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Compradores de petróleo venezolano cancelaron pedidos ante la exigencia de pagar en petros – El Nacional – 17 de Enero 2020

Nicolás Maduro anunció que desde el próximo lunes las tarifas portuarias se deben cancelar en petros

petros

Foto: Bloomberg

Algunos compradores de petróleo venezolano cancelaron sus pedidos, debido a la exigencia de pagar las tarifas portuarias en petros. Así lo dio a conocer Bloomberg.

La cantidad de pedidos cancelados supera el millón de barriles de petróleo.

Esta semana el régimen informó que las tarifas marítimas dejarán de cobrarse en euros, ya que será obligatoria la cancelación en petros. Dicha medida entrará en vigencia el próximo lunes.

La información publicada por Bloomberg reveló que los compradores detuvieron las compras por temor a ser sancionados por el gobierno de Estados Unidos.

Esto, por las sanciones impuestas por el Departamento del Tesoro contra el régimen madurista.

Particularmente, el uso del petro generó temor, debido a que sobre dicha moneda pesa una sanción, que fue impuesta en marzo de 2018.

El «Petro»: un experimento de control social por Roberto Casanova y Sary Levy – La Patilla – 17 de Enero 2020

Nicolas Maduro muestra el “libro blanco” del petro el 1 de octubre de 2018. REUTERS/Carlos Garcia Rawling

I

Imaginemos la siguiente situación. Muchas personas comienzan a recibir, con cierta periodicidad, ciertos montos de Petros en sus «monederos virtuales». El efecto de tal hecho será, desde luego, contagioso y muchas personas más estarán dispuestas a integrarse a este sistema de subsidios directos. La mayoría de tales personas querrá usar esos ingresos para adquirir productos diversos. Se encontrará, sin embargo, ante la circunstancia de que sus Petros solo serían recibidos como medio de pago por algunos comercios, aquellos que habrían aceptado instalar los dispositivos de autentificación biométrica del cliente asociados a esa moneda. Ello ocasionará la aparición de largas colas en algunos negocios y la disminución de consumidores en otros.

En este contexto el incentivo de otros comercios, cuya clientela se ha visto mermada, sería sumarse también al sistema. Sobre todo porque los Petros podrían, en principio, ser convertidos en Bolívares y las transacciones habituales ?adquirir insumos, pagar servicios y nómina o, incluso, comprar divisas? podrían seguir realizándose. Al incorporase al sistema se evitaría, además, posibles represalias gubernamentales o chantajes de funcionarios. Todo el asunto se convertiría en un molestoso trámite adicional para la actividad productiva. El Petro sería solo una unidad de cuenta.

Por otra parte, a pesar de que el régimen socialista ha anunciado que la cantidad circulante de Petros obedecería a unas supuestas reglas es de prever que éstas no se cumplirán. Después de todo el financiamiento fiscal mediante emisiones monetarias, prohibido constitucionalmente, ha venido siendo abiertamente utilizado por el Banco Central. Así pues la cantidad de Petros en circulación crecería de manera discrecional. El Banco Central crearía la masa virtual de esa moneda que el gobierno le ordenase y la emisión sin respaldo de Bolívares, causa básica de la hiperinflación, mutaría en emisión desmesurada de Petros, con similares consecuencias negativas para la estabilidad económica.

En estas circunstancias, la desconfianza ante el bolívar sería endosada al Petro, aunque éste, a diferencia de aquél, podría preservar en parte su valor mientras el Banco Central lo ajustase a la cotización internacional del barril de petróleo, algo que, por supuesto, no está garantizado. La crisis de la moneda nacional ?llámese Bolívar o Petro?continuaría y la dolarización de las transacciones seguiría expandiéndose.

¿Qué sentido tendría entonces el empeño gubernamental en forzar la introducción de este instrumento de pago virtual? ¿Sería solo un negocio para proveedores del sistema y algunos funcionarios públicos? No sería nada nuevo en realidad ¿Una forma de evadir las sanciones internacionales? Esto es lo que muchos han pensado, sin preocuparse demasiado por el asunto o burlándose de la ignorancia gubernamental en materia económica. Pero ¿son las cosas realmente así?

II

Imaginemos ahora una variante de la situación anterior. Los Petros no son convertibles en Bolívares. ¿Qué haría un comerciante en estas condiciones? El miedo a perder clientela o a recibir la visita de funcionarios gubernamentales persistiría, pero a ello se agregarían otros problemas. ¿Cómo compraría a sus proveedores, nacionales e internacionales? ¿Cómo pagaría su nómina?

Para un comerciante el hecho de que sus ingresos por venta sean canalizados a través de un «monedero virtual», en un sistema controlado por el gobierno socialista, sería fuente inagotable de incertidumbre y temores. Sería, para decirlo en términos gráficos, como si la caja registradora de su negocio estuviese a cargo de un empleado público. El asunto es que si un comercio no acepta integrarse al llamado ecosistema Petro puede ir quedando aislado del proceso económico y correr el riesgo de quebrar. Se vería obligado entonces, para sobrevivir, a pedir a sus empleados y a sus proveedores se integrasen también al ecosistema Petro. Los propios comerciantes estarían así, paradójicamente, promoviendo el desarrollo del sistema que los oprime.

El Petro, sin embargo, sería teóricamente convertible en divisas o criptomonedas. Pero cabe preguntarse, ¿quién estaría dispuesto, en los mercados internacionales, a entregar divisas o criptomonedas a cambio de Petros? Solo algunos de los pocos que quieren hacer negocios en Venezuela. ¿Tendría entonces el Banco Central las reservas necesarias para satisfacer la demanda de quienes deseasen cambiar sus Petros en divisas? No: dicho organismo vive, como es sabido, una aguda crisis en materia de reservas internacionales. Luego, por la vía de los hechos, los Petros serían no solo no convertibles en Bolívares sino tampoco en criptomonedas o divisas. O, para ser más precisos, lo serían solo para la casta de privilegiados o «enchufados» que el gobierno revolucionario, como todo régimen socialista, ha creado. Sin mencionar aquéllos que actúan de inextricables formas con el propósito de legitimar capitales.

Así, aunque es de esperar que la demanda de divisas por parte de muchos comerciantes y de personas se mantuviese, sus posibilidades prácticas para acceder a ellas se verían limitadas. El gobierno socialista aspiraría a disminuir de esta forma la presión sobre el tipo de cambio.

III

Imaginemos, finalmente, una ampliación y profundización de la situación previa. Todas las transacciones internas ?compra y venta de productos y servicios, pago de nómina, pago de impuestos, compra de gasolina, tarifas y servicios públicos? pasarían a ser realizadas en Petros. De igual manera, todos los activos que los ciudadanos posean serían denominados en Petros, así como los estados financieros y la información bancaria. En otras palabras, sin anuncio oficial, el Petro sustituiría al Bolívar.

El Petro no tiene presencia física pero debe quedar claro que no es una criptomoneda. Una criptomoneda, por definición, no posee respaldo en activos físicos y la confianza en ella deriva de la robustez y la transparencia de la tecnología que la sustente (tipo blockchain); su emisión la realizan los propios agentes económicos, de manera distribuida y descentralizada, mediante plataformas abiertas, auditables e independientes de bancos centrales y gobiernos; por analogía a una mina, existe una cantidad determinada de cada criptomoneda y cada unidad de ellas debe ser buscada mediante un proceso que se ha dado en llamar «minar».

El Petro sería una moneda virtual cuyo uso dentro del territorio nacional no solo será forzoso sino que estará canalizado por una plataforma controlada por una dictadura política y económica.

Se trataría de una moneda cuya emisión no tiene costo alguno y cuyo señoreaje (es decir, las ganancias obtenidas por el monopolio en la creación de una moneda y el mantenimiento de divisas y otros activos valiosos) se haría infinito para el Banco Central y, por tanto, para el gobierno socialista.

En este contexto sucedería que los activos de las personas y las empresas no perderían, supuestamente, su valor mientras la relación del Petro con el precio del petróleo se mantuviese. Pero esto solo es teoría. En la medida en que los Petros no son realmente convertibles en divisas o criptomonedas los activos, en términos de éstas, pierden todo su valor y el arbitraje en su canje sería elevado y creciente. Sería, para ilustrar el punto, como si el mercado local pasase a funcionar con billetes de Monopolio: dentro del juego, los billetes tienen todo su valor, fuera del mismo, no tienen ninguno.

Pero el comercio internacional requiere divisas. Estas se venderían fundamentalmente de manera informal, pues no habría incentivos para hacerlo a través del ecosistema Petro. Así, el tipo de cambio implícito que se generaría entre el Petro y las divisas convertibles sería elevadísimo e inaccesible para la mayoría de la población.

Todo esto, en definitiva, apunta a la transformación autoritaria de nuestra economía en una economía dual, una economía constituida por un sector que funcionaría en Petros no convertibles y otra que lo hará mediante divisas. Cualquier parecido con el sistema establecido en Cuba, a partir del llamado «Período Especial» que se produjo luego de la desaparición de la URSS, no es, por supuesto, casualidad.

IV

¿Cómo operará esta economía dual? No es fácil prever todas las dinámicas que se desencadenarían. La economía, como la vida, siempre se abrirá camino. De todos modos, algunas cosas pueden anticiparse.

Una parte de la población quedará presa de la moneda no convertible, recibiendo y gastando la totalidad o buena parte de sus ingresos en Petros, a través de sus «monederos virtuales». Esos Petros serán utilizados tan pronto fueran recibidos, no solo porque muy probablemente su valor se depreciará en el tiempo, sino porque sus receptores no querrán mantener saldos en una denominación no convertible.

El otro segmento de la economía, en el que se incluirían empresas asociadas al ámbito internacional, tendría acceso a divisas y naturalmente podrá beneficiarse del diferencial. El funcionamiento en divisas de una parte de la economía nacional continuará. Seguirán entrando montos poco significativos, con respecto al tamaño de la economía, de divisas legítimas, asociadas a remesas, ahorros, ingresos por venta, etc. También lo harán montos desconocidos de divisas proveniente de actividades ilícitas, provenientes del narcotráfico y otros negocios turbios. De igual modo la demanda de divisas, para salvaguardar el patrimonio y para la compra de insumos y productos terminados, se mantendrá. Lo novedoso podrá ser el traspaso de Petros del «monedero virtual» de una persona o empresa al de otra, a cambio de divisas pagadas informalmente. Esos traspasos serán percibidos como riesgosos y, por tanto, la cotización paralela del Petro en términos del dólar u otras divisas será elevada.

En este sentido, el mercado paralelo de divisas no desaparecerá y el impacto permanente de la devaluación de la moneda nacional ?Petro o Bolívar? sobre los costos y precios nacionales continuará. Habrá pues inflación en Petros. No sería de extrañar que, ante ese hecho, se reactivase el sistema de controles de precios, con sus nefastas consecuencias.

Así la dualidad monetaria se replicará en toda la economía, distorsionando aún más su dinámica, entorpeciendo la medición de su eficiencia y competitividad y dificultando la integración de los sectores económicos en los mercados internacionales.

De manera progresiva y artera, el socialismo del siglo XXI, con base en nuevas tecnologías, está dando forma a la dimensión monetaria del sistema de control social cuya implementación es su máxima aspiración.

The Petro, Venezuela’s Answer to Bitcoin? – Latin American Herald Tribune – 17 de Enero 2020

CARACAS – Venezuela’s embattled incumbent Nicolas Maduro has ordered the sale of millions of barrels of oil and the collection of public services in Petros, a “cryptocurrency” he launched two years ago and that so far has failed to bolster a flailing economy.

What is the petro?

For some experts, such as economist Luis Oliveros, the petro is not a cryptocurrency, despite being launched as one.

“It is not a mined currency, it is not independent, it is created by a government,” Oliveros told EFE.

“When it was first issued it was a finite cryptocurrency, but now they have quadrupled the original number of petros,” he added.

If physical money is printed by a government through a central bank, in the world of cryptocurrencies, money is not created but is hidden in a digital mine of sorts.

Cryptocurrencies are therefore mined by people known as miners.

And as with a mine replete with mineral resources, cryptoactives cannot be extracted eternally.

For all these reasons, Oliveros prefers to describe the petro as a currency or even a title or bond issued by the Venezuelan regime.

How much is a petro worth?

When the petro was launched in February 2018, its value was anchored to the price of a barrel of oil.

Now the value has been tied to more items including iron, gold and diamonds.

One petro is worth $59.05, slightly less than the price of Venezuelan crude which last week closed at $59.42, according to the Maduro regime.

Who uses petros?

Although the regime says more than 27,000 businesses in the country accept it, the petro is not a currency of widespread use among Venezuelans.

“There is a financing of petros in the Venezuelan economy, but people do not want to have petros, they go out to change them, they prefer to have bolivars,” says Oliveros.

In December, Maduro announced the payment of a Christmas bonus to retirees and civil servants worth half a petro.

Beneficiaries had to register for a bio-payment system, a method that allows the collection of goods and services through biometric authentication, i.e. users’ fingerprints.

The fingerprint machines belong to the Ex-Cle company, which is in charge of the automated system in Venezuelan elections.

After encountering difficulties with the system, the regime announced the creation of a debit card for exclusive trade in petros.

Where will the petro be used?

On Tuesday, Maduro announced the regime’s first sales in petros: 4.5 million barrels of oil and 1 million tons of hot briquetted iron, a scrap metal used in electric furnace steel mills.

When Maduro presented the 2019 annual accounts, he announced that all services of the Venezuelan State that are currently charging fees in currencies would be charged in petros from now on.

He also announced that petrol will soon be sold to airlines in petros as well.

International sanctions

In March 2018, the United States Treasury issued sanctions against the petro under Executive Order 13827.

It prohibited “all transactions related to, provision of financing for, and other dealings in any digital currency, digital coin, or digital token issued by, for, or on behalf of the Government of Venezuela.”

Consequences abroad

The use of the petro could further deter the purchase and sale of oil, petrol or any item in traded in the digital currency, due to the international financial restrictions that consider it illegitimate.

Oliveros says that, in the case of the sale of petrol to airlines, there may be an exchange or agreements “with airlines from countries allied with the government” and that others will choose to refuel in other countries “to avoid using petros, because it is a sanctioned unit of account.”

What consequences can it have in Venezuela?

The Maduro regime has been focused since its inception on bolstering the petro as a strong currency in favor of the devalued bolivar.

“It seems that it will replace the bolivar,” says Oliveros, who describes the phenomenon as a sort of “monetary reconversion.”

“But if (the petro) has the same vices as the bolivar, the economy will not change much.”

Precios del pasaporte aumentan impulsados por los del petro – El Nacional – 8 de Enero 2020

Obtener el documento nuevo cuesta 11.252.792,24 bolívares y solicitar la prórroga tiene un valor de 5.626.396,12 bolívares

Pasaporte petro

El precio de los trámites relativos al pasaporte volvió a aumentar, esta vez debido a la variación del valor del petro.

Desde ayer, el costo de la criptomoneda creada por el régimen de Nicolás Maduro pasó de costar 2.875.551,69 bolívares a 3.349.956,26 bolívares.

Red Social Saime@VenezuelaSaime

Estimado usuario: Te recordamos que el valor del pasaporte y prórroga están anclados al valor del Petro. Utiliza la calculadora de reconversión para conocer el monto de tu trámite.

Ver imagen en Twitter
Obtener el pasaporte nuevo tiene un valor de 3,35908632 petros. En bolívares, la cifra equivale a 11.252.792,24.

La prórroga, que cuesta 1,67954316 petros, queda en 5.626.396,12 bolívares.

Si estas cifras en bolívares se llevan a dólares, los trámites equivaldrían a 158,1 el primero y a 79,068 el segundo.

Por tercer mes consecutivo el precio del pasaporte se incrementa.

En noviembre pasado, el documento de identificación nuevo pasó de 160.000 a 5.803.795,18 bolívares. Y la prórroga aumentó de 80.000 a 2.901.895,8 bolívares.

El día 6 de ese mes, Nicolás Maduro anunció que todos los trámites que se realizaban mediante el Saime serían cobrados en petros. Esto incluye, además del pasaporte, la diligencia de apostilla.

Para diciembre volvió a subir el costo del pasaporte. Recién tramitado se situó en 8.364.320,47 bolívares y la prórroga en 4.182.160,23 bolívares.

El dólar sube como el petro

El dólar también ha estado inestable desde finales de diciembre, lo cual se ha extendido a principios de enero. 

El 3 de este mes el costo de la divisa estadounidense pasó de 60.000 bolívares a 73.321 bolívares, de acuerdo con páginas como @enparalelovzla.

Sin embargo, el Banco Central de Venezuela señala que el costo oficial es de 49.196 bolívares. 

El economista Asdrúbal Oliveros ha explicado que este aumento repentino de la moneda se debe a la emisión de petros y a la escasa oferta de divisas por el asueto navideño. 

«La clave será mirar su comportamiento la semana entrante cuando los oferentes habituales empiecen a aparecer», indicó a principios de año.

Petro, una estafa al ciudadano que vive de su salario, un SCAM por Alexander Guerrero – Blog Alexander Guerrero – 1 de Enero 2020

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¿Había pensado Usted que el Petro vendría con el mercado negro bajo el supuesto afirmado por el gobierno de ser dinero fiduciario? El Petro en realidad es otra cosa, mas parecido a un SCAM, una estafa y solo dinero paralelo desmaterializado, es decir, digitalizado, veamos esos detalles en esta radiografía a su estructura de valor.

El Petro, un dinero paralelo diseñado para engañar a consumidores de bajos recursos y bolivarizados, los dolarizados no tienen utilidad de un dinero paralelo al Bolívar. De esta manera, el sistema de servidumbre tiene dinero falso y bajo control del Estado, un cuasi-dinero digitalizado, unidad de cuenta, ergo, no es dinero fiduciario.

De partida y por definición de su arquitectura digital, el Petro (que tiene un -supuesto- precio de 30 dólares) no se puede canjear por ninguna otra moneda, tampoco puede efectuar las tres principales características que definen al dinero, sea o no “cripto”.

De acuerdo con las reglas que controlan el cambio/canje/arbitraje del Petro, el Petro habiente -tenedor- vende una ilusión que el gobierno le vende como divisa o valuta, aquella moneda fiduciaria emitida por un país que la respalda por su poder económico, siguiendo la regla de abandono del Patrón Oro, en 1972, por los Estados Unidos.

Sin embargo, sus características principales como dinero, precautelativa, especulativa y transaccional no están entre las características del dinero digital y paralelo con el cual definimos al Petro; por lo tanto, el Petro no califica ni como valuta, ni divisa o dinero fiduciario. Pero, es un emisario político, lleva al público que lo demanda al servilismo del Estado, una señal acerca de su poder coercitivo que ejerce como dueño de una señal electrónica que trata de operar como dinero paralelo digitalizado.

De esta manera, el Estado expresa sin tapujos, en las buenas y en las malas, que el Petro es moneda digital porque el Estado lo impone. El usuario del Petro, que ahora lo utiliza como un “token” o ficha de cambio, sabe que circula electrónicamente bajo control de cambio y no es convertible, no es dinero fiduciario y es propiedad de un Estado.

Revisemos la teoría y política monetaria para aprender más del Petro y el dinero. Observemos el “core” (punto central) del concepto y eso que el Gobierno impone como dinero-divisa: el Petro.

Para calificar como dinero, fiduciario, de curso legal y paralelo, éste debe presentarse como unidad de cambio (transaccional) para adquirir bienes y servicios sin ninguna limitación, también debe poseer la capacidad de ser dispuesto por su propietario como instrumento financiero de ahorro, y por último debe estar disponible para actividades especulativas que representan, igualmente, mecanismos que lo hacen propietario de ese dinero paralelo y hacen que el dinero absolutamente sea convertible por otro dinero o instrumento financiero denominado en cualquier moneda.

Nada de eso posee o caracteriza al Petro, ergo, no es dinero, quizás con el mismo valor intrínseco de una “chapita” de una soda o una polarcita. El cripto-experto del Gobierno dice -y copio- “…los artículos que se pueden comprar con el Medio-Petro no son sólo alimentos y medicinas, también ropa, zapatos y electrodomésticos…” Esa otra restricción del Petro se puede extender a todo el diagrama distributivo de la oferta de bienes en el mercado, tanto por individuos como empresas, bajo acción de la propiedad privada.

Bajo esas condiciones de control de cambio impuesto desde su creación, como dinero paralelo, al no poder intercambiarse por otro dinero, como naturalmente caracteriza operaciones financieras en el mercado monetario en cuanto al dinero (paralelo y no paralelo), de curso legal, nos preguntamos: ¿Qué tendría que hacer un agente económico para tener acceso al Petro?

Supongamos que ese sea su deseo, para obtener una cartera electrónica que le permita hacer transacciones (así como hemos afirmado anteriormente), operaciones transaccionales, ahorro incluyendo su carácter especulativo, el Petro disfruta de fuertes reglas cambiarias. Quien tiene un Petro tendrá que morir disfrazado de Petro, no podrá canjearlo en el mercado por dólares, euros, títulos, bonos, acciones; ergo, no es dinero “digitalizado”, es una “chapita” para un truque por empanadas.

Así, por ejemplo, ¿qué hará el comerciante con los precios que él dispone de bienes para venderle las cosas que necesita y que estan permitidas? ¿Tendrá ese comerciante incentivos e instituciones que le permitan hacer con el Petro lo que hace con otro dinero en circulación, por ejemplo, el Bolívar hiperinflacionado, ¿con su poder de compra destruido? ¿Dividirá su patrimonio en, digamos, una mitad dinero FIAT -dólares bolívares- y la otra mitad en Petros? Si así lo hace ese agente económico inmovilizará más de la mitad de su capital -incluyendo la parte de su patrimonio en Petro-, lo cual significa que la mitad(¡!) de su capital quedará inmovilizada por las reglas cambiarias establecidas en el Petro.

Recapitulemos; una moneda normal la definen tres cualidades: la transaccional, (comprar pan y vino), una segunda, precautelativa (ahorrar, hacer a ese dinero plenamente convertible a otra moneda, reserva internacional) y, una tercera, especulativa, que me permite subastarlo, venderlo, tirarlo al aire y ver si cae de “cara o sello”.

Como se puede ver, el Petro no es dinero contante y sonante, tampoco y mucho menos, fiduciario, por las mismas razones, está sujeto por definición a un férreo control del Estado, su propietario. Tampoco es dinero paralelo porque no ejecuta o no permite que se ejecuten todas las funciones del dinero fiduciario, o FIAT. Entonces, propongamos llamarlo, con exactitud: “DINERO PARALELO” (no Cripto-dinero), sino dinero digitalizado, de circulación restringida, bajo control de cambio.

La reacción del público ha sido de inmediata desconfianza -como todo lo que se siente y proviene del gobierno- a tal grado, que ni a nivel internacional ni nacional se registran en los centros de las cripto-monedas, operaciones y transacciones. El gobierno, en autos de esas limitaciones, ha buscado convertirlo en dinero paralelo digitalizado y en unidad de cuenta como lo propone el segundo decreto al respecto.

En otras palabras, el Petro está sujeto a una regulación que inhibe su cambio, ergo, está bajo control de cambio y, ello, es evidente. El gobierno teme que si lo habilita a cambiarse se devaluará -como dinero paralelo- de inmediato detrás del Bolívar, su pariente principal.

En un largo artículo que publiqué por estos lados y por otros, de los cinco que he escrito sobre el Petro adelanté sus características: un dinero paralelo restringido, no cripto, pero si digitalizado. Por cierto, el Petro no podrá ser cripto-dinero porque su transacción en el mercado abierto está prohibida y si no se comporta como base monetaria que circula en efectivo y digitalizado, no es fiduciario o no es dinero FIAT, como lo es toda moneda impresa y acuñada por un Estado.

Debo acotar que tampoco es “cryptomoney”, entre otros razones porque está en poder y propiedad del Estado. Acotamos firmemente: sólo es cripto-dinero si ese dinero es privado. En este caso es propiedad del Estado con la pretensión de ser divisa sustitutiva de otras divisas (euro, dólar, yen, etc.) y por ello no es cripto-dinero, entre otras tantas características que hemos discutido en esta nota. Recordemos que la condición de privado es sencilla y se entiende como aquello que dice: “hoy es mío y mañana es tuyo” y, en el intercambio, hubo bienes valorados por ambas partes en un cierto punto de equilibrio, que define la relación de precio entre esas dos dineros: el dinero paralelo al Bolívar, perteneciendo al gobierno.

Finalmente, una acotación a algo que el gobierno ha dejado de reflejar en su propaganda acerca del Petro es aquello relacionado con las reservas. Recordemos que el supuesto respaldo al Petro provenía del petróleo y el oro, más otras cosas; no sabemos que lo sea del narcotráfico, pero, dudamos al respecto y esperamos una negativa del gobierno inmediatamente a esta acotación de un posible respaldo del “narcobusiness” al Petro.

En lo que respecta al petróleo como supuesto respaldo, queda afirmar que nadie “con un dedo de frente” creerá que una moneda paralela en propiedad del Estado venezolano, en realidad, estará en el mismo entorno que ha llevado al Bolívar a devaluarse perdiendo más de 123 ceros. Todos sabemos que el bolivar se depreció en un 99% porque el petroleo cayó dos millones de barriles diarios de producción.

Respecto del oro, éste está en manos de bandas criminales que son agentes económicos asociados con hombres del gobierno, civiles y militares. Y, hay muchos indios muertos porque los truhanes del oro llegaron a depredar sus tierras en búsqueda del oro con los más contaminantes y depredadores sistemas de extracción y refinación primaria, creando el síndrome de la Tragedia de los

Con todos estos elementos, el Petro luce y se comporta como una estafa, el engaño lo divulgó al país el superintendente de cripto-monedas, quien destacó, esta semana, que el Petro es un experimento -y así lo creo un experimento de ingeniera social- que quiere crear una mecanismo de pago, unidad de cuenta, sin poseer valor intrínseco. Cualquier tribunal internacional, con este argumento monetario que expongo y desarrollo puede declarar el desaguisado del Petro como una estafa del gobierno, digo, entre otras de tantas estafas.

Por ello habrá mercado negro para el Petro, quien tenga Petros podrá ir al mercado negro a vender con descuento, al portador, y recibir menos dólares de los que muestra el decreto. La devaluación llegará, a raudales, junto con la hiperinflación, lo cual causará un segundo colapso financiero a las finanzas públicas y al Banco Central de Venezuela. Así habrá hiperinflación bolivariana y Petro-inflación.

Definimos al Petro como dinero paralelo no trasferible y bajo control de cambio, como una estafa realizada por el poder coercitivo del Estado armado hasta los dientes… para obligar al ciudadano de menores recursos que será destino de pagos con Petro por parte del gobierno, particularmente salarios y otros pagos no salariales.

2019 sí cambió Venezuela por Raúl Stolk y Rafael Osío Cabrices – Cinco 8 – 1 de Enero 2020

El dólar llegó para quedarse. La democracia te la seguimos debiendo

Puede que Hugo Chávez se revuelva en su tumba del Cuartel de la Montaña si es que ve el país sobre el que Nicolás Maduro ejerce su poder. No queda mucho de ese gigantesco Estado de casi 30 ministerios; de todas esas misiones que retenían firmemente la lealtad de las masas; el montón de compañías públicas que empleaban a miles de fieles chavistas y que se suponía debían producir desde fertilizantes hasta vehículos blindados; de esa economía controlada en la que la inflación era hasta ventajosa para quienes se beneficiaban de los créditos impuestos por el Estado para comprar carros o apartamentos, o de los dólares subsidiados para viajar o importar.

Pero si el Comandante pudiera reclamárselo, Maduro le respondería que en enero y febrero más de 50 países declararon que no lo reconocían como presidente y sin embargo, ahí está. O que no lo derrocaron ni siquiera en lo que los economistas llaman el peor colapso económico de la historia contemporánea.

Sin embargo este fue más que un año en el que Maduro superó de chiripa la prueba que le pusieron sus enemigos.

Lo que pasó en los últimos tres años, pero especialmente en 2019, transformó nuestro país profundamente.

La miniaturización del petroestado

El primer aspecto de esta transformación es la nueva forma del Estado y del país como Estado-nación. El régimen de Maduro aprovechó el colapso económico que él mismo provocó para convertirse en una estructura más liviana y flexible, que concentra sus ahora escasos recursos en una sola meta: permanecer en el poder, más nada. Atrás quedaron las utopías socialistas, el internacionalismo revolucionario, las grandes ideas; para los hombres y las mujeres que todavía son parte de la élite del poder, la “revolución bolivariana” solo consiste hoy en permanecer dentro de terreno seguro en un mundo hostil para el viajero sancionado, y en extraer recursos del país para sacarle provecho al aislamiento.

Desde el apagón nacional de marzo, el régimen mantiene lo que queda del Sistema Eléctrico Nacional en un esquema de racionamiento que protege Caracas, Oriente y Guayana, donde se están explotando los mayores intereses económicos del chavismo, el petróleo y el oro. Mientras tanto, Occidente y los llanos están sin luz por varias horas cada día. Esto ha llevado a la práctica desaparición de la autoridad estatal —y por tanto, de recursos y personal estatal— en buena parte del país.

Donde antes estaba el mastodonte de los años de Chávez, la gente de los Andes, Lara o Zulia se encuentra con células desperdigadas de poder con las que debe lidiar, que depende del lugar son civiles, militares, paramilitares o hampa; ya no hay plata ni voluntad política para sostener al Estado donde no es realmente necesario para la dictadura. Un episodio muy elocuente sobre el uso del fait accompli del desmoronamiento operativo del país por parte del régimen es cómo el gobernador impuesto en el Zulia dejó que los saqueadores se llevaran todo lo que quisieran durante el apagón de marzo, excepto en los locales de sus aliados. Para el régimen, Maracaibo podía arder y su población morirse de hambre, mientras los intereses chavistas no fueran afectados.

Podemos ver el mismo patrón en lo que era el servicio exterior venezolano. En esos países donde los gobiernos no reconocen a Maduro como presidente, los consulados y las embajadas venezolanos están vacíos porque las relaciones diplomáticas se han roto, o están ocupados por personal al que no se le paga, de modo que la Cancillería no tiene que usar parte de sus escasos dólares a mantener esas legaciones operando.

La miniaturización del Estado chavista es una de las principales razones detrás de esta suerte de liberalización económica que hemos visto en los últimos meses del año.

No es que de repente Maduro descubrió las bondades de la economía de mercado, sino que simplemente el régimen ya no es capaz de hacer cumplir los controles que dicta su formación marxista. El chavismo pudo convertir una falla en una norma —para sus propósitos, por supuesto. A este Estado ausente que sustituyó al Leviatán revolucionario que se entrometía en todo, le viene de perlas la emigración (porque eso significa menos manifestantes y menos bolsas Clap), y ni hablar de la renuncia en masa de trabajadores petroleros.

Venezuela tiene una nueva moneda, y no es el petro

Esto nos lleva a la segunda característica más notable del profundo cambio que vive el país: el uso cada vez más extendido del dólar estadounidense, en lo que algunos economistas llaman dolarización transaccional.

Durante años, la economía venezolana ha tenido una dependencia enfermiza de la fluctuación del dólar en el mercado negro, pero ahora, especialmente tras el apagón de marzo, la divisa de Estados Unidos se ha apoderado —en efectivo o en transferencia— de todo tipo de transacciones a lo largo del país, desde la propina a un “bien cuidao” a la compra de un vehículo. Aunque el bolívar soberano sea todavía la moneda oficial, su existencia es principalmente digital, y la escasez de efectivo y la caída de su valor lo están llevando a un punto en el que pueda dejar de existir. Este año, la moneda venezolana cruzó el umbral en que su valor era un millón de millones de veces menos que cuando empezó a devaluarse en el Viernes Negro de febrero de 1983, como el economista Ricardo Haussman apuntó en su momento. ¿Cómo puede el bolívar recuperarse de esto? ¿Cómo podremos pensar que el dólar no terminará como nuestra moneda de curso legal, como pasó en Ecuador y Panamá?

Una paradoja en verde oliva

Las redes sociales venezolanas (sobre todo en la diáspora) están llenas de gente frustrada culpando a la oposición y a Juan Guaidó por haber fracasado en derrocar a Maduro. Pero el hecho es que los militares volvieron a enfrentarse a una encrucijada en la que decidieron seguir apoyando al chavismo, igual que lo hicieron durante la crisis de abril de 2002, el paro petrolero de diciembre de 2002 y el fraude electoral de 2018. El chavismo sigue en el poder, más que todo, gracias a que ha mantenido al ejército de su lado durante 20 años. Todos pudimos presenciar, el 30 de abril, que ni siquiera la deserción del jefe del Sebin fue suficiente para provocar una rebelión. Durante el resto del año, el Sebin y la DGCIM, con la ayuda cubana respectiva, han arrancado de raíz todas las incipientes conspiraciones.

Pero 2019 reveló la paradoja que ahora envuelve a las FANB: su apoyo es crítico para la dictadura, pero las fuerzas armadas están perdiendo relevancia como fuente de control y de violencia —incluso con el apoyo de la inteligencia cubana y de los equipos y consultores rusos. De hecho, son las FAES y los colectivos los que mantienen a la población a raya. La fuerza bruta que estos actores han desatado sobre nuestra gente —mediante las torturas, los secuestros, las violaciones y los asesinatos abundantemente documentados y denunciados— se ha asegurado de que ya no haya manifestaciones significativas en contra del régimen. Las fronteras y las minas son ahora una colcha de retazos de actores armados donde es difícil discernir cuál porción de territorio está bajo el control de la FANB o el Estado, y cuál responde a una célula de las FARC, un frente del ELN, una banda de Puerto Ordaz o una inestable combinación de todos los anteriores.

De nuevo, esta no es la Venezuela que el antiguo teniente coronel Chávez quería (aunque también es el país que él engendró). En lugar de una fuerza armada fuerte que gobierna el país, esa restauración perezjimenista pero a la izquierda que soñaba el MVR, la FANB del presente no puede evitar la deserción masiva de su tropa y es incapaz de controlar el territorio nacional. De aquí en adelante, podemos preguntar qué podría en verdad pasar si un día el alto mando decidiera abandonar a Maduro. Con una FANB tan debilitada frente a los actores armados irregulares y la presencia extranjera, que se le voltee puede que no sea suficiente para acabar con el régimen.

Resignación en las tribunas

Para el final de 2019 ya se veía que todo el mundo había cambiado disimuladamente su posición frente a la crisis venezolana. El enfoque AA del chavismo, “un día a la vez, hoy no me van a tumbar”, se convirtió en lo que empieza a lucir como una estrategia a largo plazo. Rusia no solo se ve cada vez más cómoda con sus intereses en Venezuela, sino que de hecho se ha puesto a expandirlos agresivamente. El Grupo de Lima, cuyo futuro de paso está en entredicho, tornó su atención al manejo del influjo migratorio venezolano, en lugar de la recuperación de la democracia venezolana. Y EEUU parece haber cambiado sus planes también, dado que las sanciones de la OFAC siguen sin dar resultados en cuanto a la fractura del régimen.

Más allá del ruido que hizo con medidas como despedir al embajador John Bolton (y con él, la amenaza al menos verbal de la intervención armada), la Casa Blanca también ha modificado silenciosamente su estrategia, como lo evidencian las conversaciones de individuos cercanos a Trump con el régimen chavista. Las reuniones de Erick Prince con Delcy Rodríguez eran un indicio de que este giro estaba teniendo lugar, pero ya no hay dudas de que existe ahora que conocemos el acercamiento de Rudy Giuliani al mundo de los bolichicos y su llamada, confirmada después, con Maduro. Después de todo, hay intereses en juego de empresas privadas de Estados Unidos (Chevron et al), así que un escenario en el que Trump cierra el tema Venezuela diciendo que hizo un “great deal” luce mucho más probable que verlo declarar una segunda guerra de Vietnam en el Arco Minero.

No nos engañemos sobre cuán relevante puede ser Venezuela para un hombre como Trump, que no tiene un interés personal en el país y está rodeado por muchos otros asuntos que se pelean por su estrecha capacidad de atención.

Y no hablemos de cómo el presidente de Estados Unidos se ha comportado en la arena internacional cuando se trata de aliados de Maduro como Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan: como pasó en Siria, lo que Trump decide hacer siempre beneficia a Rusia y a Turquía.

Un problemita llamado Juan Guaidó

El próximo 23 de enero, mucha gente le recordará a Juan Guaidó que ya pasó un año desde que se juramentó como presidente encargado. Pero ¿será todavía reconocido como tal ese día? Este 5 de enero, se supone que será reelecto como presidente de la Asamblea Nacional —condición necesaria para ser considerado presidente encargado a ojos de quienes todavía ven a Maduro como ilegítimo- pero el parlamento se está fragmentando bajo el reflejo centrífugo inherente a la oposición venezolana y la presión del chavismo por apoderarse de él, como hemos documentado minuciosamente en nuestro Political Risk Report.

Así que el joven Guaidó no puede contar con que retendrá el rol que lo hizo internacionalmente famoso en 2019. Si lo hace, tendrá que encarar en todo caso el hecho de que lidera una oposición que se desmorona, que ha sido diezmada por la cárcel y el exilio, que no logra reemplazar a la dictadura y que no puede resolver ninguno de los abrumadores problemas que la mayoría de los venezolanos sigue sufriendo bajo la emergencia humanitaria compleja.

La eclosión de la burbuja de esperanza en torno a Guaidó dejó un panorama de cinismo y de desprecio por todos los políticos. En el tercer trimestre del año, las encuestas empezaron a mostrar que había más gente rechazando la gestión del presidente encargado que gente respaldándolo (aunque todavía es el líder más popular que cualquier otro tanto en el chavismo como en la oposición). Esto es un problema para él y para sus aliados en Venezuela, pero también para todos esos gobiernos afuera que apostaron por él. ¿Qué van a hacer ahora Estados Unidos, Colombia, Canadá y tantos otros Estados en cuanto al hecho de que Maduro sigue estando en el poder en 2020, en términos de su relación con Guaidó y Venezuela? ¿Simplemente se harán los locos, bajando el volumen de sus declaraciones y de sus acciones respecto a nuestro país?

Lo que haga cada gobierno que reconoce a Guaidó dependerá no solo de la situación individual de Guaidó, sino del impacto respectivo de la migración venezolana (un asunto primordial para Colombia, Perú, Ecuador, Trinidad y Tobago) o su posición respecto a Cuba y Rusia (que por ejemplo varía mucho entre Canadá y Estados Unidos). Como sea, en 2020 todos ellos demostrarán cuánto les importa Venezuela. El que hoy estemos viendo una tendencia de convivencia con la dictadura es una mancha en el desempeño de esos gobiernos en materia de política exterior, luego de que exigieron un cambio de régimen inmediato y de que algunos de ellos incluso insinuaron una intervención armada, pero también hace quedar mal a México y Noruega, entre otros que tanto defendieron unas negociaciones que no condujeron a nada porque, una vez más, el chavismo no tenía razones para tomárselas en serio. Hasta los chinos deben estar preocupados sobre las posibilidades de recuperar sus inversiones en Venezuela.

Solo dos regímenes, aparte del de Maduro, salen del 2019 venezolano como claros ganadores. Uno es esa Cuba obligada a proteger a Maduro cuando Trump aplastó el acercamiento con Estados Unidos que había iniciado el gobierno de Obama. El otro es la potencia eurasiática que ahora disfruta la oportunidad de establecer una cabeza de playa estratégica muy lejos de su área histórica de influencia: Rusia.

El modelo rusoafricano

La petrolera rusa Rosneft no solo asumió el transporte de petróleo venezolano sancionado: también está metiéndose en las operaciones de extracción, mientras que los militares de ese país muestran abiertamente su presencia en Venezuela —por lo menos como proveedores de equipamiento y consultores. Moscú está más interesada y más preparada que Beijing para ayudar a Maduro y sacar provecho de eso: los rusos saben mejor cómo lidiar con sanciones internacionales y cómo construir poder político sobre una economía extractivista. No es casualidad que la Venezuela de hoy no haya seguido el modelo castrista (cero libertad política, control total del territorio y el Estado, una élite relativamente austera) ni el chino (cero libertad política, enorme desarrollo de infraestructura y una impresionante bonanza económica gracias a la liberalización).

La Venezuela de hoy a lo que más se parece es a la Rusia de Putin: un país muy criticado por sus malos indicadores, con más enemigos que amigos, donde sí existe una oposición, pero es incapaz de amenazar la estabilidad de una alianza de amigotes profundamente corrupta.

Los rusos no solo están modelando Venezuela a su imagen y semejanza. También están aprovechándose de su desmantelamiento como Estado nación, donde las economías criminales y legales ayudan a financiar el lujoso estilo de vida de la élite en Caracas, Lechería o Margarita. Una ecuación que podemos ver en el Golfo de Guinea: millones de personas sufren violencia y pobreza extrema alrededor de las brillantes torres de los ricos en Lagos, Abidján o Kinshasa.

La vida se abre paso

Muchos de nosotros pensamos que 2019 finalmente traería el cambio, que sería el Año 1 del Renacimiento Venezolano. Nos equivocamos en cuanto a la posibilidad de reconstruir nuestra democracia, pero 2019 sí trajo cambios históricos —solo que no eran los cambios que nosotros queríamos.

Para la gente común en Venezuela, la cosa pasó de aprender a vivir con el pran a aprender a vivir sin el pranLa ausencia del Estado se siente por todas partes: es lo que vive la gente en Maracaibo que debe pasar varios días sin electricidad ni agua, y también el empresario en Caracas que decide invertir en un restaurant o un bodegón y obtiene una ganancia significativa en dólares. Estas situaciones tan contrastantes dependen sin embargo de la misma variable, pues ambas tienen que ver con el desprecio total por sus responsabilidades y las leyes que hoy sienten las autoridades del país.

De hecho, 2019 fue un año muy importante, un año que será recordado.

Fue el año en el que muchos venezolanos pasaron la página. En el que se dieron cuenta de que sus vidas no dependen de un poder en las alturas: ningún gobierno va a llenarles la nevera ni los va a ayudar en nada. Las opciones se reducen a irse, o a tratar de aguantar lo mejor posible una situación que no puedes cambiar.

Solo si aceptamos los términos de esta nueva realidad, podremos pensar en cómo nuestro país puede convertirse en un lugar funcional donde si prendes un suiche se ilumina una habitación, donde si abres un grifo sale agua, donde puedes alimentar a tus hijos y donde el gobierno es algo más que un verdugo de las FAES con una máscara de esqueleto.

¿Es positivo que la gente haya dejado de pensar en los grandes problemas nacionales para enfocarse en su bienestar individual? Difícil decirlo. Pero lo que sí sabemos es que es inevitable. El deseo de vivir es más poderoso que las ideologías y los dogmas. Simplemente, como lo dice el personaje de Jeff Goldblum en Jurassic Park: “La vida, pues, se abre paso”.

 

El Petro, dinero paralelo, digitalizado y no fiduciario, bajo control de cambio del Gobierno/ BCV por Alexander Guerrero – Blog Alexander Guerrero – 28 d

download.jpg¿Había Ud. pensado que el Petro vendría con mercado negro no siendo dinero fiduciario? El Petro ,un dinero paralelo diseñado para engañar a consumidores de bajos recursos y bolivarizados, los dolarizados no tienen utilidad de un dinero paralelo al bolivar. De esta manera, el sistema de servidumbre tiene dinero falso y bajo control del Estado, un cuasidinero digitalizado, unidad de cuenta, ergo, no es dinero fiduciario.

De partida y por definición de su arquitectura digital, el Petro (que tiene un -supuestoprecio de 30 dolares no se puede canjear por ninguna otra moneda, tampoco puede efectuar las tres principales características que definen el dinero, sea o no cripto.

De acuerdo con las reglas que controlan el cambio/canje/arbitraje del Petro, el Petro habiente -tenedor- vende una ilusión que el gobierno le vende como divisa o valuta, aquella moneda fiduciaria emitida por un país que la respalda por su “poder económico, siguiendo la regla de abandono del patrón oro en 1972 por los Estados Unidos.

Sin embargo, sus características principales como dinero, precautelativa, especulativa y transaccional no estan entre las características del dinero digital y paralelo con el cual definimos al Petro, por lo tanto, el Petro no califica ni como valuta, divisa ni dinero fiduciario, pero es un emisario político, lleva al público que lo demanda el servilismo del Estado, una señal acerca de su poder coercitivo que ejerce como dueño de una señal electronica que trata de operar como dinero paralelo digitalizado.

De esta manera, el Estado, expresa sin tapujos en las buenas y en las malas, que el Petro es moneda digital porque el Estado lo impone. El usuario del Petro, que ahora utiliza como un token o ficha de cambio, sabrá que circula electrónicamente bajo control de cambio y no es convertible, ni dinero fiduciario y es propiedad de un Estado. .

Revisemos la teoría y política monetaria para aprender más del Petro y el dinero. Observemos el core del concepto y eso que el Gobierno impone como dinero divisa, el Petro. Para calificar como dinero, fiduciario, de cuso legal y paralelo, este debe presentarse como unidad de cambio (transaccional) para adquirir bienes y servicios sin ninguna limitación, tambien debe poseer la capacidad de ser dispuesto por su propietario como instrumento financiero de ahorro, y por último estar disponible para actividades especulativas que representan igualmente mecanismos que hacen propietario de ese dinero paralelo y hacen del dinero absolutamente convertible por otro dinero o instrumento financiero denominado en cualquier moneda. Nada de eso posee o caracteriza el Petro, ergo no es dinero, quizás con el mismo valor intrínseco de una “chapita” de una soda o una polarcita.

El cripto-experto del Gobierno dice y copio : **que los artículos que se pueden comprar con el medio Petro no son solo alimentos y medicinas, también ropa, zapatos y electrodomésticos.**. Esa otra restriccion del Petro se extenderá al todo el diagrama distributivo de la oferta de bienes en el mercado tanto por individuos y empresas, bajo acción de la propiedad privada.

Bajo esas condiciones de control de cambio impuesto desde su creación, como dinero paralelo, al no poder intercambiarse por otro dinero, como naturalmente caracteriza operaciones financieras en el mercado monetario tanto a dinero, paralelo y no paralelo, de curso legal, nos preguntamos, que tendría que hacer un agente económico para tener acceso al Petro. Supongamos que ese sea su deseo, para obtener una cartera electrónica que le permita hacer transacciones si como hemos afirmado arribe, operaciones transaccionales, ahorro incluyendo su carácter especulativo, el Petro disfruta de fuertes reglas cambiarias, quien tiene un Petro tendrá que morir disfrazado de Petro, no podrá en un mercado canjearlo por dolares, euros, títulos, bonos, acciones, ergo no es dinero -digitalizado, es una chapita para un trueque por empanadas.

Asi, por ejemplo, que hará el comerciante con los precios que el dispone de bienes para venderle las cosas que necesita y que estan permitidas? ¿Tendría ese comerciante incentivos e instituciones que le permitan hacer con el Petro lo que hace con otro dinero en circulación, por ejemplo, el bolivar hiperinflacionado con su poder de compra destruido? ¿Partiría el su patrimonio en, digamos, una mitad dinero FIAT -dolares bolivares y la otra mitad en Petros?, Si así lo hace ese agente económico inmovilizaría más de la mitad de su capital -incluyendo la parte de su patrimonio en Petro, lo cual significa que la mitad(?!) de su capital quedaría inmovilizada por las reglas cambiarias establecidas en el Petro.

Recapitulemos; una moneda normal la definen tres cualidades, la transaccional, (comprar pan y vino) una segunda precautelativa ( ahorrar, hacer a ese dinero plenamente convertible a otra moneda reserva internacional) y una tercera especulativa que me permite subastarlo, venderlo, tirarlo al air y ver si cae de cruz o cara.

Como puede ver, el Petro no es dinero contante y sonante, tampoco y mucho menos fiduciario, por las mismas razones, está sujeto por definición de un Ferrero control del Estado, su propietario, tampoco es dinero paralelo porque no ejecuta o no permite que se ejecuten con todas las funciones del dinero fiduciario, o FIAT, proponíamos llamarlo con exactitud, DINERO PARALELO -no criptodinero, sino digitalizado, de circulación restringida, bajo control de cambio.

La reacción del público ha sido inmediata desconfianza -como todo lo que siente proviene del gobierno- a tal nivel que a nivel internacional ni nacional se registran en los centro s de las cripto-monedas, operaciones y transacciones, el gobierno en autos de esas limitaciones ha buscado convertirlo en dinero paralelo digitalizado y en unidad de cuenta como lo propuse el día del segundo decreto al respecto. En otras palabras, el Petro está sujeto a una regulación que inhibe su cambio, ergo está bajo control de cambio, y ello, es evidente, el gobierno teme que si lo habilita a cambiarse se devaluaría -como dinero paralelo- de inmediato detrás del bolivar su pariente principal.

En un largo artículo que publique por estos lados y por otros, de los cinco que he escrito sobre el Petro adelante sus características; un dinero paralelo restringido, no cripto, pero si digitalizado. Por cierto, el Petro no podrá ser dinero criptodinero porque su transacción en el mercado abierto está prohibida y si no se comporta como base monetaria que circula en efectivo y digitalizado, no es fiduciario o no es dinero FIAT, como lo es toda moneda impresa y acunada por un Estado, Debo acotar que tampoco es cripto, entre otros razones porque está en poder y propiedad del Estado; acotemos firmemente, solo cripto-dinero si ese dinero es privado, en este caso es propiedad del Estado con el pretensión de ser divisa sustitutiva de otras divisas (euro, dólar, yen,) y por ello no es criptodinero, entre otros como tantas características hemos discutido en esta nota.

Recordemos que la condicion de privado es sencilla, y se entiende como aquello que es hoy mío y mañana es tuyo, y en el intercambio hubo bienes valorados por ambas partes en un cierto punto de equilibrio, que definirá la relación de precio entre esas dos dineros, el dinero paralelo al bolivar, perteneciendo al gobierno. Finalmente, una acotación a algo que el gobierno ha dejado de reflejar en sus propaganda del Petro, aquello relacionado con reserva, recordemos que la supuesto respaldo al Petro provenía del petroleo y el oro y otras cosas, no sabemos que lo sea el narco tráfico, pero dudamos al respecto y esperamos una negativa del gobierno inmediatamente a esta acotación de un posible respaldo del narcobusiness del Petro.

En lo que respecta al petroleo como supuesta respaldo queda afirmar que nadie con un dedo de frente creería que una moneda paralela en propiedad del Estado venezolano en realidad estaría en el mismo entorno que ha llevado al bolivar a devaluarse perdiendo más de 123 ceros, todos sabemos que el bolivar se deprecio en un 99% porque el petroleo cayo dios millones de barriles diarios en producción.

Respecto del oro, este está en manos de bandas quienes son los agentes económicos con asociación con hombres del gobierno civiles y militares, y muchos indios muertos porque los trúhanes del oro llegaron a depredar la tierra en búsqueda del oro con loas más contaminantes y depredadores sistema de extracción y refinación primaria. Con todos estos elementos , el Petro luce y se comporta como una estafa, el engaño lo divulgo al pais el superintendente de cripto-monedas, quien destaco en este semana que el Petro es un experimento (de ingeniería social, mis palabras) que quiere crear una mecanismo e pago unidad de cuenta sin poseer valor intrínseco, cualquier corte internacional con este argumento monetario que expongo y desarrollo puede declarar el desaguisado del Petro como una estafa del gobierno, digo otra de tantas otras estafas.

Por ello habrá mercado negro para el Petro, quien tenga Petros podrá ir al mercado negro vender con descuento al portador y recibir menos dólares de los que muestra el decreto, así la devaluación llegaría a raudales junto con la hiperinflación, y el cual causaría un segundo colapso financiero a las finanzas públicas y Banco Central de Venezuela. Asi habrá hiperinflación bolivariana y la Petro inflación, Definimos al Petro en dinero paralelo no trasferible y bajo control de cambio, como una estafa realizada por el poder coercitivo del Estado que esta armado.

¿Una dolarización «antiimperialista»?O cómo desapareció el dinero en Venezuela por Manuel Sutherland – Nueva Sociedad – Diciembre 2019

¿Cómo pasó el dólar de ser la causa de todos los males a ser una suerte de «bendición» para el gobierno de Nicolás Maduro?
¿Una dolarización «antiimperialista»?  O cómo desapareció el dinero en Venezuela

El gobierno bolivariano se ha caracterizado por un verbo «antiyanqui» inusualmente encendido. En los últimos tres años, los vituperios contra todo lo que representa Estados Unidos han sido más que recurrentes, debido al franco apoyo de Donald Trump a la oposición más beligerante. Por todo ello y por las espinosas sanciones económicas impuestas desde Washington, ha sido muy fácil lanzar permanentemente acusaciones de «sabotaje» y de «guerra económica». Para los seguidores más entusiastas del gobierno, el dólar estadounidense representa así el cúmulo de todos los males económicos de una nación sacudida por el colapso macroeconómico más profundo de su historia.

Para los «guerreros económicos» de Nicolás Maduro, todos los males se achacan a la nefanda influencia del dólar en la economía venezolana, que de manera consuetudinaria ataca a la moneda nacional hasta depreciarla por completo. Esta pérdida de valor del bolívar sería la culpable de la hiperinflación, la baja de salarios y la crisis en general. Así las cosas, en 2018 aseguraban que el aumento en 42.000% de la base monetaria, exclusivamente emitida por el Banco Central de Venezuela (BCV), no tenía nada que ver con la hiperinflación; es decir, no importa cuánto dinero se lance a la calle, su influencia en los niveles de precios sería cero.

De tal forma, se vendió la tesis de que el dólar es la punta de lanza del ataque imperial contra la Patria. Que el gobierno haya aumentado la base monetaria en más de 2.400.000% en los dos últimos años sería irrelevante. Blandiendo esta tesis, parte de la izquierda se ha volcado a justificar todos los problemas de la economía local con el argumento de que el dólar ahoga y enajena a la población venezolana. Este es, precisamente, el caballito de batalla ideológico de los gobiernos cuya inestabilidad económica es objeto de estudio y chanza.

El petro y la criptomoneda estatal que derrotaría al dólar

Hasta hace poco el mismo presidente Maduro hablaba del «narcodólar», «dólar criminal» y «dólar golpista». Con ahínco firmó decretos en favor de eliminar el dólar como moneda de cambio en el país e invirtió ingentes recursos en lanzar una criptomoneda, el petro. El petro estaría atado a las cotizaciones de varios commodities de exportación y no se iba a poder «minar» como una criptomoneda normal, porque estaría respaldado en las reservas de petróleo del país. La idea es que el petro fuera un medio de pago confiable y estable, aunque estuviera atado a un bien de precio muy volátil: el petróleo, cuyo valor, dicho sea de paso, disminuyó en más de 50% en el periodo 2008-2019.

El petro es una idea llamativa pero con una pésima ejecución y diseño. Desde un principio pareció ser otro de los planes mágicos de salvación económica (como el plan de cría de «conejos urbanos») y que haría recuperar el salario mínimo en el país, que entre 2001 y 2019 pasó de 401 dólares a 7 dólares mensuales. Luego de ese inusual devenir crematístico, casi nada nuevo ha pasado en ese ámbito.

Un viraje radical: el dólar como «bendición»

A contrapelo de los sesudos análisis de economistas ortodoxos que aseguraban que Venezuela iba a terminar en una suerte de comunismo norcoreano, el gobierno ha experimentado desde agosto de 2018 un serio, aunque vergonzante, viraje «liberal». En el marco de la segunda reconversión monetaria del chavismo, cuando se le quitaron cinco ceros al bolívar (hace diez años se le habían quitado tres ceros), se lanzó el nuevo «bolívar soberano» y se prometió una ortodoxia presupuestaria severa. Déficit cero y disciplina fiscal emergieron de pronto en el discurso de Maduro, aunque poco después haría exactamente lo contrario, incrementando en 3.600% el ingreso mínimo legal, con un aumento sideral de la emisión de dinero sin respaldo. Pocos meses más tarde procedería a decretar la libre convertibilidad de la moneda, la importación sin mayores requisitos y la plena legalidad del comercio en divisas extranjeras.

Sin duda alguna, hubo tres sucesos que empujaron a Maduro a esta apertura. El primero es la radical hecatombe de la economía. En sus manos, el PIB cayó 50% entre 2013 y 2018, y más grave aún fue la caída interanual reflejada en el primer trimestre de 2019: -26 %. En segundo lugar, el apagón de marzo de 2019 dejó a millones de personas sin poder comprar, ya que el dinero en efectivo (bolívares) es extremadamente escaso, y sin electricidad era imposible comprar en comercios habilitados con puntos de venta electrónicos. Esto impulsó a los comercios a recibir casi cualquier forma de pago. En tercer lugar, el gobierno sufrió los fuertes embates de las sanciones económicas y la insurrección continua del ala más radical de la oposición. Todo ello aceleró los cambios fundamentales hacia una apertura que venía gestándose poco a poco, contradiciendo a un ala de la izquierda que esperaba (ahora sí) la «profundización de la revolución».

Lo que comenzó como una «medida de emergencia» fue mutando en una cotidianidad dolarizada, que llegó al paroxismo con las afirmaciones de Maduro en una entrevista en televisión nacional, en la que enunció sin ambages: «Yo no lo veo mal, no lo veo mal (…). Me declaro pecador (…) es autorregulación necesaria de una economía que se niega a rendirse. (…) Hay que evaluar cómo ese proceso de lo que llaman ‘dolarización’ puede servir para la recuperación y el despliegue de las fuerzas productivas del país y el funcionamiento de la economía. Es una válvula de escape».

Luego de 15 años de férreo control cambiario, de infinidad de convenios cambiarios y de múltiples organismos de gestión (CADIVI, SITME, SICAD, SIMADI I, SIMADI II, DIPRO, DICOM, etc.), ahora el gobierno bolivariano «descubría» que la creciente dolarización informal del país es una bendición. Y el «dólar criminal» pasó a ser un elemento positivo para la economía.

La tremebunda escasez que todos pensaban que aumentaría, por la crisis o por las sanciones, ha disminuido considerablemente. Poco a poco se observa un importante crecimiento en la oferta de bienes y servicios. Muchos empresarios ven en la oportunidad de emprender o rescatar viejos negocios que tenían mercados potenciales. La veloz carrera por posicionarse en ellos ha impulsado a muchos a arriesgarse con cierto éxito. El vigoroso incremento de «bodegones» repletos de mercancías importadas parece reflejar una demanda capaz de comprarlos en dólares. Ello ha llamado la atención a empresarios nacionales, que saben que producir en el país es mucho más económico que importar, debido a los bajos salarios, la energía barata, etc. Ni hablar de los bajos impuestos y la nulidad total en cuanto a tributos y normas relativas a la cuestión ecológica. Esto se articula con la paulatina apertura económica del gobierno, lo que, de conjunto, augura una leve recuperación económica o rebote luego de la histórica caída del PIB en el primer trimestre de 2019.

La dolarización esconde la destrucción del bolívar

El júbilo de Maduro y de sus más cercanos colaboradores con la dolarización informal y desreglamentada no deja de ser sorprendente. Los más connotados patriotas no se preocupan ahora por la pérdida de soberanía monetaria y de libertad económica que implica una dolarización. Parece que no se dan cuenta de que la destrucción del bolívar no es sino la forma monetaria que toma la devastación económica: la ruina del poder adquisitivo, de la precaria seguridad social, de los ahorros y de los fondos que millones guardaban para su vejez. Evidentemente, la hiperinflación como expresión de la pérdida total del valor de la moneda ha empobrecido a millones, destruido hogares y empujado a más de cuatro millones de personas a la emigración. Estamos hablando de casi un sexto de la población total.

Los números de la aniquilación dineraria son realmente impresionantes. En estos días, apenas se posee como circulante en bolívares un equivalente de 700 millones de dólares (a la cotización del dólar oficial). Hace ocho años esa misma liquidez monetaria en bolívares equivalía a 44.000 millones de dólares. Si se mide per cápita, la liquidez monetaria por habitante ronda los 22 dólares. Países como Trinidad y Tobago tienen cerca de 11.000 dólares en ese indicador. La escasez de bolívares asfixia terriblemente a la economía. Sin suficientes medios de pago, la recuperación estructural, torpedeada por las sanciones económicas de Estados Unidos, es completamente imposible.

Algunos datos del colapso

La depreciación del bolívar con respecto al dólar compete al gobierno central, que con mano de hierro dirige el BCV. El desastroso resultado de los indicadores no puede ser achacado a las sanciones de Trump ni al «bloqueo». Países como Cuba, Corea del Norte o Irán, fuertemente sancionados, no tienen ni 1% de la inflación que tiene Venezuela. Así la responsabilidad por el caos monetario es enteramente interna.

Siendo sucintos, la inflación acumulada en los últimos 24 meses (de septiembre de 2017 a septiembre de 2019) alcanza la cifra de 17.665.911,53%. Estos números, que reflejan el incremento de los precios en más de 17.000.000%, son oficiales ya que surgen del BCV. Si observamos la inflación desde septiembre de 2013 hasta septiembre de 2019 (la última disponible el 11 de diciembre de 2019), notamos que la inflación acumulada alcanzó la cifra de 1.195.117.764,02%. Si, más de 1.100.000.000% (BCV).

Aterrizando en el tipo de cambio, no es difícil ver cómo el bolívar se ha depreciado en casi 100%, con respecto al dólar. En los dos últimos años (de diciembre de 2017 a diciembre de 2019), el tipo de cambio ha aumentado 4.140.709,75%. Si hacemos la medición desde 2013 hasta 2019 (diciembre a diciembre), el tipo de cambio ha aumentado en 7.208.437.400,34%.

Lumpencapitalismo

La voraz hiperinflación que destruyó el bolívar (que es plenamente recuperable) impuso esta dolarización anárquica. Según casi todas las estimaciones, la cantidad de dólares es quizás unas ocho veces más grande que la cantidad de bolívares. Las entradas de divisas por remesas, narcotráfico, corrupción (por las sanciones ya no se fugan tantas divisas) y contrabando de gasolina y minería ilegal han hecho que frecuentemente se pague hasta lo más mínimo en dólares. Esta nueva realidad ha horadado la autoestima de muchas personas que perciben salarios de alrededor de 15 dólares mensuales, mucho más alto que el mínimo, y que ven cómo una pequeña parte de la sociedad compra carros de 200.000 dólares, come caviar y paga oficinas de lujo.

Las clases que magistralmente bosquejó Karl Marx según sus atributos productivos parecen reducirse en el imaginario venezolano a dos: los que ganan en divisas y los que reciben bolívares (los pobres). Florece la importación de lujo y la producción nacional desfallece. Un lumpencapitalismo se erige así entre la mar de ilegalidades, evasiones y bandas armadas extractivistas que se han hecho «empresarias» a fuerza de crímenes de todo tipo. El Estado se ausenta y se retrae. Los controles absurdos se abandonan de facto, pero con ellos las regulaciones necesarias también desaparecen. Reina el descontrol y se profundiza la desigualdad del ingreso en niveles nunca antes conocidos.

Aun así, podría haber alternativas a la debacle. Urge un programa de emergencia económica alejado de los intereses inmediatos de los bandos en pugna. Sindicatos, ONG, universidades y algunos partidos podrían trabajar en un plan que ordene y coloque en el centro a los trabajadores y las trabajadoras venezolanos y sus condiciones de vida, para luego impulsar un plan alternativo de mayor envergadura que reordene la vida económica y social del país.

Así es el fracaso de Nicolás Maduro con la inflación, el petro y la dolarización por Guillermo Ortega – ALnavío – 26 de Noviembre 2019

¿Qué busca Nicolás Maduro con el petro? Cree tener un plan para combatir la hiperinflación y aunque muy pocos creen que lo tiene, lo ha ido ejecutando. A veces da la impresión de que a Nicolás Maduro lo asesora una secta monetarista ingenua. Toda la parafernalia en relación al petro, la criptomoneda, medio de pago que, de tiempo en tiempo, Maduro resucita, parece ser una pieza fundamental en ese plan. En realidad la pregunta no es si tiene un plan, la interrogante fundamental es cuáles son sus posibilidades de éxito.
El petro parece ser una pieza fundamental en el plan de Maduro / Foto: Sunacrip
El petro parece ser una pieza fundamental en el plan de Maduro / Foto: Sunacrip

Desde agosto de 2018, cuando se introdujo el bolívar soberano y se hablaba de aumento de la gasolina, ajuste fiscal y disciplina monetaria, mucho de lo cual quedó en la retórica del momento, el gobierno de Nicolás Maduro ha venido jugando a una fuerte restricción del crédito bancario con el objetivo de reducir la tasa de inflación. Es la recomendación de ese grupo de asesores. Es la tesis fundamental del monetarismo ingenuo, el control de los agregados monetarios traerá como consecuencia el abatimiento de la inflación. La fuerte restricción de caja ha producido una brutal contracción del gasto fiscal que también encaja en el esquema.

La retórica del Plan Real

No es difícil imaginar que algunos de los asesores iniciales del plan de Nicolás Maduro, cuando se hablaba de ajuste fiscal draconiano, coqueteaban de igual manera con el Plan Real brasileño de 1994. Todo es parte del mismo programa. Introducir una unidad de cuenta que ancle las expectativas. Hay que destacar, lo convencieron además de eliminar algunas de las políticas más equivocadas: el control de precios y el cambiario. Trataron de avanzar sin éxito con la eliminación del subsidio a la gasolina e introdujeron algunos nuevos tributos como el reciente impuesto al patrimonio. Pero al final, la caja se ha ajustado por vía de los hechos, con una brutal contracción del gasto, y lo único en firme que queda es la restricción del crédito bancario.

Sin embargo, como en todo experimento monetarista ingenuo, los resultados de nuevo vuelven a porfiar con la doctrina. La tasa de inflación reportada por el Banco Central de Venezuela (BCV) cedió de mayo a julio, con tasas de inflación que llegaron a bordear el 20%, pero los resultados desde agosto apuntan a un recrudecimiento del proceso hiperinflacionario.

Un nuevo episodio

Como se sabe la definición formal de la hiperinflación es en cierta forma arbitraria. Tasa de inflación mensual igual o superior a 50%, sostenida a ese nivel, y un colapso de la demanda de dinero, en otras palabras, en la confianza de la gente en el signo monetario. La definición introducida por Phillip Cagan, el célebre economista norteamericano, en una nota a pie de página de su famoso artículo de 1956, todavía es muy útil para caracterizar esos eventos en que el gobierno monetario colapsa.

La hiperinflación venezolana encaja en esa definición original. Si tomamos el índice de precios, y empezamos a finales de 2017, Venezuela ha experimentado más de dos años con un proceso clásico de hiperinflación. Si en cambio se toma la tasa de cambio del mercado paralelo, la duración ya alcanza tres años. Aun así, no estamos entre los episodios más severos, aunque sí se va a recordar entre los casos más prolongados. Para colocarnos en perspectiva, la hiperinflación en Hungría en 1945 llegó a registrar tasas de inflación promedio diarias de 207% y tuvo una duración de 11 meses. Es la hiperinflación más severa que se conoce. La más prolongada ha sido la nicaragüense de 1986, con cinco años.

El ritual del petro

El gobierno quiere utilizar el petro como parte del ritual del monetarismo ingenuo. Para ello tiene las facultades exclusivas de emisión monetaria. No obstante, el hecho que tenga esa facultad no significa que puede determinar el precio de la moneda. Es un caso de libro de texto. El gobierno entra en diferentes relaciones con los agentes económicos, por ejemplo cobra impuestos y presta algunos servicios, paga proveedores y empleados, realiza transferencias, etc. En la medida que toma dinero del Banco Central y realiza esos pagos, el dinero circula y entonces se determina el nivel de precios. Es un asunto sencillo pera a veces poco comprendido. La inflación es sencillamente un resultado de oferta y demanda. El dinero es un activo para sus demandantes y un pasivo para sus oferentes. Un crecimiento sostenido en la oferta de ese activo conduce a una disminución en su precio.

En el proceso venezolano no hay nada muy diferente y la llegada de los monetaristas implicó que el alto gobierno ya no hablase más de inflación inducida. Al final se comprendió que el exceso de oferta monetaria sobre la demanda real de dinero, tiene mucho que ver con la inflación. Con el arribo de los monetaristas el acento se alejó de los controles y el énfasis se colocó en el control de los agregados monetarios.El Plan Real de Fernando Henrique Cardoso en Brasil no funcionó por arte de magia / Foto: WC

El Plan Real de Fernando Henrique Cardoso en Brasil no funcionó por arte de magia / Foto: WC

La determinación del precio de la moneda

El petro comenzó siendo un ejercicio en ese mundo esotérico de las criptomonedas. En ese ambiente existe de todo, desde estafas hasta algoritmos muy interesantes y útiles que pueden resolver muchos problemas prácticos, pero quienes comenzaron a asesorar al gobierno en el diseño de la estrategia antinflacionaria vieron en ese instrumento la misma narrativa que se utilizó en el Plan Real brasileño: la introducción de una unidad de cuenta que permitiese anclar las expectativas.

El objetivo es sustituir al bolívar por otro instrumento de pago y al mismo tiempo anclar las expectativas con una moneda que en teoría mantiene su valor en dólares. El gobierno pretende que sea el petro. Pero como suele suceder, en un mercado no es posible controlar cantidades y precios al mismo tiempo. El gobierno pretende que su precio sea fijo, pero de nuevo el resultado final es un asunto de oferta y demanda. Al igual que no puede contener sus necesidades de financiamiento en bolívares, lo mismo va a pasar con los petros.

Es cierto que tiene muchas formas como para imponer en principio su uso. Puede pagar en petros y al mismo tiempo aceptarlos como forma de pago, para cancelar impuestos, vender algunos activos y aceptar petros. Lo que no puede hacer es obligar a los agentes a mantener petros como reserva de valor. Si emite demasiados petros, y tiene un amplio margen para hacerlo, en teoría hasta más de siete veces el tamaño actual de la economía venezolana, el resultado previsible es que el precio caiga en la misma forma en que lo ha hecho el precio del bolívar.

No basta con proclamar que tenga respaldo petrolero. La promesa en sí misma, que está débilmente documentada, es hecha por un gobierno que ha repudiado todas sus otras deudas. Es una de las tantas promesas incumplidas de un gobierno que tiene una reputación muy precaria. Además, no importa el respaldo que tenga, depende al final de cuántos petros puedan emitirse. Si se aceptase la proclama que hay un límite en monto de emisión, ese límite es demasiado laxo.

A veces se cree que el proceso de hiperinflación puede acabar por muerte natural en la medida que el gobierno no consigue más incautos que demanden la moneda que emite. Se produce un total proceso de sustitución por otra moneda y sencillamente no hay más impuesto inflacionario que recaudar. Pero eso depende del poder que tenga el gobierno para obligar a los agentes económicos a aceptar la moneda como forma de pago. Población particularmente débil es todo el universo de empleados públicos, pensionados y proveedores que no tienen otra forma de cobrar sus deudas. La duración depende de forma crucial de ese elemento.

Cualquiera que se haya acercado a un cursito de teoría monetaria, sabe que el dinero tiene tres funciones básicas: unidad de cuenta, medio de intercambio y reserva de valor. El abuso de la emisión monetaria hace que el bolívar pierda valor y pierda esos tres atributos. Pierde su condición de medio de pago por cuanto no existen instrumentos eficientes para realizar transacciones, no hay denominaciones adecuadas y tampoco es reserva de valor por cuanto la inflación hace que sea imposible mantenerlo por mucho tiempo.

Ese proceso de dolarización forzada que estamos viviendo es una consecuencia directa de una política monetaria que financió masivamente al gobierno. No es algo que pueda valorarse como positivo, sino un desplazamiento de una moneda por otra.

Hoy tenemos una situación, donde conviven varias monedas, dos de ellas, el bolívar y el petro, emitidas por el mismo actor. El gobierno todavía abusa de su poder de pagar a algunos de sus acreedores con bolívares, con lo cual sigue deteriorando el poder de compra de los que adquieren bolívares. Ahora pretende hacerlo de forma masiva, con una moneda que en teoría mantiene su poder de compra, pero en la práctica continúa abusando de su poder de emisión.

Un programa de estabilización

Una gran lección en materia de estabilización es que el solo control del agregado monetario no basta. No hay plan antinflacionario sin tres componentes básicos. Ajuste fiscal que permita reducir de forma ostensible las necesidades de financiamiento monetario. Anclaje de expectativas que permitan detener la inercia en la fijación de precios y un tremendo esfuerzo de venta. Es difícil determinar la combinación exacta porque recuperar la demanda de dinero siempre es un asunto de fe. Pero no hay plan de estabilización que haya funcionado sin la presencia de esos tres componentes. El Plan Real brasileño, ejecutado por Fernando Henrique Cardoso en 1994, no funcionó por un ejercicio de magia. Se introdujo una unidad de cuenta virtual que luego terminó por sustituir la moneda original, ello permitió anclar las expectativas y recuperar la demanda de dinero. Detrás había un plan ordenado de ajuste fiscal.

El gobierno sigue teniendo una brecha muy importante de financiamiento y en realidad no hay arreglo monetario que solucione de forma mágica ese problema. Suele suceder con esos ejercicios de monetarismo ingenuo que efectivamente el control monetario funciona, pero la caída en el nivel de precios no es permanente. La tasa de inflación termina repuntando. Es lo que se observa en los resultados de septiembre y octubre. Incluso si el gobierno adoptara una especie de patrón oro, en cualquiera de sus variantes, la promesa tendría muy corta duración.

De las tres condiciones que debe tener un plan antinflacionario, el gobierno en realidad no tiene ninguna. No tiene suficiente ajuste fiscal. Tampoco tiene algo que ancle las expectativas y su esfuerzo de venta es sólo una retórica confusa.

¿Necesitas apostillar y legalizar documentos? Conoce el nuevo monto que debes pagar – La Patilla – 13 de Noviembre 2019

Los trámites legales también se pagan en petros. El Sistema de Legalización y Apostilla Electrónica actualizó desde este martes el monto para legalizar los documentos en Venezuela.

El proceso tendrá un costo de 0,08615936 Petros y los mismos deben ser cancelados previo a la cita asignada, según publicó la página web del Ministerio de Relaciones Exteriores.

El pago podrá realizarse al momento de transferir desde una cuenta del Banco de Venezuela la cantidad de 115.500,00 bolívares por documento, de acuerdo con el lugar de su cita, a los siguientes números de cuenta:

Oficina de Apoyo del Consejo Federal de Gobierno
Cuenta corriente del Banco de Venezuela N° 0102-0762-2100-0002-4044
A nombre de IPOSTEL
Rif G-20000043-0.

Ipostel
Cuenta corriente del Banco de Venezuela N° 0102-0552-2600-0003-7798
A nombre de IPOSTEL
Rif G-20000043-0.

Registro o notaria del Saren y Oficinas de Cantv
Podrán realizar su pago mediante punto de venta, con su tarjeta de débito.

 

 

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