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Alianza democrática para la liberación por Luis Ugalde – Notiespartano – 18 de Febrero 2018

Luis_Ugalde_ex_rector_ucabVenezuela se desangra y marcha acelerada al abismo. Hay hambre en todos los rincones y muerte por falta de medicinas. Con inflación desbocada, el bolívar sin valor y el salario disminuyendo, a pesar de los aumentos. Riadas humanas revientan las fronteras huyendo de esta espantosa tragedia, como ocurría antiguamente en las ciudades apestadas. El gobierno responde que estamos muy bien, que somos un país envidiable en el mundo, gracias al “socialismo del siglo XXI” y convoca por medio de la ilegitima y fraudulenta Constituyente “supraconstitucional” a una votación tramposa para perpetuar este régimen de muerte. Asegura el resultado con árbitro incondicionalmente suyo, inhabilita tarjetas, líderes, partidos y votantes opositores. Así la votación del 22 de abril no es ni justa, ni libre, ni democrática.

1-Ante la trampa mortal. De manera valiente e inteligente los demócratas en el diálogo de República Dominicana se negaron a esta elección dictatorial. Luego de forma clara y contundente 14 grandes países latinoamericanos denunciaron en Lima que esta votación, impuesta por el Gobierno precipitadamente para perpetuarse, no es libre y no reconocerán su resultado. La Conferencia Episcopal Católica hace dos meses denunció la “Asamblea Nacional Constituyente es inconstitucional e ilegítima en su origen y en su desempeño” y recientemente la Presidencia Episcopal calificó de “despropósito ético y humano, un verdadero crimen que clama al cielo” lanzarnos la votación precipitada sin atender al hambre, a la salud y a las necesidades básicas de la gente. Sorprende que, luego de la negativa en Santo Domingo, los partidos políticos unidos no se hayan manifestado de inmediato en el mismo sentido.

Nada hay más urgente e importante para la vida en Venezuela que frenar esta trampa que lleva al matadero del 22 de abril y exigir las verdaderas elecciones libres establecidas en la Constitución para este año para salir del Presidente y cambiar este modelo de miseria y corrupción. Chavistas y no chavistas, queremos salir de esta muerte nacional y debemos movilizarnos para exigir cambio de presidente y de modelo socio-económico con elecciones libres entre octubre y diciembre 2018. No hacerlo es ser cómplice (queriendo o sin querer) de la perpetuación del desangramiento.

2-No somos abstencionistas y debemos evitar el peligro cierto de que el rechazo a la tramposa votación de abril se convierta en pasividad. Los dirigentes políticos y todas las organizaciones sociales, por encima de las demás diferencias e intereses, tienen que activarse para salvar al país exigiendo la debida elección democrática este año y constituir un frente nacional y juntos desde ahora a poner las bases para pasar del actual caos y muerte a la gobernabilidad y la reconstrucción para que en Venezuela haya vida para todos.

La Constitución fue elaborada y aprobada mayoritariamente por chavistas que hoy son dolientes y testigos de su sistemática violación por el madurismo. También los militares y el Ministro de la Defensa saben que con este gobierno vamos hacia la muerte. En toda sociedad racional estas situaciones empiezan a resolverse con la renuncia del Presidente, elecciones democráticas y cambio de modelo. A los venezolanos la Constitución por el artículo 333 nos obliga a movilizarnos para restablecerla. El mundo democrático nos dice que está dispuesto y obligado a ayudar para salir de la tragedia venezolana y reconstruir; pero nosotros debemos hacer nuestra parte. Necesitamos que de inmediato la sociedad civil organizada con toda su variedad (trabajadores, vecinos, empresarios…) se manifieste de manera breve, clara y contundente por el cambio. Que todos los partidos de alguna significación se manifiesten y activen. Que las universidades democráticas y las academias lo hagan juntos. Que los estudiantes universitarios a una inviten al país a retomar este camino de esperanza. Que las diversas Iglesias juntas nos llamen a activar las fuerzas espirituales imprescindibles para la salvación nacional. Finalmente, que todos unidos nos muestren un acuerdo programático básico para la elección presidencial este año con condiciones democráticas y justas.

3-¿Contrarios o complementarios? Nuestra democracia es plural, por eso alarma ver que algunos tratan como contrarios y gastan su tinta en atacarlos como enemigos a los opositores que son distintos a ellos. Unos y otros deben reconocerse y aceptarse mutuamente como complementarios e imprescindibles para la reconstrucción nacional: Los diversos partidos, los empresarios y trabajadores, las múltiples formas de asociaciones gremiales y vecinales, las diferentes creencias… Hacerlo también a nivel regional. La salvación de Venezuela exige que todos ellos en quince días le digan al país con voz coincidente que la votación dictatorial del 22 de abril es un fraude y que se activen e inviten a la acción, exigiendo elecciones presidenciales este año para cambiar el gobierno y el modelo. No hay dictadura que pueda resistir a un país consciente y movilizado, sobre todo si el 22 de abril queda sólo y con los demócratas movilizados y activos también luego de ese día.

Ahora los venezolanos cambiarán de ánimo si ven a todas las organizaciones respetables coincidir en una manifestación (una y múltiple) de liberación y rescate de la vida. Necesitamos cuanto antes un equipo, plural pero unido, que coincida en la respuesta a esta emergencia. Ojalá también llegue al consenso y proclamación de la persona de mayor esperanza y aceptación para coordinar el paso de la muerte a la vida del país. La Cuaresma es tiempo de examen, de conversión y de preparación para la Resurrección. Que Dios nos ilumine y nos movilicemos para el renacer democrático venezolano, venciendo la actual situación de miseria, corrupción y muerte dictatorial.

 

Maduro, entre Castro y Pinochet por Bernard-Henri Levy – El País – 15 de Agosto 2017

El sueño se ha convertido en Venezuela en pesadilla; una mezcla de incompetencia y estupidez y la sumisión del país a una “burguesía” bolivariana, codiciosa y a sueldo de una Cuba que no cree en su propio modelo lo ha echado todo por tierra

Venezuela era uno de los países más prósperos de Latinoamérica.

 

Se encontraba, según las cifras de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), entre las mayores reservas petrolíferas del mundo.

Aunque nunca haya sido, ni mucho menos, un ejemplo de democracia, sí se estaba dotando de instituciones sólidas.

Llega la elección del excomandante de paracaidistas Chávez.

Luego la nominación, seguida de una elección fraudulenta, de Maduro, su triste y sangriento clon.

Y el sueño se convierte en pesadilla; una mezcla de incompetencia y estupidez, la sumisión del país a una “burguesía” bolivariana, codiciosa y a sueldo una de Cuba desangrada y que ya no cree en su propio modelo, lo echa todo por tierra; y un nuevo liberador de pacotilla, agotando la bomba de dinero de la empresa petrolera nacional para nutrir su clientelismo y alimentar los fondos opacos gestionados sin supervisión por los sátrapas de su régimen, mete al país en el pelotón de cola de los países que se dirigen a la pobreza masiva (a título indicativo, una inflación equivalente a la de Zimbaue o a la de la Alemania de la década de 1920).

Recordamos a Cándido, a la vuelta de su país de Cucaña, en el que el oro —el petróleo amarillo— ya fluía a raudales.

Recordamos, en Luis Sepúlveda, Alejo Carpentier y otros, el mito de El Dorado, que nunca acabó bien.

Un El Dorado desinflado que se paga allí a un alto precio.

Y el saqueo del país se duplica con el desencadenamiento de violencia que la sitúa al borde de la guerra civil.

120 muertos en unas semanas.

