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‘Que oposición no crea que EE. UU. va a solucionar sus problemas’ por Sergio Gómez Maseri – El Tiempo – 7 de Abril 2020

Wiliam Brownfield, exjefe antinarcóticos de EE. UU., analiza la nueva estrategia para Venezuela.

William Brownfield

William Brownfield fue embajador de Estados Unidos en Venezuela, Colombia y Chile.

Para hablar de drogas y Venezuela quién mejor que Wiliam Brownfield, por casi una década encargado de la política antinarcóticos de EE. UU. en el Departamento de Estado y embajador de su país ante Caracas.

En entrevista con este diario, Brownfield analiza la nueva estrategia de Washington para forzar la caída del régimen de Nicolás Maduro y dice que, en cierto sentido, lo anunciado la semana pasada es la aplicación de la llamada ‘opción militar’ en este Siglo XXl.

Advierte, a su vez, que el plan de transición a la democracia en Venezuela que presentó EE. UU. exige la salida total tanto del Eln como de las disidencias de las Farc, incluyendo a sus líderes que llevan años escondiéndose bajo la sombra del chavismo.

Algunos ven en el despliegue de fuerzas anunciado la semana pasada un preludio de lo que sucedió en Panamá a finales de los años 80. ¿Es eso lo que está pasando?

Es peligroso interpretar de esa manera lo que sucedió, especialmente para aquellos en Venezuela y para la oposición creer que están próximos a ver una especie de intervención internacional como esa que menciona. No creo que eso vaya a suceder y es importante que la oposición siga concentrada en los pasos que deben tomar para acabar con esta tragedia. No deben contar con que EE. UU. u otro entrará a solucionarles los problemas que tienen.

No deben contar con que EE. UU. u otro entrará a solucionarles los problemas que tienen

 

¿Lo que quiere decir es que no hay apetito en Washington para una intervención de esta naturaleza?

Lo que diría también es que no estamos en 1989. Han pasado 31 años y hay muchas opciones militares que no se parecen a las del último siglo y no requieren miles de soldados desembarcando en las playas de Venezuela y marchando hacia Miraflores.

Hay formas de hacer intervenciones indirectas o usando tecnología, de causar trastornos a la cadena de mando, de establecer zonas humanitarias en la frontera o de ataques de precisión que se pueden lanzar desde miles de kilómetros de distancia si se quiere mandar un mensaje sin poner en riesgo a la población. No es que no exista apetito de ningún tipo. Lo que hay son muchas opciones disponibles que son diferentes a esas que se mencionan.

William Brownfield

William Brownfield asegura que las estrategias militares ya han cambiado.

Pero EE. UU. ha dicho que esto es una operación eminentemente antinarcóticos. ¿Lo que usted nos dice es que quizá es más que eso y va dirigido a sacar a Maduro del poder?

Puede ser parte de esa misma aproximación. Es algo que se hace por fuerza del territorio de Venezuela en aguas y espacio aéreo internacionales y que se hace entre muchos países entre ellos Gran Bretaña, Holanda, Francia y valga decir, Colombia. Se está usando mucha tecnología en lugar de una gran fuerza para lograr sus objetivos y está diseñada para enviar un mensaje y golpear a aquellos en Venezuela que usan su posición para lucrarse con millones de dólares provenientes de actividades criminales.

Es la aplicación de la opción militar en el contexto del siglo XXl. Es por eso, además, que pienso que se deben mirar los tres anuncios hechos por EE. UU., en estos días (despliegue naval, cargos por narcotráfico contra Maduro y su entorno y el plan de transición a la democracia que presentó el Departamento de Estado), como un paquete de acciones con un mismo fin.

Se deben mirar los tres anuncios hechos por EE. UU., en estos días como un paquete de acciones con un mismo fin

 

¿Explíquenos como se relacionan esas tres medidas?

En su conjunto mandan un mensaje, y este es que las cosas se van a poner mucho más difíciles para el régimen, para Maduro y sus aliados, pero que hay una salida, una hoja de ruta que permite salir de esta situación y que es democrática, que es aceptada para una mayoría de países y que ofrece a la mayor parte del círculo de Maduro una amnistía. De eso se trata.

¿Qué les dice a los que piensan que la única razón por la que el presidente Donald Trump está apretando en Venezuela es porque quiere asegurar una victoria en la Florida, donde viven muchos venezolanos exiliados y el tema es popular entre el anticastrismo?

Aunque no es imposible, en este momento EE. UU. está en medio de una pandemia mundial y creo que pocos están pensando en eso. Sin duda es un mensaje político, pero para Maduro y su gente. Y es que aun si no quiere salir de manera voluntaria hay un marco desarrollado que permite hacerlo a un lado y que le garantiza a los que lo hagan que pueden sobrevivir a esto sin que se les castigue por lo que hicieron en el pasado.

Hay quienes dicen que la estrategia tiene serias contradicciones por que al parecer elimina cualquier incentivo para Maduro y su entorno de negociar ahora que saben que su futuro puede ser una cárcel en EE. UU.

Cuando salieron los encausamientos, que fue lo primero del ‘paquete’ que se conoció, debo decir que me tomaron por sorpresa dado el momento en el que estábamos. Pero ahora que conozco los otros componentes de la estrategia, ya no tanto. Era muy probable, como bien dice, que Maduro no aceptara, y ya lo hizo. Él sabe que todavía tiene opciones, como tomar una avión para La Habana o para Moscú. Y eso no lo cambia el hecho de que acaba de ser acusado por una corte en EE. UU.

Pero el mensaje no era solo para él sino para la jefatura militar, para líderes chavistas, para gobernadores, de que existe una salida del problema. Y esa salida no tiene que suceder ya. El marco es una oferta que pueden tomar en dos meses o en 6 meses o en un año o cuando las condiciones se den.

Recompensas

Nicolás Maduro y 14 de sus alfiles son acusados de narcotraficantes y de favorecedores del terrorismo.

¿Cree usted que esas acusaciones por narcotráfico pueden hacer parte de una eventual negociación con Maduro o son definitivas y permanecerán por siempre?

Hoy no están sobre la mesa y no hacen parte del plan de transición. Usted conoce el sistema legal de este país. Cuando el Fiscal General o un fiscal presentan un encausamiento, eso quiere decir que tienen suficiente evidencia para llevar el caso a juicio y creen que pueden obtener una condena. Dicho eso, el mismo sistema permite que quien presentó esa acusación, en este caso el Fiscal General, los retire o decida no enjuiciar. Su potestad es absoluta.

En entrevista con este diario el exsubsecretario de Estado para el Hemisferio Roger Noriega decía que el plan de transición ofrecido por EE. UU. equivale a un “ablandamiento” de Washington frente a Maduro, pues hasta le permite participar en elecciones futuras. ¿Qué opina?

La oposición cree que han sido quemados ya en tres ocasiones cuando recurrieron a la comunidad internacional como mediadores para un diálogo con Maduro y por eso no confían en otro proceso semejante. Ahora, con la estrategia de EE. UU., se acusa a la cabeza del Estado de narcotráfico y se ofrece un precio por su captura (15 millones de dólares). Eso lo que asegura es que Maduro no pueda permanecer ni regresar a Venezuela nunca más. Es poco probable que quiera quedarse cuando sabe que hay una recompensa por su captura. Y creo que precisamente por eso que el presidente interino, Juan Guaidó, apoya este plan. Porque los cargos y la recompensa son la garantía de que Maduro no se quedará en el país.

Juan Guaidó

Juan Guaidó, líder opositor venezolano, apoyó el plan de EE. UU. para una transición en Venezuela.

El objetivo central de toda la estrategia parece ser el misma de siempre pero que hasta ahora no se ha logrado: romper el respaldo de las fuerzas armadas a Maduro. ¿Cree que ahora si se pueda lograr?

El plan tiene muchos componentes pero no hay duda de que ese es uno muy importante. Y creo que ahora con el coronavirus, que en Venezuela será una tragedia porque no tienen un sistema de salud, el punto de inflexión está más cerca.

Ahora con el coronavirus, que en Venezuela será una tragedia porque no tienen un sistema de salud, el punto de inflexión está más cerca

¿Qué mensaje ve en todo esto para el Eln y las disidencias de las Farc, cuyos miembros fueron incluidos en los encausamientos del Departamento de Justicia?

El plan de transición exige la salida de todas las fuerzas externas de Venezuela. Si bien la mayoría de personas vio en eso una referencia a personal de Cuba y Rusia, también está dirigido a las disidencias el las Farc y el Eln, de los que hay miles en Venezuela. Para ellos debe haber cero espacio y deben salir de inmediato y eso quedó clarísimo en el plan.

Una vez se restaure la democracia y el régimen salga, se acabará también la protección que han recibido por más de dos décadas en ese país para avanzar en su agenda criminal. El negocio del narcotráfico se les va a acabar y todos los que han buscado refugio en este país tendrán que abandonarlo.

Háganse los locos, “pónganse de acuerdo” por Alonso Moleiro – La Gran Aldea – 31 de Marzo 2020

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El acuerdo hay que promoverlo, pero la pelota la tienen quienes lo confiscaron. Son ellos los que tienen que consultar a la Academia de Medicina, a la Organización Panamericana de la Salud, informarnos sobre el número de camas, las gestiones pendientes, el dinero del fisco, la ayuda internacional. Son ellos los que deben asumir su responsabilidad en la quiebra sanitaria. Son ellos los que deben trazarle a la nación el diagrama de un acuerdo. Un acuerdo para regresar el mapa político venezolano a la zona de la honradez.

Desembarca el coronavirus en el país y en el debate venezolano comienza a abrirse paso una demanda para que cese la pugna política desmelenada e irracional, en la cual estarían enzarzados el chavismo con la oposición democrática mientras el tejido nacional se sigue deshilachando.

Con el paso de los días aumenta de volumen un clamor para que ambas partes aplacen de momento sus objetivos inmediatos y sean capaces de identificar un camino sensato de coincidencias, con el objeto de atender la emergencia sanitaria que tiene planteada el país con la propagación de la pandemia.

Comienzan a hacerse frecuente, particularmente en las redes sociales, los llamados a “los políticos” para que “se pongan de acuerdo”. Para que olviden momentáneamente sus apetencias menudas, y sepan, responsablemente, priorizar la existencia de lo que, sin dudas, es toda una emergencia nacional.

El planteamiento ha sido adelantado, sobre todo, por dirigentes políticos de la denominada Mesa de Diálogo Nacional y algunos de sus simpatizantes, y ha terminado de tomar cuerpo una vez que fuera defendido de manera inequívoca por el propio Henrique Capriles Radonski.

Aquellas proposiciones parecen recoger una inquietud legítima, compartida y que han surtido algún efecto: El propio Nicolás Maduro ha salido a su encuentro ofreciendo sus gestiones.

¿Con quién nos acordamos?

El alegato que exige prestarle atención responsable y sin fisuras a la pandemia y sus efectos luce inobjetable. Habrá que ponerle reparos, sin embargo, al empeño en retratar la crisis como un antojo intrascendente de políticos, a malquerencias “de uno y otro bando”, o a los embates silvestres de la polarización.

Cada vez que la crisis venezolana nos pide un esfuerzo adicional, cierto sector de las graderías locales se recuesta de la zona más cómoda del activismo: Trazar, a control remoto, un salomónico panorama neutral, en el cual dos sectores con atributos, poder, objetivos e intenciones similares, e igualmente válidas, deben deponer sus actitudes al mismo tiempo para concretar un acuerdo de la mano de la mágica terapia de la negociación política.

“Pónganse de acuerdo”, -¿no estamos en eso?-. Se trata de un hábil artificio, un sofisma que personajes como el Papa Francisco desarrollan con exquisita habilidad cuando tiene que aproximarse al drama nacional sin hacer definiciones de fondo y sin que nada le salpique. Un extravío intelectual que parte de la desencaminada certeza de que lo justo consiste en picarlo todo por la mitad.

Y aunque parezca increíble, en el  punto más desequilibrado y agónico de esta crisis, los mentores del “pónganse de acuerdo por Venezuela” recuestan todos sus emplazamientos sobre el bando equivocado de la discusión: El que no tiene poder, ni instrumentos para poner en vigor acuerdos, y está siendo judicializado, precisamente, por tratar de reimponer en el país la zona institucional del pacto democrático republicano que venían disfrutando los venezolanos desde el 23 de enero de 1958.

Un “acuerdo” no es una solución que se invoca como remedio casero. En Noruega y Barbadosse llevaron adelante las tentativas de negociación y  acuerdos políticos más fundamentadas y depuradas de estos 20 años. De valorar el chavismo, aunque sea por ratos, el valor moral del acuerdo institucional, Juan Guaidó se habría podido sentar sin problemas para quedar reelecto Presidente de la Asamblea Nacional y estaría en desarrollo la amnistía política propuesta por la sociedad democrática.

El acuerdo hay que promoverlo, pero la pelota la tienen quienes lo confiscaron. Lo demás no es sino una tentativa de vivir de la renta del mercadeo nostálgico del acuerdo. El reclamo hay que formulárselo a quienes usurpan el poder y quieren convertir las marramucias electorales y legales es parte del folclor cultural del país. Son ellos los que tienen que consultar a la Academia de Medicina, a la Organización Panamericana de la Salud, informarnos sobre el número de camas, las gestiones pendientes, el dinero del fisco, la ayuda internacional. Son ellos los que deben asumir su responsabilidad en la quiebra sanitaria. Los que se han negado a reconocer la violenta diáspora de médicos de estos años.

Son ellos los que deben trazarle a la nación el diagrama de un acuerdo. Un acuerdo para regresar el mapa político venezolano a la zona de la honradez.  Un acuerdo al que, finalmente, ellos jamás se van a avenir, porque llegaron al poder para romper y confiscar cualquier zona de acuerdos.

Nicolás Maduro encarcela a tres españoles del entorno de Juan Guaidó por Daniel Lozano – El Mundo – 4 de Abril 2020

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Quijada, uno de los detenidos por la policía de Maduro, junto a su familia. E. M.

Se llaman Demóstenes Quijada, Víctor Silio y Sergio Termini Tudela y son los nuevos presos políticos del régimen bolivariano. Los tres poseen la doble nacionalidad española y venezolana. Su delito: pertenecer al círculo de Juan Guaidó, presidente encargado del país. Alguno tan cercano como Quijada, asesor clave y “cerebro” en la sombra desde que comenzara el desafío contra Nicolás Maduro en enero de 2019.

Las fuerzas de la revolución les detuvieron en los últimos días en medio de la ola represiva puesta en marcha por el gobiernocon la excusa del coronavirus. Un operativo que contrasta con las declaraciones públicas y llamados del “presidente pueblo”, que ha propuesto un “alto el fuego” cuando las andanadas violentas llegan siempre desde el mismo lado. El chavjsmo ha situado a opositores, periodistas y personal médico en el centro de su diana para mantener el control social en medio de la pandemia. Al precio que sea.

Al hogar de Quijada en Caracas llegó un pequeño ejército de la Dirección de Contrainteligencia Militar de Venezuela (Dgcim) en la madrugada del jueves. Intentaron reventar la puerta del apartamento. En su interior, la familia compuesta por el ingeniero de 43 años; su mujer Ana Carolina; su hijo Demo, de 8 años, y la abuela materna del niño. El pequeño también dispone de nacionalidad española.

“¡Pongánse las máscaras, aquí hay un infectado!”, gritaron, como si se tratara de otra serie de Netflix. Quijada abrió lo que quedaba de puerta y comenzó la pesadilla, relatada a EL MUNDO por Ana Carolina Agüero, mujer del detenido y psicopedagoga de 45 años.

Tres horas durante las cuales los agentes armaron el escenario ordenado por la revolución. Los militares se introdujeron en el dormitorio conyugal y “sembraron” en un cajón dos granadas. Una pistola, un artefacto explosivo y marihuana también fueron repartidos en la estancia. Todo ello ha servido de base para acusar de terrorismo al asesor de Guaidó.

“Pese a que nos avisaron de que venía un médico, nunca apareció. También nos dijeron que iban a fumigar, pero tampoco ha pasado. Se llevaron dos computadoras, tres teléfonos celulares y los mandos de la consola del niño. También el router y los teléfonos de la casa”, precisa Agüero.

Los abogados defensores del opositor consiguieron hablar durante unos minutos con Quijada, que permanece detenido en la sede de la Dgcim, principal centro de torturas del país según las denuncias de la ONU y la OEA. “Está bien, sereno, no le han golpeado, que era mi gran miedo porque él es un intelectual, no un hombre de campo”, desvela Agüero.

Quijada se ha convertido en un referente durante los 15 meses de pulso contra Maduro, siempre en una cercanía discreta al líder opositor, con unas gafas de pasta que le hacían muy reconocible.

“Funcionarios del régimen: al secuestrar a otro luchador sólo consiguen deshonra y perpetuar emergencia. En cambio, por el usurpador (Maduro) son 15 millones de dólares y hacer historia”, clamó Guaidó tras la detención. Ambos, Quijada y el presidente de la Asamblea Nacional (AN) son ingenieros industriales formados en la Universidad Católica Andrés Bello. En el extenso currículum de Quijada figuran sus planes para mejorar las bases de datos del Poder Judicial y las instalaciones del Metro de Caracas.

Por otro lado, los abogados del opositor confirmaron a la familia de Víctor Silio, ayudante de Rafael Rico, asistente de Guaidó, que el joven de 23 año fue trasladado a una comisaría de la Policía Nacional. Sobre él pesa una denuncia por portar marihuana. El joven hispanovenezolano fue brutalmente golpeado a finales de febrero durante el ataque a la manifestación encabezada por el presidente legítimo del Parlamento en Barquisimeto.

La caza de Rico prosigue por toda Caracas, convertido en objetivo preferencial tras su huida de esta semana. Su novia, Andrea Bianchi, fue secuestrada por agentes de las FAES (policía especial de Maduro, acusados de ser los “batallones de exterminio” de la revolución), desnudada, golpeada y arrojada en una autopista. Sergio Termini Tudela es el detenido más alejado del presidente encargado, ya que está más vinculado al círculo de Julio Borges, canciller en el exilio de Guaidó.

¿Patadas de ahogado? – Editorial El Nacional – 1 de Abril 2020

La verdad es que cada día que pasa el régimen parece una comiquita. Para los que no sepan qué es, son secuencias de dibujos animados llenos de situaciones absurdas que provocan hilaridad en los espectadores. Si Venezuela no estuviera en tan malas condiciones, todos se reirían.

Ahora resulta que las fuerzas de seguridad del régimen se dedican a buscar a dirigentes políticos o asesores del presidente interino en sus casas y acusarlos de tener en su poder drogas.

¿Pensaban con esto decirle al mundo entero que ellos sí luchan contra el narcotráfico y no como los acusa el sistema judicial de Estados Unidos, de más bien propiciarlo?

Lo que más bien parece es una respuesta bastante débil ante la avalancha de noticias sobre la supuesta vinculación del régimen con el tráfico de estupefacientes internacional. Aunque eso es otro tema. Lo que tratan de hacer es obvio, pero esta vez no consiguieron los resultados. Es demasiado difícil voltear la tortilla.

El gobierno interino de Juan Guaidó no se va a detener por este tipo de medidas que busca amedrentarlos. El presidente y sus asesores están enfocados en lo que es ahora prioritario, tratar de ayudar a la población a enfrentar la pandemia. Elevar la capacidad de respuesta y atender la emergencia.

Pero una vez más, el régimen muestra sus costuras, porque sus prioridades quedan claras, seguir dando patadas de ahogado a ver si se libera del agua que les rebasa ya el cuello.

En este momento se trata de un asunto de vida o muerte. Los problemas que han generado los del régimen con su incapacidad se van a hacer más evidentes con el paso de los días: no hay gasolina, no hay comunicaciones, no hay producción, no hay dinero.

Si hace unos meses el ingenio del venezolano (de todos los niveles, trabajadores y empresarios) ayudó a que el país se mantuviera a flote, ahora se comienzan a cerrar más las oportunidades, principalmente porque la crisis del combustible se agudiza.

¿Qué medidas tomará el régimen para evitar, ahora sí, que Caracas se quede aislada de los centros de producción que a duras penas antes funcionaban? Les va a estallar la realidad en la cara y no tienen para dónde salir corriendo. Ya no tienen escapatoria.

Ojalá que por lo menos entiendan que lo que trataron de ocultar desde hace años ahora no podrán justificarlo. Deben ceder porque se juegan la vida de miles de venezolanos y no podrán esconderlo.

La palabra de Trump y la cabeza de Maduro por Fernando Mires – Blog Polis – 30 de Marzo 2020

En el Far West un sheriff colgaba avisos ofreciendo recompensas en los troncos de los árboles. Hoy lo hace en twitter. 15 millones de dólares cuesta la cabeza del presidente venezolano. No es poco, quizás algún loco lo tome en serio y se arriesgue, poniendo en peligro su vida y la de miles de opositores acusados de servir a los intereses del imperio.
¿Para qué quiere la cabeza de Maduro, Trump? ¿Desde cuando acá está tan interesado en la justicia universal? ¿Y por qué la cabeza del cordero y no la de la madre del cordero? ¿La de Díaz Canel, por ejemplo? Ah, no. Con Cuba hay negocios ocultos, sobre todo en la rama turística. ¿Y Ortega? El dictadorzuelo nica, a quien Maduro no tiene nada que envidiar, goza de impunidad debido al privilegio de no ocupar como Maduro el cetro simbólico de la iniquidad latina. Porque a estas alturas, después de haberse tuteado con las más siniestras dictaduras de la tierra, Trump no nos va a convencer de que se convirtió en adalid del “imperio del bien” frente a Maduro.
Puede ser ignorante, grosero, misógino, todo lo que usted quiera, tonto no es. Lejos de tener alma de redentor como Carter y a veces Obama, está guiado por una programación simple y esa le indica: nunca arriesgar un solo paso si este no reporta ganancias contantes y sonantes para los EE UU o, en su defecto, si los EE UU se encuentran directamente amenazados. A su modo, Trump es un patriota económico. De acuerdo a su concepción de la política, los EEUU son una gran empresa y él su gerente principal. Y como era de esperarse, con el coronavirus quiso hacer el negocio político del siglo, uno que lo catapultaría hacia su único objetivo: su reelección presidencial.
Repitamos: ¿Por qué la cabeza de Maduro? Para los que no nacimos ayer, el tema está ligado a un tiempo determinado. ¿Y cuál es ese tiempo? Muy fácil, Watson: es el tiempo del coronavirus. ¿Y que tiene que ver el coronavirus con Maduro? Más facil, Watson: Trump no quiere que se hable de la pandemia. Ha manejado tan mal la crisis del covid-19 que, antes de que los EE UU se conviertan en una inmensa Italia o España, necesita ganar tiempo con lo que sea y uno de esos “lo que sea” es Nicolas Maduro, el gobernante más detestado del hemisferio, uno al lado de quien hasta Trump luce como chico simpático. ¿Está haciendo entonces Trump politiquería internacional con la pandemia? Exacto, Watson. Siempre lo ha hecho.
En el manejo de la crisis pandémica hay gobiernos que se han distinguido por su prudencia y capacidad: los escandinavos, el holandés, el austriaco y, por supuesto, el alemán de Angela Merkel, quien ha logrado crear un vínculo entre estado-gobierno y sociedad civil como nunca se había visto en su país. En América Latina los gobiernos de Argentina, Bolivia, Chile, Uruguay e incluso el de Venezuela -exageraciones u omisiones más o menos – no lo han hecho del todo mal. De una manera u otra, han tomado medidas a tiempo. Quienes en cambio obtendrán la Palma de Oro en materia de irresponsabilidad han sido el mexicano de López Obrador, el brasileño de Jair Bolsonaro  y el español de Pedro Sánchez (saquemos a Italia del juego, fue asaltada prematuramente por el coronavirus). El Oscar puede ganarlo Donald Trump. Pocos gobiernos han tenido más recursos que el suyo. Nadie los ha tan mal usado.
Dejemos de lado errores que pueden ser corregidos, como tardíamente lo hace Boris Johnson en Inglaterra. El hecho es que Trump no solo ha manejado mal la crisis. Mucho peor, la ha usado con el objetivo de extraer ganancias políticas en contra de adversarios internacionales. Por de pronto, bajo el amparo que le brindaba covid-19, radicalizó las medidas anti-migratorias, señalando que se trataba de un virus “extranjero”. Luego comenzó a hablar del “virus chino” (no del gobierno chino, sino así: chino) con el objetivo de desacreditar a su principal rival económico internacional. De más está decir que los chinos o descendientes de chinos lo están pasando tan mal en USA como los japoneses después de Pearl Harbor. Lo que no calculó el inescrupuloso presidente es que mientras practicaba exculpaciones, el virus continuaba su avance hasta el punto que llegaría a convertir a su nación en el principal foco epidémico del mundo, cumpliéndose en sentido negativo el sueño de Trump: America First. Y bien, justamente en esos momentos, Trump, valiéndose de un dictamen reactualizado por el Departamento de Justicia, decidió poner a precio a la cabeza de Maduro. ¿Coincidencia? No, en ningún caso. Como Trump es Trump, intentó, en medio de la crisis pandémica, un dealtácito (no explícito) con Maduro y, por cierto, con la oposición más extremista de Venezuela. Un deal que si fuera escrito, debería rezar más o menos así: Yo, Donald Trump, aparezco como líder de formato internacional, un mandatario que en medio de una crisis piensa en el bienestar de los pueblos. Tú, Nicolás Maduro, aparecerás como presidente de un país amenazado por el imperio, consolidarás tus posiciones dentro del ejército y lograrás rehabilitar el anti-norteamericanismo que sirvió de legitimación a Hugo Chávez. Y ustedes, los de la oposición extremista, los que nunca han sabido hacer nada aparte de proponer vías imposibles, les haré ver que al fin, lo que ustedes llaman “presión” ha dado resultados. La conexión López-Guaidó- María Corina- Rubio-Pompeo y Trump, aparecerá como exitosa.
Por supuesto, el deal tiene sus perdedores. El primero será la oposición democrática venezolana cuyos dirigentes podrán hacer muy poco ante el entusiasmo (y presión) que prometen las palabras de Trump. No deja de ser “casualidad” que el deal aparece justo en los momentos en que estaban gestándose conversaciones entre personeros de gobiernos y oposición con respecto a la composición de la CNE. Precisamente cuando el líder de AD, Ramos Allup, había mostrado predisposición a acudir a las parlamentarias. Pocos días después de que Henrique Capriles hubiera sugerido al gobierno posponer diferencias y de que Maduro en su vulgar estilo hubiera hecho uno que otro gesto de aceptación. Pero todo eso ha sido desplazado. El verdadero líder de la oposición venezolana es Trump y Guaidó un simple embajador de sus palabras. En fin, otra farsa más de las tantas que ha vivido el atormentado país.
Solo los que tienen un mínimo de comprensión política lo saben. Trump, en medio del vendaval de la crisis pandémica, no podrá embarcarse en ninguna aventura internacional. Llevaría lisa y llanamente a su hundimiento. Esa crisis mantendrá su intensidad hasta septiembre por lo menos, aún en el caso de que muy pronto fuese descubierta una vacuna. De septiembre a diciembre, tendrá lugar la arremetida electoral en los EE UU, y allí nadie se preocupará de política internacional. Y si Trump logra sobrevivir a la crisis pandémica y es reelegido (lo que desde ya puede comenzar a ponerse en duda) tendrá que reactivar la reconstrucción económica de su país en lugar de estar preocupado de países que le importan un carajo.
En estos momentos de delirio, cuando covid-19 recién comienza su siniestro avance en Venezuela, ha surgido en sectores de la ciudadanía opositora una suerte de trumpismo aún más fanático y radical que el trumpismo norteamericano. Es un trumpismo no político, nacido de la desesperación y del miedo.
Siempre hay algo peor a lo peor. No olvidemos que el fascismo europeo fue hijo de los miedos que produjo la crisis económica de 1929. Los miedos pandémicos del 2020 no se irán sin dejar huellas. Venezuela, azotada por una crisis económica y social sin precedentes, puede ser una víctima propicia. Con o sin Maduro. Aún es tiempo para que los líderes de la parte democrática de la oposición levanten sus voces. El momento no es ofensivo, como hacen creer los extremistas que quieren utilizar el covid-19 como arma insurreccional. El momento es defensivo. Y lo es en el doble sentido del término. Defensivo frente a un régimen altamente agresivo y defensivo frente a una pandemia aún más agresiva.
A los que creen a pies juntillas en las palabras del presidente Trump, permítanme recordarles una muy breve historia. Sucedió hace muy poco tiempo, en el noreste de Siria. Frente al avance incontenible de los terroristas de ISIS, Trump decidió sellar un acuerdo con las milicias kurdas que luchaban en contra de las huestes sirias para qué, a cambio de armamentos, lucharan también en contra de ISIS. Los valientes kurdos cumplieron la promesa y destruyeron a ISIS en la región. En el intertanto, Trump -Putin mediante- recompuso relaciones con el autócrata Erdogan de Turquía retirando gran parte de sus tropas, incluyendo armamento para los kurdos. Así pasó lo que tenía que pasar. Los kurdos fueron diezmados desde ambos lados. Desde Turquía y desde Siria. Erdogan con armas norteamericanas, y el tirano sirio, al- Asad, con armas rusas. El numero de kurdos muertos, nadie lo conoce. Pero la cantidad fue enorme.
A veces hay que aprender de la historia, y cuando no se aprende de la propia, hay que hacerlo al menos con la de los otros.

Ni ante la amenaza del coronavirus es posible la unidad nacional en Venezuela por Pedro Benítez – ALnavío – 20 de marzo 2020

Dos décadas de polarización, persecuciones, cárceles, exilios, insultos, venganzas, miedos, mentiras y sectarismo promovidos por la retórica chavista, y que sus sucesivos adversarios no han podido (o no han querido) desmontar, han abierto un abismo de desconfianzas mutuas de tales dimensiones que impide que aun en una situación límite como la que se encuentra Venezuela cualquier posibilidad de acuerdo político sea posible.
Maduro sigue en su estrategia de reforzar el control militar del país / Foto: Prensa Maduro
Maduro sigue en su estrategia de reforzar el control militar del país / Foto: Prensa Maduro

En ciertos círculos políticos y de opinión venezolanos se ha despertado en las últimas horas la esperanza de que el devastador impacto que la pandemia del coronavirus puede tener en el país sea la oportunidad de algún acuerdo político entre el chavismo y el antichavismo. Entre Nicolás Maduro y Juan Guaidó.

Pero por lo visto esa es una opción imposible hoy. Condicionado por un Maduro que ni aun en las presentes circunstancias le da tregua, el liderazgo del campo democrático que encarna Guaidó tiene muy poco margen de maniobra para intentar construir un puente hacia el otro país.

Una Venezuela frente a la otra. Visto así, un acuerdo político es la necesaria salida que indica el sentido común. El mecanismo para destrabar la crisis venezolana. Pero ocurre que el liderazgo chavista no lo ve así.

En los últimos días Guaidó ha jugado el rol del liderazgo responsable. Suspendió actividades de calle, designó un comité de altísimo nivel con varios de los profesionales de la salud más prestigiosos del país, ha llamado a que se acate la cuarentena y puso a la disposición del público una página web con la información respectiva. La respuesta del otro lado ha sido bloquear el acceso a ese sitio web y detener en las últimas horas a médicos, e incluso pacientes, que denuncian el estado calamitoso de la salud publica en Venezuela.

Ni siquiera ha habido un gesto hacia los 387 presos políticos recluidos en las distintas cárceles. Por el contrario, la persecución política no se ha detenido. Todas las semanas alguien relacionado con la oposición es apresado o debe asilarse en una embajada.

Maduro sigue en su estrategia de neutralizar cualquier disidencia, reforzando su control militar y policial sobre el país y aprovechando cualquier crisis para tapar otra con el propósito nada disimulado de desviar la atención pública. Es lo que está haciendo con la llegada de la pandemia a Venezuela. La ve como una oportunidad para intentar romper su aislamiento internacional.

Esto sin importarle la gravedad de la situación venezolana, que aun cuando el impacto del coronavirus fuera mucho menos de grave de lo que se espera, no podría escaparse al colapso de los precios mundiales del petróleo, secuela de la crisis económica que las medidas contra la pandemia están provocando.

Las finanzas de Maduro para seguir importando cajas de CLAP y gasolina se agotaron. Incluso antes de la actual coyuntura se le había acabado el dinero. Por eso la presión para cambiar la directiva de la Asamblea Nacional (AN) en enero pasado a fin de que la ayuda financiera rusa se concretara. Ahora se vino esta crisis global sin caja. Eso es lo que hay detrás de su extraña carta al Fondo Monetario Internacional (FMI) donde se traga 20 años de discursos anticapitalistas del chavismo. Por eso va a insistir. Necesita dólares.

Por supuesto, tiene una vía más práctica para conseguirlos; pero esa vía es la opción negada por él y por Diosdado Cabello: reconocer a la AN. Cualquier cosa (que es lo que estamos viendo) menos eso.

Porque la situación de Venezuela es paradójica. Por un lado tenemos a Maduro que cuenta con el respaldo de la Fuerza Armada Nacional (FAN) y el control del país. Control precario, pero control al fin y al cabo. Pero al mismo tiempo no tiene acceso a recursos de financiamiento externo por su falta de reconocimiento internacional. Y tampoco con los recursos humanos para gestionar adecuadamente el país, mucho menos en una crisis como la presente.

Del otro lado de la acera tenemos a Juan Guaidó que no cuenta con el respaldo de la FAN, pero tiene la llave que necesita Maduro. Tiene el reconocimiento internacional. Esta al frente de la única institución que puede legalmente aprobar esos recursos y de paso tiene el capital humano del que carece el chavismo.En los últimos días Guaidó ha jugado el rol del liderazgo responsable / Foto: @jguaido

Una Venezuela frente a la otra

Visto así, un acuerdo político es la necesaria salida que indica el sentido común. El mecanismo para destrabar la crisis venezolana. Pero ocurre que el liderazgo chavista no lo ve así. Su estrategia desde 2012 tiene el solo objetivo, la obsesión, de aferrarse al poder a cualquier costo y ven en cualquier concesión a los adversarios el riesgo de perder el monopolio de ese poder.

Incluso hasta el año pasado Maduro veía en la más mínima modificación de las absurdas políticas económicas del régimen un signo intolerable de debilidad y traición. Sólo el catastrófico choque contra la realidad ha llevado a algo de pragmatismo.

Pero ese apego a ideas fijas sin importar el costo parece ser parte sustancial del chavismo. Ese tipo de determinaciones que llevaron al fundador del movimiento a entregar su salud sin ningún tipo de reservas al sistema sanitario cubano con el consecuente desenlace fatal. Esa es la concepción de Maduro. La de aferrarse a su estrategia sin importar el costo.

Ante eso, la opción de “portarse bien” no parece ser una alternativa realista para lidiar con el chavismo. Allí están los cuatro gobernadores opositores que pese a haber ganado con votos y haber aceptado (realistamente) juramentarse ante la írrita Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Maduro igual designó a dedo unos “protectores” en sus respectivos estados, con más poderes y con más recursos. Allí está la historia de los candidatos presidenciales que reconocieron las victorias del chavismo en 2006 y 2012, es decir, que jugaron con las reglas democráticas pero terminaron inhabilitados, y uno de ellos exiliado y luego preso.

Esos antecedentes son los que explican la estrategia de la Presidencia interina que la Asamblea puso en marcha el año pasado. Se puede discutir hoy si fue correcta o no. El tiempo lo dirá. Pero detrás de ella ha habido una lógica.

Sólo un cambio profundo en la correlación de sus fuerzas internas, o un evento inesperado, puede modificar la estrategia sectaria que ha caracterizado al chavismo.

La batalla criolla de Karansebes por Eddie A. Ramírez – RunRunes – 17 de Marzo 2020

Alternative TextMientras el usurpador y sus esbirros continúan atropellando nuestros derechos, algunos venezolanos de oposición agreden a otros opositores mediante tuits, artículos o declaraciones. La insensatez del fuego amigo está causando mucho daño al sembrar desconfianza. Cabe recordar el enfrentamiento entre tropas austríacas, permitiendo el triunfo de los otomanos en la batalla de Karansebes durante la guerra de 1787. Al parecer, el enfrentamiento fratricida se originó por causas etílicas y se agravó por la confusión entre soldados que hablaban diferentes idiomas. Sea o no cierto, se non e vera, e ben trovato, es decir que si no es cierto es apropiado para describir lo que sucede en esta otrora tierra de gracia.


Aquí quizá el enfrentamiento entre quienes luchan por salir de la narcodictadura no sea por ingesta de licor de uno de los grupos, aunque puede que sí haya algunos borrachos de poder. No debería ser un problema de idiomas, ya que todos hablan castellano, aunque puede que algunos no evolucionados solo entiendan castellano antiguo.

La Asamblea Nacional aprobó el 10 de marzo el Pliego Nacional de Conflicto que debe unificar la lucha por el restablecimiento de la democracia y el rescate de nuestros derechos. Quien no lo acepte es porque está de acuerdo con la narcodictadura.

Dicho Pliego establece claramente la exigencia de elección presidencial libre, justa y verificable.

Como condiciones no negociables: nuevo Consejo Nacional Electoral designado por la Asamblea Nacional, rehabilitación de las organizaciones políticas; habilitación y el retorno de los derechos políticos de todos los ciudadanos; garantía del derecho del voto de quienes tuvieron que emigrar; observación internacional con credibilidad en todas las etapas del proceso electoral; rescate de los poderes públicos y oposición a falsos diálogos.

El único punto de divergencia pareciera ser la exigencia de algunos de no ir a elecciones con el usurpador en Miraflores, lo cual sería ideal. Sin embargo, si se dan las otras condiciones no debería ser un punto de honor. Vociferar que primero debe irse el usurpador, a pesar de estar conscientes de que no se dispone de la fortaleza para defenestrarlo, así como criticar al presidente (e) Guaidó por no cumplir ese mandato es solo un buen deseo de algunos, ignorancia de otros, e irresponsabilidad de quienes conocen las fortalezas y debilidades del régimen y de la oposición.

Alegar que con Maduro en Miraflores no puede haber elecciones libres puede ser cierto y también que con sus paramilitares rojos intentará amedrentar a los votantes, pero la posición de nuestros diputados es clara: si no hay elecciones libres, justas y verificables no participaremos en ningún proceso electoral.

Para que el usurpador las acepte debe continuar la protesta en las calles. La oposición tiene que estar unida y las sanciones internacionales deben intensificarse, haciendo caso omiso a lo que predican algunos. Salir del régimen, así como del coronavirus, amerita sacrificios.

Si la presión sobre Maduro lo obliga a realizar elecciones limpias es indudable el triunfo de la oposición siempre y cuando acuda unida alrededor de un solo candidato presidencial y con candidatos también únicos para las parlamentarias. Ante esta situación, hay cierta probabilidad de que el usurpador proceda a arrebatar como Jalisco, por lo que tendremos que dar otra pelea, pero con fortalezas que impedirán una nueva usurpación.

Es positivo que algunos dirigentes políticos sigan insistiendo en que primero debe cesar la usurpación, pero sin descalificar a quienes piensan que, a pesar de todo, no es imprescindible si se logran las condiciones electorales. Desde luego no votaremos si lo que hay es un acuerdo entre la farsa de la nanomesa de diálogo roja y el régimen. Aspiramos prive la sensatez en aquellos dirigentes y opositores de buena fe. No podemos seguir sometidos a fuego amigo. Hasta ahora solo han sido escaramuzas. No permitamos se convierta en batalla como la de Karansebes y triunfen los rojos.

Como (había) en botica: Los rojos no solo destruyeron Pdvsa, sino también el Fondo de Jubilación de los trabajadores, sumiendo en la miseria a quienes dedicaron su vida a la empresa. Sin embargo algunos jubilados, quizá por desesperación, todavía creen en cantos de sirenas que los llaman a “recuperar” a la que fue nuestra principal industria. El Informe actualizado de la Comisionada DDHH de la ONU reitera las violaciones a los derechos humanos, aunque omite la prohibición a su equipo en Venezuela de visitar los sitios de tortura de la DGCIM. Valientes familiares del capitán de navío Luis de la Sotta, del coronel Jhonny Mejías y del teniente coronel Ruperto Molina denuncian nuevos atropellos. Tamara Sujú sigue realizando excelente labor divulgativa en el exterior sobre las violaciones a los DDHH, señalando los responsables ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

Se perdió la coherencia política por Guzman González – PanamPost – 10 de Marzo 2020

La coherencia en todo discurso es primordial, sobre todo en momentos en los que Venezuela clama respuestas y soluciones

Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela. (Foto: EFE)
Un día le preguntaron a Mahatma Gandhi sobre los factores que destruyen al ser humano. Y él respondió así: la política sin principios. El placer sin compromiso. La riqueza sin trabajo. La sabiduría sin carácter. Los negocios sin moral. La ciencia sin humanidad, y la oración sin caridad. Hoy decido repetir estas líneas que no han perdido vigencia, pero actualizadas.

Justo me he quedado con lo primero “la política sin principios”, pero yo le agregaría “y sin coherencia”. La coherencia en todo discurso es primordial, sobre todo cuando hay un país que clama respuestas y soluciones. Ser coherente es tener conexión de unas cosas con otras, pero también significa ser responsables con lo que hacemos y decimos.

Ahora bien, ¿usted cree que es coherente la dirigencia opositora en Venezuela? Yo tengo mi propia opinión, —también soy opositor al chavismo y madurismo—, y no es más que la lógica escondida en falsos discursos que adormecen las ganas de todos. No se puede entender como luego de dos décadas sigamos en el mismo lugar, con los mismos gobernantes y las mismas políticas. Por otro lado, las mismas caras con nombres distintos: Coordinadora Democrática, Mesa de la Unidad, Frente Amplio y para usted de contar cuantas coaliciones hemos visto y apoyado para tratar de buscar una salida.

Prefieren darle la mano y abrazos con besos incluidos a Rodríguez Torres, Luisa Ortega Díaz o Gabriela Ramírez, responsables y culpables de cientos de casos de muertes y corrupción, hasta el punto de incluirlos en el llamado Frente Amplio (que no es “amplio” porque rechazan, excluyen e insultan a líderes como María Corina, Antonio Ledezma, Diego Arria, y otros que se quedan fuera). Muchos me dirán que esto es dividir, así los han manipulado.

La culpa no es de la vaca. La culpa esta vez es de la coherencia política que hace vida en Venezuela. Nos dicen que el Consejo Nacional Electoral (CNE) es ilegal, pero se suman y se inscriben; afirman que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) es ilegitimo e írrito, pero introducen recursos de amparo e interpretaciones constitucionales; declaran que el Ministerio Público es usurpador y sin validez, pero acuden para denunciar casos y más casos; exigen a la Defensoría del Pueblo garantías de derechos humanos, pero a la vez no la reconocen. Durante la gestión de Julio Borges como presidente de la Asamblea Nacional, se destituyó a Maduro y se desconoció su mandato, sin embargo, pasaron unos días e invitaron al propio Maduro a medirse en elecciones “para que se diera cuenta el rechazo del pueblo”.

También para que no se nos olvide, el 16 de julio del 2017 se convocaron a los ciudadanos a votar por tres preguntas y desconocer a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), y aunque el pueblo votó a favor, pareciera que fue una pérdida de tiempo y de esperanzas. Pues, se dejaron quitar el hemiciclo protocolar.

No me vengan con el cuento aburrido que esto es división, no, no lo es. En política debemos autocriticarnos, autoevaluarnos y ser sensatos. No podemos callarnos y dejar que los amos dueños de pocos partidos decidan por nosotros. Eso lo hace el PSUV en donde una sola voz decide por ellos y sin dejarlos hablar ni opinar. ¿Queremos ser PSUV? Entonces vamos a exigirles a nuestros dirigentes coherencia y principios.

Tampoco podemos participar en elecciones con el Consejo Nacional Electoral viciado. No se puede caer en el juego del Gobierno. El régimen de Maduro, tiene todos los poderes de Estado a su favor y controlados. Sí, todos porque hasta a la Asamblea Nacional le quitaron la voz. Necesitamos soluciones. Consciente estoy de que ambos sectores tienen la solución, pero pareciera que a ninguno les conviene aplicarla puesto que saldrían perjudicados. Muchas conexiones, dinero, empresas y para usted de contar.

Otro tema delicado y de suma importancia, es el tema de los que somos periodistas y comunicadores. Se nos sataniza por dar opiniones críticas y contrarias a lo que parece ser mentira e inviable. Nos tildan de vendidos, comprados y hasta parte del régimen. Les explico algo breve: en mi caso, me gradué para informar, y dentro de mi carrera existe algo llamado “periodismo de opinión”, legalmente reconocido y hasta premiado. Yo puedo trabajar con quien sea, eso no afecta mi carrera, pero no pueden juzgar por opinar, ya que constituye delito según las leyes. Los políticos y gobiernos pasan, los periodistas quedamos.

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