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El ELN pone a prueba el poder de la Fuerza Armada de Venezuela por Pedro Benítez – KonZapata – 9 de Noviembre 2018

Para bien y para mal las fuerzas militares venezolanas han sido en el último siglo la columna vertebral del Estado. Esa posición ha estado y está (hoy) amenazada por grupos armados que han penetrado el territorio del país bajo el amparo de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro por razones ideológicas y como aliados del proyecto político chavista. Pero a eso hay que sumar el desprestigio en el que han caído a los ojos de la población, que las identifica como parte del régimen. Un aspecto siniestro que revela la otra cara de la crisis venezolana.
La Fuerza Armada se niega a atribuir la reciente emboscada al ELN / Foto: FANB

La Fuerza Armada se niega a atribuir la reciente emboscada al ELN / Foto: FANB

Uno de los argumentos del chavismo en el poder para disuadir alguna posible intervención militar externa sobre Venezuela es que se repita el escenario de Libia luego de la caída del régimen de Muamar Gadafi. La disolución completa del Estado, tal como lo definió Max Weber: la instancia que reclama exitosamente el monopolio legítimo de la violencia en un territorio.

Es decir, una situación el cual el país quede dividido de manera indefinida en distintas facciones armadas. Una especia de Somalia en el norte de Suramérica sería una posibilidad incluso peor que la presente.

No obstante, tal como van las cosas en Venezuela eso podría ocurrir sin necesidad de esa posible intervención militar. Esta semana se volvieron a dar señales que indican que más que instaurar un gobierno totalitario según el modelo cubano, en el país está aconteciendo un peligroso proceso de disolución del poder del Estado sobre parte del territorio y de su población.

El pasado domingo 4 de noviembre una comisión de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) fue emboscada por un “grupo irregular” a pocos minutos de la ciudad de Puerto Ayacucho, capital del estado Amazonas (al sur del país). El suceso dejó como saldo lamentable tres funcionarios muertos y otros 12 heridos.

No es la primera vez que este tipo de incidentes ocurren en la complicada línea fronteriza de 2.219 kilómetros que comparten Venezuela y Colombia. Hace pocas semanas ocurrió otro suceso similar en los alrededores del río Catatumbo, también limítrofe con Colombia.

Una comisión de la Guardia Nacional fue emboscada por un “grupo irregular” a pocos minutos de Puerto Ayacucho, capital del estado Amazonas. El suceso dejó tres funcionarios muertos y otros 12 heridos

Lo llamativo es la respuesta que sistemáticamente han dado las autoridades venezolanas en los últimos 20 años al atribuir estos hechos siempre, e invariablemente, al paramilitarismo colombiano (asociados a la extrema derecha de ese país) y nunca a las guerrillas (de extrema izquierda), bien sean las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) o el Ejército de Liberación Nacional (ELN), o grupos disidentes de las mismas.

Como lo han denunciado varios periodistas venezolanos especializados en temas de seguridad y de frontera, esos grupos armados han operado dentro del territorio venezolano. Pero desde la época del expresidente Hugo Chávez a las FARC y al ELN se les ha dado un trato de favor. Primero de manera subrepticia y luego públicamente.

Hace una década en un discurso ante la Asamblea Nacional de Venezuela Chávez afirmó: “Las FARC y el ELN no son ningunos cuerpos terroristas, son ejércitos que ocupan espacio en Colombia, hay que darles reconocimiento, tienen un proyecto político y bolivariano”.

Así rompió una tradición de los gobiernos venezolanos que le precedieron de no involucrarse en el conflicto interno colombiano y combatir sin cuartel tanto a las guerrillas de izquierda como a los grupos paramilitares y demás organizaciones criminales que cruzaran la frontera.

Para muchos quedó entonces bastante claro el apoyo que por acción u omisión el Gobierno brindaba a la FARC y al ELN, lo que sería motivo de grave fricción con el entonces presidente Álvaro Uribe al otro lado de la frontera.

Desde entonces periodistas y políticos opositores (como el diputado Américo De Grazia) han denunciado la presencia concretamente del ELN dentro de Venezuela.

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No obstante, en esta ocasión tanto el ministro de la Defensa, general Vladimir Padrino López, como el también general y jefe de la Región de Defensa Integral (REDI)Jesús Mantilla, se han negado a atribuir el hecho a ese grupo irregular, que no se acogió al proceso de paz que llevó adelante el anterior presidente colombiano Juan Manuel Santos.

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La emboscada habría sido una retaliación por una operación de seguridad por parte de la GNB en la que previamente capturó al cabecilla de ese grupo, Luis Felipe Ortega Bernal.

Pocas horas después un comunicado del Gobierno de Colombia afirmó que el detenido estaba solicitado por la Interpol y era uno de los cabecillas del ELN, coincidiendo así con informaciones previas.

En este punto del recuento surgen dos preguntas elementales:

1- ¿Por qué un grupo armado “aliado” del Gobierno venezolano se enfrentaría militarmente a sus funcionarios?

2- ¿Por qué un Estado compartiría el monopolio del poder de fuego dentro de su territorio con un grupo irregular?

La respuesta a las dos preguntas reside en la ideología y en la naturaleza del proyecto político chavista. No es la primera vez que eso ocurre.

En el Líbano, por ejemplo, el origen de la guerra civil que destruyó a ese país en los años 70 y 80 del siglo pasado fue la nefasta idea de amparar en su territorio a las milicias armadas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). El objetivo era socavar el poder del vecino Israel y esto se le termino devolviendo al Líbano.

Un Estado dentro del Estado

En el caso concreto de Venezuela el expresidente Hugo Chávez, desde su llegada al gobierno en febrero de 1999, avaló el surgimiento de grupos armados dentro de la misma ciudad de Caracas por motivos ideológicos, pero también de orden pragmático. Incluso se les entregó el control de la populosa parroquia 23 de Enero en el oeste de la ciudad. En una época en la cual el apoyo de las Fuerzas Armadas no le era seguro, esos grupos cumplían un papel de disuasión ante un posible levantamiento militar, así como también de control social sobre el sector de la población desafecto a su proyecto político.

En la cumbre del poder Chávez comenzó a hablar de lo que denominaba “el pueblo en armas”, como una forma de preparar a la población para una posible acción militar que pretendiera destruir “el proceso revolucionario”. Es decir, desplazarlo del poder. Cuando afirmaba que la revolución era pacífica pero estaba armada, no sólo lo decía por el apoyo de los componentes de la institución militar, que después de todo le debían lealtad como presidente elegido democráticamente.
Desde hace años se ha denunciado la presencia del ELN en territorio venezolano / Foto: Wikipedia

Un paso más en el desarrollo de esa lógica fue la creación de la Milicia en 2009 como un quinto componente junto con el Ejército, la Marina, la Aviación y la Guardia Nacional. Sin embargo, esto no invalidó la idea de contar con grupos paramilitares al margen del Estado como aliados de la revolución.

Ya siendo presidente Nicolás Maduro esta situación daría pie a un conflicto público cuando en 2014 el ministro del Interior, general Miguel Rodríguez Torres (hoy en prisión), apoyó una acción policial contra uno de estos grupos urbanos que operaban a sus anchas dentro de la capital. En esa ocasión Maduro respaldó a esos grupos y Rodríguez Torres salió del ministerio.

Un ejemplo de cómo la relación entre el poder formal del Estado y el informal de los grupos irregulares no siempre era armoniosa.

Sin embargo, Chávez proyectó esa misma lógica en el resto del territorio nacional, pero con un agregado en particular: Eran organizaciones armadas de la vecina República de Colombia.

Lo llamativo es la respuesta que sistemáticamente han dado las autoridades venezolanas al atribuir estos hechos al paramilitarismo colombiano y nunca a las guerrillas, bien sean las FARC o el ELN

Ciertamente Colombia exportó su conflicto a Venezuela, pero Chávez también le dio puerta franca, porque detrás de las FARC y el ELN se venían los paramilitares y el narcotráfico.

Hoy, en medio de la tremenda crisis económica caracterizada por una hiperinflación totalmente fuera de control, Venezuela ha llegado a una situación en la cual estos grupos compiten por el control de los recursos del país con el propio Estado venezolano.

Dentro de la ciudad de Caracas, a pocos metros de la oficina presidencial, estos grupos armados fiscalizan precios, cierran negocios, venden alimentos e imponen su orden. Asimismo, a muchos kilómetros de distancia, en el interior de Venezuela (como lo denuncia el diputado De Grazia) otros grupos armados “aliados” del chavismo controlan minas de oro y efectúan otros negocios ilícitos.

Siempre terminan cruzando la línea de la legalidad y se transforman en un Estado dentro del Estado, disputándole el monopolio de la fuerza a la institución militar que se ve limitada en su accionar por los propios comandantes.

Para bien y para mal, esa misma institución que ha sido la columna vertebral del Estado venezolano ve hoy su posición más amenazada que nunca.

Venezuela: la Sierra Leona latinoamericana por Hana Fischer – Panampost – 2 de Noviembre 2018

Desde el punto de vista de los derechos humanos, las consecuencias también han sido equivalentes

Venezuela: la Sierra Leona latinoamericana (T)

En 2006 se estrenó la película “Diamantes de sangre”. Su trama se desarrolla en Sierra Leona durante el conflicto armado que se prolongó durante once años (1991-2002). Constituye una estremecedora denuncia sobre los brutales métodos utilizados por gobernantes –especialmente Charles Taylor– militares, guerrilleros y empresarios extranjeros para controlar el tráfico clandestino de diamantes y a las redes comerciales de productos agrícolas, con el fin de obtener colosales ganancias.

Sierra Leona es un ejemplo paradigmático para comprobar que la riqueza de una nación no reside en sus recursos naturales sino en sus instituciones e ideas predominantes.

¿Por qué?

Porque ese país africano es uno de los más pobres del mundo. Sin embargo, su territorio es extremadamente rico en diamantes, oro, rutilo, bauxita y además, posee extensas tierras aptas para la agricultura.

La devastación de esa nación comenzó a gestarse en 1968, siete años después de la independencia de Gran Bretaña. Fue entonces que el presidente Siaka Stevens quiso perpetuarse en el poder. En pos de ese objetivo, estableció un sistema benefactor populista- socialista, politizó a las instituciones policiales y militares, y utilizó a la industria de los diamantes para financiar su proyecto autocrático y simultáneamente enriquecerse.

Lo que “Diamantes de sangre” cuenta es una historia verídica. Impactó y en consecuencia, despertó muchas conciencias acerca del horror vivido en esas tierras africanas. Fue un período caracterizado por la codicia, la sangre y la violencia. Uno, en el cual se cometieron graves violaciones a los derechos humanos: asesinatos, ejecuciones extrajudiciales, violaciones, amputaciones de miembros, secuestro y reclutamiento de niños.

Las similitudes entre lo ocurrido en Sierra Leona y la Venezuela chavista, son impresionantes. La misma realidad socioeconómica. Es decir, una nación que cuenta con ingentes riquezas naturales pero cuya población está sumida en la pobreza más extrema. Las mismas tácticas para perpetuarse en el poder: el sometimiento del Poder Judicial, la corrupción de las fuerzas armadas y policías, la apropiación de los recursos nacionales y el establecimiento de una estado “benefactor” (las “Misiones”) de raigambre populista- comunista.

Desde el punto de vista de los derechos humanos, las consecuencias también han sido equivalentes. Incluso, la amputación de las manos que realizaban los integrantes del Frente Revolucionario Unido (FRU) para impedir la participación ciudadana en las elecciones y en la política, podría ser considerara una imagen visual de lo que Nicolás Maduro y esbirros realizan en forma simbólica con los venezolanos.

Para impedir que ganara el partido contrario, los miembros del FRU les cortaban las manos a los ciudadanos para que no pudieran elegir a los gobernantes. Llegaban a las aldeas y les decían: “¿Queréis votar? ¡Pues ahora ya no podréis!”  Y los mutilaban para que no pudieran agarrar la papeleta.

En Venezuela la dictadura recurre al fraude, el amedrentamiento, el “carnet de la patria” (que sirve para controlar qué vota cada quien y actuar en consecuencia) persiguiendo el mismo objetivo. O sea, torcer la voluntad ciudadana.

Entre las muchas cosas que la película denuncia y que bien podrían aplicarse a Venezuela, hay una que ha pasado prácticamente desapercibida: las masacres de mineros que se están realizando en el Arco Minero del Orinoco (AMO).

Íbsen Martínez en un reciente artículo al que tituló “Militares y masacres del oro en Venezuela”, lo relata con lujos de detalles. Señala que la hegemonía de los militares venezolanos “en todos los ámbitos de gestión pública susceptibles de ser saqueados con ya probada absoluta impunidad se acrecentó con la creación, en 2016”, del AMO.

Cuando Maduro lo creó, lo describió como una zona de desarrollo estratégico cuya finalidad era “romper con el rentismo petrolero”. Diversas fuentes estiman las reservas mineras del AMO en unas 7.000 toneladas de oro, cobre, diamantes, hierro, bauxita y coltán (el nuevo “oro negro”). El dictador anunció que 135 compañías nacionales y extranjeras participarían de este proyecto.

Militares y masacres del oro en Venezuela por Ibsen Martínez – El País – 30 de Octubre 2018

La responsabilidad de mandos del Ejército en el desplome de la economía que ha precipitado la tragedia humanitaria venezolana es indiscutible

Nicolás Maduro, en un acto de las fuerzas armadas venezolanas
Maduro, en un acto de las fuerzas armadas venezolanas. AP

Según varios observatorios de la actividad militar en el globo, tales como la privada Red de Seguridad y Defensa de América Latina, las fuerzas armadas venezolanas se estiman en unos 365.000 efectivos y más de 1.000 generales en activo.

En marzo pasado, la organización no gubernamental Transparencia Venezuela, integrante de una respetada red mundial de lucha contra la corrupción, informó que de los 34 ministerios creados por la revolución bolivariana desde 1999, los militares están al frente de 14 de ellos, incluyendo Defensa, Interior, Petróleo y Minería, Agricultura y el notoriamente inepto y corrupto ministerio de Alimentación. Un general detenta la presidencia de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) y otros seis las gobernaciones de los Estados más populosos de los 24 en que, políticamente, se divide el país.

Siempre según cifras aportadas por Transparencia Venezuela, más de 11.000 miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana se hallan, de una u otra forma, en posiciones de poder y, de acuerdo con Control Ciudadano, otra ONG que escudriña el opaco mundo castrense venezolano, la participación de los militares en el Gobierno alcanza ya un 43,7%.

Vistas esas cifras, la responsabilidad de los militares en el desplome de la economía que ha precipitado la tragedia humanitaria venezolana es, pues, indiscutible. Su hegemonía en todos los ámbitos de gestión pública susceptibles de ser saqueados con ya probada absoluta impunidad se acrecentó con la creación, en 2016, del llamado Arco Minero del Orinoco (AMO).

La propaganda bolivariana describe al AMO como una zona de desarrollo estratégico destinado a “romper con el rentismo petrolero”. Nicolás Maduro anunció, al crear el AMO, la participación de 135 compañías internacionales.

El AMO abarca un área de 111.843,70 kilómetros cuadrados, es decir, el 12,2 % del territorio venezolano, más del doble de lo que ocupa la faja petrolífera del Orinoco. Se extiende al sur del gran río, desde el norte del Estado Bolívar hacia el noreste del Estado Amazonas y parte del Estado Delta Amacuro. La región se corresponde groseramente con la del mítico reino de El Dorado que obsesionó a Sir Walter Raleigh en sus exploraciones, a fines del siglo XVI. Diversas fuentes estiman las reservas mineras del AMO en unas 7.000 toneladas de oro, cobre, diamantes, hierro, bauxita y el invalorable coltán. Inmediatamente después de su creación, comenzaron las matanzas de civiles dedicados a la minería ilegal.

Entre enero y septiembre de 2017, la prensa regional registró hasta 61 mineros informales asesinados en cinco municipios del Estado Bolívar. El portal Insight Crime logró atribuir, sin lugar a dudas, 40 de esas muertes a las fuerzas militares venezolanas.

La escalada de violencia criminal asociada a la minería había comenzado en marzo de 2016, con la desaparición y ejecución de 28 mineros venezolanos en Tumeremo, municipio aurífero donde, hace dos semanas, volvió a registrarse una matanza con saldo de al menos 7 víctimas.

Lugareños y diputados de la región ante la Asamblea Nacional dicen que los asesinatos sugieren una operación de exterminio de la minería informal presuntamente exigido por las transnacionales del oro atraídas por Maduro. Esta vez, lo acontecido en Tumeremo dejó ver que la bárbara lucha por el control de las minas incorpora nuevos actores amados.

Uno de ellos son los llamados trenes, aguerridas bandas criminales comandadas por líderes, a su vez llamados pranes, salidos todos de las dantescas cárceles venezolanas y luego cooptados por generales de la Guardia Nacional, la aborrecida policía militarizada. El otro bando en pugna es el inefable ELN (Ejército Nacional de Liberación) colombiano, obrando como subcontratista de los generales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Pranes y elenos actuarían como agentes de retención del diezmo que los generales venezolanos cobran a los mineros ilegales.

La codicia homicida de este paralelogramo de fuerzas deja ver el grado de envilecimiento moral del sector militar venezolano, el único sostén real de la dictadura de Nicolás Maduro.

Que aún haya opositores demócratas que lo esperen todo de mitológicos militares restauradores de la democracia civil y regeneradores de la moral pública es el más terco resabio del militarismo hondamente arraigado en el alma venezolana desde 1830.

Una guerra silenciada por Dámaso Jiménez – La Patilla – 19 de Octubre 2018


Venezuela agoniza ante un parásito “paraestado” invasor. Los 22 mil funcionarios castristas denunciados por el secretario general de la OEA, Luis Almagro,  es el último eslabón de una guerra silenciada que ya lleva 57 años.

Luis Almagro se atrevió a develar por fin el quid del asunto de la insoportable verdad que llevó al país a la más dura crisis y que tiene pasando hambre y viviendo en la miseria a millones de venezolanos, mientras otro tanto decidió mutar como extranjeros en el mayor movimiento migratorio sufrido por todo un país durante este siglo.

Almagro logra aclarar la existencia de un “paraestado” instaurado solo para mantener a Nicolás Maduro como fachada de un gobierno invasor, por encima de cualquier derecho constitucional de sus ciudadanos convertidos en rehénes.

La infiltración de 22 mil funcionarios de la dictadura castrocomunista en puestos estratégicos de poder para mancillar y someter a toda una nación despojada de sus normas, economía, trabajo, educación, cultura, forma de vida y modo de producción, es sin duda alguna un episodio de guerra moderna ganada por el intruso. Hasta ahora ningún país vecino ha puesto sus barbas en remojo.

¿Qué hace este ejército invasor moderno?  Primero irrumpieron en los sistemas por internet y al acceso a datos privados desde las computadoras del Estado, para luego acceder a las cuentas bancarias, eliminando accesos desde fuera y amenazando con disponer incluso de los recursos de quienes tuvieron que abandonar el país. Los funcionarios castristas tienen acceso a cualquier documento en las oficinas públicas,  pueden sembrar o cambiar pruebas desde su particular justicia. Son los dueños de los pasaportes, tienen acceso al interruptor de la electricidad desde el Guri pudiendo dejar las ciudades a oscuras cuando se les antoje.  Eliminaron todo servicio médico y dejaron en la ruina a los hospitales, cancelaron todas las medicinas, son los amos de la soberanía alimentaria, se apoderaron de las fuerzas armadas que ahora son castristas y cubanas con Padrino a la cabeza, tienen acceso a todo el armamento de guerra y cuentan para sí con los servicios de inteligencia para espiar, perseguir voces y acciones disidentes, de protesta o de resistencia de los venezolanos en su propio país, uno muy afectado y sometido como siempre lo previó Fidel Castro hace 57 años, el mayor enemigo de la República de Venezuela en 188 años, pero que nunca fue reseñado como tal en ninguna de las líneas de los libros de historia.

La guerra de Fidel formó parte de un plan implacable y maquiavélico concebido en las entrañas mismas de la maldad del castrocomunismo, los reductos soviéticos rusos, sus alianzas con el eje del terrorismo islámico y la bancada usurera china, para apoderarse de una patria hermosa, con riquezas inimaginables, habitada por ingenuos nativos que nunca fuimos educados sobre los verdaderos peligros que atentaban desde fuera y dentro del país contra la democracia y el sentido real de la Patria, con las miles de muertes que se produjeron y que fueron echadas al olvido.

Entre 1961 y 1967 miles de venezolanos murieron en defensa de la soberanía, pero se siguió conspirando gracias a una pléyade de asesinos y la ayuda de una montonera de guerrilleros nacionales que nunca pagaron por sus crímenes, ni por los intentos de magnicidios, o la incursión de armamento para matar a los connacionales y por los ataques a la poblaciones rurales.

Un artículo del general Ángel Vivas publicado en enero del 2011 da cuenta del rechazo de la FAN venezolana ante la invasión impuesta: “La peor humillación al honor militar venezolano es que ahora se le rinde homenaje a Fidel Castro y a su tiranía aquí mismo, dentro de nuestro propio territorio, donde ellos derramaron la sangre de ese Ejército al que pertenezco, y a los descendientes de quienes la derramaron, a nuestros oficiales y soldados actuales, se les obliga por conducto de quienes debían evitarlo, sus generales y almirantes, a gritar el lema de nuestro enemigo, el lema creado en Cuba por el dictador Fidel Castro el 5 de marzo de 1960 “Patria, Socialismo o Muerte el mismo lema que gritaban los militares cubanos infiltrados en nuestro territorio en los años 60, cuando mataban a nuestros oficiales y soldados del Ejército de Venezuela, cuando cortaban sus genitales para colocárselos en la boca, cuando abrían con cuchillos sus gargantas para sacar por el orificio sus lenguas a la modalidad de corbata o cuando asesinaban a nuestros campesinos para infundir miedo y obligarlos a no denunciarlos”.

Fueron derrotados militarmente en Machurucuto en 1967 por los temidos “Cazadores” de ese insigne Ejército venezolano de principios de la democracia.

Los traidores venezolanos que ahora gobiernan se sumaron a una pacificación propuesta por Caldera en su primer gobierno que solo sirvió como estrategia para inocular el castrismo soviético al Estado desde el propio Ejército, con la infiltración de Hugo Chávez y otros árboles torcidos que fueron sembrados en complicidad para hacer vida desde 1971, primer gobierno de Caldera, en la Academia Militar de Venezuela.

Castro también fue el peor error cometido por CAP en la toma de posesión de 1989 en su segundo gobierno. Lo trajo como “payaso” de una extensa “coronación” para hacer las veces del divo de la prensa que lo acompañaría entonces, pero no contó con que entre su gruesa comitiva de invitados fueron colocados espías infiltrados en los principales barrios de la capital para llevar a cabo el para nada espontáneo “Caracazo” del 27 y 28 de febrero de ese año, poco menos de un mes después de esa asunción al poder.

Nadie duda que las dos asonadas de 1992 contra la democracia venezolana llevaron la firma del maligno comandante, gracias a la ambición de colaboradores políticos, empresarios, dueños de medios de comunicación y oficiales que se las jugaron todas como oportunistas en su afán de obtener mayor riqueza y poder, que fue lo que les prometió el mefístoles de la guerra a muerte contra la República de Venezuela.

Con Chávez en el poder el sistema castrista se apoderó de Venezuela como una fuerza invasora que logró entorpecer la cotidianidad de los venezolanos desde sus propias oficinas públicas, espiando todos sus movimientos, estudiando la conducta bonachona, parrillera, amante del bonche, el puente, el fin de semana cervecero y la escapada permitida cortesía del cupo cadivi, que mantuvo distraído a una clase media y popular con anormal fanatismo por un gobierno con fachada regalona, que como caballo de troya preparó el golpe de timón y la peor traición contra una nación libre y soberana.

Ninguna nación del mundo permitiría una felonía tan flagrante de gobierno alguno. Sería un autogol, un acto de suicidio colectivo, una enorme estafa piramidal en complicidad con los estafados, pero Castro y Chávez lo ejecutaron a la vista de todos, promocionado incluso a cielo abierto a través de las misiones y el incomparable programa dominical “Aló Presidente”.  La historia no absolverá a Hugo Chávez, figura irrefutable del acto de entrega de la Patria a estos “ Piratas del Caribe”.

Aún los venezolanos no hemos salido del estupor pero tampoco hemos entendido lo que está ocurriendo. Acostumbrados a una economía subsidiada por el petróleo y una gasolina anclada a nimios céntimos, no hay nada que explique el por qué de tanta maldad y menos comprender que el país ha sido atacado infinidad de veces por el eje comunista liderado por los Castro.

Muerto Castro y Chávez le sobrevive el poderoso sistema. Ahora con Maduro y los intocables 22 mil funcionarios en el poder el sistema convirtió una de las principales industrias petroleras del mundo no solo en chatarra para la expansión del castrismo en el resto de América Latina, sino en frontis operativo para los negocios del narcotráfico y el lavado y la utilización exclusiva de sus nimios recursos para los intereses de la cúpula terrorista.

Los venezolanos pasan actualmente por la peor crisis alimentaria inimaginable de toda su historia, con una economía destruida y una población desesperada, convertida en esclavos de un trabajo que jamás pagará ni la mitad de una cesta de alimentos básicos, o prisioneros de guerra del G2 cubano en los calabozos del SEBIN.

Un país más débil apoderándose de otro más grande y con mayores recursos a través del psicotrópico populismo ideológico.  Actualmente el muy repelido sistema castrista se mantiene en el poder gracias a la represión y a los recursos cuantiosos de los negocios oscuros que forman parte de la agenda secreta.

Sin fuerzas y rotos, los venezolanos lo han intentado casi todo para salir de esta guerra invasora y violenta de forma pacífica: Marchas, contramarchas, protestas, tomas de calles, votación masiva, diálogo. Han caído en engaños, en trampas, han sido asesinados, convertidos en presos políticos, perseguidos, expropiados, despojados de sus bienes, secuestrados, expulsados, pero no han perdido la esperanza de retomar el destino.

Algunos sueñan incluso con una fuerza poderosa que les permita sacar a los usurpadores por las buenas o por las malas. Pocos lo han entendido.

Trillonarios de la revolución comunista por Miguel Henrique Otero – Impacto CNA – 6 Octubre 2018

Trillonarios de la revolución comunista

«En ninguna otra economía la brecha entre ricos y pobres ha alcanzado desproporciones semejantes a la de Venezuela. No hay país, donde una banda de delincuentes haya diseñado y ejecutado un saqueo tan ilimitado a sus bienes y riquezas, con el apoyo de una parte de los poderes públicos y el concurso activo del alto mando militar de las Fuerzas Armadas».

En marzo de 2016 ocurrió un hecho que ha resultado de gran significación para la sociedad rumana: fue abierto al público el palacio de 14.000 metros cuadrados, donde el dictador comunista Nicolae Ceaucescu y su esposa Elena, vivieron por 26 años. Ubicado en Bucarest, tiene, entre otras menudencias, 80 habitaciones, una sala de cine, un baño de 90 metros cuadrados para uso exclusivo de la pareja, pisos de mármol, plazas, jardines interiores, lámparas y alfombras que, en la opinión de los expertos, superan por su calidad y por su valor, a las del Palacio de Golestán, en el casco histórico de Teherán.

Un caso muy destacado entre los dictadores comunistas, es el de Mao: llegó a disponer de 52 mansiones distribuidas en la geografía de China. Uno de las características que destaca en la mayoría, es el tamaño de sus habitaciones, donde podían encontrarse varias camas y sofás. Cada mansión contaba con su respectiva red de concubinas, con las que Mao pasaba las tardes. También era común que las invitara a disfrutar de un lujo que estaba prohibido para el resto de los chinos: ver películas norteamericanas, en las salas de cine que eran habituales en estos palacetes siempre custodiados.

La casa de veraneo -una dacha- que Stalin ordenó construir en un bosque de Georgia, frente al lago Ritsa, en 1947, contaba con una sala de billar, una inmensa biblioteca, pisos de madera, alfombras y paredes cubiertas de lujosas cortinas, así como edificios anexos donde vivían y montaban guardia, más de trescientos funcionarios que se ocupaban de su seguridad. Como esta, Stalin tenía otras cuatro casas de veraneo. Como vivía bajo el temor de ser asesinado, no informaba nunca a cuál de ellas viajaría. Las cinco dachas tenían en común, dificultades de acceso, extremas medidas de seguridad y la imposibilidad de llegar a ellas si no se conocía la geografía de los lugares donde habían sido construidas.

Estos tres ejemplos no son excepcionales: en la historia del comunismo ha sido característico que los dictadores y los miembros del partido y el gobierno se enriquezcan, lleven vidas de reyezuelos y escenifiquen sus fantasías, tal como ocurre con los narcotraficantes. Si se piensa bien, que Evo Morales haya ordenado construir un enorme museo en homenaje a sí mismo, recuerda las fantasías de Pablo Escobar volcadas en su finca «La mayoría», ahora convertida en un parque temático. Fidel Castro es otro caso emblemático: la isla Cayo Piedra, donde vivía a menudo, era el lugar para una vida de whisky y champán, langostas, corderos asados, piscina, jacuzzi, casa de huéspedes, chefs, mayordomos, guardaespaldas, vinos de mil dólares por botella y el famoso yate Aquarama II, donde organizaba fiestas interminables con los capitostes de su dictadura.

En todos los casos -en los que habría que sumar el grotesco desbordamiento de propiedades y opulencia en la corte de los Ortega en Nicaragua-, esta riqueza exacerbada, que siempre ha permeado hacia las familias y los principales jefes de esos regímenes, ha contrastado con la pobreza extendida y crónica de sus respectivos países. Se trata del modelo de fondo de las revoluciones comunistas, que se ha reproducido, de modo inexorable, desde hace más de un siglo: se convierte a las sociedades en sociedades de hambre, para que el pequeño grupo que detenta el poder, mantenga un nivel de vida de abundancia y placeres crecientes.

Pero todos estos casos aquí recordados, apenas nos sirven como referencia para describir el fenómeno de los trillonarios de la revolución bolivariana. Su utilidad es escasa, no solo con respecto al tamaño de las riquezas, sino también por las prácticas con las que se construyeron las inmensas fortunas del chavismo-madurismo. Veamos.

La operación del chavismo-madurismo consistió en un asalto masivo y organizado a un país que producía más de tres millones de barriles de petróleo al día, durante los años en que el precio oscilo entre los 120 y los 150 dólares por barril. Economistas que han debatido la cuestión, señalan que la cifra aportada por Jorge Giordani y Héctor Navarro, de 300.000 millones de dólares, debe ser todavía mayor, entre 70 y 80% superior, es decir, que lo robado supera la cifra de 500.000 millones de dólares, obtenidos a través de mecanismos como sobreprecios, compras ficticias, comisiones de porcentajes insólitos, chantajes a empresarios, contrabando de gasolina, de oro y otros metales, robo y venta de cargamentos petroleros, venta de pasaportes, pagos recibidos por la protección de terroristas en territorio venezolano y un sinfín de métodos delictivos, cuyo culmen no es otro que la asociación de civiles y militares a la actividad de narcotráfico, que ha convertido a Venezuela en el puerto de salida hacia el mundo, de droga que se produce en Perú, Ecuador y Colombia.

Esta es la realidad sobre la que cierta izquierda hace silencio -el partido Podemos, por ejemplo-, porque se han beneficiado del dispendio de los dólares petroleros. Ningún antecedente pudo anunciar que un número tan extendido de poderosos, familias, ministros, directivos de empresas estatales, militares de alto rango y muchos otros funcionarios, pudieran hacerse de fortunas cuyo rango está entre las decenas y los miles de millones de dólares. Esto hay que repetirlo una y otra vez: la más oligárquica y enriquecida casta del planeta, la más devota de monedas como el dólar y el euro, la más inescrupulosa, es la de los trillonarios del chavismo y del madurismo.

Y como si aplicara el principio de lo inversamente proporcional, en ninguna otra parte del mundo el empobrecimiento, en dos décadas, ha sido tan acelerado y extremo. En ninguna otra economía la brecha entre ricos y pobres ha alcanzado desproporciones semejantes. No hay país, donde una banda de delincuentes haya diseñado y ejecutado un saqueo tan ilimitado a sus bienes y riquezas, con el apoyo de una parte de los poderes públicos y el concurso activo del alto mando militar de las Fuerzas Armadas.

 

Tropas de Cuba, Rusia y China en frontera colombo-venezolana – Americatévé – 4 de Octubre 2018

El Comando de las Fuerzas Armadas de Venezuela confirmó presencia de tropas élite cubanas “Avispas Negras”. El presidente Trump y el vicepresidente Pence reaccionaron con advertencias al régimen de Nicolás Maduro y a las potencias de fuera del hemisferio.

La semana pasada el vicepresidente de Estados Unidos Mike Pence resaltó, durante un discurso en la sede de la ONU en Nueva York, acerca de los efectos de la crisis migratoria venezolana para la región, que el gobierno de Venezuela estabatrasladando tropas a la frontera con Colombia, y le hizo una severa advertencia al gobernante Nicolás Maduro.

“Pueden estar seguros de que los Estados Unidos de América continuarán apoyando a nuestros aliados en defensa de su seguridad”, dijo Pence, y agregó:

“Informes noticiosos hoy indican que el régimen de Maduro ha movilizado tropas a la frontera con Colombia, como lo han hecho en el pasado, en un obvio esfuerzo de intimidación. Y permítanme ser claro: los Estados Unidos de América siempre apoyarán a nuestros aliados por su seguridad. Y el régimen de Maduro haría bien en no poner a prueba la determinación del presidente de los Estados Unidos o del pueblo estadounidense con respecto a esto”.

Ahora se conoce que en esos juegos de guerra participaron efectivos de las Tropas Especiales del Ministerio del Interior cubano conocidas como Avispas Negras, y que el despliegue a lo largo de los 2.219 kilómetros de frontera común contó con el apoyo de Rusia y China.

La presencia de Cuba en el ejercicio fue confirmada por el jefe Comando del Estratégico Operacional de las Fuerzas Armadas de Venezuela (Ceofanb), general Remigio Ceballos Ichaso, quien informó desde la frontera en San Antonio del Táchira que el despliegue militar, que involucró un pie de fuerza multinacional de unos cien mil uniformados, contó “con el apoyo de China, Rusia y Cuba”.

“Es una operación integral donde además estamos en interconexión con los organismos del Estado y con el poder local”, agregó el jefe castrense, citado por el diario La Opinión, de Cúcuta, Colombia.

En su discurso ante la Asamblea General de la ONU, el mismo día que habló Pence, 25 de septiembre, el presidente Donald Trump señaló que desde los tiempos del presidente James Monroe “ha sido una política formal de EE.UU. rechazar la interferencia de naciones extranjeras en este hemisferio y en nuestros asuntos”.

Monroe, presidente de 1817 a 1825, articuló en diciembre de 1823 la doctrina que lleva su apellido, advirtiendo durante su mensaje anual al Congreso que Estados Unidos no aceptaría la recolonización de ninguno de los países entonces recientemente independizados del hemisferio por parte de sus antiguos amos europeos, ni tampoco una nueva colonización europea en esta parte del mundo.

Reiterando la vigencia de esa política casi 200 años después, Trump aseguró que “aquí en el Hemisferio Occidental, estamos comprometidos a mantener nuestra independencia de la invasión de potencias extranjeras expansionistas”.

La presencia de las conocidas tropas élite cubanas en las maniobras fronterizas fue confirmada luego en la cuenta oficial de Twitter del CEOFANB‏ el 28 de septiembre.

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CEOFANB@ceofanb

Integrándonos para vencer; de nuestra , fortalecieron sus conocimientos, habilidades y destrezas militares para la Defensa Integral de la Nación, en Combinada con las Fuerzas Especiales de Cuba “Avispas Negras” de la FAR.

 

“Integrándonos para vencer; #FAES de nuestra #FANBEsVenezuela, fortalecieron sus conocimientos, habilidades y destrezas militares para la Defensa Integral de la Nación, en #OperacionEstrategicaDefensiva Combinada con las Fuerzas Especiales de Cuba “Avispas Negras” de la FAR”.

Las FAES son las Fuerzas de Acciónes Especiales, en este caso de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Existen también en la Policía Nacional Bolivariana, donde la oposición las ha vinculado con numerosas ejecuciones extrajudiciales.

Opositores, ex agentes de inteligencia cubanos y desertores del chavismo han confirmado la presencia de una considerable fuerza militar cubana en Venezuela.

El diario El Nuevo Herald cita una entrevista de ese medio con el general retirado venezolano Antonio Rivero, quien aseguró en 2015 que cerca de 20.000 cubanos presentes en Venezuela realizaban entrenamiento como “milicia, como combatientes”.

Un informe elaborado por la periodista especializada en temas militares Sebastiana Barráez ofrece detalles sobre la Estructura de la ocupación cubana en Venezuela. Originalmente publicado en el sitio Qué pasa en Venezuela, la dirección original en Internet ahora lleva a una página de descarga de programas de televisión, pero el texto fue reproducido por otras webs.

