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Militares venezolanos retirados declararon su apoyo a Juan Guaidó: “Nos comprometemos a recuperar el monopolio del uso de las armas” por Sebastiana Barráez – Infobae – 13 de Julio 2020

Son 39 uniformados que criticaron duramente el discurso del ministro Vladimir Padrino López contra la oposición y afirmaron que seguirán incondicionalmente las medidas que tome el presidente interino

Se ha movido la cúpula del mundo militar pero también del poder político. Maduro pasó a retiro a 53 de los más altos oficiales de la promoción de Diosdado Cabello; la respuesta del presidente de la oficialista Asamblea Constituyente fue un video bajando aguacates de un árbol que dice cultivar en su casa, de ahí saltó a declararse con alergia para suspender su programa de TV y al día siguiente publicó que tiene Covid19. Casi de inmediato Tareck El Aissami también se confesó contagiado. Mientras tanto, Maduro designa nuevos jefes de REDI y juramenta a los comandantes de componentes militares.

La reacción, desde sectores militares y civiles, al discurso del 5 de Julio del GJ Vladimir Padrino López, es feroz. “No pasarán, no serán poder político jamás en la vida mientras exista una Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) como la que hoy tenemos, antiimperialista, revolucionaria y bolivariana… yo creo que es bueno que lo entiendan”, fue la criticada expresión del titular castrense, uniformado y en medio del Alto Mando Militar.

Contrario a lo que podría esperarse, nadie salió a defenderlo ni del Ministerio de la Defensa. En el gobierno hubo silencio absoluto. Ni las redes sociales tan usadas para respaldar a los de la revolución como para destruir a quienes consideran enemigos, publicaron ni un tuit en defensa del Ministro, mientras desde todos los sectores de Oposición, como de la sociedad civil y voces internacionales criticaron lo que sucedía.

El 8 de julio, durante el acto de egreso de la Primera promoción de médicos cirujanos de la Fuerza Armada, que se llevó a cabo en la Academia Militar de la Guardia Nacional, Padrino López salió en su defensa para tratar de justificar lo que había dicho, para precisar que no se refería a toda la Oposición sino a una facción, a la que firmó el comunicado del Esequibo. Pero su discurso no fue publicado.

Se refiere a lo expresado por la Comisión para la Defensa del Esequibo y su Fachada Atlántica de la Asamblea Nacional (CODEFA-AN). En ese documento los parlamentarios destacaron que el “régimen encabezado por Nicolás Maduro y su torpe ‘diplomacia de paz’, ha incurrido en un conjunto de errores y omisiones, debilitando en los últimos años la defensa del Esequibo y su Fachada Atlántica”.

Juan Guaidó, rodeado de soldadosJuan Guaidó, rodeado de soldados

En el punto 9 destacaron que “La Codefa-AN vuelve a realizar un llamado a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana para restablecer el Estado de Derecho y resguardar la integridad territorial de la República conforme a lo dispuesto en la Constitución, prestando su apoyo en la conformación de un Gobierno de Emergencia Nacional”.

Pareciera ser que ese punto es el que más ataca el Ministro de la Defensa, asumiendo que nadie más puede pretender dirigirse a la institución armada, como si la considerara de su propiedad, como si temiera que los llamados a la defensa del territorio llegara a los oídos de los cuarteles. Ante los egresados de Medicina, dice “soy un soldado y recojo las voces y el sentimiento de una institución que se llama la Fuerza Armada Nacional y le pido que levante su voz ante la agresión, ante el atropello, que levante su voz por la soberanía nacional, por su integridad”. No explica Padrino en dónde está la agresión y el atropello cuando los parlamentarios le piden a la Fuerza Armada respetar la integridad del territorio. Pudiera en tal caso no estar de acuerdo en la conformación de un Gobierno de Emergencia Nacional, donde quizá él no tuviera participación.

Los aspectos del punto 10 del comunicado de la Codefa-AN son perfectamente compatibles con la obligación que tiene la institución castrense de defender el territorio y la soberanía. Eso es relevante en el punto 10.b: “El Acuerdo de Ginebra de 1966 no contiene ninguna previsión expresa de la aceptación de la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia, siendo que su finalidad es procurar la solución amistosa de la controversia y el Secretario General de Naciones Unidas no puede substituir el consentimiento claro y libérrimo que Venezuela debe dar a la jurisdicción de la Corte”, dicen los parlamentarios.

El contralmirante Carlos Molina Tamayo encabeza la lista de 39 militares que firmaron un documento de apoyo incondicional a GuaidóEl contralmirante Carlos Molina Tamayo encabeza la lista de 39 militares que firmaron un documento de apoyo incondicional a Guaidó

Más militares

Las reacciones contra las palabras de Padrino no han cesado. Un grupo de 39 militares, además de las firmas en depósito de otro tanto, hicieron público su rechazo a lo expresado por el titular castrense.

“Los militares institucionales expresamos a través de este comunicado nuestro total y rotundo apoyo al pronunciamiento del presidente (e) de Venezuela Juan Guaidó, de fecha 5 de Julio de 2020 y reiteramos nuestro soporte a sus gestiones de realizar el cambio político, social y económico que exige nuestro país”, dicen.

“Como integrantes de la institución armada, nos sentimos honrados de que el presidente (e) ejerza su cargo de Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional de la República Bolivariana de Venezuela y se dirija a la institución reiterando el importante rol que nos corresponde para cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes”.

“Así mismo rechazamos todas aquellas actuaciones y personas cuyos actos vayan en detrimento de nuestra institución, en especial el pronunciamiento del General Vladimir Padrino López, en la oportunidad de la conmemoración de la Independencia de nuestra nación. A partir de este momento le dejamos saber que nos subordinamos a su comando, para restablecer el orden democrático establecido en la constitución y honrar el cumplimiento de nuestro juramento de proteger la patria. En tal sentido nos comprometemos a recuperar el monopolio del uso de las armas”.

Marco Torres Ferreira, de la Guardia Nacional, otro de los firmantes del documentoMarco Torres Ferreira, de la Guardia Nacional, otro de los firmantes del documento

Destacan que “repudiamos categóricamente a quienes violan el mismo juramento y se enorgullecen de ello, haciéndose participes de la demagogia y la traición de los principios y valores democráticos de nuestra nación. Con este acto nos solidarizamos con el pueblo venezolano, reiterando nuestro apoyo incondicional a las acciones que usted tenga a bien tomar”.

“Tenemos la certeza de la altura moral, el ahínco, el espíritu de lucha y las claras condiciones democráticas que lo caracterizan y que le permitirán salir victorioso de la tiranía que actualmente sufre. Defenderemos con estoicismo y estricto apego a la carta magna, la soberanía y la libertad de Venezuela. Por la nueva independencia de nuestro pueblo y una Venezuela libre”.

Los firmantes del documento los encabeza el contralmirante Carlos Molina Tamayo, además de los CA Raúl Bustamante Pulido y Edgar Morillo González. Los generales de División de la Aviación Francisco Yánez, Jesús Emilio Hung Abreu, Andara Clavier y Maximiliano Hernández. Los generales de brigada Eduardo Báez Torrealba de la Aviación, Marco Torres Ferreira de la Guardia Nacional, (AV) Wilmer Díaz, (AV) Eduardo Caldera Gómez. (AV) Román Gómez Ruiz.

El coronel Julio Rodríguez Salas apoyó a Juan GuaidóEl coronel Julio Rodríguez Salas apoyó a Juan Guaidó

También los coroneles (EJ) Julio Rodríguez Salas, (EJ) Gustavo Díaz, (AV) César Pinto Lara, (EJ) José Izaguirre D'Imperio y (GN) Richard González. Capitanes de Navío: Adolfo Añez Marcano, Oswaldo Luis Cortez González, Gilberto Velásquez Sibila, José Gregorio Noguera Torres, Fernando Aranda Griman y Rigmerc Gilberto Medina Quijada. El teniente coronel Stanislaw Dubis Castillo. Los Mayores: (AV) Mario Márquez, (AV) Zaid Sánchez, (AV) Aníbal Dávila Hernández, (EJ) Hugo Parra Martínez y (AV) Labarca Soto.

Suscriben finalmente, el capitán (AV) Gustavo Acosta Chirinos. El capitán de corbeta Eduardo Zubillaga. Los Tenientes de Navío: Edixon Antonio Alcalá Caldera, Luis Odín Moncada Hernández y Carlos Eloy Rodríguez Rivera. Los Tenientes de Fragata: Ramón Joseph Plaza González y Rawin Joseph Plazas González. Los Primeros tenientes: Erick Alejandro Molina Arellano y Erick Molina Arellano. El Cabo primero Rafael Molero Ibarra.

No hay dictadura sin militares por Andrés Velásquez – Caraota Digital – 10 de Julio 2020

Valor del trabajo
Foto: Caraota Digital

“No serán poder político en Venezuela jamás en la vida mientras exista una fuerza armada como la que hoy tenemos”

Después de estas infelices declaraciones del gral. Vladimir Padrino López, queda hoy alguna duda de que las Fuerza Armadas, dirigidas por este sujeto, es el brazo armado de esta dictadura feroz que nos ha conculcado cada derecho, que ha secuestrado cada institución democrática, que ha desconocido cada ley y libertad.

Nunca, en nuestra historia republicana, las Fuerzas Armadas habían desconocido como en estos últimos años la voluntad popular, el derecho soberano a elegir, la democracia, la Constitución, para ser juez y parte de un andamiaje delictivo que ha enterrado la legalidad y la justicia, con la fuerza de las armas de la república.

No hay dictadura sin militares y la declaración del gral. Padrino López, lo confirma.

Es la confesión inequívoca de que él es un actor político más de la dictadura, que defiende y forma parte de la usurpación, pero con un agregado inaceptable: son políticos armados con el dominio de las armas de la república.

Desde hace tiempo ya, he venido advirtiendo sobre el deterioro institucional de las Fuerzas Armadas Nacionales y como se han venido apartando de su rol de garante de nuestra soberanía, porque sencillamente han sido convertidas en una guardia pretoriana, adoctrinada y entrenada por el castrocomunismo, para formar parte de un proyecto de perpetuidad en el poder, llevándola al extremo de transformarlas prácticamente, en un partido político más, del régimen.

Muy lejos están de los objetivos y lineamientos para lo que fueron creadas y sus funciones descritas en la Constitución, que le asigna el monopolio de las armas de la república para garantizar la soberanía nacional, la seguridad y el bienestar de los venezolanos.

Y debemos tener claro que esta Fuerza Armada de hoy es el resultado de un plan premeditado de Hugo Chávez y Maduro, para garantizarse el poder indefinidamente con el disparate de una torcida “unión cívico-militar” que les ha servido de mampara para desconocer y pisotear nuestra democracia y nuestra Constitución Nacional.

La reconstrucción de Venezuela a nuestro modo de ver, tiene unos códigos obligatorios de rigurosa aplicación y uno de ellos es reinstitucionalizar la FAN, entendiendo ésta como una organización de tan estratégica importancia para la reconstrucción y recuperación de nuestro territorio, hoy ocupado por tantos grupos criminales y terroristas.

