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Venezuela: una transición llena de incógnitas por Francesco Manetto – El País -29 de Julio 2018

El PSUV celebra su congreso mientras la oposición trata de volver a la unidad

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, en el congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, en el congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). EFE

La gravísima crisis económica e institucional de Venezuela ha generado al menos un consenso amplio que, con la excepción del núcleo duro del régimen de Nicolás Maduro, incluso amenaza con quebrar al chavismo por dentro. Casi todos coinciden en que la situación se ha vuelto insostenible. Lo es por la hiperinflación, por la presión internacional y las sanciones a algunos de los principales dirigentes oficialistas, por la represión de la protesta social en la calle, los presos políticos —250, según la ONG Foro Penal—, por el saqueo de PDVSA, la petrolera estatal…

Una especie de tormenta perfecta azota el país. Y, a pesar de la aparente fortaleza del aparato oficialista, que logró desunir a la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), las fuerzas críticas con el Gobierno siguen esperando que se produzca pronto un cambio. Tal vez antes de finales de año.

“Si no abandonan el socialismo y van hacia una dictadura, simplemente vamos a tener un colapso mucho mayor. Es decir, anarquía, que nada funcione y que todo se convierta en una especie de Mad Max”, vaticina Ángel Alvarado, economista y diputado en la Asamblea Nacional elegido en 2015 en las listas de Primero Justicia, el partido de Julio Borges y Henrique Capriles.

Un semestre clave

“Están empobrecidos todos, el chavismo tiene una base popular muy grande y yo siempre me acuerdo de ese cuadro de Goya en el que Saturno se come a sus hijos. En este momento el socialismo se está comiendo a sus propios hijos”, continúa este opositor. “Yo creo que el segundo semestre va a ser clave. Tenemos demasiados catalizadores a la vez: sindicatos molestos, trabajadores, fuerzas armadas, descontento generalizado, las sanciones pueden empeorar… ¿Alguna de estas cosas es nueva? No. Lo que es nuevo es que todo ocurra a la vez”, advierte.

Según el análisis más extendido, Maduro logró la reelección en mayo de forma ilegítima, porque convocó unas presidenciales sin suficientes garantías democráticas y poniendo trabas a la oposición, cuyas fuerzas mayoritarias declinaron participar. No obstante, uno de los escenarios de futuro que contemplan analistas como Henkel García pasan precisamente por un acuerdo entre el chavismo y un sector de la oposición. O, como hipótesis alternativa, por una crisis interna del oficialismo que dé paso a una transición. “Analizando la dinámica dentro del chavismo, él gana con la promesa de hacer un cambio en la economía, cosa que no ha podido entregar”, explica. Esta circunstancia puede conferir un carácter político al malestar social, que hoy está todavía desarticulado.

Con estas premisas ayer comenzó su congreso la formación de Gobierno, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Rodrigo Cabeza, que fue ministro de Finanzas del expresidente Hugo Chávez y diputado, mantuvo que en su opinión el cónclave será una simple exhibición de unidad del oficialismo. Cabeza dijo en declaraciones a la agencia Reuters que el Gobierno prohibió a los ministros mencionar la palabra hiperinflación y hablar de subida de precios. El argumento habitual del Maduro para tratar de justificar los males de Venezuela es el de la “guerra económica” y el supuesto fantasma del enemigo exterior.

La oposición

No obstante, la clave consiste en desentrañar los próximos pasos de la oposición, que, antes de la votación de la Asamblea Nacional Constituyente en julio de 2017, mantuvo la presión en la calle durante casi cuatro meses para luego sumirse en el desánimo y en las tensiones internas. Mientras algunos gremios, como los del sector sanitario, le han plantado cara al Gobierno en las últimas semanas, el Frente Amplio —el movimiento que se propone convertirse en una alternativa a la MUD— ha sopesado la posibilidad de convocar una huelga general.

Opositores como Alvarado están dispuestos a dar la batalla, en un intento de quitarle la incitativa al Ejecutivo: “Ahora, si logran pasar estos seis meses, podemos ir a una situación muy complicada en los próximos años. Es decir, que se instale y se consolide algo completamente perverso”.

“Al final”, resume, “lo que está en juego es el Gobierno, si abandona el socialismo o no y si se convierte en un Estado de dictadores”.

La peste Venezuela y el Orán de Camus por Héctor E. Schamis – El País -28 de Julio 2018

download.jpgHe seguido a Venezuela por décadas. Inicialmente por la anomalía de su democracia petrolera, luego por el colapso del puntofijismo y su consecuente vacío, un escenario propicio para el surgimiento del populismo. Más tarde fue la construcción de un régimen autoritario. Y a partir de 2014 por la crisis política profunda, la cual pensé que era irreversible e implicaba una inminente caída de dicho régimen. 

Erróneamente, pues allí sigue. Lo cual me causa perplejidad al mismo tiempo que corrobora mi ignorancia. Dicho régimen no gobierna, en el sentido estricto del término, pero sí ocupa el poder. Su rasgo más saliente es la degradación institucional causada por una fuerza política que se convirtió en organización criminal estando en control del aparato del Estado.

O de sus ruinas. Así es cuando la corrupción captura la política y los warlords venezolanos se disputan la apropiación de los recursos lícitos e ilícitos. Lo que queda de ese Estado tanto como lo que queda de la salud pública, el tejido social, la estructura productiva y la moneda en un país que parece haber sido destruido por una peste, un país convertido en el Orán de Albert Camus. 

Cómo no pensar en La peste, donde se revela lo mejor y lo peor. Está el Doctor Bernard Rieux, un médico abnegado que dedica sus esfuerzos a curar, pero también está el Doctor Richard, dubitativo y negador de la realidad, hasta que la peste lleva su propia vida. Está el periodista Raymond Rambert, a quien la peste encuentra en Oran por casualidad, pero que se queda a luchar contra la enfermedad y hace de esa lucha su prioridad. Y está también Cottard, personaje con pasado criminal para quien la peste es la oportunidad de lucrar por medio del contrabando. 

Alcanza con leer las noticias sobre Venezuela para leer a Camus. Una noticia recorre las redes. Muchos de los alimentos distribuidos por el gobierno a través del sistema CLAP no son aptos para consumo, llegan pasada su fecha de expiración. En un video que se hizo viral se observa un paquete de frijoles atiborrado con gorgojos. 

Los medios reportan rupturas en las tuberías de varias ciudades del país, produciendo fugas de agua potable y generando escasez. El problema se ha vuelto permanente en muchas urbanizaciones de Caracas. Hay casos de vecinos que se han puesto de acuerdo para contratar empresas de ingeniería privadas y realizar excavaciones en busca de pozos. O bien lo hacen por su cuenta. Allí tiene el lector una definición abreviada del concepto “Estado fallido”. 

La prensa informa acerca de una reciente investigación de Susana Raffalli, conocida experta en seguridad alimentaria. En 16 estados del país, el 15 por ciento de los niños están en riesgo de morir por desnutrición. Ello significa un retroceso de 50 años en el sector salud. No es una cifra a nivel nacional pero es suficientemente crítica. El 33% de los recién nacidos ya exhiben un atraso de crecimiento irreversible. 

Esta semana el FMI pronosticó una inflación anual de un millón por ciento en Venezuela para este año. Ello como concomitante del alto déficit fiscal, financiado con expansión monetaria, y una caída del producto proyectada de 18%, la cual debe agregarse a una contracción de 50% en los últimos cinco años. Se advierte que aumentarán las consecuencias migratorias para los países vecinos. 

Con un sistema de precios destruido, se erosiona la normatividad fundamental de toda la sociedad. Cuando nadie conoce el valor de lo cotidiano, las conductas son puro individualismo; “anomia”, lo llaman los sociólogos. Ello destruye el tejido social, tal como lo expresa el éxodo ininterrumpido. La hiperinflación también es una plaga. 

Los periódicos informan que la Asamblea Nacional, la legislatura elegida legítimamente, ha iniciado una investigación sobre la nacionalidad del presidente del Tribunal Supremo de Justicia en el exilio, Miguel Ángel Martín. Lo hicieron mediante un oficio enviado a la Cónsul General de España, no a través de una consulta con el interesado. Lo absurdo es que Martín fue elegido junto con otros 12 magistrados por la propia Asamblea Nacional, cumpliendo con su prerrogativa constitucional, en julio de 2017. 

Dejaron el país a consecuencia de la persecución del gobierno. Desde el exterior el TSJ trabaja sobre casos por demás sensibles. Entre ellos, la destitución de Maduro y la formación de un gobierno en el exilio, y el caso Odebrecht con sus aportes a las campañas del oficialismo y, según algunos, de la oposición por igual. 

Venezuela hoy o el Orán de Camus en 1947, la vida, el poder, la grandeza y la miseria. Y la peste.

Nuevas estrategias opositoras por Simón García – La Patilla – 27 de Julio 2018

download.jpgExiste coincidencia sobre el debilitamiento de la oposición por sus propios desaciertos. La discrepancia comienza con las iniciativas que llevaron de la contundente victoria electoral del 2015 a la fragmentación y reducción del papel de la oposición. Las diferencias se han ahondado al escoger rutas y medios para enfrentar al gobierno.

No habrá recuperación sin que los partidos decidan revisar sus actuaciones de los últimos tres años. Escalón inicial para afirmar, rectificar y generar nuevas orientaciones que mejoren la extensión, calidad y eficacia de sus actividades. La unidad consiste en la mayor concordancia sobre fines, objetivos, tiempos y formas de lucha. El nombre, su concreción organizativa o sus reglas de funcionamiento son derivaciones del contenido.

En la raíz de la pérdida de representatividad y de identificación de la población con la oposición influyen dos factores que deben ser examinados sin prejuicios: los hábitos y comportamientos de los dirigentes y los vacíos en la formulación y ejecución de la estrategia democrática, constitucional, pacífica y electoral.

La rutina, aquellos modos de hacer que nos vienen del pasado y la repetición automática, resta actualidad a la política. Pero lo peor es que abandonamos las virtudes del viejo modo de hacer política, sin adquirir las fortalezas competitivas en temas como la relación con la población, la elaboración y comunicación del discurso, la articulación con el mundo asociativo en el que la política no juega papel central o la solidaridad activa con quienes son víctimas o están afectados por el modelo y la gestión del régimen.

La inactualidad de una oposición que subsiste como una burbuja frente a la realidad, está fortaleciendo la falsa idea de que los políticos y la buena política pueden ser prescindibles. Por otra parte, el tercio de la población que sigue cualquiera de las orientaciones partidistas parciales de la oposición, comprueba que su acción no es efectiva y patina sobre el sinfín de anuncios sobre un  inminente derrumbe del gobierno, a pesar de que el poder sigue ahí, mandando sin gobernar.

Se requiere que militantes y dirigentes asuman la revisión crítica de una estrategia que se redujo a enumerar sus medios (electoral, pacífico, constitucional y democrático) sin esclarecer aspectos como qué es lo que se adversa, la política de alianzas o los diversos ámbitos de su ejecución.

La división de la MUD se produce, como fractura de opciones estratégicas,  cuando sectores de ella llegaron a la convicción de que la salida del régimen es imposible por vía electoral y pacífica. Esto ha producido la anomalía de una oposición que socava formas materiales de existencia de la democracia, como educar en la inutilidad del voto y llamar a la no participación en elecciones, como sí se hizo en la dictadura de Pérez Jiménez, porque no se va ganar.

En la práctica buena parte de la oposición está asumiendo como estrategia no participar en elecciones mientras exista el régimen, otra habla de negociar una transición, pero sin Maduro. Estas posiciones corresponden al deseo de derrocar al gobierno, aun al precio de una violencia general.

No ayuda a encontrarse con quienes sostienen estas tesis juzgarlas mediante descalificaciones, pero tampoco puede ignorarse el deber de desmontarlas, criticarlas y proponer nuevas estrategias.  

Uno de esos elementos, impuesto por la disyuntiva del país, es concentrar todas las energías de cambio en sustituir el nocivo modelo económico institucional del régimen. Lo dice hoy la calle y es un comienzo, aunque no sea el todo. Todavía.  

Demagogia trágica por Sadio Garavini di Turno – El Universal – 18 de Julio 2018

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Enrique Krauze en su excelente libro de ensayos más reciente “El Pueblo soy yo”, analiza el concepto de demagogia y nos dice que ya en la Grecia del siglo V a.C. “había comenzado a insinuarse en el cuerpo de la democracia para minarla desde dentro, barrenando su tronco mediante el uso torcido, falaz e interesado de la palabra”. Y nos recuerda que Tucídides, Aristófanes, Platón y Aristóteles la estudiaron y escribieron contra ella: ”Comprendieron que la demagogia era una adulteración letal de la verdad, un culto cínico al éxito a través de la mentira, la conculcación de la palabra al servicio de la ambición política”. Krauze cita también a Jenofonte: “La demagogia radica en el mal ejercicio del liderazgo y en una adscripción a un partido político que no busca el bien común de la polis”. Parece que estuvieran hablando del régimen de Maduro. Hay algo de verdad en la antigua máxima ”nihil novum sub sole”.

Norberto Bobbio, uno de los grandes de la ciencia política contemporánea, ha utilizado, en alguna ocasión, el término monocracia, como sinónimo de autocracia, el poder concentrado en una sola persona, pero diferente del poder de la antigua monarquía absoluta, que dejaba espacio para la acción de cuerpos intermedios, como la Iglesia , la nobleza y las corporaciones. La monocracia moderna con vocación totalitaria, como la que estamos viviendo en Venezuela, es como diría Bobbio, “anticonstitucionalista” porque vacía de contenido a la separación de poderes, es antiliberal porque no respeta las libertades, garantías y derechos de las personas frente al Estado, es antidemocrática porque degrada al pueblo al nivel de masa inerte manipulada “clientelísticamente” y finalmente es antipluralista, porque el Estado pluralista es un Estado en el cual no existe una sola fuente de autoridad que sea omnicompetente y omnicomprensiva. Eduard Bernstein dijo una vez:”Es una experiencia eterna el hecho de que todo hombre que tiene en sus manos el poder es llevado a abusar de él, procediendo así mientras no encuentre límites”. Una de las razones por la cuales el sistema democrático es preferible a cualquier otro es que el control popular que la democracia permite ejercer es uno de esos límites. Por eso, Bobbio nos dice que: “toda la historia de la filosofía política puede ser considerada como una larga y atormentada reflexión sobre el tema: ¿cómo se puede limitar el poder?”. En la Venezuela de Maduro ya no existen límites institucionales al poder del régimen.

Michelangelo Bovero, el discípulo y sucesor de Bobbio en la cátedra de filosofía política en la Universidad de Turín, nos recuerda a Polibio y su teoría de las formas mixtas de gobierno El historiador romano partía de las formas simples y virtuosas de gobierno de Aristóteles y afirmaba que el problema consistía en su inestabilidad: la monarquía degeneraba en tiranía; la aristocracia, el gobierno de los mejores, se transformaba en una oligarquía, el gobierno de los privilegiados; y la república terminaba en el desorden y la anarquía de la demagogia. La solución de Polibio era la mezcla de las formas puras de gobierno para integrar un sistema de equilibrios y complementaciones que ofreciera estabilidad al gobierno. La Monarquía constitucional británica del siglo XIX es un ejemplo al respecto: los poderes del Estado divididos entre la Corona y un Parlamento integrado por una Cámara de los Lores, conformada por aristócratas y una Cámara de los Comunes electa por el pueblo. Lo que no pensó Polibio, nos dice Bovero es que la mezcla bien podría darse entre las partes corruptas del gobierno. La combinación de la tiranía, la oligarquía y la demagogia es lo que Bovero llama “kakistocracia”: el pésimo gobierno, la república de los peores. La Venezuela de Maduro definitivamente se ha transformado en la kakistocracia” de Bovero, con presidente totalitario y demagogo, una oligarquía militar-civil corrupta y el desorden de la “oclocracia”, el poder de la turba, de la plaza. La kakistocracia demagógica madurista ha producido la tragedia socioeconómica brutal que sufrimos los venezolanos.

 

 

 

Why Trump’s proposal to invade Venezuela is worth taking seriously by Ben Kew – Spectator USA – 9 de Julio 2018

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Last week, the Associated Press reported that President Trump once pressed aides on the possibility of invading Venezuela to topple the ruling Maduro regime. The move, last August, was allegedly dismissed by his then-National Security adviser H.R. McMaster as a rash idea that would undermine America’s relationship with his Latin American allies.

Yet Trump wasn’t convinced. According to Colombian officials who spoke to AP, he decided to propose the idea to a group of regional leaders at the UN General Assembly last September. The answer was an unequivocal no, and the trading bloc later declared that “the only acceptable means of promoting democracy are dialogue and diplomacy” and opposing “any option that implies the use of force.”

Despite its obvious significance, the story was drowned out by the usual and ongoing rows over everything from immigration to the Russia investigation. Venezuela’s demise in the aftermath of Hugo Chávez’s ‘Bolivarian Revolution’ remains a somewhat inconvenient topic for much of the media who presented Chavez as a hero of his time.

Most dismiss the Trump Venezuela story as an example of Trump’s impulsivity on a matter that he does not fully understand. That may be true, although the idea itself is not without reason or precedent. It is also increasingly discussed by the many Venezuelans living in exile or fighting the regime from the inside.

Apart from its long term ally in Cuba, Venezuela is the only country in Latin America indisputably within the grip of an authoritarian dictatorship. Since seizing power in 2013, Nicolás Maduro, a former bus driver who rose the ranks of Chávez’s socialist government, has degraded the country’s democratic institutions and installed a fraudulent lawmaking body filled with government stooges. After calling a presidential election in May, he banned nearly all opposition candidates from running and succeeded in conducting a sham election. Venezuelan democracy is well and truly dead.

Political repression is also rampant. Hundreds of former political figures are locked up for having opposed the regime. The most prominent of those is the opposition leader Leopoldo Lopez, who was imprisoned for his role in organizing mass protests against the government. According to multiple human rights groups, prisoners are regularly tortured. Through his new legislature, Maduro has begun introducing new laws designed to chip away at freedoms guaranteed in the Venezuelan constitution. An example includes the recent passing of the “Law Against Fascism and Hatred,” which effectively silences criticism of the government.

As well as his tyrannical streak, Maduro has also overseen an economic collapse that has left millions of people in dire poverty. The country’s minimum wage is equivalent to under two dollars ($2) a month and increasing numbers are suffering health problems linked to malnutrition. Countless Venezuela horror stories have emerged, including cases of child prostitution, the butchering of zoo animals, even cannibalism. Thousands of people are now fleeing the country every day to neighbouring countries such as Brazil and Colombia. Last year the U.S. received more asylum requests from Venezuela than Syria. The Council on Foreign Relations has deemed Venezuela a “humanitarian crisis,” and, as things worsen, America can only expect to see more political and economic migrants turning up on its southern border. This is all from a country that has the largest oil reserves in the world.

Yet an attempt to liberate and relieve the suffering of the Venezuelan people is only one aspect of a potential military intervention. In recent years, the State Department has acknowledged that the Maduro is allowing jihadist groups such as the Islamic State to operate freely in Venezuela. The country’s vice-president, Tareck El Aissimi, is also a designated drug ‘kingpin’ with strong links to Hezbollah. Last year, it even emerged that prominent Maduro henchman Diosdado Cabello (believed to be the head of the drug trafficking group Cartel de los Soles) ordered a failed assignation attempt on Florida Senator Marco Rubio. The Venezuelan regime is by all accounts an enemy of the United States, and will do anything within their limited power to undermine it. A Venezuelan invasion would differ from recent US-led wars, too, in that it would be an example of America interfering in its ‘near abroad’ rather than the more remote Middle East.

Removing the Maduro regime from power can be presented as a priority for U.S. national security, a concept fully in line with Trump’s policy of ‘America First.’ As with all foreign policy, there is no easy solution to reviving a failed state and removing its leaders from power, but a Venezuela intervention would not necessarily be as unpopular with Trump voters as a move to put boots on the ground in, say, Syria.

Trump has made no secret of his determination to win Venezuelans their freedom, and has refused to rule out a military solution. However, his response so far has come in the form of economic sanctions against the country’s crucial oil sector. That appears only to be hurting the Venezuelan people. To set Venezuela back on the path to recovery and to secure regional security, a more radical solution must be found.

Ben Kew is a National Security reporter for Breitbart News who has written extensively on Venezuela

Unidad y realidad por Simón García – TalCual – 8 de Julio 2018

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Es preocupante, que la política de la oposición haya producido pocas alteraciones en el gobierno y muchas, en su mayoría negativas, en el campo opositor. Tiene que haber una respuesta que nos explique por qué no se ha fracturado el bloque de poder mientras la oposición se fragmenta, se aísla de la sociedad y pierde identidad. Este efecto boomerang se produce también en otros ámbitos de la oposición.

¿Es la falta de unidad la causa básica de los fracasos de la oposición? ¿O se trata más bien de la concepción que se tiene sobre la unidad, la forma como ella se expresa o la clave está situada fuera del tema de la unidad? Lo cierto es que alguna reflexión debe hacerse contra la costumbre de acumular derrotas y obtener éxitos sin que sean analizadas y sintetizadas en un conocimiento compartido…

Después del grave error de la abstención del 2005, se inició un proceso unitario empujado por la necesidad de subsistir y por lograr presencia en los órganos a los que se podía acceder electoralmente. La otra cara de ese proceso es que se llevo a cabo sin una articulación política con la sociedad civil y sin ocuparse de lo que se dio en llamar la lucha en los otros tableros.

Ante un régimen autoritario, que usa la democracia para abatirla, el peso del Estado y su intensificación del control y sumisión de la población civil implica enormes trabas para la existencia de los partidos y el debilitamiento programado de la sociedad civil. La idea de unidad se reduce a intento de sobrevivencia y a la lógica de sumar fuerzas para compensar debilidades.

La unidad se fue sembrando como un mito, el propio opio de la oposición. El pensamiento y la acción política se desfasaron del cambio en la relación de fuerzas, sosteniendo una actitud ofensiva cuando debía evitar choques, protegerse con la ligera colchoneta de la legalidad y apelar a un enorme ingenio para acumular fuerzas mediante recursos defensivos.

En cambio se optó por exigirle a una autocracia que se comportara como una democracia. Esta exigencia sin posibilidad de logro, condujo a sustituir la realidad por los deseos y surgió la política ficción. Ya una parte de la oposición va rumbo a un gobierno paralelo en el exilio que llegará a Miraflores de la mano de fuerzas militares extranjeras o de un golpe de estado. La película tiene fin inminente.

La consistencia del proceso unitario, además de sus resultados políticos, debe medirse por la calidad de sus relaciones con el conjunto de la sociedad, por el método para tomar las decisiones y por el modo cómo se trate a las divergencias. Los hechos muestran una imposición, de vetos y exclusiones. La tendencia a excluir las divergencias de la democracia y a condenar a los disidentes. La relación social desapareció.

La decisión de AD de retirarse de la MUD obliga a replantearse radicalmente una nueva concepción unitaria. Es probable que temporalmente la unidad pase a un segundo plano y los distintos polos de oposición se concentren en su propio fortalecimiento y en posicionarse en competencia con los otros.

Pero la unidad de salón se agotó. Cualquiera sea la forma que se encuentre para su renovado relanzamiento requiere expresar la energía de cambios que sacude al país y revisar la viabilidad de los fundamentos pacíficos, constitucionales, democráticos y nacionales de la estrategia. El fin de la MUD puede ser el comienzo de otra visión sobre la UNIDAD.

¿Para qué serviría la justicia transicional en Venezuela?por José Ignacio Hernández – ProDaVinci – 6 de Julio 2018

justicia-150x150.jpgEn días pasados, la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, presentó ante la Asamblea Nacional un proyecto de “Ley de Amnistía”, cuyo propósito básico es otorgar beneficios penales a aquellos funcionarios que decidan colaborar con el restablecimiento del orden constitucional.

Esta idea no es nueva. Así, más que una amnistía, pareciera que la fiscal está refiriéndose a lo que se conoce como “justicia transicional”, cuya finalidad es crear condiciones favorables para promover una transición de regímenes autocráticos a regímenes democráticos. En el pasado, esta idea ha sido promovida por la Asamblea Nacional y por diversas ONG. En general, el tema de la transición democrática en Venezuela ha venido siendo estudiado, entre otros, por el Centro de Estudios Políticos de la UCAB, así como por el profesor Miguel Mónaco, en un artículo publicado aquí en Prodavinci.

Tomando como referencia casos comparados de transiciones democráticas, convendría analizar cuál sería el rol de la justicia transicional en Venezuela.

¿Qué es una transición?

Siguiendo la definición de O’Donell y Schmitter, la transición puede definirse como el intervalo entre un régimen político y otro. Por ello, la transición democrática es el proceso por el cual un régimen autocrático da paso a un régimen democrático. La transición se considera exitosa si la democracia logra establecerse de manera permanente, al menos, con condiciones mínimas o básicas.

Este concepto aclara varias ideas. La primera de ellas es que el cambio de autocracia a democracia no siempre es instantáneo; por el contrario, se trata de un cambio gradual en el cual el régimen autocrático es desmontando al mismo tiempo que el régimen democrático es construido. Por ello, la segunda idea es que es difícil marcar el momento en el cual se inicia el paso de una autocracia a una democracia. La tercera idea está asociada con la imperfección: la transición implica que el régimen democrático no será instalado de manera pura, sino que, por el contrario, se irá construyendo sobre la base de instituciones autocráticas.

La gradualidad de la transición puede justificarse por dos causas. La primera está asociada a las condiciones políticas que impiden un cambio súbito de la autocracia a la democracia. La segunda se refiere al éxito del proceso: cambios súbitos suelen generar regímenes democráticos inestables. Como señala Popovic, el objetivo final no es sólo promover un cambio político, sino establecer un Gobierno democrático permanente.

¿Por qué se inicia una transición?

Acemoglu y Robinson, junto a otros autores, han concluido que los gobernantes autocráticos sólo deciden ceder el poder cuando calculan que luego del cambio podrán estar en una posición igual o mejor a la que tenían durante la autocracia.

Por ello, las transiciones están asociadas a cambios que afectan el poder que el régimen autocrático ejerce, lo que le lleva a aceptar cambios hacia un régimen democrático en la medida en que ese cambio pueda preservar sus propios derechos, tal y como North y otros han señalado. De allí surge el concepto de pacto, como el acuerdo que promueve la cooperación entre diversos actores políticos con intereses y posiciones disímiles, para organizar una transición beneficiosa para todas las partes.

Una ecuación matemática

Robert Dahl resumió todas estas ideas al señalar que la democratización comienza cuando se logra aumentar los costos de represión y disminuir los costos de tolerancia. Vamos a explicar en términos sencillos esa ecuación.

Un gobernante autocrático manda por el uso de la fuerza y de la coacción, y no por la legitimidad de elecciones libres y transparentes. Pero, por más poder que tenga, el gobernante necesita de personas que cumplan sus órdenes, como por ejemplo, funcionarios policiales y judiciales. Estos funcionarios –y las instituciones a las cuales pertenecen- son llamados “pilares de soporte”, pues ellos soportan al régimen autocrático. La base de tales pilares es, por ello, el deber de obediencia.

Por lo tanto, para iniciar la transición, lo primero que hay que hacer es minar esos pilares, para lo cual es preciso aumentar el costo de represión, o sea, el costo de los funcionarios del régimen autocrático de seguir apoyando medidas que consoliden el autoritarismo. Esto se logra, por ejemplo, con amenazas de sanciones, en especial, en el ámbito internacional.

Pero no basta con aumentar el costo de represión. Además, es necesario disminuir el costo de tolerancia. ¿Y eso qué significa? En términos sencillos, ello implica que es necesario promover que los funcionarios del régimen dictatorial sean aceptados e incluidos en el nuevo gobierno democrático. Ningún funcionario de la dictadura va a colaborar con el restablecimiento de la democracia si a cambio obtendrá la cárcel. Por el contrario, ese funcionario tendrá incentivos de colaborar si obtiene ciertos beneficios que garanticen sus derechos luego de la transición.

La justicia transicional

Ahora estamos en posición de explicar qué es la justicia transicional.

Retomemos lo antes señalado. Imaginemos una dictadura en la cual la sociedad civil ha logrado incrementar los costos de represión, pero, a la par, han aumentado los riesgos de penas y sanciones, o sea, han incrementado los costos de tolerancia. En ese escenario es difícil que se inicie un proceso de democratización, pues los funcionarios del régimen autocrático tenderán a no apoyar un cambio que podrá conducirlos directamente a la cárcel.

Precisamente, para evitar ello, existe la justicia transicional. Se trata de un mecanismo de justicia orientado a investigar crímenes cometidos por funcionarios de regímenes dictatoriales, a los fines de restaurar la dignidad de las víctimas y otorgar mecanismos de reparación efectivos, pero bajo beneficios penales a los funcionarios que decidan contribuir con el restablecimiento de la democracia. Esos funcionarios no serán objeto de penas privativas de libertad, o en su caso, serán objeto de sanciones atenuadas, precisamente, por su contribución a la transición democrática.

La justicia transicional es el término medio entre la amnistía y la justicia penal. Así, de la justicia penal toma la posibilidad de investigar crímenes cometidos para reparar a las víctimas y de la amnistía toma los beneficios penales. Sin embargo, mientras que la amnistía implica el olvido del delito cometido, la justicia transicional implica determinar la verdad de las violaciones cometidas por los funcionarios de la dictadura.

¿Por qué la justicia transicional implica beneficios penales? Ello se justifica para disminuir los costos de tolerancia. Así, un funcionario estará más dispuesto a colaborar con la transición si sabe que el nuevo régimen democrático no lo pondrá en la cárcel. Por ello, en la justicia transicional, la imposición de penas se sacrifica por un objetivo superior: asegurar la transición democracia estable y, con ello, la reconciliación.

¿Implica la justicia transicional impunidad? No. La impunidad supone que determinado crimen no será investigado. En la justicia transicional, los crímenes son investigados, las víctimas son reparadas y, eventualmente, los culpables tendrán alguna consecuencia, que no será, sin embargo, las penas privativas convencionales.

Pero no todos los crímenes pueden ser objeto de estas medidas. Graves crímenes de lesa humanidad –como los tipificados en el Estatuto de Roma– deberían tener un tratamiento distinto.

Con lo cual, en resumen, una Ley de Justicia Transicional podría ser parte de una estrategia mayor, a saber, para diseñar y promover un proceso de transición hacia la democracia en Venezuela. De allí la pertinencia de discutir este tema.

 

Se busca un gobierno saludable por Eugenio Montoro – Diario Contraste.com – 5 de Julio 2018

UnknownUna máxima dice que los buenos gobiernos son como la buena salud pues no se sienten. Esto también implica que si se sienten ocasionando penurias a los ciudadanos son malos gobiernos. No tenemos que hacer esfuerzo alguno para catalogar al régimen que dice gobernar a Venezuela, como superlativamente malo tal como si tuviéramos pésima salud.

No importa donde usted se encuentre, el tema usual es el costo de la vida. Los precios de las cosas y servicios cambian a gran velocidad, pero siempre hacia arriba. “Ayer fui a comprar una bobina para el carro, me pidieron una grosería de millones. Seguí buscando mejores precios y nada. En la tarde volví al primer sitio. No me vas a creer ya había aumentado y aquí me tienes pelando bolas sin carro”. “Dora, te cuento, tenemos que ponernos a cultivar tomates. Saqué la cuenta y con dos kilos de tomates diario vivimos tranquilas. Dora, me estás escuchando?

Alguien debe tener la culpa de este despelote. Si le preguntamos a un economista dice que la emisión de dinero sin control y el control de cambio son los factores de mayor influencia en la hiperinflación, pero si le preguntamos a los mandones nos dirán que es consecuencia de la “guerra económica”. En medio de las opiniones está el ciudadano común que, cualquiera sea la verdad, es el que debe pagar el precio y sufre el problema.

Pero de lo que no hay duda es que el ruido que produce el tema de los precios es ensordecedor, extenso y angustiante para todos, por lo que deberíamos concluir que el régimen, de tanto hacerse sentir, es malo.

Un tema que también se hace sentir es el de la electricidad que todos los zulianos sufrimos, cual peste, con frecuentes y largos cortes. Otro, es el drama de la salud que causa decenas de muertes diarias por falta de dotación de medicamentos y logística y nada hace más ruido en el alma que el dolor de ver a los jóvenes abandonando a su País por falta de futuro.

Así que, por donde se le mire, este régimen es una máquina de infelicidad y, a falta de propósito de enmienda, es necesario cambiarlo por algo sensato. Decir que hay que cambiar al régimen es fácil pero después de probar todo lo que usualmente ha hecho caer a malos gobiernos en todo el mundo sin éxito, nos encontramos como en una inmensa llanura de incertidumbre sobre lo que debemos hacer en adelante.

Un conocido me asegura que la cosa está tan enredada que sin hacer nada se solucionará este malpuesto asunto, que la declinación en entrada de divisas es tan brutal que hasta los cubanos se van a regresar a su isla. Va a pasar algo así como los solitarios arbustos en las zonas secas que por alguna razón se prenden en fuego y se queman completos y luego, también solitos, se apagan y queda el esqueleto de las ramas principales.

Dentro de esta aventura inédita en que nos ha tocado vivir no deja de ser una interesante teoría, pero no nos debemos confiar y hay que insistir en darle unos buenos machetazos al arbusto venenoso y reemplazarlo por otro que de frutos.

Cualquier iniciativa para crear opinión en contra del régimen, hacer protestas, pedir ayuda internacional rema en la dirección correcta. Exigir la renuncia de Maduro, exigir elecciones, solicitar una intervención de cualquier tipo son acciones correctas y ninguna es mejor que otra pues los tableros de juego son muchos y hay que jugarlos.

En el pasado, cuando los rojos que hoy tienen el poder eran opositores, jugaban hasta en los tableros de la delincuencia. No era extraño que asaltaran un banco, secuestraran a alguien, atacasen algún puesto de seguridad, infiltraran organismos de seguridad y defensa y actuasen en clandestinidad.

Hasta ahora la oposición venezolana se ha mantenido dentro del juego democrático, pero no ignora que existen otros tableros.

Esperemos que suceda lo mejor.

 

 

 

 

¡No Matarás! por Luis Ugalde S.J. – El Nacional – 5 de Julio 2018

Unknown-1Este mandamiento tan central y universal es violado en Venezuela no sólo por los que disparan sino por los que imponen el actual sistema de muerte y quieren perpetuarlo. Ningún Caín (religioso o no) puede silenciar a su conciencia que le reclama por haber matado a su hermano. Como diría el ilustre Juan Germán Roscio, estamos obligados a escoger entre la libertad y el despotismo. Eso fue el 5 de julio civil: Independencia para que la vida y política de los venezolanos no la decidan en Madrid (ni hoy en Cuba), monarcas o dictadores. Como dice el Acta de la Independencia, los Borbones “quedaron inhábiles e incapaces de gobernar a un pueblo libre, a quien entregaron como un rebaño de esclavos”. ¡Cómo se repiten los tiempos!

Al mismo tiempo en la humanidad es casi infinita la capacidad ideológica de justificar la muerte de millones de personas como medio necesario y bueno para lograr lo que consideran el bien y la vida: discriminaciones sociales que condenan a la miseria a gran parte de la población; sistemas esclavistas que legitiman la compra venta de los humanos reducidos a meros instrumentos; guerras “santas” que invitan a matar en nombre de su dios; revoluciones que eliminan a los oponentes de su iluso paraíso terrenal de libertad, igualdad y fraternidad. O esta “revolución” donde millones y millones que malviven y quieren cambio, se vuelven “contra revolucionarios” sin derecho a la vida.

Hoy en Venezuela se usa el Estado y su Fuerza Armada para imponer la continuación de este régimen político y modelo, su gobierno y presidente, para ahondar la tragedia. Los cambios de ministros y los anuncios de “nuevas” políticas, son palabras vacías y lo serán mientras domine una cúpula militar y civil aferrada al poder y a su botín. Cínicamente repiten que todo va bien con algún inconveniente debido a la “guerra económica” de los enemigos que nos quieren arrebatar este paraíso revolucionario. Pero todos (empezando por Maduro, sus ministros y generales) sabemos que vivimos en un ilegítimo régimen de muerte, que cuanto más dure más se agravará. En esta tragedia en la conciencia de cada venezolano resuena el grito ¡NO MATARÁS!; éste interpela al Ministro de la Defensa o al Director del SEBIN, pero también a los responsables del Banco Central, de la política económica y la hiperinflación, al Ministro de Sanidad y a quienes impiden que en Venezuela florezcan miles y miles de empresas prósperas con garantías jurídicas, estímulos a la inversión, generación de trabajo digno y bien remunerado (frente al salario mínimo integral de 2 dólares al mes). Todo el sistema educativo, con más de medio millón de educadores y diez millones de educandos, se debate entre la muerte y la vida. Agonizan las instituciones universitarias, los liceos, las escuelas y con ellos los maestros, los niños y los jóvenes. Por eso vemos muchedumbres huyen despavoridos de esta muerte omnipresente hacia las fronteras para dar el salto mortal al otro lado, sin garantías de nada.

Interpelado por el NO MATARÁS, nadie puede decir que eso no es con él. El sacerdote no se puede escudar en el altar para dejar que continúe avanzando la muerte. Mucho menos el político. Callarse es violar sistemáticamente el pacto social que nos compromete a todos como ciudadanos a construir juntos una República donde haya vida. Resulta cínico celebrar el 5 de julio como día de la Independencia con retórica “revolucionaria” y desfile de armas. La Constitución ha sido secuestrada y usurpada por la Constituyente dictatorial, que se autoproclama superior a toda institución y persona; con lo cual el bien común de la democracia se convierte en el mal común impuesto por la tiranía. Venezuela no puede pensar en recuperar su economía, sus niveles de vida y de convivencia, sus ingresos, su política democrática… si no nos movilizamos como inmenso río humano de conciencias que se activan y convergen estimuladas por el aguijón de NO MATARÁS. Esa es la fiesta nacional del 5 de julio para independizarnos de todo despotismo.

No hay moral ni ética que pueda renacer fuera de esta actitud radical en defensa de la vida, y la política y la economía no son separables de esta conciencia. Por eso todo el variado liderazgo espiritual del país y la ciudadanía entera, deben movilizarse con conciencia decidida al cambio económico, social y político.

Ese mismo renacer de la conciencia nos debe llevar a la apertura a los “otros”, a quienes creyeron que esta “revolución” era el verdadero camino para que en Venezuela los pobres tuvieron un puesto central y reinara la vida y la esperanza en millones de excluidos. Esa promesa ha sido desmentida trágicamente por los hechos. Ni desde el gobierno, ni desde la oposición podemos ser sordos a la voz de Dios que nos dice NO MATARÁS y AMA AL PRÓJIMO COMO A TI MISMO.

 

Aguantando la pela por Eugenio Montoro – Diario Contraste – 27 de Junio 2018

UnknownPor estos días me decía por teléfono mi hermana paraguanera “aquí estamos, aguantando la pela” expresión que equivale al soportar una paliza, en traducción lugareña.

Todos en Venezuela estamos aguantando la pela que representa vivir bajo un régimen absurdo donde el mantenerse en el poder es más importante que el bienestar del pueblo.

Los economistas saben lo que hay que hacer para contener la hiperinflación, los petroleros saben lo que hay que hacer para aumentar la producción, los especialistas en salud saben lo que hay que hacer para salir de la peste, los agrónomos saben lo que hay que hacer para aumentar la producción del campo y miles de empresas paralizadas saben lo que hay que hacer entre muchos ejemplos del tejido social. Pero estos monstruos rojos no le paran la mínima bola a los que puedan solucionar los males y, por el contrario, parecieran disfrutar la pelazón de sus paisanos.

Lo peor del asunto es que la explicación del desastre nacional, los rojos la simplifican a una sola causa que repiten hasta hacer de la mentira su verdad “estamos así por culpa de la guerra económica”. Esa comodidad macabra de justificar que toda vaina es por culpa del imperio la han usado tanto que ya ha perdido cualquier asomo de credibilidad. Hasta se ha convertido en una especie de justificada parálisis para los ineptos mandones.

Bien sea que el régimen lo forman una partida de incapaces o bien sea que lo están haciendo con el oscuro propósito de dominación social marxista, en cualquier caso, la solución es la misma: hay que sacarlos a patadas pues han bloqueado los mecanismos democráticos y para hacerlo.

El País está tan destrozado que vamos a requerir muchísima ayuda externa no solo de miles de millones de dólares sino también de ayuda gerencial y técnica.

A principios del siglo pasado Venezuela era un País muy pobre y lleno de enfermedades tropicales. Los descubrimientos de petróleo y su explotación significaron una entrada de dinero muy importante y también las empresas extranjeras, tanto de petróleo como de otros muchos asuntos, trajeron gerencia, tecnología y muchas ideas de modernismo. En pocas décadas Venezuela pasó a ser un País diferente y lanzado al progreso.

Pareciera que estamos otra vez en 1900 y vamos a requerir de similares ayudas, no solo para la industria petrolera, también para todo lo demás. Vamos a tener que propiciar una invasión de gente y empresas de otros países que nos ayuden a salir de este problemón donde nos metieron estos irresponsables comunistas.

Que nos “invadan” las mejores empresas extranjeras, que abunde el empleo, que la construcción vuelva a ser una muestra del progreso, que los servicios asociados se multipliquen y que el comercio florezca. Tenemos que alcanzar al tren de productividad y calidad de vida del primer mundo y eso solo lo podremos hacer si los tipos del primer mundo están con nosotros para compartir.

Ya está bueno de aguantar la pela. Que la justicia se encargue pronto de darle una buena pela a estos delincuentes revolucionarios de pacotilla y nosotros a dedicar nuestro mejor entusiasmo al rescate de la nación más bella del mundo.

 

 

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