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Hay una negociación secreta en Venezuela y nadie dice nada. ¿Quién la propuso? por Juan Carlos Zapata – ALnavío – 14 de Mayo 2019

Primero fue un secreto. Luego un susurro. Y acaba de ser asomado el dato en una televisora en Caracas. Lo dijo el periodista Vladimir Villegas en el programa ‘Contraste y Controversia’ que se estrenó por Globovisión. Villegas señaló que “existen personas ligadas “a los partidos “Voluntad Popular y Primero Justicia que pretenden negociar con el Gobierno de Nicolás Maduro” con el fin de “buscar una solución al conflicto político que vive Venezuela”.
Se trataría de una iniciativa del jefe de Voluntad Popular, Leopoldo López / Foto: captura
Se trataría de una iniciativa del jefe de Voluntad Popular, Leopoldo López / Foto: captura

Desde hace varios días ronda la especie en medios diplomáticos. Se habla de un equipo de cuatro personas. Dos en representación de Maduro y dos en representación de un sector de la oposición. Por Maduro, el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, y el gobernador del estado MirandaHéctor Rodríguez. Por la oposición, se señala al exministro del gobierno de Carlos Andrés PérezFernando Martínez Mottola y al exdiputado, Gerardo Blyde.

La primera novedad es que en el proceso aparece un equipo de mediadores de Noruega, conformado por figuras del más alto nivel de este país. Negociadores con experiencia. Que estuvieron involucrados en los diálogos en La Habana que culminaron en los acuerdos entre el gobierno de Colombia y las FARC.

Se habla de un equipo de cuatro personas. Dos en representación de Maduro y dos en representación de un sector de la oposición. Por Maduro, el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, y el gobernador del estado Miranda, Héctor Rodríguez. Por la oposición, se señala al exministro del gobierno de Carlos Andrés Pérez, Fernando Martínez Mottola y al exdiputado, Gerardo Blyde

La segunda novedad es que se trataría de una iniciativa emprendida por el jefe del partido Voluntad PopularLeopoldo López. Y llama la atención que los contactos habrían comenzado antes de la fallida jugada político-militar del 30 de abril. Inclusive, que el equipo noruego ya hizo un primer viaje a Caracas. Si esto es así, ¿cómo es que se produce el 30 de abril? ¿Por qué se avanzó en esta operación? Quienes comentan el asunto, arrecian las críticas hacia López debido a su participación en el 30 de abril, y la manera como estaría encarando esta nueva movida.

Llama también la atención el secretismo. Es cierto que para que las negociaciones avancen hay pasos que tienen que darse en estricto secreto, como puede ser esta fase, en la que todo estaría comenzando. Sin embargo, la iniciativa ni siquiera proviene de Juan Guaidó, informan fuentes del partido Voluntad Popular al que también pertenece el Presidente Interino, sino del propio Leopoldo López. Los otros partidos, no estarían informados y mucho menos involucrados. Se han enterado. Y como se enteran, también comentan la especie. Una fuente conocedora de experiencias de negociación, apunta que en esta fase las partes no han arribado a temas específicos, y que aún se encuentran definiendo aspectos de metodología.

Llama también la atención que los contactos y la potencial negociación que derive de ellos, sean promovidos por la dirigencia o los dos partidos que hicieron más por la ruptura de lo que se había alcanzado en las mesas de diálogo de República Dominicana. Eran, por lo demás, negociaciones que se desarrollaban con la participación del conjunto de las fuerzas opositoras. Pero, como suele suceder y ha sucedido en toda esta larga crisis venezolana, los celos y recelos abortan experiencias. Entonces, se procede a ejecutar una suerte de derecho de veto. Que como no fui yo quien comencé tal iniciativa, pues esta tiene que fracasar.

Vale destacar que si algo puso en evidencia los hechos del 30 de abril es que hay sectores de la Fuerza Armada y del régimen de Maduro dispuestos a negociar. El propio Maduro, en esta reciente crisis, que arrancó el 10 de enero con su juramentación para un periodo presidencial que más de 50 países no reconocen, no ha dejado de señalar la necesidad de volver a la mesa de diálogo. Propuesta que ha encontrado un solo eco en la oposición: que el diálogo solamente sirve a los intereses de Maduro de ganar tiempo. Y la crítica más dura es, por cierto, de los partidos Primero Justicia y Voluntad Popular. Por tanto, hay que preguntarse: ¿Y cómo es que ahora se plantea esta nueva posibilidad? Por lo dicho líneas arriba, de que la que vela es mi iniciativa y no la de otros.

Pero también puede ser que los actores de la ruptura se hayan percatado de que hay que optar por la carta de le negociación. Y ello conduce a estas preguntas:

¿Es el reconocimiento de que la ruta planteada para el cese de la usurpación no dará resultado?

¿Es el reconocimiento de que la Fuerza Armada no abandonará a Maduro?

¿Es el reconocimiento de que no habrá intervención militar?

¿Es el reconocimiento de que el pueblo venezolano no se inclina por la confrontación?

¿Es el reconocimiento de que no son suficientes las sanciones para quebrar al poder madurista?

Aireada la cuestión en público, alguien tiene que aclarar si hay negociaciones en marcha. Y en qué consiste esta iniciativa distinta, por ejemplo, a la del Grupo de Contacto promovida por la Comunidad Europea que, por cierto, enviará en los próximos días una delegación a Caracas. Las fuentes también informan que Washington ha sido informado debidamente de la nueva propuesta. Hay estrechos vínculos, por ejemplo, entre expertos internacionales de negociación que establecieron el nexo con el equipo noruego, y los actores principales para el caso Venezuela de la Administración Donald Trump, como Elliott Abrams.

Guaidó se reúne con Leopoldo López en la residencia del embajador español en Caracas – El País – 14 de Mayo 2019

El ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, califica la visita de “encuentro rutinario” y la enmarca en la habitual ronda de contactos del embajador

Juan Guaidó, este sábado en una manifestación en Caracas.
Juan Guaidó, este sábado en una manifestación en Caracas. UESLEI MARCELINO REUTERS

Juan Guaidó y Leopoldo López se vieron el domingo en la residencia del embajador español en Caracas en el que supone el primer encuentro desde la liberación del líder opositor de su arresto domiciliario. La reunión, adelantada este lunes por Newtral, había sido desmentida de forma categórica por el entorno del rival de Nicolás Maduro. Finalmente, el ministro español de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, confirmó desde Bruselas que la cita se produjo, aunque la calificó de “encuentro rutinario” en el marco de las actividades del máximo representante diplomático de Madrid en Venezuela, Jesús Silva.

