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La riqueza: futuro desafío por Ramón Peña – La Patilla – 8 de Octubre 2017

 

La huella de miseria que en algún cercano momento dejará este régimen, llama a imaginar para nuestro país una concepción del poder, no solo abismalmente distinta del engendro que ocasionó esta tragedia; también será necesario, superar definitivamente ese pensamiento político de mediados del siglo pasado, que gestó nuestra democracia con un sesgo constitutivamente estatista y un discurso juanbimbesco y populista. Rémoras que, como pesado lastre, han impedido hacer del nuestro un país de alto vuelo. Durante algunos años este esquema pareció asomarse a los avances de las sociedades más desarrolladas y en algun momento estuvo a punto de buscar la ruptura hacia la modernidad, pero flaqueó institucional y éticamente y terminó sirviendo de base doctrinaria para que se colara este populismo caudillesco, militarista y corrupto, amancebado con los proxenetas dictadores caribeños.

Será ineluctable barrer los polvos que provocaron estos lodos de penuria y atraso y quebrar los moldes de esa genética politica. Una visión fundamental será concentrarse de una buena vez en la generación de riqueza privada como viga maestra para el abordaje de la llamada justicia social y el tratamiento de la pobreza. Hasta los comunistas chinos descubrieron los beneficios de este enfoque. La idea de estatismo económico supuestamente dedicado a los necesitados, no ha degenerado más que en corrupción y en la nivelacion por lo bajo de toda la sociedad. Como subproducto nos queda ese conformismo pernicioso que hoy se rinde ante una bolsa de comida.

Una señal orientadora nos la proporciona hoy Emmanuel Macron, el joven Presidente de Francia que ha sacudido l’établissement politique, quien afirma con convicción: ‘’Necesitamos jóvenes franceses que sientan el deseo de convertirse en millonarios’’. Así, sin falsos sonrojos judeocristianos, exalta la creación de riqueza como el camino seguro para la prosperidad y bienestar de la sociedad. Un provocador mandato que tendremos que hacerlo nuestro.

 

 

El crimen inflacionario por Enrique Marquez – Apertura Venezuela – 25 de Septiembre 2017

Diputado-Enrique-Márquez1.jpgLa racionalidad económica indica que nadie debe intentar gastar más de lo que recibe como ingresos. Quien quebranta este mandato, aterriza siempre en el mismo escenario: quiebra, endeudamiento y miseria. En Venezuela tenemos un refrán que lo resume: cada quien se arropa hasta donde le da la cobija. Un razonamiento que tiene validez para cualquier economía familiar, para la gerencia empresarial y la administración de un estado o un país.

Esta sencilla lección del sentido común no ha sido aplicada. Se tropieza obstinadamente con la misma piedra, se reciclan los mismos errores y se profundiza la debacle económica. Venezuela ha sido manejada, una y otra vez, con el criterio de un mal padre de familia, muy derrochador cuando tiene mucho y muy irresponsable cuando merman los ingresos.

Durante el gobierno de Hugo Chávez el petróleo se cotizó a precios jamás alcanzados y Venezuela vivió la bonanza de ingresos más prolongada de toda su historia. Sin embargo, el progreso económico y el bienestar social no lograron despegar. Al contrario, por mal modelo y peor administración, Venezuela despilfarró sus ingresos en un crecimiento sin precedentes del gasto público, multiplicando las empresas del estado y hasta regalando nuestra riqueza para ganar respaldos políticos en el continente y el mundo.

Injustificadamente se incrementó la deuda de la República a niveles no conocidos. Se pidió prestado a cuenta de la bonanza y se malgasto lo prestado. No se conocen obras de infraestructura que hayan asegurado la prestación del servicio de agua potable y electricidad, que hayan mejorado la vialidad del país o que hubieren multiplicado los hospitales y las escuelas. El gobierno de Chávez se dedicó a correr tras una ideología equivocada, buscando la igualdad de los venezolanos a través de la destrucción del aparato productivo, la persecución de sus empresarios y el cercenamiento de las libertades. Tras esa carrera desenfrenada, cuando acabó el tiempo de las vacas gordas, todos nos descubrimos más pobres y menos iguales.

A Nicolás Maduro le ha tocado administrar otra época, la de los bajos ingresos petroleros, y se empeñó en hacerlo peor que su predecesor. En lugar de apretarle el cinturón al gobierno, se lo angostó a la gente. Perpetró uno de los mayores crímenes que un gobierno puede cometer en contra de su pueblo: imponer la pobreza a la fuerza. En vez de jerarquizar el gasto decidió financiar el agujero fiscal, estimulando una economía inflacionaria y con la complicidad del BCV abrió las compuertas de la emisión de dinero inorgánico.

El gobierno financia sus gastos, cada vez más altos, con dinero que imprime sin respaldo real, y que inyecta a una destruida economía con muy baja oferta de bienes y servicios, generando el resultado que todos los economistas del mundo llaman a evitar: un descomunal y continuo incremento de todos los precios que hace imposible que la mayoría pueda adquirir medicinas y alimentos esenciales para vivir. Aumento de precios aún más dramático porque junto con la destrucción de la producción el gobierno le asesta, con la escasez, otro mazazo a la economía familiar de los venezolanos.

La inflación es un “crimen premeditado” cometido por el gobierno porque se niega a recortar sus gastos y corregir el camino equivocado. Le importa más acuñar su modelo que dejar de imponerle más pobreza y miseria a toda la sociedad. Nicolás Maduro ha tomado decisiones económicas a conciencia de sus resultados catastróficos y ha utilizado la fuerza para intentar doblegar la justa protesta de las mayorías. A Dios gracias no ha podido ni podrá doblegar la voluntad de un pueblo que está decidido a conquistar los cambios que hay que hacer en Venezuela.

La inflación es un impuesto que se debe pagar a la fuerza para financiar al gobierno. El pueblo debe pagar los productos y los servicios cada vez más caros, a medida que la espiral inflacionaria, convierte la moneda y el salario en sal y agua. Nuestra canasta alimentaria, según el CENDAS, ya supera los dos millones de bolívares fuertes, número que muestra la imposible labor de alimentar a una familia con los niveles salariales que mantiene el gobierno. Es así como es a los pobres a quienes más se les saca el dinero del bolsillo para transferirlo a las cuentas particulares de la clase gobernante.

