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Nicolás Maduro hace un ‘mea culpa’ – Yo Influyo – 31 de Julio 2018

“La responsabilidad es nuestra, es mía. Tenemos que echar adelante esa potencia económica que tenemos”


Maduro reconoce errores


Sin dejar de lado su tradicional discurso en el que acusa una ‘guerra económica’ contra su país encabezada por Estados Unidos, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, reconoció fallas en el modelo económico que su gobierno ha intentado implementar.

“Los modelos productivos que hasta ahora hemos ensayado han fracasado” reconoció Maduro en un discurso en el marco del IV Congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en el que fue ratificado como su dirigente.

“La responsabilidad es nuestra, es mía. Tenemos que echar adelante esa potencia económica que tenemos” agregó.

Aunque dijo que la ‘guerra económica’ es una realidad, aseguró que su gobierno es responsable de sacar adelante al país a pesar de ello.

“¿Que el imperialismo nos agrede? Basta de lloriqueos” insistió ante sus correligionarios.

“Ustedes no me ven lloriqueando a mí, ni los nombro ya, no me ven lloriqueando frente al imperialismo. Que nos agreda, nos toca a nosotros producir con agresión o sin agresión” puntualizó.

Hace algunos días Maduro Moros anunció una serie de medidas para atajar la crisis económico, entre ellas quitar cinco ceros a su moneda (Bolívar), sumida en una hiperinflación que, de acuerdo con organismos internacionales, alcanzará este año un millón por ciento.

Ratifican a Maduro como presidente del PSUV

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, fue ratificado hoy como líder del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en la jornada final del IV Congreso de esa organización oficialista.
La decisión fue anunciada por el primer vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello, quien dijo que fue una decisión de carácter extraordinario.

“El IV Congreso socialista ha tomado una decisión de carácter extraordinario: ha sido designado y ratificado como presidente nuestro querido hermano Nicolás Maduro”, señaló Cabello.

El también presidente de la Asamblea Constituyente dijo que el PSUV reservó a Maduro todas las facultades para elegir a la dirección nacional y designar una estructura política que “garantice que en estos cuatro años que son de pura guerra, el Partido Socialista Unido de Venezuela esté a la altura de las circunstancias”.

Indicó que Maduro ha demostrado gran capacidad de escuchar y muchas veces de “cambiar las decisiones que tiene que cambiar”.

La sesión final del Congreso estuvo marcada por un apagón eléctrico en la sala donde se realizaba en Caracas. Maduro dijo que el apagón fue producto de un “sabotaje”.

A la vez, Cabello celebró los resultados del Congreso, en el cual los delegados debatieron el plan de estabilización económica de Maduro que comenzará el 20 de agosto con la puesta en marcha de una reconversión monetaria para suprimirle cinco ceros a la moneda nacional.

Venezuela: una transición llena de incógnitas por Francesco Manetto – El País -29 de Julio 2018

El PSUV celebra su congreso mientras la oposición trata de volver a la unidad

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, en el congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, en el congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). EFE

La gravísima crisis económica e institucional de Venezuela ha generado al menos un consenso amplio que, con la excepción del núcleo duro del régimen de Nicolás Maduro, incluso amenaza con quebrar al chavismo por dentro. Casi todos coinciden en que la situación se ha vuelto insostenible. Lo es por la hiperinflación, por la presión internacional y las sanciones a algunos de los principales dirigentes oficialistas, por la represión de la protesta social en la calle, los presos políticos —250, según la ONG Foro Penal—, por el saqueo de PDVSA, la petrolera estatal…

Una especie de tormenta perfecta azota el país. Y, a pesar de la aparente fortaleza del aparato oficialista, que logró desunir a la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), las fuerzas críticas con el Gobierno siguen esperando que se produzca pronto un cambio. Tal vez antes de finales de año.

“Si no abandonan el socialismo y van hacia una dictadura, simplemente vamos a tener un colapso mucho mayor. Es decir, anarquía, que nada funcione y que todo se convierta en una especie de Mad Max”, vaticina Ángel Alvarado, economista y diputado en la Asamblea Nacional elegido en 2015 en las listas de Primero Justicia, el partido de Julio Borges y Henrique Capriles.

Un semestre clave

“Están empobrecidos todos, el chavismo tiene una base popular muy grande y yo siempre me acuerdo de ese cuadro de Goya en el que Saturno se come a sus hijos. En este momento el socialismo se está comiendo a sus propios hijos”, continúa este opositor. “Yo creo que el segundo semestre va a ser clave. Tenemos demasiados catalizadores a la vez: sindicatos molestos, trabajadores, fuerzas armadas, descontento generalizado, las sanciones pueden empeorar… ¿Alguna de estas cosas es nueva? No. Lo que es nuevo es que todo ocurra a la vez”, advierte.

Según el análisis más extendido, Maduro logró la reelección en mayo de forma ilegítima, porque convocó unas presidenciales sin suficientes garantías democráticas y poniendo trabas a la oposición, cuyas fuerzas mayoritarias declinaron participar. No obstante, uno de los escenarios de futuro que contemplan analistas como Henkel García pasan precisamente por un acuerdo entre el chavismo y un sector de la oposición. O, como hipótesis alternativa, por una crisis interna del oficialismo que dé paso a una transición. “Analizando la dinámica dentro del chavismo, él gana con la promesa de hacer un cambio en la economía, cosa que no ha podido entregar”, explica. Esta circunstancia puede conferir un carácter político al malestar social, que hoy está todavía desarticulado.

Con estas premisas ayer comenzó su congreso la formación de Gobierno, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Rodrigo Cabeza, que fue ministro de Finanzas del expresidente Hugo Chávez y diputado, mantuvo que en su opinión el cónclave será una simple exhibición de unidad del oficialismo. Cabeza dijo en declaraciones a la agencia Reuters que el Gobierno prohibió a los ministros mencionar la palabra hiperinflación y hablar de subida de precios. El argumento habitual del Maduro para tratar de justificar los males de Venezuela es el de la “guerra económica” y el supuesto fantasma del enemigo exterior.

La oposición

No obstante, la clave consiste en desentrañar los próximos pasos de la oposición, que, antes de la votación de la Asamblea Nacional Constituyente en julio de 2017, mantuvo la presión en la calle durante casi cuatro meses para luego sumirse en el desánimo y en las tensiones internas. Mientras algunos gremios, como los del sector sanitario, le han plantado cara al Gobierno en las últimas semanas, el Frente Amplio —el movimiento que se propone convertirse en una alternativa a la MUD— ha sopesado la posibilidad de convocar una huelga general.

Opositores como Alvarado están dispuestos a dar la batalla, en un intento de quitarle la incitativa al Ejecutivo: “Ahora, si logran pasar estos seis meses, podemos ir a una situación muy complicada en los próximos años. Es decir, que se instale y se consolide algo completamente perverso”.

“Al final”, resume, “lo que está en juego es el Gobierno, si abandona el socialismo o no y si se convierte en un Estado de dictadores”.

U.S. government plays games with top Venezuelan officials by Franco Ordoñez – McClatchy DC Bureau – 24 de Julio 2018

 

The first piece of a psychological plot by the U.S. government to raise suspicion that one of the most powerful men in Venezuela may be a CIA operative was hatched in a seventh floor office of the State Department.

Around April 2017, Fernando Cutz, then-senior director at the National Security Council, stopped by the Foggy Bottom office of a veteran diplomat to get ideas about how to destabilize Venezuelan President Nicolás Maduro’s inner circle, with the goal of further weakening the government that has thrown the once-thriving country into poverty and chaos.

As a bobble-head statue of the iconic socialist leader Hugo Chávez looked down from a shelf above them, Ambassador William Brownfield joked with Cutz that it wasn’t advanced science. There were tactical benefits to selectively choosing leaders to target with sanctions, travel restrictions and other punishments and to raise questions within the Venezuelan hierarchy about the people left alone by the U.S.

This account of an intentional strategy by the U.S. government to sow confusion about the loyalties of Maduro’s closest advisers comes from former and current officials with direct knowledge of the plans who spoke to McClatchy.

“Think about being strategic,” Brownfield told Cutz, according to these officials. “Don’t just hit everyone because you can. Hit the right people and then maybe get others to just be scared and wonder when they’ll get hit.”

The strategy of singling out one top official for isolation from the sanctions regime to raise suspicion is one that U.S. law enforcement has used to destabilize drug cartels. It’s unclear whether the U.S. has ever used it against another government.

Caracas was particularly vulnerable for such a plan because of leadership struggles from a collapsing economy and ongoing questions whether Maduro was the right successor to Chávez.

“Maduro is not nearly as smart, talented or, quite frankly, respected and supported as was Chávez, and started from a weaker position,” said a former official. “His weaker position also means that virtually everyone in his government, until this day, at a senior level, with the possible exception of a few military people, were not Maduro’s people. They were Chávez people.”

For over a year, Diosdado Cabello, the former military commander and vice president of Venezuela’s governing United Socialist Party, escaped sanctions that hit more than 50 other Venezuelan officials, including Maduro, on corruption and other charges. President Trump’s travel ban also limits travel to the U.s. by Venezuelan government officials.

Not until May did the U.S. Treasury Department finally impose sanctions against Cabello, accusing him of state-aided narco-trafficking and corruption. Cabello’s brother and wife were also sanctioned.

The decision not to sanction Cabello for more than a year while others around him suffered penalites mystified officials in Washington and Venezuela. And some began to wonder whether Cabello was talking to the United States, or even acting as a CIA agent.

Cabello was a natural target. He was already worrisome because he was close to Chávez, fought alongside him, and was Maduro’s longtime rival to take over leadership of the country after Chávez died.

When Cutz visited Brownfield last year, Brownfield was the most experienced official dealing with the Venezuelan government, having served as ambassador to Venezuela when Chávez was coming to power. At the time he gave Cutz the idea for the targeted sanction strategy, Brownfield led the State Department’s Bureau of International Narcotics and Law Enforcement Affairs.

Brownfield was also known around the White House and State Department as someone who really knew how to “mess with the Chávez mentality,” a senior administration official said, speaking on condition of anonymity to discuss internal deliberations.

Brownfield and Cutz’s conversation never focused on Cabello, per se, but they discussed the concept and benefits of selective sanctioning.

The Trump administration was turning up the pressure on the Maduro government with repeated sanctions and travel restrictions. Names were being circulated about who could be next.

Cutz took the idea back to the White House and then the State Department, where he pitched it to Deputy Assistant Secretary Michael Fitzpatrick and Annie Pforzheimer, who was then director of the office of Andean Affairs in the Western Hemisphere.

Fitzpatrick and Pforzheimer liked it. The three worked together. They brainstormed different names and settled on Cabello.

The idea was eventually broached with senior White House officials who approved it.

“Is Diosdado talking to the gringos,” a former administration official said, describing the questions the U.S. hoped would be raised within Venezuelan government circles. “Is that what is going on here? Or is it the alternative? Is it Diosdado saying, ‘are they sending me a message? Are they sending me a signal? What’s going on?’ That is not a bad thing.”

Besides his influence and position within the Venezuelan government, U.S. officials saw him as a bit of a chameleon who presented himself differently inside and outside the country. Globally, he projected an image of moderation and pragmatism, but inside officials said he acted “más chavista que chavista,” or, “more like Chávez than Chávez.”

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Venezuela’s President Hugo Chavez speaks while holding a copy of the Venezuelan National Constitution during his weekly radio and television show known as “Hello President” in Caracas, Sunday, Oct. 7, 2007.

Mark Feierstein, the White House National Security Council’s senior director for Western Hemisphere affairs under President Barack Obama, said Cabello was among a group of party members who were dissatisfied with Maduro’s leadership and looked to be angling for a way to take over.

“We thought he wanted to be president and that he wanted to replace Maduro,” Feierstein said.

The Trump administration wouldn’t address the plot or why they eventually abandoned it, but pressure was building to take action against Cabello.

Sen. Marco Rubio, R-Florida, who has Trump’s ear on Latin America issues and publicly feuded with Cabello, pressed Trump in January to finally hold Cabello accountable. Mike Pompeo, the new secretary of state who had endorsed Rubio’s 2016 presidential bid, also listens to Rubio’s advice on the region. Rubio took extra security precautions after receiving death threats that may have come from Cabello, according to intelligence obtained by the Miami Herald.

The State Department would not address specific questions about any strategy, but cited the sanctions and said they were an example of how the United States is committed to using ”every available diplomatic and economic tool to hold accountable officials who exploit their positions for personal gain.”

The National Security Council also wouldn’t address the strategy, but told McClatchy the Trump administration works to maximize pressure on the Maduro regime, including using sanctions, to help restore democracy in Venezuela.

“The United States government considers multiple variables as it employs sanctions in support of foreign policy objectives,” a spokesman said.

There were other forces as well. Some in the administration hoped that Cabello would work with U.S. officials like Thomas Shannon, then undersecretary for political affairs, who met with Cabello in 2015, according to another former senior administration official.

But those familiar with the plot said any behind-the-scenes effort by Shannon or other officials was separate than the intentional strategy to toy with Cabello and raise questions about his loyalty.

As more Venezuelan officials were slapped with sanctions, the questions about Cabello also increased. At one point, one of Cabello’s deputies was sanctioned while Cabello remained clear, leading to more pointed inquiries.

“A lot of we’d hear about from inside the Venezuela government and other places was questioning whether he was a CIA asset,” said the senior administration officer.

It became a symbol of loyalty. Maduro honored and promoted those who were sanctioned by the U.S. He also honored many with elaborate ceremonies that included presenting sanctions targets with a replica of the sword allegedly used by independence hero Simón Bolívar.

At one point, Cabello raised the issue himself in a public speech daring U.S. officials to sanction him.

“He knew it was causing him some damage and really wanted to address it,” the official said. “He wanted sanctioning.”

When asked, U.S. officials were always careful not to lie, but they also never categorically denied Cabello was a CIA operative.

“It became a bit of a fun exercise,” said the senior administration official.

Chavismo: entre la renovación y las rupturas internas por por ​Ociel Alí Lopez – Nueva Sociedad – Junio 2018

Nicolás Maduro parece estar surfeando la gigantesca crisis venezolana con mayor tranquilidad. Sin embargo, en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) aparecen críticas y llamados a rectificar el rumbo del gobierno. El chavismo se debate entre la «rectificación» y las rupturas internas.

A pesar de los ataques de la mayoría de los gobiernos de América Latina, del activo trabajo del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y de águilas y halcones norteamericanos, de la injerencia y de las sanciones de gobiernos de Europa, el gobierno venezolano hoy se muestra estable en el poder. Surfea olas difíciles como la hiperinflación, la paralización parcial de su industria petrolera y los periodos de violencia callejera que duraron meses.

Por su parte, la oposición -que viene de abstenerse en las presidenciales de mayo- luce ausente del espectro político nacional. Muchos de sus líderes están en el exterior y no se sabe bien por qué ni hasta cuándo. Parecen haber agotado sus municiones políticas. Además, se alarga su espera de acciones radicales del gobierno norteamericano, como por ejemplo un embargo petrolero o una intervención militar. De hecho, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, declaró a principios de junio: «Tenemos los votos para suspender a Venezuela de la OEA». Sin embargo, no lo logró, lo que evidencia ciertas debilidades de Estados Unidos para imponer su política en torno a Venezuela. Leer más de esta entrada

La disminuida legión de Nicolás Maduro por Maolis Castro/Florantonia Singer – El País – 22 de Mayo 2018

Solo un 30% del padrón electoral de Venezuela sigue fiel al heredero político de Hugo Chávez
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Pedro Guerra, de 33 años, admite con desdén una transformación del chavismo. Cerca de un centro de votación del barrio caraqueño de Petare y bebiendo un trago de licor celebraba por anticipado la reelección presidencial. “Hay que darle una oportunidad a Nicolás Maduro, aunque ya no sea lo mismo de antes. Siempre se le echa la culpa a él, pero no es así”, aseguró el domingo.

Su pariente, José Guerra, está más entregado a la militancia. Frente al colegio electoral Rafael Napoleón Baute, en el intrincado barrio de Petare (este de Caracas), hacía un sondeo el domingo de las elecciones que indicaba que solo 2.500 de 9.000 votantes había sufragado. “Estos son otros tiempos políticos y económicos. Nuestro pueblo fue doblegado porque le dieron en el estómago, pero el pueblo no va a perder con la revolución”, dice.

Su vestimenta no deja dudas de su afiliación política: cachucha y franela con el logo de la campaña del socialista. Representa a un 30,7 % del padrón electoral que respaldaron una reelección de Maduro. Su líder ha perdido seguidores, aunque esté atornillado al poder.

Los creyentes de Maduro identifican a tres culpables de la desgracia económica: Estados Unidos, la oposición y algunas veces a la corrupción. “Le doy un voto de confianza a Maduro, porque ya aprendió. Cuando llegó no sabía y todos estamos aprendiendo un nuevo sistema de vida. Ahora el presidente va a hacer una nueva economía y debe limpiar el gabinete”, explica Carlos Flores, un pensionista de 62 años residenciado en el centro de Caracas.

Los seguidores del mandatario afirman que existe democracia, pese a la persecución contra políticos opositores y esté comprometida la independencia de los poderes públicos. Su discurso es parecido al repetido en el canal gubernamental Venezolana de Televisión o por el Ejecutivo. Ninguno se atreve a darle una cuota de credibilidad a la oposición.

Además de ofrecer un voto a Maduro, muchos de los fieles a su política se movilizaron el pasado domingo para enfrentar la abstención convocada por la alianza Mesa de la Unidad Democrática, pero que también tocó sus filas. José Guerra, por ejemplo, estaba en los escuadrones de la Unidad de Batalla Hugo Chávez (UBCH) del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que se encarga de conseguir votos.

“Maduro no es Chávez”

Cuando Hugo Chávez asumió como presidente de Venezuela, en 1999, Giovanni Jiménez tenía 11 años de edad. No recuerda algo distinto del denominado socialismo del siglo XXI, tampoco quiere un cambio de Gobierno. “El PSUV lo ha hecho bien. Siempre he dado mi voto a la revolución porque hemos recibido muchos beneficios: antenas satelitales de CANTV (Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela), ayudas de los consejos comunales y todo ha mejorado con el tiempo”, aseguró el domingo en el barrio caraqueño de Petare. Su madre, Vielma Martínez, atribuye el desmadre económico de su país a una conspiración internacional para derrocar al chavismo. Los dos admiten que el salario es insuficiente, aunque afirman que es culpa de la oposición. Pero ambos han ofrecido un voto por la reelección de Maduro.

El heredero político de Chávez nunca ha movido a las masas. En abril de 2013, Maduro derrotó a su contrincante, Henrique Capriles Radonski, en las elecciones presidenciales con una estrecha ventaja: 7.587.579 frente a 7.363.980 votos. El opositor había denunciado un fraude, pero el Consejo Nacional Electoral descartó las acusaciones. Cinco años después Maduro ha sacado 6.157.185 votos, según el CNE, en unos comicios boicoteados por la opacidad del árbitro. Ha sido la votación presidencial con la más alta abstención (46,2%) en este país; aún así Maduro se ha vanagloriado de haber sacado el 68% de los votos. En sufragios, sin embargo, el número se aleja de la vara de 8,1 millones de votos que puso Hugo Chávez en su última elección en 2012 con una participación del 80%, de las más altas en un país donde no es obligatorio votar.

Cinco años después ha sacado 6.157.185 votos, según el CNE, en unos comicios boicoteados por la opacidad del arbitrio. Su proclamación como mandatario hasta 2025 ha provocado un rechazo de la comunidad internacional, los 14 países que integran el Grupo de Lima han llamado a consulta a sus embajadores. Pero Maduro no se muestra inquieto. “¡Cuánto me han subestimado!”, dijo tras saber su reelección.

Su gobierno radicalizó las políticas del expresidente Chávez y detonó una crisis económica sin precedentes. Muchos han repetido como un mantra que “Maduro no es Chávez”. Ana García, de 31 años, no ha visto mejorías en los últimos cinco años. No puede costear los gastos de su hija, menos para ella. Pero no deja de pensar que la solución está en poner “mano dura” contra la corrupción. “¿Cómo es posible que en Catia vendan la leche del CLAP [Comités Locales de Abastecimiento y Producción] en un millón de bolívares? Siempre he sido chavista, pero no madurista. Si Chávez estuviera vivo esto no estaría pasando. Pero prefiero votar por Maduro”, argumenta.

MADURO VERSUS EL PSUV
En esta elección se puso a prueba el carnet del PSUV, una iniciativa que emprendió Diosdado Cabello, primer vicepresidente del partido en febrero mientras Nicolás Maduro conformaba la plataforma partidista paralela, el Movimiento Somos Venezuela, que dejó de lado la organización política creada por Chávez, el gran portaviones electoral que en esta jornada fue totalmente olvidado.

“El carnet del PSUV no agarra, dame el de la patria”, decía Gabriela Pastor a los que se acercaban a ella para escanearlo y registrar su voto supuestamente a favor del gobierno. La plataforma no podía leer los códigos QR de los militantes del partido. En otros puntos rojos los militantes aclaraban que solo se escanearía el carnet de la patria, el que tienen cerca de 13 millones de venezolanos y que ha sido promovido por Maduro, a quien solo respaldaron 6,1 millones de votos, según los resultados del Consejo Nacional Electoral.

En votos la correlación fue inversa. La casilla del movimiento de Maduro solo sacó 374.242 votos, 4,07% del total, pese a la costosísima campaña que emprendió con vallas, cuñas en televisión y medios internacionales y avisos en Google. En cambio, la tarjeta del PSUV, identificada con la silueta de los ojos del líder Hugo Chávez, obtuvo 57,23% de las preferencias, lo que evidencia una derrota para Maduro dentro del propio chavismo.

¿Hasta siempre, Comandante? por Tomás Straka – Nueva Sociedad – Marzo 2018

Venezuela atraviesa un período de crisis y convulsiones políticas. El legado de Hugo Chávez es motivo de disputas y debates a cinco años de su muerte.

El pasado 5 de marzo se cumplieron cinco años de la muerte de Hugo Chávez. Terminaba así una largísima agonía seguida de forma expectante por toda la sociedad. Durante más de un año no se habló de otra cosa que de aquel cáncer, cuya ubicación y naturaleza aún no sabemos bien. Hubo quienes celebraron, pero también una de las manifestaciones de duelo más grandes de la historia venezolana, con un sepelio tan largo como multitudinario. Un lustro más tarde, sin embargo, son tantos los problemas que la ocupan, que pocos tuvieron tiempo para pensar en el hecho. El Estado, naturalmente, hizo algunos actos, y sus medios, oficiales y oficiosos, dedicaron todo el espacio posible a lo que se ha llamado «el legado». Sin embargo, tuvieron en contra asuntos más urgentes, como un gran apagón que abarcó varias regiones, que lograron captar bastante más atención.

Eso no significa que el amor por Chávez haya desaparecido. Aunque según firmas como Datanálisis, la popularidad de Nicolás Maduro no llega a un 20%, los que se dicen chavistas y alegan que siguen «amando» (esa es la palabra) al Comandante, llegan a un 50%. Es decir, la mitad de los venezolanos no relaciona directamente las penurias actuales con las políticas de Chávez. En general consideran que el culpable es Maduro, que no ha sabido continuar «el legado», y por el contrario consideran que los años en que gobernó Chávez fueron los más felices de sus vidas. Si hiciera falta un ejemplo para explicar la «fortuna» en términos de Maquiavelo, Chávez lo calzaría de forma completa: entre el boom petrolero de 2004 a 2008 y el hecho de morir justo antes de que las consecuencias de sus políticas estallaran, ha logrado pasara a la memoria de muchos con su imagen más o menos impoluta.

Ante este panorama se abren dos aspectos que podrán ser claves para el futuro inmediato: ¿cómo se manifestará políticamente ese chavismo, en cuanto sector del electorado, que ahora está más o menos huérfano? ¿Qué queda del chavismo en cuanto movimiento político? Comencemos con lo segundo. En contra del pronóstico de buena parte de la gente, la muerte de Chávez no significó una salida rápida del poder de sus sucesores. Pocos apostaban a que Maduro lograra mantenerse en el poder, pero a pesar de las fuertes olas de protestas de 2014 y 2017 y de la enorme derrota electoral de 2015, no sólo sigue en Miraflores, sino que parece más consolidado que nunca. Su reelección en los comicios de mayo parece asegurada para cuando se escriben estas líneas. Ahora bien, todo esto requiere muchas puntualizaciones: esa consolidación se ha logrado con el concurso de los poderes del Estado, que primero anularon en la práctica al Parlamento en manos de la oposición a través de sistemáticas sentencias emitidas por el Tribunal Supremo; después, cerraron el camino al referéndum para revocar su mandato a través de otro conjunto de sentencias de tribunales de provincia, cuya validez muchos ponen en duda. A eso le siguió una represión a las protestas que ha valido la apertura de una investigación de la Corte Penal Internacional; y la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente con poderes supraconstitucionales electa en unos comicios que más de un centenar de países consideran írritos. A ello habría que contar los líderes opositores encarcelados o en el exilio. Maduro es muy popular en cierto sector duro del chavismo, ese 18-20% que lo ve con el campeón que ha sorteado todas las pruebas, pero está lejos de contar con el apoyo de las mayorías y de buena parte de la comunidad internacional.

Maduro, que no tiene la «fortuna» de su mentor, ha optado por aquello de que es mejor ser temido que amado. Pero el mismo Maquiavelo advertía que ese temor no debe llegar al odio, que más temprano que tarde cobra caro. Y Maduro ha hecho algo al respecto. Está compactando en torno a sí a un sector del chavismo, perfilando cada vez más eso que algunos llaman el «chavo-madurismo» y otros ya, a secas, el «madurismo». Es difícil saber cómo funciona en última instancia esa alianza de grupos que está gobernando Venezuela, y de la que, según las opiniones autorizadas, Maduro es sólo el mascarón de proa. Pero la creación de un partido propio, Somos Venezuela, distinto del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), es parte evidente de ese proceso. A ello se le suman la integración de las maquinarias para la repartición de ayudas sociales en su nuevo partido, los jingles electorales sin ninguna alusión al chavismo, y el esfuerzo por hacer cada vez más autónoma la imagen de Maduro con respecto a la de Chávez. Todo ello parece apuntar a hacerse con una parte del legado y fortalecer a ese grupo que ve en Maduro el salvador de la Revolución. Esto, claro, nos remite a la primera pregunta: si un 20% es más o menos madurista (aunque con la red de repartición de cajas de comida eso puede subir bastante electoralmente), ¿qué será del otro 30% que sigue «amando» a Chávez? En el menú chavista hay dos opciones. Una es la de Henry Falcón, un ex chavista que ha forjado un liderazgo sólido en el centro del país y que ha gravitado en la oposición, pero siempre manteniendo la distancia con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). La otra es la del chavismo disidente, formado por ex ministros con el General Miguel Rodríguez Torres a la cabeza, y la más radical Marea Socialista.

En medio del desconocimiento de la MUD a las elecciones de mayo, Falcón decidió postular su candidatura. Los sectores de la oposición ven aquello como una simple maniobra de Maduro para hacer ver los comicios como plurales y competitivos; pero en cualquier caso Falcón puede lograr la identificación de muchos otros chavistas decepcionados que desconfían de la MUD, y sentar con ellos las bases de un movimiento más amplio. Los otros disidentes no son electoralmente poderosos y se han integrado al Frente Amplio que acaba de crearse con los partidos de oposición y muchos otros sectores sociales. A cinco años de la muerte de Chávez, el chavismo aparece dividido en al menos tres bloques, uno de los cuales da signos de estarse deshaciendo de la sombra del Comandante. No sólo su modelo económico y social está en una crisis tan honda que la sociedad, a pesar del 50% de los que dicen seguirlo «amando», no tiene tiempo para recordarlo, sino que el «el legado» enfrenta una guerra de sucesión en medio de enormes tensiones internas y externas. ¿Hasta siempre Comandante? No se sabe en qué terminará todo esto, pero parece muy difícil, incluso para los mismos chavistas, cantarle este verso en las actuales circunstancias.

Voy a votar por Gregorio Salazar – TalCual – 3 de Diciembre 2017

Como decía la canción de dónde saca Érika Farías pa´tando como destaca
No creemos que a ninguna fuerza política le estaría permitido hacer un acto de campaña electoral a las puertas mismas del Panteón Nacional, a escasos cincuenta metros de los manoseados huesos del Padre de la Patria. Debe estar declarada zona de seguridad o ser coto privado de las fuerzas mesiánicas que ocupan Venezuela.

Lo primero no lo tengo claro, pero de lo segundo sí tengo la absoluta seguridad. De otra forma la candidata a alcaldesa del municipio Libertador, Erika Farías, no hubiera podido instalarse allí con toda la parafernalia mecánica, técnica y tecnológica como lo hizo el pasado martes frente al Altar de la Patria.

Era un despliegue impresionante: dos graderías metálicas móviles con capacidad para unas quinientas personas cada una; dos gigantescas tarimas, una de las cuales era ocupada por un grupo musical de por lo menos 15 integrantes; dos enormes pantallas electrónicas a todo color que repetían incesantemente que todo eso lo hacía la candidata “Por amor a Caracas”, algo que en absoluto mostró su compañero de partido en el cargo. Hay que adicionar el despliegue de cámaras de televisión, equipos de sonido, decenas de parales de iluminación distribuidos estratégicamente en el semicírculo de la plazoleta, donde se daba cita gente debidamente convocada y enfranelada por el comando de campaña de la aspirante roja-rojísima.

Eso, a pepa de ojo, cuesta decenas de millones de bolívares, lo que de entrada me mueve ingenuamente a hacerle a la abanderada y al PSUV la misma pregunta que la vieja canción caraqueña le hacía a La Chica del 17: “¿De dónde saca pa´tanto como destaca?”. A lo mejor se dirá que de alguna rifa o una cena pagada generosamente por los comensales contribuyentes, al estilo de las campañas electorales gringas. En ese caso habría que preguntar de dónde sacó la comida que les ofreció, porque eso en este país no lo hay, como no lo sea para las fuerzas mesiánicas y sus arreados copartidarios.

Del primero que me acordé fue del batallador profesor Samán, quien hace su campaña para el mismo cargo que Erika repartiendo unos recuadritos de papel con su imagen impresa en una sola tinta donde se parece más al ayatolá Jomeini que a él mismo. Si alguien se orientara por esa estampilla electoral y tratara de ubicarlo en el tarjetón municipal se llevaría la ingrata sorpresa de que, siendo candidato, ni siquiera tuvo derecho a colocar su nombre en la boleta, pese a que lo apoyan los revolucionarios PCV y PPT.

Después me acordé de esa voz denunciadora de la corrupción y del rumbo abiertamente antidemocrático de la revolución que es Nicmer Evans, que ni recuadrito de papel tiene y, además, en la solitaria tarjeta de Nuvipa, organización que lo apoya, invirtieron nombre y apellido. Así debe competir con las siete tarjetas muy bien ubicadas de la candidata Farías.

Siguiendo el mismo contraste, me acordé del colega Manuel Isidro “Chiro” Molina, quien fieramente batalla a toda hora por las redes para promocionar su candidatura lanzada por UPP89 y que, a diferencia de las muchas unidades vehiculares con las que cuenta Erika, deja las suelas de los zapatos para llegar hasta las zonas populares.

Y lo mismo puede decirse de Oscar Arnal, de Copei, a quien hay que reconocerle el mérito de que jamás se ha rendido, lo mismo que a la concejal Maribel Castillo, de Avanzada Progresista, luchadora y conocedora a fondo de la ciudad que aspira administrar.

El despilfarro obsceno, el dispendio pornográfico de las candidaturas del PSUV en general y la de Farías en particular no es, a fin de a cuentas, nada que sorprenda porque ya en su famosa carta a Maduro el ex ministro Giordani confesó que en el año 2012 “llevamos la economía al extremo por el objetivo esencial de ganar las elecciones presidenciales”. Es decir, reventaron la economía en un costosísimo y falsario circo proselitista que han venido repitiendo en cada certamen electoral. Y volverán a hacerlo cuantas veces crean necesario para seguir reinando sobre este mantel de cenizas en que han convertido a Venezuela. Es lo que les dicta su demencia ideológica y la obsesión por el poder perpetuo.

Uno no puede mantenerse impasible, de brazos cruzados, quedarse en casa ante semejante tragedia nacional. Contra quienes indolentemente destruyen al país y ponen cada día más en riesgo la vida de los venezolanos más vulnerables, los ciudadanos no podemos dejar de ejercer nuestros derechos políticos y el arma más efectiva que tenemos: el voto. Se necesita expresarnos en contra de la barbarie, se necesita votar y ,contra viento y marea y a conciencia, a votar iremos.

 

Integrantes de las Farc se reunieron con dirigentes del Psuv por Gabriela Aguilar Ruiz – El Pitazo – 11 de Noviembre 2017

 

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Éste sábado se dio inicio al Primer Encuentro Nacional del partido Fuerzas Alternativas Revolucionarias del Común, en el municipio José Ángel Lamas, en la ciudad de Santa Cruz de Aragua, para crear la estructura organizativa en el país.

En un encuentro a puerta cerrada en la Casa de la Cultura de Santa Cruz de Aragua, se dio inicio a la actividad con integrantes colombianos del partido Farc, quienes en conjunto con dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) tienen la tarea de conformar la estructura organizativa tanto en la entidad como en el resto del país durante este fin de semana.

La Autoridad Única de la empresa Kimberly Clarck, ocupada por el Gobierno Nacional, José Gregorio Hernández, alías “Santo”, participo en el evento como representante del Movimiento Continental Bolivariano, “fui a darles mi solidaridad a los camaradas”. No quiso dar más detalle sobre su participación, ni de los temas que se trataron y menos mencionar los participantes.

Pese a que el evento está colgado en el portal del Partido Comunista de Colombia y por las redes sociales fue anunciado, todo se desarrolló con hermetismo durante su primera jornada.

En el comunicado que está en el portal del Partido Comunista de Colombia destacan la importancia del cumplimiento del Acuerdo de la Habana con todas sus fuerzas desmovilizadas, en aras de luchar contra el “imperialismo, el fascismo y la ultra derecha. En especial hace referencia al caso Venezuelacomo eje promotor de lucha.

El objetivo es crear un plan de defensa del Acuerdo de Paz con justicia social apoyado desde Venezuela y crear una zona de convivencia fronteriza para combatir al paramilitarismo, erradicación de la corrupción, contrabando y bloqueo económico que el gobierno norteamericano intenta imponer a Venezuela

Desde la observación de Paz

El Pitazo consulto la opinión del Secretario de Asuntos Internacionales del Movimiento Al Socialismo (MAS) y miembro observador del Proceso de Paz en Colombia, Jorge Mirabal.

“La democracia se basa en la participación de los partidos políticos, por tal razón nosotros vemos con buenos ojos la creación de nuevos partidos políticos en el país. No deberían satanizar una avanzada de la izquierda frente al movimiento capitalista mundial”, dijo.

Mirabal, indicó que la creación de las Farc en Venezuela había que verla en dos dimensiones: “Luego de que el Consejo Nacional Electoral eliminara más del 40% de los organizaciones políticas en el país, la creación de las Farc debería sentar jurisprudencia para la creación de nuevas agrupaciones regionales y municipales. Por otro lado dejo en evidencia que no puede haber un partido único chavista”.

La abstención: error centralista por Trino Márquez – La Patilla – 1 de Noviembre 2017

ThumbnailTrinoMarquezMe cuento entre quienes respetan y admiran el trabajo de muchos dirigentes que integran la Mesa de la Unidad Democrática. Mi opinión la he sostenido a través de distintos medios. Entre sus logros destaco el haber proyectado en el plano internacional la incansable lucha de los demócratas venezolanos por impedir que en Venezuela se consolide el proyecto hegemónico totalitario puesto en marcha en 1999, cuando Hugo Chávez llega a Miraflores. Luego de numerosos tumbos y errores de la dirigencia, la MUD recobra el camino electoral y le da sentido y coherencia al enfrentamiento contra la poderosa e inescrupulosa casta adueñada del poder. Me siento, por lo tanto, con autoridad para señalar errores y exigir cambios. Me anima el propósito de promover rectificaciones que nos permitan superar el enorme abismo en que la oposición cayó luego de las elecciones del 15 de octubre.

Es necesario que retorne la sindéresis y se restablezca la sensatez y la coherencia. No es cierto que la ruta electoral haya quedado cancelada después de la consulta de octubre. Lo que tiene que quedar proscrita es la ingenuidad y la improvisación de nuestros conductores. Debe asumirse que el régimen aprendió las lecciones derivadas de la derrota comicial de 2015. Maduro lo dijo con la claridad y desmaño que lo caracterizan: no volveremos a acudir a elecciones que vayamos a perder. El cuadro internacional y la Constitución lo obligan a convocar, cada cierto tiempo, votaciones para que el pueblo les dé legitimidad de origen a las autoridades de los poderes públicos. Ahora bien, esas elecciones no ocurrirán en un espacio imparcial y transparente, sino en un ambiente cargado de amenazas y chantajes. El Psuv y el gobierno fueron convertidas en frías máquinas que operan, para el caso de las personas que dependen del gobierno, con el fin de destruir el libre albedrío e imponer el voto compulsivo; y, en el caso de los demás ciudadanos, para disuadirlos o desestimularlos con la finalidad de que no se pronuncien por la opción democrática. Para enfrentar esas dos tenazas hay que prepararse con disciplina espartana. Tenemos que entrenarnos para combatir en lugares hostiles, conocer muy bien los ardides del enemigo. Debemos estar conscientes de que los rojos desprecian la democracia y utilizan el voto con la única intención de darle un cierto maquillaje a la autocracia sovietizante que con tanto tesón han construido durante casi dos décadas.

 

Se puede y se debe luchar por conseguir condiciones más equilibradas, pero lo único que asegura el triunfo es movilizar los sectores democráticos de forma compacta en cada cita comicial y cuidar todos los detalles de la elección, desde garantizar los testigos de mesa y poseer la lista de votantes por centro electoral, hasta contar con testigos en el momento de los escrutinios y la elaboración de las actas. Incluso teniendo un ejército disciplinado de voluntarios resulta difícil obtener la victoria porque el esquema está diseñado para favorecer al oficialismo. Bolívar y Zulia son un ejemplo de lo que digo. El abuso y el atropello son rasgos fundamentales de los regímenes electorales autoritarios, ampliamente estudiados por Andreas Schdler, con los cuales Maduro mantiene estrecha relación. De Rusia, Bielorrusia y Nicaragua recibe asesoría. Cuba lo ayuda en otros planos. En ese no porque durante seis décadas los isleños nunca han sabido lo que es elegir.
En este tipo de modelos dictatoriales no conviene dejar de participar en los procesos electorales que convocan. Hay que disputarles los espacios. La desacertada valoración que hicieron los partidos de la MUD los condujo a cometer el error de llamar a la abstención para los comicios de alcaldes. Tratándose de unas elecciones locales, tenían la posibilidad de que fuesen los organismos municipales –comités de base y asociaciones de vecinos- quienes se pronunciasen acerca de si participar o no. En el país existen 335 alcaldías. Muchos municipios dentro de un mismo estado difieren entre sí, pues poseen condiciones políticas diferentes. Las direcciones nacionales, presionadas por los guerrilleros del teclado, tomaron una decisión que no les correspondía. La descentralización representa una política que debe regir tanto en el ámbito del Gobierno y del Estado, como de los partidos políticos. Eran las direcciones nacionales de las organizaciones partidistas las que tenían que someterse a las decisiones de las bases municipales. No al revés. Los partidos incurrieron en el pecado del centralismo, de allí que estemos viendo ese espectáculo variopinto y lamentable de dirigentes locales que se sienten con el derecho a aspirar a ser alcaldes, desprendidos de las organizaciones en las cuales algunos de ellos han militado durante largo tiempo. Para agravar el cuadro, la respuesta de algunos líderes luce deplorable. “Quedarán autoexcluidos”. “Serán expulsados”, son las voces que se levantan para condenar a quienes, en ejercicio de la democracia y la descentralización, decidieron optar por un cargo de representación popular.
El centralismo y el personalismo causan estragos, cualquiera sea el empaque en el que vengan envueltos. Llamar a la abstención en las municipales y, simultáneamente, proponer elegir al candidato que competirá con Maduro en las elecciones presidenciales de 2018, resulta una incongruencia sorprendente. Piensen solo en este problema: ¿podrá ese eventual candidato realizar actos de campaña en estados y municipios totalmente controlados por autoridades rojas? Además del CNE, el Plan República y 18 gobernadores, ahora la MUD va a entregarles a los rojos 335 alcaldías. Craso error.

¿Por qué volvió a ganar el chavismo? por Manuel Sutherland – Nueva Sociedad – Octubre 2017

Contra todos los pronósticos, el mapa venezolano se pintó otra vez de rojo. ¿Qué pasó el 15 de octubre?

El pasado domingo 15 de octubre fue un día muy especial en Venezuela. Contra casi todos los pronósticos, el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) obtuvo un triunfo holgado en las elecciones para gobernadores y dejó a la oposición contra las cuerdas. En el medio de la crisis económica más fuerte en la historia moderna del país, el gobierno pudo asestar un duro golpe a la moral de la oposición que aseguraba representar al 85% del electorado y obtuvo 18 de las 23 gobernaciones en juego. Completamente atónitos, gobiernos de Estados Unidos, España, Argentina y de otros países hostiles al chavismo, declararon írrita la elección y victimizaron a los vencidos. Cabría preguntarse cómo, por qué y cuándo se gestó una derrota tan inesperada por la «comunidad internacional» antichavista y cuáles son las perspectivas para un futuro inmediato que se torna aciago para quienes enfrentan al gobierno.

La olímpica negación estatal de la peor crisis económica de la historia

Toda oposición en el mundo soñaría competir en unas elecciones contra un gobierno cuyos resultados económicos son tan catastróficos. Desde el gobierno se niega la crisis y se insiste en ver todo lo que ocurre como una serie de conspiraciones para sabotear al gobierno que lucha contra una «guerra económica» mundial. Sus voceros ideológicos dicen (textualmente): «Repetimos: no estamos ante una crisis económica».

Desgraciadamente para quienes vivimos en Venezuela, es menester decir que por cuarto año consecutivo el país presentará la inflación (aún no publicada, pero estimada en cerca de 400% para la mitad del año 2017) más alta del mundo (en 2015 fue oficialmente de 181% y en 2016 se estimó en 274%). El déficit fiscal es de dos dígitos (por sexto año consecutivo), el riesgo país elaborado por JP Morgan es el más alto del globo (3.193 puntos), la cantidad de reservas internacionales es más baja de los últimos 20 años y asistimos a una tremebunda escasez de toda clase de bienes y servicios esenciales (alimentos y medicinas). Los cálculos más moderados afirman que desde 2008 hasta 2016 hay una caída acumulada del PIB del 15,4%. La caída del año 2012 hasta el 2016 es de 20,2 %. Las estimaciones más conservadoras nos llevan a pensar que el PIB Per cápita para 2017 será tan bajo como el de 1961. Los números son tan negativamente abrumadores que el gobierno se ha negado a publicarlos desde el tercer trimestre de 2015. La economía de Venezuela jamás en su historia ha descendido por más de dos años consecutivos; a la fecha, con toda seguridad tendremos 4 años de decrecimiento.

Elecciones sorpresivas en una economía arruinada

Las elecciones realizadas hace pocos días debían realizarse –según la Constitución– en diciembre de 2016. Y su aplazamiento generó fuertes críticas de la oposición. Finalmente, hace unos meses el Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció que las elecciones se realizarían en diciembre de 2017 y que el 30 de julio se celebrarían elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Estas últimas se realizaron contra viento y marea y ante la negativa de la oposición a participar, el gobierno tuvo una plácida victoria en lo que se parecía más a una elección interna del Gran Polo Patriótico (GPP), en el poder, que a una elección general.

La ANC, o como la apodan los chavistas amigos del Western, la peacemaker, vino a derrotar por completo al movimiento insurreccional opositor, que estuvo casi 4 meses en las calles intentando derrocar al presidente Nicolás Maduro con toda clase de estrategias, por momentos similares a las de la Primavera Árabe y a las «revoluciones de colores». Las movilizaciones masivas y pacíficas concluyeron en una suerte de aventura golpista de un sector de la oposición que contó con descarado financiamiento desde EEUU y Colombia, y que acabó en una derrota trascendental que vació las calles de Caracas.

Fue así que con la ANC en las mieles del triunfo, pese a los cuestionamientos a su elección, el gobierno decidió adelantar las elecciones regionales originalmente postergadas en aras de mantener la llama viva del chavismo de base que apoya incondicionalmente a un gobierno que lo considera suyo.

El Consejo Nacional Electoral (CNE), ni corto ni perezoso, procedió al adelantamiento electoral con una celeridad que contrastaba con el tiempo que se tomó para evaluar las firmas entregas por la oposición en 2016. A la carrera, el CNE procedió a organizar las elecciones y aprovechar el momentum político de auge del gobierno. En tales circunstancias, la campaña electoral en sí misma duró alrededor de dos semanas y a la oposición en bloque no le quedó otra que asistir a los comicios y organizar unas apresuradas elecciones primarias para elegir a sus candidatos.

Creyéndose las propagandas que ellos mismos construyen y a los encuestadores que ellos mismos pagan, la Mesa de Unidad Democrática (MUD) pronosticaba obtener el 90% de las gobernaciones, aun cuando denunciaban el ventajismo y el uso obsceno (diríase, pornográfico) de los recursos del Estado por parte del PSUV. Con una soberbia a toda prueba, desdeñaron entonces las herramientas fundamentales del gobierno, una tríada compuesta por:

1. La engrasada maquinaria electoral del PSUV en franco maridaje con la distribución de prebendas clientelares

2. La aceitadísima maquinita de imprimir dinero inorgánico (el aumento en la base monetaria emitida por Banco Central de Venezuela (BCV) para el período 1999- junio de 2017 fue del 331.131,39%, es decir, un aumento de más de 3.311 veces)

3. La postergación del ajuste macroeconómico y el mantenimiento de subsidios del 99,99 % al precio de la gasolina, transporte, agua etc. que hoy son casi gratuitos (un huevo equivale a tres o cuatro tanques de gasolina de un auto particular).

Esa tríada ha sido perfeccionada por el gobierno y ha mutado en una descomunal forma de biocontrol. Esa forma de control del metabolismo social se demuestra particularmente potente en las regiones donde el Estado es la única fuente de empleo e ingresos y hay muy pocas empresas privadas. En circunstancias en las cuales miles de personas sufren de una penosa inanición, las políticas descritas en la triada son especialmente efectivas. Sin necesidad de extorsionar o chantajear a la población más empobrecida, la expansión del gasto público clientelar funge como un igualador social muy eficaz y muestra un camino de ascenso social vertiginoso a quienes tan siquiera administren alguna micro dádiva que el gobierno suelta, a través de las mil y un formas de clientelismo popular que ha diseñado con esmero y detalle.

Poco atenta ante lo evidente, la oposición se sentía excesivamente confiada y se limitó a hacer una propaganda electoral mediocre y aburrida. Los resultados la abofetearon con singular virulencia.

Sorpresas

La noche del día 15 de octubre vino con una sorpresa. El mapa del país se tiñó de rojo, el gobierno ganó 18 de 23 gobernaciones (con 54% del voto nacional y una participación record del 61% del padrón electoral) y la MUD lució acéfala, sin liderazgo y completamente abrumada por una realidad que se niega a reconocer.

Aun cuando la oposición se cansó de denunciar el ventajismo en el uso de recursos del Estado para hacer campaña, se quejó de las inhabilitaciones políticas a varios de sus partidarios, protestó porque el CNE recortó los plazos para hacer sustituciones de candidatos (impidiéndoles borrar a quienes habían perdido las primarias), reclamó por reubicación de centros electorales (715.502 ciudadanos fueron afectados por el proceso de reubicación), tenía la certeza del triunfo, más allá de toda evidencia empírica.

El mismo 15 de octubre la MUD denunció que algunos colectivos chavistas agredieron a votantes con «aspecto de opositores» en zonas de mediano y alto poder adquisitivo y que hubo amedrentamiento en unos centros de votación. Sin embargo, a ningún opositor se le ocurrió que perderían de esa forma. La derrota metió a la oposición en un laberinto y la supuesta desaparición del voto chavista devenía en un espejismo. Además evidenció como falsa la creencia de que la mencionada triada que sostiene al gobierno era inefectiva.

El primer instinto fue cantar «fraude», decir que habían ganado al menos 15 gobernaciones y que el gobierno se las había «robado», a pesar de las 14 auditorías (el venezolano es el sistema electoral más auditado del mundo) en las que ellos participaron activamente; a pesar de que sus testigos de mesa estuvieron en todo el proceso y a pesar de que el proceso es uno de los pocos en donde se abren las cajas de votación al final del día y se hace una auditoría en caliente. En el país no hubo una sola denuncia de disparidad entre el conteo manual y el que ofrecieron la máquinas de voto electrónico (con respaldo en papel). La elección fue acompañada incluso por 1.300 observadores internacionales de diversas tendencias. Ninguno hizo denuncias.

Los resultados fueron generalmente abiertos a favor de los candidatos del chavismo por 6, 10 y hasta 30 puntos de ventaja, y en los sitios en que ganó la oposición la lucha tampoco fue cerrada. La única sombra posterior a la votación fue el retraso en la proclamación del candidato oficialista en el estado Bolívar, donde se encuentra el arco minero. Allí, el candidato MUD dijo que le hicieron fraude y que la totalización no coincidía con las actas que él tiene. Esa sola gobernación va a ser sometida a un escrutinio más profundo.

La tríada oficialista

Como lo hemos afirmado, la oposición parece haber actuado de espaldas a la situación concreta del país. Obviando el enorme poder político que puede desplegar la tríada oficialista, pensó en derrotar fácilmente al gobierno y se ha estrellado con un muro. De manera dramática, ha recogido los frutos de las desastrosas aventuras golpistas llamadas: «guarimbas+trancazos», suerte de cortes de ruta que incluyeron armas, linchamientos y agresiones de todo tipo a personas que son (o parecen fenotípicamente) chavistas. Esa oleada destructiva que secuestró por meses a miles de personas en urbanizaciones tapiadas con escombros y basura fue un factor importante en la disminución del voto opositor. Los saqueos y el vandalismo fueron vistos con horror incluso por opositores que los sufrieron. Los ataques a individuos y a la pequeña propiedad privada perpetrados incluso por personeros del hampa común pagados para sembrar el terror en las calles, se revirtieron como políticas nefastas a los dos principales partidos que las protagonizaron: Voluntad Popular y Primero Justicia. Estos hechos, junto con la dura represión estatal, causaron 140 muertes y centenares de heridos.

El partido que representa a la socialdemocracia y que tomó una actitud generalmente distante ante la anarquía virulenta de las «guarimbas»: Acción Democrática (AD), fue el gran ganador dentro de la debacle al ganar 4 de las cinco gobernaciones que cayeron en manos de la oposición en una elección en la que la abstención de parte de la oposición mejoró las posibilidades de los candidatos del PSUV.

Aprovechando este tren electoral de triunfos, el chavismo evalúa ahora adelantar la elección para alcaldías para diciembre de este año. También comenzó a barajar el plan de adelantar las elecciones presidenciales, que debían realizarse a fines de 2018, para el mes de marzo. De insistir en los errores del pasado, la soberbia y el irrespeto a las bases chavistas, y de continuar subestimando en la práctica el populismo clientelar en la base más empobrecida, la oposición puede perder nuevamente las elecciones y sus posibilidades de sacar del poder al chavismo serán aún menores.

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