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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

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Esto es lo que puede ocurrir en Venezuela por Robert Evan Ellis – El Diario de Caracas – 11 de Enero 2018

38686349_303Desde que Maduro se mantiene en el poder, o ser expulsado por otros miembros del gobierno y la élite militar, o los militares restauraran el orden luego de breve período de violencia, hasta el caos y la desintegración de Venezuela, son los cuatro escenarios que prevé el profesor de Investigación de Estudios Latinoamericanos del Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de EEUU, Robert Evan Ellis. A continuación el análisis completo…

El arresto por parte del gobierno venezolano al ex-ministro de Petróleo, Eulogio del Pino, y al ex-jefe de Petróleos de Venezuela (PdVSA) Nelson Martínez, a fines de noviembre de 2017, así como el despido del ex-titular de PdVSA, Rafael Ramírez, como embajador de Venezuela ante las Naciones Unidas; sugieren que la crisis en Venezuela podría estar entrando en una nueva y peligrosa etapa en la que los chavistas, aunque parecen fortalecer su mano, están comenzando a “comerse entre ellos”, sin un deseo de cambiar a los líderes y a las élites militares, de cuya continua tolerancia depende la supervivencia del gobierno de Maduro. Los acontecimientos en Venezuela en las últimas semanas sugieren que el régimen de Maduro ha mejorado su posición, ganando una serie de contiendas simbólicamente importantes, a medida que las divisiones en la oposición se hacen más profundas. La victoria inesperada del partido gobernante en 18 de los 23 estados venezolanos en las pasadas elecciones regionales, ampliamente denunciadas como fraudulentas, y su victoria de 308 de los 335 escaños en las elecciones municipales de diciembre, luego de que partidos clave de la oposición boicotearan la elección, desmoralizaron aún más y dividieron las filas de la oposición. Incluso antes de los reveses de noviembre-diciembre de 2017, la oposición se había sentido frustrada por su incapacidad para asegurar el cambio político a través de protestas callejeras masivas y sostenidas o la presión de la comunidad internacional a través del Grupo Lima de 12 naciones. Ni la oposición, ni la comunidad internacional, pudieron bloquear la elección y la instalación de una Asamblea Constituyente – inconstitucional– en agosto de 2017, que parece destinada a reescribir la Constitución para proporcionar un barniz legal al Estado autoritario creado gradualmente por Nicolás Maduro y su antecesor Hugo Chávez. Leer más de esta entrada

Capitular en lugar de luchar por Humberto González – El Nacional – 10 de Enero 2018

1479925033450.pngEs cierto que la MUD tiene caras nuevas y que hasta la mayoría de los partidos que la integran son relativamente nuevos, con no más de 20 años de actividad. Sin embargo, sus formas de hacer política copiaron las mismas prácticas consensuales y negociadoras de la llamada cuarta república en la era democrática. Se trata de la idea de la lucha política reducida a campañas electorales con promesas falsas que se reciclan entre una y otra elección. Sobre esta base y un sistema de partidos que literalmente vivían de la renta petrolera, se montaba todo un sistema de negociados, demagogia y clientelismo.

Esa clase política de la “democracia” nunca tuvo el valor siquiera para defender su propio modelo clientelar. Menos aún tuvo el coraje y la claridad de enfrentar los planes de Chávez. Por el contrario, en 1999, la entonces Corte Suprema de Justicia y el extinto Congreso Nacional le capitularon a Chávez en nombre de la élite política que representaban.

Por esos días, los operadores políticos del momento armaban sesudos “análisis” para argumentar que no era posible enfrentar a Chávez debido a su “popularidad”. Las primeras jornadas de movilización y protesta contra el régimen de Chávez se hicieron en contra y a pesar de la opinión de una dirigencia política que nunca tuvo la voluntad de hacerle una verdadera oposición al régimen.

En lugar de organizar a la oposición y la resistencia al régimen chavista, estos partidos “democráticos” siempre han apostado por formas de cohabitación política que reducen la lucha a una confrontación estrictamente electoral, el único terreno que parecen conocer. Algunas concesiones electorales simbólicas e insignificantes llevaron a esa oposición electorera a hacer de la vía electoral un fetiche, para empeñarse obstinadamente –contra la evidencia fáctica– en que la dictadura podía entregar el poder si perdía con votos.

Hemos llegado al punto en el cual la mayoría del país, quizá hasta más de 80%, está contra el régimen y clama por un cambio, pero no hay forma institucional para que esa voluntad se exprese y se haga valer. La vía electoral en un sistema viciado y fraudulento ha probado, una y mil veces, que no es sostenible para sacar a la dictadura. Pero la MUD insiste.

A esta obsesión fetichista con la vía electoral se ha sumado en los últimos años la práctica de negociar un presunto acuerdo directamente con el régimen. El objetivo –afirman– es salvar el país. La esencia entreguista y capituladora de la MUD no podía conformarse con legitimar al régimen por la vía de elecciones, sino que ahora plantea ambiciones más audaces al proponer, como único método de lucha para derrotar a la dictadura, una mesa de negociación.

Y cuando estos dirigentes de partidos intentaron dirigir protestas en la calle también fracasaron, pues es un terreno que desconocen y quizá hasta desprecian. Eso llevó a intentos insustanciales y frívolos –bailantas y marchas en horario de oficina– como formas de protesta.

Ir a elecciones sin garantías, negociar con una dictadura que jamás entregará el poder por la vía pacífica son expresiones concretas de una práctica política colaboracionista y capituladora, al ser incapaces de articular una agenda de lucha política, de quienes prefieren doblegarse, arrodillarse y arrastrarse para no desaparecer, y seguir viviendo de la renta política como antes.

Luego de ganar la mayoría de la Asamblea Nacional, la MUD no supo qué hacer con eso. Su desempeño en el Poder Legislativo ha probado ser contradictorio, incoherente e inútil para la causa democrática. Tampoco la MUD sabe qué hacer hoy, cuando el país está incendiado de punta a punta con movilizaciones y protestas. No han estado, no están ni estarán a la altura de las exigencias democráticas del momento quienes, en lugar de luchar, lo único que saben hacer es capitular.

Se derrumba dramáticamente la estructura política venezolana por Jesús Seguías – Datincorp – Enero 2018

Venezuela está ante un gran desmadre político, sin liderazgos ni instituciones confiables, en medio de una crisis social y económica de gigantescas proporciones.

De convocarse a unas elecciones en los próximos 3 meses, la oposición estaría en aprietos si no hace correcciones urgentes según Jesús Seguías Presidente de Datincorp a raíz de las revelaciones y análisis prospectivo del estudio de Diciembre de 2017

LA IMPLOSIÓN POLÍTICA.

La mayoría absoluta de los venezolanos no confían en los políticos, ni en los partidos políticos, ni en las instituciones (con excepción de las iglesias), ni en el gobierno, ni en la oposición. Es el desmadre político total. La más severa crisis social y económica de la historia venezolana sorprende al país además sin liderazgos confiables, sin orientaciones, sin esperanzas de nada.

Y para completar la tragedia, más de medio país quiere abandonar a Venezuela. Sin duda, estamos ante un vacío muy peligroso que debiera obligar a los políticos de oficio a reaccionar, a entenderse, para ponerle punto final a la tragedia que conmueve a la nación. Eso es lo que piden los venezolanos.

El 64% de los venezolanos considera que la crisis de Venezuela debe resolverse con elecciones presidenciales y con negociaciones entre los factores políticos. Los más propensos a las negociaciones son los chavistas, y los más propensos a las elecciones son los opositores y los no alineados, a los bloque políticos. Sólo el 2% delos venezolanos cree en una confrontación violenta entre el gobierno y la oposición como método para superar la crisis, y un 15% cree que la crisis se resolverá a través de una intervención militar extranjera.

EL ÉXODO.

De hecho, en el último estudio de Datincorp hemos descubierto una cifra alarmante: el 59% de los hogares venezolanos tienen al menos un miembro del núcleo familiar primario en el exterior.

En Venezuela existen 7 millones 600 mil hogares aproximadamente de acuerdo a las cifras del Instituto Nacional de Estadística. Pues bien, el 59% de estos hogares representan en cifras absolutas 4.5 millones de familias primarias. Esto significa que la cifra de venezolanos que se han marchado del país sobrepasaría significativamente la cifra de 2.8 millones de personas hasta ahora calculadas, en su mayoría jóvenes y opositores

¿Sabemos cuánto impacto tendrá en la votación opositora esta cifra de electores que ya no están votando por la oposición? Pero hay otro fenómeno que genera impacto en la economía: las remesas de los que se han marchado. Si cada emigrante enviara mensualmente 50 dólares promedio a sus familias en Venezuela, lo cual no es nada difícil para quienes perciben ingresos en otras divisas, eso representaría un ingreso a la nación, por concepto de remesas, por el orden de los 2.500 millones de dólares al año. Esto significa un inmenso alivio para las familias beneficiadas.

EL NUEVO INVENTO POLÍTICO.

Pero los venezolanos comienzan a inventar de nuevo, al igual que en la década de los noventa del siglo pasado. Tenemos varios años advirtiendo que cuando los políticos de oficio fallan, los pueblos inventan. Los venezolanos tienen más de 30 años inventando.

Primero inventaron a Andrés Velásquez, luego a Irene Sáez, reinventaron a Rafael Caldera, finalmente inventaron a Chávez cuyo legado ha durado 18 años hasta que les llegó la hora de la implosión producto de sus propios desaciertos y fantasías revolucionarias.

LORENZO MENDOZA.

El nuevo invento de los venezolanos es Lorenzo Mendoza, quien sin ser político, sin haber abierto jamás la boca para decir que quiere ser presidente (y a lo mejor jamás se presentará en una contienda política), que nunca ha estado en una actividad política de calle, es el único que aparece cómodo en las preferencias de los venezolanos. Le lleva una ventaja significativa a Nicolás Maduro.

Es un fenómeno que tiene claras explicaciones: los venezolanos quieren en este momento a alguien alejado de la confrontación política, a alguien que este enfocado en la agenda del país la cual no es otra que la agenda económica y de seguridad ciudadana, y si ese alguien además tiene un buen background en la producción de bienes, alimentos, servicios, pues entonces bingo.

Para ser franco, en estos momentos los venezolanos están hastiados de los políticos, más no de la política. Esta diferenciación es muy importante señalarla. Pero perciben que los políticos actuales les han fallado, los perciben como excesivamente enfocados en sus (legítimos por los demás) deseos de poder, que les han mentido, que llevan 5 años diciendo que Maduro se va mañana, y bueno… paremos de contar.

Esos errores se pagan en política, nunca quedan inmunes al castigo de los electores. No olvidemos que los políticos tienen mucho poder de decisión en la vida cotidiana de los ciudadanos; así como sus aciertos son premiados, sus errores son castigados.

EL CHAVISMO.

Hoy la revolución marxista-leninista colapsó, están desvariando, no logran impulsar una iniciativa realizable y que vaya más allá de los sueños revolucionarios. El chavismo es un movimiento que tiene aun mucho arraigo social y político, pero están obligados a rehacer su juego, sus teorías políticas, sus estrategias.

Pero esa es una tarea casi imposible desde el poder. Ellos necesitan oxigenarse. Necesitan con urgencia depurarse de la presencia de la inmensa camada de corruptos que crecieron a la vera del estado petrolero, al igual que lo hicieron ayer con Acción Democrática y Copei, y ya vimos los resultados.

Y es que la corrupción es problema-país, no atañe exclusivamente a los chavistas. El llamado chavismo se mantuvo a flote durante 12 años viviendo de la fantasía petrolera, la cual financió todas las travesuras y desaciertos, hasta que bajaron los precios del petróleo y se descubre que jamás los venezolanos dejaron de ser pobres durante la revolución socialista.

Lo que sí había eran muchos pobres con dinero en la mano, producto de un reparto irresponsable de los recursos que pertenecían a la nación y a las futuras generaciones. Hoy, todos los niveles de cohesión social, económica y política están en rojo.

El país está al borde de un desenlace de consecuencias impredecibles. Además, así como la oposición está en serios problemas, especialmente de liderazgo y organización, el chavismo lleva una procesión fatal por dentro.

LA OPOSICIÓN.

El estudio revela además que, de convocarse unas elecciones presidenciales para los próximos meses, la oposición venezolana nucleada en torno a la MUD estaría en precarias condiciones para participar. Veamos tres razones:

1. Los electores opositores que se han marchado del país están haciendo mucho peso en la estructura de la votación opositora. Estamos hablando de mas de 2 millones de votos, en medio de un escenario electoral donde ella oposición nunca ha llegado la barrera de los 8 millones de votos. Diríamos que la oposición ha tenido una merma de una cuarta parte de su votación natural, como mínimo.

2. La oposición no cuenta actualmente con líderes ni partidos políticos (incluyendo los inhabilitados y presos), lo suficientemente confiables para revertir la tendencia abstencionista que tanto daño le está haciendo a los propósitos electorales de la oposición. El líder opositor más confiable es Leopoldo López, quien está inhabilitado, y tiene apenas 9 puntos porcentuales luego de haber estado en cifras superiores a los 20 puntos; el resto de los candidatos, el que más tiene no supera los 2 puntos. Y en un escenario mas cerrado, con sólo los candidatos habilitados, los de más peso son Henry Ramos y Henri Falcón, pero ninguno supera los 3 puntos, mientras Nicolás Maduro se mantiene con 20 puntos duros. Obviamente, en todos los escenarios estaba incluido Lorenzo Mendoza quien llevaba una ventaja abismal a los demás candidatos opositores y a Nicolás Maduro. La situación se le complica a la oposición si Lorenzo Mendoza no es candidato. Esto no significa que sea automática una derrota opositora, pero está sin duda en serios problemas para ganar con una ventaja suficiente como para poder contrarrestar las triquiñuelas gubernamentales que surjan en el proceso electoral, y además para garantizar una mayoría sólida que permita niveles de gobernabilidad y gobernanza imprescindibles para superar la severa crisis del país.

3. En la oposición están manoseando la idea de unas elecciones primarias, lo cual sería suicida en este momento. Eso será una pérdida de tiempo, y un escenario para los cuchillos largos. La convocatoria a unas primarias también revelarían que los dirigentes opositores están ensimismados en sus intereses personales y no están actuando con sentido de nación. Los venezolanos no son tontos, y lo perciben. Si todos los dirigentes opositores tienen un alto nivel de rechazo en los venezolanos, entonces es contraproducente hacer unas primarias para ver quién de los rechazados es el mejor, cuando por el contrario debieran trabajar con urgencia para neutralizar ese rechazo, y hacer que retorne la confianza en ellos.

Está claro que la abstención de los venezolanos, luego de haber participado masivamente en las elecciones parlamentarias de 2015, deviene no sólo del juego duro que ha desplegado el gobierno desde entonces sino de los errores cometidos por la misma oposición.

Revertir esto en 60 días no es fácil. Pareciera que a la oposición se le están reduciendo dramáticamente las opciones en esta hora donde no sólo está en juego el destino de unos cuantos dirigentes o de partidos políticos sino de toda la nación. Quizás la opción más práctica y consistente que les queda es que todos los actuales aspirantes pongan sobre la mesa su renuncia temporal a sus aspiraciones y que, con sentido de políticos de nación, desprendidos de toda ambición personal, busquen un candidato de consenso que proyecte una buena imagen en el país y genere confianza para la superación de las crisis económica y de seguridad ciudadana que es lo que más importa al 82% de los venezolanos.

Ese sería un excelente mensaje para restablecer la confianza en los venezolanos.

Análisis de la coyuntura política por Félix Cordero Peraza – El Universal – 7 de Enero 2018

1515175080533.jpgTiempo de evaluación política. De diagnóstico objetivo, certero y mentes profundas e integrales. Fase de un proceso que requiere reflexión, inteligencia y competencia analítica. Capacidad prospectiva y planificación estratégica. Periodo para la acción unitaria y la programación consensuada. El uso de lenguaje llano y explícito y la diseminación de contenidos interconectados con los grandes problemas económicos y sociales de la población. Época de un discurso vinculado a las penurias y carestías de la familia venezolana. De propuestas razonables y soluciones sencillas. Comprensibles y percibidas como garantes de dominio y manejo de la problemática. Que generen confianza y eleven la credibilidad en el liderazgo político. ¡Hoy disminuido! Espacio para el surgimiento de un liderazgo con significado claro en la solución de los graves problemas de la nación. ¡Quien mejor represente la solución tendrá la posibilidad de ganar la presidencial!

Reina la confusión y la apatía
Mientras la oposición y el gobierno se preparan para la gran batalla –presidencial 2018— la confusión reina entre los electores. En la calle todo es especulación sobre quién o quiénes serán los candidatos. En la mente de los electores el independiente Lorenzo Mendoza, de la MUD Capriles, López, Ramos Allup, Falcón, Claudio Fermín y Eduardo Fernández. Del lado oficial, Maduro. En la oposición todos claman por un candidato unitario. Tanto el liderazgo político como los electores. Para hacer frente a la candidatura única del gobierno. Allí está la posibilidad de triunfo opositor. Complementado, por supuesto, con un programa de gobierno viable y consensuado. Unas propuestas y soluciones claras y específicas para solucionar los problemas de la inflación, la escasez de alimentos y medicinas, la baja de los ingresos familiares y la terrible inseguridad de bienes y personas.

El segmento opositor es claramente mayoritario, pero para motivarlo e incorporarlo a la campaña se necesitan unas conductas del liderazgo que proyecten una imagen de preocupación por el país y prioricen los grandes intereses colectivos. En lugar de la división como producto de rivalidades personales y ambiciones de poder. Lo que ha debilitado a sus organizaciones partidistas. Este es el principal reto del liderazgo alternativo al presente gobierno. No será fácil, pues el disgusto, la desilusión y la apatía han golpeado seriamente el ánimo y el deseo de participar de las mayorías opositoras. Hoy, insensibles e indiferentes ante las estrategias de la oposición y de la política en general. Para esto se requiere sobre todo actitudes unitarias, desprendidas y aceptables. El descrédito de los partidos puede ser comparado al existente en la década de los 90. Y la fuerza del antipartido se ha multiplicado impresionantemente. Se observa en la calle y en las conversaciones cotidianas.

Tímida popularidad gubernamental
Por el lado del gobierno, encontramos una tímida popularidad. Las clases D y E, representan el 73% de la población general del país. Y a ellos van dirigidos los programas y misiones sociales, por ser los más pobres. Sin embargo, solo ha logrado un respaldo electoral del 27,5%, de los casi 20 millones de votantes. En su ejecución campea la corrupción, el desvío de alimentos y la irregularidad en las entregas. Sobre la mala imagen del gobierno recae la culpa por la terrible y dramática hiperinflación y el estancamiento de la economía. El otro aspecto que jugará decididamente en la presente coyuntura es el proceso de diálogo y negociación que se realiza en República Dominicana. Y en cuyos avances está el destino de la paz y convivencia de la nación. Un año complejo y de terribles retos tanto para la oposición como para el gobierno.

El factor Lorenzo Mendoza
Aunque poseo información sobre la oposición de la familia a la candidatura de Lorenzo Mendoza, ésta toma cuerpo en vastos sectores de la sociedad. El factor Lorenzo Mendoza pudiera capitalizar el generalizado descontento de los ciudadanos con los partidos políticos. Aglutinar el estructural antipartidismo, arrastrar la abstención y atraer incluso gruesos sectores de las clases D y E. Por su significado de hombre vinculado a la economía, a la gerencia y a las relaciones con importantes corporaciones mundiales, que invertirían en la producción de alimentos y medicinas. La personalidad de Mendoza pudiera simbolizar una administración pública eficaz y honesta frente al desastre de incompetencia, despilfarro y alarmante corrupción. Malos servicios públicos y gigantesca e ineficiente burocracia.

 

La tragedia de la oposición venezolana por Tomás Straka – Nueva Sociedad – Noviembre 2017

El campo opositor al gobierno de Nicolás Maduro está más dividido que nunca. Lo que ayer era motivo de unidad, hoy lo es de ruptura. ¿Cómo pudo, en medio de la crisis, ganar espacio el chavismo?

Las elecciones regionales del 15 de octubre fueron una catástrofe para la oposición. Pocas veces en la historia un evento electoral ha logrado consecuencias tan contundentes: nada menos que la práctica destrucción del perdedor. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la alianza de partidos que con relativo éxito se había venido enfrentado a Nicolás Maduro, ahora está disuelta en los hechos y los partidos que la integraban, cada uno con una interpretación distinta de lo ocurrido, se han reagrupado en tres grandes bloques más o menos enfrentados entre sí. Los candidatos que hasta la víspera punteaban en las encuestas, se desdibujaron hasta el punto de que nadie los considera seriamente para los comicios del 2018, y la población opositora, que aún es mayoría, se hunde en la desesperanza y no sabe si resignarse y acomodarse como pueda con el gobierno o encontrar un modo para mudarse al exterior.

¿Cómo fue posible una hecatombe de tal dimensión? ¿Cómo, después de cuatro meses de protestas que prácticamente paralizaron el país, con un rechazo de alrededor del 80% de los venezolanos, las sanciones y condenas internacionales, la peor crisis económica de la historia del país y la posibilidad cierta de un default en el cortísimo plazo, Maduro puede cantar una victoria y encima una de esa dimensión? Lo que se pueda responder a estas preguntas es clave tanto para entender la cambiante situación venezolana como para extraer lecciones de utilidad para el análisis político. El modo en que cada bando jugó sus cartas, en el que uno supo reconcentrar sus fuerzas y mientras el otro las dispersó, la importancia de los discursos y de los líderes para crear sentido en la población ante hechos que la conmueven, y el papel de las apariencias para tomar o mantenerse en el poder, quedan de manifiesto en la cadena de acontecimientos y decisiones que desembocaron en el 15 de octubre.

Comencemos con las apariencias. El tamaño y la continuidad en el tiempo de las protestas le hizo pensar a muchos que el régimen estaba cerca de caer. Pero la verdad es que salvo la disidencia de la fiscal Luisa Ortega Díaz, el bloque gubernamental no se rompió, al menos no de forma visible o en todo caso capaz de obligarlo a aceptar los reclamos de la oposición (cronograma electoral, liberación de los presos políticos, apertura de un canal humanitario).

Por el contrario, mientras la policía, la Guardia Nacional y los llamados «colectivos», lograban el control, aunque no sin grandes esfuerzos, de una sociedad cansada después de más tres meses de protestas y más de un centenar de muertos; Maduro tomó la delantera con la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. A partir de ese momento la lucha fue por evitar su instalación, hecho en el que se obtuvieron enormes triunfos como el referéndum simbólico del 16 de julio y la condena de muchos países a la iniciativa, pero que le permitió al gobierno llevar la batuta de los debates.

Y es acá donde lo de los discursos entroncan con las apariencias: Maduro no tenía ninguna razón para echarla atrás, aún cuando hizo un par de amagos, como el de proponer su posposición si los opositores se unían a ella. Pero todo indica que la dirigencia opositora estaba segura de que lograría detener la convocatoria y, hasta donde se ve, no se prepararon para la eventualidad de que se instalara finalmente. Además, el rechazo a la Constituyente era altísimo por lo que era casi imposible participar sin ofender a sus seguidores y una larga lista de promesas incumplidas durante los diálogos sostenidos antes de la crisis, desaconsejaban hacer caso a Maduro.

Pero el juego de las apariencias y los discursos que les dan sentido tuvo otro flanco: acaso para hacer reconcentrar la movilización contra la Constituyente, se dijo que si se instalaba, el gobierno tendría poderes absolutos. Eso significaba dos cosas: que de antemano le reconocía este poder con el hecho de que lograra reunirse y, por lo tanto, que si esos ocurría, ya estaba todo perdido. Pues bien, eso fue lo que ocurrió, y el discurso opositor funcionó como una soga atada a su propio cuello.

El 30 de julio, cuando el Consejo Nacional Electoral dijo que ocho millones de venezolanos votaron por la Constituyente (en el referéndum del 16 de julio, se calculó que habían sido siete), la dirigencia, básicamente no dijo nada contundente. Ahora carece de plan para avanzar. A lo sumo, que las cifras sólo podían explicarse por un monumental fraude. Días después, la empresa que procesa los datos, Smartmatic, dijo que habían sido manipulados, lo que venía a ser un aval para esa tesis. Pero ya se había convocado a las elecciones de gobernadores y eso abría una disyuntiva: o participar pese a todas las dudas por el árbitro electoral, o abstenerse y arriesgarse a perder espacios, dejando todas las gobernaciones en manos del gobierno. Se decidió –la verdad que con razones de peso—la segunda opción, pero es evidente que muchos electores vieron una incongruencia en aquello: ¿cómo se le pide al electorado que participe en unas elecciones organizadas por quienes ellos mismos a los que han acusado de fraudulentos? Aunque hubo líderes que llamaron a la abstención no hacía falta demasiado esfuerzo para que la duda se sembrara, sobre todo si en vez de explicar los riesgos y las razones por los que valía la pena enfrentarlos, se prefirió el discurso triunfalista de que se ganaría sino todas, casi todas las gobernaciones.

Acá es donde Maduro terminó de demostrar que era mejor jugador. Mientras en los circuitos electorales dominados por la oposición la gente decidía no votar y tal vez el peso de la emigración a gran escala de la clase media empezaba a sentirse, el gobierno desarrolló una eficiente máquina cooptación de votos a través de sus canales para distribución de ayudas – en especial de comida—, y de la organización disciplinada de su militancia. Hay quienes hablan de un sistema como el del PRI: un autoritarismo electoral en el que no es necesario hacer un fraude masivo sino sumar muchas formas de ventajismo distintas para ganar siempre, siendo o no mayoría. Estas formas van desde el traslado a último momento de votantes de la opositora clase media a otros centros lejos de sus hogares o en sitios que consideren peligrosos, a emplear los consejos que distribuyen alimentos para movilizar votantes.

El resultado fue el nocaut del 15 de octubre: diecinueve gobernaciones en manos del gobierno y cinco en las de la oposición. Nuevamente se habló de fraude, pero rápidamente se señaló como culpable a la abstención, lo que da a entender que la victoria del gobierno fue meridianamente limpia o, lo que es lo mismo, un reconocimiento de la derrota por parte de la oposición. Como guinda del postre, cuatro de los cinco gobernadores opositores electos se juramentaron ante la Asamblea Nacional Constituyente que esa misma oposición había declarado ilegítima. En lo subsiguiente las diferencias que todos sabían que anidaban en la MUD se revelaron con fuerza, para dividirse en tres bloques: el de los partidos socialdemócratas Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo, que han preferido actuar dentro de los límites que permite el régimen (aunque algunos hablan de simple connivencia con el poder); en el otro extremo, el del partido liberal Vente Venezuela y el socialdemócrata Alianza Bravo Pueblo de los líderes María Corina Machado y Antonio Ledezma, que reunidos en la alianza Soy Venezuela plantean una resistencia sin concesiones; y el que en el centro tienen los partidos Primero Justicia (centro), Voluntad Popular (socialdemócrata) y La Causa Radical (Causa R, socialista), que se presentan como los herederos de la MUD en una nueva alianza, Venezuela está Primero.

Aunque el rechazo mayoritario de la población, la situación económica desastrosa que va a empeorar y las sanciones internacionales no le ponen fácil el panorama a Maduro, la tragedia de la oposición venezolana ha hecho que las discusiones se concentran en la posibilidad de que Maduro se postule para la reelección el año que viene o de que el Partido Socialista Unido de Venezuela opte por una renovación con el joven Héctor Rodríguez, figura promisoria en el chavismo que acaba de ganar el muy estratégico Estado Mirando, que básicamente agrupa al hinterland de Caracas y, según parece, está subiendo en las encuestas. Se da por descartado que otras figuras, por las razones que sean, tengan un chance real. El desastre vivido por la oposición venezolana probablemente se convierta en un modelo de estudio. Pero precisamente porque demuestra que en política las cosas no son lo que parecen ser y que los relatos que se hacen de ellas pueden tener un peso fundamental. El juego sigue y aún hay cartas bajo la manga. Tal vez la experiencia le haya enseñado algunas cosas al jugador de oposición.

Adiós a un mal año por Alberto Barrera Tyszka – ProDaVinci – 31 de Diciembre 2017

 

unknownEl 2017 fue áspero, duro, doloroso. Por eso se va cabizbajo, cargando muchas melancolías bajos los brazos. Este año, la mayoría de los venezolanos hemos sido derrotados.

Nos venció un gobierno que decidió abandonar la política para ejercer exclusivamente la violencia en todas sus formas y dimensiones, para convertir la extorsión y el chantaje en la práctica oficial cotidiana. Nos venció una institucionalidad sometida voluntariamente a los designios de la nueva oligarquía. Nos venció un poder moral entregado a la inmoralidad. Nos venció una Asamblea Nacional Constituyente que ni siquiera se representa a sí misma, que solo es un instrumento para defender los intereses de los poderosos. Nos venció también una oposición errática, incapaz de unirse alrededor del sufrimiento de las mayorías; un liderazgo opositor dividido, obsesionado por sus ambiciones personales más que por las grandes tragedias del país.

Nos venció la economía, la inflación y la escasez. Nos venció el horror de ser un país donde mueren niños por desnutrición. Nos venció el hambre y la enfermedad. Nos venció, sobre todo, la ceguera y la soberbia de un gobierno que no quiere ver nada de esto, que no está dispuesto a reconocer la realidad. Nos venció una élite que rechaza la “ayuda humanitaria”, una élite a la que no le importa nada, que no quiere negociar, que –hasta nuevo aviso– ha decidido suspender la democracia en Venezuela.

Nos vencieron los enchufados. Los que cada vez son menos. Los privilegiados. Los que aparecen bailando en la TV. Los que sonríen y hacen chistes sobre la pobreza. Los que tienen escoltas y soldados para protegerse. Los que pueden enfermarse sin ningún problema. Los que no necesitan un carnet de la patria para sobrevivir.

¿Cómo se le dice adiós a un mal año? ¿Con qué ánimo se puede recibir al 2018?

Sería ideal poder creer en la fantasía del año nuevo y la vida nueva. Imaginar, por ejemplo, que Tarek Williams Saab aparecerá el 3 de enero mostrando el video donde Euzenando Prazeres de Azevedo, ex presidente de Odebrecht en Venezuela, asegura haber entregado 50 millones de dólares para la campaña de Nicolás Maduro. O esperar que alguien en el gobierno tenga el coraje y la dignidad de aceptar que hay graves problemas, que el modelo fracasó, que la gente pasa hambre, que la corrupción y la negligencia han sido más eficaces y potentes que el imperialismo. Pero, por lo que se ve, nada de esto sucederá. En el horizonte del 2018 no se ven milagros.

George Orwell, que pensó y narró con mucha agudeza procesos como el que estamos viviendo, escribió en 1946 que “un Estado totalitario es una teocracia y su casta dominante, para mantener su posición, debe creerse infalible”. Esa es nuestra desgracia. Nos gobiernan los infalibles.

Ellos ya solo son la certeza del poder. Una certeza cada vez más pequeña y más violenta. No hay nada nuevo en ellos. Nada distinto. Así sea difícil, así parezca imposible, la única posibilidad de cambio está de nuestro lado, somos nosotros. Todos los demás. Esa incertidumbre, ese temor, esa desazón, aunque parezca increíble, sigue siendo nuestra única esperanza.

 

Asalto navideño en Santo Domingo por Andrés Correa Guatarasma – Tribuna Abierta – 19 de Diciembre 2017

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Quizá sin saberlo, los 18 años de condena que el juez neoyorquino Paul Austin Crotty dictó la semana pasada a los llamados “narcosobrinos” de la pareja presidencial Maduro-Flores coinciden con otra sentencia de 18 años: la que Venezuela se auto impuso al legitimar a un militar golpista y permitirle derogar la constitución en 1999. La situación fue tempranamente denunciada como “el suicidio de un país” por Vargas Llosa aquellos días de fin de milenio.

El aniversario de la derogación coincide con la temporada de los “asaltos navideños” del Caribe. En algunos países tiene otro nombre esa costumbre de ir por las calles cantando, tocando puertas vecinas para estimular la celebración, desde mediados de diciembre hasta el 6 de enero. Es como Halloween, pero en vez de pedir dulces, se canta y se bebe.

Ya no son tan comunes esos “asaltos navideños”, apenas sobreviven en los pueblos. En las ciudades hay otros en vigencia. Por ejemplo, en EEUU ha habido un asalto continuado este año a la separación de poderes, la ética y el sentido común desde la llegada de Trump y su clan a la presidencia, con un nacionalismo infantil de solterona despechada.

Pero sin duda el gran asalto ha sido y sigue siendo el del régimen venezolano que, con complicidad internacional, se ha extendido cual pizarra de aeropuerto, de Caracas a Santo Domingo, de La Habana a Zúrich, de Miami a Andorra, de Madrid a Pekín, de Moscú a Teherán y donde quiera más se encuentre escondido el patrimonio saqueado que tiene al “país” sumido en la miseria más absurda en la historia de Iberoamérica, sin guerra ni tragedia natural, sino por pura estupidez.

La confluencia del petróleo venezolano con la narcoguerrilla colombiana ha logrado un bandolerismo criminal sin precedentes. Y aún así ciertos personajes se han prestado a seguir perdiendo tiempo con un llamado al diálogo que oxigena al régimen. Sucede además en una isla con escasas referencias académicas o diplomáticas, más allá de fusilar al dictador Trujillo o discriminar sistemáticamente a sus vecinos haitianos tan acostumbrados a la tragedia.

Partiendo de semejantes credenciales de los anfitriones “Chicos del Can” e ignorando la interminable lista de violaciones a la ley por parte del régimen caraqueño y su entrega de soberanía a Cuba, lejos de arrinconarlos la “oposición” permite que le marquen el baile. E incluso entran ahora en receso navideño de un mes, antes de retomar las “negociaciones”, como si la hiperinflación, el destierro, el hambre y la escasez pudiesen tomar vacaciones en Venezuela.

¿Tampoco se han dado cuenta de que en 2018 la izquierda tiene posibilidad de subir al poder en Brasil y México, las FARC ya serán parte del menú electoral en Colombia, y en Perú puede ser destituido Kuczynski, el presidente más solidario con la Venezuela decente?

¿No les impone además urgencia y autoridad que las denuncias de corrupción y desfalco chavista no paren de llegar desde diversas partes del globo, y que por primera vez en la historia familiares de la pareja presidencial sean condenados por narcotráfico aún contando con abogados costosísimos pagados indirectamente por los venezolanos desnutridos?

¿Por qué le cuesta tanto a “la oposición” venezolana asumir el liderazgo si ya tiene a la comunidad internacional de su lado mientras el régimen está más desacreditado que Harvey Weinstein? ¿Ingenuidad, oportunismo, comodidad, ineptitud, ceguera, cobardía y/o falta de autoestima?

En una versión del síndrome de Estocolmo, muchos “opositores” parecen haberse enamorado de la dictadura. Quizá por ello mendigan, se niegan a invertir los roles y a detener este gran “asalto navideño” que se ha venido escenificando a conveniente lentitud en Santo Domingo entre partes que no son ni remotamente iguales: la ley tiene más autoridad que cualquier dictadura, por muy mafiosa que sea.

Lo contrario es vivir en las cavernas.

Andrés Correa Guatarasma es corresponsal y dramaturgo venezolano residenciado en Nueva York, afiliado a la Academia Norteamericana de la Lengua Española, el Dramatist Guild of America y la Federación Internacional de Periodistas.

La división en la oposición venezolana amenaza la lucha contra Maduro por Belén Domínguez Cebrián – El País – 14 de Diciembre 2017

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La oposición venezolana ha recibido este miércoles el premio Sájarov a la libertad de conciencia que concede anualmente el Parlamento Europeo. Es un galardón que para muchos, como el exalcalde huido de Caracas, Antonio Ledezma, y el presidente de la Asamblea Nacional (Parlamento), Julio Borges, da “un empujón y sangre nueva” a la lucha para salir de la “narcotiranía” del régimen de Nicolás Maduro. Los dos fueron los encargados de recibir este miércoles el galardón, en una ceremonia que amenazó con fragmentar a la Eurocámara, pero que finalmente se redujo a las ausencias esperadas de algunos miembros de la izquierda.

La llamada oposición no es una, sino muchas. 18 partidos políticos conforman la Mesa de Unidad Democrática (MUD) y algunos, como Leopoldo López, están arrestados; otros, como Ledezma, en el exilio. Y sólo un puñado de esas facciones se ha podido trasladar —con discursos dispares— a Estrasburgo (Francia) para recoger el premio. En Venezuela, la desunión de la oposición está dando si no vía libre al régimen de Maduro, al menos más tiempo para continuar en el poder.

“Es urgente una recomposición de la unidad en [la oposición de] Venezuela (…) Estamos dando un triste espectáculo”, reconocía Ledezma en una entrevista con EL PAÍS días antes de recibir el premio en la Eurocámara. Unas facciones de la MUD avalaron la creación el pasado julio de la Asamblea Constituyente de Maduro, lo que fue considerado un golpe a la democracia por el resto, y otras corrientes no vieron fraude en el referéndum revocatorio de 2016 mientras otros —igualmente opositores— lo denunciaban públicamente. En definitiva, hay “contrasentidos” en la propia oposición, resume quien aún reivindica su figura como legítimo alcalde de Caracas a pesar de las elecciones municipales del pasado domingo en las que Maduro recuperó el poder en 300 de 335 localidades en parte gracias a que los principales partidos de la oposición —Voluntad Popular (Leopoldo Lopez, en régimen de casa por cárcel), Primero Justicia (Henrique Carriles) y Acción Democrática (Henry Ramos Allup)— no concurrieron a los comicios para boicotear al sistema.

PUJA POR 50.000 EUROS

Una de las cuestiones que deja en suspenso la profunda división de la oposición venezolana es a quién y para qué irán destinados los 50.000 euros de los que está dotado el Sájarov. Ledezma propone crear un fondo para los familiares de los presos políticos. Pero, aunque es algo que él ya ha anunciado a través de sus redes sociales, no lo ha acordado con los otros miembros de la MUD como Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional venezolana, también en Estrasburgo en condición de premiado junto a los padres de Leopoldo López (en régimen de casa por cárcel), la hermana de la española Andrea González (en prisión acusada de asesinato) y la esposa del opositor Daniel Ceballos (también en prisión).

“Muchas veces, de repente te sientes como privilegiado: teníamos comida, familia que podía pagarse un pasaje para irnos a visitar [a prisión]. Me gustaría poder ayudar a los familiares de los presos políticos que tienen problemas económicos”, explica. Borges, sin embargo, en una entrevista con la Cadena SER aseguró que debería destinarse a “una institución muy fiable en Venezuela para que cree una cátedra de enseñanza de Derechos Humanos a jóvenes en Venezuela”.

La división entre ellos es evidente y poco antes de recoger el premio, Borges aseguró que se está estudiando cuál es el mecanismo más útil para destinar esos 50.000 euros. “Leopoldo [López] enviará un plan en las próximas horas”, asegura. Lo ideal, señalan fuentes parlamentarias que otorgan el premio, es que se lo repartan entre toda la oposición”. La unión hace la fuerza no ha llegado aún a Venezuela.

Como respuesta, recibieron la amenaza del Gobierno de no poder presentarse en las generales en la primavera de 2018. Fuentes de la Eurocámara señalan que Maduro convocará estos comicios en marzo, para no dar tiempo a la oposición a que se reorganice y busque un candidato de consenso, añade Borges, que hoy por hoy no existe. “Va a primar el sentido de la responsabilidad para elegir candidato pero para una elección, no para un fraude”, opina Ledezma.

Para que la MUD se recomponga, son ellos mismos los que deben definir los términos de cómo salir del régimen chavista que “tiene secuestrado al país”, dice Ledezma. Y es precisamente ahí donde está el talón de Aquiles opositor: todos quieren echar a Maduro, pero ninguno se pone de acuerdo en la estrategia. La opción que sugiere el exalcalde metropolitano, de 62 años y más de mil días bajo arresto domiciliario, es la de acatar el mandato que les dieron más de siete millones de venezolanos el pasado julio para “restituir la República en el menor tiempo posible”. Es la iniciativa Soy Venezuela a la que, asegura, muchos dirigentes opositores “le han dado la espalda”. Pero Borges, figura en activo de la primera línea en la política venezolana, opta por “levantar más protestas en las calles” (que ya han dejado más de 157 muertos este año), además de continuar con la presión internacional y las negociaciones entre el régimen y la oposición en Santo Domingo.

El ejemplo de Luisa Ortega, exfiscal general de Venezuela —chavista, hoy huida en Colombia— que recientemente salió del país y denunció el régimen de Maduro ante la Corte Penal Internacional por su deriva autoritaria, es el camino correcto a ojos de la Alianza Bravo Pueblo (ABP), la facción opositora de Ledezma, una de las más conservadoras en el amplísimo espectro político que abarca la MUD. “Ahí está el camino [hacia la solución]. Con Ortega, y con mucha gente que votó a Chávez y a Maduro, hay que hablar y dialogar. No podemos estigmatizar a esos votantes si queremos unir y sacar al país de la crisis”, apunta el exregidor, quien asegura que tras “estar de paso” en el extranjero volverá pronto a la política de su país.

La división de la oposición se trasladó también a los pasillos de le Eurocámara. La MUD era la candidatura de los liberales, que finalmente ganaron con el apoyo de populares y conservadores. Finalmente, se ausentaron del acto algunos miembros de la Izquierda europea y Los Verdes -cuya candidata era Lolita Chávez, activista medioambiental guatemalteca-, por considerar que el legislativo comunitario ha politizado el Sájarov. “Las personas que reciben el premio encarnan una oposición violenta que busca desde 2002 derrocar con golpes de Estado a los Gobiernos elegidos democráticamente por el pueblo venezolano”, critica sin tapujos Izquierda Unida. Todos sus eurodiputados (cuatro) se ausentaron. No lo hicieron, en cambio, los cinco de Podemos, que prefirieron mantener un perfil bajo por la campaña electoral en Cataluña, según apuntan fuentes parlamentarias, aunque ni aplaudieron ni se levantaron de sus escaños para celebrar el galardón.

Una mediación que divide

Desde hace dos años, existe en Santo Domingo (República Dominicana) una mesa de negociación —auspiciada por la mediación del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero— entre el régimen chavista y la oposición, pero no está validada por toda la MUD. Para Borges es un campo más de batalla. Para Ledezma una pura “parodia”. Siente que ese diálogo no da sus frutos e incluso algunas personas cercanas a ABP han calificado la figura de Zapateros de “nula” alabando, sin embargo, los esfuerzos de Mariano Rajoy, José María Aznar y Felipe González en la crisis del país latinoamericano. Esta misma corriente defiende que desde que Zapatero es mediador, el régimen se ha recrudecido. La socialista Elena Valenciano es muy clara en su respuesta: “Zapatero tenía como tarea principal evitar un enfrentamiento civil. Veremos lo que sucede el próximo día 15 [cuando se retomen las negociaciones en la capital dominicana]. Pero los mediadores no sobran nunca”.

Pero las últimas detenciones de políticos en Venezuela, paradójicamente muestran un signo de debilidad en un país que cada vez se asemeja más a Cuba y que alcanza una hiperinflación que roza el 1000%, según la opinión de la oposición representada en Estrasburgo, que aunque no es toda, sí es la principal. “Al régimen, la única herramienta que le queda es la violencia, la represión y el miedo”, asegura el presidente de la Asamblea Nacional, despojada de todas sus funciones legislativas este verano en favor de la Asamblea Constituyente diseñada a medida por el régimen de Maduro.

El Gobierno se ha convertido, pues, en un animal herido que se defiende con toda su rabia. “Zapatero, quizás sin quererlo, ha hecho posible el milagro de que sobreviva la agonía de Maduro. Y con ella pagamos todos los venezolanos. Porque con estas negociaciones [los chavistas] han ganado dos años: 2016 y 2017. Pero el que no tiene más tiempo es el país, son los venezolanos”, cierra Ledezma.

 

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