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A un año de la reconversión: la triste historia del bolívar devaluado por  Didiana Archila – El Nacional – 20 de Agosto 2019

Desde el año 2007 ha habido 7 billetes con el rostro del Libertador, más que la cantidad de la familia de los bolívares fuertes. Economistas coinciden en que no se atacó el origen de la hiperinflación y solo se ajustó la unidad de cuenta

Conos monetarios
Foto: Gustavo Matute @BigMatu_photos

A un año de la reconversión monetaria, economistas coinciden en que el poder adquisitivo del bolívar soberano está devaluado. Señalaron que el régimen no ha implementado las políticas necesarias para la estabilización económica del país.

Leonardo Vera, profesor universitario y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, criticó los paliativos intentados para reducir la hiperinflación: “Realizaron la reforma del encaje legal que, si bien disminuye la aceleración de la inflación, no soluciona ningún problema. Además, presumo, que al no aumentar el salario intentan frenar el consumo. Son paños de agua tibia que tendrán impacto un negativo en la economía”.

Para el economista y profesor universitario Ronald Balza la inversión de roles entre el Estado y Petróleos de Venezuela es el punto de partida al que se sumaron más problemas. “Antes Pdvsa traía dólares, se los daba al gobierno y este los convertía a bolívares. Pdvsa dejó de traer dólares y el gobierno le daba bolívares, para emplearlos en gastos que no conocemos puesto que no figuran en ningún presupuesto. Esto en un país con dos problemas adicionales: que la producción estaba cayendo y que no había un mercado cambiario funcional. Al conjugar esos tres factores se generó esta situación de hiperinflación, escasez y crisis en la que estamos”, indicó.

Balza explicó que la reconversión monetaria es una medida necesaria, pero no suficiente para solucionar la crisis económica del país, ya que a su juicio, funciona desde el punto de vista transaccional: “Es un ajuste en la unidad de cuenta que se debe acompañar con una política económica que permita atacar su origen. Si por el contrario, se hace la reconversión y su origen no se ataca, sucede lo que pasó en 2018, en un año se perdió el poder adquisitivo y ahora se tuvo que ampliar nuevamente el cono”.

Cono monetario actual. 4 de los 11 billetes no son aceptados en establecimientos por su ínfimo poder adquisitivo | Foto: Gustavo Matute @BigMatu_photos

Calificó de paradójica la última ampliación del cono monetario. “El poder de compra del billete de 500 bolívares es bastante pobre. El Banco Central de Venezuela decidió sacar billetes de 10.000, 20.000 y 50.000 bolívares, lo cual es ilógico porque tienes billetes de baja y alta denominación, pero no puedes usar ninguno con comodidad. Este cono tiene una tronera que impide su uso de manera eficiente», indicó.

“La reconversión no corrigió los problemas fundamentales sino que por estar mal hecha creó otros problemas con el efectivo”, subrayó.

“En la historia de Venezuela, el país nunca estuvo expuesto a situaciones de este tipo por carecer de tasas inflacionarias altas. A diferencia de otros países latinoamericanos como Perú, Bolivia y Nicaragua”, recordó Vera.

Bolívar: símbolo de la devaluación del último decenio

El actual cono monetario cuenta con cuatro billetes que tienen la cara de Simón Bolívar. Los bolívares fuertes tuvieron tres. Desde el año 2007 ha habido siete billetes con el rostro del Libertador, más que la cantidad de papeles de la familia de los bolívares fuertes.

Un total de siete billetes con la cara de bolívar desde 2008 | Foto: Gustavo Matute @BigMatu_photos

Hace un año, un pasaje costaba 100.000 bolívares fuertes, es decir, 1 bolívar soberano. Hoy, el pasaje mínimo se ubica en 700 bolívares. Hace un año se requería del billete más alto para pagar un viaje en transporte público, hoy se requiere el que, hasta hace poco, fue el más grande de los soberanos, 500 bolívares, y 200 bolívares adicionales.

Pasaje
Pasaje antes de la reconversión: BsF 100.000 = 1 BsS. Hoy el pasaje está en BsS 700 = 70.000.000 BsF. | Foto: Gustavo Matute @BigMatu_photos

Los primeros 4 billetes de los 11 del actual cono monetario ya no son aceptados por su ínfimo poder adquisitivo. El de 50 bolívares todavía está circulando, pero los vendedores prefieren los de mayor denominación.

El 20 de agosto de 2018 entró en vigencia  el nuevo cono monetario que se denominó bolívar soberano. El régimen suprimió cinco ceros a la moneda nacional y fue una de las medidas del “programa de recuperación económica” del gobierno de Maduro.

La moneda anterior, el bolívar fuerte, circuló desde el primero de enero de 2008. Por 8 años, la economía nacional funcionó con 6 billetes (2, 5, 10, 20, 50 y 100) y 7 monedas (1; 5; 10; 12,5; 25; 50 céntimos y 1 bolívar) aunque estas se devaluaron con mayor rapidez.

En diciembre de 2016, el BCV anunció la incorporación de 6 billetes nuevos a la familia de los fuertes: 500, 1.000, 2.000, 5.000, 10.000 y 20.000) y 3 nuevas monedas (10, 50 y 100).

Caras repetidas de los conos y sus ampliaciones | Foto: Gustavo Matute @BigMatu_photos

Dada la creciente inflación, en menos de un año, para noviembre de 2017, el Ejecutivo anunció en cadena nacional un nuevo billete que se sumaría a la familia de los bolívares fuertes: el de 100.000 bolívares.

Meses después, en junio de 2018, el régimen informó también en cadena nacional la supresión de 5 ceros a la moneda nacional y la reconversión al bolívar soberano. Un nuevo cono monetario de 10 piezas: 8 billetes (2, 5, 10, 20, 50, 100, 200 y 500) y dos monedas (50 céntimos y 1 bolívar).

¿Nuestra patria es independiente y nuestro bolívar soberano?

La inflación sigue su curso y la desconfianza por la moneda local continúa.

Como monetario
Foto: Gustavo Matute @BigMatu_photos

Señaló que la eliminación de ceros del bolívar comenzó con medidas del fallecido presidente Hugo Chávez. “Desde la creación del BCV en 1939, la unidad monetaria no cambiaba, solo cambió sus figuras, ilustraciones o la firma del presidente de la institución”, concluyó.

El bolívar venezolano acelera su derrumbe por Victor Ventura – elEconomista.es – 27 de Noviembre 2018

El coste de los alimentos básicos ya triplica el salario mínimo mensual

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Billetes de bolívar sin valor, tirados por el suelo. Foto: Reuters.
Las cifras son alucinantes: desde la reconversión monetaria del pasado mes de agosto, ha perdido tanto valor como en los primeros 20 meses de Gobierno de Maduro, entre 2013 y 2015. En apenas estos tres meses, el tipo de cambio del bolívar ha pasado de 60 por dólar a 416, una subida del 594,48% en el precio de la divisa estadounidense, lo que indica la brutal velocidad de la inflación.

Casualmente, el bolívar antiguo -100.000 equivalen a 1 actual- rondaba el mismo valor cuando Maduro llegó al Gobierno: tocó los 60 bolívares antiguos por dólar en noviembre de 2013, 7 meses después de su toma de posesión. De esta forma, podemos hacer una comparación muy directa sobre cuánto tardó en perder el mismo valor: entre el 9 de noviembre de 2013 y el 15 de junio de 2015, el viejo bolívar se depreció lo mismo que el nuevo desde su creación, el pasado 20 de agosto, hace apenas 3 meses.

Por supuesto, el resto de cifras alcanzan niveles igual de absurdos. El dólar ganó un 27,85% frente al bolívar la semana pasada, según la media del mercado negro de divisas -el único que funciona- recopilada por Monitor Dólar Venezuela.

Además, según las estimaciones del diputado opositor Ángel Alvarado, que lleva un cálculo reudimentario del IPC ante la falta de datos oficiales, la cesta de la compra básica (aceite, azúcar, arroz, carne, café, queso, harina y huevos) aumentó un 25% la última semana y ya se sitúa en 5,450 bolívares, tres veces el salario mínimo mensual.

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Mientras todo esto ocurre, el Gobierno de Maduro sigue sin anunciar ninguna nueva medida, pese al clamoroso fracaso del “paquetazo” de agosto que pretendía estabilizar los precios. Tampoco sigue sin saberse nada de los 2.000 millones de euros que supuestamente irían a reforzar el mercado cambiario y estabilizar el valor del bolívar, ni dela implantación de un precio para la gasolina, que sigue regalándose. Sin señales de movimiento alguno, la inercia sigue haciendo su trabajo.

El deterioro se acelera por Trino Márquez – La Patilla – 13 de Septiembre 2018

downloadHa pasado casi un mes desde que Nicolás Maduro anunció el “plan perfecto” para la recuperación económica, el crecimiento y la prosperidad.  El nuevo cono monetario, que junto al programa económico iba a acabar con la hiperinflación y pulverizar el dólar paralelo, entró en vigencia poco después.

¿Qué pasó en este lapso? El descalabro fue aún mayor. El deterioro económico se acentuó a ritmo de vértigo. Ni una sola empresa nueva se ha abierto. Ninguna de las existentes ha anunciado proyectos de expansión. Ninguna transnacional importante ha mostrado interés por invertir en Venezuela. El dólar paralelo sigue disparado, sin obedecer las órdenes dictadas por Miraflores y las normas establecidas en las reformas cambiarias. El Petro se mineraizó. La economía no ha mostrado ni el más leve asomo de recuperación ni crecimiento, ni ha habido el menor signo de prosperidad. La confianza, base de la estabilidad y el progreso, no aparece por ningún lado. Todo lo contrario. Lo que se observa por doquier es una enorme incertidumbre y malestar social, atados a la escasez y al ritmo desbocado de los precios de todos los bienes y servicios.

Numerosos pequeños comercios en Caracas y ciudades del interior han cerrado, entre otras razones, porque sus modestos propietarios temen que los agentes del Sebin los capturen en operativos represivos; más de trescientos productores avícolas, solo en el estado Táchira,  han quebrado porque no pueden seguir operando a pérdida; casi una decena de establecimientos McDonald, la cadena de comida rápida más extensa e importante del mundo, han cerrado. Para no agobiar a mis lectores, estas pocas cifras son suficientes para mostrar el impacto devastador que el “plan perfecto” ha ocasionado en la economía.

El drama no se circunscribe al campo económico. Se extiende a otros escenarios. La fuga o huida masiva de venezolanos de todas las edades y estratos sociales hacia los países de Suramérica es incontenible. Colombia, Ecuador y Perú se han declarado en emergencia. Los adultos mayores han salido a reclamar sus derechos porque se sienten estafados. Los profesores universitarios se niegan a aceptar que con el achatamiento de los sueldos, desparezcan los incentivos que fomentan la docencia, la investigación y los ascensos dentro del escalafón, clave de la excelencia académica. Las protestas por la falta de agua, luz, gas, efectivo y transporte público, no cesan. El colapso económico se enlaza con la protesta social.

El fracaso del modelo estatista del socialismo del siglo XXI es obvio. Inocultable. No hay manera de atenuarlo. Dado que el régimen no admite el desbarro, invoca las excusas de siempre o apela a nuevas extravagancias. La guerra económica sigue siendo la más socorrida. ¿Cómo puede haber “guerra económica” en un país donde el aparato productivo privado se contrajo en casi la mitad en menos de una década? El régimen con esos excéntricos pretextos busca negar su infinita incompetencia en el manejo de los asuntos económicos y trata de ocultar la corrupción, causa fundamental del descalabro generalizado.

El gobierno ha optado por aferrarse al salvavidas que le lanzó China. En apariencia los asiáticos le prestarán a Maduro dinero fresco para que campee el temporal. Suponiendo que realice un uso racional del nuevo préstamo, el gobierno dispondrá de unos recursos financieros para intervenir en el mercado cambiario, pagar algunos intereses de la deuda externa y amortizar algo de capital. Ese dinero no le durará mucho. Con los compromisos, el despilfarro y la corrupción tendrán poca vida. Nadie sabe bajo cuáles condiciones se hará ese desembolso. De lo que sí hay que estar seguros es de que las condiciones serán leoninas para Venezuela. Otro pedazo de soberanía se perderá. Los chinos han ido convirtiéndose en los nuevos Amos del Valle y de Venezuela. Maduro odia al imperialismo norteamericano, pero ama a Mao; o sea, ama al imperialismo chino. Le parece más bondadoso y solidario, cuando la verdad es que resulta el más depredador e implacable de la actualidad.

La erosión acelerada del  país  está produciéndose en medio del peor desbarajuste de la oposición. La dirigencia carece de una visión estratégica. Se encuentra sumida en sus propias ambigüedades. Observa la descomposición generalizada del país como si el fenómeno ocurriese en otra galaxia. No ha sido capaz de colocarse al frente de la hecatombe económica, con el fin de proponer una línea de resistencia y enfrentamiento. Ni siquiera sabe cómo encarar el éxodo masivo, crisis inducida por el madurismo.

Quienes opinamos tendremos que seguir denunciando la acción devastadora del régimen y exigiéndoles a nuestros dirigentes políticos que salgan del nicho donde se metieron, en el momento en el cual la gente más los necesita activos y organizados.

Venezuela oficializa un nuevo salario mínimo 35 veces superior al anterior – Heraldo – 3 de Septiembre 2018

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El Gobierno de Nicolás Maduro inició el pasado mes de agosto el llamado “plan de recuperación económica”.

El salario mínimo de 1.800 bolívares (30 dólares) que decretó el presidente venezolano, Nicolás Maduro, fue oficializado hoy en Gaceta Oficial, un incremento 35 veces superior al anterior que ha generado polémica pues muchos comerciantes aseguran que, de aplicarlo, irán a la quiebra.

El texto legal recoge en el sumario que el decreto establece que el monto a pagar es “obligatorio en todo el territorio nacional” para trabajadores públicos y privados.

Igualmente en el documento se indica que se fija el valor del bono de alimentación, un beneficio que no genera pasivos laborales, en un 10 % del monto del salario mínimo, equivalente a 180 bolívares (2,94 dólares).

Los detractores de Maduro advierten de las consecuencias de su programa económico

Sin embargo, la información solo es ofrecida en un sumario y no en el cuerpo de la gaceta por lo que se aclaran mayores detalles.

El Gobierno de Nicolás Maduro inició el pasado mes de agosto el llamado “plan de recuperación económica” que inició el 20 de agosto con la entrada en vigencia de un nuevo cono monetario que resta cinco ceros a la moneda, el bolívar, a la que se le dio también el apellido “soberano”.

Maduro culmina la demolición de la economía de mercado en Venezuela por Marcos Suárez Sipmann – Eleconomista.es – 3 de Septiembre 2018

Las incoherentes y desastrosas medidas económicas de Nicolás Maduro erosionan de manera definitiva la capacidad de pago de los venezolanos destruyendo lo poco que quedaba de economía de mercado en Venezuela.

La supresión de cinco ceros a la moneda local, el bolívar, es un parche incapaz de disimular las profundas deficiencias de una dictadura comunista que ha arruinado a los venezolanos enriqueciendo a la nueva clase chavista. El despilfarro en el gasto público, las sumisas ayudas al castrismo, el enriquecimiento del entorno del dictador, han conducido al hundimiento de una de las naciones más ricas de América.

Otro de los mayores problemas es la lenta circulación de los nuevos billetes que está afectando al ciudadano, y a esto se le añade la lucha diaria contra la hiperinflación, la falta de alimentos y medicamentos. Todo esto hace que el mercado negro cobre mayor fuerza.

A ello hay que sumar el incremento del salario mínimo, de los impuestos, el alza en el precio de la gasolina, el aumento del precio de las importaciones producto de la devaluación, así como el mantenimiento de subsidios discrecionales. El resultado: encarecimiento de los costos de las empresas, despidos masivos y un descalabro de la capacidad productiva empresarial, ya en estado crítico.

Uno de los grupos golpeados con especial dureza es el de los pensionistas. Maduro ha dictaminado que las pensiones se pagarán a través del llamado carnet de la patria. Los jubilados venezolanos han protestado contra la medida y exigen que se respete el derecho a identificarse únicamente con su cédula de identidad. El presidente de la Federación de Jubilados y Pensionados, Emilio Lozada, dijo a periodistas que la medida de Maduro “es criminal” porque viola nuestros derechos. Para muchos “la pensión es su único ingreso” y no todos cuentan con el carnet ideado por el Gobierno.

Por si esto no fuera suficientemente problemático ese pago se hará a través de un nuevo sistema que entra en vigor desde el 1 de septiembre. Es la billetera digital a la que se accede por el portal web del carnet de la patria. Esto, según Lozada, “genera incertidumbre y confusión entre los que no saben de tecnología”, por tanto parte de los jubilados reclaman que no todos saben usar el modo de transferencias por internet y quieren que la pensión se pague en efectivo.

Maduro anunció asimismo que mañana martes arranca el periodo de prueba para cobrar la gasolina a través del famoso Carnet de la Patria, como el cobro de pensiones.

La oposición ha denunciado la tarjeta como herramienta de control social y un chantaje a los más pobres debido a que en campañas electorales se han prometido recompensas monetarias por esta vía.

A falta de datos fiables sobre el catastrófico régimen de Maduro universidades venezolanas han realizado una encuesta sobre las condiciones de vida. En solo un año un 10% de la población ha prescindido del arroz en su dieta, poco más de un 10% sigue comprando fruta y tan solo un 40% consume carne. Los resultados fueron devastadores, seis de cada 10 venezolanos perdieron 11 kilos de peso en 2017.

Los ataques a dirigentes y militantes opositores aumentan, y se violan las libertades públicas e individuales, ante esta situación, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU ha pedido el cese inmediato de las detenciones y el juicio de manifestantes por tribunales militares.

El Tribunal Penal Internacional ha decido abrir una investigación preliminar contra Maduro por crímenes de lesa humanidad. A idéntica conclusión llegó el Panel de Expertos independientes designados por el Secretario General de la OEA al considerar en su Informe definitivo que los crímenes de asesinato, encarcelación, tortura, persecución y desapariciones forzadas registrados en Venezuela encuadran en lo establecido en el artículo 7 del Estatuto de Roma.

Así maquilla Maduro el apocalipsis monetario venezolano por Andreina Itriago – El Mundo – 31 de Agosto 2018

2.600.000 bolívares. Eso se necesitaba para comprar solo un rollo. Tras el cambio del lunes, se han quitado cinco ceros a esta cifra. Pero la inflación ha seguido subiendo. A.ITRIAGO / CARLOS GARCÍA RAWLINSREUTERS

De un día para otro, los ciudadanos venezolanos ven como los precios suben y ya hablan de que están camino de ser Zimbabue

La devaluación del bolivar impulsada por el presidente ha creado aún más hambre. Ni siquiera un rollo de papel higiénico está al alcance de cualquiera

Maduro quita cinco ceros al bolívar en su peor momento económico y siembra el temor en Venezuela

El nuevo bolívar de Nicolás Maduro dispara la pobreza y el éxodo en Venezuela

Ese bolívar soberano, ¡soberana mentira! -dijo Trina López, de 54 años, la mañana de este viernes. Caminaba cabizbaja y desanimada por una desolada avenida del este de Caracas. Era el quinto día de la reconversión monetaria de Nicolás Maduro, vendida como la panacea para la recuperación económica. Era el quinto día del apocalipsis. Y ella, Trina, una empleada doméstica de 54 años, ya se había percatado de la realidad que cinco ceros menos no pueden ocultar:

-Los reales no alcanzan. Todo está igual o más caro.

Aún no entraba en vigencia el aumento de casi 4.000% del salario mínimoanunciado por Maduro la oscura noche del viernes 17 de agosto y previsto para el 1º de septiembre. Pero ni siquiera eso animaba a Trina, quien estaba convencida de que, pese al control de algunos precios impuesto esta semana por el Gobierno -que en algunos casos sitúa los productos finales en el valor de su materia prima-,el coste de la vida aumenta. Y mucho.

Aunque no es experta en economía, no le cuesta ver lo que los entendidos advierten: que el nuevo salario mínimo, ahora de 1.800 bolívares «soberanos» -180 millones de los de antes, los supuestos «fuertes», y unos 15 euros, según el promedio de tasas de cambio no oficiales, que también, pese a los intentos del Gobierno, aún rigen en el país- pronto quedará para lo mismo que el salario mínimo integral actual, de 50 bolívares soberanos -cinco millones de bolívares fuertes, menos de un euro paralelo-, es decir, para pagar apenas un rollo de papel higiénico o un kilo de tomates.

De un día para otro, incluso de una hora a la siguiente, los venezolanos pasan de poder comer un filete de pollo a no tener nada que llevarse a la boca.

Trina sabe que esos 1.800 bolívares soberanos aún son insuficientes para comprar la cesta alimentaria familiar, que el mes de julio escaló 700 millones de bolívares «fuertes», o 7.000 bolívares «soberanos».

Trina sabe, también, que los precios en la Venezuela de la hiperinflación, como en la Zimbabue de 2008 o 2009 -algunos se remontan a o la República de Weimar-, aumentan hasta varias veces por día y a los pocos días dejan de ser referencia, por lo que sabe que el valor actual de la cesta de la compra es aún mayor.

Y sabe que todas estas medidas, que a ella todavía le cuesta entender y asimilar pero que la han vuelto en toda una experta en el cálculo mental, no hicieron sino empeorarlo todo. Y eso que no conoce la conservadora estimación del Fondo Monetario Internacional de una inflación de 1.000.000% al cierre de 2018.

En realidad, al devaluadísimo bolívar le faltan no cinco sino ocho ceros: un bolívar soberano equivale a 100.000 bolívares fuertes de los de Chávez, que son 100.000.000 de los bolívares originales.

Antes de la reconversión, con esa cantidad de dinero, contenida en el billete de mayor denominación para entonces, Trina no podía hacer casi nada, pero al menos podía tomar unos 10 autobuses, si tenía la suerte de conseguir el escaso y costoso dinero en efectivo y las igualmente escasas y destartaladas unidades de transporte.

Ahora, un bolívar fuerte es lo que pagará por un solo pasaje. Por eso, en estados como Lara, algunos de los que, como ella, dependen de ese sistema de transporte protestaron esta semana por el aumento del servicio.

Como muchos venezolanos, Trina aún no ha tenido la dicha de ver en vivo y en directo las dos monedas ni los ocho billetes del nuevo cono monetario. Pese a que este lunes fue decretado festivo laboral, salió a las desoladas calles caraqueñas para trabajar.

El martes, aunque estaba en contra de las medidas, no acató la llamada a paro que hizo la oposición venezolana: más que nunca necesitaba el dinero de su trabajo diario para ayudar a sus hijos y nietos, que están en riesgo de quedarse en paro tras la oleada de liquidaciones que ha precedido a los anuncios.

Muchas de las ya asfixiadas empresas no pueden asumir los nuevos sueldos y los pasivos laborales que estos acarrearían. Y no ven una solución en la opción temporal del Gobierno de cancelar el diferencial de los aumentos a través del polémico carnet de la patria, un documento de identidad paralelo, de filiación política, que el chavismo ha intentado imponer por distintas vías. Además de expertos en matemáticas, los venezolanos estos días se han visto obligados a aprender de leyes laborales.

Hasta el viernes, la ocupada y preocupada Trina no había tenido tiempo de hacer otra cosa que no fuera trabajar, restar ceros y buscar la comida de cada día. Entre sus prioridades no estuvo hacer colas en los cajeros automáticos ni en las taquillas de los bancos, que por meses habían estado solos, pues ya ni entregaban los absurdos límites diarios de 10.000 y 100.000 bolívares fuertes. Los pasó de largo toda la semana, junto a muchos negocios que permanecieron cerrados mientras definían su situación y reajustaban precios.

Harta de limpiar pisos

Las últimas semanas, Trina había logrado quintuplicar el salario mínimo limpiando dos apartamentos por día y trabajando incluso los fines de semana. Y eso que no había entrado aún en la dinámica de varias de sus colegas, quienes, como muchos venezolanos, se habían incorporado al creciente mercado del menudeo en divisas, y cobraban un dólar por jornada de trabajo.

Aún con dificultad, sobrevivía gracias a que comía en las casas en las que trabajaba. Ahora, con suerte, ganará cuatro veces más de lo que ganaba antes, y no logrará completar ni un salario mínimo.

El panorama es gris y no sólo para ella. La protesta consistió en poner a volar cientos de billetes que ya no circularían más y no tenían ningún valor, la tarde del pasado viernes, en los andenes de la estación más concurrida del Metro de Caracas, la de Plaza Venezuela.

Trina no se enteró y sus ingresos tampoco le hubieran permitido participar en ese ni en ningún otro tipo de despilfarro al que sí se abocaron, desde el pasado miércoles, muchos de los venezolanos con trabajos más estables y acceso a una cantidad mayor de bolívares.

A partir del 15 de agosto, cuando las empresas pagaron las quincenas y en algunos casos adelantaron el sueldo del mes para que los trabajadores compraran previsiones, los comercios y centros comerciales -esta semana desolados y cerrados por la incertidumbre- se vieron abarrotados. Las filas fueron particularmente largas en las gasolineras y en los supermercados. Era como si el mundo se fuera a acabar el 20, pero la verdad es que nadie quería tener en sus cuentas a los malqueridos bolívares.

Así, un negocio de perfumes que en el mejor de los últimos días había vendido 2.100 millones de bolívares fuertes en mercancía (21.000 soberanos), el pasado jueves facturó 3.600 millones de bolívares fuertes (36.000 soberanos).

El fin de semana, cuando pensaban trabajar con normalidad, pues los preciados datafonos -que se han vuelto indispensables en la economía venezolana- funcionarían, con sus limitaciones normales, hasta las 18:00 horas del domingo, cerraron sus puertas para evaluar a ciegas un reajuste de precios que, inicialmente, fue de 60%, cuando reabrieron las puertas, el martes, y que a finales de la semana ya era del 100% del valor que tenía el producto la semana anterior.

Las páginas que publican las tasas de cambio no oficiales habían anunciado que entre el viernes y el lunes de la reconversión no publicarían las crecientes tasas que compartían hasta dos veces al día: mañana y tarde. Quienes se dedican a la compraventa de divisas en el mercado negro aseguran que, pese a eso, muchos decidieron convertir los bolívares en divisas, al precio que fuera, incluso muy por encima de la última tasa promedio, con tal de salvaguardar sus pequeñísimas fortunas hasta que comenzara el apocalipsis, porque si hay algo en lo que hay unanimidad es que este es tan solo el comienzo.

Trina se enfrentó a la debacle con unos pocos billetes del viejo cono monetario -que aún puede usar en paralelo con los nuevos para gastos menores- y los últimos millones que había cobrado, porque sí, porque en Venezuela todos tenían millones pero solo unos pocos -los más rojitos, principalmente- eran realmente millonarios… Y la diáspora ya alcanza los cuatro millones de personas. Una tragedia en un país con 32 millones. Otro drama es cruzar la frontera.

Ella era pobre y, tras la reconversión, se sentía más pobre. Quizás por esa extraña sensación que tienen todos los venezolanos cuando revisan sus estados de cuenta y los ven reducidos en cinco ceros.

-Lo único que provoca es llanto. Pero, ¡qué va! Eso enferma a la gente y aquí no hay medicinas pa curarse.

Venezuela se instala en un corralito por Maolis Castro / Florantonia Singer – El País – 30 de Agosto 2018

La escasez de billetes entierra el poder de compra de los ciudadanos, que llenan los bancos en busca de efectivo

Dos niños cuentan billetes en Caracas. CRISTIAN HERNANDEZ EFE

El plan económico diseñado por Nicolás Maduro no se ha convertido solo en un déjà vu de los momentos más complejos de la crisis venezolana sino que ha instalado al país en un corralito de facto. La circulación de los nuevos billetes no fluye a la velocidad a la que lo hace la hiperinflación. Las entidades bancarias privadas y públicas limitan el acceso al efectivo y después de horas de cola esta semana los ciudadanos solo lograban retirar de los cajeros puñados de bolívares soberanos, en algunos casos apenas 10 (de 0,16 dólares).

Miriam Rodríguez, de 35 años de edad, acudió a sacar dinero el martes de una agencia bancaria de El Valle, en el oeste de Caracas. “La reconversión no ha cambiado nada. Estamos exactamente en la misma posición que antes, es decir, con problemas para obtener efectivo, pero ahora más confundidos con este nuevo cono monetario. Esa es la única diferencia. Seguimos recorriendo diferentes sucursales de diferentes bancos a ver qué es lo más que podemos sacar en un día, y gastando horas interminables en ello. Esto porque un mismo banco te puede estar dando una cantidad en una sucursal menor que en otra sucursal”, lamenta. “Y como tienes un límite de un retiro diario, debes buscar la sucursal que esté dando más. Un banco puede darte una cantidad menor a otro banco. Por eso, ahora hay que distribuir el dinero en cuentas de diferentes bancos para poder sacar un poco más ese día”, explica. “Todo este esfuerzo absurdo e inhumano para poder pagar el pasaje y poder adquirir algunos productos de la cesta básica más económicos”.

Rodríguez cuenta que al haber problemas con los billetes, los vendedores intentan colocar los productos hasta tres veces más caros a débito “para que así prefieras pagar en efectivo”. “Para poder comprar algunos productos básicos como huevos, verduras y vegetales, debemos hacer eso durante una o dos semanas. Ahora, los huevos solo los venden en efectivo, por ejemplo. Es uno de los alimentos subvencionados y entonces son vendidos en efectivo por los comerciantes informales que no quieren perder, sino usar el dinero que obtienen en efectivo para poder revenderlo tres veces más caro“, relata antes de mencionar el peor escenario: “Los bancos que establecen un límite semanal, por ejemplo, de 10 soberanos. Si logras sacarlos en una sucursal en un día, debes esperar hasta la otra semana para volver a sacar. ¡Es una pesadilla!”.

Esta circunstancia alienta el mercado negro de billetes. En ciudades del interior del país la reventa de efectivo continúa. Las transacciones menudas como el pago del transporte público siguen siendo complicadas por la escasez de efectivo y porque la reconversión implicó un aumento brutal del servicio de transporte que pocos pueden pagar hoy.

El viaje en autobús pasó a costar de 10.000 bolívares fuertes a un bolívar soberano (0,01 dólares), que equivale a 100.000 de los de antes, 10 veces más caro. Se trata de un monto que se pagaría con una nueva moneda que todavía no ha empezado a circular. “Aunque están funcionando los dos sistemas monetarios, para pagar un pasaje con billetes de 1.000 de los de antes la gente tiene que entregar 100 billetes. Ese billete creo que también vamos a empezarlo a rechazar porque es una enorme cantidad de papel que no sirve para nada y nos ocupa espacio”, explica Pedro Jiménez, directivo del gremio de líneas de transporte del oeste de Caracas.

En un entorno hiperinflacionario el bolívar soberano también tendrá una corta vida. El economista Leonardo Buniack advierte, además, de que sustituir la enorme masa monetaria de los billetes que el Gobierno creó tomará su tiempo y quizás la nueva familia de billetes sea insuficiente. “El proceso de hiperinflaciónhace que el poder de compra del nuevo cono monetario comience a pulverizarse y que la gente comience a acumular efectivo para poder pagar cosas hoy que son tres veces más caras que ayer”.

Estantes vacíos

Mientras tanto, una visita a un supermercado en el este de Caracas pinta los resultados de las decisiones adoptadas en las últimas semanas. El miércoles, Maribel Della Chiesa iba por un yogur y unos plátanos y se fue con las manos vacías. Había más estantes vacíos que los que tenían productos, una estampa que ya han visto los venezolanos en los momentos más críticos del desabastecimiento.

“Los proveedores no han querido traer mercancía”, dice una de las encargadas del negocio que prefiere resguardar su nombre. “Claro, nadie va a vender a pérdida”, responde Della Chiesa. Con hastío cuenta lo que ha visto desde que empezó a implementarse el paquete económico. “Una amiga tiene un negocio y el café le llegó marcado a precio de 15 millones (150 de los soberanos) y luego llegó el gobierno y le dijo que tenía que venderlo a 10 millones (100 soberanos). Obviamente se va a ir del país. Con esto nos vamos a quedar sin nada”, dice la mujer que emigrará a España en diciembre. El año pasado vivió las penurias de conseguir el tratamiento para el cáncer de su esposo que finalmente falleció por no atender a tiempo la enfermedad. “Ya este país me quitó a mi esposo y a mis hijos que también tuvieron que emigrar. Ya no tengo nada que hacer aquí”, cuenta en unos de los pasillos del desolado supermercado.

La oleada de fiscalizaciones a comercios incluidas en el programa económico del Gobierno ha traído lo de siempre en 15 años de controles en los precios y de cambio: cierre de empresas, escasez y nuevos mercados negros. “Estamos repitiendo la misma película, pero más aterradora. Muchos comercios están cerrados porque sus propietarios están a la expectativa”, señala María Carolina Uzcátegui, presidente de Consejo Nacional de Comercios y Servicios, la cámara que agrupa al sector.

“El Gobierno no ha sido claro en sus ajustes, generando un clima de incertidumbre. Pongo el ejemplo del aumento del IVA que era para bienes suntuarios y no se dijo que era general. No sabemos qué pasará con el control cambiario y eso afecta el inventario y la reposición de productos en las tiendas. Venezuela está en un estado de parálisis”.

CONTROL DE CUENTAS BANCARIAS

La Superintendencia de Instituciones del Sector Bancario (SUDEBAN) pidió a la banca privada y pública informar a sus clientes que deberán notificar viajes al extranjero para acceder a sus cuentas bancarias en bolívares. De no notificar el país de destino y el tiempo de estadía, los propietarios de las cuentas sufrirán un bloqueo “preventivo” y no podrán hacer transferencias de su dinero por Internet ni otras operaciones desde una dirección IP en el extranjero. La banca está obligada a revisar y notificar al gobierno las conexiones de sus clientes fuera del país.

El Gobierno de Nicolás Maduro culpa al mercado paralelo de divisas de fracturar la economía venezolana. De ahí que se dispone a detener las mafias con una serie de medidas, pero sin derogar el control cambiario impuesto desde 2003. “El tema del contrabando de efectivo es grave, por ello, damos un golpe a esas mafias de compra de nuestro dinero”, dijo Antonio Morales, presidente de SUDEBAN.

Los ingresos en moneda extranjera mermaron con la caída de la venta del petróleo y la desinversión en el país. En contraste, un número cada vez más grande de venezolanos en el exterior envía divisas a sus familiares en el país. Muchos optan por venderlas en el mercado negro que ofrece mejores precios, pero el régimen condena a los que no empleen las casas de cambio autorizadas.

Para Ángel Alvarado, diputado de la Asamblea Nacional, el Gobierno pretende beneficiarse de las remesas. “Eso también es una confiscación que la gente tenga que poner sus remesas a un precio oficial mientras podría ganar mucho más en muchos otros mercados”, declaró al canal VivoPlay.

Venezuela’s great socialist experiment has brought a country to its knees by Jason Mitchell – Spectator – 25 de Agosto 2018

It’s become one giant economic laboratory, its 32 million citizens reduced to guinea pigs

Imagine if Theresa May suddenly announced that her government was going to devalue the pound by 96 per cent; increase the minimum wage by 6,000 per cent; pay the wage increases for millions of businesses for three months; tie the pound to a mythical cryptocurrency; prepared for petrol rationing; and impose a 0.7 per cent tax on big financial transactions. It would be seen either as an act of lunacy, of a collapsing country — or both.

For the long-suffering people of Venezuela, it’s just the latest stage of their country’s grand socialist experiment.

President Nicolás Maduro has just issued a new currency, called ‘sovereign bolivars’. The original idea was that the currency would be like the old one, but with three zeros lopped off. But then hyperinflation got so out of hand that the government decided on five zeros.

Maduro’s new plan is supposed to be a big economic reset but, on its launch, those who turned up at bank machines found a withdrawal limit of ten sovereign bolivars a day — about 12p. This, they discovered, is only the latest part of what Maduro calls his ‘really impressive magical formula’ to restore the economy. To many Venezuelans, residents of what was once the strongest economy in Latin America, it feels not like magic, only more misery.

Last month, the minimum wage was increased for the umpteenth time this year to three million bolivars. On Friday night the president jacked that up to 1,800 in sovereign bolivars — about $30 a month. His government is offering to pay the 60-fold rise in salaries because employers say that they can’t afford to. With the shortages of medicine and basic food, and the economy in such freefall, Venezuela’s two million slum-dwellers have started to barter goods to survive. It is understood that Iran and Russia advised Maduro on the changes. What interest they might have in the destruction of a once-rich country remains unclear.

For years, Venezuela has been one giant economic laboratory, its 32 million citizens reduced to guinea pigs. The Maduro regime has been condemned worldwide (except by Jeremy Corbyn, who rang Maduro to congratulate him on his election victory and refuses to denounce him). Maduro’s latest experiment is telling, and may well lead to greater economic catastrophe and even massive famine.

Socialist principles are at stake: if the economy will not behave, issue edicts. If money is short, then borrow — or print — more of it. If prices are rising, enforce price freezes. Venezuela is imposing a huge version of ideas that Corbyn has been proposing in miniature. The world can now see the results.

‘Everyone is terrified,’ says Paola Rodriguez, a 32-year-old civil servant. ‘People cannot sleep. We do not know what is going to happen. It is too much to take in all at once.’ Even before the measures were introduced, the IMF was forecasting that the country’s hyperinflation could reach a million per cent by the end of the year (prices have been doubling every month at the moment). One economist says the reforms are like throwing a ‘bucket of petrol on a fire’.

Venezuela now faces one of the worst hyperinflations in history. In his seminal study of Weimar Germany, When Money Dies, Adam Fergusson described what happens when savings evaporate, payment is pointless and banknotes are so worthless that beggars don’t bother to pick them up from the streets. Not just economic ruin, but terrible social consequences; looting, corruption and a country desperate for order.

In August 1922, inflation in Germany peaked at 21 per cent per day. The worst hyperinflation on record, however, was in Hungary in July 1946 when prices jumped by 207 per cent per day (doubling every 15 hours). The second worst occurred in Zimbabwe in March 2007 when inflation hit 98 per cent per day (prices doubled every 24.7 hours). Venezuela may yet smash those terrible records.

‘It’s a cosmetic thing that’s happening, the zeros,’ said Steve Hanke, an applied economics professor at Johns Hopkins University, who has advised governments facing hyperinflation. ‘It means nothing unless you change economic policy.’

Most shops and small companies in Venezuela have locked their doors and shuttered up until they see how all the changes pan out. The great fear is that many of them will not be able to afford the new minimum wage and could close for good. Some 11 million Venezuelans are employed by small-to-medium sized enterprises. Many will now be laid off, only exacerbating the unimaginable social catastrophe underway. Businesses could try to pass on the increases to customers but are not sure people would pay the much higher prices for goods and services.

‘I have changed my prices 40 times this year already,’ says Carlos Esteves, who owns a small bakery in the city of Merida in the Venezuelan Andes. ‘I cannot imagine putting them up 60-fold. I have already laid off five staff in the last two years. I might now have to fire my last remaining two.’ Venezuelans are deeply sceptical about Maduro’s offer to pay staff. ‘Do they have the systems in place?’ Esteves asks. How will we get the money? This government is useless and I just cannot see that happening. Do they plan to take over our businesses? Nationalise us?’

It’s often said, including by some Corbynistas, that Venezuela is not proper socialism. Quite a few on the Venezuelan left agree and have for some time been pushing the government to take the socialist experiment even further; to radicalise the ‘Bolivarian revolution’ by setting up one giant commune. So far that idea has proved too wacky even for Maduro. However, since the Venezuelan state’s answer for everything tends to be more disastrous state intervention, not less, it’s quite possible that this experiment is about to happen.

In pegging the bolivar to a cryptocurrency called the ‘petro’, Maduro has taken a wild leap towards 21st-century technology. In theory, such a move could mean liberation from the power of the US dollar and world monetary authorities (or ‘money mafias’ as Maduro recently dubbed them). The ‘petro’ was created by his government, and is supposedly tied to its oil reserves, so a ‘petro’ is worth as much as a barrel of oil. It’s certainly novel. Russia, Turkey and Iran are thought to have looked at whether they should also try this: creating a cryptocurrency, pegged to some national asset, so that they can then defy sanctions by selling to foreign investors.

But if the ‘petro’ cannot rise and fall in value depending on demand, and if it’s subject to the same arbitrary abuse that Maduro inflicts on his paper currency, then it will be seen as a fraud from the get-go. ICOindex.com, a ratings agency, has labelled the ‘petro’ a ‘scam’. When even the crypto-world thinks your offering is worthless, you are in big trouble.

The reality is that no one — neither mafias nor markets — will trust a cryptocurrency that cannot be exchanged for oil or dollars. They will also not trust (or lend to) a government that has defaulted on $6 billion of foreign debt. And nothing will tame inflation while the government is still engaged in the uncontrolled printing of money.

Maduro has had a tough few weeks. He was recently the target of the world’s first assassination attempt by an explosive drone, and many believe that the incident may have pushed him into total insanity.

Or perhaps he’s just looking for an excuse to force the troublesome middle classes out of the country — then subjugate the poor through hunger. The United Nations estimates that 2.3 million Venezuelans have fled since Maduro came to power, creating a refugee crisis in Latin America to rival that in Syria. It’s a crisis that has knock-on effects on North America too — one of the reasons that President Donald Trump has repeatedly threatened a US military intervention in Venezuela.

The crisis has been a long time in coming. It’s now five years since Maduro succeeded Hugo Chávez, the hero of the international hard left. When Chávez died, Corbyn wrote that he deserved thanks ‘for showing that the poor matter and wealth can be shared’, that he inspires politicians — even in Britain — to ‘march on’. But march on to what? Ten years ago, Chávez was the one removing zeros from Venezuelan banknotes to create the supposedly ‘strong’ bolivar, and running massive deficits because he believed that borrowed money would somehow grow the economy and pay for itself. Maduro is quite right to call himself the ‘son of Chávez’. He is continuing what his predecessor started, dismantling the economy by regulating, nationalising and ruining his country’s industries.

Diane Abbott was right to say that ‘the importance of Venezuela is it shows another way is possible’. It shows that, even when the free enterprise system is spreading worldwide, it is still possible for political ideologues to bring rich countries to their knees.

Maduro is now talking about austerity measures that would terrify the harshest neo-liberal, including a massive hike in petrol prices (the last time this was tried, riots followed). Any remaining social missions are likely to be ditched. And this may be a small down payment on the agony to come.

The Venezuelan recession now dwarfs the United States’ great depression. The country’s economic output has almost halved over the past four years and the IMF expects it to decline by a further 18 per cent this year. By comparison, the American economy dropped by 30 per cent between 1929 and 1933. Socialist incompetence is underlined by the steep decline in oil production, from 2.8 million barrels a day when Chávez came to power in 1999 to 1.3 million now — and oil accounts for 95 per cent of the country’s exports. It may halve next year.

‘Let’s have faith,’ Maduro said in the speech detailing his latest plan. ‘Rest assured that sooner or later, we, in economic matters, will be harvesting victories.’ Thousands of his citizens gave their answer this week by heading for the border: so many that Ecuador has started to demand passports, rather than the identity cards they used to accept. A passport is hard to come by. Such is the corruption that it costs $1,500 in bribes — so only the wealthy can afford to walk over the border. The rest are trapped in a country run by a narco-criminal gang whose cronies have benefited hugely from arbitraging the official and black market exchange rates for more than a decade. They do not care one jot about reducing the people to paupers in the process. It is estimated that two million Venezuelans have become food scavengers.

Nationalisations, non-stop borrowing, belief in magic money trees: it can all sound like playground patter in British debates. But a strong enough dose of this formula has reduced what was once Latin America’s most prosperous country to penury. The rhetoric, as always with socialism, is aimed at the wealthy. One of the many morals of the Venezuelan tragedy is that it is the poorest, those who do not have bank accounts, who suffer the most when money dies.

Comunicado UCAB – 24 de Agosto 2018

Así encontró Maduro la economía en 2013 y así la hundió en sólo 5 años por Daniel Gómez – AlNavio – 20 de Agosto 2018

Lo dicen los economistas: hay aciertos en el plan con el que el presidente Nicolás Maduro pretende recuperar la economía de Venezuela. Pero al igual que reseñan los aciertos, también advierten los errores. Y el más grave no tiene que ver con lo económico, sino con la credibilidad. Con la escasa confianza que transmite el hombre que encabezó el colapso venezolano y que defiende el germen de esta crisis: el chavismo. Los indicadores macroeconómicos hablan por sí solos.

Maduro provocó el éxodo de más de dos millones de venezolanos / Foto: Presidencia
Maduro provocó el éxodo de más de dos millones de venezolanos / Foto: Presidencia
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, asegura que ya tiene “la fórmula” para lograr “el equilibro revaluador de los salarios y conseguir el equilibrio justo de los precios y los bienes y servicios del país”. Eso dijo el viernes en un anuncio televisado en Facebook.

Las líneas maestras de “la fórmula” tienen que ver con la reconversión monetaria que entrará en vigor este martes: el anclaje de la economía al misterioso petro y el desorbitado aumento del salario mínimo -60%- que pretende iniciar en septiembre.

Muchos analistas reconocen que hay aciertos en “la fórmula”. Como la admisión del dólar negro, la fijación a un solo tipo de cambio y los compromisos del Gobierno para cumplir con los objetivos fiscales y de déficit.

Pero al igual que reseñan los aciertos, también advierten los errores. Y el más grave de todos no es de índole económica. Sino que tiene que ver con una cuestión de confianza. Y es que nadie confía en el hombre de “la fórmula”.

El hombre que, tras un lustro en el gobierno, llevó la economía nacional hacia el colapso, devaluó el bolívar a niveles históricos, elevó el desempleo hacia niveles récord (21% en 2017 según el Banco Mundial) y provocó que 2,3 millones de venezolanos se hayan marchado del país desde 2016 hasta ahora, según cálculos de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU.

Pero es que aquí no termina la cosa. El gobierno de Maduro es incapaz de producir petróleo en la nación con más reservas de hidrocarburos de la historia. De hecho, ha convertido a Petróleos de Venezuela (PDVSA), antaño una de las petroleras más poderosas del mundo, en una corporación ineficiente e irrelevante.

Y no es que el problema sea sólo Maduro. Es un problema de modelo. De la revolución socialista que inició el expresidente Hugo Chávez en 1999. Ese fue el germen de todos los males que atraviesa hoy Venezuela. El declive económico y monetario empezó con su gobierno. Y los indicadores macroeconómicos así lo demuestran.

El periplo de Hugo Chávez (1999-2013)

El rentismo petrolero fue la política económica de Maduro / Foto: PDVSA

Economía

El 2 de febrero de 1999, Chávez llegó al poder y no se despegó de él hasta que murió: el 5 de marzo de 2013.

En ese lapso, el Producto Interior Bruto (PIB) creció a ritmo de 2,9% anual. El aumento se explica gracias al boom petrolero de 2004. Ese año el PIB registró una subida de 18%. Los años posteriores, mientras los precios del petróleo continuaban al alza, las tasas de crecimiento rondaron el 10%.

Pese a todo, Chávez no logró superar el buen ritmo de la década anterior. Y es que entre 1990 y 1998, la economía venezolana creció 3,4% anual, según datos del Banco Mundial.

Inflación

Los tiempos jugaron a favor de Chávez. Desde que llegó a la Presidencia, los precios del petróleo no pararon de subir. En 1998, un barril de petróleo costaba 12 dólares. En 2004 ya estaba por 36 dólares. En 2008 se situó en 94 dólares. El máximo histórico llegó en 2012, con 107 dólares.

Los altos precios del crudo, que generaron excedentes de divisas, permitieron cubrir las necesidades de la población con importaciones. Con base en la renta petrolera, Chávez diseñó la política monetaria. Con esta, la inflación bajó 22% en promedio hasta 2013, según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Reservas internacionales del Banco Central

La primera década de Chávez trajo consigo una cifra récord. Las reservas internacionales del Banco Central de Venezuela (BCV) totalizaron 42.299 millones de dólares, según publicó el propio BCV.

Esto era gracias al excedente petrolero que mantenía a flote la economía nacional. El excedente que pagaba las importaciones de productos para Venezuela. Y el que comenzó a deteriorarse a partir de 2009 hasta alcanzar 28.887 millones de dólares en 2013.

Producción petrolera

Mientras Chávez organizaba la economía alrededor del petróleo, de las reservas de crudo más grandes del mundo, de la Faja Petrolífera del Orinoco, el mandatario tomó las riendas de una PDVSA que producía 3,7 millones de barriles diarios en 1998. Una PDVSA considerada una de las más grandes petroleras a nivel mundial.

Después de que el chavismo se hizo con la empresa, esa PDVSA rebajó la producción hasta 2,6 millones de barriles al día una década después. Y produciendo 2,5 millones diarios la recibió Maduro en 2013.

El colapso de Maduro (2013-2018)

Maduro no pudo controlar el modelo rentista de Chávez / Foto: PDVSA

Economía

Con Maduro, Venezuela sufrió un colapso cocinado a fuego lento en el periodo de Chávez. Colapso no es una simple palabra. Es un término económico que define a un país que acumula tres años de recesión.

Desde que Maduro llegó al poder en 2013, la economía siempre ha estado en rojo. El acumulado hasta 2017 totalizó -36,7% del PIB. Para 2018, este dato puede ser incluso peor. La última estimación del FMI habla de una contracción de 15% para este año, por lo que el mandato de Maduro podría traducirse en un colapso de -51,7%.

Si bien los tiempos jugaron a favor de Chávez, a Maduro le vinieron en contra. Los altos precios de las materias primas comenzaron a caer en 2013.

Inflación

Maduro pagó las consecuencias del rentismo petrolero de Chávez. Con la caída del precio del petróleo en 2013, Venezuela no podía cubrir las necesidades de la población. Ahí comenzó la debacle de los precios, la devaluación de la moneda hasta cifras récord en América Latina. Según el FMI, la inflación venezolana en 2018 aumentará 1.000.000%.

Reservas internacionales del Banco Central

En 2013, las reservas internacionales de Venezuela fueron de 21.478 millones de dólares. En junio de 2018, según datos del BCV, estas totalizaron 8.870 millones de dólares. Es el nivel más bajo de las reservas desde junio de 1994. Entonces se ubicaron en 8.861 millones de dólares, según la firma financiera Rendivalores.

Producción petrolera

Al menos en la PDVSA de Chávez hubo directivos que sabían de petróleo. Es el caso de Rafael Ramírez, quien regentó la estatal entre 2004 y 2014, acompañado de ingenieros y geólogos petroleros. Ahora al frente de la estatal está el general Manuel Quevedo, quien, de la mano de militares y jóvenes revolucionarios, ha llevado la producción a mínimos históricos.

Con Quevedo, designado presidente de PDVSA en noviembre de 2017, la producción no ha parado de caer. 1,8 millones de barriles de petróleo al día se generaron el año de su nombramiento. En junio de 2018 admitió que la producción era de 1,3 millones de barriles diarios. Y los expertos señalan que, a finales de este año, apenas alcanzará el millón.

Fuentes citadas por Francisco Monaldi, profesor e investigador del Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad de Rice en Houston, apuntan incluso que esta se situará en 600.000 barriles diarios de petróleo en 2018. Eso dijeron en un reciente artículo publicado en Prodavinci.

El plan económico de Maduro

Maduro, el hombre que personificó el colapso económico de Venezuela, ahora quiere cambiar las cosas. Y dice que tiene “la fórmula”. Y reconoce, sin decirlo abiertamente, el fracaso de algunas de sus políticas.

Admite incluso el mercado paralelo del dólar, dado que establece como cambio único el dólar en 6.000.000 de bolívares. Un cambio parecido al que circula por webs como Dolar Today, demonizadas y cuestionadas por Maduro.

Este último detalle es, según el economista venezolano Ricardo Hausmann, profesor de la Universidad de Harvard, otra muestra más del fracaso del chavismo en Venezuela. Y lo prueba con datos en un reciente tuit.

“Cuando Chávez llegó al poder, el dólar estaba a 0,547 bolívares fuertes (547 bolívares de los viejos). Cuando Maduro llegó estaba a 26 bolívares fuertes: 48 veces más caro. Ahora Maduro lo devaluó a 6.000.000: 231.000 veces más caro que como lo encontró y 11.000.000 de veces más caro que cuando llegó Chávez”, comenta.

Ricardo Hausmann@ricardo_hausman

Cuando Chavez llegó al poder, el $ estaba a 0.547 BsF (547 de los viejos). Cuando Maduro llegó estaba a 26 BsF: 48 veces más caro. Ahora Maduro devaluó a 6.000.000, 231.000 veces mas caro que como lo encontró y 11.000.000 de veces más caro q cuando llegó Chávez.

Ricardo Hausmann@ricardo_hausman

Hoy le quitan al bolivar 5 ceros. El gobierno dice que harán falta BS 60 para tener 1$. El dia que Maduro tomó el poder el $ estaba en 26. El 11/9/2013 llegó a 60. El $ ha subido 230.770 veces en su gobierno. Mas de los 5 ceros que le quitan hoy. Los últimos 3 ceros en 1 año.

De acuerdo al nuevo paquete económico de Maduro, para tener un dólar hacen falta 60 bolívares soberanos. Con esta moneda -que tiene cinco ceros menos que el bolívar y que comenzará a circular el martes- el presidente pretende detener la inflación.

En este sentido, Maduro afirmó que el tipo de cambio del bolívar soberano se anclará al precio internacional del petróleo. Lo que ocurre es que el vehículo sobre el que se sustenta el anclaje es el petro, la criptomoneda venezolana, de la cual se desconocen transacciones y cuya confianza internacional está en entredicho.

Otro de los compromisos de Maduro es la “total disciplina fiscal”, así como lograr un déficit cero. Aquí entran en juego algunos interrogantes de los que advirtió en Twitter Luis Vicente León, presidente de la consultora financiera Datanálisis.

“Aunque es una propuesta interesante, resulta inverosímil, pues representaría pulverizar una quinta parte del PIB”, apuntó.

El aumento del salario mínimo

Por otro lado, León advierte que el compromiso fiscal de Maduro entra en conflicto con otra de las medidas: subir el salario mínimo 60%. Dicho de otra manera: que cada trabajador cobre, a partir del 1 de septiembre, 1.800 bolívares soberanos. Eso dijo el presidente.

“El aumento del salario mínimo en miles por ciento es realmente el anuncio más contradictorio con su objetivo de disciplina fiscal y lo hace muy difícil de consolidar. Si añadimos que el aumento de la gasolina se ha postergado, no se entiende cómo cerrará la brecha en breve”, explica León.

Ocurre que el incremento del sueldo mínimo costaría al Gobierno 4.000 millones de dólares, según cálculos del economista de la Academia de Ciencias Económicas y SocialesLeonardo Vera, reseñados por el portal venezolano Efecto Cocuyo.

León: “El aumento del salario mínimo es realmente el anuncio más contradictorio de Maduro con su objetivo de disciplina”

Esta medida trae consigo otra derivada. La asfixia patrimonial de las multinacionales que operan en el país. Si ya hacen peripecias para pagar salarios con una inflación desorbitada, con este nuevo ajuste lo tendrán aún más complicado.

“El brutal aumento compulsivo de los salarios anunciado por Maduro lo que hará es quebrar empresas, agravar la ya dramática situación laboral, azuzar la hiperinflación y depauperar aún más a la población”, comentó en Twitter el economista venezolano Pedro Palma, profesor emérito del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA).

Otra contradicción de Maduro la explicó en un artículo de ALnavío el periodista Pedro Benítez. “Luego de prometer eliminar el déficit fiscal y la emisión de dinero inorgánico, [Maduro] aprueba aumentar los impuestos sobre una economía que cada vez produce menos y a la que cada vez le cuesta más producir, incluso petróleo”.

Esto es: el Impuesto al Valor Agregado (IVA) pasa de 10% a 16% para bienes suntuarios sin especificar cuáles. También se cambia la periodicidad de la recaudación de quincenal a semanal, se establecen anticipos al Impuesto Sobre la Renta (ISLR) de 1% y 2% mensual y un Impuesto para Transacciones Financieras hasta 2% para contribuyentes especiales.

Lo que no dijo Maduro

Las medidas del presidente, si bien no resultan adecuadas para detener la inflación (de acuerdo con la opinión de los economistas), sí suponen un avance en la retórica del Gobierno.

Por un lado, Maduro admite que han sido irresponsables en materia fiscal. Que el dólar negro era una realidad en Venezuela. Y que el mercado es importante para determinar la estabilidad monetaria de un país.

No obstante, hay cosas que Maduro no dijo y que preocupan. Lo reseña el economista José Manuel Rotondaroen un artículo en KonZapata. Por un lado, extrañó el anuncio de un paquete de ayuda internacional para que el BCV pueda sostener el bolívar soberano. También se echó en falta medidas concretas sobre cómo reducir el déficit público, cómo anclar el petro y cómo determinar la tasa de interés (Leer más: Lea estos puntos que el paquetazo de Maduro dejó en el aire).

No obstante, lo que más preocupó a Rotondaro fue la falta de confianza que hay en Maduro. “La falta de credibilidad de este gobierno es el principal obstáculo para cualquier plan de recuperación económica”.

En otro artículo en KonZapata, este analista habló del plan B de Maduro si “la fórmula” fracasa. Rotondaro advierte que son especulaciones. Predicciones basadas en el historial del gobierno “ortodoxo marxista”. De ahí que la opción sea un mayor control a los flujos de dinero y a las empresas, una vuelta al control cambiario y una asignación de bienes y servicios. Como si de una nueva Cuba se tratara.

La opinión de los empresarios en Venezuela

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