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Archivos por Etiqueta: Inseguridad

Atropellaron dos veces a septuagenario en Ruiz Pineda y robaron sus pertenencias mientras agonizaba – Albertonews – 3 de Octubre 2019

Un jubilado de la Universidad Central de Venezuela (UCV) fue víctima fatal de un conductor que lo arrolló dos veces frente a la estación de Ruiz Pineda, cerca del barrio San Pablito, en Caricuao, en Caracas.

El hombre identificado como Carlos Eduardo Monasterios, de 78 años, era jubilado de la facultad de Odontología de la UCV y actualmente tenía varios clientes, a quienes les reparaba los equipos utilizados en esta área, informó el portal web El cooperante.

Este lunes a las 08:30 de la noche se dirigía a su vivienda en Ruiz Pineda luego de atender a un cliente y fue arrollado por un vehículo Fiat Palio frente a la estación.

El conductor se bajó, pero luego un grupo de vecinos comenzaron a gritarle, por lo que se montó en su vehículo y al acelerar volvió a atropellar a la víctima.

Mientras Monasterios se encontraba agonizando personas inescrupulosas le robaron sus pertenencias, entre ellas su teléfono. Se conoció que fue auxiliado por funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) de la subdelegación Ruiz Pineda, quienes pasaban por el sitio, y lo llevaron al Hospital Dr. Miguel Pérez Carreño, pero no lo atendieron, por lo que lo remitieron al Dr. Domingo Luciani de El Llanito, donde falleció a las 02:30 de la madrugada del martes.

Sus familiares se enteraron del hecho luego de que un cliente llamara al teléfono de la víctima y le contestó un hombre, quien le dijo “bueno, yo me agarré el teléfono porque lo habían atropellado, ese señor está muerto”.

El cliente se comunicó con los familiares, quienes, por medio de un conocido, que es funcionario del Cicpc, lograron verificar lo ocurrido.

Inseguridad en aeropuertos pone en riesgo las rutas internacionales – El Nacional – 9 de Julio 2019

Más de 12 compañías han abandonado el país en los últimos años por motivos económios y para resguardar la vida de la tripulación y pasajeros

Aeropuero Internacional de Maiquetía

Iberia, Air France, Air Europa, Copa y Turkish son las aerolíneas que cumplen con rutas internacionales en Venezuela. Más de 12 compañías han abandonado el país en los últimos años y las que quedan están en riesgo por causa de la inseguridad en los aeropuertos.

“Es un problema de inseguridad integral, no solo referido al tema de los salud, sino a hurtos y robos”, agregó.

Señaló que la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos suspendió el pasado mes de mayo los vuelos desde y hacia Venezuela para resguardar la vida de la tripulación y pasajeros.

Reiteró que la Asociación Internacional de Transporte Aéreo IATA, y la Organización de la Aviación Civil Internacional son organismos rectores de la seguridad integral que deben cumplir los aeropuertos y las aerolíneas.

“Imposible estar en categoría 1 con esos niveles de inseguridad operacional que ponen en riesgo muchas vidas en cualquier aeropuerto nacional”, indicó el piloto.

Las pocas compañías que viajan al exterior dejan a su tripulación en países como República Dominicana y los vuelos llegan a Venezuela con tripulación nacional.

Venezuela es el país de Suramérica con la tasa de homicidios más alta – El Nacional – 8 de Julio 2019

Según el informe publicado por Naciones Unidas, Venezuela registró casi 57 homicidios intencionales por cada 100.000 habitantes

Venezuela fue en el año 2017 el país de Suramérica con los niveles más altos de muertes violentas. Registró casi 57 homicidios intencionados por cada 100.000 habitantes, según el Estudio Mundial sobre el Homicidio de 2019 publicado este lunes por Naciones Unidas en Viena.

Por detrás de Venezuela se sitúa a mucha distancia en esta lista Brasil, que registró una tasa de 30,5.

En todo el continente americano, solo El Salvador tiene una tasa de homicidios más alta, de 62,1.

Según el estudio elaborado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), Venezuela experimentó entre 1991 y 2017 “el incremento más dramático” de muertes violentas de toda América, al pasar de 13 a 56,8 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Caracas, la capital del país sumido desde hace años en una profunda crisis política, económica e institucional, en 2017 registró 122 muertes por 100.000 habitantes, multiplicando por más de dos las cifras de homicidios a nivel nacional.

El riesgo de morir asesinado en la nación petrolera es excepcionalmente alto para los varones de entre 15 y 29 años. La tasa de homicidios para esta franja de la población fue de 200 por cada 100.000 habitantes.

La situación en Venezuela en lo que a muertes violentas se refiere es similar a la de otros países de Latinoamérica como Brasil y México.

“Tienen una de las tasas de homicidios más altas del mundo, y todos se han visto afectados por la inestabilidad social y económica en las décadas recientes”, se lee en el informe.

Además, estos tres países tienen en común haber experimentado una caída de la población joven que, sin embargo, no se ha traducido en una bajada de la criminalidad, como ha ocurrido en sociedades más estables en las que también se ha reducido este segmento de la población.

Indicador de Paz Mundial: Venezuela es el país menos seguro de Suramérica – El Nacional – 25 de Junio 2019

El índice de Paz Global  del año 2019 reveló que Venezuela es actualmente el país menos seguro del continente americano y se encuentra en el lugar número 144 de todo el mundo.

En la actualidad, Venezuela ocupa la posición 11 de la región suramericana con un puntaje de 2.671, en baja de 2 puntos respecto a 2018.

Colombia se encuentra inmediatamente por encima de este en la posición 142, y Brasil en la 116.

Los 19 problemas de la seguridad ciudadana que debemos resolver – Alberto Ray – Junio 2019

En Venezuela, más tempano que tarde, llegarán los tiempos para encarar los más grandes retos que como nación tenemos. La reinstitucionalización del país, la estabilización económica y, por supuesto, la seguridad y el orden público son apenas la punta de un inmenso iceberg que habrá que comenzar a sacar bajo las aguas. Pero ¿Por dónde comenzar?, es evidente que si reconocemos cuáles son los problemas, podremos plantear mejores soluciones.

En un esfuerzo de síntesis sobre un tema de tantas complejidades, a continuación, resumimos en 19 puntos los temas de mayor urgencia y que tendrán que estar en la agenda de quienes pretendan conducir las impostergables políticas de seguridad para un país que reclama recuperar la paz en sus calles.

1- Venezuela tiene la tasa más elevada de homicidios del continente (seguido de Honduras) con 91 muertes violentas por cada 100 mil habitantes cada año. Durante el año 2017 alcanzamos la cifra de 300 mil homicidios acumulados desde 1999. Importante tener en cuenta que el 85% de estas muertes ocurren en la vía pública.

2- El número de armas de fuego ilegales que circulan por el país es incalculable, aunque existen cifras aproximadas creíbles que se ubican alrededor de 3.500.000. En Venezuela el 93% de los homicidios son producidos por estas armas.

3- El secuestro y la extorsión se han convertido en actividades criminales ampliamente extendidas por el territorio nacional afectando a la población de todos los estratos socioeconómicos del país. Son tareas muy lucrativas que permiten sostener a bandas que se especializan en este tipo de delitos. Es bien conocido que parte de las actividades criminales vinculadas con el secuestro y la extorsión operan en centros penitenciarios y en un número importante de casos se ha determinado la participación de funcionarios y exfuncionarios policiales y militares. Desde el 2012 la cifra de secuestros denunciados está alrededor de 450 casos por año. Se estima que existen una cifra negra de ocho a uno (8 secuestros no denunciados por cada denuncia). Esto arroja la cantidad 25000 secuestros en los últimos 7 años.

4- El robo y hurto de vehículos alcanza en Venezuela cifras astronómicas. En los primeros 9 meses del año 2017 fueron denunciados 8690 hurtos y 18.440 robos de vehículos. Esta actividad criminal se ha visto impulsada por los altos costos y escasez de repuestos automotores. A ella también se vinculan bandas criminales y delincuencia organizada con nexos internacionales. El impacto económico del robo y hurto de vehículos es significativo en el presupuesto familiar, que al verse afectado por la pérdida de su medio de transporte y sin posibilidades de recuperación a corto plazo, perjudica de manera significativa calidad de vida de la familia venezolana.

5- Venezuela se ha convertido en la ruta principal de extracción de droga desde Colombia al resto del mundo. A través del país circulan, en la mayoría de los casos con la anuencia de las más altas autoridades del Estado más de 70 toneladas de cocaína por año, que luego se distribuye a México, las islas del Caribe y Europa. El dominio del territorio por este modelo logístico de gran escala ha provocado que poblaciones enteras hoy se dediquen a colaborar con las redes del narcotráfico. Con el tráfico de drogas se anexan actividades paralelas como el blanqueo de capitales, la corrupción y en ocasiones la generación de subredes de microtráfico que se alimentan de estos canales de distribución.

6- La pérdida de la institucionalidad ha afectado gravemente el sistema de administración de justicia criminal, lo que se ha traducido en una impunidad casi absoluta en todos los delitos, alcanzando niveles de hasta un 96% en homicidios e índices aún más elevados en casos de robo, hurto, violaciones y lesiones personales. Aprovechando la impunidad como principal aliciente, políticas públicas equivocadas como las llamadas zonas de paz, el tráfico de estupefacientes y la cantidad de armas de fuego que circulan de manera ilegal por el territorio han estimulado la formación y desarrollo de bandas criminales dentro y en la periferia de las ciudades más grandes del país.

7- El déficit de funcionarios policiales en todos los niveles del Estado, el desmontaje de la meritocracia como vía de ascenso dentro de los cuerpos armados de prevención y protección, los bajos ingresos y beneficios sociales derivados del ejercicio de la profesión y las fallas severas en el equipamiento policial estrechan más aún las salidas al problema de la seguridad en el país. Para estar alineados a los promedios mundiales, en Venezuela serían necesarios alrededor de 83.000 funcionarios en labores de prevención y protección ciudadana, que representa 120% de la plantilla actual.

8- La policía de investigación criminal ha sido una de las instituciones más afectadas en el proceso de desinstitucionalización de la seguridad en el país. El déficit estimado de funcionarios de alrededor de 290% tomando en cuenta una plantilla actual de 13 mil funcionarios activos.

9- La centralización de la seguridad ciudadana producto de medidas de control político ha restringido las capacidades de las policías regionales y municipales. El gobierno nacional ha intervenido administrativa y operacionalmente prácticamente todos los cuerpos de orden público controlados por administraciones opositoras. De igual manera, les han limitado competencias y restringido o prohibido la utilización de determinados tipos de armamento.

10- La falta de oportunidades reales de empleo productivo a jóvenes y la desaparición de escuelas técnicas orientadas hacia la educación para el trabajo son el cultivo perfecto para que la delincuencia se ofrezca como la mejor alternativa para el “progreso” sobre todo en zonas populares y marginales en las que inclusive, se valora positivamente al “malandro” y se celebra su cultura. La mayoría de los delincuentes en Venezuela se inician en el oficio a partir de los 13 ó 14 años. En los planteles públicos la deserción escolar en los cinco años de bachillerato alcanza cifras impactantes. De cada 100 adolescentes que ingresan a la educación media, solo egresan 30 en 5to año.

11- El deterioro de las condiciones de vida, la pérdida de los espacios urbanos para el esparcimiento, la bajísima calidad de los servicios públicos y la incapacidad de las autoridades locales de resolver los problemas de convivencia ciudadana se han convertido en factores contribuyentes para el incremento de violencia y la ruptura del necesario tejido social para el sostenimiento de relaciones humanas dentro de los límites de la civilidad. Se estima que el 20% de los homicidios en el país tienen su raíz en problemas de convivencia no atendidos o resueltos en sus etapas tempranas.

12- La persecución y el delito político deben incluirse en el menú de crímenes que incrementan el clima de inseguridad del país. Sólo durante el 2017 se realizaron 5115 detenciones por protestas políticas en varias ciudades. Un número no conocido de ciudadanos han salido del país por causas políticas. Sólo en los Estados Unidos se han presentado entre enero y septiembre de 2017, 23.500 casos de asilo político. Se estima que mensualmente salen por la frontera colombo-venezolana alrededor de 25 mil ciudadanos venezolanos que no regresan luego al país.

13- Los colectivos armados se han constituido en fuerzas de choque parapoliciales que operan como herramientas de última de línea de defensa para el gobierno. Se estima que en el país existen alrededor de 25.000 personas afiliadas a organizaciones de esta naturaleza y que vienen siendo entrenados y armados por algunos sectores de las policías y la FAN. En las protestas acaecidas en Venezuela entre abril y julio del 2017 La Fiscalía General registró 38 muertes directamente vinculadas a grupos colectivos.

14- La explotación de recursos naturales controlados por grupos mafiosos vinculados al Estado es además de la droga, la otra fuente de recursos económicos que sustenta a organizaciones de delincuencia trasnacional con profundas ramificaciones en la Fuerza Armada Nacional y otras instancias del poder público. El estado Bolívar es uno de los espacios más afectados por actividades de explotación minera sin que se rinda cuentas al ciudadano, perjudicando no solo la economía de país, sino creando daños ambientales en algunos casos irreparables sobre una geografía altamente frágil.

15- El desarrollo de actividades subversivas en el territorio venezolano ha sido denunciado en instancias nacionales e internacionales, debido principalmente a la utilización de zonas fronterizas con Colombia como aliviaderos de grupos guerrilleros del país vecino. A esto se le agregan las reiteradas denuncias de los campos de entrenamiento de grupos radicales islámicos en el oriente de Venezuela y la Isla de Margarita, así como el despliegue del Frente Bolivariano en el Sur Occidente. Más recientemente, se ha hecho público en medios de escala global la emisión de pasaportes venezolanos a individuos vinculados con grupos terroristas y frentes de lucha islámica en Irán. Las complejidades detrás de estas denuncias ponen en evidencia que el espacio territorial venezolano ha venido siendo no solo utilizado, sino colonizado por grupos irregulares que se aprovechan de estas ventajas promovidas desde el mismo gobierno para operar con amplias libertades. De manera similar, la pérdida de territorio a manos de las bandas criminales en las ciudades viene reduciendo el espacio vital del ciudadano que observa cómo se reduce su radio de acción a espacios confinados dentro de ciudades y pueblos.

16- El ministerio público siendo el órgano impulsor de la política contra la delincuencia, se ha venido plegando históricamente a las líneas políticas del gobierno, convirtiéndose en el principal perseguidor de los opositores, actuando a través de inhabilitaciones políticas para el ejercicio de cargos públicos y la apertura de expedientes judiciales en tribunales que nunca deciden sobre las causas, pero mantienen a los ciudadanos en un permanente estado de zozobra jurídica. Paradójicamente, la Fiscalía no muestra la misma eficiencia en la investigación de delitos que azotan al ciudadano, acumulando miles de expedientes en un retardo procesal que perjudica a ciudadanos privados de libertad y a la vez, genera altas cifras de impunidad.

17- En el país existen alrededor de 800 jueces penales que a todas luces son insuficientes para agenciar diligentemente los miles de delitos denunciados en el territorio nacional. El déficit alcanza alrededor del 200% a nivel nacional.

18- Las cárceles y los recintos penitenciarios, como tanto se ha dicho, se han convertido en las universidades del delito. En los últimos años, además, son los cuarteles generales de bandas criminales organizadas desde dónde se trafica, se negocia y se extorsiona. Son espacios de impunidad y de extorsión desde dónde resulta prácticamente imposible esperar la debida regeneración del reo para su posterior inserción en la vida civil. En Venezuela existen 31 centros penitenciarios e internados judiciales con una población de 55.007 reclusos (año 2014) y un hacinamiento estimado en 190%. Otro aspecto relevante en relación con las cárceles venezolanas es el nivel de violencia presente. Entre 1999 y 2014 se han registrado 6.313 muertos y 16.318 heridos dentro de estos centros.

19- El modelo de Estado Criminal y la delincuencia organizada venezolana se inserta en la economía globalizada e interconectada como un espacio para negociarlo todo, inclusive la disponibilidad que tiene un Estado para ofertar su ciudadanía, soberanía, sistema bancario, espacio aéreo y hasta su Fuerza Armada. Es una especie de franquicia del crimen. Un sistema abierto para realizar los más extraordinarios negocios ilícitos a costos razonables y con bajísimo riesgo. Que Venezuela se haya convertido en un Estado Criminal (EC) que otorga pasaportes a terroristas y empela su principal industria petrolera para trasportar estupefacientes custodiados por efectivos del Ejército no es una novedad. Desde hace más de una década se acumulan casos en distintos tribunales del mundo sobre la participación directa de funcionarios en escandalosos delitos de corrupción, tráfico de drogas, violación de derechos humanos y apoyo a grupos irregulares; todos bajo la mirada cómplice de un sistema de justicia nacional adaptado para amparar y dejar impune a los responsables. Ahora, con la transformación de la estructura del Estado que abre la constituyente, las posibilidades de convertir a Venezuela en una plataforma sofisticada para delito internacional es de tal magnitud, que hasta el negocio petrolero quedaría subordinado a las redes del hampa globalizada.

Otros factores sociales como el embarazo adolescente, la prostitución, el consumo de drogas y alcohol se potencian para complejizar el problema de la seguridad. Las dificultades crecientes de la gente, aunadas al deterioro de las condiciones de vida en el país son elementos que contribuyen en la dinámica violenta de la sociedad venezolana. En este sentido vale resaltar que el alto costo y/o escasez de bienes de primera necesidad se suma al círculo vicioso del deterioro familiar, pues obliga a que padre y madres pasen la mayoría del tiempo en la búsqueda de recursos para subsistencia, redundando en hogares en los que no existe la presencia necesaria de adultos responsables en la formación de valores en niño y jóvenes.

Como conclusión estamos obligados a comprender que el problema de la inseguridad en Venezuela es materia de impostergable resolución. Cada día mueren en el país 74 venezolanos de manera violenta, por lo que no podemos seguir indolentes ante un drama que nos está extinguiendo como sociedad.

American Air Suspends Venezuela Service as Pilots Refuse to Fly by  Mary Schlangenstein / Patricia Laya – Bloomberg – 15 de Marzo 2019

  • Flights were last available flown by a major U.S. carrier
  • Labor action follows U.S. warning to its citizens in country
Airplanes sit on the tarmac at Simon Bolivar International Airport in Maiquetia, Venezuela, on May 8, 2018.
Airplanes sit on the tarmac at Simon Bolivar International Airport in Maiquetia, Venezuela

American Airlines Group Inc. suspended its service to Venezuela on security concerns, shutting down the only flights to the country by a major U.S. carrier.

The move followed a notice from the carrier’s pilots union, backed up by flight attendants, telling its members to refuse the routes because of dangerous conditions in the nation.

“American will not operate in countries we don’t consider safe,” the airline said in a statement Friday. The carrier said the suspension is temporary.

The suspension comes after a U.S. State Department advisory warned U.S. citizens about the hazards of traveling to the strife-torn nation. Since 2013, almost a dozen airlines have pulled out of the South American nation as Venezuela’s government has struggled during a spiraling economic crisis.

American normally flies twice daily between Caracas and Miami and once a day between Maracaibo and Miami. The State Department said Thursday that all U.S. diplomats had left Venezuela.

Union Action

“Until further notice, if you are scheduled, assigned or reassigned a pairing into Venezuela, refuse the assignment,” Allied Pilots Association President Dan Carey told its members earlier.

The Association of Professional Flight Attendants re-broadcast the pilots’ notification to its own members, adding that it “supports the APA’s decision 100 percent in that the safety of our crews must be our top priority.”

“I will not put our crews in harm’s way and we support the pilots’ decision not to fly into Venezuela due to escalation of political unrest,” Lori Bassani, union president, said in a notice to American Chief Executive Officer Doug Parker. She also urged Parker to “suspend flights into that area until it’s absolutely safe to do so.”

The union action “was based on the State Department statement and on our pilots saying, ‘I can’t go there. The State Department says we are to get out. We don’t have any support if we go there,” said Dennis Tajer, a spokesman for the labor group.

Safety Complaints

International airlines have complained about staff being held up at gun point, luggage theft, poor runway maintenance and low-quality jet fuel. Carriers still operating in the country include Copa Airlines, Air France, Iberia, Air Europa and Portugal’s TAP.

A recent national power outage that has dragged on for a week in some areas has thrown the nation into more tumult. The blackout grounded planes at Maiquetia airport outside Caracas, where passengers had to wait in long lines for their passports to be manually screened.

The State Department warned U.S. citizens on March 12 not to travel to Venezuela “due to crime, civil unrest, poor health infrastructure and arbitrary unrest and detention of U.S. citizens.” It also suspended operations at the U.S. embassy in Caracas on March 11.

El ataque a una tripulación de un avión de Air Europa en Caracas provoca el plante de pilotos y auxiliares por Fernando Sanz – El País – 11 de Marzo 2019

Durante el traslado al hotel sufrieron un intento de atraco que se saldó con un tiroteo entre asaltantes y la seguridad del hotel en el que se alojaban

Ante el asalto, Air Europa ha decidido que sus tripulantes no pernocten más en la capital de Venezuela, lo harán en Punta Cana

air europa tripulacion

Un intento de atraco en Caracas a la tripulación del avión de Air Europa que este domingo hacía el vuelo entre Madrid y la capital venezolana se ha saldado con el plante de pilotos y tripulación y con la negativa de los trabajadores de volver a volar más a este conflictivo destino.

“Afortunadamente, no hay que lamentar ningún herido, pero ambas tripulaciones, la que llevó el avión desde Madrid a Caracas y la que estaba allí pernoctando a la espera de volver a hacer el trayecto Caracas-Madrid, decidieron volver en el avión. Les hemos recibido en el aeropuerto, vienen muertos de miedo y aseguran que no volverán al destino si no se da, desde la empresa una solución a este problema de seguridad”.

Fuentes cercanas a la compañía aseguran que “efectivamente hemos tenido un incidente con una tripulación en Caracas. Ante lo cual se ha abierto una investigación para saber de primera mano lo ocurrido y recabar la información”. Las mismas fuentes reconocen el plante de su personal y aseguran que “ahora mismo no tenemos ninguna tripulación pernoctando allí”. Además subrayan que “dada la situación de inestabilidad energética, apagones constantes y falta de suministro eléctrico, la compañía ha decidido triangular la ruta con Punta Cana”.

Es decir a partir de ahora las tripulaciones no dormirán en Caracas, sino en la localidad costera de República Dominicana.

De acuerdo con fuentes cercanas al sindicato de pilotos, el incidente deja al descubierto la gravedad de “lo que venimos avisando y advirtiendo durante los últimos meses a la dirección de Air Europa. Venezuela es un destino altamente peligroso, y la situación se agrava cada día más. Hasta el punto que desaconseja que nuestros pilotos y auxiliares de vuelo duerman allí”.

Iberia ya tomó cartas en el asunto hace unos meses y decidió que sus tripulaciones descansaran en Santo Domingo, pero Air Europa no se había planteado nada al respecto, por el momento.

GUAIDÓ PEDIRÁ AL PARLAMENTO QUE SE DECRETE EL ESTADO DE EMERGENCIA

El jefe del Parlamento, Juan Guaidó, reconocido como presidente encargado de Venezuela por unos 50 Gobiernos, anunció este domingo que solicitará este lunes a los diputados decretar “estado de emergencia” para hacer frente a la “catástrofe” que atraviesa el país por un apagón que suma ya casi 70 horas, informa Efe.

Por su parte, el Gobierno de Nicolás Maduro anunció este domingo una segunda suspensión de las clases y las actividades laborales por el apagón ocurrido el jueves por la tarde y que ya ha superado las 72 horas, aunque algunas zonas de Caracas tienen electricidad de forma intermitente.

El país a la luz de la emigración – Editorial Revista SIC – Enero/Febrero 2019

downloadInvitamos a ver la situación del país a través de la emigración, que es la mayor novedad de estos últimos años y que está afectando muy profundamente a Venezuela. Me refiero a la emigración masiva, sobre todo al sur de América y a España.

Se calculan cinco millones. Este éxodo tan precipitado y numeroso –y que no cesa– es una novedad absoluta en la Venezuela moderna, que ha sido un país en buena medida de inmigrantes, aunque con la capacidad de integrarlos de manera que aportaran su riqueza sin romper el tejido social.

QUIÉNES SE VAN, POR QUÉ Y CÓMO LES VA

Desde hace seis años comenzó a salir gente del país. Los primeros fueron profesionales, sobre todo profesores de universidad y médicos. En general se establecieron muy ventajosamente respecto de lo que estaban viviendo en Venezuela. Emigraron porque se estaban proletarizando, aunque también por salir de un ambiente asfixiante. Pero cada vez más la emigración comenzó a ser de gente popular y sobre todo jóvenes. La razón fue para poder vivir, y en no pocos casos curarse. El motivo de fondo es no ver futuro, más decisivo para un joven que el presente. Esta propensión a irse se ha convertido en una tendencia casi compulsiva y sin ningún contrapeso, de manera que el que no se va, sobre todo si es joven, parece una persona sin iniciativa.

Aunque sean minoría, no pueden omitirse los casos de los que se van porque el crimen organizado los ha amenazado de muerte o porque son perseguidos políticos y han tenido que salir huyendo para evitar la tortura o la muerte. Ambos casos revelan algo tétrico del país: que estamos en manos del hampa que actúa impunemente y de los órganos represivos del Estado que actúan con más discrecionalidad aún y sin tener en cuenta la justicia.

Conforme los países receptores se van saturando, la posibilidad de encontrar algo estable disminuye. Y ahora mismo las condiciones para la mayoría son más duras que lo que estaban viviendo en Venezuela, aunque lo que ganan tiene más poder adquisitivo que en nuestro país. Por eso, ya se empiezan a sentir las remesas, y eso que todavía la mayoría no se ha establecido y está en trabajos que juzga provisionales por no ser los que corresponden a su preparación. Se espera que dentro de muy pocos años estas remesas lleguen a constituir un porcentaje muy considerable de los haberes de las familias. El que, viviendo en condiciones muy duras, envíen algo a sus familiares indica su solidaridad y es un modo de mostrarles que merecía la pena el sacrificio.

RAZÓN DE FONDO DE LA EMIGRACIÓN Y EFECTO EN LA ECONOMÍA Y EN EL GOBIERNO

Como en el país disminuyen los puestos de trabajo productivos porque cada vez se produce menos, porque el Gobierno desestimula la producción con sus medidas de control –que parten del resentimiento respecto de los productores privados–, porque él es incapaz de producir, y las más de quinientas empresas robadas o no funcionan o funcionan a pérdida, esta masa monetaria de divisas procedente de los emigrados, tiene dos efectos contrarios: por un lado ayuda a que muchas familias no se mueran de hambre e incluso puedan parapetarse; pero por otra contribuye a que los productos se encarezcan porque cada vez hay más masa monetaria y menos productos, porque el Gobierno apenas dispone de divisas para importar. La culpa del incremento de la masa monetaria la tiene el Gobierno, que aumenta los sueldos para paliar la inflación, sin aceptar que esta se da porque no hay productos y no los hay ni puede haberlos porque él desestimula la producción, en vez de estimularla como es su obligación.

Ahora bien, también tenemos que aceptar que la salida de tantos técnicos y más en general de profesionales, muchos de ellos muy capacitados, está afectando severamente la oferta en el país de bienes y servicios. Ya hemos dicho que la disminución de bienes depende sobre todo de la política errada y en el fondo resentida del Gobierno, aunque la caída en picado de la producción petrolera sí se debe a la gerencia desastrosa de este, que ha provocado la huida de tantos técnicos petroleros. Pero la caída de la calidad de los servicios sí se debe a la salida de tantos profesionales, sobre todo de la medicina y de la educación, pero también de las empresas de servicios del Gobierno, por ejemplo, de electricidad o de agua. En estos casos se debe a la pésima gerencia y a los salarios miserables. En este sentido la nueva tabla salarial ha desestimulado a los profesionales. Por ejemplo, si un director de un plantel educativo apenas gana más que los demás ¿quién se va a sentir estimulado a asumir esa responsabilidad? Así pues, el Gobierno sigue estimulando la emigración al seguir expulsando gente del mercado de trabajo al no tener en cuenta la meritocracia.

Con lo dicho aparece claro que el Gobierno es el culpable de que la emigración siga incrementándose. Pero, al parecer, no le importa porque no le importa la suerte de los ciudadanos. Y además con la salida de tantos tiene menos bocas que necesitan alimentos y menos potenciales opositores y puede atender mejor a su clientela que, con la salida de tanta gente popular, es relativamente menor cada año.

Así pues, la emigración afecta muy negativamente a la economía y, consiguientemente, a la vida de la colectividad, pero favorece al Gobierno.

¿INSOLIDARIOS?

Es muy difícil juzgar de insolidarios a los que se marchan. Claro que en abstracto se puede alegar que en Venezuela hay recursos y que hay que dar la pelea aquí y que irse es ponérsela más difícil a quienes se quedan y contribuir a que se perpetúe el régimen y se siga destruyendo el país.

Esto es verdad y tiene sentido que se proponga públicamente de manera que esté en el horizonte de la gente el quedarse y sea una posibilidad alternativa. Pero también tenemos que considerar que muchos jóvenes se sienten desesperanzados, sin futuro y por tanto que no le ven ningún sentido a vivir así. Y hay que reconocer también que nadie les propone una alternativa. Otros muchos no tienen literalmente dónde caerse muertos y no ven que esto se vaya a arreglar. Para ellos es cuestión de vida o muerte. Y otros tienen que irse para no morirse porque necesitan medicarse regularmente, y aquí no pueden.

FAMILIAS ROTAS O AL MENOS SEPARADAS

Las más afectadas por la emigración son las familias, tanto los familiares que se quedan, como los que emigran, que se sienten unidos a sus familias y que, como ellas, sienten que les falta algo muy entrañable y querido y que les cuesta vivir sin ellos. Esto puede parecer paradójico porque la familia venezolana está aquejada por muchos problemas estructurales. Pero, aunque así sea, la mayoría del pueblo venezolano vive muy apegado a su familia y no se resigna a vivir sin ella.

Por eso muchas familias están en permanente contacto porque necesitan saber unos de otros y escucharse y, a poder ser, verse. Los que se quedan sienten la preocupación de cómo les irá, y los que se han ido, la responsabilidad de contribuir para hacer ver cuánto les interesan. Hay personas mayores que se quedan solas porque se han ido los de las generaciones siguientes. Otras veces se van los padres y dejan a sus hijos con la abuela. Otras, es la misma pareja la que se encuentra partida y sufren.

LA EMIGRACIÓN, OPORTUNIDAD PARA SUPERARSE

Así pues, la emigración es una fuente muy grande de sufrimientos. También porque, aunque consideren que el país está vuelto un desastre, la mayoría ama a Venezuela y se siente apegada a muchas cosas concretas que echa de menos y le duele estar fuera, aunque sabe que no puede vivir dentro.

Sin embargo, para la mayoría la emigración también es una oportunidad para sacar lo mejor de sí y una fuente de aprendizaje. La mayoría de los venezolanos tendemos a afrontar las dificultades, cuando las hemos elegido, de modo proactivo. En general los emigrantes son bien vistos en los países donde van, son bien considerados por los que los emplean y en el lugar donde viven. Eso, a pesar de que el flujo tan intensísimo se ve como una competencia desleal por parte de quienes en esos países están en peores condiciones y de quienes luchan por la justicia social.

Hay que decir que muchos emigrantes se superan a si mismos. La mayoría, sobre todo a nivel popular, se mezcla y vive el presente con intensidad y la nueva experiencia los cualifica y humaniza.

Caracas, la ciudad herida por Martin Caparros – El País – 28 de Enero 2019

Se podría decir que es un enclave en guerra, salvo que no hay guerra. Pero esta no es solo la capital de la Venezuela de Nicolás Maduro, autoproclamado en el poder hasta 2025. Esta es la Caracas de Usleidi, de Alber y de doña Paca. Esta es su conmovedora historia y el relato sobre muchos otros habitantes de una urbe que luchan por sobrevivir a los estragos del modelo chavista. Primer capítulo de una serie en la que el cronista Martín Caparrós toma el pulso a grandes ciudades de Latinoamérica.

AVÍSAME QUE LLEGAS.

—Avísame que llegas.

 

—Descuida, yo te aviso.

“En cuanto a la heroica y desdichada Venezuela, sus acontecimientos han sido tan rápidos y sus devastaciones tales, que casi la han reducido a una absoluta indigencia y a una soledad espantosa, no obstante que era uno de los más bellos países de cuantos hacían el orgullo de la América”, escribió, fugitivo en Jamaica, 1815, con prosa tremebunda, el señor Simón Bolívar, al que ahora llaman su libertador.

—Pero acuérdate, avísame, que si no, no me duermo.

Me había dicho que bajara a las ocho en punto y la esperara del lado de adentro de las rejas, que ni se me ocurriera esperarla en la calle, y que ella iba a llegar en un carro chiquito y que se iba a parar justo enfrente de mi puerta y que cuando pusiera la intermitente —dijo la intermitente— recién entonces abriera la reja, salga, suba rápido. No preparábamos una operación ultrasecreta: me pasaba a buscar para ir a comer algo.

(Yo llevaba menos de una hora en la ciudad; consiguió impresionarme. Después le pregunté si no estaba un poco paranoica y me dijo paranoica tu abuela. Entonces le pregunté si no habría que decir, más bien, paranoica tu ciudad; me miró triste.)

El periodismo siempre —se— engaña cuando cuenta un lugar, porque cuenta del lugar lo extraordinario. No sabe —no sabríamos— contar los millones de vidas, de cruces, de gestos menores que arman cualquier espacio. Pensamos Caracas y pensamos —con razón— en hambre, oscuridad, partidas, la violencia. Pero no pensamos en Usleidi, que hoy se enteró de que no se había quedado embarazada, ni en Alber, que consiguió trabajo en un quiosco, ni en doña Paca, que volvió a ver a su hijo después de tanto tiempo.

Nos quedamos con la imagen gruesa —la confusión, la lucha— porque es cierta y, sobre todo, porque conviene a todos. A los periodistas porque nos deja historias atractivas; a los políticos porque les sirve decir que lo que pasa en Venezuela es socialismo. Le sirve al jefecito local porque justifica su desastre —“nos bloquean por socialistas”—, y a las varias derechas del mundo porque les arma su espantajo —“la izquierda nos va a llevar a Venezuela”. No es, pero a nadie le importa.

Así que así: Venezuela es el terror contemporáneo, nos lo machacan como tal. Yo, siempre impresionable, esperaba Berlín 45, Beirut 82, Bagdad 03 y me encontré Caracas, que tampoco es eso.

Es Caracas a fin del 18.

Caracas es una de las ciudades más violentas del mundo. Cada año, una de cada mil personas muere asesinada. Hay más asesinatos en Caracas en dos días que en Madrid en un año

El restorán estaba muy vacío; eran las nueve y cerraba a las diez porque más tarde los empleados no tenían transporte para volver a casa. Las calles, después, también vacías, muy oscuras. Son las diez y cuarto de la noche; cualquier sombra que se mueve nos asusta.

—Avísame que llegas.

La civilización es descuidarse. Hay quienes dicen que todo empezó cuando una mujer y un hombre se sintieron protegidos por el grupo, por la cueva, por todo ese calor alrededor y se atrevieron a fornicarse cara a cara: a dejar atrás esa postura atenta que les permitía vigilar si venía algo, alguien, el ataque que fuera. Cuando se permitieron olvidarse del mundo alrededor, encerrarse en su placer y su deseo: dejar la paranoia, descuidarse.

—Descuida, yo te aviso.

A veces no se puede.

Entonces muchos empiezan a hacerse preguntas. O, mejor: la misma pregunta, repetida, urgente.


—¡Nos fajamos, nos fajamos! ¡Vamos, síguelo, síguelo, vamo’ ahí, bien, bien, bien, síguelo, no lo sueltes!

Los gritos del entrenador ponen el ritmo, y 20 niñas, niños, muchachitos ensayan puñetazos. Tuncho tiene seis años pero la cara tan resuelta: los ojos fijos, los labios en trompita, el resoplo que acompaña cada golpe a la bolsa. Mavi, en cambio, nueve, le pega como si la quisiera, la acaricia. Y alrededor tres bolsas más y el ring en un costado y la pared descascarada y el resto de los chicos. Se reparten pocos pares de guantes; los que no tienen hacen sombra, cuerda, abdominales.

—¡Vamos, síguelo, síguelo, vamo’ ahí, bien, bien, bien, síguelo!

La Escuela de Box Jairo Ruza es un cuarto de 10 por 5 en uno de los lugares más violentos de una de las ciudades más violentas del mundo. Cada año, en Caracas, una de cada mil personas muere asesinada. O, dicho de otro modo: hay más asesinatos en Caracas en dos días que en Madrid en un año. La escuela está en un barrio de invasión que cuelga de unos cerros: escaleras angostas y sinuosas entre casas mal terminadas de ladrillos mezclados, techos de lata, rejas oxidadas, cables, la basura: por todas partes la basura, y el miedo, también, por todas partes. Al subir nos cruzamos a un hombre flaco que arrastra a los tumbos un sofá escalones abajo.

—¿Qué, te botaron de la casa?

Le dijo Danilo, y el hombre sonrió por compromiso. Danilo tiene cuarenta y tantos, el cuerpo sólido, la barba entrecana; no parece que se ría a menudo.

—Quién sabe si no lo está robando. Este barrio es candela.

Danilo solía manejar una camioneta de pasajeros; ahora es el chofer de un empresario que se pasó tres años preso bajo Chávez y es, entre otras cosas, el sponsor de la escuela de boxeo. La escuela está en la mitad de la ladera: miles de ranchos más arriba, miles más abajo. Danilo me cuenta que ahí enfrente levantó su casa y crio a sus hijos. Le pregunto cuántos tiene y me dice que varios. Le insisto:

—¿Cuántos?

—Como seis.

Me dice, y otra vez me río: ¿qué, no está muy claro? Imagino descuidos caribeños, pero Danilo sigue serio y me dice que sí, que tiene seis ahorita, que tenía siete pero ahora tiene seis.

—A Luis me lo mataron. Lo confundieron con un primo que también se llamaba Luis, que lo andaban buscando. Así, en la calle, esos malandros lo vieron a mi hijo y lo llamaron, Luis, Luis, y él se dio vuelta, así me lo mataron.

Niños boxean en turno de mañana del gimnasio Jairo Ruza.
Niños boxean en turno de mañana del gimnasio Jairo Ruza. ANDREA HERNÁNDEZ

Luis tenía 19 años; poco antes le había dicho a su papá que quería irse de ese barrio porque sus primos andaban en problemas. Ya había peleado 52 combates; su entrenador decía que tenía un futuro.

—Cuando me dieron esa noticia a mí prácticamente como que me arrancaron el alma de adentro.

—Y no pensó en vengarse…

—Pensé, sí. Claro que pensé. Pero entendí que no hay que hacer eso, que así se arma esta cadena de que uno mata a otro y entonces lo matan y otro va y lo mata al que lo mató y por eso ahorita estamos como estamos. Hay que dejarle todo a la ley y a la mano de Dios.

—¿Y funciona?

Danilo me mira sin palabras.

Poco después la policía mató al primo. Al otro año Danilo y su familia intentaron impedir que una banda impusiera sus reglas en el “barrio”; en caraqueño, barrio significa eso que cada castellano dice a su manera: villa miseria, población, callampa, cantegril, chabola. El barrio José Félix Ribas —el José Félix— es, dicen, además, el más denso del continente: 120.000 personas amontonadas en un kilómetro cuadrado de montaña. Danilo y los suyos emprendieron sin armas esa pelea desigual; varias veces les balearon la casa.

—Ahí me mataron a mi papá. Eran unos muchachos que se criaron con nosotros. Ellos querían ser dueños de la zona y nosotros, la familia mía, tratamos de pararlos y nos mataron al papá. Ahora dos están muertos, los demás están presos; no quedó más ninguno.

El problema es que siempre hay otros, me dice Danilo, y que utilizan para sus cosas a los niños.

—Por ejemplo, le dicen llévame este paquete a lo de Iris y el niño no sabe que en el paquete hay droga y se lo lleva. Por eso queremos que no estén en la calle. Lo que pasa es que la calle es como un vicio, como el alcohol, así: usted quiere dejarlo pero vuelve. Magínese la tentación: con lo difícil que está ganarse unos reales, y en la calle se hacen fácil, parece fácil. Por eso mejor si les enseñamos de niñitos…

En la escuela los chicos van terminando la lección: reconcentrados, serios, cada salto es un compromiso, cada golpe. En el piso de abajo dos mujeres preparan los almuerzos. Hay arepas, salchichas, unas papas: muchos van por el box, todos por la comida.

—Ahorita estamos más tranquilos. Desde que pusimos la escuela, acá nadie jode porque están los chicos. Pero además ahora el pran declaró zona de paz, así que estos meses estamos bien, en calma.

Me explica Danilo. Pran es una palabra casi nueva: dicen que viene de las cárceles, donde el pran es el jefe de los presos. Y ahora muchas zonas, barrios, pueblos tienen su pran: el que impone su ley, el capomafia.

—¿Cómo se hace para volverse pran?

—Bueno, es una persona que haya matado gente, que haya estado en la cárcel, que todos lo sigan. Y entonces mandan en su zona, y al que hace cosas, que roba, que mata sin su orden, van y lo castigan.

Aquí el pran local es un jovencito despiadado que llaman Wileisi, y la declaración de zona de paz es un arreglo con la policía: yo les mantengo el barrio en calma, ustedes no me joden los negocios.

—El pran comanda a mucha gente que anda por ahí poniendo orden. Pongamos que haya un problema en la cola del gas; entonces llegan ellos con sus pistolas, qué pasa, se acabó la broma.

Son formas nuevas del poder popular. Hay otras: ella se llama algo así como Wisneidi pero le dicen Güigüi; tiene siete años, una llave de plástico colgada del cuello y un par de ideas muy claras:

—A las mujeres también nos gusta el deporte. A veces por ahí por la calle alguno me dice que por qué estoy metida en esto del boxeo, que es para varones. Y yo le digo que esto no es pa’ marimachos sino también pa’ las hembras, que aprendan a defenderse.

—Qué bueno. ¿Y de dónde sacaste esas ideas?

—De la mente.

Me dice Güigüi como si no entendiera qué es lo que no entiendo. La sesión se acaba y el entrenador les dice que ya pueden irse:

—¡Rompan filas!

Les grita Pedri. Pedri tiene 17 años, trabaja seis horas por día en una panadería y le pagan 50 millones de bolívares fuertes —500 soberanos, dólar y medio— por semana.

“Nosotros somos el ejemplo de esa gente que no pierde la esperanza”, me dice Enrique, un señor sesentón. El partido es un clásico: Leones de Caracas contra Tiburones de La Guaira

—¡De frente al futuro!

Le contestan a coro 20 chicos.


Caracas fue, varias veces, la ciudad más rica de Sudamérica: una donde el dinero brotaba tan fácil de los pozos que era fácil gastarlo a manos llenas en grandes rascacielos comerciales, en grandes construcciones sociales, según los tiempos y los vientos. Caracas sigue siendo la mayor exposición sudaca de arquitectura brutalista de los sesentas y setentas: mucho cemento crudo, mucho ángulo recto y perfiles feroces. Y después, compitiendo con ellos por el espacio ciudadano, las torres obvias ñoñas de metal y cristal de los ochentas y noventas. Y todo alrededor montañas verdes.

No hay capital en el mundo —creo que no hay capital en el mundo— que tenga tanto verde. La belleza de un valle entre montañas tropicales: el cielo como un rayo, los árboles sin mengua, el viento suave. Pero esos edificios y parques y autopistas de los años prósperos que se fueron gastando, comidos por el calor y las tormentas.

En Caracas casi nada funciona: las luces de las calles, por ejemplo. Aquí las noches son noches de otros tiempos, cuando el sol caía y cada calle era una trampa oscura. Después las ciudades trataron de simular que el sol nunca se pone, que la luz no depende de esas tonterías. Aquí, ahora, la noche es otra vez la noche.

Y la cuenta fundamental es simple: en 2013 Venezuela producía tres millones de barriles por día a 100 dólares el barril; ahora produce poco más de un millón a menos de 60. Cuando se murió Chávez ingresaba unos 300 millones de petrodólares diarios; ahora, cinco veces menos.

Noches calladas, quietas de Caracas. Fantasmas en la calle, los silencios: la mezcla de escasez y miedo es imbatible. Caracas ha cambiado tanto y, en los últimos años, ha cambiado tanto las vidas de sus habitantes. Caracas, por momentos, se diría una ciudad en guerra —solo que no hay guerra. Algunos lo escriben Carakistán, otros Caraquistán, otros incluso Caracastán, pero la idea no cambia: un sitio que se ha vuelto extraño, una manera del derrumbe.


El sol se esfuerza y no lo necesita; gritos de vendedores, calor, olor de fritos, personas que se encuentran: van llegando de a poco, saludan, se acomodan. El partido está por empezar y un músico famoso toca en su saxo el himno nacional. El micrófono falla, el himno se oye a trozos. Un ayudante se acerca, lo trata de arreglar, no consigue gran cosa. El público aplaude como si.

—Nosotros somos el ejemplo de esa gente que no pierde la esperanza.

Me dice Enrique, un señor sesentón con su cara atildada. El partido es un clásico: los Leones de Caracas contra los Tiburones de La Guaira, vecinos y enemigos. En las tribunas hay hombres y mujeres: ellos con las camisas de su equipo, ellas con cualquier cosa que se les pegue al cuerpo, todos con sus gorras. Allá abajo el partido empieza lento; aquí arriba no parecen tan interesados, discuten con pereza tropical y toman su cerveza: cantidades industriales de cerveza. De pronto, una vez cada tanto, algo sucede y se distraen, miran el campo, ven correr a un muchacho, lo corean.

—Mire, llevamos años sin ganar un campeonato. Treinta y tres años, desde antes de todo. Aquella vez se lo ganamos a estos mismos caraqueños, acá mismo, y acá estábamos, este y yo, sentados tomando unas cervezas, disfrutando. Y desde entonces.

Mejillón posa en las gradas del estadio de la Universidad Central de Venezuela durante el partido de béisbol entre los Tiburones y los Leones.
Mejillón posa en las gradas del estadio de la Universidad Central de Venezuela durante el partido de béisbol entre los Tiburones y los Leones. ANDREA HERNÁNDEZ

—¿Siguen disfrutando?

—Bueno, cómo decirle.

El béisbol es un deporte curioso donde el protagonista es un muchacho corpulento con pijama, uno que se ha levantado un poco tarde: el anti-Cristiano, el auténtico atleta sin alardes. Un deporte inverso a los demás: aquí el trabajo de los jugadores no consiste en tener la pelota y hacer algo con ella, sino en alejarla a palazos y correr mientras no vuelva. A veces puede ser emocionante; muchas, no. En las tribunas las vendedoras de cerveza saben servir tres botellas en tres vasos con una sola mano al mismo tiempo.

—Esto es un oasis. Acá hay gente de todas las clases, de todas las ideas, y no pasa nada.

—¿Y por qué ahí afuera no es así?

—Bueno, vaya a saber.

Los jugadores juegan, los fans beben y bailan, las tribunas están llenas a medias: antes, me dicen, un partido como este era un lleno completo. Aquí, en toda conversación, siempre hay un antes. Ahora la banda de La Guaira —“la Samba”— redobla los tambores y el locutor pide entusiasmo:

—¡¿Y adónde están los Tiburones?!

Algunos le contestan a los gritos, pero esto es una fiesta, tan lejos de ese drama que es el fútbol —o la vida. Es, parece, una buena excusa para saltar, gritar, reírse un rato. Lógicamente, el juego va ganando en intensidad a medida que avanza: no es lo mismo verlo con dos o tres cervezas que con siete —y además a veces pasan cosas. Entonces, cuando los Tiburones consiguen su corrida, mis vecinos de silla se chocan las manos y los puños: lo llaman “un puñito” y es la manera de decir lo conseguimos, broder, lo conseguimos juntos. Más tarde, cuando los Leones consigan seis o siete y su equipo se arruine, me dirán la frase acostumbrada:

—Sí, otra vez, qué quiere. Hoy los Tiburones jugaron como nunca y perdieron como siempre.

Yo quería invitarlos a cervezas pero no tengo plata. O, mejor: tengo pero no puedo usarla. En estos días en Venezuela no hay billetes: el nuevo bolívar, lanzado en agosto de 2018 para sacarle cinco ceros a la moneda anterior —un “bolívar soberano” equivale a 100.000 “bolívares fuertes”—, ya quedó débil, y su mayor billete es de 500, que hoy es poco más de un euro. Con una inflación del tres por ciento diaria, dos millones por ciento anual, no hay billete que aguante: en meses pasan a valer nada. Así que casi no hay efectivo y no puedo cambiar mis dólares por moneda local; tampoco puedo pagar con mi tarjeta forastera. La única opción sería usar lo que usan todos los que pueden: una tarjeta bancaria para pagar por transferencia cualquier compra, una cerveza, medio kilo de pan, la comida de la semana, un par de calcetines. Pero, por supuesto, no tengo una tarjeta bancaria venezolana, así que no tengo plata ni forma de tenerla: si quiero tomar un café o un transporte, tengo que conseguir alguien que me lo pague. He vuelto a ser un niño, y es extraño.

La llaman, por ejemplo, la hipersupermegainflación —y andan buscando más prefijos. Por suerte tampoco hay mucho que comprar. El muchacho del supermercado es grasiosito:

—¿Mantequilla? Eso no lo vas a ver ni en propagandas.

—¿Y huevos?

—¿Huevos? ¿Qué quiere decir huevos?

Hay momentos en que el humor es la mejor manera; hay otros en que no.

Deben tener 60, quizá 65; se los ve bien vestidos, bien mantenidos, casi prósperos. Él en su polo con un logo, ella en sus uñas manicuras y su peinado de peluquería; quizá se quieren todavía, quizá no se soportan; lo cierto es que ahora se miran con fastidio, se susurran para no gritar, discuten bajo para que no se note. La cajera del supermercado espera y él resopla, ella le dice que para no pasarse de 5.000 soberanos tienen que dejar esa botella de vodka y él que no, que dejen esas papas y ese jabón y esas cebollas que para qué las quieren, y ella que quiere decirle cosas que no quiere decirle y él que bufa; al final ella le dice que un momento, rebusca en su cartera, encuentra 300 soberanos en billetes y le dice que menos mal aparecieron, que se lleven el vodka y el jabón y dejen la verdura, que ya verán qué hacen con la cena, y él le dice que bueno, que al fin entró en razones y ella lo mira sin saber qué decir; después me mira a mí, alza las cejas, la vergüenza. Al cambio de hoy, 300 soberanos no llegan a un euro.

Meses atrás su vida era un infierno, dice el señor Tomás. Todas las noches se despertaba a las dos, se lavaba la cara si había agua, desayunaba si había algo, se sentaba a rezarle a sus vírgenes

(Pero eso fue a principios de diciembre, cuando estuve allí. El 15 de enero, al cierre de este artículo, un euro cuesta más de 3.400 soberanos. Es muy difícil dar equivalencias; tanto más, vivir con esos números cambiantes, fugitivos.)

Hace un par de años el problema de la comida era que no había. Ahora hay, para los que pueden pagarla a precios dólar; para los otros hay muy poca. El año pasado 6 de cada 10 venezolanos perdieron un promedio de 10 kilos —10 kilos de su carne— por falta de recursos.

Amanece: huelo a través de mi ventana que alguien fríe unos huevos y me hago todas las preguntas. Qué fácil llegan la envidia, la sospecha.


—Sí, por desgracia sigo así. Nunca puedo comer todo lo que quiero.

El señor Tomás tiene esos dedos como ramas que se les van haciendo a los más viejos; tiene los ojos a punto de nublados, un temblor en las manos. Hace unos meses el señor se hizo famoso, con esa fama breve de los medios. En las pantallas aparecía lloroso, la voz rota:

—A veces como una vez al día, a veces me acuesto sin comer…

Dijo, y lloraba, y que en los días que le quedaran de vida esperaba no morirse de hambre. La nota de NTN24 sobre las pensiones insuficientes se volvió viral: el señor Tomás llegó mucho más lejos que lo que había previsto.

—Empecé a recibir llamadas de todas partes del mundo, gente que me quería ayudar, o por lo menos felicitarme o saludarme, y hay varios que me siguen llamando, me mandan cosas, comida, mis remedios. Yo estaba muy decaído y ellos me levantaron el espíritu y el alma.

El señor Tomás tiene 86 años y lo repite con orgullo; también tiene recuerdos de una vida mejor, su llegada a Caracas jovencito, sus años de comercio exitoso, su familia. Y ahora, su piso pequeño atiborrado, su batallón de vírgenes, santos, cruces en la pared, sobre su cama estrecha.

—Yo viví una vida bastante positiva. Muy buena, muy buena; hice dinero, trabajé, atendí a mi familia. Lo que todos queremos, yo lo hice. Después no sé qué nos pasó.

Su mujer murió joven, sus hijos se esparcieron, su hermano también se fue, la economía venezolana patinaba: a sus 65 empezó a sobrevivir, y desde entonces.

Tomás Sandoval posa en su apartamento en el Valle.
Tomás Sandoval posa en su apartamento en el Valle. ANDREA HERNÁNDEZ

—Ahora todos los días cuando me levanto me pregunto qué voy a hacer, dónde voy a conseguir la comida, que ojalá no tenga que ver a ningún médico. Yo ya no tengo fuerza. Yo no quiero terminar así mi vida.

El señor Tomás cobra una pensión igual al sueldo mínimo: son 1.800 bolívares soberanos, y un pollo, me dice, está a 600 el kilo y los huevos —“la comida del pobre”— a 800 el cartón de 30.

—Y para cobrar esa pensión de miseria tengo que tener un carnet de la patria. Eso no lo puedo permitir yo, como venezolano. Señor Maduro, usted no me está regalando nada; mi pensión me la gané yo con mi trabajo, mis impuestos. Tampoco quiero que me den sus cajas CLAP, sus limosnas para que no me muera de hambre.

La caja CLAP —Comité Local de Abastecimiento y Producción— es un paquete de comida que el Gobierno entrega a los necesitados. Una que vi tenía harina y leche en polvo importados de México, frijoles y aceite de Argentina, arroz de Brasil, kétchup del Perú y fideos de algún lugar indescifrable: la caja CLAP es un canto a la unidad latinoamericana o un testimonio bruto de la incapacidad de Venezuela para producir sus propios alimentos, el castigo de un país que creyó que le alcanzaba con cosechar petróleo. El testimonio de un fracaso o de un fraude: dicen que hay amigos del Gobierno que han hecho fortunas con las importaciones de esas comidas de socorro.

—A mí esas dádivas me ofenden. Yo trabajé toda mi vida; no quiero vivir así, a merced del Estado. Y ese carnet es otro abuso. Te dicen o estás conmigo o te mueres. Yo no quiero ninguna de las dos.

El carnet de la patria es una tarjeta de identidad —su foto, sus datos, su código QR— que lanzó el Gobierno en 2017 y que sirve, en principio, para acceder a los repartos oficiales: cajas CLAP, remedios, las pensiones.

—No señor, no los quiero. Pero lo peor es que todos se van. Todos, los mejores. La juventud nuestra se nos va, en cuanto pueden se nos van. Así no va a quedar más nada.

Meses atrás su vida era un infierno, dice: que de verdad desesperaba. Todas las noches se despertaba a las dos, se lavaba la cara si había agua, desayunaba si había algo, se sentaba a rezarle a sus vírgenes durante tres o cuatro horas. Hasta que la santa madre de Dios, me explica, oyó sus ruegos:

—Esa entrevista que me hizo ese canal no vino sola; vino por la ayuda de ella, que nunca deja de cuidarme. Viendo las condiciones críticas que yo tenía me dio esta luz para que siga viviendo. Y yo le doy las gracias, y si ustedes están aquí ahora es por su santa intercesión.

Me dice y se persigna. Yo nunca, hasta ahora, había sido un milagro: intento disfrutarlo, no sé si lo consigo.

—Todos los días le pido a la Virgen que se vayan estos directores, que se vaya Maduro, que se vaya Cabello, y no me cansaré de pedírselo, ya tienen que llegar. Dios no nos puede fallar a los venezolanos. ¿O será que tanto lo ofendimos?


Somos privilegiados: abrir un grifo y tener agua, apretar un botón y tener luz, entrar a una farmacia y obtener un remedio, salir a la calle y llegar a algún sitio. La humanidad tardó milenios en lograrlo —y ahora, tan breves de memoria, nos parece la vida natural.

(Vivo, estos días, en un apartamento de un barrio acomodado del Este de Caracas, así que tengo, en el lavadero, un tanque de agua. O sea que durante la media hora al día en que mi edificio debería recibir agua mi tanque la recoge —si llega— y yo puedo usarla cuando quiero. Es un privilegio: muchos, sin tanque, deben organizar sus vidas alrededor de los horarios —siempre inciertos— del agua. Entonces para lavarme las manos debo subir al lavadero, encender la bomba del tanque, esperar que cargue, bajar al baño, abrir el grifo, esperar que llegue el agua, lavarme, cerrarlo, subir al lavadero, apagar la bomba: una operación de unos cinco minutos para hacer eso que, en nuestras casas, tarda medio.)

Elisabeth Torres, guardiana de la capilla Santo Hugo Chávez.
Elisabeth Torres, guardiana de la capilla Santo Hugo Chávez. ANDREA HERNÁNDEZ

El lujo más antiguo es manejar tu tiempo —y lo olvidamos. Siempre fue: durante milenios los que podían pagaban o poseían personas que lo hacían por ellos. Después construimos infraestructuras y máquinas que lo hacen por nosotros: desde una conducción de agua que nos evita ir hasta el pozo hasta una conexión rápida a Internet que nos evita pasarnos un minuto esperando que baje una foto. En los países pobres, en los países en crisis, esos esfuerzos y esas esperas vuelven, y recuerdas que tu vida es puro lujo.

(Pero ya conseguí tener plata. La solución fue casi simple, retorcida: le di dólares a una amiga —llamémosla Valeria Zapata— y ella se los dio a su dealer y su dealer le transfirió bolívares a su cuenta de banco y ella, entonces, me prestó su tarjeta de débito cargada con los bolívares provenientes de mis dólares. Así que podré pagar mis propios cafés, mis taxis, mis comidas, siempre que nadie quiera saber por qué me llamo Valeria. No lo harán, por supuesto: no pregunte, no cuente, no deje que le cuenten —decían los cubanos en sus tiempos.)


Elisabeth tiene 54 años, un marido, seis hijos, varios nietos. Aquella noche, hace ya tanto, se despertó sobresaltada. En la calle había ruidos, voces, pasos; miró, con miedo: vio soldados con la cara pintada, las armas en la mano. Salió al zaguán; uno de ellos le dijo que estaban peleando por el pueblo y ella les preparó café. Las dos tazas pasaron de mano en mano hasta llegar al muchachón que los mandaba; él las probó antes de dejar que ellos las tomaran, por si acaso. Más tarde, por la tele, la señora sabría que se llamaba Chávez, que era teniente coronel, que su motín había fallado. Pero ella no lo olvidaría, dice: que esa noche le cambió la vida para siempre.

—Yo ahí comencé a seguir sus campañas, todo lo que hacía. Yo tengo la dicha de tener un nieto que nació el 28 de julio…

La miro, no entiendo, me explica que es el día del cumpleaños del comandante y que el chico nació con problemas, pero que Chávez le mandó todo lo que necesitaba: operaciones, remedios, leches, fórmulas.

—Entonces, ¿cómo olvidar a ese gigante, a ese hombre tan hermoso, tan dado con su pueblo como fue mi comandante Hugo Chávez?

Dice, y se emociona y llora. Elisabeth tiene una camiseta de colores, un bluyín muy lavado un poco roto, algunos dientes, y se ocupa de la capilla Santo Hugo Chávez. La capilla es un quiosco de cemento pintado de azul, techo de chapa, sus retratos del comandante y muchas vírgenes, cristos, angelitos diversos. Pasa un chico y la saluda y le pide su bendición: su bendición, por favor, Abuela Golda.

—¿Y ustedes le pueden pedir cosas?

—Sí, uno habla con mi comandante y le pide, porque podemos estar cien por ciento seguros que él se encuentra a la diestra de Dios Padre. Uno por ejemplo le pide que ayude a alguien, como a esta muchacha…

Dice, y me cuenta la historia de una enfermera que tuvo un accidente de tránsito y le dijeron que no volvería a caminar y le rezó mucho y le decía Chávez ayúdame yo quiero caminar yo cómo hago esta revolución desde la cama, y que ella se aferró tanto al comandante que un día se levantó y empezó a caminar y después se lo agradeció con una placa en la capilla, me dice Elisabeth. Después me muestra la imagen del Cristo de la Grieta: es el Cristo al que Chávez en sus últimos días le pidió unos días más: “Dame tu corona Cristo, dámela, que yo sangro, dame tu cruz, cien cruces, pero dame vida, porque todavía me quedan cosas por hacer por este pueblo y por esta patria, no me lleves todavía…”, dijo Chávez entonces, llorando, conmovido, y ahora Elisabeth llora al recordarlo, retoma la plegaria, dice que ahora son ellos los que deben cumplir con su legado.

—¿Qué es lo mejor que hizo Chávez por su pueblo?

—Dar su vida. Dar su vida por su pueblo. Pasarán más de mil años, muchos más, para que tengamos otra vez otro Chávez.

Dice, abolerada, y me da un gajito de una planta de incienso del santuario. Cien metros más allá está el Cuartel de la Montaña, donde lo enterraron.

—Cuando el comandante parte físicamente le construyeron este monumento en unos días, aunque todavía estamos trabajando en su reposo.

Me explica una mujer con uniforme, guía del cuartel. Los restos de Hugo Chávez están en un patio cuartelero recubierto de mármol; alrededor de su catafalco hay cuatro soldados vestidos de soldados de Bolívar, inmóviles, marmóreos, y más alrededor hay banderas y escudos, caras de próceres, vírgenes y santos; más allá, la ciudad y los cerros. La guía habla de su partida, de su cuerpo sembrado, de su sacrificio inolvidable por su pueblo; en media hora de cháchara no pronuncia ninguna variante de la palabra muerte.

Lo que no se puede decir, dijo el vienés, hay que callarlo.


—¿Ves que aquí es fácil ser feliz?

Me dice Andrea, la fotógrafa, porque acabo de pagar, por primera vez, un café con mi tarjeta de débito y me siento todopoderoso.

Marisol Basó sentada en un bando en el jardín de su casa en Caracas.
Marisol Basó sentada en un bando en el jardín de su casa en Caracas. ANDREA HERNÁNDEZ

—Uno aprende a disfrutar de esos pequeños triunfos. O, por lo menos, a darles importancia.

Caracas me sume en una especie de austeridad ecololó monástica: recuperar la noción del valor de las cosas. Usar, digamos, menos papel higiénico porque cada hojita importa y quién sabe cuándo voy a tener más; usar, por supuesto, menos agua porque hay tan poca agua; usar, faltaba más, de otra manera el tiempo. Entender que realmente despilfarramos tanto; entender que no lo precisamos; entender que muchos otros sí, desesperadamente.

No te preguntan cuánto vas a poner; a nadie se le ocurriría contestar 10 litros, 20, 30. Te llenan el tanque sin decirte nada, porque un litro de gasolina cuesta un bolívar fuerte, o sea: 50 litros cuestan 50 bolívares fuertes, o sea: 0,00005 bolívares soberanos. Es decir que con un soberano se podrían llenar 2.000 tanques; con un dólar —que hoy, aquí, vale 400 soberanos— se podrían llenar los tanques de 800.000 coches. Va de nuevo: con un dólar se podrían colmar de gasolina 800.000 coches.

El problema es pagarlo. Ahora Andrea le da al bombero —el empleado de la gasolinera— tres soberanos: son el equivalente de 300.000 bolívares fuertes para pagar un gasto de 50. La propina sería generosa si no fuera otra entelequia: esos tres soberanos tampoco sirven para nada.

—Yo ayer cuando cargué le dí un bolígrafo. El bombero estaba contento, me lo agradeció.

Me contó después un amigo.

—Bueno, yo cuando lleno la moto a veces le doy un cigarro, dos.

Me explicó otro. Como quien dice que las cosas no tienen valor, solo tienen un precio.

Son las lecciones de Caracas. Y que los grandes servicios públicos a los que estamos acostumbrados tienen, entre otros, un efecto igualador: todos acceden a esos suministros básicos. O, mejor: la penuria es injusta —y aquí se ve muy claro. No hay agua, pero los ricos pueden instalar un tanque en sus casas y recogerla cuando llega y usarla cuando quieren; no hay luz, pero los ricos pueden comprar y alimentar grupos electrógenos; no hay comida a los precios controlados, pero los ricos pueden comprarla en los supermercados donde se vende a cualquier precio. O, incluso, en otros sitios.


La señora Marisol no compra casi nada en Venezuela; todo lo que no sea fresco lo encarga por Internet en Estados Unidos: leche, azúcar, harina, mermeladas, arroz, fideos, bombillos, detergentes, mangueras, clavos, trapos. Y para el resto usa su huerto, sus gallinas y sus bachaqueros —o proveedores informales. En el medio de su jardín hay una casita, modelo a escala de la principal:

—Era una casa de muñecas que les hicimos a las niñas, se pasaban las horas y las horas jugando ahí adentro.

—¿Y ahora?

—No, ahora la usamos para almacenar comida.

La señora Marisol está a punto de cumplir 80 años y se mueve con soltura y elegancia, la sonrisa en los labios muy de rojo; desde las grandes galerías de su casa en lo alto se ve todo Caracas, casi todo su cielo. La señora viene de una familia que viene, a su vez, de la Colonia. Su padre fue ministro y tuvo que irse de Venezuela varias veces, vaivén de los Gobiernos: la familia pasó unos años en Los Ángeles, otros en Madrid.

—Nos llevábamos los carros en el barco, los perros, los equipajes… Antes todo era como cómodo.

Antes la señora viajó mucho, y todavía: en los salones de su casa hay muebles chinos, indios, coreanos, españoles, keniatas, japoneses.

—Yo conozco el mundo entero. Antes lo hacíamos con mi marido, ahora lo sigo haciendo con mis hijos. Ahora nos vamos a Corea y Japón a celebrar mis 80 años…

—¿Su vida cotidiana cambió, estos últimos años?

—Sí. Yo soy una viuda de las de antes, yo no brinco. Pero igual me habría gustado seguir yendo al club, al cine, y no salgo porque me da miedo. Yo no tengo chofer. Tengo un carro blindado, pero… mientras esté adentro. Me da miedo salir, ya no salgo. Voy a las casas de mis hijas, que están aquí mismo, en la urbanización.

Su otra hija está en Nueva York; de sus nueve nietos, siete viven en Estados Unidos, y el octavo está a punto de irse. Le quedará, por algún tiempo, uno.

—Casi todos tienen pasaporte americano. Para irte bien tienes que tener otra nacionalidad; si no, vas a tener que ir para Sudamérica, donde vas a estar como un paria. Si quieres ir a Estados Unidos, a Europa, necesitas tener un pasaporte.

La señora, además, convirtió su piscina en un tanque de agua: lo han hecho en muchas casas ricas. Y ahora varios de sus vecinos son miembros enriquecidos del Gobierno o sus parientes o sus socios.

—Mientras ellos sigan gobernando no se va a arreglar nada. Algunos dicen que hay que castigarlos; yo digo que no. Yo me ofrezco a llevarlos con mi carro al aeropuerto, les hacemos una despedida, los mandamos en primera y que se lleven todos sus reales, pero que se vayan. Así podemos arrancar a componer este país.

Las guacamayas van llegando con el atardecer, se anuncian a los gritos, se instalan en el jardín exuberante. El sol se pone sobre las montañas y la belleza es despiadada.


Caracas, la ciudad herida

Venezuela vuelve a ser el país con más muertes violentas del mundo por D. Lozano/D. Santander – El Mundo – 27 de Diciembre 2018

Ataques contra los políticos Teodoro Campos y Henri Falcon, el pasado abril en Caracas. REUTERS

Venezuela mantiene su dictadura en el ránking de la violencia. Pese a la diáspora masiva que sufre, el país sudamericano vuelve a liderar este año la estadística que nadie quiere encabezar: el país con más muertes por causas violentas del mundo, con 23.047 y una tasa de 81,4 por cada 100.000 habitantes. Así lo hizo público ayer en Caracas el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), la ong más prestigiosa en la materia, que desarrolla sus estudios e investigaciones pese a todos los obstáculos que pone en su camino el gobierno bolivariano.

“Con estas cifras seriamos el país más violento del mundo en términos de homicidios. Venezuela, estando por encima de Honduras y El Salvador, va a ser el país más violento de América Latina y del mundo”, repitió Roberto Briceño León, director del OVV, quien lidera a un grupo de expertos y universidades con acceso a datos oficiales de fuentes anónimas, medios nacionales, encuestas de victimización y entrevistas.

Entre esas muertes hay 10.422 homicidios, que son aquellos casos en los que las autoridades ya iniciaron una investigación. Destacan sobremanera las 7.523 muertes por “resistencia a la autoridad”, aquellas que se producen en enfrentamientos con los cuerpos de seguridad y que, según expertos, es un término utilizado por el gobierno para “esconder” ejecuciones. Si algo define 2018 son las denuncias de ejecuciones extrasumariales, que se han multiplicado según las organizaciones civiles y de derechos humanos.

El año comenzó con la ejecución del policía rebelde Óscar Pérez y de las seis personas que le acompañaban, militares, periodistas y una enfermera. Según el Parlamento, todos ellos fueron atacados sin piedad durante el operativo de su detención y rematados con un tiro en la cabeza.

Un poco antes de acabar el año, en noviembre, otra acción en plan de comando de las Fuerzas de Operaciones Especiales de la Policía Nacional (Faes) durante el asalto a la Torre Viasa del centro de Caracas acabó con la vida de nueve personas. Según la denuncia realizada por la ONG Provea, basada en testimonios de familiares, los jóvenes también fueron ejecutados durante el operativo. La redada violenta se realizó en edificio abandonado hace una década y ocupado desde entonces por familias de bajos recursos, que se dedicaban en su mayoría a freír plátanos para venderlos en las calles.

Amnistía Internacional (AI) ya había advertido en septiembre que desde 2015 a 2017 se habían producido 8.200 ejecuciones extrajudiciales, producto de “medidas represivas con lógica bélica para supuestamente abordar la delincuencia”.

Además de los homicidios, enfrentamientos y ejecuciones, hay otras 5.102 muertes por causas violentas que se están investigando.

Pese a la magnitud de las cifras, las muertes por causas violentas sí bajaron entre 2017 y 2018: el año pasado fueron 26.616, para una tasa de 89 por cada 100.000 personas. “La disminución de homicidios se puede explicar por la emigración, calculada en cerca de cuatro millones, por la consolidación de megabandas que no disputan territorios con otras bandas y por la política de exterminio del gobierno con ejecuciones extrajudiciales”, resumió para EL MUNDO el criminólogo Luis Izquiel.

Las cifras oficiales, como de costumbre, son mucho menores. De acuerdo con el ministro de Interior y Justicia, el mayor general Néstor Reverol, en 2018 hubo 9.675 homicidios en el país petrolero, 27,7% menos que el año pasado, para llegar a una tasa de 30 por cada 100.000 habitantes.

El crecimiento irrefrenable del número de homicidios durante el chavismo provocó que durante años el gobierno ocultara las cifras, para pasar luego a ofrecer unas estadísticas retocadas, entre las que no figuraban ni enfrentamientos ni los fallecimientos por causas desconocidas. Desde la llegada de Chávez al poder hasta hoy, sumando los seis años de Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores, se contabilizan en torno a 330.000 muertes violentas, cuando en 1998 apenas sumaban 4.550. El capitalismo, los videojuegos, las series de narcos, las telenovelas, Spiderman y Superman fueron señalados por la revolución como los grandes culpables de una plaga que no cesa.

“Venezuela es un territorio controlado por las armas, donde se vive por el control de las armas y no por la ley”, explicó Briceño. “La tasa es más de ocho veces lo que la Organización Mundial de la Salud considera una epidemia de violencia criminal”, añadió el penalista Izquiel. “Pobres matando pobres”, es el veredicto del director de la OVV, gran experto nacional, que explica el fenómeno de violencia de su país sumándole la impunidad reinante (solo van a juicio el 8% de los homicidios), la proliferación de bandas, los tentáculos de la narcoviolencia, el discurso violento de distintas instituciones del Estado a lo que ahora se suma la descomunal crisis económica y social.

Los estados más violentos del país son el sureño Bolívar, donde son constantes los enfrentamientos entre mafias por el control de minas ilegales de oro, y Aragua y Miranda, ambos en el norte del país.

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