elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Salud

Formas de matar: el régimen de Maduro por Miguel Henrique Otero – Editorial El Nacional – 20 de Enero 2019

Miguel-Henrique-Otero-696x391
El régimen encabezado por Nicolás Maduro mata sin horario. Lo hace en todo el territorio nacional, de día o de noche. El proceso que consiste en despojar de vida a los venezolanos es permanente. Y para ello hace uso de los más diversos métodos, cuyos resultados se constatan a distintas velocidades.

El método que alcanza a un mayor número de víctimas es, sin duda, el hambre inducida. A lo largo de dos décadas, Chávez primero y a continuación Maduro construyeron un modelo económico, hoy en pleno apogeo, que funciona sobre dos premisas: hambre e hiperinflación. De forma simultánea, liquidaron el valor de la moneda -redujeron a la nada el poder adquisitivo- y extendieron entre millones de familias venezolanas, la práctica de comer cada vez menos, cada vez peor, cada vez de forma más esporádica. En el diseño de esta perversa, gigantesca operación, que tiene entre sus gloriosos antecedentes las hambrunas provocadas por Stalin y Mao, ha contado con la participación de asesores del castrismo y de Podemos.

Del plan de convertir a Venezuela en un Estado de Hambre nada ha escapado: se acabó con el Programa de Alimentación Escolar, se expropiaron fincas productivas y empresas del sector agroindustrial para arruinarlas, se han creado, una tras otras, entidades para hacer imposible la adquisición y distribución de alimentos, se han arrasado los presupuestos que, hasta 1998, permitieron el funcionamiento de comedores y servicios de alimentación en hospitales, orfanatorios, centros de la tercera edad, cárceles y otras instituciones. Una realidad que esta por reportarse y fotografiarse: los miles de cocinas industriales que, en todo el país, están hoy en condiciones inservibles, oxidadas y mugrientas.

El más significativo logro de la revolución bolivariana en su propósito de imponer una dictadura se expresa en la politización del derecho a comer: el carnet de la patria y los Comités Locales de Abastecimiento y Producción -CLAP- que, en concreto, actúan bajo la más implacable lógica de la extorsión: acceso a bolsas de comida a cambio de lealtad política. El sistema CLAP, es el más extendido método de humillación y sumisión de la sociedad venezolana.

Tiene la hambruna inducida una ventaja: mata lentamente sin que sus víctimas se sumen a las estadísticas de muertes violentas. Las personas -especialmente los niños y los ancianos- adelgazan, pierden su masa corporal, se debilitan, se enferman y fallecen. La estructura de muerte funciona a la perfección: cuando el ciudadano aquejado busca la acción de los servicios de salud, no la encuentra. Así las cosas, el enfermo se convierte en una especie de náufrago: solo, perdido, huérfano de la atención sanitaria a la que tiene derecho.

Para contribuir a esta política de la muerte, el régimen realizó antes una de sus más impecables operaciones: destruyó el sistema de salud. Una visión en perspectiva de lo ocurrido, muestra los múltiples factores que se pusieron en juego: politizaron el funcionamiento y las operaciones hospitalarias; persiguieron a médicos y paramédicos, que por miles y miles escogieron huir del país; tomaron las medidas justas para crear situaciones de extrema escasez de medicamentos e insumos hospitalarios; importaron de Cuba, no a profesionales sino a piratas del ejercicio médico; estimularon el regreso de enfermedades que habían sido erradicadas y que han adquirido proporciones de epidemias; concentraron los sistemas de compras de manera de convertirlos en eficaces procedimientos para la corrupción; se hicieron compras milmillonarias de medicamentos de mala calidad o de medicamentos falsificados; destruyeron o se robaron el parque de ambulancias; saquearon las despensas de los centros de salud; crearon su propia fábrica de incompetentes con el nombre de médicos comunitarios; permitieron que los centros hospitalarios se convirtieran en guaridas de mafias y bandas delictivas; y, si mi cuenta es correcta, en dos décadas el llamado Ministerio del Poder Popular para la Salud ha tenido, léase bien, 17 ministros, uno de los más abultados carteles de un poder ejecutivo especialista en nombrar a ignorantes y ladrones como ministros.

Al doble procedimiento, insaciable y de regularidad sostenida, de matar por hambre y enfermedad, se suman decenas y decenas de otros métodos, más evidentes y cotidianos: matan a miles de ciudadanos indefensos, entre 25 y 30 mil al año, a manos de los delincuentes que mantienen bajo control las ciudades y pueblos del territorio venezolano. Mueren conductores y pasajeros de vehículos en autopistas llenas de baches, sin iluminación ni señalización, en accidentes mortales e incapacitantes. Mueren personas hambrientas tras ingerir alimentos venenosos -como la yuca amarga- desesperados por el hambre. Mueren los pacientes en quirófanos y salas de terapia intensiva como consecuencias de las amplias y reiteradas fallas del servicio eléctrico. Mueren las personas por la inexistencia de servicios de ambulancia y atención a las emergencias. Mueren familias enteras, arrastradas por el lodo y las aguas, en los días de lluvia. Mueren miles y miles de personas por falta de medicamentos e insumos para las enfermedades crónicas como las diabetes, la tensión arterial, las cardiopatías, el cáncer, el VIH y otras. Mueren los indígenas venezolanos azotados por epidemias. Mueren inocentes que viven en los barrios del país, abaleados por las luchas entre bandas o por operativos de cuerpos policiales o militares que disparan de forma indiscriminada. Mueren las víctimas de las operaciones a cargo de sicarios. Mueren en sesiones de tortura ciudadanos como Fernando Albán. Mueren los presos políticos a los que se niega atención médica. Mueren miles y miles de venezolanos bajo el yugo de un régimen que odia la vida.

El mortal apagón en un hospital de Caracas por Maolis Castro – El País – 17 de Enero 2019

Al menos dos personas murieron tras un corte de luz en un centro de salud de la capital de Venezuela, donde ya se había alertado de las carencias

Imagen del Hospital Universitario de Caracas, durante un apagón en julio de 2018.
Imagen del Hospital Universitario de Caracas, durante un apagón en julio de 2018. JUAN BARRETO AFP

En la penumbra, Dayana Pérez Marcano escuchó a los doctores gritar el nombre de su hermano: “¡Familiares de Eduan Pérez!”. Se movió con nerviosismo y conversó con los médicos: “Sospechaba que iba a morir cuando se fue la luz porque estaba conectado a una máquina de respiración artificial”, relató.

Un apagón en el Hospital Clínico Universitario de Caracas provocó la muerte de, al menos, dos pacientes, el pasado sábado. El cuerpo de Eduan Pérez, uno de los fallecidos, permaneció cuatro días en la morgue del centro de salud. “Los directores no querían entregar el cadáver, era lo único que pedíamos y no lo hacían porque querían asegurarse de que el expediente forense indicara que murió por causas naturales y no por el corte eléctrico”, asegura la hermana. La historia conmocionó a los venezolanos, en unas horas en las que las miradas estaban puestas en el controvertido inicio del segundo mandato de Nicolás Maduro, no reconocido como presidente de Venezuela por la oposición y parte de la comunidad internacional.

El suceso devino en un conflicto político sin que se hayan aclarado aún las circunstancias de lo que ocurrió. Maduro acusó a la oposición de “terroristas” en su comparecencia ante la Asamblea Constituyente, el órgano creado por el oficialismo para deslegitimar la Asamblea Nacional, de mayoría opositora. “Sabotearon los sistemas de recarga y carga eléctrico, los desprendieron y se lo llevaron para crear un show en los medios de comunicación social”, denunció.

Las inmediaciones del hospital son el reflejo de la trascendencia del suceso. Están vigiladas por decenas de policías. Sus trabajadores, los gremios de salud y los parlamentarios de la oposición rechazan la versión del sabotaje. Winston Flores, diputado de la Asamblea Nacional, recopila información sobre el incidente para denunciar ante los organismos internacionales la crisis de Venezuela. “Nosotros investigamos a fondo las causas. El régimen solo reconoce dos muertos, pero el personal médico afirma que se trató de seis personas… Esto es un homicidio. La directiva sabía que había fallas eléctricas en Caracas y no repararon las plantas de energía, pese a los avisos”, explicó.

Muchos pasillos están desolados por la falta de iluminación, no funcionan los aires acondicionados y los pacientes llevan su propia agua y medicamentos ante la precariedad; siempre comen arroz. Es un sitio, como dice Dayana, en el que la esperanza se pierde.

El Sindicato de Trabajadores de Hospitales de Caracas había advertido hace meses de la necesidad de reparar las plantas de energía del Clínico Universitario. Su representante, Mauro Zambrano, indica que la situación no puede ser peor. “En el hospital deberían operar 1.200 camas y solo son usadas 250 por fallas en el resto. Los dormitorios están deteriorados. De 12 quirófanos solo funciona uno. Muchos aparatos están dañados, no se hacen rayos X o tomografías, tampoco resonancias magnéticas. Eso no es nuevo, tiene años así. Lo denunciamos, lo mismo que las fallas en las plantas de energía, pero nadie atendió”, agrega.

Tras el suceso, el Gobierno ha destituido al director del hospital, José Fernando Alvarado, al subdirector, Pablo Castillo y otros gerentes. Además, ha creado una junta para esclarecer lo sucedido en el centro de salud. Alvarado y Castillo son polémicos por el rechazo a la donación de fármacos de la ONG Médicos sin Fronteras, el pasado noviembre. En diciembre, el exdirector dijo en una entrevista que obedecía instrucciones del Gobierno cuando repudió la donación y alabó el sistema de seguridad de la institución. “Tenemos casi 30 cámaras y un jefe de seguridad del Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional)”, apuntó.

Imagen de la fiesta de la dirección del Hospital.
Imagen de la fiesta de la dirección del Hospital.TWITTER

Hace unos días, los doctores celebraron una fiesta con una exuberante bailarina semidesnuda en una oficina del centro. “Esto pasó en la dirección del Hospital Universitario de Caracas, mientras pisos más abajo los pacientes se morían porque no hay dinero para medicinas ni repuestos de equipos”, denunció el diputado opositor en el exilio José Manuel Olivares.

Emergencia humanitaria

El cirujano Jaime Lorenzo, director de la ONG Médicos Unidos de Venezuela, critica que el hospital careciera incluso de aparatos de respaldo en Terapia Intensiva. “Las plantas eléctricas debieron funcionar antes de los cinco segundos después del corte eléctrico. En Venezuela, todos los equipos médicos deben tener baterías de respaldo interno. Me refiero a equipos de monitoreo y quirófano, que deben ser independientes por dos horas”, afirma.

La Encuesta Nacional de Hospitales, un sondeo independiente realizado por la ONG Médicos por la Salud en los 40 principales hospitales de Venezuela, indica que entre el 15 de noviembre y el 15 de enero del 2019 hubo 158 fallos de energía eléctrica, un promedio de 1,04 cortes de casi 3 horas en cada hospital por día. Según este documento, 49 pacientes murieron en unos 24 cortes de energía. “Solo el 55% de las plantas eléctricas funcionan en los hospitales monitoreados. Por cada tres fallas de energía que afectan a un hospital venezolano, al menos, fallece un paciente”, comenta el médico Julio Castro, responsable del informe.

Entretanto, Bello asegura que en el país existe una emergencia humanitariacompleja producto de la “inexistencia” de una política de “mantenimiento hospitalario” desde hace 19 años. El doctor opina que la centralización de los recursos en la Fundación de Edificaciones y Equipamiento Hospitalario, una dependencia del Ministerio de Salud creada en 2006, afecta a los centros de salud. “Se encargan de reparar y tramitar compras para poner operativos equipos, pero eso conlleva un viacrucis para cualquier hospital por las demoras y la burocracia”, agregó.

Cuando el médico te receta migrar para no morir: venezolanos con VIH ponen a prueba al sistema de salud en Perú por Mirelis Morales Tovar – ProDaVinci – 9 de Diciembre 2018

El médico le habló sin tapujos. “Si quieres vivir, te tienes que ir de Venezuela”. Era diciembre de 2017. Aquel día, Alfonzo sintió que su diagnóstico de VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humano) no sólo lo empujaba a la muerte con apenas 37 años, sino que también lo desterraba de su país. “Me quedé en blanco (…) Pensé en mi pareja, en la posibilidad de haberlo contagiado. Repasé mi historia. Los nombres de mis anteriores relaciones. Tuve mucho miedo”, recuerda.

En ese momento, no tenía cabeza para pensar que si conseguía tratamiento podía vivir con VIH y evitar caer en etapa Sida. Su doctor llevaba semanas descartando cuál podría ser el origen de su malestar. Todo comenzó con una molestia en la rodilla. Luego vino el dolor en sus testículos. A las dos semanas, se le hincharon los pies. Pensaron en diabetes o en problemas circulatorios. Hasta que le apareció un herpes en la pierna y su médico le hizo la prueba de VIH que resultó positiva.

Lo vieron 10 especialistas. El panorama no era alentador. Requería hacerse un recuento de las células CD4 (glóbulos blancos que ayudan a organizar la respuesta del sistema inmunológico) y un estudio de carga viral, para detectar la cantidad de VIH en la sangre. Pero los laboratorios privados en Venezuela los cobran en dólares y Alfonzo ganaba tan solo 2 salarios mínimos como administrador, el equivalente a 4 dólares.

“Me angustiaba pensar que no iba a conseguir las medicinas”, dice. “Aparte, me estaba alimentando mal. Ya mi sueldo no me alcanzaba. Perdí 15 kilos”.

Sus pies, mientras tanto, seguían hinchados. Se tornaron púrpura. Pero no había manera de saber qué tenía por falta de reactivos. Su médico le volvió a insistir que se fuera. Le consiguió bajo cuerda dos meses de antirretrovirales y le sugirió irse a Argentina. Alfonzo buscó entonces información sobre países que brindaran tratamiento gratuito. En el camino, vendió todo. Pero una subida del precio del dólar en el mercado negro redujo sus ahorros a 600 dólares y Perú se convirtió en su destino final.

El sábado 24 de febrero llegó a Lima. Deshidratado, con los pies hinchados y el dinero justo para un mes de hospedaje y comida. Necesitaba ponerse a trabajar. Pero su prioridad era su tratamiento. El lunes tocó la puerta de la ONG SIDAVida, quienes lo llevaron a un hospital. Al día siguiente, logró hacerse el conteo de CD4, que le reveló que estaba en etapa Sida por tener un conteo de 150 glóbulos blancos cuando lo normal es 1.000. Le siguieron las consultas y al mes obtuvo su tratamiento.

“Sentí tanto alivio… Tuve la sensación de que ahora sí había un mañana”.

En Venezuela no hay datos certeros ni actualizados. La última cifra de la Organización Panamericana de Salud (OPS) revela que para 2016 había 120,000 venezolanos con VIH y 71,000 estaban en tratamiento. El Estado es quien les suministra los antirretrovirales de forma gratuita. Una responsabilidad que asumió forzosamente, después que un tribunal dictara, en julio de 1999, una orden favorable a las personas con VIH.

“Venezuela ocupó los primeros lugares en atención a los pacientes con VIH”, afirma Alberto Nieves, director de Acción Ciudadana contra el Sida. “Pero, desde 2010 aparecemos en los informes de la OPS como el país con mayor desabastecimiento de la región. En abril de 2017 fue el último reporte de compra de antirretrovirales. A la fecha, tenemos más de 58,000 personas que carecen de medicamento”.

El desabastecimiento de antirretrovirales en el país que está sumido en una profunda crisis económica, ronda el 90%, lo que significa una sentencia de muerte para los venezolanos con esta condición. Frente a la escasez, muchos hacen uso intermitente de las pastillas, dosifican su inventario, toman el tratamiento de manera incompleta o, incluso, vencidos. Una práctica que tiene riesgo de generar resistencia y comprometer la efectividad.

Emigrar es la única salvación. Una opción forzosa a la que ha recurrido al menos 3 millones de venezolanos en los últimos dos años, como consecuencia del hambre y la hiperinflación.

Los pacientes con VIH acuden a Perú por ser uno de los países que garantiza el tratamiento de forma gratuita. Los primeros casos se presentaron a partir de 2017. En ese entonces, el Ministerio de Salud reportaba 200 venezolanos en tratamiento. Este año, se contabilizan 1,179 personas, de acuerdo con Byelca Huaman, representante del equipo técnico de la Dirección de Control de VIH del Ministerio de Salud.

Las ONG que trabajan a favor de las personas que viven con VIH y Sida en Perú, sin embargo, calculan que debe haber al menos 8,000 venezolanos con esa condición en el país. Incluidos, mujeres y niños.

*

A Julio le diagnosticaron VIH cuando ni siquiera había cumplido la mayoría de edad. “Era un chamo. Vivía muy liberal”, dice ahora a sus 34 años. La enfermedad se le manifestó con infecciones bucales e inflamaciones en las amígdalas. Las afecciones eran recurrentes. Así que su doctora le recomendó hacerse la prueba y salió positiva.

Su condición, hasta entonces, era estable. Con episodios de enfermedades oportunistas que pudo combatir. Pero, a principio de este año, la escasez de medicamentos arreció. Así que comenzó a tomar el tratamiento de forma intermitente. Empezó a perder masa corporal. Tuvo brotes de herpes dos veces al mes. Hasta que le dio neumonía.

“Sentí miedo de morirme”, cuenta. “Un amigo ya había fallecido. Otro se fue a Colombia porque estaba muy deteriorado. Así que mi pareja y yo decidimos irnos a Perú”.

Llegaron a Lima el 17 de marzo de 2018. Tres días después estaban en las oficinas de la ONG AHF Perú. Un vinculador lo encaminó en el proceso de las consultas médicas y los exámenes. Incluido el conteo de CD4 y la carga viral, que no había podido hacérsela desde hace dos años. Los costos corrieron por cuenta de la ONG. Y ese día recibió tratamiento para dos semanas.

Los problemas vendrían después. El cambio de clima le generó una bronconeumonía que lo dejó en cama. No tenía ahorros. Solo traía lo justo para renta y comida. Su mejor opción era ingresar al Sistema Integral de Salud (SIS), que garantiza el pago de gastos médicos a las personas de pobreza extrema y condición vulnerable previa evaluación socioeconómica. Sin embargo, el Permiso Temporal de Permanencia (PTP) que otorga Perú a los venezolanos no permite el acceso a este beneficio.

Mes y medio le tomó obtener el carnet de extranjería como persona vulnerable. Un proceso demorado y costoso. Al SIS gratuito, todavía no ha podido acceder.

*

César Gálvez, presidente de la ONG Illari Amanecer, viene acompañando desde julio de este año a los venezolanos con VIH que buscan ayuda en Lima, donde se concentra 74% de los casos. Cada vez que se encuentra con alguno le sorprenderle el deterioro físico con el que llegan tras seis meses o más sin tomar el tratamiento. Ya cuenta cinco jóvenes que han fallecido por complicaciones asociadas al Sida. En total, las ONG registran ocho muertos. El Ministerio de Salud solo habla de 4.

“No quiero contar un muerto más”, afirma Gálvez.

Las trabas burocráticas y la discrecionalidad en los tiempos de respuesta hacen que una persona con esta condición le tome hasta tres meses el ingreso al sistema de salud público de Perú. Un tiempo que para estos pacientes resulta demasiado riesgoso.

Hasta hace tres años, el ingreso de las personas con VIH al SIS era automático. Pero la norma se suspendió. Nadie se explica por qué. Ahora, existe un proyecto de ley para exigir su reanudación, según explica Marlon Castillo, director de la ONG Givar. Pero se requiere un presupuesto de 50 millones de dólares para su implementación durante los próximos tres años. Una vieja deuda que tienen el Estado con 72,000 peruanos con VIH.

La sociedad civil se mantienen presionando porque sabe que la llegada de los venezolanos en condición crítica de salud no se detendrá. Y el Ministerio de Salud de Perú lo reconoce. “Para el año que viene se tiene previsto un ajuste adicional de 10% para la compra de medicamentos antirretrovirales en respuesta a este crecimiento de la demanda”, afirma Huaman.

Pero no se trata solo de presupuesto. “Para atender estos casos de VIH se requiere una respuesta multisectorial”, afirma Alberto Stella, director de ONU Sida Perú. “Ser creativos para promover la prueba, porque tenemos personas que podrían tener VIH y no lo saben. Necesitamos un trabajo en los albergues para evitar la discriminación, agilizar los procesos migratorios y hacer un estudio de resistencia a la población. Hay que garantizar una estructura adecuada para permitirles a los venezolanos acceder al derecho a la salud”.

*

Tras su llegada a Perú, los pies de Alfonzo no mostraban mejoría. Necesitaba que lo viera un dermatólogo, pero le resultaba difícil conseguir una cita en el hospital. Cinco meses después, un especialista lo evaluó y le practicó una biopsia. El resultado: positivo. Tenía Sarcoma de Kaposi, una lesión en la piel que suele afectar a las personas con deficiencias en el sistema inmunológico.

“Ya había asimilado que tenía VIH. Ahora, cáncer. Otra condición de salud crónica. Fue rudo. Pero si estuviera en Venezuela, no lo estaría contando”, afirma.

En Perú, no se veían casos de Sarcoma de Kaposi desde los años 90. Su reaparición en los pacientes venezolanos con VIH ha sido una señal para los médicos peruanos del deterioro de la salud en Venezuela.

“En los años 90 yo trabajaba en una clínica en Villa Salvador con pacientes VIH”, recuerda el doctor José Luis Sebastián, coordinador de la ONG AHF Perú. “En los 90, aquí no había tratamiento. Llegó en 2004. Así que cuando me topo con estos casos siento mucha pena. Es frustrante, porque pensábamos que nunca más íbamos a ver a personas en esas condiciones y lo estamos viendo de nuevo”.

Julio Rondinel , director de la ONG Ccefiro, asegura que en Perú habían superado los casos en etapa Sida. Las muertes de pacientes con VIH en Perú, explica, se producen por abandono de medicinas, por síndrome metabólico o por efectos emocionales. Por tanto, la llegada de los pacientes venezolanos con VIH en condiciones de deterioro físico, sin recursos y con exceso de estrés supone un nuevo reto para el sistema de salud.

“El VIH es un problema de salud pública. Hay que ofrecer protección social, garantía de trabajo y condiciones de vida apropiadas que les permita sobrevivir a la enfermedad. De ahí que nos vemos en la obligación de pensar en un corredor humanitario”, comenta Rondinel.

*

Martes 20 de noviembre de 2018. Hora: 4 de la mañana. Alfonzo espera a las afueras del Hospital Cayetano Heredia para anotarse en una lista y conseguir una cita para una endoscopia. Es su intento número 10. Va bien abrigado para no resfriarse. Mientras aguarda, un señor de edad avanzada que está en la fila comenta a viva voz: “Todas las venezolanas que llegan a Lima tienen Sida”.

Alfonzo se contiene. El hombre hace referencia a una información falsa que se corrió en redes sociales y que decía que 70% de las venezolanas en el país tenían Sida. Los comentarios discriminatorios y con contenido xenófobo se multiplicaron. “Han venido a quitarnos los medicamentos”, se leía. Las fuentes oficiales lo desmintieron. Pero el mensaje caló.

Aún así, muchos saunas clandestinos buscan exclusivamente migrantes de esa nacionalidad para trabajar. En la entrevista, los desnudan, los hacen ver pornos para observar su erección y los ponen a desfilar en bóxer para seducir a los clientes. Julio da fe de ello. Nunca pensó en prostituirse. Lo hace por necesidad. Y nadie le preguntó si tenía VIH.

“Lo que tú hagas con tu culo, es tu responsabilidad”, fue la única advertencia.

A slow-motion catastrophe’: on the road in Venezuela, 20 years after Chávez’s rise by Tom Phillips – The Guardian – 6 de Diciembre 2018

People confront riot police during a protest in Caracas against the shortage of food.
 People confront riot police during a protest in Caracas against the shortage of food. Photograph: Federico Parra/AFP/Getty Images

The latrines at Simón Bolívar international airport in Caracas overflow with urine; the taps are bone dry. In the departures hall, weeping passengers prepare for exile, unsure when they will return.

At customs, a sticker on one x-ray machine warns: “Here you don’t speak badly about Chávez!”

But even before stepping outside the terminal it is obvious his Bolivarian revolution, like the airport’s immobile escalators, has ground to a halt.

A roadside graveyard of abandoned buses in Venezuela’s Portuguesa state
 A roadside graveyard of abandoned buses in Venezuela’s Portuguesa state. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

On 6 December 1998, Hugo Chávez proclaimed a new dawn of social justice and people power. “Venezuela’s resurrection is under way and nothing and nobody can stop it,” the leftwing populist told a sea of euphoric supportersafter his landslide election victory.

Two decades on, those dreams are in tatters.

The comandante is dead and his revolution in intensive care as economic, political and social chaos engulf what was once one of Latin America’s most prosperous societies. Almost 10% of Venezuela’s 31 million-strong population have fled overseas; of those who remain, nearly 90% live in poverty.

https://interactive.guim.co.uk/uploader/embed/2018/12/chart_venezuela-zip/giv-3902sHBuY1qiO8Ey/
To understand Venezuela’s collapse, the Guardian travelled hundreds of miles across the nation Chávez dreamed of transforming, from the spot in downtown Caracas where he gave his first speech as president-elect to his birthplace in the country’s sun-scorched southwestern plains.

On the way, we encountered lingering affection for a charismatic populist still celebrated as a champion of the poor, and a determination among Venezuelans from all walks of life to somehow weather the economic cyclone ravaging their country.

But above all, there was deprivation, hunger, profound apprehension and seething anger – even among proud chavistas – at a government now incapable of fulfilling its citizens’ most basic needs, and in denial over a humanitarian crisis unprecedented in modern Latin American history.

Hugo Chávez greeting supporters during a political gathering in the town of Guarico in 2006.
 Hugo Chávez greeting supporters during a political gathering in the town of Guarico in 2006. Photograph: AFP

“People do not understand what is happening in Venezuela because it is too hard to believe,” says Alberto Paniz-Mondolfi, a doctor in the city of Barquisimeto, describing the implosion of a health service that was once the envy of the region. “The most oil-rich country absolutely devastated and turned into a war-torn nation – without a war.

“I’m not angry. I’m terribly sad. Because there was absolutely no need to get to this point. They just left the country to die … and it is heartbreaking.”

Twenty years after Chávez declared Venezuela’s rebirth, its capital is on its knees. Billboards try to persuade citizens that “together everything is possible” but the mood is funereal and dazed.

By night, swaths of the city resemble a disaster zone: deserted, carless streets are plunged into darkness by power outages and broken street lights. Famished citizens probe uncollected heaps of rubbish.

Despite the meltdown, in a traditionally chavista shantytown called San Agustín, there is still devotion to the politician many call “mi comandante”.

A cable car passes above San Agustín
 A cable car passes above San Agustín. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

“He was the man who took the poor out of the catacombs,” says Gilda González, 50, the local coordinator of Misión Ribas, an educational programme Chávez set up in 2003.

González, a self-declared revolucionaria who keeps Fidel Castro’s memoirs by her desk, pointed to an horizon of government-built apartment blocks. “Everything you see here today was the comandante’s doing, and our president, Nicolás Maduro, is fighting hard to continue that work,” she said of the man who inherited Chávez’s revolution after he died in 2013.

Venezuela’s leaders blame the country’s plight on sanctions and an “economic war” waged by what the foreign minister, Jorge Arreaza, recently called the “extremist, supremacist, racist” government of Donald Trump. “It’s not just an economic war​,​ it’s an all-round war – a political war, a media war and a trade war,” Arreaza claimed.

González agrees, and warns Bolivarian militias will resist if the US president makes good on insinuations that Maduro could be toppled by foreign force. “We are ready for asymmetric war,” she says.

Gilda González in Caracas
 Gilda González in Caracas. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

García said he continued to treasure the ideals underpinning Chávez’s Bolivarian struggle – but under Maduro, Venezuela had become like a pressure cooker that had been left on for too long. “This mess will explode any minute.”

Tinaquillo

When Chávez visited the town of Tinaquillo in 2005 he pledged to revive Venezuela’s flagging textiles industry as part of a state-led effort to reduce dependency on oil – today the source of more than 95% of Venezuela’s export earnings – and hand greater power to workers. “We are forging a new path, a new socialism,” he declared.

Those plans have withered. According to official data handed to the International Monetary Fund (IMF) last month, Venezuela’s economy shrunk 15.7% in 2017, while inflation hit 860%. Experts believe the real situation is far worse.

https://interactive.guim.co.uk/charts/embed/dec/2018-12-04T21:00:02/embed.html
Lilibeth Sandoval at a now derelict textile mill Chávez toured in 2005
 Lilibeth Sandoval at a now derelict textile mill Chávez toured in 2005. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

At a nearby petrol station, attendants complain they have not been paid in months by Pdvsa, the state-run oil company that oversees the world’s biggest crude reserves. “And this is still a good job,” says Eduardo Martínez. Tips from drivers mean it is just about possible to survive.

But Martínez’s trousers are shredded, his shoes filled with holes, and he has a seeping, untreated abscess on his left wrist. “One day this will all come crashing down, just like the Twin Towers,” he says.

Macapo

Thousands of locals have already gone.

The United Nations estimates 3 million have fled the country since 2015 to escape chronic food and medicine shortages, crumbling healthcare and transport systems and an economy in freefall.

For places such as Macapo, which locals say has shed up to 15% of its 100,000 population, the result is broken families and empty homes. “There are no jobs here, there’s nothing,” says Juan Carlos Guevara, a retired teacher.

Juan Carlos Guevara
 Juan Carlos Guevara, whose community has lost thousands of residents. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

In February his wife, Glenda, set off overland for Peru with a group of 15 relatives. She works as a carer-cum-accountant in Lima and sends funds to help her husband who lives off a weekly pension of about 900 bolivares (about $1.8) – an almost impossible task because of rampant hyperinflation that Maduro’s supposedly visionary economic recovery plan has failed to tame.

“That’s not even enough to buy a kilo of cheese,” says Guevara.

With his wife gone, Guevara has busied himself decorating his home ahead of a lonely Christmas. “This year there will be an emptiness,” he says, tears welling in his eyes.

A propaganda billboard in support of Nicolás Maduro
 A propaganda billboard in support of Nicolás Maduro. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

Guevara says he believes political change is on the horizon and Venezuela’s diaspora will soon return to rebuild their homeland. But like all those the Guardian interviewed, he is unable to say how or when.

Venezuela’s opposition is fractured and, while localised protests continue, the mass demonstrations of last year have faded, with many participants chosing instead to leave the country.

“I’m a very optimistic person … [but] if this doesn’t happen I will leave,” he says. “All of my documents are ready.”

https://interactive.guim.co.uk/uploader/embed/2018/12/archive-zip/giv-3902YoCYPVnQu8Ie/

Barquisimeto

As Venezuela’s crisis has deepened over the past year, Henríquez, like millions of his fellow citizens, has found it increasingly hard to feed his family, let alone himself. “I used to weigh something like 70kg – now I’m 50kg, or less,” he says, showing the contents of their pantry: a half-empty sack of maize and a plastic bag filled with a few sticks of cassava.

Outside, in a rubbish-strewn garden, his children – aged from 11 months to 13 – study around a table fashioned from a broken door with breezeblocks as legs.

Ivan Henríquez with his wife and six children at their home in Barquisimeto
Pinterest
 Ivan Henríquez with his wife and six children at their home in Barquisimeto. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

Henríquez says his family survive thanks to a $20 monthly remittance from his brother in Chile. But hyperinflation – which the IMF fears could hit10,000,000% next year – meant that was becoming increasingly tough.

“So many people are dying of hunger in this country … children are dying because of malnutrition,” he says, lowering his voice to avoid his own offspring overhearing that bleak assessment.

Henríquez blames his family’s plight on an ideological clash from which his country’s leaders have refused to step back. “Venezuelans are stuck in the middle of a war that isn’t theirs.”

Barinas

The highway to Barinas, the south-western state where Chávez grew up, is dotted with reminders of Venezuela’s decay: families hauling armfuls of firewood or hiking down the hard shoulder because public buses are now as hard to find as food; police barricades where forlorn-looking officers shake down passersby for a pittance; abandoned factories, grain silos and car showrooms being reclaimed by the undergrowth; graffiti demanding the removal of the man most blame for the calamity – “¡Fuera Maduro!” – and patches of scorched asphalt where tires have been burned by protesters.

But these days few are fooled by such claims. “Our lives are becoming impossible,” says Ezequiel Mota, a 73-year-old farmer, queuing outside a military controlled petrol station in the state capital. He expects to be there for at least 10 hours.

Hundreds of vehicles queue for increasingly scarce petrol in Barinas
 Hundreds of vehicles queue for increasingly scarce petrol in Barinas. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

Across town the Guardian saw three petrol queues of more than 140 cars each. In the countryside, a driver in an even longer line of vehicles says he has been waiting two days: “Sometimes it’s four.”

“Ninety per cent of citizens are against the government because they are leading us into the most absolute state of misery and poverty in the world,” Mota says. “That’s the truth.”

https://interactive.guim.co.uk/charts/embed/dec/2018-12-05T15:26:21/embed.html

Sabaneta

Rivas, at 85 still chavista to the bone, recalls wanting to die when she heard of her protector’s passing. “I love him,” she whispers.

Rosa Rivas, 85, a dedicated Chávez supporter
 Rosa Rivas, 85, a dedicated Chávez supporter. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

But in the town where Chávez was born, such dedication appears to be fading.

“It’s lucky you came today because last week all the roads were blocked [by protesters],” says Rodolfo Palencia, a farmer and organiser for the opposition group Voluntad Popular.

Palencia, 46, says shortages of food, medicine, gas, petrol and drinking water mean many residents are turning against Chávez’s “malignant legacy”.

A minstrel as well as a militant, Palencia reaches for a Venezuelan four-string guitar to perform his musical rebuke to chavismo. “From here in Barinas, I want to ask my Venezuela for forgiveness,” he sings. “Because we know it was here that the disaster began, it was here that the comandante who destroyed my nation was born.”

In 2016 Vladimir Putin donated a granite statue of Chávez to Sabaneta and it was placed in one of its main squares to celebrate the legacy of “the illustrious son of the Venezuelan people”.

Today it is chipped and charred having been set upon by anti-government protesters. They failed to tear it down, but have vowed to return.

Statue of Hugo Chávez in Sabaneta
Pinterest
 Statue of Hugo Chávez in Sabaneta. Photograph: Tom Phillips for the Guardian

Nearby, Chávez’s childhood home is open to the public as a tribute to Venezuela’s “21st-century liberator” and his Bolivarian crusade. But it, too, has fallen on hard times. One room lacks a lightbulb; in another, a display case holding a pair of maracas has fallen off the wall and is propped up on two plastic chairs.

Outside on the veranda, beside a mango tree the comandante once scaled, there is a guestbook containing homages that sometimes hint at Venezuela’s decline. “Very good,” one pilgrim wrote in April. “But lacking in electricity.”

The museum caretaker, charged with receiving tourists since its two unpaid guides quit earlier this year, invites his latest visitors to add their names to the revolutionary register.

There was just one problem. “We don’t have a pencil right now.”

 

Cómo poner fin a la pesadilla de Venezuela por Ricardo Hausmann – ProDaVinci – 5 de Diciembre 2018

Unknown-1

Desear que un problema desaparezca, rara vez es una estrategia efectiva. Mientras la comunidad internacional ha estado enfocando su atención en otros asuntos, la catástrofe venezolana se ha profundizado. Y de continuar las tendencias actuales, ella solo puede empeorar.

Con un día de trabajo al salario medio, ahora se compran 1,7 huevos o un kilo de yuca, la caloría más barata disponible. Un kilo de queso local cuesta 18 días de trabajo al salario medio, y un kilo de carne cuesta casi un mes, dependiendo del corte. Los precios se han estado elevando a tasas hiperinflacionarias durante 13 meses seguidos y la inflación va camino a exceder la marca de 1.000.000% este mes. La producción continúa cayendo como una piedra: según la OPEP, en octubre de 2018 había bajado el 37% en relación al año anterior, o casi 700.000 barriles diarios.

De acuerdo a Alianza Salud, una coalición de ONG, los nuevos casos de malaria en 2018 se han multiplicado por 12 desde 2012, lo que se traduce en un total de más de 600.000, que es el 54% de todos los casos en Las Américas. Amplias extensiones de territorio venezolano han sido cedidas a organizaciones delictivas, entre ellas grupos terroristas como las FARC y el ELN de Colombia, que actúan en colusión con miembros de la Guardia Nacional en la producción de oro y coltan, como también en el narcotráfico.

Como consecuencia, los venezolanos han estado saliendo de su país de manera masiva, creando una crisis de refugiados de proporciones semejantes a la siria, y que es la más grande de la historia de Las Américas. Dado que Facebook informa que tiene 3,3 millones de usuarios venezolanos en el exterior, mi equipo de investigadores en el Center for International Development de la Universidad de Harvard estima que debe haber por lo menos 5,5 millones en total. Entre quienes tuiteaban solo desde Venezuela en 2017, para noviembre, más del 10% había dejado el país. Pese a sus valerosos esfuerzos, Colombia, Ecuador y Perú encaran cada vez mayores dificultades para hacer frente al flujo de refugiados.

Es más que evidente que los problemas de Venezuela no se resolverán a menos que y hasta que haya un cambio de régimen. Después de todo, tanto el régimen como el colapso económico son consecuencia de la eliminación de los derechos básicos. Los venezolanos no pueden invertir y producir para satisfacer sus necesidades debido a que se les han arrebatado sus derechos económicos; y tampoco pueden cambiar políticas desatinadas porque también se les han arrebatado sus derechos políticos. Un giro requiere el reempoderamiento de los venezolanos.

Afortunadamente, se vislumbra un fin a esta pesadilla, pero ello exigirá coordinación entre las fuerzas democráticas venezolanas y la comunidad internacional. El 10 de enero marca el fin del periodo del presidente Nicolás Maduro, el que comenzó con su elección en 2013. Su elección a un segundo periodo en mayo de este año fue una farsa: no se permitió que participaran los principales partidos de oposición y sus candidatos, y Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, Japón y los países más importantes de América Latina, entre muchos otros, se negaron a reconocer el resultado de dicha elección. Esto significa que no reconocen la legitimidad de la presidencia de Maduro más allá del 10 de enero.

La solución lógica es que la Asamblea Nacional, elegida en diciembre de 2015 con una mayoría de dos tercios de la oposición, resuelva el impasse constitucional designando a un nuevo gobierno interino y a un nuevo alto mando militar, capaces de organizar el retorno a la democracia y de poner fin a la crisis. Sin embargo, los diputados están actuando con cautela en relación a esto, puesto que, en el mejor de los casos, temen ser ignorados o, en el peor, ser encarcelados, exiliados o torturados a muerte y luego arrojados por la ventana de un décimo piso, como le ocurrió en octubre a Fernando Albán, concejal de la ciudad de Caracas. A menos que las fuerzas armadas respeten las decisiones de la Asamblea Nacional, será muy difícil hacerlas cumplir.

Es por ello que esta solución requiere de la coordinación entre la comunidad internacional y las fuerzas democráticas venezolanas. Estas no saben con certeza cuánto apoyo internacional van a recibir, y la comunidad internacional tampoco sabe con certeza cuáles son los planes ni el nivel de cohesión que tienen dichas fuerzas.

Como es el caso con todos los problema de coordinación, hay buenos y malos resultados que se autocumplen. Por ahora, dado que la comunidad internacional no ha dejado en claro a quién se reconocerá como gobernante legítimo de Venezuela después del 10 de enero, las fuerzas democráticas venezolanas no han logrado unirse en torno a una solución.

Pero los venezolanos han estado haciendo sus tareas y sentando las bases organizacionales para el cambio. Los partidos políticos, los sindicatos, las universidades, las ONG y la Iglesia Católica se han unido para formar una iniciativa llamada Venezuela Libre. Han organizado congresos en los 24 estados del país, en los que han participado 12.000 delegados, y, el 26 de noviembre, llevaron a cabo un evento nacional para lanzar un manifiesto que esboza el camino de regreso a la democracia. Además, han estado elaborando un detallado plan económico, que han discutido ampliamente con la comunidad internacional, para superar la crisis y restaurar el crecimiento.

Esta es una excelente oportunidad para que la comunidad internacional se mueva hacia una solución coordinada: una negativa explícita a reconocer a Maduro después del 10 de enero, junto con el reconocimiento de las decisiones de la Asamblea Nacional con respecto al gobierno de transición, y ayuda para implementarlas. Además, es preciso enviar un claro mensaje a las fuerzas armadas venezolanas de que las decisiones de la Asamblea Nacional deben ser respetadas.

Una solución a la catástrofe venezolana no solo es deseable, sino también posible. El mundo no puede dejar pasar esta oportunidad. El 10 de enero puede convertirse en un nuevo comienzo.

Venezuela afronta crisis sanitaria por colapso de sistema de salud por Human Rights Watch – Panampost – 15 de Noviembre 2018

“La combinación de un fallido sistema de salud y la escasez generalizada de alimentos han provocado una catástrofe humanitaria que solo irá a peor si no se aborda con urgencia” destaca la organización en un informe

La escasez en vacunas también ha ocasionado el regreso de dos enfermedades que se consideraban extinguidas: la difteria y el sarampión, de las que no se conocían registros recientes hasta 2015. 

Washington, 15 nov (EFE). – Venezuela afronta una crisis sanitaria “devastadora” por el colapso de su sistema público de salud, aseguró la organización Human Rights Watch (HRW) en un informe en el que criticó la reacción del Gobierno del presidente Nicolás Maduro al negar la situación y no afrontarla “urgentemente”.

“La combinación de un fallido sistema de salud y la escasez generalizada de alimentos han provocado una catástrofe humanitaria que solo irá a peor si no se aborda con urgencia”, sostuvo en el documento la experta Shannon Doocy, profesora asociada de la Escuela de Salud Pública Bloomberg en la Universidad de Johns Hopkins.

Varios investigadores de HRW, junto a especialistas del Centro de Salud Humanitaria de dicha universidad, viajaron a las fronteras de Venezuela con Colombia y Brasil para evaluar el alcance de la crisis y conocer el testimonio de las personas que están huyendo del país.

“En Venezuela la combinación de un sistema de salud fallido y escasez generalizada de alimentos ha provocado una catástrofe humanitaria que seguirá empeorando si no se aborda con urgencia”, dijo en un tuit, el director ejecutivo de HRW, division Americas, Jose Manuel Vivanco.

José Miguel Vivanco

@JMVivancoHRW

En Venezuela la combinación de un sistema de salud fallido y escasez generalizada de alimentos ha provocado una catástrofe humanitaria que seguirá empeorando si no se aborda con urgencia.

Lean nuestro informe especial: https://bit.ly/2PwBCIO 

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los casos de malaria han pasado de 36.000 en 2009 a más de 406.000 en 2017; mientras que los diagnósticos de tuberculosis se han incrementado de 6.000 en 2014 a 7.800 en 2016, cuando la tasa de incidencia fue de 32,4 por cada 100.000 personas, la más alta en el país en 40 años.

La falta de provisiones de medicamentos y vacunas ha afectado tratamientos como el del VIH, ya que el 87 % de las más de 79.000 personas registradas por ser portadoras del virus no están recibiendo medicación antirretroviral.

La escasez en vacunas también ha ocasionado el regreso de dos enfermedades que se consideraban extinguidas: la difteria y el sarampión, de las que no se conocían registros recientes hasta 2015.

HRW menciona los altos niveles de malnutrición como el principal factor que ha originado el agravamiento de la mayoría de enfermedades.

En sus denuncias, HRW recordó los intentos del Gobierno de Venezuela por ocultar la crisis sanitaria.

Puso como ejemplo la cancelación “de forma abrupta” en 2015 por parte del Ministerio de Salud venezolano de la publicación de actualizaciones semanales sobre indicadores de sanidad y el cese del titular de esta cartera en 2017 cuando publicó un “pequeño resumen” con carácter anual.

El guiso de los médicos cubanos – Editorial El Nacional -15 de Noviembre 2018

No había que dejar pasar mucho tiempo para que la situación de los médicos cubanos en Brasil hiciera crisis y llegara al rompimiento, luego de la elección que llevó a la presidencia de la república al candidato Jair Bolsonaro, ex oficial del Ejército y veterano diputado reelecto en varias ocasiones.

El programa de exportación de médicos desde Cuba, inventado por el propio Fidel Castro luego de darse cuenta de la sobreproducción de galenos en la isla, fue precedido siempre de una intensa campaña de propaganda para proyectarla internacionalmente como una misión romántica y humanitaria dirigida a prestar atención a los desheredados del planeta, es decir, aquellos países denominados, con cierto dejo de cinismo, subdesarrollados.

Pero siendo Cuba por sí misma una isla empobrecida y hambrienta, aunque bien educada y formada según el propio comandante Fidel, no podía cargar con esa misión tan peligrosa y, peor aún, costosa en grado sumo. De manera que bajo el manto de la ayuda humanitaria cubana iban escondidos intereses políticos y económicos. Los primeros ya lo hemos padecido y seguimos padeciendo en Venezuela con el errático régimen del heredero Maduro, luego de la muerte del galáctico comandante Chávez.

En cuanto a los intereses económicos y luego del fracaso continental de la revolución bolivariana, han salido a la luz muchísimas evidencias de alta precisión en las cuales queda patéticamente demostrado el gran negocio que se escondía detrás de la gran farsa de la ayuda de Cuba “para los países hermanos de América Latina”.

Poco a poco se ha ido reconstruyendo este macabro plan de enviar a jóvenes profesionales cubanos a practicar en el exterior su profesión de médico mediante contratos leoninos que ya quisieran los esclavistas de siglos atrás haber puesto en práctica.

Si bien es cierto que se les pagaba y se les paga en dólares (no en bolívares ni en petros) pero con una “pequeña diferencia” que consiste en que el profesional cubano no cobra sino una fracción reducida de su sueldo y, por supuesto, el resto va directo a los bolsillos de los mandamases del Partido Comunista cubano. Un negocio más que redondo.

Como lo señalan las informaciones de las agencias internacionales de noticias, estos servicios médicos “representan actualmente la principal fuente de ingresos de Cuba con unos 11.000 millones de dólares anuales”, superiores de lejos de los que produce el turismo internacional en la isla, con jineteras y jineteros incluidos.

Conocidas estas cifras no queda más que estallar de ira por la gran mentira que no solo los gobiernos de Brasil o Venezuela nos han hecho tragar, sino por el cinismo que exhibe Cuba proclamando su “ayuda humanitaria y desinteresada” hacia los sectores más pobres de la población.

Ahora el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, les ha anunciado a los jefes cubanos que cesa el Programa Más Médicos y que además deberán cumplir con “la aplicación de un test de capacidad, el pago directo del salario integral a los profesionales cubanos –la mayor parte del cual se destina actualmente a la dictadura cubana– y a la libertad para que traigan a sus familias”. Desde luego que Cuba no aceptó. Ni pendejos que fueran.

 

Venezuelan Children Die from Deficient Medical Services – Latam Herald Tribune – 3 de Noviembre 2018

The NGO Prepara Familia reported on Friday that at least 19 Venezuelan children have died since 2017 because of defective kidney treatment in the country’s most important pediatric hospital, and demanded that the government resume the transplant program suspended 17 months ago.

“In the year 2017 we had 12 youngsters (who died) and in 2018 three more have died of poor nephrology treatment and four from unrelated illnesses,” Prepara Familia Director Katherine Martinez told reporters outside the JM de los Rios Children’s Hospital in downtown Caracas.

The families of those who died last year of an outbreak of infection, and those of another 20 children receiving dialysis treatment, staged a modest protest and recalled that the Inter-American Commission on Human Rights (IACHR) has laid down precautionary measures for this medical center, obliging the government to guarantee access to the needed medications.

“The government has many obligations – it must respect children’s right to life and their right to health,” Martinez said, and demanded the reactivation of the transplant procurement program that has been shut down for the last 17 months.

“How is it possible that these kids have been anchored to machines for 17 months with no way out, but which they would easily have with transplants. As long as the program is suspended, this situation will continue,” she said, adding that there is a long list of youngsters waiting for kidneys.

Erick Bandres, father of a boy who has been waiting for a transplant for nine years, said “he’s my only child and I don’t want to lose him.”

Venezuela, the country with the largest oil reserves on the planet, is going through a severe economic crisis of such chronic shortages and hyperinflation that members of the opposition and a number of NGOs have asked that a humanitarian channel be opened to bring food and medicines into the country.

But the Nicolas Maduro government rejects that plea on grounds that it could open the door to an armed invasion.

Más de 26.000 médicos han abandonado Venezuela por Ludmila Vinogradoff – ABC – 30 de Octubre 2018

Hay 560.000 pacientes venezolanos en lista de espera para operarse y sin esperanza ser atendidos

Venezuela se está quedando sin médicos por la fuga masiva de 26.160 profesionales. Actualmente hay más de medio millón de pacientes en la lista de espera para ser operados esperanza de ser atendidos por las precarias condiciones hospitalarias actuales.

Así lo explicó el presidente de la Federación Médica Venezolana, Douglas León Natera, quien alertó que más de 26 mil médicos se han ido del país en los últimos años, debido a la falta de insumos, falta de medicamentos y bajos sueldos que devengan en los hospitales.

El gremio registró el año pasado que 22.600 médicos abandonaron el país. «La lista más reciente que realizamos hace dos días cifra los médicos que se han ido en 26.160, lo que representa un incremento de 4.000 médicos en solo un año», dijo León Natera durante una entrevista para Unión Radio.

El presidente del gremio médico señaló que hay una lista de 560.000 pacientes esperando a ser operados en hospitales públicos y explicó que en los privados «no pueden resolver sus problemas porque los costos son astronómicos». Esto, se produce, según explicó, a causa de la hiperinflación y a que «este Gobierno que no hace nada por reactivar el aparato productivo del país».

Jóvenes formados que emigran

Sobre las universidades autónomas, sostuvo que pese a la crisis económica, política y social que vive Venezuela, han egresado médicos de calidad, los cuales finalmente también han decidido emigrar. El 40% de los recién graduados prefirieron emigrar, buscando mejores oportunidades en el exterior.

En los últimos cuatro años, Surámérica se ha «nutrido» con la presencia de médicos venezolanos y colocó como ejemplo a Chile, donde indicó que hay 4.200 médicos de origen venezolano. Otros países que también se han beneficiado de esta «diáspora de la salud» son España y Estados Unidos.

 

Venezuela sin médicos: más de la mitad migró entre 2012 y 2017 por Catalina Göpel – La Tercera – 13 de Octubre 2018

MÉDICOS Y ENFERMERAS PROTESTAN POR MEJORAS SALARIALES Y DOTACIÓN DE MATERIALES DE SALUD, EN JUNIO EN CARACAS.

Un informe realizado por 11 ONGs reveló que 22.000 profesionales renunciaron a sus puestos de trabajo en ese período y abandonaron el país. Además, el reporte denuncia que la crisis ha mermado el derecho a la salud. Se estima que 300 mil pacientes graves no han tenido acceso a medicamentos.


Ante la titánica crisis social, política y económica que día a día se agudiza en Venezuela, 11 organizaciones no gubernamentales del área de la salud elaboraron un lapidario informe que alertó que entre 2012 y 2017 más de la mitad de los médicos abandonaron el país.

Según el reporte “Derecho a la Salud”, dado a conocer el jueves, en un período de cinco años, 22.000 profesionales -la mayoría de áreas de pediatría, medicina general, emergencia y cirugía del sistema público- renunciaron a sus puestos y migraron. “Esta cifra representa una pérdida de al menos 55% de personal médico capacitado, sobre un total de 39.900 registrados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en 2014”, explicó el estudio.

A la partida de los médicos, se suman las de 6.600 bionalistas (33% de 20.000) y 6.030 enfermeras (24% de 24.500).

Hasta ahora, ninguna de las medidas adoptadas por el gobierno de Nicolás Maduro, como la reconversión monetaria, el aumento del precios de todos los bienes regulados y las reiteradas alzas al salario mínimo, han conseguido revertir la crisis. Al tiempo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) aseguró esta semana que la inflación llegaría a 10.000.000% en 2019.

“Las causas del éxodo de profesionales del área de la salud están bastante claras”, dijo a La Tercera el director ejecutivo de Médico Unidos de Venezuela, Jaime Lorenzo. Según el experto, el retraso en los niveles de tecnología ha llevado a la práctica del oficio hacia los años 50. “Con las deficiencias que hay es muy difícil darle una respuesta a los pacientes y es por eso que muchos colegas han escogido irse. Es muy duro”, agregó.

En el documento también se denuncia que la emergencia humanitaria, que se profundizó en Venezuela a partir de 2015, ha menoscabado el derecho a la salud de los venezolanos.

“Sus impactos se han materializado en la destrucción de un sistema sanitario público ya deteriorado, causando graves daños a la salud de millones de personas, la reaparición y propagación de epidemias erradicadas décadas atrás y miles de muertes en creciente ascenso”, detalla el informe.

En relación con lo anterior y sumado a los efectos de la crisis, trabajadores del área de la salud iniciaron el pasado 24 de junio un paro histórico que sigue sin encontrar respuesta a sus peticiones por parte del Ejecutivo chavista.

Para el representante del sindicato de trabajadores de hospitales y clínicas de Caracas, Mauro Zambrano, “ el gobierno no ha dado respuesta a una situación que sabe y conoce. Pero además de ello, ha realizado congresos políticos para hacer creer al mundo que la salud está bien, pero los problemas se agudizan cada vez más”, afirmó a La Tercera.

Un impacto profundo

En medio de la crisis que viven sectores como el de la salud, se estima que cerca del 60% de la asistencia médica que había disponible en 2011 en Venezuela se perdió también entre 2012 y 2017.
Pero la situación empeoró aún más, porque solo entre 2014 y 2015 la proporción de camas utilizadas en los hospitales públicos bajó un 40% debido a un sistema deteriorado, mientras que entre 2015 y 2016, la escala de muertes maternas subió 66% y 30% la de menores de edad.

Pero no solo eso. Desde 2016, más de 300.000 venezolanos en condición grave, es decir, que han sido transplantadas, o padecen hemofilia, cáncer, parkinson, esclerosis y otras, no tuvieron acceso a medicamentos necesarios.

Además, los fármacos de alto costo tampoco están siendo comercializados con regularidad, debido a los recortes en las importaciones.

Al mismo tiempo, las enfermedades transmisibles aumentan a diario al interior de Venezuela. Se espera que a fines de 2018 se registren al menos 700 mil casos de malaria, y 500 muertes por este trastorno que ya se esparció por todo el territorio. La difteria y el sarampión, también dan cuenta de la cruda realidad, con 168 y 64 fallecidos desde 2017 a septiembre de este año.

A %d blogueros les gusta esto: