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La náusea por Adriana Moran – Blog Polis – 4 de Diciembre 2019

Por supuesto que es difícil controlar la náusea. Que los que con infinita tristeza hemos visto como desangraron a un país y se llenaron bolsillos propios y extraños con la miseria de millones no podemos dejar de ver en otra denuncia de saqueo de lo que debería ser de todos, una prueba más de la miseria humana y esta vez de parte de quienes dicen representarnos. Que sin siquiera ver una luz al final del largo y oscuro túnel éste se sigue estrechando para poner una vez más a prueba nuestras fuerzas y nuestra decisión de salir hacia un lugar en el que podamos respirar una bocanada de aire limpio.

Pero la náusea no sirve de nada. Ni el quejido. Y mucho menos sirve pensar que porque unos terminaron por demostrar para mal de qué están hechos ya todo está perdido, como tampoco sirve resumir en una generalización nacida de la furia a todos los que pueden jugar un papel en este juego que jugamos porque estamos obligados a construir una salida. Hay que evitar que esa trampa concebida en los extremos para hacernos creer que nada sirve acabe con las esperanzas que nos quedan a los que todavía creemos que un tránsito hacia la democracia es posible.

Un régimen que teme ser enfrentado electoralmente y que ha logrado mantenerse porque lo amenazaron sin tener la fuerza necesaria en el único terreno en el que podía ganarnos, sigue teniendo el mismo miedo. Seguirá poniendo mil trampas para alejarnos de la verdadera lucha que puede derrotarlo. Amplificará nuestros gritos, se aprovechará de la indignación, reproducirá mil veces el asco que algunos hoy quieren que sintamos por todo y por todos para que nos demos por vencidos. Lo seguirá haciendo todo para evitar que nos organicemos y le demos forma a esa inmensa fuerza electoral que podemos ser.

Maduro tratará de evitar a toda costa que seamos capaces de pasarle por encima a los que lo hicieron muy mal para seguir adelante con los que quieren y pueden hacerlo muy bien. Tratará de impedir que recojamos ese anhelo mayoritario de salir de esta pesadilla en paz yendo a dar la pelea en el único sitio en el que no nos quiere porque ahí no nos puede ganar. Y vamos a ir. A pesar de la náusea.

Venezuela: hechiceros y sociedad de cómplices por Victor Maldonado C. – PanamPost – 29 de Agosto 2019

La sociedad de cómplices repudia hacerse las preguntas y recibir las respuestas. Es un colectivo que apuesta a la síntesis de la contradicción, que prefiere cerrar los ojos a sus corruptos

Ayn Rand denuncia la apatía y la falta de compromiso en la sociedad. (Foto: Flickr)

El célebre libro El nuevo intelectual, de Ayn Rand, comienza con una frase que no tiene desperdicio: «Cuando un hombre, una corporación o una sociedad entera se acerca a la bancarrota, hay dos cursos que los involucrados pueden seguir: pueden evadir la realidad de la situación, y actuar frenéticamente, a ciegas, siguiendo la conveniencia del momento (sin atreverse a mirar hacia adelante, deseando que nadie diga la verdad, pero esperando contra toda esperanza que algo los salvará de alguna manera) o pueden reconocer la situación, revisar sus premisas, descubrir sus activos ocultos y comenzar a reedificar». La sociedad de cómplices corresponde a la primera alternativa.

¿Qué conspira contra un régimen de libertades? ¿Cómo dejamos nuestros países en manos de los peores? ¿Cómo se llega a la condición de devastación extrema a la que ha llegado Venezuela? El país se vació de ciudadanía, dejó de tener apego por su futuro, se asoció a cualquier tipo de saqueo, aplaudió la rebatiña, y la máxima ética de la mayoría tenía como meta el colocarse en lugar preferido, privilegiado para desolar, sin importar por eso la amoralidad inmanente a la decisión y a la condición, que el acceso supusiera el tener que pactar y asociarse con los peores, supuestos adversarios formales, pero en realidad accionistas del mismo proceso de desafectación de los bienes públicos. El país nunca fue visto en perspectiva, y al carecer de sentido histórico, daba lo mismo saber o no saber la condición y posición de los actores políticos. De donde venían, el origen de su fortuna, y tantos «¿por qué?» que eran obsesivamente ocultados, evadidos, negados e ignorados para no dañar la trama o la expectativa de acceder a la mina.

Ayn Rand denuncia por eso la apatía, el cinismo trasnochado, la falta de compromiso y el tono evasivo y culpable de los que deberían estar atentos a la realidad y no a las apariencias. Emperadores desnudos blandiendo sus impudicias con el condescendiente aplauso de los que se arremolinan para ser beneficiarios de sus limosneros, muy poco dados a decir lo que todo el mundo piensa: este también es un corrupto, un saqueador contumaz, un político perdido para las buenas causas, que no tiene como justificar su nivel de vida, cuya conducta errática solo puede ser bien interpretada si lo colocamos al otro lado, como parte de los que patrocinan y colaboran con la opresión y la servidumbre. Son los tornillos que ajustan esas bisagras que cierran las puertas a la libertad y confinan al país a vivir al margen.

Venezuela vive la bancarrota de una sociedad de cómplices que crece y prospera a la sombra del socialismo del siglo XXI, un sistema complejo de relaciones sociales malévolas. Jorge Etkin (1993), estudioso de los sistemas perversos y de la corrupción institucionalizada, nos advierte que el desafío es conocer y vencer sus representaciones en cuatro dimensiones de las relaciones sociales.

La primera dimensión se refiere al plano de las situaciones mal planteadas. Un país, un régimen usurpador que tiene todavía el monopolio del uso de la fuerza, que contrasta con la legitimidad de una presidencia interina cuya plataforma institucional es una Asamblea Nacional perseguida y asolada por la tiranía. De un lado la ferocidad del bárbaro totalitario, del otro la fragilidad y a la vez la fuerza de un esfuerzo originalmente dirigido para restaurar la legalidad. Un conflicto que no se puede resolver en los márgenes de la connivencia, que es imposible solventar mediante un diálogo que privilegia las votaciones como solución, sin antes consolidar el rescate de los máximos institucionales que posibilitan elecciones libres. Motivos y fines que no son los declarados formalmente hacen presencia para obligar al naufragio. Socialistas tratando de rescatar el socialismo, relaciones especulares tratando de proyectar ese compadrazgo quebradizo a todo el país. El error está en eso, en pretender una simbiosis que no es tal, porque lo que está planteado es dejar correr el tiempo, obligar al desgaste del más frágil, compartir los costos y pérdidas sociales, y al final intentar quedarse con todo.

La segunda dimensión tiene que ver con procesos mal diseñados. Un Estado interventor proclive al saqueo produce una sociedad de cómplices. El Estado venezolano, patrimonialista y monopolizador de las riquezas del país, se vincula con el ciudadano en términos de supra-subordinación. Ellos son los mandantes y los demás somos sus siervos, que debemos sobrevivir entre la petición regia y las escasas posibilidades para el emprendimiento. Al final se produce la bancarrota que se carga sobre los ciudadanos, eximiendo de todas las culpas a los que han detentado todo el poder. El socialismo deslinda indebidamente el poder de la responsabilidad. Y a los políticos los releva de cualquier escrutinio de los medios y fines. Por eso los hay corruptos que invocan la necesidad de actuar así para combatir la corrupción. No logran entender que no se puede ser y combatir el ser a la vez, sin caer en esa inconsistencia que los muestra tan impávidos como fraudulentos. Operan como encomenderos degradados, que no rinden cuentas, no sienten que tienen compromisos con sus bases políticas, y creen que el país se lo pueden llevar como se lleva una pieza de pan debajo del brazo.

La tercera dimensión donde se abona la perversidad son las pautas de relación. Digámoslo así: el compadrazgo, la cultura de la adulación al jefe, la estética del «comandante en jefe», las relaciones clientelares, el Estado interventor y rapiñero, las expoliaciones a los derechos de propiedad, la cultura de la coima, el soborno y la extorsión, la negación del mérito, el discurso populista y la ética de la irresponsabilidad colectiva son el caldo de cultivo en el que se desprecia el trabajo productivo, la creación capitalista de la riqueza, la superación de la lógica del minero, y el desapego brutal a las instituciones como referentes universales que rigen conductas y roles. Todas estas «conductas» se retroalimentan unas con otras hasta producir estos estados fallidos que, sin embargo, tienen base social de apoyo, porque sus dirigentes no cesan de recrear el circo, no dejan de sembrar la falsa esperanza de que todo es posible, incluso el estado mágico donde sin trabajar se produce renta y no inflación desaforada.

La cuarta dimensión es la institucionalización de la institución perversa del totalitarismo socialista como orden social irrevocable. Volvamos a Ayn Rand para que nos preste dos arquetipos que son necesarios presentar para comprender esta dimensión. Todo socialismo es un acto de fuerza bruta contra las instituciones democráticas. El titular de todo socialismo real es un bárbaro que no respeta ninguna otra cosa que la fuerza como mecanismo de dominación. Dominar para obtener la servidumbre universal es su meta de corto plazo, que intenta con odio recalcitrante contra todo lo que se le oponga, sin importar los costos que por eso deba asumir. Aspiran a ser ídolos y se convierten en dioses de su propia religión.

A su lado siempre veremos a los hechiceros, los místicos que tergiversan la realidad, los que inventan falsas historias, los que ocultan la verdad, los que avalan falsos procesos, los voceros de la brutalidad, los que doran la píldora, y los que hacen las veces de la decencia institucional como montaje de opereta. Su visión del universo no concibe otra cosa que la destrucción. Nunca piensan en crear, solo en apoderarse de algo.

La cultura del caudillo omnipotente, que no le hace falta derecho ni límites, que viene a resolver entuertos y a refundar la república se fundamenta en una condición de postración social que permite su trágica recurrencia. Una y otra vez el culto a la personalidad, el endoso automático, la solidaridad ciega, el respeto sacrosanto por la investidura y el uso de la propaganda, la mentira y la tergiversación como murallas y barreras, proporcionan al error totalitario nuevas oportunidades de resurgir. América Latina tiene poca inmunidad, por eso siguen al acecho ladrones convictos y confesos, asesinos obvios, esperando la nueva oportunidad que le da una ciudadanía que recurrentemente se siente en bancarrota y opta por la evasión del populismo autoritario.

La recurrencia autoritaria, que además es mutante, requiere de tres coincidencias. La presencia de un demagogo populista que es rápidamente idealizado como invencible, omnisciente, predestinado y capaz de todo con tal de hacer realidad su discurso. Requiere asimismo la presencia de una ideología del saqueo y de unos ideólogos expertos en la tergiversación y la mentira. Estos son, ya lo hemos dicho, los hechiceros misticistas presentados por Ayn Rand como arquetipo inseparable del bárbaro. Y la tercera, una sociedad que se deja seducir, que tolera lo intolerable, que permite y cede espacios a la barbarie, que niega la realidad y que prefiere caer en los brazos del abismo antes que asumir su responsabilidad histórica.

La sociedad de cómplices repudia hacerse las preguntas y recibir las respuestas. Es un colectivo que apuesta a la síntesis de la contradicción, que prefiere cerrar los ojos a los corruptos cuando son los suyos los que se corrompen, que se pierden en el laberinto de las responsabilidades y terminan yendo contra el que se atreve a denunciar las desnudeces del emperador que anda impávido, creyendo él y obligando a creer que la realidad no existe, solamente la versión oficial, así sea tremendamente brutal la disonancia. En una sociedad de cómplices la decencia es vista como un mal augurio, la denuncia es un delito y la incomodidad que provoca la verdad es insoportable.

Venezuela vive su peor momento. Los indicadores sobra, pero voy a dejarles uno: este portal, PanAm Post, publicó un artículo de Orlando Avendaño en el cual se denuncian y se presentan pruebas sobre un caso de corrupción de uno de los partidos tradicionales. La respuesta que ha tenido del establishment es una demostración de lo que sostengo en este artículo: a ellos les importa menos la verdad que la salud de sus relaciones de complicidad manifiesta o latente. Por eso las acusaciones al portal y a los periodistas, que contrasta con lo que debería provocar verdadero e intenso asco moral: que la corrupción campea más allá de las murallas del chavismo, o si se quiere decir de otra forma, que el chavismo corrupto se extiende más allá de los confines explícitos del régimen y por lo tanto, que el enemigo duerme con nosotros.

Saqueos en Venezuela: Una realidad ante 100 horas sin luz – El Nacional – 11 de Marzo 2019

Varios establecimientos en Caracas y Zulia fueron atacados. El presidente interino de Venezuela indicó que son “consecuencia de que el régimen usurpador siga impidiendo la solución a esta crisis”

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Saqueos en Venezuela: Una realidad ante 100 horas sin luz

EFE | Rayner Peña

Al menos cinco comercios han sido saqueados en Caracas y en el estado de Zulia en medio del fallo eléctrico que desde el jueves mantiene a casi toda Venezuela con apagones.

Autoridades de esa jurisdicción explicaron que en ambos casos los vecinos de estos lugares impidieron que continuara el robo de mercancías y se comunicaron con la policía municipal que atendió la situación en primera instancia.

Minutos más tarde, los dos establecimientos fueron tomados por decenas de funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) que aún custodian estos sitios.

Este lunes varios comercios ubicados en la ciudad de Maracaibo también fueron saqueados por decenas de personas que, según testigos consultados, se lanzaron a las calles en búsqueda de artículos de primera necesidad.

Mónica Moreno aseguró que en su zona se vive “una guerra de tiros” entre saqueadores y las fuerzas del orden que han lanzado gases lacrimógenos.

En medio de ello, decenas de personas han protestado en Maracaibo por el apagón que comenzó el jueves y que se ha mantenido hasta este lunes, cuando se acentuó la falta de combustible y agua potable y persistió la imposibilidad de hacer llamadas telefónicas o conectarse a internet.

Medios locales aseguran que son más de una decena de comercios saqueados, pero los testigos consultados dan cuenta de al menos tres locales que fueron arrasados.

Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela aseguró que los saqueos son “consecuencia de que el régimen usurpador siga impidiendo la solución a esta crisis”.

“Sin luz, ni agua, ni comida, el desespero puede conducir a nuestro Pueblo a un estado límite por conseguir sustento para los suyos”, agregó.

El hombre que levantó una gran fortuna haciendo reír a Chávez por Juan Carlos Zapata – ALnavío – 22 de Noviembre 2018

Chávez protegía a Alejandro Andrade por la tarea que le había asignado –de elevada confianza– en la estructura de financiamiento de la revolución. Lo que se suma a la risa. Al ojo. Andrade lo divertía. Andrade derrochaba simpatía, y no lo hacía enojar. Nunca. Por el contrario, siempre tenía a mano un chiste para el comandante quien, por lo demás, en el cuerpo a cuerpo también era simpático y chistoso. La anécdota de Andrade mostrando las heridas de balas de FAL, y casi desnudándose, arroja una idea del personaje espontáneo y a quien la gracia le brotaba por los poros. Andrade siguió riéndose, convertido en inversionista ecuestre, propietario de caballos pura sangre, de rango nacional e internacional. Más aún, a dos años de la muerte de Chávez y en pleno gobierno de Maduro, mantenía su puesto de director principal del Banco de Venezuela.
La fortuna de Alejandro Andrade supera la de los magnates de Venezuela / Foto: WC

La fortuna de Alejandro Andrade supera la de los magnates de Venezuela / Foto: WC

El caso Andrade. El caso del extesorero Nacional no es uno cualquiera. No tiene igual significación que Diego Salazar, ni Roberto Rincón, ni Nervis Villalobos. El caso de Alejandro Andrade es un caso bisagra en el chavismo. Del poder chavista como totalidad. Desde Hugo Chávez hasta Nicolás Maduro. Porque con Alejandro Andrade se elabora un entramado que parte desde los tiempos de Chávez y termina –¿o no termina todavía?- con Maduro. Y ello implica:

-El escandaloso monto del dinero saqueado.

-La formación de varios grupos boliburgueses.

-La impunidad con la que reinó ante los ojos de Hugo Chávez.

-La información que maneja.

-El exhibicionismo.

El mundo bisagra con Raúl Gorrín

Andrade reinó en la Tesorería Nacional. Pero ya había pasado por el Fondo Único Social. En el FUS aprendió con asesores y operadores financieros a saltarse la ley porque Chávez también así lo quería, empeñado como estaba en gastar, en derrochar, en usar el dinero a manos llenas para propósitos de clientelismo político. Es en el FUS donde Anfrade comienza a entenderse con Chávez en estos oficios. Teniente, subalterno. Uno de los golpistas de 1992. Miembro del anillo de seguridad del Chávez candidato de 1998. Un anillo conformado, entre otros, por Diosdado Cabello, Nicolás Maduro, Pedro Carreño, el empresario y excadete, Rafael Sarría. Todos progresaron. Todos alcanzaron el poder. Andrade es uno de los militares que compartieron prisión con Chávez en la cárcel de Yare, estado Miranda, después del fallido golpe de Estado del 4 de febrero de 1992. Allí los presos analizaban el país, recibían visitas –Maduro conoció a Chávez en ese sitio-, practicaban la ouija, recelaban entre ellos, discutían y solían jugar al beisbol con chapas de botellas. En uno de aquellos encuentros, una de las chapas impactó en el ojo izquierdo de Andrade, dejándolo tuerto. El responsable del lanzamiento fue Hugo Chávez. Desde entonces se dijo que esto generó un sentimiento de culpa que se convirtió en apego y solidaridad. De allí también devino una relación que resultó más que cómplice en múltiples aspectos.

Y ya aquí cabe el aspecto bisagra que representa Andrade. Pues si bien es cierto que desde más atrás, desde 2005 y 2006, el apellido Gorrín aparecía en el radar de los operadores del Poder Judicial, es con Maduro que aparece adquiriendo Globovisión y Banco Plaza. ¿A cuánto asciende hoy la fortuna de Gorrín?

Cuando Andrade alcanza la Tesorería Nacional en 2007 ya ha ocupado varios cargos en la administración chavista, como el Fondo Único Social. Sale en 2010 de la Tesorería Nacional salpicado por una serie de escándalos, pero en vez de castigo, recibe como premio la presidencia del Banco de Desarrollo, Bandes. Y deja allí a Claudia Díaz, la exenfermera de Chávez. La misma que hoy señala que si es extraditada de España a Venezuela por el gobierno de Maduro corre el riesgo de ser aniquilada. Y de Andrade, hereda contactos, operadores, entre ellos el que hoy también aparece involucrado en el caso Andrade que se ventila en FloridaRaúl Gorrín, el jefe de Globovisión, el jefe de Banco Plaza y Seguros La Vitalicia, empresas que conforman el primer grupo boliburgués estructurado en tiempos de Maduro. Es el mismo Gorrín que entró al Palacio de Miraflores, a las reuniones de empresarios convocadas al Palacio de Miraflores, y lo hizo de la mano de Maduro, de Cilia Flores, a pesar de que Maduro decía que no quería boliburgueses en el entorno, en su entorno. Pero ese es el mismo Gorrín que viene de atrás. También de los tiempos de Chávez. De cuando el Poder Judicial recomponía parcelas de control, tribus, grupos, y allí apareció Gorrín al frente de lo que se llamó “la banda de los enanos”, cuya influencia aun se mantiene y llega, incluso, a lo más alto, a la cúpula del Tribunal Supremo.

Y ya aquí cabe el aspecto bisagra que representa Andrade. Pues si bien es cierto que desde más atrás, desde 2005 y 2006, el apellido Gorrín aparecía en el radar de los operadores del Poder Judicial, es con Maduro que aparece adquiriendo Globovisión y Banco Plaza. ¿A cuánto asciende hoy la fortuna de Gorrín? La medida ni siquiera es la cifra, 150 millones de dólares, que según el tribunal pagó en sobornos. La medida no son las empresas, devaluadas en una Venezuela en bancarrota donde los activos valen nada, o casi nada. La medida la llevan los que también estuvieron cerca de Andrade, algunos de ellos que han estado cerca del mismo Gorrín. Y el cálculo se ubica en los 1.000 millones de dólares. Aunque un amigo suyo salta y señala: Nooooo. 500 millones. ¡Solo 500! El empresario José Antonio Cordido Freites señalaba que en Venezuela hay la costumbre de agregarle muchas ceros a las cifras. ¿Será así con Gorrín? Él lo sabe. Lo que saben los otros es que es de los pocos que acumularon dinero y conoce la dimensión exacta del poder del dinero. De allí toda su exposición. El lobby en los Estados Unidos. Y la inclinación al juego del poder en varios tableros. Con la oposición, el Gobierno, en el Poder Judicial. Con las finanzas y el alto poder. De allí que se le vea como un factor que integra a otros factores. Y hasta llegó a hablarse de sus aspiraciones presidenciales. A Gorrín le debe causar ilusión que alguna prensa se refiera a él como el magnate cuando en realidad el origen de la fortuna determina lo que es: un boliburgués.

Andrade hacía reír a Chávez

Andrade se crio en la barriada de El Valle de Caracas. Transcurría el año seis de la revolución chavista y ya se le vinculaba, 2005, a los excesos y los lujos, el que menos, aficionado a los caballos, y a la gran acumulación de capitales. Andrade desarrolló el gusto por los caballos en el Ejército. Es un elemento simpático, entrador. En Caracas, antes de refugiarse en Florida, no le acomplejaban ni los apellidos más añejos ni el dinero de los otros. Caía bien y se metía en el bolsillo a cualquiera, fuera banquero, político, empresario, abogado. Por ello Chávez lo prefería a su lado. Por ello sus nuevos amigos del dinero lo protegían y apuntaban: Andrade es pana. A Chávez lo hacía reír, y a Chávez le gustaba reírse. Y a Chávez le gustaba que fuera él quien se encargara de ciertos trabajos. Andrade sabe mucho. Un trabajo de Fabiola Zerpa y Laura Helena Castillo publicado en El Nacional el 21 de julio de 2013, arranca con este párrafo, demasiado gráfico: «Cuando no hay puesto en el estacionamiento del Country Club de Caracas, Alejandro Andrade siempre encuentra un lugar para sus carros y las motos de los escoltas. Eso dice un socio y jinete que ha visto cómo le cierran las puertas mientras se las abren a Andrade». Hasta tanto, por ejemplo, no llegó Diego Salazar, a pesar de que este sí se hizo socio del Caracas Country Club. Cosas de boliburgueses.

¿No supo nunca Hugo Chávez de las andanzas de Andrade? Claro que sí. Le reclamó y no lo castigó. De nuevo se impuso la lealtad sobre la evidencia del delito. La risa. El ojo. Las tareas. Los encargos secretos. Todo se mezcla en esta relación. Chávez-Andrade.

El hombre que se desnuda

Una vieja anécdota retrata al Andrade de 1998. Ocurre en la casa de Danilo Díaz Granado, uno de los primeros financistas de Hugo Chávez. Díaz Granado ya lo era de Francisco Arias Cárdenas, el otro comandante golpista de 1992 que al contrario que Chávez, sí logró coronar con éxito la operación de aquel día, tomando el bastión militar y la gobernación del Zulia. Fue preso, igual que Chávez, pero salió antes para formar parte del gobierno de Rafael Caldera –dirigió el Programa de Alimentación Infantil– y ganar luego la gobernación de Zulia, donde no hizo una mala gestión. Fue Arias Cárdenas el que estableció el puente entre el financista y Chávez. En resumen, la anécdota remite al primer desayuno en casa de Díaz Granado. Está también allí Umberto Petricca, el rey del asfalto, que ya había pavimentado las principales vías del Zulia. En ese encuentro Díaz y Petricca conocen a Hugo Chávez, y resulta que el personaje es simpático, reparte besos a la servidumbre, le toca la barriga a la mujer del anfitrión que está encinta y augura que allí se gesta el primer bebé bolivariano. Y allí con Hugo Chávez se encuentra un tímido, humilde y reservado Pedro Carreño haciendo las veces de chofer. Después aparece Alejandro Andrade, quien casi desnudándose, atrae la atención, mostrando las heridas de balas FAL, recuerdo del golpe del 4-F. Y no se sonroja. Y los otros sonríen y le celebran la ocurrencia. Y él también sonríe. Y es el mismo Andrade que reinará por años en la Tesorería Nacional y las finanzas públicas, y al que los banqueros comienzan a estimar una fortuna sideral. Que tampoco puede medirse por la cifra, 1.000 millones de dólares, del caso por el que se ha declarado culpable.Hugo Chávez fue el gran protector de Alejandro Andrade / Foto: EFE

Vuelven a hablar los amigos de Andrade, y algunos exasesores de los tiempos de la Tesorería, y lo montan en cifras mínimas de 2.000 millones de dólares, pero acotando que hay que tomar en cuenta lo que acumuló ese grupo, lo que llevan a cuenta los testaferros, lo cual sube la apuesta hasta los 3.000 millones de dólares, y ello confirma la sospecha de aquellos banqueros que se atrevían a hablar de cifras siderales y no se podía creer porque cómo, imposible, sí, es casi imposible acumular tanto en tan poco tiempo. Y esa medida supone que hoy Andrade posea más que Gustavo Cisneros, que Oswaldo Cisneros, que Lorenzo Mendoza, que Umberto Petricca, que han trabajado por años las empresas que heredaron o formaron, consolidando paso a paso lo que se tiene. Petricca suele decir: Yo tengo lo que no gasto. Andrade parece decir lo contrario: Yo tengo lo que gasto. En lujos de toda especie. Y aquí está el exhibicionismo. ¿No le llegaban los rumores a Chávez? ¿No se lo comentaba la inteligencia cubana? No le interesaba a los cubanos, en verdad. Porque Andrade era quien por órdenes de Chávez transfería recursos. O era uno de los que lo hacía. Un exasesor del Ministerio de Finanzas, en el remoto 2008, cuenta que estando en la oficina de Andrade llamó Hugo Chávez y le solicitó 300 millones de dólares para los “hermanos” de Cuba. Andrade atendió, obedeció y comentó el encargo. Y la contabilidad fue un papelito en el que anotó la cifra que guardó en una gaveta.

El destape de los boliburgueses

Andrade tuvo esa época. La de 2009. Un periodo de oro. Cuando la boliburguesía está enloquecida comprando bancos, empresas, compañías de seguros, y también acumulando poder. Chávez entonces corta por lo sano. Decreta la muerte de quien fuera su aliado -lo ayudó a romper el cerco alimenticio- en el paro empresarial de 2002-2003. Cae Ricardo Fernández Barrueco porque ahora le resultaba un personaje incómodo para los propósitos del proceso. El grupo había crecido. Era un pulpo, un conglomerado agroindustrial y financiero. Y Chávez quería un proceso libre del factor capital que perturba e influye en las relaciones de poder. Su línea de acción era no compartir el poder. Tumba a Fernández Barrueco y después vino el efecto cascada que le costó al país 8.000 millones de dólares, en lo que se dio en llamar la “minicrisis financiera”. Destapada la olla, se destaparon otras, unas que cocían a fuego lento y otras a presión. Pero Chávez sabía el origen de los fondos de los boliburgueses. Venían de allí. Buena parte de la Tesorería.

Andrade desarrolló el gusto por los caballos en el Ejército. Es un elemento simpático, entrador. En Caracas, antes de refugiarse en Florida, no le acomplejaban ni los apellidos más añejos ni el dinero de los otros. Caía bien y se metía en el bolsillo a cualquiera, fuera banquero, político, empresario, abogado. Por ello Chávez lo prefería a su lado. Por ello sus nuevos amigos del dinero lo protegían y apuntaban: Andrade es pana. A Chávez lo hacía reír, y a Chávez le gustaba reírse. Y a Chávez le gustaba que fuera él quien se encargara de ciertos trabajos. Andrade sabe mucho.

Entre 2008 y 2009, el secretario general de Acción Democrática, Henry Ramos Allup (después presidente de la Asamblea Nacional) llevaba seis meses recabando información de la lista de los boliburgueses y el caso Fernández Barrueco le vino como anillo al dedo. Había tela que cortar. Los boliburgueses estaban desatados. Ricardo Fernández Barrueco y su grupo cometieron el error de confiar en los ingresos y el cobro oportuno de las facturas gubernamentales de Mercal y PDVAL. Sin embargo, al trancarse el flujo de pagos se pensó en otra solución, estimulados por figuras del chavismo: la oportunidad de adquirir bancos apalancados con los recursos del gobierno. Aquí es cuando se establece el juego de Andrade. En el mecanismo de Fernández Barrueco, tanta liquidez en las empresas, tanto manejo de efectivo, imponían en la práctica contar de manera directa con los mecanismos de crédito. Reconocidos analistas del mercado ya habían adelantado esta opinión, en reuniones privadas: en ese grupo lo que se ha montado es una voladora. Los bancos son una corrida hacia adelante. Es así como se contagia la fiebre bancaria. Porque muchos quieren ser banqueros. Ser banquero brinda prestigio. No es lo mismo ser atunero que banquero. El dueño de banco ingresa en otra liga. Primero es la compra del Confederado, Bolívar y Banpro por parte de Ricardo Fernández y su grupo. Luego es la compra de Banorte por parte de José Zambrano, cuya ocupación anterior era vender trajes en una tienda deBarcelona, estado Anzoátegui, y de golpe se desata en gastos de suntuosidad de magnate oriental. Después la compra de Banco Real y Central por parte de Pedro Torres Ciliberto. Más tarde, la compra de Mi Casa e Inverunión por parte de Gonzalo Tirado, quien antes manejaba los negocios de Allen Stanford en Caracas. Por último, la compra del Canarias y los intentos de fusión con los otros bancos adquiridos previamente por parte de Fernández Barrueco. Casi en simultáneo, Torres Ciliberto adquiere Seguros La Previsora, Seguros Los Andes y Seguros Premier. Hay un revuelo de operaciones entre 2008 y 2009. Los nuevos actores toman confianza, y el dinero fluye desde Banfoandes, desde el Bandes, desde el Banco del Tesoro, desde la Tesorería Nacional, donde reina el teniente Alejandro Andrade; también mana el dinero desde PDVSA, y chorrea dinero de las emisiones de deuda y operaciones cambiarias de PDVSA, donde reina Rafael Ramírez. Alrededor de 20.000 millones de dólares en emisiones de bonos entre 2005 y 2009. En una de sus primeras intervenciones, el domingo 29 de noviembre de 2009, en el ojo de este torbellino endemoniado, Chávez habla de la necesidad de investigar la banca estatal, a Banfoandes en particular, por los altos montos de dinero colocados en la banca privada.

Cada minuto del extesorero de Hugo Chávez se medía en miles y miles de euros

–Eso es contrarrevolucionario porque en vez de dar el dinero en forma de préstamos para el pueblo, lo tienen ganando intereses. Eso es una irregularidad administrativa que vamos a combatir con todas las armas posibles.

A Chávez le gustaba tronar. Para el público. Pero todo seguía su curso. A menos que el individuo o el funcionario en cuestión se metiera a conspirar. O a creerse muy poderoso. O hablar mal de Chávez. O a perturbar las relaciones de poder.

Caen todos pero Andrade sigue en pie

La compra de bancos por parte de Fernández Barrueco conduce a una primera interpretación: que se estaba corriendo hacia delante, ganando en masa crítica y ganando niveles de apalancamiento y, a la vez, sorteando el asunto legal de quién compra qué. Lo que dispara las alarmas es el monto que se anuncia va a desembolsar Banpro por el Banco Canarias: 2.500 millones de dólares oficiales. ¿Cómo? Si el gobierno había pagado por el Banco de Venezuela 1.650 millones de dólares, incluyendo los dividendos no repatriados por el Grupo Santander; y Julio Herrera Velutini iba a pagar casi 300 millones de dólares por el BNC de José María Nogueroles. Y el Canarias era un banco de mediano tamaño. Modesto, más bien. Otra versión la arrojaba la defensa de Fernández Barrueco, el abogado Antonio Guerrero. Declaraba que de la misma Superintendencia de Bancos salió el clamor de que Fernández le metiera el hombro al Canarias, «en el que había problemas». Según el abogado, Fernández no tardaría en responder que él tenía la plata. De manera directa, sería el ministro de Finanzas Alí Rodríguez –ahora fallecido- quien los exhorta a seguir adelante, según dijo una fuente del grupo de Fernández Barrueco. La verdad es que era poco ortodoxo el esquema. El esquema de la autoridad y del mismo banquero, el boliburgués. Un esquema mantenido por más de un año. Los bancos flotaban no por el negocio bancario sino por los depósitos llegados de Banfoandes, Bandes y la Tesorería Nacional, por obra y gracia de Alejandro Andrade. El mercado no desconocía la situación. Tampoco las autoridades. De hecho, son Nelson Merentes (BCV) y Jorge Giordani (Planificación), quienes venían repicando las campanas; alarmas que también enciende el ministro Alí Rodríguez, pues ya el asunto se les había escapado de las manos, comentó entonces una fuente en el alto gobierno, y los tres se muestran dispuestos a anular el papel de Andrade, bajar la influencia de Andrade ante Chávez, puesto que el teniente parecía un ente autónomo en la estructura financiera del Estado, haciendo fiesta con los depósitos públicos, quemando, sin estrategia ni plan, bonos de la República, entorpeciendo el programa dirigido a bajar el dólar permuta.Raúl Gorrín es el jefe del primer grupo boliburgués nacido en el madurismo / Foto: WC

Giordani estaba convencido, según versiones del mismo gobierno, de que no podía ir directamente contra Andrade por la protección que gozaba de parte de Chávez, y la única manera de bajarlo del trono desde el que reinaba, era tumbando primero las casas de bolsa y los bancos de los boliburgueses. Había que poner en evidencia el rol que desempeñaba en un esquema que terminaría afectando la revolución. A Andrade lo anulan, cierto; pero solo dos años después es cuando la alianza de Giordani, Alí Rodríguez y Nelson Merentes, logra sacarlo del cargo de tesorero nacional.

Chávez protegía a Andrade por la tarea que le había asignado –de elevada confianza– en la estructura de financiamiento de la revolución. Lo que se suma a la risa. Al ojo. Andrade lo divertía. Andrade derrochaba simpatía, y no lo hacía enojar. Nunca. Por el contrario, siempre tenía a mano un chiste para el comandante quien, por lo demás, en el cuerpo a cuerpo también era simpático y chistoso. La anécdota de Andrade mostrando las heridas de balas de FAL, y casi desnudándose, arroja una idea del personaje espontáneo y a quien la gracia le brotaba por los poros. Andrade siguió riéndose, convertido en inversionista ecuestre, propietario de caballos pura sangre, de rango nacional e internacional. Más aún, a dos años de la muerte de Chávez y en pleno gobierno de Maduro, mantenía su puesto de director principal del Banco de Venezuela.

Y Chávez lo siguió protegiendo

Lo cierto es que entre alarma y alarma, la Superintendencia de Bancos toma nota y es ahí, ante las evidencias apuntadas por Merentes, Rodríguez y Giordani que comienzan las actuaciones, se giran las comunicaciones exigiendo al grupo de Fernández Barrueco que aclare el origen de los fondos, que necesita el visto bueno de la autoridad para pasar operaciones en bolsa y que se ajuste a los requerimientos. Valga ilustrar el papel de Andrade con este detalle: al cierre de 2008 el 18% del volumen global de colocaciones públicas se concentra en los bancos de Ricardo Fernández pese a que la Superintendencia ya le ha advertido al Banco Canarias que baje la exposición, la dependencia. Esos fondos públicos, se supone, son los que apalancan la compra de Seguros La Previsora, Seguros Los Andes y Seguros Premier por parte de los dos grupos aliados, el de Fernández y el de Torres Ciliberto. De hecho, el ministro de Finanzas anunciaría que las averiguaciones se iban a extender hacia las aseguradoras y casas de bolsa. En ese sentido, allanan U21 Casa de Bolsa, firma relacionada con el Banco Canarias en el apalancamiento y captaciones de recursos, y el lunes 7 de diciembre el Sebinallana la sede de Seguros La Previsora. Tal volumen de depósitos es el que, demasiado tarde, lleva a Chávez a declarar y a requerir:

–¿Dónde está el presidente de Banfoandes? (Es Andrade). Estuve revisando este tema y me llamó la atención que una cantidad gigantesca de recursos están en bancos privados. Por cierto, Banfoandes es uno de los bancos que mantiene recursos en la banca privada. Eso es una irregularidad administrativa. Yo esperaré su llamada telefónica o que se reúna mañana conmigo… No podemos permitir que los recursos del pueblo terminen en manos de la burguesía. He pedido a la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, que investigue.Rafael Ramírez siempre aparece en las historias del dinero / Foto: EFE

Eso también quedó en simple enunciado. ¿Qué hizo la fiscal? Nada. Después Chávez defendió a Alejandro Andrade, ubicándolo en el pedestal de los funcionarios leales a la revolución. Lo mismo hizo con Ramírez. Lo mismo con Adán Chávez, amigo y protector de Ricardo Fernández Barueco. Pagaron los funcionarios sin peso específico en el poder. Pese a que denuncias no faltaban, con nombre y apellido. El 29 de diciembre de 2009, el periodista de El Universal, Víctor Salmerón, escribió: “Hasta ahora, la Fiscalía General de la República ha obviado la complicidad de los funcionarios públicos en la gestación y exposición de la banca paraestatal”.

Lo que dijo Henry Ramos Allup

La rueda de prensa de Ramos Allup iba del mundo boliburgués y mucho más. El dirigente habló por espacio de hora y media. El país estuvo en vilo, esperando los nombres y las conexiones. Hacía tiempo que un político de la oposición no acaparaba la opinión nacional. Después se sabrá que dentro del gobierno la expectativa era mayor, y hasta Chávez quedaría sorprendido del nivel de detalles y de los nexos tejidos en cada nombre, en cada funcionario. Ese día, 30 de noviembre de 2009, Ramos Allup los bautizaría como los bolifuncionarios, precisando que la boliburguesía no era posible sin el apoyo de los bolifuncionarios.

Explota el caso Andrade y se confirman los números de la corrupción y la deuda externa

–Estos son delitos continuados, estos son los agentes principales, cómplices y cooperadores –señaló Ramos Allup–. Amasaron fortunas mediante la tramitación de licencias de importación de alimentos, compra y venta de divisas preferenciales, compra de bancos, aseguradoras, casas de bolsa, bonos de la deuda pública y otros papeles del Estado, sobreprecios en las pólizas de seguros, como la del Ministerio de Educación cuyo sobreprecio se ha calculado en 350 millones de dólares.

Ramos Allup apuntó directamente al entorno presidencial. Habló de la responsabilidad de Rafael Ramírez, presidente de PDVSA, y de su cuñado, Baldo Sansó –responsable del proyecto Carabobo de la Faja del Orinoco–, así como de su primo, Diego Salazar, a quien se le ha dado la potestad de intermediar los seguros y reaseguros de PDVSA. Habló, por supuesto, de Ricardo Fernández y Pedro Torres Ciliberto; de Omar Faría Luces, presidente de Seguros Constitución, de los hermanos Leopoldo, Gabriel y Juan Carlos Castillo Bozo, propietarios del Banco Banvalor y Seguros Banvalor, manejadores de la mencionada póliza del Ministerio de Educación cuando Aristóbulo Istúriz era el ministro (Es curioso que Istúriz dos semanas después sea el ponente ante el congreso del PSUV acerca de ética y banca. Ninguno de los delegados le inquirió sobre su relación con los hermanos Castillo Bozo). Ramos Allup incluyó a Arné Chacón, socio de Torres Ciliberto, hermano del ministro Jesse Chacón. Incorporó a George Kabboul, bajo cuya responsabilidad en Bariven, filial de PDVSA, estuvo importar con sobreprecio alimentos para PDVAL, incluyendo miles de toneladas de leche contaminadas compradas a China. Y apareció el nombre del tesorero Nacional, Alejandro Andrade.

Vuelven a hablar los amigos de Andrade, y algunos exasesores de los tiempos de la Tesorería, y lo montan en cifras mínimas de 2.000 millones de dólares, pero acotando que hay que tomar en cuenta lo que acumuló ese grupo, lo que llevan a cuenta los testaferros, lo cual sube la apuesta hasta los 3.000 millones de dólares, y ello confirma la sospecha de aquellos banqueros que se atrevían a hablar de cifras siderales y no se podía creer porque cómo, imposible, sí, es casi imposible acumular tanto en tan poco tiempo. Y esa medida supone que hoy Andrade posea más que Gustavo Cisneros, que Oswaldo Cisneros, que Lorenzo Mendoza, que Umberto Petricca

Entre los cómplices de los bolibanqueros el dirigente político incluyó a los funcionarios de la Superintendencia de Seguros, Superintendencia de Bancos y Comisión Nacional de Valores. La caída de Fernández Barrueco acarrearía también la destitución y detención del presidente de la Comisión Nacional de Valores, Antonio Márquez Sánchez, por hacerse la vista gorda ante las operaciones en bolsa efectuadas por el empresario en desgracia; de Fernando de Candia, presidente por cinco años de la Comisión Nacional de Valores –fungía como presidente del Banco Confederado, propiedad de Fernández Barrueco–; en cuya gestión, antes de aparecer vinculado a Fernández Barrueco, en Estados Unidos estalla el caso Rosemont que trajo como consecuencia que se congelaran cuentas de casas de bolsa venezolanas, lo cual originó su salida del cargo; habló de Luis Suárez Montenegro, exfuncionario del Banco Industrial de Venezuela, del Ministerio de Infraestructura, del Fondo de Edificaciones Penitenciarias, de Fundabarrios, quien al momento del escándalo era director de Baninvest y Banco Real, dos de los bancos de Torres Ciliberto. A Suárez Montenegro se le vinculó al entorno de Diosdado Cabello. Es Ramos Allup quien por primera vez señala la existencia del «barraganato», o amante presidencial, vinculadas a negocios y contratos. La barragana o amante, era un tema sensible desde que a Carlos Andrés Pérez y Jaime Lusinchi los afectó en el ejercicio de la presidencia, pero a Chávez no lo perjudicó, ni de lejos. La verdad es que tampoco era así. Tal vez una amiga de ocasión. Porque las barraganas de los expresidentes tenían poder, asumían el poder de manera pública, sin pudor, y hacían vida con ellos. Pero esta mujer hizo dinero acercándose a Chávez. Ramos Allup no la identificó con nombre y apellido, aunque aludía a una exMiss vinculada al presidente, hermana de un jerarca militar del entorno presidencial. Ramos Allup la bautizó con el mote de bolibarbie: y así comenzó a ser conocida.

Todo este entramado, en palabras de Ramos Allup, era responsable de buena parte de la «boliporquería», al tiempo que criticaba las medidas correctivas de Chávez, pues las mismas eran «como curar cadáveres: ya el daño está hecho y es irreparable». Esto no es corrupción, «es saqueo», insistirá, años más tarde, el analista Pedro Benítez, uno de los primeros en usar el término, igual que el exministro de Cordiplan Gumersindo Rodríguez. Y de saqueo habló el mismo Fernández Barrueco cuando le quitaron las empresas y terminaron destruidas. A Ramírez y a Andrade los colocaba Ramos Allup en el plano principal de suministrar los fondos para las distintas fechorías. «Andrade manda más que el presidente», señaló, «nadie lo toca», «pasa por encima de los ministros de área», al tiempo que recordaba lo del ojo. Remitía al accidente en que Chávez le había malogrado el ojo cuando ambos estaban presos.

–Nos salió carito ese accidente –apuntó Ramos Allup.

Y enseguida acotó que Andrade y Ramírez «son los grandes proveedores de fondos de los boliburgueses, y estos necesitan lavar sus fondos, mediante la compra de banquitos y así evitar que se prendan las alarmas en el sistema financiero extranjero donde no podrían acreditar el origen de esos fondos. Y la historia le dio la razón. De Ramírez y Andrade salieron elementos, cifras, fortunas, grupos. Todos aquellos nombres han sido confirmados. Desde adentro como desde afuera del chavismo. Desde adentro por las actuaciones del fiscal de Maduro, Tarek William Saab, y desde afuera, en el caso de Andrade, por las autoridades de los Estados Unidos, o en el caso de Ramírez, por las investigaciones en Andorra, en las que aparecen Diego Salazar y PDVSA como factores principales. Y las averiguaciones de afuera y adentro no remiten a cifras pequeñas. Remiten a las cifras siderales que sospechaban los banqueros cuando sumas de esa magnitud parecían cosas de locos. No puede ser. Remataba Ramos Allup con esto: “Qué curioso que los boliburgueses ponen sus dineros en países capitalistas y no se les ocurre enviarlos a los países de gobiernos mendigos como Ecuador, Bolivia o Cuba. Esos banquitos adquiridos por los boliburgueses, los compraron a muy buen precio ya que sus propietarios vendieron porque los ricos son asustadizos y los pusieron manos arriba». Ahora ese dinero es el que los delata.

Henry Ramos Allup apuntó directamente al entorno presidencial / Foto: AD

Luego Andrade se fue. En 2016 el chavismo andaba nervioso. Sobre todo el chavismo militar. Por los secretos de Andrade. Por la información que maneja Andrade. De muchos. Del propio Chávez. La ida a Estados Unidos del exministro de Finanzas y exgobernador, Rafael Isea, también los puso nerviosos. Pero no tanto. La información de Andrade es mucho más valiosa. Y eso es lo que está en juego hoy. Información que vale fortunas. De muchos. De entramado. De grupos. De gente cercana al entorno presidencial de Chávez y Maduro. Ya a mediados de 2016 el poder chavista conocía del rol de Andrade en calidad de testigo protegido. Como ya no estaba Chávez para protegerlo, mejor Florida. Entonces Diosdado Cabello dijo que había gente que se hacía llamar revolucionaria y ahora vivía allá en Miami disfrutando de la buena vida. Para Andrade, será otra vida. Lo que decida la justicia.

Trillonarios de la revolución comunista por Miguel Henrique Otero – Impacto CNA – 6 Octubre 2018

Trillonarios de la revolución comunista

«En ninguna otra economía la brecha entre ricos y pobres ha alcanzado desproporciones semejantes a la de Venezuela. No hay país, donde una banda de delincuentes haya diseñado y ejecutado un saqueo tan ilimitado a sus bienes y riquezas, con el apoyo de una parte de los poderes públicos y el concurso activo del alto mando militar de las Fuerzas Armadas».

En marzo de 2016 ocurrió un hecho que ha resultado de gran significación para la sociedad rumana: fue abierto al público el palacio de 14.000 metros cuadrados, donde el dictador comunista Nicolae Ceaucescu y su esposa Elena, vivieron por 26 años. Ubicado en Bucarest, tiene, entre otras menudencias, 80 habitaciones, una sala de cine, un baño de 90 metros cuadrados para uso exclusivo de la pareja, pisos de mármol, plazas, jardines interiores, lámparas y alfombras que, en la opinión de los expertos, superan por su calidad y por su valor, a las del Palacio de Golestán, en el casco histórico de Teherán.

Un caso muy destacado entre los dictadores comunistas, es el de Mao: llegó a disponer de 52 mansiones distribuidas en la geografía de China. Uno de las características que destaca en la mayoría, es el tamaño de sus habitaciones, donde podían encontrarse varias camas y sofás. Cada mansión contaba con su respectiva red de concubinas, con las que Mao pasaba las tardes. También era común que las invitara a disfrutar de un lujo que estaba prohibido para el resto de los chinos: ver películas norteamericanas, en las salas de cine que eran habituales en estos palacetes siempre custodiados.

La casa de veraneo -una dacha- que Stalin ordenó construir en un bosque de Georgia, frente al lago Ritsa, en 1947, contaba con una sala de billar, una inmensa biblioteca, pisos de madera, alfombras y paredes cubiertas de lujosas cortinas, así como edificios anexos donde vivían y montaban guardia, más de trescientos funcionarios que se ocupaban de su seguridad. Como esta, Stalin tenía otras cuatro casas de veraneo. Como vivía bajo el temor de ser asesinado, no informaba nunca a cuál de ellas viajaría. Las cinco dachas tenían en común, dificultades de acceso, extremas medidas de seguridad y la imposibilidad de llegar a ellas si no se conocía la geografía de los lugares donde habían sido construidas.

Estos tres ejemplos no son excepcionales: en la historia del comunismo ha sido característico que los dictadores y los miembros del partido y el gobierno se enriquezcan, lleven vidas de reyezuelos y escenifiquen sus fantasías, tal como ocurre con los narcotraficantes. Si se piensa bien, que Evo Morales haya ordenado construir un enorme museo en homenaje a sí mismo, recuerda las fantasías de Pablo Escobar volcadas en su finca «La mayoría», ahora convertida en un parque temático. Fidel Castro es otro caso emblemático: la isla Cayo Piedra, donde vivía a menudo, era el lugar para una vida de whisky y champán, langostas, corderos asados, piscina, jacuzzi, casa de huéspedes, chefs, mayordomos, guardaespaldas, vinos de mil dólares por botella y el famoso yate Aquarama II, donde organizaba fiestas interminables con los capitostes de su dictadura.

En todos los casos -en los que habría que sumar el grotesco desbordamiento de propiedades y opulencia en la corte de los Ortega en Nicaragua-, esta riqueza exacerbada, que siempre ha permeado hacia las familias y los principales jefes de esos regímenes, ha contrastado con la pobreza extendida y crónica de sus respectivos países. Se trata del modelo de fondo de las revoluciones comunistas, que se ha reproducido, de modo inexorable, desde hace más de un siglo: se convierte a las sociedades en sociedades de hambre, para que el pequeño grupo que detenta el poder, mantenga un nivel de vida de abundancia y placeres crecientes.

Pero todos estos casos aquí recordados, apenas nos sirven como referencia para describir el fenómeno de los trillonarios de la revolución bolivariana. Su utilidad es escasa, no solo con respecto al tamaño de las riquezas, sino también por las prácticas con las que se construyeron las inmensas fortunas del chavismo-madurismo. Veamos.

La operación del chavismo-madurismo consistió en un asalto masivo y organizado a un país que producía más de tres millones de barriles de petróleo al día, durante los años en que el precio oscilo entre los 120 y los 150 dólares por barril. Economistas que han debatido la cuestión, señalan que la cifra aportada por Jorge Giordani y Héctor Navarro, de 300.000 millones de dólares, debe ser todavía mayor, entre 70 y 80% superior, es decir, que lo robado supera la cifra de 500.000 millones de dólares, obtenidos a través de mecanismos como sobreprecios, compras ficticias, comisiones de porcentajes insólitos, chantajes a empresarios, contrabando de gasolina, de oro y otros metales, robo y venta de cargamentos petroleros, venta de pasaportes, pagos recibidos por la protección de terroristas en territorio venezolano y un sinfín de métodos delictivos, cuyo culmen no es otro que la asociación de civiles y militares a la actividad de narcotráfico, que ha convertido a Venezuela en el puerto de salida hacia el mundo, de droga que se produce en Perú, Ecuador y Colombia.

Esta es la realidad sobre la que cierta izquierda hace silencio -el partido Podemos, por ejemplo-, porque se han beneficiado del dispendio de los dólares petroleros. Ningún antecedente pudo anunciar que un número tan extendido de poderosos, familias, ministros, directivos de empresas estatales, militares de alto rango y muchos otros funcionarios, pudieran hacerse de fortunas cuyo rango está entre las decenas y los miles de millones de dólares. Esto hay que repetirlo una y otra vez: la más oligárquica y enriquecida casta del planeta, la más devota de monedas como el dólar y el euro, la más inescrupulosa, es la de los trillonarios del chavismo y del madurismo.

Y como si aplicara el principio de lo inversamente proporcional, en ninguna otra parte del mundo el empobrecimiento, en dos décadas, ha sido tan acelerado y extremo. En ninguna otra economía la brecha entre ricos y pobres ha alcanzado desproporciones semejantes. No hay país, donde una banda de delincuentes haya diseñado y ejecutado un saqueo tan ilimitado a sus bienes y riquezas, con el apoyo de una parte de los poderes públicos y el concurso activo del alto mando militar de las Fuerzas Armadas.

 

El saqueo “como realidad y representación” por Ibsen Martínez – El País – 31 de Mayo 2016

UnknownEl nivel de organización del “paramilitarismo chavista”, impregna el oficio de saquear
“El saqueo es mi representación”. Aun sin haber leído a Schopenhauer (“El mundo como realidad y representación”), tal podría ser el lema, que guía a ese venezolano, arquetípicamente vestido con bermudas, calzado con chanclas de goma, el torso desnudo y gorra de béisbol que, enterado de que un camión de 22 ruedas, que transporta un container de “harina de maíz precocida” ha volcado en una zanja cercana a su caserío, se lanza a la carretera jurando no regresar al bohío, sin “algo que poner al fuego”.
Advierto, por cierto, algunas diferencias entre la actual epidemia de saqueos de: “baja, mediana y altísima intensidad” que hoy azota a Venezuela, y los sangrientos motines y masivos pillajes que, en tres días de Febrero de 1989, estremecieron Caracas y su extrarradio, dejando un saldo de 300 muertos, y que convinimos todos en recordar como “El Caracazo”.
En aquella ocasión, las decapitaciones y los cercenamientos, fueron cosa común durante las primeras horas de conmoción. Así que un rezagado que llegaba a la carrera, con ánimo de “entrar a la brava” al supermercado. Se liaba a puñetazos con la “brigada de espontáneos controladores de tráfico”, que lo retenían en el umbral de la puerta de vidrio, que acababan de romper. El tumulto era tal, que no le permitía entrar al recién llegado rezagado, pero tampoco lo dejaba recular del todo.
Fue entonces, cuando una estalactita de vidrio pretensado (hasta ese momento imperceptible y oscilante en lo más alto), se precipitaba sobre el infeliz, que se batía con el villanaje saqueador, justo en el instante en que, por protegerse la cara con los brazos, bajaba la cabeza y le ofrecía limpiamente el cogote al astillón: que lo guillotinaba en un instante.
Pero este tipo de ocurrencia fue, como decía, cosa de las primeras horas del “Caracazo”. La mayoría de los muertos fue abatida durante la noche, por ráfagas de fusil de asalto, que atravesaron la mampostería, las planchas de zinc, las láminas de cartón y el maderamen vencido, de las favelas caraqueñas, que cubren los cerros circundantes: “el Ejército había salido a la calle a “restablecer” el orden”, del único modo que saben hacerlo los militares. Eso fue hace ya 27 años, entonces todavía no se contaba con la telefonía celular, ni las redes sociales. Ni tampoco con el “cleptochavismo”.
Hoy, Venezuela registra diariamente un aumento, en la cadencia con que se suceden saqueos, aun en presencia de la Guardia Nacional. Ahora hay método y organización en el pillaje: información privilegiada:, como de dónde, cuándo y qué producto de primera necesidad, ha llegado al automercado o al almacén. Quienes “alientan y dirigen profesionalmente los saqueos”, no necesariamente, compiten con los revendedores chavistas llamados: “bachaqueros”, porque ambas “corporaciones”, cuentan con la aquiescencia gubernamental.
Ocurre obviamente también, el “saqueo aleatorio”, como ese del camión de cerveza o arroz, que se accidenta cerca de una “villa miseria”, cuya desdentada población, se precipita a vaciar el vehículo. Pero la norma vigente es que, el nivel de conducción y control, alcanzado ya por el “paramilitarismo chavista”, impregne técnica y organizadamente el lucrativo oficio de saquear.
Cifras: el “Observatorio Venezolano de Conflictividad Social”, informa de que, entre Enero y Febrero de 2016, se documentaron 64 saqueos o intentos de saqueo. El 81% de los hechos fue en contra de transportes de alimentos o bebidas, mientras cubrían sus rutas de distribución. El 19% restante, fue contra: centros de expendio de alimentos, depósitos y otras instalaciones. Como en el resto de la actividad criminal actual (homicidios, asaltos, secuestros), la impunidad se mantiene en del 99%.
Luego, si la cúpula “cívico-militar” y sus “boliburgueses”, han saqueado durante 17 años miles de millones de dólares. ¿Podía evitarse que cundiera el ejemplo?. Como afirmaba en el siglo pasado José Ignacio Cabrujas, con su insuperable estilo satírico: “-¡Venezuela es un botín!”.

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