitan 500 millones. Muy duramente juzgará la historia a quienes de hecho se convirtieron en cómplices del genocidio y de la destrucción de toda Venezuela.

No hacer nada ante los crímenes de las dictaduras de Venezuela y la castrista, es una vergüenza histórica mayúscula. Y confiere dramática vigencia a una frase de José Martí: “Ver cometer un crimen en calma es cometerlo”.

El autor es escritor y periodista radicado en el sur de California. Ha escrito durante más de tres décadas sobre el curso de la economía mundial. Es también experto en temas políticos de América Latina con énfasis en Cuba y Venezuela. Es colaborador de la Human Rights Foundation for Cuba.

 

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