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El Supremo venezolano suspende la directiva del partido de Leopoldo López – Agencia EFE – 7 de Julio 2020

Maduro amenaza con sanciones diplomáticas al embajador de España en Venezuela – ABC – 30 de Junio 2020

El líder chavista, después de la publicación de un artículo en The Wall Street Journal, acusa al diplomático de estar implicado en el intento para derrocarle de hace unas semanas

De manera inesperada y en las últimas horas, el líder chavista de Venezuela, Nicolás Maduro, ha comenzado una ofensiva diplomática que ha golpeado a la embajadora de la Unión Europea (UE) en Caracas, Isabel Brilhante Pedrosa, y al embajador de España en Caracas, Jesús Silva. En el último caso, Maduro ha acusado a Silva de estar implicado en la Operación Gedeón, una desastrosa intentona llevada a cabo hace meses con el objetivo de apartarle del poder. En su acusación, juega un peso específico el hecho de que Leopoldo López, uno de los líderes opositores más reconocidos y respetados por su continuo desafío al régimen, se refugie en la legación diplomática de la persecución que padece.

Desde la Embajada de España en Venezuela no han querido hacer declaraciones a ABC. Tan solo, han indicado fuentes diplomáticas, se estarían manteniendo contactos con el Gobierno de Maduro para tratar el tema.

Las amenazas de Maduro, que profirió durante una entrega de premios a periodistas venezolanos, a pesar de las deficiencias que la libertad de prensa sufre en su país, llegan después de que la UE anunciara nuevas sanciones contra funcionarios venezolanos y de un artículo del diario The Wall Street Journal de este fin de semana, donde se detallaba que López habría estado detrás de la Operación Gedeón. Hace meses, ABC informó de que le presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, no tuvo nada que ver con este intento por desalojar al chavismo del poder.

Participar en «incursión armada»

En el acto, Maduro afirmó que «se reserva las acciones diplomáticas» que considere oportunas contra el embajador español, apoyándose en la información de WST como excusa de sus amenazas.

«Venezuela se reserva las acciones diplomáticas sobre el embajador de España por su participación en la incursión armada de Macuto y su complicidad con los actos criminales denunciados en el The Wall Street Journal del señor Leopoldo López», afirmó Maduro, en el mismo discurso donde anunció a la embajadora de la UE que debe abanadonar el país en 72 horas.

Por su parte, López negó las afirmaciones del WST, señalando que no participó en la Operación Gedeón y que las acusaciones se han llevado a cabo sin pruebas.

Desde mayo de 2019, cuando junto a Guaidó intentó un pronunciamiento para terminar con años de chavismo y represión política en Venezuela, el opositor López pasa los días en la embajada de España en Caracas, donde se trasladó tras pasar algunas horas en la embajada de Chile de la misma ciudad. En el edificio, en el que reside en calidad de «huésped», debe respetar ciertas normas: no puede dar ruedas de prensa ni celebrar reuniones políticas en el interior del recinto.

 

Leopoldo López: Señalamientos de The Wall Street Journal no tienen fundamentos – El Nacional – 27 de Junio 2020

El líder de Voluntad Popular dijo que han tenido que enfrentar cárcel injusta, persecución, tortura, exilio y el asesinato de dos de sus militantes. “Es lamentable que en esta hora critica de la lucha haya voces que le sigan el juego a la dictadura”, manifestó

Leopoldo López, Wall Street Journal
EFE

Leopoldo López, fundador del partido Voluntad Popular, negó este sábado los señalamientos publicados en el diario estadounidense The Wall Street Journal, en los que lo acusan de haber participado directamente en la planificación de la operación Gedeón, que tenía como objetivo sacar a Nicolás Maduro del poder.

«Sin fundamento ni pruebas publicó una serie de acusaciones en contra de los líderes de Voluntad Popular y de mi persona, las cuales son completamente falsas. Además, me acusan sin presentar ningún tipo de pruebas. Y no las presentan porque simplemente no existen. El título del artículo no se corresponde con el contenido. Hacen aseveraciones sin probar nada. No presentan pruebas de las empresas ni de las supuestas contrataciones», respondió.

Afirmó que el régimen de Maduro ha tratado de involucrar a Voluntad Popular en supuestas conspiraciones para justificar la persecución en contra de los partidos políticos. Asimismo, enfatizó que el aparato de propaganda chavista se ha dedicado a desinformar.

El diario estadounidense dijo, en el texto titulado Gurú de la oposición venezolana dirigió la planificación para derrocar a Maduro, que López consideró al menos seis propuestas de contratistas privados de seguridad para llevar a cabo incursiones militares que provocaran una rebelión en el seno de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

López manifestó que han tenido que enfrentar cárcel injusta, persecución, tortura, exilio y el asesinato de dos de sus militantes. Agregó que estas situaciones no han podido con la vocación que tienen para recuperar la democracia en Venezuela.

«En Venezuela hay un pueblo que sufre y lucha por lograr su libertad, y lo hace contra una dictadura asesina que no escatima en mentiras y engaños para mantenerse ilegítimamente en el poder. Es lamentable que en esta hora critica de la lucha haya voces que le sigan el juego», manifestó.

Venezuelan Opposition Guru Led Planning to Topple Maduro by Kejal Vyas and Juan Forero – The Wall Street Journal – 26 de Junio 2020

Leopoldo López and allies shopped for mercenaries before failed attempt to overthrow regime

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After leaving house arrest, Venezuelan opposition figure Leopoldo López, right, joined opposition leader Juan Guaidó to greet supporters in Caracas on April 30, 2019. 

BOGOTÁ, Colombia—The politically influential mentor of U.S.-backed Venezuelan opposition leader Juan Guaidó was behind a monthslong effort to contract mercenaries to overthrow President Nicolás Maduro, according to several people involved in the planning.

Leopoldo López, founder of Mr. Guaidó’s former political party, and other allies considered at least six proposals from private security contractors to carry out military incursions to spur a rebellion in Venezuela’s armed forces and topple the authoritarian president, these people told The Wall Street Journal.

One of the contractors was eventually involved in an attempted incursion in May that was over almost before it began, ending with eight of the mercenaries killed and nearly 50 detained, including two former U.S. soldiers, all of whom are still being held in a Caracas prison.

Venezuelan opposition figure Leopoldo López spoke to media on May 2, 2019, at the gate of the Spanish ambassador’s residence in Caracas, where he has remained since his release from house arrest.

Mr. Maduro emerged triumphant and his political adversaries have been left fractured, demoralized and lacking a clear strategy. Some foreign allies of the opposition say Mr. Guaidó and his associates should have stuck to negotiations with the Maduro regime and are now questioning their support for the opposition leader.

“Guaidó has damaged his democratic credentials,” said a high-ranking European diplomat who has worked on Venezuela policy. “He gives the impression he’s trying to ride two horses, one on the negotiating track and one more on the coup d’état track.”

Mr. Guaidó and associates of Mr. López have said the May raid was the work of the Maduro regime and that they had cut off contact last year with the group that carried it out.

Most Venezuelans revile Mr. Maduro for the country’s devastating economic meltdown, with only 13% supporting him in a May poll by Caracas firm Datanalisis.

But Mr. Guaidó hasn’t been able to capitalize. His support has eroded steadily from the 61% he enjoyed in January 2019, when the opposition proclaimed him president in a direct challenge to Mr. Maduro. The U.S. and more than 50 countries recognized Mr. Guaidó as Venezuela’s legitimate leader.

Mr. Guaidó saw his approval fall to 25%—its lowest point yet—in May after the failed plot, according to the Datanalisis poll. Venezuelans are now overwhelmingly pessimistic a transition will take place.

“He started as a sort of a Venezuelan version of Obama,” Datanalisis Director Luis Vicente León said of Mr. Guaidó. “Now the people just don’t believe him. When you lose the hope for change, you also lose your capacity to ask people for sacrifice.”

Nicolás Maduro shows what Venezuelan authorities said were identification documents belonging to former U.S. soldiers captured during a failed raid in May.

PHOTO: /ASSOCIATED PRESS

Within the fractious coalition of opposition parties, much of the blame is now being directed at Mr. López, a 49-year-old Harvard-educated politician and former political prisoner from one of Venezuela’s most prominent families.

For years, he has advocated direct action to remove Mr. Maduro—from a series of protests in 2014 that turned violent to an attempt to spur an uprising in the military ranks last year—often clashing over strategy with other prominent regime foes.

In 2018, after Mr. Maduro was re-elected in a vote widely seen as fraudulent, Mr. López expressed the view that negotiations and the electoral route would take too much time, said a person who spoke with him about strategy.

“He was very concerned that unless something was done soon, then the Venezuelan people would end up like the Cuban people, absolutely passive and broken and unable to mount a defense of themselves,” said the person, who is familiar with the dynamics in the opposition and U.S. policy.

Mr. López couldn’t comment for this article because he can’t speak publicly as part of an agreement with Spain. Now living in the Spanish ambassador’s residence in Caracas, where he is protected from arrest, he remains a powerful political force with influence over Mr. Guaidó, providing leadership on matters ranging from regime change to overhauling the oil industry, opposition activists said.

“One of the biggest errors that the opposition has committed is getting behind Leopoldo López,” said Humberto Calderon-Berti, who served as Mr. Guaidó’s envoy to Colombia until a public spat with Mr. López last year. “In the end, he’s only damaging Guaidó. There has to be a rectification of the strategy, the leadership.”

Opposition leader Juan Guaidó addressed a news conference in Caracas last week.

PHOTO: MANAURE QUINTERO/REUTERS

Mr. Calderon-Berti said he advised opposition parties last year to avoid engaging Venezuelan military defectors to attempt to oust Mr. Maduro, fearing violence would alienate the opposition’s international alliances. Mr. Calderon-Berti isn’t a member of Popular Will, the party that was founded by Mr. López and was Mr. Guaidó’s path to leadership.

Mr. Guaidó said Mr. López doesn’t call the shots, he does.

Several prominent members of Popular Will have quit the party this month, saying privately they could no longer contend with Mr. López’s heavy hand and the party’s policies, which they saw as damaging the opposition. But some said they still see Mr. López as a victim, drawn to extreme measures by an authoritarian regime that has kept him locked up and closed off hopes for democratic transition.

Mr. Guaidó said some of his advisers met with the organizers of the failed raid early last year to evaluate strategies for an incursion. He said, however, that his advisers cut off contact nearly six months before the raid took place over what he said were disagreements over strategy.

Party leaders said that by October 2019, operation planning had been infiltrated by Venezuelan intelligence operatives. Some in the party reported details of the infiltration to U.S. and Colombian officials that month.

“It wasn’t just infiltrated, but it was an operation financed by the dictatorship,” Mr. Guaidó said in a videoconference last month. “The only one served by that operation was the Maduro regime.”

Venezuelan special forces in May patrolled at the site of the incursion.

PHOTO: MANAURE QUINTERO/REUTERS

Popular Will members say that their party has favored negotiations and initiated talks overseen by Norway in 2019 that later faltered. Mr. Guaidó has frequently said the problem is the regime, which he said negotiates in bad faith.

Officials in the Trump administration said the operation in May hasn’t hurt Mr. Guaidó or the opposition—and that it could have been a false flag organized by Mr. Maduro’s regime to score propaganda points. Administration officials have denied any involvement or knowledge of the raid.

The raid “was big news for a couple of days and then faded, and has had no lasting impact on U.S. policy or on the Venezuelan democratic opposition,” said Elliott Abrams, the U.S. special representative for Venezuela. “This is largely because there are so many unanswered questions about regime involvement in conceiving, financing and pushing forward the entire operation.”

In his new book on the Trump White House, former national security adviser John Bolton said the president openly doubted whether Mr. Guaidó had the heft to challenge Mr. Maduro. By spring 2019, he wrote, “Trump was calling Guaidó the ‘Beto O’Rourke of Venezuela,’ hardly the sort of compliment an ally of the United States should expect.”

Mr. Trump thought invading Venezuela would be “cool,” and ordered him to look into military options, Mr. Bolton wrote. Mr. Bolton and others said a military option was a non-starter and successfully dissuaded him, he wrote.

Mr. Trump told the Journal in an interview that Mr. Bolton “is a liar.”

Minister of Communications Jorge Rodríguez on May 12 accused opposition leader Juan Guaidó of planning the failed invasion. Mr. Guaidó denied responsibility.

PHOTO: JHONN ZERPA/AGENCE FRANCE-PRESSE/GETTY IMAGES

In 2019, while some leaders in the Venezuelan opposition and diplomats pursued negotiations with Mr. Maduro to win the right for free and fair elections, Mr. López and his closest aides shopped around for a security firm without having alerted politicians in other anti-Maduro parties, said people involved in the planning and other opposition leaders. Though they heard pitches from various contractors, opposition figures close to Messrs. Guaidó and López said the meetings rarely went beyond informal conversations.

“If one of these proposals had been viable, we would have taken that option immediately,” said an opposition figure close to the two men. “We have no ethical problem with getting rid of Nicolás Maduro.”

By late spring last year, several close friends of Mr. López and members of his party were plotting with Jordan Goudreau, a U.S. Army war veteran and owner of the SilverCorp USA security firm in Florida, and a former Venezuelan general who had relocated to Colombia, Cliver Alcala. They were training a ragtag force of Venezuelans who had deserted the armed forces to camps in northeastern Colombia, not far from Venezuela.

In October, a senior Guaidó aide and Popular Will official signed a contract with Mr. Goudreau to unseat Mr. Maduro and replace him with Mr. Guaidó, under whose government the American mercenary would work as defense adviser, according to the contract.

THE MAY RAID, BEFORE AND AFTER

Associates of Mr. López introduced Messrs. Alcala and Goudreau to other opposition leaders in several meetings in Bogotá, where they sought between $2 million and $7 million from the opposition leaders to finance a raid, according to people familiar with the talks.

Toward the end of the year, opposition figures said, it became clear the plan wasn’t viable because it underestimated the regime’s military defenses and there were too few volunteer fighters. The opposition didn’t pay Mr. Goudreau the hundreds of thousands of dollars he said he wanted, giving him only $50,000 for expenses before cutting all ties by late 2019.

Mr. Goudreau, who was in Florida at the time of the operation, hasn’t said why he ordered the mission to go forward in early May, as he has publicly acknowledged. He didn’t respond to requests seeking comment for this article.

Opposition leaders now say it was a mistake for Popular Will members to sit down with mercenaries.

“They were the ones who legitimized Goudreau and the idea of this whole operation,” said one who had been tracking mission-planning in Bogotá. “Let’s hope there are no other rogue actions in the future.”

Trumpistas por Fernando Mires – Blog Polis – 26 de Junio 2020


 

Nunca había habido un “ismo” presidencial en los EEUU.

Ni siquiera Kennedy, el más mediático presidente de la historia norteamericana, llegó a fundar un “ismo”. La razón es simple: el único “ismo” antes de Trump había sido el “constitucional-ismo”, derivado de una Constitución que, como pocas, constituye a la nación y al Estado. Una Constitución a la que los ciudadanos veneran con devoción hasta el punto de que no pocos observadores han insinuado que en los EE UU impera una dictadura de la Constitución. No una dictadura constitucional, entiéndase: dictadura de la Constitución.

La dictadura de un libro de leyes es allí mucho más que la de un libro de leyes. Es el acta de constitución de la nación. Definición que explica la dificultad jurídica de los gobernantes norteamericanos cada vez que deben modificar un parágrafo o inciso obsoleto. Porque cambiar una letra constitucional es modificar, como se dice en los EE UU, “lo que decidieron nuestros antepasados”, los que en un momento de inspiración estipularon – nada menos que en un país esclavista – que “todos los humanos son creados iguales”. Frente al “ismo” constitucional no podía existir ningún otro “ismo”. Habría significado, como ocurre en países de bajo nivel político, la primacía de un poder situado por sobre las leyes: un poder supraconstitucional representado en el nombre de un hombre.

De hecho, en la mayoría de los países de larga tradición democrática no hay “ismos” presidenciales y, si los hay, operan como reconocimiento simbólico post-mortem (gaullismo, tatscherismo). Ni siquiera en Alemania existe algo parecido a un “merkelismo”. Esa es la gran diferencia – observación de Alexis de Tocqueville – entre los gobiernos de América del Norte y los del Sur, donde la fuerza del hombre de charretera y caballo primaba por sobre las leyes habidas y por haber. Continente de caudillos cuyas constituciones han sido urdidas a la medida de quienes detentaban el poder. Por eso Donald Trump es, o ha llegado a ser, un caso insólito: un “ismo” más allá (o más acá) del Río Grande, diría Robert Mitchum.

Por cierto, hay un trumpismo made in USA, pero no todos los electores de Trump pueden ser calificados de trumpistas. Trumpistas no son, por ejemplo, quienes votan a Trump por razones económicas si estas se reflejan en índices de crecimiento, en descenso de la desocupación o en baja de los impuestos. En ese punto los electores norteamericanos no se diferencias de los de otros países. Trumpistas tampoco son los que siguen el eslogan América first. ¿Quién quiere anteponer los intereses internacionales a los nacionales? Ni siquiera los nacionalistas pueden ser calificados de trumpistas. Pues un “ismo” es otra cosa.

Un “ismo” es la conversión de un ser vivo en un mito, de un mandatario en un mandamás, de un seguimiento incondicional a decisiones, aunque estas – como es el caso de Trump – sean modificadas día a día. En síntesis, un “ismo” es la identificación radical con un jefe cuya palabra se encuentra más allá de la Constitución.

La separación entre los electores de Trump y los trumpistas es difícil de observar en tiempos normales. Pero en tiempos como los actuales, marcados por el signo Covid-19, emergen a la superficie. Fue así que ex-electores llegaron a la conclusión de que Trump es serio candidato para ser elegido como el presidente occidental de peor desempeño ante el mal pandémico. Sus frases desquiciadas, sus burlas de pésimo gusto, sus intentos por externalizar la pandemia culpando a otras naciones, su inmisericordia frente a los débiles sociales, entre ellos latinos y negros, en fin, su falta de empatía y sensibilidad, lo han hecho bajar en todas las encuestas. Al escribir estas líneas, Biden, sin decir nada extraordinario, lo supera por un 14%. De ahí entonces que la diferencia entre los electores de Trump y los trumpistas sea la siguiente: los primeros son condicionales y los segundos, incondicionales. No obstante, como ya ha sido advertido, el trumpismo es mucho más imponente en Sudamérica que en los EE UU. Como siempre ocurre en estos casos, hay que indagar acerca de las razones.

Cabe señalar que el trumpismo, allá y acá, es antes que nada un fenómeno de “clase media”. Quiere decir que, predominantemente, ni las elites culturales de allá y acá, tampoco los estratos más bajos, se identifican mucho con Trump. ¿Dónde reside la diferencia? Al parecer entre dos clases medias. Mientras en los EE UU las clases medias, pese a la enorme movilidad social imperante no temen caer en el barranco de los sectores más bajos, en la mayoría de los países latinoamericanos sí lo temen. En efecto, las clases medias latinoamericanas suelen formarse en periodos de repentinas bonanzas del mismo modo como suelen desaparecer en periodos de fuertes crisis económicas (los argentinos nos pueden hablar mucho de eso). En otras palabras, son sectores sociales inestables, hecho que determina un comportamiento cultural y político también inestable. Cuando se sienten amenazados, suelen caer en actitudes agresivas y apelan a gobiernos autoritarios. Pero sobre eso se ha escrito mucho.

Interesante es apuntar que gobiernos ideológicamente antagónicos, como el pinochetismo en Chile y el chavismo en Venezuela, surgieron de impulsos clasemedieros, golpistas en uno, electorales en el otro. La conversión de Chávez en gobierno popular y populista fue posterior a su entrada al gobierno. Su votación predominante – así han observado la mayoría de los sociólogos venezolanos – provenía de las heterogéneas clases medias del país.

Volvamos entonces a marcar la diferencia: mientras en los EE UU el tronco sólido de Trump está formado por clases medias establecidas (blanca y adinerada) los gobiernos autoritarios que emergen en América Latina (en el país más grande, Bolsonaro, y en el más pequeño, Bukele) son resultados de la movilización política de clases medias ocasionales y volátiles. Los llamados populismos, sean de izquierda o derecha -la retórica ideológica es aquí lo menos importante – cuando emergen, no excluyen a esos sectores. Por el contrario, son su motor más dinámico.

Venezuela es una vitrina paradigmática. Al igual que Pinochet en Chile, Chávez desarticuló a la clase media que lo llevó al poder. Pero mientras en Chile fue sustituida por nuevas clases medias, ligadas a la economía agroexportadora, Chávez la sustituyó por una clase militar y burocrática económicamente improductiva pero políticamente leal al gobierno. Bajo Maduro esa nueva clase ha prescindido incluso de ligamentos populares.

Y bien, lo escrito aquí vale solo como enunciado. Los procesos son mucho más profundos y complejos. Lo que interesa remarcar es que el fenómeno del actual trumpismo venezolano es producto de fracciones sociales y políticas en vías de desintegración (anomia). Gran parte de la oposición venezolana, por ejemplo, carece de raíces sociales, no está ligada a sindicatos ni a corporaciones obreras o agrarias. Muchos de sus cuadros dirigentes pasaron de la mitómana lucha universitaria a la lucha política. Esto explica en parte los cursos erráticos asumidos desde el 2002, pasando por el 2005, continuados el 2014 (La Salida) y rematados en el golpecillo del 30-A.

Hoy, cuando el liderazgo de Guaidó está siendo cuestionado – hay informes que delatan una caída libre – no son pocos quienes han creído encontrar su salvación exportando un liderazgo configurado en Donald Trump quien – así lo confirma Bolton en su libro – aunque esté dispuesto a utilizar el caso venezolano en aras de su reelección, nunca ha sentido demasiado interés por el tema Y no deja de tener razón: desde su óptica, embarcarse en la “salvación” de Venezuela no sería una empresa ni económica ni políticamente rentable. Para la oposición venezolana, una tragedia. A su ausencia de estrategia ha sumado su desnacionalización política. Maduro, bajo esas condiciones, puede aparecer hacia afuera como un líder acosado por un imperio.

El 20-M fue el punto de inflexión que llevó a la oposición venezolana a ligar su suerte con la de Trump. La historiografía deberá dilucidar más adelante si el abstencionismo ahí impuesto surgió de acuerdo a decisiones tomadas en EE UU o si la orfandad política de la oposición fue la que llevó a la dupla López- Guaidó a arrojarse en los brazos de Trump. Lo cierto – ha sido dicho mil veces, pero nunca suficiente – el abstencionismo llevó a la destrucción de la MUD, a la perdida de la centralidad política y, no por último, a que la oposición fuera usurpada por sus sectores más extremistas.

Desde el desventurado mantra 20-E, los pocos que se opusieron al plan que supuestamente pondría fin a una mentada usurpación, intuyeron que al poner su acento en la conspiración golpista, la dupla López – Guaidó llevaría a toda la oposición al abismo, incluyendo a esos dirigentes de centro que, por cobardía o falta de visión, no fueron capaces de oponerse a la debacle. Habiendo sido comprobado que por el atajo golpista era imposible acceder al poder, comenzaron a resonar los gritos de auxilio a Trump. Así fue como nació el fenómeno del trumpismo venezolano. Uno que nada o poco tiene que ver con Trump pero sí con las fantasías de una dirección opositora que pasó del abstencionismo al golpismo y del golpismo al invasionismo hasta terminar por entregar su suerte a un presidente extranjero, hoy mermado en su propia y congénita incapacidad.

El activismo febril del ungido líder no lograría sustituir a su comprobada indigencia política. Guaidó debe ser, en efecto, uno de los pocos líderes que jamás han conducido a una meta. Es el líder del vacío. Maduro, por su parte, aprovecha ese vacío trabajando seriamente para dividir aún más a los restos de la oposición y luego quebrar definitivamente a la que fuera su única arma: la voluntad de voto.

En diciembre, con cierta probabilidad, tendrán lugar las elecciones parlamentarias. Como si la historia se repitiera constantemente, parte de la oposición llamará a votar, otra llamará a la abstención, esta vez guarecida bajo ese trumpismo fabricado para justificar su fracaso histórico. Bajo esas tétricas condiciones, solo un milagro podría salvar a Venezuela. Ni los trumpistas ni Trump lo harán.

Luis Gómez Calcaño: “Una solución provisoria se volvió permanente” por  Hugo Prieto – ProDaVinci – 7 de Junio 2020

Toda posibilidad de salir del caos y de la crisis que inmisericorde se abate sobre los venezolanos está marcada por la sospecha. ¿Van a negociar o no? República Dominicana, Barbados, Oslo, y quien podría develar el lugar donde se llegó al acuerdo para enfrentar la amenaza que plantea el coronavirus. Un pequeño paso, apenas un parpadeo en la dirección correcta. Pero quizás, valga decir —parafraseando a Juan Carlos Onetti—: dejemos hablar al tiempo.

Mientras la dualidad de poder acrecienta la inestabilidad, el tablero en el que se juega la suerte de Venezuela tiene como participes a pesos pesados —Estados Unidos, China, Rusia— y la asesoría cubana. ¿Cómo puede jugar con probabilidades de éxito la dirigencia opositora? ¿Hay cabida para las tácticas cortoplacistas? ¿Puede la sociedad civil superar los mecanismos de dominación a los que el régimen la somete una y otra vez? Hace tres años, Luis Gómez Calcaño*, respondió a estas preguntas con una sola palabra: Resistir. Actualmente, acentúa esa actitud y pone en evidencia <<El poder de los sin poder>>, la pauta de Václav Havel, en forma de ensayo que, contra propios y extraños, anticipó la caída del régimen comunista detrás de la cortina de hierro.

Sin duda, Maduro no reúne las condiciones de liderazgo que tenía Chávez. Quizás por esa razón es incapaz de lidiar con una institucionalidad adversa, como en su hora, lo hizo su antecesor. ¿Necesita Maduro una institucionalidad a su medida para ejercer el poder?

En realidad, el objetivo del régimen —desde el mismo comienzo— fue tener una institucionalidad a su medida. ¿Cuál es la primera decisión que toma Chávez? Convocar a un referéndum, que no estaba previsto en la Constitución del 61, para ir a una Asamblea Constituyente. Chávez no estaba dispuesto a negociar, a conversar, con una mayoría parlamentaria que le era adversa. Entonces, dio un golpe de Estado desde arriba, ayudado por el miedo que tenían las élites a la movilización de masas que, gracias a su popularidad, podía hacer Hugo Chávez. Estamos hablando de la serie de irregularidades, de cambios en las reglas de juego, del ventajismo que le permitió, en 1999, tener una mayoría aplastante en la Constituyente. La idea misma del Congresillo, un cuerpo legislativo que nadie eligió, pero que nombró, nada más y nada menos, que a los integrantes del TSJ, al Contralor, al Fiscal. Es decir, a las autoridades de los poderes públicos diferentes al Ejecutivo

¿Fallo de la memoria o ingenuidad política? Quizás queremos aferrarnos a la idea que tenemos de democracia, pero resulta que tal cosa no existe. ¿Por qué insistir si es algo que ni siquiera estamos viendo?

Sencillamente porque la imposición del modelo totalitario no les ha resultado fácil. La actitud de la sociedad civil, de sus instituciones y, particularmente de los partidos políticos, ha sido la de resistir durante muchos años. El trayecto hacia el totalitarismo ha sido mucho más lento de lo que fue en Cuba o en los países de Europa Oriental, entre otras cosas, porque ya existía una estructura y unas instituciones democráticas que habían funcionado por casi medio siglo. Esa es una de las razones por la cual en Venezuela hubo gobernadores de oposición que lograban crear espacios de resistencia, diputados de oposición en los cuerpos legislativos de los estados que hicieron algunas cosas, una de ellas denunciar. Eso tuvo su correlato en 2007, cuando a pesar de todas las maniobras y el ventajismo del CNE, se logró derrotar el referéndum revocatorio. Pero 2015 es el momento culminante, porque aquel sector de la oposición que estaba luchando por la vía pacífica, constitucional y democrática, tuvo su mayor éxito. Fue el momento en que se dijo: Sí, vale la pena, a pesar del CNE y del control institucional.

Ha habido un proceso de desgaste que ha causado una enorme sensación de derrota. ¿El liderazgo opositor fracasó? ¿No hay alternativa? ¿No hay de dónde agarrarse?

Esta coyuntura hay que mirarla en dos contextos: Uno histórico y otro internacional. En el primero la tenemos que ver como una lucha muy larga, en la que ha habido retrocesos, pero todavía no se ha perdido la última batalla, porque el proyecto totalitario todavía no ha podido destruir totalmente el tejido social. En Venezuela, aún existe un sector privado, existen profesionales independientes y muchísimos emprendedores. Es decir, en 21 años no han podido acabar con lo que ellos laman el capitalismo. No sólo porque ha habido resistencia, sino porque simplemente no son capaces de alimentar a la sociedad sin la contribución del sector privado. Y por otro lado, el modelo de poder centralizado, articulado a las comunas, y a todos esos inventos de organización desde arriba, no ha sido capaz de resolver los problemas más urgentes de la población. No es el caso de Cuba, donde al cabo de tres años de revolución no había sindicatos libres, ni universidades autónomas, ni empresas privada.

¿Cuál sería el contexto internacional?

Lo que haga bien o mal nuestro liderazgo opositor tiene que tomar en cuenta que Venezuela es un peón en un tablero geopolítico donde participan Estados Unidos, Rusia, China, Cuba y, en menor medida, Irán. China tiene interés en Venezuela por razones económicas, Rusia más por razones geopolíticas. Se puede decir que la política exterior de Venezuela está totalmente alineada y dirigida por Cuba y responde a los intereses cubanos. Como lo dijo Raúl: Cada vez más somos la misma cosa. Entonces, la oposición venezolana está luchando en un tablero que no controla totalmente.

¿Qué posibilidades tiene el liderazgo opositor de jugar con asertividad en ese tablero?

Eso me remite a una coyuntura que se vivió en Polonia después de la Segunda Guerra Mundial. Allí se formó un gobierno de coalición y un líder opositor a los comunistas (Stanislaw Mikolajczyk) acepta formar parte de ese gobierno, posteriormente —luego de reconstruir con éxito su partido— se presenta a elecciones. A los comunistas no les quedó más remedio que hacer un tremendo fraude. ¿Qué nos dice esto para el caso venezolano? Que si bien el régimen no se atrevió a hacer un fraude electoral en 2015, lo hizo a través del TSJ. Y lo que ha habido, ciertamente, es un desgaste. En 2019 se reactiva la esperanza con la idea de un gobierno interino, con grandes movilizaciones que habían decaído luego del 20 de octubre de 2017. ¿Qué pasó? Lo que nos pasa comúnmente a los venezolanos que una solución provisoria se vuelve permanente en el largo plazo. La presidencia de Guaidó estaba pensada como algo que iba a durar pocos meses.

Regresamos, si se quiere, a una guerra de trincheras, en la que ninguno de los bandos avanza. Pero no podría decirse que estamos en un punto muerto.

La idea era que al tener nuevas capacidades había unos supuestos militares institucionalistas que iban a tener la base jurídica, política y geopolítica, para insurgir contra el régimen. Se pensó que eso iba a pasar de inmediato, apenas Guaidó se juramentara, el 3 de enero. No ocurrió. Después se pensó que iba a pasar en febrero, con la entrada de la ayuda humanitaria; incluso, se invitó a varios presidentes de América Latina, porque <<era cuestión de horas>> para que el régimen cayera; una vez más, los supuestos militares institucionalistas tampoco aparecieron. Y luego la debacle del 30 de abril. El liderazgo de Guaidó fue diseñado para que fuese provisional, porque detrás había una coalición de partidos políticos y yo diría que el liderazgo histórico de Voluntad Popular, que es Leopoldo López. Detrás de esos tres fracasos hay una supuesta dualidad de poder, que recuerda aquellos gobiernos en el exilio —Polonia y la República Española—. Si bien el gobierno de Guaidó no está en el exilio, una buena parte de sus integrantes está fuera de Venezuela.

Habla en pasado. ¿El liderazgo de Guaidó, digámoslo de una vez, está liquidado?

No quiero contribuir a hacer leña del árbol caído. Hay que reconocerle a Guiadó que ha sido valiente, que ha sufrido las consecuencias de la persecución, al igual que su familia, que a muchos de sus colaboradores los han hecho presos. Diría que su error más grave —pero también el de sus asesores— fue el de empezar a actuar al margen de sus aliados. Ahí está el incidente con el mercenario Jordan Goudreau, que viene de la contratación de J.J. Rendón y Sergio Vergara. Guaidó se desmarcó de inmediato, pero el sólo hecho de haber contratado a J.J. Rendón, que es un personaje muy cuestionado, muy cuestionable, además, un experto en campañas electorales, a quien ponen al frente del Comité de Estrategia, me lleva a la pregunta, ¿La contratación de J.J. Rendón fue consultada con los partidos del G—4? Pareciera que no y lo digo por el comunicado de Primero Justicia. Por más que se haya deslindado, ese incidente significaba una desviación clara y abierta de toda la estrategia que había compartido con los aliados internacionales, con el Grupo de Lima, con la Unión Europea y hasta con los Estados Unidos.

No será fácil recomponer esas alianzas, porque el incidente de Macuto pone de manifiesto que se incumplió con unos compromisos. ¿No queda el liderazgo de Guaidó herido de muerte? 

El problema es que quizás, por el momento, no tengamos muchas opciones, ¿No? Todos los líderes políticos cometen errores y este fue un error muy grave. Pero la respuesta que se ha dado, yo diría que le ha faltado consistencia. Menos mal que J.J. Rendón, por lo menos, dio la cara. Y no siguió negando lo que de todos modos se iba a saber. Sí, yo firmé ese contrato con un mercenario de cuarta categoría, bueno, nos equivocamos, le pagamos 50.000 dólares, pero luego nos separamos de él. Menos mal, porque las explicaciones que ha dado Guaidó no son suficientemente claras, son ambiguas, son evasivas. Recientemente vi una entrevista televisiva que le hizo Laura Chinchilla, la ex presidenta de Costa Rica y me preocupó, porque el estilo de Guaidó no es el de un estadista. Un estadista asume de frente sus errores. Era desesperante, porque la ex presidenta trata de precisarlo y él invoca lo que ya sabemos todos: Lo perverso que es el régimen. Y eso, lamentablemente, se debe a que Guaidó es más un vocero que un estadista.

Entonces, ¿Leopoldo López es un estadista?

Sí. ¿En qué sentido lo digo? Porque tiene un proyecto y una idea de país, con la que uno puede o no estar de acuerdo. Además, tiene la capacidad política, tiene la inteligencia y es capaz de atraer masas. Si no lo hubieran perseguido como lo han hecho, probablemente tendría una gran posibilidad de ganar elecciones y llegar al poder. Pero así mismo, diría que Leopoldo López tiene una tendencia al aventurerismo y a dejarse manipular. La Salida de 2014, las protestas de 2017, en la que sectores del gobierno se acercaron para decirle: Si ustedes agitan la calle, vamos a tener la excusa para salir del chavismo. Y en ese cuento, en esa manipulación, posiblemente dirigida por los laboratorios cubanos, ha caído Leopoldo López con una tremenda ingenuidad. ¿Alguien puede creer que Vladimir Padrino o Maikel Moreno van a aliarse con la oposición? A mí me pareció un exceso de ingenuidad.

En 24 horas, el TSJ le da la razón a los señores de la mesita y declara la omisión legislativa. Ya hemos visto esta película hasta el cansancio. Una vez más serán los magistrados, contraviniendo potestades de la AN, quienes elijan a los rectores del CNE.

A mí esto me recuerda el libro que escribió Javier Corrales junto con Michael Penfold. <<Chávez El dragón en el trópico>>. En Venezuela se practica lo que Corrales llama <<el legalismo autocrático>>, que consiste en el uso, el abuso y el desuso de la ley. Si lees las sentencias del TSJ de la época de Iván Rincón, son todas ellas muy mal intencionadas, pero bien fundamentadas. En cambio, las sentencias más recientes son hechas para salir del paso. La de Parra, por ejemplo, es algo vergonzoso.

Seguramente veremos nuevas caras en el CNE, a fin de cuentas, eso forma parte de los acuerdos entre el chavismo y los señores de la mesita. Pero eso no garantiza que vayamos a una elección mínimamente transparente.

La mesita es cómplice de esta maniobra, porque fue Felipe Mujica, además de otros de sus integrantes, quienes le pidieron al TSJ que declarara la omisión legislativa. Eso supone, obviamente, que hay una negociación previa a partir de la cual el TSJ pudiera nombrar uno y hasta dos rectores de la oposición, precisamente para legitimarlo y decir que se incluye a gente <<que se opone>> al chavismo. Queda claro que la llamada mesita se ha convertido en un instrumento para lavarle la cara al régimen. Que se dice de oposición, pero a la vez participan en la maniobra para despojar a la Asamblea Nacional de sus atribuciones. ¿Hay alguna razón para pensar que ellos tengan algo de opositores?

Se trata de una reedición del método que se aplicó el 3 de enero. O que al menos guarda un gran parecido. ¿Usted qué piensa?

Claro, quien le pide al TSJ que aclare cuál es la verdadera directiva de la Asamblea Nacional es Enrique Ochoa Antich, que es parte de ese grupo. Están funcionando esos acuerdos, que comúnmente se hacen a cambio de algo y ese algo pudiera ser legitimar al CNE y que ellos ayuden a legitimar esa elección a la Asamblea Nacional. Lo que está claro es que el régimen está decidido a recuperar la AN a como dé lugar, al costo que sea. 2015 fue un descuido de ellos, cometieron un error que les salió muy caro. Todo esto se está haciendo con el apoyo de Rusia, que necesita que la AN legitime todos los negocios sucios que están haciendo en Venezuela.

Ir a votar plantea un dilema moral. Por un lado renuncias a un mecanismo elemental de la democracia y por otro legitimas a un gobierno al que sólo se puede llamar sino dictadura. ¿Es posible rescatar la constitucionalidad?

Va a haber muchas presiones para que la oposición participe. ¿De quienes? De algunos aliados tibios como la Unión Europea y de aliados del régimen como Argentina y México, que dicen favorecer las soluciones pacíficas. Hay que recordar que en la elección de 2018, la verdadera oposición no quiso participar y fue muy criticada por eso. Se hizo mención, en tono de advertencia, al boicot de 2005. Pero el problema son las condiciones. Los dados están totalmente cargados. Tenemos como antecedente, todo el ventajismo de 2017, cuando mediante argucias del CNE se eliminó el secreto del voto.

¿Votar o no votar? ¿Qué cree usted?

Ese dilema me remite a lo que ocurrió tanto en 1952 como en 1957. La dictadura, en 1952, todavía tenía atisbos de apertura. Convoca a elecciones. La oposición gana. Pero el gobierno hace fraude. ¿Valió la pena participar? En tanto el objetivo era demostrar que la oposición era mayoría, la respuesta es sí. ¿Qué ocurrió en 1957? La dictadura convirtió la posible elección en un plebiscito, además impuso condiciones realmente inaceptables, tanto que hubo un consenso entre los partidos opositores de no presentarse a esa elección. Lo que quiero decir es que en este momento, si la oposición participa, como forma de protesta y movilización, sabiendo que los van a perseguir, que le van a hacer fraude, debe considerarlo sin tabúes. Pero si cree que va a legitimar, de principio a fin, un fraude, creo que no debería ceder ante las presiones de quienes dicen que hay que participar a toda costa.

Todo esto ocurre en medio del confinamiento y de la incertidumbre que ha generado la escasez de combustible. ¿No deberíamos trabajar con objetivos más modestos?

Lo que está pasando con la gasolina, por ejemplo, nos pone ante un dilema. La clase media que hasta ahora se ha resistido a sacar el carnet de la patria… ¿Ajá, te vas a seguir resistiendo o vas a pagar la gasolina en dólares? Es un paso más hacia el control total de la vida de todas las personas.

Podríamos decir, sin menoscabo a la verdad, que le hiperinflación se tragó a la clase media. Se trata de un sector de la población totalmente depauperado.

Aquí hay que decir algo, después que fracasa el intento de democratización en Checoslovaquia —la primavera de Praga, en 1968—, el gran esfuerzo del régimen comunista se orientó, con gran esfuerzo, a normalizar a la sociedad. Humillar, reprimir, someter a la gente aún más. A finales de los años 70 —cuando Václav Havel público su libro <<El poder de los sin poder>>, nadie se imaginaba, ni siquiera el propio Havel, que el régimen comunista se iba a derrumbar una década después. Lo que sí es importante es la actitud que se tenga. Que frente a la base del régimen, que es mentir para todo, y decir lo contrario a lo que es realidad, tratar de tener la visión de la verdad y no repetir las mentiras que vienen desde el régimen.

