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El campo de Venezuela colapsa y Caracas resurge por Anatoly Kurmanaev – The New York Times – 15 de Enero 2020

Parmana, un pueblo de pescadores a orillas del río Orinoco, en el centro de Venezuela, ha sido abandonado por el gobierno.

PARMANA, Venezuela — Desde su palacio en Caracas, el presidente Nicolás Maduro proyecta una imagen de fortaleza. Su control sobre el poder parece seguro. Los habitantes tienen un suministro regular de electricidad y de gasolina. Las tiendas están repletas de productos importados.

Sin embargo, más allá de la capital, esa fachada de orden se disipa de inmediato. Para conservar la calidad de vida de sus principales respaldos —las élites política y militar del país—, el gobierno de Maduro ha centrado en Caracas los recursos menguantes del país y ha abandonado grandes sectores de Venezuela.

“Venezuela está rota como Estado, como país”, dijo Dimitris Pantoulas, un analista político de Caracas. “Los pocos recursos disponibles se invierten en la capital para proteger la sede del poder, lo que ha creado un mini-Estado en medio del colapso”.

En buena parte del país, el gobierno ha abandonado sus funciones básicas, como la vigilancia, el mantenimiento de las vías, la atención médica y los servicios públicos.

En Parmana, un pueblo pesquero a orillas del río Orinoco, la única evidencia restante del Estado son los tres maestros que siguen en la escuela, la cual carece de alimentos, libros e incluso de un marcador para la pizarra.

La escuela en Parmana no tiene comida ni libros. Los estudiantes a menudo salen temprano, demasiado hambrientos para concentrarse.

Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

El primero en irse de Parmana fue el cura. A medida que se profundizó la crisis económica, desertaron los trabajadores sociales, la policía, el médico comunitario y varios maestros de escuela.

Según los habitantes del pueblo, cuando se vieron rebasados por el crimen, recurrieron a las guerrillas colombianas en busca de protección.

“Estamos olvidados”, dijo Herminia Martínez, de 83 años, al tiempo que dejaba un machete que usa para atender un descuidado campo de frijol bajo el calor tropical. “Aquí no hay gobierno”.

Hace un año, y por un momento, parecía que los críticos de Maduro iban a tener una oportunidad de expulsarlo. Un líder de la oposición, Juan Guaidó, había presentado el mayor desafío para el mandato de Maduro hasta la fecha: fue proclamado presidente interino y consiguió el respaldo de Estados Unidos y casi sesenta países más.

Ahora, los adversarios de Maduro han perdido fuerza. El gobierno de Trump sigue respaldando a Guaidó: el 13 de enero, Estados Unidos emitió nuevas sanciones en contra de los aliados del gobierno que intentaron bloquearlo en su intento por asumir el liderazgo de la Asamblea Nacional. A pesar de esta presión, Maduro pareciera haber garantizado su permanencia en el cargo, en parte por el éxito de sus políticas para levantar Caracas.

Sin embargo, la economía venezolana —que ha tenido una administración deficiente, sufrido la reducción en las exportaciones de petróleo y oro y, además, padecido las sanciones de Estados Unidos— está entrando en el séptimo año de una recesión devastadora.

Esta larga depresión, aunada a la disminución del Estado, ha provocado que buena parte de la infraestructura haya quedado abandonada.

Asimismo, ha producido la fragmentación de Venezuela en economías localizadas que tienen vínculos con Caracas que son solo nominales. Cuando la inflación desbocada le quitó el valor al bolívar —la moneda del país—, los dólares, los euros, el oro y las monedas de tres países vecinos comenzaron a circular en diferentes partes de Venezuela. El trueque es rampante.

Para obtener productos básicos en Parmana, unos venezolanos hacen trueques con pescado.

Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

“Cada lugar sobrevive a su manera, lo mejor que puede”, dijo Armando Chacín, director de la federación de ganaderos de Venezuela. “Son economías completamente distintas”.

Fuera de Caracas, los ciudadanos de la que alguna vez fue la nación más rica de América Latina pueden estar relegados a sobrevivir en condiciones casi preindustriales.

Casi la mitad de los habitantes que viven en las siete ciudades más importantes de Venezuela está expuesta a apagones diarios y tres cuartas partes se las arreglan sin un suministro confiable de agua, según un estudio que realizó en septiembre el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos, una organización sin fines de lucro.

En Parmana, las inundaciones del año pasado se llevaron el único camino que sale del pueblo, por lo tanto se quedaron sin la entrega regular de alimentos, combustible para la central eléctrica y gasolina. Para sobrevivir, los 450 residentes que quedan han recurrido a limpiar los campos con machetes, remar sus botes pesqueros y usar como moneda los frijoles que cultivan.

Guillermo Loreto, de 19 años, trabaja en el campo de frijoles de su abuela.
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

Después de décadas de gastar el petróleo de una manera fastuosa, el gobierno venezolano se está quedando sin dinero. El producto interno bruto del país se ha contraído un 73 por ciento desde que Maduro asumió la presidencia en 2013: uno de los declives más pronunciados en la historia moderna, de acuerdo con estimados que hizo la Asamblea Nacional —el órgano legislativo que controla la oposición— a partir de estadísticas oficiales y datos del Fondo Monetario Internacional.

Al ser incapaz de pagar salarios significativos a los millones de empleados del Estado, el gobierno se ha hecho de la vista gorda a los tejemanejes, tráfico de influencias y negocios complementarios que hacen los trabajadores estatales para sobrevivir. El salario oficial del máximo general del ejército venezolano es de 13 dólares al mes, de acuerdo con Control Ciudadano, un grupo venezolano de investigación.

Al sector privado en Caracas —el cual ha sido difamado por el gobierno socialista de Maduro y por su predecesor, Hugo Chávez— se le ha permitido llenar algunos de los vacíos de los productos de consumo que generó la disminución de las importaciones del Estado.

En cuanto los sacrosantos controles económicos desaparecieron de la noche a la mañana, la capital se llenó de cientos de tiendas nuevas y salas de exhibición que ofrecen de todo, desde autos deportivos importados hasta frituras hechas de algas marinas producidas en Estados Unidos.

Y la carga del colapso del país ha caído principalmente en las provincias venezolanas, donde muchos habitantes han quedado totalmente aislados del gobierno central.

Girls waiting for fishermen to arrive with a catch that they can take home.

Credit…Adriana Loureiro Fernandez for The New York Times

Las regiones cercanas a las fronteras de Venezuela han recurrido al contrabando y al comercio transfronterizo para sobrevivir. Las ciudades agrícolas en el interior de Venezuela se han hundido en la subsistencia, ya que el colapso del sistema de carreteras y la escasez de gasolina diezmaron el comercio interno. Los sitios turísticos populares han sobrevivido gracias a la inversión privada y al abastecimiento de las élites.

Los comandantes militares locales y algunos caciques del partido gobernante con vínculos limitados con Maduro han tomado el control político de regiones remotas. A medida que la policía nacional perdía terreno, los grupos armados irregulares tomaron su lugar, incluidas las guerrillas marxistas colombianas, ex paramilitares de derecha, bandas criminales, milicias pro-Maduro y grupos de autodefensa indígenas.

En todo el interior venezolano, estos grupos a menudo se han encargado de hacer cumplir los contratos comerciales, castigar los delitos comunes e incluso resolver los divorcios, según decenas de testimonios de residentes recopilados durante meses en tres regiones.

El colapso del Estado venezolano ha seguido su curso en Parmana, un pueblo de pescadores y agricultores que alguna vez prosperó en las planicies centrales de Venezuela.

Por falta de pago, la unidad de la policía local empacó sus cosas y se fue un día de 2018, seguida por los trabajadores públicos que estaban a cargo de los programas sociales. Poco tiempo después, los locales ahuyentaron al destacamento de la Guardia Nacional del pueblo por su ebriedad y sus extorsiones.

Una estación abandonada de la Guardia Nacional Bolivariana
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

Para remplazar a los guardias, los líderes del pueblo decidieron viajar a la mina de oro más cercana, la cual está bajo el control de las guerrillas colombianas, con la intención de pedirles que montaran un puesto en Parmana.

Durante los últimos cuatro años, a fin de proteger sus líneas de suministro, las guerrillas aniquilaron a los piratas de río que habían aterrorizado a los pescadores de Parmana, robando sus lanchas de motor y asesinando a varias personas.

“Necesitamos una autoridad aquí”, denunció Gustavo Ledezma, un tendero y el alguacil de la comunidad.

Las guerrillas “traen orden”, mencionó. “No bromean”.

El descenso de Parmana hacia la subsistencia sin ley es una caída pronunciada de sus días de gloria, cuando exportaba arroz, frijoles y algodón. Los humedales y los manantiales prístinos del pueblo atraían multitudes de turistas cada año.

“Parmana, Parmana, qué bonito contigo despertar”, decía una canción del legendario cantautor rural de Venezuela, Simón Díaz.

Las líneas eléctricas, que ya no suministran electricidad, se extienden a lo largo de una propiedad abandonada en Parmana.
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

Chávez había visto el futuro de la economía venezolana en el potencial agrícola de la región. Hace una década, invirtió al menos mil millones de dólares en la construcción de un puente sobre el Orinoco para conectar la región con los mercados brasileños.

El puente, inconcluso, ahora está abandonado. Los manantiales de Parmana se secaron después de que un terrateniente con conexiones políticas desvió el agua hacia sus campos de algodón en 2013, y eso destruyó la industria turística.

En la actualidad, en las calles polvorientas del pueblo, los pescadores desesperados detienen a los choferes ocasionales que pasan de visita en busca de gasolina para los motores de sus botes.

Una familia sentada al lado de un montón de sandías de sus campos había intentado enviar un mensaje telefónico a un mayorista para que recogiera su cosecha, pero la torre celular llevaba dos semanas sin funcionar, y no estaban seguros de que fuera a llegar, o cuándo.

“Ahora hay que depender de uno mismo, no del Estado”, dijo Ana Rengifo, la lideresa del consejo comunitario.

Una celebración evangélica en Parmana. El servicio termina antes del anochecer por falta de electricidad.
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

En octubre, el médico del lugar fue al pueblo más cercano a buscar medicamento para sus estantes vacíos. No volvió. La iglesia católica, abandonada, está llena de bates y las bancas han sido convertidas en leña.

El pastor de un grupo evangélico aún visita una vez por semana. El grupo se reúne a diario y canta pidiendo salvación pero se disperasa al atardecer por falta de electricidad.

La ambulancia de la localidad, sin llantas, se oxida bajo un cobertizo y su chofer abandonó el trabajo hace tres años para plantar frijoles y sobrevivir.

En la escuela, después de cantar el himno nacional y hacer calistenia, los estudiantes toman clases básicas de lectura y matemáticas pero vuelven a casa después de una o dos horas. Los profesores dicen que muchos de ellos están demasiado hambrientos y no se concentran.

A pesar del colapso del pueblo, la mayoría aquí prefiere quedarse en su tierra, donde pueden sembrar algo de comida, en lugar de arriesgarse a ir a otro lado.

“Sales y el hambre te mata” dijo Inselina Coro, una mujer de 29 años y madre de cuatro. “Al menos aquí vas al río y consigues un pescado”.

Coro vive con sus hijos y su novio, un pescador, en un cuartito de lámina corrugada con piso de tierra. Los seis comparten dos hamacas. Su hija mayor, Ana Herrera, de 14 años, está embarazada pero la familia no tiene medios para llevarla al doctor.

Los anhelos de Coro para su familia se limitan a mudarse a Caicara, un pueblo río arriba, a tres horas de distancia. ¿El motivo? “Allá hay electricidad”, dijo.

La familia de Inselina Coro prepara el almuerzo.
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

Ajuste inhumano por Trino Márquez – La Patilla – 11 de Diciembre 2019

El año 2019 está cerrando en medio de uno de los ajustes más feroces de los que se tenga memoria en América Latina. El gobierno de Nicolás Maduro decidió combatir la escasez, el desabastecimiento y la hiperinflación aplicando una receta nada socialista: liberó los precios de la mayoría de los productos de consumo masivo, dejó que un sector de la economía, el de los precios, se dolarizara, permitió que los sueldos se pulverizaran, y redujo a su mínima expresión el gasto fiscal en áreas vitales relacionadas con la calidad vida. En este último rubro dejó de invertir en educación, salud, vías de comunicación, transporte colectivo, infraestructura, y en todos los campos que hacen más amable la vida cotidiana. El régimen se olvidó de la gente y de la política social. O mejor dicho, la redujo al aumento episódico del salario mínimo y las pensiones del seguro social, y a las transferencias monetarias que ocasionalmente ordena colocar en los bancos que las distribuyen.

Este ajuste tan agresivo ha hecho que las cifras de pobreza aumenten y que los pobres sean cada vez más menesterosos. Los datos acerca de la situación alimentaria son alarmantes. Están afectando a las generaciones actuales e impactarán a las futuras. De acuerdo con Encovi y con la Fundación Bengoa, está es desarrollo una generación con serios déficits nutricionales. La desnutrición afecta a las parturientas y a los niños recién nacidos. Sin embargo, no existe ningún plan oficial dirigido a detener ese deterioro. El Plan de Alimentación Escolar desapareció. Lo único que se le ha ocurrido al gobierno es repartir algunos alimentos a través de las cajas Clap, cada más precarias y esporádicas.

