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Bolsonaro: el Chávez de la derecha latinoamericana por Fernando Mires – Blog Polis – 30 de Agosto 2019

Pocas veces el paralelismo -no analogía- entre dos presidentes latinoamericanos ha sido más evidente. Ambos con formación militar, cultivadores de valores machistas, misóginos por excelencia, portadores de atávicos complejos de inferioridad en contra de los de “arriba” (para uno el arriba social, para el otro el arriba cultural), maestros del resentimiento metódico. Ambos seguidos con devoción y fanatismo por sus respectivos populachos a los que se suman intelectuales enardecidos por experiencias populistas de izquierda o de derecha.
Jair Bolsonaro y Hugo Chávez, situados cada uno en un extremo geométrico-político, son exponentes de los niveles verbales más bajos a los que puede llegar un gobernante. El mismo veneno bucal -dos idiomas y un solo lenguaje- y sobre todo, un estilo para gobernar mediante la ofensa y la arrogancia mal contenida. Más allá, pero mucho más allá de la clásica dicotomía izquierda-derecha, son ambos – el muerto y el vivo- exponentes de una política que en nuestro continente amenaza con ser hegemónica: me refiero a la política de la vulgaridad.
Porque el que uno hubiera sido de extrema izquierda y el otro sea de extrema derecha no obvia el hecho de que tanto el muerto como el vivo comparten la misma cultura. O si se prefiere, la misma sub-cultura. Eso lleva a concluir que decididamente nos enfrentamos a dos tipos de luchas entrelazadas. La lucha política, en donde se alinean los contrincantes de izquierda y de derecha, y la lucha cultural que es una lucha transversal. Ambas suelen confundirse pero no son las mismas. A los enemigos políticos los encontramos en una o en otra latitud, a los enemigos culturales los encontramos en ambas.
Jair Bolsonaro ha cruzado los límites de la decencia. En cierto modo ha logrado superar a Chávez. La vileza con que ha agredido a Emmanuel Macron, sin frenarse al insultar a la esposa del mandatario con alusiones físicas y biológicas más propias de un alterado mental que de un mandatario, no encuentran parangón. Chávez al menos se contentaba con humillar en público a su propia mujer. Su “esta noche te voy a dar lo tuyo” ha pasado a ser parte de la antología universal de la procacidad humana. A la inversa, a Chávez le encantaba exhibirse con hembras voluptuosas, como diciendo “he aquí el macho que soy” (pobre Naomi Campbell, víctima narcotizada del supermachismo internacional). Bolsonaro en cambio exhibe a su propia mujer en público mientras sus ministros se encargan de tuitear acerca de las excelencias corporales de la brasileña en desmedro de las esposas de otros gobernantes, como la digna señora Brigitte Macron.
Tema muy desagradable. Lo dejaría hasta aquí si las actitudes de ambos mandatarios no tuvieran serias connotaciones políticas.
Desde el punto de vista psíquico no necesitamos estudiar a Freud para enterarnos de que tanto Chávez ayer y Bolsonaro hoy han sido afectados por serios problemas de personalidad. Por de pronto, ambos exhibicionistas han buscado la aprobación pública para confirmar sus deseos de ser distintos a lo que son: un par de acomplejados que recurren a una supuesta grandiosidad corporal para ocultar la miseria de sus almas. El problema adicional es que los déficit de ambos mandatarios han sido movilizados con una intencionalidad que escapa a la psicología. Pues Chávez ayer, Bolsonaro hoy, al exhibir su cultura de la vulgaridad han perseguido objetivos políticos.
La grosería de Bolsonaro frente a Macron hace recordar a la que exponía el difunto Chávez frente a Bush Jr. Cada vez que Chávez sentía que su popularidad disminuía, comenzaba a disparar insultos en contra del presidente norteamericano. Entonces se presentaba frente a los suyos como un héroe del tercer mundo desafiando al imperio desde el continente de “las venas abiertas”. Bolsonaro cuya baja de popularidad había comenzado antes de los incendios amazónicos, no vaciló en seguir la receta de su mellizo de izquierda acusando al presidente Macron de mantener una política colonialista frente a Brasil. Pero esta vez, el Chávez de la derecha, erró los tiros.
Por una parte, en un mundo donde ya es evidente el deterioro ambiental las consecuencias del cambio climático son cada vez más notorias, la doctrina Bolsonaro según la cual “cada uno es dueño de incendiar su propia casa sin tomar en cuenta las demás” no encuentra eco ni entre los sectores más retrógrados. Hasta los chinos, no precisamente muy ecologistas, han entendido el dilema que enfrenta la humanidad. Según el ecólogoAntonio Donato Nobre, China ha reforestado en los últimos 25 años 800.000 kilómetros cuadrados, la misma área que ha sido desforestada en Brasil en los últimos cuarenta años.
Por otra parte, Macron no es Bush. Mientras el norteamericano llegó a ser, después de sus aventuras en Irak, el presidente menos querido del mundo, Macron es un líder que goza de prestigio continental. Junto a Merkel lidera a la economía europea. Desde el punto de vista político busca crear un frente diplomático en contra de la agresiva política de Putin. Intenta además mediar entre USA e Irán y, por si fuera poco, ha hecho suyas múltiples demandas que provienen de un creciente movimiento ambientalista de carácter continental. La forma educada como respondió a las agresiones de Bolsonaro en el G7 mostraron una vez más sus dotes de estadista. El resultado fue que la popularidad de Macron aumentó en Francia y en Europa. En cambio Bolsonaro no logra remontar en Brasil. No obstante, aún así, hay pocos indicios de que la estrategia de Bolsonaro cambie en un futuro inmediato. Por de pronto, tanto Chávez ayer como Bolsonaro hoy, actúan de acuerdo a sus respectivas naturalezas: no fascistas pero sí, fachas.
La diferencia entre fascista y facho que he intentado precisar en un artículo anterior es pertinente. Mientras el fascista adhiere a una doctrina, el facho es un producto cultural. Más fácil es que el escorpión cambie de naturaleza a que Chávez hubiera dejado de ser lo que era o Bolsonaro llegue a ser alguien distinto a lo que es. Ambos son entes que hablan y actúan de acuerdo a un público determinado. Un público de fachos. Y a ese público más cultural que social se debe Bolsonaro.
Cuando Bolsonaro insultó a Macron, lo hizo seguramente pensando en ganar el favor de los xenófobos del FN de Marine Le Pen y tal vez el respaldo de su admirado Trump, pero también el de esos brasileños misóginos, racistas, machistas que conforman la columna vertebral de su administración.
Fue Theodor Adorno quien en sus estudios sobre “la personalidad autoritaria” (1950) descubrió que el poder de los grandes fascistas se sustentaba en micro-poderes, por el llamados, “pequeños fascistas”. Hoy podríamos hablar, en equivalencia, del poder de los pequeños fachos.
Hay un film hispano-argentino que corrobora muy bien la tesis de Adorno. Me refiero a “El Ciudadano Ilustre” dirigido por Gaston Duprat y Mariano Cohn. La historia –para los que aún no han visto la película- es fácil de relatar. Un imaginario premio nobel argentino radicado en Europa viaja después de treinta años de ausencia a su pueblo natal llamado Salas. Al comienzo es recibido con los honores de Ciudadano Ilustre. Pero al cabo de unos días el pensamiento crítico del laureado escritor se convierte en algo insoportable para los poderes localesquienes terminan acusándolo de haberse vendido a “intereses extranjeros”. Al final, después de sufrir un atentado a su propia vida, debe regresar a Europa. Y bien; al ver ese film no pude sino pensar en los seguidores de mandatarios como Chávez y Bolsonaro. Pues el poder del que se fue y del que está vivo, no vino de la nada. Ambos fueron posibles gracias a la existencia de muchos “pequeños fachos”.
Son estas las razones que me han llevado al convencimiento de que, bajo determinadas condiciones, la lucha no solo debe ser política, vale decir, entre izquierdas y derechas, sino también entre los bárbaros y los que no queremos serlo. Al fin y al cabo a un gobierno de izquierda o derecha lo podemos cambiar. Incluso derrocar. A una cultura de la barbarie como la que representan Chávez y Bolsonaro no la podemos cambiar ni derrocar, sobre todo si tenemos en cuenta que sus exponentes están repartidos en todos los bandos. Es por eso que esa lucha, la cultural, la que llevamos a cabo en contra de los pequeños chávez y los pequeños bolsonaros, no tiene ni tendrá final. A lo más que podemos aspirar es a resistir con cierta dignidad, mantener los valores democráticos heredados de la Ilustración y proclamarlos, ya sea en las calles, en los periódicos, en los libros o a viva voz. Y cuando ya no podamos hacer nada más, en un simple Blog.
Lo importante es no ceder.

La Amazonia y Venezuela en llamas por Eddie A. Ramírez S. – RunRunes – 26 de Agosto 2019

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Ni la Amazonia, ni los otros bosques tropicales son “el pulmón del mundo”. No pueden serlo porque sus árboles producen oxígeno durante el día, por el proceso de fotosíntesis que les permite crecer, dar frutos y reproducirse, pero tanto en el día como durante la noche tienen que respirar, proceso en el cual producen dióxido de carbono. El balance puede a veces ser positivo a favor del oxígeno y otras veces negativo, pero en todo caso la diferencia no es significativa.

Desde luego que los bosques tropicales son muy importantes y no debe tolerarse su destrucción ya que, entre otros aspectos positivos, alojan muchas poblaciones aborígenes que subsisten gracias a los mismos, contribuyen a la regulación del clima, principalmente el ciclo del agua, permiten la existencia de numerosas plantas, muchas de ellas actualmente útiles a la humanidad y otras con un gran potencial cuando sean mejor estudiadas, así como de una gran diversidad de animales, todos ellos imprescindibles para la salud del ecosistema. Es fundamental su función de almacenar cantidades importantes de carbono, el cual es liberado a la atmósfera como dióxido de carbono cuando se queman o cuando son talados por el hombre y quemados para utilizar el suelo para la agricultura. Además, por la naturaleza de esos suelos, al desaparecer los árboles el paisaje se transforma en sabanas de menor diversidad biológica.

El dióxido de carbono es uno de los llamados gases que producen el efecto invernadero , responsable del calentamiento de la tierra para permitir que sea habitable. Como se sabe, los rayos del sol llegan hasta nosotros en una determinada longitud de onda, parte son devueltos a la atmósfera con una onda más larga y son atrapados por el dióxido de carbono y otros gases. En concentraciones normales de estos gases, el efecto es imprescindible para la vida, pero cuando su concentración se eleva por encima de un límite, el efecto es perjudicial ya que aumenta la temperatura a niveles indeseables, produciéndose el efecto invernadero.

El presidente Bolsonaro debe ser más cuidadoso con sus declaraciones y preocuparse más por el medio ambiente, pero realiza esfuerzos para controlar los incendios. En Venezuela sí se conoce que el régimen de Maduro es el causante de la deforestación de miles de hectáreas y solo contados ecologistas locales y del mundo lo han condenado. Al respecto hay que reconocer las valientes denuncias de nuestro diputado Américo De Grazia, entre otros. La explotación del Arco Minero la realizan 24 empresas, de venezolanos, inclusive de la Fuerza Armada, de Canadá, Italia, Estados Unidos, Suiza, Angola. Palestina, Turquía, Italia y Emiratos Árabes. No se realizaron estudios de impacto ambiental, ni la consulta a los aborígenes de la zona, tal como contempla la ley.

Nuestro país arde por los cuatro costados. Las llamas destruyeron Pdvsa, las empresas de hierro, de aluminio, de generación de electricidad y las empresas agropecuarias e industriales que fueron robadas al sector privado. Las cárceles arden por el clamor de los presos políticos torturados y hacinados. Los millones de venezolanos que tuvieron que buscar refugio en otros países arden de deseos de regresar. El Arco Minero arde por el crimen ecológico que se comete, por la contaminación, corrupción y por las bandas armadas protegidas por la Fuerza Armada. Nuestro país, como productor de energía fósil debe compensar en parte las emisiones de carbono que produce, lo cual le daría ventajas en la comercialización de su petróleo cuando aumentemos la producción. Al respecto existe al menos una propuesta a ser evaluada.

El régimen siente que las llamas lo alcanzaron debido a sus violaciones a los derechos humanos, corrupción e ineptitud. Lo positivo es que de esas cenizas brotará no el mismo Ave Fénix, sino un venezolano diferente, más consciente de sus derechos y, especialmente, de sus deberes.

Como ( había) en botica: Solidaridad con Emilio Lovera. La acusación de Héctor Rodríguez a Primero Justicia por la explosión de gas en Ocumare del Tuy es risible¡ No más prisioneros políticos, ni exiliados!

Fotos de la Nasa demuestran que incendios en el Guri comenzaron un día antes del apagón nacional por Nataly Angulo – El Pitazo – 14 de Marzo 2019

Imágenes de satélites de la Nasa detectan focos de incendios en las adyacencias a las subestaciones de Guri y en los patios de 230, 400 y 765 kilovoltios. El ingeniero José Aguilar lo considera como un hecho inadmisible para unas instalaciones fuertemente custodiada2-91c4413d1a.png

El fuego, dentro de las áreas adyacentes de la principal central hidroeléctrica del país, se mantuvo el jueves 7 y el viernes 8 de marzo. En esos dos días, los focos estuvieron más cerca de las instalaciones del corazón del sistema eléctrico venezolano.

El gobierno de Nicolás Maduro, mientras tanto, aseguraba que el apagón se debía a un sabotaje “cibernético” al computador del sistema Scada: que regula y controla toda la Red Troncal de Transmisión. Según expertos,  realizar un hackeo es “imposible” porque no se encuentra conectado a ninguna red.

Imágenes satelitales de la Nasa tomadas entre el 6 y 8 de marzo y analizadas por los ingenieros José Aguilar y Portillo Quintero, así lo demuestran.

“Las imágenes comprueban la acumulación de incendios en las adyacencias a las subestaciones de Guri en los patios de 230, 400 y 765 kilovoltios”, indicó Aguilar, consultor internacional y especialista en análisis de riesgos eléctricos.

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“Los incendios se registran cerca del kilómetro cero del sistema de la Red Troncal de Transmisión del sistema eléctrico venezolano”, agregó el ingeniero, quien aún analiza con otros colegas como Miguel Lara, exgerente de la Oficina de Planificación del Sistema Interconectado, para tratar de determinar las secuencias de eventos creíbles que desencadenaron en el apagón, debido a la opacidad de la información aportada por el gobierno de Maduro.

Las instalaciones de Guri están fuertemente custodiadas por la Fuerza Armada Nacional. Ahí operan un comando especial y un grupo artillado del Ejército, un comando de la Guardia Nacional más la seguridad interna de Corpoelec. Además, funciona un comando de bomberos que pudo haber detectado los incendios forestales.

“Es una tragedia inadmisible en unas instalaciones que están fuertemente militarizadas y custodiadas. Las imágenes muestran que el día después del apagón (el viernes 8) siguen los focos de incendios”, indicó Aguilar.

El colapso

A las 4:50 pm del jueves 7 de marzo quedó a oscuras casi toda Venezuela. Se inició el apagón más crítico de la historia del país. La falla en las líneas de 765 kilovoltios, a través de las cuales se transmite al menos 85% de la energía hacia el centro, generó el colapso.

El sistema eléctrico no pudo ser recuperado de inmediato, las unidades black start (arranque sin nada de corriente en el sistema) no funcionaron para que las plantas termoeléctricas del país arrancaran. El Centro de Despacho de Puerto Ordaz –donde funciona el sistema Scada- se quedó sin luz y sus fuentes de energía auxiliares (plantes y UPS) tampoco funcionaron.

Solo Caracas y Oriente lograron tener electricidad desde el viernes 8 de marzo de manera intermitente, porque se pueden alimentar a través de la red de líneas de 400 y 230 kilovoltios.

Este jueves 14 de marzo, tres días después de iniciarse la recuperación del sistema y una semana después del apagón, aún el servicio eléctrico es inestable. Especialistas como Lara intuyen que habrá cortes más frecuentes, porque el sistema quedó más debilitado tras el apagón.

Zulia, Trujillo, Táchira y Mérida son los estados que más padecen los embates de las deficiencias del sistema, por ser el extremo más alejado de Guri y ya reportan cortes diarios de entre una y dos horas por al menos tres veces al día.

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