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Míseras navidades por Mario Villegas – Quinto Día – 12 de Diciembre 2017

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Aún en los tiempos de la más oscura pobreza, jamás en nuestra mesa navideña faltó una hallaca, un modesto regalo en nuestro arbolito, ni un sencillo estreno para que cada quien recibiera el año con ropita nueva. Todo a punta de grandes sacrificios de padres muy abnegados, y de limitadísimos ingresos económicos.

La tradición ha sido heredada y proseguida en el tiempo. Las generaciones subsiguientes la hemos replicado para que, siempre en modesta medida, nuestros hijos disfruten de unas merecidas festividades navideñas y de fin de año, en la más amplia unión familiar.

Pese a las adversidades, todos los años hemos hecho las hallacas y compartido estas, no solo con la familia, sino que incluso unas cuantas han sido destinadas cada año a determinadas amistades. Hemos hecho nuestros regalitos e intercambios familiares, y comprado a los hijos menores sus estrenos.

Pero desde el año pasado, todo eso se acabó. Por primera vez, en mi casa no hicimos hallacas en 2016 (ni para los amigos, ni para nosotros), no hubo estrenos, menos aún regalos. Y, por supuesto, este año 2017 tampoco los habrá.

Esto, que parece la realidad circunstancial de una familia en particular, es la triste realidad de millones y millones de familias que en la Venezuela de hoy sufren los embates de una feroz guerra económica, declarada y conducida contra el pueblo por el alto mando político, instalado en el Palacio de Miraflores.

Guerra económica que no empezó el presidente Nicolás Maduro, es verdad, puesto que su indiscutible autoría corresponde al fallecido presidente Hugo Chávez, pero que él ha profundizado en su empecinamiento de no cambiar de raíz las nefastas políticas económicas que heredó, y que han conducido al fenomenal desastre que estamos sufriendo. Tal vez desastre sea un calificativo benevolente, porque lo que la inmensa mayoría de los venezolanos estamos soportando se asemeja a un verdadero infierno, económico y social.

Un infierno que tiene a millones de seres humanos pasando el trabajo parejo. Hemos pasado a ser un pueblo que se muere de hambre en los basureros, y de mengua en los hospitales, tras la borrachera de quienes desde la opulencia del poder, despilfarraron (y algunos se robaron) la descomunal riqueza petrolera que, en mala hora para el país, les tocó administrar.

Muy pocas son las familias que comen tres veces al día y, en caso de hacerlo, se han visto forzadas a reducir la calidad y la cantidad de sus alimentos. Muchísimas son las que comen dos o menos veces al día, lo cual se traduce en una progresiva desnutrición, especialmente en la población infantil.

Si la gente no tiene cómo resolver la papa diaria, ¿de dónde carrizo va a sacar los recursos para preparar y comerse una hallaquita en familia, durante estas navidades y año nuevo? Ni qué decir de los estrenos y de los regalos, cuyos precios se han disparado a niveles estratosféricos, inalcanzables para el común.

No parece exagerado decir que las de 2017 serán de las más miserables navidades que le haya tocado sufrir a una inmensa porción de los venezolanos de hoy.

En contraste, se destapan ahora gigantescas corruptelas, mil veces denunciadas desde la oposición e ignoradas olímpicamente por el gobierno, las cuales han deparado miles de millones de dólares a mafias rojo-rojitas, enriquecidas al amparo de complicidades en la cúspide del poder.

¡Qué rostro tan feo el que verdaderamente tiene la revolución bonita!

¿Y aún así hay quienes quieren que el pueblo se abstenga de votar este domingo, en las elecciones de alcaldes?

 

El carnet del hambre por José Domingo Blanco – RunRunes – 7 de Diciembre 2017

 

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Un reconocido portal de noticias abre con una información que uno esperaría conmoviera hasta al más insensible de los funcionarios del régimen: Johan, un muchacho de 13 años, murió en un hospital de Portuguesa, víctima de una desnutrición severa. Al momento de su muerte, pesaba tan solo 11 kilos. Léase bien: ¡11 kilos! Peso que está más acorde con el de un bebé entre los 10 meses y el año. No con la edad que tenía Johan. No es el final que merecía tener Johan. Pero, tampoco es el final que merecen cientos de venezolanos afectados por la hambruna y sobre quienes pende una sentencia de muerte. Porque, con Johan, suman once los decesos de niños para quienes la palabra comida no existió. Y, cuando el hambre es la constante, los resultados son predecibles. La desnutrición severa, esa que Caritas y Susana Rafalli vienen denunciando desde hace ya algún tiempo, está cobrando vida propia y tragando con voracidad a la población más vulnerable de una Venezuela irreconocible; pero, sobre todo, de una Venezuela muy pobre que comienza a sucumbir de inanición.

Somos una nación arruinada y miserable, en donde aún se producen escandalosos contrastes: mientras nuestros niños mueren por falta de comida o medicamentos; Maduro, con su inocultable sobrepeso y desfachatez, celebra su cumpleaños en cadena nacional, restregándonos que el despilfarro es uno de los usos que puede darle al dinero de la nación. Unos recursos que, en vez de pagar los honorarios de sus cantantes de merengue favoritos, hubieran contribuido para que los hospitales del país tuvieran algo de dotación.

El hambre, así como la escasez de alimentos y medicinas, es la estrategia de control con la que el régimen logra la sumisión del país. Es la fórmula magistral con la que ha logrado que un segmento de la sociedad se arrodille suplicando una caja CLAP o ruegue por ser fichado con el Carnet de la Patria y celebre cuando lo logra. El régimen le ha quebrado las rodillas a un sector de la población, que hoy le agradece a su victimario las muletas que le permiten seguir andando.

Esta situación tenemos que entenderla, para detenerla. Y esa es la inquietud que mueve a distintos grupos y ONG interesados en la búsqueda de soluciones a un problema que amenaza con seguir cobrando víctimas. Y con esa motivación como norte, este jueves asistí a un encuentro organizado por la agrupación Quiero un País, que dirige mi apreciado amigo Werner Corrales. Allí, junto con otros colegas, tuve la oportunidad de escuchar la inquietud del exministro Carlos Walter, quien aseguró que la crisis en el sector salud se ha agudizado en los últimos tres años; con un agravante adicional que aportó Corrales: el escozor que le causa al régimen el término “ayuda humanitaria”, una solución que ofrece la comunidad internacional y que podría paliar la grave crisis que, en materia de salud, alimentación y derechos humanos, estamos sufriendo en Venezuela. Pero, el régimen se niega. Rechaza, sin escuchar argumentos ni razones, esa asistencia humanitaria que ofrecen organismos internacionales que ven, con alarma y preocupación, lo que ocurre en el país y el efecto que puede tener en el resto del continente.

Al régimen le incomoda la frase “ayuda humanitaria” quizá por la soberbia que caracteriza a los magnates venidos a menos que, por malos manejos financieros, caen en bancarrota. Por eso, la arrogancia de los voceros del desgobierno cuando aseguran que no necesitamos limosnas. Porque, aceptar la “ayuda humanitaria” sería reconocer que llevaron al país a la quiebra. Es reconocer que estamos en la ruina pese a que alguna vez, durante estos últimos 18 años, tuvimos el ingreso petrolero más alto de la historia; pero, que no supieron administrarlo. O que se repartieron entre ellos como cuando los ladrones, después de cometer el asalto, se reparten el botín entre los integrantes de la banda delictiva.

Está claro, aunque quizá no para toda la población, que el régimen ha sido incapaz de luchar contra la pobreza, esa que Chávez ofreció acabar; pero, que se ha acentuado durante los años que tienen controlando el poder. Han sido hábiles diseñando argumentos con los que culpabilizan a otros de sus responsabilidades, despilfarros y pésimas actuaciones. Han logrado que, todavía hoy, a pesar de la destrucción y miseria que han provocado, las encuestas los favorezcan con las intenciones de votos de un grupo de venezolanos que ven en el chavismo/madurismo, en los Clap y el Carnet de la Patria, la solución de sus problemas y, quizá, hasta la venganza por los años en los que fueron invisibles para los gobiernos anteriores.

Así, mientras el desgobierno se jacta de una abundancia de recursos -que ya no existe, de sus motores productivos -que no arrancaron, de su poderío –que se resquebraja y su petrochequera –sin fondos; muchos venezolanos son reclutados por la hambruna, sin poder resistirse ni luchar contra ella… ¡Como Johan, que murió de 13 años, pesando tan solo 11 kilos!

 

Comment Chávez a ruiné le Venezuela par Laurence Debray – Le Point – 1 de Diciembre 2017

Corruption, trafics, inégalités sociales, pauvreté galopante, analphabétisme… Le vrai bilan des années Chávez et Maduro est sans appel.

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Monsieur Besson, Vous venez de découvrir qu’il y a deux Amériques ! Saluons cette illumination ! Vous devez cette trouvaille à la lecture d’un sous-produit de la propagande chaviste, adoubé officiellement par l’ambassade du Venezuela, dont l’auteur, Andrés Bansart*, arbore le titre de professeur d’un obscur centre d’études de Caracas. Grâce à lui, vous avez appris qu’il y aurait donc une Amérique riche, du Nord, et une Amérique pauvre, du Sud – comme s’il n’y avait pas de pauvres au nord ni de riches au sud. Mais évitons les subtilités afin de ne pas égarer votre bel esprit et penchons-nous, comme vous l’avez fait dans Le Point du 31 août 2017, sur le cas du Venezuela, et de « l’abominable misère » dans laquelle le pays croupissait avant qu’Hugo Chávez arrive enfin, pour illuminer le peuple, l’alphabétiser, et l’émanciper de méchants « grands industriels transnationaux ».

Est-ce utile de préciser que nous parlons d’un pays pétrolier, membre fondateur de l’Opep, qui possède les premières réserves du monde d’hydrocarbures (devant l’Arabie saoudite), dont les revenus lui ont permis d’être la nation la plus riche de la région, jouissant d’une exceptionnelle stabilité démocratique depuis 1958 jusqu’à l’abrogation par Nicolás Maduro de l’Assemblée nationale, dûment élue mais à l’opposition majoritaire, l’été dernier ? « Ce que nous n’obtiendrons pas par le vote, nous l’obtiendrons par les armes », a-t-il précisé (le 27 juin 2017). Puisque, contrairement aux Vénézuéliens, vous avez la chance de vivre dans une démocratie, patrie des droits de l’homme, je ne peux que respecter votre opinion sur un pays qui est le mien, prenant votre condescendance comme le trait de caractère d’une certaine élite française. Ou serait-ce le reliquat du mythe XVIIIèmiste du bon sauvage ? Je ne me bornerai qu’à démentir quelques insinuations insultantes pour mes compatriotes, acculés à survivre au quotidien. Car votre légèreté est scandaleuse au regard de la crise humanitaire qui sévit dans mon pays. Le Venezuela est malheureusement devenu un lieu d’expérience politique pour divertir une frange de la gauche française, confortablement attablée dans les restaurants parisiens, alors que 32 millions de personnes ne trouvent là-bas plus de quoi se nourrir ou se soigner. Je me sens d’autant plus autorisée à vous répondre, monsieur Besson, que j’ai fréquenté assidument, enfant, les camps d’entraînement militaire et idéologique à Cuba, que j’ai arpenté en tant que jeune journaliste les bidonvilles de Caracas, et que j’ai longuement interviewé votre héros, Hugo Chávez, juste avant son arrivée au pouvoir.

La fille d’Hugo Chávez est devenue la femme la plus riche du pays

Je ne m’attarderai pas sur votre confusion entre le nom d’un président, Carlos Andrés Pérez (CAP), et le nom de son parti (AD – Acción Democrática), ou sur la qualification « de droite » d’entités politiques sociales-démocrates, qui révèle votre méconnaissance du sujet. Je préfère souligner votre formidable sens de l’humour : avant l’arrivée d’Hugo Chávez au pouvoir en 1999, « la bourgeoisie vénézuélienne » aurait selon vous, « accumulé les richesses du pays pour se hâter de les transférer à l’étranger ». Je ne nie pas la corruption endémique dont a pu souffrir le Venezuela dans le passé, mais dans l’histoire des dictatures latino-américaines – pourtant nombreuses –, aucune élite militaire ne s’est jamais autant enrichie, battant un record pourtant difficile à atteindre ! La fille d’Hugo Chávez est devenue en quelques années la femme la plus riche du pays. La « bolibourgeoisie » chaviste a détourné 850 milliards de dollars de revenus pétroliers pour son usage propre, dont une partie se trouve sur des comptes bancaires aux États-Unis. Sans mentionner les fruits du trafic de drogue faisant du Venezuela un narco-État notoire. À ce niveau-là, on ne parle plus de vol mais de braquage institutionnalisé. Ou de régime cleptomane.

Je vous accorde que le Venezuela ne fut jamais un éden égalitaire. Contrairement à vos dires, « la paysannerie » ne fut pas « chassée de ses terres pétrolifères pour venir s’entasser sans travail dans les bidonvilles de Caracas ». Il y eut, comme dans toutes les sociétés industrialisées, un exode rural – en 1940, 60 % de la population était rurale, en 1960, 60 % de la population devint urbaine –, mais ce dernier n’est pas dû à l’exploitation pétrolière, limitée principalement au lac de Maracaibo. Malgré ses inégalités sociales, le Venezuela fut traditionnellement une terre d’accueil et d’intégration : des Européens, pendant et après la Seconde Guerre mondiale, prospérèrent en participant à l’élan de modernisation du pays. Tout comme les réfugiés économiques des contrées voisines. Car le pays promettait alors un travail et une ascension sociale possible. Aujourd’hui, plus de deux millions de Vénézuéliens ont pris la route de l’exil. La classe moyenne, qui n’a plus de perspective professionnelle, qui en a marre d’avoir faim et de retrouver ses enfants à la morgue, quand ils n’ont pas été arrêtés et torturés, a déclaré forfait.

La pauvreté affecte aujourd’hui 83 % des Vénézuéliens
La colonne vertébrale du pays part, laissant derrière elle les plus démunis, ceux qui n’ont pas d’autre choix que de rester, ceux qui auraient dû bénéficier en premier d’une bonne gestion des revenus pétroliers. Avant Chávez, ils étaient soignés gratuitement dans des dispensaires publics qui jalonnaient le pays ; avec Maduro, ils meurent faute de médicament dans des infrastructures délabrées. Contrairement à ce que vous pensez, monsieur Besson, la démocratie « n’a pas laissé les infrastructures du pays pourrir au soleil » ; le régime bolivarien les a radicalement annihilées, à coups d’expropriations, de démantèlement systématique du tissu économique et de gestion arbitraire. Si la pauvreté affectait 49 % des Vénézuéliens en 1998, elle est aujourd’hui de 83 %. Accuserez-vous le « gros capital » de cette catastrophe humanitaire ? C’est dans les bastions chavistes, là même où Chávez est né et où Maduro a grandi, que les révoltes sont les plus violentes. Et les répressions les plus radicales aussi.

Selon vous, le « peuple » vénézuélien aurait bénéficié d’une « large campagne d’alphabétisation » mise en œuvre par Hugo Chávez. Au Venezuela, l’éducation est gratuite et obligatoire à partir de l’âge de six ans. Malgré tout, entre 5 % et 8 % d’analphabétisme persiste (1 à 2 % en France). Les missions d’Hugo Chávez se révélaient plus des cours d’endoctrinement que des cours de lecture, et finissaient souvent par un embrigadement militaire. Chávez appliqua à la lettre la méthode cubaine pour soumettre sa population : la révolution bolivarienne, avec ses belles promesses, devint un sous-produit de la révolution cubaine. Pourquoi pensez-vous que Fidel Castro chantait chaque année, en anglais s’il vous plaît, « happy birthday » à son acolyte vénézuélien ? 90 000 barils de pétrole envoyés gratuitement et quotidiennement à Cuba ont permis à l’île de ne pas sombrer, cette île qui survit grâce aux touristes nostalgiques et aux cigares depuis qu’elle a efficacement détruit son industrie sucrière. Pour la façade, on envoya des médecins cubains soigner les petits Vénézuéliens, comme s’il n’y avait pas de médecin compétent au Venezuela. En sous-main, la sécurité intérieure sera désormais entre les mains d’experts cubains, tout comme la manœuvre politique. En plus d’une dictature narco-populiste, les Vénézuéliens doivent se rebeller contre une invasion… Qu’ont-ils gagné pour avoir cru au socialisme du XXIe siècle ? La faim et la mort. Un beau programme sur lequel vous devriez méditer, monsieur Besson.

 

De las vacas flacas a la esperanza por Vladimir Villegas – Venepress.com – 20 de Diciembre 2017

img_2736No hay salario que aguante el huracán inflacionario. Es más fuerte que el gobierno, que sus discursos, que sus promesas incumplidas…

Hasta José Vicente Rangel se queja de los estragos que está causando el alto costo de la vida. No es cualquier cosa que el opinador más relevante con el que cuenta el chavismo tome el toro por los cuernos, se deje de rodeos y toque una llaga que el poder quiere ocultar.

Estamos mal y lo peor es que no vamos bien. No hay perspectivas ciertas de que las cosas mejoren en ese campo. No hay salario que aguante el huracán inflacionario. Es más fuerte que el gobierno, que sus discursos, que sus promesas incumplidas, repetidas y recicladas. Es más fuerte que una oposición carente de respuestas y de rumbo.
La página Dólar Today se encarga de amagarnos el café por la mañana y el resto de cada uno de los días. Es de terror la forma como las lechugas voladoras van hasta las nubes y más allá. Darle clic a esa página es percatarnos de que cada instante que pasa se incrementa nuestra pobreza. Somos mas pobres al ritmo del tipo de cambio que impone el ritmo en Venezuela. Esa es la realidad, por mucha vuelta que le demos al asunto . Y no solo nos vamos quedando más pobres. También más solos. No manejo estadísticas al respecto, pero en el entorno de cada una de las personas que conocemos hay una ausencia, una dolorosa despedida y un eterno suspirar por el pronto reencuentro.

Si seguimos por ese camino, no solo vamos a convertirnos en un país de pobres y de viejos. Los jóvenes que se van en busca de un futuro, de una mínima certeza, de oportunidades, de una vida digna, siguen la misma ruta de sueños y esperanza que en diversos momentos de nuestra historia trajo a esta tierra a miles y miles de inmigrantes.
No hay nada que cuestionarles, todo lo contrario. Hasta termina siendo admirable todo aquel que es capaz de abandonar lo que mas quiere para encontrarle sentido a la vida.
Es una escogencia difícil, llena de riesgos y contradicciones. Pero ese dilema de irse o quedarse lo mueve el natural instinto de conservación. Se le puede llamar egoísmo, y se le puede calificar de cómodo a quien opta por abrirse camino allende las fronteras, cuando en buena parte de los casos el tomar ese riesgo es un acto de amor para con su familia. Porque todos los que se van, o casi todos, llevan en sus alforjas el compromiso de ayudar o de intentar ayudar a los que se que quedan, bien sea pareja, hijos, padres, hermanos. No siempre es posible. Sobrevivir lejos de la patria pasa por tragos amargos e inconvenientes inimaginables.

El tema central de esta trama es si realmente hay perspectivas de salir con bien de la tragedia en la cual vivimos. O si, al menos por un buen tiempo, estamos condenados a seguir cuesta abajo en nuestra rodada, viendo cómo cualquier remuneración en bolívares termina perdiendo por nocaut la batalla contra Inflación. Percibiendo como cada vez mayor la amenaza de la delincuencia o de ciudadanos normales y corrientes desesperados por el hambre. ¿Es posible sortear con éxito los obstáculos que tenemos enfrente? ¿Podemos fabricarnos esperanzas a la medida de nuestras dificultades? Creo que estamos obligados a ello.

Nos tocó vivir la época de las vacas flacas. Y están más flacas por políticas económicas equivocadas, por una forma de gobernar rayana en la irresponsabilidad, la demagogia, y el clientelismo. Por una corrupción que no se da abasto con el diez por ciento, que sufre de gula y tiene que comérselo todo, sin disimulo. Nos toca vivir este tiempo. De poco o nada vale añorar un pasado que no volverá y que tampoco era el jardín del Edén aunque el presente lo haga lucir como eso.

Esta generación de venezolanos, no importa el pensamiento de cada quien, tiene ante sí el reto gigantesco, descomunal, de abrir caminos donde solo hay pantano, monte y fieras peligrosas. Hemos llegado a un punto donde se vino abajo, como castillo de naipes, lo que quedaba de la Venezuela saudita. No hay mesías que nos saque del barranco en el cual caímos . El mesías es colectivo y tarde o temprano se topará con su misión en esta hora aciaga. A prepararnos para la dura travesía que nos espera en todos los terrenos y que nos pondrá a prueba como país y como co protagonistas de este momento histórico.

Venezuela, espejo de Cuba por Daniel Lozano – El Mundo – 12 de Noviembre 2017

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Una serie de paralelismos explican la ‘Cubazuela’ de hoy, precisamente cuando la semana pasada se cumplieron 17 años de la firma del Convenio de Cooperación Cuba-Venezuela.

La profundización del “Periodo Especial” revolucionario está convirtiendo las calles venezolanas en un espejo de las cubanas. “Hamburguesa cubana sin carne, a 12.000 bolívares. Perro cubano sin salchicha, a 5.000 bolívares”, reza el menú especial de moda, que un vendedor callejero ha colocado en su carrito de comida en Bellas Artes, zona céntrica de Caracas. Un poco de humor criollo para aliviar las penas, que en Venezuela se multiplican a diario. La escasez y los precios prohibitivos de la carne y de las salchichas ha obligado a semejante propuesta gastronómica, que hasta hace unos meses suponía un “resuelve” para los venezolanos, pero que hoy es prohibitiva para sus bolsillos, pulverizados por la hiperinflación. Se teme que la economía venezolana cierre 2017 con un aumento de los precios superior al 1.200%.

Un sinfín de paralelismos, que van desde la escasez de los alimentos al deterioro de calles y edificios, desde los apagones eléctricos a las carencias en el servicio del agua. Incluso las siempre congestionadas calles caraqueñas viven sus “mejores” tiempos: se ha pasado en una década de vender 500.000 vehículos al año a solo 2.000 en 2016.El penúltimo paralelismo entre el Periodo Especial cubano y la crisis chavista es el transporte público, que mezcla largas colas en las paradas de los autobuses con la precarización de los vehículos ante la desesperación de la sociedad. Como si de una postal de La Habana se tratase, donde solo faltarían los Cadillacs y Chévrolets de los años 50: hasta camiones se están utilizando para el transporte entre la capital y el litoral de Vargas.

En el Gran Caracas, 22.000 unidades están fuera de servicio, según la Central Única Autos Libres y Por Puestos. Solo 5.000 estarían funcionando, ante el desabastecimiento y los altísimos precios de los repuestos y lubricantes y los cortes en la distribución del combustible. Un neumático cuesta entre un millón y dos millones de bolívares, cuando el nuevo salario mínimo más los bonos de alimentación se ha situado en 456.507 bolívares. Cuando lean esta crónica, el precio ya habrá subido. La falta de unidades de transporte se está paliando con camiones y pickups para trasladar pasajeros, incluso en las llamadas “perreras”, como en Cumaná. Las imágenes se extreman cada día que pasa y recorren las redes sociales, con vehículos colapsados y con pasajeros literalmente colgados de puertas y ventanas. En Ocumare del Tuy, cerca de Caracas, murió una persona esta semana al caerse de otro vehículo improvisado. La crisis del transporte se une así a las colas para comprar pan, a la escasez de alimentos y de medicinas y al desabastecimiento de productos básicos, empezando por los de higiene personal. Desde que en 1991 comenzara en la isla caribeña el Periodo Especial, tras la caída del Muro de Berlín, los cubanos padecen parecidos sufrimientos. Paralelismo con la guerraUna serie de paralelismos que explican la Cubazuela de hoy, precisamente cuando la semana pasada se cumplieron 17 años de la firma del Convenio de Cooperación Cuba-Venezuela, suscrito por Fidel Castro y Hugo Chávez.

“El empobrecimiento de la población venezolana ha sido vertiginoso. En apenas tres años se ha perdido capital humano, la emigración ha trascendido la clase media llegando a sectores populares y los decrecimientos del PIB, aumento de la deuda, caída del consumo y de la nutrición son paralelos a las guerras civiles que vivió Europa a mediados del siglo XX. Más allá de una mala gestión, implica una falla del modelo estatista impulsado por Chávez y heredado por Maduro”, resume Armando Chaguaceda, pensador cubano radicado en México y experto en las dos revoluciones. La inspiración y los consejos llegan desde la menor de las Antillas. Amparado en esta hermandad, el gobierno de Maduro excusa el derrumbe de su economía con un bloqueo financiero parecido al que sufre Cuba. En una de sus constantes apariciones televisadas, el “hijo de Chávez” anunció un CLAP navideño para familias con carnet de la Patria, la adaptación de la libreta de racionamiento cubana a la Venezuela de hoy: bolsas de comida a precios subvencionados que el gobierno vende a las clases más populares.

“Estamos ante un calco”, explica el internacionalista Mariano de Alba. “Están replicando el modelo. Comida hay, pero la distribuyen poco a poco para mantener controlada a la gente”, añade el analista. “Sectores del gobierno han desplegado esta estrategia para quebrar a la clase media, columna vertebral de la oposición y volver más dependiente a los sectores populares a los que estaba llegando la oposición con el esquema económico de los CLAP. Una sociedad quebrada dependiente económicamente, moralmente, debilitada, mezcla de la represión y el empobrecimiento y migración incapaz de revertir un proceso de autoritarismo”, sentencia Chaguaceda.

Éxodo masivo

Y como sucede en Cuba, los que no aguantan se van. Expertos en emigración aseguran que entre dos y tres millones de venezolanos conforman la gran diáspora, pero todos ellos son incapaces de cuantificar la hemorragia de los últimos meses. Y esto solo es un avance: uno de cada tres venezolanos se plantean salir del país en los próximos años, según Andrés Cañizalez, de Medianálisis. Un factor electoral fundamental, ya que se calcula que el 90% de los que se van son antichavistas. El gobierno de Caracas dificulta al máximo su derecho a voto, tanto que solo unos miles pueden elegir presidente. Históricamente, el castrismo usó la grandes migraciones, como el Mariel en el 80 y la crisis de los balseros en el 94 para rebajar la presión social y económica.Y, en medio de todo, también los militares, el principal soporte de ambos gobiernos. El general Vladimir Padrino, ministro de Defensa, controla junto a un batallón de sus generales la importación y distribución de los alimentos. El Ejército cuenta con su propia televisión, banco, petrolera y también supervisa el famoso arco minero, territorio bendecido con las mayores reservas de oro, diamantes y coltán del continente. En Cuba, la contraparte de Padrino es el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, quien al frente del Grupo de Administración Empresaria (Gaesa) supervisa una tercera parte de la economía. “En Venezuela y en Cuba el apoyo no se basa en el desempeño gubernamental, sino en una mezcla de lealtades políticas con formas muy disminuidas de clientelismo y de control social”, concluye Chaguaceda.

Zimbabwe, capital Venezuela por Brian Fincheltub – RunRunes – 4 de Noviembre 2017

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Nunca está de más recordar que los últimos 20 años representan el mayor período de bonanza petrolera de nuestra historia. No está de más recordarlo porque cuando uno mira que es también el periodo de mayor endeudamiento, uno se pregunta: ¿a dónde se fueron los reales? Nadie a ciencia cierta puede responderlo, lo que sí es público es que los lujos de elite contrastan con la miseria de la mayoría del país.

Es el contraste propio del socialismo: quienes mandan cada vez más ricos y quienes obedecen cada vez más pobres. La ruina se siente, se ve y hasta se puede oler, se siente al golpear en el estómago del hambriento, se ve porque se refleja en el rostro hundido del abuelo y en la barriga parasitaria del niño y se puede oler entre la basura y la destrucción de un país cuya población no está en condiciones de escoger entre comer o comprar productos de aseo personal.

En este macabro sistema el llamado “socialismo” se mercadea así con el hambre de la gente: destruyo la economía del país, te empobrezco y te obligó a que me compres la única comida a la que podrás acceder con el mísero salario que yo mismo te pago. Un circulo delincuencial donde los destructores se convierten en salvadores. Esclavismo del siglo XXI si quiere lo llama, un esclavo no es libre y ninguno de sus actos tampoco lo es.

El Zimbabwe caribeño que ya tiene su billete de cien millones y que pronto tendrá el de cien trillones. Si algo nos ha demostrado este desgobierno es que el drama de hoy pudiera ser añorado mañana, porque lejos de tocar fondo seguimos en caída libre quién sabe hasta qué nivel, quizás hasta que decidamos lo contrario, todos, incluso los que aplauden hoy a sus hambreadores.

 

Con cada emigrante, Venezuela se empobrece más por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 16 de Octubre 2017

images-2En 1917, justo por estos días, se inició en Rusia el fenómeno conocido como la “emigración blanca”, que se prolongó hasta 1922, aproximadamente. Entre 2 millones y 3 millones de personas huyeron del comunismo, en tiempos cuando viajar era difícil, costoso y extenuante. Esa emigración blanca incluyó a científicos, escritores, empresarios, académicos y profesionales de alto nivel que dirigían fábricas fundamentales en la economía de ese país. Se distribuyeron por Europa y Estados Unidos, mientras la Rusia comunista se empobrecía a extremos impensables.

Desde que Fidel Castro se hizo con el poder en Cuba, más de 2 millones de personas han huido de ese país. Muchos de ellos se han instalado en Estados Unidos, y se han constituido en una fuerza social y económica determinante, en lugares como el estado de Florida. Quien analice la historia de los emigrantes cubanos, de 1959 a esta fecha, constatará que el régimen ha mantenido una política de cerrar y abrir fronteras para estimular el deseo de huir. Hay una relación directa entre la estrategia de lograr que los jóvenes y ciudadanos más críticos con el régimen abandonen la isla, y el objetivo de los comunistas de mantenerse en el poder por tiempo indeterminado al costo que sea.

El empobrecimiento de Venezuela asombra no solo a los economistas del mundo, sino a los ciudadanos informados de decenas y decenas de países que no logran explicarse cómo el nuestro, famoso por sus riquezas petroleras, minerales y naturales, ha llegado a ser un país donde la mayoría de las personas sobreviven en condiciones de hambre y enfermedad, y donde el estado de la infraestructura, de los servicios hospitalarios, del parque automotor, del mantenimiento de aviones, ascensores, escaleras mecánicas, maquinarias y equipos de toda índole es cada día más precario e inexistente. Los gobiernos de Chávez y Maduro no solo causan estupor por el modo como matan, violan los derechos humanos, torturan y fabrican presos políticos, sino también por cómo, al tiempo que emplean sus energías en el narcotráfico, destruyen el sector productivo y empobrecen el país.

Uno de los factores más profundos del empobrecimiento de Venezuela lo constituyen los 2 millones de personas, especialmente jóvenes preparados y competentes, que han emigrado huyendo de la inseguridad y de la persecución política. Muchos de ellos son personas de talento demostrado e inmenso potencial. Son parte de una pérdida difícil de contabilizar. Son demasiados, a menudo dispersos en países próximos o alejados de Venezuela, distribuidos en los 5 continentes. Hasta Groenlandia fue a parar una joven venezolana que vive de dar clases de música a niños esquimales.

Una parte sobrevive en subempleos y en trabajos muy exigentes. Otros han emprendido distintas iniciativas, la mayoría de las veces exitosas. Otros se han empleado y causado asombro a sus jefes y compañeros por sus eficaces dotes profesionales. Cada uno tiene una historia personal que es, simplemente, apasionante. La cantidad de relatos ejemplares que he tenido la ocasión de escuchar, gente con una capacidad inusual de hacer frente a las dificultades, lo llevo conmigo, como un privilegio. Estoy seguro de que, en los próximos años, será mucho el periodismo, la literatura, el cine y la investigación social que pondrá su foco en el fenómeno de la migración forzada que causó el chavismo-madurismo.

Me he encontrado con jóvenes que me han dicho, de forma tajante, que no volverán. Otros, quizás una mayoría, sueñan con el día en que regresarán a sumarse a la reconstrucción de Venezuela. La cuestión fundamental que todos debemos asumir es que, sin estas personas, nuestro país hoy es más pobre. El régimen cubano ha convencido primero a Chávez y ahora a Maduro de que lo mejor es que los disidentes se vayan: eso debilita la resistencia, y el número de opositores disminuye. Nadie tiene más interés en que las emigraciones continúen que la propia dictadura.

Los venezolanos lo sabemos bien: históricamente hemos sido una nación con una larga y consolidada tradición receptora de emigrantes. En Venezuela, personas y familias de cualquier parte del planeta han encontrado un lugar en el cual vivir y establecerse. La experiencia de emigrar masivamente no la conocíamos. Ella está cargada de aprendizajes y lecciones que, posiblemente, nos resultarán útiles. Apenas se inicie la transición, el país tendrá entre sus primeros desafíos estimular el regreso de los que han huido. No solo porque se trata de personas de enormes capacidades, sino porque, durante este tiempo de exilio, son también innumerables los que han logrado ampliar y profundizar sus capacidades humanas y profesionales, los que han descubierto el profundo amor que sienten por su país.

La riqueza: futuro desafío por Ramón Peña – La Patilla – 8 de Octubre 2017

 

La huella de miseria que en algún cercano momento dejará este régimen, llama a imaginar para nuestro país una concepción del poder, no solo abismalmente distinta del engendro que ocasionó esta tragedia; también será necesario, superar definitivamente ese pensamiento político de mediados del siglo pasado, que gestó nuestra democracia con un sesgo constitutivamente estatista y un discurso juanbimbesco y populista. Rémoras que, como pesado lastre, han impedido hacer del nuestro un país de alto vuelo. Durante algunos años este esquema pareció asomarse a los avances de las sociedades más desarrolladas y en algun momento estuvo a punto de buscar la ruptura hacia la modernidad, pero flaqueó institucional y éticamente y terminó sirviendo de base doctrinaria para que se colara este populismo caudillesco, militarista y corrupto, amancebado con los proxenetas dictadores caribeños.

Será ineluctable barrer los polvos que provocaron estos lodos de penuria y atraso y quebrar los moldes de esa genética politica. Una visión fundamental será concentrarse de una buena vez en la generación de riqueza privada como viga maestra para el abordaje de la llamada justicia social y el tratamiento de la pobreza. Hasta los comunistas chinos descubrieron los beneficios de este enfoque. La idea de estatismo económico supuestamente dedicado a los necesitados, no ha degenerado más que en corrupción y en la nivelacion por lo bajo de toda la sociedad. Como subproducto nos queda ese conformismo pernicioso que hoy se rinde ante una bolsa de comida.

Una señal orientadora nos la proporciona hoy Emmanuel Macron, el joven Presidente de Francia que ha sacudido l’établissement politique, quien afirma con convicción: ‘’Necesitamos jóvenes franceses que sientan el deseo de convertirse en millonarios’’. Así, sin falsos sonrojos judeocristianos, exalta la creación de riqueza como el camino seguro para la prosperidad y bienestar de la sociedad. Un provocador mandato que tendremos que hacerlo nuestro.

 

 

El crimen inflacionario por Enrique Marquez – Apertura Venezuela – 25 de Septiembre 2017

Diputado-Enrique-Márquez1.jpgLa racionalidad económica indica que nadie debe intentar gastar más de lo que recibe como ingresos. Quien quebranta este mandato, aterriza siempre en el mismo escenario: quiebra, endeudamiento y miseria. En Venezuela tenemos un refrán que lo resume: cada quien se arropa hasta donde le da la cobija. Un razonamiento que tiene validez para cualquier economía familiar, para la gerencia empresarial y la administración de un estado o un país.

Esta sencilla lección del sentido común no ha sido aplicada. Se tropieza obstinadamente con la misma piedra, se reciclan los mismos errores y se profundiza la debacle económica. Venezuela ha sido manejada, una y otra vez, con el criterio de un mal padre de familia, muy derrochador cuando tiene mucho y muy irresponsable cuando merman los ingresos.

Durante el gobierno de Hugo Chávez el petróleo se cotizó a precios jamás alcanzados y Venezuela vivió la bonanza de ingresos más prolongada de toda su historia. Sin embargo, el progreso económico y el bienestar social no lograron despegar. Al contrario, por mal modelo y peor administración, Venezuela despilfarró sus ingresos en un crecimiento sin precedentes del gasto público, multiplicando las empresas del estado y hasta regalando nuestra riqueza para ganar respaldos políticos en el continente y el mundo.

Injustificadamente se incrementó la deuda de la República a niveles no conocidos. Se pidió prestado a cuenta de la bonanza y se malgasto lo prestado. No se conocen obras de infraestructura que hayan asegurado la prestación del servicio de agua potable y electricidad, que hayan mejorado la vialidad del país o que hubieren multiplicado los hospitales y las escuelas. El gobierno de Chávez se dedicó a correr tras una ideología equivocada, buscando la igualdad de los venezolanos a través de la destrucción del aparato productivo, la persecución de sus empresarios y el cercenamiento de las libertades. Tras esa carrera desenfrenada, cuando acabó el tiempo de las vacas gordas, todos nos descubrimos más pobres y menos iguales.

A Nicolás Maduro le ha tocado administrar otra época, la de los bajos ingresos petroleros, y se empeñó en hacerlo peor que su predecesor. En lugar de apretarle el cinturón al gobierno, se lo angostó a la gente. Perpetró uno de los mayores crímenes que un gobierno puede cometer en contra de su pueblo: imponer la pobreza a la fuerza. En vez de jerarquizar el gasto decidió financiar el agujero fiscal, estimulando una economía inflacionaria y con la complicidad del BCV abrió las compuertas de la emisión de dinero inorgánico.

El gobierno financia sus gastos, cada vez más altos, con dinero que imprime sin respaldo real, y que inyecta a una destruida economía con muy baja oferta de bienes y servicios, generando el resultado que todos los economistas del mundo llaman a evitar: un descomunal y continuo incremento de todos los precios que hace imposible que la mayoría pueda adquirir medicinas y alimentos esenciales para vivir. Aumento de precios aún más dramático porque junto con la destrucción de la producción el gobierno le asesta, con la escasez, otro mazazo a la economía familiar de los venezolanos.

La inflación es un “crimen premeditado” cometido por el gobierno porque se niega a recortar sus gastos y corregir el camino equivocado. Le importa más acuñar su modelo que dejar de imponerle más pobreza y miseria a toda la sociedad. Nicolás Maduro ha tomado decisiones económicas a conciencia de sus resultados catastróficos y ha utilizado la fuerza para intentar doblegar la justa protesta de las mayorías. A Dios gracias no ha podido ni podrá doblegar la voluntad de un pueblo que está decidido a conquistar los cambios que hay que hacer en Venezuela.

La inflación es un impuesto que se debe pagar a la fuerza para financiar al gobierno. El pueblo debe pagar los productos y los servicios cada vez más caros, a medida que la espiral inflacionaria, convierte la moneda y el salario en sal y agua. Nuestra canasta alimentaria, según el CENDAS, ya supera los dos millones de bolívares fuertes, número que muestra la imposible labor de alimentar a una familia con los niveles salariales que mantiene el gobierno. Es así como es a los pobres a quienes más se les saca el dinero del bolsillo para transferirlo a las cuentas particulares de la clase gobernante.

El Nuevo País que queremos con urgencia requiere que esta situación sea revertida a través de la implementación de políticas públicas responsables y coherentes, para detener el crimen inflacionario y evitar que la pobreza siga expandiéndose. Sin llegar al análisis exhaustivo, proponemos como vitales la adopción de las siguientes:

– Sincerar el gasto público y establecer un nivel máximo de gastos al gobierno atado a lo que pueda recabar en impuestos, eliminando egresos dispendiosos para focalizarse en las necesidades prioritarias de la gente y la reconstrucción de calidad de vida para todos.

– Reformar la Ley Orgánica del BCV para devolver su autonomía de funcionamiento y la misión constitucional de defender la moneda. Proponemos que el BCV coloque un tope a la variación interanual de la cantidad de moneda en circulación, dejando de imprimir dinero inorgánico.

– Permitir un tipo de cambio en torno a sus valores de equilibrio y desmontar el control de cambios. Esta política debe ser adoptada analizando la dinámica del llamado mercado paralelo y generando sustentabilidad a la moneda.

– Suspender los controles de precios que no sólo han sido inútiles en la lucha contra la inflación, sino que generan la caída en la oferta de productos y servicios.

– Aplicar con sentido de solidaridad y de integración social responsable un plan de subsidio directo a las familias más pobres dentro de una visión progresista que permita a toda la sociedad acompañar a un nuevo gobierno en el camino de recuperación de la economía nacional y el restablecimiento de una democracia socialmente avanzada.

¿Qué va a pasar ahora? por Luis Vicente León – ProDaVinci – 17 de Septiembre 2017

1457703725927-810x561.jpgSi vamos a ser sinceros, la única respuesta certera a esa pregunta es que puede pasar cualquier cosa, desde lo que más deseas hasta lo que más temes.

Pero, aunque esa sentencia es cierta, nos sirve poco para la toma de decisiones. Entonces voy a hacer algo riesgoso: describir lo que creo mas probable, aunque sea sólo uno de los muchos escenarios posibles.

A diferencia de la visión de mis amigos, que piensan que la agudización de la crisis, condimentada por sanciones y aislamiento internacional, generará las condiciones de salida del gobierno, mi opinión es que mientras más fuerte sea ese deterioro, más primitiva sea la economía y más autocrático se vuelva el gobierno, la probabilidad de su permanencia en el poder se amplifica.

Pero, ¿cómo es posible que debilitando económicamente al gobierno, pueda más bien afianzarse? Veamos.

La primitivización del país, producida por un modelo intervencionista y controlador, se ve amplificada por la aplicación de sanciones. No me refiero a las sanciones personales, que afectan sólo a sus destinatarios. Se trata de las sanciones financieras y económicas al país, que si bien no son la razón de la crisis, sin duda la amplifica. Es un absurdo decir que restringir las operaciones financieras de PDVSA y el financiamiento del país no tiene impacto en la gente. No me tienen que explicar qué buscan esas medidas. Obviamente lo se. Lo que si me deben explicar es por qué esas mismas acciones no funcionaron para sacar a los gobiernos sujetos a sanción en prácticamente ningún país donde han sido utilizadas. ¿Te suena Cuba, Rusia, Corea, Zimbabue, Siria, incluso Irán?

Ahora, si reconocemos que el objetivo de esas medidas es aislar a esos gobiernos (que permanecerán en poder) y debilitarlos económicamente para que no se conviertan en un riesgo a la región y de carambola le den una ayudadita de popularidad a algunos líderes de los países donde se originan las sanciones, entonces estamos siendo más sinceros y podría acordar que las mismas les funcionan perfectamente. El tema es que para quienes vivimos en Venezuela sólo sirven para complicarnos la vida y empobrecernos más, como si el gobierno venezolano ya no fuera suficiente karma para nosotros.

La tesis de que retar mas al pueblo tiene el efecto equivalente a las banderillas en un toro y finalmente la gente se rebelará para sacar por las mechas al gobierno, además de chocar contra la evidencia empírica de los países sujetos a sanciones, donde nada de eso ha pasado, parece olvidar un tema central del comportamiento humano. Bloquear al gobierno por supuesto lo empobrece a él y a los suyos. El problema es que también empobrece aún más al resto de la gente y ahora con un nuevo culpable para explicar porque estamos tan mal (probablemente olvidando que ya lo estábamos).

Resulta que en esa primitivización, el gobierno afectado es, de todas maneras, el único capaz de conseguir algo de oxígeno, por ejemplo en Rusia o en China. Y es además el único que tendrá algo que vender, aunque sean migajas. Es decir, seguirá siendo el único repartidor de algo y puede convertirse en el Big Brother del charquero en el que ya estamos.

¿Puede ser distinta esta historia? Claro. Si la acción internacional se convierte más bien en una fuerza que eleva el poder de negociación de la oposición y obliga al gobierno a buscar mecanismos de negociación política, que no comprometen su cabeza, pero si le presionan a abrir espacios para el rescate de la democracia a futuro y se plantean claramente los mecanismos de reducción del costo de salida de ese gobierno, cuando corresponda, entonces, y sólo entonces, podríamos ver una luz al final del túnel.

 

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