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EE. UU. restringe el ingreso a su territorio de funcionarios de la dictadura venezolana y sus familiares por Miguel Angel Camacho – Panampost – 24 de Septiembre 2017

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“Como Presidente, debo actuar para proteger la seguridad y los intereses de Estados Unidos y su pueblo”. (Flickr)
La noche de hoy, domingo 24 de septiembre, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, amplió la lista de países que tienen restringido ingresar a suelo estadounidense. En ella adicionó a Venezuela y Corea del Norte.

En total ya son ocho los países a los que se les impone esta restricción. A parte de los dos mencionados están Irán, Chad, Libia, Siria, Yemen y Somalia.

Según lo expresado por la Casa Blanca en el comunicado, tras la evaluación de 200 países hay ocho que siguen representando un riesgo para los EE. UU.

“A pesar de esos esfuerzos, el Secretario de Seguridad Nacional, en consulta con el Secretario de Estado y el Fiscal General, ha determinado que un pequeño número de países -de casi 200 evaluados- siguen siendo deficientes en este momento con respecto a su identidad- capacidades de gestión e intercambio de información, protocolos y prácticas. En algunos casos, estos países también tienen una importante presencia terrorista en su territorio”.

En el documento, Trump afirma que debe “actuar para proteger la seguridad y los intereses de Estados Unidos y su pueblo”, por lo tanto, el ingreso de “inmigrantes y no inmigrantes” provenientes de estos países “sería perjudicial para los intereses de los Estados Unidos”, por lo que “su entrada debería estar sujeta a ciertas restricciones, limitaciones y excepciones”.

También se señala que hasta que dichos países no resuelvan sus “protocolos de administración de identidad, prácticas de intercambio de información y factores de riesgo” no podrán ser excluidos de la lista.

Sobre el caso específico de Venezuela, se afirmó que “su gobierno no coopera para verificar si sus ciudadanos plantean amenazas de seguridad nacional o de seguridad pública” y tampoco “comparte adecuadamente la información relacionada con la seguridad pública y el terrorismo, no satisface al menos un criterio clave de riesgo y se considera que no coopera plenamente con respecto a la recepción de sus nacionales sujetos a órdenes definitivas de expulsión de los Estados Unidos”.

Pese a este vacío, el Gobierno de los estados unidos afirma que existen “fuentes alternativas para obtener información para verificar la ciudadanía y la identidad de los nacionales de Venezuela”, por lo cual decidió que las restricciones “se enfocan en los funcionarios gubernamentales de Venezuela que son responsables de las insuficiencias identificadas”.

Por lo tanto, las personas que no podrán ingresar a suelo estadounidense son:

“funcionarios de organismos gubernamentales de Venezuela que participan en procedimientos de selección y de verificación -incluido el Ministerio del Poder Popular para el Interior, Justicia y Paz ; el Servicio Administrativo de Identificación, Migración e Inmigración; el Cuerpo de Servicios Científicos, Penales y de Investigación Criminal; el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional; y el Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores – y sus familiares inmediatos, como visados de no inmigrantes por negocios (B-1), turista (B-2) y de negocios / turista (B-1 / B-2) queda suspendido”.

Adicionalmente, sobre el resto de nacionales venezolanos que “sean titulares de visados deben estar sujetos a medidas adicionales apropiadas para asegurar que la información del viajero permanezca vigente”.

Esta nueva sanción para el régimen se suma a la emitida el día viernes 22 de septiembre por el Gobierno de Canadá a 40 funcionarios de la dictadura chavista, entre los que se encuentran eldictador Nicolás Maduro; el vicepresidente Tareck El Aissami; Diosdado Cabello, segundo al mando del chavismo; Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electora, entre otros.

En un comunicado de este Gobierno se aclara que sanciona “a figuras clave en el régimen de Maduro, con el fin de enviar un mensaje claro de que el comportamiento antidemocrático tiene sus consecuencias”.

 

¿Quién gana y quién pierde con las sanciones de Trump al gobierno? por Victor Alvarez – El Estimulo – 22 de Septiembre 2017

La política energética de los EEUU prevé reducir sus reservas estratégicas de petróleo de 680 a 500 millones de barriles. Para el cumplimiento de este fin, la suspensión de la compra de petróleo venezolano le sería muy funcional. De allí que la embajadora de EEUU en la ONU, Nikki Haley, haya anticipado nuevas sanciones al gobierno de Venezuela, si éste no avanza en restablecer el orden constitucional.

“Si las cosas no mejoran, todas las opciones siempre están ahí (…).”, dijo la embajadora.

Las sanciones contra el gobierno de Nicolás Maduro se han incrementado gradualmente. Comenzaron por prohibiciones a altos funcionarios de entrar a territorio estadounidense para abrir cuentas bancarias o comprar bienes e inmuebles. Luego se aprobaron restricciones para la negociación de nueva deuda externa en el mercado financiero norteamericano, y ahora surge la amenaza de suspender la cuota petrolera. El impacto puede ser mayor si la Unión Europea y organismos internacionales, como la OEA y la ONU, se suman a las sanciones.

En 95% del ingreso en divisas de Venezuela depende de la exportación de petróleo. El 36% de la extracción total se dirige hacia EEUU, pero como estas ventas se cobran de inmediato, su peso asciende a casi el 50% del ingreso líquido en petrodivisas. Por lo tanto, cualquier sanción que repercuta sobre las actividades de exploración, extracción y refinación de Pdvsa, afectaría la principal fuente de divisas del país, con la inevitable repercusión sobre las importaciones esenciales de alimentos, medicinas, insumos y maquinaria que el país necesita. Se afectaría también el pago de la deuda externa, cuyo incumplimiento podría desembocar en el embargo de los buques de Pdvsa, sus depósitos en el sistema financiero internacional e, incluso, las facturas que tiene por cobrar.

