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Libertad inmediata para Nícmer Evans, por Xabier Coscojuela por Xabier Coscojuela – TalCual – 16 de Julio 2020

Nicmer Evans- Editorial

 

Decir que Maduro y sus compinches irrespetan la libertad y violan los derechos humanos no es novedad. Es práctica diaria. Es ya uso y costumbre. En esta oportunidad, esos desafueros se están cometiendo contra Nícmer Evans, quien fuera detenido la noche del lunes 13 de julio y hasta este momento, 3 de la tarde del jueves 16 de julio, se desconoce su paradero.

En este caso, se violan varios artículos de la Carta Magna. Evans ejerció su derecho a expresarse libremente y fue acusado de incitar al odio, “delito” que está contemplado en una “ley”, aprobada por la vitalicia Asamblea Constituyente, la cual no tiene, entre sus competencias, aprobar leyes. De paso no está demás recordar que dicha Constituyente fue elegida violando la Constitución al no ser aprobada su convocatoria por el pueblo venezolano.

Por lo tanto, se puede decir que la detención de Evans se basa en una doble violación a la Carta Magna de 1999. Como si lo anterior no fuera suficiente, el politólogo y director del portal Punto de Corte, está desaparecido desde la noche del lunes, lo que constituye otra violación a la que era la “mejor Constitución del mundo”, según el difunto Hugo Chávez y a los Derechos Humanos que cada día que pasa están menos vigentes en el país.

Hay quienes se alegran de lo que le está ocurriendo a Evans por haber sido chavista. Nosotros decimos que siempre denunciaremos y combatiremos cualquier violación a los derechos humanos, independientemente de si esa persona es o fue chavista. Siempre defenderemos los derechos humanos de todos.

La dictadura de Maduro actúa cada día con menos prurito cuando se trata de irrespetar a quienes no comparten su fracasado proyecto político. Hace algo más de mes y medio, las presiones oficiales lograron la salida de Vladimir Villegas de Globovisión. Ayer mismo, colegas del portal Crónica Uno fueron detenidos en Caracas y en Carúpano, el periodista Otilio Rodríguez, pasó la noche en prisión y fue liberado con medidas de presentación ante los tribunales. Todos por tratar de informar a los venezolanos.

Desde TalCual nos hacemos solidarios con todos los periodistas y venezolanos que sufren los despropósitos autoritarios de Maduro y sus compinches, y exigimos la libertad plena de Nícmer Evans. Queremos vivir en democracia sin represalias. Ya basta.

El régimen de Nicolás Maduro cometió 129 ataques contra la prensa desde que se inició la cuarentena por el coronavirus – Infobae – 27 de Junio 2020

Edgar Cárdenas, secretario general del Colegio Nacional de Periodistas, seccional Caracas, afirmó que las agresiones a los trabajadores de medios son una política de Estado. “Se busca el silencio informativo, legitimando la censura y criminalizando la opinión”, manifestó. Hoy se celebra el Día del Periodista en el país caribeño

Edgar Cárdenas, secretario general del Colegio Nacional de Periodistas, seccional Caracas, afirmó que los ataques a los trabajadores de medios son una política de Estado (Archivo)Edgar Cárdenas, secretario general del Colegio Nacional de Periodistas, seccional Caracas, afirmó que los ataques a los trabajadores de medios son una política de Estado (Archivo)

En la jornada en que se celebra el Día del Periodista en Venezuela, el Observatorio de Seguimiento de Agresiones a Periodistas y Medios publicó que se registraron 129 ataques contra la prensa en el período que va de marzo a junio, tiempo en que el régimen de Nicolás Maduro decretó la cuarentena por el coronavirus.

Edgar Cárdenas, secretario general del Colegio Nacional de Periodistas, seccional Caracas, afirmó que los ataques a los trabajadores de medios son una política de Estado. “Se busca el silencio informativo, legitimando la censura y criminalizando la opinión”, manifestó en declaraciones recogidas por el periódico venezolano El Nacional.

El informe detalla que, solo en tres meses, se produjeron en Venezuela 37 detenciones arbitrarias, 18 casos de impedimento de la libre circulación, 15 casos de amenazas, 15 hostigamientos, 14 casos de intimidación, 12 casos en los que borraron la información, ocho impedimentos de cobertura, tres programas de televisión levantados del aire, tres agresiones físicas, dos medios digitales bloqueados en 40 oportunidades, dos emisoras de radio cerradas, dos medios impresos que dejaron de circular por falta de gasolina y un decomiso de equipos.

Cárdenas subrayó que, entre enero y junio, el total llegó a 201 agresiones, lo que implica que el 65% de los casos se dieron durante la cuarentena establecida por Maduro para intentar paliar los efectos del coronavirus en la población. “Se pretende evitar que la gente se entere de lo que sucede”, denunció.

Y acotó: “Los medios independientes no tienen la libertad suficiente para cumplir con su labor de informar”.

Además, el secretario general del Colegio Nacional de Periodistas, seccional Caracas, advirtió que las 37 detenciones reportadas no solo tienen que ver con el COVID-19, sino que también se avanzó contra periodistas y medios de comunicación para que se evite hablar sobre otros hechos que acontecían en este período.

Por último, el informe narra que la Guardia Nacional Bolivariana fue la responsable del 44% de los casos, muy por encima de cualquier otro cuerpo de seguridad del Estado. Al respecto, opinó: “Se buscan todos los medios directos e indirectos para seguir arremetiendo contra los medios de comunicación. Ya no hay respeto a las formas”.

Venezolanos juntan agua en plena pandemia (REUTERS/Manaure Quintero)Venezolanos juntan agua en plena pandemia (REUTERS/Manaure Quintero)

El coronavirus en Venezuela

Los casos de contagio local de COVID-19 en Venezuela superaron este viernes, por segundo día consecutivo, a los casos importados, con 177 y 99 respectivamente, revirtiendo la tendencia sostenida desde el comienzo de la pandemia en el país, que contabiliza 4.779 infectados y 41 fallecidos.

El vicepresidente de Comunicación del régimen de Maduro, Jorge Rodríguez, pese a reconocer el incremento de casos locales, señaló que se están tomando “medidas más drásticas por la presión que está generando el rebrote de la pandemia (en Venezuela) debido a las fronteras con Colombia y Brasil (…) son los (países) que están más graves”.

Las cifras de casos importados siempre han superado a los locales en el reporte diario dado por las autoridades desde que se registraron los primeros infectados por COVID-19, hasta hace dos días.

Sin embargo, la tendencia dio un giro este jueves, cuando los casos locales detectados, con 133, superaron en más del doble a los procedentes del extranjero, que sumaron 64.

El funcionario chavista informó además de un nuevo fallecido en Maracaibo, capital del Zulia (occidente), y otro en Miranda (norte) en las últimas horas, que hacen un total de 41 personas muertas por COVID-19 en el país caribeño.

Polarización, prensa y libertad de expresión en Venezuela por Philip Kitzberger – Nueva Sociedad – Junio 2020

Las restricciones a la libertad de expresión en Venezuela son evidentes. ¿Cómo se llegó hasta ese punto? ¿Se trata solo de la actitud autoritaria del gobierno? ¿Cómo ha actuado la prensa tradicional desde los inicios del gobierno de Hugo Chávez? La polarización venezolana no puede entenderse sin considerar la profunda guerra entre el gobierno y los medios tradicionales.
Polarización, prensa y libertad de expresión en Venezuela

Venezuela está atrapada en un largo proceso de deterioro político, polarización y antagonismos. El mayor desafío en ese escenario de identidades divididas parece ser el de encontrar un mínimo terreno común que permita recrear una coexistencia democrática pacífica. El tamaño de este desafío puede dimensionarse en la misma dificultad de visualizar su resolución. Cuesta, a la vez, imaginar que pueda avanzarse en esa dirección sin abordar la cuestión de la prensa y la libertad de expresión. Por su misma conexión íntima con la política democrática, este punto ha estado en el centro de la controversia polarizada.

El presente texto se propone reconstruir dos narrativas sobre la cuestión de la prensa y la libertad de expresión en Venezuela. Si bien vinculadas a ambos lados de la división política, se buscará despojarlas de la pretensión de negar el manto de la autoridad democrática en el otro, aunque conservando las críticas y demandas legítimas que puedan afincarse en hechos establecidos y por ello potencialmente aceptables por ambos campos políticos.

La producción académica sobre la Venezuela bolivariana no ha escapado a la polarización. Sin embargo, por estar sometida a ciertas reglas de control epistémico, puede constituir un buen punto de partida para destilar las dos narrativas de modo que puedan coexistir sin socavar las respectivas pretensiones de verdad.

El deterioro de las condiciones para la libertad de expresión

Esta primera narrativa se enmarca en las lecturas que ven en el caso venezolano un ejemplo de deterioro progresivo del régimen democrático. El mainstream de la ciencia política, en el que priman presupuestos normativos liberal-democráticos, lleva una larga trayectoria de definiciones del chavismo como «régimen híbrido», «democracia iliberal» o «autoritarismo competitivo». Estas clasificaciones primaron hasta que, ya en la etapa madurista –con el desconocimiento de las funciones parlamentarias de la Asamblea Nacional democráticamente elegida y la postergación de comicios programados–, se considerara cruzado el umbral del régimen hacia alguna forma directamente autoritaria. Para la etapa previa, las visiones del democratic backsliding enfatizan que, pese a la persistencia de elecciones en sí mismas competitivas y limpias, el ambiente político-institucional más amplio daba lugar a un campo de juego progresiva y excesivamente sesgado en favor del gobierno.

Las restricciones a la libertad de expresión y la confrontación con los medios privados ocupan un lugar central en la enumeración de mecanismos implicados en esa inclinación del campo de juego. Al menos desde la crisis de 2002, Hugo Chávez asumió una actitud retaliatoria que redujo significativamente su espacio. En 2004, la Asamblea Legislativa aprobó una ley de regulación de contenidos radiotelevisivos (ampliada en 2010 a medios electrónicos) con amplios márgenes discrecionales para sancionar potenciales coberturas críticas al gobierno. El presidente disciplinó o forzó la despolitización de medios críticos. Numerosas licencias de radio y de televisión de emisoras con línea crítica hacia el gobierno no fueron renovadas. El caso más emblemático y recordado es el de RCTV, una de las dos estaciones de televisión abierta de mayor audiencia, que quedó fuera del espacio radioeléctrico en 2007. A su vez, el gobierno propició cambios en la propiedad en otros medios, reorientó y restringió recursos estatales en función de la cobertura y amplió enormemente la oferta de medios estatales alineados con el oficialismo. El propio presidente se convirtió en comunicador central y sostuvo persistentemente una crítica pública a los medios centrada en denunciar el carácter antipopular de sus controlantes como forma de descalificación ante toda crítica. Desde su programa semanal, Aló Presidente, Chávez construyó un discurso sistemático en el que medios nacionales y extranjeros (especialmente estadounidenses) son denunciados, en clave populista, como parte de una coalición «oligárquico-imperialista» enemiga del pueblo venezolano. En este ambiente, los medios privados no dejaron de existir, pero se vieron obligados a operar en un ambiente restrictivo y expuestos a enormes presiones en el sentido de la autocensura.

La ulterior regresión autoritaria de la etapa madurista también se hizo sentir en el plano de la libertad de expresión. Entre 2014 y 2019, Venezuela cayó 32 puestos en el Índice Mundial de Libertad de Prensa elaborado por Reporteros sin Fronteras, ocupando el lugar 147 de 180 países. En el marco de la crisis socioeconómica y del abandono de la vocación mayoritaria que hasta entonces había exhibido el populismo chavista, el gobierno de Nicolás Maduro avanzó con nuevas medidas e intensificó el uso de instrumentos regulatorios preexistentes para restringir aún más las expresiones de disidencia en la esfera pública. A medida que escalaba la protesta opositora, se incrementaron las sanciones, la revocación de licencias y los cierres de medios. Aumentaron los acosos y arrestos de periodistas y se multiplicaron las expulsiones de cronistas extranjeros. Las restricciones de acceso al papel prensa, justificadas en la escasez de divisas, llevaron a que, con el cese de la edición impresa de El Nacional, no quedaran diarios en papel de alcance nacional no alineados con el gobierno. En 2017 se sancionaron una ley y un decreto que califican contenidos y expresiones en las redes sociales y el ciberespacio en función de los ambiguamente definidos imperativos de combatir el odio y promover la paz y el orden interno. Asimismo, el Estado, mediante el control de la infraestructura de telecomunicaciones, avanzó con bloqueos de sitios o caídas de servicio en momentos políticamente sensibles. Todas estas acciones represivas son enmarcadas por el gobierno en una retórica que las presenta como medidas necesarias para combatir los estertores de la contrarrevolución. En tal sentido, en 2019, Maduro se jactaba de que «solo quedan los escombros de los medios burgueses».

La prensa como oposición política polarizada

En la narrativa anteriormente delineada que privilegia la enumeración de hechos restrictivos de la libre expresión, el conflicto tiende a leerse como la manifestación del autoritarismo chavista. Suele estar implícita en ella la idea de una naturaleza y una deriva autoritaria inherente al populismo. También suelen operar en la narrativa ciertas visiones normativas y una mirada ahistórica de la libertad de prensa que reducen la actividad de la prensa periodística al control del poder político desde y para la sociedad.

Poner en perspectiva la narrativa de la «aberración» populista no significa desconocer las tendencias autoritarias, los silenciamientos, las censuras, detenciones y arbitrariedades antes señalados. No significa, en particular, desconocer que –más allá de la expresión de un sujeto popular a la que el chavismo dio lugar– la resultante regimentación y el control desde arriba han tenido muy poco que ver con la democratización de la esfera mediática venezolana contenida como promesa en el discurso chavista. Ello no quita que pueda haber habido instancias puntuales de ampliación de voces y perspectivas de la mano de la política de medios.

Sin embargo, una explicación que limitara toda la responsabilidad de la cuestión a una presunta naturaleza del chavismo no solo sería incompleta y tuerta, sino que tampoco ofrecería un terreno desde el cual se pueda dejar atrás el callejón antagónico en que se encuentra Venezuela.

En consecuencia, es precisa una narrativa alternativa que otorgue textura e inteligibilidad al conflicto –dejando de lado supuestos normativos– y que historice la prensa como un entramado de instituciones (no solo venezolanas) coprotagonistas de una confrontación antagónica por medio de la denuncia y la movilización antipopulista.

Los acontecimientos posteriores han opacado el hecho de que el ascenso de Chávez a la Presidencia no ocurrió en el marco de una confrontación con los medios. Por el contrario, los grandes medios tuvieron un rol crucial en la creación del clima de opinión que produjo el desenlace electoral de 1998. Desde la liberalización propiciada por Jaime Lusinchi a fines de los años 80, el sector radiotelevisivo vivió una expansión que lo convertiría en el tercero en facturación en América Latina. Esto dotaría a los grupos más concentrados de la autonomía suficiente como para ensayar un distanciamiento de los partidos tradicionales en el contexto de la incipiente crisis política. La apuesta por la denuncia de corrupción como vehículo de movilización del descontento popular hacia la clase política los prestigiaría y relegitimaría como contrapoder. El clima antipolítico animado por los medios abrió así espacio para que florecieran outsiders de la política de partidos.

Si bien algunos medios como Globovisión, RCTV y El Universal exhibieron una temprana antipatía por Chávez, otros como Venevisión, Televen o El Nacional –aunque sin explicitarlo– apoyaron decisivamente su candidatura dándole visibilidad y cobertura favorable. Estos apoyos presuponían la continuidad de la vieja lógica de acomodación entre Estado y medios que dominó la democracia de Punto Fijo. De hecho, inicialmente las expectativas en términos de nombramientos y decisiones regulatorias parecieron verse satisfechas. Sin embargo, después de los primeros meses de gobierno, comenzaba a quedar claro que Chávez tenía una agenda política propia en la que no había lugar para la lógica transaccional. De ese modo, excluidos del acceso al Estado –del «derecho a ser cooptados»–, la casi totalidad de los grandes medios se alinearon en contra del gobierno. La opción de Chávez de romper con la política de acomodación llevó a que se reenfocaran en la denuncia del gobierno, el género que los había empoderado en la década anterior. Pulverizados los partidos tradicionales, ese lugar los erigió en imán y foro de todos los descontentos y disidencias huérfanos de lugar expresivo.

Así, el comienzo del proceso de polarización política en Venezuela es producto de una relación en espejo que dividió el país en dos campos antagónicos. La movilización populista de Chávez –en la que los grandes medios son definidos como parte del poder establecido– es inescindible de una simultánea movilización antipopulista. En ella, los medios privados son articuladores centrales a partir de la denuncia del «régimen» como enemigo de la «democracia». En esa dinámica polarizante se constituyeron dos identidades por oposición a un poder transgresor y moralmente aberrante que queda radicalmente sustraído de legitimidad. El control sobre el espacio mediático-comunicativo ocupó el centro de esa disputa antagónica en la que no quedaba espacio para el compromiso.

Con el cambio de siglo, la denuncia estridente del gobierno eliminó cualquier otra forma de expresión política en los medios privados de Venezuela. La confrontación en la que se embarcaron empresarios y editores de medios dejó sin espacio a la lógica informativa y sin márgenes de autonomía al periodismo profesional. La cesura colocó a estos actores en el camino de la conspiración y la táctica insurreccional que derivó en el golpe de Estado de abril de 2002.

El núcleo conspirador comenzó a articularse a fines de 2001 con los líderes de la organización patronal, dirigentes sindicales, militares, tecnócratas y un bloque coordinado de prominentes miembros del establishment mediático como Marcel Granier (RCTV), Gustavo Cisneros (Venevisión), Guillermo Zuloaga (Globovisión) y Miguel Henrique Otero (director de El Nacional), además de presentadores y periodistas célebres como Ibéyise Pacheco y Rafael Poleo. Más allá de los llamamientos directos en espacios editoriales, los canales pasaron a cubrir en forma exclusiva la movilización opositora y silenciaron completamente las voces del chavismo. El gobierno respondió invocando cadenas nacionales que fueron eludidas dividiendo la pantalla. El 11 de abril los canales transmitían las conferencias del núcleo golpista que pedía la renuncia del presidente mientras –por medio de un montaje de edición deliberado– se mostraba a militantes chavistas disparando contra la multitud opositora. Por la noche, los conspiradores lograron cortar la transmisión del canal estatal, único medio controlado por el gobierno. En una operación comandada desde las oficinas de Venevisión, Chávez fue detenido en la madrugada del 12 de abril. Los medios dieron a conocer su «renuncia» y celebraron al nuevo gobierno. Al día siguiente, sin embargo, oficiales leales a Chávez retomaron el control de la situación y sus partidarios se volcaron masivamente a la calle coordinados por algunos medios alternativos. Repentinamente, los medios produjeron un verdadero apagón informativo al dejar de reportar los acontecimientos. El día 14, resquebrajada la coalición golpista luego de que grupos de medios comunitarios amparados por miembros de la guardia presidencial retomaran la transmisión del canal estatal, Chávez fue repuesto en el Palacio de Miraflores.

La participación de los grandes medios de comunicación en estos sucesos marcó un punto de no retorno y buena parte de las políticas posteriores que afectaron la esfera pública venezolana se hacen inteligibles a la luz de ellos.

Algunas orientaciones se institucionalizaron. Aló Presidente se consolidó –más allá de su función como dispositivo de comunicación directa– como un espacio regular desde donde hacer pública la denuncia y deconstrucción de los medios en clave de sus intereses «oligárquicos». También deriva de la crisis el enorme potenciamiento de medios estatales alineados y la alianza con sectores de medios alternativos. Las controvertidas regulaciones de contenido de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión de 2004 fueron escritas a contraluz de las coberturas de los medios privados durante las jornadas de abril. El dueño de Venevisión accedió a la presión y despolitizó su pantalla a cambio de conservar el negocio. En contraste, ante la intransigencia del propietario, el gobierno no renovó la licencia de RCTV en 2007, alegando su participación en la conspiración golpista.

Si desde la oposición la política mediática bolivariana se ha convertido en tópico de la denuncia de la deriva autoritaria del régimen, en el otro extremo del polarizado espacio político venezolano se lee el proceso de modo inverso: como democratización sin precedentes de un espacio históricamente ocupado por los sectores sociales dominantes y putschistas.

Este contencioso entre el Estado bolivariano y los medios no puede ser correctamente dimensionado si no se repara en cómo la prensa, en tanto actor, se articuló más allá de las fronteras de Venezuela.

El ascenso de Chávez al poder marcó el comienzo de un ciclo de experiencias gubernamentales de izquierda que ponían en evidencia la crisis de Consenso de Washington en la región. Su inflexión populista-radical y el abierto desafío a la influencia hemisférica de Estados Unidos potenciaron la atención pública internacional sobre Venezuela. Su temprana confrontación con los medios privados –sin precedentes desde los populismos clásicos– operó como ejemplo de gobernabilidad alternativa para quienes miraban desde la izquierda, a la vez que encendió alarmas entre las instituciones de la prensa tradicional y los medios comerciales de la región.

En la atención periodística prestada por estos últimos, los propios medios privados venezolanos –espacio central de organización de las voces de la sociedad civil opositora– se constituyeron en fuentes dominantes para elaborar las coberturas. Tal sesgo de fuentes se explica tanto por afinidades político-editoriales como por las rutinas profesionales de periodistas que se orientan hacia voces organizadas. Estas, por su parte, se beneficiaban en promover su visión de los acontecimientos ante la opinión pública internacional. Del otro lado del campo político, dividido entre sectores medios y altos afincados institucionalmente y unos sectores populares informales movilizados desde arriba, no existían muchos espacios organizados accesibles por fuera de la voz del líder. Privilegiando, por tanto, las perspectivas del campo opositor/mediático, la cuestión de la libertad de prensa se convirtió –bajo el encuadre de la libertad amenazada– en tópico recurrente de la cobertura por parte de los medios extranjeros. Esta brindó a su vez un instrumento recursivo a los medios venezolanos como fuente externa de objetivación del problema. Este recurso hecho de intertextualidades refleja la cristalización de vínculos que forjaron paulatinamente una comunidad interpretativa transnacional de gran utilidad a los actores domésticos en su disputa local. A su vez, en el nivel de la opinión pública internacional, el problema de la libertad de expresión se constituyó en una de las claves para descifrar la naturaleza del régimen venezolano.

A medida que la «marea rosada» se fue expandiendo en la región y que Chávez inspiró, alentó y financió iniciativas de comunicación contrahegemónica a escala regional, la percepción de amenaza de «venezolanización» y el alineamiento antipopulista y antiizquierdista de la gran prensa regional fueron ganando protagonismo en las agendas mediáticas. El chavismo se convirtió así en uno de los mayores factores de división y polarización política, especialmente en los países con gobiernos de izquierda que aparecían como simpatizantes. En tal sentido, el episodio en torno de la licencia de RCTV en 2007 operó como catalizador de la denuncia sistemática de la cuestión de la libertad de expresión, el autoritarismo bolivariano y la amenaza de contagio regional.

