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Venezuela: sobrevivir con 3 euros al mes por Pedro García Otero – La Voz de Galicia – 2 de Agosto 2019

«Yo me compenso con lo que me envían mis hijos», dice Ana Gregoria Tamayo, pediatra de 58 años, cuya madre es de Sada

El bolívar ha perdido ceros para enmascarar la inflación
El bolívar ha perdido ceros para enmascarar la inflaciónRAYNER PEÑA | EFE

El régimen de Nicolás Maduro hizo hace justo un año una reconversión monetaria en la que eliminó cinco ceros al llamado bolívar fuerte, transformándolo en bolívar soberano. También decretó un aumento de salarios que llevó el sueldo a unos 30 dólares mensuales.

Mediados 365 días y 445.582 % de inflación, el salario mínimo, en valores oficiales, es de 3,55 dólares mensuales (unos 3 euros) y los cinco ceros que habían desaparecido de la moneda están de vuelta: de 38 bolívares soberanos que costaba hace un año un euro, hoy se cotiza a 14.000 bolívares. Un fracaso que se combina con casi un 40 % de caída del PIB en el 2018 y un estimado adicional del 20 % para este. Si se mide en bolívares originales, que rigieron hasta el 2007, un dólar hoy vale 1,2 billones: una depreciación e inflación que en nada envidian a las de Zimbabue. Para ocultar la inflación, el chavismo ha quitado 8 ceros a la moneda.

La radicalización hacia el socialismo, programada por Hugo Chávez y seguida a rajatabla por Maduro, ha arrojado a más de 5 millones de venezolanos fuera del país desde el 2014.

«Nadie puede vivir con un sueldo de 40.000 bolívares [el costo medio de un kilo de carne]. Aunque nos dan bonos, con eso llego a unos 200.000 bolívares, pero hoy, solo los empleados públicos están ganando salario mínimo. Yo me compenso con lo que me envían mis hijos del exterior», dice Ana Gregoria Tamayo, pediatra de 58 años, cuya madre es de Sada, y trabaja en un hospital de La Guaira, ciudad costera cercana a Caracas. Sus hijos, desde Perú y Chile, le envían cada uno 100 dólares al mes, con los que puede sostenerse.

La velocidad de la inflación ha hecho inefectivo al bolívar y cada vez más el dólar se usa para cualquier compra, en cualquier sitio, lo que acrecienta los temores de lavado de dinero en Venezuela, apuntan algunos expertos.

Una «dolarización forzada» que, según el economista y diputado en el exilio en España, José Guerra, se traduce en mayor desigualdad entre quienes tienen acceso a dólares y los que deben vivir en bolívares. «El salario real seguirá cayendo mientras este régimen permanezca en el poder», indicó el exdirectivo del Banco Central de Venezuela.

Un ministro señalado

Mientras, la cancillería del régimen calificó de «acoso» la solicitud de captura internacional de Tareck El Aissami, ministro de Producción, acusado desde el 2017 por EE.UU. de narcotráfico.

El Aissami, de origen sirio y uno de los funcionarios más cuestionados del chavismo por sus supuestas relaciones con grupos extremistas islámicos, no tiene, sin embargo, alerta roja de Interpol. John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, señaló que los funcionarios del madurismo «deben aprovechar las puertas abiertas antes de que se cierren», para dejar el poder sin ser capturados por EE.UU. Algo que de momento no se plantea el ministro, quien dijo en un vídeo: «Seguiremos construyendo la patria de Bolívar».

Flores perennes por Rodolfo Izaguirre – El Nacional – 14 de Julio 2019

Rodolfo Izaguirre

Me crispa y avergüenza admitir que todavía hoy, transcurridos veinte o más años de oprobios y ofensas, el país venezolano, bajo el socialismo bolivariano, sobrevive aturdido, descentrado. Comenzamos cada nuevo día con pie equivocado, damos brincos, tropezamos con piedras políticas, nos confundimos y nos estrellamos contra la espiral inflacionaria, resbalamos en la acera de los infortunios y sufrimos la crueldad de la diáspora y la agonía de no saber qué vamos a comer mañana.

¡Creo que somos flores perennes! Y lo es mi propio país cultural. Los museos nada ofrecen en sus espacios; no dan muestras de vida, sucumbieron en el desplome de la cultura oficial y el régimen militar; siguiendo la mejor tradición del nazismo, considera degenerado el arte que hacemos. Borró toda huella cultural de altura y nobleza para hundirse en los manglares de una “patriótica” mediocridad que solo le ha servido para pintarrajear las paredes y afear las ciudades suficientemente castigadas por las torpezas económicas y la crueldad de las aflicciones. San Cristóbal ya no es la misma; Maracaibo huele mal y es un desastre; Mérida perdió el encanto que alguna vez tuvo, y el resto del país vive en la oscuridad.

Pero hay, en la otra acera, en una zona perfecta y absolutamente privada, una vida cultural intensa y asombrosa. Se editan libros, hay reuniones, conferencias, existen en Caracas las librerías El Buscón y Kalathos que se manejan con criterios de una modernidad apasionante. Hay en ellas oxígeno suficiente para respirar y rozar nuevos horizontes.

Se celebran talleres con diversos propósitos; hay una plaza en Los Palos Grandes (¡posiblemente, la única!) que ofrece sus espacios no solo para el goce de una vida al aire libre (juegos, niños, ajedrez, taichí, actos culturales), sino para que Eugenio Montejo continúe vivo y Francisco Herrera Luque persista, a través de la Fundación que lleva su nombre, en la búsqueda de la luna de Fausto.

Las artes visuales son como flores perennes, persisten en sus fragancias. No sé cómo hacen los creadores para conseguir los materiales que componen sus obras, pero ellas aparecen en galerías que nacen y se sostienen en espacios que jamás imaginaron que iban a servir para actividades tan gloriosas y fascinantes: unas quintas en algunas urbanizaciones, un tercer piso en un edificio anónimo y allí nos esperan los prodigios del arte.

El Trasnocho, en Las Mercedes, es un oasis en permanente fervor. El teatro puede llevar acertadamente el nombre de Héctor Manrique, aunque hay otros teatreros de enorme talento; y el cine, el nombre de José Pisano (¡no puedo olvidar el magazine Moviola que dirigió en tiempos de La Previsora!). El Trasnocho también es aroma de café y cacao, espejos, una esclarecida galería de arte y la presencia de Solveig Hoogesteijn. ¡Se siente uno seguro allí!

Hay en Caracas portentosas colecciones de pintura, la Fundación Polar cumple tareas de asombrosa modernidad y todos sostenemos y expresamos pensamientos propios y admitimos que nuestros hijos son mejores que nosotros mismos y nos enorgullece saber que seguramente encontrarán un nivel laboral y una vida emocional armoniosa en el país que eligieron víctimas de la diáspora cruel desatada por el régimen militar.

Insisto en calificarnos como flores perennes. Más aún: como flores de loto que nacen en las aguas de los estanques o en el pantano, porque igualmente todos nacemos y florecemos en un país absurdo, áspero, caudillesco y petrolero que oficialmente odia o niega la belleza y persigue con saña la sensibilidad y la inteligencia y, sin embargo, persistimos en amarlo con abierta pasión. Y me pregunto: ¿qué he ganado yo? Y el Eclesiastés, en una Biblia que leo a veces, responde por mí: “No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo: y esta fue mi parte de toda mi faena”.

¿Maduro Hace Cosas Diferentes Mientras Guaidó Hace Lo Mismo? por Andrés Doreste – IF Revista Digital – 21 de Junio 2019 

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Viendo lo fácil que se le hace a muchas personas opinar y acusar sin razonar, aclaro de antemano que soy opositor al socialismo de Maduro. No busco con este escrito justificarlo ni nada parecido, por el contrario, mi deseo es comprenderlo para hacerle oposición verdadera y efectiva.

Una frase pudiera resumir todo lo que quiero comunicar: Guaido no ha logrado el cambio de gobierno pero sí ha logrado que el régimen haga cambios.

Los venezolanos estamos ante una revolución socialista en acción que, en 1992 intentó llegar al poder con las armas, pero en el 98 efectivamente llega al poder con los votos. Luego de 20 años de socialismo muy bien implementado, el colapso y la catástrofe es su consecuencia natural. Sin embargo, hacer ajustes para seguir en el poder es también una respuesta natural o lógica de este tipo de revoluciones, cuyo único fin y propósito de existencia es ostentar el poder.

Hasta Diciembre 2018 eran dos crisis las que agobiaban a Venezuela: una crisis económica (hiperinflación, escasez, controles, etc.) Y una crisis humanitaria (escasez de alimentos, medicinas e insumos, éxodo masivo, etc.) Pero en enero se le sumaría una crisis nueva: la política. La aparición de un gobierno interino que reclama legitimidad y señala de ilegítimo al gobierno de Maduro. Además de los vicios anteriores de abuso de poder, supresión de la democracia y escalada autoritaria.

En este punto se cernía sobre Venezuela una esperanza de libertad cuyo rostro era de un diputado de la Guaira que encabezaba el parlamento pero que tenía un elemento diferencial: era joven y mostraba una coordinación perfecta con Washington y el mundo democrático. Una de las frases que se usaron en los discursos, aparte de “Vamos bien”, era: “esta vez es diferente, y tú lo sabes”.

Precisamente lo innovador y diferente de este episodio de la historia política de Venezuela era lo que atraía a millones a las calles a respaldar al nuevo presidente interino.

Por el otro lado, de Maduro se esperaba lo mismo: en lo político, represión, cierre de vías y fronteras, encarcelamiento, persecución, amenazas, alianzas internacionales, etc. Y en lo económico: controles, aumento de salario mínimo, escasez, inflación, corrupción, etc.

Y, aunque ciertamente en lo político actuó como se esperaba, en lo económico no fue así: comenzó a hacer cosas diferentes.

Es así como en estos últimos meses en Venezuela ha quedado derogada de facto la ley de costos y precios justos, es decir, Maduro no está amenazando a productores y comerciantes a poner el precio que él decida desde Miraflores. Y la consecuencia natural de esto es que han reaparecido los productos en los anaqueles de los mercados, abastos y bodegas del país o, al menos, de gran parte del país. Algo que no pasaba hace muchos años.

También ha flexibilizado el control cambiario y, aunque no lo ha liberado del todo, sí es muy fácil comprar y vender divisas en Venezuela y hasta pagar en cualquier establecimiento comercial con dólares y recibir vuelto en la misma moneda. Algo que en años anteriores no sucedía y que, por cierto, es inconstitucional; pues según esta norma el Bolívar es una moneda de curso forzoso.

Lo que indica que Maduro no está preocupado en usar este instrumento legal para seguir obligando a la sociedad a intercambiar en una moneda que está destruida. Además, Maduro hasta Junio 2019 ha subido el salario mínimo en dos oportunidades; y tomando en cuenta que en la misma fecha del 2018 lo subió cuatro veces, observamos nuevamente que está haciendo algo diferente.

Pero no solo eso, la misma AN ha informado que la hiperinflación ha bajado este año 2019. La inflación mensual de enero se ubicó en 191,6%, y en el mes de Mayo llegó a 31,3%.

¿Que esté bajando la inflación en Venezuela? Eso sí que nadie lo habría pensado, pero… Está sucediendo.

Einstein dijo:

La locura es querer tener resultados diferentes haciendo siempre lo mismo.

Maduro, al menos en lo económico y de forma silenciosa, está haciendo cosas diferentes. ¿Estoy afirmando que Maduro ha dado un giro y nos dirige a una economía de libre mercado? No. Lo que afirmo es que está flexibilizando, soltando un poco algunos controles y que esto es diferente de lo que se ha hecho en 20 años.

En cambio, Guaido ha escogido hacer lo mismo: nada. No ha formado aún un gabinete de gobierno, no pudo introducir la ayuda humanitaria, no pudo tomar Miraflores el 30 de Abril, no ha logrado el cese de la usurpación, no tuvo éxito con la amnistía ni ha logrado el quiebre militar. Mandó a la gente a arriesgar sus vidas en las calles para luego mandarlos a sus casas. Negaba que iba a dialogar y terminó dialogando en Oslo y, peor aún, ha mostrado un quiebre importante con su principal aliado que es Estados Unidos. Y más recientemente ha sido denunciado que a quienes designó para atender a los venezolanos en Colombia, cometieron actos de corrupción.

Guaido ha escogido rodearse del mismo liderazgo opositor fracasado de estos 20 años, escogió el status quo, escogió lo mismo, y ahí están los resultados: Maduro fortalecido, la oposición débil y Venezuela sufriendo.

Maduro aún no logra brindar garantías institucionales y jurídicas a la propiedad privada, lo que dificultará la entrada de inversiones al país; aunque es posible que lleguen algunas de manos amigas, como dijo un sabio amigo: “el capitalismo de enchufados es la fase superior del comunismo”.

Lo cierto es que estamos en pleno desarrollo de los acontecimientos. Aún hay mucha incertidumbre del futuro, no sabemos adónde nos dirigimos. Pero, sea peor o mejor, el hecho es que hay algo diferente y no es precisamente las acciones “opositoras”.

 

Escenarios Económicos y Políticos para Venezuela 2019 – Datanalisis – Mayo 2019

Indice Nacional de Precios al Consumidor – Asamblea Nacional – Abril 2019

En Venezuela nadie escapa de la tragedia económica de Maduro por Daniel Gómez – ALnavío – 4 de Abril 2019

La economía de Venezuela caerá más de 35% en 2019 y esto “es una verdadera tragedia”, dice a ALnavío Asdrúbal Oliveros, director de Econalítica. Una verdadera tragedia porque “nadie escapa”. Porque esta caída supone “una destrucción más acelerada de la riqueza, con cierres de empresas, reducción de márgenes y empobrecimiento de la gente”.

Las sanciones de EEUU y la crisis eléctrica agudizan la crisis en Venezuela / Foto: PxHere
Las sanciones de EEUU y la crisis eléctrica agudizan la crisis en Venezuela /

Venezuela acumulará seis años de depresión económica en un 2019 “dramático”. Lo explica el economista Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, en esta entrevista con ALnavío.

Es “dramático” porque a principios de año, su equipo estimó una contracción del Producto Interior Bruto (PIB) de 16%. Si esto ya de por sí es alto, cuando el 29 de enero Washington congeló los fondos que tenía en Estados Unidos la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) en un nuevo paquete de sanciones, la economía se hizo todavía más débil.

“El efecto de las sanciones petroleras tiene un impacto en Venezuela muy significativo, por lo que en Econalítica elevamos la previsión de caída al 29,6%”, comenta Oliveros.

Nada podía parecer peor y lo fue. El 7 de marzo Venezuela se quedó sin luz. El sistema eléctrico, afectado por siete años de falta de mantenimiento y por las prácticas corruptas del chavismo, colapsó. Casi un mes después, la energía viene y va. El día a día se convierte en un caos. Hasta el dólar está inflado. Una lata de atún es más barata en EEUU que en Venezuela. Los negocios no funcionan con normalidad, no hay agua, los electrodomésticos se han visto afectados…

“La crisis eléctrica estaría costando unos 2.100 millones de dólares entre pérdidas y daños sólo en marzo”, dice Oliveros. “La contracción será de 35-40%”.

Oliveros estima que la economía caerá en 2019 entre 35-40% / Foto: Ecoanalítica

– ¿Cómo llegó a estos números?

– En Ecoanalítica hicimos los cálculos del colapso del sistema eléctrico teniendo en cuenta cuatro elementos. Las mediciones a través del Producto Interno Bruto (PIB). El segundo factor son los datos del parque industrial venezolano, y las industrias básicas. El tercer elemento es la actividad petrolera, nuestra principal actividad económica. El cuarto dato viene de lo que los gremios y las cámaras regionales han reflejado en su balance de daños y pérdidas.

– Lo que no contabilizan es el daño que han sufrido los hogares.

– Efectivamente no hay un cálculo de los hogares. El análisis que hacemos va más ligado a la actividad empresarial porque son los datos que tenemos. Aunque indirectamente en el PIB el daño a los hogares aparece como un elemento indirecto que es el consumo.

– ¿A qué sectores impactó más la crisis eléctrica?

– Nadie escapa. El sector petrolero, que es medular, que es clave para el aporte de divisas, ha vivido una crisis importante en la producción en los últimos años por las sanciones, la pérdida de capital humano, los defaults… A todo esto, se suma la crisis eléctrica y la ruptura de los circuitos de almacenaje. Otro sector afectado es la manufactura. Aunque muchas industrias tengan estructuras y reguladores de luz para tener autonomía de electricidad, la operatividad no se pudo garantizar porque estos aparatos no están preparados para una crisis tan prolongada. Luego viene el sector comercial, que es con el que interactúan los consumidores. Las tiendas no podían vender. Además, con el problema eléctrico también se ve afectado internet, la telefonía, y por supuesto el sistema de pagos.

– ¿Cuán importante es el sistema de pagos en Venezuela?

– Venezuela tiene una crisis hiperinflacionaria. El uso del efectivo es muy complicado acá, y este se hace con puntos electrónicos, con tarjetas de débito, con transferencias. Sin electricidad no funciona bien internet, no funciona el móvil, no funciona el retiro de efectivo… Entonces se inicia una dinámica que el que compra no puede comprar y el que vende no puede vender.

– Pese a la crisis, en Econalítica dicen que la inflación ha caído en los dos últimos meses. ¿Por qué?

– Esto no es debido tanto a la crisis del sistema eléctrico, sino a la política de encaje legal que ha aplicado el Ejecutivo, controlando la cantidad de bolívares en el sistema financiero, y su capacidad para conceder préstamos. Por eso hay cierta estabilidad en el tipo de cambio. Porque no hay demanda. No porque el Gobierno esté resolviendo el problema económico de fondo. Hay una restricción muy fuerte del poder de compra, y esto está afectando la capacidad de los ingresos. En febrero, calculamos 60% de inflación. Esto, que es una calamidad en el mundo, no lo es en Venezuela, ya que veníamos de inflaciones mensuales por encima de 100%. Esto también lo vemos en marzo con inflación en torno a 50%.

– El apagón supuso un duro golpe para la economía venezolana, pero más duro fue el impacto de las sanciones de Estados Unidos.

– En principio estimábamos una caída de 15-17%. Es grave porque veníamos de una contracción acumulada de 54% en los últimos cinco años. Seguir cayendo por sexto año consecutivo a tasa de dos dígitos es una verdadera tragedia, porque es una destrucción más acelerada de la riqueza, con cierres de empresas, reducción de márgenes y empobrecimiento de la gente. La Administración de Donald Trump toma unas sanciones petroleras muy agresivas, que afectan a un sector medular de la economía, y acelera la caída con un efecto multiplicador. Se afecta el sector, el ingreso de divisa, el vehículo de las exportaciones, y se afecta el consumo. Esto, sumado al colapso eléctrico, también implica una paralización que le resta capacidad de dinamismo a la economía venezolana en términos de 35-40%. Esto, fuera de los números, es una verdadera tragedia.

– Usted es quien comparte los informes de Barclays sobre Venezuela, y en el último el grupo británico dice que sin Nicolás Maduro el país crecerá más de 20%. ¿Se cumplirán estos pronósticos?

– Puede que los números cambien un poco. Es la misma tendencia que tenemos los economistas. En la medida que tengas un cambio político, acompañado por los actores internacionales, los bancos multilaterales, la economía puede tener un crecimiento importante. Obviamente al principio va a crecer mucho porque hay un efecto rebote, porque vienes de una caída muy agresiva. Esto hace que el primer y segundo año tengas tasas elevadas, incluso por encima del 20% como lo está viendo Barclays.

– Barclays dijo que el fin de Maduro vendría en el primer trimestre de 2019 y este ya pasó… ¿Podrá resistir el régimen mucho más?

– Cuando a veces uno dice etapa final, como dijo Barclays, cree que es cosa de días. El proceso político de Venezuela es muy complejo, con un altísimo nivel de incertidumbre. Pese a todo, sí creo que Venezuela está en un proceso de cambio de un modelo a otro. Lo que no podemos visualizar es el cuándo y el cómo. Todos quisiéramos que fuera ya, pero sabemos que los procesos políticos y sociales no van al mismo ritmo que la gente quisiera. El cómo, la forma de salida, puede tener elementos que los economistas no hemos consultado.

Venezuela’s Economic Collapse Explained in Nine Charts by Santiago Pérez – The Wall Street Journal – 25 de Marzo 2019

Venezuela’s decline is now deeper than that of the Soviet Union after its breakup, and comparable only to Zimbabwe’s in the late 1990s, economists say

The Petare neighborhood, one of the poorest Caracas neighborhoods, is plagued by hunger, crime, blackouts, dry taps and barren store shelves.
The Petare neighborhood, one of the poorest Caracas neighborhoods, is plagued by hunger, crime, blackouts, dry taps and barren store shelves. PHOTO: IGNACIO MARIN/BLOOMBERG NEWS

Venezuela’s economic collapse is among the world’s worst in recent history. The decline is now deeper than that of the Soviet Union after its breakup, and comparable only to Zimbabwe’s in the late 1990s, according to estimates from the Institute of International Finance, a Washington-based association of financial institutions.

The scale of the decline, resulting from poor policy decisions, economic mismanagement, and political turmoil, is like something one would only expect from extreme natural disasters or military confrontations, said Sergi Lanau, the IIF’s deputy chief economist.

Output has contracted by half over the past three years. Venezuelan consultancy Ecoanalítica expects gross domestic product to fall another 30% in 2019 amid hyperinflation, political instability, and recent U.S. economic sanctions.

President Nicolás Maduro’s government hasn’t released economic and social development indicators since 2016, when the country’s situation became dire. Most estimates and surveys since then are from consulting firms, universities and multilateral organizations.

Venezuela’s GDPSource: International Monetary Fund
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Gross domestic product shrank from about $196 billion in 2013 to some $80 billion last year, smaller than that of Guatemala or Ethiopia, according to calculations from AGPV Asesores Económicos, a Caracas-based consulting firm, and the International Monetary Fund. The economy is on track to mark 14 consecutive quarters of contraction.

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GDP contractions, last year of positive growth

Hyperinflation is destroying the economy. Consumer prices have risen more than 50% per month since November 2017, including a jump of about 465% in the first 10 weeks of 2019, according to estimates from Ecoanalítica.

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Consumer prices, change from the previous monthSource: BCV, Ecoanalítica

The main cause of hyperinflation is the central bank printing money to fund gaping public spending deficits. IIF estimates based on the balance sheet of the central bank point to a fiscal deficit above 30% of GDP last year.

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Estimated fiscal deficit, % of GDPSource: National Assembly, IIF

The pace of inflation in Venezuela is among the fastest recorded in recent world history, according to the IIF. Prices rise as much in just a couple of hours as they do in a year in neighboring countries, said Mr. Oliveros.

 

Wages have become worthless. Some basic goods, like food and nonalcoholic beverages, rose almost 350% just in January, according to Ecoanalítica estimates. The monthly salary of a schoolteacher is enough to buy a dozen eggs and about 2 pounds of cheese.

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Inflation, change from previous monthSource: National Assembly, IIF

Tax collection has plummeted as a result of falling production and hyperinflation, as the value of the revenue is highly diluted by the time taxes are paid.

The government is insolvent and lacks sources of foreign funding. It has missed payments of about $18.7 billion in foreign debt, and close to $8 billion in dollar-denominated debt is due this year.

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Tax income (excluding oil), change from a year earlier*Source: Seniat, EcoanalíticaNote: September 2018 numbers weren’t published by Seniat

Oil output, the only real source of stable foreign currency, is plummeting due to lack of investment, poor maintenance and neglect. U.S. sanctions could push production to lows not seen since 1945, according to Ecoanalítica estimates. It will take 12 years for the Venezuelan oil industry to recover, said consultant Eduardo Fortuny.

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Venezuela oil productionSources: Baptista; PdVSA and EcoanalíticaNote: 2019 is an estimate

Economic and political turmoil sparked an exodus. More than 3.4 million Venezuelans have left the country in recent years, and most of them send money to relatives back home. Remittances rose by almost 57% last year. Millions of Venezuelans depend on such transfers, which average some $80 per month per family, to survive.

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RemittancesSource: World Bank/CEMLA (2015-2017); Ecoanalítica (2018, 2019)Note: 2018 and 2019 are estimates

The number of Venezuelans living in poverty has doubled since 2014. Almost nine out of 10 don’t have enough money to cover their nutritional needs, according to Venezuelan sociologist María Gabriela Ponce. A survey on poverty conducted by UCAB university showed that more than eight million Venezuelans don’t get enough to eat.

The fight against poverty and income disparity, a key facet of the socialist policies of late President Hugo Chávez, has been shattered. Income distribution in Venezuela was similar in 2014 to that of Argentina and Uruguay. Now it’s more extreme than Haiti’s, Ms. Ponce said.

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The richest 10% of households now receive more than 60% of Venezuela’s totalincome.Source: Encuesta sobre condiciones de vida en Venezuela (ENCOVI)Note: 10 is the wealthiest income division

 

Un país, dos presidentes por Tomás Straka – Nueva Sociedad – Febrero 2019

El pasado 2 de febrero se cumplieron 20 años de la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela. Sin embargo, fueron pocos los que recordaron la celebración. El país convive hoy con una crisis institucional de dimensiones tan trágicas como rocambolescas. Nicolás Maduro manda desde el Palacio de Miraflores. Juan Guaidó actúa como un presidente en el exilio pero dentro del país. Venezuela tiene dos presidentes, ¿pero tiene alguna salida?

Un país, dos presidentes

El pasado 2 de febrero se cumplieron 20 años de la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela. Aunque todo hubiera hecho pensar en una efeméride llena de celebraciones y recuerdos del «Comandante». Pero muy pocos repararon en ella. El chavismo arribó a su vigésimo aniversario en el poder eclipsado por la irrupción de un presidente opositor. Juan Guaidó parece encarnar una inflexión en la ya larga crisis venezolana. Un salto a otro nivel que hace aún más compleja a una situación que para propios y extraños es difícil de entender. Venezuela es hoy un país con dos presidentes, lo que profundiza la escisión de una sociedad sumida en la dicotomía y la polarización desde hace años. Venezuela cuenta con dos presidentes que actúan al mismo tiempo y en la misma ciudad. Uno, Guaidó, reconocido por un vasto segmento de la población y gran parte de la comunidad internacional. El otro, Nicolás Maduro, con el gobierno efectivo del país y sobre todo, hasta el momento, el respaldo de las Fuerzas Armadas. Un presidente que nombra embajadores que son reconocidos por otros Estados y tiene potestad sobre activos venezolanos en el exterior, pero que en Caracas no cuenta ni con un policía para su protección. Y otro al que un sector importante de la sociedad considera un usurpador –y habla explícitamente de «sacarlo del poder»- pero que sigue despachando desde el palacio de Miraflores tomando decisiones que inciden en la vida cotidiana de los venezolanos. Mientras, Guaidó es una especie de presidente en el exilio, solo que dentro de su país.

La situación puede definirse como una verdad líquida llevada al extremo o, más concretamente, como un «realismo mágico» -categoría creada por un venezolano para definir a su entorno y sociedad-. Y, sin embargo, hay algunas cosas que parecen estar quedando claras. En principio, que el régimen inaugurado en 1999 -la «Revolución Bolivariana»-, ha entrado en una fase aguda de crisis. Se ha demostrado, además, que la oposición no solo no estaba muerta como parecía hace apenas un par de meses, sino que se ha mostrado con fuerza para disputarle el poder y, al menos, arrebatarle una parte de él, por ejemplo en la representación ante el mundo y en no pocos de los activos en el exterior. Finalmente, se ha evidenciado que la crisis venezolana ya se internacionalizó, convirtiéndose en una pieza de esta Nueva Guerra Fría de la que han formado parte otras crisis, como las de Ucrania o Siria. El pulso entre Occidente, Rusia y China se ve claramente en Venezuela. Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Israel, Australia, y la mayor parte de los países de Latinoamérica reconocen a Guaidó como presidente. Rusia, mientras tanto, se muestra como una aliada de Maduro. China también lo respalda, pero con posturas bastante más tibias e incluso señales claras de querer seguir negociando con Guaidó, de ganar éste la partida.

Esta franca internacionalización del problema venezolano ha servido para su simplificación. El apoyo de Vladimir Putin a Maduro logró la rápida alineación de países como Georgia y Kosovo con Guaidó, mientras que el profundo involucramiento de Donald Trump con la búsqueda de un cambio de gobierno en Caracas ha servido para que muchos despachen el asunto como un simple caso más de intervencionismo norteamericano. Vastos sectores de la izquierda global se basan en esta única razón para convertir a Maduro en una especie de héroe antimperialista. Desdeñan otros aspectos, como por ejemplo su alianza con el imperialismo ruso aceitada con oro, petróleo y otros recursos. El dilema de escoger entre Trump y Putin es muy complejo. Tampoco se puede obviar que, en este conflicto, las riquezas naturales venezolanas y su valor geoestratégico constituyen una variable importante. Por eso es importante entender que eso no es todo lo que está en juego y que en la complejidad venezolana -en efecto muy «líquida»- hay una enorme gradación de claroscuros.

Venezuela es, en primer lugar, un verdadero problema para la región. A 20 años de iniciado el gobierno, y a doce de proclamado formalmente el socialismo, el panorama es apocalíptico. Hablamos de la economía con el peor desempeño del mundo, que alcanzó una inflación del 1.000.000 % en 2018 y ha sumado una contracción de más de -50% en cinco años (la Gran Depresión fue de un -30% y duró tres años). El sueldo mínimo es de unos 6 dólares mensuales, en tanto que la cesta básica está alrededor de trescientos dólares, según cifras de enero de 2019 del Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (CENDA). Las familias sobreviven acarreando varios sueldos entre todos, con las cajas de comida que entrega el gobierno y, cada vez más, con el dinero de las remesas que les mandan sus miembros en el exterior. Pero sobreviven muy mal: no es un dato menor que solo entre 2016 y 2017 la pobreza extrema se haya disparado del 23,6% al 61%, según cifras de la Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi). Entre otras consecuencias, este descalabro económico y social ha creado la peor crisis migratoria en tiempos de paz de la región, con más de tres millones de venezolanos que han salido al exterior, según cifras de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Esto significa un 10% de la población, proporción que ya es comparable con las de las naciones sumergidas en conflictos como Colombia, que heredó de sus décadas de violencia más de siete millones de desplazados, o Siria con sus once millones de migrantes.

Por otra parte, Maduro ha hecho bastante para que los países democráticos pongan en cuestión su legitimidad. Una sucesión de decisiones desde el 2013 fueron abonando el camino que lo condujo a la situación actual. En 2012, cuando un Chávez ya enfermo de cáncer se lanzó a su última campaña electoral, los resultados de la cadena de estatizaciones y férreos controles a la economía empezaban a hacerse sentir. La caída de la producción se había compensado con el boom petrolero de 2004-2008, que le reportó a Venezuela alrededor de un billón de dólares. Pero tan pronto los precios bajaron, la situación económica comenzó a empeorar. Por eso, aunque Chávez triunfó sobre Henrique Capriles Radonski por más de diez puntos, en realidad se trataba de un notorio declive con respecto a los treinta puntos de diferencia que había obtenido en 2006. Así, sin el carisma de Chávez y con una situación económica cada vez peor, Maduro -el escogido por Chávez en su última aparición en público- apenas derrotó a Capriles Radonski en 2013 por un 1%, aún muy debatido. Era obvio que pronto se cruzarían las líneas entre chavismo y oposición. Y eso ocurrió en las elecciones parlamentarias de 2015.

El intento de 2014 de derrocar a Maduro con protestas callejeras conocido como «La Salida», terminó en un fracaso con cuarenta y tres muertos y el encarcelamiento del líder opositor Leopoldo López. Pero la represión provocó un daño importante en la reputación del gobierno. La campaña #S.O.S.Venezuela consiguió apoyos de personajes como Madonna y Cher. Después de eso, la oposición redirigió su estrategia a la ruta electoral, con un resultado espectacular: con el 56% de los votos, consiguió la mayoría calificada del parlamento en las elecciones parlamentarias de 2015. La primera respuesta del gobierno fue suprimir en los hechos a la Asamblea Nacional a través de treinta sentencias en las que el Tribunal Supremo de Justicia invalidaba una a una sus disposiciones. Finalmente, en marzo de 2017, le quitó en la práctica la capacidad legislativa a la Asamblea, asumiéndola para sí. La respuesta fueron los cien días de protestas y los disturbios, una de las rebeliones cívicas más largas de la historia.

En medio de la crisis institucional y política, Maduro convocó elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente, que no fueron reconocidas como legítimas por los opositores -que no participaron en las elecciones- ni por varios países, entre ellos muchos de la Unión Europea y Estados Unidos. De hecho, en agosto de 2017 se formó el Grupo de Lima, con el objetivo de luchar por el retorno de una democracia efectiva en Venezuela. Sin embrago, las protestas terminaron disolviéndose, en parte por inconsistencias y divisiones de la dirigencia opositora. Así, un Maduro cada vez más seguro fue a las elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018 con buena parte de los partidos y políticos de oposición inhabilitados –aunque no proscritos−, muchos dirigentes en el exterior y algunos presos. Por eso cuando fue proclamado ganador, ni Estados Unidos, ni la Unión Europea ni catorce países latinoamericanos reconocieron la legitimidad de los comicios. Para ellos, el 10 de enero de 2019 culminaba su gobierno legítimo.

Según la Constitución venezolana, en el caso de faltas absolutas del presidente de la república, el presidente de la Asamblea Nacional debe asumir interinamente el cargo hasta tanto se realicen elecciones. Fue eso lo que alegó Guaidó, un joven y casi desconocido diputado, cuando asumió la presidencia del Parlamento en enero de 2019. Los exilios y las prisiones de los otros grandes líderes de su partido, el socialdemócrata Voluntad Popular (VP) de Leopoldo López, hicieron que la responsabilidad recayera en él. Aunque la estrategia no se debe solo a él ni a su partido, ha sabido desempeñar el papel. En una gran concentración, el 23 de enero -fecha en la que se conmemora el fin de la dictadura militar de 1958- decidió asumir las funciones de la presidencia. Rápidamente reconocido por Estados Unidos y buena parte de América Latina, a la que se le han unido Europa, Canadá y otros países, la situación ha dado un viraje de muchos grados. Es un nuevo round en la inacabable crisis venezolana, cuyo desenlace es difícil de prever. Con todo, no deja de ser revelador el hecho de que, a 20 años de iniciada la Revolución Bolivariana, la noticia sea que un opositor llegue a la presidencia. Una de las dos que actúan hoy en el escindido y atribulado país.

“La plutocracia ha tomado el mando en Venezuela” – Entrevista a Steve Hanke por Piergiorgio M. Sandri – La Vanguardia – 7 de Febrero 2019

El país está en un encrucijada y los retos son de gran magnitud: el potencial es enorme, pero la inflación y la inseguridad son un lastre para el futuro


“La plutocracia ha tomado el mando en Venezuela”
Steve Hanke es uno de los mayores expertos mundiales en inflación (Cedidas)
Ha sido la mente de las privatizaciones de Ronald Reagan y antiguo asesor del presidente venezolano Rafael Caldera en el bienio 1995-1996. Steve Hanke, profesor de Economía Aplicada en la John Hopkins University en Baltimore, está considerado como uno de los mayores expertos mundiales en el tema de la inflación. También ha trabajado con los gobiernos de Montenegro y Bulgaria para poner fin a la subida de los precios.

¿Cuál es el mayor problema económico de Venezuela en estos momentos?

La hiperinflación. Lleva 27 meses seguidos fuera de control. A lo largo de la historia, sólo se dieron cuatro casos con una subida de precios similares. Según mis cálculos, en estos momentos la tasa de inflación anual roza el 120.000%. Venga el gobierno que venga, deberá acabar con esta plaga. Esto le permitiría ganar la credibilidad y la confianza necesaria en los mercados. No es algo fácil de conseguir.

Hay dos opciones posibles. Una es el llamado currency board, es decir aplica una tasa de conversión fija entre el bolívar y el dólar. Yo participé en un proyecto similar en Bulgaria en el año 1997. El país balcánico tenía un inflación mensual del 242%. Después de adoptar la medida, al introducir un tipo fijo vinculado al marco alemán, la subida de precios se desplomó en 24 horas.

La otra posibilidad es la dolarización de la economía. Es decir, adoptar directamente una divisa extranjera en Venezuela, en este caso el dólar estadounidense. De hecho, es algo que ya está ocurriendo en la práctica, porque el dólar ya actúa como moneda de referencia.

Entre los ejemplos, tenemos a Montenegro en 1999 con el marco alemán, y Ecuador en el 2001, con el dólar. En ambos casos, la inflación se estabilizó. Mucho dependerá si en Venezuela el Parlamento querrá introducir estas medidas, es una decisión política.

Para luchar contra la inflación o se adopta el dólar o se introduce un tipo de cambio fijo con el bolívar”

A Argentina le fue bien una década, pero luego…

El sistema de libre convertibilidad peso-dólar de Domingo Cavallo estaba lleno de excepciones. Al principio se restauró la confianza, pero no funcionó, era un mecanismo imperfecto. Yo estaba seguro de que iba a fallar a largo plazo.

Hay que privatizar la industria petrolera y abrirla al mercado. PDVSA está al borde del colapso. En este sector hay mucho dinero por invertir, tanto para potenciar la extracción como el refino. Ahora bien, cuando se habla de que Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, hay que tener presente de que se trata de una variedad de crudo muy pesado, con muchas impurezas. Su petróleo cotiza a un precio de descuento en los mercados.

Sin embargo el problema es otro: Venezuela tiene un ritmo de extracción tan bajo que, de mantenerse constante, se tardaría 400 años en agotar los pozos, con lo que en las condiciones actuales estas reservas no tienen valor económico alguno, a no ser que se invierta de verdad en equipamiento nuevo.

El potencial es enorme, pero habría que privatizar la petrolera estatal para aprovechar recursos”

¿No le vendría mal un poco de ayuda de instituciones internacionales como el FMI?

Estos organismos nunca han salvado a nadie. Mire el caso de Argentina, que ha recibido hasta una veintena de programas de ayuda económica. Lo que deberían hacer estas instituciones es ayudarles a negociar la deuda, porque está claro que el país no estará nunca en condiciones de devolver el dinero. Sería idónea una asesoría técnica del FMI más que su apoyo financiero.

Hay que cambiar en bloque el sistema legislativo. Es imprescindible garantizar la protección de la propiedad privada. El país sufre un caos regulatorio total. Y desde hace décadas. Han implementado un tipo peculiar de socialismo, pero en la práctica el país está gobernado por una empresa criminal, una plutocracia, con un grupo dirigente que se aprovecha de los recursos públicos.

El día de mañana, ¿qué podrá ofrecer el país para relanzar su economía?

Tiene enormes recursos naturales, más allá del petróleo. Y es una potencia agrícola. Siempre que se restaure el estado de derecho, claro. Venezuela tiene mucho potencial. Pero también las exrepúblicas soviéticas tienen potencial… Quiero decir que los inversores tienen dónde elegir. No sólo el país debe reconstruir sus infraestructuras, como puertos, aeropuertos y carreteras, sino reescribir el cuadro normativo y regulatorio. Piense que hay una carencia de industria manufacturera y servicios, está todo por hacer. Es una oportunidad de inversión tremenda.

Instituciones internacionales como el FMI deberían proporcionar ayuda técnica, no financiera”

¿Hay algún modelo que seguir en el continente?

Chile, que no parece ni siquiera América Latina, donde los chicos de la Escuela de Negocios de Chicago pusieron en marcha sus planteamientos liberales. O el Brasil de Jair Bolsonaro. Si el presidente hace realidad sus planes, el país puede protagonizar el boom de la próxima década.

Sí, claro. Habrá que ver si hay consenso político para aplicar estas políticas. Pero no nos olvidemos de lo que pasó en China. Era un país comunista y poco a poco ha ido abriéndose al mercado y ha protagonizado el mayor período de crecimiento de la historia.

¿Qué papel pueden desempeñar los venezolanos que han emigrado estos años? Algunas fuentes no oficiales hablan de casi diez millones de personas…

Los ricos se marcharon. Y su dinero, también: está en las islas Caimán, Panamá y Miami. Pero también en Europa, en París o Madrid. Hay que imaginar qué pasaría si este capital decidiera volver a casa. Sin embargo, el país todavía no es seguro. Si no hay seguridad, ya se sabe, el capital huye.

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