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Oxímoron: Transición con chavismo por Luis Manuel Aguana – Blog TIC’s y Derechos Humanos – 17 de Febrero 2019

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Demasiadas señales para ser ignoradas. El chavismo abierto y encubierto desea regresar en sus múltiples facetas al gobierno usando la transición, con la ayuda de la oposición oficial. No, no se asombren. No es una actitud de apartheid político la que estoy tratando de aplicar aquí. Es solo la advertencia de quien siendo un observador externo advierte que no se puede componer un país utilizando quienes fueron los responsables directos de su destrucción. No existe tal cosa como “chavismo democrático”. Eso conceptualmente es un oxímoron, que de acuerdo al RAE significa: “1. m. Ret. Combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador.

Sin embargo, la oposición oficial, que es como he llamado en esta tribuna a todos aquellos factores políticos que aun se empeñan en hacer oposición bailando pegados con la dictadura, por aquello de que en Venezuela “no podrá existir” una transición sin el gobierno, insisten en tratar de colearnos el chavismo –la tesis de los enclaves autoritarios de Henry Ramos Allup- en la fase “Gobierno de Transición” de la famosa trilogía “Cese de la Usurpación-Gobierno de Transición-Elecciones Libres”. Desde aquí responsablemente les advierto: la mejor manera de comprarse un fracaso seguro durante la transición de Juan Guaidó es meter al chavismo en cualquier fase del proceso. Y tengo la agria impresión de que eso no es gratis. El chavismo ha amasado tanto dinero que bien se pueden comprar no solo un puesto en lo que viene sino el Gobierno de Transición completo si se lo proponen. Y no es solo un decir…

Y la plataforma política que están usando se las proporcionó la MUD en su relanzamiento opositor, con el nombre de Frente Amplio (tan amplio que incluye al chavismo) Venezuela Libre en marzo de 2018, con los dos actos realizados en el Aula Magna de la UCV donde buscando desesperadamente la reconexión con el país, se bañaron de “sociedad” civil coleando al chavismo light en la fiesta de relanzamiento (ver Dos actos, un mismo propósito: el relanzamiento de la MUD, en http://ticsddhh.blogspot.com/2018/03/dos-actos-un-mismo-proposito-el.html).

Sin ir muy lejos e ilustrando el punto anterior, en el acto celebrado en la Sala de Conciertos de la UCV el 14 de febrero, donde diversos sindicatos pidieron al Presidente Encargado Juan Guaidó instalar una “mesa tripartita” para el rescate de las escalas salariales y mejorar las condiciones laborales (ver noticia en http://efectococuyo.com/principales/trabajadores-piden-mesa-tripartita-a-guaido-para-abrir-dialogo-social/) algunos representantes de los trabajadores presentados al público en ese acto forman parte activa de ese chavismo cuya voracidad destruyo a las instituciones que ahora dicen querer rescatar, como en el caso del Metro de Caracas que es un ejemplo que conozco perfectamente. Voluntad Popular como partido organiza dentro de ese Frente amplio ese evento y le entrega al chavismo, encubierto por una lucha por sacar a Maduro, la lucha sindical sin percatarse que le está poniendo la soga al cuello a futuro al Presidente Encargado, ¿qué tal? Mayor estupidez imposible.

Si ese es el ejemplo del resto de los sindicatos y trabajadores de las organizaciones presentados en ese encuentro, el gobierno de Juan Guaidó estaría operando sobre una bomba de tiempo durante la transición. Solamente con eso el Gobierno de Transición estaría montado en un caos laboral. ¿Qué le costaría a los sindicatos del chavismo desestabilizarle el gobierno a Juan Guaidó? Nada, si les dan la apertura desde ahora mismo como lo están haciendo.

Lo que debería pasar es que las autoridades que designe Juan Guaidó en cada institución sean capaces de garantizar elecciones sindicales libres al momento inmediato del “Cese de la usurpación” y que exista una legitima representación de los trabajadores en cada una de esas instituciones, cosa que ha sido imposible desde que Chávez y Maduro llegaron al poder, robándose las elecciones de los trabajadores en cada Empresa e Institución del Estado. De allí que esos sindicatos estén como están ahora. Allí lo que hay es un nido de delincuentes y ladrones que se han llevado el dinero de los trabajadores y a los que nadie le ha podido poner control. La única manera de rescatar esa paz laboral para que exista estabilidad del gobierno de transición es poner en su justa dimensión la representación de los trabajadores.

¿Cuál es ahora la estrategia de aquellos que se sienten perdidos porque el pueblo decidió expulsarlos del gobierno, dándole el respaldo masivo a Guaidó y a una transición inevitable? Infiltrar y hacer inviable lo que viene. Y lo están logrando con la pequeña ayuda de aquellos que creen que sin el chavismo no se puede gobernar. Mas les vale a Juan Guaidó y al G4 de la Asamblea Nacional recapacitar en esa decisión de macro política. El chavismo no puede estar en la transición so pena de hacer ingobernable el país y hacer regresar lo que los venezolanos les ha costado sangre en las calles. Replicaríamos en un santiamén la experiencia de Nicaragua y Daniel Ortega con cualquier representante de ese chavismo que en este momento se encuentre financieramente preparado para asaltar el poder de nuevo. Y hay unos cuantos, comenzando por Rafael Ramírez…

Un ejemplo de la instrumentación de esta política incluyente del chavismo en el Gobierno de Transición lo representa Stalin González de UNT: “Gobierno de Transición en Venezuela incluirá a chavistas y militares” (ver noticia en https://www.cubanet.org/noticias/stalin-gonzalez-gobierno-transicion-venezuela-incluira-chavistas-militares/): “Sí pensamos que el chavismo y los militares deben ser parte de ese gobierno de transición (…) Hay que darle espacio al chavismo, que no es Maduro, porque tiene que haber estabilidad política”, dijo González a la agencia británica”. Esto no es más que la doctrina de la transición de Henry Ramos Allup en acción, que incluye dejar las estructuras del régimen intactas: “…el régimen transicional significa: leyes de perdón y olvido, ley de punto final, comisiones de la verdad, reparación de victimas, procesos especiales –mediatización de la justicia- que es la justicia transicional, y soportamiento y aceptación de lo que se denominan enclaves autoritarios, que son las instituciones del antiguo régimen, para señalarlos de alguna manera, que uno se calaría en un régimen nuevo. Es decir Altos Mandos militares, Tribunal Supremo, etc., etc., etc..” (ver Ramos Allup habla sobre la “transición”, en https://youtu.be/zzudMxJGnVU, min 0:52). Que lamentable ver un joven como González ponerse la piel arrugada de un viejo, en lugar de tener ideas renovadoras y propias de alguien de su generación.

Pero lo realmente terrorífico de esta política en acción fue lo expresado por Francisco Sucre de Voluntad Popular el 12 de febrero en representación de… ¡Juan Guaidó! al momento de reunirse con el Alto Mando italiano en Roma: “Francisco Sucre, delegado enviado Roma en representación del presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó,  sostuvo este martes que el mandatario venezolano Nicolás Maduro, puede participar en unas eventuales nuevas elecciones en el país“El señor Maduro es libre de presentarse en esas elecciones, no como presidente en ejercicio sino como ex presidente de la República. Si lo postula su partido por supuesto lo aceptamos”, dijo el parlamentario durante una conferencia de prensa. “No queremos sustituir una intolerancia con otra intolerancia”, recalcó.” (ver Francisco Sucre: Maduro podría participar en unas eventuales nuevas elecciones, en http://talcualdigital.com/index.php/2019/02/12/francisco-sucre-maduro-podria-participar-en-unas-eventuales-nuevas-elecciones/). De verdad que me gustaría saber que piensa el Presidente Encargado de estas declaraciones.

¿Será que nadie le ha informado a Francisco Sucre que Maduro es convicto a pasarse 18 años y tres meses de prisión por delito de Corrupción Propia y Legitimación de Capitales, tiene doble nacionalidad y de paso esta señalado por narcotráfico por la DEA y el Vice Presidente de los Estados Unidos? (ver Pence: Investigaciones de la DEA apuntan a la narcodictadura de Maduro, en https://www.diariolasamericas.com/eeuu/pence-investigaciones-la-dea-apuntan-la-narcodictadura-maduro-n4171128). ¿Será que nadie le ha dicho a Francisco Sucre que MADURO NO ES NI FUE PRESIDENTE DE LA REPUBLICA y mucho menos ex Presidente porque las elecciones de 2013 y 2018 fueron un fraude? Maduro NO PUEDE PARTICIPAR en ninguna elección ni para concejal porque deberá estar preso para ese entonces. Los casos de González y Sucre fueron motivo de especial atención de mi amigo Antonio Sánchez García en su extraordinario artículo de hoy Tiranía, Crisis y Transición en https://www.lapatilla.com/2019/02/17/tirania-crisis-y-transicion-por-antonio-sanchez-garcia-sangarccs/ que les recomiendo ampliamente.

Entonces, las señales que nos están mandando desde la oposición oficial antes de comenzar la trilogía son muy preocupantes, e imposibles de ignorar. Si algo se debe acelerar, además del “Cese de la Usurpación” que toda Venezuela espera con ansia, es la liberación de Juan Guaidó de toda atadura partidista, como se solía hacer con los Presidentes de la democracia para que tuvieran la libertad de garantizar a todos los venezolanos un gobierno de equilibrio estable. Si Guaidó sigue prisionero de la fauna que hemos descrito, que no siga repitiendo la trilogía porque una transición con chavismo es solo un oxímoron…

Nicolás Maduro en su laberinto por Fernando Ochoa Antich – El Nacional – 17 de Febrero 2019

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El extraordinario éxito de la concentración, convocada por la oposición democrática, para conmemorar los doscientos cinco años de la Batalla de la Victoria y el Día de la Juventud, el optimismo mostrado por Juan Guaidó en sus palabras al ratificar, con coraje, que la ayuda humanitaria entraría a nuestro territorio el próximo 23 de febrero y que Nicolás Maduro abandonaría el poder, en el menor tiempo posible, obliga a pensar que existe un plan perfectamente diseñado que definiría, en poco tiempo, el destino de Venezuela. Por supuesto, no lo conozco. De todas maneras, creo de interés discutir el desarrollo que han tenido últimamente los posibles escenarios que he planteado, a fin de poder determinar la influencia que cada uno pueda tener en la solución del grave enfrentamiento existente entre el madurismo que controla, aparentemente, los factores de poder a nivel nacional, y una oposición democrática que ha logrado consolidar el apoyo de las grandes mayorías nacionales y un sólido respaldo internacional. Ellos son: la negociación, la salida militar y la intervención militar multilateral. Lamentablemente, la testarudez de Maduro, al no querer aceptar la convocatoria a elecciones generales, amenaza con conducir a Venezuela, indefectiblemente, a un período de violencia de consecuencias impredecibles.

La negociación pareciera no tener mayores posibilidades de éxito. Nicolás Maduro siempre buscó utilizarla, aviesamente, con el único propósito de ganar tiempo y engañar a la comunidad nacional e internacional, aferrándose a propuestas, imposibles de aceptar por la oposición democrática, con el consecuente fracaso de todos los intentos de diálogo. El papa Francisco, respaldado por la Conferencia Episcopal, evidencia esa conducta engañosa, con absoluta claridad, en su última carta en respuesta a una misiva enviada por Nicolás Maduro, mediante la cual le pedía su apoyo para unas nuevas negociaciones. Esta actitud fraudulenta del régimen, ha traído por consecuencia la radicalización de las posiciones políticas, en rechazo a esta forma de solución que hubiera conducido, pacíficamente, a unas elecciones democráticas, justas y equitativas, como solución de la tragedia venezolana. Ante el temor cierto de que puedan surgir hechos de violencia, un sector de la oposición planteó recientemente la realización de un referendo consultivo para que “el soberano” defina si se debe ir o no a elecciones generales. También se ha discutido la posibilidad de constituir un gobierno de unidad nacional entre el madurismo y la oposición democrática. Ambas opciones han sido mayoritariamente rechazadas por la opinión pública.

La salida militar se ha transformado en la alternativa de solución que busca y desea la mayoría de los actores internacionales que tiene intereses vitales en la solución del grave problema venezolano. La razón es muy sencilla. Fracasada la negociación, es la alternativa de más bajo costo para Venezuela y la región. Además, la Fuerza Armada Nacional, históricamente, ha sido un factor fundamental en la solución de las grandes crisis políticas. Justamente, ese es el llamado que nuestro pueblo le hace a los cuadros militares para que colaboren en impulsar un cambio político respaldando el llamado a elecciones generales. También, mis compañeros de armas, deben entender que el destino de nuestra Institución se encuentra en un grave riesgo. A propósito de esta realidad ha circulado un video que muestra a Diosdado Cabello en un mitin organizado por él en la Escuela de Aviación Militar, en el cual los jóvenes cadetes y del PSUV entonan cantos político partidistas y dan vivas a Nicolás Maduro. Ese ejemplo muestra la conducta amoral y cómplice de los altos mandos de estos veinte años, que han realizado todos los esfuerzos para convertir a la Fuerza Armada Nacional en un cuerpo de milicias al servicio de un partido político, olvidando que nuestra organización es una Institución del Estado y no de un gobierno o persona en particular. Afortunadamente, ese esfuerzo ha resultado infructuoso. La prueba está representada por la gran cantidad de profesionales militares detenidos y torturados por oponerse a ese atentado contra el profesionalismo y la institucionalidad.

Los venezolanos se preguntan, angustiados como se encuentran, qué puede estar ocurriendo en el seno de la Fuerza Armada Nacional. Para mí mismo es difícil saberlo. Lo que sí sabemos es que Hugo Chávez dedicó gran parte de su vida profesional y política a la destrucción de los valores y principios tradicionales de la Institución Armada, para controlarla y ponerla al servicio de sus más oscuros intereses. Sin embargo, a pesar de haber obtenido algunos logros, ese esfuerzo no rindió los frutos esperados. Simplemente, no es posible borrar en veinte años, los valores y la forma de pensar arraigados en el profesional militar por más de un siglo. Se ha impuesto la tradición sobre las nuevas ideas. Además, el rotundo fracaso de la gestión de Nicolás Maduro, con su nefasto modelo económico y político planteado, es rechazado por los propios cuadros militares. El único aspecto en el cual se le puede reconocer un éxito importante al régimen chavista-madurista es en el de la conformación de una organización de inteligencia para la represión, que no estratégica ni de combate, para controlar la vida privada de los cuadros militares y sus familiares que les permite ejercer el amedrentamiento y la represión, en particular para aquellos sospechosos de disentir del régimen. Sin embargo, este es un aspecto que se ha debilitado considerablemente, gracias a los efectos de la inmensa crisis nacional, por lo cual creo que, en determinadas circunstancias, importantes sectores de la Fuerza Armada Nacional podrían reaccionar en contra del régimen madurista.

La intervención militar multilateral, se presenta, en este momento, como el escenario más probable. Es curioso, nadie quiere que ocurra porque todos entienden la tragedia que significaría para nuestro pueblo, para Venezuela y para la región, pero la terquedad de Nicolás Maduro y los intereses de la mafia que saqueó a nuestra Patria posiblemente obligarán, en un tiempo relativamente corto, a que la alianza militar constituida por los Estados Unidos, Brasil , Colombia, la mayoría de los países de América y de Europa se decidan a ejercer su fuerza política, económica y militar a fin de quebrar la voluntad de lucha de la debilitada dictadura madurista. Sus supuestos aliados, Rusia y China, actuarán de manera diferente. Rusia amenazará los intereses norteamericanos en el Asia y en Europa buscando obtener beneficios geopolíticos sin intervenir activamente en las acciones militares. China actuará de una manera mucho más discreta. Es posible que emita algunas declaraciones criticando la intervención, pero sus intereses económicos en el mercado norteamericano y en el de un futuro gobierno democrático impedirán cualquier respaldo al régimen madurista. Cuba, se retirará con rapidez de Venezuela. Bolivia y Nicaragua se limitarán a dar altisonantes declaraciones.

Los dilemas de la transición venezolana por Michael Penfold – ProDaVinci – 14 de Febrero 2019

Los dilemas de la transición venezolana

 

Ha sido más que suficiente un mes de lucha democrática, signado por la movilización ciudadana y la aparición de un nuevo liderazgo opositor, para enrumbar el país hacia un cambio político, que a estas alturas, si bien continúa siendo muy incierto, luce también irreversible.

El oficialismo difícilmente puede restaurar la posición de dominio en el que se encontraba antes del 10 de enero, cuando estaba dispuesto, no sólo a juramentar a Maduro, a pesar de haberse expirado su legitimidad de origen, sino también a disolver de forma definitiva la constitución nacional.

Este proceso histórico, inédito en los movimientos democráticos del mundo –incluso en el transcurso de nuestra propia historia republicana–, es un esfuerzo político y social, que pudo anclarse sorpresivamente sobre las bases de un liderazgo capaz de crear una amplia alianza constitucional, con apoyo internacional, orientada a promover una transición democrática desde la Asamblea Nacional.

Las transiciones suelen estar signadas por grandes movimientos sociales, por el surgimiento de personalidades que terminan promoviendo aperturas en sistemas completamente cerrados, por presión externa, por quiebres militares; pero rara vez se construyen desde un parlamento. La concertación chilena jamás contó con un congreso para respaldar su esfuerzo por derrotar electoralmente al General Pinochet a través de un plebiscito constitucional. En Túnez y Egipto, la primavera árabe fue resultado del descontento que conllevó a masivas protestas ciudadanas que culminó en una ruptura de la coalición autoritaria. En Brasil, la transición fue un proceso gradual marcado por una crisis interna del sector militar, caracterizada también por una aceleración hiperinflacionaria, que derivó paulatinamente en un nuevo orden democrático. En México, la transición fue resultado de una crisis de legitimidad del partido hegemónico que permitió modificar las reglas electorales, lo cual creó las condiciones para garantizar la alternabilidad. En Argentina, una derrota militar frente a una potencia extranjera, como lo fue la guerra de las Malvinas, produjo posteriormente el colapso definitivo de la dictadura.

Muchos de estos ingredientes tan disimiles convergen en el caso venezolano: nuevos liderazgos, actores militares, violaciones de derechos humanos, hegemonía partidista, simulaciones electorales, denuncia internacional, movilización ciudadana, crisis económica; pero lo que en definitiva la distingue es la resistencia de la única institución que se mantiene en pie frente a la disolución del orden constitucional y la desintegración del funcionamiento del estado de derecho, que no es otra que la Asamblea Nacional.

Existen otros factores que han garantizado la irreversibilidad de este proceso, y vale la pena mencionarlos, pero es fundamental internalizar la importancia de esta diferencia, pues el amplio desconocimiento internacional de Maduro, así como el rápido reconocimiento de Guaidó como presidente encargado por parte del mundo occidental, es una consecuencia directa –no sólo del rechazo moral a un sistema autoritario–, sino por encima de todo de la legitimidad que encarna institucionalmente la Asamblea Nacional. Es precisamente este factor lo que ha permitido apalancar la reyerta por el cese de la usurpación, por tratar de apresurar el inicio de una transición que restaure el orden constitucional, así como el llamado a organizar elecciones libres y transparentes.

De modo que el primer dilema de la transición venezolana se deriva del simple hecho que todos los actores deben aceptar, incluyendo el chavismo y los sectores militares, que cualquier salida de ahora en adelante pasa por esta institución. No es casual que cuando algún factor de poder dentro de la coalición dominante amenaza con disolver la Asamblea Nacional o con detener a su presidente, inmediatamente esa decisión es esquivada por otros grupos que saben que esa jugada podría ser temeraria, precisamente, porque es una imposibilidad, es decir, porque termina siendo un conjunto vacío. No hay amnistía, no hay financiamiento, no hay reconocimiento internacional, no hay remoción de las sanciones, no hay manera de recuperar la industria petrolera y, a fin de cuentas, no hay legitimidad de ninguna alternativa transitoria, que no pase por el tamiz de ese filtro institucional.

¿Por qué el cambio político es irreversible?

A estas alturas el cambio es inevitable. Esto no quiere decir que el resultado cristalice en lo que todos estamos esperando. Tampoco quiere decir que el desenlace sea inmediato. Lo que sí parece evidente, es que el desarrollo de esta historia, con todas sus sorpresas, comienza a tener los efectos de una tormenta. De hecho, algunos síntomas permiten detectar las causas que explican la velocidad con la que se ha acelerado este proceso.

El primer factor tiene que ver con la crisis de liderazgo interno que sufre Maduro dentro del propio chavismo. Maduro subestimó las consecuencias del 10 de enero, pero sobre todo, sobrestimó sus capacidades para lidiar con una nueva realidad política y con el deterioro de la situación socioeconómica del venezolano. El resultado de este error de cálculo fue lo que terminó desmoronando su cuestionado liderazgo, tanto en el plano internacional como incluso en la esfera nacional. Antes del 10 de enero, estaba dispuesto a pagar un costo muy alto mundialmente por terminar de disolver la constitución, pero nunca se imaginó que pagaría también un costo aún más elevado nacionalmente. En su cálculo original, la sociedad venezolana ya estaba subyugada y la oposición estaba completamente derrotada. Sin embargo, las protestas del 23 de Enero, mostraron una sociedad tremendamente aguerrida, que a pesar de la hiperinflación, la migración y las fracturas opositoras, estaba dispuesta a movilizarse pacíficamente y coordinarse nuevamente alrededor de la Asamblea Nacional. Fue en ese inédito contexto, que comenzó a hacerse cada vez más evidente, incluso para toda la coalición dominante, que la crisis de gobernabilidad se había vuelto tan profunda, que la continuidad de Maduro comenzaba a estar seriamente comprometida. Es por ello que algunos factores intuyen que lo único que les queda es resistir; pero el chavismo y esos mismos sectores militares también comienzan a entender que Maduro tampoco puede resolver el problema. Por el contrario, lo profundiza.

El segundo elemento está vinculado con Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional. La sociedad encontró un referente en un nuevo político que es esencialmente joven, moderado, fresco, firme (sin ser intolerante) y comprometido. Guaidó pudo comunicar con efectividad una ruta que la opinión pública entendía que en la práctica era una tarea titánica: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones competitivas. La repetición de este mantra también le permitió comunicar que no había salidas rápidas sino una lucha por etapas que necesita ineludiblemente de paciencia y compromiso ciudadano. Su extracto popular, sus capacidades de superación profesional y su lenguaje sencillo, comenzó a contrastar con una revolución que repetía viejas fórmulas en un país, que sumido en la depresión económica más profunda de su historia, sin referentes futuros, comenzaba a buscar desesperadamente la posibilidad de materializar un cambio económico y social que el régimen ya no podía ofrecer.

Otro elemento decisivo ha sido la desmovilización del oficialismo. Frente a la amenaza imperial de los Estados Unidos y la posibilidad que la revolución sea políticamente derrotada, la base del chavismo, tanto en la estructura del partido como en los sectores populares, decidió mantenerse al margen. Esto es sin duda sorprendente y revela que esa misma base no está dispuesta a inmolarse. La razón es más que evidente: el votante chavista quiere lo mismo que el votante opositor: pan, tierra y trabajo. La vieja fórmula de Rómulo Betancourt. Todos desean frenar la hiperinflación, reunificar la familia venezolana, retomar el crecimiento económico y contar con servicios públicos que funcionen. El llamado a inmolarse por la revolución, pero muy especialmente por Maduro, sin tener una contraparte económicamente funcional –que vaya más allá de la instrumentalización clientelar de los apoyos que reciben a través de los Clap y el carnet de la patria– pasa a ser muy poco atractivo. La represión en los barrios frente a ese descontento social muestra una gran desesperación. Este hecho ha exacerbado aún más la impresión en los sectores populares de que la élite que ostenta el poder se ha quedado desfasada y que es cada vez menos representativa.

Finalmente, el asunto venezolano ha adquirido unas dimensiones internacionales que desborda todo cálculo. El problema ya es más grande que el país. En la medida en que la crisis se va acentuando, algunos países como Estados Unidos, Canadá, Colombia, Brasil o Argentina se van a involucrar aún más precisamente porque las consecuencias regionales del conflicto político venezolano, entre ellas, el tema migratorio, continuarán aumentando. Lo mismo ocurrirá con Europa. Quienes piensan que con el tiempo, aún si los factores de poder resisten, la intensidad del compromiso internacional va a amainar, se equivocan: lo más probable es que se haga mucho más intenso. En especial, el tema humanitario irá creciendo en importancia.

Al mismo tiempo, países claves como Rusia y China, no han mostrado los niveles de compromisos esperados. China continúa apoyando políticamente pero también se muestra mucho más pragmática y más dispuesta a favorecer la protección de sus intereses comerciales y financieros. En estos momentos, China quiere reducir su exposición reputacional en América Latina a los embates del triste caso venezolano, debido a que sus inversiones y sus líneas de créditos son más importantes y prometedoras en países como Brasil, Argentina, Perú, Ecuador o Panamá. Para China, América Latina comienza a tener un mayor valor estratégico que una visión exclusivamente acotada a la Revolución Bolivariana, por lo que Beijing no quiere ser percibido como un defensor incondicional de Miraflores. Es por ello que el gigante asiático se muestra abierto a una posible transición siempre y cuando involucre alguna negociación.

En cambio, Rusia sí pareciera tener una mayor disposición geopolítica a involucrarse en el conflicto venezolano; pero también ha mostrado que prefiere una resolución pacífica (lo cual supone alguna concesión) porque desea igualmente proteger sus intereses comerciales en temas de seguridad y defensa así como sus inversiones en el sector petrolero y gasífero. Incluso, aliados como Uruguay comienzan a aceptar tímidamente que mantener la situación actual es insostenible y que una salida a través de elecciones libres es conveniente. Los únicos aliados que se mantienen interesados en mantener el status-quo, por razones existenciales, son Bolivia, Cuba y Nicaragua. En términos generales, en el plano internacional todos los actores, e incluso algunas de las naciones más cercanas a la revolución, aceptan que Venezuela necesita un cambio y lo único que los divide es la forma de impulsarlo.

¿Por qué no se materializa la transición?

Si el cambio es inevitable, ¿por qué no termina de ocurrir? La razón que muchos aducen es el factor militar. Yo agregaría que la oferta actual de transición es insuficiente para todos los grupos relevantes, entre ellos los altos mandos militares, que todavía controlan “de facto” los hilos del poder. Por lo tanto, el segundo dilema de la transición es el siguiente: todos los actores, salvo el círculo más íntimo de la coalición dominante, saben que están mejor lanzándose a la piscina de la transición, pero una vez adentro, algunos temen que puedan terminar ahogados. Tanto para los militares como para los chavistas, y probablemente también para algunos actores minoritarios dentro de la oposición, la transición pudiese llegar a generar demasiada incertidumbre.

¿Dónde van a quedar una vez que se levante el velo del cambio político? En este sentido, el problema central que en estos momentos detiene la transición es la dificultad de resolver un problema de coordinación gigantesco –que si bien ha sido superado contra todo pronóstico en el seno de la oposición– todavía no ha sido resuelto ni dentro del mundo castrense (en parte debido al factor disuasivo de la inteligencia militar) y mucho menos dentro de la esfera del chavismo (precisamente porque hasta ahora Maduro ha logrado bloquear cualquier liderazgo emergente, pero también porque tienen mucha desconfianza hacia la oposición). Esta es la única fortaleza que le queda al régimen: taponear cualquier intento por remover ese problema de coordinación de unos actores, que así digan que son leales, anticipan que cualquier modificación del escenario actual podría ser mucho mejor para todos ellos.

El principal trabajo de la oposición, y en especial de la Asamblea Nacional, es ayudar a resolver este asunto. ¿Cómo hacer para que la promesa de futuro sea menos incierta que el presente, tanto para ganadores como perdedores? La única manera de reducir a todos estos actores los costos de coordinación es creando mayor certidumbre. Y la única forma de hacerlo es prometiendo –de forma creíble– que indistintamente de los resultados de unas elecciones competitivas, todos van a tener garantías plenas aún si pierden el control del poder.

En el caso de los militares, la amnistía es un instrumento en la dirección correcta pero hace falta mucho más que eso. A estos hay que hablarles no sólo de amnistía sino también de una oferta que establezca claramente su papel en el proceso de reconstrucción del país. Los militares deben poder anticipar que la transformación del sistema político va a permitirles asegurar una mayor profesionalización e institucionalización de las Fuerzas Armadas. Asimismo, deben tener garantías de que si bien deben regresar a funciones de seguridad y defensa, y que es necesario delegar el control de las industrias básicas a una gerencia capacitada y especializada, con una mayor participación del sector privado –aún cuando ello implique abandonar el acceso a rentas tanto en el sector petrolero como minero–, van a poder contar con los recursos fiscales necesarios para cumplir cada vez mejor con su función constitucional. La amnistía les habla a los altos rangos, pero a los rangos medios y bajos los mueve este otro tipo de compromisos.

En el caso del chavismo la oferta debe ser política. Si el chavismo llegase aceptar la transición como algo inevitable, lo cual supone aceptar la salida de Maduro del poder, inmediatamente debe aceptar que puede llegar a perder elecciones perfectamente competitivas. Una vez que aceptan esta realidad el problema deja de ser las elecciones y pasa a ser el asunto de las garantías: ¿cómo asegurarse de que no van a ser perseguidos y cómo se aseguran también de que electoralmente van a poder regresar al gobierno? Los esquemas de justicia transicional buscan resolver la primera parte del problema y deberían ser adoptados junto con los esquemas de amnistía para mitigar estos riesgos.

La segunda parte del problema tiene que ver con temas institucionales de fondo, propios de un sistema hiperpresidencialista que construyó el chavismo y que terminó destruyendo el funcionamiento de la democracia. Aunque muchos insisten en que el tema central de la transición es la realización de elecciones competitivas, el asunto neurálgico de la reinstitucionalización del país pasa igualmente por acotar los beneficios de ejercer el poder y disminuir los costos de estar en la oposición. Estos cambios requieren de la renovación de todos los poderes públicos; sin embargo, también pasan por reformas puntuales pero sustantivas en el arreglo constitucional. Parte de la razón de que el chavismo no quiera aceptar perder el poder e ir a la oposición, se debe a que saben que en Venezuela perder la presidencia es colocarse en una posición extremadamente vulnerable y que las mieles de ejercerlo en una nación petrolera son muy altos.

¿Cómo revertir estos incentivos? ¿Cómo aprovechar la transición para obtener más democracia pero también más estabilidad política, alternabilidad y transparencia? Una vez que los mismos chavistas acepten que no hay forma de revertir el cambio, ellos pedirán las mismas reformas que la oposición tiene lustros solicitando y aceptarán la liberación de los presos políticos. Todos los actores comenzarán a demandar reformas constitucionales que permitan recortar la extensión del periodo presidencial, limitar la reelección indefinida, incorporar la segunda vuelta, introducir el financiamiento público a la actividad partidista, garantizar la proporcionalidad del sistema electoral y aumentar la dificultad para cambiar arbitrariamente las reglas de juego del sistema político.

Sin estos acuerdos, sin estas reformas constitucionales, el país no va a quedar curado de lo que implicó, durante estas últimas dos décadas, delegar el poder en una figura presidencial dentro de un petroestado; que en el papel, pero también en la práctica, tiene muchos poderes y muy pocos controles. Con estas transformaciones institucionales, perder una elección en Venezuela dejará de ser una tragedia y ejercer el poder también dejará de ser un reinado.

Sobre el factor tiempo

Una de las variables determinantes sobre el futuro próximo del país es la dimensión temporal de la crisis. La apuesta de Maduro es que cada día que gana es un triunfo. La apuesta de la oposición es que cada día que transcurre, con la profundización del colapso, habrá un mayor involucramiento de la comunidad internacional a través de la ayuda humanitaria. Pero lo cierto es que el efecto político del tiempo es indeterminado, por más que los distintos actores intenten imputarle alguna direccionalidad. Lo único que es posible proyectar es que el país socialmente, en la medida que pasen las semanas, se va a encontrar con una crisis económica aún más profunda y con una ciudadanía cada vez más desesperada por encontrar una salida. Podemos anticipar a ciencia cierta, dado el dramatismo de la crisis de gobernabilidad que vivimos, que la hiperinflación seguirá acelerándose, la producción petrolera se terminará de desplomar y la crisis migratoria volverá a escalar. En pocos meses, la inflación intermensual superará el 300 por ciento, la producción de crudos podría caer a 600 mil barriles diarios y la crisis migratoria podría terminar de desbordar la frontera. Maduro argumentará que la culpa la tienen las sanciones petroleras. Y la oposición dirá que es porque continúa la usurpación.

Sin embargo, las creencias de cada uno de los actores sobre el efecto del paso del tiempo los puede llevar a cometer algún error de cálculo. El régimen ya ha cometido varios en los últimos meses y está por cometer otro: en la medida en que pasen los días y la situación se continúe deteriorando, la comunidad internacional no va a dejar de aumentar su presión, sino que más bien va a redoblar sus esfuerzos por terminar de provocar un desenlace. El efecto regional de la crisis venezolana es demasiado alto como para tolerar su profundización. Es miope asumir que la respuesta internacional es todo un bluff y que solo tienen como alternativa una invasión, que todavía luce improbable y que quizás nunca ocurra. Algo debería quedar claro después de tantas contundentes respuestas diplomáticas: la comunidad internacional puede buscar salidas honorables pero difícilmente puede, después de todo lo que ha ocurrido, justificar esquemas igualmente honorables para que se queden como si nada hubiese pasado. Eso resulta poco factible. Por lo tanto, quedarse implica estar dispuestos a transformar a Venezuela en Siria o Zimbabue. Pero la diferencia es que el vecindario importa: Venezuela no queda en el Medio Oriente ni en África. América Latina es la región más democrática del mundo en desarrollo. La otra alternativa es Cuba: pero la revolución castrista se consolidó en el contexto de la guerra fría.

Asimismo, en la medida en que transcurre el tiempo, precisamente porque el descontento social se hace cada vez más dramático, aquellos actores claves que, en el plano doméstico aún sostienen el status-quo, tendrán una mayor probabilidad de resolver sus problemas de coordinación y por ello de rebelarse. De modo que optar por resistir, como lo está haciendo Maduro, más bien puede terminar de precipitar algunas posiciones, no sólo internacional, sino también nacionalmente.

La coalición democrática podría incurrir en un error de cálculo diferente: confundir el reconocimiento internacional con la capacidad para gobernar. Hasta ahora, la Asamblea Nacional no ha cometido este tipo de error pero podría estar tentada en un futuro próximo. Para gobernar es necesario tener una fórmula política ya acordada para conducir la transición y no solo contar con una base jurídica que permita adoptar cierto tipo de decisiones. Tan sólo cuando la modalidad de la transición esté debidamente pactada con todos los factores relevantes, será posible entrar a resolver asuntos medulares de gobierno. Y es precisamente en este punto en donde todavía hace falta afinar la estrategia: la magia del cambio está precisamente en terminar de construir un esquema de transición que sea atractiva incluso para aquellos que en principio dicen ser leales. El verdadero reto es construir esta pista de aterrizaje. La pregunta es cómo hacerlo: ¿queremos una pista asfaltada o de granzón?

Más allá de la extensión temporal del conflicto, el país entró en una dinámica radicalmente diferente. Las consecuencias de los últimos acontecimientos se harán cada vez más diáfanas para todos precisamente gracias al tiempo. Unos lo aceptarán más rápido, otros más lentamente. El molino de la historia suele moverse en momentos de grandes torbellinos y este es sin duda uno de esos instantes.

Guaidó vs. Maduro: Tres claves por Lee Diaz Marcano – Venepress – 9 de Febrero 2019

La oposición responde con presión financiera y el oficialismo “callado” espera que se enfríe el resurgimiento de un nuevo liderazgo

Guaidó vs. Maduro: Tres claves

La oposición continúa avanzando a una estrategia “ofensiva” para sacar a Nicolás Maduro del poder en Miraflores, y su plan son tres frentes para seguir desgastando al chavismo.

El objetivo es presionar por todos los medios tanto la política como el aspecto financiero y económico, con ayuda de otros mandatarios Juan Guaidó insiste en decir “vamos bien”; Maduro por su parte considera los hechos como un “golpe de Estado” y un “show” de Guaidó.

La oposición avanza en los tres frentes más importantes:

La ayuda humanitaria:

Cada vez son más las personas que apuestan por reconstruir a Venezuela y ahora con la llegada de la ayuda humanitaria a la frontera solicitan que se le dé paso para antender a las necesidades de los venezolanos y justo esta estrategia usa la oposición para presionar al Gobierno, en dejar ingresar la ayuda, de lo contrario es una prueba más de “dictadura” en Venzuela.

En caso de que la Fuerza Armada impida el ingreso del material, la comunidad internacional también utilizará ese motivo para acusar una vez más a Maduro de “dictador y autoritario”.

La realidad es que millones de personas se encuentran enfermas sin esperanza de medicamentos y esta situación parece no ser suficiente para Maduro, quien asegura  que la ayuda humanitaria es un intento de “invasión” por parte de Estados Unidos.

La oposición contempla que desde Venezuela las personas busquen la ayuda para distribuirla en el país, una maniobra que si bien es cierto no abarca toda la crisis humanitaria, tiene un fin único para la oposición y es lograr  el quiebre de las filas del Gobierno. 

Asfixia financiera

Una de las estrategias y elementos que utiliza la oposición para acorralar al Gobierno es la protección de los activos del país, medida que genera mucha más presión para Maduro.

Estados Unidos no se conforma con las sanciones, sino que ha amenazado y exigido que se deje entrar la ayuda humanitaria,  “ya las opciones están dadas” expresó el vicepresidente norteamericano Mike Pence.

“Las sanciones no han acabado”, aseguró una fuente opositora venezolana.

En el ojo del huracán se encuentra el oro de Venezuela, que está siendo usado para “resolver” la crisis que atraviesa el país producto de las sanciones de EE.UU.

Parte del oro llega a Turquía, aliado de Maduro y Estambul le retribuye con alimentos que escasean en el país.

En el 2017 la presión al Gobierno por parte de la coalición opositora fueron las protestas de calle que duraron más de cuatro meses y causaron alrededor de 100 muertos, esta vez el frente principal será: la presión financiera.

Dividir al Ejército

Guaidó, presidente encargado ha hecho llamados a la Fuerza Armada a “ponerse del lado del pueblo”.

Tras la fuerte crisis que también ha arropado a parte del Ejército venezolano la oposición utiliza este frente para “debilitar” al chavismo que hasta hoy sigue con el mandato dentro de Venezuela.

Recientemente, el parlamento aprobó una ley de amnistía para los funcionarios que deseen ponerse “del lado de la constitución” como lo ha señalado Guaidó.

Estados Unidos por su parte ha determinado propiciar un cambio en el Gobierno de Venezuela.

Sin embargo, el oficialismo se mantiene sin mucho ruido, esperando que se “enfríe” el liderazgo que ha resurgido con Juan Guaidó.

Maduro califica la ayuda humanitaria de “show” de la oposición por Francesco Manetto – El País – 9 de Febrero 2019

El líder chavista no cierra la puerta a una mediación de la UE pese a los dardos que le lanzó a la jefa de la diplomacia europea y descarta la celebración de elecciones presidenciales

En foto, Nicolás Maduro, este viernes ante la prensa. En vídeo, Maduro interpela al periodista de EL PAÍS Javier Lafuente. A. MARTÍNEZ (REUTERS) | EPV

“Un show”. Así ha calificado este viernes Nicolás Maduro el propósito de la oposición, con ayuda de EE UU y Colombia, de introducir en Venezuela ayuda humanitaria. Un extremo que el líder chavista rechazó tajantemente, al igual que cualquier negociación que no sea la que proponen México y Uruguay con los países del Caribe. Maduro, que no cerró la puerta a una mediación de la UE pese a los dardos que lanzó a la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, descartó celebrar elecciones presidenciales, como le exigen todos los grupos internacionales que buscan una salida a la crisis en Venezuela.

Para el líder del chavismo, no existe la emergencia humanitaria ni la escasez de alimentos o medicinas. Maduro dijo que ese discurso está “fabricado desde Washington para intervenir” y es “el expediente que completa la intervención”. Volvió a deslizar la idea de que, tras los convoyes que pretende ingresar la oposición, se esconde una injerencia militar por parte de EE UU, una idea que los críticos con el chavismo —sabedores del rechazo internacional que genera— se han esforzado por desmontar durante toda la semana.

Prácticamente al mismo tiempo, el presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, aseguró que si Maduro no permite que la ayuda entre en el país convocará a sus partidarios a abrir un “canal humanitario”. Lo hará a través de una red de voluntarios que deseen trabajar en la distribución de fármacos y comida y cuya organización comenzará hoy, anunció. “El llamado ha sido abierto, amplio, a todos los sectores: fuerzas armadas, chavismo incluso”, señaló el presidente interino, quien precisó que se está almacenando el cargamento recibido y que, hasta que no estén todos los centros de acopio repletos, no se procederá a tratar de introducirlo. “Va a venir un tsunami de ayuda humanitaria para los venezolanos y lo vamos a poder anunciar con alegría en los próximos días”, ha asegurado en Cúcuta el delegado de Guaidó para la entrega de los cargamentos, Lester Toledo.
La premisa para la oposición es clara: dividir a los militares y poner en evidencia a aquellos que obstaculicen la entrada. Sobre si estaría dispuesto al uso de la fuerza, Maduro insistió en que impedirá el cruce de ayuda de manera “legal”.

Ante el choque frontal entre el chavismo y la oposición, respaldada por buena parte de la comunidad internacional, Maduro sigue esgrimiendo la idea de buscar una salida dialogada, aunque solo defiende las tesis que plantean México, Uruguay y los países del Caribe, estos últimos tradicionalmente aliados de Caracas a cambio de las regalías del petróleo.

Elecciones presidenciales

En cualquier caso, Maduro descartó convocar elecciones presidenciales, como le piden todos los grupos que buscan una solución a la crisis. El líder chavista tomó posesión para un segundo mandato de seis años el pasado 10 de enero y, aunque según el Parlamento y las principales instancias internacionales está usurpando su cargo tras unos comicios celebrados entre sospechas de fraude y sin rivales de peso, rechaza volver a las urnas. Su única oferta, que ya había hecho en los días previos y ha reiterado este viernes, es un adelanto de los comicios legislativos.

“El diálogo tiene que ser con agenda abierta, no para imponer condiciones al país. ¿Cuáles son las prioridades de los venezolanos? ¿Hacer elecciones? Creo que no”, dijo al ser preguntado al respecto. “Si convocásemos elecciones [presidenciales], inventarían cualquier cosa para no ir. Como pasó en 2017”, continuó en referencia a las fuerzas críticas con el chavismo que rechazaron participar. Esa decisión se debió, principalmente, a la imposición de las reglas del juego de la convocatoria y a que sus principales dirigentes estaban inhabilitados.

Maduro arremetió contra Guaidó y trató de demostrar que su desafío no es válido. “Si la payasada de ellos de asumir la presidencia interina tuviera alguna vigencia, ya tendrían que haber convocado elecciones, como hice yo en 2013. Y es lo primero que hice. Ellos dicen que se van a dar 12 meses”, siguió antes acusar de golpista al presidente de la Asamblea Nacional. “No quieren elecciones, quieren un golpe de Estado. Tipo Pinochet. Ellos quieren imponer en Venezuela un Pinochet”.

Por qué Juan Guaidó es tan diferente al liderazgo chavista por María Rodríguez – ALnavío – 6 de Febrero 2019

Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela, representa un liderazgo que surgió “por necesidad”. Un liderazgo fresco, joven, innovador, pero sobre todo “institucional”, con un plan país y una hoja de ruta muy clara. Lo cuenta en esta entrevista al diario ALnavío Maryhen Jiménez Morales, investigadora en el Departamento de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford.

Guaidó presentó el plan país para Venezuela / Twitter: @AsambleaVE
Guaidó presentó el plan país para Venezuela / Twitter: @AsambleaVE

Con apenas 35 años, Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela, ha revolucionado la figura del líder en el país. No por ejercer un liderazgo mesiánico o carismático sino por las ideas que expresa. “De hecho, la gran diferencia entre Guaidó y otros líderes de la oposición venezolana en los últimos años es que Guaidó presenta un plan país y una ruta muy clara”, subraya en esta entrevista al diario ALnavío Maryhen Jiménez Morales, investigadora en el Departamento de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford. La ruta de Guaidó no es otra que “el cese de la usurpación, el Gobierno de transición y las elecciones libres”.

“No da la impresión de que Guaidó sea un líder obsesionado con su figura o su imagen pública. Sino que está tratando de conducir al país hacia una solución. Con un plan, una estructura y una organización que no habíamos visto antes”, detalla la politóloga. Define el liderazgo de Guaidó como “fresco y joven”, y es que hace un par de semanas este político era relativamente desconocido. “Eso también lo ayudó. Porque la población venezolana estaba en cierta forma agotada de los liderazgos (opositores) anteriores” y de cómo se iban desvaneciendo por la represión, encarcelación y persecución del régimen de Nicolás Maduro.

Así, “Guaidó surgió por necesidad. No creo que estuviese buscando este liderazgo, pero le tocó y ha sabido manejar la situación de la oposición. También surgió como una opción fresca, innovadora, pero sobre todo institucional, que está tratando de recuperar el código de la política y el discurso institucional, basado en la Constitución, el Estado de derecho y poder recuperar la democracia”, recalca Jiménez Morales.

El 5 de enero Guaidó captó la atención mediática mundial con su discurso de toma de posesión como presidente de la Asamblea Nacional. Avisó a Maduro que, si seguía adelante con el segundo mandato, que se inició el 10 de enero pese al rechazo generalizado del país y de la comunidad internacional, sería considerado un “usurpador”.

La detención exprés de Guaidó a mediados de enero por parte de los servicios de inteligencia de Maduro alcanzó una repercusión mundial. ¿Ayudó eso a su puesta en libertad? En apenas una hora fue liberado e incluso llevó a Maduro a pedir perdón por este “error” y anunciar sanciones contra los agentes responsables.

Guaidó se consolidó como líder de la oposición venezolana precisamente cuando la Asamblea Nacional aprobó una resolución en la que definió al mandatario chavista como habían prometido: como “usurpador” del cargo.

El 23 de enero, la figura de Guaidó todavía se hizo más global. Ese día y tras una protesta masiva, juró como presidente encargado de Venezuela. No tardó en llegar el reconocimiento de la comunidad internacional. Aún hoy se siguen pronunciando países a favor de Guaidó para que convoque elecciones.

Pero ¿hasta qué punto Guaidó es el líder que Venezuela necesita? “Guaidó es un líder que puede llevar a Venezuela a un punto de quiebre para el régimen”, apunta Jiménez Morales.

Guaidó procede del estado Vargas. Para Jiménez Morales no es el típico líder de clase media caraqueño, “tiene experiencia más local, viene, entre comillas, del pueblo”. También es un punto a favor su formación. “Es un ingeniero civil, es decir, una persona que tiene una formación bastante técnica. Tiene una maestría en Estados Unidos, lo que nos permite pensar que ha visto otros contextos y otras formas de hacer las cosas y eso pudo haber enriquecido su liderazgo en Venezuela”, detalla la politóloga.

“Guaidó ha participado en las protestas estudiantiles, lo cual nos dice que está comprometido con la lucha democrática. Y en Voluntad Popular (su partido), ha tenido un liderazgo hasta ahora de bajo perfil. Sin embargo, no es un desconocido completo. Es diputado de la Asamblea Nacional desde 2010, de manera que también conoce y ha vivido de primera mano cómo han sido las dinámicas políticas bajo el régimen de Maduro”, explica Jiménez Morales.

Jiménez, investigadora en U. Oxford

Jiménez, investigadora en U. Oxford

La politóloga considera que “es muy pronto” para especular o atribuirle adjetivos negativos a Guaidó. “Ha tratado de contener los diferentes intereses y agendas de la oposición, mantener la unidad, y ha hablado siempre con mucha claridad. Mantiene una postura 100% segura de que el cambio en Venezuela viene. Y, en ese sentido, se presenta como la alternativa calmada e institucional que es lo que necesita el pueblo venezolano en este momento”, asegura la politóloga.

Pero el liderazgo de Guaidó no surgió de la nada. El político “ha sabido manejar una cooperación y coordinación que se viene haciendo tiempo atrás y más fuertemente desde la creación de la Mesa de la Unidad Democrática”, recuerda Jiménez. Es decir, que “hay un esfuerzo previo dentro de la oposición, en el cual Guaidó también se está apoyando”, insiste la experta, a lo que suma el apoyo de la comunidad internacional.

Un perfil elaborado por el Centro de Liderazgo a través del Conocimiento de Llorente y Cuenca destaca la “disciplina y sentido de persistencia” de Guaidó; su “mundo familiar afectivo”, en el que la Fe católica juega un papel importante; “una mente concentrada para el cumplimiento de propósitos” y “una visión social del espacio público”. Añaden que la perspectiva de Guaidó en términos ideológicos “oscila entre lo socialdemócrata y cierto progresismo moderado”.

Un líder “presidenciable”

Para que Venezuela avance hacia una democracia, según Jiménez “una vez se den las circunstancias para unas elecciones libres y justas, tendrá que competir todo aquel que quiera. Debería haber debates públicos dentro de los partidos para elegir a sus candidatos. Eso sería extremadamente positivo para Venezuela, justamente porque venimos de una tradición del dedazo en la que el líder del partido asigna, aprueba o desaprueba el liderazgo emergente”.

Y según vaya avanzando la hoja de ruta de Guaidó, su popularidad previsiblemente seguirá creciendo. ¿Se presentará Guaidó a unas futuras elecciones presidenciales? “Especulando, obviamente al ver cómo ha crecido la sociedad venezolana que lo apoya y con su liderazgo fresco, nuevo, institucional, que ha logrado despertar la esperanza en la población, pudiera pensar el propio Guaidó que sería un buen candidato presidencial. Y de hecho presidenciable lo es. Pero aquí viene la política interna de su partido. Una vez que Venezuela pueda tener elecciones libres, dentro de Voluntad Popular habrá otros liderazgos que considerarán lanzarse a la Presidencia”, explica la politóloga.

De todas formas, Jiménez Morales subraya que tomando el discurso de Guaidó, “creo que ahora está enfocado en no perfilarse como candidato presidencial sino en darle estabilidad a la sociedad venezolana con un Gobierno de transición. Quizás más adelante podrá ser un candidato presidencial”. Pase lo que pase, la politóloga recuerda: “Tiene 35 años. Le queda muchísimo tiempo para lanzar una candidatura”.

Manifestación en Caracas – 2 de Febrero 2019

¿Cómo se resolverá la crisis? por Trino Márquez – Noticiero Digital – 31 de Enero 2019

downloadEstamos en presencia de la crisis institucional y política más grave desde abril de 2002. Llegamos a un punto de ruptura. La mayoría del país desea que el nudo se desate de forma pacífica, pero los factores del gobierno acaudillados por Diosdado Cabello buscan un desenlace violento. Debemos imaginar escenarios sólo a partir del cuadro actual.

El régimen intenta demostrar una fortaleza de la cual carece. El Psuv es un partido útil para intimidar y chantajear votantes en períodos electorales, pero sin arraigo popular. Algunos de los miembros de la cúpula militar-civil que sostienen a Maduro tratan de convertirse en héroes. Intentan reeditar a los líderes de la revolución cubana cuando se produjo la invasión de Bahía de Cochinos. La diferencia reside en que los guerrilleros bajados de Sierra Maestra apenas tenían dos años gobernando. Carecían de recursos financieros para comprar lealtades. Apelar a la mística y al sacrificio era posible porque aún encarnaban una esperanza para numerosos cubanos y para la izquierda mundial. No habían tenido tiempo de destruir y esclavizar la isla, como lo hicieron poco después. Los rojos venezolanos pretenden recrear la historia 60 años después, pero sin ningún encanto. Perdieron desde hace años la admiración popular.

Existe un núcleo duro comandado por Cabello que, al parecer, prefiere salir a la fuerza, que los decapiten, antes que negociar lo único negociable para la nación: la salida de Nicolás Maduro, la formación de un gobierno provisional y la convocatoria en un plazo razonable de unas elecciones transparentes con supervisión internacional. Con ese sector extremista resulta imposible llegar a acuerdos. Consideran que no tienen escape. Este grupo militar-cívico bloquea cualquier opción basada en la restitución del orden constitucional roto por Maduro. Su fortaleza reside en la presión que ejerce la cúpula militar sobre lo que queda de la destartalada Fuerza Armada y en su alianza, hasta ahora indestructible, con la élite civil del Psuv. Allí se encuentran atrincherados Maduro, Padrino y Cabello. Reproducen el esquema de Noriega en Panamá. Creen que esa sociedad es suficiente para sobrevivir y retomar el control de la situación.

Los apoyos internacionales recibidos por el régimen muestran el talante autoritario de su postura. Sólo dictadores, tiranos y grupos terroristas lo han respaldado. Putin, Xi Jinping, Erdogán, Ortega, Díaz-Canel y Hezbollá son algunos de sus socios. Ninguno de ellos, desde luego, está dispuesto a asumir el costo financiero y militar de apoyar la pandilla venezolana. El respaldo militar de Putin es incierto. Venezuela queda demasiado lejos de Rusia. Esta no cuenta con una base logística en América Latina desde la cual elevar la eficacia del esa eventual ayuda. El costo económico de ese operativo resulta demasiado alto para esa economía tan maltrecha.

El apoyo internacional le sirve a Maduro para vociferar y torpedear una salida concertada. Afincado en ella y en control de los aparatos represivos, reprime. Viola los derechos humanos de los niños y adolescentes. Agrede. Comete excesos. Sanciona tímidamente a Juan Guaidó. Usa a los criminales del Faes y de los colectivos para masacrar y atemorizar. Pero no se afianza en el poder. Está rodeado por las fuerzas internas e internacionales que se desataron de forma súbita e inesperada.

La oposición vive su mejor momento desde 2002. Una nueva primavera. Se ha reconectado con la gente. La explosión popular del 23 de enero fue majestuosa. El optimismo se convirtió en un factor movilizador que se expresa a diario.  El respaldo internacional ha aumentando en cantidad y calidad. Gobiernos ambivalentes, como el de Pedro Sánchez, ahora llaman tirano a Maduro. La Internacional Socialista se deslindó de él. El único país importante de la región que no ha reconocido a Guaidó es México. López Obrador  resultó peor de lo que imaginábamos. La estrategia adoptada por la Asamblea Nacional está dando resultados. La comunidad internacional ha pasado del apoyo retórico a acciones concretas. Las sanciones  a Pdvsa son letales. Dejaron al régimen sin su músculo financiero. Esa fibra será trasladada al gobierno de Guaidó.

El nivel alcanzado por la oposición es muy alto, pero aún no logra producir la fractura de las Fuerzas Armadas que inicie una nueva fase. El gobierno no puede aplastar a la oposición. No puede entronizarse. La invasión militar, aunque aparece como opción en la mesa de Trump, nadie la quiere, empezando por los gringos. Maduro y su camarilla se hallan cada vez más acosados, aislados y débiles. El cuadro general favorece a la alternativa democrática. La caída del régimen luce posible y cercana.

Lo más importante consiste en combinar las jugadas políticas   -como el nombramiento de representantes en países y organismos internacionales y de la nueva junta directiva de Citgo- con la movilización de la gente. Los ciudadanos tienen que sentir que el cambio está ligado a su compromiso y presencia en la calle. Todo indica que el retorno a la democracia será pronto.

La estrategia coral que resucitó a la oposición y echa el pulso más firme a Maduro por Alonso Moleiro/Javier Lafuente – El País – 30 de Enero 2019

La presión al líder chavista se ha intensificado a partir de un plan ideado por destacados dirigentes que cuenta con jóvenes políticos y disidentes

El presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, el martes en Caracas. En vídeo, los venezolanos Greilin, Daisy y Eduardo relatan su llegada a Madrid para huir de la escasez, la violencia y la represión.YURI CORTEZ (AFP) | EPV

“Fin de la usurpación, Gobierno de transición, elecciones libres…”. Los críticos con Nicolás Maduro lo repiten como si fuese el estribillo de una canción pegadiza. Un mensaje, un mantra más bien, que por primera vez en mucho tiempo, entona al unísono un coro que incluye a los más beligerantes y los sectores moderados, incluso entre chavistas críticos con Maduro, ante la grave crisis que atraviesa Venezuela.

Históricamente fragmentada, la oposición venezolana ha logrado generar una sinfonía inédita en torno a la figura del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, que el pasado 23 de enero se proclamó mandatario interino y fue inmediatamente reconocido por Estados Unidos y los principales países de la región, salvo México. Una composición que no cuenta con un solo director de orquesta, sino que es fruto de una gran alianza, de un acuerdo político gestado durante meses en el que predominan dos figuras a partir de las cuales se articula el toma y daca con el que se ha logrado cercar como nunca antes al régimen de Maduro: el expresidente de la Asamblea Nacional Julio Borges (Primero Justicia) y el líder político Leopoldo López (Voluntad Popular, también el partido de Guaidó).

Al menos una decena de fuentes consultadas para este reportaje, entre distintos sectores de la oposición y al tanto de los movimientos, insisten en que sería injusto señalar un cerebro detrás de la estrategia, aunque son los nombres de estos dos políticos los que repiten cada uno de los consultados, algunos en condición de anonimato. López, preso en su casa, opera políticamente dentro del país; Borges, exiliado en Bogotá, es quien articula los contactos en el extranjero, “quien legitima al Parlamento allá donde va”, suele repetir, un trabajo que ha venido desarrollando desde hace más de un año y que se ha acentuado tras el fracaso de las negociaciones con el régimen chavista en República Dominicana hace ahora un año. Casi 20 después de fundar Primero Justicia, de enfrentamientos que dividieron a la formación con más poder entre los críticos del chavismo y que propició que López creara Voluntad Popular, la crisis de Venezuela les ha obligado a ambos a sincronizarse de nuevo.

La negociación en Santo Domingo supuso un punto de inflexión para ambas partes. Borges, líder de la delegación opositora, decidió, en contra de una parte de los críticos que hoy guarda silencio, no firmar el acuerdo que le planteaba el chavismo y que contaba con el beneplácito del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, uno de los mediadores en aquellas conversaciones. Maduro convocó elecciones para mayo de 2018 y propició otro golpe a la oposición, el enésimo después de que en diciembre de 2015 esta lograse imponerse en las urnas y hacerse con el control de la Asamblea Nacional. Una victoria que Maduro nunca asimiló.

La situación actual obligaba a una reinvención. Otra más. Una quimera para muchos, después de que las protestas de 2017 alejasen a los líderes de sus votantes, que perdieron la confianza en ellos. No obstante, fruto de aquellos meses en los que murieron decenas de personas, se fortaleció una serie de jóvenes políticos, incluido el propio Guaidó, que a estas alturas han resultado clave.

“Esto es un proceso arduo”, recordaba Borges hace unos meses en una charla informal en Bogotá. Aparentemente, mediáticamente sobre todo, era el momento más bajo de la oposición. Daba la impresión de que no lograban remontar la enésima bofetada del madurismo. Con los meses, aquellos encuentros que parecían intrascendentes han cobrado sentido. En Harvard, de la mano del economista Ricardo Hausmann, se esbozó un proyecto económico para poner en marcha en un futuro que cada vez les resulta más cercano. En agosto, durante la toma de posesión de Iván Duque en Bogotá, Borges, López (a través de Skype), Antonio Ledezma (exalcalde de Caracas) y Tomás Guanipa (secretario general de Primero Justicia) se reunieron con los expresidentes Felipe González y Ricardo Lagos para hablar de cómo debería ser un posible Gobierno de transición. “Esto es un trabajo de hormiga”, insistía Borges en aquella charla de la capital colombiana.

De derecha a izquierda, los opositores Julio Borges, Carlos Vecchio, encargado de negocios de Guaidó en EE UU, David Smolansky y Francisco Márquez.
De derecha a izquierda, los opositores Julio Borges, Carlos Vecchio, encargado de negocios de Guaidó en EE UU, David Smolansky y Francisco Márquez. JACQUELYN MARTIN AP
Borges ha liderado el impulso exterior, especialmente en el Grupo de Lima, creado por las principales potencias regionales tras no lograr ningún avance en el marco de la OEA (Organización de los Estados Americanos), a cuya última sesión acudió acompañado de Juan Guaidó. Junto a Borges, Antonio Ledezma, exiliado en Madrid, y Carlos Vecchio (nombrado ahora por Guaidó encargado de negocios), en Estados Unidos, han sido determinantes. Mantener viva la llama interna ha sido aún más complejo. Encarcelado en casa Leopoldo López, una de las personas que más ruido ha generado todo este tiempo dentro de Venezuela —con ascendencia en el exterior, sobre todo en Washington y Colombia— ha sido una de las figuras más controvertidas —y beligerantes— de la oposición, a la que hoy todos reconocen su parte del mérito: María Corina Machado (Vente Venezuela).

No obstante, si hay algo que diferencia el momento por el que atraviesa la oposición de otros anteriores es la participación de una nueva generación de políticos que, aparentemente, ha dejado apartadas las siglas -una quimera en Venezuela- por el bien de todos y que tiene su máximo exponente ahora en Juan Guaidó. El político de Voluntad Popular asumió la presidencia de la Asamblea Nacional fruto de un pacto de todos los partidos tras las elecciones de 2015: el primer año le tocó a Henry Ramos Allup, de Acción Democrática; el segundo a Julio Borges, de Primero Justicia; el tercero a Omar Barboza, de Un Nuevo Tiempo y el cuarto año, este, a Voluntad Popular. Encarcelado López, exiliados otros dirigentes como Vecchio o David Smolansky, y con Freddy Guevara asilado en la Embajada de Chile, se apostó por alguien que resultaba un desconocido para mucha gente, pero que ha insuflado a la oposición algo de lo que carecía: esperanza. Hasta el punto de que dirigentes como Henrique Capriles, que se habían mantenido alejados de este proceso durante los últimos meses, han cerrado filas en torno a Guaidó.

El proceder en la juramentación del dirigente tuvo algunos momentos cacofónicos entre la oposición. El momento en que se dio generó cierto ruido interno. Los sectores moderados tenían reservas con el tema, proponían esperar a que escalara la crisis para acercarse a Maduro con una propuesta de transición. Voluntad Popular se negó de plano a esta idea. Al mismo tiempo, Guaidó recibía presiones de los sectores radicales de la oposición para que asumiera funciones presidenciales de inmediato.

Asesorado por políticos jóvenes

La negociación con el Gobierno es una meta que todos los sectores opositores han perseguido en cierta manera. La diferencia ha estribado en el cuándo. Voluntad Popular, Leopoldo López, sostenía que debía llegar producto de una iniciativa que arrinconara al Ejecutivo chavista y lo obligara a deponer posturas, y no antes, como estaba proponiendo el costado socialdemócrata de Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo.

Guaidó, el 26 de enero en Caracas con Lilian Tintori (segunda por la izquierda), esposa de Leopoldo López.
Guaidó, el 26 de enero en Caracas con Lilian Tintori (segunda por la izquierda), esposa de Leopoldo López. F. PARRA AFP

Después de que jurase como presidente encargado el pasado 23 de enero, Guaidó, junto a los vicepresidentes Stalin González y Edgar Zambrano, ha sido asesorado por varios parlamentarios y partidos para llevar adelante la agenda política. Las riendas las han tomado políticos jóvenes, muchos de los que pusieron la cara —literal— durante las protestas de 2017. Miguel Pizarro (30 años), que coordina toda la parte de la ayuda humanitaria, uno de los pilares sobre los que trabaja la oposición, tiene acceso a sectores del chavismo crítico; Carlos Paparoni (30 años) está al frente de la Comisión de Finanzas, encargada de recuperar los activos perdidos por la corrupción, y María Albert Barrios (28 años), el nexo con las Embajadas.

“Este escenario lo estábamos viendo venir. Pasamos buena parte del año pasado preparándonos para esto. Cuando Juan [Guaidó] llegó a la presidencia tenía un panorama de lo que debía hacer”, asegura la diputada Delsa Solórzano. Tras abandonar Un Tiempo Nuevo —otro reflejo de la decadencia de las siglas de los partidos—, ahora trabaja en la elaboración de la ley de amnistía, algo para lo que ha recibido sugerencias de la fiscal general Luisa Ortega, exiliada en Bogotá desde agosto de 2017.

Para Ortega, desarrollar la ley de amnistía es algo crucial en este momento. “Hay que darle claridad, la gente quiere saber cuál es el alcance que va a tener antes de tomar decisiones”, asegura a este diario, en referencia a posibles funcionarios y militares a los que les convendría acogerse a esa ley para desvincularse del régimen. “Maduro ha creado el desastre en el que estamos sobre la inseguridad jurídica”, recalca Ortega, una de las figuras del chavismo disidente que se ha mostrado más activa. “Yo siento que soy parte de todo esto que está ocurriendo”.

Pese a que en las últimas semanas los movimientos han sido certeros y muchos aventuran que se ha llegado a un punto de no retorno para Maduro, las fuentes consultadas coinciden en que es “impredecible” atinar con un pronóstico a corto plazo. “Es importante que se perciba que no hay marcha atrás, pero lo cierto es que los acontecimientos están marcando todos los movimientos, casi por horas”, asegura bajo condición de anonimato una de las fuentes en el extranjero que, como la mayoría, admite que la cohesión en la cúpula chavista —no solo la militar— sigue siendo robusta.

La capacidad de resistencia de Maduro y su entorno, atribuida a la inteligencia cubana, es lo que más preocupa a la oposición. “Se impondrá quien logre mantener la cohesión del otro y no romper la propia”, resumen, de una u otra manera, varias fuentes. Y no mirar a largo plazo. A principios de año circuló un audio, que se le atribuye a Leopoldo López, en el que hacía un análisis y se comprometía con la estrategia a desarrollar por Guaidó. No pocos lo interpretaron como un mensaje en el que quería dejar claro, por si hubiera dudas, de que sigue aspirando a la presidencia.

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