Si el gobierno de Trump decreta nuevas órdenes ejecutivas para restringir la compra/venta de crudos y aditivos para el mejoramiento y refinación del petróleo venezolano, y estas sanciones son replicadas por la Unión Europea, la estancada producción de Pdvsa caería aún más, tal como ocurrió en Irán, luego de las sanciones del 2011 y 2012, cuando la extracción cayó de 4,1 millones de barriles diarios a 3,1 en 2015. Y, si no se recuperan los precios del petróleo, la escasez de divisas se agudizará, obligando a contraer aún más las importaciones de insumos, repuestos y maquinarias, y a incumplir con los pagos de la deuda externa.

Además de las restricciones comerciales y la suspensión de la compra/venta de petróleo, el gobierno de los EEUU puede utilizar el extraordinario poder de influencia que le otorga ser la principal potencia económica y militar, para que los inversionistas y financistas de todo el mundo escojan entre hacer negocios con Venezuela o con los EEUU. Con este fin puede catalogar al sistema financiero venezolano, incluyendo al BCV, como un peligro tóxico para el sistema financiero mundial, acusándolo de formar parte de las redes criminales que se dedican al lavado de dinero proveniente de la corrupción, el narcotráfico y el terrorismo.

Si las sanciones impactan al sistema financiero nacional, tanto los bancos públicos como los privados quedarían desconectados del sistema SWIFT, cuestión que limitaría las relaciones del sistema bancario y financiero nacional con la mayor parte del mundo. Esto implica que los activos financieros de origen venezolano depositados en el sistema financiero internacional correrían el riesgo de quedar congelados, al no poder ser transferidos ni utilizados.

Las sanciones se extenderían a las firmas estadounidenses, europeas o asiáticas que, teniendo negocios en EEUU, provean buques, maquinarias, equipos o servicios petroleros a Venezuela. Esto podría limitar las opciones de transporte del petróleo y otros bienes de exportación venezolanos, toda vez que se prohibiría a las compañías de transporte, seguros y reaseguros prestar este tipo de servicios a Venezuela. Estas sanciones castigarían el uso de los ingresos en divisas, los cuales solo se podrían destinar a la compra de alimentos y medicinas, cerrando la posibilidad de adquirir materias primas, insumos, diluyentes, repuestos, maquinarias y equipos para la reactivación de la producción nacional.

Al perderse el mercado estadounidense para el petróleo venezolano no sería fácil conseguir otros mercados. Y no solo por razones geopolíticas, derivadas del eco que tendrían estas sanciones en otros países que se alinearían con los EEUU, sino también por razones técnicas, toda vez que los crudos pesados que exporta Pdvsa requieren una tecnología de refinación diferente a la que predomina en los mercados que procesan crudos livianos y medios. La problemática se torna aún más delicada si consideramos que Pdvsa necesita importar crudos livianos, diluyentes y otros insumos para mezclar, mejorar y refinar el petróleo extrapesado de la Faja Petrolífera del Orinoco. Si las sanciones dificultan la compra de estos insumos, la extracción y refinación de los crudos pesados se vería muy perjudicada y podría colapsar, arrastrando consigo el complejo de refinación.

El gobierno busca protegerse de las sanciones que pudieran afectar la venta del petróleo venezolano. En las condiciones de un mercado sobreabastecido, los 700 mil barriles diarios que EEUU dejaría de comprar solo podrían ser colocados en China e India, cuyas economías tienen necesidades de petróleo para atender sus altas tasas de crecimiento. China tiene interés de amarrar a Venezuela como un proveedor estable y seguro del petróleo y minerales que necesita su pujante industria manufacturera, razón por la cual podrían lanzarle un salvavidas a Miraflores, comprando ese petróleo, pero solo si lo pagan con yuanes o rupias.

Por supuesto, China también quiere cobrar más de 30 millardos de dólares que Venezuela le adeuda. Por eso no le interesa que Pdvsa colapse, toda vez que esta deuda se paga con petróleo. El gigante asiático tiene claros los riesgos que representa Venezuela y así ha quedado plasmado en los informes de la calificadora de riesgo Dagong, filial del Banco del Pueblo Chino, la cual ha castigado el riesgo país de Venezuela, cuestión que aprovecharán los chinos para endurecer sus condiciones al gobierno de Venezuela. Por eso, si Trump cumple sus amenazas y suspende la cuota petrolera, estará lanzando al país a los brazos de China y la asesoría cubana, la cual apelará a una experiencia de más de medio siglo perforando el bloqueo económico de los EEUU para seguir justificando la entrega de petróleo venezolano.

 

Santa Paciencia Escribe por Luis F. Jiménez – Caretas Ilustración Peruana – 7 de Septiembre 2017

El Papa Francisco visita Colombia, mientras la tensión en la frontera con Venezuela aumenta.

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Las nuevas sanciones de Donald Trump a Venezuela, adoptadas el 25 de agosto pasado, pasaron de afectar a personajes públicos a trabar los mecanismos financieros que nutren al gobierno del oxígeno de los dólares. Fueron las primeras sanciones al gobierno, que EE.UU. caracteriza como “dictadura”.

En ese sentido afectan el endeudamiento o la venta de acciones, pues sancionan a los operadores en el mercado financiero estadounidense que apoyen al gobierno venezolano o a Petróleos de Venezuela (PDVESA).

