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Locura o sensatez: ¿una intervención militar es la solución para Venezuela? por Oscar Medina – Yahoo Noticias – 10 de Febrero 2018

La idea ha estado allí, flotando desde hace algún tiempo y en buena medida la comunidad internacional se convenció: los venezolanos no pueden lidiar solos con el proyecto político de dominación que socavó los cimientos de la democracia en ese país. Los informes del Secretario General de la Organización de Estados Americanos le dieron un fuerte impulso, el endurecimiento de la posición del gobierno de Estados Unidos, lo mismo que el de la Comunidad Europea y de naciones habitualmente menos beligerantes como Canadá, México, Argentina, Chile y Brasil rompieron el celofán del escepticismo.

Y junto con el avance de sanciones contra altas figuras de la administración de Nicolás Maduro y las constantes manifestaciones de “preocupación” expresadas a través de vías diplomáticas que van conformando un cerco de presión innegable, otra tesis cobra fuerza: la posibilidad de una intervención directa de carácter militar. ¿Una locura en estos tiempos?

Inicialmente circuló entre opinadores espontáneos en redes sociales, pero ya académicos respetados ocupados de analizar la descalabrada realidad política y social venezolana han puesto la tesis sobre la mesa de discusión: la emergencia obliga.

Quizás sea Ricardo Hausmann el más emblemático. Hausmann fue ministro de Planificación a principios de la década de los años noventa, fue también economista jefe en el Banco Interamericano de Desarrollo y hoy está al frente del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard donde además es profesor de Economía del desarrollo.

El 2 de enero publicó en la influyente web Project Syndicate un artículo titulado “El día D para Venezuela”. Y allí argumentó y planteó una opción.

“La crisis de Venezuela está pasando, inexorablemente, de ser catastrófica a ser inimaginable. El nivel de miseria, sufrimiento humano y destrucción ha llegado a un punto en que la comunidad internacional debe repensar cómo puede ayudar”, escribió. Y detalló algunos de los indicadores más alarmantes en torno a las carencias alimentarias que padecen los ciudadanos, el desabastecimiento y la crítica situación del sistema de salud, y el acorralamiento y el casi nulo margen de maniobra de la oposición política formal.

Esto, por supuesto, no es fruto de la inventiva del economista. Numerosas instituciones y organismos internacionales lo tienen bien documentado. De hecho, un panel de expertos de la Organización de Naciones Unidas reunido en Ginebra el 9 de febrero hizo un pronunciamiento: “Millones de personas están padeciendo la falta de alimentos, de medicamentos esenciales, la carestía de bienes de primera necesidad, incluyendo de higiene personal, cortes de electricidad y condiciones de vivienda inadecuadas. Las condiciones siguen empeorando día a día, poniendo muchas vidas en riesgo”.

 

Se estrecha cerco sobre el régimen por Rubén Dario Bustillos Rávago – Noticias Venezuela – 5 de Febrero 2018

Mientras Nicolás Maduro le cierra las puertas a la salida democrática y constitucional a la crisis venezolana, más gobiernos, instituciones y personalidades del mundo, se suman a la idea de una intervención armada internacional como última y única opción, a la solución del problema, tornado en un conflicto de proporciones inmensurables, que no solamente está afectando a toda la región americana, sino que involucra vicios de intereses foráneos necesarios de erradicar.

Los Estados Unidos (EEUU), la Unión Europea y Canadá ampliaron las sanciones en contra de los funcionarios corruptos del régimen y los presidentes de Francia Emmanuel Macron y de la Argentina Mauricio Macri manifestaron sus acuerdos con una intervención militar como salida a la crisis.

El pasado martes 30/01/18, el presidente de los EEUU, Donald Trump, quien el 11 de agosto de 2017 había manifestado que la opción militar para Venezuela no estaba descartada, durante su discurso anual a la nación norteamericana, pidió al Congreso de ese país aplicar más sanciones contra Cuba y Venezuela. https://dolartoday.com/dictadura-comunista-trump-pidio-al-congreso-de-eeuu-aplicar-mas-sanciones-contra-el-regimen-de-maduro/?new=1#.

Asi mismo, el Secretario de Estado Rex Tillerson inicio una gira en búsqueda de apoyo contra el régimen del dictador Nicolás Maduro: “Planificamos seguir presionando, junto a nuestros socios, al régimen corrupto de Nicolás Maduro para que retome el orden democrático”, -dijo-. http://www.el-nacional.com/noticias/mundo/tillerson-buscara-apoyo-contra-maduro-viaje-latinoamerica_221070

Como contribución a aclarar algunas dudas que privan en el ambiente, nos permitimos ampliar la propuesta de intervención, con algunos lógicos señalamientos.

