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El abstencianismo es el aliado más fiel de la dictadura por Fernando Mires – Blog Polis – 12 de Abril 2018

miresA continuación, la entrevista-cuestionario que me hiciera el diario ÚltimaVersión desde Maracaibo

UV: La estrategia de la oposición pareciera jugar para los intereses del Gobierno. ¿Qué diagnóstico me hace de las “oposiciones” que no terminan de capitalizar el 75% de rechazo que tiene el Gobierno de Maduro?

FM: Para capitalizar una predisposición electoral se requieren políticas claras y definidas. En la oposición solo hay dos: la de Soy Venezuela y la de la candidatura de Henri Falcón. Una tercera, la más decisiva, la de la MUD, carece de estrategia y se ha convertido en un espacio de competencia entre las otras dos. Pero si la MUD, hoy dominada por tendencias autodestructivas, recupera el sentido electoral de su política (no tiene otro) el destino de Maduro estará sellado. Puede ser que ya sea demasiado tarde. A los partidos de la MUD se les ve entrampados.

UV: Pese a nacer con postulados legítimos, el Frente Amplio se diluyó exclusivamente en llamar a la abstención de cara al proceso electoral del 20M. ¿Nació muerto o debió consolidar otras acciones?

FM: No existen frentes de unidad política sin cometido electoral. Nadie puede imaginar un Frente para llamar a la abstención lo que en el caso venezolano significaría hacer nada y resignar al país a vivir bajo una dictadura Solo si el FA llama a votar será frente y amplio. Sin eso, solo será lo que es hoy: una simple sigla, un símbolo vacío, un nombre sin sujeto.

UV: Henrique Capriles asomó en marzo que 80% de la oposición quiere votar. ¿Cree que su posición abstencionista es consona con su acción?

FM: No sé si Capriles tiene una posición abstencionista. Sugiero que la pregunta sea hecha directamente a él, no mí.

UV: Hay líderes opositores que esperan la intervención de los Estados Unidos para solucionar la crisis política en Venezuela. ¿Cuál es su lectura en torno de esta posición?

FM: EE UU tiene suficiente con Rusia, Irán, Siria, Corea del Norte y México. Ni siquiera una política tan errática como la de Trump contempla la posibilidad de abrir un nuevo frente, como ocurriría con Venezuela. El senador Rubio, que no representa precisamente una línea blanda, lo dijo muy claro: no habrá intervención.

UV: ¿La Cumbre de las Américas pudiera darle oxígeno al Gobierno en su discurso del injerencismo de la Casablanca en los problemas del país? ¿Trump suma o resta frente a la inacción de la dirigencia política venezolana?

FM: Ni lo uno ni lo otro. Habrá declaraciones y amenazas en contra del gobierno de Maduro. Pero mientras no exista una conexión entre un movimiento político–electoral que canalice el enorme caudal que proviene del apoyo internacional, las declaraciones se las llevará el viento. Hubo un tiempo en que hubo una fuerte oposición electoral a Maduro y casi ningún apoyo internacional. Hoy hay un fuerte apoyo internacional y una todavía débil oposición electoral. Mientras desde ambas dimensiones no surja una convergencia, ninguna podrá actuar sin la otra.

UV: ¿Cómo evalúa la figura de Henri Falcón y qué tiene que mejorar de su campaña para lograr capitalizar el triunfo el 20 de mayo?

FM: Falcón rompió con una decisión errada de la MUD pero para continuar la política de la MUD. Paradojalmente Falcón representa hoy la línea política de la MUD. En cambio la MUD al condenarse a la inacción bajo el absurdo slogan de “abstención activa”, abrió todos los flancos para que en su interior penetraran las posiciones más anti-políticas, las del “vete ya“. Ese error lo pagará muy caro. Si Maduro es elegido, no habrá más MUD. Cuando más algunos partidos sueltos dando vueltas como meteoritos en el espacio virtual. Lo único que puede salvar a la MUD es la candidatura de Falcón.
¿Qué tiene que hacer Falcón para mejorar su campaña? Muy poco. Su programa lo heredó de la propia MUD. Los puntos principales están contenidos en las exigencias del Diálogo de la República Dominicana. Son los mismos que, después de fracasado el Diálogo, debió haber retomado la MUD para lanzar una intensa campaña electoral antes de que los demonios del abstencionismo se apoderaran de las cabezas de sus dirigentes. Le nombro los principales: libertad a TODOS los presos políticos, fin de las inhabilitaciones, devolución de poderes a la AN, inhabilitación de la AC, reorganización del TSJ y medidas de extrema urgencia para solucionar con ayuda de países amigos las catástrofes que se viven en los sectores de la alimentación y de la salud. Falcón está de acuerdo con ellos y los ha venido enunciando –aunque de un modo algo desordenado – en diversas ocasiones.
Esos puntos (y tal vez otros más) son suficientes para un gobierno de transición a la democracia. Importante sería escribirlos en negro sobre blanco, para que todo el mundo los lea y entienda de una vez por todas por qué es tan importante votar.

UV: ¿No le parece que con este CNE votar es amarrar aún más al gobierno? Muchos aseguran que es muy distinto el ejercicio del sufragio al resultado que aparecerá…

FM: Bajo una dictadura nunca habrá condiciones equitativas, ni elecciones limpias ni nada parecido. La que tiene lugar –y eso es lo que no entienden los de la MUD- no es solo una lucha electoral, es una resistencia anti-dictatorial que transcurre por la vía electoral. Las elecciones, en ese sentido, no son solo para ganar sino también para denunciar a la dictadura. No hay medio de movilización social más intenso que una campaña electoral bien llevada. Sin participación masiva en la contienda electoral, el CNE y Maduro no tendrán siquiera necesidad de hacer fraude. Los partidos de la MUD con su abstrusa línea peticionista están haciendo un tremendo favor a la dictadura. La abstención: ese es el gran deseo de Maduro. De eso ya no me cabe la menor duda.

UV: ¿Cuál es su pronóstico a corto, mediano y largo plazo del chavismo como movimiento político?

FM: El chavismo ya no es un movimiento. Mientras durante Chávez fue un movimiento social políticamente organizado, hoy Maduro representa una dictadura militar clásica, una más en la larga lista de dictaduras que asolaron el continente durante el siglo XX.

UV: ¿En un artículo usted evaluaba el abstencionismo en Venezuela y aseguraba que la revolución se nutre de él? ¿Cómo es eso? ¿A qué se debe?

FM: A riesgo de ser insistente, reitero: el abstencionismo solo favorece al régimen y el régimen lo sabe y por eso lo promueve y lo fomenta. El abstencionismo es el más fiel aliado de la dictadura.

 

¿Y la AC? por Fernando Mires – Blog Polis – 10 de Abril 2018

miresCuando no hay leyes ni reglas claras hay que dejarse regir por máximas. Esa también es una máxima y fue formulada en distintas ocasiones por Immanuel Kant. Por ejemplo, una máxima que he intentado seguir dice así: “si escribes un texto breve, no abordes más de un tema o si no lo echas todo a perder”. Así lo decidí al escribir mi artículo titulado “La miseria del abstencionismo venezolano”. Dejé un tema pendiente y no pocos lectores me lo hicieron saber a través de las redes.

No siempre respondo a interlocutores digitales. Las más de las veces son agresiones, insultos. Pura basura. Pero de vez en cuando recibo réplicas inteligentes. Varias de ellas me hacían la siguiente pregunta: “Usted llama a votar. ¿Pero no significa eso legitimar a la institución convocante, a la Asamblea Constituyente impuesta por medios fraudulentos por la dictadura”? “¿A una AC que no es reconocida en ningún país democrático del mundo?” “¿No es eso una contradicción?”

Mi respuesta ha sido y es: Sí: es una contradicción. Y como contradicción hay que asumirla. Y como es una contradicción, la voy a explicar.

Partamos de la base de que el gobierno de Maduro no es -desde las presidenciales del 2013 cuando la señora Lucena se negó a mostrar los cuadernos electorales- un gobierno legítimo para la mayoría de la oposición. Pero ese no ha sido problema para que la oposición, bien encaminada, hubiera decidido defender el principio de legitimidad frente a un gobierno considerado ilegítimo. Por eso asumió la defensa de la Constitución. Por eso asistió a todas las citas electorales convocadas por el gobierno. Por eso fue a la cita del 6-D y obtuvo un triunfo legítimo sobre el gobierno ilegítimo. ¿Qué nos cuenta esa experiencia? Algo muy simple: la oposición aceptó que un gobierno ilegítimo convocara a elecciones legítimas. Y lo aceptó porque no tenía otra alternativa para enfrentarlo. Y lo aceptó, a sabiendas que iba a enfrentar a una dictadura y no al gobierno de Suecia. Y lo aceptó, por último, porque estaba convencida de que exigir convocatorias legítimas a una dictadura es un absurdo sin nombre. Las dictaduras legítimas –eso es lo que no pueden entender algunos inmaculados de la política- no existen.

Hoy, una AC tan ilegítima, y más aún, tan ilegal como el gobierno de Maduro, convoca a elecciones presidenciales. Pero ahora, a diferencia con otras ocasiones, gran parte de la oposición no acepta ir a las elecciones porque el convocador es ilegítimo. Luego, no quienes acudirán a la elección a votar por Henri Falcón sino los que predican la abstención son los que han entrado en contradicción con la línea electoral de la MUD: la de acudir a todas las elecciones aunque el convocante –llámese gobierno o AC- sea ilegítimo.

De acuerdo a la coartada de no votar para no dar reconocimiento a la AC, la oposición centrista ha cedido el espacio a los sectores más extremistas, a los seguidores de la señora Machado, a los que gritan “dictadura no sale con votos”, a los que esperan que otros países les resuelvan los dilemas que ellos jamás sabrán enfrentar.

Declaraciones como las emitidas por un grupo de “parlamentarios jóvenes” –precisamente los que llegaron al poder gracias a elecciones sin condiciones democráticas (¡y con “ese CNE”!)- o por las del partido Primera Justicia, podrían ser perfectamente suscritas por “Soy Venezuela”. Al igual que el movimiento de MCM, el neo-abstencionismo ha sustituido a la política por una pseudo moral. La línea moralista y no política de MCM ha terminado por imponer su hegemonía en la oposición.

Fue también Immanuel Kant quien en su “Paz Perpetua” logró hacer la fina diferencia entre un político moral y un moralista político. Según Kant, el político moral actúa de acuerdo a normas vigentes. El moralista político, en cambio, intenta imponer SU moral aunque esa imposición lleve a la destrucción de sus propias fuerzas políticas. Esa es la razón por la cual muchos moralistas políticos han terminado por convertirse en grandes inmorales. En nombre de una moral petrificada terminan entregando el poder a las fuerzas contrincantes, en este caso, a la dictadura de Maduro.

¿Pero no es acaso la AC una institución no solo inmoral sino, además, anticonstitucional? ¿Cómo una oposición que ha declarado su apego a la línea constitucional va a romper en nombre de una elección con la propia Constitución? ¿No escribió el ya citado Immanuel Kant que la Constitución es expresión de la moral ciudadana? Son argumentos serios y fuertes. Y con la seriedad y fuerza que merecen, trataré de responder.

Efectivamente: la AC es ilegítima porque es inmoral y es inmoral porque es anti-constitucional. De eso no cabe la menor duda. Pero esa AC pertenece a la dictadura. Y toda dictadura, precisamente porque lo es, lleva a la política a un borde que limita con la guerra. Toda dictadura es militar. Y para toda dictadura la política es una práctica que se rige por la lógica militar, práctica dirigida al exterminio del adversario. Bien, esa lógica no la impuso la oposición, que es política por excelencia. La impuso la dictadura. La impuso desde el momento en que creó a la AC para exterminar a la AN y a la oposición a la vez.

Efectivamente: en la Venezuela de hoy no rigen principios constitucionales porque ellos han sido usurpados por principios anti-constitucionales. Por una institución, la AC, puesta por encima de la Constitución. De ahí se deduce que la tarea política de la oposición es rescatar a la Constitución. Eso solo puede hacerlo acudiendo a las elecciones presidenciales, aún en las condiciones dictadas por la dictadura, porque bajo esa dictadura no hay ni habrá otras condiciones. ¿Los fines justifican a los medios? Ni siquiera eso. Pues no se trata de elegir entre un medio y otro sino de utilizar el único medio que la oposición tiene a su alcance: las elecciones convocadas por una entidad dictatorial.

Kant –para seguir citándolo- escribió en su “Crítica de la Razón Práctica” que la Constitución articula una razón moral que precede a la Constitución, una razón que viene de la propia experiencia humana y que nos lleva, antes de que aparezcan las leyes, a conocer la distancia entre lo bueno y lo malo. La diferencia es que la ciudadanía venezolana conoció una Constitución, hasta que se la quitaron. De lo que se trata, por lo tanto, es de recuperar a la Constitución. Y cuando la Constitución ha sido robada, hay que recurrir a medios no constitucionales para rescatarla, entre ellos, aceptar la convocatoria de la AC, para después –cuando se den las condiciones- aplastar a esa misma AC con todo el peso de la Constitución. A veces hay que actuar así: si una banda armada te asalta y exige tu dinero, tú lo entregas sin pensar que con eso legitimas a la banda. Después – si continúas vivo- llamarás a la policía. La política, del mismo modo, puede ser constitucional como puede no serlo. El ideal es que la política se ajuste a la Constitución, pero cuando no hay Constitución hay que recurrir a formas no-constitucionales para reivindicar a la democracia y a la propia Constitución. Si no se entiende eso, estarás destinado a ser siempre derrotado.

Maduro y los suyos no son gente buena. Pero no son brutos. A diferencia de los políticos de la oposición que suelen enredarse en temas jurídicos y morales perdiendo fácilmente la orientación estratégica, Maduro y los suyos no se hacen esos problemas. Ellos actúan guiados por la voluntad de poder. La AC nació como producto de esa voluntad de poder. Su objetivo preciso fue destruir a la AN y con ello a la propia Constitución. Más tarde descubrieron que, además, la AC podía ser utilizada como “trampa cazabobos”. Es decir, percibieron que, mientras existiera la AC, gran parte de la oposición -sobre todo la conducida por los moralistas políticos- nunca irá a votar. Por eso, en las conversaciones de Santo Domingo estuvieron dispuestos a ceder en algunos puntos, menos en el retiro de la AC. Lo increíble es que la oposición les siguió el juego. Decidieron llamar a no votar para no reconocer a la AC y como Maduro nunca retirará a la AC, ¡decidieron que no votarán nunca más mientras exista la dictadura! En el entretanto, Maduro y sus amigos –es lo más probable- se mataban de la risa.

Todavía hay tiempo para recapacitar. En política, sobre todo cuando se lucha contra regímenes dictatoriales, hay que perder la virginidad. El paraíso terrenal no pertenece a los inmaculados. Yo pienso que hasta Kant –solterón hasta la muerte- me daría la razón. Contra una dictadura la moral de los moralistas políticos no sirve para nada.

Y si en Venezuela, bajo el imperio de una dictadura, la única alternativa que existe es ir con Falcón, hay que ir con Falcón, siguiendo incluso a la convocatoria de la fraudulenta AC. Lo demás es pura paja.

 

La miseria del abstencionismo venezolano por Fernando Mires – Blog Polis – 5 de Abril 2018

mires

La abstención es y será acompañante en todos los países donde tienen lugar elecciones. Más todavía hoy, cuando los “partidos históricos” -conservadores, liberales y socialistas- ya no son portadores de los ideales e intereses que llegaron a representar a lo largo del siglo XX. No obstante, cuando aparece uno de esos momentos en los cuales en un proceso electoral se juega el destino de una nación -elegir entre un candidato fascista y otro democrático, por ejemplo- las fuerzas políticas se tensan y la abstención tiende a disminuir. Lo hemos visto recientemente en las segundas vueltas de las elecciones europeas. Podríamos decir entonces que en situaciones de débil polarización la abstención aumenta y en situaciones de fuerte polarización (cuando las opciones no dejan lugar a ningún tercero) la abstención disminuye. No es el caso de Venezuela.Venezuela parece ser una excepción a la regla. En pocos países del mundo existe una polarización política tan extrema como la que se da bajo el régimen de Maduro. Pero a la vez, en pocos la abstención juega un papel tan decisivo. Mas todavía: a diferencia de la abstención marcada por el desinterés o desidia, la venezolana es militante. La dictadura lo sabe. Sabe también que en esa abstención reside una de las razones de su supervivencia y por eso mismo la fomenta y la impulsa.
Desde el comienzo del chavismo existe, se quiera o no, una sincronía objetiva entre el abstencionismo y el régimen. Esa es y ha sido la razón principal de la larga existencia del chavismo. El mismo Chávez fue hijo putativo de la abstención.

El abstencionismo venezolano es estructural. En su interior existe, como en toda estructura, un núcleo duro formado por ideólogos y militantes. Se trata de un patriciado sociocultural de remoto (y dudoso) pasado aristocrático. Para ese núcleo la política no es el lugar del compromiso ni de la negociación sino de los símbolos. El ideal de gobierno al que aspira podrá ser republicano, más nunca democrático. El pueblo es para ellos una masa a disposición de grandes líderes, carece de racionalidad y está destinado a seguir consignas luminosas.

El discurso autoritario y anti-electoral de María Corina Machado es prototípico. No las estrategias sino la pureza de la moral decidirá el curso de la historia. No los argumentos, sino el grito o la pose heroica serán decisivos. No los diálogos, no la polémica, no el debate y por lo mismo, no las elecciones, son para ellos los ejes de la política. De hecho desprecian a las elecciones porque como las minorías elitarias que son, desprecian a las mayorías. Esos sectores existen a lo largo y ancho de todo el continente, pero en Venezuela, de modo exacerbado.

El problema más grave es que, siendo los miembros de la abstención militante una extrema minoría, logran cada cierto tiempo ejercer hegemonía sobre todo el campo de la oposición. Se comprueba así una vez más que las ideas, costumbres y modas de los grupos socialmente (ojo: no económicamente) dominantes operan con efecto transmisor sobre todo el contexto social de una nación, hasta el punto que, algunos por arribismo, otros por sumisión, o como un simple reflejo, terminan sometidos a los dictados de esas minorías. Esos grupos hegemonizaron a la oposición hasta la capitulación electoral impulsada el año 2005. Pero a partir del 2006 -con la candidatura de Rosales, el triunfo en el plebiscito del 2007, la campaña electoral de Capriles del 2013, y el magnífico triunfo del 6D en el 2015- la hegemonía antipolítica fue sustituida por una conducción política representada por los partidos de la MUD. Desde ese momento la oposición emprendió un curso políticamente ascendente y en medio de fragosas batallas electorales consagró sus cuatro puntos cardinales: electoral, constitucional, pacífica y democrática.

No obstante, los grupos elitarios unificados hoy en SoyVenezuela nunca se han dado por vencidos. De hecho intentaron retomar la conducción mediante la llamada Salida del 2014. Durante las luchas revocatorias del 2015, originariamente surgidas en defensa de la AN, hicieron desaparecer la alternativa electoral de la cual el revocatorio debía ser su impulsor. Las grandes movilizaciones del 2017, también surgidas en defensa de la AN -originariamente democráticas y populares, masivas y festivas- fueron usurpadas por comandos juveniles luchando con escudos de cartón en contra de fuerzas entrenadas como bestias para el ejercicio de la represión. En todos esas situaciones Maduro logró imponer la línea militar –incluso a sangre y fuego- por sobre la línea política. En todas ellas, también, la línea insurreccional de la oposición abstencionista secundó –objetivamente- los propósitos del madurismo.

La historia de la oposición, desde 2006 hasta ahora, ha estado marcada por dos luchas. Una externa en contra del régimen y otra interna por la hegemonía y conducción. Durante el primer trimestre del 2018 el capitulacionismo abstencionista ha conquistado nuevamente la hegemonía y la conducción de la oposición. Precisamente en los momentos en los cuales el régimen ha llegado a sus puntos más bajos de aprobación, en medio de la crisis económica más catastrófica que haya padecido algún país latinoamericano, cuando había llegado la hora para aplicar el golpe electoral decisivo, el del jaquemate, la oposición ha retrocedido a los momentos más antipolíticos de su historia. ¿Cómo pudo llegarse a esta situación?

Mibelis Acevedo ha descrito en un magistral artículo como las fuerzas de la inercia (Thanatos) pueden lograr vencer a las de la existencia (Eros) De acuerdo a la metapsicología de Freud – quién explicó por qué hay seres humanos que no pueden alcanzar la felicidad y mucho menos el éxito cuando están a punto de lograrlo- ese parece ser un hecho evidente. Desde el punto de vista historiográfico, debemos, sin embargo, remitirnos a los antecedentes más cercanos. Ellos tuvieron lugar en las fracasadas conversaciones de República Dominicana cuando, como era de esperarse (repito, como era de esperarse) el régimen no aceptó las condiciones solicitadas por la MUD. La MUD se vio así enfrentada a dos alternativas: o no presentarse a elecciones (era precisamente la que buscaba Maduro) o presentarse levantado una candidatura única para denunciar ante la ciudadanía y el mundo los fraudes cometidos y por cometer.
¿Por qué la MUD eligió la alternativa más deseada por Maduro? Hay dos posibilidades.

La primera, porque subordinó la política nacional a una mítica “comunidad internacional” representada por el Grupo de Lima que, en su intento por apoyar a la oposición, declaró que no iban a reconocer los resultados de las elecciones. La segunda – parece ser la más evidente- fue que los partidos de la MUD no estaban en condiciones de lograr consenso en torno a un candidato único. Pues si lo hubiera tenido –como clamó con insistencia Capriles- habrían asistido a Santo Domingo en nombre de una candidatura ya configurada. En ese sentido la declaración del Grupo de Lima no habría sido más que una coartada que permitió a la MUD disimular su falta de cohesión interna. Si esa fue la razón –y al parecer, esa fue- la MUD ha cometido un acto de enorme irresponsabilidad, a saber, el de subordinar la suerte de toda una nación a sus intereses partidarios.

No hay en efecto ninguna contradicción entre participar en elecciones y solicitar y recibir apoyo externo. Todo lo contrario, sin elecciones la comunidad internacional no tiene a nada que apoyar.

Lo cierto fue que al decidir no acudir a las elecciones, la MUD rompió con su línea electoral sin ofrecer ninguna otra alternativa. Los resultados de esa ruptura los tenemos a la vista. Después de la fundación de un Frente Amplio cuyo sentido solo podía ser actuar en el marco de una estrategia electoral, la oposición no electoral se encuentra paralizada, sin alternativa, librada a su propia anomia: una verdadera catástrofe. Para repetir una opinión ya vertida, entre las elecciones y la nada, la MUD eligió a la nada.
Desde el momento en que la MUD eligió a la inacción como política. aparecieron en Venezuela dos abstencionismos: el originario, representado por la señora Machado -quien, sin darse cuenta ha logrado hegemonizar al conjunto político opositor- y el de los más fieles seguidores de la MUD quienes sin argumentos atinan solo a repetir casi textualmente las palabras de la líder extremista. No se trata, claro está, que el propósito de la MUD haya sido convertir a sus seguidores en abstencionistas radicales. Pero sí fue la ausencia política de la MUD la razón que permitió que en los terrenos abandonados por ella penetrara el abstencionismo maricorinista.

La diferencia entre los dos abstencionismos es que el primero siempre ha sido abstencionista y el segundo lo será para siempre pues, si Maduro logra un triunfo el 20 de mayo, no habrá más elecciones en Venezuela. La semejanza entre los dos abstencionismos es que para ambos la candidatura de Falcón parece ser el enemigo principal y la dictadura de Maduro el enemigo secundario. La paradoja es que en estos momentos es Falcón y no la MUD quien representa la línea política de la MUD.

La MUD ha roto la línea electoral de la MUD y si sus representantes más esclarecidos no advierten el peligro en cierne, la suerte está sellada, no solo para MUD/FA sino para toda Venezuela. Esa es la tragedia. Esa es, también, la miseria del abstencionismo venezolano.
Votar es colaborar, dicen los machadistas. Votar es legitimar a la dictadura, repiten los abstencionistas de segunda hora. Votar no es elegir, dicen los primeros. Votar no es elegir, repiten los segundos (sin darse cuenta de que para elegir hay que votar) Hay que pasar a la desobediencia civil, gritan los primeros. Hay que pasar a la abstención activa (¡!) corean los segundos. Votaremos solo después de que caiga Maduro, arguyen los primeros. Si Maduro no nos da las condiciones (para que pierda Maduro) no votaremos, es la versión algo light de los segundos. La dictadura no cae con votos, plantean los primeros. Estas no son elecciones, sostienen los segundos. Solo una invasión puede salvarnos, dictaminan los primeros. Solo la comunidad internacional nos dará elecciones libres, es la versión de los segundos. Falcón es un títere de Maduro, señalan los primeros. Falcón consolida a Maduro, completan los segundos. Las diferencias entre los dos abstencionismos son cada vez más leves, más tenues, más próximas. Y eso es solo culpa de la MUD. Nada más que de la MUD.

Es importante repetir. Falcón no rompió con la MUD. Falcón solo rompió con una decisión intempestiva de la MUD. La MUD rompió con la línea política de la MUD. Falcón en cambio continúa la línea electoral de la MUD pues la MUD es electoral y no puede ser más que electoral. No sabe, no puede y no debe hacer otra cosa que participar en elecciones. La MUD es una coalición electoral y muy poco más.

La candidatura de Falcón y la MUD, sin embargo, se necesitan mutuamente. Falcón necesita a la MUD para lograr una mayoría y dar origen y forma a un gobierno de transición a la democracia. La MUD, a su vez, necesita de Falcón para que la saque del marasmo a que la condujo su aventurero viraje abstencionista. Eso lo saben los principales dirigentes de la MUD, aunque no lo digan. Eso lo sabe también la candidatura de Falcón.

Ha llegado la hora en la que los políticos democráticos de Venezuela deberán saltar sobre sus propias sombras. El muy lúcido Simón García lo ha dicho más claro que nadie. “El régimen está acelerando su mutación del autoritarismo al totalitarismo. Es una de las advertencias del Observatorio Electoral nacional: cada elección es más restrictiva que la anterior. El gobierno se prepara, con un paso hacia atrás y dos hacia adelante, para un período especial con relaciones comerciales restringidas y la liquidación absoluta de las formalidades democráticas. Mayo puede ser la última coyuntura electoral, antes de consolidar aquí el modelo comunista cubano: con el hambre sofocando la lucha por la libertad“.

Faltan cinco minutos para las 12.

 

Jorge Rodríguez: «Oficiales conspiraron con la derecha en Venezuela» por Carmen Muñoz – ABC – 23 de Marzo 2018

El ministro de Comunicación y jefe de la Comisión de Diálogo del Gobierno de Maduro afirma que «más temprano que tarde se le reconocerá al expresidente Zapatero su inmenso papel»

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Jorge Rodríguez (Barquisimeto, 1965) hizo este jueves una visita relámpago a Madrid solo para contar «la verdad» del chavismo sobre la crisis generalizada que vive Venezuela. El ministro de Comunicación e Información, miembro del partido oficialista PSUV, jefe de la Comisión de Diálogo del Gobierno y jefe de campaña de Nicolás Maduro afirma en una entrevista a ABC que «es una barbaridad» la acusación de que su país se ha convertido en una «narcodictadura».

Al menos 34 militares han sido detenidos en las últimas semanas, según ha denunciado el abogado Alonso Medina Roa y diversas ONG, por una supuesta conspiración. Los analistas perciben una pérdida del apoyo de las FF.AA. al Gobierno de Maduro. ¿El ruido de sables es real?

Hay una unidad monolítica en este momento en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), alrededor de la Constitución y del comandante en jefe, que es el presidente constitucional Nicolás Maduro. En efecto, por razón de un oficial que fue abordado por otro y que de inmediato lo comunicó a sus superiores apareció una situación de unos pocos oficiales subalternos que estaban en contacto con factores de la derecha política venezolana a los efectos de promover acciones de complot y conspiración militar, ya completamente desactivado.

¿Son legítimas las elecciones del 20 de mayo cuando no participa la mayoría de la oposición y algunos de sus políticos más emblemáticos están inhabilitados para ocupar cargos públicos, como Leopoldo López o Henrique Capriles?

No es cierto que no participe la mayoría de la oposición. En Venezuela hay 18 partidos y en este momento 15 de ellos están participando en el evento electoral. Hay también una elección de diputados de los consejos legislativos estatales y ahí están participando todos los factores políticos de la oposición. De los cinco candidatos en liza al menos uno es de la oposición. Sería muy mezquino por parte de la extinta MUD (Mesa de la Unidad Democrática) señalar que Henri Falcón no pertenece a la oposición. Fue jefe de campaña de Capriles en los comicios de 2013, yo era el de Maduro.

Pero no han dejado presentarse a la MUD como marca.
La MUD ya ha dejado de existir. No, falso, les dimos todas las garantías, para eso estuvimos en República Dominicana, para firmar un acuerdo. No les han dejado participar otros. Hubo una llamada telefónica desde Colombia a Julio Borges (diputado opositor) para que no se firmara el acuerdo.

¿Quién estaba al otro lado del teléfono?
Factores de poder. El entonces secretario de Estado de EE.UU. Rex Tillerson curiosamente estaba en ese momento en Colombia reunido con el presidente Juan Manuel Santos.

¿Cómo valora la candidatura del exchavista, hoy opositor, Henri Falcón?
Es muy curioso que ahora digan que es exchavista. Henri Falcón, en efecto, así como otras muchas personas que ahora participan en la oposición, se inició en la vida política con el comandante Chávez, pero rápidamente abandonó la opción.

¿Molestó en el chavismo la fuga del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, el pasado noviembre?
No, es un prófugo de la justicia. Ocupa más espacio en los medios internacionales que el conocimiento que de él tienen los venezolanos. Prácticamente nulo.

¿No temen que por la ausencia de la oposición la mayoría de los países no reconozcan los resultados y la Unión Europea y Estados Unidos aprueben nuevas sanciones?
Las elecciones se van a celebrar con completa libertad, que venga a observarlas quien quiera. Algún día se sabrá cuál era la verdadera posición de Henry Ramos Allup y Henrique Capriles Radonski. Ambos estaban dispuestos a participar y presiones como la que mencioné antes lo impidieron.

¿Pero temen nuevas sanciones?
Son acciones unilaterales, de países que de manera grosera intentan agredir a Venezuela. Mientras más agresiones de este tipo haya, más mecanismos de consulta al pueblo vamos a seguir imponiendo. Hemos tenido 24 elecciones y vamos por la número 25 en 19 años de revolución bolivariana.

¿Figura en alguna lista de sancionados por la Administración Trump?
Creo que no, estoy en una lista de agresión del Gobierno de Canadá, país que por cierto ni conozco.

Su hermana Delcy Rodríguez preside la Asamblea Constituyente, tachada de ilegítima por una mayoría de países.
El artículo 247 de la Constitución dice con claridad que el presidente puede convocar en Consejo de Ministros una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), y eso fue lo que hicimos. Después estuvimos en arduas negociaciones con la oposición para que participara. La primera reunión fue en la residencia del embajador de España, en presencia del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Estuvimos a punto de acordar con la oposición su participación en la ANC, pero otra vez el poder de veto de los factores más extremistas de la oposición impidieron un acuerdo.

Como jefe de la Comisión de Diálogo del Gobierno, ¿que le parece el criticado papel de José Luis Rodríguez Zapatero?
Más temprano que tarde se le reconocerá el inmenso papel del expresidente Rodríguez Zapatero para lograr lo que ahora es una realidad en Venezuela, el país está en paz, no hay violencia como la que vivimos en algunos meses del año pasado.

¿Cuándo piensan restablecer las relaciones con España? El embajador Jesús Silva fue declarado «persona no grata» por su Gobierno y expulsado de Venezuela el pasado enero. No ayuda precisamente que Nicolás Maduro llame «fascista» a Mariano Rajoy.
El país europeo que más comunicados ha emitido contra el Gobierno de Venezuela ha sido el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Las acciones agresivas unilaterales de España y de otros países de Europa son agresiones reales contra el pueblo y su Gobierno legítimamente electo. Siempre hemos sido muy respetuosos con lo que ocurre en otros países. A veces nos preguntamos será que en España no hay problemas.

¿Qué responde a las acusaciones de que su país es una «narcodictadura»? Entre los sancionados por la Administración Trump figura el vicepresidente Tareck El Aissami, acusado de tráfico de drogas.
Es una barbaridad, un completo absurdo, uno de esos falsos positivos que les encanta montar a los distintos gobiernos de EE.UU. Cuando se desclasifiquen esos documentos se verá que era mentira, como las armas de destrucción masiva en Irak o el acorazado Maine. Es muy curioso que el principal consumidor de droga del mundo, EE.UU., y el principal productor, Colombia, hablen del narcotráfico en Venezuela. Cuando no es un país ni que produzca ni que consuma.

Pero se ha denunciado que Venezuela sería un país intermediario.
Los organismos que más saben de droga en el mundo señalan que la droga que va principalmente de Colombia a EE.UU. no va por Venezuela y el Caribe, sino por el Pacífico principalmente.

¿Por qué no permiten la entrada de ayuda humanitaria en Venezuela? Se han visto imágenes de ciudadanos buscando alimentos entre la basura o a bebés abandonados en el metro de Caracas porque sus madres no podían alimentarlos.
Eso de los bebés es una cosa que de manera recurrente se publica en forma de falsas noticias y luego no conseguimos la prueba. En cuanto a la ayuda, la diplomacia humanitaria se refiere a dos eventos: situaciones de guerra y catástrofe natural. Venezuela no cumple ninguna de las dos condiciones. Tenemos problemas, sí, pero ya hemos venido solventando la gran mayoría en materia de provisión de alimentos y medicinas.

¿Ve a Maduro sentado en el banquillo de los acusados de la Corte Penal Internacional por violaciones a los derechos humanos? La exfiscal Luisa Ortega denunció el pasado viernes al presidente y dos altos cargos de su Gobierno por «masacrar» al agente de Policía Oscar Pérez y su grupo el pasado 15 de enero.
Por la Constitución, el fiscal general tiene el monopolio de la acción penal. Eso quiere decir que cualquier acción judicial que se haya tomado en Venezuela después de que se aprobó la Constitución en 1999 es responsabilidad directa de la Fiscalía General de la República. Quien imputa a Leopoldo López por los hechos violentos de 2014 es la fiscal Luisa Ortega Díaz. Está descubierto por el fiscal general Tarek William Saab una red de extorsión donde participaron fiscales cercanos a Luisa Ortega y su propio esposo, quienes en México y Panamá convocaban a gerentes petroleros para cobrarles comisiones. Esa es la razón por la que no se pudo avanzar más mientras ella fue fiscal en la lucha contra la corrupción. Apenas es destituida del cargo por la Asamblea Nacional Constituyente aparecen todas estas acciones contra la corrupción, que ocurría cuando era fiscal, ella cobraba millones de dólares para amparar a corruptos y delincuentes que pululaban en la empresa petrolera (Pdvsa).

Organizaciones como Foro Penal aseguran que en Venezuela hay más de 200 presos políticos, muchos de los cuales han denunciado torturas.
Foro Penal no es una organización de derechos humanos sino política que participa activamente en las reuniones de la llamada MUD. Una cosa es que haya presos políticos, como se ha intentado vender en el exterior, y otra cosa es que un político incurra en violaciones a la Constitución y por tanto tenga que atender un llamado de los organismos de justicia en Venezuela.

Usted es médico con un postgrado en Psiquiatría. ¿Qué le parecen los salarios que perciben sus colegas de profesión, la situación de los hospitales venezolanos y la escasez de medicinas?
Hay un situación real respecto a los salarios. El presidente Maduro ha hecho todo lo posible por defender los salarios en contra de la inflación inducida. Hemos tenido más de 20 incrementos salariales y una serie de sistemas de bonos que han venido protegiendo a la población. En este momento, casi el 100% de la población tiene acceso a la salud gratuita en Venezuela. Estamos corrigiendo los problemas con los medicamentos.

¿A qué se debe la escasez de bolívares?
Tiene que ver con una acción agresiva sobre todo desde un país vecino como es Colombia. Un bolívar cuesta diez veces menos en Cúcuta que en Bogotá, entonces se convierte en un recurso para el contrabando. En los próximos días van a tener noticias nuestras para corregir eso.

¿No le parece dramática la situación de los miles de venezolanos desplazados en Cúcuta?
Las migraciones en países como México, Colombia, República Dominicana, Perú, Haití o Ecuador no es un fenómeno que viviéramos en Venezuela. Y lo hemos empezado a ver, sobre todo en los últimos años, pero de ninguna manera con las cifras que opiniones interesadas han venido señalando en el extranjero. En Venezuela viven 5.800.000 colombianos. La población de Colombia son 40 millones de habitantes, es decir, más del 11% de la población de Colombia vive en Venezuela. Muchos de los que se están yendo son colombianos que se están repatriando, que prefieren volver a pesar de que los atendimos sin ningún tipo de xenofobia.

¿Que le parece la retirada de la invitación para que Nicolás Maduro para que asista a la Cumbre de las Américas, que se celebra en Lima el 13 y 14 de abril?
Creo que el único mandatario hasta ahora que no va a poder asistir a la Cumbre de las Américas es el expresidente Pedro Pablo Kuczynski. Maduro dijo que iba, el que no puede es Kuczynski.

 

La paja, el trigo y Henri Falcón por Ibsen Martínez – El País – 21 de Marzo 2018

UnknownEl candidato es remedo imperfecto del Chávez que en 1997 aseguraba no ser comunista

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, se ha servido de una figura de los Evangelios para advertir que la candidatura presidencial de Henri Falcón es instrumento de la dictadura de Maduro. “Habíamos pedido a la oposición venezolana que separara la paja del trigo”, ha dicho Almagro, “y Falcón es la paja que se ha separado sola”.

Temí por un instante que Falcón respondiese con algo sobre la paja en el ojo ajeno y la viga en el tuyo. Sucede que Falcón imposta grotescamente los gestos del telepredicador aficionado a las locuciones bíblicas que fue Hugo Chávez. El maestre técnico de tercera Henri Falcón es, al fin, vástago político de Chávez.

Un vistazo a YouTube y apreciará usted cómo Falcón intenta desplegar en público la misma gestual, el tono de voz, las pausas y giros suasorios de quien fue su comandante la noche en que juntos salieron a matar inocentes para derrocar un Gobierno legítimo.

El parecido de Falcón con Chávez pudiera no ser cosa estudiada y emane, más bien, de algo interior sumamente genuino: la metempsicosis, vulgo reencarnación. Ante un micrófono, el mismo tic con que el “presidente eterno” solía sorber mocos en mitad de una frase nos remite, en Falcón, al Chávez preelectoral que en 1998 aseguraba a Jorge Ramos no ser comunista y valorar el papel de la empresa privada. Falcón no ha sido, por cierto, el único político de oposición venezolano que condena las declaraciones del secretario general de la OEA sobre la sangrienta tragicomedia electoral que tantas muertes, prisiones y éxodo ha precipitado desde 2014.

“Almagro no ayuda”, afirmó tersamente, hace solo semanas, Henry Ramos Allup, expresidente de la Asamblea Nacional (Parlamento), al criticar la incansable gestión del secretario general en pro de la restauración de la democracia en Venezuela.

Desazona a estas alturas ver una nutrida fracción de sedicentes políticos de oposición, algunos de ellos promotores del llamado Frente Amplio (esa operación de rebranding de la MUD, como la llama Héctor Schamis), fingir ver en Falcón un puente hacia la democracia y la convivencia ciudadana.

Aunque sus dichos alimentan la general suspicacia de que los tiene por paniaguados de Nicolás Maduro, han tenido eco en el gremio opinador de tuiteros, columnistas y hasta en la aceitosa subespecie de los demoscopas anfibológicos, esos hablantinosos del tipo “si bien es cierto, no es menos cierto”.

Todos se han ido moviendo hacia un sibilino consenso según el cual las elecciones convocadas por Maduro son, ciertamente, una invitación al degüello, pero que, en aras de restituir al voto su calidad de arma absoluta, conviene acudir y ofrecer el pescuezo a la cuchilla. Según estos fundamentalistas del voto a cualquier precio, no hay que sobrevalorar el papel de la comunidad internacional porque donde se bate el cobre es en Venezuela, no en Bruselas ni en los despachos de la OEA.

Vistas así las cosas, se arguye, no debería perderse de vista que Falcón es un disidente del chavismo; en el peor de los casos es un chavista light. Y que, al fin y al cabo, fue jefe de campaña presidencial de Henrique Capriles. El argumento de fondo en favor de votar masivamente por Falcón es el ya manido de que un gran volumen de votos puede derrotar el fraude. Acaso tengan razón los falconistas y yo sea un inactual impolítico, pero aborrezco la idea de seis años más de dictadura y pienso, con Almagro, que eso es todo lo que logrará apuntalar quien participe en la farsa electoral.

Prefiero dejarme aconsejar por lo que veo en YouTube: un militar exgolpista, de taimado traje y corbata, remedo imperfecto de Hugo Chávez.

 

El país a un paso del cambio y… ¿UD? por Simon García – Blog Polis – 20 de Marzo 2018

La gente en la calle clama, con rabia y desesperación, ante la crisis de todo, que hace insoportable la vida de cada uno. Fuenteovejuna murmura el nombre de un mismo culpable: Maduro. Los analistas y las diversas encuestas muestran un porcentaje asombroso de personas que, si fueran a votar, propinarían una derrota Guinness al gobierno del hambre.

Buena parte de los opositores se preocupan de las condiciones ventajistas, del repertorio de arbitrariedades y trampas que habrá que doblegar para que la determinante voluntad de cambio no sea escamoteada. Es un catálogo que conocen bien los que han cubierto mesas por la oposición y las organizaciones con experticia, en defensa del voto y observación electoral, que fueron soportes de la victoria unitaria en las elecciones de 2015. Su ayuda es ahora más necesaria que nunca porque las jiribillas vienen en talla extra-larga.

Pocos se ocupan de las condiciones en las cuales tendrá que participar un gobernante acosado por el fracaso, repudiado internamente por el propio chavismo, con una cúpula en guerra por algún botín, aislado internacionalmente y desenmascarado en el club de hinchas que lo veían como un proyecto de justicia social y ahora se espantan ante los primeros vagones de un tren de delincuentes. El 80% de la población valora negativamente la gestión y el 75% está dispuesta a castigarlo electoralmente. Dos condiciones que licúan un triunfo oficialista aún si marca las barajas.

El país está a un paso de lograr lo que ha deseado durante años, muchas veces prometido y siempre esfumado. Es cierto que hay inconvenientes como la divergencia de los cuatro partidos ejes de la MUD que exigen determinadas condiciones para participar y la posición de Henri Falcón quien, con el apoyo de tres partidos de fuerza modesta, está luchando por cambiar las condiciones a un punto que permita despedir a Maduro y sus políticas económicas en dos meses.

Pero las frustraciones, la pérdida de credibilidad en líderes, el desgaste de la confianza producida por campañas del gobierno para debilitar a la oposición y enfrentarla entre sí, han hecho mella en la certeza del cambio. Buena parte de la oposición se distribuye entre los que dudan en ir a votar y quienes han perdido toda esperanza en el voto.
El obstáculo que bloquea la victoria es la abstención. Un campo minado que puede hacer estallar la realización de un cambio de presidente y de modelo, a menos que se desarme con inteligencia y dedicación. Si no, esa extensa ausencia de política que es la abstención, amputará el ejercicio del voto y sustituirá la posibilidad de cambio por una irresponsable indiferencia.

La situación es compleja, dinámica y acelerada. Una ventaja es que los principales partidos no sean doctrinariamente abstencionistas. Otra, el lugar que va tomando la idea de que se le puede ganar a Maduro, una condición que la dictadura jamás soñó que se llevaría por delante a todas las otras que inventó para sacar a la oposición del campo electoral y una vez separada, disparar a una y otra parte. Pero las balas se le están convirtiendo en un bumerang de votos.

¿Hasta siempre, Comandante? por Tomás Straka – Nueva Sociedad – Marzo 2018

Venezuela atraviesa un período de crisis y convulsiones políticas. El legado de Hugo Chávez es motivo de disputas y debates a cinco años de su muerte.

El pasado 5 de marzo se cumplieron cinco años de la muerte de Hugo Chávez. Terminaba así una largísima agonía seguida de forma expectante por toda la sociedad. Durante más de un año no se habló de otra cosa que de aquel cáncer, cuya ubicación y naturaleza aún no sabemos bien. Hubo quienes celebraron, pero también una de las manifestaciones de duelo más grandes de la historia venezolana, con un sepelio tan largo como multitudinario. Un lustro más tarde, sin embargo, son tantos los problemas que la ocupan, que pocos tuvieron tiempo para pensar en el hecho. El Estado, naturalmente, hizo algunos actos, y sus medios, oficiales y oficiosos, dedicaron todo el espacio posible a lo que se ha llamado «el legado». Sin embargo, tuvieron en contra asuntos más urgentes, como un gran apagón que abarcó varias regiones, que lograron captar bastante más atención.

Eso no significa que el amor por Chávez haya desaparecido. Aunque según firmas como Datanálisis, la popularidad de Nicolás Maduro no llega a un 20%, los que se dicen chavistas y alegan que siguen «amando» (esa es la palabra) al Comandante, llegan a un 50%. Es decir, la mitad de los venezolanos no relaciona directamente las penurias actuales con las políticas de Chávez. En general consideran que el culpable es Maduro, que no ha sabido continuar «el legado», y por el contrario consideran que los años en que gobernó Chávez fueron los más felices de sus vidas. Si hiciera falta un ejemplo para explicar la «fortuna» en términos de Maquiavelo, Chávez lo calzaría de forma completa: entre el boom petrolero de 2004 a 2008 y el hecho de morir justo antes de que las consecuencias de sus políticas estallaran, ha logrado pasara a la memoria de muchos con su imagen más o menos impoluta.

Ante este panorama se abren dos aspectos que podrán ser claves para el futuro inmediato: ¿cómo se manifestará políticamente ese chavismo, en cuanto sector del electorado, que ahora está más o menos huérfano? ¿Qué queda del chavismo en cuanto movimiento político? Comencemos con lo segundo. En contra del pronóstico de buena parte de la gente, la muerte de Chávez no significó una salida rápida del poder de sus sucesores. Pocos apostaban a que Maduro lograra mantenerse en el poder, pero a pesar de las fuertes olas de protestas de 2014 y 2017 y de la enorme derrota electoral de 2015, no sólo sigue en Miraflores, sino que parece más consolidado que nunca. Su reelección en los comicios de mayo parece asegurada para cuando se escriben estas líneas. Ahora bien, todo esto requiere muchas puntualizaciones: esa consolidación se ha logrado con el concurso de los poderes del Estado, que primero anularon en la práctica al Parlamento en manos de la oposición a través de sistemáticas sentencias emitidas por el Tribunal Supremo; después, cerraron el camino al referéndum para revocar su mandato a través de otro conjunto de sentencias de tribunales de provincia, cuya validez muchos ponen en duda. A eso le siguió una represión a las protestas que ha valido la apertura de una investigación de la Corte Penal Internacional; y la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente con poderes supraconstitucionales electa en unos comicios que más de un centenar de países consideran írritos. A ello habría que contar los líderes opositores encarcelados o en el exilio. Maduro es muy popular en cierto sector duro del chavismo, ese 18-20% que lo ve con el campeón que ha sorteado todas las pruebas, pero está lejos de contar con el apoyo de las mayorías y de buena parte de la comunidad internacional.

Maduro, que no tiene la «fortuna» de su mentor, ha optado por aquello de que es mejor ser temido que amado. Pero el mismo Maquiavelo advertía que ese temor no debe llegar al odio, que más temprano que tarde cobra caro. Y Maduro ha hecho algo al respecto. Está compactando en torno a sí a un sector del chavismo, perfilando cada vez más eso que algunos llaman el «chavo-madurismo» y otros ya, a secas, el «madurismo». Es difícil saber cómo funciona en última instancia esa alianza de grupos que está gobernando Venezuela, y de la que, según las opiniones autorizadas, Maduro es sólo el mascarón de proa. Pero la creación de un partido propio, Somos Venezuela, distinto del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), es parte evidente de ese proceso. A ello se le suman la integración de las maquinarias para la repartición de ayudas sociales en su nuevo partido, los jingles electorales sin ninguna alusión al chavismo, y el esfuerzo por hacer cada vez más autónoma la imagen de Maduro con respecto a la de Chávez. Todo ello parece apuntar a hacerse con una parte del legado y fortalecer a ese grupo que ve en Maduro el salvador de la Revolución. Esto, claro, nos remite a la primera pregunta: si un 20% es más o menos madurista (aunque con la red de repartición de cajas de comida eso puede subir bastante electoralmente), ¿qué será del otro 30% que sigue «amando» a Chávez? En el menú chavista hay dos opciones. Una es la de Henry Falcón, un ex chavista que ha forjado un liderazgo sólido en el centro del país y que ha gravitado en la oposición, pero siempre manteniendo la distancia con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). La otra es la del chavismo disidente, formado por ex ministros con el General Miguel Rodríguez Torres a la cabeza, y la más radical Marea Socialista.

En medio del desconocimiento de la MUD a las elecciones de mayo, Falcón decidió postular su candidatura. Los sectores de la oposición ven aquello como una simple maniobra de Maduro para hacer ver los comicios como plurales y competitivos; pero en cualquier caso Falcón puede lograr la identificación de muchos otros chavistas decepcionados que desconfían de la MUD, y sentar con ellos las bases de un movimiento más amplio. Los otros disidentes no son electoralmente poderosos y se han integrado al Frente Amplio que acaba de crearse con los partidos de oposición y muchos otros sectores sociales. A cinco años de la muerte de Chávez, el chavismo aparece dividido en al menos tres bloques, uno de los cuales da signos de estarse deshaciendo de la sombra del Comandante. No sólo su modelo económico y social está en una crisis tan honda que la sociedad, a pesar del 50% de los que dicen seguirlo «amando», no tiene tiempo para recordarlo, sino que el «el legado» enfrenta una guerra de sucesión en medio de enormes tensiones internas y externas. ¿Hasta siempre Comandante? No se sabe en qué terminará todo esto, pero parece muy difícil, incluso para los mismos chavistas, cantarle este verso en las actuales circunstancias.

La oposición venezolana: entre las elecciones y la nada por Fernando Mires – Blog Polis – 18 de Marzo 2018

Unknown¿Cuándo se jodió la oposición venezolana?
La pregunta de impronta vargallocista–si es verdad que se ha “jodido” la oposición- deberá ser materia de discusión historiográfica cuando llege el momento de ajustar causas y efectos, antecedentes y hechos. Pero para ese momento falta todavía.

Algunos dirán, la oposición “se jodió” cuando no supo capitalizar políticamente su gran triunfo del 6-D. Otros dirán, cuando las luchas por el R16 no fueron combinadas con el tema de las siguientes elecciones. Otros agregarán, cuando las grandes movilizaciones del 2017 nacidas en defensa de la AN y por la exigencia de elecciones regionales fueron sobrepasadas por grupos de insurrectos desarmados combatiendo con piedras en contra de un ejército profesional. ¿O fue cuándo la oposición regaló las elecciones regionales y municipales? Y así sucesivamente.
¿Cuándo se jodió la oposición venezolana? Esa es también una pregunta sobre “la causa”. Pero quienes hemos entendido la provocadora tesis de Hannah Arendt “las causas no existen”, sabemos que las causas no crean a los hechos sino los hechos a sus (supuestas) causas. Es en ese que sentido la “causa” como tal, no existe. Lo que existe son diversos momentos que, combinados unos con otros, pueden ser reconstruidos como parte de un proceso. Visto así, podríamos decir que la oposición venezolana ha optado por “joderse” a sí misma en diversos momentos de su historia. Pero en otros no lo ha hecho.

¿Cuándo ha tenido y cuándo no ha tenido éxito la oposición venezolana? La respuesta parece ser simple: todos los éxitos de la oposición –desde el plebiscito que derrotó a Chávez el 2007, pasando por la victoria electoral robada a Capriles el 2013, hasta llegar al grandioso 6-D del 2015, han sido electorales. Y los éxitos de la oposición han sido electorales porque la oposición es por naturaleza electoral. No puede, no sabe, y por lo mismo, no debe hacer otra cosa que, o acudir a las elecciones o luchar por las elecciones desde dentro de las elecciones, aún en las condiciones más fraudulentas -¿qué otra cosa cabe esperar de elecciones bajo una dictadura?-.

Sin elecciones no hay ruta, sin ruta no hay oposición. Pero hoy la oposición ha abandonado la ruta. La única que tiene. Hoy se encuentra otra vez frente a la misma disyuntiva de siempre: la de optar entre las elecciones y la nada.

Como ocurrió el nefasto año 2005, la oposición, aún siendo mayoritaria, ha decidido batirse en retirada. Sin embargo, como alternativa de segundo orden, como si fuera una “astucia de la historia”, ha aparecido en la escena pública la candidatura de Henri Falcon. El ex disidente chavista ha disentido de la MUD y con ello del resto de la oposición. Así, Falcon surge como la única alternativa electoral frente a Maduro.

La oposición se encuentra tri-vidida: a un lado del triángulo, los inmaculados que jamás votarán mientras exista dictadura, al otro los que quieren votar pero no lo harán bajo las condiciones impuestas por la dictadura (y que la dictadura, por supuesto, no cambiará) y en el tercer lado, los que votarán por el doble disidente Falcon. ¿Cómo llegó la MUD a encerrarse a sí misma en este laberinto? Reconstruyamos:

Para no hundirnos en las causas más profundas de la historia universal, partamos de los antecedentes más cercanos. Y el más cercano de todos se encuentra en las negociaciones que tuvieron lugar en la República Dominicana. Allí, como es sabido, el tema central fue el de las elecciones. En especial, la fecha y las condiciones electorales. Como también es sabido, los representantes de la MUD lograron ganar una batalla simbólica pues fue la dictadura y no la MUD la que dio la patada final a la mesa.

La MUD se encontró así frente a dos alternativas. La primera: no ir a las elecciones si Maduro no cambiaba las condiciones. La segunda: ir a las elecciones a luchar por mejores condiciones, con posibilidades de perder pero también de denunciar públicamente el fraude convirtiendo a la campaña electoral en un movimiento democrático con fuerte reconocimiento internacional.

¿Por qué la MUD eligió la primera alternativa? Los argumentos no pueden ser más incoherentes. Aducir que votar significa legitimar a la dictadura es un absurdo pues por definición toda dictadura es ilegítima. ¿Acoplarse a las declaraciones de una mítica “comunidad internacional” cuyos miembros -Grupo de Lima, por ejemplo- no se reúnen más de una vez al mes? Eso habría significado delegar la conducción política a terceros. ¿No concurrir porque los únicos líderes de renombre se encuentran presos o inhabilitados? Puede ser. Pero para nadie es un misterio que dentro de los partidos de la MUD hay muchas personas -entre ellos el propio Falcon- en condiciones de ejercer liderazgo. ¿O no saber ponerse de acuerdo en torno a un nombre porque había muchos nombres? Imposible responder a esa pregunta. La respuesta solo la conocen esos nombres. Lo cierto es que, al no aceptar participar en las elecciones –tan fraudulentas como todas las habidas bajo Maduro- la MUD, no Falcon, se apartó de su camino. La MUD y no Falcon se apartó de su historia.

No fue Falcon, fue la MUD la que rompió con su línea política. Más todavía, Falcon va como candidato en representación de la línea política de la MUD mientras la MUD representa –aunque sea momentáneamente- la línea del abstencionismo radical, la de los puristas e inmaculados, la de los que conciben a la política como una simple suma de actos testimoniales, la de los que sueñan con la invasión marciana. ¿Y el golpe? Mientras no suceda un golpe no hay golpe. Ninguna línea política puede ser trazada sobre la base de hipótesis.

Falcon no ha traicionado a la línea política de la MUD porque, aparte de la línea electoral, la MUD no ha tenido jamás otra línea política. El recién formado Frente Amplio es una gran institución, pero no puede sustituir a una línea política. Puede sí llegar a ser un poderoso instrumento electoral en función de una línea política. Sin participación electoral, ese Frente Amplio está destinado a constituirse en una organización simbólica, o en un lugar donde se reunen entre sí los dirigentes y activistas de una oposición desconectada del mundo. Pues sin elecciones la línea política de la MUD es nada y a la nada no se puede seguir, simplemente porque es nada.

De modo paradojal, el mejor representante de la línea política de la MUD es en estos momentos el propio Falcon. Pues Falcon, dicho en breve, hizo lo que debe hacer un político cuando no acata una decisión errada: disintió. Y si disentir en un ejército es una falta grave, en una organización política es, en determinados momentos, una obligación. La unidad por la unidad no es un sacramento político. Sin disenso no hay política. Y si la unidad disintió de su línea, Falcon disintió de la unidad.

Por cierto, la apuesta de Falcon es altamente riesgosa. Gracias a ella se expone al descrédito. La enorme suma de agravios, infundios y calumnias hacia su persona no solo provienen de la fracción inmaculada del maricorinismo. La intolerancia y el fanatismo son, evidentemente, parte de la herencia cultural de América Latina. Pero por otra parte, parece estar claro que Falcon ha abierto un nuevo espacio político de acción. Como pocos dentro de la unidad opositora, Falcon está en condiciones de interpelar a diversos sectores del chavismo descontento. El probablemente sabe que su biografía –tan criticada por muchos- puede llegar a ser un plus para cuando llegue el momento de la necesaria transición. Más todavía, Falcon parece entender que su campaña electoral podría ser, aún perdiendo, el inicio de esa transición. Quizás esa es la razón por la cual los principales dirigentes de los partidos de la MUD se han abstenido de atacar a Falcon.

El mismo Falcon, a su vez, siempre se ha dirigido de modo afectuoso hacia “sus hermanos” (sic). Incluso, algunos de sus “hermanos”, como hacen los pielesrojas, ya le están enviando señales de humo. Puede ser incluso que parte de la estrategia de Falcon tenga contemplada la posibilidad de obtener la adhesión de por lo menos algunos partidos o miembros de la MUD. Ciertos formadores de opinión –y no precisamente los menos inteligentes- ya le han dado su abierto apoyo.

Desde el punto de vista de la lógica de la razón pura, una alianza entre la candidatura de Falcon y la, o parte de, la MUD, es decir, una alianza hecha sobre la base de acuerdos mútuamente acordados (entre ellos la supresión de la Constituyente en el caso de un triunfo electoral) aparece como la alternativa más racional. Pero para que eso suceda será necesario que los partidos de la MUD salten por sobre sus propias sombras. Pues la otra alternativa es la nada.

No sería primera vez en la historia que políticos incapaces de ceder a su vanidad lleven a sus pueblos a la inmolación colectiva. Sigmund Freud descubrió que el impulso hacia la muerte (Thanatos) logra, bajo determinadas condiciones, imponer su hegemonía sobre los seres vivos. Entre ellos hay algunos casos históricos de los cuales no quiero ni siquiera acordarme.

 

Entre Castro y Stroessner por Héctor E. Schamis – El País – 17 de marzo 2018

A menos que salga una pieza y colapse el edificio entero, como en el Jenga, el tipo de autoritarismo que tome forma en Venezuela será producto de la próxima elección, aparentemente el 20 de mayo. Dicha contienda electoral definirá si se trata de un régimen de partido único o una dictadura disfrazada de democracia competitiva. En ambos casos intentando reparar el componente militar, hoy un actor en estado cuasi insurreccional.

Para la nomenclatura chavista, entonces, el dilema es ser como los Castro o ser como el Stroessner de Paraguay. El chavismo siempre prefirió una autocracia de multipartidismo controlado. La decisión al respecto, sin embargo, está hoy en manos de la “oposición”. Oposición real o fingida, esto es. No faltan opositores dispuestos a darle al régimen lo que el régimen pida.

El tema es oportuno, además, pues Cuba debe verse como espejo, no tan solo como metrópolis colonial de Maduro. Nótese que en la reciente elección ocurrida en la Isla el 11 de marzo resultaron electos 605 integrantes de la Asamblea Nacional…entre 605 candidatos. Acabada definición de un sistema de partido único, precisamente, un régimen en el que se vota pero no se elije.

Frente a ello, la única opción para expresar otra preferencia política es la abstención, lo cual no reporta fehacientemente la autoridad electoral. Con lucidez, la ONG “Cuba Decide” intentó medirlo de forma independiente, siendo víctimas de la habitual coerción del gobierno. No obstante informaron que el abstencionismo alcanzó al 37% de los habilitados a votar. Es un comienzo.

En dirección cubana fue Maduro con la elección de la Asamblea Nacional Constituyente el 30 de julio pasado, una fraudulenta votación de soviets. Los partidos de la MUD habían acordado desconocer todo lo emanado de dicha constituyente según la consulta realizada dos semanas antes, el 16 de julio. Ello explica el inmediato rechazo de la comunidad internacional y el pronunciado aislamiento del régimen.

De hecho, el gobierno de Maduro estaba en coma, como tantas veces, pero la MUD diligentemente conectó el respirador, también como tantas veces. El oxígeno llegó a partir de la decisión de participar en las elecciones regionales de octubre y las municipales de diciembre, ambas plagadas por el fraude electoral, las inhabilitaciones y la persecución de opositores, a su vez forzados a reconocer a la Asamblea Constituyente.

Es por ello que el chavismo siempre ha preferido la imitación de una democracia competitiva por sobre un régimen de partido único leninista como en Cuba. Lo mismo ocurre hoy, con un razonamiento según el cual repartir 35-40 puntos entre algunos dóciles opositores le daría un barniz de legitimidad para neutralizar el aislamiento y, en su realidad paralela, negociar el levantamiento de las sanciones, lo único que le duele al gobierno.

Aclárese que el chavismo no descubrió la pólvora. Con una mímica de la democracia gobernaba Stroessner y ganaba elecciones. En 1958 fue candidato único, pero a partir de los sesenta permitió la participación de los partidos de oposición Liberal, Radical-Liberal y Febrerista. Fue vencedor en siete elecciones consecutivas, con abrumadoras mayorías a su favor.

Votar tampoco significaba elegir allí, pero con un sistema multipartidista existían diferentes mecanismos de control: una mezcla de cooptación y coerción de la oposición legalizada, y luego el fraude. Lo cual nos lleva otra vez a Venezuela y a entender que la desesperación electoral de Maduro está marcada por su necesidad de legitimarse, a esta altura imposible de lograr sin opositores dispuestos a socorrerlo.

Así se explica la candidatura de Henri Falcón. Su colaboracionismo con el régimen es legendario, lo cual se confirma hoy tan solo con la foto junto al embajador de Venezuela ante las Naciones Unidas, intentando ambos entrevistarse con el Secretario General Guterres. Si una imagen vale más que mil palabras, un aviso publicitario la usaría para presentar a Falcón como subcontratista de la franquicia PSUV. Algunos piensan que es la hora del neochavismo.

Casi al mismo tiempo surgió el Frente Amplio Venezuela Libre, conformado por los partidos de la MUD. No es claro si esta nueva plataforma buscará un espacio electoral. No se entiende, de otro modo, que hayan pedido al régimen “una elección sin trucos, sin trampas ni emboscadas”. Si Falcón es el subcontratista de la marca oficialista, el Frente Amplio tal vez esté concebido como el rebranding de la MUD.

Esto ocurre cuando una marca pierde credibilidad en el mercado. Una reciente encuesta de la firma Meganálisis indica que el 61.7% de los venezolanos no acudirá a votar, que el 79.5% desea la partida de Maduro del poder, que el 80.7% descree de los resultados electorales que anuncie el gobierno, y que los políticos con mejor imagen son los abstencionistas Antonio Ledezma y María Corina Machado. Ningún político vinculado con la MUD tiene más del 6% de imagen positiva.

En un sistema diseñado para el fraude, como sucedió tres veces en 2017, ser parte de las próximas elecciones significa ser funcional al régimen. Quien participe reducirá la abstención, que es el verdadero voto protesta. El sondeo de opinión antes mencionado sugiere que la oposición debería estar abocada a medir ese abstencionismo tal como lo hizo la sociedad civil cubana. Caso contrario, le entregarán al régimen la cuota de legitimidad que necesita. Todos conocen quien será el vencedor el 20 de mayo.

Si el análisis histórico comparado sirve de algo, pues es útil para recordar que con elecciones, partidos de oposición, manipulación, coerción y fraude, Stroessner gobernó entre 1954 y 1989. Desde luego, no abandonó el poder por una derrota electoral. En eso terminó invicto.

 

Vargas Llosa y Almagro exigen cancelar las presidenciales de Maduro por Felipe Sánchez – El País – 16 de Marzo 2018

El secretario general de la OEA se declara muy preocupado por la violencia “inaceptable” en la campaña electoral mexicana
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El escritor Mario Vargas Llosa (derecha), junto al secretario general de la OEA, Luis Almagro, en un coloquio este viernes en la Casa de América de Madrid. EFE

“Cuando escribí sobre los dictadores Trujillo y Odría, también escribí de alguna manera sobre [Hugo] Chávez y Maduro”, ha afirmado este viernes el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa en un encuentro sobre la crisis venezolana en la Casa América de Madrid. El novelista ha señalado a Cuba y Venezuela como los últimos rescoldos de una época en la que “América Latina era una sucesión de dictaduras militares” y producía personajes como el dominicano Rafael Leonidas Trujillo, en torno al que gira La fiesta del chivo, o el peruano Manuel Odría, uno de los eje de Conversación en La Catedral. Vargas Llosa y Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), han hecho un llamamiento contra las elecciones presidenciales que convocó Nicolás Maduro para el 20 de mayo.

En un año electoral clave para la región (además de Venezuela, también México, Brasil y Colombia elegirán presidente, entre otros), el representante de la OEA se ha declarado muy preocupado por la violencia en la campaña para los comicios del 1 de julio en México, en los que se elegirán a más de 3.400 cargos públicos . “Nos preocupan varios elementos en la elección mexicana. El primero es el asesinato de candidatos y líderes políticos en el país”, ha alertado el diplomático. “Va a un promedio de un asesinato de un candidato cada cuatro o cinco días, eso es un margen de violencia absolutamente inaceptable en un proceso electoral. Nos preocupa sobremanera”, ha subrayado.

Almagro también se ha referido a la solicitud del oficialista PRI para que el organismo intervenga en la investigación sobre la venta de una nave industrial del candidato Ricardo Anaya, a quien el aspirante priista, José Antonio Meade, busca arrebatar el segundo lugar en los sondeos de las presidenciales, que encabeza el izquierdista Andrés Manuel López Obrador. Dos abogados han revelado que la compra se hizo a través de un esquema de lavado de dinero y los cuestionamientos por presunta corrupción en contra del candidato de Por México al Frente se han venido multiplicando. “Estamos en contra de la utilización política de esto, pero si es necesario investigar, es mejor investigarlo cuando es candidato que cuando es presidente”, ha afirmado el diplomático. “Creemos en la independencia del poder judicial, creemos que las investigaciones contra la corrupción tienen que hacerse en el momento que sea necesario. Nadie está inmunizado”, ha remarcado.

Con respecto al caso venezolano, Almagro ha afirmado que la candidatura presidencial del opositor Henri Falcón “beneficia al Gobierno”. Falcón, líder de un pequeño partido de la coalición opositora de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), exgobernador de Lara y exmilitante chavista, rompió filas en la alianza y será el único candidato crítico con el régimen que participará en los comicios. El grueso de la MUD considera que las elecciones no cuentan con las garantías democráticas necesarias para ser legítimas. “Siempre le hemos pedido a la oposición venezolana que separe la paja del trigo. Falcón es la paja que se ha separado sola”, ha señalado Almagro, quien identificó al exgobernador como un elemento de división de vieja data entre la oposición.

“El camino no son las elecciones que ha convocado el régimen. Este proceso electoral es una farsa”, ha criticado Vargas Llosa. El escritor ha reconocido, no obstante, que pese a los casos concretos de Venezuela y Cuba, el resto de la región ha experimentado un cambio democrático favorable con respecto a hace tres décadas o incluso menos. Es esa comparación la que, en su opinión, hace más triste el caso de Venezuela, una país en el que gobierna una Asamblea Constituyente en la que no hay ningún representante opositor y que funciona como el brazo ejecutor de Maduro. “En Venezuela ha habido una regresión brutal. Era un país que no solo no iba mal, sino que iba bien. Había elecciones libres, libertad de prensa, tuvo excelentes gobernantes”, ha recordado el Nobel. “Desde luego que había corrupción”, ha matizado, “pero era ínfima si se compara con los niveles de hoy”.

Almagro ha incidido en esta escala de descomposición a la que ha llegado el chavismo. “Se trata de un régimen con variables criminales. Es un Estado narcotraficante. Tenemos todas las variables del poder del Estado concentrado en variables del narcotráfico” ha asegurado. “Tenemos además una distribución grosera y manifiesta de pasaportes para organizaciones terroristas”, ha afirmado en referencia a la supuesta alianza del vicepresidente Tareck El Aissami con el partido-milicia chií libanés Hezbolá para facilitarles documentos de identidad. “El tema que resuelve todo esto es la democratización de Venezuela”, ha agregado el diplomático uruguayo.

Entretanto, el país ha caído en una espiral que lo ha llevado a cerrar 2017 con una inflación que superó el 2.400%, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). El PIB venezolano se contrajo un 14% el año pasado tras hacerlo un 16,5% en 2016. “Si Venezuela no está peor es gracias a la oposición”, ha acotado Vargas Llosa. “Gracias a esa oposición todavía hay esperanzas”, ha añadido. Y también ha elogiado el papel de la organización que lidera Almagro, transformada completamente durante su gestión: “La OEA era un organismo que había quedado fosilizado. No cumplía un principio fundamental que era la defensa de la democracia y la legalidad. Hasta el punto de que los demócratas no podían confiar en la OEA. Había sido neutral o directamente cómplice de las dictaduras”.

Con el país vecino en llamas, la derecha colombiana ha basado su carrera hacia las presidenciales del 27 de mayo en lo que esta define como evitar que Colombia se convierta en una nueva Venezuela, una posibilidad que supuestamente se abriría con la victoria del aspirante izquierdista Gustavo Petro. “Petro es un demagogo. Es un candidato muy peligroso que puede empujar a Colombia al populismo, hacia el colectivismo y al estatismo, es una vía arriesgada”, ha coincidido el escritor. “Pero pese a todos los problemas que ha tenido, la democracia de Colombia funciona. Si las encuestas no mienten, el país va a optar por una línea mucho más democrática. La candidatura de Iván Duque y Marta Lucía Ramírez representa esa opción”, ha agregado sobre la fórmula presidencial de la derecha, la del uribista Duque y su número dos, del Partido Conservador.

ALMAGRO COMPARTE POSTURA SOBRE VENEZUELA CON CIUDADANOS
ELVIRA PALOMO
Durante su visita a Madrid, el secretario general de la OEA se reunió con el líder del partido Ciudadanos, Albert Rivera, para abordar la situación en el país sudamericano. En declaraciones a la prensa aseguró que comparten “la misma aproximación y la misma definición sobre los problemas que afectan a Venezuela y, sobre todo, sobre las posibles soluciones para el país”. El uruguayo, que desde comienzo de su mandato al frente de la OEA ha mantenido una postura crítica con el régimen de Nicolás Maduro, recibió el jueves el Premio FAES de la Libertad, que preside el exmandatario español José María Aznar, quien le entregó el galardón.

Almagro enfatizó que “no debe haber confusión cuando se trata de derechos humanos y libertades. No hay grises. No pueden ser objeto de negociación ni manipulación para alcanzar intereses políticos particulares”. Para ilustrar la crisis, señalo que desde 2014 han sido detenidos más de 12.000 ciudadanos en Venezuela y más de 150 han muerto en manifestaciones, además hizo referencia a 6.300 ejecuciones extrajudiciales. Almagro pidió más sanciones internacionales para presionar al gobierno de Maduro y consideró que “se ha pagado un precio muy alto por el silencio y la inacción en Venezuela”.

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