Tres jarras con agua, una bolsa de hielo, un huevo, un pedazo de mortadela y un frasco con un poquito de mayonesa coexisten en la nevera de Luis Gómez, de 34 años de edad, trabajador del Hospital Universitario de Caracas (HUC).

La quincena que figura en su cuenta bancaria es de apenas 200.000 bolívares ($ 1,08, de acuerdo con el Banco Central de Venezuela), aunque afirma que otros obreros no corren con la misma suerte, pues algunos cobran desde Bs 90.000 ($ 0,49) hasta Bs 150.000 ($ 0.81)  y con eso deben sobrevivir hasta el siguiente pago.

El alto costo de los alimentos en contraste con su salario, lo ha obligado a recurrir en ocasiones a pedir préstamos y vender artículos para llenar un poco más esa nevera que comparte con sus cuatro hijos.

“Es muy dura nuestra realidad. No es fácil tener cuatro muchachos y solo tener 200.000 bolívares que al final no sabemos si gastarlos en comida o dividirlos para pagar el pasaje para ir a trabajar”, dijo Gómez en una entrevista para El Diario.

Allí vela porque se respeten los derechos del personal de salud y ha intercedido ante la directiva del hospital para que se mejoren las condiciones laborales de los trabajadores, una tarea casi imposible en medio de la pandemia por el Covid-19.

“Me dijo que él estaba en la misma situación y que en cualquier momento no iba a tener cómo llegar a su lugar de trabajo”, agregó.

Ya que mejorar la situación económica de los trabajadores escapa de sus manos, la misión de Gómez en el Razetti pasó a ser la de evitar conflictos entre obreros y patrones, para mantener cierta “paz” durante la pandemia.

A pesar de que Gómez lleva 10 años trabajando en el sector salud, sus condiciones económicas han decaído con el tiempo. El reflejo de ello es su nevera, que aparentemente cada día está más vacía.

Agua y luz es lo único que seguro vas a ver en la nevera de un trabajador de la salud. Es muy raro cuando se consigue un pedazo de queso duro o un poquito de carne. Vivimos del día a día, de los préstamos, de la oportunidad de vender o de cambiar un alimento por otro”, explicó el trabajador.

Afirma que mientras tenga fuerza y salud para trabajar seguirá asistiendo a los hospitales, pues sabe que el trabajo del personal obrero es casi tan necesario como el de los médicos para evitar un colapso en los centros de salud, durante una crisis sanitaria que se agravó con la presencia del coronavirus de Wuhan en Venezuela.

Canasta Básica Alimentaria

Bs 45.946.257 equivalente a $ 255,25 en el mes de abril

Depender de otros para comer 

Yorky Villegas lleva 14 años de su vida como obrera transportadora de alimentos en hospitales, primero en el Hospital Universitario de Caracas y ahora en el Instituto de Oncología Dr. Luis Razetti. Sin embargo, su experiencia laboral no se refleja en sus beneficios económicos, pues solo gana 450.000 bolívares ($2,45) mensuales.

La trabajadora asegura que el salario solo le sirve para pagar el pasaje de los tres transportes que usa cuando va al centro de salud, porque no podría hacer un mercado con tan poco dinero.

En la casa somos siete personas y entre todos nos ayudamos, también tengo amigos afuera que a veces me apoyan y mi pareja se rebusca con lo que salga. Si no es así nos morimos de hambre”, explicó Villegas en una entrevista para El Diario.

Los vecinos de su barrio, en Carapita, también la apoyan, a veces con huevos o con café, porque conocen la dura realidad que enfrenta como trabajadora del sector público.

Villegas aclaró que el sector salud ha reclamado mejoras salariales desde hace varios años, pero las autoridades del régimen han ignorado sus exigencias una y otra vez. “Nuestro sueldo es tan mediocre que no alcanza ni para un pollo, pero el régimen cree que a punta de bonos está enriqueciendo a las personas”, agregó.

Ahora, con la presencia del Covid-19 en el país, su situación económica ha decaído notablemente. Señala que el costo de los alimentos aumenta a diario y hace cada vez es más difícil la tarea de poner un plato de comida en la mesa.

Una olla de arroz, dos botellas de litro y medio con agua y un pedazo de mortadela son los artículos distribuidos dentro de la nevera de Villegas, porque durante la cuarentena se ha hecho casi imposible adquirir alimentos frescos y variados.

La mala alimentación incide directamente en la salud de la obrera. Hace 7 años contrajo una bacteria en el HUC que le dejó fuertemente afectado el sistema digestivo y además ha enfrentado varios cuadros anémicos severos por falta de hierro en su dieta.

Si sus condiciones económicas no mejoran, la amenaza a su estado de salud seguirá latente, pero mientras se sienta bien continuará asistiendo al centro hospitalario como lo hace hecho durante años.

“Todos ponemos un granito de arena para sobrevivir”

César Natera forma parte del personal obrero y del sindicato del Hospital Dr. Ricardo Baquero González, mejor conocido como Periférico de Catia, ubicado en el oeste de la ciudad de Caracas.

Natera asegura que durante la cuarenta ha pasado por muchas dificultades por falta de dinero.

“El no tener efectivo te pone contra la espada y la pared porque te limita para hacer algunas cosas que se pueden resolver con él. Mientras tanto todo aumenta, porque el dolar aumenta, pero el sueldo sigue igual”.

Ante esta situación se ha tenido que acostumbrar a caminar desde su casa, en Los Mecedores, ubicado en la parroquia La Pastora, hasta la estación Capitolio del Metro de Caracas todas las mañanas. Aunque no se queja por esto, sí le preocupa hacer el viaje de vuelta, porque se expone a la inseguridad.

El sus dos últimas quincenas cobró Bs 280.000 ($ 1,52) y Bs 300.000  ($ 1,63) respectivamente, con lo que asegura solamente puede comprar un kilo de harina de maíz precocida, para al menos garantizar una arepa en su plato, de vez en cuando.

Natera no es el único que corre con los gastos de su hogar; su esposa y otros miembros de su familia, que también trabajan en el sector salud lo ayudan. Todos unen sus ingresos para no acostarse con el estómago vacío.

Aquí nos ayudarnos entre todos, cada quien pone su granito de arena para poder sobrevivir”, agregó.

A pesar de que entre ellos se apoyan, el incremento de los precios no les ha dado tregua. En ocasiones deben reunir el salario de varios para comprar un pedazo de carne entre Bs 500.000 y Bs 600.000.

Las últimas semanas han sido las más duras para Natera y su familia, su nevera solo mantiene refrigerado un envase de mantequilla y otro de agua.

“Nuestra nevera está prácticamente vacía, porque el dinero no está alcanzado para nada y en el hospital tampoco nos dan el beneficio de las bolsas de alimentación”, comentó el obrero.

Las condiciones en las que Natera y el resto de los trabajadores de los hospitales laboran son deplorables. Además de no contar con los implementos de bioseguridad para evitar un contagio dentro de los centros de salud, tampoco tienen un salario que les asegure la comida y el transporte adecuado para llegar sus puestos de trabajo.

En medio de la pandemia, la operatividad del sector salud pende de un hilo, debido a que los entes encargados de los hospitales no han ofrecido a médicos, enfermeros y obreros lo necesario para mantener su batalla contra el Covid-19.