Hace diez días Borrell prohibió expresamente a López convertir las dependencias diplomáticas en “un centro de activismo”. Ocurrió después de que López improvisara unas declaraciones a medios de comunicación, escoltado por agentes de la Policía Nacional, en la puerta de la vivienda del embajador.  “Claro que van a venir más movimientos del sector militar”, dijo entonces. Nuestro llamado es a todos los militares, todos los civiles para que contribuyamos con nuestra responsabilidad a contribuir con el cese de la usurpación”. El opositor, que llevaba en arresto domiciliario desde julio de 2017, se había acostumbrado a recibir en su domicilio distintos tipos de visitas. También aludió a encuentros con cargos de las fuerzas armadas y de la policía.

El propio Maduro culpó de la operación del 30 de abril al exjefe de la inteligencia, el general Manuel Ricardo Cristopher Figuera, que abandonó el país y actualmente se encuentra en paradero desconocido. Según su versión de los hechos, este alto cargo chavista “había sido captado por la CIA desde hace más de un año y trabajaba como topo”. Según distintas fuentes internas de la oposición, la liberación de López se precipitó por temor a que el régimen descubriera el plan. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, y el jefe de la Guardia Presidencial, Iván Hernández Dala, estaban al tanto de los preparativos. No obstante, sugirió Maduro, actuaron como agentes dobles y una semana antes le avisaron de lo que estaba pasando.

30 de abril ¿un traspiés definitivo? por Vladimir Villegas -Venepress – 13 de Mayo 2019

1535980168_Vladimir_Columna.jpgTiende a parecerse muchísimo a una película ya vista varias veces, y cuyo final no ha sido otro que frustración, desaliento y desesperanza

Quizás es muy prematuro hacer un inventario de activos y pasivos derivados de los hechos   acaecidos el pasado 30 de abril de 2019. Pero algunas conclusiones saltan a la vista, sin mayores análisis, y todo apunta a que, pese  a que sus grietas internas quedaron en evidencia, el gobierno de Nicolás Maduro, no obstante el amplio rechazo nacional que concita, ganó este round, como se dice en el boxeo.

Esta acción llevada a cabo con efectivos militares y algunos líderes civiles, encabezados por Leopoldo López, apenas fugado de su arresto domiciliario, fracasó a las primeras de cambio, derivó en el mismo ciclo de violencia, represión, persecución e incluso muerte de manifestantes que ya hemos visto en situaciones recientes y no tan recientes. Aparentemente el gobierno fue sorprendido por la acción realizada en el Distribuidor Altamira, y que había sido anunciada, incluso por dirigentes opositores como ” la toma de la base militar de La Carlota”.

Fue una derrota en lo militar porque el pequeño componente verde oliva que acompañó esa acción rebelde terminó en temprana desbandada hacia algunas embajadas, y no tuvo ningún respaldo en las filas castrenses. Y fue una clara derrota política, porque importantes líderes también se refugiaron en sedes diplomáticas o  salieron del país,  y adicionalmente porque no hubo acompañamiento popular como se lo esperaban los líderes  civiles presentes. Y, salvo que se pueda revertir, la capacidad de movilización ha quedado severamente golpeada por el traspiés del 30 de abril. Como muestra un botón. La concurrencia a las actividades convocadas después del intento de golpe, rebelión o alzamiento ha mermado sensiblemente.

Por si fuera poco, la detención de Edgar Zambrano, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional,  y el irregular procedimiento de desconocimiento de su inmunidad parlamentaria y de la de otros diputados, es otra mala noticia para el país opositor. El gobierno avanza una vez más gracias a una acción política animada por el inmediatismo, por protagonismos excesivos y fuera de lugar, y sobre todo por la subestImación del chavismo- madurismo gobernante.

Se apostó una vez más a acciones vanguardistas que ya en el pasado se tradujeron en auto goles difíciles de remontar.  No digo que este vaya a ser el caso de hoy. Pero Fracas, y siempre se termina aterrizando en la idea de que el camino es procurar acciones “que resuelvan esto de una buena vez “.

Y así nos encontramos de nuevo con la promesa de soluciones rápidas. Y los mismos que planificaron y lideraron  el fracasado intento del 30 de abril insisten en dar puerta franca a una posible intervención militar.  ¿Si no han asumido la responsabilidad del fracaso de hace apenas dos semanas están dispuestos a asumir los costos humanos, políticos y sociales de una acción de esa naturaleza?

¿ Y los que en el campo opositor se oponen a la intervención militar y cuestionan la “parada” del 30 del mes pasado alzarán su voz en publico o seguirán siendo rehenes de sus cálculos políticos, y fiadores de una línea en la cual sólo son relleno de segunda o tercera categoría?

Estamos en un momento crítico. La absoluta mayoría del país quiere cambio de gobierno y de modelo político. No tengo ninguna duda de eso. Juan Guaidó ha capitalizado el descontento. De eso tampoco tengo duda. De lo que sí dudo es en cuanto a la forma como administra su capital, y las implicaciones que de ello se deriven . Después de tanto apoyo popular no es muy acertado aparecer amarrado a una estrategia que coloca la opción militar, interna o externa , o ambas inclusive,  como vía casi exclusiva para producir el cambio que Venezuela demanda.

Los hechos del 30 de abril reavivaron la vocación represiva del gobierno, que ahora ha encontrado el argumento adecuado para terminar de desactivar la Asamblea Nacional, acorralar al liderazgo opositor y dedicarse a lo único que se ha dedicado en los últimos tiempos, a mantenerse en el poder más que a gobernar. El retorno del antiguo director del SEBIN, Gustavo González López , es otra consecuencia de la fracasada “intentona”.

¿Habrá espacio para que tome oxigeno una opción de negociación como la que promueve el llamado Grupo de Contacto? ¿O viene, ahora sí, el anunciado lobo de la intervención, temido por unos y deseados por otros?  ¿O la oposición liderada por Guaidó entrará nuevamente en un chinchorro, como ocurrió en distintas coyunturas recientes o no tan recientes y Nicolás Maduro logrará su objetivo por ahora y quien sabe por cuanto tiempo más?

Son preguntas sin respuestas precisas. Lo único seguro es que el país se sigue deteriorando y su gente empobreciéndose cada vez más, producto de las políticas de un gobierno que es más exitoso y diligente cumpliendo sus amenazas que cumpliendo sus promesas, y en medio de restricciones económicas adicionales producidas por sanciones internacionales que con el paso de los días pueden ser más severas. ¿Vamos bien?   Ni de vaina.

Failed Venezuela Uprising Benefits Armed and Criminal Groups by Venezuela Investigative Unit – Insight Crime – 8 de Mayo 2019

The landscape of Venezuela’s social conflict has grown even more complicated a week after the failed uprising led by Juan Guaidó. This continued descent into state-sponsored anarchy has only favored armed and criminal groups who act with increasing impunity.

On April 30, a group of soldiers of the Bolivarian National Armed Forces (Fuerza Armada Nacional Bolivariana – FANB) rebelled, led by Juan Guaidó, president of the National Assembly and sworn in as interim president of Venezuela, and Leopoldo López, head of the Voluntad Popular party. One notable figure who joined the rebellion was General Manuel Cristopher Figueroa, the now ex-director of the Bolivarian National Intelligence Service (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional – SEBIN), the political police charged with persecuting and torturing Maduro’s opponents.

