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El círculo perverso por Adriana Moran – Blog Polis – 21 de Mayo 2019

La imposición de sanciones, las amenazas, y las intentonas fallidas, lograron lo esperado: la cohesión de un régimen victimizado que exhibe sin pudor su fuerza represiva mientras la oposición se divide ante la falta de unos resultados que se prometieron como inmediatos y sin mayores esfuerzos. Una población diezmada por el hambre, la emigración y la incertidumbre reacciona repartiendo culpas y subiendo la voz ante la falta de claridad en las acciones destinadas a alcanzar los fines que se plantearon. Peligra ese movimiento inmenso de reunificación de enero en torno al nuevo liderazgo y peligran incluso los apoyos internacionales a la lucha democrática cuando quienes la dirigen no logran disimular la falta de una estrategia unitaria con ese “todas las opciones están sobre la mesa” que cada quien interpreta a su conveniencia. La desconexión con las mayorías que ya no resisten el peso de la inflación galopante, los servicios inexistentes y la desesperanza renovada, van diluyendo la motivación para apoyar el mensaje cambiante, contradictorio y evidentemente no consensuado.
Seguir repitiendo que el cese de la usurpación se producirá de un momento a otro como resultado de “un conjunto de acciones que se están llevando a cabo en distintos escenarios” equivale a dispersar la energía necesaria para enfrentar juntos la forma de alcanzarlo. Sin plantear con claridad la necesidad de conseguir un proceso electoral en el que podamos participar todos para evitar el caos y la violencia que nos amenazan, solo nos esperan más frustraciones.
Una oposición que insiste en negarse sistemáticamente a sí misma la posibilidad de luchar por contarse y que se deja seducir por el discurso violento que la lleva al mismo círculo de insurrección-fracaso, se convierte en su propia víctima. Mientras tanto, el poder sigue jugando con las mismas cartas marcadas de siempre y se atreve con desfachatez a llamar a unas elecciones parlamentarias, seguro de que esto le servirá para seguirnos dividiendo y para sostenerse en su minoría. De nosotros depende romper ese círculo perverso para retarlo en el terreno en el que somos muchos y a él le quedan muy pocos.

¡Acabemos con Guaidó! por Ismael Pérez Vigil – Noticiero Digital – 18 de Mayo 2019

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La frase del título parece ser el objetivo, como veremos, no solo del régimen. Ciertamente el régimen desarrolla su estrategia de siempre, para lograr ese objetivo, en dos partes; la primera es un fuerte proceso de represión y de criminalización de la protesta en contra de la población: “siembra” de pruebas incriminatorias, detenciones ilegales, manifestantes presos y llevados a juicios interminables con fuertes condenas, obligación de presentarse periódicamente ante jueces y tribunales y ahora –dadas las circunstancias particulares– allanamiento de inmunidad a los parlamentarios y apresamiento de algunos de ellos.

Todo esto tiene por finalidad atemorizar, intimidar a los opositores, para producir paralización, inmovilidad, desanimo, dispersión, alejamiento de la calle y dispersión de la protesta. Y lo logran. Lo vemos en el descenso de las movilizaciones populares, aunque no en las protestas, que se reproducen semanalmente por cientos y por los más variados motivos; pero estas son protestas que –en la mayoría de los casos– no son conducidas políticamente, no tienen una finalidad política, son limitadas, locales, no se reflejan en los medios de comunicación –que no existen o el régimen controla– sino escasamente por algunas redes sociales, de alcance limitado, y por eso son “toleradas”, aunque “controladas” por la dictadura.

La intimidación surte efecto, pues la sana razón lleva a pensar que nadie se debe exponer innecesariamente y arriesgar la vida frente a una dictadura que ha demostrado no tener escrúpulo en usar la fuerza hasta los extremos. Eso hace que disminuya la afluencia de opositores en las manifestaciones y negarlo es absurdo. Pero, además, ya un sector de la oposición luce desmoralizado porque en pocas horas, días, no se cumplieron los objetivos de destronar un gobierno que tiene 20 años desarrollándose en el país.

En este momento, el régimen, sabiéndose sin apoyo popular y sin capacidad de movilizar respaldo multitudinario para sus actividades, desarrolla variantes de su estrategia para reponerse de la sorpresa que le causó la aparición de un liderazgo opositor como el de Juan Guaidó, inesperado para el régimen. La alternativa que están manejando es aislarlo, para acabarlo. Algunos no se explican cómo es que han apresado a figuras del entorno Guaidó, pero no tocan a Guaidó y al efecto se han dado diversas explicaciones: temor a una respuesta popular incontrolada, temor a una fuerte respuesta y represalia internacional, etc. Creo que la explicación es más simple. El régimen se limita a acabar con el entorno del líder, porque sabe que en la propia oposición nos encargamos de descabezar a nuestros dirigentes, no hace falta que ellos “tomen medidas”; cuando nos hallamos encargado nosotros de acabar con nuestros dirigentes, la tarea de apresarlos, obligarlos a asilarse en una embajada o irse al exterior es más fácil y el costo político del régimen será menor.

Por eso se desarrolla la segunda variante de la estrategia del régimen: la mentira, el rumor y la insidia en contra de la oposición y sus líderes. Nadie le cree nada a los voceros de la dictadura, excepto cuando dicen cualquier cosa de la oposición o de sus líderes, entonces se les cree todo y se disemina en redes sociales con verdadero ahínco. Por ejemplo, desde la segunda guerra mundial, ninguna crisis, conflicto o guerra se ha resuelto sin que al final se tenga una negociación, aun entre los rivales más enconados; pero en Venezuela basta con que asome el rumor –usualmente difundido desde el régimen– que se está “negociando” o “dialogando” con algunos líderes opositores, para que se satanice a la oposición y sus líderes. Claro que el régimen lo que busca es negociar, para ganar tiempo, para perpetuarse, solo que quiere hacerlo con ventaja, con una oposición doblegada, debilitada y dividida; y lo ha logrado varias veces. Por eso estimula la crítica y la división de la oposición, mediante información falsa, exageraciones o medias verdades. Estimula y pone la crítica a la dirigencia opositora en bandeja de plata. Desde luego es criticable el desempeño de la dirigencia opositora en determinadas acciones; por ejemplo, lo ocurrido el 23F con la fallida entrada de la ayuda humanitaria; la falta de respuesta militar, disidente, el 30A; la falta de respuesta masiva y de mayor convocatoria en manifestaciones y eventos; o que no se hayan diseñado y planificado otras acciones, etc. Pero la auto crítica no nos puede llevar a la destrucción y desconocimiento de los esfuerzos y logros obtenidos.

Con respecto a la auto critica la oposición mantiene varias posturas. Dejemos de lado a los que no critican nada o no ven ningún “error” en la dirigencia opositora o en los partidos políticos, o a los que no exteriorizan su crítica, ni hacen comentarios, pero simplemente asisten o dejan de asistir a las diferentes convocatorias, desmoralizados. Vamos a concentrarnos en los que hacen críticas; entre ellos hay algunos que hacen análisis de determinadas acciones e intenta entender, explicar, introducir correcciones o sugerencias; esos son los menos. Pero ya hay un sector de la oposición que solo tiene críticas acerbas a las ejecutorias de otra parte de la oposición. Aquí nos encontramos dos posturas, aquellos que lo hacen, como dijimos más arriba, para “descabezar” a la actual dirigencia opositora, posiblemente para tratar de imponer sus propios líderes o lideresas. En estos aún suponemos una cierta intención “positiva”, pero cuestionable, en su lucha contra la dictadura.

Pero hay otro grupo “opositor”, así entre comillas, que por momentos parecen agentes del régimen; le hacen el juego, despiadadamente, adoptan acríticamente las falsedades que divulga la dictadura sobre la dirigencia opositora, se hacen eco de rumores e información, sin confirmar o simplemente falsa; dejan caer “dudas”, o las crean, sobre determinados líderes opositores y sus actuaciones. Se escudan en un “derecho” –un tanto abstracto, que de todas formas nadie les niega– a “formular críticas” y rechazan que se les insinúe que sean constructivos o tomen alguna iniciativa, aunque nadie les está pidiendo, ni siquiera, que formulen “propuestas” como condición para realizar críticas. El único objetivo de este grupo, lo volvemos a repetir, parece ser “descabezar”, hoy, a Juan Guaidó, como ayer descabezaron a Henrique Capriles, o a Julio Borges, o Ramos Allup, o a cualquiera de los dirigentes de los partidos políticos durante los últimos años, que sería interminable enumerar.

Porque más allá de los nombres de los líderes descabezados y denigrados, lo lamentable es que el régimen sabe que siempre ha contado con la ayuda de estos “opositores”, no porque sean un sector numéricamente significativo, que no lo son, sino porque se dicen opositores y algunos los reconocen como tales, y al alinearse con la estrategia de la dictadura crean confusión, desanimo y división. Así, el régimen, ayudado, está logrando una vez más sus objetivos: por una parte, intimidar a la población para disminuir la protesta ciudadana y, por otra parte, las señales evidentes de división y desmoralización que se trasluce en la crítica innoble e inmerecida a los esfuerzos que hace la dirigencia opositora de la AN.

Consideraciones sobre los sucesos del 30 de abril por Héctor G. Briceño M. – El Universo – 10 de Mayo 2019

¿Por qué y qué pasó en Venezuela el 30 de abril? ¿Rebelión, levantamiento, alzamiento militar, revolución, exceso de imaginación, voluntarismo o golpe de Estado?

Los sucesos ocurridos el 30 de abril del 2019 en Venezuela podrían catalogarse como insólitos. Mientras algunas de sus características lo diferencian de los conceptos mencionados, la lógica de lo sucedido lo alejan del sentido común.

En un acto virtual los líderes opositores Juan Guaidó y Leopoldo López revelaron al mundo, a través de las redes sociales, el inicio de una rebelión en Venezuela. No cabe duda, la intención de quienes lideraron el movimiento era una sola: deponer el gobierno ilegítimo de Nicolás Maduro y sustituirlo por otro liderado por la única institución democrática vigente (es decir, electa democráticamente) en Venezuela, la Asamblea Nacional, y su presidente el diputado Juan Guaidó. Todo ello basado en una demostración de fuerza militar y su correspondiente amenaza de uso.

Pero ¿por qué y contra de toda lógica conspirativa, quienes revelaron al mundo el desarrollo de la rebelión fueron precisamente sus autores a través de las redes sociales? Posiblemente porque querían informar a las otras células que formaban parte del plan que había llegado el momento de activarse, generando sucesivas reacciones similares inspiradas, quizás, en la determinación mostrada por los líderes.

Por supuesto, esto también hace suponer que habían perdido el contacto con dichas células, o quizás, peor aún, que las mismas eran solamente el resultado de la imaginación o incluso el engaño.

Aun así es necesario reiterar que las rebeliones no se anuncian a través de posts en redes sociales. Las rebeliones se anuncian a través del estallido de municiones. Y al contrario de lo sucedido, los rebeldes desean mantener en secreto durante el mayor tiempo posible su plan, pues de ello depende en gran medida su éxito. Los rebeldes se dirigen al mundo cuando han alcanzado algún objetivo estratégico, o en su defecto fracasado en el intento. Pero siempre cuando la operación ha culminado, nunca cuando se inicia.

El segundo elemento que caracteriza el particular fenómeno del 30 de abril en Caracas es el rechazo al uso de la fuerza. En uno de los tantos videos que circularon durante el peculiar día, uno llama especialmente la atención. Se trata de una secuencia de hechos extraños. En un puente ubicado en las adyacencias de la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda, en la urbanización La Carlota de la capital venezolana, se encuentra el grupo de militares rebeldes liderados por Juan Guaidó y Leopoldo López. En el piso, junto a la defensa vial, reposa una cesta llena con municiones que cargan una ametralladora de tamaño considerable, que se encuentra soportada sobre dos patas.

La letal arma es manejada por un soldado que se mantiene vigilante frente a una pequeña nube de humo blanquecino. De repente, una voz claramente civil se dirige al soldado, para dar una curiosa instrucción: “Mira, mira, baja eso (la ametralladora)brother, que no hay nada. Es puro gas (lacrimógeno). Bájalo, bájalo, bájalo, porque la gente se pone nerviosa”. Orden que el joven soldado acató a la perfección, postrando el arma, apuntando hacia las nubes del cielo.

Curioso levantamiento militar que decide bajar las armas en vez de usarlas. Que pide a los soldados no vigilar, para no generar temor en la población. Que no llegó a disparar una sola bala.

Pero aún más curiosa fue la reacción del gobierno de Maduro, quien decidió usar la fuerza, pero no contra el grupo alzado y en posesión de armas de guerra, sino contra la población que salió a la calle a apoyarlos. Así vimos cómo militares usaron las tanquetas para aplastar a los ciudadanos que se encontraban manifestando en las calles y no frente a quienes les amenazaban con ametralladoras.

Con el pasar del día la escena se fue desvaneciendo. Mientras los rebeldes buscaban cobijo en embajadas, llegaban acusaciones de todos lados. “Los teléfonos habían dejado de sonar”, según el enviado estadounidense especial para Venezuela, Elliott Abrams. Las células no se activaron.

¿Qué conclusiones podemos sacar de los insólitos sucesos? El más importante es que los militares venezolanos no quieren enfrentarse entre sí. Ni siquiera quienes se rebelan parecen dispuestos a usar la violencia.

El segundo es que los sucesos del 30 de abril generaron muchas sospechas. En el seno del chavismo el estado es de mutua desconfianza. Así lo demuestran los muchos (¿demasiados?) eventos para reiterar la lealtad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a Nicolás Maduro. Dentro de la oposición la desconfianza no es menor. Y entre los aliados internacionales de la democracia y sus contrapartes venezolanas (chavistas y opositoras) también.

Paradójicamente este clima de total desconfianza quizás sea el más propicio para alcanzar finalmente un acuerdo nacional que dé paso al retorno de la democracia. Atomizados como están todos los sectores, necesitan encontrar un único actor (o conjunto de actores) que pueda servir de garantes a todas las partes imposibilitadas de confiar entre sí. Ese es, nada más, nada menos, el reto del grupo contacto internacional para Venezuela tras los sucesos de abril. (O)

Paradójicamente este clima de total desconfianza quizás sea el más propicio para alcanzar finalmente un acuerdo nacional que dé paso al retorno de la democracia.

¡Necesitamos solo veinte! por Federico Vegas – ProDaVinci – 12 de Mayo 2019

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I

Un grupo de treintaicinco jóvenes son atrapados durante las manifestaciones del 30 de abril y llevados a El Helicoide. Antes de entrar a las instalaciones escuchan una voz de mando que ordena:

—¡Necesitamos solo veinte!

Quince quedan libres, veinte pasan a la siguiente instancia. El azar los ha divido en un grupo de inocentes que vuelven a sus casas y otro de terroristas que ya no son dueños de sus destinos.

Uno de los jóvenes nació con un problema que ha requerido operaciones a lo largo de su vida. No debo precisar cuál es su condición. Pedir piedad sería hundirlo más y hacer más costosa su libertad. Mientras más injusta sea la acusación y más frágil la condición del preso mayor será el precio para liberarlo. Solo puedo asegurar que es una limitación terrible a la hora, a los días, a las semanas, meses y años de entrar en una celda donde hay que tomar turnos para sentarse.

Hay otro detalle que es la razón de estas líneas. Este joven, uno de un grupo de treintaicinco, uno de veinte, uno de miles de miles, es hijo de un amigo. Esta circunstancia es tan fortuita como la voz que en un instante condena a veinte y libera a quince.

II

Venezuela es un país profunda y crecientemente dividido. Comencemos por analizar el interior de cada uno de nosotros.

Hay tres impulsos que podrían encontrar un mismo cauce, pero hoy fluyen en distintas direcciones: lo que queremos que suceda en Venezuela, lo que pensamos que puede suceder en Venezuela, lo que sentimos que va a pasar en Venezuela.

¿Qué nos pasa cuando se dividen estas corrientes del querer, del pensar, del sentir, y se apartan una de la otra e incluso se contradicen? Voy a partir de un ensayo de W. H. Auden, “The Romantic God and the Romantic Devil”, para analizar estas tres pulsaciones.

El querer, esa voluntad que brota de nuestros anhelos y desea convertirse en acción, debe distinguir entre lo correcto (con su amplia gama entre lo justo y lo favorable) y lo incorrecto (con un espectro aún más amplio entre lo errado y lo inoportuno). De esta disyuntiva parte la reiterativa consigna: “Estar del lado correcto de la historia”. ¿Qué quiere decir esta prédica? ¿Acaso la historia nos está señalando un camino que debemos seguir? ¿Existe una historia incorrecta? ¿Escribimos nuestra historia o ella nos describe y define?

El pensar, esa razón que pretende adivinar lo que puede suceder, tiene como principal tarea distinguir entre lo verdadero y lo falso, lo posible y lo imposible, y como peores enemigos a los desórdenes de la pasión y la estupidez. Pero hasta los sabios más prudentes a veces se equivocan cuando hablan de la historia. En este tema no es tarea fácil acertar con la verdad. Ella pertenece al futuro tanto o más que al pasado y el presente suele ser solo un pasajero punto de contemplación. Sucede, además, que la historia concebida como una visión única y colectiva siempre va a dividir el mundo entre ganadores y perdedores. No en balde se ha repetido tanto la sentencia de George Orwell: “La historia la escriben los vencedores”, a lo que me atrevo a agregar: “Las novelas las escriben los perdedores”. De aquí surgen dos preguntas: ¿Hace falta vencer para estar en el lado correcto de la historia? ¿Será verdad que vamos a vencer?

Al sentir esas emociones que vagan por nuestro interior entre la consciencia y la inconsciencia, no resulta fácil establecer distinciones, escoger esto o lo otro. Lo correcto y lo incorrecto, lo verdadero y lo falso no existe en este territorio como opciones sino como sensaciones. Sucede que la consciencia vive bajo el peso de imágenes que son “mías” y ese manto invisible dificulta las evaluaciones, los juicios. Desde la perspectiva del «yo» estamos presentes en la pupila y en el horizonte. Las enemigas de la consciencia son las intelectualizaciones y las convenciones que suprimen y desatienden nuestras experiencias reales. Creemos que nuestra consciencia está llamada a ser el soberano tribunal y gran baluarte de nuestros ideales, y resulta que ella es la integradora de nuestras más ocultas dudas y aprensiones. De este marasmo surgen preguntas como: ¿Será esto para siempre? ¿Cuánto más puede resistir Venezuela?

Nuestro querer, pensar y sentir van girando con los días, pero lo correcto, lo verdadero y lo posible no logran coincidir y abrirnos un camino. Nos encontramos tan lejos y quizás tan cerca de llegar a decir como Bartolomé Mitre: “Estamos en paz con el mundo todo y con nosotros mismos”. Mi consciencia no tiene esta fortuna y recuerda estrofas de José Asunción Silva:

¡Estrellas, luces pensativas!

¡estrellas, pupilas inciertas!

¿Por qué os calláis si estáis vivas,

y por qué alumbráis si estáis muertas?

III

Igual de dividida está Venezuela. ¿Sabe el país lo que quiere, lo que puede, lo que siente?

A esta escala la división se acrecienta, pues estas preguntas se dan de manera radicalmente distinta en dos fuerzas opuestas. Una, cada vez más exigua y dependiente de las armas, domina a otra cada vez más numerosa y desprovista de instituciones políticas y recursos para sobrevivir.

Se trata de una división que por su misma naturaleza tiende a profundizar las diferencias entre un grupo que ha ido dejando atrás lo cívico para blindarse en lo militar y una sociedad sistemáticamente forzada a alejarse de la civilización y sumirse en la barbarie. Es un mal que, como en las enfermedades mortales, se acrecienta alimentándose a sí mismo.

El grupo basado en las armas se envanece y retroalimenta con las adversidades. La anarquía, la violencia, la opresión y la corrupción son su elemento y reafirman su razón de ser. Mientras mayor es la crisis de producción y distribución, la inseguridad y la ilegalidad, la falta de instituciones, el caos y la rapiña, más aumentan sus cotos de caza y de poder, y más tiende a coincidir lo que quieren con lo que pueden y consideran posible. Sus consciencias están cada vez más hundidas en el voraz rigor de “lo mío”. Su apetito insaciable solo encontrará fin en una total consumición. No pueden dudar. Necesitan estar ciegamente convencidos de que el lado correcto de la historia solo les pertenecerá mientras aumenten la opresión y expandan la miseria.

IV

He comenzado este ensayo hablando de una historia, no de la historia.

Una vez le escuché a Julio Ortega comentar, como si fuera solo un divertido juego de palabras:

—La historia nos desune, las historias nos unen.

Tiene razón Julio. Ya hablamos de cómo la historia separa a los vencedores de los vencidos. En cambio, si alguien, vencedor o vencido, nos cuenta con sinceridad su particular historia, una entre muchas, puede que logre conectarse con nuestros sentimientos, con nuestra consciencia y su más universal y veraz necesidad: la de escucharnos, la de reflejarnos.

Hoy he contado una historia a la que apenas me he atrevido a asomar su rasgo más humano y conmovedor para proteger a un inocente y no alargar su estadía. Tampoco quiero colaborar con el terrorismo de Estado describiendo lo que sus esbirros son capaces de hacer. La he elegido, o ella me ha elegido a mí, por la manera en que nos revela dos extremos, dos almas. La voz que gritó sin pudor y con eficiencia: “Necesitamos solo veinte”, representa una maldad reiterativa, mecánica, que recuerda, o anuncia, vagones llegando a campos de exterminio. Es una consciencia que no tiene preguntas qué hacerse. Está repleta de convenciones prefabricadas, de una pasión por no perder su cuota de poder. Nada puede ofrecer al futuro, solo mantener la marcha del presente al pasado.

Del otro lado tenemos a un joven (bastante más joven que mis hijos) que sale a protestar aunque está consciente de su fragilidad. A los veintidós años el querer, el pensar y el sentir están en plena efervescencia y florecimiento. Recuerdo cuánto sufríamos y gozábamos preguntándonos qué es lo verdadero y lo falso, el bien y el mal, la locura y la cordura, el amor y la falta de amor, dilucidando que queríamos y qué podíamos hacer, observando el futuro como una alucinación desbordante.

Es injusto que mi juventud haya sido tanto más fácil que la suya. Cuánto deben sufrir cuando aumenta la distancia entre lo que quieren que cambie y lo que piensan y sienten que va a continuar sucediendo. A veces pienso que el lado correcto de la historia tiene que ver con el tiempo que nos toca vivir, no con una orilla. Sí, estoy seguro que el 30 de marzo el hijo de mi amigo se encontraba del lado al que lo impulsaba su consciencia, llena de miedos y de ilusiones. Ciertamente le tocó el lado incorrecto del vagón donde lo llevaron a una tumba insaciable.

La simpatía de José Mujica por las tanquetas de Maduro por Loris Zanatta – La Nación – 11 de Mayo 2019

Loris ZanattaBOLONIA.- La frase de José Mujica se hizo viral: “No hay que ponerse delante de la tanqueta”, comentó las imágenes de los manifestantes venezolanos arrollados por un blindado de la policía bolivariana que se les tiró encima. ¿Cómo no pensar en la plaza de Tiananmen? ¿Qué le hubiera pasado a ese joven intrépido o desprevenido parado frente al tanque, de haberlo conducido el mismísimo Mujica? ¿La foto que hizo historia representaría a un cuerpo destrozado sobre el asfalto? Olfateada la gaffe, sumergido por los insultos, el expresidente corrigió el disparo, pero como suele suceder, el parche era peor que el agujero: “En Venezuela están todos locos”, dijo. En Uruguay también hay varios que lo están, se podría agregar.

¿Que decir de esto? Por más que se le dé vueltas, por más que se le busquen excusas o matices, la frase suena repugnante. Detrás de la cara plácida del estadista retirado, del anciano cordial que pasea por el mundo predicando paz, austeridad y fraternidad, de repente se asomó la cínica mueca del guerrillero que fue, el abuelo amargado y vengativo que todavía sueña con aplastar al “enemigo de clase” con un oruga.

El tema no merecería más comentarios si no se prestara a algunas consideraciones. La primera concierne a Mujica y Venezuela: pedir elecciones libres, dijo, viola su “soberanía y autodeterminación”. Es decir que cada uno tendría en su casa el derecho de hacer lo que quiere: matar, robar, torturar. Pero como hay tanto ruido, explicó, entonces, que se vote: ojalá así se apague el fuego. ¡Qué generosa concesión! Pero hay un pequeño problema: con Maduro en la Casona, sus hombres al frente del Consejo Nacional Electoral, la caja de Pdvsa en manos de sus esbirros, los colectivos armados en las calles, en Venezuela no puede haber ninguna elección libre. ¿Es tan difícil de entender? E incluso si se votara, la victoria de la oposición estaría prohibida: queda demostrado por el destino reservado a la Asamblea Nacional. Volvemos a las andadas: la “concesión” de Mujica es una trampa, como las “negociaciones” que muchos invocan con Maduro, simulando no saber que el régimen no tiene ninguna intención de poner en juego el poder. Por eso tantos países reconocieron a Guaidó, presidente de la Asamblea, para dirigir un gobierno de transición encargado de organizar las elecciones. La Unión Europea lo hizo; Mujica, que dice apoyarla, no.

La segunda consideración se refiere a los derechos humanos y la soberanía nacional. La desdichada ocurrencia de Mujica sobre la tanqueta nos da a entender que para él, como para muchos otros veteranos militantes de los años de plomo, aquellos son principios flexibles: tan flexibles como para aplicar diferentes pesos y medidas según el caso y la conveniencia. Las denuncias de violaciones de los derechos humanos y la presión de la comunidad internacional sobre las dictaduras del Cono Sur, hace cuarenta años, ¿fueron violaciones de la soberanía nacional? Eran insuficientes, a menudo reticentes, pero salvaron vidas. Muchos de esos militantes se beneficiaron, afortunadamente. Los países “burgueses” y capitalistas que los acogieron no pretendieron que firmaran un certificado de adhesión ideológica a sus principios; el principio era la protección de los derechos humanos.

¿Podemos decir que hoy ellos, y entre ellos Mujica, hacen lo mismo con los derechos humanos de los venezolanos y con su soberanía? ¿Ha leído los informes sobre violaciones de derechos humanos en Venezuela redactados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos? ¿Saben los chavistas argentinos que es la misma institución que destapó la olla de los horrores del Proceso? ¿Y que Videla la combatió invocando la soberanía argentina, denunciando la “injerencia”? ¿No es eso lo que Maduro dice y hace hoy? ¿Qué diríamos de un político que se burlara de las víctimas de Pinochet, aconsejándoles no pararse en frente de un pelotón de ejecución? Pero como el chavismo forma parte de la propia familia, lo que para otros es negro ellos lo pintan de gris, si no de blanco.

Queda una última, escueta consideración: la desenvuelta ocurrencia de Mujica y el abismo moral que deja entrever, sugiere que malinterpretó su elección como presidente de Uruguay. ¡Ay de pensar que fue la victoria tardía de la guerrilla y de sus ideales! Fue, al revés, el triunfo de una democracia tan antigua y arraigada como para obligar a un redentor armado a transformarse en un presidente constitucional, ¡y capaz de sobrevivirle! La democracia ha sido mucho más generosa con Mujica que cuanto él lo es con los venezolanos que la reclaman y, a diferencia de él, no la disfrutan.

Failed Venezuela Uprising Benefits Armed and Criminal Groups by Venezuela Investigative Unit – Insight Crime – 8 de Mayo 2019

The landscape of Venezuela’s social conflict has grown even more complicated a week after the failed uprising led by Juan Guaidó. This continued descent into state-sponsored anarchy has only favored armed and criminal groups who act with increasing impunity.

On April 30, a group of soldiers of the Bolivarian National Armed Forces (Fuerza Armada Nacional Bolivariana – FANB) rebelled, led by Juan Guaidó, president of the National Assembly and sworn in as interim president of Venezuela, and Leopoldo López, head of the Voluntad Popular party. One notable figure who joined the rebellion was General Manuel Cristopher Figueroa, the now ex-director of the Bolivarian National Intelligence Service (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional – SEBIN), the political police charged with persecuting and torturing Maduro’s opponents.

The armed rebels progressed along one of the main streets of Caracas, calling on civilians and the security forces alike to join their cause. While this call did not receive the backing it sought, it nevertheless showed a continuing weakening of the military establishment surrounding Maduro.

Repression against demonstrators was swift, with at least five people killed over two days in Caracas and the state of Aragua. Videos circulated on social media showed that clashes involved “colectivos” (paramilitary groups linked to Maduro) and agents from the judicial and preventive police forces, who were not known to have taken part in such repression before.

In the days since the uprising, other acts of violence and murders have been carried out by a range of criminal groups, including colectivos, “pranes” (prison gangs) and mega-gangs.

A shootout near the Simón Bolívar bridge that connects Táchira with Colombia; the murder of an air force general and five other officers in Aragua, seemingly ordered from a prison gang at the Tocorón penitentiary; and a confrontation between rival mega-gangs in the state of Sucre, which left eight dead and 14 injured, top the list of recent incidents.

Nobody has been arrested or charged in relation to these incidents. Criminal groups continue to enjoy almost unlimited impunity while Maduro has only intensified the repression and persecution of his opponents.

InSight Crime Analysis

The failed attempt to overthrow Maduro has exposed something more dangerous than the president losing control of the military: how Venezuela could descend into armed civil conflict and the role criminal groups could play in such violence.

Venezuela is already the most violent country in the region, with a rate of 81.4 homicides per 100,000 inhabitants, and one of the most dangerous in the world. However, the role of armed groups and criminal organizations has begun to blur with state functions, and violence is rising steadily as a a consequence.

“While the FANB has been weakened, criminal groups have been strengthened. Nobody is going after them or accusing them of anything. They have immunity, they are above the law. They exercise territorial control,” Venezuelan security expert Alberto Ray told InSight Crime.

Members of armed groups who robbed and attacked members of the public in the state of Lara were detained by security forces but immediately released. Worse, the police officers who arrested them were subsequently sanctioned and dismissed from their jobs by regional officials close to Maduro.

“We are seeing the privatization of spaces [traditionally occupied by the state] to criminal groups, without security forces and the military doing anything about it,” said Ray.

The colectivos, present nationwide, are paid off to “defend the Revolution” but have also essentially been given carte blancheto develop criminal economies.

Colombian guerrilla groups, such as the National Liberation Army (Ejército de Liberación Nacional – ELN) and the dissidents of the Revolutionary Armed Forces of Colombia (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC), are now present in over half of Venezuela, finding a safe haven and a staunch ally in Maduro.

This panorama is completed by the dysfunctional actions of the security forces, as the Venezuelan army has trained ELN guerrillas to launch high-powered missiles, according to Bloomberg.

Failed Venezuela Uprising Benefits Armed and Criminal Groups by Venezuela Investigative Unit – InSight Crime – 8 de Mayo 2019

 

The landscape of Venezuela’s social conflict has grown even more complicated a week after the failed uprising led by Juan Guaidó. This continued descent into state-sponsored anarchy has only favored armed and criminal groups who act with increasing impunity.

On April 30, a group of soldiers of the Bolivarian National Armed Forces (Fuerza Armada Nacional Bolivariana – FANB) rebelled, led by Juan Guaidó, president of the National Assembly and sworn in as interim president of Venezuela, and Leopoldo López, head of the Voluntad Popular party. One notable figure who joined the rebellion was General Manuel Cristopher Figueroa, the now ex-director of the Bolivarian National Intelligence Service (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional – SEBIN), the political police charged with persecuting and torturing Maduro’s opponents.

The armed rebels progressed along one of the main streets of Caracas, calling on civilians and the security forces alike to join their cause. While this call did not receive the backing it sought, it nevertheless showed a continuing weakening of the military establishment surrounding Maduro.

Repression against demonstrators was swift, with at least five people killed over two days in Caracas and the state of Aragua. Videos circulated on social media showed that clashes involved “colectivos” (paramilitary groups linked to Maduro) and agents from the judicial and preventive police forces, who were not known to have taken part in such repression before.

In the days since the uprising, other acts of violence and murders have been carried out by a range of criminal groups, including colectivos, “pranes” (prison gangs) and mega-gangs.

A shootout near the Simón Bolívar bridge that connects Táchira with Colombia; the murder of an air force general and five other officers in Aragua, seemingly ordered from a prison gang at the Tocorón penitentiary; and a confrontation between rival mega-gangs in the state of Sucre, which left eight dead and 14 injured, top the list of recent incidents.

Nobody has been arrested or charged in relation to these incidents. Criminal groups continue to enjoy almost unlimited impunity while Maduro has only intensified the repression and persecution of his opponents.

InSight Crime Analysis

The failed attempt to overthrow Maduro has exposed something more dangerous than the president losing control of the military: how Venezuela could descend into armed civil conflict and the role criminal groups could play in such violence.

Venezuela is already the most violent country in the region, with a rate of 81.4 homicides per 100,000 inhabitants, and one of the most dangerous in the world. However, the role of armed groups and criminal organizations has begun to blur with state functions, and violence is rising steadily as a a consequence.

“While the FANB has been weakened, criminal groups have been strengthened. Nobody is going after them or accusing them of anything. They have immunity, they are above the law. They exercise territorial control,” Venezuelan security expert Alberto Ray told InSight Crime.

Members of armed groups who robbed and attacked members of the public in the state of Lara were detained by security forces but immediately released. Worse, the police officers who arrested them were subsequently sanctioned and dismissed from their jobs by regional officials close to Maduro.

“We are seeing the privatization of spaces [traditionally occupied by the state] to criminal groups, without security forces and the military doing anything about it,” said Ray.

The colectivos, present nationwide, are paid off to “defend the Revolution” but have also essentially been given carte blanche to develop criminal economies.

Colombian guerrilla groups, such as the National Liberation Army (Ejército de Liberación Nacional – ELN) and the dissidents of the Revolutionary Armed Forces of Colombia (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC), are now present in over half of Venezuela, finding a safe haven and a staunch ally in Maduro.

This panorama is completed by the dysfunctional actions of the security forces, as the Venezuelan army has trained ELN guerrillas to launch high-powered missiles, according to Bloomberg.

Faes, colectivos y militares corruptos: el escudo protector de Maduro – La Patilla – 8 de Mayo 2019

Miembros de las Fuerzas de Acción Especial de Venezuela (FAES) realizan una operación de seguridad en el vecindario de los 70, municipio de El Valle, en Caracas, el 1 de abril de 2019 (Foto por Yuri CORTEZ / AFP)

La imagen de una tanqueta arrollando a un grupo de manifestantes desarmados, el pasado 30 de abril, le dio la vuelta al mundo. El incidente fue tan noticioso que líderes mundiales, artistas y opinadores debieron pronunciarse, pues de nuevo retrató el rostro criminal del régimen de Nicolás Maduro.

Ese día conjugaron en las calles el poder de represión que hoy sostiene al régimen: colectivos, FAES y un pequeño sector militar corrompido. Las violaciones de derechos humanos han sido una constante en Venezuela a través de estos tres cuerpos, ellos encierran unas escalofriantes cifras de detenidos, muertos y desaparecidos. La ONG Human Rights Wacht detalló en su informe del año 2018 que en el país 12.500 personas han sido detenidas desde 2014 en relación con las manifestaciones públicas.

Aunado a ello, Keymer Ávila, investigador del Instituto de Ciencias penales y profesor de la Universidad Central de Venezuela, asegura que en 2017 murieron 4.998 personas a manos de las fuerzas de seguridad del Estado, lo cual equivale a unas 14 personas al día. Este crecimiento exponencial de víctimas a manos del régimen chavista coincide con la creación del FAES. Este grupo que forma parte de la Policía Nacional Bolivariana es considerado por la ONG venezolano PROVEA, como un escuadrón de la muerte que siembra terror en las zonas populares, con una acción sistemática de ejecuciones.

Son múltiples las denuncias sobre asesinatos que han estado ocurriendo en diversas zonas populares de Caracas a manos de este cuerpo. Sin embargo, el campo de acción del FAES no son solo las barriadas, ya que Nicolás Maduro ha venido utilizándolos para contener las movilizaciones de la oposición. Los expertos en el área han advertido sobre el peligro que significa esta situación, pues este grupo no está entrenado para resguardar el orden público, sino para identificar objetivos y desarticularlos.

El otro cuerpo represor en el cual pareciera refugiarse Maduro es en los colectivos. La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU acusa a este grupo de choque de haber causado 27 muertes durante las protestas del año 2017 en Venezuela. José Almeida, especialista en el tema de seguridad, asegura que los colectivos tienen un fuerte componente cubano en su formación; por lo que son un bastión imprescindible en la lucha de pueblo contra pueblo.

A pesar de que el gobierno de Maduro se empeña en reiterar que los colectivos son grupos culturales que fomentan la paz en las localidades donde actúan, la realidad es que han sido utilizados como fuerza de choque para contener las movilizaciones de la oposición y amedrentar a ciudadanos desarmados. Asimismo, este conglomerado se le acusa de actuar como paramilitares, debido a que toman el control de ciertas zonas, en las que ejercen la violencia política e imponen sus propias normas.

Los colectivos se han convertido en un arma de represión muy importante para Maduro en un momento en el que existe una ruptura en la Fuerza Armada venezolana. Almeida reitera que la represión desmedida que se ha visto por parte de las fuerzas de seguridad es un símbolo del desespero que existe en el interior del régimen, ya que al perder el apoyo popular, internacional y, principalmente de la mayoría de la FAN, Maduro ha optado por la fuerza bruta como única herramienta para silenciar el deseo de cambio del país.

En la estrategia de supervivencia de la dictadura venezolana, no puede dejarse a un lado el papel de una parte de la FAN. Hoy existen un grupo de militares que sostiene al gobierno madurista, porque representa para ellos la posibilidad de acumular riquezas por medio del control de recursos del Estado, operaciones de contrabando, narcotráfico u otro delito de extorsión contra la población. Son estos militares los que dirigen escenas como la de la tanqueta, apelan a la permanencia del sistema para continuar lucrándose en medio de una población que huye del hambre y la represión.

Venezuela: Aumenta represión estatal a protestas en medio de la crisis – Amnistia Internacional – 2 de Mayo 2019

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Al menos cuatro personas han fallecido, más de 200 resultaron heridas y 205 han sido detenidas durante la represión estatal de diversas protestas que han tenido lugar en toda Venezuela desde el 30 de abril, ha confirmado Amnistía Internacional.