Más allá del juego de intertextualidades, se fueron configurando instancias y movimientos de coordinación más deliberada e institucionalizada en el ámbito regional. El renovado protagonismo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) –de importante actuación durante la Guerra Fría y estandarte de la denuncia del populismo regional en la década de 1950 como institución de alerta de las amenazas a la libertad de prensa– ilustra los esfuerzos de los editores de los grandes periódicos regionales. Al rol de la SIP se sumaría el del Grupo de Diarios de América (GDA). Este último, nacido en la década de 1990 como iniciativa comercial, se reconfiguró en un perfil más político y centró su agenda en la denuncia de la amenaza populista a la libertad de prensa. Este rol catalizó en 2007 poco después del affaire RCTV. William Lara, entonces ministro de Información y Comunicación de Chávez, acusó al GDA de conspirar contra el gobierno venezolano. Sus miembros, entre los que se encuentra El Nacional, respondieron con una sistemática labor de publicación de contenidos colaborativos orientados a denunciar la expansión del chavismo en la región. Significativamente, ambas organizaciones tienen su sede en la ciudad de Miami, el lugar de encuentro y refugio de la sociedad civil latinoamericana opuesta a los populismos y las izquierdas de la región, entre la que el «exilio» venezolano conforma un influyente grupo en expansión.

Con sus particularidades, la cobertura de Venezuela por parte de los grandes medios periodísticos estadounidenses se engarzó armónicamente con las lógicas ya expuestas. En general, la política internacional es cubierta en Estados Unidos en términos de su política exterior. Especialmente en situaciones de crisis, el periodismo tiende a «indexar» las posiciones de las elites de Washington que intervienen en el asunto. Por tanto, el rango de posiciones reflejadas sobre cuestiones internacionales suele ser el de los actores institucionales –la Casa Blanca, el Senado, el Departamento de Estado–, además de think tanks, expertos o académicos vinculados a instituciones establecidas. En el caso de Venezuela, el desafío chavista al rol de Estados Unidos –y su acercamiento a Cuba– determinó de entrada un consenso bipartidista en torno de Chávez como figura problemática. En consecuencia, los encuadres que dominaron en la prensa raramente transgredieron ese rango de opiniones. Las fuentes venezolanas, dominantemente opositoras, operaron en consonancia con la imagen del «aprendiz de dictador» asociado a Fidel Castro y, más tarde, a «autócratas» y regímenes «terroristas» como el de Irán. Estos estereotipos cristalizaron en la crisis de 2002. Si bien a la luz de los hechos, en el periodo inmediatamente posterior a la crisis, la prensa de elite y en particular The New York Times ensayaron algún mea culpa por la fallos de cobertura y ampliaron momentáneamente el pluralismo de voces, rápidamente volvieron a primar las caracterizaciones de Chávez como autócrata populista.

Con excepciones, este marco de interpretaciones emergentes en los primeros años del chavismo se ha solidificado y continuado en la actual etapa madurista. Tanto en los espacios de opinión como en la cobertura informativa, la prensa de elite refleja, como límites, los matices entre la línea dura de Washington (aliada a los sectores intransigentes de la oposición venezolana que busca el derribo de Maduro y su entorno) y la de los sectores del Departamento de Estado y la comunidad de expertos y ONG orientadas a la búsqueda de una transición más negociada. En tal sentido, la política de extrema presión ensayada por Trump –en sintonía con la línea dura–, aunque en el plano interno está motivada en mejorar la perspectiva electoral, ha dado lugar a voces discordantes que señalan la estrechez de miras de tácticas que excluyan del horizonte al chavismo como expresión con algún grado de legitimidad democrática.

Las editoriales y crónicas de la prensa de elite estadounidense, de la que son fuente privilegiada, se convierten en noticia en la prensa venezolana. Se cierra así el juego recursivo que funciona como instrumento de autoafirmación y autoridad.

La libertad de expresión y la prensa entre populismo y antipopulismo

El deterioro de la libertad de expresión es parte del deslizamiento autoritario experimentado por Venezuela. Sin embargo, las narrativas que reducen el proceso a un proyecto autoritario del liderazgo chavista hacen un magro favor a la construcción de un mínimo terreno de consensos en función de una salida política basada en reducir la intensidad antagónica de la división entre chavismo y antichavismo.

A la descripción de un accionar estatal restrictivo de la libertad de expresión debe adicionarse una narrativa que la ponga en perspectiva. Ella debe incorporar la configuración histórica de una prensa que, como comunidad interpretativa constituida y apoyada en una red transnacional de recursividades e intertextos, tuvo un rol central en la movilización y construcción de una identidad antipopulista cuyo arquitrabe residió en denegar dignidad democrática a un movimiento político expresivo de mayorías populares. Al situarlo más allá de la democracia, las instituciones mediáticas abandonaron, sin admitirlo, las reglas del periodismo profesional para pasar a la beligerancia sin restricciones. El antipopulismo es especularmente análogo al populismo en su modo de trazar una frontera moral. La denuncia del populismo desde la pretensión enunciativa de la «neutralidad» o la «independencia» solo sirve a que el otro lado reconfirme las mistificaciones o hipocresías de la «prensa dominante». El modelo de una prensa liberal basada en ideales de neutralidad –en el que históricamente se han mirado y legitimado los medios establecidos de América Latina– presupone un consenso político de elites que nunca existió en la región pero que, en el momento del ascenso chavista, todavía operaba en Estados Unidos. Con el ascenso de Trump, el periodismo estadounidense ha quedado sumido en un análogo laberinto. De él solo se sale por arriba.

Desconexión y censura: el reporte del Ipys Venezuela – El Nacional – 21 de Mayo 2020

Ipys Venezuela presenta por tercer año consecutivo su Reporte Anual de Derechos Digitales en Venezuela. Las intermitencias y el control en la red crecen en Venezuela deteriorando cada vez más la libre expresión y el acceso a contenidos en los entornos digitales

IPYS

Las intermitencias y el control en la red crecen en Venezuela deteriorando cada vez más la libre expresión y el acceso a contenidos en los entornos digitales, señaló el Instituto de Prensa y Sociedad (Ipys Venezuela), en su informe Desconexión y Censura.

En 2019 no solo se agudizaron las restricciones en la conexión de los usuarios venezolanos debido a las fallas en la infraestructura de telecomunicaciones a lo largo del territorio nacional, también se reforzaron los mecanismos de censura implementados por proveedores de internet públicos y privados contra los principales portales de noticias. Además de los bloqueos, disrupciones masivas y violaciones a los datos personales que afectaron a todos los ciudadanos, destacaron los ataques y amenazas en línea hacia periodistas.

Durante los 12 meses de 2019 las violaciones a los derechos digitales sumaron un total de 188 casos, una cifra que representa más del doble de los hechos registrados en 2018, cuando se constataron 69 incidencias. Este dato comprendió principalmente 99 restricciones de acceso a internet, 39 ataques y 38 bloqueos. En menor medida también ocurrieron restricciones a la expresión (9), restricciones normativas (3) y limitaciones a la privacidad (1), de acuerdo con los datos que documentó el Instituto Prensa y Sociedad Venezuela a través de su sistema de monitoreo de libertad de expresión en la red.

En su último informe llamado “La libertad en la Red 2019. La crisis de las redes sociales”, publicado en noviembre de 2019, la organización no gubernamental Freedom House señaló que Venezuela fue uno de los países con menor libertad de internet del mundo con una valoración de 30 puntos, en una escala de “libertad de internet” en la que un índice de 70 a 100 es libre. Este resultado, que colocó a Venezuela como el país con la red menos libre en Latinoamérica, es cuatro puntos inferior al valor obtenido en 2018.

Ipys

Preocupa que la profundización de las violaciones de los derechos digitales en el país ha seguido extendiéndose en el primer cuatrimestre de 2020. Desde que el pasado 13 de marzo se anunció el decreto de Estado de Alarma en Venezuela debido a la emergencia sanitaria generada por la pandemia de la COVID-19, aumentaron las restricciones de acceso a internet por la precariedad en los servicios y los apagones diarios que ocurren en todas las regiones, así como los bloqueos y ataques a las plataformas de medios de comunicación y a los trabajadores de la prensa.

Solo entre enero y abril de 2020, IPYS Venezuela registró 98 casos de violaciones en la red. Este número demuestra la agudización de estas incidencias si se compara con los datos de 2019 durante ese mismo período, cuando se contabilizaron 58 casos. Con el apoyo de nuestra Red Nacional de Corresponsales, y bajo la metodología del Observatorio Abierto de Interferencias en la Red (OONI) y del Laboratorio de Mediciones de Internet (MLAB), este año esta organización realizó una serie de mediciones que evaluaron las dificultades para acceder a información de interés público en 26 portales informativos y en páginas web dedicadas a la cobertura de datos sobre el Coronavirus, desde las conexiones de los proveedores públicos y privados, Cantv, Digitel y Movistar. En estas jornadas también se ejecutaron pruebas para determinar la velocidad de internet en 16 estados del país.

Los resultados revelaron bloqueos en todos los portales consultados. En algunos casos se trató de interrupciones temporales, pero en otros las restricciones se mantuvieron los cinco días que IPYS Venezuela hizo las mediciones, entre los últimos días de marzo y los primeros de abril. Según los registros, del total de 223 pruebas que se hicieron, la televisora VIVOplay acumuló el mayor número de impedimentos pues registró 104 veces bloqueos por DNS, 76 por HTTP, y una sola vez se identificó un bloqueo bajo la modalidad TCP/IP. Seguidamente estuvieron los portales de VPItv, también televisora digital, que en 134 momentos mostró bloqueos bajo la modalidad de DNS y en 46 por HTTP, mientras que NTN24 apareció bloqueado por DNS en 139 ocasiones, y por HTTP en 38.

Las otras páginas de medios informativos donde se evidenciaron bloqueos fueron: Caraota Digital (154), Punto de Corte (143), Armando.Info (111), La Patilla (100), Noticia al día (91), Albertonews (90), Efecto Cocuyo (60), Aporrea (59), La Mañana (58), Globovisión (42), El Pitazo (34), Tane Tanae (30), Correo del Orinoco (26), El Nacional (26), La Prensa de Lara (25), Correo del Caroní (25), El Universal (24), VTV (24) y 2001 (18).

Estos episodios de censura incluso se aplicaron al sitio web del Ministerio del Poder Popular para la Salud (MPPS), bloqueado en 54 mediciones bajo la modalidad por HTTP, en 11 por DNS, y cuatro por TCP/IP. El portal de la Organización Mundial de la Salud (OMS) tampoco escapó de estas incidencias, indicando 13 veces bloqueos por HTTP, cinco por DNS y en dos por TCP/IP.

Otro portal dedicado a difundir datos importantes sobre la pandemia de la COVID-19 que también fue restringido fue coronavirusvenezuela.info, creado por la Asamblea Nacional y Juan Guaidó, el cual presentó impedimentos por HTTP en 48 mediciones, por DNS en ocho, y por TCP/IP en tres ocasiones. Los bloqueos a esta plataforma también fueron documentados por los observatorios de internet Netblocks y VE sin Filtro.

Las evidencias recabadas en 2020 además demostraron que Digitel fue el principal responsable de los bloqueos en la mayoría de los portales revisados. Pero no es fortuito que los bloqueos ejercidos desde Cantv presentaran una disminución, luego de que el 5 de abril de 2020 la sede de la empresa estatal ubicada en Chacao, Miranda, sufriera un incendio que provocó fallas de internet en siete estados del país, según informó VE sin Filtro, que además señaló que por los daños causados todos los bloqueos de esta compañía que requieren de mecanismos más sofisticados, como las modalidades por HTTP y TCP, no se estaban ejecutando.

 

Venezuela’s Minister of Culture Just Became the Person He Used to Be Before 1999 by TalCual – Latin American Herald Tribune – 16 de Febrero 2020

An unexpected tweet from Ernesto Villegas defending his fellow journalists after an incident that took place at the Maiquetía airport on Tuesday has left many dazed and confused on whose side he is on

Ernesto Villegas, Venezuela’s current Minister of Culture, had a “reunion” with his older alter ego that existed prior to 1999. Villegas recalled that before that date he was an active supporter of freedom of expression, the rights of workers – as a trade union leader in local newspapers such as Nuevo País (new country) or El Universal – and also that was against violations of human rights.

For many years, too many maybe, the youngest of the three Villegas brothers (all of them journalists) forgot what that was like and became quite the contrary. He has endorsed, by omission, every violation of freedom of expression that has been committed all these years. He has not raised his voice to condemn all the attacks on colleagues – his own colleagues – since 1999. He has not said a word about the media shutdowns caused by the late President Hugo Chávez or the current one, Nicolás Maduro.

Today Villegas becomes the man he used to be. At least according to a recent tweet he wrote. It seems that his conscience has been troubling him after an incident at the Maiquetía airport on Tuesday and expressed his rejection of the aggression suffered by several journalists, who were waiting for the arrival in Venezuela of the country’s interim President Juan Guaidó. He calls for justice – we sincerely doubt it will ever come, but let’s just hope he does from the bottom of his heart.

It could be also that what Villegas said is reflecting the existing rifts within the government for the particular way events developed in Maiquetia. Not everyone is like Diosdado Cabello, the nation’s No.2 leader, who praised the attacks on the press and assured they will continue to take place.

The journalists reported the assault to the Public Prosecutor’s Office and the Office of the Ombudsman. Villegas also tweeted that both Guaidó and Alberto Ravell, a journalist and cofounder of local news channel Globovisión, after endorsing the complaint made to the Public Prosecutor’s Office and the office of the Ombudsman, recognize those who lead these institutions. We cannot speak for Guaidó and Ravell, but we need Villegas to know that, in making these allegations, the holders of these offices are required to investigate and act accordingly. If they don’t, which is exactly what has been going on, they will become accomplices of the aggressors. This is something necessary to put on record for future actions. Ernesto, it seems to us that you want to be on the right track.

Entrevista a Andrés Cañizalez por Nelson Rivera – Papel Literario El Nacional – 9 de Febrero 2020

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Periodista, ensayista y estudioso de la comunicación, Andrés Cañizalez (1966) es autor de numerosos informes y libros sobre libertad de expresión, ciudadanía, censura y medios de comunicación

Aunque no sean cifras exactas y actualizadas, ¿podría ofrecernos un panorama de la desaparición de medios en dos décadas?

En Venezuela hemos vivido una masiva desaparición y reacomodo de medios de comunicación. Podríamos decir que se ha producido una profunda transformación del ecosistema mediático venezolano. Diversas e importantes ciudades del país hoy en día no tienen ningún medio impreso, ni estaciones locales que brinden información con muy contadas excepciones. Junto a eso, la opción de la información digital a través de plataformas en Internet y redes sociales sufre de continuos bloqueos dirigidos a evitar que el venezolano sepa. Y por si fuese poco tenemos en este momento el Internet con peor calidad del continente.

Luego de leer su libro, la sensación que queda es la de un territorio devastado: se han destruido medios de comunicación, se ha forzado el exilio de miles de periodistas, se los ha atacado y perseguido de muchas formas, el Estado se ha convertido en una estructura especializada en liquidar el derecho a informar. ¿Cómo es que todavía se produce información sobre lo que ocurre en Venezuela?

Esa era la palabra que buscaba al iniciar la respuesta anterior. Devastación. El territorio mediático venezolano ha sido devastado por el chavismo. De forma muy inteligente, y como parte de una estrategia, se mantienen algunas marcas al aire o en circulación, pero eso no es más que una fachada. La gran mayoría de medios de otrora ya no son lo que llegaron a ser.

El otro día hice una breve encuesta entre casi un centenar de líderes sociales de barrios populares. Ninguno, ninguno, ponía la televisión para informarse de lo que pasa en el país. Subsisten canales con las marcas que siempre hemos conocido, pero están vaciados de contenido.

Hoy en Venezuela vivimos una era de desinformación y fragmentación informativa. No hay un medio nacional de referencia. Circula información, especialmente en el campo digital, pero esto está a años luz de tener el impacto genuinamente nacional que en otra época tuvieron los noticieros estelares de la televisión abierta.

¿Es prudente, luego de esta devastación, preguntarnos si desde los medios de comunicación y las prácticas del periodismo, se cometieron errores, a partir de 1999, que contribuyeron a este estado de cosas?

En el libro vuelvo sobre dos aspectos que, vistos en retrospectiva, considero errores. El papel mediático en todo lo que rodeó a los sucesos de abril de 2002 (el golpe de Carmona y el retorno de Chávez al poder) y el rol de directivos de medios durante el llamado paro petrolero de fines de 2002 e inicios de 2003. Aquello le dio legitimidad social al discurso chavista en contra de los medios, y potenció la estrategia que luego definiría Andrés Izarra como “hegemonía comunicacional”.

¿Cuál ha sido la eficacia de la “hegemonía comunicacional” en términos de audiencia? ¿Y de influencia? Por ejemplo, ¿qué porcentaje de la audiencia sigue a Venezolana de Televisión?

Esta hegemonía comunicacional, hoy, debe ser vista como la capacidad que tiene el régimen de sostener un relato, sin que para la mayoría de la población haya fuentes alternativas para contrastar dicho relato.

La audiencia que sigue a VTV es mínima, pero tiene capacidad de multiplicación. Hoy ven al canal del Estado la base de apoyo chavista que respalda a Maduro, eso podría ser un 10 por ciento de la población. Pero son militantes de la causa y usan los mensajes oficiales para rellenar su propio discurso cuando habla con familiares y amigos, amén de que quienes conforman dicha audiencia a su vez son quienes controlan los programas de reparto de alimentos, por ejemplo.

Creo que hoy el plan oficial más que convencer a una mayoría que le rechaza se centra en fortalecer y darle contenido a la base mínima que se mantiene adherida al régimen.

¿Estamos significativamente desinformados los venezolanos? ¿Puede decirse que las redes sociales han alcanzado a reemplazar la disminución y debilitamiento de los medios de comunicación?

Las redes sociales no suplantan ni podrán suplantar a los medios de comunicación, no al menos en una sociedad como la venezolana. Vuelvo sobre la encuesta en el barrio que hice hace poco. La mayoría de esos líderes sociales no tenía ni celular inteligente ni internet en su casa. La mayoría de la población está sencillamente desconectada. Los apagones eléctricos dejan a la gente sin luz, sin agua (porque las bombas dejan de funcionar) y también sin Internet, es decir sin acceso a la información.

Las redes sociales son una suerte de torre de babel. Si hubiese medios nacionales de referencia fuertes y creíbles la gente tendría como contrarrestar la desinformación y las fake news. Pero al no existir, incluso los que están conectados tienden a reproducir noticias falsas por la ausencia de referentes noticiosos sólidos.

Los medios digitales que hacen una gran labor, sin duda alguna, aún no tienen una penetración genuinamente nacional en Venezuela.

¿Cómo describir el periodismo que se hace en Venezuela? ¿Predomina un reporterismo de resistencia? ¿Es un periodismo dependiente de las redes sociales? ¿El exilio o abandono del periodismo por parte de tres generaciones de experimentados periodistas, ha impactado en la calidad de lo que se produce?

La migración masiva también ha traído consigo la fuga de cerebros en el periodismo venezolano. Son muchos los casos de figuras relevantes que se mantienen dentro del país, y eso es importante, pero no se puede negar lo otro, la salida masiva de periodistas de Venezuela, tanto por casos de persecución política como por necesidades básicas que no podían resolver dentro de Venezuela.

Una de las tareas que hago en Venezuela es fomentar la capacitación de periodistas con la ONG Medianálisis. Si vas dos veces en un año de visita a un medio te encuentras con personal distinto en cada oportunidad. Se están haciendo varios tipos de periodismo en Venezuela. Efectivamente vemos medios digitales que se dedican a copiar mensajes de Twitter y creen que están haciendo periodismo, pero al mismo tiempo hay iniciativas de investigación y documentación que se están haciendo a pulmón, dado que además de estar en un país en crisis y caotizado, no hay información oficial a la cual apelar en casi ningún ámbito de la vida nacional.

El régimen ha desplegado un vasto manto de opacidad y ha cerrado las fuentes oficiales de información. ¿Cuál ha sido el impacto de esta realidad? ¿Los venezolanos tenemos una visión solo parcial de nuestra realidad?

La desinformación que reina en el país se debe a la censura directa ejercida contra medios y periodistas, sin duda alguna, pero también tiene origen en una deliberada política de Estado de negar información a la sociedad. Y junto a ello un discurso oficial propagandístico, que miente de forma reiterada, diría que ya sin ningún pudor.

Tenemos una visión fragmentada de lo que ocurre, sin duda incompleta incluso para quienes estamos en el ámbito de la información.

¿Qué ha pasado en estos veinte años con la reputación del periodista en Venezuela? ¿Ha sido resquebrajada por las campañas del poder? ¿O ha log rado preservar algún aprecio por parte de la sociedad?

Se ha vivido, creo, varias etapas. Pasamos de una en los primeros años del chavismo en la cual el periodista lucía como actor político. Creo que salvo excepciones aquello ha quedado atrás. Hoy los periodistas venezolanos más reconocidos, y me guío por la catarata de premios internacionales de los últimos años, están enfocados en la investigación, en el seguimiento de casos, en la cobertura de temas álgidos como corrupción y derechos humanos.

Creo que eso ha devuelto las cosas a su lugar. Ni los periodistas, ni los dueños de medios, están hoy encabezando las marchas de protesta en Venezuela, eso le corresponde a los políticos y líderes sociales.

En distintos ámbitos de la vida pública, estas dos décadas venezolanas han sido de retraso y desactualización. ¿El ejercicio del periodismo ha logrado cambiar en sus prácticas y usos tecnológicos, como en otras partes del mundo?

Hemos tenido una actualización desigual e incompleta. Esto se ha agudizado en los años de Nicolás Maduro en el poder, ya que se profundizó la crisis. Hay bastante desactualización entre medios y periodistas, y eso lo hemos podido constatar en las 5 encuestas nacionales a periodistas que ha hecho Medianálisis.

Algunos medios digitales son una suerte de burbuja ya que han logrado estar actualizados, con buena conectividad y formando a su gente, pero son la excepción, a decir verdad.

Recapitula usted un hecho del 2001, en la que una sentencia de Jesús Eduardo Cabrera acabó con el derecho a réplica establecido en la Constitución. ¿Le importa a alguien el derecho a réplica? ¿Lo defienden los gremios, lo practican los medios y los periodistas?

El derecho a réplica que fue una de las grandes banderas del gremio periodístico y de diversos actores sociales sencillamente quedó en desuso, ya a nadie parece importarle. Quedará para la historia como, entre otros factores, la inclusión de este derecho contribuyó a abortar una reforma constitucional en los años 1990.

La polarización: ¿de qué modo ha afectado el ejercicio del periodismo? ¿Ha impulsado un ejercicio propenso a “ejecuciones sumarias”? ¿A una categorización de las figuras públicas como héroes o villanos?

Honestamente creo que, en el momento actual, dentro de Venezuela, no hay una polarización tal como la vivimos en la primera década del chavismo. Diría que hay un polo propagandístico, bastante bien aceitado, que además coordina campañas en medios oficiales, medios privados afines al chavismo y redes sociales. Y en la acera de enfrente está el periodismo independiente, tanto de medios tradicionales que han logrado sobrevivir como nuevos medios digitales con musculo profesional, fundados y/o conducidos por periodistas reconocidos.

Y, además, ha aparecido un tercer factor, de medios y periodistas con una línea que buscan debilitar al liderazgo que en este momento encarna Juan Guaidó.

Destaca usted la contribución que han hecho algunas organizaciones para documentar la devastación del periodismo en Venezuela. ¿Podría hablar de ello? ¿Contarnos, además, de la iniciativa Medianálisis?

Este libro se ha hecho gracias a que persiste un esfuerzo civil, ciudadano, por documentar y registrar lo que ha acontecido en estos años. El valor agregado que tiene mi libro ha sido rescatar historias emblemáticas de censura en estos años y organizarlas por cada año del chavismo en el poder. Y, además, partiendo de los documentos recopilados por las ONG pude hacer una cronología mínima de la censura en Venezuela en 20 años de chavismo en el poder, entre 1999 y 2018.

Particularmente me fueron muy útiles los informes del Programa Venezolano de Educación y Acción en Derechos Humanos (PROVEA), entidad con la que colaboré como investigador de su informe anual por más de una década; asimismo los informes temáticos y anuales del Instituto Prensa y Sociedad Venezuela y los reportes anuales de Espacio Público, cuya metodología inicial ayudé a construir con Carlos Correa por allá por 2002.

Tras mi paso por estas organizaciones, ya que también fui cofundador del IPYS Venezuela, tenía la inquietud de ampliar la discusión pública sobre el periodismo venezolano, para introducir elementos como la responsabilidad y la calidad junto a lo que venía siendo la agenda de las ONG, que no era otra cosa que la defensa de la libertad de expresión. De esa manera surgió Medianálisis, una asociación civil que en abril próximo cumplirá 10 años.

Hoy es un equipo diverso que ha sido capaz de capacitar en estos años a más de 7.000 personas, organizar casi 100 talleres de mejoramiento profesional y generar más de 160 foros de discusión sobre el periodismo en Venezuela. Hemos logrado alcanzar 14 estados de Venezuela con nuestras actividades.

Por último: ¿son 20 años de censura o hay algo más? ¿Ha sentido que el objetivo ha sido destruir la institucionalidad de la libertad de expresión?

La censura ha sido consustancial al propósito del chavismo de perpetuarse en el poder. No podríamos entender, por ejemplo, la permanencia de Nicolás Maduro teniendo tantos factores en contra para la prolongación de su presidencia, si no contemplamos a la censura, la desinformación y la mentira como parte medular de su estrategia.

Maduro ha logrado, gracias a la censura, sacar de la radio y la televisión a las figuras de la alternativa democrática. Y gracias a ello avanzar en su proyecto autoritario. Creo, dolorosamente, que mientras el chavismo ejerza el poder habrá censura. * 20 años de censura en Venezuela (1999- 2018).

Andrés Cañizales. Editorial Alfa. Venezuela, 2019.

 

Ecuación de la censura: Intimidación más persecución – Venepress – 8 de Enero 2020

De acuerdo con Espacio Público, en el mes de diciembre se registraron 17 violaciones a la libertad de expresión

Ecuación de la censura: Intimidación más persecución

 

En diciembre de 2019 hubo al menos 17 violaciones a la libertad de expresión con 13 víctimas, segúnEspacio Público. Además, los cuerpos de seguridad y funcionarios del Estado representaron 90% de los victimarios, y la intimidación fue el hecho más frecuente – con seis casos –  seguido de los cuatro casos de restricciones administrativas y tres casos correspondientes a la censura.

La migración de los medios tradicionales al internet es más frecuente en Venezuela con el fin de garantizar su permanencia y alcance; a pesar de que los servicios de conectividad en el territorio también son limitados.

El Estado en contra de la libertad de expresión

El mecanismo de censura e intimidación es la forma en que el régimen pretende callar las opiniones inconformes a su administración:

► El 21 de diciembre el periodista y Víctor Ugas fue detenido junto al diputado opositor Gilber Caro por funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana.


► El tres de diciembre a las afueras de la Asamblea Nacional, el conductor del programa Zurda Kondukta que transmite por Venezolana de Televisión, Luis Hugas agredió al reportero del portal digital Venepress Fernando Tineo mientras el presidente del Parlamento Juan Guaidó rendía declaraciones.

Venepress@venepress

Luis Hugas agredió a nuestro periodista @fertineo en la Asamblea Nacional @CNPCaracas @sntpvenezuela

Video insertado

► El 18 de diciembre funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) allanaron la sede de los medios de comunicación Venepress y Telecaribe, acción que desencadenó en el cierre de sus oficinas.

Luego del cierre de un medio y el acoso a opositores, Nicolás Maduro apoyó a las FAES – Infobae – 20 de Diciembre 2019

El dictador venezolano aseguró que hay “una campaña mundial, financiada por los Estados unidos para que eliminemos” al escuadrón de la muerte cuyos miembros son señalados como los ejecutores de la mayoría de las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen

Foto: REUTERS/Manaure Quintero

Foto: REUTERS/Manaure Quintero

Luego de una semana en el que el régimen que comanda cerrara un medio y continuara con su acoso a dirigentes opositores, el dictador venezolano Nicolás Maduro reiteró su apoyo a la Fuerza de Acción Especial de la Policía Nacional Bolivariana (FAES), el escuadrón de la muerte cuyos miembros son señalados como los ejecutores de la mayoría de las violaciones a los derechos humanos cometidas en el país.

Ha habido una campaña mundial contra la FAES, financiada por Estados Unidos, una campaña para que la eliminemos“, expresó en el marco de un acto por el aniversario de la Policía Nacional Bolivariana. En concreto, el dictador apuntó contra el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, quien el 13 de diciembre instó a la Corte Penal Internacional a a investigar “de inmediato” la tortura a opositores a la dictadura en Venezuela con apoyo de agentes cubanos, que según dijo se recrudeció en 2019.

“Vimos la semana pasada al desgraciado de Almagro hablando contra el FAES. Financia a ONGs para que hablen contra el FAES. Es una campaña financiada y dirigida por los enemigos de la patria. Aquel policía que se coma la luz, ya sabe, pero el FAES debe ser respetado y debe continuar”, expresó.

De manera sigilosa, sin grandes operativos y con agentes anónimos -van siempre con la cara cubierta- se ocuparon de sofocar cualquier protesta en los barrios más pobres del país.

De manera sigilosa, sin grandes operativos y con agentes anónimos -van siempre con la cara cubierta- se ocuparon de sofocar cualquier protesta en los barrios más pobres del país.

La disolución del escuadrón de la muerte está en el centro del informe elaborado por la oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos, Michelle Bachelet, respecto de la situación en Venezuela. En una ampliación del documento original -que había sido publicado en julio- la Alta Comisionada señaló que su organismo “ha seguido documentando casos de posibles ejecuciones extrajudiciales cometidas por miembros de las FAES en algunas zonas del país”.

A este respecto, hizo referencia a información recibida de la ONG Monitor de Víctimas que identifica 57 nuevos casos de presuntas ejecuciones cometidas solo en julio en Caracas.

“Estos casos documentados revelan el mismo patrón identificado en mi informe de julio y demuestran la falta de mecanismos de protección efectiva para los testigos y familiares de las víctimas”, denunció Bachelet. También lamentó que en vez de seguir las recomendaciones del informe, el chavismo haya “recibido apoyo al más alto nivel del Gobierno”. Maduro confirmó expresamente su voluntad de ir en contra de los pedidos del cuerpo multilateral: anunció que el régimen va a “fortalecer, expandir y profesionalizar” al FAES.

También anunció que la próxima semana dará inicio a una nueva misión llamada “cuadrantes de paz”, e indicó que su objetivo será “consolidar la seguridad, la convivencia y armonía entre todos los venezolanos”.

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet

El grupo FAES es una herramienta diseñada por el propio Maduro. La creó en julio de 2017, cuando enfrentó un aumento de una delincuencia violenta por el colapso de la economía petrolera de Venezuela. La fuerza fue promocionada por las autoridades como un medio para detener la ola de criminalidad. En cambio, según políticos de la oposición y ex partidarios de Maduro, el escuadrón FAES se convirtió en un medio de control social en los barrios pobres del país, sacudidos por una crisis alimentaria y el desempleo, donde las redes criminales podrían provocar agitación y amenazar la hegemonía del gobierno. El objetivo, en palabras de un ex miembro del gobierno de Maduro, es infundir miedo y evitar que las calles de Venezuela engendren una nueva oposición política.

Las declaraciones de Maduro cierran una semana en la que el régimen cerró Venepress, un medio de comunicación, por la fuerza, y le quitó la inmunidad a cuatro diputados de la oposición.

El cierre de VenePress, ubicado en Caracas, tuvo lugar luego de una orden librada por fiscal 73 provisorio del Ministerio Público, Jean Karin Lopez Ruiz. El medio acusado por el régimen chavista de los presuntos delitos de legitimación de capitales, terrorismo y asociación para delinquir.

Por la mañana, funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) ingresaron a las oficinas de la agencia de noticias, donde permanecieron durante horas hasta que se resolvió su cierre. Los agentes chavistas ingresaron al lugar portando armas largas, en el barrio Las Mercedes, zona en la que están ubicadas varias embajadas.

En tanto, el lunes la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) chavista suspendió la inmunidad de cuatro diputados opositores venezolanos acusados de rebelión civil, traición a la patria, conspiración, instigación a la insurrección concierto para delinquir y usurpación de funciones.

Poco después, la la Asamblea Nacional (AN, Parlamento) modificó su reglamento para permitir a los diputados que se encuentran exiliados o en la clandestinidad por la persecución del régimen de Nicolás Maduro votar de forma virtual. Pero un día después el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela anuló la norma, abriendo de ese modo una nueva pugna jurídica entre la dictadura y la oposición.

Libertad de prensa en Venezuela, ¿una utopía? por Victoria De Sousa – Venepress – 19 de Diciembre 2019

El cierre de Venepress nos hace cuestionarnos si informar en el país suramericano será un asunto de vida o muerte

Libertad de prensa en Venezuela, ¿una utopía?

La libertad de expresión, prensa e información se han visto amenazadas durante los últimos años en Venezuela.

Cada vez son más los medios que se despiden de sus lectores. Son más los canales que le dicen adiós a su público. Cada vez es mayor el temor que le tiene el gabinete de Nicolás Maduro a la prensa libre y al trabajo periodístico que, con esfuerzo, compromiso y responsabilidad, hacen los trabajadores de la prensa en el país suramericano.

Acciones radicales como cerrar un medio o sacar del aire a un canal informativo solo deja ver una herida de la administración madurista porque sabe que, en realidad, su mayor rival es la verdad; y esta va de la mano con la labor periodística.

Esta semana fue Venepress, la siguiente, ¿quién será?

Sin embargo, hay un historial bastante extenso de antecedentes de Nicolás Maduro y su arremetida contra losmedios de comunicación en Venezuela.

No podemos dejar de mencionar RCTV, CNN En Español, NTN24 y CNB (102.3 fm). Todas y cada una de estas plataformas destinadas a llevar la verdad a los venezolanos y mantenerlos informados sobre las cosas que en su país ocurren.

RCTV

El canal que había acompañado a los venezolanos por más de 50 años se despidió un 28 de mayo de 2007. El expresidente venezolano, Hugo Chávez, había decidido no renovarle la concesión. Ahora sería Tves quien estaría presente en el canal 2.

“No habrá nueva concesión para ese canal golpista de televisión que se llamó Radio Caracas Televisión. Se acaba la concesión, ya está redactada la medida, así que vayan preparándose, apagando los equipos. No se va a tolerar aquí ningún canal de televisión que esté al servicio del golpismo, contra el pueblo, contra la nación, contra la independencia nacional. Venezuela se respeta, aseveró Chávez.

Como siempre la excusa para no tolerar la difusión de la verdad era el golpismoy la falta de nacionalismo.

Manifestaciones y protestas acompañaron todo este proceso. N o obstante, nada fue suficiente para detener esta despedida.

No vendimos nuestra línea editorial, aseguró Marcel Graniel, presidente del canal. Dijo que la decisión demostró el carácter autocrático de un Gobierno que le genera temor la opinión, la inteligencia y la libertad.

Esta decisión está dictada por el miedo y sustentada en el abuso de poder, que es la principal fuente de maldad, expresó.

En la actualidad, la familia que fue –y sigue siendo- RCTV asegura que nos vemos en democracia.

CNN En Español

En 2017, el gobierno venezolano ordenó a los proveedores de señal por cable sacar a CNN en Español del aire. Esto ocurrió días después de que el medio difundiera una investigación sobre la presunta emisión fraudulenta de pasaportes, visas e identificaciones venezolanas.

Delcy Rodríguez, quien para el momento era la canciller del país, señaló a la cadena de liderar lo que calificó como una operación mediática imperialcontra Venezuela por la emisión de la investigación Pasaportes en la sombra.

La Comisión Nacional de Telecomunicaciones de Venezuela acusó al canal de calumnias y distorsiones y dijo que la cadena estaba violando los derechos de libertad de expresión resguardados por laConstitución.

Según el Gobierno, el trabajo de investigación de los pasaportes puso en riesgo la paz y la estabilidad democrática de nuestro pueblo venezolano, ya que los mismos generan un clima de intolerancia.

NTN24

En 2014, durante una de las jornadas de protestas que se registró ese año, el canal colombiano de noticias NTN21 fue eliminado de la grilla de canales que ofrece DirecTV a Venezuela.

La información fue confirmada por el director del canal, Johnattan Bilancieri, quien por medio de Twitterse adelantó a los hechos y aseguró que “la censura de los medios digitales es la próxima parada de este tren rojo hacia el retroceso”.

Al enterarse de la decisión, Idania Chirinos, jefa de contenidos del canal, se despidió de sus televidentes en Venezuela.

“Muchos de ustedes saben que soy venezolana. Ejercía yo el periodismo en la radio y me tocó narrar lo que fue la caída de la señal. Fue un momento doloroso ver perder una señal de 50 años”.

“Nunca pensé que años después, trabajando fuera de mi país, en otra cadena de televisión diferente, también me tocaría narrar y vivir el momento de ver una señal de televisión caída”, lamentó.

Circuito Nacional Belfort (CNB – 102.3 fm Caracas)

En 2009, Conatel decidió retirar la concesión a 34 emisoras radiales. Entre estas se encontraba el CNB, que transmitía Aló Ciudadano por radio. Se trataba de un programa que cuestionaba sin temor al Gobierno y su penumbrosa gestión para el momento.

Fueron los periodistas Beatriz Adrián y William Echeverría quienes transmitieron los últimos minutos al aire.

Echeverría, quien funcionaba como presidente del Colegio Nacional de Periodistas, aseguró que “aquí pueden cerrar una emisora de radio, pero no pueden cerrar el pensar distinto”.

Más de 1.000 violaciones de la libertad de prensa se registraron entre enero y noviembre en Venezuela – El Nacional – 7 de Diciembre 2019

Representantes del Colegio Nacional de Periodistas señalaron que hay trabajadores de la prensa detenidos que son víctimas de torturas

Libertad de expresión, libertad de prensa en Venezuela

En al menos 1.100 veces la libertad de prensa en Venezuela se vio vulnerada entre los meses de enero y noviembre de este año. La cifra corresponde a datos manejados por el Colegio Nacional de Periodistas, difundidos este viernes.

Representantes del CNP resaltaron que el año 2019 estuvo marcado por la agudización de la crisis política, social y económica, situaciones que afectaron a los trabajadores de la prensa en el país, reseñó Voz de América.

Una vocera resaltó los momentos dramáticos que vivieron los periodistas, que han sido víctimas de la persecución por parte del régimen de Nicolás Maduro por ejercer el derecho y la responsabilidad de informar sobre lo que sucede en Venezuela.

Señaló que hay profesionales de la prensa que se encuentran detenidos, además de las denuncias de casos de torturas de los que han sido víctimas. «Una acción despiadada contra la libertad de prensa», agregó.

La prensa en Venezuela se ha visto fuertemente vulnerada bajo el régimen de Nicolás Maduro. Los organismos de seguridad del Estado en reiteradas ocasiones agreden a los periodistas que cubren protestas por los servicios básicos o demandar un nuevo gobierno.

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