  1. Gobierno en el exilio: Previo a la Intervención militar propuesta, es imperiosa la necesidad del nombramiento de un gobierno en el exilio responsable de organizar el Estado y quien asumiría el gobierno provisional una vez cumplidos los objetivos establecidos en la misión interventora.
  2. Solicitante de la intervención: El ente proponente ideal debería ser la Asamblea Nacional, (AN), en conjunto con el gobierno en el exilio, por ser la única institución democrática que existe en el país o, en su defecto, el Tribunal Supremo de Justicia Legitimo en el exilio, como máxima autoridad judicial del país en funciones constitucionales, quienes podrían plantear la propuesta ante los entes internacionales competentes.
  3. Fuerzas participantes: Las Fuerzas Armadas Internacionales de Intervención de Venezuela (FAIIV), podrían ser integradas por tropas de los países del grupo de Lima, EEUU y Canadá, bajo el mando unitario de un Oficial designado por la ONU o de mayor rango y antigüedad.
  4. Misión: Su misión sería la de liberar a Venezuela del actual ilegitimo régimen y capturar y someter a la justicia internacional a los delincuentes responsables de la violación de los derechos humanos mediante el genocidio que el dictador Nicolás Maduro esta llevando a cabo en el país y expulsar de nuestro territorio a sus cómplices internacionales como las Fuerzas Cubanas de Ocupación, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, los iraníes, el Hezbollah. Etc.; desmantelar las diferentes bandas del narcotráfico y someter a la justicia a sus Capos; neutralizar, eliminar y desmantelar las fuerzas paramilitares del régimen y coadyuvar a la reinstitucionalización de la nueva FAN.
  5. Financiamiento. El presidente del Banco Mundial, manifestó en su oportunidad, que: “Venezuela no necesita ningún préstamo de organismos financieros internacionales ya que en los bancos hay más de 350 mil millones de dólares sin certificación de origen…”. Es obvio que esos dineros mayoritariamente son provenientes de la corrupción y/o del narcotráfico ubicados en las cuentas offshore a nombre de María Gabriela Chávez, Cilia Flores, Vladimir Padrino, Jorge Rodríguez, Rafael Ramírez, Jesse Chacón, Tareck El Aissame, Néstor Reverol, Gustavo Gonzales López, Diosdado Cabello, Tarek William Saa y otros cientos más; cantidades más que suficientes para financiar las operaciones militares internacionales necesarias para nuestras libertad y alcanzar para iniciar con buen pie una nueva REPUBLICA DE VENEZUELA.

No hay duda alguna de que cada día las acciones internacionales le van cerrando el cerco al régimen genocida de Nicolás Maduro y sus cómplices internacionales que conduciría a nuestro país hacia su liberación e independencia definitiva.

 

Es hora de que Brasil actúe en Venezuela entrevista a Ricardo Hausmann – Revista Exame/La Patilla – 21 de Enero 2018

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Ricardo Hausmann / foto EFE

Para el venezolano Ricardo Hausmann, profesor en Harvard, los brasileños tienen una obligación moral de acabar con la tragedia en curso en el país vecino.

Por Eduardo Salgado desde Crambridge para la revista Exame (Brasil) | Traducción libre del portugés por lapatilla.com

Ricardo Hausmann es uno de los pocos profesores que pueden llenar el aula más grande de la Kennedy School, la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard . El interés suscitado por el ex Ministro de Planificación Venezuela tiene que ver con que la metodología que ayudó a desarrollar para identificar las barreras para el desarrollo económico, ahora se utiliza en las principales agencias internacionales. A pesar del prestigio del que goza en Estados Unidos, Hausmann se dice exasperado con las penurias de su pueblo y con la necesidad de una comenzar a reconstruir a Venezuela. Este fondo ayuda a entender por qué el profesor escribió un artículo a principios de enero pidiendo la intervención de una coalición militar extranjera – con la participación de los países de América Latina como Brasil – para sacar del poder al régimen de Nicolás Maduro . La idea fue clasificada como “pura y simplemente un delirio” por Aloysio Nunes, el ministro brasileño de Relaciones Exteriores. En una entrevista a EXAME en su sala en el Centro para el Desarrollo Internacional de Harvard, Hausmann argumentó por qué cree que los brasileños no pueden quedarse pasivos ante la tragedia venezolana.

¿Cuál es la situación en Venezuela?

Nunca hubo en América Latina nada que esté a la altura de la catástrofe que está ocurriendo actualmente en Venezuela. Estoy hablando de hambre y de muertes de niños por desnutrición. Para mí duele más porque yo sabía que eso iba a suceder. Se produjo un colapso de la producción agrícola y de las importaciones de alimentos. Hoy no hay proteínas ni suficientes calorías para alimentar a la población. Y el gobierno se niega a recibir ayuda humanitaria. Este mismo gobierno anuló al Poder Legislativo después de que la oposición ganó dos tercios de la Asamblea Nacional y usa a las Fuerzas Armadas para reprimir a las personas que piden una solución.

¿Cuál es su propuesta para solucionar la crisis venezolana?

Propongo que el Poder Legislativo vote el impeachment de Maduro por violación de la Constitución, como dice la Organización de los Estados Americanos, y pida ayuda militar internacional.

¿Eso se haría sobre la base de qué antecedente histórico?

Los países son libres para pedir asistencia militar. Sólo es necesario obtener el permiso del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas cuando un país quiere invadir otro, pero ese no es el caso en Venezuela. Se trata de una petición de ayuda de los venezolanos a los países latinoamericanos, europeos y a los Estados Unidos y Canadá para conseguir que se cumpla la propia Constitución. Algo similar ocurrió en Albania en los años 90, cuando países europeos formaron una fuerza internacional para restablecer el orden en el país.

¿Por qué Brasil debería interferir en un problema interno de un país vecino?

Si Brasil fuese vecino de Ruanda o de Bosnia, ¿Brasil habría ido contra la intervención en esos países cuando ellos fueron víctimas de masacres? Los países intervienen en los asuntos unos de otros porque existe una obligación moral. Cuando se escriba la historia de este período que estamos viviendo, los brasileños no tendrán como decir que no pudieron hacer nada mientras los venezolanos morían. Aún hoy se discute por qué los aliados no bombardearon Auschwitz, la red de campos de concentración en Polonia. Tanto por parte de padre como de madre, soy hijo de sobrevivientes del Holocausto. Conozco esa historia por la ósmosis. Mi madre recordaba como uno de los días más felices de su vida aquel en que los soldados estadounidenses llegaron para liberar el lugar donde estaba escondida en Bélgica. Ella contaba que sintió una felicidad enorme, pero, como no hablaba inglés, no podía expresarse. Entonces corrió a tomar flores para dar en agradecimiento. Los estadounidenses siguieron hacia el norte, pero no consiguieron liberar a Holanda en aquel septiembre de 1944. La consecuencia de eso fue que hubo un hambre en Holanda que dejó secuelas históricas. Hay estudios sobre el impacto de la desnutrición en los niños nacidos entre 1944 y 1945 y en los hijos de esas personas. El hambre en Venezuela actualmente es peor que la de los Países Bajos de aquellos años.

¿Cuál es la magnitud de la crisis humanitaria en Venezuela?

La población no tiene acceso a una serie de medicamentos, los hospitales tienen equipos obsoletos y la gente está muriendo por tonterías. Cuando nace un bebé y la madre no puede amamantarlo, ese bebé muere porque no hay fórmula láctea industrializada. El periódico The New York Times publicó un artículo en diciembre al respecto. El gobierno no publica números hace aproximadamente un año.

En los medios diplomáticos, se teme que un eventual apoyo brasileño a su idea abra el precedente para más tarde, a una fuerza internacional para invadir Brasil bajo el alegato de protección a la Amazonía. ¿Cuál es tu opinión?

¿Brasil va a dejar que mueran miles de venezolanos por temor que en el futuro tal vez sea atacado? Esta no es una posición moralmente sostenible. El derecho internacional habla de la defensa colectiva de la democracia y de la universalidad de los derechos humanos. ¿Vamos a dejar la defensa de esos puntos siempre a las grandes naciones, o Brasil alguna vez va a elevarse al nivel de los países que tienen alguna responsabilidad internacional? ¿Hasta cuándo los brasileños están dispuestos a quedarse de brazos cruzados mientras ocurre una tragedia en un país vecino y hermano?

¿Por qué usted quiere convencer a los brasileños a intervenir si antes es necesario convencer a los estadounidenses?

Reconozco que no soy un actor político. Soy un profesor. Y mi función es crear un marco para que podamos pensar en la naturaleza del problema. Veo que las alternativas que están hoy sobre la mesa no son lo suficientemente fuertes para cambiar la realidad. Las conversaciones en curso entre el gobierno y la oposición no van a ninguna parte. Y lo peor, la persecución a la oposición sólo aumenta. Estoy tratando de pensar fuera de la caja. Si hay una amenaza real de intervención internacional, creo que Maduro va a aceptar una negociación política. El Ejército venezolano fue desmantelado. Los tanques, las radios y los barcos no funcionan. Si mi idea no es buena, estoy abierto a escuchar otras. ¿Cuáles son las propuestas de los brasileños? Pero hay que actuar pronto. Cuanto más se espera, más aumenta el número de muertos y refugiados.

¿Cuando usted pensó en una fuerza internacional?

Confieso que estoy viviendo una crisis existencial. La situación económica en Venezuela se deteriorará mucho más si no se hace nada. Será mucho más terrible. Terminé mi doctorado en 1981, ya trabajé en más de 50 países y estudié a otros tantos. No recuerdo haber visto una situación similar a la de Venezuela.

En Venezuela tiene que haber una intervención por Ambar Román – Venepress – 20 de Enero 2018

En exclusiva para Venepress, Martha Lucía Ramírez, candidata a la presidencia colombiana conversó sobre sus propuestas internacionales respecto a la situación venezolana

“En Venezuela tiene que haber una intervención, No podemos seguir con esta hipocresía internacional de palmaditas, pidiendo diálogo, cada diálogo le ha dado fuera y aire al  régimen”, estas fueron las palabras de la candidata a la presidencia de Colombia, Martaa Lucía Ramírez, respecto a la política internacional que desarrollará de ganar las elecciones presidenciales en su país.
A juicio de Ramírez, Tanto en Colombia como en otros países de Suramérica quieren hacer algo por mejorar la situación de Venezuela.
 En exclusiva para Venepress la candidata comentó que pudo constatar la crisis alimentaria que vive el país y aseguró que “cuando hay hambre se doblega un pueblo”.
Durante su conversación con nuestra columnista Thays Peñalver, Ramírez mostró preocupación por la diáspora venezolana que de alguna manera está “invadiendo” a Colombia  y al mismo tiempo propone como política internacional un compromiso en América Latina para apoyar a venezolanos que busquen una vida mejor fuera de sus fronteras.
En las pocas horas que estuvo Ramírez en el país visitó varios supermercados en donde le prohibieron fotografiar anaqueles vacíos por lo que su única recomendación al gobierno actual y al postrero es reactivar el aparato productivo en el país.
 
“Estoy impresionada de ver la pobreza, de ver las miserias que hay en las calles, la desesperanza que hay en los ojos de los venezolanos, (…) cuando llegué no había nada en las estanterías si veían que estaba con un camarógrafo atrás, me cerraban las puertas…¡me impresiona muchísimo!”.

Ante el debate de la presidencia en Colombia contra el exguerrillero Gustavo Petro, quien ha mostrado afinidad con el sistema socialista implantado en Venezuela, Marta Ramírez es firme en la no ejecución del populismo como forma de gobierno.

El plan de gobierno de la candidata Ramírez se sustenta principalmente en preservar el Estado de derecho y el cumplimiento de las leyes para evitar la corrupción y promover el desarrollo económico, la producción manufacturera, entre otros.

 

Venezuela: ¿Intervención humanitaria? por Álvaro Vargas Llosa – La Tercera – 13 de Enero 2018

Es demasiado alto todavía el riesgo de que la intervención termine siendo una operación básicamente estadounidense y ampliamente percibida como un ataque imperialista.

Ricardo Hausmann, académico de Harvard, ex ministro de Planificación de Venezuela y ex funcionario internacional, ha alborotado el gallinero proponiendo, a través de una columna en Project Syndicate, una intervención militar humanitaria para rescatar a su país de una crisis que transita de “una catástrofe” a ser “inimaginable”.

El debate es legítimo y yo diría que necesario, independientemente de dónde se sitúe uno en esa discusión. Yo no he llegado a la conclusión a la que ha llegado él, porque creo que las consecuencias podrían ser demasiado costosas desde diversos puntos de vista y porque sigo pensando que una gran presión interna y externa todavía puede quebrar la resistencia de los sectores militares que sostienen a Maduro. Pero el propósito de esta reflexión no es intentar refutar a Hausmann sino defender, contra los insultos que recibe y las deformaciones de su propuesta producidas por la propaganda chavista, su derecho a poner sobre la mesa, seguramente a un costo personal significativo, una de las pocas salidas que la tragedia de su país ofrece hoy. La culpa de que alguien como Hausmann no vea otra escapatoria que esa del horror venezolano la tiene el régimen que les inflige a 30 y pico millones de compatriotas suyos el suplicio que es allí la vida diaria.

¿Qué dijo y qué no dijo Hausmann? Primero, recordó a los lectores el drama social venezolano con una estadística escalofriante: el salario mínimo equivale hoy a 2.740 calorías diarias (utilizando para la comparación los productos más baratos que es posible adquirir). En mayo de 2012, el equivalente eran 52.854 calorías. Mientras esto sucede –en el contexto de una caída abismal de la producción de petróleo y una inflación mensual de 50%-, el gobierno se preocupa sobre todo de aumentar la represión adquiriendo sistemas chinos de control de masas.
Frente a ello, Hausmann se plantea las diversas salidas posibles. Como tanta gente en este mundo (este servidor está entre ellas), el autor cree que la actual negociación entre Maduro y la oposición es una burla. Se ha llegado al absurdo de que mientras la Mesa de la Unidad Democrática negociaba con la dictadura, Maduro iba convirtiendo en ilegales a los partidos que la componen. La elección inconstitucional de una Asamblea Nacional Constituyente y el uso instrumental de un Tribunal Supremo también ilegítimo hicieron a lo largo de 2017 que el Parlamento venezolano quedara reducido a la insignificancia y se produjeran tres elecciones fraudulentas. ¿Va Maduro, ante esa debilitadísima oposición, a negociar en serio?

