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Venezuela nombrado el país más peligroso para vivir por segundo año consecutivo por Youyou Zhou – La Patilla – 7 de Julio 2018

¿Te sientes seguro caminando en tu vecindario por la noche? La mayoría de los venezolanos definitivamente no.

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En 2017, solo el 17% de los venezolanos dijeron que se sentían seguros caminando solos por la noche en la ciudad o área donde viven, según una encuesta realizada por Gallup. Este sentido de seguridad drásticamente bajo refleja el deterioro de la situación económica y política en Venezuela, que han llegado a un punto que hace que el país sea prácticamente inhabitable.

Los resultados de Gallup recién se publicaron en el informe Global Law and Order del año 2018 del encuestador. Los venezolanos tenían cuatro veces menos probabilidades de responder que se sentían seguros caminando solos por la noche que el nivel promedio del 68% entre los 142 países encuestados. En los Estados Unidos, el número fue del 72%. En el Reino Unido, fue del 80%.

No es solo percepción. Venezuela fue también uno de los lugares más peligrosos para vivir en el mundo, según la encuesta: el 42% de los venezolanos dijeron que fueron robados durante los últimos 12 meses, y el 23% informó haber sido agredido o asaltado. Los venezolanos también tenían poca confianza en la aplicación de la ley: solo el 25% de las personas encuestadas dijeron que confiaban en la policía local.

Es el segundo año consecutivo que Venezuela aparece como el país menos seguro entre los encuestados. Gallup realizó la encuesta por primera vez en 2006, y las respuestas en los últimos años, de 1.000 venezolanos seleccionados al azar, muestran la disminución de la seguridad del país en la última década.

La disminución de la seguridad siguió al empeoramiento de la economía de Venezuela. Muchos negocios locales y extranjeros ya han cerrado sus puertas. En 2016, Coca-Cola dejó de producir en el país debido a una escasez de azúcar, y General Motors abandonó el país después de enfrentar grandes pérdidas y la incautación de su fábrica por parte del gobierno, por citar dos ejemplos. La economía de Venezuela se ha reducido durante cuatro años consecutivos.

Según un cálculo de las Naciones Unidas, 1,5 millones de venezolanos han abandonado el país desde 2014 debido a la crisis política y económica.

Parece que no importa dónde terminen, será más seguro que en casa.

¿Hacia dónde irá Venezuela si Maduro permanece en el poder? por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 24 de Junio 2018

La pregunta de cuál sería el destino de Venezuela si Maduro permaneciera en el poder vive en las mentes de millones de venezolanos. Entre otras cosas, porque ella es indisociable de la pregunta de cuánta destrucción más puede soportar nuestro país. Esa inmensa mayoría de los venezolanos que desean que Maduro se vaya de inmediato, es la misma que se hace la pregunta a la que intentaré responder en este artículo.

En términos generales, hay que decir: el país se empobrecería a un punto que no tiene comparación posible ni en el siglo XX ni en el XXI. Venezuela alcanzaría una situación que hoy ni siquiera podemos imaginar. Pero basta con proyectar las tendencias ahora mismo en curso, para que podamos establecer un punto de partida de lo que pasaría.

Lo primero que hay que decir: la pobreza extrema alcanzaría a 90% de la población. No cabe esperar otra cosa en un país, cuyos gobernantes han destruido su única fuente de ingresos, la industria petrolera, al tiempo de que han acabado con más de 60% del aparato productivo nacional. En ese marco de cosas, más de 70% de la población quedaría desempleada.

¿En qué consistiría entonces la economía venezolana? El país de la pobreza extrema tendría dos fuentes de ingresos: las remesas y la economía generada por el narcotráfico, desplazarían la importancia del ingreso petrolero. De mantenerse en el poder, tanto Maduro como los militares de su banda, sin industria petrolera a la que robar de forma sistemática, con una industria minera repartida entre decenas de mafias, se potenciarán las condiciones que estimularán el auge de la actividad del narcotráfico.

En una sociedad donde 90% vive en condiciones de pobreza, Venezuela sería incorporada a la lista de los diez países más pobres del mundo, hoy integrada por naciones como Burundi, Sudán del Sur, Gambia, Mozambique, República Democrática del Congo, Libera, Afganistán y otras. Ello significaría dos cosas en un corto período de tiempo: reducción de la talla y del peso promedio (caída que ya viene ocurriendo). La esperanza de vida, que, en el 2016 era de 74,41 años, comenzaría a disminuir drásticamente. A modo de referencia, quiero anotar aquí que, ahora mismo, en países como Nigeria y Zimbabue, los promedios de esperanza de vida son 53,05 y 59,16 años, respectivamente.

No puedo escribir, como si fuese una posibilidad, que las enfermedades que habían sido erradicadas a lo largo del siglo XX, volverían. No lo puedo hacer porque ya volvieron. Es algo que ha venido ocurriendo en los últimos cinco años. En las páginas de El Nacional, el pasado 23 de abril, lo informábamos a Venezuela y al mundo: la malaria, la difteria, el sarampión, el mal de Chagas, el dengue, la tuberculosis y la escabiosis, han regresado. Están avanzando y es realidad que, ahora mismo, preocupa a las autoridades de Colombia y Brasil. De seguir Maduro en el poder, estas y otras enfermedades continuarán expandiéndose, en medio de un sistema de salud arrasado y sin capacidad de respuesta.

Uno de los fenómenos más característicos del caso venezolano será, sin lugar a dudas, la pérdida de población. Huelga decir que esa pérdida sigue ocurriendo. De no salir Maduro del poder, la situación continuará irreversible. Puede parecer una exageración, pero en una década, los venezolanos que viven en el territorio nacional podrían reducirse a 20 millones, lo que equivale a decir que, en aproximadamente tres décadas, el 33% de los venezolanos emigraría.

No quiero ni siquiera imaginar cuáles serían las realidades que alcanzarían a la educación pública venezolana. Ahora mismo, en pleno período escolar 2018, se están produciendo realidades como esta: aulas cuya ocupación no alcanza a 40% de la matrícula, porque los alumnos no pueden asistir porque no tienen zapatos, o no tienen dinero o porque no hay transporte, o no hay comida, o los niños, en vez de ir al colegio, salen a las calles a buscar comida en los basureros. Conozco de casos en escuelas de Caracas, donde niños de 10 y 11 años, presentan serias dificultades de comprensión de párrafos, de sus propios libros, que no exceden las 35 a 40 palabras, o que no son capaces de resolver problemas elementales con operaciones básicas. ¿Es posible imaginar cuál será la calidad de la educación venezolana en 5 o 10 años? Y, en adición a lo anterior, ¿es posible estimar cuántos niños en edad escolar estarán matriculados: 20, 30%?

No habrá transporte, ni para los escolares ni tampoco para que las personas puedan ir a sus trabajos. No exagero: las llamadas “perreras” ya son una realidad en centenares de ciudades y pueblos de Venezuela. Que las dictaduras comunistas acaban con el transporte público, es una realidad experimentada por el pueblo en Cuba y en Corea del Norte. Los cementerios de autobuses comprados a China son una realidad inocultable, que cada día acumulará más y más chatarra. La desaparición de buses, camionetas y otros medios de transporte estará en relación directa con la destrucción de las vías públicas, calles, carreteras y autopistas, producto de la falta de mantenimiento, que es cada día más visible.

Agua: dos veces a la semana, como mejor promedio. Electricidad: dos o tres horas al día. Telefonía e internet: intermitente, sin que responda a ningún patrón, que no sea el puro caos. Semáforos: 70% sin funcionar. ¿Son estas cifras arbitrarias? No: son una realidad hoy, en algunas zonas del país, pero que, de seguir Maduro, se extenderán de forma irremediable por toda la geografía.

Del estado de la economía, es casi imposible establecer una proyección. Cualquier ejercicio hecho a partir de las tendencias del presente, es simplemente aterrador: producción petrolera reducida a 300 o 400 mil barriles al día; hiperinflación que habrá alcanzado niveles de 200.000 o 300.000% por año; precios de alimentos básicos que podrían alcanzar los trillones o los cuatrillones. En medio de semejante barbaridad, lo más probable es que comiencen a aparecer monedas locales y se institucionalicen los centros de trueque.

De seguir Maduro en el poder, Venezuela se aislará del mundo. Quiero decir, se aislará todavía más. El aeropuerto internacional Simón Bolívar será receptor de dos o tres vuelos diarios. Nuestro país quedará fuera de la gran mayoría de organismos internacionales. Decenas de embajadas y consulados deberán ser cerrados porque no habrá presupuesto para mantener oficinas y personal pagados en divisas.

Pueblos enteros y grandes zonas de las ciudades caerán, a plena luz del día, bajo el control de la delincuencia. Bandas armadas, colectivos, paramilitares, guerrillas colombianas, narcotraficantes, mineros y otros grupos se repartirán espacios urbanos con la Policía Nacional Bolivariana, la Guardia Nacional Bolivariana y otras unidades de la FANB.

¿Qué pasará con la oposición, con la disidencia, con los grupos que defienden a las víctimas de violaciones de sus derechos humanos? Estarán presos: miles y miles de presos por sus convicciones y por protestar. Miles de torturados. Miles de enjuiciados. Miles de perseguidos. ¿La corrupción? Todo, absolutamente todo, será canibalizado por la corrupción. No habrá intercambio, diligencia, papeleo, petición, servicio o denuncia, que no deba rendir tributo a la corrupción.

¿Y qué pasaría con el otro 10%, con el que no estaría sumido en la pobreza crítica? Formaría parte de uno o de varios poderes: el político, el policial-militar, el narcotráfico, las bandas armadas, el comercio y las empresas que se mantendrán para venderle bienes y servicios a los capos del régimen. El país derivará hacia una cada vez más estrecha y nepótica oligarquía roja, dominada por las familias Cabello, Flores, Maduro y Rodríguez.

Cada ítem de este este ejercicio se basa en tendencias en curso. No hay invención. Por el contrario, cualquier lector podría añadir temas y proyecciones que aquí no se han incluido. Todos en Venezuela, incluyendo a personas del propio gobierno, saben que las cosas están condenadas a empeorar. Que, es lamentable decirlo, nuestro país empeorará todavía más. Por lo tanto, no tenemos alternativa. Estamos obligados a provocar un urgente cambio en el poder. De inmediato.

 

 

Grupos armados que operan en Venezuela – Insigh Crime Org – Junio 2018

Reconstruir a Venezuela por Alfredo Cilento-Sarli – UCV – 22 de Junio 2018

Presentación sobre Reconstruir a Venezuela  Primero lo primero ante la Academia Nacional de Ingenieria y Habitat y el Instituto Desarrollo Experimental de Construccion de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, en el siguiente enlace :

ACS. JUNIO 2018. PRIMERO LO PRIMERO [Autosaved] 

Venezolanos en Caracas utilizan una ‘app’ para evitar ser víctimas de crímenes en las carreteras por por Ángela R. Bonachera – CNN en Español – 21 de Junio 2018

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El objetivo de ‘Pana’, una aplicación móvil creada en septiembre de 2017, es ofrecer “única y exclusivamente resguardo y acompañamiento”El usuario pide ayuda cuando tiene un accidente en la vía y dos personas acuden para acompañarloDesde septiembre de 2017 han realizado 5.000 servicios y tienen unos 1.600 clientes directos
(CNN Español) – Algunos habitantes de Caracas, la capital de Venezuela, están utilizando una aplicación para evitar ser víctimas de crímenes en las carreteras de la ciudad.

La app envía a dos hombres en moto cuando el usuario avisa de que se ha quedado tirado con su auto para, simplemente, ofrecer protección. Esto ocurre en una ciudad que, en 2017, contó 104 muertes violentas por cada 100.000 habitantes, según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV). CNN en Español pidió al Gobierno de Venezuela cifras oficiales al respecto, pero no obtuvo respuesta.

Así funciona ‘Pana’, una aplicación móvil creada en septiembre de 2017 con la función de ofrecer “única y exclusivamente resguardo y acompañamiento” mientras llegan los servicios necesarios según lo requerido en cada situación, informan desde la empresa en su propia página web. Leer más de esta entrada

Los venezolanos creen vivir en el país más peligroso del mundo por Francesco Manetto – El País – 7 de Junio 2018

Un estudio de Gallup sitúa a Venezuela, azotada por la violencia, en último lugar por detrás de Afganistán en seguridad ciudadana

Los venezolanos perciben vivir en el país más peligroso del mundo. Esta es la principal conclusión del estudio sobre percepción ciudadana que elabora anualmente la firma estadounidense Gallup. Al desastre económico del régimen de Nicolás Maduro se suman desde hace años unas estadísticas más propias de un territorio en conflicto. En 2017 hubo casi 27.000 asesinatos, de los que más de 5.000 se produjeron por resistencia a las fuerzas de seguridad, y el 20% de la población fue víctima de la delincuencia, según el Observatorio Venezolano de Violencia. Gallup sitúa al país caribeño a la cola de los índices de seguridad incluso por detrás de Afganistán, que vive una precaria posguerra y que el año pasado registró el peor dato de víctimas civiles en atentados, según Naciones Unidas.

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Solo el 17% de los venezolanos creen que pueden salir solos por la noche sin correr riesgos frente, por ejemplo, al 20% de los afganos, al 40% de los mexicanos, el 42% de los colombianos y al 93% de los noruegos. Esa impresión ha empeorado radicalmente en la última década. En 2007, el 44% de los ciudadanos compartían esa sensación. El porcentaje de quienes confían en las fuerzas de seguridad, la Policía o la Guardia Nacional Bolivariana, es del 24%, cuando la media de América Latina es del 42% y la europea del 80%. Estas cifras se enmarcan en un contexto en el que los casos de microcorrupción o extorsión, alimentados por una hiperinflación insoportable, y el hostigamiento a los críticos con el chavismo se han convertido en una rutina.

Hay más datos que dibujan un panorama desalentador. El 42% sufrió un robo en los últimos 12 meses, un índice solo superado en este caso por Afganistán, Uganda y Sudán, y un 23% una agresión. El informe de Gallup, conocido este jueves, se elabora a partir de una encuesta realizada en 140 países (entre los que no figura, por ejemplo, Siria). La lista está encabezada por Singapur, Noruega e Islandia, mientras que Venezuela, que afronta una crisis sin precedentes, vuelve a cerrarla, por debajo de Afganistán, Sudán, Gabón y Liberia. España ocupa el puesto número 26.

México es el segundo país latinoamericano de esta clasificación. Le siguen República Dominicana, Bolivia, Argentina, Perú, Brasil y Colombia, que acaba de salir de un conflicto armado de más de medio siglo con las FARC pero sobre todo en las zonas rurales sigue sufriendo la violencia de disidencias, grupos insurgentes menores y carteles de narcotraficantes. La desmovilización de la guerrilla ha generado un vacío de poder en algunos territorios que durante décadas estuvieron bajo su influencia y que ahora se han convertido en un objetivo de las mafias. Eso puede haber contribuido a aumentar la percepción de inseguridad, aunque los hechos, como señala el último estudio de la Fundación Paz y Reconciliación, demuestran que desde la firma de los acuerdos, en noviembre de 2016, han disminuido los asesinatos y los desplazamientos.

En cualquier caso, los países de la región quedan en este ranking muy lejos de Venezuela, donde las estadísticas sobre la percepción de inseguridad de sus habitantes son fruto de una deriva generalizada de las instituciones. Caracas, su capital, obtiene periódicamente las peores puntuaciones del mundo. De las 50 urbes más violentas, según el último análisis del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, 42 se encuentran en América Latina. Pero la grave crisis que azota al país andino dificulta todavía más la recopilación de datos. Las cifras oficiales a menudo no existen, y las que proporciona el Gobierno chocan con las que recaban las ONG o las plataformas opositoras.

La realidad es que, a partir de las seis y media de la tarde, cuando se pone el sol, Caracas se convierte en una especie de ciudad fantasma. Incluso en los barrios residenciales tradicionalmente más seguros, como los que lindan con la plaza de Altamira, en el municipio de Chacao, es inusual cruzarse con alguien, salvo quizá en las puertas de los hoteles o de algún restaurante. Esta es la sensación habitual, que suele empeorar, cuando se producen movilizaciones y protestas, por la represión de las fuerzas de seguridad. El año pasado, entre abril y julio, más de 120 personas murieron en las manifestaciones contra el régimen de Maduro y la convocatoria de unas elecciones constituyentes.

 

Estados Unidos eleva a nivel 3 la alerta de viajes a Venezuela – La Patilla – 29 de Mayo 2018

El Departamento de Estado de Estados Unidos exhortó a los ciudadanos a reconsiderar los viajes hacia Venezuela debido a la situación de inseguridad, los disturbios, la deficiente infraestructura de salud y las detenciones arbitrarias de estadounidenses.

EEUU elevó así la alerta a nivel 3. Indicaron que en algunas áreas hay más riesgo que en otras. En la página web del Departamento de Estado destacan diversas recomendaciones para tomar previsiones.

A continuación las recomendaciones de EEUU a sus ciudadanos:

No viajar:

  • En las carreteras al anochecer fuera de Caracas debido a la delincuencia.
  • A ciertos barrios dentro de Caracas debido a la delincuencia.
  • Dentro de 50 millas de la frontera con Colombia debido a la delincuencia.

Los delitos violentos, como los homicidios, los robos a mano armada, los secuestros y el secuestro de vehículos, son comunes.

Se producen protestas y manifestaciones políticas, a menudo con poca antelación. Las manifestaciones generalmente provocan una fuerte respuesta de la policía y las fuerzas de seguridad que incluye el uso de gas lacrimógeno, gas pimienta, cañones de agua y balas de goma contra los participantes y ocasionalmente se convierten en saqueos y vandalismo.

Hay escasez de alimentos, electricidad, agua, medicinas y suministros médicos en gran parte de Venezuela. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EEUU (CDC) emitieron un aviso de Nivel 3 “Evitar viajes no esenciales” el 15 de mayo de 2018 debido a una atención médica inadecuada y al desglose de la infraestructura médica en Venezuela.

Las fuerzas de seguridad han detenido arbitrariamente a ciudadanos estadounidenses por largos períodos. La Embajada de los EEUU No puede ser notificada de la detención de un ciudadano y el acceso consular a los detenidos puede denegarse o demorarse gravemente.

Si decides viajar a Venezuela:

  • No viaje entre las ciudades después del anochecer.
  • Evite viajar entre el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar y Caracas por la noche.
  • No tome taxis no regulados del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar y evite los cajeros automáticos en esta área.
  • Evita las demostraciones.
  • Traiga un suministro suficiente de medicamentos de venta libre y recetados.
  • Visite nuestro sitio web para viajar a áreas de alto riesgo.
  • Inscríbase en el Programa de Inscripción de Smart Traveler (STEP) para recibir Alertas y para que sea más fácil localizarlo en una emergencia.
  • Sigue al Departamento de Estado en Facebook y Twitter.
  • Revise el Informe de Crimen y Seguridad para Venezuela.

Los ciudadanos de EEUU Que viajan al exterior siempre deben tener un plan de contingencia para situaciones de emergencia. Revise la lista de verificación del viajero.

Áreas fuera de Caracas

El gobierno de EEUU Tiene una capacidad limitada para proporcionar servicios de emergencia a ciudadanos estadounidenses fuera de Caracas, ya que los empleados del gobierno de EEUU deben obtener autorización especial para viajar fuera de Caracas. Viaje interurbano en automóvil desde las 6:00 p.m. a las 6:00 a.m. se desaconseja firmemente y, en algunos casos, puede estar prohibido para los empleados del gobierno de EEUU.

Visite nuestro sitio web para viajar a áreas de alto riesgo.

Ciertos barrios en Caracas

El gobierno de EEUU Tiene una capacidad limitada para proporcionar servicios de emergencia en ciertos vecindarios de Caracas ya que el personal del gobierno y sus familias están sujetos a restricciones de viaje por su seguridad y bienestar. El personal estadounidense tiene prohibido viajar en los siguientes vecindarios por asuntos personales:

Libertador occidental (Coche, El Valle, El Retiro, 23 de Enero, Blandin, La Vega, La Rinconada, Las Mayas, Tazón, Oropeza Castillo, Lomas de Urdaneta, Propatria, Casalta, Lomas de Propatria, Carapita, Antímano, Tacagua, Ruíz Pineda, Caricuao, La Quebradita, El Atlántico, Sarría, San Martín y La Yaguara).

Sucre del Este (Barrio Píritu, Barrio La Rubia, Barrio Altavista, Petare, Caucaguita, La Dolorita, Paulo Sexto, El Llanito).

Barrios específicos en Baruta (Las Minas, Santa Cruz del Este, Ojo de Agua, La Naya, Las Minitas).

El personal de EEUU También tiene prohibido viajar fuera del área de vivienda de la Embajada entre las 9:00 p.m. y 2:00 a.m. en un solo vehículo sin blindaje. Además, se requiere que todo el personal de EEUU Esté fuera de los lugares públicos y físicamente ubicado dentro del área de vivienda de la Embajada u otro lugar seguro específico desde las 2:00 a.m. hasta las 6:00 a.m.

Visite nuestro sitio web para viajar a áreas de alto riesgo.

Frontera colombiana

Los narcotraficantes y los grupos armados están activos en los estados fronterizos colombianos de Zulia, Táchira y Apure. La violencia transfronteriza, el secuestro, el narcotráfico y el contrabando ocurren con frecuencia en estas áreas. Algunas víctimas de secuestro son liberadas después de pagar el rescate, mientras que otras son asesinadas.

El gobierno de EEUU Tiene una capacidad limitada para proporcionar servicios de emergencia a estadounidenses Dentro de 50 millas de la frontera con Colombia, ya que los empleados del gobierno deben obtener autorización especial para viajar allí.

 

Venezuela: las trampas del hambre en jornada electoral por Francesco Manetto – El País – 20 de Mayo 2018

El desastre económico del país mantiene bajo el yugo a la población. Mientras, el régimen teje fidelidades ante las elecciones presidenciales

El Portugués mide las palabras y evita los aspavientos delante de los clientes. Luce un cuidado bigote con canas y entremezcla los recuerdos con la indignación detrás del mostrador de El Chamo, la carnicería que regenta desde hace décadas en Petare, el barrio popular más grande de Caracas. El Portugués vende, o vendía, solomillos, chorizos y morcillas. José Florentino, este es su verdadero nombre, que pocos conocen, rememora los sucesos del Caracazo, el sangriento estallido social que partió en dos el destino de Venezuela. Se originó en 1989 tras una fuerte subida de precios, durante el Gobierno de Carlos Andrés Pérez, y sectores del chavismo lo reivindican hoy como premisa de la llamada revolución bolivariana.

“A mí me agarró aquí y me saquearon, pero entonces era fácil porque todo era más barato. La gente ya no hace mercado”. Tras las impresiones de este comerciante, a punto de cumplir 60 años, hay dos realidades en torno a las que existe consenso incluso más allá de las posiciones políticas. Primero, la situación de la gran mayoría de la población, su odisea cotidiana para sobrevivir, nunca había sido tan insostenible. Segundo, la escasez y el yugo de los precios han tejido tramas de fidelidades que atan a los ciudadanos a las autoridades a través de las bolsas de comida y los subsidios y, al mismo tiempo, fomentan negocios informales o directamente al margen de la ley. El kilo de carne se disparó hace semanas por encima de los dos millones de bolívares, la moneda local, y llegó a rozar el salario mínimo integral, fijado en 2,5 millones. Menos de tres dólares al cambio no oficial (2,6 euros).

Hablar de costes hoy en un barrio de Caracas se ha convertido en una especie de quiniela. Los precios aumentan en cuestión de días, a veces horas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un incremento del 1.800.000% en dos años, un drama superado en este siglo solo por Zimbabue. Y mientras el desastre económico se consolida, el régimen de Nicolás Maduro busca fortalecerse en unas elecciones presidenciales convocadas con unas reglas del juego que, según las fuerzas mayoritarias de la oposición, favorecen al Gobierno y suponen un mero trámite. Algo más de 20 millones de venezolanos se debaten entre votar y no acudir a las urnas por falta de garantías como piden las principales formaciones críticas con el chavismo.

“Voy a votar porque es un deber. Un buen ciudadano debe votar”, dice Carmen Holguín, costurera de 55 años, mientras espera el autobús en una larga cola que serpentea en una esquina del sector de Catia, una de las zonas más fieles a la memoria del expresidente Hugo Chávez. “Espero un cambio que sea bueno para todos porque estamos viviendo muy mal. No alcanza el dinero para nada. Cada día suben los precios”, se lamenta. Aunque no confiesa su voto, se intuye su simpatía por Henri Falcón, el representante opositor con más peso en estos comicios. William José y Víctor Valera, transportistas, muestran su desencanto con la política, pero tienen posturas distintas. “No voy a votar, ya me cansé en 2003. Ni por uno ni por otro”, asegura el primero, mientras el segundo está dispuesto a dar su apoyo a Falcón, quien se alejó de los postulados de la revolución bolivariana en 2010. “Lo más seguro es que me lance y vaya a votar. Pienso que ese hombre tiene unas ideas muy claras. Pero la política tiene mil caras”, opina sobre las sospechas de que haya pactado con Maduro un puesto en su Gobierno.

No obstante, las elecciones y su resultado, más que previsible, no son lo que más interesa en las calles de Caracas, en los mercados, en los barrios humildes y en los municipios opositores como Chacao. Con la salvedad de los chavistas ortodoxos, los caraqueños están mucho más preocupados por la seguridad —en 2017 hubo casi 27.000 asesinatos, de los que más de 5.000 se produjeron por resistencia a las fuerzas de seguridad, según el Observatorio Venezolano de Violencia—, por el colapso de los servicios públicos y un modelo productivo extractivista, por la caída de PDVSA, la petrolera estatal, el desabastecimiento y el aislamiento internacional. Cientos de miles de personas huyeron en los últimos meses a la vecina Colombia en busca de oportunidades.

Dar con alguien con ganas de desahogarse no es difícil. Más complicado es superar la desconfianza inicial, relacionada con el control que ejercen sobre la población las autoridades. La advertencia es habitual: cuidado con los colectivos motorizados, los grupos de choque del chavismo. Junior Moral, de 33 años, está a vueltas con unas cuentas en un establecimiento vacío. En el mostrador, un puñado de empanadas. “Una cuesta ya 200.000 bolívares. Un desayuno, tres empanadas y un jugo serían 800.000 bolívares. Si comes dos días ya prácticamente se te murió el sueldo. ¿Con qué sobrevivimos los otros 29 días? Cada día, cada hora, cada segundo la situación se hace más difícil”, describe. Moral no votará a pesar del hartazgo. O, en realidad, precisamente por el hartazgo. “Si de verdad saliera la gente a votar, yo creo que podríamos ganar, pero como todo está comprado, no va a pasar. Creo que hace cinco años ganó Henrique Capriles”, afirma sobre las elecciones de 2013.

A pocos metros, la discusión en un puesto de plátanos gira en torno a la mala calidad de los servicios y de las misiones, los proyectos sociales de barrio impulsados por Chávez con el apoyo del Gobierno cubano. “¿Qué queremos nosotros de Maduro? Que haga como Chávez, que corte por arriba, no por abajo”, resume Gladys Contreras, de 46 años, enferma y desempleada en un sistema que el año pasado superó el 27% de paro, según el FMI. “Tengo el carnet de la patria y del PSUV [Partido Socialista Unido de Venezuela] y yo era de las que me ponía a pelear con cualquiera. Pero no voy a votar. Por ninguno, no tiene sentido porque esto ya está arreglado”, continúa.

El carnet de la patria

El llamado carnet de la patria es un documento con el que el chavismo trata de asegurarse el apoyo de las clases populares. En el país circulan más de 16 millones. Permite acceder a bonos y servicios y, aunque sobre el papel no sirva para tener una atención preferente en la recepción de las cajas periódicas de alimentos, es un instrumento utilizado para medir la fidelidad al régimen.

En Petare, Pedro Key, jubilado de 65 años, y Romina Oporte, educadora de 34, se encargan de repartir esa bolsa a través de los Comités Locales de Abastecimientos y Producción (CLAP). Esto es, una ayuda introducida por Maduro en 2016 que, como ha denunciado en repetidas ocasiones la oposición, es la base de las redes clientelares. Cada caja contiene algunos paquetes de pasta, harina, leche, sal, arroz, azúcar, aceite, atún, tomate y mayonesa… “Soy uno de los que lleva los beneficios a una parte de la población”, explica Key, veterano militante chavista. Cada mes, en el mejor de los casos, coordina la distribución de esos productos entre 503 familias de la comunidad.

A pesar de su entrega absoluta a la causa, también transmite perplejidad sobre la situación. “Maduro dice que después, el 21, las cosas van a cambiar. Ojalá sea verdad. Él tiene que mejorar la economía, llevamos cinco años aguantando esto”, explica sobre lo que califica de “guerra económica”. “Los países que hoy tenemos un poco de revolución somos los más atacados en el planeta”, continúa. “Hay una larga tarea, hay que levantar el país”, tercia Romina Oporte. Mientras tanto, la trampa del hambre sigue siendo el principal recurso que permite al chavismo perpetuarse en el poder.

 

El camino a la dictadura – Acceso a la Justicia – Mayo 2018

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Acceso a la Justicia ha elaborado este especial para que se comprenda mejor cómo ha sido el camino del Ejecutivo Nacional para la toma absoluta del poder desde la elección de la Asamblea Nacional (AN) en diciembre de 2015. En esta sección introductoria te ponemos en contexto y te mostramos los efectos principales del dominio creciente del Gobierno. Además, en tres secciones de nuestro material: golpe judicial, constitucional y electoral, te explicamos cómo se ha configurado un verdadero golpe de Estado en Venezuela con la “violación deliberada de las formas constitucionales por un grupo que detiene el poder” (definición del Diccionario Larousse, citada por Bobbio et al en su Diccionario de Política).

1. Golpe a las garantías constitucionales
Desde la elección de la Asamblea Nacional (AN) en diciembre de 2015 con 2/3 partes de sus diputados de partidos de oposición, organizados en un bloque llamado Mesa de la Unidad Democrática (MUD), se ha venido configurando en Venezuela un golpe de Estado por parte del Ejecutivo Nacional y su brazo político, el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) con apoyo de otros poderes públicos, con el progresivo control de todos los ámbitos del país y la eliminación creciente de los derechos de los venezolanos.
La situación se ha agravado con la implantación de una nueva Asamblea Nacional Constituyente (ANC), erigida como un súper poder por encima de los constituidos, con la potestad de dictar normas supraconstitucionales y de destituir a las autoridades o funcionarios que considere.

Esto ha dado lugar a que nuestro país sea catalogado como una dictadura por organizaciones expertas en materia de derechos humanos como Human Rigths Watch y Freedom House International. Por su parte, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) desde el 2010 le ha dado un puesto a Venezuela en su informe anual (capítulo IV) dedicado a los países en los que no hay democracia o enfrentan situaciones que afectan seria y gravemente el goce y disfrute de los derechos fundamentales.
De igual forma, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU en agosto de 2017 publicó un informe sobre el uso generalizado y sistemático de la fuerza excesiva, detenciones arbitrarias, allanamientos ilegales, malos tratos y torturas, entre otros abusos cometidos por las autoridades nacionales y las fuerzas de seguridad durante los cuatro meses de protestas contra el Gobierno nacional.

La comunidad internacional no se ha quedado atrás y en particular, desde las sentencias nº 155 y 156 de la Sala Constitucional (SC) del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de marzo de 2017, empezó a retirar embajadores y a pronunciarse sobre el hecho de que en Venezuela se ha instaurado una dictadura.

En el ámbito nacional, varias ONG, así como defensores reconocidos de derechos humanos del país también han declarado que Venezuela en 2016 entró en un modelo autoritario de gobierno y que el TSJ tuvo un rol clave en ello.

A pesar de que cada vez sea más evidente que Venezuela está en dictadura, el camino del Gobierno para llegar a ello no ha sido sencillo ni directo, y menos aún el tradicional. La razón de esto es que el origen del chavismo, que es como se autodenomina el régimen del gobierno actual, fue democrático.

Por ello, desde Acceso a la Justicia hemos pensado que es fundamental explicar de una manera simple y gráfica cómo ha sido ese camino, especialmente desde las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, así como el impacto que esta situación de descalabro institucional ha tenido sobre la vida de los venezolanos. Para ello, hemos elaborado infografías, y este especial de nuestra página cuenta con distintas secciones en las que se puede conocer más sobre los detalles del golpe de Estado del que el país ha sido víctima.

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Al brindarle una tribuna a Maduro, diario El País colabora con su dictadura – Editorial Panampost – 4 de Mayo 2018

maduro_editorial.jpg¿Qué pensarían grandes columnistas del diario como Javier Cercas, Javier Marías o Mario Vargas Llosa al saber que comparten el estrado, no con cualquier idiota, sino con un asesino?

No se trata de un ejercicio de la libertad de prensa u “objetividad” periodística; tampoco de un aporte al debate. Es la colaboración directa con el régimen chavista y sus mentiras. (PanAm Post)

Este 3 de mayo apareció un artículo en el diario El País de España titulado Nuestra democracia es proteger. Sorprende su autor: el dictador venezolano, Nicolás Maduro. Se trata de la primera columna del líder chavista en el medio. Al parecer, ahora es colaborador.

El dictador inicia en su presunto debut como columnista: “Nuestra democracia es distinta a todas. Porque todas las demás —en prácticamente todos los países del mundo— son democracias formadas por y para las élites. Son democracias donde lo justo es lo que le conviene a unos pocos. Son democracias clasistas, donde los muchos son vistos como más en cantidad, pero menos en calidad”.

Presunto debut porque no hay quien crea que el mediocre, aquel del “estado Margarita”, la “multiplicación de los penes”, “estudiantes y estudiantas” o “cultivar los pollos”, haya podido siquiera plasmar más de 300 palabras en un documento de Word —y con elocuencia—.

Tampoco es que sea un gran artículo. No lo es. En lo absoluto. Terriblemente redactado y tremendamente pueril —y, aún así, es evidente que los rechonchos dedos de Maduro no teclearon nada antes de la publicación—; pero funciona. Sirve, por supuesto, para difundir su propaganda: “La revolución económica de este nuevo período bolivariano tiene que ser innovadora y creativa. Porque decidimos responder al bloqueo comercial inhumano al que nos han sometido los Gobiernos de Estados Unidos y de Europa, y que tanto daño han hecho a nuestro pueblo”.

Que se suponga que no lo escribió genera, automáticamente, otra especulación: lo escribió otra persona. Y, entonces, ¿cómo es posible que un artículo mediocre, quizá no escrito por el autor al que se le atribuye, terminó en la sección de Opinión de uno de los medios más «prestigiosos» de España?

Es, sin duda, insólito. Porque no se trata de una colaboración más. En el texto, Maduro aprovecha para difundir la sarta de mentiras con las que pretende lograr el indulto de la comunidad internacional. Es la propaganda que le interesa divulgar. Embustes inaceptables.

Dice, primero, que rige un sistema democrático. Habla de los jóvenes y sus programas sociales. De la seguridad social y vuelve a blandir el pretexto de la “guerra económica”. La culpa de la tragedia es de Estados Unidos y de Europa; que “la economía es el corazón” de su proyecto revolucionario; y que, en su corazón, el de Maduro, está la gente.

“La nuestra es una democracia de panas, porque para nosotros la patria es el pana y el otro, mi entraña. Porque para nosotros solo hay libertad y democracia cuando hay un otro que piensa distinto al frente y también un espacio donde esa persona pueda expresar su identidad y sus diferencias”, «escribe» Maduro.

Quien lea las palabras del dictador, al final solo terminará palpando la desvergüenza de un criminal; y de, además, un medio. Nuevamente: se trata de la propagación de las mentiras de Nicolás Maduro. De un intento de seguir condonando la quimera socialista que se ha erigido sobre un mar de cadáveres.

El de Maduro no es sino el régimen de la muerte, la desgracia y la miseria. Son más de veinte mil asesinados al año por el hampa. Más de 300 mil niños con riesgo de morir de hambre, según Caritas. Venezuela es el país en el que la gente se suicida porque el drama de la vida es mayor que el dolor de la soga en el cuello. Es la última nación en el índice de libertad económica en el mundo, de acuerdo con el Fraser Institute. Donde la libertad política también es un delirio; y es la nación donde el Estado mata y tortura mientras el sol todavía alumbra. Y obviamente nada de ello —todas verdades— es mencionado en la columna en El País.

Pero de todos los medios es una desgracia inmensa que sea El País el que se preste para difundir las mentiras del dictador. En este caso no se está hablando, para nada, de un aporte al debate o de un espacio para esa supuesta «objetividad» periodística que jamás nadie debió proponer.

Maduro no tiene nada que debatir ni hay nada que demostrar. Lo que representa él es a un régimen que, no solo se ha comprobado ineficiente para generar prosperidad, sino que se ha convertido en una enérgica máquina de suprimir libertades y extender penuria.

Cada vez que alza su voz el dictador, personalmente o a través de sus tentáculos propagandísticos, lo que hace es blandir sandeces encausadas a resguardar la peligrosa máquina de matar chavista. Y ahora El País se ha prestado para ser, precisamente, uno de esos peligrosos tentáculos.

Si se abre el debate sobre la ética y los principios en el periodismo, lo que ha hecho el diario español es inaceptable. Decía el pensador francés Alexis de Tocqueville: “Confieso que no profeso a la libertad de prensa ese amor completo e instantáneo (…) La quiero por consideración a los males que impide, más que a los bienes que realiza”. Pero en este caso no estaríamos hablando de un ejercicio de esa libertad de prensa. Y en este caso, no se ha impedido un mal; en cambio, se ha realizado.

Si se trata de un pésimo artículo —sobre el que incluso se duda de la autoría de Maduro—, escrito por alguien que no goza de ninguna legitimidad para hacerlo y mucho menos para ser colaborador de un diario como El País; nuevamente: ¿cómo pudo haber terminado en la sección de Opinión?

Capaz estaríamos, entonces, frente a un repugnante acto de palangrismo. El diario El País de España, al brindarle una tribuna a Maduro, también está colaborando con su dictadura. Con la inadmisible difusión de la propaganda del peligroso régimen chavista. Esperemos que no haya sido a cambio de una “colaboración” monetaria, en estos tiempos de vacas flacas para el periodismo. Porque si hubiese sido así, tendría la columna que decir “publicidad”. Esperemos que no sea así, repetimos.

¿Qué pensarían grandes columnistas del diario como Javier Cercas, Javier Marías o Mario Vargas Llosa al saber que comparten el estrado, no con cualquier idiota, sino con un asesino? ¿No merece este terrible acto de complicidad de El País, una protesta que provenga desde las mismas entrañas del diario?

Si es que queda —porque es claro que debe quedar— algún vestigio de ética y principios dentro de El País, este debe rebelarse en contra de aquellos que pensaron que sería una buena idea prestar uno de los medios más «prestigiosos» e importantes de Europa para colaborar con la difusión de la propaganda del dictador venezolano.

 

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