Concluyo preguntándome: ¿Acaso toda la oficialidad de las FAN, piensan como el general Vladimir Padrino Lopez ? No hay dictadura sin militares? O por el contrario existe preocupación y malestar por su desvío antidemocrático?

El poder omnímodo que heredó Maduro por Colette Capriles – El País – 12 de Julio 2020

El presidente de Venezuela, sin los poderes arbitrales de Chávez, y sin un mercado del petróleo ventajoso, se apoya en los militares y se radicaliza

Nicolás Maduro, en una rueda de prensa el pasado mes de febrero.
Nicolás Maduro, en una rueda de prensa el pasado mes de febrero.

¿Se consolida Maduro en el poder? Esa es la pregunta con la que cualquier observador que conozca las catastróficas condiciones en las que desenvuelve la vida de los venezolanos resume su desconcierto. Pero se trata de una pregunta que debería resonar en quienes constatan el acelerado deterioro de los indicadores democráticos en el mundo entero: el caso venezolano es el triste catálogo de las técnicas para horadar un régimen democrático desde adentro, sustituyéndolo progresivamente por un nuevo tipo de autoritarismo sobre cuya caracterización no hay aún un consenso ni en el mundo político ni en el académico.

Los venezolanos tenemos más de veinte años poniéndole nombres diversos a nuestra experiencia, tratando de entender su lógica, que escapa de la ya oxidada distinción entre derecha e izquierda, progresismo o conservadurismo, socialismo o mercado, a pesar de lo que proclama el discurso oficial, que se envolvió con las desteñidas banderas de la izquierda más atrasada para legitimar su ambición milenarista. Lo que une todas las interpretaciones, y a la vez explica su diversidad, es el carácter mutante del régimen inaugurado por Hugo Chávez en 1999, y su sorprendente capacidad de florecer en la incertidumbre y más aún, de provocarla.

Hugo Chávez no necesitó edificar un nuevo sistema político. Él mismo era el sistema. Y esa fue la pesada herencia que dejó a su sucesor Nicolás Maduro: un poder omnímodo, pero sin lógica institucional, que se alimenta de alianzas lubricadas por petróleo entre distintos grupos de interés. Pero Maduro no tiene los poderes arbitrales de Chávez. Ni la suerte de un mercado petrolero con precios estratosféricos. Tuvo que privilegiar su alianza con el sector militar para conservar el poder mientras generaba su propio y cambiante sistema clientelar con nuevos actores económicos políticamente leales.

Esta alianza con los militares le ha permitido a Maduro adelantar una política de radicalización progresiva que sirve de anclaje a su nuevo sistema político. Algunos expertos de los que aprecian las etiquetas hablan de un “autoritarismo hegemónico” para describirlo. Ciertamente, una vez consolidada la oposición como una mayoría electoral y social en las elecciones legislativas de 2015, el liderazgo opositor se planteó como objetivo estratégico precipitar el cambio político y hacer efectiva su mayoría, precisamente intentando evitar la estabilización del régimen madurista. Y la decisión estratégica de Maduro fue abandonar toda pretensión democrática y renovar sus alianzas con el club de los regímenes despóticos del mundo.

Además de la asociación con la Fuerza Armada, que realiza su proyecto de ser la gran conductora de los destinos de la Nación y beneficiaria de sus privilegios, Maduro intenta construirse una nueva legitimidad diseñando una oposición a su medida. Una oposición que no persiga el cambio político sino una modesta figuración como acompañante electoral del hegemón, pero que sobre todo desplace y sustituya a la oposición empeñada en la restauración democrática.

El drama político se desenvuelve sobre el drama humano. Quizás las elecciones pautadas para diciembre se lleven a cabo (a pesar de la pandemia), con el resultado previsto: una mayoría para el madurismo refrendada por las militantes autoridades electorales. Pero la descomunal tragedia humana continuará, y con ella, la inestabilidad y la incertidumbre políticas.

Colette Capriles es politóloga, académica y escritora.

El desenlace de la farsa por Ramón Peña – América 2.1 – 12 de Julio 2020 

Las amenazas proferidas el pasado cinco de julio por quien ocupa el sitio número uno entre los centenares de generales y almirantes que pueblan la república, han dado lugar a las más variadas lecturas. Para unos, persigue ahuyentar a una temida mayoría opositora de las urnas electorales, para otros, demostrarle públicamente su fidelidad al Golem gobernante para asegurarse la continuidad en el alto gobierno, y no faltó quien especuló de una advertencia ante sospechadas fisuras en el ambiente de los cuarteles.

Pero aquella arenga, frenética, pudiera ir bastante más allá del significado coyuntural que le atribuyen esas opiniones. Mirando el bosque y no los árboles, la proclama afirma, con tono de sello lacrado, que la fuerza armada venezolana, ungida además con el adjetivo de “bolivariana”, es la única que determina a quien corresponde el poder en la patria del Libertador. Así, dicho sin remilgos, del mismo modo que emperifollan con uniforme militar la conmemoración del evento más cívico de nuestra independencia, protagonizado por los patricios caraqueños el 5/7 de hace 209 años, hoy, también visten al poder de la república con botas, gorras y charreteras.

No hay motivo para sobresalto. Vivimos el infortunio anunciado de una farsa revolucionaria. Un proceso comunistoide disparatado y mediocre, eso sí, prolijo a la medida del interés económico de Cuba, que no cumplió ninguna de las promesas de bienestar que hizo su profeta; es más, que ni siquiera honró sus propios postulados marxista-leninistas, cómo el de implantar la dictadura del proletariado, porque en lugar de proletarios cultivó mendigos. Una revolución que se deslizó en la miseria moral, las argucias económicas y una corrupción generalizada, y que hoy hunde a 96% de venezolanos en la pobreza, mengua nuestra expectativa de vida en 3.7 años y ha reducido la riqueza  de la nación a 20% de lo que era hace una década.

¿En qué otra cosa podía degenerar esta revolución de pacotilla, más que en una dictadura militar como la proclamada airosamente el pasado cinco de julio?

 

 

Venezuela, el desastre que no cesa por Francesco Manetto – El País – 12 de Julio 2020

Una economía destruida, unos servicios sanitarios incapaces de responder a la pandemia y un presidente que maniobra para descabezar a la oposición, convertida en una jaula de grillos. El cambio en el país sudamericano se antoja cada vez más complicado

Un manifestante en una protesta contra el Gobierno de Nicolás Maduro, el pasado 10 de marzo en Caracas.
Un manifestante en una protesta contra el Gobierno de Nicolás Maduro, el pasado 10 de marzo en Caracas.

Primero, una sensación de calma aparente. Después, un sobresalto. Y de repente la sorpresa se convierte en caos. Sucede a menudo en Venezuela. Ese es en buena medida el ritmo cíclico de su historia reciente. La profunda emergencia económica y social y la fractura institucional han hecho del país caribeño un territorio en el que las nociones habituales de la confrontación política carecen de sentido. La polarización es mucho más que eso y con frecuencia —después de dos décadas de pulso entre el chavismo y la oposición, acciones militares, intentos fallidos de derrocar al régimen y estrategias disparatadas— se acerca a un abismo insalvable. Y la crisis es un pozo sin fondo del que nadie ha sido capaz de salir.

La sucesión de esas tres fases quedó plasmada a principios de año en un episodio que marcó el enésimo giro de tuerca del Gobierno de Nicolás Maduro y que sacudió a sus rivales. Ese día empezó, de alguna manera, un nuevo ciclo. El 5 de enero Juan Guaidó, jefe del Parlamento reconocido como presidente interino por casi sesenta países, iba a ser reelegido al frente de la Asamblea Nacional, la única institución controlada por fuerzas opositoras. Sin embargo, una maniobra de la bancada chavista y de un sector minoritario de tránsfugas convirtió la sesión en una jornada de vértigo. Se votó sin quorum en un hemiciclo en el que se cruzaban proclamas e insultos y donde iban y venían, sin apenas control, parlamentarios, asesores y periodistas. Los alrededores del palacio legislativo estaban llenos de militares. Una de las imágenes del día fue la del propio Guaidó —que mantiene que no llegó a entrar— intentando trepar por una verja para eludir a la Guardia Nacional. En un ambiente de caos, lleno de especulaciones y medias verdades, se juramentó un nuevo presidente del Parlamento: el opositor disidente Luis Parra, expulsado semanas antes de su partido, Primero Justicia, por un caso de corrupción. Solo el chavismo le reconoce. Y a efectos prácticos es suficiente, ya que el régimen nunca ha perdido el control del aparato estatal.

Vecinos de San Agustín del Sur (Caracas), en las fiestas de San Juan Bautista.
Vecinos de San Agustín del Sur (Caracas), en las fiestas de San Juan Bautista.ANDREA HERNÁNDEZ BRICEÑO

Lo que ocurrió entonces cobra ahora más sentido en medio de la pandemia, con un país paralizado y sin capacidad de respuesta por la destrucción de los servicios sanitarios. Maduro, en el poder desde la muerte de Hugo Chávez en 2013, trata de deshacerse de la presión interna convocando elecciones parlamentarias. Esta convocatoria amenaza con dinamitar los ya precarios equilibrios de la oposición, que rechaza participar. Guaidó, su equipo y sus seguidores afrontan uno de sus momentos más difíciles: debilitados por el acoso de la justicia, frustrados por la falta de horizonte y divididos tras los errores cometidos, buscan mantenerse a flote apelando a la unidad y aferrándose a su principal activo, el respaldo internacional. El llamado G-4, el frente de los principales partidos opositores, lo tiene cada día más difícil. El Tribunal Supremo inhabilitó a las direcciones de Voluntad Popular, la formación fundada por Leopoldo López; Primero Justicia, la organización de Henrique Capriles; y Acción Democrática. El fallo entregó esas fuerzas a unas gestoras encabezadas por dirigentes más dóciles y el cuarto partido, Un Nuevo Tiempo, teme una decisión similar. A eso se añade que los comicios, convocados para el 6 de diciembre, tendrán un árbitro designado por ese mismo tribunal, afín al Gobierno. Los intentos de pactar entre las partes una nueva composición del Consejo Nacional Electoral (CNE) que se dieron hasta finales de febrero quedaron desbaratados, como todas las demás aproximaciones al diálogo.

“Hoy Venezuela está más lejos de una transición democrática de lo que estaba 18 meses atrás, por errores estratégicos y la incapacidad de aglutinar el factor militar. El mundo y, en particular, la región, enfrentan la covid-19 en un ambiente de recesión global que hace que EE UU pierda cierto interés en la crisis venezolana”, opina Michael Penfold, investigador del Wilson Center de Washington y profesor del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA). “Maduro lo ha aprovechado, pero con las elecciones no busca legitimarse internacionalmente, sino que tiene dos objetivos: descabezar a la oposición y crear una oposición leal”, comenta.

Guaidó se proclamó presidente interino durante una movilización multitudinaria el 23 de enero de 2019. Lo hizo valiéndose de una interpretación de la Constitución por la que Maduro es considerado un usurpador —tras ganar las elecciones presidenciales el año anterior sin la participación de la mayoría de las fuerzas opositoras y en medio de acusaciones de fraude—. Ese desafío alentó las expectativas de millones de venezolanos que vislumbraron la posibilidad de un cambio político inminente, confiando en una rebelión militar que no se produjo. Multiplicó también la presión internacional contra el régimen, encabezada por EE UU, Colombia, la mayoría de los países latinoamericanos y la Unión Europea. Un año y medio después, todo parece haber quedado en agua de borrajas y la frustración interna es una bomba de relojería.

Juan Guaidó y Leopoldo López, el 30 de abril de 2019,  día en que se alzaron contra Maduro, flanqueados por algunos militares, en un levantamiento que no prosperó.
Juan Guaidó y Leopoldo López, el 30 de abril de 2019, día en que se alzaron contra Maduro, flanqueados por algunos militares, en un levantamiento que no prosperó.CRISTIAN HERNANDEZ / AFP VIA GETTY IMAGES

“La oposición en este momento no tiene ninguna opción buena, tiene que elegir la menos mala”, continúa Penfold. “La situación venezolana tiene una sola solución posible, que es un acuerdo político, pero no hay incentivos. Aquí se requiere un proceso de reactivación de la comunidad internacional, que cree incentivos para esa negociación. Muchos en la oposición lo plantean con la idea de votar o no votar, pero eso sin negociación previa no significa nada”. Al mismo tiempo, los mensajes lanzados por el Gobierno no son alentadores. El domingo pasado el ministro de Defensa de Maduro, Vladimir Padrino López, advirtió durante un acto castrense que “[los opositores] nunca podrán ejercer el poder político en Venezuela”.

Con estas premisas, y con un estamento militar que se ha mantenido fiel a Maduro pese a cientos de deserciones, los escenarios siguen siendo muy inciertos. Un análisis apunta a que una atomización de la oposición puede facilitar un proceso de diálogo con los sectores más moderados. En las filas opositoras se oyen cada vez más voces que dudan de la eficacia del alcance simbólico del Gobierno interino y el aparato paralelo creado por Guaidó. Que critican el liderazgo de la estrategia de Leopoldo López, resguardado desde mayo del año pasado en la residencia de la Embajada de España en Caracas. Y que repudian algunos de los errores más sonados de los últimos meses, como el intento de incursión militar en dos playas próximas a la capital con soldados venezolanos y dos mercenarios estadounidenses. Un plan suicida que acabó con al menos siete muertos y decenas de detenidos. Henrique Capriles Radonski, ganador de las elecciones parlamentarias de 2015 y alejado de la primera línea desde 2017, lanzó hace días unas duras críticas al camino emprendido y llamó a reconstruir no solo el país, sino también la oposición. López le respondió a su manera, reapareciendo con ocasión del 209 aniversario de la independencia en un acto telemático para pedir la unidad de los opositores.

Sin embargo, los criterios internos son muy diferentes y las opciones de negociación política —que debería ser la salida natural y que representa la apuesta de la UE— son arduas. “El Gobierno no negocia de buena fe. Está dispuesto a mantenerse en el poder a toda costa, sin importar la posición de los chavistas, incluso, y de la comunidad internacional”, señala Raúl Gallegos, director de la consultora Control Risks. “La llegada de Guaidó, si bien era una posición necesaria para apretar a Maduro, no iba inmediatamente a llevar a un cambio, y ahora estamos viendo una consolidación del régimen, que está apostándole a sobrevivir de aquí a diciembre”, prosigue.

Las legislativas están previstas un mes después de las presidenciales en Estados Unidos. Y la posición de Washington es crucial para Guaidó. Lo fue desde el primer momento, a pesar de los altibajos y los exabruptos de Donald Trump, quien lo calificó de “crío”, según revela en sus memorias recientemente publicadas el exconsejero de Seguridad Nacional de EE UU John Bolton. También el secretario de Estado, Mike Pompeo, reconoció la dificultad de mantener la cohesión de la oposición. Sin embargo, aunque muchos dudan del compromiso real de Trump desde el principio, su respaldo y las sanciones impuestas al régimen fueron determinantes para sostener el discurso de Guaidó frente a Maduro.

“El impacto de la covid-19 en EE UU ha sido brutal y sigue siéndolo, por ende la importancia del tema Venezuela va a ser muchísimo menor. Aunque Trump saliera reelegido sería con un resultado muy ajustado. Va a haber un problema de salud y económico muy grave, y vas a tener empresas petroleras haciendo cabildeo para seguir operando en ese país”, analiza Gallegos. Este último factor es decisivo. Venezuela, un país petrolero que ya no tiene capacidad de refinación, tuvo que importar combustible de Irán en medio de la emergencia sanitaria. La economía está destruida. La pobreza extrema casi alcanza el 80%, el salario mínimo y los bonos de alimentación rondan los cuatro dólares mensuales. Maduro se conforma con el apoyo de sus aliados: Irán, Rusia, China y Turquía. El régimen, opina el consultor, ha llegado a una etapa en la que no le teme a la comunidad internacional. Según sus previsiones, si en EE UU gana Biden, la presión de Washington sobre Caracas será menor y el enfoque diplomático cambiará de tono, aunque eso no quiere decir que se produzca un levantamiento de sanciones de la noche a la mañana.

El equipo de Guaidó no ha perdido, sin embargo, la fe en el cerco diplomático. La transición llegará con más presión nacional e internacional hacia los funcionarios del régimen y con una oposición unida en torno a un solo objetivo, según Edward Rodríguez, portavoz del líder opositor, que considera los próximos comicios parlamentarios “una farsa electoral como en mayo de 2018”. “Nuestra lucha seguirá girando en torno a conseguir elecciones presidenciales libres”, subraya. “Esa es la pieza fundamental para construir una transición democrática”.

Mientras tanto, la rutina de Venezuela seguirá fluctuando como hasta ahora entre la calma, los golpes de efecto y el caos.

El racismo que aún no importa, confesado por un general venezolano por José Ignacio Guédez – La Razon – 8 de Julio 2020

En la Venezuela chavista, la Nicaragua de Ortega y la Rusia de Putin se sigue votando, pero ya no se elige. Los pueblos han perdido su derecho a cambiar

Nicolás Maduro conversa con el ministro de Defensa Vladimir Padrino López/Efe
Nicolás Maduro conversa con el ministro de Defensa Vladimir Padrino López/Efe

“Nunca podrán ejercer el poder político en Venezuela, yo creo que es bueno que lo entiendan”, vociferó el general Vladimir Padrino López, Ministro de Defensa de la tiranía de Nicolás Maduro, refiriéndose a la oposición democrática venezolana que tiene ya veinte años ejerciendo una resistencia pacífica contra el régimen totalitario chavista. Esta confesión de parte, además de elocuente, pone de relieve un tema que para vergüenza de muchos poco ha importado. Se trata de la discriminación ideológica y la confiscación del derecho a cambiar de los pueblos, que no pocas veces llegan al nivel de genocidio y hasta exterminio.

Por ejemplo, el comunismo todavía vigente en varias partes del mundo, incluyendo América, se basa en el pensamiento único y el partido único, que en la práctica se traduce en prisión, represion, muerte, exilio y sometimiento, en favor de los intereses de una élite oligarquica que se perpetúa en el poder para ejercerlo sin límite ni medida. Si esto se ejecuta desde la “derecha” se considera fascismo y su condena estaría garantizada en todos los niveles, pero sí se esconde detrás de un discurso progresista, puede generar hasta más simpatía que rechazos. Una discriminación absolutamente inmoral. Pero en ambos casos el resultados es el mismo, un racismo ideológico por medio del cual se excluye y persigue a un sector de la población negándosele su derecho de acceder al poder incluso por la vía democrática, como bien dijo el general en su confesión.

Ese racismo ideológico consiguió pasar al siglo veintiuno camuflándose de democracia, con más éxito del esperado. Los racistas ideológicos que no podían llegar al poder con las armas como Fidel Castro, lo comenzaron a hacer por vía electoral, pero una vez en el poder destruían la separación institucional para controlarlo todo sin contrapesos y cambiaban las constituciones y reglas de juego para perpetuar su mando con reelecciones indefinidas. Los demás partidos podían aspirar a algunas cuotas pero en ningún caso aspirar a sustituir al régimen totalitario. Esta es la fórmula de la Venezuela chavista, de la Nicaragua de Ortega y de la Rusia de Putin, por ejemplo, países donde se sigue votando pero ya no se elige, y donde los pueblos perdieron su derecho a cambiar.

Repasemos el caso de Venezuela. Chávez llegó al poder por la vía electoral (indultado luego de su golpe de Estado militar) para gobernar por cinco años sin reelección como establecía la constitución. Pero lo primero que hizo fue cambiar la constitución y aprobar unilateralmente una a su medida con posteriores reformar igual de arbitrarias, que le permitieron morir en el poder catorce años después.

Cuando la oposición ganaba una alcaldía (ayuntamiento) o una gobernación (comunidad), entonces se creaban autoridades paralelas nombradas a dedo, a quienes iba a parar el presupuesto confiscado a los legítimos representantes de esas regiones. Esto que fue hecho también por Hitler, no escandalizó a nadie cuando lo hizo Chávez. Con las elecciones parlamentarias se perfeccionó una fórmula de cambiar la composición demográfica de los circuitos electorales según los resultados anteriores para que el voto a favor del régimen terminara valiendo mucho más que el opositor.

Todo esto ejecutado por un árbitro electoral totalmente parcializado, al punto que su presidente terminó siendo luego vicepresidente de la República, luego alcalde mayor de la capital por el partido de gobierno y hoy en día es el flamante ministro de comunicaciones.

Luego, cuando la oposición ganó en 2015 las dos terceras partes de la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo del régimen, nombrado ilegalmente antes por el parlamento saliente, suspendió de un plumazo la proclamación de varios diputados y luego declaró en desacato a todo el nuevo parlamento. Por si fuera poco, en 2017 se creó por tiempo ilimitado una instancia partidista con fines “constituyentes” que tiene poderes supra constitucionales y que está por encima de todos los poderes públicos, la cual dejó sin efecto la elección de un gobernador, persigue a los diputados y se reserva la última palabra ante cualquier tema. Fue esta instancia la que convocó elecciones presidenciales adelantadas con los partidos de oposición ya ilegalizados, los mismos que ahora han sido expropiados por el régimen. Por esto es que el general dice: “Nunca podrán ejercer el poder político en Venezuela, yo creo que es bueno que lo entiendan”.

Lo que se entiende perfectamente es la naturaleza del régimen venezolano que con sus magistrados, generales y su soviet constituyente, pretende oprimir al pueblo por siempre, ejerciendo un racismo ideológico y un apartheid político.

¿Qué tiene que pasar para que esto importe? ¿Que hayan más de cinco millones se refugiados por el mundo? ¿Que torturen y asesinen dirigentes políticos y líderes sociales? ¿Que se comprueben miles de desapariciones forzosas? ¿Que se encarcelen a centenares de presos políticos? ¿Qué se asesinen a cientos de jóvenes por protestar pacíficamente en las calles? ¿Que se persiga a la empresa privada hasta que la hambruna, la inflación y el desempleo campeen?

Pues, todo eso y mucho más ya pasó. Ojalá que en vez de derribar estatuas en países democráticos, el mundo asuma el reto de derribar a estos racistas ideológicos que torturan a sus pueblos para mantenerse en el poder a toda costa. Supremacismo ideológico o pluralismo. #LaDemocraciaTambiénImporta.

La amenaza del chavismo reactiva el intento de Guaidó de provocar una ruptura en las fuerzas armadas por Francesco Manetto – El País – 7 de Julio 2020

“Los militares venezolanos no pueden seguir subordinándose a un individuo acusado de narcotráfico”, afirma el líder de la oposición

El ministro de Comunicación de Nicolás Maduro, Jorge Rodriguez, en rueda de prensa el 27 de junio.
El ministro de Comunicación de Nicolás Maduro, Jorge Rodriguez, en rueda de prensa el 27 de junio.JHONANDER GAMARRA / AFP

La amenaza del régimen chavista, que el domingo dejó claro por boca del general Vladimir Padrino López que los opositores “nunca podrán ejercer el poder político en Venezuela”, enturbiando así cualquier horizonte electoral, dio un nuevo impulso a uno de los desafíos centrales de Juan Guaidó. El jefe del poder legislativo, reconocido como presidente interino por más de 60 países frente a Nicolás Maduro, lleva desde enero de 2019 tratando de provocar una ruptura de las fuerzas militares. El apoyo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) es una condición esencial en un escenario de transición. Sin embargo, el control de los altos mandos ha impedido que los uniformados den la espalda al Gobierno, con la salvedad de varias decenas de deserciones de cargos estratégicos, algunas de ellas muy relevantes, como la del general Cristopher Figuera, director del servicio secreto, el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin).

Horas después de que el ministro de Defensa arengara a las tropas durante un acto castrense con ocasión del 209º aniversario de la firma de la independencia, en el que vinculó la permanencia en el poder del régimen a “una fuerza armada como antimperialista, revolucionaria, bolivariana”, Guaidó se dirigió a los soldados para pedir su apoyo a través de una carta abierta. Tras apelar al libertador, Simón Bolívar, manifestó que “la institución militar debe ser el baluarte de las instituciones republicanas y factor de armonía y progreso, es por ello que no debe estar sometida a parcialidades políticas ni al servicio exclusivo de una persona”. “Debe ser motivo”, agregó, “de repudio que el general Padrino López haya afirmado hoy, día de nuestra independencia, que las fuerzas democráticas no serán poder político en Venezuela mientras exista FANB como la que hoy tenemos”.

Estas declaraciones, en opinión del presidente de la Asamblea Nacional, “reflejan lo que la tiranía y sus cómplices pretenden de la institución militar: convertirla en secuestradora de la soberanía popular”. “El juramento que cada uno de sus efectivos realiza hace de la patria el ideal más sublime de su vida y en consecuencia asume valerosamente su defensa y desarrollo, buscando siempre tener una organización moderna, flexible y esencialmente profesional”. Con esas premisas, mientras en las filas del Ejército cunde el malestar por las precarias condiciones de vida a las que están condenados los uniformados, les llamó a apartarse de Maduro. “Los militares venezolanos no pueden seguir subordinándose a un individuo acusado de narcotráfico, que cede nuestra soberanía a oficiales y agentes de inteligencia extranjeros (cubanos y rusos) y grupos irregulares como el que atenta contra muchos oficiales y poblaciones indígenas de nuestro país.

“Ustedes más que nadie saben que la situación es insostenible”, prosigue Guaidó. “No tenemos gasolina, alimentos o medicinas; los servicios públicos no funcionan; y si sumamos las consecuencias que podría dejar la pandemia de covid a nuestra amada patria el escenario futuro es aterrador…. El tirano pretende que los militares venezolanos sean el instrumento represor de este bando de canallas. Ustedes no están aislados de esta realidad. Muchos de sus familiares sufren las consecuencias. Incluso, sus compañeros de armas son víctimas de la violencia y muchos otros son víctimas de injustos encarcelamientos, torturas y hasta asesinatos, como el del capitán Acosta Arévalo”, escribió en referencia a la muerte de un capitán de corbeta de la Armada en julio del año pasado.

Los intentos de alentar una rebelión siempre han fracasado pese a que en los últimos dos años se produjeran asonadas y acciones militares como la que el 30 de abril de 2019 acabó con la liberación de Leopoldo López de su arresto domiciliario -y de la que, según varias fuentes, el propio Padrino López estaba al tanto- o la incursión marítima desbaratada por el chavismo a principios del pasado mes de mayo. Este último episodio, en el que murieron al menos siete personas y en el que participaron varios desertores además de dos mercenarios estadounidenses, le costó duras críticas a Guaidó, que en cambio se desvinculó rotundamente de esos hechos. La huida hacia adelante del régimen, que al mismo tiempo llama a participar en unas elecciones parlamentarias convocadas para el 6 de diciembre pero advierte a la oposición de que nunca ganarán, ha disparado la indignación de las fuerzas democráticas del país. Y el líder opositor volvió a jugar una carta, probablemente la única decisiva para forzar un cambio de régimen en Venezuela al margen de los intentos de diálogo, que hasta ahora han fracasado.

¿Quién es el culpable de que no cese la usurpación? por Eddie A. Ramírez S. – RunRunes – 7 de Julio 2020

¿Quién es el culpable de que no cese la usurpación?, por Eddie A. Ramírez S.

Los ciudadanos que padecen mil penurias están conscientes de que la causa de las mismas es la pésima gestión de Maduro y sus palafreneros. Sin embargo, no les importa de quién es la culpa de que todavía permanezcan en el poder. Lo que quieren es que cada uno de nosotros haga lo que esté a su alcance para sacarlos, con la esperanza de que se solucionen los múltiples problemas que los aquejan.

Para conectarse con la dirigencia política opositora esa mayoría tiene que percibir sinceridad en la intención de solucionar los problemas y que seleccionen la mejor opción para salir del régimen. Eso es tarea de todos. He aquí algunas sugerencias nada originales.

 El tema militar

La Fuerza Armada es una organización piramidal y el tema militar es complejo. No deben ser árbitros, pero ante el secuestro de las instituciones llamadas a controlar al Ejecutivo, el Alto Mando está obligado a proceder si se viola la Constitución. No hay que descalificar a los militares en general, sino acusar al Alto Mando y especialmente a Padrino. Sus declaraciones de este 5 de julio son vergonzosas.

Padrino:

 Entendimiento opositor

Aunque toda la dirigencia opositora tiene claro que es necesario salir del régimen, son evidentes las discrepancias sobre el cómo. Si esas diferencias se dirimieran internamente, quizá el problema no fuese tal, pero no suman cuando salen a la luz pública. Las mismas no solo alimentan las cizañas de los rojos, sino también a las redes sociales, bien o mal intencionadas, que hacen ruido y siembran desconfianza. ¿Será mucho pedirle a los dirigentes una dosis de prudencia y de entendimiento, así como evitar declaraciones que desorientan?

 Votar o no

El tema de las elecciones parlamentarias es ineludible, ya que el usurpador cuadró fecha y condiciones con su parapeto electoral y con nanopartidos a los que solo les interesa hacer negocios. Ante los atropellos a la Constitución, a los partidos y a sus dirigentes, carecen de peso los argumentos de “no dejar espacios vacíos” o de que “ganamos de calle porque somos mayoría”.

En estos tiempos hemos votado varias veces y la dictadura se ha burlado de los resultados.

Algunos intentan engañar a la gente afirmando que gracias a que votamos en el 2015 y ganamos las parlamentarias, 58 países, la OEA, el Parlamento Europeo y el BID reconocieron a Guaidó como presidente (e). La verdad es que ese reconocimiento se debe a que el mundo democrático no reconoció las ilegítimas elecciones para Asamblea Constituyente en el 2017 ni las presidenciales en 2018, en las cuales nos abstuvimos. Sin esa abstención, probablemente solo los venezolanos hubiésemos reconocido a Guaidó.

Ante la complicidad del Alto Mando militar y la decisión de los países que nos apoyan de no intervenir militarmente en Venezuela, lo cual por demás es indeseable, lo procedente parece ser insistir en que sí acudiremos a votar, pero siempre y cuando haya elecciones limpias, garantizadas por observadores internacionales imparciales.

 ¿Unidad en la oposición o no importa?

Todos quieren la salida del régimen, pero difieren en el cómo. Un grupo insiste en que la salida es electoral, siempre que haya condiciones aceptables, que quizá se puedan lograr con presión interna y más sanciones de otros países. El otro persevera en que Guaidó invoque los tratados internacionales para solicitar la intervención militar extranjera con apoyo de los venezolanos. Además, un grupo parece pecar de excluyente y el otro de intransigente.

El TIAR, los marines y dirigentes políticos sin carburo, por Jesús Seguías

En ambos  hay gente valiosa, luchadora y con capacidad de análisis para escoger la opción más viable. ¿Pueden convivir? Quizá, siempre y cuando no se descalifiquen mutuamente, pero si se siguen negando a lograr un acuerdo, el ciudadano común seguirá protestando solo por lo que requiere para subsistir, mientras el régimen se afianza.

 La responsabilidad política del cese a la usurpación

¿Percibe el ciudadano común que al producirse el cambio se solucionarán sus problemas? Pensamos que no son tan ingenuos para creer que en una transición corta se puedan resolver los problemas. Ya existe un programa mínimo de gobierno. Lo que falta es uno de gobernabilidad. Una opción podría ser que Guaidó asuma el poder real, convoque elecciones en plazo máximo de un año. Los partidos, en consulta con la sociedad civil, seleccionarían un candidato único, que podría ser o no el mismo Guaidó, con compromiso de no reelección. Hay otras posibilidades a evaluar. Los partidos tienen la palabra.

A la mayoría de los ciudadanos quizá no les importa de quién es la culpa de que no cese la usurpación, pero, si esta persiste, no perdonarán a quienes no hicieron lo posible para que se produzca el cambio. Tampoco la historia.

Como (había) en botica

* Vanessa Neumann es tan venezolana como Tarek Saab. La diferencia es que ella es demócrata, honesta y excelente profesional; Tarek es totalitario,  intelectualmente deshonesto, cobarde y payaso. Las órdenes de captura y congelación de bienes a Vanessa, Ricardo Villasmil y otros profesionales es un atropello más del régimen.

* Lamentamos el fallecimiento Mauricio Pérez Badell. También de José Afanador, compañero de Gente del Petróleo y Unapetrol.

* ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

Comunicado Gobierno Legítimo sobre el mensaje del Gral. Padrino Lopez – Centro de Comunicación Nacional – 5 de Julio 2020

Poder Militar, Crimen y Corrupción – Transparencia Venezuela – Julio 2020

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