El reporte menciona la presencia de militares cubanos, incluyendo 3 generales, 12 coroneles y tenientes coroneles, 6 capitanes de fragata y otros 25 oficiales de distintas graduaciones, imncluyendo efectivos de inteligencia y contra. También, 4.500 soldados de infantería en 9 batallones, uno de ellos acantonado en Fuerte Tiuna, el corazón militar del país.

La participación de altos oficiales de las FAR de Cuba en ejercicios militares de las FANB ha sido pública durante años, pero esta es la primera vez que se reconoce la participación de tropas cubanas.

Al día siguiente de su discurso ante la Asamblea General, Trump dijo a reporteros en Nueva York: “Todas las opciones están sobre la mesa, todas. Las más fuertes y las menos fuertes, y saben a qué me refiero con ‘fuertes’. Todas las opciones están sobre la mesa con respecto a Venezuela”.

FANB le envía un comunicado a Trump – El Chigüire Bipolar – 28 de Septiembre 2018

A través de una carta abierta, el ministro de la Defensa, General Vladimir Padrino López, envió una enfática nota de protesta al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, luego que este diera unas declaraciones extraoficiales burlándose de los militares venezolanos, luego que estos corrieran a guarecerse en el transcurso del intento de atentado llevado a cabo el 4 de agosto pasado contra el primer mandatario nacional, Nicolás Maduro. Sin embargo, se supo que el primer borrador de dicha carta de protesta era mucho más contundente; por lo tanto, disfrazamos a nuestro pasante subpagado de vendedor de armas ruso para que obtuviera acceso al despacho del ministro y tratara de conseguir en el basurero este borrador… ¡y lo logró! Por su valor periodístico e histórico, procedemos a transcribirles este documento:

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA DEFENSA
COMUNICADO OFICIAL

Luego de escuchar las deplorables declaraciones del señor presidente pelucón imperialista Donald Trump, ofrecidas en el marco de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, celebrada el pasado 25 de septiembre de 2018 en los Niuyores, en las cuales se refiere a los militares venezolanos de manera burlona y despectiva, es imperativo precisar lo siguiente:

1) Resulta insólito que públicamente este Jefe de Estado nos insulte con descaro por culpa de unos soldados que corrieron tras la explosión de un artefacto volador de tipo drone en las inmediaciones del firmamento, pues nuestra valiente fuerza armada no corrió por el estallido sino culpa de una cucaracha voladora que se acercó al desfile. El mundo sabe que por más valiente que un recluta sea, una cucaracha aerotransportada es motivo de alarma, de alerta y de miedo.

2) Exhibe marcada ignorancia sobre la cultura democrática palfresquística que siempre ha caracterizado a los integrantes de la gloriosa Fuerza Armada Nacional Bolivariana, quienes lejos de promover golpes de estado —ciertas condiciones aplican—, se constituyen en garantes del ejercicio del matraqueo y palfresqueo popular a través de los métodos de pedir pa’ la uvita, pa’ la Coca Cola sin calorías y pa’l Gulp, garantizando al ciudadano su matraqueo de rutina.

3) El señor Donald Trump pretende burlarse y juzgarnos por la condición propia de las Fuerzas Armadas de su país. Indiscutiblemente tiene razón al afirmar que “los marines al oír una bomba corren hacia ella”, pues en cuanto escenario bélico participan alrededor del mundo proceden a saquear panaderías y pastelerías generando terribles consecuencias para la humanidad y la comunidad portuguesa que tantas alegrías y cachitos nos ha dado.

4) Para cerrar, y a a título personal, es lamentable que el señor Donald Trump ande de manera antidemocrática promoviendo golpes de estado en nuestros países. ¡Como si nosotros los venezolanos no hubiéramos tenido la dicha de haber tenido a un Comandante Supremo Ser de Luz de 100W que diera sus golpes sin necesidad del Departamento de Estado! Es triste porque personalmente lo admiraba mucho en The Apprentice, aprendí mucho de él viéndolo tratar mal a los subalternos, para mi es doloroso tener que escribirle en este tono, pero la defensa de nuestro cuerpo castrense es lo primero.

Permaneceremos alerta ante las nefastas pretensiones imperiales y seguiremos cumpliendo nuestras tareas constitucionalmente asignadas, mientras no haya ningún drone, matasuegra o Bin Laden porque tenemos la certeza que ¡correremos! Así como correremos si hacen descuentos en la Hummer porque así somos, socialistas rodilla en tierra.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Chávez vive… La Patria sigue!!!!!!!!!!!!!!

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y correremos si explota algo cerca de nosotros!

G/J Vladimir Padrino López

PD: ¿La sanción incluye a mis hijas? Porque andan con un tiquitiqui que quieren pasar navidades en Orlando. Por favor respóndeme a través de nuestra embajada.

Paliza en la ONU por Trino Márquez -La Patilla – 26 de Septiembre 2018

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En las dos décadas de su existencia, nunca antes el régimen había sido tan vapuleado como en la Asamblea General de la ONU, que se reúne en New York. El gobierno de Nicolás Maduro ha recibido una verdadera felpa de los gobiernos democráticos de las Américas. Su soledad es patética y no será atenuada por la decisión, de última hora, de intervenir en la Asamblea. Maduro quedó para darles pena a los mandatarios de los países del continente (Trump incluso se mofó del coraje de ‘sus’ Fuerzas Armadas) y provocarles sentimientos de compasión con las víctimas que llevan veinte años padeciendo los rigores de unos gobernantes que combinan en perfecta sincronía la ineptitud con la corrupción.

El esperado discurso de Donald Trump estuvo orientado en buena medida a denunciar la incompetencia del socialismo del siglo XXI y a pedir ayuda a las naciones del planeta para restablecer la democracia en Venezuela. Los presidentes de Argentina, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú intervinieron en la misma dirección. Lenin Moreno sugirió que el gobierno de Maduro es tan inepto que está sobrando. Aunque la invasión militar organizada por una alianza en la cual Estados Unidos y Colombia serían los protagonistas principales no parece factible por ahora, tampoco quedó descartada. La estrategia de ambas naciones parece ser mantenerla como amenaza creíble y factor de disuasión ante cualquier intento por parte de Maduro de agredir a Colombia.

Fuera del marco de la Conferencia, Mike Pence, vicepresidente norteamericano, fue más explícito aún: ante una supuesta movilización de tropas venezolanas hacia la frontera neogranadina, el funcionario fue enfático al señalar que cualquier incursión en el territorio colombiano sería rechazada también por los estadounidenses con una contundencia que dejaría hecho polvo cósmico al ejército venezolano. Maduro debe de haber entendido el mensaje.

La opción en la que parecieran estar pensando los gringos, y también los colombianos, es que los militares venezolanos resuelvan la crisis nacional mediante un golpe de Estado. Según el gobernante norteamericano, esos mediocres oficiales no sirven para enfrentar a los aguerridos marines, pero sí se encuentran en condiciones de restablecer el hilo constitucional roto por el mandatario venezolano, e iniciar el proceso de transición hacia la recuperación de la democracia y de la nación en su conjunto.  Trump, entre líneas, sugirió que bastaría con un pronunciamiento en una rueda de prensa o un memorando dirigido por el Alto Mando al Presidente de la República, para que el gobierno se desplome. Así de fácil ve la resolución del conflicto. Trump sabe que el único soporte real del régimen se encuentra en el estamento militar. Todo lo demás (TSJ, constituyente, CNE…) forman parte del decorado. Maduro también lo sabe, de allí su pánico y su entrega incondicional a los encachuchados.

Lo ocurrido en la arena de la ONU fue solo parte de la tunda recibida por el gobierno. Hay que agregar el acuerdo de cinco países suramericanos más Canadá para llevar a Maduro a la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad, las sanciones de la administración norteamericana contra algunas de las personas más cercanas al Presidente, incluida la primera combatiente, y la decisión de 93 naciones de votar a favor de incluir en la agenda de la Asamblea General, la discusión sobre activar el Principio de Responsabilidad de Proteger contra los abusos del gobierno de Venezuela.

Las baterías acorralan cada vez más al jefe de Estado y a su círculo más íntimo. Con la nueva legalidad internacional no es posible cometer continuos desmanes y pensar que los excesos  quedarán impunes. Maduro debería  asumir la nueva realidad.

Desde el punto de vista de la oposición, ¿cuáles consecuencias acarrea el aislamiento y el desprestigio del gobierno? Lamentablemente, muy pocas. La oposición, por su desmembramiento, no puede capitalizar la soledad y el descrédito internacional de Nicolás Maduro y su gente. La oposición no representa ningún peligro real para el régimen. No existe como interlocutor válido ante la comunidad internacional. No actúa como una fuerza capaz de darle  conducción endógena a las medidas de repudio y  rechazo a escala mundial contra el gobierno.

Para que la debilidad internacional del régimen se convierta en una fortaleza interna de los factores democráticos, estos tendrían que reagruparse  en torno de una plataforma organizativa y programática que permita la reconexión con los sectores populares. La oposición  tendría que proyectarse como un factor creíble de cambio democrático y como una fuerza capaz de provocar y conducir la recuperación nacional. Esa posibilidad no se vislumbra, aunque el acto del Frente Nacional Amplio en el Aula Magna abre de nuevo una esperanza.

Sobrellevamos una enorme crisis económica y social, contamos con el respaldo internacional. Falta construir esa columna interna que es la dirección política del cambio. Este es el reto que debemos asumir para comenzar a recuperar a Venezuela.

En la ONU lo que se discute es cuándo y cómo sacar a Maduro por  Orlando Avendaño – Panampost – 25 de Septiembre 2018

En tono de burla, Trump insinuó algo importantísimo: los marines son superiores, ¡demasiado superiores!, a los uniformados de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana

“La crisis de refugiados seguirá mientras Maduro siga en el poder”, parece la conclusión más obvia de la ronda de eventos. (Iván Duque)

Ecuador, Perú y Brasil, en su participación en la Asamblea General de las Naciones Unidas, han hablado sobre la urgencia de detener el drama que padecen los venezolanos.

El presidente de Perú, Martín Vizcarra, condenó “la ruptura del orden constitucional en Venezuela”. Aseguró que desde foros multilaterales colaborará con el restablecimiento de la democracia. Lenín Moreno, presidente de Ecuador, aseguró que Maduro sobra en su país y que es un “siniestro corrupto”. También, el presidente de Brasil, Michel Temer, aseguró en su intervención que “la solución a crisis venezolana se dará cuando el país retome el camino al desarrollo”.

No obstante, lo más destacable fue lo que se dijo en el intercambio de palabras entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Colombia, Iván Duque. Ambas administraciones con una postura frontal ante la tiranía chavista en Venezuela.

Hace poco el Departamento de Estado de EEUU señaló en un informe que Venezuela es la “principal” amenaza a la estabilidad del continente. Y esto fue reiterado por el mismo Trump ante Duque.

“Estamos presenciando una tragedia humanitaria”, dijo. Luego, aseguró que Venezuela es un peligro “para la seguridad de su pueblo”. Inmediatamente después, Trump dijo: “Es un régimen que francamente puede ser derrotado muy rápidamente por los militares si ellos deciden hacer eso”.

Y, en sorna, respondió a la periodista venezolana Carla Angola: “Tú viste cómo corrieron los militares apenas escucharon una bomba sobre su cabeza. Los militares estaban cubriendo para protegerse. Eso no es bueno”.

Después, Trump preguntó al jefe de Gabinete de la Casa Blanca, el general John Kelly: “No creo que los marines hubieran salido corriendo. ¿Tú qué crees, general Kelly? ¿Los marineshubieran corrido apenas oyeran una bomba? No creo que lo hubieran hecho. Hubiera corrido hacia la bomba”.

En tono de burla, insinuó algo importantísimo: los marines son superiores, ¡demasiado superiores!, a los uniformados de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Frente a Trump, Iván Duque dijo que se enfocaría en la guerra contra el narcotráfico. Dijo que Estados Unidos lo apoya y, posteriormente, hizo referencia al régimen de Nicolás Maduro, acusado por el mismo Gobierno estadounidense de estar vinculado al narcotráfico internacional.

La guerra “de los otros” por Jesus Seguias – El Estimulo – Septiembre 2018

Para leer este interesante analisis sobre una intervención militar en Venezuela , abrir el siguiente enlace:

LA+GUERRA+DE+LOS+OTROS+pdf

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