Las figuras destacadas de la oposición han sido perseguidas, cesadas en sus cargos, secuestradas, encarceladas.

¿Hasta cuándo Mélenchon seguirá encontrando virtudes en este régimen asesino?

Torturas en comisarías.

Y para empeorar las cosas, la farsa electoral que acaba de permitir a una asamblea deconstituyente acaparar todos los poderes y desmantelar, si quiere, el frágil equilibrio institucional del país.

Ante este desastre, deseo plantear dos preguntas.

Una pregunta franco-francesa, para empezar: ¿Hasta cuándo Mélenchon, líder de la Francia Insumisa, seguirá encontrando virtudes en este régimen asesino?

¿Cuántos muertos necesitará para llamar a las cosas por su nombre y reconocer en los policías de Maduro a los gemelos de los que, en otra época, sembraron el terror en Chile y Argentina?

¿Y a qué espera para pronunciar las palabras que son el privilegio de un hombre libre de sus alianzas y de su palabra: sí, me he equivocado; no, este régimen brutal no es una “fuente de inspiración”; y esta historia de la “alianza bolivariana”, inscrita en el artículo 62 de mi programa y que debía acercarme a los herederos de los caudillos (Castro, Chávez…) cuya muerte tanto lloré, era una idea verdaderamente mala?

De momento, nada.

Como los españoles de Podemos o los griegos de Syriza, como Jeremy Corbyn en Reino Unido, los melenchonistas creen que sus héroes con las manos teñidas de sangre tienen la excusa de la lucha contra el “imperialismo”.

Y, cuando despiertan, es para invertir los papeles y, como hizo un siniestro portavoz del partido, Djordje Kuzmanovic, comparar a los pacíficos manifestantes que luchan por la democracia y el derecho con los golpistas de Pinochet en el Chile de la década de 1970; o, como Alexis Corbière, para denunciar la “desinformación” y, añadiendo el oprobio a la cobardía, insultar la memoria de los muertos (jóvenes de los “barrios ricos” que solo han recibido su merecido), alimentar el conflicto racial (“a menudo la gente de color está en los barrios bajos”), y criminalizar a la oposición, expuesta los salvajes ataques de las milicias paramilitares del Gobierno “”a menudo la gente se quema”).

¿Estos “insumisos” son insumisos o rehenes?

De cualquier modo, esas palabras no son dignas de un partido que aspira a encarnar la oposición en Francia.

Y después, la segunda pregunta se dirige a la comunidad internacional, a la que afecta por dos razones.

La “responsabilidad de proteger” exige la condena firme de un Consejo de Seguridad valiente

En lo que se refiere a la “responsabilidad de proteger”, como establece la Carta de Naciones Unidas, y que exige aquí palabras duras: una condena firme por parte de un Consejo de Seguridad valiente; gestos de apoyo simbólicos como la recepción en París, Madrid o Washington de los últimos representantes de la oposición que aún tienen libertad de movimientos; una demostración de solidaridad de la representación nacional francesa, española, estadounidense u otra, con el Parlamento venezolano que el golpe de Estado constituyente de Maduro amenaza con disolver; y después, naturalmente, sanciones económicas y financieras que vayan más allá de las tímidas fanfarronadas de Donald Trump.

Y además, lo que ha pasado en Caracas nos afecta —de esto no estamos tan enterados— en el campo de la lucha contra el terrorismo y contra las redes de blanqueo de capitales que lo financian: ¿qué sentido tiene la alianza, “bolivariana” como tiene que ser, entre el difunto Chávez y Mahmud Ahmadineyad, expresidente de la República de Irán? ¿Qué ha sido de los miembros de las FARC colombianas que, según me confesó uno de sus jefes, Iván Ríos, poco antes de morir, en 2007, fueron enviados “en misión” al país del “socialismo del siglo XXI”? ¿Y qué crédito debemos conceder a algunos líderes de la oposición antichavista que gritan, de momento en el desierto, que no se conocen todos los lazos de Maduro con Corea del Norte, la Siria de Bachar el Asad en Siria o cierto activista de Hezbolá desterrado o en tránsito?

No son más que preguntas.

Pero preguntas que hay que plantearse.

Un régimen desesperado es capaz de cualquier vileza, y la situación en Venezuela merece comisiones de investigación, un Tribunal Russell, un mayor interés por parte de la prensa occidental; todo menos el silencio incómodo que, de momento, acoge a este pronunciamiento prolongado.

Bernard-Henri Lévy es filósofo.

¡Cuidado con la culebra! por Raúl Fuentes – Zulianosonline – 4 de Febrero 2018

unnamed-2.jpgLeyendo un muy bien escrito y estructurado artículo de Federico Vegas, “El Papa y la culebra” (Prodavinci, 28/01/2018), imaginé un mural elaborado de acuerdo con los cánones del realismo socialista e inspirado en el fresco pintado por Miguel Ángel –Creazione di Adamo– en el techo de la Capilla Sixtina. Fue una visión especular y fugaz, pero vívida, del comandante hasta siempre, cachetón e inflado, cubierto a medias con una túnica escarlata, y situado a la izquierda de la composición, digitando, ¿pariendo?, con el índice de su siniestra, a un robusto bigotón de impúdica desnudez. «El alumbramiento de Nicolás», que así podría llamarse la representación pictórica de la escena percibida en esa alucinación o manifestación espontánea del inconsciente, se relaciona con el exacerbado culto a la personalidad y la veneración mágico-religiosa del golpista que duerme su largo adiós en el cuartel de la montaña, mas con los ojos abiertos en todas partes. Y, especialmente, con el peculiar concepto de pueblo manejado por el obrero mandón y su divino maestro.

Umberto Eco asegura que la rosa «es una figura simbólica tan densa que, por tener tantos significados, ya casi los ha perdido todos» (Apostillas al nombre de la rosa, 1983). Probablemente el sustantivo pueblo haya sido afectado por diversas y contradictorias acepciones. ¿El pueblo que, según Jean Jaques Rousseau, nunca se equivoca, es el mismo que, de acuerdo con la sentencia de Joseph de Maistre, se da el gobierno que merece? No creo que para la condescendencia del autor de El contrato social y la displicencia de un acérrimo enemigo de la ilustración y su «teofobia del pensamiento», pueblo sean una sola y misma cosa; puedo, no obstante, conjeturar que, cuando Hugo Chávez se llenaba la boca con ese vocablo, lo hacía, sin tener muy claro de lo que hablaba, en sentido diverso al de los pensadores citados. Lo mismo ocurre con el legatario de su autoritarismo. Para uno y otro, pueblo es una mezcolanza de lumpen, marginalidad y pobres irredentos que siguen creyendo en pajaritos grávidos: un «pueblo» que le sienta bien a la ambición de perpetuidad del nicochavismo, disciplinado mediante el clásico condicionamiento pavloviano con base en premios y castigos. Para asegurarse la lealtad de esa masa domeñada por carencias, compensadas esporádicamente con un bono navideño, pascual, vacacional, de preñez, de carnaval, ¡te conozco mascarita!, o un incremento inflacionario de las míseras pensiones y el siempre insuficiente salario mínimo que no alcanza ni para adquirir un cartón de huevos, la revolución bonita prescindió de dos tercios del país incurriendo en delitos considerados de lesa humanidad por el Estatuto de Roma –instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional, suscrito por Venezuela y adoptado con carácter de ley (Gaceta Oficial Extraordinaria n.° 5507 del 13 de diciembre del 2000)–, como el apartheid, la privación de libertad sin el debido proceso y la discriminación por razones ideológicas. La lista Tascón y el carnet de la patria son ejemplos palmarios de la sectaria exclusión propiciada por el socialismo del siglo XXI en nombre… ¡del pueblo! ¿Cuál?

