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El hermano de Óscar Pérez: «El mundo debe saber que estos criminales siguen actuando desde Venezuela» por Manuel Trillo – ABC – 13 de Diciembre 2019

Luis Armando Pérez pide asilo en España y llama a tomar medidas para parar al régimen de Maduro

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Al venezolano Luis Armando Pérez, exempleado de banca de 41 años, ya no le quedan hermanos vivos. El menor, Óscar Pérez, era el policía que se sublevó contra el régimen de Nicolás Maduro tomando un helicóptero en 2017 y que fue masacrado junto a otros seis rebeldes en El Junquito en 2018. Antes había sido asesinado el mediano, Alexánder.

Tras salir de Venezuela hace más de dos años y pasar por varios países de Sudamérica, Luis Armando está en España, donde ha solicitado asilo. Ayer acompañó a los diputados en el exilio Wilmer Azuaje y Franco Casello en la presentación de unas espeluznantes fotos y vídeos de la matanza de El Junquito, que han aportado a la Corte Penal Internacional y la Oficina de Derechos Humanos de la ONU como pruebas de crímenes de lesa humanidad.

«Vine a dar la cara porque hay que pararles. El mundo debe saber que estos criminales, que tienen una red de corrupción y están relacionados con grupos terroristas, siguen actuando desde Venezuela», declara a ABC. Además, advierte de que «son un virus y se están expandiendo para ampliar sus tentáculos». Por ello pide al Gobierno español que permanezca atento y «filtre» a los venezolanos que llegan, ya que entre ellos considera que hay personas vinculadas al régimen enriquecidos con el dinero «robado» al pueblo. Además, insta a imponer sanciones a los jerarcas chavistas como las de EE.UU.

Un héroe que compara con Jesucristo

A Luis Armando Pérez no le gusta que a su hermano le llamen «el Rambo venezolano». Para él, es un auténtico «héroe» y más bien lo compara con el propio Jesucristo por la magnitud de su sacrificio.

Los dos diputados venezolanos indicaron que las imágenes prueban que lo de El Junquito fueron asesinatos a sangre fría, pese a que Pérez y sus compañeros habían capitulado. «Cuando te rindes, tienes derecho a la vida», explicó Wilmer Azuaje, pero en este caso «les dieron tiros a quemarropa».

Según dice, así lo demuestran los restos de pólvora en los tatuajes, los impactos de bala en los brazos que indican una postura defensiva y que las armas de las víctimas estaban cargadas, es decir, que no habían disparado.

Pese a que parte de los familiares han mostrado su malestar por la difusión de las fotos, creen que son necesarias para mover a la acción. Si no se hubiesen mostrado las imágenes del horror del Holocausto, «no se habría sensibilizado para que no se repitiera», aseguró Franco Casella.

 

Las escalofriantes fotos de los “tiros de gracia” extrajudiciales del régimen de Maduro por Daniel Lozano – La Patilla/El Mundo – 8 de Diciembre 2019

Oscar Perez REUTERS/Jonathan Lanza

El temor a perder la vida es lo menos que tengo ahora. No es el temor de la vida, sino el temor a fracasar, el temor de fallar a la gente».

Pocos días después de confesar a The New York Times sus inquietudes, como si se tratara de un epitafio a punto de redactarse, el policía rebelde Óscar Pérez y sus seis compañeros de lucha fueron ejecutados por fuerzas gubernamentales en Caracas.

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Venezuela: ¿qué tiene que pasar? por Agustín Rodríguez Weil – PanamPost – 9 de Julio 2019

Nicolás Maduro ya no oculta su similitud con Stalin. ¿Cuántas muertes más se deben contar para actuar de manera definitiva?

Militares patean las ofrendas florales en honor a Rafael Acosta Arévalo. (EFE)

En televisión nacional nadie hace mención al terrible asesinato del capitán Acosta Arévalo. Estaba detenido desde hace días, y en circunstancias inentendibles, se filtró a través de las redes sociales que estaba muerto. El joven militar había sido detenido días antes por la policía política del régimen, justo en días en el que dirigentes de ambos bandos se sentaron en una mesa en Oslo para llegar a un acuerdo, la noticia se viralizó, como si el régimen hubiese querido dejar en claro su postura.

