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Economía de piratas por Ramón Peña – América 2.1 – 20 de Enero 2020

venezuela.jpgLa erosión de nuestras reservas internacionales, por corrupción e incompetencia, de US$42 millardos en 2011 a US$6,6 millardos en 2019; la hecatombe de la industria petrolera y las empresas básicas de Guayana; el empequeñecimiento de la producción interna, agrícola y manufacturera, y la migración de millardos de dólares (US$ 25 millardos solo en 2012) en connivencia con los responsables del control de cambio durante 16 años, han sido las vertientes del inmenso desfalco y el agotamiento patrimonial de la Nación.

Nuestra economía hoy es el fantasma de lo que era hace veinte años. El ingreso per cápita nominal de los venezolanos se igualó en 2019 con el de Honduras. El régimen, para su sobrevivencia, ante la desmantelada estructura tradicional de la economía nacional, recurre a un andamiaje de actividades piratas, ilegales, en las que el Estado es accionista.

Esa nueva economía estatal incorpora, como fuente de ingreso, el contrabando de oro no monetario, cuyo monto anual se estima en mas de US$ 3 millardos; el contrabando abierto de gasolina que supera US$ 2.5 millardos; el trafico de estupefacientes de origen colombiano de unas 105 toneladas al año; el retorno de capitales fichados por el Departamento del Tesoro estadounidense y la sobre facturación de las importaciones.

Esta diversificación delincuencial de la economía suma recursos que han evitado el colapso del régimen, permite un abastecimiento parcial con importaciones no reportadas, libres de arancel, y es la fuente de los dólares que desprolijamente circulan en nuestras transacciones.

A la balanza externa se agregan las remesas que envían millones de venezolanos, no contabilizada por el BCV, estimadas entre US$ 3 y 4 millardos anuales.

De perdurar este régimen, continuará la caída del ingreso, seguirá achicándose el tamaño de nuestra economía, se reducirá cada día la disponibilidad de recursos y no existe indicio que permita sugerir futuro alguno de bienestar para nuestra sociedad.

 

Remesas y actividades ilícitas ayudaron al régimen a superar el año 2019 – El Nacional – 1 de Enero 2020

El régimen ha encontrado uno de sus pilares de sostenibilidad lo que le permite mantener contentos a los generales y seguir ejerciendo control sobre las fuerzas armadas

actividades ilícitas
Las ventas de oro en el exterior, la producción ilegal y contrabando del metal son algunas de las razones. Pero también está el hecho de que el régimen convirtió a Venezuela en una gigantesca operación de lavado de dinero | Foto EFE/Miguel Gutiérrez

El año 2019 fue uno de los más difíciles para la economía venezolana. La contracción económica de 28%, las sanciones internacionales y la hiperinflación encontraron equilibrio con las actividades ilícitas del régimen. Además de las remesas en el exilio.

Así coincidieron analistas en entrevista con El Nuevo Herald. Señalaron que las actividades ilícitas del régimen se han convertido en unos de sus pilares de sostenibilidad. Esto debido a que permiten mantener contentos a los generales para seguir ejerciendo control sobre las fuerzas armadas.

Juan Fernández, experto económico y ex gerente de Planificación y Control de Finanzas de Petróleos de Venezuela, afirmó que se ha formado «una especie de burbuja económica que ha permitido a Maduro mantener la lealtad del estamento militar».

Actividades ilícitas para evadir sanciones

Dichas actividades ilícitas (contrabando de oro y el lavado de dinero) ayudan a la administración de Maduro a sortear el impacto de las sanciones estadounidenses, indicó Fernández.

Explicó que las restricciones americanas en paralelo al gradual colapso de la producción petrolera propinaron un duro golpe a las exportaciones de crudo del país, que en el pasado alimentaban más de 90% de los dólares que eran vendidos en Venezuela.

No obstante, la economía venezolana se encuentra dolarizada y la moneda estadounidense está siendo utilizada libremente para la compra de bienes y servicios. Lo que hace preguntarse a muchos: ¿De dónde salen los dólares?

El lavado de años de corrupción

Las ventas de oro en el exterior, la producción ilegal y contrabando del metal son algunas de las razones. Pero también está el hecho de que el régimen convirtió a Venezuela en una gigantesca operación de lavado de dinero, aseguró Fernández.

«Las gigantescas fortunas de jerarcas chavistas en el exterior (que suman varias decenas de miles de millones de dólares) comenzaron a enfrentar dificultades para ser movilizadas debido a las sanciones. Por ello, sus dueños comenzaron a trasladar ese dinero a Venezuela, donde está siendo lavado. Es dinero de toda índole, desde el de la droga y el contrabando hasta de la corrupción acumulada durante años», dijo Fernández.

Por otro lado están las remesas de dinero. Estas se han convertido en una importante tabla salvavidas para la atribulada economía venezolana, a propósito de los millones de venezolanos que se encuentran en el exterior y que comienzan a enviar ayuda a sus familiares.

No hay números exactos de los montos que entraron en 2019 al país. Pero estimaciones colocan la cifra en cerca de 4.000 millones de dólares.

Falsa sensación de bienestar

Esta situación ha estado generando cierta sensación de bienestar pese a la terrible contracción económica.

Pero eso es solo para un pequeño sector, dijo el economista Alexander Guerrero.

«Aquí se crearon dos mercados, uno que está dolarizado y uno que está bolivarizado. Quienes ganan en dólares compran en dólares, y ellos no tienen problemas de escasez ni de inflación, porque la inflación de ellos es cero. Y estos suman entre 20% y 25% de la población», agregó.

La realidad

Señaló que la diferencia de los venezolanos que no ganan en dólares son quienes reciben en bolívares un salario mínimo de 5 o 6 dólares al mes, y son los que viven revisando la basura para comer.

Francisco Ibarra, director de la firma Econométrica, dijo que el efecto de la dolarización informal ha ayudado a reducir la escasez en el país.

«La situación sigue estando bastante mal, pero el país ya no atraviesa por el mismo grado de escasez que había estado padeciendo a lo largo de los últimos dos años. No hay una gran diversidad de productos, pero el país sí está hoy mucho más abastecido», afirmó.

Y aunque el país sigue inmerso en la hiperinflación, el escenario inflacionario ha disminuido. Pasó de los niveles cercanos al millón por ciento que vio en 2018, a una comparativamente menos tenebrosa de 20.000%, según cálculos de Económetrica.

Ibarra dijo que la desaceleración de la inflación se debe a un notable cambio en la política económica.

«El régimen lo único positivo que hizo fue que desistió en la política suicida de los aumentos salariales descomunales que estuvo decretando. Cada vez que lo hacía, esto tenía una incidencia porque aumentaba de inmediato los costos y las empresas trasladaban esto a los precios. El gobierno finalmente aprendió eso y por eso la situación cambió, aunque seguimos registrando una hiperinflación», concluyó.

Los venezolanos en el exterior envían remesas por casi 4.000 millones de dólares por Emili J. Blasco – ABC – 31 de Diciembre 2019

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La crisis política y económica en Nicaragua eleva la recepción de remesas al 11,2% del PIB

Muchos venezolanos logran sobrevivir en medio de la crisis humanitaria que atraviesa su país gracias a las remesas que envían quienes han salido de sus fronteras. Los alrededor de 3,4 millones de venezolanos en el exilio enviaron a Venezuela en 2019 cerca de 4.000 millones de dólares, además de contribuir con importantes aportes en medicinas, comida y ropa. De acentuarse la crisis, las remesas podrían acercarse en 2020 al 6% del PIB, teniendo en cuenta que este puede retroceder otro 35% según la última previsión del FMI. También en Nicaragua, el exilio y la caída económica derivadas de la situación política han llevado a un salto en el peso de las remesas, que en 2018 superaron el 11% del PIB.

