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El FMI rechaza conceder un crédito de 5.000 millones a Maduro para contener el coronavirus por Alonso Moleiro / Florantonia Singer – El País – 17 de Marzo 2020

El organismo argumenta que “no hay claridad” sobre el reconocimiento del Gobierno venezolano. El país afronta la crisis con menos ingresos petroleros

Un grupo de migrantes, protegidos con mascarilla, la semana pasada en el principal paso fronterizo entre Venezuela y Colombia, en Cúcuta.
Un grupo de migrantes, protegidos con mascarilla, la semana pasada en el principal paso fronterizo entre Venezuela y Colombia, en Cúcuta.SCHNEYDER MENDOZA / AFP

El Fondo Monetario Internacional (FMI) desestimó la noche de este martes conceder al Gobierno de Nicolás Maduro un crédito de 5.000 millones de dólares para contener el coronavirus. La decisión, adoptada horas después de que Venezuela formalizara la petición, se debe a que “no hay claridad” entre los miembros de ese organismo sobre el reconocimiento internacional de ese Ejecutivo, ya que más de 50 países solo aceptan como presidente interino al líder opositor, Juan Guaidó. “Lamentablemente, el Fondo no está en condiciones de tomar en consideración esta solicitud”, informó un portavoz del FMI.

La respuesta, adelantada por la agencia Associated Press, llega después de que Maduro solicitara ese financiamiento para tratar de paliar el impacto de la pandemia en la maltrecha economía venezolana. La petición del mandatario, realizada por carta a la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, pretendía lograr “recursos” para el sistema de salud, asfixiado por una emergencia económica sin precedentes en la historia reciente de ese país. Este movimiento es, de todas formas, relevante políticamente porque choca frontalmente con los planteamientos de su Gobierno, duramente enfrentado al FMI y a los principales mecanismos internacionales de crédito.

En cualquier caso, esto demuestra que los venezolanos atraviesan por una crisis sanitaria en un país sin defensas. El impacto que ha tenido en la economía global la pandemia del coronavirus golpeará con dureza a los nichos de producción petrolera que aún se mantienen en pie en un país que ha reducido su PIB en dos tercios en los últimos seis años y es campeón en hiperinflación. “Este era un año malo por razones endógenas, de nuestro propio ciclo de colapso. Ahora, la variable exógena de la pandemia nos afectará fuertemente por la caída de los precios del petróleo que ha generado el coronavirus y la guerra comercial de Arabia Saudí y Rusia. Todavía con la caída de la producción, el petróleo sigue siendo el sustento de la economía venezolana”, señala el economista José Manuel Puente.

El fin de semana volvieron a verse colas en los comercios. Eran personas buscando provisiones para el encierro. Las compras nerviosas que genera toda crisis, en las que los venezolanos ya tienen entrenamiento. Con las flexibilizaciones de controles que emprendió Nicolás Maduro el año pasado, Venezuela había logrado recuperar un abastecimiento parcial, una recuperación artificial sustentada en la apertura de nuevas tiendas con productos importados, los llamados bodegones. Esta frágil mejora, según apuntan los analistas, se revertirá por la reducción de los ingresos para la importación de bienes.

El precio del barril venezolano está a la mitad (24 dólares)de lo que estaba a comienzos de año. El Gobierno cada vez tiene menos capacidad de maniobra financiera. El pronóstico de una contracción del 10% para este año que ha hecho el Fondo Monetario Internacional (FMI) posiblemente será mayor por el paso del coronavirus, apunta Puente. Junto a las sanciones internacionales y la descarnada lucha por el poder en el marco de una dilatada crisis política, las medidas anunciadas por el Gobierno de Maduro para enfrentar la pandemia -distanciamiento social, suspensión de clases y cierre de ciudades- aparecen como inhibidoras, y se aplican en un Estado quebrado, insolvente de recursos, con muy pocos instrumentos para emprender un intento de recuperación.

China, origen de la pandemia, es el principal socio comercial de Maduro, junto con Turquía. La paralización de este motor de la economía mundial ha tambaleado sus finanzas y en cascada también obligará a reevaluar sus inversiones fuera, añade Puente. “China ocupa un rol protagónico en nuestra economía a través del Fondo Chino, es un financista del proyecto bolivariano y la recesión que puedan tener serán un factor adicional que va a impactar en el país. En nuestro caso, cuando China tiene gripe, Venezuela empieza a estornudar”.

Los vulnerables

“El poco consumo que había en la calle se caerá de nuevo. En un país que tiene todavía amplios sectores viviendo una crisis humanitaria, una epidemia de este tipo, con medidas de aislamiento, pone en problemas a muchos sectores de la sociedad, desvalidos, desprotegidos por el Estado, sin capacidad para prepararse, para acumular víveres, aprovisionarse, aquí no habrá capacidad de atención”, agrega Orlando Zambrano, profesor de economía de la Universidad Católica Andrés Bello.

Los grupos más vulnerables son varios en Venezuela, donde más de la mitad de los habitantes vive en situación de pobreza. El salario mínimo en Venezuela es el más bajo de la región, unos 3,3 dólares. Es la remuneración que perciben alrededor de millones de pensionistas, la población más vulnerable al virus y con ninguna capacidad de prepararse. En un país con una economía que se ha vuelto miniatura, un gran sector está en el sector informal o trabajando por cuenta propia, formas que la dolarización ha favorecido para mejorar los ingresos que permiten vivir al día. La paralización a la que conllevan las medidas de aislamiento para controlar la epidemia serán un duro golpe para esas personas.

Otro grupo de familias vive de las remesas, una economía que ha generado la migración de 4,8 millones de venezolanos, con el mundo detenido y en recesión también verá impactado sus fuentes de ingresos.

Es lo que advierte el empresario Jorge Botti, expresidente de la patronal Fedecámaras. “La paralización de las actividades económicas tendrá un impacto económico y hay mucha preocupación hoy en el empresariado sobre la óptica, el enfoque que hará el gobierno de Maduro sobre la pandemia como nuevos operativos militares para distribuir medicinas, que han causado la escasez de estos años, y que sería nefasto volver a repetir”.

Venezuela: diagnóstico complejo e incierto porvenir por Pedro Mario Burelli – El Nacional – 7 de Marzo 2020

Pedro Mario Burelli, ex director de Petróleos de Venezuela, indica que los venezolanos, y los extranjeros que quieran ayudar en esta terrible encrucijada, deben abrir los ojos, dejar de soñar con soluciones fáciles para problemas extremadamente difíciles e inclusive irresolubles

Esta es una lista parcial de problemas que no podemos ignorar. Problemas y distorsiones que se han acumulado en las últimas cuatro décadas, y con particular intensidad y malignidad durante la llamada Revolución Bolivariana.

La lista debe ampliarse, y definirse cada elemento con gran precisión, pero espero que este primer esfuerzo sirva como advertencia a quienes dentro y fuera de Venezuela -por desconocimiento, comodidad o complicidad- saltan a conclusiones erradas, simplifican diagnósticos o escenarios, y sueñan con soluciones milagrosas.

El porvenir de Venezuela será regido por todos los problemas que hoy la definen y por la muy compleja interrelación entre ellos.

(Nota: esta lista de problemas o crisis, dividida en grandes categorías, no tiene, a propósito, un orden en particular)

1. Lo humano e inhumano de la crisis

  • Padecemos una crisis humanitaria compleja que lejos de amainar crece cada día y tiene efectos graves a corto, mediano y largo plazo. 1 de cada 3 venezolanos padecen de inseguridad alimentaria, para 2.3 millones de ellos el tema es severo. En su reciente evaluación, el World Food Program de las Naciones Unidas estimó que son más de 9.3 millones los venezolanos necesitados de ayuda alimentaria inmediata. La escasez y/o carestía de las medicinas afecta a una proporción aún mayor de la población, y las estadísticas de muertes por enfermedades que habían sido erradicadas o por falta de fármacos y/o tratamientos son tan escalofriantes como dolorosas.
  • Observamos un aumento vertiginoso de la pobreza extrema y la marginalidad; se puede hablar de la pauperización estructural y extrema de la mayoría de la sociedad venezolana.
  • Se ha producido el colapso en la escolaridad a todos los niveles: preescolar, primaria, bachillerato y universitario. El número de niños fuera del sistema crece cada mes, la calidad de la educación es pésima en todos sus niveles y el Régimen insiste en la indoctrinación ‘chavista” como principal objetivo en primaria y bachillerato. La autonomía universitaria está totalmente vulnerada; el financiamiento a las principales universidades públicas se ha reducido al mínimo.
  • Colapso de la infraestructura social: hospitales, ambulatorios, escuelas, campos deportivos, parques, museos etc. La falta de construcción de planta física nueva, y de mantenimiento de la existente, ha llevado a Venezuela a niveles de calidad de infraestructura de hace 70 u 80 años. En algunos casos no existe operatividad alguna de las instalaciones con el consiguiente desamparo de quienes dependían de ellas.
  • Venezuela ha sufrido el éxodo continuo de profesionales y técnicos, con pérdidas importantes de médicos y enfermeros, maestros y profesores, e ingenieros y científicos de todas las ramas.
  • PDVSA y la CVG han perdido prácticamente toda su gerencia profesional y sus técnicos más cualificados. La Fuerza Armada ha sido diezmada por bajas y deserciones. En total, 5 millones de venezolanos han emigrado desde el 2013. La partida de jóvenes universitarios, y sobretodo aquellos graduados de las mejores universidades, es particularmente preocupante mirando al futuro. Según el World Economic Forum, en el mundo, solo Haití ha tenido una fuga de cerebros mayor que la de Venezuela.
  • Paliar, y luego revertir, la catástrofe humanitaria implica una operación de asistencia internacional con pocos paralelos en la historia ya que el daño y las carencias se extienden por todo el territorio nacional. Los retos financieros, logísticos y de seguridad serán enormes. Los cálculos más optimistas hablan de una fase de ayuda humanitaria sostenida de 9 a 12 meses. Otros calculan años de asistencia humanitaria y apoyo internacional en el delicado campo de la seguridad nacional y ciudadana.
  • El retorno de la diáspora no será tan rápido o completo como muchos pronostican (y todos queremos). Problemas que se destacan en este trabajo harán que el llamado ‘día después’ sea un periodo de mucha inseguridad y precariedad. Quienes han encontrado sosiego y empleo fuera del país difícilmente regresarán a Venezuela hasta no tener evidencia de estabilidad – en el sentido más amplio – y garantías ciertas de sustento económico. El círculo vicioso aquí es que la reconstrucción depende en cierto grado del retorno del talento que continúa emigrando.

2. Los derechos humanos dejaron de ser un derecho

  • Organismo Internacionales y reconocidas ONGs han reportado abusos sistemáticos de DDHH y crímenes de Lesa Humanidad perpetrados por el vasto aparato de represión civil y militar bajo órdenes de un núcleo duro (y sádico) del Régimen hoy de facto. El SEBIN, la DGCIM, la GNB, la Policía Nacional Bolivariana y sobretodo sus Fuerzas de Acciones Especiales o FAES, y la Fiscalía General de la República, son los instrumentadores de esta política y reciben para ello asesoría de los servicios de inteligencia y represión de aliados como Cuba, Rusia e Irán.
  • A pesar de un discurso ‘indigenista’, el Régimen abusa de los derechos de nuestros pueblos indígenas. Sin excepción, todos los pueblos indígenas sufren abandono y desplazamientos forzados. La crisis humanitaria ha afectado a todas las comunidades indígenas y los 34 pueblos indígenas que residen al sur del Orinoco están particularmente amenazados por la violencia y la destrucción del medio ambiente que caracteriza la minería ilegal e indiscriminada. Las matanzas que se han reportado son solo lo más noticioso de una profunda y vergonzosa tragedia que hay que detener cuanto antes.

3. El colapso del Estado y de la institucionalidad democrática

  • La Administración Pública ha sido efectivamente desmantelada. El clientelismo, la falta de profesionalismo, la ausencia de controles y la corrupción resultante han sido factores fundamentales en la quiebra operativa, financiera y moral del Estado y por consiguiente, del país. Como consecuencia, las herramientas administrativas disponibles a un Gobierno de Transición serán limitadas, y será imposible ejecutar una limpieza total en el corto y mediano plazo. Los funcionarios a ser designados por un nuevo gobierno tendrán que convivir con personal redundante, inútil o peor. Esto garantiza que la gestión pública será estructuralmente deficiente y precaria por años. Esta innegable realidad tiende a no estar muy bien calibrada en los planes para el hipotético ‘día después’ que comienzan a abundar dentro y fuera del país.
  • Colapso y desinversión en los servicios públicos y la infraestructura física del país. La planta física asociada a la generación y distribución de electricidad, los sistemas de saneamiento y distribución de agua limpias, las telecomunicaciones y el aseo urbano se encuentran en un estado deplorable, comparable a la de países de muy bajo desarrollo o aquellos abatidos por una guerra. Además, el retraso en inversiones, y el descuido en mantenimiento, afecta a todas las autopistas, carreteras, ferrocarriles, metros, puertos y aeropuertos del país.
  • El colapso de la gestión ambiental es particularmente preocupante por su impacto en toda la sociedad. La irresponsable eliminación del Ministerio del Ambiente, el desmantelamiento de organismos rectores y la corrupción en ejecución de obras, ha resultado en empresas hidrológicas sin supervisión (82% población no recibe agua de forma continua, 75% centros de salud no reciben agua de forma continua), cuencas productoras de agua intervenidas y contaminadas, y los embalses eutrofizados y también contaminados. Recordemos que sin agua no hay país!
  • Debido a la obsolescencia de la infraestructura petrolera y la falta de total mantenimiento y pericia se producen constantes derrames petroleros. Entre el 2010-2019 PDVSA fue responsable de decenas de miles de derrames de crudo y otras sustancias contaminantes del ambiente. Además, las empresas petroleras internacionales que operan en el país tampoco invierten en esta área, debido al desmantelamiento de la institucionalidad de la administración ambiental.
  • Actualmente el país no tiene activado el Sistema Nacional de Protección Civil. La Fuerza Armada no ha sido formada en materia de atención de desastres (Ej. terremotos, deslaves, inundaciones, incendios), tampoco los cuerpos de seguridad ciudadana. No hay planes de reducción de riesgos ambientales y adaptación al cambio climático ni protocolos de contingencia. No hay maquinaria para la remoción masiva de escombros. No hay equipos médico – hospitalarios tales como camas hospitalarias, sillas de ruedas, quirófanos portátiles, plantas eléctricas, camillas, entre otros que se requieren para dotar a edificaciones que pueden funcionar como refugios u hospitales de campaña. No hay capacidad instalada de comunicaciones alternativas, la telefonía móvil es muy vulnerable a la falta de energía eléctrica. En todas las ciudades grandes la población de bajos recursos supera el 60% y la extensión territorial de zonas informales supera el 40%. Estos desarrollos urbanos son vulnerables inherentemente, pero además están emplazados en laderas inestables o lechos de inundación de ríos.

4. El Estado mafioso y el desimperio de la ley

  • Venezuela se consolidó como un emporio para el Narcotráfico en todas sus fases: producción (en base a pasta de coca importada), transformación (en sofisticadas plantas industriales), tráfico y lavado del ingreso, con participación de componentes de la Fuerza Armada y funcionarios del Régimen, incluidos el Sr.Maduro, su esposa y muchos miembros de su Gabinete, además de un sinfín de actores externos. Clasificar al Estado Venezolano como un NarcoEstado es por tanto adecuado: el dinero del narcotráfico además ha comprado, y sigue comprando, a jueces, fiscales, funcionarios públicos, militares, policías, políticos, empresarios y medios de comunicación.
  • La ciudadanía está expuesta a una criminalidad rampante e impune aupada por personeros del Régimen y del partido PSUV, y alcahueteada por fiscales y jueces maleados. Así vemos a megabandas, pranes, trenes, sindicatos criminales, colectivos, la FBL – Fuerza Bolivariana de Liberación, el ELN y las FARC, hacer de las suyas en todo el territorio nacional. La inseguridad resultante es para cientos de miles la razón principal para abandonar el país. (Lamentablemente aun fuera del país los venezolanos siguen siendo presa de bandas criminales).
  • La corrupción endémica y la impunidad sistemática han degenerado en un desmoronamiento de la ética del funcionario público y de la ciudadanía en general. Décadas de impunidad han minado los principios y valores de nuestros conciudadanos y la inmensa crisis que se vive en el país los ha llevado, como a los cubanos, a ‘resolver’ como bien puedan, disponiendo de lo ajeno, y más aún de lo del Estado.
  • Los corruptos de gran escala, es decir individuos que en los últimos 20 años han robado o han hecho fortunas de cientos y miles de millones de dólares, aspiran preservar la impunidad y con ese fin ejercen una influencia desmedida sobre la política en Venezuela.
  • Se pudiera hablar de una Alianza Pro Impunidad (API) que agrupa a civiles y militares, funcionarios públicos, ‘empresarios’ y financieros que por encima de todo quieren preservar su dinero mal habido y su libertad. Para este grupo, la mayor amenaza es el sistema judicial de los EE.UU. por lo cual toda solución en la que Washington lleve la voz cantante es una amenaza que hay que bloquear. La mayoría de las divisiones dentro de la oposición se deben a las maniobras – cada vez más desesperadas – de la API.
  • Continúa el contrabando de extracción con incalculables costos para un Estado que se hace la vista gorda. Los principales rubros: gasolina, gasoil, lubricantes, asfalto y todo tipo de minerales. Los involucrados, sobretodo militares, actúan con el beneplácito o ‘licencia’ del Estado, o directamente como socios de importantes jerarcas del Régimen.
  • Presencia de la guerrilla colombiana a lo largo y ancho del territorio nacional: el ELN y la disidencia de la FARC llenan los vacíos del Estado y en algunos estados o municipios son efectivamente la autoridad única. Sin duda alguna existe una demostrable pérdida de control territorial por parte del Estado a favor de todo tipo de criminales, inclusive estos extranjeros.
  • Como es de esperarse en un Estado Mafioso, observamos el colapso integral del sistema de administración de Justicia y de todo el aparato de seguridad ciudadana. A la cabeza del Tribunal Supremo de Justicia está un criminal convicto cuyas actuaciones son delictivas y en completa sintonía con la nomenclatura del Régimen, que sin excepción está involucrada en múltiples actividades criminales, además de ser todos unos violadores consuetudinarios del ordenamiento constitucional de la República.

5. ‘El Dorado’ se tornó rojo, rojito

  • La explotación minera en todo el país, y en particular al sur del Orinoco, tiene las siguientes características: ilegalidad, depredación del medio ambiente, violencia descarnada, presencia creciente de guerrilleros y mercenarios extranjeros, abusos de DDHH y desplazamiento forzoso de comunidades indígenas, enfermedades/epidemias y desvío o apropiación indebida de minerales o del dinero producto de la venta del material minado. Se puede definir el sur del Orinoco, es decir 61% del territorio nacional, como un medio país fallido.
  • La naturaleza desordenada de la explotación minera al sur del Orinoco está propiciando un conflicto armado por el control de minas que tiene muchos paralelos con los conflictos por minerales en África. Ya se puede hablar de #OrodeSangre #DiamantesdeSangre #TierrasRarasdeSangre y #ColtandeSangre. De no detenerse este conflicto a tiempo, la gobernabilidad futura estaría en peligro, y también la integridad de Venezuela como país. Pasamos del petróleo a los minerales olvidando, parece que a propósito, todo lo aprendido en el sector petrolero, y en la muy exitosa fundación de la empresas extractivas de la CVG.

6. Diversas fuerzas armadas, todas fuera de orden y alineación 

  • Desarticulación de la organización militar con el propósito de lograr la eliminación efectiva de la Fuerza Armada como la Institución del Estado garante de la integridad del mismo, para evitar que se torne en un obstáculo para la consecución de los objetivos ‘políticos’ (o mas bien, criminales) del Régimen. Esto se ha logrado en gran medida desplazando de su control el uso legal de la fuerza del Estado hacia otras organizaciones y actores mejor alineados con los sórdidos objetivos del Régimen, en detrimento de la seguridad de toda la sociedad. La hipertrofia de las FAES y el reciente otorgamiento a la Milicia del rango de Fuerza dentro de la organización militar actual son prueba de esta peligrosa estrategia.
  • Se fracturó la línea de mando de la FANB y se pulverizaron la misión, la visión y los valores una vez compartidos. Eso y la participación creciente de la elementos de la FANB en actividades ilícitas convierten a esta organización militar en parte medular de la crisis y no de su solución. La posibilidad de un gran conflicto interno está latente en un país donde se militarizó la administración pública, se politizó a la Fuerza Armada, se fragmentó el monopolio de la fuerza y se criminalizaron la organización militar y las policías.
  • La reestructuración geográfica de las FANB en ZODIs y REDIs ha creado caudillos militares regionales que se ocupan de actividades económicas legales e ilegales, ejerciendo además control político-social en esos territorios implicando esto la disolución acelerada del Estado-Nación como está concebido hasta ahora. En algunos escenarios de conflicto podríamos ver al país fraccionado regionalmente con fuerzas militares, y otros elementos armados también por el Estado, enfrentados y controlando diferentes áreas del territorio nacional.
  • Hugo Chávez cambió la doctrina militar de Venezuela y luego cambió los requisitos de entrada a las diferentes academias militares, cambió el pensum de estudio de las mismas a una combinación de marxismo, castrismo y chavismo que poco tiene que ver con la formación de profesionales militares. Además no solo se aumentó el número de alumnos admitidos, sino que se aumentó el número de mujeres sin cuidado alguno a las distorsiones que ello pudiera traer en la disciplina y moral de la institución armada. Un reto inmediato de la Transición será qué hacer con los institutos de formación militar y todos los cadetes que cursan estudios en ellos.
  • La reinstitucionalización de la FANB será una tarea urgente y delicada para un Gobierno de Transición cuya estabilidad y duración, no solo va a depender de la atención a la grave crisis humanitaria y económica, sino que se verá amenazada desde el día 1 por un complejo problema de seguridad interna con grandes posibilidades de fragmentación territorial que pudiera implicar, en el corto plazo, la disolución del Estado, tal como lo conocemos actualmente, motivado por los múltiples y perversos intereses internos en pugna, e intereses internacionales ya en juego dentro de nuestro territorio. Vale advertir que los recursos humanos que se requerirían para reconfigurar la organización militar no pueden salir del seno de una organización tan desdibujada y corrompida.

7. La economía y sus infinitas distorsiones

  • Profundos desequilibrios macroeconómicos han destruido la capacidad de planificar, invertir y ahorrar. Muy pocos países han vivido una crisis de esta magnitud (caída acumulada de 75%+ del PIB en 5 años) y complejidad (no hay un solo sector sano en la economía), y ningún otro la ha sufrido adrede y sin propósito de enmienda.
  • La hiperinflación finalmente destruyó al Bolívar que para todos los efectos dejó de tener valor y por lo tanto dejó de ser moneda de circulación aceptada. Esto le resta al Estado, si tuviera esa intención, toda capacidad de corregir las principales distorsiones macroeconómicas.
  • La súbita -y no oficializada- dolarización de la economía está asociada con una estrategia deliberada de permitir a cárteles y mafias locales e internacionales lavar en Venezuela – sin restricción alguna – fondos provenientes de negocios ilícitos y la corrupción. Esto trae consecuencias tóxicas para el país. Por un lado crea una suerte de apartheid basado en acceso o no a divisas, y a la vez garantiza que en el tiempo los activos principales del país (empresas, concesiones, bienes inmuebles y tierras) caerán en manos de estas organizaciones criminales y de quienes por años han saqueado al país. A este paso el país será feudo exclusivo de criminales.
  • La República de Venezuela y PDVSA están en default en todas sus deudas externas e internas, y en pagos resultantes de litigios y de otras acreencias con socios. El monto total de la deuda, estimado en $160Bn, corresponde aproximadamente a 240% del PIB.
  • Años de desinversión, falta de mantenimiento, nacionalizaciones caprichosas, éxodo de dueños y empleados, y el colapso en la demanda han destruido la capacidad productiva del sector privado, con el consiguiente colapso en la generación de empleo. Hoy sobreviven 2.000 empresas de las 12.500 que había en enero de 1999.
  • Venezuela es el único país que ha perdido deliberadamente la capacidad de autoabastecerse en alimentos teniendo todas las condiciones para producir la mayoría de sus necesidades. La destrucción de la actividad ganadera, agrícola, agroindustrial y pesquera es casi total. La pérdida de soberanía alimentaria, y la hambruna resultante niegan al chavismo, por sí solas, toda bondad.
  • El sector financiero, y en particular la banca comercial, se redujo, aún más, como porcentaje del PIB y quedó a la merced de un Estado que no la interviene, pero que si la asfixia. La banca, poco rentable, descapitalizada y desactualizada tecnológicamente, enfrenta hoy un encaje legal que elimina cualquier posibilidad de emitir préstamos, y la pérdida de valor y confiabilidad del Bolívar desincentiva los depósitos de sus clientes que hoy lo que requieren son servicios de custodia para divisas en efectivo que son su modo de pago y único mecanismo de protección frente a la continua depreciación del mal llamado Bolívar Soberano.

8. Degollaron a la gallina de los huevos de oro, y a las demás también

  • Finalmente se dio el muy anunciado colapso total de PDVSA y del sector petrolero. En este sector la recuperación se hará difícil por lo complejo que será garantizar la seguridad jurídica y física en una eventual transición; por lo extenso de la destrucción operativa y administrativa de PDVSA; por los planes de producción de nuestros principales competidores y de países vecinos; por la calidad de nuestro petróleo más abundante, y por estar entrando el mundo en lo que podría ser el final del ciclo de los hidrocarburos.
  • La competencia ha sido y será feroz. En 1998 una guerra de precio iniciada por Arabia Saudita llevó al colapso de los precios del crudo en los mercados internacionales. La cesta Venezolana llegó a valer $7.50 en promedio siendo nuestro ‘break-even’ fiscal $10.35. Esa crisis, mal manejada por el gobierno del Presidente Caldera, tuvo mucho que ver con la elección de Hugo Chávez al final de ese año. Arabia Saudita triunfó al suspender Chávez la política de Apertura y el proyecto de Orimulsión. Rusia pasó de producir 4.6 MMBD en 1999 a 11.2 MMBD hoy. Venezuela que debería estar produciendo 6.0 MMBD solo produce 720 MBD. El país con las mayores reservas de petróleo ha quedado marginado por la estupidez de Hugo Chávez y sus ‘asesores’ petroleros, la impericia resultante del despido de 21,000 profesionales y técnicos de PDVSA en el 2003, por la corrupción rampante, y por la astucia de nuestros competidores que han sabido aprovechar todos estos imperdonables errores.
  • No existe sector alterno que pueda contribuir lo que el petróleo ha contribuido a la economía y al desarrollo de Venezuela por casi un siglo. Aun si se atrae inversión al sector, la recuperación será lenta y la necesidad de inversión hará que el sector consuma muchos más recursos de los que en el corto o mediano plazo puede generar para el Fisco. Esto nos obliga a imaginar un país con un ingreso per cápita muy bajo, es decir, mucho más pobre y por lo tanto proclive a sufrir aún mayor penuria y el continuo desangre de la emigración.
  • Colapso absoluto del resto del aparato productivo del Estado, y en particular de la empresas de la CVG, debido a la inepta gerencia, agobiante politización y desmedida corrupción. Esto también afectó a todas las empresas nacionalizadas por el Gobierno de Hugo Chávez, incluidas las más simbólicas: CANTV, EDC, CEMEX, Sidor y Sivensa.

9. Relaciones turbias y peligrosas

  • Existe una compleja relación con dos super potencias: China y Rusia. Con la primera existe una deuda importante que habrá que renegociar, y con la segunda una multitud de vínculos poco transparentes que tocan sectores claves como petróleo, gas, minería y la FANB. Estas relaciones hacen a estos dos poderes lejanos actores importantes en el futuro de Venezuela. Es difícil predecir qué actitud tomarán Beijing y Moscú en una transición eventual donde es previsible que los Estados Unidos y sus aliados jugarán un rol protagónico.
  • Desde el 2006 las FANB se han reequipado con material bélico de fabricación rusa. Esto obliga a mantener una relación en el corto y mediano plazo con un país cuyos objetivos y valores pueden estar en completa contradicción con los de un Gobierno de Transición o un gobierno democrático resultado de un eventual evento electoral. Invertir fondos para sustituir sistemas de armamento ruso por el(los) de otro(s) país(ses) no parece ser prioridad dadas las múltiples necesidades apremiantes del país. De todos modos habrá que definir en su momento si es prioridad política (y si es viable) romper este vínculo.
  • La penetración cubana ha trastocado los sistemas de educación, de salud, de registros y notarías, de identificación y de seguridad e inteligencia, y ha contribuido a ideologizar a jóvenes y a elementos diversos de la sociedad y la política. Mientras el castrismo se mantenga en el poder en La Habana habrá que prever el deseo de controlar el destino de Venezuela por las buenas, las regulares o las malas. Todo escenario futuro del país será afectado por una Cuba comunista necesitada de mucho de lo que Venezuela le ha dado desde el 2002.
  • En el intento desesperado por mantenerse en el poder, el Régimen de facto, y sus principales jerarcas, han optado for reforzar alianzas políticas, de negocios y criminales con un sinfín de actores externos. Desde las relaciones con Siria e Irán – que son poco transparentes pero muy peligrosas, a los negocios auríferos con Turquía y los Emiratos Árabes, al extraño acercamiento con la hiper sancionada Norcorea y el creciente rol de mafias o cárteles colombianos y mexicanos en la cadena de explotación y exportación de oro (Ej. el mercurio que se usa para la minería ilegal del oro viene de México y es el Cartel de Sinaloa quien monopoliza esas ventas; o que un porcentaje importante del oro sale del país vía Colombia y de allí se exporta como oro del país vecino). No es difícil visualizar en un futuro cercano una estructura de poder económico, político y territorial en el país que incluya a ciertos de estos ‘aliados’ que se han posicionado o bien a lo largo del período chavista, o en estos meses de usurpación y desesperación de Nicolás Maduro.
  • Finalmente, la precariedad institucional contribuye a una pérdida de capacidad de defender los intereses del país en general. Un ejemplo particularmente serio es el litigio fronterizo con una Guyana cuyas circunstancias cambian radicalmente al comenzar la explotación petrolera en aguas en disputa. En general la recuperación de la soberanía será compleja al tener que lidiar con países y grupos irregulares que se sienten con derechos adquiridos tras años de alegre convivencia con el chavismo.

10. Es la politica, ¡estupido!

  • El colapso del andamiaje político – partidos, líderes y prácticas – no solo no se ha resuelto, sino que se ha profundizado desde el 99. Los partidos no son mucho más que logos y colores. La política está muy desprestigiada.
  • El financiamiento de la política no es transparente y hay evidencia de que los grandes financistas de algunos partidos, y de muchos políticos, son individuos cuyas fortunas son mal habidas y están en la mira de autoridades judiciales de diversos países. Además, es bastante probable que el narcotráfico busque penetrar, o haya penetrado, los círculos opositores (es lo que han hecho en otros países).
  • El liderazgo político es deficiente en muchos sentido La brecha entre la capacidad y experiencia de nuestra dirigencia política y los retos que presenta el país son extremos. Por si sola esta brecha nos hace ser pesimistas sobre la conducción del país en el futuro inmediato. Dicho esto, existe en la generación de políticos jóvenes, incluido el Presidente (E) Juan Guaidó, un compromiso con el país y una sorprendente valentía que son razón para que muchos no pierdan las esperanzas.
  • La demostrable escasez de talento y experiencia en los cuadros de la política opositora hacen difícil imaginar una transición exitosa. Son más de 9.000 puestos claves que habrá que llenar en un gobierno Si ese gobierno no incorpora en los niveles más altos a profesionales y técnicos independientes podemos predecir su fracaso cuasi inmediato.

11. Las expectativas y el desencanto como variables

  • Finalmente, la crisis de expectativas que se avecina puede tener un impacto sobre la gobernabilidad, sobre la paz y sobre la recuperación del país tan o más grande que problemas tangibles, o físicos, antes descritos. En estos 21 años el país se ha desdibujado con discursos, planes y ejecutorias que obligan a replantearse el tipo de país que es viable a futuro.
  • Quienes simpatizan con el chavismo tendrán que entender que el manejo irresponsable de un boom de precios del petróleo no es un modelo repetible, factible o deseable. Hay quienes creen que hay un ‘chavismo bueno’ que puede retornar y paliar la penuria. En realidad vendrán años de vacas flacas y crecimiento dentro de limitaciones impuestas por las limitadas fuentes de financiamiento que estarán a nuestro alcance. La supervivencia de algo llamado ‘chavismo’ implicaría o bien un conflicto continuo y destructivo, o el abandono de mucho del pensamiento y líneas de acción de Hugo Chávez Frías.
  • Para los opositores, amarrados unos al llamado ‘Plan País’ y otros a un pasado hoy sepultado bajo las ruinas de la República Bolivariana, también habrá decepciones. El llamado ‘Plan País’ es un ejercicio noble fundamentado en escenarios poco probables donde se han omitido problemas que parecen haber ahuyentado a sus creadores. Temas como la criminalidad rampante, la Fuerza Armada y las amenazas a la seguridad nacional e integridad territorial, que tienen importancia vital a la hora de hablar del ‘día después’ y de una posible Transición, no han sido abordados con seriedad. El país petrolero donde el Estado reparte entre treinta millones la renta que doce mil producen no es repetible, ni deberíamos buscar repetirlo.

Conclusiones

  1. Siempre que se enfrentan tantas crisis ineludibles, el éxito está en definir y abordar prioridades con una lógica fácil de compartir y que se pueda validar con éxitos tempranos. Cada actor en la sociedad tiene su propio esquema de prioridades, pero le corresponde al liderazgo político (ese que lamentablemente hemos descrito como deficiente) armar un plan basado en grandes consensos y respaldado por equipos de expertos (venezolanos dentro y fuera de Venezuela e internacionales). Para ello es indispensable contar con apoyo internacional muy concentrado o especializado que contribuya a generar esos éxitos tempranos sobre los cuales se construirán las fases sucesivas del plan. Hay que generar confianza y compromiso colectivo para fortalecer el piso político y ganar de los ciudadanos la comprensión y paciencia que se requieren para atacar progresivamente, y no simultáneamente, este aterrador cúmulo de problemas.
  2. Utilizando el símil de un paciente con muchas dolencias, debemos abordar aquellas que son fatales antes que las que son de menor gravedad o urgencia. Un tumor etapa 4 en el cerebro con alto riesgo de metástasis siempre tendrá precedencia sobre un diagnóstico de colesterol muy alto o un fuerte dolor causado por el rompimiento del menisco en una rodilla.
  3. Los venezolanos, y los extranjeros que nos quieran ayudar en esta terrible encrucijada, tenemos que abrir los ojos, dejar de soñar con soluciones fáciles para problemas extremadamente difíciles e inclusive irresolubles. Si hacemos el diagnóstico correcto podemos sacar del quirófano a los médicos y enfermeros que nada saben de lo que nos está matando como individuos, como sociedad y como país. Hasta ahora los problemas se han agravado porque hay mucha ignorancia e improvisación tanto dentro como fuera de Venezuela. Un diagnóstico correcto y consensuado debería poner fin a esta absurda y costosa pérdida de esfuerzos y tiempo.
  4. Luego de siete años debemos concluir que ninguno de los problemas puede ser solucionado con Nicolás Maduro y sus secuaces en el poder o como parte de una aberrante coalición. Por lo tanto, tenemos que imaginar que la tarea de reconstrucción es posterior a la salida del poder de quienes hoy lo usurpan.
  5. El riesgo es que al salir Maduro del poder las prioridades la definirán un sin número de conflictos con elementos armados dispuestos a todo para sabotear o ponerle fin a un nuevo gobierno. Este escenario de conflicto, que es tan previsible como inevitable, generará más caos, dolor y éxodo. Sería prudente que el caso base que usemos contemple este riesgo y no un optimismo pueril, ergo, irresponsable.
  6. La reconstrucción de Venezuela será una costosísima tarea de una o dos Para ello debemos contar con el sostenido apoyo de la Comunidad Internacional en un sinfín de áreas. Debemos entender que en alguna de ellas el nivel de inherencia de extranjeros en nuestros asuntos domésticos será muy grande. Esto lo tenemos que asimilar sin reservas. Un país no es soberano, ni independiente, si no se puede alimentar o sanar a sí mismo, si no tiene recursos propios para rescatar sus sectores claves, si su población está indefensa frente a mafias de todo tipo, y si el Estado está arruinado bajo cualquier definición del término. La recuperación de nuestra autonomía, de nuestra independencia y de nuestra soberanía es una tarea adicional, pero primero tenemos que ponernos de pie y ganar algo de fuerza como sociedad.
  7. Venezuela tiene su futuro a riesgo. Llegamos aquí por la indolencia de unos y la criminalidad de otros. No hacer nada al respecto sería desastroso. Lo que hagamos estará lleno de riesgos adicionales y jamás tendremos una garantía de éxito. El reto es asumir de un vez la tarea de hacer país y para eso tenemos que dejar de hacer mucho de lo que llevamos años haciendo.

Venezuela Is the Eerie Endgame of Modern Politics by Anne Applebaum – The Atlantic – 27 de Febrero 2020

Citizens of a once-prosperous nation live amid the havoc created by socialism, illiberal nationalism, and political polarization.

Protestors look at a flag of Maduro burning near Las Mercedes in Caracas.

Last month, juan Guaidó appeared in Washington in the role of political totem. Venezuela’s main opposition leader—the man who is recognized by that country’s National Assembly, millions of his fellow citizens, and several dozen foreign countries as the rightful president of Venezuela—was one of the special guests at the State of the Union address. President Donald Trump welcomed Guaidó as living evidence that his own administration was “standing up for freedom in our hemisphere” and had “reversed the failed policies of the previous administration”; he called Venezuela’s current leader, Nicolás Maduro, an illegitimate ruler whose “grip on tyranny will be smashed and broken.” He gave no details of how that would happen. Trump, who has never been to Venezuela or shown any prior interest in it—or, for that matter, shown any interest in freedom anywhere else —presumably knows that the country matters to some voters in South Florida. To their credit, members of Congress gave a bipartisan standing ovation to Guaidó nevertheless.

Trump is not the only world leader to cite Venezuela for self-serving ends. Regardless of what actually happens there, Venezuela—especially when it was run by Maduro’s predecessor, the late Hugo Chávez—has long been a symbolic cause for the Marxist left as well. More than a decade ago, Hans Modrow, one of the last East German Communist Party leaders and now an elder statesman of the far-left Die Linke party, told me that Chávez’s “Bolivarian socialism” represented his greatest hope: that Marxist ideas—which had driven East Germany into bankruptcy—might succeed, finally, in Latin America. Jeremy Corbyn, the far-left leader of the British Labour Party, was photographed with Chávez and has described his regime in Venezuela as an “inspiration to all of us fighting back against austerity and neoliberal economics.” Chávez’s rhetoric also helped inspire the Spanish Marxist Pablo Iglesias to create Podemos, Spain’s far-left party. Iglesias has long been suspected of taking Venezuelan money, though he denies it. Even now, the idea of Venezuela inspires defensiveness and anger wherever dedicated Marxists still gather, whether they are Code Pink activists vowing to “protect” the Venezuelan embassy in Washington from the Venezuelan opposition or French Marxists who refuse to call Maduro a dictator.

And yet—Venezuela is not an idea. It is a real place, full of real people who are undergoing an unprecedented and in some ways very eerie crisis. If it symbolizes anything at all, it is the distorting power of symbols. In reality, the country offers no comfort for youthful Marxists or self-styled anti-imperialists—or for fans of Donald Trump. I spent a few days there earlier this month, on an academic invitation. During the course of ordinary conversations with me, three people burst into tears while talking about their life and their country.

One of the three was Susana Raffalli, a widely recognized Venezuelan expert in nutrition and food security. During her long career, Raffalli has worked all over the world, never imagining that her skills would be necessary in Venezuela, which has large oil reserves and was long a middle-income country. Raffalli and I met in a deceptively chic restaurant in Altamira, one of the wealthiest neighborhoods in Caracas. Just around the corner stood one of the shiny new hard currency stores, where people with dollars can buy things like Cheerios or large bottles of Heinz ketchup. Imported goods like these had disappeared in recent years as hyperinflation rendered the Venezuelan bolívar almost worthless, and as international sanctions and Venezuela’s own import controls disrupted trade. Now they are again available—but only to those who have access to foreign currency.

Eyes of Chavez
Emin Ozmen / Magnum Photos

Members of the Chavista-Madurista elite do indeed have such access, and the new dollarization of the Venezuelan economy has suddenly allowed them to flaunt their money. One academic I met described how shocked he was to see a woman reach into her handbag and pull out $3,000 in cash to buy a designer coat. “What kind of person,” he mused, “could have that kind of money?” By contrast, his elderly neighbors—formerly middle-class people, living on fixed pensions with no access to dollars—look thin and wasted. He himself had left his university to work for a foreign charity, because an academic salary paid in bolívares is no longer sufficient to buy food.

The glitzy evidence of dollarization also masks the deep crisis of the rural poor. Upon Chávez’s death in 2013, Corbyn thanked him on Twitter for “showing that the poor matter and wealth can be shared.” But neither Chávez nor Maduro has ever shown anything of the sort. Whatever progress the country made against poverty in the past was due to high oil prices, which have since slumped. Now Maduro presides over a disaster that is devastating the poor above all. Raffalli told me that the food-production system began to break down nearly a decade ago, thanks to the expropriation of land and the destruction of small agricultural companies, though a few big ones survive. Widespread malnutrition began a few years later. The Catholic charity Caritas believes that 78 percent of Venezuelans eat less than they used to, and 41 percent go whole days without eating. The side effects of hunger—higher rates of both chronic and infectious diseases—are spreading too. But if you haven’t heard about hunger in Venezuela, that’s not an accident: The government is going to great lengths to hide it.

The tactics of deception include the use of outdated nutrition measures, which help conceal the severity of the problem. Government departments have also resorted to euphemistic jargon. “Malnutrition” has become “nutrition vulnerability,” Raffalli said, and a system of health centers for starving children is now the Service for Nutritional Education. The country’s National Assembly, which is controlled by the opposition, passed special measures to address the health crisis; the Supreme Court, which is controlled by Maduro, rejected them. Most ominously, doctors in Venezuelan hospitals have faced pressurenot to list malnutrition as either a cause of illness or a cause of death. Though the official media do not mention these policies, people know about them anyway. Raffalli herself witnessed an extraordinary scene in one hospital: The parents of a child who had died from starvation tried to give her the corpse, because they were afraid that state officials would take it away and hide it. She was also in a rural region where children leave school at midday to hunt for birds or iguanas to cook and eat for lunch.

To anyone who knows the long history of the relationship between Marxist regimes and famine, this development seems uncannily familiar. More than 80 years ago, in the winter of 1932–33, Stalin confiscated the food of Ukrainian peasants and did nothing while nearly 4 million died. Then he covered up their deaths, even altering Soviet population statistics and murdering census officials to disguise what had happened. To anyone who knows the long history of Communist countries’ use of food as a weapon, the Venezuelan regime’s manipulation of the food supply comes as no surprise, either. Most Venezuelans—80 percent according to a recent survey—now rely on boxes of food, containing staples such as rice, grain, or oil, from the government. Agencies known as Local Committees for Supply and Production hand the packages out to people who register for a Patria (“fatherland”) card or smartphone app, which are also used to monitor participation in elections. Raffalli has called this policy “not a food program, but a program of penetration and social domination.” The hungrier people get, the more control the government exerts, and the easier it is to prevent them from protesting or objecting in any other way. Even people who are not starving now spend most of their time just getting by—standing in lines, trying to fix broken generators, working second or third jobs to earn a little bit more—all activities that keep them from politics.

But when Raffalli’s voice broke, she was talking about something else: the indifference that was growing, both at home and abroad. The United Nations, perhaps thanks to some officials who admired Chávez—or who do not admire Trump—has not launched a major humanitarian-aid program in Venezuela. “The trauma here is that it is forgotten by outsiders, and also forgotten by us,” Raffalli said. “We are getting used to it … you have to keep saying, ‘No, it’s not normal!” This, she said, is what Venezuela has become: “a country with some of the world’s biggest rivers, and yet we have water shortages. A country with vast reserves of oil, and yet people are cooking food over wood fires.” In this type of protracted crisis, “people start to lose hope. Hunger co-exists with fatigue and lack of hope. And we are forgetting what we used to be.”

And yet, despite the clear historical echoes, the cause of the crisis in Venezuela is not merely the familiar, fanatical application of Marxist theory. If some elements of recent Venezuelan history sound amazingly like a replay of Soviet history, other elements strongly resemble the more recent histories of Russia, Turkey, and other illiberal nationalist regimes whose leaders slowly chipped away at civil rights, rule of law, democratic norms, and independent courts, eventually turning their democracies into kleptocracies. This process also took place in Venezuela. Like the destruction of the economy, the destruction of the political culture took some time, because there were several decades’ worth of democratic institutions to destroy. Writing in The New Yorker in 1965, not long after a round of successful elections, a visitor to the country observed, rather elegantly, that “the high-minded, steadfast enthusiasm for the republican ideal is one of the determining factors in Venezuelan history … the Venezuelan seeks the City of Justice as his forerunners sought the City of Gold, with the same dedication, the same indestructible hope, and the same splendid determination.”

But democracy became weaker in the 1990s, thanks to widespread corruption linked to the oil industry. Chávez broke the rule of law completely. His first attempt to take power was via a coup d’état, in 1992. He won a legitimate election in 1998, but once in power he slowly changed the rules, eventually making it almost impossible for anyone to beat him. In 2004, he packed the Supreme Court; in 2009, he altered the electoral system. Just like other illiberal governments, the Venezuelan regime also sought to undermine abstract ideas of justice—which might have protected ordinary people from the authoritarian state—by dismissing them as a Western plot. Rafael Uzcátegui, an activist who runs PROVEA (the Venezuelan Education-Action Program on Human Rights), told me that the country’s rulers had tried to redefine the problem: “They said everything that we understood as human rights was a ‘liberal hegemonic imposition.’” They also created parallel institutions—such as the Bolivarian Alliance for the Peoples of Our America, Chávez’s version of the Organization of American States—to limit the influence of established multinational bodies and global human-rights groups inside Venezuela.

Having gained full control of his nation’s legal and judicial institutions, Chávez did not use it to benefit poor Venezuelans, contrary to the mythology spread by far-left admirers. Instead, Chávez began to transfer the wealth of the country to his cronies. This process was extraordinarily well documented, in real time, by many people. AForeign Affairs article about Chávez in 2006 spoke of “blatant violations of the rule of law and the democratic process.” A 2008 article in the same publication noted that “neither official statistics nor independent estimates show any evidence that Chávez has reoriented state priorities to benefit the poor.” The slide into spectacular corruption grew worse under Maduro. In Caracas, I met at least a dozen academics and journalists who are still charting the regime’s dishonest social-media campaigns, infringements on what remains of the constitutional order, and stunning corruption, as well as its humanitarian disaster. Their ability to observe and describe all of these things has not necessarily helped them to stop them.

Some elements of Chávez’s method will seem strangely familiar to anyone who has studied other kleptocracies. The Venezuelan writer Moisés Naím has described his country’s political system as a “loose confederation of foreign and domestic criminal enterprises with the president in the role of mafia boss,” which makes it sound very much like Vladimir Putin’s Russia. In Caracas, I sat in a room full of people who were debating just exactly how much money the regime had stolen—$200 billion? $600 billion?—a parlor game that gets played in Moscow too. Scattered around the Venezuelan capital are several brand-new, completely empty apartment buildings that are reportedly a side effect of money laundering: Their owners are storing stolen money in glass and concrete, hoping that real-estate prices will rise someday. A couple of years ago, a court in Miami charged a network of Venezuelan officials with laundering $1.2 billion into property and assets in Florida and elsewhere. Investigations into that case and others still involve law-enforcement agencies all over the world.

How did Chávez get away with this level of theft? How can Maduro sustain it? Among other things, the two strongmen have made it almost impossible for the independent press to function, undermined the credibility of experts, and distracted supporters, both domestic and foreign, with a combination of fairy tales—how wonderful were the lives of the poor!—and conspiracy theories. For Americans, some elements of this story should hit uncomfortably close to home. At the height of his power, Chávez appeared every Sunday on his own surreal, unscripted reality-television program, called Aló Presidente. He would interview supporters, hire and fire ministers, insult people, even declare war while on air, using television much as President Trump uses Twitter, to shock and entertain, sometimes continuing for many hours. Chávez made up names for his enemies—“El Diablo” was one of several for President George W. Bush—and he was vulgar and rude. These traits convinced people that he was “authentic.” Just as Trump used to shout “You’re fired” as a kind of punch line on The Apprentice, Chávez would shout “Exprópiese!” at buildings and property, supposedly owned by rich people, that he intended to expropriate.

Over time, Chávez successfully polarized society into groups of fanatical supporters and equally dedicated enemies—warring tribes who felt they had little in common. Some of the differences were based on class or race, but not all. One Venezuelan I met—he owned a bookstore before people could no longer afford to buy books—told me that he fell out with a university friend who’d become a fanatical Chavista. They never made up.

Even now, polarization is built into the streetscape of Caracas. In the middle-class Chacao district, which is controlled by the opposition, the names of activists murdered by the regime are painted onto a fence that stands near a square where many anti-Maduro demonstrations have been held. In the working-class neighborhoods, one sees pro-regime murals and billboards, though many of these defy the clichés. Some of them, heavy on Venezuelan flags and “No Trump” slogans, could easily be described as nationalist rather than socialist. Others—the paintings of Chávez’s eyes, for example—belong more strictly to what can only be described as a cult of personality.

None of those signs and symbols necessarily means that the regime is popular. Most of the political scientists whom I met reckoned that Maduro has the support of no more than a quarter of the population—some of whom support him only for the food boxes or out of fear. Those who speak out, especially from the slums, are periodically subjected to violence too. In one poor neighborhood, I met a woman whose cousin had recorded a video of himself, draped in a Venezuelan flag, going to an anti-government demonstration, and posted it on Facebook. A neighbor recognized him and told the authorities—another act with Stalinist echoes. A couple of days later, police thugs from the Special Actions Force—a unit known as FAES, which Maduro created in 2017 supposedly to “fight terrorism” —abducted and murdered him.

Extrajudicial murders like this one are now common. An initiative called Mi Convive—whose mission is to monitor and reduce violence—registered 1,271 extrajudicial murders in Caracas alone from May 2017 to December 2019, out of more than 3,300 violent deaths in the city. Late last year, the UN high commissioner for human rights concluded that FAES and other police had killed 6,800 Venezuelans from January 2018 to May 2019, a period of sharp political conflict. The commissioner’s report included details of torture, such as electric-shock treatment and waterboarding. Precisely because those who criticize the government can be subjected to harassment or violence, especially if they come from the slums, I am withholding the names of some of the Venezuelans whom I met or interviewed.

But cynicism is just as powerful a demotivator as fear. Over and over again, people told me that while they don’t dislike Guaidó, they do not believe he can win. So what if the Trump administration recognizes him as the rightful president? The Venezuelan army does not. Democracy is broken, elections are unfair, the police can enter anyone’s house at any time, so how can the regime be brought down? One of Guaidó’s former teachers, a university professor, told me he had let his former student know that he would not come to any more demonstrations until he knew exactly what he was demonstrating for. What is the realistic path to change?

Polarization adds to this cynicism by creating suspicion and mistrust on both sides; people hear politicians shouting diametrically opposing slogans or presenting contradictory facts, and their instinct is to cover their ears. Then they retreat inward—or they leave, in vast numbers. The 4.5 million people who are thought to have left Venezuela in recent years have done so either by walking across the border into neighboring countries or by seeking to study or work abroad. Historically, Venezuela was a magnet for immigrants, not a source of refugees. The current exodus has left enormous gaps in many institutions, broken up families, and destroyed circles of friends.

The second person I met who started to cry was a translator. At one event, I responded in English to a question about the wave of Venezuelan refugees now spreading across South America, North America, and Europe. As the translator put my answer into Spanish, she broke down. “I suddenly thought of my nieces and nephews,” she told me afterward. “All of those hopeful young people, all gone.”

The third time someone cried was in rather different circumstances. I was in La Vega, one of the slums that cling to the hills around Caracas, a little bit like the favelas around Rio de Janeiro. The paved roads in La Vega attest to the money that was once available to spend on infrastructure; the jerry-rigged electricity cables and water pipelines attest to that infrastructure’s decline. We were sitting in a community kitchen created by a group called Alimenta la Solidaridad (a name that translates loosely to “food solidarity”), which serves regular meals to children in poor neighborhoods. This is one of a pair of initiatives originally conceived by Roberto Patiño, a young opposition politician turned humanitarian activist. The first one is Mi Convive, the group that monitors and mitigates violence; its name, also translated loosely, means “live together.” Patiño was a student leader who campaigned on behalf of a previous opposition leader, Henrique Capriles, who ran for president and lost by a tiny and probably fraudulent margin in 2013. As he traveled around the country, Patiño told me, he was shocked by the lack of faith that people had in the whole process. They didn’t hate Capriles; they just thought that “everything related to politics is a lie.”

Patiño’s organizations are not political, and they are not intended to affect election campaigns directly. Instead, they seek to undermine the polarization, and dampen the cynicism, that has frozen Venezuelan society. Propaganda divides people. Fear isolates them. By contrast, Alimenta and Mi Convive create projects that bring people together, regardless of their socioeconomic status or political views, building networks of friendship and support. The projects are staffed, in part, by educated, middle-class people in their 20s and 30s who have deliberately decided not to emigrate, though any of them could. Alberto Kabbabe, the co-founder and executive director of Alimenta, has a degree in chemical engineering; he says most of his university friends have left for the U.S. or Colombia. Back when he was in the student movement with Patiño, Kabbabe didn’t imagine himself running community kitchens, but then, none of the group did. “I thought I would be doing politics, but something more … sophisticated,” one told me. But in a society where sophisticated politics feel pointless and impossible, working to create links between wealthy and poor neighborhoods feels positive and creative. “The government made people believe that we are all different and enemies. In fact, we are all different, but we can work together,” Kabbabe told me.

A trio of them took me to see a couple of the kitchens in La Vega. We began with a visit to a Jesuit school. Alimenta has worked closely alongside the order, which has a particular interest in refugees and the very poor. The Jesuit fathers in Caracas—I met several—reminded me of the kinds of priests who used to work in Polish working-class neighborhoods in the 1980s, when the Catholic Church was a unifying national institution in Poland and not part, as it is now, of a divisive war over modern culture.

From the school we went to one of the community kitchens—in reality, a dining space set up on a dirt floor beneath a corrugated-tin roof. The women who worked there were all volunteers, some of whom had lost their access to the free government food boxes because they work for Alimenta. They said they didn’t care—the food served at the kitchens is healthier anyway—and there are other benefits. “We can do something to make a difference,” one of the volunteers told me, and that creates a kind of psychological satisfaction, even aside from the food. Some of the women have become advocates for their communities, speaking out about school closures, water shortages, and the other hardships that Venezuela’s decline has imposed on them.

Conditions were a little better in another section of La Vega, farther down the hillside. There, the community kitchen is inside a real building, connected to a convent. Posted on the walls are lists of daily menus; the space smells slightly of disinfectant and the floors positively shine. The volunteer who runs the kitchen—gray-haired, wearing blue jeans and an Alimenta la Solidaridad T-shirt—showed us around. She started to tell her life story, a tale of bad luck and crises, a son who was shot during local violence, another who died in an accident. But now she has had some success: Her daughters are studying, and she is feeding children—a role that allows her to keep an eye on local families in trouble. This is when she started to cry. One of the women from Alimenta—several decades younger, from a different neighborhood and a luckier family background—stood up and put her hand on her shoulder. The older woman stopped for a moment, and then resumed her story.

I am tempted to end here with a warning, because Venezuela does represent the conclusion to a lot of processes we see in the world today. Venezuela is the endgame of ideological Marxism; the culmination of the assault on democracy, courts, and the press now unfolding in so many countries; and the outer limit of the politics of polarization. But I don’t want, as so many have done, to treat Venezuela as just a symbol. It’s a real place, and the hardships faced by the people who live there have not ended, culminated, or been limited at all. Whatever the United States and other members of the international community do next in Venezuela, the goal should be to help real Venezuelans, not to further an ideological argument, especially as the humanitarian and political crises deepen and spread.

ANNE APPLEBAUM is a staff writer at The Atlantic. She is a senior fellow of the Agora Institute at Johns Hopkins University. Her latest book is Red Famine: Stalin’s War on Ukraine.

Venezuela es el tercer país más pobre de Latinoamérica y el Caribe – El Nacional – 17 de Febrero 2020

El producto interno bruto per cápita en dólares a precios corrientes está actualmente en 2.427 dólares

pobre

Venezuela pasó a ser el tercer país más pobre de América Latina y el Caribe.

De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el producto interno bruto per cápita en dólares a precios corrientes  está actualmente en 2.427 dólares.

Le superan en pobreza Haití y Nicaragua con 765 y 1.869 dólares en la primera y segunda posición, respectivamente.

El país descendió 13 escalafones en comparación con el año 2013, cuando comenzó el régimen de Nicolás Maduro. Para el momento estaba en 7.869 dólares su PIB per cápita, una contracción por más de 5.000 dólares per cápita.señaló el economista Jesús Casique.

También que traslada al país al siglo pasado, debido a que para el año 1950 dicho cálculo se fijó en 4.500 dólares.

Jesús Casique

@jesuscasique1

📍Fondo Monetario Internacional.
Venezuela pasó a ser el tercer país más pobre de América Latina
y el Caribe.

➖PIB per cápita en dólares a precios corrientes.

Año 2020.

🇭🇹Haití $765
🇳🇮Nicaragua $1.869
🇻🇪Venezuela $2.427

*Venezuela año 2013 $7.869.

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Milagro chavista: Venezuela retrocede mientras los países más pobres avanzan por Juan Carlos Zapata – ALnavío – 26 de Diciembre 2019

El Banco Mundial midió las estadísticas de los últimos 20 años. Y descubrió que “los países más pobres del mundo lograron avances en los últimos 20 años”. Y esa es la paradoja. Porque en dos décadas, Venezuela retrocedió. Hace 20 años Venezuela no se ubicaba entre los países más pobres del mundo. ¿Y hoy?
Hoy Venezuela es sinónimo de crisis política y crisis humanitaria / Foto: @NicolasMaduro
Hoy Venezuela es sinónimo de crisis política y crisis humanitaria / Foto: @NicolasMaduro

Hoy Venezuela es sinónimo de crisis política y crisis humanitaria. Después de 20 años de chavismo es como se puede resumir la realidad del país. Lo confirman los indicadores del FMI, del Banco Mundial, los informes de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, de firmas especializadas, y hasta del propio Banco Central de Venezuela, que admitió esta año la caída pronunciada y sistemática del PIB y los altos niveles de inflación.

Venezuela es un caso. Es la historia del fracaso de un modelo aplicado en 20 años y que ha conducido a que seis millones de personas se vayan del país. En Venezuela han reaparecido enfermedades que se daban por extintas o controladas. En Venezuela han reaparecido otras enfermedades: La tortura y la crueldad, la persecución y el miedo, la represión y la incertidumbre ante el futuro. El Papa, en el mensaje de Navidad, y en referencia a Venezuela, se refirió a las “las diversas crisis y las numerosas formas de pobreza”.

Esto ocurre en Venezuela. ¿Y qué ocurre en el resto del mundo? Venezuela hace 20 años no se ubicaba entre los países más pobres del mundo. Pero hoy muestra indicadores de país muy pobre. Pero resulta que los países a los que el Banco Mundial ubica entre “los más pobres”, han hecho avances. Avances donde Venezuela ha retrocedido. Dice el Banco Mundial: “En las últimas dos décadas se han observado avances en muchos de los países más pobres del mundo. La tasa de pobreza extrema cayó de más del 50 % a alrededor del 30 %.”. ¿Cuál es el balance en Venezuela respecto a la tasa de pobreza extrema? Las últimas investigaciones la ubican en 50% en Caracas pero en el interior del país supera estos niveles.

El Banco Mundial señala que en los países más pobres “la mortalidad infantil disminuyó de aproximadamente del 14 % al 7 %”. ¿Y qué pasó en Venezuela? Este es un indicador que ha venido creciendo en los últimos años.

El Banco Mundial apunta que “ el acceso a electricidad aumentó un 57 % y la proporción de personas que usan por lo menos servicios básicos de agua potable y saneamiento se incrementó un 22 % y un 41 %, respectivamente·. Y en cambio ¿qué ocurrió en Venezuela? El mundo ha sido testigo de la crisis eléctrica. El servicio no se ha restablecido completamente en el país. De igual manera, el servicio de agua potable es insuficiente. En ambos servicios, Venezuela ha retrocedido. Asegura el Banco Mundial que “el 89% de la población mundial tiene acceso a la electricidad”. En América Latina el 98% de la población cuenta con el servicio. Venezuela ha estado en riesgo de salir de estas estadísticas.

Lo peor es que los países muy pobres no cuentan con los recursos que tiene Venezuela. Ni contaron con los recursos que le ingresaron a Venezuela al menos en 15 años de ese periodo de 20. Un país que, además, se endeudó. Y que hoy, sin embargo, muestra indicadores que dan pánico. De hecho, así lo reflejan los informes de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michell Bachelet. Por eso es que en Venezuela se habla de crisis humanitaria.

En otro apunte, el Banco Mundial señala que “Hace 30 años, más de un tercio de la población mundial vivía en la pobreza extrema”. Que hoy, menos del 10 % de las personas viven con 1,90 dólares al día o menos”. Asegura que “entre 2000 y 2015, 15 países lograron sacar de la pobreza extrema a 802,1 millones de personas”. Pero hay que apuntar que Venezuela marcha en dirección contraria. A la gente no le alcanza el dinero para comprar alimentos. La encuesta Encovi reflejaba que en 2018 al 89% de las personas pobres no les alcanzaba el dinero para comprar alimentos. Así, el 87% de los hogares de Venezuela pasaban a formar parte de la categoría de pobres y el 80% en el rango de inseguridad alimentaria.

Señala el Banco Mundial que “La Asociación Internacional de Fomento (AIF), institución del Grupo Banco Mundial, es una de las principales fuentes de financiamiento para combatir la pobreza extrema en los países más necesitados del mundo. Desde 1960, ha proporcionado más de USD 391 000 millones para inversiones en 113 países. En la reposición más reciente de los recursos del fondo, celebrada el 13 de diciembre de 2019, la comunidad mundial comprometió USD 82 000 millones para ayudar a los 76 países más pobres a invertir en las necesidades de su gente, impulsar el crecimiento económico y reforzar la resiliencia ante las conmociones climáticas y los desastres naturales”.

Papa Francisco en Navidad: critica pobreza en Venezuela, pero no a Maduro por Mamela Fiallo Flor – PanamPost – 26 de Diciembre 2019

“Que el pequeño Niño de Belén sea esperanza para todo el continente americano, donde diversas naciones están pasando un período de agitaciones sociales y políticas”

Durante la misa de Navidad, el papa Francisco I destacó las carencias que sufre Venezuela. (Fotomontaje de PanAm Post)

En Navidad, día que conmemora el nacimiento del Niño Jesús, el papa Francisco I pidió «que reanime al querido pueblo venezolano, probado largamente por tensiones políticas y sociales, y no le haga faltar el auxilio que necesita. Que bendiga los esfuerzos de cuantos se están prodigando para favorecer la justicia y la reconciliación, y se desvelan para superar las diversas crisis y las numerosas formas de pobreza que ofenden la dignidad de cada persona».

El 87 % de los venezolanos vive en la pobreza. El ciudadano promedio ha perdido más de 11,4 kilos y la ausencia de recursos básicos logró que incluso falte trigo para elaborar las hostias de la comunión. Ya más de cuatro millones de venezolanos han huido del país, escapando del hambre, el desempleo y la persecución ideológica.

Johan Pacheco@padrejohan

El Papa Francisco saluda y bendice a el día de “Que el pequeño Niño de Belén sea esperanza para todo el continente americano, donde diversas naciones están pasando un período de agitaciones sociales y políticas. Que reanime al querido pueblo venezolano…”

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Cuando Nicolás Maduro pidió la mediación del papa Francisco I frente al ascenso del presidente interino Juan Guaidó, el papa le respondió que el régimen no ha cumplido con lo prometido: «Desafortunadamente todos los intentos (de mediación) han sido interrumpidos porque lo que se decidió en las reuniones no fue seguido por gestos concretos para lograr los acuerdos».

 «Más allá de la cautela diplomática, la opinión de Francisco y de sus consejeros sobre Maduro es negativa», afirmó el editorialista Massimo Franco, cercano al pontífice.

Pese al sacrilegio en el cual ha incurrido el régimen, al convertir la oración del Padre Nuestro en el Chávez Nuestro y reemplazar la plegaria por «no nos dejes caer en la tentación del capitalismo, mas líbranos de la maldad de la oligarquía, del delito del contrabando porque de nosotros y nosotras es la patria, la paz y la vida. Por los siglos de los siglos amén. Viva Chávez”, el papa Francisco se niega a enfrentar al régimen o siquiera criticarlo abierta y directamente. Al contrario, ha sido crítico del capitalismo, alegando que crea pobres. Eso, pese a que la evidencia muestra que es el socialismo el que los ha multiplicado.

El régimen venezolano persigue a los sacerdotes que denuncian el hambre del pueblo

«El ayuno ya lo estamos viviendo, para conseguir alimentos ya hace unos años que venimos viviendo un ayuno casi obligatorio en el que nos tienen a todos», dijo el obispo Tulio Ramírez durante la homilía de Cuaresma, tiempo en el cual hacen ayuno los católicos por voluntad. Sin embargo, los venezolanos se han visto en la obligación de hacerlo por la falta de alimentos.

Como resultado, el obispo fue denunciado por «incitación del odio». Antes de ser convocado al Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia, monseñor, junto al presbítero Miguel Acevedo, párroco de Nuestra Señora de la Candelaria, fue agredido por una señora. De modo que lo que digan los sacerdotes en misa puede ser reportado ante las autoridades, logrando que terminen en una de las camionetas negras de la policía política de Maduro, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin).

“Aquí tiene usted mis manos, y si lo quiere, colóqueme las esposas y lléveme preso, pero yo como sacerdote y como obispo, no voy a dejar de denunciar los sufrimientos de mi pueblo”, le dijo el arzobispo de Barquisimeto, monseñor Antonio López Castillo, a un funcionario del Sebin, antes de ser interrogado en el interior de uno de sus vehículos. El funcionario fue a «convencerlo» de «parar las denuncias» contra el Gobierno de Maduro, al cual el sacerdote denomina como un «régimen opresor».

El Diario@eldiario

| Papa Francisco pide por Venezuela en su mensaje de Navidad 🎄: “Que reanime al querido pueblo venezolano🇻🇪, probado largamente por tensiones políticas y sociales, y no le haga faltar la ayuda que necesita”.

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En Nicaragua, la Iglesia católica se ha convertido en el albergue de los perseguidos por el régimen

Durante la misa de Navidad el papa Francisco I pidió por aquellos que son perseguidos por su fe. Incluso rescató a uno de los perseguidos, le llevó al Vaticano y salvó su vida. Luego que el régimen del guerrillero marxista devenido en presidente, Daniel Ortega, intentó asesinar al obispo auxiliar de la capital de Nicaragua.

“Yo no he pedido salir, he sido llamado por el Santo Padre. Esta decisión de que yo abandone Nicaragua es una responsabilidad del Santo Padre”, afirmó el obispo Silvio Báez.

El obispo Báez es un referente de la resistencia en Nicaragua, donde la Iglesia católica se ha convertido en el albergue de los perseguidos por el régimen socialista.

Balas atravesaron las iglesias y estatuas de Jesús se vieron desmoronadas ante los ataques de la policía y grupos paramilitares fieles a Ortega, en vista de que los templos albergan a los manifestantes que protestan contra el régimen. Allí los clérigos y las religiosas atienden a los heridos, que superan los miles y los muertos rondan los 600, aunque el régimen reconoce solo 199 muertos.

«Que el pequeño Niño de Belén sea esperanza para todo el continente americano, donde diversas naciones están pasando un período de agitaciones sociales y políticas», dijo el papa en la misa de Navidad.

Francisco I recordó a los perseguidos por su fe, pero olvidó a los cubanos

Sin embargo, el papa no mencionó a ningún país de América entre los casos de persecución religiosa, solo a África y Asia. Pese a que este es un fenómeno que se reproduce en regímenes socialistas, entre ellos Cuba, donde 123 presos políticos pasaron la Navidad encerrados.

Así sucede en la isla hace 60 años, desde el inicio de la revolución. Solo en diciembre del 2018 alrededor de 200 cristianos fueron detenidos saliendo de misa o interceptados rumbo a ella.

El obispo Zen de Hong Kong afirmó que debido a que el papa vivió la última dictadura militar de Argentina, “puede tener una simpatía natural por los comunistas porque para él ellos son los perseguidos. Él no los conoce como los perseguidores en que se convierten una vez en el poder, como los comunistas de China”.

Por eso, aunque el papa no adjudicó la pobreza ni la tensión política a dicha ideología, sí destacó los males que padecen quienes viven bajo esos regímenes. Lo cual, en parte, responde a las súplicas de los fieles, en particular aquellos que son perseguidos por su fe.

Milagro chavista: Venezuela retrocede mientras los países más pobres avanzan por Juan Carlos Zapata – ALnavío – 26 de Diciembre 2019

El Banco Mundial midió las estadísticas de los últimos 20 años. Y descubrió que “los países más pobres del mundo lograron avances en los últimos 20 años”. Y esa es la paradoja. Porque en dos décadas, Venezuela retrocedió. Hace 20 años Venezuela no se ubicaba entre los países más pobres del mundo. ¿Y hoy?
Hoy Venezuela es sinónimo de crisis política y crisis humanitaria / Foto: @NicolasMaduro
Hoy Venezuela es sinónimo de crisis política y crisis humanitaria / Foto: @NicolasMaduro

Hoy Venezuela es sinónimo de crisis política y crisis humanitaria. Después de 20 años de chavismo es como se puede resumir la realidad del país. Lo confirman los indicadores del FMI, del Banco Mundial, los informes de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, de firmas especializadas, y hasta del propio Banco Central de Venezuela, que admitió esta año la caída pronunciada y sistemática del PIB y los altos niveles de inflación.

Venezuela es un caso. Es la historia del fracaso de un modelo aplicado en 20 años y que ha conducido a que seis millones de personas se vayan del país. En Venezuela han reaparecido enfermedades que se daban por extintas o controladas. En Venezuela han reaparecido otras enfermedades: La tortura y la crueldad, la persecución y el miedo, la represión y la incertidumbre ante el futuro. El Papa, en el mensaje de Navidad, y en referencia a Venezuela, se refirió a las “las diversas crisis y las numerosas formas de pobreza”.

Esto ocurre en Venezuela. ¿Y qué ocurre en el resto del mundo? Venezuela hace 20 años no se ubicaba entre los países más pobres del mundo. Pero hoy muestra indicadores de país muy pobre. Pero resulta que los países a los que el Banco Mundial ubica entre “los más pobres”, han hecho avances. Avances donde Venezuela ha retrocedido. Dice el Banco Mundial: “En las últimas dos décadas se han observado avances en muchos de los países más pobres del mundo. La tasa de pobreza extrema cayó de más del 50 % a alrededor del 30 %.”. ¿Cuál es el balance en Venezuela respecto a la tasa de pobreza extrema? Las últimas investigaciones la ubican en 50% en Caracas pero en el interior del país supera estos niveles.

El Banco Mundial señala que en los países más pobres “la mortalidad infantil disminuyó de aproximadamente del 14 % al 7 %”. ¿Y qué pasó en Venezuela? Este es un indicador que ha venido creciendo en los últimos años.

El Banco Mundial apunta que “ el acceso a electricidad aumentó un 57 % y la proporción de personas que usan por lo menos servicios básicos de agua potable y saneamiento se incrementó un 22 % y un 41 %, respectivamente·. Y en cambio ¿qué ocurrió en Venezuela? El mundo ha sido testigo de la crisis eléctrica. El servicio no se ha restablecido completamente en el país. De igual manera, el servicio de agua potable es insuficiente. En ambos servicios, Venezuela ha retrocedido. Asegura el Banco Mundial que “el 89% de la población mundial tiene acceso a la electricidad”. En América Latina el 98% de la población cuenta con el servicio. Venezuela ha estado en riesgo de salir de estas estadísticas.

Lo peor es que los países muy pobres no cuentan con los recursos que tiene Venezuela. Ni contaron con los recursos que le ingresaron a Venezuela al menos en 15 años de ese periodo de 20. Un país que, además, se endeudó. Y que hoy, sin embargo, muestra indicadores que dan pánico. De hecho, así lo reflejan los informes de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michell Bachelet. Por eso es que en Venezuela se habla de crisis humanitaria.

En otro apunte, el Banco Mundial señala que “Hace 30 años, más de un tercio de la población mundial vivía en la pobreza extrema”. Que hoy, menos del 10 % de las personas viven con 1,90 dólares al día o menos”. Asegura que “entre 2000 y 2015, 15 países lograron sacar de la pobreza extrema a 802,1 millones de personas”. Pero hay que apuntar que Venezuela marcha en dirección contraria. A la gente no le alcanza el dinero para comprar alimentos. La encuesta Encovi reflejaba que en 2018 al 89% de las personas pobres no les alcanzaba el dinero para comprar alimentos. Así, el 87% de los hogares de Venezuela pasaban a formar parte de la categoría de pobres y el 80% en el rango de inseguridad alimentaria.

Señala el Banco Mundial que “La Asociación Internacional de Fomento (AIF), institución del Grupo Banco Mundial, es una de las principales fuentes de financiamiento para combatir la pobreza extrema en los países más necesitados del mundo. Desde 1960, ha proporcionado más de USD 391 000 millones para inversiones en 113 países. En la reposición más reciente de los recursos del fondo, celebrada el 13 de diciembre de 2019, la comunidad mundial comprometió USD 82 000 millones para ayudar a los 76 países más pobres a invertir en las necesidades de su gente, impulsar el crecimiento económico y reforzar la resiliencia ante las conmociones climáticas y los desastres naturales”.

El ex ministro chavista Rafael Ramírez cargó contra el dictador Nicolás Maduro: “Entregó el futuro de la patria a los intereses transnacionales” – Infobae – 22 de Diciembre 2019

El antiguo presidente de PDVSA en tiempos de Hugo Chávez criticó los negocios con China y Rusia. “Entre escándalo y escándalo, en medio del caos y las escaramuzas habituales con la oposición, el madurismo ha venido entregando los pilares fundamentales de la soberanía”, expresó

Rafael Ramírez, ex hombre fuerte del petróleo venezolano en la época de Hugo Chávez, devenido en opositor del gobierno luego de entrar en conflicto con Nicolás Maduro en 2017
Rafael Ramírez, ex hombre fuerte del petróleo venezolano en la época de Hugo Chávez, devenido en opositor del gobierno luego de entrar en conflicto con Nicolás Maduro en 2017

El ex hombre fuerte del chavismo Rafael Ramírez, devenido ahora en opositor, criticó este domingo con dureza al régimen de Nicolás Maduro en una columna de opinión en la que repasó “el año infausto para la patria” vivido por Venezuela en 2019 y aseguró que el chavismo entregó “el futuro de la patria a los intereses transnacionales”, especialmente chinos y rusos.

“Entre escándalo y escándalo, en medio del caos y las escaramuzas habituales con la oposición, el madurismo ha venido entregando los pilares fundamentales de la soberanía y el futuro de la patria a los intereses transnacionales”, dijo en un un artículo publicado en su sitio web. “El madurismo está dispuesto a entregar la patria y hacer lo que sea para salvar su propia cabeza”, agregó.

Al hablar de estos intereses transnacionalses, el ex embajador de Venezuela ante la ONU y hombre de confianza del fallecido Hugo Chávez comenzó refiriéndose a la venta realizada el 22 de febrero de 2016 del 23,4% de la participación de PDVSA, la petrolera estatal venezolana, en la empresa Petromonagas. El comprador fue Rosneft, petrolera estatal rusa, y la operación se hizo “de espaldas al país, al margen de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, nadie discute, nadie sabe el precio, ni las razones de la entrega”, de acuerdo a Ramírez.

El ex presidente de PDVSA también señaló la entrega del gas del Proyecto Mariscal Sucre, ubicado al norte de Carúpano, a empresas rusas que “no pagarán impuestos”.

Instalaciones de Rosneft, la petrolera estatal rusa que opera en Venezuela

Instalaciones de Rosneft, la petrolera estatal rusa que opera en Venezuela

Luego, Ramírez también se refirió a la cesión del 9,9% de la participación de PDVSA en la empresa Petrosinovensa, pero esta vez entregada a la compañía china CNPC.

“Cuando las transnacionales obtienen esta alta participación en las empresas mixtas, no solo reciben una mayor tajada del mejor negocio del mundo, sino que ahora están en condiciones legales de tomar el control operacional de las empresas, como efectivamente lo hicieron” explicó.

Mencionó, asimismo, la entrega de CANTV, empresa estatal de telecomunicaciones nacionalizada por Chávez, a otra compañía transnacional china, “una reprivatización simple y pura de sus empresas”.

 

Deterioro económico, político y social

“La hiperinflación de 360.000% solo este año, la mega devaluación desde agosto de 2018, cuando el ya devaluado bolívar se depreció de 60 bolívares soberanos por dólar a 48.000 bolívares soberanos por dólar a la fecha; un salario de hambre, de tan solo 3,125 dólares al mes, el más bajo de todo el hemisferio”, catalogó Ramírez en el mismo artículo, a manera de resumen del “infausto” año vivido por Venezuela.

Lamentó, además, el “colapso” de PDVSA, “con una caída de 2.300.000 barriles día de petroleo en apenas 6 años, sin gas, ni gasolina”.

“Estamos frente a un país donde al trabajador le fueron arrebatadas todas las conquistas laborales, se violentaron todas las Convenciones Colectivas de la administración pública, de los obreros, con la mega devaluación se esfumaron las prestaciones sociales, el gobierno hizo la tarea sucia a la burguesía, se apropiaron de los ahorros de los trabajadores, del esfuerzo de toda su vida, ahora canjeadas por papelitos de monopolio o medio petro”, expresó.

En lo social, Ramírez resaltó una pobreza que alcanza el 83% de la población y el hecho de que siete millones de venezolanos requieran “protección humanitaria según el último informe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), 1.9 millones que sufren desnutrición aguda, la mortalidad infantil aumentó a niveles de espanto, que el gobierno no se atreve a publicar”.

“Hasta la fecha 4,7 millones de venezolanos han abandonado el país, con proyección de llegar a los 6 millones según el último informe de migraciones de la ACNUR”, se refirió en relación al llamado éxodo venezolano.

Ramírez se encuentra en Europa desde 2017, cuando entró en conflicto con Maduro y fue removido del cargo de embajador de Venezuela ante la ONU. Desde entonces se ha convertido en una voz crítica del régimen al que pertenecía, y ha sido también vinculado con hechos de corrupción en el caso Andorra, de lavado de activos y pago de sobornos, por el Ministerio Público de su país. El chavismo ha intentado arrestarlo, mientras que el ex ministro ha rechazado los cargos y denunciado una presunta venganza de parte del chavismo.

Sobre la situación política y social en su país, destacó también “la permanente violación de la Constitución y las leyes, la ausencia del Estado de Derecho, de la separación de poderes, sin garantías de ningún tipo”, las cárceles “llenas de presos políticos, trabajadores y militares secuestrados”, las familias separadas, los jóvenes desilusionados y los ancianos y niños abandonados a su suerte, en una larga descripción del deterioro en Venezuela.

“Por ello hay que insistir en denunciar una y otra vez lo que sucede en Venezuela, como se ha traicionado la esperanza de todo un pueblo, donde una nueva burguesía surge y se consolida con maduro y el madurismo, quienes han convertido al país en un negocio a la medida de sus necesidades y aspiraciones”, indicó Ramírez. “Han apuñalado el corazón de la patria, traicionado el legado de Chávez y, más allá de eso, el futuro y bienestar de todos los venezolanos, de sus hijos y los hijos de sus hijos”, concluyó.

¡Oíd, venezolanos!!, por Gustavo J. Villasmil-Prieto – TalCual – 14 de Diciembre 2019

 

“¡Alemanes, salvaos! ¡Salvad vuestras almas negando fe y obediencia a vuestros dominadores que solo en ellos piensan, no en vosotros!”.

Thomas Mann, Oíd, alemanes…Emisión de Nochebuena de 1940

La inusitada frecuencia con la que hemos tenido que asistir a pacientes tuberculosos en mi hospital durante el año que está por concluir me ha hecho tener especialmente presente la obra del gran Thomas Mann, uno de los autores más cercanos a mi espíritu. Mi particular lectura de ese monumento a las letras que es La montaña mágica (1924) me regaló en su día una reflexión sobre el drama humano tras la enfermedad que jamás encontré en los tratados médicos entre los que crecí.

En estos tiempos también he recordado de manera sentida la traducción de los españoles Tobío y Moreno que recoge la transcripción de las famosas manchetas antihitlerianas de Mann transmitidas en su programa radial Oíd, alemanes…, que entre 1940 y 1945 produjo regularmente la BBC de Londres, en alemán, desde el exilio del autor en Estados Unidos.

El Oíd, alemanes… era algo así como el Aló, ciudadano del recordado Don Leopoldo Castillo en la Venezuela de tiempos recientes. En aquellas reflexiones hertzianas, Mann no se guardaba, al tiempo de descargar la más feroz denuncia contra el horror nazi, de expresar sus críticas a una sociedad alemana que dócilmente y sin chistar se sometió a la bota nacionalsocialista.

Notable es el texto de la transmisión correspondiente a la Nochebuena de 1940, en el que el también autor de Muerte en Venecia (1912) y de Los Buddenbrook. Decadencia de una familia (1901) se pasea por el significado profundo que para el pueblo alemán tuvo siempre la Navidad, “la más alemana de todas las fiestas”. La celebración navideña en todo el mundo cristiano está llena de evocaciones germanas, que abarcan desde el arbolito de nuestras casas hasta las más diversas traducciones del Stille nacht, heilige nacht que con fervor entonamos en nuestras Misas de Gallo. Con sentida crítica, Thomas Mann emplaza moralmente a los alemanes que a la medianoche del 25 de diciembre de aquel annus horribilis – el de la blitzkriegextendiéndose hasta Francia y las bombas de la Luftwaffe atormentando cada noche a Londres durante la batalla de Inglaterra- se disponían a sentarse a la mesa para celebrar la cena de Navidad.

A expensas de la destrucción de la economía alemana, de su inmensa y rica cultura y del luto de millones de familias de bien, la locura hitleriana apretaba su marcha mientras los sufridos alemanes ponían pobres regalos para sus hijos bajo el iluminado árbol de Navidad llorando la absurda muerte en algún frente del padre, esposo o hijo. Con notoria angustia se dirige Thomas Mann desde su exilio a sus resignados compatriotas en tan señalada fecha: “¡Alemanes, salvaos! ¡Salvad vuestras almas negando fe y obediencia a vuestros dominadores que solo en ellos piensan, no en vosotros!”. Pero incluso al culto pueblo alemán terminó aceptando el “bozal de arepa” – su arepaschnautze, si se me permite una muy liberal traducción a partir de mi escasísimo alemán de aeropuerto- ofrecido por el nacionalsocialismo. Ni más ni menos que como ocurre en Venezuela.

Dinero a raudales circula hoy por las calles del este de Caracas. En Las Mercedes, pinos canadienses se expenden por 200 dólares o más; increíblemente, en la Venezuela del 20 por ciento de sus ciudadanos en franca desnutrición, ¡hay quien los compre! Los restaurantes situados al norte de la plaza Altamira están permanentemente congestionados, en tanto que unos metros más abajo, en la esquina sur de la misma, familias enteras hurgan entre la basura en procura de algunas sobras que comer.

En el este de Caracas, las riveras del Guaire se llenan de lucecitas bajo las que una miríada de seres subterráneos buscan entre los detritus que acarrean sus aguas fecales alguna cosa de valor canjeable por unos pocos bolívares. Los colegios privados disponen de costosos stages, instrumentos y equipos de sonido profesional para que niñatos sin formación musical alguna mancillen el noble género de la gaita de mi Zulia natal en costosos “festivales” y ante la mirada perpleja de maestros y bedeles que no saben cómo llegar a fin de mes.

En la Venezuela de la “burbuja”, sus contados habitantes viven la Navidad recorriendo “bodegones” en los que pueden proveerse del más fino género importado pagando en dólares cash aceptados con independencia de su origen y sin la angustia de terminar siendo perseguidos por un régimen con cuya anuencia expresa ya cuentan. Y así por el estilo. Estos bubble citizens –llamémosles así- pueden optar por interesantes paquetes hoteleros en Caracas o el exterior, ofertas de cruceros de Año Nuevo por el Caribe o los fiordos de Noruega y, dado el caso, por la más sofisticada atención médica, como la ofrecida en cierto hospital de San Diego en el que, según la cuña de radio que lo anuncia, una especie de efecto mágico comienza a obrar tan pronto el paciente ponga un pie en la sunny California.

Todo ello previo pago de fees solo al alcance de quien posea una póliza de seguro internacional, claro está. Porque cosas como esa no son para “limpios” de solemnidad.

Y no se crea que a los menos favorecidos dejará de tocarles lo suyo. En absoluto. En mi hospital, a los obreros los llamaron por lista para entregarles personalmente su cajita CLAP, mientras que algunos con mejor disponibilidad de fondos se dispusieron a repartir y recibir pescozones entre la multitud volcada en centros comerciales en ocasión del Black Friday. ¡Y feliz Navidad! ¡Hasta los peloteros de la MBL serán autorizados para hacer swing en los campos de Venezuela pese al apretado paquete de sanciones de la Casa Blanca! Panem et circenses, como escribió el poeta Juvenal.

Habrá, pues, fiesta para todos: para unos con güisqui “mayor de edad”; para otros –de lejos, los más- con algún “lavagallo” de bastante menor categoría. Cada quien tendrá su propia “burbuja” dentro de la cual ponerse a vivir mientras la tragedia nacional venezolana se profundiza fuera de ella. Medio millón de venezolanos vieron pasar un año más figurando en listas de espera quirúrgica en hospitales públicos que nadie se ocupa de mover; seis millones más sobreviven como mejor pueden lejos de casa, muchos padeciendo maltratos indecibles, mientras se las ingenian para mandar unos pocos dólares para que coman los que quedaron atrás.

Vacías de sentido aquellas aguerridas consignas de los años 2002, 2007, 2012, 2013, 2014 y 2017, el venezolano parece haber optado por una vida reducida a su particular “burbuja”. La república nos ha sido sustituida por una confederación de espacios particulares que confluyen solo para lo estrictamente necesario.

Nada resulta más funcional al régimen chavista que el confinamiento de la vida ciudadana a un conjunto de acciones destinadas a la inmediata supervivencia. Un país “excesivamente normal”, como alguna vez lo calificó aquel cínico rasputín de tan ingrata recordación para muchos de nosotros. Los expertos chavistas en operaciones psicológicas lo tienen perfectamente claro: con hambre y con apremios, no habrá voluntad de resistencia que prevalezca. Y con dinero en la calle, incluso tan devaluado, aún menos.

2020 será el año de la definitiva instalación entre nosotros de realidades aún más salvajes que las que hemos visto. En mi Maracaibo natal, el 80 por ciento de las operaciones comerciales se saldan ya en moneda norteamericana, de manera que quien no ingrese dólares no tendrá acceso a lo que necesite, por básico que sea. La definitiva muerte de la sanidad pública venezolana dejará como única opción para quien enferme al hospital privado, siempre y cuando se lo pueda pagar. Alimentos, medicinas, ropa y hasta el desodorante de bolita estarán disponibles, pero para quien los pague en divisas o al cambio del día, sin marco que regule tales transacciones, sin “defensa al consumidor” ni derecho al venezolano “pataleo”.

Sofisticadas instituciones jurídicas como la contratación colectiva en materia laboral dejarán de tener sentido en un país en el que el trabajo, o es informal o está “überizado”. Y todo mientras en los colegios privados entonan las grotescas estrofas de “María la Boyera” y las nuevas clases medio-altas decoran sus casas y apartamentos con santacloses inflables y tarjetas en verde y rojo de las que ponen Christmas Greetings. En Puerto Cabello, un antiguo funcionario chavista pone una tienda de víveres importados y la nombra como las de la famosa cadena norteamericana fundada por el magnate Sam Walton. Y todos contentos. Aquí no pasa nada: porque hasta para los más pobres habrá, aunque sea para que celebren con cerveza y ron barato las doce campanadas de Nochevieja.

¡Oíd, pues, venezolanos! ¡Salvémonos de esta tragedia, compatriotas míos! ¡Saquemos casta para dejar atrás el drama de un país que ha visto marchar ya a una quinta parte de sus hijos mientras clama al cielo por medicinas y alimentos! La anemia espiritual nos mata.

La estolidez de quienes tienen responsabilidades de liderazgo profundiza aún más la terrible sensación de desesperanza que se respira en las calles llenas de venezolanos derrotados buscando cualquier baratija – corriente o cara, según los dictámenes del bolsillo- con que aplacar en algo el dolor cotidiano que les agobia. Que en la Venezuela del dolor se encienda hoy una Navidad cargada de la más profunda espiritualidad en la que no importe la calidad de la vianda que sobre la mesa familiar pueda ponerse esta Nochebuena.

Una Navidad en la que los cristianos conmemoremos una vez más la venida al mundo de Dios humanado acaecida en medio de la mayor de las modestias, allá en Belén de Judá, en la periferia profunda de la antigua Roma. Para que –citando de nuevo a Mann en La montaña mágica– en medio de esta “fiesta mundial de la muerte, de este temible ardor febril que incendia el cielo lluvioso” se manifieste una vez más el más grande amor: el del Altísimo por todos los hombres de buena voluntad.

Reciban, apreciados lectores, mis más sentidos votos por una Navidad santa y feliz para todos ustedes y sus familias.

 

6 millones de latinoamericanos caerán en la pobreza extrema en 2019, según Cepal – El Nacional – 28 de Noviembre 2019

La organización destaca que el alza de 2,3 puntos porcentuales de la pobreza entre 2014 y 2018 en el promedio regional se explica básicamente por el incremento registrado en Brasil y Venezuela

Pobreza

Aumenta a más de seis millones de personas el índice de pobreza en Latinoamérica | Foto Archivo

Seis millones de latinoamericanos caerán este año en la vulnerabilidad y exclusión de la pobreza extrema, al continuar una tendencia que se agudizó en los últimos años, calcula la Comisión Económica para América Latina y el Caribe este jueves.

En una región de casi 620 millones de habitantes, en 2019 habría 27 millones más gente pobre que en 2014, y 26 millones se encontrarían en situación de pobreza extrema, dice el informe de esa entidad con sede en Santiago.

«Es la peor situación de exclusión, vulnerabilidad y carencia», dijo en rueda de prensa Lais Abramo, directora de Desarrollo Social de la Cepal. Eso significa, añadió, que hay más personas en cuyos hogares el ingreso per cápita no alcanza para comprar una canasta básica de alimentación.

Situación de exclusión

«Es una situación de extrema vulnerabilidad, las personas pueden pasar de una situación a otra en el caso de que pierda el empleo, enfrenten una enfermedad catastrófica o hay un desastre», agregó Abramo.

El débil desempeño de las economías regionales, que este año crecerían apenas 0,1%, carencia de programas efectivos de asistencia social y empleos precarios explican esta situación que América Latina demorará años en revertir.

«La preocupación central es que hacia 2019, la perspectiva no es muy positiva, por eso ponemos la señal de alerta de lo que se tiene que hacer hoy para evitar que esta pobreza se agudice, como aumentar las pensiones básicas, dijo por su parte Alicia Barcena, secretaria ejecutiva de Cepal.

Lenta reducción de la desigualdad

En 2019 el número de pobres aumentaría a 191 millones, de los cuales 72 millones estarían en la pobreza extrema, de acuerdo al informe. La cantidad de pobres es 6 millones más que la de 185 millones reportada en 2018.

Asimismo esa evolución, destaca «que prácticamente todas las personas que se suman este año a la estadística de la pobreza se integran directamente a la pobreza extrema», agrega el reporte.

Con ese indicador, la tasa de pobreza aumentaría 30,8% de la población de América Latina en 2019, lo que equivale a un aumento de 0,7% respecto a 30,1% de 2018.

La pobreza extrema, en tanto, se situaría en 2019 en 11,5%, con un alza de 0,8% respecto a 10,7% del año anterior. La pobreza extrema «afecta mayormente a niños, niñas y adolescentes, mujeres, indígenas y afrodescendiente, así como a los residentes en zonas rurales y a quienes están desempleados», señala el reporte de la Cepal.

Brasil y Venezuela

La organización destaca que el alza de 2,3 puntos porcentuales de la pobreza entre 2014 y 2018 en el promedio regional «se explica básicamente por el incremento registrado en Brasil y Venezuela».

En el resto de los países la tendencia dominante en ese período «fue hacia una disminución, debido, principalmente, a un aumento de los ingresos laborales en los hogares de menores recursos. Así como también a transferencias públicas de los sistemas de protección social, y privadas, como las remesas en algunos países», agrega la institución.

La organización reportó, además, una «lenta reducción de la desigualdad de ingresos» en la región. «América Latina es tristemente conocida como la región más desigual del mundo. La desigualdad de ingresos es una de las expresiones más evidentes y un obstáculo al desarrollo y a la garantía de los derechos y del bienestar de las personas, además de un factor que inhibe la innovación, el aumento de la productividad y el crecimiento económico», dice Cepal.

Si bien entre 2002 y 2014 la desigualdad de ingresos disminuyó de manera significativa, a partir de 2015 esa tendencia se «ralentizó», debido a los mismos factores que explican la evolución de la pobreza extrema y la pobreza.

Gini

Medida por el índice de Gini en un promedio de 15 países de América Latina, la desigualdad por ingreso se redujo de 0,538, en 2002, a 0,477, en 2014, y a 0,469, en 2017; y luego llegó a 0,465, en 2018, disminuyendo 13,6% en 16 años, a una tasa de 0,9% por año.

El ritmo de reducción ha decaído: la variación promedio entre 2002 y 2014 fue de 1% anual. Mientras que entre 2014 y 2018 fue de 0,6%, con grandes diferencias entre los países

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