Tales sanciones quirúrgicas buscan minimizar los daños a la población y por ello evitaron, por ahora, imponer sanciones que afecten los ingresos por exportaciones de petróleo, según algunos observadores. Otros consideran que solo afectando estos ingresos se llevará al régimen de Nicolás Maduro a la mesa de negociaciones. Nunca antes.

La amenaza de nuevas y fulminantes sanciones desde la Casa Blanca que afecten los ingresos petroleros explicaría la sorprendente decisión de Maduro de reincorporar a Samuel Moncada de su cargo de canciller a su antigua función de Representante ante la OEA, de la que Venezuela ha decidido abandonar.

 

Las expectativas en el exterior están centradas en la reunión del Grupo de Lima en Nueva York con motivo de la Asamblea General de las Naciones Unidas el próximo 20 de septiembre, que espera relanzar nuevas medidas en apoyo a la democracia en Venezuela.

La evolución de la crisis venezolana hace imperativo decidir nuevos cursos de acción para evitar que la violencia desborde hacia los vecinos de Venezuela: Brasil y, especialmente, Colombia.

Un reciente artículo (“Colombia: el peligro es Venezuela” de Hernando Gómez Buendía, Razón Pública 28/8/17) agrega aspectos inquietantes sobre el posible impacto que la crisis venezolana tendría sobre el proceso electoral colombiano. Para el autor, “el futuro de Venezuela es la pesadilla de Colombia”, pues considera que la evolución venezolana lleva a una guerra civil o a una “dictadura como la cubana” y ambas opciones tendrían profundos efectos en la sociedad colombiana, que lucha por superar 50 años de guerra interna y por consolidar una democracia liberal.

Este sombrío pronóstico se deriva de los fracasos de las soluciones institucionales planteadas en Venezuela: diálogos en Unasur, asistencia de la Iglesia Católica, parálisis de la OEA, debilidad de la reacción de los países del área y del entrampamiento tanto del gobierno como de la oposición en sus propias posiciones.

Este conjunto de factores no puede sino agudizar la violencia que afectaría a los 2,200 km de frontera común, conmocionada ya por las migraciones de quienes huyen de Venezuela, por la ruptura del comercio regional y las distorsiones de los servicios sociales del lado colombiano. Y por el contrabando y el tráfico de drogas.

Se especula que para el gobierno chavista, sometido a una insostenible presión social, económica y financiera, una posible “salida” sería un incidente armado. Para Maduro, el Golfo de Venezuela sería como las Malvinas de Galtieri. Se menciona que han existido conatos de incidentes militares ya en Arauca y sobrevuelos de aeronaves venezolanas sobre territorio colombiano. Leer más de esta entrada

“La gente está clara que las sanciones son consecuencia del gobierno” por Luis Vidal, More Consulting – ProDaVinci – 3 de Septiembre 2017

Prodavinci habló con Luis Vidal, director de More Consulting, una empresa de análisis estratégico y estudios de opinión pública, que realizó una encuesta del 28 al 30 de agosto del 2017 para conocer la opinión de los venezolanos acerca de las sanciones económicas impuestas el pasado 25 de agosto por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra el gobierno de Venezuela.

En este estudio se evalúan los responsables y las razones de las sanciones, la gestión del presidente Nicolás Maduro, entre otros aspectos relacionados con las sanciones.

Vidal dijo que “llama la atención que, por encima del 80 por ciento, las personas tengan conocimiento acerca de las sanciones” y que “inclusive el grupo de los no alineados, que es el grupo que normalmente está un poco más alejado de los temas políticos, el conocimiento es del 73,6 por ciento”. Así mismo, concluyó:

“La gente está clara, más del 65 por ciento considera que las sanciones económicas son consecuencia de un accionar progresivo del gobierno contra un 30 por ciento creen que no, que es por culpa de la oposición como de un plan orquestado con el gobierno americano”.

A continuación las láminas de More Consulting en las que presentan los resultados del estudio.

 

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El round de Maduro por Tomás Straka – Nueva Sociedad – Septiembre 2017

En la larga pelea venezolana siempre puede suceder lo impensable. Maduro acaba de ganarle un round a la oposición.

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A un mes de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, dos situaciones resaltan en la coyuntura crítica de Venezuela: la práctica desaparición de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) de la escena política y el carácter cada vez más internacional de la crisis. Aunque lo primero no significa que la alianza de partidos opositores haya dejado de actuar en otros planos, ni que sea imposible su eventual retorno a la palestra, el enfriamiento de la calle y la forma en que los magistrados del Tribunal Supremo nombrados por el parlamento opositor han tenido que irse al exilio –así como lo han hecho la fiscal Luisa Ortega Díaz y algunos de los principales alcaldes opositores– parecen inclinar la balanza hacia el gobierno. De momento, Nicolás Maduro controló la situación y puede anotarse el último round como un punto a favor. Lo cual lleva a la segunda situación: sin grandes desafíos para seguir con su proyecto dentro del país, si algo parece inquietarlo en este momento es la presión exterior, con todo lo que ella suele tener de lenta y acomodaticia.

Este panorama parecía imposible cuando el 16 de julio la alianza opositora logró movilizar a siete millones y medio de personas para que expresaran su rechazo a la convocatoria a la Constituyente. Una manifestación de ese tamaño, dos paros más o menos exitosos y el apoyo de más de 40 gobiernos del mundo parecían darle a la MUD buenas herramientas para, al menos, empujar una negociación en mejores condiciones que las planteadas por Maduro. A ello hay que sumarle que el 30 de julio la afluencia de votantes fue mucho menor que la de 15 días antes: según diversos observadores, habría tenido entre dos y cinco millones y medio de participantes. Aunque el Consejo Nacional Electoral anunció que fueron ocho millones, a los dos días los representantes de Smartmatic, la empresa encargada de la transmisión de los votos, denunciaron que hubo manipulación. Sin embargo, lo ocurrido desde entonces ha sido justo lo contrario de lo que hubiera podido esperarse: la Constituyente se instaló sin grandes resistencias.

Es muy pronto para saber qué fue exactamente lo que pasó, sobre todo porque es un proceso en desarrollo que puede cambiar en cualquier momento. Pero dos cosas parecen estar claras: las movilizaciones y la presión internacional no lograron romper el bloque gubernamental, ni la oposición sabía bien qué hacer ante esa eventualidad. Defecciones como las de Ortega Díaz no se generalizaron y en general el «chavismo opositor» no ha atraído el favor de la población chavista que no apoya a Maduro y que en la actualidad carece de liderazgo visible. Con respecto a lo segundo, salvo que en el futuro, cercano o lejano, se demuestre otra cosa, la MUD no parecía tener algo preparado en el caso de la Constituyente fuera –como en efecto lo fue– finalmente convocada. Se le pidió a la gente que lo diera todo para evitarla, pintándole un armagedón si eso no se lograba. No se logró y, comprensiblemente, cundió el desánimo. Ni en la rueda de prensa que dio el 30 de julio, ni en el acto en el que se presentaron juntos líderes opositores y chavistas disidentes el 5 de agosto, se hicieron declaraciones que indicaran un camino claro a seguir. Por el contrario, el anuncio de que participaría en los comicios regionales de diciembre confundió más a sus seguidores: después de declarar ilegítimo al gobierno y al ente comicial, y de proclamar que lo ocurrido el 30 de julio fue un fraude, participar en las elecciones organizadas por ese mismo gobierno y esa autoridad electoral ha sido visto, como mínimo, como un tácito reconocimiento a ambos, como una rendición. La decisión está respaldada por argumentos tan poderosos como los de no dejarles libres todos los espacios, pero al menos requiere de un mejor tratamiento político.

Por último, el surgimiento de un movimiento insurreccional armado, cuyo debut fue el espectacular asalto al Fuerte Paramacay, en Valencia, uno de los más poderosos de Venezuela, también el 5 de agosto, pareció desvanecerse con la rápida captura de sus líderes. Hasta el momento no ha vuelto a oírse de otra acción similar. Ante este panorama, la siempre útil teoría leninista de la toma del poder nos explica bien por qué Maduro sigue en el palacio de Miraflores: no hay condiciones objetivas para sacarlo de allí –porque aún puede controlar la situación– ni las hay subjetivas –porque quienes quieren hacerlo no parecen tener claro el modo, o si lo tienen, no poseen la capacidad para conseguirlo–. Así, el principal logro de las protestas ha sido la deslegitimación internacional del gobierno. Los resultados de las sanciones suelen verse a largo plazo y a veces no se ven nunca. Si Maduro logra controlar el país por un tiempo relativamente largo, es muy probable que, al final, los otros gobiernos que lo siguen reconociendo como presidente (el desconocimiento es a la Constituyente) puedan terminar entendiéndose con él.

Por supuesto, Maduro no tiene un «seguro de vida nuclear», como Kim Jong-un.Y, en términos económicos, es mucho más débil que Irán o Siria. En este sentido, las sanciones impuestas por Estados Unidos han apuntado quirúrgicamente a impactar en la elite gubernamental –con penalidades a varios personeros sobre sus bienes y posibilidades de negocios en EEUU– o a atacar las finanzas del Estado impidiendo que se contrate más deuda en los mercados norteamericanos o que Citgo, la petrolera propiedad de PDVSA que compra la mayor parte del petróleo venezolano que se envía a EEUU, pueda repatriar los capitales. Donald Trump ha dicho que no descarta una «opción militar» en Venezuela. Fue rápidamente desmentido por otros funcionarios y criticado por la región, muchos no ven probable esta alternativa, pero el viaje de Mike Pence a Sudamérica, básicamente para hablar de Venezuela, demuestra que Washington, de no ocurrir otra cosa que concentre su atención, adoptará nuevas medidas. Maduro, por su parte, quiso aprovechar la declaración de Trump para despertar una ola nacionalista, pero hasta el momento logró pocos resultados. Los problemas económicos y su impopularidad lo distancian demasiado del Fidel Castro de los 60.

Bajo presión internacional, sin apoyo popular ni recursos, Maduro ha logrado mantener compacto el bloque gubernamental, mientras la oposición se muestra errática y sus seguidores, abatidos. Los puntos de este round parecen ser suyos. En lo subsiguiente, todo dependerá de la duración de la pelea o de que alguno de los participantes logre el nocaut con el que cada bando lleva muchos años soñando.

El éxodo de las multinacionales de Venezuela por Pablo González Alonso y Alejandro Valerio – Harvard Business Review/La Patilla – 2 de Septiembre 2017

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La crisis en Venezuela ha ido en aumento en los últimos años, en la medida que la escasez de productos, el malestar social y los enfrentamientos políticos se han agravado.

En agosto, el presidente de Venezuela Nicolás Maduro formó una asamblea constituyente para reescribir la constitución venezolana (contra la voluntad de un legislativo democráticamente elegido y controlado por la oposición), recibiendo la condena de varios países de América Latina y la Unión Europea, que se han negado a reconocer la legitimidad de la nueva asamblea. El presidente Trump señaló que no descartaría la posibilidad de una opción militar en Venezuela, y su administración ha impuesto recientemente sanciones económicas al país sudamericano.

