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Venezuela, 30 protestas diarias por Florantonia Singer – El País – 18 de Julio 2018

La conflictividad de baja intensidad marca la vida cotidiana de los venezolanos frente a la virulencia del pasado. En lo que va de 2018 se han contabilizado más de 5.000 manifestaciones, el 80% de ellas para exigir derechos sociales como comida, agua y salarios dignos

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Este miércoles Caracas fue un hervidero de descontento. Los pensionistas protestaron frente a las agencias bancarias en reclamo porque recibieron su remuneración incompleta por la escasez de billetes. La molestia de los ancianos se sumó a los de vecinos que trancaron las calles por las fallas en el suministro de agua en La Vega, El Paraíso y la avenida Andrés Bello. Investigadores del IVIC, trabajadores de las empresas estatales de electricidad y telecomunicaciones y de los hospitales también salieron en otros siete puntos de la ciudad para exigir salarios dignos. Por lo menos 15 focos complicaron la rutina de la capital venezolana, donde las protestas se cruzan de una calle a otra.

En los últimos meses la conflictividad se ha multiplicado en todo el país hasta alcanzar una cifra récord: en el primer semestre de 2018 se contabilizaron 5.315 protestas, un número que supera las 4.930 registradas en el mismo período del convulso 2017, cuando el país se encendió en marchas contra los ataques del Supremo, adosado al gobierno de Nicolás Maduro, a la opositora Asamblea Nacional.

“El año pasado fue el de más protestas, hubo un poco más de 9.000, pero este 2018 podría romper ese récord tal como vamos en el primer semestre. Cada día se producen 30 protestas en Venezuela y 8 de cada 10 tienen que ver con derechos sociales. Aumento de los precios, escasez y desabastecimiento de alimentos, crisis de los servicios y del sistema de salud y ahora los bajos salarios son los principales motivos.

Hemos visto a enfermos crónicos como los pacientes con párkinson que han tenido que salir a la calle a exigir medicinas. Esto habla de un colapso del Estado y de una posición indolente del gobierno frente a la situación de los venezolanos”, explica Marco Antonio Ponce, coordinador del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, que monitorea el malestar del país desde 2011.

Ponce señala que el panorama que se vive en Venezuela es el de una emergencia humanitaria compleja, distinto en sus detonantes al de una crisis humanitaria. “Acá no hemos pasado por un desastre natural o una guerra, sino que las decisiones políticas son las que han llevado a esta situación que va a empeorar porque no vemos que de parte de los responsables haya intención de hacer correctivos.

Que una y otra vez los vecinos, los enfermos y los trabajadores salgan a protestar indica que el gobierno es incapaz de darles respuestas, porque solo está enfocado en mantenerse en el poder. El índice es tan alto porque el Estado no responde y la protesta es la herramienta histórica de lucha que han tenido los pueblos para conquistar derechos. A esta altura de la ruptura democrática, la gente no tiene otra opción”, añade el activista de derechos humanos.

Junio, el primer mes de la reelección de Maduro en un proceso viciado y con la abstención más alta de la historia del país, es también el de mayor índice de protestas con 1.112 manifestaciones registradas por el observatorio en todo el país. Caracas y los estados Lara, Anzoátegui, Mérida y Bolívar, este último fuertemente afectado por epidemias, la escasez y la inflación, concentran el mayor descontento.

En 2017, luego de la intensa jornada de manifestaciones políticas, que quedó ahogada con la fraudulenta elección de la Asamblea Constituyente, que se ha alzado como un parlamento paralelo a Maduro, el liderazgo político opositor perdió la convocatoria de la lucha en la calle. “El venezolano está muy desamparado. Hay un Estado que no responde y los partidos de oposición no hay podido hacer ningún tipo de conducción política del descontento ni ha acompañado a la gente en sus exigencias democráticas”.

En su opinión, sin embargo, la oposición venezolana, extraviada desde el año pasado por las fracturas entre los distintos movimientos que la conforman, todavía podría capitalizar el descontento social y hacer de las manifestaciones atomizadas que ocurren a diario una gran protesta nacional.

En cinco años de creciente conflictividad, el gobierno de Maduro ha ganado músculo para la contención de sus efectos. La consolidación de un aparato represivo que involucra a cuerpos policiales y grupos parapoliciales afines, que el año pasado dejaron 157 muertes en manifestaciones, y la implementación de estrategias como las que ha usado con sindicatos, como la instalación de mesas de diálogo con uno de los grupos en conflicto, para ganar tiempo, dividir y desgastar la lucha del colectivo, explica Ponce. “Ahora están usando cajas Clap de comida para intentar bajar la tensión como hicieron con las enfermeras el primer día de su huelga”.

Los seis meses de protestas han dejado 12 personas asesinadas, de ellas 3 eran mujeres y 2 eran menores de edad. El 75% de las muertes ocurrió en protestas por alimentos. 11 personas fueron asesinadas por heridas de bala y una de las víctimas con un objeto contundente. Familiares y testigos denuncian a funcionarios del Estado como responsables de cinco de las muertes y a civiles armados como responsables de las otras siete. Además, se registraron 226 saqueos o intentos de saqueo en todo el país.

El registro del observatorio llega hasta final de junio, por eso entre estos casos no se cuenta el de Evelio Rodríguez Robles, de 13 años de edad, asesinado de un disparo la noche de este lunes en San Félix, al sur de Venezuela, durante una protesta por falta de luz y agua en la comunidad, disuadida por la policía regional. A su familia el gobierno le había prometido hace dos años una vivienda en mejores condiciones, reportaron periodistas en la zona.

