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En Cotiza el poder popular salió a pedir que Maduro se fuera por Xabier Coscojuela – TalCual – 21 de Enero 2019

No podemos afirmar si lo ocurrido la madrugada del pasado 21 de enero en las dependencias de la Guardia Nacional en Cotiza, Caracas, sea un peine del Gobierno o haya sido una iniciativa de quienes participaron en un alzamiento. A estas alturas, nada se puede descartar. Menos de un régimen como el actual en el que todo es posible.

Tampoco descartamos que la desesperación que existe en una parte importante de los venezolanos se haya extendido dentro de los integrantes de la Fuerza Armada Nacional. Las calamidades generadas por Maduro y su camarilla afectan a todos los venezolanos, sea cual sea su posición política. Solo los altos jerarcas del gobierno, civiles o militares, tienen como soportar la grave crisis nacional.

De lo que sí estamos seguros, vistos los videos grabados en las cercanías del cuartel en Cotiza, es que el llamado poder popular cambió de manos. Los vecinos de ese sector de Caracas que salieron a la calle lo hicieron para apoyar a los alzados, para pedir la salida de Maduro. Una de las consignas que corearon fue “no queremos bono, no queremos CLAP, lo que queremos es que se vaya Nicolás”. Más claro imposible.

Los integrantes de las Unidades Bolívar-Chávez, de los CLAP, de las Redes de Articulación y Acción Sociopolítica, brillaron por su ausencia. Según la narrativa oficial quienes integran esas organizaciones de base chavista deben acompañar al Gobierno ante cualquier agresión, incluyendo la del Imperio; pero en la madrugada de hoy se hicieron los locos, porque durmiendo no estaban.

Lo que se demostró en Cotiza es que el gobierno de Maduro está cada día más huérfano de apoyo popular. Que el chavismo hace rato dejó de ser un movimiento cívico-militar, como todavía pregona, y es un movimiento militar-cívico cerca de convertirse solo en movimiento militar. Que lo sostiene la cúpula de la Fuerza Armada Nacional, pero ese piso también se le empieza a mover. No es casualidad que haya más de 130 militares presos por tratar de salir de Maduro. Tiempo al tiempo.

Colapsa la “Distopía socialista” de Maduro por Heinz Dieterich – La Patilla – 20 de Enero 2019

1- Avanza ofensiva final

El asalto final del Imperio avanza rápidamente. En su primera semana, Maduro ha sufrido cuatro graves derrotas consecutivas: 1. no logró evitar el ultimátum del Grupo de Lima (5.1.); 2. no pudo neutralizar el nombramiento de su sustituto, el “presidente interino” Juan Guaidó 11.1.); 3. no consiguió bloquear el cabildo abierto, donde Guaidó trazó públicamente la ruta de su remoción; 4. fracasó en su criminal intento de secuestro de Guaidó por su Gestapo tropical, el SEBIN. La camarilla madurista ha perdido la iniciativa estratégica en esta última Batalla por Caracas y no volverá a recuperarla, porque ya no tiene fuerza de resistencia.

2- Colapso político-mental en Miraflores

Cada una de esas derrotas, a las cuales hay que agregar el fallido intento de tiranicidio –desde el cual Maduro tiene miedo de estar en la calle- ha mermado el escaso capital político de negociación del régimen. Pero, más importante, ha producido un colapso político-mental en la mafia de Maduro-Cabello-Padrino López, que se refleja en su total incapacidad de defensa estratégica y táctica. Más allá de las habituales amenazas terroristas del Torquemada anti-comunista Diosdado Cabello y los delirantes y quijotescos discursos de Maduro –cuyo paroxismo es el último panfleto que aparece con su nombre, “Distopía Socialista”– no hay estratagema visible que impresione a aliados y opositores. Hasta en el lenguaje corporal de sus bufones civiles y armados, que apenas se molestan en ocultar su desmoralización cuando escuchan a sus “líderes”, se refleja la agonía final del régimen.

3- El Fuehrer en su Bunker

La actuación de la camarilla, basada en la conciencia, de que finalmente le ha llegado su hora y que es inevitable su capitulación incondicional ante la orden de regime change (cambio de régimen) de Washington –ejecutada en cooperación con sus sátrapas monroeistas en Bogotá, Brasilia, Buenos Aires y Santiago– es comparable a la de Hitler en la Batalla de Berlin, después del inicio de la ofensiva final soviética (16.4.1945). Al igual que Hitler en su Bunker,  la troika usurpadora hace grandes movimientos salvadoras con ejércitos fantasmas: dos millones de milicianos estarán listos en abril (Maduro); inversiones fantasmas: “las mejores empresas de EEUU van a venir a invertir aquí”, y monedas fantasmas, como el petro. Son los Geisterarmeen de Hitler en Berlin y las quimeras de mentes delirantes que no van a salvar a los usurpadores. Como tampoco les va a salvar su febril esperanza de que Rusia o China pueden rescatar su distopía contra la voluntad del Imperio. En el fondo saben, que la Madre de todas las Batallas de la mafia burguesa usurpadora de Miraflores está por terminar. Por eso, el indigno Maduro ya se arrastró ante Trump, mandando un “mensaje muy humano” vía Fox News, pidiendo desesperadamente negociar, porque “somos gente humana”; somos personas con las que “se puede acordar”.

4- Ho Chi Min y Maduro

En su repugnante rendición televisiva ante Trump, Maduro tiene el descaro de insinuar que como Washington negoció con Vietnam, igualmente puede negociar con Caracas. No hay mayor manifestación de su falta de dignidad y de su incultura, que ésta. El heroico pueblo de Vietnam, conducido por su vanguardia comunista bajo Ho Chi Minh y el apoyo solidario de los países socialistas del mundo, derrotó en treinta años de guerra a Japón, Francia y Estados Unidos, para conquistar su independencia.  Más de tres millones de vietnamitas pagaron con su vida la “osadía” geoestratégica, de defender la soberanía nacional ante Washington. Fue la derrota militar, con sesenta mil agresores militares gringos muertos, que obligó al Imperio a negociar la paz y establecer relaciones diplomáticas. Es decir, Hanoi habló de vencedor a vencido con Washington. En Venezuela, la situación es al revés. Maduro está vencido y Washington está en condiciones de dictar unilateralmente la capitulación incondicional y las condiciones de post-guerra. Por eso, pedir negociaciones “con mucho respeto”, cuando no se tiene ningún poder de negociación real, es simplemente un acto de postración y delirio más de este lumpen gobierno burgués.

5- La Solución sandinista

El principal problema del futuro venezolano, aparte de la reconstrucción económica, es la paz interna. Es decir, impedir que el modelo de asesinato político selectivo del régimen colombiano se aplique en Venezuela. Si a Maduro y su camarilla le quedara un ápice de responsabilidad y patriotismo, negociaría con los gringos y su ficha Guaidó la solución sandinista de 1989:  gobierno transitorio, elecciones libres y el reemplazo de la corrupta cúpula militar de Padrino López, Nestor Reverol y del SEBIN, por los militares patrióticos chavistas, como los generales Rodríguez Torres, Raúl I. Baduel y Cliver Alcalá. Esta es la única forma, en la cual se puede proteger la vida de los militantes chavistas y abrir cauces pacíficos para el futuro del país. En contrapartida, se permitiría a la camarilla burguesa madurista exiliarse en un país que la quiera aceptar.

6- Trump, Maduro y el impeachment

La política exterior de Estados Unidos está en manos de los neofascistas gubernamentales, encabezados por John Bolton y Mike Pompeo, de los neofascistas (neoconservadores) republicanos y demócratas del Congreso, de la mafia anti-comunista de Miami y de la derecha israelí. Trump ya no es más que un bufón distractor, que pierde cada vez más poder de decisión y terminará probablemente destituido por un impeachment (juicio político), durante el año en curso. Si se da este escenario, seguirá el vicepresidente Mike Pence en la Casa Blanca: un oportunista teocrático como Bolsonaro, que es aún más reaccionario que Trump. De ahí, que aún un cambio de este tipo en la Casa Blanca no modificaría esencialmente la política monroeista frente a América Latina, porque Washington necesita el subcontinente esclavizado, como peón geoestratégico frente a China, Rusia y la Unión Europea.

