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Auge y caída del socialismo del Siglo XXI por Susana Seleme – Blog Polis – 19 de Abril 2018

Downloadseleme.jpg“Si bien sólo unos pocos son capaces de dar origen a una política, todos nosotros somos capaces de juzgarla”. Pericles de Atenas Siglo IV a C.

José Rafael Vilar no escribe desde el Derecho ni la Jurisprudencia pura y dura. Lo hace desde el relato histórico para hablar del Socialismo del siglo XXI, implantado por Hugo Chávez (+) gracias al pensamiento ideológico del sociólogo alemán izquierdista Heinz Dieterich Steffan.

El libro narra la génesis de ese socialismo, su historia y los contextos que la precedieron, la demarcaron y traspasaron mientras recorría el continente. Hoy llega a su ocaso por el desastre económico que afecta a sus países miembros, entre ellos Venezuela, cercano a la crisis humanitaria.

José Rafael Vilar hace seis ‘aclaraciones necesarias’ que son una declaración de principios. La primera, que no es historiador, pero yo afirmo que es un excelente recopilador de hechos históricos. La segunda, porque disfruta de los “vaivenes” de la política, “suma de causalidades y consecuencias” aunque a veces las sumas son restas. Una tercera: las etiquetas lo confunden. La cuarta es que es “un crítico permanente del populismo –cualquiera sea su signo- porque solo genera poblaciones clientelares vinculadas a traspasos de dinero” que a la larga conllevan mayor pobreza. Con la quinta, reniega de “las faltas de transparencia, que siempre ocultan engaños” y afectan “derechos humanos inalienables”. Y la sexta, porque detesta “todo lo que sea autoritario, totalitario y antidemocrático.” ¡No es poca cosa!

Escribir sobre los avatares del socialismo del s. XXI, no requiere ser historiador ni juez. Sí buen narrador y analista político, como el autor, con datos, conocimientos e información de erudito, objetivo, pero no un aséptico imparcial.

Así narra los sucesos que dieron lugar a ese fenómeno político que pretendió reescribir la historia y deshacer la democracia, para convertirse en enemigo de la democracia, la libertad y la civilización modernas. Es la distopía del siglo XXI.

Vilar la describe, instalada en realidades enervadas por el populismo, el autoritarismo, el clientelismo, el prebendalismo, la corrupción, la sentida ausencia de democracia, de transparencia y gobernanza. De respeto al Estado de Derecho.

Afirma que en los países del Socialismo del siglo XXI existen realidades marcadas por la cooptación total de todos los poderes del Estado y otros emergentes, amén de la judicialización de la política, la eliminación de la oposición y el electoralismo como sustituto de la democracia.

Habla de los “pecados no originales” de los países bajo ese signo, adictos a economías duramente ideologizadas y centralistas, con “intentos de centralización y autorreproducción del poder, sin llegar a la ‘democracia socialista cubana’, y no porque le falten entusiasmos”.

El autor afirma que el socialismo del s. XXI fue un “síndrome latinoamericano” cuyo hito es el discurso de Chávez en el Quinto Foro Social Mundial, de Porto Alegre 2005, aunque se remonta a 1999. Se profundiza con el inicio de la ‘Revolución Bolivariana’ en 2002 y las instituciones creadas a su alrededor. Cuando se une al socialismo real cubano, el ‘Socialismo del siglo XXI’ hace su debut político, se convierte en política de Estado y empieza su ‘exportación’ al calor del ‘boom’ de las materias primas.

Ese fue el momento de gloria. Gracias al ‘boom’ salieron de la pobreza y de la extrema pobreza muchas poblaciones, lo cual fue un éxito innegable. Hoy, sin los recursos del ‘boom’, vuelven a su pobreza, y los corruptos a seguir disfrutando de los dineros de la hipercorrupción.

Después de la cubana, fue la más influyente corriente política-ideológica de las últimas décadas en Latinoamérica. Hoy está en su ocaso, además, por la irrupción de una nueva centro-derecha en el continente. Es como la rueda de la fortuna, gira, pero Vilar no augura el fin del populismo, porque en América Latina ese fenómeno va ligado a la tradición caudillista. Y tampoco el fin de las izquierdas, porque en ausencia de las diferencias derecha/izquierda, el “mundo sería centrista, no centrado”.

Vilar transita en este trabajo de relojería histórica y conceptual por América Latina y el Caribe con mapas didácticos, que acompañan la lectura imprescindible del texto. Recorre la trayectoria política de todos los países, desde 1959. Pasa por las guerrillas de los ‘60 hasta los ’80; inserta el mapa de “La Multinacional del Terror”: los países del plan Cóndor; otro con los países del ‘Foro de San Pablo’; el mapa del Socialismo del siglo XXI, rojo chavista abrumador, y el de su actual declive.

En el Epílogo, el autor va a España, donde afirma que “el bolchevismo distópico” fue derrotado por la recuperación económica. Por último, le dedica un “Adiós al Patriarca”, al mayor de todos: Fidel Castro. El traslado de sus cenizas desde La Habana a Santiago de Cuba, fue su “Viaje a la semilla”, recordando a Alejo Carpentier, alegoría cargada de mitos.

José Rafael Vilar no juzga: narra y describe de manera impecable la aparición del fenómeno de marras. Al hacerlo, da su visión personal, aunque el veredicto final lo darán la historia y la ciudadanía que vivió, sufrió, o en su defecto se aprovechó, de los avatares del ‘Socialismo del siglo XXI’.

¿Hacia dónde huyen los venezolanos? por Trino Márquez – La Patilla – 23 de Marzo 2018

UnknownEl enorme éxodo de venezolanos desde 2013 –el sociólogo Tomás Páez, convertido en una autoridad internacional en el tema, habla de diáspora- constituye uno de los rasgos más resaltantes del gigantesco desastre que ha significado para Venezuela el gobierno de Nicolás Maduro. Las cifras totales de la estampida varían, desde las proporcionadas por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Acnur, hasta las suministradas por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida, Encovi; sin embargo, en el quinquenio no han huido menos de tres millones de personas, 10% de la población total. Un verdadero record porque en el país no se ha desatado ninguna guerra interracial, religiosa o política. La migración ha ocurrido en un período de paz, al menos que se acepte como cierta la majadera tesis según la cual la burguesía desató una guerra económica contra el gobierno.

Durante los años 2016 y 2017, de acuerdo con el informe más reciente de Acnur, las solicitudes de asilo, una de las fórmulas más utilizadas para emigrar de forma legal, se han distribuido de la manera siguiente: 58.764 en Estados Unidos; 22.357 en Brasil; 20.348 en Perú y 12.848 en España. Según el mismo informe, 350.861 emigrantes han sido acogidos en otros países bajo figuras distintas al asilo: Chile: 84.479; Colombia: 68.764; Ecuador 50.502. De acuerdo con los cálculos de Tomás Páez, en España solamente se encuentran al menos 250.000 venezolanos; mientras hacia Italia se han desplazado alrededor de 50.000. Según el Departamento de Migración de Colombia, en la nación neogranadina no hay menos de 500.000 venezolanos. Para otras fuentes, en Estados Unidos el total de compatriotas supera el medio millón, en la pequeña Panamá viven más de 70.000 compatriotas, y en Argentina, 50.000. Hasta en Australia, Nueva Zelanda y Singapur aparecen rastros de venezolanos que han ido a parar a esas lejanas y extrañas tierras.

Adonde no han ido los venezolanos que escapan del horror del socialismo del siglo XXI es a Cuba. No existe ningún registro documental que certifique que algún venezolano se haya dirigido a la isla caribeña para encontrar una vida mejor y hacer realidad sus sueños de progreso y bienestar. Ni un solo paisano ha pedido asilo político en el territorio tiranizado por los Castro desde hace sesenta años. Sería salir de Guatemala para caer en Guatepeor. Salvo Ecuador –que reúne condiciones muy especiales, entre ellas que su economía está dolarizada- ningún otro país integrante de la Alba es seleccionado por los venezolanos para residenciarse. Ni Bolivia o Nicaragua reciben flujos continuos y crecientes de compatriotas.

Los venezolanos saben muy bien a dónde dirigirse: se desplazan hacia naciones con economías de mercado en plena expansión y crecimiento. Escogen a los Estado Unidos, Panamá, España, Chile, Brasil o Perú (esperemos que la defenestración de Pedro Pablo Kuczynski no desate una crisis voraz), donde predominan la libertad económica, los derechos de propiedad son respetados y la libre iniciativa promovida, no existe control de cambios, ni de precios, se resguardan las conquistas de los trabajadores en un clima donde prevalece el mercado laboral, sin que haya nada parecido a la inamovilidad laboral, los aumentos de sueldos y salarios son promovidos por los sindicatos y gremios en negociaciones con los patronos privados o con el gobierno, y se toma como referencia para los acuerdos la productividad y la inflación. Son naciones donde la intervención del Estado en la economía es mínima. Donde se promueve la profesionalización y la meritocracia. La globalización no es vista como una amenaza, sino como una oportunidad. La relación con los Estados Unidos no se establece en términos de rivalidad, sino de acuerdos respetuosos en los cuales naciones negociantes obtienen beneficios mutuos.

Al levantar el mapa de los países hacia los cuales emigran centenares de miles de venezolanos, puede observarse que son sociedades colocadas en las antípodas de extravíos como el socialismo de siglo XXI. Por ejemplo, Chile, España (recuperada después de los entuertos provocados por José L. Rodríguez Zapatero), Estados Unidos y Panamá, aparecen en lugares elevados en el Índice de Libertad Económica. Panamá ocupa el lugar más alto en América Latina, seguido de cerca por Chile.

A ningún venezolano se le pasa por la mente emigrar a Cuba. Ni siquiera naciones con un cierto crecimiento sostenido durante las últimas dos décadas, como Bolivia y Nicaragua, resultan atractivas. El autoritarismo y la fragilidad institucional representan peligros demasiado altos. El parecido con lo que ocurre en Venezuela tritura cualquier intención de aterrizar en esos lares.

Nicolás Maduro conoce los datos que he presentado de forma sucinta. Pero, no le importan. Quiere que los venezolanos se vayan para poder imponer, junto a su camarilla, el socialismo del siglo XXI, con la comodidad que le da distribuir migajas y poseer el control de las Fuerzas Armadas. Atraer a quienes han huido será un gran reto.

¿Podrá renacer la república? por Víctor Maldonado – La Patilla – 12 de Marzo 2018

thumbnailVictorMaldonado.x43795.jpgLa república civil ha muerto. El socialismo del siglo XXI se ha convertido en un entramado de intereses que se entretejen hasta lograr asfixiar cualquier intento de libertad y derecho. Los efectos están a la vista en la represión, la primacía del socialismo policial, el racionamiento y la debacle de la dignidad humana usada como palanca para lograr la servidumbre de la nación. Pasamos a ser una ficción en la que todavía alucinan los resquicios de una oposición que prefirió ser contraparte estable y no ruptura definitiva.

Sin embargo, el colapso sigue su curso y no hay alternativa a la debacle del régimen. Se hundirá y en su síncope arrastrará consigo la orquestación colaboracionista, la complicidad de los mandos militares, los negociados que arruinaron al país y la fábula del bienestar socialista. Todos ellos formarán parte de un repudio inconsciente, de un esfuerzo para que nunca más caigamos en la felonía caudillesca que, por quedarse en el poder para siempre, es incluso capaz de entregar soberanía y recursos a otro país.

Algún día toda esta tragedia pasará y tocará a los supervivientes responder interrogantes y actuar en consecuencia. La primera de ellas no es retórica ni meramente legalista. Superado el socialismo ¿podemos restaurar la república invocando la misma constitución que la abrogó, o necesitamos una nueva constituyente? ¿Y si regresamos a la constitución de 1961? Ninguna de ellas nos saca del yugo de un estado fuerte, propietario indebido de los recursos del país, oferente de un conjunto de derechos que no se pueden cumplir, excesivamente centralista, negador de la aspiración federalista y excesivamente presidencialista. Esas constituciones restringen el libre mercado, recelan de los derechos de propiedad, delimitan el emprendimiento y colocan al gobernante en la posición de ser mejor que el resto de los venezolanos. Ellas pretenden un país rico cuando es lo contrario, y asumen como proyecto a seguir el capitalismo de estado, error de fatal arrogancia, que ahora nos tiene al borde de la quiebra, si no es que más allá de ella. Necesitamos una constitución nueva, en la que se pacten límites al gobierno, se replantee el rol de las FFAA, se garantice estabilidad económica y donde el populismo no sea la ideología oficial.

Y en la transición deseable, ¿cuál es la legalidad que se puede invocar? Se recibirá un país arruinado, violentado, devastado en los servicios públicos, sin instituciones confiables, y tomado por grupos de delincuencia organizada. ¿Cómo se puede garantizar la gobernabilidad de un régimen de transición? ¿Cómo se puede decidir con rapidez, eficacia y respetando los derechos de las gentes? Esto solo será viable con un gobierno de unidad nacional que permita presuponer los acuerdos necesarios para sacar al país del foso. No es un pacto para repartirse el poder sino para sacar adelante un proyecto de país estable y capaz de progresar. Probablemente haya que actuar en el marco de la sensatez para pasar del desgobierno a un gobierno que quiera y pueda resolver problemas hasta llegar a un mínimo aceptable: Seguridad creciente, estabilidad económica progresiva, y restablecimiento del estado de derecho. Hay que refundar el poder judicial, reconocer la autonomía del parlamento, derogar la legislación de la tiranía, y reactivar la economía privada mediante el establecimiento del libre mercado y el reconocimiento de los derechos de propiedad. Que no se nos olvide señalar el deber moral de decretar una amplia amnistía que libere a todos los presos políticos, los civiles y los militares, los que son de nuestro gusto y los que no lo son. No podemos transformar esa promesa en una nueva parodia.

Hay que decirlo. Se recibirá una tragedia humanitaria en lugar de un país con posibilidades. Habrá que atender la urgencia y sentar las bases de una recuperación estable. Solo una economía de mercado permitirá reencontrarnos con el sendero que lleva al progreso. Empresas, producción y empleos son el triángulo dorado de la prosperidad. Y mientras más rápido se decida, más rápida será la recuperación.

En muchos aspectos habrá que comenzar de cero. El daño institucional es mayor. El abandono de la función de gobierno y su sustitución por el diletantismo ideológico y la lógica mafiosa hacen que muchas entidades luzcan inservibles. Ese va a ser el desafío a la hora de restablecer el orden público, porque los cuerpos policiales tendrán que ser revaluados integralmente. El indicador de éxito será la derrota de la impunidad y el abandono de la política de raseros múltiples aplicado por la revolución. No se puede obviar el esfuerzo pedagógico para evitar que haya un retroceso fatal. Tiene que instrumentarse una “comisión de la verdad” y mecanismos de justicia transicional que acompañen el esfuerzo de rescatar la decencia y la probidad. Ojalá que la pedagogía política intentada permita determinar quiénes son los enemigos de Venezuela, de su libertad, democracia, independencia, soberanía, dignidad y justicia, para denunciarlos y apartarlos definitivamente. El continente tiene mucho que aprender con nuestra experiencia.

