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Presos políticos: la hipocresía comunista por Trino Márquez – 26 de Diciembre 2018

downloadLa farsa comunista siempre queda al descubierto por el miedo de sus dirigentes a perder el poder y por la inagotable capacidad que poseen sus líderes de reprimir el descontento popular y mantener las cárceles llenas de presos políticos. Los desmanes ocurren a pesar de que su discurso lastimero se funda en subrayar la importancia  de la protesta y defender los derechos humanos. Esos ideales los enarbolan cuando están en la oposición. Luego que conquistan el poder, se desentienden de ellos.  Esta es la historia de los rusos, los cubanos, los nicaragüenses, los pueblos de Europa del Este y de otras zonas del planeta donde los rojos han gobernado.

En el pasado, varios connotados dirigentes del régimen construyeron su carrera política levantando las banderas de los derechos humanos. José Vicente Rangel, Tarek William Saab y Eleazar Díaz Rangel son algunos de esos nombres. Hoy estos personajes son cómplices de que Venezuela sea el país de América Latina con mayor número de presos políticos, sitial que se disputa con Nicaragua, azotada por la crueldad del binomio Ortega-Murillo.

De acuerdo con el Foro Penal, 2018 cerrará con 278 presos políticos, entre civiles y militares, la inmensa mayoría de los cuales no saben ni siquiera de qué se les acusa. No se les han respetado sus derechos procesales, no se les ha asignado un defensor, ni  les nombrado jueces imparciales. Emblemático es el caso de  Juan Requesens, quien para el momento de su detención era diputado de la Asamblea Nacional. El gobierno, amparado por una decisión de su obediente TSJ, violó su inmunidad parlamentaria. El atropello contra Leopoldo López también resulta ejemplar. La principal acusación contra él consistía en que su discurso en 2014, cuando “La Salida”, había incitado al odio y la violencia. La experta contratada para validar este señalamiento no encontró ninguna prueba en las intervenciones públicas del líder de Voluntad Popular. Iván Simonovis lleva más de  catorce años detenido sin que el régimen haya podido presentar ninguna prueba que lo incrimine como responsable de los sucesos de abril de 2002.

Contra los presos políticos el gobierno actúa con maldad, alevosía y nocturnidad. El Foro Penal señala que -además de los dirigentes partidistas, militares, policías, sindicalistas- al menos cincuenta de los detenidos fueron apresados por haber escrito un comentario contra el régimen en tuiter, facebook o instagram. La paranoia lleva a los jerarcas hasta el delirio.

La locura no solo afecta a los venezolanos, también perjudica a los extranjeros. El joven periodista y documentalista alemán, Billy Six, lleva dos meses detenido en el Sebin. Está siendo acusado de espía y de atentar contra la vida del señor Nicolás Maduro porque se atrevió a tomarle unas fotos al mandatario en un acto público celebrado en el estado Falcón. ¡Pero, bueno!, ¿Maduro no es acaso el Presidente de la República, el hombre más fotografiado de la nación? Por supuesto que un periodista tenía que tratar de tomarle una instantánea. A ese joven, hasta ahora, el gobierno alemán lo ha dejado  solo. Su padre es quien ha salido a enfrentar la barbarie tropical a través de mensajes en los que pide la liberación de su hijo.

La represión, producto del terror y la alucinación persecutoria del jefe del Estado, incluye a venezolanos y extranjeros. Dentro del territorio nacional no hay quien esté seguro. El propósito consiste en inyectarle el miedo hasta los tuétanos a la gente. Quien proteste, quien se queje,  quien se oponga, podrá sufrir el castigo de los cuerpos policiales y de los tribunales, convertidos en brazo ejecutor del terrorismo de Estado.

La eventual visita al país en las próximas semanas de Michelle Bachelet, alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, será una oportunidad excepcional para que el tema de los presos políticos y, en general, de los derechos humanos, se trate con la amplitud y profundidad necesarias, se desenmascare al gobierno y se le obligue a terminar con el secuestro de los reos detenidos inustamente. En su estadía, la señora Bachelet tendrá que reunirse y analizar el problema con los diputados, familiares de las víctimas, los partidos opositores y las organizaciones no gubernamentales que monitorean  la situación de los derechos humanos y los presos políticos. La expresidente de Chile deberá romper con los prejuicios tan arraigados de la izquierda, en la que ella milita, que llevan a aplaudir de forma mecánica todo lo ejecutado por los gobiernos “progresistas” y condenar de antemano la actitud y comportamiento de los gobiernos “derechistas”.

El año 2019 pinta duro y difícil, tanto o más que 2018. De todas maneras les deseo, especialmente a esas víctimas de la intolerancia que son los presos políticos, lo mejor en los tiempos por venir. ¡Feliz Año!

Una generación de perseguidos y exiliados por Florantonia Singer – El País – 8 de Diciembre 2018

La toma del poder judicial en Venezuela, iniciada por Hugo Chávez, ha sido clave para sostener la llamada revolución, que cumple 20 años y arrastra un pesado fardo de centenares de presos políticos y torturas

Opositores venezolanos a las puertas del SEBIN demandan pruebas de vida de quienes consideran
Opositores venezolanos a las puertas del SEBIN demandan pruebas de vida de quienes consideran EFE

Cada seis horas un funcionario del servicio de inteligencia venezolano toca la puerta de la casa de Iván Simonovis, le hace una foto junto con un diario del día del periódico oficialista Últimas Noticias y la envía a sus jefes. De noche, el grillete electrónico que lleva vibra para que no olvide, ni siquiera mientras duerme, que está preso en su casa desde hace cinco años, después de pasar nueve en prisión, apenas la mitad de los 30 años a lo que lo condenaron. Con su libertad Simonovis perdió la patria potestad de sus hijos, se perdió sus graduaciones y la primera comunión del más pequeño. No tiene cédula ni ningún documento de identidad. “Lo anularon como persona”, dice su esposa y defensora, Bony Pertinez.

El comisario Simonovis es uno de los primeros presos políticos del chavismo. Fue condenado por dos de las 19 muertes que ocurrieron durante los disturbios del 11 de abril de 2002, cuando le dieron un golpe de Estado a Hugo Chávez. Es un caso emblemático de cómo la toma del poder judicial ha sido clave para sostener el modelo político que nació hace 20 años con la llegada —por la vía electoral con 3,7 millones de votos y más de cuatro millones de abstenciones— del exmilitar golpista.

La orden de captura de Simonovis la firmó tres días después de su captura en 2004 —dos años después de los hechos— el entonces juez Maickel Moreno, hoy presidente del Supremo de Venezuela. Lo acusó la entonces fiscal Luisa Ortega Díaz, hoy en el exilio. Simonovis era el encargado de diseñar las políticas públicas de seguridad de la Alcaldía Metropolitana, que en ese momento estaba al frente Alfredo Peña, uno de los primeros aliados de Chávez que se cambió de acera política y lo pagó con el exilio y parte de su equipo con cárcel.