7- Revolución rusa en Caracas

La nueva situación venezolana puede resumirse en tres características: 1. Una dualidad de poder reminiscente a la descrita por Lenin en la Revolución Rusa de 1917. Por supuesto, que el conflicto en Venezuela no es una guerra de clases entre un poder obrero revolucionario (soviets) y la burguesía nacional, sino entre dos fracciones de la burguesía, que luchan por el control monopólico del Estado. Esa dualidad de poder compite por la legalidad, legitimidad y el control efectivo de cuatro áreas claves del aparato burgués de dominación estatal: en lo legislativo, la Asamblea Nacional (AN) vs. la Asamblea Nacional Constituyente (ANC); en lo judicial, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) vs. el TSJ en el exterior; en lo ejecutivo, Maduro vs. el presidente “interino” Juan Guaidó y en lo electoral, el Instituto Nacional Electoral (INE) vs. la AN.

8- ¿Quién liquida a quién?

Por su propia naturaleza, una situación política dual o contradictoria es inestable y, por lo tanto, transitoria, Ambas facciones, en pugna, procuran acumular fuerzas para liquidar al rival y quedarse con el poder único. En Venezuela se trata, en esencia, de un conflicto hegemónico intra-burgués sobre las rentas extractivas, que se ha internacionalizado por afectar los intereses geopolíticos del centro de gravitación continental, Washington. Por lo mismo, Washington decide el conflicto por los medios imperiales que vea oportuno y en el momento oportuno. Ese momento oportuno ha llegado y terminará pronto en el colapso del régimen. El efecto geopolítico Saddam Husseín y Muhamar Gaddafi se impondrá en el hemisferio. La lección fundamental para las auténticas fuerzas bolivarianas, chavistas y progresistas del país, que se deriva de esta lógica imperial en la actual fase de transición, es clara: no darle un cheque en blanco al joven y carismático Guaidó, porque, al fin y al cabo, es la carta de Washington. Sólo con acuerdos públicos férreos, como la solución sandinista, debería apoyárselo, si no se quiere entregar el país incondicionalmente a los neofascistas en Washington, Miami, Bogotá, Brasilia y Buenos Aires, cuyos verdugos están listos para la venganza.

9- Ajedrez geopolítico de la Patria Grande

Los imperialistas washingtonianos han declarado públicamente que quieren destruir a los actuales gobiernos de Venezuela, Nicaragua y Cuba. Es probable, que el gobierno de Maduro caiga hasta mediados de 2019. El gobierno de Daniel Ortega, que repite la misma política ciega de Maduro, tendrá un espacio de vida más largo. Pero, a lo máximo, hasta las elecciones del 2022. El futuro de Cuba depende, esencialmente, de la voluntad de China y Rusia, de proporcionar los medios de una simbiosis económica y un Plan Marshall, para dar un salto cualitativo en su desarrollo económico y resistir la intensificación de la agresión gringa.

De este primer grupo de gobiernos, al cual pertenece también la Bolivia de Evo, hay que diferenciar los grandes vasallos latinoamericanos, que han aceptado el quid pro quo imperial monroeísta: comprar la protección de la mayor organización delincuencial de la historia, la OTAN, pagando con la entrega de las regiones estratégicas del subcontinente: Macri, la Patagonia y el acceso a la Antártida; Bolsonaro, la Amazonia y el Pantanao del Matto Grosso; Uribe, Santos, Duque el “portaaviones terrestre” de Colombia para el control bi-oceánico y el Canal de Panamá y Paraguay, el acuífero del Guaraní.

10- México en el gran tablero de ajedrez

Es obvio, que México no encaja en ninguno de los dos grupos: ni en el “socialista”, ni en el entreguista. Y también es obvio, que hay varios puntos de contención estratégicos con el Imperio. Por ejemplo, la Doctrina Estrada de política exterior, fundada en el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la soberanía nacional, nunca será respetada por el Imperio gringo en proceso de ocaso. De ahí, qué con el neofascismo estadounidense, hegemónico en este momento, difícilmente habrá coexistencia duradera. Una versión más preclara de la dominación imperialista, como la que ejecutó Obama, en cambio, puede priorizar la estabilidad interna de México y la tranquilidad en la frontera, que garantiza el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Siendo AMLO un genio político y, sin duda, el hombre de Estado más talentoso del continente americano, puede ser posible, que con la caída de Trump y su equipo de walking dead neofascistas, logre establecer una cohabitación viable con el futuro gobierno de los demócratas.

Puede parecer poco dentro de una perspectiva maximista. Pero, para los pueblos de la Patria Grande sería una avenida hacia la paz y la prosperidad. Una luz de esperanza en la noche de los Maduro, Macri, Duque y Bolsonaro. De hecho, la única luz visible en el firmamento del Sur.

El castillo de arena por Antonio A. Herrera-Vaillant – El Universal – 17 de Enero 2019

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La mal llamada revolución bolivariana estuvo siempre montada a contrapelo de la realidad global, de las leyes básicas de la economía y del más elemental sentido común.

Como dijo en estos días el embajador William Brownfield: “no sabemos exactamente cuántas páginas quedan por leer” pero siempre fue la crónica de una muerte anunciada: una permanente huida hacia adelante, financiada por el mayor chorro de dinero que haya recibido la nación a lo largo de su historia.

El proceso se prolongó por la presión política internacional de dar todas las opciones de retirada pacífica, democrática y constitucional a un régimen que hasta este mes gozaba de una relativa legitimidad de origen.

Las generaciones formadas en una permisiva democracia que permitió que en su seno floreciera libremente el virus totalitario han sido un tenaz bastión de resistencia ante la creciente tiranía – pero en consecuencia se sumaron a la persistente ilusión de una salida racional y civilista frente a lo que nunca fue más que una primitiva mafia depredadora.

El único vestigio de legitimidad civil en Venezuela es ahora la soberana Asamblea Nacional presidida por el valiente Juan Guaidó.

Pero para bien o para mal, a lo largo de la historia de este país han sido siempre las Fuerzas Armadas las que dan el último parte a un mandatario derrotado, indicándole que llegó su hora de abordar el avión hacia el retiro definitivo. También son ellas las únicas en capacidad de poner orden en una anarquía desbordada de colectivos, “pranes”, milicias y demás delincuencia desatada.

El régimen alardea calificando de “alianza cívico-militar” a su vulgar asociación entre criminales para delinquir. Su antídoto deberá ser una verdadera coalición de instituciones – la legítima Asamblea Nacional y las Fuerzas Armadas de toda la nación – más allá de cualquier personalismo – para restaurar la democracia en Venezuela a través de procesos realmente democráticos.

No se trata solo de restablecer la democracia secuestrada, sino de recuperar la institucionalidad de unas Fuerzas Armadas que ya no tienen razón alguna para reconocer la autoridad de un usurpador – y sí crecientes motivos para dejar de hacerlo.

Más allá de cualquier simbólica imposición de bandas presidenciales, lo que procede ahora es que la soberana Asamblea Nacional reafirme su autoridad sobre las Fuerzas Armadas, inspirando en su seno nuevas esperanzas, credibilidad, respeto y autoestima después de haber sido reducidos a meros mandaderos de un atajo de criminales.  Será la última ola necesaria para barrer el endeble castillo de arena.

Fernando Mires – Venezuela: ¿Nuevo comienzo o nuevo final? por Fernando Mires – Blog Polis – 18 de Enero 2019

La historia está hecha de nuevos comienzos, pero también de esperanzas en nuevos comienzos que nunca comienzan. También de nuevos finales, los que se determinan cuando un capítulo ha comenzado. El mismo Maduro, en su propia vulgata, usó el término nuevo comienzo en el ¿mensaje? del 10-E. Ninguna novedad, cada vez que habla ofrece comenzar de nuevo y todo sigue igual. O peor. Para una parte de la oposición en cambio, el 10-E también iba a ser el nuevo comienzo, el día en que Maduro debía cesar su mandato, abriéndose un “vacío de poder” y así dar paso a un gobierno de transición representado en la presidencia de la AN apoyada por la CI. Para otra parte de la oposición, el 10-E no iba a cambiar nada. Y para una tercera, el 10-E podía ser, bajo ciertas condiciones, el día en que la oposición iba a reencontrarse consigo, el día en que iba a abandonar su errático camino y reconectarse con su tradición democrática y, no por último, el día de una nueva unidad.

LAS TRES VÍAS

La primera vía partía de una hipótesis imaginaria, a saber, que si el flamante nuevo presidente de la AN asumía las funciones de presidente nacional, las masas iban a apoyarlo espontáneamente, el ejército, dirigido por sus patriotas generales iba a acudir al llamado interno y, sobre todo al externo (la mítica CI) Una vía basada en simples ilusiones, propia al pensamiento de una secta anti-política como la caracterizó Henrique Capriles. La segunda vía, en cambio, acusando el impacto de la rendición electoral del 20-M, quitó al 10-E toda relevancia. Maduro sería nombrado presidente y el 10-E pasaría al olvido. Una tercera vía comenzó, sin embargo, a tomar forma cuando Juan Guaidó – a quien por su pertenencia a VP se suponía más cercano a la secta extremista- estableció en un enredado discurso que a la AN no le correspondía hacerse del poder mientras no contara con la mayoría del pueblo movilizado y con el apoyo de las FANB (“poder físico”, según Capriles).

GUAIDÓ

Juan Guaidó hizo lo que tenía que hacer. Como presidente de la AN estaba en la obligación de defender a la institución que preside. Y lo hizo frente a los dos extremos: el régimen y la secta. Ambos, efectivamente, apuntaban a destruir a la AN. El régimen, con el objetivo de eliminar al único bastión legal y legítimo de la oposición. La secta, con el objetivo de ser consecuente con sus (supuestas) posiciones insurreccionales. Lo que ni régimen ni secta disimularon es que para ambos la AN es un obstáculo pues la AN representa al 6-D y el 6-D representa el poder del voto, la comprobación de que cuando los partidos contactan entre sí y con la mayoría, pueden conquistar posiciones de poder. La AN, dicho en corta frase, es la institución de los elegidos del pueblo.

El REDESCUBRIMIENTO DE LA AN

El enrevesado discurso de Guaidó no debe ser (solo) atribuido a debilidades oratorias. Más bien correspondió al intento de dejar contentos a todos, lo que en política es usual.  A unos dijo estar dispuesto a asumir la presidencia provisional y para eso sacó a relucir, entre otros, el artículo milagroso de la Constitución, el 233. Pero dijo además que para ello necesitaba del apoyo de una triada: el pueblo unido, las FANB y la CI. Guaidó contrapuso entonces dos poderes: el constitucional de la AN y el fáctico del régimen.  En buen cristiano dijo que había una lucha de poderes y que la oposición no contaba todavía con el poder necesario para lograr su hegemonía. Por lo tanto había llegado la hora de construir ese poder. Los más avisados entendieron el mensaje: ese poder podría constituirse alrededor de la AN. O dicho así: La AN no es el poder, pero puede llegar a ser el centro de un poder aún no constituido. Bajo esas condiciones la tarea principal de la AN no es derribar al régimen  -no puede y porque no puede, no debe- sino crear condiciones para la re-unificación de una oposición disgregada.

LIDERAZGO

Guaidó no es un “cisne negro” ni tampoco un milagro. Guaidó es el líder del momento porque representa a la AN. Sin la AN Guaidó no es nada. Y al parecer así lo entendió el propio Guaidó. El liderazgo de la AN deviene de su breve historia, de su carisma y, sobre todo, de su autoridad. Eso quiere decir: mientras el régimen goza de la autoridad del poder, la AN goza del poder de la autoridad. Por esa misma razón, forzar a Guaidó para que asuma simbólicamente el rol de presidente provisional o interino, significaría en la práctica abandonar a la AN a su suerte y con ello liquidar el liderazgo del propio Guaidó.  En fin, no estaríamos frente a un nuevo comienzo sino frente a un nuevo final.

EL PODER DEL RÉGIMEN

Naturalmente el régimen ha bajado su cuota de poder. Pero eso no significa que no tenga poder. Por de pronto tiene el poder de la fuerza brutasustentado sobre una clase uniformada de estado, que en eso convirtió el madurismo al ejército profesional. Una clase que además goza de enormes privilegios económicos y de no pocas franjas de poder político.

CORRELACIÓN DE FUERZAS

Es cierto por otra parte que el 80% de la ciudadanía está descontenta con Maduro. Pero el cálculo debe ser hecho hasta el final: ese 80% tampoco es de la oposición, toda vez que esa oposición -después de haber sido auto-destruida como consecuencia de la inercia a la que se condenó al abandonar la ruta electoral- “goza” de una aversión ciudadana solo comparable a la que posee Maduro. Naturalmente, el poder de Maduro no está basado en el principio de la legitimidad, pero desde el punto de vista formal, las elecciones del 20 M las ganó más gracias a la abstención que al fraude.

VACÍO DE OPOSICIÓN

Y, por si fuera poco, desde el punto de vista social, Maduro heredó del antiguo chavismo una fuerte relación clientelar con los estratos más bajos. En palabras de Martin Sutherland: “una red política clientelar de gran magnitud, que logró profundizar un proceso de lumpenización social de amplios sectores de la población”.  Y bien, ese poder social no lo tiene la oposición y si lo tuvo, lo perdió. En consecuencia, si había un vacío no era un vacío de poder, era un vacío de oposición. Pretender levantar desde ese vacío una opción insurreccional, como exigía la secta, contradecía toda razón política.

ENTRE EL VACÍO Y LA USURPACIÓN

Afortunadamente en las discusiones al interior de la AN primó la razón política. La tesis del “vacío de poder” fue rechazada.  En lugar del vacío se impuso -en contra de la fracción extremista llamada 16 J- la tesis de la usurpación. Aparentemente una discusión bizantina. Pero así como en Bizancio la discusión acerca del “sexo de los ángeles” tenía un profundo trasfondo político, la discusión semántica entre el vacío y la usurpación determinaría el curso político de la oposición.  Pues si el poder está usurpado, no puede haber vacío de poder.  Y si no hay vacío de poder, la línea a seguir no es la toma del poder, sino enfrentar un poder político-militar entronizado en el Estado. Y bien: con usurpación o sin, ese poder lo ocupa Maduro.  Legal o no, legítimo o no, Maduro es presidente porque “tiene” la presidencia. La usurpación en ese sentido no es más que una palabra de compromiso, una redundancia. Por una parte, toda dictadura o autocracia lo es porque usurpa un poder que no le corresponde. Por otra, desde el 2015 la oposición viene sosteniendo que Maduro es un gobernante ilegítimo. Nada nuevo bajo el sol.

LA COMUNIDAD INTERNACIONAL (CI)

No obstante, algunos países latinoamericanos organizados en el llamado Grupo de Lima han decidido no reconocer al régimen de Maduro. Razón que ha inducido a suponer una diferencia entre la tesis de la usurpación, que reconoce la existencia de un poder ocupado, y el no-reconocimiento internacional al gobierno de Maduro. Al llegar a este punto es inevitable sospechar de que hay sectores de la CI (particularmente, en la secretaría general de la OEA) más receptivos a apoyar al extremismo que al conjunto de la oposición. Pero, aún si no fuera así, es evidente que la tarea de la CI no es dictar líneas a la oposición, sino complementar las que esta sigue dentro del país. La CI – no puede ser de otra manera- emite declaraciones de acuerdo a la letra del derecho internacional. La oposición, en cambio, actúa frente a un poder existente y real. Eso por una parte. Por otra, hay que convenir en que todos los gobiernos definen su política internacional no por razones morales sino de acuerdo a la política interior en sus respectivos países. En ese sentido es evidente que la actitud contraria a Maduro tiene su origen en la formación de una constelación continental de gobiernos de derecha y centro-derecha. Declarar contra Maduro es un medio que utilizan dichos gobiernos para -en primer lugar- poner en jaque a las izquierdas de sus países, así como en el pasado los gobiernos de izquierda atacaban a Pinochet con el objetivo de desacreditar a sus respectivas derechas. Maduro es para las derechas de hoy lo que Pinochet era para las izquierdas de ayer.

En síntesis: el apoyo internacional debe ser siempre bienvenido. Pero para eso hay que tener una política para ser apoyada. Y justamente ahí, en ese punto vital, es donde se abren condiciones para que la oposición venezolana convierta la actual coyuntura en un nuevo comienzo.

23 DE ENERO

Juan Guaidó convocó a una gran demostración el 23-E, aniversario de la caída del dictador Pérez Jimenez. Fecha cargada de simbolismos. Suficientes para que la secta extremista imagine que esa será la fecha que llevará a la caída de Maduro. Para la mayoría de la oposición será, sin embargo, un día de esperanzas. Probablemente tendrá lugar ahí una de las más grandes demostraciones de masas habidas en Venezuela. Pero si llegaran a imponerse las tortuosas imaginaciones de la secta extremista, como lo logró ese nefasto 20-M, estaríamos en vísperas de un nuevo final. Si en cambio la oposición lee en las páginas de sus propias experiencias, podríamos estar, en el exacto sentido del término, frente a un nuevo comienzo. Un nuevo y la vez antiguo comienzo. Un comienzo que una vez definió la línea en cuatro puntos cardinales: pacífica, constitucional, democrática y electoral. Un comienzo que llevaría a recrear una fuerza histórica dispuesta a enfrentar en las calles al opresivo régimen, pero también abierta al diálogo, al debate y al compromiso. Solo a partir de ese comienzo podría tener lugar la alianza que, en un momento de suprema lucidez, esbozó Juan Guaidó: las fuerzas armadas, chavistas no maduristas, los partidos de la oposición, y la gran mayoría del pueblo organizado alrededor de la AN, depositaria de la razón y de las leyes.

El reto de los 10 años del regimen – 17 de Enero 2019

Venezuela: la hora de América por Julio Borges – El Mundo – 10 de Enero 2019

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. AFP

Esta situación obliga a toda América Latina a actuar con determinación y urgencia, tal como hizo el Grupo de Lima el pasado 4 de enero, cuando anunció que no permitirá el ingreso a sus territorios de personas vinculadas al régimen.

Cuando decimos que Maduro esta irremisiblemente derrotado viene a nuestra mente la ocasión, tras la caída de Francia en 1940, justo la hora más tenebrosa para aquella nación, en que Charles de Gaulle, dirigiéndose a sus desalentados compatriotas, afirmó que Alemania acababa de perder la guerra.

A muchos esto sonó a extraviada retórica, pero De Gaulle apuntaba a que las fuerzas internacionales, que Hitler desafiaba, eran muchas y que no tardarían en entrar en acción. A la larga, el líder nazi había asegurado un desenlace inevitablemente adverso a su delirio.

Guardando las proporciones, así juzgamos nosotros la situación actual de Nicolás Maduro: todo concurre a su desalojo del poder pues, al tiempo que pretende perpetuarse a costa de la vida de los venezolanos, el dictador enfrenta hoy día un panorama interno e internacional que precipitará su salida inexorablemente. Ello es inevitable pues concurren circunstancias que no dependen de la voluntad de Maduro. ¿Cuáles son esos factores?

Primero, clausuró por completo toda salida electoral y democrática a la crisis, lo que lo convierte en un dictador en cuenta regresiva. En el fondo, para su mal, el pueblo venezolano seguirá resistiendo hasta su salida. Luego, el petróleo ha dejado de ser relevante en la ecuación del poder chavista como consecuencia directa de la destrucción de nuestra principal industria. Con la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) destruida por la colosal corrupción del régimen, con la producción en caída libre y sus principales activos seriamente comprometidos. La devastación ha sido tan abrupta que la producción petrolera apenas roza el millón de barriles al día y el PIB se ha desplomado un 56% desde que llegó Maduro hace cinco años, lo que se traduce en la mayor depresión económica en Latinoamérica en los últimos 50 años. Además, la hiperinflación tocó 2.000.000% y la deuda del país es de 1,7 veces su PIB.

Por último, no podemos dejar de mencionar el ecocidio que ocurre en el Arco Minero, en donde el 91% del oro se produce de manera ilegal y hay 20.000 mineros sin la reglamentación adecuada ejerciendo dicha actividad.

La persecución ya no sólo afecta a los líderes opositores que siguen siendo acosados, inhabilitados políticamente, secuestrados como el diputado Juan Requesens, asesinados como nuestro líder de Primero Justicia Fernando Albán o condenados al exilio. Maduro también ha llenado las cárceles de centenares de oficiales altos y medios de la Fuerza Armada, pues existe una clara ruptura entre su régimen y los cuarteles por la destrucción de la democracia y el quebrantamiento del orden constitucional.

Como factor adicional, debemos destacar la crisis humanitaria que ha generado la migración de alrededor de cinco millones de venezolanos a todas partes del mundo. Expertos estiman que esta ola migratoria podría llegar a nueve millones de personas este 2019 si no logramos articular un cambio político que permita que la estabilidad económica y democrática regresen a nuestra nación.

Aunada a las aristas antes expuestas está la crisis de legitimidad que tiene la dictadura. La comunidad internacional no reconoce la ilegítima Asamblea Constituyente y tampoco las fraudulentas elecciones presidenciales que se celebraron el pasado 20 de mayo, sin la participación de la oposición democrática del país. Este desconocimiento se consolidó después de que en República Dominicana nos negáramos a firmar un acuerdo a todas luces contrario a los intereses de los venezolanos. Por eso hoy Maduro y la cúpula que lo acompaña son desconocidos, señalados, acusados y sancionados por Estados Unidos y el resto de las democracias del mundo.

Por todo esto queremos reiterar, en primer lugar, a los presidentes de toda América que Venezuela es un Estado fallido y un gran peligro para toda la región. En segundo lugar, que los venezolanos no podemos desalojar sólo con nuestra fuerza, una dictadura tutelada por Cuba y Rusia. En tercer lugar, es necesario articular, de manera inmediata, acciones que generen mayor presión: sanciones personales, investigaciones de corrupción, lavado, narcotráfico, contrabando, tráfico de armas, desestabilización democrática en los países y especialmente ayudar a emplazar a la Fuerza Armada venezolana para que venza la represión y el chantaje y sea un factor decisivo para restaurar la Constitución y la democracia.

Las acciones para reconstruir nuestro sistema democrático y de libertades inequívocamente debe ser liderado por América Latina. Estamos en el momento justo para que se materialicen las medidas necesarias. Dicho con palabras del ex presidente chileno Ricardo Lagos, la muerte de la democracia en Venezuela sería el fracaso de todo el sistema interamericano.

Hace pocos meses, el historiador mexicano Enrique Krauze afirmó que “un partido -un jefe de Estado, matizo yo -puede ser de derecha o de izquierda, pero la forma de medir si es demócrata es cotejando su postura ante Venezuela”.

Por eso reiteramos nuestro llamamiento al presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, y al jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, a quienes pedimos que no sean indiferentes o ingenuos con Venezuela. Al contrario, deben ser factores que contribuyan a ensamblar una transición democrática en nuestro país.

La inhumana arrogancia de la dictadura encabezada por Nicolás Maduro desafía personalmente a los jefes de Estado de la región, que encarnan una enorme responsabilidad con el sistema interamericano.

Un hombre bien puede morir por su país, pero no es justo que todo un país deba morir para satisfacer el ansia de poder de un solo hombre.

Julio Borges es diputado opositor venezolano.

Borrachos peleando por una botella vacia por Alfredo García Deffendíni – Frente Patriótico – 7 de Diciembre 2018

(Con ocasión a las declaraciones del Cardenal Baltazar Porras a proposito de las elecciones de concejales “la participación aun en condiciones adversas, es necesaria”)

Al final de libro intitulado, El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad (escrita entre1898 y 1899), Marlow, el narrador,  regresa a Europa desde Africa y su tía, al verlo tan agotado, se preocupa por su salud y él le expresa: <<No era mi fortaleza la que necesitaba cuidado-, sino mi imaginación la que deseaba sosiego>>

Un país como Venezuela, donde la justicia ha perdido su cualidad fundamental, como es la majestad que representa la imparcialidad e independencia de los poderes públicos muy en particular la majestad de la justicia, por el arropamiento ideológico del ejecutivo, se está preparando para los peores desórdenes y su hundimiento como país civilizado. Más, cuando quienes deberían de ser los contrapesos al secuestro institucional, la oposición tradicional- partidos y líderes políticos- no lo son. No terminan de entender, que quienes gobiernan representan una dictadura comunista que afortunadamente perdió el disfraz de democracia; no como dicen muchos de los lideres de la oposición cuando se le pregunta: qué tipo de sistema impera en Venezuela? y al unísono responden: “Bueno, esto no es una democracia pero tampoco es una dictadura y/o quienes de ellos se refieren que sí es una dictadura, pero todos terminan participando en elecciones”, que contradicción. Mientras mantengan tan absurdo criterio político y jurídico, confunden y se hacen complices, ya que una de la principales fuentes, entre otras de las bondades del sistema democrático, son las elecciones, que le otorgan la legitimidad de origen -la gente- pero entendiéndose que para poder concurrir a un proceso electoral tanto el administrador de las mismas (CNE), imperativamente tiene que ser un árbitro imparcial y autonomo del poder ejecutivo y muy en particular que su base fundamental el registro electoral (REP), y el registro civil, sean confiables y no estén adulterados. En caso contrario, cuando ha sido demostrado una y otra vez por estudios de técnicos electorales, matemáticos y estadísticos de nuestras mejores universidades, y en el mes de agosto de este año por la misma empresa privada –Smartmatic- encargado por el estados de la inspección y confiabilidad del procedimiento electoral, quién sorpresivamente declara mediante comunicado público, que las elecciones del 30 de julio pasado para la elección de los constituyentistas fueron manipuladas, y a pesar de todo ello los partidos y dirigentes de la oposición continúan participando en nuevas elecciones, actitud que le otorgan al régimen, lo que tanto la dictadura comunista requiere: legitimidad de origen. Ese es el meollo, que los políticos y los partidos se niegan a enfrentar y, por ello tozudamente les permiten al régimen, paulatinamente ir desbancando todos los demás controles de una verdadera democracia, la división e independencia de los poderes, en particular del poder judicial, legislativo y el electoral, que constituyen requisitos sine qua non, para su calificación y aceptación como estado democrático e indudablemente lo oxigenan para continuar corrompiendo, socabando e ideologizando a la fuerza armada. Cuando éstos son secuestrados, queda una sola calificación, se vive en dictadura y en nuestro caso en una comunista. De ese secuestro institucional, fundamentalmente son corresponsables, por participar en elecciones totalmente amañadas los partidos y dirigentes que con su participación dejan inexistente el necesario contrapeso a todo gobierno, al concurrir a procesos electorales viciados y manipulados, colaborando con su participación al gran engaño al colectivo nacional. Terminando todos -engañados y engañadores-, por no estar a la altura de la tragedia que vivimos, suicidándose colectivamente con cada proceso electoral al cohonestar el fraude.

El régimen tiene su medio  “electoral” muy claro,  éste –las elecciones- le permiten que con cada interregno, entre uno y el próximo proceso electoral, el de continuar con su andar de involución y de destrucción. Proceso que  ensambla y ejecuta con precisión matemática de uno a dos por año, -van 21 elecciones en casi 19 años-, y  la oposición sigue sin entender, que aún triunfando, cuando imprevista y excepcional lo ha hecho, el régimen gana, porque terminan legitimándolo ante el país y el mundo. Las elecciones, que originan a toda democracia, cuando se hacen como mascaradas electorales les permiten a la dictadura comunista afianzarse e ir destruyendo todos los valores republicanos y Judeo cristianos. Aún, cuando el status quo de los partidos y dirigencia opositora participacionista, y parte del país no lo quieran entender, basándose en una metáfora y en un chataje como son los “espacios” que no se pueden perder. Con su concurrencia, le están permitiendo al régimen ejecutar un genocidio a los valores más arraigados del gentilicio venezolano. Indiferencia insisto, por parte de los partidos y de los líderes colaboracionistas en el circo electoral, que los convierten en cómplices voluntarios o involuntarios de la tragedia nacional. Ignoran que ellos tambien están a punto de ser destruidos, porque del genocidio de los valores se avanza al genocidio como jurídicamente es aceptado por la declaración de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 11 de diciembre de 1946, al declarar al genocidio como un crimen, según la ley internacional.

Sin duda alguna, esa falta de contrapeso, es la que ocasiona a muchos “el desosiego a la imaginación y al espíritu”. Cuesta comprender, como una sociedad a la que se le están destruyendo todos sus valores morales y materiales, -la gente- no termina de entender que con el aval que les dan a sus líderes políticos y partidos, participando en procesos electorales fraudulentos, se hacen también cómplices de su propia destrucción.

A pesar de ello, todavía quedan hombres, unos presos, otros asilados y muchos luchando en el país a pesar de los riesgos que cada dia corren, que edifican su vida sobre el estricto valor de la dignidad, de la ética y el deber, de allí saldrá el Lucio Quincio Cincinato. Éstos, conseguirán salir enteros en sus valores de la tragedia nacional, aún cuando los otros traten de empujarlos al tenebroso círculo de la mentira y del engaño, como son los procesos electorales manipulados. Hoy, ya ni siquiera hay alegría en el resplandor del sol; por el lado de quienes gobiernan el mal está escondido en las profundas tinieblas del corazón, por el otro lado, la de mayoría de la gente, no sé, cuánto sentimiento acumulan de agravio y de ira. El magma del volcan se acumula para una guerra civil.

Ojalá, después de la próxima “gran estafa electoral con las elecciones de concejales”, esa escasa población electoral de la oposición que participará, reaccione, cuando el CNE declare que solamente lograron unas cuantas alcaldias y felicite a los partidos opositores por ello, logrando en esta forma el CNE como apendice del ejecutivo nacional su tan anciada necesidad de un baño de legalidad como arbitro imparcial. El daño estará hecho y nuevamente el regimen se arropará con la legitimidad necesaria, mientras tanto la oposición que participó como si fuesen borrachos peleando por una botella vacía, se sentirá complacida por ganar “espacios vitales”, espacios éstos, que no son otra cosa que un chantaje para que la gente asistan a esa parodia del acto electoral, lamentablemente el cardenal Baltazar Porras se hizo eco del chataje electoral.

Quienes participen se sumaran al festejo de bufones de los presuntos líderes de la oposición, quienes festejarán, que con estos resultados, ahora sí vencerán a la ignominia en las próximas elecciones presidenciales, continuarán corriendo la arruga. El colectivo tiene que entender, después de la una vez más de la nueva “gran estafa electoral”, que no se les puede continuar engañando porque ya no podrán decir que se les “engaña”, se harán entonces cómplices de la tragedia. Cito las reflexiones de Octavio Paz (escritor y diplomático mexicano, premio Cervantes y premio Nobel), cuando escribió sobre el engaño: << Y aquellos que se auto engañen, hasta qué punto el mentiroso de verdad miente, de veras se propone a engañar, y se preguntaba ¿no es la primera víctima de sus engaños y no es a sí mismo a quien engaña?>> La historia juzgará.

Por donde andará Lucio Quincio Cincinato.

La maldad como categoría política por Humberto García Larralde – La Patilla – 26 de Septiembre 2018

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Confieso ser cobarde a la hora de encarar los horrores del régimen de Maduro. La imagen del niño de 12 años con menos de 11 kg. de peso que murió de inanición, la del joven Vallenilla fusilado a sangre fría por un miserable soldado cuando ejercía su derecho a la protesta pacífica, los relatos de torturas y tratos viles a estudiantes presos y tantos más, me aplastan. Trato de evitar los detalles de cada nuevo vejamen. Porque son demasiados, muchísimos. Ahora son los miles de compatriotas que, a diario, huyen del hambre a pie por carreteras de países hermanos, muchas veces con niños, pero siempre sin dinero.

Pero no hay escapatoria de tanto horror, por más que se intente evitar sus imágenes. La inevitable pregunta es, ¿Por qué someter al pueblo a tanto sufrimiento, por qué tanta maldad?

Uno está acostumbrado a ver al crimen y al atropello a los demás como una anomalía, como algo que transgrede la convivencia entre humanos y que, por tanto, la sociedad busca castigar. Pero cuando la maldad se convierte en sistema, escapa de nuestra comprensión. Lo que podía parecer una infantilidad, que el sufrimiento de los venezolanos se debe a gente malvada, se convierte en realidad palpable que clama por su análisis como categoría. Es menester entender que la maldad se manifiesta como resultado de decisiones y acciones de quienes tienen poder sobre los demás. No existe a priori ni ocurre por accidente. ¿En qué condiciones se convierte la maldad en elemento distintivo de un régimen?

Ofrezco tres dimensiones para abordar esta pregunta, de ninguna manera excluyentes entre sí. La primera, sicológica, apunta a traumas personales que se expresan en la forma de resentimientos, odios y sed de venganza que terminan siendo descargados a través de actos de maldad. Es el caso de los sociópatas y sicópatas. Valga la confesión impúdica de Delcy Rodríguez: “la revolución Bolivariana es nuestra venganza personal”. No siendo experto en el tema, no añado comentarios.

La defensa de privilegios basados en injusticias, atropellos y/o despojos que afectan a otros, representa otra dimensión de la maldad. Es la maldad del gánster –o del potentado– que estamos acostumbrados a ver en películas y series televisivas[1]. El capo y/o sus mafiosos descargan su maldad sobre quienes interfieran con sus fuentes (ilegales) de lucro y posición social, o amenacen con hacerlo. Sin duda que el régimen de expoliación en que se convirtió la Revolución Bolivariana está en la base de extendidas maldades cometidas contra los venezolanos. La negativa a rectificar políticas que claramente han provocado hambre y muerte se debe a que éstas –la intervención discrecional del estado, los controles, expropiaciones y las normas punitivas–, son fuente de riquezas para las mafias militares y civiles que hoy depredan al país. Que ello se exprese en una pavorosa hiperinflación que empobrece drásticamente a las mayorías, que hayan destruido la empresa petrolera y provocado el colapso de servicios públicos básicos, causando gran malestar a la población, les rueda: ¡“El show –el saqueo—debe continuar”! Y como en todo saqueo lo que amasan unos es necesariamente en detrimento de otro(s), es menester someter como sea a quien se interponga. Los asesinatos cometidos por militares en la región minera de Guayana, en barrios populares con robo frecuente de enseres de la vivienda de la víctima, las confiscaciones de transportistas en aduanas o fronteras, y de negocios de todo tipo, son actos de maldad de este orden. Tales crímenes por parte de la fuerza pública revelaban antes grietas en el Estado de Derecho. Hoy se han convertido en sistema, amparado en la desaparición de todo contrapoder de supervisión y denuncia. Diosdado y El Aissami son figuras emblemáticas de ese sistema.

Por último, están las construcciones ideológicas, maniqueas, del fascismo, que “legitiman” toda acción requerida para aplastar a quienes amenazan las “conquistas” del pueblo. “Verdades” reveladas por la mitología, la Historia (con mayúscula) o por dogmas religiosos cerrados, presagian destinos providenciales que motivan la acción a su favor de sectas diversas. “El fin justifica los medios”. No hay freno moral, ético o, mucho menos, legal, que debe interponerse a su consecución. Más bien, la ética y la moral se determinan a partir de su funcionalidad para con el fin trascendental. Se disuelve toda referencia entre bien y mal, entre lo que es correcto y lo que es incorrecto, que no derive de aquél[2]. Por eso a la moral “revolucionaria” le hace cosquillas la observación de derechos humanos consagrados en la Declaración Universal de las NN.UU., en las legislaturas de la mayoría de los países y en los estatutos de tantas organizaciones internacionales, a pesar de constituir quizás la conquista más importante de la humanidad. Se le atribuye a Stalin haber afirmado que la muerte de un individuo es una tragedia, la de miles, una mera estadística. Las fuerzas inexorables de la Historia no se sujetan a pequeñeces.

Pero los que comandan el régimen de expoliación venezolano no necesitan creer realmente las sandeces que profieren para cometer sus maldades. Éstas cumplen dos propósitos: alimentan el odio y el espíritu de secta de sus seguidores, facilitando su regimentación en bandas violentas; y sirven para absolver conciencias. Cuando Maduro y los suyos niegan que el pueblo padece hambre o que la tragedia de su emigración masiva es un “montaje”, se amparan en un imaginario platónico en el que “el pueblo” no es la gente de carne y hueso que padece sus desatinos, sino un ente idealizado construido con base en clichés y embustes: “su” pueblo. El refugio en esa falsa realidad no solo facilita la evasión del horror que han urdido, sino que “justifica” las maldades cometidas contra los venezolanos.

Por último, como el fin justifica los medios, los sicópatas y sociópatas mencionadas arriba obtienen reconocimiento, siempre que rindan pleitesía a las verdades reveladas en los clichés. Sus perversiones se refuerzan con la absolución ideológica, construyendo un sistema de contravalores que sirve para reclutar a los peores. Los “malos”, que existen en toda sociedad, de pronto son los que mandan.

En Venezuela estas tres fuentes de la maldad se entrelazan y refuerzan entre sí. Maduro, bajo directrices cubanas, ha sembrado una mentalidad de guerra para justificar sus atropellos. De ahí la afinidad de militares inescrupulosos con el régimen, pero, sobre todo, por su complicidad en el saqueo de la nación. La formación militar, basada en la obediencia sin discusión, mandos autoritarios y el uso de la violencia (la muerte) como instrumento de acción, o la amenaza de ella, es fácil presa de embelesos fascistas.

El problema fundamental es cómo derrotar la maldad cuando ésta se convierte en sistema. Los testimonios recogen que Hitler, refugiado en su bunker ante el asedio de tropas soviéticas a las afueras de Berlín, echaba pestes al pueblo alemán porque no había estado “a la altura” de sus designios. Lejos de explorar posibilidades de rendición negociada, manda a reclutar adolescentes y a fusilar en el acto a quién intentase desertar.

Es menester aislar la manzana podrida de la maldad, derrotando los incentivos perversos que le dan beligerancia. La defensa de los derechos humanos y políticos que el régimen neofascista ha conculcado, y su conexión con las aspiraciones de los venezolanos por una vida mejor debe ser siempre el norte.  


[1] En la medida en que acciones de guerra son vistas como respuesta a las injusticias del bando contrario –todo depende del lado desde donde se mire–, entrarían también bajo esta consideración.

[2] De ahí la famosa “banalidad del mal” con que Hannah Arendt acuñó la amoralidad con que Adolf Eichmann envió centenares de miles de judíos a su exterminio.

Don’t Focus on Regime Change in Venezuela by Frank O. Mora – Foreign Policy – 4 de Septiembre 2018

How Maduro has held on to power, and why what follows him won’t likely be better.

Nicolas Maduro delivers a speech outside the presidential palace in Caracas on March 12, 2015. (Federico Parra/AFP/Getty Images)

Nicolas Maduro delivers a speech outside the presidential palace in Caracas on March 12, 2015. (Federico Parra/AFP/Getty Images)

Ever since Venezuelan President Nicolás Maduro assumed office in March 2013, observers have predicted his regime’s imminent demise. In the last few years, with Venezuela apparently nearing state and economic meltdown, chavismo’s collapse really did seem just around the corner. Yet Maduro hasn’t fallen, and how he has managed to hang on can tell us a lot about what could follow his rule.

Today, there seems to be no floor to Venezuela’s suffering. Just when it looked like things could not get any worse, the International Monetary Fund recently reported that hyperinflation will reach 1 million percent this year. Since 2013, the country’s economy has shrunk by half. Meanwhile, the oil industry, representing nearly 90 percent of government revenue, has just about melted down. Oil production has fallen from nearly 3 million barrels per day in 2013 to about 1 million in 2018.

With no economy left to speak of, an unimaginable 87 percent of the population now lives in poverty. Food, medicine, electricity, and other basic items are hard to come by. No wonder that a projected 3 million Venezuelanswill have departed the country for neighboring nations between 2014 and the end of 2018, which have very limited capacity to absorb them.

Despite the socioeconomic meltdown, however, there has been no serious challenge to Maduro’s power. This is a riddle, and without understanding why the regime has been able to hold tight to power in Venezuela, it will be difficult to make sense of the scenarios under which change may eventually come.

The first explanation for the Maduro administration’s survival could apply to all nondemocratic governments: control of state institutions and repression. In 2002, Maduro’s predecessor, President Hugo Chávez, began a process of effectively purging, penetrating, and ultimately absorbing civil institutions into his so-called Bolivarian revolutionary process, through which he repressed nearly all political opposition. This process deepened with Maduro, particularly as Venezuela’s socioeconomic crisis worsened. Today, the regime controls enough institutions of state, such as the National Electoral Council and the judiciary, that the governing United Socialist Party of Venezuela, known by its Spanish initials as the PSUV, can easily prevent the opposition from challenging Maduro’s rule.

Following a failed coup in 2002, the regime has also aggressively neutralized and politicized the military. The armed forces had previously been one of the more professional, apolitical militaries in the region, but through purges, politically controlled promotions, corruption, and a restructuring of its roles and mission, the new Bolivarian National Armed Forces became a loyal instrument of regime preservation. Both Chávez and Maduro have deepened the force’s ties to the PSUV by giving it a stake in the survival of their leadership. The military not only runs strategic industries (including oil) and controls the distribution and rationing of food items, but a high number of active-duty and retired officers also hold of key positions as Cabinet members, governors, legislators, mayors, and heads of expropriated and state-owned businesses.

Meanwhile, the regime has virtually discarded the constitution and made a joke of the rule of law. For example, the government quashed the opposition’s hope of holding a constitutionally sanctioned recall referendum on Maduro in 2016, and in March 2017, the supreme court temporarily stripped the National Assembly, where an overwhelming majority of seats were held by the opposition after the December 2015 election, of all of its powers. And through it all, independent sources of information and media outlets have been nearly erased. On the streets of Venezuela, the Bolivarian National Police, the National Guard, and other armed civilian bands (known as colectivos) intimidate and violently repress the opposition, journalists, or anyone displaying too much independent thought. Finally, the regime continues to use so-called emergency powers to nationalize industries and prevent normal politics in the country.

A second explanation for Maduro’s staying power, linked to the first, is the culture of fear and distrust that the government has sowed among citizens. The colectivos, which are not directly linked to the government but are funded and managed by some government officials, use violence to create suspicion and anxiety. Meanwhile, Bolivarian grassroots movements and communal councils serve as the government’s eyes and ears at the neighborhood level. Citizens’ constant fear of being reported by neighbors leads to self-policing and self-censorship.

Citizens’ constant fear of being reported by neighbors leads to self-policing and self-censorship.

It is hard to build a mass protest movement when you believe that your neighbor might be a government informant or that you might lose access to scarce government-distributed food and medical supplies if you are accused of opposing the regime.Beyond keeping the opposition and the public weak and divided through control of state institutions and repression, Caracas has also focused its attention on keeping the private sector in check, which is the third reason it has been able to stay in power. Since 2005, the Venezuelan government has sought to shrink the private sector as a way to both consolidate economic power and deny resources and opportunities for the business sector to undermine the regime. The Venezuelan Federation of Chambers of Commerce and Production—the main business union—once had considerable political and economic clout, but the government’s expropriation, intimidation, and coercion of it has left it largely impotent. Another means for controlling the private sector has been a massive expropriation campaign by Chávez and Maduro and severe restrictions on accessing dollars, which forces business to rely on the state for foreign exchange.

Caracas also uses scarcity to maintain control. As in Cuba, the Maduro regime uses low stocks of consumer goods and rationing as a way to keep the population in line. Citizens need to be on good terms with government or PSUV officials to receive their allotment of formal sector jobs, rationing cards, Carnets de la Patria (or “homeland cards,” which are issued to those who qualify for social programs), and other benefits. Government control of consumer goods has been particularly effective in middle-class neighborhoods in Caracas and some larger urban areas in the interior of the country, where citizens have to rely more on the government’s distribution system than on growing their own food. Also worth considering is that the daily struggle to find food items and medicine, particularly in times of intense scarcity and hyperinflation, leaves very little time to organize anti-government mass protests and other activities. In short, economic adversity has not generated anti-government behavior; in fact, it has had the opposite effect.

In short, economic adversity has not generated anti-government behavior; in fact, it has had the opposite effect.

To be sure, there are many, many discontented Venezuelans. But even there, Venezuela has been able to use migration to take the pressure off. Exporting the opposition allows the government to rid of itself of the most unhappy and threatening elements of the opposition. Since the early years of Chávez’s revolution, those with financial means to leave (and to challenge the regime) decamped to Colombia, Miami, and Panama. By 2015, as opposition intensified, Caracas decided to allow just about anyone who wanted to exit the country. Millions of hungry, frustrated, and desperate Venezuelans have opted to leave rather than suffer or confront the dictatorship.

* * *

Under these constraints, there are a few plausible scenarios for Venezuela’s future. There is reason to believe that the most likely one is that Maduro and the PSUV continue to muddle through by taking advantage of existing political and socioeconomic conditions. Perhaps counterintuitively, scarcity and economic meltdown seem to favor the regime more than the opposition. Maduro will continue to use his emergency powers and control of state institutions, including the military and security forces, to suppress dissent and divide the opposition, limiting its ability to truly challenge the ruling party, either through protests or some constitutional mechanism. So, although life will continue to get worse in Venezuela, the regime will most likely retain its hold on power through the remainder of this year and into the next.

So, although life will continue to get worse in Venezuela, the regime will most likely retain its hold on power through the remainder of this year and into the next.

The second most likely—and most dangerous—scenario is an implosion, something like the fruit vendor suicide in Tunisia that sparked the Arab Spring. The Venezuelan government’s persistent unwillingness or inability to mitigate the deepening political and humanitarian crisis does mean that at least a few people may become more and more willing to act out. Although the regime has found a way to endure, the country’s overall conditions are dire enough that one emotional trigger could ignite a tinderbox of uncertainty, despair, and anger. Such an event will produce high levels of violence and likely divide key institutions, such as the military and PSUV. An incident of violence by the state resulting in a number of fatalities could well bring more people onto the street than security forces can address.

A soft coup in the PSUV also remains a possibility. Senior party leadership—both the civilian and military sectors—are undoubtedly worried about their own hold on power if Maduro remains in the presidential palace. It is possible that Diosdado Cabello, the president of the Constituent National Assembly and the second most powerful figure within the PSUV, could join forces with the defense minister, Gen. Vladimir Padrino, to force Maduro to step aside for the good of the party (and the good of their own personal political and economic interests). Leaders within the party might see a soft coup as a way of stemming a potential implosion and ensuring a soft landing in a post-Maduro world. In that case, Vice President Delcy Rodríguez would likely assume power and move quickly to make small concessions and overtures to the opposition and international community, while taking measures to safeguard the party elite. It is important to note that Rodríguez belongs to the most radical wing of the PSUV.

Finally, there is still some room for a military coup. Despite a few isolated and disorganized incidents, this scenario does not seem imminent nor very likely, though. The regime has gone very far to ensure the loyalty of the military, mostly through corruption and politicization. One should also not underestimate, moreover, an effective military counterintelligence apparatus purportedly supported by Cuba, which ensures that any dissident movement within the ranks is quickly quashed. Nonetheless, some of the fractures that exist throughout society do also plague the military, particularly along generational lines, rank, and access to economic opportunities for enrichment or subsistence. An emotional trigger could serve as a catalyst for a coup or rebellion, especially if the military in pressed into violence against citizens.

It is likely that in the next six to 12 months the dictatorship in Caracas will continue to endure in the face of a deepening humanitarian crisis. The international community recently began to intensify pressure on the regime by imposing economic sanctions (mostly on government officials) to isolate it. The United States, Europe, and Venezuela’s neighbors do not have many other options, other than comprehensive economic sanctions and a military intervention, each of which would come with significant negative consequences. The Venezuelan opposition is starting to work together in the face of enormous challenges, but it remains deeply fragmented thanks to infighting and government manipulation. Despite the regime’s inability and unwillingness to restore even a semblance of economic and political stability, it will continue to effectively use the economic and political system it created to deter threats from within and outside the state, allowing it to continue plodding along.

Frank O. Mora is Director of the Kimberly Green Latin American and Caribbean Center, Florida International University. He served as Deputy Assistant Secretary of Defense for the Western Hemisphere, 2009-2013.

Ya no reconozco mi país por Thays Peñalver – Venepress – 1 de Septiembre 2018

El venezolano es el único ser en el planeta, que alienta y aplaude su propio suicidio

Ya no reconozco mi país

Los ataques furibundos a Farmatodo, Lorenzo Mendoza, Henrique Capriles y muchos de los influenciadores, son sencillamente repugnantes. No solo por parte del régimen, sino por parte de esa vorágine desalentadora que todo lo destruye a su paso. Ahora bien, yo no apelaré jamás a la frase: “ya no reconozco a mi país”, ni mucho menos “en que nos hemos convertido” cuando veo los ataques monstruosos contra lo poco que queda en pie, porque a mi país lo reconozco, y muy bien.

Quien dice “ya no reconozco a mi país” vivía en un gueto y tuvo que salir a encontrarse con la realidad, con la Venezuela que siempre ha sido. Usualmente es presa de todos esos mitos urbanos, como que la culpa de todo la tuvo la famosa telenovela “Por estas Calles” o frases tan grandilocuentes que simplifican nuestro destino hasta convertirlo en una cosa distinta de lo que realmente somos, porque la culpa de todo la debe tener alguien que no sea el propio venezolano por eso la culpa la tienen siempre los políticos, la culpa es de los empresarios, de los comerciantes y en especial los medios de comunicación y si, hasta las telenovelas.

Pareciera que no hubiésemos tenido cronistas de nuestra tragedia diaria, Ibsen Martínez tan solo escribía lo que veía todos los días en Venezuela, pero era más fácil echarle a él la culpa por haberse atrevido a narrarlo en el formato de un guión para la televisión. Ese que dice “ya no reconozco a mi país” podría antes que a Ibsen, echarle la culpa a Tirso Pérez León, uno de los escritores del Show de Joselo o a su equipo creativo, pues bastaba con aquella escritura para deducir fácilmente que todo estaba perdido. Un equipo de dramaturgos, mucho más conscientes que la clase política, nos dibujaban una vez por semana la idiosincrasia y la conducta del venezolano, pero algo peor, nos hacían reírnos de nosotros mismos en la mayoría de los hogares.

Esa Venezuela “ilustrada” que corría a Miami de compras, mientras en los cuarteles se cuajaba el destructivo movimiento Bolivariano. Toda una tragicomedia (vista hoy) de una realidad que nos llevó a donde estamos. Personajes como un abogado estafador, un mentiroso compulsivo, un mendigo que hostigaba a los transeúntes hasta que le daban dinero, un sifrino espeluznante que hablaba de riquezas frente a la miseria de los barrios y que seguramente no podía justificar el origen de su dinero, un niño recogido que abusaba de la buena fe de sus padres adoptivos, hasta hacer llorar al padre de la casa, un amo de casa que abusaba verbalmente de su mujer de servicio, un gerente que hostigaba a su secretaria con insinuaciones sexuales. Mientras en los otros canales se sobreexponían también comportamientos contra la autoridad, la humillación a funcionarios policiales y los antivalores que padeciamos.

¿Qué usted no reconoce a  muchos?  Le voy a rescatar la imagen que había de uno que arrancaba muchas carcajadas. Se trataba de un empleado público que en su oficina tenía un cuadro con con la Foto del presidente de turno, pero tenía doble cara, así que dependiendo de la visita que recibiera, lo cambiaba del presidente Adeco, al presidente Copeyano para alagar a su visita o escapar de un problema o salirse con la suya. Era el más venezolano de todos los personajes, la avasallante realidad de un País que no creía para nada en la democracia, ni en los partidos políticos, sino en cómo sacarle provecho propio al Estado utilizando a los funcionarios y al partido. Y todos, absolutamente todos, se carcajeaban con la realidad, incluidos los propios adecos y copeyanos, ignorantes del trágico destino que les esperaría apenas meses después del final del programa, cuando los militares de extrema izquierda de golpe, se adueñaron del país.

Ese personaje no es otro, que los millones de ninies que dicen no soy ni chavista, ni antichavista como si fuera posible tal elección. Esos millones de seres envilecidos que no quieren meterse en problemas nunca y además pretender extraer de los ganadores alguna sobra. Esos millones que no van a los paros, no firman revocatorios ni consultas, ni se comprometen, ni van a las marchas.

Así, en el nombre de una nueva moralidad, quienes saltaron por estas calles los días del Caracazo fueron los verdaderos personajes, los de carne y hueso a robarse todo en las bodeguitas de los barrios que terminaron arrasadas, ocurrió lo mismo en las carnicerías de donde vivían, como hoy, en los que se cargaban reses enteras al hombro, mientras los “doctores chimbin” y más atrás los “pavo lucas” con aquellas muecas macabras dibujadas en sus rostros, porque habían logrado cargar con tremendos televisores de 40 pulgadas en las zonas de clase media saqueadas por “el vivo criollo”, personaje que por cierto existe en cualquier clase social. Fue sin duda alguna, como bien lo dijo otro dramaturgo, otro de los “culpables” por señalarnos la realidad todas las semanas, José Ignacio Cabrujas: “el día más venezolano que he vivido, nunca había sido tan interpretado por nuestra historia”. Yo añadiría: bien interpretado.

Y hoy, mientras seguimos sin reflexionar sobre lo que hemos sido como país y actualmente somos, vivimos el episodio histórico más auténticamente venezolano. Por qué? Porque “rodilla” se convirtió en el pran pues a eso lo llevó su modo de vida, los waperó están representados por los bolichicos porque siempre abusaron de otros desde que eran niños y el policía después de tanto maltrato terminó envilecido y torturando. Eudomar y el hombre de la etiqueta terminaron sus días como las máximas autoridades judiciales. Pero no se convirtieron, sencillamente fueron la evolución lógica de su comportamiento[i]. Entre todos, demostraban una sola cosa, estaban tan corrompidos los de arriba, como los del medio, como los de abajo.

Pero repito, culpar a nuestros escritores por mostrarnos quienes somos es absurdo. Para culpar a la telenovela por demostrar nuestros anhelos, habría que remontarse a su origen, pues son adaptaciones modernas de algo que vieron los hermanos Grimm en su Cenicienta, tan absurdo como culpar a Víctor Hugo de educar a los franceses en sus “vilezas” Miserables, para encontrar a los culpables tendríamos que irnos atrás, y mas atrás de Alejandro Dumas con La dama de las camelias o su Conde de Montecristo, habría amigos que culpar al más “malandro” de todos, ese que escribió Romeo y Julieta.

Por eso muchos culpan a las telenovelas, pero porque nunca han abierto un libro.

Yo si reconozco a mi país, por eso entiendo el odio desatado. También entiendo todo esto como el secuestro que es y la violencia de los jefes comunistas, que viven como billonarios allá arriba en el Politburó, enviando con los dineros públicos a sus hijos a vivir y disfrutar en el capitalismo más salvaje que es lo que quieren para sus hijos, pero a los nuestros les toca la Clap. Lo que despreció profundamente es al que ataca lo poco que queda en pie de este lado.

Porque el venezolano es el único ser en el planeta, que alienta y aplaude su propio suicidio.

Lorenzo Mendoza es uno de los pocos héroes y referentes que nos quedan. De acuerdo a Forbes desde 2005 ha perdido el 70% de su fortuna y pasó de estar en el puesto 119 al puesto 1198 y es factible que salga de la lista de billonarios para el 2020. Buena parte de lo que le queda, ya no está en Venezuela pero Lorenzo sigue aquí. Repito, entiendo los ataques de los comunistas, pero jamás entenderé al que le dice “ese tiene suficiente rial”, “que venga a regalar la Harina Pan” como si no llevara 18 años regalándola, con muchos aplaudiendo de este lado semejante suicidio. Porque ese que lo dice es el más peligroso de todos, el que no entiende que cuando el poder industrial privado ha perdido el 70% de su patrimonio, de allí hacia abajo, la pobreza es absoluta, incluido el que lo dice.

El que se regodea, es el más peligroso de todos los venezolanos. Es aquel que frente al paro nacional inventaba y difundía el slogan: “liberen al oso” porque él quería tomar cervezas. El que hoy, dice que no se puede comprar la cerveza y lo culpa, sin entender que la mayoría de las plantas de Polar ya están paradas y los miles de trabajadores calificados han emigrado.

Henrique Capriles es otro de los pocos referentes que nos quedan. Puede uno quejarse a veces del lenguaje empleado o de alguna respuesta. Pero hay que reconocer que su partido político ha participado y firmado el informe final de la investigación del caso Odebrecht en la AN. Tanto como le reconozco que se ha dejado el pellejo, ha conocido la cárcel, el acoso, le han disparado los círculos bolivarianos, pesan sobre él los más horrendos expedientes penales y entiendo el ataque de los comunistas. Pero lo que no entiendo es el ataque de todos aquellos puros de sangre, que no defienden la institución más sagrada del derecho que reza: “toda persona es inocente, hasta probar lo contrario”, porque son tan perversos como los comunistas.

Pero el que lo dice, es aún más peligroso que los comunistas. Porque cree que cuando todo esté destruido, cuando no quede piedra sobre piedra del sector industrial, comercial y político, vendrán los seres puros a gobernar a “rodilla”, “eudomar” a los “waperó” y junto a ellos harán una Venezuela próspera y feliz. Sin entender, que ellos fueron los enterradores.

Entiendo a los que con su camisa roja gritan contra Farmatodo. Porque son sencillamente “tropas” de agitación comunista, adscritas a un “alto mando”, entiendo que el video se hace para que nosotros, estúpidamente lo difundimos en las redes, porque es la historia del comunismo. A quien no entiendo es al que dice “pana, es que también se pasan con los precios”. Sin duda alguna, son los más peligrosos de todos, pues no entienden que el ataque es contra el patrimonio de la última gran cadena de distribución privada que queda en el país. La última amigos. Y cuando esta falte, ya no quedará ninguna más y nadie más a quien culpar.

Y lo peor de todo es que ese que se quejaba ya no lo hará más, porqué se habrá ido o llamará al 0800 y no le contestarán o le dirán que no hay medicina, acudirá callado a Farmapatria y le dirán que tampoco y luego acudirá de rodillas a los 22 mil mercales y se dará cuenta que ya no existen, pero lo hará “callaito”, porque si no, no le venderán su cuota racionada de productos nicaragüenses, bolivianos etc.

Así que no, yo si reconozco a mi país todos los días, lo reconozco en los pocos, poquísimos héroes del trabajo que salen a producir, trabajar y a luchar, lo reconozco en las caras de quienes salen a trabajar sin importarle nada, en las caras perplejas de los que viven en una burbuja y se niegan a participar, en los que dicen “es que a mi la política no me gusta”, lo reconozco en la actitud del montón de vagos que quieren vivir de los demás y también reconozco al malo, a ese bando de los envilecidos que cada día crece más.

Parafraseando a Fermin Toro. “Entiendo la libertad de opinión e imprenta, lo que no entiendo es que no dejaran ni una sola reputación en pie”. Porque el que dice que todos son malos, si aquí nadie sirve, ningún político, ningún empresario, ningún comerciante ningún medio, periodista o influenciador, ¿la verdad? Es que el que lo dice es el que no vale nada.

Reflexionemos o apaguemos la luz

[i] para quienes son muy jóvenes o leen fuera del país. Rodilla era un personaje muy común de la Venezuela de los 80’s, un muchacho que había decidido tomar el camino de la delincuencia, para vivir de un arma. Los waperó eran dos personajes, los hijos de un alto y poderoso funcionario que abusaban constantemente de un policía. Eudomar Santos era la clave del comportamiento mas venezolano, el de sobreviviente.

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