Sin embargo, es improbable que la crisis del país se convierta en un hecho importante para los ejecutivos regionales y centros corporativos de América Latina, al menos desde el punto de vista empresarial. Esto se debe a que la mayoría de las multinacionales han huido del mercado venezolano en los últimos tres años, en medio de las crecientes dificultades para repatriar los beneficios; la importación de materias primas y productos terminados al mercado local; la dificultad para recibir el pago de los socios locales y del gobierno venezolano, y más recientemente debido a expropiaciones y confiscaciones de fábricas – todos los problemas derivados de la abrupta reducción de dólares en la economía venezolana- desde que los precios del petróleo comenzaron a caer en abril de 2014.

De hecho, el petróleo representa el 96% de la canasta de exportaciones de Venezuela, constituyendo la principal fuente de entrada de dólares en el país. Desde 1958, el gobierno venezolano no ha logrado diversificar la matriz productiva del país, atando el futuro de la nación a los ingresos por petróleo. Además, la mala administración de la petrolera estatal PDVSA llevó a recortes adicionales en su producción de petróleo, lo que redujo las reservas internacionales del país.

Éxodo de multinacionales

Nuestra empresa, Frontier Strategy Group, recientemente entrevistó a 20 gerentes generales de América Latina sobre las contribuciones de Venezuela a sus ingresos regionales. Venezuela representa sólo el 1% de los ingresos totales. Es el segundo mercado más pequeño de América Latina, una diferencia marcada en comparación con hace pocos años, cuando competía con mercados como Argentina, Chile y Colombia como el tercer mercado más grande de la región, después de Brasil y México. Parte de la disminución puede explicarse por la fuerte depreciación del bolívar, pero en su mayor parte refleja decisiones proactivas de las multinacionales para salirse del mercado.

El éxodo corporativo de Venezuela ha tomado diferentes formas. Incluye salidas completas de corporaciones como Clorox, una de las primeras corporaciones que cesaron sus operaciones en el mercado en 2014 (sus instalaciones fueron confiscadas por el gobierno venezolano), y empresas como Bridgestone y General Mills, que vendieron sus negocios a Venezuela grupos industriales locales e inversionistas privados en 2016. Pero también incluye empresas que redujeron significativamente sus operaciones venezolanas y aquellas que han llevado a pérdida su negocio en Venezuela en sus resultados comerciales y financieros en Latinoamérica. Las razones de esto incluyen el derrumbe de la moneda de Venezuela, que ha provocado pérdidas de miles de millones de dólares para empresas como Pepsi, intromisiones políticas, controles de precios, interrupciones de la cadena de suministro e imposibilidad para repatriar sus beneficios.

Al final del año pasado, al menos 64 compañías del índice de Standard & Poor’s 500, alrededor del 13% del total, presentaron registros regulatorios donde informaron a los inversionistas sobre cancelaciones o exposición a devaluaciones de activos, ya que el bolívar continuó perdiendo valor frente al dólar estadounidense. Mirando solo a las firmas estadounidenses, la lista de compañías que desde el año 2014 han salido del mercado venezolano o bien suspendieron temporalmente la producción, o cancelaron sus operaciones en Venezuela, incluyen corporaciones como Mondelez, Liberty Mutual, Colgate, Procter & Gamble, Ford, Kimberly Clark , General Motors, Ford, Coca-Cola, y los ya mencionadas Clorox, Bridgestone, Pepsi y General Mills, y compañías aéreas como Delta, United y American Airlines.

Las compañías estadounidenses han liderado el éxodo de las multinacionales de Venezuela, pero es probable que las compañías de otros países claves en comercio e inversión sean seguidoras si las condiciones de operación en el país no mejoran pronto. Sólo España cuenta con unos 5.000 millones de euros en juego, de las inversiones efectuadas de 1993 a 2017 por 100 empresas diferentes en sectores que van desde la banca y los seguros hasta las telecomunicaciones, la construcción, el petróleo y el gas, las energías renovables, los hoteles, el vestido y los alimentos y bebidas. Algunas de estas empresas son grandes multinacionales como Repsol, Mapfre y BBVA.

Algunas compañías están dispuestas a asumir el riesgo

Compañías como Chevron, Valero Energy y Phillips 66 siguen apostando por la rentabilidad a largo plazo del mercado venezolano. Las empresas de energía tienden a gozar de condiciones de operación más favorables -ya que el gobierno venezolano trata de proteger a su principal industria- y están atrapadas en mayores inversiones de capital a largo plazo, que por naturaleza son menos vulnerables a la ciclicidad de las transiciones políticas.

Los productos producidos localmente también están ganando rápidamente cuota de mercado a medida que las depreciaciones de la moneda local y los productos importados se vuelven mucho más caros. Una vez grandes consumidores de whisky escocés, los venezolanos están cambiando al ron venezolano, cuyas marcas premium se han vuelto relativamente más asequibles que sus equivalentes de whisky. Pero esta tendencia se extiende a todas las categorías de productos, desde alimentos hasta suministros de limpieza. Las cadenas tradicionales de tiendas también están prosperando, como Día Día, que ha encontrado una manera de maximizar las ventas al combinar la proximidad de sus tiendas con los bajos precios de los grandes supermercados

Las empresas estatales chinas también apuestan por las inversiones de Venezuela, principalmente en el sector minero. Aunque las empresas chinas están plenamente conscientes de los riesgos económicos y empresariales inherentes a Venezuela, muchas de ellas continúan recibiendo préstamos a bajo tipo de interés por parte de los bancos chinos y gozan de acceso preferencial al mercado y recursos como el Fondo Conjunto China-Venezuela. Las inversiones chinas también reflejan las relaciones bilaterales más cordiales entre ambos países y el hecho de que Venezuela todavía debe a China 19 mil millones dólares en préstamos que se están pagando con petróleo. De ahí que los chinos tengan incentivos para mantener la economía venezolana a flote.

¿Reanudarán las multinacionales sus inversiones en Venezuela?

El que alguna vez fue un mercado atractivo y rentable para las multinacionales, y dado sus vastos recursos naturales y la demografía favorable – en términos de una gran población adulta joven y altos niveles de educación terciaria – podríamos predecir que Venezuela es probable que recupere su atractivo en el futuro.

Pero debido a los profundos desequilibrios macroeconómicos y a la fractura social en Venezuela, el regreso al crecimiento probablemente será largo y doloroso y requerirá de reformas estructurales significativas en su economía, sistema político y en la mayoría de las instituciones básicas que han sufrido años de excesivo intervencionismo estatal desde 2001 con el fallecido Presidente Chávez. Esto significa que incluso en un escenario optimista, un retorno al crecimiento es improbable por lo menos hasta 2020.

Entonces, ¿cuándo sería el momento adecuado para que las empresas reasignen de nuevo recursos corporativos a Venezuela? Estamos asesorando a nuestros clientes en considerar diferentes escenarios políticos y económicos.

Por ejemplo, en un escenario negativo, en el que Venezuela se asemeja a Cuba, el actual gobierno podría decidir cancelar indefinidamente las elecciones presidenciales programadas para diciembre de 2018 y tomar el control sobre las actividades del sector privado con la ayuda de los militares. En este caso, la confrontación civil y un embargo por parte de los Estados Unidos y la UE probablemente se impondrían , lo que haría imposible que las multinacionales occidentales comercien con Venezuela durante el tiempo que persista el embargo y dejándolas sin otro recurso que salir del mercado.

En un escenario un poco menos pesimista, el gobierno del presidente Maduro mantendría las elecciones presidenciales en 2018, sólo para permitir que candidatos elegidos a dedo de sus propias filas y en la oposición se presenten a la presidencia. El nuevo presidente emprendería reformas económicas parciales para recuperar el acceso a los mercados de capitales, principalmente a través de modificaciones del actual sistema cambiario y controles de precios, pero evitaría medidas económicas más dolorosas para frenar el déficit fiscal y la inflación,
tales como la reducción drástica del gasto público. En este caso, la recuperación económica podría todavía tener lugar en 2020, pero sería débil, y las condiciones de funcionamiento seguirían siendo un desafío para las multinacionales.

Potenciar el acceso a los mercados locales y a los equipos de relaciones gubernamentales sería clave en este escenario para alentar la reforma y asegurar que el gobierno venezolano estaría considerando los intereses del sector privado. Inversiones más ambiciosas serían imprudentes hasta que la economía mostrara signos de estabilización a raíz de las nuevas reformas, o si los precios mundiales del petróleo se recuperaran inesperadamente.

En un escenario positivo, el gobierno venezolano permitiría elecciones libres y el gobierno recién instituido de la oposición buscaría un paquete de reforma económica más ágil y agresivo. Esto podría incluir una reestructuración de la deuda externa de Venezuela con la ayuda de instituciones como el Fondo Monetario Internacional. En este caso, la recesión económica se atenuaría a corto plazo, y se permitiría una recuperación más fuerte a principios de 2020 a raíz de la recuperación de la inversión. En este escenario, a las multinacionales se les recomendaría adoptar un enfoque más proactivo y reanudar las inversiones lo antes posible, negociando simultáneamente los créditos pendientes y la recuperación de los activos expropiados con el gobierno.

Los acontecimientos recientes sugieren que Venezuela se está inclinando más hacia el primer escenario pesimista que hacia el último escenario positivo. Las empresas deben entonces esperar lo mejor pero prepararse para lo peor.

 

Deuda de Venezuela comienza a tornarse tóxica por Antonio Maria Delgado – El Nuevo Herald – 1 de Septiembre 2018

 

 

 

Las sanciones aplicadas la semana pasada por Estados Unidos están recortando aún más el escaso acceso del régimen de Nicolás Maduro a los mercados financieros, en una situación que ya está golpeando las operaciones regulares de la estatal Petróleos de Venezuela y la capacidad de la nación de cumplir con sus obligaciones de deuda.

La situación está llevando al régimen a redoblar sus esfuerzos para tratar de convencer a China y Rusia a que le ayuden a conseguir nuevos fondos para cubrir los $3,600 millones en vencimientos que debe pagar a partir de mediados de septiembre.

La administración de Donald Trump anunció a finales de la semana pasada que las instituciones financieras bajo supervisión del gobierno de Estados Unidos no podrán comprar ni vender nuevas emisiones de bonos denominados en dólares de la República de Venezuela ni de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).

El gobierno estadounidense también prohibió los trámites con un número reducido de bonos venezolanos ya existentes y los pagos de dividendos al gobierno de Venezuela, medida que afecta los futuros desembolsos de Citgo, filial estadounidense de PDVSA.

Aunque las sanciones anunciadas hasta ahora no afectan a la gran mayoría de los bonos que ya se encuentran en circulación, la posibilidad de que las autoridades en Washington anuncien sanciones adicionales ya está llevando a inversores y a instituciones financieras a tomar la decisión de alejarse de los instrumentos venezolanos.

“Se está tornando cada vez más difícil hacer negocios con instrumentos de Venezuela. Los precios de los bonos, los flujos y los volúmenes de operaciones con esos bonos se están extinguiendo porque todo el mundo está temiendo un próximo anuncio”, dijo desde Miami Russ Dallen, socio gerente de Caracas Capital Markets, quien es una de las voces más escuchadas por la Casa Blanca y el Congreso de Estados Unidos.

“Se están convirtiendo en una papa caliente, y nadie quiere ser el último que se quede con ellos”, agregó.

La agencia de calificación de riesgo Fitch ya comenzó alertar a los mercados financieros sobre el rápido deterioro de la situación económica de Venezuela, y advirtió que un incumplimiento de pago luce “probable” tras el anuncio de las sanciones realizadas el viernes de la semana pasada.

“Las sanciones de Estados Unidos van a acentuar la ya débil liquidez externa del país”, resaltó Fitch en su informe.

El régimen de Maduro, cuyas políticas socialistas han propiciado el mayor descalabro económico en la historia moderna de Venezuela, ha estado lanzando nuevas emisiones de bonos, ofreciendo el pago de rendimientos descomunales, y acudiendo a los gobiernos de Rusia y de China en los últimos años para poder obtener los fondos adicionales que necesita.

Ahora que Estados Unidos le cerró el acceso a los mercados de bonos denominados en dólares, la ayuda de Rusia y de China se torna indispensable para poder evitar el tan temido incumplimiento de deuda.

Una delegación venezolana se encuentra actualmente en China para tratar de convencer al país asiático a salir en rescate de la nación petrolera, pero las probabilidades de éxito son sumamente bajas, dijo una fuente cercana a la situación.

“Tienen tiempo buscando fondos, tienen más de un año presentando propuestas, y no les han estado presentado atención. En la última propuesta ofrecían crear un fondo para recomprar el bono 2017 para luego cambiarlo por otro de vencimiento posterior, pero el sector oficial chino no lo aceptó”, dijo la fuente que habló bajo condición de anonimato.

“La reticencia de china es muy fuerte, y yo no creo que haya banco privado que vaya a aceptar ese negocio porque es muy riesgoso”, agregó la fuente.

En los últimos cumplimientos de deuda, la petrolera rusa Rosneft se ha mostrado dispuesta a prestarle los fondos que el régimen ha necesitado para cumplir con los vencimientos de deuda, usualmente bajo condiciones que le han sido extremadamente favorables.

Pero la deuda de Venezuela con la empresa rusa ya suma cerca de $6,000 millones, y aumentar esa exposición luce como una propuesta de riesgo intolerable, particularmente ante los cada vez mayores prospectos de un incumplimiento de deuda.

Horacio Medina, experto petrolero que por años ha estado advirtiendo sobre el gradual colapso de PDVSA, dijo que el régimen se está quedando sin espacio financiero para maniobrar.

“Si China o Rusia no le meten la mano, la situación se va ir a pique”, comentó Medina al advertir que ya se han detectado situaciones en las que los bancos comerciales se han negado a emitir las cartas de crédito que requiere PDVSA para realizar las importaciones que necesita.

“Cada día va a aumentar más la duda de los bancos sobre si deben o no otorgar esas cartas de crédito por las implicaciones que podrían tener con el Departamento del Tesoro”, dijo Medina.

Venezuela se está viendo obligada a importar crudo liviano de otros países para poder mezclarlo con la variedad extra pesada que se produce localmente para poder venderlo.

La situación se ve agravada por el hecho de que el régimen continúa enviando una consistente dieta de crudo liviano a Cuba, sin recibir dinero en efectivo a cambio.

El informe de Fitch advierte que las reservas internacionales de Venezuela han caído en los últimos meses y ahora podrían sumar menos de $10,800 millones.

En teoría parte de esos fondos podrían ser usados para cumplir con las obligaciones de deuda que aún quedan este año, pero la mayor parte de ese total se encuentra en barras de oro, y éstas tendrían que estar siendo vendidas en este momento para poder contar los recursos necesarios en los próximos tres meses.

Dallen dijo que hasta ahora no ha visto señales en los mercados de que eso esté sucediendo.

 

Las sanciones contra el régimen por Trino Márquez – La Patilla – 30 de Agosto 2017

ThumbnailTrinoMarquezEl régimen, como de costumbre, trata de distraer la atención diciendo que las sanciones acordadas por el gobierno norteamericano apuntan a agredir al pueblo venezolano. Esta mentira no soporta el menor análisis. Las medidas están concebidas para castigar los jerarcas del régimen y sus testaferros, únicos enriquecidos con los bonos y demás papeles emitidos por el Estado venezolano. En ese lote entran los vendedores de armas, quienes tranzan negocios ficticios con las empresas de maletín denunciadas por Jorge Giordani hace algunos años y la amplia gama de delincuentes que han saqueado el Tesoro Nacional durante casi dos décadas. Es esa la casta que se verá afectada por las drásticas medidas del señor Donald Trump y su secretario de Comercio, el implacable Wilbur Ross, y las que podría tomar la Unión Europea.