La educación pública, en todos los niveles, también fue abandonada. La inversión en la construcción de nuevas unidades educativas y en la reparación y mantenimiento de las existentes, se extinguió. Los sueldos miserables que ganan los maestros de primaria, los profesores de bachillerato y universitarios, condujo a una fuga masiva de docentes de los centros de enseñanza. Los docentes viven en condición de pobreza extrema. Lo mismo ocurre con los médicos y enfermeras que laboran para el Estado. Nicolás Maduro atacó el déficit fiscal pulverizando el ingreso de todos los trabajadores.

La infraestructura se encuentra desmantelada. Después de que los bolichicos saquearon los recursos destinados a mejorar las fuentes de generación de electricidad y las redes de distribución, se olvidó es este sector. Venezuela ha retrocedido décadas en este campo. En la práctica lo reprivatizó. Quienes poseen electricidad de forma regular y permanente son las familias o los condominios con posibilidades de comprar una planta eléctrica y luego financiar sus elevados costos. El proyecto de mantener una electricidad socialista, colectiva y democrática, se esfumó. Es cierto que el servicio casi se regala, pero quienes más sufren el asalto a los recursos destinados a mejorar la electricidad son las familias más pobres.

El transporte público, privado y del Estado, se haya en escombros. El Metro de Caracas ahora representa un peligro muy serio en todos los sentidos, para los usuarios. Si no son objeto de un asalto pueden sufrir graves lesiones por los continuos accidentes que ocurren. Desde hace mucho tiempo el gobierno no incorpora al sistema nuevos vagones, ni nuevos autobuses.

Los hospitales del Estado también se encuentran en una situación deplorable. Símbolos del pasado reciente como el Hospital Clínico, El Pescozón, el Domingo Luciani o el centenario Hospital Vargas, salieron del foco de atención de las autoridades de salud. Los reportes del Observatorio Venezolano de los Servicios Públicos son elocuentes.

Incluso, un campo conexo al área social como la telefonía celular y los servicios de internet propiedad del Estado fueron quebrados. En esta esfera, en la cual el sector público pretendía competir con el sector privado, el descalabro es total. Cantv y Movilnet van en vías de extinción. Nadie debería sorprenderse si un día cercano el gobierno anuncia su venta a los chinos.Reestatizaron esos servicios para luego demolerlos.

La inversión en el área social se redujo a lanzar luces de bengala. Maduro se desentendió de la situación concreta de los venezolanos en todas las áreas relacionadas con la normalidad ciudadana y la calidad de vida. La inmensa mayoría de los venezolanos cerrará 2019 viviendo en una situación más precaria que a comienzos de año. La brecha entre esa inmensa capa y el reducido grupo que tiene acceso de forma continua a los dólares y a las otras divisas, seguirá ensanchándose.

Llamar neoliberal al ajuste de Maduro es una forma de maquillarlo. En realidad se trata de un ajuste de una crueldad inenarrable.

PD: Me despido de ustedes hasta enero. En medio de la adversidad, traten de pasarla lo mejor posible este diciembre. Un abrazo.

Empresa criminal conjunta bolivariana por Ezra Homsany – La Prensa – 28 de Agosto 2019

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En abril de 2019 vio la luz un estudio devastador de lo que constituye actualmente el Estado venezolano, y lo difícil que va a ser para desmontarlo. La investigación tomó 5 años y abarcó 11 países. Los autores: Douglas Farah y Caitlyn Yates, de IBI Consultants, LLC y National Defense University (INSS). Se remontan a 1998, cuando Venezuela elige a Hugo Chávez y este proclama su revolución bolivariana y un socialismo para el siglo XXI para así desmantelar el poder que Estados Unidos ejerce sobre América Latina. Su fuente de financiación, las arcas de petrodólares de Petróleos de Venezuela, S.A. (Pdvsa), y así lograr el apoyo de líderes políticos aliados, élites económicas y organizaciones criminales para hacerse con el apoyo de Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Surinam y El Salvador. En el 2013 Chávez muere, y su delfín Nicolás Maduro asume la Presidencia, en el transcurso de la cual la economía se contrae un 50%, una crisis de refugiados que iguala o supera a la de Siria, en la que huyen un 10.5% de la población. Pero Maduro sigue en el poder. ¿Cómo lo logra? Farah y Yates identifican cuatro polos que hasta ahora sostienen lo que ellos titulan como la Empresa criminal conjunta bolivariana, cual hidra en la que sercenando una cabeza aparece otra más adaptable y letal.

La primera la identifican como la venta falsa de petróleo. El régimen constituyó una sociedad anónima llamada Alba Petróleos. Se valieron de 181 individuos y 176 compañías en 26 países. Cito textualmente: “con ella crearon una serie de compañías, con estructuras en Panamá. Desde allí, Alba Petróleos y sus compañías vinculadas le prestaron a ocho compañías panameñas 1.1 mil millones de dólares, entre el 2007 y el 2017. De allí movieron el dinero a paraísos fiscales del Caribe y Europa para después declarar que la mayor parte de la deuda era incobrable. El bolívar venezolano era negociado por un dólar fijo, a una tasa más alta que el cambio oficial”.

La segunda columna es la minería ilegal. Venezuela abunda en recursos naturales, como el cada vez más preciado oro. Para ello cuentan con la complicidad del presidente de Surinam, Desi Bouterse, ficha que siempre contó con el apoyo de Chávez. Utilizando Paramaribo, desvían el oro como producido allí para así escapar de las sanciones internacionales. Solo en el 2018, Maduro vendió 73.2 toneladas a Turquía y a Emiratos Árabes Unidos, parte de la cual terminó en Uganda. También la venta de diamantes, coltán, etc., que son difíciles de rastrear, producen ingresos a un régimen cada vez más necesitado de ellos.

Al tercer medio los autores lo denominan como proyectos de infraestructuras falsos. Ejemplo: en el 2006 Chávez y Daniel Ortega anunciaron la construcción de una refinería en Nicaragua que podría tratar el petróleo pesado de Pdvsa. Costaría 6.6 mil millones de dólares y lo tildaron como “el supremo sueño de Bolívar”. Casi un medio de los mil millones de dólares se distribuyeron como pagos por trabajos nunca realizados. El mismo modelo fue utilizado para montar fábricas de vacunas “que no produjeron una sola vacuna, paneles solares y embotelladoras de agua”.

Al cuarto polo lo denominaron como el de transferencia de banco a banco. Para recibir el dinero de Maduro, los funcionarios nicas crearon su propio banco al que llamaron Banco Corporativo (Bancorp). Para mover dinero fuera de Nicaragua se valieron de la sucursal panameña de un banco asiático, con sucursales en Corea del Sur y Hong Kong, donde finalmente terminarían depositados. Como puntualizan Farah y Yates: “las pérdidas por las sanciones son marginales cuando se comparan con los costos del régimen”. Las sanciones alcanzan al sufrido pueblo venezolano, mientras las ganancias son distribuidas entre la élite política y militar. Algunos estudiosos cifran la cantidad de fondos lavados entre el 2007 y 2018 en 28 mil millones de dólares. Para otros, la suma se queda corta. Los costos de la Empresa criminal conjunta bolivariana los sitúan entre los 473 o hasta los 633 mil millones de dólares.

Como se ve, para derrocar el actual Gobierno venezolano se requiere de atacar varios frentes interconectados que han probado una y otra vez ser altamente adaptables y corruptos. Como lo resume el jefe del Comando Sur norteamericano James Stavridis: “se necesita de una red para combatir una red”.

 

El colapso de la infraestructura es la nueva excusa de Maduro para atacar a la oposición por Zenaida Amador – ALnavío – 26 de Agosto 2019

Sólo en la última semana han ocurrido tres incidentes de alta envergadura en Venezuela que atentan contra la operatividad de servicios fundamentales como el Metro de Caracas, el sistema de despacho de la industria petrolera y el llenado de gas doméstico en uno de los principales estados del país. Si bien son muestras claras de que la infraestructura se cae a pedazos, también son la nueva excusa de Nicolás Maduro para arremeter contra la oposición.
Maduro no puede ocultar el colapso de la infraestructura / Foto: @NicolasMaduro
Maduro no puede ocultar el colapso de la infraestructura / Foto: @NicolasMadur

Las llamaradas que se generaron este sábado tras una explosión en un centro de llenado de gas de Petróleos de Venezuela despertaron la alarma de la comunidad y aunque al paso de unas horas se pudo controlar el incendio sin pérdidas humanas, se estima que consumió 80% de la infraestructura.

Este centro, ubicado en el estado Miranda, en el perímetro de Caracas, tiene capacidad de llenado de 5.000 cilindros diarios de bombonas de gas doméstico, un bien preciado en Venezuela, donde hay déficit de bombonas y fallas severas en el suministro de gas. La pérdida casi total de la instalación vaticina una agudización de la escasez del producto que afectará a más de 70.000 familias.

En el caso de las fallas eléctricas del Metro de Caracas la respuesta es la misma: sabotaje. Como parte de esta línea discursiva, la semana pasada el servicio de transporte informó que fue cortado con segueta un cable de alimentación de electricidad y eso generó fallas en parte del sistema.

El lunes pasado se reportó el incendio en la sala de máquinas del tanquero Proteo, propiedad de Petróleos de Venezuela, que estaba anclado en la Bahía de Amuay, muy cerca de la principal refinería venezolana. La embarcación ya se encontraba inoperativa cuando ocurrió el incendio, hecho que fijó los reflectores sobre el estado de la flota de cargueros de PDVSA.

“El Proteo fue devuelto a PDV Marinahace varios meses junto a una docena de tanqueros por parte de la naviera alemana Bernhard Schulte Shipmanagement, que operaba gran parte de la flota de PDVSA, en medio de reclamos por demoras en el pago de honorarios”, reseñó Reuters.

El sábado 17 de agosto se descarriló uno de los trenes del sistema Metro de Caracas con saldo de ocho personas con lesiones leves. Los usuarios tuvieron que salir del tren por sus propios medios, sin recibir asistencia formal del personal del Sistema Metro. A diario padecen que los trenes se queden varados por falta de electricidad, que las fallas paralicen las operaciones a mitad de la jornada, que el alumbrado y el aire acondicionado en las estaciones y trenes no funcionen, pero el descarrilamiento ya coloca el deterioro del Metro en un nivel superior.

Estos hechos son parte de la cotidianidad de los venezolanos, quienes ven a diario el colapso de los servicios y el desmantelamiento progresivo de la infraestructura básica del país.

Sin embargo, la postura del régimen de Nicolás Maduro ante el desmoronamiento generalizado es que los incidentes que se registran son causados por sus enemigos políticos.

De hecho, hasta la fecha no se tiene información oficial sobre los elementos que generaron los megapagones de alcance nacional que se han experimentado desde el 7 de marzo. Sólo existe la versión de los funcionarios de Maduro de que todo se debe a ataques de alta sofisticación tecnológica, cibernética y electromagnética, así como a ataques directos hechos por francotiradores a las instalaciones eléctricas y a la penetración de un virus en el sistema por acción directa de Estados Unidos.

En el caso de las fallas eléctricas del Metro de Caracas la respuesta es la misma: sabotaje. Como parte de esta línea discursiva, la semana pasada el servicio de transporte informó que fue cortado con segueta un cable de alimentación de electricidad y eso generó fallas en parte del sistema.

Delcy Rodríguez, vicepresidenta ejecutiva de Maduro, aseguró que todo se debió a que “la derecha extremista, fascista” decidió en una reunión “atacar los servicios públicos”. Dijo que la oposición ataca “el Sistema Eléctrico Nacional para dejar a nuestro pueblo sin electricidad, sin transporte, sin agua”.Las fallas del Metro de Caracas son atribuidas a sabotaje / Foto: Metro de Caracas

Las fallas del Metro de Caracas son atribuidas a sabotaje / Foto: Metro de Caracas

Por su parte el gobernador del estado Miranda, Héctor Rodríguez, que es uno de los representantes de Maduro en la mesa de diálogo con la oposición con mediación de Noruega, señaló que la explosión en la planta de llenado de gas de este fin de semana fue provocada por el partido Primero Justicia.

“Las investigaciones conducen a que un sabotaje generó la explosión. Esto coincide con las acciones iniciadas por Primero Justicia para atacar los servicios públicos del Estado”, aseguró.

Se trata de una nueva vuelta de tuerca en los señalamientos del régimen de Maduro contra las organizaciones políticas que se le oponen y que respaldan a Juan Guaidó, quien, como presidente de la Asamblea Nacional, asumió las funciones ejecutivas de la República en enero pasado. Desde entonces a sus líderes se les acusa de “vendepatria”, traidores y conspiradores, además de señalarlos de haber preparado atentados para asesinar a Maduro.

Sobre esta base ya hay 27 diputados de la Asamblea Nacional alejados de sus funciones, dos de ellos presos, mientras que la mayoría están en el exilio y refugiados en resguardo de su seguridad.

Pero por más que el régimen de Maduro intenta endosar sus responsabilidades a otros el colapso de la infraestructura es una realidad.

Entre 1999 y 2012 Venezuela llegó a disponer de cerca de un billón de dólares en ingresos, pero eso no se tradujo en la necesaria inversión para mejorar y potenciar la industria petrolera, o para mantener y ampliar la infraestructura básica. Al contrario, la desinversión, el sobreendeudamiento y los manejos dolosos terminaron por desmantelar PDVSA que es la principal fuente de generación de ingresos de la nación y, en consecuencia, el deterioro se extendió a todas las áreas.

Así el chavismo dejó sin sistema de transporte a los venezolanos por Zenaida Amador – ALnavío – 15 de Abril 2019

Como hace 60 años, así se encuentran hoy la vialidad y la actividad del sector automotor en Venezuela. En esta serie de entregas ALnavío analiza a fondo la paralización de una de las naciones más ricas del mundo.
La gente se ve forzada a transportarse en camiones / Foto: OVCS
La gente se ve forzada a transportarse en camiones / Foto: OVCS

En la actualidad Venezuela es un país desvencijado, donde poco a poco la infraestructura básica colapsa y la conectividad dentro del territorio está restringida tanto por el deterioro de la vialidad como por la precariedad misma del transporte. Resulta difícil de creer que esto pase en una nación petrolera que entre 1999 y 2013 anunció inversiones por 30.000 millones de dólares para el desarrollo de obras públicas de gran envergadura. Sin embargo, esa es la realidad.

En ese período Hugo Chávez y Nicolás Maduro suscribieron contratos con la constructora brasileña Odebrecht por los que terminaron desembolsando 13.266 millones de dólares, pero las principales obras de infraestructura quedaron sin terminar y hoy forman parte del paisaje ruinoso que impera en la nación.

En la actualidad Venezuela es un país desvencijado, donde poco a poco la infraestructura básica colapsa y la conectividad dentro del territorio está restringida tanto por el deterioro de la vialidad como por la precariedad misma del transporte

“Dejar las obras inconclusas, que antes era un hecho extraordinario, se volvió una práctica común en Venezuela. Y lo peor es que los ciudadanos no tienen quién responda por lo que ha pasado. No tienen a quién acudir para exigir que culminen las obras. Son indefensos frente a los órganos del poder público”, señala Mercedes De Freitas, directora ejecutiva de Transparencia Venezuela, organización que trató de hacerle seguimiento a los contratos, los montos involucrados y la evolución de las obras firmadas con Odebrecht en uno de los mayores escándalos de corrupción del chavismo en Venezuela.

Dada la crisis actual y el desplome en los ingresos de la nación, las obras que no se ejecutaron son sólo recuerdos porque la inactividad es la norma tras seis años de recesión. De hecho, la Federación de Trabajadores de la Construcción estima en 95% la parálisis actual de las obras de infraestructura a nivel nacional.

Sin vías

Chávez impulsó el Plan Ferroviario como una opción para cambiar las formas de transporte en el país y llegó a prometer la construcción de 8.670 kilómetros de vías férreas en un amplio sistema nacional, oferta que luego redujo a la mitad de su alcance. Pero ni eso logró.

Al final el país sólo cuenta con 500 kilómetros de vías férreas operativas esencialmente concentradas en el estado Bolívar, para el manejo de carga de las empresas básicas de Guayana, y en el ferrocarril que une Caracas con las ciudades satélites de los Valles del Tuy, que moviliza más de 120.000 pasajeros por día. Del resto sólo quedan retazos de obras a medio camino en varias partes del país como un recordatorio más de las promesas incumplidas de la revolución.Cada año Maduro anuncia el relanzamiento del “Motor Automotor” / Foto: @NicolasMaduro

Cada año Maduro anuncia el relanzamiento del “Motor Automotor” / Foto: @NicolasMaduro

Ni se cambió el sistema de transporte ni se mejoró el existente. Estudios de la Escuela de Ingeniería Civil de la Universidad Central de Venezuela indican que en las últimas dos décadas sólo se ha construido 2% de nueva vialidad en el país. De resto, las autoridades han llevado adelante arreglos, pequeñas ampliaciones o lo que llaman “soluciones viales” en las ciudades.

Reportes del Colegio de Ingenieros de Venezuela calculan que las condiciones del eje vial medular del país están al nivel de hace 60 años. No hay mantenimiento preventivo y muy pocas obras correctivas, por lo que se necesitan mínimo 10.000 millones de dólares para la rehabilitación integral de las principales vías que conectan el centro con el oriente y el occidente del país, y que garantizan la distribución de bienes y productos desde los puertos y las zonas productivas hacia los principales asentamientos urbanos.

El caos

En la amplia gama de elefantes blancos hay varias obras vinculadas al sistema Metro tanto en Caracas como en otras localidades del país, que buscaban su ampliación y complementación con otros esquemas de transporte. La parálisis de estos proyectos y la desinversión generalizada han potenciado el colapso de los sistemas de transporte público, donde el caos operativo del Metro de Caracas destaca por tratarse de un ícono de Venezuela.

El subterráneo, que inició operaciones en 1983, fue considerado un modelo de referencia internacional, pero hoy está marcado por las fallas operativas de toda índole y por los tumultos de 2,5 millones de usuarios que pululan a diario por sus instalaciones donde no funcionan ni las escaleras mecánicas, ni el aire acondicionado.

Para operar de forma óptima el sistema de su línea principal necesita que estén rodando 38 trenes, pero suelen hacerlo sólo 27. Algunos de los restantes se incorporan eventualmente, pero esto ocurre cada vez menos porque, ante la falta de recursos, se “canibalizan” los repuestos de los que están inactivos para colocarlos en los que siguen funcionando. La merma de trenes reduce las frecuencias de los viajes y la capacidad de carga, lo que agrava la saturación del servicio.

Queda el transporte superficial, pero esta opción también está severamente limitada ante el envejecimiento y deterioro del parque automotor que todavía sobrevive en Venezuela.

Motores apagados

Cada año -desde 2013- Nicolás Maduro anuncia la activación, reactivación o relanzamiento del llamado “Motor Automotor” como política para impulsar al sector, lo que no pasa de las palabras porque su actividad viene en picada hasta niveles de hace 60 años.

Las restricciones en el acceso a las divisas desde 2008 frenaron la importación de las materias primas e insumos necesarios para el ensamblaje de automóviles en el país y aunque la industria venezolana puede ensamblar 200.000 autos al año, se estima que actualmente opera a menos de 1% de esa capacidad.

Cada año -desde 2013- Nicolás Maduro anuncia la activación, reactivación o relanzamiento del llamado “Motor Automotor” como política para impulsar al sector, lo que no pasa de las palabras porque su actividad viene en picada hasta niveles de hace 60 años

En 2007 se ensamblaron 172.000 unidades, pero en 2018 apenas se llegó a 1.155 y en el primer trimestre de 2019 las ensambladoras privadas han estado prácticamente paradas.

Se estima que 60% del parque automotor está compuesto por vehículos ensamblados antes de 2006 y que aproximadamente hay 2 millones de unidades con más de 15 años a cuestas que, a duras penas, siguen circulando dada la escasez de repuestos y el bajo poder de compra de la población.

Este deterioro se extiende al transporte público superficial ofrecido por autobuses, microbuses y jeeps (estos últimos ideales para el acceso a los “cerros” o barriadas populares), que mayoritariamente están en manos de asociaciones o cooperativas privadas de conductores. En este caso se estima que 80% de las unidades están paradas por la falta de repuestos o la imposibilidad de sus dueños de costear la reparación. Por eso la población se ve forzada a caminar o a montarse en camiones que de forma improvisada prestan el “servicio de transporte”.

Y es que no existe un sustituto estatal. Desde 2012 el Gobierno pactó la importación de autobuses chinos Yutong y acordó instalar una planta de esta marca en el país para ensamblar más de estas unidades. Pero, según investigaciones de la Asamblea Nacional, este es un caso más de malversación y de promesas incumplidas. Se invirtieron 1.261 millones de dólares en la compra de 7.016 autobuses, que fueron pagados por el Gobierno en más de 179.000 dólares por unidad cuando el costo real se situaba entre 80.000 y 87.000 dólares. Además, la planta está inoperativa.

Más allá de la corrupción está la falta de coherencia en esta política, ya que en los llamados “cementerios Yutong”, que abundan en varias partes del país, están paradas cerca de 60% de las unidades chinas por falta de repuestos.

En 2013 Maduro también anunció la Misión Transporte, que tenía como objetivo mejorar el sector y ayudar a los transportistas a dotarse de repuestos y unidades, un plan que no pasó de slogans de campaña. En febrero de este año le dio rango de “Gran Misión” como vía “para construir un nuevo Sistema de Transporte Púbico Nacional”, pero dada la persistencia de las causas de la crisis nada indica que habrá resultados diferentes.

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