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La corporación del mal en América Latina por Miguel Henrique Otero – Red de Noticias – 13 de Octubre 2019

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La principal corporación del mal en América Latina tiene una historia que supera los 60 años. Durante ese período, otras feroces corporaciones aparecieron en distintos países -como la red que, en su momento, constituyeron las dictaduras del Cono Sur y su fallida Operación Cóndor-, pero no lograron mantenerse en el poder por un tiempo tan prolongado como el castrismo en Cuba.

El 1 de enero de 1959 no solo marca el inicio de la creación de la cárcel más grande que ha tenido nuestro continente -casi 110 mil kilómetros cuadrados donde sobreviven encerrados y sometidos a un opresivo sistema de vigilancia, alrededor de 11.8 millones de presos políticos-, sino también, una época marcada por los constantes esfuerzos del castrismo para sacar provecho de las riquezas, las economías y las fragilidades político-sociales del resto de los países del continente.

A comienzos de este año, cuando el castrismo celebró sus seis décadas en el poder, los balances publicados hicieron evidente en qué ha consistido la estrategia de fondo de la corporación: el de crear mecanismos de recolección de lealtades políticas y de dólares, sobre la base de la más falsa y engordada mentira que se haya sido creada y propagada en todo el siglo XX: que en Cuba se estaba produciendo una revolución, gestora de un hombre nuevo, hombre que se liberaría de la dominación imperialista para siempre.

Esa grotesca ficción -reinventada, maquillada, disfrazada de defensa de los derechos humanos o del derecho de los pueblos a su autonomía- ha tenido una eficacia y utilidad extraordinaria. Ha servido para que políticos, centros académicos, intelectuales y oenegés crearan una servidumbre castrista; fue el motor que fundó y diseminó por América Latina movimientos guerrilleros; fue el mecanismo para que, durante todos estos años, “el problema de Cuba” dividiera a los países, de las más diversas maneras. El castrismo, esto hay que reconocerlo, ha logrado ser un núcleo del debate político del continente, y siempre ha contado, cuando menos, con apoyo de fuerzas internacionales, aunque hayan ido declinando con el tiempo.

Pero en el transcurso la corporación ha cambiado de forma sustantiva. De la fuente de ilusiones que fue, especialmente durante los sesenta y los setenta, ha derivado en una considerable estructura delincuencial, que tiene su casa matriz en La Habana, desde donde se dictan los lineamientos a las dos filiales que, ahora mismo, controlan de forma directa: Venezuela y Nicaragua.

Ambas son esenciales para el régimen cubano: la primera constituye su principal fuente de ingresos. Venezuela no solo es proveedora de petróleo subvencionado, maletas de dólares y una cantidad de negocios de incalculable volumen, que recién comienza a ser investigado. El caso de Nicaragua, a su escala, guarda semejanzas: además de importantes negocios, el país bajo la dictadura de Ortega y Murillo, funciona como un aliviadero y estación de paso para militares, asesores, espías y funcionarios, que entran y salen de La Habana a través de Managua, sin registros ni control alguno.

Pero la Corporación del Mal opera bajo otros modelos: tiene franquiciados como los gobiernos de Rafael Correa en Ecuador, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil. Tiene cómplices y lobistas políticos como Manuel López Obrador en México y Tabaré Vázquez en Uruguay. Tiene una entidad especializada en el activismo y la propaganda, el Foro de Sao Paulo, que ha mostrado una maléfica habilidad para engatusar a las buenas conciencias de Europa y otras partes del mundo. Los tentáculos de la corporación, luego de seis décadas, se han diseminado por el mundo, hasta los lugares más insospechados como, por ejemplo, entre algunas corrientes del partido Demócrata de Estados Unidos. Estas son solo algunos de los elementos de la cara A de la corporación.

La cara B configura el poderío oscuro de la corporación cubana: alianzas con las narcoguerrillas del ELN y las FARC, operadores del narcotráfico, organizaciones terroristas del Medio Oriente, traficantes de armas y capos de la corrupción que encuentran refugio y protección en ese país.

Tanto en Venezuela como en Nicaragua, la corporación castrista tiene bajo su supervisión directa a los más altos niveles de las fuerzas armadas y de los cuerpos policiales. Son responsables directos de estrategias, diseño de planes de represión y tortura, entrenamiento y de las actividades de inteligencia dirigidas a las propias instituciones armadas. Quienes han permitido este estado de cosas en ambos países, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Rosario Murillo, han traicionado a las leyes, a la soberanía, a los principios esenciales de sus respectivas Patrias.

El objetivo de la Corporación del Mal es inequívoco: mantenerse en el poder, al costo que sea. Por ello no titubea cuando reprime, tortura y mata a los disidentes en su propio país, en Nicaragua y Venezuela, ni le importan las vidas que puedan perderse en las calles de Ecuador, una vez que ha activado el plan para acabar con el gobierno democrático de Lenin Moreno.

Táchira: La tragedia del estado fronterizo venezolano por Miguel Henrique Otero – ABC – 27 de Septiembre 2019

Lejos de constituir la ventaja histórica es un peligro de inocultables magnitudes

El estado Táchira debe ser, ahora mismo, una de las zonas fronterizas más peligrosas del mundo. El que una sección de su territorio colinde con una parte de la franja oeste de Colombia, lejos de constituir la ventaja histórica, es un peligro de inocultables magnitudes.

Hay que recordar que, por décadas, los municipios fronterizos venezolanos mantuvieron prácticas de intercambio comercial, turístico, académico y familiar, benéfico para los dos países. Hubo un tiempo donde los visitantes venezolanos constituían un importante estímulo para hoteles, restaurantes y comercios al otro lado de la frontera. Miles de familias colombianas encontraron en nuestro territorio un lugar para vivir y trabajar. A pesar de los problemas y dificultades que son característicos de las regiones limítrofes, entre Táchira y el Norte de Santander se construyó una cultura viva y poderosa, flexible y tolerante, porque la frontera no perdió nunca su condición porosa para los habitantes de aquí y de allá, incluso cuando las cancillerías, alentadas por fervores nacionalistas, establecieron controles que impedían la libre circulación en ambos sentidos.

En los últimos veinte años, esa compleja realidad, la de una frontera de constantes intercambios, ha sido totalmente destruida. Las múltiples ventajas que ofrecía a los tachirenses han sido arrasadas por Chávez y Maduro. Y lo han sido, porque su territorio, sus bienes y sus habitantes, han sido entregados a la voracidad destructiva de las bandas armadas que son constitutivas de su poder.

A partir de ese pacto, de forma paulatina -en un comienzo, bajo modalidades muy discretas- Táchira se convirtió en un enclave de seguridad para los narcoguerrilleros. Se les permitió adquirir fincas y viviendas. Se crearon centros médicos que pudiesen atender sus necesidades de salud. Se obligó a empresarios del sector hotelero a reservar partes de sus instalaciones a los delincuentes amigos del gobierno. En las hemerotecas pueden encontrarse las denuncias que hizo Sergio Omar Calderón, gobernador del Táchira en ese momento, sobre la presencia de los delincuentes en la región.

Mientras que en 1999 se produjeron 44 secuestros en el país, dos décadas más tarde, en el 2019, la cifra se había disparado a 16 mil 917 casos. Un aumento superior a 38.000%. Lo aclaro de una vez: ambos datos provienen del oficial Instituto Nacional de Estadísticas. De estos secuestros, casi la mitad se produjeron en las regiones fronterizas del Zulia y Táchira, donde las FARC y el ELN ya circulaban con total impunidad.

De forma simultánea, otro fenómeno, ahora ampliamente documentado por organismos de inteligencia de Colombia, Brasil y Estados Unidos, tomaba cuerpo: la creación y diseminación de grupos paramilitares -que todavía algunos llaman ‘colectivos’-, cuyas armas provienen, casi a partes iguales, de CAVIM y de los arsenales de las FARC y del ELN. De hecho, hay armas con las que se han atacado y asesinado a jóvenes que protestaban, cuya huella balística ya había sido registrada en crímenes cometidos por las FARC en ataques al ejército de Colombia. La que era una frontera de intercambios civiles ha sido pervertida en un corredor para el tráfico de armas.

Operar a su libre albedrío

En efecto: Tráfico de armas, drogas, combustibles, productos de la petroquímica, cajas del CLAP, vehículos y equipos informáticos robados, oro, diamantes, coltán, reses, carnes refrigeradas, medicamentos y más. La frontera es ahora un terreno bajo el mandato de paramilitares, narcoguerrilleros, grupos de militares dedicados al tráfico de drogas, policías dedicados al secuestro y al sicariato, militares rusos, chinos y más.

El poder no solo les ha concedido licencia para operar a su libre albedrío, lo cual les autoriza a delinquir, sino que, además, les ha designado un coordinador, de modo que evitar conflictos entre los distintos grupos, y de ponerlos a todos bajo una dirección, que se encargará de movilizarlos, cuando el poder lo ordene. La opinión pública no ha tomado el pulso de lo que significó el nombramiento de Freddy Bernal como «Protector del Táchira», el 31 de diciembre de 2018. La designación, que tiene los ribetes de una payasada, no lo es en absoluto.

Bernal es el jefe absoluto de las operaciones paramilitares y militares en toda la región fronteriza. Unidades militares, FAES, policías, Dgcim, Sebin, FARC, ELN y de los grupos que operan en la zona. A todos estos cuerpos vienen a sumarse ahora los milicianos, a quienes están entrenando en el manejo de todo tipo de armas,incluyendo baterías de misiles instaladas por Rusia.

Ninguna de las dos imágenes es gratuita: Táchira es un polvorín y una bomba de tiempo. En su territorio, especialmente en tres de sus municipios fronterizos, están concentrados grupos de violentos al margen de la ley -sicarios, secuestradores, asaltantes, líderes de grupos de invasores-, militares desaforados y ambiciosos, milicianos intoxicados de discursos nacionalistas, funcionarios extranjeros -perros de la guerra- instalando armas y buscando la ocasión para hacer uso de ellas y lograr nuevos contratos.

Se están apropiando de fincas, expulsando a sus propietarios, creando las condiciones para instalar un enorme enclave para uso de narcoguerrilleros, paramilitares, militares y funcionarios corruptos. Está en curso un ataque a las autoridades civiles del estado, que incluye a la gobernadora escogida con los votos de los ciudadanos, de manera que entre el TSJ ilegal e ilegítimo, y la ilegal e ilegítima ANC, designen un nuevo gobernador, de modo de tomar el control total de la región.

Todo esto hace pensar en las oscuras energías que se están concentrando en la zona. Son muchas las vidas que podrían estar en peligro. En cualquier momento podría ocurrir una tragedia. Los venezolanos tenemos una responsabilidad: hay que defender al estado Táchira.

 

Venezuela, puente del narcotráfico, se convierte también en productor por Ludmila Vinogradoff – ABC – 22 de Septiembre 2019

Debido a los vínculos que existen entre la narcoguerrilla colombiana, instalada en el país, y el cartel de los Soles, integrado por la cúpula de la FANB

El otrora exportador de petróleo Venezuela se ha convertido en una potencia emergente en producción y procesamiento ilícito de drogas, gracias al régimen de Nicolás Maduro, que ha dado el control del territorio a la narcoguerrilla colombiana, las FARC y el ELN, que actúan libremente en el país caribeño.

La denuncia la hizo a ABC el director de FundaREDESJavier Tarazona, una ONG venezolana que se ocupa de los derechos humanos y la educación, cuya preocupación por la grave expansión de los grupos armados irregulares lo ha llevado a hacer una campaña de alertas en Europa y en América Latina ante la CIDH de la OEA, la ONU y la Corte Penal Internacional.

«Lo que me preocupa es la indiferencia de las instituciones tanto en Venezuela como Colombia en el combate del narcotráfico, lo que ha permitido de cierta forma la expansión de los grupos irregulares criminales», dijo Tarazona a ABC después de su visita en la Fiscalía General de Bogotá, donde consignó los mapas y las pruebas documentadas de la presencia de las FARC y el ELN en el país bolivariano.

La presencia de la narcoguerrilla colombiana se localiza en 17 de los 23 estados de Venezuela. «Lo peor es que los líderes de las FARC como Iván Márquez y Jesús Santrich, entre otros, operan desde el palacio de Miraflores, la cúpula del poder en Caracas, que los protege y financia, y los trata como ministros con escoltas», afirma Tarazona.

En total cohabitan en el país unos 28 grupos irregulares armados, tanto nacionales como extranjeros, pero los cabecillas de las bandas colombianas que son ocho frentes guerrilleros en la denominada alianza entre el ELN y las FARC, ha expandido su narcotráfico hacia a las costas venezolanas desde el este ante las islas holandesas, Curazao y Aruba, y el oriente en el Caribe frente a las islas de Trinidad y Tobago, y Guyana.

El cartel de los Soles

Venezuela no solo es puente para la exportación ilícita de la cocaína desde Colombia, sino que ahora cultiva, produce y procesa los estupefacientes, en «cantidades incipientes pero importantes» debido a los vínculos que existen entre la narcoguerrilla y el cartel de los Soles, integrada por la cúpula militar de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB)», añade.

Las FARC y el ELN son el primer empleador en la frontera. «Lo vemos en los estados Táchira, Zulia, Apure, Barinas, Falcón, Aragua, Sucre, donde han expropiado o confiscado fincas y haciendas productoras de ganado. Como la mano de obra venezolana es barata y pagan en dólares entonces tienen un mercado laboral cautivo para sus operaciones ilícitas», dice.

Las bandas de narcotraficantes «poseen 228.294 armas que han sido declaradas como desaparecidas en los batallones del ejército bolivariano que estarían en poder de la narcoguerrilla colombiana», asegura Tarazona.

Proteger yacimientos

Además del narcotráfico esas armas también son utilizadas en otras nuevas actividades que les ha encomendado el régimen como la explotación del Arco Minero en el Orinoco, estado Bolívar, sur de Venezuela, donde protegen grandes concesiones de yacimientos de oro, coltán y diamante de los contratistas chinos, rusos, palestinos y turcos.

«Estos grupos armados son sanguinarios y decapitan a los que los delatan o roban materiales. Hemos registrado 1.200 desapariciones en 2018 y en lo que va de año ya se duplicó la cifra anterior», añade al mencionar que las poblaciones de indígenas de Bolívar y el Amazonas son las más afectadas.

Dijo que la narcoguerrilla colombiana controla cinco estaciones de radio en su área de influencia fronteriza. También tiene poder social. «El régimen de Maduro les ha entregado la repartición de bolsas de alimentos CLAP (Comité Local de Administración y Producción) a los chavistas registrados con el carné de la patria».

A través de su fundación, Tarazona recibe los datos de las actividades criminales de las FARC y el ELN de los propios oficiales y soldados venezolanos bajo anonimato que no están de acuerdo con susoperaciones ilícitas en el país. «Los tenemos bien detectados. Muchos han desertado de las filas del ejército y se han pasado para el lado de Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela y presidente de la Asamblea Nacional, quien posee toda la información necesaria».

Preguntado sobre las operación Guaicaipuro que Maduro ha desplegado esta semana en Táchira con un contingente de 3.000 hombres armados en la frontera, Tarazona dijo que era sólo un show para distraer la atención del verdadero conflicto que es la penetración de la narcoguerrilla colombiana en Venezuela, ahora convertido en un país potencia del cultivo de drogas.

Ante la reducción de la producción petrolera y la pérdida de su ingreso como principal fuente de divisas, el cartel de los Soles ha recurrido al narcotráfico manejado por las FARC y el ELN como su fuente de ingreso alterno pero a un costo social sangriento que competiría con los carteles mexicanos y centroamericanos.

 

Una franja de Gaza en Venezuela: el caballo de Troya de las negociaciones por  Edgar Cherubini – El Nacional – 14 de Septiembre 2019

Como parte de la nueva estrategia de la dictadura tutelada por Cuba, a los pocos días de esa declaración de guerra, Maduro ordenó movilizar tropas hacia los estados Zulia, Táchira, Apure y Amazonas, en la frontera con Colombia para realizar maniobras militares conjuntas, incluyendo a sus organizaciones paramilitares de milicianos y “colectivos”. Para mayor gravedad, el general Padrino, su ministro de la Defensa, ordenó desplegar el sistema de misiles de defensa antiaérea: S-300, que los rusos han instalado en Venezuela, siendo el más avanzado de América Latina y el Caribe. A partir de ahora, los grupos armados de las FARC y el ELN podrán operar en Venezuela con total impunidad, creando una especie de “franja de Gaza” que se extiende a lo largo de la frontera occidental del país, desde la península de la Guajira hasta la frontera con Brasil, haciendo realidad el sueño de Chávez y Fidel: “Venezuela limita en el oeste y al sur con las FARC (Chávez dixit)”.

Para Venezuela y los países de la región se ciernen riesgos inéditos y una espiral de violencia imprevisible. El más peligroso e inminente es el de la precipitación acelerada del país hacia un Estado fallido, al existir el riesgo, si es que ya no ha sucedido, de que los armamentos livianos y portátiles que poseen las FANB terminen en las manos de las organizaciones narcoterroristas, de los paramilitares y escuadrones de exterminio aliados con bandas hamponiles que hacen vida en el territorio venezolano amparadas por el régimen y que en alianza con la narcoguerrilla se han distribuido el territorio nacional para proteger sus negocios criminales.

Ante este nuevo escenario, cualquier persona medianamente informada se pregunta: ¿Por qué Noruega aceptó que Cuba fuera la sede de las negociaciones de paz para Colombia, siendo este país el secular promotor de la subversión en Latinoamérica, el sostenedor de la narcoguerrilla y el que maneja los hilos de la dictadura en Venezuela? ¿Por qué Noruega hizo caso omiso a las denuncias que ubican en Cuba a los terroristas más buscados por Colombia y las agencias de seguridad internacionales? Durante las negociaciones entre el régimen de Maduro y la oposición democrática en las que Noruega es garante, ¿acaso la dictadura no ha arreciado su persecución y violencia contra los opositores, y descaradamente apoya militarmente a la narcoguerrilla, amenazando a Colombia? También nos preguntamos: ¿Es que acaso no fue en las negociaciones en Noruega que la OLP comandada por Arafat utilizó el mismo modelo para ganar tiempo, movilizar y rearmar a sus combatientes, irrespetando el acuerdo y continuar con sus ataques terroristas contra Israel?

Un indicio de dónde comenzar a hilvanar las respuestas lo leemos en el boletín del Gatestone Institute, que publica un trabajo titulado: “Cómo los déspotas interpretan los tratos con Occidente” (Bassam Tawil, “How Despots Interpret Deals with the West”, Gatestone Institute, Septiembre de 2019). Se trata de un breve análisis sobre las tensiones diplomáticas entre Irán, la Unión Europea y Estados Unidos sobre el acuerdo nuclear de 2015 con este país islámico, a raíz de sus amenazas de “borrar del mapa a Israel”. El tema de dicho informe debería sacudir la ingenuidad de los negociadores europeos y de todos aquellos que creen en el diálogo con terroristas, dictadores y déspotas, al evidenciar que los promotores del terrorismo cuando se sientan a negociar lo hacen para ganar tiempo mientras se rearman e incrementan su violencia y perversidad contra las democracias occidentales, interpretando cada gesto de acercamiento y diálogo civilizado como un signo de debilidad.

Una franja de Gaza en Venezuela

Debido a las coincidencias con los conflictos en Venezuela y Colombia, es interesante  revisitar los entretelones del acuerdo de Oslo firmado en 1993 entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina OLP, en la que participó el gobierno de Noruega como garante de los acuerdos.  El informe Gatestone retrata el objetivo de Yasser Arafat al participar en esas conversaciones, ya que la OLP nunca tuvo la intención de apartarse del terrorismo contra el Estado judío. Bassam Tawil comenta que un oficial de la OLP describió los diálogos de Oslo como un «caballo de Troya” y que, mientras avanzaban las conversaciones, Arafat tenía como objetivo “convertir el Acuerdo de Oslo en una maldición para Israel”, aprovechando ese tiempo para rearmarse y movilizar combatientes a zonas estratégicas. Sobre esto último cita el registro de la conversación con Arafat de otro oficial de la OLP, en la que el líder Palestino le expresó: “Por Allah, los volveré locos [a los judíos]. Por Alá, convertiré este acuerdo en una maldición para ellos. Por Allah, tal vez no en mi vida, pero tú vivirás para ver cómo los judíos huyen de Palestina. Ten un poco de paciencia”.

En 2000, Arafat pateó otra de las mesas de negociación y acuerdos en Camp David, lanzando una ola de terrorismo contra Israel, la famosa «Intifada», pese a que había recibido la oferta de Ehud Barak de “establecer un Estado palestino desmilitarizado en el 92% de Cisjordania y el 100% de la Franja de Gaza y el establecimiento de la futura Capital palestina en el este de Jerusalén, siendo rechazada por los palestinos sin siquiera una contraoferta. La OLP y Yasser Arafat, arremetieron con una campaña sin precedentes de atentados suicidas y actos terroristas cobrando la vida de miles de israelíes”. Israel nuevamente pagó un alto precio por una mesa de diálogo que se suponía debía promover la paz y la estabilidad en Medio Oriente, donde se trató la retirada israelí de la franja de Gaza, pero fue utilizado por la propaganda palestina como un signo de debilidad y retirada. Desde entonces, los palestinos no han cesado de disparar cohetes y perpetrar atentados contra Israel exclamando que los habían obligado a huir de Gaza.

Yo añadiría que ni a Hamas ni a la Autoridad Palestina les interesa la creación de un Estado Palestino, pues  eso significaría establecer y respetar las reglas de juego de la comunidad internacional y traicionar su juramento de jamás reconocer la existencia del Estado judío y de no cesar de luchar por su aniquilación.

Salvando las distancias, pienso que este complejo escenario geopolítico del Medio Oriente se refleja en Venezuela en variadas similitudes. Para resumir, en relación con Colombia, podemos decir que los acuerdos de Paz manejados por Noruega y Cuba solo han servido para que los criminales de la narcoguerrilla agrupados dentro del partido político FARC, ocuparan curules en el Congreso y ahora gocen de total impunidad, mientras su ala militar se reagrupaba y empoderaba en el santuario chavista. En cuanto a Venezuela, la comunidad internacional ha tratado de restaurar la democracia a través de las negociaciones promovidas igualmente por Noruega (…y Cuba), pero hasta la fecha, el chavismo no ha negociado, ya que con cada “diálogo” solo ha ganado tiempo, ha agudizado más la crisis en el país y ha incrementado la violencia y perversidad de su feroz dictadura, como si hubiera copiado a pie juntillas el modelo de negociación OLP-Arafat. Pero esto se complica debido a la reciente declaración de guerra de la narcoguerrila ubicada en Venezuela bajo la protección del régimen de Maduro y su cúpula militar, que han creado una inviolable franja de seguridad para los terroristas y la narcoguerrilla a lo largo de la frontera con Colombia y Brasil.

Pensando en voz alta, finalmente me pregunto: ¿es una coincidencia que Noruega sirva de facilitador y garante de acuerdos que no se cumplen, sino que por lo contrario son utilizados como “caballos de Troya” por los terroristas?

¿Qué se deriva del informe de la revista Semana? por – Editorial El Nacional – 15 de Septiembre 2019

Me refiero a la revista Semana, de Colombia, y a los contenidos de la edición del 7 de septiembre de 2019, #1949, titulada “Manguala contra Colombia” (la Real Academia de España define manguala como “confabulación para fines ilícitos”). De acuerdo con lo señalado por la publicación, el contenido del reportaje se basa en documentos secretos del Sebin y del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. El solo hecho de que documentos de inteligencia salten al espacio público es un síntoma más, particularmente revelador, de que no existe la cohesión y unidad política e institucional que Padrino López y el resto del Alto Mando Militar proclaman: hasta en las unidades de inteligencia hay resquebrajamientos, disparidad de criterios y funcionarios que filtran materiales, para mostrar a los venezolanos y al resto del mundo, los extremos de ilegalidad que rigen las conductas del poder que somete a Venezuela.

Del material periodístico elaborado por la revista Semana se desprenden una serie de graves hechos, que listaré y ordenaré a continuación.

Uno. La alianza entre el poder usurpador de Nicolás Maduro y las narcoguerrillas del ELN y disidencias de las FARC no se limita a lo retórico o a meras declaraciones circunstanciales. Los acuerdos tienen una serie de implicaciones territoriales, militares, institucionales y con respecto a la propiedad de tierras y minas, que exceden todas las denuncias y estimaciones que se han venido publicando en los últimos tres o cuatro años.

Dos. Entre las múltiples perversiones de la narcoalianza, es obligatorio llamar la atención sobre el más grave y peligroso de sus contenidos, que compromete a sectores de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. La institución que estaría llamada a desempeñar el más decisivo rol ante organizaciones que son enemigas de Venezuela y los venezolanos, enemigas del Estado de Derecho y de la convivencia, que tendría como su tarea primordial, establecida en la Constitución, la de expulsar, con todos los recursos a su disposición, a esas bandas criminales del territorio venezolano; no solo las acoge, sino que las protege, les suministra apoyo y recursos, y les entrega zonas en distintas regiones, para que operen y puedan eludir la acción de la justicia.

El reportaje cita una denuncia de la organización no gubernamental  Fundaredes, que habría alertado que estos grupos tienen bajo su control, armas y municiones provenientes del Ejército venezolano. Añade Semana que existe un memorando del día 9 de agosto, firmado por el almirante Remigio Ceballos, la máxima autoridad del Ceofanb, dirigido a generales y a prácticamente todas las unidades regionales –REDI, ZODI y ADI–, que “por orden del presidente Nicolás Maduro Moros deberán evitar entablar enfrentamiento con personal de los grupos rojos en las zonas de entrenamiento y abastecimiento desde 080106002019 hasta nueva orden. Brindar apoyo logístico y entrenamiento”.

Tres. Los documentos permiten concluir que la FABN conoce con absoluto detalle dónde están localizados los campamentos y guaridas donde se han instalado los delincuentes –entre 1.600 y 2.000 aproximadamente–, que estarían distribuidas en casi todos los estados de Venezuela. Una parte de estos delincuentes, entre 15% y 20%, serían venezolanos, lo que, es evidente, forma parte de una estrategia para convertir al ELN y las FARC en fuerzas multinacionales.

Cuatro. No solo desestabilizar a Colombia: entre los descabellados propósitos de esta siniestra malanga está el de acopiar información de carácter estratégico-militar, relativa a lugares claves –posibles blancos– en el territorio colombiano, que podrían ser atacados en el caso de una confrontación militar entre estas bandas de delincuentes y sus socios venezolanos, y la nación colombiana.

Los ejercicios militares que Maduro ordenó realizar en la frontera, tienen algo de exhibicionismo, tal como ha escrito Rocío San Miguel. La pregunta que surge de todo esto: ¿a quién pretenden impresionar o atemorizar con el pavoneo guerrerista? ¿A la estructura militar del Estado colombiano? ¿Al presidente Iván Duque? ¿Al almirante Craig S. Faller, jefe del Comando Sur de Estados Unidos? ¿No es más que un señuelo –costosísimo, de acuerdo con los expertos– para desatar los ánimos patrioteros y crear un ambiente de mutuas amenazas?

¿O se trata de un claro e inequívoco mensaje, dirigido a los venezolanos y al resto de los demócratas del mundo, que viene a decir que no dejarán el poder, que continuarán matando y destruyendo las vidas de las familias venezolanas, que el diálogo no es más que una treta para ganar tiempo y complacer al buenismo y a la corrección política, pero que en realidad,de lo que se trata es de que esa alianza, la de militares, narcos y delincuentes, no dejará el poder en Venezuela, y que para ello harán uso de las armas contra quien sea y cuando sea necesario?

¿Esas bandas de criminales que no acataron nunca los llamados al diálogo en Colombia –el ELN– y que rompieron los supuestos acuerdos de paz –las disidencias de las FARC–, ahora aliados con militares y mafias del poder venezolano, autorizarán el diálogo, permitirán que en Venezuela se realicen elecciones libres y en igualdad de condiciones? Mi respuesta: el exhibicionismo militarista y todo lo revelado por el informe de Semana, que se suma a las innumerables denuncias que tienen realizando periodistas y organizaciones no gubernamentales  de Venezuela y otros países, no dejan lugar a dudas: no quieren diálogo sino confrontación. Balas en vez de palabras.

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