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Economía de Venezuela se compara con la de países africanos más deprimidos – El Nacional – 27 de Julio 2020

Ángel Alvarado, diputado a la Asamblea Nacional, destacó que el país se ha convertido en una de las naciones más pobres del mundo

contracción económica
Foto Cortesía

Ángel Alvarado, diputado a la Asamblea Nacional, indicó que durante los últimos siete años del mandato de Nicolás Maduro, Venezuela sufrió una contracción económica de 86%.

El integrante de la Comisión Permanente de Finanzas del Parlamento destacó que el país se ha convertido en una de las naciones más pobres del mundo y se compara con países africanos muy deprimidos.

“Esta cifra de 86% de contracción económica es solo superado, en el periodo reciente, por Liberia, un país que tuvo una guerra civil de dos décadas. Ni la caída del comunismo en la Unión Soviética, ni el periodo especial cubano, ni la guerra civil de Libia, ni la guerra del Golfo de 1991, ni ninguna otra catástrofe que desde el mundo moderno haya experimentado guerras, han tenido un empobrecimiento tan acelerado de una economía, una destrucción de la capacidad de generar riquezas, una destrucción de la actividad económica como la que se está viendo en Venezuela mientras Maduro ocupa el poder”, dijo.

Alvarado aseguró que la actividad económica de Venezuela cayó 25,38% en el primer trimestre de este año 2020, en comparación con el período del año 2019.

“Uno se pregunta a qué se debe esta caída tan importante. Se debe a muchos factores, pero entre esos tenemos la caída de las exportaciones petroleras. El promedio de las exportaciones petroleras que generaban caja, por ejemplo, en el primer trimestre del año 2019 era de 600.000 barriles. Hoy en día, a final del primer trimestre del año 2020, solo 100.000 barriles están generando caja, lo demás es para el pago de deudas o para intercambio de petróleos por otros bienes. Por lo tanto, esa es la variable fundamental que está guiando esta contracción tan importante de la economía”, precisó.

Afirmó que el principal responsable de la crisis venezolana es la política de Nicolás Maduro, la cual está basada en controles y expropiaciones.

“Mientras Maduro se mantenga en el poder, no hay manera de que haya una recuperación económica en Venezuela. Esa destrucción tiene como su máxima expresión la destrucción de la industria petrolera nacional, la cual este momento está generando niveles ínfimos de dólares para el país y produciendo los mismos niveles de los años 40. Por el camino que vamos, hacía el final de año estaremos en los niveles de los años 30”, advirtió.

Alvarado explicó que la contracción económica de 86% se debe también a los cierres de los mercados financieros mundiales que no confían en Venezuela.

“Se perdió la institucionalidad, el Estado de Derecho, pérdida del cumplimiento de las leyes, y esto genera que se pierda toda posibilidad de que en Venezuela haya una inversión que permita la recuperación”, agregó.

Mes de enero

El economista detalló que para el mes de enero hubo un crecimiento de 8% con respecto al mes de diciembre de 2019, porcentaje que atribuyó al incremento de los bodegones en la actividad comercial.

“Esto tiene que ver básicamente con el sector comercial y dentro de este sector la actividad de los llamados bodegones. Para febrero tenemos una caída intermensual de 2% y para marzo la caída aumento a 10 con respecto al mes de febrero”, destacó

El informe de la comisión detalló que para el mes de febrero fue de un -2% y para marzo -10%, debido a que hubo un descenso en la actividad económica, como consecuencia de la pandemia por el covid-19. Indicó que el sector más afectado fue el manufacturero.

Producto Interno Bruto

En cuanto Producto Interno Bruto de Venezuela en este primer trimestre, señaló que se ubica entre 65 mil y 67 mil millones de dólares, mientras en el año 2013 era, según el Banco Mundial, de 482 mil millones de dólares.

“Para el año 2013 el tamaño de la economía venezolana era igual a de una economía europea, como la de Bélgica o Dinamarca. Hoy en día el tamaño de la economía de Venezuela es igual a la de Uruguay o Paraguay, que son países con alrededor de 5 a 7 millones de habitantes”, explicó.

En cuanto al PIB per cápita, indicó mismo se encuentra alrededor de los 2 mil dólares y esta cifra solo se compara con países africanos.

Inyectar liquidez

Para mejorar la situación del país, Alvararo señaló que se debe inyectar liquidez a los hogares y a las empresas, porque son los que están sufriendo una situación catastrófica con el covid-19 y de la la recesión económica.

“Por eso hemos insistido en proveer 100 dólares al 100% de las familias venezolanas: Hay proveer de liquidez a las empresas para que no cierren, para que no quiebren y se mantengan operativas. Venezuela necesita un financiamiento masivo, extraordinario, y reactivar la industria petrolera de manera masiva y rápida para poder salir de la crisis”, añadió.

 

Proyección de la tasa de variación del PIB 2020 – CEPAL – Julio 2020

Leonardo Palacios: “El Gobierno crea los incentivos para que el empresario se meta en la penumbra” por Hugo Prieto – ProDaVinci – 12 de Julio 2020

Leonardo Palacios: “El Gobierno crea los incentivos para que el empresario se meta en la penumbra”

Después de 20 años de planificación centralizada y de ideología marxista, la realidad ha quedado al descubierto. El PIB ha caído en picada en un lapso asombrosamente corto. Hemos retrocedido 80 años. Y si nos ubicamos en el gráfico, podríamos trazar una línea que se detiene en el año 1935.

En la década de 1930, Venezuela atravesaba por un período de transición a la democracia. Desde las élites se acuñó una frase: «el nuevo amanecer». El escenario era más que promisorio. El petróleo, motor de la economía mundial, fluía como el mar interior que es el Lago de Maracaibo. Se creó una institución importantísima: el Banco Central de Venezuela (1940). Surgieron los partidos políticos. Caracas dejó de ser la capital taciturna de un país agrario y analfabeta. El ejército se dejó de montoneras y vistió uniforme profesional.

No podemos decir nada similar de la década que comienza en 2020. Que no sea el gráfico de marras y las aterradoras cifras de la última encuesta Encovi. Lo que sigue es la visión del empresariado, en boca de Leonardo Palacios*, presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Caracas, de las causas que nos llevaron al abismo. Vivimos el drama de la destrucción y los escombros del que fuera el país más rico de América Latina. Toda la institucionalidad, arriba señalada, la cambiamos por el modelo totalitario que ejerce el control social.

Uno de los sectores más golpeados por la crisis ha sido el tejido empresarial de Venezuela. ¿Cómo se puede reinstitucionalizar el gremio en medio de la destrucción y los escombros?

Lo importante es entender que la forma en que se ha manejado la economía no obedece simplemente a la improvisación, sino a una concepción donde era necesario ir eliminando todas y cada una de las instituciones gremiales por excelencia. Recordará que en su momento era indispensable la presencia de Fedecámaras, Conindustria y Consecomercio en las políticas que se estuviesen trazando. Las grandes decisiones de política económica eran anunciadas por el presidente de la República en las asambleas de cada uno de los gremios. Lo hicieron Betancourt, Leoni, Caldera y Carlos Andrés Pérez. Más recientemente, bajo el gobierno de Hugo Chávez, lo que hubo fue un proceso de desinstitucionalización. Ahora hay que recomponer, volver a institucionalizar. Quiero aclarar que no ha sido la crisis la que ha golpeado al sector empresarial, sino la planificación centralizada, en la que el Estado controla absolutamente todo, tal como ocurre en Corea del Norte y en Cuba, países que siguieron el modelo de la extinta Unión Soviética. Se abandonó la llamada planificación indicativa, en la cual el Estado genera las condiciones para que los empresarios asuman riesgos y generen actividad económica que contribuya al crecimiento económico. Lo que ha habido en Venezuela son controles y restricciones de toda índole. No podemos olvidar lo que dijo el exministro Jorge Giordani: «¿Para qué sector privado, si el 90% de los ingresos los genera el aporte petrolero?»Esa forma de concebir el Estado es lo que nos ha llevado a esta situación de colapso.

Hay un método que podríamos resumir en una palabra: «exprópiese», pero también hay una concepción ideológica que estigmatiza al empresario que produce riqueza. Si no se entiende cómo se organiza la economía, cómo se produce riqueza o cuáles son, para utilizar un término marxista, «las fuerzas productivas de la sociedad», es muy difícil que superemos el colapso. ¿Qué reflexiones haría alrededor de este planteamiento?

Se ha demostrado, a lo largo del siglo pasado, e incluso en lo que va de siglo, que ese tipo de planificación —y la ideología que la sustenta— no se corresponde con la realidad. En Venezuela se ha demostrado que el único que puede generar riqueza sustentable, por supuesto, dentro de un sistema de protección a la propiedad, a través del ordenamiento legal y de registro que organiza y administra el Estado, es el sector privado. Así lo han entendido los países europeos. El empresario se concibe como un socio del Estado. Pero bajo esta ideología, el empresario es visto como el verdugo que declaró y lleva adelanta la llamada «guerra económica». Esa concepción parte de las propuestas de Haiman El Troudi, con el Plan Simón Bolívar, para establecer un sistema ideologizado, cuya puesta en práctica se hizo a través de diversos tipos de propiedad. Se creó el concepto del poder comunal para contraponerlo al poder público, previsto en la Constitución. Se promulgaron las cinco leyes apocalípticas de la economía —las leyes del poder popular, el sistema económico comunal, la ley de comunas—, para expropiar o intervenir las empresas, aduciendo supuestas causas de interés público. El caso más evidente son las bombas de gasolina.

De acuerdo al modelo chavista, al empresario lo motiva «la ambición y la codicia». Sería, a través de «la propiedad comunal de los medios de producción» que llegaríamos al «mar de la felicidad». Sin embargo, lo que hemos visto es la quiebra, la destrucción. El PIB de 2020 es similar al de 1935. Antes de la pandemia ¿qué grado de destrucción podía constatarse en Venezuela?

La pandemia es la etapa terminal de la enfermedad. En Venezuela empieza la destrucción sistemática de la producción a partir de los 42 decretos de la Ley Habilitante. Eso fue lo que motivó y originó los sucesos del año 2002. Fue el inicio del desmantelamiento de las libertades económicas. Eso se profundizó en 2007 cuando el Gobierno tomó venganza por no haberse aprobado la reforma constitucional y se concreta, de forma dramática, en 2010. Lo que hemos visto es la progresiva destrucción de las empresas. Se toma el control no sólo a través de las expropiaciones, sino llevándolas a la quiebra. Lo que se quiere, en definitiva, es tener el control de la producción y el consumo y con ello el control de la sociedad. La pandemia vino a acelerar el proceso de destrucción de la planta industrial. Nos ufanamos de ser un país petrolero, pero en los últimos meses no hubo un solo taladro activo, ni uno solo.

¿Qué dicen las estadísticas alrededor de los puestos de trabajo que se van a perder o de los establecimientos que van a cerrar, producto, precisamente, de la fase terminal a la que nos llevó la pandemia?

Cuando hablamos de fase terminal, lo que queremos decir es que el Gobierno ha vendido la idea según la cual, si el empresario propone instrumentos de políticas públicas, es para autoexcluirse de los planes del Gobierno. Eso es absolutamente falso. A los empresarios nos interesa la formalidad. Queremos pagar impuestos. Pero en materia tributaria hay que poner las reglas claras. Vamos a ponerles límites a los municipios para que no hagan lo que les dé la gana, copiándose indebidamente de las medidas —claramente inconstitucionales— del poder nacional. Que funcionen los tribunales de justicia, que funcione el respeto. Eso es lo que queremos nosotros, porque la informalidad es lo peor que le puede pasar a una economía. Una empresa tiene que declarar semanalmente el IVA y con base en esa declaración pagar el IVA diario, el impuesto sobre la renta diario, pagar el aumento a las grandes transacciones del 2%, pagar a los municipios y a las entidades económicas de la misma forma. ¿Qué está haciendo el Estado? Agrediéndonos con toda esta serie de anticipos y creando los incentivos para que un empresario prefiera salir del flujo normal de información y registro y se meta en la penumbra, de tal modo que no se considere que incurre en evasión fiscal. Eso ni lo queremos nosotros ni el sector informal, cuya aspiración es formalizarse. ¿Para qué? Para tener acceso al crédito, a las líneas de financiamiento, para poder, finalmente, construir un historial empresarial.

¿Cómo se puede medir la actividad económica si no hay data, no hay estadísticas, no hay información? ¿Cómo se pueden diseñar políticas públicas que apunten al crecimiento de la economía venezolana? ¿Cómo se pueden incentivar la creación de riqueza, en medio de la informalidad?

La informalidad es una de las causas de que en Venezuela no se tenga un conocimiento y un seguimiento de la actividad económica, ya sea en términos de crecimiento o de estancamiento. Y lo sorprendente es que Venezuela se ha convertido en un Estado registral. Aquí todo y para todo es un registro. Se ha pervertido el registro. En lugar de servir para disponer de información y conocer mejor la situación de cada sector específico, a los fines del diseño de las políticas públicas, el registro se ha convertido en otro mecanismo adicional de control. El que está en el registro tiene existencia, el que no está es inexistente.  El que está en el registro siempre tiene el riesgo de exponerse a todas las sanciones de esta planificación centralizada. En consecuencia, la tendencia es a informalizarse. En segundo lugar, el organismo que mide el crecimiento económico, la liquidez monetaria, el flujo del dinero, la fluctuación de las tasas de interés, entre otras variables macroeconómicas, es el Banco Central de Venezuela, pero una vez que se le quitó su autonomía, lo que hemos visto es la opacidad en las cuentas fiscales del país. Entonces, si no hay forma de contrastar la información del sector privado con la data oficial, tampoco hay forma de obtener mediciones verificables y confiables.

No quisiera dejar por fuera la mención que hizo a las estaciones de servicio. Sin duda, se envía una señal muy clara, muy negativa. ¿Qué evaluación hicieron ustedes? ¿Por qué se produce esa medida?

Identificar la motivación de esa medida es muy difícil. Da para todo y mucho en qué pensar. No puedo imaginar de dónde viene. Es evidente que el estado de derecho sólo sirve para fortalecer al Estado… el extinto estado de derecho. Estamos ante un caso sintomático de lo que hemos venido hablando. PDVSA, sin ningún tipo de procedimiento o de respeto al derecho a la defensa, interrumpe —invocando la exacerbada figura del interés público—  un contrato de concesión. Ciertamente, es una actividad reservada a PDVSA, que la dio en concesión a unos señores que dispusieron de su patrimonio, en lapsos que van de 35 o 60 años, para invertir en una actividad económica bajo el concepto de libertad de empresa. Y de la noche a la mañana… «Señor, simple y llanamente, entrégueme la estación de servicio». Lo que creo es que la emergencia humanitaria no implica el desconocimiento de los derechos de los ciudadanos o de los empresarios. Lo importante es entender que para lograr tres cosas fundamentales que tiene la política económica —recuperación, crecimiento y estabilidad— lo fundamental es cambiar la concepción que se tiene de la economía. No se puede recuperar lo que se empecina en destruir, no se puede hacer crecer lo que yo no permito que crezca, no puede haber estabilidad cuando hago todo lo posible para que haya inestabilidad.

¿A qué nos enfrentamos en materia económica en tiempos de pandemia?

Si no nos mata el virus, nos mata el hambre y la gran pregunta es cuántas empresas van a poder sobrevivir a la pandemia si no se toman las medidas en materia impositiva, en materia de regulación del comercio y en materia de flexibilización laboral, lo que se va a generar es una situación cada vez peor. El problema es por cuánto tiempo vamos a poder pagar sueldos y salarios, incluidos los tributos de la nómina. A los empleados les das seguridad, bono de transporte, bono de alimentación. Además de una serie de nuevos gastos: Internet, computadores, seguros que cada vez son más costosos. Esos costos son importantes. ¿Cuánto más puede aguantar el sector empresarial?

¿No será que la meta del Gobierno es permitir que los empresarios crezcan, pero sólo hasta que sean pequeños, como ocurre en Cuba?

En Cuba existe libertad económica pero sólo para los sectores estratégicos donde hay inversión extranjera, particularmente en el turismo y en las actividades vinculadas al turismo. Nada más. Y después de 60 años, el gran logro es una peluquería o los chiringuitos, como dicen los españoles, o las taguaritas, como decimos nosotros. El pueblo cubano se muere de mengua, no tiene salud. Ésos son quimeras y espejitos que la intelectualidad venezolana, así como la de otras partes del mundo, compró. Muchos han abandonado esa posición.

Actualmente, el sector empresarial es mucho más débil que hace 20 años y el Estado, a pesar de toda la evidencia empírica, no ha dado muestras de que quiera deshacerse de la ideología que lo lleva a la planificación centralizada. ¿Cómo podría el empresariado reconfigurar su papel frente al Estado?

El papel de la institucionalidad, que recientemente ha ido recobrando importancia, es que nos hemos convertido en veedores de los derechos de nuestros afiliados, en veedores de la libertad económica y, aunque suene principista o a lo mejor pueda parecer la visión misión de una empresa, la verdad es que paulatinamente hemos ido saliendo de ese marasmo que creó el Gobierno con respecto a las instituciones empresariales. Ante la ausencia del poder constituido existe el poder de las organizaciones sociales: la veeduría. Nosotros, eso hay que entenderlo, somos un grupo de interés, un grupo de presión, reconocidos constitucionalmente aquí y en cualquier parte del mundo, porque representamos, entre otras cosas, intereses específicos amparados por la Constitución. En segundo lugar, aquí no puede haber empresarialidad si el Estado aplica un modelo asfixiante y no respeta al empresariado. Lo importante es desregularizar la economía, desmontar todos esos aparatos que constituyen, prácticamente, una cámara de tortura medieval. Aquí el Estado tiene que ser empático con el empresario, tal como ha ocurrido en países europeos de inclinación liberal o conservadora. Saber que, ante la amenaza de la pandemia, el sector empresarial ha tomado con responsabilidad social y ciudadana, el compromiso de proteger a sus empleados.

***

*Abogado por la UCAB, con especialidad en derecho tributario por la UCV. Docente. Coordinador Legal de la Reforma Tributaria de 1993, miembro del equipo fundador del Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (Seniat).

Las tres pandemias por Tomás Páez – El Nacional – 27 de Abril 2020

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La mayoría de los países en el mundo enfrenta dos grandes pandemias, la del covid-19 y la generada por este: la pandemia social y económica. Venezuela enfrenta tres, a las anteriores se suma una más letal, la pandemia del “socialismo del siglo XXI”. Mientras los organismos multilaterales calculan una caída de 4% a escala global, y de entre 8%-12% del PIB en aquellos países que peor gestionan el coronavirus, la pandemia socialista ha provocado en seis años el desplome de 70% del PIB en Venezuela, de acuerdo con el economista Asdrúbal Oliveros.

Distintos análisis hechos desde diferentes instituciones coinciden en señalar que como resultado del covid-19 a todos les irá mal y, según el FMI, 170 países sufrirán las consecuencias sociales y económicas del mismo: aumentará el número de desempleados, el de empresas cerradas, los impagos y la morosidad, las desafiliaciones a la seguridad social, etc.

Peores resultados ha logrado, con creces, la “pandemia socialista” en Venezuela. Esta aventaja en términos de daños ocasionados a las dos pandemias globales, cuyas secuelas palidecen ante la hecatombe venezolana.  Nos ahorramos las estimaciones de la caída del PIB este año para evitar sufrimientos y no horrorizar al lector.

Fue capaz de destruir el sector eléctrico, referencia regional desde el siglo antepasado, y dejar al país en penumbras; de convertir en cementerios de emprendedores y empresas a los parques y zonas industriales del país y a todo el tejido empresarial; de desaparecer el empleo formal y aumentar el desempleo y la informalidad (el “bachaqueo”); de convertir a las instituciones de salud construidas a lo largo del siglo pasado en asentamientos y campamentos precarios. En ellos resulta imposible cumplir con las normas de prevención para evitar el contagio del virus: carecen de agua, desinfectantes, electricidad y el hacinamiento impide guardar la recomendada distancia social.

Cedió la soberanía a otros países, a las bandas armadas del ELN, a la pandilla de los ex FARC y a los “camisas rojas”, a quienes se ha concedido el control sobre localidades, poblaciones y recursos propiedad de los venezolanos. Posee un sistema judicial, bufete de abogados del señor Maduro y sus amigos, incapacitado para ofrecer las mínimas garantía jurídicas. De ello son ejemplo los policías de la Metropolitana, los diputados presos y torturados y los periodistas perseguidos. Pienso en el título del libro de Primo Levi, Si es esto un hombre. Son temas de la descomposición social que junto con la economía será necesario recomponer en el país cuando recuperemos la democracia.

Desapareció la gasolina, huyó el bolívar, naufragó el petro –anclado a la producción petrolera en proceso de extinción– y el dólar es la única moneda capaz de sobrevivir a la pandemia, aquella moneda símbolo del “imperialismo yanqui” cuyo valor pulverizarían, como en algún momento expresaron.

Mientras tanto, los países en el mundo hacen todos los esfuerzos por mantener un difícil equilibrio entre salvaguardar la vida de los ciudadanos frente al covid-19 y minimizar los estragos sociales y económicos del confinamiento. Con este propósito  adelantan políticas fiscales destinadas a apoyar a las empresas, en particular a las micro, pequeñas y medianas, a los autónomos y trabajadores por cuenta propia y a los empleados  afectados por la situación global.

Estas políticas demandan recursos multimillonarios, como los acordados en la Unión Europea o en Estados Unidos. Conscientes de ello, los países de mayor desarrollo, agrupados en el G20, aprobaron el aplazamiento de la deuda a los países más pobres.  El Banco Mundial, por otra parte, destina varias decenas de miles de millones de dólares a ese propósito e incluye en la agenda recursos especiales con el fin de atender  a millones de refugiados en todo el mundo. Sin embargo, la alta demanda de los recursos agrega una mayor complejidad al manejo y asignación de los mismos y supone dificultades extra para acceder a los montos requeridos por cada país.

La pandemia socialista se encargó de destruir y saquear los recursos propiedad de los venezolanos, incluyendo el sistema de salud construido el siglo pasado: hospitales, ambulatorios, universidades, y centros de excelencia y de investigación como Medicina tropical o Telemedicina en la UCV.  Han robado y destruido equipos y laboratorios frente a la mirada impasible del Estado. La pandemia del coronavirus nos sorprende con proyectos hospitalarios inconclusos cuyos únicos vestigios son las cabillas y el cemento.

El modelo de la destrucción dejó al país incapacitado para maniobrar fiscalmente, reñido con los mercados financieros internacionales y, en su proverbial incapacidad, no apto para gerenciar las dos pandemias que enfrenta el mundo. Venezuela necesita recursos, miles de millones de dólares para atender las tres pandemias. El señor Maduro dijo haber solicitado al FMI 5.000 millones de dólares. Si en verdad estuviese preocupado por los venezolanos, lo más rápido habría sido hacer una “vaca” entre sus secuaces, los socios del narcotráfico y quienes robaron a mansalva el dinero que debía haberse  destinado a construir y dotar a los hospitales, a mejorar el sistema productivo y de servicios en su totalidad. Para ellos, esta cifra son peanuts, el “sencillo” de lo robado.

El señor Maduro conocía de antemano la negativa del FMI, pues este no concede recursos a particulares. Además, los organismos internacionales están muy bien informados y conocen del desfalco y el saqueo hecho a los recursos propiedad de los ciudadanos; saben que si en algún momento llegasen a estrechar las manos de estos señores, tendrían que contarse los dedos.

Las tres pandemias no se pueden contener con bayonetas, sembrando el terror, el miedo y la desinformación. El mundo reconoce e intenta contener las dos pandemias; en Venezuela, el desafío es contener tres pandemias que cobran vidas, que causan muerte. La urgencia del tema no admite demoras. La crisis global está produciendo la migración de retorno que el país, bajo este régimen, está incapacitado para atender.

Han sido dos décadas de daños continuados. El señor Maduro, sus amigos, sus compinches y representantes en el  mundo no tienen nada de lo que puedan vanagloriarse o sentirse orgullosos: menos viviendas, menos electricidad, menos educación, menos salud, más pobreza, más miseria, más muertos.  Ha sido demasiado. Cada minuto de atraso implica pérdida de vidas, por la escasez, por la pandemia o por las consecuencias de esta. El liderazgo social y político del país está en la obligación de atender este clamor. Necesitamos un acuerdo para la transición en el que quepan todos los venezolanos, un acuerdo para salvaguardar la vida presente y futura del país.

La Venezuela petrolera quiebra por el coronavirus y las sanciones de EE.UU. por Ludmila Vinogradoff – ABC – 24 de Abril 2020

El impacto es devastador. La economía venezolana presenta un cuadro agónico y ahora sí toca fondo, dicen los especialistas

El panorama es desolador para la economía venezolana ante el impacto que están causando las sanciones de la OFAC (Oficina de Control de Activos y Bienes Extranjeros) de Estados Unidos dictadas a seis empresas norteamericanas para que cesen sus operaciones en Venezuela hasta diciembre próximo.

La OFAC, adscrita al Departamento del Tesoro de Estados Unidos, emitió una nueva licencia para que las empresas petroleras norteamericanas, entre ellas Chevron y Halliburton, que operan en Venezuela, puedan sostener sus actividades hasta diciembre ante una eventual culminación de todas las operaciones.

Las nuevas restricciones son claras: «La perforación, elevación, procesamiento, compra o venta, transporte y envío de cualquier petróleo de origen venezolano o productos derivados» son actividades no autorizadas por la OFAC.

Tampoco están permitidos «el diseño, construcción, instalación, reparación o mejora de cualquier pozo, instalaciones o infraestructura en Venezuela, así como la compra o provisión de bienes o servicios, excepto lo requerido por seguridad». Además, incluye la prohibición de la compra-venta de diluyentes para producir gasolina.

«Las pusieron a jugar banco», dijo a ABC el especialista José Toro Hardy al referirse a las multinacionales norteamericanas como Chevron que tienen un plazo hasta diciembre para hacer sus maletas a menos que se produzca antes un cambio de gobierno en ese tiempo.

«Venezuela ha colapsado y está tocando fondo», añade el experto petrolero con las ultimas sanciones de la OFAC. Y el país ha colapsado porque el 97% de los ingresos en divisas provienen de la industria petrolera nacional, Pdvsa. Una vez destruida Petróleos de Venezuela, el país cae en la nada.

Ya lo decía el escritor Arturo Uslar Pietri, «si no sembramos el petróleo y desaparece la industria, tendremos a la Cruz Roja repartiendo sopa en cada esquina para alimentarnos». Y es tal cual lo pronosticó hace dos décadas el autor de «Canaima» y «Lanzas Coloradas».

Pero Nicolás Maduro no cree en los malos augurios de la caída petrolera, y ha asegurado: «El petróleo venezolano llegó a 10 dólares, pero estamos preparados y a Venezuela no la detiene ni petróleo a 10 dólares ni a -10 dólares, Venezuela va a seguir con resistencia, y con aguante su camino, dentro de la cuarentena de paz, de trabajo y atención».

Subida de precios desbocada y recesión

Las sanciones petroleras de Estados Unidos vienen a sumarse a la tragedia de Venezuela que ha provocado el coronavirus. La caída de la producción nacional de 3,2 millones hace 20 años a menos de 500.000 barriles hoy día, se añade a la caída de los precios a menos de cero por el barril en los mercados a futuro.

El FMI anunció sus proyecciones para 2020 y 2021, ya considerando los efectos del Covid-19. Para Venezuela proyecta que la tasa de inflación de 2020 será del 15.000% y que la economía caerá un 15% (previamente proyectaba una caída de 10%). América Latina: PIB: -5,2% Inflación: 6,2%

Todo este panorama conspira en contra de Maduro, aunque aparenta que no le afecta. «Maduro se podría aprovechar del coronavirus si tuviera como para aferrarse al poder, pero el problema es que no tiene cómo», sentencia Toro Hardy al mostrar que el país está en ruinas, colapsado y tocando fondo.

 

Las nefastas políticas económicas de AD y COPEI que propiciaron la llegada del chavismo a Venezuela por Emmanuel Rincón – PanamPost – 20 de Abril 2020

La estatización y dependencia del petróleo que promovió la socialdemocracia venezolana fue el inicio de la quiebra del país y trajo como consecuencia el nacimiento del chavismo

La socialdemocracia dio inicio al proceso degenerativo de Venezuela (PanAm Post)

Mucho se habla por estos días de la “siembra del comandante” para referirse a todo el desastre, la miseria y el hambre que ha ocasionado el chavismo en Venezuela, pero muy poco se habla de la siembra de AD y COPEI en el país, cuya cosecha fue precisamente el chavismo.

De los legados más catastróficos que nos dejó la era democrática en Venezuela, más allá de las nocivas políticas económicas que contaminaron por completo las relaciones comerciales en el país, fue la estructuración social y mental de los ciudadanos en torno a un Estado sobreprotector, que a su vez posicionó al socialismo y las dádivas estatales como la “única vía” para el progreso. A partir de allí se da inicio a la formación de élites corporativistas alrededor del Estado que propiciaron el facilismo en el país y la limitación de un verdadero apalancamiento social; la meritocracia desapareció y la forma de enriquecerse en Venezuela era ser amigo del poder, esto trastocó por completo el sistema de incentivos económicos, ya no se buscaba la eficiencia, se buscaba era tener los “amigos adecuados” para recibir los favores y contratos estatales que permitieran acumular riqueza a esa pequeña élite.

Gracias a esto y a que AD, Copei y URD excluyeron del Pacto de Puntofijo al Partido Comunista de Venezuela, se crea esta falsa ilusión que ha dominado el mundo en el último siglo, donde se plantea todo cambio social dirigido a estatizar la economía como una lucha entre derecha e izquierda, cuando lo cierto es que, lo que ha habido siempre en Venezuela y la mayor parte de América Latina, es una lucha entre izquierdas más o menos radicales, entorpeciendo la comprensión de nociones ideológicas y creando ese mito absurdo que establecía que la economía de mercado y el capitalismo fracasaron en Venezuela, cuando lo cierto es que “la economía de mercado nunca ha sido ensayada en el país”, tal como lo afirmara el gran intelectual que fue Carlos Rangel, y al que los venezolanos hechizados por élites políticas populistas, no escucharon.

A partir de aquí nace, no solo el resentimiento que daría pie al discurso del chavismo, sino también las confusiones ideológicas que hoy en día gobiernan el país; no en vano, en la actualidad, una gran parte de la población considera que la llegada del chavismo se originó debido al fracaso de las políticas derecha, y precisamente no por la falta de las mismas.

El socialismo democrático practicado por AD y Copei derrochó durante 40 años las riquezas del petróleo, centralizó la economía en torno a ese recurso, descuidó por completo el resto de áreas de producción, y por si fuera poco, instauró en las mentes de los venezolanos la tóxica premisa de que el Estado se hará cargo de todo y que el empresario es un vil ladrón. El descalabro de valores, principios, nociones de trabajo y la corrupción fue obra y gracia de AD y Copei, el chavismo lo que hizo fue profundizar la tragedia y radicalizar el socialismo que heredaron de sus padres adecos y copeyanos.

La economía venezolana antes de la era democrática

Venezuela llegó a ser el país más rico de América Latina y estar entre las cinco economías más fuertes del planeta tierra. Si bien la era de hegemonía tachirense había producido un nivel bajo de libertades civiles, en materia económica el balance era positivo.

A un par de años de haber culminado la Segunda Guerra Mundial, el país latinoamericano era cuatro veces más rico que Japón y doce veces más rico que China.

Muchos alegan que la dictadura de Pérez Jiménez fue el período histórico más exitoso en Venezuela en el apartado económico, pues claro está que, en cuanto a derechos civiles, humanos y políticos, la gestión dictatorial fue una completa tragedia. Pero más allá de ello, los números que dejó la jefatura de Pérez Jiménez en el apartado económico son irrefutables.

En América Latina había iniciado una ola de intervencionismo estatal a partir de la década de 1930. En ese entonces se comenzó a aplicar la política de Industrialización por sustitución de importaciones (ISI), esto, aunque pueda sonar muy bien en el papel, trajo considerables problemas debido a la falta de preparación de los ciudadanos locales en temas industriales.

Venezuela no fue la excepción, el petróleo ya era una de las principales industrias en el país, pero era en su mayoría manejada por empresas transnacionales, esto fue generando al Estado vía tributación ingresos para el financiamiento de obras públicas, permitió ensanchar sus nóminas, pero respetando siempre el funcionamiento de la empresa privada y alentando la inversión extranjera, por lo que en el año 1955 la producción de petróleo en Venezuela superó los dos millones de barriles diarios (65 años después en Venezuela, se producen tan solo 700.000 barriles diarios); en ese sentido el gobierno de Pérez Jiménez logró mantener un gran equilibrio macroeconómico que se vio reflejado con un sostenido crecimiento, el Producto Interno Bruto (PIB) creció a un ritmo promedio del 9,4% anual durante su gestión y la inflación fue tan solo del 0,7% en ese mismo espacio de tiempo.

Más allá de las grandes obras construidas bajo su gestión, como la Autopista Regional del Centro, avenida Los Próceres, los tramos de la autopista Caracas—La Guaira, diversas carreteras en la geografía nacional, el Hospital general de Maracaibo y San Cristóbal, el hospital de los Niños en Caracas, La Planta Siderúrgica del Orinoco, El Centro Simón Bolívar y las Torres del Silencio, la Ciudad Universitaria de Caracas, entre otras, lo más destacado que legó Pérez Jiménez fue una economía en crecimiento, con el añadido de un valor de trabajo, responsabilidad ciudadana, competitividad y desarrollo sostenido; obra ideológica que sería destruida por completo en los amaneceres de la democracia venezolana.

Marcos Pérez Jiménez en el centro de la imagen (Archivo)

Los crímenes de Pérez Jiménez y falta de valores democráticos no están en tela de juicio, pero sus sucesores lejos de potenciar lo malo y tomar lo bueno, hicieron todo lo contrario, destruyeron la estructura económica que tan bien funcionaba en Venezuela (una tasa de crecimiento anual de casi el 10 % es impensado en casi cualquier país en la actualidad), y constituyeron una democracia imperfecta basada no en el desarrollo y progreso de una sociedad, sino en la acumulación de riquezas y el proteccionismo de una clase gobernante, sostenida con una lamentable repartición de miserias para los ciudadanos.

La burbuja económica de las élites y el conflicto árabe que cambiaría la historia de Venezuela

Hay una diferencia fundamental entre la época democrática venezolana y el chavismo, y esta resulta en que la primera premió a élites empresariales construyendo todo un sistema proteccionista y socialista, donde los ciudadanos debían adquirir sus bienes de consumo de estas élites cercanas al gobierno o empresas estatales, no por eficiencia, no porque sus productos fueran los mejores, sino porque era lo que había y porque se establecían aranceles a la importación en ocasiones de más del 100% para así privilegiar el consumo interno. Si en la era democrática se enriqueció una pequeña élite de familias, en su mayoría de la capital, con el chavismo quienes se enriquecieron fueron los militares; en ese sentido, el chavismo no cambió las condiciones de estructuración económica, lo que hizo fue cambiar a los protagonistas.

En el pasado se decía que empresarios como Gustavo Cisneros era quienes elegían a los presidentes; pues ahora la ecuación se ha modificado, al brindarle a los militares el manejo de los medios de producción, se convierten ellos en el principal poder económico, a la vez que poseen el monopolio de las armas, esto blinda por completo cualquier intento de derribar a la tiranía chavista con un golpe militar, pues el chavismo es en sí los militares.

En ese sentido, la diferencia es casi estética. En el pasado los ricos eran los empresarios hijos de las familias acomodadas de Caracas y algunas del interior, quienes negociaban con el Estado y generaban su fortuna; en la actualidad, los ricos son los militares del chavismo, que sin duda alguna son mucho más ineficientes y corruptos que los empresarios del pasado; pero esto no deja de ser un simple cambio de actores y no un cambio de estructuración y dinámicas económicas.

Incluso, se debe profundizar mucho más, pues en la actualidad se ha difundido el mito de que en el pasado Venezuela era un país ejemplar, de oportunidades, una economía sólida, fortificada, toda una potencia, y esto es relativamente falso. Sí se creó una clase media pudiente, pero seguía habiendo mucha pobreza, no había democratización del capital, y los recursos del Estado nunca alcanzaron para todos (porque un Estado benefactor nunca podrá sustituir la fuerza laboral y productividad de toda una nación). Yo mismo fui víctima de este engaño la mayor parte de mi vida, mi odio hacia el chavismo no me dejó ver nunca las deficiencias que se arrastraban desde el pasado, y esto se dificultó mucho más por el hecho de que yo vengo de una familia en la que, si bien no éramos ricos, gocé siempre de una muy buena calidad de vida.

En Venezuela lo que hubo fue un espejismo de abundancia y solidez que se creó a partir del enorme gasto público del Estado que generó los ingresos del petróleo. Ya en el año 1962 la producción petrolera en el país superó los tres millones de barriles diarios (en este entonces la explotación era en su mayoría privada y los ingresos al Estado eran vía impuestos), esto se potenció más adelante cuando se presentó el aumento sin precedentes de los precios del crudo, cuyo barril pasó de costar 2 dólares de aquel entonces, a 14 dólares. Esto ocurrió en el primer periodo presidencial de Carlos Andrés Pérez, donde el país recibió el nombre de “Venezuela Saudí” gracias al excedente de ingresos que propició la guerra de Yom Kipur.

Rómulo Betancourt, uno de los padres de la democracia venezolana (Archivo)

Fue Carlos Andrés Pérez, más allá de los Rómulo Betancourt, Raúl Leoni o Rafael Caldera, el padre de este mega Estado regalón, burócrata e ineficiente, y el creador del pensamiento parasitario que arrastraría a Venezuela décadas después a la miseria y le cortaría la cabeza a su propio padre.

Para comprender esto mejor hay que volver al pasado y evaluar los indicadores económicos de las décadas anteriores, desde el año 1951. Cuando Pérez Jiménez tomó el poder, se creó una estructuración económica sólida que perduraría durante los primeros años de la democracia. Hasta el año 1973 los precios del petróleo se mantuvieron estables, esto permitió al margen de que cada vez se fue agrandando el tamaño y las atribuciones del Estado, un ejercicio fiscal responsable y un gasto público equilibrado.

Durante estas dos décadas Venezuela presentó una de las inflaciones más bajas del mundo, la interanual promedio fue de 1,6 % con una tasa de crecimiento del PIB de 5,7 %, que fue acompañada por un tipo de cambio fijo.

Hasta ese año, 1973, hubo un manejo, no ideal, pero sí parcialmente correcto de los recursos que ingresaban a la nación, y a pesar de las evidentes posturas socialdemócratas o socialcristanas de los partidos que manejaban la política nacional, el Estado benefactor y estatista todavía no se había desarrollado en su máxima expresión; había un proteccionismo notable en diferentes áreas económicas, pero el contexto en general era positivo. Esto se mantuvo así hasta el conflicto anteriormente mencionado, el de Yom Kipur, una guerra entre una coalición de países árabes contra Israel, que curiosamente cambiaría para siempre el destino de Venezuela.

El desarrollo del conflicto en el que se ven inmiscuidos varios países exportadores de petróleo, no solo aumentaría los precios del crudo, sino que además convertiría a Venezuela en uno de los principales aliados comerciales de Estados Unidos. Esto ocurrió debido a que los norteamericanos siempre han sido socios estratégicos de Israel, por ende, los países árabes deciden dejar de exportar petróleo a la primera potencia mundial, y Venezuela, además de tomar ese gran mercado, lo hace en una época de conflictos con precios exorbitantes. Esta situación que vista en el corto plazo podría significar un escenario inmejorable para cualquier país, representó el inicio del cáncer ideológico que más adelante transmutaría hasta llegar al chavismo.

El nacimiento del cáncer ideológico que arruinaría el país

El conflicto que se desarrollaba en la otra mitad del mundo abrió las agallas de Carlos Andrés Pérez, al observar los grandes ingresos por vía del petróleo empezó a tomar forma la idea de nacionalizar por completo el subsuelo venezolano.

En el año 1974 la abundancia de recursos producidos por el petróleo comenzó a formar un Estado con esteroides, que poco a poco iría desplazando al sector privado. A través de sus instituciones el Estado otorga créditos subsidiados, estímulos a la inversión doméstica, y se decreta el aumento arancelario a las importaciones, junto a la prohibición en otros rubros para proteger a las empresas locales, a su vez que invierte en empresas públicas para producir insumos industriales. Fue tanto así, que incluso CAP condonó la deuda de todos los ganaderos del país, en lo que llamaron el “borrón y cuenta nueva”.

En un principio hubo intención de ahorrar el excedente de ingresos, incluso se creó el Fondo de Inversiones de Venezuela, pero esto sería simplemente anecdótico. Carlos Andrés Pérez emprendió una serie de reformas y proyectos que incluyeron nacionalizaciones estratégicas en la industria petrolera, en el campo del hierro y aluminio.

Carlos Andrés Pérez, con el presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter (Archivo)

Esto fue progresando hasta que el presidente finalmente decretó la nacionalización absoluta del petróleo venezolano, el 1 de enero de 1976, la cuál sería a largo plazo la peor decisión económica tomada en la historia de Venezuela. A partir de esta nacionalización CAP siente que tiene dinero para financiar todo lo que su cerebro puede soñar, el gasto público se multiplica de una forma abismal (presentó un incremento del 96,9 % en términos reales entre 1973 y 1978), y entonces tarde o temprano termina ocurriendo lo lógico: los precios del petróleo caen, los grandes proyectos iniciados empujados por el excedente de ingresos no pueden continuar siendo financiados, todo se paraliza, y como guinda, el Estado debe endeudarse hasta más no poder, generando a largo plazo un efecto dominó que termina destruyendo la economía nacional.

Durante ese período el endeudamiento del Estado pasó de representar el 8,4 % del PIB en 1973, al 23,7 % tan solo cinco años después.

Lo que Pérez hizo no fue muy diferente a lo que hace una persona de poca o nula preparación intelectual y financiera al ganarse la lotería: cobran el dinero y empiezan a gastarlo sin pensar en el mañana, no generan inversiones a largo plazo; por el contrario, todo el dinero se derrocha con escasos o nulos controles, muchas veces en suntuosidades o elementos innecesarios, hasta que poco a poco comienza a acabarse. Sin embargo ya se han creado ciertas expectativas de vida elevadas y hábitos de consumo en quienes dependen del ganador de la lotería, entonces, a pesar de que el dinero se agota, el gasto no para, y si es necesario endeudarse para continuar gastando, se hará, hasta que en definitiva llegue la quiebra.

No en vano cuando llega Luis Herrera Campíns al poder pronuncia la frase “recibo un país hipotecado”, lo cual visto desde una perspectiva objetiva es un completo despropósito, puesto que Carlos Andrés Pérez manejó una cantidad casi ilimitada de recursos, y los dilapidó de forma populista, mediocre, centralizando toda la actividad económica en manos del Estado y el petróleo, y sin establecer ni impulsar estructuras para diversificar la economía; exactamente el mismo guion que repetiría Hugo Chávez unas décadas más adelante, con un barril de petróleo por encima de los 100 dólares.

Campíns llegó al poder en el inicio de una era de choque, se toparía con una de las más grandes recesiones experimentadas en el país, sin embargo, al igual que Pérez, en su primer año corrió con “un golpe de suerte”. Una vez más el Medio Oriente definiría las políticas económicas de Venezuela, pues esta vez la revolución iraní liderada por Ruhollah Jomeini acababa de derrocar al Shah Mohammad Reza Pahlavi, lo que produjo un nuevo incremento en los precios del petróleo.

Este impulso inicial definió las políticas económicas del nuevo gobierno, por lo que lejos de intentar modificar la estructura legada por CAP, o de rehacer los errores de su antecesor, Campíns lo que hizo fue pronunciarlos y mantener el enorme gasto público.

Cuando una vez más el dinero del petróleo dejó de ser suficiente, se dio rienda suelta a la impresión monetaria descontrolada para financiar el gasto, esto derivó en una inflación por encima del 20 % en su primer año de gobierno, y el incumplimiento de los programas sociales comprometidos por el Estado. Con el paso de los años esta estructura se mantuvo, y el Estado debía continuar endeudándose para poder continuar subsidiando la “calidad de vida” de los venezolanos, que cada vez era más paupérrima. En el año 1981 el índice de pobreza total en Venezuela se ubicaba en 17 %.

Luis Herrera Campíns en el Metro de Caracas (Archivo)

En el año 1982 la deuda pública llegó a ser el 28,6 % del PIB, esto, junto a la nueva caída de los precios del petróleo (las exportaciones petroleras de 19.300 millones de dólares en 1981, pasaron a 13.500 millones en 1983, una caída del 30 %) produjo una crisis en la balanza de pagos de la nación, lo que posteriormente desencadenó el famoso “Viernes Negro”, aquel 18 de febrero en el que el presidente copeyano devaluó la moneda venezolana y estableció un control cambiario llamado “RECADI”; la misma fórmula que emplearía años después Hugo Chávez con “CADIVI”, propiciando el mismo resultado en ambos casos: estancamiento económico y mucha corrupción.

Todos estos antojos y manipulaciones al sistema económico venezolano generaron una enorme crisis en el tejido social y político, los partidos y sus allegados estaban más interesados en apropiarse y negociar con los ingresos del petróleo, que en formar una estructura económica de mercado autosustentable que pudiese sacar adelante al país. En pocas palabras, el ecosistema político se atrofió, los ingresos generados por el petróleo convirtieron al Estado venezolano en un ente restrictivo, controlador de precios, administrador de divisas, dueño del principal medio de producción, quién a su vez para continuar extrayendo su cuota sin inconvenientes, repartía una porción mínima de las rentas petroleras en dádivas a la población más necesitada.

Los Estados del mundo generalmente cobran impuestos más o menos elevados a los ciudadanos para mantenerse y financiar el gasto público, el Estado venezolano hizo todo lo contrario, se apropió de los pozos petroleros del país, y les daba dinero a los ciudadanos, con tal que no molestaran y les permitieran monopolizar los ingresos del subsuelo.

El afán de intervenir la actividad económica para redistribuir ingresos, manipular variables macroeconómicas, producir bienes y servicios que compitan o desplacen la iniciativa privada restringiendo la libertad económica, convirtió al Estado venezolano en una carga para su propia economía. Esto, palabras más, palabras menos, es el socialismo.

La inventiva, la meritocracia, el esfuerzo, el sistema de incentivos privados, fue sustituido por el sistema de cazadores de renta, quienes abandonaron actividades realmente productivas, para conseguir contratos más onerosos otorgados por el Estado, desestimulando la inversión, producción y diversificación de la economía. Habiendo manipulado y averiado la cadena de incentivos, los empresarios dejaron de estar condicionados al desempeño y se preocuparon más por sostener las relaciones con el poder, debido a esto, muchas empresas terminaron produciendo bienes y servicios ineficientes que vendían bajo el proteccionismo del gobierno al mercado local.

Fuente: La evolución de la pobreza en Venezuela, José Ignacio Silva Reinier Schliesser, Banco Central de Venezuela.

En ese sentido los números son irrefutables, a partir de la nacionalización del petróleo en 1976 el PIB per cápita de Venezuela comienza a descender en caída libre, mientras que la pobreza toma una curva ascendente indetenible.

La sabiduría de la vejez tiene un problema: casi siempre llega muy tarde

Quince años después de la primera presidencia de CAP, volvió al poder luego del controvertido mandato de Jaime Lusinchi, también de su partido, Acción Democrática. La presidencia de Lusinchi se caracterizó al igual que los mandatos predecesores, por los escándalos de corrupción, en esta ocasión sobre todo vinculados al control cambiario y a los caza rentas estatales. A pesar de la resistencia del núcleo duro de su partido, Carlos Andrés logra la nominación a la presidencia anunciando que traería de vuelta a la Venezuela Saudí del 74, y una gran mayoría del país votó por ello, pero había una gran diferencia: esa Venezuela ya no existía, la había quebrado él, sus políticas irresponsables y sus sucesores.

Retrato de Carlos Andrés Pérez (Pinterest)

Luego de ser reelecto presidente de la República, Carlos Andrés Pérez se quita la máscara de populista y apela milagrosamente a la sensatez. Se propuso romper con el modelo socialista e implementar medidas que sinceraran la economía: financiamiento del FMI con un programa de ajustes, liberación de tasas de interés activas y pasivas, unificación de tasa cambiaria, eliminación de RECADI (el CADIVI de la socialdemocracia), liberación de precios de productos de la cesta básica, aumento del precio de la gasolina, junto a la eliminación de los aranceles de importación. Esto ocasionó un estallido social. Los primeros en criticar las medidas de CAP 2 fueron los de su propio partido “Acción Democrática”, la lista de los notables (un conjunto de intelectuales venezolanos con gran peso en la opinión pública, encabezados por Arturo Uslar Pietri), y por supuesto, los empresarios que en las últimas décadas se habían visto beneficiados del sistema proteccionista y rentista que había creado la socialdemocracia y el propio Carlos Andrés en el pasado.

Todo esto derivó en el famoso Caracazo que estremecería a la sociedad civil, con miles de venezolanos que saldrían a las calles a delinquir y saquear, junto a unas fuerzas de seguridad que, sobrepasadas, comenzaron a disparar a mansalva ocasionando cientos de muertos y heridos.

Militares en las calles de Caracas (Pinterest)

Esas medidas que hubiesen permitido que hoy Venezuela fuese seguramente una potencia mundial, o al menos, la nación más rica de la región, fueron saboteadas en primera instancia por los supuestos “intelectuales” venezolanos de la época, junto a los más influyentes grupos políticos y empresariales, lo cual a su vez desmonta otra narrativa instaurada en el país: que la culpa de todos los males en Venezuela, es de los pobres por haber votado por Chávez, lo cual es completamente falso.

La culpa de que la sociedad venezolana esté tan corrompida y haya sido tan fácilmente manipulada y controlada por un individuo como Hugo Chávez, es precisamente de las más lamentables élites venezolanos que propiciaron este ecosistema social del que se enriquecieron durante décadas, mientras fomentaban la perdición del país. No se puede olvidar, que en medio de todo este descalabro social y político, Fidel Castro visitó Venezuela ese mismo año (1989), un tirano que en aquel entonces llevaba más de 30 años arruinando, pisoteando, y asesinando al pueblo cubano, y un gigantesco grupo de venezolanos, que se consideraban la “élite intelectual”, escribió un manifiesto de bienvenida al sátrapa de La Habana que más adelante colonizaría Venezuela de la mano de Hugo Chávez.

En concreto: la estupidez en Venezuela históricamente no ha venido de los pobres ni de las clases bajas, ha venido de las autodenominadas “élites”.

Fuente: La evolución de la pobreza en Venezuela, José Ignacio Silva Reinier Schliesser, Banco Central de Venezuela.

A pesar de la resistencia y de los problemas, Carlos Andrés Pérez sacó adelante sus reformas económicas durante un tiempo, se abandonó de forma momentánea la pretensión de construir la economía en torno al Estado y se abrió paso a la economía de mercado libre, los resultados fueron casi inmediatos, y para mostrarlo traigo de vuelta la gráfica anteriormente mostrada:

En el año 89 el PIB per cápita de Venezuela comienza a repuntar tras casi dos décadas en caída libre, y esta dinámica se sostuvo hasta el año 92, cuando se producen los dos golpes de Estado contra Carlos Andrés Pérez, encabezados por Hugo Chávez, que generaron una gran inestabilidad política, y que posteriormente culminarían con la destitución de CAP, y el retroceso a sus medidas de instaurar una economía de mercado en el país, lo cual, como se puede apreciar, de inmediato propició la caída del PIB, mientras continuaba creciendo el índice de pobreza.

El golpista Hugo Chávez el 4 de febrero (Archivo)

En ese sentido, la pobreza general que se ubicaba en un 17 % en el año 81, llegó a ser del 50 % en 1990, y siguió aumentando hasta el 61 % en 1995, y un alarmante 69 % en el año 1996. Todo esto fue el resultado de las desacertadas políticas económicas que implementaron Acción Democrática y COPEI durante 40 años, por lo que la llegada de Chávez al poder es de todo menos una casualidad o una mala pasada de los pobres. La llegada del chavismo es la consecuencia directa de las políticas económicas estatistas y socialistas de la democracia, y contrario a la narrativa que el propio chavismo ha instaurado, no fue en lo absoluto un cambio de modelo, sino la evolución natural del socialismo democrático, a un socialismo más rancio e incompetente sostenido en cúpulas militares y no empresariales.

Datos y gráficos sobre el fracaso de la socialdemocracia venezolana

Otro aspecto que deja en evidencia el deterioro del Estado venezolano y sus políticas económicas es la inflación en 1996, que llegó a ser del 99,9 %, si a esto le sumamos el 69 % de pobreza general, y el hecho de que la deuda pública llegó a ser del 41 % en 1998, pues no cabe dudas que el sistema socialdemócrata fue un completo y rotundo fracaso que abrió las puertas al chavismo. Todo esto, debo insistir, no fue producto de coincidencias ni del azar, en ese sentido, vale la pena observar los siguientes gráficos de Heritage que demuestran la ineficiencia del modelo político venezolano previo al chavismo:

En este gráfico se interpreta las libertades económicas de Venezuela, en comparación con países como Cuba, Estados Unidos, Dinamarca y Nueva Zelanda; como pueden observar, en el año 1995 Venezuela ya se encontraba por debajo de la línea de economías de mercado libres, y esto continuó en caída libre con la llegada del chavismo al poder. A menor libertad económica, peores condiciones de vida, y así se demuestra con el gráfico que representa cómo con el paso de los años, la economía venezolana llegó a ser más restrictiva que la cubana.

El último Índice de Libertad Económica, creado por The Wall Street Journal y la Fundación Heritage, ubica a Venezuela en la posición 179 del mundo, en una medición de 180 países, donde solo Corea del Norte está por debajo y Cuba ocupa el puesto 178.

El segundo gráfico demuestra como los derechos de propiedad en Venezuela ya eran bastante restringidos en el año 1995, típico de los regímenes socialistas, y pueden observar como países como Dinamarca, a los que la izquierda ha querido tildar de “socialismo democrático” tiene una protección absoluta de los derechos de propiedad, junto a un alto margen de libertad económica, lo cual explica su éxito económico, y también aclara que no se trata en lo absoluto de algún tipo de socialismo.

¿Libertad monetaria en Venezuela? Pues no, incluso en 1995, antes de la llegada del chavismo al poder, la libertad monetaria en Venezuela estaba por debajo de la de Cuba. Aún durante un tiempo hubo una mayor libertad monetaria con el chavismo, que con la socialdemocracia, hasta que la fantasía de los petrodólares se agotó y todo se vino abajo. Debo insistir que el chavismo fue tan solo una profundización del socialismo de AD y Copei.
Por último, este gráfico es demoledor: la integridad del gobierno venezolano en la etapa previa al chavismo era de terror, nada que ver con las naciones libres del mundo. Esto sin duda confirma todo lo que se ha venido desarrollando al respecto, que solo una dictadura como la cubana pudiese compararse con Venezuela en términos de integridad en el año 1995, es es el indicativo más rotundo para comprender la fatalidad de la socialdemocracia venezolana, y cómo la misma evolucionó con el chavismo hasta llegar a ser incluso menos íntegro que el asesino régimen cubano.

Consecuencias y conclusiones

La primera conclusión es que a Carlos Andrés lo terminó matando su propia creación. Al momento de rectificar ya era demasiado tarde, había contaminado a la sociedad venezolana con su cáncer ideológico y el mismo ya había hecho metástasis; con los años él aprendió la lección, pero el país ya estaba enfermo, moribundo, nada podía salvarlo, lo que lo convirtió a él en la víctima de sus propios errores.

Por tanto, si me preguntan quién es el principal responsable de la debacle venezolana, diría sin pudor: Carlos Andrés Pérez. Reconozco que en su segundo gobierno intentó hacer bien las cosas, y que de los últimos 60 años probablemente haya sido el mejor gobierno de todos, pero el daño que le hizo a la sociedad venezolana en su primer mandato dejó cicatrices sociológicas y arquetípicas imborrables. La sabiduría le llegó a CAP demasiado tarde, le reconozco sus buenas intenciones al final, pero de buenas intenciones no vive el hombre, su legado destruyó al país.

Otro aspecto importante para analizar es por qué si todos los fracasos económicos en Venezuela se deben a la socialdemocracia, el país en vez de cambiar de rumbo hacia una economía de mercado se sumergió en el socialismo más radical del chavismo; y esto es precisamente por lo que venimos planteando. Las élites habían corrompido a la sociedad, dañado el sistema de incentivos, despreciado el valor del trabajo y la meritocracia, esto desarrolló un comportamiento social más abocado a la “viveza” que a la productividad y la transparencia, de allí nace lo que los venezolanos conocemos como “la viveza criolla”. Por ende, cuando finalmente alguien decide alzar la voz para hacer las cosas bien, la sociedad le cae encima, lo devora, lo cual es algo no muy distinto a lo que pasa hoy en día en el país en diferentes situaciones sociales, como cuando se burlan de alguien por no copiarse en los exámenes, por no hacer la cola, por no hacer trampa, por no ser “vivo”, o se trata de tonto a quien no quiere sobornar al policía.

Entonces el curso natural de las cosas era que se saboteara todo intento de racionalidad, la fiesta debía continuar hasta que ya no quedara música, ni comida, y ni siquiera gente; es por ello que cuando el chavismo asume el poder dice que “rompen con el sistema”, su narrativa necesita ese rompimiento, necesita atribuir los fracasos del pasado y los fracasos que vendrán al enemigo de siempre, “la derecha y el capitalismo”, aun cuando estos dos elementos no han existido en las últimas décadas en la sociedad venezolana. La exclusión del Partido Comunista en el Pacto de Puntofijo por otros tres partidos de izquierda (menos radicales), fomentó el caldo de cultivo ideal para implementar la narrativa de chavismo versus derecha, cuando siempre fue izquierda radical versus izquierda moderada, así como ha pasado tantas otras veces en la historia moderna de la humanidad.

Si en el año 1996 había un 69 % de pobreza general, para el año 2017 con el chavismo esta cifra llegó hasta el 87 %, y desde entonces no se han vuelto a publicar estadísticas al respecto.

Desde que se inició el proceso de estatización, nacionalizaciones, agrandamiento del Estado y proteccionismo, la economía venezolana ha ido decreciendo cada vez más, tal como se puede apreciar en el siguiente cuadro:
Por esta razón es sumamente importante e indispensable comprender los procesos económicos y políticos de Venezuela, no solo en los últimos 21 años del chavismo, sino también de los 40 años que le antecedieron, pues lamentablemente hoy en Venezuela la mayoría de la oposición al chavismo está compuesta por partidos y miembros de esa estructura socialdemócrata que arruinó a Venezuela en el pasado, y que lejos de ofrecer un cambio real en el sistema económico del país, pretende volver a sustituir al chavismo como los dueños de la renta nacional para distribuir entre los suyos (así como se ha demostrado en el manejo inescrupuloso de los pocos recursos que ha tenido a mano el actual gobierno interino de Juan Guaidó), y no propiciar un sistema de mercado libre que entierre para siempre el esquema de corrupción en el país, reestableciendo el ecosistema de incentivos adecuado para apuntalar y desarrollar la producción privada, democratizar el capital, y finalmente poder aspirar a un país desarrollado, y no tan solo a un espejismo socialista con comida de papel y mucha propaganda.


El último libro de Emmanuel Rincón es «La reinvención ideológica de América Latina«.

Coronavirus: Nicolás Maduro cumple siete años en el poder, jaqueado por el virus por Daniel Lozano – La Nación – 20 de Abril 2020

El líder chavista desplomó el PBI de Venezuela a los niveles de 1944; otros de sus récords negativos son la hiperinflación y la violencia
El líder chavista desplomó el PBI de Venezuela a los niveles de 1944; otros de sus récords negativos son la hiperinflación y la violencia Fuente: Archivo 

CARACAS.- Nicolás Maduro celebró ayer sus siete años al frente de Venezuela asegurando: “No habrá dificultad que detenga mi compromiso por construir la patria socialista”. Su meta, insistió, es la felicidad del pueblo, esa misma que asegura buscar todos los días y que ya ha percibido gracias a uno de sus esotéricos “viajes” en el túnel del tiempo: “Se lo digo con certeza: yo ya fui al futuro y volví. Y vi que todo sale bien”.

La revolución de la suprema felicidad, la que prometió un mundo mejor, se ha convertido hoy en uno de los peores gobiernos de la historia, con un mandatario que presidió Venezuela hasta enero de 2019 y que desde entonces usurpa el poder, tras unas elecciones fraudulentas, según el Parlamento, la oposición y los países democráticos de la comunidad internacional.

Como si se tratara de una cruel remake hollywoodense, en su “regreso” desde el futuro el “conductor de victorias” (denominación empleada por la propaganda chavista) se pasó de frenada: el desplome de la economía ha sido tal que el producto bruto interno (PBI) cayó a los niveles que tenía en 1944. Nada queda de la Venezuela saudita, el país más rico de la región, pese a contar con las mayores reservas de petróleo del planeta y formidables reservas de oro, gas, diamantes, coltán y torio.

“Entre 2014 y 2019 el PBI registró una caída acumulada de entre 65% y 70%. A eso habría que unir la caída proyectada para este año, que el FMI estima en 15%, una vez considerados los efectos del Covid-19, y que lamentablemente yo considero que será mayor”, resume para LA NACION el economista Urbi Garay. “La mayor caída sufrida por país alguno en tiempos de paz, solo comparable a la de Zimbabwe”, añade el experto. La Venezuela de Maduro ya superó la recesión de Siria, del crack del 29 en Estados Unidos o de la caída del Muro de Berlín para Rusia y Ucrania.

En política y derechos humanos la regresión llega hasta 1958, el principio del período democrático. “Con Maduro aumentan la exclusión y la discriminación política. Su autoritarismo se aleja de la democracia y desde 2016, cuando suspende dos procesos electorales, lo consideramos un dictador. El peor gobierno desde 1958 en indicadores políticos, democráticos y sociales, que ha conseguido la socialización de la dictadura y de la miseria”, critica Rafael Uzcátegui, coordinador de Provea, ONG de derechos humanos.

Los récords negativos se acumulan unos sobre otros: el país más violento del planeta, el mayor desfalco de la historia (500.000 millones de dólares, según dos vicepresidentes de Chávez y el Parlamento), hiperinflación galopante desde octubre de 2017, desempleo del 50%, pulverización del bolívar, destrucción del sistema público de salud, cientos de personas ejecutadas por batallones de exterminio, más de 300 presos políticos, la consolidación de los centros de torturas…

¿Cómo es posible mantenerse en el poder en semejantes circunstancias, más allá del uso desmedido de la fuerza y de la represión? “Maduro es un gran malabarista, ha logrado ajustar las piezas dentro de su estructura para mantener el poder. El general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, ha sido fundamental para ello. Él ha garantizado equilibrio dentro del estamento militar”, explica Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos.

Siete años que parecen un siglo y que comenzaron en 2013 tras la decisión de Chávez, un “dedazo” discutido en su día y que hoy pocos entienden. El Maduro aperturista, como lo define el politólogo Ricardo Sucre, solo duró cinco meses. Después llegó el “sexenio perdido, menos en lo político”, en el que Maduro se dedicó a “levantar una estructura política y social a través de la unión cívico-militar y los CLAP (reparto de comida subvencionada). Se fortaleció políticamente, pero no tomó decisiones económicas ni petroleras”, confirma Sucre. La última etapa muestra un “gobierno en resistencia, sin estrategia clara, en situación de guerra, con una inercia muy grande”.

Las víctimas de semejantes políticas se cuentan por millones, en especial la gigantesca huida de muchos venezolanos antes de que se los tragaran las ruinas. “La emigración masiva de venezolanos encarna el fracaso más grande de la revolución bolivariana. Millones de vidas, de historias y de aspiraciones fueron expulsadas en esa gran hemorragia que ya lleva más de cuatro años”, sentencia el escritor Zakarías Zafra, en Ciudad de México.

Actividad económica en Venezuela se contraerá 15% en 2020 por el covid-19 – El Nacional – 14 de Abril 2020

Las cifras sobre el impacto por la pandemia tanto en Latinoamérica como en el mundo fueron reflejadas por el Fondo Monetario Internacional en su informe de Perspectivas Económicas Mundiales

Coronavirus afectó la economía de los venezolanos actividad económica Venezuela
Cristian Hernández / AFP

La actividad económica de Venezuela se reducirá 15% este año por el impacto de la pandemia de coronavirus. Así lo informó este martes el Fondo Monetario Internacional en su informe de Perspectivas Económicas Mundiales.

En general, la economía de América Latina y el Caribe se reducirá 5,2% en 2020 debido a la actual crisis sanitaria. Esto representa un descenso más profundo que el de la economía mundial, que caerá 3%.

Las economías de México y Ecuador resultarán las más damnificadas de Latinoamérica por el covid-19, que afectará en la región a las cadenas de suministro y la demanda interna y externa, entre otros factores.

«El alto nivel de informalidad hace mucho más difícil encarar esta crisis», advirtió Gita Gopinath, jefa del FMI, en una rueda de prensa virtual.

Subrayó el importante peso en la economía de América Latina de sectores como el entretenimiento, la hostelería y el transporte.

La región se verá afectada este año por el aislamiento, bloqueo y cierres generalizados requeridos para frenar la propagación del virus, que está provocando un grave efecto en la actividad económica de todos los países latinoamericanos y en el mundo.

Además de Venezuela, México y Ecuador, también van a ver fuertemente contraída su actividad económica Brasil (5,3%), Argentina (5,7%) y Chile (4,5%).

En cambio, los que menos notarán la reducción drástica de la actividad económica en 2020 serán Paraguay, con una retracción de 1%; Colombia, con 2,4%; y Bolivia, que registrará una caída de 2,9%.El PIB de Centroamérica bajará este año 3%, y el de los países caribeños 2,8%, según las nuevas previsiones del organismo de crédito multilateral.

«Las consecuencias económicas dependen de factores que interactúan de formas difíciles de predecir, como el recorrido de la pandemia, la intensidad y la eficacia de los esfuerzos de contención», señalaron los expertos.

Agregaron también el impacto de las interrupciones del suministro, las repercusiones del ajuste drástico en las condiciones del mercado financiero mundial, los cambios en los patrones de gasto y los cambios de comportamiento.

Ecoanalítica prevé que exportaciones petroleras de Venezuela caerán a 380.000 b/d – Petroguía – 7 de Abril 2020

El PIB petrolero de Venezuela caerá 20% en 2020 según Ecoanalítica (Foto PDVSA)

La firma consultora Ecoanalítica realizó una nueva revisión de sus proyecciones de 2020 para Venezuela y señala que en ámbito de los hidrocarburos ahora asumirá un precio promedio anual del crudo de ese país en 21 dólares por barril, lo que implica una corrección del nivel de 30 dólares que se planteó en febrero aún antes de que se diera la guerra de precios del crudo y se declarara la pandemia del coronavirus COVID-19.

“En ese nuevo escenario estamos asumiendo un caída de 20% del producto interno petrolero y un volumen de exportación en el entorno de 380.000 barriles diarios, que podrían generar menos de 4.000 millones de dólares”, comenta. Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica. “Antes de la pandemia el sector petrolero iba a aportar entre 13.000 millones y 14.000 millones de dólares”, añade.

El año pasado, el escenario que Ecoanalítica se planteó para Venezuela en 2020, cuando ni siquiera había noticias del coronavirus, partía de un estancamiento de la producción petrolera en 900.000 barriles diarios con exportaciones entre 700.000 y 720.000 barriles diarios y un precio promedio de la cesta venezolana de 51,40 dólares por barril.
No obstante, la situación cambio a mediados de enero y luego en febrero cuando se empezaron a ver los efectos del coronavirus en la economía de China, donde se dio el brote del COVID-19. En tal sentido, los técnicos esta consultora hicieron una primera corrección que partió de asumir una contracción del PIB petrolero en 10,6% y un desplome en los ingresos por el orden de 5.000 millones de dólares con respecto a la previsión original.

Las proyecciones originales de Ecoanalítica asumían cierto respiro para la economía venezolana y su sector petrolero en parte porque la empresa rusa Rosneft estaba vendiendo el crudo que recibía de PDVSA con descuentos de entre  25% y 30%, pero a mediados de febrero eso cambió el gobierno de Estados Unidos impuso sanciones a dos filiales de esa corporación con el fin de frenar que Venezuela obtuviera algún tipo de ingreso en divisas.

Un aspecto que para fines de 2019 asumía Ecoanalítica era que la venta de ese crudo aportaba dólares que se utilizaban para importar combustibles, principalmente gasolina para abastecer el déficit de oferta que existe por los problemas en las refinerías que tiene Venezuela. Sin embargo, también por las sanciones a Rosneft, esta posibilidad ahora se dificulta más.

Ecoanalítica ahora prevé que el la economía venezolana se contraiga en 25% y no 10,6% como fue la previsión original y el PIB no petrolero se desplome 25,5%

Asdrúbal Oliveros: “Pasamos ya de una crisis económica a una crisis social de gran envergadura” por Hugo Prieto – ProDaVinci – 5 de Abril 2020

Asdrúbal Oliveros: “Pasamos ya de una crisis económica a una crisis social de gran envergadura”Le propongo a Asdrúbal Oliveros, economista y socio de la firma Ecoanalitica, que trace las líneas más visibles de la economía venezolana en el escenario post COVID-19. Diría un médico que el pronóstico es reservado. Pero Oliveros va más allá y dice por qué.

Lo más inquietante viene dado por el sector petrolero, afectado por la caída de la producción, sometido a sanciones y sin capacidad alguna para soportar la guerra de precios que Rusia y Arabia Saudita han desatado en el mundo. El virus no va a dejar títere con cabeza.

¿Cuál será el impacto de la pandemia en el desempeño de la economía venezolana? 

La economía venezolana viene cayendo por sexto año consecutivo, un caso sin precedentes en América Latina y en el mundo. Estamos hablando de una contracción de casi el 70 por ciento entre 2013 y 2019. Más allá del registro del Producto Interno Bruto (PIB) esa caída tiene ramificaciones hacia abajo: Un empobrecimiento acelerado de la población; destrucción de riqueza, de capital, tanto en el sector privado como en la industria petrolera; una economía empequeñecida, y algo muy importante a enmarcar en ese contexto: la destrucción de la capacidad del Estado como proveedor de bienes y servicios públicos. En Venezuela asistimos a una paradoja. Tienes un Estado muy poderoso desde la perspectiva del control social, del sometimiento, del miedo como acción política, pero prácticamente inexistente como proveedor de servicios públicos (salud, educación, seguridad ciudadana). Lo que hemos visto en los últimos años, en los últimos meses, es que toda esa infraestructura de servicios públicos se ha ido desmoronando.

En ese contexto llegó el Covid-19 para acelerar lo que era una situación alarmante de crisis en todos los órdenes del país.  

Sí, una crisis inédita que además implica —al mismo tiempo— un choque que impacta tanto la oferta como la demanda. Al quedarse la gente en sus casas, por un lado, se restringe el consumo y, por el otro, se afectan las líneas de producción, que también se paralizan. Además, siendo Venezuela un país petrolero,  nos enfrentamos a unas difíciles condiciones de mercado. Del virus no se escapa nadie, pero la vulnerabilidad de Venezuela es extrema, por dos razones. Uno, porque venimos de un ciclo de contracción sin precedentes y dos, porque tenemos un Estado desmantelado, incapaz de influir de forma positiva en la economía. Para decirlo en otros términos, es un Estado que no tiene capacidad para hacer políticas económicas. El margen de maniobra en la política monetaria y fiscal, al que echan mano otros gobiernos del mundo, en Venezuela no existe.

¿Han hecho un cálculo de cuál sería el impacto de la pandemia en el PIB?

Antes del virus, y para este año, nosotros esperábamos una contracción de la economía del 10 por ciento, más moderada a la que habíamos visto en los dos últimos años, que rondaba el 15 por ciento, principalmente porque esta era una economía que venía de un ciclo muy agresivo de dolarización en sus transacciones, tenías un sector privado incipiente que se estaba haciendo independiente del Estado y eso, en parte, aminoraba la contracción. Quizás el escenario era más benévolo que en años precedentes. Ahora esos números cambian por dos razones. Una, la crisis no ha terminado y, por tanto, hacer estimaciones es difícil en este contexto. Dos, el efecto que esto tendrá en el mercado petrolero, el cual sigue siendo relevante para Venezuela.

¿Qué cifras manejan ustedes?

Hemos hecho estudios preliminares del impacto que tendrá la pandemia sobre importaciones, consumo, contracción de remesas, entre otras variables, y nos está dando que este año la economía se podría contraer 25 por ciento. Es decir, que el estimado inicial de 10 pasó a ser de 25 por ciento. Eso es dividido entre un PIB petrolero que cae en alrededor del 20 por ciento y un PIB no petrolero que cae en 25,5 por ciento.

Son magnitudes que no se pueden calificar sino de desastrosas. 

Absolutamente. Y eso lo tienes que comparar con una economía que tiene casi 70 por ciento de contracción acumulada. Un escenario extremadamente crítico.

¿Cómo afectará la pandemia al sector comercial, a los pequeños negocios?

Voy a empezar con el sector comercio, las pymis, los pequeños negocios y bodegones. Esos sectores se estaban beneficiando, y un grupo de ellos de forma importante, del grado de dolarización en las transacciones (más del 60 por ciento se hacen en moneda dura) y eso, por supuesto, generaba unos niveles de consumo incipientes que, en primer término, beneficiaba la actividad comercial. Además estabas generando un circulante de dólares en la economía venezolana, cuyo número empezaba a ser representativo. Un mayor número de venezolanos estaba manejando divisas, así fuese en pequeñas cantidades. Ese escenario cambia por el impacto del coronavirus. En primer lugar, por una contracción importante de las remesas, debido a la vulnerabilidad de los venezolanos en el exterior y al aumento desmesurado del desempleo en casi todos los países del mundo (el estimado inicial de las remesas era de 4.000 millones de dólares y lo han bajado a 2.400 millones de dólares). Por otro lado, la cuarentena le mete un freno a la actividad comercial y los pequeños negocios que son muy vulnerables, en términos de su flujo de caja. Son negocios a los que les cuesta soportar más de 15 días cerrados.

Otro sector que se verá afectado por la pandemia es la banca, cuya actividad se vio muy limitada por decisiones, tanto del Ejecutivo como del Banco Central de Venezuela. ¿Qué diría sobre este sector?

La banca viene de un ciclo de achicamiento muy agresivo. No tiene capacidad de ayudar, de acompañar al sector privado, bien sea con líneas de crédito, bien sea con reducción de tasas de interés. Lo que tenemos en Venezuela es un sistema financiero extremadamente pequeño, yo lo llamo de boutique, que había perdido su actividad medular. Es decir, la intermediación —captar y prestar bolívares—. La banca pensaba reinventarse, por eso vimos el boom de cuentas en dólares. Súmale las medidas que tomó el señor Maduro, el cese del cobro de los créditos, medida que afecta los ingresos del sistema financiero. Las perspectivas son muy negativas. Por un lado, con esta medida, el Estado frena sus ingresos y por el otro la intermediación es prácticamente inexistente. Tienes, además, una contracción importante del sector privado, que obviamente le pone un freno a la demanda crediticia.

¿Cuál es el escenario para las empresas de mayor envergadura, cuya actividad, en relación a la capacidad instalada, es mínima? Aunque habría que anotar que la liberación de precios, por ejemplo, vino a hacer las veces de una bombona de oxigeno. 

Allí hay que establecer algunos elementos de diferenciación. Los sectores que se han beneficiado de la dolarización son el comercio y los servicios. La industria manufacturera, por su parte, venía muy golpeada, porque este gobierno, en su estrategia de sobrevivencia (2019 y lo que va de 2020), abrió las puertas de par en par a los productos importados anclando la moneda. De tal forma que producir ciertos productos —en el segmento de cuidado personal y alimentos— costaba en Venezuela 2,5 veces más que traerlo de afuera. Eso golpeó muy fuerte al sector manufacturero que, además, venía trabajando al 20 por ciento de su capacidad instalada. Es decir, estaba en condiciones muy precarias.

¿Cuál va a ser el impacto del coronavirus en el sector manufacturero?

Obviamente, tiene varias fuentes. Uno, la reducción de la demanda interna (consumo). Dos, es un sector cuya capacidad de demandar créditos seguirá muy restringida. Tres. Su capacidad de traer insumos y materias primas también se verá muy limitada, porque las cadenas de suministro se rompieron en todo el mundo. Además, Venezuela está sancionada. En este escenario de profundización de la crisis, las condiciones serán muy críticas. Además, todo esto ocurre en un contexto donde habrá más inflación y más depreciación en la tasa de cambio. Eso, por supuesto, es una muy mala noticia para el sector industrial, porque implica un aumento muy importante en sus costos. Por donde lo mires es un escenario muy restrictivo.

¿Qué puede decir de la economía informal, cuya importancia es vital para un número importante de venezolanos?  

Allí hay varias aristas, emprendedores, pequeñas empresas, trabajadores por cuenta propia (profesionales o no). Ese sector fue el primero que dolarizó sus ingresos, porque mostró una flexibilidad gerencial que difícilmente vas a conseguir en la gran empresa, sometida a controles fiscales e impositivos y a ciertas rigideces contables y financieras. En el emprendimiento, en los pequeños negocios, hay más flexibilidad en cómo facturas, en cómo fijas precios, en cómo llevas los procesos contables e impositivos. Es decir, la picardía del venezolano, de la que hablan ciertos sociólogos, empieza a ser una característica de sobrevivencia, digamos, de este nuevo estamento gerencial frente a los férreos controles que impuso el Estado venezolano. Esa es tu gran ventaja frente a la gran empresa.

¿Cuáles serían las desventajas? 

No tienes capacidad para soportar una cuarentena prolongada; no tienes grandes reservas de efectivo, no tienes un historial para acceder a líneas de crédito internacionales o a créditos de la banca local. En un escenario como el que estamos viviendo, por más flexible que seas, todo ese modelo se viene abajo y en la medida en que se detenga la dolarización de la economía, las aristas de la economía informal van a entrar, rápidamente, en una paralización.

Es decir, el puntillazo lo va a dar la pandemia.

Sí, claro. Las consecuencias de la pandemia, el hecho de que la gente se encierre en sus casas y, por tanto, baje el consumo. Ese nicho, que disfrutaba de cierto oxígeno y que era un condicionante para estimar que íbamos a caer 10 por ciento y no más, desaparece y es uno de los factores que va a incidir, notablemente, en la contracción del Producto Interno Bruto.

¿Qué va a pasar en los hogares venezolanos?

Yo siempre he dicho que hay una ilusión en eso de «quédate en tu casa viendo las redes sociales y las series de Netflix». Eso es una minoría. Hay estudios que señalan que el 50 por ciento de los hogares venezolanos sobreviven en la economía informal, viven del día a día, pero más aún, no tienen capacidad de ahorro. En la medida en que se profundice la crisis, por todo lo que hemos hablado, lo que tienes es un deterioro brutal en el consumo de los hogares venezolanos. Es una condición de precariedad mayor en hogares que ya estaban en umbrales de pobreza. Hogares que se verán mucho más afectados en términos de acceso a servicios básicos, en términos de capacidad de alimentación. Pasamos ya de una crisis económica a una crisis social de gran envergadura.

Pero el escenario que está planteando es apocalíptico.

Más que apocalíptico es un escenario de crisis. Diría, extrapolando, que es un escenario que puedes conseguir en países de América Latina o en los llamados mercados emergentes. ¿Cuál es el denominador común? Una población vulnerable, con poca o nula capacidad de ahorro, servicios públicos precarios. Pero cuando entras en la caracterización, el caso de Venezuela está entre los peores de todos. Quizás por eso la crisis tiene aquí esa característica apocalíptica que tú le asignas. Pero el deterioro es global. Por supuesto, hay matices: No es lo mismo el deterioro en Noruega que en Perú.

El precio del barril de petróleo ronda los 20 dólares. ¿Cuál sería el impacto de la pandemia en este rubro? En la guerra de precios entre Rusia y Arabia Saudita, Venezuela no cuenta para nada, debido a una capacidad de producción totalmente disminuida. 

Ahí, apocalíptico, ni te digo. Menciono algunos antecedentes. En primer lugar, los niveles de producción venían cayendo, por diversas causas, desinversión y el efecto sanciones, entre otras. Antes de la crisis del coronavirus, el Estado venezolano estaba recibiendo caja de unos 480.000 barriles. Prácticamente estábamos vendiendo el crudo a través de Rusia, pero eso supone unos descuentos importantes, entre 25 y 30 por ciento. Dejamos de vender productos refinados. Hay que anotar una paradoja. Parte de los dólares que obteníamos por la venta de crudos se utilizaba para importar combustible. Entonces, el efecto es pernicioso. Antes de la pandemia el sector petrolero nos iba a generar entre 13.000 y 14.000 millones de dólares. En este momento, esa estimación puede estar por debajo de los 4.000 millones de dólares. Es dramática la contracción de los ingresos. Además, gran parte de nuestra producción es de crudos pesados, que no es competitivo a los precios que estamos viendo hoy. Es decir, es más costoso producirlo que venderlo y, adicionalmente, en estas condiciones de caída de precios y de inundación de petróleo —la capacidad de almacenamiento en el mundo está al tope—, no es descabellado pensar que en las próximas semanas, Venezuela no pueda vender su crudo. Ahí hay un deterioro muy fuerte en la línea de ingresos petroleros. Eso va a tener consecuencias muy serias para el Estado venezolano que, fundamentalmente, importaba dos cosas. Alimentos para las cajas CLAP y combustibles; dos áreas críticas que se pueden deteriorar en las próximas semanas.

Por todo lo dicho, me imagino que cuando salgamos de este encierro, Venezuela no tiene otro recurso que tocar las puertas del Fondo Monetario Internacional. No se ve otra salida. Sin embargo, ya sabemos cuál fue la respuesta de ese organismo a la carta que le envío el señor Maduro. 

Efectivamente, Venezuela necesita con urgencia apoyo internacional. Apoyo de organismos multilaterales. FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Corporación Andina de Fomento. Eso no será posible si antes no se resuelve de fondo el problema político que tenemos. Tiene que haber una solución, y eso pasa por una negociación a partir de bases creíbles y de acuerdos que se puedan cumplir entre las partes.

Ya hay una propuesta de Estados Unidos que, básicamente, es la misma que se planteó en Barbados. 

Exactamente, pero te digo más. Hay 85 países que se están dirigiendo al FMI. Por esa razón, ese organismo está estableciendo una línea de crédito que puede superar los 2,5 billones —con 12 ceros— de dólares. Ahora nosotros, que estamos en las condiciones que acabo de describir, vamos a tener que competir con todos esos países.

Países cuyos sistemas de gobierno tienen pilares institucionales, cuyas economías están en mejor posición que la nuestra y que, además, no están sumergidos en la profunda crisis política que nos caracteriza desde 2002.

Exactamente.   

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