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La calle está fría por Trino Márquez – El Republicano Liberal – 29 de Noviembre 2019

El llamado de Juan Guaidó a mantenerse a partir del 16 de noviembre en la calle sin retorno, no tuvo éxito. La petición partió de una visión demasiado voluntarista. La premisa fue más o menos la siguiente: Si hubiese un líder que convocase, los venezolanos seguirían el ejemplo de los ecuatorianos, chilenos, bolivianos y colombianos, pueblos que se han alzado con fuerza y furia por distintas razones contra sus respectivos gobiernos.

La ‘primavera suramericana’ podría extenderse a Venezuela, pues si en algún país existen razones para indignarse y protestar, ese es el nuestro.
La hipótesis resultó falsa. Los venezolanos, en efecto, tienen muchas razones para movilizarse. El problema es que también poseen otro tanto  para no hacerlo. Estas han predominado. En el origen de la desmovilización -o el reflujo, como se diría en el lenguaje más tradicional-, se encuentran el éxodo de millones de venezolanos jóvenes, que podrían participar en las convocatorias de masas, la rutinización de las marchas, y el fracaso de las movilizaciones masivas y revueltas de 2014 y 2017, que dejaron un trágico saldo de estudiantes acribillados, y dirigentes políticos detenidos o exiliados.
El resultado concreto de esas grandes manifestaciones fue magro. El régimen logró pulverizar el referendo revocatorio que acabaría con el mandato de Nicolás Maduro. No se firmó en Santo Domingo un acuerdo que permitiera resolver la crisis. Las direcciones de los partidos políticos más importantes fueron desbaratadas. El régimen impuso la Constituyente y, luego, las elecciones presidenciales de mayo de 2018, cuando Maduro fue reelecto. Las movilizaciones en masa entre 2014 y 2018 no produjeron victorias, sino que propiciaron respuestas por parte del gobierno que descalabraron a los opositores.
2019 despuntó con un esperanzador renacimiento del movimiento ciudadano. Juan Guaidó logró reanimar a una oposición frustrada, desesperanzada y resignada a calarse los siguientes seis años de Maduro. El Presidente de la Asamblea Nacional se conectó con el malestar de millones de venezolanos maltratados por el régimen. Propuso la  famosa tríada, millones de veces repetida: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Por unos meses pareció que esta vez las metas sí se alcanzarían y que una nueva etapa se abriría para la nación. Finalizando el año, los objetivos no se han alcanzado y el gobierno se ve tan robusto como siempre, a pesar de su impopularidad, de las calamidades que ha desatado y del aislamiento internacional.  Por supuesto, que la frustración ha resurgido. La sensación de fracaso vuelve a apoderarse de la gente. Este sentimiento conduce a la parálisis.
A estos factores hay que agregar la política deliberada diseñada y ejecutada por el gobierno, dirigida a desmovilizar a los ciudadanos y aterrorizarlos. El instrumento fundamental de extorsión son las cajas Clap, para muchos habitantes de los sectores más pobres, el único medio del cual disponen para proveerse de ciertos alimentos y bienes, por precarios que estos sean.  Más de 80% de los pobladores de los barrios reciben, aunque de manera irregular, esas cajas. El temor a dejar de recibirlas constituye un poderoso factor de inhibición. El gobierno amenaza con los Clap.
El otro componente de la tenaza es el Carnet de la Patria, vehículo para obtener las pequeñas prebendas, limosnas, concedidas por Maduro. Retirarle, anularle o no concederle el carnet a una persona, significa excluirlo de los Clap y del sistema de reparto clientelar  de dinero a través de la banca oficial,  diseñado por el régimen. La nación se encuentra en manos de unos señores que manejan el presupuesto público para comprar lealtades y, cuando esto resulta insuficiente, para intimidar a los ciudadanos.
La combinación entre el fracaso, la decepción, la manipulación y el chantaje, han creado esta realidad paradójica: el país se encuentra arruinado, la población empobrecida,  los motivos para manifestar abundan, pero la gente no acude a las jornadas convocadas por la oposición. Las miles de protestas que ocurren en todo el territorio nacional por la escasez de agua, luz, etc., se dan en  una escala tan reducida, que no afectan en nada la estabilidad del régimen.
La dirigencia opositora no logra anular la acción del gobierno, ni puede conectarse con el malestar de la ciudadanía y avivarlo. Ahora, toca recomponer el liderazgo, dividido por numerosos conflictos internos, diseñar una nueva estrategia que redefina los objetivos trazados al inicio de 2019, promover metas alcanzables que no conduzcan al escepticismo.
Anda en curso la designación de un nuevo CNE. Pronto hay que definir la participación en las parlamentarias. Ambos son temas de enorme importancia. Esperemos que se recupere la sensatez y se eviten espectáculos tan deplorables como el que ha girado en torno a Humberto Calderón Berti.
Volver a movilizar los ciudadanos representa un reto colosal. Los venezolanos no se han rendido. Las protestas cotidianas lo demuestran. El desafío reside en cómo canalizarlas hacia el cambio del régimen. Las próximas elecciones parlamentarías serán una excelente ocasión para reacoplarse con la gente.