En cadena nacional, el comandante eterno de la revolución lo llamó asesino y ordenó capturarlo. Una violación primigenia en el debido proceso que se ha hecho práctica en una Venezuela, donde abogados, activistas y defensores de los derechos humanos aseguran que no hay Estado de Derecho. La escena de la acusación hecha desde el Ejecutivo en televisión se ha repetido en el caso de la jueza Lourdes Afiuni, del líder del partido Voluntad Popular, Leopoldo López, y más recientemente del diputado Juan Requesens, entre otros.

“La justicia no existe, porque hay un solo poder que da órdenes. La justicia se ha usado para perseguir e intimidar a la disidencia y castigarla no por lo que haya hecho sino por lo que representa en la sociedad, por eso se llevan presos a médicos, jueces, tuiteros, sindicalistas, policías, militares, políticos, diputados”, dice Pertinez después de 14 años de trajinar en los tribunales venezolanos por su esposo.

Metodología represiva

De los primeros 13 prisioneros políticos que encarceló Chávez, el chavismo pasó a mantener hasta 620 personas en prisión por razones políticas, un pico que alcanzó en 2017. A la fecha quedan 288 tras las rejas. Solo en el Gobierno de Maduro, ungido por Chávez para continuar la revolución bolivariana, casi 13.000 personas han pasado por una celda por protestar o por motivos políticos, de las cuales 7.512 siguen sometidas a medidas cautelares, según cifras del Foro Penal Venezolano. Al grueso expediente represivo, la Organización de Estados Americanos ha sumado 576 denuncias de tortura consignadas ante la Corte Penal Internacional, 200 muertes y más de 16.000 heridos durante la represión policial de las protestas antigubernamentales de 2014 y 2017.

La ruta hacia la Venezuela de 2018 se trazó en los primeros días de la presidencia de Chávez. Es lo que Laura Louza, abogada y directora de la ONG Acceso a la Justicia, llama “el camino a la dictadura”, en el que la toma del poder judicial fue un vehículo. “Lo primero que hizo Chávez, antes de la aprobación de la Constitución, fue decretar la emergencia judicial, en la que todos los jueces fueron sometidos a una cacería de brujas y desde entonces se convirtieron provisionales, sin estabilidad, sujetos a manipulación. Más del 70% está en esa condición. Luego, vino la reorganización de los poderes públicos, que fue otro golpe de Estado. Después, en 2005, Chávez decretó de aumento del número de magistrados de 15 a 32 para, muy al estilo Fujimori, crecer el número de jueces aliados y en 2013 se terminó de aniquilar la separación de poderes con la sentencia del Supremo que dice que los jueces y el derecho están sujetos al sistema político imperante”, recuenta.

El Supremo ha dictado 160 sentencias que violan los derechos humanos y 83 contra la Asamblea Nacional, un poder que terminó disuelto en 2017, solo cuando el partido de gobierno perdió el control frente a la mayor victoria de la oposiciónen 20 años. “La manipulación del sistema de justicia ha sido parte de la metodología para hacer dictaduras en el mundo moderno. Se empezó a cambiar el Estado de Derecho y la Constitución y luego a dictar leyes anticonstitucionales usando una neolengua para hacer ver que se sigue inserto en el mundo de los derechos humanos. Esto nunca fue un proyecto de pobres, de derechos y de izquierda, sino uno autocrático”.

Desde el discurso, agrega Louza, el chavismo ya traía signos preocupantes de lo que ha sido un gobierno represivo, que van desde la amenaza de freír las cabezas de sus adversarios de otros partidos hecha en plena campaña de 1998 hasta el despido masivo en cadena nacional de 18.000 trabajadores que se sumaron a la huelga petrolera de 2003 y de aquellos que firmaron para solicitar un referéndum revocatorio en 2004.

Exilio y cárcel

David Smolansky tenía 13 años cuando Chávez llegó al poder. Hoy, con 33, vive en el exilio desde hace un año, cuando siendo alcalde de un municipio de Caracas el Supremo ordenó encarcelarlo haciéndolo responsable de los daños causados por las protestas que ocurrieron en su jurisdicción. “Los de mi generación nacimos o crecimos en una dictadura, no conocimos esa Venezuela abundante en oportunidades de la que hablan algunos, hemos arriesgado nuestra vida por algo que ni siquiera conocemos”, dice por teléfono desde un café en Washington donde elaboraba un informe sobre la situación de la crisis migratoria para la OEA. Smolansky pasó unos días en clandestinidad y luego le tocó huir disfrazado por la frontera con Brasil, que hoy han cruzado miles de venezolanos huyendo de la crisis.

“Chávez llegó a la Presidencia con medios, con separación y autonomía de poderes, pero se aprovechó de las vías e instituciones democráticas para conquistar el poder, luego pulverizarlas y hacerse un Estado a la medida. Un tipo que eligieron por cinco años, en sus primeros 18 meses logró estar por seis años con posibilidad de reelección y en 2009 lo hizo indefinido ignorando lo que la gente había rechazado en 2007 durante el referéndum de la reforma constitucional”.

Dentro de la masa que huye de Venezuela por la crisis económica y social, Smolansky se ha encontrado con concejales, funcionarios y dirigentes de todas las jerarquías, exiliados por amenazas políticas directas. Hay caras visibles como las del diputado Julio Borges o el alcalde Antonio Ledezma, pero el exilio venezolano, el de los perseguidos políticos, se calcula en centenares, asegura. Un éxodo que ha quebrado al liderazgo opositor.

Dos años, seis meses y ocho días pasó el diputado y activista LGBTI Rosmit Mantilla en prisión. Fue arrestado durante las protestas de 2014 y recluido en el Sebin, entonces con apenas 20 celdas, que luego fueron aumentando. Fue declarado prisionero de consciencia por Amnistía Internacional que presionó para que en 2016 recibiera una libertad condicional que vino acompañada de hostigamientos y amenazas en cada visita al tribunal.

A los nueve meses de salir de la cárcel se fue al exilio. Pasó los controles del aeropuerto de Maiquetía diciendo ser estilista, no diputado. “Cuando salí del Sebin había presos en todas partes, esposados a rejas, en los baños, vi a compañeros colgados en las celdas, a otros nos los llevaban ensangrentados para intimidar, viví la tortura psicológica, que te leyeran el Apocalipsis de la Biblia y te dijeran cosas de tu familia. Ahora por lo menos puedo dormir tranquilo y seguro con la certeza de que no voy a volver a la cárcel”, dice el político de 36 años asilado en Francia.

IMPUNIDAD Y EJECUCIONES EXTRAJUDICIALES

La ONG Cofavic ha documentado en los últimos cinco años un incremento alarmante de los casos de ejecuciones extrajudiciales. El número es abrumador: 6.385 casos, el 75% son de menores de 25 años de edad, el 95% hombres de zonas urbanas. La activista Liliana Ortega, directora de Cofavic, señala que en “el marco de una impunidad institucionalizada, en la que el 99% de los casos de violaciones de derechos humanos no pasan a juicio, en un país violento”, este terrible récord se multiplica.

Las denuncias se corresponden a muertes ocurridas durante operativos policiales de seguridad ciudadana en los que en la mayoría de los casos están involucrados agentes del organismo de investigación de crímenes (Cicpc).

“Desde el 2015 estamos en estado en excepción, lo que ha debilitando la garantía de los derechos humanos y aumentado la impunidad en casos que son demostraciones del desamparo de las víctimas, como las detenciones arbitrarias, encarcelamiento de figuras públicas y las desapariciones forzosas”.

Cuba exporta “mecanismos de terror” a Nicaragua y Venezuela por Beatriz Pascual Macías – Panampost – 7 de Diciembre 2018

“Mucha de la polarización que sufren nuestras sociedades está inducida directamente desde el régimen cubano. El efecto nocivo que tiene en el resto de la región y la privación de libertades que ocasiona a su gente en la isla “, dijo el secretario general de la OEA

En Venezuela, explicó Almagro, hay unos 46.000 cubanos que actúan como “una fuerza de ocupación que enseña a torturar, a reprimir, que hace tareas de inteligencia, que hace tareas de inmigración”. (Twitter)

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, acusó al Gobierno de Cuba de exportar “mecanismos de terror” a otros países de Latinoamérica, como Venezuela y Nicaragua, donde ciudadanos cubanos presuntamente han dirigido “torturas”.

Almagro inauguró una conferencia sobre derechos humanos en Cuba en la OEA “denunciando y llevando a la superficie los mecanismos de terror y represión que Cuba utiliza contra su propia gente y exporta silenciosamente al resto de la región”, según dijo en su intervención inicial.

El responsable de la OEA afirmó que han recibido denuncias de personas de Nicaragua y Venezuela, que aseguran que fueron torturadas en presencia de nacionales cubanos.

“En Nicaragua hemos escuchado testimonios de víctimas de torturas que aseguran que cubanos estaban presentes mientras los torturaron”, subrayó.

En Venezuela, explicó Almagro, hay unos 46.000 cubanos que actúan como “una fuerza de ocupación que enseña a torturar, a reprimir, que hace tareas de inteligencia, que hace tareas de inmigración”.

En 2017 el diario comunista cubano Juventud Rebelde informó de que los 46.000 cubanos en Venezuela ayudaban en 20 programas sociales, entre ellos “Barrio Adentro”, que busca fortalecer el sistema de salud pública.

“Es tiempo que termine la impunidad con la que viven los dictadores cubanos, haremos justicia, haremos justicia en los países de Latinoamérica que han sufrido esta agresión, tortura, represión y privación de libertades”, se comprometió Almagro, que fue interrumpido por aplausos en varias ocasiones.

Almagro, que este jueves anunció que se presentará a la reelección para el periodo 2020-2025, consideró necesario cuestionar la legitimidad que “la dictadura más vieja del continente” ha conseguido a nivel internacional.

El compromiso de Almagro fue bien recibido por parte de activistas cubanos como la activista, Rosa María Payá, hija del disidente fallecido Oswaldo Payá.

“El secretario general ha sido muy definitivo y comparto totalmente su objetivo de ilegitimar la dictadura cubana ante los ojos de la comunidad internacional”, dijo a Efe Payá.

En su intervención durante la conferencia, la activista pidió a Almagro que elabore un informe destinado a analizar si se han cometido crímenes de lesa humanidad en la isla y cuáles son las acciones que el Ejecutivo cubano está tomando para influir en diferentes países para “perpetuarse en el poder”.

“La documentación que se ha hecho a través de víctimas habla muy claramente de la presencia de efectivos cubanos en los centros de detención, en los centros de torturas, en todas las instancias en todos los ministerios, tanto en Venezuela como en Nicaragua”, sostuvo Payá.

En la conferencia en la sede de la OEA, en Washington, activistas cubanos debatieron sobre los obstáculos a la libertad de expresión, la situación de los “presos políticos” e, incluso, expusieron diferentes opciones para llevar a los “represores” del Ejecutivo cubano ante la Justicia internacional.

La Comisión Internacional Justicia Cuba explicó que, durante dos años, ha documentado crímenes de lesa humanidad en el país y ha elaborado cuatro expedientes que permitirían que las violaciones de los derechos humanos sean juzgadas en cortes federales de EE.UU. o en tribunales internacionales.

René Bolio, presidente de esa organización, indicó que el Gobierno cubano ha usado los crímenes de lesa humanidad de “manera sistemática” para mantenerse en el poder.

Cuba, miembro de la OEA desde su creación en 1948, fue suspendida en 1962 tras el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro debido a su adhesión al marxismo-leninismo en el marco de la Guerra Fría entre el bloque capitalista encabezado por EE.UU. y el comunista dirigido por la Unión Soviética.

Después de décadas de confrontación, en 2009, la OEA levantó la suspensión a Cuba, pero la isla se negó a volver al organismo.

Teodoro Petkoff: el deber de resistir por Enrique Krauze – El País – 22 de Noviembre 2018

En su testimonio sobre Chávez advertí una gravedad inusitada, un peso de la historia. Y es que Petkoff no provenía solo de la Revolución cubana sino de la original, la Revolución rusa

Petkoff, durante una entrevista en 2015.
Petkoff, durante una entrevista en 2015. DAVID MARIS EL PAÍS

Aunque la esperaba desde hace meses, me dolió mucho la muerte de Teodoro Petkoff. Fue un gran dirigente de la izquierda democrática venezolana. Sufría una depresión profunda. No salía de su cuarto. Me dicen que apenas hablaba. Su semanario Tal Cual –valiente, provocador, lúcido– había dejado de circular en la versión impresa (no en la digital), pero desde hacía muchos años era el blanco de la represión bajo la forma de acosos violentos y demandas judiciales. En 2015, Teodoro tuvo la osadía de señalar los nexos de Diosdado Cabello con el narcotráfico. El todopoderoso militar, número dos en la jerarquía de aquel régimen, lo demandó penalmente bajo el cargo de “difamación”. Siguieron otros juicios con “agravantes”. Previsiblemente, el Poder Judicial –servil, como todos los otros poderes, excepto la casi exangüe Asamblea Nacional– lo condenó a una cruel prisión domiciliaria que él encaró, como todo en la vida, con estoicismo: “Continúo con mi editorial. Los juicios no me afectan en absoluto”, declaró por entonces. Sentía “el deber de resistir”.

 

En su testimonio sobre Chávez advertí una gravedad inusitada, un peso de la historia. Y es que Petkoff no provenía solo de la Revolución cubana sino de la original, la Revolución rusa. Los Petkoff (Luben, Teodoro y un tercer hermano que murió joven) eran hijos de una familia de comunistas europeos, el padre búlgaro, la madre judía polaca, que habían llegado a Venezuela en los años veinte y plantaron en sus hijos el espíritu revolucionario. Ese era su linaje. Por eso a Teodoro le indignaba tan profundamente que un líder que se ostentaba de izquierda hubiese terminado por adoptar la política intolerante y autoritaria, la prédica polarizadora, la mentira sistemática y el odio ideológico de los enemigos históricos del socialismo: los nazi-fascistas.

A fines de 2009 lo invité a presentar aquel libro en la Feria de Guadalajara. Pasamos todo el día juntos. Por la mañana, mientras recorríamos los murales de Orozco en el Hospicio Cabañas, me contó tramos de su vida. Había sido junto con Luben uno de los primeros guerrilleros entrenados en Cuba que desembarcaron en las playas venezolanas para replicar la revolución en América Latina, pero no tardó en tomar conciencia de que la vía armada al socialismo desembocaba, por necesidad, por fatalidad, en la dictadura. El apoyo inmediato de Castro a la invasión de los tanques rusos a Checoslovaquia en agosto de 1968 lo apartó para siempre de Fidel, quien no tardó en condenar públicamente a Teodoro argumentando, si mal no recuerdo, su tibieza, su falta de fe, su traición.

A principio de los setenta Petkoff comenzó a valorar al expresidente Rómulo Betancourt, cuyo tránsito del socialismo revolucionario a una versión democrática y liberal de los mismos ideales coincidía con el suyo. También Betancourt se había formado en el marxismo, pero su oposición al dictador Juan Vicente Gómez lo había llevado a Chile y Costa Rica, dos países donde aprendió que la democracia y la libertad son valores convergentes e irrenunciables para la vida civilizada. Petkoff creyó siempre que ambos deberían ser consustanciales a la búsqueda de un orden social distinto, incluso socialista. Sobre este tema escribió varios libros. Y bajo esta convicción, fundó MAS, Movimiento al Socialismo, que, si bien no triunfó en las sucesivas contiendas por la presidencia, demostró la viabilidad de la opción democrática para la izquierda. Una opción que Chávez usó para acabar con la economía de su país y con la democracia.

En el hotel de Guadalajara encontramos a Gabriel García Márquez, que nos invitó a cenar. Se querían mucho. Petkoff no podía olvidar que a principio de los años setenta “Gabo” le había donado el dinero del Premio Rómulo Gallegos para ayudar a MAS. García Márquez ordenó champaña para brindar con su viejo amigo. De pronto, Teodoro le pidió un vehemente favor: “Gabo, consígueme una cita con Fidel. Quiero ver a Fidel. Por favor, Gabo”. Quería verlo –me dijo después– para reclamarle la indiferencia con su hermano Luben que, víctima de una enfermedad terminal años atrás, había viajado a Cuba para despedirse del líder histórico a quien había servido por décadas. Fidel nunca lo visitó. García Márquez no prometió nada. Hizo elogios de Fidel. Aseguró que los rumores sobre su mermada salud eran falsos. El rostro de Teodoro, siempre melancólico a pesar de su fácil sonrisa, se ensombreció. Nunca podría volver a ver de frente al hombre que en tantos sentidos había marcado su vida.

Llegará el día en que la izquierda latinoamericana renuncie al culto fascista de la personalidad y adopte los valores de la democracia en libertad. Entonces apreciará la dimensión histórica y moral de Teodoro Petkoff.

Repression in Paradise – Estreno Pelicula – Febrero 2019

¿Cuáles serán las consecuencias políticas del asesinato de Fernando Albán en Venezuela? por Pedro Benítez – ALnavío – 12 de Octubre 2018

Las versiones encontradas que han suministrado tanto el ministro del Interior, Néstor Reverol, como el fiscal general designado por la Asamblea Constituyente, Tarek William Saab, sólo han contribuido a asentar entre los dirigentes opositores venezolanos la convicción de que el concejal Fernando Albán no se suicidó, sino que por el contrario fue una víctima mortal del aparato represor y que este suceso es el inicio de una nueva escalada por parte del régimen. Esta certeza tendrá consecuencias políticas.
El entierro de Albán se convirtió en una marcha contra Maduro / Foto: @Pr1meroJusticia

El entierro de Albán se convirtió en una marcha contra Maduro / Foto: @Pr1meroJusticia

La dividida oposición venezolana puso por un momento sus diferencias a un lado ante el estremecimiento provocado por las circunstancias que han rodeado la muerte del edil y dirigente del partido Primero Justicia Fernando Albán (Leer más: El polémico ‘suicidio’ que le recuerda al mundo la crueldad del régimen de Maduro).

El instinto básico de sobrevivencia física los ha acercado. Entre los dirigentes opositores que asistieron a las honras fúnebres de Fernando Albán en Caracas no hay duda alguna: fue asesinado.

La consecuencia política de este sentimiento es que ya nada será igual. Hacer oposición implicaba riesgos de cárcel y exilio, pero no la muerte. Una línea ha sido cruzada.

La dividida oposición venezolana puso por un momento sus diferencias a un lado ante el estremecimiento provocado por la muerte de Fernando Albán

Desde hace tres lustros es numerosa la cantidad de presos por razones políticas en Venezuela. En una primera etapa los sujetos a cárcel o persecución judicial fueron personalidades involucradas en los sucesos del 11 y 12 de abril de 2002 que sacaron brevemente del poder al expresidente Hugo Chávez. El presidente de facto y expresidente de la patronal (Fedecámaras), Pedro Carmona Estanga, y un grupo de funcionarios policiales, sobre los cuales ha caído con particular inquina la sevicia oficial y entre los que destaca el comisario Iván Simonovis, fueron el primer lote de presos políticos del régimen chavista. También el entonces alcalde Henrique Capriles pasó tres meses de presidio por aquellos sucesos.

Estanga “escapó” a Colombia, mientras que los funcionarios en cuestión han pasado tres lustros privados de libertad sin ser beneficiados por ninguna de las medidas de gracia que en ocasiones dictara Chávez.

El siguiente preso emblemático fue el presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) Carlos Ortega, duro opositor a Chávez en aquella primera etapa y el dirigente más destacado del paro petrolero de diciembre de 2002. Fue sometido a persecución y posteriormente cayó detenido. Unos meses después también escapó del país con cierta facilidad.

Por entonces parecía que Chávez prefería tener en el exilio que en una cárcel a los dirigentes políticos o sociales opositores destacados.

Pero partir de 2007, cuando perdió el referéndum de la reforma constitucional, las cosas empezaron a cambiar y su régimen tomó una deriva cada vez más abiertamente autoritaria.El fiscal general ha dado varias versiones contradictorias / Foto: Ministerio Público

Esto incluyó inhabilitaciones contra potenciales candidatos opositores, campañas de desprestigio y difamación por los medios de comunicación públicos contra los disidentes, hostigamientos judiciales, que incluyeron la prohibición de salida del país a directivos de medios de comunicación independientes y a periodistas, cárcel para ciertos empresarios e incluso una juez, María Lourdes Afiuni, y para el exministro de la Defensa de Chávez, y antiguo compañero de su logia militar, el general Raúl Isaías Baduel.

A ese cuadro hay que sumar una línea de acción que vista en la distancia, a la luz de los hechos de hoy, tiene cierta lógica: la persecución contra los tres dirigentes políticos que en 2006 crearon un frente común con el propósito de que la oposición venezolana retomara la ruta electoral, abandonada en el proceso para elegir el Parlamento en 2005. Manuel Rosales, gobernador entonces del estado Zulia (el más grande del país), Teodoro Petkoff, exministro, antiguo guerrillero comunista y editor del diario TalCual, y Julio Borges, diputado fundador de Primero Justicia.

Cada uno de los mencionados sería en su momento objeto de una operación política para sacarlos del juego. Rosales, quien luego de perder la elección presidencial con Hugo Chávez en 2006 se convirtió en la principal cabeza opositora (posición que consolidó al ser reelecto alcalde de Maracaibo, la capital del estado Zulia, en 2008), fue directa y públicamente amenazado por el entonces presidente con mandarlo a la cárcel. Rosales huyó y pasó cinco años en el exilio.

Petkoff, duro y certero crítico del régimen chavista desde las páginas de TalCual, vería cómo su diario sería constantemente acosado por multas y procesos judiciales, hasta sufrir él mismo (hoy con más de 80 años de edad) una medida de prohibición de salida del país.

El turno de Julio Borges

En tiempos más recientes le tocó el turno a Julio Borges, quien presidió la Asamblea Nacional (AN) en 2017. En su caso, ha sido víctima por años de una campaña de desprestigio personal desde los medios oficiales y de un acoso que ha llegado al terreno de la agresión física en dos ocasiones. Una de las cuales fue dentro de la propia sede parlamentaria cuando la presidía Diosdado Cabello, que ha manifestado contra él una particular inquina personal.

La consecuencia política de este sentimiento es que ya nada será igual. Hacer oposición implicaba riesgos de cárcel y exilio, pero no la muerte. Una línea ha sido cruzada

Lo que une a estos tres políticos es su coincidencia en una estrategia de largo plazo según la cual la oposición venezolana debía ir de elección en elección (acumular fuerzas) hasta el punto de arrebatarle al chavismo la legitimidad de la mayoría electoral.

Ese objetivo se alcanzó en las parlamentarias de diciembre de 2015. Sin embargo, en el camino, a medida que más factores y partidos se sumaban a esa estrategia y la oposición como un bloque unido incrementaba su caudal electoral y conquistaba más espacios políticos, el chavismo cometía más atropellos institucionales y se hacía más represivo.

Las masivas protestas de 2014 y 2017 fueron contestación a esos abusos, que a su vez fueron respondidas con mayores dosis de represión. Con Nicolás Maduro en el poder una nueva vuelta de tuerca ha llevado a prisión y al exilio a dirigentes políticos de primera línea, como Leopoldo López, fundador del partido Voluntad Popular, y a varios alcaldes electos en ejercicio de sus cargos, entre los que se cuentan Antonio Ledezma, Alfredo Ramos y David Smolansky.

¿Una nueva etapa represiva?

Pero hasta ahora, pese a todos los abusos que se cometen en las cárceles destinadas a los presos políticos, nunca un dirigente político opositor había muerto en manos de los funcionarios de la policía política dentro de las instalaciones oficiales.

Un aspecto políticamente siniestro de este asunto es que Fernando Albán fue secuestrado (detenido sin orden judicial) por los funcionarios de la policía política con la intención de que vinculara a Julio Borges, de quien era un colaborador político cercano, con el supuesto plan de magnicidio frustrado contra Nicolás Maduro en agosto pasado. La misma razón por la cual el diputado Juan Requesens fue detenido y se le mantiene aislado e incomunicado.Ahora el Gobierno se empeña en perseguir a Julio Borges / Foto: Comisión Europea

Pero resulta que dentro de la oposición venezolana Borges ha sido desde 2006 uno de los partidarios más firmes de la participación electoral. Su agenda política ha sido lo más distante de alguna acción violenta, y no obstante Maduro y Diosdado Cabello lo han señalado desde el frustrado intento de negociación en República Dominicanacomo el enemigo mortal por su determinación de no avalar el proceso electoral del pasado 20 de mayo.

La pregunta que hoy muchos dirigentes y activistas políticos opositores se hacen en Venezuela es si la muerte de Fernando Albán fue una consecuencia no deseada, producto de las torturas que ahora el régimen trata de encubrir, o es un mensaje. El anuncio de una nueva etapa represiva (Leer más: Cronología del ‘suicidio’ que indigna a Venezuela y al resto del mundo).

En este sector nadie da por cierta la versión oficial (que en menos de 48 horas cambió tres veces). Esto tendrá consecuencias dentro de la oposición, como por ejemplo las posibilidades de entablar alguno tipo de diálogo o negociación con el Gobierno. De entrada, el lamentable suceso transtornó el propósito de la visita del senador estadounidense Bob Corker a Venezuela.

Un nuevo puente ha sido roto en el país. La posibilidad de entendimiento entre los que controlan el poder y el inmenso y diverso país que se le opone se ha puesto más lejos. Del lado de los ilegalizados partidos opositores sólo se espera lo peor.

El polémico ‘suicidio’ que le recuerda al mundo la crueldad del régimen de Maduro por Daniel Gómez – ALnavío – 9 de Octubre 2018

El concejal opositor Fernando Albán murió este lunes tras caer desde un décimo piso de una cárcel del Sebin. La versión oficial del Gobierno habla de un suicidio, mientras que el resto del mundo lo pone en duda. Los opositores venezolanos lo califican de “asesinato”, un senador de EEUU tilda el hecho de “perturbador” y la Unión Europea exige una investigación “rigurosa”.

Fernando Albán recibió un homenaje póstumo en la Asamblea Nacional / Foto: @Pr1meroJusticia

Fernando Albán recibió un homenaje póstumo en la Asamblea Nacional / Foto: @Pr1meroJusticia

“Aquí lo único que hubo fue un asesinato”, dice a ALnavío Ángel Medina, diputado de la Asamblea Nacional de Venezuela por Primero Justicia y compañero de partido de Fernando Albán, quien murió este lunes después de caer desde un décimo piso de una cárcel política.

La sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), situada en Plaza Venezuela, en Caracas,es una de las prisiones más seguras de Venezuela. Que un recluso vaya al baño solo, sin que un guarda lo acompañe, o el simple hecho de ir al baño, es una suerte de la que pocos disfrutan. Pero Albán, concejal del Área Metropolitana de Caracas del partido Primero Justicia, acusado de terrorista, de enemigo de la revolución, lo consiguió contra todo pronóstico.

Albán fue al baño del Sebin, vio una ventana y saltó por ella. Era un décimo piso, por lo que murió al impactar contra el suelo. Se suicidó, eso sostuvo Tarek William Saab, fiscal general de Venezuela, en una rueda de prensa en la que anunció que seguiría investigando el caso con dos fiscales del Ministerio Público. Nadie le cree.

Julio Borges, coordinador de Primero Justicia, dijo en Twitter que “el cuerpo de Albán fue lanzado sin vida”. Por esta misma red social, Bob Corker, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, quien estaba de visita en Caracas, calificó el hecho de “perturbador”.

“El Gobierno tiene la responsabilidad de garantizar que todos comprendan cómo pudo haber sucedido”, agregó el senador. Y cuando habla del Gobierno hay que recordar a los implicados: al presidente Nicolás Maduro; al jefe del Sebin, general Gustavo González López; al ministro de Justicia, Néstor Reverol; y a la vicepresidenta, Delcy Rodríguez. Así lo advirtió Juan Carlos Zapata en una columna en KonZapata.

El caso es que hoy nadie comprende nada. Ni Borges ni Corker. Ni la Arquidiócesis de Caracas, que sostiene que la versión del fiscal les dejó “perplejos”. El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA)Luis Almagro, agregó que la muerte es “responsabilidad directa” del régimen de Maduro. “Inverosímil la versión oficial del suicidio”, apuntó Henry Ramos Allup, expresidente de la Asamblea Nacional. Por su parte, la jefa de la diplomacia de la Unión EuropeaFederica Mogherini, pide “una investigación rigurosa e independiente”.

Un suicidio “imposible”

Nadie se cree la versión del Gobierno, y como dice a este diario Medina, “es imposible suicidarse en el Sebin”. Asegura que en muchos de los baños “no hay ventanas y si las hay las custodian”. Los policías siempre acompañan a los reclusos al baño, “si es que siquiera les dejaban ir al baño”.

Sergio Contreras, activista de los derechos humanos por Voluntad Popular, estuvo preso en el Sebin y ratifica esta versión. “Jamás me dejaron ir al baño sin la custodia de por lo menos dos funcionarios armados, y jamás a un baño con ventanas”, dijo en Twitter.

El fiscal general dice que fue un suicidio / Foto: Ministerio Público

Fernando Albán fue detenido el pasado viernes en el aeropuerto Simón Bolívarcuando regresaba de Nueva York. Allí se reunió con Julio Borges, y al aterrizar en Caracas lo detuvieron. Fue acusado de magnicidio por una presunta participación en el supuesto atentado de los drones contra Maduro en agosto.

Después de estar desaparecido más de 24 horas, retenido en la sede del Sebin, el cuerpo de Albán apareció en el suelo, destrozado tras la caída desde el décimo piso. “¿Lo torturaron tanto que lo mataron y lo lanzaron de ahí arriba, o lo torturaron tanto que eso lo obligó a lanzarse?”, se preguntó Medina.

El caso es que una caída desde esa altura camufla cualquier tipo de tortura previa. Los hematomas, las costillas rotas, bien pudieron ser de la caída, o de las golpizas que le propinaron los guardas.

“En algún momento sabremos la verdad. En todos los casos sigue siendo un asesinato. Era responsabilidad del Estado, porque estaba bajo su custodia, y más cuando se trata de un tema absolutamente político como este”, añade Medina.

La cárcel del Sebin en Plaza Venezuela, donde estuvo Albán, es también el hogar de ‘la tumba’. Un aterrador recinto en el que torturan a los presos, encerrándolos en celdas diminutas, subterráneas, sin luz y apenas oxígeno. Ya en ALnavío, un preso recluso en El Helicoide, otra siniestra cárcel del Sebin, contó cómo los funcionarios golpeaban con bates y palas a los reclusos.

Un régimen acostumbrado a la tortura

Aunque llevaran tiempo sin un escándalo así, estas torturas ya no sorprenden. Son unas de las muchas que recogen en sus informes instituciones como el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Jesús Seguía, presidente de DatinCorp, también dio su visión de lo ocurrido, y al igual que Medina, también plantea dos hipótesis. La del suicidio provocado “por las torturas físicas o psicológicas (o las dos a la vez)” en el Sebin, o la del asesinato.

“Es obvio que un suicidio con una soga en el cuello no eliminaría las evidencias de la tortura. Sólo una caída con alto impacto corporal podía camuflar los signos de la flagelación y la crueldad”, explicó.

“En algún momento sabremos la verdad. En todos los casos sigue siendo un asesinato. Era responsabilidad del Estado”

“La práctica recurrente que tiene el Estado es la tortura. No lo digo yo, sino que lo dicen numerosos organismos. Es una práctica para ellos recurrente. La tortura física y psicológica les llevaron a matarlo”, sostiene Medina.

No ha sido un día fácil para el diputado Medina, quien sigue viviendo en Venezuela. Compañero de partido de Albán, ha llorado su muerte, y explica la cantidad de sentimientos que le recorren el cuerpo.

“Es una mezcla de tristeza, miedo, impotencia, desesperanza… Es lo que se siente. Que esto no pase nunca más. No se puede seguir matando a la gente porque tengas una idea. Al final, en medio de todo este drama, uno tiene que sacar fuerzas de donde no las tiene para poder avanzar”, señala.

Fernando Albán, de 56 años, estaba casado y tenía dos hijos. Uno de ellos, también de nombre Fernando, dijo en Twitter que su padre “murió luchando por la democracia y la libertad de Venezuela”. El simple hecho de volver de Nueva York le honra, “lo define”, como dijo Zapata en su artículo.

El cuerpo ya está con la familia, y ahora tendrá el velatorio. Mientas, el presidente, el fiscal, el ministro, el jefe del Sebin y la vicepresidenta, deben andar en busca de una buena explicación. Su credibilidad, más que cuestionada, pende de un hilo.

Se “suicida” concejal venezolano secuestrado por la dictadura por Orlando Avendaño – Panampost – 8 de Octubre 2018

El concejal supuestamente se suicidó. Pero nadie lo cree. Lo llaman asesinato. (Fernando Albán)

Es aterrador. Pero así funcionan las dictaduras. Y lo informó el mismo fiscal general (usurpador) Tareck William Saab: supuestamente se suicidó el concejal del partido Primero Justicia, Fernando Albán, quien había sido secuestrado tres días antes por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), policía política del régimen.

Según se lee en el diario El Nacional, el fiscal general designado por la ilegal Constituyente dijo que la versión preliminar detalla que, en la sede del SEBIN, Albán solicitó ir al baño y, desde ahí, se lanzó del piso 10 del edificio.

Hace tres días, el cinco de octubre, Albán llegaba a Caracas de Nueva York, donde había estado a propósito de la Asamblea General de las Naciones Unidas. En el aeropuerto Internacional Simón Bolívar la policía política lo secuestró.

Aunque el fiscal ilegítimo dijo que el de Primero Justicia —partido timoneado por Julio Borges— saltó desde la ventana de un baño, el ministro de Interior y Justicia, Néstor Reverol, aseguró en su cuenta de Twitter que Albán se había lanzado desde una sala de espera.

“Se tuvo conocimiento del suicidio de Fernando Albán, quien se encontraba detenido en el SEBIN desde el cinco de octubre por la investigación del magnicidio frustrado y estar involucrado en actos desestabilizadores dirigidos desde el exterior (…) En el momento que el detenido iba a ser trasladado al tribunal, encontrándose en la sala de espera del SEBIN, se lanzó por una ventana de las instalaciones cayendo al vacío, ocasionándole la muerte”, escribió el ministro Reverol.

El burro de Maduro por Alberto Barrera Tyszka – The New York Times – 23 de Septiembre 2018

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, durante una conferencia de prensa en el Palacio de Miraflores en Caracas, el 18 de septiembre de 2018 CreditMarco Bello/Reuters

El título de este artículo es una frase peligrosa. Podría ser diseccionado semánticamente por un tribunal en Venezuela y condenarte a veinte años de prisión.

¿Qué quiere decir realmente? ¿Que Nicolás Maduro tiene, posee, un burro? ¿Que es el dueño legítimo de un animal cuadrúpedo, de la familia de los équidos, conocido como burro, asno o borrico? ¿O quiere decir, más bien, que Nicolás Maduro es un burro? ¿Se refiere acaso a esa acepción de “persona bruta e incivil”, como refiere el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española? El problema de fondo, sin duda, es que esta interpretación sea un asunto judicial en Venezuela.

Ricardo Prieto y Carlos Varón, dos miembros del cuerpo de bomberos de Apartaderos, una población de la región andina del país, decidieron un día pasear a un burro por los diferentes espacios de su estación. Mientras el animal deambulaba, fueron filmándolo con un teléfono, haciendo comentarios en evidente tono de broma, relatando que se trataba de una visita de Nicolás Maduro a las abandonadas dependencias del cuerpo. Alguien colgó el video en las redes sociales y, de pronto, esa jocosa “visita presidencial” se volvió viral.

Y entonces, unos oficiales de la Dirección General de Contrainteligencia Militar se presentaron y detuvieron a los bomberos. Y entonces, poco después, en un acto casi instantáneo, fueron imputados por el cargo “instigación al odio”. Y entonces, luego, en una rueda de prensa, el propio Maduro se mostró intemperante y agresivo en contra de un periodista que se atrevió a preguntar por el caso: dudó de su calidad y de su honestidad profesional y se negó a responderle. Esta seguidilla de hechos y declaraciones solo ha logrado magnificar y darle más resonancia a lo que era una simple broma.

¿Cómo un burro puede llegar tan lejos?

La respuesta a esa pregunta está en la violencia que estructura y define cada vez más a la élite que domina de forma autoritaria a Venezuela. Es una clase, tan reducida como feroz, que todavía no entiende que hay cosas, como la inflación o el humor, que no se pueden controlar imponiendo decretos. Por eso reaccionan ante ambas con la misma ceguera y brutalidad.

La represión y la censura, ya se sabe, sirven para mostrar fuerza pero también delatan una enorme fragilidad. Quien no tiene argumentos tampoco tiene humor. Solo puede negociar a golpes con la realidad. Como señala el poeta Charles Simic, el humor muestra “la dimensión ridícula de la autoridad”. Relativiza su poder, lo democratiza. Es un indicador natural del estado en que se encuentra cualquier sociedad, de su capacidad de discernimiento y de ejercicio de las libertades. Reprimir el ingenio o el chiste es una expresión inequívoca de una gran violencia institucional, un síntoma de un régimen aterrado que distribuye terror.

Quizás vale la pena recordar el caso de Marianne Elise K., una viuda a quien en 1943, en una pausa de trabajo, se le ocurrió contarle a un compañero de la fábrica un chiste sobre Hitler. Fue delataba, acusada, enjuiciada por el Tribunal del Pueblo y condenada a muerte. La lógica del poder a veces se parece mucho al descontrol. En medio de la decadencia militar nazi, entre la zozobra y el temor, una mujer fue ejecutada por decir un chiste. Año y medio después, el füher también estaba muerto. El chiste todavía existe. La risa, según decía Mijaíl Bajtín, nunca “pudo oficializarse, fue siempre un arma de liberación en las manos del pueblo”.

La broma de dos bomberos que quisieron reírse un poco de la autoridad y de su propia desgracia, se ha encontrado con una destemplada y feroz reacción del gobierno. Mientras la región se organiza para discutir el terrible problema del flujo migratorio y debatir de forma colectiva el caso de Venezuela, Nicolás Maduro logra que dos humildes apagafuegos formen parte de los más de 250 presos políticos que ya tiene su régimen.

La intolerancia ante el humor refleja nítidamente el grado de autoritarismo que necesita Maduro para continuar en el poder. Lo del burro es una tontería. Basta recordar que en el año 2006, públicamente, Hugo Chávez se burló del entonces presidente George W. Bush, llamándolo donkey en varias oportunidades. El tema real es la violencia. Resulta irónico, casi un chiste cruel, que mientras la mayoría del Grupo de Lima se pronuncia en contra de una intervención violenta en Venezuela, el gobierno venezolano se pronuncia a favor de una intervención violenta en contra de los ciudadanos de su propio país.

