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Nos tienen mamados por Gladys Socorro – El Nacional – 17 de Julio 2019

Gladys Socorro

Estamos cansados, desgastados, hartos, fatigados, aburridos, extenuados, reventados y vueltos nada. O mejor como dice la Real Academia Española, nos tienen mamados, es decir, vencidos, aturrullados y duramente engañados.

Por un lado tenemos al oficialismo con su cantaleta de que todo lo que sucede es culpa de los demás y nunca de ellos. Este comportamiento es lo que los psicólogos conocen como Locus de Control Externo. Con sus mentiras patológicas nos tienen mamados, académicamente hablando. El mundo, avalado por la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, los catalogó, entre otras cosas, de torturadores y violadores de los derechos fundamentales de la población, pero ellos insisten en su candidez y no ven motivos para sacar a Nicolás Maduro del poder. Claro, el grupito que lo mantiene no ha estado preso en el Sebin, ni forma parte de los 4 millones que han tenido que emigrar buscando calidad de vida, ni de los 7 millones que necesitan ayuda humanitaria urgente, ni mucho menos de las familias enteras que comen de la basura.

Por eso insisten en negociar en Barbados una salida electoral pero para cambiar la Asamblea Nacional, mientras evaden unas presidenciales que es donde está realmente el meollo del asunto. No hay duda, tienen su Locus de Control Externo alborotado. Si la desfachatez ilimitada de estos señores no hubiese llevado a Venezuela a los niveles impensables de miseria actuales, esta sería bastante risible. Todos los días, a cada rato, nos ven la cara de mamagüevos, es decir, de idiotas ó estúpidos, según la RAE.

Por el otro lado está la oposición. Sí, esa misma con la que a través de los años hemos mantenido una relación de amor y odio. Cuando las cosas van bien la hemos defendido a capa y espada, pero cuando las cosas salen torcidas nos volvemos maldicientes, lo que para la Real Academia significa maldecir y ser detractores por hábito. Las maldiciones van y vienen, lo que se refiere a la imprecación que se dirige contra una persona o cosa, manifestando enojo y aversión hacia ella, y muy particularmente deseo de que le venga algún daño. Pero al César lo que es del César: si bien ellos también nos tienen mamados (vencidos, aturrullados y duramente engañados) y nos han visto la cara de mamagüevos (de idiotas o estúpidos), hoy están sentados en Barbados agotando las vías pacíficas para salir de la crisis política, auspiciados (¿u obligados?) por Estados Unidos, el Vaticano, la Unión Europea, el Grupo de Contacto, el Grupo de Lima, la OEA y la ONU. Están en la segunda semana de las conversaciones que no deberían pasar de cuatro.

Así las cosas, solo resta esperar los resultados de estas negociaciones. De lo que allí se logre aclararemos algunas dudas: ¿los venezolanos somos tan mamagüevos así? ¿Quién es más mamagüevo, la oposición o el oficialismo? ¡Cuidado! ¿Y si resulta que los verdaderos mamagüevos son los países que aún creen que la salida de Maduro puede ser a través de negociaciones? Todo puede pasar en Venezuela, incluso, que usted se moleste por mi buen uso del lenguaje. Pero ese tema ya tendría que aclararlo con la Real Academia Española porque yo seguiré pendiente de Barbados.

La guerra de las conversaciones – Editorial El Nacional – 17 de Julio 2019

Pero a los venezolanos, al parecer, les encanta un conflicto, pues no hay nada que les moleste más y los ponga en estado de furia extrema que un posible y necesario acuerdo entre las partes. Así lo podemos apreciar sin mayores esfuerzos en la guerra a muerte que acompaña a la actual reunión convocada al efecto por la oposición y el oficialismo, para verse las caras y estrecharse las manos en la soleada isla de Barbados.

Pero para mayor sorpresa de los dirigentes políticos americanos y europeos que estaban detrás del acercamiento, lo que se suponía era de hecho un paso en la dirección correcta ha terminado por convertirse en una guerra interna inesperada y absurda porque la oposición y el oficialismo no se atacaron entre sí (como sería lo obvio), sino que se destrozaron entre ellos mismos con una saña y un salvajismo indigno.

No de otra manera puede ser calificado ese bochornoso espectáculo que hemos presenciado en algunos espacios de opinión y, fundamentalmente, en las redes sociales que no perdieron el tiempo en atacar unas conversaciones que apenas estaban a mitad de camino. Era tal la furia y la ferocidad de los dardos lanzados en medio de la batalla que nadie en su sano juicio hubiera podido dar una explicación más o menos acertada del por qué y el cómo de tantos vientos huracanados y de olas tan gigantescas y recias.

Y lo peor es que, para beneplácito del usurpador (así le llaman), la gran mayoría de los ataques iban dirigidos a su contendor más relevante, valga decir, el presidente (e) Juan Guaidó. Pues en verdad, con amigos así… ¿quién necesita enemigos?

No le vamos a borrar errores al joven dirigente que, como cualquier político, los ha cometido y los cometerá, pero no es lo aconsejable debilitarlo y mucho menos indicar cuáles son sus flancos menos protegidos. Ese tipo de información quizás le sirve al enemigo para apoyar, de paso, sus incesantes intentos de devaluación no solo de su persona sino de sus actuaciones.

Guaidó no es un bebé Gerber y ha demostrado que se sabe defender, pero resulta poco menos que descorazonador escuchar de parte de ciertos sectores de la oposición llamarlo demagogo, descalificar sus llamados a manifestar en las calles, despreciar sus actos de gobierno tomados en momentos muy duros y difíciles, burlarse de su familia y hasta darle publicidad inmerecida a las calumnias sobre su vida privada.

Vale la pena insistir en que todo político está expuesto a estos momentos rudos y dolorosos, pero nada gana y mucho pierde la oposición cayéndole encima sin piedad a quien está haciendo su trabajo con honor y decencia.

La crítica siempre será no solo bienvenida sino exigida, pero resulta poco menos que insólito que desde la oposición se ataque más a Guaidó que al denominado usurpador, quien, ese sí con sus desmanes, nos ha causado y nos causará no pocas desgracias si sigue actuando sin freno alguno.

Es ciertamente prudente seguir el curso de los acontecimientos y ejercer, desde luego, una crítica rotunda cuando se conozca a ciencia cierta si en Barbados se fracasó o se avanzó hacia una solución aceptable. Pero no hay que precipitarse.

Conflicto político y negociación por Román Duque Corredor – El Nacional – 13 de Julio 2019

Román Duque Corredor
El conflicto entre gobierno y oposición en Venezuela excede del concepto tradicional de conflicto político entre partidos, porque más que una lucha o disputa por el poder, se trata de la confrontación entre dos modelos ideológicos contradictorios del sistema de gobierno. Es decir, un enfrentamiento entre el sistema autoritario socialista-militarista y el sistema democrático social del Estado de Derecho. En efecto, el factor principal de la confrontación política en Venezuela es la imposición desde el poder de la ideología de un socialismo totalitario con apoyo militar. En otras palabras, entre dictadura socialista militarista o democracia.

Si bien se trata de un asunto interno, sin embargo, una de sus causas es externa, por la influencia de gobiernos cuyos modelos ideológicos de poder son el del socialismo totalitario antidemocrático, por lo que en la práctica implica vulneraciones del orden constitucional vigente y de los valores morales del orden social. Dado su naturaleza ideológica, el contrario no es aceptado y por eso es discriminado o excluido, y el gobierno actúa como una clase dominante para imponer su poder con medidas arbitrarias y contrarias a los derechos humanos, para implantar su sistema ideológico del poder. Imposición que se manifiesta en las restricciones a derechos civiles y políticos como la libertad de pensamiento, de expresión, de información, de manifestación y de libre elección. Por ello, el conflicto ha llegado a manifestarse en forma de enfrentamientos violentos y hasta de grupos armados paramilitares. Por otro lado, el conflicto político venezolano ha trascendido de las personas e impactado la estructura social, por razones de una política económica que ha conducido a la escasez de alimentos y medicinas, que ha incrementado los índices de mortalidad y de desnutrición y ha ocasionado la mayor hiperinflación del mundo, por lo que además configura una grave situación social calificada por la ONU de crisis humanitaria compleja. Estas características dificultan la solución, que se califica de crisis humanitaria, por los perjuicios causados a la población respecto de su alimentación y salud: lo que dificulta salidas constructivas.

Una característica del conflicto político venezolano es la utilización de la Fuerza Armada y del Poder Judicial como instrumentos de dominio y de persecución. Y un aspecto definitorio es la de distorsión del proceso constituyente para implantar un sistema ideológico, ante la pérdida electoral del poder legislativo frente a la oposición democrática. Lo que podría llamarse crimen de lesa democracia, como lo es destruir el sistema de partidos y del sufragio libre, universal y directo, y la desmotivación electoral.

Desde otro orden de ideas, la persecución en gran escala, bajo un contexto sistemático organizado y programado de discriminación y de exclusión de los sectores de la población que no simpatizan con el gobierno, así como las desapariciones, las torturas, las detenciones arbitrarias, los presos políticos, el juzgamiento de civiles por tribunales militares y las violaciones de derechos fundamentales en magnitudes crecientes, como parte de ese plan sistemático, permiten calificar el conflicto político en Venezuela, a la luz del derecho penal internacional, de crimen de lesa humanidad de persecución. Por eso, el proceso de negociación para la búsqueda de soluciones a estos crímenes es difícil, largo y de una gran exigencia de fortaleza moral y de formación política por parte de los negociadores, así como de una metodología de negociación clara, transparente y que garantice la participación de la sociedad civil en dicho proceso. Además de una probada experticia en procesos de conciliación y la presencia de observadores internacionales que velen por la irrenunciabilidad e inalienabilidad de los derechos fundamentales y de los elementos esenciales del sistema político democrático, porque de lo que se trata es del derecho del pueblo venezolano de vivir en democracia en libertad, justicia y con dignidad.

Finalmente, la naturaleza dramática del momento obliga a la oposición no solo a mantener su unidad, sino que, en la búsqueda de un gobierno de transición para el cambio político, los intereses particulares no deben privar sobre los principios, y sobre todo que en la escogencia del futuro gobernante se busque consensuadamente no un simple candidato, sino fundamentalmente un verdadero estadista.

Estudio nacional Venezuela – Instituto Delphos – Mayo 2019

Basta de dialogo y de arroz con mango, se necesita una rebelión abierta por Gustavo Coronel – La Patilla – 4 de Junio 2019

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Gente que uno jamás hubiera pensado pudiese ser colaboracionista con el régimen como Eduardo Fernández.  Gente que uno ya sospechaba que pudiera ser colaboracionista como Enrique Ochoa o Claudio Fermín.  Gente que siempre ha nadado entre las dos aguas de la oposición y la dictadura como Felipe Mujica y los hermanitos Villegas.  Estos grupos forman una neblinosa tercera vía que ni lava ni presta la batea,  que ni se cuadra definitivamente con el régimen ni se opone a la acción decidida de la oposición.  Son los viejos NI-Nis, hoy en día más cerca de la dictadura que de la oposición, debido a que se han visto obligados a irse quitando las caretas ciudadanas, debido a la presión externa y a la creciente indignación popular frente a los desmanes del régimen. A  ese contingente invertebrado debemos agregar el grupo de las viudas de Chávez,  a lo Ramírez Carreño, ahora en trance de lavar dinero y reputación a fin de presentarse como “candidato presidencial del chavismo originario”.

También hay que agregar toda una mafia política regional que ha vivido por años del dinero venezolano y sigue aceptando los sobornos del chavismo/madurismo, esos miembros del ALBA, de UNASUR, de PetroCaribe, los mercenarios del CARICOM, el castrismo cubano, la macabra pareja de Nicaragua Ortega-Murillo, Cristina Fernández, el ladrón Lula da Silva, el meloso Evo Morales, el zángano de Zelaya, Zapatero,  compañeros de ruta como Insulza , Bachelet, Ernesto Samper y Leonel Fernández , contorsionistas de la diplomacia inefectiva como Federica  Mogherini   y el Canciller español  Josep Borrell, complacientes miembros de la justicia internacional como la Fiscal de la Corte Penal Internacional Fatou Bensuda y los pistoleros a sueldo de la academia estadounidense.

Realmente este arroz con mango de la baja política venezolana y de la burocracia internacional   representa hoy un enemigo tan duro de someter para la Venezuela democrática y honesta como los miembros conocidos  del madurismo/chavismo que hace alardes y muestra orgullo por su condición de ladrones, narcotraficantes, lavadores de dinero  y/o asesinos, tales como Cabello, El Aisami, Reverol, López Padrino, Maduro, la familia Chávez, ministros y demás burócratas del régimen quienes deberán pagar por sus inmensos crímenes.

La presión de estos grupos por mantener a Maduro en el poder es inmensa y es ejercida en público y secretamente, en los sitios cerrados de la burocracia mundial, donde haya gente, ya sean líderes políticos, banqueros, ,militares  o contratistas sin conciencia, quienes  se beneficien de la permanencia del chavismo/madurismo en el poder, sin importarle el sufrimiento de millones de venezolanos y la crisis humanitaria en la cual el régimen venezolano ha hundido a la región latinoamericana.

Por esto es que los venezolanos dignos y honestos deben diferenciarse claramente, sin ambigüedades, de ese arroz con mango que pretende mantener la oprobiosa dictadura de Maduro en el poder, en nombre delas buenas maneras y de la civilización. Lo que se requiere en Venezuela es una rebelión con todas las fuerzas de la indignación popular, un abierto desconocimiento de la dictadura, una huelga general indefinida que conduzca de una vez por todas a la resolución de la crisis. Nada de negociaciones con los asesinos y torturadores, no importa quienes continúen proponiéndolas.

No podría jamás ir a una negociación con Maikel Moreno, con Diosdado Cabello, con la parejita Maduro-Flores. Ello sería la negación de toda una concepción de la vida y del deber ciudadano.

Como decía Marcos Vargas, en “Canaima”,  Se es o no se es.

 

La transición por Ismael Perez Vigil – Noticiero Digital – 29 de Junio 2019

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La discusión acerca del proceso de “transición” en Venezuela está, a mi entender, en un contexto equivocado. La “transición” en Venezuela no se dará porque sea “justa”, “razonable”, “conveniente”; porque sea un paso “natural” en la salida de un régimen de oprobio y en la búsqueda de la reconciliación de los habitantes de un país, polarizados y enfrentados. En otras palabras, la “transición” en Venezuela se tiene que dar –desde mi punto de vista que creo que comparten muchos– porque ninguno de los dos grupos en liza está en capacidad de acabar con el otro. Es tan simple y pragmático como eso. No queda más remedio, para encontrar una salida, que ir a una etapa de “transición”. Veamos, sin edulcorantes y con toda crudeza esta situación.

Hay una larga lista de desafueros por parte de la dictadura y de reclamos que hacer al régimen chavista/madurista; no voy a caer en elaborar una larga y penosa lista de todas las razones para salir de esta dictadura, las doy por conocidas; lo importante es tomar conciencia de que todo eso que estamos pensando, y mucho más, lo ha hecho el régimen durante más de 20 años, en los que ha destruido el país, pero no ha logrado acabar con la oposición y en esto radica nuestra fuerza, ni nos hemos rendido ni nos han dominado.

Por parte de quienes nos oponemos al régimen, –a través de procesos electorales, referendos, consultas populares, movilizaciones masivas, protestas callejeras por cientos y miles, intentos de sublevación cívica o militar, o cívico militar, o llamando la atención de la comunidad internacional sobre nuestra desgracia y penurias y solicitando su activo apoyo y ayuda–, hemos hecho varios intentos para desalojarlos del poder, sin lograrlo tampoco.

En síntesis, el régimen controla todas las palancas y resortes del poder: la administración pública; el efímero, insuficiente, pero jugoso, presupuesto; la mayoría de las gobernaciones y alcaldías y todos los mecanismos de represión y no ha podido acallar a la oposición. Por su parte, como he dicho, la oposición ha pretendido –sin una fuerza física similar, con la sola fuerza de la calle, de la verdad y de la razón–, desalojarlo del poder y tampoco ha podido. Está demostrado que no es una tarea fácil, doblegar el uno al otro, de allí que tengamos que convenir en un proceso de “transición” por el cual se desaloje del poder a la actual dictadura.

Para el régimen, aunque es el que controla el territorio, ya solo le es posible mantenerse en el poder por la fuerza; con casi el 90% de la población y gran parte de la comunidad internacional en contra, el país se le ha hecho ingobernable; no tiene ninguna viabilidad política bajo su control, por eso debe cederlo, aunque la oposición no tiene forma de arrebatárselo de las manos por ninguna vía institucional o de fuerza.

Solo la renuncia voluntaria o la intervención de una fuerza militar, interna o externa, podría lograr desalojar del poder a la mafia enquistada en él y abrir un compás para la “transición” de la que se ha hablado. Ese es el terreno en el que hay que colocar las cosas, pues no tiene sentido hacer comparaciones inverosímiles con ninguna situación en otro país, en otra latitud, que pueden ser parecidas, pero no son comparables.

Sentada de esta manera la base de la discusión podemos ver otras aristas del tema.

Obviamente hay que ponerse de acuerdo con quienes dejarán el poder, sobre la forma que esto ocurrirá y los plazos. Eso será lo que llamaríamos la “transición” y desde luego, no parece realista pensar que quien tiene todo el poder y la fuerza física para mantenerlo, lo va a entregar sin más y se va a “retirar” dejando el terreno libre y despejado, exponiéndose además muchos de sus personeros a ir a la cárcel, al exilio y entregar sus fortunas seguramente mal habidas. Por el contrario, es obvio que algunos –o muchos– personajes que ahora están en el poder, se querrán mantener en él. Esa es la particular complejidad de este problema en Venezuela, seguir negándose a verlo de esa manera es vivir engañados, o peor aún, tratar de engañar a otros.

El chavismo, que controla todo el poder, en todo el país, no desaparecerá, no se esfumará cuando el actual usurpador deje la presidencia y al día siguiente de finalizada la usurpación no vamos a tener un gobierno democrático, similar al de Suiza, Alemania o los EEUU; restos del poder corrupto de hoy y su influencia permanecerán en los intersticios de la sociedad: en ministerios, empresas públicas, gobernaciones, alcaldías, en la propia AN, es algo inevitable; precisamente por eso se necesita una “transición”, mientras se abre paso nuevamente la democracia y el estado de derecho.

De allí que tenga que darse entonces un proceso de “negociación” –otra palabra maldita– para acordar los términos de esa “transición”. Desde luego, y disculpen la ironía y el sarcasmo, lo mejor sería que este proceso de “negociación” se diera entre la oposición y la Superiora General de la orden de las Carmelitas Descalzas de Venezuela, que es una magnifica persona, pero desafortunadamente la negociación se tendrá que dar con los representantes de la actual dictadura militar. Sí, militar, no olvidemos eso.

De nada servirá “retorcerse” en el piso porque se va a negociar con “delincuentes y maleantes”, porque esa es la realidad: se negocia con quienes tienen el poder en Venezuela y no hay fuerza nacional –y parece que tampoco internacional– que pueda hacer que las cosas sucedan de otra forma. Claro, hay la opción de no hacerlo, de no hacer nada, de cruzarnos de brazos y esperar que el país se termine de derrumbar por completo y que se vayan varios millones más de venezolanos a ver si al final de todo, los sustentadores del régimen, no habiendo más que expoliar, se cansan y se retiran. No creo que sea esa una perspectiva aceptable.

La alternativa es negociar, firmemente, sin temor ni vergüenza y sin hacer concesiones, tomando el tiempo y en el espacio que sea necesario y, simultáneamente, manteniendo la presión interna e internacional, hasta asfixiar a la dictadura; si la comunidad internacional no presiona fuertemente, con medidas severas y amenazas creíbles, al tiempo que nosotros mantenemos la presión de calle, no vamos a lograr nada con una negociación, sería ir a un matadero sin opción. El apoyo internacional es crucial, pero no a posteriori, como paso en República Dominicana, que se limitaron a desconocer el gobierno salido de las elecciones del 20M de 2018, después de consumado el irrito proceso.

Mantener la movilización interna es la parte más compleja, sobre todo por la presión de opositores “radicales”, internos y en el exterior, que desde posiciones ideológicas y la distancia lo ven todo muy sencillo y empujan por salidas que internamente muy pocos están dispuestos a seguir, e internacionalmente, nadie. Se constituyen en un enjambre de la antipolítica que, en redes sociales, con sus abejas y reinas, trabajan incesantemente.

 

«Nadie ha preguntado a los venezolanos si quieren a los cubanos allí. Es una injerencia» por Gabriela Ponte – ABC – 26 de Junio 2019

Ernesto Agudo

Se encuentra estos días en Madrid para sumar esfuerzos para recuperar la democracia en Venezuela.

Carrie Filiptti, viceconsejera para Latinoamérica del Departamento de Estado de Estados Unidos, conoce bien la crisis de Venezuela y la represión que sufre su pueblo. Ha escuchado de primera mano los dramáticos testimonios de las víctimas del régimen chavista -políticos encaracelados, periodistas censurados…-. Conoce bien las cifras de la triste realidad venezolana: «Hay 767 presos políticos y entre 20.000 y 25.000 cubanos están ocupando ilegalmente el país», asegura durante una entrevista con ABC en la Embajada de EE.UU. Filipetti, que se encuentra en Madrid para mantener reuniones que permitan sumar esfuerzos a la única causa posible -recuperar la democracia en la nación sudamericana-, se muestra, sin embargo, optimista sobre la pronta salida de Nicolás Maduro del poder.

La oposición venezolana ha denunciado desde 2014 la crisis política y económica del país. ¿Qué cambió este año para que Estados Unidos se haya involucrado directamente en la salida de Maduro del poder?

Estados Unidos siempre ha estado muy enfocado en Latinoamérica. Nosotros reconocemos que la seguridad del continente también impacta en nuestra seguridad, por eso estamos comprometidos con la democracia en la región. La razón de por qué estamos tan involucrados con la causa venezolana es que la Administración del presidente Donald Trump reconoció una oportunidad para la salida de Maduro de manera constitucional con el presidente interino Juan Guaidó. Cuando asumió el liderazgo de la oposición en enero, consideramos que era la persona a la que podíamos apoyar para que devolviera la democracia a su pueblo. Lamentablemente, eso no lo vimos posible con Maduro en las elecciones del 20 de mayo de 2018.

¿Usted cree entonces que Juan Guaidó reúne todos los requisitos para liderar la transición en Venezuela?

Nosotros vemos a la oposición como un todo. Si miras dentro te encuentras con una oposición muy fuerte que se enfrenta a diario al régimen de Nicolás Maduro. La gente en Venezuela ha salido a protestar, vemos cientos de protestas cada mes. Ellos mismos quieren retomar su democracia.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, ha dicho que mantener a la oposición venezolana unida «es difícil»…

En EE.UU. tenemos a republicanos y a demócratas. No solemos estar de acuerdo en todo, pero sí estamos completamente a favor de preservar nuestra democracia. Así debe ser la gente en Venezuela. La oposición está completamente dedicada a sacar a Maduro del poder. Estamos seguros de que tendrá éxito y lo lograrán y en eso debemos enfocarnos. Nosotros, los apoyamos en lo que necesitan para lograr su objetivo.

¿Por qué está usted tan segura de que Maduro va a dejar el poder?

En primer lugar, porque los dictadores siempre acaban siendo depuestos. Y porque hemos visto las impactantes consecuencias de las sanciones impuestas por EE.UU., que le generan mucha presión a Maduro. Además, hemos visto a sus altos mandos militares, su jefe del servicio de inteligencia y al presidente del Tribunal Supremo de Justicia, todos unidos negociando para sacarlo del poder. Maduro no puede confiar en nadie. Si uno se fija en lo que Juan Guaidó tiene y en lo que Maduro tiene, la respuesta es muy muy clara. Maduro tiene a los cubanos, tiene un cierto respaldo de Rusia y un cierto apoyo de las Fuerzas Armadas. Eso es todo lo que tiene. Ahora, qué tiene Guaidó: el apoyo de los líderes democráticos del mundo incluyendo a EE.UU., la UE, el Grupo de Lima; la confianza de la mayoría del pueblo de Venezuela y lo respaldan las sanciones que protegen el dinero de los venezolanos del régimen de Maduro. Guaidó tiene todo lo que se necesita para tener éxito. ¿En qué se apoya Maduro? En la brutalidad, su último recurso como dictador.

Si Guaidó «lo tiene todo», ¿por qué el objetivo aún no se ha logrado?

Han sido seis duros meses luchando en este proceso junto a la oposición. Necesitamos recordar que esto es una dictadura que ha estado en el poder por casi dos décadas. La democracia es muy difícil de conseguir. EE.UU. ha luchado por ella en primera fila, muchos países de Latinoamérica han luchado también por ella hasta conseguirla. Esto va a ser un proceso que va a llevar tiempo, pero creemos que con la presión internacional que se ha aplicado contra el Gobierno y con el respaldo de 50 países de todo el mundo lo lograremos. Durante todo mi trabajo como diplomática, nunca antes había visto el compromiso de la comunidad internacional para que acabe el sufrimiento en Venezuela. Si seguimos unidos en esta causa es muy obvio que lo lograremos.

¿La caída de Maduro está cerca?

No queremos poner un día en específico porque eso depende del proceso que se está viviendo y lo fundamental es que debe ser liderado por la oposición venezolana.

¿El presidente Trump ha perdido su interés por Venezuela después del fallido levantamiento militar de abril?

No. Es una respuesta muy fácil de dar. El presidente Trump no ha perdido su interés por el tema de Venezuela. Este tema representa un punto central en las relaciones diplomáticas de EE.UU., lo discutimos a diario y estamos constantemente en conversaciones con los líderes opositores.

¿Cuál es la versión oficial de EE.UU. sobre lo que pasó aquel día?

Hay que enfocarse y resaltar lo que se logró el 30 de abril: los altos mandos que rodean a Maduro se están volviendo en su contra, como el general Christopher Figuera. Puede que el 30 de abril no haya resultado con el presidente interino en Miraflores, pero tampoco resultó a favor de Maduro y su permanencia en el poder. Él estaba escondido en un búnker, rodeado de cubanos y asustado. Tardó en salir en público más de 12 horas. Quedó muy claro que Maduro estaba asustado. Ese día prueba que estamos muy cerca de lograr una transición. Si me preguntas cómo EE.UU. vio lo que sucedió ese día responderé que vimos el rol de los cubanos en Venezuela. Ellos están ahí asegurándose de que los militares permanecen al lado de Maduro. Esto constituye una clara ocupación extranjera por lo que su papel en Venezuela no se puede subestimar.

¿Esa es una de las razones por las que EE.UU. recientemente ha endurecido las sanciones a Cuba?

Los cubanos tienen que salir de Venezuela. Es ilegal que ellos estén ahí. No se le consultó a los venezolanos si querían su presencia en el país. Su presencia está fracturando la democracia del país. Lo hemos dejado claro en nuestros encuentros diplomáticos con otros países. Se lo hemos dejado claro a los cubanos. No vamos a tolerar esto y habrá un coste por eso. Otros países latinoamericanos han expresado a Cuba que se perjudicarán sus relaciones bilaterales si continúan interviniendo en los asuntos de Venezuela.

¿Cuántos cubanos hay en Venezuela?

Podemos decir es que hay entre 20.000 y 25.000 cubanos en Venezuela. Entre ellos hay tropas, oficiales de inteligencia, la seguridad de Maduro, doctores y profesores que están ahí en nombre de Castro.

¿Maduro está protegido por cubanos?

No puedo dar números, pero sabemos que los cubanos están directamente involucrados en la protección de su integridad física.

 

La correcta Doctora Bachelet por Trino Márquez – Noticiero Digital – 27 de Junio 2019

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 La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos no va en misiones oficiales a países donde prevalece el Estado de Derecho, se respetan las minorías, la figura del preso político no existe, la gente come las tres veces al día con una dieta balanceada, hay libertad de prensa, se consiguen con facilidad medicamentos y la gente no emigra, ni les crea problemas a sus vecinos, pues se siente a gusto de vivir en su territorio. La Alta Comisionada no va a Suiza o a Noruega, salvo que quiera ver vaquitas con cencerros o fiordos.
La doctora Michelle Bachelet nos visitó porque Venezuela es notitia criminis. Pasó a estar en la agenda internacional de forma permanente por los desmanes que el régimen de Maduro comete.   De ser una democracia que causaba envidia en una región plagada de dictaduras, se transformó en una nación cuyo Gobierno y Estado avergüenzan por la cantidad y gravedad de atropellos que perpetran.
La sola presencia de la Bachelet en  nuestro país fue una victoria de las fuerzas democráticas. Las protestas internas y la presión internacional lograron sacudir la pesada burocracia internacional. Nicolás Maduro, consciente de que la venida de   Michelle Bachelet a tierras venezolanas sería inevitable, optó por invitarla en noviembre del año pasado. Estimó preferible tomar la iniciativa y aparecer como promotor de la visita, que quedar acorralado y verse obligado a aceptar una inspección a la cual no habría podido negarse. La expresidente había sido, sin mucho entusiasmo, su aliada en el plano internacional mientras gobernó a  Chile.
En la oposición, algunos grupos y personalidades se imaginaron que Michelle Bachelet se quitaría su ropaje de funcionaria internacional y se convertiría, por arte de magia, en militante de Voluntad Popular, de Primero Justicia o de cualquier otro partido opositor. Que atacaría sin piedad los abusos del gobierno. En el oficialismo, en contrapartida, la jerarquía del Psuv y del régimen a lo mejor estaban esperando que la doctora se derretiría en elogios a los logros de la revolución en materia de derechos humanos. No ocurrió ni lo uno ni lo otro. En medio de su apretada agenda encontró tiempo para reunirse con las figuras claves del régimen, con Juan Guaidó, líder de la oposición,  y diputados de la Asamblea Nacional, con organizaciones de la sociedad civil y familiares de las víctimas que han muerto o han sido torturados, que sufren porque no consiguen las medicinas requeridas o pasan hambre porque no pueden comprar alimentos. Testigos de esos encuentros destacaron el respeto y la atención con los cuales la Alta Comisionada los trató. De esos testimonios, destaco el de Susana Rafalli, una autoridad en el área alimentaria. La especialista quedó gratamente impresionada por la actitud comprensiva de Michelle Bachelet, quien, además de política exitosa, es médica pediatra.
Algunas voces, lamento que se encuentre entre ellas la  de Beatriz Becerra, la combativa e incondicional eurodiputada, se levantaron para señalar que la representante de la ONU vino a blanquear el rostro de la dictadura. Otros repiten de forma obstinada que la Alta Comisionada no debió reunirse con los torturadores, ni con el presidente de la írrita asamblea constituyente. Se horrorizan porque tuvo un guiño con Maduro, al acotar que las sanciones internacionales agravan la crisis económica y social.
Esas reacciones viscerales se comprenden en personas alejadas de la atmósfera política; pero, sorprende cuando se trata de dirigentes veteranos, quienes deberían estar conscientes de  las complejas tramas que preceden la presencia de una funcionaria de tan alta jerarquía, en un país atravesado por conflictos tan graves como Venezuela.
El contenido del comunicado final de la visita fue ecuánime. Ni adulante con el régimen opresor, ni meloso con la oposición. Se mantuvo equidistante. Ajustado a los protocolos que deben seguirse cuando lo que se busca es ayudar a resolver, o al menos atenuar, la vulneración de los derechos humanos. Bachelet designó a dos representantes que se encargarán de evitar los excesos del gobierno. La decisión representa una ganancia neta.
La visita de Bachelet no supone un triunfo de la justicia y el Estado de Derecho en el corto o mediano plazo. De hecho, el mismo día de su partida, el régimen capturó y desapareció a cuatro militares y a dos funcionarios del Cicpc. Poco tiempo después agredió a un equipo de colaboradores de Juan Guaidó. La paranoia de Maduro –justificada por la deslealtad de algunos de sus colaboradores más cercanos- lo llevará a cometer nuevas agresiones.
El régimen, que no anda pensando en que los pajaritos van a la maternidad, reivindica la venida de Bachelet como un triunfo. En realidad fue una concesión y una derrota a su política de negar que en Venezuela se violan los derechos humanos, hay crisis humanitaria y se encarcela a dirigentes políticos. El comportamiento de Michelle Bachelet fue correcto. La victoria fue de la democracia, no de la dictadura.
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