La mano chavista en la crisis iberoamericana – Editorial ABC – 27 de Noviembre 2019

Desde sus orígenes, el chavismo bolivariano tenía ambiciones de expandir su propagación ideológica a todo el continente y a España

La sucesión de movimientos de protesta en distintos países iberoamericanos no son el síntoma de una «primavera» continental. Es fácil deducir que detrás de estas turbulencias hay una voluntad concreta y determinada a dañar gobiernos donde la situación no es la más desesperada para gran parte de la población. No hay levantamientos acosando a los gobiernos de Venezuela, donde la crisis ha arrastrado a millones de personas al exilio huyendo de la miseria; ni en Cuba, una economía colapsada desde hace seis décadas; ni, por supuesto, en Nicaragua, donde la perversa pareja presidencial asesina y persigue a cualquier asomo de oposición. Como por ensalmo, las protestas han estallados en países perfectamente democráticos como Chile o Colombia, que gozaban de cierta ventaja en el desarrollo económico.

Tampoco es casualidad que, como ha denunciado ABC, se hayan detectado diferentes reuniones en Caracas de representantes de grupos subversivos de esos y otros países donde se están produciendo movimentos violentos de protesta. En realidad, desde sus primeros orígenes, el chavismo bolivariano tenía ambiciones de expandir su propagación ideológica a todo el continente y a España. Dado que ya no es posible por la vía electoral -hasta en Bolivia su acólito Evo Morales no puede ganar ni con trampas-, la táctica ha evolucionado hasta llegar al fomento de la insurrección destructiva, aprovechando el eco de las redes sociales y la intoxicación informativa. El chavismo carga ya con una pesada responsabilidad por haber llevado a la ruina más absoluta a Venezuela, a ello debe sumarse esta actividad conspirativa que está causando daños graves a otros países.

 

Protesta Mundial por la Libertad y Democracia en Venezuela – Un Mundo Sin Mordaza – Noviembre 2019

Protestas buenas, protestas malas por Trino Márquez – Blog Polis – 22 de Noviembre 2019

El régimen de Nicolás Maduro celebra las protestas violentas en Chile y Bolivia. En el país del Cono Sur, los vándalos de la ultraizquierda y el anarquismo han destruido decenas de estaciones del Metro, utilizado fundamentalmente por los sectores populares y las clases medias. Han incendiado supermercados, clínicas, farmacias y hasta iglesias católicas.  Todo ha ocurrido en nombre de la lucha contra el ‘modelo neoliberal’, que según esa estereotipada versión, ha plagado de desequilibrios e injusticias a la sociedad chilena, a pesar de que durante los treinta de años que van desde la salida de Augusto Pinochet de La Moneda, hasta el presente, los socialistas han gobernado directamente, o a través de la Concertación, durante buena parte de ese período.

En Bolivia, los partidarios de Evo Morales, entre ellos los cocaleros, trancan carreteras, impiden que haya libre circulación de vehículos de carga que transportan alimentos y gasolina. La nación del altiplano confronta el serio problema del desabastecimiento, y la inflación que esta conlleva. Los protestantes exigen la renuncia de la presidente Jaenine Áñez y la restitución de Morales en el poder. Esto ocurre luego de que se comprobó de forma inapelable que el expresidente cometió un fraude escandaloso y, no contento con el delito, quebró la línea de sucesión prevista ante a la falta absoluta provocada por su renuncia, al exigirles a su Vicepresidente, al Presidente y Vice Presidente del Senado, y al Presidente de la Cámara de Diputados, que dimitieran para generar un vacío de poder y, en consecuencia, una crisis institucional que sumergiera a Bolivia en el caos. La ruptura de esa línea fue lo que condujo a que Áñez, segunda vicepresidente del Senado, asumiera la presidencia interina. Para completar el cuadro, el día que le correspondía juramentarse, los parlamentarios del Movimiento al Socialismo, partido de Morales, no concurrieron al Congreso. Luego la acusaron de ‘usurpadora’. Y entonces ¿cómo podía cubrirse la vacante respetando la Constitución, si Morales había ordenado crear un vacío de poder? Su plan apuntaba a desatar la anarquía en Bolivia. En cierta medida lo ha logrado. Actuó a lo Jalisco: si no gano, arrebato. En Bolivia, sus partidarios pretenden restituir en la Presidencia a un gobernante que cometió un delito. Veremos cuán fuertes son las instituciones, especialmente los militares, para impedir que la violación cristalice.

El gobierno venezolano celebra todos los excesos promovidos  por la izquierda afiliada al Foro de Sao Paulo. Defiende los supuestos derechos de las turbas chilenas enceguecidas por el odio, y de los grupos bolivianos que respaldan a un gobernante extraviado, que quiso arrogarse un triunfo electoral que no obtuvo en las urnas electorales, aunque poseía el control del Poder Electoral.

Todos los excesos de la izquierda extremista le parecen excelentes a Maduro. La cosa cambia cuando el protagonista es la oposición venezolana. Frente a la protesta pacífica convocada por Juan Guaidó para el 16 de noviembre, el régimen aplicó varias tácticas dictatoriales. En un país donde ocurren todas las calamidades que se conocen y en el cual abundan las razones para luchar, el gobierno insistió en que el propósito del llamado era desestabilizar la democracia. Infundió temor en los ciudadanos. Militarizó Caracas y algunas ciudades del interior desde el viernes anterior a la marcha. En la capital cerró numerosas estaciones del Metro. Tumbó la señal de internet. Los canales de televisión no pudieron transmitir informaciones relacionadas con la concentración. La condena y el cerco fueron casi totales. Tras el objetivo de minar la jornada del 16-N, encontraron un aliado circunstancial y poderoso: los enemigos internos de Guaidó, quienes se dedicaron con saña a demonizarlo y propiciar el desánimo entre los potenciales asistentes a la jornada de protesta. Entre el terrorismo de Estado y la histeria de los estratos ‘opositores’ (no entiendo por qué se autocalifican de ese modo), se formó una tenaza que afectó la concurrencia a la marcha.

A pesar de los enormes obstáculos que se levantaron frente al 16-N, la jornada fue exitosa. Más, incluso, en el interior del país. En Caracas, no tuvo el impacto, ni logró el volumen de las grandes movilizaciones de comienzos de 2019. Sin embargo, no defraudó. La gente se sacudió la modorra. Sintió que la presencia ciudadana es fundamental para cambiar el panorama. Que la pelea no es palaciega, ni de cúpulas o mesas que se reúnen a resolver los problemas que afectan a toda la nación. El cambio incluye a los ciudadanos. Asistir a las concentraciones pacíficas representa una forma democrática de contribuir con la transformación que se aspira.

Evidenciar esos enemigos que acabo de mencionar, no significa que no exista cierto agotamiento frente a la marchas,  y desencanto ante a las expectativas no satisfechas por Juan Guaidó y el plan trazado al inicio de 2019. En su discurso en el acto, Guaidó asomó una autocrítica. Conviene que la elabore mejor y proponga un plan de reconexión con los millones de venezolanos que quieren permanecer en Venezuela, y están dispuestos a resistir y luchar, no para destruir los activos de la nación o para imponer un caudillo que viola la Constitución, sino para restituir la normalidad democrática, que permite crecer e incluir.

Los estudiantes y el general Padrino López, ganadores de una protesta sin violencia ni represión en Venezuela por Pedro Benítez – ALnavío – 22 de Noviembre 2019

Dos sectores de la sociedad venezolana se cruzaron este jueves. Los estudiantes, el grupo más contestatario y movilizado de cualquier sociedad. Y los militares, los guardianes del orden. Todo estaba preparado para una confrontación que no ocurrió. Los dos ganaron. Los dos se cruzaron mensajes. Pero la tensión que acumula una sociedad llena de descontento sigue allí.
Los estudiantes marcharon hasta la base militar de Fuerte Tiuna / Foto: @Presidencia_VE
Los estudiantes marcharon hasta la base militar de Fuerte Tiuna / Foto: @Presidencia_VE

El 21 de noviembre de cada año los estudiantes venezolanos recuerdan la huelga universitaria que ese día, pero de 1957, desafió la última dictadura de un general presidente en el país. 62 años después el movimiento estudiantil universitario salió a la calle en medio de un contexto en el cual la protesta social, aunque no ha cesado, no tiene las dimensiones de otros momentos.

Sin embargo, los líderes universitarios optaron en esta ocasión por una acción audaz: marchar desde la Ciudad Universitaria hacia Fuerte Tiuna, la base militar más importante de Caracas y sede del Ministerio de la Defensa y de la Academia Militar. Es decir, el símbolo del poder militar en Venezuela. Desde donde manda el general Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa del régimen de Nicolás Maduro.

Aunque no fue una movilización multitudinaria, sí fue significativa porque se realizó simultáneamente en varias ciudades del país. En el caso de Caracas era previsible que la marcha ni siquiera pasara de la puerta de la Universidad Central de Venezuela (UCV) pues seguramente pelotones de la Guardia Nacional (GNB) y de la Policía la estarían esperando. Esto en el mejor de los casos. El régimen de Nicolás Maduro podía también hacer uso de sus grupos de civiles armados (colectivos) para que, como en otras ocasiones, le hicieran el trabajo sucio. Después de todo su objetivo es evitar que Venezuela se contagie con la ola de protestas que sacude al resto de Suramérica.

Las voces más agoreras preveían una jornada de violencia y represión en la que los estudiantes fueran la carne de cañón que alimentara el conflicto político. Y efectivamente las principales vías de Caracas amanecieron con un intimidante despliegue militar.

Pero ocurrieron dos hechos que no estaban previstos. Por un lado, los estudiantes (como han venido haciendo recientemente) evitaron todo acto que pudiera justificar la represión. El otro fue más sorpresivo: se les dejó marchar pacíficamente los casi dos kilómetros que separan la universidad de Fuerte Tiuna, donde a un grupo se le permitió entregar un documento ante una delegación de la Fuerza Armada Nacional (FAN).

No hubo estaciones de metro quemadas, ni locales comerciales saqueados como en Santiago de Chile. No se bloquearon vías públicas, ni ocurrieron incendios. Ni muertos, heridos o detenidos por la represión. Todo culminó en un diálogo entre un dirigente estudiantil y un cadete. Una puesta en escena convenientemente pensada para que este último transmitiera un mensaje obviamente preparado con antelación.

Alguien en el Alto Mando militar prefirió no reprimir. Ni en Caracas, ni en el resto de las ciudades donde los estudiantes se movilizaron. Alguien decidió enviar un mensaje conciliador. Sólo alguien tiene la autoridad para imponer esta estrategia en Venezuela hoy. Ese no es otro que el ministro de la Defensa, general Vladimir Padrino López.

Se puede alegar que en realidad esta fue una táctica inteligente. En el alto gobierno de Nicolás Maduro han seguido lo ocurrido en el resto de la región e intentaron prevenir la conocida escalada de protestas, represión y más protestas.

Después de todo el aparato policial al servicio de Maduro ha afilado sus métodos represivos a un nivel desconocido para la mayoría de los países del hemisferio y ha demostrado su disposición a matar. Ese es su principal disuasivo, tal como lo demostró en los 155 días de protestas de 2017, con un asesinado por día.

Pero hay un sector dentro del régimen para el cual todo tipo de diálogo es señal de debilidad. Para el cual la base del poder chavista viene de la confrontación en todo momento y en todo lugar. La cabeza visible y vocero de esa “política” ha sido siempre Diosdado Cabello.

El 23 de diciembre de 2015, cuando era presidente de la Asamblea Nacional, cerró la última sesión del Parlamento que todavía tenía mayoría chavista, profiriendo una amenaza: “no hay acuerdo posible, la confrontación es inevitable”. Esa era y ha sido su línea desde entonces. Ni pan ni agua a los adversarios. Cada intento de acuerdo entre el régimen chavista y la oposición lo cuestiona y sabotea abiertamente.

Por momentos su posición parece que se va imponiendo. Pero la Venezuela de hoy es un país desgastado emocionalmente que quiere una salida a la devastación. A ese cuadro no escapa la base chavista. Y como suele ocurrir en todos los grupos humanos, divididos siempre entre moderados y radicales, el régimen que encabeza Maduro también tiene un ala moderada que prefiere una negociación a la confrontación.

El líder de este grupo es el general Padrino López. Esto no lo hace ni más ni menos comprometido con el régimen. Sencillamente ha sido su conducta y estilo. Es una de las cosas que le ha permitido mantener unida a la FAN, donde también hay tendencias, disputas y ambiciones, pero como es típico de los militares latinoamericanos, cuentan primero los cañones y siempre prefieren la negociación. Padrino siempre prefiere la negociación antes que la confrontación. Maduro está en manos de él y de los militares. Son los únicos que lo sostienen. Por eso aparenta que negocia.

Sin calle, el chavismo perdió el factor disuasorio de otros tiempos. Su único valedor internacional es Rusia, gran aliado en este momento para evadir las sanciones de Estados Unidos y por aportar su aparato mediático internacional, pero no mucho más; razón por cual Vladímir Putin también es partidario de la negociación.

Ese es el otro respaldo de Padrino López, quien este jueves envió un mensaje a quien quiera escuchar. Impuso (por ahora) su estrategia. Venezuela no amanece con protestas por los cuatro costados. Por ahora. Hoy hay un reflujo, pero el malestar que está allí no se resolverá con bonitas palabras y buenas intenciones, sino con acciones concretas.

Ese cambio que necesitamos por Adriana Moran – Blog Polis – 20 de Noviembre 2019

Los venezolanos tenemos muchas razones para protestar. Las tenemos todas. Atrapados en un país que no funciona, que no nos da ninguna certeza, que nos amenaza desde hace tiempo con la caída al abismo, lo verdaderamente difícil es seguir encontrando razones ente los escombros para quedarnos. Pero a pesar de tener todas las razones para protestar, no podemos confundir la protesta genuina, el reclamo necesario, el quejido inevitable, con los objetivos que estamos obligados a perseguir y con la organización necesaria que debemos exigirle a quienes lideran el movimiento que pretende conseguir el cambio. 

Volcados a las calles en nuevas marchas, muchos demuestran que la golpeada voluntad todavía existe y que están dispuestos a perseguir sus sueños. Los que salieron a marchar el 16 de noviembre salieron porque aún tienen energías para plasmar en el asfalto su protesta. Pero los que convocados por la esperanza se sumaron a las multitudinarias manifestaciones de principios de año, y que esta vez no salieron, tienen los mismos motivos para protestar, la misma sensación de estar perdiendo el país con cada día que pasa, la misma necesidad de creer que es posible un cambio que les permita quedarse.

A estos que no salieron, a los que con las mismas razones que todos no se sintieron convocados por el llamado, no hay que silenciarlos. Hay que escucharlos como hay que escucharnos a todos si no queremos que el movimiento que impulsa el cambio se termine pareciendo al que habiendo silenciado toda disidencia entre sus filas, se siente dueño de Miraflores y de este país que es de todos.

Un liderazgo que en momentos tan difíciles se aferra a su terquedad y refuerza con acero ese chaleco de fuerza que se puso por voluntad propia en lugar de replantearse la ruta de tres pasos que empieza por un cese de la usurpación que solo podrá conseguirse si el orden se invierte y trabajamos para expresarnos electoralmente, no puede ser visto por la mayoría que se opone a lo muy malo que ya tenemos como alternativa de poder. Supeditar la lucha a ese primer paso imposible que depende del otro es condenarla a morir.

Necesitamos una oposición que se atreva a cambiar para conseguir el cambio que necesitamos.

20 años resistiendo por Mitzy Capriles de Ledezma – El Nacional – 19 de Noviembre 2019

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Los venezolanos sumamos más de 20 años marchando. Por diferentes motivos se juntan en las calles para que millones de ciudadanos adentro y afuera protestemos contra un régimen que perpetra una variedad de crímenes que hacen del caso Venezuela, un acontecimiento que no tiene parangón en ninguna parte del mundo.

En la obra Siete Sellos: Crónicas de la Venezuela revolucionaria, Gisela Kozak Rovero lo resume, palabras más palabras menos, «que han sido decenas de sacrificios tratando de poner en alto relieve las máculas de una tiranía que se identifica con el autoritarismo, asume crímenes de todo orden, hambruna, padecimientos de salud, martirios y perversidades que hunden a millones de venezolanos  dentro del territorio nacional, en una espantosa tragedia y han catapultado a otros millones a una diáspora que ya supera los 4,6 millones de desterrados.

“Han sido marchas para defender la educación de nuestros muchachos. Inolvidable aquella consigna de lucha que nos hacía gritar desde nuestras entrañas “con mis hijos no te metas”.

Desde entonces, hasta estas horas no menos aciagas, la gente ve como pulverizan nuestra moneda, ese signo monetario al que le cambian el nombre y le quitan y ponen ceros de forma antojadiza. Ha visto como asaltan tierras, centros comerciales, abastos, tiendas, van arrasando con todo, como esos huracanes que sacuden al estado de Florida en Estados Unidos, que son fenómenos naturales allá, mientras que aquí son acontecimientos primitivos protagonizados por turbas humanas en pleno siglo XXI.

Es una Venezuela desfigurada, con su rostro, o su mapa, cruzado de cicatrices, un país en donde en el sur igual en el norte, lo que se escucha es el lamento o el quejido de dolores y martirios.

Es la historia que se escribe con la exclusión de la que hemos sido víctimas millones de seres humanos, simplemente por disentir de las pretensiones dictatoriales de Chávez y de Maduro. Es la era de la más feroz persecución política desatada por los voceros de esa letrina mal llamada revolución. Y lo hacen sin ruborizarse, más bien sienten que es una hazaña salir en televisión, empuñando un mazo y mostrando en una cartelera las fotografías de las próximas víctimas, tal como hicieron con el oficial de nuestra Fuerza armada Rafael Acosta Arévalo.

El más rancio fascismo, tal como lo escribe Barrera Tyszka, en la obra compilada por Gisela Kozak, estamos viendo el “regreso de los gorilas”.

Esos matones que han ejecutado las masacres de Cariaco o la de Barlovento, enmascarados con los aperos que les facilita el mismísimo régimen para que se confundan como miembros de esas Operaciones de Liberación del Pueblo, que según el informe de la ex presidenta Michael Bachelet, han ejecutado de manera extrajudicial más de 7.300 venezolanos.

En definitiva, los venezolanos marchamos pidiendo que se fuera Chávez, también fuimos a votar varias veces y recogimos firmas para revocarlo a él y después a Maduro. Los venezolanos hemos marchado condenando la invasión de nuestro territorio por efectivos cubanos o por la traición de Chávez de entregar nuestro Esequibo. Los venezolanos hemos acompañado a nuestros estudiantes, ésos que se inmolaron luchando por la democracia que no llegaron a conocer, porque los mataron antes de que se produjera el cese de la usurpación de nuestros poderes públicos, como lo ha venido haciendo Maduro y su camarilla, que ahora usurpan la presidencia de la cuál pretendemos desalojarlos.

Al día de hoy toda movilización debe ser para exigir el cese de la usurpación, no para involucrarnos anticipadamente en elecciones que bien sabemos no serán nada libres, mientras Maduro y sus secuaces permanezcan controlando el aparato gubernamental del que se sirven sin ningún   miramiento.

Las causas de las cosas por Eddie A. Ramírez S. – Noticiero Digital – 19 de Noviembre 2019

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La narcodictadura hace todo lo posible por dividir a los demócratas y por venderles la idea de que no dejarán el poder y, lógicamente, por intentar sembrar el desánimo. Ese es el trabajo que realiza un régimen sin escrúpulos. Lo que debemos contrarrestar es cierta tendencia de algunos opositores a comprar el discurso oficial o a ilusionarse con posibles opciones utópicas divulgadas por gente nuestra que no evalúan las debilidades y fortalezas del régimen y las propias. Aunque no sea fácil, hay que intentar conocer las causas de las cosas que suceden.

Un ejemplo son las opiniones emitidas en relación a las marchas del pasado día 16, las cuales no se relaciona con los hechos. Pretender que hoy se produzcan marchas en Caracas de alrededor de un millón de participantes como en el pasado no es realista por varias razones:

1- En el 2003 al 2006 las protestas eran casi exclusivamente en Caracas. Varios años después se produjeron protestas valientes en San Cristóbal y Mérida, aplastadas violentamente por la Guardia Nacional, policía y paramilitares rojos.

2- En la provincia los ciudadanos se sienten más amenazados por los esbirros debido a que quienes protestan son fácilmente identificados y perseguidos. Por ello, muchos se desplazaban a Caracas para apoyar las marchas en la capital. Hoy, por estar más resteados y quizá también por las limitaciones de transporte, protestan en sus respectivos Estados.

3-. Unos cuatro millones y medio de venezolanos han tenido que emigrar, sea por persecución política o en búsqueda de comida, medicinas, seguridad personal o de trabajo. Evidentemente, todos contrarios al régimen.

4- Se puede argumentar que, a pesar de lo anteriormente mencionado, las protestas podrían ser más masivas y contundentes, lo cual es cierto. Al respecto habría que evaluar en cuánto influye la prédica de algunos líderes de oposición y tuiteros, generalmente bien intencionados, que pretenden echarle la culpa al presidente (e) Guaidó por no concretar “el fin de la usurpación”, y que, además alegan que los intentos de negociar desestimulan las protestas. Cabe recordar que Ho Chi Minh y sus soldados siguieron combatiendo a pesar de que sus delegados negociaban en París. Algunos no entienden, o no quieren entender, que Maduro se mantiene por contar con el apoyo del TSJ y de la Fuerza Armada. No recordamos ningún caso en que una dictadura haya caído sin la intervención activa o pasiva de los verde oliva. POr otra parte, recordemos que ningún país está dispuesto a enviar a sus soldados para resolver nuestro problema, aunque están conscientes de que también los afecta directa o indirectamente, en mayor o menor grado.

5- Aunque todo lo mencionado es válido, hay que tener claro que los protestas, aún cuando son de magnitud importante y son constantes, no son de mayor tamaño por la represión del régimen. Según el valiente y activo Foro Penal Venezolano, desde el 2002 a la fecha han sido asesinados 273 ciudadanos por manifestar, varios de ellos estando en las ergástulas del narcorégimen; en los últimos cinco años han sido arrestado a 15.180 ciudadanos por el solo hecho de protestar, hay 399 presos políticos, de los cuales 20 son damas y 109 militares, y desde el año 2014 hay 8.950 venezolanos sujetos a medidas cautelares, los cuales no pueden protestar ya que volverían a ser encerrados. El 16 N hubo 28 detenidos y en Caracas el Metro cerró varias estaciones para dificultar movilización.

6- Muchas han sido la denuncias de torturas, incluyendo violaciones, por parte de los diferentes cuerpos de seguridad del Estado. Es lógico que ello despierte temor a manifestar.
También el temor a perder el empleo por parte de trabajadores del sector público.

A pesar de todos estos factores, la sociedad venezolana sigue indoblegable. Por contar con una minúscula minoría, Maduro no se atreve a realizar elecciones transparentes. Sin embargo, hay la posibilidad, aunque sea remota, de que se vea obligado a realizarlas. Por ello debemos prepararnos y no descalificar el esfuerzo que realiza la Asamblea Nacional de designar el comité de selección de candidatos al Consejo Nacional Electoral. A los más esceṕticos, que sin duda tienen razones para serlo, solo sugerimos que den el beneficio de la duda y que acepten el presidente (e) Guaidó hace lo mejor que puede con los pocos medios de que dispone. No cometamos el crimen de “matar a un ruiseñor”.

No es fácil ser el hombre feliz capaz de “conocer las causas de las cosas”, como diría Virgilio, pero sí podemos ser más mesurados al emitir opiniones. A Maduro se le puede aplicar lo que dijo Cicerón de Catilina: “Desde hace años no hay fechoría ni infamia alguna que no venga asociada a tu nombre. Cometiste con total impunidad la sangría de muchos ciudadanos, la humillación y el robo a sus amigos. No sólo tuviste fuerza para despreciar las leyes y la justicia, sino también para quebrantarlas y abatirlas”. El ponderado Oswaldo Álvarez Paz escribió que estaba satisfecho con la movilización del 16 N. Quien esto escribe también.

Como (había) en botica: Maduro se arrodilló ante el dólar y Pedro Sánchez ante el Coleta.¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

La farsa de la calle sin retorno por Jovel Álvarez – Panampost – 17 de Noviembre 2019

Mi sorpresa fue mayúscula cuando entendí que nos estaban recetando lo mismo de siempre. Guaidó usó a la gente para tener una bonita foto actualizada con multitudes fervorosas

CARACAS (VENEZUELA), 16/11/2019.- Juan Guaidó, se une a los opositores de de Nicolás Maduro en las marchas de este sábado en Caracas (Venezuela). EFE/ Rayner Peña

Siempre cargaré con la culpa y la humillación de haberme permitido creer una vez más. De haberme permitido un nuevo atisbo de esperanza ante un razonamiento que me parecía lógico y que ahora quiero explicar.

«Piensa, Jovel… Si Guaidó convoca a la calle es porque tiene un plan maestro preparado. No puede ser otro ‘Leopoldazo’, porque el 30 de abril fue un disparo a los pies. Así que algo tiene que haber cambiado si se atrevió a llamar a la calle con un mes de anticipación. Debe haber una sorpresa preparada», me digo a mí mismo.

Todos me dijeron que no pasaría nada, y coincidí con ellos hasta la mañana del sábado, cuando desperté extrañamente optimista y prendí el televisor con la insulsa intuición de que vería lo que tanto había esperado. Que por fin se saldaría esa deuda del 23 de febrero y del 30 de abril.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando entendí (en cuestión de dos segundos y medio) que nos estaban recetando lo mismo de siempre. Guaidó usó a la gente para tener una bonita foto actualizada con multitudes fervorosas.

NoPasaNada_TW@Nopasanada_TW

“Usted cree que mañana va venir esta misma gente acá?” Eso le preguntamos todos a @jguaido

Video insertado

750.000 venezolanos acudieron a las movilizaciones en contra del régimen – El Nacional – 16 de Noviembre 2019

Consultora indicó que hubo una disminución de los actos de represión este 16 de noviembre en comparación con protestas anteriores

movilizaciones

Foto: Centro de Comunicación Nacional

Al menos 750.000 personas se movilizaron este sábado en todo el territorio nacional, informó el Centro de Comunicación Nacional.

Un informe de la consultora De Vengoechea & Associates reveló que en total se activaron 141 puntos de concentración en Venezuela, aunados a otros 35 en el extranjero.

Fuera de las fronteras, el país donde hubo una mayor convocatoria en apoyo a las protestas contra Maduro fue Estados Unidos. Allí se congregaron venezolanos en ciudades como Nueva York, Miami, Washington, entre otras.

Censura

El documento indica que el régimen utilizó mecanismos de censura y bloqueo comunicacional a gran escala.

“Las redes sociales y los medios de transmisión por internet fueron bloqueados por el régimen de Nicolás Maduro», señala.

Violencia 

El informe indica que la jornada de este 16 de noviembre se diferenció de movilizaciones anteriores en una disminución significativa de la represión.

“Esta movilización tuvo la característica principal de que ocurrió dentro de parámetros de muy baja violencia externa. La presencia de Organismos de Seguridad del Estado se reportó en 38 localidades, es decir, se desplegaron en 26% del territorio”, se lee en el documento publicado por la consultora.

También afirma que las acciones de protesta continuarán e irán en aumento en la medida en que se mantenga la crisis social y económica que aqueja al país.
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