Descartado eso, queda la opción del golpe militar. Hausmann cree que dicha opción convoca demasiados fantasmas del pasado latinoamericano como para ser apetitosa para la oposición y que en cualquier caso los uniformados están demasiado comprometidos con la corrupción y la violencia (y el narcotráfico) como para facilitar una transición.

Esto lo lleva a plantear la intervención humanitaria. ¿Qué propone? Que la Asamblea Nacional, a pesar de que ha sido barrida en la práctica, se reúna haciendo uso de su legitimidad para destituir a Maduro y a su vicepresidente, cuyos activos están congelados en Estados Unidos por los delitos que se le imputan. La legítima administración interina pediría entonces a la comunidad internacional intervenir, de tal forma que no habría una violación de la soberanía venezolana sino una respuesta a la invitación del gobierno del país en cuestión (aunque no lo dice así, ello evitaría una votación en el Consejo de Seguridad de la ONU en torno al capítulo VII de la Carta de dicha organización, que con seguridad se perdería). ¿Qué países participarían? Los que quisieran (“coalition of the willing”): países latinoamericanos, Estados Unidos y países europeos.

Así, el académico le abre la puerta de la jaula al tigre y nos sitúa frente a él. No es infrecuente invocar la dimensión “humanitaria” de una crisis para justificar una acción armada. Con otro lenguaje, ese fue el argumento de muchas acciones militares en el siglo XIX (y el debate viene por lo menos desde Hugo Grocio, muchísimo antes). En nuestro siglo, la ONU adoptó el principio de soberanía, dado el contexto en el cual surgió esa organización, de un modo muy estricto. Pero con el tiempo el principio de soberanía fue cediendo algunos espacios al humanitarismo. En ciertos casos -el más importante fue quizá la intervención de la OTAN en Kosovo, en 1999, a instancias de Bill Clinton- se trató de acciones al margen de la ONU. En otros fue la propia ONU la que autorizó la violación de la soberanía de un país por razones humanitarias. El caso más conocido es el de la Libia de Gadafi, en 2011 (mediante la resolución 1973, que nadie, incluyendo a Rusia y China, vetó en el Consejo de Seguridad).

No era nada sencillo para la comunidad internacional, desde un punto de vista jurídico, facilitar la preeminencia de las razones humanitarias sobre el principio de la soberanía nacional. Para darle la vuelta al asunto surgió, a partir de las horrendas crisis de los años 90 en África y Bosnia, la noción de “responsabilidad de proteger”, originalmente propuesta por Canadá y que acabó siendo adoptada por la ONU en 2005. Este instrumento jurídico fue utilizado para la autorización de intervenir en Libia.

La realidad es siempre más compleja que las fórmulas -ideológicas, jurídicas o de otro tipo- que pretenden atraparla. El prestigio creciente que adquirió la noción de intervención humanitaria en las últimas décadas es producto de esa tensión entre una realidad compleja y la dificultad que tiene el Derecho Internacional para establecer normas permanentes. Pero, además, hay factores de poder que son ineludibles. Si las democracias occidentales, que reposan sobre valores universales, se ven ante situaciones que ellas creen que hacen imperativo intervenir en otro país, ninguna camisa de fuerza legal lo impedirá. Estados Unidos ha intervenido cuando lo ha creído necesario al margen de la propio ONU. No me refiero a las típicas intervenciones imperialistas, sino a las que, ya sea por razones humanitarias o de defensa propia, han impulsado a quienes tenían el poder. Pueden parecernos o no legítimas y podemos o no rechazarlas, pero ocurren bajo un supuesto: que Estados Unidos, democracia liberal construida sobre valores e instituciones de vigencia universal, debe defender ese patrón republicano. Ello, independientemente de que las intervenciones resulten exitosas (Panamá) o un desastre (Irak).

En la otra orilla, regímenes no democráticos, como Rusia o China, también intervienen en el exterior cuando lo creen necesario. Lo hemos visto en Ucrania, Siria o el Mar del Sur de China. En todos esos casos puede argumentarse que había impulsos imperialistas o hegemónicos. Pero Rusia invoca, en el caso de Siria, razones que tienen que ver con la lucha contra el terror, causa que las democracias liberales también sienten suya. Una prueba más de que la realidad seguirá, como en el pasado, tensionando las cuerdas legales y políticas de la soberanía nacional.

Hausmann no ha hecho, pues, sino llevar ese debate ya existente y legítimo a América Latina, en un caso en particular: el de un país que hace mucho rato dejó de ser simplemente el de una dictadura donde hay presos y liberticidios, y pasó a ser el de un régimen dispuesto a que sus ciudadanos mueran de hambre o de enfermedades que ya no es posible tratar con tal de sobrevivir en el poder. Su tesis –que no hay otra salida que la invitación, desde el interior de Venezuela, a una intervención de la comunidad internacional- es respetable: la amparan siglos de historia, tratados jurídicos antiguos y modernos, una práctica internacional extensa y hasta el propio concepto de “responsabilidad de intervenir” de la ONU.

Muy distinta es, por cierto, la discusión acerca de si es viable desde un punto de vista militar o posible, desde un punto de vista político, lo que él propone. Creo, en lo personal, que la intervención militar sería mucho más compleja que la que acabó con Manuel Antonio Noriega en Panamá (en parte porque Cuba jugaría un papel ante la perspectiva de ser ella misma, el día de mañana, otro país posible de una intervención internacional). Y creo, también, que los gobiernos latinoamericanos, cuya indignante pasividad ante lo de Venezuela durante años contribuyó a facilitarles las cosas a Chávez y luego a Maduro, no apoyarían la iniciativa. En ausencia de ellos, Estados Unidos tendría que actuar casi en solitario: no hace falta decir lo que eso provocaría en toda la región. Los agonizantes regímenes populistas autoritarios que quedan se pondrían a la cabeza de la denuncia, obligando a los gobiernos democráticos a secundarlos, y probablemente la OEA, a pesar de que Estados Unidos es parte de ella, le daría la espalda a la intervención. Basta, para prever lo que sucedería, recordar cómo reaccionó cierto sector de América Latina ante la propuesta del jefe del Comando Sur, Kurt Tidd, durante una presentación en el Congreso, de aumentar los ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y las Fuerzas Armadas latinoamericanas.

Por cierto, como principio elemental, la reacción latinoamericana ante lo que decidan las principales democracias liberales del mundo no es de por sí suficiente razón para que no actúen (en cualquier asunto) si la falta de acción resulta mucho más contraproducente que la acción. Pero una intervención en un país latinoamericano no puede dejar de tener en cuenta las ramificaciones, la cadena de causas y efectos, que pueden derivarse de ella en la propia región. No hay acción política y militar que no tenga consecuencias imprevisibles y a menudo de duración tan larga que después de un tiempo resulta imposible rastrear el origen de esas consecuencias. A mi modo de ver, es demasiado alto todavía el riesgo de que la intervención termine siendo una operación básicamente estadounidense y ampliamente percibida como un ataque imperialista que debilite y descoloque a los gobiernos democráticos y dé pie al resurgimiento de los populismos autoritarios que están en retroceso (al margen, claro, de la propia Venezuela). Ello, a pesar del drama desgarrador que viven miles de venezolanos y que no es un invento propagandístico imperialista.

Debemos celebrar que este debate se haya abierto de un modo formal y académico porque, además de ser legítimo, sirve para poner aún más presión sobre la dictadura chavista y sobre la propia comunidad internacional, hoy más lúcida con respecto a Venezuela que hace algunos años (aunque todavía ineficaz en ciertos casos ingenuamente expectante respecto del farsesco diálogo entre Caracas y la oposición). Y me alegro, por cierto, de que haya sido un venezolano que quiere a su país, no un extranjero distante, el que se haya atrevido a poner un dedo en ese avispero.

 

El dia D por Antonio Sánchez García – La Cabilla – 4 de Enero 2018

Unknown.jpeg“Si quienes se oponen a la propuesta Hausmann realizaran un plebiscito para saber si cuenta con el respaldo popular se llevarían una descomunal sorpresa: llegado el Día D las expresiones de júbilo de los venezolanos serían tanto o más impactante que las del pueblo francés en Normandía al recibir con los brazos abiertos a los aliados que venían a liberarlos de la tiranía hitleriana. Escríbalo.”

 

No me ha sorprendido la propuesta de Ricardo Hausmann, posiblemente el más calificado y brillante de los economistas venezolanos, como que la piensa, la escribe y la hace pública desde Cambridge y la Universidad de Harvard, una de las más prestigiosas universidades del mundo, en la que investiga y enseña desde hace algunos años. Un internacional reconocimiento académico a su excelencia intelectual y a su probidad científica, incluso a su comprobada disposición a colaborar en el mejoramiento de la calidad de vida de sus conciudadanos, como lo demostrara colaborando como independiente en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. Algo que a juzgar por los sarcasmos que le dirigen quienes lo adversaron mientras caían rendidos ante el tirano cubano, no le perdonan.

Me he admirado por el extremo cuidado y el respeto con el que Ricardo Hausman avanza en la argumentación de su propuesta del Día D desmintiendo con hechos y documentos en mano todas las opciones pacíficas, electorales y constitucionalistas intentadas infructuosamente hasta ahora por las fuerzas opositoras para desalojar al régimen hasta arribar a la que pareciera su inevitable conclusión: sólo la conformación de un gobierno de transición nombrado por la Asamblea Nacional, en pleno uso de su legitimidad y legalidad constitucional, que convoque y solicite el reconocimiento, el auxilio y la abierta intervención multinacional de los gobiernos de la región, podría poner fin a la destrucción y aniquilación total de Venezuela por la dictadura militar de Nicolás Maduro y Vladimir Padrino. Lo hace tras un examen y descripción metódica, minuciosa e irrebatible de esa hitleriana política de tierra arrasada llevada a cabo por la dictadura y la imposibilidad objetiva de arribar a su superación por las vías inmanentes al régimen castrocomunista que lo impone tras el travestismo de su supuesta democracia mediante diálogos, negociaciones y procesos electorales hasta ahora intentados infructuosamente, ante la sospechosa aquiescencia de casi todos los factores políticos partidistas venezolanos. Los mismo que hoy ponen el grito en el cielo ante la osadía de las propuestas de Ricardo Hausmann. Los mismos que llevan más de una década tolerando en silencio la presencia de decenas de miles de soldados cubanos y la conducción de nuestros asuntos civiles, militares y políticos desde el Palacio de la Revolución de La Habana. Los mismos que aceptaron sin chistar el robo del Revocatorio y los fraudes electorales sucesivos vividos en el 2017. ¿Cómo habrían de tolerar, en cambio, la posibilidad de asomar una intervención militar de signo contrario, como la asomada por Donald Trump, que escandalizara a quienes llevan décadas arrodillándose ante Fidel y el castrocomunismo cubano?

Tengo la firme convicción de que tras el viril y patriótico rechazo de Rómulo Betancourt, y el humillante fracaso de sus intentos invasores por imponer en los años sesenta un régimen castrocomunista en Venezuela, Fidel Castro sublimó todos sus fracasos esperando la oportunidad para hacer de Venezuela tierra arrasada. Su odio por Venezuela fue solo comparable con el que le tuvo a los Estados Unidos. Su decisión de arrasarla, un compromiso existencial hasta el día de su muerte. Oportunidad que le brindara en bandeja de plata, para eterna vergüenza de su institución, un militar venezolano.

Para el jefe de la revolución cubana, la sola existencia de la democracia venezolana, nacida a la vida casi en simultáneo con ella, con un desafiante y muy exitoso proyecto liberal alternativo a la dictadura castrista, un tétrico fracaso, para toda la región, suponía un obstáculo y una humillación histórica. De allí que al momento de la traición y la entrega de Venezuela por Hugo Chávez a los designios del castrismo, jamás se plantearan seriamente él y su hermano imponer un régimen socialista modélico en Venezuela, que respaldado por su boyante riqueza petrolera hubiera podido convertirse en el primer régimen socialista exitoso en el mundo. Muy por el contrario, sus propósitos fueron desde un comienzo los de caerle a saco a sus inmensas riquezas, esquilmarla hasta dejarla exangüe y hacer de sus despojos una tierra arrasada que desapareciera literalmente del mapa. Diabólico proyecto en cuya fase final nos encontramos. Y que hoy por hoy no nos deja otra alternativa que responder a la fuerza con la fuerza, a la intervención con la intervención, a la guerra con la guerra. Así escandalice al entreguismo vernáculo. Es la propuesta de Ricardo Hausmann.

La muerte de Chávez, quien hubiera podido eventualmente obstaculizar ese siniestro propósito, les facilitó la tarea. De allí también la escogencia de uno de los agentes más serviles de sus servicios imperiales, carente del más mínimo compromiso existencial con Venezuela, para encargarlo de esa hitleriana faena. Es la obra de destrucción y arrasamiento puesta en acción por Nicolás Maduro en complicidad con las Fuerzas Armadas Venezolanas.

De allí la insólita e irreparable gravedad de la crisis inimaginable que vivimos. Venezuela sufre los efectos de una guerra de destrucción masiva conducida desde el propio Estado venezolano, llevada a cabo sin ningún miramiento ni respeto por las quinta columnas civiles y uniformadas del castrismo, a las que ya se rebelan quienes, como Jorge Giordani, Luisa Ortega Díaz o Rafael Ramírez, entre los devotos al chavismo que aún sobreviven, se han negado a acompañar. ¿Qué venezolano con el corazón bien puesto podría querer hacerse cómplice de la devastación de su Patria?

Si en un ataque de contumaz electoralismo quienes se oponen a la propuesta Hausman realizaran un plebiscito para saber si cuenta con el respaldo popular se llevarían una descomunal sorpresa: llegado el Día D las expresiones de júbilo de los venezolanos sería tanto o más impactante que las del pueblo francés en Normandía. Con la excepción de las huestes del tartufismo, que preferiría morir en un campo de concentración castromadurista. Escríbalo.

 

¿Cuál esperanza? por Marta de la Vega – TalCual – 8 de Enero 2018

El análisis certero y sin concesiones de Ricardo Hausmann acerca de la crisis humanitaria de Venezuela, que de catastrófica ha pasado a inimaginable, su llamado a la comunidad internacional para repensar cómo puede ayudar frente a tal colapso, cuyas condiciones constituyen un delito de lesa humanidad al que debe ponerse fin por razones morales y los escenarios vislumbrados para solucionarla, han desatado reacciones virulentas.

Una posible asistencia militar en coalición pues se trata de una calamidad que afecta el interés nacional de muchos países como en la segunda guerra mundial, solicitada por un gobierno legítimo nombrado por la AN, se acerca a lo inconcebible, dijo Hausmann ¿Pero es probable?

Aunque razones jurídicas y políticas no nos hacen ver posible su puesta en marcha, ninguno de los críticos de la propuesta de Hausmann ha hecho referencia a la silente pero brutal intromisión de las fuerzas militares y civiles de ocupación extranjeras en Venezuela.

Casi desde el momento de acceder al poder por la vía electoral, el difunto creador del socialismo del siglo XXI abrió las compuertas para que legionarios provenientes de Cuba, enviados por el régimen sanguinario de los hermanos Castro, invadieran los espacios institucionales del Estado.

No solo han ocupado los cuarteles sino las notarías, registros, hospitales, dependencias oficiales como fundaciones de becas, centros educativos, organismos políticos, oficinas diplomáticas del exterior y hasta el mismo palacio de Miraflores, para dirigir y controlar los asuntos militares y civiles del país desde la isla caribeña.

Cual caníbal que devora a sus hijos, la dictadura castrista ha triturado a más de 5 generaciones. Los invasores cubanos han buscado instaurar similar dominio en Venezuela. A sangre y fuego. Han usurpado una porción significativa de la renta petrolera por pago de supuestos servicios, han extendido su zona de influencia en la gente. Han logrado implantar con cómplices criollos la delación, el miedo, el sectarismo fanático, la sumisión ideológica, las carencias y dependencia gubernamentales como mecanismos de sometimiento y control social.

Quienes alguna vez se atrevieron en Venezuela a denunciar y protestar la presencia cubana, sobre todo representantes de las fuerzas armadas, fueron perseguidos, reprimidos, asesinados u obligados al exilio para preservar su vida.

El fundamentalismo islámico procedente de movimientos como Hamás y Hezbollá, vinculados al terrorismo internacional, con población siria, iraní, libia y palestina que ha sido naturalizada sin los requerimientos legales, se ha instalado, mujeres y hombres, incluso a veces sin hablar español, en varias regiones como isla de Margarita o Caracas, propiciado desde Venezuela por funcionarios del más alto nivel de gobierno.

Las guerrillas de las FARC que encontraron refugio y protección del gobierno venezolano desde Chávez hasta Maduro, sobre todo en la zona fronteriza, hoy siguen aplicando sus prácticas delictivas de chantaje, extorsión y asesinato para mantener el contrabando de gasolina, mercancía y estupefacientes con la complicidad de miembros del alto mando militar y soldados venezolanos, convertidos en mafias y el narcotráfico en economía para la expansión del poder internacional del crimen organizado. Y no olvidemos a rusos y chinos.

¿Qué esperanza hay? El apoyo externo es indispensable. La solidaridad internacional ante la tragedia también. Negociar, no claudicar. Exigir, no entregarse. Hacer respetar la Asamblea Nacional. Rechazar la inconstitucional anc. ¿Cómo hacerlo? Unirse todos los ciudadanos de bien en torno a un propósito común, sin colores partidistas, con visión de largo plazo: rescatar la democracia, recuperar la decencia, la dignidad, el debido contrapeso entre poderes públicos y una economía productiva equilibrada.

La propuesta Hausmann y la geopolítica por Eloy Torres Román – Blog La Bitacora de Pedro Mogna – 7 de Enero 2018

La reciente polémica en torno a la propuesta del economista venezolano Ricardo Hausmann, acerca de la posibilidad de una intervención militar extranjera “por invitación” en Venezuela marca una discusión, nacional e internacionalmente. Inicialmente planteada por Juan Carlos Sosa Azpurua, asoma una cruda realidad.
No creo conveniente deslizarnos por la autopista que justifique o rechace esa tesis en términos moralistas. No se trata de que ésta sea mala o buena. Veamos, hay un evidente desmoronamiento de la democracia en el país y éste, se ve acompañado por unas tenebrosas condiciones económicas; luego, políticas que deben ser superadas, pues alimentan un estallido cuyas consecuencias amenazan la región. El economista Hausmann realizó un diagnóstico. Él, actúa cual médico, al señalar y advertir unos síntomas para los cuales se requiere tal o cual tratamiento. Leer más de esta entrada

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