elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Odio

Confianza, ahora más que nunca por Edgar Benarroch – Dígalo ahí – 31 de Agosto 2019

Por miles de razones y motivos el pueblo está bravo, indignado y con inmensos deseos  de quitarse de encima cuanto antes este oprobioso y nefasto régimen usurpador. Esta gestión ha sido tan catastrófica que no solo el pueblo está insatisfecho y angustiado si no que en el espíritu de muchos ha despertado odio y repulsión.

Estos sentimientos, en algunos, ha desatado desesperación e inmediatismo que parecen normales por las condiciones en que nos encontramos. La desesperación es la pérdida total de la esperanza y ella se concreta en pensar que en democracia y civilizadamente esto no tiene salida y en consecuencia se proponen soluciones heterodoxas, específicamente se aúpa una intervención militar armada de los Estados Unidos. La desesperación es mala consejera y generalmente produce daños mayores a los que se quiere superar.

En medio de la aguda situación que confrontamos tenemos el deber de meditar y dejar de lado la desesperación. No hay razones para la pérdida de la esperanza, al contrario, creo que hoy estamos en condiciones muchas más favorables que antes. Con Guaidó ha renacido la esperanza y fundado optimismo para pensar que pronto estaremos en democracia, libertad y justicia, las etapas se están cumpliendo a nuestro favor y en nuestras manos está persistir en la lucha sin desmayo hasta alcanzar la victoria.

He leído opiniones, aunque muy puntuales, que no están dispuestos a seguir en la calle hasta tanto se convoque una marcha a Miraflores,  en la idea que ella sería definitoria. Lo que llevamos adelante no es ocurrencia de alguien o de grupo alguno, es consecuencia de estudio y análisis que concluyen en la estrategia diseñada. Los tiempos se están cumpliendo y todos tenemos el deber de colaborar para seguir adelante, los anuncios de Guaidó no son de su capricho, obedecen a la estrategia definida y debemos seguir acompañándolo.

Los que están inconformes porque hasta ahora ” no se le ha visto el queso a la tostada” les digo que ella está en preparación y en muy buenas manos, el budare está caliente, la masa está lista y el queso está a la mano, pronto muy pronto la prepararemos y podremos disfrutarla calientica y con suficiente queso.

Se que la paciencia se agota y el tiempo de espera nos fatiga, pero en estas horas tan críticas para el país y para todos nosotros necesitamos tener la cabeza fresca y temperamento sosegado para pensar y actuar debidamente.

Me resisto a creer que existan personas que sostengan que no somos capaces de resolver nuestro problema y sea necesario que desde afuera vengan a hacer lo que a nosotros y solamente a nosotros corresponde hacer.

Mantengamos fe y confianza en quienes conducen esta lucha, el camino señalado es bueno y el trecho recorrido ha sido fructífero, aún falta otro para alcanzar la libertad. Ese  otro trecho que nos conduce a la meta debe cumplirse con inteligencia, envergadura y templanza y en función de ello todos debemos continuar transitándolo.

La hora es para el optimismo y la esperanza cierta, nunca para el desgano o la apatía. La Patria toca la puerta de sus hombres y debemos responder con valentía y coraje.

El legado del odio por Adriana Moran – Blog Polis – 31 de Julio 2019

Empezó antes, pero fue en 2002, durante el paro petrolero y las multitudinarias marchas que precedieron al carmonazo, que Hugo Chávez entendió que podía explotar todo ese odio que estaba en las calles a su favor. Así, principalmente mujeres ataviadas con los colores de la bandera, eran entrevistadas en la calle y su furia replicada una y mil veces por la pantalla del canal oficial y mostrada por el que estaba en Miraflores mientras fingía amorosos llamados a la reflexión que contrastaban con la ira en su estado más puro exhibida por los caminantes que coreaban el para entonces novedoso “vete ya”. 

Después del desastroso desenlace de esos eventos que cambiaron para siempre el curso de la era Chávez, entre otros retoques para asegurar el control férreo de la disidencia y evitar que se repitiera el susto, el mandatario fue cultivando con esmero esa faceta odiadora de los que se le oponían y la fue usando para atemorizar a sus seguidores y para mantener a sus adversarios en el terreno violento en el que eran más débiles. 

Y aunque es verdad que muchas veces la dirigencia opositora entendió que en esa confrontación llevaba las de perder y siguió en medio de avances y retrocesos el camino de la política con el que se conservaron o incluso conquistaron espacios y victorias, un sector le siguió haciendo el juego al que lo había inventado a su imagen y semejanza y reeditó en varias oportunidades el desenfreno que lo llevó a transitar más fracasos de los que hubiera podido permitirse frente a un régimen que había ido fortaleciendo al sector militar y asegurando lealtades que lo hacían evidentemente superior en el terreno desigual de enfrentar furia contra balas. 

No alcanzó el acuerdo que llevó a obtener la victoria en 2015 y que hacía presagiar la continuación de esta ruta política renovando las esperanzas para volver a la cordura. Una vez más se impuso la rabia que había sido estimulada mezclada con antiguas ambiciones y mezquindades y volvimos al asfalto en 2017 para sumar más muertes y más dolor en derrotas anunciadas. 

Hoy, después de haber abandonado el camino electoral en 2018, ese extremo que se quedó pegado a las protestas de 2002, al inmediatismo del tienes que irte y a su vocación odiadora, sigue más presente que nunca y ha terminado por arrastrar en su irresponsabilidad a otros que fueron más moderados para meterlos en una trampa que no tiene puerta de salida. El legado de odio de Chávez, en medio de un país que se derrumba, parece por momentos estar a salvo.

Un Régimen de Odio por Luis Betancourt Oteyza – América 2.1 – 2 de Julio 2019

“Lo que cuenta es el valor para continuar”
Winston Spencer Churchill

En fecha 10 de octubre de 2018, con ocasión del horrible asesinato del Concejal Fernando Albán, aventado ya muerto por la ventana de un décimo piso, escribí un Desahogo titulado “El Desprecio por la Vida”, que puedo reproducir hoy y aquí, en cuyo epígrafe citaba la sentencia maléfica de Ernesto “Che” Guevara, uno de los peores asesinos de nuestra realidad latinoamericana y mundial, con su apología al odio como valor y virtud de un revolucionario marxista leninista que vuelvo a citar por su docencia horrorosa, cruel e inhumana: “Por encima de todo debemos mantener vivo nuestro odio y realizarlo hasta el paroxismo. El odio como factor de lucha. El odio Intransigente contra el enemigo, el odio puede impulsar a un ser humano más allá de sus limitaciones naturales y convertirlo en una máquina para matar, fría, violenta, selectiva y eficaz”. Estas palabras las escribió en las selvas bolivianas antes de ser ajusticiado como alimaña que era y hay que meditar sobre ellas. Ya en sus inicios de la aventura de la Sierra Maestra con su cómplice de alma, Fidel Castro, escribió cariñosamente a sus padres en Argentina, que había matado a un ser humano y les confesaba: “haber disfrutado con ello”. Eso era el “Che”.

No ha sido el único de los monstruos modernos; en la Alemania nazi encontramos carniceros como Reinhard Heydrich, la “Bestia Rubia”, despiadado sobre todo con mujeres y niños; Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda -¿les suena?- que sufría trastornos narcisistas de personalidad y mató a sus seis hijos antes de su mujer y, afortunadamente, pegarse un tiro; Ernst Rohm, el brutal jefe de las SA, colectivos nazis, homosexual y sádico -¿también les suena?- liquidado por Hitler por temerle. Así con el “Che” hay otros ejemplos de bárbaros inhumanos que han tratado de ser el emblemas ductores del norte de una revolución sangrienta y sólo han encarnado su crueldad.
La tortura en Venezuela, y el mundo, es de larga y ominosa data. Se ha practicado en presos indefensos para obtener información sobre el “enemigo” pero también ha sido una práctica de castigo al preso sin aparente utilidad, como las famosas panelas de hielo donde sentaban desnudos, una vez detenidos, a los adversarios de la dictadura de Pérez Jiménez, etc.

Pero ahora estamos ante una nueva dimensión de la tortura: La tortura como diversión, con todo detenido, como pasatiempo, un complemento al fichaje del preso; el desprecio por el indefenso.

La tortura no siempre implica daño físico, sino también, y por encima de todo, presión sicológica, daño emocional, como es el caso de fusilamientos frustrados o amenazas a esposas o hijos. Durante la Segunda Guerra Mundial, unos valerosos buzos italianos Luigi Durano de la Penne y Vicenzo Martelloti, lograron colocar unas enormes cargas explosivas bajo el casco de los acorazados Queen Elizabeth y Valiant, entre otros navíos, surtos en la base de Alejandría, Egipto, pero al emerger fueron capturados por los ingleses; el Almirante Andrew Cunningham, jefe de al flota ordenó interrogarlos intensamente sin lograr información de la localización de las minas instaladas, y encerrarlos en el pañol del barco, polvorín, del Valiant, con la amenaza sicológica de volar con las cargas. El buzo Luigi de la Penne -tenía que tener ese nombre- esperó a que transcurriera el tiempo y al faltar sólo diez minutos de estallar la carga advirtió al comando del buque, para evitar pérdida de vidas innecesarias. Salió luego de la explosión y años después fue condecorado por su nobleza y valor por el Capitán Charles Morgan, comandante inglés del barco. Resistió su tortura sicológica y cumplió.

Hoy estamos ante un hecho novedoso y horrible, traído de Alemania comunista, vía Cuba castrista: la tortura sin fin de de un ciudadano, el Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo (Mayor en su equivalente a otros componentes) detenido, secuestrado y horriblemente torturado físicamente hasta llevarlo a la muerte; muerte casi ocurrida ante un juez, el Tercero Militar, alcahuete como todos, funcionarios de una cadena de horror y no de justicia, suficientemente cobarde para aterrado pedir que se llevaran de su presencia lo que ya era un muerto; al día siguiente falleció el Capitán de Corbeta en el hospital militar porque no había nada que hacer por él. Fue secuestrado un 21 de junio de 2019, domingo, presentado al tribunal (?) siete días después, y murió un 28 de junio¸ sólo soportó a sus esbirros siete días, siete de tormento, para acabar con la vida de un ser humano, ciudadano y, además miembro, de nuestras FAN, nada más.

¿Quiénes hicieron esto? Según la alcahueta mayor del régimen, esa especie de bailarina exótica vestida de muchachito, de apellido Saab, que presurosa salió a imputar a dos pobres infelices de la maquinaria tenebrosa, agarrados por pendejos y engrasados: Un teniente Ascanio Antonio Tarascio y un sargento Estiben José Zárate, ambos de la GN, dos aparecidos, choferes de la muerte sin ninguna responsabilidad en nada, ni siquiera de sus vidas, dos esbirros. Pero todo esto es anecdótico, casualmente anecdótico.

Lo sustancial es ¿por qué el Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo fue detenido y secuestrado en las ergástulas del SEBIN o de DGCIM? ¿ Quién dio la orden? ¿Fue el inefable Gral. Hernández Dala? ¿Por qué y para qué lo hizo? ¿Una razón personal o familiar? ¿Por que ordenó su tormento mortal? ¿Qué buscaba Hernández Dala? ¿Actuó por instrucciones de Padrino o de Maduro? ¿Cómo se puede andar por ahí secuestrando civiles y militares para causar daño y temor, como decía Lenin, sin consecuencias? No darán respuestas a estas interrogantes porque desprecian a todos, fieles a Lenin y al Che desprecian a la vida; son los poderosos del momento. No importa, ha habido otros que han pagado su soberbia chupando el barro de sus pies.

Y por último, hay algo que resaltar en esta maléfica trama: La crueldad de las acciones, crueldad ajena a nosotros, a los venezolanos. Quiero recordar unas enseñanza de Vladimir Lenin, el primer monstruo del siglo XX, y antes de Hitler, cuando el 19 de marzo de 1922 recomendó: “Un momento como el del hambre y la desesperación es único para crear entre las masas campesinas en general una disposición que nos garantice su simpatía o, en cualquier caso, su neutralidad” para agregar luego “El Hambre destruirá así mismo la fe no solo en el Zar, sino también en Dios”. El hambre siempre ha pertenecido a la tetrarquía comunista: los otros tres elementos son el terror, la esclavitud, y, evidentemente, el fracaso, el sempiterno e incorregible fracaso.
Estamos inmersos en este proceso de sumisión por terror y hambre que nos aplican unos malhechores, encabezados por Nicolás Maduro, que no es venezolano ni colombiano, sino cubano de corazón e intención; los hermanos Rodríguez, que han declarado que nos cobrarán a los venezolanos la muerte de su padre, procesado y castigado, pero que el odio que llevan en sus corazones no los deja vivir, ni familiarmente, y un militar traidor, en los términos que sí tipifica nuestra legislación, y no ese que construyen a conveniencia para la disidencia.

¿Hasta cuándo nuestras ciudades, estados y guarniciones militares van a soportar esta tragedia que vivimos los venezolanos? Los civiles, con Juan Guaidó y María Corina Machado ya hemos dado varios pasos al frente ¿qué esperan nuestros jóvenes oficiales de las FAN? ¡ Que Dios y la Virgen nos acompañen y nos ayuden a liberarnos! ¡ Venezuela merece otra oportunidad y el momento ha llegado! ¡Ya basta!

 Odio contra los pobres por Ramón Peña – Noticiero Digital – 28 de Enero 2019

“¡No quiero bono, no quiero clap, yo lo que quiero es que se vaya Nicolás!”

                                                                                           Clamor de los barrios

Solapadamente, en medio de la polvareda que levanta la usurpación de la presidencia, arrecia la cólera del régimen contra los más humildes de la capital y ciudades del interior. Más de dos docenas de asesinados en las barriadas, numerosos heridos, casi todos jóvenes, baleados por fuerzas regulares y paramilitares. Centenares de presos. Casos de torturas. Los medios de comunicación, bajo presión oficial, guardan silencio.

Gradualmente, se intensificaban las protestas en todos los barrios del país por carencia de alimentos, medicinas, agua, gas, luz, acusando como responsable de sus privaciones al Golem gobernante. Hartazgo de madres, ancianos y jóvenes por sus miserables condiciones de vida. Cansancio de implorar por las dosificadas y humillantes bolsas Clap. Cacerolazos y calle que ya no disuaden los amenazantes colectivos, ni suavizan los falaces aumentos del salario mínimo.

Como respuesta, el régimen ha desatado su odio contra los más pobres. Con saña por mal agradecer las dádivas del proceso. Los escarmientan porque profanan el catecismo que les enseñó que sus enemigos son los burgueses apátridas, no el gobierno del pueblo.Por traidores de clase, al sumarse a la burguesía para rechazar como usurpador al vicario del difunto eterno.

Odio es lo que sobrevive de esta patraña revolucionaria. En su agonía, la bestia arremete contra sus propios hijos. Se agotaron los argumentos clasistas del proceso. Se desenmascaró la tramposa dicotomía izquierda-derecha. La revolución y su huella no es otra cosa que miseria social indiferenciada. Por fortuna, poca vida le resta.

Sobran razones para esperar que esos venezolanos, que alguna vez creyeron en la farsa de esta revolución, se valgan mañana del verbo de Antonio Machado: “…al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.

Dime cómo odias por Tulio Hernández – El Nacional – 4 de Febrero 2018

1480238570963.jpgCésar Miguel Rondón lo ha bautizado como “la fobia anti-MUD”. Se refiere a uno de los fenómenos de masas más impactantes de estos amargos tiempos venezolanos. Las torrenteras de odio y aborrecimiento que suscitan, entre una parte de la población que también adversa al chavismo, los dirigentes de los partidos políticos que han aceptado dialogar con el gobierno.

César Miguel, conocedor de las pulsiones elementales de la psique venezolana, describió en un tuit su sorpresa al verificar que muchos de “los opositores de Twitter” que padecen esta fobia tienen más confianza en los voceros oficialistas que en la oposición. El miércoles 31 en la noche repetían, a su gusto, lo que anunciaba Jorge Rodríguez sobre los avances de un “preacuerdo” del diálogo, mientras desconocían los esfuerzos de Julio Borges desmintiéndolos.

En los días de la masacre de El Junquito, agrego yo, prestaban más oídos al ministro de la Defensa acusando a dirigentes de la oposición de haber delatado a las víctimas, que al incansable y valiente trabajo de denuncia que desde el lugar mismo de la tragedia hacía la diputada Delsa Solórzano, seguidora también de la opción diálogo.

II.

Así vamos. Se trata de una pandemia emocional de cuyo origen, crecimiento y consolidación en la opinión pública debemos ocuparnos seriamente. Porque tiene algo de desahogo histérico virulento. De anomalía bipolar. De personas que se sienten profundamente adoloridas y traicionadas en su fuero individual. Y, en consecuencia, son capaces de escupir en el rostro con desprecio, que pareciera acumulado por siglos, a la misma persona que hace pocos meses aplaudían con idéntica intensidad y pasión.

Salvando las distancias, les ocurre como al autor del disparo en la cancha a aquel portero colombiano. Luego de meses aplaudiéndolo lo ajusticia por, una tarde, permitirse un autogol.

III.

La fobia anti-MUD se sustenta en un pensamiento dual. Sin matices. Un juego de oposiciones elementales. Oscar Pérez tiene testículos para regalar. Los de la MUD los llevan encogidos. Los jóvenes “escuderos” que se enfrentan a la policía en las calles son sacrificados. Dignos. Los que hacen trabajo político desde la Asamblea Nacional, cómodos. Comprados. Los que mueren, valientes. Quienes escapan del país, cobardes. El abstencionista, héroe; el elector, traidor. El apaleado en la calle, una víctima; el golpeado en el hemiciclo, “tremendo pendejo”.

Y desde la MUD también se exhiben grandes dificultades para escuchar al otro y comunicar sus razones. Para explicarse. En el presente, para dejar claro lo que muchos creemos: que una cosa es abstenerse y otra –diferente– negarse a participar en elecciones ilícitas, trucadas, inconstitucionales.

IV.

De alguna manera se trata del triunfo de la lógica que al comienzo de la debacle era monopolio del chavismo. La tesis del “Quien no está conmigo, está contra mí”. La gramática de “Quien no piensa como yo no es mi adversario, es mi enemigo”. El recurso del desprecio para desconocer las razones del otro. El viejo juego del venezolano cómodo, descrito por la psicología social de las décadas de los años setenta y ochenta, que no asume responsabilidades y hace culpable de todas sus adversidades a un locus externo del cual es solo víctima. Nunca corresponsable.

El mudofóbico dice: “Te desprecio porque no has logrado sacar a los rojos del poder, porque colaboras con ellos, porque les haces el juego”. Luego olvida decir, lo encubre en el silencio: “Pero me perdono y me celebro a mí mismo, aunque yo tampoco, yo mucho menos, he logrado siquiera hacerlos titubear. Mis ejércitos libertarios no han logrado pasar de Chacaíto. Mis operaciones militares de un sobrevuelo por la capital y un asalto misterioso a un arsenal”.

V.

La mudofobia es un claro triunfo de la lógica totalitaria. El sentimiento de odio de clases y desprecio ideológico sobre los que se edificó el chavismo se ha expandido como una ameba gigante que contamina la afectividad política nacional. No es casual que quienes inocularon la semilla ahora hayan creado una ley para domesticar la cosecha. En su libro Contra el odio, la escritora alemana Carolin Emcke concluye: “Quien enfrenta el odio con odio ya se ha dejado deformar”.

Denuncia contra Diocleciano por Héctor Silva Michelena – Blog Polis – 28 de Enero 2018

Unknown-1.jpegLa Gran Persecución. Así llaman los historiadores a la persecución desatada por Diocleciano contra la Iglesia y los cristianos, entre los años 303 y 313 d.C. Se calcula que durante su gobierno los cristianos alcanzaron a ser de 6 a 7 millones. El imperio estaba en aprietos por la presión de los barbaros. Este emperador lanzó  “La gran persecución” (303 d.C). Se ordenó que las iglesias y los libros sagrados de los cristianos se destruyeran por completo, a esto se debe la perdida de los archivos y bibliotecas de la Iglesia. Después, se mandó encarcelar a todos los jefes cristianos. Por último se ordenó que todos deben ofrecer sacrificios a los dioses.

Número de Víctimas: Es difícil dar un número de víctimas. El historiador inglés del siglo XVIII Edward Gibbon arroja un máximo de 2.000 víctimas cristianas durante la Gran Persecución (303-313) y supone un estimado total de 4.000. Hoy día los historiadores más solventes suponen unas cifras de algunos miles (seguramente menos de 10.000) en todo el periodo.

El 13 de enero de 2017,La Asociación Puertas Abiertas, en el diario La Nación, de Buenos Aires, bajo firma de Emilio Cárdenas, los hechos que tienen que ver con lo sucedido el año anterior con las incesantes persecuciones desatadas contra los cristianos Hablamos de la persecución religiosa más intensa de todas las distintas persecuciones que hoy existen. Del pisoteo, entonces, de una de las libertades esenciales del ser humano: la libertad de conciencia.

Lamentablemente hay, entre los 50 países del mundo en los que las persecuciones contra los cristianos fueron las más intensas el año pasado, dos países latinoamericanos: esto es México y Colombia, que ocupan los lugares 41° y 50°, respectivamente de ese sórdido listado. A ellos suman, en un informe especial de este año, al gobierno de Venezuela.

El presidente de la República, Nicolás Maduro se pronunció este lunes sobre el polémico sermón ofrecido ayer por el monseñor Víctor Hugo Basabe, obispo de San Felipe, durante la misa de bienvenida de la Divina Pastora a Barquisimeto. Durante la presentación de la Memoria y Cuenta ante la Asamblea Nacional Constituyente, el primer mandatario nacional señaló que se trata de un grupo de la iglesia católica que está lleno de “maldad, de veneno, de odio”, .Y aseguró que ““A esta gente nadie los escucha, nos llamaron ‘peste’, nadie cree en estos diablos con sotana, nosotros amamos al Dios creador, amamos a la Divina Pastora”. También aseguró que, con estas declaraciones, los máximos representantes de la Iglesia quieren “generar enfrentamientos entre los venezolanos, violencia, muerte, exclusión, persecución, como sucedió durante la guarimba.

En su discurso, repleto de las palabras más soeces de que dispone el vocabulario criollo, se refirió a los incidentes acaecidos el domingo pasado en la procesión de la Divina Pastora, cuando la gobernadora de Lara, Carmen Meléndez, y los militares que estaban en una tarima fueron desalojados por la feligresía. En una evidencia más del control que ejerce sobre poderes genuflexos, llamó a la Fiscalía, a la Contraloría y al TSJ a “revisar las homilías” del arzobispo de Barquisimeto, monseñor Antonio López Castillo, y del obispo de San Felipe, Víctor Hugo Basabe, que celebraron misas durante la procesión de la Divina Pastora en la capital del estado Lara, para “verificar si cayeron en delitos de odio”. Este es el “delito” de los prelados López Castillo y Basabe: clamar por el fin del hambre y la corrupción.

Cuando el presidente venezolano se adentra en temas religiosos en cuando más se nota su delirante ignorancia. Tampoco disimula su poco conocimiento del Derecho: claramente pide investigar condenando de antemano. Además, esta acción es ilegal debido a que, de acuerdo con la Constitución, es competencia del Parlamento ejercer contraloría sobre el Poder Ejecutivo.

Una nota en El Nacional web, del 15 de enero, se informa que el presidente Nicolás Maduro ordenó este lunes la investigación al monseñor López Castillo y al obispo  Basabe, de la Diócesis de San Felipe, en el estado Lara, por supuestos delitos de odio. El primer mandatario se refirió a las palabras de Basabe quien, el domingo durante la homilía de la Divina Pastora en Barquisimeto (Lara), calificó a las personas afectas al oficialismo como “peste”. Dando paso a su pulsión de represalias, instó al Fiscal General, al Defensor del Pueblo y al Procurador de la República a “revisar” sí las palabras emitidas por el Obispo de San Felipe corresponden a “verdaderos delitos de odio que pretenden generar enfrentamientos, violencia, muerte., exclusión, persecución…”.

Recordemos que el 14 de enero, en la Homilía en Santa Rosa, día de la Divina Pastora, una fiesta religiosa multitudinaria, de 2017, el Arzobispo Castillo dijo: “Yo como Pastor siento un dolor muy grande porque ustedes no tienen comida ni medicina, porque se mueren niños y ancianos por falta de medicamentos…la mayoría de nuestro pueblo no creemos en el comunismo socialista fracasado que ha llevado al país a la miseria…yo no callaré jamás, hablaré siempre por el bien común del pueblo. Debemos respetar la Constitución para que no sea parcializada como muchas veces se hace” dijo el prelado durante la Homilía en Santa Rosa.

Y este año, el Arzobispo López Castillo, doctor en teología y filosofía, durante esa misma festividad religiosa, dirigió unas palabras por Venezuela durante la eucaristía, y enfatizó que el pueblo de Venezuela clama por comida y medicinas, petición que hizo a la Patrona de Almas, como también se le conoce a la virgen. Grupos de personas obsequian mandarina a los caminantes, quienes se aglomeran alrededor del camión de mandarinas. En ese punto, monseñor López Castillo repitió la petición, a viva voz: “¡Queremos comida! ¡Abajo los corruptos!”, palabras que fueron aplaudidas por los presentes y fueron cortadas por las televisoras regionales.

La GN y milicianos reprimieron la procesión en el cruce de la avenida Morán con Venezuela, pero cuando llegaron los milicianos y funcionarios de la Guardia Nacional, los presentes en la procesión empezaron a lanzarles conchas de naranjas y potes de agua. Los militares se retiraron del lugar. El Gobierno Nacional ha rechazado las declaraciones, sin embargo la Conferencia Episcopal Venezolana, ha conservado sus palabras. Por ello aquí el mensaje integro de la Homilía de monseñor Basabe.

Explicó el Obispo que” Dentro de las múltiples acepciones del vocablo iglesia, quizás la más significativa es la de congregación de cristianos que estamos unidos por el bautismo. La procesión entonces también constituye Iglesia, porque a ella concurrimos los cristianos en asamblea, para expresar y fortalecer la fe”. Y denunció la búsqueda de comida, el deterioro extremo de la salud pública, la alta desnutrición de los niños y la ideologización en la educación. Corresponde a las autoridades civiles del Estado ejercer su poder efímero, limitado y subordinado al pueblo de Venezuela, para buscar las soluciones pertinentes y luego rendirnos cuentas, aquí en la Tierra. Corresponderá al Supremo Creador decidir si los invita o no al Banquete Eterno.

“El gobierno reacciona porque hemos tocado conciencias”, y agregó: “ratifico lo dicho y me da mucha tristeza que el presidente mienta tan olímpicamente delante de todo un pueblo y diga cosas que no dijimos. En mi homilía no hubo incitación al odio ni a la confrontación, ni a una guerra civil. El gobierno reacciona porque hemos tocado conciencias; los obispos estamos llamados a hacer forjadores de paz y generar esperanza lo cual implica denunciar la injusticia, y no nos dejamos ganar por el miedo ni tapamos la mentira. Llamamos al pueblo y pedimos a la Divina Pastora ayudarnos a combatir la peste de la indiferencia. Estamos tranquilos: la verdad es de los valientes y el culillo es gratis”.

El presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor José Luis Azuaje, afirmó que las homilías que causaron escozor en el gobierno están apegadas a la doctrina teológica y se amoldan a la pastoral social de la Iglesia. Argumentó que “El problema es que el gobierno, a través de la ANC, no acepta las críticas y reflexiones que pueda hacer el pueblo a las cosas que no funcionan. La Ley contra el odio es para los ciudadanos que no están de acuerdo con lo que sucede en el país, es violatoria de los derechos humanos. En un país donde casi nada funciona ¿por qué tenemos que callarnos? Hay que hablar en función de las correcciones y de rectificar las políticas erradas derivadas del modelo económico y político”.

El primer vicepresidente de la CEV, monseñor Mario Moronta, consideró que las amenazas de Maduro son una afrenta contra todo el Episcopado y la Iglesia. Dijo que las homilías fueron del conocimiento público y, por tanto, no hay nada que investigar. Y concluyó: “No van a encontrar en ningún momento ningún llamamiento al odio, ninguna invitación a la violencia, como en efecto sí lo podemos ver en muchas de las expresiones que incluso ayer se dijeron”. Los obispos afirmaron que el pueblo rechaza los hechos en los que murieron el comisario Oscar Pérez y otros críticos del gobierno. El presidente de la CEV dijo que recaban información de las organizaciones de derechos humanos: “Hay mucho dolor y familias involucradas”.

En un comunicado emitido el 16 de enero en la tarde por la Presidencia de la CEV, la Iglesia rechazó las amenazas contra los obispos López Castillo y Basabe. Denunciaron que Maduro tergiversó el mensaje de monseñor Basabe “con el objetivo de hacer ver que los obispos incurren en delitos. La verdad de lo que sucede en el país ha quedado evidenciado en las homilías pronunciadas ese día. El aval de esto lo han confirmado los miles de feligreses presentes en la misa en la avenida Venezuela que, con sus gestos, certificaban lo que escuchaban”. La CEV indicó que los obispos señalados por Maduro cuentan con el respaldo de toda la Iglesia que peregrina en Venezuela “ante cualquier acción que ponga en peligro su integridad de vida y su libertad de pensamiento y de acción”.

Dijo Aristóteles: “Si no quieres estar en política, en el ágora, y prefieres quedarte en tu vida privada, luego no te quejes si los bandidos te gobiernan”. Este es el resultado de la actitud conformista y resignada, de quienes quieren vivir de las dádivas, regalos y el subsidio de gobierno, anzuelo para capturar voluntades y el voto popular.

Aprópiate del lema de Juan Pablo II en su segunda visita a Venezuela: ¡Despierta y reacciona, es el momento!

Sangre por Leonardo Padrón – Caraota Digital – 18 de Enero 2018

leonardo-padron-681x681-1

Ni siquiera con el rostro salpicado de sangre por las esquirlas de una granada la gente le creía. Ni siquiera a minutos de ser asesinado grabando un mensaje de despedida para sus hijos. Se hacían chistes sobre su pelo decolorado. Se ironizaba sobre la satisfactoria señal de internet que tenía para colgar sus mensajes en las redes. Se hablaba de show, de circo, de trapo rojo y pote de humo. Ni siquiera muerto se le creía muerto. Se necesitaba ver el cadáver. Incluso ya con la siniestra estampa de su cuerpo derrumbado sobre su propia muerte y la de sus compañeros de faena, también se especulaba, se tejían hipótesis rocambolescas. Porque todo parecía rocambolesco. Pero ya, con su cadáver en la morgue, finalmente todos le creen a Oscar Pérez.

No se puede juzgar al que no sintió verosimilitud en sus acciones ni aplaudir al que siempre tuvo la certeza de su autenticidad. La dictadura de Nicolás Maduro nos ha educado para no creer en nosotros mismos. Los prejuicios, dudas y recelos están a la orden del día. Por supuesto, nadie cree en la revolución ni en el paraíso terrenal del que alardea en sus cadenas. Pero ya tampoco se cree en los líderes de la oposición y menos en sus partidos políticos. No se cree en la institución del voto. No se cree ni siquiera en la esperanza. Hay motivos de sobra para tanta incredulidad, sin duda. Y ese es un triunfo de la revolución que debemos comenzar a desmantelar.

Algún aprendizaje debe haber con lo ocurrido. Debemos apelar a una profunda reflexión colectiva. El chavismo ha logrado despertar el lado oscuro de la sociedad venezolana. El odio está de fiesta en el país. Neutralizados los medios de comunicación, las redes sociales se han convertido en la única ventana de información. A su vez, las redes han permitido que todo el mundo se convierta en reportero de la realidad y han democratizado la opinión a dimensiones planetarias. Eso tiene sus ventajas y, obviamente, sus bemoles. Lamentablemente, muchas veces se opina como quien dispara un arma desde la cintura. Sin la más mínima pausa reflexiva. Sin aquilatar las ideas. Sin esperar que los hechos destilen su propia sintaxis. Hay un ansia enfermiza por ser el primero en opinar. Por pegarla del techo con una frase que pulverice las redes y gane muchos “likes” y “Rts”. A eso se le debe agregar –una vez más- el eficaz trabajo comunicacional del régimen, experto en sembrar matrices de opinión confusas, que enrarecen donde les conviene, que enturbian el ánimo y dislocan nuestra lectura de los hechos. Ya ningún evento es visto desde un nicho de mínima objetividad. En la multitud de tuits que cada noticia genera, los juicios más radicales, los más escandalosos o hirientes, ganan el rating de la comarca 2.0. Y si alguna figura pública escribe un desatino, inmediatamente se activa el paredón de fusilamiento. No importa que haya expresado un pensamiento que habitaba la mente de no pocos venezolanos. No importa que haya sido una figura amada por la sociedad. En un chasquido pasará a ser vapuleado sin misericordia. Es parte de la fiesta del odio. En las redes también sangra el país.

El lunes 15 de enero ocurrió algo en nuestro país que quedará inscrito en la memoria de todos. Una masacre pública con un desmesurado uso de armas letales. La brutal exterminación de un grupo de venezolanos que optaron por una vía de rebelión, discutible, sin duda, pero dictada por una genuina preocupación ante la bota horrida de la dictadura.

Los que nunca creyeron en Oscar Pérez lo hicieron porque ciertos hechos les parecían inverosímiles. Pero ahí está la nuez del problema. Va siendo hora de asumir que desde hace 19 años -en Venezuela- la realidad se volvió extraña, anormal, delirante, sobreactuada. Desde entonces, nada nos debe extrañar. Pero son muchas las cosas que nos deben preocupar como sociedad. Para salir del lodazal donde estamos, debemos exigirnos a nosotros mismos una revisión profunda, debemos domesticar el odio que nos han inoculado luego de tanta humillación y agravio. Canalizarlo, procesarlo, convertirlo en una forma de redención.

El país hoy es sangre. Sangre derramada. Y esa larga mancha de odio que se ha expandido en el mapa nos ha atrapado. Ya basta. No podemos más. Es suficiente. No nos cabe más dolor.

Los Descreídos por Laureano Márquez – Editorial TalCual – 17 de Enero 2018

LauQuizá el mayor daño que el régimen ha hecho no es la destrucción de la industria petrolera ni la desaparición del oro ni la quiebra de la agricultura y de la industria; no es ni siquiera el condenar al exilio al 10% de la población, la destrucción del sistema educativo y el haber conseguido que Venezuela tenga la inflación más grande del planeta, que la mortandad de cada día sea solo un dato estadístico, que los niños estén muriendo de desnutrición.

El mayor daño lo ha hecho en la demolición del alma nacional, de la esperanza ciudadana, de la dignidad de un pueblo. También han sucumbido —en este asalto a la cordura— el sentido común, la bondad, la tolerancia, la compasión y el respeto. El mayor daño ha sido hecho en nuestros corazones, que se han vuelto incrédulos, desconfiados; que solo ven maldad y traición por todas partes. Ya no confiamos en nada ni en nadie; toda opinión que no sea la nuestra nos parece interesada, despreciable, digna de agresión e insulto. Estamos en una torre de Babel de sentimientos. La destrucción es, pues, mucho mayor de lo que parece a primera vista. Ya hay momentos en los que dudamos de que Venezuela tenga salvación. Somos una tierra en la que toda maldad tiene su asiento. Estamos cercanos a eso que Hobbes llamaba el “estado de la naturaleza”, es decir, el estado previo al ordenamiento jurídico, a las leyes morales, a las normas de convivencia que hacen de un hombre un ser humano. Estamos —diría Hobbes— “en un estado que se denomina guerra; una guerra tal que es la de todos contra todos”.

Santo Tomás de Aquino decía que un tirano se apropia no solo de los bienes materiales de su pueblo, sino de sus bienes culturales; suprime los valores porque requiere un pueblo que sea lo menos virtuoso posible y promueve la enemistad entre los ciudadanos apelando al viejo principio de “divide y reinarás”. El tirano “despojado de la razón, se deja arrastrar por el instinto, como la bestia, cuando gobierna”, nos dice el Angélico. De esta manera logra envilecer a los ciudadanos hasta el extremo, porque sabe que así los somete mejor. Sin duda, en Venezuela este instinto ha funcionado a la perfección. Los venezolanos hemos sido envilecidos al extremo.

Cómo haremos para volver a creer en nosotros mismos, para considerarnos un pueblo digno de progreso y bienestar, de libertad y democracia; digno de vivir feliz sin necesidad de huir de su tierra. Es una pregunta que nos atañe y nos concierne a todos. En nuestro horizonte hay demasiada hambre, demasiada sangre, demasiado odio. Necesitamos con urgencia volver a creer en algo: creer que somos posibles, que podemos respetarnos y tolerarnos, que comer es una actividad normal del ser humano, que podemos transitar calles seguras, que los desacuerdos no nos condenan a asesinarnos, que hay esperanza y futuro y que ese futuro puede ser del tamaño del empeño que pongamos en él. No puede ser que una tierra que es capaz de producir tanto talento, tantas individualidades inteligentes y capaces, esté condenada al fracaso como proyecto común. Esta lucha comienza en nosotros mismos. Corazón adentro debemos hacer que Venezuela renazca como una aspiración de fe en nuestro espíritu, comprometida con valores, principios e ideas. La lucha es afuera y es adentro. Volver a creer en nosotros es el primer paso para salir de esto, porque a esa certeza no hay fuerza humana que la someta. Ese día veremos a la tiranía desvanecerse hasta convertirse en un mal recuerdo, como cuando, mirando un viejo retrato de nosotros mismos, caemos en cuenta de lo feos que fuimos alguna vez.

 

La humillación y el miedo como política por José Rafael López Padrino – Ruptura.org – Junio 2015

HumillacionMiedo.png
Lo malo es bueno, lo triste es alegre, el odio es amor, la guerra es paz, la esclavitud es emancipación, la sumisión es rebeldía, el atropello es respeto…

Gracias a este neolenguaje confuso y enajenante las palabras han sufrido un proceso de destrucción y de pérdida de su significado real; el léxico y la sintaxis se han reducido a niveles elementales y el significado de muchas palabras se ha invertido (Ilustración: portada del libro “1984” de George Orwell)

La oscuridad histórica y orfandad intelectual del ungido Maduro no puede ser mayor. La estructura discursiva del usurpador de Miraflores se reduce al odio, la humillación, la amenaza y el terror. Sus alocuciones se circunscriben a repetir eslóganes, y grotescas mentiras, pero sobre todo un lenguaje de rencor, resentimiento social y amenazas constantes. Algo que es muy propio de los regímenes totalitarios con impronta fascista, quienes recurren a un lenguaje envilecido y descalificador debido a su ilegitimidad y profundo desprecio por el contrario.

Maduro sustenta su discurso en el aborrecimiento y en la deshumanización de la disidencia política. Con ello busca primeramente abonar el terreno para legitimar las acciones violentas en su contra. Han sido muchas las veces que el iletrado de Maduro ha empleado términos como “basura”, “parásitos”, “escoria”, “podredumbre”, etc., para referirse a personajes que no respaldan su proyecto socialfascista. Segundo, Maduro con esa maniquea retórica pretende convertir a sus violentos esbirros en protectores y salvadores de la Patria.

Cuando el engaño ya no es suficiente y la obediencia no funciona, el poder totalitario recurre a la descontextualización del lenguaje, a las humillaciones y al terror. Prueba de lo primero fue la distorsión del concepto de preso político en el marco del neolenguaje bolifascista. Recordemos que fue el fallecido comandante galáctico quién afirmó despectivamente que bajo su régimen no había presos políticos, sino políticos presos. Gracias a este neolenguaje confuso y enajenante las palabras han sufrido un proceso de destrucción y de pérdida de su significado real; el léxico y la sintaxis se han reducido a niveles elementales y el significado de muchas palabras se ha invertido: lo malo es bueno, lo triste es alegre, el odio es amor, la guerra es paz, la esclavitud es emancipación, la sumisión es rebeldía, el atropello es respeto, la homofobia es tolerancia, la represión es libertad, y la entrega es soberanía.

Igualmente el poder totalitario busca crear un mundo basado en el pavor, la humillación y el tormento. Ello ha quedado demostrado en forma inequívoca en los casos de Daniel Ceballos y demás presos políticos enviados a establecimientos carcelarios para presos comunes, sometidos a humillaciones (rapados y uniformados), así como a torturas físicas y psicológicas. O los cateos de “partes privadas” o “desnudos forzados” por parte de funcionarios de la Guardia Nacional a las mujeres que visitan a los detenidos. No olvidemos que forzar a que las personas se desvistan es el primer paso a quebrantar su sentido de individualidad y dignidad y reforzar su indefensión frente al poder.

Naomi Wolf decía que el uso de la desnudez forzada por el Estado es un síntoma inequívoco de un descenso al fascismo. Atropellos estos que superan con creces a los cometidos por los gobiernos adecos-copeyanos contra los detenidos políticos del PCV y MIR en la época de los 60-70 y contrasta con el trato recibido por los militares golpistas del 4F y del 27F quienes fueron recluidos inicialmente en el Cuartel San Carlos y luego trasladados -la mayoría de ellos- a un pabellón especial en el centro penitenciario de Yare donde disponían de todas las comodidades y nunca se les privó del derecho a la visita familiar.

La amenaza permanente ha sido una constante en la retórica socialfascista en estos 16 años de “desgobierno“. Todos recordamos al dicharachero de Sabaneta cuando gritaba a pleno pulmón: “Que no se equivoquen la revolución bolivariana es pacifica, pero armada” o los llamados a transformar en polvo cósmico a la disidencia política.

Más recientemente el ventrílocuo de Miraflores en una transmisión de Venezolana de Televisión, amenazó irresponsablemente a los venezolanos al afirmar que: “Si llegara a fracasar la revolución bolivariana y el imperialismo tomara el control del país, que se preparen para un tiempo de masacre y muerte”. Son amenazas que quedan en el suspenso, que no cesan, a pesar de no producirse en forma inmediata. Es el uso del miedo, el terror y de la incertidumbre como políticas de Estado.

La “Venezuela bolivariana y bonita” se ha transformado en una especie de trinchera de guerra, donde cada ciudadano lucha por sobrevivir frente a un discurso oficial basado en la cultura del rencor, la intimidación y el crimen, promovido por los capitostes en el poder amantes de los totalitarismos mesiánicos verde oliva.

Ya basta de seguir confundiendo -ingenua o premeditadamente- el “legado del chafarote de Barinas” fundamentado en miserias, despotismos, resentimientos, corrupción e impunidad con los planteamientos hechos por el viejo Marx, filósofo de una solida formación teórica y de una vasta profundidad conceptual.

 

La odiadera por Claudio Nazoa – El Nacional – 15 de Septiembre 2017

C50MrbmWQAAyFSH.jpg-mediumEn Venezuela está de moda odiar. Los odiadores de las redes, entre más incultos e ignorantes son, más insultan y vilipendian. No escriben para proponer soluciones. Lo hacen por egocentrismo, para sembrar cizaña y por ganas de figurar.
Los odiadores tienen una enfermedad mental. Necesitan que alguien les haga caso a sus insultos para ver si por carambola, ganan seguidores. Los más expuestos al escarnio de estos necios del teclado, que generalmente se escudan con pseudónimos, somos quienes escribimos en los medios.
Lo mejor, esto lo sé por experiencia, es no responder. En cierta ocasión contesté a uno de ellos y de sesenta seguidores, el tarugo pasó a ocho mil, gracias a que le hice el favor.
En ambas partes existen odiadores en vivo. Ellos no aceptan que uno piense medianamente diferente. Si lo haces, te despellejan. Esta categoría de odiadores dan la cara y generalmente son familiares, conocidos o amigos.
La maldición del odio se ha apoderado de muchas personas quienes, sobrados y llenos de sabiduría, comentan cosas como:“Chico, el problema de la oposición es…”. Hablan como si no fueran de la oposición. Descalifican, caen en lugares comunes, dicen sandeces, improperios, medias verdades y calumnias sin ton ni son. En medio de su sapiencia y grandilocuencia, te miran con desprecio y te lanzan un: “¡Por Dios, no seas tan ingenuo…”. “Ellos son todos una cuerda de traidores…”. “A mí me consta que fulano de tal se reunió con…”.
Estos odiadores tienen tres cosas en común: son cómodos, necios y destilan su odio tomando café y tecleando el celular o la computadora. Además, nunca, ¡pero nunca!, ofrecen una solución.
Haber participado en marchas, trancazos o vigilias, no da licencia para convertirse en odiador del teclado. Vamos a disimular que nos queremos mientras, entre todos, salimos de esto. El enemigo está allá, no acá.
Y no es que no tengamos derecho de criticar a los dirigentes de la MUD. Hay que ser críticos. Sí. Pero antes, preguntémonos: ¿Qué habría hecho yo? ¿He dado mi cara, he entregado mi familia, bienes, sueldo, libertad y comodidad como lo hacen aquellos a quienes hoy destruyo? Y por último: ¿Estoy dispuesto a echar plomo o a votar?
Cuando estén claros, se les aceptará la odiadera. Mientras, hagan el favor de callarse la boca. Controlen el dedo en WhatsApp. Dejen en paz a quienes están echándole bola y vamos a votar, porque echar plomo, además de que no sé, me da miedo.
Qué odio me ha producido escribir este artículo.

A %d blogueros les gusta esto: