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BCV anunció incorporación de nuevos billetes – Venepress – 12 de Junio 2019

Las nuevas piezas monetarias de 10 mil, 20 mil y 50 mil comenzarán a circular este próximo 13 de junioBCV anunció incorporación de nuevos billetes

Este miércoles el Banco Central de Venezuela anunció la ampliación del nuevo cono monetario venezolano a partir del 13 de junio.

Tres nuevos billetes se incorporarán a la actual familia monetaria, con la finalidad de hacer frente a los sistemas de pagos y facilitar las transacciones comerciales.

Las nuevas piezas serán de 10.000, 20.000 y 50.000 bolívares, que comenzarán a circular paulatinamente, así lo aseguró el BCV.

La interesante historia de la Locha por Arlán A. Narváez-Vaz R. – Curadas – 11 de Enero 2019

La interesante historia de la Locha (Moneda venezolana)
¿Qué es una Locha? ¿De dónde vienen los dichos que incluyen la palabra Locha?

Entre mis reminiscencias especiales se encuentra una moneda ya inexistente, la Locha, muy asociada con mis días escolares porque lo que mi papá me daba diariamente para la merienda eran 2 Lochas. Desde que tengo memoria hasta poco después de graduarme de economista, en 1972, las monedas eran de cuproníquel (la Puya, con valor de 5 céntimos y la Locha, con valor de 12 ½ céntimos) o de plata (el medio, con valor de 25 céntimos; el real, 50 céntimos, el bolívar, los 2 bolívares y el Fuerte o Cachete, de 5 bolívares).

Siempre me dio curiosidad el valor tan singular de la locha (12 ½ céntimos) y como mi papá sabía mucho de casi todo lo que le preguntara de niño, me explicaba con mucha naturalidad que era la mitad de un medio (Bs 0,25) y que el medio se llamaba así porque era medio real, de manera que una locha era un cuarto de real y por eso le decían también cuartillo… Mi pregunta siguiente quería encontrar respuesta a por qué la referencia era el real y no el bolívar completo y él pacientemente me relataba que se trataba de una costumbre que venía desde tiempos de la Colonia; pero, para tratar de de rescatar la predominancia del bolívar, me explicaba que la Locha se llamaba así porque como valía un octavo de bolívar y, como anteriormente a un octavo le decían ochavo (todavía el diccionario de la RAE incluye esa palabra), a la moneda la llamaban “la ochava” y como al decirlo sonaba “lochava”, para abreviar ese nombre pasaron a llamarla simplemente Locha.

Como dije antes, la Locha también se le llamaba cuartillo pero solamente cuando se juntaba con un real, por ejemplo, era muy común oír decir “real y cuartillo”, es decir 62 ½ céntimos. Incidentalmente, recuerdo que en un programa de televisión del Profesor Néstor Luis Negrón, donde participé como parte del equipo del Colegio San Ignacio (junto con Carlos Pacheco y creo que con Sálvano Briceño), una de las preguntas que pesó para que le ganáramos a nuestros contrincantes fue “¿Cuántos céntimos son real y medio y cuartillo?, a lo que respondimos de inmediato: “¡87 ½ céntimos!”

A pesar de su valor tan pequeño, la Locha tenía mucha aplicación y de allí han derivado expresiones que aún se usan. He aquí algunos ejemplos:

* “Pan de a Locha”, ya que durante mucho tiempo así se le decía a una pieza de pan, de tamaño equivalente a media canilla, también llamado “pan francés”. Poco se ve ahora este pan en las panaderías, de hecho, las maravillas del “socialismo” prácticamente han hecho desaparecer cualquier tipo de pan, razón por la cual en las puertas de las panaderías se ven largas colas a las horas en que van a venderlo, lo que demuestra lo terriblemente vil que era lo que ellos llaman “la 4ª República” (realmente la República Civil o Democrática) porque como siempre había pan y no había que hacer cola para comprarlo, la gente no aprovechaba para socializar en ellas.

* “Me cayó la locha”, expresión que hoy se usa para decir que uno cayó en cuenta o entendió algo. Para entender su uso original hay que saber que en las fuentes de soda o bares habían unos aparatos llamados Rockolas que tenían un discos de vinil de 45 ½ revoluciones, con las canciones de moda (una por cada lado del disco). Para oír la que uno quería había que meter una Locha y, como a veces no caía bien por la ranura, cuando lo hacía y empezaba a tocar la canción seleccionada solía exclamarse ¡Me cayó la Locha!

* “La pregunta de las 64 mil Lochas” A principios de la década de los años 1960 hubo un programa de preguntas donde a cada concursante se le formulaban hasta 5 preguntas, la primera de las cuales premiaba con 4 mil lochas (500 bolívares) la respuesta correcta y las preguntas sucesivas con 8 mil, 16 mil, 32 mil, hasta la pregunta final, muchísimo más difícil que premiaba con 8 mil bolívares, es decir 64 mil Lochas. Hoy se usa esta expresión para calificar una pregunta con respuesta muy difícil de obtener. Ejemplo: Por 64 mil Lochas: ¿Hasta cuándo podrá aguantar el pueblo seguir sufriendo el desastre económico creado por este régimen nefasto?

* “La lucha por la Locha de la leche” Así se llamó el movimiento de consumidores que, a principios de la década de los 1970, se opuso y enfrentó al anuncio por parte de los productores de que el litro de leche pasaría de costar real y medio a costar real y medio y cuartillo, debido a la decisión del Gobierno de aquel entonces de disminuir el subsidio que aquellos recibían para contener el precio al consumidor en real y medio.

De lo anterior hay que decir que Venezuela fue admirada internacionalmente durante no menos de 30 años por los altos niveles de crecimiento económico y de progreso de sus ciudadanos (hasta casi fines de los años 70), a lo cual contribuyó una estabilidad de precios que nos destacó por más de 70 años con una de las inflaciones más bajas y estables del planeta, muy tristemente todo lo contrario de lo ahora sufrimos, con la más prolongada caída económica y empobrecimiento de nuestra historia y con 4 años teniendo la mayor inflación en el mundo.

Los precios eran tan bajos y la locha tan útil que la primera vez que fui a Margarita, cuando me compré mi primer carro, en 1967 (un VW escarabajo de 1960 por el que pagué 3 bolívares de los de hoy), y me aventuré con mi compañero de estudios Orlando Pirona en ese viaje, con los bolsillos vacíos, pudimos subsistir porque allá podíamos comprar 2 empanadas de cazón por una locha.

Cuando en mis cursos de la Universidad empezamos a estudiar el tema de la Inflación, inicio relatándole a mis estudiantes lo que no es inflación con un ejemplo personal: cuando empecé a ir al kínder el rey de las golosinas, un Toronto, costaba una Locha. Cuando egresé de 6º grado (8 años después) un Toronto seguía costando una Locha; cuando egresé como Bachiller, 5 años después, un Toronto seguía costando una Locha; cuando me gradué de economista, 5 años después un Toronto seguía costando una Locha y ese precio se mantuvo por no menos de 4 años más, cuando el Toronto pasó a costa 2 Lochas: fueron no menos de 22 años que un Toronto mantuvo su precio en una Locha… sin que le impusieran un control de precios a la empresa Savoy, simplemente los gobiernos hasta ese entonces, responsablemente y por el bienestar del pueblo, tuvieron disciplina fiscal y un gasto público ceñido a los Ingresos Ordinarios, es decir la fórmula efectiva para evitar la inflación (como dirían nuestros abuelos, arroparse hasta donde llega la cobija). En cambio ahora los precios varían semanalmente y hoy un Toronto cuesta más de 4 mil bolívares, es decir, más de 4 millones de bolívares de los de antes, o sea: ¡32 millones de Lochas! ¡Cosas veredes, Sancho!

El brutal empobrecimiento de Venezuela: el bolívar se hunde más de un 99% respecto al dólar por Jon Aldekoa – Libre Mercado – 28 de Octubre 2018

La hiperinflación que sufre Venezuela oscila entre 1.000.000% y 4.000.000%.

 

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro | EFE

Venezuela es el país 57º que entra en hiperinflaciónen la historia moderna. El economista Steve Hanke estimó, utilizando la doctrina de la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA), que en noviembre de 2016 la inflación mensual del país sobrepasó el 50% durante más de 30 días, entrando con ello en la lista Hanke-Krus World Hyperinflations Table.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la inflación anual llegará al 1.000.000% para finales de 2018 y la Asamblea Nacional estimó recientemente que llegaría al 4.000.000%. Sin embargo, las predicciones en los períodos hiperinflacionarios siempre son erróneas dado que la capacidad de predicción, es decir, la volatilidad, aumenta según lo hace la inflación.

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Como se puede observar, la inflación calculada a fecha 2 de octubre es de más del 56.000%, y si nos fijamos en la volatilidad media calculada a 30 días, ésta aumenta a la par. Esta inflación desbocada es la otra cara de la moneda del aumento exponencial del tipo de cambio VEF/USD medido según los pares BTCVEF y BTCUSD en Bitcoin Venezuela y LocalBitcoins. Si miramos su inversa podemos observar que el valor relativo del Bolívar frente al dólar ha caído en picado perdiendo más del 99% de su poder adquisitivo en cuestión de unos pocos años.

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Las emisiones de nuevas denominaciones de la moneda venezolana y el nuevo cono monetario parece que no han hecho -ni van a hacer- remitir la inflación. Recordamos que el 20 de agosto entró en circulación el nuevo cono monetario, el Bolívar Soberano,con un tipo de cambio de 100.000 Bs.F por cada 1 Bs.S.

A pesar de que la expansión monetaria ha aumentado 5 órdenes de magnitud, la gran inflación que sufre este país ha producido que su stock de dinero real se haya reducido en un factor de 8 en los últimos 7 años, habiendo actualmente en circulación unos escasos 500 millones de dólares en comparación con los 4.000 millones que había a finales de 2010. La caída en el stock de dinero real es un efecto típico de las hiperinflaciones.

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Ahora, si nos fijamos en los agregados monetarios M0 y M2 se puede observar que han tenido una expansión exponencial. La Teoría Cuantitativa nos explicaría que esta enorme emisión monetaria estaría detrás de la hiperinflación que vive Venezuela.

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A pesar de la enorme riqueza de este país petrolero, la caída del precio del crudo, la caída en la producción que está experimentando y el gran gasto en las misiones sociales que ha implementado durante años, ha pasado de tener superávit a déficit, alcanzando un agujero del 30% del PIB en 2017, según estimaciones del FMI.

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Parte de este déficit ha sido financiado mediante las reservas internacionales, las cuales llevan años mermando de forma alarmante como puede observarse en el gráfico.

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¿Se puede asegurar que la enorme emisión monetaria junto con las reservas internacionales es lo que ha sido utilizado para pagar el déficit que enfrenta el país? Todo parece indicar que sí. Si utilizamos el modelo de Peter Bernholz, se puede observar que la correlación es casi perfecta.

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El aumento de la masa monetaria y la disminución de sus reservas internacionales ha ido casi completamente a pagar el déficit que genera el Gobierno. El futuro del país es más que negro. En algún momento, las reservas internacionales se agotarán, la expansión monetaria no servirá para pagar el déficit y la inflación seguirá aumentando. Venezuela deberá entonces atenerse a las leyes fundamentales de la economía, eso sí, habiendo provocado la experiencia bolivariana la peor crisis de la historia del país el mayor movimiento migratorio de la historia del continente americano.

Ahogada por la inflación, Venezuela le quitará cinco ceros a su moneda por Nicholas Casey – The New York Times – 17 de Agosto 2018

El presidente Nicolás Maduro poco antes de que las explosiones de los drones interrumpieran su discurso en Caracas este mes. CreditMiguel Gutiérrez/EPA, vía Shutterstock

Cuando los funcionarios venezolanos tuvieron que enfrentar la enorme inflación que azota a su país —32.714 por ciento hasta el miércoles— decidieron que la solución podría ser cambiarle el color a los billetes y aumentar su denominación. Luego dijeron que les quitarían tres ceros. Y cuando eso no fue suficiente anunciaron que les quitarían dos más.

La noticia dejó a ciudadanos como Yosmar Nowak, la propietaria de una cafetería en Caracas, en un estado de exasperación e incredulidad ante la estrategia implementada por el gobierno para frenar la hiperinflación que incrementó el costo de una taza grande de café al exorbitante precio de 2 millones de bolívares.

“Me imagino que a este paso vamos a tener que hacer lo mismo en diciembre”, dijo Nowak, quien se ha visto obligada a elevar los precios en su cafetería por lo menos cuarenta veces este año.

Quitarle ceros al bolívar —la moneda venezolana cuyo valor se ha desplomado por la inflación— es la base de un conjunto de cambios económicos implementados por el presidente Nicolás Maduro quien intenta mejorar la economía colapsada del país. La crisis económica ha hecho que el Fondo Monetario Internacional compare la situación venezolana con la hiperinflación de Zimbabue y con la que se experimentó en Alemania luego de la Primera Guerra Mundial.

La nueva moneda, que será conocida como el bolívar soberano, entrará en vigencia el 20 de agosto. El mandatario también ha ordenado medidas que su movimiento político, el Partido Socialista Unido de Venezuela, ha repudiado en el pasado: un incremento a los precios de la gasolina para algunos conductores y una modesta relajación en los controles de la moneda que han hecho inaccesibles los dólares para la mayoría de los venezolanos.

No obstante, esos cambios han sido suficientes para convencer a los economistas, que ven desesperación en las medidas recientes y advierten que la nueva moneda es un episodio más de los malos manejos que han destruido la economía venezolana.

“Es un arreglo cosmético lo que está ocurriendo, lo de los ceros”, dijo Steve Hanke, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Johns Hopkins que ha asesorado a otros gobiernos que han experimentado hiperinflación. “No significa nada a menos que cambies la política económica”.

Al eliminar los ceros, Maduro busca resolver lo que los economistas llaman “el problema de la carretilla” —el momento en que la moneda ha perdido tanto valor que es necesario usar una carretilla de dinero para hacer las compras—.

La nueva moneda, que entrará en circulación mientras la anterior comienza a ser retirada del mercado, haría que el precio de esa taza de café en la tienda de Nowak descendiera a la cifra más manejable de 20 bolívares soberanos. Sin embargo, pocos creen que el precio se mantendrá durante mucho tiempo.

“Esperamos un incremento de más del mil por ciento para el salario mínimo y, por supuesto, más inflación”, dijo Nowak. “No abriremos el lunes”.

El problema no está relacionado con los ceros, sino con lo que causa que surjan. El gobierno venezolano depende de las ventas de la compañía petrolera estatal para pagar sus deudas. Sin embargo, décadas de malos manejos hicieron que la producción se desplomara a 1,2 millones de barriles al día en julio —a la par del ritmo mensual de 1947—.

Al enfrentar la escasez, el gobierno le dice al banco central que ordene la impresión de más dinero. Aunque eso sirve para pagar las deudas del gobierno a corto plazo, quienes lo pagan son todas las personas que tienen bolívares, debido a que el exceso de dinero impreso hace que el dinero pierda valor constantemente.

Y pagar las deudas es solo una de las preocupaciones de Maduro.

El 4 de agosto, dos drones explotaron en un desfile militar al cual asistió Maduro, lo que el gobierno calificó como un intento de magnicidio. Y el presidente enfrenta un creciente aislamiento económico después de que fue declarado ganador de una elección para extender su periodo presidencial hasta 2025, una votación ampliamente vista como amañada por los países vecinos.

Este caos ha generado el éxodo de cientos de miles de venezolanos que consideran que la vida cotidiana se ha vuelto imposible en un país donde los supermercados están vacíos y los hospitales sufren escasez de agua, incluso en la capital.

La entrada en circulación de la nueva moneda también ha sido problemática. Al principio, el gobierno dijo que le quitaría tres ceros a los billetes. Sin embargo, el 25 de julio, con la tasa de cambio del dólar en casi 3,5 millones de bolívares en el mercado negro y la continua pérdida del valor de la moneda, el gobierno anunció que mejor eliminaría cinco ceros.

Maduro durante una alocución reciente en la que mostró los nuevos billetes. CreditPalacio de Miraflores

El bolívar ha continuado su devaluación desde esa fecha y ahora el dólar se acerca a los 6 millones de bolívares en el mercado negro. A pesar de que los cambios significan que los precios son menos astronómicos, también crean otro problema para los venezolanos: dividir el inmanejable número 100.000. Los economistas indican que las devaluaciones usualmente suceden en incrementos de decenas, miles o millones para facilitar las cuentas mentales.

“Estoy confundido”, dijo Edwin García, un trabajador de la construcción en Caracas que trató de calcular cuál será su salario.

Muchas tiendas en la capital ahora simplemente ponen los precios en dólares para evitar la confusión. Tampoco está claro qué respalda a la nueva moneda, si es que algo la respalda.

Las divisas problemáticas usualmente se estabilizan cuando el gobierno promete que pueden ser cambiadas por otras más fuertes, como los dólares o los euros. En cambio, Maduro ha dicho que el bolívar soberano será respaldado con el petro, una criptomoneda que su gobierno emitió en febrero. Además dijo que el petro está respaldado por las reservas de petróleo —una afirmación que los economistas consideran problemática, dado que mucha de la producción del crudo está destinada a pagar las deudas con China y Rusia—.

“Estás vinculando una moneda a un activo tóxico que nadie quiere”, dijo Daniel Lansberg-Rodríguez, un columnista político del periódico venezolano El Universal y profesor de la Escuela Kellogg de Administración de la Universidad Northwestern.

El incremento en los precios de las gasolinas propuesto por Maduro también ha sido recibido con escepticismo.

Los venezolanos actualmente pagan una fracción de un centavo para llenar sus tanques —el precio más bajo en el mundo—. Maduro ha prometido continuar el subsidio a los combustibles para aquellos que se inscriban en una tarjeta de identificación del gobierno —el carnet de la patria— y registren sus autos, pero quiere que los venezolanos que no se inscriban comiencen a pagar el precio internacional de la gasolina.

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Trabajadores de la salud protestan por los salarios y las condiciones laborales, en Caracas, el mes pasado. CreditMiguel Gutiérrez/EPA, vía Shutterstock

“Eso te permite dirigir el subsidio a quienes están dispuestos a comprar dentro del sistema”, dijo Lansberg-Rodríguez. “Es una apuesta a la lealtad”.

En las estaciones de servicio en Caracas, existen muchas dudas sobre el plan. Alejandro Bolívar, un supervisor de una gasolinera ubicada en El Hatillo, población que se ha convertido en un suburbio de la capital, dijo que nadie del gobierno había ido a cambiar las máquinas a la nueva moneda o a explicar cuándo deberán comenzar a verificar si los compradores poseen las tarjetas de identificación.

Por su parte, el gobierno venezolano afirma que la inflación es causada por la “guerra económica” causada por Estados Unidos y por los empresarios que se oponen al gobierno.

No obstante, los economistas afirman que si Venezuela pretende combatir la hiperinflación, deberá dejar de imprimir dinero.

Hanke, el economista de Johns Hopkins, recuerda una situación similar en Yugoslavia, país al que asesoró en la década de los noventa durante su periodo de hiperinflación. En 1990, el gobierno le quitó cuatro ceros a sus billetes, después otro cero en 1992. En octubre de 1993 le quitó siete ceros, en diciembre, nueve ceros y otros siete ceros al principio de 1994.

Al final, la casa de la moneda de Yugoslavia no pudo mantener el paso —el mismo destino que Hanke calcula que le espera a los billetes del banco de Venezuela—.

Yugoslavia, dijo Hanke, tenía una casa de la moneda de clase mundial. Maduro no tiene ese tipo de instalaciones y debe importar los billetes.

“Es una situación imposible”, dijo Hanke.

La hiperinflación de Venezuela explicada con un billete de 100.000 bolívares por Florantonia Singer – El País – 30 de Julio 2018

Es el billete con denominación más alta en el país y da para pagar una fotocopia

Billetes de 100.000 bolívares (aunque con tres ceros menos)
Billetes de 100.000 bolívares (aunque con tres ceros menos). Getty Images

En hiperinflación el sistema de precios está destruido. De ahí que las referencias de los precios en Venezuela sean algo esquizofrénicas: una taza de café puede costar más que un medicamento y una lata de atún cuesta el salario de todo un mes. La entrada en hiperinflación se decretó (por la Asamblea Nacional opositora a Nicolás Maduro) en noviembre de 2017. El país cumple nueve meses en este devastador proceso: según el FMI, la inflación podría llegar al 1.000.000% este año.

El billete de 100.000 bolívares, el de más alta denominación en Venezuela, alcanza para comprar muy pocas cosas. Paga, por ejemplo:

-Una fotocopia.

-Un caramelo.

– Un bollo de pan dulce.

– 20 viajes en autobús dentro de Caracas.

-Un huevo.

-La encendida de un cigarrillo en un kiosco.

-16.000 litros de gasolina de 95 octanos (para cargar el tanque de un coche pequeño más de 450 veces).

-Un mes del móvil o del servicio de internet, pues la mayoría de los servicios tiene las tarifas congeladas por el gobierno, lo que a su vez ha llevado a un deterioro por la imposibilidad de los proveedores de hacer mantenimiento e inversiones.

Los billetes de 100, 50, 20, 10 y 5 bolívares solo son aceptados en las gasolineras. El de 100 que el presidente Nicolás Maduro se propuso sacar de circulación en diciembre de 2016 ha tenido un inexplicable tiempo extra, porque es poco lo que se puede hacer con él. A menudo se ven tirados por las calles o son reusados como papel de reciclaje para artesanías. No vale nada.

El salario mínimo actual son 5.196.000 bolívares (1,40 dólares al cambio), que en billetes de 100.000 serían 52 piezas. En diciembre de 2017 con 100.000 bolívares se compraba 1 kilo de detergente, que hoy, ocho meses después, cuesta 12.000.000 de bolívares (120 billetes). En marzo de 2018 un litro de leche costaba 140.000 bolívares. Hoy cuesta 1.750.000 de bolívares, un poco menos que una taza de café en una panadería que está por el orden de los 2.000.000 bolívares (20 billetes).

Cinco ceros menos a partir de agosto

Para el 20 de agosto se espera la entrada de un nuevo sistema monetario al que se le restarán 5 ceros a la moneda. Se trata de la segunda reconversión en 10 años (en 2008 ya se habían restado tres ceros). Esta medida contribuye a hacer más manejables las cuentas cotidianas, pero que no resuelve el problema de fondo de la hiperinflación.

Este año la Asamblea Nacional comenzó a medir la inflación y en junio registró 128% (2,8% diario, 46.000% de junio de 2017 a junio de 2018); la de mayo fue de 110%. A la velocidad actual, los precios se están duplicando cada 26 días. Ya van dos meses con inflación de 3 cifras, y los economistas aseguran que eso va a acelerar la hiperinflación hasta niveles difíciles de imaginar cómo los que ha recalculado recientemente el Fondo Monetario Internacional, que pronostica que al cierre de 2018 el indicador llegará a 1.000.000%.

Según estos datos, el detergente que se compraba en diciembre pasado con el billete de más alta denominación, el de 100.000 bolívares, terminará costando al cierre de este año 1.000 millones de bolívares, que luego de la reconversión pasarán a ser una cifra más  manejable de 10.000 bolívares.

Pero no hay efectivo

Sin embargo, los billetes en Venezuela también escasean y como todo lo escaso se hace más costoso. Frente a una inmensa masa monetaria, producto de las emisiones sin respaldo que ha hecho el gobierno para dar bonificaciones y aumentar el salario casi cada dos meses, la disponibilidad de piezas de efectivo es bajísima en medio de tanta liquidez, lo que dificulta las transacciones diarias.

De todo el dinero que circula apenas 2,4% son billetes. Los cajeros automáticos solo dispensan 10.000 bolívares diarios. La escasez hace que, cuando tienen dinero, haya colas larguísimas para hacer la transacción. La recarga que hacen los bancos en sus bóvedas dura apenas unas horas. El efectivo, que se necesita para pagar pasajes de transporte, dar propinas, pagar estacionamientos, gasolina y en el interior del país con más frecuencia para adquirir bienes, mucha gente tiene que comprarlo.

Esto ha estimulado un mercado negro de billetes que produce estas paradojas: un billete de 100.000 bolívares cuesta 300.000 bolívares. El dinero en efectivo se vende al 300% de su valor. Es una de las tantas economías subterráneas que estimulan los controles. Esto también genera una distorsión en los precios en algunos mercados de víveres: algo puede ser tres veces más barato si se paga con efectivo, en vez de con tarjetas de débito o transferencias electrónicas.

Se paga a menudo con tarjetas, pero esto tiene otras complicaciones. Los puntos de pago colapsan y  las operaciones son lentas, porque además las telecomunicaciones no son buenas. Además, muchos tienen un tope: si se va a pagar una compra de 100 millones, que es un mercado de alimentos como para 15 días, se debe pasar la tarjeta cinco veces por el aparato, porque los establecimientos solo pueden registrar hasta 20 millones por compra en sus sistemas de facturación. Han surgido medios de pago de transferencias entre personas a través del teléfono y pasa también que se ha desarrollado una especie de confianza, hay gente que acepta el pago después con una transferencia hecha desde casa en caso de que nada de lo anterior funcione. Estos códigos ya son parte de la trastocada rutina de la hiperinflación en Venezuela.

Venezuela cinco ceros por Alberto Rial – El Carabobeño – 29 de Julio 2018

Unknown

O sea, que ayer usted tenía cien mil y hoy tiene uno. Y lo que compraba ayer con cien mil (nada, en realidad) hoy lo compra con uno (nada por nada es nada, así que sigue en lo mismo). Hace 20 años usted tenía uno, que hasta la semana pasada se habían convertido en 100 millones, y hoy vuelve a tener uno. Y usted sigue sin poder comprar nada porque no hay nada que comprar; o porque los cien mil de ayer (que son los cien millones a uno de hace 20 años) no valen ni media yuca.

La economía (sin ánimo de ofender a una ciencia tan apreciada por la humanidad) del chavismo es surrealista. Las medidas económicas del gobierno de Maduro no son tales, porque no responden a criterios económicos ni a intención –ni posibilidad- alguna de resolver nada. Son lanzamientos de flechas hacia una diana que tiene al Negro Felipe por un lado, a María Lionza por el otro y a Changó en el centro. Son brujerías y cortinas de humo generadas por un grupo de analfabetos que no distinguen una tasa de interés de una taza de café. Una suerte de vudú revolucionario cuya esencia, al final, solo contiene la grosera obsesión por el poder de una dictadura que se adueñó de esta ribera del Arauca.

La fortaleza de una moneda se desprende de lo que vale el país que la respalda, independientemente de los ceros que tengan los billetes. El dólar de Zimbabwe desapareció porque no valía nada: nadie lo compraba y a nadie le interesaba invertir en Zimbabwe. El bolívar fuerte, soberano, patriótico, bolivariano o como se le quiera llamar, tampoco vale nada porque el país está quebrado y nadie quiere tener bolívares en el bolsillo. Si Venezuela no tiene bienes ni servicios para mantenerse a sí misma, mucho menos va a tener para venderle algo a un extranjero a cambio de moneda dura. El petróleo, que mantuvo al país a flote por casi un siglo, se está dejando de producir y lo poco que se extrae se le regala a los cubanos o se le debe a los chinos.

El problema de Venezuela no es económico ni tiene que ver con los cinco ceros que se le quiten o se le agreguen a la moneda. El problema de Venezuela es básico, primario y elemental. A este país lo secuestró su peor gente, los malos, y los secuestradores están atrincherados con la complicidad de los que tienen los cañones. Por otro lado, la gente que dirige la oposición a la dictadura, los buenos, los que deberían tener como misión y razón de vida regresar a la democracia (porque se entrenaron para eso y porque es su trabajo) no han dado pie con bola ni han estado a la altura de las circunstancias. Lo demás son arabescos.

La paradoja de comprar billetes para pagar en Venezuela por Alonso Moleiro – El País – 22 de Julio 2018

La escasez de dinero en efectivo obliga a conseguir papel moneda a un precio tres veces mayor a su valor nominal

Mercado en San Francisco.
Mercado en San Francisco. GETTY

El caos económico generado por el Gobierno de Nicolás Maduro ha consagrado en Venezuela un hábito de urgencia: las gestiones callejeras para comprar dinero en efectivo y poder realizar pagos donde no se aceptan modalidades digitales. Estas operaciones, sin ningún tipo de regulación, casi siempre se ejecutan a un precio de hasta tres o cuatro veces mayor a su valor nominal por la escasez. En un país donde el crecimiento de precios presenta un descontrol sistémico, persisten determinadas transacciones —el pago a jornaleros en fincas, servicios de transporte, el servicio de la gasolina o el importe en algunos estacionamientos— que, con frecuencia, no aceptan pago con tarjeta.

La compra de dinero es una gestión que demanda planificación y contactos. Algunas personas, particularmente algunos empresarios, están obligadas a hacer grandes adquisiciones de billetes para determinadas actividades comerciales, sobre todo en zonas rurales en las cuales se presentan problemas permanentes de servicios como la luz.

Otros, procurando pescar en provecho propio en medio del caos, conscientes de que esta es una demanda permanente, se organizan para ofrecer al mercado esos billetes que habitualmente no se consiguen, o que bancos y cajeros automáticos dispensan en remesas cada vez más magras.

El dinero se oferta de manera detallada, a través de contactos, pero en muchas ocasiones en plena calle: en Caracas, entre otros lugares, en el bulevar de Catia, zona populosa obrera del oeste de la ciudad, o en mercados municipales de alta rotación, como los de Coche y Quinta Crespo. Esta semana, por ejemplo, los pensionados engrosaban kilométricas filas para cobrar sus asignaciones estatales, y tuvo lugar una protesta que se extendió al centro de la ciudad cuando los empleados bancarios les informaron de que no había suficiente cantidad de billetes. Mientras tanto, muy cerca, en la plaza de La Candelaria, algunos vendedores informales ofrecían billetes al triple de su valor nominal.

José Guerra, economista y diputado, exfuncionario del Banco Central, apunta que la compra de dinero, y la escasez de billetes vigente en el país, encuentra su soporte en un rasgo fundamental: la hiperinflación venezolana es la primera que se produce en la era de la digitalización. “Dinero hay”, afirma Guerra. “La emisión descontrolada de dinero es la que provoca el aumento de precios. Lo que no hay es dinero líquido”.

La mayoría de las transacciones se ejecutan con pagos electrónicos y transferencias. “La hiperinflación activa una demanda descontrolada de moneda nominal. En 2008, por ejemplo, el 33% de la liquidez venezolana se expresaba en billetes. En este momento, el efectivo es el 2%”, explica Guerra. “La falta de efectivo se asienta en un descontrol total de los precios, y eso produce una insuficiencia relativa respecto a los bienes que se pueden comprar. El Gobierno emitió un billete de 100.000 bolívares con el que se podían comprar, el año pasado, cinco productos de la cesta básica. Hoy, se podría comprar, si acaso, uno”.

 

Lochas por Arlán A. Narváez-Vaz R. – Noticiero 52 – 26 de Febrero 2018

Unknown-1.jpegEntre mis reminiscencias especiales se encuentra una moneda ya inexistente, la Locha, muy asociada con mis días escolares porque lo que mi papá me daba diariamente para la merienda eran 2 Lochas. Desde que tengo memoria hasta poco después de graduarme de economista, en 1972, las monedas eran de cuproníquel (la Puya, con valor de 5 céntimos y la Locha, con valor de 12 ½ céntimos) o de plata (el medio, con valor de 25 céntimos; el real, 50 céntimos, el bolívar, los 2 bolívares y el Fuerte o Cachete, de 5 bolívares).

Siempre me dio curiosidad el valor tan singular de la locha (12 ½ céntimos) y como mi papá sabía mucho de casi todo lo que le preguntara de niño, me explicaba con mucha naturalidad que era la mitad de un medio (Bs 0,25) y que el medio se llamaba así porque era medio real, de manera que una locha era un cuarto de real y por eso le decían también cuartillo… Mi pregunta siguiente quería encontrar respuesta a por qué la referencia era el real y no el bolívar completo y él pacientemente me relataba que se trataba de una costumbre que venía desde tiempos de la Colonia; pero, para tratar de de rescatar la predominancia del bolívar, me explicaba que la Locha se llamaba así porque como valía un octavo de bolívar y, como anteriormente a un octavo le decían ochavo (todavía el diccionario de la RAE incluye esa palabra), a la moneda la llamaban “la ochava” y como al decirlo sonaba “lochava”, para abreviar ese nombre pasaron a llamarla simplemente Locha.

Como dije antes, la Locha también se le llamaba cuartillo pero solamente cuando se juntaba con un real, por ejemplo, era muy común oír decir “real y cuartillo”, es decir 62 ½ céntimos. Incidentalmente, recuerdo que en un programa de televisión del Profesor Néstor Luis Negrón, donde participé como parte del equipo del Colegio San Ignacio (junto con Carlos Pacheco y creo que con Sálvano Briceño), una de las preguntas que pesó para que le ganáramos a nuestros contrincantes fue “¿Cuántos céntimos son real y medio y cuartillo?, a lo que respondimos de inmediato: “¡87 ½ céntimos!”

A pesar de su valor tan pequeño, la Locha tenía mucha aplicación y de allí han derivado expresiones que aún se usan. He aquí algunos ejemplos:

* “Pan de a Locha”, ya que durante mucho tiempo así se le decía a una pieza de pan, de tamaño equivalente a media canilla, también llamado “pan francés”. Poco se ve ahora este pan en las panaderías, de hecho, las maravillas del “socialismo” prácticamente han hecho desaparecer cualquier tipo de pan, razón por la cual en las puertas de las panaderías se ven largas colas a las horas en que van a venderlo, lo que demuestra lo terriblemente vil que era lo que ellos llaman “la 4ª República” (realmente la República Civil o Democrática) porque como siempre había pan y no había que hacer cola para comprarlo, la gente no aprovechaba para socializar en ellas.

* “Me cayó la locha”, expresión que hoy se usa para decir que uno cayó en cuenta o entendió algo. Para entender su uso original hay que saber que en las fuentes de soda o bares habían unos aparatos llamados Rockolas que tenían un discos de vinil de 45 ½ revoluciones, con las canciones de moda (una por cada lado del disco). Para oír la que uno quería había que meter una Locha y, como a veces no caía bien por la ranura, cuando lo hacía y empezaba a tocar la canción seleccionada solía exclamarse ¡Me cayó la Locha!

* “La pregunta de las 64 mil Lochas” A principios de la década de los años 1960 hubo un programa de preguntas donde a cada concursante se le formulaban hasta 5 preguntas, la primera de las cuales premiaba con 4 mil lochas (500 bolívares) la respuesta correcta y las preguntas sucesivas con 8 mil, 16 mil, 32 mil, hasta la pregunta final, muchísimo más difícil que premiaba con 8 mil bolívares, es decir 64 mil Lochas. Hoy se usa esta expresión para calificar una pregunta con respuesta muy difícil de obtener. Ejemplo: Por 64 mil Lochas: ¿Hasta cuándo podrá aguantar el pueblo seguir sufriendo el desastre económico creado por este régimen nefasto?

* “La lucha por la Locha de la leche” Así se llamó el movimiento de consumidores que, a principios de la década de los 1970, se opuso y enfrentó al anuncio por parte de los productores de que el litro de leche pasaría de costar real y medio a costar real y medio y cuartillo, debido a la decisión del Gobierno de aquel entonces de disminuir el subsidio que aquellos recibían para contener el precio al consumidor en real y medio.

De lo anterior hay que decir que Venezuela fue admirada internacionalmente durante no menos de 30 años por los altos niveles de crecimiento económico y de progreso de sus ciudadanos (hasta casi fines de los años 70), a lo cual contribuyó una estabilidad de precios que nos destacó por más de 70 años con una de las inflaciones más bajas y estables del planeta, muy tristemente todo lo contrario de lo ahora sufrimos, con la más prolongada caída económica y empobrecimiento de nuestra historia y con 4 años teniendo la mayor inflación en el mundo.

Los precios eran tan bajos y la locha tan útil que la primera vez que fui a Margarita, cuando me compré mi primer carro, en 1967 (un VW escarabajo de 1960 por el que pagué 3 bolívares de los de hoy), y me aventuré con mi compañero de estudios Orlando Pirona en ese viaje, con los bolsillos vacios, pudimos subsistir porque allá podíamos comprar 2 empanadas de cazón por una locha.

Cuando en mis cursos de la Universidad empezamos a estudiar el tema de la Inflación, inicio relatándole a mis estudiantes lo que no es inflación con un ejemplo personal: cuando empecé a ir al kínder el rey de las golosinas, un Toronto, costaba una Locha. Cuando egresé de 6º grado (8 años después) un Toronto seguía costando una Locha; cuando egresé como Bachiller, 5 años después, un Toronto seguía costando una Locha; cuando me gradué de economista, 5 años después un Toronto seguía costando una Locha y ese precio se mantuvo por no menos de 4 años más, cuando el Toronto pasó a costa 2 Lochas: fueron no menos de 22 años que un Toronto mantuvo su precio en una Locha… sin que le impusieran un control de precios a la empresa Savoy, simplemente los gobiernos hasta ese entonces, responsablemente y por el bienestar del pueblo, tuvieron disciplina fiscal y un gasto público ceñido a los Ingresos Ordinarios, es decir la fórmula efectiva para evitar la inflación (como dirían nuestros abuelos, arroparse hasta donde llega la cobija). En cambio ahora los precios varían semanalmente y hoy un Toronto cuesta más de 80 mil bolívares, es decir, más de 80 millones de bolívares de los de antes, o sea: ¡640 millones de Lochas! ¡Cosas veredes, Sancho!

La falta de efectivo en Venezuela fuerza a comprar un helado con una transferencia bancaria por Alonso Moleiro – El País – 10 de Febrero 2018

El Gobierno de Maduro alienta el pago digital de servicios y cifra parte de sus esperanzas en la aparición del Petro, la criptomoneda venezolana

El adulterado entorno económico venezolano ha consolidado un hecho insólito: la ausencia casi total de dinero en efectivo. En una nación que sufre los efectos de una altísima inflación y que presenta embates cíclicos de escasez de productos, la falta de dinero líquido para pagar aquello que ya de por sí puede tener un enorme valor está convirtiendo cualquier gestión cotidiana en una titánica tarea que exige un inusual despliegue logístico.

La falta de billetes es tan notoria que, con mucha frecuencia, los bancos admiten retiros que no sobrepasan los 20.000 bolívares al día (apenas unos centavos de dólar) por usuario. La circunstancia convierte transacciones cotidianas elementales en operaciones de complejidad: en la Venezuela actual, el propietario de un carrito ambulante de helados puede admitir un pago a posteriori por transferencias digitales acordado con el comprador.

El uso de los puntos electrónicos de venta es condición sine qua non para cualquier comerciante que quiera sobrevivir. Los cajeros automáticos permanecen precedidos de enormes colas en demanda de efectivo. Las monedas de metal, devoradas por el caos económico, tampoco existen. Aparcar un coche en un estacionamiento público puede requerir una intrincada operación previa para obtener los billetes que se necesitan para pagar el costo.

En la evaporación del dinero en efectivo concurren algunas de las mismas causas que han puesto en vigor el reino de la escasez en la Venezuela de Nicolás Maduro. La primera de ellas, un poderoso punto de fuga activado por bandas de contrabandistas y traficantes de productos que operan en la frontera con Colombia, que suelen aprovecharse del artificio que ofrece el sistema de subsidios y las asimetrías cambiarias promovidas por el Gobierno. Al ejercer operaciones ilegales, estos grupos precisan de efectivo para no dejar rastro bancario de sus coimas. Suelen contar con la colaboración o la anuencia de funcionarios militares y civiles corrompidos.

El economista Víctor Álvarez, premio nacional de Ciencias, opina que, además de este factor, también se debe tener en cuenta el voluminoso trafico de emigrantes que se desplaza hacia Colombia huyendo de la crisis, que saca los bolívares que tiene en las manos, devorados por la devaluación, en la ciudad colombiana fronteriza de Cúcuta, para poder cambiarlo en pesos colombianos. Álvarez no tiene dudas de que “hay una jugada para dejar sin medios de pago a la economía venezolana” conjurada contra el Gobierno de Maduro.

El brutal e inédito crecimiento de los precios ha hecho posible que las medidas anunciadas por el Banco Central de Venezuela para emitir un cono monetario (conjunto de monedas que existen en un país) actualizado con los niveles de inflación, con el objeto de paliar la situación, envejezcan a enorme velocidad.

Hace poco más de un año, una vez que la inflación convirtió en obsoletos los billetes que circulaban, el Gobierno de Maduro anunció la emisión de un nuevo cono monetario. La gestión para lanzar nueva moneda quedó empantanada en uno de los trámites administrativos de la Venezuela chavista. Maduro denunció la existencia de un complot para impedir el plan. La tardanza de los nuevos billetes generó disturbios callejeros en algunos poblados del interior del país y su llegada a la calle se produjo en un momento en el cual el aumento de los precios había rebasado por completo su capacidad de pago.

A estas alturas, en lugar de emitir nuevos billetes, el Gobierno de Maduro parece decidido a forzar el paso de toda la sociedad a adelantar el uso de transacciones digitales. El economista José Guerra, diputado de la Asamblea Nacional, comentaba en su cuenta de Twitter que el billete de 100.000 bolívares, que fue anunciado en noviembre y que casi no es visto en la calle, ha perdido ya el 70% de su valor nominal. Con 100.000 bolívares un usuario cualquiera apenas podrá pedir un café con leche sentado en una mesa.

Hace poco, Maduro formalizó el anuncio de la denominada “billetera virtual”, que busca estimular y masificar el uso de pagos electrónicos. El carnet de la patria, la herramienta actual para la transferencia de recursos y la inversión en programas sociales que maneja el Gobierno chavista, tiene código digital y centraliza la prestación de varios servicios estatales con su uso.

Álvarez opina que detrás del comentado anuncio de la criptomoneda del Gobierno de Venezuela, bautizada como el petro, se desarrolla una estrategia progresiva para desarrollar una reforma monetaria que termine desplazando al bolívar como moneda de uso legal en el medio plazo. “No hay forma de concretar ejercicios presupuestarios estables ni de hacer cálculos económicos con un bolívar que tenga esos niveles de inestabilidad”

Las modalidades de instrumentación y verdaderos fines del petro siguen siendo un misterio entre los entendidos. Algunos economistas opinan que, con su lanzamiento, el régimen de Maduro persigue obtener algunos recursos adicionales, que ofrezcan oxígeno fiscal y alivien las cuentas de la República, asediadas por las sanciones internacionales.

“El petro puede ser la punta de lanza para ensayar una total reconversión monetaria”, afirma. “El bolívar en este momento no tiene ninguna utilidad como instrumento de ahorro o como reserva de pago”. De hecho, Álvarez, apunta que, dentro del proyecto de la criptomoneda venezolana, ya está contemplado que los usuarios puedan cancelar servicios tributarios y bienes ofrecidos por el Estado usando el petro. El economista, sin embargo, tiene dudas sobre la eficacia y credibilidad con las que este proyecto puede ser emprendido por los funcionarios de Maduro.

De momento, de no tener punto electrónico de venta, un vendedor ambulante de perritos calientes tendrá que convenir con un cliente el pago posterior de la ingesta con una transferencia electrónica y resignarse a confiar en su buena voluntad.

 

Un Cambur por Tranferencia por Claudio Nazoa – El Nacional – 4 de Diciembre 2017

Unknown.jpegEsto le ocurre hoy a cualquiera en Venezuela, pero, digamos (Dios me salve el lugar), aun si yo fuera un chavistacomunista, ¿cómo consigo efectivo si en el cajero del banco no hay dinero y por taquilla dan 5.000 bolívares, de los cuales 3.000 son para pagar el estacionamiento porque no tienen punto de venta?

Digamos que soy chavistacomunista (Dios vuelva a salvarme el lugar) y necesito insulina, antibióticos, anticancerígenos, hipertensivos… Y si en el mejor de los casos tengo la enorme cantidad de dinero que cuestan, ¿en qué farmacia los consigo y con qué cancelo si el punto casi siempre falla?

Digamos que necesito aceite para mi automóvil. ¡Ni pagando hay! Y si quiero arepa, ¿de dónde saco la harina? Si se daña o me roban la batería, ¿con qué cancelo el taxi que debo tomar para buscarla por toda la ciudad?

Digamos que soy millonario y en la carretera me provoca una empanada y un jugo, ¿con qué efectivo pago?

Digamos que soy loco y se me ocurre ir a Mérida por tierra, ¿quién me garantiza que después de Barinitas habrá gasolina? Gasolina que al parecer no hay porque, según ellos mismos, se la robaron toda en Pdvsa.

Y si por mala suerte me varo, ¿con qué pago la grúa? Y si estalla un caucho, ¿dónde lo compro? En Venezuela no hay.

Digamos que desesperado de tanto pelar bola todo el día y todos los días, quiero emborracharme. ¿Cómo compro una botella de lo que sea al elevado precio que tiene si no hay efectivo ni punto?

Y si quiero viajar al exterior, ¿cómo obtengo una humillante hoja de prórroga inexistente o renuevo mi pasaporte?

Y si quiero pasear de noche, ¿cómo veo si no hay luz? En Venezuela, el alumbrado público está encendido de día y apagado de noche.

Mi admirada amiga Alicia Álamo me escribió una amable carta diciendo que yo estaba muy serio. Es verdad. A veces, como hoy, trato de contar algo divertido pero me voy arrechando a medida que el artículo avanza.

Quería escribir algo que en su momento creí gracioso. Sin embargo, al hacerlo, me enfurecí: mi hija Valentina me llamó del colegio. Quería comerse un cambur (uno). La niña no tenía dinero porque en casa no hay efectivo.

La solución fue insólita: por WhatsApp me envió el número de cuenta del dueño de la cantina. Luego de varios intentos infructuosos (se cayó Internet, se fue la luz, colapsó la página del banco) logré hacer la transferencia… ¡por un cambur!

¿Será que a estos……… no les da vergüenza tener a un país en esta situación?

¡Elrccdsm!

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