The armed rebels progressed along one of the main streets of Caracas, calling on civilians and the security forces alike to join their cause. While this call did not receive the backing it sought, it nevertheless showed a continuing weakening of the military establishment surrounding Maduro.

Repression against demonstrators was swift, with at least five people killed over two days in Caracas and the state of Aragua. Videos circulated on social media showed that clashes involved “colectivos” (paramilitary groups linked to Maduro) and agents from the judicial and preventive police forces, who were not known to have taken part in such repression before.

In the days since the uprising, other acts of violence and murders have been carried out by a range of criminal groups, including colectivos, “pranes” (prison gangs) and mega-gangs.

A shootout near the Simón Bolívar bridge that connects Táchira with Colombia; the murder of an air force general and five other officers in Aragua, seemingly ordered from a prison gang at the Tocorón penitentiary; and a confrontation between rival mega-gangs in the state of Sucre, which left eight dead and 14 injured, top the list of recent incidents.

Nobody has been arrested or charged in relation to these incidents. Criminal groups continue to enjoy almost unlimited impunity while Maduro has only intensified the repression and persecution of his opponents.

InSight Crime Analysis

The failed attempt to overthrow Maduro has exposed something more dangerous than the president losing control of the military: how Venezuela could descend into armed civil conflict and the role criminal groups could play in such violence.

Venezuela is already the most violent country in the region, with a rate of 81.4 homicides per 100,000 inhabitants, and one of the most dangerous in the world. However, the role of armed groups and criminal organizations has begun to blur with state functions, and violence is rising steadily as a a consequence.

“While the FANB has been weakened, criminal groups have been strengthened. Nobody is going after them or accusing them of anything. They have immunity, they are above the law. They exercise territorial control,” Venezuelan security expert Alberto Ray told InSight Crime.

Members of armed groups who robbed and attacked members of the public in the state of Lara were detained by security forces but immediately released. Worse, the police officers who arrested them were subsequently sanctioned and dismissed from their jobs by regional officials close to Maduro.

“We are seeing the privatization of spaces [traditionally occupied by the state] to criminal groups, without security forces and the military doing anything about it,” said Ray.

The colectivos, present nationwide, are paid off to “defend the Revolution” but have also essentially been given carte blancheto develop criminal economies.

Colombian guerrilla groups, such as the National Liberation Army (Ejército de Liberación Nacional – ELN) and the dissidents of the Revolutionary Armed Forces of Colombia (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC), are now present in over half of Venezuela, finding a safe haven and a staunch ally in Maduro.

This panorama is completed by the dysfunctional actions of the security forces, as the Venezuelan army has trained ELN guerrillas to launch high-powered missiles, according to Bloomberg.

5 factores por los que Maduro todavía no apresa a Guaidó por Zenaida Amador – ALnavío – 7 de Mayo 2019

Los hechos del 30 de abril volvieron a encender los reflectores sobre Venezuela. Juan Guaidó, en compañía de Leopoldo López y de varios militares activos, se plantó en las calles de Caracas a exigir el cese de la usurpación de la Presidencia, creando así un nuevo sobresalto en la rutina operativa que Nicolás Maduro intenta imponer en sus más de 100 días de gobierno ilegítimo. Era de esperarse que de inmediato Maduro mostraría su fortaleza y comenzaría la persecución de Guaidó, pero nada ha pasado. ¿Por qué?
Maduro ya ha actuado contra miembros del entorno de Guaidó / Foto: @NicolasMaduro
Maduro ya ha actuado contra miembros del entorno de Guaidó / Foto: @NicolasMaduro

Cuando Juan Guaidó asumió las facultades ejecutivas de la nación el pasado 23 de enero se convirtió en la figura que le hace contrapeso a Nicolás Maduro. Emergió como el rostro de la oposición hasta entonces fragmentada y como la personalización de una opción para Venezuela, lo que llevó a muchos a creer que sí es posible un cambio. Frente a este brote de fuerza se esperaba el inminente contraataque del régimen de Maduro, que necesita neutralizarlo políticamente y acabar con su efecto catalizador sobre la ciudadanía. Pero la respuesta ha sido lenta.

La cárcel lucía como el destino inmediato de Guaidó. No hay que olvidar que este ha sido el mecanismo preferido por Maduro para neutralizar liderazgos opositores. Desde 2013, cuando llegó a la Presidencia, el número de presos políticos pasó de 13 a 900 en la actualidad.

El régimen de Maduro ha actuado contra otros líderes opositores y miembros del entorno de Guaidó, como es el caso del diputado Roberto Marrero, pero -salvo por algunos asedios y actos puntuales de amedrentamiento- sigue sin asestarle el golpe directo, ni siquiera tras los hechos de este 30 de abril.

Y aunque el riesgo está allí, siempre presente, eso no impidió que Guaidó saliera del país, hiciera una gira internacional con tratamiento de Jefe de Estado, reingresara al territorio en un vuelo comercial pasando los controles de migración sin problemas y que, casi a diario, haga apariciones en actividades públicas en Caracas o en otros estados del país.

El régimen de Maduro ha actuado contra otros líderes opositores y miembros del entorno de Guaidó, como es el caso del diputado Roberto Marrero, pero -salvo por algunos asedios y actos puntuales de amedrentamiento- sigue sin asestarle el golpe directo, ni siquiera tras los hechos de este 30 de abril.

En este sentido cobran vital importancia los siguientes factores:

1-El respaldo internacional a Guaidó

Este es uno de los factores que frena cualquier acción en su contra. Varios países, comenzando por Estados Unidos, han exigido que se garantice su libertad y seguridad. “El mundo está mirando”, llegó a decir Jeremy Hunt, ministro de Exteriores del Reino Unido.

El temor ha sido tal que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares de protección a favor de Guaidó.

La semana pasada el Grupo de Lima exigió “el pleno respeto a la vida, la integridad y la libertad de todos los venezolanos, del Presidente Encargado Juan Guaidó y de los líderes de las fuerzas políticas democráticas”, incluyendo a todos los miembros de la Asamblea Nacional .Guaidó hace apariciones en actividades públicas casi a diario / Foto: @jguaido

2-La tensión social

Más allá del respaldo extranjero está el hecho de que cualquier cosa que le pase a Guaidó podría crear las condiciones para que el descontento social y la protesta política se conecten en una situación difícil de controlar.

No hay que olvidar que el país entero es un polvorín debido a la crisis económica, el colapso de los servicios públicos, la escasez de productos básicos y la hiperinflación, lo que hace que al día se registren 70 protestas en promedio.

Cualquier cosa puede convertirse en la chispa que encienda al país y eso lo sabe tanto el régimen de Maduro como la oposición, de allí el afán del primero por reprimir toda manifestación en su contra y sembrar en la población el miedo a la protesta, mientras el liderazgo opositor llama una y otra vez a la ciudadanía a la calle a exigir sus derechos.

3-Jugada estratégica

Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), suele ser el principal vocero del chavismo en hablar acerca del encarcelamiento de Guaidó. Luego de los hechos del 23 de febrero, cuando Maduro impidió de forma violenta el ingreso de la ayuda humanitaria internacional al país, Cabello señaló que había que ponerle “los ganchos” a Guaidó. Sin embargo, aclaró que esa decisión tenía su momento. “No se desesperen”.

Ahora, tras los hechos del 30 de abril, Cabello vuelve sobre el tema. Señaló que muchos se preguntan “por qué no meten preso a Juanito Alimaña (Juan Guaidó)” y para ellos la respuesta es que, gracias a que está en libertad, “pasa el 30 de abril y salen otros traidores, eso es bueno”. Pero indicó que “la justicia va a llegar. No nos desesperemos”.

Aclaró que el martes 30 “pudimos resolver esa situación desde temprano, pero no lo hicimos porque no somos asesinos (…) Eran un blanco fácil (…) Nicolás Maduro levantó la bandera de la paz y les perdonó la vida”.

4-Ejercer presión indirecta

Al no poder ir contra Guaidó en lo inmediato la hoja de ruta planteada seguirá en línea con la estrategia de debilitar al resto de las fuerzas políticas y, de ser posible, acabar con la Asamblea Nacional, que es la única institución legítima reconocida internacionalmente.

Según Cabello, en breve dejarán sin inmunidad parlamentaria a otros diputados de la Asamblea Nacional que participaron en los eventos del 30 de abril. “Seguro levantaremos la mano para allanarle la inmunidad parlamentaria a todos los que participaron activamente en ese acto”, dijo.

Es decir, que seguirá la presión sobre el resto de los líderes opositores tratando de quebrar la alianza política que acompaña a Guaidó.

5-Las sombras internas

Las acciones del 30 de abril pusieron en evidencia las debilidades del chavismo y las fisuras dentro de la Fuerza Armada. Esto dio pie a que Maduro cambiara a los jefes del Sebin y de la Policía Nacional Bolivariana. Además, ha emprendido una gira por varios cuarteles e instalaciones militares exigiendo lealtad a la Fuerza Armada. Sin la necesaria revisión puertas adentro, acabando con las dudas y las crecientes sombras, pareciera que Maduro no podría arremeter contra Guaidó.

Desde hace mucho es sabido que hay dirigentes del chavismo, algunos de los cuales pasaron abiertamente a la disidencia, que han intentado buscar opciones que le garanticen la sobrevivencia política al movimiento más allá del estrepitoso fracaso de Maduro, mientras otros buscan vías que les minimicen los costos personales del derrumbe del régimen. No en vano Estados Unidos ha ofrecido flexibilizar medidas y sacar de la lista de sancionados a quienes faciliten la salida de Maduro.Las acciones del 30 de abril evidenciaron las fisuras en la Fuerza Armada / Foto: FANB

Los constantes señalamientos sobre negociaciones para facilitar su salida del poder adelantadas con altas figuras de su entorno, como el ministro de la Defensa, le añaden presión y le dan un piso inestable para afrontar lo que Guaidó llama la etapa final de la Operación Libertad que, según ha dicho, implica el cese de la usurpación de la Presidencia por parte de Maduro y que, según espera Leopoldo López, ocurriría “en semanas”.

En lo que respecta a su propio margen de negociación, Maduro perdió un tesoro importante. La liberación de Leopoldo López por parte de Guaidó -ocurrida el 30 de abril- lo dejó sin su principal preso político, sin la pieza de juego que personalmente podía poner sobre la mesa en momentos clave de cualquier trato.

Ahora López se encuentra en calidad de huésped en la residencia del embajador de España en Caracas, Jesús Silva, y, según los principios básicos de las relaciones consulares, el régimen de Maduro no puede irrumpir en esas instalaciones para capturarlo. Una acción de este tipo tendría consecuencias diplomáticas de alto impacto y colocaría la crisis actual en otro estadio de mayor conflictividad.

¿Qué falta para el final? por Gustavo Tovar-Arroyo – La Patilla – 4 de Mayo 2019

download¿Qué sigue?

Escribiré conciso, no porque tenga pocas cosas qué decir, sino porque ha llegado el momento de actuar, no de hablar. Los que han leído mis entregas de las últimas semanas sabrán hacia dónde vamos, qué sigue. No hay mucho que agregar ni que decir.

Es la hora de la lucha definitiva por la libertad.

¿Falló algo?

Sin tanta especulación o sospecha, hay que señalar que la liberación de Leopoldo López era necesaria. Gústele a quien le guste, el líder del partido de la resistencia venezolana, Voluntad Popular, es uno de los principales estrategas de lo que ha ocurrido este año y era fundamental que estuviera libre. Muchos lo sabemos y reconocemos. ¿Falló algo?

No, no falló nada.

¿Es lo perfecto?

La planificación salió casi perfecta. Acaso faltó un detalle que al final resultó ser positivo porque las fuerzas militares que no acudieron al llamado paradójicamente se han consolidado estos días. No puedo decir más, lo único que puedo decir es que vienen más sorpresas. Habrá una transición militar que no es precisamente la anhelada, pero permitirá al menos el cese de la usurpación y elecciones libres. ¿Es lo perfecto?

Entre lo perfecto y lo posible, lo posible: ¡Maduro se va!

¿Lo saben todo?

La irritación de la tiranía por la liberación de López es sólo comparable con el miedo que están sintiendo. El resquebrajamiento es mucho más sensible de lo que se supone. Haber logrado la fractura en el Servicio Bolivariano de Inteligencia Militar (Sebín) fue decisivo para lograr nuestro objetivo. Ellos lo saben, aunque la opinión pública no lo entienda, ellos lo saben. ¿Lo saben todo?

No, están repletos de dudas.

¿Vamos bien?

Hemos llegado hasta aquí por el desarrollo de un plan estratégico que ha funcionado eficazmente, ya lo he dicho antes: no estamos improvisando. Sin duda, pese a que al principio algunos guardábamos cierto escepticismo por los resultados, éstos han sido infinitamente superiores a lo que jamás supusimos. ¿Vamos bien?

Sí, mucho.

¿Y el pueblo?

Más de sesenta países del mundo reconocen a Guaidó como presidente, entre ellos nada más y nada menos que Alemania, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Brasil, Colombia, España. El preso político más emblemático del chavismo, Leopoldo López, está libre, le llamaban “el monstruo de Ramo Verde”. El chavismo es aborrecido en todo el mundo, da asco. Los militares hartos desertan. El jefe del SEBIN, el brazo más despiadado y cruel de la tiranía, se rebela. ¿Y el pueblo?

El pueblo pierde el miedo y vuelve a las calles.

¿Qué falta?

Los demócratas están unidos y luchando como nunca; hay un plan integral para desarrollar al país; los partidos políticos –todos– trabajando coordinada y corajudamente en una sola dirección: la libertad; el presidente Juan Guaidó sigue intacto, inspirado, combatiendo más decididamente cada día; en todos los estados del país el pueblo protesta. Sólo falta una cosa que las armas de nuestras fuerzas armadas apunten a los usurpadores y no al pueblo.

Eso falta, eso viene.

¿Y si no?

El caos venezolano ya no es un tema sólo venezolano, es regional y mundial. El chavismo se ha convertido en una peste internacional y sus líderes en unos leprosos, nadie los quiere. Hay una coalición internacional decidida a usar las armas para acabar con Maduro. Ya eso está acordado y decidido. ¿Ustedes creen que los militares venezolanos darán su vida por un narcotraficante y sus secuaces? No, no lo harán. Por eso iremos a los cuarteles a buscarlos para que unidos hagamos que esto se acabe.

La operación libertad es ahora y es nuestra…

Loyalty in Venezuela in Times of Crisis by Carlos Alberto Montaner – Latin American Herald Tribune –

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Leopoldo López says that some generals came to his home to express some kind of solidarity. It must be true. For now, Manuel Ricardo Cristopher Figuera, the former head of the SEBIN (Bolivarian Intelligence Service), is hiding. López fled his home, where he was under house arrest, thanks to the complicity of some SEBIN members.

It is very difficult to be loyal to Maduro. He is not a serious guy. What he does best is to dance salsa with his not-so-holy wife, the narco-aunt Cilia Flores. Everyone knows that Maduro talks to the birds and suffers from severe dyslexia mixed with a mild expression of Tourette Syndrome that leads him to confuse the “loaves and fishes” with the “penises and the fishes” while addressing the “miembras” (female members) of his party.

Nobody ignores the episode of the narco-nephews or the “disproportionate” corruption of Maduro and his regime. Chavismo has stolen more than 300 billion dollars. Just walking in Venezuela is enough to notice that it is the worst governed country in the world. The blackouts, the hyperinflation, the lack of food and medicine, in one of the richest nations of the planet, can only be explained by a combination of absolute incompetence and the shameless theft of public resources.

Loyalty and obedience originate in respect or fear and Maduro is neither respected nor feared. Not only the opponents maintain that attitude. It is shared by military leaders, the regime’s apparatchiks and those people around who serve them. That’s why Maduro only trusts “the Cubans”. They made him the heir of the “eternal Commander” and they keep him in power.

It’s the same thing that happened to Hugo Chávez in April 2002, when he was forced to relinquish power. The most servile military were conspiring. It was since that episode that Chávez totally surrendered to Fidel Castro. The Cuban dictator didn’t feel respect or fear, but there was a loyalty with a price. Fidel despised him, but at the same time he needed him. After the death of Ubre Blanca, Fidel’s dairy cow, Chávez was the replacement.

Mike Pompeo does not totally lie when he says that Maduro was ready to leave for Cuba and the Russians forbade it. That, surely, was communicated by a Venezuelan high-rank source to his CIA “handler.” It was his best excuse to explain the obedience of Venezuela’s high officials toward Maduro, a man who is not feared nor respected.

However, John Bolton, the US National Security Advisor, is wrong when he says that the military will not shoot at the people. As long as the structure of command is kept, the armies are disciplined killing machines. They are trained to become that. It was evident when armored cars deliberately crushed several demonstrators.

Besides, the “Milgram and Zimbardo experiments” leave no room for doubt. Just an order from “the authority” is almost always enough to make disappear the moral judgments of those who have to fulfill the order. This sinister characteristic of human beings became evident in the concentration camps during World War II. Murder and vileness are at everybody’s reach. Armies kill and disembowel if they are forced to do it.

The phenomenon disappears when the chain of command is broken. I was able to experience it when Batista fled from power on the night of December 31, 1958. The next day, on January 1, 1959, a police patrol stopped us after a monstrous violation of traffic regulations (I and three other boys were in a car driving on the sidewalk, full of joy after the dictator’s flight). The day before we would have been shot. That day they treated us with courtesy. They respectfully recommended that we go on the street, not the sidewalk, they asked for the revolutionary bracelets and they gave us a military salute. The chain of command had broken.

President Juan Guaidó and Leopoldo López, his political boss, are right when they say that soon there will be a new military attempt, and another, and another, until Maduro comes out of power, dead or alive. They do not fear him or respect him. But to achieve this, it is very convenient that Venezuelans do not leave the streets and ignore the proposal of Padrino López (now the man from Havana): leave Maduro, but do not allow a foreign intervention. That obscene proposal would mean the permanence of the narco-dictatorship, as the analyst Jorge Riopedre points out.

La debacle por Fernando Mires – Blog Polis – 5 de Mayo 2019

Hay que decirlo, se quiera o no: los acontecimientos del 30-A dirigidos a provocar mediante un supuesto alzamiento militar un cambio de gobierno en Venezuela no solo mostraron errores técnicos u operativos como intentó formular de modo honesto Juan Guaidó ante The Washington Post. La operación misma fue un error político de monstruosas proporciones.
Puede que ese 30-A pase a la historia como el día cuando la gran debacle de la oposición venezolana apareció visible en toda su realidad. Un día que marcará un punto de inflexión que, si no es asumido oportunamente por la dirigencia opositora, correrá en la cuenta, como ha sucedido hasta ahora, de la inmensa mayoría de la noble ciudadanía venezolana.
Debacle, no derrota. La diferencia es importante. Una derrota, sea militar o política, ocurre frente a un enemigo superior. Una debacle en cambio surge como producto de un colapso interno derivado del choque que en algún momento debe tener lugar entre el mundo de la realidad fantástica y el de la realidad objetiva.
La debacle no comenzó con el casi inexistente alzamiento militar del 30-A. Ese día solo fue manifiesta. Sus orígenes provienen, para ser precisos, desde el 20-M 2018, cuando fue elegido Nicolás Maduro presidente de la república sin participación electoral de la gran mayoría de la oposición, es decir, sin necesidad de que Maduro hubiese sido obligado por nadie a usurpar el poder.
El 20-M no hubo usurpación. El 20-M fue el día de la ominosa abstención de una oposición paralizada por sus propias contradicciones, incapaz de levantar una candidatura unitaria que denunciara al régimen a partir de una participación directa en un proceso electoral viciado. De esa oposición que abrió todos los espacios políticos a un régimen anti-político en nombre de una absurda “abstención activa” de imposible realización. La auto-destrucción de la MUD, organismo unitario de la oposición electoral, fue solo la directa consecuencia de la suicida decisión del 20- M. El llamado Frente Amplio – quizás el primer frente anti-electoral del mundo- resultó solo ser un remedo universitario de esa MUD que en un extraño momento de lucidez fue capaz de conducir a la más grande victoria alcanzada por el pueblo democrático: la del 6-D, día cuando nació la nueva AN, único organismo de representación popular que existe en Venezuela, casa democrática de donde llegó el mismo Juan Guaidó.
El reciente 30-A es un hijo directo del 20-M. Esa es la razón por la cual no pocas personas no quieren, no pueden, ni deben pasar la página del 20-M. La filiación -ahora lo sabemos muy bien- comenzó a gestarse durante el épico momento de la llamada juramentación de Guaidó como “presidente encargado”.
La juramentación de Guaidó no fue solo la decisión de un líder iluminado, sino la de una fracción hegemónica de la oposición dentro de la cual VP ejerce la conducción a través de su dirigente máximo Leopoldo López. Todos los hechos ocurridos desde el 23-E llevan la marca de López y los suyos y la diferencia de estilo que se da entre el tono ponderado de Guaidó y el más exaltado de López no lo logra ocultar. El “voluntarismo de Voluntad Popular” y en parte de Primero Justicia han dictado el ritmo de la oposición democrática desde el 20-M hasta ahora.
Por de pronto la decisión de poner fin al gobierno de Maduro sin precisar los medios para llevarla a cabo contiene en sí la misma lógica de la “La Salida” de 2014. Allí también la exigencia del movimiento surgido después de la inapelable derrota electoral experimentada por la oposición en las elecciones municipales del 2013 pretendía mediante activación del movimiento de masas lograr el quiebre del estamento militar y así terminar con Maduro. Fue también ese el perfil de “la hora cero” durante las postrimerías de las movilizaciones del 2017. La del 01-M iba a ser definitivamente “La Tercera Salida”. La insurrección pura y total. La diferencia era que esta vez los militares no apoyarían el movimiento del pueblo sino el pueblo al movimiento militar. Es decir, el pueblo iba a ser sacado a las calles a cumplir una estrategia que solo un puñado de iniciados conocía
“….la oposición calculó mal el apoyo que tenía dentro del ejército” declaró Guaidó a The Washington Post,expresión candorosa si de por medio no hubiera estado en juego la vida de miles de personas. Y para rematar agregó: “Tal vez porque necesitamos más soldados”. Algo así como “fuimos a la guerra pero se nos olvidaron las balas”. Un pequeño detalle, claro está. Después, todo de mal a peor: convocatorias a “paros generales escalonados” en un país de trabajadores hambrientos, carentes de organizaciones sindicales y sobre los cuales la oposición no ejerce ninguna conducción. Y por supuesto, marchas sabatinas con cintas azules para “pedir” a los militares patriotas unirse a un movimiento que para colmo es cada vez más decreciente.
¿Cómo después de tanto tiempo los líderes de la oposición no se han dado cuenta que el de Maduro no es un gobierno civil sino militar? Más fácil es que los curas de Roma se levanten en contra del Vaticano a que las FAN lo hagan en contra de ellas mismas. Y aún si así fuera: ¿nadie sabe lo que eso significa? Nada menos que una guerra civil de resultados inciertos en donde los cadáveres serían puestos por los contingentes juveniles de la oposición. En breve, la posibilidad de una masacre sin precedente en la historia de América Latina. ¿Cómo explicar tanta irresponsabilidad? ¿Cómo explicar tanta desconexión con la realidad? ¿Cómo explicar tanta locura revestida de “planes” políticos?
“Puedo entender que un ciudadano desesperado por el entorno que lo agobia deje de creer en la política y se entregue a fantasías liberadoras. Que la clase política se niegue a sí misma y también lo haga, no lo voy a entender jamás” – escribió Adriana Moran desde Twitter-. Tiene razón, pero hay que tratar de entender lo inentendible, paso necesario para intentar restablecer un mínimo de coherencia en el discurso opositor.
La asesoría del gobierno norteamericano tiene gran parte de la responsabilidad. Y no porque estén dictando una línea sino porque dictan varias a la vez. Y a veces en un mismo día. Realmente el espectáculo que nos brindan Abrams, Bolton, Brownfield, Pompeo y Rubio, y sobre todo Trump, es, para decir lo menos, desconcertante. Un día uno anuncia que USA no intervendrá directamente. Otro que realizará el boicot total a Cuba y Venezuela. No falta quien anuncia estar en conversaciones directas con militares y no por último Trump pone “todas las posibilidades sobre la mesa” agregando no tener ningún desacuerdo con Putin. Por mientras el inefable senador Rubio da a conocer la mentira del levantamiento militar antes de que lo hiciera el propio Guaidó. Qué lejos están los tiempos de Kissinger o Brzezinsky, e incluso de Condoleeza Rice, cuando los EE UU seguían una política de acuerdo a pautas racionales y coherentes. Frente a Venezuela, los encargados de la política exterior de los EE UU se comportan como habitantes de un manicomio. Tal vez el propósito sea ese: desconcertar a Maduro. Pero lo cierto es que si a alguien han desconcertado, y por momentos paralizado, es a la propia oposición.
No obstante, el verdadero centro del problema no reside fuera sino en esa misma oposición, renuente hasta ahora a escuchar con atención otras proposiciones internacionales, entre ellas las que provienen del Grupo de Lima y de la comisión europea dirigida por Federica Mogherini. Ambas entidades se han pronunciado por una opción democrática, pacífica y electoral frente a la crisis y por supuesto a favor de negociaciones entre el régimen que encabeza Maduro y la oposición que simboliza Guaidó. Puede que para muchos integrantes de la oposición no sea la alternativa más deseable. Pero para una oposición que es política y no militar es la única posible. No hay otra. Definitivamente no hay otra.
Casi perdiendo la paciencia, en su artículo titulado ¡Basta Ya!, escribió Jean Maninat: “Si hay fuerza en la calle, si el régimen está grogui contra las cuerdas como algunos sostienen, entonces es la hora de forzar un entendimiento para lograr una salida democrática por la vía de elecciones libres, transparentes, con observación internacional. Elecciones libres ya, debería ser la consigna pintada en las paredes de las ciudades, en los pavimentos, en baños y parques, en sobremesas y desencuentros, esa debería ser la bandera que anime el nuevo período de lucha que se avecina“.
La proposición es clara. No se trata de solicitar a Maduro „elecciones libres“. Sí se trata de obligar al régimen a hacer concesiones sobre ese tema -el más crucial de todos- movilizando al máximo las fuerzas internas y el apoyo internacional.

¿Por qué ese rechazo visceral a todo lo que tenga que ver con negociación, elecciones, en fin con política? Cabe solo una respuesta. Las fuerzas hegemónicas de la oposición no son políticas. Son pre-políticas. Basta escuchar a los principales líderes de VP y a no pocos de PJ para percatarse de que muchos de ellos provienen de una cultura compartida con los propios dirigentes del chavismo. En lugar de proponer, dictaminan. En lugar de orientar, hacen proclamas heroicas. En lugar de entrar en contacto con los problemas de la gente, anuncian planes secretos que más bien parecen promociones de mercado (Operación Libertad, por ejemplo) Caen al igual que los chavistas en el culto al héroe. Imaginan que basta el llamado de un predestinado para que todos, incluyendo militares, agrupen fuerzas en su torno. Se trata en fin de la prepotencia vernácula de “los amos del valle” tan bien representadas en figuras con pretensiones épicas como son Leopoldo López y María Corina Machado. En síntesis, más que una estrategia, el nudo del problema parece residir en la existencia de una cultura política que no es de este tiempo, una que, al igual que el chavismo, vive de las alucinaciones de una ideología más bolivarista que bolivariana, aprendida en las escuelas con devoción y fe. Frente a ese muro de la sinrazón la discusión es difícil. Muy difícil. Pero hay que hacerla. Aún corriendo el riesgo de asumir inevitables rupturas.

La debacle final de la oposición ya se está anunciando. Sus consecuencias serán seguramente catastróficas. Ha llegado la hora de rectificar antes de que sea demasiado tarde. Si entre los líderes de la oposición prima todavía un mínimo de instinto de supervivencia, tendrán que abandonar el mundo mágico e ingresar de una vez por todas en las gradas de la política. La lucha por elecciones libres significa, al fin y al cabo, lo mismo que la lucha por poner fin al gobierno de Maduro. Puede ser incluso que esa lucha no tenga éxito. Pero con éxito o sin, es la única que puede acorralar a un régimen dispuesto a todo por conservar el poder. La suerte no está echada.

Un plan frustrado que agrietó al chavismo por F. Manetto /A. Mars / J. Lafuente / A. Moleiro – El País –

El movimiento para lograr una salida a la crisis de Venezuela incluía la convocatoria de elecciones y descarriló con la liberación de Leopoldo López, que irritó a la jerarquía chavista implicada y cuya precipitación critica gran parte de la oposición

Juan Guaidó, junto a Leopoldo López, se dirige a los ciudadanos el martes en Caracas. FOTOGRAFÍA: EFE / VÍDEO: EL PAÍS

Pocos esperaban esa imagen. Al alba, Juan Guaidó hablaba a la cámara y a pocos metros de él, junto a un grupo de militares, firme, Leopoldo López. El preso político más perseguido por Nicolás Maduro estaba libre después de cinco años, tres de ellos encarcelado y dos en arresto domiciliario. Ambos pedían a los ciudadanos que saliesen a las calles y a los militares que dieran la espalda al líder chavista, Nicolás Maduro. Apenas amanecía el martes 30 de abril y Venezuela se preparaba para otro día definitivo que no fue tal.

Desde que el 23 de enero Guaidó se juramentase como presidente encargado de Venezuela y fuese reconocido por más de medio centenar de países, los acontecimientos se han acelerado. La presión sobre el Gobierno de Nicolás Maduro ha sido constante, con diversos puntos de inflexión. El objetivo siempre ha sido el mismo: lograr que el alto mando militar esté dispuesto a dejar caer a Maduro. No se logró el 23 de enero, pese a que la oposición y Estados Unidos hicieron ver al resto de aliados que el reconocimiento de Guaidó como mandatario interino forzaría una quiebra en la jerarquía militar; tampoco el 23 de febrero, cuando fracasó el intento de introducir cargamentos con material médico y suplementos nutricionales por las fronteras.

QUIÉN ES QUIÉN EN LA OPOSICIÓN VENEZOLANA
¿Qué ideología tienen Juan Guaidó, Leopoldo López o Henrique Capriles? ¿Pertenecen al mismo partido? ¿En qué formación militarían en España? En este capítulo situamos a cada uno en su espectro ideológico con la ayuda de Alonso Moleiro

La posibilidad de una intervención militar se ha agitado constantemente bajo la premisa de que todas las opciones están encima de la mesa, repetida tanto por Guaidó como por Washington. No obstante, salvo en sectores radicales de la oposición y de la ya de por sí extrema Administración Trump, esta opción encontró resistencia. Si no se ha descartado ha sido, en gran medida, por mantener viva la guerra psicológica y la presión sobre la cúpula chavista.

La penetración en sectores próximos a Maduro permitió la elaboración de un plan por el que se lograba una vía institucional que propiciase su salida. Esta pasaba por una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que facilitase la convocatoria de elecciones presidenciales este año. El acuerdo contaba, según varias de las fuentes consultadas, con el visto bueno de Maikel Moreno, presidente del TSJ; el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, así como el comandante de la Guardia Presidencial, Iván Hernández Dala. Al tanto, según al menos dos fuentes, estaba también el ministro del Interior, Néstor Reverol.

Una mujer da ánimos a un soldado fiel a Guaidó durante las movilizaciones.
Una mujer da ánimos a un soldado fiel a Guaidó durante las movilizaciones. FERNANDO LLANO AP
“Artesanía muy laboriosa”

Llegar hasta ese punto ha sido una tarea ardua, “artesanía muy laboriosa”, en palabras de uno de los implicados. En el proceso han participado magistrados del Ministerio Público, militares, algunos gobernadores y empresarios, algunos de ellos vinculados con los medios de comunicación que han hecho fortuna durante el chavismo y a los que Maduro ha protegido en los últimos años.

“Todo este tiempo se fue cooptando a gente muy poderosa y de ahí tocando a gente de la jerarquía chavista”, resume una de las fuentes. Uno de los movimientos que hizo ver que el proceso era definitivo fue el visto bueno de Vladimir Padrino. El jefe del Ejército dejó claro a los implicados que no estaba dispuesto a un cuartelazo, una sublevación, pero no se opondría a una salida institucional. Dos de las fuentes consultadas aseguran que su compromiso era absoluto, si bien otras tantas difieren y sienten, a tenor de lo visto, que hizo las veces de doble agente para tumbar el plan. Padrino, con hijos residentes en Europa, encaja en el perfil de miembro del régimen al que la oposición y el Gobierno estadounidense consideran factible para lograr un Ejecutivo de transición o para favorecer su acogida en países donde ya se encuentran sus familias.

Canales diplomáticos

Con el conocimiento del Gobierno de Estados Unidos, se fueron lanzando mensajes a otros países, como Canadá, Alemania o Francia, “siempre a través de canales informales”, recalca una de las fuentes. A España, sin embargo, no se le informó de los detalles. La mayoría de las fuentes coinciden en señalar, de una u otra manera, que pese a haber impulsado en Europa el reconocimiento de Guaidó como presidente interino, el Gobierno de Pedro Sánchez no termina de generar plena confianza en la oposición, porque consideran ambigua su posición en la crisis de Venezuela. A pesar de ese reconocimiento por parte de Madrid de Guaidó y de que haya decidido acoger a López en sus dependencias diplomáticas en Caracas.

Con la presión de la calle del lado opositor y una salida forjada en la Constitución, la ejecución del plan era cuestión de días, aunque la mayoría de las fuentes niega que hubiese una fecha concreta para ello. De ahí que el martes, cuando Guaidó apareció de madrugada junto a Leopoldo López, liberado, frente a la base militar de La Carlota instando a la gente a salir a la calle y a los militares a sumarse a la ofensiva, la sorpresa fue mayúscula. La mayoría de los consultados coinciden en recurrir a una expresión muy venezolana para explicar lo que vivieron: “Nos madrugaron”. “Es incorrecto que se adelantase el plan, porque lo que ocurrió nada tenía que ver con la película que se estaba construyendo”, asegura una de las fuentes.

Por qué se precipitaron López y Guaidó aún es motivo de controversia y de versiones encontradas. En el entorno de los dirigentes de Voluntad Popular aseguran que el plan se había comenzado a filtrar. Dos días antes, Guaidó tuvo que suspender a última hora su participación en un acto en Barquisimeto, capital del Estado de Lara. El temor a ser detenidos y encarcelados —López pasó tres años en la prisión de Ramo Verde antes de que le concediesen el arresto domiciliario— les llevó, según la versión que ha trasladado su círculo, a tomar la decisión. “Es poco creíble que fueran a ser detenidos si contaban con el apoyo de los que, en el caso de López, le custodiaban y ayudaron a su liberación”, argumenta una fuente al tanto del proceso y a quien avisaron de lo sucedido poco antes de que Guaidó emitiese el vídeo con López.

Otra de las incógnitas que planea es si ambos dirigentes contaban con el apoyo de Estados Unidos. La mayoría de las fuentes aseguran que no, que fue una decisión unilateral de López, a la que Guaidó accedió por el peso que su jefe político tiene sobre él y que estuvo impulsada por Christopher Figuera, el director del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), la policía política, destituido tras los acontecimientos del martes. Los agentes de la inteligencia venezolana dibujaron a López, según el relato difundido por los protagonistas, un panorama mucho más alentador de la disposición de la cúpula del Ejército y de la alta Administración del Estado a dar la espalda al régimen. En el entorno del dirigente político, no obstante, insisten en que López no hubiese dado un paso sin el consentimiento de la Administración de Trump.

Contrarios al régimen de Maduro se enfrentan a la Guardia Nacional Bolivariana en Caracas.
Contrarios al régimen de Maduro se enfrentan a la Guardia Nacional Bolivariana en Caracas. FERNANDO LLANO AP

Gestión de los tiempos

La presencia en primera línea del presidente de la Asamblea Nacional era crucial para impulsar la ofensiva de López. Guaidó, que en los últimos meses atiende una agenda frenética, se reunió el jueves con diplomáticos europeos. El relato indica que no tuvo una participación decisiva en la operación, sobre todo en la gestión de los tiempos. “López no estaba de acuerdo con un plan que le otorgaba demasiado protagonismo al chavismo”, asegura una fuente al tanto del proceso para explicar el movimiento del dirigente de Voluntad Popular, que aseguró que había sido liberado tras un indulto de Guaidó a los presos políticos que sus custodios acataron. A diferencia de lo que ocurre con gran parte de las decisiones adoptadas por Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional, en este caso no se ha hecho público ningún documento relacionado con el supuesto indulto. En el plan acordado con los complotados chavistas, la liberación de López se daba gracias a un indulto, pero esta no antecedía el resto de pasos.

El propio Leopoldo López, refugiado en la Embajada de España en Caracas, ha reconocido que su liberación no logró los efectos esperados. Pasado el mediodía, la movilización en la calle no era masiva y la fractura en el alto mando militar nunca se dio, aunque el dirigente político ha asegurado que ese intento de quebrar la cúpula de las fuerzas armadas solo era un primer paso y que nunca se planteó como solución definitiva.

La señal más indicativa de que la operación había naufragado llegó pasadas las dos de la tarde, cuando el Gobierno estadounidense, a través del consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, decidió apuntar públicamente a las tres máximas autoridades chavistas implicadas en el plan: Maikel Moreno, Vladimir Padrino e Iván Hernández Dala. Una fuente presente en parte de las negociaciones previas con parte de la cúpula chavista señala que al nombrarlos buscaban enviar un mensaje de fuerza. Ya era demasiado tarde.

El supuesto avión de Maduro

Poco después de la intervención de Bolton, Estados Unidos redobló la presión. El jefe de la diplomacia, Mike Pompeo, aseguró que Maduro tenía un avión preparado ese mismo martes para huir del país, pero había sido disuadido por Rusia, un extremo que las fuentes venezolanas creen que no es cierto. Al día siguiente, repetirá que la intervención militar, aunque no deseada por Washington, “es posible si es necesario”. El viernes, el Departamento de Defensa comunica la celebración de una reunión de alto nivel sobre Venezuela mantenida esa mañana en el Pentágono con el secretario interino, Patrick Shanahan; Pompeo; Bolton, el jefe de gabinete interino de Trump, Mike Mulvaney, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Joseph Dunford, entre otros. En ella, el jefe del Comando Sur, Craig Faller, informa de “un amplio rango de opciones militares”.

Al menos tres fuentes, dos políticas y una próxima al ámbito militar, interpretan la actuación de Estados Unidos como una forma de maquillar el fracaso para no tener que admitirlo y evitar dejar en evidencia a la oposición, que para ese entonces trataba de cerrar filas y pretendía transmitir un mensaje de unidad que distaba mucho de ser real. En muchos sectores, sobre todo en las formaciones Primero Justicia —del excandidato presidencial Henrique Capriles y Julio Borges, exiliado en Colombia— y Un Nuevo Tiempo, hay un claro malestar por la actuación de López. Al dirigente de Voluntad Popular se le recrimina —de nuevo— haberse precipitado y, en este caso, enturbiar un acuerdo institucional para formalizar un cambio político y un Gobierno de transición. De acuerdo a la mayoría de las fuentes consultadas, la actuación de López, con sus afanes protagónicos, ha congelado el plan inicial, como dejó entrever el propio Elliott Abrams al asegurar que ninguno de los complotados respondía ya al teléfono.

Los actores fundamentales de la oposición están muy renuentes a comentar lo sucedido el 30 de abril. Predomina el hermetismo y la idea de mantener el foco político en lo que se aproxima y no perder energías intercambiando acusaciones. Algunos observadores, funcionarios y dirigentes vinculados a la oposición opinan que, aunque el germen del malestar sigue vivo en todos los actores y el corazón del alto gobierno ha cerrado filas con Maduro, aún hay una oportunidad para volver a construir un plan de transición. De hecho, estos mismos actores —todos críticos con el chavismo— aseguran que, pese al fracaso de la ofensiva del martes, esta evidenció que Maduro es cada vez más frágil y que quienes estuvieron dispuestos a dejarlo caer están tan temerosos de las represalias que podrían acelerar cualquier otra opción que propicie su salida. Una persona implicada al máximo nivel en este proceso recurría esta semana a una expresión venezolana para resumir lo que se viene a partir de ahora a los complotados: “O corren o se encaraman. Se están jugando el pellejo literalmente”.

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