Una fiscalía independiente, nombrada a título temporal, deberá garantizar el debido proceso y la vigencia de los derechos humanos. La firmeza en el combate a la delincuencia no puede llevarse por delante el derecho a la vida y la preeminencia de la justicia. Este tipo de designaciones implica nuevos aprendizajes institucionales. No se trata de intentar negociar cuotas partidistas. Se trata de intentar consensos sobre personas cuyo mandato sea provisto de independencia y autonomía institucional.

Otro proyecto urgente es “la descubanización” de las FFAA y los sistemas de registro público e identidad. Terminada la fatal intervención castro-comunista las instituciones deberán volver a su espacio natural de servicio público. El militarismo empresarial tiene que concluir. El control de información sensible por parte de los cubanos tiene que eliminarse. Y probablemente se deba hacer otro registro de identidad, para superar la malversación de cédulas y pasaportes.

Respecto al capitalismo de estado hay que ser realistas. ¿Podemos financiar un gobierno que tiene más de quinientas empresas quebradas y más de 2,7 millones de empleados públicos? Este socialismo acabó con esa ilusión. La nacionalización de activos productivos que comenzó hace cuarenta años terminó en esta ruina que ahora experimentamos. PDVSA es la mejor representación de lo que nunca más debe ocurrir.

Hay que intentar rescatar los recursos saqueados. Esa tarea debe comenzarse de inmediato y no cesar hasta que tengan perfectamente mapeados donde están y quien los tiene indebidamente. Esos recursos son necesarios para reconstruir la infraestructura del país y recomponer la economía. Identificar a los saqueadores, neutralizarlos y llevarlos a juicio tiene que convertirse en parte del esfuerzo de restaurar la soberanía nacional. Pero no podremos hacerlo solos. Necesitamos cooperación internacional para que se haga justicia y también para evitar que esta tragedia se repita.

Rescatar a Venezuela va a requerir de un gran apoyo continental. Nuestro país ha sido entregado de facto a intereses geopolíticos que nada tienen que ver con la democracia y la libertad. Sacarnos del trance exige, por lo tanto, de un esfuerzo sostenido para librar a américa latina de los peligros del terrorismo, la delincuencia organizada en mafias, la penetración del comunismo en alianza con los integrismos, y por supuesto, la guerrilla transformada en negocio trasnacional.

Son muchos los desafíos de la primera etapa. Todos parecen urgentes. Todos forman parte de un acertijo que si no se resuelve apropiadamente va a terminar por condenarnos a ser un crónico país fallido. Por eso es tan importante tener las metas claras y a la mano los acuerdos mínimos para darle viabilidad a nuestro futuro. La transición será menos turbulenta si nos hemos paseado por el desafío de recomponer un país cuando ha sido arruinado, violentado, saqueado y tomado por fuerzas e intereses hostiles. Y cuando las instituciones esenciales han traicionado a la patria. Por eso es por lo que solo tiene sentido una unidad de propósitos, que piense en términos del fin que aspiramos y los medios para conseguirla.

Por último, debemos preocuparnos por la estabilidad. “Soy Venezuela” ha propuesto su proyecto “Venezuela tierra de gracia” en la que visualiza un país donde rigen diez consensos esenciales. Todos ellos van en la dirección de deponer la tradición de los gobiernos que dicen ser fuertes pero que son pasto de los personalismos y el faccionalismo que al final trae como consecuencia una nueva temporada de inestabilidad. Hay que apostar a las instituciones, la vigencia del derecho, y, sobre todo, aprender a vivir con gobiernos limitados pero eficaces, no patrimonialistas, y por eso mismo, inhabilitados para aplastar nuestra libertad. El gobierno no puede seguir siendo visto como un botín, sino como una oportunidad para proveer de libertades y prosperidad a los venezolanos. La no reelección es por eso, el principio de cualquier cambio institucional que nos propongamos.

¿Podrá renacer la república? Sin duda, pero solos no podemos. En su momento requeriremos de todo el apoyo posible para refundarla. Y de toda la coherencia y determinación que podamos aportar. Lo demás vendrá por añadidura.

 

Alianza democrática para la liberación por Luis Ugalde – Notiespartano – 18 de Febrero 2018

Luis_Ugalde_ex_rector_ucabVenezuela se desangra y marcha acelerada al abismo. Hay hambre en todos los rincones y muerte por falta de medicinas. Con inflación desbocada, el bolívar sin valor y el salario disminuyendo, a pesar de los aumentos. Riadas humanas revientan las fronteras huyendo de esta espantosa tragedia, como ocurría antiguamente en las ciudades apestadas. El gobierno responde que estamos muy bien, que somos un país envidiable en el mundo, gracias al “socialismo del siglo XXI” y convoca por medio de la ilegitima y fraudulenta Constituyente “supraconstitucional” a una votación tramposa para perpetuar este régimen de muerte. Asegura el resultado con árbitro incondicionalmente suyo, inhabilita tarjetas, líderes, partidos y votantes opositores. Así la votación del 22 de abril no es ni justa, ni libre, ni democrática.

1-Ante la trampa mortal. De manera valiente e inteligente los demócratas en el diálogo de República Dominicana se negaron a esta elección dictatorial. Luego de forma clara y contundente 14 grandes países latinoamericanos denunciaron en Lima que esta votación, impuesta por el Gobierno precipitadamente para perpetuarse, no es libre y no reconocerán su resultado. La Conferencia Episcopal Católica hace dos meses denunció la “Asamblea Nacional Constituyente es inconstitucional e ilegítima en su origen y en su desempeño” y recientemente la Presidencia Episcopal calificó de “despropósito ético y humano, un verdadero crimen que clama al cielo” lanzarnos la votación precipitada sin atender al hambre, a la salud y a las necesidades básicas de la gente. Sorprende que, luego de la negativa en Santo Domingo, los partidos políticos unidos no se hayan manifestado de inmediato en el mismo sentido.

Nada hay más urgente e importante para la vida en Venezuela que frenar esta trampa que lleva al matadero del 22 de abril y exigir las verdaderas elecciones libres establecidas en la Constitución para este año para salir del Presidente y cambiar este modelo de miseria y corrupción. Chavistas y no chavistas, queremos salir de esta muerte nacional y debemos movilizarnos para exigir cambio de presidente y de modelo socio-económico con elecciones libres entre octubre y diciembre 2018. No hacerlo es ser cómplice (queriendo o sin querer) de la perpetuación del desangramiento.

2-No somos abstencionistas y debemos evitar el peligro cierto de que el rechazo a la tramposa votación de abril se convierta en pasividad. Los dirigentes políticos y todas las organizaciones sociales, por encima de las demás diferencias e intereses, tienen que activarse para salvar al país exigiendo la debida elección democrática este año y constituir un frente nacional y juntos desde ahora a poner las bases para pasar del actual caos y muerte a la gobernabilidad y la reconstrucción para que en Venezuela haya vida para todos.

La Constitución fue elaborada y aprobada mayoritariamente por chavistas que hoy son dolientes y testigos de su sistemática violación por el madurismo. También los militares y el Ministro de la Defensa saben que con este gobierno vamos hacia la muerte. En toda sociedad racional estas situaciones empiezan a resolverse con la renuncia del Presidente, elecciones democráticas y cambio de modelo. A los venezolanos la Constitución por el artículo 333 nos obliga a movilizarnos para restablecerla. El mundo democrático nos dice que está dispuesto y obligado a ayudar para salir de la tragedia venezolana y reconstruir; pero nosotros debemos hacer nuestra parte. Necesitamos que de inmediato la sociedad civil organizada con toda su variedad (trabajadores, vecinos, empresarios…) se manifieste de manera breve, clara y contundente por el cambio. Que todos los partidos de alguna significación se manifiesten y activen. Que las universidades democráticas y las academias lo hagan juntos. Que los estudiantes universitarios a una inviten al país a retomar este camino de esperanza. Que las diversas Iglesias juntas nos llamen a activar las fuerzas espirituales imprescindibles para la salvación nacional. Finalmente, que todos unidos nos muestren un acuerdo programático básico para la elección presidencial este año con condiciones democráticas y justas.

