elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: PSUV

Chavismo: entre la renovación y las rupturas internas por por ​Ociel Alí Lopez – Nueva Sociedad – Junio 2018

Nicolás Maduro parece estar surfeando la gigantesca crisis venezolana con mayor tranquilidad. Sin embargo, en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) aparecen críticas y llamados a rectificar el rumbo del gobierno. El chavismo se debate entre la «rectificación» y las rupturas internas.

A pesar de los ataques de la mayoría de los gobiernos de América Latina, del activo trabajo del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y de águilas y halcones norteamericanos, de la injerencia y de las sanciones de gobiernos de Europa, el gobierno venezolano hoy se muestra estable en el poder. Surfea olas difíciles como la hiperinflación, la paralización parcial de su industria petrolera y los periodos de violencia callejera que duraron meses.

Por su parte, la oposición -que viene de abstenerse en las presidenciales de mayo- luce ausente del espectro político nacional. Muchos de sus líderes están en el exterior y no se sabe bien por qué ni hasta cuándo. Parecen haber agotado sus municiones políticas. Además, se alarga su espera de acciones radicales del gobierno norteamericano, como por ejemplo un embargo petrolero o una intervención militar. De hecho, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, declaró a principios de junio: «Tenemos los votos para suspender a Venezuela de la OEA». Sin embargo, no lo logró, lo que evidencia ciertas debilidades de Estados Unidos para imponer su política en torno a Venezuela. Leer más de esta entrada

La disminuida legión de Nicolás Maduro por Maolis Castro/Florantonia Singer – El País – 22 de Mayo 2018

Solo un 30% del padrón electoral de Venezuela sigue fiel al heredero político de Hugo Chávez
1527009848_345209_1527010177_noticia_normal_recorte1.jpg
Pedro Guerra, de 33 años, admite con desdén una transformación del chavismo. Cerca de un centro de votación del barrio caraqueño de Petare y bebiendo un trago de licor celebraba por anticipado la reelección presidencial. “Hay que darle una oportunidad a Nicolás Maduro, aunque ya no sea lo mismo de antes. Siempre se le echa la culpa a él, pero no es así”, aseguró el domingo.

Su pariente, José Guerra, está más entregado a la militancia. Frente al colegio electoral Rafael Napoleón Baute, en el intrincado barrio de Petare (este de Caracas), hacía un sondeo el domingo de las elecciones que indicaba que solo 2.500 de 9.000 votantes había sufragado. “Estos son otros tiempos políticos y económicos. Nuestro pueblo fue doblegado porque le dieron en el estómago, pero el pueblo no va a perder con la revolución”, dice.

Su vestimenta no deja dudas de su afiliación política: cachucha y franela con el logo de la campaña del socialista. Representa a un 30,7 % del padrón electoral que respaldaron una reelección de Maduro. Su líder ha perdido seguidores, aunque esté atornillado al poder.

Los creyentes de Maduro identifican a tres culpables de la desgracia económica: Estados Unidos, la oposición y algunas veces a la corrupción. “Le doy un voto de confianza a Maduro, porque ya aprendió. Cuando llegó no sabía y todos estamos aprendiendo un nuevo sistema de vida. Ahora el presidente va a hacer una nueva economía y debe limpiar el gabinete”, explica Carlos Flores, un pensionista de 62 años residenciado en el centro de Caracas.

Los seguidores del mandatario afirman que existe democracia, pese a la persecución contra políticos opositores y esté comprometida la independencia de los poderes públicos. Su discurso es parecido al repetido en el canal gubernamental Venezolana de Televisión o por el Ejecutivo. Ninguno se atreve a darle una cuota de credibilidad a la oposición.

Además de ofrecer un voto a Maduro, muchos de los fieles a su política se movilizaron el pasado domingo para enfrentar la abstención convocada por la alianza Mesa de la Unidad Democrática, pero que también tocó sus filas. José Guerra, por ejemplo, estaba en los escuadrones de la Unidad de Batalla Hugo Chávez (UBCH) del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que se encarga de conseguir votos.

“Maduro no es Chávez”

Cuando Hugo Chávez asumió como presidente de Venezuela, en 1999, Giovanni Jiménez tenía 11 años de edad. No recuerda algo distinto del denominado socialismo del siglo XXI, tampoco quiere un cambio de Gobierno. “El PSUV lo ha hecho bien. Siempre he dado mi voto a la revolución porque hemos recibido muchos beneficios: antenas satelitales de CANTV (Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela), ayudas de los consejos comunales y todo ha mejorado con el tiempo”, aseguró el domingo en el barrio caraqueño de Petare. Su madre, Vielma Martínez, atribuye el desmadre económico de su país a una conspiración internacional para derrocar al chavismo. Los dos admiten que el salario es insuficiente, aunque afirman que es culpa de la oposición. Pero ambos han ofrecido un voto por la reelección de Maduro.

El heredero político de Chávez nunca ha movido a las masas. En abril de 2013, Maduro derrotó a su contrincante, Henrique Capriles Radonski, en las elecciones presidenciales con una estrecha ventaja: 7.587.579 frente a 7.363.980 votos. El opositor había denunciado un fraude, pero el Consejo Nacional Electoral descartó las acusaciones. Cinco años después Maduro ha sacado 6.157.185 votos, según el CNE, en unos comicios boicoteados por la opacidad del árbitro. Ha sido la votación presidencial con la más alta abstención (46,2%) en este país; aún así Maduro se ha vanagloriado de haber sacado el 68% de los votos. En sufragios, sin embargo, el número se aleja de la vara de 8,1 millones de votos que puso Hugo Chávez en su última elección en 2012 con una participación del 80%, de las más altas en un país donde no es obligatorio votar.

Cinco años después ha sacado 6.157.185 votos, según el CNE, en unos comicios boicoteados por la opacidad del arbitrio. Su proclamación como mandatario hasta 2025 ha provocado un rechazo de la comunidad internacional, los 14 países que integran el Grupo de Lima han llamado a consulta a sus embajadores. Pero Maduro no se muestra inquieto. “¡Cuánto me han subestimado!”, dijo tras saber su reelección.

Su gobierno radicalizó las políticas del expresidente Chávez y detonó una crisis económica sin precedentes. Muchos han repetido como un mantra que “Maduro no es Chávez”. Ana García, de 31 años, no ha visto mejorías en los últimos cinco años. No puede costear los gastos de su hija, menos para ella. Pero no deja de pensar que la solución está en poner “mano dura” contra la corrupción. “¿Cómo es posible que en Catia vendan la leche del CLAP [Comités Locales de Abastecimiento y Producción] en un millón de bolívares? Siempre he sido chavista, pero no madurista. Si Chávez estuviera vivo esto no estaría pasando. Pero prefiero votar por Maduro”, argumenta.

MADURO VERSUS EL PSUV
En esta elección se puso a prueba el carnet del PSUV, una iniciativa que emprendió Diosdado Cabello, primer vicepresidente del partido en febrero mientras Nicolás Maduro conformaba la plataforma partidista paralela, el Movimiento Somos Venezuela, que dejó de lado la organización política creada por Chávez, el gran portaviones electoral que en esta jornada fue totalmente olvidado.

“El carnet del PSUV no agarra, dame el de la patria”, decía Gabriela Pastor a los que se acercaban a ella para escanearlo y registrar su voto supuestamente a favor del gobierno. La plataforma no podía leer los códigos QR de los militantes del partido. En otros puntos rojos los militantes aclaraban que solo se escanearía el carnet de la patria, el que tienen cerca de 13 millones de venezolanos y que ha sido promovido por Maduro, a quien solo respaldaron 6,1 millones de votos, según los resultados del Consejo Nacional Electoral.

En votos la correlación fue inversa. La casilla del movimiento de Maduro solo sacó 374.242 votos, 4,07% del total, pese a la costosísima campaña que emprendió con vallas, cuñas en televisión y medios internacionales y avisos en Google. En cambio, la tarjeta del PSUV, identificada con la silueta de los ojos del líder Hugo Chávez, obtuvo 57,23% de las preferencias, lo que evidencia una derrota para Maduro dentro del propio chavismo.

¿Hasta siempre, Comandante? por Tomás Straka – Nueva Sociedad – Marzo 2018

Venezuela atraviesa un período de crisis y convulsiones políticas. El legado de Hugo Chávez es motivo de disputas y debates a cinco años de su muerte.

El pasado 5 de marzo se cumplieron cinco años de la muerte de Hugo Chávez. Terminaba así una largísima agonía seguida de forma expectante por toda la sociedad. Durante más de un año no se habló de otra cosa que de aquel cáncer, cuya ubicación y naturaleza aún no sabemos bien. Hubo quienes celebraron, pero también una de las manifestaciones de duelo más grandes de la historia venezolana, con un sepelio tan largo como multitudinario. Un lustro más tarde, sin embargo, son tantos los problemas que la ocupan, que pocos tuvieron tiempo para pensar en el hecho. El Estado, naturalmente, hizo algunos actos, y sus medios, oficiales y oficiosos, dedicaron todo el espacio posible a lo que se ha llamado «el legado». Sin embargo, tuvieron en contra asuntos más urgentes, como un gran apagón que abarcó varias regiones, que lograron captar bastante más atención.

Eso no significa que el amor por Chávez haya desaparecido. Aunque según firmas como Datanálisis, la popularidad de Nicolás Maduro no llega a un 20%, los que se dicen chavistas y alegan que siguen «amando» (esa es la palabra) al Comandante, llegan a un 50%. Es decir, la mitad de los venezolanos no relaciona directamente las penurias actuales con las políticas de Chávez. En general consideran que el culpable es Maduro, que no ha sabido continuar «el legado», y por el contrario consideran que los años en que gobernó Chávez fueron los más felices de sus vidas. Si hiciera falta un ejemplo para explicar la «fortuna» en términos de Maquiavelo, Chávez lo calzaría de forma completa: entre el boom petrolero de 2004 a 2008 y el hecho de morir justo antes de que las consecuencias de sus políticas estallaran, ha logrado pasara a la memoria de muchos con su imagen más o menos impoluta.

Ante este panorama se abren dos aspectos que podrán ser claves para el futuro inmediato: ¿cómo se manifestará políticamente ese chavismo, en cuanto sector del electorado, que ahora está más o menos huérfano? ¿Qué queda del chavismo en cuanto movimiento político? Comencemos con lo segundo. En contra del pronóstico de buena parte de la gente, la muerte de Chávez no significó una salida rápida del poder de sus sucesores. Pocos apostaban a que Maduro lograra mantenerse en el poder, pero a pesar de las fuertes olas de protestas de 2014 y 2017 y de la enorme derrota electoral de 2015, no sólo sigue en Miraflores, sino que parece más consolidado que nunca. Su reelección en los comicios de mayo parece asegurada para cuando se escriben estas líneas. Ahora bien, todo esto requiere muchas puntualizaciones: esa consolidación se ha logrado con el concurso de los poderes del Estado, que primero anularon en la práctica al Parlamento en manos de la oposición a través de sistemáticas sentencias emitidas por el Tribunal Supremo; después, cerraron el camino al referéndum para revocar su mandato a través de otro conjunto de sentencias de tribunales de provincia, cuya validez muchos ponen en duda. A eso le siguió una represión a las protestas que ha valido la apertura de una investigación de la Corte Penal Internacional; y la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente con poderes supraconstitucionales electa en unos comicios que más de un centenar de países consideran írritos. A ello habría que contar los líderes opositores encarcelados o en el exilio. Maduro es muy popular en cierto sector duro del chavismo, ese 18-20% que lo ve con el campeón que ha sorteado todas las pruebas, pero está lejos de contar con el apoyo de las mayorías y de buena parte de la comunidad internacional.

Maduro, que no tiene la «fortuna» de su mentor, ha optado por aquello de que es mejor ser temido que amado. Pero el mismo Maquiavelo advertía que ese temor no debe llegar al odio, que más temprano que tarde cobra caro. Y Maduro ha hecho algo al respecto. Está compactando en torno a sí a un sector del chavismo, perfilando cada vez más eso que algunos llaman el «chavo-madurismo» y otros ya, a secas, el «madurismo». Es difícil saber cómo funciona en última instancia esa alianza de grupos que está gobernando Venezuela, y de la que, según las opiniones autorizadas, Maduro es sólo el mascarón de proa. Pero la creación de un partido propio, Somos Venezuela, distinto del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), es parte evidente de ese proceso. A ello se le suman la integración de las maquinarias para la repartición de ayudas sociales en su nuevo partido, los jingles electorales sin ninguna alusión al chavismo, y el esfuerzo por hacer cada vez más autónoma la imagen de Maduro con respecto a la de Chávez. Todo ello parece apuntar a hacerse con una parte del legado y fortalecer a ese grupo que ve en Maduro el salvador de la Revolución. Esto, claro, nos remite a la primera pregunta: si un 20% es más o menos madurista (aunque con la red de repartición de cajas de comida eso puede subir bastante electoralmente), ¿qué será del otro 30% que sigue «amando» a Chávez? En el menú chavista hay dos opciones. Una es la de Henry Falcón, un ex chavista que ha forjado un liderazgo sólido en el centro del país y que ha gravitado en la oposición, pero siempre manteniendo la distancia con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). La otra es la del chavismo disidente, formado por ex ministros con el General Miguel Rodríguez Torres a la cabeza, y la más radical Marea Socialista.

En medio del desconocimiento de la MUD a las elecciones de mayo, Falcón decidió postular su candidatura. Los sectores de la oposición ven aquello como una simple maniobra de Maduro para hacer ver los comicios como plurales y competitivos; pero en cualquier caso Falcón puede lograr la identificación de muchos otros chavistas decepcionados que desconfían de la MUD, y sentar con ellos las bases de un movimiento más amplio. Los otros disidentes no son electoralmente poderosos y se han integrado al Frente Amplio que acaba de crearse con los partidos de oposición y muchos otros sectores sociales. A cinco años de la muerte de Chávez, el chavismo aparece dividido en al menos tres bloques, uno de los cuales da signos de estarse deshaciendo de la sombra del Comandante. No sólo su modelo económico y social está en una crisis tan honda que la sociedad, a pesar del 50% de los que dicen seguirlo «amando», no tiene tiempo para recordarlo, sino que el «el legado» enfrenta una guerra de sucesión en medio de enormes tensiones internas y externas. ¿Hasta siempre Comandante? No se sabe en qué terminará todo esto, pero parece muy difícil, incluso para los mismos chavistas, cantarle este verso en las actuales circunstancias.

Voy a votar por Gregorio Salazar – TalCual – 3 de Diciembre 2017

Como decía la canción de dónde saca Érika Farías pa´tando como destaca
No creemos que a ninguna fuerza política le estaría permitido hacer un acto de campaña electoral a las puertas mismas del Panteón Nacional, a escasos cincuenta metros de los manoseados huesos del Padre de la Patria. Debe estar declarada zona de seguridad o ser coto privado de las fuerzas mesiánicas que ocupan Venezuela.

Lo primero no lo tengo claro, pero de lo segundo sí tengo la absoluta seguridad. De otra forma la candidata a alcaldesa del municipio Libertador, Erika Farías, no hubiera podido instalarse allí con toda la parafernalia mecánica, técnica y tecnológica como lo hizo el pasado martes frente al Altar de la Patria.

Era un despliegue impresionante: dos graderías metálicas móviles con capacidad para unas quinientas personas cada una; dos gigantescas tarimas, una de las cuales era ocupada por un grupo musical de por lo menos 15 integrantes; dos enormes pantallas electrónicas a todo color que repetían incesantemente que todo eso lo hacía la candidata “Por amor a Caracas”, algo que en absoluto mostró su compañero de partido en el cargo. Hay que adicionar el despliegue de cámaras de televisión, equipos de sonido, decenas de parales de iluminación distribuidos estratégicamente en el semicírculo de la plazoleta, donde se daba cita gente debidamente convocada y enfranelada por el comando de campaña de la aspirante roja-rojísima.

Eso, a pepa de ojo, cuesta decenas de millones de bolívares, lo que de entrada me mueve ingenuamente a hacerle a la abanderada y al PSUV la misma pregunta que la vieja canción caraqueña le hacía a La Chica del 17: “¿De dónde saca pa´tanto como destaca?”. A lo mejor se dirá que de alguna rifa o una cena pagada generosamente por los comensales contribuyentes, al estilo de las campañas electorales gringas. En ese caso habría que preguntar de dónde sacó la comida que les ofreció, porque eso en este país no lo hay, como no lo sea para las fuerzas mesiánicas y sus arreados copartidarios.

Del primero que me acordé fue del batallador profesor Samán, quien hace su campaña para el mismo cargo que Erika repartiendo unos recuadritos de papel con su imagen impresa en una sola tinta donde se parece más al ayatolá Jomeini que a él mismo. Si alguien se orientara por esa estampilla electoral y tratara de ubicarlo en el tarjetón municipal se llevaría la ingrata sorpresa de que, siendo candidato, ni siquiera tuvo derecho a colocar su nombre en la boleta, pese a que lo apoyan los revolucionarios PCV y PPT.

Después me acordé de esa voz denunciadora de la corrupción y del rumbo abiertamente antidemocrático de la revolución que es Nicmer Evans, que ni recuadrito de papel tiene y, además, en la solitaria tarjeta de Nuvipa, organización que lo apoya, invirtieron nombre y apellido. Así debe competir con las siete tarjetas muy bien ubicadas de la candidata Farías.

Siguiendo el mismo contraste, me acordé del colega Manuel Isidro “Chiro” Molina, quien fieramente batalla a toda hora por las redes para promocionar su candidatura lanzada por UPP89 y que, a diferencia de las muchas unidades vehiculares con las que cuenta Erika, deja las suelas de los zapatos para llegar hasta las zonas populares.

Y lo mismo puede decirse de Oscar Arnal, de Copei, a quien hay que reconocerle el mérito de que jamás se ha rendido, lo mismo que a la concejal Maribel Castillo, de Avanzada Progresista, luchadora y conocedora a fondo de la ciudad que aspira administrar.

El despilfarro obsceno, el dispendio pornográfico de las candidaturas del PSUV en general y la de Farías en particular no es, a fin de a cuentas, nada que sorprenda porque ya en su famosa carta a Maduro el ex ministro Giordani confesó que en el año 2012 “llevamos la economía al extremo por el objetivo esencial de ganar las elecciones presidenciales”. Es decir, reventaron la economía en un costosísimo y falsario circo proselitista que han venido repitiendo en cada certamen electoral. Y volverán a hacerlo cuantas veces crean necesario para seguir reinando sobre este mantel de cenizas en que han convertido a Venezuela. Es lo que les dicta su demencia ideológica y la obsesión por el poder perpetuo.

Uno no puede mantenerse impasible, de brazos cruzados, quedarse en casa ante semejante tragedia nacional. Contra quienes indolentemente destruyen al país y ponen cada día más en riesgo la vida de los venezolanos más vulnerables, los ciudadanos no podemos dejar de ejercer nuestros derechos políticos y el arma más efectiva que tenemos: el voto. Se necesita expresarnos en contra de la barbarie, se necesita votar y ,contra viento y marea y a conciencia, a votar iremos.

 

Integrantes de las Farc se reunieron con dirigentes del Psuv por Gabriela Aguilar Ruiz – El Pitazo – 11 de Noviembre 2017

 

8.jpg

Éste sábado se dio inicio al Primer Encuentro Nacional del partido Fuerzas Alternativas Revolucionarias del Común, en el municipio José Ángel Lamas, en la ciudad de Santa Cruz de Aragua, para crear la estructura organizativa en el país.

En un encuentro a puerta cerrada en la Casa de la Cultura de Santa Cruz de Aragua, se dio inicio a la actividad con integrantes colombianos del partido Farc, quienes en conjunto con dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) tienen la tarea de conformar la estructura organizativa tanto en la entidad como en el resto del país durante este fin de semana.

La Autoridad Única de la empresa Kimberly Clarck, ocupada por el Gobierno Nacional, José Gregorio Hernández, alías “Santo”, participo en el evento como representante del Movimiento Continental Bolivariano, “fui a darles mi solidaridad a los camaradas”. No quiso dar más detalle sobre su participación, ni de los temas que se trataron y menos mencionar los participantes.

Pese a que el evento está colgado en el portal del Partido Comunista de Colombia y por las redes sociales fue anunciado, todo se desarrolló con hermetismo durante su primera jornada.

En el comunicado que está en el portal del Partido Comunista de Colombia destacan la importancia del cumplimiento del Acuerdo de la Habana con todas sus fuerzas desmovilizadas, en aras de luchar contra el “imperialismo, el fascismo y la ultra derecha. En especial hace referencia al caso Venezuelacomo eje promotor de lucha.

El objetivo es crear un plan de defensa del Acuerdo de Paz con justicia social apoyado desde Venezuela y crear una zona de convivencia fronteriza para combatir al paramilitarismo, erradicación de la corrupción, contrabando y bloqueo económico que el gobierno norteamericano intenta imponer a Venezuela

Desde la observación de Paz

El Pitazo consulto la opinión del Secretario de Asuntos Internacionales del Movimiento Al Socialismo (MAS) y miembro observador del Proceso de Paz en Colombia, Jorge Mirabal.

“La democracia se basa en la participación de los partidos políticos, por tal razón nosotros vemos con buenos ojos la creación de nuevos partidos políticos en el país. No deberían satanizar una avanzada de la izquierda frente al movimiento capitalista mundial”, dijo.

Mirabal, indicó que la creación de las Farc en Venezuela había que verla en dos dimensiones: “Luego de que el Consejo Nacional Electoral eliminara más del 40% de los organizaciones políticas en el país, la creación de las Farc debería sentar jurisprudencia para la creación de nuevas agrupaciones regionales y municipales. Por otro lado dejo en evidencia que no puede haber un partido único chavista”.

La abstención: error centralista por Trino Márquez – La Patilla – 1 de Noviembre 2017

ThumbnailTrinoMarquezMe cuento entre quienes respetan y admiran el trabajo de muchos dirigentes que integran la Mesa de la Unidad Democrática. Mi opinión la he sostenido a través de distintos medios. Entre sus logros destaco el haber proyectado en el plano internacional la incansable lucha de los demócratas venezolanos por impedir que en Venezuela se consolide el proyecto hegemónico totalitario puesto en marcha en 1999, cuando Hugo Chávez llega a Miraflores. Luego de numerosos tumbos y errores de la dirigencia, la MUD recobra el camino electoral y le da sentido y coherencia al enfrentamiento contra la poderosa e inescrupulosa casta adueñada del poder. Me siento, por lo tanto, con autoridad para señalar errores y exigir cambios. Me anima el propósito de promover rectificaciones que nos permitan superar el enorme abismo en que la oposición cayó luego de las elecciones del 15 de octubre.

Es necesario que retorne la sindéresis y se restablezca la sensatez y la coherencia. No es cierto que la ruta electoral haya quedado cancelada después de la consulta de octubre. Lo que tiene que quedar proscrita es la ingenuidad y la improvisación de nuestros conductores. Debe asumirse que el régimen aprendió las lecciones derivadas de la derrota comicial de 2015. Maduro lo dijo con la claridad y desmaño que lo caracterizan: no volveremos a acudir a elecciones que vayamos a perder. El cuadro internacional y la Constitución lo obligan a convocar, cada cierto tiempo, votaciones para que el pueblo les dé legitimidad de origen a las autoridades de los poderes públicos. Ahora bien, esas elecciones no ocurrirán en un espacio imparcial y transparente, sino en un ambiente cargado de amenazas y chantajes. El Psuv y el gobierno fueron convertidas en frías máquinas que operan, para el caso de las personas que dependen del gobierno, con el fin de destruir el libre albedrío e imponer el voto compulsivo; y, en el caso de los demás ciudadanos, para disuadirlos o desestimularlos con la finalidad de que no se pronuncien por la opción democrática. Para enfrentar esas dos tenazas hay que prepararse con disciplina espartana. Tenemos que entrenarnos para combatir en lugares hostiles, conocer muy bien los ardides del enemigo. Debemos estar conscientes de que los rojos desprecian la democracia y utilizan el voto con la única intención de darle un cierto maquillaje a la autocracia sovietizante que con tanto tesón han construido durante casi dos décadas.

 

Se puede y se debe luchar por conseguir condiciones más equilibradas, pero lo único que asegura el triunfo es movilizar los sectores democráticos de forma compacta en cada cita comicial y cuidar todos los detalles de la elección, desde garantizar los testigos de mesa y poseer la lista de votantes por centro electoral, hasta contar con testigos en el momento de los escrutinios y la elaboración de las actas. Incluso teniendo un ejército disciplinado de voluntarios resulta difícil obtener la victoria porque el esquema está diseñado para favorecer al oficialismo. Bolívar y Zulia son un ejemplo de lo que digo. El abuso y el atropello son rasgos fundamentales de los regímenes electorales autoritarios, ampliamente estudiados por Andreas Schdler, con los cuales Maduro mantiene estrecha relación. De Rusia, Bielorrusia y Nicaragua recibe asesoría. Cuba lo ayuda en otros planos. En ese no porque durante seis décadas los isleños nunca han sabido lo que es elegir.
En este tipo de modelos dictatoriales no conviene dejar de participar en los procesos electorales que convocan. Hay que disputarles los espacios. La desacertada valoración que hicieron los partidos de la MUD los condujo a cometer el error de llamar a la abstención para los comicios de alcaldes. Tratándose de unas elecciones locales, tenían la posibilidad de que fuesen los organismos municipales –comités de base y asociaciones de vecinos- quienes se pronunciasen acerca de si participar o no. En el país existen 335 alcaldías. Muchos municipios dentro de un mismo estado difieren entre sí, pues poseen condiciones políticas diferentes. Las direcciones nacionales, presionadas por los guerrilleros del teclado, tomaron una decisión que no les correspondía. La descentralización representa una política que debe regir tanto en el ámbito del Gobierno y del Estado, como de los partidos políticos. Eran las direcciones nacionales de las organizaciones partidistas las que tenían que someterse a las decisiones de las bases municipales. No al revés. Los partidos incurrieron en el pecado del centralismo, de allí que estemos viendo ese espectáculo variopinto y lamentable de dirigentes locales que se sienten con el derecho a aspirar a ser alcaldes, desprendidos de las organizaciones en las cuales algunos de ellos han militado durante largo tiempo. Para agravar el cuadro, la respuesta de algunos líderes luce deplorable. “Quedarán autoexcluidos”. “Serán expulsados”, son las voces que se levantan para condenar a quienes, en ejercicio de la democracia y la descentralización, decidieron optar por un cargo de representación popular.
El centralismo y el personalismo causan estragos, cualquiera sea el empaque en el que vengan envueltos. Llamar a la abstención en las municipales y, simultáneamente, proponer elegir al candidato que competirá con Maduro en las elecciones presidenciales de 2018, resulta una incongruencia sorprendente. Piensen solo en este problema: ¿podrá ese eventual candidato realizar actos de campaña en estados y municipios totalmente controlados por autoridades rojas? Además del CNE, el Plan República y 18 gobernadores, ahora la MUD va a entregarles a los rojos 335 alcaldías. Craso error.

¿Por qué volvió a ganar el chavismo? por Manuel Sutherland – Nueva Sociedad – Octubre 2017

Contra todos los pronósticos, el mapa venezolano se pintó otra vez de rojo. ¿Qué pasó el 15 de octubre?

El pasado domingo 15 de octubre fue un día muy especial en Venezuela. Contra casi todos los pronósticos, el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) obtuvo un triunfo holgado en las elecciones para gobernadores y dejó a la oposición contra las cuerdas. En el medio de la crisis económica más fuerte en la historia moderna del país, el gobierno pudo asestar un duro golpe a la moral de la oposición que aseguraba representar al 85% del electorado y obtuvo 18 de las 23 gobernaciones en juego. Completamente atónitos, gobiernos de Estados Unidos, España, Argentina y de otros países hostiles al chavismo, declararon írrita la elección y victimizaron a los vencidos. Cabría preguntarse cómo, por qué y cuándo se gestó una derrota tan inesperada por la «comunidad internacional» antichavista y cuáles son las perspectivas para un futuro inmediato que se torna aciago para quienes enfrentan al gobierno.

La olímpica negación estatal de la peor crisis económica de la historia

Toda oposición en el mundo soñaría competir en unas elecciones contra un gobierno cuyos resultados económicos son tan catastróficos. Desde el gobierno se niega la crisis y se insiste en ver todo lo que ocurre como una serie de conspiraciones para sabotear al gobierno que lucha contra una «guerra económica» mundial. Sus voceros ideológicos dicen (textualmente): «Repetimos: no estamos ante una crisis económica».

Desgraciadamente para quienes vivimos en Venezuela, es menester decir que por cuarto año consecutivo el país presentará la inflación (aún no publicada, pero estimada en cerca de 400% para la mitad del año 2017) más alta del mundo (en 2015 fue oficialmente de 181% y en 2016 se estimó en 274%). El déficit fiscal es de dos dígitos (por sexto año consecutivo), el riesgo país elaborado por JP Morgan es el más alto del globo (3.193 puntos), la cantidad de reservas internacionales es más baja de los últimos 20 años y asistimos a una tremebunda escasez de toda clase de bienes y servicios esenciales (alimentos y medicinas). Los cálculos más moderados afirman que desde 2008 hasta 2016 hay una caída acumulada del PIB del 15,4%. La caída del año 2012 hasta el 2016 es de 20,2 %. Las estimaciones más conservadoras nos llevan a pensar que el PIB Per cápita para 2017 será tan bajo como el de 1961. Los números son tan negativamente abrumadores que el gobierno se ha negado a publicarlos desde el tercer trimestre de 2015. La economía de Venezuela jamás en su historia ha descendido por más de dos años consecutivos; a la fecha, con toda seguridad tendremos 4 años de decrecimiento.

Elecciones sorpresivas en una economía arruinada

Las elecciones realizadas hace pocos días debían realizarse –según la Constitución– en diciembre de 2016. Y su aplazamiento generó fuertes críticas de la oposición. Finalmente, hace unos meses el Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció que las elecciones se realizarían en diciembre de 2017 y que el 30 de julio se celebrarían elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Estas últimas se realizaron contra viento y marea y ante la negativa de la oposición a participar, el gobierno tuvo una plácida victoria en lo que se parecía más a una elección interna del Gran Polo Patriótico (GPP), en el poder, que a una elección general.

La ANC, o como la apodan los chavistas amigos del Western, la peacemaker, vino a derrotar por completo al movimiento insurreccional opositor, que estuvo casi 4 meses en las calles intentando derrocar al presidente Nicolás Maduro con toda clase de estrategias, por momentos similares a las de la Primavera Árabe y a las «revoluciones de colores». Las movilizaciones masivas y pacíficas concluyeron en una suerte de aventura golpista de un sector de la oposición que contó con descarado financiamiento desde EEUU y Colombia, y que acabó en una derrota trascendental que vació las calles de Caracas.

Fue así que con la ANC en las mieles del triunfo, pese a los cuestionamientos a su elección, el gobierno decidió adelantar las elecciones regionales originalmente postergadas en aras de mantener la llama viva del chavismo de base que apoya incondicionalmente a un gobierno que lo considera suyo.

El Consejo Nacional Electoral (CNE), ni corto ni perezoso, procedió al adelantamiento electoral con una celeridad que contrastaba con el tiempo que se tomó para evaluar las firmas entregas por la oposición en 2016. A la carrera, el CNE procedió a organizar las elecciones y aprovechar el momentum político de auge del gobierno. En tales circunstancias, la campaña electoral en sí misma duró alrededor de dos semanas y a la oposición en bloque no le quedó otra que asistir a los comicios y organizar unas apresuradas elecciones primarias para elegir a sus candidatos.

Creyéndose las propagandas que ellos mismos construyen y a los encuestadores que ellos mismos pagan, la Mesa de Unidad Democrática (MUD) pronosticaba obtener el 90% de las gobernaciones, aun cuando denunciaban el ventajismo y el uso obsceno (diríase, pornográfico) de los recursos del Estado por parte del PSUV. Con una soberbia a toda prueba, desdeñaron entonces las herramientas fundamentales del gobierno, una tríada compuesta por:

1. La engrasada maquinaria electoral del PSUV en franco maridaje con la distribución de prebendas clientelares

2. La aceitadísima maquinita de imprimir dinero inorgánico (el aumento en la base monetaria emitida por Banco Central de Venezuela (BCV) para el período 1999- junio de 2017 fue del 331.131,39%, es decir, un aumento de más de 3.311 veces)

3. La postergación del ajuste macroeconómico y el mantenimiento de subsidios del 99,99 % al precio de la gasolina, transporte, agua etc. que hoy son casi gratuitos (un huevo equivale a tres o cuatro tanques de gasolina de un auto particular).

Esa tríada ha sido perfeccionada por el gobierno y ha mutado en una descomunal forma de biocontrol. Esa forma de control del metabolismo social se demuestra particularmente potente en las regiones donde el Estado es la única fuente de empleo e ingresos y hay muy pocas empresas privadas. En circunstancias en las cuales miles de personas sufren de una penosa inanición, las políticas descritas en la triada son especialmente efectivas. Sin necesidad de extorsionar o chantajear a la población más empobrecida, la expansión del gasto público clientelar funge como un igualador social muy eficaz y muestra un camino de ascenso social vertiginoso a quienes tan siquiera administren alguna micro dádiva que el gobierno suelta, a través de las mil y un formas de clientelismo popular que ha diseñado con esmero y detalle.

Poco atenta ante lo evidente, la oposición se sentía excesivamente confiada y se limitó a hacer una propaganda electoral mediocre y aburrida. Los resultados la abofetearon con singular virulencia.

Sorpresas

La noche del día 15 de octubre vino con una sorpresa. El mapa del país se tiñó de rojo, el gobierno ganó 18 de 23 gobernaciones (con 54% del voto nacional y una participación record del 61% del padrón electoral) y la MUD lució acéfala, sin liderazgo y completamente abrumada por una realidad que se niega a reconocer.

Aun cuando la oposición se cansó de denunciar el ventajismo en el uso de recursos del Estado para hacer campaña, se quejó de las inhabilitaciones políticas a varios de sus partidarios, protestó porque el CNE recortó los plazos para hacer sustituciones de candidatos (impidiéndoles borrar a quienes habían perdido las primarias), reclamó por reubicación de centros electorales (715.502 ciudadanos fueron afectados por el proceso de reubicación), tenía la certeza del triunfo, más allá de toda evidencia empírica.

El mismo 15 de octubre la MUD denunció que algunos colectivos chavistas agredieron a votantes con «aspecto de opositores» en zonas de mediano y alto poder adquisitivo y que hubo amedrentamiento en unos centros de votación. Sin embargo, a ningún opositor se le ocurrió que perderían de esa forma. La derrota metió a la oposición en un laberinto y la supuesta desaparición del voto chavista devenía en un espejismo. Además evidenció como falsa la creencia de que la mencionada triada que sostiene al gobierno era inefectiva.

El primer instinto fue cantar «fraude», decir que habían ganado al menos 15 gobernaciones y que el gobierno se las había «robado», a pesar de las 14 auditorías (el venezolano es el sistema electoral más auditado del mundo) en las que ellos participaron activamente; a pesar de que sus testigos de mesa estuvieron en todo el proceso y a pesar de que el proceso es uno de los pocos en donde se abren las cajas de votación al final del día y se hace una auditoría en caliente. En el país no hubo una sola denuncia de disparidad entre el conteo manual y el que ofrecieron la máquinas de voto electrónico (con respaldo en papel). La elección fue acompañada incluso por 1.300 observadores internacionales de diversas tendencias. Ninguno hizo denuncias.

Los resultados fueron generalmente abiertos a favor de los candidatos del chavismo por 6, 10 y hasta 30 puntos de ventaja, y en los sitios en que ganó la oposición la lucha tampoco fue cerrada. La única sombra posterior a la votación fue el retraso en la proclamación del candidato oficialista en el estado Bolívar, donde se encuentra el arco minero. Allí, el candidato MUD dijo que le hicieron fraude y que la totalización no coincidía con las actas que él tiene. Esa sola gobernación va a ser sometida a un escrutinio más profundo.

La tríada oficialista

Como lo hemos afirmado, la oposición parece haber actuado de espaldas a la situación concreta del país. Obviando el enorme poder político que puede desplegar la tríada oficialista, pensó en derrotar fácilmente al gobierno y se ha estrellado con un muro. De manera dramática, ha recogido los frutos de las desastrosas aventuras golpistas llamadas: «guarimbas+trancazos», suerte de cortes de ruta que incluyeron armas, linchamientos y agresiones de todo tipo a personas que son (o parecen fenotípicamente) chavistas. Esa oleada destructiva que secuestró por meses a miles de personas en urbanizaciones tapiadas con escombros y basura fue un factor importante en la disminución del voto opositor. Los saqueos y el vandalismo fueron vistos con horror incluso por opositores que los sufrieron. Los ataques a individuos y a la pequeña propiedad privada perpetrados incluso por personeros del hampa común pagados para sembrar el terror en las calles, se revirtieron como políticas nefastas a los dos principales partidos que las protagonizaron: Voluntad Popular y Primero Justicia. Estos hechos, junto con la dura represión estatal, causaron 140 muertes y centenares de heridos.

El partido que representa a la socialdemocracia y que tomó una actitud generalmente distante ante la anarquía virulenta de las «guarimbas»: Acción Democrática (AD), fue el gran ganador dentro de la debacle al ganar 4 de las cinco gobernaciones que cayeron en manos de la oposición en una elección en la que la abstención de parte de la oposición mejoró las posibilidades de los candidatos del PSUV.

Aprovechando este tren electoral de triunfos, el chavismo evalúa ahora adelantar la elección para alcaldías para diciembre de este año. También comenzó a barajar el plan de adelantar las elecciones presidenciales, que debían realizarse a fines de 2018, para el mes de marzo. De insistir en los errores del pasado, la soberbia y el irrespeto a las bases chavistas, y de continuar subestimando en la práctica el populismo clientelar en la base más empobrecida, la oposición puede perder nuevamente las elecciones y sus posibilidades de sacar del poder al chavismo serán aún menores.

Nueva exigencia de dictadura chavista: si estudiantes quieren beca y no ser multados deben participar en actos políticos del PSUV por Karina Martín – 8 de Octubre 2017

Regimen-venezolano-obliga-a-jovenes-a-participar-en-actos-proselitistas-por-becas-estudiantiles.jpg
“Vamos a votar, Jheyson va a ganar”, “Patria socialista: viviremos y venceremos”, fueron algunas de las frases que los jóvenes debieron gritar.
El Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad de Los Andes (ODH-ULA) de Venezuela, denunció que estudiantes de dicha universidad fueron obligados a asistir a actos del partido político oficialista, Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), para que les aprobaran becas mensuales.

Según indicó el observatorio, el pasado 29 de de septiembre estudiantes de esta universidad debieron a asistir a un acto en apoyo al candidato a la Gobernación de Mérida, Jehyson Guzmán, del PSUV.

Los estudiantes tuvieron que estar en el lugar del evento desde las 8:00 de la mañana hasta las 4:00 de la tarde (hora local) gritando consignas a favor del Gobierno de Nicolás Maduro, para así ser “merecedores” de la beca mensual.

“Vamos a votar, Jheyson va a ganar”, “Patria socialista: viviremos y venceremos”, fueron algunas de las frases que los jóvenes debieron gritar.

Al salir del acto proselitista, a los jóvenes se les entregó un certificado de asistencia que además señala la obligatoriedad de asistir a los actos político que realice el Gobierno; de no hacerlo, los estudiantes podrían ser multados.

Por su parte, el ODH-ULA rechazó este tipo de acciones que violentan la dignidad humana, fomentan la discriminación y contrarían los principios de libertad y autonomía de cada persona.

Asimismo, el observatorio señala que las únicas exigencias que deberían ser aplicadas a los estudiantes para hacerse merecedores de una beca, deben ser de carácter académico.

El ODH-ULA también exhortó al Ministerio del Poder Popular la Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología a respetar la autonomía universitaria y a respetar la dignidad de los estudiantes venezolanos.

 

El madurismo perderá entre 13 y 21 gobernaciones por Javier Antonio Vivas Santana – El Diario de Caracas – 29 de Septiembre 2017

Así como pronosticamos la derrota del madurismo en las pasadas elecciones parlamentarias, de la cual responsabilizamos en su momento de manera directa tanto a Nicolás Maduro como a Diosdado Cabello¹, cuando nada se podía hacer para revertirla, la derrota en las próximas elecciones de gobernadores del 15-10-2017, indican, salvo ocurra una trampa descomunal, o inhabilitar candidatos a través de la “constituyente”, o suspenderlas con algún subterfugio jurídico, como por ejemplo, un “recurso de nulidad” ante el mal llamado Tribunal Supremo de “Justicia” (TSJ), todo indica que el madurismo perderá entre 13 y 21 gobernaciones.

En efecto, perderá 13 gobernaciones, en el caso de que la abstención, es decir, el principal aliado del madurismo, sea entre 40% y 60% del electorado, porque ello favorece las maquinarias de los partidos, y en este caso, la única organización política homogénea en su concepción orgánica es el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), porque la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en un error garrafal, en vez de haber visto el resultado que tuvieron en las elecciones parlamentarias con la tarjeta única, más pudieron las apetencias personales de la dirigencia que componen sus partidos políticos que el propio interés como grupo opositor.

Ahora bien, hacia finales de 2016, dijimos que el gobierno perdería 21 gobernaciones², pero tal resultado sólo será posible, si la oposición emerge como un solo grupo electoral, y para ello, incluso el chavismo antimadurista decide votar por los candidatos de la MUD, sin obviar que el nivel de participación debe superar el 70% en todos los estados. O sea, cifras de votantes similares a las registradas en las elecciones parlamentarias de 2015; pero esa situación pareciera algo complejo, en virtud de que algunos sectores de la oposición más radical están llamando a la abstención.

En otras palabras, bastaría que existiera una influencia del 10% sobre el voto opositor, para que en aquellos estados en donde se esperan cerrados resultados como Delta-Amacuro, Cojedes, Guárico, Amazonas, Portuguesa, Falcón, Monagas, y hasta Carabobo (en este los candidatos del PSUV-MUD, uno es peor que el otro), las enormes presiones que hace el madurismo sobre los empleados públicos, pensionados y beneficiarios de las misiones, pudieran terminar favoreciendo a los candidatos oficialistas.

En el resto de los estados, la oposición luce con ventaja, incluso en regiones como Táchira y Nueva Esparta, la verdad es que hasta los propios maduristas van a votar contra Vielma Mora y Carlos Mata Figueroa por sus desastrosas gestiones, las cuales además están acompañadas de un marcado y elevado rechazo en sus personalidades. En ambos estados, curiosamente, el primero mi estado natal, y el segundo, el estado donde resido, serán los espacios electorales en donde el PSUV será barrido electoralmente hablado. Ellos lo saben, y en consecuencia, la resignación no sólo parece evidente, sino que no exageramos cuando decimos que ya recogieron sus pertenencias. Y no es para menos, el Táchira es un estado que ha sido abandonado a su buena suerte, mientras que en Nueva Esparta, la falta de agua, los constantes apagones, la crisis con el combustible (de la cual Táchira es una víctima permanente), y los más de 30 mil empleos que se han perdido en el puerto libre y turismo, serán las causas de inevitables derrotas.

Otros estados como Bolívar, Anzoátegui y Miranda, también lucen muy cuesta arriba para el PSUV. En Bolívar el candidato es prácticamente un desconocido. En Anzoátegui, considero que el madurismo se equivocó al lanzar nuevamente a Istúriz; además por dentro el PSUV está fracturado porque Nelson Moreno merecía haber sido el candidato, pero la cúpula volvió a marginarlo, y aunque lo nieguen, las bases pasarán factura. En cuanto a Miranda, honestamente el PSUV se las jugó todas al postular a su mejor ficha dentro de sus cuadros jóvenes, como Héctor Rodríguez. La única incógnita estará en la clase media de este estado. Si ella sale a votar, Ocariz será gobernador, por el contrario, si el abstencionismo hace de las suyas, habrá un resultado muy ajustado entre ambos candidatos. Hay que dejar claro, que en Miranda la oposición se ha consolidado desde que Diosdado Cabello salió de la gobernación con máximo rechazo.

Lara es un estado de simbiosis política. Henri Falcón es otro candidato que ha impuesto su hegemonía. Presenta desgaste político y ese podría ser su principal enemigo ante la candidatura del PSUV. No obstante, el candidato de Avanzada Progresista sigue teniendo la primera opción.

En Barinas, también existe una enorme inconformidad por la imposición de la candidatura de Argenis Chávez. De hecho, bastaría recordar que fue el padre de Chávez quien primero ganó las elecciones regionales en 1998. Desde entonces, la hegemonía familiar ha sido total. El maestro Chávez entregó el testigo a su hijo Adán, quien por cierto, precisamente evitó ser candidato en esta oportunidad por su marcado rechazo en las encuestas, razón por la cual, la cúpula del PSUV optó por el actual gobernador encargado, es decir, su hermano. En este estado se enfrenta la maquinaria del partido madurista contra la respuesta del pueblo.

Zulia será una bandera de honor. Tal vez por ello, veo muy difícil que el Consejo Nacional Electoral (CNE) valide la tarjeta de Un Nuevo Tiempo (UNT) para que los votos que aparezcan marcados sobre este emblema político favorezcan a Juan Pablo Guanipa. Verbigracia, el hecho de que éste haya ganado las llamadas “primarias” de la MUD, no implica que UNT no sea la primera fuerza política de ese estado. El PSUV lo sabe, por ello, la confusión que pudiera generarse en este aspecto, aunado con la abstención, perjudican a la oposición. La MUD no puede olvidar que Arias Cárdenas venció al partido UNT, teniendo el control de la gobernación en 2012, mientras que el PSUV tampoco debe olvidar que en 2015 perdió 14 de 16 diputados. En el Zulia ganará quien mejor promueva su maquinaria. Así lo veo.

El resto de los estados andinos, Mérida y Trujillo, también estarán por cuenta de las maquinarias. En Mérida le damos ventaja a la oposición, pero en Trujillo, pareciera que el PSUV lleva la delantera. Serán resultados estrechos entre una y otra candidatura.

Aragua es una entidad federal en donde el candidato del PSUV, Rodolfo Marco Torres, ha dejado una estela muy gris en su paso, tanto por la banca pública como por el ministerio de alimentación. Ni siquiera tiene oralidad. Su campaña es netamente mediática y asistencialista. Su adversario, Ismael García, es totalmente locuaz, lo cual políticamente lo favorece, aunado con la crisis que ha golpeado todos los sectores que eran pujantes en este estado como su alicaída zona industrial y el turismo. Los niveles de abstención, por lo que he mencionado, decidirán quién ganará esta gobernación.

Sobre Vargas, no tengo dudas que el mejor candidato de toda la oposición es José Manuel Olivares, médico y parlamentario, quien además no está manchado por acciones de corrupción o ineficiencia política, y lo que inicialmente parecía una cerrada disputa movida por maquinarias, considero que el hecho de haber detenido al hermano del candidato de la MUD, y estar acusando a su esposa de “ladrona” de carros, ha puesto en evidencia algo que rechaza la comunidad, como lo es generar llamadas “ollas” en contra de los más débiles. Siempre he dicho que cuando hay un médico que siente las necesidades de la gente, y quiere incursionar en la política, basta que se ponga su bata y salga por los barrios, y eso es lo que está haciendo este muchacho. García Carneiro y el PSUV al parecer perdieron la brújula.

Sobre Yaracuy y Apure, creo que son las dos gobernaciones seguras que tiene el PSUV. La primera su actual gobernador es un hombre de bajo perfil que utiliza un lenguaje de respeto por el adversario sin negar las dificultades. ¡Es más! Merece repetir como gobernador. En cuanto al estado llanero, el PSUV sigue teniendo el control de la población en casi todos sus pueblos. Será difícil derrotar a la maquinaria roja en tales condiciones.

En algunos estados han surgido terceras opciones. Lamentablemente la polarización no les otorga opciones de triunfo. Lo que si resulta evidente es que cuando sean totalizados los votos de todas las regiones el madurismo será nuevamente derrotado, independientemente del número de gobernaciones que obtenga cada bando. Esa será una realidad que también pondrá en jaque a la “constituyente” madurista, porque no habrá forma de justificar los supuestos “ocho millones de votos” que habrían totalizado el 30 de julio.

Ya veremos la respuesta del pueblo de Venezuela. En síntesis, el madurismo perderá entre 13 y 21 gobernaciones. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

La abstención favorece a Maduro por Trino Márquez – La Patilla – 28 de Septiembre 2017

ThumbnailTrinoMarquezNicolás Maduro se vio obligado a ordenarles a sus súbditas del Consejo Nacional Electoral convocar las elecciones de gobernadores, que debieron haberse realizado en diciembre de 2016, forzado por la presión interna el internacional. Las protestas ocurridas entre abril y julio pasados, la relevancia del drama venezolano en el plano internacional –desde los medios de comunicación más importantes del mundo, hasta los gobiernos y parlamentos de las democracias más avanzadas del planeta- obligaron al mandatario a retomar, aunque sólo fuese parcialmente, el cronograma electoral establecido en la Constitución nacional.

Se equivocan quienes afirman que los ideales de la lucha librada en ese largo período y la memoria de quienes murieron asesinados, especialmente los jóvenes, fueron traicionados por la Mesa de la Unidad Democrática al decidir concurrir a la cita electoral. Si ese ciclo de enfrentamientos no hubiese ocurrido y la comunidad internacional no hubiese fijado su atención en la forma como el gobierno de Maduro aplastaba la crítica, violando los derechos humanos y el legítimo derecho a la protesta pacífica, los comicios de gobernadores se habrían postergado de forma indefinida. A las elecciones de mandatarios regionales no iba a llegarse por inercia. Los alcaldes anteriores a los actuales pasaron tres años adicionales en sus cargos porque el CNE no convocaba las elecciones para renovarlos. Maduro llega a la contienda del 15 de octubre acorralado por las circunstancias: está comprometido a demostrar ante el mundo que su régimen aún posee un rastro de legitimidad de origen. Ese soporte no se lo dio la constituyente, convertida en adefesio.

Ante Maduro aparece un inmenso reto: obtener al menos los ocho millones de votos que dice haber alcanzado el 30 de julio, cuando se realizó la constituyente. Está obligado a desmentir en los hechos la denuncia de fraude que le enrostró Smartmatic. Será la ocasión para demostrar que quien decía la verdad es él y las señoras del CNE, y no los directivos de la empresa nacida hace más de una década en Venezuela, y proyectada al mundo de la mano de Jorge Rodríguez. Para el máximo jefe del Psuv resulta crucial ganar la mayor cantidad de gobernaciones y aliviar el peso de la pérdida de los cuestionamientos.

Por ese motivo, parte de la estrategia oficialista ha estado dirigida a dividir la oposición y avivar la abstención: alimenta rumores en los que se inflan los desacuerdos entre los adversarios, levanta calumnias contra candidatos a gobernaciones, amenaza a algunos aspirantes, exige que los candidatos se sometan a la constituyente, crea falsas expectativas acerca de un diálogo que no termina de prosperar, en gran medida porque no forma parte de una estrategia global concebida para resolver los conflictos, sino para fomentar el desánimo.

A Nicolás Maduro le interesa que la abstención opositora sea muy elevada. Quiere evidenciar que la MUD carece de la mayoría que se arroga. Pretende reducir la carga de denuncia y protesta que posee el voto opositor. Parte de su campaña publicitaria se concentra en asociar el triunfo de los candidatos del Psuv con la paz, mientras los aspirantes rivales encarnan la violencia. La abstención constituye una forma muy eficiente de evitar que los representantes opositores obtengan la victoria y, en consecuencia, representa una manera de darle la razón al mandatario, quien se ha metido en la liza como si fuese él mismo candidato a alguna gobernación.
Maduro tiene razón en involucrarse activamente en la contienda. Si sale derrotado, como se espera, sus posibilidades de aspirar a la reelección a la presidencia de la República quedarán pulverizadas. Su encarnizado adversario, Diosdado Cabello, le cobrará la factura completa. Maduro sabe que las elecciones del 15 de octubre son, en realidad, un referendo sobre su gestión. Representan la antesala de los comicios presidenciales que tendrán que realizarse el año entrante. La abstención de los demócratas son vitales para mantener encendidas las esperanzas reeleccionistas del paisano de Andrés Pastrana.

A Maduro le sobran razones para propiciar la abstención entre los demócratas. Él y su régimen saldrán fortalecidos. Su triunfo indicará que la situación del país no es catastrófica, como sus enemigos internos y externos proclaman. Relegitimará los resultados del 30 de julio y la constituyente recibirá un impulso que jamás ha recibido.
Lo que favorece a Maduro, perjudica a Venezuela. Así es que, ¡a votar!

A %d blogueros les gusta esto: