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La nutricionista más prestigiosa de Venezuela tiene algo que decirle a Errejón – ESdiario – 9 de Noviembre 2018

Marianella Herrera, una voz autorizada para hablar sobre la pobreza en Venezuela. Mucho más que Errejón.

Marianella Herrera, una voz autorizada para hablar sobre la pobreza en Venezuela. Mucho más que Errejón.

Para que el candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid no vuelva a decir alegremente que los venezolanos comen tres veces al día, debería escuchar a Marianella Herrera.

La entrevista a la revista chilena The Clinic en la que Íñigo Errejón aseguró que los venezolanos comen tres veces al día sigue coleando.

El periodista que se la hizo, al escuchar su respuesta, replicó que la población venezolana ha bajado 10 kilos de media en los últimos años. Y el candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid se limitó a decir: “Yo ese dato no lo tengo”.

Existir, existe. Corresponde a la última Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela, una radiografía que anualmente elaboran profesionales de tres universidades: la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar.

El informe pinta una realidad desoladora: La pobreza alcanza al 87% de la población venezolana, y seis de cada diez ciudadanos han perdido 11 kilos en el último año por falta de alimentos.

Además, casi el 60% de los venezolanos tiene que recurrir a alguna ayuda social, 8,2 millones de compatriotas de Nicolás Maduro ingieren dos o menos comidas al día y las que consumen son de baja calidad nutricional. De hecho las proteínas están desapareciendo de la dieta de la población.

Durante la presentación de la encuesta, el pasado mes de febrero, la nutricionista Marianella Herrera, directora del Observatorio Venezolano de la Salud, mostró la realidad con crudeza. Para que Errejón no tenga que volver a decir “ese dato no lo tengo”.

La corrupción en el régimen de Maduro no se detiene ni ante el hambre de los venezolanos por Pedro Benítez – ALnavío – 19 de Octubre 2018

Es muy probable que no exista ninguna modalidad moderna de corrupción de los recursos públicos que el chavismo-madurismo no haya puesto en práctica en los últimos 20 años. La codicia incontrolada por el dinero ha sido su auténtico mal. Su motivación más íntima. El ansia de saqueo de los recursos de Venezuela por parte de sus jerarcas, funcionarios y asociados no se ha detenido ni siquiera ante el hambre de la población. Por el contrario, en el drástico incremento de la pobreza extrema (61,2% de los hogares en 2017) y en los 8,2 millones de venezolanos que aseguran comer sólo dos o menos veces al día, han encontrado una nueva ocasión para el enriquecimiento personal.
México investiga el sobreprecio en los alimentos importados por Venezuela / Foto: EFE

México investiga el sobreprecio en los alimentos importados por Venezuela / Foto: EFE

La Procuraduría General de la República de México informó este jueves que abrió un procedimiento legal contra un grupo de “empresas y personas físicas (mexicanas y extranjeras)” que “aprovechándose de la carestía de alimentos que aqueja a Venezuela” se han dedicado a la venta con sobreprecio de alimentos destinados a los denominados Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), mecanismo creado por el gobierno de Nicolás Maduro en 2016 para atender la emergencia alimentaria del país.

Alonso Lira Salas, procurador especializado en investigación de delincuencia organizada de México, explicó que las personas involucradas utilizaban tres esquemas: “venta de productos de baja calidad, exportación a Venezuela con sobreprecio y la reventa de los productos a la población venezolana con 112% mayor a su valor real”.

TVVenezuela Noticias

@TVVnoticias

Procuraduría de México informó que fue desmantelada una red de empresas a las que el Gobierno de Maduro compraba alimentos de baja calidad y con sobreprecio. Afirman que los productos se vendían en cajas CLAP a los venezolanos con 112% por encima del costo real.

Así mismo indicó que se identificaron operadores, uno de los cuales estaría “aparentemente relacionado con autoridades del gobierno de aquel país”.

Hasta aquí la denuncia no vincula a ningún funcionario del gobierno de Nicolás Maduro.

Sin embargo, desde hace un año sobre el mismo caso un grupo de periodistas venezolanos, por medio del portal @Armandoinfo (bloqueado en Venezuela), sí han señalado al gobierno de Maduro como implicado en la trama. Apuntan a lo evidente: es imposible que tal actividad ilícita se desarrollara sin el conocimiento y el sostén desde las altas instancias oficiales de un gobierno que ha considerado los CLAP como fundamentales para su permanencia en el poder.

Ver imagen en Twitter

Armando.Info@ArmandoInfo

Documentos prueban que Group Grand Limited, la sociedad relacionada con Alex Saab y Álvaro Pulido Vargas, además de las cajas CLAP también provee medicamentos al Gobierno http://bit.ly/AiGGLMedicinas 

Una de las consecuencias de ese trabajo de investigación fue una medida judicial de prohibición de salida del país en contra de los comunicadores.

Roberto Deniz@robertodeniz

A continuación el hilo con la historia de : Alex Nain Saab Morán, asistido en Caracas por su abogado Amir Nassar Tayupe, logró la “prohibición de salida del país” contra cuatro periodistas de @armandoinfo: @Ewalds6 @jopoliszuk @robertodeniz y @alfredomeza

Ahora, la información suministrada por la Procuraduría de México viene a confirmar la denuncia inicial de la citada investigación periodística.
No es la primera vez en los 20 años del régimen chavista que se destapa un escándalo similar. Hace casi una década la legisladora regional Neidy Rosaldenunció el hallazgo de 3.600 toneladas de alimentos descompuestos y en abandono importados por la empresa Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (PDVAL), filial de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).

Pese a que continuaron descubriéndose contenedores de comida importada en la misma condición nunca se llegó a condenar a nadie por esos hechos. Tres gerentes de la empresa fueron detenidos, para luego ser liberados. El oficialismo desestimó (como en tantas otras ocasiones) las denuncias de la oposición.

Las personas involucradas utilizaban tres esquemas: “venta de productos de baja calidad, exportación a Venezuela con sobreprecio y la reventa de los productos a la población venezolana con 112% mayor a su valor real”

Otra historia parecida de fracasos y corrupción se repitió con la red estatal comercializadora de alimentos Abasto Bicentenario. El propio Nicolás Maduro llegó a admitir que ese proyecto “se pudrió”.

Un general en activo, por entonces ministro de Alimentación y de quien dependía la red de distribución, fue reemplazado de su cargo en enero de 2016 pero pasó a ser comandante de la Región Estratégica de Defensa Integral (REDI) del centro del país. De nada sirvieron las denuncias que contra él hicieron desde las propias filas del chavismo e incluso un compañero de armas.

Todo esto ocurre en un país en el cual entre 2014 y 2017 el porcentaje de hogares pobres aumentó de 48,4% a 87%; y los que están en pobreza extrema (hambre) a 61,2%, según los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) elaborada por las universidades nacionales. En 1998 (cuando Hugo Chávez ganó sus primeras elecciones) el número de hogares en pobreza era de 45%, y en pobreza extrema de 21% según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

No obstante, estas aterradoras cifras no han impedido que se suceda un escándalo tras otro en la importación con sobreprecio de alimentos por parte del Gobierno sin que haya responsables. Lo peor es que la estrategia no varía y siempre hay por detrás intereses crematísticos involucrados desde las instancias oficiales.

Ahora una nueva trama es destapada desde el exterior de Venezuela y dada la línea de conducta del Gobierno en estos casos es previsible cuál será su respuesta: negar el asunto y acusar a las autoridades mexicanas de conspirar contra su estabilidad.

Roberto Deniz@robertodeniz

negó su participación en los y demandó a @ArmandoInfo. Pero declaraciones de hoy de Piedada Cordoba, del Primer Ministro de Antigua y la investigación que hoy revela la fiscalía mexicana confirman su presencia en el negocio y su relación con Maduro

Como en el resto de los países latinoamericanos la corrupción de los funcionarios públicos es un mal que Venezuela arrastra desde que era una colonia del imperio español. Pero con el chavismo en el poder desde enero de 1999 dio un salto de dimensiones desconocidas.

La corrupción se convirtió en parte de los mecanismos del poder luego que se completara la captura de todo el Estado venezolano, verdadero objetivo y propósito del proceso constituyente de 1999, y con ello se eliminaran los contrapesos institucionales al todopoderoso presidencialismo.

Cleptocracia

El “Plan Bolívar 2000”, presentado supuestamente para atender la emergencia social a inicios del gobierno de Chávez fue manejado por los militares, pero el verdadero propósito era comprar (y luego chantajear) a los mandos de las Fuerzas Armadas para comprometerlos con su proyecto de poder personal. Nadie nunca supo, ni se investigó, ni se dejó investigar, cuánto dinero manejado en efectivo por los comandantes de guarniciones, sin auditoría, ni rendición de cuentas, se perdió. Se aplicó el “dejar hacer, dejar pasar”.

A eso siguió la decisión de prohibir constitucionalmente el financiamiento público de los partidos políticos, coartada en la que se ampararon los financistas de los dos partidos políticos fundados por Chávez (el MVR y luego el PSUV) para enriquecerse en nombre de las necesidades de la revolución siempre amenazada.61,2% de los venezolanos viven en pobreza extrema / Foto: EFE

61,2% de los venezolanos viven en pobreza extrema / Foto: EFE

De allá para acá: compras de plantas eléctricas y equipos militares rusos sin licitación, contratos asignados a dedo a empresas de países aliados (como Odebrecht), total impunidad para los operadores de bonos y divisas, saqueo de alcaldías y gobernaciones, millonarias comisiones en compra-venta de inmuebles por parte de administradores públicos y en las importaciones masivas de alimentos. Esto, entre otros negociados, es con lo que ha engordado la boliburguesía chavista que ha “invertido” parte de sus ganancias en países como España (Leer más: Esto es lo que valen las mansiones, fincas y oficinas de los boliburgueses acusados por España).

En la vida nacional de Venezuela han sido precisamente los gobiernos autoritarios (militares) los más corrompidos por la falta de controles institucionales.

Ha sido y es una constante: a mayor concentración de poder discrecional en una sola persona o grupo, mayor corrupción. En un marco institucional como ese el desfalco de los bienes públicos es inevitable por más honestos que sean los que dirijan el Estado. Aunque obviamente no es el caso.

Es imposible que tal actividad ilícita se desarrollara sin el conocimiento y el sostén desde las altas instancias oficiales de un gobierno que ha considerado los CLAP como fundamentales para su permanencia en el poder

El chavismo-madurismo ha roto todos los precedentes en cuanto a escala e impunidad. No se trata de un negociante o empresario que compró a un político o un funcionario que cobró una comisión. Sino de una camarilla que (valiéndose de la falta de escrúpulos del fundador del régimen) capturó el Estado y pretende beneficiarse de los recursos del país para toda la vida. Tal y como ocurre en Cuba con la familia Castro y sus allegados.

Este es el clásico caso de una cleptocracia, con el coctel completo: desviación y apropiación privada a gran escala de recursos públicos, malversación, nepotismo, peculado, clientelismo masivo e impunidad institucionalizada.

El tipo de régimen político dirigido por una élite extractiva que condena a los países que dominan al fracaso económico de manera irremediable, pues no fomentan sino que más bien castigan el ahorro, la inversión y la innovación.

De modo que en este caso la corrupción no es la consecuencia de un mal diseño institucional o la debilidad ética de un funcionario. La corrupción está en el fundamento mismo del sistema.

Puede que sea este descontrolado ambiente de corrupción lo que inhiba a los gobiernos de China y Rusia a no dar más que gestos de apoyo político al heredero de Hugo Chávez.

Ilusión monetaria por Ramón Peña – La Patilla – 8 de Octubre 2018

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Ante el colapso de la economía venezolana y sin contar el régimen con recursos para su recuperación -PDVSA y las empresas estatales en ruinas, la iniciativa privada espantada, el crédito internacional ausente- el tema oficial no parece ser la búsqueda de alternativas que reanimen el aparato productivo y resuciten la generación de riqueza. Su preocupación se centra más bien en cómo domesticar a la población hambrienta y hundida en necesidades insatisfechas, impedir “un estallido social” que muchos presagian y preservar una base politica. Para estos propósitos, su estrategia tiene dos vectores: el salario nominal y esa credencial de dádivas conocida como el carnet de la patria. Dos elementos, ajenos a la economía real, pero útiles para quienes gobiernan, como eficaces locus externos de control del empobrecido paisanaje.

La encuesta Ratio-UCAB revela que 69% de la población se ha mostrado complacida con el desmesurado aumento en miles por ciento del salario mínimo. Casi un premio de lotería. Muy probablemente, mientras los asalariados se solazan contando los nuevos billetes, no se han inquietado por medir su valor real, qué reserva los respalda, ni se aguan la fiesta preguntándose en cuánto tiempo los convertirá en sal y agua la marea inflacionaria que crece a razon de 200% mensual. Tampoco les inquieta la erosión del poder de compra que causa la insaciable avidez por los dòlares americanos. Sencillamente, disfrutan de la ilusión monetaria, esa miopía -por ignorancia o autocomplacencia- a la que somos vulnerables los humanos. El régimen la conoce y la sabe explotar a través de su aventajado aparato comunicacional.

Éste ha sido, en terminos boxísticos, un round del régimen, ganado frente a un no-contest de la oposición. Por supuesto, la vida no mejorará en terminos reales, el dinero incremental se pulverizará aceleradamente. Pero cada nueva ilusión es vitamina para el conformismo. Insólita la ausente voz de la oposición frente a la farsa populista…

El 80% de la población vive en la pobreza – La Patilla – 15 de Septiembre 2018

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La directora del Evento Venezolano de Negociación (EVEN), Adriana Narvaéz, comentó que actualmente en Venezuela el 80% de la población vive en la pobreza, el 50% en la pobreza extrema; mientras que el 70% tiene fallas en servicios básicos, por lo cual trabajan continuamente en elaborar propuestas para intentar superarla, reseña VPI.

“Pensamos involucrar a actores reales del convenir venezolano. La expectativa que tenemos es que al final los jóvenes demos una propuesta y la entreguemos a la Asamblea Nacional para superar la pobreza”, indicó Narvaéz.

Don’t Focus on Regime Change in Venezuela by Frank O. Mora – Foreign Policy – 4 de Septiembre 2018

How Maduro has held on to power, and why what follows him won’t likely be better.

Nicolas Maduro delivers a speech outside the presidential palace in Caracas on March 12, 2015. (Federico Parra/AFP/Getty Images)

Nicolas Maduro delivers a speech outside the presidential palace in Caracas on March 12, 2015. (Federico Parra/AFP/Getty Images)

Ever since Venezuelan President Nicolás Maduro assumed office in March 2013, observers have predicted his regime’s imminent demise. In the last few years, with Venezuela apparently nearing state and economic meltdown, chavismo’s collapse really did seem just around the corner. Yet Maduro hasn’t fallen, and how he has managed to hang on can tell us a lot about what could follow his rule.

Today, there seems to be no floor to Venezuela’s suffering. Just when it looked like things could not get any worse, the International Monetary Fund recently reported that hyperinflation will reach 1 million percent this year. Since 2013, the country’s economy has shrunk by half. Meanwhile, the oil industry, representing nearly 90 percent of government revenue, has just about melted down. Oil production has fallen from nearly 3 million barrels per day in 2013 to about 1 million in 2018.

With no economy left to speak of, an unimaginable 87 percent of the population now lives in poverty. Food, medicine, electricity, and other basic items are hard to come by. No wonder that a projected 3 million Venezuelanswill have departed the country for neighboring nations between 2014 and the end of 2018, which have very limited capacity to absorb them.

Despite the socioeconomic meltdown, however, there has been no serious challenge to Maduro’s power. This is a riddle, and without understanding why the regime has been able to hold tight to power in Venezuela, it will be difficult to make sense of the scenarios under which change may eventually come.

The first explanation for the Maduro administration’s survival could apply to all nondemocratic governments: control of state institutions and repression. In 2002, Maduro’s predecessor, President Hugo Chávez, began a process of effectively purging, penetrating, and ultimately absorbing civil institutions into his so-called Bolivarian revolutionary process, through which he repressed nearly all political opposition. This process deepened with Maduro, particularly as Venezuela’s socioeconomic crisis worsened. Today, the regime controls enough institutions of state, such as the National Electoral Council and the judiciary, that the governing United Socialist Party of Venezuela, known by its Spanish initials as the PSUV, can easily prevent the opposition from challenging Maduro’s rule.

Following a failed coup in 2002, the regime has also aggressively neutralized and politicized the military. The armed forces had previously been one of the more professional, apolitical militaries in the region, but through purges, politically controlled promotions, corruption, and a restructuring of its roles and mission, the new Bolivarian National Armed Forces became a loyal instrument of regime preservation. Both Chávez and Maduro have deepened the force’s ties to the PSUV by giving it a stake in the survival of their leadership. The military not only runs strategic industries (including oil) and controls the distribution and rationing of food items, but a high number of active-duty and retired officers also hold of key positions as Cabinet members, governors, legislators, mayors, and heads of expropriated and state-owned businesses.

Meanwhile, the regime has virtually discarded the constitution and made a joke of the rule of law. For example, the government quashed the opposition’s hope of holding a constitutionally sanctioned recall referendum on Maduro in 2016, and in March 2017, the supreme court temporarily stripped the National Assembly, where an overwhelming majority of seats were held by the opposition after the December 2015 election, of all of its powers. And through it all, independent sources of information and media outlets have been nearly erased. On the streets of Venezuela, the Bolivarian National Police, the National Guard, and other armed civilian bands (known as colectivos) intimidate and violently repress the opposition, journalists, or anyone displaying too much independent thought. Finally, the regime continues to use so-called emergency powers to nationalize industries and prevent normal politics in the country.

A second explanation for Maduro’s staying power, linked to the first, is the culture of fear and distrust that the government has sowed among citizens. The colectivos, which are not directly linked to the government but are funded and managed by some government officials, use violence to create suspicion and anxiety. Meanwhile, Bolivarian grassroots movements and communal councils serve as the government’s eyes and ears at the neighborhood level. Citizens’ constant fear of being reported by neighbors leads to self-policing and self-censorship.

Citizens’ constant fear of being reported by neighbors leads to self-policing and self-censorship.

It is hard to build a mass protest movement when you believe that your neighbor might be a government informant or that you might lose access to scarce government-distributed food and medical supplies if you are accused of opposing the regime.Beyond keeping the opposition and the public weak and divided through control of state institutions and repression, Caracas has also focused its attention on keeping the private sector in check, which is the third reason it has been able to stay in power. Since 2005, the Venezuelan government has sought to shrink the private sector as a way to both consolidate economic power and deny resources and opportunities for the business sector to undermine the regime. The Venezuelan Federation of Chambers of Commerce and Production—the main business union—once had considerable political and economic clout, but the government’s expropriation, intimidation, and coercion of it has left it largely impotent. Another means for controlling the private sector has been a massive expropriation campaign by Chávez and Maduro and severe restrictions on accessing dollars, which forces business to rely on the state for foreign exchange.

Caracas also uses scarcity to maintain control. As in Cuba, the Maduro regime uses low stocks of consumer goods and rationing as a way to keep the population in line. Citizens need to be on good terms with government or PSUV officials to receive their allotment of formal sector jobs, rationing cards, Carnets de la Patria (or “homeland cards,” which are issued to those who qualify for social programs), and other benefits. Government control of consumer goods has been particularly effective in middle-class neighborhoods in Caracas and some larger urban areas in the interior of the country, where citizens have to rely more on the government’s distribution system than on growing their own food. Also worth considering is that the daily struggle to find food items and medicine, particularly in times of intense scarcity and hyperinflation, leaves very little time to organize anti-government mass protests and other activities. In short, economic adversity has not generated anti-government behavior; in fact, it has had the opposite effect.

In short, economic adversity has not generated anti-government behavior; in fact, it has had the opposite effect.

To be sure, there are many, many discontented Venezuelans. But even there, Venezuela has been able to use migration to take the pressure off. Exporting the opposition allows the government to rid of itself of the most unhappy and threatening elements of the opposition. Since the early years of Chávez’s revolution, those with financial means to leave (and to challenge the regime) decamped to Colombia, Miami, and Panama. By 2015, as opposition intensified, Caracas decided to allow just about anyone who wanted to exit the country. Millions of hungry, frustrated, and desperate Venezuelans have opted to leave rather than suffer or confront the dictatorship.

* * *

Under these constraints, there are a few plausible scenarios for Venezuela’s future. There is reason to believe that the most likely one is that Maduro and the PSUV continue to muddle through by taking advantage of existing political and socioeconomic conditions. Perhaps counterintuitively, scarcity and economic meltdown seem to favor the regime more than the opposition. Maduro will continue to use his emergency powers and control of state institutions, including the military and security forces, to suppress dissent and divide the opposition, limiting its ability to truly challenge the ruling party, either through protests or some constitutional mechanism. So, although life will continue to get worse in Venezuela, the regime will most likely retain its hold on power through the remainder of this year and into the next.

So, although life will continue to get worse in Venezuela, the regime will most likely retain its hold on power through the remainder of this year and into the next.

The second most likely—and most dangerous—scenario is an implosion, something like the fruit vendor suicide in Tunisia that sparked the Arab Spring. The Venezuelan government’s persistent unwillingness or inability to mitigate the deepening political and humanitarian crisis does mean that at least a few people may become more and more willing to act out. Although the regime has found a way to endure, the country’s overall conditions are dire enough that one emotional trigger could ignite a tinderbox of uncertainty, despair, and anger. Such an event will produce high levels of violence and likely divide key institutions, such as the military and PSUV. An incident of violence by the state resulting in a number of fatalities could well bring more people onto the street than security forces can address.

A soft coup in the PSUV also remains a possibility. Senior party leadership—both the civilian and military sectors—are undoubtedly worried about their own hold on power if Maduro remains in the presidential palace. It is possible that Diosdado Cabello, the president of the Constituent National Assembly and the second most powerful figure within the PSUV, could join forces with the defense minister, Gen. Vladimir Padrino, to force Maduro to step aside for the good of the party (and the good of their own personal political and economic interests). Leaders within the party might see a soft coup as a way of stemming a potential implosion and ensuring a soft landing in a post-Maduro world. In that case, Vice President Delcy Rodríguez would likely assume power and move quickly to make small concessions and overtures to the opposition and international community, while taking measures to safeguard the party elite. It is important to note that Rodríguez belongs to the most radical wing of the PSUV.

Finally, there is still some room for a military coup. Despite a few isolated and disorganized incidents, this scenario does not seem imminent nor very likely, though. The regime has gone very far to ensure the loyalty of the military, mostly through corruption and politicization. One should also not underestimate, moreover, an effective military counterintelligence apparatus purportedly supported by Cuba, which ensures that any dissident movement within the ranks is quickly quashed. Nonetheless, some of the fractures that exist throughout society do also plague the military, particularly along generational lines, rank, and access to economic opportunities for enrichment or subsistence. An emotional trigger could serve as a catalyst for a coup or rebellion, especially if the military in pressed into violence against citizens.

It is likely that in the next six to 12 months the dictatorship in Caracas will continue to endure in the face of a deepening humanitarian crisis. The international community recently began to intensify pressure on the regime by imposing economic sanctions (mostly on government officials) to isolate it. The United States, Europe, and Venezuela’s neighbors do not have many other options, other than comprehensive economic sanctions and a military intervention, each of which would come with significant negative consequences. The Venezuelan opposition is starting to work together in the face of enormous challenges, but it remains deeply fragmented thanks to infighting and government manipulation. Despite the regime’s inability and unwillingness to restore even a semblance of economic and political stability, it will continue to effectively use the economic and political system it created to deter threats from within and outside the state, allowing it to continue plodding along.

Frank O. Mora is Director of the Kimberly Green Latin American and Caribbean Center, Florida International University. He served as Deputy Assistant Secretary of Defense for the Western Hemisphere, 2009-2013.

El madurazo por Trino Márquez – Noticiero Digital – 23 de Agosto 2018

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“Programa de recuperación económica, crecimiento y prosperidad” fue el pomposo nombre utilizado por Nicolás Maduro para calificar el paquete de medidas económicas y sociales adoptadas el 17 de agosto. Su exposición comenzó señalando que el programa no había sido elaborado por burócratas neoliberales adoradores del mercado, desligados de las necesidades del pueblo e insensibles ante su sufrimiento, sino por expertos humanistas, dirigidos por el propio mandatario, quienes anteponen el bienestar colectivo a cualquier consideración ligada al lucro capitalista. Maduro de nuevo se declaró socialista y, para variar, chavista

Veamos por partes algunas de las consecuencias sociales de ese paquete. Ya en Venezuela resulta tremendamente engorroso, por el laberinto legal existente, crear un empleo en el sector formal de la economía. Ahora esa condición empeorará pues será mucho más costoso producirlo. La mayor parte de los trabajadores se encuentran en las pequeñas y las medianas empresas, PYME, y en los pequeños y medianos comercios, donde el segmento más extendido gana el salario mínimo. El pago de remuneraciones representa uno de los  mayores porcentajes de los gastos de ese amplio sector. En el cuadro recesivo global que afecta a la actividad económica, el incremento de 3.500 por ciento en el sueldo mínimo constituye un golpe mortal para la generación de empleo en esa franja. El plazo de tres meses propuesto por Maduro y su equipo para pagar el diferencial de ese incremento salarial es muy reducido. En un lapso tan breve, resulta imposible que las industrias y los comercios asimilen el choque. Puede preverse que la quiebra de negocios se elevará, lo mismo que el desempleo. Son muy pocas las unidades productivas o comerciales con capacidad de absorber los pasivos laborales que el desmedido aumento conlleva. Cada bolívar que se incrementa en el salario arrastra cuatro o cinco bolívares adicionales en los beneficios globales.

Ciertamente. un salario mínimo de treinta dólares, como el decretado por Maduro, es muy bajo. Es más, seguirá siendo el menor de América Latina. El punto clave reside en que la elevación del ingreso de los trabajadores tiene que considerar el contexto global en el cual se efectúa. En un ambiente económico deprimido, un aumento porcentual tan grande, en vez de promover la prosperidad, fomenta el desempleo y la quiebra de empresas. Además, ya la devaluación del bolívar frente a la divisa norteamericana en los días posteriores al anuncio de las medidas, colocó el salario mínimo  muy por debajo de los treinta dólares señalados por Maduro.

La principal causa del empobrecimiento nacional es la hiperinflación, asociada a la forma como el gobierno financia el gasto público. El programa antiinflacionario notificado por el mandatario no es tal. Parece, al contrario, un plan para acelerar la velocidad de los precios.

El gobierno, a través del bono de reconversión, les pondrá en el bolsillo a los portadores del carné de la patria Bs. 10 millones, sin que el aparato productivo haya generado ni un alfiler adicional. Desligó ese beneficio de cualquier rastro ligado a la producción y a la productividad. Además, como ya señalé, Maduro se obliga a cancelar el salario mínimo de las PYME durante un trimestre. Todo esto ocurrirá, adicionalmente, sin que la tributación interna haya crecido, entre otras razones, porque Pdvsa fue exonerada del pago del impuesto sobre la renta durante 2018 y la capacidad tributaria del resto de la economía es mínima.  La única manera, entonces, de financiar ese conjunto de gastos siderales es mediante la emisión de dinero inorgánico, que Maduro pretendía eliminar para llevar el déficit fiscal a cero, uno de los objetivos fundamentales de su programa de recuperación económica.

Como no derrotará la inflación, sino que esta seguirá su alocada carrera hacia la estratosfera, la pobreza continuará erosionando la vida de los venezolanos a un ritmo arrollador. La proyección del FMI, que ubica el crecimiento de los precios en un millón para este año, podría quedarse corta frente a las cifras reales que tendremos en diciembre.

El programa de Maduro no ha generado confianza en las políticas oficiales. Al contrario, los mercados internacionales han reaccionado con incertidumbre y suspicacia en torno a sus anuncios. Para nadie su plan resulta creíble, ni sostenible. Está plagado de vacíos, contradicciones e incoherencias que afectan su viabilidad. Lo único que queda claro del proyecto es su deseo de cercar y someter los pocos espacios que aún quedan de actividad privada. Su filosofía se reduce al siguiente principio: lo que no debe o puede destruirse, hay que controlarlo.  Esta fue una de las enseñanzas de su maestro Fidel Castro.

El viernes negro Maduro anunció un plan de empobrecimiento y multiplicación de la cantidad de factores que impulsan a los venezolanos a huir del país.

El nuevo bolívar de Nicolás Maduro dispara la pobreza y el éxodo en Venezuela por Diego Santander – El Mundo – 22 de Agosto 2018

Migrantes venezolanos marchan hacia Perú por las calles de Tulcan,...

Migrantes venezolanos marchan hacia Perú por las calles de Tulcan, Ecuador, tras cruzar Colombia. LUIS ROBAYOAFP

La aparición el lunes de los billetes del nuevo cono monetario -que eliminan cinco ceros a la moneda en medio de la hiperinflación- produjo grandes filas y confusión frente a los cajeros electrónicos en Caracas. A pesar de que la oposición llamó a una huelga general de 24 horas, abrió la mayoría de los comercios de la capital, mientras que pocos empresarios se unieron al paro y otros dijeron estar ajustándose a los cambios.

Restar cinco ceros al bolívar genera confusión en la población, que no confía en que el aumento salarial de 3.400% decretado por el presidente Nicolás Madurovaya a parar el alza de los precios. Por eso, los venezolanos son protagonistas de un éxodo masivo que levanta grandes tensiones en la región.

“Vine a consultar para ver cuánto tenía en la cuenta, pero el cajero no está dando plata. Cuando vi la cuenta me sentí rara, porque ahora tengo menos (dinero). Hoy entré a una farmacia y vi los precios accesibles, con el sueldo que puso el presidente creo que sí va a alcanzar. El miedo que tengo es que los empiecen a aumentar”, dijo a EL MUNDO Yusmary Márquez, trabajadora del ministerio de Turismo.

Sin embargo, Daniel Matía, un ingeniero de 27 años, teme que los precios vayan a aumentar aún más, por lo que arregla los trámites para sacar su pasaporte italiano (sus abuelos son de ese país) e irse cuanto antes. “Aquí el dinero no me sirve para nada”, indicó.

Tras los anuncios de Maduro aumentó considerablemente el tránsito de venezolanos desde el fronterizo estado Táchira (oeste) hacia Colombia. “Cada día pasan entre 10.000 y 16.000 venezolanos a Colombia. La mitad en tránsito, pues se va a otro país”, dijo a este diario una fuente del consulado colombiano en Venezuela.

Jennifer Duarte, administradora, se mostró angustiada por el aumento de los precios luego de los anuncios presidenciales. “Hoy vi la cola (del cajero automático) y me puse a hacerla, duré como 20 minutos en la cola. Por débito saqué 20 bolívares (con dos tarjetas), que son dos millones de los de antes. Con eso apenas me compro un café, no sirve para nada”, señaló.

“Fuera venezolanos”

Desde hace unos 10 meses, Venezuela registra una hiperinflación que, de acuerdo con estimaciones del FMI, hará que la subida de precios supere 1.000.000% al cierre de este año, algo que, según los analistas, se verá agravado por las recientes medidas económicas del Gobierno, que incluirán un eventual aumento de la gasolina más barata del mundo (con un euro vendido en el mercado negro se compran más de nueve millones de litros).

De acuerdo con cifras de la ONU, más de dos millones de personas han abandonado el país debido a la fuerte crisis económica lo que genera tensiones migratorias en países como Colombia, Brasil, Ecuador y Perú. En la ciudad fronteriza de Paracaima, en el estado brasileño de Roraima, manifestantes locales quemaron parte de un campamento de venezolanos, después de acusarlos de participar en un robo a un comerciante local. “Fuera venezolanos”, gritaban los manifestantes.

Otros países como Perú y Ecuador intentan restringir la llegada de venezolanos con el establecimiento de nuevos requisitos, como la exigencia de un pasaporte para entrar, un documento de difícil trámite en Venezuela.

En el caso de Ecuador, la medida deja varados a miles de venezolanos en el puente internacional de Rumichaca, en Colombia, país en el que ya existe una fuerte tensión debido al flujo migratorio. Esta vía era usada por las personas para llegar hasta otros destinos del continente como Perú y Chile.

Sin embargo, algunos ven algunos signos de mejoría con la nueva moneda. “Se ha visto que la ciudad está empezando a resurgir después de esta reconversión monetaria. Los bancos están trabajando y dando efectivo, dando 10 bolívares -equivalentes a un millón de los antiguos. He podido hacer transferencias, pagos y todo normal”, dijo César Aguirre, un contador de 38 años, tras retirar efectivo.

Una huelga que divide

Como respuesta a los anuncios, la oposición convocó a una huelga general de 24 horas que obtuvo un tibio respaldo de la población. Andrés Velásquez, el dirigente que lideró la llamada a la protesta, admitió que no fue acatada “por la totalidad del pueblo” y cifró en 60% la paralización de actividades. “Esto es una serie de luchas y paros en dirección a la huelga general de Venezuela”, explicó.

La protesta no fue respaldada por partidos del opositor Frente Amplio ni por Fedecámaras, la central patronal del país, a quienes Velásquez pidió respaldo en próximas convocatorias. “Espero que en las próximas acciones que hagamos estén incorporados los mayores sectores de la vida política y de la sociedad”, dijo.

Velásquez aseveró que algunos pequeños comerciantes fueron amenazados con cárcel o agresiones -por parte de integrantes del Gobierno- si no abrían sus puertas.

De acuerdo con el dirigente, los sectores del transporte y del comercio fueron los que más respaldaron la protesta. Destacó que la huelga se acató con mayor fuerza en los estados de Lara, Carabobo, Anzoátegui, Bolívar, Monagas y Sucre.

“Nosotros decidimos sumarnos a este paro como forma de protesta por el desastre económico que vive Venezuela, agravado en los últimos días por las absurdas medidas de la reconversión”, indicó Javier Rodríguez, gerente de una inmobiliaria en el sureste de Caracas.

También fue notorio el silencio de otros integrantes del Frente Amplio -como el ex candidato presidencial Henrique Capriles o el presidente del Parlamento de mayoría opositora,, Omar Barboza- que agrupa a sectores políticos y sociales que se oponen a Maduro.

Dirigentes del partido Voluntad Popular, fundado por Leopoldo López, dieron su respaldo a la acción. “El Paro Nacional es un reinicio. Este esfuerzo que está haciendo es para manifestarnos y reunificar todas las manifestaciones que ya están corriendo en las calles”, expresó el diputado Juan Guaidó.

La Venezuela del siglo XXI tiene 300 años de atraso por Gustavo Coronel – Blog Las Armas de Coronel – 22 de Julio 2018

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            DE CARLOS II A HUGO CHÁVEZ: 300 AÑOS DE INVOLUCIÓN

En lo que va de siglo XXI la sociedad venezolana muestra un atraso que la coloca en los últimos lugares del progreso, junto con Haití y los más miserables países de África. Tiene, por lo menos, 300 años de atraso, lo cual se puede comprobar con una comparación con la Inglaterra del Siglo XVII.

Daniel Defoe, autor de “Robinson Crusoe”,   clasificaba la sociedad Inglesa del siglo XVII en siete categorías:

LOS GRANDES, quienes vivían en la mayor riqueza y tenían el poder en sus manos

LOS RICOS, quienes vivían en la mayor abundancia

LOS MEDIANOS, quienes vivían bien

LOS TRABAJADORES, quienes trabajaban duros y ganaban la vida con el sudor de su frente

LOS ALDEANOS, quienes cultivaban la tierra y subsistían con dificultad

LOS POBRES, quienes llevaban una vida de angustias

LOS MISERABLES, quienes carecían de casi todo o de todo

Al pensar en esta subdivisión y tratar de compararla con lo que es la sociedad venezolana de hoy no podemos menos que llegar a la conclusión de que en aquella época de la Restauración, con Carlos II en el trono,  la gente vivía  mejor de lo que viven los venezolanos bajo el chavismo-madurismo, en pleno siglo XXI.

Comparemos las dos sociedades utilizando las mismas categorías definidas por Defoe:

LOS GRANDES.  En la época de Carlos II esta clase estaba integrada por las 1500 familias de la nobleza, de Duques hasta Barones, las cuales poseían casi la mitad de las tierras inglesas. Su ingreso promedio era, quizás, 1000 veces mayor que el de los pobres. En  el tope de la pirámide de poder estaba Carlos II, un verdadero gozón, mujeriego y mentiroso, quien decía: “Lo que yo digo lo digo con mis palabras. Lo que hago es culpa de mis ministros”. Lord Halifax decía de él (no a él): “Para su majestad, las  barraganas y los ministros son para ser utilizados, no queridos”. Su círculo íntimo incluía a los refinados Duque de Buckingham y Duque de Bedford y sus bufones existían solo para hacer reír a la corte.

En la pirámide venezolana de poder han estado el paracaidista Chávez y el chofer Maduro. Chávez decía que a los militares se les usaba y se les botaba, como a los condones usados. A sus ministros los insultaba por televisión. A sus queridas las traía y las llevaba  en los aviones de PDVSA. La “grandeza” de esta clase chavista no era ni ética, ni intelectual, ni de sangre. Se medía y se mide por su capacidad de adulación. Por ello su círculo íntimo ha estado integrado por insignes aduladores como Diosdado Cabello, Rafael Ramírez y José Vicente Rangel y por panzudos ministros de la Defensa quienes se arrodillan frente a los cubanos. Su corte ha incluido a bufones como Francisco Arias Cárdenas, Herman Escarrá y Roy Chaderton, quienes no provocan risas sino nauseas.

LOS RICOS. En la época de Carlos II los ricos eran de dos tipos: quienes habían heredado su riqueza y quienes, con su talento, habían hecho dinero. En esa época de la restauración inglesa los ricos que heredaban tenían mayor prestigio social que los ricos que hacían dinero durante su vida. Había relativamente poca movilidad social a través de la frontera entre los “nuevos” ricos y el dinero “viejo”. En la sociedad venezolana del siglo XXI hemos visto una inversión de esta situación. Mucho del dinero “viejo” se ha prostituido frente al dinero nuevo. La nueva riqueza se ha hecho a base de contrataciones fantasmas con el Estado corrupto y de saqueos al erario público. Y así vemos que los bolichicos son gente del “Country”, de apellidos sifrinos que se han aliado con gente de medio pelo como Diego Salazar Carreño o como Jesse Chacón, para obtener contratos que le han permitido hacer millones. Hoy en día la riqueza chavista  hiede y solo obedece a la codicia, no al talento, no al trabajo, no al esfuerzo honesto, sino a la impunidad. Esta pandilla chavista-madurista está integrada por unos 600 miembros principales de cuello blanco en la cual alternan gente de La Castellana con gente del 23 de Enero en podrida simbiosis. Allí se ven las caras élites del jet set con pandilleros venidos de los estratos culturales inferiores de la sociedad, hoy hermanados en torno a la misión conjunta de arruinar al país.

LOS MEDIANOS. En este grupo de la Inglaterra del siglo XVII se incluían los terratenientes, los militares, los clérigos y los que se denominaban “profesionales”: maestros, cirujanos (barberos), todos aquellos miembros respetables pero no nobles de la sociedad. En la Venezuela de hoy esta clasificación es equivalente a la gran diáspora, un grupo esencialmente formado por los integrantes de la clase media y  profesional venezolana que no se ha resignado a vivir bajo la bota chavista y que ha podido emigrar. Hay miembros de esta clase que quieren irse pero que no pueden hacerlo, por uno u otro motivo. Tristemente también hay miembros de esta clase que han decidido quedarse y colaborar con el régimen, viviendo más o menos bien de las sobras del saqueo. Son empleados y gerentes de las empresas del Estado, de los bancos amigos del régimen, contratistas que saben que hay fraude en lo que hacen  pero se resignan a cometerlo. A ellos hay que agregar a quienes comparten la filosofía política y moral del régimen, algunos de ellos intelectuales de tercera fila a lo Hernández Montoya, José Sant Roz o Earle Herrera, encuevados en APORREA.

LOS TRABAJADORES. En la época de Carlos II este grupo incluía a quienes desempeñaban las más diversas tareas cotidianas: carniceros, sastres, carpinteros, cocineros, “músicos”, zapateros (no José Luis) y tejedores. Esta es una clase que trabajaba duro para comer. En la sociedad chavista del siglo XXI este grupo es uno de los más sufridos. No pueden irse del país, tienen que coexistir con el narco-régimen,  son rehenes del sistema. Muchos optan por recibir el CLAP y hacerle creer a Maduro que están con él. Muchos tienen que prostituirse para sobrevivir. Parecería inútil y hasta cruel echarles en cara a este grupo su apatía y su resignación. Simplemente no pueden hacer otra cosa. Lo condenable es que el régimen los utiliza y los hace aparecer como la columna vertebral de la “revolución”. Uno de los mayores crímenes que ha cometido  el régimen chavista es haber explotado a este grupo para consolidarse en el poder, ya que le imposibilitan a estos venezolanos  hacer la transición de gentío a ciudadano, al embrutecerlos con limosnas atadas a exigencias de lealtad política. El peor ejemplo de este crimen es el uso que da el régimen a los trabajadores de PDVSA, al presentarlos como quienes pueden revertir la declinación de la producción de la empresa, algo que ellos claramente  no pueden hacer. Esta ficción solo ha servido para engordar grotescamente a Wills Rangel.

LOS ALDEANOS. La Inglaterra de Carlos II era 85% rural, dedicada a  tareas agrícolas. La sociedad venezolana chavista del siglo XXI es 95% urbana, con total abandono de la agricultura y dedicación a la buhonería y al bachaqueo. El país depende de las importaciones de alimentos, lo cual se ha constituido en un centro de gran corrupción en la cual participan civiles y militares, así como burócratas del más alto nivel, incluyendo la vicepresidencia del país. Intermediarios de El Aissami presuntamente importan cajas de alimentos con groseros sobreprecios para ser distribuidas entre quienes acepten ser leales al régimen, ver:https://www.diariolasamericas.com/america-latina/samark-lopez-quien-es-el-supuesto-representante-tareck-el-aissami-n4114873.

Ello representa un doble crimen: el fraude financiero y el fraude político de engaño al pueblo llano.

LOS POBRES Y LOS MISERABLES. En la Inglaterra de Carlos II los pobres eran los sirvientes, los marineros, los soldados rasos, verdaderos esclavos del sistema. Eran, en términos modernos, quienes ganaban un dólar al día. Al menos en el siglo XVII existía en Inglaterra una Ley de Pobres desde 1601, la cual obligaba a los pudientes a contribuir a sostener a los pobres. Pero lo que vemos en la sociedad chavista del siglo XXI es una clase rica que no paga impuestos y, que al contrario, saquea a la Nación y, abajo, una gran masa gente sometida a la más alta tasa  de inflación del mundo, a una total indefensión, a las privaciones y al desprecio del régimen imperante, a menos que sea para pedirles lealtad política a cambio de mendrugos.

Estimados amigos:

La Inglaterra del siglo XVII era una sociedad agrícola y tenía alrededor de 5,5 millones de habitantes y un 15% de pobreza extrema. La Venezuela del siglo XXI es una sociedad en caos, tiene unos 32 millones de habitantes y un 61% de pobreza extrema, a pesar del inmenso caudal de dinero petrolero que ha ingresado al país. Ver: http://www.el-nacional.com/noticias/sociedad/encovi-los-venezolanos-esta-sumido-pobreza-extrema_224041 . En 1670 el pueblo quería a su rey, hoy los venezolanos desprecian a su chofer.

La sociedad de la Venezuela de hoy está en peores condiciones que la sociedad inglesa del siglo XVII. La desidia del país ha permitido un retroceso de siglos. Es necesario sacar a los bandidos del poder, hacer lo que sea para llevar a cabo esta acción profiláctica. Mientras este crimen está en pleno desarrollo hay venezolanos indignos, quienes se reúnen para tratar de buscar la manera de coexistir pacíficamente con el narco-régimen. Dicen que hay que rechazar las sanciones internacionales, dicen que hay que ir a votar bajo la supervisión de Tibisay Lucena. Dicen que hay que dialogar.

Yo digo que esta gente es entreguista. 

 

¿Hacia dónde irá Venezuela si Maduro permanece en el poder? por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 24 de Junio 2018

La pregunta de cuál sería el destino de Venezuela si Maduro permaneciera en el poder vive en las mentes de millones de venezolanos. Entre otras cosas, porque ella es indisociable de la pregunta de cuánta destrucción más puede soportar nuestro país. Esa inmensa mayoría de los venezolanos que desean que Maduro se vaya de inmediato, es la misma que se hace la pregunta a la que intentaré responder en este artículo.

En términos generales, hay que decir: el país se empobrecería a un punto que no tiene comparación posible ni en el siglo XX ni en el XXI. Venezuela alcanzaría una situación que hoy ni siquiera podemos imaginar. Pero basta con proyectar las tendencias ahora mismo en curso, para que podamos establecer un punto de partida de lo que pasaría.

Lo primero que hay que decir: la pobreza extrema alcanzaría a 90% de la población. No cabe esperar otra cosa en un país, cuyos gobernantes han destruido su única fuente de ingresos, la industria petrolera, al tiempo de que han acabado con más de 60% del aparato productivo nacional. En ese marco de cosas, más de 70% de la población quedaría desempleada.

¿En qué consistiría entonces la economía venezolana? El país de la pobreza extrema tendría dos fuentes de ingresos: las remesas y la economía generada por el narcotráfico, desplazarían la importancia del ingreso petrolero. De mantenerse en el poder, tanto Maduro como los militares de su banda, sin industria petrolera a la que robar de forma sistemática, con una industria minera repartida entre decenas de mafias, se potenciarán las condiciones que estimularán el auge de la actividad del narcotráfico.

En una sociedad donde 90% vive en condiciones de pobreza, Venezuela sería incorporada a la lista de los diez países más pobres del mundo, hoy integrada por naciones como Burundi, Sudán del Sur, Gambia, Mozambique, República Democrática del Congo, Libera, Afganistán y otras. Ello significaría dos cosas en un corto período de tiempo: reducción de la talla y del peso promedio (caída que ya viene ocurriendo). La esperanza de vida, que, en el 2016 era de 74,41 años, comenzaría a disminuir drásticamente. A modo de referencia, quiero anotar aquí que, ahora mismo, en países como Nigeria y Zimbabue, los promedios de esperanza de vida son 53,05 y 59,16 años, respectivamente.

No puedo escribir, como si fuese una posibilidad, que las enfermedades que habían sido erradicadas a lo largo del siglo XX, volverían. No lo puedo hacer porque ya volvieron. Es algo que ha venido ocurriendo en los últimos cinco años. En las páginas de El Nacional, el pasado 23 de abril, lo informábamos a Venezuela y al mundo: la malaria, la difteria, el sarampión, el mal de Chagas, el dengue, la tuberculosis y la escabiosis, han regresado. Están avanzando y es realidad que, ahora mismo, preocupa a las autoridades de Colombia y Brasil. De seguir Maduro en el poder, estas y otras enfermedades continuarán expandiéndose, en medio de un sistema de salud arrasado y sin capacidad de respuesta.

Uno de los fenómenos más característicos del caso venezolano será, sin lugar a dudas, la pérdida de población. Huelga decir que esa pérdida sigue ocurriendo. De no salir Maduro del poder, la situación continuará irreversible. Puede parecer una exageración, pero en una década, los venezolanos que viven en el territorio nacional podrían reducirse a 20 millones, lo que equivale a decir que, en aproximadamente tres décadas, el 33% de los venezolanos emigraría.

No quiero ni siquiera imaginar cuáles serían las realidades que alcanzarían a la educación pública venezolana. Ahora mismo, en pleno período escolar 2018, se están produciendo realidades como esta: aulas cuya ocupación no alcanza a 40% de la matrícula, porque los alumnos no pueden asistir porque no tienen zapatos, o no tienen dinero o porque no hay transporte, o no hay comida, o los niños, en vez de ir al colegio, salen a las calles a buscar comida en los basureros. Conozco de casos en escuelas de Caracas, donde niños de 10 y 11 años, presentan serias dificultades de comprensión de párrafos, de sus propios libros, que no exceden las 35 a 40 palabras, o que no son capaces de resolver problemas elementales con operaciones básicas. ¿Es posible imaginar cuál será la calidad de la educación venezolana en 5 o 10 años? Y, en adición a lo anterior, ¿es posible estimar cuántos niños en edad escolar estarán matriculados: 20, 30%?

No habrá transporte, ni para los escolares ni tampoco para que las personas puedan ir a sus trabajos. No exagero: las llamadas “perreras” ya son una realidad en centenares de ciudades y pueblos de Venezuela. Que las dictaduras comunistas acaban con el transporte público, es una realidad experimentada por el pueblo en Cuba y en Corea del Norte. Los cementerios de autobuses comprados a China son una realidad inocultable, que cada día acumulará más y más chatarra. La desaparición de buses, camionetas y otros medios de transporte estará en relación directa con la destrucción de las vías públicas, calles, carreteras y autopistas, producto de la falta de mantenimiento, que es cada día más visible.

Agua: dos veces a la semana, como mejor promedio. Electricidad: dos o tres horas al día. Telefonía e internet: intermitente, sin que responda a ningún patrón, que no sea el puro caos. Semáforos: 70% sin funcionar. ¿Son estas cifras arbitrarias? No: son una realidad hoy, en algunas zonas del país, pero que, de seguir Maduro, se extenderán de forma irremediable por toda la geografía.

Del estado de la economía, es casi imposible establecer una proyección. Cualquier ejercicio hecho a partir de las tendencias del presente, es simplemente aterrador: producción petrolera reducida a 300 o 400 mil barriles al día; hiperinflación que habrá alcanzado niveles de 200.000 o 300.000% por año; precios de alimentos básicos que podrían alcanzar los trillones o los cuatrillones. En medio de semejante barbaridad, lo más probable es que comiencen a aparecer monedas locales y se institucionalicen los centros de trueque.

De seguir Maduro en el poder, Venezuela se aislará del mundo. Quiero decir, se aislará todavía más. El aeropuerto internacional Simón Bolívar será receptor de dos o tres vuelos diarios. Nuestro país quedará fuera de la gran mayoría de organismos internacionales. Decenas de embajadas y consulados deberán ser cerrados porque no habrá presupuesto para mantener oficinas y personal pagados en divisas.

Pueblos enteros y grandes zonas de las ciudades caerán, a plena luz del día, bajo el control de la delincuencia. Bandas armadas, colectivos, paramilitares, guerrillas colombianas, narcotraficantes, mineros y otros grupos se repartirán espacios urbanos con la Policía Nacional Bolivariana, la Guardia Nacional Bolivariana y otras unidades de la FANB.

¿Qué pasará con la oposición, con la disidencia, con los grupos que defienden a las víctimas de violaciones de sus derechos humanos? Estarán presos: miles y miles de presos por sus convicciones y por protestar. Miles de torturados. Miles de enjuiciados. Miles de perseguidos. ¿La corrupción? Todo, absolutamente todo, será canibalizado por la corrupción. No habrá intercambio, diligencia, papeleo, petición, servicio o denuncia, que no deba rendir tributo a la corrupción.

¿Y qué pasaría con el otro 10%, con el que no estaría sumido en la pobreza crítica? Formaría parte de uno o de varios poderes: el político, el policial-militar, el narcotráfico, las bandas armadas, el comercio y las empresas que se mantendrán para venderle bienes y servicios a los capos del régimen. El país derivará hacia una cada vez más estrecha y nepótica oligarquía roja, dominada por las familias Cabello, Flores, Maduro y Rodríguez.

Cada ítem de este este ejercicio se basa en tendencias en curso. No hay invención. Por el contrario, cualquier lector podría añadir temas y proyecciones que aquí no se han incluido. Todos en Venezuela, incluyendo a personas del propio gobierno, saben que las cosas están condenadas a empeorar. Que, es lamentable decirlo, nuestro país empeorará todavía más. Por lo tanto, no tenemos alternativa. Estamos obligados a provocar un urgente cambio en el poder. De inmediato.

 

 

Reconstruir a Venezuela por Alfredo Cilento-Sarli – UCV – 22 de Junio 2018

Presentación sobre Reconstruir a Venezuela  Primero lo primero ante la Academia Nacional de Ingenieria y Habitat y el Instituto Desarrollo Experimental de Construccion de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, en el siguiente enlace :

ACS. JUNIO 2018. PRIMERO LO PRIMERO [Autosaved] 

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