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De Damasco a Caracas vía Trípoli por Gabriela Cañas – El País – 6 de Febrero 2019

Europa y el Grupo de Lima afrontan el desafío del cambio en Venezuela evitando un baño de sangre y el choque entre Washington y Moscú

Nicolás Maduro, el 5 de diciembre pasado, en su última visita a Moscú para reunirse con Vladimir Putin.
Nicolás Maduro, el 5 de diciembre pasado, en su última visita a Moscú para reunirse con Vladimir Putin.VALERY SHARIFULIN TASS

La crisis venezolana arroja muchas preguntas. Una de ellas es cuánto sufrimiento debe soportar un país para que la comunidad internacional reaccione. Una segunda plantea la necesidad de medir esa reacción. Una tercera cuestiona las razones por las cuales las grandes potencias toman cartas en el asunto. No parece que el precio del pollo o la persecución de los líderes de la oposición haya sido hasta ahora un motivo serio de disputa entre el ruso Vladímir Putin y el americano Donald Trump, dispuesto ahora a derrocar a Maduro incluso por la fuerza.

Ha dicho el ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, que Estados Unidos está desplegando en Venezuela una “política destructiva”. El problema para los que así piensan es que el objetivo que busca Washington de derrocar a Maduro es compartido por casi todo el resto del continente americano, por una parte sustancial de Europa y, según todos los indicios, por la mayoría social venezolana. Por eso resulta esencial que los aliados de Estados Unidos —el Grupo de Lima y Europa— logren el mismo objetivo sin el uso de la fuerza. El precedente del derrocamiento armado de Muamar el Gadafi en Libia es un motivo de preocupación para los europeos, que con su intervención rompieron sus propios principios, y de sobreescenificado escándalo para Rusia.

La situación es explosiva. Estamos ante otro enfrentamiento en la cúspide y una víctima a la que todavía puede aguardarle lo peor: la población venezolana. Las diplomacias europeas y americanas, que de momento exhiben una positiva prudencia, afrontan un difícil desafío. Reconocer a Juan Guaidó como presidente es solo un primer paso. Queda lo más complicado: devolver la democracia a Venezuela sin convertirlo en otra Siria u otra Libia. Prometer una amnistía a Nicolás Maduro y los suyos, como ha hecho Guaidó, e incluso garantizar su seguridad, como desean algunos actores internacionales, es, por ahora, la única esperanza de que el régimen chavista abandone el poder sin un baño de sangre del que solo Maduro —y no Pedro Sánchez— sería responsable.

Unión Africana niega apoyo a régimen de Maduro y presenta protesta ante embajada venezolana por Maibort Petit – Venezuela Política – 4 de Febrero 2019

Documentos en nuestro poder muestran que la Oficina del Vicepresidente de la Comisión de la Unión Africana presentó ante la Embajada de Venezuela en Etiopía una nota de protesta por la publicación de un mensaje, emitido por la cancillería venezolana en su cuenta en la red social Twitter, en el que agradecían un supuesto pronunciamiento de Thomas Kwesi Quartey en favor del gobierno de Nicolás Maduro.
El diplomático de la UA expresó su malestar por lo informado por el gobierno venezolano el pasado 31 de enero de 2019 en el que se afirmaba que “El vicepresidente de la Unión Africana, Thomas Kwesi Quartey, envió un mensaje de solidaridad con el pueblo de Venezuela y de apoyo al presidente constitucional Nicolás Maduro”, lo cual negó tajantemente.
La nota de protesta de Thomas Kwesi Quartey fue entregada a las autoridades venezolanas a través de la Embajada del país en Etiopía.
 En la referida nota se lee que “La Oficina por este medio protesta y niega en términos firmes e inequívocos que cualquier mensaje de este tipo fue transmitido por o en nombre del Vicepresidente a través de H.E. El embajador ante las autoridades venezolanas”.
Ante esta situación, exigió que la embajada venezolana en Addis Abeba se retracte de manera inmediata de sus afirmaciones y rectifique la errónea información emitida.
Pudimos conocer que la protesta tiene su origen en los hechos ocurridos el pasado 30 de enero, luego de que el integrante de la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente venezolana, Modesto Ruiz Espinoza, fuera designado Encargado de Negocios Ad Hoc en la Embajada en Etiopía y en la citada fecha sostuviera un encuentro con el vicepresidente de la Unión Africana, Thomas Kwesi Quartey, a solicitud de la sede diplomática de Venezuela.
Ruiz Espinoza, desde esta posición — Encargado de Negocios Ad Hoc— sustituye a Luis Mariano Joubertt Mata, quien por casi 13 años representó a Venezuela en el país africano.
Durante la entrevista cuyo objetivo fue tener un primer encuentro, Modesto Ruiz Espinoza y Kwesi Quartey conversaron sobre temas de interés general. El venezolano habría consultado al diplomático si la Unión Africana tenía una posición manifiesta sobre la situación que actualmente vive Venezuela, habiendo sido la respuesta absolutamente negativa, advirtiéndose que de haber un pronunciamiento en este sentido se formularía a través de un comunicado oficial.
Se supo que Modesto Ruiz Espinoza solicitó tomarse una fotografía con Thomas Kwesi Quartey, lo cual por lo general no está permitido, pero finalmente accedió al ruego del venezolano quien en horas de la tarde procedió a publicarla en la cuenta @CacaoOderi de la red Twitter (esta publicación fue borrada).

¿Por qué Italia se alinea con Rusia y no reconoce a Guaidó como presidente de Venezuela? por Silvia Nieto – ABC – 2 de Febrero 2019

Las relaciones entre Moscú y Roma han sido estrechas durante todo el siglo XX

Del anuncio de Di Stefano se derivan dos realidades: la primera, que Italia rompe con el consenso más o menos alcanzado por los países miembro de la Unión Europea, con el que Austria o Grecia también tienen sus reservas; la segunda, que, como se ha podido percibir desde que los populistas de la Liga Norte (extrema derecha) y el Movimiento 5 Estrellas (M5E, antisistema) alcanzaran el poder, las relaciones con Putin van viento en popa. Aunque es evidente que las simpatías del vicepresidente Matteo Salvini tienen mucho que ver con la buena sintonía que Roma disfruta con Moscú, lo cierto es que, antes que él, los ex primeros ministros italianos Romano Prodi Silvio Berlusconi también sucumbieron a los encantos del Kremlin, aferrándose, en realidad, a un hilo rojo que une a Italia con Rusia desde el siglo pasado.

Acuerdos secretos

Para comprender el trato entre ambos países, hay que remontarse al primer hito de esas relaciones, que se fecha en octubre de 1909. Fue entonces cuando el zar Nicolás II y el rey Víctor Emanuel III firmaron el acuerdo secreto de Racconigi Bargain, por el que Moscú se comprometía a respetar los intereses italianos en el norte de África a cambio de que Roma respetase los de Moscú en los Balcanes. Según explica el historiador Christopher Clark en «The Sleepwalkers: How Europe Went to War in 1914» (Penguin Random House, 2014), los italianos, que rubricaron poco después otro acuerdo con el Imperio Austro-Húngaro que convirtió en agua de borrajas el alcanzado con Rusia, tenían como deseo último practicar una política internacional «independiente y resuelta».

Terminada la Primera Guerra Mundial, ni Rusia ni Italia salieron indemnes del conflicto. El enfrentamiento aupó a los bolcheviques al poder en Moscú tras la revolución de 1917 y labró el sendero idóneo para que los fascistas marcharan sobre Roma en 1922. El cuerpo diplomático de Mussolini y Stalin se puso manos a la obra, como recuerda Angelantonino Rosato en un artículo para el European Council of Foreign Relations, negociando «el reconocimiento mutuo de esferas de influencia en el Mediterráneo (Roma) y en el centro y el este de Europa (Moscú)». Además, «durante este periodo, la Italia fascista y la Unión Soviética casi firmaron una alianza global para contrarrestar la supremacía alemana en Europa». La aceleración de la historia daría al traste con esos contactos, cuando Roma secundó la ofensiva contra la Unión Soviética lanzada por la Alemania nazi en junio de 1941. Precisamente, y a modo de anécdota, sería la intervención italiana en la operación Barbarroja la que inspiraría la muy melodramática «Los girasoles» (Vittorio De Sica, 1970), una película italiana protagonizada por Marcello Mastroianni y Sophia Loren.

Comunismo y economía

Cabría esperar que la Guerra Fría, con una Italia ubicada en el bloque occidental, hubiera puesto punto y final a los vínculos con la Unión Soviética. Nada más lejos de la realidad. La revista «The Economist», en un artículo de marzo de 2015, explicaba cómo los tratos entre ambos países gozaron de una salud favorable en ese periodo. «Durante la Guerra Fría -se leía en un artículo-, los gobiernos italianos (dirigidos por la Democracia Cristiana la mayor parte de las décadas desde 1945) fueron incodicionalmente proestadounidenses. Pero el Partido Comunista Italiano era fuerte; sus líderes, de hecho, vivían en la Unión Soviética. Fiat, un gigante industrial italiano, construía fábricas allí». En efecto, el PCI fue una de las fuerzas políticas más importantes del país, llegando a desafiar el poder de los democristianos, que, sin embargo, fueron incólumes hasta inicios de los 90.

Caído el Muro de Berlín y avanzada la década, con la llegada al poder de Putin en Rusia y de Romano Prodi y luego Berlusconi en Italia, ese trato se consolidó. De hecho, en Farnesina, el portal del Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia, se hace referencia a esas conexiones: por ejemplo, se resalta cómo el país ha intentado atenuar las tensiones generadas por las «sanciones impuestas a Rusia por la Unión Europea y sus aliados occidentales desde 2014», y también se destaca que «el nivel de las relaciones económicas entre Italia y Rusia sigue siendo sustancial». Más cerca de la actualidad, la vinculación entre la Liga Norte de Salvini y la Rusia de Putin se cimienta en entendimiento ideológico. El vicepresidente, por ejemplo, fue fotografiado con una camiseta con la imagen del mandatario ruso en Moscú. Por supuesto, tampoco escatima halagos hacia él. Aunque ha emitido críticas contra Maduro, su postura no parece imponerse en Roma, donde mandan las tesis del M5E favorables al chavismo y oportunas para no incomodar al Kremlin.

 

Venezuela y el mundo por Fernando Mires – Blog Polis – 1 de Febrero 2019

miresPocas veces, quizás nunca, un gobierno latinoamericano ha logrado concitar en su contra tanto repudio internacional como el de Nicolás Maduro. Ni siquiera Pinochet y Videla en sus tiempos más crueles lograron el aislamiento que alcanzaron Maduro y sus secuaces. Por cierto, razones sobran: corrupción generalizada, bancarrota económica inducida, producción de miseria social a gran escala, las migraciones más grandes de la historia del continente, militarismo, represión, asesinatos, torturas, fraudes electorales, y pare de contar. No obstante, en la historia universal abundan casos parecidos. ¿Qué tiene o no tiene Maduro aparte de la radical antipatía que provoca donde aparece para ser tan denostado por todos los países democráticos del planeta? Para responder a esa pregunta conviene seguramente precisar quienes son en estos momentos sus principales enemigos. Siguiendo ese hilo podríamos distinguir tres sectores:

  1. Los gobiernos latinoamericanos de derecha y centro derecha
  2. Un grupo intercontinental  hegemonizado por EEUU: Canadá, Australia, Israel, entre otros
  3. Las democracias liberales del continente europeo.

Los gobiernos del tercer ciclo

El grupo 1 es el resultado de una constelación no casual. Equivale a los tres ciclos observados en  el historial de la región de los últimos decenios. Podríamos llamarlos, gobiernos del tercer ciclo.Denominación deducida de las diferencias con los dos ciclos precedentes

El primer ciclo apareció alrededor de los mediados de los setenta y fue el formado por gobiernos ejecutores de programas neo-liberales. Sus características son conocidas. En lo económico: angostamiento del sector estatal y aplicación radical de medidas anti-inflacionarias. En lo social: exclusión de vastos sectores sociales. En lo político: gobiernos autoritarios y dictaduras militares fuertemente represivas.

El segundo ciclo surgió como negación radical al primero. Se trataba de gobiernos de masas cuya data comienza durante los noventa para alcanzar su momento de contracción en la segunda década del 2000. Sus características también nos son conocidas. En lo económico: redistribución anárquica del ingreso privilegiando a sectores populares y favoreciendo al sector público en desmedro del privado. En lo social, apoyo a movimientos clientelares de tipo populista. En lo político el espectro es más complejo: abarca desde gobiernos de centro-izquierda (Bachelet, Mujica) de izquierda populista (Lula y M.C. Fernández) hasta llegar a la autocracias y “dictaduras sociales” organizadas en la fenecida ALBA. En ese archipiélago de islas izquierdistas subsistía de vez en cuando algún solitario islote de derecha (Uribe, por ejemplo)

El tercer ciclo, el de la negación de la negación (para decirlo en términos hegelianos) lo estamos presenciando. Al igual que el anterior tampoco es homogéneo e incluye a gobiernos de centro derecha (Argentina, Chile) derecha pura (Perú, Colombia) y derecha dura (Bolsonaro). Dichos gobiernos constituyen a la vez el eje central de la resistencia continental en contra del mal llamado socialismo del siglo XXl y su máximo exponente: Nicolás Maduro.

¿Cuál es el interés que tienen los gobiernos del tercer ciclo por derribar a Maduro? Por una parte hay uno deducido de las ideologías conservadoras y neoliberales que profesan. Por otra, sin duda, una honesta solidaridad con las desgracias del pueblo venezolano. No obstante, si estamos hablando de política internacional, hay que tomar en cuenta otra razón, a saber: ningún gobierno del mundo lleva a cabo una política externa en discordancia con su política interna. Efectivamente, Maduro y su dictadura (otros dirán autocracia) es en estos momentos la peor propaganda para los partidos de izquierda.

Incluso la mayoría de los gobernantes del tercer ciclo llegó al gobierno agitando una fuerte retórica en contra de Maduro. Y así es: proclamar los crímenes de Maduro desubica a los ideólogos de la izquierda, lleva a la defensiva a sus partidos, los deja sin argumentos.

Dicho sin ironía: no hay nadie que haya trabajado con tanto entusiasmo para religitimar a las derechas continentales como el gobierno de Nicolás Maduro. Más aún: los papeles han sido invertidos. Las izquierdas de hoy, o se ven obligadas a defender a una dictadura, o deben distanciarse de ella al precio de provocar divisiones internas entre sus huestes. Maduro, digámoslo así, ha llegado a ser un caramelo para las derechas continentales. Y, naturalmente, lo saborean con cierto placer.

Las razones de Trump

El grupo 2 es reducido. En el fondo está constituido solo por los EE UU y de modo irregular por gobiernos democráticos occidentales que no forman parte de la UE. Corresponde con la política de Trump cuyo interés no es hacer de policía mundial (el mismo lo ha dicho) sino trabajar en función de los intereses de su país. En ese sentido Maduro le importaría poco a Trump si su no-continuidad no trajera algunos réditos para los EE UU. ¿Cuáles son? Económicos no  – Maduro es un socio comercial activo y cumplidor-. Pero políticos sí. Maduro puede ser para Trump una oportunidad para re-balancear su política hacia América Latina. Tesis que debe ser explicada:

Pocos gobernantes norteamericanos han desarrollado una política tan discriminatoria hacia los americanos del sur como Trump. El muro anti-migratorio pasará a ser sin duda un símbolo de su administración. Por eso mismo Trump ha encontrado en Maduro la posibilidad de un contra-balance. Si los EEUU logran con su política de choque contra Maduro, desalojarlo del poder, Trump podría pasar a la historia como el gobernante que liberó al continente de un régimen oprobioso. Al lado de eso, el muro anti-migración pasaría a un segundo lugar. No es un negocio económico, claro está, pero sí es un negocio político.

Pero además hay otra razón: Trump –en ese punto no se diferencia de ninguno de sus predecesores, incluyendo Obama- está obligado a velar por la hegemonía militar y económica de los EE UU en el hemisferio occidental. Desde ese punto de vista el régimen de Maduro, con sus ilimitadas ofertas a poderes extraregionales como son el turco, el iraní y, sobre todo el ruso, no deja de ser una pulga en la oreja de Trump. Si a ello agregamos la obsecuencia del madurismo hacia las inversiones chinas, hay razones políticas y geopolíticas para que el gobierno norteamericano haya decidido sacárselo de encima. El problema es como hacerlo sin pagar un alto costo, es decir, sin recurrir a una intervención directa. Por el momento Trump prueba por la vía de las sanciones. Si no resultan, aumentará la presión.

Las razones de Europa

Al comienzo no pocos pensamos que las declaraciones europeas en contra de Maduro eran solo para salir del paso sin arriesgar nada. Pronto descubrimos, sin embargo, que la decisión del eje Merkel-Macron por lograr un mayor protagonismo en la arena internacional no era un propósito vacío. El interés de Europa por el “caso Maduro” es verdadero y va en aumento constante.

Al parecer las democracias europeas lideradas por Alemania y Francia han captado que Maduro ocupa un lugar importante en la simbólica política global. Así, han descubierto que la situación venezolana les abre una oportunidad para competir con la línea puramente pragmática de Trump, haciendo uso de recursos políticos, entre ellos sugiriendo proposiciones destinadas a superar la crisis sin ser neutrales, apoyando sin reservas a la oposición venezolana.

Por supuesto, las proposiciones de las democracias europeas tampoco son desinteresadas. Al alinearse en contra de Maduro lo hacen simbólicamente en contra de Erdogan y por supuesto, en contra de Putin, los dos principales adversarios de la UE y, a la vez, los dos aliados más importantes del régimen madurista. Evidentemente, tienen razón: Para la mayoría de los gobiernos miembros de la UE, Maduro es una réplica latinoamericana de las autocracias semi-europeas que amenazan Europa y del potencial autocrático vigente en países como Austria, Hungría, Italia y Polonia. Alinearse en contra de Maduro significa para ellos posicionarse en defensa de la democracia parlamentaria, de los derechos humanos e, indirectamente, en contra de gobiernos personalistas y autoritarios que amenazan la convivencia inter-europea. Esa es la razón por la cual los países democráticos de Europa privilegian una salida electoral a la crisis venezolana y no una salida de fuerza, reservando esa posibilidad como la última opción.

La interlocución venezolana

A modo de síntesis es posible afirmar que la oposición en contra del régimen de Maduro ha alcanzado dimensiones globales. Sin embargo la actitud de la así llamada comunidad internacional antimadurista dista de ser homogénea. La de los países latinoamericanos es más bien retórica. La de los EE UU, unilateral. La de Europa es multilateral y política a la vez. ¿Cuál alternativa debería privilegiar la oposición venezolana?  Respuesta muy difícil si tomamos en cuenta que la oposición venezolana tampoco es un todo homogéneo. Es, por el contrario, un arco de muchos colores donde coexisten ex chavistas, socialdemócratas, centristas de izquierda y derecha, hasta llegar a un extremo “bolsonarista” de neto corte fascistoide.

Cabe entonces pensar que hay sectores de la oposición venezolana -especialmente grupos de poder financiero con asiento en los EE UU- que se sienten más atraídos por el unilateralismo decisionista de Trump, del mismo modo que hay otros que escuchan con más interés las proposiciones europeas. Sobre todas esas fracciones que -al mismo tiempo que adversan a Maduro libran otra lucha por la hegemonía al interior de la oposición- debe mediar Juan Guaidó. Hasta ahora, hay que decirlo, lo ha hecho bien. Su autoridad es indiscutida.

Quien lo iba a pensar: Maduro ha realizado el sueño de Chavez: ha internacionalizado a la revolución bolivariana. El pequeño detalle es que lo hizo exactamente al revés. Ha concitado en contra suya a todos los gobiernos democráticos de la tierra: Una proeza negativa del más alto nivel

Carta a los Presidentes de Uruguay y Mexico – 31 de Enero 2019

¿Cómo encauzar la crisis de Venezuela hacia una solución electoral?por Leopoldo Martínez Nucete – ALnavío – 31 de Enero 2019

¿Cómo encauzar la crisis de Venezuela La crisis que vive Venezuela, así como la ruta que transita para restablecer el orden constitucional democrático, son inéditas. Sin elecciones confiables, el sufrimiento del pueblo venezolano, ya inmenso, sería aún mayor; y asistiríamos irremediablemente a un escalamiento del conflicto político cuyo desenlace nadie puede predecir.

La ruta de Juan Guaidó debe conducir a unas elecciones libres / Foto: @juanguaido
La ruta de Juan Guaidó debe conducir a unas elecciones libres / Foto: @juanguaidoLa crisis que vive Venezuela, así como la ruta que transita para restablecer el orden constitucional democrático, son inéditas.

Las sanciones recientemente impuestas por los EEUU a Petróleos de Venezuela, PDVSA, sumadas a las que ya antes había adoptado, que afectan operaciones de financiación, así como al sector aurífero, auguran un escenario de extrema dificultad para el régimen de Nicolás Maduro. No, por cierto, sin un costo alto para la población. La expectativa inmediata es que este escenario produzca un punto de quiebre para el cambio.

Más allá de esto, ¿qué hace falta?

Un horizonte electoral. Sin elecciones confiables, el sufrimiento del pueblo venezolano, ya inmenso, sería aún mayor; y asistiríamos irremediablemente a un escalamiento del conflicto político cuyo desenlace nadie puede predecir. En estos días, el profesor Fernando Mires decía, en uno de sus siempre ilustrativos artículos, que el momento es político y no insurreccional. Tiene razón. Apostar al conflicto entre el interinato presidencial de Juan Guaidó y la ilegítima Presidencia de Nicolás Maduro, sin desplegar el arte de la política, podría desembocar en una solución militar… no precisamente una opción que asegura la recuperación del hilo constitucional que aspiramos para Venezuela.

Las sanciones recientemente impuestas por los EEUU a PDVSA, sumadas a las que ya antes había adoptado, que afectan operaciones de financiación, así como al sector aurífero, auguran un escenario de extrema dificultad para el régimen de Nicolás Maduro. No, por cierto, sin un costo alto para la población

Avanzar en el interinato presidencial, construido con base en el artículo 233 de la Constitución con inmenso apoyo internacional, sin una perspectiva electoral creíble, es una apuesta a una intervención militar extranjera, que podría resultar una trágica incógnita, además de un capítulo que restaría voces que hoy se han sumado a la condena de la ilegitimidad del régimen. Lo sensato es aprovechar este extraordinario posicionamiento, sin duda el mejor que se haya tenido hasta la fecha, con tan contundente acompañamiento internacional, para forzar una negociación que desemboque en elecciones creíbles, en el marco de una transición político-económica sustentable. De hecho, el artículo 233 de la Constitución es tajante: el presidente interino asume esa función por 30 días, plazo en el cual deberían celebrarse nuevas elecciones.

Si el régimen de Maduro hubiese aceptado el planteamiento de España, Francia, Alemania y Reino Unido de facilitar elecciones presidenciales en ocho días, el camino para instrumentarlo hubiera sido la dimisión de Maduro, en cuyo caso el vicepresidente asumiría el interinato por 30 días en los que deberían celebrarse elecciones. Pero algo está claro. No hay forma de hacer elecciones creíbles en 30 días. Y el proyecto de cambio no tendría éxito sin las garantías legales de que ese proceso electoral se realice de forma que los actores políticos puedan competir en condiciones que permitan un resultado legítimo. En ambos escenarios, todo nos trae de nuevo a una condición indispensable para la legitimidad y viabilidad del complejo proceso por el que transita Venezuela: la urgencia de una perspectiva electoral para que el pueblo venezolano tenga la última palabra a través de elecciones libres y justas. En cómo construir ese horizonte electoral radica la excepcionalidad necesaria, para que esas elecciones ocurran en un plazo razonable, ya que 30 días es materialmente imposible.

¿Qué podría hacer la comunidad internacional, y en especial los EEUU y Europa, concretamente la Administración Trump, para allanar el camino hacia este escenario pacífico y negociado? Una, entre otras cosas, sería elevar el asunto a una conversación franca con China (y otros países que pueden influir en un cambio de conducta por parte de Maduro). China debe ser persuadida, y es posible, dada la madeja de intereses en juego entre EEUU y China, de que nadie, en la comunidad internacional, debe imponer una agenda en el caso venezolano; y que corresponde a los venezolanos darse un destino basado en elecciones libres y justas, con las bases de una transición sustentable acordadas, claro está, con el acompañamiento internacional necesario para ofrecer garantías a todos de que la palabra empeñada debe ser cumplida.Una negociación entre EEUU y China podría influir sobre Maduro / Foto: Casa Blanca

El desconocimiento de la legitimidad de la Presidencia de Maduro y el apoyo al interinato del presidente de la Asamblea Nacional, por parte de la Administración Trump, son uno de los pocos, si no el único tema que cuenta con respaldo bipartidista. Tan pronto se pronunció el Gobierno de los EEUU, en la misma dirección lo hicieron el subjefe de la minoría demócrata en el Senado, Dick Durbin (quien, además, se reunió el año pasado con Maduro para advertirle que las elecciones sin garantías que proponía hacer en mayo de 2018 no serían reconocidas internacionalmente); el líder de los demócratas en la Comisión de Relaciones Exteriores en el Senado, Bob Menéndez; la vocera de la Cámara de Representantes, líder parlamentaria del Partido Demócrata, Nancy Pelosi; y el demócrata de Nueva York, que preside la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara, Eliot Engel. Finalmente, con relación al consenso bipartidista, el senador Marco Rubio, quien ha sido vocal e instrumental en todo esto, siempre ha tomado sus decisiones con la estrecha colaboración y apoyo del demócrata Bob Menéndez.

Dos proyectos de ley

Además del esfuerzo bipartidista por recuperar la democracia venezolana, esta semana las diputadas demócratas por MiamiDonna Shalala y Debbie Mucarsel-Powell, presentaron dos proyectos de ley, que se suman a las estrictas sanciones financieras contra PDVSA: una prohibiendo la proveeduría militar a Venezuela; y la otra disponiendo un marco para profundizar la ayuda humanitaria en esa transición. Por su parte, el senador Menéndez y el diputado Darren Soto presentaron en ambas Cámaras legislación para otorgar alivio o estatus migratorio temporal (TPS) a los venezolanos en los EEUU.

Ver imagen en Twitter

Rep. Donna E. Shalala

@RepShalala

🚨BIG NEWS: I introduced my first bill today, the Venezuela Arms Restriction Act. This bipartisan bill bans the export of arms and crime control materials from the United States to Maduro’s security forces in Venezuela.

Rep. Debbie Mucarsel-Powell

@RepDMP

Estoy con mis hermanos y hermanas venezolanos. Aumentar la asistencia humanitaria es imperativo para que el pueblo venezolano pueda sobrevivir y ayudará restaurar la democracia y la estabilidad en el hemisferio occidental. https://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/venezuela-es/article225251480.html 

Presentan proyecto de ley de $150 millones en asistencia humanitaria para Venezuela

Varios congresistas estadounidenses presentaron este martes un proyecto de ley de ayuda humanitaria para los venezolanos que incluye proporcionar hasta $150 millones.

elnuevoherald.com

El primer gran paso sería el regreso de la representación oficialista a la Asamblea Nacional, la única institución legítima en la deshecha constitucionalidad de Venezuela, y único espacio donde coinciden todas las fuerzas políticas del país por voluntad del pueblo. Y desde allí, con apoyo de la misma comunidad internacional que hoy presiona por una salida, negociar hasta lograr por consenso el estatuto electoral especial que deberá regir esas elecciones en un plazo razonable. Esto, en conjunto con la Ley de Amnistía, indispensable para avanzar hacia el restablecimiento del orden constitucional de manera pacífica. Despejado ese camino, quedaría la apremiante necesidad de atender la crisis humanitaria de Venezuela, al tiempo que se dan los pasos mínimos e indispensables para detener la debacle económica a la que nos ha arrastrado el régimen de Maduro.

Turquía y Venezuela, amigos de conveniencia frente a Occidente por Andrés Mourenza – El País – 31 de Enero 2019

Ankara refina el oro venezolano y envía comida. La sintonía entre Erdogan y Maduro ha reforzado las relaciones

“Maduro, hermano, resiste. Turquía está contigo”. Estas fueron las palabras con las que el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ofreció apoyo a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, cuando el opositor Juan Guaidó se proclamó presidente interino de Venezuela el miércoles pasado. La sintonía personal con el líder chavista, con el que ha estrechado lazos especialmente en los últimos años, se ha traducido en acuerdos comerciales en diversos sectores. Turquía refina oro venezolano y envía alimentos al país sudamericano, lo que ha provocado las quejas de Estados Unidos, que acusa al Ejecutivo de Erdogan de ayudar al chavismo a saltarse las sanciones que ha impuesto al régimen.

Erdogan, tras recibir el 3 de diciembre en Caracas una réplica de la espada de Bolívar de manos de Maduro.
Erdogan, tras recibir el 3 de diciembre en Caracas una réplica de la espada de Bolívar de manos de Maduro. MANAURE QUINTERO REUTERS

Un día después de la iniciativa de Guaidó, el hashtag #WeAreMaduro hizo furor en Twitter y se convirtió durante unas horas en trending topic en Turquía. “Agradezco a Rusia, China, Turquía, y a todos los Gobiernos y pueblos del mundo, por sus manifestaciones firmes y contundentes en respaldo del Gobierno legítimamente constituido que presido”, respondió Nicolás Maduro en la misma red social. Además, este pasado sábado, varios cientos de personas desfilaron por la avenida Kusdili de Estambul coreando “Estados Unidos saca tus manos de Venezuela” y “el pueblo de Venezuela no está solo”, mientras portaban banderas del Partido Comunista.

 

En la última década, la diplomacia turca ha invertido ingentes esfuerzos en poner un pie en América Latina mediante el establecimiento de acuerdos de cooperación, la apertura de embajadas y el establecimiento de vuelos de la compañía Turkish Airlines (es una de las pocas aerolíneas occidentales que mantiene sus vuelos a Caracas), así como mediante una diplomacia más sutil: la exportación de telenovelas, que hacen furor en los canales latinoamericanos y de las que el propio Maduro es seguidor.

“Turquía no ha obtenido de la Unión Europea el trato esperado y ha empezado a mirar a otros lugares, como Latinoamérica”, opina Ismail Ermagan, de la Universidad Medeniyet de Estambul: “[Erdogan y Maduro] comparten su visión contraria a la hegemonía de EE UU y favorable a un mundo multilateral”. Pese a representar a dos polos opuestos del espectro político -la derecha islamista y la izquierda socialista-, ambos líderes han estrechado lazos desde que Maduro viajó por primera vez a Turquía en 2010, entonces como canciller. Aunque algunas facciones izquierdistas del chavismo eran reacias a mantener relaciones con el mismo Gobierno que trabajaba por derrocar a Bachar el Asaden Siria, también aliado de Caracas, finalmente, triunfó el pragmatismo.

En los últimos dos años, el mandatario venezolano ha estado cuatro veces en Turquía. Asimismo, el pasado diciembre, Erdogan fue el primer presidente turco en poner un pie en Venezuela. “Son dos políticos que se sienten atacados por Occidente, y la base de la relación es, sobre todo, emocional”, sostiene Mehmet Özkan, del Center for Global Policy de Washington: “Erdogan no olvida que Maduro fue uno de los primeros líderes que le apoyó durante el intento de golpe de Estado del 15 de julio [de 2016, tras el que Ankara ve la mano de Washington]. Ahora Turquía está devolviendo el apoyo recibido”.

Simpatizantes del Partido Comunista de Turquía (TKP) se manifiestan este sábado en Estambul en defensa de Maduro.
Simpatizantes del Partido Comunista de Turquía (TKP) se manifiestan este sábado en Estambul en defensa de Maduro. UMIT BEKTAS REUTERS

La sintonía personal entre ambos se ha traducido en la firma de varios acuerdos en el campo de la minería, los hidrocarburos y la industria militar. Durante el viaje oficial de Erdogan, Maduro anunció que empresas turcas tienen la intención de invertir 4.500 millones de euros en Venezuela. Y el comercio bilateral se ha multiplicado por 13 en el último bienio, especialmente por las exportaciones venezolanas a Turquía, que en los primeros 11 meses del pasado año superaron los 1.000 millones de dólares (unos 877 millones de euros). Se trata, fundamentalmente, de oro.

Según diferentes estimaciones, Venezuela tiene las cuartas mayores reservas de oro del mundo, pero carece de suficiente capacidad para refinarlo. Además, las sanciones impuestas por Estados Unidos dificultan su venta, por lo que el acuerdo firmado con Ankara permitirá su venta a terceros países a través de Turquía. “Es un convenio que está establecido entre Turquía y el Banco Central de Venezuela que básicamente es para la refinación del oro. [La certificación] ya no se hace en Suiza. Se hace en países aliados porque imaginen que se envía el oro a Suiza y por sanciones nos dicen que allí se queda”, confirmó el año pasado el ministro venezolano de Desarrollo Minero, Víctor Cano.

“La vasta mayoría [del oro venezolano] está yendo a Turquía. Hemos visto más de 21 toneladas métricas que han ido a Turquía en los últimos meses”, criticó el vicesecretario del Departamento del Tesoro de EE UU, Marshall Billingslea, en un acto organizado por el centro Brookings el pasado octubre, comparando el papel de Ankara con el que desempeñó hace unos años para ayudar, también mediante el comercio del oro, a que Irán burlase las sanciones de Washington. Según datos obtenidos por este diario, el total de oro venezolano enviado a Turquía en 2018 ascendió a 35,2 toneladas. Además, en 2019 se utilizará una nueva planta refinadora en Turquía con mayor capacidad de procesamiento que la usada hasta ahora.

Billingslea también denunció que “compañías alimentarias turcas suplantan a otras empresas” en el programa de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), que reparten cajas de comida entre la población más desfavorecida, algo que EE UU “sigue de cerca y con preocupación”. En los primeros nueve meses de 2018, Turquía exportó 61 millones de dólares en alimentos a Venezuela y buena parte de ellos fueron a parar al CLAP. Una investigación del medio venezolano El Pitazo reveló que el 69% de los alimentos incluidos en dicho programa el pasado julio procedían de Turquía. Al mismo tiempo, el Gobierno de Maduro ha acordado ceder cuatro millones de hectáreas de terreno para proyectos de producción agrícola en cooperación con empresas turcas.

Pese al descontento de EE UU por el papel de Turquía (país con el que comparte membresía en la OTAN), Erdogan rechaza tajantemente las sanciones a Venezuela: “¿Tenemos que pedir permiso para ser amigos o tener relaciones comerciales con otros?”, se preguntaba el mes pasado. “Nosotros solo pedimos permiso a nuestro pueblo”.

La estrategia coral que resucitó a la oposición y echa el pulso más firme a Maduro por Alonso Moleiro/Javier Lafuente – El País – 30 de Enero 2019

La presión al líder chavista se ha intensificado a partir de un plan ideado por destacados dirigentes que cuenta con jóvenes políticos y disidentes

El presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, el martes en Caracas. En vídeo, los venezolanos Greilin, Daisy y Eduardo relatan su llegada a Madrid para huir de la escasez, la violencia y la represión.YURI CORTEZ (AFP) | EPV

“Fin de la usurpación, Gobierno de transición, elecciones libres…”. Los críticos con Nicolás Maduro lo repiten como si fuese el estribillo de una canción pegadiza. Un mensaje, un mantra más bien, que por primera vez en mucho tiempo, entona al unísono un coro que incluye a los más beligerantes y los sectores moderados, incluso entre chavistas críticos con Maduro, ante la grave crisis que atraviesa Venezuela.

Históricamente fragmentada, la oposición venezolana ha logrado generar una sinfonía inédita en torno a la figura del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, que el pasado 23 de enero se proclamó mandatario interino y fue inmediatamente reconocido por Estados Unidos y los principales países de la región, salvo México. Una composición que no cuenta con un solo director de orquesta, sino que es fruto de una gran alianza, de un acuerdo político gestado durante meses en el que predominan dos figuras a partir de las cuales se articula el toma y daca con el que se ha logrado cercar como nunca antes al régimen de Maduro: el expresidente de la Asamblea Nacional Julio Borges (Primero Justicia) y el líder político Leopoldo López (Voluntad Popular, también el partido de Guaidó).

Al menos una decena de fuentes consultadas para este reportaje, entre distintos sectores de la oposición y al tanto de los movimientos, insisten en que sería injusto señalar un cerebro detrás de la estrategia, aunque son los nombres de estos dos políticos los que repiten cada uno de los consultados, algunos en condición de anonimato. López, preso en su casa, opera políticamente dentro del país; Borges, exiliado en Bogotá, es quien articula los contactos en el extranjero, “quien legitima al Parlamento allá donde va”, suele repetir, un trabajo que ha venido desarrollando desde hace más de un año y que se ha acentuado tras el fracaso de las negociaciones con el régimen chavista en República Dominicana hace ahora un año. Casi 20 después de fundar Primero Justicia, de enfrentamientos que dividieron a la formación con más poder entre los críticos del chavismo y que propició que López creara Voluntad Popular, la crisis de Venezuela les ha obligado a ambos a sincronizarse de nuevo.

La negociación en Santo Domingo supuso un punto de inflexión para ambas partes. Borges, líder de la delegación opositora, decidió, en contra de una parte de los críticos que hoy guarda silencio, no firmar el acuerdo que le planteaba el chavismo y que contaba con el beneplácito del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, uno de los mediadores en aquellas conversaciones. Maduro convocó elecciones para mayo de 2018 y propició otro golpe a la oposición, el enésimo después de que en diciembre de 2015 esta lograse imponerse en las urnas y hacerse con el control de la Asamblea Nacional. Una victoria que Maduro nunca asimiló.

La situación actual obligaba a una reinvención. Otra más. Una quimera para muchos, después de que las protestas de 2017 alejasen a los líderes de sus votantes, que perdieron la confianza en ellos. No obstante, fruto de aquellos meses en los que murieron decenas de personas, se fortaleció una serie de jóvenes políticos, incluido el propio Guaidó, que a estas alturas han resultado clave.

“Esto es un proceso arduo”, recordaba Borges hace unos meses en una charla informal en Bogotá. Aparentemente, mediáticamente sobre todo, era el momento más bajo de la oposición. Daba la impresión de que no lograban remontar la enésima bofetada del madurismo. Con los meses, aquellos encuentros que parecían intrascendentes han cobrado sentido. En Harvard, de la mano del economista Ricardo Hausmann, se esbozó un proyecto económico para poner en marcha en un futuro que cada vez les resulta más cercano. En agosto, durante la toma de posesión de Iván Duque en Bogotá, Borges, López (a través de Skype), Antonio Ledezma (exalcalde de Caracas) y Tomás Guanipa (secretario general de Primero Justicia) se reunieron con los expresidentes Felipe González y Ricardo Lagos para hablar de cómo debería ser un posible Gobierno de transición. “Esto es un trabajo de hormiga”, insistía Borges en aquella charla de la capital colombiana.

De derecha a izquierda, los opositores Julio Borges, Carlos Vecchio, encargado de negocios de Guaidó en EE UU, David Smolansky y Francisco Márquez.
De derecha a izquierda, los opositores Julio Borges, Carlos Vecchio, encargado de negocios de Guaidó en EE UU, David Smolansky y Francisco Márquez. JACQUELYN MARTIN AP
Borges ha liderado el impulso exterior, especialmente en el Grupo de Lima, creado por las principales potencias regionales tras no lograr ningún avance en el marco de la OEA (Organización de los Estados Americanos), a cuya última sesión acudió acompañado de Juan Guaidó. Junto a Borges, Antonio Ledezma, exiliado en Madrid, y Carlos Vecchio (nombrado ahora por Guaidó encargado de negocios), en Estados Unidos, han sido determinantes. Mantener viva la llama interna ha sido aún más complejo. Encarcelado en casa Leopoldo López, una de las personas que más ruido ha generado todo este tiempo dentro de Venezuela —con ascendencia en el exterior, sobre todo en Washington y Colombia— ha sido una de las figuras más controvertidas —y beligerantes— de la oposición, a la que hoy todos reconocen su parte del mérito: María Corina Machado (Vente Venezuela).

No obstante, si hay algo que diferencia el momento por el que atraviesa la oposición de otros anteriores es la participación de una nueva generación de políticos que, aparentemente, ha dejado apartadas las siglas -una quimera en Venezuela- por el bien de todos y que tiene su máximo exponente ahora en Juan Guaidó. El político de Voluntad Popular asumió la presidencia de la Asamblea Nacional fruto de un pacto de todos los partidos tras las elecciones de 2015: el primer año le tocó a Henry Ramos Allup, de Acción Democrática; el segundo a Julio Borges, de Primero Justicia; el tercero a Omar Barboza, de Un Nuevo Tiempo y el cuarto año, este, a Voluntad Popular. Encarcelado López, exiliados otros dirigentes como Vecchio o David Smolansky, y con Freddy Guevara asilado en la Embajada de Chile, se apostó por alguien que resultaba un desconocido para mucha gente, pero que ha insuflado a la oposición algo de lo que carecía: esperanza. Hasta el punto de que dirigentes como Henrique Capriles, que se habían mantenido alejados de este proceso durante los últimos meses, han cerrado filas en torno a Guaidó.

El proceder en la juramentación del dirigente tuvo algunos momentos cacofónicos entre la oposición. El momento en que se dio generó cierto ruido interno. Los sectores moderados tenían reservas con el tema, proponían esperar a que escalara la crisis para acercarse a Maduro con una propuesta de transición. Voluntad Popular se negó de plano a esta idea. Al mismo tiempo, Guaidó recibía presiones de los sectores radicales de la oposición para que asumiera funciones presidenciales de inmediato.

Asesorado por políticos jóvenes

La negociación con el Gobierno es una meta que todos los sectores opositores han perseguido en cierta manera. La diferencia ha estribado en el cuándo. Voluntad Popular, Leopoldo López, sostenía que debía llegar producto de una iniciativa que arrinconara al Ejecutivo chavista y lo obligara a deponer posturas, y no antes, como estaba proponiendo el costado socialdemócrata de Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo.

Guaidó, el 26 de enero en Caracas con Lilian Tintori (segunda por la izquierda), esposa de Leopoldo López.
Guaidó, el 26 de enero en Caracas con Lilian Tintori (segunda por la izquierda), esposa de Leopoldo López. F. PARRA AFP

Después de que jurase como presidente encargado el pasado 23 de enero, Guaidó, junto a los vicepresidentes Stalin González y Edgar Zambrano, ha sido asesorado por varios parlamentarios y partidos para llevar adelante la agenda política. Las riendas las han tomado políticos jóvenes, muchos de los que pusieron la cara —literal— durante las protestas de 2017. Miguel Pizarro (30 años), que coordina toda la parte de la ayuda humanitaria, uno de los pilares sobre los que trabaja la oposición, tiene acceso a sectores del chavismo crítico; Carlos Paparoni (30 años) está al frente de la Comisión de Finanzas, encargada de recuperar los activos perdidos por la corrupción, y María Albert Barrios (28 años), el nexo con las Embajadas.

“Este escenario lo estábamos viendo venir. Pasamos buena parte del año pasado preparándonos para esto. Cuando Juan [Guaidó] llegó a la presidencia tenía un panorama de lo que debía hacer”, asegura la diputada Delsa Solórzano. Tras abandonar Un Tiempo Nuevo —otro reflejo de la decadencia de las siglas de los partidos—, ahora trabaja en la elaboración de la ley de amnistía, algo para lo que ha recibido sugerencias de la fiscal general Luisa Ortega, exiliada en Bogotá desde agosto de 2017.

Para Ortega, desarrollar la ley de amnistía es algo crucial en este momento. “Hay que darle claridad, la gente quiere saber cuál es el alcance que va a tener antes de tomar decisiones”, asegura a este diario, en referencia a posibles funcionarios y militares a los que les convendría acogerse a esa ley para desvincularse del régimen. “Maduro ha creado el desastre en el que estamos sobre la inseguridad jurídica”, recalca Ortega, una de las figuras del chavismo disidente que se ha mostrado más activa. “Yo siento que soy parte de todo esto que está ocurriendo”.

Pese a que en las últimas semanas los movimientos han sido certeros y muchos aventuran que se ha llegado a un punto de no retorno para Maduro, las fuentes consultadas coinciden en que es “impredecible” atinar con un pronóstico a corto plazo. “Es importante que se perciba que no hay marcha atrás, pero lo cierto es que los acontecimientos están marcando todos los movimientos, casi por horas”, asegura bajo condición de anonimato una de las fuentes en el extranjero que, como la mayoría, admite que la cohesión en la cúpula chavista —no solo la militar— sigue siendo robusta.

La capacidad de resistencia de Maduro y su entorno, atribuida a la inteligencia cubana, es lo que más preocupa a la oposición. “Se impondrá quien logre mantener la cohesión del otro y no romper la propia”, resumen, de una u otra manera, varias fuentes. Y no mirar a largo plazo. A principios de año circuló un audio, que se le atribuye a Leopoldo López, en el que hacía un análisis y se comprometía con la estrategia a desarrollar por Guaidó. No pocos lo interpretaron como un mensaje en el que quería dejar claro, por si hubiera dudas, de que sigue aspirando a la presidencia.

Maduro plantea la negociación pero sólo 2 presidentes en el mundo le compran la idea por María Rodríguez – ALnavío – 30 de Enero 2019

¿Hay margen de negociación en Venezuela? Expertos consultados por ALnavío consideran esta posibilidad muy remota, especialmente desde el reconocimiento de la comunidad internacional a Juan Guaidó como presidente. No obstante, el mandatario de Uruguay, Tabaré Vázquez; el de México, Andrés Manuel López Obrador; y el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Antonio Guterres, se han ofrecido como mediadores para resolver la crisis en Venezuela. El Papa Francisco también está dispuesto a ayudar si las partes, “de común acuerdo”, lo piden.

Vázquez propone Uruguay como sede para una cumbre sobre Venezuela / Foto: Presidencia de Uruguay
Vázquez propone Uruguay como sede para una cumbre sobre Venezuela / Foto: Presidencia de Uruguay

La ruta de la Asamblea Nacional de Venezuela para sacar adelante el país pasa por “el cese de la usurpación, un Gobierno de transición y elecciones libres”. Pero algunos países, organismos y personalidades defienden que la negociación aún es posible entre el régimen de Nicolás Maduro y la oposición, ahora unida bajo la batuta de Juan Guaidó, que juró hace una semana como presidente encargado de Venezuela.

El mandatario de Uruguay, Tabaré Vázquez; el de México, Andrés Manuel López Obrador; y el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Antonio Guterres, ya se han ofrecido como mediadores. El Papa Francisco también está dispuesto a ayudar si las partes (Guaidó y Maduro), “de común acuerdo”, lo piden. Así lo dijo el pontífice en su avión, de regreso al Vaticano de una gira apostólica en Panamá.

Maduro ya dijo que está dispuesto a reunirse con líderes de la oposición y mediadores internacionales para encontrar una solución a la crisis política del país. Hizo estos comentarios a la agencia estatal rusa de noticias RIA Novosti. Posteriormente precisó que está a favor de adelantar las elecciones legislativas (las que tienen que ver con la Asamblea Nacional), pero rechazó anticipar las presidenciales. Una postura que choca frontalmente con una aparente voluntad de negociación.

López Obrador dijo que el Gobierno de México “serviría como intermediario, como consolidador, para buscar una salida pacífica”. Una afirmación que llegó poco después de que Maduro se mostrase dispuesto a una mediación de Uruguay y México. Por su parte, Guterres insistió esta semana en su oferta de “buenos oficios” para facilitar el diálogo y las negociaciones entre Maduro y Guaidó.

Gratius: “Negociaciones ha habido muchas, pero todas fallaron”

Tabaré Vázquez busca incluso dar un paso más y ofrece a Uruguay como sede de una cumbre internacional donde se analice y se busque una salida negociada a la crisis venezolana, según publica El País de Montevideo. Vázquez se lo dijo este lunes por teléfono a Federica Mogherini, alta representante de la Unión Europea para la Política Exterior y vicepresidenta de la Comisión Europea. Cabe recordar que, aunque los países de la UE aún no tienen una postura unitaria, la propuesta de crear un “grupo de contacto” internacional en Venezuela sigue sobre la mesa.

Ahora bien, ¿qué posibilidad de negociación hay entre Guaidó y Maduro? “Yo creo que no hay posibilidades, pero depende de lo que haga el Ejército, que de momento está del lado de Maduro. Si sigue ahí no hay margen para negociar nada [con Maduro]. Aun así, hay que negociar con el Ejército, que es el poder fáctico”, afirma al diario ALnavío Susanne Gratius, profesora de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid e investigadora senior del Centro de Información y Documentación Internacional de Barcelona (Cidob).

Gratius recuerda que, ante la crisis de Venezuela, “negociaciones ha habido muchas, pero todas fallaron”. En la misma línea se pronuncia Karina Cáceres, miembro de la Red de Politólogas de América Latina. ¿Y ahora? “Ahora mismo, creo que volvería a fracasar una negociación; especialmente cuando Maduro ha redoblado la apuesta frente a los hechos. La clave está en la Fuerza Armada”, insiste Cáceres a este diario.

Pero si ahora es tan limitada la posibilidad de una negociación, ¿por qué hay voces presidenciales que siguen insistiendo en ello? Muy claro: “Porque ninguno quiere una intervención de Estados Unidos. Esa es la clave”, subraya Gratius.

En este sentido ya se pronunció el expresidente uruguayo José Mujica. Según recoge el portal DW, Mujica apoya el ofrecimiento de Tabaré Vázquez para mediar y pide “elecciones totales con monitoreo de la ONU”. Todo con el objetivo de silenciar “los tambores de guerra en el Caribe”, apuntó el expresidente.

¿Trump dificulta la negociación?

Para Salvador Marti i Puig, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Girona y miembro del Cidob, posibilidad de negociación siempre hay, “pero es tal la escalada, el volumen y la visibilidad generada que hace que sea más difícil [una negociación], especialmente porque entró Donald Trump en la ecuación”, apunta.

Y es que “el día que la comunicad internacional se posicionó, escaló la tensión y a partir de ahí es más difícil una negociación. Además, para Maduro el hecho de que haya ‘una agresión externa’ al final es un balón de oxígeno para cerrar filas en torno a él”, añade este profesor.

Además, la crisis en Venezuela “genera tal ruido que cualquier acercamiento público supone debilidad en una parte u otra. Siempre puede darse la negociación, pero insisto en que cuanta mayor escenificación de tensión hay, más difícil es. En cualquier caso, si hay pasos, los primeros van a ser secretos, no van a ser visibles, se hará con mucha cautela”, explica Marti.

Por el momento parece que habrá que esperar a este sábado para nuevos movimientos geopolíticos. Ese día vence el ultimátum de España a Maduro para que convoque elecciones libres y democráticas de forma “urgente”. Maduro ya lo rechazó, por lo que España está a unos días de reconocer a Guaidó como presidente interino. ¿Le seguirá la UE? Mogherini en su día pidió “encarecidamente el inicio de un proceso político inmediato que conduzca a elecciones libres y creíbles”. Recalcó que “la UE apoya plenamente a la Asamblea Nacional, como la institución elegida democráticamente”. Pero no hizo reconocimiento expreso a Guaidó como presidente interino de Venezuela. Ahora puede llegar el momento.

Venezuela, en la frontera del caos por José Manuel Garcia-Margallo – El Mundo – 28 de Enero 2018

LPO

El pasado miércoles, Juan Guaidó fue investido por la Asamblea de Venezuela presidente interino de la República. Su misión: devolver la palabra al pueblo y procurar la reconciliación nacional. Son muchos los países que le reconocieron, pero no es probable que lo haga Naciones Unidas porque Rusia y China (miembros permanentes del Consejo de Seguridad) se aferran al principio de no injerencia en los asuntos internos y apoyan a Maduro. Así las cosas, el papel de la Unión Europea y, sobre todo, el de las organizaciones regionales americanas (OEA, UNASUR y MERCOSUR) es especialmente relevante. En este contexto, España puede hacer un gran papel porque es, al mismo tiempo, la voz más escuchada en Bruselas cuando se habla de Iberoamérica, y la más escuchada en Iberoamérica cuando se trata de influir en Europa. Y es también un interlocutor privilegiado con los Estados Unidos de América.

A día de hoy apoyan a Guaidó la mayoría de los países que comulgan con los valores occidentales: el compromiso con los derechos humanos, el respeto a la norma y a las minorías y la economía abierta. En este grupo están Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Argentina, Brasil, Chile, Colombia… y ahora España. Siguen fieles a Maduro los que creen que estos valores sólo han servido para que un club de élite domine a los demás (Lavrov, ministro de Exteriores ruso) o los que piensan que estamos instalados en un mundo postoccidental (Zarif, ministro de Exteriores de la República Islámica de Irán). Además de Rusia y China, militan en este grupo Irán, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Siria.

Así las cosas, lo primero que tiene que hacer el presidente Sánchez es convencer a nuestros socios europeos de que Maduro ha perdido la legitimidad democrática en un proceso degenerativo en el que caben distinguir tres etapas. En los años anteriores a las elecciones legislativas del 2015 se cebó inmisericorde con la prensa poco amiga; metió en la cárcel a muchos de sus adversarios políticos y se empeñó en controlar a los jueces para protegerse de una eventual mayoría contraria a sus intereses. Cuando la Mesa de Unidad Democrática ganó las elecciones de 2015, dio otro golpe de tuerca e hizo todo lo posible para anular a la Asamblea Nacional: invalidó actas de diputados electos; desconoció las disposiciones que no eran de su agrado y creó ex novo una Asamblea constituyente a su imagen y semejanza. Una especie de Consejo Nacional del Movimiento con sabor caribeño. Todo un cúmulo de ilegalidades que culminó en las elecciones presidenciales de mayo de 2018 que ni el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, ni la Unión Europea, ni la OEA, ni el Grupo de Lima se prestaron a avalar.

Maduro hizo del hambre su principal reclamo electoral, muchos venezolanos fueron a votar por el miedo a perder el acceso a los artículos de primera necesidad sujetos a precios regulados. A partir de entonces todo ha ido a peor: el Presupuesto no ha sido aprobado por la Asamblea, como establece la Constitución; como tampoco lo han sido los créditos adicionales que han permitido al Gobierno incrementar el gasto público en más de un 9.000% lo que vulnera el artículo el 318 de la Constitución que obliga al Ejecutivo “a preservar la estabilidad de los precios y promover el valor interno y externo de la unidad monetaria”.

¿No cree la Unión Europea que Maduro ya ha dinamitado suficientemente el orden institucional y que hoy existe un vacío legal que, según la propia Constitución bolivariana, debe ser colmado cuanto antes para no agravar el actual conflicto civil? ¿No creen en Bruselas que ya ha incumplido su deber de “procurar la garantía de los derechos y libertades de los venezolanos” (artículo 232 de la Constitución Bolivariana)? ¿No son conscientes de que con lo que está pasando “debe encargarse de la Presidencia de la República el Presidente de la Asamblea Nacional” (artículo 233)?

Maduro no debería seguir en Miraflores ni un segundo más. Y cuando digo ni un segundo más, no exagero porque el caos constitucional se ha traducido en “el peor desempeño económico de un país no incurso en guerra”, según la Asociación Nacional de Ciencias Económicas de Venezuela. 2018 fue el sexto año consecutivo de recesión económica. La renta per cápita es hoy la mitad de la que era en 2013. La inflación llegó a ser el año pasado de un millón setecientos mil por cien, según la Asamblea Nacional (único organismo oficial que da datos). Y llegará a ser de diez millones por cien en el próximo año, según el Fondo Monetario Internacional. Una cifra desconocida desde los tiempos de la Alemania de Weimar.

La hiperinflación ha devastado el tejido económico y ha arruinado a millones de venezolanos que viven de su trabajo. No hay alimentos, ni medicamentos ni papel higiénico. Las secuelas de este dislate son el hambre, la enfermedad y, en algunos casos, la muerte. Más de 3.300.000 venezolanos han abandonado Venezuela, un país que cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo (por delante de Arabia Saudí, Canadá o Irán), un clima paradisiaco y unos excepcionales recursos humanos. Si las cosas no cambian, irán a peor cuando entren en vigor las nuevas sanciones decretadas por Trump, porque el 95% de las rentas fiscales de Venezuela provienen del petróleo y Estados Unidos es su cliente más importante).

Con este telón de fondo, lo primero que debe hacer el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, es liderar una decisión común en el Consejo Europeo que obligue a Maduro a convocar elecciones libres (fair and free) o, mejor aún, a ceder a Guaidó el control del Gobierno y la Administración para que pueda cumplir los compromisos que él mismo asumió: devolver la palabra al pueblo y aprobar unaamnistía que cierre heridas pasadas y abra el futuro a todos los venezolanos que acepten el juego democrático. Más o menos lo mismo que, en circunstancias diferentes, hizo Suárez hace más de 40 años. Obvio es decir que, en este caso, la comunidad internacional y, muy especialmente la Unión Europea, deben aprobar de forma inmediata un plan de emergencia para sacar al país de su desastrosa situación.

Si fracasara la operación elecciones, Venezuela se verá cada vez más aislada internacionalmente y aumentará el descontento popular, pero no sabemos lo que hará el ejército. Caben dos hipótesis: o más represión militar o, como ocurrió en Portugal, la oficialidad y las clases de tropa se pondrá junto al pueblo. La cúpula -usufructuaria del poder militar y económico- está con Maduro, pero ignoramos lo que opinan la oficialidad y las clases de tropa que sufren las mismas penalidades que la población civil. ¿Estarán dispuestos a seguir defendiendo a un Maduro cada vez más atrincherado en su soledad? ¿Serán capaces de disparar contra un pueblo que reclama libertad y un mínimo de bienestar para ellos y sus hijos? Esas son las preguntas que nos hacemos todos los que sentimos al pueblo venezolano como parte de nuestra identidad nacional.

En cualquier caso, la estrategia de la Unión Europea debe basarse en dos premisas: la primera es que el protagonismo corresponde a los latinoamericanos y no a Estados Unidos o a la UE, que tienen que ayudar pero no liderar el proceso; la segunda es que las medidas restrictivas y las sanciones que se aprueben no pueden agravar la situación de penuria de un pueblo que ya ha sufrido lo indecible.

José Manuel García-Margallo, ex ministro de Exteriores, es diputado del Partido Popular.

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