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De cómo el chavismo arrasó con el aparato productivo por Zenaida Amador – ALnavío – 13 de Abril 2019

Sin ingresos petroleros para encubrir el fracaso del modelo aplicado por dos décadas, Venezuela presenta una realidad aplastante: la economía ha sido destruida. En esta serie de entregas ALnavío analizará a fondo la paralización de una de las naciones más ricas del mundo.
El sector privado ha languidecido a lo largo de la gestión de Nicolás Maduro / Flickr: H. Chávez
El sector privado ha languidecido a lo largo de la gestión de Nicolás Maduro / Flickr: H. Chávez

La estrategia gubernamental en las últimas dos décadas en Venezuela ha sido la de cercar al sector privado para agigantar el peso del Estado en todos los ámbitos de la vida nacional y, entre otras cosas, aumentar la dependencia de la población. Mientras los ingresos petroleros permitían con importaciones encubrir las debilidades del modelo el país pudo seguir manteniendo ciertos estándares, pero en la actualidad el fracaso pasa una dolorosa factura de recesión, escasez y pérdida de calidad de vida de la población.

De hecho, de la política de “exprópiese” de Hugo Chávez, que sirvió de consigna para sus controles, estatizaciones e intervenciones de unas 1.200 empresas privadas, el país pasó al languidecimiento y la mengua del sector privado a lo largo de la gestión de Nicolás Maduro. El saldo rojo abruma: de las 12.700 industrias privadas que había en 1999 en la actualidad sólo quedan 2.500, según estimaciones de la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria).

La estrategia gubernamental en las últimas dos décadas en Venezuela ha sido la de cercar al sector privado para agigantar el peso del Estado en todos los ámbitos de la vida nacional y, entre otras cosas, aumentar la dependencia de la población

Lo más grave es que las sobrevivientes apenas operan a 20% de su capacidad instalada y nada indica que puedan seguir resistiendo si todo sigue igual, tomando en cuenta factores críticos como la inestabilidad política e institucional, la falta de insumos y materias primas, el colapso de los servicios públicos, la depauperación general del país y el propio modelo económico que Maduro insiste en seguir aplicando en el país.

Sólo el impacto económico general de los apagones nacionales ocurridos en marzo se calcula en 3% del Producto Interno Bruto. En el sector manufacturero las pérdidas ascendieron a 217 millones de dólares en marzo y dada la tendencia se estima que en abril estarán en el orden de los 320 millones de dólares, según cálculos de Conindustria.

En paralelo, la mayoría de las industrias que fueron estatizadas están paralizadas, operan en mínimos o enfrentan rezagos tecnológicos tan severos que su capacidad de respuesta es restringida, y eso incluye a empresas de sectores estratégicos como el siderúrgico, cementero, eléctrico, telecomunicaciones y agroindustrial.

Además, dado el modelo centralizado y estatista, las fallas en los suministros de estas empresas públicas terminan repercutiendo en la actividad de los demás sectores. Por ejemplo, actualmente las empresas básicas de Guayana (procesadoras de hierro y reductoras de aluminio) se encuentran en parálisis técnica y sus cerca de 5.000 trabajadores esperan a que las autoridades definan lo que ocurrirá con sus empleos.De 12.700 industrias privadas en 1999 hoy sólo quedan 2.500 / Foto: Conindustria

No en vano el Fondo Monetario Internacional calcula que la tasa de desempleo de Venezuela es de 44,3% y que en 2020 se elevará a 47,9%. Tal proyección es consistente con seis años consecutivos de contracción del Producto Interno Bruto en los que se ha destruido 53% de la actividad económica. Sólo en 2019 se estima que habrá otro desplome del 25% del PIB.

Desde la tierra

La situación del sector agropecuario es similar. Sólo entre 2004 y 2012 la política de toma, intervención y expropiación de fundos alcanzó a 4 millones de hectáreas y ninguno de los planes del Gobierno para ponerlas a producir prosperó. A la par de esto se aplicaron regulaciones y limitaciones operativas severas a los productores del campo, lo que terminó por constreñir aún más al sector.

El país pasó al languidecimiento y la mengua del sector privado a lo largo de la gestión de Nicolás Maduro. El saldo rojo abruma: de las 12.700 industrias privadas que había en 1999 en la actualidad sólo quedan 2.500, según estimaciones de la Confederación Venezolana de Industriales

Cuando en 2007 la escasez de algunos productos básicos comenzó a encender las alarmas, el gobierno de Hugo Chávez aplicó un agresivo plan de importaciones que le sirvió para enmascarar la crisis. Las distorsiones llegaron a tal punto que en 2012 el 52% del consumo de carne en el país era atendido con importaciones.

Además, los apagones recientes han golpeado con fuerza al sector. Por este factor la Federación Nacional de Ganaderos (Fedenaga) contabiliza los daños y pérdidas registrados en marzo en más de 6 millones de dólares.

En cuanto a la actividad agrícola, las estimaciones de la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios (Fedeagro) indican que, en promedio, Venezuela sólo produce 25% de los alimentos que consume. El gremio ya alertó sobre la pérdida del ciclo de invierno 2019 y su proyección es que la producción de algunos rubros descenderá a niveles de hace 40 años.

Los productores argumentan que desde fines de 2018 debieron comenzar a preparar sus existencias de repuestos, lubricantes y combustibles para la maquinaria y equipos, semilla para la siembra, fertilizante para abonar la tierra, herbicidas, insecticidas y fungicidas, pero “este año Agropatria y Pequiven, empresas estatales que ejercen el monopolio en la venta y distribución de insumos y fertilizantes en el país, no disponen de inventarios para atender la demanda de los agricultores”.

A esta centralización en manos del Estado se añade también el control militar a través de la Agropecuaria de la Fuerza Armada Bolivariana (AgroFanb) que, según Transparencia Venezuela, “se ha transformado en un filtro para decidir quién participa del proceso de producción y cómo se distribuyen los alimentos, en medio de una escasez de comida sin precedentes en este país”.

Todo lo anterior se ha traducido en la quiebra del campo venezolano.

Ni lo básico

Con la caída de los ingresos petroleros a partir de 2013 fue muy difícil para el Gobierno maquillar estos problemas que hoy saltan a la vista. De 2012 a la fecha las importaciones han sufrido una contracción cercana a 80%. De acuerdo con Torino Capital, en 2019 las importaciones de Venezuela caerán a su nivel más bajo desde 1946.

Sin divisas, con los mercados financieros cerrados y con el peso de sanciones económicas internacionales, a inicios de 2019 el gobierno de Nicolás Maduro les informó a los empresarios que debían buscar las vías para importar los insumos y materias primas que requieren, echando atrás el esquema de centralización de compras externas que su modelo impuso por años, pero la capacidad de respuesta del sector privado está disminuida y muchas empresas se encuentran sin inventarios para operar.

Las fallas de abastecimiento y la desaparición total de algunos productos son la norma en el mercado venezolano. Según datos de la firma Econométrica, el índice de escasez de los productos de primera necesidad en el último año se ha mantenido en alrededor de 80%, aunque en los últimos meses ha bajado a 70%. La escasez en general está en el orden de 50%.

Es tal la magnitud de la crisis que las recientes “mejoras” en la oferta responden a la severa contracción económica y a la destrucción del poder de compra de los venezolanos. Torino Capital proyecta una caída del consumo de 35,8% este año.

La FAO señaló que Venezuela es uno de los países que experimentó mayores aumentos en materia de hambre y malnutrición entre 2016 y 2018. La organización reportó que la prevalencia del hambre casi se ha triplicado entre 2010-2012 (3,6%) y 2015-2017 (11,7%), y que 3,7 millones de personas viven en esa condición, una situación que crece en la medida en que la crisis se profundiza y que la población se empobrece.

Más de 5.000 millones de dólares perderá el país por el colapso eléctrico por Caleb Zuleta – KonZapata – 15 de Abril 2019

Cuando termine 2019, el país habrá perdido más de 5.000 millones de dólares como consecuencia de los apagones y el racionamiento eléctrico. Esto equivale a un 6,38% del PIB. Las estimaciones son de Torino Economics, que ubica la caída del PIB en 37,4% en todo el año.

El país pierde varios puntos del PIB por los apagones / Foto: Twitter: @jguaido
El país pierde varios puntos del PIB por los apagones / Foto: Twitter: @jguaido

Las firmas especializadas no dejan de hacer cálculos. Se trata de las pérdidas como consecuencia de los apagones de marzo. Comenzaron en 2.000 millones de dólares. Y ya suman más de 3.000 millones. Torino Economics ubica el monto en 2.900 millones de dólares. Solo en marzo. Por los apagones que se produjeron este mes. Y esos 2.900 millones de dólares equivalen a 3,3 puntos del PIB.

Entonces, Torino Economics “toma como base un escenario intermedio en el que la crisis persiste por lo que queda de 2019, pero no con la misma frecuencia de marzo. Para este escenario, esperamos que los cortes o el racionamiento conlleven a una pérdida promedio de 2,96 días de energía eléctrica al mes durante los próximos 6 meses”. En consecuencia, las pérdidas se ubicarían en 5.500 millones de dólares. O lo que es lo mismo: 6,38% del PIB.

Pero Torino Economics hace un ejercicio y proyecta las pérdidas en todo 2019 por encima de los 5.000 millones de dólares. Por los apagones y el racionamiento que ha establecido el régimen de Nicolás Maduro. Esos 5.000 millones de dólares equivalen a 6,38% del PIB. Y por ello, Torino lleva la caída del PIB a 37,4% en todo 2019.

Torino advierte que “debido a la ausencia de información exacta sobre la magnitud de las interrupciones, los resultados de su análisis deben ser interpretados con precaución y sus cálculos considerados como un límite inferior de los efectos reales”. El FMI pronostica que la caída del PIB será de 25%.

Los cálculos de Torino incluyen las expectativas de una mayor caída de la producción petrolera y de las importaciones. Como se sabe, la producción de petróleo se encuentra en niveles del millón de barriles diarios.

Torino anota en su más reciente informe detalles como que el segundo apagón de del 25 de marzo ocasionó “obstrucciones en el sistema de ductos de la Faja del Orinoco, producto de que el petróleo pesado se solidificó dentro de ellos durante los períodos en los que no había servicio eléctrico. Esto ha resultado en un cuello de botella para la producción que se espera reduzca el bombeo de esos campos en 400 mil barriles diarios durante varios meses”. Resolver este asunto puede tomar 90 días, inclusive más tiempo.

Apunta Torino Economics que “la segunda gran pérdida se produjo en la producción de aluminio de las empresas del Estado Alcasa y Venalum”.

De modo que sumando el impacto en la actividad privada con lo que se ocurrió en la Faja del Orinoco y en las empresas de aluminio, las pérdidas en marzo “totalizan 2.900 millones de dólares”. Es decir, 3,3 puntos del PIB.

Ahora bien, en el entendido de que no haya más apagones, el esquema de racionamiento eléctrico, según la firma, “implicaría que la pérdida de 439 millones de dólares persistiría como una pérdida mensual. Y, si la crisis se profundiza, lo cual es un escenario razonablemente plausible, el impacto sería mucho mayor”.

Entonces, Torino Economics “toma como base un escenario intermedio en el que la crisis persiste por lo que queda de 2019, pero no con la misma frecuencia de marzo. Para este escenario, esperamos que los cortes o el racionamiento conlleven a una pérdida promedio de 2,96 días de energía eléctrica al mes durante los próximos 6 meses”. En consecuencia, las pérdidas se ubicarían en 5.500 millones de dólares. O lo que es lo mismo: 6,38% del PIB.

Venezuela’s socialist zeal, corruption offershocking lessons by Martin Weiss – Money and Markets – 15 de Abril 2019

Martin Weiss: Venezuela’s Socialist Zeal, Corruption Offer Shocking Lessons

Most people cannot fathom the sheer depth of Venezuela’s crisis — let alone learn the true lessons it has to offer.

I can. My family and I first went to Venezuela when I was 14 — my sister lived there in the upscale Las Mercedes neighborhood of Caracas.

Back then, the bolivar was worth about 25 U.S. cents. Today’s it’s worth far less than the paper it’s printed on.

Luxury stores lined immaculate avenues. Today they’re shuttered or in ruins.

On a subsequent trip, I visited the Ciudad Universitaria, thinking I might try attending classes there for a semester or two. Today, it’s in shambles.

We toured the countryside by car. Now people cringe at the mere thought of doing so. You’d need a police escort or someone riding shotgun.

VenezuelaMy father walked my nephew to his school bus stop each morning. That would be suicidal today.

But the Venezuela story is not simply an isolated anomaly in an otherwise normal world; it shatters widely cherished myths about all modern economies …

Myth No. 1: “The situation is so bad it couldn’t possibly get any worse.”

Everyone believed — or desperately wanted to believe — that modern economies have a built-in floor that protects citizens from utter collapse.

Venezuela has proven them wrong. Every time it was said that the country had hit rock bottom, it promptly got a lot worse.

Most economists adhere to a similar theory. At Wharton and the Fed, they’ve built elaborate computer models to predict GDP growth and inflation. But they’re also wrong.

As you’ll see from the next shattered myths, those models have no way of factoring in social and political chaos — let alone predicting their economic impact.

Myth No. 2: “Hyperinflation like we saw in Germany in the early 1920s is impossible in modern, resource-rich economies.”

Venezuela-2After World War I, Germany’s productive capacity was leveled by war, and the government was unable to meet its reparations payments to the Allies. So Berlin’s Weimar regime ran the printing presses 24/7.

In 1922, a loaf of bread cost around 160 marks. Less than one year later, it went for 200 trillion marks.

Fast-forward to the 21st Century and ask any economist if that kind of extreme hyperinflation would be possible in peacetime, in a relatively large economy with the richest oil reserves in the world.

What would they say? “No way, José!”

Venezuela proves them wrong, too.

A few years ago, for example, widely respected economists predicted that Venezuela’s inflation rate would peak at around 1,000%. That was already said to be “beyond extreme.”

More recently, the International Monetary Fund figured they’d get ahead of the inflation forecasting game and went out on a limb. They said Venezuela’s inflation would reach an unthinkable 1.3 million percent.

Wrong again! Venezuela’s inflation this year will be close to 51 million percent.

Myth No. 3: “In a bad depression, the economy contracts between 5% and 10%.”

In America’s Great Depression, GDP fell four years in a row.

It contracted by 8.5% in 1930, 6.4% in 1931, 12.9% in 1932 and 1.2% in 1933.

Thus, in modern, resource-rich economies today, that experience is generally viewed as the worst-case scenario. Typically, the biggest declines that economists envision are in the 5% to 10% range.

So you can imagine their shock when they saw the GDP numbers coming out of Venezuela:

Venezuela

In 2014 and 2015, Venezuela’s GDP contracted by an average of 5% per year, a decline that economists already called a “severe depression.”

Then, just as it was widely believed that the economy would begin to recover, it contracted by more than 16% in 2016, another 16% in 2017, and still another 16% in 2018.

But if you think that’s bad, consider the current estimate for 2019: At least 25% of Venezeula’s GDP is expected to be wiped out this year.

A big part of that collapse is taking place in Venezuela’s oil industry, once its pride and joy:

Venezuela

When oil production plunged from 2.5 million barrels per day in 2013 to just over 1 million last year, it came as a shock to both domestic and foreign observers alike. Now, in 2019, it’s expected to fall to just a half-million barrels per day.

Myth No. 4: “Nothing like this could ever happen in advanced countries.”

The fact is, Venezuela is (or at least WAS) an advanced country. So it already shatters this myth.

Moreover, no country in the world is immune to the two main causes of the disaster: Not just the government’s socialist zeal but also its rampant corruption.

Hugo Chávez, president from 1999 to 2013, can be blamed for introducing the former.

Nicolás Maduro, the disputed president today, did the most to introduce the latter.

And as you can see from the charts, both played a major role in destroying Venezuela’s economy.

So don’t blindly assume that the people of Venezuela are unique. They don’t have a monopoly on extreme socialism. They certainly aren’t the only ones vulnerable to rampant corruption.

Comunicado de la Academia Nacional de Ciencias Económicas – 12 de Abril 2019

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La Academia Nacional de Ciencias Económicas ante el colapso de la economía

La Academia Nacional de Ciencias Económicas se siente impelida a dirigirse a la Nación ante los sufrimientos causados por el colapso de la economía venezolana. Estimaciones responsables –porque el régimen no publica cifras al respecto desde 2016—señalan una contracción de la actividad económica en 2018 del 18%, quinto año consecutivo de disminución. El ingreso promedio por habitante es hoy la mitad del de 2013, inferior incluso a la cifra de 1950. El Banco Mundial, en su informe trimestral, pronostica una caída adicional del PIB del 25% para 2019, de continuar las cosas como están. La hiperinflación cerró en 1.687.000% según registros que lleva la Asamblea Nacional y, para el presente año, estimaciones iniciales del FMI no excluían la posibilidad de que llegase a 10.000.000%, cifra que, de concretarse, estaría entre las más altas conocidas en todos los tiempos.

Tal desempeño ha tenido un efecto devastador en el nivel de vida de los venezolanos. El salario mínimo es hoy menor que seis dólares al mes, según su cotización oficial. La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida levantada por la UCAB, la UCV y la USB registró que la pobreza, medida por insuficiencia de ingresos, afectó al 94% de los hogares en 2018. Según la FAO, entre 2015 y 2017 el 11,7% de la población se encontraba desnutrida. El informe de Human Rights Watch y la Universidad Johns Hopkins de EE.UU. reporta la reaparición de enfermedades previamente erradicadas, como el sarampión y la difteria, la multiplicación por once de los casos de malaria entre 2009 y 2017, y un incremento significativo de otras enfermedades, como la tuberculosis. La UNICEF, por su parte, informa de un incremento de la mortalidad infantil del 76% entre 2012 y 2017. Estos retrocesos son resultado del deterioro en las condiciones sanitarias del país durante los últimos años, altamente correlacionado con el desplome sostenido de la economía. De continuar agravándose, estas calamidades y muchas otras que sería demasiado largo mencionar aquí, habrán de empeorar aún más. En particular, el colapso del Sistema Eléctrico Nacional, con sus reiterados y prolongados apagones, y los estragos que ello ha ocasionado en la prestación de otros servicios básicos, algunos vitales como el agua y la atención hospitalaria, representan una grave amenaza para muchos, sobre todo de los más desasistidos.

Lamentamos concluir que este desastre humanitario ha sido urdido, en gran medida, por las funestas políticas instrumentadas por quienes, contrariando el orden constitucional, se empeñan todavía en controlar el poder. Siendo presidente Nicolás Maduro, esta Academia le hizo numerosos llamados para que rectificara su conducción de los asuntos económicos en aras de revertir el deterioro creciente que se proyectaba sobre las condiciones de vida del venezolano. Desgraciadamente, fueron desoídos. Poderosos intereses cultivados en torno al intervencionismo estatal, la depredación de los recursos de la Nación y la no rendición de cuentas mostraron ser mucho más fuertes que el interés por atender los derechos fundamentales y el bienestar de la población. Ante ello, más de tres millones de venezolanos han huido del país en búsqueda desesperada de condiciones que le aseguren su subsistencia.

Estos efectos destructivos habrán de continuar mientras el actual régimen ilegítimo desista en abandonar el poder. Su incompetencia y desidia no sólo acabó con la prestación eficaz de los servicios públicos, sino que dañó severamente la producción de petróleo, la principal fuente de ingresos de los venezolanos. Según fuentes secundarias registradas por el Boletín Mensual de la OPEP, habrá caído a apenas 732.000 barriles diarios en marzo, menos de la cuarta parte de hace 20 años. Esta situación se une a la cesación de pagos de los compromisos financieros internacionales del Estado (default) para restringir las importaciones a los niveles de hace cinco lustros. Junto a la destrucción del aparato productivo y comercial del país, ha reducido drásticamente la oferta de bienes y servicios a la población. Al colapsar la actividad económica, también lo ha hecho la base tributaria del Estado. Hoy, quienes usurpan el manejo de la cosa pública dependen más que nunca de la emisión monetaria para financiar sus gastos, alimentando así la dinámica alcista en los precios. Los intentos por contener su impacto inflacionario aplicando encajes prohibitivos a la banca han eliminado en la práctica la función intermediadora del sistema financiero, llevándolo al borde de su desaparición. Si bien el alza de precios de marzo fue de 18,1%, habiendo sido mayor al 50% los dieciséis meses anteriores, esta reducción se ha hecho a costa de una contracción brutal en la actividad económica y de futuras penurias para la población.

Esta Academia reitera una vez más que el país sí puede superar la trágica situación a que lo han llevado, aplicando un programa que libere las fuerzas productivas a través de la eliminación de los controles y las regulaciones, en un marco de estabilización macroeconómica que sustituya el financiamiento monetario del gasto por un generoso financiamiento internacional, con una reestructuración inteligente de la deuda externa que alivie su carga sobre la economía. Ello permitirá derrotar la inflación y unificar y estabilizar a su vez un tipo de cambio libre. Junto al restablecimiento de las garantías jurídicas de un Estado de Derecho, atraerá un importante flujo de inversiones extranjeras. Actualmente la producción industrial y agrícola trabajan con menos del 30% de su capacidad, pudiéndose recuperar rápidamente, generando empleo cada vez mejor remunerado si, además de todo lo anterior, se atacan de manera concertada los cuellos de botella existentes, incluyendo el colapso de los servicios públicos. Para éstos y otros fines, tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial han manifestado estar prestos a considerar importantes créditos para Venezuela, que se harían efectivos de darse las condiciones apropiadas.

Es decir, el empobrecimiento continuo del venezolano en absoluto constituye una fatalidad. Lo que hoy se interpone a la posibilidad tan inaplazable de mejorar de manera sostenida sus condiciones de vida es la persistencia en mantenerse en el poder de una camarilla contraria al interés nacional, en violación del ordenamiento constitucional. Los miembros de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, sobrecogidos por las dimensiones de la tragedia urdida sobre los venezolanos y convencidos de que ésta puede y debe superarse, hacen un llamado angustioso a que cese de inmediato la presente usurpación del poder para que un gobierno de transición convoque perentoriamente comicios presidenciales con todas las garantías, de manera que el país pueda elegir un presidente legítimo que aplique un programa de rescate y recuperación de la economía, capaz de devolverle al venezolano su dignidad y de abrirle posibilidades de una mejora sostenida en sus condiciones de vida.

Es hora de que prevalezcan los intereses de las mayorías por encima de mezquinos apetitos abocados a enriquecerse a costa de la destrucción de la Nación.

En Caracas, a los doce días del mes de abril, 2019

Humberto García Larralde – Presidente

Sary Levy Carciente – Secretaria

Venezuela cae 18 puestos y ya es el cuarto país más pobre de Latinoamérica – El País – 10 de Abril 2019

Solo Honduras, Nicaragua y Haití tienen un PIB por habitante inferior, según el FMI

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Venezuela fue durante décadas el país más rico de Latinoamérica. En términos de renta per capita o producto interior bruto (PIB) por habitante llegó incluso a situarse entre los cinco primeros del mundo tras los estragos causados en Europa por la Segunda Guerra Mundial. Después, gracias a sus enormes riquezas naturales y, en particular, a sus exportaciones de petróleo, se mantuvo a la cabeza de Latinoamérica entre los grandes países. Sin embargo, el colapso político, económico y social de los últimos años ha hundido el país en la clasificación regional y, según los datos y estimaciones del FMI, es ya uno de los más pobres de Latinoamérica en términos de PIB por habitante.

Han superado a Venezuela países como El Salvador, Guatemala, Bolivia o la vecina Guyana, tradicionalmente mucho más pobre. Colombia, que durante décadas fue fuente de emigración a Venezuela, tendrá este año un PIB por habitante que duplica al venezolano.

Y la situación no hace más que empeorar. El FMI prevé que en este año el PIB retroceda un 25%, la inflación sea de 10.000.000% y la tasa de paro supere el 44%. En el caso de Venezuela, en todo caso, los datos hay que tomarlos siempre con reservas. El caos monetario que vive el país, la falta de datos fiables y la negativa del Gobierno a colaborar con el FMIprovocan una especie de apagón estadístico.

La corrupción, la mala gestión y la caída de los precios del petróleo deterioraron la situación económica de Venezuela a finales del siglo pasado. Pero ha sido la política de control de cambios, de controles de precios, de expropiaciones y nacionalizaciones llevada a cabo por el régimen chavista la que ha arruinado su economía de una forma y a un ritmo solo comparable a la de países que han sufrido una guerra. Eso, a pesar de que los precios del petróleo se han multiplicado durante el chavismo.

La pésima gestión económica ha desatado una hiperinflación y una depreciación de la moneda que han dejado sin valor al bolívar, hasta el punto de que no se consiguen billetes ni siquiera para los gastos diarios. Eso, a pesar de las diferentes reconversiones monetarias que han ido quitando ceros al bolívar para tratar de maquillar su hundimiento. Alguien que hubiera cambiado 10.000.000 de dólares en bolívares en 2013 y hubiera conservado esos bolívares, ahora tendría apenas el equivalente a un centavo de dólar, lo que da idea del desastre económico que está viviendo el país.

FMI: la hiperinflación venezolana llegará al 10.000.000% este año por Sandro Pozzi – El País – 9 de Abril 2019

El Fondo Monetario Internacional cree que la economía de América Latina se recupera a ritmo lento

Sede del Fondo Monetario Internacional en Washington
Sede del Fondo Monetario Internacional en Washington MANDEL NGAN AFP

La situación económica de Venezuela todavía empeorará más este año. El FMI calcula que la economía del país caribeño se contraerá un 25%, que se sumará al 18% de 2018. Y a esto hay que añadir la hiperinflación en que vive el país y que este año llegará al 10.000.000%, lo que ha llevado a la institución que dirige Christine Lagarde a hablar de “crisis humanitaria”.

En lo referente al conjunto de la región, la debilidad en la expansión en la recta final de 2018 continuará en el futuro inmediato y se califica incluso de “precaria” en el grupo de los emergentes, por la incertidumbre creciente. La revisión a la baja que hace el Fondo Monetario Internacional de las perspectivas incluye así a las mayores economías de América Latina pese a que se sigue anticipando una recuperación a medio plazo.

FMI: la hiperinflación venezolana llegará al 10.000.000% este año

La proyección que se da ahora para la región es de un crecimiento del 1,4% para 2019. Es un recorte de seis décimas respecto a la indicación que se dio en enero y representa solo un repunte de cuatro décimas frente a 2018. La previsión es que se coloque en el 2,4% en 2020. En este caso es una décima menor de lo anticipado, aunque como señalan los técnicos dependerá del rendimiento de Argentina.

El perfil del crecimiento en general para los países emergentes se complica por varios factores. Primero, están los cuellos de botellas que sufren sus economías. Segundo, la moderación de la actividad en los países avanzados. Tercero, el efecto de unas condiciones financieras más rígidas así como en algunos caso el alto endeudamiento. Y por último, el abaratamiento de la energía y las materias primas.

Empezando con la mayor economía de América Latina, el crecimiento en Brasil se acelerará progresivamente de un 1,1% en 2018 a casi duplicarlo hasta un 2,1% este año. Será en todo caso cuatro décimas menos robusto de la actualización que hizo el organismo que dirige Christine Lagarde hace solo tres meses. De ahí subir al 2,5% en 2020, que se mejora sin embargo tres décimas.

El gran reto para Brasil, según el FMI, pasa por contener el incremento de la deuda pública sin que el proceso de consolidación fiscal trastoque el gasto en los programas sociales a los más vulnerables. La política monetaria puede continuar laxa para apoyar la demanda interna, ya que la inflación se encuentra cerca del objetivo. También se insiste en la reforma laboral y en la mejora de las infraestructuras.

Cambio político

México experimentará una moderación de un crecimiento del 2% el pasado ejercicio a un 1,6% este. Supone, además, un recorte de medio punto porcentual respecto a la previsión de enero. De ahí rebotará al 1,9% en 2020 pero estará tres décimas por debajo a lo proyectado. Como en el caso de Brasil, se cita un “cambio de percepción” en la dirección política del país con la nueva administración.

El organismo considera “esencial” que a las autoridades mexicanas “eviten retrasar las necesarias reformas estructurales” porque crearía más incertidumbre –con el efecto que tendría en las inversiones y la creación de empleo. También recomienda mantener el plan de consolidación fiscal a medio plazo para creer confianza. Sobre la estrategia monetaria, ve margen para reducir tipos “si fuera necesario”.

El FMI considera que el acuerdo de libre cambio entre Estados Unidos, México y Canadá supone un paso en la buena dirección que contribuye a rebajar la tensión asociada a los litigios comerciales. Pero recuerda también que el nuevo USMCA –como le llama el presidente Donald Trump- está sujeto ahora al proceso de aprobación del Congreso de EE UU, donde cada vez más demócratas expresas dudas.

Argentina es en este momento el gran asterisco para América Latina. La previsión es que su economía se contraiga durante la primera mitad de 2019 por una moderación de la demanda. Aunque volverá a retomar la senda del crecimiento en el segundo semestre conforme la renta disponible de las familias crezca y el sector agrícola se recupere del golpe de la sequía el pasado que sufrió el pasado año.

La previsión es que la recesión que sufre la economía argentina se relaje del un 2,5% en 2018 a un 1,2% en 2019, para de ahí pasar a crecer del 2,2% en 2020. “La aplicación del plan de estabilización es crucial para elevar la confianza de los inversores y restaurar un crecimiento sostenido que mejore la calidad de todos los segmentos de la sociedad”, señala al hablar de los esfuerzos de estabilización.

Venezuela is the biggest economic disaster in modern history by Matt O’Brien – The Washington Post – Febrero 2019

For the last 20 years, Venezuela has been conducting an experiment into what happens when a government declares war on all forms of expertise. And in the last five years, the results have become clear: You get one of the biggest economic catastrophes in modern history.

Despite having the largest oil reserves in the world, Venezuela’s economy has shrunk by 47 percent since the end of 2013. That, to put things in perspective, is twice as bad as Greece has done during the euro crisis, and, if trends continue, will soon be worse than either Zimbabwe did during its hyperinflation or Ukraine did in the years after communism collapsed. Which is to say that, barring countries beset by civil war, Venezuela is on the verge of having suffered more economic damage than anyone else in recent times.

What’s made this even more painful, though, is that Venezuela also has the worst inflation in the world today. The International Monetary Fund, for its part, guesses that it will be 10 million percent by the end of this year, but it’s just that: a guess. Our best estimate is that it’s about 112,000 percent, not that that’s much consolation. The price controls that the government has used to try to deny this reality, meanwhile, have only led to the country being short on food and medicine — why stock your shelves if you’re forced to sell things at a loss? — and long on lines and violence. It’s an economic crisis that has begotten a humanitarian crisis that’s fueling a migrant one. About 3 million people, or 10 percent of the total population, have fled to neighboring countries such as Colombia.

How did a country that should have been so rich end up so poor? Well, there are two stories you normally hear, and neither is correct. The first is that this is just about oil. Venezuela’s economy, after all, depends on it, so it doesn’t exactly seem like a surprise that the one has collapsed when the other has, too. The only problem with this is that as true as it is, it isn’t true enough. All you have to do is look at Saudi Arabia. It’s no less reliant on oil, but it has managed to grow 11 percent the past five years. Something else, then, must be going on in Venezuela.

And if you listen to Fox News, you know what that’s supposed to be: socialism. The idea, as former New York mayor Michael R. Bloomberg put it, is that “radical redistribution” has inevitably killed Venezuela’s golden goose. If that were the case, though, why has a country such as, again, Saudi Arabia been able to spend a lot of its oil money on its people without suffering the same sort of fate? Or a country such as Denmark been able to raise taxes far above what Venezuela’s ever tried while still growing at a healthy clip? The answer, of course, is that socialism is not really to blame.

What has happened is that low oil prices have revealed the extent of the Venezuelan government’s mistakes, which had nothing to do with taxing the economy too much and everything to do with managing it too poorly. The simple story is that the government took over one sector of the economy after another — steel, mining, agriculture, to name a few — and got rid of people who were good at their jobs so they could bring in ones who were good at being loyal. This made production predictably crater, and things that used to be made at home suddenly needed to be bought from overseas.

The government could at least cover up how much of the economy had been hollowed out this way as long as high oil prices gave it the money it needed to buy things. But it was never able to cover up as much as it should have, because its oil industry was being hollowed out, too. The Chavistas, you see, had fired most of the experienced engineers who had been striking against them, forced out foreign companies that knew what they were doing, and generally treated the state-owned oil company as a piggy bank that they could take money out of without ever having to put anything back, even as oil production fell off for lack of investment. That’s why the government had to turn to the printing press to pay for things even when oil prices were in the triple digits, and has really had to now that crude prices have fallen so much the past few years.

The best way to think about the Chavista regime, then, is as an extremely shortsighted mafia. Instead of charging businesses for protection — nice factory you got here, be a shame if anything happened to it — the government simply looted them until there was nothing left. It tried to pretend this wasn’t happening by using some of its oil profits to give people homes and health care, and, when that wasn’t enough, printing the money it needed instead. But eventually it couldn’t even do that once those profits disappeared, and it had to print so much money that it became worthless.

And despite all this, there’s no guarantee that the Chavistas are going to lose their grip on power. Far from it. The military is staying on their side against the opposition. Why? Because as bad as the Chavistas have been for the economy, they’ve been kind of good for themselves and their cronies. It’s not just about the wealth they’ve expropriated. It’s that they’ve set up a system where they can make money off its destruction. For some of them, that’s meant using the machinery of the state for drug trafficking. For others, it’s been using the regime’s preferential access to dollars to make risk-free profits in the currency markets. But in any case, the story’s been the same: Ruin is working out just fine for them.

Which, when you think about it, might be the worst news of all. It means that this experiment in human misery may have a long way to go.

Venezuela’s Economic Collapse Explained in Nine Charts by Santiago Pérez – The Wall Street Journal – 25 de Marzo 2019

Venezuela’s decline is now deeper than that of the Soviet Union after its breakup, and comparable only to Zimbabwe’s in the late 1990s, economists say

The Petare neighborhood, one of the poorest Caracas neighborhoods, is plagued by hunger, crime, blackouts, dry taps and barren store shelves.
The Petare neighborhood, one of the poorest Caracas neighborhoods, is plagued by hunger, crime, blackouts, dry taps and barren store shelves. PHOTO: IGNACIO MARIN/BLOOMBERG NEWS

Venezuela’s economic collapse is among the world’s worst in recent history. The decline is now deeper than that of the Soviet Union after its breakup, and comparable only to Zimbabwe’s in the late 1990s, according to estimates from the Institute of International Finance, a Washington-based association of financial institutions.

The scale of the decline, resulting from poor policy decisions, economic mismanagement, and political turmoil, is like something one would only expect from extreme natural disasters or military confrontations, said Sergi Lanau, the IIF’s deputy chief economist.

Output has contracted by half over the past three years. Venezuelan consultancy Ecoanalítica expects gross domestic product to fall another 30% in 2019 amid hyperinflation, political instability, and recent U.S. economic sanctions.

President Nicolás Maduro’s government hasn’t released economic and social development indicators since 2016, when the country’s situation became dire. Most estimates and surveys since then are from consulting firms, universities and multilateral organizations.

Venezuela’s GDPSource: International Monetary Fund
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Gross domestic product shrank from about $196 billion in 2013 to some $80 billion last year, smaller than that of Guatemala or Ethiopia, according to calculations from AGPV Asesores Económicos, a Caracas-based consulting firm, and the International Monetary Fund. The economy is on track to mark 14 consecutive quarters of contraction.

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GDP contractions, last year of positive growth

Hyperinflation is destroying the economy. Consumer prices have risen more than 50% per month since November 2017, including a jump of about 465% in the first 10 weeks of 2019, according to estimates from Ecoanalítica.

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Consumer prices, change from the previous monthSource: BCV, Ecoanalítica

The main cause of hyperinflation is the central bank printing money to fund gaping public spending deficits. IIF estimates based on the balance sheet of the central bank point to a fiscal deficit above 30% of GDP last year.

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Estimated fiscal deficit, % of GDPSource: National Assembly, IIF

The pace of inflation in Venezuela is among the fastest recorded in recent world history, according to the IIF. Prices rise as much in just a couple of hours as they do in a year in neighboring countries, said Mr. Oliveros.

 

Wages have become worthless. Some basic goods, like food and nonalcoholic beverages, rose almost 350% just in January, according to Ecoanalítica estimates. The monthly salary of a schoolteacher is enough to buy a dozen eggs and about 2 pounds of cheese.

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Inflation, change from previous monthSource: National Assembly, IIF

Tax collection has plummeted as a result of falling production and hyperinflation, as the value of the revenue is highly diluted by the time taxes are paid.

The government is insolvent and lacks sources of foreign funding. It has missed payments of about $18.7 billion in foreign debt, and close to $8 billion in dollar-denominated debt is due this year.

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Tax income (excluding oil), change from a year earlier*Source: Seniat, EcoanalíticaNote: September 2018 numbers weren’t published by Seniat

Oil output, the only real source of stable foreign currency, is plummeting due to lack of investment, poor maintenance and neglect. U.S. sanctions could push production to lows not seen since 1945, according to Ecoanalítica estimates. It will take 12 years for the Venezuelan oil industry to recover, said consultant Eduardo Fortuny.

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Venezuela oil productionSources: Baptista; PdVSA and EcoanalíticaNote: 2019 is an estimate

Economic and political turmoil sparked an exodus. More than 3.4 million Venezuelans have left the country in recent years, and most of them send money to relatives back home. Remittances rose by almost 57% last year. Millions of Venezuelans depend on such transfers, which average some $80 per month per family, to survive.

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RemittancesSource: World Bank/CEMLA (2015-2017); Ecoanalítica (2018, 2019)Note: 2018 and 2019 are estimates

The number of Venezuelans living in poverty has doubled since 2014. Almost nine out of 10 don’t have enough money to cover their nutritional needs, according to Venezuelan sociologist María Gabriela Ponce. A survey on poverty conducted by UCAB university showed that more than eight million Venezuelans don’t get enough to eat.

The fight against poverty and income disparity, a key facet of the socialist policies of late President Hugo Chávez, has been shattered. Income distribution in Venezuela was similar in 2014 to that of Argentina and Uruguay. Now it’s more extreme than Haiti’s, Ms. Ponce said.

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The richest 10% of households now receive more than 60% of Venezuela’s totalincome.Source: Encuesta sobre condiciones de vida en Venezuela (ENCOVI)Note: 10 is the wealthiest income division

 

Colapso de Venezuela – La Patilla – 22 de Marzo 2019

20 años de revolucion bolivariana en Venezuela – AFP – Febrero 2019

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