“Las fuerzas de seguridad bajo el mando de Nicolás Maduro y los grupos de civiles armados que lo apoyan, insiste en reprimir las protestas de las personas que demandan una salida a la grave crisis política y de derechos humanos que aqueja al país desde hace varios años”, dijo Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

“Los crímenes de derecho internacional que están cometiendo engrosarán el ya largo expediente ante la justicia internacional. Maduro debe poner fin a su política de represión de inmediato”.

Las fuerzas de seguridad bajo el mando de Nicolás Maduro y los grupos de civiles armados que lo apoyan, insiste en reprimir las protestas de las personas que demandan una salida a la grave crisis política y de derechos humanos que aqueja al país desde hace varios años.
Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional

Amnistía Internacional ha estado documentando las graves violaciones a los derechos humanos y crímenes de derecho internacional que están sucediendo en Venezuela desde el agravamiento de la crisis en enero de 2019. La organización ha documentado ejecuciones extrajudiciales, uso ilegitimo de la fuerza letal, detenciones arbitrarias masivas y malos tratos contra personas que manifiestan su opinión en contra del gobierno de Maduro.

Información adicional

El 30 de abril, el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, anunció que oficiales de las fuerzas armadas se habían unido a su llamado “dentro del marco de la Constitución para el cese definitivo de la usurpación de Nicolás Maduro”.

Los crímenes de derecho internacional que están cometiendo engrosarán el ya largo expediente ante la justicia internacional. Maduro debe poner fin a su política de represión de inmediato.
Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional

Este anuncio fue acompañado de una convocatoria a la población venezolana para tomar las calles en apoyo a lo que denominó la “operación libertad”, motivando una serie de protestas que han enfrentado una fuerte represión por parte de las fuerzas de seguridad bajo el mando de Nicolás Maduro y los grupos de civiles armados que lo apoyan (conocidos como colectivos en Venezuela).

Maduro, quien calificó el anuncio del 30 de abril como un “intento de golpe de estado”, llamó a la población a manifestarse en apoyo a su gobierno. El 1 de mayo hubo también manifestaciones en apoyo a su gobierno, de las cuales no hay ningún reporte de personas heridas, muertas o detenidas.

¡Basta ya! por Jean Maninat – El Universal – 3 de Mayo 2019

Elecciones libres ya, debería ser la consigna pintada en las paredes de las ciudades, en los pavimentos, en baños y parques, en sobremesas y desencuentros, esa debería ser la bandera

Los sucesos del 30 de abril nos dejan con menos certidumbres tanto como los del Primero de Mayo (a pesar de su abolengo proletario). No sabemos qué ganamos y cuánto perdimos en la oposición. La represión reiterada del régimen es un recordatorio para quienes pensaron que su ausencia momentánea era un signo de debilidad, la cantaron, y regresó tan cruel como siempre. Nadie puede autoengañarse fabricando monigotes blandos a la medida de sus deseos para hacer catarsis. Tampoco es posible seguir jugando al albur de la sorpresa recurrente. 

Despertar a un país rodeado de uniformes militares no siempre garantiza el mejor de los amaneceres. Puede ser el inicio de una pesadilla, de esas de difícil sacudida. Sobre todo, si el destino democrático de una nación se deja en manos de unos ciudadanos vestidos de verde olivo, que hace tiempo demostraron su incapacidad para discernir entre el verde y el olivo.
De nada sirven las lecturas piadosas, las que hablan de que toda derrota es una estación en el calvario que nos acerca a la conclusión del destino anunciado. El martirio no siempre acerca al cielo, también conduce al infierno. Si los objetivos no se cumplen al seguir recurrentemente una vía política, simplemente hay que revisar los presupuestos y las acciones que la sustentan. No hay que ser un genio político florentino para saberlo, basta con leer atentamente el manual Politics for dommies. 
Si nadie ganó, y nadie perdió -salvo las lamentables vidas que se volvieron a malograr- en el último encontronazo, corresponde a las direcciones políticas de ambos polos encontrar los ámbitos de entendimiento democrático que nos logren sacar de esta tierra de nadie en que nos estamos convirtiendo. No otra cosa ha solicitado la mayoría del apoyo internacional que alienta la recuperación democrática del país, desde el Grupo de Lima en la región americana hasta el Grupo de Contacto Internacional sobre Venezuela animado por la Unión Europea (UE).
Si hay fuerza en la calle, si el régimen está grogui contra las cuerdas como algunos sostienen, entonces es la hora de forzar un entendimiento para lograr una salida democrática por la vía de elecciones libres, transparentes, con observación internacional. Elecciones libres ya, debería ser la consigna pintada en las paredes de las ciudades, en los pavimentos, en baños y parques, en sobremesas y desencuentros, esa debería ser la bandera que anime el nuevo período de lucha que se avecina.
Por supuesto que el régimen se va a resistir, las querrá manufacturar a su medida, pero esa es la vía para acorralarlo democráticamente convocando a todo el país descontento que quiere salir de la locura sin violencia. Y reanimaría el apoyo internacional que empieza a dudar de la capacidad política del liderazgo opositor. Basta con leer la prensa internacional para palpar las dudas que empiezan a surgir sobre su desempeño.
Hay un país agraviado pero que no se siente representado en las aventuras expeditas, y por eso no salió a la calle masivamente como se esperaba el 30 de abril. Hay que escucharlo, aprender a leer su descontento, acompañarlo en su experiencia y no imponerle proyectos personales, desorbitados por su egocentrismo, dispuestos a llevarse todo por delante con tal de revivir recurrentemente sus quince minutos de gloria. ¡Basta, ya!
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