“El gobierno sigue adelante con sus decisiones políticas y toda Venezuela va para otro lado. Están en su dinámica de atornillarse y dar cuotas de poder, mientras el venezolano común está exigiendo sus derechos y tratando de sobrevivir. Al gobierno la criminalización y judicialización de la protesta se les ha convertido en un búmeran, porque los números indican que la gente no ha dejado las calles y que ahí va a seguir”.

Falleció hermana de Sergio Novelli por falta de medicinas – El Nacional – 18 de Julio 2018

1531934392683.jpgEl periodista indicó que Joanna tenía 10 días sin tomar el medicamento que necesitaba

El periodista venezolano Sergio Novelli anunció este miércoles el fallecimiento de su hermana debido a la falta de medicamentos que existe en Venezuela.

“Hoy le tocó a mi familia. Mi hermanita Joanna se fue con Dios. Él sabe la razón y el porqué. Y eso no lo discuto. Pero lamentablemente, la escasez de medicinas en Venezuela contribuyó en que eso ocurriera”, escribió Novelli en su cuenta de Twitter. 

Indicó que Joanna tenía 10 días sin tomar el anticonvulsivo que necesitaba. 

“Estaba por llegarle una nueva dosis, pero fue tarde. Lamentablemente desde la distancia es poco lo que pueda hacer. No podré ir al país, pues no sé si después pueda volver a salir”, expresó. 

La guerra que a diario libran las enfermeras en Venezuela por Florantonia Singer – El País – 16 de Julio 2018

El gremio de la salud exige que sus salarios se equiparen a los de los militares, a quienes Maduro mejoró sus condiciones y ahora cobran 24 veces más que los profesionales civiles

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La angustia de esta mañana es el agua. María Teresa Rangel está vestida de blanco impecable, con la solapa de la chaqueta llena de condecoraciones y los mismos zapatos de hace 12 años. Desde las seis de la mañana está trabajando y ahora ha conectado un tubo oxidado al grifo del lavamanos del Departamento de Enfermería del Hospital Universitario de Caracas para canalizar el hilito que sale dentro de un contenedor. De ahí va llenando garrafas más pequeñas para ayudar a bajar los sanitarios de alguno de los pacientes que están hospitalizados. A otra compañera le ha tocado conducir su carro hasta otro hospital al oeste de la ciudad, atascada este viernes por una lluvia pertinaz, a buscar el material quirúrgico que no se puede esterilizar en este centro de salud porque el equipo de autoclave lleva años dañado. “Hoy tenemos 10 mujeres en trabajo de parto y en este hospital no hay ni agua y si una empieza a sangrar cómo vamos a hacer, cómo se van a lavar los médicos las manos con esta agua”, dice con indignación María Teresa, de 71 años de edad y la mitad de su vida trabajando como enfermera.

Desde hace 20 días, además de atender enfermos y todas las contingencias de la aguda crisis sanitaria que vive Venezuela, las enfermeras han cumplido una jornada diaria de protestas en todo el país en reclamo por un salario digno. Lo que gana María Teresa en un mes no le permite comprar un sándwich para desayunar en el cafetín hospital donde trabaja. Gana muchísimo menos que eso. “Mi sueldo son 1.500.000 bolívares mensuales, que lo subieron ahora a 3.000.000 (el salario mínimo actual, equivalente a un poco más de un dólar) y que este viernes íbamos a cobrar, pero ahora nos dijeron que no pueden depositarnos el dinero porque anoche se robaron las computadoras del área de personal”, dice mientras ataja una lágrima que amenaza su maquillaje, que disimula bien los años, pero no el cansancio. “Creo que un día voy a caer de largo en este hospital. Esto es muy duro, hemos resistido demasiado y yo ya podría jubilarme, pero eso sería mucho menos dinero, no puedo dejar de trabajar, quién me va a dar trabajo a los 71 años”. La mujer es supervisora de quirófanos del hospital y en 35 años de carrera como enfermera acumula especializaciones en nefrología, hematología, pabellón y como instrumentista de neurocirugía.

La pelea que durante el último mes han dado en las calles las enfermeras, y que ha encontrado respaldo en el gremio de los médicos y del resto del personal de salud, es para que sus salarios sean equiparados con el del personal de la Fuerza Armada, a quien Nicolás Maduro ordenó hace un mes dar un “aumento sustancial” y estableció un ajuste indexado a los del salario mínimo, que actualmente está en 5.196.000 bolívares, pero que la hiperinflación ha llevado al gobierno a aumentar hasta 4 veces en un semestre. Aunque las enfermeras son las que a diario libran una guerra en los hospitales del país, el salario básico de un militar profesional raso puede ser hasta 8,3 veces superior al de una enfermera y en el caso de los rangos más altos, como el de coronel, hasta 24,8 veces.

Cadena de descontento

El reciente aumento a los militares impuso una brecha enorme entre el salario de 3.000.000 de bolívares de una profesional graduada y con cuatro especializaciones como María Teresa, frente al de un teniente coronel que ahora devenga 57.000.000 de bolívares de sueldo base, por ejemplo. Otros oficiales de más rango superan los 200.000 millones en sus remuneraciones.

La diferencia, que se hace más marcada en medio de la acelerada hiperinflación que vive el país, ha exacerbado el conflicto al que se empiezan a sumar otros profesionales, como los médicos, profesores universitarios que también han iniciado huelgas escalonadas, los maestros y trabajadores de empresas públicas como Corpoelec y el Metro de Caracas, que esta semana protestaron por mejoras salariales y en rechazo a la discriminación en las remuneraciones entre militares y civiles. A menos de dos meses de la cuestionada reelección de Maduro la conflictividad social aumenta sin que haya soluciones a la vista.

