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La internacional de la desestabilización – Editorial El Nacional – 19 de Enero 2020

A nadie debería pasar inadvertido que el Foro de Sao Paulo volverá a reunirse en Caracas los días 22, 23 y 24 de enero. Nadie debería desestimar que, en lo esencial, esa red aglutina a los antidemócratas de América Latina, pero también a organizaciones y partidos de España, Europa y otras partes del mundo que tienen como signo común el odio a las libertades. Nadie debería permanecer indiferente al significado político, social y económico de este encuentro: celebrar los avances alcanzados en 2019 y definir las líneas de acción correspondientes a 2020 y 2021.

Lo he escrito en varias oportunidades y es mi deber reiterarlo aquí: el Foro de Sao Paulo es la más poderosa y extendida organización criminal del planeta. En su estructura concurren grupos dedicados al terrorismo y el narcotráfico; gobernantes que han desfalcado las arcas públicas de sus respectivos países; delincuentes que, supuestamente afiliados a propósitos políticos e ideológicos, forman parte activa de extendidas redes de corrupción.

Es primordial entender dos gravísimas realidades. La primera: el Foro de Sao Paulo ha protagonizado un cambio sustancial en el desenvolvimiento político de América Latina: ha convertido el delito en el eje axial de su acción. Ha descubierto en el uso amplio y sistemático de la delincuencia, un poderoso recurso para mantenerse en el poder. Los regímenes de Ortega y Murillo en Nicaragua, de Maduro en Venezuela, y el de los Castro en Cuba, lo demuestran de forma inequívoca.

La plataforma del procedimiento, que tuvo en Chávez su principal estratega y diseminador, consiste en corromper a los poderes públicos, a las fuerzas armadas, a las estructuras clave de las instituciones. Corromper para crear una lealtad irrenunciable, ajena a la ley, a los derechos humanos, al objetivo de las sociedades de prosperar y hacer del trabajo un camino hacia el bienestar.

No hay que olvidar que la llamada revolución bolivariana, probablemente la operación más extendida y perfeccionada de la fusión entre delito y política, se propuso exportar su modelo por todo el continente. Chávez hizo de la renta petrolera venezolana una eficaz herramienta para intervenir en la política de otros países. La reciente detención en Bolivia de una señora que llevaba 100.000 dólares a Evo Morales en un maletín, dinero proveniente de Pdvsa, no tiene nada de excepcional. Durante 20 años, miles y miles de maletas llenas de dinero han sido utilizadas para financiar los objetivos y planes del Foro de Sao Paulo.

La circulación de estos dineros tiene consecuencias que desbordan los límites del continente. Involucran a grupos terroristas del Medio Oriente, a mafias rusas y bielorrusas, a sistemas bancarios que operan en la opacidad, a redes del narcotráfico, a contrabandistas de combustible y minerales, a agentes financieros encargados de blanquear recursos financieros, cuyos montos se cuantifican en miles de millones. No lo olvidemos: esos dineros han cruzado el Atlántico y han alcanzado, hasta donde sabemos, la política en España, Portugal y Turquía. Y es probable, hay sólidos razonamientos para estimarlo, que hayan penetrado en los asuntos públicos de otros países de Europa.

Pero la diplomacia de los maletines con dólares en efectivo y venta de petróleo a precios por debajo del costo de producción -con los cuales el régimen de Chávez y Maduro compró protección diplomática- no fue la única herramienta. También se crearon tapaderas institucionales como el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela, Petroamérica, Petrocaribe, la Alternativa Bolivariana para las Américas, el Fondo Alba-Caribe, Telesur, y otras empresas y mecanismos, cuya verdadera función era la de facilitar la circulación de dineros provenientes de los más diversos ilícitos.

No se ha comprendido en su verdadera dimensión que esta cuádruple operación de (a) financiamiento de las operaciones del Foro de Sao Paulo, (b) puesta en marcha de organismos con jurisdicción internacional que facilitaran las transferencias de recursos, (c) el programa de maletines de dólares y (d) la venta de petróleo por debajo de su costo, son procesos interconectados que han formado parte de un plan para propagar la desestabilización en América Latina.

No se ha entendido que, en líneas generales, promover malestar social y revueltas, en todas sus formas posibles en Chile, Bolivia, Ecuador, Brasil, Uruguay, Colombia y Perú, constituye un logro en dos planos: el primero, avanzar en el objetivo de mayor ambición, que es destruir la legitimidad y la credibilidad de la democracia representativa. El segundo, como claramente lo han declarado algunos de sus más perversos voceros, desestabilizar a las democracias de América Latina, es imprescindible para prolongar la duración de las dictaduras de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Y a eso se refiere la segunda realidad, el punto que dejé en suspenso algunos párrafos atrás: que la reunión del Foro de Sao Paulo que se producirá en Caracas tendrá como su tema central la coordinación de un plan regional de desestabilización. Protestas que deriven en violencia, exijan la intervención policial y desencadenen denuncias de violaciones de los derechos humanos. Violencia en las calles que levante un muro para ocultar la destrucción de la vida en Venezuela.

El bumerán llega a Madrid por Asdrubal Aguiar – La Patilla – 11 de Enero 2020

downloadRecién ordeno y cierro, por lo pronto, mi obra periodística y de ensayos acometida a lo largo de los últimos veinte años. Son 8 volúmenes y casi 5.000 las páginas en las que me muerdo la cola para entender y denunciar a la mutante revolución que se cuece entre el Foro de Sao Paulo y sus escribanos de Valencia, España.

Adiestrados estos, intelectualmente, por La Habana, se montan sobre los hombros una tarea cuya realización preocupa hace treinta años, cuando se predica, con liviandad, el fin del comunismo, vale decir, la llegada del posmarxismo que se apalanca sobre los proventos del capitalismo y manipulando las formas de la democracia, para vaciarlas de todo contenido. Eso sí, oculto tras los camisones de ocasión, útiles en el mercado de la opinión pública y para sus redes globales: bolivarianismo, luego socialismo del siglo XXI, al término progresismo; ese mismo que vocean el impresentable de Ernesto Samper Pisano y José Luis Rodríguez Zapatero.

Más directos y sinceros han sido, ayer Fidel Castro, quien, ante la pregunta de una periodista sobre el significado del socialismo del corriente siglo, la ataja en seco: ¡es comunismo!, nada más; hoy, Alberto Garzón, novel ministro de Pablo Iglesias dentro del morganático régimen que se instaura en España, quien afirma que: “el proyecto político de Castro está más vivo que nunca”.

Todo comienza, pues, con un pequeño volumen, el noveno, de apenas 128 páginas, editado por el diario El Nacional el año 2000, que escribo a finales de 1999 para dar cuenta de mi Revisión crítica de la Constitución bolivariana. Desde entonces y ahora, la llamo el pecado original. Su prólogo – ¿quién podría imaginarlo?, yo mismo me sorprendo – se lo solicito a un cordial y amigable profesor valenciano, a quien conozco a inicios de dicho año cuando atiendo una cita del director general de la Unesco, para dictar en España una charla, en Castellón de La Plana.

Él y varios de sus colegas, así, llegan a Caracas para enterarse, con fines académicos, del proceso constituyente nuestro. Es lo que esgrimen y me dicen al saludarme. Mas al cabo son ellos quienes, tras bambalinas, imaginan e impulsan a La Bicha de Hugo Chávez, como primera experiencia acordada entre Lula y Fidel en 1991, dándole paso franco al poscomunismo señalado.  Y como se sabrá más tarde, les contrata Isaías Rodríguez, vicepresidente de la Constituyente, embajador en España, manifiesto protector de la ETA, lo que es un dato secundario para esta crónica.

Topamos, así, con el posmarxismo en tierras americanas, con sus constituyentes a cuestas y sus procesos para el desmontaje de nuestras democracias, amantadas estas por el patrimonio moral del Occidente judeocristiano.

Se cuecen los estatutos políticos del poscomunismo en los hornos de la universidad valenciana y su fundación, que a lo largo de los años se hará beneficiaria de asesorías generosas asignadas desde Caracas, Quito, y La Paz. Me refiero a la Fundación CEPS, al Centro de Estudios Políticos y Sociales cuyo cerebro más destacado y acucioso es el actual catedrático Roberto Viciano Pastor. En lo adelante no oculta más su filiación ni sus tareas, como el haber dirigido los “equipos de seguimiento y asesoramiento a las Asambleas Constituyentes de Venezuela (1999) y las más recientes de Ecuador y Bolivia”.

“La observación del autor es crítica –dice Viciano sobre mí y acerca de mi desencuentro con “su” Constitución y en el prólogo que me escribe en 2000 – desde una particular visión del derecho, de la función pública y del deber del Estado, y desde una priorización de los valores de la que, desde luego, no es espejo fiel la nueva Constitución”. Se refiere, obviamente, a la suya, a la que asesora desde Valencia y para Venezuela, a partir de una institución cuyo portal la muestra como consultora política, jurídica y económica, de las “fuerzas y gobiernos progresistas de América Latina”.

Lejos de lo anecdótico, lo vertebral es que tras un ejercicio y varias puestas en escena por quienes se empeñan en no quedarse huérfanos ante el agotamiento de la experiencia del socialismo real soviético, pasadas tres décadas de sinuosa penetración, experimentando más allá de los predios de la madre patria, los armadores españoles del Foro de Sao Paulo regresan a su nicho, al CEPS en el que amamantan a Pablo Iglesias y los constructores de Podemos. Se trata de los destructores que intentarán ser, ahora, de la milenaria cultura de la que se avergüenzan una parte de la Europa y la España posmodernas: No lo digo yo, lo afirma el papa Ratzinger, en pasada oportunidad, cuando desnuda al progresismo como relativismo cabal y amoral de la existencia.

Llega a Madrid, en suma, la muerte de Dios – lo repito por enésima vez – y el presupuesto para que la corrección política signifique el fin de los sólidos morales y cualquier acotamiento desde lo racional. Es lo que manda, al caso y como lo señalo en mi anterior columna, la Agenda “igualitaria” de la ONU 2030.

Lo más insólito es que todo se reduce al advenimiento de una procaz religión, nutriente de la desesperanza, asociada con el delito, envilecedora como ninguna, la de “los principios y valores de Fidel Castro, que debemos seguir defendiendo”, según lo indica Garzón. En esa estamos, en el plano de los “rauxas”, dirán los catalanes.

Pdvsa es de todos… ellos por Juan Carlos Pérez-Toribio  – El Nacional – 13 de Enero 2020

Seguramente no estemos especulando si afirmamos que una de las fuentes de financiación de la agenda izquierdista hispanoamericana es y ha sido Pdvsa (la otra más notoria apunta al narcotráfico).

Constatar que la empresa petrolera nacional sirve para ese propósito produce una tristeza indecible. No hace falta decir cómo era Pdvsa antes de todo este sarao y despilfarro, la calidad de sus investigaciones con Intevep a la cabeza, la constante y estudiada exploración o la cantidad de sus exportaciones.

La esmerada explotación que llevaban a cabo unos selectos y especializados trabajadores hacían de esta compañía un innegable referente mundial. Por aquella época nos encontrábamos muy lejos de saber en lo que terminaría convirtiéndose esta empresa a partir del paro petrolero de 2002-2003, cuando el barco Pilín León se atravesó en el lago de Maracaibo y la mayoría pensamos que habíamos derrotado al bocazas del teniente coronel (claro, no contábamos con el inefable Lula y la ayuda que prestaría al desastre que ya comenzaba a avizorarse).

Pero los años han pasado, la producción ya no es la misma y Pdvsa ha pasado a ser una empresa marginal en el mercado mundial del crudo, cuyos ingresos han servido para enriquecer a propios y extraños, para la contratación de asesores  y compañías extranjeras (como la recién descubierta Neurona Consulting), para pagar estancias en hoteles capitalinos a ciudadanos  iraníes y cubanos, para  la creación de partidos foráneos (como Podemos), para el soborno a diputados provistos de una conciencia que les jalonea continuamente susurrándoles que todos tenemos un precio; para constituirse, en fin, en la caja chica  de las revoluciones iberoamericanas, el instrumento preferido de la franquicia chavista, la cual presta su apoyo económico y experiencia (el know-how) cuando surge un nuevo negocio revolucionario y “progresista”.

Mientras tanto, el pueblo venezolano, cuyo bienestar dependía de la salud de esta empresa, hoy paga con su escasez de gasolina, medicinas y alimentos el “internacialismo proletario” (con muchas comillas, pues en estas cleptocracias hay muy poco de proletario y mucho de bandidaje) y a lo sumo participa del pastel cuando se organiza alguna feria de verduras u obsequia unos perniles en mal estado, traídos de China  con el dinero que sobra a estos  líderes “revolucionarios” que hacen ostentación de chalets y vida rutilante.

Todo esto viene a cuento porque recientemente han detenido en el aeropuerto de La Paz, Bolivia, a la señora María Palacios (quien se ha identificado como trabajadora de Pdvsa) con 100.000 dólares en su poder, los cuales pensaba ingresar en Argentina, donde se encuentran Evo Morales y parte de sus ex compañeros de gobierno. Aparentemente el asilo que le ha concedido el gobierno argentino a este señor no contempla su manutención, por lo que una vez más será el gobierno venezolano (y los ciudadanos de nuestro país) los que terminen pagando el estudiado “regreso” del cocalero Evo.

Con este desgobierno muchos perdimos nuestras prestaciones sociales después de innumerables años otorgados a instituciones públicas y privadas. A otros se les esquilmó incluso el dinero que poseían en las cajas de ahorro, como sucedió a los trabajadores petroleros. Pero todos sin excepción (amas de casa, jóvenes, trabajadores de empresas expropiadas, funcionarios, etc.),  tuvimos que empezar una nueva vida mientras veíamos pasar a nuestro lado a estos seres que han vaciado las arcas de Pdvsa. No contentos con tanto saqueo estos “señores” se dan el tupé de mantener también a líderes y partidos extranjeros de corte “revolucionario”, lo que provoca ya no tristeza sino un náusea infinita.

 

Un regalo en dictadura por Alexander Cambero – El Nacional – 28 de Diciembre 2019

La mayor conquista en estos tiempos difíciles es no dejarnos abatir, que la dictadura exhiba su portentosa capacidad para desgraciarnos la vida no puede ser un óbice para rendirnos ante ella, sobreponerse ante tanta perfidia debe ser la motivación principal para terminar de echarlos de Miraflores.

Son tan monumentales sus miserias que dejarlos más tiempo gobernándonos es verdaderamente nocivo. No existe mayor depredación de una sociedad, con estos niveles de oportunidades, que la recibida por estos rufianes; quienes envueltos en la litúrgica revolucionaria se creen con derecho de destrozarnos.

Con sus ridículas orientaciones de nigromantes de medianía cultural, siguen apostándoles a las mentes dóciles que compran con migajas de ilusión, es allí en donde radican sus éxitos como malabaristas en la cuerda floja de las necesidades venezolanas.

En la medida que crecen los niveles de desigualdad social, que la brecha se ensancha hasta niveles catastróficos, se garantizan las funciones a casa llena del circo de la manipulación socialista. Eso lo observamos cuando nos imponen las obscenas cadenas nacionales. Un ampuloso personaje de pésima expresión castellana muestra toda la grosura del colesterol gubernamental, hablándonos de planes con la misma raíz falsa de hace más de veinte años. Esas fábulas podridas en el tiempo siguen apareciéndose como fantasmas que trastocan la razón. Son gruesas mentiras que acompañan una corte de beneficiarios, llenos de joyas y faltos de dignidad. Su vulgar espectáculo mediático es una agresión para con un pueblo al cual asaltaron, se aprovecharon de su nobleza para esquilmarlo de manera impúdica.

Es hora de recibir la enorme noticia de la salida de este gobierno. Mayor regalo que este nadie lo recibirá. Es un obsequio compartido por millones de ciudadanos ansiosos de libertad, una Venezuela democrática; es la mayor de las ansias de una sociedad atrapada en las garras de una dictadura.

Venezuela and Cuba – Wilson Center – Enero 2010

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Para acceder al informe completo abrir el siguiente enlace :

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Ricos y pobres por Luis Ugalde S.J. – El Nacional – 29 de Noviembre 2019

downloadEvo Morales y cualquier empresario neoliberal de Chile coinciden en algo fundamental: ambos piensan que su éxito es el éxito para todo el país y debe perpetuarse. Sin duda la presidencia de Evo en los primeros años tuvo notables logros socioeconómicos y políticos. Bolivia y su mundo indígena mejoraron, lo que llevó a Evo y a su equipo a buscar la perpetuación en el poder, violando la expresa voluntad de la mayoría. Chile llegó a la salida del dictador Pinochet con una economía en auge. Por eso hasta los socialistas hicieron una transición política respetando la economía neoliberal y la Constitución que restringía las lógicas aspiraciones sociales de la población. Todo razonable excepto la perpetuación de esas restricciones.
Evo creía que su presidencia debía prolongarse por el bien de su pueblo y el neoliberal piensa que basta seguir las divinas leyes del mercado para que la prosperidad llegue a todos. Con ello unos y otros suplantan el sentir y el malestar del resto de la población y van acumulando un combustible en espera de una chispa para prender incendios indetenibles.
Vivimos en un mundo marcado por la revolución de las expectativas que unifica las aspiraciones de ricos y pobres; revolución contagiosa y general que lleva a aspirar al cambio político y a la alternancia democrática, mientras que todo presidente “revolucionario” se aferra al poder con el deseo de perpetuarse en nombre del pueblo: inevitable el choque entre el deseo de cambio y la voluntad de eternizarse en el poder. En lo económico-social la revolución de las expectativas lleva a nivelar las aspiraciones del más pobre con las del rico. Podrá restringirlas temporalmente, pero no renunciar a ellas para sí o para sus hijos. En la sociedad estamental la pertenencia a cada clase venía con las aspiraciones reducidas: se transmitía, enseñaba, aceptaba y parecía lógico que unos tuvieran más y otros menos, de acuerdo a su estamento.
Chile es una sociedad moderna, camino de la prosperidad con todas las expectativas desatadas y no acepta la fría prédica neoliberal de que con las prósperas cuentas de su empresa toda la sociedad tiene que estar feliz y agradecida esperando que el incremento macroeconómico se desborde y por “derrame” lleva la satisfacción hasta los más pobres. Lo que ciertamente no es así. Una sociedad democrática se cimienta sobre un pacto social con el objetivo de desarrollar juntos acciones que beneficien a toda la sociedad. La sociedad d que surge del pacto democrático necesita dos alas para volar: la exitosa producción económica y el bienestar, que están relacionados pero no son sinónimos. Hasta ahora en el mundo los hechos demuestran que la economía capitalista de libre mercado es superior a todas las demás. Pero ella no es igualadora sino diferenciadora: gana más, prospera más, el que más riqueza produce, más tecnología inventa, más poder tiene en el mercado. Con solo esa ala la sociedad no puede levantar vuelo y termina en unas diferencias crecientes que incrementan el malestar y llevan al conflicto. La otra ala se basa en el pacto social constitucional que sella la solidaridad y desarrolla un “instinto de conservación” y una “conciencia ética”, orientados a tender puentes entre sectores distintos y desarrollar programas sociales comunes (educación, salud, infraestructura…) para ir haciendo verdad que todos somos iguales en dignidad, en derechos y en oportunidades básicas. Hay que cultivar el diálogo que cohesiona y acerca y no la frialdad que congela las relaciones entre distintos y fomenta el deseo de cualquier aventura populista de izquierda o de derecha.
Históricamente se ha demostrado que el marxismo no sirve para lograr esto porque tiene una idea deformada de la condición humana. Aunque en la empresa (sobre todo en la liberal del siglo XIX) el capital y el trabajo explotado tienden a ser antagónicos y aquel trata de ganar más pagando menos a este y mantenerlo en la miseria, empresarios del siglo XXI – luego de guerras sociales y dramáticas guerras mundiales- por instinto de conservación y por conciencia van descubriendo que les conviene la constante mejora del trabajador y su familia con las puertas abiertas al permanente ascenso social. Pero a muchos les ciega su ambición. Al mismo tiempo la empresa del siglo XXI tiene que ir a la competencia internacional jugando en equipo y le interesa que el conjunto de su capital, gerentes y trabajadores sean de primera; lo que solo se consigue si todos ellos se proponen permanente mejoramiento educativo y desempeño productivo, todos participan en los beneficios y se sienten humanamente satisfechos. Lo que pasa es que todavía gran cantidad de empresarios dan la razón a Marx y son más del siglo XIX que del siglo XXI.
Algo similar le pasa al llamado socialismo, que se autocalifica “del siglo XXI”, pero es del XIX: cuando llegan al Estado lo convierten en dictadura sobre el proletariado y secuestran el poder para perpetuarse tratando de que “ni por las buenas ni por las malas” los desalojen, como repite en Venezuela el militar con mazo y disfraz de “socialista”. Lo que está pasando en Chile, Bolivia, Argentina, Venezuela… o va a pasar en México, Brasil etc. es inevitable mientras se busque la solución para evitar el enfrentamiento de pobres y ricos, y la negación recíproca del otro. Para que nuestros países superen la pobreza y los pobres dejen de serlo, ambas partes tienen que aliarse en la producción exitosa, para ambos ser ganadores jugando en equipo; revolucionar juntos la educación y avanzar hacia la igualdad de dignidad, de derechos y de oportunidades, aunque todos seamos distintos. De ahí surge la confianza, la convivencia y la paz social, con calidad de vida compartida. Es el bien común que solo lo pueden alcanzar juntos y con instituciones solidarias. En Venezuela a los ricos no les irá bien mientras en su bienestar no incluyan la superación de la pobreza y no se sientan un “nos-otros” con los trabajadores. Y el pobre no podrá superar sus carencias si no incluye y busca la prosperidad de las empresas y la calidad de las instituciones públicas.
La revolución de las aspiraciones es un hecho, pero para satisfacerlas hay que elevar la capacidad de producir lo que las satisface. Muy frustrante, aspirar mucho y producir poco, individual y colectivamente. Hoy lamentablemente (aquí, en Europa, en EE.UU…) se nos induce a querer más de lo que producimos. Muchos políticos ganan prometiendo lo que no pueden o no saben cómo producir y el consumismo capitalista exacerba los deseos y pone la felicitad en el mercado, es decir donde no está. Así el malestar y los estallidos sociales son inevitables.

Freddy Bernal, jefe de los colectivos: «Nuestros aviones Sukhoi pueden bombardear Bogotá y volver en tres minutos» por Olga Navas – ABC – 28 de Noviembre 2019

Este alto mando chavista dirige con mano de hierro a los milicianos del régimen

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Freddy Bernal Rosales nació en el estado Táchira y entró en política apoyando el proyecto del fallecido presidente Hugo Chávez. Ahora le ofrece su apoyo, incondicional, al actual mandatario Nicolás Maduro, convirtiéndose en estas últimas dos décadas en uno de los hombres fuertes del chavismo. Alcalde de Caracas, entre los años 2000 y 2008, ministro de Agricultura Urbana, coordinador nacional de los Comités Locales de Alimentación y Producción (CLAP), también fue presidente de la Comisión presidencial de la Reforma Policial y diputado de la Asamblea Nacional. Pero sobre todo Fredy Bernal es el hombre que dirige con mano de hierro los colectivos revolucionarios armados del país, los milicianos que sostienen el régimen «con las armas si hace falta», como ellos bien reconocen. Valentín Santana, líder del colectivo La Piedrita, el mejor armado de todos y uno de los más activos, está a sus órdenes.

«Mi tarea en la revolución bolivariana es, ha sido y será de carácter político. Esto significa que indistintamente el cargo que ocupe, como ministro, diputado, alcalde, constituyente o protector del Estado, al final yo estoy en cualquiera de esos puestos para dar una orientación política a la gestión, para hacer viable la revolución y este proyecto político, para construir partido y garantizar la gobernabilidad, siempre leal al legado del comandante Chávez, y ahora al presidente Maduro, que tiene la responsabilidad de seguir el rumbo trazado», subraya Bernal durante una entrevista con ABC.

La infiltración de las tácticas cubanas en la sociedad venezolana es una de las razones por las que el régimen venezolano se mantiene en pie frente a la presión de buena parte de la comunidad internacional. Bernal explica por qué lo ocurrido en Bolivia no va a pasar en Venezuela. Morales había señalado que se equivocó al no haberle dado formación ideológica a sus seguidores, no preparar la resistencia de carácter civil y no haber construido una estructura dentro de las Fuerzas Armadas. «Todos estos puntos han sido objetivos logrados en nuestra revolución, que se sostiene en tres patas la primera el poder popular, que se han conformado en distintos grupos organizados, entre ellos los comités de salud, los comités de alimentación y producción, las comunas, los grupos de milicianos, entre otros, que están prestos a defender la patria y en donde también se incluyen los colectivos sociales».

Asegura que la unión cívico militar y por supuesto las autoridades del Gobierno, que dictan las directrices a seguir, son la base que ha logrado mantener el movimiento revolucionario a pesar de las dificultades.

El líder de los colectivos asegura siempre que su revolución es pacífica pero que se ven asediados por enemigos poderosos como Estados Unidos o Colombia. «Yo creo que el presidente de Colombia, Iván Duque es un pobre personaje, sin criterio de gobierno, que se ha convertido en el asistente de Álvaro Uribe Vélez. Ellos pensaban que si nos amenazaban, nos intimidarían, que nos íbamos a esconder, pero cuando movimos a la frontera 10.000 hombres y mujeres, cuando activamos todos nuestros mecanismos de defensa, a los milicianos, cuando le movimos nuestros aviones Sukhoi, que tienen la capacidad de salir de la base ubicada en la ciudad de Barquisimeto, bombardear el Palacio de Nariño y regresar a su base en solo tres minutos, lo pensaron mejor, pues nosotros queremos paz, pero estamos preparados para la guerra».

El papel de Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela y reJuanconocido por la mayoría de la comunidad internacional, es otro de los asuntos importantes de la actualidad venezolana que Bernal abordó para ABC. Los funcionarios que se han pasado al bando de Guaidó «también son traidores a la patria, que no resisten un maletín con dólares, les aseguro que estos traidores no podrán acabar con nuestra revolución».

En cuanto a las razones por las cuales no han decidido colocar a Juan Guaidó tras las rejas, por las acciones que han cometido y que han afectado directamente la Administración de Maduro, Bernal señaló que «nuestro presidente ha desarrollado un buen olfato político y ha aprendido cuándo apretar y aflojar, si hubiéramos arrestado a Guaidó, en estos momentos sería un héroe, sería una bandera nacional e internacional, un mártir para EE.UU. y decidimos que él mismo se destruyera; actualmente es una basura política que pierde fuerzas y es más atacado por los representantes de la derecha que por nosotros mismos, ya no tiene discurso, no tiene seguidores y el imperio ahora no sabe cómo asumir que quisieron tomar este pelele para dirigir una contrarrevolución, que ha sido todo un fracaso».

 

América Latina en “retroluciòn” por Rafael Gallegos – Blog Petroleo Sin Reservas – 10 de Noviembre 2019

La historia es un perenne repetir de situaciones que creemos diferentes porque el tiempo les da distinto decorado. “Muchos Vietnam” dijo el Che en los sesenta y trató de plagar de guerrillas a Latinoamérica. Les vendieron a los más jóvenes y a los más ingenuos que las revoluciones eran cosas de montañas, de barbas, de tabacos, de fusiles y de campesinos. ¿Y con estas montañas tan altas ustedes no han hecho la revolución? – le preguntaban los guerrilleros cubanos a los venezolanos en 1959, cuando asombrados observaban el majestuoso Ávila mientras subían por la autopista hacia Caracas.

Parecía que derrocar el sistema capitalista era uniformarse, coger un fusil e ir a la montaña. Ah! y cosa de dos años como hizo Fidel. Así derrotarían a las dictaduras o a las democracias “burguesas” y conquistarían el paraíso socialista. Menos  mal que encontraron militares demócratas y líderes civiles  con pilas y guáramo que los derrotaron.

¿Hay alguna diferencia entre el sentido de esta esa frase y “la espada que camina por América Latina”? Ambas reflejan la intención de esparcir el comunismo por el continente, con unos cuarenta o cincuenta años de diferencia. El Fidel Castro que en los sesenta apoyado por la Unión Soviética quiso hacer de Venezuela la cabeza de playa del continente para esparcir su revolución, es hoy el Foro de Sao Paulo, o el más exclusivo Foro de Puebla donde una treintena de líderes firmaron un acuerdo para apoyar gobiernos “progresistas” y frenar el avance de la “ultraderecha”.

Paradoja de paradojas, ellos llaman gobiernos  “progresistas” a los que padecen más necesidades y muestran peligrosos déficit de democracia. Es decir a los que menos han progresado, como por ejemplo Cuba y Venezuela, los dos salarios más bajos del continente. Y llaman de “ultraderecha” a los que proclaman la democracia y las libertades económicas, como todos los países del primer mundo.

Pareciera que para los comunistas ser progresista significa salarios de menos de 5$ al mes, improductividad, hospitales enfermos, desnutrición y hambre. Y por supuesto, países con democracias que “progresan” hacia lo que podríamos llamar democracias totalitarias por la vía de acabar con la propiedad, las empresas y el agro; de reprimir la disidencia y practicar gigantesco  ventajismo electoral, inhabilitar líderes y partidos. Y elecciones con árbitros rojitos  imitar los líderes forever y el partido único… como en Cuba.

MEDIAS VERDADES

Lo más efectivo del comunismo, y no lo dude, es la propaganda para manipular los hechos y las masas. Herederos de Goebbels, el asesor de Hitler que repetía las mentiras tantas veces como fuera necesario hasta transformarlas en verdades; de la Stasi, el Ministerio de Propaganda de la dictadura de Alemania Oriental, y de la KGB soviética maestra del G2 cubano. Una escuela de décadas.

Con razón son capaces de convencernos que una mujer puede estar medio embarazada, o de encontrar la justificación para crucificar a Cristo en el nombre de Cristo, aspecto que intentan cuando  acaban con la calidad de vida del pueblo… en el nombre del pueblo.

Por ello ahora nos tratan de vender por ejemplo, que Chile despertó. Pronto nos convencerán de que los chilenos quieren transitar la “heroica” ruta de los venezolanos. Algo así como que quieren cambiar los 400 $ mensuales de salario mínimo por los 5$ de Venezuela, o el crecimiento del PIB de 3% por ciento anual por el abismo de menos 30% de Venezuela, o la inflación de 3% anual por la milmillonaria hiperinflación venezolana. Mejor déjame dormido… y que dijo un chileno. Hablan de la desigualdad chilena ocultando que el país más igualitario de América es Cuba, o tal vez Venezuela. Todos los no enchufados… igualados en la miseria.

O nos quieren convencer que Evo ganó por nariz siendo gobierno y que las veinte horas de cierre de los cómputos no lo favorecieron. Tuvo que desenmascararlo la OEA para que cediera. Qué diferencia con Gonzalo Barrios, quien prefirió, en aras de la democracia venezolana, que su candidatura oficial  perdiera por mínima diferencia antes que ganar en un mar de dudas. Y así se dio la primera transferencia electoral de un gobierno a la oposición en Venezuela. De Raúl Leoni Rafael Caldera en 1968.

La propaganda de la “revolución” pretende que asimilemos tanta mentira disfrazada de medias verdades y nos convirtamos en silenciosos testigos del absurdo, cual aquel hombrecito de flux y pajarita de las tiras cómicas llamado Subuzo.

LOS DIAMANTES SON ETERNOS

Y los “revolucionarios”, que se creen diamantes y de muchos quilates, pretenden ser eternos. “No nos vamos ni por las buenas ni por las malas”, ¿les suena?

Para ellos la democracia es una excusa. Lo importante es permanecer en el poder. Ninguno se quiere ir. Chávez, a quien el pueblo le dio fecha de vencimiento, utilizó  “su” tribunal para contradecir la Constitución y en  otro referendo…se quedó. Parecido hizo Evo cuando el pueblo le dijo legalmente que tenía que irse. Lo mismo trató hacer Correa. Cristina Fernández, encontró un recoveco y quedó como vicepresidente en medio de múltiples juicios  por corrupción. La reelección ha sido utilizada por estos líderes para asfaltar la autocracia.

DOÑA BÁRBARA

Hay que estar claros, lo que está planteado es la misma lucha de todos los siglos. Civilización versus barbarie.  La misma lucha… con distinto decorado.

Pretenden que como Subuzo presenciemos inertes tremendo teatro del absurdo. La palabra revolución les queda gigantesca. Será “retrolución”… en retro ¿va de retro Satanás?

Porque la revolución en el siglo XXI es democracia, libertades, tecnología, educación de primer mundo, valores, respeto, productividad, equipos de alto desempeño, honestidad..  Todo lo contrario de esta destrucción de Venezuela.  

Ellos están unidos a nivel nacional e internacional. A nosotros nos queda superar estas tres oposiciones – es imperativa la Unidad- , así como  sacarle provecho al magnífico apoyo del mundo democrático y afinar estrategias para rescatar a Venezuela.

Estamos obligados a imitar a Santos Luzardo y lograr que la civilización triunfe sobre la barbarie.

Why America Shouldn’t Be Too Concerned About Venezuela by Mark Falcoff – The American Conservative – 27 de Agosto 2019

Venezuelans voted themselves into this pickle. There’s no good reason for Washington to intervene.

Venezuelan President Nicolás Maduro. Credit: StringerAL/Shutterstock

Perhaps Karl Marx’s greatest (and most quoted) aphorism is: “History repeats itself; once as tragedy, the second time as farce.” Nowhere is the truth of that clearer than in the case of Venezuela. When the late Hugo Chavez was elected to the presidency there in 1998, everybody in Washington imagined that this was a replay of Fidel Castro’s adventure in Cuba, but with the important difference that this time the revolution would be financed by a bottomless pit of oil. Venezuela’s “20th-century socialism” would be one of abundance rather than scarcity.

Indeed, for some years afterwards, it appeared that there were a few similarities between the early Cuban Revolution and the Chavez regime. The country conspicuously realigned itself with the Russian Federation (the next best thing, since the Soviet Union had ceased to exist) and with assorted kleptocracies in Latin America, Asia, the Middle East, and Africa (collectively known as the Non-Aligned Movement). Chavez then went on a buying spree of weaponry he didn’t need and would never use, at one point even contemplating the purchase of a Soviet-era submarine. Cash-rich with oil selling at over $100 a barrel, he went about purchasing influence in the smaller, more vulnerable countries of Latin America (as well as some that weren’t so small and vulnerable). At home, Chavez showered his people with goodies, including subsidized groceries and free health care courtesy of Cuban doctors and dentists. All this was so successful on its own terms that Chavez could even risk repeatedly going to the ballot box, assured that he would never win less than 60 percent of the vote—a feat that Comrade Fidel, for all his appeal to the Barbara Walterses of this world, never dared to attempt.

Then two things happened. One, in spite of the best efforts of Cuban doctors, Chavez succumbed to cancer. Second, the price of oil collapsed, putting paid to the mismanagement of the state oil company. Chavez’s designated successor, Nicolás Maduro, a former bus driver hand-picked by the Cubans to run the country in the caudillo’s absence, proved far less charismatic and imaginative a leader than Chavez. Long before things turned sour, Venezuelans with money were moving their capital to Panama, Spain, or the United States, and any Venezuelan with ability and education had begun looking for other places to live. Indeed, by now, the drainage of human capital is so significant that even if Maduro were to dissolve into thin air tomorrow, it’s unlikely that Venezuela would ever recover from its adventure in tropical leftism.

In spite of Chavez’s claims, there was nothing particularly socialist about his regime. In spite of a few dramatic expropriations such as the vaunted “land reform” (which, by the way, had little impact on Venezuela’s food supply, since the country had been a net importer of foodstuffs for nearly a hundred years), many private businesses continued to operate and Chavez-friendly companies often set up partnerships with key military officers. (In this one respect, the Venezuelan regime does resemble its Cuban counterpart—in both countries, the real reigning political party is the high command of the armed forces.) The real problem was with the administration of the state oil company, formerly the most successfully run business of this type anywhere in Latin America. Over time, the departure and dismissal of key engineers and technicians, along with the appointment of political hacks to run the different divisions of the company, caused the production of oil to drop. Combined with a dramatic decline in world oil prices, the scissors effect produced a crisis in the Venezuelan economy, which has now spread to all sectors of society and caused widespread shortages of key necessities. Hundreds of thousands if not millions of Venezuelans have fled to neighboring countries, and according to some predictions, that figure will double in the foreseeable future.

Maduro has sought to stanch the bleeding by rushing off to China for huge loans, mortgaging oil shipments that have yet to emerge from the ground (and may never). As far as the Russians are concerned, Venezuela has proven a fruitful market for spare weaponry of all kinds, and particularly small arms to equip Maduro’s bully boys. But even with Chinese credits, it’s unlikely that Maduro will be able to reverse his country’s decline.

The question, of course, arises: what is the United States going to do about all this? One might well ask—why do anything at all? Let’s remember the differences between Cuba and Venezuela. Castro came to power at the height of the Cold War and set off alarm bells in Washington when he aligned politically and militarily with our then-principal enemy. His clear and stated objective was to spread his revolution (by training and equipping guerrilla bands like his own) to neighboring Latin American countries, and, at one point, even to Africa. Chavez never envisioned anything of this sort—he sought to buy influence with cash, cash Maduro no longer has. And the Cold War is over. One is justified in asking: if the Venezuelans have repeatedly voted themselves into this pickle, why should the United States be concerned at all? Indeed, to the extent that the excrescence that is the Venezuelan political system has bled into its Latin American neighbors (and indeed to countries as distant as Chile and Argentina), one might argue that the Venezuelan example is (for us) a useful one—a warning to other countries tempted to replicate the Chavista example. It is even possible that the recent victory of President Bolsonaro in Brazil was partly due to the counter-example of Venezuela.

To be sure, abandoning Venezuela to its desserts will not factor out China. Venezuela to Putin might be a mere pinprick to irritate the United States, but the Chinese are an entirely different affair. They need all the oil they can get and Venezuela has it—potentially. But getting it out of the ground will take far more effort and resources than perhaps even Beijing is ready to invest. (There is some evidence that Maduro’s recent trip to China failed to produce the kind of financing he asked for.) But even in the worst case scenario of Venezuela becoming a kind of colony of China—down to Mandarin being taught in public schools—it’s unlikely that Beijing will produce a model of development attractive to other Latin American countries. The Chinese are not interested in spreading education and health care to their little brown brothers. They just want cash on the barrelhead—or, in this case, barrels of oil. Other countries with experience dealing with the Chinese can attest to their ruthlessness and lack of interest in collateral damage to the societies where they operate.

In sum, the United States would be ill-advised to become excessively concerned with the course of Venezuelan politics. To be sure, other Latin American countries are upset about the migrants fleeing from Maduro. But then let them gather together in their many, many regional organizations (UNASUR, the Latin American Parliament, MERCOSUR, etc., etc., etc.) and work out a “regional solution” of the type they were always urging us to pursue in the past. The United States should assume a position of non-alignment in this matter, much as the Latins were happy to do with regard to our security concerns during the long years of the Cold War. To become excessively involved in Venezuela would burden America with the impossible task of restoring that country to the way it was the day before Chavez was elected.

Mark Falcoff is a retired Latin American specialist and former academic. He’s the author of Cuba the Morning After: Confronting Castro’s Legacy.

Chávez o la revolución como tragedia por Nelson Chitty La Roche – El Nacional – 2 de Agosto 2019

Nelson Chitty La Roche
“…los tiranos se elevan al poder gracias a la ayuda de los pobres o pueblo llano y  su mantenimiento en el poder, depende del deseo que tenga el pueblo de lograr la igualdad de condiciones”. Hannah Arendt

¿Si el control fiscal se aplicara al elenco de decisiones, programas, proyectos y desarrollos en que se invirtieron cientos de miles de millones de dólares y con ello se conociera, evaluara y ponderara la pertinencia, la calidad y la conveniencia del gasto y no como ocurrió, llenar de opacidades y manipulaciones para no cumplir con las reglas fiscales constitucionales y tampoco con la Ley Orgánica de Administración Financiera o aquella otra del Banco Central de Venezuela por citar algunas nada más y condenarnos al peor de los estadios, al averno económico por excelencia, la depresión con hiperinflación?

Otra sería Venezuela impajaritablemente hoy en día, distinta pues al Estado fallido, forajido y mísero en que la convirtieron en apenas dos décadas, Chávez y sus espalderos, devenidos en epígonos de una gestión que llamaron revolución y que se recordará, sin hipérbole, “como la de todos los fracasos”.

No es una apreciación de un crítico como yo, ciudadano de oposición y profesor universitario simplemente. Todas las agencias de seguimiento de Naciones Unidas y ONG especializadas en informes sobre el manejo de la economía pública, son universalmente coincidentes y los números develan contundentes, el irresponsable y mortífero desastre de dispendio y latrocinio que nos presenta, como el país peor gobernado del mundo.

Se decía que éramos ricos y solo lo parecíamos pero, luego de la hecatombe, tenemos la certeza de necesitar con urgencia la ayuda humanitaria, siendo que se apaga la vida de muchos de nuestros compatriotas entre el hambre, la desnutrición, las endemias, la agresión del hampa y la ilegitimidad por catastrófico desempeño de militares e ideologizados que saquean a diario a la casi catatónica y en todo caso agónica patria de Bolívar, los mediocres, ignaros y cínicos miembros de la piara gobernante mas ruin de la historia de este país, por ellos, desafortunado.

La afectación de los estultos y la retórica de los resentidos denominaron al experimento como proceso también pero, presuntuosos, la llamaron bonita y se ufanaron de lo que hacían, obviando la constitucionalidad y la legalidad porque “revolución es más que Constitución”. El producto es el hundimiento y, por cierto, no luce extraña la resultante a juzgar por la comparación de numerosas intentonas que culminaron en el caos, otras tantas revoluciones catastróficas para los inocentes, ingenuos y en todo caso víctimas conciudadanos.

Cabe una pregunta entonces: ¿Son las revoluciones acaso un movimiento temerario, un desafío mortal, un salto al vacío? Se puede decir que la serie de capítulos que la historiografía registra como revolucionarios, a menudo, como antes dijimos, evidencian un giro perverso que se mueve entre la creación de monstruos y la burla cínica de las banderas de las que se reclamaban, sin olvidar la exaltación del peor por vulgar, egoísta, acomplejado y roñoso.

La libertad, la verdad y la exacerbación de la patria sirvieron para ofrecer, seducir, persuadir a los más necesitados y la secuencia, por el contrario, sojuzgó, despojó, engañó y apuñaló a sus naciones. De allí que De Maistre opinó frente a Condorcet que “la contrarrevolución no será una revolución a la inversa, sino lo contrario a la revolución”.

Pudiera, aunque levantaría discusiones, afirmarse que escasamente la revolución norteamericana alcanzó sus objetivos de libertad y progreso y todavía exhiben con visible veracidad los logros de una república liberal, con los argumentos que la sostienen y que podemos también reducir a amplias libertades ciudadanas y oportunidades de movilidad social a partir del trabajo como potencia creadora. No son perfectos y abundan las exclusiones y las desigualdades, pero se portan mejor que en otras latitudes que probaron suerte y se estrellaron frente al fiasco y las carnicerías que suele llevar consigo el laboratorio de los cambios violentos, frutos de ideologías recurrentemente perniciosas como el socialismo.

Los estudios sobre la Revolución francesa muestran que más que el amor a la libertad juzgó mutar el genio de la lámpara hacia la constitución del monstruo horrido del terror. Saint Just el 10 de octubre de 1793 consigue que se decrete que “la revolución durará hasta que se logre la paz, hasta que se eliminen todos los enemigos de la república”.

Una declaración como la del joven Saint Just parecería suficiente pero ni remotamente fue así, el incorruptible Robespierre echó a andar lo que alguna doctrina llama la teoría del gobierno revolucionario y las semanas y meses siguientes verán decantarse la organización y el discurso hacia posturas radicales de total antagonismo y recrear el sentimiento del gobierno en un insaciable apetito de purificación y punición. Se terminó clamando por la vuelta a la lámpara del genio revolucionario y Napoleón citado por Negri exclamará sin creerlo pero necesitándolo que “la libertad, la igualdad y la propiedad se han asegurado y desde luego, la revolución terminó”.

Lejos de construir otra sociedad y otro Estado, que sería el objetivo, y recordando a Saint Simon y uno de sus asertos: “Solo se destruye lo que se sustituye”, se apuntó salvajemente a todos, propios y extraños, suspendiendo, sine die, la originalísima propuesta de libertad, igualdad y fraternidad. No lograron cambiar lo que debían ocupados de accionar el equipo de monsieur Joseph Ignace Guillotin, médico y parlamentario al que se debió en buena medida la invención de la guillotina que, por cierto, el destino, cruel, inexorable y ciego había sido mejorada por recomendaciones de Louis XVI.

En el camino se perdió la revolución, se extravió la moral revolucionaria, se corrompió el espíritu humanista con la que se le nutrió y se instaló, el odio, la amargura, la envidia en el corazón del pueblo en tanto en cuanto sus más distinguidos vástagos, entre vanidades y cálculos se asesinaron entre ellos y especialmente convencieron al mundo de su malignidad, desacreditando además a su discurso y a su romántica epopeya, sin olvidar, a la temida democracia que no por azar pasó XX siglos en un largo eclipse.

No es de un artículo de prensa abundar más, pero el siglo XX nos mostró las revoluciones como inútiles, sangrientas y grotescas, signadas en común por el horror, el terror y el envilecimiento al extremo de desnudar el lado más obscuro y deletéreo del ser humano. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviética, China, Corea, Camboya, Albania, Cuba son algunos ejemplos de lo que venimos de destacar, pero queda mucha tinta para escribir todavía. Nótese que no incluyo a Alemania ni a Italia porque compartiendo aspectos con las mentadas potencias social totalitarias, parecen encuadrar más precisamente como dictaduras o fascismo. Admito que se puede discutir el asunto, pero no hay espacio para más.

Las revoluciones, además de potenciar el ejercicio de egolatrías inconmensurables y la venezolana es otra confirmación, añaden a su mezcla otro elemento: apartan, marginan, execran a la política, a la verdad y a la más elemental alteridad, y allí se articula la tragedia que por efecto natural persigue detener el tiempo, impedir a toda costa cualquier disidencia, cualquier verdadera reforma, cualquier revisión porque conculcan, creen ellos, el espíritu del hombre para reformularlo, fabricarlo, modelarlo y convertirlo en una especie de zombie.

Viene a mi memoria el drama de Antígona, que con desbordante genio nos legó Sófocles, y aprecio dos elementos adicionales que merecen destacarse: de un lado, la imposición sin convicción no es sustentable ni es poder, solo cadenas; y del otro, asumir como normal y suficiente la otredad por cierto fenomenológicamente más común que digna de la vocación ética de la humanidad de Kant, es uno de los peores lodos con los que construye su ruina el ser humano.

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