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Los paramilitares más violentos desconfían de Maduro porque iba a «venderlos» en la negociación de Oslo por Gabriela Ponte – ABC – 26 de Mayo 2019

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Colectivos fuertemente armados en una calle de Caracas – 

ABC habla con líderes de los llamados «colectivos», a los que el mandatario chavista permite que se financien con las bolsas de alimentos Clap para tratar de recuperar su confianza.

Maduro consiente que las ayudas sociales que ofrece a la población a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, conocidas como las cajas de comida Clap –proyecto que coordina Freddy Bernal– sirva para financiar a estos grupos paramilitares. Este diario pudo saber que los integrantes del colectivo Tres Raíces revenden estas cajas de comida con la complicidad y apoyo de altos cargos del régimen. Lo hacen en la zona E del barrio 23 de Enero, donde tienen varios galpones y casas en las que guardan grandes lotes de alimentos importados desde México y Brasil. La zona es custodiada por los colectivos y la Policía tiene prohibido acercarse al lugar.

El precio oficial de la caja de alimentos a las familias es de 2.500 bolívares, pero el colectivo las revende en 52.000 bolívares –un litro de leche cuesta 20.000 bolívares–. El pago se hace en efectivo y se aceptan bolívares, dólares y euros.

La traición

¿Por qué consiente Maduro que ocurran estos cambalaches? ABC pudo saber que los principales colectivos se enteraron de que en las recientes «negociaciones» de Oslo entre el Gobierno y la oposición, el representante del presidente encargado, Juan Guaidó, exigió el desmantelamiento de estos paramilitares. Fue una exigencia que el chavista aseguró que Maduro la aceptaría. Desde entonces, la desconfianza y el malestar de los colectivos hacia Maduro, que al fin y al cabo no es Chávez, va en aumento y así el presidente intenta calmarlos.

«Allí se maneja más dinero que en una agencia bancaria», explicó a ABCuna mujer que vive en la zona E. «La reventa de los productos subsidiados es un secreto a voces, todos lo saben, pero nadie dice nada», comentó. Se sabe que a través de la venta de estos productos el colectivo Tres Raíces consigue los recursos para financiar sus actividades, pagar el salario de sus integrantes e incluso para comprar armas.

Orlando Reyes es el nuevo líder del Colectivo Tres Raíces. Hay que consultar con él cualquier cosa que se quiera hacer en el barrio. Después de varias semanas de gestiones ABC consiguió hablar con él. Hace un año, el nombre de este colectivo saltó a los medios de comunicación de medio mundo porque el que era entonces su líder, Heiker Vásquez, participó en las operaciones para capturar y matar a Óscar Pérez, un policía, exmilitar y actor, acusado de terrorismo por parte del Gobierno, que robó un helicóptero, sobrevoló Caracas y lanzó dos granadas que no llegaron a explotar sobre instituciones públicas. Vásquez, además de jefe de Tres Raíces, vestía uniforme de la Policía Nacional Bolivariana y junto con las Fuerzas de Acciones Especiales, FAES, rodearon Pérez y sus seis acompañantes. En la refriega Vásquez murió y al verse rodeado tras perder a sus compañeros Óscar Pérez se rindió pero, a pesar de ello, fue asesinado a tiros y luego rematado, tal y cómo confirma a ABC uno de los líderes de Tres Raíces.

La muerte de Vásquez fue confirmada por Freddy Bernal, el coordinador de los Claps y presunto jefe nacional de estos colectivos. La exfiscal general, Luisa Ortega Díaz, ahora perseguida por el regimen y ahora exiliada, señaló que sobre Vásquez pesaban cinco expedientes por diferentes delitos y que tenía una orden de arresto que nunca llegó a ejecutarse.

Aliados y rivales

Entre los colectivos existen rivalidades que muchas veces se saldan con enfrentamientos armados y muertes. El barrio 23 de Enero tiene una superficie de dos kilómetros cuadrados y acoge a casi 300.000 habitantes. El territorio está dividido entre los colectivos que operan en el lugar. Tres Raíces tiene su radio de acción en las zonas de El Observatorio y las zonas más cercanas al palacio de Miraflores. Además, controlan varias infraestructuras como un estadio, un centro de educación, dos ambulatorios y tienen sus oficinas en la planta baja de dos edificios. «Estoy dispuesto a morir por defender la patria», se despide Reyes, líder de Tres Raíces.

Otro de los colectivos formado bajo la tutela del gobierno venezolano es «Ana Karina Rote», que domina la zona de Caricuao al oeste de Caracas, en donde se ha instalado un campo de entrenamiento de personal civil para la defensa de la patria en caso «de alguna invasión armada por parte de Estados Unidos», según uno de sus miembros.

El campo de entrenamiento se ubica en una zona de montaña, en un sector denominado UD-5, en donde «reclutas» aprenden a formar y desfilar, leyes vigentes, ejercicios militares y el uso de armas de guerra. Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, mostró en su programa «Con El Mazo Dando», esos entrenamientos con armas y el manejo de motos de altas cilindradas. «Nosotros nos estamos preparando para defender la revolución en cualquier terreno», señaló el número dos de Maduro.

Uno de los líderes del colectivo Ana Karina Rote explica a ABC que, además de Caricuao, están presentes en otros sectores de Caracas, en donde ofrecen talleres de educación para el trabajo, enseñan la agricultura urbana y promueven la convivencia. «Atendemos temas sociales de la población, pero también somos un grupo armado que reconocemos a Nicolás Maduro como nuestro único presidente y tenemos la misión de neutralizar, por cualquier medio, las acciones de calle violentas que pretendan realizar los representantes de la ultraderecha, que quieren fabricar las condiciones necesarias para que Estados Unidos nos invada. Aquí hay un pueblo que se moviliza con las armas», aseguró.

Batallón de Vanguardia

Igual que en el 23 de Enero, los integrantes del colectivo Ana Karina Rote están armados, pero no dicen quien les provee las armas. De este colectivo ha surgido un nuevo grupo denominado Batallón de Vanguardia, integrado por líderes comunitarios, con el fin de diseñar nuevas políticas de acción ante la tensa situación que atraviesa el país. «Estamos articulados con los demás colectivos de Caracas y de todo el país; queremos la paz y la defenderemos a toda costa, si es necesario con las armas», subraya.

 

Colectivos en Venezuela: de civiles a delincuentes por Thomas Dangel – PanamPost – 17 de Mayo 2019

De donde yo vengo, de Venezuela, la palabra “Colectivos” se desconfiguró y ahora va asociada a terrorismo, armas, y muerte

Colectivos en Venezuela (Archivo)

Según la Real Academia Española se define como “colectivo” a un grupo unido por lazos laborales, profesionales, académicos entre otros. También como un adjetivo de quienes tienen virtud de recoger o reunir y además como perteneciente o relativo a una agrupación de individuos.

Cuando en Colombia o en cualquier otro país hablamos de colectivos podemos estar hablando de colectivos de artistas, o de música, de emprendedores, de gente que se une para lograr objetivos para mejorarse a si mismos y a la sociedad.

Pero de donde yo vengo, de Venezuela, la palabra “Colectivos” se desconfiguró y ahora va asociada a terrorismo, armas, y muerte. Los colectivos en Venezuela se han convertido en organizaciones terroristas, parapoliciales, de exterminio y de control del país, atacan manifestaciones, intimidan, roban y asesinan venezolanos. Literalmente “cazan” a los opositores.

El gran polo patriótico, plataforma electoral del chavismo creada en el 2011 está integrada por 28 Consejos Patrióticos Sectoriales, y cuenta con 10.810 colectivos y movimientos sociales compuestos por 35.543 personas. Según el gobierno y sus seguidores aseguran que tienen exclusivamente fines culturales, ideológicos y pacíficos, pero las evidencias muestran lo contrario.

Angelica Lugo, periodista de El Nacional dice que los colectivos “muestran sus dos lados a los vecinos: intimidan y roban. También organizan las colas de los servicios públicos y hacen alarde de su labor social, siempre amparados en sus armas”

Utilizan el “Método Iraní” en la cual en vez de dejar que fuese el ejército o la Guardia Revolucionaria iraníes los que salieran a reprimir, utilizaron a los integrantes de lo que llamaban el “Basij”, que eran unos colectivos que andaban en moto y que, con pistola en mano, iban matando a cuanto manifestante encontraban en la calle. El líder revolucionario Ruhollah Jomeini proclamó un decreto fundando el Basij como «una gran milicia del pueblo» en noviembre de 1979, quien habría declarado que «un país con 20 millones de jóvenes debe tener 20 millones de fusileros, o una fuerza armada con 20 millones de soldados; tal país nunca será destruido”

Lo que sucede es que en una manifestación a los primeros tres o cuatro muertos, la gente sigue allí, pero ya cuando llegas a los 30 o 40 muertos, la gente comienza a decirse, “mejor me voy para la casa porque me van a matar”.

La ventaja de usar a los grupos paramilitares de esa manera es que brinda al régimen dictatorial los argumentos para alejarse del conflicto y luego argumentar, a través de sus aparatos de propaganda, que las muertes fueron provocadas durante conflictos entre civiles.

Eso es más conveniente que dar órdenes a soldados a abrir fuego contra la población usando sus fusiles de reglamento, lo que llevaría a la comunidad internacional a declarar que desde el poder se ordenó a la Fuerza Armada cometer una masacre.

Los podemos identificar así, se movilizan en su mayoría en grupos de motos, encapuchados, y vestidos de civil, van armados con armas automáticas, e incluso armas largas, granadas, etc.

Para llegar a los orígenes de los colectivos, muchos de los cuales se autodenominan “político-sociales” nos tenemos que remontar a los grupos guerrilleros venezolanos de los años 60.

Agrupados en las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, varios de esos movimientos optaron por participar en la pacificación. Para principios de la década de los años 80 casi toda esa guerrilla insurreccional venezolana había sido pacificada, institucionalizada, derrotada o estaba tan dividida que era irrelevante.

En el año 71 los jóvenes del Partido Comunista de Venezuela (PCV) se separan del partido y de la lucha insurreccional fundando el Movimiento al Socialismo (MAS) y La Causa Radical (LCR). Estos dos partidos aceptan el juego democrático y fueron asumiendo, en el transcurso de las siguientes dos décadas, posiciones de poder en sindicatos, concejos municipales, alcaldías y gobernaciones.

La Revolución Venezolana (PRV) sería el otro partido insurreccional que tendría varias divisiones: Liga Socialista; Bandera Roja y Venceremos.

Es importante entonces nombrar a estas organizaciones porque personajes claves del chavismo han militado en ellos: Alí Rodríguez Araque ex ministro de energía entre otros cargos, en el PRV; Elías Jaua quien ha sido ex vicepresidente, ministro etc., en Bandera Roja y Nicolás Maduroex canciller de Chávez y presidente ilegitimo, en la Liga Socialista.

Personajes pertenecientes a estos movimientos, se infiltran en la Fuerza Armada Nacional, y liderados por Hugo Chávez realizan el golpe de estado fallido del año 1992 contra el presidente a ese momento, Carlos Andrés Pérez.

Entonces, cuando Chávez intenta el golpe, no solo estaba apoyado por militares, también había un componente civil compuesto por estos colectivos

En ese momento el golpe es infructuoso y Chávez se rinde y es llevado a prisión, pero antes, se pronuncia en televisión nacional con la recordada frase “Por ahora”

En el año 1994 Chávez y varios de los golpistas siguen en la cárcel y logran el indulto por parte del presidente Rafael Caldera quien acordó esto con partidos de la izquierda para lograr apoyos a su gobierno.

Logra ganar las elecciones presidenciales en el año 1998 y asume el poder el 2 de febrero de 1999. En el año 2002 el gobierno crea los “Círculos bolivarianos” cuyo objetivo según ellos era «Elevar la conciencia social, formar cuadros revolucionarios y velar por el cumplimento de la democracia participativa».

Uno de los llamados a crear y organizar los primeros círculos bolivarianos fue Diosdado Cabello, quien se define como chavista radical, con vínculos con el narcotráfico, uno de los personajes más nefastos de la historia de mi país.  Con el fin de financiar a estos círculos bolivarianos Chávez en un principio destina 140 millones de dólares. Fueron comparados por algunos o inspirados en las brigadas de respuesta rápida, o los comités de defensa de la revolución cubana.

Unos años inestables y una popularidad en descenso trajo como consecuencia que el 11 de abril de 2002 miles de venezolanos salieran a la calle exigiendo la renuncia de Hugo Chávez, se suceden hechos de violencia en las calles, muchos de estos asociados a los círculos bolivariano. En grabaciones hechas por periodistas en “puente llaguno” se puede apreciar a Richard Peñalver, uno de los pistoleros que atacaron a manifestantes en Caracas, miembro del partido de Maduro, y aunque lo condenaron por estos hechos fue indultado por Chávez, y hasta fue concejal de Caracas. A raíz de la violencia y los venezolanos en la calle, la cúpula militar venezolana le exige la renuncia al presidente, Chávez decide entregarse y abandona el palacio de Miraflores.

Luego hay un cúmulo de eventos que suceden en pocas horas se juramenta Pedro Carmona, se disuelve el Parlamento, el Tribunal Supremo y otros entes, la mayoría de los países latinoamericanos, no reconoce esta presidencia, y como este movimiento no tenía bases sólidas, venezolanos partidarios de Chávez exigen su vuelta a la presidencia, y con el apoyo de un sector militar logra retomar a ella el 14 de abril.

Les cuento todo esto porque ese momento marca un punto clave, Chávez ahora desconfía de los militares, hace una limpia de las fuerzas armadas y refugia la defensa de la revolución en los círculos bolivarianos, quienes luego mutarían a los llamados colectivos que se conocen actualmente.

Empiezan a recibir más financiamiento del Estado, sueldos, vehículos, armas, territorios, y entrenamiento militar, muchos de estos se ha denunciado que han sido dirigidos por las FARC.

Colectivos como los Tupamaro, La Piedrita, Alexis Vive, tienen circuitos cerrados de televisión, radios, se mueven con total impunidad en zonas de Caracas como el 23 de enero, donde ni la policía puede entrar.

Estos colectivos Paramilitares se muestran abiertamente. Son organismos que se asumen como el brazo armado del pueblo, los guardianes de la revolución, o que cumplen funciones parapoliciales con la permisividad del Estado. Se trata de grupos armados que se consideran a sí mismos como parte de una vanguardia revolucionaria.

Les pongo un ejemplo, el colectivo “la piedrita” pertenece a la Parroquia o sector 23 de enero en Caracas, a ellos se les entrego parte de ese territorio y asumen las funciones que debería tener el estado en este sector como las de seguridad y control ciudadano. Así vemos como el colectivo la piedrita dirige la comuna llamada “la piedrita”, su líder es Valentín Santana quien tiene tres órdenes de captura, pero nadie lo busca. Se atribuyó ataques a medios de comunicación, a la sede diplomática del Vaticano, se le ha acusado de asesinar a varias personas, pero vive en total impunidad.

El 4 de agosto de 2009 por ejemplo, docenas de motorizados con boinas rojas liderados por Lina Ron a quien se le atribuye ser una de las líderes más notorias de los colectivos rodearon la entrada de las oficinas de Globovisión y sometieron a los guardias de seguridad, ingresaron a la fuerza a la planta baja del edificio y lanzaron dos bombas lacrimógenas. Si bien el presidente Chávez condenó el ataque y esta dirigente fue apresada por dos meses, esto no fue mas que una fachada, porque se denuncio luego las comodidades que tenia Lina Ron en la cárcel, además Chávez la quería muchísimo, tanto así que le dedicó un tweet el día que Lina Ron muere, por causas naturales.

Pero ¿Por qué se habla tanto ahora de los colectivos en Venezuela? Porque desde la muerte de Chávez y la llegada de Nicolas Maduro a la presidencia, una de las alas más radicales del chavismo se instaló en el poder, esto a través de una elecciones signadas por el fraude y el amedrentamiento a los votantes donde la agencia  Reuters denominó a los colectivos como “un factor clave de la maquinaria electoral del gobierno” que “ayudaron a influenciar resultados y eran considerados por la oposición como maleantes que intimidan a los rivales”.​ El Centro Carter declaró que durante las elecciones los centros de votación tenían un «ambiente intimidante» cuando «grupos de motorizados asociados con el partido de gobierno» eran visto alrededor de los centros.

Para nadie es un secreto lo que desencadenó desde la llegada de Nicolas Maduro al poder, inflación, inseguridad, parálisis de la economía, endeudamiento, escasez, hambre y miseria.

Ante este escenario, que todos conocemos, hay una fractura de la Fuerza Armada Nacional, y Maduro ante su desespero, y su miedo se refugia en el terrorismo, llevado como bandera por los colectivos en Venezuela. Básicamente les ha entregado el país.

Uno de los colmos del descaro es como la ministra para el Servicio PenitenciarioIris Varela, describe a los colectivos como el “pilar fundamental de la patria”, cuando conocedores del ámbito penitenciario y periodistas han denunciado que se han liberado presos en Venezuela con la condición de que se unan a los colectivos armados para seguir amedrentando a los ciudadanos con el objetivo de que Nicolas maduro se mantenga en el poder.

En las protestas del 2014 millones de venezolanos se volcaron a las calles, En Carabobo de donde yo vengo, el gobernador para ese entonces era Francisco Ameliach, aliado a Chávez y Maduro, el responde a la convocatoria a marchar hecha por la oposición con este tweet. “UBCH a prepararse para la batalla Fulminante. Diosdado dará la orden”.

Las UBCH son las unidades de batalla Hugo Chávez, no es más que un sinónimo para los colectivos. Ese día los colectivos atacan la manifestación, hay más de 9 heridos y muere Genesis Carmona, estudiante universitaria, quien en el 2013 gano el concurso de miss turismo en nuestro estado.

El 8 de agosto de 2017 el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos responsabilizó a grupos armados progubernamentales y a las fuerzas de seguridad de ser responsables de la muerte de al menos 73 manifestantes durante las protestas en Venezuela de 2017. Estos mismos colectivos a la orden del para entonces alcalde de caracas Jorge Rodríguez y actual ministro de comunicación, invaden violentamente la Asamblea Nacional de Venezuela, dominada por la oposición donde hieren a 5 diputados.

Los colectivos atacan también junto a tropas de la fuerza armada y de la policía, como ocurrió en el caso de Oscar Pérez, quien era inspector del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas, quien llamó a la insurrección militar para sacar a maduro del poder y fue asesinado junto a varios de sus compañeros, en la llamada masacre de El junquito. Una ejecución extrajudicial.

Los colectivos tienen carta blanca para atacar cualquier expresión de la sociedad civil que ellos crean puede atentar contra los intereses del gobierno, del partido de gobierno o sus aliados. También, tienen carta blanca para delinquir a través del tráfico de armas y drogas, robos, secuestros, invasiones, cobros de vacunas y cualquier expresión criminal que genere recursos para su crecimiento. Además, ejercen control social de la población al ser muchos de ellos los responsables de repartir los planes sociales como son las pocas cajas de comida que llegan a los venezolanos a través del gobierno.

La última acción de Maduro fue entregarles a estos colectivos el manejo de la frontera de Venezuela con Colombia, en Cúcuta,  a través de las llamadas “trochas” para que se sigan financiando, yo mismo he estado en la zona, y contabilizamos cuantos venezolanos pasan y son unas 130 personas por minuto y a cada una de ellas los colectivos paramilitares les cobran 5 mil pesos colombianos, lo que totaliza unos seiscientos cincuenta mil pesos por minuto, y que suman 39 millones de pesos por hora, estos cruces están abiertos entre 10 y 12 horas, generando aproximadamente 39 millones de pesos al día, lo que equivalen a 120 mil dólares y mensualmente estarían sumando los casi 4 millones de dólares para seguir con su régimen de terror en Venezuela.

Esta situación la hemos denunciado en los organismos internacionales, el gobierno colombiano la conoce. Por eso el 2 de abril de este año la Asamblea Nacional declaró a estos grupos como terroristas y declaró sus actuaciones como “terrorismo de estado”.

Vemos como estos colectivos de terror siguen atacando a los venezolanos en las convocatorias de calle hechas por el presidente encargado Juan Guaido, al existir el quiebre en las fuerzas armadas estos pasan a ser el principal grupo de ataque con el que cuenta Nicolas Maduro para intentar controlar a la población.

El siguiente paso es el que estamos llevando a cabo en los organismos internacionales, necesitamos que la OEA y la ONU declaren a estas organizaciones como terroristas, así como se reconoce al Hezbollah en Arabia Saudita o el ISIS en Siria.  Ya es hora de que se detenga la acción criminal de estos colectivos en Venezuela antes de que sea demasiado tarde y estos grupos sigan sumando crímenes a su historial.

*Thomas Dangel es abogado, político venezolano en el exilio. Concejal 2013-2018 del estado Carabobo. Perseguido y apresado por la dictadura. @ThomasDangel

Faes, colectivos y militares corruptos: el escudo protector de Maduro – La Patilla – 8 de Mayo 2019

Miembros de las Fuerzas de Acción Especial de Venezuela (FAES) realizan una operación de seguridad en el vecindario de los 70, municipio de El Valle, en Caracas, el 1 de abril de 2019 (Foto por Yuri CORTEZ / AFP)

La imagen de una tanqueta arrollando a un grupo de manifestantes desarmados, el pasado 30 de abril, le dio la vuelta al mundo. El incidente fue tan noticioso que líderes mundiales, artistas y opinadores debieron pronunciarse, pues de nuevo retrató el rostro criminal del régimen de Nicolás Maduro.

Ese día conjugaron en las calles el poder de represión que hoy sostiene al régimen: colectivos, FAES y un pequeño sector militar corrompido. Las violaciones de derechos humanos han sido una constante en Venezuela a través de estos tres cuerpos, ellos encierran unas escalofriantes cifras de detenidos, muertos y desaparecidos. La ONG Human Rights Wacht detalló en su informe del año 2018 que en el país 12.500 personas han sido detenidas desde 2014 en relación con las manifestaciones públicas.

Aunado a ello, Keymer Ávila, investigador del Instituto de Ciencias penales y profesor de la Universidad Central de Venezuela, asegura que en 2017 murieron 4.998 personas a manos de las fuerzas de seguridad del Estado, lo cual equivale a unas 14 personas al día. Este crecimiento exponencial de víctimas a manos del régimen chavista coincide con la creación del FAES. Este grupo que forma parte de la Policía Nacional Bolivariana es considerado por la ONG venezolano PROVEA, como un escuadrón de la muerte que siembra terror en las zonas populares, con una acción sistemática de ejecuciones.

Son múltiples las denuncias sobre asesinatos que han estado ocurriendo en diversas zonas populares de Caracas a manos de este cuerpo. Sin embargo, el campo de acción del FAES no son solo las barriadas, ya que Nicolás Maduro ha venido utilizándolos para contener las movilizaciones de la oposición. Los expertos en el área han advertido sobre el peligro que significa esta situación, pues este grupo no está entrenado para resguardar el orden público, sino para identificar objetivos y desarticularlos.

El otro cuerpo represor en el cual pareciera refugiarse Maduro es en los colectivos. La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU acusa a este grupo de choque de haber causado 27 muertes durante las protestas del año 2017 en Venezuela. José Almeida, especialista en el tema de seguridad, asegura que los colectivos tienen un fuerte componente cubano en su formación; por lo que son un bastión imprescindible en la lucha de pueblo contra pueblo.

A pesar de que el gobierno de Maduro se empeña en reiterar que los colectivos son grupos culturales que fomentan la paz en las localidades donde actúan, la realidad es que han sido utilizados como fuerza de choque para contener las movilizaciones de la oposición y amedrentar a ciudadanos desarmados. Asimismo, este conglomerado se le acusa de actuar como paramilitares, debido a que toman el control de ciertas zonas, en las que ejercen la violencia política e imponen sus propias normas.

Los colectivos se han convertido en un arma de represión muy importante para Maduro en un momento en el que existe una ruptura en la Fuerza Armada venezolana. Almeida reitera que la represión desmedida que se ha visto por parte de las fuerzas de seguridad es un símbolo del desespero que existe en el interior del régimen, ya que al perder el apoyo popular, internacional y, principalmente de la mayoría de la FAN, Maduro ha optado por la fuerza bruta como única herramienta para silenciar el deseo de cambio del país.

En la estrategia de supervivencia de la dictadura venezolana, no puede dejarse a un lado el papel de una parte de la FAN. Hoy existen un grupo de militares que sostiene al gobierno madurista, porque representa para ellos la posibilidad de acumular riquezas por medio del control de recursos del Estado, operaciones de contrabando, narcotráfico u otro delito de extorsión contra la población. Son estos militares los que dirigen escenas como la de la tanqueta, apelan a la permanencia del sistema para continuar lucrándose en medio de una población que huye del hambre y la represión.

Los colectivos: eje del sistema represivo por Trino Márquez – La Patilla – 10 de Abril 2019

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Nicolás Maduro sabe que el tiempo que le resta en Miraflores depende casi exclusivamente de la eficacia de la maquinaria de extorsión, terror y represión que sea capaz de armar.

Recuperar el sistema eléctrico e hidráulico para aliviar las penurias de la gente cuesta demasiado dinero. Mucho más del que puede conseguir en los mercados internacionales. El bloqueo financiero que lo acosa lo mantiene asfixiado. Sus socios rusos y chinos no se muestran dispuestos a costear la recuperación de esas redes, destruidas por la incompetencia y corrupción de los gobernantes. Ellos saben que allí residen las verdaderas causas del desastre. Nada que ver con los ataques terroristas cibernéticos, electromagnéticos o babosadas parecidas. Nadie más peligroso que un madurista al frente de un servicio que requiere conocimiento del área y un plantel de profesionales y técnicos de alto nivel.

El relanzamiento económico luce igual de lejano. ¿Quién en el mundo de los negocios tendrá la osadía de invertir grandes capitales en Venezuela, donde no existe seguridad jurídica, el servicio eléctrico es una calamidad, por los grifos no sale agua, sino barro, las vías de comunicación, los puertos y los aeropuertos dan pena y buena parte del personal calificado ha huido? Venezuela está quedando para que vengan los saqueadores de tumbas, los garimpeiros y los depredadores de todo género, dispuestos formar parte de la red que destruye el ambiente y se lleva el petróleo, el oro, los diamantes, la bauxita, el coltán y todas las demás riquezas que Maduro les permite.

Maduro se encuentra incapacitado para resolver las demandas de la sobrevivencia cotidiana. Con él se agravarán todas las carencias que hoy padecemos.

Si quiere seguir gobernando en medio del caos que ha provocado, Maduro tendrá que intentar demoler todo vestigio de democracia, pensamiento crítico y organizaciones independientes. Esta, al menos, será su intención. No logra cristalizar sus aspiraciones por dos razones básicas: el país ha sacado fuerzas del subsuelo para encararlo y la comunidad democrática internacional de la región y de buena parte del planeta, se le plantó de frente. Para Maduro, 2019 ha sido un año de sorpresas desagradables. Juan Guaidó se convirtió en el líder indiscutible de una oposición renacida y la figura en torno de la cual se aglutina la mayoría de las fuerzas que se oponen al régimen. La comunidad internacional actúa con un nivel inusual de compromiso y solidaridad con los demócratas venezolanos. La entrada progresiva de la ayuda humanitaria a través de la Cruz Roja, la victoria obtenida en la OEA con el reconocimiento a Gustavo Tarre y el debate en el Consejo de Seguridad de la ONU, representan muestras inequívocas del compromiso de las naciones democráticas con Venezuela. A Maduro solo lo acompañan las dictaduras del continente y del mundo, o gobiernos como el de López Obrador, atrapados por la telaraña que la izquierda cavernícola tejió desde hace décadas en América Latina.

En medio del aislamiento, impopularidad y quiebra financiera que lo agobian, Maduro optó por redimensionar el sistema represivo que lo resguarda. Le teme a las FAN. No confía en el Ejército, la Aviación, ni la Marina, a pesar de intenso proceso de fanatización ideológica al que esos componentes han sido sometidos. Viró hacia la Guardia Nacional, que fue desdibujándose progresivamente. Los esfuerzos que se realizaron en el pasado por profesionalizarla se olvidaron. Ahora es un aparato de choque, que reprime a mansalva y se ha incrustado en el esquema construido a lo largo de dos décadas, cuyo centro reside en la corrupción. Junto a la GNB, el sistema represivo madurista está compuesto por la Policía Nacional Bolivariana (PNB), las Fuerzas de Acciones Especiales (Faes), la Milicia Bolivariana y los colectivos. Los cuatro primeros cuerpos poseen un revestimiento formal. Al menos en su forma jurídica, son órganos del Estado. Se financian con fondos públicos y aparecen en un renglón del Presupuesto Nacional. Esta característica obliga a Mauro a guardar algunas apariencias formales. Deben sujetarse a ciertos códigos y normas jurídicas.

En cambio los colectivos, llamados ahora ‘cuadrillas de paz’, son agentes libres. Grupos paramilitares. Irregulares dispersos integrados por delincuentes que actúan en misiones ad hoc. El régimen los financia con fondos de la Nación, pero sin que nadie sepa cuál es la procedencia de esos recursos, ni estén sometidos a ningún control o supervisión institucional. Nadie conoce la partida del Presupuesto donde aparecen. Su naturaleza ilegal los convierte en un arma mortal al servicio irrestricto de Maduro.

La ONU declaró a la Guardia Revolucionaria de Irán como grupo terrorista. Igual debería suceder con los colectivos armados. Sería un golpe noble al instrumento represivo más brutal con el que cuenta Maduro. Eje de su sistema represivo informal.

Credencial Colectivo – Marzo 2019

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unnamed-4.jpg                      internacionales, consideren la declaración de estos grupos como                                              terroristas con las consecuencias que ello implica.

                     QUINTO.
                     Remitir el expediente a la Corte Penal Internacional, a fin de que sean                                   considerados estos hechos y se establezca la responsabilidad penal                                         del usurpador Nicolás Maduro y sus cómplices en la ejecución de estos                                   delitos.
                    SEXTO.
                    Dar publicidad al presente Acuerdo.Dado, firmado y sellado en el Palacio                              Federal Legislativo, sede de la Asamblea Nacional de la  Asamblea Nacional 
                    de la República Bolivariana de Venezuela, 
en Caracas alos dos días del abril de marzo de 2019. Año 209° de la Independencia y160° de la Federación.
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Este es el expediente del radical de Maduro que comandó la ofensiva contra la ayuda humanitaria por Zenaida Amador – ALnavío – 6 de Marzo 2019

No importa que el mundo entero haya visto el 23 de febrero el peor rostro del régimen de Nicolás Maduro y la violencia que fue capaz de ejercer para impedir el ingreso de la ayuda humanitaria en el paso fronterizo de Táchira entre Colombia y Venezuela, esa no es la historia oficial. Freddy Bernal justifica cada uno de sus actos que, aunque condenados por la comunidad internacional, son considerados una muestra de heroicidad por el chavismo.
“Hay que asumir que estamos en guerra”, afirma Bernal / Foto: @freddybernalr
“Hay que asumir que estamos en guerra”, afirma Bernal / Foto: @freddybernalr

El 23 de febrero el mundo vio escenas de extrema violencia en la frontera entre Colombia y Venezuela. La ayuda humanitaria internacional que Juan Guaidóintentaba ingresar al territorio nunca pudo pasar tras un ataque armado que dejó unos 66 heridos sólo en las primeras horas de la jornada en esa localidad. Civiles con armas de fuego y con los rostros cubiertos tomaron parte de la represión arremetiendo contra quienes intentaban pasar los alimentos y medicinas a Venezuela. Pero esta no es la historia que cuenta el régimen de Nicolás Maduro.

Freddy Bernal, el “protector” del estado Táchira como lo designó Nicolás Maduro, fue uno de los principales estrategas de la contención del ingreso de la ayuda humanitaria. Él asegura que del lado de Colombia “había una mezcla de bandas criminales” que atacaban “con disparos, con molotov, con rocas, con objetos contundentes, con explosivos” y del lado venezolano había “un pueblo desarmado que en su angustia ante el ataque en defender la patria se pusieron durante todo el día a romper rocas”.

Luego de la muerte de Chávez, en 2013, Nicolás Maduro incorporó a Bernal a su tren de Gobierno y lo ha tenido cerca ejerciendo roles diversos, incluso lo nombró comisario general del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Bajo la cubierta de desarrollar el poder comunal, Bernal siempre ha estado ligado a las estrategias de control social y a las redes de vigilancia política

Según afirma, detrás de la ayuda humanitaria “había cuatro cuadras listas para avanzar sobre Venezuela. Era una vanguardia como de 150 criminales en el puente tratando de romper la defensa venezolana (…) Era un Caballo de Troya (…) Frenamos un ataque contra Venezuela y, por ahora, una guerra civil”.

En Táchira movilizó, según sus palabras, a 2.500 hombres y mujeres de las “tropas populares” al Puente Tienditas, 5.000 al puente de San Antonio y 4.000 al puente Francisco de Paula Santander en Ureña.

Este policía venezolano, que cada vez que puede recuerda que hizo unos cursos de operaciones especiales de inteligencia en Colombia, dice poseer información directa de oficiales de la Policía Nacional colombiana “de que vienen otras agresiones por la frontera colombo-venezolana y están tratando de montar el falso positivo para señalar que es Venezuela quien va a agredir a Colombia”. Todo estaría coordinado por Estados Unidos y eso es lo que requieren para emplear una fuerza militar contra Venezuela.

Por eso advierte “que no van a derrocar a esta revolución, no la van a derrocar, y si en el supuesto negado esa locura llegara a ocurrir será una guerra regional, no será una guerra de Venezuela. Colombia sentirá lo que es una guerra porque una guerra contra Venezuela es una guerra en territorio colombiano”. A su juicio, esa podría ser la oportunidad para que los revolucionarios pasen directamente hasta el Pacífico y así mantener la fuerza en Venezuela y liberar a Colombia de esa supuesta oligarquía que la ha pisoteado durante 200 años.

Sus actos recientes no pasan bajo la mesa. Para Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Bernal fue el “artífice de la victoria popular” del 23 de febrero, al impedir el ingreso de la ayuda humanitaria. “Gracias hermano”, le dijo. Por su parte Elías Jaua, líder del chavismo, dijo que era necesario hacer “un justo reconocimiento al compatriota Freddy Bernal por la correcta conducción política en la frontera venezolana del Táchira”.Civiles armados arremetieron contra quienes intentaron pasar alimentos y medicinas / Foto: OVCS

Bernal respondió a los elogios garantizándole a Maduro: “Cuente con estos militantes del amor, para enfrentar cualquier intento de injerencia”.

Pero ¿quién es este hombre que se exhibe con armas largas ante la población y es capaz de lanzar la amenaza de una guerra con Colombia entre los aplausos de la élite del chavismo?

Brazo armado

Freddy Alirio Bernal Rosales, nacido en 1962, ha ejercido distintos cargos desde 1999, cuando Hugo Chávez llegó a la Presidencia de Venezuela. Además de parlamentario, ha sido una pieza estratégica en temas de seguridad y control, rotando por varios puestos en la administración pública, muchas veces a la sombra, pero siempre conectado con los grupos más radicales del chavismo.

Bernal ahora está promocionando una “acelerada formación ideológica, militar, y de entrenamiento concreto de la milicia nacional bolivariana” a escala nacional. Asegura que en Táchira cuenta con 40.000 hombres y es preciso entrenar a 3.000 francotiradores de Dragunov y a 2.000 en lanzamiento de cohetes Igla, con lo cual “haremos un Táchira inexpugnable”

Se le vincula con los llamados colectivos o grupos irregulares de choque que son parte del andamiaje del que Maduro se sostiene en la actualidad, pero que encuentran sus raíces en Hugo Chávez, quien estimuló la creación de un ejército paralelo bajo la excusa de que era necesario profundizar la “revolución venezolana”.

Chávez formó los primeros “Círculos Bolivarianos” en 2001 como defensores revolucionarios y les dio un lineamiento claro desde el primer día: “En esta batalla quien retrocede es un traidor”. Eran sus primeras células de ideologización que rápidamente evolucionaron a fuerzas de choque, ya que eran un sistema de aseguramiento del proceso a largo plazo, porque desde la óptica de Chávez la revolución nunca debía abandonar el poder y era necesario apelar a cualquier mecanismo para lograr el objetivo.

Freddy Bernal era alcalde de Caracas en ese entonces y fue el gran propulsor de esta iniciativa, abriendo espacios en la capital del país para que estos grupos se asentaran y se diversificaran. Luego tomaron zonas estratégicas de la ciudad desde donde coordinan sus acciones tras recibir entrenamiento y financiamiento. En la actualidad operan en al menos 10 estados de Venezuela.

Parte de estos grupos comenzaron a exponerse públicamente en arremetidas contra los “traidores” a la revolución incluso con armas de fuego. Los hechos de los años 2002 y 2003, que involucraron un golpe de Estado contra Chávez y un dilatado paro económico y petrolero en su contra, fueron claras ocasiones en las que estos grupos se presentaron como brazo civil armado al servicio del Gobierno. Freddy Bernal tuvo un rol clave en esos hechos.Bernal está a cargo de la formación de la “milicia bolivariana” / Foto: @freddybernalr

El 11 de abril de 2002, cuando una marcha opositora se movilizaba al palacio de Gobierno para exigir la salida de Chávez del poder, Bernal llamó a los civiles revolucionarios a apostarse en las inmediaciones, específicamente en el Puente Llaguno, para hacer frente a la movilización. Otros accesos al Palacio de Miraflores también fueron resguardados por líderes del chavismo. Este episodio violento dejó un saldo de 19 fallecidos.

La población conoció así la existencia de los “pistoleros” de Puente Llaguno, esos civiles armados que podían actuar con impunidad y bajo el cobijo de las autoridades, y que terminaron siendo el denominador común de los colectivos chavistas.

El miedo como control

Luego de la muerte de Chávez, en 2013, Nicolás Maduro incorporó a Bernal a su tren de Gobierno y lo ha tenido cerca ejerciendo roles diversos, incluso lo nombró comisario general del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Bajo la cubierta de desarrollar el poder comunal, Bernal siempre ha estado ligado a las estrategias de control social y a las redes de vigilancia política.

Freddy Bernal, el “protector” del estado Táchira como lo designó Maduro, fue uno de los principales estrategas de la contención del ingreso de la ayuda humanitaria. Él asegura que del lado de Colombia “había una mezcla de bandas criminales” que atacaban “con disparos, con molotov, con rocas, con objetos contundentes, con explosivos” y del lado venezolano había “un pueblo desarmado que en su angustia ante el ataque en defender la patria se pusieron durante todo el día a romper rocas”

No en vano es el coordinador nacional de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), un sistema de reparto de alimentos que va atado a la “lealtad” de los ciudadanos al chavismo, donde los grupos de control en las comunidades delatan a quienes hablan mal del Gobierno y coquetean con la oposición. En el mejor de los casos esto implica dejar a las familias fuera de las asignaciones de los CLAP.

Para Bernal es simple. “Los CLAP se han transformado en un mecanismo donde se agrupa el poder popular y el poder político, para defender al Gobierno y consolidar la revolución”.

Además, es líder de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), especialmente en sus actuaciones en el estado fronterizo del Táchira.

Las FAES son uno de los organismos policiales que han desatado la más feroz represión en Venezuela en el último año. Para el Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) se trata de un grupo de exterminio que ha ejecutado centenares de ejecuciones extrajudiciales.

En lo que va de 2019, las FAES se han ocupado de perseguir a quienes han protagonizado las manifestaciones en contra de Maduro en las barriadas populares. En enero, cuando cesó el período presidencial de Nicolás Maduro, fue agresivo el uso de los grupos de exterminio para reprimir, conformados por comandos de las FAES, de la Policía Nacional Bolivariana, la Guardia Nacional Bolivariana y los colectivos paramilitares. El saldo fue de “35 personas asesinadas durante las protestas y otras 8 víctimas de ejecuciones extrajudiciales en allanamientos ilegales a viviendas, donde habitaban personas que presuntamente habrían tenido participación en las manifestaciones”, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social.

Días antes del 23 de febrero, la fecha fijada para el ingreso de la ayuda humanitaria al país, Bernal se dejó ver en el paso fronterizo trajeado de negro, junto a efectivos de las FAES portando armas largas, mientras aseguraba que no habría acceso al territorio nacional.

Video insertado

Freddy Bernal@FreddyBernal

Desde tempranas horas continuamos haciendo recorrido e inspección de nuestras zonas fronterizas, nuestro puente “Francisco de Paula Santander” se encuentra en total tranquilidad, bajo el resguardo de nuestra .
Son y vamos por más!

Para InSight Crime, fundación que estudia el movimiento del crimen organizado en la región, Venezuela es un país clave en el tránsito de cargamentos de drogas. Ese es el telón de fondo que mueve a estos factores alrededor de Maduro. Asegura que “funcionarios del Gobierno en el estado Táchira crearon el Colectivo de Seguridad Fronteriza, integrando por disidentes de las FARC y el ELN. Su poder y violencia quedaron evidenciados el pasado 23 de febrero, cuando abrieron fuego para impedir el ingreso de la ayuda humanitaria disparando contra los voluntarios y civiles de la oposición”.

No hay que olvidar que Bernal fue incluido en 2011 en la Lista “Kingpin” del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, señalado de haber facilitado la venta de armas entre el Gobierno venezolano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Además, lo señala como un traficante de narcóticos.

Bernal ahora está promocionando una “acelerada formación ideológica, militar, y de entrenamiento concreto de la milicia nacional bolivariana” a escala nacional. Asegura que en Táchira cuenta con 40.000 hombres y es preciso entrenar a 3.000 francotiradores de Dragunov y a 2.000 en lanzamiento de cohetes Igla, con lo cual “haremos un Táchira inexpugnable”.

“Hay que asumir que estamos en guerra”, afirma Bernal. “Hay que agarrarnos de la consigna ‘sólo el pueblo salva al pueblo’. Y ¿quién es el pueblo? Como decía el comandante Hugo Chávez: el pueblo en armas”.

Los colectivos, enemigos de la Fuerza Armada por Trino Márquez – La Patilla – 28 de Febrero 2019

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A lo largo del ciclo iniciado en 1999, pocas veces se ha hecho tan patente el grado de descomposición alcanzado por la Fuerza Armada Nacional, como el 23-F, durante el ataque a la ayuda humanitaria que ciudadanos de distinta procedencia intentaron introducir a Venezuela por Colombia y Brasil.

La FAN, a través de la GNB, reprimió a los voluntarios que participaron en la jornada, en combinación con grupos paramilitares integrados por delincuentes de distinto pelaje, exintegrantes de las Farc y miembros del ELN.  La FAN, al no impedir que los colectivos y las Faes actuaran, aceptó que esos grupos irregulares armados por el régimen, se ensañaran contra la población civil inerme. Las imágenes de Freddy Bernal e Iris Varela en las cárceles de San Cristóbal y Ureña arengando y adoctrinando a los presos, armándolos y participando con ellos en el ataque a los civiles, y de paso tomándose selfing con los matones, como si fuera una acción heroica destruir los camiones que trasportaban medicinas y alimentos, muestran un acto obsceno frente. Significan un vejamen para la FAN. El cuerpo quedó subordinado a las directrices trazadas por los forajidos que participaron en el asalto. ¿Dónde quedó esa institución de inspiración  prusiana que se ganó el respeto de los venezolanos a partir de su profesionalismo, disciplina y lealtad a la democracia? Vladimir Padrino debería responder. Es el principal responsable de lo ocurrido.

Durante el período democrático el poder militar acataba las órdenes del poder civil. Esta obediencia era uno de los signos fundamentales del carácter civilista y republicano del Estado y la sociedad. En el Senado de la República se estudiaba la hoja de servicio de los oficiales cuyos ascensos eran propuestos por la institución armada. Se evaluaban las credenciales. A partir de los méritos y antigüedad de cada uniformado, el Senado sugería el nombre de los oficiales que debían ascender a las más altas jerarquías. La lista era considerada por el Presidente de la República quien, en su condición de Comandante en Jefe, tomaba la decisión en última instancia. La organización militar constituía un cuerpo coherente, con líneas de mando verticales.

Hugo Chávez y Nicolás Maduro, con la asesoría de los cubanos, decidieron convertir en un pandemonio el orden jerárquico de la institución castrense. Cargos y líneas que se entrecruzan y chocan entre sí. Rocío San Miguel y Sebastiana Barráez, dos profesionales dedicadas al estudio exhaustivo de la institución,  describen una organización minada, desmantelada y desvencijada, sin aprestamiento para cumplir con las tareas que le corresponden. Sus juicios fueron confirmados por Hugo ‘El Pollo’ Carvajal, antiguo militante del chavismo, quien sabe mucho del asunto porque durante diez años fue el hombre clave de la contrainteligencia militar. Conocedor de los secretos más ocultos de ese complejo mecanismo.

De esa institución respetada y admirada va quedando muy poco. Los testimonios de los jóvenes oficiales que en los últimos días han decido separarse del cuerpo e irse para Colombia y Brasil, hablan de unas condiciones de vida lamentables. Describen cuarteles a los cuales no llega el rancho, la comida. Ni reciben uniformes  o botas nuevas. Hablan del contrate abismal entre la vida de la tropa y la de los oficiales superiores que participan en el festín promovido por el régimen para premiar la lealtad de sus incondicionales.

Ahora los militares no están subordinados al poder civil organizado en Estado republicano, sino a los dictámenes de un pequeño grupo de civiles facinerosos, monitoreados desde Cuba por el G2 y Raúl Castro.

Una de las tareas vitales de la FAN en el futuro inmediato será recuperar su prestigio a partir de la eliminación de los grupos delictivos que han ocupado su lugar. Que la han relegado a un lugar penoso. Que la convierten en cómplice de un terror criminal que en nada se relaciona con la violencia legítima que, para preservar la paz y la estabilidad, debe ejercer la Fuerza Armada de un Estado democrático.

Los colectivos armados se transformaron, junto al G2, en los peores enemigos de la FAN. Dependerá de los oficiales a quienes les importe realmente la institución y valoren su importancia para la preservación de la democracia, la extinción de esos grupos. Cuando se habla de democracia y de República, los colectivos y los militares profesionales no pueden coexistir en el mismo universo.  Son incompatibles.

Colectivos, las fuerzas del terror en Venezuela por Priscila Guinovart – Panampost – 27 de Febrero 2019

Las milicias irregulares conocidas como “colectivos” mostraron lo peor del régimen chavista el 23 de febrero. No obstante, estos grupos no son un invento reciente de Maduro, sino que llegaron de la mano de Chávez.

Los “colectivos” constituyen una amenaza cada vez mayor.
(Imagen: InSight Crime)

Los colectivos, o “fuerzas armadas no regulares”, son uno de los tantos grupos violentos que desembarcaron en territorio venezolano desde la llegada misma del chavismo. No obstante, estas milicias han cobrado un ominoso protagonismo en las últimas semanas, siendo las lamentables estrellas de los funestos eventos del pasado 23 de febrero, día en el que se que se quemaron caminones con medicinas y alimentos y, además, se arremetió contra quienes apoyaron activamente el ingreso de ayuda humanitaria.

Estos colectivos, sin embargo, no aparecieron ex nihilo la madrugada del 22 de febrero. Las mencionadas bandas armadas tienen sus orígenes en los distintos movimientos subversivos de la década de 1960. Cuando Chávez se hizo del poder en 1999, vio las ventajas que el resurgimiento de tales grupos podía significar. Es así que, ya en su rol de presidente, les encomienda la tarea de ser “el brazo armado de la revolución bolivariana”.

Chávez, siguiendo los pasos de incontables gobiernos totalitarios, abogó públicamente por el desarme de civiles mientras que, por otro lado, creaba milicias cuyo único objetivo era intimidar, de las formas más nefastas, al pueblo venezolano.

A propósito, José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch, declaró en 2014 en entrevista con “Voz de América“, que “el gobierno (venezolano) ejerce intolerancia y hostigamiento contra todo aquel que difiera de sus políticas oficiales y aplica todo tipo de medidas contra los opositores y defensores de los derechos humanos” y agregó que “las consecuencias pueden ser de todo tipo, el gobierno acosa, recurre a los colectivos que son pandillas de personas armadas que utilizan la violencia con total impunidad”.

Tres años más tarde, la misma organización elaboró un extenso documento en el que denunció distintas violaciones a los Derechos Humanos, y dedicó un capítulo especial a los colectivos, a los que describiera como “un arma secreta para controlar manifestaciones” y destacó, además, que “se desplazan en motocicletas y portan armas de fuego”. El capítulo finaliza subrayando el hecho, para nada irrelevante, de que estos grupos funcionan en absoluta coordinación con las autoridades locales y las fuerzas de seguridad.

No obstante, a pesar de la existincia de estos documentos, poco hizo la comunidad internacional, quizás con la única excepción de Mike Pompeo, actual vicepresidente de Estados Unidos y exdirector de la CIA, que advirtiera en 2017 que “el riesgo que representan las milicias es cada vez mayor”.

La prestigiosa organización InSight Crime señala, por su parte, que los colectivos pueden haber recibido entrenamiento de rebeldes colombianos y detalla, asimismo, el tipo de armamento que estas milicias tienen a su disposición, destacándose pistolas 9 mm (con hasta 50 metros de alcance), fusiles AR-15 (con un alcance de hasta 457 metros) y las inflatables AK – 47, que ostentan un alcance entre 302 y 443  metros. También tienen en su poder bombas lacrimógenas, radios, motocicletas y vehículos de doble tracción.

Las temidas milicias, que en las últimas semanas han incrementado su presencia en puntos fronterizos, no solo son los autores materiales de la quema de camiones con ayuda humanitaria, como es de público conocimiento, sino también del asesinato de indígenas pemones. La izquierda del continente, vale recalcar, se mantiene en silencio

Los colectivos agrupan civiles defensores del régimen que viven en la absoluta marginalidad, y ex reclusos; es decir, personas que ya no tienen nada que perder, reincidentes en el crimen, dispuestos a ejecutar las órdenes más abominables.
Cuando llegue su hora – porque le llegará – Maduro no se podrá desentender de las viles acciones de sus milicias y deberá responder por cada tortura, por cada secuestro, por cada vida perdida, y, por supuesto, por las medicinas y alimentos que no llegaron, por los niños y ancianos que murieron ese 23 de febrero mientras corajudos voluntarios intentaban cruzar sus medicamentos por un puente. Por acción y omisión, Maduro carga con todas las culpas. Similar suerte correrán los gobiernos activamente cómplices (Cuba, Rusia, Turquía) y los que, desde el silencio, sonrieron al régimen (Bolivia, México, Uruguay).

Bachelet: Es alarmante ver fuerzas paramilitares operar libres en Venezuela – El Nacional – 24 de Febrero 2019

La alta comisionada de la ONU para los DDHH pidió que el uso de fuerzas paramilitares para controlar a la población se detuviera.

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Michelle Bachelet, alta comisionada de la ONU para los DD HH, condenó este domingo el uso excesivo de la fuerza, por parte de funcionarios y grupos irregulares, para impedir el ingreso de la ayuda humanitaria.

Bachelet pidió que sucesos como de esta índole, protagonizados por “fuerzas paramilitares o parapolicales” se detengan.

“El uso de fuerzas paramilitares o parapoliciales tienen una larga y siniestra historia en la región. Y es muy alarmante verlas operar de manera tan clara en Venezuela. El gobierno debe frenar estos grupos”.

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