En septiembre de 2018, se organizó una manifestación frente al Banco Central de Venezuela, en Caracas, para demandar al presidente Maduro el pago completo de sus pensiones. CreditFernando Llano/Associated Press

No creo que la solución o la salida a la tragedia que vive mi país sea una invasión militar. Pero sí creo que hay que debatir, buscar y encontrar nuevas maneras de actuar y presionar de manera más eficaz a un gobierno que actúa de manera hipócrita y salvaje, que exige internacionalmente aquello que no desea cumplir dentro de sus fronteras. Con el pretexto de la amenaza de una invasión externa, el gobierno de Maduro ha invadido y saqueado a su país y a sus ciudadanos. ¿Qué se puede hacer entonces frente a un gobierno violento que se alimenta del carácter no violento de sus vecinos?

Nicolás Maduro no es un burro. Puede que sea inepto y negligente, que con frecuencia actúe como un incivil. Pero no es bruto. No seguiría ahí si lo fuera. No habría logrado apartar a sus rivales internos y consolidarse como lo ha hecho. No tiene humor pero sí tiene un proyecto. Él —o a quienes él representa— desea quedarse para siempre en el gobierno. Cada vez con más poder. De cualquier forma y a cualquier precio. Incluso, al tratar de hacer lo imposible: prohibir la risa.

La internacionalización del conflicto no puede opacar el endurecimiento represivo que el gobierno de Maduro ejerce dentro de Venezuela. Es necesario, desde la experiencia ciudadana y desde la práctica política, pero también desde la solidaridad internacional y desde la diplomacia, inventar nuevas formas de presión, nuevos mecanismos de lucha. ¿Es posible desarmar y derrotar a los violentos de manera pacífica? ¿Cómo? Ese es el debate.

Alberto Barrera Tyszka es escritor y colaborador regular de The New York Times en Español. Su novela más reciente es “Patria o muerte”.

¿Qué pretenden? por Laureano Márquez – TalCual – 5 de Septiembre 2018

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El sometimiento total, la sumisión absoluta, que sientas que fuera de ellos no tienes ninguna posibilidad de supervivencia, que son los amos. Es un plan, ya no solo de dominación. Es un plan de maldad. Hay un goce en la venganza en contra de lo bueno, de lo decente, de lo que funciona. Estos zombies destructores habitaban entre nosotros, pero los creíamos menos peligrosos. Los conocimos en las universidades, eran los peores estudiantes. Tardaron 10 y 12 años en hacer lo que a los otros nos tomó cinco, cuando ser mediocre y radical daba popularidad y los convertía en dirigentes. Y terminaron creyendo que ese era el camino. Medraron de un sistema en el cual no hacer nada y ser irresponsable también era una forma de vida y encontraba espacio y tolerancia. Culparon a los otros de una mediocridad que nunca terminaron de asumir y se agazaparon esperando la hora de la venganza, de cobrar su propia ruina arruinado a otros.
Esta hora, que ellos mismos pensaron que nunca llegaría, por un azar de la historia, llegó al fin. Se regodearon en el resentimiento que carcome, pero nunca en el esfuerzo sostenido. No hubo proyectos, sino el egocéntrico afán de llegar desde y para la truculencia y la trampa. Aprendieron las matemáticas solo para obtener más votos con menos votantes, pero nunca para sumar. Juegan con las palabras, llaman amor a su práctica cotidiana del odio.

Son maltratados que se vuelven maltratadores, se prepararon para la venganza de todo aquello que les suene en sus destartalados cerebros a “vida burguesa”. Se alzaron contra la opulencia, pero no por su injusticia, sino por envidia, hasta que la tomaron por asalto, mientras proclaman la ideología de la pobreza detrás de la que esconden que son ahora ellos los nuevos ricos: “el agua caliente es un lujo así que acostúmbrate a no tener electricidad. Bañarse con totuma es divino: cuando te quito el agua de la ducha, en el fondo te estoy haciendo un favor. Te conecto con el disfrute de la miseria y la pobreza.” Su cabeza no les da para entender que nadie puede producir a pérdida, ni pagar a sus empleados más dinero del que ingresa a su negocio, que la economía es a fin de cuentas un acto de fe y de confianza, de la que ellos no gozan, porque nunca en la vida hicieron nada productivo.

“Ser rico es malo, malísimo, pero yo me robo el dinero, ese dinero al que nunca pude acceder por la vía de mi trabajo, ingenio, creatividad y esfuerzo. Tomo por la fuerza aquello que me fue negado. Ahora vivo en urbanizaciones de lujo, disfrutando de lo que otrora me pareció asqueroso, de los aviones de lujo cuya denuncia me llevó al poder, me estoy cobrando todo lo que la vida me debe (El sobrino del Che dijo algo revelador en una entrevista. Cuando llegó a Cuba lo alojaron en el lujoso Habana Libre (antiguo Hilton) con trato VIP y el funcionario le dijo: “ustedes tienen trato VIP por todo lo que su tío hizo para que fuéramos todos iguales”). Todo aquello que me fue arrebatado ahora es mío, por el derecho que me da haber sido siempre un revolucionario de oficio. Si no te gusta la miseria, múdate a otro lado porque aquí la hemos decretado, para el resto”.

Además, si no te gusta lo que hago, “te humillo, te vejo, te confisco lo que dices que te pertenece, te arrebato tus derechos, te intedrogo (nueva forma de interrogatorio) y te muestro desnudo para amedrentamiento público, para que el miedo se apodere de todos, para que nadie se atreva. Si se lo hice a este, se lo puedo hacer a cualquiera: ‘Ecce praetor’ (he aquí al diputado). Para que la venganza sea más cabal y concreta te disminuyo, te minimizo, te obligo a sacarte el carnet de la patria, a votar por mí si quieres comer. Me burlo, para mayor INRI. Me burlo de la miseria que te causo, de tu huida desesperada, de los que mueren de frío en los páramos de Colombia. Me burlo de tus lágrimas y digo que son de academia de actuación, de tus hijos que lloran la ausencia de su casa y no entienden por qué se van y crecerán odiándome cuando comprendan las causas. Me burlo del trabajo honesto del que limpia los baños con la dignidad de la gente buena, que sabe que el trabajo honesto siempre santifica la vida”.

En 1799 el jesuita peruano Juan Pablo Viscardo y Guzmán escribe una “carta a los españoles americanos”, uno de sus fragmentos dice:

“No hay ya pretexto para excusar nuestra apatía si sufrimos más largo tiempo las vejaciones; si nos destruyen, se dirá con razón que nuestra cobardía las merece. Nuestros descendientes nos llenarán de imprecaciones amargas, cuando mordiendo el freno de la esclavitud que habrán heredado, se acordaren del momento en que para ser libres no era menester sino quererlo”

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