Un estudio publicado por Diálogo Interamericano, un think tank de Washington, calculaba en 3.470 millones de dólares las remesas recibidas en Venezuela en 2018. El estudio indicaba que el 75% de los emigrantes venezolanos remitieron entre el 20% y el 25% de sus ingresos. De Estados Unidos salieron 1.518 millones de dólares, 614.000 dólares de Perú, 226.482 de Colombia, 252.924 de Chile, 112. 845 de Panamá y 60.075 de Ecuador.

Estas cifras no siguen la proporción de venezolanos en cada uno de esos países, pues entran en juego otras variables, como el nivel social de los emigrantes o el nivel económico del país de acogida. Por ejemplo, Colombia se ha nutrido especialmente de una migración que sale a pie, de baja cualificación profesional, por eso el millón de venezolanos que residen allí envían menos dinero que el casi medio millón que se encuentra en Estados Unidos, con acceso a mejores salarios.

Debido a la desconfianza hacia lo canales oficiales, por la corrupción y el control político que realiza el régimen, hay venezolanos que envían los fondos no a través de bancos o agencias, sino de mecanismos no formales o cuentas de terceros. Eso es mayoritario en el caso de Chile y Costa Rica, donde el 72-74% de los venezolanos residentes que mandan remesas lo hacen buscando modos alternativos y en ocasiones triangulando con otros países o personas, de acuerdo con Diálogo Interamericano. Esto explica que los datos del Banco Central de Chile, por ejemplo, sitúen en primer lugar las remesas de colombianos y peruanos, cuando los venezolanos se han convertido en la primera comunidad extranjera en el país.

El 40% recibe ayudas del extranjero

En un parecido volumen de remesas se mueve también la estimación de la consultora venezolana Ecoanalítica, que destaca el fuerte incremento de las sumas remitidas a medida que se disparaba en los últimos años el número de exiliados y empeoraban las condiciones de vida en Venezuela. De los 78.000 millones de dólares en 2016 se pasó a 1.138 millones en 2017 y 2.500 en 2.500, según las encuestas realizadas. Para 2019 se esperaban 3.700 millones de dólares.

Otra encuesta, de Consultores 21, registra que el 40% de quienes viven en Venezuela han recibido dinero del exterior, y el 32% lo recibe de modo regular. Los impulsores de una aplicación para la recepción directa de dinero, Cash Remesa, calculan que de agravarse aún más la crisis humanitaria en el país y seguir la hemorragia de población que marcha a otros países, las remesas podrían llegar a ser en 2020 el 6% de un PIB cada vez más achicado por el encogimiento de la economía. Sin credibilidad las cifras oficiales del PIB, que este año el Banco Central de Venezuela volvió a dar tras cuatro de «apagón» de datos, las estimaciones indican que el volumen de la economía venezolana podría rondar los 75.000 millones de dólares

Dependencia creciente en Nicaragua

Las economías de los países del Triángulo Norte centroamericano –Guatemala, El Salvador y Honduras–, que cuentan con una gran cantidad de emigrantes en Estados Unidos, dependen aún más de las remesas que envían esos expatriados (hasta un 20% del PIB en el caso hondureño), pero se trata de países más pobres, sin la riqueza petrolera de Venezuela.

El fenómeno migratorio de Nicaragua ha sido distinto de sus vecinos del Triángulo Norte. Aunque también ha habido emigración hacia Estados Unidos, el mayor desarrollo de su vecina Costa Rica ha atraído a algo más de la mitad de los casi 700.000 nicaragüenses viviendo en el exterior.

La crisis económica provocada por la violenta represión de protestas llevada a cabo por el gobierno de Daniel Ortega –el PIB de Nicaragua cayó un 3,8% en 2018 y se espera que haya caído otro 5% en 2019– ha acentuado la necesidad de las remesas, a las que contribuye también las personas que han debido salir del país por la presión política. De los países latinoamericanos que más remesas reciben, Venezuela y Nicaragua son los únicos con economías en contracción.

Si entre 2014 y 2017 las remesas enviadas por los emigrantes nicaragüenses estaban estabilizada entre el 9,6% y el 10% del PIB, en 2018 subió al 11,2%. Según las cifras del Banco Central de Nicaragua, en la primera mitad de 2019 se había recibido ya la mitad del volumen de remesas del año anterior, que fue de 1.501 millones de dólares.

 

Leonardo Vera: “Ni el estallido político ni el estallido social generaron el cambio” por Hugo Prieto – ProDaVinci – 29 de Diciembre 2019

Leonardo Vera: “Ni el estallido político ni el estallido social generaron el cambio”

Ayer: control de cambio y control de precios. Hoy: liberalización de todos los controles. Ayer: la Apertura Petrolera era el mascarón de proa de la privatización. Hoy: el negocio petrolero es un asunto de la geopolítica, Rusia —a través de la empresa Rosneft— coloca el crudo venezolano en los mercados internacionales y actúa como un trading para evadir las sanciones del Imperio. Ayer: la pobreza de ingresos era del 46%. Hoy es del 94%. Ayer: el neoliberalismo redujo la acción del Estado a su mínima expresión. Hoy: —después de las expropiaciones y estatizaciones de las más variadas empresas— la caída del producto interno bruto acumulado desde 2013 es del 62%. Ayer: la banca ganaba muchísimo dinero. Hoy: el crédito desapareció hasta nuevo aviso. Pareciera que quienes manejan la economía venezolana tienen en mente la consigna de Eudomar Santos —aquel personaje de Por estas calles—: «como vaya viniendo, vamos viendo». Y así le dan la vuelta a la tortilla a diestra y siniestra.

Le propongo a Leonardo Vera, profesor titular de la Facultad de Economía de la Universidad Central de Venezuela, Individuo de Número de la Academia de Ciencias Económicas de Venezuela y profesor invitado de FLACSO, que tenga en cuenta la hermenéutica de Eudomar Santos en cada una de sus respuestas. Vera no se muestra entusiasmado. Su silencio, o más bien su mirada, es una contrapropuesta. Por ahí no vamos a ninguna parte. Para quienes piensan que las alarmas que disparó la crisis económica no tuvieron consecuencias, Vera advierte que las protestas de 2014, 2017 y el episodio de la base aérea de La Carlota son las réplicas de la crisis en la política, mientras que el éxodo imparable de venezolanos que recorren hambrientos América Latina es el estallido social de la crisis. Todo esto ha pasado en nuestras propias narices, pero no hemos querido hacer la conexión porque el fantasma del Caracazo sigue muy activo en el inconsciente social.

La economía venezolana ya es más pequeña que la de República Dominicana. Algo que no deja de ser sorprendente. ¿A qué atribuye este resultado? ¿Al crecimiento que han experimentado algunos países centroamericanos o a la debacle que se ha producido en Venezuela?

Al retroceso que hemos vivido nosotros, cuyo inicio podemos ubicar en el año 2013, año en que Nicolás Maduro llega al poder. Para ese año, Venezuela se encontraba sobre endeudada —entre 2011 y 2017, el país destinó un porcentaje muy alto de sus exportaciones para honrar el servicio de la deuda externa, compuesta por los tenedores de bonos (los mercados internacionales), China, empresas que le prestaron a PDVSA y los Gobiernos de varios países, entre otros, Brasil y Rusia—, esa es la herencia que recibe Maduro. ¿Cuál sería el impacto más severo del endeudamiento? El recorte dramático de las importaciones, que se tradujo en un cuadro generalizado de escasez. Las empresas no pueden importar insumos y bienes de capital y el aparato productivo comienza a derrumbarse. La caída acumulada del PIB, desde 2013, se debe a que las empresas producen cada vez menos y a que cada vez hay menos unidades productivas. Maduro se encontró en un dilema: dejo de pagar deuda o recorto importaciones. Decidió lo segundo y, para 2017, recuerdo, Maduro decía que había pagado más de 70.000 millones de dólares, pero ustedes (los mercados) castigan a Venezuela aunque hemos cumplido todos los compromisos. ¿Quiénes pagaron esa deuda? La población venezolana, las empresas, la producción. El recorte de las importaciones nos fue llevando a esta catástrofe productiva.

Allí hay una primera fuente de la crisis, el proceso de endeudamiento y la forma en que se manejó la deuda. 

Añado el declive del ingreso petrolero, el precio del barril que hoy ronda los 60 dólares. Nunca fue un precio malo para Venezuela, ¿verdad? De hecho, tuvimos varias mini bonanzas a ese precio. El otro argumento que se esgrime son las sanciones. Las primeras fueron contra personas, que no afectan el ritmo de la economía. Después vinieron las sanciones financieras que impedían la emisión de deuda, pero hay que decir que los mercados ya no le estaban prestando a Venezuela. Las sanciones comerciales afectan, porque impiden o limitan las exportaciones de petróleo, pero van a cumplir un año, mientras la crisis de Venezuela ya dura seis años.

Aquí es donde comienzan las grandes paradojas de las variables macroeconómicas. ¿Cómo es que vivimos, por ejemplo, una hiperinflación si no hay demanda, si los venezolanos devengan un salario mensual de seis dólares y la producción ha caído dramáticamente?

Hasta 2017, en Venezuela había demanda, pero no había oferta, entre otras cosas, porque las empresas no producían y no había divisas para las importaciones. Tanto la inflación como el tipo de cambio se dispararon en ese ambiente. Ya tenías el caldo de cultivo para la hiperinflación, que destruyó el consumo. Pero la situación se ha invertido. ¿Qué pasa actualmente? Hay importaciones porque se desmontó el control de cambio, gente que está importando con sus propios recursos, porque ni siquiera hay un mercado oficial. La oferta doméstica sigue siendo muy restringida y la demanda responde a un pequeño nicho de la población que ha podido protegerse, pero, en general, el consumo ha caído dramáticamente. Podemos dividir la crisis en dos etapas. La primera, donde no había oferta, ni importada ni nacional, por el control de cambio y la escasez de divisas; y la segunda donde hay cierta oferta porque no hay control de cambio, pero no hay consumo, porque la hiperinflación destruyó el poder de compra de los venezolanos.

Usted dice que la situación se invirtió. Vamos a utilizar una imagen más coloquial. Se le dio vuelta a la tortilla. Eso no ocurre por arte de gracia. Eso lo hizo alguien, ¿no? Es decir, alguien tomó la sartén por el mango y le dio la vuelta. ¿No hubo allí una decisión de política económica?

Sí, tal vez tenga que ver con la introducción que hiciste. El Gobierno es reactivo, no tiene una propuesta contra la crisis. Simplemente reacciona. La crisis se agudiza con las sanciones y ¿cuál ha sido la respuesta del señor Maduro? Liberar el control de precios y decirles a los privados -y a la población en general-: Busquen ustedes las divisas, yo no tengo. Son libres de hacerlo. En ese sentido hay una especie de flexibilidad tanto en el régimen cambiario como en la formación de los precios y esos son dos cambios muy importantes. Hay más oferta, pero no es porque la agricultura esté floreciendo o porque el empresario industrial esté produciendo más que nunca. No. Está trabajando al 20% de su capacidad instalada (según la encuesta de Conindustria). Es que, sencillamente, el empresario venezolano se ha reciclado y hoy, más que nunca, se ha convertido en un importador. No sabemos si esas importaciones de bienes de consumo están pagando aranceles o IVA, lo cierto es que no hay crisis de papel higiénico o champú; hay oferta, pero no hay demanda.

Demos por hecho que la actitud del Gobierno fue: “Busquen los dólares, yo no tengo, la renta petrolera no alcanza”. Pero de alguna parte tienen que salir esos dólares, ¿no? Y esa es la pregunta que mucha gente se hace. ¿De los venezolanos que ahorraron en dólares desde el colapso del bolívar en 1983? ¿De los tenedores de bonos a quienes les pagaron puntualmente hasta 2017? ¿De las empresas que pagan bonificaciones en dólares? ¿De esa tabla de salvación que son las remesas? Por una u otra vía, nadie sabe cuántos dólares entran al país. 

Quizás no podamos precisar el monto de esos flujos, pero sí podemos aproximarnos a una idea de lo que está pasando. ¿De dónde sacan los dólares los empresarios? Durante años, ellos hicieron inventarios de dólares. ¿Qué garantías ha dado el Gobierno? Trae tus dólares, no vas a tener problemas, vas a poder retomar esos dólares para poder importar. No me voy a meter en tu negocio. Esa es la impresión que tiene el empresario local alrededor del manejo de la política que hace el Gobierno con las divisas. Obviamente, es muy distinta a la que tuvimos antes. A un sector de consumidores también le están llegando las divisas. El técnico que arregla la nevera, el mecánico, el plomero cobran en dólares. La dolarización de facto genera una circulación de divisas hacia sectores de la población que, en otras circunstancias, no tenía acceso a los dólares.

La banca era la encargada de hacer esa circulación: captaba el ahorro de los particulares y se los prestaba a los empresarios. Pero la banca no opera con dólares. Aquí lo que está funcionando es un mecanismo informal. ¿Quién hace las transacciones financieras en Venezuela?

La banca está perdiendo cada día más, por eso se está achicando hasta el punto en que el crédito dejó de ser un negocio. Ni las tarjetas de crédito le sirven al ciudadano común, porque los límites no alcanzan sino para comprar dos o tres cosas. Y para las empresas, las líneas de crédito también son insuficientes. En este momento, la economía está operando sin mercado de crédito y eso es gravísimo. A mí no me preocupa tanto la banca, que sin duda la está pasando mal, sino por el papel que debe cumplir el financiamiento en el consumo, en las inversiones, en el capital de trabajo de las empresas. Es decir, en el movimiento de la economía. Mencionaste el tema de las remesas. En Venezuela no hay un sistema de remesas, no lo hay. Aquí no está Wells Fargo o Western Union, no hay oficinas donde tú puedas retirar 100 dólares que te envió un familiar. ¿Qué hace el familiar que vive en el exterior? Le vende los dólares a un venezolano que tiene cuenta en el exterior y esa persona te hace un depósito en bolívares a tu cuenta.

Lo he visto en Santiago, en Bogotá, en locales donde sacan fotocopias y alquilan minutos de Internet, donde cuelgan un aviso que pone: transacciones a Venezuela. El dependiente de ese local hace la conexión entre la persona que quiere enviar los 100 dólares y la persona que hace el depósito en Venezuela. No es un Western Union o Wells Fargo, pero se parece bastante.  

Pero quien recibe aquí no retira dólares sino bolívares y eso marca una gran diferencia. Eso no es remesa. No es por ahí por donde estarían entrando los dólares, sino por dos vías. Una, el contrabando. Dos, el flujo, cada vez más grande, que opera desde Cúcuta, porque ahí sí puedes ir a una oficina de Wells Fargo o Western Union y con tu pasaporte en la mano decir: Hace cinco minutos un familiar que vive en Santiago o en Quito me depositó 100 dólares y vengo a retirarlos. Ahí te entregan el billete de 100 dólares en la mano. Ese es un flujo que opera todos los días. ¿Cuántas personas cruzan a diario la frontera? ¿20.000? ¿25.000? No lo sé, pero ese mecanismo funciona y por ahí están entrando los billetes verdes.

Pudiera ser que el dependiente del local que opera en Bogotá o Santiago tome los dólares de la persona que quiere enviarle dinero a su familia, lo deposite en una cuenta en dólares del extranjero, una cuenta cuyo titular puede ser un comerciante o un empresario, a quien le sobran los bolívares, pero que necesita los dólares para hacer sus importaciones. A su vez, ese empresario, ese comerciante, deposita los bolívares correspondientes en la cuenta de un banco local señalada por la persona que le quiere enviar dinero a su familia. Y como el Gobierno decidió mirar a otro lado, no pasa nada. ¿Esa vuelta puede funcionar?

