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Despotismo y default en Venezuela – The Economist/La Patilla – 1 de Diciembre 2017

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En julio pasado, el gran problema de Nicolás Maduro fue una rebelión respaldada por la oposición contra su plan de reemplazar el parlamento electo de Venezuela por una asamblea constituyente elegida a dedo. Más de 120 personas murieron en protestas masivas y las fuerzas armadas parecieron dudar brevemente en su apoyo al gobierno. Ahora el dictador presidente de Venezuela tiene su nueva asamblea en su lugar y a la oposición donde la quiere, dividida y debilitada. Pero él tiene ahora otro problema: se está quedando sin dinero en efectivo.

Después de años de mala gestión, la industria petrolera más importante de Venezuela figura como un buque petrolero naufragado. Según los datos proporcionados por el gobierno a la OPEP, la producción de petróleo en octubre promedió 1.96 millones de barriles por día, un descenso de 130.000 barriles diarios frente a septiembre (y 361.000 barriles diarios desde octubre de 2016). Restan el petróleo suministrado por casi nada a los venezolanos y a Cuba, y los envíos para reembolsar préstamos de China y Rusia, y solo alrededor de 750,000 barriles diarios se venden en efectivo, según Francisco Monaldi, economista venezolano de la Universidad de Rice en Texas. Y aunque el precio del petróleo está por encima de su mínimo de 2015, todavía es un poco más de la mitad de su nivel de 2012.

Debido a que las políticas del régimen han acabado con muchas empresas, el petróleo ahora representa el 96% de las exportaciones. A pesar de una brutal reducción de las importaciones, el gobierno está luchando para pagar las deudas acumuladas por Hugo Chávez, el último predecesor y mentor de Maduro. En octubre, Standard & Poor’s, una agencia de calificación, declaró a Venezuela en “default selectivo”. Para el 27 de octubre, el país estaba atrasado en pagos por un total de $ 1,5 mil millones de dólares, de los cuales más de la mitad no se pagaron dentro del período de gracia de 30 días.

América Latina ha visto muchos incumplimientos de deuda, pero este es diferente. “Decreto una refinanciación y una reestructuración de todos … los pagos en Venezuela”, dijo Maduro. Le gusta emitir decretos; pero podría sorprenderse al saber que los acreedores no pueden ser simplemente mandados. Confió las negociaciones a su vicepresidente, Tareck El Aissami, con quien un banquero de Nueva York no puede hacer tratos porque Estados Unidos dice que es traficante de drogas (lo que él niega). Las recientes sanciones de los Estados Unidos también significan que los estadounidenses no pueden aceptar nuevos bonos de Venezuela, como lo requeriría una reestructuración de la deuda.

Algunos tenedores de bonos ahora están consultando a sus abogados, según Francisco Rodríguez de Torino Capital. Una de sus opciones contractuales es “acelerar” el incumplimiento de los bonos, exigiendo su reembolso completo inmediato, y luego solicitar una orden judicial para confiscar los cargamentos de petróleo y otros activos. Podrían dudar en creer que el gobierno intentará seguir pagando; algunas de las demoras se deben a que los banqueros ahora están sometiendo los pagos venezolanos a un escrutinio minucioso. Pero “la pelota está en el campo de los tenedores”, dijo el Sr. Rodríguez.

Todo esto en un momento que Maduro eligió para despedir a su ministro de Petróleo y al jefe de la compañía petrolera estatal, PDVSA. El nuevo jefe de PDVSA, Manuel Quevedo, es un general de la guardia nacional, la policía militar que reprimió las protestas. Su designación se produce después del arresto, presuntamente por corrupción, de más de 50 gerentes de la industria petrolera cercanos a Rafael Ramírez, el jefe petrolero de Chávez, quien fue presuntamente despedido como embajador de Venezuela en la ONU el 29 de noviembre. El señor Quevedo no sabe nada del petróleo, pero está cerca de Diosdado Cabello, un ex oficial del ejército que es el principal rival de Maduro en el régimen. Los analistas dicen que el señor Cabello siempre ha querido controlar la industria petrolera, la principal fuente de dinero en Venezuela, ya que el dinero es poder.

Una perspectiva brilla en esta oscuridad. Maduro se mantiene alentado por el éxito del gobierno en las elecciones estatales de octubre. Los votantes desmoralizados de la oposición se mantuvieron alejados, y el régimen logró persuadir a muchos venezolanos pobres de que si no votaban por el gobierno no recibirían raciones de alimentos subsidiados. El fraude también pudo haber ayudado. Al encarcelar a oponentes intransigentes, Maduro ha domesticado a otros. Aunque parte de la oposición mantiene conversaciones con el gobierno en la República Dominicana el 1 de diciembre, no hay señales de que Maduro permita que las elecciones presidenciales previstas para diciembre de 2018 sean libres o justas.

Por el contrario, las especulaciones en Caracas señalan que adelantará las elecciones, tal vez hasta marzo. Habiendo cuadrado al Sr. Cabello, el Sr. Maduro volvería a postularse. Y gastaría unos miles de millones que podrían haberse destinado a los pagos de la deuda para impulsar las importaciones temporalmente. Esperanzar a los tenedores de bonos mientras pretenden incumplir pudiera ser una estrategia política ganadora a corto plazo. ¿Y entonces? “Claramente esperan que el precio del petróleo los salve”, dice Monaldi. “Pero puede ser demasiado tarde.”

 

Escupir para arriba por María José Ferreiro – Blog Polis – 18 de Noviembre 2017

Muchos que me leen me conocen personalmente, saben que divido mi tiempo entre Bogotá y Caracas por motivos de trabajo. Para el 2018, tendré que añadir un nuevo país: Perú. Me gusta viajar, pero sufro de aerofobia. Créanme que no es fácil dominar una fobia. Leo a mucha gente en Twitter, no hago lo mismo en Facebook o Instagram, ya que considero el mundo de las redes sociales como una burbuja adictiva, donde uno entra y sale por distintos motivos.

Viví en primera persona gran parte de las protestas de este año, vi lo que sucedió en las calles, y vi lo que sucedió frente a mi casa cuando la GNB nos dispensó una “cordial” visita: ese día puse a prueba mi extenso repertorio de maldiciones y groserias. También vi a los guarimberos saboteando marchas, vi a la resistencia, la de verdad, enfrentando a la GNB, tragué una que otra dosis de “gas del bueno”, saqué fotos, hice denuncias, conversé con gente, me senté con chavistas para saber que pensaban. He escrito varias veces en mi cuenta de twitter que tengo amigos chavistas, y eso me ha ganado muchos insultos. De estos amigos cuento con una mano, y me sobran dedos los que aún apoyan a este régimen. En cada uno de esos días de protestas, había una pregunta que me repetía mentalmente: ¿cuanto más se podrá aguantar? No era sólo el cansancio, la parálisis de tantas actividades, lo más grave eran los asesinatos por los esbirros, los miles de heridos (algunos sin recuperarse todavía) los miles de detenidos juzgados sin justicia, el llanto, el dolor y desesperación de las familias, los asaltos a domicilios de madrugada, y una vez más: “haz esta cola, llegó el arroz, no hay pan.”

Día, tras día, sin descanso. Jamás, nunca, se estuvo en la calle por o para la MUD, y aquí hago énfasis en el uso de las preposiciones, que algunos en su ligera e ignorante lectura pasan por alto: POR, PARA. Convocar, no es un para o por. De hecho, también leía a quienes le exigían a la MUD mayor conducción en las protestas. Hubo un momento en que ya ni los puntos de concentración se cumplían. Y llegó un momento en que la GNB ya no permitía concentrarse en ningún punto, la represión no lo permitía. Esos fueron los peores días. También vi con el desgaste de la gente y la horrible represión, como pequeños grupos vandálicos iban tomando protagonismo: llegaban, rompían todo, amenazaban a la gente, asaltaban vehículos, merodeaban, y ninguno terminaba detenido. Grupos que aún hoy en día aparecen y desaparecen, sin que se sepa de donde vienen, si responden a algún interés, o como es que operan. No, estos grupos no son la resistencia que yo vi y reconozco.

Es increible como desde Miami, España, Argentina, México y otros países, dicen que la calle se desmanteló ¿La calle es un casa de lego que se desmantela?. Que la callé se enfrió. Claro que se enfrió, la sangre enfría, el cansancio enfría, el dolor enfría, el miedo enfría, sobre todo cuando después de 4 meses quieres ver algo más que un batallón de la GNB pateándote, disparándote, y arrastrándote a una celda. La más absurda de todas las quejas, favorita de los off shores: la MUD enfrió la calle. Esto es un insulto para miles de personas que protestaron en todo el país, que tragaron gas, que vieron sus hogares asaltados de madrugada por los esbirros de la GNB. ¿Creen realmente que la MUD giró una orden y listo, obedecimos como borreguitos escuchando a su comandante? Hay que tener mucha soberbia y poca capacidad de discernimiento para pensar semejante desfachatez.

Cuando se convocaron a elecciones regionales, elecciones que el régimen suspendió ilegalmente en el 2016, y no quería realizar, ya la calle estaba sóla por razones lógicas que algunos no quieren ver. Estos mismos levantan su queja desde el teclado porque no se siguió adelante “epa, sal a la calle, tienes que hacer esto…que estás esperando, es que no tienen bolas, así no se va a salir de la tiranía”. Para mandar a hacer, el ser humano es muy diligente. Les pregunto a estas personas ¿no sería más noble, valiente y solidario de su parte, ayudar con medicamentos a los cientos de heridos por la represión y que todavía no se recuperan? ¿Aportar con comida a los cientos de detenidos en las cárceles?

Y es aquí donde insisto en un factor común: la mayoría de quienes escriben los reclamos de calle, ya no viven en Venezuela, no todos, obviamente, pero sí una gran parte que se expresa en las redes sociales. A estos tengo algo que decirles con respeto, y honestidad. Sepan, que nadie, sino ustedes mismos, son los responsables de esa frustración que rumian porque se fueron. Sepan, que el dolor que sienten por haberse tenido que ir de su país, para tener una vida mejor, a la cual tienen derecho, no los hace especiales, únicos, o los reyes del lugar que hay que consolar porque les duele mucho. Sepan, que su “dictadura no sale con votos” es una cachetada a millones de personas que no se van a ir de Venezuela, que no tienen a donde ir, o no tienen como irse. Sepan, que su derecho a opinar no está por encima del derecho a responderles. Sepan, que esto es demasiado doloroso para que ustedes, yo, o el otro pisoteen las heridas. Sepan, que la MUD no es perfecta, que es un manojo de errores, pero que a nivel político es lo mejor que hay. Sepan, que tienen razones comprensibles para sentirse como se sienten, pero también deben aprender a valorar a quienes están en otra posición, sintiéndose, quizás, igual a ustedes, o hasta peor porque no saben si van a tener que comer en la noche o tienen a un ser querido injustamente detenido.

No, la MUD no enfrió la calle, ¿cómo podría hacerlo? Si usted es el que dice que con las elecciones regionales se enfríó la calle, entonces está diciendo que la gente que estaba en la calle solo quería elecciones regionales y por eso se retiró. Piense, no duele, es un ejercicio muy útil. Por nada en el mundo me pondría en el lugar de cualquier dirigente político, porque su responsabilidad es muy, muy difícil de calzar. Y me refiero a la dirigencia que asume responsabilidades, no la de adorno o consignas que se dedica a reaccionar contra lo que otros hacen. La calle se enfrió porque somos humanos y la calle duele, sangra, se muere en ella, y si terminas en una cárcel, es mejor que te encomiendes a todos los santos, porque ya no serás dueño de tu vida, los militares lo serán. Ellos decidirán si vives o mueres, ellos decidirán hasta tus horas para ir al baño, si es que hay un baño. Ellos decidirán si te rapan el pelo, si agonizas por unos días, o si te dejan un rato más en una celda inmunda antes de que vuelvas a ver la luz del sol. ¿Quién está dispuesto a eso? Decirle a la gente que haga lo que no se está dispuesto a hacer, es una bajeza.

El régimen por supuesto que no saldrá sólo por el voto, tiene que haber una conjugación de muchos factores, y poner todos a funcionar con efectividad, sin que uno excluya al otro, es una tarea titánica. Esto no va a cambiar hasta que se alcance el punto máximo de oscuridad, y ahí estamos entrando con el fraude del domingo 15 de Octubre: así que, abróchense los cinturones. Si usted es el que se levanta y pone una foto de una marcha de hace 8 o 6 años diciendo que perdió el tiempo porque Chávez no se fue: usted no conoce a su país, ni lo que ha pasado en el. Sufrir consecuencias, no significa necesariamente conocimiento. Jamás entenderé como repitiendo con tono fuerte que el régimen es una narco dictadura, puede al mismo tiempo quejarse de que fue a una marcha y el régimen no cambió, o fue a 100 marchas, y el gobierno no cayó. ¿No le parece que hay contradicción en eso? Piense, es muy útil. Al final, su frustración, no es una competencia con la mia. Su vivencia, no está por encima de la de otro, y lo que usted dice: “se sabía”, aún quien actúa distinto a usted, también lo sabe.

La vida es difícil, la vida duele, la vida no es rosa, la vida puede ser muy gris, y a pesar de eso, hay que levantarse todos los días y salir adelante. La vida no responde a lo que queremos, sino a lo que construimos en consecuencia de las decisiones que tomamos. Unas veces nos equivocamos, y toca volver a empezar, otras veces nos va bien, otras no tanto: pero seguimos, seguimos hasta que dejamos este mundo, es sólo en ese momento en que se terminan todas las opciones.

El chavismo aprueba una ley que criminaliza las protestas y la disidencia por Alfredo Meza – El País – 9 de Noviembre 2017

La llamada ley contra el Odio, que establece penas de hasta 20 años, amenaza a los partidos políticos opositores, a los medios de comunicación y regula la opinión en las redes sociales

El régimen de Nicolás Maduro endurece la represión de cualquier opinión o gesto que los contraríe. La Ley contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, aprobada el miércoles por la Asamblea Nacional Constituyente, la cámara chavista que usurpa las funciones del Parlamento dominado por la oposición, criminaliza a la disidencia porque establece penas severas, de entre 10 y 20 años de prisión, contra todo lo que consideren como una incitación al odio. Un concepto bastante amplio y ambiguo que puede incluir el corte de vías de comunicación, conocidas en Venezuela como guarimbas, los escraches, las manifestaciones políticas, una fotografía impactante en la tapa de un diario e incluso los trinos de los influencers y medios digitales que se viralicen en las redes sociales.

Después de superar entre abril y agosto cuatro meses de protestas, que dejaron más de 120 muertos y centenares de heridos, el régimen dice estar embarcado en la promoción de la paz y la estabilidad de Venezuela con la Constituyente como buque insignia. La declaración no encubre el afán de darle el golpe mortal a sus adversarios, que atraviesan una de sus peores crisis en muchos años. Con la inesperada derrota electoral de los candidatos de la plataforma opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) las elecciones regionales, el régimen parece estar consciente de que puede liquidarlos sin que opongan resistencia y se ha lanzado directo a la yugular.

En esa batida de la llamada “Ley del Odio” también podrían caer los partidos políticos, porque la norma promete proscribirlos si “promueven el fascismo” y no adecúen sus estatutos al texto legal, los medios de comunicación que transmitan “propaganda y mensajes que constituyan incitación a la discriminación, la intolerancia o la violencia”, y los usuarios de las redes sociales. El régimen ha sido particularmente explícito con las cuentas de los medios digitales y ha advertido que los portales serán bloqueados si no se ajustan a las nuevas disposiciones.

El origen de esta disposición, que espera ser “una referencia en el mundo”, como declaró, luego de la aprobación, la presidenta de la Constituyente, Delcy Rodríguez, está en los escraches sufridos por los funcionarios del régimen durante las manifestaciones de hace seis meses. Entre abril y agosto se viralizaron escenas que mostraban los airados reclamos de furibundos opositores contra ellos y sus familiares en todo el mundo. Les decían asesinos y los responsabilizaban de la crónica falta de alimentos y medicinas que acogota al país desde 2014. Ocurrió en Caracas con la rectora del Consejo Nacional Electoral, Socorro Hernández; en un avión que aterrizaba en el aeropuerto internacional de Maiquetía con Alfredo Serrano Mancilla, el principal asesor económico de Maduro, a bordo; pero también en Ciudad de México con Jorge Rodríguez, alcalde del centro oeste de Caracas, y su familia; en Madrid con el embajador de Venezuela en España, Mario Isea; y en Nueva York con el canciller Jorge Arreaza y el embajador Rafael Ramírez. Apenas el texto se publique en Gaceta Oficial los vergonzosos episodios vividos por la jerarquía chavista serán solo el mal recuerdo de una época en la que se sentían confinados.

La ley es una sugerencia hecha por Maduro cuando compareció ante la cámara chavista, a diez días de su polémica elección en unos comicios denunciados como fraudulentos por la MUD y el proveedor del Consejo Nacional Electoral encargado de contar los votos. La ley establece las bases para liquidar la protesta ciudadana e inaugura una etapa incierta y oscura para la oposición política, la prensa independiente y las organizaciones no gubernamentales.

El texto califica a los escraches -llamados “manifestaciones de odio” en la jerigonza oficial- como “violaciones graves a los derechos humanos que no prescriben” y también alcanza a policías y militares que no impidan el repudio y no detengan a los responsables, y a los médicos que se nieguen a atender a una persona “por razones de odio, discriminación, desprecio o intolerancia”.

Con el cese de las protestas el régimen ha intentado presentar a la oposición como una banda de forajidos y de traidores a la patria. En ese marco la ley es vendida por sus promotores como el antídoto que impedirá la violencia política. Su aprobación llega después de que la Constituyente, que se ha convertido en el sumo sacerdote de la vida venezolana, allanara la inmunidad parlamentaria del primer vicepresidente del Parlamento, Freddy Guevara, quien se refugió en la embajada de Chile en Caracas. La decisión ha sido aplaudida por el hombre fuerte del chavismo, el diputado Diosdado Cabello.

Convertida en un consejo de soviets, la Constituyente no ha avanzado en la redacción de una nueva Constitución. Hasta ahora se ha colocado esa hoja de parra para presentarse como una democracia. La cámara chavista no es reconocida por el continente. Su elección provocó las sanciones financieras de Washington y de la Unión Europea, cuyo alcance aún es desconocido. Pero Maduro sigue adelante sin importarle las consecuencias. El martes jugó fútbol con Diego Armando Maradona, quien lo instó a no rendirse. La declaración fue convertida en un clip que destaca entre la copiosa propaganda de la televisora oficial. Al finalizar el exfutbolista argentino miró al cielo y gritó: “Viva Maduro”.

 

Wuilly, el violinista de las protestas de Venezuela, huyó de su país por Juan David López Morales – El Tiempo – 19 de Septiembre 2017

Este símbolo de las manifestaciones contra Maduro pasó por Colombia y habló de sus últimas semanas.

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Violín en mano, Wuilly Arteaga salió de Venezuela. Dejó atrás las amenazas, a su novia y a su familia. Él, símbolo de las protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro y víctima de la represión de las fuerzas estatales, pasó por Colombia y llegó a Estados Unidos. No sabe cuándo volverá a su país.

El jueves 14 de septiembre, desde un rincón de la acera que bordea la playa de Riohacha, el sonido de su violín ganaba espacio entre el bullicio nocturno del comercio, de los turistas y de los vendedores de artesanías. Vestía bermudas azul claro, medias blancas casi hasta las rodillas, tenis de una talla más grande que sus pies, una camiseta blanca con estampados y, en la cabeza y hacia atrás, la gorra que lo identifica como venezolano.
Ni siquiera su familia sabía en ese momento que estaba huyendo. Fue invitado a participar en el Oslo Freedom Forum, en Nueva York, organizado por Human Rights Foundation. Esa participación le sirvió de impulso para tomar la decisión de irse. Las amenazas, que se intensificaron en las últimas semanas, ya tocaron a sus personas cercanas.

─¿Hay alguna canción que le recuerde el país que está dejando?

─’Venezuela’, en Re mayor. ¿Tú te la sabes? ─le preguntó a José Luis Avendaño, un venezolano que apenas conoció pero que lo acompañó toda la noche con su guitarra.

─La canción es ‘Venezuela’. Ahora es una de mis favoritas porque fue de las que más toqué en las marchas. Me recuerda todo lo que es mi país, las cosas bonitas que tiene y las cosas que queremos recuperar ─explicó.

Se trata de un vals que fue popularizado por Luis Silva: “Con tus paisajes y sueños me iré por esos mundos de Dios y tus recuerdos al atardecer me harán más corto el camino”, reza la letra. Wuilly dice que esa canción le da fortaleza.

Mientras Wuilly hablaba, otra mujer, también venezolana, prendía un cigarrillo. Hacía parte de un grupo de cuatro que salieron de su país en bicicleta y quieren recorrer Suramérica, el mismo en el que estaba José Luis.

“Con una yesquera, así me quemaron el cabello”, dijo él, señalando el encendedor que ella acababa de usar. Eso sucedió recién lo detuvieron. Durante los 21 días que estuvo preso bajo cargos de instigación pública y posesión de sustancia incendiaria, lo trasladaron cuatro veces y, antes de llegar a la última cárcel, lo golpearon con un tubo de metal detrás de la cabeza. Esto le causó una hemorragia en el oído interno que lo dejó sordo dos semanas.

No deja nunca su violín. Dice que es lo que lo identifica, no el instrumento en sí, sino la música. Es casi una extremidad más. Pero mientras estuvo detenido no tenía con qué tocar. Decidió cantar. “Ajá, ¿y ahora qué vas a tocar?”, le decían los guardias. Optó por responderles de forma graciosa: “No tengo el violín, pero a mí me gusta cantar. Pero yo canto en la regadera y se me va el agua. Pero como aquí no tengo ducha y aquí me baño con potecitos, entonces voy a cantar porque el agua no se me va a ir”, les respondió.

“¡Cállate, cállate!”, le gritaban los primeros días. Su intención no era retar a los guardias, sino empatizar con ellos. “Ah, pero el violinista también canta”, decían en los días siguientes. Después logró acercarse más a quienes lo tenían preso. “¡Pero el violinista canta bonito, vale!” Así, llegó al punto en que le pedían canciones, sobre todo vallenatos, un ritmo que es popular en Venezuela.
Nuestra libertad nos han robado, mas sabemos que no en vano, pues la lucha seguirá
Al lugar donde más tiempo pasó, y que a la postre fue donde terminó la reclusión, lo llama el bohío. Es una celda octogonal que queda en la Comandancia General de la Guardia Nacional Bolivariana, en un sector llamado El Paraíso. En el bohío de El Paraíso eran alrededor de 14 las personas presas, contando que unas entraban y otras salían.

Mientras estuvo preso, no tenía dónde escribir. “Estaba prohibido recibir o enviar cartas, no había visitas. Estábamos aislados y sin ventilación”, contó. Aun así, compuso una canción junto a Aaron, su mejor amigo, también preso. Se llama ‘Cárcel de libertad’ y es la que le recuerda la detención.

Comenzó a cantar. Se detuvo para explicar que no solamente le recuerda cuando estuvo preso, sino también las marchas. “Nuestra libertad nos han robado, mas sabemos que no en vano, pues la lucha seguirá”, canta. Remata con una de las consignas más utilizadas durante las marchas que se apagaron: “¿Quiénes somos? Venezuela. ¿Qué pedimos? Libertad”.

Wuilly quedó libre el 16 de agosto. Aunque se atribuye su liberación a la gestión del Foro Penal Venezolano que consiguió medidas cautelares y a la presión mediática y de las calles, él no descarta que haya sido crucial el afamado músico venezolano Gustavo Dudamel.

Dice que el director de la Filarmónica de los Ángeles habló con el fiscal Tarek William Saab e intercedió por él. Ambos, Wuilly y Dudamel, se conocen personalmente desde los tiempos en que el más joven hacía parte del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, el mismo del que lo echaron –y se retiró– durante las protestas.
Soplaba la brisa en Riohacha. Pasaban las 9 de la noche cuando Wuilly contó que, después de salir de la cárcel, siguió tocando en una que otra manifestación. Iba a los hospitales donde estaban los heridos de las protestas. También volvió a El Paraíso a visitar a los amigos que habían quedado presos y a los guardias y militares: “La idea era esa, llevar la música también a ellos para que se dieran cuenta de que lo único que nosotros queríamos era tranquilidad”.

Aaron, su amigo, quedó libre el lunes de la semana pasada. Después de eso, Wuilly tomó una decisión que ya le había rondado la cabeza por semanas: irse. “Yo no quería salir. A mí me están amenazando hace dos meses, pero las persecuciones y amenazas se incrementaron. Me han perseguido mucho, no podía salir a la calle solo, se metían en mi casa…”. Ver que la seguridad de su familia podía estar en riesgo lo llenó de determinación.

Las amenazas arreciaron después de que, al quedar libre, Wuilly, decepcionado, calificara de “falsos” a los líderes políticos. En esa declaración cayó también la oposición que, para él y los venezolanos que lo acompañaban esa noche en la capital de La Guajira, les dieron la espalda a los ciudadanos que se manifestaron al decidir participar en las elecciones regionales en Venezuela. Cuenta que, además de la persecución del Gobierno, se ganó enemigos en la oposición.

En la madrugada del 13 de septiembre, Wuilly la pasó en una terminal de transportes de Caracas, esperando un bus que lo llevara hasta Barquisimeto. No podía viajar en avión, para evitar que le retuvieran el pasaporte. Desde Barquisimeto tomó un “carrito” hasta Maracaibo. La Policía lo reconocía y lo detenía, pero logró llegar hasta esa ciudad, donde pasó la noche. En la madrugada tomó otro taxi que lo dejó en Maicao, La Guajira, y de ahí viajó hasta Riohacha.

─¿Hay alguna canción que le represente el viaje que está haciendo?
─Sí, la tengo en la cabeza desde que salí y no he dejado de escucharla. Creo que ya la conocen.

Empezó a tocar ‘Gloria al bravo pueblo’, el himno de Venezuela. Aunque era solamente la música de violín, reflejaba en su cara la letra: “Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó, la Ley respetando, la virtud y honor. ¡Abajo, cadenas! Gritaba el señor, y el pobre en su choza libertad pidió”.

─¿Por qué el himno de Venezuela?
─Porque como escribí yo en una canción, me voy, pero ella no se va de mi corazón.
─¿Venezuela o su novia?
─Las dos. Mi novia es como Venezuela: nunca podemos estar separados.

Ella, Hazel Pinto Reyes, también es música. Tocaba con él en las protestas. Son pareja hace cinco años. “Prácticamente he salido sin saber a dónde voy, no sé cómo pueden manejarse los días con el idioma y con la cultura, entonces quisiera tener una estabilidad antes de llevármela, aunque quisiera más bien que ella me regresara a mí”, dijo, y se rio.

En ese momento, su única certeza era que al día siguiente tenía un vuelo al mediodía hacia Bogotá, donde la figuración de los últimos meses le permitió viajar después a Nueva York.
A Wuilly le gustaba mirar a la gente al rostro, pero las amenazas en su contra lo obligaron a dejar de hacerlo. Por lo menos en Caracas. Aunque muchas veces la gente se quedaba mirándolo por admiración, siempre temía que alguna de esas personas pudiera hacerle daño. Llegó a Bogotá el pasado viernes, 15 de septiembre. Tampoco pasó desapercibido. En el aeropuerto, en el TransMilenio, se encontró ‘paisanos’ que lo saludaron y le dieron aliento.

La carrera 7.ª, escenario habitual de músicos callejeros, es ahora el lugar donde decenas de venezolanos se ganan la vida. Algunos, también haciendo música. Lo reconocían, lo saludaban y le pedían que se tomara fotos con ellos.

A dos cuadras de la plaza de Bolívar, una mujer joven se quedó mirándolo. Llevaba una chaqueta tricolor venezolana. “Cónchale, pero si yo a este chamo le cuidé el culo un montón de veces en las marchas”, dijo, casi al grito. Se acercó a saludarlo. Ella hizo parte de ‘la resistencia’, como llaman a los jóvenes que iban al frente, con máscaras de gas, en las protestas. Le contó que lleva un mes en Colombia y que ocho de “los chicos” están viviendo juntos en una habitación. Salieron decepcionados de la oposición. Se despidieron, no sin antes desearse buena suerte.

Wuilly llegó a la plaza de Bolívar, donde cinco venezolanos lo saludaron. Dos mujeres del grupo le dijeron que no estaban seguras de que era él, pues dos días antes lo vieron en El Paraíso, comprando comida en una panadería. Ellas estaban en Colombia visitando a los familiares que se vinieron hace algunos meses. Le pidieron que tocara una canción antes de irse.

En el centro de la plaza principal de Colombia, enmarcado por la Catedral Primada y el palacio de Justicia, y pese al frío de la noche bogotana que entumece las articulaciones, Wuilly tocó ‘Alma Llanera’, un joropo tan tradicional en los Llanos colombianos como en los venezolanos, considerado el himno no oficial del país vecino. Se despidió y se quedó en silencio, conmovido. “Todos estos músicos –los de la 7.ª– deberían estar tocando en su país”, es lo único que alcanzó a decir.
El violinista venezolano recorrió el centro de Bogotá, antes de partir hacia Estados Unidos.
El violinista venezolano recorrió el centro de Bogotá, antes de partir hacia Estados Unidos.
─¿Alguna canción le representa a Colombia? ─esta pregunta la responde todavía en Riohacha. Recuerda su niñez en Valencia y los vallenatos que sonaban una y otra vez.

─El que más repetían era este ─dice, refiriéndose a ‘Los caminos de la vida’, de Omar Geles.

Y fueron los caminos de la vida los que permitieron que ese viernes, en Bogotá, mientras caminaba por la plazoleta de la Universidad del Rosario, un investigador de Human Rights Watch lo reconociera. Gracias a ese contacto, la ONG pudo acompañarlo durante el resto de su estadía en Colombia, que duró hasta el pasado sábado, y Wuilly pudo comunicarse con Human Rights Foundation, la organización que lo invitó a Estados Unidos y que pagó su tiquete desde Colombia.

“Nos partió el alma encontrarlo, de casualidad, en las calles de Bogotá, abandonado a su propia suerte. Nos alegra mucho que haya podido huir de Venezuela y llegar a los Estados Unidos. Lo vamos a apoyar en todo lo que sea posible para que pueda rehacer su vida”, dijo a EL TIEMPO José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch. Para él, Wuilly “es un símbolo, tanto de la protesta pacífica contra el régimen de Maduro como de los brutales abusos de las fuerzas de seguridad contra los manifestantes”.

A Wuilly todavía le duelen la ceja izquierda y el labio, donde fue herido con perdigones en una manifestación el pasado 22 de julio. El dolor se hace más intenso en las noches, sea en el calor de Riohacha o en el frío de Bogotá. Sin embargo, no deja de repetir que no son esas heridas lo que más le duele. Quiere ver a Hazel y quiere que las condiciones en su país cambien para volver.

Este martes, por lo pronto, participa en el Lincoln Center de Nueva York en la conferencia sobre derechos humanos conocida como Oslo Freedom Forum. Lo que sigue de aquí en adelante no es más que música por escribir.

Mi generación – Yo Venezolano – 19 de Septiembre 2017

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Soy de la generación de la capucha, el guante y la máscara, esa que decidió dejarse la vida en el asfalto por la causa de todo un país. Jóvenes que crecimos en la coyuntura política, económica y social de una Venezuela que se cae a pedazos. Somos herederos de algo que ya no queremos, hijos de un pasado que nos ha criado diferente, dueños de un futuro que hemos decidido cambiar. Somos la garza mora que combate el rio, la que nunca renunciará a sus ideales, la que se dejará la piel por una Venezuela libre.

De los que se van, de los que se quedan, los que salieron a las calles o los que ayudaron desde casa. Somos el chamo que vive en la calle porque no tiene donde dormir; el que busca qué comer en la basura; el que cayó en el pavimento entregando la vida por una causa. Pero también somos el estudiante de medicina que ayudó en los primeros auxilios; el emprendedor que sigue invirtiendo en una Venezuela en crisis. Somos la ilusión, el trabajo y la lucha.

La situación nos hizo madurar apresuradamente, llegando a ser una de las juventudes con mayor criterio político del mundo. Empujados a una realidad que nos golpea día a día, donde ser joven se ha convertido en un riesgo y pensar diferente al régimen es un acto criminal. Buscamos una luz que nos sirva de guía, una ilusión que algunos pesimistas llaman imposible. Nosotros nos aferramos a ella, nos negamos a perder la esperanza.

Entregamos en las calles lo que pudimos, nos enfrentamos a nuestros captores, dijimos “ya basta”. Fuimos los escuderos, los paramédicos, los de la retaguardia… Fuimos y seguiremos siendo aquellos que tatuamos la rebeldía en nuestros corazones. Por eso admiro a esta generación, porque no es capaz de darse por vencida, porque sabe que su futuro se le va en ello. Orgulloso de haber luchado codo a codo con esta “Generación 2017”. Pues no importa que tan revuelto esté el rio nosotros seguiremos dando combate.

 

Es inevitable, las protestas volverán por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 11 de Septiembre 2017

images-2Protestar es un designio de la condición humana. Quien lo piense con detenimiento y haga un repaso de su vida de todos los días, lo constatará: no hay un día en que no experimentemos alguna forma de discrepancia con el estado de cosas a nuestro alrededor. Vivimos en continuo sentimiento de malestar. En todas partes las personas vigilan a sus gobernantes. Algunos países tienen una fortuna que no siempre se aprecia en su enorme valor: que sus gobiernos aciertan o se equivocan. Toman medidas benéficas o medidas absurdas, pero dentro de una lógica que tiene como objetivo lograr el mayor apoyo posible entre los electores. El poder, cada vez que tiene oportunidad procura satisfacer a los ciudadanos. Cuando el malestar es mayor a las ventajas percibidas, los gobernantes pierden las elecciones y se inaugura un tiempo de nuevas expectativas.

Esta lógica, que tiene un carácter casi universal, ha sido borrada en la realidad de Venezuela. El régimen, cuya naturaleza consiste en el odio a la vida, no quiere persuadir, ni seducir, ni convencer. El tiempo en el que simulaba aspirar a los aplausos ha quedado atrás. Una vez que le resulta imposible mantenerse en el poder por vía electoral, ha sacado a la superficie, en las narices de cada venezolano y del planeta entero, su específica naturaleza: la de imponerse a los electores haciendo uso de la fuerza en un diverso catálogo de modalidades: a través del Consejo Nacional Electoral, para despojarnos del derecho al voto; a través del Tribunal Supremo de Justicia y el entramado de los tribunales, para perseguir y encarcelar a quienes disientan; a través de su siniestro sistema policial y carcelario, especializado en torturar a los detenidos, y torturar a sus familiares, trasladándolos y ocultando la información sobre el lugar y el estado en que se encuentran; a través del control del Alto Mando Militar, que se ufana de su complicidad con el narcorrégimen.

El que el ciclo de protestas que se prolongó por varios meses haya culminado tras el llamado de la Mesa de Unidad Democrática a participar en las elecciones regionales, y que ello haya derivado en un debate entre los demócratas sobre cuáles deben ser las vías privilegiadas para enfrentar al régimen, no cambia ni el carácter de las protestas ni tampoco la necesidad de protestar, a pesar de los esfuerzos del poder por impedir que los ciudadanos ejerzan su derecho de expresar públicamente su disensión.

Las protestas volverán: esto es inevitable. De hecho, no han cesado del todo. En distintas partes del país, personas y comunidades han continuado exigiendo que el gobierno les devuelva sus derechos o cumpla con sus deberes. El deterioro de las condiciones de vida, cada vez más pronunciado, no ofrece alternativas: o se protesta o se protesta. Todos los indicadores anuncian que la inflación continuará, que la escasez se extenderá, que la delincuencia aumentará las zonas del territorio nacional bajo su control, que los incompetentes no aprenderán nada de los costosos errores que han cometido y continuarán arruinando el país en todos sus extremos.

Estas realidades son, por sí mismas, generadoras de disconformidad y, por tanto, de protestas. La protesta es, ahora mismo, inherente a la vida pública venezolana. De algún modo, equivale a vivir. Es una necesidad asociada a la existencia: protestar es una legítima forma de ratificar que la aspiración no ha cambiado: el venezolano es un pueblo que escogió vivir en libertad. Contra todo aquello que se propone limitar ese derecho, se produce y se producirá una reacción.

Durante los meses que el país estuvo bajo el signo de las protestas, muchas cosas quedaron expuestas de forma irremediable. Fue evidente, dentro y fuera de nuestro país, que la voluntad política en contra del régimen es real y estructural. No se trata de un episodio que, más adelante, podría ser olvidado o dejado atrás. Al contrario: durante esos días se produjo el rompimiento definitivo entre la inmensa mayoría de la sociedad venezolana, y la oligárquica y corrupta cúpula que ocupa el poder. Ese rompimiento es irreversible. Por ello, hoy o mañana, las protestas continuarán hasta el final del régimen. No tengo duda de ello: volverán.

 

Situación en Venezuela será tema principal en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU – La Patilla – 10 de Septiembre 2017

un-logo-light-blue.jpgLa situación en Venezuela centrará el inicio de la próxima sesión del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que comienza este lunes con una intensa agenda protagonizada por el canciller del país, Jorge Arreaza, reseña EFE.

El primero que hará alusión a los presuntos abusos cometidos en el país andino será el alto comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, en su presentación general sobre violaciones de las libertades fundamentales en distintas partes del mundo.

Se espera que haga referencia al informe que su oficina presentó en agosto y en el que denuncia torturas y malos tratos perpetrados por las fuerzas del orden venezolanas durante las protestas antigubernamentales.

Zeid pedirá al Consejo medidas para evitar un mayor deterioro de los derechos humanos en ese país, mediante un mecanismo de supervisión, informes regulares o una comisión de investigación.

Tras la intervención del alto comisionado, Arreaza tomará la palabra para exponer durante diez minutos la versión del Gobierno de Nicolás Maduro sobre lo que ocurrió de abril a julio en Venezuela, donde más de 130 personas murieron durante las protestas y miles fueron detenidas, muchas de ellos, según la ONU, arbitrariamente.

Arreaza mantendrá después encuentros bilaterales y una reunión con el Grupo de Países No Alineados, y al mismo tiempo, organizaciones defensoras de los derechos humanos como Human Rights Watch expondrán su versión de los hechos en actos paralelos.

Al día siguiente los países miembros del Consejo y el resto de naciones de la ONU podrán responder al ministro venezolano.

Fuentes próximas al Consejo indicaron que muchos países ya han señalado que así lo harán, dado su interés en que las palabras de Arreaza queden “equilibradas” por su propia evaluación de la situación.

Por ahora no se espera la presentación de una resolución de condena a Venezuela, ni que se pida la suspensión de ese país como miembro del Consejo, aunque los países tienen hasta el 21 de septiembre para hacerlo si así lo desean.

Este extremo sí que podría suceder en el caso de Burundi -también miembro del Consejo- dado que su Gobierno ha sido acusado por una comisión de investigación de la ONU de haber cometido actos que, de probarse, podrían constituir crímenes contra la humanidad.

La suspensión debe ser decidida por la Asamblea General, pero el Consejo podría solicitarla argumentando que un gobierno que comete crímenes de lesa humanidad contra su propio pueblo no puede ser garante de las leyes fundamentales.

En el caso de Yemen, otro de los temas candentes de esta sesión, se espera que esta vez los Estados miembros acepten la sugerencia de Zeid de constituir una comisión de investigación internacional, dado que la última vez se consensuó confiar en una pesquisa nacional, cuyos resultados no fueron nada satisfactorios.

La acuciante situación en Birmania (Myanmar) y la llegada de casi 300.000 rohinyás a Bangladesh huyendo de la represión del Ejército birmano se tratará también con la presentación de un primer informe de la nueva comisión de investigación de la ONU.

Finalmente, y como hace siete años, Siria será uno de los asuntos clave del Consejo. La comisión de investigación presentará su informe en presencia de Carla del Ponte, que recientemente renunció a su cargo como miembro de este ente “frustrada” por la falta de resultados concretos.

Se espera que la discriminación racial en EEUU y la situación en la República Democrática del Congo (RDC), Filipinas y Egipto sean también tratados durante esta sesión.

 

La solución para Venezuela está encaminada por Jurate Rosales – El Nuevo País – 4 de septiembre 2017

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Tres constataciones relativas a lo obtenido en los cuatro meses de luctuosas manifestaciones, permiten vaticinar lo que viene ahora para Venezuela, su gobierno y todos los venezolanos.

Primera constatación: terminó el heroico período de cuatro meses en que la gente marchó día tras días a sabiendas que corre peligro de vida y en lo que 124 personas, en su mayoría jóvenes, perdieron la vida. ¿Qué se ganó y qué se perdió en ese particularmente luctuoso período?
Lo irreparable son las vidas de gente joven, valiente, decidida a luchar por una Venezuela libre y próspera. La progresión calculada de esos asesinatos aparece claramente en el informe de la ONU del 31 de agosto 2017: “El análisis del ACNUDH, basado en los tipos de lesiones sufridas por los manifestantes, revela cómo el uso de la fuerza aumentó progresivamente en paralelo con la aplicación del Plan Zamora. La información aportada por el personal médico muestra que en la primera mitad de abril la mayoría de manifestantes lesionados fueron tratados por intoxicación causada por gases lacrimógenos. En la segunda quincena de abril, muchas de las lesiones resultaron del impacto de los cartuchos de las bombas lacrimógenas en las piernas, en el pecho, o en la cabeza de las personas. En mayo, las heridas fueron causadas principalmente por el impacto de perdigones y de objetos convertidos en proyectiles, como metras y tuercas. En junio, el personal médico registró una combinación de heridas causadas por cartuchos de bombas lacrimógenas, perdigones y otras municiones. En julio, comenzaron a tratar heridas de bala.”

El informe de la ONU, es una tajante acusación que traerá consecuencias personales: “El 18 de abril de 2017, el Presidente Maduro anunció públicamente la puesta en práctica del Plan Zamora”. Se agrega un gráfico de la cadena de mando, encabezada por el presidente de la república.

El sacrificio fue de promisorias vidas jóvenes: “La mayoría de víctimas eran hombres jóvenes, de 27 años en promedio; también murieron 15 niños y 7 mujeres. En general, las víctimas eran estudiantes o personas que acababan de terminar sus estudios”.
Los heridos son otro renglón espeluznante: “Según cálculos de los médicos, entre 10.000 y 12.000 personas podrían haber sido lesionadas en el país en los primeros 100 días de manifestaciones.”

A lo cual hay que agregar los detenidos y torturados, tema que conforma otra lista de delitos de los cuerpos de represión. Otro capítulo más, es titulado: “Allanamientos ilegales y violentos y destrucción de propiedad privada”.

Segunda constatación. Contrariamente a lo que una desanimada opinión pública cree, la limitación en el tiempo de las manifestaciones fue acertada. Terminaron cuando ya estaba claro que el pueblo venezolano obtuvo con los terribles sacrificios de ese vital – y decisivo período -, una respuesta mundial y su acción de calle no debía prolongarse más. El movimiento empezaba a ser contaminado por intrusos aparecidos en busca de “chambas” al disfrazarse de combatientes cuando en realidad eran delincuentes. Noto que no los hubo en el interior de la república, donde en las ciudades los manifestantes se conocen y son del mismo vecindario. La contaminación se asomó en Caracas, cuando los vecinos de Altamira, El Rosal o Los Ruices empezaron a notar rostros nunca antes vistos que pedían dinero o comida, terminando con el robo del teléfono celular. Era el momento preciso para poner punto final a las manifestaciones, antes de que se conviertan en desorden.
Esto no impide que en el futuro no vuelvan a ser necesarias las manifestaciones de calle, pero serán con marchas en apoyo a exigencias nacionales, muy precisas en su formulación. La situación económica/social las hará cada vez más numerosas, por más que los “colectivos” chavistas de cada barrio, intenten sofocarlas.

Tercera constatación. Gracias a los cuatro meses del histórico sacrificio hecho por un amplio segmento de la nación en todo el país, la opinión pública mundial finalmente se percató del problema y los dirigentes de países democráticos se dieron cuenta que también ellos poseen el germen en sus predios de lo que ocurre en Venezuela. Allí cada uno tiene sus razones para darse por enterado, pero todos coinciden en que es necesario cortar en Venezuela el mal que podría ser contagioso.

Por primera vez en Francia y España, con las siembras, regadas y abonadas desde Venezuela, de los “Insumisos” y de Podemos, los respectivos gobiernos de Macron y Rajoy se percataron de que existe para ellos el peligro de una destrucción total del país, similar a la venezolana. Además, como para aclarar en qué radica el peligro, Mélenchon de los Insumisos e Iglesias de Podemos, declararon por turnos que el ejemplo a seguir es la constituyente de Maduro, no importa – al igual que en Venezuela – que no tenga la mayoría electoral, porque les basta con que tenga “pueblo”.

En Holanda, Bélgica y Alemania, se dan cuenta que la alianza forjada por Chávez y Maduro con el radicalismo islámico tampoco debe ser tomada como un chiste. Cada nuevo atentado terrorista en Europa, salpica a todos quienes albergan células islámicas, si bien no son del ISIS.
En América toda, los gobiernos se preocupan por los flujos de refugiados que les llegan de la patria de Bolívar – con lo cual están obligados a recibirlos. Colombia es la primera en declarar que algo se debe hacer.

Pero es Estados Unidos el que posee el más apremiante interés económico, con la necesidad que tiene la Exxon Mobil, alma mater del canciller norteamericano Rex Tillerson, de explotar pacíficamente el petróleo del Esequibo. En eso han puesto a trabajar hasta la mismísima ONU – a ver como soluciona ese reclamo venezolano sobre el territorio donde yace el tesoro. Una condición previa es tener en Venezuela a un gobierno democrático y dicen ellos “reliable” – fiable, responsable. Lo cual sólo es posible con un gobierno en Caracas legalmente electo, unitario y democrático.

Que si los cuatro meses de rebeldía han sido la campana de alarma para el mundo entero – hay que decir: SÍ, lo son. Ahora viene lo demás, que tampoco será fácil, pero la solución ya está encaminada.

¡Matarile! por Charito Rojas – Notitarde – 31 de Agosto 2017

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“¿Y qué nombre le pondremos?, matarile rile ron. Le pondremos dictadura, matarile rile ron”. Canción infantil, adaptada a tiempos modernos.

A la misma velocidad que avanza el descontento, las sanciones y el rechazo internacional, el régimen copa todos los espacios de libertad, de disenso, para ahogar los gritos de S.O.S de los venezolanos. Ya lo definió el presidente de Francia, Emmanuel Macron: “Una dictadura que intenta sobrevivir al precio de un costo humano sin precedentes”.

Las sanciones vía orden ejecutiva del presidente norteamericano Donald Trump, cortan el flujo de divisas fáciles para el gobierno venezolano. No podrá emitir deuda (bonos) estatales ni de PDVSA negociables en la bolsa de EEUU, no podrá obtener préstamos de bancos ni comprar nada a compañías norteamericanas. Y devolviéndole al presidente Maduro la misma medida que él aplica en Venezuela desde 2013 para no honrar el cambio a dólares de las ganancias de transnacionales y compañías aéreas, no podrá sacar de Estados Unidos los dividendos de Citgo, la caja de los dólares del gobierno venezolano. La orden ejecutiva no afecta negociaciones entre particulares, ni comercio de alimentos y medicinas. Está destinada a “negar a la dictadura de Maduro una fuente crítica de financiación para mantener su gobierno ilegítimo y proteger al gobierno de Estados Unidos de complicidad en la corrupción de Venezuela y en el empobrecimiento del pueblo venezolano”. ¡Matarile rile ron!

Lo cierto es que por más que el gobierno diga “no me dolió”, todavía se está sobando el bolsillo e inventando que va a cambiar el negocio hacia China y Rusia. Pero sucede que el gobierno revolucionario se ha endeudado hasta los tuétanos con préstamos chinos y compra de chatarra bélica rusa, el negocio petrolero con ellos es difícil, entre otras cosas, porque quieren cobrar la deuda con activos de la nación. Y éstos, ahorcados, son capaces de vender hasta el Panteón Nacional.

Por donde se mire, la situación financiera es comprometida, no sólo para el gobierno sino para los venezolanos, que van a sentir-aún más- el impacto de las medidas sobre un gobierno que no tiene npi de cómo arreglar el berenjenal económico y siempre va en dirección contraria a la prosperidad y el desarrollo. Por un lado es muy bueno que el gobierno no tenga divisas para comprar el apoyo de los más necesitados. Pero esos necesitados van a terminar de colapsar. Será duro para quienes llevan años pasando hambre, muriendo de mengua, aguantando humillaciones y colas para conseguir pañales, pensiones o la medicina que salvará al niño enfermo. Mientras más pobres, más dependientes de las dádivas del gobierno, que los extorsiona por hambre y necesidad para que apoyen irrestrictamente el “proceso” a perpetuidad. ¿Y qué nombre le pondremos a este hambreador, matarile rile ron?

Quienes alcen la voz, se rebelen, cambien de acera, se arrepientan, protesten o ventilen públicamente la verdad de lo que está sucediendo en un país que era democrático, son perseguidos, apaleados, encarcelados, condenados, cuando no logran fugarse, exiliarse, huir como parias. Es terrible oír las historias de los 32 magistrados legítimos nombrados con todas las de ley por la Asamblea Nacional, juristas de brillante trayectoria, ex jueces, profesores titulares de universidades, SEÑORES, en fin, todo lo que no son los togados exprés que se han obrado en el estado de derecho. Esos SEÑORES han tenido que asilarse en embajadas, disfrazarse, esconderse, salir en peñeros por altamar, solo con su ropa encima, para escapar de las garras de la venganza de quien tiene el poder pero nunca la razón. Lo que logró el régimen es regalar testigos de excepción al Tribunal de La Haya. ¿Y qué nombre le pondremos a esta persecución, matarile rile ron?

El pueblo salió a las calles a protestar, a enfrentarse con unos gorilas que asesinaron a 136 personas, la mayoría de ellos muchachitos, todos desarmados, hirieron a más de 2.000, detuvieron a más de 3.000. La represión incluye incursiones con tanques derribando cercas, tumbando puertas, rompiendo cámaras de circuito cerrado para que no los identifiquen, violando hogares y personas, robando equipos electrónicos, dinero, celulares. La tortura, el maltrato físico y verbal, la amenaza cruel, fue el común denominador de la represión que durante 4 meses asoló al país y acorraló al gobierno, que para sacar las patas del barrial en que estaba metido inventó dos elecciones: una asamblea constituyente que no podía ser sino fraudulenta sin el apoyo popular y unas elecciones de gobernadores que sabe que va a perder corrido y para la cual los malvados ya deben estar inventando otra trampa para torearlas. ¿Y qué nombre le pondremos al criminal, matarile rile, ron?

Destituyeron inconstitucionalmente a la Fiscal, que ahora está cantando mejor que Pavarotti y con pruebas en la mano, la obertura Odebrecht, el aria Narcotráfico y el solo Corrupción. Ahora es “traidora, corrupta, inmoral”, solo porque abandonó la banda. Y así mismo tratan de asesinar moralmente a todos los líderes que asoman la cabeza en la oposición, en los gremios, en la sociedad civil. Casi 600 presos políticos pregonan la muerte de la democracia en Venezuela. ¿Y qué nombre le pondremos a esta mafia, matarile rile ron?

La “omertá”, código de silencio de la “familia”, la aplican las dictaduras para que no se cuele la verdad, para que no se conozcan sus oscuros secretos. Por eso el finado cerró a RCTV y a 32 emisoras, por eso el régimen madurista ha cerrado 10 emisoras con la excusa de que no tienen la concesión renovada, situación en la que está el 80% de las radios y todas las televisoras comerciales. La intencionada omisión de Conatel de no tramitar renovaciones, solo tiene como fin mantener esa espada de Damocles sobre los medios audiovisuales para utilizarla como lo hizo esta semana con la 92.9 , la FM de Radio Caracas y con Mágica 99.9, emisoras donde estaban los humoristas del Monstruo de la Mañana, Marianella Salazar, Mingo Blanco, ninguno grato al gobierno. Y como la Ley Resorte no aplica para la prensa escrita, monopolizaron el papel periódico para extinguir a diarios como El Carabobeño, que esta semana cumple 84 años y sigue publicando en la web, al igual que los más de 40 periódicos que han cerrado en esta nefasta revolución. Los periodistas no pueden nombrar “dictadura”, “saqueo”, “narcosobrinos”, “cartel de los soles”, no pueden entrevistar a exiliados, perseguidos, juzgados o a ciertos opositores que le dan lechina al gobierno. Nunca antes ejercer el periodismo había sido tan peligroso, tan limitado. ¿Y qué nombre le pondremos al censor, matarile rile ron?

La ANC va a producir una ley contra el odio. No nos reímos, aunque nos provoque, porque el régimen es experto en gallos tapados como éste o como los ridículos ejercicios militares del fin de semana donde expusieron al escarnio público a ancianos y famélicos. Ojalá esa ley sirva para juzgar y castigar a quienes han sembrado el más profundo rencor, resentimiento, maldad y odio, a quienes matan de hambre y enfermedades a los venezolanos, a quienes asesinaron la democracia. Y a quienes quieren callarnos, matarile rile ron!

 

“Voy a seguir luchando en la calle, con mi violín” por Jesús Ruiz Mantilla – El País – 24 de Agosto 2017

El músico símbolo ya de la oposición al chavismo denuncias y torturas durante su encarcelamiento
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Mira que se lo han dejado claro al salir de la cárcel. Mira que le han apaleado, le han destrozado varios instrumentos incluso a golpes, lo han torturado y metido preso… Y aun así, nada de nada. A Wuilly Arteaga, quizás hoy el violinista más famoso en Venezuela, no se lo quitan de la cabeza: “Voy a seguir luchando en la calle, con mi violín”, asegura a EL PAÍS. Se ha recuperado estos días de las palizas y el maltrato sufrido durante internamiento en el destacamento 433 de la Guardia Nacional: un lugar curiosamente llamado El paraíso. Fue detenido y golpeado el 27 de julio y acusado de poseer armas, incitar al desorden y organizarse para delinquir.

Pero en cuanto se ha sentido con fuerzas se ha presentado en calles y plazas de Caracas, así como en los domicilios de compañeros aún presos, para dar ánimo a sus familias y cumplir la promesa que les hizo en las celdas. A sus 23 años se muestra tan cabezota como comprometido con la lucha por devolver a Venezuela la democracia que le va arrebatando a jirones Nicolás Maduro.

Para empezar, Arteaga quiere puntualizar y desmentir una manipulación pública que lanzó el régimen, dejándolo como arrepentido de sus actos. “Se ha distribuido un vídeo que pone en mi boca cosas que yo no he dicho. En el programa de Diosdado Cabello -número dos en el poder-, Con el mazo dando, colocan en mi voz, frase sobre frase que estoy arrepentido por lo que hice y que reconozco la autoridad de Maduro. Yo le digo a todos los venezolanos que más valen los hechos que las palabras que puedan salir de un vídeo manipulado por el primer enemigo del país, que es Diosdado Cabello”.

Arteaga aterrizó en Caracas desde su barrio, Ciudad Tablita, en Valencia, hace tiempo. Allí aprendió a tocar el violín sólo, en un hogar del que cuidaba su madre haciendo arreglos de costura. “Miraba vídeos de Hilary Hahn y luego entré con suerte en un núcleo del Sistema de Orquestas”, comenta. Lo metieron a los pocos días en una orquesta infantil y a los meses era uno de los principales violines de la mejor orquesta del barrio. “Pero me salí, porque no me mostraba de acuerdo en muchas cosas, como que tuviéramos que tocar para el Gobierno”, asegura.

“Creo que el mundo sabe que Venezuela ya no es una democracia. Empezaron a arrebatárnosla hace 18 años, cuando Chávez llegó al poder”
Así que se trasladó a la capital con su violín a tocar en la calle y en el metro. Poco a poco se fue sumando a las protestas. Con música. “Al principio pensé que incomodaría a los muchachos, pero fui comprobando que les hacía bien con mi violín”, asegura. Lo extraño fue, que también parecía calmar los ánimos de las fuerzas encargadas de reprimir las revueltas. “Me ponía a tocar cerca suyo y notaba sus miradas y a veces les veía compungidos, con lágrimas. A los guardias también les gustaba y me animaban a hacerlo”, relata.

Hasta que un día, unos policías motorizados intentaron arrancarle el violín de las manos: “Me aferré a él y me arrastraron. No lo quería soltar”. Fue el primer aviso. El instrumento quedó destrozado pero llegaron otros. Entre ellos, uno que le regalaron en una visita a Washington, ya como figura reconocida de la resistencia. Este era especial. Llevaba el nombre de otro músico caído, meses antes: Armando Cañizales, violinista de 17 años, asesinado de un tiro en la cabeza.

Para Arteaga es una joya que se ha empeñado en recuperar. “Voy a exigir que me lo devuelvan. Lleva su nombre grabado en él”, asegura. La última noticia que tiene del instrumento fueron los golpes que se llevó en la cabeza. “Fue antes de que también me dieran con sus escudos y sus cascos”. Y que lo metieran en un camión donde encima suyo, cuerpo sobre cuerpo, violaron a una muchacha. “Me duele recordarlo, pero fue así. Lo hicieron hasta que se presentó un coronel y al grito de: ¡Dejen ya a esa perra!, les obligó a parar”.

Al principio, los guardias me decían que me callara, luego les gustó y me animaban a cantar
El ambiente ya dentro del destacamento fue a mejor. “Aunque al llegar me dejaron sobre un chorro de agua contaminada, me trataron después con respeto”. A falta de violín, Wuilly les cantaba. “A los presos y a los guardias. Canciones que nos tocan: Alma llanera, Venezuela, el himno de nuestro país, siempre para aunar, no para dividir. Al principio, los guardias me decían que me callara, luego les gustó y me animaban a cantar”, confiesa.

Compareció ante el tribunal. Le acusaron de cargos absurdos: tenencia de armas, incitación al desorden y agavillamiento. “Esto último no sé ni siquiera que es”, afirma el músico. Pero en el Código Penal venezolano, concretamente en su artículo 286, consta como el hecho de que dos o más personas se unan para delinquir.

El pasado 16 de agosto fue liberado con una advertencia: que no saliera a la calle con su violín. No hace caso. Esta semana, regresó a tocar donde la gente pudiera escucharle. Arteaga cree que es la única manera posible de derrocar al régimen: “Creo que el mundo sabe que Venezuela ya no es una democracia. Empezaron a arrebatárnosla hace 18 años, cuando Chávez llegó al poder. Salir de aquí por otras vías que no sea la presión de la calle no es posible. Es la única manera que tenemos para demostrarle al mundo que no reconocemos al Gobierno ni al sistema actual. Qué va a pasar, no lo sé. Pero tengo claro que la lucha continuará”.

 

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