“Queremos el salario de los militares, la misma indexación. Nosotros salvamos vidas y este gobierno lo que busca es que renunciemos en masa todas las enfermeras. Llevamos veinte días en conflicto y en ese tiempo no hemos recibido ni una sola llamada del Ministro de Salud, que todavía está buscando un hueco en su agenda para atendernos. A estas alturas, nos estamos preparando para ir a protestar directamente en el despacho de Maduro en Miraflores”, señala Ana Rosario Contreras, presidenta del Colegio de Enfermeras de Caracas.

La sindicalista ha visto como su gremio se desintegra. En los primeros 4 meses de este año le tocó firmar 1.200 solicitudes de baja del colegio, documento que utilizan para buscar trabajo afuera por grave crisis económica que atraviesa Venezuela. “Nos estamos quedando solos y nuestras enfermeras están consiguiendo empleo con remuneraciones acordes a su experiencia en otros países”. En los hospitales de Venezuela hay un déficit de 110.000 profesionales, que impide cubrir las recomendaciones internacionales que indican que debe haber un enfermero por cada cuatro pacientes. Contreras teme que la situación vaya a empeorarse. Las jornadas de protestas que iniciaron van acompañadas de la paralización de sus actividades en áreas que no sean críticas. La medida de presión, sin embargo, poco ha afectado centros de salud que no tienen cómo atender enfermos.

Esa es otra de las demandas del gremio, la mejora de las condiciones de trabajo, que el Estado garantice los insumos para poder atender a los pacientes. “No queremos ver a ningún venezolano más mendigando por un medicamento y por su derecho a la salud y la vida”, dice Contreras. El conflicto sigue.

Una encuesta realizada en marzo por la organización Médicos por la Salud reveló que en 88% de los hospitales del país no hay medicamentos, en 79% no hay material quirúrgico y en el mismo porcentaje tienen fallas constantes de agua. El diagnóstico abarcó 104 centros públicos y 33 privados, que representan 90% de las camas hospitalarias del país. El estudio también sondeó el impacto de la migración entre estos profesionales y determinó que 30% de lo médicos que se graduaron hace 40 años están fuera del país al igual que 75% de los que egresaron de la universidad hace apenas una década.

Federación Médica anuncia que van a paro por Maria Victoria Fermin – Efecto Cocuyo – 11 de Julio 2018

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Paro activo. Tras una larga reunión del Comité Ejecutivo este martes, 10 de julio, el presidente de la Federación Médica Venezolana (FMV), Douglas Natera, informó la decisión de llamar a “paro activo nacional” hasta que sean atendidos sus reclamos salariales.

Médicos y enfermeras prestarán asistencia en las áreas críticas de los hospitales como las emergencias y unidades de cuidados intensivos (UCI).

Natera declaró que los hospitales se encuentran “prácticamente cerrados” por la falta de insumos y que si mantienen sus puertas abiertas “es porque ahí se encuentra el personal de salud”.

La exigencia de la Federación Médica Venezolana es similar a la que desde hace dos semanas expone el personal de enfermería: sueldos dignos que les permitan cubrir sus necesidades básicas.

Sin embargo, precisaron que para los médicos consideran que las tablas salariales deben partir de 200 salarios mínimos.

En la reunión participaron representantes de 15 colegios de médicos en el país. También asistieron directivos del Colegio de Enfermeras, el Colegio de Bioanalistas y de la Federación Farmacéutica Venezolana (Ferfaven).

Comunicado de Caritas –

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Directores diocesanos de Caritas de Venezuela se pronuncian sobre la crisis y el irrespeto a la dignidad de los venezolanos

Los directores y delegados de Cáritas pertenecientes a la red de Cáritas de Venezuela, en 28 Diócesis y Arquidiócesis del país, reunidos los días 19, 20 y 21 de junio, en la Casa Monseñor Ibarra de la Conferencia Episcopal Venezolana, reflexionando sobre la grave crisis que afecta a todo el pueblo venezolano especialmente a los más pobres, queremos dirigirnos a la opinión pública nacional, como ciudadanos y cristianos comprometidos con nuestra gente, con el anuncio del mensaje de nuestro Señor Jesucristo y con la inviolable dignidad del ser humano.

Durante este encuentro compartimos con preocupación la penosa situación que viven nuestros hermanos, cómo sobreviven ante esta crisis económica y cómo la diáspora de la migración aumenta cada día en nuestro país. Muy a nuestro pesar, las coincidencias en el testimonio de todas las Diócesis tristemente nos lleva a concluir que en este momento la dignidad humana está siendo agredida e irrespetada, especialmente en aquellos que son los más vulnerables, en los que se ha acentuado la fragilidad y dependencia por el déficit nutricional, falta de medicamentos, el abuso de poder por parte del Estado y el deterioro de servicios básicos indispensables como electricidad, agua, transporte, carreteras, aseo urbano, gas doméstico, servicios hospitalarios, servicios fúnebres, servicio de telefonía, acceso a internet, pérdida de un gran número de medios de comunicación. La ruptura del orden social y de la normalidad de la vida cotidiana es inocultable y está a la vista de todos los venezolanos.

Desde Cáritas de Venezuela, pastoral social a cargo de la ejecución de la asistencia y promoción del desarrollo humano, somos testigos presenciales de innumerables expresiones que nos indican el recrudecimiento de la crisis.