Admito que esa vuelta secundaria puede funcionar. Pero estrictamente hablando, no tenemos en Venezuela un mecanismo de remesas. Hubiera sido un mecanismo excelente, un mecanismo de alivio, para poblaciones empobrecidas por una catástrofe económica como la venezolana. Ese mecanismo lo hemos visto trabajando en Centroamérica y en África. Es decir, que se permita las remesas para que las familias puedan obtener divisas.

El mecanismo de las remesas funcionó en Cuba, al menos, hasta el Gobierno de Obama. ¿Por qué no se aplicó en Venezuela? A fin de cuentas, como lo dijo Raúl Castro, “cada vez más somos la misma cosa”. 

Recuerda que esto de liberar la economía es una cosa a la que ellos llegan forzados por las sanciones. ¿Sabes lo que debió costarle a Maduro decir que él no veía mal que el dólar esté circulando en Venezuela? Eso, en primer lugar. Lo otro es que aquí no va a venir ninguna compañía internacional tipo Wells Fargo o Western Union a poner un sistema de remesas si tenemos sanciones. No se arriesgan a hacer eso. Entonces, tenemos un ambiente muy malo para hacer negocios de flujos financieros. Habría que esperar a que se levanten las sanciones, sobre todo las de índole financiera, que son las que nos están perjudicando en ese sentido.

El mecanismo informal de funcionamiento —compro dólares y pongo los bolívares correspondientes al tipo de cambio del día en Venezuela— podría funcionar hasta nuevo aviso. ¿Pero hasta qué punto puede funcionar la economía así?

La verdad es que la crisis venezolana estalló hace tiempo. Si una crisis económica no se atiende a tiempo deriva en una crisis social y política. Sobre todo si tiene las secuelas sociales como las ha tenido en Venezuela.

Como no ha habido estallido social ¿podría haber estallido político?

Ya hubo un estallido político. En 2014, y el Gobierno respondió. En 2017 y 2019, y el Gobierno respondió. Por eso hay más de 400 presos políticos, más de 1.000 muertos y toda esa gente perseguida. A la población venezolana, a la más afectada, no le quedó más remedio que salir del país. Esos 4,5 millones de migrantes que podrían llegar a 6 millones si lo que dice ACNUR es verdad, para finales de 2020, es gente que está saliendo desesperada frente a una situación donde la respuesta política no funcionó. El estallido político no generó el cambio y el estallido social tampoco.

Sí la migración venezolana supera a la de Siria, que ya es mucho decir, el estallido social ya ocurrió. Así que mi pregunta era más que obvia. Pero esto no quiere decir que aquí se hizo borrón y cuenta nueva.

O que esto está tallado en piedra.

Lejos de superarse, la crisis sigue. ¿Aquí no va a haber un punto de inflexión?

Sí, es cierto. La crisis se sigue incubando. Esto de los bodegones y de la dolarización es un espejismo. La mayor parte de la población venezolana la está pasando mal, muy mal. Hay malestar y mientras haya malestar siempre habrá inestabilidad, porque hay una fuerza, digamos, la desesperanza que intenta minar el ánimo colectivo que anhela un cambio. La crisis venezolana demuestra que ese ánimo cambia de la noche a la mañana y quien se ve muy desesperanzado hoy mañana es capaz de hacer cualquier cosa, ¿no? Al extraterrestre Guaidó, por ejemplo, yo no me lo esperaba. Lo que ocurre es que analizamos el presente, nos concentramos en la coyuntura, pero nos cuesta mirar más allá.

Todo espejismo se desvanece y la gente regresa a la realidad, a una crisis sigue fuera de control. ¿Qué podríamos ver más adelante?

Venezuela es una sociedad que se está fragmentando y de eso no hemos hablado. Tenemos dos tipos de clase media. Un médico, por ejemplo, cobra su consulta en dólares, y con 2000 dólares, puede vivir en una ciudad como Caracas. Pero otro sector de la clase media se está empobreciendo. Y esa misma fragmentación también se está produciendo entre los pobres. Un albañil cobra en dólares, pero un empleado del sector servicio se está empobreciendo. Es una situación compleja desde el punto de vista sociológico. En medio de esa fragmentación es muy difícil hablar de promedios. Aquí hay una economía en dólares y nadie sabe si esa economía está creciendo. Pudiera ser, ¿pero quién mide ese crecimiento? ¿Cuál es su cuantía? Nadie lo sabe. También hay una economía en bolívares, mucho más grande, que se va a seguir deteriorando, que va a seguir cayendo.

Lanzan en Venezuela Cash Remesa, una app para pagar en dólares y recibir remesas en “verdes” – Contrapunto – 13 de Diciembre 2019

Este sistema, que estará operativo -de acuerdo con sus promotores- a partir del 13 de enero de 2020, permitirá cancelar bienes en el país y eludir la molestia del rechazo de billetes rayados.

Todo indica que hasta en las situaciones más catastróficas hay oportunidades de negocios. Los varios millones de migrantes venezolanos que quieren entregar dinero a sus familiares en Venezuela se han encontrado con un obstáculo: ¿Cómo enviar dólares que sigan siendo dólares? La aplicación móvil Cash Remesa, que estará operativa el 13 de enero según anunciaron sus creadores, permitirá recibir en Venezuela remesas en dólares.

Contrapunto

@contrapuntovzla

La aplicación Cash Remesa permitirá a los venezolanos recibir remesas en dólares, precisaron sus promotores http://bit.ly/2slPnzo 

Pero también hará posible el pago en dólares en territorio venezolano en los establecimientos afiliados.

Las remesas son fundamentales en la Venezuela de hoy, porque entre 30% y 40% de los venezolanos se ayudan con ellas, explicó Julio César Pineda, diplomático y analista internacional.

Contrapunto

@contrapuntovzla

Analista internacional Julio César Pineda considera que aplicaciones como Cash Remesa facilitan la vida de los venezolanos que reciben remesas http://bit.ly/2slPnzo 

El economista Jesús Casique, estimó que las remesas representarán 6% del Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela en 2020. Ya en la actualidad superan las exportaciones no petroleras, afirmó Casique.

Cash Remesa, ayudaría a evitar el rechazo de los billetes rayados o rotos, completamente injustificado –porque no hay ninguna medida de la Reserva Federal de Estados Unidos que lo impida- pero que ocurre con frecuencia, precisó el economista.

Contrapunto

@contrapuntovzla

Con la app Cash Remesa se evita el rechazo de billetes de dólar porque estén rayados, algo que solo ocurre en Venezuela http://bit.ly/2slPnzo 

Este sistema, de acuerdo con la oferta de sus promotores, funcionará las 24 horas los 365 días del año. La afiliación es gratuita para los comercios, y segura para los usuarios. Podría usarse, incluso, para pagar el transporte público.

Contrapunto

@contrapuntovzla

Con la app Cash Remesa se puede pagar hasta el pasaje del transporte público en Venezuela, afirmaron sus creadores http://bit.ly/2slPnzo 

La instalación de la app es gratuita, aseguraron

Quiénes llevan una vida de lujo y confort con dólares cash en una Venezuela en la miseria y cómo lo hacen por Elizabeth Ostos – Infobae – 9 de Noviembre 2019

Mientras el ingreso mínimo apenas supera los USD 15 mensuales, una minoría que tiene acceso a divisas -muchos de ellos militares y funcionarios del régimen de Nicolás Maduro- puede acceder a tiendas y servicios exclusivos con productos importados

A muchos les cuesta creer que en Venezuela haya burbujas de confort y lujos en contraposición a una sociedad golpeada por una crisis económica y social nunca vista. En 20 años de revolución socialista, las brechas entre los ricos y los pobres son cada vez más anchas. La clase política dominante, cada día más aislada del mundo debido a las sanciones políticas y económicas impuestas por buena parte de las democracias occidentales, se atrinchera en las principales ciudades: Caracas, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto y Puerto Ordaz. Viven y comercian con moneda extranjera, compran autos y casas de lujo, se exhiben en comercios llenos de mercancía importada.