El Nuevo País que queremos con urgencia requiere que esta situación sea revertida a través de la implementación de políticas públicas responsables y coherentes, para detener el crimen inflacionario y evitar que la pobreza siga expandiéndose. Sin llegar al análisis exhaustivo, proponemos como vitales la adopción de las siguientes:

– Sincerar el gasto público y establecer un nivel máximo de gastos al gobierno atado a lo que pueda recabar en impuestos, eliminando egresos dispendiosos para focalizarse en las necesidades prioritarias de la gente y la reconstrucción de calidad de vida para todos.

– Reformar la Ley Orgánica del BCV para devolver su autonomía de funcionamiento y la misión constitucional de defender la moneda. Proponemos que el BCV coloque un tope a la variación interanual de la cantidad de moneda en circulación, dejando de imprimir dinero inorgánico.

– Permitir un tipo de cambio en torno a sus valores de equilibrio y desmontar el control de cambios. Esta política debe ser adoptada analizando la dinámica del llamado mercado paralelo y generando sustentabilidad a la moneda.

– Suspender los controles de precios que no sólo han sido inútiles en la lucha contra la inflación, sino que generan la caída en la oferta de productos y servicios.

– Aplicar con sentido de solidaridad y de integración social responsable un plan de subsidio directo a las familias más pobres dentro de una visión progresista que permita a toda la sociedad acompañar a un nuevo gobierno en el camino de recuperación de la economía nacional y el restablecimiento de una democracia socialmente avanzada.

¿Qué va a pasar ahora? por Luis Vicente León – ProDaVinci – 17 de Septiembre 2017

1457703725927-810x561.jpgSi vamos a ser sinceros, la única respuesta certera a esa pregunta es que puede pasar cualquier cosa, desde lo que más deseas hasta lo que más temes.

Pero, aunque esa sentencia es cierta, nos sirve poco para la toma de decisiones. Entonces voy a hacer algo riesgoso: describir lo que creo mas probable, aunque sea sólo uno de los muchos escenarios posibles.

A diferencia de la visión de mis amigos, que piensan que la agudización de la crisis, condimentada por sanciones y aislamiento internacional, generará las condiciones de salida del gobierno, mi opinión es que mientras más fuerte sea ese deterioro, más primitiva sea la economía y más autocrático se vuelva el gobierno, la probabilidad de su permanencia en el poder se amplifica.

Pero, ¿cómo es posible que debilitando económicamente al gobierno, pueda más bien afianzarse? Veamos.

La primitivización del país, producida por un modelo intervencionista y controlador, se ve amplificada por la aplicación de sanciones. No me refiero a las sanciones personales, que afectan sólo a sus destinatarios. Se trata de las sanciones financieras y económicas al país, que si bien no son la razón de la crisis, sin duda la amplifica. Es un absurdo decir que restringir las operaciones financieras de PDVSA y el financiamiento del país no tiene impacto en la gente. No me tienen que explicar qué buscan esas medidas. Obviamente lo se. Lo que si me deben explicar es por qué esas mismas acciones no funcionaron para sacar a los gobiernos sujetos a sanción en prácticamente ningún país donde han sido utilizadas. ¿Te suena Cuba, Rusia, Corea, Zimbabue, Siria, incluso Irán?

Ahora, si reconocemos que el objetivo de esas medidas es aislar a esos gobiernos (que permanecerán en poder) y debilitarlos económicamente para que no se conviertan en un riesgo a la región y de carambola le den una ayudadita de popularidad a algunos líderes de los países donde se originan las sanciones, entonces estamos siendo más sinceros y podría acordar que las mismas les funcionan perfectamente. El tema es que para quienes vivimos en Venezuela sólo sirven para complicarnos la vida y empobrecernos más, como si el gobierno venezolano ya no fuera suficiente karma para nosotros.

La tesis de que retar mas al pueblo tiene el efecto equivalente a las banderillas en un toro y finalmente la gente se rebelará para sacar por las mechas al gobierno, además de chocar contra la evidencia empírica de los países sujetos a sanciones, donde nada de eso ha pasado, parece olvidar un tema central del comportamiento humano. Bloquear al gobierno por supuesto lo empobrece a él y a los suyos. El problema es que también empobrece aún más al resto de la gente y ahora con un nuevo culpable para explicar porque estamos tan mal (probablemente olvidando que ya lo estábamos).

Resulta que en esa primitivización, el gobierno afectado es, de todas maneras, el único capaz de conseguir algo de oxígeno, por ejemplo en Rusia o en China. Y es además el único que tendrá algo que vender, aunque sean migajas. Es decir, seguirá siendo el único repartidor de algo y puede convertirse en el Big Brother del charquero en el que ya estamos.

¿Puede ser distinta esta historia? Claro. Si la acción internacional se convierte más bien en una fuerza que eleva el poder de negociación de la oposición y obliga al gobierno a buscar mecanismos de negociación política, que no comprometen su cabeza, pero si le presionan a abrir espacios para el rescate de la democracia a futuro y se plantean claramente los mecanismos de reducción del costo de salida de ese gobierno, cuando corresponda, entonces, y sólo entonces, podríamos ver una luz al final del túnel.

 

Subestimar la maldad por Alberto Rial – El Carabobeño – 10 de Septiembre 2017

36941-150x150.jpg¿A qué se parece la Venezuela de hoy? Tengo amigos que decían, allá por 2003 y 2004, que Venezuela no era Cuba y que nunca se llegaría al extremo del socialismo antillano. Pero el pronóstico se quedó muy corto, por decir lo menos.

No se puede negar que hay un remedo de Cuba en la falta de libertades, en el partido único (es decir, el único que gobierna) y en la imposibilidad de contar con elecciones limpias e imparciales; o en los presos políticos y el acento militar de la dictadura. Siendo uno de los países más violentos del mundo, Venezuela también se podría parecer a Honduras, con el que comparte las peores estadísticas de homicidios. O a Siria, aunque allí hay una guerra civil que ya lleva 6 años.

En términos de pobreza, escasez y miseria, Venezuela se está aproximando a sitios como Somalia, donde cada año se presenta el fantasma del hambre y una sequía en 2011 acabó con los alimentos y causó miles de muertos. Tiene rasgos que comparte con Zimbabwe: la inflación más alta del mundo y una economía arruinada por autoridades incapaces y despiadadas. O con Haití, en tiempos de papá Doc, por la tiranía, el desmadre y la pobreza.

En todo caso, la situación de Venezuela es única. Un país con recursos de sobra pasó de regalador a pedigüeño en 10 años. De rico petrolero a mendigo. De democracia a dictadura; de tolerante a sectario; de igualado a resentido; de alegre a sombrío; de saludable a desnutrido. De ser una sociedad libre a estar secuestrado por una minoría que se da la gran vida y dedica todos los recursos públicos -salvo unas migajas que deja caer- a complacer sus caprichos. De tener un ejército institucional a calarse una milicia corrupta, cómplice de la oligarquía que gobierna.