  1. Aumenta el éxodo de venezolanos que, aún sabiendo las dificultades en muchos países receptores, se ven forzados a partir como la opción más viable para sobrevivir, trayendo un sin número de familias desmembradas.
  2. Incursión en la minería ilegal, como oportunidad de sobrevivir y preservar calidad de vida , con importantes daños inmediatos como la propagación de enfermedades infecto-contagiosas (malaria entre otras), la esclavizante situación de trata humana y, a largo plazo un notable impacto ambiental como la contaminación por mercurio de ríos y desforestación de nuestras selvas.
  3. Sentimos dolor e impotencia al conocer tanto en zonas urbanas como en zonas rurales de casos de intercambio sexual a cambio de dinero o comida, como forma de llevar alimentos básicos a sus hogares, menoscabando todo valor social y humano.
  4. Estamos impotentes ante la reaparición de enfermedades prevenibles produce muertes y afectan a niños y niñas en edades en donde los daños son irreversibles, ante el deterioro de los avances que en seguridad social el estado venezolano construyó por décadas.
  5. Sufrimos la situación violatoria a la dignidad en personas privadas de libertad, retenidas en las comandancias y destacamentos de los cuerpos de seguridad municipales y del Estado, quienes sufren enfermedad, desnudez, hacinamiento, hambre e invisibilización.
  6. Reconocemos el trabajo que está realizando la iglesia católica unida en cada diócesis y parroquias, en comunidades de vida consagrada, en movimientos de apostolado, colegios y otras agrupaciones. Así mismo, con espíritu ecuménico, valoramos el esfuerzo que llevan adelante diversas profesiones de fe y un gran número de voluntarios de la sociedad civil a favor de los más afectados por esta crisis.

No obstante ante la gravedad de las situaciones expuestas solicitamos al Estado Venezolano la garantía de los Derechos a la Vida, Alimentación y salud tal como está consagrado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Así mismo llamamos a toda la población a organizar o sumarse a tantas acciones de solidaridad, así como a no perder de vista la perspectiva de derecho en cada una de estas acciones, pues mientras aportamos trabajando por nuestra sociedad, su valor, estabilidad y capacidades totales, exigimos el respeto de nuestros derechos fundamentales y la posibilidad de seguir desarrollando toda labor de acción social e intervención humanitaria, en pro del bienestar común y una nueva dignificación de cada venezolano y venezolana.

Suscribimos el llamado de la Conferencia Episcopal Venezolana a ser apóstoles de la esperanza, perseverando en el mandamiento del amor y mirando en nuestro prójimo el rostro de Nuestro Señor Jesucristo. Que el espíritu santo nos aliente con fortaleza, entendimiento, caridad y sabiduría para seguir trabajando por el bien de todos los venezolanos.

 

Una perspectiva de género para Venezuela por Pia Riggirozzi – Nueva Sociedad – Junio 2018

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La crisis de Venezuela está adquiriendo nuevas dimensiones. Según muchos analistas, el fenómeno violento que vive el país amenaza también a los derechos de las mujeres. Una de las tasas de embarazo adolescente más altas del mundo se combina con el aumento de las enfermedades de transmisión sexual y el crecimiento de los abortos ilegales y de la esterilización. El país que fue un punto focal en la promesa continental de una alternativa al neoliberalismo sigue en estado crítico. Y parece una sombra de lo que fue.

Venezuela fue un país rico. Muchos lo dicen y lo repiten: en otros tiempos, asentó su crecimiento sobre las mayores reservas petroleras del mundo. Ahora, en cambio, es la economía más pobre de América del Sur en términos de crecimiento del PIB per cápita. Venezuela está atravesando la peor crisis económica de su historia, con una tasa de inflación de más de 500%, una tasa de cambio muy volátil y un crítico endeudamiento que se ha quintuplicado desde 2006. Esta crisis ha agravado «guerras económicas» de larga data entre un sector empresarial ubicado en la oposición y el gobierno. Del mismo modo, inacabados ciclos de protesta y represión han marcado un camino que durante la última media década ha polarizado a una sociedad ya dividida en términos clasistas y partidistas y ha enraizado una cultura política de suma cero, donde el ganador se lleva todo, incluidas las elecciones. En este escenario, violencia de todo tipo ha alcanzado lo que parece ser un punto de no retorno. Lo que parece estar en juego aquí es la mismísima capacidad de la democracia para combinar fuerzas de transformación y resistencia.

La crisis en Venezuela también ha sido foco de debate en las organizaciones regionales. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Organización de Estados Americanos (OEA) han manifestado preocupación por la debilidad de las instituciones democráticas, la impunidad, el acoso y la criminalización de la disidencia.

Sin embargo, el argumento que presento aquí es que salvaguardar los derechos y el derecho de las personas a decidir sobre su propio destino (democrático) en Venezuela no es neutral desde el punto de vista de género. Enraizar la promesa democrática en los derechos institucionales y constitucionales no debe omitir otras formas de abordar los derechos y la autodeterminación. Un enfoque de género redefine tanto a la «promesa» como a la «trampa» de la democracia venezolana.

La promesa de Venezuela

Durante más de una década, Venezuela fue un punto focal en la promesa continental de una alternativa más directa e inclusiva a los enfoques dominantes basados en la mercantilización del desarrollo y la democracia. Fue en Venezuela donde, a fines de la década de 1990, las fallas del modelo neoliberal se materializaron abriendo nuevas posibilidades para experimentos «post-neoliberales» en toda la región. Durante más de una década estos experimentos parecieron funcionar. Según el Banco Mundial, en América Latina la proporción de personas de la región que viven en la pobreza extrema, definida como un ingreso diario de menos de u$s 2.50, se redujo a la mitad entre 2003 y 2012. La reducción de la pobreza estuvo acompañada de un fuerte crecimiento de los ingresos de 40% en los deciles más bajos de la población. En el caso de Venezuela, las reformas sociales, políticas y económicas condujeron a una reducción espectacular de 50% de la pobreza y a una disminución de 65% en la pobreza extrema entre 1998 y 2012. Asimismo, aumentaron los servicios públicos y el número de médicos en el sector primario de salud, así como también el acceso a la atención médica para millones de venezolanos pobres.

De hecho, el sistema de salud de Venezuela fue durante mucho tiempo una fuente de orgullo para el gobierno por ser pionero en políticas de bienestar en toda la región. Por ejemplo, en 2008, proyectos relacionados con el sector salud entre Cuba y Venezuela alcanzaron los 1.355 millones de dólares, incluido el emblemático programa Petróleo por médicos mediante el cual Venezuela exporta petróleo subsidiado por un intercambio de médicos y programas de capacitación en el país. Dentro de este marco, programas como Barrio Adentro brindaron atención médica básica gratuita en Venezuela, mientras que Misión Milagro ha brindado atención a personas con afecciones oculares. Otros programas han abordado necesidades de personas con discapacidades en América Central y del Sur. La promesa de políticas de bienestar regional fue posible mientras Venezuela gozara de su bonanza petrolera y registraba una importante acumulación de reservas. Sin embargo, el bienestar social impulsado por los recursos creó una especie de trampa para la promesa socialista. A medida que Venezuela se vio cada vez más afectada en la desaceleración de la industria petrolera internacional, la escasez de recursos y la privación social generalizada provocaron una inevitable crisis sociopolítica.

Hoy miles de pacientes no pueden recibir tratamientos médicos esenciales, y otros tantos más están en la lista de espera para someterse a cirugías potencialmente vitales. Los médicos no tienen recursos necesarios para operar o salarios para subsistir. Asimismo, enfermedades como la malaria y la difteria, previamente eliminadas o controladas, se han vuelto causas principales de una crisis humanitaria sin precedentes.

Se trata de una Venezuela fracturada que divide la política regional. Las diferencias políticas e ideológicas entre las naciones sudamericanas han llevado a la UNASUR a un punto de inacción, mientras que Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú desertaron de la organización en abril de 2018 para formar el Grupo Lima uniéndose a la oposición estadounidense al gobierno y a la reelección de Maduro el pasado 20 de mayo, al considerarla como mínimo «ilegítima». El Grupo Lima también encabeza una fuerte pero divisiva campaña para expulsar a Venezuela de la OEA apelando a la Carta Democrática Interamericana (CID) que establece que «cualquier alteración inconstitucional o interrupción del orden democrático en un Estado del Hemisferio constituye un obstáculo insuperable a la participación del gobierno de ese estado en el proceso de Cumbres de las Américas».

Reclamar el derecho democrático es una batalla política. Fue, después de todo, la promesa del regionalismo sudamericano y de las relaciones interamericanas. Pero el mismo imperativo de la democracia, codificado en la gobernanza regional, carece de una definición y criterios sobre cómo defender los derechos «colectivos», también clave en el proceso de democratización.

Derechos de las mujeres y dignidad: entre la promesa y la trampa

La crisis de Venezuela y su daño social no son neutrales. Afecta a las mujeres, a sus derechos y elecciones de formas distintivas, particularmente en términos de derechos reproductivos y salud sexual, generando vulnerabilidades y violencia de género. Venezuela tiene una de las tasas de embarazo adolescente más altas en el mundo y en América Latina, incluso desde antes del colapso económico. La anticoncepción formaba parte del derecho que gozaban las mujeres durante el gobierno socialista. Pero desde 2005 la Federación Farmacéutica Venezolana estima que la provisión de anticonceptivos en el país ha disminuido 90%. Esto está provocando un aumento de las enfermedades de transmisión sexual, en particular el VIH, los abortos ilegales y un aumento de la esterilización. Según Amnistía Internacional, entre 2015 y 2016 la mortalidad materna aumentó 65% en Venezuela, anulando los avances recientes y volviendo a la situación que prevalecía hace veinticinco años. Las principales causas incluyen la falta de medicamentos, herramientas, equipos y recursos médicos básicos, y el número cada vez menor de personal médico, vinculado principalmente a la migración. La situación ha llevado a muchas mujeres embarazadas en situaciones desesperadas y de miedo a la muerte materno-neonatal, a embarcarse en un éxodo hacia países vecinos –Brasil y Colombia– para dar a luz. El número total de llegadas a los países vecinos, según el ACNUR, ha aumentado de manera constante a 5.000 por día a principios de 2018. De los más de 56.000 venezolanos que cruzaron en enero de 2018, 40% son mujeres. Su exposición a la violencia, riesgos, e inseguridades y los sentimientos contra la inmigración que comienzan a manifestarse en la región revelan las luchas diarias de mujeres y de su ejercicio por el acceso a necesidades y derechos básicos.

En este contexto, las naciones sudamericanas y las organizaciones regionales deben salvaguardar el «derecho a decidir» para evitar la trampa que afecta la realizaciónde los derechos y la dignidad de las mujeres, más allá de los principios constitucionales.

¿Hacia dónde irá Venezuela si Maduro permanece en el poder? por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 24 de Junio 2018

La pregunta de cuál sería el destino de Venezuela si Maduro permaneciera en el poder vive en las mentes de millones de venezolanos. Entre otras cosas, porque ella es indisociable de la pregunta de cuánta destrucción más puede soportar nuestro país. Esa inmensa mayoría de los venezolanos que desean que Maduro se vaya de inmediato, es la misma que se hace la pregunta a la que intentaré responder en este artículo.

En términos generales, hay que decir: el país se empobrecería a un punto que no tiene comparación posible ni en el siglo XX ni en el XXI. Venezuela alcanzaría una situación que hoy ni siquiera podemos imaginar. Pero basta con proyectar las tendencias ahora mismo en curso, para que podamos establecer un punto de partida de lo que pasaría.

Lo primero que hay que decir: la pobreza extrema alcanzaría a 90% de la población. No cabe esperar otra cosa en un país, cuyos gobernantes han destruido su única fuente de ingresos, la industria petrolera, al tiempo de que han acabado con más de 60% del aparato productivo nacional. En ese marco de cosas, más de 70% de la población quedaría desempleada.

¿En qué consistiría entonces la economía venezolana? El país de la pobreza extrema tendría dos fuentes de ingresos: las remesas y la economía generada por el narcotráfico, desplazarían la importancia del ingreso petrolero. De mantenerse en el poder, tanto Maduro como los militares de su banda, sin industria petrolera a la que robar de forma sistemática, con una industria minera repartida entre decenas de mafias, se potenciarán las condiciones que estimularán el auge de la actividad del narcotráfico.

En una sociedad donde 90% vive en condiciones de pobreza, Venezuela sería incorporada a la lista de los diez países más pobres del mundo, hoy integrada por naciones como Burundi, Sudán del Sur, Gambia, Mozambique, República Democrática del Congo, Libera, Afganistán y otras. Ello significaría dos cosas en un corto período de tiempo: reducción de la talla y del peso promedio (caída que ya viene ocurriendo). La esperanza de vida, que, en el 2016 era de 74,41 años, comenzaría a disminuir drásticamente. A modo de referencia, quiero anotar aquí que, ahora mismo, en países como Nigeria y Zimbabue, los promedios de esperanza de vida son 53,05 y 59,16 años, respectivamente.

No puedo escribir, como si fuese una posibilidad, que las enfermedades que habían sido erradicadas a lo largo del siglo XX, volverían. No lo puedo hacer porque ya volvieron. Es algo que ha venido ocurriendo en los últimos cinco años. En las páginas de El Nacional, el pasado 23 de abril, lo informábamos a Venezuela y al mundo: la malaria, la difteria, el sarampión, el mal de Chagas, el dengue, la tuberculosis y la escabiosis, han regresado. Están avanzando y es realidad que, ahora mismo, preocupa a las autoridades de Colombia y Brasil. De seguir Maduro en el poder, estas y otras enfermedades continuarán expandiéndose, en medio de un sistema de salud arrasado y sin capacidad de respuesta.

Uno de los fenómenos más característicos del caso venezolano será, sin lugar a dudas, la pérdida de población. Huelga decir que esa pérdida sigue ocurriendo. De no salir Maduro del poder, la situación continuará irreversible. Puede parecer una exageración, pero en una década, los venezolanos que viven en el territorio nacional podrían reducirse a 20 millones, lo que equivale a decir que, en aproximadamente tres décadas, el 33% de los venezolanos emigraría.

No quiero ni siquiera imaginar cuáles serían las realidades que alcanzarían a la educación pública venezolana. Ahora mismo, en pleno período escolar 2018, se están produciendo realidades como esta: aulas cuya ocupación no alcanza a 40% de la matrícula, porque los alumnos no pueden asistir porque no tienen zapatos, o no tienen dinero o porque no hay transporte, o no hay comida, o los niños, en vez de ir al colegio, salen a las calles a buscar comida en los basureros. Conozco de casos en escuelas de Caracas, donde niños de 10 y 11 años, presentan serias dificultades de comprensión de párrafos, de sus propios libros, que no exceden las 35 a 40 palabras, o que no son capaces de resolver problemas elementales con operaciones básicas. ¿Es posible imaginar cuál será la calidad de la educación venezolana en 5 o 10 años? Y, en adición a lo anterior, ¿es posible estimar cuántos niños en edad escolar estarán matriculados: 20, 30%?

No habrá transporte, ni para los escolares ni tampoco para que las personas puedan ir a sus trabajos. No exagero: las llamadas “perreras” ya son una realidad en centenares de ciudades y pueblos de Venezuela. Que las dictaduras comunistas acaban con el transporte público, es una realidad experimentada por el pueblo en Cuba y en Corea del Norte. Los cementerios de autobuses comprados a China son una realidad inocultable, que cada día acumulará más y más chatarra. La desaparición de buses, camionetas y otros medios de transporte estará en relación directa con la destrucción de las vías públicas, calles, carreteras y autopistas, producto de la falta de mantenimiento, que es cada día más visible.

Agua: dos veces a la semana, como mejor promedio. Electricidad: dos o tres horas al día. Telefonía e internet: intermitente, sin que responda a ningún patrón, que no sea el puro caos. Semáforos: 70% sin funcionar. ¿Son estas cifras arbitrarias? No: son una realidad hoy, en algunas zonas del país, pero que, de seguir Maduro, se extenderán de forma irremediable por toda la geografía.

Del estado de la economía, es casi imposible establecer una proyección. Cualquier ejercicio hecho a partir de las tendencias del presente, es simplemente aterrador: producción petrolera reducida a 300 o 400 mil barriles al día; hiperinflación que habrá alcanzado niveles de 200.000 o 300.000% por año; precios de alimentos básicos que podrían alcanzar los trillones o los cuatrillones. En medio de semejante barbaridad, lo más probable es que comiencen a aparecer monedas locales y se institucionalicen los centros de trueque.

De seguir Maduro en el poder, Venezuela se aislará del mundo. Quiero decir, se aislará todavía más. El aeropuerto internacional Simón Bolívar será receptor de dos o tres vuelos diarios. Nuestro país quedará fuera de la gran mayoría de organismos internacionales. Decenas de embajadas y consulados deberán ser cerrados porque no habrá presupuesto para mantener oficinas y personal pagados en divisas.

Pueblos enteros y grandes zonas de las ciudades caerán, a plena luz del día, bajo el control de la delincuencia. Bandas armadas, colectivos, paramilitares, guerrillas colombianas, narcotraficantes, mineros y otros grupos se repartirán espacios urbanos con la Policía Nacional Bolivariana, la Guardia Nacional Bolivariana y otras unidades de la FANB.

¿Qué pasará con la oposición, con la disidencia, con los grupos que defienden a las víctimas de violaciones de sus derechos humanos? Estarán presos: miles y miles de presos por sus convicciones y por protestar. Miles de torturados. Miles de enjuiciados. Miles de perseguidos. ¿La corrupción? Todo, absolutamente todo, será canibalizado por la corrupción. No habrá intercambio, diligencia, papeleo, petición, servicio o denuncia, que no deba rendir tributo a la corrupción.

¿Y qué pasaría con el otro 10%, con el que no estaría sumido en la pobreza crítica? Formaría parte de uno o de varios poderes: el político, el policial-militar, el narcotráfico, las bandas armadas, el comercio y las empresas que se mantendrán para venderle bienes y servicios a los capos del régimen. El país derivará hacia una cada vez más estrecha y nepótica oligarquía roja, dominada por las familias Cabello, Flores, Maduro y Rodríguez.

Cada ítem de este este ejercicio se basa en tendencias en curso. No hay invención. Por el contrario, cualquier lector podría añadir temas y proyecciones que aquí no se han incluido. Todos en Venezuela, incluyendo a personas del propio gobierno, saben que las cosas están condenadas a empeorar. Que, es lamentable decirlo, nuestro país empeorará todavía más. Por lo tanto, no tenemos alternativa. Estamos obligados a provocar un urgente cambio en el poder. De inmediato.

 

 

Reconstruir a Venezuela por Alfredo Cilento-Sarli – UCV – 22 de Junio 2018

Presentación sobre Reconstruir a Venezuela  Primero lo primero ante la Academia Nacional de Ingenieria y Habitat y el Instituto Desarrollo Experimental de Construccion de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, en el siguiente enlace :

ACS. JUNIO 2018. PRIMERO LO PRIMERO [Autosaved] 

10 datos sobre la situación de salud en Venezuela según la OPS – ProDaVinci – 21 de Junio 2018

Unknown.pngEl jueves 21 de junio de 2018, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicó un informe sobre la situación sanitaria de Venezuela. Advierte que el país “ha estado enfrentando una situación sociopolítica y económica que ha afectado negativamente los indicadores sociales y de salud”.

El documento da cifras sobre los brotes de difteria, sarampión, malaria e infecciones por VIH. La OPS muestra “inquietud” por el aumento de la mortalidad materna y en menores de 1 año, y la dificultad para acceder a los medicamentos y la atención adecuada de las personas con enfermedades crónicas potencialmente mortales.

La OPS advierte que el sistema de salud venezolano está fragmentado y su capacidad para responder a las necesidades prioritarias disminuyó.

La publicación se divulgó una semana después de la visita a Caracas de Carissa F. Etienne, directora regional de la OPS. Etienne se reunió con el presidente Nicolás Maduro y con ocho representantes de organizaciones no gubernamentales enfocadas en temas de salud.

1. Malaria: los casos aumentaron 198,74% entre 2015 y 2017, debido a “la migración de personas infectadas en las zonas mineras del estado Bolívar a otras zonas del país” y dificultades de acceso a medicamentos antimaláricos.

2. Sarampión: se han reportado casos en 21 de los 24 estados del país. En 2018 se han notificado 1.558 casos en Venezuela y 33 muertes en comunidades indígenas del estado Delta Amacuro.

3. Difteria: desde la semana epidemiológica 26 de 2016 se han notificado 1.716 casos de difteria y 160 muertes. En 2018 se han contabilizado 352 contagios.

4. VIH: entre 2010 y 2016 hubo un aumento de 24% de infecciones por el VIH. 15 de los 25 medicamentos antirretrovirales que adquiere el gobierno han estado agotado por nueve meses.

5. Tuberculosis: los casos aumentaron en 67,99% entre 2014 y 2017. Los más afectados son presos (15,7%) y pueblos indígenas (6,8%).

6. Personal de salud: se estima que 22.000 médicos venezolanos han emigrado, según la Federación Médica Venezolana. Eso representa un tercio de los profesionales que había en el país en 2014.

7. Migración: 1,6 millones de venezolanos migraron a otros países, especialmente a Colombia, Brasil, Ecuador, Guyana, Perú y Trinidad y Tobago, lo que ha causado preocupaciones de salud pública.

8. Infraestructura: el sistema de salud venezolano dispone de “una capacidad significativa”. Cuenta con 288 hospitales, 421 centros de atención ambulatoria y 17.986 centros de atención primaria, pero requiere “apoyo para ejecutar medidas correctivas inmediatas”.

9. Comunidades indígenas: los waraos en Venezuela tienen una de las tasas de prevalencia más altas de infección por el VIH en poblaciones indígenas de América.

10. Recomendaciones: elaborar y ejecutar urgentemente un plan de acción para detener la transmisión de sarampión, difteria y malaria; y asegurar la funcionalidad de los servicios hospitalarios y funciones esenciales de salud pública.

Lea el documento completo aquí:

382275937-Respuesta-de-la-OPS-para-mantener-una-agenda-eficaz-de-cooperacion-tecnica-en-Venezuela-y-en-los-Estados-miembros-vecinos-2

 

El seno enfermo que revela la crisis humanitaria en Venezuela por Florantonia Singer – El País – 9 de Junio 2018

La escasez de medicamentos del país impide a Elizabeth Salazar tratarse un cáncer de mama
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“Alguien tiene que entender lo que significa pasar por lo que estoy pasando yo y miles de venezolanos, lo que es ir a un hospital y que no te dan esperanza, que te digan que debes recibir un tratamiento, pero que no lo hay Venezuela. Me están desahuciando y yo no quiero morirme”, dice Elizabeth Salazar. Sus palabras se difundieron en vídeos y fotografías esta semana en redes sociales, incluso en las que censuran los pezones femeninos.

El martes, la mujer de 64 años, de cabellera canosa y hablar pausado, se levantó la blusa en medio de una protesta frente al Ministerio de Salud, en el centro de Caracas. Llorando mostró cómo un cáncer ductal grado 3 ha devorado su seno izquierdo, una enfermedad que tiene 80% de probabilidades de sobrevivencia, pero que en Venezuela toma ventaja por la brutal escasez de medicinas e insumos.

Hace ocho meses comenzó siendo una pelotita y un dolor. Fue al hospital y le hicieron la biopsia. Después se puso morado, se hundió el pezón y empezó a secretar un líquido. Hoy, sin haber recibido tratamiento, su mama es una gran herida de tejido enfermo que le dolerá hasta que sea extraída y tratada con quimioterapia. “No me importa quedarme con mi seno cortado, no me importa quedarme calva. Yo solo quiero vivir”, dice la mujer que se abre el vestido para mostrar su dolencia.

El martes, un enfermo renal con problemas de esfínteres, se había quitado su pañal empapado y llorado ante las puertas del organismo por la promesa incumplida de que les entregarían pañales a él y a otro grupo de pacientes que esperaba en sillas de rueda.

Estas escenas muestran la desesperación de los venezolanos por la cada vez más grave crisis sanitaria que se vive, pero no llamaron la atención del Gobierno de Nicolás Maduro. Ninguno fue atendido por los funcionarios y en el caso de Elizabeth, entre los cientos de llamadas de solidaridad que ha recibido y que le han permitido reunir los medicamentos necesarios, ninguna ha sido de alguna autoridad. “Son sordos, son irresponsables”, dijo la mujer al salir de una consulta gratuita de la ONG Senos Ayuda.

Elizabeth y su esposo, Luis Ugas, son activistas de derechos humanos. Se conocieron hace 19 años en la Defensoría del Pueblo y desde entonces se han dedicado a denunciar y defenderse. Viven en las afueras de Caracas, en un apartamento de interés social en los Valles del Tuy y sobreviven con la jubilación de ella y algunos trabajos a destajo que hace Luis, 13 años menor que Elizabeth. Desde el martes no han parado de contestar el teléfono y moverse por todo Caracas para recoger el caudal de donaciones que en dos días ha dejado la campaña espontánea que se armó en las redes para salvar la vida de esta mujer.

El hombre llora tras atender una llamada en su celular. “Un señor me dice que es barrendero en Caracas, pero que depositó parte de sus ahorros para mi esposa. La gente es demasiado solidaria, este país es bueno”. El teléfono vuelve a sonar y es el diputado Julio Borges desde el exilio. “Nos van a mandar el medicamento que nos falta”, dice. Llora, ríe y abraza a su esposa.

La solidaridad de los venezolanos que están fuera del país ha permitido paliar la crisis. Pero la ayuda que llega en maletas no alcanza para solventar la magnitud de la contingencia. Elizabeth presentará un recurso ante el Supremo para demandar al Estado por no garantizarle su derecho a la salud. Es un intento más por defenderse, de varios que se acumulan en tribunales del país. La ONG Cecodap promovió en 2016 cuatro acciones legales similares en defensa de los niños que son atendidos en el Hospital J. M. de Los Ríos. No obtuvo respuesta.

Un caso de miles

El cóctel de fármacos que requiere Elizabeth para su quimioterapia es el que se receta en la mayoría de los 5.900 casos de cáncer de mama que se detectan en Venezuela cada año. El abastecimiento de estos medicamentos comenzó a fallar en 2016 y desaparecieron casi totalmente de las farmacias de alto costo, tanto las privadas como las del Gobierno, el año pasado.

“Lamentablemente, las quimioterapias que se pueden conseguir son porque los familiares de un paciente que ya falleció donan las que sobraron o quienes pueden comprarlas en el exterior las traen, pero también es difícil porque se requiere la receta y el informe médico”, explica Nancy Cardozo, gerente de Senos Ayuda, que auxilia a mujeres con pocos recursos. Esta enfermedad es la primera causa de muerte de las venezolanas.

Elizabeth no solo requiere los fármacos sino también un gammagrama óseo, un examen especializado para evaluar si la lesión ha pasado a los huesos. La falta del reactivo para hacer esta prueba pone en vilo a más de 55.000 pacientes oncológicos en el país que deben hacerse la misma prueba.

En marzo pasado una encuesta realizada por la ONG Médicos por la Salud, que tomó una muestra que abarca 90% de las camas hospitalarias del país (de 104 hospitales y 33 clínicas privadas), reveló que 90% de los servicios de radioterapia están inoperativos y en el 94% de los centros de salud no se puede hacer siquiera una radiografía. En un 88% de los hospitales faltan medicamentos, una cifra que ha ido aumentando desde 2014, cuando iniciaron este monitoreo y los fármacos faltaban en un 55% de los centros. En el 79% de los hospitales del país falta material quirúrgico y más de la mitad de los pabellones está inoperativo.

 

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