Se asegura en el Antiguo Testamento (Génesis 1:26) que Dios creó al hombre a imagen y semejanza suyas y lo hizo jefe de la misión paraíso para que viviera feliz como una perdiz con su costilla; Hugo hizo lo propio con su engendro, y lo destinó a reinar en esta desgraciada tierra de gracia. A diferencia de Adán, Nicolás no será expulsado por su hacedor, sino por quienes padecen los rigores de su régimen infernal –pero esta es otra historia que, esperemos, será prontamente escrita–. También pretendió Chávez moldear con el barro del dogmatismo un nuevo Juan Bimba, cuyo arquetipo, debemos inferir, sería, ¡qué susto!, el recién bautizado «carnicero de El Junquito», a objeto de que «el soberano» sirviese de caja de resonancia de sus caprichos. El resultado de esa genética revolucionaria es la horda de hominicacos y verduleras que invadió el capitolio y en el relajo prostituyente limita su ejercicio deliberante a la calistenia de la mano alzada, a fin de respaldar, sin discusión alguna y con la sumisa señal de costumbre, arbitrarias e inconstitucionales disposiciones con las que se niega identidad y representación popular a dos tercios del país, para que una irrisoria, aparente y circunstancial mayoría ratifique a Maduro en un plebiscito calculado para alargar un mandato que apesta a podrido desde su inicio.

En palabras de Octavio Paz: «Una nación sin elecciones libres es una nación sin voz, sin ojos y sin brazos». Se me ocurre que una buena forma de poner a prueba su valor axiomático sería que la Venezuela relegada, contraria a lo que ya es una dictadura sin disimulo y decepcionada de un liderazgo engolosinado con los caramelitos de cianuro de un posible acuerdo con un gobierno que, a las primeras de cambio, le pintará una paloma, como ha sucedido en ocasiones anteriores, se alborote y rebele contra la tiranía y su oficiosa oposición y decida boicotear la mascarada electoral, postulando como candidato al ganador de un gran sorteo nacional organizada por los eficientes administradores de las loterías de animalitos; así, sería un burro, un mono, una jirafa, una iguana, un chivo, o un ciempiés –no importa si un mamífero, un ave, un reptil, un pez o un insecto– el que le dispute el cetro de Mr. Venezuela al antiguo metro-cochero. Entonces tendremos plena certeza de que la Venezuela de hoy es muda, ciega y mocha, y habremos comprobado que el poeta azteca y premio Nobel de Literatura dio en el blanco con su alegórica sentencia.

Otro mexicano, Carlos Monsiváis, que ejerció el periodismo con humor y sin pelos en la lengua y, como Paz, cultivó con inteligencia y brillo el ensayo, amén de la crónica, la sátira y la ironía, aseveró que «el fraude electoral es la cortina de humo de la clase gubernamental para ocultar la pésima selección de su candidato». En nuestro caso, es inocultable la mediocridad del pretendiente; sin embargo, es evidente que el madrugonazo comicial es un vaporoso telón rojo tras el cual se esconde el premeditado fracaso de un diálogo intermitente en el que, ¡hasta cuándo!, pierde precioso tiempo parte de la dirigencia opositora; tiempo que estaría mejor invertido en poner sus células grises a idear soluciones creativas y viables para exorcizar el hechizo de la serpiente encomiada por Vegas en el artículo que motivó las divagaciones por concluir de hoy domingo 4 de febrero, aniversario de un golpe traicionero. Y, ¡atención!, presten oídos al gran Benny Moré: ¡Cuidado con la culebra que muerde los pies!

 

Socialismo del siglo XXI: crónica de un genocidio en Venezuela por Jonathan A. García Nieves – Forum Libertas.com – 2 de Febrero 2018

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El autodenominado Socialismo del Siglo XXI: régimen autoritario instaurado por Hugo Chávez en 1999 y mantenido hasta ahora por la inefable diarquía de Maduro y Cabello, ha estado cometiendo -ante los ojos del mundo- un flagrante genocidio contra el pueblo venezolano.

La población opositora a dicho régimen, ha estado siendo víctima de asesinatos de Estado, perpetrados sistemáticamente desde aquel fatídico 11 de abril de 2002; día en que Hugo Chávez, el mismo Teniente-Coronel golpista de 1992 –esta vez como Presidente de la República- volvió a teñir el suelo de Venezuela con la sangre de sus hijos demócratas.

Aquel día Chávez sepultó para siempre su legitimidad de desempeño, al ordenar a los francotiradores de sus servicios de inteligencia y a sus infames grupos paramilitares (“círculos bolivarianos”), abrir fuego contra la población civil que, pacíficamente, marchaba por las calles de Caracas, clamando libertad; esa libertad que -ya para ese entonces- sabíamos perdida para todo el pueblo venezolano, incluso para amplios sectores chavistas que tarde terminaron entendiéndolo.

Eran los albores del Socialismo del Siglo XXI: caótico sistema implantado mediante múltiples acciones y omisiones reñidas con los derechos políticos y las libertades económicas de los venezolanos; unas gravemente dolosas y otras inexcusablemente culposas; la inmensa mayoría contrarias al Bien Común; todas rendidoras de frutos que se resumen en la devastación total y absoluta de Venezuela: otrora país de gente feliz sin saberlo, con pujante economía, la democracia más estable de Latinoamérica; destino soñado y receptor generoso de inmigrantes de distintas latitudes y por distintas generaciones.

Ese abril de 2002 este régimen genocida instaurado por Hugo Chávez, se estrenó con precisión en su mortífera faena, asestando certeros disparos a la cabeza de 17 personas de entre las que iban en la marcha. Pero con el transcurso de los años, y a medida en que el cáncer de la tiranía fue haciendo metástasis en todo el aparato del Estado venezolano, sus crímenes de lesa humanidad fueron ampliándose, tanto en cantidad y sectorización de las víctimas, como en gravedad y variedad de los métodos empleados para su perpetración.

Los ataques armados contra la población opositora en cada uno de sus actos políticos y manifestaciones públicas, pasaron a hacerse comunes año tras año desde 2002; esparciendo dolor y muerte por todo el territorio nacional. Incluso en las colas para ejercer el derecho al sufragio en distintos procesos electorales, los colectivos narco-comunistas han atacado con armas a la población opositora, sin que los militares apostados para brindar seguridad en dichos procesos se inmutaren mínimamente.

La sistemática apología del delito y el discurso permanentemente agresivo del presidente de la República y sus ministros, transmitidos de manera obligatoria y cotidiana por todas las emisoras de radio y televisión de Venezuela a lo largo de estos 18 años de obscuridad; no podían menos que hacer mella en la psiquis del venezolano. Así, según cifras del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), el Socialismo del Siglo XXI ha incrementado en casi un 500 por ciento las muertes violentas en Venezuela. Las cifras que para 1998 (último año de Democracia) fueron de 4.550, pasaron a 5.968 en el primer año de gobierno de Hugo Chávez (1999); incrementándose cada año hasta llegar a 21.692 en su último año de gobierno (2012). Y con Maduro siguió esta nefasta tendencia, hasta alcanzar las 26.616 muertes violentas en 2017.

En medio de este escenario de violencia generado por el régimen, éste ha aprovechado para consumar el exterminio silencioso de centenares de personas cuyas muertes por arma de fuego, a manos de agentes del Estado y con móviles ajenos a la seguridad ciudadana, comenzaron a ser camufladas dentro de la cifra negra de esa fosa común que el régimen denomina “ajuste de cuentas”.

En febrero de 2014, las manifestaciones ciudadanas contra el régimen, una vez más fueron reprimidas con armas de fuego, empuñadas tanto por los cuerpos de seguridad del Estado como por el siniestro brazo armado del partido de gobierno (PSUV): los mismos grupos paramilitares antes conocidos como “círculos bolivarianos” y ahora como “colectivos socialistas”. En esta oportunidad, la arremetida -que dejó un saldo de 43 víctimas fatales- fue abiertamente ordenada vía redes sociales, por un ex militar, alto personero del régimen, quien la denominó el “Ataque Fulminante”.

En los siguientes dos años (2015 y 2016), el Gobierno de Maduro diseñó y ejecutó un pseudo-plan de seguridad ciudadana, denominado “Operaciones para la Liberación del Pueblo” (conocido por sus siglas OLP), que consistió en una sórdida cacería humana, ejecutada conjuntamente por cuerpos militares y policiales del régimen. Los efectivos participantes en estas operaciones -usando mascaras de calavera que infundían profundo temor en la población- se adentraron en el seno de las barriadas más desfavorecidas de las grandes ciudades de Venezuela; realizando una especie de ‘limpieza social’ en la que a centenares de personas de ‘presunta conducta antisocial’ se les aplicó pena de muerte, y sin fórmula de juicio alguno; al margen de toda legalidad y de los Derechos Humanos. Resultado de la cacería: más de 900 personas asesinadas por el régimen en año y medio.

Durante cuatro largos meses de 2017, el pueblo demócrata de Venezuela, clamando por el fin de tanta penuria, volvió a las calles día tras día, realizando su más prolongada manifestación contra la dictadura. Y en esta oportunidad el mundo sería testigo de cómo estudiantes que sólo contaban con la protección de improvisados escudos de hojalata, madera o cartón; fueron acribillados con armas de fuego de alta potencia, a manos de efectivos militares, policías nacionales y colectivos narco-comunistas; en una macabra especie de juego de tiro al blanco, que segó la vida de otros 124 venezolanos opositores a la dictadura genocida.

En estos mismos sucesos, la abominable actuación de las fuerzas del régimen llegó al extremo de recurrir al arrollamiento intencional de grupos de manifestantes, a quienes se les pasó por encima con vehículos blindados de la Guardia Nacional; e incluso se llegó a la indebida utilización de bombas lacrimógenas como proyectiles: apuntándolas y disparándolas, de manera directa y a quemarropa, contra el cuerpo de los manifestantes; abultando con ello el número de víctimas fatales.

Hace apenas unos días, el 15 de enero de 2018, en quizás la más feroz de las matanzas imputables a la dupla necrófila de Maduro-Cabello; el Socialismo del Siglo XXI mostró nuevamente sus fauces genocidas, con un acto abominable que perdurará por siempre en la memoria histórica del pueblo venezolano: la infausta “Masacre de El Junquito”: vil ejecución extrajudicial del ex agente policial Óscar Pérez y seis de sus hombres; quienes, declarados en desobediencia contra la dictadura, habían llegado a realizar algunas operaciones tácticas que –pese a ser incruentas- resultaron totalmente exitosas (la toma de recintos militares y policiales para recuperar las armas de la República, maniatando a los esbirros uniformados, y haciéndoles oír las palabras más profundas del sentir popular: “¿Hasta cuándo le dan la espalda al pueblo, para apoyar a este régimen de narcotraficantes?”). Lo que cual fue grabado en videos ampliamente difundidos a través del único medio de comunicación disponible por los venezolanos (las redes sociales); logrando ridiculizar a los servicios de seguridad e inteligencia del régimen, y constituyendo para éste una afrenta imperdonable, a ser cobrada con sangre.

Esta masacre del 15 de enero, en la que 7 personas pública y manifiestamente rendidas, con expresa voluntad de entrega ante el Ministerio Público, y apenas refugiadas en una modesta casa de familia; fueron sitiadas por un contingente de más de 300 hombres armados –entre policías nacionales y miembros del grupo paramilitar “Tres Raíces”- para luego ser acribilladas por brutal y desproporcionada metralla de armas de guerra, y un más que innecesario uso de cohetes anti-tanques; sin duda marca un hito en el prontuario criminal de lesa humanidad del Socialismo del Siglo XXI: su Animus Necandi (intención o ánimo de matar) quedó impúdicamente desnudo ante los ojos de Venezuela y el mundo.

Pero, muy lamentablemente, el genocidio no termina allí, y hace años que ya no se está limitando al redil de la población opositora. El genocidio sigue ocurriendo ahora y de manera generalizada contra toda la población, ya que en los últimos años miles de venezolanos han estado muriendo a causa del hambre y de la carencia de medicinas, generadas por las ineptas políticas económicas Chávez y Maduro; siendo que este último –como agravante- se niega a abrir las puertas al canal de ayuda humanitaria, exigido por los líderes de la oposición y ofrecido por instituciones internacionales. A lo cual se suma la ejecución de una tácita política de Estado, tendente a generar y tolerar la inseguridad ciudadana como medio de control sociopolítico; política ésta cuyas cifras de ‘efectividad’ anual van aproximándose, cada vez más rápidamente, a los 30.000 homicidios por causas violentas.

En las penumbras del miedo y sobre las ruinas de Venezuela impera este Gobierno bizarro, para el que el Bien Común es contrario a sus propósitos; este GOBIERNO DEL MAL que encuentra deleite en el odio y en la injusticia, en la mentira y en la manipulación; y que ve en la pobreza material y la mella espiritual de su pueblo, el hábitat propicio para la perpetuidad de su nefasto proyecto político.

Hoy desde mi fe, ruego a Jesucristo, Señor de la Historia, por la pronta restauración de mi amada patria, por el respeto a los derechos humanos de mi noble pueblo; y también porque las palabras de Juan Pablo II sean luz para las mentes y los corazones, tanto de nuestros victimarios como de aquellos que están llamados a hacernos justicia en el plano temporal:

Los conatos de genocidio son “delitos contra Dios y contra la misma humanidad, y los autores de estos crímenes deben responder ante la justicia” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1999).

Hoy resultan luminosas las enseñanzas del Magisterio Social de la Iglesia Católica, acerca de cómo ha de ser la respuesta de la Comunidad Internacional ante éste y cualquier otro caso de genocidio:

“La Comunidad Internacional en su conjunto tiene la obligación moral de intervenir a favor de aquellos grupos cuya misma supervivencia está amenazada, o cuyos derechos fundamentales son gravemente violados. Los Estados, en cuanto partes de una comunidad internacional, no pueden permanecer indiferentes; al contrario, si todos los demás medios a disposición se revelaran ineficaces, ’es legitimo, e incluso obligado, emprender iniciativas concretas para desarmar al agresor’. El principio de la soberanía nacional no se puede aducir como pretexto para impedir la intervención en defensa de las víctimas”. (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, núm. 506).

Vaya a mi amado pueblo venezolano una palabra de esperanza. Nuestra libertad llegará con el esfuerzo de todos; el mal puede que nos haya ganado varias batallas, pero nunca nos ganará la guerra, porque éste nunca prevalecerá sobre Bien. Mantengamos nuestra lucha, cada uno en su ámbito de acción y conforme a sus posibilidades; y confiemos en Nuestro Dios que –sin lugar a dudas- hoy nos mira con el mismo amor que al pueblo de Israel en sus tiempos de aflicción en Egipto:

“Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo (…), y he escuchado su clamor a causa de sus opresores, pues estoy consciente de sus sufrimientos.” (Ex. 3:9).

Jonathan A. García Nieves es ciudadano venezolano

 

Hoy damos gracias a Hugo Chávez y a Nicolás Maduro por la maravillosa realidad del socialismo del siglo XXI por Sammy Landaeta Millán – Notimpacto – 31 de Diciembre 2017

Hoy damos las gracias a Hugo Chávez Frías y a Nicolás Maduro por habernos sacado de aquella triste situación que vivíamos todos los venezolanos en la cuarta República y habernos traído a la maravillosa realidad del socialismo del Siglo 21.

Gracias Chávez. Gracias Maduro. Gracias Padrino López. Gracias Delcy Rodríguez. Gracias Maikel Moreno por habernos despertado de aquella pesadilla llamada la cuarta república.

Yo nunca fui ni Adeco ni Copeyano, pero como quisiera volver a pasar hambre como en la 4ta República, cuando me comía en el desayuno yo sólo dos arepas con Cheez-Whiz, par de ñemas o las untaba con diablitos, mayonesa, a veces solo había panquecas con miel y mantequilla…

Mi mamá, pobrecita, sólo nos daba pasta con carne molida o bistecks, no faltaba la salsa de tomate, salsa Bechamel, papas fritas y queso blanco rallado (o Parmesano cuando se podía…)

Era horrible tener que discutir cual pasta comer (larga, plumita, tornillito, caracol, lingüini) era una locura, a veces nos veíamos obligados a terminarnos el plato de arroz con carne mechada, las caraotas, y el plátano ese full de queso y para completar repetíamos !!!

Que arrechera y que pelazón pasar por la penuria de comernos ese pabellón cada semana.

Y dígame cuando traían esos pescados los domingos, no podía sentirme más pobre, tener que comer el carite, pargo, tajalí o curbinata con arepa y tajadas o con ese coñazo de tostones, como los odiaba, que miseria pasar todo con cerveza o Coca Cola.

En las meriendas bebíamos Toddy, Taco, Choco, Ovomaltina, Chicha, jugo por garrafas, Tang, Kool-Aid, Crema de Arroz, Cerelac o cualquier pequeñez que encontrábamos en la despensa, era horrible ese verguero de enlatados guardados allí.

¿Y en Diciembre? No joda eso si era mamazón, pobremente siempre habían 100 hallacas, pan de jamón, nueces, almendras, maní, pistacho, turrón, panetone, torta negra, ponche crema, pernil, dulce de lechosa o higos…

y teníamos que escoger durante horas dónde estaba la ropa más bonita para ir a comprar los estrenos, nos veíamos obligados a beber whisky ahí todo viejo de 8, 10, 12, 15, 21 años, o mínimo 7 cajas de cerveza.

Al otro día teníamos para la sopa de los 10 que se quedaban amaneciendo en casa y 10 más que nos llegaban a visitar.

A veces la pobreza hacia que pasáramos el 01 de enero en la playa !!!

Como quisiera pasar hambre y trabajo otra vez como en aquellos infernales tiempos… Nojoda!. 📣

 

 

Del crepúsculo al amanecer por Carlos Raúl Hernández – El Universal – 10 de Diciembre 2017

TW3AAVuJ_400x400.jpgUna persona se puede preguntar dos cosas que al final son una: ¿por qué contra el sentido común y cualquier ejemplo sobre la tierra, el gobierno crea el caos en la economía, -hiperinflación, hiperdevaluación, hiperdesempleo- pese a sus infernales efectos sociales, si como cualquier autoritarismo colectivista, su retórica es (era) populismo? ¿Por qué misterio no hace nada para detener los inmensos sufrimientos de las masivas víctimas populares y no aplica el tratamiento universal e infalible, la penicilina contra la estupidez económica? ¿Cómo es que un grupo decide conscientemente convertir su país en Haití o en una república subsahariana? Pero las incógnitas tiende a desentrañarlas el verdadero ductor de la economía, de las estrategias que cumplen sus asistentes, los ministros nominales del gabinete: el señor Alfredo Serrano Mancilla, militante de Podemos que decidió dejar España y venir a hacer la América.

Tuvo gran influencia en el gobierno de Correa, siempre tras el trono, -los ecuatorianos lo culpan de los adefesios que casi (?) quiebran el país dolarizado-, y también en el de Evo Morales. Su pensamiento no tiene que ver con el mundo real, sino con las más afiebradas elucubraciones económicas polpotianas o maoístas. Hace un par de años reconocía que casi 100% del ingreso en Venezuela era del Estado -tanto como en la extinta Unión Soviética o Cuba- pero le molestaba que los bancos y el comercio privado todavía “capturaban una parte de la renta”. Había que salir de ellos, aunque las distribuidoras de alimentos que Chávez expropió devinieran literalmente en pozos sépticos, criaderos de gusanos; y que los bancos estatales pierdan mil o mil quinientas veces su capital, Pdvsa esté muerta y ya sea prácticamente propiedad de los acreedores.

Andropov: el santo olvidado
Serrano procura aniquilar las restantes distribuidoras de alimentos y que todo pase a control estatal. El resultado: hambre pareja, paliada por las cuevas de Alí Baba de los CLAPs, pero no importa: llegaríamos al socialismo primero que Cuba o Norcorea. Un pensamiento tan aterrador como el cementerio de vampiros ideológicos que resucitan detrás de Salma Hayek en Abierto hasta el amanecer, la dadaísta cinta de Robert Rodríguez. China es otra vez un imperio que incluso disputa Latinoamérica a los gringos, gracias a una economía de mercado abierto que rompió todos los récords de crecimiento desde la Revolución Industrial. ¿Cómo entonces el pensamiento anacrónico se apodera de una nación moderna? El sentido común hizo que Yuri Andropov, nada menos que el jefe de la KGB, secretario general del Partido Comunista Soviético, iniciara en 1982 un proyecto para liberalizar la economía.

Es el injustamente no reconocido padre de lo que con Gorbachov se llamó Perestroika, vio a tiempo lo que hacían los chinos y lo entendió. Muere cuando tenía apenas año y medio en el poder y con él su proyecto económico, al parecer inspirado en el de Augusto Pinochet. Su plan era una especie de stalinismo neoliberal (jaja) una dictadura militar férrea que ilegalizaría al Partido Comunista para imponer la modernización, la economía de mercado y a posteriori, quién sabe, la democracia. Posiblemente de sobrevivir Andropov, una incólume Unión Soviética disputaría hoy la hegemonía mundial con EEUU y China. Pero el vampiro del socialismo anacrónico resucita en Venezuela donde impone la economía política de la destrucción, que ni siquiera cuaja definitivamente en Ecuador, Bolivia ni Nicaragua, pero, colonialismo al revés, sí en las desordenadas cabezas de los indignados españoles y en Pablo Iglesias.

Colonialismo al revés
El socialismo del siglo XXI, resucitación del socialismo feudal -frase de Marx- en la Venezuela democrática, nace de un golpe de Estado y lo encabeza un militar extraño al debate ecuménico de las ideas que desencadenan personajes tan diferentes y tan parecidos como Reagan, Deng Xiaoping, Thatcher, Felipe González, Andropov- Gorbachov y Pinochet. No es un hombre de época, como éstos. Salido de un cuartel lo rodea la ultraizquierda cavernaria que no entendía el eurosocialismo, el eurocomunismo ni el socialismo de mercado. En 1999 el operador económico es Jorge Giordani a quien desde su época de profesor universitario, en los medios de la izquierda se le conocía como “el albanés” (Albania fue y es uno de los rincones más retrógrados, olvidados y primitivos del comunismo) y es el padre de la teoría que hoy nos devuelve Serrano: empobrecer a la gente para darle de comer en la mano.

Samuel Huntington en un viejo libro expuso que mientras más miserable sea la sociedad menos tiempo tendrá para combatir el estatus que provoca esa miseria y más deberá dedicarse a conseguir proteínas. Con el ascenso de Serrano sacan de juego unos supuestos modernizadores encabezados por el fallido criptocandidato presidencial Rafael Ramírez -descabezado antes de arrancar- que amagaron con reformas económicas, y Serrano nos trae de regreso desde Europa los delirios de empobrece y triunfarás. En Venezuela se imponen los experimentos sociales de Podemos, un infortunio no porque los aleteos up to today de Ramírez fueran confiables, sino porque se atornillan las racionalizaciones que conducen a la Albania de Giordani. Chávez colonizó Podemos pero, ironías, el almirante Serrano nos trae de vuelta la ideología que lo poseyó.

El español omnipotente artífice de las políticas económicas de Maduro por Antonieta La Rocca – Venepress – 8 de Noviembre 2017

Alfredo Serrano Mancillo es señalado de ser el emisario de Pablo Iglesias en Venezuela

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Según Wikipedia Alfredo Serrano Mancilla es un economista y académico español, mientras que para el presidente Nicolás Maduro, es «el Jesucristo de la economía», elogio que le ha conferido el Jefe de Estado de Venezuela por sus contribuciones con el «sentido común económico venezolano».

Serrano actualmente ocupa el cargo de director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, mejor conocido por sus siglas, Celag, pero su nombre retumba en Venezuela más que en su natal España por otras razones.

Con un amplio curriculum vitae que abarca estudios en Europa y América Latina, no le ha hecho falta gerenciar desde la silla presidencial de un ministerio venezolano para ejecutar su plan de medidas económicas de izquierda, pero podría ser el cerebro de las políticas en esta materia, implementadas por el sucesor de Chávez.

El doctor en Economía egresado de la Universidad Autónoma de Barcelona, es quien mueve los hilos económicos en Venezuela y quien, de manera sesuda, ha insistido en el socialismo del siglo XXI.

El militante del partido español Podemos, de convicciones marxistas, forma parte del grupo de economistas, politólogos y hasta juristas que se convirtieron en asesores de gobiernos de países de América Latina, como el caso de Venezuela, secta integrada por personajes como Juan Carlos Monedero, Roberto Viciano Pastor, Luis Alegro y, por supuesto, Pablo Iglesias.

Para el andaluz “sería un error histórico pensar que se puede salir únicamente con medidas económicas sin atender a la disputa política”, por lo que ha recomendado al gobierno de Maduro resolver “en el menor tiempo posible las cuatro grandes enfermedades que padece la economía venezolana”.

Según él esos males son “los efectos del rentismo petrolero, la dependencia de las importaciones, la especulación derivada de un deficiente sistema distributivo y el lastre que provoca una estructura económica oligopólica”.

Pero todo este “cuadro médico complejo” tendría una “cura”. Serrano Mancilla ha recomendado una revolución Tributaria, una nueva política de estabilización de precios con el mecanismo de “abastecimiento Soberano”, formas captación y administración de divisas y la profundización de políticas de subsidios, sin dejar de mencionar-por cierto- las cajas o bolsas CLAP, que muchos han catalogado desde su implementación como la versión más actual de la libreta de racionamiento en Cuba, entre otras medidas que han sido ejecutadas por Ministros y hasta por el propio Presidente de la República, camufladas con la investidura de las autoridades venezolanas.

“¿Por qué no lleva esas ideas que tiene aquí a España? Encontró (refiriéndose a Serrano) en Venezuela un campo de experimentación… Eso de estatizar las empresas y aplicar controles y racionar la comida a los españoles. Que le diga a la gente de Madrid, Barcelona o Murcia que les va a distribuir una bolsa de comida”, recriminó José Guerra, presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, sobre la ideas del economista español aplicadas en Venezuela.

Y fue en esa instancia, en el Poder Legislativo, que el parlamentario Carlos Valero pidió la interpelación de quien es- a su juicio- “cómplice de la grave crisis que atraviesa el país”.

Reproches que también provienen de quienes han ocupado cargos en ministerios, como Felipe Pérez Martí, ministro de Planificación durante los años 2002 y 2003.
“Quienes favorecen a los corruptos son ideólogos equivocados, como Alfredo Serrano. Charlatán”, dijo Pérez Martí.

Pero en medio de políticas económicas puestas en marcha que, lejos de sacar a flote a los venezolanos, han profundizado flagelos como la escasez y la inflación, Serrano confía en que la superación de la crisis es posible al “generar un nuevo consenso de ideas económicas del Chavismo en torno a la nueva época y nueva épica”.

Dilo con tu voto por Gustavo Tarre Briceño – RunRunes – 9 de Octubre 2017

Unknown.jpegEl viejo Karl Schmidt, soporte intelectual del autoritarismo del siglo XX, definió la política como el enfrentamiento entre amigos y enemigos. Hugo Chávez posiblemente nunca leyó a Schmidt, pero lo intuyó: el socialismo del siglo XXI no tiene adversarios, como ocurre en las democracias, sino enemigos. Producto de su mentalidad fascista y de su formación militar, se trazó un objetivo: Destruir a los que se atrevieran a pensar distinto. Plomo, gas del bueno, insultos, calumnias, trampas, cárcel, torturas, exilio, intolerancia y descalificación.

A la oposición, a los demócratas, no nos está permitido responder con las mismas armas. Tenemos una limitación ética y no queremos parecernos a ellos: no podemos asesinar, ni torturar, ni calumniar, ni descalificar. Nuestras armas son la verdad y la ley. Pero eso no significa que debamos disminuir la contundencia y radicalidad de nuestra respuesta. Debemos tomar todas las iniciativas que conduzcan a la derrota de quienes nos consideran “enemigos” y quieren destruirnos.

Frente a las elecciones regionales cabían dos posibilidades, diría Perogrullo: participar o no participar.

Por un cúmulo de razones que en su momento traté de explicar con la mayor claridad, propuse no participar en estos comicios. No voy a repetir mis argumentos. El hecho es que la mayoría del liderazgo político venezolano decidió de manera distinta y a mí y a muchos como yo nos quedaban también dos posturas: la primera, mantenernos en nuestra posición y dejar que aquellos amigos que decidieron ir a votar dieran su pelea solos. Hablo de amigos porque muchos de ellos efectivamente lo son, pero lo fundamental es que “todos los enemigos de mi enemigo son mis amigos”.

Hoy en día mis amigos van desde Leopoldo López, por quien siento no solo cariño, comprensión y admiración, sino que también incluyo a Luisa Ortega Díaz que fue instrumento principal de mi salida del país. Y entre esos dos extremos están todos los venezolanos que piensan que la prioridad única es salir de Maduro y de su pandilla de ladrones y criminales. Todos son mis amigos, cualquiera que sea el camino que escojan para librar la batalla.

Por eso pongo mi granito de arena y pido a los venezolanos que vayan a votar, que se coloquen del lado de los amigos, así estos se hayan equivocado. No se trata de “preservar” unos espacios que sigo creyendo que no existen, sino de derrotar de manera aplastante al enemigo de todos: Nicolás Maduro.

Sabemos muy bien que los gobernadores electos serán perseguidos, acosados, encarcelados, privados de presupuesto y de sus competencias constitucionales. Pero eso no es lo que importa. Lo que realmente debemos buscar es la expresión masiva del rechazo popular al payaso que pretende gobernarnos. Y un mensaje a Raúl Castro, el dueño del circo…

¿Qué quiere el gobierno? Ganar “limpiamente” estas elecciones. Por ello, no votar es votar por el PSUV.

No caben medias tintas, no basta con “no llamar a la abstención”. Se trata de movilizar, de revivir un entusiasmo que ha venido mermando, de respaldar a quienes están en la calle, arriesgando mucho, pidiendo el voto.

Por eso llamo a mis grandes amigos María Corina Machado y Antonio Ledezma a dar un paso más y ser los primeros en ir, en la madrugada del 15 de octubre, a su centro de votación (si es que a Antonio se lo permiten) y que lo anuncien desde ya.

No se trata de aplicar aquel viejo dicho: “A los amigos, con la razón o sin ella”, porque a quienes decidieron participar en estas elecciones le pudieran faltar “razones” pero les sobre la “razón”. Puedo no compartir ni la táctica, ni la estrategia; me disgusta muchísimo la forma de tomar las decisiones y la pobre manera de comunicarla, pero están tratando, a pesar de todos los desaciertos, de reconquistar la democracia. No son los medios que yo hubiera deseado, no son los tiempos que a mí me gustarían, muchas veces no me agrada el discurso y carecen de una buena narrativa, pero entre los dos bandos que se enfrentan el 15 de octubre, sé muy bien cuál quiero yo que pierda.

Son pocos los medios que están a nuestro alcance para expresar nuestra opinión en la Venezuela de hoy, pero todos tenemos derecho de expresarla, todos tenemos mucho que decir, que exigir, que reclamar, que responder. “DILO CON TU VOTO

María Gabriela es mala por Nelson Castellano-Hernández – Noticiero Digital – 30 de Septiembre 2017

nelsoncastellanohernandez.jpgEs lo que tendría que decir su padre si estuviera vivo, pero el hombre de Sabaneta, el que exclamaba que ser rico es malo, siempre tuvo un doble discurso. Junto a todos sus seguidores, hicieron del chavismo, la mayor fábrica de corrupción que se ha visto en América Latina.
Según fuentes parlamentarias venezolanas, la suma desfalcada asciende a un monto de 700.000 millones de dólares en 16 años.
No bastó robar el ingreso petrolero, tenían que apoderarse, a través de las expropiaciones, de las riquezas construidas con el trabajo de otros venezolanos. Tuvieron también que negociar las riquezas naturales, aunque destruyeran el equilibrio ecológico del Arco Minero.

Pero nada de eso bastaba para saciar al régimen de delincuentes, unos se especializaron en el tráfico de drogas, otros a enriquecerse con el comercio del Hambre, quienes tuvieron los dólares para importar comida podrida o con sobreprecio, como la reina del arroz con pollo, María Gabriela Chávez

Rápidos surgieron contrabandistas en las fronteras, bajo la mirada impasible de la Fuerzas Armadas. Estas también callaron frente a los cubanos, los guerrilleros y los terroristas islámicos que nos penetraron.

Se buscaron testaferros, florecieron enchufados y boliburgueses, quienes cínicamente se llenaron los bolsillos a costa de la libertad y la vida del pueblo venezolano.
Se armó a delincuentes, para defender el trabajo sucio chavista, con sus motos, armas y el apoyo gubernamental se constituyeron en colectivos, quienes montaron su negocio propio de secuestros, asaltos, robos, invasiones, vacunas y atropellos.

Existió también los que nos vendieron a precios exorbitantes plantas eléctricas viejas con pintura nueva, o aquella Zarina que mantuvo el monopolio de importación de medicinas y equipos médicos. Cual los perros de la guerra, que son responsables de los tráficos de armas, en Venezuela se desarrollaron los perros de la desnutrición y la enfermedad.

Como en la obra trágica de William Shakespeare “Julio César”, Chávez pareció repetir: “Grita: ‘¡Devastación!’ y suelta los perros de la guerra”. Entonces surgió Maduro, el Marco Bruto venezolano, junto a su grupo de conspiradores, motivados por la envidia y la ambición, no dudaron en asesinar la democracia.

Son los “hijos de Chávez”, sus clanes conforman la cúspide, los más poderosos: los Chávez, los Maduro-Flores, los Cabello y los Padrino. Roban y dejan robar, echan raíces como el cáncer, surgen los Ramírez, los Rodríguez, El Aissami, la Lucena.

Grandes y chiquitos todos los que ocupan cargos tienen su tajada, Rocco Albisinni presidente de CENCOEX; Alejandro Fleming Cabrera, viceministro para Europa; Simón Zerpa, vicepresidente de finanzas de PDVSA; y Carlos Malpica Flores, ex tesorero nacional y ex vicepresidente financiero de PDVSA, quien deja su cargo luego que, sus primos los narco-sobrinos lo mencionan en el juicio.

El ex ministro de Obras Públicas Haiman El Troudi, destaca el Teniente Alejandro Andrade, ex tesorero de la Nación con una fortuna estimada en 5.000 millones de dólares. Wilmer Ruperti, quien mejor representa el “empresario chavista” con una fortuna estimada en 1.600 millones de dólares.

Diosdado, su hermano José David y el vicepresidente El Aissami, forman un clan vinculado al narcotráfico y al extremismo islámico, hicieron metástasis en Kalil Mayed, lobista chavista en el mundo árabe, cuya fortuna se estima en 400 millones de dólares, aparece vinculado a José Vicente Rangel, a su esposa, a Diosdado Cabello quien es su socio en la Empresa EVEBA, a Tarek William Saab y a militares de alto rango.
La corrupción se extendió hacia el testaferro del El Aissami, Samark López quien tendria 500 millones de dólares en cuentas offshore, apartamentos y coches de lujo, según lo publicado por Univisión. Según el gobierno americano, los dineros del Vice proceden del tráfico de droga, entre sus colaboradores se señalan Los Zetas de México, el venezolano Walid Makled y el colombiano Daniel El loco Barrera.

La metástasis de Rafael Ramírez se produjo en Baldo Sansón y en su primo Diego Salazar. El Rojo de Oro, hijo de un guerrillero de los 60 que, obtuvo de Ramírez el mayor contrato de seguros de PDVSA.

Todos estos capos y corruptos se repartieron la Patria y se convirtieron en magnates. Los más vivos intentan permanecer en la sombra, otros ni siquiera usan testaferros, total el régimen se hace la vista gorda ante la corrupción chavista.

Estos son solo unos ejemplos, entre otros gracias a ellos el país está como está. En todo caso nadie puede negar que la escasez, la inflación y el desabastecimiento, es producto del robo, del lavado y la especulación del socialismo del siglo XXI.

Una mención especial merece María Gabriela Chávez, la hija de Hugo, es considerada en la prensa internacional como la mujer más rica de Venezuela, su fortuna esta evaluada en 4.2 millardos de dólares y se supone se encuentra en cuentas bancarias americanas y de Andorra

Una cifra escandalosa que contrasta con la realidad económica y social del país. El hambre que sufre el pueblo, es proporcionalmente inversa a la vida de lujo y placeres de la descendencia del galáctico.

La reina del arroz, se ganó ese apodo después del escándalo de importación de arroz proveniente de argentina. En el caso estarían involucrados los hermanos Vignati (Roberto, María Isabel, Julián, Gabriel y María Eugenia), que vendieron arroz con 80% de sobreprecio al Gobierno de Venezuela.

En el 2014, exportaron 37.000 toneladas de arroz por montos muy superiores a los del mercado, y en la celebración de la operación comercial, tomaron una foto donde aparecía María Gabriela en el centro, abrazada con todos ellos.

“Ser rico es malo, es inhumano. Así lo digo y condeno a los ricos”. Vociferaba Hugo Chávez en 2005, hoy en día su hija predilecta, dueña de una fortuna, vive en Nueva york, con un puesto permanente en la ONU, aunque jamás asiste.

El periódico español ABC reveló en el 2014 que las dos hijas mayores de Chávez gastaban una media de 730.000 euros por día. Otro periódico “el Comercio” publicaba que entre ellas, su otra hermana y los hijos de Maduro, le costaban al país 3.6 millones de dólares diarios.

Tendríamos que concluir que toda esta gente es mala, pero no por ser ricos, sino por cínicos, mentirosos, deshonestos, ladrones y asesinos. La ironía de la historia es que, si comparamos a Chávez y Maduro con los presidentes de la democracia de la cuarta república, observamos como los hijos de Betancourt, Leoni, Lusinchi, Caldera, Pérez o Herrera Campins, ninguno resultó heredero de fortunas.

Provenientes de familias pobres, hijos de inmigrantes, huérfanos o provenientes de familias sencillas con grandes valores familiares, ningunos de sus descendientes vive como una carga para el país, ni se quedaron en la casona, ni se le pagan sus gastos, ni viven derrochando lujo.

Chávez dejó una herencia de parásitos del estado, lamentablemente también nos dejó un país dividido, sin capacidad de producción, endeudado, lleno de pobres y de cubanos castristas.

El informe de Transparencia Venezuela y el “Estado empresario” por Anabella Abadi y Carlos García Soto -ProDaVinci – 30 de Septiembre 2017

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La presentación del informe “Empresas propiedad del Estado en Venezuela. Un modelo de control del Estado”, preparado por Transparencia Venezuela, pone la atención en uno de los problemas principales del modelo económico venezolano, agravado a niveles alarmantes en los últimos años: el tamaño del “Estado empresario” en Venezuela.

La gestión pública en materia económica comprende, fundamentalmente, dos aspectos básicos: la regulación económica de la actividad privada y la participación del Estado en la actividad económica. La primera, es propia de toda Administración Pública contemporánea y resulta en ocasiones necesaria para responder a fallas del mercado. La segunda, es de carácter instrumental para el cumplimiento de objetivos propios del Estado. Si bien ambas son comunes a todo Gobierno, se convierten en un problema de gestión pública cuando los objetivos que las encaminan no responden a los intereses que debería atender al Estado y al respeto de los derechos de los ciudadanos.

En el caso venezolano, y específicamente bajo el modelo económico al que usualmente se le denomina como “Socialismo del Siglo XXI”, la gestión pública en materia económica ha sido utilizada para la promoción de un modelo basado en la planificación centralizada y el impulso de la propiedad estatal o a costa de la libertad económica y de la propiedad privada.

Una de las expresiones fundamentales de ese modelo ha sido el incremento del “Estado empresario”, entendido como el conjunto de empresas que son de propiedad mayoritaria del Estado. Este incremento se ha producido en el marco del grave crecimiento del tamaño de la Administración Nacional en los últimos años, a lo que ya nos referimos en una oportunidad.

¿Cuántas empresas son hoy propiedad del Estado?

En el estudio señalado “Empresas Propiedad del Estado en Venezuela. Un modelo de control del Estado” se advierte que entre 2001 y 2017 el Estado venezolano pasó de ser propietario de 74 empresas públicas a 526. Resalta que el total actual de empresas propiedad del Estado venezolano es hoy cuatro veces el de Brasil (130) y diez veces el de Argentina (52), si sólo se toma en cuenta el dato cuantitativo: es preciso recordar que tanto en Brasil como en Argentina, el Estado debe atender a una población sustancialmente mayor a la de Venezuela.

Mayor participación no se ha traducido en mayores aportes a la economía

Aunque es indiscutible que ha aumentado la participación del sector público en la economía, también es cierto que dicho aumento no se ha traducido en aportes efectivos a la economía. Mientras que el número de empresas en manos del Estado se multiplicó por poco más de 7 entre 2001 y 2017, el PIB Público multiplicó por apenas 1,5 entre 2001 y 2015 (último dato oficial disponible). Incluso, el sector público sigue aportando menos a la economía que el sector privado: la data del BCV refleja que el PIB Público pasó de representar 33% del total (excluyendo impuestos) en 2001 a 38% en 2015.

A nivel microeconómico, los sectores en los que el Gobierno Central ha aumentado su participación no presentan resultados alentadores. Esto se debe, en gran medida a que -tal y como como precisa Roberto Casanova [1]-, “es infrecuente que una empresa estatal se halle sometida a los incentivos asociados a una competencia” y, por tanto, en general, las empresas públicas no están “realmente orientadas al logro de beneficios, al aumento de la calidad y variedad de productos, a la atención a los clientes, a la innovación”, entre otros.

No sorprende pues que el propio Gobierno Central haya tenido que admitir el fracaso de la política expropiatoria. En junio de 2014, el para entonces Diputado del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ante la Asamblea Nacional Freddy Bernal admitió que el Gobierno había “cometido errores en la aplicación del modelo económico”; y agregó: “por alguna razón no supimos gerenciar adecuadamente” las empresas expropiadas “y las llevamos al fracaso”.

Dos años después, en julio de 2016, Bernal –ahora en su rol como Vicepresidente sectorial para la activación productiva y los Consejos Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP)- reiteró que “las empresas expropiadas no funcionaron, por diferentes motivos y es una responsabilidad que ha asumido el Presidente [Nicolás Maduro]”.

A manera de ejemplo, en agosto de 2017 el Cenda registró problemas de escasez para 14 de los 58 productos de la canasta alimentaria normativa, resaltando:

Arroz: 40% de la capacidad instalada (14 instalaciones) para su producción está en manos del Estado. Además, 51% -al menos- de la capacidad de almacenamiento de cereales que se producen en el país está en manos del Estado.
Azúcar: 10 de las 16 centrales azucareras del país están en manos del Estado.
Aceite de maíz, margarina y mayonesa: 26% de la capacidad instalada para su producción está en manos del Estado.
Café: 80% de la capacidad instalada (8 instalaciones) para su producción está en manos del Estado.
Harina de maíz: 42% de la capacidad instalada (18 plantas) para su producción está en manos del Estado.
Harina de trigo, pan y pastas alimenticias: el Estado tiene el monopolio para la importación de la materia prima. A mediados de septiembre de 2017, el presidente de la Federación Nacional de la Industria de la Harina (Fetraharina), Juan Crespo, afirmó que la importación de trigo que realiza el Gobierno para abastecer el mercado nacional era insuficiente.
Leche en polvo: 80% de la leche en polvo que se comercializa en el país la compra la empresa CASA (una Corporación estatal) a proveedores internacionales.
Tal y como reporta Transparencia Venezuela, las empresas propiedad del Estado venezolano arrojaron pérdidas por Bs. 1,29 billones en 2016, siendo Pdvsa y Corpoelec los casos más emblemáticos, con saldos negativos estimados en Bs. 775 millardos y Bs. 149,3 millardos, respectivamente. En 2017, Transparencia Venezuela estima que las empresas propiedad del Estado venezolano presentarán pérdidas de Bs. 481 millardos, cifra menor que 2016 por no considerar la información de Pdvsa y sus filiales.

Resulta fundamental abrir el debate sobre las líneas esenciales para acometer una reforma del Estado empresario en Venezuela, siendo su reducción una de las aristas clave a ser consideradas. Para dicho debate, este trabajo de Transparencia Venezuela será muy necesario.

[1] “Propiedad, libertad e inclusión. Aportes para el debate público”. En Fernando Spiritto (coordinador), La nueva economía venezolana. Propuestas ante el colapso del socialismo rentista, Editorial Alfa, Caracas, 2017, pp. 429-430.

 

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