elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Oposición

Política en tiempos de guerra por Vladimiro Mujica – La Patilla – 16 de Octubre 2018

No hay forma de insistir suficientemente en que no hay reemplazo a la existencia de una dirección política en circunstancias en las que se pretende articular la respuesta de un pueblo a un poder opresivo. Esto vale especialmente en el caso de una guerra o de una invasión, circunstancias ambas presentes en el caso de Venezuela, donde por un lado el gobierno adelanta una guerra de represión política y de hambre contra el pueblo y, por el otro, se ha ido produciendo una lenta invasión de militares y funcionarios de seguridad e inteligencia cubanos y de otras nacionalidades que controlan crecientes espacios de la vida del país.

La brutal arremetida del gobierno no encuentra respuesta adecuada en una oposición que todavía no termina de asumir que es imposible resistir sin unirse, y que esa unión tiene que poderle hablar de manera articulada tanto al mundo opositor civil, como al chavismo descontento, a los militares constitucionalistas y al mundo internacional. Muchas son las demostraciones de incoherencia, pero escojo tres de mucha relevancia para ilustrar mi argumentación.

La increíble y triste historia del Tribunal Supremo en el exilio

Si algo debiera unificar a la oposición venezolana y su liderazgo es el apoyo a la decisión de la Asamblea Nacional sobre el enjuiciamiento a Nicolás Maduro. Esta decisión, de acuerdo con la constitución, debe ser analizada por el TSJ y se espera un pronunciamiento sobre la materia. Tal decisión es requisito imperativo para que se activen otros mecanismos nacionales e internacionales de presión y acción contra el régimen de Maduro.  La pregunta que sigue sin resolverse es: ¿Hasta qué punto entienden los magistrados, que actúan desde varios países diferentes que les han ofrecido cobijo y apoyo, que su decisión es un grado superlativo tanto política como jurídico-legal? La ventana de tiempo para actuar es muy breve, tanto frente a un gobierno audaz y envalentonado, como frente a una crisis de credibilidad en torno a la AN y al TSJ en el exilio. Crisis ésta que se ve incomprensiblemente azuzada por las propias fuerzas de la oposición que pretenden exigir una acción imposible del tribunal para auto-limpiar sus filas de corruptos y agentes escondidos del chavismo. No son los tiempos de estas marionetas, y esto tampoco se entiende en el inefable paredón de fusilamiento de las redes sociales, desde donde se dispara inclementemente contra lo que podría ser uno de los últimos bastiones institucionales frente al chavismo.

Amigos hoy, enemigos mañana, amigos otra vez …

Si en algún terreno se expresa con dramática fuerza la ausencia de dirección de la oposición venezolana, o la resistencia, como se prefiera calificarla, es en el tratamiento de los aliados internacionales. Un ejemplo calamitoso es el caso del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, un hombre que ha hecho más por Venezuela que muchos venezolanos, y cuyas posiciones son alternativamente alabadas y demonizadas por distintos sectores de la oposición. Un liderazgo opositor serio, unificado y comprometido, entendería que Almagro es un aliado de alto calibre y que a pesar de que tenga opiniones que puedan diferir de sus actuaciones, lanzarlo al pantano del “injerencismo en los asuntos internos de Venezuela” es un acto inentendible.

En la misma dirección están las actuaciones erráticas con el Grupo de Lima. Un apoyo internacional fundamental para la causa de la democracia en Venezuela, es demolido en las redes sociales y en las declaraciones de muchos voceros opositores por una infortunada nota que parecía indicar un giro en relación a la posición del grupo sobre Maduro y su gobierno criminal. Luego se vino a saber que la nota había sido la obra en la oscuridad de funcionarios menores y que no representaba la posición de los cancilleres. Fue la acción del Grupo de Lima esencial para la condena a Venezuela en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra y para el “fó” que en términos coloquiales se le dispensó a Maduro en la reciente Asamblea General de la ONU.

Las leyendas urbanas del comunismo del partido Demócrata y la ultraderecha republicana en los Estados Unidos

Una de las distorsiones más importantes en la política norteamericana de estos últimos tiempos es la que pretende presentar al partido Demócrata en su conjunto como una organización infiltrada por socialistas y comunistas que propician una alianza con sectores de la izquierda autoritaria internacional. Igualmente importante es la distorsión que pretende describir al partido Republicano en su conjunto como una organización de ultra derecha.  A la campaña anti-demócrata se han unido importantes sectores de la oposición venezolana que se identifican con el partido Republicano con el argumento de que el gobierno de Trump tiene una posición dura con el narco-régimen venezolano, mientras que la administración de Obama mantenía una política blandengue en relación al chavismo. A la campaña anti-republicana se han unido sectores de la oposición que se conceptúan a sí mismos como social y políticamente de avanzada. Ambas posiciones son extremistas y contribuyen a incrementar el grave riesgo de polarización en que se encuentra inmersa la sociedad norteamericana. Deberíamos haber aprendido algo de lo que ocurrió en Venezuela cuando se permitió el deterioro del sistema de partidos y se abrió la puerta al Comandante Galáctico. Algo que debería ser de mucha importancia para los venezolanos que viven en los Estados Unidos y que en buena parte tienen ciudadanía doble. Tanto los demócratas como los republicanos han cometido errores graves y cuentan en su seno con sectores extremistas: la derecha religiosa en el caso republicano y el sector más liberal de los demócratas que apoyó a Sanders. Dicho eso, del equilibrio entre ambos partidos y de la participación ciudadana depende en gran medida que se mantenga el sistema de “checks and balances” entre poderes que le ha permitido sobrevivir a la gran democracia norteamericana. Los retos van en otra dirección: reinventar el capitalismo es una tarea compleja que nos debería comprometer a quienes creemos en la libertad de pensar y actuar.  Como señaló con aguda precisión el filósofo de Harvard Michel Sandel en ocasión de una entrevista que le hiciera El País por haber sido galardonado con el premio Príncipe de Asturias, “Un capitalismo sin regular genera desigualdad, destruye las comunidades y despoja de su poder a los ciudadanos. Fomenta una ira de la que acaba siendo víctima la democracia …

Una dirección política seria de la oposición venezolana entendería que la crisis de nuestro país es muy severa y que requiere un esfuerzo global, bi-partidista, que comprometa el apoyo tanto de los demócratas como de los republicanos en las acciones que emprendan los Estados Unidos, conjuntamente con el Grupo de Lima y la Unión Europea, para apoyar el restablecimiento de la democracia en Venezuela y aliviar la crisis humanitaria compleja que agobia al país. Esa consideración le llevaría a reconocer los aciertos y criticar los desaciertos de determinada administración sin caer en los nefastos caminos de contribuir a la polarización interna del país. Ese mismo liderazgo debería clarificar ante el mundo que la supuesta idea socialista que presuntamente defendían Chávez y sus acólitos, y que todavía reúne un importante apoyo internacional, se ha transformado en un grosero ejercicio autoritario y criminal de guerra contra su propio pueblo que no puede ser defendido en ningún contexto.

Una reflexión final

Quiero terminar recordando el ejemplo del general De Gaulle en Londres tratando de hacerse con un liderazgo no reconocido por los aliados. Fue su visión política de largo aliento la que le permitió ser reconocido finalmente como la voz de la Francia Libre. No hay que ser mezquino en reconocer los inmensos sacrificios, a veces pagar con su propia vida, de los líderes políticos de la oposición venezolana. Pero todavía nos falta un largo camino por recorrer para que nuestro liderazgo actúe con la sabiduría de De Gaulle. Y ya van más de 20 años de destrucción del país.

 

¿Llegó la hora de derrotar a Maduro y al Partido Militar? por Ezio Serrano Páez – Konzapata – 18 de Octubre 2018

Para unos, el peor gobierno de la historia republicana se sostiene por la peor oposición de todos los tiempos. Son tal para cual, cultiva la vulgata en tanto se evade la responsabilidad que cada ciudadano tiene con el destino propio y de su nación.
Foto: Alba Ciudad

Un aspecto básico se olvida: el cumplimiento de la Constitución técnicamente hablando, se asegura con el uso legítimo de la fuerza. La Fuerza Armada y los tribunales de justicia constituyen los resortes que deberían activarse cuando un gobierno decide hacer pira de la constitucionalidad.

De manera que, aún reconociendo las inconsistencias del liderazgo opositor, aún admitiendo la existencia de un grupete de pícaros aliados del gobierno, nada puede eximir a la Fuerza Armada de su obligación constitucional pues están renunciando a su razón de ser. Si la vaca no da leche que la lleven al matadero, con el perdón del extremismo vegetariano.

1.- ¿Y por qué no funcionan los resortes?

Para recuperar la Constitución y la democracia debemos derrotar al partido militar. Tomando en cuenta que los cubanos armaron la trampa y mueven los hilos del poder, surge una duda razonable:¿Derrotarlos con las armas? ¿Derrotarlos con votos?

La respuesta es obvia. Hugo Chávez y el chavismo apoyados en las leyendas urbanas de Bolívar, el bolivarianismo, soporte de nuestro imaginario colectivo, y bajo estricta observación facultativa cubana, revivieron el Partido Militar que históricamente ha estrujado al mundo civil venezolano. Una vez convertidos en el brazo armado del Estado-Psuv, se han dedicado a gozar del poder utilizando las armas de la república para hacer efectivo el gran atraco nacional que los atracadores llaman Revolución Bolivariana. Sin duda, es el brazo armado del Estado-partido, lo que realmente sostiene a la dictadura venezolana. Lo demás es pastelería y decorado de una gran torna envenenada.

2.-Radicales y moderados, todos tienen razón.

Para recuperar la Constitución y la democracia debemos derrotar al partido militar. Tomando en cuenta que los cubanos armaron la trampa y mueven los hilos del poder, surge una duda razonable:¿Derrotarlos con las armas? ¿Derrotarlos con votos?La dicotomía así planteada nos lleva a otro nivel pero siempre atrapados por las dicotomías: ¿Invasión o negociación? Lamentable que los venezolanos, encajonados en estos dilemas, se dividan hasta la atomización, como si fuese posible hallarle respuesta fácil a un dilema como el de ser o no ser. Por lo pronto, presumimos que todos tienen algo de razón: ¿Los 60 años de dictadura cubana no dicen nada a los avispados de la negociación? Pero a los radicales cibernéticos también se les puede preguntar: ¿Y dónde están las armas y los combatientes que las van a empuñar? Las dicotomías tienden a simplificar borrando los matices que nos permiten entender.

3.- Bañarse en el Guaire para gobernar

Una nueva oportunidad para derrotar al partido militar alumbra en el túnel. Pero no hay peor ciego que el negado a ver. El próximo mes de diciembre vence el período de gobierno constitucional de Nicolás Maduro. Se le abre un abismo legal que intentará llenar con señuelos: Nueva constitución y referéndum, elecciones municipales, represión y bonos navideños para los siervos de la gleba. Añádanle bastante bla bla. Pero Maduro y el partido militar saben que la pasada elección de mayo es un molesto fardo que no logran descargar. Tal vez sin proponérselo, los abstencionistas minaron el camino de la reelección. Desconocidos los resultados por el mundo entero, tendrá que lanzarse al Guaire para gobernar desde la otra orilla, sin poderse bañar de legalidad.

4.- Con una sesión es suficiente

La Asamblea Nacional que tanto se empeñó en preservar su virginidad constitucional, tiene ante sí la ocasión de actuar de acuerdo a sus competencias. A partir de diciembre no hay presidente en Venezuela, pero más aún: el mundo lo sabe y buena parte de aquél dice estar dispuesto a poner empeño para resolver el caso venezolano. Debe admitirse la merma de esa institución, la represión, su división y pérdida de popularidad le afectan severamente. La AN está herida y por ello la sociedad civil organizada, y todos los dolientes debemos rodear y apoyar a la única entidad legítima que nos representa como nación. Debemos exigirle el cumplimiento de su deber, y en un solo bloque, la nación y su representación, debemos cumplir con la obligación de proclamar el fin del período de Maduro y solicitarle al mundo nos respalden en la realización de elecciones libres y democráticas.Seguramente muchos factores actuarían en contra de esta opción de poder, pero la lista de factores favorables también se puede extender.La Asamblea Nacional tiene en sus manos un arma poderosa Foto: @AsambleaVE

He aquí algunos de estos:

a.-Se muestra un horizonte de corto plazo que puede actuar como señal para activar a toda la sociedad. Esto podría dar esperanza a una sociedad tan golpeada por la desesperanza.

b.-La comunidad internacional recibirá un mensaje único y concreto. Fin de la ambigüedad invasión-negociación. Ya no se podrá afirmar que los venezolanos no sabemos lo que queremos.

c.- La petición de apoyo internacional para salvaguardar un proceso electoral es mucho más “mercadeable” que la petición de invasión para iniciar una guerra.

d.- La sola amenaza de realizar elecciones con apoyo internacional reconocido, es un poderoso factor de negociación que pone en suspenso al gobierno de Maduro.

e.- Nos focalizamos en un solo propósito. Con un solo norte nos inmunizamos frente a los distractores.

f.-La posibilidad de elecciones libres, sin tutelaje oficial, abre una opción al chavismo disidente que desee participar.

g.-Los partidos en paralelo deberían reagruparse o remozarse para convivir en la escena democrática. Finalmente,

h.- La posibilidad de una contienda electoral libre del tutelaje del Partido Militar ofrece la ocasión histórica de cambiar el relato histórico bolivariano. Los civiles podemos defender la libertad cuando los portadores de las armas traicionan su misión. El mito de la soberanía cautiva del poder militar se podría quebrar.

Una poderosa Asamblea Nacional, en reunión extraordinaria, con el apoyo resteado de la sociedad organizada, las academias, los universitarios, los gremios y sindicatos, sus representantes, y toda expresión organizada de la sociedad civil, con una sola y estruendosa sesión que incluya al cuerpo diplomático, insistimos, con una sola sesión, la dictadura de Maduro estaría en jaque. Permitir que el dictador “reasuma” el mando sin siquiera patalear, sería la confirmación del modelo cubano, la consagración de la humillación. En el peor de los escenarios, debemos renovar los votos de la ilegalidad contraídos por Maduro y su partido militar.

Venezuela: ¿Un Punto Muerto? por Michael Penfold – ProDaVinci – 14 de Octubre 2018

BanderaVenezuelaAFP-418x220.jpg
En Venezuela, comienza a asentarse con mucha fuerza una idea un tanto fatalista que promulga abiertamente, que debido a la magnitud del colapso económico y social así como al recrudecimiento de la violencia política, no hay nada que hacer en el plano nacional: la tragedia no tiene final. Esta paradoja ha llevado a algunos a pensar que, precisamente cómo en el plano doméstico todos los caminos están cerrados, la única esperanza para Venezuela radica exclusivamente en la esfera internacional. La comunidad internacional se convierte así en la última palanca para el cambio. La lucha se traslada de Caracas a Bogotá, Madrid, Bruselas, Nueva York o Washington.

El resultado de esta apuesta es un tanto curiosa: mientras más sucede afuera menos acontece adentro.

Ciertamente, las probabilidades de cambio en materia política no son explicadas exclusivamente por el desempeño económico y social de un país, pero tampoco son completamente inmunes a ella. Estadísticamente, una estrepitosa caída del ingreso per-capita como la que ha vivido Venezuela durante los últimos cinco años, implicaría para cualquier tipo de régimen político, incluso uno de carácter autoritario, un movimiento en alguna dirección.  Es por ello que actualmente la única pregunta relevante para el caso venezolano es la siguiente: ¿por qué Maduro ha logrado resistir el mayor colapso económico y social que haya experimentado cualquier país occidental sin haber vivido una guerra civil?

Una primera respuesta a esta interrogante está relacionada a la naturaleza del sistema.  Los regímenes hegemónicos autoritarios, como el que padece Venezuela, caracterizado por un férreo control de las instituciones electorales y judiciales, y que además tiene la capacidad de controlar directamente tanto el uso de la represión militar como paraestatal, logran transformarse en sistemas mucho más resistentes al sufrimiento económico y social y por lo tanto pueden esquivar con mayor facilidad un potencial desenlace político. Los autoritarismos de nuevo cuño, que son muy diferentes a las tradicionales dictaduras militares que padeció América Latina en el siglo pasado, parecieran tener acceso a más y mejores recursos para aferrarse al poder aún en tiempos económicamente turbulentos. Rusia, Nicaragua y Turquía son buenos ejemplos de las características de este tipo de sistemas que logran inmunizarse frente a las presiones sociales. Es indudable que algo de este tipo ocurre en Venezuela y que permite responder la interrogante; sin embargo, ninguno de estos casos ha tenido un manejo tan incompetente de la economía y tampoco ninguno ha padecido un colapso económico y social de las magnitudes que hemos experimentado.

Otra razón también puede ser que estos regímenes políticos, indistintamente de su condición autoritaria, no cambian sólo porque comiencen a ser percibidos nacional e internacionalmente como ilegítimos sino porque dejan de enfrentar alternativas. Mucho del esfuerzo actual de la oposición venezolana para modificar la situación política está orientada exclusivamente a la denuncia internacional para borrar cualquier viso de legitimidad del gobierno. Restar legitimidad es necesario (nadie duda que más presión puede ser mejor) pero tampoco pareciera terminar siendo suficiente si no se articula una opción creíble para el cambio en el plano doméstico. El movimiento en ambas dimensiones, tanto internacional como nacional, requiere estar bien articulado. Y la alternativa debe ser localmente creíble para que aquellas fuerzas que dentro del chavismo pueden llegar a temer cualquier salida –pero de cuyo comportamiento depende la posibilidad de transformar esa realidad efectivamente- acepten comenzar a transitar la incertidumbre del cambio.

En el caso venezolano, la oposición optó irracionalmente -aún frente a una ola de ilegalización de los partidos políticos y de una feroz escalada de la represión política por parte del gobierno-, por fragmentarse y como consecuencia de ello a reducir su credibilidad.  La perfecta excusa para justificar la división interna de la oposición han sido los debates fútiles en torno al uso del voto, la negociación política y la protesta social como mecanismos de lucha. Como consecuencia de tan absurda discusión, una oposición dividida ha sido incapaz de movilizar electoralmente a una población desesperada y tampoco es capaz de escalar la protesta social para desestabilizar el sistema. Es triste por obvio: ninguna estrategia opositora puede ser eficaz sin unidad. Y desde que la unidad dejó de operar esto es lo que la población ha aprendido:  sin un acuerdo funcional lo único que se activa es la desesperanza.

Es cierto que existen múltiples otras razones por las cuales en el caso venezolano se mantiene intacto el cambio político: el petróleo, la escala de la corrupción, el uso tecnológico para inducir el control social de la población, el cambio demográfico ocasionado por la diáspora, la intensidad de la represión, el exilio y las limitaciones gubernamentales para comunicar los mensajes políticos. Todos estos factores son verdaderos: ¿pero hay evidencias que en el plano doméstico todo está perdido? ¿Es cierto el supuesto que nada está pasando y que nada va a pasar en Venezuela? ¿Es verdad que Caracas es un factor irrelevante en la ecuación del cambio político del país?

El análisis de la realidad venezolana, que hoy muchos niegan, y que han pasado a sustituirla por el factor internacional, luce más bien fértil. Tres indicios diferentes, que ya han germinado, colocan al país frente a una verdadera encrucijada. Y dada las características de esos acontecimientos, lo que comienza a lucir incierto no es la opacidad que circunda a los diferentes acontecimientos, sino las consecuencias de cualquier alternativa para que todos los actores relevantes (chavistas, militares y opositores), de los cuales depende un quiebre o una posible apertura del sistema, comiencen a explorar seriamente sus opciones.

La primera evidencia dura de que algo está pasando son las mismas fisuras y rupturas dentro del chavismo. Primero Ortega, posteriormente Ramírez, luego Rodríguez Torres y ahora Jaua. La magnitud de esas fricciones poseen cada una de ellas una escala diferente y el sustrato que las motiva también varía de un caso a otro. Las fisuras también son cada vez más notables aunque son mucho menos transparentes en el mundo castrense. ¿Acaso cualquier proceso de transición no supone este tipo de fracturas en la coalición oficialista? ¿Quién las aprovecha?

La segunda evidencia tiene que ver con la ausencia de un mandato constitucional. Maduro no logró su objetivo de extender con el evento electoral del 20M su legitimación de origen para un nuevo periodo presidencial. Esa elección no obtuvo reconocimiento internacional y tampoco fue reconocido por el único grupo de oposición que decidió participar. La abstención fue históricamente la más alta registrada para cualquier comicio presidencial. De modo que en la medida que se acerca el final de su primer periodo, la presión política interna se incrementa pues lo que le resta de legitimidad de origen se va a terminar de evaporar. Maduro puede quedarse, quién lo duda, pero con un ropaje totalmente distinto. Es por ello que el alto gobierno avanza subrepticiamente con la idea de un referéndum constitucional, con la posibilidad de una relegitimación de todos los poderes públicos, pues el oficialismo sabe que lo que enfrenta constitucionalmente no es una restricción imaginaria. Tampoco es casual que en el seno del PSUV se debata incluir en la propuesta constitucional algunas nuevas provisiones relacionadas a reducir el periodo presidencial e incluso de eliminar la reelección. Estos movimientos hacen pensar que hay conciencia en ese mismo alto gobierno, que los riesgos que Maduro decida quedarse en el poder sin resolver este asunto son demasiado grandes. ¿Cómo aprovechar políticamente estas presiones internas?

Finalmente, está el tema económico y petrolero. El abierto fracaso de los recientes anuncios económicos vinculados a la reconversión monetaria, la incapacidad de frenar la escalada hiperinflacionaria y la imposibilidad de frenar el declive de la producción petrolera hacen ver al interior de la coalición oficialista que sin financiamiento externo, sin participación activa del sector privado y sin remover las sanciones económicas internacionales es imposible estabilizar la economía. Pero lo que es cada vez más evidente en el chavismo, es que cualquier esfuerzo por resolver los desequilibrios macroeconómicos y detener el deslave petrolero, pasa por reinstitucionalizar la Asamblea Nacional. Y sin el apoyo del poder legislativo, es imposible reestructurar ni refinanciar la deuda, acceder a recursos internacionales, pasar reformas para levantar la producción nacional y mucho menos abrir con cierta formalidad jurídica el sector petrolero. Y por si fuera poco, los chinos tampoco salieron al rescate financiero. Y no lo hicieron pues saben que sin la Asamblea Nacional no existe ninguna posibilidad de generar gobernabilidad ni estabilidad económica en Venezuela. ¿Cómo apalancar esta fortaleza de la oposición en un proceso de cambio político que no necesariamente va a poder controlar directamente? ¿Cómo convertir a la Asamblea Nacional en el centro de este proceso?

La crudeza de los eventos nacionales van a ir marcando en las próximas semanas los tiempos políticos del país. Es cierto que Maduro, contra todos los pronósticos, ha logrado aferrarse al poder y probablemente siga subsistiendo; pero desde la colina en donde se encuentra, también le es difícil permanecer de forma indefinida. Resistir es una cosa pero gobernar es un asunto muy distinto. La inercia que experimenta una nación en fuga puede permitirle al gobierno mantener la situación actual; pero las rendijas que se vienen abriendo hacen ver que los cimientos son débiles, sobre todo aquellas ranuras que las mismas presiones internas vienen destapando. Es obvio que el gobierno empieza a barajear sus alternativas: ¿Relegitimación de todos los poderes públicos para poder lanzar a Maduro? ¿Sucesión o transición roja?

Ante este panorama, es inexorable que el gobierno trate de mover nuevamente el tablero.

Estados Unidos anticipa la jugada y acepta que el Senador Corker por iniciativa propia venga a Venezuela a través del Grupo de Bostón. No es cualquier visita. Es el tercer hombre en línea de la política exterior norteamericana, aun cuando es un actor que siendo muy influyente en Washington, está de salida debido a que decidió no reelegirse y tampoco es cercano a Trump. En efecto, tanto Trump como Corker parecieran tener visiones muy diferentes sobre las salidas para Venezuela. A pesar de estas discrepancias, Corker representa institucionalmente a un Congreso norteamericano que tiene una política exterior hacia Venezuela -que contrario a los que especulan algunos-, representa una posición compartida tanto por los miembros del partido republicano como demócrata. Y Corker vino a hacer lo que ningún otro oficial norteamericano puede hacer: a pulsar directamente a Maduro para ver de primera mano qué está pensando. Y apenas regresó a los Estados Unidos transmitió públicamente su conclusión: el gobierno venezolano está evaluando algunas opciones que hace cuatro meses atrás hubiese rechazado de plano.

Y los europeos también husmean algo en el ambiente caraqueño. Y la representante de la política exterior de la Unión Europea, Federica Mogherini, intenta con el apoyo de Francia, España y Portugal comenzar a explorar, de forma muy incipiente, nuevas posibilidades de mediación y esta vez sin Zapatero. Sin embargo, los europeos saben que para vencer la incredulidad de los venezolanos, y también del resto de la comunidad internacional, cualquier salida negociada para que sea aceptable debe estar precedida por concesiones verdaderamente sustantivas. Ni el inicio ni la culminación de la negociación pueden servir para avalar o firmar una “pax continuista” que no impliquen restaurar tanto el orden democrático como constitucional. Y una parte de la oposición se reacomoda y la otra observa incómoda desde el exilio.

¿Pero puede haber una negociación seria sin unidad? ¿Puede haber una negociación accionable sin que todos los actores del chavismo estén abordo?

¿Estamos realmente en un punto muerto?

La hora del buen deslinde por Simón García – TalCual – 8 de Octubre 2018


 

El debilitamiento de la oposición no parece encontrar fin. La ahondan quienes gritan por el choque inmediato y total con el régimen. Sin deslindes oportunos arrastrarán a toda la oposición y al país a la violencia. Es hora de soltar amarras porque seguir pegando políticas contradictorias inducirá a la oposición pacífica, democrática y electoral a concesiones y omisiones que la neutralizan. 

Aumenta la disposición a redefinir políticas de oposición útiles socialmente, eficaces para superar la crisis de destrucción productiva y propiciadoras de nuevas formas de coexistencia institucional y política. Una ventana de futuro, independientemente de que su primera vista sea o no la sustitución constitucional de Maduro.

El ancla a esa ventana son las evidencias de que ofrecer, sin tener con que, el derrocamiento del régimen conlleva a costos muy altos a los que combaten en primera fila, a la unificación del país y a requisitos de gobernabilidad para cualquier plan de reconstrucción y relanzamiento de la economía, la democracia y la convivencia. El pensar extremista le entrega al régimen el tablero electoral y apuesta sólo a la invasión o el golpe. Lances a ciegas que arriesgan la sustitución de un autoritarismo por otro de “nueva” clase.Irresponsable vuelta a la misma tortilla.

No se quiebra la unidad de la oposición, si se considera que asegurar su viabilidad implica admitir la existencia de gruesas diferencias. Pero si las diferencias toman el lugar del objetivo común y si los desacuerdos ya no pueden ser manejados entre las élites partidistas, entonces hay que acudir al debate ciudadano y a una competencia sujeta a reglas decentes.

Frente al guante de la ruptura, los términos medios están a ras del suelo. O se está de acuerdo con el discurso y el rumbo de una minoría con fuertes bases en el exterior o se levantan rumbos alternativos con preponderancia de los actores que siguen actuando internamente. Son expresiones de dos políticas y una de ellas debe lograr un contundente aval mayoritario y su equipo dirigente mostrar así su representatividad social. Dos vías de selección mejores que unas primarias.

Es imposible defender la unidad, más como medio que como fin, sin marcar un perfil propio frente a los que acuden a la división, desde el gobierno o desde la oposición, para imponer sus hegemonías. Requiere debate, estimación de las motivaciones, evaluación de resultados en vez de acorralamientos al que piensa distinto y suponer que al otro no le queda más camino que la rendición o el exterminio.

Nuevas circunstancias llaman a someter a crítica la unidad que hemos tenido hasta ahora porque, confinada a los partidos, no trasciende el esquema gobierno/oposición y está fuera de la vida social. Es urgente que el conjunto de la oposición examine nuevamente temas concretos como la participación en consultas o elecciones que no son enteramente democráticas.

Es inaplazable trabajar por adquirir condiciones para alinear más presión interna con las salidas señaladas por la solidaridad internacional, en vez de aferrarse a desenlaces que dependen a fuerzas e intereses de otros. Los prejuicios, las viejas facturas y el odio hay que sacarlos del equipaje.

¿Fracaso Económico, Triunfo Político? por Ismael Pérez Vigil – Digalo Ahi Digital – 3 de Octubre 2018

Hace ya casi mes y medio, desde el 17 de agosto, que se anunció el conjunto de medidas económicas de la dictadura para solventar la aguda crisis humanitaria que vive el país y que finalmente el régimen, con ese paquete de medidas, reconoce. Desde esa fecha he escuchado y leído extraordinarios análisis de una buena cantidad de analistas y economistas con los que contamos en el país y todos coinciden en el fracaso, por lo demás evidente, de ese conjunto de medidas.

De todos los análisis hay uno que quiero destacar, aparecido en el portal Prodavinci el pasado 24 de septiembre, titulado “¿Cómo cambió el poder de compra con el aumento del salario mínimo?” y firmado por Richard Obuchi y Manuel León. En poco más de dos páginas y con dos excelentes gráficos los autores demuestran contundentemente el fracaso del “madurazo”, y solo se concentra en una de las variables, el salario y su poder adquisitivo.

En efecto el aumento salarial fue el elemento central del paquete de medidas, el caramelo que se dio al pueblo para endulzar la perversidad de otras medidas como el aumento del IVA, de la Unidad Tributaria, de las tarifas de servicios públicos, de las tarifas de transporte, la pésimamente implantada “reconversión” monetaria y el tan cacareado aumento de la gasolina, que sin embargo no se atreven o no saben implementar.

El argumento Obuchi-León es demoledor, cito libremente y resumo brevemente: en capacidad de compra el salario mínimo integral hace un año era 2,7 veces mayor que el vigente en septiembre de 2018, es decir equivaldría hoy a más de 5.000 Bs.S ; el nuevo salario mínimo integral de Bs.S 1.980, ajustado por el poder adquisitivo –a los precios actuales–  ha caído en un 59%.

Es decir, un pensionado, un asalariado que hoy reciba salario mínimo –y en realidad todos los venezolanos, porque esto nos afecta a todos– solo podrá comprar menos de la mitad de lo que compraba hace un año.

Si lo queremos medir de otra manera, Obuchi-León nos advierten que los aumentos del salario mínimo integral, tan publicitados por la dictadura, que han pasado de  Bs.S 0,03 en abril de 2013 a Bs.S 1.980 en septiembre de 2018, una variación de más de 6 millones %, han sido devorados por una inflación 11 veces mayor, 65 millones %, en el mismo periodo de tiempo.

Y ya vemos, que en el tiempo transcurrido desde que se anunciaron las medidas, los precios se han duplicado y nuestra moneda, el Bs.S, con relación al dólar paralelo hoy vale la mitad de lo que valía cuando se anunciaron las medidas. De continuar estas tendencias, Obuchi-León nos advierten que el salario mínimo, en términos reales, para diciembre de este año será tan solo de 85 Bs.S.

El efecto práctico de las medidas es que han generado mayor incertidumbre, mayores costos para las empresas, producido mayor escasez, mayor estancamiento y han acelerado enormemente la hiperinflación.

Pero estos no son los únicos efectos perversos; el nuevo salario mínimo, dado su exorbitante nivel con respecto al anterior –a pesar de lo dicho de que en términos reales es menor que el anterior– se ha convertido en la “medida”, la “tabla”, para reajustar y aplanar todas las remuneraciones, además de que en efecto el régimen ha acompañado el aumento, con una nueva escala salarial donde se iguala el ingreso y el nivel más alto de remuneración –el ingreso más alto apenas sobrepasa en un salario mínimo al nivel más bajo– y ha echado por tierra años de luchas laborales y sindicales por contratación colectiva, primas de todo tipo, escalas salariales, criterios de logro, esfuerzo, meritocracia, etc.

Esta cifra del escaso poder adquisitivo del nuevo ingreso mínimo y el “aplanamiento” de las escalas salariales, en la realidad, no necesitan ser explicadas, ni al pueblo, ni a los trabajadores y sindicatos. Todos nos damos perfecta cuenta que el dinero no alcanza para vivir y los sindicatos deben percibir claramente que en la práctica les han secuestrado el salario y amenazan las prestaciones sociales, primas de antigüedad, transporte, contrataciones colectivas y la propia actividad sindical o lo que queda de ella. Lo que sorprende es lo frio de las reacciones al respecto.

Apenas el primer fin de semana reaccionaron los pensionados, pero de resto el país se mantiene en “absoluta calma”, por más que digamos que todos los días hay manifestaciones y protestas, de las cuales apenas nos enteramos y tampoco trascienden mayormente, por la falta de coordinación y conducción política.

Debemos admitir que ello se debe a que no hemos analizado a fondo la jugada política de la dictadura con el “madurazo”, o una vez más nos negamos a darle crédito.

El régimen nos metió la mano en el bolsillo y amenaza con seguirla metiendo con el precio de la gasolina y el incremento de impuestos; es nuestro dinero el que ha puesto a circular–porque los billetes del nuevo cono monetario aún no se ven– y con nuestro dinero, según algunas encuestas, ha aumentado su “popularidad” y  ha comprado tiempo mientras termina de montar su tinglado electoral para el mes de diciembre, cuando habrá elecciones de concejales y probablemente la aprobación de la nueva constitución, que también ha estado circulando por allí, como un globo de ensayo.

La pregunta ahora es, ¿Qué vamos a hacer en la oposición? ¿Participaremos en el proceso electoral y en el referendo constitucional? ¿Nos abstendremos y damos por perdidos todos los concejales y por aprobada la nueva constitución? ¿Nos sentamos a esperar la “renuncia” del dictador o la “fuerza interventora”?

​Puerto Rico será un centro logístico para facilitar la transición política de Venezuela

Líderes internacionales se reunirán en Puerto Rico para preparar la transición política de Venezuela hacia una democracia plena

IMG_4004.JPG

Puerto Rico será un centro logístico de recepción de ayuda humanitaria y en el que se reunirán líderes internacionales para preparar la transición política de Venezuela hacia una democracia plena, según anunció hoy el gobernador de la isla caribeña, Ricardo Rosselló, en conferencia de prensa.

Rosselló, acompañado por el opositor venezolano y exalcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, dio a conocer que el primer paso hacia ese objetivo se da con la creación de la Comisión de Reconstrucción de Venezuela, que celebrará una primera reunión los próximos días 20 y 21 en la capital puertorriqueña.

La alianza entre el Gobierno de Puerto Rico y la oposición venezolana que aglutina Ledezma quedó establecido con la firma hoy de un acuerdo entre las partes que compromete al Ejecutivo liderado por Rosselló a convertirse en un estandarte para la transición política en Venezuela.

“Puerto Rico será un colector de ayuda y soporte para Venezuela”, dijo Rosselló, tras afirmar que tiene que darse una intervención humanitaria y que la isla caribeña, por su cercanía geográfica al país sudamericano, es el territorio mejor situado para encabezar esa iniciativa.

Rosselló aseguró que Puerto Rico no se podía quedar sin hacer nada ante la catástrofe humanitaria que sufre el país sudamericano y destacó que por ello será “la sede para trabajar en la transición” política de Venezuela”.

El gobernador no dio detalles exactos sobre quiénes son las personas claves que llegarán a Puerto Rico para preparar la transición de Venezuela, pero subrayó que tiene que haber una intervención humanitaria inmediata.

Rosselló aclaró que la iniciativa fue comunicada a las autoridades estadounidenses, ya que Puerto Rico es un territorio estadounidense que se define como un Estado Libre Asociado a EEUU cuyo ámbito de relaciones diplomáticas queda en manos de Washington.

“Puerto Rico apoyará la transición para que haya una mejor Venezuela”, sostuvo el líder del Ejecutivo puertorriqueño.

Ledezma por su parte destacó que la situación en Venezuela es trágica, ya que el Gobierno de Nicolás Maduro, resaltó, ha provocado que actualmente el 92 % de la población de su país viva bajo el umbral de la pobreza y que ese territorio sudamericano sufra la inflación más alta del mundo.

El opositor aseguró que Venezuela “es un país en crisis que no soporta más la ‘narcotirania'”, además de denunciar que miembros del Gobierno de su país tienen además lazos con la droga y el terrorismo internacional.

Ledezma explicó que el papel que puede jugar Puerto Rico es fundamental, ya que una vez que caiga el Gobierno de Nicolás Maduro se convertirá, tras el acuerdo firmado con el Ejecutivo de Rosselló, en un centro logístico para el almacenamiento de alimentos, convirtiéndose en un puente aéreo dados los solo cerca de 1.000 kilómetros que separan a ambos territorios.

Dijo que la situación no será fácil, dado que el Gobierno de Maduro está apoyado en Venezuela por la presencia de miles de militares cubanos que trabajan para prolongar la actual situación.

El opositor subrayó que la situación geográfica de Puerto Rico respecto a Venezuela convierte a la isla en el lugar ideal para establecer un centro logístico internacional que aglutine toda la ayuda humanitaria para el país sudamericano una vez acabe que Maduro abandone el poder.

Ledezma fue muy crítico con la situación económica de su país y aseguró que una vez que se produzca la transición no se reconocerán deudas contraídas por Venezuela en operaciones financieras opacas.

Rosselló concluyó diciendo que se ha comprometido con Venezuela por su compromiso con que la democracia exista en todos los rincones de la región, valores que como sostuvo “son amenazados todos los días en ese país”.

El secretario de Estado de Puerto Rico, Luis Rivera Marín, aseguró que la iniciativa de convertir a la isla en un centro para avanzar hacia la transición política de Venezuela y logístico de ayuda humanitaria se ha comunicado al embajador de Estados Unidos ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Carlos Trujillo.

Paliza en la ONU por Trino Márquez -La Patilla – 26 de Septiembre 2018

download

En las dos décadas de su existencia, nunca antes el régimen había sido tan vapuleado como en la Asamblea General de la ONU, que se reúne en New York. El gobierno de Nicolás Maduro ha recibido una verdadera felpa de los gobiernos democráticos de las Américas. Su soledad es patética y no será atenuada por la decisión, de última hora, de intervenir en la Asamblea. Maduro quedó para darles pena a los mandatarios de los países del continente (Trump incluso se mofó del coraje de ‘sus’ Fuerzas Armadas) y provocarles sentimientos de compasión con las víctimas que llevan veinte años padeciendo los rigores de unos gobernantes que combinan en perfecta sincronía la ineptitud con la corrupción.

El esperado discurso de Donald Trump estuvo orientado en buena medida a denunciar la incompetencia del socialismo del siglo XXI y a pedir ayuda a las naciones del planeta para restablecer la democracia en Venezuela. Los presidentes de Argentina, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú intervinieron en la misma dirección. Lenin Moreno sugirió que el gobierno de Maduro es tan inepto que está sobrando. Aunque la invasión militar organizada por una alianza en la cual Estados Unidos y Colombia serían los protagonistas principales no parece factible por ahora, tampoco quedó descartada. La estrategia de ambas naciones parece ser mantenerla como amenaza creíble y factor de disuasión ante cualquier intento por parte de Maduro de agredir a Colombia.

Fuera del marco de la Conferencia, Mike Pence, vicepresidente norteamericano, fue más explícito aún: ante una supuesta movilización de tropas venezolanas hacia la frontera neogranadina, el funcionario fue enfático al señalar que cualquier incursión en el territorio colombiano sería rechazada también por los estadounidenses con una contundencia que dejaría hecho polvo cósmico al ejército venezolano. Maduro debe de haber entendido el mensaje.

La opción en la que parecieran estar pensando los gringos, y también los colombianos, es que los militares venezolanos resuelvan la crisis nacional mediante un golpe de Estado. Según el gobernante norteamericano, esos mediocres oficiales no sirven para enfrentar a los aguerridos marines, pero sí se encuentran en condiciones de restablecer el hilo constitucional roto por el mandatario venezolano, e iniciar el proceso de transición hacia la recuperación de la democracia y de la nación en su conjunto.  Trump, entre líneas, sugirió que bastaría con un pronunciamiento en una rueda de prensa o un memorando dirigido por el Alto Mando al Presidente de la República, para que el gobierno se desplome. Así de fácil ve la resolución del conflicto. Trump sabe que el único soporte real del régimen se encuentra en el estamento militar. Todo lo demás (TSJ, constituyente, CNE…) forman parte del decorado. Maduro también lo sabe, de allí su pánico y su entrega incondicional a los encachuchados.

Lo ocurrido en la arena de la ONU fue solo parte de la tunda recibida por el gobierno. Hay que agregar el acuerdo de cinco países suramericanos más Canadá para llevar a Maduro a la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad, las sanciones de la administración norteamericana contra algunas de las personas más cercanas al Presidente, incluida la primera combatiente, y la decisión de 93 naciones de votar a favor de incluir en la agenda de la Asamblea General, la discusión sobre activar el Principio de Responsabilidad de Proteger contra los abusos del gobierno de Venezuela.

Las baterías acorralan cada vez más al jefe de Estado y a su círculo más íntimo. Con la nueva legalidad internacional no es posible cometer continuos desmanes y pensar que los excesos  quedarán impunes. Maduro debería  asumir la nueva realidad.

Desde el punto de vista de la oposición, ¿cuáles consecuencias acarrea el aislamiento y el desprestigio del gobierno? Lamentablemente, muy pocas. La oposición, por su desmembramiento, no puede capitalizar la soledad y el descrédito internacional de Nicolás Maduro y su gente. La oposición no representa ningún peligro real para el régimen. No existe como interlocutor válido ante la comunidad internacional. No actúa como una fuerza capaz de darle  conducción endógena a las medidas de repudio y  rechazo a escala mundial contra el gobierno.

Para que la debilidad internacional del régimen se convierta en una fortaleza interna de los factores democráticos, estos tendrían que reagruparse  en torno de una plataforma organizativa y programática que permita la reconexión con los sectores populares. La oposición  tendría que proyectarse como un factor creíble de cambio democrático y como una fuerza capaz de provocar y conducir la recuperación nacional. Esa posibilidad no se vislumbra, aunque el acto del Frente Nacional Amplio en el Aula Magna abre de nuevo una esperanza.

Sobrellevamos una enorme crisis económica y social, contamos con el respaldo internacional. Falta construir esa columna interna que es la dirección política del cambio. Este es el reto que debemos asumir para comenzar a recuperar a Venezuela.

Acuerdo obligado por Luis Ugalde S.J. – Blog Cesar Miguel Rondón – 18 de Septiembre 2018

Luis-Ugalde-800x478Las cosas han llegado a tal extremo y la situación es tan dramática que la desesperación se ha apoderado del país. La gente no cree en el régimen y sus promesas-propaganda y cada medida nueva agrava la situación. El liderazgo opositor carece también de credibilidad por su falta de unidad y su impotencia frente a la dictadura y los urgentes problemas socioeconómicos.

El desastre es tan grave que la reconstrucción parece imposible sin un gran acuerdo de salvación nacional concretado en un gobierno de transición que incluya a buena parte de los que fueron y de los que todavía hoy son chavistas. El régimen actual no tiene futuro, pero puede resistir con un alto costo de vidas, dignidad humana y libertad democrática de millones de venezolanos. No puede haber un gobierno nacional que entusiasme y tenga éxito si no lleva en el corazón de sus políticas concretas las razones que hace 20 años tuvieron las mayorías chavistas. Si, según las encuestas más recientes, un 85 % de los venezolanos vive en pobreza, el nuevo gobierno sólo cuajará si renace en la vida de esa inmensa muchedumbre que agoniza en la pobreza y el exilio, y fracasará si no toma en serio la vida digna de ellos. Esa esperanza no se puede nutrir sólo de palabras y retórica, sino que necesita de entrada signos visibles de mejora socio-económica, lo que no es posible sin un vigoroso florecimiento de miles y miles de empresas privadas, entendidas y vividas como esperanza de los pobres y la superación de la pobreza como esperanza de la empresa privada, de la democracia y la libertad. Por otra parte, nada de esto es posible sin un apoyo decidido de las democracias y organismos internacionales, concretado en recursos materiales cuantiosos. Sin ese apoyo, ni el gobierno actual, ni cualquier otro que venga, tendrá estabilidad ni éxito y la solución no es la desesperanzada agonía dictatorial cubana de más de medio siglo.

El gobierno de transición sólo despertará entusiasmo nacional y concretará el apoyo externo si de inmediato enfrenta la hiperinflación (alimentada por el actual gobierno con enorme déficit fiscal y dinero inorgánico) y activa la producción económica que en cinco años se ha reducido a la mitad y que está matando a la gente, arrebatándole su salario y dignidad y bloqueando toda posibilidad de reactivación.

1-Para revertir de inmediato este despeñadero hay que combinar:

-No pago de la deuda externa ($ 132.000.000.000) en dos o tres años. Condonación de buena parte de ella, refinanciamiento de la otra parte y cuantioso préstamo (según los entendidos no menos de $ 40 mil millones)

-Reprivatización de las empresas estatizadas, hoy ruinas improductivas.

-Inversión extranjera (y nacional) con garantías jurídicas y economía social de mercado.

-Apertura petrolera (y gas) a las inversiones no estatales y recuperación productiva.

-Financiamiento de importación de bienes básicos de consumo (alimentos, medicinas…) e insumos para reactivar la producción.

2- Al mismo tiempo se requiere inmediata ayuda humanitaria internacional con activación nacional de los canales de distribución y también de un inmenso voluntariado de solidaridad con efectos en la regeneración moral y de reconciliación. Rescate del Estado y del caos, corrupción e ineptitud de los servicios públicos de agua, electricidad, transporte, seguridad… Rescate de la Constitución: libertad de presos políticos y exiliados, legalización de todos los partidos y de los candidatos vetados; separación de poderes públicos; eliminación de la ANC (supraconstitucional, es decir dictatorial); Fuerza Armada reconstitucionalizada; nuevo CNE; elecciones justas, libres y transparentes, una vez restablecidas las condiciones democráticas para ello.

No se trata de medidas sueltas ni de que cada grupo político pretenda instaurar en esta transición el modelo de su preferencia, sino de lo imprescindible para salir de esta dramática agonía. Sería fatal enredarse en debates ideológicos sin entender que la extrema emergencia exige un pragmatismo sanador previo a elecciones democráticas en las que la población escogerá al candidato de su preferencia entre alternativas que incluyan las que vienen del chavismo y también las que parecen más opuestas a él. Por ahora la negociación no puede ser maximalista, sino realista con la necesaria unidad nacional y el apoyo internacional imprescindibles.

3- La salida del gobierno actual tiene que ser pronta y negociada con espíritu de reconciliación, no de venganza sino de perdón, con una nueva primavera de reencuentro venezolano combinada con una acción serena y equilibrada de la justicia, en los casos que se requiera para evitar la impunidad.

4- Los militares (hoy unos cómplices y represores y otros reprimidos) y las democracias del Mundo y de las Américas deben formar parte de diversa manera de esta negociación y reconstrucción.

5-La Asamblea Nacional ha de ser la legítima pieza central de esta transición y quien la encabece debe excluirse de la contienda electoral democrática, que tendrá lugar tan pronto se restablezcan las condiciones básicas constitucionales para una elección libre, transparente y con garantías.

Ese acuerdo que incluya al chavismo democrático puede escandalizar a algunos, pero no será más chocante que el abrazo – en medio de tantos cadáveres y odios – de Bolívar y el jefe español Morillo en Santa Ana de Trujillo, como importante paso desagradable para salir de la guerra.

A %d blogueros les gusta esto: