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Bolton: La salida de Maduro es inminente porque gran parte del Alto Mando Militar lo desprecia – El Nacional – 31 de Julio 2020

El exasesor de seguridad nacional de Estados Unido afirmó que el régimen se mantiene a flote debido al apoyo cubano y a una parte del Alto Mando Militar que no quiere salir del poder por sus lazos con el narcotráfico

Bolton
Foto: AP | Carolyn Kaster

John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, declaró que a pesar de que la salida de Nicolás Maduro del poder se tornó más difícil de lo esperado, sigue creyendo que la deposición del régimen es inminente. Argumentó que basa su opinión en que la mayoría del Alto Mando Militar es antimadurista.

Así lo señaló en una entrevista para EVTV Miami, cuando dijo que el fracaso de los intentos de derrocamiento se debe a dos factores: el apoyo cubano y que una parte del Alto Mando quiere seguir en el poder por sus negocios con el narcotráfico.

“Creo que el 30 de abril de 2019 se hubiera garantizado el éxito si los venezolanos se hubieran hecho responsables por sí mismos del derrocamiento. Creo que los militares en el Alto Mando son abrumadoramente antimaduristas. El problema son los generales y almirantes que se están beneficiando del tráfico de drogas y por eso quieren mantenerse en el poder”, comentó.

“Por eso el derrocamiento del régimen sí es inminente. Es cuestión de determinar cómo hacerlo de la manera más efectiva para que no se le cause más daño a la gente de Venezuela”, aseguró.

Dijo que, a su juicio, debería aplicarse un bloqueo naval.

“Pero es importante no darle a Maduro una victoria de propaganda diciendo que Estados Unidos se quiere apoderar de Venezuela, que eso no es lo que Estados Unidos ha pretendido en ningún momento”, indicó.

Apoyo regional

dijo que los países del continente, especialmente los más cercanos a Venezuela, son conscientes de que deben ejercer presión para deponer al régimen de Nicolás Maduro, pues saben que se trata de una gran carga.

Se refirió especialmente a Colombia debido a la gran cantidad de venezolanos que migraron a ese país, por su condición fronteriza.

“Esta es la peor crisis de refugiados en el hemisferio, por eso considero que la dictadura es una carga común para todos, por lo cual hay que deshacerse cuanto antes”, dijo.

Agregó que todo el hemisferio tiene claro que urge remover las influencias externas que atornillan a Maduro en el poder y liberar a los venezolanos de la pobreza aplastante a la que han sido sometidos.

Los detalles que reveló Bolton sobre el intento de sacar a Maduro del poder el 30 de abril de 2019 – El Nacional – 31 de Julio 2020

El exasesor de seguridad de la Casa Blanca dijo que Maduro y su familia estaban dispuestos a abandonar el país

Bolton

John Bolton, exasesor de seguridad de la Casa Blanca, reveló detalles sobre los hechos del 30 de abril de 2019, cuando se ejecutó un intento de deponer al régimen de Nicolás Maduro, en una maniobra que se inició en La Carlota.

Afirmó  que los cuatro meses anteriores, desde que Juan Guaidó se juramentó como presidente interino de Venezuela, fueron determinantes para poner contra la pared al régimen con la implementación de sanciones, las cuales aseguró que tuvieron fuertes repercusiones en la cúpula madurista.

Sin embargo, indicó que se pudo haber hecho más.

“Pudimos haber hecho más, pudimos haber hecho que la oposición se sintiera segura y que los negociadores por  parte del régimen entendieran que estaban negociando con quienes sí le estaban diciendo la verdad. Había que buscar la manera de asegurar los compromisos que se estaban realizando. Hubo un acuerdo previo y ese se cayó”, declaró.

Más militares

El exfuncionario agregó que antes de ejecutar la intentona de deponer a Maduro debió asegurarse de tener un mayor apoyo del seno militar.

“Debimos reunir más figuras militares para cumplir el objetivo, a pesar de Vladimir Padrino López”, reconoció.

Maduro iba a huir

Sobre Nicolás Maduro, Bolton afirmó que ese día realmente Maduro estaba asustado.

“Maduro es un cobarde. Él y su familia estaban listos para salir, para dejar el país. Habían sido trasladados por los cubanos a Fuerte Tiuna. Ellos dicen que para su protección, pero realmente era porque ya estaban dispuestos a dejar todo”, indicó.

John Bolton: «No podemos permitir que Rusia o China abran una base militar en Venezuela» por David Alandete – ABC – 19 de Julio 2020

El consejero de seguridad nacional con Trump fue despedido el 10 de septiembre de 2019
El consejero de seguridad nacional con Trump fue despedido el 10 de septiembre de 2019 – EFE

El ex consejero de seguridad nacional reconoce que la Administración de Trump ha sometido al régimen de Venezuela a mucha presión, pero no ha tenido tanto éxito como quisieran

Durante sus 17 meses como máximo asesor de Donald Trump en materia de seguridad nacional e internacional, John Bolton (Baltimore, 1948) dice que se marcó un objetivo: forzar la caída del chavismo en Venezuela. Este político conservador, veterano de todas las Administraciones republicanas desde Ronald Reagan, cree que Nicolás Maduro estuvo a punto de huir a Cuba el 30 de abril de 2019, pero, según revela a ABC, los cubanos lo impidieron. Tras varias agrias disputas con Trump, dimitió – o según Trump fue despedido– el 10 de septiembre del año pasado, tras boicotear una visita de los talibanes a Washington en la que se había empeñado el presidente. Tras abandonar el cargo, Bolton escribió un libro de memorias titulado «La sala en la que ocurrió» (Simon & Schuster), que la Casa Blanca ha intentado secuestrar sin éxito. Habló con este diario en Washington el jueves.

Dadas las circunstancias actuales en la Casa Blanca ¿cree usted aun que puede haber un cambio de régimen en Venezuela?

Creo que, en última instancia, sí, Maduro será reemplazado. Es algo que tiene que ver más con las condiciones en Venezuela que con quién está en la Casa Blanca. A la oposición la apoya un 90% de la ciudadanía. El régimen está respaldado por unas pocas personas de la élite que se financian con el tráfico de drogas y la extorsión, además de por Cuba y Rusia, que están muy involucradas en ayudar a mantener a Maduro en el poder. Pero creo que es importante que los otros países del hemisferio mantengan la presión económica sobre Maduro. Y creo que eso es todavía más importante aquí en EE.UU., donde existe un amplio apoyo a Guaidó y la oposición entre demócratas y republicanos. Aunque Trump de vez en cuando hable de verse con Maduro, creo que se equivocaría si lo hiciera. Él lo sabe, y por eso no lo ha hecho, hasta ahora.

¿Cree que el presidente lo dice en serio? ¿Cree que se vería con Maduro o es una provocación?

Se ha reunido con Kim Jong-un, el primer presidente estadounidense en hacerlo. Le gusta reunirse con líderes autoritarios, incluso cuando no recibe nada a cambio. Y con eso les da legitimidad. En el caso de Kim Jong-un, legitima a un dictador sanguinario. Creo que sería un error para él verse con Maduro. Y siempre hay un riesgo de que lo haga. Y sí, creo que habla en serio cuando lo dice. Lo bueno es que hemos sido capaces de impedírselo hasta el momento.

Le dedica usted gran parte de su libro al pronunciamiento del 30 de abril de 2019. ¿De verdad creyó usted aquel día que Maduro se montaría en un avión y se marcharía de Venezuela?

Creo que estuvo a punto de hacerlo. Pero este tipo de operaciones está plagadas de riesgos. Creo que muchos de los dirigentes del régimen que estaban negociando con la oposición actuaron de mala fe o se echaron atrás en el último minuto. Pero lo importante es que la oposición a Maduro está tan arraigada que si nos mantenemos fuertes con ellos, firmemente Maduro caerá.

¿Se arrepiente de haber confiado en chavistas como Vladimir Padrino o Maikel Moreno?

No era el único que creía que ellos cumplirían lo prometido. Tampoco diría que me fiaba de ellos. No creo que nadie en la oposición se fíe de ellos. Pero en aquel momento pensábamos que el régimen de Maduro iba a caer, y creímos que se pondrían del lado correcto al menos por su propio interés, por su propia seguridad. Puede que mintieran desde el principio, o puede que se asustaran a medida que avanzaba la jornada. Lo sabremos algún día. Falta saber cuál fue el papel de los cubanos. Estoy seguro de que conoce usted esta historia. Dicen que la esposa [de Maduro] quería irse. Pero los cubanos se lo llevaron a Fuerte Tiuna. Y no le dieron la opción de irse. Para mí, eso pone de relieve la amenaza de los cubanos y los rusos en nuestro continente.

¿Por qué llevó EE.UU. la ayuda humanitaria a Cúcuta en aviones militares?

Cuando la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional brinda asistencia humanitaria en casos de desastres naturales, suele recurrir al transporte militar, dadas las capacidades logísticas de las Fuerzas Armadas. Fue debido a sus capacidades logísticas, no para intimidar con el Ejército.

Recuerdo que el 3 de mayo de 2019, usted fue al Pentágono y dijo abiertamente que estaba allí para repasar planes de intervención militar en Venezuela. ¿Era aquello cierto?

El presidente Trump y yo estábamos de acuerdo en que la opción militar estaba sobre la mesa. No era nuestra primera opción, pero existía. Y los rusos, los chinos y especialmente los cubanos debían saber que no les permitiríamos establecer otra base militar más en este continente. De verdad creo que el grado de oposición a Maduro entre el pueblo venezolano es tan grande, que solo requiere un poco de ayuda del exterior, algo de presión sobre Maduro. Necesitamos seguir así.

Menciona frecuentemente a Rusia. En el tiempo que usted estuvo en la Casa Blanca, el Kremlin se lanzó a salvar a Maduro. ¿Por qué?

Por un lado, creo que tenían cierto interés en el área petrolera, en términos financieros. Eran y siguen siendo hoy, creo, el factor externo más importante de la crisis. Por otro lado, los rusos claramente se dieron cuenta de que una mayor implantación suya en Venezuela podría llevarlos a una posición más fuerte en todo el continente, para causar problemas en América del Sur, en el Caribe, cerca del Canal de Panamá, cerca de Cuba y cerca de Nicaragua. Venezuela, obviamente, es un país mucho más grande, con petróleo, con muchos recursos. Es un objetivo muy tentador para Rusia.

Usted trabajó estrechamente con diplomáticos españoles cuando fue embajador en Naciones Unidas. Conoce España. ¿Por qué cree que el actual Gobierno español no ha tenido un mayor liderazgo para resolver la crisis en Venezuela?

Tanto el Gobierno actual en España como el Gobierno que estuvo en el poder en 2019, desde enero hasta que me fui en septiembre, fue un gobierno de izquierda. Y Maduro, el heredero de Chávez, se presenta a sí mismo como un héroe de la izquierda, aunque de hecho es un autoritario que se impone por la fuerza militar. El Gobierno de izquierda en España fue reacio a asumir un papel más destacado. Y ciertamente trabajamos con ellos muy ampliamente para que asumieran un papel más importante dentro de la UE, precisamente para llevar a la UE a una posición mucho más fuerte. Y en cambio, nos encontramos con que otros gobiernos, como el de Gran Bretaña, que todavía estaba en la UE en ese momento, Italia, Alemania, e incluso Francia, estaban tomando un papel más destacado. Así que creo que la causa fue la ideología del Gobierno español. Me sorprendió y decepcionó, porque para mí hubiera sido de gran ayuda si España hubiera ayudado en el continente americano con algunos de los otros Gobiernos que no eran tan amigos de la oposición venezolana, como el de México. Pero no sucedió así.

Entonces no fueron de ayuda.

Diría que no es que no fueran de ayuda. No quiero dar una impresión errónea de lo que hicieron, pero lo cierto es que no querían tomar la iniciativa para ayudarnos a expulsar a Maduro.

Con el poder diplomático y militar que EE.UU. tiene, con las sanciones, con la implantación de las agencias de inteligencia, ¿cómo es que la presión de este país no ha sido suficiente para culminar la caída de Maduro?

Creo que estuvimos muy cerca el 30 de abril del año pasado. Si algunas cosas hubieran ido de forma diferente en las primeras horas de la mañana, Guaidó ya no sería presidente interino. Aun así, diría que hay dos factores principales. Uno, los ingresos del tráfico ilegal de drogas con ayuda de las guerrillas de las FARC y el ELN. Hemos sometido al régimen a mucha presión, pero no hemos tenido tanto éxito como quisiéramos en la lucha contra el narcotráfico en Colombia, México y otros lugares. Luego está la enorme ayuda financiera que el régimen obtiene de Rusia y China, además de la presencia de las tropas y la inteligencia de Cuba. Esto es importante, porque los cubanos penetraron el ejército venezolano y aunque nosotros y la oposición pensamos que las tropas de base y los militares acabarían apoyando a la oposición, al final no pudieron romper filas con sus generales. La lucha continúa y EE.UU. y otros tienen que aplicar más presión.

¿Qué efecto cree que tuvo la visita de Juan Guaidó a Washington en febrero?

Fue buena para Juan Guaidó y para la oposición. Creo que quedó claro en la recepción que recibió de los miembros de la Cámara y el Senado, que fue bipartidista. Todos lo aplaudieron, tanto republicanos como demócratas. Usted lo sabe por su trabajo sobre la Casa Blanca, la política en EE.UU. es muy partidista. Esta fue una excepción. Y, por lo tanto, creo y espero que le haya otorgado mayor legitimidad a Juan Guaidó para seguir ayudando al pueblo en Venezuela en estos tiempos tan difíciles, y para continuar tratando de derrocar a Maduro.

 

La lealtad en política por Gustavo Roosen  – El Nacional – 29 de Junio 2020

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¿Existe una definición particular de lealtad en el mundo político? ¿Hay una manera especial de entenderla desde este ámbito? Surge, inevitable, la pregunta frente a hechos como el reciente y polémico libro de John Bolton con las memorias de su paso por la Casa Blanca y, entre nosotros, con la postura de segundones de los partidos de oposición dispuestos a facilitar las intenciones o las pretensiones del gobierno.

En el caso de Bolton sus revelaciones cuestionan políticas de las que hizo parte y revelan información de naturaleza reservada y confidencial a la que tenía acceso en función de su posición de poder. Al hacerlo impacta contra el gobierno norteamericano en ejercicio, pero también contra proyectos, instituciones o causas vinculadas a decisiones estratégicas o razones de Estado. ¿Se corresponde esta actitud con la lealtad a los principios y a la institucionalidad? ¿Se corresponde con la obligación de reserva derivada de su propia función, de los compromisos de confidencialidad y la confianza inherentes a su posición? En su decisión todo esto parece haber pesado menos que la oportunidad de un beneficio económico, su deseo de revancha y la promoción del escándalo con fines políticos.

En el caso de la política venezolana no es fácil determinar dónde poner el acento, si en la habilidad oficial para promover la deslealtad o en la debilidad moral de quienes sucumben a la invitación. Habrá quien trate de justificar su actitud en un razonable cambio de posición o en argumentos presuntamente estratégicos o tácticos, pero no se ocultan las motivaciones que tienen que ver con la figuración, el poder y el dinero. Su postura socava la lealtad de quienes compartieron una causa y facilita acciones oficiales que son claramente golpes a la constitucionalidad. La falta de lealtad a su partido o agrupación convalida otra deslealtad: a la Constitución y al país.

La lealtad, como otros valores, no acepta una única definición. Preocupa incluso observar cómo han cambiado las maneras de entenderla y de asumirla, desde formas de lealtad que implican fidelidad a los valores morales, a las personas, a los compromisos nacidos de la palabra y el honor, hasta lealtades sumisas, complacientes, calculadas, falsas o simplemente interesadas. La lealtad es, en principio, compromiso: con uno mismo, con la verdad, con los principios, con las causas. No puede confundirse con la sumisión ni la gratitud. Se identifica, más bien, con el respeto por la palabra dada, la confidencialidad, la reserva, la honestidad, la confianza. Vale en política, vale para la vida de las corporaciones, vale para la amistad.

Los desacuerdos no rompen la lealtad. Son legítimos y naturales. La deslealtad aparece cuando son utilizados como pretexto para una conducta que oculta las verdaderas motivaciones, cuando se calla lo que habría que decirse en el seno de la institución y se propala, después y desde fuera, para desprestigiarla, contando muchas veces con el apoyo consciente o inconsciente de quienes confunden su deber de informar con la desviación de erigirse simultáneamente en acusadores y jueces. La lealtad no va bien con la suspicacia, las medias verdades, los intereses ocultos o subalternos, las amarras del poder y del dinero.

En los tiempos que corren la lealtad no parece brillar en política Hay incluso quien se pregunta sin son compatibles. Resulta tan frecuente hablar de traiciones, de camuflaje, de ambiciones, de oportunismo, de desviaciones, de falsas lealtades. ¿Habrá que aceptar que la política está cada vez más amenazada por un modelo de lealtad más cercano a la mafia o a lo gansteril que a la promoción de la convivencia y los derechos de los ciudadanos? El buen político, sin embargo, sabe que la lealtad constituye uno de los pilares que garantizan la sostenibilidad de cualquier causa o proyecto. Genera confianza y solidaridad; es la amalgama que robustece la unidad. Desde la perspectiva de la política honesta, la lealtad es con los principios y valores. Y en democracia, la adhesión a los valores democráticos. Es bueno pensar que todavía es posible.

Trump, Bolton y Venezuela por Fernando Ochoa Antich – El Nacional – 28 de Junio 2020

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Rechazo, por principio, la forma desleal e irresponsable de actuar de John Bolton, exconsejero de Seguridad Nacional del presidente Trump. Sin embargo, considero importante analizar el contenido de su libro titulado La habitación donde sucedió: una memoria de la Casa Blanca, en particular el capítulo referido a Venezuela. Parece que generará un gran interés en la opinión pública de Estados Unidos y del mundo. Sin lugar a dudas, el autor intenta comprometer la posible reelección de Donald Trump.

Dicho capítulo se inicia con una apreciación con la cual coincido plenamente: “El régimen ilegal de Venezuela, uno de los más opresivos del hemisferio occidental, brindaba una oportunidad al gobierno de Trump, aunque requería una determinación constante de nuestra parte y una presión implacable, y total. No pudimos estar a la altura de ese criterio… El presidente vaciló y cancaneó, lo que exacerbó los desacuerdos internos del gobierno en lugar de resolverlos, e impidió, en reiteradas ocasiones, nuestros esfuerzos de aplicar una política”. En realidad nunca se diseñó una política que favoreciera el retorno de la democracia en Venezuela, solo hubo improvisaciones e intereses personales en pugna.

Ese capítulo plantea, de manera superficial, los dos escenarios que implican el empleo de la fuerza, el cual el gobierno estadounidense ha venido respaldando, con naturales contradicciones internas, en su intento de coadyuvar en el logro de los objetivos de la oposición: “Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”. El primer escenario, la acción militar interna, domina, en gran parte, su contenido: “Guaidó… fue juramentado como presidente interino. La suerte estaba echada. Al día siguiente, Padrino, ministro de Defensa, y un grupo de generales sostuvieron una conferencia de prensa para declarar su lealtad a Maduro… La oposición creía… que la mayoría de los oficiales subalternos… apoyaban al nuevo gobierno”. Es sorprendente observar el muy limitado conocimiento que demuestra el gobierno de Estados Unidos sobre la real situación de la Fuerza Armada Nacional, en la cual impera un elevado grado de represión interna respaldado por un eficaz servicio de inteligencia, organizado por Cuba, y orientado, fundamentalmente, a determinar, controlar e impedir el surgimiento de un genuino liderazgo que permita cohesionar la organización para una acción militar exitosa.

El segundo escenario, la acción militar multilateral, descartada como se encuentra la intervención unilateral, es analizada en dicho capítulo, de una manera confusa y ligera: «El 15 de agosto surgió el tema de Venezuela y Trump me dijo de manera enfática “Que lo hagan”, es decir, que me deshiciera del régimen de Maduro. “Esta es la quinta vez que lo pido”… Este interés del presidente Trump en analizar opciones militares me sorprendió al inicio, pero no debía haberlo hecho. Ante una pregunta de la prensa, el 11 de agosto de 2017 en Westminster, dijo: “…Tenemos muchas opciones para Venezuela, incluida una posible opción militar si fuera necesario…” Le expliqué  las razones por las cuales la fuerza militar no era la respuesta dada la inevitable oposición del Congreso, y que podíamos alcanzar el mismo objetivo trabajando con los oponentes de Maduro». Realmente preocupa la manera superficial como se trata la posible intervención militar a Venezuela. Son conversaciones, sin mayor sustento ni profundidad, las que se transcriben. Si ese tratamiento se llegara a dar al análisis de una acción que pudiese comprometer la paz mundial, la humanidad estaría en un verdadero peligro.

Si fuera realmente cierto todo lo que manifiesta el señor Bolton en el capítulo sobre Venezuela, habría que llegar a la siguiente conclusión: las posibilidades de que se materialicen las opciones de fuerza, como forma de solución de nuestra grave crisis, se reducen de manera importante. Esta realidad se ha venido consolidando en el tiempo. La propuesta del secretario de Estado, Mike Pompeo, realizada a finales de marzo, de constituir un gobierno de transición entre chavistas y opositores, así lo muestra. Naturalmente, para desgracia de nuestro pueblo, Nicolás Maduro la rechazó. Por otra parte, las recientes sentencias del Tribunal Supremo de Justicia, en las cuales se suspenden las actuales directivas de Acción Democrática y de Primero Justicia, muestran que la presión sostenida sobre el gobierno de Venezuela no ha sido suficiente para obligarlo a modificar su conducta. En definitiva, la cercanía de las elecciones parlamentarias de diciembre deja a un lado cualquier otra discusión, y obliga a la oposición democrática a definir su respuesta en ese campo. Hay dos posiciones: abstenerse o votar. Ese debate debe darse en el seno de la oposición y la decisión que se tome debería ser de carácter unánime y militante. Hacerlo enriquece. Atacarse entre factores de la oposición debilita. Hay que evitarlo. Está en riesgo el destino de Venezuela.

El caso Bolton – Editorial El Nacional – 23 de Junio 2020

No abordaremos en esta ocasión lo que dice John Bolton sobre Venezuela en su controversial libro. Por los momentos nos interesa otra pregunta: ¿qué significa en sí misma la publicación de estas memorias, precisamente ahora? ¿Qué busca Bolton con ello?

Recordemos que Bolton ejerció el cargo de consejero de Seguridad Nacional de Donald Trump durante casi año y medio, entre abril de 2018 y septiembre de 2019. Dicho cargo es uno de los más importantes y de mayor responsabilidad a que podría aspirar una persona con la trayectoria de Bolton. Fue la posición que, por ejemplo, ocupó Henry Kissinger durante buena parte de su desempeño junto a Richard Nixon, y desde la cual promovió buen número de importantes iniciativas políticas y diplomáticas. Se trata, en síntesis, de un cargo que exige conocimiento y discreción.

De acuerdo con lo que sabemos acerca de su ya extensa carrera en los círculos de poder de Washington, Bolton es una persona preparada en su campo; no obstante, de lo que cabe dudar es de su discreción. Tanto Kissinger como otros personajes de poder estadounidenses han publicado memorias personales una vez que dejaron sus cargos, pero creemos que en su mayoría lo hicieron luego de que transcurriese un tiempo prudencial, de modo de permitir, de un lado, que los eventos narrados pudiesen ser vistos con mejor perspectiva, y de otro, para salvaguardar secretos y confidencias, al menos hasta que el individuo para quien trabajaron hubiese abandonado la Casa Blanca.

La prestigiosa editorial Simon & Schuster pagó a Bolton 2 millones de dólares como adelanto por su libro. A ello sin duda se añadirán atractivas sumas adicionales, como producto de las ventas de la obra en librerías, así como de las jugosas comisiones que en Estados Unidos un personaje como Bolton es capaz de obtener participando en programas de televisión, charlas y debates varios. Más aún si, como es el caso, su libro forma parte de la actual pugna política y suscita interés y polémica en la prensa.

Bolton ha dicho que sus ataques a Trump, el presidente que le brindó su confianza y le exaltó a la destacada posición que tuvo a su lado, se deben a que considera que el actual ocupante de la Casa Blanca tiene toda suerte de defectos y limitaciones, que no le hacen apto para detentar el cargo al que fue electo constitucionalmente. Sin embargo, cuando los miembros del Partido Demócrata, así como algunos republicanos que cuestionan a Trump, solicitaron a Bolton que interviniese como testigo en las sesiones del Congreso destinadas a enjuiciar al presidente, pero se negó. A decir verdad, si tan negativas son las opiniones de Bolton hacia el individuo al que sirvió, el juicio (impeachment) celebrado entre diciembre de 2019 y febrero de 2020 fue la oportunidad perfecta para hacerle daño a Trump, exponiendo ante los congresantes y el público en general sus puntos de vista con la mayor resonancia e impacto posibles. Tal curso de acción, sin embargo, hubiese restado relevancia a su libro de memorias, pues los secretos y confidencias ya habrían sido revelados abiertamente y nadie habría pagado un dólar por ellos.

A lo anterior es imperativo añadir la siguiente pregunta: si Trump es lo que Bolton ahora dice que es, y si sus convicciones al respecto se formaron durante el período en que trabajó para el presidente, ¿por qué no renunció, en lugar de aguardar a que le despidiesen, y de la manera poco digna en que los eventos de su salida acontecieron?

Pensamos que estos episodios arrojan una sombra sobre Bolton y su libro. Lo que hasta ahora sabemos no contribuye a la credibilidad del autor y de su testimonio. El caso Bolton es otro síntoma de la grave descomposición política y cultural de la sociedad estadounidense, de sus instituciones y su existencia cívica en general. No caeremos en el lugar común de señalar a Trump como chivo expiatorio y exclusivo culpable de todos los males de su país y del mundo. Nos parece que no son muchos los que, libres de pecado, podrían arrojar las primeras piedras. La idea ya muy expandida, a la que Bolton ha aportado su grano de arena, es que si se trata de Trump y de hacerle daño moral y político, todo está permitido. No consideramos que sea una buena idea, pues se han sembrado tormentas que no terminarán hoy o mañana, sino que continuarán por mucho tiempo.

Trump podría no ser reelecto, pero no es imposible que sea reelecto. Y si esto último ocurre, nos preguntamos: ¿qué harán sus adversarios, que nos han convencido de que ese sería el peor de los males, un resultado inimaginable y del todo inconcebible? ¿Acaso ya hemos olvidado lo ocurrido en 2016, cuando a estas alturas del juego los medios de comunicación en Estados Unidos y el mundo entero descartaban un posible triunfo electoral de Trump, casi como si semejante resultado fuese una mala broma? ¿Van los opositores de Trump a incendiar el país, si se produce lo que de nuevo nos aseguran es algo imposible, absurdo, inadmisible e inexcusable, como lo afirmaron y pronosticaron en 2016?

Hay mucha gente jugando con fuego en Estados Unidos.

La habitación donde ocurrió por John Bolton – Simon & Schuster – Junio 2020

Entrvista a Maria Corina Machado – VPI TV – 21 de Junio 2020

Bolton’s Warmed-Over Venezuelan Dish by Mary Anastasia O’Grady – Wall Street Journal – 21 de Junio 2020

The elephant in ‘The Room Where It Happened’ is an intelligence failure.

National security adviser John Bolton speaks in Lima, Peru, Aug. 6, 2019.

During John Bolton’s 17 months as White House national security adviser, he headed a U.S. policy aimed at removing Venezuelan dictator Nicolás Maduro and restoring that country’s democracy. A chapter in his new memoir, “The Room Where It Happened,” is his version of what went wrong.

The book isn’t the “tell-all” it’s cracked up to be. The U.S. policy crackup in Venezuela is more than anything else a colossal intelligence failure. Either because he doesn’t understand that reality or, more likely, because writing about U.S. intel capabilities would have landed Mr. Bolton in legal trouble, he doesn’t go there.

Instead he trains his firepower on the lack of coordination of the interagency process and lays the blame on President Trump. The breakdown in intel is there—but you have to read between the lines to find it.

The president claims he fired Mr. Bolton in September 2019. Mr. Bolton says he quit. In either case they parted on bad terms and now Mr. Bolton is getting even. The 39 pages of his book devoted to Venezuela include juicy tidbits from private conversations and closed-door meetings that many argue he was honor-bound to withhold from the public at least until after Mr. Trump’s time in office.

Trump critics will delight in these vignettes, as they support charges that the president is an erratic decision maker with a short attention span and weird fixations. Mr. Maduro can be expected to make hay out of claims that Mr. Trump has been privately critical of interim Venezuelan President Juan Guaidó, at one point referring to him as “the Beto O’Rourke of Venezuela.”

The Venezuela mess predates the Trump presidency. President Obama was clueless about the threats that the military dictatorship in Caracas and its handlers in Havana pose to the region, and his policies weakened the democratic opposition by strengthening U.S. ties to the Castro regime. John Kerry, Mr. Obama’s secretary of state, even declared the end of the Monroe Doctrine. Mr. Bolton thinks his Venezuela policy failed because Mr. Trump wasn’t sufficiently committed to its success.

In January 2019 Venezuelans cheered when Mr. Guaidó, then-president of the National Assembly, made a constitutional claim on the presidency. “The revolution was on,” Mr. Bolton writes. He ordered his staff to issue a statement in support of the new government while Mr. Maduro refused to step aside.

The U.S. recognized Mr. Guaidó, and Mr. Bolton argued that Washington should move fast with biting sanctions on the Maduro regime. For that he needed leadership from Treasury and the State Department, and he says he got none.

Treasury Secretary Steven Mnuchin takes the sharpest criticism from Mr. Bolton, who says that Treasury resisted oil sanctions and financial sanctions every step of the way. Commerce Secretary Wilbur Ross explained to Mr. Bolton that Mr. Mnuchin was “more worried about secondary effects on U.S. companies than about the mission.”

The State Department wasn’t much help. In answer to Mr. Mnuchin’s objections to the oil sanctions, Secretary Mike Pompeo suggested that they be done “in slices,” a far cry from the shock and awe Mr. Bolton wanted.

Mr. Pompeo didn’t have a handle on the bureaucracy below him either. State’s Bureau of Western Hemisphere Affairs went into “open revolt against petroleum sanctions” on the grounds that they would “endanger embassy personnel.” Mr. Bolton writes that Mr. Pompeo one day called him, “uncertain about what to do about the bureaucracy’s resistance.”

Mr. Pompeo eventually went along with the oil sanctions, but Mr. Bolton worried that State personnel were simultaneously undermining coalition-building efforts in the region. Later, when Mr. Bolton announced in a meeting a plan to broaden and deepen the sanctions, Energy Secretary Rick Perry, National Economic Council Director Larry Kudlow, Commerce’s Mr. Ross and Homeland Security Secretary Kirstjen Nielsen backed him. “Mnuchin was resistant” and “Pompeo was largely silent.”

“Disarray” at the State Department and “Treasury footdragging” were harmful to the sanctions cause, Mr. Bolton writes, insisting that “time lost in internal debate was equivalent to throwing Maduro a lifeline.”

Yet the elephant in the room—where it happened—is the glaring absence of human intelligence on the ground. Mr. Pompeo’s decision to close “Embassy Caracas and withdraw all U.S. personnel” because he feared “another Benghazi” was a devastating miscalculation. In particular, when Mr. Guaidó launched an effort to unseat Mr. Maduro on April 30, 2019, the U.S. was flying blind.

Mr. Bolton’s tactical maneuvers failed, but probably not for the reasons he gives. The U.S. is in a proxy war with Russia, Iran, China and Cuba in Venezuela, and Washington fails to assess adequately its enemies’ effectiveness in the areas of intelligence, propaganda and strategy. Mr. Bolton’s narrative takes revenge but does nothing to advance U.S. interests.

A Donald Trump le preocupaba la juventud de Juan Guaidó frente a la fortaleza de Maduro por Juan Carlos Zapata – ALnavío – 18 de Junio 2020

Trump reconoció a Guaidó y una vez que lo hizo le asaltaron las dudas porque lo veía muy joven. La revelación es de John Bolton, el ex asesor de Seguridad destituido por Trump. La revelación la hace en el libro de memorias que saldrá en circulación este 23 de junio. El gobierno de Trump quiere detener la venta.
Las memorias de John Bolton encienden la polémica / Flickr: Gage Skidmore

Las memorias de John Bolton encienden la polémica / Flickr: Gage Skidmore

John Bolton viene con revelaciones. En sus memorias. Y entre lo que dice sobre la crisis de Venezuela es que Donald Trump llegó a manifestar que sería “guay” invadir a Venezuela, bajo la consideración de que el país es “realmente parte de los Estados Unidos”. The Washington Post ha publicado avances sobre el contenido de La habitación donde sucedió.

Se sabe que el gobierno de Trump demandó a Bolton con el fin de parar la circulación del libro. El punto es que en las memorias se exponen asuntos confidenciales que puede poner en riesgo la seguridad nacional de los EEUU.

Entre las revelaciones, la que, según Bolton, una vez que Trump reconoció, a principios de 2019, a Juan Guaidó, como Presidente Encargado de Venezuela, lo asaltaron las dudas al considerarlo muy joven, mientras que a Nicolás Maduro lo veía como un mandatario fuerte.

Resulta que esa es la misma expresión que usó Maduro contra Guaidó desde que este se juramentara en calidad de Presidente Interino. Maduro repetía que Guaidó era un muchacho.

Bolton revela que Trump llegó a plantearse rectificar la decisión tomada. Trump recibió a Guaidó en febrero de 2020 en la Casa Blanca. En septiembre de 2019, Trump sacó a Bolton del cargo.

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