3-¿Contrarios o complementarios? Nuestra democracia es plural, por eso alarma ver que algunos tratan como contrarios y gastan su tinta en atacarlos como enemigos a los opositores que son distintos a ellos. Unos y otros deben reconocerse y aceptarse mutuamente como complementarios e imprescindibles para la reconstrucción nacional: Los diversos partidos, los empresarios y trabajadores, las múltiples formas de asociaciones gremiales y vecinales, las diferentes creencias… Hacerlo también a nivel regional. La salvación de Venezuela exige que todos ellos en quince días le digan al país con voz coincidente que la votación dictatorial del 22 de abril es un fraude y que se activen e inviten a la acción, exigiendo elecciones presidenciales este año para cambiar el gobierno y el modelo. No hay dictadura que pueda resistir a un país consciente y movilizado, sobre todo si el 22 de abril queda sólo y con los demócratas movilizados y activos también luego de ese día.

Ahora los venezolanos cambiarán de ánimo si ven a todas las organizaciones respetables coincidir en una manifestación (una y múltiple) de liberación y rescate de la vida. Necesitamos cuanto antes un equipo, plural pero unido, que coincida en la respuesta a esta emergencia. Ojalá también llegue al consenso y proclamación de la persona de mayor esperanza y aceptación para coordinar el paso de la muerte a la vida del país. La Cuaresma es tiempo de examen, de conversión y de preparación para la Resurrección. Que Dios nos ilumine y nos movilicemos para el renacer democrático venezolano, venciendo la actual situación de miseria, corrupción y muerte dictatorial.

 

Maduro, entre Castro y Pinochet por Bernard-Henri Levy – El País – 15 de Agosto 2017

El sueño se ha convertido en Venezuela en pesadilla; una mezcla de incompetencia y estupidez y la sumisión del país a una “burguesía” bolivariana, codiciosa y a sueldo de una Cuba que no cree en su propio modelo lo ha echado todo por tierra

Venezuela era uno de los países más prósperos de Latinoamérica.

 

Se encontraba, según las cifras de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), entre las mayores reservas petrolíferas del mundo.

Aunque nunca haya sido, ni mucho menos, un ejemplo de democracia, sí se estaba dotando de instituciones sólidas.

Llega la elección del excomandante de paracaidistas Chávez.

Luego la nominación, seguida de una elección fraudulenta, de Maduro, su triste y sangriento clon.

Y el sueño se convierte en pesadilla; una mezcla de incompetencia y estupidez, la sumisión del país a una “burguesía” bolivariana, codiciosa y a sueldo una de Cuba desangrada y que ya no cree en su propio modelo, lo echa todo por tierra; y un nuevo liberador de pacotilla, agotando la bomba de dinero de la empresa petrolera nacional para nutrir su clientelismo y alimentar los fondos opacos gestionados sin supervisión por los sátrapas de su régimen, mete al país en el pelotón de cola de los países que se dirigen a la pobreza masiva (a título indicativo, una inflación equivalente a la de Zimbaue o a la de la Alemania de la década de 1920).

Recordamos a Cándido, a la vuelta de su país de Cucaña, en el que el oro —el petróleo amarillo— ya fluía a raudales.

Recordamos, en Luis Sepúlveda, Alejo Carpentier y otros, el mito de El Dorado, que nunca acabó bien.

Un El Dorado desinflado que se paga allí a un alto precio.

Y el saqueo del país se duplica con el desencadenamiento de violencia que la sitúa al borde de la guerra civil.

120 muertos en unas semanas.

Las figuras destacadas de la oposición han sido perseguidas, cesadas en sus cargos, secuestradas, encarceladas.

¿Hasta cuándo Mélenchon seguirá encontrando virtudes en este régimen asesino?

Torturas en comisarías.

Y para empeorar las cosas, la farsa electoral que acaba de permitir a una asamblea deconstituyente acaparar todos los poderes y desmantelar, si quiere, el frágil equilibrio institucional del país.

Ante este desastre, deseo plantear dos preguntas.

Una pregunta franco-francesa, para empezar: ¿Hasta cuándo Mélenchon, líder de la Francia Insumisa, seguirá encontrando virtudes en este régimen asesino?

¿Cuántos muertos necesitará para llamar a las cosas por su nombre y reconocer en los policías de Maduro a los gemelos de los que, en otra época, sembraron el terror en Chile y Argentina?

¿Y a qué espera para pronunciar las palabras que son el privilegio de un hombre libre de sus alianzas y de su palabra: sí, me he equivocado; no, este régimen brutal no es una “fuente de inspiración”; y esta historia de la “alianza bolivariana”, inscrita en el artículo 62 de mi programa y que debía acercarme a los herederos de los caudillos (Castro, Chávez…) cuya muerte tanto lloré, era una idea verdaderamente mala?

De momento, nada.

Como los españoles de Podemos o los griegos de Syriza, como Jeremy Corbyn en Reino Unido, los melenchonistas creen que sus héroes con las manos teñidas de sangre tienen la excusa de la lucha contra el “imperialismo”.

Y, cuando despiertan, es para invertir los papeles y, como hizo un siniestro portavoz del partido, Djordje Kuzmanovic, comparar a los pacíficos manifestantes que luchan por la democracia y el derecho con los golpistas de Pinochet en el Chile de la década de 1970; o, como Alexis Corbière, para denunciar la “desinformación” y, añadiendo el oprobio a la cobardía, insultar la memoria de los muertos (jóvenes de los “barrios ricos” que solo han recibido su merecido), alimentar el conflicto racial (“a menudo la gente de color está en los barrios bajos”), y criminalizar a la oposición, expuesta los salvajes ataques de las milicias paramilitares del Gobierno “”a menudo la gente se quema”).

¿Estos “insumisos” son insumisos o rehenes?

De cualquier modo, esas palabras no son dignas de un partido que aspira a encarnar la oposición en Francia.

Y después, la segunda pregunta se dirige a la comunidad internacional, a la que afecta por dos razones.

La “responsabilidad de proteger” exige la condena firme de un Consejo de Seguridad valiente

En lo que se refiere a la “responsabilidad de proteger”, como establece la Carta de Naciones Unidas, y que exige aquí palabras duras: una condena firme por parte de un Consejo de Seguridad valiente; gestos de apoyo simbólicos como la recepción en París, Madrid o Washington de los últimos representantes de la oposición que aún tienen libertad de movimientos; una demostración de solidaridad de la representación nacional francesa, española, estadounidense u otra, con el Parlamento venezolano que el golpe de Estado constituyente de Maduro amenaza con disolver; y después, naturalmente, sanciones económicas y financieras que vayan más allá de las tímidas fanfarronadas de Donald Trump.

Y además, lo que ha pasado en Caracas nos afecta —de esto no estamos tan enterados— en el campo de la lucha contra el terrorismo y contra las redes de blanqueo de capitales que lo financian: ¿qué sentido tiene la alianza, “bolivariana” como tiene que ser, entre el difunto Chávez y Mahmud Ahmadineyad, expresidente de la República de Irán? ¿Qué ha sido de los miembros de las FARC colombianas que, según me confesó uno de sus jefes, Iván Ríos, poco antes de morir, en 2007, fueron enviados “en misión” al país del “socialismo del siglo XXI”? ¿Y qué crédito debemos conceder a algunos líderes de la oposición antichavista que gritan, de momento en el desierto, que no se conocen todos los lazos de Maduro con Corea del Norte, la Siria de Bachar el Asad en Siria o cierto activista de Hezbolá desterrado o en tránsito?

No son más que preguntas.

Pero preguntas que hay que plantearse.

Un régimen desesperado es capaz de cualquier vileza, y la situación en Venezuela merece comisiones de investigación, un Tribunal Russell, un mayor interés por parte de la prensa occidental; todo menos el silencio incómodo que, de momento, acoge a este pronunciamiento prolongado.

Bernard-Henri Lévy es filósofo.

¡Cuidado con la culebra! por Raúl Fuentes – Zulianosonline – 4 de Febrero 2018

unnamed-2.jpgLeyendo un muy bien escrito y estructurado artículo de Federico Vegas, “El Papa y la culebra” (Prodavinci, 28/01/2018), imaginé un mural elaborado de acuerdo con los cánones del realismo socialista e inspirado en el fresco pintado por Miguel Ángel –Creazione di Adamo– en el techo de la Capilla Sixtina. Fue una visión especular y fugaz, pero vívida, del comandante hasta siempre, cachetón e inflado, cubierto a medias con una túnica escarlata, y situado a la izquierda de la composición, digitando, ¿pariendo?, con el índice de su siniestra, a un robusto bigotón de impúdica desnudez. «El alumbramiento de Nicolás», que así podría llamarse la representación pictórica de la escena percibida en esa alucinación o manifestación espontánea del inconsciente, se relaciona con el exacerbado culto a la personalidad y la veneración mágico-religiosa del golpista que duerme su largo adiós en el cuartel de la montaña, mas con los ojos abiertos en todas partes. Y, especialmente, con el peculiar concepto de pueblo manejado por el obrero mandón y su divino maestro.

Umberto Eco asegura que la rosa «es una figura simbólica tan densa que, por tener tantos significados, ya casi los ha perdido todos» (Apostillas al nombre de la rosa, 1983). Probablemente el sustantivo pueblo haya sido afectado por diversas y contradictorias acepciones. ¿El pueblo que, según Jean Jaques Rousseau, nunca se equivoca, es el mismo que, de acuerdo con la sentencia de Joseph de Maistre, se da el gobierno que merece? No creo que para la condescendencia del autor de El contrato social y la displicencia de un acérrimo enemigo de la ilustración y su «teofobia del pensamiento», pueblo sean una sola y misma cosa; puedo, no obstante, conjeturar que, cuando Hugo Chávez se llenaba la boca con ese vocablo, lo hacía, sin tener muy claro de lo que hablaba, en sentido diverso al de los pensadores citados. Lo mismo ocurre con el legatario de su autoritarismo. Para uno y otro, pueblo es una mezcolanza de lumpen, marginalidad y pobres irredentos que siguen creyendo en pajaritos grávidos: un «pueblo» que le sienta bien a la ambición de perpetuidad del nicochavismo, disciplinado mediante el clásico condicionamiento pavloviano con base en premios y castigos. Para asegurarse la lealtad de esa masa domeñada por carencias, compensadas esporádicamente con un bono navideño, pascual, vacacional, de preñez, de carnaval, ¡te conozco mascarita!, o un incremento inflacionario de las míseras pensiones y el siempre insuficiente salario mínimo que no alcanza ni para adquirir un cartón de huevos, la revolución bonita prescindió de dos tercios del país incurriendo en delitos considerados de lesa humanidad por el Estatuto de Roma –instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional, suscrito por Venezuela y adoptado con carácter de ley (Gaceta Oficial Extraordinaria n.° 5507 del 13 de diciembre del 2000)–, como el apartheid, la privación de libertad sin el debido proceso y la discriminación por razones ideológicas. La lista Tascón y el carnet de la patria son ejemplos palmarios de la sectaria exclusión propiciada por el socialismo del siglo XXI en nombre… ¡del pueblo! ¿Cuál?

Se asegura en el Antiguo Testamento (Génesis 1:26) que Dios creó al hombre a imagen y semejanza suyas y lo hizo jefe de la misión paraíso para que viviera feliz como una perdiz con su costilla; Hugo hizo lo propio con su engendro, y lo destinó a reinar en esta desgraciada tierra de gracia. A diferencia de Adán, Nicolás no será expulsado por su hacedor, sino por quienes padecen los rigores de su régimen infernal –pero esta es otra historia que, esperemos, será prontamente escrita–. También pretendió Chávez moldear con el barro del dogmatismo un nuevo Juan Bimba, cuyo arquetipo, debemos inferir, sería, ¡qué susto!, el recién bautizado «carnicero de El Junquito», a objeto de que «el soberano» sirviese de caja de resonancia de sus caprichos. El resultado de esa genética revolucionaria es la horda de hominicacos y verduleras que invadió el capitolio y en el relajo prostituyente limita su ejercicio deliberante a la calistenia de la mano alzada, a fin de respaldar, sin discusión alguna y con la sumisa señal de costumbre, arbitrarias e inconstitucionales disposiciones con las que se niega identidad y representación popular a dos tercios del país, para que una irrisoria, aparente y circunstancial mayoría ratifique a Maduro en un plebiscito calculado para alargar un mandato que apesta a podrido desde su inicio.

En palabras de Octavio Paz: «Una nación sin elecciones libres es una nación sin voz, sin ojos y sin brazos». Se me ocurre que una buena forma de poner a prueba su valor axiomático sería que la Venezuela relegada, contraria a lo que ya es una dictadura sin disimulo y decepcionada de un liderazgo engolosinado con los caramelitos de cianuro de un posible acuerdo con un gobierno que, a las primeras de cambio, le pintará una paloma, como ha sucedido en ocasiones anteriores, se alborote y rebele contra la tiranía y su oficiosa oposición y decida boicotear la mascarada electoral, postulando como candidato al ganador de un gran sorteo nacional organizada por los eficientes administradores de las loterías de animalitos; así, sería un burro, un mono, una jirafa, una iguana, un chivo, o un ciempiés –no importa si un mamífero, un ave, un reptil, un pez o un insecto– el que le dispute el cetro de Mr. Venezuela al antiguo metro-cochero. Entonces tendremos plena certeza de que la Venezuela de hoy es muda, ciega y mocha, y habremos comprobado que el poeta azteca y premio Nobel de Literatura dio en el blanco con su alegórica sentencia.

Otro mexicano, Carlos Monsiváis, que ejerció el periodismo con humor y sin pelos en la lengua y, como Paz, cultivó con inteligencia y brillo el ensayo, amén de la crónica, la sátira y la ironía, aseveró que «el fraude electoral es la cortina de humo de la clase gubernamental para ocultar la pésima selección de su candidato». En nuestro caso, es inocultable la mediocridad del pretendiente; sin embargo, es evidente que el madrugonazo comicial es un vaporoso telón rojo tras el cual se esconde el premeditado fracaso de un diálogo intermitente en el que, ¡hasta cuándo!, pierde precioso tiempo parte de la dirigencia opositora; tiempo que estaría mejor invertido en poner sus células grises a idear soluciones creativas y viables para exorcizar el hechizo de la serpiente encomiada por Vegas en el artículo que motivó las divagaciones por concluir de hoy domingo 4 de febrero, aniversario de un golpe traicionero. Y, ¡atención!, presten oídos al gran Benny Moré: ¡Cuidado con la culebra que muerde los pies!

 

Socialismo del siglo XXI: crónica de un genocidio en Venezuela por Jonathan A. García Nieves – Forum Libertas.com – 2 de Febrero 2018

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El autodenominado Socialismo del Siglo XXI: régimen autoritario instaurado por Hugo Chávez en 1999 y mantenido hasta ahora por la inefable diarquía de Maduro y Cabello, ha estado cometiendo -ante los ojos del mundo- un flagrante genocidio contra el pueblo venezolano.

La población opositora a dicho régimen, ha estado siendo víctima de asesinatos de Estado, perpetrados sistemáticamente desde aquel fatídico 11 de abril de 2002; día en que Hugo Chávez, el mismo Teniente-Coronel golpista de 1992 –esta vez como Presidente de la República- volvió a teñir el suelo de Venezuela con la sangre de sus hijos demócratas.

Aquel día Chávez sepultó para siempre su legitimidad de desempeño, al ordenar a los francotiradores de sus servicios de inteligencia y a sus infames grupos paramilitares (“círculos bolivarianos”), abrir fuego contra la población civil que, pacíficamente, marchaba por las calles de Caracas, clamando libertad; esa libertad que -ya para ese entonces- sabíamos perdida para todo el pueblo venezolano, incluso para amplios sectores chavistas que tarde terminaron entendiéndolo.

Eran los albores del Socialismo del Siglo XXI: caótico sistema implantado mediante múltiples acciones y omisiones reñidas con los derechos políticos y las libertades económicas de los venezolanos; unas gravemente dolosas y otras inexcusablemente culposas; la inmensa mayoría contrarias al Bien Común; todas rendidoras de frutos que se resumen en la devastación total y absoluta de Venezuela: otrora país de gente feliz sin saberlo, con pujante economía, la democracia más estable de Latinoamérica; destino soñado y receptor generoso de inmigrantes de distintas latitudes y por distintas generaciones.

Ese abril de 2002 este régimen genocida instaurado por Hugo Chávez, se estrenó con precisión en su mortífera faena, asestando certeros disparos a la cabeza de 17 personas de entre las que iban en la marcha. Pero con el transcurso de los años, y a medida en que el cáncer de la tiranía fue haciendo metástasis en todo el aparato del Estado venezolano, sus crímenes de lesa humanidad fueron ampliándose, tanto en cantidad y sectorización de las víctimas, como en gravedad y variedad de los métodos empleados para su perpetración.

Los ataques armados contra la población opositora en cada uno de sus actos políticos y manifestaciones públicas, pasaron a hacerse comunes año tras año desde 2002; esparciendo dolor y muerte por todo el territorio nacional. Incluso en las colas para ejercer el derecho al sufragio en distintos procesos electorales, los colectivos narco-comunistas han atacado con armas a la población opositora, sin que los militares apostados para brindar seguridad en dichos procesos se inmutaren mínimamente.

La sistemática apología del delito y el discurso permanentemente agresivo del presidente de la República y sus ministros, transmitidos de manera obligatoria y cotidiana por todas las emisoras de radio y televisión de Venezuela a lo largo de estos 18 años de obscuridad; no podían menos que hacer mella en la psiquis del venezolano. Así, según cifras del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), el Socialismo del Siglo XXI ha incrementado en casi un 500 por ciento las muertes violentas en Venezuela. Las cifras que para 1998 (último año de Democracia) fueron de 4.550, pasaron a 5.968 en el primer año de gobierno de Hugo Chávez (1999); incrementándose cada año hasta llegar a 21.692 en su último año de gobierno (2012). Y con Maduro siguió esta nefasta tendencia, hasta alcanzar las 26.616 muertes violentas en 2017.

En medio de este escenario de violencia generado por el régimen, éste ha aprovechado para consumar el exterminio silencioso de centenares de personas cuyas muertes por arma de fuego, a manos de agentes del Estado y con móviles ajenos a la seguridad ciudadana, comenzaron a ser camufladas dentro de la cifra negra de esa fosa común que el régimen denomina “ajuste de cuentas”.

En febrero de 2014, las manifestaciones ciudadanas contra el régimen, una vez más fueron reprimidas con armas de fuego, empuñadas tanto por los cuerpos de seguridad del Estado como por el siniestro brazo armado del partido de gobierno (PSUV): los mismos grupos paramilitares antes conocidos como “círculos bolivarianos” y ahora como “colectivos socialistas”. En esta oportunidad, la arremetida -que dejó un saldo de 43 víctimas fatales- fue abiertamente ordenada vía redes sociales, por un ex militar, alto personero del régimen, quien la denominó el “Ataque Fulminante”.

En los siguientes dos años (2015 y 2016), el Gobierno de Maduro diseñó y ejecutó un pseudo-plan de seguridad ciudadana, denominado “Operaciones para la Liberación del Pueblo” (conocido por sus siglas OLP), que consistió en una sórdida cacería humana, ejecutada conjuntamente por cuerpos militares y policiales del régimen. Los efectivos participantes en estas operaciones -usando mascaras de calavera que infundían profundo temor en la población- se adentraron en el seno de las barriadas más desfavorecidas de las grandes ciudades de Venezuela; realizando una especie de ‘limpieza social’ en la que a centenares de personas de ‘presunta conducta antisocial’ se les aplicó pena de muerte, y sin fórmula de juicio alguno; al margen de toda legalidad y de los Derechos Humanos. Resultado de la cacería: más de 900 personas asesinadas por el régimen en año y medio.

Durante cuatro largos meses de 2017, el pueblo demócrata de Venezuela, clamando por el fin de tanta penuria, volvió a las calles día tras día, realizando su más prolongada manifestación contra la dictadura. Y en esta oportunidad el mundo sería testigo de cómo estudiantes que sólo contaban con la protección de improvisados escudos de hojalata, madera o cartón; fueron acribillados con armas de fuego de alta potencia, a manos de efectivos militares, policías nacionales y colectivos narco-comunistas; en una macabra especie de juego de tiro al blanco, que segó la vida de otros 124 venezolanos opositores a la dictadura genocida.

En estos mismos sucesos, la abominable actuación de las fuerzas del régimen llegó al extremo de recurrir al arrollamiento intencional de grupos de manifestantes, a quienes se les pasó por encima con vehículos blindados de la Guardia Nacional; e incluso se llegó a la indebida utilización de bombas lacrimógenas como proyectiles: apuntándolas y disparándolas, de manera directa y a quemarropa, contra el cuerpo de los manifestantes; abultando con ello el número de víctimas fatales.

Hace apenas unos días, el 15 de enero de 2018, en quizás la más feroz de las matanzas imputables a la dupla necrófila de Maduro-Cabello; el Socialismo del Siglo XXI mostró nuevamente sus fauces genocidas, con un acto abominable que perdurará por siempre en la memoria histórica del pueblo venezolano: la infausta “Masacre de El Junquito”: vil ejecución extrajudicial del ex agente policial Óscar Pérez y seis de sus hombres; quienes, declarados en desobediencia contra la dictadura, habían llegado a realizar algunas operaciones tácticas que –pese a ser incruentas- resultaron totalmente exitosas (la toma de recintos militares y policiales para recuperar las armas de la República, maniatando a los esbirros uniformados, y haciéndoles oír las palabras más profundas del sentir popular: “¿Hasta cuándo le dan la espalda al pueblo, para apoyar a este régimen de narcotraficantes?”). Lo que cual fue grabado en videos ampliamente difundidos a través del único medio de comunicación disponible por los venezolanos (las redes sociales); logrando ridiculizar a los servicios de seguridad e inteligencia del régimen, y constituyendo para éste una afrenta imperdonable, a ser cobrada con sangre.

Esta masacre del 15 de enero, en la que 7 personas pública y manifiestamente rendidas, con expresa voluntad de entrega ante el Ministerio Público, y apenas refugiadas en una modesta casa de familia; fueron sitiadas por un contingente de más de 300 hombres armados –entre policías nacionales y miembros del grupo paramilitar “Tres Raíces”- para luego ser acribilladas por brutal y desproporcionada metralla de armas de guerra, y un más que innecesario uso de cohetes anti-tanques; sin duda marca un hito en el prontuario criminal de lesa humanidad del Socialismo del Siglo XXI: su Animus Necandi (intención o ánimo de matar) quedó impúdicamente desnudo ante los ojos de Venezuela y el mundo.

