elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Ilegitimidad

El alto mando de la FAN compañía anónima por Trino Márquez – Noticiero Digital – 2 de Mayo 2019

Aunque los hechos del lunes 30 de abril revelaron que existen fisuras en la FAN -de otra manera no se explica la participación del exdirector del Sebin, general Cristopher Figuera, en la fuga de Leopoldo López- la respuesta del Alto Mando en contra del movimiento rebelde fue categórica.  En su alocución al país, Vladimir Padrino López estuvo acompañado de sus generales. Su intervención no tuvo matices: apoyó a Nicolás Maduro sin atenuantes.
¿Qué hace falta para que el Alto Mando, único sostén realmente importante sobre el que se apoya Maduro, se coloque del lado de los venezolanos? Los ciudadanos se han extenuado en su lucha por recuperar la libertad y el bienestar. La gente ha marchado, ha participado en miles de protestas exigiendo mejoras en los servicios públicos, ha intentado salir de Maduro por las vías  previstas en la Constitución (referendo revocatorio), le concedió a la oposición la mayoría parlamentaria en 2015 para que balancease el gigantesco poder del Ejecutivo y del Estado construido por el chavismo-madurismo. Nada ha servido. El régimen ha bloqueado todas las salidas legales y democráticas. Maduro se atornilló a Miraflores. Ignora la Constitución y reprime tanto a la oposición como a quienes protestan. Carece de legitimidad de origen porque las elecciones del 20 de mayo fueron cuestionadas hasta por Henri Falcón. Tampoco posee legitimidad de desempeño porque su gestión al frente del Gobierno ha sido desastrosa. El país se ha hundido en la miseria y la catástrofe. Los militares saben que la solución de la crisis pasa por remover a Maduro, el obstáculo más pesado que impide realizar elecciones libres y normalizar la nación. En vez de pedirle que se mantenga apegado a la legalidad, avala sus desafueros.
La rebelión del 30 de junio trató de modificar el cuadro congelado que fue formándose en las recientes semanas, luego del meteórico ascenso Juan Guaidó a partir del 5 de enero, cuando fue elegido Presidente de la Asamblea Nacional. El movimiento fue improvisado. No contaron con diez años para preparar la revuelta, como tuvieron Hugo Chávez y los conjurados del 4-F. El movimiento, aunque logró la liberación de Leopoldo López, el preso político más emblemático de la nación, careció de las repercusiones que sus organizadores esperaban. Al comienzo la dirigencia opositora no se vio unida. Ningún cuartel de Caracas ni del interior se sublevó. Ningún avión sobrevoló Miraflores, ni Fuerte Tiuna. No fue tomada ninguna repetidora, ni emisora de radio o televisión. El régimen pudo mantener el control informativo casi total a lo largo de la jornada. Conatel afiló el alicate. Provocó un bloqueo informativo casi completo. Sacó del aire a CNN Internacional, a la BBC de Londres y cerró Radio Caracas Radio. Los circuitos radiales más importantes no pudieron difundir las informaciones veraces. Venevisión, Televen y la mayoría de las emisoras de radio, se colocaron en modo ausente. Durante todo el día estuvieron en Babia. Solo las redes, con muchas limitaciones, se mantuvieron activas informando lo que ocurría.
A pesar de los errores y deficiencias inocultables, el episodio del 30 de junio no fue evaluado negativamente por la gente. Ese mismo día, muchas personas atendieron el llamado de Guaidó a retornar a las calles en la noche. El 1 de mayo la gente volvió a desbordar las vías de Caracas e importantes ciudades de la provincia. El deseo salir de Maduro no decae, aunque algunas veces las esperanzas parpadeen. Esto ocurre con el ánimo de la gente.
Con el Alto Mando sucede algo totalmente distinto. Habla de apego a la Constitución y lealtad a Nicolás Maduro. ¿A cuál Constitución?  Será a una distinta a la de 1999, que se refiere a elecciones libres y justas, a Poderes Públicos autónomos y equilibrados, a gobiernos alternativos, a una Fuerza Armada profesional al servicio de la Nación y de ninguna parcialidad política. A esa Carta Magna el Alto Mando no le es leal. Al contrario, permite que el régimen la viole de forma continua. ¿Por qué esa complicidad? Porque el Alto Mando ha desvirtuado el objetivo de la institución armada. La FAN ya no está para servirle al país, sino para beneficiarse del país. Para aprovecharse de la administración de Pdvsa, de la CVG, del Arco Minero, de la distribución de la gasolina y los alimentos, de los varios centenares de empresas que fueron estatizadas y que hoy son dirigidas por militares activos o retirados, de bancos, estaciones de televisión y otros activos públicos que han sido colocados en sus manos. Los militares se convirtieron en capitanes de empresas, muchas de ellas quebradas.
La institución se transformó en una gran corporación, en una inmensa compañía anónima. Por eso al Alto Mando no le interesa defender la Constitución  ni el bienestar de la gente, cada día más empobrecida y menos empoderada. El argumento de la lealtad a la Carta del 99, esgrimido por Padrino López para defender este régimen decadente, en realidad constituye una excusa que le permite proteger los enormes beneficios que obtiene la compañía anónima que dirige. El pueblo que siga padeciendo y la democracia que continúe extinguiéndose.

Venezuela: la guerra no solo es de minitecas por Keymer Ávila – Nueva Sociedad – Febrero 2019

En la ausencia de «pueblo» como actor protagónico coinciden actualmente en Venezuela tanto la dirigencia opositora como la cúpula gobernante: ambos polos están invisibilizando a los sectores populares. Ahí reside parte de la debilidad opositora, que espera que los militares, venezolanos o extranjeros, vengan al rescate. Pero incluso en momentos como estos es necesario mantener la cordura.

Venezuela: la guerra no solo es de minitecas

La miniteca es un venezolanismo con el que se denomina, según el Diccionario de la Real Academia, al «grupo de personas cuyo trabajo consiste en amenizar una fiesta con música grabada» o el «conjunto de aparatos de sonido, casetes, discos y luces que utilizan los integrantes de la miniteca»Sería algo como una discoteca itinerante, una especie de versión venezolana de los sound system jamaiquinos. En la Venezuela de los años 80 y 90, las guerras de minitecas fueron muy populares y en las fiestas callejeras los DJ se desafiaban y competían entre sí por las preferencias musicales del público. Ganaba el que tenía los equipos de sonido más potentes y hacía bailar más a la gente con los éxitos del momento.

Si algo caracteriza la política venezolana del siglo XXI, es la propaganda y el espectáculo. Hugo Chávez era un gran comunicador; uno de sus legados para toda la clase política venezolana es que política sin espectáculo no es política. Esta lógica ha llegado a unos niveles en los que el qué se dice y el cómo se dice son mucho más importantes que las acciones políticas en sí mismas. El discurso y las puestas en escena lo son todo, el espectáculo se convierte así en la política misma; la sustituye. Pero la vida real continúa, la precariedad cotidiana, el ejercicio ilimitado de la fuerza y el control institucional se mantienen intactos.

Así se van construyendo grandes sucesos, días en los que se llevarán a cabo las madres de todas las batallas: 10 de enero, 23 de enero, 23 de febrero, etc. La última fecha mágica, el 23F, se desarrolló en el marco de un gran despliegue publicitario, un apoteósico concierto en la frontera entre Colombia y Venezuela con reconocidos artistas. El gobierno respondió al show con otro show y propaganda oficial, aunque no logró las mismas magnitudes, alcance y calidad. Algunos llegaron a calificar esta competencia por el rating como «guerra de minitecas». Todo esto sirve para poner un velo a una gran cantidad de cosas que no se ven en las pantallas de la televisión ni en las redes sociales.

Mientras tanto la guerra que las fuerzas de seguridad del Estado llevan contra los barrios pobres de Venezuela sigue su curso. La oposición, por su parte, no encuentra cómo quebrar el apoyo militar que aún posee el gobierno y celebra la deserción de cada soldado y policía humilde que se pasa de bando. Y así terminó el «Venezuela Aid Live»: se incendiaron camiones con comida y medicinas, hubo entre cuatro y 14 muertos en el sur del país, donde las cámaras no llegaron, decenas de heridos de bala y todo pareció una puesta en escena requerida para solicitar la intervención militar del país, como lo confirmaría el propio Juan Guaidó poco después. El pedido de intervención se hizo tendencia en Twitter, la propaganda bélica alimentada por ambos bandos extremos ha triunfado. Así, como para el amor, para la guerra hacen falta dos.

Para refrescar la memoria

Las discusiones jurídicas en este tiempo también forman parte de la propaganda. Durante los últimos tres años, la precaria institucionalidad venezolana parece haberse esfumado. El país está inmerso en una superposición de crisis: económica, política, social e institucional, que son anteriores a las sanciones del gobierno de Estados Unidos.

Es evidente la poca claridad y cohesión en los liderazgos políticos, en especial a partir de la muerte del presidente Chávez en 2013, que trajo como consecuencia una disminución de la hegemonía del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), cuya expresión más evidente fue su derrota electoral del 6 de diciembre de 2015, cuando, después de 18 años, la oposición retomó el dominio del Poder Legislativo. Antes del triunfo electoral de la oposición, la Asamblea Nacional (AN) saliente –controlada por el Poder Ejecutivo–, designó a nuevos magistrados en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) a través de un procedimiento que ha sido cuestionado tanto en su forma como en su fondo. Estos últimos dos hechos han traído una serie de desconocimientos recíprocos entre los poderes Ejecutivo y Legislativo que han profundizado la crisis política e institucional del país. Entre los sucesos más relevantes se encuentran: la desincorporación de diputados de la AN, la declaración del desacato de la AN por parte del TSJ y la declaratoria de «abandono del cargo» del presidente de la república por parte de la AN.

El gobierno aprovechó este escenario convulso para llevar a cabo acuerdos comerciales que comprometen la biodiversidad de casi 12% del territorio nacional y colocó la explotación minera en manos de industrias militares y extranjeras. Por su parte, el Poder Electoral hizo prácticamente inviable el referendo revocatorio presidencial habilitado por la Constitución y postergó, sin fechas, las elecciones de gobernadores que correspondían en diciembre de 2016.

Así se llegó a marzo de 2017, cuando el TSJ dictó las sentencias 155 y 156, en las que se desconoce a la AN y se otorga al Ejecutivo parte de sus competencias, lo cual fue cuestionado por diversos sectores del país. La entonces fiscal general Luisa Ortega rechazó públicamente la constitucionalidad de esas sentencias y señaló que constituían una «ruptura del orden constitucional», posiciones críticas que más adelante la obligarán a salir del país para no ser detenida.

Toda esta situación generó una serie de protestas y manifestaciones entre abril y julio de 2017, en las que murieron 124 personas; en al menos 21% de estos casos hubo responsabilidad de las fuerzas de seguridad del Estado. Posteriormente se impuso una ilegítima e inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Fue este ente –autoproclamado por encima de todos los poderes constituidos– el que convocó y organizó las cuestionadas elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018, fuera de los lapsos y en las que no hubo participación real de la oposición por carecer de garantías institucionales para ello (ilegalización de partidos políticosopositores inhabilitados o presosdetenciones arbitrarias). Incluso el contrincante de Maduroen ese simulacro electoral, Henri Falcón, denunció como fraudulento el proceso. ¿Y para qué hacer todo este recuento?

Para comprender que el periodo presidencial que se inició en 2014 legalmente se venció el 10 de enero de 2019, que con la ANC se dio una especie de autogolpe con el que el gobierno se apropió sin límite alguno de todas las instituciones del Estado, excepto de la AN. No obstante, esta última se mantiene sitiada nacionalmente desde todo punto de vista. El autogolpe se extiendió con el simulacro de las elecciones presidenciales del 20 de mayo. A este ejercicio de facto por parte del gobierno, que cerró las vías institucionales y electorales para dirimir los conflictos, respondió un sector de la oposición con la autoproclamación del presidente de la AN, el hasta entonces poco conocido Guaidó, como presidente encargado de la República el 23 de enero de 2019. Desde el punto de vista legal, esta investidura es tan irregular como la otra. En cuanto a la legitimidad como órganos del Poder Público, la del Poder Ejecutivo es la que se encuentra bajo mayor cuestionamiento.

Un gobierno autoritario e ilegítimo

El gobierno ha dilapidado el capital político que había heredado de Chávez, ha llevado al país a una de sus más severas crisis y a la escasez general de alimentos y medicinas, lo que tiene como correlato la aparición de enfermedades que se consideraban erradicadas como malaria, difteria, sarampión, dengue, mal de Chagas, meningitis, tétanos y tuberculosis. Una inflación estimada en más de 1.000.000%, semejante a la de Alemania en 1923 o la de Zimbabue de la década de 2000; durante los últimos 12 años la moneda ha perdido 100.000.000 veces su valor. Entre 2014 y 2017 se pasó de un porcentaje de pobreza por ingreso de 48,4% a 87%, la pobreza extrema creció de 23,6% a 61,2% y los no pobres pasaron de 51,6% a 13%.

En el último informe anual del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre el índice de desarrollo humano (IDH), solo Siria, Libia y Yemen, tres países con guerras prolongadas, han perdido más puestos en el IDH que Venezuela, que ha retrocedido 16 puestos en el ranking mundial durante el periodo 2012-2017. El deterioro de los servicios públicos básicos como agua, electricidad, salud, transporte e internet es cada vez más grande. Aproximadamente 9% de la población ha decidido migrar. Venezuela padece una tasa de homicidios de 62 por cada 100.00 habitantes; 26% de estas muertes son consecuencia de la intervención de las fuerzas de seguridad del Estado. Se estima que al menos 350.000 millones de dólares han sido sacados del país por actos de corrupción.

Estos son algunos de los saldos que caracterizan al actual gobierno, pero que lejos de debilitarlo lo fortalecen, porque este opera con una lógica necropolítica: en la medida en que se deterioran las condiciones materiales de vida, la vida misma parece también perder su valor y se ejercen mayores y más efectivos controles sobre la población. Cuanto más se lo acusa de autoritario y dictatorial, como generador de terror, más se envilece, pero ese es su principal capital político: su legitimidad no se encuentra en los votos ni en la voluntad popular, sino en el ejercicio ilimitado del poder y de la fuerza. El miedo es una de sus principales herramientas.

Una oposición que solo mira hacia afuera

Del otro lado tenemos una oposición elitista, clasista, que durante las últimas décadas ha sido, en los hechos, funcional al gobierno y ha contribuido torpemente a su empoderamiento progresivo. En 2002 participó en el golpe de Estado contra Chávez, en 2003 en el paro petrolero, y con estas acciones le puso en bandeja de plata al gobierno el control total sobre las Fuerzas Armadas y sobre la principal empresa estatal del país: Petróleos de Venezuela (PDVSA). Posteriormente, en 2005, la oposición decidió no participar en las elecciones legislativas y de esta manera le regaló el Poder Legislativo a Chávez. Entre 1998 y 2005 podría hablarse de un gobierno asediado, con una lógica de estado de excepción, que luego se extendería gradualmente hasta la actualidad. En este proceso, la oposición tiene su cuota de responsabilidad. Luego de esa fecha, el gobierno ha tenido plenos poderes y la oposición ha sido prácticamente desmantelada, perseguida y mermada hasta su casi inexistencia. Pero a partir de 2015 la táctica de la oposición cambió: aprovechó el descontento contra el gobierno y obtuvo la victoria electoral más importante en las dos décadas de chavismo.

A comienzos de 2019, tras varios golpes, la oposición tomó la iniciativa y logró movilizar y generar esperanza en sus filas y en parte también en la mayoría del país que rechaza de manera cada vez más generalizada al gobierno. Algo que no han hecho los sectores más progresistas, que se han ido quedando inmóviles, chantajeados por la lógica de la Guerra Fría e incapacitados para oponerse efectivamente al gobierno para que no los acusen de ser funcionales a la derecha, lo que los ha dejado fuera del juego político.

El discurso opositor en 2019 tiene dos núcleos principales: Estados Unidos y los militares. Para la oposición, estos dos actores son el sujeto político para promover los cambios en el país, en detrimento de los sectores populares, la sociedad civil, los gremios, los sindicatos o las ONG. En todo caso, estos sectores son tomados en cuenta para una foto eventual o para el relleno en actividades o concentraciones, pero nada más. La oposición no promueve una rebelión de carácter popular, que en estos momentos sería más que legítima; y hay de hecho muchas expresiones de descontento y protesta en los barrios populares. Tampoco parecen estar interesados en un trabajo político de más largo aliento, que trascienda la coyuntura actual. Esta parece ser, hasta ahora, una de las grandes fallas de la oposición para acumular poder internamente y explica su dependencia del exterior.

Llama la atención que, en esta ausencia de «pueblo» como actor protagónico, coinciden actualmente tanto la dirigencia opositora como la cúpula gobernante; ambos polos están invisibilizando a los sectores populares. Podría afirmarse que los partidos políticos no están realmente en el juego y que la sociedad civil organizada ni siquiera existe.

¿Qué hacer?

El primer ejercicio que debe hacerse es comprender que el mundo no es binario y que lo que ocurre en Venezuela forma parte de intereses geoestratégicos de Estados Unidos, Rusia y China. Que no hay imperialismos buenos e imperialismos malos y que el ejercicio de gobierno de las últimas dos décadas en Venezuela ha expuesto cada vez más al país a estos intereses, en detrimento de la capacidad política e institucional de los venezolanos para forjar su propio destino.

En Venezuela existen condiciones objetivas para una rebelión popular, pero lamentablemente la dirigencia opositora no maneja esos códigos ni tiene interés en ella. Más bien, parece girar exclusivamente en torno de la agenda internacional, en desmedro de la organización y cohesión de fuerzas internas que claman por un cambio en el país. El tablero internacional es sin duda importante, pero hay que jugar ambas partidas.

Es fundamental presionar y exigir un acuerdo político para la elección de un órgano electoral (CNE) de consenso, confiable para todas las partes, para unas posteriores elecciones presidenciales competitivas, en condiciones de igualdad y transparencia. Todo lo demás son intereses grupales, crematísticos, potes de humo, propaganda y estrategias bélicas.

Los halcones quieren guerra y, paradójicamente, el gobierno también. Para este último, sería su gran cierre con broche de oro, los líderes bolivarianos se convertirían en una especie de mártires, podrían compararse errónea y forzadamente con Salvador Allende, dejarían una estela de balas y sangre mientras huyen a alguna isla o país remoto para disfrutar de sus riquezas mal habidas, mientras el pueblo traga humo con fondo musical de metralla. Sería su gran victoria política desde el punto de vista simbólico.

La mayoría de los venezolanos están angustiados con este escenario. De hecho, hablar de la posibilidad de un acuerdo político no significa ennoblecer al gobierno, ni adjudicarle una racionalidad política formal convencional, acorde con lo que debe ser un Estado signado por la lógica de las promesas de la modernidad. Evidentemente, para que haya negociación hay que tener con qué, y hasta ahora el gobierno, desde su racionalidad «malandra», no ha tenido, ni tiene, motivos para acaptarla.

Las oposiciones tendrán que hacer lo suyo para crear esas condiciones, constituirse en fuerza para ello, hacer presión, no mirar solo hacia afuera, tener al pueblo como objeto y sujeto de su política y no sólo esperar a que los militares vengan al rescate (sean extranjeros o nacionales). En algún momento hay que pactar; esto puede hacerse con muchos más muertos de los que hay hasta ahora o con los que ya tiene el país encima. Hay que hacer esfuerzos para reducir daños y evitar más muertes, pedir una intervención militar extranjera con la ligereza con la que se hizo al finalizar la jornada del 23F no parece ser es el mejor camino; parece más bien un acto desesperado, y en este contexto la desesperación y las emociones no son buenas consejeras. Esos remedios suelen ser peores que las enfermedades que pretenden curar.

Por otro lado, existe una oposición progresista que promueve un referéndum, pero a esta altura, como señalan varios analistas, el tiempo opera a favor del gobierno, y por lo tanto la propuesta no sería más que un tubo de oxígeno para el madurismo.

En momentos de locura y arrebatos pasionales, no está de más tratar de mantener la cordura. Hay dos escenarios posibles: muchos más muertos o los que ya se tienen hasta ahora, que son también muchos. Aun con una intervención militar o una guerra, en ese nefasto escenario, la petición debería ser exactamente la misma: nueva institucionalidad electoral y elecciones limpias. Se puede mantener la presión y la crítica al gobierno sin legitimar una intervención militar extranjera; estar en contra de la guerra no significa estar a favor del gobierno. La realidad no se presenta en formas tan sencillas y binarias. Lo que está en juego en Venezuela es mucho más serio que una guerra de minitecas.

 

La estrategia de Juan Guaidó comienza a dar frutos políticos por Orlando Zamora – KonZapata – 14 de Enero 2019

Quien sólo contempló el teatro de la juramentación de Nicolás Maduro ante el TSJ podría concluir que se aferra y prolonga su dominio político sobre Venezuela. Pero mirando el bosque completo, los acontecimientos no lucen nada tranquilizadores para el régimen.
Juan Guaidó genera sorpresas. / Twitter: @jguaido

Juan Guaidó genera sorpresas. / Twitter: @jguaido

La continuidad chavista en el Palacio de Miraflores se realizó sin pasión ni pueblo. Por el contrario, el cerco represivo de policías y colectivos fue más que elocuente en barriadas y urbanizaciones.

En lo económico el cuadro hiperinflacionario es desgarrador. A escasas 12 horas del 10 de enero, el dólar paralelo rompe records y se sitúa en 2.026,19 bolívares nuevos. En minutos salta a 2.189,47 bolívares soberanos.

Es el reflejo altamente negativo sobre el devenir inmediato, de un país que ha perdido toda la confianza en un Presidente sin respaldo político suficiente y sin nada nuevo que ofrecer.

Recordemos que la política es también la ciencia de lo inesperado. Lo apreciamos en lo que fue hasta ahora una debilitada Asamblea Nacional. Maniatada arbitrariamente por un TSJ partidizado, que le secuestró al Parlamento su función legislativa, pero jamás logro arrebatarle el poder político. Este reaparece en la vorágine del desconocimiento mundial al segundo gobierno de Nicolás Maduro. La AN y su joven presidente han cobrado un vigor político extraordinario, que si es conducido con sabiduría podría consolidar una transición democrática del poder constituido.

En el escenario internacional las primeras medidas de rechazo a las pretensiones continuistas del ilegitimo y usurpador mandatario venezolano fueron veloces y contundentes.

La lista es demasiado larga, hasta el Partido Socialista Obrero Español lo desconoce, sólo sorprende la asistencia al TSJ de Irlanda y el enviado del Papa, cuya presencia desdice a la Iglesia local que desconoció tal acto en el pronunciamiento de la Conferencia Episcopal.

No pudieron el chavismo ni sus socios o amigos cercanos contrarrestar, con unos supuestos enviados de 83 naciones, tan colosal rechazo del mundo Occidental, y de Japón e Israel.

Aunque escasas ciudades protestaron ese día, fue en el 11 de enero que una sorpresiva asistencia a la convocatoria a un cabildo con los parlamentarios de la Asamblea Nacional realizado en Chacao, frente a la Oficina de la ONU, generó un impacto inesperado. El presidente de la AN, Juan Guaidó, marcó la hoja de ruta. Pero, al redactar esta nota se produce la ilegal detención de Guaidó, un hecho sin precedentes que acarreará repercusiones. La contraorden de liberarlo revela debilidad y contradicción en el Poder Ejecutivo.

La estrategia de Juan Guaidó

Para algunos sectores radicales el pronunciamiento inicial de Guaidó fue ambiguo. No tiene para éstos el sabor de “choques de trenes”. No obstante, a nuestro criterio, son posiciones que no contemplan elementales principios de la política como: el número de fuerzas favorables en el momento; el sentido de la oportunidad coyuntural o manejo estratégico del conflicto; y el necesario viento de cola del hecho político decisivo, consumado bajo el calor de un gran apoyo popular.

Recordemos que la política es también la ciencia de lo inesperado. Lo apreciamos en lo que fue hasta ahora una debilitada Asamblea Nacional. Maniatada arbitrariamente por un TSJ partidizado, que le secuestró al Parlamento su función legislativa, pero jamás logro arrebatarle el poder político. Este reaparece en la vorágine del desconocimiento mundial al segundo gobierno de Nicolás Maduro.

La AN y su joven presidente han cobrado un vigor político extraordinario, que si es conducido con sabiduría podría consolidar una transición democrática del poder constituido. El plan trazado para la realización de cabildos abiertos se extiende por varias regiones del país.

Hasta este momento la Asamblea Nacional ha manejado con habilidad la nueva situación. Hay que impedir que los minúsculos radicales sin gran experticia política, desvíen el foco de la nueva estrategia ensayada por las fuerzas mayoritarias del Parlamento.

En este sentido es bueno recordar que en el mundo que estamos, las medidas que puedan asumir los más importantes países del planeta, van mucho más allá de la ruptura de relaciones diplomáticas. Abarcan el campo económico y financiero y los efectos pueden ser devastadores. Entes multilaterales, bancos centrales y empresas multinacionales coordinando acciones conjuntas son imbatibles y eso lo sabe el chavismo.

Comunicado de Gente del Petróleo y Unapetrol – 12 de Enero 2019

downloaddownload

Gente del Petróleo y Unapetrol en respaldo a la Asamblea Nacional

Ante las horas aciagas que vive la patria, por la pretensión de Nicolás Maduro Moros de perpetuarse en el poder al asumir un nuevo mandato a partir del 10 de enero de 2019, luego de unas elecciones fraudulentas que ilegitiman su permanencia en la Presidencia de la República, a pesar de la firme posición de la Organización de Estados Americanos (OEA), el Grupo de Lima y la Comunidad Europea, de desconocerlo como Presidente de Venezuela, nosotros, la Asociación Civil Gente del Petróleo y el sindicato Unapetrol, manifestamos nuestro total apoyo a la Asamblea Nacional y a su presidente, Ingeniero Juan Gerardo Guaidó Márquez, como único poder legítimamente constituido y electo soberanamente por la mayoría abrumadora de los venezolanos en 2015.

En consecuencia, de conformidad con los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución Nacional, respaldamos y exhortamos al pueblo venezolano, a sus instituciones apoyar la declaratoria por parte de la Asamblea Nacional de la usurpación de la Presidencia de la República por Nicolás Maduro Moros; y la decisión de la Asamblea Nacional y su Presidente de asumir las responsabilidades del Poder Ejecutivo, conforme al artículo 233 de nuestra Carta Magna, y, el llamado a una nueva elección universal, libre, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes, única vía constitucional, pacífica y democrática para restablecer la institucionalidad del país.

Reconocemos el esfuerzo del Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, y demás integrantes de esa institución para establecer la hoja de ruta que permita la recuperación del hilo constitucional, tras la usurpación del poder ejecutada por Nicolás Maduro Moros. El diputado Juan Guaidó asume con valentía una importante responsabilidad con el respaldo y legitimidad que le confiere la Constitución.

En estas horas, el país necesita con urgencia un cambio político conducido por personas honestas, responsables y capaces de atender, en primera instancia, la grave crisis humanitaria de alimentación, salud y transporte que sufren millones de venezolanos y por otra parte, que se establezcan las bases de un proyecto de reconstrucción nacional que propicie la reactivación industrial, la generación de empleo, el estado de derecho, la asistencia social y la prestación de mejores servicios públicos en electricidad, seguridad, agua y vivienda.

La historia ha demostrado que los cambios y el progreso que favorecen a un pueblo, solo pueden hacerse en democracia y en naciones donde funcionen los poderes públicos legítimos e independientes ajenos a toda subordinación ideológica. Y ésta es una oportunidad histórica para unirnos por el bien común, antes de que el régimen termine de destruir al país y profundizar esta tragedia jamás conocida en los anales históricos del mundo. En Gente del Petróleo y Unapetrol tenemos la disposición de nuestra gente y su experiencia profesional para contribuir a sacar al país de la miseria. Estamos preparados con planes y proyectos para salir adelante, con la convicción que Venezuela se recuperará gracias al esfuerzo de sus ciudadanos.

Los integrantes de la Asociación Civil Gente del Petróleo y Unapetrol vemos con optimismo este difícil momento histórico. Es alentador constatar que por cuatro años consecutivos la Asamblea Nacional nombre a su directiva con el apoyo unánime de sus diputados, donde nuevas generaciones comparten con experimentados políticos la dirección del único poder legalmente constituido. En consecuencia abogamos porque esta unidad prevalezca para superar esta difícil coyuntura, adheridos a los mejores propósitos para que se restablezca el orden constitucional de la república, con un cambio positivo y en paz para beneficio de todos sus habitantes.

Caracas 12 de enero de 2019

La pregunta sobre el final del régimen por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 13 de Enero 2019

Miguel-Henrique-Otero-696x391
La inmensa mayoría de las preguntas sobre el estado de la política en Venezuela han sido aplastadas por los hechos. La ilegalidad acumulada, la ilegitimidad sin retorno, los miles de expedientes de violaciones a los Derechos Humanos, la devastación de las condiciones de vida de millones de familia, la destrucción de la industria petrolera, el desconocimiento programático de la Constitución y el marco legal, la vinculación abierta del poder con la delincuencia organizada dentro y fuera del territorio, han derivado en una conclusión: la dictadura debe acabarse de inmediato. El régimen de Maduro es inviable y no debe continuar destruyendo a una Venezuela ya destruida.

Una pregunta se ha impuesto a todas las demás: cómo se producirá el final del régimen. Qué tendría que ocurrir para dar paso a una fase de transición, que instale las bases de un régimen democrático, de libertades y progreso económico. Ya nadie, ni siquiera los tibios que cierran los ojos y los oídos, guardan esperanza alguna en que Maduro y el grupo que lo rodea, podrían cambiar de rumbo, tomar medidas para responder a la crisis humanitaria, permitir el libre ejercicio de la política y la disidencia, dar las garantías suficientes para el funcionamiento del Estado de Derecho.

Una cuestión esencial pasa desapercibida: que en el PSUV, en el Gran Polo Patriótico, entre los altos cargos de ministerios y empresas del Estado, en los poderes públicos y entre ciudadanos que invirtieron sus ilusiones en las promesas de Chávez, predomina el mismo sentimiento: que el régimen se agotó. Que ha perdido apoyos sustantivos, que se encuentra sin recursos políticos y económicos para atender las necesidades del país hambriento, que la corrupción, la incompetencia y las guerras internas liquidaron al país. Repito: en el mundo que, en apariencia, mantiene su apoyo al poder, la mayoría cree que Maduro debe irse. La mayoría presiente que el final está cerca. Y, sobre todo, sienten miedo. Miedo porque observan de cerca el empecinamiento de un grupo que no tiene sino la represión para mantenerse en el poder. Miedo porque han sido testigos de la disposición de Maduro al uso de la violencia. Miedo porque no saben cómo será el desenlace. Miedo porque no se imaginan qué vendrá después de la caída del régimen.

Lo he escrito en otras oportunidades y vuelvo a repetirlo aquí: este masivo sentimiento de rechazo, esta mezcla de hartazgo y humillación, esta sensación de que el régimen no debe continuar es también predominante en las fuerzas armadas. Esto lo sabe el ministro de la Defensa y lo saben las autoridades del Alto Mando Militar. Salvo los algunos fanáticos -muchos de ellos concentrados en las FAES- los militares venezolanos no son distintos al resto de los venezolanos: viven bajo padecimientos reales, son testigos impotentes del sufrimiento de sus familias, saben que el poder se mantiene al margen de las leyes. También los uniformados se preguntan a diario cuándo sucederá, de una vez por todas, el final del régimen.

¿Por qué tantos se formulan, dentro y fuera de Venezuela, la misma pregunta sobre el cómo y el cuándo ocurrirá el final del régimen? Porque todos sabemos que el régimen no entregará el poder a través de mecanismos democráticos como el diálogo, la renuncia de Maduro o un proceso electoral. Todos sabemos que la banda es inmune a presiones diplomáticas, económicas y legales. Todos sabemos que no les importa ni la muerte, ni el sufrimiento, ni la ruina de la Nación. Lo que todos sabemos es que Maduro y sus secuaces han cruzado el umbral del no retorno. No retrocederán ni negociarán. Lo han demostrado una y otra vez: desconocen las leyes, el respeto por la vida humana, los criterios esenciales de la política democrática. Prefieren disparar, detener y torturar. No se irán, a menos que se les obligue. Entre otras razones, porque las opciones que tienen, una vez perdido el poder, son pocas y nada atractivas: exilio en Cuba, en Nicaragua, en China, en Rusia o en Irán. No más.

Este escenario de callejón sin salida es, en mi criterio, fuente de un amplio abanico de fantasías. Algunas que se repiten: que Maduro terminará renunciando a cambio de impunidad. Que, presionado por el cerco financiero, tendrá que llamar a un gobierno con factores de oposición. Que la sumatoria de presiones diplomáticas, sanciones y dificultades financieras lo conducirán a una mesa de negociación. Que la acción combinada de caída de la producción y caída de los precios del petróleo crearán una crisis dentro del propio gobierno. Otra fantasía recurrente es la de una intervención militar extranjera. Lo digo con respeto hacia quienes detentan estas posiciones: ninguna de las anteriores me luce factible.

Lo primordial: creo que sacar a Maduro será tarea exclusiva de los venezolanos. Creo, además, que será necesario obligarle. Y que eso solo es posible si una gran movilización civil y militar se produjera con la contundencia necesaria. Cuando uso la palabra ‘contundencia’ no me refiero a violencia, sino a que sea el producto de la confluencia de la mayor cantidad de factores que sea posible. Esto no significa que los múltiples esfuerzos que están en curso sean inútiles, especialmente el de los valientes parlamentarios opositores a la Asamblea Nacional y el anuncio que ha hecho Juan Guaidó de que asumirán las tareas del Ejecutivo, así como los apoyos fundamentales que, desde fuera de Venezuela, no se cansan de condenar y denunciar a la dictadura. Pero, tal como los entiendo, se trata acciones que preparan el camino, que debilitan al gobierno, que reducen sus apoyos, que estimulan a los que tienen dudas, a atreverse y sumarse al objetivo prioritario del cambio en Venezuela. Allanan los caminos para la movilización que, tarde o temprano, cambiará el destino de Venezuela.

Sobre la situación en Venezuela – Comunicado del Gobierno argentino – 10 de Enero 2019

download.jpg

El Gobierno argentino desconoce la legitimidad del mandato iniciado en el día de la fecha por Nicolás Maduro,  el cual resulta del proceso electoral  del 20 de mayo de 2018 cuya legitimidad  fuera oportunamente desconocida por la República Argentina.

Al tiempo de condenar la ruptura  del orden constitucional y el estado de derecho en Venezuela, la República Argentina ratifica su pleno reconocimiento de la Asamblea Nacional como único órgano democráticamente electo en dicho país.

El Gobierno argentino, en el día de la fecha, comunicó al Gobierno de Venezuela la suspensión del Acuerdo de Exención de Visas en Pasaportes Diplomáticos y Oficiales con dicho país, prohibiendo el ingreso a la República de integrantes de alto nivel del régimen venezolano.

La Unidad de Información Financiera (UIF) emitirá un alerta al sector financiero y bancario sobre los riesgos de realizar operaciones con empresas públicas venezolanas o controladas por el Estado venezolano.

La República Argentina continuará denunciando las violaciones de derechos humanos y condenando la ruptura del orden democrático en Venezuela tal como se ha venido haciendo desde la asunción del Gobierno por parte del Presidente Mauricio Macri.

Consecuente con esta posición, el Gobierno argentino solicitó a la Fiscalía General de la Corte Penal Internacional, junto a otros países, el inicio de una investigación sobre la presunta comisión de crímenes de lesa humanidad en ese país y promovió la suspensión de Venezuela en el MERCOSUR en virtud del Protocolo de Ushuaia sobre Compromiso Democrático.

En el ámbito de la Organización de los Estados Americanos, la Argentina sostiene la necesidad de aplicar a Venezuela la Carta Democrática Interamericana.

En el plano bilateral, la Representación de la República Argentina en Caracas cuenta desde octubre de 2015 sólo con Encargado de Negocios y se han suspendido las negociaciones comerciales y los mecanismos de diálogo político.

La Embajada Argentina en Venezuela continuará trabajando para brindar asistencia a los connacionales residentes en dicho país, defendiendo los intereses de empresas argentinas, y manteniéndose en contacto con las organizaciones y movimientos democráticos que consultan a nuestro país.

Singularmente importante es la acogida que, con brazos abiertos, la Argentina ha brindado a más de 130.000 migrantes y refugiados venezolanos que escapan de crisis política, económica y humanitaria que vive su país, retribuyendo el apoyo que Venezuela diera a los exiliados argentinos durante la última dictadura militar.

 

 

Comunicado del Gobierno de Chile – 10 de Enero 2019

Después del 10 de enero por Trino Márquez – La Patilla – 10 de Enero 2019

download

Después del 10 de enero Maduro sólo podrá sostenerse en el poder sobre la base de la represión, el miedo, la amenaza, el chantaje y la extorsión. Nunca a partir del consenso o la persuasión. Carecerá de la legitimidad de origen que a duras penas obtuvo con su cuestionado triunfo sobre Henrique Capriles en 2013, apenas un mes después de la muerte de Chávez. Esa reñida y discutida victoria le dio un revestimiento de legitimidad  de origen frente al país y ante la comunidad internacional. Había logrado llegar a Miraflores mediante el voto popular en unas votaciones a las cuales concurrieron quince millones de personas, más de 70% del patrón electoral, con un contrincante que pocos meses antes se había medido con Chávez y, según palabras del propio caudillo, lo había obligado a emplearse a fondo durante la dura campaña electoral. En la cita de abril de 2013 habían participado todos los partidos políticos opositores. Fue una competencia desequilibrada porque Maduro no se separó de la presidencia de la República y utilizó todos los recursos del poder para favorecer su opción. Sin embargo, casi no había presos políticos y las inhabilitaciones eran escasas.

Todo esto cambio de forma radical en 2018. La convocatoria fue apresurada y a través de la Asamblea Constituyente, órgano espurio que no fue reconocido por el país, ni por los países democráticos del mundo. El llamado fue concertado para el 20 de mayo (al principio la cita se había fijado para marzo), cuando la fecha constitucional para la transmisión de mando es el 10 de enero y las elecciones presidenciales se realizan tradicionalmente en diciembre. Maduro intentaba eludir el costo de la crisis económica y, especialmente, de la hiperinflación, proceso que había comenzado de forma oficial en noviembre de 2017. Buscaba, también, impedir que la oposición tuviese el tiempo necesario para escoger un candidato unitario mediante el método de las primarias. Inhabilitó a   los principales partidos de la oposición y apresó o inhabilitó a los dirigentes políticos fundamentales. Entre ellos a Capriles, Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma. Mantuvo, sin ningún tipo de modificaciones, la cúpula madurista del CNE, con Tibisay Lucena a la cabeza. Esa fue su respuesta insolente a la ronda de negociaciones dirigida por Rodríguez Zapatero, que se había dado en República Dominicana a finales de 2017.

La candidatura de Henri Falcón en representación de un reducido número de organizaciones, no logró convencer al conjunto de la oposición de que participara en la contienda comicial, ni pudo darle legitimidad a esas elecciones. La abstención fue muy elevada. El gobierno trató de abultar las cifras oficiales.   Maduro salió del 20-M tan desprestigiado, impopular y, más grave aún para él, aislado internacionalmente, que como había acudido a la contienda.

A partir de mayo la ruina del país se aceleró. La hiperinflación sigue su ritmo arrollador. El deterioro generalizado continúa. La estampida de los venezolanos hacia el exterior no cesa. El éxodo se trasformó en un problema regional de enormes proporciones. Maduro asume su segundo mandato con niveles de rechazo e impopularidad muy altos. Su base social de apoyo se redujo a menos de 20% de la población. Se sostiene en el poder porque la cúpula militar, a la cual le entregó el país, decidió respaldarlo para que continúe en Miraflores. Los militares se quedaron con Pdvsa, el Arco Minero, las empresas de Guayana, la distribución de alimentos, la gerencia de la inmensa mayoría de las empresas estatizadas, el contrabando de extracción de la gasolina y el acceso a los dólares preferenciales que aún el gobierno otorga, a cambio de serles leal al mandatario. Así es el intercambio.

Rusia y China representan sus principales aliados internacionales. Pueden agregarse Turquía e Irán. También, Cuba, Bolivia y Nicaragua, aunque estos últimos son socios menores, poco importantes en la  geopolítica mundial.

Luego del 10-E la infame y disparatada política de Maduro contará con esos soportes fundamentales: las Fuerzas Armadas, en el plano interno; Rusia y China en el marco de las relaciones internacionales. La República civil y soberana habrá desaparecido. Habremos quedado en manos de los militares, al igual que con los caudillos del siglo XIX y las dictaduras de Gómez y Pérez Jiménez, en el siglo XX. La soberanía nacional se habrá perdido. Los verdaderos dueños de Venezuela no seremos los ciudadanos, sino los militares, los chinos y los rusos. A estos se le deberá cada barril de petróleo que se extraiga del subsuelo, o cada onza de oro que se produzca en el Arco Minero. A cambio de la renuncia a la soberanía y el endeudamiento, habrá  el respaldo militar que  el régimen requiere para perpetuarse en el poder.

Nicolás Maduro seguramente no modificará su disparatado rumbo durante los próximos años. No tiene el coraje ni la claridad para emprender los cambios que permitan recuperar la economía. Permanecerá en Miraflores hasta que los militares decidan lo contrario; o los Estados Unidos, en conversaciones con los chinos, los rusos y los militares patriotas, acuerden parar la destrucción nacional, porque se hayan convencido de que la ruina de Venezuela los perjudica a todos.

Consejo Permanente de la OEA acuerda “no reconocer la legitimidad del período del régimen de Nicolás Maduro” – 10 de Enero 2019

El Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) acordó hoy “no reconocer la legitimidad del período del régimen de Nicolás Maduro a partir del 10 de enero de 2019”. La resolución se aprobó con 19 votos a favor, 6 en contra, 8 abstenciones y 1 ausencia.

A continuación el texto completo de la resolución:

RESOLUCION SOBRE LA SITUACION EN VENEZUELAEL CONSEJO PERMANENTE DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS

REAFIRMANDO el derecho a la democracia que tienen los pueblos de América y la obligación de sus gobiernos de promoverla y defenderla tal como lo establece el artículo 1 de la Carta Democrática Interamericana,

RECORDANDO que, mediante la AG/RES. 2929 (XLVIII-O/18) del 5 de junio de 2018, la Asamblea General declaró que el proceso electoral realizado en Venezuela el 20 de mayo de 2018 carece de legitimidad por no haber contado con la participación de todos los actores políticos de Venezuela, por no cumplir con los estándares internacionales y por haberse desarrollado sin las garantías necesarias para un proceso libre, justo, transparente y democrático,

CONSIDERANDO que el período presidencial 2019-2025 que empieza en Venezuela el 10 de enero de 2019 es el resultado de un proceso electoral ilegítimo,

ENFATIZANDO la autoridad constitucional de la Asamblea Nacional democráticamente electa,

REITERANDO SU PROFUNDA PREOCUPACION en relación con el empeoramiento de la crisis política, económica, social y humanitaria en Venezuela resultante del quiebre del orden democrático y de serias violaciones a los derechos humanos en dicho país, así como la negligencia del gobierno de Venezuela de alcanzar los estándares interamericanos básicos en materia de derechos humanos y democracia,

RECONOCIENDO que, en consecuencia, un número significativo de venezolanos está siendo forzado a huir del país, en razón de que no han sido cubiertas sus necesidades básicas,

REITERANDO su seria preocupación por el colapso del sistema de salud de Venezuela, que ha llevado a la reaparición de enfermedades infecciosas previamente erradicadas en Venezuela, así como en países fronterizos y en la región.

OBSERVANDO que el éxodo de venezolanos está teniendo un impacto en la capacidad de los países de la región para cubrir sus necesidades básicas y plantea desafíos a la salud pública y la seguridad,

TOMANDO NOTA al respecto, de la Declaración de Quito sobre movilidad humana de ciudadanos venezolanos en la región, del 4 de septiembre de 2018, y su Plan de Acción, adoptado el 23 de noviembre de 2018.

CONDENANDO con la mayor firmeza las detenciones arbitrarias, la falta del debido proceso y las violaciones a los derechos humanos de prisioneros políticos por parte del gobierno de Venezuela,

ENFATIZANDO que el Consejo Permanente y la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores se mantienen dispuestos a llevar a cabo iniciativas diplomáticas, incluyendo los buenos oficios, destinados a promover el diálogo en Venezuela con miras a arribar a una solución política de la crisis en dicho país,

RESUELVE:

No reconocer la legitimidad del período del régimen de Nicolás Maduro a partir del 10 de enero de 2019,

Reafirmar que, solo a través de un dialogo nacional con la participación de todos los actores políticos y otros actores interesados venezolanos, se podrá alcanzar la reconciliación nacional y acordar las condiciones indispensables para celebrar un nuevo proceso electoral que refleje realmente la voluntad de los ciudadanos venezolanos y resuelva de manera pacífica la actual crisis en ese país.

Urgir a todos los Estados Miembros e invitar a los Observadores Permanentes de la OEA, a adoptar, de conformidad con el derecho internacional y su legislación nacional, las medidas diplomáticas, políticas, económicas y financieras que consideren apropiadas para contribuir a la pronta restauración del orden democrático en Venezuela,

Hacer un llamamiento para la realización de nuevas elecciones presidenciales con todas las garantías necesarias para un proceso libre, justo, transparente y legítimo, en una fecha cercana con presencia de observadores internacionales,

Invitar a los Estados Miembros y a los Observadores Permanentes a implementar medidas para atender la crisis humanitaria en Venezuela y en los Estados afectados, mediante el apoyo a las organizaciones internacionales y regionales apropiadas,

Urgir al régimen venezolano que permita el inmediato ingreso de ayuda humanitaria para el pueblo de Venezuela, incluyendo vigilancia epidemiológica para prevenir el agravamiento de la crisis humanitaria y de salud pública, particularmente para evitar la reaparición y propagación de enfermedades,

Exigir la inmediata e incondicional liberación de todos los presos políticos,

Expresar la activa solidaridad con el pueblo venezolano y su compromiso de mantener bajo seguimiento la situación en Venezuela y apoyar medidas diplomáticas que faciliten la restauración de las instituciones democráticas y el pleno respeto a los derechos humanos,

Instruir al Secretario General para que transmita el texto de la presente Resolución al Secretario General de las Naciones Unidas.

Exhortación del episcopado venezolano – 9 de Enero 2019

logo-cev

EXHORTACIÓN DEL EPISCOPADO VENEZOLANO

“LO QUE HICIERON A UNO DE ESTOS HERMANOS MÍOS MÁS PEQUEÑOS, A MÍ ME LO HICIERON” (Mt 25,40). 

1-Los Arzobispos y Obispos de Venezuela, con ocasión de la 111ª Asamblea Ordinaria, conscientes de nuestra responsabilidad espiritual y moral como ciudadanos y pastores, nos dirigimos al pueblo de Venezuela, al que pertenecemos y del cual somos servidores. Recibimos el año 2019, con la confianza puesta en Dios, como una buena oportunidad para el cambio que el país pide a gritos: la recuperación del Estado de Derecho según la Constitución y la reconstrucción de la sociedad venezolana, en dignidad, libertad y justicia para todos. Queremos alentar la verdadera esperanza del pueblo, sustentada en el misterio de la Navidad que celebra que el Hijo de Dios se hace humano y pobre para hacernos más humanos y solidarios.

2.- Como pastores, tenemos la obligación de preguntarnos por el sentido ético de la gravísima situación que estamos viviendo. Nuestras apreciaciones nacen de una valoración moral sobre la dignidad humana violentada, el bien común irrespetado y la verdad manipulada. San Oscar Arnulfo Romero, profeta y mártir de América, dijo: “si hay un conflicto entre el gobierno y la Iglesia, no es porque la Iglesia sea opositora sino porque el conflicto ya está establecido entre el gobierno y el pueblo, y la Iglesia defiende al pueblo” (Homilía del 21-10-1979). Todo poder humano es transitorio y se legitima si en su ejercicio produce un bienestar colectivo con especial atención a los pobres y excluidos, logrando así una sana convivencia en la pluralidad y la diferencia. El pueblo venezolano vive una situación dramática y de extrema gravedad por el deterioro del respeto a sus derechos y de su calidad de vida, sumido en una creciente pobreza y sin tener a quien acudir. Es un pecado que clama al cielo querer mantener a toda costa el poder y pretender prolongar el fracaso e ineficiencia de estas últimas décadas: ¡es moralmente inaceptable! Dios no quiere que por el sometimiento a injusticias sufra el pueblo. Urge, por tanto, asumir el clamor popular de un cambio, de una concertación para una transición esperada y buscada por la inmensa mayoría.

3.- Como señalamos en nuestra Exhortación del 11 de julio de 2018, “reiteramos que la convocatoria del 20 de mayo (para elegir el Presidente de la República) fue ilegítima, como lo es la Asamblea Nacional Constituyente impuesta por el poder ejecutivo. Vivimos un régimen de facto, sin respeto a las garantías previstas en la Constitución y en los más altos principios de dignidad del pueblo” (No temas, yo estoy contigo, n. 6). Por tanto, la pretensión de iniciar un nuevo período presidencial el 10 de enero de 2019 es ilegítima por su origen, y abre una puerta al desconocimiento del Gobierno porque carece de sustento democrático en la justicia y en el derecho.

4.- En esta crisis política, social y económica, la Asamblea Nacional, electa con el voto libre y democrático de los venezolanos, actualmente es el único órgano del poder público con legitimidad para ejercer soberanamente sus competencias. En efecto hace tres años (1-12-2016) el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, pidió que se restituyera cuanto antes a la Asamblea Nacional el rol previsto en la Constitución. El voto de confianza que el pueblo venezolano le ha conferido debe ser retribuido con el cumplimiento de los deberes de los diputados, diseñando y redactando las leyes que necesita el país para el restablecimiento de la democracia y la vuelta a la decencia y honestidad en la administración de los fondos públicos. El Papa Francisco en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año nos interpela: “la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad” (1-1-2019).

5. Los venezolanos no podemos ser simples espectadores de lo que sucede en el país, pues somos ciudadanos y, como tales, actores de primer orden. La defensa de la libertad ha costado mucha sangre y muchos sufrimientos, para ver de lejos lo que la mayoría rechaza: políticas de hambre, persecución política, represión militar y policial, presos políticos, torturas, corrupción, ineficiencia e ineficacia en la gestión pública. Como ciudadanos y como instituciones nos toca asumir las responsabilidades que nos competen para mejorar la actual situación y recuperar el país con sus valores y potencialidades. Esto exige la articulación de todos los sectores sociales, promoviendo la creatividad y proactividad de muchas personas en la búsqueda de soluciones.

6. Como dijo el Papa Francisco, es necesario buscar juntos caminos de “concordia” y entendimiento, de unión del pueblo venezolano, de respuestas a los múltiples problemas y de defensa de los derechos humanos que nos permitan superar la crisis y atender a los más pobres. ¿A quién bendice nuestro Dios en la actual situación dramática de Venezuela? La respuesta que nos da Jesús es clara, profunda y desafiante: “Vengan benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era emigrante y me recibieron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel y me vinieron a ver” (Mt 25,34-36). Es una pregunta acuciante para todas las personas de buena voluntad, cuya respuesta debe llevarnos a una acción eficaz.

7.- Somos conscientes que cuanto se haga por los más pequeños es a Cristo a quien se le hace, y por ello como Iglesia nos comprometemos en las diócesis y en las parroquias, en primer lugar, a seguir ayudando a la supervivencia, tanto de los más débiles y desprotegidos dentro del país como a los que han emigrado buscando trabajo y mejores condiciones de vida, así como refugio y asilo. En segundo lugar, a continuar trabajando en la defensa y promoción de los derechos humanos, en particular de los que carecen de todo, de los amenazados de muerte, de los perseguidos y privados de libertad. En tercer lugar, con mayor ahínco, nos proponemos seguir desarrollando programas de formación y organización que permitan la recuperación de la institucionalidad democrática y la reconstrucción del país de una forma pacífica. Todo esto enmarcado en el proceso de evangelización que promueve los valores de verdad, autenticidad, justicia, solidaridad, paz, reconciliación y fraternidad.

8. Tenemos muchas razones para agradecer a personas e instituciones. Al Santo Padre Francisco por su constante cercanía y preocupación por nuestra patria. El 7 de enero de 2019, en el Discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, expresó: “Deseo para la amada Venezuela que se encuentren vías institucionales y pacíficas para solucionar la crisis política, social y económica, vías que consientan asistir sobre todo a los que han sido afectados por las tensiones de estos años y ofrecer a todo el pueblo venezolano un horizonte de esperanza y de paz”. Igualmente, agradecemos a las Iglesias y Gobiernos de diversos países su solidaridad y su atención a los compatriotas que, producto de la crisis, han tenido que dejar el país en búsqueda de mejores condiciones de vida. Apreciamos el trabajo pastoral y de solidaridad que desarrollan día a día los sacerdotes, diáconos, religiosas y laicos, así como las muchas iniciativas que en este campo se están llevando adelante desde Cáritas a nivel nacional, diocesano y parroquial, desde la comisión de Justicia y Paz y las vicarías de Derechos Humanos, de otras organizaciones y asociaciones. Invitamos a articular iniciativas y proyectos en favor del pueblo a los hermanos de otras iglesias y de otras religiones, a las instituciones públicas y privadas, a los empresarios, profesionales, trabajadores y obreros, para trabajar por la paz y por un mejor país.

9.- Como creyentes cultivemos la oración personal y comunitaria. Con María, proclamemos que la misericordia de Dios llega a sus fieles de generación en generación, “porque el Señor hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón y derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” (Lc 1,51-52). Aprendamos de María, nuestra Madre, que Tú, Señor Jesús, eres el alfa y la omega, el principio y fin de nuestra existencia, nuestro pan para el largo camino, nuestra alegría completa, nuestra paz duradera. Amén.

Con nuestra bendición, Los Arzobispos y Obispos de Venezuela

Caracas, 9 de enero de 2019

A %d blogueros les gusta esto: