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El campo de Venezuela colapsa y Caracas resurge por Anatoly Kurmanaev – The New York Times – 15 de Enero 2020

Parmana, un pueblo de pescadores a orillas del río Orinoco, en el centro de Venezuela, ha sido abandonado por el gobierno.

PARMANA, Venezuela — Desde su palacio en Caracas, el presidente Nicolás Maduro proyecta una imagen de fortaleza. Su control sobre el poder parece seguro. Los habitantes tienen un suministro regular de electricidad y de gasolina. Las tiendas están repletas de productos importados.

Sin embargo, más allá de la capital, esa fachada de orden se disipa de inmediato. Para conservar la calidad de vida de sus principales respaldos —las élites política y militar del país—, el gobierno de Maduro ha centrado en Caracas los recursos menguantes del país y ha abandonado grandes sectores de Venezuela.

“Venezuela está rota como Estado, como país”, dijo Dimitris Pantoulas, un analista político de Caracas. “Los pocos recursos disponibles se invierten en la capital para proteger la sede del poder, lo que ha creado un mini-Estado en medio del colapso”.

En buena parte del país, el gobierno ha abandonado sus funciones básicas, como la vigilancia, el mantenimiento de las vías, la atención médica y los servicios públicos.

En Parmana, un pueblo pesquero a orillas del río Orinoco, la única evidencia restante del Estado son los tres maestros que siguen en la escuela, la cual carece de alimentos, libros e incluso de un marcador para la pizarra.

La escuela en Parmana no tiene comida ni libros. Los estudiantes a menudo salen temprano, demasiado hambrientos para concentrarse.

Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

El primero en irse de Parmana fue el cura. A medida que se profundizó la crisis económica, desertaron los trabajadores sociales, la policía, el médico comunitario y varios maestros de escuela.

Según los habitantes del pueblo, cuando se vieron rebasados por el crimen, recurrieron a las guerrillas colombianas en busca de protección.

“Estamos olvidados”, dijo Herminia Martínez, de 83 años, al tiempo que dejaba un machete que usa para atender un descuidado campo de frijol bajo el calor tropical. “Aquí no hay gobierno”.

Hace un año, y por un momento, parecía que los críticos de Maduro iban a tener una oportunidad de expulsarlo. Un líder de la oposición, Juan Guaidó, había presentado el mayor desafío para el mandato de Maduro hasta la fecha: fue proclamado presidente interino y consiguió el respaldo de Estados Unidos y casi sesenta países más.

Ahora, los adversarios de Maduro han perdido fuerza. El gobierno de Trump sigue respaldando a Guaidó: el 13 de enero, Estados Unidos emitió nuevas sanciones en contra de los aliados del gobierno que intentaron bloquearlo en su intento por asumir el liderazgo de la Asamblea Nacional. A pesar de esta presión, Maduro pareciera haber garantizado su permanencia en el cargo, en parte por el éxito de sus políticas para levantar Caracas.

Sin embargo, la economía venezolana —que ha tenido una administración deficiente, sufrido la reducción en las exportaciones de petróleo y oro y, además, padecido las sanciones de Estados Unidos— está entrando en el séptimo año de una recesión devastadora.

Esta larga depresión, aunada a la disminución del Estado, ha provocado que buena parte de la infraestructura haya quedado abandonada.

Asimismo, ha producido la fragmentación de Venezuela en economías localizadas que tienen vínculos con Caracas que son solo nominales. Cuando la inflación desbocada le quitó el valor al bolívar —la moneda del país—, los dólares, los euros, el oro y las monedas de tres países vecinos comenzaron a circular en diferentes partes de Venezuela. El trueque es rampante.

Para obtener productos básicos en Parmana, unos venezolanos hacen trueques con pescado.

Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

“Cada lugar sobrevive a su manera, lo mejor que puede”, dijo Armando Chacín, director de la federación de ganaderos de Venezuela. “Son economías completamente distintas”.

Fuera de Caracas, los ciudadanos de la que alguna vez fue la nación más rica de América Latina pueden estar relegados a sobrevivir en condiciones casi preindustriales.

Casi la mitad de los habitantes que viven en las siete ciudades más importantes de Venezuela está expuesta a apagones diarios y tres cuartas partes se las arreglan sin un suministro confiable de agua, según un estudio que realizó en septiembre el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos, una organización sin fines de lucro.

En Parmana, las inundaciones del año pasado se llevaron el único camino que sale del pueblo, por lo tanto se quedaron sin la entrega regular de alimentos, combustible para la central eléctrica y gasolina. Para sobrevivir, los 450 residentes que quedan han recurrido a limpiar los campos con machetes, remar sus botes pesqueros y usar como moneda los frijoles que cultivan.

Guillermo Loreto, de 19 años, trabaja en el campo de frijoles de su abuela.
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

Después de décadas de gastar el petróleo de una manera fastuosa, el gobierno venezolano se está quedando sin dinero. El producto interno bruto del país se ha contraído un 73 por ciento desde que Maduro asumió la presidencia en 2013: uno de los declives más pronunciados en la historia moderna, de acuerdo con estimados que hizo la Asamblea Nacional —el órgano legislativo que controla la oposición— a partir de estadísticas oficiales y datos del Fondo Monetario Internacional.

Al ser incapaz de pagar salarios significativos a los millones de empleados del Estado, el gobierno se ha hecho de la vista gorda a los tejemanejes, tráfico de influencias y negocios complementarios que hacen los trabajadores estatales para sobrevivir. El salario oficial del máximo general del ejército venezolano es de 13 dólares al mes, de acuerdo con Control Ciudadano, un grupo venezolano de investigación.

Al sector privado en Caracas —el cual ha sido difamado por el gobierno socialista de Maduro y por su predecesor, Hugo Chávez— se le ha permitido llenar algunos de los vacíos de los productos de consumo que generó la disminución de las importaciones del Estado.

En cuanto los sacrosantos controles económicos desaparecieron de la noche a la mañana, la capital se llenó de cientos de tiendas nuevas y salas de exhibición que ofrecen de todo, desde autos deportivos importados hasta frituras hechas de algas marinas producidas en Estados Unidos.

Y la carga del colapso del país ha caído principalmente en las provincias venezolanas, donde muchos habitantes han quedado totalmente aislados del gobierno central.

Girls waiting for fishermen to arrive with a catch that they can take home.

Credit…Adriana Loureiro Fernandez for The New York Times

Las regiones cercanas a las fronteras de Venezuela han recurrido al contrabando y al comercio transfronterizo para sobrevivir. Las ciudades agrícolas en el interior de Venezuela se han hundido en la subsistencia, ya que el colapso del sistema de carreteras y la escasez de gasolina diezmaron el comercio interno. Los sitios turísticos populares han sobrevivido gracias a la inversión privada y al abastecimiento de las élites.

Los comandantes militares locales y algunos caciques del partido gobernante con vínculos limitados con Maduro han tomado el control político de regiones remotas. A medida que la policía nacional perdía terreno, los grupos armados irregulares tomaron su lugar, incluidas las guerrillas marxistas colombianas, ex paramilitares de derecha, bandas criminales, milicias pro-Maduro y grupos de autodefensa indígenas.

En todo el interior venezolano, estos grupos a menudo se han encargado de hacer cumplir los contratos comerciales, castigar los delitos comunes e incluso resolver los divorcios, según decenas de testimonios de residentes recopilados durante meses en tres regiones.

El colapso del Estado venezolano ha seguido su curso en Parmana, un pueblo de pescadores y agricultores que alguna vez prosperó en las planicies centrales de Venezuela.

Por falta de pago, la unidad de la policía local empacó sus cosas y se fue un día de 2018, seguida por los trabajadores públicos que estaban a cargo de los programas sociales. Poco tiempo después, los locales ahuyentaron al destacamento de la Guardia Nacional del pueblo por su ebriedad y sus extorsiones.

Una estación abandonada de la Guardia Nacional Bolivariana
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

Para remplazar a los guardias, los líderes del pueblo decidieron viajar a la mina de oro más cercana, la cual está bajo el control de las guerrillas colombianas, con la intención de pedirles que montaran un puesto en Parmana.

Durante los últimos cuatro años, a fin de proteger sus líneas de suministro, las guerrillas aniquilaron a los piratas de río que habían aterrorizado a los pescadores de Parmana, robando sus lanchas de motor y asesinando a varias personas.

“Necesitamos una autoridad aquí”, denunció Gustavo Ledezma, un tendero y el alguacil de la comunidad.

Las guerrillas “traen orden”, mencionó. “No bromean”.

El descenso de Parmana hacia la subsistencia sin ley es una caída pronunciada de sus días de gloria, cuando exportaba arroz, frijoles y algodón. Los humedales y los manantiales prístinos del pueblo atraían multitudes de turistas cada año.

“Parmana, Parmana, qué bonito contigo despertar”, decía una canción del legendario cantautor rural de Venezuela, Simón Díaz.

Las líneas eléctricas, que ya no suministran electricidad, se extienden a lo largo de una propiedad abandonada en Parmana.
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

Chávez había visto el futuro de la economía venezolana en el potencial agrícola de la región. Hace una década, invirtió al menos mil millones de dólares en la construcción de un puente sobre el Orinoco para conectar la región con los mercados brasileños.

El puente, inconcluso, ahora está abandonado. Los manantiales de Parmana se secaron después de que un terrateniente con conexiones políticas desvió el agua hacia sus campos de algodón en 2013, y eso destruyó la industria turística.

En la actualidad, en las calles polvorientas del pueblo, los pescadores desesperados detienen a los choferes ocasionales que pasan de visita en busca de gasolina para los motores de sus botes.

Una familia sentada al lado de un montón de sandías de sus campos había intentado enviar un mensaje telefónico a un mayorista para que recogiera su cosecha, pero la torre celular llevaba dos semanas sin funcionar, y no estaban seguros de que fuera a llegar, o cuándo.

“Ahora hay que depender de uno mismo, no del Estado”, dijo Ana Rengifo, la lideresa del consejo comunitario.

Una celebración evangélica en Parmana. El servicio termina antes del anochecer por falta de electricidad.
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

En octubre, el médico del lugar fue al pueblo más cercano a buscar medicamento para sus estantes vacíos. No volvió. La iglesia católica, abandonada, está llena de bates y las bancas han sido convertidas en leña.

El pastor de un grupo evangélico aún visita una vez por semana. El grupo se reúne a diario y canta pidiendo salvación pero se disperasa al atardecer por falta de electricidad.

La ambulancia de la localidad, sin llantas, se oxida bajo un cobertizo y su chofer abandonó el trabajo hace tres años para plantar frijoles y sobrevivir.

En la escuela, después de cantar el himno nacional y hacer calistenia, los estudiantes toman clases básicas de lectura y matemáticas pero vuelven a casa después de una o dos horas. Los profesores dicen que muchos de ellos están demasiado hambrientos y no se concentran.

A pesar del colapso del pueblo, la mayoría aquí prefiere quedarse en su tierra, donde pueden sembrar algo de comida, en lugar de arriesgarse a ir a otro lado.

“Sales y el hambre te mata” dijo Inselina Coro, una mujer de 29 años y madre de cuatro. “Al menos aquí vas al río y consigues un pescado”.

Coro vive con sus hijos y su novio, un pescador, en un cuartito de lámina corrugada con piso de tierra. Los seis comparten dos hamacas. Su hija mayor, Ana Herrera, de 14 años, está embarazada pero la familia no tiene medios para llevarla al doctor.

Los anhelos de Coro para su familia se limitan a mudarse a Caicara, un pueblo río arriba, a tres horas de distancia. ¿El motivo? “Allá hay electricidad”, dijo.

La familia de Inselina Coro prepara el almuerzo.
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

La Asamblea Nacional publicó la inflación de 2019: 7.374,4% – El Nacional – 13 de Enero 2020

El diputado Ángel Alvarado advirtió que el aumento de los precios ha causado más exclusión, pues se ha abierto una brecha entre quienes tienen solo bolívares y aquellos que pueden acceder a remesas

Conos monetarios

El precio de los productos y servicios en Venezuela registró una inflación acumulada de 7.374,4% en 2019, indicó este lunes la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional.

El valor ofrecido es bastante menor que el resultado en 2018, cuando el país entró en un proceso de hiperinflación y la cifra se ubicó en 1.698.488%.

«Nos mantenemos en una senda de alta inflación», afirmó el economista y diputado Ángel Alvarado, miembro de la Comisión de Finanzas.

Diferencias sociales por la inflación

A juicio del parlamentario, la hiperinflación significa exclusión. Explicó que esto se debe a que se abre una brecha entre aquellos que tienen bolívares y quienes pueden acceder a remesas.

Alvarado precisó que durante diciembre los precios crecieron 33,1%, a diferencia de noviembre que se ubicó por debajo de 35,8%.

Los dos últimos meses del año presentaron resultados similares, debido a que en la época previa a la Navidad los precios «son muy activos» hasta la semana del 24 de diciembre, de acuerdo con el parlamentario. Después de esa fecha «a veces varían menos».

«Diciembre se comportó igual que noviembre; la diferencia es muy pequeña, pero el golpe viene en enero. Por eso en la primera semana de enero vimos una aceleración de los precios», explicó.

Por categorías, los precios de los alimentos y las bebidas no alcohólicas aumentaron 45,5% en diciembre, en tanto que los de bebidas alcohólicas y tabaco subieron 59%, vestido y calzado se incrementó en 39% y hoteles y servicios subió en 60,2%.

Silencio oficial

La Comisión de Finanzas del Parlamento venezolano empezó a ofrecer en enero de 2017 un índice de precios al consumidor, debido a que el Banco Central de Venezuela llevaba más de un año sin publicar la inflación y otros indicadores.

La cámara elabora el índice con base en los precios de una cesta de bienes y servicios representativa del consumo del venezolano, a los que se les asignan unos pesos relativos, manteniendo la metodología que seguía el Banco Central para elaborar la Encuesta de Precios que dejó de publicar durante tres años, aunque en mayo y octubre pasados presentaron algunas cifras, pero no completas.

El último resultado disponible del BCV correspondió a septiembre de 2019. En ese mes se registró una inflación de 52,2%, un salto con respecto a 34,6% que registró en agosto y 19,4% de julio.

El índice de precios acumulado en los primeros 9 meses de 2019 fue de 4.680%, de acuerdo con las cifras del BCV. Esta situación está por encima de la variación acumulada  de 3.326% calculada por el Parlamento venezolano para el mismo período.

Las brutales cifras del derrumbe de la economía venezolana por Victor Salmerón – El Pregonero.com.ve/ Infobae – 21 de Diciembre 2019

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En 2014 la economía venezolana ingresó al túnel de la recesión y desde entonces no deja de achicarse. Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) contemplan que en 2019 la reducción será de 35% con lo que en los últimos seis años el PIB real habrá caído 66%, una debacle equiparable a la sufrida por países en guerra y la mayor crisis en la historia contemporánea de América Latina.

Consultoras, bancos y organismos multilaterales esperan que en 2020 Venezuela continúe en el tobogán y la economía se reduzca nuevamente. El último informe de Latin Focus señala que Goldman Sachs y UBS pronostican un declive de 10%, al igual que el FMI, mientras que Ecoanalítica, una de las principales consultoras del país, espera un descenso de 10,8%.

El descalabro ha hecho que la economía venezolana descienda en la clasificación por PIB a precios corrientes de América Latina y el Caribe desde el sexto al décimo lugar, mientras que el declive de la producción y la catastrófica devaluación de la moneda pulverizan sectores estratégicos.

La población de Venezuela triplica a la de República Dominicana, no obstante, la firma Global Scope precisa que al cierre de octubre el total de créditos del sistema financiero venezolano se ubicó en 295 millones de dólares, mientras que los bancos dominicanos gestionan créditos por 21.856 millones de dólares.

Una sola entidad financiera de República Dominicana, el Banco Popular, cuenta con un total de créditos equivalentes a 5.817 millones de dólares, es decir, una cifra que supera veinte veces al volumen de préstamos de todo el sistema financiero venezolano.

Aparte de la feroz devaluación de la moneda frente al dólar, en el raquitismo del crédito influye que el Gobierno obligó a las entidades financieras a disminuir los préstamos, ordenándoles en febrero de este año congelar como reservas la totalidad de los nuevos depósitos.

El recorte del crédito redujo el crecimiento de la cantidad de dinero y ayudó a frenar la inflación, pero a costa de profundizar la recesión.

El desequilibrio es de tal magnitud que, si bien la inflación ya no supera el millón por ciento anual, los precios aumentan a una tasa mensual de dos dígitos que desgasta la capacidad de compra del salario.

El petróleo provee 90 de cada cien dólares que ingresan al país y tras no ahorrar durante los años en que el barril se cotizó a niveles récord, no invertir para mantener la producción petrolera, endeudarse masivamente, malbaratar el dinero y perder el crédito internacional, la revolución Bolivariana se quedó sin suficientes dólares para soportar la economía.

A esta caótica administración se añadió el impacto de las sanciones de Estados Unidos que considera fraudulentas las elecciones en las que Nicolás Maduro se reeligió como presidente en 2018 y, entre otras medidas, suspendió sus compras de petróleo.

Economistas coinciden en que el monto de las importaciones es un termómetro esencial sobre el tamaño de la producción en Venezuela porque las empresas utilizan una gran cantidad de materia prima e insumos que compran en el exterior.

Ecoanalítica proyecta que las importaciones de bienes en 2019 serán 84% menos que las de 2013, el año previo al inicio de la recesión, y las cifras oficiales muestran que el comercio exterior de Venezuela se ha hecho insignificante.

De acuerdo con el boletín de comercio exterior de bienes en América Latina y el Caribe elaborado por la Cepal, tradicionalmente Venezuela ocupó el sexto lugar en cuanto a importaciones y, al cierre del primer trimestre de este año, cayó al puesto doce ubicándose por debajo de países que siempre superó como Perú, Ecuador, Costa Rica, Guatemala, República Dominicana y Panamá.

Durante el primer trimestre de 2019, último dato divulgado por el Banco Central de Venezuela, las importaciones de Venezuela sumaron 2.947 millones de dólares, mientras que, de acuerdo a la Cepal, las de Panamá sumaron 3.163 millones de dólares, Costa Rica 4.023 millones, Guatemala 4.771 millones, República Dominicana 4.791 millones, Ecuador 5.573 millones y Perú 10.297 millones.

La caída de la producción petrolera, las limitaciones para exportar y la moderación de los precios del barril ha hecho que las ventas al exterior desciendan notablemente: en 2013 Venezuela se ubicó en el tercer peldaño en cuanto a exportaciones en la lista de los países de América Latina y el Caribe, solo superado por México y Brasil, pero hoy ocupa el séptimo lugar.

A pesar del desplome de la economía, las sanciones de Estados Unidos y el surgimiento de un líder de la oposición, Juan Guaidó, reconocido como presidente interino por más de sesenta países, Nicolás Maduro culmina el año en el poder y no hay señales de que pueda abandonarlo en el corto plazo.

El mantra de la oposición repetido constantemente por Juan Guaidó: fin de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres comienza a evaporarse mientras que la oposición todavía no decide si participará en las elecciones parlamentarias previstas por la Constitución para diciembre de 2020.

Benigno Alarcón, presidente del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello explica que “hoy luce lejana la posibilidad de una transición a la democracia en Venezuela”.

Agrega que “ante la falta de acuerdos entre gobierno y oposición, el avance del proceso de autocratización y la posible exclusión de la oposición de los espacios institucionales a partir de la próxima elección parlamentaria es posible un escenario de mayor emigración y una escalada del conflicto interno con niveles de violencia no vistos hasta ahora”.

Nicolás Maduro ha contado con el apoyo de las Fuerzas Armadas, una oposición debilitada por divisiones internas y un manejo de la economía que lo ha ayudado a sostenerse en el poder.

La economía del autócrata

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) sostiene que 4,6 millones de venezolanos han abandonado el país, un éxodo que para el gobierno ha significado menos posibilidades de protestas y el envío de remesas en un monto nada despreciable para una economía arrasada.

“Las remesas, a nivel agregado, son cada vez más representativas en el entorno económico. Para este año, calculamos las remesas en aproximadamente 3.500 millones de dólares y seguirán en ascenso durante 2020”, dice Ecoanalítica.

Las divisas provenientes de las remesas y la porción de la población con ahorros e ingresos en dólares se han combinado con la pérdida de confianza en la moneda para impulsar una dolarización de facto, donde el dólar gana terreno como referencia para la fijación de precios y medio de pago.

El proceso ha potenciado la desigualdad: Datanálisis indica que alrededor de 10% de la población cuenta con dólares para consumir productos de lujo y otro 25%-30% que recibe divisas para comprar productos básicos, electrodomésticos o algún repuesto para el automóvil. Luego, esta la enorme franja de la población que sobrevive gracias al “rebusque”, como se conoce a las ocupaciones que proveen ingresos extra y el plan de ayuda del gobierno que reparte bonos a fin de mes y comida a precios subsidiados.

Esta estructura permite mecanismos de control social, en medio de la crisis, el gobierno de Nicolás Maduro es la mano que reparte algo y al mismo tiempo emplea a las Fuerzas Armadas y los organismos policiales para reprimir las protestas.

La profunda caída del consumo ha derivado en que con pocos dólares los empresarios privados puedan mantener abiertas las empresas y dedicarse a importar o producir para abastecer a una población que compra menos de la mitad de lo que adquiría hace seis años.

Para alentar este proceso, el gobierno eliminó en los hechos el control de precios, permite que la cotización del dólar fluctúe en un mercado entre privados. La firma Síntesis Financiera resume que “2019 podría llamarse el año de la permisividad por necesidad, más no por convicción. El gobierno amplió la flexibilización de los controles sobre los precios, el mercado laboral, las importaciones y la dolarización de facto”.

Al mismo tiempo, la administración de Nicolás Maduro cuenta con total discrecionalidad para el uso del dinero de la nación, no hay mecanismos efectivos de rendición de cuenta y la economía negra crece a través del contrabando de gasolina, el narcotráfico y la venta ilegal de oro.

 

¿Qué proyecta Ecoanalítica para el dólar, la inflación y el PIB? por Víctor Salmerón – ProDaVinci – 5 de Noviembre 2019

Los directores de Ecoanalítica, Pedro Palma y Asdrúbal Oliveros, quienes presentaron sus proyecciones en el foro organizado por la firma para evaluar las perspectivas en el corto y mediano plazo, pintan un escenario donde el PIB sigue recortándose de manera relevante, la inflación se desacelera pero continúa en un rango muy elevado y la cotización del dólar fluctúa de acuerdo a la magnitud del gasto del Gobierno.

Asdrúbal Oliveros explica que tras el recorte del crédito bancario por el alza del encaje y la reciente indexación de los préstamos comerciales, los bolívares que impulsan la cotización del dólar provienen del gasto público; por lo tanto, existen dos escenarios para el corto plazo: uno donde el tipo de cambio finaliza este año en un rango de entre 40.000 y 45.000 bolívares por dólar, y otro donde alcanza un rango de entre 90.000 y 96.000 bolívares por dólar.

“En el primer escenario, el Gobierno contiene la inyección de bolívares a la economía; y en el segundo, la dosis de gasto público es mayor. Este es el dilema que tiene que resolver la administración de Nicolás Maduro en las próximas semanas”, dice Asdrúbal Oliveros.

Entre los aspectos a considerar en este escenario, destaca que PDVSA aún no ha cancelado 60% de la deuda que tiene con sus proveedores y que la administración pública no ha ejecutado 56% de lo previsto para inversión, dos variables que podrían traducirse en una mayor inyección de gasto.

No obstante, el Gobierno podría disminuir el impacto de una mayor inyección de gasto si aumenta el encaje bancario, incrementa la venta de euros en efectivo y cancela a proveedores con oro y criptomonedas, dos modalidades que ha comenzado a utilizar: “La capacidad de adaptación no es solo del sector privado”, recuerda Asdrúbal Oliveros.

La sobrevaluación

La cotización del dólar ha aumentado en 2019, pero a un ritmo más lento que el experimentado por el precio de los bienes y servicios como alimentos, transporte o electrodomésticos. Este desequilibrio ha derivado en la sobrevaluación del tipo de cambio o, dicho de otra manera: el dólar está artificialmente barato.

“El tipo de cambio de equilibrio, es decir, el valor que debería tener el dólar en este momento para que el producto local sea tan competitivo como el importado, es de 90.414 bolívares y está en torno a 20.000 bolívares. Esto nos explica el auge de los bodegones”, dice Asdrúbal Oliveros.

Profundiza en el tema de la sobrevaluación y agrega que “como el ritmo al que sube el dólar es menor al que se incrementa el precio del resto de las cosas, ahora se necesitan más dólares para comprar lo mismo: para comprar lo que comprabas en enero de este año con 100 dólares al cierre de octubre necesitas 300”.

Las proyecciones de Ecoanalítica contemplan que este año ingresarán al país 3.500 millones de dólares por concepto de remesas y en 2020 unos 4.000 millones.

Avanza el dólar

Un estudio realizado por Ecoanalítica entre el 10 y el 15 de octubre en siete ciudades (Maracaibo, Barquisimeto, Lecherías, Valencia, Puerto Ordaz, Caracas y Maracay) muestra cómo avanza el uso del dólar como medio de pago.

El estudio evaluó 12.600 transacciones en 136 establecimientos comerciales para el pago de seis rubros y determinó que 53,8% de las transacciones se realizaron en dólares, mediante efectivo y transferencias.

La proporción del uso del dólar varía en cada ciudad: en Maracaibo 86%, Barquisimeto 59,6%, Lecherías 59%, Valencia 51,1%, Puerto Ordaz 49%, Caracas 49,5% y Maracay 42%.

Los seis rubros evaluados fueron electrodomésticos, electrónica, alimentos, repuestos, cuidado personal, ropa y calzado.

Inflación y recesión

Pedro Palma explica que la medición de la variación de precios que realiza Ecoanalítica cada semana indica que la inflación se ha desacelerado de manera importante: de una variación en torno a 2.000.000% en 2018, se espera que este año se ubique en 18.500%.

“El problema se ha mitigado, pero está muy lejos de solucionarse. La desaceleración obedece fundamentalmente a que el Gobierno disminuyó la creación de dinero para financiar gasto público, adoptó una política monetaria muy restrictiva al punto que actualmente los bancos solo pueden prestar 80 céntimos de cada bolívar que tienen en depósitos. El crédito prácticamente se ha paralizado y esto incide en el consumo y la demanda agregada”, dice Pedro Palma.

“Otro factor a tomar en cuenta es que ha mejorado la recaudación tributaria porque se ha obligado a las empresas a pagar impuestos por las ventas brutas”, destaca Pedro Palma.

Si bien estas medidas han ayudado a desacelerar la inflación, han acabado con los disparadores del crecimiento: gasto, crédito y consumo, lo que apunta a una profundización de la recesión que comenzó en 2014.

La proyección de Ecoanalítica es que este año el PIB sufra una contracción de 39,1%, donde el PIB petrolero cae 25,2% y el no petrolero 44,3%.

El próximo año

Para 2020, la firma considera que el país se moverá en un escenario con baja probabilidad de un cambio político, reducción de la economía, de las empresas y los negocios; mayor peso de la economía ilegal, mayores niveles de dolarización transaccional y ajuste en los servicios.

La perspectiva es una nueva caída del PIB de 10,8%, inflación de 3.014% y un precio promedio de la cesta petrolera venezolana en torno a 55,7 dólares el barril. El tipo de cambio paralelo cerraría el próximo año en 1.328.395 bolívares por dólar y el oficial en 1.315.111 bolívares por dólar, si es que la depreciación de la moneda es igual a la inflación.

Entorno político

Félix Seijas, director de la consultora Delphos, presentó los resultados obtenidos en la encuesta realizada en septiembre de este año.

Entre los resultados relevantes, destacó que la intención de voto ante unas eventuales elecciones presidenciales se ubica en 57,9% para la oposición y 14,6% para el PSUV, mientras que 14% afirma que no votaría por ninguno de los dos bandos, 11,8% no sabe y 1,6% indica que no votaría.

Ante la interrogante de si Juan Guaidó debe convocar a unas elecciones parlamentarias en 2020, el 62,7% de la población responde de manera afirmativa, 16,3% que no debe hacerlo, 12,9% que quizás sí y 8% que quizás no.

Ante la interrogante: ¿Qué es lo mejor para el bien del país? 8,1% contesta que Nicolás Maduro continúe en el poder, 10,6% que surja alguien que rescate las ideas de Chávez, 35,2% que Guaidó tome definitivamente el poder, 38% que surja otro líder opositor, 5% ninguna de las anteriores, y 3,1% no sabe.

No obstante, Félix Seijas destacó que ha comenzado a disminuir el nivel de confianza en que Juan Guaidó pueda producir resultados concretos de cambio.

“En general la gente tiene buen concepto de Juan Guaidó como persona, pero el deseo predominante es que se apure. Las bases del apoyo han comenzado a debilitarse, por eso el poder de convocatoria es menor, vemos desarticulación de la presión social y gana terreno la idea del outsider”, resume Félix Seijas.

Ricardo Sanguino: La inflación es producto del bloqueo económico – El Nacional – 15 de Octubre 2019

Para el ex presidente del Banco Central de Venezuela el salario mínimo es un mecanismo que utiliza el oficialismo para ayudar a los trabajadores

Ricardo Sanguino, diputado a la Asamblea Nacional por el estado Táchira, afirmó este martes que la inflación en Venezuela es estructural, y «producto del bloqueo económico”.

“Hay una inflación que es estructural, pero la inflación que estamos observando es de la guerra económica. El que no quiera aceptarlo así está apoyando al gobierno norteamericano”, dijo el también ex presidente del Banco Central de Venezuela.

Para Sanguino, el salario mínimo es un mecanismo que utiliza el oficialismo para ayudar a los trabajadores.

“El nuevo aumento permite sobrellevar esa ola ‘superespeculativa’, por una también inflación inducida por el bloqueo económico” reiteró.

TVVenezuela Noticias

@TVVnoticias

Ricardo Sanguino (@jsanguinocard): La inflación que estamos observando es producto del bloqueo económico de la guerra económica y el que no quiera aceptarlo así es porque está apoyando al gobierno norteamericano.

La economía de Venezuela se contraerá 35% en 2019 según el FMI por Daniel Gómez – ALnavío – 15 de Octubre 2019

El Fondo Monetario Internacional actualiza sus previsiones para Venezuela y eleva en 10 puntos la recesión estimada para 2019. Ahora la economía caerá 35%.
El FMI llama la atención sobre la crisis humanitaria en Venezuela / Foto: PSUV
El FMI llama la atención sobre la crisis humanitaria en Venezuela / Foto: PSUV

Se agudiza el colapso en Venezuela. La economía se contraerá 35%, según las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) presentadas este martes en la reunión anual en Washington.

El FMI endurece sus pronósticos sobre Venezuela. En el informe presentado en abril hablaba de una caída del PIB de 25%. Ahora es 10 puntos superior.

Para 2020 recuerda que el colapso continuará, pero no a los niveles “drásticos de 2019”. Se espera que para el año próximo la economía se contraiga 10%.

En el informe, el FMI también lanza algunas advertencias:

– Los bienes esenciales en Venezuela “escasean”.

– “La profunda crisis humanitaria y la implosión económica siguen teniendo un impacto devastador”.

Luego están los índices de inflación. Esta será de 200.000% en 2019, y de 500.000% en 2020.

Toro Hardy: Nuevo aumento repuntará inflación y devaluación del bolívar – El Nacional – 14 de Octubre 2019

El economista alertó que la cúpula chavista está llevando al país un proceso de somalización, término que define la destrucción implacable del Estado

Aumento

El economista José Toro Hardy aseguró que el nuevo aumento de salario decretado por el régimen de Nicolás Maduro solo repuntará la inflación y la devaluación del bolívar.

El ex directivo de Pdvsa destacó la necesidad de incrementar el salario real y no el nominal, respetando la propiedad privada y la seguridad jurídica, estimulando las inversiones y generando confianza.

Recordó que la economía en una ciencia y que el régimen socialista le ha declarado la guerra al no respetar sus leyes y principios.

“Claro que hay que aumentarle el salario real a los trabajadores, hablo del salario real no del nominal. Nada se gana aumentando simplemente el número de bolívares que se les paga si eso se traduce en un aumento más que proporcional de los precios”, indicó en Twitter.

El economista alertó que la cúpula chavista está llevando al país un proceso de somalización, un término que define la destrucción implacable del Estado.

“La ignorancia es la madre del caos, pero cuando a ella se suma la corrupción, la incompetencia y el dogmatismo, estamos hablando de una tragedia que puede conducir a la ruptura del tejido social”, expresó.

Jose Toro Hardy@josetorohardy

Otra vez el régimen insiste en aumentar el salario mínimo en lugar del salario real, que en la actualidad es ridículamente bajo. Otra vez repuntarán la inflación y la devaluación. Otra vez los trabajadores serán engañados y la ignorancia oficial seguirá campeando por sus fueros

Jose Toro Hardy@josetorohardy

La única forma de aumentar el salario real es respetar la propiedad privada y la seguridad jurídica, estimular las inversiones para que crezcan la producción y la productividad, generar un confianza, pasar de una economía de controles a una de estímulos, respetar la democracia

Jose Toro Hardy@josetorohardy

Claro que hay que aumentarle el salario real a los trabajadores, hablo del salario real no del nominal. Nada se gana aumentando simplemente el número de bolívares que se les paga si eso se traduce en un aumento más que proporcional de los precios.

Jose Toro Hardy@josetorohardy

La economía es una ciencia y tiene sus principios y leyes. El régimen le ha declarado la guerra a la ciencia económica y las consecuencias las pagan todos los venezolanos. Se trata de una verdadera guerra económica librada por un grupo de ignorantes

Jose Toro Hardy@josetorohardy

A lo largo de la historia de Venezuela nunca gobierno alguno había logrado una destrucción tan profunda de la economía y de la sociedad

Jose Toro Hardy@josetorohardy

La ignorancia es la madre del caos, pero cuando a ella se suma la corrupción, la incompetencia y el dogmatismo, estamos hablando de una tragedia que puede conducir a la ruptura del tejido social

Jose Toro Hardy@josetorohardy

Esta gente está conduciendo al país a un proceso de somalización

The Most Miserable Countries in the World by Katie Jones – Cato Institute – 4 de Octubre 2019

miserable countries index

Some people believe that happiness comes from within. In the world of economics, however, happiness may be more linked to quantitative factors such as inflation, lending rates, employment levels, and growth in gross domestic product (GDP).

This week’s chart uses data from Steve Hanke of the Cato Institute, and it visualizes the 2019 Misery Index rankings, across 95 countries that report this data on a consistent basis.

The index uses four key economic variables to rank and score countries:

  1. Inflation
  2. Lending rate
  3. Unemployment rate
  4. GDP per capita growth

Here are the Misery Index scores for all 95 countries:

To calculate each Misery Index score, a simple formula is used: GDP per capita growth is subtracted from the sum of unemployment, inflation, and bank lending rates.

Which of these factors are driving scores in some of the more “miserable” countries? Which countries rank low on the list, and why?

The Highest Misery Index Scores

Two Latin American countries, Venezuela and Argentina, rank near the top of Hanke’s index.

1. Vexation in Venezuela

Venezuela holds the title of the most “miserable” country in the world for the fourth consecutive year in a row. According to the United Nations, four million Venezuelans have left the country since its economic crisis began in 2014.

Turmoil in Venezuela has been further fueled by skyrocketing hyperinflation. Citizens struggle to afford basic items such as food, toiletries, and medicine. The Cafe Con Leche Index was created specifically to monitor the rapidly changing inflation rates in Venezuela.

Not only does Venezuela have the highest score in the Misery Index, but its score has also seen a dramatic increase over the past year as the crisis has accelerated.

2. Argentina’s History of Volatility

Argentina is the second most “miserable” country, which comes as no surprise given the country’s history of economic crises.

The 2018 Argentine monetary crisis caused a severe devaluation of the peso. The downfall forced the President, Mauricio Macri, to request a loan from the International Monetary Fund (IMF).

To put things in perspective, this is the 22nd lending arrangement between Argentina and the IMF. Only six countries have had more commitments to the international organization, including Haiti (27) and Colombia (25).

The Lowest Misery Index Scores

The two countries with the lowest scores in the index have one thing in common: extremely low rates of unemployment.

1. Why Thailand is the Land of Smiles

Thailand takes the prize as the least “miserable” country in the world on the index. The country’s unemployment rate has been remarkably low for years, ranging between 0.4% and 1.2% since 2011. This is the result of the country’s unique structural factors. The “informal” sectors—such as street vendors or taxi drivers—absorb people who become unemployed in the “formal” sector.

Public infrastructure investments by the Thai government continue to attract both private domestic and foreign investments, bolstering the country’s GDP alongside tourism and exports.

2. Hungary’s Prime Minister Sets the Score

Hungary is the second least “miserable” country in the world according to the index.

In 2010, Prime Minister Viktor Orbán implemented a workfare program which diverted menial tasks to thousands of job seekers. Over the same period that the program ran, the national unemployment rate fell from 11.4% to 3.8%.

Orbán won a controversial fourth term in 2018, possibly in part due to promises to protect the country’s sovereignty against the European Union. Despite accusations of populism and even authoritarian tendencies, the Prime Minister still commands a strong following in Hungary.

Inflación – Asamblea Nacional – Agosto 2019

¿Qué está pasando con el dólar paralelo? por Giorgio Cunto – ProDaVinci – 28 de Agosto 2019

¿Qué está pasando con el dólar paralelo?

En los últimos días el tipo de cambio no oficial ha experimentado un aumento súbito: se elevó a más de 30% en una semana, superando los 20.000 bolívares por dólar, un aumento de 76,1% desde inicio de agosto. Esta es la segunda vez en dos meses que se rompe una relativa “calma” en el mercado cambiario.

Este desenlace no debería sorprender en retrospectiva: la volatilidad es una condición endémica del mercado cambiario venezolano. Difícilmente el país puede mantener estabilidad cambiaria con una economía que acumula tantos desequilibrios: seis años de contracción económica, hiperinflación, caída de su producción petrolera, default de su deuda externa, sanciones internacionales, y un conflicto político prolongado.

De la tierra a la estratósfera

Durante enero de 2019, podemos observar que la tasa no oficial registró una subida súbita (pasó de 720 a 2.885 bolívares por dólar) y luego permaneció alrededor de 3.200 bolívares en febrero y marzo. En la primera semana de abril, el tipo de cambio empezó a crecer a ritmo promedio de 14,8% intersemanal, desacelerándose en mayo con el lanzamiento del nuevo sistema cambiario de mesas de dinero.

Entre mayo y junio el tipo de cambio creció a una tasas intersemanal promedio de 2,7%, relativamente bajo comparado con otros episodios más volátiles. En ese periodo, el tipo de cambio oficial también estuvo creciendo, con una prima promedio de 9,6% entre la tasa paralela y la del BCV. Una diferencia no trivial aunque considerablemente menor comparada con el diferencial cambiario de hasta 183,1% en enero.

Este ritmo de crecimiento del tipo de cambio se aceleró de nuevo a mediados de junio, con una tasa de crecimiento intersemanal promedio de 17,1%, desde entonces el tipo de cambio sube con mucha más velocidad que comparado con el primer semestre del año, siendo la reciente escalada de agosto una profundización de esa dinámica.

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¿Qué hay detrás de los movimientos del tipo de cambio?

La “estabilidad” del tipo de cambio fue el resultado de una política de encaje bancario muy agresiva por parte del Banco Central de Venezuela (BCV), algo que ha sido eje central de su estrategia para contener la presión inflacionaria. Al elevar la proporción de depósitos y captaciones que los bancos deben mantener en las cuentas del BCV, se restringe el crédito que las instituciones financieras pueden otorgar a las personas y firmas; lo que se traduce en menos bolívares que pueden destinarse a demandar dólares en el mercado paralelo. Esta política, combinada con una reducción relativa en la emisión de dinero por parte del BCV para cubrir el déficit fiscal, es lo que contiene el alza del tipo de cambio y desacelera la inflación. Esta última pasó de 261,1% en enero a 33,4% en julio, según cifras de Ecoanalítica.

En el mediano y largo plazo, esta política de contención es insuficiente para garantizar la estabilidad cambiaria y de precios. En primer lugar porque no elimina por completo con los componentes que alimentan la demanda de dólares en el país, y en segundo lugar porque es muy frágil a choques de oferta.

Las divisas siguen siendo un instrumento de cobertura para la preservación del poder adquisitivo en medio de un episodio hiperinflacionario, y el proceso de dolarización transaccional emergente hace que las personas y firmas demanden dólares con la intención de usarlos como medio de pago. A esto se le añade que muchas actividades económicas dependen de importar bienes, lo cual siempre requiere divisas. A todo lo demás se le puede añadir que, aunque suena contraintuitivo, las divisas siguen siendo relativamente “baratas”.

Los dólares se abaratan respecto al resto de los demás bienes en la medida que el tipo de cambio crezca a una tasa inferior que la inflación. Este es el caso de 14 de las 34 semanas desde que inició 2019. La contraparte de esta dinámica es que se requieren más dólares para adquirir el mismo número de bolívares en un momento dado, lo cual hace que el dólar pierda poder adquisitivo en la economía venezolana. En términos acumulados, el dólar ha perdido 56,7% de su poder de compra en lo que va de 2019.

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Visto de otra forma, para que el dólar mantenga su valor real respecto al aumento de precios, el tipo de cambio debería estar en 32.961,6 bolívares, lo suficiente para absorber la inflación registrada por Ecoanalítica durante el 2019. La brecha se hace mucho más grande si se compara con el tipo de cambio de equilibrio externo, que podría ser cuatro veces más alta.

Estos elementos corresponden a una demanda permanente por dólares que, aunque esté inhibida por la restricción del crédito, seguirá ejerciendo fuerza sobre el mercado cambiario más allá de lo que pueda ser contenido mediante instrumentos del BCV.

Impactos que pueden convertirse en supernovas

La dinámica del mercado cambiario tendería al alza en la medida que exista demanda por divisas y mientras la oferta de estas se vea comprometida debido a la caída de flujos externos producto de la contracción de la producción petrolera y la actividad exportadora. En el corto plazo el tipo de cambio es muy sensible a choques que puedan corresponder a impactos súbitos sobre alguna de esas fuerzas.

Tal es el caso de las últimas semanas: la extensión de sanciones estadounidenses sobre el gobierno venezolano irrumpe en su flujo de caja en la medida que dificulta sus operaciones para vender petróleo en Asia y oro a Turquía, lo cual se traduce en menos divisas que puede destinar a intervenir en el mercado cambiario. Adicionalmente, cuando las empresas públicas, como PDVSA y demás entes del Estado, pagan a sus proveedores en bolívares, estos acuden al mercado paralelo. Esto hace que el precio del dólar suba.

La estrategia de estabilización cambiaria impulsada desde el Ejecutivo está siendo estrechada a sus límites. Si la expansión monetaria para cubrir el gasto público se eleva, hay alto riesgo de que se reimpulse la senda hiperinflacionaria. Todo dependerá del balance entre la expansión monetaria y la efectividad con la que las autoridades recojan bolívares vía emisión de deuda interna.

En el interín, es esperable que el tipo de cambio siga subiendo en el corto, mediano y largo plazo dada las frágiles condiciones estructurales de la economía venezolana. Los saltos súbitos pueden causar justificada angustia, pero son ocurrencias casi garantizadas en esta clase de procesos. En ese sentido este choque del tipo de cambio se parece a todos los anteriores: no será el último.

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