Cuando una persona está detenida, su seguridad depende de sus carceleros. Incluso Diosdado Cabello, el número dos del régimen, lo había asentado en su programa de televisión, cuando señaló días antes del desenlace que el militar estaba en «buen resguardo de las autoridades, declarando, sumando lo que tengamos que sumar», sobre el supuesto golpe de Estado en el que Acosta había estado involucrado.

Sin embargo, en días en el que la Alta Comisionada de Derechos Humanos, Michelle Bachelet, visitaba Caracas para analizar las denuncias que reposaban sobre el país, Acosta Arévalo fue a juicio. El 29 de junio de 2019, llegó virtualmente destruido. Estaba golpeado, en silla de ruedas y sin poder hablar. Tenía evidentes signos de torturas, y en el contexto, pidió «ayuda» a su abogado defensor. Fue lo único que se le entendió. Posteriormente fue trasladado a un hospital militar, del cual no salió con vida. Luego, se filtró la autopsia: Acosta Arévalo fue, literalmente, aplastado y electrocutado. Sí, la picana, ese método que siempre se identificó con las dictaduras de derecha del cono sur en los años setenta, finalmente llegó a Venezuela y lo hizo años más tarde bajo el tutelaje de una dictadura de izquierda.

Pero el caso de Acosta Arévalo no es el único por el estilo. En octubre pasado, otro detenido fue asesinado en su condición de detenido. Fernando Albán, un ferviente opositor al régimen de Maduro, era concejal por el partido político Primero Justicia y fue arrestado sin ningún tipo de prueba. Lo cierto es que su cuerpo sin vida fue arrojado desde una ventana. La información obtenida señaló que había pasado por máquinas de torturas. Se le exigía que confesara crímenes que no cometió, que dijera nombres para perjudicar a otros. Fue tal su compromiso con la humanidad que prefirió asumir las consecuencias de tener dignidad en una dictadura. Le salió muy caro. Fue fatal.

El caso de Albán, al igual que el de Acosta, desnudó aún más la relación intrínseca de Maduro y sus secuaces con el crimen. Parece que para muchos componentes políticos del mundo –no solo de Venezuela sino también de la comunidad internacional– la ceguera es la ley. Ya en su momento los crímenes perpetrados por los Jemeres Rojos, antes que llegaran al poder, avisaron. Existía la excusa de que no había la tecnología de hoy en día, pero lo cierto es que, incluso cuando tomaron el poder y Pol Pot inició su régimen de terror, no hicieron nada. En Ruanda tampoco reaccionaron, en los Balcanes lo hicieron cuando el genocidio había avanzado, pese a que mucho se alertó. ¿Se burla el régimen venezolano de las organizaciones internacionales cuando les desafía por televisión o mata a jóvenes en cautiverio o en las calles? ¿No es una burla manifiesta cegar a un joven o fulminar la vida de Acosta Arévalo justo cuando Michelle Bachelet acaba de dejar el país? ¿Es suficiente enviar cartas exigiendo respuestas por parte de los culpables?

Un caso que sucumbió los cimientos de la nación fue el de Óscar Pérez. El expolicía hizo varias apariciones públicas que mostraron la debilidad del régimen en el fuero militar. Se hizo famoso al sobrevolar los cielos de Caracas con un helicóptero enarbolando un mensaje, y sus apariciones, desde la clandestinidad, desafiaron a los esbirros del régimen. Finalmente cayó en desgracia. Le dispararon con armas de guerra en la casa en la que se ubicaba en El Junquito. Lo mataron a él y a otros tantos soldados fieles a su causa. Lo más increíble es que los policías publicaron el proceso en las redes sociales. Todo el país vio el acontecimiento en horario estelar. Las redes no ocultaban nada y el ajusticiamiento fue público. Por supuesto, no hubo justicia en Venezuela, pero tampoco afuera de nuestras fronteras. Todo se quedó en condenas públicas, como si eso fuese la justicia moderna.

¿Cuántos Óscar Pérez, Fernando Albán o Acosta Arévalo más tienen que ocurrir para que la comunidad internacional se dé cuenta de que enviar cartas no funciona? ¿Cuántas vidas más se tienen que cegar para que estos organismos reparen en que, en el caso de no hacer nada, se multiplicarán las muertes y los problemas venezolanos se convertirán en los suyos? ¿Qué tiene que pasar para que se den cuenta de que las sanciones no son suficientes, ya que los que terminan pagando son el ciudadano de a pie? Si la comunidad internacional no actúa, Maduro puede parecerse mucho a Pol Pot o Bagosora. De hecho, ya el propio dictador no esconde su similitud con Josef Stalin, a quien se le atribuye el asesinato de más de 20 millones de personas.

Agustín Rodríguez Weil nació en Caracas. Es licenciado en comunicación social en la Uni­versidad Monteávila, posee un MBA en dirección de entidades deportivas “Alfredo Di Stéfano” (Escuela Universitaria del Real Madrid). Fue jefe de prensa del Deportivo Italia, Atlético Venezuela, Real Esppor y Deportivo La Guaira. Entre los libros publicados se encuentran «Memorias de Nuestro Ba­lompié», «Historias del fútbol venezolano», «La otra cara del Ba­lón» y «Casemiro, hércules en la Casa Blanca».

Reconstruyendo las últimas horas de Óscar Pérez por Giancarlo Fiorella y Aliaume Leroy – Bellingcat – 13 de Mayo 2018

Este informe (versión inglesa) fue co-investigado y escrito por Giancarlo Fiorella (@invenezuelablog), autor del blog In Venezuela, y Aliaume Leroy (@Yaolri), miembro del Equipo de Investigación de Bellingcat. Bellingcat hizo esta investigación en colaboración con Forensic Architecture, quienes construyeron un modelo digital navegable de tres dimensiones de El Junquito el cual ubica más de 60 piezas de evidencia en tiempo y espacio.

Para completar la plataforma, necesitamos más evidencia.

Tres organizaciones de medios venezolanos – Efecto Cocuyo, Armando.Info y El Pitazo – son socios en la convocatoria de material adicional que Bellingcat y Forensic Architecture actualmente llevan a cabo. The New York Times Opinion tambien está haciendo una convocatoria similar en una pieza escrita porGiancarlo Fiorella y Aliaume Leroy .

Traducción de inglés a español por Micaela Andrea Di Julio. Gracias especiales a Laura Weffer (@Laura_Weffer) de Efecto Cocuyo, y a César Batiz (@CBatiz) de El Pitazo.

Introducción

El 15 de enero de 2018, entre las 4:00 y las 4:30 UTC-4, aproximadamente 500 efectivos de la ley, militares y policías acordonaron y se acercaron a una casa situada en las colinas de El Junquito, una parroquia en el oeste de Caracas. Su blanco era Óscar Alberto Pérez, el líder del Movimiento Equilibrio Nacional (MEN), un grupo rebelde que había estallado como foco de atención nacional apenas seis meses atrás. Exactamente diez horas después, los cuerpos de Pérez y otras seis personas presentes en la casa con él ingresaron a la morgue Bello Monte en Caracas.

¿Exactamente cómo es que se desarrolló esta operación, nombre clave: Operación Gedeón? ¿Quiénes fueron los actores involucrados en la operación? ¿Cuáles fueron las circunstancias que llevaron a la muerte de Pérez, la de sus seis compañeros y de los dos oficiales de seguridad del Estado? ¿Fueron ejecutados Pérez y los miembros de su movimiento que se escondían en la casa de seguridad? Estos son los interrogantes que Bellingcat y Forensic Architecture han buscado responder identificando, recopilando, analizando, y geolocalizando el contenido visual de fuente abierta capturado ese día. Más de 60 piezas de evidencia—vídeos, fotografías, archivos de sonido y tuits—han sido localizadas en una plataforma espacio-temporal de El Junquito, construida por Forensic Architecture. Este modelo no solo sirve para aumentar nuestro entendimiento de lo que pasó en El Junquito el 15 de enero, si no que también para que cualquier persona la use para llevar a cabo su propia investigación del evento. Leer más de esta entrada

Radiotransmisión confirma que Óscar Pérez fue capturado con vida – La Patilla – 2 de Febrero 2018

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Una radiotransmisión entre los cuerpos policiales de Venezuela que participaron la mañana del 15 de enero en el operativo de captura del piloto alzado Óscar Pérez y seis de sus compañeros confirma que los rebeldes fueron capturados con vida, luego de negociar su entrega con el comandante de la operación, el mayor de la Guardia Nacional Rafael Bastardo, reseñó Univisión.

(Este informe fue elaborado con base en las indagaciones realizadas por periodistas en Caracas que, por razones de seguridad, no pueden firmarlo).

Sin embargo, dos horas después de estas comunicaciones, Pérez y las seis personas que le acompañaban ingresaron muertas en la morgue de Caracas. La causa de muerte de los siete fue un disparo en la cabeza, según mostraron las actas de defunción entregadas a sus familiares. Todo parece indicar que fueron ejecutados cuando ya estaban rendidos.

Óscar Pérez, de 36 años, era inspector y piloto de la policía científica de Venezuela. En junio de 2017, lanzó granadas sonoras desde un helicóptero de la policía sobre la sede del Tribunal Supremo de Justicia y llamó a la rebelión contra el gobierno de Nicolás Maduro. Desde entonces, las fuerzas de seguridad lo buscaban para apresarlo y el 15 de enero dieron con su escondite, gracias a una delación. Leer más de esta entrada

Rinden honor a Óscar Pérez en Bilbao por Ambar Román – Venepress – 30 de Enero 2018

“Víctimas de la masacre de El Junquito”, reza un cartel del exfuncionario del Cicpc junto a sus compañeros asesinados

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Una ofrenda floral y la imagen de las 7 personas asesinadas junto a Oscar Pérez en la Masacre de El Junquito se encuentran en la Plaza Venezuela de Bilbao, España.

 

Óscar Pérez y el gobierno del mal por Aquiles Esté – The New York Times – 19 de Enero 2018

Óscar Pérez en una protesta contra Nicolás Maduro en Caracas el 13 de julio de 2017CreditInaki Zugasti/Agence France-Presse — Getty Images

Todo es paradójico respecto de Óscar Pérez, el telegénico policía asesinado en vivo por el gobierno de Nicolás Maduro. Cuando irrumpió en junio pasado en la vida política de la atribulada Venezuela, generó más desconfianza que aprobación. En un país en el que los líderes cambian de bando como cambian de camisa, era legítimo preguntarse si este nuevo rebelde no era otro payaso al servicio del régimen, actuando de señuelo para atrapar incautos.

En pleno auge de una oleada de protestas populares, Pérez secuestró un helicóptero, sobrevoló el Tribunal Supremo de Justicia para lanzarle granadas de humo, abrió fuego contra el Ministerio de Interior y escapó luego de pasar cerca del Palacio de Gobierno. No dejó muertos ni heridos en su acción, pero sí un video en subido tono voluntarista en el que llamaba a levantarse contra Maduro. Nadie lo apoyó.

Luego se supo que era piloto, buzo de combate, paracaidista y filántropo. Era también actor, o sea, que tenía vínculos con la industria del espectáculo. En las ciudades desplegaron carteles ofreciendo recompensa. “Se busca por atentado terrorista contra instalaciones del Estado”,  decían. Pero el cerco del régimen tampoco aumentó su credibilidad como insurrecto, ni los sucesivos meses de apariciones fugaces en marchas, medios de comunicación, incursiones en cuarteles o los desafíos permanentes al poder desde las redes sociales.

Todo eso cambió la mañana del 15 de enero. En tiempo real, el inspector Pérez pasó de caricato a héroe gracias a su habilidad para comunicarse con el celular, su mensaje de irreprochable nobleza y los errores y atropellos de los cientos de esbirros, entre civiles y militares, convocados para asesinarlo en una cabaña a las afueras de Caracas.

El hecho simple es que ha nacido el símbolo Óscar Pérez con el poder para comprometer a Maduro en varios frentes cruciales.

Una mujer sostiene un cartel frente a la morgue en Caracas en donde está el cuerpo de Óscar Pérez.CreditMiguel Gutierrez/European Pressphoto Agency

En primer lugar, todos los indicios permiten afirmar que su muerte fue una ejecución extrajudicial. Esto coloca al dictador venezolano y a los cabecillas de su partido como gerentes del crimen, decidiendo a dedo quién vive y quién muere en Venezuela.

Las atroces proclamas del mandatario venezolano al día siguiente de la masacre en las que garantiza el exterminio para cualquier otro que se alce, recuerdan lo sucedido con 120 víctimas en 2017 por las fuerzas de seguridad de Maduro y sus colectivos paramilitares. Estas declaraciones llegarán a los oídos de la Corte Penal Internacional (CPI), donde es posible condenar a presidentes en ejercicio. La CPI debe abrir una investigación y despejar cualquier duda sobre las imágenes que han visto millones de usuarios en las redes sociales.

El mundo entero ha podido ratificar esta semana que en Venezuela no hay un mal gobierno, sino un gobierno del mal.

En segundo lugar, las condiciones de su muerte han servido para revelar la ineficacia de los esfuerzos políticos de la oposición como herramienta para enfrentar a la tiranía bolivariana. Los videos transmitidos por Pérez antes de morir acabaron con cualquier ápice de prestigio que pudieran conservar las negociaciones que se llevaban acabo en Santo Domingo entre los miembros más psicopáticos del gobierno venezolano —los consabidos hermanos Jorge y Delcy Rodríguez— y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Gracias a la ejecución extrajudicial de Pérez y sus compañeros, se pudo confirmar que el régimen usa las negociaciones como fachada para proceder luego al exterminio de los adversarios que no se sometan, un destino que espera a muchos tan pronto lo permitan las circunstancias.

Lo sustantivo de esta masacre es que va a servir para poner la lucha contra el chavismo en su justo lugar, que no es otro que el ámbito moral. El mundo entero ha podido ratificar esta semana que en Venezuela no hay un mal gobierno, sino un gobierno del mal. Así lo han visto los principales medios internacionales, entre ellos Der Spiegel, que no tardó en calificar a Maduro de “carnicero”.

Óscar Pérez ya es un sentimiento nacional e internacional y un llamado al despertar de los venezolanos. Esto lo sabe el régimen bolivariano y por eso se niega a entregar el cadáver del policía a sus deudos. Quieren evitar un entierro multitudinario que pueda encender nuevamente la pradera de la mancillada dignidad de la población, que mengua con un salario mínimo de tres dólares mensuales.

La libertad de Venezuela ha estado trabada por la diatriba ideológica que ha separado sin razón a los venezolanos, a los gobiernos del mundo y a los organismos internacionales. La inusitada épica de Pérez y sus muchachos debe ser vista como un punto culminante en la comprensión de la deriva genocida del chavismo. En ese orden, ofrece la paradójica oportunidad de agrupar a todos los que adversan a la satrapía de Maduro bajo un único prisma narrativo, legal, político y geopolítico: remover al gobierno del mal.

¿Quién mató a Oscar Pérez? por Rafael Poleo – Noticias Sigatoka Venezuela – 23 de Enero 2018

POLEO1-1.jpgNo sólo fue una estupidez, también fue una chapuza el asesinato del rebelde Oscar Pérez y sus camaradas, perpetrado en las condiciones más crueles y escandalosas, como espectáculo destinado a aterrorizar a una población en creciente rebeldía contra los secuestradores que la mantienen humillada bajo un tratamiento que incluye el sometimiento por hambre y castigo físico.

Concluida la escalofriante exhibición de sadismo como instrumento de gobierno, los secuestradores enfrentan consecuencias que agravan hasta el extremo una situación que parece confortable cuando en realidad es muy crítica. Estados Unidos y Europa van cerrando el cerco de una manera progresiva, emitiendo con calculada lentitud sus terribles sanciones personales contra los capitostes del régimen, quienes con el corazón en la boca esperan cada nueva lista de malditos. En una estrategia de asfixia lenta, cada tanto aparece una lista de diez o doce sancionados, la cual se anuncia con anticipación pero reteniendo los nombres, de manera que quienes aún no han aparecido tiemblen ante la posibilidad de que ahora les toque. Este cronista tiene información concreta de que los capos chavistas y sus familias viven en zozobra permanente, temiendo que la próxima lista arruine sus sueños de una vida opulenta en el Primer Mundo.

Los sancionados ven congeladas las fabulosas colocaciones que para escapar del Departamento del Tesoro estadounidense confiaron a bancos europeos. Ese dinero no lo verán nunca más. En lo personal, no podrán viajar a países europeos como ya no pueden hacerlo a Estados Unidos. En casos como el general Reverol esto significa una vida desquiciada. Sancionado por Estados Unidos, trasladó a España, tradicional receptora de dictadores acaudalados (Batista, Pérez Jiménez, Perón, etc.), un proyecto de vida futura que se asentaba frente a la preciosa ría de Vigo, instalados en una vivienda acorde con su elevado rango. Su familia se estaba acomodando allí. Para facilitar esta operación esa familia ocupó los cargos de importancia en el consulado venezolano viguense, que sirve a toda Galicia. Ese proyecto de quien se disponía a disfrutar del retiro opulento que merece un destacado servidor de la revolución que ha hecho la felicidad de los venezolanos, se derrumba cuando la Unión Europea emite una nueva lista que le incluye entre quienes ven congelados sus haberes y prohibido su ingreso en el llamado viejo continente cuando ya lo estaba en Norte América y cada día más dificultado en los países vivibles de Centro y Sur América.

Las sanciones personales son uno de los instrumentos que Estados Unidos y Europa, con la colaboración de los países que cuentan en Ibero América (México, Colombia, Perú, Chile, Argentina y Brasil), aplican para poner de rodillas a la oclocracia venezolana. Son varios, como la acción directa sobre el movimiento comercial y financiero del Estado forajido. No se puede negociar con él y hacerlo con Estados Unidos, y entre los dos mercados la elección es obvia. Esto repercute cruelmente sobre la población, lo cual no importa a los mandatarios venezolanos como no importa a sus homólogos cubanos. Ellos comen bien, y compensan con el poder sobre vidas y haciendas limitaciones como la de no gozar más vacaciones en el Primer Mundo. En este caso donde Occidente no se enfrenta a políticos sino a sociópatas que en su ignorancia de los mecanismos globales de poder creyeron que podrían esclavizar una sociedad en medio del continente americano, lo eficaz son las sanciones personales. Para evitarlas Rafael Ramírez cambió de bando y ha puesto en manos de Estados Unidos los detalles del saqueo a los ingresos petroleros. Este “Efecto Ramírez” es devastador. El Departamento del Tesoro tiene todo el mapa del gran saqueo. Por causa de Ramírez los jefes chavistas se miran entre sí con desconfianza mientras buscan el contacto a través del cual puedan saltar la talanquera. Téngase en cuenta que, como histórica regla de hierro, los más proclives a voltearse la chaqueta son aquellos que más pregonan lealtad.

La masacre de El Junquito es un ejemplo del desorden que, alimentado por un miedo que en cualquier momento será pánico, cunde en el alto chavismo. El mayor Bastardo Mendoza, guardia nacional jefe de la operación, parlamentaba a viva voz con Oscar Pérez cuadrando la rendición de los rebeldes con la bendición de Maduro, cuando alguien tan poderoso como para torcer una orden del Presidente sacó de la operación a la Guardia Nacional y entregó el caso al poderoso colectivo, obediente a Diosdado Cabello y Freddy Bernal, que gobierna en el 23 de Enero. Es allí donde se decide asesinar a los rendidos. Pero dentro de estos hechos se desarrolla un episodio de alta significación cuando los tres más importantes jefes del colectivo temido por Gobierno y Oposición son ultimados por fuego oficialista. Como es de rigor en estas operaciones, los verdugos son a su vez asesinados para que no puedan contar quién los mandó. Como guinda de la torta, al día siguiente Maduro, rodeado de generales-focas, destituye al comandante general de la Guardia Nacional, de quien en los cuarteles se dice que se negó a que su fuerza ejecutara la masacre -pero a la hora de presentar cuentas a la Corte Internacional, él aparecerá como responsable del crimen, salvo que diga quién ordenó sacar del escenario a la GN.

De Maduro se sabe que ordenó traer vivos a los rebeldes. Cabello, en su programa televisado, hace maromas para hab el mensaje de que él siente mucho lo ocurrido. Entonces, ¿quién? Los militares se pelotean la culpa de un episodio que ha de terminar en un mini-Nuremberg. Lo posible es que se pongan de acuerdo para culpar a los colectivos, con lo cual Padrino se sacudirá por fin a Cabello y al ejército irregular que Castro inventó para balancear el peso de la FAN. Destruir ese ejército particular de Freddy Bernal es trabajo pendiente para los militares -no fácil, por cierto.

Tiro de gracia por Pablo Aure – Noticiero Digital – 22 de Enero 2018

El acta de defunción de Oscar Pérez, ex inspector del CICPC señala como causa de su muerte “traumatismo cráneo encefálico severo por herida de arma de fuego en la cabeza”. Parecido informe plasmó el forense para detallar la causa de la muerte de quienes lo acompañaban en el momento monstruoso de la ejecución de El Junquito. Se lee: “hemorragia subdural, fractura de cráneo, herida por arma de fuego con proyectil único a la cabeza” Las siete personas (incluido Oscar Pérez) murieron por un tiro en la cabeza. Ninguno se salvó en esa masacre. La orden fue clara: “mátenlos a todos”. Y para que la orden se cumpliera al pie de la letra se recurrió a mercenarios experimentados en el arte de asesinar y extorsionar, a los tristemente famosos y mal llamados “colectivos”.

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La sola presencia de los irregulares armados en las inmediaciones de El Junquito es suficiente para corroborar que Venezuela es dirigida por una especie de “pranato” al margen de la ley. Llegaron al sitio los colectivos pero se le impidió al CICPC tener acceso al lugar de los acontecimientos. No se resguardaron las evidencias, sino por el contrario, han hecho todo lo posible para desaparecerlas.

El régimen exhibió con desnudez espantosa su naturaleza asesina. No tiene escrúpulos, ni el más mínimo respeto hacia la vida del rendido. Maneja códigos ajenos a la civilidad.

El pasado lunes 15 de enero Venezuela retrató el verdadero rostro del “Socialismo del siglo XXI”; un rostro que no mata en defensa sino como lección. El mensaje de escarmiento o medida ejemplarizante fue ratificado por funcionarios del régimen pocas horas después del ajusticiamiento: quien se atreva a hacer lo mismo que Oscar Pérez, correrá con idéntica suerte.

El sadismo de quienes desgobiernan no se conformó con ejecutarlos salvajemente, al mismísimo estilo de aquellos verdugos fundamentalistas que filman el momento de quitarle la cabeza a los infieles como señal de poder. Sino que también después de darle muerte, profundizan el dolor ya causado a sus familiares, demorando la entrega de los cadáveres. Amenazándolas con incinerarlos y finalmente estableciendo el lugar, fecha y asistentes al sepelio. No hay otra palabra para calificar a los capitostes del régimen: ¡son unos monstruos! Pero como ya lo he dicho en estas mismas líneas, no son unos monstruos cualquiera, pues en su haber tienen un variado culto a la muerte: Han asesinado a jóvenes manifestantes disparando metras, perdigones en los ojos, bombas lacrimógenas directo al corazón y a la cabeza, han dejado morir a miles de ciudadanos por no conseguir medicamentos, le prohíben a los médicos del sistema público de salud diagnosticar desnutrición para ocultar las cifra de los venezolanos que no pueden comer más de una vez al día, y como si esto fuera poco, parece que le han agarrado el gusto que sus ejecuciones sean transmitidas por redes sociales.

De defensor a verdugo.-

Tarek William Saab, funcionario designado como fiscal general de la república por la espuria asamblea nacional constituyente, ha sido sordo, ciego y mudo en esta masacre.

Él que se ufanaba de ser un gran defensor de los DDHH, hoy con su silencio se convierte en encubridor de muchos delitos y, hasta en el cómplice necesario para que los mismos se cometieran. ¿Qué pasó la madrugada de aquel 15 de enero en El Junquito? ¿Hubo autorización expedida por un juez? ¿Dónde está el acta “policial” levantada para llevar a cabo esa operación? ¿Se le participó al ministerio público? ¿Por qué Tarek William Saab no envió a ningún fiscal para garantizar el respeto a los más elementales DDHH? Desde muy temprano estaban circulando en las redes mensajes de Oscar Pérez y de muchos de sus seguidores donde anunciaban la operación. El fiscal general de la república, que otrora simulaba ser defensor de los DDHH ahora se hizo el loco, y por desatender sus responsabilidades como “fiscal general”, la historia lo obligará más temprano que tarde a sentarse en el banquillo de los acusados por no haber impedido esos asesinatos.

El legado de Oscar Pérez

Muchos ignoraban lo que en realidad quería Oscar Pérez, estoy seguro que él nunca se imaginó el legado que dejaría. Si estaba sustrayendo armas de los cuarteles para usarlas en defensa del pueblo cuando así lo considerara necesario, difícil entender entonces, que no las haya utilizado para defenderse durante esa salvaje operación. Su lenguaje jamás fue de odio, él invitaba a sus compañeros y a las FAN a unirse al pueblo. Hoy, a una semana de su acribillamiento, podemos decir que Oscar murió con las botas -de la resistencia- puestas. Pero además, documentó paso a paso el desenlace de la operación que acabó con su vida convirtiéndolo en el mártir que tuvo el valor de filmar su ejecución. Esas transmisiones en las que manifestaba que estaba rendido, tengan la seguridad que serán de vital importancia en la inminente acusación contra Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional.

 

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