***

*Sociólogo, con maestría en Planificación (UCV)

Empresario cercano a Maduro donó en Miami $500,000 a la oposición venezolana, según fuentes Por Gerardo Reyes, Érika Carrillo y David C Adams – Univision Noticias – 31 de Mayo 2020

La portavoz de los líderes de la oposición venezolana, Leopoldo López y su esposa LilianTintori, dijo que reconocieron que ella se reunió en 2017 con el multimillonario empresario oficialista Raúl Gorrín en el domicilio de este en Miami. Pero negó que hubiera dinero de por medio. También dijo que la pareja piensa demandar por difamación al excongresista David Rivera.

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En 2017, Raúl Gorrín, uno de los empresarios venezolanos más cercano al gobierno de Nicolás Maduro, vivía a sus anchas en Miami. Se reunía con constructores de la ciudad que le mostraban proyectos en los que invertir, paseaba en un yate de lujo por la bahía y llevaba una agitada vida social en su mansión en Cocoplum, uno de los barrios más exclusivos del sur de la Florida.

En el comedor de esa casa, hoy confiscada por el gobierno de Estados Unidos como parte de una acusación por cargos de corrupción y lavado de dinero contra Gorrín, tuvo lugar una extraña reunión entre personajes que prefirieron mantenerla en secreto.

Gorrín, dueño de Globovisión, una cadena de televisión alineada con Maduro, desayunó con Lilian Tintori, la carismática esposa del líder de la oposición venezolana, Leopoldo López, en aquel entonces preso en una cárcel militar de Caracas. Tintori y Gorrín se conocieron en esa ocasión.

La reunión se mantuvo bajo el mayor hermetismo estos años, pero ahora que Noticias Univision ha conocido los detalles, ambas partes reconocieron que tuvo lugar.

En lo que no están de acuerdo es en un punto crítico. Una fuente cercana a Gorrín y que conoció detalles del desayuno secreto, le dijo a Noticias Univision que Tintori pidió ayuda económica para la oposición y que Gorrín se la entregó. El ex congresista de la Florida David Rivera asegura que sabía de esa reunión y del pago.

De acuerdo con la fuente, Gorrín transfirió 500 mil dólares a una persona que actuó de intermediaria y le hizo llegar el dinero a Tintori.

“Ella [Tintori] pidió un millón de Gorrín y un millón a Gustavo Perdomo (cuñado y socio de Gorrín), pero finalmente se le dieron 500 mil dólares’’, dijo la fuente.

A través de una vocera, los López-Tintori aceptaron a Univision que la reunión ocurrió y que su objetivo era que Gorrín conociera los tres pilares de su campaña política para restaurar la democracia en Venezuela: la liberación de los presos políticos en Venezuela, la apertura de un canal humanitario y la convocatoria de elecciones libres.

Tintori también le pidió al empresario que abriera los micrófonos de Globovisión a la oposición.

¿Hubo donación de por medio?

“ No hubo ni una solicitud ni tampoco recepción de recursos económicos”, dijo una vocera de la familia López-Tintori después de consultar con la pareja. “Se habló de Venezuela … y ellos dijeron que querían ayudar a través del canal de televisión”.

“Lilian muy disciplinadamente llevó este mensaje a todas las partes y se reunió con mucha gente”, incluyendo presidentes de varios países y personas cercanas a Maduro, dijo la vocera.

El abogado de Gorrín en Miami no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios de Univision.

Mensajes de texto

Univision tuvo acceso a conversaciones de mensajes de textos por celular que contienen diálogos entre Gorrín y Tintori en relación con la liberación de López.

“¿Tú estás de acuerdo que se vaya o no a la casa?”, pregunta Gorrín en uno de ellos. “Sí, por supuesto’’, responde Tintori.

En otro intercambio, Gorrín escribió: “Como te lo dije, lo estoy asumiendo como un tema personal’’, a lo que Tintori responde: “ Ok, cuenta conmigo, yo en ti confío’’.

Más adelante Gorrín habló de “articular lo más pronto posible la salida de LL’’.

La vocera de López-Tintori desestimó los textos, diciendo ” no tenemos más nada que agregar a lo declarado.

El contrato de Rivera

Como supuesto testigo indirecto de la historia del encuentro entre Gorrín y Tintori, se unió también el excongresista Rivera, que está en medio de una escándalo por haber recibido presuntamente 15 millones de dólares del gobierno de Venezuela para cabildear en Estados Unidos a favor de la petrolera estatal, PDVSA, según alega una demanda civil en Nueva York presentada hace dos semanas.

Consultado por Univision, Rivera sostuvo que estaba enterado de que Tintori recibió los 500 mil dólares después del desayuno en Cocoplum y que durante otra reunión, también en la residencia de Gorrín, se acordó con líderes venezolanos los envíos de sumas de dinero más elevadas.

Ni Gorrín, ni Rivera han mostrado ninguna prueba de las supuestas transferencias de dinero.

Según Rivera, esos dineros salieron de lo que su firma de consultoría recibió de un contrato de 50 millones de dólares con una filial de PDVSA en Estados Unidos para mejorar la reputación de la empresa en Washington. Es decir que, sin saberlo, Maduro estaba financiando a su propia oposición con fondos desviados de la petrolera estatal.

Demandan a empresa del excongresista cubanoamericano David Rivera por incumplimiento de un contrato millonario con una filial de PDVSA

Según Rivera, parte del dinero fue usado para facilitar la liberación de López.

“Mientras que Leopoldo estaba preso en el 2017, Lilian [Tintori] aprobó transacciones monetarias en la casa de Gorrín en Cocoplum, junto con varios testigos”, escribió Rivera, diciendo que tiene mensajes de texto y fotografías que comprueben su versión.

“La libertad de Leopoldo fue impulsada y beneficiada por esos fondos”, agregó Rivera, quien se rehusó a ofrecer pruebas de las supuestas transferencias a la oposición.

Demanda por difamación

Los López-Tintori rechazaron el señalamiento y anunciaron una demanda por difamación contra Rivera en Estados Unidos.

“Lilian no conoce a este señor (Rivera)”, aseveró la vocera de la familia López-Tintori.

“Ante todas estas acusaciones que está haciendo esta persona, la familia va a tomar acciones legales. En Venezuela no hay democracia, pero en Estados Unidos sí hay justicia y queremos que se sepa la verdad”, agregó.

López pasó tres años en una cárcel militar por sus actividades contra el régimen de Maduro en medio de una ola creciente de represión gubernamental. Fue trasladado a prisión domiciliaria el 17 de julio de 2017.

La vocera de López aseguró que en su iberación de la cárcel “no tuvo absolutamente nada que ver” la intervención de Gorrín ni Rivera. “Quien tomó esa decisión fue Nicolás Maduro”, dijo.

Otras fuentes dijeron a Univision que la liberación de López fue el resultado de la intervención del ex presidente de gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, en coordinación con la ministra de Relaciones Exteriores en ese momento, Delcy Rodríguez, quien ahora es la vicepresidenta del país.

Un discurso, más sanciones

El 31 de julio, Globovisión cedió al senador de la Florida, Marco Rubio, 10 minutos para ofrecer un discurso directamente al pueblo venezolano expresando su solidaridad con la lucha anti-Maduro.

Rubio tenía un duro mensaje contra la corrupción y la “tiranía” de Maduro. “El camino actual no terminará bien para usted”, advirtió al mandatario venezolano. Adelantó que en los próximos días Trump iba a imponer sanciones contra más individuos en Venezuela. Irónicamente, meses más tarde uno de ellos fue el dueño del canal, el mismo Gorrin.

La residencia de Cocoplum fue confiscada en 2018 por el gobierno federal por cargos de corrupción y lavado de dinero en contra de Gorrín. La acusación describe actividades ilegales de Gorrín desde 2011 hasta 2017, cuándo ocurrían las supuestas reuniones.

El abogado de Gorrín no respondió a una solicitud de comentarios pero en el pasado ha negado que su cliente haya cometido algún delito.

Investigación federal

Univision reveló el pasado fin de semana que Rivera lleva más de dos años y medio bajo investigación federal relacionado con sus vínculos con Gorrín y Venezuela, según cuatro fuentes familiarizadas con el caso.

En el otoño de 2017, fiscales en Miami detectaron que el excongresista hizo numerosos depósitos en bancos del sur de la Florida, según dos fuentes familiarizadas con la investigación que hablaron con Univision. Los depósitos eran en cantidades menores a 10,000 de dólares para evitar que fuesen reportados a las autoridades financieras como lo requieren las leyes para prevenir el lavado de dinero en los bancos.

“Fake news’’, respondió Rivera en su momento a Univision.

Excongresista bajo investigación federal por supuesta corrupción con el régimen de Maduro, según fuentes
El diario Miami Herald informó el martes que Rivera usó 4 millones de dólares de sus ingresos del contrato para pagarle a Gorrín. Rivera habría realizado pagos electrónicos de su negocio, Interamerican Consulting, a Gorrín a través de una compañía de Miami, Interglobal Yacht Management LLC, en la que Gorrín tenía un interés financiero, según el periódico. Interglobal declinó hacer comentarios a Univisión.

El Miami Herald informó que el congresista también utilizó algunos ingresos de su contrato venezolano para pagar alrededor de 3.5 millones de dólares al negocio de consultoría de Esther Nuhfer, una recaudadora de fondos de Miami que había trabajado en las campañas políticas pasadas de Rivera y también del Rubio. Nuhfer no respondió a una solicitud de comentarios.

¿Dónde está el dinero?

Rivera, político cubanoamericano de 54 años, reconoce que su compañía de consultoría Interamerican Consulting Incorporated recibió 15 millones de dólares de la filial de PDVSA en Estados Unidos. La filial acusó a la firma de haber incumplido el contrato.

El gobierno de Venezuela ha mantenido silencio sobre el escándalo de Rivera y no ha dado una explicación sobre el motivo para autorizar el pago de una suma tan exorbitante al excongresista. La suma supera los ingresos anuales de las principales firmas de cabildeo de Estados Unidos. Una fuente familiarizada con el trámite de ese dinero dijo que la vicepresidenta Delcy Rodríguez ordenó acelerar la ejecución del contrato.

Los expertos legales dicen que es solo cuestión de tiempo antes de que los documentos relevantes, incluidos los estados de cuenta bancarios, se hagan públicos como parte del proceso judicial de la demanda contra Rivera en Nueva York.

Solo entonces se sabrá la verdad, dijo la portavoz de la familia López-Tintori. “Hay un juicio, en el cual él (Rivera) va a tener que declarar. Este juicio tiene que terminar aclarando … ¿Dónde está el dinero? ¿A dónde fue?”.

Mitos, egos y torpeza: anatomía de un complot disparatado en Venezuela por Javier Lafuente/ Francesco Manetto – El País – 16 de Mayo 2020

La Operación Gedeón fracasó tras un año de choques entre exmilitares, políticos y contratistas que conspiraron desde Colombia. EL PAÍS reconstruye los pasos del último plan contra Maduro

Fuerzas de seguridad de Venezuela patrullan la costa de La Guaira, donde se produjo el intento de incursión marítima.
Fuerzas de seguridad de Venezuela patrullan la costa de La Guaira, donde se produjo el intento de incursión marítima.RAYNER PEÑA / EFE

Alrededor de cincuenta hombres, dos lanchas rápidas, diez fusiles y un plan suicida. El enésimo intento de derrocar a Nicolás Maduro se quedó en un rocambolesco desembarco en dos playas próximas a Caracas, Chuao y Macuto, y fue desactivado en cuestión de horas el pasado 3 de mayo. La llamada Operación Gedeón dejó al menos siete muertos y decenas de detenidos, entre los que se encuentran exoficiales venezolanos y dos mercenarios estadounidenses. Pero ese episodio, que se enmarca en el clima belicista alentado por el sector más radical de la oposición al régimen chavista, solo es el epílogo de una larga historia. Transcurre entre Colombia —cuyos servicios de inteligencia y Gobierno quedan cuestionados—, Estados Unidos y Venezuela, y en ella intervienen políticos, militares, empresarios, contratistas, asesores de seguridad. El resultado es una muestra de la capacidad de penetración de la inteligencia del aparato bolivariano.

La incursión en la costa caraqueña de hace dos semanas es, hasta el momento, el capítulo más disparatado para intentar desestabilizar al Gobierno de Maduro. Pero no ha sido el único. El relato de lo sucedido, reconstruido por EL PAÍS gracias a los testimonios de una decena de fuentes conocedoras de los hechos, refleja el descontrol de una estrategia consecuencia de una guerra de egos que, en definitiva, se ha convertido en un bumerán que ha asestado un golpe a Juan Guaidó. El líder de la oposición rechaza, sin matices, estar involucrado e incluso haber estado al tanto de la Operación Gedeón, mientras el malestar internacional e interno, dentro de la oposición, no ha hecho sino crecer y una pregunta se repite desde hace dos semanas: ¿cuál va a ser la siguiente sorpresa?

“La caída de Nicolás Maduro se ha vuelto un negocio, es cuestión de tiempo”. La euforia con la que una persona muy cercana a Guaidó pronunciaba esta frase en febrero del año pasado, en un restaurante de Caracas, cobra más sentido con el paso del tiempo. El dirigente opositor, reconocido como presidente interino de Venezuela por más de 50 países, acababa de regresar entonces de una gira por Sudamérica después de cruzar la frontera para asistir al intento de entrada de ayuda humanitaria por Colombia en uno de los momentos políticos más tensos vividos en Venezuela. Desde entonces, se han producido varios acercamientos, al menos cuatro, de personas o empresas que se presentan bajo el eufemismo de compañías de seguridad, ofreciendo sus servicios para de una u otra manera propiciar la caída de Maduro o fortalecer lo que surgiese de ella.

El hervidero de Cúcuta

Para entender las premisas de las últimas conspiraciones hay que viajar a la ciudad fronteriza de Cúcuta (Colombia) en los días previos al 23 de febrero del año pasado. La localidad era un hervidero de operadores políticos, uniformados, representantes de agencias de inteligencia de distintos países, inversores con intereses en una transición en el país vecino, cooperantes y miles, decenas de miles de personas vinculadas a la oposición. En vísperas de esa jornada, cuando fracasó la operación promovida por Bogotá, Washington y la oposición al chavismo para introducir en Venezuela camiones con ayuda humanitaria, se celebró un concierto organizado por el magnate británico Richard Branson. Entra en escena entonces una figura clave en el último plan contra Maduro. Se trata de Jordan Goudreau, exmiembro de las fuerzas especiales de Estados Unidos, veterano de Irak y Afganistán y hoy representante de la firma de seguridad privada Silvercorp, con sede en Florida. Durante esos días Goudreau se encargó de la protección de los artistas, pero también encontró un terreno fértil para intentar hacer negocios.

Nicolás Maduro muestra los documentos de los dos ciudadanos estadounidenses detenidos.
Nicolás Maduro muestra los documentos de los dos ciudadanos estadounidenses detenidos. PRENSA MIRAFLORES / EFE

En ese momento Venezuela vivía días de turbulencias políticas después de que en enero Guaidó se proclamara presidente del país y en las filas opositoras varios cargos vislumbraron la posibilidad de formar una especie de ejército particular para intentar una incursión. Cúcuta era el epicentro de esos movimientos. “De los 1.700 hombres que Venezuela tuvo en los refugios encargados por el Gobierno colombiano y manejados por ACNUR [para recibir a venezolanos que querían salir del país], solamente 163 fueron los que en verdad pasaron de Venezuela hacia Colombia el 23 y los días siguientes”, relata una fuente al tanto de los movimientos de los militares desertores. “El resto era personal militar, policial, bomberos que estaban dispersos en América e inclusive algunos en Europa. Fueron llegando sencillamente porque pensaban que se iba a organizar una operación”.

Un exgeneral con ínfulas cercano a Chávez

Pero las expectativas de estos opositores que vieron la posibilidad de lanzar una operación contra Maduro quedaron frustradas. Sin liderazgo ni referentes, no tuvieron más alternativas que encerrarse en esos centros de acogida. El único nombre que aún resonaba entre ellos era el de Clíver Alcalá. Este exgeneral fiel a Hugo Chávez rompió con Maduro en 2016 y se fue a Colombia. Al menos dos fuentes que trabajaron a su lado en las fuerzas armadas venezolanas, y otras tantas que lo han seguido de cerca desde el ámbito político, lo describen como “una persona carismática, con mucha voluntad, mucho empuje: desde sus tiempos de servicio activo tenía fama de abusador, desviaba el poder, no respetaba, actuaba con mucha furia y apoyó al régimen en la mayoría de los desmanes que había cometido”.

Hace un mes y medio, a finales de marzo, Alcalá fue acusado formalmente por Washington de tráfico internacional de drogas. Fue incluido en una lista en la que aparece junto a la cúpula del chavismo. El exgeneral, que residía en Barranquilla, en el Caribe colombiano, decidió entonces entregarse a la DEA, pero antes habló públicamente de un complot para derrocar a Maduro que se estaba organizando en Colombia e hizo referencia a la incautación de un arsenal de armas.

El exgeneral venezolano Clíver Alcalá, en 2016.
El exgeneral venezolano Clíver Alcalá, en 2016. JUAN BARRETO / AFP

Fue precisamente Alcalá el primero en hablar de un contrato estipulado el pasado mes de octubre por el equipo de Guaidó con Jordan Goudreau y su empresa, Silvercorp, que estaría detrás del desembarco en la costa caraqueña de hace 15 días. Juan José Rendón, conocido como JJ, un controvertido asesor del líder opositor que ha participado en campañas de muchos políticos latinoamericanos y al que siempre se han atribuido operaciones oscuras, admitió hace unos días haberlo firmado. “Era una exploración para ver la posibilidad de captura y entrega a la justicia de miembros del régimen”, reconoció el consultor en la CNN, que exculpó a Guaidó ante la aparición de su supuesta firma en los mismos documentos. Rendón, que llegó de la mano de Leopoldo López, dimitió de su cargo, pero la tibieza del líder opositor, que aceptó la renuncia aunque en un principio evitó despedirlo pese a las presiones internas, ha suscitado un enorme malestar en la oposición ante lo que consideran la imposibilidad de romper con su jefe.

El hecho de que Colombia —país que comparte con Venezuela más de 2.200 kilómetros de frontera y destino de cerca de 1,5 millones de venezolanos que en los últimos años migraron en busca de oportunidades— fuera la base de operaciones hace un año para fraguar un intento de golpe pone de por sí la lupa sobre sus autoridades. Por complicidad o por omisión. Alguien de la cadena de mando militar debió de estar al tanto, al menos hasta cierto momento. Aunque todos, empezando por el presidente, Iván Duque, se desvincularon rotundamente de lo sucedido y formalmente el Gobierno instó a los dirigentes opositores en el exilio a informarles de cada paso. Las dudas sobre si un sector de la inteligencia colombiana próximo al expresidente Álvaro Uribe actuó con el beneplácito de este, pero no del de Duque, cobran fuerza con el paso de las semanas y por la versión de diferentes fuentes, tanto venezolanas como colombianas.

Esos planes, en cualquier caso, se pusieron en marcha justo después del 23 de febrero de 2019. Alcalá, con fondos procedentes de la oposición, comenzó a organizar unos campos de entrenamiento cerca del municipio colombiano de Riohacha, en el departamento caribeño de La Guajira. Se trata de un territorio poco poblado en el que se mezclan desierto, selva y montaña que linda con Venezuela y que él conoce debido a vínculos familiares y a su pasado como comandante en esa región, en la que estrechó lazos con guerrilleros de las FARC. Los ordenadores incautados en 2008 al entonces número dos de la guerrilla, Raúl Reyes, revelaban la cercanía entre Alcalá e Iván Márquez, jefe negociador de la guerrilla en La Habana, hoy un líder disidente que rompió con los acuerdos de paz.

Operadores políticos

Mientras tanto, en Caracas se intensificaba el pulso entre Guaidó y Maduro. El país sufría una crisis eléctrica sin precedentes y tomó vuelo otra opción, que se manejaba en paralelo. Todas las fuentes consultadas coinciden en que en todo momento ha habido múltiples planes sobre la mesa; pocos se explican cómo el más disparatado de todos fue el que terminó por desarrollarse. Fue la asonada del 30 de abril de 2019. Tenía el objetivo de provocar una ruptura de las fuerzas armadas y facilitar una etapa de transición con la participación de algunos altos cargos chavistas. Como los demás intentos, fracasó y terminó con un incremento de la tensión y la liberación de Leopoldo López después de pasar tres años encarcelado y casi dos en arresto domiciliario. El dirigente opositor y líder del partido Voluntad Popular encontró resguardo horas después en la residencia de la Embajada de España en Caracas, donde todavía permanece.

Esa operación se precipitó, según al menos dos fuentes, debido a la insistencia del mayor del Ejército venezolano Javier Nieto Quintero, que fue precisamente quien junto a Goudreau reivindicó el intento de incursión marítima de hace dos semanas. El fracaso del plan de abril de 2019 provocó una desbandada. El exjefe del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) Cristopher Figuera, que participó en esos hechos, huyó a Estados Unidos tras pasar unas semanas en Colombia. “El personal militar se quedó sin padre ni madre. Los que estaban en Cúcuta se quedaron definitivamente aislados en sus refugios y los que estaban con Clíver Alcalá también quedaron aislados en el campamento de Riohacha. Y los que estaban en Venezuela, por supuesto, temerosos de la acción del Gobierno debido al control público que se hacía”, resume un oficial.

Asistentes al concierto organizado en Cúcuta en vísperas del 23 de febrero de 2019.
Asistentes al concierto organizado en Cúcuta en vísperas del 23 de febrero de 2019. FERNANDO VERGARA / AP

¿Qué pasó entre abril de 2019 y mayo de 2020? Para empezar, entran en escena dos operadores políticos próximos a Leopoldo López. Ya a mediados de mayo del año pasado, Lester Toledo, que había sido uno de los coordinadores de la ayuda humanitaria, y Jorge Betancourt, organizan reuniones en Bogotá para explorar posibles acciones. Lo hicieron, durante esas semanas, en al menos tres ocasiones. Sobre la mesa estaba el plan que estaba diseñando Goudreau. El exmilitar norteamericano proponía en un primer momento entrar por las líneas fronterizas, ir destruyendo a los grupos de las FARC y del ELN, y posteriormente insistía en entrar con 300 hombres por la costa a través de La Guaira.

Pero otros sectores de la oposición al tanto de estos planes los consideraron disparatados desde el comienzo. “Para conquistar una cabeza de playa hay que tener un volumen de fuego y una cobertura aérea suficiente, más cuando te estás metiendo en el centro del poder militar venezolano. En La Guaira solamente está el cuerpo de infantería de la Marina, pero tienes a Caracas cerca y dos batallones de infantería muy poderosos que pueden decidir cualquier operación militar”, asegura una de las fuentes consultadas. El tenor de las apreciaciones de Goudreau, según algunos de quienes lo conocieron, daba la idea de su desapego de la realidad: “Cada uno de mis hombres equivale a 500 combatientes venezolanos”.

Este exboina verde participó en otro encuentro en junio de 2019. Fue acompañado por un puertorriqueño llamado Lorenzo que actuó como intérprete y se reunió con Clíver Alcalá, que también fue con traductor, el teniente venezolano en el exilio Arturo Gómez Morantes. Los asistentes evaluaron el coste de la operación, que al principio rondaba los 700.000 dólares y posteriormente ascendió hasta 1,8 e incluso 3 millones.

El entorno de Leopoldo López quería tener la última palabra sobre el dinero recaudado, lo que generó tensiones entre los presentes. Tanto es así que Toledo y Betancourt informaron al día siguiente de la necesidad de apartar a Alcalá, puesto que ya entonces el exgeneral estaba sancionado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos. Lanzaron una propuesta al teniente Gómez Morantes para que él dirigiera la incursión. Este, según las fuentes consultadas, grabó la conversación y se la envió a Alcalá. Y fue así como se produjo la primera fractura entre el sector militar y político. Contactado por EL PAÍS, Toledo asegura que nunca tuvo nada que ver con Alcalá y que lo denunció desde que fue elegido diputado por el Estado de Zulia. Además, se desvincula de forma rotunda del desarrollo final de la Operación Gedeón en las costas venezolanas.

El exgeneral contaba en ese momento con no más de 70 hombres repartidos en algunas casas de campo de La Guajira, pese a que él presumiera en público de 300 soldados. La falta de ingresos profundizó su malestar. Esos hombres no tenían una dieta sana y algunos enfermaron por no tener acceso al agua potable, de acuerdo con al menos tres personas al tanto de la situación en los campamentos. Solo más tarde recibió unos fondos y la situación mejoró. Alcalá hasta llegó a comprar camisetas y zapatillas deportivas para los entrenamientos.

Por entonces, en el verano de 2019, Jordan Goudreau ya estaba instalado en una vivienda del acomodado norte de Bogotá con al menos cuatro personas: un estadounidense, un puertorriqueño, un hondureño y un mexicano.

El papel de la inteligencia colombiana

Una de las incógnitas es el papel de la inteligencia colombiana. Según las fuentes consultadas, el abandono de los campos y el diseño del plan contribuyeron a que los servicios de inteligencia de Estados Unidos y de Colombia relajaran la vigilancia. Sin embargo, al menos Clíver Alcalá estuvo en contacto con la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) colombiana desde su llegada al país. En la recta final del último mandato de Juan Manuel Santos (2010-2018), le recibió el general Juan Carlos Buitrago, entonces subdirector de la agencia, y en mayo del año pasado fue captado en medio de la celebración de una cumbre por Carlos Narváez, subdirector de operaciones, con quien mantuvo relación durante meses.

En todo momento, según varias versiones, Toledo y Betancourt presumían de contactos en el Gobierno colombiano, con el expresidente Álvaro Uribe o el entonces embajador colombiano en Estados Unidos, Francisco Santos. El actual jefe de la DNI fue el jefe de la Casa Militar durante el mandato de Uribe. El sector más radical de la oposición recela de Iván Duque, a quien atribuye demasiada prudencia el 23 de febrero, y se considera más afín al ala más dura del Centro Democrático, el partido fundado por Uribe. Sin embargo, no se han aportado evidencias de que esos contactos se produjeran con frecuencia o fueran fluidos.

El estratega político J. J. Rendón.
El estratega político J. J. Rendón. YASMÍN RINCÓN / EFE

Quedan las dudas sobre si alguien en el Gobierno estaba informado y dejó que los hombres de Alcalá y Goudreau siguieran actuando. En cualquier caso, al margen de la intensidad de la vigilancia de Colombia, los agentes se encontraron con un abanico de personalidades que comprometían, de entrada, cualquier tipo de conspiración. “En Venezuela todas las conspiraciones han fracasado por cinco razones: porque hay un poco de mitómanos, gente que te dice que tiene 50 batallones dispuestos a intervenir y no es verdad; porque hay un montón de ilusos, gente que piensa que si ellos dan un paso muchos los van a seguir; porque hay estafadores, gente que ha hecho de la necesidad de restituir la democracia en Venezuela un negocio; la cuarta son los ignorantes, gente que no sabe de artes y ciencia militares; y la última son los locos, con componentes de vanidad y de ego”. Estas palabras, de un antiguo alto mando militar, son de alguna manera el punto de unión entre las premisas y lo que vino después.

La organización del operativo en Colombia se complicó. Entran en escena otros dos oficiales venezolanos, los tenientes coroneles Illich Sánchez y Rafael Pablo Soto Manzanares, que desempeñaron un papel determinante en la asonada del 30 de abril, al mismo tiempo que el mayor Nieto Quintero y Rodney Pacheco, al que se le consideraba uno de los responsables de seguridad de Juan Guaidó. Fueron ellos los que, entre finales del pasado verano y el inicio del otoño, comienzan a conversar con un grupo de militares en el exilio encabezado por los hermanos Sequea, sobre todo con Juvenal y Antonio Sequea, quien fue detenido por las autoridades venezolanas el en el intento de desembarco del pasado 3 de mayo. “Illich Sánchez y Soto Manzanares le recomiendan a Leopoldo López retomar otra vez contacto con esta gente, ya que los hermanos Sequea eran los que se iban a hacer cargo de la operación”, asegura una de las fuentes al tanto de los movimientos.

Poco después, entre finales de noviembre y principios de diciembre, Antonio Sequea es detenido en el aeropuerto El Dorado de Bogotá mientras trataba de volar a España con pasaporte falso. Los motivos de ese viaje se desconocen, aunque la sospecha de operadores al tanto del plan es que tuviera que ver con búsqueda de financiación. El exgeneral Hugo Carvajal, apodado El Pollo, hoy prófugo de la justicia española, había sido jefe de Sequea y en 2019 apoyó públicamente la causa de Guaidó.

Hay un vacío en el tiempo que no ha terminado por aclararse y que está cubierto por un manto de especulaciones más que de certezas. Tras saltar por los aires la Operación Gedeón hace dos semanas, se supo que esta había sido planeada en un principio por asesores de Guaidó, siendo el líder visible J. J. Rendón. El estratega venezolano ha insistido en que, entre octubre y noviembre, ante las exigencias de Goudreau, rompió con él. Sin embargo, el exboina verde siguió adelante con sus propósitos. Quién le dio el beneplácito es un interrogante, mientras muchos dudan que los servicios de inteligencia de Colombia no supieran de sus movimientos en la capital colombiana y por todo el país. Al menos tres fuentes al tanto aseguran que están tratando de seguir el hilo del dinero que pudo haber recibido, pues no dudan que, a través de testaferros, le siguió llegando financiación para la operación fallida. Ver si ese dinero llegaba desde dentro de la oposición, como piensan muchos pues hay un sector convencido de que una intervención militar es la única solución, o desde el Gobierno de Maduro, que se entera de los planes, es algo que de momento no está esclarecido.

Operación de contrainteligencia

De lo que hoy, en cambio, pocos dudan es de que la operación estaba infiltrada o penetrada por informadores del régimen de Maduro. Ya a finales del año pasado cundían las sospechas en sectores de la oposición. El mandatario venezolano se refirió en algunas apariciones públicas a supuestos “rambos” que conspiraban desde Colombia, una descripción que encaja con la figura de Goudreau. En segundo lugar, según la información filtrada desde la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), en enero el chavismo realizó una operación, cerca de las playas donde se intentó la incursión marítima. Las fuerzas de seguridad allanaron hoteles, albergues y posadas en busca de Clíver Alcalá, cuyo hermano es embajador de Venezuela en Irán, y ciudadanos puertorriqueños, hondureños y estadounidenses. Un rastreo que coincide con las nacionalidades de los hombres que compartían vivienda con Goudreau en Bogotá. Además, los uniformados realizaron un ejercicio de defensa del puerto, bautizado como Punto de Resistencia Bravo.

Patrulla de la Armada venezolana en la costa de La Guaira.
Patrulla de la Armada venezolana en la costa de La Guaira. RAYNER PEÑA / EFE

También hubo un simulacro de cierre de la ciudad de Caracas, ubicada a unos 30 kilómetros de la costa. En la grabación del interrogatorio de Luke Denman, uno de los mercenarios estadounidenses detenidos, este afirma que su misión era hacerse con el control del aeropuerto para permitir el aterrizaje de aviones estadounidenses y sacar a Maduro del país. Aunque en sus primeras declaraciones no lo menciona abiertamente, el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía se encuentra junto al puerto de La Guaira.

El 11 de marzo, además, el Ejército venezolano capturó en una zona fronteriza de La Guajira conocida como Trocha número 30 a un teniente llamado Figueroa Fernández. La detención se produjo en uno de esos cientos de caminos informales que conectan Colombia y Venezuela y fue fortuita, según el relato de una fuente militar, porque el oficial conducía a alta velocidad en una trocha. Este, según información de la FANB, bajó del vehículo y se dijo dispuesto a colaborar. Apenas dos semanas después, las autoridades colombianas incautan un arsenal de armas, pero no hacen público el operativo durante unos días. Sin embargo, Nicolás Maduro tarda siete horas en mencionar el decomiso, mientras el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, al día siguiente, da los detalles del plan de Goudreau y Clíver Alcalá. Cuando este se entrega a Estados Unidos, muchos en las filas opositoras pensaron que era inviable continuar con el plan. Sin embargo, la operación siguió adelante.

Malestar generado

Las consecuencias que ha tenido la Operación Gedeón aún son imprevisibles, pero no cabe duda de que ha supuesto una sacudida a las aspiraciones de Guaidó y al mayor tesoro que este tiene: el apoyo internacional. Las fuentes consultadas, dentro y fuera de Venezuela, en diversos países, admiten que el malestar generado en Estados Unidos por la chapuza de hace dos semanas ha sido mayúsculo. Lo mismo ocurre en Colombia y en algunos países de Europa. Si no ha saltado por los aires el apoyo a Guaidó ha sido porque todos los actores son conscientes de que es la única figura que aún articula una unidad frente a Maduro, al menos a nivel nacional.

En Venezuela ocurre algo parecido. Las desavenencias crónicas de la oposición no tardaron en manifestarse, sobre todo en privado. En público, el partido Primero Justicia, de Henrique Capriles, que permanece en Venezuela y de Julio Borges, exiliado en Colombia, ha sido el único que ha criticado lo ocurrido y exigió a Guaidó romper con J. J. Rendón. “Parece que nos hemos subido a la máquina de Marty Mcfly y hemos retrocedido a 2018”, resume una de las fuentes, ante el reto que tiene por delante la oposición.

En el chavismo tampoco hay una postura clara sobre qué hacer ante un nuevo intento de derrocar a Maduro. Celebran que la oposición les haya brindado, sin costo alguno, una unidad en el seno de las fuerzas armadas que tapa, al menos por el momento, las grietas internas. Un sector, que encabezaría el propio Maduro y cuya figura más visible es Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación, se muestra partidarios de no actuar contra Guaidó, esto es, descarta la posibilidad de detenerlo, pese a que se han intensificado los ataques contra él y el asedio a su círculo más próximo. Rodríguez siempre ha sido partidario de la idea de que el líder opositor termina por errar, y eso les beneficia. Hay otro bando, no obstante, encabezado por Diosdado Cabello, número dos del chavismo, que siente que la autoridad del Gobierno sufre un golpe, por leve que sea, cada vez que se evidencia un intento de fractura de las fuerzas armadas.

La Operación Gedeón, un nuevo plan disparatado, ha sacudido a Venezuela en medio de la pandemia de la covid-19. Antes de la llegada del coronavirus, la oposición y el chavismo ultimaban un acuerdo para la recomposición del CNE, con vistas a las elecciones parlamentarias previstas para finales de este año. La pandemia lo trastocó todo. No solo en el ámbito político. La crisis para los venezolanos se ha agudizado; la hiperinflación se ha vuelto a disparar, la escasez de combustible es total. Hasta hace unas semanas, miembros de la oposición mantenían canales abiertos con el Gobierno para tratar de que el ingreso de ayuda humanitaria fuese mayor. Una parte de los críticos con Maduro, dentro y fuera de Venezuela y en buena parte de la comunidad internacional, cunde la necesidad de que lograr un acuerdo humanitario abriría la posibilidad de iniciar una negociación política. “Que haya voluntad política, no es necesariamente lo mismo a que haya un acuerdo político”, señala una fuente. No obstante, aún hay líderes con peso que creen que la caída de Maduro es solo cuestión de tiempo y siguen azuzando el fuego de una intervención. De ahí que no pocos se pregunten: ¿Cuál será el siguiente plan disparatado?

El alzamiento que cayó en el olvido en Venezuela por Francesco Manetto – El País – 30 de Abril 2020

La épica del momento decisivo alentada por la oposición ha dado paso a una nueva rutina de precariedad agravada por el coronavirus

Juan Guaidó y Leopoldo López, el 30 de abril de 2019 en Caracas. En vídeo, así te contamos la jornada que vivió Venezuela aquel día (30-04-2019). REUTERS / VÍDEO: EPV

La historia reciente de Venezuela va camino de convertirse en un repertorio de fechas en las que la grave crisis política y social del país queda retratada como una batalla de todo o nada. Para la oposición, intentos frustrados de acabar con el régimen. Para el Gobierno de Nicolás Maduro, cada una se convierte en una suerte de hito de la resistencia del chavismo. La madrugada del 30 de abril de 2019 Caracas amaneció en medio de una operación militar que pretendía provocar una quiebra de las Fuerzas Armadas y tumbar al sucesor de Hugo Chávez. El plan fracasó en tan solo unas horas. Y hoy, un año después, la épica del momento decisivo alentada por los dirigentes opositores ha dejado paso a una nueva rutina de precariedad agravada por la emergencia del coronavirus.

“Atención. Situación irregular en Venezuela”. Con este mensaje, difundido en Twitter cuando faltaban unos minutos para las cinco de la mañana, hora local, advertía Alberto Ravell, portavoz de Juan Guaidó, de que algo estaba a punto de suceder. Esa “situación” iba acompañada de una imagen. El jefe del poder legislativo hablaba a las cámaras a las puertas de la base militar de La Carlota. Iba escoltado por un reducido grupo de uniformados y de Leopoldo López. El líder opositor acababa de ser liberado tras pasar tres años en la cárcel y dos en arresto domiciliario. La puesta en escena, después de meses de pulso entre Guaidó y Maduro, sugería un giro inminente. Sin embargo, todo descarriló en una jornada de protestas y violencia y López buscó resguardo en la residencia de la Embajada de España.

Fueron unas horas de vértigo y confusión. La oposición atribuyó el fracaso a la traición de los dirigentes chavistas al tanto de la operación. Según varias fuentes, el propio ministro de Defensa, Vladimir Padrino, y el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno. Sí quedó probada la participación del exdirector del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), Christopher Figuera, que fue decisivo en las horas iniciales y después huyó, primero a Colombia y más tarde a Estados Unidos. En cualquier caso, el alzamiento contra Maduro no prosperó porque los mandos militares, que el año pasado sufrieron un goteo de deserciones, se mantuvieron fieles al Gobierno.

A pesar de ello, Guaidó sigue insistiendo hoy en el malestar instalado en los cuarteles y tanto su discurso como el de la Administración de Donald Trump o el del Gobierno colombiano, sus principales valedores, apuntan a un inevitable cambio de régimen. “Hoy la Fuerza Armada no es el monstruo domesticado que la dictadura pretendió y hasta hace unos meses creía”, manifestó este jueves en las redes sociales. “Hoy las fracturas internas se agravan con el hambre y la falta de gasolina. Hoy el miedo persigue a los usurpadores, porque ya no confían ni en su sombra”, mantuvo. En las filas opositoras, se niegan a considerar un fracaso absoluto lo que sucedió el 30 de abril. Su argumento es que fue un paso más que consiguió agrietar al régimen. Después de esos acontecimientos, hubo un ensayo de diálogo en Barbados bajo el auspicio de Noruega. Ese intento también naufragó. El pasado enero, el chavismo se valió de un sector de la oposición para tratar de desalojar a Guaidó de la presidencia de la Asamblea Nacional, aunque antes de que estallara la crisis sanitaria de la covid-19 se produjeron unos contactos entre las partes que abrieron la puerta al comienzo de un proceso electoral.

El coronavirus ahondó una vez más la brecha, evidenciando el colapso por el que atraviesa el país. En Venezuela apenas queda combustible en las gasolineras, el sistema de salud está gravemente deteriorado desde hace años. La férrea cuarentena amenaza con condenar a la miseria a millones de personas cuyos escasos ingresos dependen de la economía informal. Y el Gobierno terminó de cuadrar el círculo pidiendo ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI), un organismo que el chavismo siempre había rechazado, y esta semana se dirigió a Naciones Unidas para solicitar que interceda para desbloquear los fondos congelados en el extranjero. Por ejemplo, el oro depositado en el Banco de Inglaterra.

Con todo, Maduro sigue manteniendo el control de los engranajes del Estado, pese a que Guaidó cuente todavía con el reconocimiento como presidente interino de más de 50 países. “Hace un año, el pueblo movilizado con su temple y gran nivel de conciencia, junto a la FANB [Fuerza Armada Nacional Bolivariana], derrotó la escaramuza golpista que pretendió llenar de violencia al país. La ultraderecha fracasó y fracasará siempre en sus intentos de someter la patria a los intereses imperiales”, afirmó. Y Diosdado Cabello, número dos del chavismo, llegó a movilizar a un grupo de militares y un tanque para protagonizar una parodia del levantamiento desde el mismo escenario. Mientras tanto, la ruptura de las fuerzas armadas es aún hoy la principal apuesta de la oposición para forzar un cambio en Venezuela.

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