elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Socialismo del siglo XXI

Venezuela: la perfecta ruina económica de un país petrolero por Guillermo Rodríguez González – Panampost – 17 de Septiembre 2017

chavez-1-1.jpg

En los últimos tres años despareció poco menos de un tercio del PIB venezolano. (La Tabla)
Si sumamos todo lo que pudiéramos estimar que se produjo en valor presente de productos y servicios durante un año y lo dividimos entre la población, tendremos un Producto Interno Bruto per cápita. No es una estadística que carezca de problemas. Entre otros, que la producción intermedia se descontará para obtener un aproximado de producto neto, restando al valor de bienes de consumo actuales, el de unos bienes intermedios que se emplearan en otros bienes de consumo futuros. Pero es una medida aproximada del consumo presente real. Si comparamos el PIB per cápita año a año, con ciertas previsiones estadísticas tendremos una curva que nos dirá si la población aumento más que el producto, empobreciéndose en promedio la gente. O si el producto aumentó más que la población y por con ello se enriquecieron en promedio las personas.

En Venezuela esa curva presenta varias décadas de notable crecimiento sostenido desde principios del siglo pasado hasta mediados de su década de los 70. En los 60 el crecimiento se ralentizó. A mediados de los 70 empezó una caída sostenida que no se ha revertido en tendencia hasta la fecha. Si se toma la población económicamente activa, en lugar de la población total, y el capital no residencial en lugar del producto, para estimar el capital invertido por trabajador, obtenemos otra curva de acumulación y des-acumulación, esta vez de capital. Y muy próxima a la anterior.

En los últimos tres años despareció poco menos de un tercio del PIB venezolano. Entre la llegada del chavismo al poder y el presente cayó el producto aproximadamente dos tercios. Lo acelerado del desastre presente oculta fácilmente que es la última y más radical fase de un proceso más largo. Llegamos a una economía Maltusiana. La población crece más aprisa que los recursos y amenaza la hambruna. Tratándose de un país que pasó de receptor neto de inmigrantes a exportador neto de emigrantes, incluso ilegales. El problema no es tanto que seamos más, sino que se produce mucho menos. Y como todo esto se inicia en los 70 del siglo pasado, tendríamos que identificar lo que cambio en la economía venezolana esa década. Sin descartar que el fenómeno tuviera causas anteriores que comenzaran a manifestarse entonces.

En agosto de 1975 se decretó la Ley que Reserva al Estado la Industria de los Hidrocarburos y en enero de 1976 se puso esta en vigor, naciendo una Industria petrolera monopolio del Estado. Los ingresos del Estado venezolano ya eran mayoritariamente patrimoniales desde que el petróleo pasó a ser la principal actividad económica del país en el primer tercio del siglo pasado. Lo que cambio en los años 70, fue que la principal industria del país, la que representaba cerca de la mitad del PIB y más de la mitad del ingreso externo pasó al control directo del Estado. Estado que estatizó o creo otras grandes empresas gubernamentales en áreas asociadas a la minería, como las industrias del acero y el aluminio. Además de bancos, navieras, y diversidad de empresas de producción y distribución de bienes y servicios. En Venezuela antes de los años 70 las empresas del Estado eran la excepción. A partir de entonces fueron la norma.

La pregunta no es qué causó el empobrecimiento. Fue la estatización de los sectores claves de la economía. La pregunta es cómo una gigantesca inversión gubernamental en industrias estratégicas, finanzas y transporte, pudo ser la causa de un empobrecimiento sostenido de varias décadas en un país petrolero que contó con recursos para inversiones hasta anteayer. Ya no es así, pero lo fue por casi un siglo. Y hasta hace apenas un par de años. Vimos una gran inversión en empresas gubernamentales en toda la estructura de producción, muy especialmente en los estadios más alejados del consumo final. Justamente la mayor inversión pública de nuestra historia se concentró en el período que inicia la caída del ingreso por habitante en Venezuela.

Como la más aceptada definición de socialismo en economía es “control estatal de los medios de producción”. Y empezaría el socialismo con control directo de medios considerados estratégicos, e indirecto del resto. Dejando espacio para un sector privado en economías socialistas. En Venezuela lo que vimos junto con al comienzo del empobrecimiento a largo plazo fue el inicio de una economía socialista. Hay dos momentos críticos. En la década de los 70 del siglo pasado la economía pasó a ser socialista, en términos de control directo del Estado sobre medios estratégicos. La principal industria exportadora y con ella la mayoría de las divisas. El resultado de la estatización de las industrias del petróleo, el hierro, el aluminio, etc., junto a la abundante inversión gubernamental, fue el empobrecimiento sostenido de la población a largo plazo. El segundo gran impulso al socialismo ocurre durante la prolongada bonanza de precios del petróleo con que el chavismo pudo encubrir los efectos de la destrucción concienzuda de un débil y poco competitivo aparato económico privado. Y el resultado es la miseria.

La clave de la curva es que durante las caídas de los periodos negativos superan el alza de los de crecimiento. Crecimiento que ocurre única y exclusivamente durante periodos de altos precios del crudo. Obviamente, las finanzas públicas sufrieron en los momentos de bajos precios petroleros el efecto de compromisos de gasto y endeudamiento asumidos con altos ingresos petroleros. Pero en la década de los 90 observamos un fugaz momento en que el crecimiento económico privado y la diversificación de exportaciones acompañan un período de bajos precios del petróleo. Momento fugaz en que la economía se hizo menos socialista mediante privatizaciones hoy revertidas, y recuperó en pocos años gran parte del atraso tecnológico acumulado. Tímida reforma, producto de la debacle financiera del fisco, exhibió contradicciones económicas internas y problemas políticos insuperables. Pero fue el único momento en que vislumbramos la posibilidad de revertir el rumbo a la miseria actual.

América Latina frente a Venezuela por Juan Gabriel Tokatlian – Nueva Sociedad – Agosto 2017

Venezuela se enfrenta hoy a la crisis más dolorosa y de mayor alcance de América. Algo está claro: hay muchos intereses en juego.

7clSZV6deDdi.jpg

La Revolución Bolivariana que comandó Hugo Chávez no prometió una democracia liberal. Su propósito era establecer una democracia mayoritaria que desembocara en una democracia participativa. Se retomaba, aunque en clave popular y antielite, lo que en 1919 publicó el periodista y político venezolano Laureano Vallenilla Lanz, en su libro Cesarismo democrático. Ante lo que concebía como la existencia de un pueblo incapacitado, Vallenilla reivindicaba para el país el ideal del caudillo carismático y gendarme que concentrase poder y garantizase orden. O, puesto en otra clave y en términos de Antonio Gramsci, ante la muy aguda inestabilidad derivada del «Caracazo» de 1989, Chávez aparecía para muchos como la expresión de un «cesarismo progresista».

A partir de la gestión de Nicolás Maduro, la incierta aspiración a una democracia mayoritaria encabezada por un «buen César» se transformó en un «cesarismo regresivo» y en una oclocracia liderada por un «mal César». Según Polibio (siglo II a. C.), la oclocracia desvirtuaba la democracia con su recurso a la demagogia y la ilegalidad. En una interpretación más moderna, en una oclocracia, antes que fortalecer a un pueblo organizado y el poder popular, se instrumentaliza a las masas por diferentes medios y se afirma una estrecha base de apoyo para lograr la supervivencia de un grupo en la cima del gobierno. Ahí se produce un retroceso: componentes básicos de toda democracia, como la protección de los derechos humanos, se degradan y surgen dispositivos autoritarios. En Venezuela esto se da en medio de una monumental crisis económica, que arrasa con los avances que beneficiaron a los sectores populares, agudiza la confrontación social y refuerza una economía sustentada en el petróleo.

Pero más allá de tal o cual definición politológica que precise la naturaleza del régimen actual, la comunidad internacional debe lidiar con la Venezuela realmente existente y no con la que impugnan sus críticos de distintas orillas políticas, la que desean los que abogan por una democracia liberal o la que defienden los amigos del «socialismo del siglo XXI».

Tal realismo demanda, de entrada, la respuesta a una pregunta: lo que hace el gobierno de Maduro ¿es el resultado de una gran cohesión del «chavismo» y su plan de perpetuación en el poder, que se produce en medio del avance de fuerzas opositoras unificadas y legitimadas y ante el surgimiento de inquietantes fisuras en la fuerza armada? Si la respuesta es sí, entonces no es mucho lo que pueden hacer América Latina y la comunidad internacional para frenar un choque de trenes ruinoso. Si, por el contrario, lo que subyace es la existencia de pugnas intensas en la cúpula dirigente, la creencia de ciertos sectores oficiales de que no es viable la perennidad del gobierno, la presencia de conscientes voces opositoras que comprenden que es imperativo acumular respaldos de manera pacífica y el temor de los militares de las consecuencias de una profunda división del país, entonces sí habría una pequeña –muy pequeña– ventana de oportunidad para que la región aportara una solución política que siempre será posible por lo que hagan los propios venezolanos.

Pero si fuera esto factible, América Latina debe superar cuatro dificultades evidentes. Primero, los mandatarios deben evitar que sus preferencias ideológicas obstaculicen el posicionamiento de cada país: se necesitan mentes lúcidas y prudentes. Segundo, el caso Venezuela no puede ser solo funcional a la dinámica interna –electoral y/o política– de cada nación: se requiere un balance entre motivaciones internas y responsabilidades externas. Tercero, es disfuncional para la región en su conjunto, y más allá de esta coyuntura, puede erosionar, por acción u omisión, los foros como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), entre otros. Y cuarto, es estratégicamente contraproducente aislar y aislarse de Venezuela y contribuir así inadvertidamente a que Estados Unidos asuma un papel protagónico que será, con más sanciones y amenazas, el preámbulo de mayor inestabilidad en el área: toda América Latina está en una situación demasiado delicada como para jugar con fuego.

Si se lograsen superar los obstáculos mencionados, dos cuestiones son fundamentales. Por un lado, aunque es esencial un cambio, Latinoamérica no debería precipitarlo. La idea de una transición inmediata puede ser incluso peligrosa. En octubre próximo habrá elección para gobernadores y la presidencial de 2018 será en diciembre. Se debería procurar que esa fecha fuese efectivamente anticipada. Por otro lado, si se avanzara en una salida a la crisis, hay que reconocer que la situación económica no se resolverá rápida ni fácilmente y, por lo tanto, habrá que comprometerse en serio con el futuro venezolano. La eventual transición venezolana debiera acompañarse para que no resulte en una frustración que, a su turno, reagudice las contradicciones imperantes; contradicciones que en el fondo expresan el agotamiento de un modelo social, económico y político anclado en el rentismo petrolero.

América Latina ya ha conocido en los años 60, y por décadas, lo que sucedió después de la Revolución Cubana. La mezcla de plegamiento a Washington en su política de cercamiento, aislamiento y punición de La Habana y la ausencia de una mínima concertación regional pragmática para evitar cortar puentes con Fidel Castro tuvo consecuencias lamentables para la región. Se «continentalizó» definitivamente la Guerra Fría y se contribuyó a exacerbar clivajes internos en cada país como reflejo de ello; esa combinación fue nefasta para el bienestar, la estabilidad y la autonomía de las naciones latinoamericanas. Sin duda, aquella experiencia debe haber dejado algunas lecciones.

En forma concomitante, en Venezuela hay intereses regionales en juego. Venezuela se enfrenta hoy a la crisis más dolorosa y de mayor alcance de América. La degradación de la situación actual sería catastrófica para todos los venezolanos y podría tener efectos nefastos para América Latina. En estos momentos, la comunidad internacional sabe cuánto se ha deteriorado la economía, cuán profunda e intensa es la polarización política y cuán ineficaces han sido las contribuciones puntuales de buenos oficios desde el exterior. Básicamente, el país se encuentra atrapado en una situación inestable y de signo negativo. En ese contexto, la parálisis diplomática y la retórica agresiva solo garantizan una menor defensa de los propios intereses nacionales de los países vecinos y de los más distantes también. Preservar América Latina como zona de paz es una autoexigencia ineludible para la región.

Finalmente, en el caso de Venezuela es primordial evitar lo que llamo el «efecto Bubulina». En la película Zorba el griego había un personaje, Madame Hortense (que interpretó Lila Kedrova, que recibió por este papel el Oscar a mejor actriz secundaria en 1964), quien habitaba el autodenominado Hotel Ritz, que pudo haber tenido cierto esplendor pero que se fue deteriorando paulatinamente. A ella se la conocía en el pueblo como la «Bubulina». Buena parte de los aldeanos –en este caso, de Creta– estaba a la espera de la muerte de la Bubulina para saquear el hotel. Y en efecto, eso ocurre cuando alguien grita que ella falleció. Uso metafóricamente esa imagen para sugerir que lo peor que puede suceder en esta hora es que buena parte de los gobiernos del continente –e incluso, extrarregionales– procuren usufructuar la grave crisis venezolana; unos para propósitos internos de diversa índole, otros para acercarse más a Washington suponiendo que obtendrán ventajas de algún tipo; otros en función de cálculos estratégicos respecto a la riqueza petrolera del país, etc.

Este es el momento de que la región repiense qué quiere y puede hacer para que Venezuela no se deslice hacia un abismo de imprevisibles costos internos y regionales.

 

Arepas de sangre por Alonso Escalada – El Diario Vasco – 4 de Septiembre 2017

La frase de Franco Moretto refleja fielmente el momento político y la alta tensión social que se vive en el país andino de Bolívar: «Está toda Venezuela en la inconformidad». Y este mismo analista refuerza su visión del caos en que se ve envuelta la sociedad con esta constatación real: «Lo que está sucediendo es que las circunstancias del choque político han llevado a la sociedad, sobre todo en Caracas, hacia una sensación de anarquía soterrada que a veces deriva en episodios de caos explícito».

Los que conocemos y admirábamos la Venezuela del desarrollo y del bienestar, a pesar de las diferencias por la distribución de la riqueza, anterior al chavismo y al ‘madurazo’, nos hacemos la pregunta a diario entre el malestar y el asombro: ¿Cómo ha podido llegar este otrora país potencialmente rico a este estado actual tan ruinoso en donde escasean los alimentos y hasta el papel higiénico? ¿Quién o quiénes son los culpables de haber empobrecido y hasta arruinado a un país que nadaba en la opulencia por estar clasificado como el tercer país exportador de petróleo del mundo?

Si la Venezuela de ayer, orgullosa y hasta ostentosa de su condición de señora rica, ha caído a la actual pobre harapienta y avergonzada, que hace colas para el litro de aceite y su arepa y hasta para el rollo de papel higiénico, ¿quiénes son los diabólicos artífices de este descenso a los infiernos de la pobreza y el desabastecimiento que hayan traído tanta ruina y tanto malestar? Venezuela se encuentra, como la ve Andrea Rizzi, en «el terrible péndulo de Rusell», porque parece instalada en esa dramática tendencia pensular que describía el gran pensador británico. «El chavismo se enroca en el autoritarismo; la protesta cobra intensidad. En el choque se abren paso creciente bolsas de caos y anarquía. La comunidad internacional no debería ahorrar esfuerzos para evitar la deflagración sea completa y que la deriva conflictiva/anárquica llegue demasiado lejos». Pero ese «demasiado lejos» ya ha llegado.

Un poco de memoria y de analítica nos hará entender el actual caos y deriva del autoritarismo de Chaves y Maduro. Tanto el artífice del «socialismo bolivariano del siglo XXI» como su continuador iniciaron su revolución lanzados desaforadamente hacia una oleada de nacionalizaciones y una de ellas, la de Radio Caracas, excomulgada por Chaves por ser la voz crítica de sus excesos y atropellos contra la libertad de expresión.

Esa acometida y anulación del popular medio de comunicación radial fue el detonante y desencadenante de otras nacionalizaciones. Pero el chavismo arrollador no se detuvo ante las críticas de los medios de masas opuestos a sus demasías autoritarias. Chávez era la voz del pueblo y no había otra voz, según sus proclamas matinales «Aló, Venezuela, les habla su presidente».

Venezuela o mejor, la oposición, no tenía otra opción que echarse a la calle y gritar sus consignas de «queremos una Venezuela libre», pero Chaves desde su Palacio de Miraflores seguía proyectando a sus fieles su ‘Alicia en el país de las maravillas’. Chaves, admirador y seguidor de la Revolución cubana de Castro y del Che, habían inaugurado otro ensayo de socialismo contrario a una democracia liberal y prometía la instauración de una democracia popular tratando de descabezar y tirar por tierra las oligarquías y a sus dirigentes. Lo que nunca se atrevió el reformador bolivariano es a nacionalizar los bancos, aunque no le faltaran ganas de hacerlo. El caudillo de las ansias y de las hazañas de Bolívar no se atrevió o no pudo con someter a su arbitraria manera de desgobierno al sector de la banca. Y además, le llegó la muerte a una imprevista y dejó su testamento político señalando a su sucesor Nicolás Maduro como el hombre de su Revolución.

Yo me he acordado estos días convulsos de conflictos, encarcelamientos como los de Leopoldo López y de Antonio Ledezma, de sobresaltos y muertos en refriegas callejeras, de aquel exquisito escritor venezolano Arturo Uslar Pietri. El gran escritor publicó en 1947 un libro titulado ‘De una a otra Venezuela: glosas de una transformación, angustias de una supuesta defunción’. Aquel trabajo se centraba en el periodo de gobierno de Rómulo Betancourt y de Rómulo Gallegos (1945-1948) para reflexionar sobre la crisis y transformación de aquella Venezuela que salía de su condición de agropecuaria y adoptaba la explotación del petróleo como símbolo de modernización y desarrollo. Con aquel brillante escritor sostuve yo conversaciones sobre Venezuela y su filosofía política. Yo le decía a Uslar Pietri que la democracia venezolana estaba vigilada por el ejército y que este rasgo la obligaba a ser dependiente, y él me replicaba diciendo que en Venezuela los gobiernos de Acción Democrática (Adecos) y de Democracia Cristiana se sostenían por la habilidad de sus gobernantes. Hoy, tal vez, no pensaría lo mismo. Hoy, a la larga distancia histórica de aquel 1948, ante la incertidumbre y la «sensación de anarquía» reinantes, habrá que convenir con el mencionado Andrea Rizzi que «la solución real sólo puede brotar desde dentro en Venezuela».

 

La gran estafa bolivariana por Joaquín Villalobos – Nexos – 1 de Septiembre 2017

Fidel Castro solía lamentarse de que la primera revolución marxista en el continente hubiera tenido lugar en un país pobre como Cuba; decía que habría sido mejor en un país rico como Venezuela y lo intentó. En los años sesenta un grupo de cubanos se sumó a las guerrillas venezolanas y cuenta Teodoro Petkoff, veterano de aquella insurgencia, que Fidel les propuso enviar al Che Guevara, pero los guerrilleros venezolanos se opusieron, obviamente el Che sería más ruido que ayuda. En los ochenta las luchas revolucionarias más importantes tuvieron lugar en Nicaragua y El Salvador, dos países más pobres que Cuba que estaban más para pedir que para dar. En ese contexto se derrumbó la Unión Soviética que era la gran proveedora, el panorama se volvió desolador, Cuba se organizó para resistir el hambre y, entonces, llegó Hugo Chávez.

02-estafa-01.jpg

A diferencia de Colombia, que es un país violento con una cultura política civilista, Venezuela es un país pacífico con una cultura política militarista. Muchos venezolanos les confieren a los militares el papel de “salvadores de la patria”. No es extraño que el rechazo al ajuste estructural de Carlos Andrés Pérez acabara convertido en oportunidad para el golpismo militar en 1992 y luego en la victoria electoral del teniente coronel Hugo Chávez en 1998. El militarismo venezolano de tradición conservadora, vocación autoritaria, pasado represivo y entrenamiento estadunidense, pudo así alcanzar el poder con una narrativa antipolítica como la de Fujimori, para luego asumir una plataforma izquierdista antineoliberal. La pregunta en aquel momento era si Chávez era un nuevo “gorilato militar” o una revolución como él decía. Leer más de esta entrada

¿Quién dijo desaliento? por José Toro Hardy – El Nacional – 24 de Agosto 2017

Unknown.jpegUn amigo, abatido por el desaliento, me comentaba que el camino que nos aguarda es el de Cuba, donde los Castro tiranizaron a esa Isla por casi seis décadas.

Estoy en total desacuerdo.Veamos:

Cuba fue la última colonia española. Su guerra de independencia se inició en 1895 con el Grito del Baire y concluye con el Tratado de París en el que España renuncia a su soberanía sobre la isla. Finalizada la guerra se temió que EEUU -que le había declarado la guerra a España en 1898 por el hundimiento de su acorazado Maine en La Habana- se apoderase de la isla. Ello sembró una animadversión hacia ese país. Finalmente el 20 de mayo de 1902 nace la República de Cuba bajo tutelaje estadounidense. A lo largo de su historia, prácticamente no ha conocido la democracia.

La Revolución Cubana fue la alternativa a una III Guerra Mundial. Para 1962 la URSS había emplazado misiles atómicos en la isla capaces de alcanzar todo el territorio de los EEUU. El mundo estuvo más cerca que nunca del estallido de una guerra nuclear. Finalmente Kennedy y Krushev llegan a un acuerdo. Krushev retiraría los cohetes y Kennedy se comprometería a que EEUU nunca invadiría a Cuba.

De allí en adelante, el régimen cubano sólo pudo subsistir gracias al apoyo masivo de la URSS. Cuando cae el Muro de Berlín en 1989, colapsa el comunismo y en 1991 se desploma y desintegra la URSS, Cuba entra en el “período especial” sufriendo graves carencias. Sólo pudo superarlo cuando Chávez llega al poder y sustituye el apoyo soviético.

La Revolución Cubana alardeaba de dos virtudes: Épica y ética. Nace de una cruenta lucha armada en la Sierra Maestra, derrocando finalmente a Fulgencio Batista en 1959. Fidel Castro convence a un mundo crédulo de que aquella fue una epopeya cargada de ética.

Coincide con el momento más álgido de la Guerra Fría. Cuba era mimada por las izquierdas del mundo. Intelectuales de alto calibre como Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar , Mario Benedetti y muchos otros le dieron un lustre particular.

Todo lo anterior contrasta radicalmente con la Revolución del Siglo XXI. Venezuela fue de los primeros países en emprender la lucha por su emancipación. Fuimos durante décadas una de las democracias más sólidas y antiguas de Latinoamérica. Lejos de tener una animadversión hacia los EEUU, fuimos uno de sus más cercanos amigos. Incluso durante la II Guerra Mundial -aún manteniéndonos neutrales- fuimos un factor determinante del triunfo por haber aportado más del 60% del petróleo utilizado por los aliados durante el conflicto.

El Socialismo del Siglo XXI no se ha caracterizado por virtudes enaltecedoras como la épica ni la ética. La épica se limita a una intentona militar fracasada en 1992 y la ética, brilla por su ausencia, destacándose más bien por ser el régimen más corrupto en toda la historia del continente. Ningún intelectual de valía la apoya.

Está revolución no es más que el resultado de un accidente histórico: una etapa en la que los precios del petróleo alcanzaron máximos nunca antes imaginados alimentando un carnaval de populismo y devastación. En lugar de promover una economía sustentable, el régimen desmanteló las instituciones y arrasó con todo.

Al caer el petróleo y morir Chávez, la revolución no tiene la menor posibilidad de subsistir. La economía colapsó, la moneda destruída junto con el aparato productivo, la industria petrolera severamente dañada, la inflación más alta del mundo, al borde del default, escasez insoportable, 82% de la población por debajo de la línea de pobreza y 50% de pobreza extrema.

Ni Rusia ni China pueden echarse a cuestas a Venezuela como pudo hacerlo la URSS con Cuba en el apogeo de su poderío militar y económico y en plena guerra fría. Rusia, también en crisis, tiene problemas más acuciantes en Ucrania y Siria. A China lo que le interesa es recuperar el dinero prestado. Por su parte Cuba se aferra a Venezuela porque su alternativa es morirse de hambre.

Lo repito, la Constituyente le está saliendo al régimen por la culata. Ha logrado una coincidencia mundial sin precedentes. Desde los 29 países de la Unión Europea hasta la inmensa mayoría de las naciones del Hemisferio Occidental y el Mercosur han declarado la muerte de la democracia en Venezuela. Tal consenso no se había visto en toda la historia de Latinoamérica. A ello se le suma un severo aislamiento financiero y la incertidumbre de posibles sanciones. Un régimen amenazante pero exangüe sufre sus últimos estertores.

La rueda de la historia, inexorable, está girando. ¿Quién dijo desaliento?

La intervención de Cuba en Venezuela por Alvarez Quiñones – Human Rights Foundation for Cuba – Julio 2017

Refineria-de-Petroleo-Cienfuegos-ALBA-Venezuela-Cuba-800x533.jpg

Intervención masiva de Cuba en Venezuela amenaza a la región

La heroica lucha de los venezolanos contra la dictadura que encabeza Nicolás Maduro y por restablecer la democracia, choca no sólo contra los esbirros de la Guardia Nacional y los “colectivos”, sino con la maquinaria represiva, logística y política de la tiranía castrista, la más implacable y duradera en la historia de las Américas.

La intervención de Cuba en Venezuela es abrumadora. Hay allí miles de militares cubanos, incluyendo 3 generales, 12 coroneles y tenientes coroneles, 6 capitanes de fragata y otros 25 oficiales de distintas graduaciones. También intervienen 4,500 soldados de infantería en 9 batallones, uno de ellos acantonado en Fuerte Tiuna, el corazón militar del país, según el sitio online venezolano “Q’Pasa en Venezuela” y la periodista Sebastiana Barráez, especialista en temas sobre las fuerzas armadas de Venezuela.

Hay también fuerzas especiales del MININT. Y los más de 34,000 médicos y profesionales cubanos de la salud tienen órdenes de defender la tiranía con las armas. Ese contingente cubano interventor tiene conexión por cable con el Centro de Operaciones de Valle Picadura en La Habana, al mando del general Leonardo Andollo Valdez y supervisado por la cúpula militar cubana.

Otros miles de cubanos copan puestos claves del Estado, el Gobierno, las fuerzas militares y represivas venezolanas, y en particular los servicios de inteligencia y contrainteligencia. La seguridad personal de Maduro está a cargo del MININT. Hay tantos castristas que venezolanos enfurecidos queman banderas cubanas en la vía pública. A los cubanos eso nos entristece, pero si nos ponemos en el lugar de esos manifestantes logramos comprender lo de “Cubanos go home” en español.

Además, en abril pasado el ex presidente de Colombia, Andrés Pastrana, denunció en su cuenta twiter que hay en Venezuela al menos 4,000 guerrilleros de las FARC. Hay también iraníes y denuncias de que podrían estar enviando uranio a Irán. “Noticias 24” informó que esos yacimientos de uranio venezolanos han sido denunciados por los servicios de inteligencia de Alemania, Francia, Reino Unido, EE.UU , Israel y el Mukabarat jordano.

Artículo de The Wall Street Journal…

Artículo de Mary Anastasia O’Grady publicado en The Wall Street Journal el 16 de julio de 2017 con el título “How Cuba Runs Venezuela”.

Igualmente hay terroristas del movimiento Hezbolá; por órdenes de Tarek El Aissami, Caracas ha entregado unos 15,000 pasaportes diplomáticos venezolanos a milicianos del Hezbolá, chiítas iraníes, y a otras huestes yihadistas del Medio Oriente que hoy se mueven por el mundo con propósitos nada edificantes, según el periodista libanés Francois Bayni, quien hizo pública su denuncia en Facebook y fue publicada por medios de todo el mundo..

O sea la crisis venezolana tiene un peligroso carácter internacional. Preocupados deben estar en Colombia, Brasil, Guyana, Panamá, Ecuador y Perú, por dos motivos: 1) si estalla una guerra civil multitudes de venezolanos huirían hacia esos países vecinos o más cercanos; y 2) si Maduro impone la Constitución redactada en Cuba la erosión de la democracia en la región será mayor que nunca.

Sin la tutela de La Habana ya Maduro habría caído

Sin la tutela directa de Raúl Castro, su Junta Militar, el PCC, las FAR y de todo el aparato de inteligencia y contrainteligencia castristas (a cargo del coronel Alejandro Castro, hijo del dictador), el gobierno de Maduro habría ya sucumbido.

Ese tutelaje apuntala al régimen chavista, lo rescata cuando comete errores, y lo ha convertido convenientemente en un vulgar gobierno forajido de narcotraficantes, criminales y ladrones. La Habana los alentó a enriquecerse con el tráfico de drogas y el robo al Estado. Incitó a Hugo Chávez a comprar armas y entregárselas a miles de delincuentes, émulos de las brigadas de respuesta rápida castristas, pero no con palos y cabillas, sino con fusiles y unos 5,000 lanza cohetes hombro-aire.

Maduro, su esposa Cilia y sus hijos, el “Cartel de los Soles”, y los demás jerarcas chavistas, están metidos hasta el cuello en el narcotráfico. Casi el 90% de la cocaína que va hacía EEUU y Europa pasa por Venezuela. Todos roban al Estado y muchos cometen crímenes de lesa humanidad. Ya son más de 130 los venezolanos ejecutados en las calles desde febrero de 2014.
Con semejante nivel de criminalidad, a Raúl Castro le resulta fácil recordarles a esos “fuera de la ley” que si entregan el poder irán todos a la cárcel. Esto es lo más grave de la crisis venezolana, que el alto mando chavista se sabe en prisión si pierde el poder. Se aferra a él y solo lo soltará a cañonazos.

Las directrices castristas causaron el desastre económico

Entre 1999 y 2015 Venezuela recibió 960,589 millones de dólares por sus exportaciones de petróleo, un promedio de 56,500 millones anuales, según la consultora Ecoanalítica. Esa cantidad fue muy superior a todo el dinero obtenido antes por Venezuela desde 1811, al declarar su independencia de España.

Pero con tan fabulosa fortuna el gobierno “bolivariano” no diversificó la economía (hoy depende más del petróleo), ni hizo nada por desarrollar el país. Guiado por Fidel Castro, Chávez utilizó su chequera para comprar lealtades políticas en Latinoamérica, intervenir y financiar campañas electorales de izquierda en Latinoamérica y hasta en España para extender el “Socialismo del Siglo XXI”.

También lo empleó en gastos sociales desmedidos con fines propagandísticos (al estilo fidelista), en vez de emprender obras de infraestructura y desarrollo económico. Gastó miles de millones en armas y tecnología para reprimir. Recientemente llegaron a Venezuela 167 nuevas tanquetas Norinco de fabricación china, que lanzan gases lacrimógenos y agua a los manifestantes. . Pero lo peor es que buena parte de esa bonanza financiera fue robada por la cúpula chavista y sacada del país.

Encima, Chávez ordenó emitir 54,327 millones de dólares en bonos de la República y de PDVSA, la entidad estatal petrolera. Y ahora, ya en ruinas, el país tiene que pagar a esos acreedores $110,000 millones hasta 2027, en intereses y capital. Aparte, le debe a Rusia y China. La deuda con Pekín llegó a $60,000 millones. El país está quebrado.

La estatización del grueso de la economía venezolana, y la guerra a la empresa privada destrozaron la planta industrial, comercial y agrícola del país. La burocracia pasó de 900,000 empleados públicos a 2.4 millones. Y los de PDVSA de 40,000 a 145,000.

Con la tutoría castrista a la “revolución bolivariana” hoy los venezolanos son más pobre que nunca en su historia. Familias venezolanas con niños pequeños hurgan en latones de basura para poder llevarse algo a la boca.

CONCLUSIONES

Caracas mantiene a Cuba, y Cuba guía los hilos del poder en Caracas
Quien mejor aprovechó la bonanza de petrodólares fue el castrismo, con subsidios por unos $10,000 millones anuales y unos 40 millones de barriles de petróleo gratis cada año (66% del consumo nacional cubano).

Esos subsidios de Caracas a La Habana ahora han disminuido a unos $6,500 millones, pero siguen siendo, junto con aproximadamente la mitad del petróleo que recibía antes, uno de los dos soportes que mantienen a flote la economía cubana (el otro lo componen las remesas, los paquetes y el turismo).

¿Qué ofrece la isla a cambio?: Nada menos que su “know how” para mantener al chavismo en el poder. Curiosa ironía, Cuba, el país más pobre y pequeño de los dos, es la metrópoli colonialista, pues tiene el conocimiento para mantener a la mafia chavista en el poder. Y el país más fuerte económicamente, más grande y con el triple de población, es la colonia. Sin duda vivimos en la era del conocimiento.

Con la eventual caída del chavismo el castrismo sufriría un terremoto en lo económico, político, ideológico, y diplomático. Sería el fin del “Socialismo del Siglo XXI”, y de paso, del Foro de Sao Paulo, la internacional comunista creada en 1990 por Castro y Lula da Silva para “cubanizar” la región.

Al haber sucumbido también el segundo mayor aliado político-financiero de La Habana, el gobierno populista de Brasil, y también el de Argentina, y la negativa de Pekín y Moscú a regalar dinero, el Estado proxeneta del Caribe se quedaría sin mecenas. Se produciría una reedición del “período especial” en una escala algo más pequeña, pero devastadora. Baste saber que casi la mitad del comercio exterior (45%) de Cuba se realiza con Venezuela.

Sin el petróleo venezolano el gobierno de Raúl Castro tendría que conseguir $1,800 millones para comprar los 110,000 barriles diarios que le suministraba Venezuela hasta 2014, o $1,000 millones para comprar 68,000 barriles diarios, reducir el consumo de combustible en un 38%, y sufrir apagones que podrían desestabilizar al régimen y hundir el turismo.

La Constituyente pretende impulsar viejo proyecto castro-guevarista

La convocatoria de Nicolás Maduro de una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución copiada de la cubana es una maniobra para sepultar la Constitución “burguesa”, no celebrar las elecciones de 2018, desmantelar la Asamblea Nacional, todas las instituciones del Estado, y militarizar definitivamente el gobierno al estilo cubano. Para ello cuentan con 2,000 generales, una cifra asombrosa (y ridícula) que supera el total de generales de los 29 países miembros de la OTAN en conjunto.

Con una Constitución comunista, el chavismo emprendería — con 50 años de retraso–, el malogrado proyecto de Fidel Castro y el Che Guevara de llevar el totalitarismo “revolucionario” a Sudamérica, tal y como anunció el argentino en su carta a la Conferencia Tricontinental. Esta vez no con un grupito de guerrilleros hambrientos perdidos en la selva boliviana, sino en Venezuela, el mayor productor regional de petróleo, y desde el Palacio Presidencial de Miraflores.

La Constitución cubana fue copiada de la vigente en la Unión Soviética. Así surgió en las Américas la figura del Presidente del Consejo de Estado en lugar del Presidente de la República. Ese Presidente es elegido a dedo por el Consejo de Estado (Presidium del Soviet Supremo en la URSS), que a su vez es nombrado a dedo por el dictador (primer secretario del PCC), quien le ordena a esa cúpula estatal que debe elegirlo a él mismo otra vez como Jefe de Estado. Y punto.

Los chavistas se despojarían de las hojitas de parra que cubrían la fachada democrática que vendían al mundo. Pero agravarían a niveles insospechados la crisis venezolana y afectaría a las naciones vecinas, en particular a Colombia con las FARC convertidas en fuerza política legal. La lucha popular en Venezuela se dispararía. También hay sectores del chavismo, con respaldo militar, que rechazan que Venezuela se convierta en otra Cuba.

Aplastar los derechos humanos no es ‘asunto interno’ de un país

La indiferencia de la comunidad internacional ante el salvajismo del gobierno de Maduro es una expresión de la “realpolitik” que parece prevalecer en Latinoamérica y en todo el mundo en lo que va de siglo, y que coloca los intereses políticos y económicos por encima de los derechos humanos. Ya en el tercer milenio, el desarrollo mismo de la civilización exige que la salvaguarda del ser humano sea la prioridad de todos los gobiernos, por encima de la política, la economía y todo lo demás.

Si antes de la Revolución Francesa ya Jean Jacques Rousseau y otros baluartes de la Ilustración en Europa se percataron de que la soberanía de una nación es el pueblo mismo, con más razón el mundo moderno debería disponer hoy de leyes supranacionales de obligatorio cumplimiento para todos los Estados, para proteger los derechos precisamente del pueblo soberano.

La violación de los derechos ciudadanos no puede ser “asunto interno” de un país. Eso atañe al género humano, sin importar fronteras. Y las denuncias internacionales al respecto no violan la “soberanía nacional”. Es todo lo contrario. Todo Estado violador de derechos humanos debe ser obligado, por la fuerza si es necesario, a respetarlos. Es hora de que haya instrumentos legales y fuerzas internacionales para intervenir donde quiera que se atropelle la integridad física de los seres humanos y se asfixien sus libertades fundamentales.

La actuación prochavista en la OEA es una vergüenza histórica

Pero ocurre todo lo contrario. En Latinoamérica los gobernantes y políticos no quieren disgustar a los partidos de izquierda porque pueden perder votos electorales, o quieren evitar ruidosas protestas callejeras de la izquierda. Otros venden su lealtad política al que pague, y si con petróleo barato mucho mejor. Esa obediencia muy tempranamente la compró Hugo Chávez, aconsejado por su paradigma, héroe y guía, Fidel Castro.

Y tan importante fueron sus consejos que ahora en la OEA, ni en su reunión de cancilleres del 31 de mayo, ni en la más reciente de junio, se logró nada. No ya para para aplicar la Carta Democrática a Caracas, romper masivamente relaciones diplomáticas con Venezuela, o para retirar los embajadores en Caracas, sino ni siquiera para “rogarle” a la dictadura chavista que reconsiderase la creación de la Asamblea Nacional Constituyente.

Se necesitaban 23 votos para obtener los dos tercios de un total de 34 países miembros de la OEA y se consiguieron 20 votos. La propuesta de 14 países –-a los que sumaron otros 6–, para solicitarle al chavismo que no sea tan malo fue bloqueada por los gobiernos neocomunistas aliados de Caracas y por los países caribeños que reciben crudo venezolano barato. Vale precisar que Venezuela, Nicaragua, Bolivia, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas y Dominica, los cinco países que votaron en contra de condenar al régimen de Maduro, tienen 17 millones de habitantes, mientras que en los 20 países que querían hacer lo justo habitan 500 millones. Muy duramente juzgará la historia a quienes de hecho se convirtieron en cómplices del genocidio y de la destrucción de toda Venezuela.

No hacer nada ante los crímenes de las dictaduras de Venezuela y la castrista, es una vergüenza histórica mayúscula. Y confiere dramática vigencia a una frase de José Martí: “Ver cometer un crimen en calma es cometerlo”.

El autor es escritor y periodista radicado en el sur de California. Ha escrito durante más de tres décadas sobre el curso de la economía mundial. Es también experto en temas políticos de América Latina con énfasis en Cuba y Venezuela. Es colaborador de la Human Rights Foundation for Cuba.

 

Lo que queda de Venezuela por Joaquín Villalobos – El País – 21 de Julio 2017

El régimen de Maduro se está convirtiendo en el sepulturero de la ‘Revolución Bolivariana’. Enfrentado a una coalición de fuerzas de centro que creen en la democracia y el mercado, es un modelo muerto y nada puede recuperarlo
1499932152_975666_1500566732_noticia_normal_recorte1.jpg
En Latinoamérica están en marcha tres transiciones que golpean a la extrema izquierda: el fin de la lucha armada en Colombia; el retorno gradual, pero irreversible, de Cuba al capitalismo; y el final de la Revolución Bolivariana.Venezuela es el eje de estas tres transiciones. Con más de 400 presos políticos y la negación a la alternancia mediante elecciones libres, el régimen chavista se destapó como dictadura. Después del intento de Fujimori, se acabaron en el continente las dictaduras de extrema derecha y tras casi 40 años de democracia solo quedan las dictaduras de extrema izquierda en Cuba y Venezuela. En este contexto, los 100 días de protestas contra Maduro se han convertido en la rebelión pacífica más prolongada y de mayor participación en la historia de Latinoamérica. Ninguna dictadura anterior enfrentó un rechazo tan contundente.

Si Nicolás Maduro hubiese aceptado el referéndum revocatorio en el 2016, posiblemente hubiera perdido conservando un 40% de los votos. Pero ahora cada día que pasa su soporte es menor, con lo cual Maduro se está convirtiendo en el sepulturero de la Revolución Bolivariana. Es totalmente falso que en Venezuela haya una lucha entre izquierda revolucionaria y derecha fascista; el régimen venezolano está enfrentado a una coalición de fuerzas esencialmente de centro que incluye a partidos, líderes, organizaciones sociales e intelectuales de izquierda que creen en la democracia y el mercado. Lo que está en juego en Venezuela es el futuro del centrismo político en Latinoamérica, porque en esta ocasión, las fuerzas democráticas no son compañeros de viaje de extremistas ni de derecha, ni de izquierda. La derrota del extremismo abre la posibilidad de alcanzar una mayor madurez democrática en el continente.

Chávez pudo darle unos años más de vida al régimen cubano que ahora, literalmente, está buscando desprenderse de la teta petrolera venezolana para agarrarse de la teta financiera norteamericana. Hace 18 años era intelectualmente obvio que la Revolución Bolivariana tenía fecha de caducidad. La historia de sube y baja de los precios del petróleo y los avances tecnológicos volvían absurda la pretendida eternidad de un socialismo petrolero que permitiera repartir sin producir. Sin embargo, izquierdistas de toda Latinoamérica, España, Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y del resto del mundo vieron en Hugo Chávez la resurrección del mesías y en Venezuela el renacimiento de la utopía que había muerto en Europa Oriental y agonizaba en Cuba. La euforia fue tal que, para muchos, ser de izquierda implicaba aplaudir a Chávez y no criticar a Fidel Castro. La chequera venezolana compró lealtades a escala universal. Sin duda el final del régimen dejaría perdedores en todas partes, por eso sigue conservando defensores y obteniendo silencios.

Pero, finalmente, tal como era previsible, se produjo la implosión del socialismo del siglo XXI y la crisis humanitaria que ha generado es descomunal; la fiesta del despilfarro revolucionario y del robo oportunista ha terminado. El modelo chavista saltó de la inclusión social a la multiplicación exponencial de la miseria. El modelo está muerto y absolutamente nada puede recuperarlo. El régimen de Chávez fue el único de los llamados bolivarianos que le declaró una guerra abierta al mercado con expropiaciones que acabaron con la economía de Venezuela. Ahora solo le queda la fuerza bruta del carácter militar que siempre tuvo. Las ideas que acogió Chávez fueron más una oportunidad para la tradición militarista venezolana que una definición ideológica. El principal factor de cohesión de la Revolución Bolivariana nunca fue la ideología, sino el dinero. Con los billones de dólares en ingresos petroleros fue fácil que un grupo de militares se decidiera, para beneficio propio, confesarse izquierdistas.

Es falso que en Venezuela haya una lucha entre izquierda revolucionaria y derecha fascista

Los militares venezolanos tienen más generales que Estados Unidos, ocupan miles de puestos de gobierno, han armado paramilitares, se han involucrado en el narcotráfico, han intervenido y expropiado empresas, se benefician de la corrupción, controlan el mercado negro, reprimen, apresan, torturan, juzgan y encarcelan opositores. En 17 años los militares han matado casi 300 venezolanos por protestar en las calles. En la historia de las dictaduras latinoamericanas no ha existido una élite militar que haya podido enriquecerse tanto como la venezolana y todo esto lo han defendido como “revolución popular” los extremistas de izquierda en todo el planeta. La plata venezolana logró que intelectuales de primer y tercer mundo establecieran que los antes “gorilas derechistas” fueran reconocidos como un fenómeno revolucionario.

En el pasado, los revolucionarios latinoamericanos fueron perseguidos por Estados Unidos; los bolivarianos, por el contrario, tienen propiedades y cuentas bancarias en Florida. A Venezuela no necesitan invadirla como a Cuba, tampoco requieren armar contrarrevolucionarios como lo hicieron con Nicaragua. La Revolución Bolivariana no depende de Rusia, ni de China, sino de que su enemigo, el “imperialismo yankee”, le siga comprando petróleo. Venezuela cubre solo el 8% del mercado estadounidense. Suspender esa compra no afectaría a Estados Unidos y no sería una agresión, sino una decisión de mercado. Por ello, aunque parezca inaudito, Maduro sigue gobernando gracias a la compasión de Donald Trump. No hay argumento antimperialista que valga, Estados Unidos no ha metido su mano en Venezuela como la metió en Chile, República Dominicana, Panamá o El Salvador.

Los enormes progresos en bienestar logrados por el centroizquierda en Costa Rica, Chile, España y, no digamos, Suecia, Noruega o Dinamarca respetando la democracia y el mercado contrastan con el desastre social y económico de Cuba y Venezuela. Es incomprensible la terquedad de los utópicos de querer hacer posible lo imposible. Chávez no inventó un nuevo socialismo para el siglo XXI, sino que repitió el camino equivocado al pelearse con las fuerzas del mercado y ahora sus herederos hacen lo mismo contra la democracia.

Los bolivarianos bajaron la producción del petróleo y despilfarraron unos ingresos históricos

El supuesto marxista era que la Revolución Bolivariana lograría el desarrollo de las fuerzas productivas, pero, al igual que en Cuba, lo que hubo fue destrucción de las fuerzas productivas. Los bolivarianos hicieron retroceder la producción de petróleo y despilfarraron los ingresos más altos que ha tenido Venezuela en toda su historia. Pero no solo se contradijeron con Carlos Marx. En Venezuela a los de arriba se les ha vuelto imposible gobernar, hay un agravamiento extremo de la miseria de la gente y existe una intensificación extraordinaria de la lucha popular. Estas son las tres condiciones que estableció Vladímir Lenin para reconocer la existencia de una situación revolucionaria. Qué triste debe ser comprarse una revolución de mentiras y ser derrotado por una de verdad. Como dice Rubén Blades en su canción: “Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas”.

la fauna del nuevo hombre socialista por Ernesto García Mac Gregor – Blog Biendateao – 19 de Junio 2017

ernesto-garcia-mac-gregor-420x300.jpgMe preguntaba un joven de 26 años de edad sobre el procedimiento a seguir con las tarjetas de crédito en el exterior cuando no había control de cambio. No concebía que no hubiera que hacer nada aparte de tener fondos que respaldaran la compra. Nunca tuvo acceso a dólares viajeros ni al pasaporte. No entendía por qué las líneas aéreas abandonaban al país.

Indagaba si en la democracia existía el racionamiento del agua, los apagones que queman artefactos, los cortes diarios de electricidad, las fallas en el gas doméstico y hasta en las bombonas. Interrogaba si antes de la tiranía existían los colectivos, las listas Tascon, las cadenas interminables, si el gobierno tenía el monopolio de la comunicación social. Estaba sorprendido por ser Venezuela el país con mayor criminalidad en el mundo, con sólo 9% de los homicidas detenidos y no entendía cómo se le había entregado la soberanía a Cuba.

Tiene título de TSU bolivariano pero nadie lo emplea. Con su salario mínimo de obrero y lo que percibe en tres misiones y el bachaqueo, no le alcanza ni para pagar el chantaje del CLAP y eso que tiene carnet de la patria. No puede creer que gana 0.2$ por día y que según el BM está en pobreza extrema. Nunca entendió las locuras de Maduro con los billetes de 100, ni tampoco por qué el banco sólo le permite retirar Bs 10.000 de su salario depositado. No puede echarle gasolina a su moto porque no tiene chip y aparte odia las colas.

Se sorprende de como migra la gente, de la lentitud de Internet, de la falta de medicinas, de comida, de todo. Si una pareja de profesionales recién casados no puede comprase un carro y mucho menos una casa ¿qué le espera a él? La basura usada para comer. Se acabó la vida nocturna la radio rochela, la gaita protesta, apareció el pran carcelario las ejecuciones extrajudiciales el raspa tarjeta, el enchufado,

¡Pobre! me dije. No conoció cuando las grandes tiendas rifaban automóviles, la lotería premiaban con apartamentos de clase media, Bimba kilovatio incitaba al consumo con la frase “viva mejor eléctricamente”, cuando éramos felices y no lo sabíamos. Él es el nuevo hombre socialista creado por la revolución bolivariana que en julio planifica implantar definitivamente el comunismo en Venezuela. Que oiga quien tiene oídos…

 

 

Comunicación y pensamiento único por Ovidio Pérez Morales – Notiminuto – 14 de Junio 2017

ovidio_perez_morales_2.jpgEste derecho a la comunicación debe interpretarse, por tanto, como íntima e inmediatamente vinculado al derecho a la vida

Por comunicación se entiende aquí algo y mucho más que información, o simple expresión; entraña, en efecto, una inter-relación, en el respeto de la alteridad, superando el esquemático binomio emisor-receptor, activo-pasivo y otros semejantes. Genuina comunicación dice auténtico diálogo, compartir. Por ello cuando se define la persona en términos comunicacionales se hace referencia a categorías como compartir, encuentro. Y “comunión” en su sentido humanista cristiano.

Lo anterior permite entender la insistencia de Antonio Pasquali en que “el derecho a la comunicación pertenece al grupo de derechos humanos primigenios y orgánicos, como aquél sin cuyo pleno disfrute se vería el ente racional impedido de acceder a la socialidad en tanto que animal político, de seleccionar el modo de estar-con-el-otro que más le plazca y de garantizarse el mayor grado posible de reciprocidad”(18 ensayos sobre comunicaciones, p.45).

Este derecho a la comunicación debe interpretarse, por tanto, como íntima e inmediatamente vinculado al derecho a la vida, entendida ésta en su significación más honda e integral. Y aunque arropa derechos enunciados como el de expresión, medios, información y otros semejantes, no se reduce a ellos; los supera, integra y les señala el fundamento, sentido y horizonte.

Característica de los regímenes dictatoriales y totalitarios es priorizar el control de la comunicación, ya coartándola, ya hegemonizándola. Es lo que estamos sufriendo en Venezuela con la represión de las manifestaciones pacíficas ciudadanas, la apropiación y censura de los medios de comunicación particulares, así como el uso indebido por parte del Gobierno, del Presidente de la República y del Partido, de los medios oficiales (que son del Estado y, por tanto, no de ellos).

Peor que expropiar bienes, una hacienda con vacas o una industria con máquinas, es proponerse hacerlo con mentes libres para convertirlas en repetidoras del pensamiento del Partido o del Hermano Mayor (Fuhrer, Duce, Secretario General). Más grave que atar cuerpos es encadenar radios y televisoras para masificar cerebros. Esa tarea violatoria del derecho humano fundamental de la comunicación busca conformar un “pensamiento único”, lo cual contraría el plan de Dios Creador, que es tener como interlocutores seres pensantes libres. Menos mal que la tecnología permite hoy escapatorias a la imposición del Régimen, aunque éste quiere llegar ahí también mediante controles, sanciones u operativos de confusión.

El “ideal” del Socialismo Siglo XXI-Plan de la Patria de monopolio comunicacional es violatorio de un derecho humano fundamental generador de muchos otros derechos, pensemos, a título de ejemplo, en los educativos, asociativos, de participación política, religiosos.

El cambio obligante hoy en Venezuela puede definirse así: de un país condenado al pensamiento único a otro, pluralista y comunicado.

 

Constituyente y Dictadura por Trino Márquez – La Patilla – 4 de Mayo 2017

ThumbnailTrinoMarquezAhora está apreciándose el alcance de la formación leninista recibida por Nicolás Maduro en Cuba durante sus años juveniles. La proposición de imponerle la Asamblea Nacional Constituyente persigue trasladar a Venezuela el modelo fidelista, el cual, tropicalizado, es el esquema de Estado revolucionario expuesto por Lenin en El Estado y la revolución, panfleto escrito pocos meses antes de que los bolcheviques asaltaran el poder en Rusia. Ya Lenin había elaborado en textos propagandísticos anteriores su tesis de todo el poder a los soviets (consejos) de obreros y campesinos. Sin embargo, es en El Estado… donde expone con precisión su visión del Estado revolucionario, claramente opuesto al Estado liberal y republicano construido en Europa luego de la superación del Absolutismo y la consolidación de la Revolución Industrial.

Maduro, ante el fracaso del socialismo del siglo XXI, el rechazo de la mayoría y el aislamiento internacional, decidió radicalizar el proceso revolucionario mediante una Constituyente Comunal que, dice Luis Almagro, héroe democrático de América Latina, acaba con el legado de Hugo Chávez, viola la Constitución y abre las puertas para que en el país se establezca una dictadura similar a la impuesta por los comunistas en la Unión Soviética, en Europa Oriental luego de la II Guerra Mundial, en la China de Mao y en otras naciones sometidas al dominio rojo.

Ya Chávez había tratado infructuosamente de implantar el esquema cubano. La reforma constitucional, 69 artículos, del año 2007, se proponía ese objetivo. En esa ocasión el caudillo fue derrotado. Sin embargo, debido su control sobre la Asamblea Nacional, muchos de los principios contenidos en esa reforma fueron introducidos en el ordenamiento jurídico a través de leyes habilitantes durante el período 2008-2010. Estamos ante la reedición de la reforma constitucional de 2007. La diferencia reside en que Chávez trató de implantarla en un momento de apoteosis: acababa de imponerse sobre Manuel Rosales, la oposición estaba fuera de la Asamblea Nacional, los precios del crudo iban en alza y la popularidad le sonreía. Con su hijo adoptivo sucede todo lo contrario. Intenta avanzar hacia la dictadura comunista totalitaria en la etapa de declive del proyecto hegemónico nacido hace casi dos décadas.

El giro totalitario que ensaya Nicolás Maduro no está exento de ambigüedades y contramarchas. En sus primeras intervenciones habló del voto corporativo, tal como lo aplicaron Mussolini y Franco en la primera mitad del siglo XX. Posteriormente, en la comparecencia ante el CNE presidido por la señora Lucena, quien perdió la oportunidad de demostrar que aún le queda un mínimo de dignidad, se refirió al voto “universal, directo y secreto” que podrán ejercer todos los electores. ¿Cuál de las dos versiones creer? La gigantesca protesta popular que su arbitrario anuncio desató, lo indujo a señalar que respetará la Carta del 99 y la Ley del Sufragio. Pero, el hombre es tan inestable que conviene esperar la aparición de las bases comiciales para saber cuál será el método definitivo.
Aristóbulo Istúriz, quien perdió la decencia hace muchos años, si es que alguna vez la tuvo, dijo en el programa de Vladimir Villegas en Globovisión que “el propósito de esta Constituyente no era redactar una nueva Constitución”. ¿Y, entonces, para qué es? Esta confusa afirmación la lanzó con el propósito de no ofender la memoria del Comandante. El artículo 347 de la Carta Magna dice que la Asamblea Constituyente se convoca “con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”. El profesor Istúriz debería pasearse por el texto constitucional antes de declarar.

La Constituyente de Nicolás, en términos más específicos, busca acabar con las elecciones previstas en la Carta Magna y eternizar la casta cívico militar enquistada en el poder. El discurso oficial crea la ficción de que resolverá los problemas económicos y sociales de la nación, como si el país estuviera mal por la Constitución del 99. Venezuela se encuentra en la ruina precisamente porque este pacto institucional ha sido quebrantado constantemente por el oficialismo. El Estado de Derecho ha sido irrespetado. Para recuperar el país bastaría con garantizar los derechos, principios y valores establecidos en ese acuerdo, por ejemplo, los relacionados con el respeto a la soberanía popular, a la alternabilidad en el poder, a las minorías y a los derechos de propiedad, todos vigentes en las democracias modernas más arraigadas.

La Constituyente de Maduro no puede pasar. Sería el fin definitivo de la democracia y el inicio de una dictadura totalitaria de la cual costará mucha sangre salir.

A %d blogueros les gusta esto: