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Benigno Alarcón: “Guaidó y la Asamblea Nacional deben tomar la iniciativa en lo electoral” por Elvia Gómez – El Ucabista – 15 de Enero 2020

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El director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB señala que el liderazgo opositor debe reacomodar su estrategia y prepararse para las elecciones parlamentarias, aun con Nicolás Maduro en el poder. “El corto plazo no funciona y el inmediatismo fracasó”, dice respecto a las lecciones que dejó 2019

Para tratar de hacer más sencilla la explicación de circunstancias políticas nacionales plagadas de complejidades, Benigno Alarcón, director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno (CEPyG) de la Universidad Católica Andrés Bello, apela a la metáfora de una partida de ajedrez, un juego de mesa basado en la estrategia.

“Si antes de empezar el juego me piden que renuncie a mis torres, mis alfiles y mi reina, ya voy al juego en desventaja. Yo quiero jugar con mis piezas completas, entonces, ¿por qué renunciar a la vía electoral? En la historia de las transiciones en el mundo ha quedado demostrado que las elecciones son la reina del juego, no un peón. El 70% de las transiciones políticas se han producido por un jaque con la reina”.

El CEPyG y el equipo que dirige Alarcón han venido estudiando los procesos de transiciones políticas en el mundo. En noviembre de 2018 recopilaron en el libro Consolidación de una transición democrática, once propuestas para sacar adelante un nuevo gobierno democrático. En este contexto, en noviembre pasado y por tercer año consecutivo, el Centro de Estudios Políticos presentó los escenarios con las Perspectivas para Venezuela 2020, evaluación que se basa, entre otros estudios, en las mediciones periódicas que hace la encuestadora Delphos en exclusiva para esta institución.

Esa encuesta, recalca el profesor Benigno Alarcón, evidencia que los venezolanos siguen teniendo un alto interés por participar en elecciones, pero “el mantra” impulsado por Juan Guaidó el 23 de enero de 2019 “se ha convertido en un bumerán” que atenta contra la necesaria reformulación del discurso político, que debe dirigirse ahora a un llamado a la lucha electoral como primer paso, aunque Nicolás Maduro siga en Miraflores.

“Si los chilenos hubieran insistido en que para ir a elecciones, primero Augusto Pinochet tenía que irse, a lo mejor todavía estaría gobernando. Ellos plantearon al inicio la salida de Pinochet, constituyente y elecciones libres; pero las cosas no pasaron en ese orden. Primero hubo un referendo, después elecciones y después modificaron la constitución. Pinochet salió como resultado de la elección, no antes”.

Por la experiencia chilena y la realidad nacional, Benigno Alarcón invita a “ser menos dogmáticos y más prácticos”, aunque apostilla que sabe que la dirigencia de oposición entiende también que deben modificar la estrategia.

“Juan Guaidó sigue teniendo la confianza de la gente, lo que ha caído son la esperanza y las expectativas, que eran muy altas. Él está en un buen momento para reformular el discurso, para explicar que el momento del jaque mate ya pasó, que las piezas que necesitábamos ya no las tenemos y que ahora vamos a jugar de otra manera. La gente estará dispuesta a aceptar eso y no lo va a atacar. Hay que entender que el tablero es dinámico y que lo electoral no se construye de la noche a la mañana. Es necesario hablar desde ya de lo electoral, porque hace falta tener organización y estructura. Las condiciones electorales tenemos que construirlas y concurrir a las elecciones de la Asamblea Nacional debe fortalecernos para ir a elecciones presidenciales, porque el dominio de una institución nunca va a ser una desventaja. Es mejor tener la Asamblea Nacional y la calle, en lugar de tener solamente la calle”.

Mantener la ofensiva

El intento fallido por parte de la fracción del PSUV de hacerse por la fuerza con el control de la Asamblea Nacional al inicio de 2020, ha ganado un mayor reconocimiento internacional para el sector que lidera Guaidó. De allí que Alarcón respalda que esa mayoría parlamentaria debe proceder a nombrar, de inmediato, el Comité de Postulaciones para iniciar el proceso para elegir un nuevo CNE.

Opina que “Guaidó tiene una segunda oportunidad infrecuente” y que le conviene recoger el aprendizaje de lo que salió mal en 2019 y corregir el rumbo en 2020. Por eso, aconseja que la ofensiva política demostrada en enero se mantenga en el terreno electoral.

“A los nuevos rectores que designe la AN, seguramente el gobierno de Maduro los va a desconocer, pero los va a reconocer el resto del mundo, y si tratan de nombrar otro CNE, usando al TSJ, estarán fuera de la Constitución y nadie se los va a reconocer. Entonces, lo que le toca a la Asamblea Nacional es avanzar en el proceso y que esos rectores le pongan fecha a las elecciones parlamentarias que la Constitución dice que deben realizarse este año. Para eso se requieren unos seis meses de preparación. Esas ya no serían unas elecciones que controla el gobierno sino las nuevas autoridades designadas por la AN”.

Según los estudios demoscópicos del CEPyG, las razones que los votantes alegan para justificar una posible abstención son de carácter político, como la desconfianza en los rectores del CNE, y no de naturaleza técnico-electoral.

“La estrategia que se anunció el año pasado –cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres– no se puede convertir en una camisa de fuerza. Ese mantra nos ha hecho mucho daño, porque ahora la gente pone como excusa para no ir a votar en las elecciones parlamentarias que no ha cesado la usurpación. Una de las funciones de un líder es ser pedagógico y debe explicarle a la gente que la estrategia debe ser dinámica. El paso 1 ya no puede ser el primero, porque las cosas cambiaron y hay que jugar distinto. Si la AN toma la iniciativa y designa rectores que gocen de la confianza de la gente, por lo menos quita uno de los obstáculos para ir la elección, porque, quizás, el obstáculo que representa Maduro en el poder no lo van a poder quitar”.

Lecciones aprendidas

Entre los aprendizajes que el 2019 dejó sobre Venezuela, Benigno Alarcón menciona seis como particularmente importantes:

“Un posible proceso de transición no puede dejarse en manos de terceros, sean Marines o la comunidad internacional”.
“Es muy difícil que el sector militar se divida como corporación”.
“Desde 1974 la mayoría de los procesos de transición son sociales, de abajo hacia arriba, no impuestos por una cúpula”.
“no hay que ‘quemar’ la protesta de calle como forma de lucha”.
“El corto plazo no funciona y el inmediatismo fracasó”.
“Las sanciones y el aislamiento no ayudan a la democratización”.
Ante esto, cree fundamental que los venezolanos se apoderen y empoderen del proceso de cambio político, porque “los terceros harán solo lo que a ellos les resulte rentable, somos nosotros los que tenemos que resolver este problema”.

“Nuestra última encuesta indica que la gente sigue estando dispuesta a la protesta en niveles tan altos como 2017, pero se ha vuelto más selectiva. La gente asiste a las protestas que tienen objetivos claros, que sirven para algo. Un 30% de la gente dice que está dispuesta a manifestar y para producir los procesos de transición lo que se necesita es un 3% de población movilizada”.

Su evaluación de la actitud de la comunidad internacional hacia Venezuela en 2020 apunta a que también hará ajustes según los aprendizajes.

“La comunidad internacional va a mantener la exigencia de realizar elecciones parlamentarias y presidenciales. Ni Europa, ni América Latina ni EEUU van a soltar esa bandera. Ellos también han aprendido que poner a la gente en situación de sobrevivencia, producto de las sanciones y el aislamiento, no ayuda a la democratización. Cuando la gente tiene que sobrevivir no lucha políticamente, al contrario, se encierra en resolver su vida. Como consecuencia de ese aprendizaje, lo humanitario se va a separar de lo político y ya no se van a imponer los mismos condicionamientos, salvo que la ayuda no la maneje el gobierno de Maduro ni se use con propósitos de control político”.

Construir identidad política

Consultado sobre la exacerbación del tranfuguismo en la política nacional y el aprovechamiento que el gobierno y el PSUV hacen del debilitamiento del compromiso dentro de la alianza de oposición, Benigno Alarcón menciona un análisis hecho por Francis Fukuyama en su libro State-Building, en el que aborda la corrupción y la construcción de identidad política.

“Me da tranquilidad ver que fueron tan pocos los diputados que pactaron con el PSUV. Creo que por la reacción internacional, el gobierno va a tratar de desdibujar ese asunto como una pelea entre opositores. Me parece que todos los que se prestaron a esta maniobra van a terminar como chivos expiatorios y se van a quedar solos. Pero el tema de la identidad política no es menor. Creo que uno de los problemas que estamos teniendo en la política es que si no se entiende cómo funcionan esas identidades va a haber problemas para construirla hacia dentro del partido y para poder desmontar otras identidades que son las que tienen que ver con un Estado impersonal del que habla Fukuyama”.

Alarcón recuerda que la conclusión del capítulo dedicado a los partidos políticos venezolanos –contenido en el libro Consolidación de una transición democrática– es precisamente que no existen.

“Esa conclusión es demoledora, pero cierta: en Venezuela no hay partidos políticos. Eso hay que tomárselo muy en serio y los partidos tienen que empezar a revisarse, buscar mecanismos para superar sus debilidades y construir verdaderos partidos que tengan una causa que los una, que tengan sus cuadros formados, que busquen tocar las bases sociales y no ser solo una franquicia que busca ganar elecciones. Nosotros estamos pensando en que hay que hacer una transición, pero quiénes van a dirigir esa transición. Para dirigirla necesitamos políticos formados. Yo no dudo de que si hubiera una transición en Venezuela vamos a contar con lo mejor de la burocracia, porque aquí hay técnicos muy buenos para lo que haga falta –agua, electricidad, petróleo– pero al proceso hay que darle gobernabilidad. Podemos tener a los mejores tecnócratas y el gobierno se puede caer, como ya nos ha pasado, porque no hay individuos que sepan darle viabilidad política a todo aquello. Entonces, es fundamental entender que nosotros necesitamos fortalecer nuestro sistema de partidos políticos y que ellos se tienen que tomar muy en serio eso. También creo que hay un espacio abierto para gente que quiera montar en serio partidos políticos que reúnan condiciones de partidos, no solamente ser un logotipo”.

Alacranes y alimañas por Trino Márquez – Blog Polis – 17 de Enero 2020

Perder la AN sería una catástrofe que se sumaría a la precariedad en la que se encuentra la oposición desde que se debilitaron los partidos, los sindicatos y todas las demás organizaciones de la sociedad civil. Lo másconveniente es anticiparse a la treta y tener la respuesta adecuada para atenuar su efecto negativo. Hay que evitar que las alimañas sigan actuando con impunidad.

El 2020 comenzó a todo vapor. Nicolás Maduro enfiló la nave contra la oposición parlamentaria. Asedio, emboscadas, agresiones físicas, disparos. El régimen perpetró el asalto a la Asamblea Nacional, concebido y diseñado a finales del año pasado. La operación alacrán se convirtió en operación alimaña. El gobierno logró torcerles el brazo a un grupo de parlamentarios que hasta hace poco habían militado en Primero Justicia y Voluntad Popular, pero que luego optaron por resolver su propio déficit personal, olvidarse de sus organizaciones y electores, y valerse de unos argumentos de ocasión para justificar la felonía.
Hasta ahora, al gobierno no le han salido los planes como esperaba. La mayoría de parlamentarios que apoyan a Juan Guaidó se ha mantenido cohesionada en torno al reelecto Presidente de la Asamblea Nacional. Esos diputados han demostrado un  enorme coraje y compromiso con sus votantes. Se han ganado de nuevo el apoyo y el respeto de la nación y de los factores internacionales que respaldan a la oposición venezolana. En cambio, el triunvirato presidido de Luis Parra no levanta vuelo. Ningún país democrático se ha pronunciado a su favor. Por allí hubo una lánguida declaración del gobierno ruso diciendo que esa directiva era legítima. Lo mismo hizo Cuba, el eterno chulo del madurismo. Pero más allá de ese estrecho círculo de incondicionales, nadie los toma en serio, ni dentro ni fuera del país. Son demasiado chambones. Forman la comparsa de un régimen que necesita dividir y agredir para mantenerse mandando. En la presentación de la Memoria y Cuenta ante la asamblea constituyente, el propio Maduro los ignoró. No les dio ninguna relevancia. Solo representan un lastre con el cual hay que cargar y utilizar cuando convenga.
La decisión del TSJ, bufete de Miraflores, de pedirle a Parra que presente el Acta firmada por la ‘mayoría’ de los diputados que votaron por él en la sesión del 5 de enero, hay que verla con cuidado. Podría ser una treta dirigida a revestir al triunvirato de cierta legitimidad. Es posible  que la Sala Constitucional, con el material que le entregue Luis Parra, resuelva que la sesión de ese día fue legal, que se ajustó a los extremos exigidos por la Constitución y el Reglamento Interior y de Debates, y, por lo tanto, que la junta directiva y la asamblea nacional surgida de ese acto son totalmente legítimas. El TSJ estaría expidiendo la partida de nacimiento del triunvirato de la AN madurista. Si esta fuera la jugada, ese grupo de parlamentarios quedaría facultado para designar el Comité de Postulaciones, nombrar un nuevo CNE, y este podría convocar las elecciones parlamentarias contempladas para 2020, en el menor tiempo posible. Todo cubierto con el manto de legalidad proporcionado por Maikel Moreno y allegados.
Si este lúgubre vaticinio se cumple, la oposición quedará entrampada en la recurrente discusión entre electoralistas y abstencionistas. Esta fractura se ensanchara a medida que avance el cronograma electoral. La manera de detener esta marcha hacia el abismo reside en preverla con suficiente anticipación. Estar conscientes de que esos comicios pueden efectuarse en cualquier momento de este año. Lo único taxativo que establece la Constitución es que la próxima Asamblea debe instalarse el 5 de enero de 2021. Para llamar a elecciones cuando se le antoje, al gobierno le basta con exhibir el maquillaje legal que le proporcione el TSJ y el nuevo CNE, el soporte de la cúpula militar, los grupos paramilitares (llamados de forma eufemística colectivos) y la milicia, y la disposición de usar de forma obscena la maquinaria gubernamental. Los demás que se acoplen o se abstengan; peor para ellos.
El régimen ha demostrado carecer de límites a la hora de ejecutar operaciones arteras. Perder la AN sería una catástrofe que se sumaría a la precariedad en la que se encuentra la oposición desde que se debilitaron los partidos, los sindicatos y todas las demás organizaciones de la sociedad civil. Lo más conveniente es anticiparse a la treta y tener la respuesta adecuada para atenuar su efecto negativo. Hay que evitar que las alimañas sigan actuando con impunidad.

Diosdado Cabello vuelve a imponer la línea radical en Venezuela por Pedro Benítez – ALnavío – 17 de Enero 2020

Sin prurito alguno Diosdado Cabello ha felicitado a los colectivos que hostigaron a los diputados opositores, maestros y periodistas el miércoles pasado en las inmediaciones del Palacio Federal Legislativo en Caracas. De paso dejó claro que la Asamblea Nacional de mayoría opositora allí no sesionará porque “no tienen mucho que hacer aquí”. Eso pese a lo que diga el Parlamento Europeo. Allí y en los alrededores manda él. De modo que sin haber ganado una elección ni siquiera en el PSUV, Cabello le impone su política a Nicolás Maduro, a la FAN y a Venezuela entera.
Diosdado Cabello siempre ha sido partidario de la línea dura contra la oposición / Foto: PSUV
Diosdado Cabello siempre ha sido partidario de la línea dura contra la oposición / Foto: PSUV

Con motivo del día del maestro, el presidente de la Asamblea Nacional (AN)Juan Guaidó, convocó el pasado miércoles una sesión especial que no pudo efectuarse, por estar el Palacio Federal Legislativo (sede tradicional del Poder Legislativo venezolano) tomado militarmente y además rodeado en sus adyacencias por grupos de civiles armados afectos al oficialismo (los colectivos paramilitares), los cuales hostigaron violentamente, y a plena luz del día, a una comisión de diputados que se acercó al lugar, así como a los maestros y profesores que se presentaron.

Dentro del recinto se supone que sesionaba la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que preside Diosdado Cabello, quien no tardó (ni dudó) en felicitar a los colectivos por su actuación ese día: “Me siento orgulloso de ustedes”. “Defensores de estos espacios de la revolución bolivariana”.

A diferencia de lo ocurrido los días 5 y 7 de enero, cuando eran exclusivamente funcionarios de la Guardia Nacional (GNB) quienes custodiaban la sede parlamentaria, y decidían qué diputados podían o no entrar, en esta ocasión eran estos grupos de choque los que pistola en mano esperaban a los diputados opositores en la calle.

Con esta estratagema (que no es nueva, desde hace 20 años se aplica de cuando en cuando) el régimen chavista le ahorró a los militares otra desagradable confrontación pública y los aleja del foco de la atención. El trabajo sucio lo volvieron a efectuar los colectivos.

Cabello concita más odio entre los opositores e infunde más temor en las filas del chavismo que el propio Maduro. Esto es algo que evidentemente lo llena de un especial orgullo.

Y si en aquellos días previos fue el ministro de la Defensa, general Vladimir Padrino López, quien salió a dar la cara por la GNB, felicitando por su cuenta de Twitter a sus oficiales y personal de tropa, en esta ocasión la felicitación vino de Diosdado Cabello.

Obviamente con esto no mejora la imagen internacional del régimen de Nicolás Maduro en el resto del mundo. La operación de imponer por las malas a un nuevo presidente de la Asamblea Nacional, por encima de la mayoría de los diputados que claramente sigue respaldando a Juan Guaidó, le salió mal a Maduro por donde se le mire. Sólo ha sido recocida por Rusia (el directamente interesado) y hasta este momento por gobiernos afines como Nicaragua, Cuba o China; además de alejar a posibles aliados como México y Argentina. De paso volvió a mover al Parlamento Europeo en su contra y le regaló una bombona de oxígeno a Guaidó.

Impedir por la fuerza de las armas que la AN sesione normalmente, brindar un nuevo espectáculo de violencia, es recordarle al mundo que en Venezuela hay una dictadura implacable. Es ponerse nuevamente en la primera plana de todos los medios del mundo. La lógica indica que esto a Maduro no le interesa. Él no es Kim Jong-un, ni tiene armas atómicas. Está al frente de un país devastado, y un régimen con graves problemas internos.

Sin embargo, una teoría dice que esto en realidad a él no le importa para nada. Que está dispuesto a pagar ese coste y de hecho lo ha venido haciendo desde 2017 sin haber perdido el poder. No obstante, si la experiencia enseña algo es que la imagen que da ante el mundo como jefe de Estado (de hecho) sí le debería importar, y mucho. Le importaba a su antecesor y padre político, quien gastó enormes sumas de dinero y esfuerzo personal en rodearse de aliados internacionales y justificar su revolución “pacífica, pero armada”.

Desde hace décadas casi todos los regímenes dictatoriales o autocráticos intentan darse algún viso de legitimidad y sumarse aliados. El propio Maduro lo hizo al llegar a la Presidencia. Luego de las elecciones de marzo de 2013 que el candidato opositor de entonces Henrique Capriles impugnó, Maduro corrió antes los aliados, Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, José Mujica, Rafael Correa y toda Unasur, para que le dispensaran con el agua bendita del reconocimiento internacional.

Pero si a Maduro se supone que este tipo de cosas debería preocuparle, a quien tienen sin cuidado es a Diosdado Cabello. Después de todo él no es el Presidente. Aspira a serlo después de Maduro.

Se puede dar (y de hecho se da) ciertas licencias. Como Maduro no ejerce el poder absoluto en el régimen chavista, sino que está al frente de una coalición de intereses (esto es clave entenderlo) siempre termina por una razón u otra necesitando del apoyo de Cabello. Maduro quiso montar su propio partido político en 2018 con los hermanos Rodríguez y no pudo. Terminó necesitando al PSUV donde reina Diosdado Cabello.

A partir de 2013 entre los dos ha habido una competencia para ver quién es más radical o profiere la declaración más provocadora. Maduro nunca puede quedarse por detrás. Los dos le hablan a la misma base chavista. A los mismos grupos de interés. Que este estilo político haya sido desastroso para Venezuela es algo que por lo visto no les preocupa en lo más mínimo.

Desde ese espacio de influencia Cabello se las ha arreglado para imponer su estilo radical como está ocurriendo hoy en Caracas. Eso pese a que es un dirigente que no ha demostrado tener votos ni apoyo en las encuestas.

Concita más odio entre los opositores e infunde más temor en las filas del chavismo que el propio Maduro. Esto es algo que evidentemente lo llena de un especial orgullo.

En la primera elección de las autoridades del PSUV en 2008 no fue electo como principal, sino que quedó como suplente muy por debajo de figuras como Mario Silva o Vanessa Davies. Este resultado ratificaba el poco aprecio que las bases del movimiento oficialista le tenían por entonces. El fallecido diputado oficialista Luis Tascón popularizó la expresión “derecha endógena” para referirse a un grupo que desde las altas esferas del gobierno se había dedicado a acumular poder y dinero. El presunto líder de esa élite era Diosdado Cabello que además aspiraba a ser era el jefe del chavismo sin Chávez.Cabello felicitó a los colectivos por el ataque a la Asamblea Nacional / Foto: Provea

Sin embargo, el expresidente Hugo Chávez lo impuso como vicepresidente del partido, cargo que ocupa hasta el día de hoy.

De éste aprendió que en política no hay adversario sino enemigos y con ellos nunca se transa, no se negocia, no se acuerda nada. Siempre lo recuerda como una parte esencial del legado del exmandatario para delirio de los grupos más radicales del chavismo.

Diosdado Cabello es de la tesis que si las cosas salen mal (como la reciente operación contra la AN) no hay que retroceder. Por el contrario, hay que radicalizarse más. Llevarse por delante a quien se tenga que llevar. Desde la época en que el expresidente Chávez todavía estaba vivo, ha sido el partidario de la línea dura contra la oposición. Es el del discurso de la confrontación.

Maduro y su grupo siempre han desconfiado de él y con motivos. De hecho maquinaron en La Habana en 2012 para cerrarle el ascenso a la sucesión presidencial. Recelan de su influencia entre los militares y de sus evidentes ansias de poder y protagonismo. Pero Cabello ha sido hábil. No ha dejado de respaldar a Maduro. No lo ha hecho cuando varios de sus más antiguos amigos han caído en desgracia o desertado del régimen (como el general Miguel Rodríguez Torres). Lo apoyó contra Rafael Ramírez. Entre los dos hay un juego del gato y el ratón donde no está claro quién es el gato y quién es el ratón.

Pero tampoco deja de aprovecharse de oportunidades para incrementar su poder o protagonismo. Si la operación de Maduro para ponerle la mano a la Asamblea por medio del renegado opositor Luis Parra hubiera resultado, allí hubiera ido a presentar su Memoria y Cuenta, allí estaría ya aprobando las reformas legales necesarias para que los rusos se sintieran cómodos de operar en el sector petrolero venezolano y allí estaría haciendo los amagues para designar un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), para a continuación convocar elecciones parlamentarias. Si para el mundo el problema era la Asamblea, pues ya la tenía en su puño.

En ese escenario el perdedor era Diosdado Cabello. La ANC y él perdían protagonismo. Ya no eran necesarias.

Pero la operación le salió mal a Maduro, y Diosdado Cabello ha visto la oportunidad de meterse otra vez por una rendija. Maduro lo vuelve a necesitar. Su enemigo íntimo. Cosas del poder.

Diosdado Cabello le ha vuelto a imponer a Maduro, y al general Padrino López (por cierto) su línea radical. Seguir estirando la liga.

Nuestra verdadera fuerza por Adriana Moran – Blog Polis – 15 de Enero 2020

 

¿Cómo podremos construir ese país al que aspiramos si al mirarnos al espejo vemos la misma furia, el mismo gesto autoritario del que desde hace años nos aplasta, el mismo y feo rictus de la revancha? No hay forma de conseguir lo que queremos si el objetivo es derribar una puerta y esperar a que ellos derriben otra para seguir jugando un juego de fuerza bruta que al final ganará el más bruto pero no el mejor. Sin identificar la fortaleza que reside en las buenas aspiraciones de millones de habitar un lugar diferente que sea amable para todos, justo para todos, libre para todos, habremos perdido lo mejor que tenemos, y peor aún, estaremos luchando por unos objetivos que nunca fueron los nuestros y que a fuerza de verlos y sufrirlos fuimos copiando.
 
Hay millones de venezolanos soportando una crisis que no crearon y tratando de sobrevivir en medio de un fuego cruzado de dos extremos que en el fragor de la batalla los olvidaron. Sin la determinación firme de pensar en esas mayorías y de convertirlos en objeto de la lucha, nada valdrá la pena. Sin la convicción férrea de aspirar a un país libre y con justicia del que millones no tengan que abandonarlo todo para ir a buscar nuevos sufrimientos más allá de las fronteras, o en el que otros tantos no tengan que trabajar por salarios que no mitigan su hambre ni curan sus enfermedades, sin luz, sin agua, sin nada, ninguna puerta derribada tendrá sentido.
Recuperar los espacios perdidos en nombre de esa nueva Venezuela que queremos requiere conectarse con esa inmensa mayoría que sufre y conminarlos a compartir ese sueño de un país bueno. Requiere hablar con la verdad, ajustar la propia fuerza a la realidad, hablar del trabajo necesario que está por hacerse para volver a ser una fuerza concentrada no en el músculo capaz de devolver el golpe, sino en el que es capaz de trabajar en conjunto para construir el país distinto.
Esa asamblea nacional ganada con nuestros votos y con la que ahora contamos, debe ser defendida también con votos para usarla como punto de partida de la reconstrucción de una oposición que tendrá que reencontrarse con los objetivos buenos que la diferencien de los malos. La principal puerta que tenemos que derribar, es la que nos impide ver donde reside nuestra verdadera fuerza.

Canada considers new international push to oust Venezuela’s Nicolas Maduro by Evan Dyer – CBC News – 13 de Enero 2020

Venezuelan Opposition Leader Juan Guaido argues for National Guards to let him and all opposition lawmakers into the National Assembly, saying he will not enter unless all of them are allowed entry, outside the legislature in Caracas, Venezuela, on Jan. 7, 2020 (Matias Delacroix/The Associated Press)

Canada is considering convening a high-level meeting of the Lima Group to refocus efforts to bring about a democratic transition in Venezuela following days of drama at the National Assembly in Caracas.

The man Canada considers Venezuela’s legitimate president, Juan Guaido, was able to take his seat in the legislature this month in spite of attempts by the government of Nicolas Maduro to keep him out.

And the move to prevent opposition deputies from taking their seats by surrounding the building with police appeared to backfire on Maduro, when it was condemned by Latin American governments normally considered sympathetic to Venezuela’s “Bolivarian revolution.”

A Canadian official speaking on background told CBC News that Ottawa interprets the decision of the Mexican government of President Andres Manuel Lopez Obrador to sign one of two Lima Group statements condemning the Maduro government as a sign that the hemispheric coalition Ottawa helped build to oppose Maduro hasn’t completely fractured.

Venezuelan paramilitary police used force to try to keep the opposition majority out of the National Assembly, injuring four deputies slightly and tearing Opposition Leader Guaido’s suit jacket. But they seemed reluctant to go beyond pushing, shoving, and trying to bar doors.

When a crush of opposition deputies finally succeeded in pushing open the main door of the legislative palace, police gave way.

Guaido and his supporters — all elected in the last Venezuelan election to be recognized by Canada as legitimate — rushed into the chamber and quickly swore Guaido into office for a second term as president of the National Assembly.

Venezuela’s President Nicolas Maduro waves as he arrives at the National Constituent Assembly’s building during the celebration rally of the 20th anniversary of the Venezuelan Constitution in Caracas, Venezuela, on Dec. 15, 2019. (Matias Delacroix/The Associated Press)

The opposition has argued that, under Venezuela’s constitution, Guaido’s role as assembly president also makes him president of the republic, because the claims to office of Maduro and his vice-president, Delcy Rodriguez, are based on the results of a fraudulent election in 2018. Canada, which also rejected the results of the 2018 election, supports that position.

The Maduro regime’s reluctance to use greater force against the pro-Guaido deputies may reflect the fact that the U.S. has repeatedly warned Venezuela that any move to arrest or harm Guaido would cross a red line.

“I think you would see even additional action far beyond what we have pushed out to date” if there were a move to detain Guaido, U.S. Deputy Assistant Secretary of State for Cuba and Venezuela Carrie Filipetti, told reporters at the U.S. Embassy in Colombia on Tuesday.

Maduro’s allies

The events cap a year in which the opposition began strongly, but then seemed to lose momentum, as regional shifts of power brought cracks to the Lima Group alliance of nations.

The Lima Group was set up in August 2017 in response to a violent crackdown on dissent in Venezuela. It united Canada with the biggest nations of Latin America: Brazil, Mexico, Argentina and Colombia, but excluded the United States.

That exclusion reflected an important difference of opinion: the U.S. was unwilling to rule out the use of military force to eject the Maduro government, while Lima Group members said they were committed to peaceful change.

In this Feb. 2, 2019 file photo, anti-government protesters take part in a nationwide demonstration demanding the resignation of President Nicolas Maduro, in Caracas, Venezuela. (Rodrigo Abd/The Associated Press)

Taken together, the Lima Group governments and the U.S. represented about 95 per cent of the people of the hemisphere, while the Maduro government enjoyed the support of a handful of smaller nations: Cuba, Nicaragua, Bolivia and El Salvador (along with Russia and China).

But 2019 would bring changes that took some of the heat off Maduro.

When Guaido took the presidential oath on Jan. 23, 2019, he received an avalanche of recognition from about 60 countries. Canada was the second to extend recognition, but Lima Group founding member Mexico, the world’s most populous Spanish-speaking country, held back.

That was because eight weeks before Guaido’s assumption, a new president had taken Mexico in a new, leftward, direction. President Andres Lopez Obrador (often known as AMLO) replaced Enrique Peña Nieto, whose government had a mostly positive relationship with the Trudeau government and was an early backer of the Lima Group.

AMLO gave an early sign that Mexico’s position would be changing when he invited Maduro to personally attend his inauguration.

Another Lima Group dropout was Argentina, where voters turned against Trudeau ally Mauricio Macri, and restored to power a Peronist government that has historically been close to Maduro and former Venezuelan president Hugo Chavez (and had once received a suitcase full of cash as an illegal campaign contribution from its friends in Caracas).

The inauguration of that new government last month effectively took Argentina out of the Lima Group.

Region condemns the move

But the decision to bar elected deputies from their seats seems to have been a bridge too far for some of Maduro’s Latin American allies.

Mexico’s Foreign Minister Marcelo Ebrard joined the chorus of condemnation over this week’s attempted closure of Venezuela’s elected assembly, saying “the legitimate functioning of the legislative branch is an inviolable pillar of democracies.”

Mexico’s President Andres Manuel Lopez Obrador, pictured on Jan. 12, invited Maduro to attend his inauguration. (Christian Chavez/The Associated Press)

Argentina’s Foreign Minister Felipe Sola condemned the closure of the National Assembly as “exactly the opposite” of what the Maduro government should be doing.

“To use force to prevent the functioning of the National Assembly is to condemn oneself to international isolation. We reject this,” wrote Sola.

Diosdado Cabello, a leading figure of the Maduro government and host of a nightly program on Venezuelan state television, denounced the former allies in harsh terms.

“If the ambassador of Argentina or Mexico said some ‘Guai-idiocy’, we’re still here and we don’t need Argentina or its foreign minister. They’ll see where they end up in history. Whether they choose to defend the people, or if they choose to be on the side of those who live slavishly following imperialism,” said Cabello.

Meanwhile U.S. Special Envoy for Venezuela Elliott Abrams appeared to exult in the new divisions among governments that had previously supported Maduro. “Maduro must be asking himself today, ‘Do I have any allies left?’ (Argentina and Mexico) are not going to support those kinds of measures. They’re going to denounce those kinds of measures.

“He is left with Cuba, Russia, China, and a few odd dictatorships around the world, but he is losing the support not only on the right, not only in the centre, but on the left in Latin America.”

If the Maduro government’s new allies proved disappointing, the regime also lost some of its strongest old allies. President Evo Morales of Bolivia — perhaps the closest Maduro ally after the Cuban Communist Party — fled his country in November following violent protests alleging electoral fraud.

Opposition troubles

But if this month’s events seemed to turn in Guaido’s favour, it doesn’t change the fact that Maduro remains in control not only of Miraflores, the presidential palace, but also of the country’s armed forces and national police.

People have continued to flee Venezuela at a rate of about 3,000 to 5,000 per day, said William Spindler of the UN High Commissioner for Refugees office in Panama.

“The latest figures we have are for December 5,” he told CBC News, adding that the number of 4,769,000 Venezuelan refugees is almost certainly an underestimate “because it counts only those who have registered with governments.”

Canada has also received several thousand Venezuelan asylum claims.

Opposition Leader Juan Guaido waves as he leaves a speaking event with supporters in the Montalban neighbourhood of Caracas on Saturday. Venezuelans are deciding whether to heed Guaido’s call for a new round of protests amid skepticism that he can still mobilize large numbers. (Matias Delacroix/The Associated Press)

Despite the humanitarian crisis, the opposition has been hurt by corruption scandals. About 10 members of the opposition bloc in the assembly, once 110 members strong, have switched sides to support the government.

Deputies have not been paid in almost four years, and some say they have received offers of payments between $750,000 and $1 million US from deputies loyal to the Maduro government if they agree to “jump the gate” as Venezuelans refer to changing sides in the country’s polarized political conflict.

Many current and former opposition deputies are in exile, in prison, in hiding, or have sought refuge in foreign embassies to avoid arrest.

Luis Parra was expelled from Guaido’s party after he was implicated by Venezuelan investigative news site Armandoinfo.com for a campaign to help regime-affiliated businessmen escape sanctions for their role in profiteering from Venezuela’s hunger crisis.

Congressmen who wrote letters on behalf of those businessmen are known in Venezuela as the “CLAP deputies.” (Venezuela’s food rationing program is known by its Spanish acronym CLAP, and the monthly rations that millions of Venezuelans depend on are called “CLAP boxes.”)

Guaido and other opposition leaders moved swiftly to expel the CLAP deputies, but the scandal nonetheless disillusioned Venezuelans weary of the venality of their political class.

The failure to deliver on the high hopes of change he sparked last year has also chipped away at Guaido’s approval rate, which fell from over 60 per cent in Spring to about 40 per cent by the end of 2019, according to respected Caracas polling agency Datanalisis. (Maduro’s approval is lower — about 14 per cent according to the same pollster.)

But there are signs a renewed effort could be underway.

Just before Christmas, the U.S. Senate passed the VERDAD Act (Venezuela Emergency Relief, Democracy Assistance, and Development Act of 2019), which assigns $400 million US to the Venezuelan opposition and to humanitarian assistance to Venezuelans both inside and outside the country.

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Evan Dyer

Senior Reporter

Evan Dyer has been a journalist with CBC for 18 years, after an early career as a freelancer in Argentina. He works in the Parliamentary Bureau and can be reached at evan.dyer@cbc.ca.

Estamos tocando el fondo por Antonio Sánchez García – El Nacional – 9 de Enero 2020

download.jpgAsombra y disgusta reconocerlo, pero en este absurdo, tropical y bananero burdel político no parece haber otra racionalidad – devoradora, por cierto, e implacable– que la del régimen castrocomunista que nos abruma.

La contrarracionalidad, por darle algún nombre a la estrategia que nos ha impuesto la familia borbónica que maneja y manipula las fuerzas democráticas detrás de Leopoldo López y sus aliados de la cuarta república encabezados por Ramos Allup, nos ha conducido como a un hato de subnormales –con perdón de los subnormales– a este pestilente e inmundo callejón sin salida de este Domingo de San Juan Guaidó, la opereta más desafinada y descabellada de la esquizofrénica bicefalia que se nos ha obligado a presenciar. Vomitivo.

En primer lugar, y lo repito por enésima vez pues lo he dicho en todos los tonos, insistir en volver a elegir y juramentar a un fracasado que en 365 días no ha avanzado un milímetro por la ruta que nos comprometió a seguir. Y eso sí duele, porque la habilidad de nuestros carceleros obligó incluso a la llamada Fracción 16J, último despojo a salvo del naufragio, a tener que ahorcarse.

Así, la mínima racionalidad puesta en el sancocho, fue amoratado por esos restos de sentido común. Verse obligado a hacer lo contrario de lo que se había propuesto no puede recibir otro nombre que humillante fracaso. Así, hasta los más renuentes se ven en la obligación de seguir el rumbo impuesto por el tirano. Sin obtener nada a cambio que demostrar su ínclita incapacidad de asomar algún atisbo de racionalidad hacia el futuro.

Lo repito aún consciente de que no servirá de nada, pues no hay peores sordos que los que se niegan a oír: estamos en medio de la más grave crisis de excepción de nuestra historia republicana, acosados por unos asaltantes del castrocomunismo armados hasta los dientes y sin una gota de amor patrio, que persiguen hacerse dueños, al costo que sea, de la soberanía de la Venezuela que un día fuera liberal y democrática.

No les interesa Venezuela, que bien se la pasan por sus entrepiernas: les interesan los últimos residuos sobrevivientes del petróleo, ansían apropiarse del oro y los diamantes, el coltán y cuanto haya de negociable en los subsuelos de un territorio que otrora fuera una república. A la que en el colmo de la estulticia los propios venezolanos hundieran en la ignominia.

Y cuando señalé el inevitable camino del fracaso al que nos llevaría quien nunca estuvo a la altura de las circunstancias, puesto en donde no debería estar ni jamás debió haber llegado por la concatenación de causas y azares de nuestra tragicomedia y la acción de la familia borbónica del patio, se me dijo: “Se ara con los bueyes que se tiene”. No han cosechado un nabo, pues ni siquiera se aró en el mar: se aró en un pantanal de cocodrilos hambrientos. Bajo un viejo y avieso principio de la politiquería nacional: agarrar manque fallo.

El del domingo fue un acto criminal, promovido por la deslealtad y la traición de los borbones de Voluntad Popular y la insaciable voracidad del G4. Pasando por encima de un pacto de gobernabilidad acordado hace cuatro años, en vez de honrar el acuerdo y nombrar a quien le correspondía por derecho propio, a saber, quien eligiera la fracción minoritaria de la Asamblea, en el caso de la Fracción 16J, a la que le tocaba el turno por la rotación acordada hacerse cargo de la presidencia de la Asamblea y eventualmente, de la República, se insistió en la triste figura del fracaso.

Su avidez y su voracidad, a la cabeza de una banda de sabandijas que nos fueran impuestos hace cuatro años por las mafias dirigentes de los partidos opositores, los llevó a enfrentarse, de traje y corbata, a los asesinos que les impidieron incluso el uso del Hemiciclo. Allí se vio la materia de que están hechos: un diputado tan desconocido como lo fuera Guaidó hace un año, salió presuroso a prestarse a la farsa que dejaba la Asamblea en manos de Nicolás Maduro. Ergo: de la pandilla castrocomunista que nos desgobierna.

Solo me cabe citar una estrofa del poema de Gabriel Celaya, “La poesía es un arma cargada de futuro”:

¿Saldremos a flote? Nadie tiene la respuesta.

La defensa de la Asamblea Nacional por Fernando Mires – Blog Polis – 8 de Enero 2020

 

El 07.01.2020 parlamentarios de la oposición -los llamados cien- recuperaron la AN después del golpe que intentó perpetrar el gobierno al parlamento ese aciago 5-1. La entrada triunfal de los parlamentarios encabezados por Juan Guaidó, visto más allá de toda euforia y épica, fue un triunfo del principio constitucional.
Sin negar en ningún momento el coraje de los parlamentarios, la recuperación de la AN no fue el resultado de una batalla entre el pueblo y las tropas del gobierno. Quienes quieran ver en los acontecimientos del 7-1 un símil venezolano de la Toma de la Bastilla o de la ocupación del Palacio de Invierno, se equivocan. La recuperación de la casa parlamentaria fue posible -hay que decirlo de una vez- solo porque el gobierno decidió retirar las tropas que bloqueaban la entrada al recinto.
Antes de inquerir acerca de por qué el gobierno permitió la entrada de los parlamentarios, cabe preguntarnos sobre las razones por las cuales el régimen intentó dar ese, a primera vista, absurdo “golpe de parlamento”. Sin embargo, tomando en cuenta que los entretelones de los debates al interior del chavismo solo los conocen los chavistas, nos será únicamente posible abordar ese tema a partir de hipótesis. Una de ellas nos dice que el ejecutivo decidió pasar a la ofensiva en un momento en el cual la oposición ya no podía ocultar fracturas internas, en el que la popularidad de Guaidó amainaba, y en el que la opinión internacional estaba concentrada en sucesos que pueden llevar a una escalada mundial. La plausibilidad de esa hipótesis aumenta si consideramos que el régimen razona en términos más militares que políticos.
La AN para Maduro y los suyos no es el lugar del debate y de las leyes sino un campo de lucha que hay que arrebatar al enemigo. Visto así, el gobierno habría intentado poner término a la “dualidad de poderes” que se da entre el ejecutivo y el legislativo. Una segunda hipótesis es que Maduro intentó demostrar que la existencia de la AN depende de su voluntad. Y una tercera podría ser que al interior del gobierno subsiste una pugna entre duros y durísimos. En cualquier caso, las tres hipótesis no se contradicen entre sí.
Usando la misma lógica hipotética debemos responder a otra pregunta clave: ¿Por qué Maduro reculó y permitió que la AN funcionara bajo la directiva encabezada por su presidente, Juan Guaidó?
Dejando de lado opiniones triunfalistas – la presión popular, los drones de Trump, supuestas voces rebeldes en el ejército y la infaltable “comunidad internacional” formada por 50 países- lo cierto es que hasta Maduro puede haber entendido que la imagen que proyectaba Venezuela hacia el mundo era, por decir lo menos, grotesca: Dos gobiernos, uno con el poder de las armas y otro simbólico, y tres asambleas, la AN de Guaidó, la de la hoja de Parra y la írrita Constituyente.
Por cierto, Maduro ha demostrado que la imagen internacional no le importa demasiado. No obstante, astuto como es, debe haber entendido que en América Latina comienzan a soplar vientos más favorables a su gestión. Dos gobiernos ya indican un leve cambio de rumbo: El de Argentina y el de México. A ello hay que agregar que en Bolivia el MAS, pese a la huida de Evo, sigue siendo el partido mayoritario, que Duque y sobre todo Piñera se defienden frente a muy activas oposiciones y que incluso en el Brasil de Bolsonaro aparece una fuerte recuperación del lulismo. En este contexto, la formación del Grupo de Puebla, una alternativa de izquierda al Grupo de Lima, abre nuevas opciones a Maduro después del desaparecimiento del ALBA. Puedo imaginar sin problemas un telefonazo de Alberto Fernández a Maduro diciéndole: “Estamos dispuestos a bajar la presión en tu contra, pero no nos las pongas tan difícil”.
Dicho en breve: las condiciones internacionales ya no son tan desfavorables a Maduro como sí lo fueron en los días en que tuvo lugar la mítica juramentación de Guaidó. Si a ello agregamos la conformación del nuevo gobierno de España -tradicional nexo entre Europa y América Latina – Maduro puede respirar con cierta tranquilidad.
EE UU – a cuyo gobierno la oposición parece haber cedido la conducción política – no va a crear un incendio en América Latina antes de apagar el del Medio Oriente y para eso falta mucho. Las FANB seguirán siendo leales mientras Maduro cumpla con algunas formas mínimas. Y ante una oposición sin ruta, sin estrategia, y por eso mismo dividida, Maduro podría hacerse hasta de la AN – con el regocijo de los abstencionistas de la oposición- cuando decida convocar a las parlamentarias pautadas para el 2020. Todo eso puede suceder si la oposición -como ha sido su inveterada costumbre- no aprende de las lecciones que dejaron los días 5 y 7 de enero.
La primera de todas las lecciones indica claramente que el único bastión que la oposición posee por el momento es la AN. Por lo menos es el que más preocupa a Maduro en su proyecto destinado a hacerse del poder total. Por lo mismo, si la persona de Guaidó para él es una amenaza, lo es porque es presidente de la AN y no porque sea el presidente simbólico del país. Luego, para Maduro el problema no es derrocar a Guaidó de una presidencia inexistente, sino de la presidencia de la AN, la que sí es muy existente y muy real. Por lo mismo, no se trata de un conflicto Maduro- Guaidó sino de uno que se da entre un gobierno autoritario o neo-dictadura en contra de la institución más representativa del poder ciudadano, la AN. Y al llegar a este punto cabe preguntarse ¿Por qué la AN?
Desde el punto de vista constitucional la AN es un poder del estado puesto al mismo nivel del ejecutivo, cuya función es debatir y promulgar las leyes que rigen la nación. Desde el punto de vista político es, o ha llegado a ser, la representación institucional de la oposición (cada vez menos) unida. Todo indica entonces que, para defender a la AN no hay otra vía sino la constitucional. O dicho así: la defensa de la Constitución pasa por la defensa de la AN. Y a la inversa: la defensa de la AN pasa por la defensa de la Constitución. AN y Constitución están indisolublemente unidas. Salirse de la Constitución, como ya sucedió a la oposición el nefasto 30-A, es el mejor camino para facilitar la vía anti-constitucional de Maduro. Así como el “carmonazo” de 2002 fortaleció las posiciones de Chávez, el “carlotazo” de 2019 fortaleció las de Maduro.
La lección más importante del 7-E fue que la lucha tuvo lugar en defensa del principio constitucional. En ese punto hubo un cierto asomo de la ruta de la cual se descarriló la oposición a partir del 20-M. Hasta antes de esa nefasta fecha, la ruta constitucional, electoral, pacífica y democrática, había permitido avanzar a la oposición de modo ascendente, hasta llegar a ese 6-D que dio origen a la actual AN. Y bien, de esos cuatro puntos cardinales, el principal es el primero. De la misma manera que en los diez mandamientos de la religión cristiana, el primero (amar a Dios por sobre todas las cosas) contiene a los nueve restantes, en los cuatro puntos cardinales de la oposición, el referente a la constitucionalidad contiene a los demás.
Desde el 20-M la Constitución ha sufrido no solo por los actos del régimen sino también por los de la oposición. La abstención del 20-M llevó a la destrucción de la unidad electoral organizada en la MUD. Rechazada la vía electoral fue juramentado el 23-01 un presidente simbólico que levantó una tesis insurreccional sin tener los medios para llevarla a cabo (fin de la usurpación) El “cucutazo” del 23-F fue el primer intento por desatar una insurrección fuera del margen constitucional. El 30-A fue instigada una sublevación militar sin militares (“carlotazo”) otra vez al margen de la Constitución. El golpe al parlamento intentado por Maduro el 5-E fue, a su vez, una respuesta anticonstitucional en el marco de una lucha ya planteada por la oposición fuera de la Constitución. El 7-E, después de mucho tiempo, la oposición, al luchar por la rehabilitación de la Asamblea, volvió al cauce constitucional. Si Guaidó salió fortalecido de esa lucha – el futuro lo dirá – fue por haber asumido la defensa de la Constitución a la cual pertenece la AN.
El mismo Guaidó anunció estar dispuesto a corregir errores y a la vez desligarse de sus obligaciones partidarias. Pero a renglón seguido anunció el inicio de la lucha por elecciones presidenciales. Elecciones que no solo no están pautadas en la Constitución sino que, además, ni Guaidó, ni la AN, ni la oposición, cuentan con medios para imponerlas, toda vez que esas elecciones pasan por la renuncia o por la caída de Maduro. Con esas palabras Guaidó no hizo otra cosa sino vaciar el mismo vino del fracaso en nuevos odres. El mismo mantra anterior, pero escrito con otras letras.
Si hay que defender a la AN hay que hacerlo con votos. No hay otra alternativa. Como escribiera el 6 de abril mi estimada colega Nelly Arenas en un tuit que le nació del alma: “No podemos permitir que nos quiten la AN. Lo ocurrido ayer obliga, sin demora, a retomar el camino electoral contra viento y marea. El voto es el arma principal de los civiles“.
Suscribo cada una de esas palabras. Esa es la lección. Esa debería ser la tarea.

Venezuela’s opposition and Juan Guaidó face a critical test on Sunday in National Assembly vote by Rachelle Krygier and  Anthony Faiola – The Washington Post – 4 de Enero 2020

Venezuelan opposition leader and self-proclaimed interim president Juan Guaidó leads a meeting last month of members of the opposition. The gathering in Caracas was dubbed “Plan País,” or “Country Plan.” (Matias Delacroix/AP)
Venezuelan opposition leader and self-proclaimed interim president Juan Guaidó leads a meeting last month of members of the opposition. The gathering in Caracas was dubbed “Plan País,” or “Country Plan.” (Matias Delacroix/AP)

CARACAS, Venezuela — Venezuela’s opposition faces a critical test on Sunday, when its leader, Juan Guaidó, will seek reelection as head of the National Assembly — a title that forms the basis of his recognition as Venezuela’s true head of state by nearly 60 countries around the globe.

For Guaidó, the vote amounts to a do-or-die moment. One year ago, he declared President Nicolás Maduro a usurper for claiming victory in tainted elections and declared himself Venezuela’s rightful leader — an assertion based on Guaidó’s status as head of the assembly. But after a year of failed attempts to oust Maduro, Guaidó is now struggling to maintain opposition unity, confronting flagging domestic support and scrambling to counter an alleged plot against him.

Maduro’s socialist government has sought to thwart Guaidó’s reelection by allegedly bribing and intimidating lawmakers to turn against him. Should enough of them abandon Guaidó on Sunday, the Washington-backed 36-year-old would no longer be able to defend his presidential claim as being rooted in the Venezuelan constitution.

“It would create an international disruption and put us in a very critical situation,” said Luis Stefanelli, a Venezuelan lawmaker now living in exile in the United States. “We need Guaidó there. The government knows it.”

Discovery of the alleged plot last month, Guaidó loyalists say, has helped them to counter it. And they are cautiously optimistic about Guaidó’s reelection. In an effort designed to enhance his chances, U.S. officials in recent weeks have privately reiterated their support of Guaidó to major players within the Venezuelan opposition, according to three people familiar with the effort.

In addition, opposition officials have authorized pro-Guaidó lawmakers in exile to vote remotely on Sunday, ensuring a larger pool of votes and avoiding the use of stand-ins who some fear may have been bought off.

The math appears to be in Guaidó’s favor. Opposition parties make up more than 60 percent of the assembly and Guaidó needs a simple majority to be reelected as head of the body. Pollsters predict he is likely to muster the votes he needs, and no one is running against him.

Yet the risk remains, observers say, that he may not secure enough votes. The assembly includes more than 40 pro-Maduro lawmakers, and at least seven more who belong to small parties that have turned against Guaidó. They blame him for a range of wrongs: overpromising on how quickly Maduro could be ousted, backing painful U.S. sanctions, and agreeing to sit in doomed negotiations with Maduro’s government.

Venezuelan President Nicolás Maduro, left, speaks in a Jan. 1 interview with Spanish journalist Ignacio Ramonet in Caracas. (Jhonander Gamarra//Venezuelan Presidency/AFP/Getty)
Venezuelan President Nicolás Maduro, left, speaks in a Jan. 1 interview with Spanish journalist Ignacio Ramonet in Caracas. (Jhonander Gamarra//Venezuelan Presidency/AFP/Getty)

What worries Guaidó backers most, however, are revelations that more than a dozen lawmakers may have accepted bribes in an alleged plot that the opposition has dubbed “Operation Scorpion.”

Last month, the heads of the Inclusive Democratic Movement (MDI) disclosed that one of its lawmakers, Kelly Perfecto, had confessed to taking a 50,000-euro bribe. She told the heads of her party that she and 13 other opposition lawmakers had secretly met on Nov. 27 with Maduro, his wife, Cilia Flores, and two other major government figures — Diosdado Cabello and Tareck El Aissami. In the meeting, Perfecto claimed, the 14 of them agreed to vote against Guaidó in exchange for cash, according to MDI chief Nicmer Evans.

In an interview with The Washington Post, Evans said the lawmakers were promised a total of 1 million euros before the vote. The plan, he said, also involved creating a new party that would later field a candidate to replace Guaidó as head of the assembly. Perfecto has been ejected from the party, he said.

Perfecto did not respond to a request for comment.

“What’s going on here is simple,” Elliott Abrams, the U.S. special envoy to Venezuela, told reporters in Washington two weeks ago. “The National Assembly will vote on January 5, and the regime is using a combination of threats, arrests, and bribes — up to $500,000 per vote, we have been told — to stop the reelection of Juan Guaidó.”

To thwart Guaidó, Maduro’s government would need to enlist 30 lawmakers, or slightly fewer if the overall pool of lawmakers is smaller.

To improve Guaidó’s chances, the National Assembly passed a law last month that allows more than 20 lawmakers driven into exile by Maduro’s government to vote remotely. Some opposition leaders, however, fear that Maduro’s government may seek to block communication links on Sunday, and perhaps even stop lawmakers from interior cities from traveling to the session in Caracas.

“This is a new opportunity [for Maduro] to take control of” the National Assembly, said Felix Seijas, political analyst and director of the Delphos polling agency. “The people are tired. The international community is tired. If Guaidó loses, his whole movement would end up down the river.”

Yet even if Guaidó is reelected, his movement still faces difficult challenges at time when Venezuela remains trapped in one of the worst economic implosions of modern times. Opposition parties are holding intense meetings to draft new strategies after underestimating Maduro’s ability to hold on to power, and failing to establish enough support within the military to prompt it to switch allegiance.

“We didn’t end the year with the results we and the country wanted,” said Miguel Pizarro, an exiled lawmaker who is close to Guaidó. “To keep acting as if everything is okay is not the right strategy and is not realistic.”

According to people close to Guaidó, his team is moving toward a plan that would seek to increase pressure on Maduro domestically while also positioning Guaidó as more of a “real president.” He may also seek to distribute more food and medicine to needy Venezuelans and create a new cabinet that includes professionals outside of traditional opposition parties.

Yet corruption scandals within the opposition are hindering efforts to revive the movement, and opposition leaders remain divided on key strategy points.

Maduro appears poised to call new elections for the National Assembly later this year, and opposition leaders are split on whether to participate. Some argue in favor of a boycott, given past allegations of election fraud under Maduro. Others have said they would participate only if the election is part of a negotiated deal that also includes a presidential vote to replace Maduro.

Still others say the opposition must field candidates either way, arguing that a boycott could mean losing any chance of maintaining opposition control of the National Assembly.

“We have to correct, improve, redouble efforts, and be loyal to one idea, to make 2020 the definitive year,” Guaidó said in a video posted on Twitter this week.

¿Tregua, armisticio o confrontación?  por Eddie A. Ramírez S. – Noticiero Digital – 24 de Diciembre 2019 

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Hoy, víspera de Navidad  el mundo recuerda la tregua  entre soldados alemanes y británicos en 1914 durante la Primera Guerra Mundial, tregua que  se produjo espontáneamente y sin aprobación de los mandos militares. Lamentablemente, al pasar las festividades se reanudó la guerra de trincheras y en la siguiente Navidad los oficiales ordenaron cañonear al contrario para evitar un nuevo acercamiento.
Ese cese temporal de hostilidades   no impidió  que continuara la guerra , ya que   políticos y militares deseaban aplastar al contrario. La Gran Guerra  finalizó con un armisticio , el cual  impuso  sanciones tan severas  al bando perdedor que fue un factor importante para que dos décadas después estallará la Segunda Guerra Mundial. Es decir que ni la tregua, ni el armisticio solucionaron la confrontación.
Guardando las enormes distancias, en Venezuela la conflictividad es de tal magnitud que una tregua y tampoco un armisticio entre la dictadura y la democracia permitirían  enrumbarnos  hacia la convivencia y tomar la senda del desarrollo sustentable. Lo que se necesita es construir un pacto de largo plazo alrededor de un Plan País. ¿Es eso posible? ¿Qué se requiere?
En primer lugar el frente democrático debe unirse alrededor de una estrategia común. Un grupo pequeño, pero de dirigentes valiosos como María Corina y Ledezma, consideran que a Maduro hay que sacarlo por la fuerza. Estamos de acuerdo. El problema es que   no tenemos  la fuerza para inducir la desobediencia de los militares, ni la de los magistrados y tampoco para convencer a nuestros aliados de que intervengan militarmente, lo que, además, sería contraproducente.
¿Quiere esto decir que debemos resignarnos y soportar o incluso cohabitar con la dictadura?  ¡No y mil veces no! La tarea es construir es construir la fuerza necesaria. La misma   no parece posible que sea  alrededor de legítimos derechos constitucionales,  como el 187-11, el 333   o el 350. Tampoco basada en  el artículo del  TIAR que teóricamente posibilita una intervención por parte de otros países; aceptemos que nuestros amigos no pasarán de las sanciones económicas y personales, lo cual es bastante, aunque no suficiente para salir del régimen.  Entonces no queda otra opción que ir generando la fuerza alrededor de la unidad de la oposición.
Esa unidad es un requisito necesario pero no suficiente para motivar a los ciudadanos a intensificar las protestas y a los países amigos a incrementar las sanciones. Sin duda que las desavenencias entre la dirigencia opositora desestimula a los ciudadanos de a pie. Sobre todo cuando las mismas van acompañadas de descalificaciones mutuas. Tildar a una de las partes de colaboracionista y a la otra de aventureros que buscan una salida a corto plazo desanima al  más pintado. Respetuosamente sugerimos a María Corina y a Ledezma, por un lado,  a poner los pies sobre la tierra y aceptar  que sus propuestas, aunque válidas, no son viables. Por el otro el  Presidente (e) Guaidó, Ramos Allup, Capriles y Rosales deben  ser más amplios y dar cabida en la toma de decisiones  a los anteriormente citados y  a otros grupos pequeños, incluidos disidentes del chavismo,  y personalidades independiente

Con respecto al régimen hay que tomar en cuenta que, aunque tiene el poder,  está consciente de que el mismo es precario y que una caída abrupta sería muy costosa. Sin embargo,  mientras estemos desunidos seguirá persiguiendo  a nuestros diputados, a cualquier demócrata que le estorbe y tratará  de impedir la reelección del presidente (e) Guaidó. Si nos unimos podremos confrontarlo con más probabilidades de éxito y quizá lograr  que ceda en puntos importantes para que se  produzca   el cambio. Algunos dirán, con razones de peso, que esto es utópico, pero más utópico es creer en otras opciones.
 Descartar ir a elecciones es una necedad. Lo fundamental es conseguir, apoyados en la presión internacional, unas “elecciones libres y creíbles, supervisadas internacionalmente, así como el restablecimiento democrático del CNE y del TSJ”, como recomienda la Unión Europea. Si se logra eso, podrían  ser con Maduro en el poder. Guste o no guste, será inevitable que los países que apoyan la democracia se inclinen cada vez más hacia esta salida. Con este régimen no hay cabida para una tregua, ni para un armisticio. Tampoco para una lucha frontal.   Enfrentemos realidades.
Como (había) en botica: Solidaridad con el distinguido periodista Elides Rojas ante arbitrario acoso por parte del régimen.  No es posible desear una Feliz Navidad cuando muchas familias lloran a sus deudos asesinados por el régimen, hay  401 secuestrados políticos, incluidos el diputado Gilber Caro y Víctor Ugás, ambos  repitientes,   e innumerables compatriotas exiliados. Guaidó es el presidente (e) reconocido por la mayoría de los venezolanos y por más de cincuenta países. Quienes se opongan a su reelección cometerían un suicidio político ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!
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