Nicolás Maduro, e inexplicablemente otra gente de mayor nivel intelectual, compara esas sanciones con las que se adoptaron contra Fidel Castro y Cuba a comienzos de la Revolución Cubana. Nada que ver. En aquella época Castro y sus guerrilleros de Sierra Maestra disfrutaban de un prestigio mundial y nacional inigualable. Acababan de derrotar a Fulgencio Batista, dictador folclórico y corrupto, y se habían atrevido a retar a la primera potencia económica y militar del mundo, a apenas noventa millas de su territorio. La aureola de héroes de Castro y su ejército de seguidores–respaldados por los misiles soviéticos- cautivaba a buena parte de un planeta necesitado de ídolos. Cuba era una pequeña isla rica ´-convertida en miserable por la leyenda negra de los comunistas, expertos en inventar fábulas en las cuales ellos son los redentores- donde por primera vez en la historia latinoamericana se había llevado a cabo una revolución marxista. Representaba el sueño de la izquierda continental y mundial en pleno auge de la Guerra Fría.

La payasada en la que terminó el proceso liderado por Maduro y sus cómplices, no encarna ninguna esperanza. Al contrario, es vista como una pesadilla hasta por sus socios del continente. Nadie puede entender cómo Venezuela, después del mayor ciclo de bonanza petrolera que se conoce en la historia, ha terminado devastada y endeudada. La nación que estaba colocada en la plataforma para despegar hacia el desarrollo, ha recalado en los brazos de los chinos y los rusos, a quienes se le debe el porvenir. Pdvsa, de las empresas petroleras más eficientes de la Tierra, se encuentra en las ruinas. La infraestructura parece que hubiese sido bombardeada por potencias extranjeras. Cientos de obras han sido abandonadas o quedado inconclusas porque el gobierno carece de recursos financieros para finalizarlas. La producción industrial, agrícola y pecuaria, se desplomó.

La catástrofe material de Venezuela la combina Maduro con el aniquilamiento de la democracia. Venezuela pasó de ser un modelo de libertad a convertirse en un país donde el grupo de amigos del gobierno reunido en la asamblea constituyente asumió poderes totales, borrando de un plumazo la Constitución del 99, único marco legal vigente. Ahora, con ese poder arbitrario como telón de fondo, se amenaza a los diputados opositores con quitarles la inmunidad parlamentaria, se cierran medios de comunicación porque transmiten programas humorísticos que develan el caos en que vivimos, se plantea restringir el uso de internet, inventan patrañas como la fulana “traición a la patria” para mantener silenciados a los adversarios, se propone una “ley de comisión de la verdad” para imponer la verdad oficial y satanizar a los adversarios. Venezuela es una dictadura cada vez más centralista y caprichosa. El voto popular, universal, directo y secreto está en vías de extinción. La alternancia en el gobierno fue abolida, pues el madurismo impone la reelección eterna. Las fuerzas armadas fueron convertidas en el brazo represivo del régimen, perdiendo todo vínculo con la República democrática. Los espacios para el diálogo y la negociación entre los opositores y el gobierno fueron clausurados por la indoblegable prepotencia de los miembros del régimen. La política, en cuanto espacio para dirimir en paz los conflictos inevitables que surgen en toda sociedad, fueron clausurados.

En este ambiente, pintado en sus rasgos más gruesos, es donde el gobierno norteamericano, la Unión Europea y diversos gobiernos y organismos latinoamericanos están contemplando aplicar medidas contra el régimen de Maduro. Esas decisiones no concitarán la solidaridad internacional que en el pasado remoto atrajeron las sanciones contra Cuba. Tampoco tendrán el mismo efecto interno, pues el gobierno no podrá convencer a nadie de que los problemas ligados a la inflación, la escasez de alimentos y medicinas, y el deterioro general de la calidad de vida se encuentran asociados con esas medidas. El descalabro surgió mucho antes de que adoptaran las medidas y, para colmo, en medio del auge petrolero. Ante el mundo y el país, el único responsable de la tragedia venezolana es el régimen tozudo e incorregible presidido por Maduro, que ha mantenido el esquema del socialismo del siglo XXI, a pesar del colapso desatado.

Las sanciones le harán pagar muy caro a Maduro la alternativa represiva que asumió: abrogación de la Constitución y la Asamblea Nacional, destrucción del Estado de Derecho, violación de los derechos humanos, existencia de presos políticos, desprecio por las protestas populares y cierre de la ruta electoral. También elevará el costo del apoyo que recibe de la cúpula militar, los miembros de la asamblea constituyente, el tribunal supremo de justicia y las demás instituciones del Estado. Esos señores tendrán que evaluar muy bien si continúan siendo el soporte de una especie decidida a dejar la nación en escombros o si giran para convertirse en vectores apuntando hacia el retorno de la democracia. La comunidad internacional comenzó a jugar duro contra un régimen que no hace pausa, ni da tregua. Así se defiende la democracia en el mundo globalizado.

La Constituyente chavista aprueba procesar a dirigentes de la oposición por traición a la patria por Ewald Scharfenberg – El País – 30 de Agosto 2017

La nueva Asamblea ha concentrado su atención en ajustar cuentas con los líderes opositores al régimen

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A casi un mes de su instalación, la Asamblea Nacional Constituyente que a toda costa el chavismo ha sacado adelante sin reconocimiento internacional, todavía no discute ni el primer artículo de la Carta Magna que supuestamente está llamada a redactar. Toda su atención ha estado concentrada en el ajuste de cuentas con la disidencia. Este martes, primer día de sesiones regulares en la semana, fue igual. Los cientos de diputados reunidos en el Hemiciclo del Palacio Federal Legislativo de Caracas aprobaron por unanimidad -como hasta ahora ha sido con todas las resoluciones de este cuerpo deliberativo- un Decreto contra el Bloqueo Financiero y en Defensa del Pueblo Venezolano, que pretende dar respuesta a las sanciones económicas impuestas la semana pasada por el Gobierno de Donald Trump contra Venezuela. Leer más de esta entrada

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