El resto del país lidia con carencias en los servicios públicos, combustible, transportación así como la falta de alimentos, medicinas y trabajos bien remunerados. La Venezuela depauperada depende de su moneda local, el bolívar o de la buena voluntad de algún pariente que, desde el exterior, envíe dinero. No todo el mundo tiene esa fortuna.

En este año 2019 se ha marcado la tendencia a la dolarización informal de la economía; muchos rubros de comercian con moneda extranjera y hay quien paga en efectivo. También hay la opción de la transferencia a cuentas internacionales.

Uno de los bodegones que venden licores y otros artículos importados en dólares que han florecido en Caracas

Uno de los bodegones que venden licores y otros artículos importados en dólares que han florecido en Caracas

Para el economista Asdrúbal Oliveros, el mercado venezolano se segmenta en tres grupos: “El 15 % de venezolanos generan divisas en grandes cantidades y son los que pueden gastar altas cifras de dinero en efectivo o mediante transferenciasHay otro sector que es entre un 30 y 35% que genera ingreso en dólares: trabajadores de hoteles o restaurantes quienes reciben propinas en efectivo o profesionales quienes prestan algún tipo de servicio, por citar dos ejemplos. Este grupo no cubre todas sus necesidades pero al menos tiene algún ingreso extra que puede ayudar a vivir en hiperinflación. Estos dos segmentos son el 50% de los venezolanos. La otra mitad del país no recibe divisas y depende de sus ingresos en bolívares, de los programas sociales del gobierno como la asignación de bonos y de la compra de comida a precios subsidiados”.

Explicó a Infobae que “el hecho de que haya movimiento de ventas en algunos centros comerciales de las principales ciudades del país no indica haya una recuperación del consumo o que se haya revertido la cifra de 80% de pobreza en Venezuela. No hay una burbuja en modo alguno porque este es un grupo minoritario”.

Un auto rentado para una boda de las familias que lo pueden pagar

Un auto rentado para una boda de las familias que lo pueden pagar

Calculó el analista que el stock de moneda extranjera en efectivo que circula en el país puede estar en el orden de los 2.500 a 3.000 millones de dólares. Sobre el origen de esos fondos hay varias tesis: “Vienen del contrabando de oro y de gasolina, tráfico de estupefacientes, sobrefacturación y el subsidio cambiario”, indica. Y añade que “un país que sufre hiperinflación termina migrando hacia una moneda dura, porque es más fácil. Te permite mantener valor y los precios en bolívares sufren cambios extremadamente bruscos”.

Oliveros reveló un estudio muy reciente de la firma Ecoanalítica, en donde es director, y que se detectó que Maracaibo se convirtió en la primera ciudad de Venezuela en donde más de la mitad de las transacciones comerciales se pagan en dólares.

“En el país la cifra es de 53,8% y en Maracaibo (occidente) 57% En el resto de Venezuela cuatro de 10 transacciones se pagan en dólares”.

 

El factor remesas

Otra fuente de ingresos para los venezolanos lo constituyen las remesas que envía la diáspora al país. En este caso, el dinero no llega en efectivo sino en transferencias bancarias. Cifras de la firma encuestadora Datos señalan que 63% de los venezolanos tienen a algún pariente cercano viviendo fuera de la nación. Un alto porcentaje apoya económicamente al que se quedó en Venezuela.

La ONU ha estimado que en la actualidad hay aproximadamente 4,8 millones de venezolanos viviendo fuera.

Un estudio de otra consultora, Ecoanalítica, detectó que en 2018 los emigrantes mandaron a sus familiares 75 dólares mensuales, en promedio. Para este año la cifra llegó a los 105 dólares pues cada día se necesita más dinero para sobrevivir y cubrir las compras de alimentos y de otros productos en los comercios de lujo, valorados en moneda foránea.

Analistas de mercado han estimado que las remesas aportan a Venezuela unos 5.000 millones de dólares al año y se han convertido en una importante fuente de recursos para clases medias y bajas.

Una tienda de lujo que ya adelanta sus ventas para Navidad

Una tienda de lujo que ya adelanta sus ventas para Navidad

 

Competencia desleal

Infobae estuvo en varios bodegones, una nueva modalidad de negocio en donde el consumidor puede ubicar exquisiteces, alimentos de alto target y licores. Los precios se fijan en dólares y si el comprador quiere pagar en bolívares, con tarjetas de debido o crédito, debe hacerlo según la tasa que fije la cotización en moneda foránea.

El gobierno de Maduro dio luz verde a la instalación de bodegones bajo un régimen especial de importaciones que minimiza los trámites burocráticos. Algunos no pagan impuestos y la facturación no está conectada con la autoridad tributaria venezolana.

Una estantería en un mercado de lujo de Caracas, repleto de productos importados

Una estantería en un mercado de lujo de Caracas, repleto de productos importados

Dirigentes de gremios empresariales han señalado que este tipo de negocios compiten con los comercios formales que pagan impuestos nacionales y municipales.

“Las importaciones no pasan por los controles sanitarios y tienen muchas ventajas respecto a los formales. En modo alguno revertirá la caída del sector comercio que estimamos de 35% para fines de 2019. La crisis económica continua”, explicó a Infobae Felipe Capozzolo, presidente del Consejo Nacional del Comercio y los Servicios- Consecomercio.

 Llevan muchas cajas de whisky o de vinos chilenos y no escatiman en los gastos. No hay límites entre los militares que mandan en Venezuela

Al sureste de Caracas hay varios bodegones. Son estructuras nuevas o remodeladas, con un mobiliario de lujo. Jorge R. es un vendedor de licores y aseguró a Infobae que sus mejores clientes provienen del sector militar. “Llevan muchas cajas de whisky o de vinos chilenos y no escatiman en los gastos. Cuando traemos lomo embuchado español son los primeros que los compran. No hay límites entre los militares que mandan en Venezuela”, informó a Infobae.

En otro bodegón se venden dulces importados. “Compro grandes cantidades de chocolates para mí y mi familia, en Venezuela se consigue de todo pero hay que tener mucho dinero disponible. He pagado con billetes de 1, 5 y 10 dólares y me han dado el cambio, eso indica que hay suficientes billetes para hacer negocios”, dice Nubia J. Advierte que estos locales son seguros. “Hay mucha vigilancia y eso me gusta. No todo el que quiere entrar puede hacerlo. Si no están vestidos correctamente o si quiere pedir limosna de inmediato se les saca del local”.

Una fila en una tienda de licores y productos importados de Caracas

Una fila en una tienda de licores y productos importados de Caracas

Para la temporada de fin de año está la opción de comprar o alquilar los arbolitos de navidad. En este caso, el cliente debe pagar con divisas. “Es una política de la tienda. Todo lo que sea artículo de temporada se tiene que pagar con dólares o euros en efectivo”, finaliza el encargado del negocio.

Entretanto, la otra Venezuela trata de sobrevivir con un ingreso mínimo que apenas supera los 15 dólares por mes.

Remesas en Venezuela superarán el monto de las exportaciones no petroleras por Sabrina Martín – PanamPost – 17 de Mayo 2019

Los venezolanos por su cuenta deben estar percibiendo entre 30% y 40% de lo que necesita, razón por la cual dependen de las remesas que envían sus familiares

régimen busca apropiarse de remesas
«Una familia venezolana de cinco miembros necesita para cubrir la canasta básica entre 700 y 900 dolares mensuales»: Luis Oliveros  (Portada Cristiana)

El monto anual de remesas en Venezuela podría superar al de las exportaciones no petroleras tras la crisis en el país suramericano y el aumento de venezolanos en el exterior.

De acuerdo con el economista venezolano, José Guerra, las divisas por medio de remesas podrían cerrar este año en USD$ 2 000 millones y según las estimaciones podría superar el monto logrado por medio de exportaciones no petroleras, que sería de USD$ 3 000 millones.

El aumento en remesas ha sido tal, que el régimen de Nicolás Maduro ha buscado sacar una tajada de esos  ingresos, y para ello creó un nuevo sistema cambiario que felixibiliza el acceso a divisas llamado «mesas de cambio».

El diputado Guerra señaló que dichas mesas de cambio aún no generan confianza en la población debido a la solicitud de datos o cifras que podrían ser utilizados con fines políticos; agregó que mientras no exista confianza, las remesas no ingresarán del modo oficial.

El economista venezolano Luis Oliveros explicó a PanAm Post que el aumento en remesas se ha dado también debido a la profundización de la crisis, pues con el pasar de los días los ciudadanos en el país necesitan mayores ingresos para poder sobrevivir y piden ayuda a sus familiares en el exterior.

«Una familia venezolana de cinco miembros necesita para cubrir la canasta básica entre 700 y 900 dólares mensuales. La gente está teniendo hasta dos y tres trabajos para poder sobrevivir y aún así les es insuficiente», señaló.

El especialista explicó que los venezolanos por su cuenta deben estar percibiendo entre 30% y 40% de lo que realmente se necesitan para cubrir la canasta básica, razón por la cual dependen de las remesas que envían sus familiares desde el exterior.

¿Cómo funciona el «envío» de remesas?

En Venezuela lo que sí existe son transacciones acordadas, tanto en territorio venezolano como en el exterior, entre miles de personas distintas. Es así: los venezolanos acuden a un intermediario que tiene tanto cuentas en el exterior como en Venezuela. Este intermediario recibe el dinero en moneda extranjera por parte de quienes desean ayudar a sus familiares en tierra criolla, inmediatamente este utiliza sus cuentas en bancos de Venezuela para transferir en bolívares a los beneficiarios de las remesas (estas son las cuentas que el régimen quiere bloquear).

No existe una conexión directa entre el banco que está en el exterior y el que está en el país suramericano. El dinero nunca ingresa en divisas.

Como las agencias de envío de remesas formales usan la tasa oficial, los inmigrantes han buscado otra forma, a fin de que el dinero enviado les llegue a sus parientes al cambio del “mercado negro”.

Bitcoin, la alternativa para venezolanos

Venezuela ocupa el primer lugar de Latinoamérica en intercambio de moneda en el portal LocalBitcoins, tras el aumento de remesas y la necesidad de los venezolanos de adquirir divisas.

Ignacio García Medina, miembro del Instituto Juan de Mariana en España explicó a PanAm Postque Venezuela es uno de los países en los que más se utiliza la criptomoneda Bitcoin, debido a la altísima devaluación del bolívar.

«Con el bitcoin los venezolanos mantienen el valor de su dinero, incluso aunque la criptomoneda baje, el valor no baja tan en picada como el del bolívar, porque en Venezuela la inflación diaria es de 3%», explicó.

El especialista señaló que los venezolanos usan el Bitcoin como un refugio para su dinero y como una manera más rápida de enviar remesas.

«El bitcoin sirve para mantener el valor del dinero de los venezolanos y solo lo pasan a bolívares al momento en que van a invertir. Además el bitcoin tiene un componente de seguridad, incluso militares o funcionarios que huyen de Venezuela cambian el dinero a bitcoin y se mudan de país sin tener que tener los dólares en sus manos», señaló.

Migrantes venezolanos enviaron más de $3.400 millones en remesas en 2018 – Banca y Negocios – 5 de Abril 2019

Los migrantes venezolanos impulsaron el alza de las remesas en América Latina al enviar unos $3.471 millones al país durante 2018, de acuerdo con un estudio de Diálogo Interamericano, elaborado a partir de encuestas en los principales países de destinos de la diáspora.

El informe señala que los migrantes “están tratando de ayudar a su familia en Venezuela a través de dinero en efectivo o remesas en especie, a menudo a través de mecanismos de envío muy limitados e informales, los únicos que actualmente están disponibles para ellos”.

Las estimaciones de Diálogo Interamericano se basan en los resultados de una encuesta que sugiere que 75% de los migrantes venezolanos envían entre 20% y 25% de sus ingresos en remesas.

Datos de las Naciones Unidas indican que aproximadamente 3,4 millones de venezolanos han salido del país desde 2015, cifra que va en aumento, a medida que la crisis económica y política se agudiza.

Diálogo Interamericano detalla los casos de envíos de dinero desde naciones como Costa Rica, que se hacen con una frecuencia de 18,1 veces al año, es decir, poco más de una vez al mes, con un promedio de envío de $117,6 a un costo de $9,71. La forma preferida desde ese país centroamericano es a través de “terceros”, que incluye cuentas bancarias distintas de personas distintas al migrante.

Por otro lado, desde Colombia, el canal preferido son las agencias de remesas de donde salen 62% de los envíos, cuya frecuencia es de 11,7 veces al años por un monto promedio de $33,7 a un costo de $2,03.

Los envíos en especies también son una forma de apoyar a los que se quedaron en Venezuela, “dadas las dificultades para enviar dinero a Venezuela y los problemas muy profundos relacionados con la devaluación de la moneda”, apunta el informe.

Por ejemplo, 40% de los venezolanos en Panamá están enviando remesas en especie aproximadamente cuatro veces al año, mientras los que residen en Chile lo hacen tres veces al año y los de Colombia 9,2 veces.

En el total de América Latina el envío de remesas aumentó 10,2%, con respecto a 2017, con Venezuela entrando por primera vez en el estudio y ubicándose en la posición siete entre los 17 países del informe. La lista está encabezada por México que recibió $33.470 millones en remesas en 2018 (10,5% más que el año previo) .

 

 

Dos países paralelos cohabitan en la Venezuela de la hiperinflación y la crisis migratoria – RunRunes – 21 de Septiembre 2018

Se van definiendo dos maneras de sobrevivir: la de las remesas o los trabajos en divisa extranjera y la de los planes sociales y subsidios del gobierno. En el medio, queda la estampida

Tras haber ocupado el puesto en 2010 como el país más igualitario de Latinoamérica, expertos señalan que hoy Venezuela es el segundo más desigual, solo detrás de Brasil

MIENTRAS LA CARNE REGULADA POR EL GOBIERNO de Nicolás Maduro está en 90 bolívares soberanos y no se consigue en mercados y carnicerías, cada mañana llega este mensaje vía Whatsapp: “Buenos días: Mechada, molida y Guisar 245 Bs Soberanos, Pulpa negra 250, Bistec de Solomo 260, Muchacho Redondo 270, Punta 260, Pellejo a 20, Costillas 190, Lomito 310”. Es carne a precio de revendedores, para los que ganan mucho más de los 1.800 soberanos del sueldo mínimo.

A otro teléfono, en otro lugar, llega un mensaje que parece salido de un doblez de la misma realidad: “Buenos días, les informo que en reunión sostenida el día de ayer de la mesa agroalimentaria se nos informó que habrá un retraso de la entrega de las CLAP ya que en La guaira se encuentran los productos pero no hay suficientes cajas para el embalaje de los mismos lo cual retrasó por una semana más el despacho. Se autoriza el cobro de la caja CLAP a 0.25 soberanos, más 0.10 de gastos administrativos para un total 0.35”.

La información la envía la jefa de calle de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción. Desde la reconversión monetaria, la zona en la que trabaja no ha recibido aún las cajas de alimentos subsidiados por el gobierno y, además, aumentaron de los 0,35 soberanos (35 millones fuertes) que dice el mensaje, a 100 soberanos.

Estas dos realidades funcionan en paralelo. La crisis económica ha llevado a la sociedad y la economía venezolana a ser dual: unos muy pobres, otros muy ricos, con características tan distintas y distantes entre sí que parece que cada grupo vive en un país paralelo.

En al aeropuerto de Maiquetía hay un enorme aviso que da la bienvenida a los viajeros. Dice que en el año 2010 Venezuela era uno de los países con menor desigualdad del continente. Hace ocho años el Coeficiente Gini -que mide la desigualdad, siendo más iguales las sociedades que más se acercan al cero- calculado por el Instituto Nacional de Estadísticas, era de 0,380. Esta medición dejó de publicarse en 2015, el año en que la crisis económica incrementó el crecimiento de la brecha. A pesar de que ese año el Gini fue de 0,381, las variaciones entre los quintiles demostraron el incremento de los quintiles más pobres y la disminución de los más ricos.

En la actualidad, con base en los datos recabados por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) el profesor y sociólogo Luis Pedro España ha afirmado que Venezuela es el segundo país más desigual de la región. De acuerdo a las cifras de la encuesta, que difieren de las previas oficiales, el coeficiente de Gini pasó de 0,407 en 2014 a ubicarse en 0,681 en 2017.

“Yo no había visto nada parecido. Venezuela está transitando la trayectoria de un país como Haití: una élite con acceso a dólares, con una pequeña porción de la economía donde puedes encontrar todo lo que quieres y servicios de primer mundo, y fuera de esa burbuja es la nada, es como un capítulo de The Walking Dead”, dijo el economista Omar Zambrano a Runrun.es.

La sociedad venezolana, explicó Zambrano con más detalle, se divide en dos polos opuestos. Uno de ellos está conformado por la clase media alta y alta, personas que tienen mecanismos para soportar de mejor manera la crisis. “Estas clases tienen mejores accesos al sistema financiero, a bancos seguros, tienen ahorros en moneda extranjera y tienen activos; es decir, que tienen propiedades y activos que pueden vender en tiempos malos”.

En el otro polo está la clase media baja y baja, las clases que más se han empobrecido en los últimos cinco años, quienes no cuentan con ningún activo que les permita soportar la hiperinflación, y solo cuentan con el salario que ganan si es que trabajan, y con los beneficios que les brinda el Estado. Por ello, la única forma de soportar la crisis para las personas de bajos ingresos ha sido la migración para tener ingresos en otras monedas y ayudar a sobrevivir a los seres queridos que les queden en el país.

El “polo Patria”

Para Zambrano, este polo es la debacle total. “Es una sociedad que soporta la inflación nadie sabe cómo, con ingresos que desaparecen al instante y que van cayendo durante el día”. Esta porción de la sociedad, que de acuerdo al Encovi es el 87% de los venezolanos que se encuentran en estado de vulnerabilidad económica y social, no tiene garantizados sus derechos.

Las CLAP y el carnet de la patria: En Venezuela, cada quien busca la manera de sobrevivir como puede. Los menos favorecidos son aquellos que dependen de subsidios y planes sociales como los que se pagan a través del carnet de la patria, los bonos de “ayuda y protección” que lanza el presidente mensualmente y la caja de alimentos Clap, que según el gobierno llega a unos tres millones de familias.

Joselyn Peña (37) es madre soltera de dos niños de nueve y dos años de edad. No tiene un trabajo fijo que le alcance para satisfacer sus necesidades más básicas de alimentación, vive en el Barrio El Nazareno de Petare y para ella la caja del Clap es la que la salva de pasar hambre.

“No me sirve trabajar ahorita por un salario mínimo y con dos hijos que mantener, me gano la vida secando cabello y planchando ropa.La caja de comida que da el gobierno y los bonos me ayudan mucho a resolver; mis hermanos también me tienden la mano con lo que pueden, porque no cuento con el apoyo del padre de mis hijos”, dijo Peña.

Para Domingo Castañeda, un abuelo de 63 años, la historia no es distinta. Depende solo de la pensión del seguro social, de los bonos y de la caja. “Nunca tuve hijos y mi mamá, que era mi única compañía, se murió hace más de cinco años. Soy un hombre solo y ya bastante mayor, no me van a dar trabajo en ningún lado”, aseguró.

Cuando se les preguntó desde hace cuánto no comían pollo o carne, ninguno de los dos recordaron la última vez que lo hicieron. Solo huevos y mortadela es lo que pueden adquirir en pequeñas cantidades y muy de vez en cuando. Ni Peña ni Castañeda pueden pagar la carne a precios de revendedor.

Para Raúl Urbina, un mecánico de 43 años de Filas de Mariches, la caja Clap “le saca la pata del barro” cuando no puede comprar comida. “Siempre me salen trabajos de mecánica y puedo decir que tengo para alimentar a mi familia, pero como hay días buenos, hay días malos y en esos días malos la caja nos salva”, dijo.

Urbina es padre de cuatro niñas y, como son una familia de seis personas, le entregan dos cajas Clap. La esposa de Raúl no trabaja, se dedica al cuidado de las pequeñas, ya que un sueldo mínimo -que anteriormente era de Bs.S 50, no le alcanzaba ni para un kilo de queso, dijo. “Prefiero quedarme en mi casa”.

El efectivo que se duplica en los mercados: Un billete vale mucho más de lo que expresa el número impreso en el papel. Actualmente, un producto puede tener un precio hasta cinco veces mayor si se paga a través de transferencia o punto de venta.  Poseer, el ahora escaso, efectivo se ha convertido en una fuente de ingresos extra para unos pocos y en una opción de supervivencia para otros.

Luz Marina Hernández, aragüeña de 61 años, dice no vender el efectivo que consigue gracias a su pensión de la tercera edad por nada del mundo. “Gracias a eso que recibo puedo comprar más verduras en el mercado popular (de la ciudad de Maracay). El aguacate cuesta Bs.S 10 el kilo si lo compro en efectivo y 15 si lo pago con tarjeta de débito. Así pasa también con la yuca que cuesta 7 bolívares en efectivo pero 13 pagando por punto de venta. A veces no comprendo por qué la diferencia es tan grande”, comenta Hernández.

Una de las razones que argumentan los vendedores en los mercados populares sobre este diferencial es que los productores en los campos venezolanos son los primeros en solicitar el pago en efectivo, ya que algunos ni siquiera tienen cuentas bancarias.  Se ha convertido en una cadena en donde también conviven las mafias de venta de efectivo.

Aunque los pensionados forman parte de la pequeña parte de la población venezolana beneficiada con la posibilidad de conseguir efectivo, no es una tarea fácil. Muchos se ven en la obligación de pasar hasta tres días antes del pago de la pensión haciendo la cola a las afueras de los bancos. “Conseguí a alguien que hace la cola por mí pero a cambio de que le lleve comida mientras espera. El banco queda cerca de mi casa así que cada par de horas bajo y le llevo una arepita o café”, explica Hernández.

Además de la pensión, otro factor que ayuda a Luz Marina es que una de sus hijas trabaja en un banco como cajera y le permiten sacar 10 mil bolívares diarios. De esa manera, poco a poco, va juntando el dinero para hacer mercado. Aún así hay ciertos productos que están fuera de su alcance. “El tomate está impagable inclusive en efectivo. Igual la papa, el kilo está en más de 35 bolívares soberanos. Ni hablar del queso y la carne, hace rato me olvidé de eso”.

El polo de las divisas

Existe una burbuja económica a la que no todos los venezolanos pueden acceder. La entrada está garantizada para todos aquellos que tengan acceso a una moneda fuerte con la que puedan conservar el poder adquisitivo. El economista Francisco Zambrano explica que en esta burbuja existen bienes y servicios orientados a las personas que reciben, producen y consumen en dólares.

Alberto -un empresario quien pidió no ser identificado- es un ejemplo de ello. El hombre de 33 años de edad despierta a las siete de la mañana, se pone su ropa deportiva marca Nike, su Apple Watch en la muñeca derecha, prepara su bebida especial de proteínas, guarda su Iphone X en el bolsillo y sale en su camioneta año 2017, conducida por uno de sus escoltas, a uno de los gimnasios más exclusivos de la ciudad, donde su entrenador personal lo espera para comenzar su rutina de ejercicio.

El inicio de las jornadas del dueño de una empresa que goza de ocasionales contratos con el gobierno bolivariano es una muestra de la emergente clase alta formada en los últimos 20 años. Una clase que, por sus altas ganancias tanto en bolívares que convierten en dólares a través del mercado negro, o ganancias directas en dólares mediante exportaciones o contratos en el exterior, escapan de los corrosivos aspectos de la hiperinflación.

Desde la comida que consume, el seguro de salud que mantiene y los carros que compra, todo lo paga en divisas, en lugares que aseguran la disponibilidad, pero a precios que resultan inalcanzables para las personas fuera de la burbuja, indicó el economista.

Otra escena que ilustra este polo ocurrió en un centro comercial en una privilegiada zona de la Gran Caracas. Cuatro empleados atendían a la clientela de un negocio de venta y mantenimiento de teléfonos móviles y computadores de alta gama. En el centro de la tienda una tablet exhibe los precios de los productos, la mayoría con tres y cuatro cifras, pero los montos no corresponden a bolívares soberanos, sino a dólares. Allí los precios discriminan el método de pago: es más barato pagar con cash que con una transferencia, y de no tener efectivo, el monto se paga a la tasa de cambio paralela del día.

Un hombre de 27 años se acerca al mostrador para pedir el correo electrónico y pagar el arreglo de su smartphone. Es un ingeniero informático que diseña programas y páginas web como freelance, con clientes dispersos por todo el globo que depositan el pago de sus servicios en una cuenta en dólares en el exterior. “No gano lo mismo como si trabajara como programador en Estados Unidos, pero gano lo suficiente como para poder vivir bien aquí, sin preocuparme por la escasez y esos problemas”, detalló.

Lo que gana le permite comprar algunos de los productos básicos escasos, como harina o desodorante. Le permite ahorrar y le permite pagar los pasajes de su padre y madre para España a visitar a su hermana, quien emigró hace tres años.

Alejandra Díaz también ocupa esa burbuja. La chica de 25 años trabaja como asistente virtual para un artista en Estados Unidos, un trabajo que amerita estar 10 horas al día cerca de la computadora y su telefóno móvil haciendo llamadas u ocupándose de los asuntos pendientes de su jefe. Los dólares que recibe como sueldo superan incluso los salarios mínimos de otros países latinoamericanos, y en la Venezuela de la hiperinflación, le permiten mantener una vida alejada de las colas para comprar comida o para sacar dinero en efectivo de los bancos, pudiendo disfrutar de las compras internacionales que llegan a su puerta y los servicios de revendedores de billetes.

Aunque esta economía sea tan pequeña que no genera empleos en el país, el economista indica que hay una capa de gente que está orientando sus esfuerzos productivos hacia los que ganan en moneda fuerte.

El viernes se transforma en sábado y en una discoteca de Caracas, la gente sigue bailando. En el local nocturno, que funciona desde hace años en una de las zonas más costosas de la ciudad, Las Mercedes, la mayoría de las cuentas superan los antiguos millardos, unos cinco dígitos tras la reconversión monetaria. Los clientes como Alberto, que se manejan en otras monedas, también lo hacen para dar propinas. Uno de los mesoneros, quien trabaja allí desde julio de 2015, explica que las propinas son la razón por la que mantiene su trabajo. “Lo que gano aquí no me lo va a pagar nadie en otro lugar”.

En la fronteriza ciudad de San Cristóbal, en el estado Táchira, Juan Salazar trabaja como mesonero de un popular sitio nocturno, donde recibe todos los fines de semana propinas en alguna moneda extranjera. En su mayoría son pesos colombianos, traídos por los miles de venezolanos que realizan algún tipo de actividad económica en la frontera con Colombia y en otras ocasiones son dólares. Al final de la jornada de un viernes o un sábado, aseguró el hombre de 27 años, sus bolsillos terminan con un promedio equivalente a 20 dólares, mucho más de lo que le paga el local en una quincena, y si tiene una muy buena noche, puede ganar hasta 100.

Las propinas en moneda extranjera le dan la posibilidad de tener un estilo de vida que no muchas personas de su edad pueden permitirse: salidas en sus días libres, comer afuera y comprar botellas de licor, ropa nueva, y adquirir alimentos para su familia a sobreprecio en el mercado negro. Esos billetes extranjeros son también lo que le permite ahorrar para irse del país, y afirma que en los cuatro meses que lleva trabajando, ha reunido más de 500 dólares.

En esa burbuja también entran las personas que reciben remesas del exterior, una consecuencia del gran flujo migratorio que solo continúa creciendo, y que para este año se estima alcanzará los $6 mil millones en ingresos recibidos por cerca de 10 % de la población, indicó el director de Ecoanalítica, Asdrúbal Oliveros.

Ana y Humberto, de 68 y 73 años, destapan una lata de salmón para agasajar a sus invitados en una poco frecuente reunión, de esas que antes eran semanales y ahora se distancian por meses. Acompañado de un picadillo de vegetales y galletas de soda, el lujoso plato para muchos de los venezolanos que afrontan la crisis económica otrora fue un ingrediente común en la alacena de la casa de la pareja italiana, llegada a Venezuela en los años 50.

El embutido es una de las delicateses embaladas por su hijo mayor, un ingeniero de unos 45 años que emigró a Estados Unidos cuando los dos negocios familiares dejaron de producir lo suficiente para mantener a flote a sus padres y dos hermanos, quienes al momento de la visita se preparaban para pasar unos meses trabajando en el país norteamericano y regresar con ahorros.

En la misma caja venía un par de botellas de champú y acondicionador, algunos jabones, alimentos básicos y un par de exquisiteces más, que como el salmón, son un tesoro para el matrimonio, una comida que admiten, antes daban por sentado. Cada mes también reciben un par de cientos de dólares transados a bolívares para mantener a flote la casa y lo que queda de los negocios, comenta Ana.

El caso de Fernanda Gámez no es muy diferente. La joven de 26 años quedó embarazada hace cuatro años, a pocos semestres de graduarse de la universidad. Cuando ella y su pareja, otro universitario de su edad, se dieron cuenta de que a pesar de sus trabajos y la ayuda monetaria de sus familias no podrían mantenerse en el país, su pareja decidió emigrar para mantenerlos desde afuera.

Su hijo tiene ahora cuatro años, y su ahora expareja, envía regularmente unos 100 dólares cada dos semanas para los gastos usuales: comida, transporte, educación privada, deportes y las regulares consultas médicas.

La vida de Fernanda es mucho más fácil de lo que sería sin remesas. Trabaja en “tigres” cuando se presenta la oportunidad, ya que nunca pudo terminar su carrera, puede dedicar la mayor parte de su tiempo a su hijo y su familia, aunque no escapa de las colas por alimentos, de la búsqueda en el mercado negro por los alimentos que no consigue fácilmente, y de los problemas de transporte público que la llevan a depender de servicios de taxi.

Remesas superarán los 2.400 millones de dólares a finales de 2018, asegura Ecoanalítica – La Patilla – 4 de Noviembre 2018

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Según un estudio realizado por la firma Ecoanalítica, las remesas que envían a venezolanos desde el exterior podrían alcanzar la cifra de 2.400 millones de dólares a finales de año, marcando un crecimiento del 60% con respecto al pasado 2017, donde se totalizó en 1.700 millones de dólares, publica el diario La Nación.

Las cifras equivalen al 27% de las reservas internacionales que maneja el Banco Central de Venezuela (BCV), que marcó este mes unos 8.820 millones de dólares.

Al respecto, el economista César Aristimuño apuntó que, aunque es difícil colocar en cifras la totalidad de la cantidad, gran parte de las remesas se siguen derivando de transacciones hechas a espaldas de las casas de cambio.

“Muchas de esas divisas siguen entrando de manera de cancelación en bolívares, por parte de los compradores de esa trasferencia a los beneficiarios acá en el país, en las cuentas nacionales que tengan asignadas”, aseveró.

Asimismo, estimó que una cifra alrededor de los 280 dólares sería el ideal para cubrir los gastos domésticos de una familia de dos personas, número de relativos que usualmente quedan tras la diáspora. En caso de ser más del par, la suma sería entonces insuficiente.

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