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What’s happening in Venezuela by Center for Strategic and International Studies CSIS – Noviembre 2018

Una guerra silenciada, la invasión de Cuba a Venezuela por Damaso Jímenez – El Estimulo – 19 de Octubre 2018

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Venezuela agoniza ante un parásito “paraestado” invasor. Los 22 mil funcionarios castristas denunciados por el secretario general de la OEA, Luis Almagro, es el último eslabón de una guerra silenciada que ya lleva 57 años.

Luis Almagro se atrevió a develar por fin el quid del asunto de la insoportable verdad que llevó al país a la más dura crisis y que tiene pasando hambre y viviendo en la miseria a millones de venezolanos, mientras otro tanto decidió mutar como extranjeros en el mayor movimiento migratorio sufrido por todo un país durante este siglo.

Almagro logra aclarar la existencia de un “paraestado” instaurado solo para mantener a Nicolás Maduro como fachada de un gobierno invasor, por encima de cualquier derecho constitucional de sus ciudadanos convertidos en rehénes.

La infiltración de 22 mil funcionarios de la dictadura castrocomunista en puestos estratégicos de poder para mancillar y someter a toda una nación despojada de sus normas, economía, trabajo, educación, cultura, forma de vida y modo de producción, es sin duda alguna un episodio de guerra moderna ganada por el intruso. Hasta ahora ningún país vecino ha puesto sus barbas en remojo.

¿Qué hace este ejército invasor moderno? Primero irrumpieron en los sistemas por internet y al acceso a datos privados desde las computadoras del Estado, para luego acceder a las cuentas bancarias, eliminando accesos desde fuera y amenazando con disponer incluso de los recursos de quienes tuvieron que abandonar el país.

Los funcionarios castristas tienen acceso a cualquier documento en las oficinas públicas, pueden sembrar o cambiar pruebas desde su particular justicia. Son los dueños de los pasaportes, tienen acceso al interruptor de la electricidad desde el Guri pudiendo dejar las ciudades a oscuras cuando se les antoje.

Eliminaron todo servicio médico y dejaron en la ruina a los hospitales, cancelaron todas las medicinas, son los amos de la soberanía alimentaria, se apoderaron de las fuerzas armadas que ahora son castristas y cubanas con Padrino (Vladimir, el ministro de Defensa) a la cabeza, tienen acceso a todo el armamento de guerra y cuentan para sí con los servicios de inteligencia para espiar, perseguir voces y acciones disidentes, de protesta o de resistencia de los venezolanos en su propio país, uno muy afectado y sometido como siempre lo previó Fidel Castro hace 57 años, el mayor enemigo de la República de Venezuela en 188 años, pero que nunca fue reseñado como tal en ninguna de las líneas de los libros de historia.

La guerra de Fidel formó parte de un plan implacable y maquiavélico concebido en las entrañas mismas de la maldad del castrocomunismo, los reductos soviéticos rusos, sus alianzas con el eje del terrorismo islámico y la bancada usurera china, para apoderarse de una patria hermosa, con riquezas inimaginables, habitada por ingenuos nativos que nunca fuimos educados sobre los verdaderos peligros que atentaban desde fuera y dentro del país contra la democracia y el sentido real de la Patria, con las miles de muertes que se produjeron y que fueron echadas al olvido.

Entre 1961 y 1967 miles de venezolanos murieron en defensa de la soberanía, pero se siguió conspirando gracias a una pléyade de asesinos y a la ayuda de una montonera de guerrilleros nacionales que nunca pagaron por sus crímenes, ni por los intentos de magnicidios, o la incursión de armamento para matar a los connacionales y por los ataques a la poblaciones rurales.

Un artículo del general Ángel Vivas, publicado en enero del 2011, da cuenta del rechazo de la FAN venezolana ante la invasión impuesta:

“La peor humillación al honor militar venezolano es que ahora se le rinde homenaje a Fidel Castro y a su tiranía aquí mismo, dentro de nuestro propio territorio, donde ellos derramaron la sangre de ese Ejército al que pertenezco, y a los descendientes de quienes la derramaron, a nuestros oficiales y soldados actuales, se les obliga por conducto de quienes debían evitarlo, sus generales y almirantes, a gritar el lema de nuestro enemigo, el lema creado en Cuba por el dictador Fidel Castro el 5 de marzo de 1960 ‘Patria, Socialismo o Muerte’. El mismo lema que gritaban los militares cubanos infiltrados en nuestro territorio en los años 60, cuando mataban a nuestros oficiales y soldados del Ejército de Venezuela, cuando cortaban sus genitales para colocárselos en la boca, cuando abrían con cuchillos sus gargantas para sacar por el orificio sus lenguas a la modalidad de corbata o cuando asesinaban a nuestros campesinos para infundir miedo y obligarlos a no denunciarlos”.

Fueron derrotados militarmente en Machurucuto en 1967 por los temidos “Cazadores” de ese insigne Ejército venezolano de principios de la democracia.

Los traidores venezolanos que ahora gobiernan se sumaron a una pacificación propuesta por Caldera en su primer gobierno que solo sirvió como estrategia para inocular el castrismo soviético al Estado desde el propio Ejército, con la infiltración de Hugo Chávez y otros árboles torcidos que fueron sembrados en complicidad para hacer vida desde 1971, primer gobierno de Caldera, en la Academia Militar de Venezuela.

Castro también fue el peor error cometido por CAP en la toma de posesión de 1989 en su segundo gobierno. Lo trajo como “payaso” de una extensa “coronación” para hacer las veces del divo de la prensa que lo acompañaría entonces, pero no contó con que entre su gruesa comitiva de invitados fueron colocados espías infiltrados en los principales barrios de la capital para llevar a cabo el para nada espontáneo “Caracazo” del 27 y 28 de febrero de ese año, poco menos de un mes después de esa asunción al poder.

Nadie duda que las dos asonadas de 1992 contra la democracia venezolana llevaron la firma del maligno comandante, gracias a la ambición de colaboradores políticos, empresarios, dueños de medios de comunicación y oficiales que se las jugaron todas como oportunistas en su afán de obtener mayor riqueza y poder, que fue lo que les prometió el mefístoles de la guerra a muerte contra la República de Venezuela.

Con Chávez en el poder, el sistema castrista se apoderó de Venezuela como una fuerza invasora que logró entorpecer la cotidianidad de los venezolanos desde sus propias oficinas públicas, espiando todos sus movimientos, estudiando la conducta bonachona, parrillera, amante del bonche, el puente, el fin de semana cervecero y la escapada permitida cortesía del cupo Cadivi, que mantuvo distraído a una clase media y popular con anormal fanatismo por un gobierno con fachada regalona, que como caballo de Troya preparó el golpe de timón y la peor traición contra una nación libre y soberana.

Ninguna nación del mundo permitiría una felonía tan flagrante de gobierno alguno. Sería un autogol, un acto de suicidio colectivo, una enorme estafa piramidal en complicidad con los estafados, pero Castro y Chávez lo ejecutaron a la vista de todos, promocionado incluso a cielo abierto a través de las misiones y el incomparable programa dominical “Aló Presidente”. La historia no absolverá a Hugo Chávez, figura irrefutable del acto de entrega de la Patria a estos “ Piratas del Caribe”.

Aún los venezolanos no hemos salido del estupor, pero tampoco hemos entendido lo que está ocurriendo. Acostumbrados a una economía subsidiada por el petróleo y una gasolina anclada a nimios céntimos, no hay nada que explique el por qué de tanta maldad y menos comprender que el país ha sido atacado infinidad de veces por el eje comunista liderado por los Castro.

Muerto Castro y Chávez, les sobrevive el poderoso sistema. Ahora con Maduro y los intocables 22 mil funcionarios en el poder el sistema convirtió una de las principales industrias petroleras del mundo no solo en chatarra para la expansión del castrismo en el resto de América Latina, sino en frontis operativo para los negocios del narcotráfico y el lavado y la utilización exclusiva de sus nimios recursos para los intereses de la cúpula terrorista.

Los venezolanos pasan actualmente por la peor crisis alimentaria inimaginable de toda su historia, con una economía destruida y una población desesperada, convertida en esclavos de un trabajo que jamás pagará ni la mitad de una cesta de alimentos básicos, o prisioneros de guerra del G2 cubano en los calabozos del SEBIN.

Un país más débil apoderándose de otro más grande y con mayores recursos a través del psicotrópico populismo ideológico.

Actualmente el muy repelido sistema castrista se mantiene en el poder gracias a la represión y a los recursos cuantiosos de los negocios oscuros que forman parte de la agenda secreta.

Sin fuerzas y rotos, los venezolanos lo han intentado casi todo para salir de esta guerra invasora y violenta de forma pacífica: marchas, contramarchas, protestas, tomas de calles, votación masiva, diálogo. Han caído en engaños, en trampas, han sido asesinados, convertidos en presos políticos, perseguidos, expropiados, despojados de sus bienes, secuestrados, expulsados, pero no han perdido la esperanza de retomar el destino.

Algunos sueñan incluso con una fuerza poderosa que les permita sacar a los usurpadores por las buenas o por las malas. Pocos lo han entendido.

Una guerra silenciada por Dámaso Jiménez – La Patilla – 19 de Octubre 2018


Venezuela agoniza ante un parásito “paraestado” invasor. Los 22 mil funcionarios castristas denunciados por el secretario general de la OEA, Luis Almagro,  es el último eslabón de una guerra silenciada que ya lleva 57 años.

Luis Almagro se atrevió a develar por fin el quid del asunto de la insoportable verdad que llevó al país a la más dura crisis y que tiene pasando hambre y viviendo en la miseria a millones de venezolanos, mientras otro tanto decidió mutar como extranjeros en el mayor movimiento migratorio sufrido por todo un país durante este siglo.

Almagro logra aclarar la existencia de un “paraestado” instaurado solo para mantener a Nicolás Maduro como fachada de un gobierno invasor, por encima de cualquier derecho constitucional de sus ciudadanos convertidos en rehénes.

La infiltración de 22 mil funcionarios de la dictadura castrocomunista en puestos estratégicos de poder para mancillar y someter a toda una nación despojada de sus normas, economía, trabajo, educación, cultura, forma de vida y modo de producción, es sin duda alguna un episodio de guerra moderna ganada por el intruso. Hasta ahora ningún país vecino ha puesto sus barbas en remojo.

¿Qué hace este ejército invasor moderno?  Primero irrumpieron en los sistemas por internet y al acceso a datos privados desde las computadoras del Estado, para luego acceder a las cuentas bancarias, eliminando accesos desde fuera y amenazando con disponer incluso de los recursos de quienes tuvieron que abandonar el país. Los funcionarios castristas tienen acceso a cualquier documento en las oficinas públicas,  pueden sembrar o cambiar pruebas desde su particular justicia. Son los dueños de los pasaportes, tienen acceso al interruptor de la electricidad desde el Guri pudiendo dejar las ciudades a oscuras cuando se les antoje.  Eliminaron todo servicio médico y dejaron en la ruina a los hospitales, cancelaron todas las medicinas, son los amos de la soberanía alimentaria, se apoderaron de las fuerzas armadas que ahora son castristas y cubanas con Padrino a la cabeza, tienen acceso a todo el armamento de guerra y cuentan para sí con los servicios de inteligencia para espiar, perseguir voces y acciones disidentes, de protesta o de resistencia de los venezolanos en su propio país, uno muy afectado y sometido como siempre lo previó Fidel Castro hace 57 años, el mayor enemigo de la República de Venezuela en 188 años, pero que nunca fue reseñado como tal en ninguna de las líneas de los libros de historia.

La guerra de Fidel formó parte de un plan implacable y maquiavélico concebido en las entrañas mismas de la maldad del castrocomunismo, los reductos soviéticos rusos, sus alianzas con el eje del terrorismo islámico y la bancada usurera china, para apoderarse de una patria hermosa, con riquezas inimaginables, habitada por ingenuos nativos que nunca fuimos educados sobre los verdaderos peligros que atentaban desde fuera y dentro del país contra la democracia y el sentido real de la Patria, con las miles de muertes que se produjeron y que fueron echadas al olvido.

Entre 1961 y 1967 miles de venezolanos murieron en defensa de la soberanía, pero se siguió conspirando gracias a una pléyade de asesinos y la ayuda de una montonera de guerrilleros nacionales que nunca pagaron por sus crímenes, ni por los intentos de magnicidios, o la incursión de armamento para matar a los connacionales y por los ataques a la poblaciones rurales.

Un artículo del general Ángel Vivas publicado en enero del 2011 da cuenta del rechazo de la FAN venezolana ante la invasión impuesta: “La peor humillación al honor militar venezolano es que ahora se le rinde homenaje a Fidel Castro y a su tiranía aquí mismo, dentro de nuestro propio territorio, donde ellos derramaron la sangre de ese Ejército al que pertenezco, y a los descendientes de quienes la derramaron, a nuestros oficiales y soldados actuales, se les obliga por conducto de quienes debían evitarlo, sus generales y almirantes, a gritar el lema de nuestro enemigo, el lema creado en Cuba por el dictador Fidel Castro el 5 de marzo de 1960 “Patria, Socialismo o Muerte el mismo lema que gritaban los militares cubanos infiltrados en nuestro territorio en los años 60, cuando mataban a nuestros oficiales y soldados del Ejército de Venezuela, cuando cortaban sus genitales para colocárselos en la boca, cuando abrían con cuchillos sus gargantas para sacar por el orificio sus lenguas a la modalidad de corbata o cuando asesinaban a nuestros campesinos para infundir miedo y obligarlos a no denunciarlos”.

Fueron derrotados militarmente en Machurucuto en 1967 por los temidos “Cazadores” de ese insigne Ejército venezolano de principios de la democracia.

Los traidores venezolanos que ahora gobiernan se sumaron a una pacificación propuesta por Caldera en su primer gobierno que solo sirvió como estrategia para inocular el castrismo soviético al Estado desde el propio Ejército, con la infiltración de Hugo Chávez y otros árboles torcidos que fueron sembrados en complicidad para hacer vida desde 1971, primer gobierno de Caldera, en la Academia Militar de Venezuela.

Castro también fue el peor error cometido por CAP en la toma de posesión de 1989 en su segundo gobierno. Lo trajo como “payaso” de una extensa “coronación” para hacer las veces del divo de la prensa que lo acompañaría entonces, pero no contó con que entre su gruesa comitiva de invitados fueron colocados espías infiltrados en los principales barrios de la capital para llevar a cabo el para nada espontáneo “Caracazo” del 27 y 28 de febrero de ese año, poco menos de un mes después de esa asunción al poder.

Nadie duda que las dos asonadas de 1992 contra la democracia venezolana llevaron la firma del maligno comandante, gracias a la ambición de colaboradores políticos, empresarios, dueños de medios de comunicación y oficiales que se las jugaron todas como oportunistas en su afán de obtener mayor riqueza y poder, que fue lo que les prometió el mefístoles de la guerra a muerte contra la República de Venezuela.

Con Chávez en el poder el sistema castrista se apoderó de Venezuela como una fuerza invasora que logró entorpecer la cotidianidad de los venezolanos desde sus propias oficinas públicas, espiando todos sus movimientos, estudiando la conducta bonachona, parrillera, amante del bonche, el puente, el fin de semana cervecero y la escapada permitida cortesía del cupo cadivi, que mantuvo distraído a una clase media y popular con anormal fanatismo por un gobierno con fachada regalona, que como caballo de troya preparó el golpe de timón y la peor traición contra una nación libre y soberana.

Ninguna nación del mundo permitiría una felonía tan flagrante de gobierno alguno. Sería un autogol, un acto de suicidio colectivo, una enorme estafa piramidal en complicidad con los estafados, pero Castro y Chávez lo ejecutaron a la vista de todos, promocionado incluso a cielo abierto a través de las misiones y el incomparable programa dominical “Aló Presidente”.  La historia no absolverá a Hugo Chávez, figura irrefutable del acto de entrega de la Patria a estos “ Piratas del Caribe”.

Aún los venezolanos no hemos salido del estupor pero tampoco hemos entendido lo que está ocurriendo. Acostumbrados a una economía subsidiada por el petróleo y una gasolina anclada a nimios céntimos, no hay nada que explique el por qué de tanta maldad y menos comprender que el país ha sido atacado infinidad de veces por el eje comunista liderado por los Castro.

Muerto Castro y Chávez le sobrevive el poderoso sistema. Ahora con Maduro y los intocables 22 mil funcionarios en el poder el sistema convirtió una de las principales industrias petroleras del mundo no solo en chatarra para la expansión del castrismo en el resto de América Latina, sino en frontis operativo para los negocios del narcotráfico y el lavado y la utilización exclusiva de sus nimios recursos para los intereses de la cúpula terrorista.

Los venezolanos pasan actualmente por la peor crisis alimentaria inimaginable de toda su historia, con una economía destruida y una población desesperada, convertida en esclavos de un trabajo que jamás pagará ni la mitad de una cesta de alimentos básicos, o prisioneros de guerra del G2 cubano en los calabozos del SEBIN.

Un país más débil apoderándose de otro más grande y con mayores recursos a través del psicotrópico populismo ideológico.  Actualmente el muy repelido sistema castrista se mantiene en el poder gracias a la represión y a los recursos cuantiosos de los negocios oscuros que forman parte de la agenda secreta.

Sin fuerzas y rotos, los venezolanos lo han intentado casi todo para salir de esta guerra invasora y violenta de forma pacífica: Marchas, contramarchas, protestas, tomas de calles, votación masiva, diálogo. Han caído en engaños, en trampas, han sido asesinados, convertidos en presos políticos, perseguidos, expropiados, despojados de sus bienes, secuestrados, expulsados, pero no han perdido la esperanza de retomar el destino.

Algunos sueñan incluso con una fuerza poderosa que les permita sacar a los usurpadores por las buenas o por las malas. Pocos lo han entendido.

Dos príncipes por Arcadi Espada – El Mundo – 4 de Octubre 2018

Sánchez y Zapatero en un acto reciente.

Sánchez y Zapatero en un acto reciente. JAVIER BARBANCHO

Hay dos imágenes recientes que tienen como protagonista al ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero y como víctima a España. En la primera, solo en apariencia anecdótica, Delcy Rodríguez, la vicepresidenta del tiránico Gobierno venezolano, se despide de él así: -Chao, mi príncipe. Y él le contesta: -Cuídate. Mi príncipe forma parte de la amabilidad venezolana coloquial. Es verdad que no está a la altura íntima de Mi rey, que, además, habría provocado la radical denuncia de las metómanas. Pero la familiaridad es francamente repulsiva, por ser Rodríguez quien es.

En la segunda, durante una entrevista con una cadena televisiva, en Washington, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, declaró: “El señor Zapatero… Mi consejo, es un consejo nada más: ‘Que no sea imbécil’ (…) Defender una dictadura como hace él, eso sí que es ser un político perimido, arcaico y anacrónico”. El insulto de Almagro, una alta autoridad política americana, provocó la protesta del Ministerio de Asuntos Exteriores español. Y la protesta reforzó el insólito blindaje que reciben en España las actividades venezolanas de Zapatero. El patriotismo español es perfectamente descriptible; pero ni siquiera un nivel de afecto comparable al que reciben los padres de la patria ingleses o franceses sería capaz de pasar por alto la perturbadora evidencia: Zapatero se ha convertido en el principal aliado de la tiranía.

La protesta de Borrell sirvió también, paradójicamente, para subrayar la desaparición del Gobierno español de la dramática escena venezolana. Tal vez coartado por la propia actividad de Zapatero, el Gobierno ha visto recientemente cómo hasta Francia, Macron mediante, le arrebataba protagonismo moral al liderar desde Europa y junto a lo mejor de América la petición de que la Corte Penal Internacional investigue los crímenes de lesa humanidad en Venezuela. Pero ni siquiera desaparición es el término que corresponde. Influido sin duda por la evidencia de que buena parte de la mayoría parlamentaria que sostiene al Gobierno es aliada de Maduro -no solo la Podemia y Bildu: Maduro es el único jefe de Estado que apoyó el Proceso independentista-, el presidente Pedro Sánchez ha anunciado su intención de visitar Cuba. Visitar Cuba es siempre una indignidad. Ahora supone, además, patear la funesta suerte de los miles y miles de venezolanos que mueren, huyen y sufren a causa de la tiranía. Localmente hablando, abre, por último, el presagio de las cotas de abyección a que podrá llegar Doctor Sánchez en la hora, por otra parte felicísima, de que sea nombrado ex presidente del Gobierno de España.

Informe Estado de Derecho y Derechos Humanos en Venezuela – CIDH/OEA – Diciembre 2017

COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS

Institucionalidad democrática, Estado de derecho y derechos humanos en Venezuela

INFORME DE PAÍS

Para leer el Informe completo abrir el siguiente enlace:

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España protesta ante la OEA por los insultos a Zapatero en la crisis de Venezuela por Amanda Mars – El País – 24 de Septiembre 2018

El secretario general de la organización americana, Luis Almagro, acusó al expresidente socialista de “máximo grado de imbecilidad”

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, el 13 de septiembre en Colombia. En vídeo, declaraciones de Josep Borrell, ministro español de Exteriores.RICARDO MALDONADO ROZO (EFE) / VÍDEO: EFE

El Gobierno español ha presentado este lunes una protesta formal ante la Organización de Estados Americanos (OEA) por los insultos que su secretario general, Luis Almagro, profirió contra el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero al hilo de la crisis venezolana, un campo de minas para la diplomacia en el que el político socialista ha asumido un papel de mediación. El Ejecutivo de Pedro Sánchez ha expresado su “enérgico rechazo” a las declaraciones realizadas por Almagro y lo exhorta a “poner fin a esta innecesaria y perturbadora situación que empaña la dignidad del cargo que ostenta”. “Las palabras utilizadas por Luis Almagro van mucho más allá de lo que podría justificarse por una diferencia de opiniones sobre cuestiones políticas, además de utilizar un lenguaje absolutamente inapropiado y realizar insinuaciones intolerables”, añade la queja del Ejecutivo español.

Almagro arremetió contra Zapatero hace dos días por las críticas que el expresidente español le había hecho sobre una hipotética intervención militar para derrocar el régimen de Nicolás Maduro. El secretario general de la OEA señaló en Colombia respecto a una intervención armada que no se debía descartar “ninguna opción”, declaración que luego consideró malinterpretada y rectificó, resaltando que la organización había aclarado muchas veces su rechazo a cualquier maniobra ilegal.

Zapatero lo criticó con dureza: “Resulta insólito que alguien que dirige un organismo internacional desconozca las reglas básicas de la Carta de las Naciones Unidas y de la legislación que regula el uso de la fuerza, que solo puede ser autorizado por el Consejo Seguridad de la ONU en una serie de supuestos”, dijo, y eso sacó de quicio a Almagro.

“¿Usted sabe que estoy midiendo grados de imbecilidad? Que tiene que ver con cuántas aclaraciones necesita la gente para entender lo que se dice. Definitivamente, el señor Zapatero está en el grado más alto de imbecilidad actualmente. Ha necesitado siete explicaciones para entender. Y vamos a ver si luego de esta lo entiende”, dijo, y le acusó de “defender” a la “dictadura venezolana”, . “Lo único que vemos del señor Zapatero son favores” al régimen de Maduro, añadió, en una entrevista con la cadena de televisión NTN24.

Borrell resaltó en varias ocasiones que la tarea de mediación asumida por el presidente Zapatero “la hace estrictamente a título personal y movido por su buena voluntad, siguiendo sus propios criterios”. El Gobierno, insistió, “no le ha encargado nada”, pero tampoco puede asistir “tranquilamente” a los “gravísimos insultos” recibidos por el alto cargo de la OEA.

La mediación de Zapatero en Venezuela ha levantado ampollas en varias ocasiones. La última, hace unos días, cuando durante un foro celebrado en Brasil, el expresidente vinculó el éxodo venezolano con las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos al régimen de Nicolás Maduro. “Como siempre ocurre con las sanciones económicas que producen un bloqueo financiero, quien, en definitiva, en última instancia, lo paga, no es el Gobierno, sino los ciudadanos, es el pueblo. Esto debería dar lugar a una cierta reflexión”, dijo en una entrevista a la agencia Efe. Borrell evitó pronunciarse este domingo sobre esa opinión, aunque apuntó que, cuando dos millones de personas abandonan un país, “es porque se encuentran en una situación límite que les obliga a hacerlo”.

Las democracias no saben qué hacer con el gobierno de Nicolás Maduro por Pedro Benitez – Al navio – 21 de Septiembre 2018

Ni política, ni estrategia. Las democracias más importantes del continente americano han condenado la deriva dictatorial de Nicolás Maduro. Han desconocido la instalación de su Asamblea Nacional Constituyente y su reelección del 20 de mayo pasado. Pero no han podido evitar que siga en el poder. Están ante el mismo dilema que por años ha tenido la oposición venezolana al chavismo: ¿Cómo enfrentar pacíficamente a un régimen que está dispuesto a permanecer en el poder a cualquier precio?
El Grupo de Lima rechazó las declaraciones de Luis Almagro / Foto: Cancillería de Perú
El Grupo de Lima rechazó las declaraciones de Luis Almagro / Foto: Cancillería de Perú

Luis Almagro, secretario seneral de la Organización de Estados Americanos (OEA), primero deja abierta la opción de una intervención militar para desalojar a Nicolás Maduro del poder y poco después se desdice. Francisco Santos, embajador de Colombia en Washington y exvicepresidente del gobierno de Álvaro Uribe, afirma que en el caso de Venezuela “todas las opciones deben estar sobre la mesa”. El presidente de ese país, Iván Duque, confirma el rechazo a la opción militar adelantado en declaraciones exclusivas a ALnavío.

Eso pese a que pocos días antes Colombia (junto con Canadá y Guyana) no suscribiera la más reciente declaración del Grupo de Lima donde negaba la posibilidad de alguna intervención armada en Venezuela. En cambio, los representantes de los gobiernos de Chile y Argentina, presididos por Sebastián Piñera y Mauricio Macri respectivamente, duros críticos del régimen de Nicolás Maduro, sí lo hicieron. Curiosamente el de Panamá retiró su firma de esa declaración.

El Grupo de Lima, creado para hacer seguimiento y buscar salidas a la crisis venezolana, no ha logrado concretar una política que vaya más allá de las declaraciones

Por su lado el gobierno de Michel Temer, en Brasil, otro abierto crítico del gobierno de Caracas, que ya había asomado la posibilidad de militarizar la frontera con Venezuela, envía al ministro de la Defensa, Joaquín Silva, a reunirse con su par venezolano, Vladimir Padrino López. Además, la gobernadora del estado de Roraima (fronterizo con Venezuela), Suely Campos (del mismo partido político de Temer), se reúne con Maduro en el Palacio de Miraflores para tratar sobre el flujo migratorio de venezolanos y el contrato de suministro eléctrico de Venezuela.

¿Qué nos indica todo esto? Que las democracias de América no saben qué hacer con el régimen de Nicolás Maduro.

El Grupo de Lima, instancia creada en agosto de 2017 por 17 países del continente (incluidos los citados arriba) para hacer seguimiento y buscar salidas a la crisis venezolana, no ha logrado concretar una política que vaya más allá de las declaraciones.

Sanciones comerciales implicarían agravar la ola migratoria de venezolanos. Retiro de embajadores sería aislar más a un gobierno que puede aprovechar eso para radicalizarse. La opción militar es impensable para los gobiernos latinoamericanos. Aceptar la normalización de una nueva dictadura en América es sentar un precedente nefasto y peligroso para el resto del siglo XXI.

En resumen, ante un Nicolás Maduro que no se comporta como un jefe de Estado convencional todas las opciones parecen ser malas. Impone cosas dentro de Venezuela que ninguno de sus homólogos latinoamericanos soñaría hacer en sus respectivos países.
Iván Duque descartó la intervención militar en Venezuela / Foto: Presidencia Colombia

Esa es la razón por la cual todos envían mensajes distintos y contradictorios, como el caso de Colombia, afectada directamente por la crisis venezolana.

¿Qué hacer? Una pregunta sin respuesta

Lo cierto es que las democracias de América empiezan el proceso de aprendizaje por el cual ha pasado la oposición venezolana. ¿Cómo actuar en el marco del Estado de derecho con un régimen que no respeta el Estado de derecho?

De cara a la elección presidencial de 2006, que terminaría siendo la tercera victoria en fila del expresidente Hugo Chávez, un sector de la oposición se propuso emprender la ruta electoral para intentar derrotarlo. Con el predecesor de Maduro en la cumbre de su poder aquello lucía como una tarea casi imposible.

Pero en menos de un año los opositores consiguieron un triunfo electoral increíble al derrotar la propuesta de enmienda electoral del año 2007. Sin embargo, poco después se presentó el primer inconveniente de esa estrategia cuando por medio del control que ejercía en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), la Asamblea Nacional (AN) y el Consejo Nacional Electoral (CNE), Chávez desconoció el mandato de la consulta e impuso su voluntad.

La opción militar es impensable para los gobiernos latinoamericanos. Aceptar la normalización de una nueva dictadura en América es sentar un precedente nefasto

Desde entonces ha sido una constante. Cada triunfo electoral opositor ha sido desconocido por medio de argucias legales respaldadas en última instancia por el crudo y desnudo poder de la fuerza.

En abril de 2013, en ocasión del estrecho y cuestionado resultado electoral donde oficialmente Maduro se impuso al candidato de la coalición opositora Henrique Capriles, este impugnó ante las instancias correspondientes la elección.

Esta impugnación fue rápidamente desestimada. Aunque desconoció el proceso, Capriles se negó a usar las movilizaciones de calle como mecanismo de presión política.

Con todos los medios de coacción (formales e informales) en manos del oficialismo, la oposición venezolana no ha podido hacer respetar la democracia. Hoy, ante las arbitrariedades y la deriva dictatorial de Maduro, la comunidad democrática internacional tampoco.

Esto incluye a la Administración de Donald Trump. Su “política” hacia la crisis venezolana no parece ser muy distinta a la asumida por su antecesor Barack Obama en sus casi ocho años en la Casa Blanca: esperar que el régimen chavista se cocine en su propia salsa.Trump deshizo la estrategia de Obama sin reemplazarla por otra / Foto: Casa Blanca

Sin embargo, eso que más que una política era una actitud, tuvo un inesperado giro cuando Obama vio la oportunidad de negociar con Raúl Castro a partir de junio de 2013 de manera secreta.

Todos los caminos pasan por La Habana

Para Obama, Cuba, Venezuela y el proceso de paz en Colombia con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) eran tres aristas del mismo problema. Es probable que tuviera razón.

Al desmovilizar militarmente a las FARC se anulaba a un aliado del régimen chavista. Un aliado que -hoy lo sabemos- Chávez venía apoyado subrepticiamente desde que llegó al poder en 1999 con la deliberada intención de socavar la democracia colombiana.

Que las FARC dejaran las armas pasaba por La Habana. El Gobierno demócrata de Estados Unidos sabía eso y esa fue la razón por la cual apoyó ese proceso de paz.

La “política” de Trump hacia la crisis venezolana no parece ser muy distinta a la asumida por su antecesor Barack Obama: esperar que el régimen chavista se cocine en su propia salsa

Por otra parte, al empezar a negociar formal y abiertamente con los cubanos desde diciembre de 2014 Obama le ofrecía al régimen castrista la zanahoria de eventualmente normalizar las relaciones comerciales, lo que le permitía pensar seriamente en prescindir del vital, aunque volátil, subsidio de petróleo venezolano. Cuba ya había pasado por eso en 1991, cuando se le esfumó el apoyo de la URSS, mucho más poderosa que Venezuela.

De modo que con la mira puesta en la inevitable transición política generacional dentro de la isla para Raúl Castro esto le caía como anillo al dedo.

El resultado de ese proceso no era otro que el de dejar sin aliados internacionales a Maduro. A partir de 2015 (en su último año como presidente) Obama comenzó la política de aplicar sanciones personales contra ciertos jerarcas chavistas claves.

Un trato para los hermanos Castro y otro muy distinto a los herederos de Hugo Chávez. Esa era la estrategia que Obama fue construyendo muy al final de su mandato hacia Maduro. Dejarlo sin la reina, afiles y caballos.

Por coincidencia una serie de gobiernos aliados del chavismo fueron reemplazos en el mismo periodo en SuraméricaArgentina, Brasil y Ecuador cambiaron de bando. En Chile y Perú subieron al poder duros críticos del chavismo.A Cuba no le queda otra opción que aferrarse a Maduro / Foto: Cancillería Cuba

A Cuba no le queda otra opción que aferrarse a Maduro / Foto: Cancillería Cuba

No obstante, todo esto cambió inesperadamente con la victoria de Donald Trump en noviembre de 2016. El controversial presidente republicano ha sido mucho más duro en su retórica contra Maduro que Obama. Ha sido el primer jefe de Estado en advertir públicamente que en la crisis venezolana todas las opciones estaban abiertas, incluyendo la militar. Ha aplicado más sanciones que su antecesor en el cargo. Pero no ha pasado de allí.

Ni siquiera ha dado (seguramente por razones internas) el drástico paso de suspender la compra de petróleo venezolano. Ni siquiera ha promovido un embargo internacional de armas. Además, ha dejado en los demás países americanos el protagonismo de la presión diplomática sobre Caracas. En resumen, Trump deshizo la estrategia de Obama sin reemplazarla por otra. Hasta ahora.

Por su parte, sin posibilidades a la vista de que se suavice el embargo comercial de EEUU, a Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel no les queda otra opción que aferrarse a Maduro. Harán todo lo que esté en sus manos para que no caiga. Ellos sí tienen una estrategia clara.

Lo que nos recuerda que si de diálogos o negociaciones se trata en el caso del régimen de Maduro todos los caminos pasan primero por La Habana.

Carta abierta al Grupo de Lima: “No deben darle más campo de acción a la tiranía venezolana” – La Protesta Militar – 19 de Septiembre 2018

La plataforma “Venezuela Somos Todos” emitió este domingo una carta abierta dirigida al Grupo de Lima luego de que 11 de los 13 países rechazaran las declaraciones del secretario general de la OEA, Luis Almagro.

A continuación el texto íntegro:
Estimados amigos del Grupo de Lima:
Respecto al último comunicado conjunto publicado por ustedes el día de ayer, firmado por los -gobiernos de Argentina, Brasil, Costa Rica, Chile, Guatemala, Honduras, México, Paraguay, Perú y Santa Lucía, con la abstención de los gobiernos de Canadá, Colombia, Panamá y Guyana, es pertinente expresar nuestro respaldo a las declaraciones del S.G. de la OEA, Luis Almagro, en su visita a Colombia esta semana.
Vemos con gran preocupación, que en el texto expresan su rechazo a cualquier acción o declaración que implique alguna intervención militar o ejercicio de la violencia, la amenaza o el uso de la fuerza en Venezuela. Además, abogan por una “salida pacífica y negociada” para restaurar la democracia y dicen que “instan al régimen venezolano a poner fin a las violaciones a los DDHH, a liberar a los presos políticos, respetar la autonomía de poderes y asumir su responsabilidad por la grave crisis que hoy vive Venezuela”.
La Tiranía de Nicolás Maduro, no ve ni acepta que ha cometido ningún crimen o delito y tampoco acepta que Venezuela vive la más grave Crisis Humanitaria que se haya vivido en el hemisferio en décadas. La violencia, a la que ustedes se refieren, es ejercida desde el poder, en contra del pueblo venezolano. Por eso hoy, la Corte Penal Internacional, ha abierto Examen Preliminar a Venezuela. Durante 3 años, los diálogos dirigidos por entre otros, algunos de los países que conforman el grupo de Lima, ha desencadenado, no solo que el régimen se burle de la Comunidad Internacional, con el oxígeno que le han brindado y donde se mueve a sus anchas, con la complicidad, entre otros, del ex Presidente Español Rodríguez Zapatero, sino que ha acentuado la represión, la persecución, la crisis humanitaria y los Crímenes de Lesa Humanidad y Ustedes lo saben.
El Comunicado insta al “régimen” venezolano a poner fin a las violaciones de DDHH, a liberar a los presos políticos, a respetar la autonomía de los poderes del Estado y a que asuma su responsabilidad por la crisis. Estimados amigos del Grupo de Lima, la Tiranía que ostenta el poder en Venezuela, no solo comete violaciones masivas de DDHH, sino que comete Crímenes de Lesa Humanidad, como la Detención Arbitraria, la Desaparición Forzada, la Tortura y la Violencia Sexual, además, de no proveer ni garantizar en lo más mínimo, los derechos fundamentales de los venezolanos, como el derecho a la vida, a la integridad física, a la alimentación y salud, entre otros.
Venezuela es hoy, un Estado Forajido, cuyo significado en la nomenclatura internacional es “aquel Estado nacional cuyas autoridades tienen un comportamiento contrario o al margen de la Comunidad Internacional, incumpliendo los convenios internacionales válidamente suscritos y vigentes y descartando las decisiones tomadas por los organismos internacionales encargados de garantizar la paz y el orden mundial.
No se puede “instar” a una Tiranía que permite que cientos de venezolanos mueran semanalmente por hambre y sin medicinas, que reprime cualquier manifestación de seres que parecen zombis, clamando por comida, por sus tratamientos médicos, por justicia, por la “aparición de sus seres queridos”, por transporte, por luz y agua, y que provoca que más de 2.3 millones de habitantes huyan por sus fronteras, para sobrevivir, dejando su vida y al resto de su familia atrás.
Nos permitimos recordarles, que, en la Cumbre Mundial del 2005 de Naciones Unidas, se aprobó el concepto de “responsabilidad de proteger”, que dice textualmente: “la responsabilidad que tienen los Estados de proteger a su población del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los Crímenes de Lesa Humanidad. Esa responsabilidad conlleva a la prevención de dichos crímenes, incluida la incitación a su comisión, mediante las medidas apropiadas y necesarias”. Aceptamos esa responsabilidad y convenimos en obrar en consecuencia. La comunidad internacional debe, según proceda, alentar y ayudar a los Estados a ejercer esa responsabilidad y ayudar a las Naciones Unidas a establecer una capacidad de alerta temprana.
Así pues, la responsabilidad de proteger obliga a la Comunidad Internacional a evitar o impedir que estos crímenes sucedan, cuando el propio Estado, no puede o no quiere hacer nada por evitarlo. Es evidente, que la Tiranía, no solo no puede – porque ha quebrado su economía, y sigue liquidando sus recursos actuales con pagos a futuro – sino que no quiere, porque ha rechazado cualquier ayuda seria que desde distintos gobiernos y organismos internacionales se han ofrecido. Prefieren que los venezolanos mueran, se consuman, se empobrezcan, huyan masivamente y el que se atreva a denunciarlo, va preso.
La emergencia que vive el pueblo venezolano, dentro de sus fronteras, no aguanta más diálogos infructuosos que le den tiempo al Tirano de terminar de controlar a los venezolanos a través del miedo y la represión, sometiéndolos con técnicas utilizadas en las peores historias mundiales, como el llamado “Plan Hambre” implementado por los Nazis en la Unión Soviética, con la diferencia de que el “enemigo” es el propio pueblo venezolano, y en técnicas de represión y tortura que igualan a las cometidas por Stalin y Hitler y el Castro-comunismo.
Por todo esto, estimados señores, hacemos un llamado URGENTE como venezolanos, agradeciéndole sus esfuerzos derivados en su constitución como grupo, a no darle más campo de acción a la Tiranía venezolana y su diplomacia cómplice. Vemos con preocupación, que, desde Lima, precisamente donde se conformó el Grupo, se emita un comunicado desde su cancillería, donde por cierto trabaja hoy, quien fuera durante años, el jefe de gabinete de José Miguel Insulza, cuando era S.G. de la OEA, personaje que mantuvo durante su gestión, la inercia y silencio cómplice de dicho Organismo, sobre lo que sucedía en Venezuela y el desmantelamiento del Estado de Derecho desde el poder. Estamos seguros de que, si hubiera habido una acción temprana por parte de esa Organización durante dicha gestión, los venezolanos no estuvieran hoy sufriendo las consecuencias de un régimen Criminal.
Equipo fundador:
Norteamérica:
Fernando Rendón Pérez
Emilia Hung
Farida Acevedo Castro
Suramérica:
Ernesto Tinoco
Azabache (Gladys Chirinos)
Europa:
Mercedes Vásquez Antonioni
Máximo Díaz-Estebanez
Alberto Pérez Levy
Centroamérica y el Caribe:
Víctor Quintero Olivero
Asesora jurídica y DDHH:
Tamara Sujú Roa
Asesora instituciones europeas:
Patricia Betancourt
(Siguen 44 firmas más)

Intervención militar o disuasión fuerte por Luis Manuel Aguana – TIC’s y Derechos Humanos – 18 de Septiembre 2018

Caricatura LMA 1990 - Con NombreEl mensaje del Secretario General de la OEA fue muy claro: “Dije muy claramente que siempre debemos agotar el camino de las acciones diplomáticas y que debemos dejar todas las opciones abiertas, que no debe descartarse ninguna opción. A partir de ahí, algunas interpretaciones maniqueístas buscaron cambiar el eje de la discusión. El desarrollo fue que hablábamos de ataque militar de violencia, que éramos favorables a la agresión armada. No es cierto…” (ver Mensaje de Luis Almagro sobre visita a Zona de Frontera Colombia-Venezuela, enhttps://twitter.com/Almagro_OEA2015/status/1041421553513058304). Sin embargo las declaraciones de Almagro en Colombia fueron interpretadas como que el Secretario General de la OEA estaba a favor de un ataque militar, e inmediatamente saltaron los Cancilleres del Grupo de Lima rechazando una intervención militar en Venezuela (ver El Grupo de Lima rechaza cualquier intervención militar en Venezuela

https://elpais.com/internacional/2018/09/16/america/1537061395_976072.html).

Pero lo que me llamó más la atención fue la fuerte reacción de toda la opinión pública en contra de la Declaración del Grupo de Lima, lo cual refleja ciertamente el curso de la corriente que en este momento esta prevaleciendo en relación a la manera en cómo debe resolverse la crisis venezolana. Y esto amerita un examen un poco más detenido, dado a que está tomando cada vez más cuerpo la necesidad de explorar la expresión “todas las opciones”, habida cuenta que ya los Cancilleres del Grupo de Lima expresaron la posición de sus países en relación a no intervenir militarmente en Venezuela.

Y “todas las opciones” no necesariamente implican solo la opción militar, aunque esa pueda ser también estudiada por esos países. La gente en Venezuela se encuentra muy, pero muy desesperada. Sin poder comprar un mínimo de alimentos por una escandalosa hiperinflación, sin medicinas, sin atención médica, sin agua, sin electricidad, sin servicios públicos básicos porque todos han colapsado, cualquier ser humano que viva en Venezuela que no lo pueda sostener, o se va o se muere. Así de simple están las cosas. Y cada vez es mayor la cifra de quienes no lo pueden sostener. De allí el éxodo en masa para los países vecinos.

¿Y cómo se detiene eso? Yendo a las causas: derrocando la dictadura comunista de Maduro. ¿Pero es así de simple? ¿Metemos a los militares multinacionales desde afuera y ya? Aun cuando la corriente de opinión apunte a una intervención militar con fines humanitarios, el resultado de esa decisión puede ser aun peor. Y eso tal vez no se está visualizando aquí por la desesperación que tenemos en Venezuela.

Ya hemos indicado muchas veces que estamos en una situación de rehenes. Y los delincuentes tienen sembrado el sitio con explosivos. Si alguien cruza por la puerta los hacen estallar, muriendo ellos y nosotros y por supuesto quienes se metan. Prefieren hacerlo así porque son fanáticos y quieren probar un punto ideológico difícil de comprender por quienes no entendimos que esto era parte de un plan que tiene años en ejecución.

El régimen entrena permanentemente a milicianos paramilitares armados en todo el país, y no precisamente para agredir a quien nos invada sino a los propios venezolanos que nos opongamos a ellos. Es posible que se activen de manera criminal en contra de la misma población opositora desarmada -a quien ya han identificado- cuando comience una refriega violenta. No estamos hablando de gente racional sino de talibanes fanáticos ideologizados. Entonces, antes de dar un paso que comience un enfrentamiento armado, lo que sería un baño de sangre imposible de cuantificar, creo que lo mas responsable sería seguir explorando opciones, aunque el tiempo ya este agotado o a punto de agotarse. Siempre hay tiempo para evitar la violencia.

Por si ya no fuera suficiente con lidiar con los grupos de paramilitares armados, y la amenaza que esto representa para la población civil, nos queda aún por resolver el posible periodo de inestabilidad y anarquía posterior en el país de no existir un plan serio de regreso a la institucionalidad. Una caída no controlada del régimen que no implique la participación de la soberanía popular, que refrende las actuaciones de quienes hayan insurgido para desmontar a los delincuentes del poder será altamente inestable, simplemente porque muchos otros grupos conspirarán atribuyéndose protagonismos y derechos.

Este tipo de grupos generalmente se preguntan: ¿y porque ellos y no nosotros? Y eso solo cesa cuando el pueblo es el que dispone quien debe gobernar. De allí que se haga indispensable mover a la opinión pública para convencerle de que sea la soberanía la que decida un plan elaborado a conciencia para ser ejecutado a fin de llenar el vacío de poder antes de que caiga el régimen. Pero para mucha gente con ganas de poder eso no es conveniente. Prefieren que caiga como una piñata: el que tenga más fuerza, que recoja más caramelos del piso, aunque eso no sea de la conveniencia de los venezolanos.

Hace más de un año había manifestado que no estaba en contra de una intervención (ver  Intervenciones humanitarias, enhttp://ticsddhh.blogspot.com/2017/08/intervenciones-humanitarias.html) si el “dueño de la casa” decide llamar al 911 internacional porque la dictadura le está negando el derecho a recibir ayuda humanitaria. Como dice Luis Almagro, existe la responsabilidad de proteger. Y el “dueño de la casa” aquí es el pueblo de Venezuela.

Si la representación constitucional de ese pueblo es designada sin más dilación, los términos de esa ayuda pueden ser definidos de inmediato entre nuestra representación constitucional, esto es, un Gobierno de Emergencia Nacional nombrado para tal fin, y la comunidad internacional.

Si este, luego de evaluar con profundidad pero con extrema urgencia la situación, decide que se requiere de una intervención basada en el principio señalado por el desaparecido ex Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan, según el cual “El gobierno de ningún país tiene el derecho de escudarse detrás de la soberanía nacional para violar los derechos del hombre o las libertades fundamentales de los habitantes de ese país”, entonces la comunidad internacional no estaría actuando unilateralmente, sino a pedido de un Gobierno de Emergencia legítimo, que responderá por lo que suceda después.

Pero si por el contrario, un grupo de países decide por su cuenta intervenir en Venezuela porque ya no se puede seguir esperando debido al daño que está causando la situación venezolana en la región, ya estarán desde este momento compitiendo para manejar el país los buitres que captan el olor descompuesto de los restos del régimen de Maduro, con la consiguiente y segura inestabilidad futura.

¿Cuál de las dos prefiere usted?

Ahora bien, si el TSJ legitimo y la Asamblea Nacional deciden (como al parecer por su parte ya lo ha decidido la Asamblea Nacional) que no llenarán el vacío de poder que ha dejado la sentencia condenatoria de Nicolás Maduro Moros, el vacío se llenará igual, por imposición de los hechos y sin control de nadie designado por el pueblo de Venezuela o por sus poderes legítimos. Aparecerá de la nada una intervención militar-humanitaria promovida por alguna coalición internacional, con su correspondiente Junta de Gobierno que decidirá el destino de los venezolanos, con el consiguiente riesgo de repetir el cuento de las ranas pidiendo Rey (ver Fabulas de Esopohttp://ticsddhh.blogspot.com/2012/03/fabulas-de-esopo.html). El remedio puede ser peor que la enfermedad. Ya nos paso una vez con Hugo Chávez…

Pero de existir un Gobierno de Emergencia, este podría perfectamente decidir que antes de llamar al 911 internacional “disuadiéramos” a los delincuentes que desgobiernan el país a someter a la soberanía popular, con todas las garantías internacionales del caso, el destino de la nación, so pena de tomar la última decisión que representa una solución violenta que no ganaría el régimen ni por casualidad. Se le estaría dando un chance al pueblo de pronunciarse en relación a su presente y futuro, en particular acerca de cómo se llevaría a cabo el proceso de transición, y el “dueño de la casa” decidiría con el apoyo de toda la comunidad internacional desmontar el sistema que nos ha arruinado así como el discurso del régimen de una “invasión imperialista”.

¿Estarían los secuestradores que nos tienen de rehenes, dispuestos a negociar su salida sin muertos que contabilizar a través de ese mecanismo? Porque en una intervención habrá muertos de todos lados, pero si de algo estoy seguro es que los primeros serían ellos. ¿Estarán dispuestos verdaderamente a detonar los explosivos, volándonos a todos con ellos adentro sin negociar antes una salida? Creo que el Grupo de Lima y el Secretario General de la OEA podrían estar de acuerdo en esta versión disuasiva de la intervención.

De acuerdo al ex Embajador ante las Naciones Unidas, Diego Arria “la capacidad de disuasión de una potencia, como Estados Unidos, no ha sido utilizada todavía en la medida en que eso es posible y que sea más eficiente…Yo creo que la mejor intervención para Venezuela es la de la disuasión….Te repito: el momento es de la disuasión fuerteLa mafia la utilizaba: “I’ll make you an offer you can’t refuse”.” (ver Diego Arria: “Ni China ni Rusia intervendrán por Venezuela”

https://es.panampost.com/orlando-avendano/2018/09/07/diego-arria-ni-china-ni-rusia-intervendran-por-venezuela/). Sería interesante comenzar a trabajar en “cuál sería la oferta que no podrían rechazar” que les propondríamos, pero estoy seguro que encontraríamos alguna en aras del rescate de nuestra libertad y con el menor costo en vidas posible…

¿Invadirá EEUU a Venezuela? por Gustavo Azócar Alcalá – La Patilla – 15 de Septiembre 2018

downloadEl discurso oficial dice que Nicolás Maduro viajó a China esta semana, en una gira relámpago de 4 días, a firmar 28 acuerdos con el régimen de Xi Jinping y buscar un préstamo por 5 mil millones de dólares que lo ayude a resolver, momentáneamente, el flujo de caja de la revolución. Pero, extrañamente, el gobierno chino no ha hablado de dinero, ni de préstamo, ni de nada que se le parezca. Los chinos han sido extremadamente parcos al referirse al tema.

Quienes quieran creer en la propaganda barata del régimen están en todo su derecho de hacerlo. Soy de quienes creen que la gira de Maduro a China sólo tenía un claro propósito: transmitir a EEUU y al mundo, la ficción de que los chinos apoyan la revolución socialista y bolivariana de Venezuela, y que están dispuestos a hacer todo cuanto sea necesario para defender al régimen comunista venezolano ante la posibilidad de una intervención militar extranjera.

Basta con revisar todos y cada uno de los 28 acuerdos anunciados por Maduro en China. Ninguno de esos documentos habla de un préstamo de 5 mil millones de dólares. Son documentos que no comprometen a China en nada. Son simples saludos a la bandera. Pura utilería barata para disimular el verdadero motivo del viaje: crear la ficción de que los chinos defenderán a Maduro y a su dictadura de un eventual ataque militar norteamericano.

La puesta en escena de Nicolás Maduro en China se limitó estrictamente a lo necesario: una foto aquí, otra foto allá, un acuerdo aquí, un memorando allá, y nada más. Los chinos no solamente no hablaron de préstamo, sino que ni siquiera dijeron cuándo podría producirse un nuevo desembolso de dinero. Y eso es así, por la sencilla razón de que la gira no era para un propósito financiero, sino más bien para un fin político. No es casual, que la gira de Maduro a China se haya producido pocas horas antes de la llegada a Colombia del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y unas horas después de la conversación telefónica que sostuvieron el vicepresidente de EEUU, Mike Pence, y el presidente de Colombia, Iván Duque.

Nuestra hipótesis es que Maduro fue a China porque se siente acorralado. La presión internacional está surtiendo efecto. La dictadura hace aguas. Los informes elaborados por el G2 cubano y los servicios de inteligencia de Rusia señalan que la posibilidad de una intervención militar liderada por EEUU en Venezuela es de un 99,9%. La crisis migratoria provocada por la dictadura, que lanzó a 2.3 millones de venezolanos hacia las naciones vecinas, ha creado una tragedia continental sin precedentes que ha hecho reaccionar a la comunidad internacional. De todos los rincones del mundo están llegando reclamos para que los gobiernos democráticos hagan algo y pronto. Eso ha hecho que la opción militar planteada por Donald Trump, en agosto de 2017, esté tomando fuerza. Ya nadie habla de elecciones. Nadie habla de diálogo. Todo el mundo habla de una solución militar en Venezuela.

El gobierno de Estados Unidos fue el primero en plantear abiertamente una solución militar para Venezuela. Eso ocurrió el 11 de agosto de 2017, cuando el presidente de Estados Unidos Donald Trump, dijo: “Tenemos muchas opciones para Venezuela, incluida una posible opción militar si es necesario (…) No voy a descartar una opción militar (…). Una opción militar es algo que, ciertamente, podemos perseguir (…) Tenemos tropas en todo el mundo, en lugares que están muy lejos. Venezuela no está muy lejos. Y la gente está sufriendo y está muriendo”.

La agencia de Noticias Associated Press, difundió un reportaje a mediados de 2018, confirmando los planes militares de Estados Unidos para Venezuela: “El pasado agosto (2017), durante una reunión en la Oficina Oval, el presidente Donald Trump hizo una pregunta que sobresaltó a sus asesores. “Dado que la situación en Venezuela amenaza la seguridad regional, ¿por qué Estados Unidos no puede invadir el país sudamericano?”, preguntó.

El 22 de agosto de 2018, la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders, retomó el tema de Venezuela en la agenda de Estados Unidos y dijo que el gobierno de Donald Trump maneja todas “las opciones sobre la mesa” en cuanto al caso de Venezuela.

“Estamos apoyando a los venezolanos y estamos manteniendo todas las opciones sobre la mesa”, dijo en rueda de prensa ante la pregunta de qué piensa hacer el gobierno estadounidense ante la crisis en Venezuela.

Hace apenas dos semanas atrás, el senador republicano de origen cubano, Marco Rubio, dijo que “por meses y por años había defendido una opción no militar y pacífica en Venezuela, pero ahora las circunstancias han cambiado”.

Y para no quedarse atrás, ayer viernes, 14 de septiembre de 2018, Luis Almagro, secretario general de la OEA, aprovechó una visita realizada a la frontera colombo-venezolana, para declarar desde el puente internacional Simón Bolívar, que “En cuanto a la intervención militar para derrocar a Nicolás Maduro, no debemos descartar ninguna opción (…) Este régimen lo que está perpetrando son crímenes de lesa humanidad, violación de derechos humanos, y el sufrimiento de la gente en el éxodo inducido que está impulsando hace que la acciones diplomáticas estén en primer lugar, pero no debemos descartar ninguna acción”.

Así las cosas, las cartas parecen estar echadas, pero la decisión final, sobre una intervención militar norteamericana en Venezuela depende, fundamentalmente, de Donald Trump. Los gobiernos democráticos de América Latina quizá no intervengan directamente en el conflicto. Pero tampoco harán nada para evitarlo. Y aunque Trump tenga muchas ganas de acabar con la dictadura de Nicolás Maduro y los problemas que ésta ha provocado en el continente, tal decisión no se adoptará sin que el actual presidente de EEUU evalúe, como todo buen empresario, el estado de ganancias y pérdidas que una decisión como esa pueda producir.

En mi libro ¿Invadirá EEUU a Venezuela? que acaba de publicarse en EEUU, señalamos que hay tres cosas que pueden precipitar la decisión de Trump con relación a una intervención militar en Venezuela. La primera: el juicio contra su ex jefe de campaña Paul Manafort, un veterano republicano que estuvo en prisión preventiva desde junio de 2018, y quien ha sido acusado de tener vínculos con la trama rusa. Manafort acaba de declararse culpable, y ha firmado un acuerdo con la Fiscalía, que lo acusa de no pagar impuestos por los más de 17 millones de euros que cobró por asesorar a políticos prorrusos en Ucrania. El testimonio de Manafort puede causar serios problemas a Trump.

La segunda: el abogado de Donald Trump, Michael Cohen, se declaró culpable ante un juez federal de Nueva York de varios delitos, entre ellos el de violar la normativa sobre la financiación de campañas electorales. Cohen admitió haber pagado con dineros de la campaña de Trump a dos mujeres para que no ventilaran sus relaciones sexuales con el entonces candidato a la Casa Blanca. Cohen admitió ante el Fiscal que los pagos se hicieron a la actriz porno Stormy Daniels —quien recibió 130.000 dólares— y a la modelo de Playboy, Karen McDougal —a quien entregaron un cheque por 150.000 dólares—. El problema es que los pagos se hicieron con dinero de la campaña y eso es un delito federal.

La tercera: el 6 de noviembre de 2018, hay elecciones en EEUU. Ese día, se escogerán 435 asientos en la Cámara de Representantes. En la actualidad, el Partido Republicano aventaja con 238 representantes al Partido Demócrata que cuenta con 192 curules. Las encuestas difundidas hasta el mes de agosto de 2018, proyectan un triunfo para los demócratas, lo cual les daría el control de esa cámara con 172 curules, frente a 166 de los republicanos. También se escogerá a 35 senadores, un poco más de una tercera parte del Senado. En la actualidad, el Partido Republicano domina esta cámara con 52 cargos, mientras que el Partido Demócrata cuenta con 48 puestos. Las encuestas publicadas hasta el mes de agosto de 2018, sostienen que la relación en esta cámara quedaría con 47 senadores para el Partido Republicano y 34 senadores para el partido Demócrata.

Analistas y expertos sostienen que el futuro de Donald Trump dependerá de lo que ocurra el 6 de noviembre con las elecciones del Congreso. Si los demócratas logran tener el control de la Cámara de Representantes podrían iniciar un juicio político (impeachment) contra Donald Trump por el caso de la injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016 y también por la violación de leyes federales en el uso de los dineros de su campaña electoral.

Trump no lo ha dicho, pero todo el mundo sabe que el actual Presidente de Estados Unidos tiene montado su aparato de campaña para aspirar un segundo período de 4 años en la Casa Blanca. Esa aspiración podría verse truncada si el Congreso decide iniciar un impeachment o si el fiscal Robert Mueller decide llevarlo a juicio. Todo hace pensar que tanto la fiscalía como los demócratas — y algunos republicanos que están dentro del gobierno, uno de los cuales ha estado filtrando información a The New York Times —- tienen mucho interés en que la era Trump llegue a su fin este mismo año.

En medio de tanta turbulencia, el caso de Venezuela, y la dictadura de Nicolás Maduro, pueden jugar un papel estelar en la lista de opciones de Donald Trump. El actual presidente de EEUU va a necesitar algo mucho más poderoso que un huracán o un tornado para distraer a la opinión pública y al Congreso de su país después de las elecciones del 6 de noviembre de 2018. Acabar con una de las dictaduras más despreciables del mundo y devolver la democracia a un país destrozado por los comunistas no es una mala idea.

Una operación militar en territorio extranjero es un buen motivo para evadir un juicio político. Todos los presidentes de EEUU, desde la II Guerra Mundial, con excepción de Jimmy Carter y Gerald Ford, han ordenado invasiones de países extranjeros. En 1998, Bill Clinton ordenó ejecutar la Operación Alcance Infinito, un ataque con misiles crucero contra los campos de entrenamiento de milicianos de Al Qaeda en Afganistán. También se lanzaron misiles contra una fábrica farmacéutica en Sudán. El motivo fueron los ataques cometidos en Tanzania y Kenia contra las embajadas de EE.UU. pero muchos creen que el ataque obedeció al juicio político ordenado por el Congreso por el escándalo de Mónica Lewinsky.

¿Se prepara EEUU para invadir a Venezuela?. Para encontrar la respuesta a esa interrogante, sólo hay que observar estos datos: Mike Pence visitó Colombia en agosto de 2017. Rex Tillerson estuvo en Colombia en febrero de 2018. Nikki Halley, embajadora de EEUU en la ONU, estuvo en Colombia en agosto de 2018. James Mattis, secretario de defensa de EEUU estuvo en Colombia en agosto de 2018. Luis Almagro, secretario general de la OEA estuvo ayer viernes 14 de septiembre en Cúcuta. Un buque hospital de EEUU llegará a Colombia a finales de septiembre. Y Donald Trump ha anunciado una visita a Colombia el próximo 2 de diciembre. ¿Visitas de cortesía? O ¿explorando el terreno y afinando detalles?

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