Hace dos semanas, dirigentes opositores dijeron que el error de la oposición había sido subestimar “la locura” del régimen y que era necesario reinterpretar la lucha contra el gobierno. La verdad, es un poco tarde para subestimar y reinterpretar la catástrofe que sufre el país de los 300 mil asesinados, de las muertes por hambre y de las enfermedades medievales. El país de los dos millones y pico de paisanos que han emigrado a buscarse la vida como sea y de los 28 millones que pasan trabajo por seguir adentro, o que preparan sus maletas para salir cuanto antes. Quizás se pueda entender que alguien en 2004 dijera que Venezuela no era Cuba, pero no hay forma de tragarse que hoy, ayer o hace 5 años, se pudiera subestimar la maldad del chavismo.

 

Postales de una Venezuela exprimida por Loris Zanatta – Clarin – 8 de Septiembre 2017

5878ec38403817d91964d6b7.pngNo está lleno, el vuelo a Caracas, pero casi. Cuesta creerlo: ¿quién viaja allí en estos tiempos? Un montón de chinos. Todos varones. Qué estúpido no haberlo pensado: Beijing está comprando Venezuela. Sin su crédito, Nicolás Maduro ya habría declarado bancarrota. Pero nada es gratis: ¡chau, soberanía!

En Maiquetía se respira el Caribe. Al menos eso: de aire acondicionado ni hablar. Es sofocante, pero la fiesta comienza: primero en distribución de la riqueza, anuncia un panel gigante. ¡Qué raro!: casi no hay aviones en el aeropuerto. Era un centro neurálgico. ¿Qué pasó? Pero hay muchos militares, aburridos y torvos. Dan miedo.

Soy invitado y quiero tener algo en el bolsillo. La chica del cambio me mira incrédula. Así es que mi billete de cincuenta euros ingresa a la historia: lo fotocopia y me pide certificar la tontería con huellas dactilares. A cambio, consigo treinta y dos billetes, una libra de papel: afuera me habrían dado seis veces más. La mayoría son de 100 bolívares. Valen cinco centavos de euro cada uno. No sirven para nada, pero son los más difundidos.

Salgo en busca de la igualdad de la que el gobierno se jacta. Voy acompañado porque Caracas es peligrosa. Mucho. No confío del todo en las estadísticas: un día leí que Argentina tenía menos pobres que Alemania. A primera vista, nada nuevo: al Oeste, los ranchos de siempre, luego Catia, donde nadie se detiene en el semáforo en rojo y la gente deshace las bolsas de basura en busca de comida. Más que de veinte años de socialismo y petróleo a las estrellas, esta ciudad parece salir de un bombardeo. Al Este estaba la Caracas “bien” y allí permanece, con sus hermosos jardines y sus tiendas. Pero hay algo que no me convence. Lo entiendo hablando con los clientes de un panadero del Chacao, de una frutería de Altamira, paseando entre estantes casi vacíos: hay bronca, humillación, desamparo.

La vieja oligarquía hace las maletas, la clase media ha perdido todo. Pero entonces es cierto: ¡aquí está la igualdad! Los pobres siguen siéndolo, pero al menos ahora lo son todos. Hugo Chávez revirtió el aforismo de Olof Palme: ha odiado a los ricos más que amado a los pobres, y ahora la pobreza reina soberana. Soberana pero no pacífica: el volcán murmura, la tensión es palpable. Ver para creer: salgo al Petare. He visto muchas villas o favelas pero esta las supera a todas. Respecto al pasado, le añadieron un teleférico. Une la base a la cumbre, sin paradas intermedias. Casi todo el mundo vive en el medio. ¿Una idea genial? Su vida es conocida: narcos y suciedad, violencia y corrupción, robos y violaciones. ¿Y el Estado? No llegó.

Vuelvo a la ciudad y, mirando bien, descubro autos nuevos, restaurantes elegantes, centros comerciales de moda. Menos mal. ¿Pero la igualdad? Alguien es más igual que los otros. Y el secreto es siempre el mismo: tienes que poseer dólares, recibirlos al cambio oficial y revenderlos al paralelo. En ese caso, serás rico. Sin producir nada.

¿Pero cómo puedes tenerlos si los tiene todos el Estado? En la pregunta está la respuesta: tienes que hacerte con un pedacito de Estado. ¿Cómo? Conviértete en bolivariano. El Estado es su botín. Los nuevos ricos son especuladores codiciosos, cínicos parvenues, jóvenes desenfrenados: están en todas partes y se notan. Los llaman boliburgueses, bolichicos: en el plano etimológico, son nombres impecables. Leer más de esta entrada

Venezuela, de país rico a muy pobre en apenas 20 años – La Patilla – 7 de Septiembre 2017

En 1950, mientras el resto del mundo estaba luchando por recuperarse de la Segunda Guerra Mundial, Venezuela tenía el cuarto PIB per cápita más rico en la Tierra. El país era 2 veces más rico que Chile, 4 veces más rico que Japón y 12 veces más rico que China.

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Así lo afirma Jeff Desjardins, en su artículo “From Richer to Poorer: Venezuela’s Economic Tragedy Visualized” publicado en The Money Project, una iniciativa colaborativa entre Visual Capitalist y Texas Precious Metals que pretende mediante el uso de gráficas intuitivas explorar el origen, naturaleza y uso del dinero.

Desafortunadamente para Venezuela, esta riqueza no duraría – y una excesiva dependencia del petróleo pronto diezmaría la economía de maneras inesperadas.

La caída de la economía venezolana
Desde 1950 hasta principios de los 80, la economía venezolana experimentó un crecimiento sostenido.

En 1982, Venezuela seguía siendo la economía más rica de América Latina. El país utilizó su vasta riqueza petrolera para pagar programas sociales, incluyendo servicios de salud, educación, transporte y subsidios alimentarios. Los trabajadores en Venezuela estaban entre los mejores pagados en la región.

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El Producto Interno Bruto per cápita (Gross Domestic Product GDP en inglés) medido en dólares corrientes, era de 8.690 dólares por persona, superior al de México, Argentina, Brasil y Chile. El precio promedio del barril de petróleo era el equivalente a 79,50 dólares.

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Para 1987, el PIB per cápita de Venezuela seguía siendo el mayor de la zona, con 9.528 dólares por persona, seguido por Argentina. El barril de petróleo crudo promedió ese año 37,62 dólares en los mercados internacionales.

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Cinco años después, en 1992, Venezuela seguía liderando con 11.214 dólares per cápita de PIB. seguido por Argentina. Chile supera pro primera vez a Brasil con 7.125 dólares per cápita versus 7.018 dólares per cápita de los brasileños. El barril de crudo promedió ese año 33,04 dólares

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En 1997, Venezuela aún lideraba el PIB per cápita en la zona con 12.020 dólares por persona, seguido de Argentina con 11.762 dólares per cápita. Y Chile se acerca al PIB per cápita de México con 10.180 dólares por persona. El barril de crudo se cotizaba en 27,98 dólares.

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Cinco años después, en 2002, Chile y México lideran el grupo de análisis con 12.224 y 12.099 dólares de PIB per cápita respectivamente. El PIB per cápita de Venezuela retrocede a 10.859 dólares. Argentina y Brasil cierran el grupo. El barril de petróleo promedió 30,52 dólares ese año.

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En 2007, Venezuela continúa en el tercer puesto del grupo de análisis con un PIB per cápita d 16.527 dólares. Chile lidera con 17.484 dólares por persona de PIB. Cierra Brasil con un PIB de 12.607 dólares por persona. El barril de crudo promedió los 74,44 dólares.

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En 2012 Chile se consolida como el líder en riqueza del grupo, con un PIB per cápita de 21.542 dólares, lugar que anteriormente ocupaba Venezuela, que repite en e tercer lugar con un PIB de 18.382 dólares por persona, a pesar que el petróleo promedió 90,72 dólares por barril en los mercados internacionales ese año.

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Este año, según las cifras estimadas por el Fondo Monetario Internacional (IMF en inglés), Venezuela ocupará el último lugar del grupo, con un brutal retroceso del PIB per cápita, que se ubicaría en 12.857 dólares al cierre del año, la mitad del de Chile, que lidera el grupo con 24.979 dólares. El precio del barril ajustado por inflación cerraría en promedio de 50 dólares.

Con más de lo mismo, peor de lo mismo

Para el año 2022, las proyecciones del Fondo Monetario Internacional, considerando que no hay cambios radicales en las políticas populistas que arruinaron al país, Venezuela alcanzaría un lamentable nivel de pobreza, con una continuada caída del PIB per cápita.

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En 2022, con proyecciones del FMI, tendríamos que el PIB per cápita de Chile casi triplicaría al de Venezuela, el de Argentina y México lo duplicarían y el de Brasil sería 50% superior.

Las cifras lo indican: Desde hace 20 años la economía en Venezuela, a pesar de los altos precios del petróleo, se fue rápidamente cuesta abajo en su rodada.

Ver también Hausmann: El colapso de Venezuela no tiene precedentes

El país tiene una escasez masiva de alimentos, de electricidad, agua potable de calidad y otros bienes esenciales, mientras la violencia está aumentando en Caracas y otras ciudades del país. Más recientemente, el gobierno está tratando de endurecer su control sobre el poder, intentado la reescritura de la constitución, lo que ha sido rechazado internamente e internacionalmente.

La mala gestión de la economía ha llevado a que personas mueran por falta de medicamentos y alimentos. Organismos internacionales están calificando la situación como una crisis humanitaria.

Es extremadamente desalentador ver en lo que alguna vez fue uno de los países más ricos del planeta abrumado por la pobreza.

Y aunque la condición actual de Venezuela es una tragedia en sí, la incapacidad del país para alcanzar con su verdadero potencial económico es casi tan devastadora.

 

5 visiones: el impacto de la Constituyente en la economía por Víctor Salmerón – ProDaVinci – 19 de Julio 2017

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De izquierda a derecha: Ángel Alayón, Ronald Balza, Jaime Bello León, José Guerra y Omar Zambrano. Fotografía de Andrés Kerese.

En un entorno signado por el empobrecimiento súbito de la gran mayoría de los venezolanos, inflación galopante y hundimiento de la producción, la Universidad Católica Andrés Bello reunió a cinco expertos moderados por Jaime Bello León para analizar qué puede ocurrir con la economía en caso de que el próximo 30 de julio se instale una Asamblea Nacional Constituyente con poderes absolutos.

Francisco Monaldi, profesor del IESA y de la Universidad de Rice; Omar Zambrano, quien se ha desempeñado como economista principal del Banco Interamericano de Desarrollo en países de la región; José Guerra, diputado y exgerente de investigaciones económicas del Banco Central de Venezuela; Ronald Balza, decano de la Facultad de Economía de la Universidad Católica Andrés Bello y Ángel Alayón, economista con maestría en la Universidad de Chicago, coinciden en que la Constituyente que ha planteado el Gobierno incrementa la incertidumbre y amenaza con agravar el malestar de la economía.

Colapso petrolero

Francisco Monaldi centró su intervención en las consecuencias que tendría para el país reformar la Constitución para impedir o limitar la participación del sector privado en las áreas de petróleo y gas.

“Hermann Escarrá, asesor del presidente Nicolás Maduro, ha generado una gran incertidumbre al manifestar en un par de ocasiones que hay que cambiar el artículo de la Constitución que permite la participación del sector privado en asociaciones o empresas filiales de Pdvsa. Esto es lo que da base a la existencia de las empresas mixtas y a que en el sector del gas empresas privadas puedan tener una participación mayoritaria en los proyectos que se llevan a cabo”.

Al evaluar el impacto que tendría prohibir la participación de las empresas privadas en el sector petrolero, dijo de manera categórica:

“Las implicaciones son gigantescas. La producción de Pdvsa, la que gestiona sin socio alguno, hoy es un tercio de lo que era cuando el chavismo llegó al poder. Hoy en día la mitad de la producción de petróleo de Venezuela es gestionada por las empresas mixtas, que cuentan con la presencia de un socio internacional. Impedir la participación de estos socios sería destruir lo poco que queda. Hermann Escarrá ha manifestado esta idea en auditorios de Pdvsa ante el gran aplauso y entusiasmo de los gerentes, en una ocasión estando presente el presidente de Pdvsa, Eulogio del Pino. Además, el ministro de Energía, Nelson Martínez, ha validado este tipo de afirmaciones”.

Francisco Monaldi también se refirió a la propuesta de los candidatos a constituyente Fernando Travieso y David Paravisini, quienes consideran que hay que limitar la presencia del sector privado en los proyectos de gas natural, obligando a Pdvsa a que tenga la mayoría accionaria en cada una de las iniciativas.

“Pdvsa no tiene flujo de caja para cumplir con su propia producción y en esas condiciones tendría que tomar la mayoría accionaria de los proyectos de gas. Esto afectaría fuertemente la actividad. Además, Fernando Travieso ha dicho que hay que expropiar el proyecto Cardón IV del campo Perla en Paraguaná, el único proyecto importante que se ha ejecutado en los años en que el chavismo ha estado en el poder”.

A manera de conclusión, afirmó que la Constituyente le plantea al país un reto de envergadura:

“Nos estamos jugando algo demasiado grave, la democracia, la república, la libertad y también el futuro de la industria petrolera, de la economía venezolana. Está en juego la posibilidad de que la población pueda tener una vida digna”.

Camino a la hiperinflación

Omar Zambrano afirmó que no hay razones válidas desde el punto de vista económico para reformar la Constitución.

“No es cierto el argumento de que la Constitución de 1999 es una camisa de fuerza que impide que el Gobierno solucione la crisis económica y enfrente la extrema inestabilidad que tenemos. En los artículos que van desde el 311 hasta el 321 está todo lo que se necesita para aplicar una política económica racional y lograr, como lo han hecho países vecinos, estabilidad, crecimiento, baja inflación y bienestar. Entre otras cosas, allí se contempla estabilidad de precios, un fondo de estabilización macroeconómica y la prohibición de que el Banco Central financie el déficit fiscal”.

Desde su punto de vista la Asamblea Nacional Constituyente tiene, entre otros objetivos, la intención de apropiarse de dos atribuciones que corresponden al parlamento:

“Es obvio que van detrás de dos atribuciones de la Asamblea Nacional: la aprobación de deuda externa y la aprobación y revisión de todos los contratos de interés nacional”.

El anuncio que ha hecho el presidente de la República, Nicolás Maduro y el exministro Elías Jaua, de que la Constituyente congelará todos los precios es visto como una amenaza importante:

“Redoblar la apuesta sobre los controles de precios es una muy mala noticia. Este es el error de política económica más notorio en esta debacle de las condiciones de vida de los venezolanos. Está demostrado que los controles de precios no funcionan y ocasionan escasez, colas, mercados negros y, en el caso de Venezuela, redes de corrupción que tratan de extraer las rentas que crean esos mercados negros”.

Agregó Omar Zambrano:

“Seis meses antes de que se destapara la hiperinflación abierta, Zimbabue instauró un férreo control de precios con milicias formadas por paramilitares que encarcelaron a empresarios. Seis meses después la inflación era de 40 mil por ciento porque se trata de un problema monetario, mucho dinero persiguiendo pocos bienes. Venezuela tiene una trayectoria que nos va a conducir tarde o temprano a una hiperinflación. El Banco Central imprime dinero en cantidades masivas para financiar a un fisco que no tiene fuentes legítimas de financiamiento porque sus propias políticas le han cerrado todas las vías”.

Riesgo de devastación

Ángel Alayón destacó que la economía del país está inmersa en un proceso de destrucción que comenzó con el ataque a la propiedad privada a través de las expropiaciones y controles que impiden la toma de decisiones. Otros factores responsables del deterioro económico han sido la implementación de procesos de planificación centralizada y el intervencionismo por parte del Estado.

Desde su punto de vista son estas políticas la causa del empobrecimiento actual:

“El deterioro arrancó desde hace un buen tiempo y es la causa del empobrecimiento súbito que sufre Venezuela, un empobrecimiento de tal magnitud y velocidad que ha sido padecido por muy pocos países donde no ha habido una guerra o una catástrofe natural de grandes dimensiones. El fenómeno del hambre forma parte de esta crisis. Mediciones señalan que los venezolanos consumen 60% de los alimentos que consumían hace tres años, mientras que al mismo tiempo crece la desigualdad”.

La escasez, dijo Ángel Alayón, es un resultado inherente al modelo y está siendo utilizada por el Gobierno con fines políticos:

“Estamos en una economía de la escasez y no podría ser de otra manera con estas políticas. Y con la escasez aparece el fenómeno del racionamiento. Economistas y psicólogos han comprobado que cuando nos falta lo más básico nuestro ancho de banda cognitivo se reduce y nos concentramos en la supervivencia, en un marco de profunda dependencia. Esto abre la posibilidad de que la escasez sea utilizada como un elemento de control político, como lo hace el Gobierno a través de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP)”.

Explicó que a este deterioro se añadirá el impacto que crea el anuncio de que el país irá a un proceso donde todas las reglas pueden ser trastocadas:

“Al proceso que hemos vivido se añade un shock de incertidumbre con la posibilidad de la constituyente. Y la economía le huye a la incertidumbre porque no permite visualizar el futuro. Nada peor para la inversión que no saber qué cambios en el entorno pueden venir porque se va a activar una especie de botón nuclear donde las reglas pueden cambiar de la noche a la mañana”.

Desde su punto de vista el país podría caer en un ciclo de devastación.

“La Constituyente amenaza con profundizar el proceso de destrucción y el desafío como sociedad es evitar un proceso de devastación donde sea mucho más difícil iniciar la reconstrucción del país”.

El endeudamiento

José Guerra coincidió con Omar Zambrano en que la Constitución de 1999 permite un manejo eficiente de la economía:

“Desde el punto de vista conceptual es una buena Constitución. Establece el respeto a la propiedad privada y una economía mixta donde el Estado juega un rol importante. Además, contempla la autonomía del Banco Central, la preeminencia de la estabilidad de precios, obliga a que exista un acuerdo de política económica entre el Banco Central y el Gobierno. Otro aspecto relevante es que prohíbe los gastos no presupuestados y señala que no se reconocerá el endeudamiento que no haya sido aprobado por el Legislativo”.

Seguidamente agregó:

“Con esta Asamblea Nacional Constituyente el Gobierno quiere tener manos libres para gastar y endeudarse”.

En su opinión, la economía corre el riesgo de caer en una mayor inestabilidad:

“La propuesta de estatizar las empresas mixtas de petróleo es grave; si eso se materializa, aquí no se va a producir una gota de petróleo porque Pdvsa está en bancarrota. Las empresas extranjeras son las que tienen la tecnología para extraer el petróleo pesado de la Faja. Además, el Gobierno se propone el absurdo más grande: controlar todos los precios, algo que se traduciría en una enorme escasez y, por último, estatizar los proyectos de gas en un país donde no hay bombonas de gas por la ineficiencia del Estado”.

La represión

Ronald Balza destacó que la Constitución ha sido violada de manera reiterada porque a pesar de que el país se manifestó en contra de la reforma que en 2007 quiso incluir en la carta magna el socialismo y las comunas, el Gobierno siguió adelante con este proyecto.

“Aunque se rechazó la reforma constitucional en 2007 se aprobó el primer plan socialista, basado en la Constitución que Hugo Chávez quiso aprobar ese mismo año. Ahora se busca introducir leyes que tienen diez años siendo inconstitucionales”.

Desde su punto de vista el país se expone a la pérdida de garantías fundamentales:

“Ahora se le da mucha importancia a la reforma de la Constitución, aunque ha sido violada reiteradamente. Creo que la razón está en los principios. Uno de ellos es el pluralismo, es una Constitución que nos da garantías. Por ejemplo, se contempla la educación y la salud pública y privadas”.

Alertó que la Asamblea Nacional Constituyente puede ser el inicio de una mayor represión:

“Después del cambio de Constitución viene la represión. La idea de tener el poder y negarle la existencia al otro es poder usar la fuerza contra el otro. Esa situación nos pone a todos en un peligro tremendo”.

Recuperar el consumo

El público realizó una serie de preguntas que dieron a pie a consideraciones por parte de los ponentes sobre qué puede ocurrir en el corto plazo y cuáles deberían ser los aspectos básicos a considerar tras un eventual cambio político.

Omar Zambrano explicó que el norte de cualquier programa de ajuste debería ser recuperar lo más pronto posible la capacidad de consumo de la población:

“Venezuela atraviesa la tragedia más grande en términos humanitarios desde la Guerra Federal. No debe haber un divorcio entre las propuestas de orden técnico y el tema del bienestar. El norte debe ser producir un rebote en el crecimiento que alivie la situación de la población”.

Además, consideró importante una transformación en la estructura de la economía:

“Mi visión es que Venezuela va a cambiar y todos tenemos un rol en visualizar ese futuro. Hay una estructura perversa de incentivos donde el que tiene el poder del Ejecutivo tiene una dominancia absoluta sobre el resto de la sociedad. Nosotros tenemos que comenzar a cuestionar esa estructura si queremos vivir en una sociedad libre y democrática. Tenemos que crear una economía con unas bases productivas inclusivas que generen espacios distintos a la succión de la renta petrolera, de lo contrario nunca vamos a tener ciudadanos autónomos del Estado”.

La ingobernabilidad

Ángel Alayón observa una estrecha relación entre el colapso de la economía y la protesta en las calles:

“¿Qué hubiese pasado si el modelo chavista hubiese logrado extender el boom de consumo por unos cuántos años más? ¿Tendríamos una protesta como la actual? El fracaso económico del gobierno y del modelo chavista que terminó de desnudarse con la caída de los precios y la producción petrolera es motor fundamental de la crisis”.

Hay que negociar

José Guerra afirmó que tras un cambio político que abra las puertas a un proceso de reformas, el país tiene que permitir, en mayor medida, la inversión privada en el sector petrolero.

“Mi posición es abrir la industria petrolera al capital nacional e internacional. ¿Por qué los ricos de Venezuela no pueden invertir en petróleo y sí la Chevron Corporation o Repsol? ¿Por qué Mendoza o Cisneros no pueden tener empresas venezolanas de petróleo?¿Por qué los trabajadores no pueden invertir en fondos petroleros y tiene que tener su dinero únicamente en los bancos?”

Afirmó que es necesario un proceso de negociación con el chavismo para superar la crisis política:

“Creo en una salida política, negociada. Tiene que haber una salida. Si hay que hacer una ley de amnistía hay que hacerla para darle estabilidad al país”.

Cuidado con el péndulo

Ronald Balza alertó que debe evitarse a toda costa caer en un movimiento pendular sin ningún tipo de análisis:

“Hay que tener cuidado con la simplificación de los problemas. Que mañana se nos diga que la solución está en privatizarlo todo porque la propiedad privada es buena y la pública mala. ¿Quiénes son los que van a comprar? ¿Con cuáles regulaciones? Se corre el riesgo que como respuesta a estas preguntas se nos tache de controladores y se nos diga que ya tuvimos suficiente chavismo”.

Profundizó en este tema y señaló:

“El hecho de que tengamos un ingreso petrolero concentrado en la administración de unos pocos a los que no se les puede hacer rendir cuenta, crea una estructura con incentivos para que ese poder quiera mantenerse en el tiempo y usufructuar. Eso tiene consecuencias económicas, sociales y políticas. Puede que se nos plantee que la solución es privatizar Pdvsa, con lo cual simplemente el poder cambiaría de manos. El tema es cómo garantizar que el poder se distribuya y no se concentre en otras manos”.

 

La revolución contra los pobres por Omar Zambrano – ProDaVinci – 7 de Julio 2017

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Desde la mitad de 2017, Venezuela experimenta lo que probablemente sea la contracción económica más severa y prolongada de su historia económica moderna. Un país que se aproxima a perder más de 25% de su Producto Interno Bruto, no es un país; es una tragedia económica habitada.

Esta afirmación no tiene solo que ver con frías cifras de producción y empleo, pues lo que ha sucedido en Venezuela en los últimos 4 años es nada menos que una debacle para las condiciones materiales de vida de los Venezolanos. Una tragedia humana con mayúsculas.

Desde la oscuridad de la ausencia de cifras, la irresponsabilidad, el cinismo y la politiquería que caracteriza la respuesta oficial, es poco lo que se puede saber con certeza sobre los efectos que esta contracción económica tiene en la evolución de los indicadores socio-económicos del país. Lo poco que se sabe o que se infiere, da cuenta de una explosión en el hambre, la desnutrición, la mortalidad materno-infantil y la muerte por enfermedades crónicas.

Con respecto a la pobreza, el vacío informativo ha sido parcialmente llenado por fuentes no oficiales, que indican que la pobreza es hoy en día un fenómeno generalizado que ya alcanzaría a 4 de cada 5 venezolanos. Nuestras propias estimaciones del Mapa de Pobreza Parroquial de Venezuela, basadas en los últimos datos oficiales disponibles, indican que la pobreza es, además, un fenómeno territorialmente profundo y extendido, con la parroquia típica venezolana presentando 76% pobreza; con cerca de 30 parroquias con tasas de pobreza cercana al 100%, y con aproximadamente 250 parroquias densamente pobladas concentrando el 70% del total de pobres. Leer más de esta entrada

Comunicado Academias Nacionales a los Venezolanos y a la Comunidad Internacional – 30 de Junio 2017

LAS ACADEMIAS NACIONALES, preocupadas por la peligrosa situación institucional, política, social y económica que vive el país, estiman su deber pronunciarse por el restablecimiento de la paz con base en lo establecido en la Constitución de la República y el ordenamiento jurídico vigentes.

Son motivo de gran preocupación para las Academias los resultados de recientes encuestas que reflejan el incremento de la pobreza en Venezuela. Esta afectaría al 82% de la población, la mitad en pobreza extrema. Se trata de la consecuencia de erradas políticas económicas implementadas a lo largo de varios lustros que han conducido a una devaluación sostenida de la moneda y a la inflación más alta del mundo en los últimos años, al punto de que la canasta básica familiar en el mes de mayo alcanzó casi un millón y medio de bolívares (es decir, 21,5 veces el salario mínimo). Ello hace casi imposible la sobrevivencia a la familia venezolana, valga decir, a los pobres de antes y a los empobrecidos de ahora.

El incremento de la mortalidad infantil y la materna, asociadas a la grave falta de alimento y a la pobreza, así como las notables carencias en medicamentos y servicios hospitalarios, que rondan el 85%, la reaparición de enfermedades hace tiempo erradicadas como la difteria, o largamente controladas como la malaria y la tuberculosis, complementan un cuadro que habla de un deterioro social pronunciado imposible de sobrellevar.

Estos problemas están en la raíz de las protestas populares que con tanta fuerza han ocurrido en todo el país desde el mes de abril pasado, en uso de la garantía constitucional a la manifestación pacífica, expresada en el artículo 68 de nuestra Carta Magna.

Las Academias Nacionales rechazamos de manera categórica la respuesta del Ejecutivo Nacional a tales manifestaciones, expresada en declaraciones y comportamientos amenazantes de funcionarios del gobierno así como en la brutal y desmedida represión de la Guardia Nacional Bolivariana, la Policía Nacional Bolivariana y la actuación de cuerpos armados irregulares, que ya ha dejado un saldo trágico de más de 80 muertes -sobre todo de jóvenes y menores de edad- y miles de civiles heridos, arrestados o detenidos. De estos últimos, varias centenas han sido sometidos a tribunales militares y condenados, en abierta contravención de la Constitución y de tratados internacionales a los cuales está obligada Venezuela como signataria, que prohíben tanto el uso de armas letales para el control de manifestaciones públicas como el empleo de la

jurisdicción militar en causas contra civiles. Rechazamos igualmente los allanamientos ilegales, los abusos y atropellos cometidos por los cuerpos de seguridad del Estado. Estos hechos, que parecen orientados a la conformación de un Estado represivo, violatorio de la Constitución vigente, han sido denunciados categóricamente por la Iglesia Católica y otras entidades civiles y religiosas tanto del país como del exterior.

A las motivaciones sociales que indujeron las manifestaciones iniciales de protesta se han sumado en semanas recientes los reclamos contra las inconstitucionales propuestas del Ejecutivo Nacional en el sentido de forzar un cambio constitucional divorciado de los problemas nacionales, mediante una Asamblea Nacional Constituyente espuria de índole comunal y sectorial, sin la realización previa de un referéndum consultivo. Las Academias Nacionales protestamos tal convocatoria no solo porque viola las normas constitucionales actuales sobre la materia, sino porque anula el principio del voto universal, directo y secreto vigente en Venezuela desde hace siete décadas.

Las palabras del presidente de la República el día martes 27 de junio anunciando el uso de balas cuando los votos no favorezcan la posición oficial, constituyen una amenaza inaceptable a la convivencia política pacífica y a un principio fundamental de las democracias como es la alternancia en el poder. En virtud de ello, las repudiamos y recordamos que las armas de la República deben ser para la defensa nacional y no para que una minoría trate de imponerse sobre las demás mediante la violencia.

Rechazamos asimismo las decisiones del cuestionado poder judicial que a través de múltiples sentencias, ha llegado al extremo de arrogarse atribuciones de la Asamblea Nacional y de pretender trasladar competencias constitucionales de otros poderes del Estado al ejecutivo nacional, lo cual concentraría en una sola persona o cuerpo estos poderes, como ocurre en regímenes dictatoriales.

Respaldamos las declaraciones y acciones de organismos oficiales y organizaciones públicas como la Asamblea Nacional, la Fiscalía General de la República, los partidos y organizaciones políticas que luchan por la democracia, múltiples organismos civiles y expertos en derecho constitucional que, invocando los artículos 333 y 350 de la constitución vigente, se han manifestado categóricamente en contra de la ruptura del ordenamiento constitucional perpetrado por el poder ejecutivo, con apoyo y colaboración del poder judicial.

Por todas esas razones, en esta hora compleja de la República, las Academias Nacionales hacen un llamado al cese de la represión y que los poderes públicos se apeguen de manera estricta a la constitucionalidad, la legalidad y la institucionalidad. Solo así se podrá normalizar la convivencia ciudadana, retomar las abandonadas metas de bienestar social y económico y trabajar en la construcción pacífica de un futuro más promisorio, bajo los principios universales de la democracia, la libertad y el respeto de los derechos humanos.

En Caracas, a los 30 días del mes de junio de 2017.

 

Horacio Biord Castillo
Presidente de la Academia Venezolana de la Lengua

Inés Quintero Montiel
Directora de la Academia Nacional de la Historia

Gabriel Ruán Santos
Presidente de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales

Alfredo Díaz Bruzual

Presidente de la Academia Nacional de Medicina

Gioconda Cunto de San Blas
Presidenta de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales

Humberto García Larralde

Presidente de las Academia Nacional de Ciencias Económicas

Gonzalo Morales
Presidente de la Academia Nacional de Ingeniería y el Hábitat

Pecado estructural – Editorial Revista SIC – Junio 2017

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El Gobierno venezolano ha conducido al país a un desastre nacional que se expresa dramáticamente en todas las dimensiones de la vida cotidiana. Si el Ejecutivo nacional, con el respaldo de las Fuerzas Armadas, sigue empeñado en imponer su proyecto político-económico a contra vía del marco constitucional y del sentir de todos los sectores del país, este desastre se profundizará hasta convertirse en una catástrofe humanitaria con epicentro político: “la dictadura”. Estamos ante un sistema que no solo niega las mínimas condiciones de vida a la población, sino que la reprime salvajemente cuando esta expresa su malestar y descontento; por ello, desde nuestra fe, cabe señalar este hecho de “pecado estructural” o “pecado institucional”.

En lo económico, según datos de Ecoanalítica, Venezuela vive la mayor depresión sufrida por cualquier país de América Latina con un crecimiento económico cercano a cero. Los indicadores son alarmantes: una acelerada inflación y pulverización del poder adquisitivo de la moneda; por ejemplo, desde enero de 2014 hasta enero de 2017 la inflación (subyacente) se ha incrementado en 1.240 %, lo que indica un fracaso rotundo en la política de control de precios. En tiempos de las vacas gordas se quebró el aparato productivo y se vivió de importaciones y ahora ante la depresión de los precios en el mercado petrolero, nos encontramos con el aparato productivo desmantelado y con un fuerte recorte en las importaciones; pero en vez de rectificar, en el marco de los reiterados e inconstitucionales decretos de emergencia económica, se ha procedido a la liquidación de activos; es decir, se ha ido desmantelando y vendiendo parte de la musculatura productiva, especialmente en el sector petrolero.

Esta realidad económica se expresa en la realidad social en una vertiginosa depresión en la calidad de vida de los venezolanos. Nos hacemos eco aquí de los resultados del estudio sobre pobreza hecho por las universidades en 2016, el cual señala que el 81,8 % del total de hogares se encuentra en situación de pobreza de ingresos, el 51 % del total de hogares se encuentra en situación de pobreza extrema y la pobreza estructural (que combina ingresos + condiciones de vida) alcanza el 31 %. Esto en la vida cotidiana se expresa en una situación de hambre que está afectando a gran parte de la población donde los más vulnerables son los infantes, adolescentes y adultos mayores. Ante esta hambruna, el Gobierno ha respondido militarizando el pan a través de los CLAP que, más que una alternativa, es un arma de chantaje y extorsión política para desmovilizar a la población. En cuanto a esta táctica alimentaria, cabe destacar que si bien el 50 % de potenciales beneficiarios declara no haber comprado la caja o bolsa de comida en los CLAP en los últimos treinta días, esta política de chantaje funciona cual efecto lotería; es decir, “algún día me tocará”. Sin embargo, en medio del chantaje, encuestas recientes señalan que casi siete de cada diez entrevistados dice que el Gobierno no está haciendo nada para resolver los problemas.

Por otra parte, en el área educativa, tan fundamental para la rehabilitación de nuestro país, hay más de 1 millón de niños y adolescentes entre 3 y 17 años desescolarizados. Todavía la educación inicial está fuera del alcance para casi la mitad de la población de 3 a 5 años, en el quintil más pobre. En las edades de 12 a 17 años es más intenso el rezago escolar. Llega a 15 % el grupo en rezago escolar severo.

Lo más grave de todo es que dada la pauperización de la calidad de vida del docente, las escuelas de educación en nuestras universidades han venido cerrando sus puertas pues nadie quiere estudiar educación. Recordemos que la hora de trabajo de un docente no alcanza para comprar una cebolla en el mercado. La depresión es general, los niños y jóvenes no encuentran incentivos para estudiar en un país que les va cerrando el futuro y donde el empleo honesto y productivo no es rentable. Todo tiende a la informalización e irregularidad de la subsistencia.

También en el sector salud se evidencia una grave crisis en la infraestructura hospitalaria; en la falta de insumos y equipos médicos; en el abastecimiento de medicinas; en las condiciones laborales y de vida de los trabajadores de la salud; en la seguridad del personal en los hospitales y centros de salud; en la muerte de neonatos y mujeres parturientas; en la clara política de desinformación por parte del Estado al suspender los boletines epidemiológicos con la pretensión de ocultar la realidad y montar sus propagandas de Estado.

Y si nos adentramos al área de seguridad ciudadana, nos encontramos que para el 2016, el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV) registró 28.479 muertes violentas, que equivale a una tasa de muertes violentas de 91,8 por cada 100.000 habitantes. Para 2017 todo señala un repunte en estos indicadores.

Esta crisis, que requiere de decisiones políticas sensatas y concertadas con todos los sectores, ha sido agudizada por el empeño del señor Presidente de atornillarse en el poder, desconociendo la voluntad popular y cerrando todos los canales democráticos; al cortar el hilo constitucional y dar un golpe de Estado continuado que se consuma en la Asamblea Constituyente inconsulta. Los datos de la encuestadora More Consulting, para el primero de mayo, después de un mes de protesta, son reveladores: el 79,9 % de la población evalúa negativamente la gestión del presidente Maduro; 72,9 % considera que estamos en una dictadura; 71 % dice estar de acuerdo con que el presidente salga de su cargo; y solo el 10 % está de acuerdo con la propuesta de Asamblea Constituyente en los términos propuestos por el Presidente.

La militarización, la pretensión dictatorial y la impopularidad del Presidente, han activado un proceso de protestas a lo largo y ancho del territorio nacional, cuyo sujeto rebasa a la oposición política, lo que Provea ha caracterizado de rebelión pacífica. En ese movimiento convergen: las manifestaciones cívicas con dirección política y el accionar de grupos anarquizados que actúan por cuenta propia y declaran expresamente no responder a líneas partidistas. Pero el Gobierno, a quien le interesa el caos y la confusión, a través de una estrategia paramilitar ha venido protagonizando actos vandálicos a gran escala con el objeto de distorsionar la estrategia de la no violencia activa, única capaz de evidenciar las acciones criminales y violaciones sistemáticas a los DD.HH. por parte del Estado y el para-Estado. A raíz de esta caotización y ola represiva el país está de luto y hasta el momento se cuentan alrededor de 53 asesinatos políticos a causa de la represión, cientos de torturados, miles de heridos y centenares de civiles detenidos y procesados injustamente por tribunales militares.

En los últimos días, la estrategia represiva y paramilitar del Gobierno, ha encontrado sintonía en un sector extremo de la oposición que se autodefine como “resistencia” desmarcada de la conducción política de la Mesa de la Unidad (MUD) y de las organizaciones y redes sociales convencidas de la no violencia activa como camino de lucha. De tomar fuerza esta tendencia, este fenómeno nos coloca en un escenario de anomia y anarquía muy peligro, tal como lo ha venido señalando la fiscal general Luisa Ortega Díaz; quien ha asumido una posición constitucional al servicio del país. La violencia, venga de quien venga, es un camino ciego que solo nos conducirá a la autodestrucción como pueblo y profundizará las heridas y resentimientos entre hermanos, fortaleciendo este sistema y su dinámica de “pecado estructural”. Pero, queremos dejar claro, que cualquier desenlace violento y fratricida tendrá como responsables principales al señor presidente Maduro con su equipo de gobierno quienes se han empeñado en desconocer sistemáticamente la soberanía popular y, en complicidad con el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral y el defensor del Pueblo; quien preside el Poder Ciudadano, imponen una Asamblea Constituyente antidemocrática y fascista por su carácter corporativo, excluyente e inconsulto.

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