Pero, muy lamentablemente, el genocidio no termina allí, y hace años que ya no se está limitando al redil de la población opositora. El genocidio sigue ocurriendo ahora y de manera generalizada contra toda la población, ya que en los últimos años miles de venezolanos han estado muriendo a causa del hambre y de la carencia de medicinas, generadas por las ineptas políticas económicas Chávez y Maduro; siendo que este último –como agravante- se niega a abrir las puertas al canal de ayuda humanitaria, exigido por los líderes de la oposición y ofrecido por instituciones internacionales. A lo cual se suma la ejecución de una tácita política de Estado, tendente a generar y tolerar la inseguridad ciudadana como medio de control sociopolítico; política ésta cuyas cifras de ‘efectividad’ anual van aproximándose, cada vez más rápidamente, a los 30.000 homicidios por causas violentas.

En las penumbras del miedo y sobre las ruinas de Venezuela impera este Gobierno bizarro, para el que el Bien Común es contrario a sus propósitos; este GOBIERNO DEL MAL que encuentra deleite en el odio y en la injusticia, en la mentira y en la manipulación; y que ve en la pobreza material y la mella espiritual de su pueblo, el hábitat propicio para la perpetuidad de su nefasto proyecto político.

Hoy desde mi fe, ruego a Jesucristo, Señor de la Historia, por la pronta restauración de mi amada patria, por el respeto a los derechos humanos de mi noble pueblo; y también porque las palabras de Juan Pablo II sean luz para las mentes y los corazones, tanto de nuestros victimarios como de aquellos que están llamados a hacernos justicia en el plano temporal:

Los conatos de genocidio son “delitos contra Dios y contra la misma humanidad, y los autores de estos crímenes deben responder ante la justicia” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1999).

Hoy resultan luminosas las enseñanzas del Magisterio Social de la Iglesia Católica, acerca de cómo ha de ser la respuesta de la Comunidad Internacional ante éste y cualquier otro caso de genocidio:

“La Comunidad Internacional en su conjunto tiene la obligación moral de intervenir a favor de aquellos grupos cuya misma supervivencia está amenazada, o cuyos derechos fundamentales son gravemente violados. Los Estados, en cuanto partes de una comunidad internacional, no pueden permanecer indiferentes; al contrario, si todos los demás medios a disposición se revelaran ineficaces, ’es legitimo, e incluso obligado, emprender iniciativas concretas para desarmar al agresor’. El principio de la soberanía nacional no se puede aducir como pretexto para impedir la intervención en defensa de las víctimas”. (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, núm. 506).

Vaya a mi amado pueblo venezolano una palabra de esperanza. Nuestra libertad llegará con el esfuerzo de todos; el mal puede que nos haya ganado varias batallas, pero nunca nos ganará la guerra, porque éste nunca prevalecerá sobre Bien. Mantengamos nuestra lucha, cada uno en su ámbito de acción y conforme a sus posibilidades; y confiemos en Nuestro Dios que –sin lugar a dudas- hoy nos mira con el mismo amor que al pueblo de Israel en sus tiempos de aflicción en Egipto:

“Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo (…), y he escuchado su clamor a causa de sus opresores, pues estoy consciente de sus sufrimientos.” (Ex. 3:9).

Jonathan A. García Nieves es ciudadano venezolano

 

Hoy damos gracias a Hugo Chávez y a Nicolás Maduro por la maravillosa realidad del socialismo del siglo XXI por Sammy Landaeta Millán – Notimpacto – 31 de Diciembre 2017

Hoy damos las gracias a Hugo Chávez Frías y a Nicolás Maduro por habernos sacado de aquella triste situación que vivíamos todos los venezolanos en la cuarta República y habernos traído a la maravillosa realidad del socialismo del Siglo 21.

Gracias Chávez. Gracias Maduro. Gracias Padrino López. Gracias Delcy Rodríguez. Gracias Maikel Moreno por habernos despertado de aquella pesadilla llamada la cuarta república.

Yo nunca fui ni Adeco ni Copeyano, pero como quisiera volver a pasar hambre como en la 4ta República, cuando me comía en el desayuno yo sólo dos arepas con Cheez-Whiz, par de ñemas o las untaba con diablitos, mayonesa, a veces solo había panquecas con miel y mantequilla…

Mi mamá, pobrecita, sólo nos daba pasta con carne molida o bistecks, no faltaba la salsa de tomate, salsa Bechamel, papas fritas y queso blanco rallado (o Parmesano cuando se podía…)

Era horrible tener que discutir cual pasta comer (larga, plumita, tornillito, caracol, lingüini) era una locura, a veces nos veíamos obligados a terminarnos el plato de arroz con carne mechada, las caraotas, y el plátano ese full de queso y para completar repetíamos !!!

Que arrechera y que pelazón pasar por la penuria de comernos ese pabellón cada semana.

Y dígame cuando traían esos pescados los domingos, no podía sentirme más pobre, tener que comer el carite, pargo, tajalí o curbinata con arepa y tajadas o con ese coñazo de tostones, como los odiaba, que miseria pasar todo con cerveza o Coca Cola.

En las meriendas bebíamos Toddy, Taco, Choco, Ovomaltina, Chicha, jugo por garrafas, Tang, Kool-Aid, Crema de Arroz, Cerelac o cualquier pequeñez que encontrábamos en la despensa, era horrible ese verguero de enlatados guardados allí.

¿Y en Diciembre? No joda eso si era mamazón, pobremente siempre habían 100 hallacas, pan de jamón, nueces, almendras, maní, pistacho, turrón, panetone, torta negra, ponche crema, pernil, dulce de lechosa o higos…

y teníamos que escoger durante horas dónde estaba la ropa más bonita para ir a comprar los estrenos, nos veíamos obligados a beber whisky ahí todo viejo de 8, 10, 12, 15, 21 años, o mínimo 7 cajas de cerveza.

Al otro día teníamos para la sopa de los 10 que se quedaban amaneciendo en casa y 10 más que nos llegaban a visitar.

A veces la pobreza hacia que pasáramos el 01 de enero en la playa !!!

Como quisiera pasar hambre y trabajo otra vez como en aquellos infernales tiempos… Nojoda!. 📣

 

 

Del crepúsculo al amanecer por Carlos Raúl Hernández – El Universal – 10 de Diciembre 2017

TW3AAVuJ_400x400.jpgUna persona se puede preguntar dos cosas que al final son una: ¿por qué contra el sentido común y cualquier ejemplo sobre la tierra, el gobierno crea el caos en la economía, -hiperinflación, hiperdevaluación, hiperdesempleo- pese a sus infernales efectos sociales, si como cualquier autoritarismo colectivista, su retórica es (era) populismo? ¿Por qué misterio no hace nada para detener los inmensos sufrimientos de las masivas víctimas populares y no aplica el tratamiento universal e infalible, la penicilina contra la estupidez económica? ¿Cómo es que un grupo decide conscientemente convertir su país en Haití o en una república subsahariana? Pero las incógnitas tiende a desentrañarlas el verdadero ductor de la economía, de las estrategias que cumplen sus asistentes, los ministros nominales del gabinete: el señor Alfredo Serrano Mancilla, militante de Podemos que decidió dejar España y venir a hacer la América.

Tuvo gran influencia en el gobierno de Correa, siempre tras el trono, -los ecuatorianos lo culpan de los adefesios que casi (?) quiebran el país dolarizado-, y también en el de Evo Morales. Su pensamiento no tiene que ver con el mundo real, sino con las más afiebradas elucubraciones económicas polpotianas o maoístas. Hace un par de años reconocía que casi 100% del ingreso en Venezuela era del Estado -tanto como en la extinta Unión Soviética o Cuba- pero le molestaba que los bancos y el comercio privado todavía “capturaban una parte de la renta”. Había que salir de ellos, aunque las distribuidoras de alimentos que Chávez expropió devinieran literalmente en pozos sépticos, criaderos de gusanos; y que los bancos estatales pierdan mil o mil quinientas veces su capital, Pdvsa esté muerta y ya sea prácticamente propiedad de los acreedores.

Andropov: el santo olvidado
Serrano procura aniquilar las restantes distribuidoras de alimentos y que todo pase a control estatal. El resultado: hambre pareja, paliada por las cuevas de Alí Baba de los CLAPs, pero no importa: llegaríamos al socialismo primero que Cuba o Norcorea. Un pensamiento tan aterrador como el cementerio de vampiros ideológicos que resucitan detrás de Salma Hayek en Abierto hasta el amanecer, la dadaísta cinta de Robert Rodríguez. China es otra vez un imperio que incluso disputa Latinoamérica a los gringos, gracias a una economía de mercado abierto que rompió todos los récords de crecimiento desde la Revolución Industrial. ¿Cómo entonces el pensamiento anacrónico se apodera de una nación moderna? El sentido común hizo que Yuri Andropov, nada menos que el jefe de la KGB, secretario general del Partido Comunista Soviético, iniciara en 1982 un proyecto para liberalizar la economía.

Es el injustamente no reconocido padre de lo que con Gorbachov se llamó Perestroika, vio a tiempo lo que hacían los chinos y lo entendió. Muere cuando tenía apenas año y medio en el poder y con él su proyecto económico, al parecer inspirado en el de Augusto Pinochet. Su plan era una especie de stalinismo neoliberal (jaja) una dictadura militar férrea que ilegalizaría al Partido Comunista para imponer la modernización, la economía de mercado y a posteriori, quién sabe, la democracia. Posiblemente de sobrevivir Andropov, una incólume Unión Soviética disputaría hoy la hegemonía mundial con EEUU y China. Pero el vampiro del socialismo anacrónico resucita en Venezuela donde impone la economía política de la destrucción, que ni siquiera cuaja definitivamente en Ecuador, Bolivia ni Nicaragua, pero, colonialismo al revés, sí en las desordenadas cabezas de los indignados españoles y en Pablo Iglesias.

Colonialismo al revés
El socialismo del siglo XXI, resucitación del socialismo feudal -frase de Marx- en la Venezuela democrática, nace de un golpe de Estado y lo encabeza un militar extraño al debate ecuménico de las ideas que desencadenan personajes tan diferentes y tan parecidos como Reagan, Deng Xiaoping, Thatcher, Felipe González, Andropov- Gorbachov y Pinochet. No es un hombre de época, como éstos. Salido de un cuartel lo rodea la ultraizquierda cavernaria que no entendía el eurosocialismo, el eurocomunismo ni el socialismo de mercado. En 1999 el operador económico es Jorge Giordani a quien desde su época de profesor universitario, en los medios de la izquierda se le conocía como “el albanés” (Albania fue y es uno de los rincones más retrógrados, olvidados y primitivos del comunismo) y es el padre de la teoría que hoy nos devuelve Serrano: empobrecer a la gente para darle de comer en la mano.

Samuel Huntington en un viejo libro expuso que mientras más miserable sea la sociedad menos tiempo tendrá para combatir el estatus que provoca esa miseria y más deberá dedicarse a conseguir proteínas. Con el ascenso de Serrano sacan de juego unos supuestos modernizadores encabezados por el fallido criptocandidato presidencial Rafael Ramírez -descabezado antes de arrancar- que amagaron con reformas económicas, y Serrano nos trae de regreso desde Europa los delirios de empobrece y triunfarás. En Venezuela se imponen los experimentos sociales de Podemos, un infortunio no porque los aleteos up to today de Ramírez fueran confiables, sino porque se atornillan las racionalizaciones que conducen a la Albania de Giordani. Chávez colonizó Podemos pero, ironías, el almirante Serrano nos trae de vuelta la ideología que lo poseyó.

El español omnipotente artífice de las políticas económicas de Maduro por Antonieta La Rocca – Venepress – 8 de Noviembre 2017

Alfredo Serrano Mancillo es señalado de ser el emisario de Pablo Iglesias en Venezuela

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Según Wikipedia Alfredo Serrano Mancilla es un economista y académico español, mientras que para el presidente Nicolás Maduro, es «el Jesucristo de la economía», elogio que le ha conferido el Jefe de Estado de Venezuela por sus contribuciones con el «sentido común económico venezolano».

Serrano actualmente ocupa el cargo de director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, mejor conocido por sus siglas, Celag, pero su nombre retumba en Venezuela más que en su natal España por otras razones.

Con un amplio curriculum vitae que abarca estudios en Europa y América Latina, no le ha hecho falta gerenciar desde la silla presidencial de un ministerio venezolano para ejecutar su plan de medidas económicas de izquierda, pero podría ser el cerebro de las políticas en esta materia, implementadas por el sucesor de Chávez.

El doctor en Economía egresado de la Universidad Autónoma de Barcelona, es quien mueve los hilos económicos en Venezuela y quien, de manera sesuda, ha insistido en el socialismo del siglo XXI.

El militante del partido español Podemos, de convicciones marxistas, forma parte del grupo de economistas, politólogos y hasta juristas que se convirtieron en asesores de gobiernos de países de América Latina, como el caso de Venezuela, secta integrada por personajes como Juan Carlos Monedero, Roberto Viciano Pastor, Luis Alegro y, por supuesto, Pablo Iglesias.

Para el andaluz “sería un error histórico pensar que se puede salir únicamente con medidas económicas sin atender a la disputa política”, por lo que ha recomendado al gobierno de Maduro resolver “en el menor tiempo posible las cuatro grandes enfermedades que padece la economía venezolana”.

Según él esos males son “los efectos del rentismo petrolero, la dependencia de las importaciones, la especulación derivada de un deficiente sistema distributivo y el lastre que provoca una estructura económica oligopólica”.

Pero todo este “cuadro médico complejo” tendría una “cura”. Serrano Mancilla ha recomendado una revolución Tributaria, una nueva política de estabilización de precios con el mecanismo de “abastecimiento Soberano”, formas captación y administración de divisas y la profundización de políticas de subsidios, sin dejar de mencionar-por cierto- las cajas o bolsas CLAP, que muchos han catalogado desde su implementación como la versión más actual de la libreta de racionamiento en Cuba, entre otras medidas que han sido ejecutadas por Ministros y hasta por el propio Presidente de la República, camufladas con la investidura de las autoridades venezolanas.

“¿Por qué no lleva esas ideas que tiene aquí a España? Encontró (refiriéndose a Serrano) en Venezuela un campo de experimentación… Eso de estatizar las empresas y aplicar controles y racionar la comida a los españoles. Que le diga a la gente de Madrid, Barcelona o Murcia que les va a distribuir una bolsa de comida”, recriminó José Guerra, presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, sobre la ideas del economista español aplicadas en Venezuela.

Y fue en esa instancia, en el Poder Legislativo, que el parlamentario Carlos Valero pidió la interpelación de quien es- a su juicio- “cómplice de la grave crisis que atraviesa el país”.

Reproches que también provienen de quienes han ocupado cargos en ministerios, como Felipe Pérez Martí, ministro de Planificación durante los años 2002 y 2003.
“Quienes favorecen a los corruptos son ideólogos equivocados, como Alfredo Serrano. Charlatán”, dijo Pérez Martí.

Pero en medio de políticas económicas puestas en marcha que, lejos de sacar a flote a los venezolanos, han profundizado flagelos como la escasez y la inflación, Serrano confía en que la superación de la crisis es posible al “generar un nuevo consenso de ideas económicas del Chavismo en torno a la nueva época y nueva épica”.

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