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Venezuela : Dramático video de los obispos – Conferencia Episcopal – 16 de Mayo 2019

La Conferencia Episcopal Venezolana ha distribuido un vídeo donde muestra los efectos que ha causado en el país la dictadura socialista bolivariana de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y la respuesta de la Iglesia ante las durísimas realidades sociales a las que se está viendo abocado el país.

Funcionarios de Maduro tocaron las puertas de la Conferencia Episcopal para pedir asilo por Rosalinda Hernández – TalCual – 5 de Mayo 2019

El monseñor Mario Moronta informó que en los próximos días denunciarán el ataque de la GN ante los tribunales. “Quienes atacan las iglesias de Venezuela no tienen temor de Dios”

Hace 20 días representantes de la administración de Nicolás Maduro tocaron las puertas de Conferencia Episcopal Venezolana para pedir asilo, en caso de una salida del mandatario, afirmó este domingo el monseñor Mario Moronta durante una eucaristía realizada en apoyo a la iglesia atacada por la Guardia Nacional en San Cristóbal, estado Táchira.

Altos dirigentes han acudido a varios obispos para consultar que en el caso de que hubiere una situación contraria a ellos, si se mantenía el derecho de asilo que universalmente se le reconoce a la Iglesia. Por supuesto, la Iglesia está abierta para proteger a todos los que requieran atención. Pero sin ser alcahuetes, ni encubridores, que no lo somos”, dijo.

Según dijo, ningún dirigente o representante del oficialismo se ha acercado al monseñor pero si a varios obispos de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV).

“Si me llegan pues también lo discutiríamos si se encuentran dentro de las propuestas de la protección. Hemos protegido y estamos protegiendo a muchas personas que han sido atacadas”

La eucarística en desagravio al ataque con bombas lacrimógenas que hizo la Guardia Nacional el pasado viernes a la iglesia Nuestra Señora de Fátima, fue oficiada por el obispo de San Cristóbal junto a más de 20 sacerdotes. Pidió por la conversión de quiénes están haciendo el mal.

“Ya es hora que el mundo se de cuenta de lo que está pasando en Venezuela (…) Pidan perdón públicamente es lo menos que pueden hacer”, dijo Moronta a los funcionarios de la GN

Informó que en los próximos días denunciarán este ataque ante los tribunales nacionales e internacionales. Los feligreses que se encontraban en la misa del pasado viernes también informaron que 40 guardias nacionales ingresaron a la iglesia con motos. “Quienes atacan las iglesias de Venezuela no tienen temor de Dios”.

Los jesuitas latinoamericanos denuncian el sufrimiento del pueblo venezolano bajo la tiranía de Maduro – CPAL – 11 de Marzo 2019

Periodista Digital de España publica el comunicado final Seminario ‘Búsqueda de alternativas políticas a la crisis venezolana’, convocado por la CPAL y realizado la semana pasada en Lima.

Su voz, te reconcilia con la Iglesia

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Venezuela: los esbirros chavistas arrestan a una joven en Caracas.

Igual que antes los obispos venezolanos, los jesuitas han sido mucho más claros y tajantes que el siempre calculador Papa Francisco, aunque usen su nombre y lo citen como referencia (Los obispos venezolanos condenan los arrestos y ataques contra ONGs).

En el comunicado final del Seminario ‘Búsqueda de alternativas políticas a la crisis venezolana’, los jesuitas no se han cortado un pelo o mordido la lengua

“Un pueblo que pasa hambre, que no tiene dónde recibir atención médica, que no cuenta con los mínimos servicios públicos, que sobrevive a pesar del irrisorio valor de la paga que recibe”

“Un pueblo que es perseguido cuando protesta, que vive múltiples formas de control social y político, con un gobierno ahora cuestionado en su legalidad y cada vez más totalitario”

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Jesuitas de América Latina

Como servidores de la misión de Cristo en América Latina y El Caribe, entre el 4 y el 6 de marzo pasados nos reunimos 51 laicos y sacerdotes, incluyendo 19 jesuitas, de distintas áreas profesionales y académicas para reflexionar sobre alternativas políticas a la crisis de Venezuela. Fuimos convocados por la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y El Caribe – CPAL, contando además con el apoyo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya de Lima y la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas.

El Seminario tuvo como eje central de la discusión la tarea de clarificar los factores principales de la crisis que hoy vive el país y que afecta a la sociedad venezolana sin distinción de clases sociales, muy particularmente a los sectores más empobrecidos. Las deliberaciones del grupo se centraron en tres grandes preguntas:

  • ¿cuál es el papel de los diversos actores sociales, políticos y armados en la coyuntura venezolana?
  • ¿cuál es la postura de los países y bloques transnacionales de poder que inciden en la crisis del país?
  • ¿cuál debe ser el aporte y la ruta de actuación de la Compañía de Jesús a partir de los diversos escenarios probables?

El dolor y la miseria creciente del pueblo venezolano, dentro y fuera de su país, nos entristece y nos interpela. Somos conscientes de que las causas que han llevado al deterioro de la democracia y las condiciones de vida del pueblo venezolano son de vieja data en Venezuela; con todo, la actual situación de miseria y quiebre de la institucionalidad de la democracia es éticamente intolerable y políticamente insostenible.

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Una publicación compartida de Manos A La Obra Por Venezuela. (@manosalaobraporvenezuela) el 28 Feb, 2019 a las 7:58 PST

Los millones de migrantes presentes en casi todos los países de América latina (13% de la población venezolana) nos abren una ventana por la cual se asoma diariamente la pasión cotidiana -casi inaguantable- de la mayor parte de su pueblo; un pueblo que pasa hambre, que no tiene dónde recibir atención médica, que no cuenta con los mínimos servicios públicos, que sobrevive a pesar del irrisorio valor de la paga que recibe; un pueblo que es perseguido cuando protesta, que vive múltiples formas de control social y político, con un gobierno ahora cuestinado en su legalidad y cada vez más totalitario, que ha sido cooptado por un pequeño grupo de intereses corporativistas y que ha dilapidado escandalosamente la riqueza del país.

Queremos reafirmar que ejercemos nuestra misión de servicio en la Iglesia. Nos sentimos plenamente expresados en la posición de nuestros hermanos obispos de Venezuela quienes, conociendo de cerca el drama del país y el sufrimiento del pueblo, afirman que “vivimos un régimen de facto, sin respeto a las garantías previstas en la Constitución y en los más altos principios de dignidad del pueblo…

En esta crisis política, social y económica, la Asamblea Nacional, electa con el voto libre y democrático de los venezolanos, actualmente es el único órgano del poder público con legitimidad para ejercer soberanamente sus competencias” (111ª Asamblea plenaria Conferencia Episcopal de Venezuela, enero de 2019).””

 

En la “Fórmula del Instituto”, que contiene la quintaesencia de la experiencia y la inspiración de Ignacio de Loyola, se dice que la Compañía de Jesús fue fundada – entre otras misiones – para “reconciliar a los desavenidos”. Somos llamados a ser mensajeros de la reconciliación en la justicia y de la esperanza. “Para lograrlo tenemos que alcanzar una comprensión más profunda del misterio del mal en el mundo, y también del poder transformador de la misericordiosa mirada de Dios que trabaja por hacer de la humanidad una familia reconciliada y en paz” (Congregación General 36ª de la Compañía de Jesús, Decreto 1º, # 31). Por eso no nos quedamos contemplando únicamente los males, sino que también nos regocijamos con los múltiples signos de solidaridad y de generosidad que descubrimos entre el pueblo venezolano y entre nuestros pueblos hermanos, pues han alimentado la lucha y la resistencia pacífica y activa de las víctimas y sobrevivientes en ese hermano país.

Movidos a compasión ante el sufrimiento de tantas personas y después de analizar con profundidad la situación política, social, económica y geoestratégica de Venezuela buscando alternativas políticas a la crisis actual, los jesuitas queremos seguir:

  • impulsando, junto con muchas otras personas y organizaciones, alternativas políticas y de servicio que rescaten la centralidad y la dignidad inalienable de cada ser humano; y por eso rechazamos todas las formas de violar los derechos humanos, y toda manipulación del poder político que pretenda imponer un orden que no reconozca el disenso, la pluralidad, los derechos colectivos de los pueblos originarios, las libertades civiles y políticas, tal como están consagradas en la Constitución Bolivariana de 1999.
  • siendo solidarios y reforzar nuestro servicio y atención a los migrantes venezolanos en nuestros países, pues no solamente reconocemos su drama, sino que valorizamos su presencia y la riqueza que aportan en las sociedades que les acogen;
  • promoviendo, de diversas maneras, una comprensión cada vez más fina y completa de la realidad venezolana a través del trabajo de investigación, publicación, divulgación, enseñanza y formación que se realiza en nuestros diversos servicios apostólicos para contribuir a reducir la desinformación, los prejuicios y la polarización que existe en la opinión pública y generar una auténtica solidaridad.

Valoramos el interés de la comunidad internacional y sus iniciativas para ayudar al pueblo venezolano en la superación de la crisis. Creemos y defendemos expresamente el principio fundamental de la autodeterminación de todos los pueblos de la tierra. Por eso, afirmamos que la ayuda que se requiere para la solución de los problemas actuales de Venezuela amerita que las medidas de presión que se ejerzan desde el exterior deben ser pensadas de manera que no causen más daño a los que sufren y son afectados por el mal que se pretende corregir. Éticamente no es correcto ni bueno combatir un mal con otro mal que signifique empeorar la situación de miseria, exclusión y explotación de los pueblos, especialmente de los pobres e indefensos.

 

Tal como nos decía el Papa Francisco a los jesuitas en su discurso final a la 36ª Congregación general en noviembre de 2016, estamos convencidos de que “la Compañía de Jesús no está llamada a ocupar espacios sino a desatar procesos”. El Seminario realizado ha sido una bella experiencia de ese modo de servicio.

Rogamos al Señor nuestro Dios por todos los que forman el cuerpo apostólico de la Compañía de Jesús en Venezuela, así como por todos aquellos que acompañan, defienden, promueven y trabajan por la integración de los migrantes en diversos países del subcontinente. “Aun en los momentos en que afrontamos grandes desafíos y aparentes derrotas, seguimos soñando con ayudar a recrear un mundo diferente, porque hemos conocido “a Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar” (Efesios 3: 20). Por eso nos mantenemos firmes, “calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz”(Efesios 6: 15)” (Mensaje orante para aquellos jesuitas que trabajan en zonas de guerra y conflicto, 36ª Congregación General).

En nombre de los participantes,

Roberto Jaramillo Bernal, S.J.
Presidente de la CPAL

Irritante confusión por Luis Ugalde S.J. -TwitLonger – 20 de Febrero 2019

“Neutralidad positiva” “Neutralidad inaceptable” Luis Ugalde s.j.


Vivimos Tiempos de mucha tensión, confusión y deseos de que alguien desde fuera nos resuelva esta tragedia nacional. Algunos quisieran que el Papa nos liberara del usurpador. Para que esta ilusa esperanza no traiga más frustración, la Iglesia católica debe ser más clara y evitar confusiones y silencios que aumentan la irritación contra el Vaticano.
Para muchos es difícil entender que el Papa sea cabeza y servidor de la Iglesia católica y al mismo tiempo Jefe de Estado en un mínimo territorio pero con relaciones diplomáticas con casi todos los estados del mundo. El problema es que actuaciones razonables para el Estado Vaticano pueden resultar chocantes y escandalosas para la Iglesia Pueblo de Dios. En esa confusión estamos.
Neutralidad positiva Hace unos años Argentina y Chile llegaron a las puertas de la guerra por cuestiones fronterizas. El papel activo del Vaticano fue decisivo para frenar el conflicto y ahorrar muertos y odios. La mediación vaticana fue posible porque ambas naciones son de gran mayoría católica y sus gobiernos aceptaron la intervención como muy positiva por la creíble imparcialidad de un Estado sin tanques, con mucho reconocimiento moral e interesado en ayudar a ambas partes. Se le reconocía al Vaticano imparcialidad positiva (lo que recientemente el Secretario de Estado cardenal Parolín llamó “neutralidad positiva”) necesaria para ser árbitro o mediador.
Neutralidad inaceptable. No es esa la situación de Venezuela en la que los cristianos no podemos ser neutrales, sin traicionar a Cristo. Cuando un usurpador a mano armada secuestra la Constitución, arrebata las libertades, apresa, tortura y despoja de su patria y bienestar a millones… nadie en conciencia puede ser neutral entre el victimario y las víctimas. Jesús traza una radical diferencia y llama “benditos de mi Padre” a quienes atienden al hambriento, al exiliado, al preso y al enfermo, y “malditos de mi Padre” a los que niegan al prójimo la comida, la medicina, la patria y la libertad. Venezuela sufre un asalto a mano armada por bandidos que la dejan medio muerta, como en la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10,25-). La Iglesia en Venezuela, a costa de su tranquilidad y aun de su libertad, tiene que abrazar y curar al hermano herido, como lo hizo en El Salvador de manera ejemplar Monseñor Romero (con mucha incomprensión y disgusto del Vaticano en ese tiempo) hasta ser asesinado por el poder dominante. Recientemente por esa virtud heroica el Papa Francisco ha canonizado con toda celeridad a San Romero de América y lo ha puesto como ejemplo de obispo y cristiano defensor de los perseguidos. En muchas otras ocasiones (por ejemplo en la etapa final de Pinochet) se produce el conflicto entre la Iglesia-Estado en buena relación con el Gobierno y la Iglesia-Pueblo de Dios, de ciudadanos que sufren y luchan por la dignidad humana y los derechos negados por ese Gobierno.
Nos sentimos orgullosos de nuestra Iglesia en Venezuela, y considero que nuestra Conferencia Episcopal (CEV) lleva tres lustros como la institución más lúcida y valiente frente a un régimen que hace mucho tiempo perdió la legitimidad, y con ello nos pone en el deber de cumplir con los artículos constitucionales 333 y 350 basados en la tradicional doctrina católica sobre la legítima rebelión contra el tirano. Tenemos pruebas de que esta actuación de la CEV cuenta con la comprensión y apoyo del Papa y de su Secretario de Estado y contamos con las oraciones y la solidaridad de diversos episcopados e iglesias del mundo. El Régimen trata de manipular esa realidad presentando al Papa como amigo empeñado en salvar su “socialismo del Siglo XXI” y enfrentado a la CEV degenerada en partido político contra este buen gobierno. Lamentablemente no faltan opositores que, malévola o ingenuamente, favorecen al gobierno que odian, atacando al Papa. El régimen ha abusado tanto con la manipulación del “diálogo” y la mediación del Vaticano, que el Papa ha enviado una carta al Sr. Maduro diciéndole que el Régimen, para perpetuar su poder y el desastre nacional, viola e incumple las buenas palabras de diálogos anteriores.
Baño de muerte y gobierno de transición. No es cierto que lo mejor sea someterse dócilmente a la dictadura para así evitar el baño de sangre, pues el baño de muerte ya es una terrible realidad que sufren millones, no es solo un peligro. Por eso Venezuela necesita salir cuanto antes del usurpador y formar un gobierno amplio de transición decidido a convocar elecciones presidenciales libres y democráticas (impedidas el año 2018) y restablecer la Constitución y los derechos humanos violados. Gobierno de Transición a la mayor brevedad 1) para establecer las condiciones para una elección justa y limpia (nuevo CNE y TSJ, eliminación de la ANC, habilitación de candidatos y partidos, actualización del REP, votación en el exterior, auditorías, empresa de soporte, máquinas electorales etc.). Según los entendidos todo esto tomará unos 9 meses y por eso conviene empezar ya. 2) De máxima urgencia en el tiempo es también el cambio de la disparatada política económica y el freno de la hiperinflación (va mucho más allá de la ayuda humanitaria), que no pueden lograrse sin mucha iniciativa privada e inversión y sin un apoyo internacional grande y sostenido de los gobiernos democráticos y de los organismos multilaterales. Nadie en sus cabales piensa que la prolongación del régimen actual puede traer bienestar a Venezuela. El usurpador Maduro no puede, ni quiere, convocar a elecciones presidenciales limpias, ni cambiar del modelo “socialista”; tampoco tiene credibilidad ni apoyo internacional y nacional, ni tendrá la de la Fuerza Armada.
La Iglesia de Cristo sin confusiones debe movilizarse más, nacional e internacionalmente, para liberar a Venezuela de la actual tragedia humana, evitando manipulaciones del Régimen. El Vaticano –si se presenta la oportunidad- estará dispuesto a contribuir a la salida no sangrienta del usurpador.
Caracas, 19 de febrero de 2019.

¿Qué papel debe jugar la Iglesia en la crisis en Venezuela? – NTN24 – 8 de Febrero 2019

El Vaticano se ha ofrecido como mediador si ambas partes lo solicitan. El Cardenal Baltazar Porras considera “inviable” una mediación del Vaticano

La posible mediación del Vaticano en la crisis de gobernabilidad que atraviesa Venezuela está sobre la mesa. El Papa Francisco estaría dispuesto a mediar si ambas partes así lo solicitan; sin embargo, la Iglesia venezolana considera “inviable” esta posibilidad, alegando falta de voluntad real por parte del régimen de Nicolás Maduro.

A través del Secretario de Estado, el Cardenal Pietro Parolin, el Vaticano se declaró en “neutralidad positiva” frente a la crisis venezolana y reiteró su disposición a servir como mediador, únicamente si existe una solicitud expresa de ambas partes.

La Iglesia se ha desempeñado en varias ocasiones como mediadora en la crisis de gobernabilidad en Venezuela pero en esta oportunidad las condiciones parecen haber cambiado. El Cardenal Baltazar Porras, arzobispo metropolitano de Mérida y administrador apostólico de Caracas, afirmó a una radio local argentina que abrir un diálogo en el país sería una hoja en blanco y calificó como “inviable” la mediación del Vaticano en la crisis en Venezuela, considerando que en los procesos pasados de diálogo no ha habido voluntad real para conseguir una salida.

Comunicado conjunto de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Venezuela (CONVER) y del Consejo Nacional de laicos de Venezuela (CNL) – 4 de Febrero 2019

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COMUNICADO CONJUNTO

1. Los miembros de las presidencias de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Venezuela (CONVER) y del Consejo Nacional de laicos de Venezuela (CNL), queremos compartir con todo el pueblo venezolano algunas preocupaciones sobre la dramática situación que estamos viviendo en el país.

2. Experimentamos en todas las comunidades a las que servimos, y en todo el contexto nacional, una dolorosa situación de injusticia y sufrimiento por la carencia de lo necesario para una vida digna y productiva, y la indefensión ante la justicia. Esto ha generado, con determinación y esperanza, la búsqueda de un cambio político a través de un proceso de transición pacífica y transparente, que lleve a elecciones libres y legítimas para retomar el rumbo democrático y lograr la recuperación del Estado de Derecho, la reconstrucción del tejido social, la producción económica, la moral en el país y el reencuentro de todos los venezolanos.

3. Al asumir esta ruta de transición hacia un proceso electoral, urge hacerlo de forma pacífica y con los instrumentos presentes en la Constitución Nacional, para evitar mayores sufrimientos y dolores al pueblo. Como creyentes y compañeros de camino, nos dejamos iluminar por la Palabra y la sabiduría que viene de Dios que “ante todo es pura y además es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y de buen obrar, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz y su fruto es la justicia” (Sant. 3, 2.18).

4. Es moralmente inaceptable la creciente represión por motivos políticos, la violación de los Derechos Humanos y las detenciones arbitrarias y selectivas. Como ciudadanos y servidores de las comunidades, les exigimos a los organismos de seguridad del Estado que no sigan reprimiendo a sus hermanos venezolanos y asuman su verdadera responsabilidad de proteger al pueblo en toda circunstancia, particularmente cuando ejerzan el derecho a la protesta pacífica.

5. Urge que el Ministerio Público y la Defensoría del Pueblo cumplan con su primer deber que es el estar al servicio del pueblo y, de una vez por todas, se acaben los abusos de poder y antes descritos, en particular, lo que se refiere a las detenciones de menores de edad. No caigan en contradicción con las mismas leyes que profesan respetar, y siéntanse independientes de cualquier otro poder público a la hora de ejercer sus funciones.

6. Hacemos un reconocimiento y agradecimiento a los activistas que defienden y promueven los Derechos Humanos en momentos de crisis y tensión en el país, por el servicio que desempeñan a pesar de los riesgos, y les animamos para que continúen atendiendo a las víctimas que sufren injusticias. Pedimos el respeto y la seguridad personal y jurídica para quienes ejercen este digno servicio en Venezuela.

7. La Iglesia Católica comprometida desde hace muchos años en acompañar y auxiliar a la población más afectada, actuando de acuerdo a los principios de independencia, imparcialidad y humanidad, solicita sean concedidos los permisos necesarios para disponer de la ayuda humanitaria como un medio para mitigar el impacto de la crisis sobre la gente más vulnerable. Cáritas de Venezuela y las diversas instituciones de promoción social de la Iglesia con un extenso alcance en todo el territorio nacional, nos comprometemos a continuar el servicio que venimos realizando con equidad, inclusión, transparencia y efectividad.

8. En este momento crucial de la historia patria, invitamos a todo el pueblo venezolano a dar lo mejor de sí, cada uno en su ámbito de trabajo y acción, para que desde la unidad, la solidaridad y la responsabilidad ética, con un espíritu distendido, busquemos el bien común y trabajemos sin descanso en la reconstrucción de la Democracia y de la patria entera, evitando el derramamiento de sangre como bien lo ha expresado el Papa Francisco.

9. El pueblo Venezolano ha despertado, está en la calle porque anhela un cambio en el rumbo político y democrático del país. Las marchas del 23 de enero y la que se realizó el día 2 de febrero, día de la Vida Consagrada en la Iglesia, dan testimonio de la fuerza y la perseverancia de un pueblo que cuando es exigido responde positivamente ante el anhelo de un mejor futuro, donde la vida no esté en riesgo permanente, sino que hayan oportunidades para el desarrollo humano integral y la reactivación de los valores de la paz, la reconciliación y el encuentro.

10. Desde nuestra misión de creyentes, queremos incentivar la oración y una espiritualidad encarnada en las realidades que sufre el pueblo. Uno de los signos fundamentales de este momento es la Eucaristía como sacrificio y don de Dios en Jesucristo, por lo que invitamos a todo el pueblo para que participemos en la Eucaristía del domingo 10 de febrero, antesala de la jornada mundial por los enfermos, y así orar en todos los templos, en nuestras casas y comunidades, pidiéndole al Señor nos conceda la paz, la reconciliación, la libertad y la salud espiritual y corporal, y busquemos con creatividad gestos de fraternidad y solidaridad en las diferentes comunidades.

11. Confiemos en el Dios de la historia, Él es el Dios de la salvación en Jesús liberador que nos dice: “no tengan miedo, yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20). Que María de Coromoto, nuestra patrona nacional, nos acompañe siempre como pueblo.

Con nuestra cercanía.

Caracas, 4 de febrero de 2019.

José Luis Azuaje Ayala Arzobispo de Maracaibo Presidente de la CEV

Pbro. Francisco Méndez, SDB Presidente de CONVER

Dra. María Elena Febres-Cordero Briceño Presidente del CNL

Cardenal Porras pide abrir periodo de transición para elecciones libres en Venezuela – aciprensa – 1 de Febrero 2019

Imagen referencial / Foto: Facebook Voluntad Popular

Imagen referencial / Foto: Facebook Voluntad Popular

El Administrador Apostólico de Caracas, Cardenal Baltazar Porras, afirmó que la actuación de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela está generando confianza en el pueblo e hizo un llamado a “abrir un periodo de transición que lleve a elecciones libres, con vigilancia internacional”.

En declaraciones al medio español Alfa y Omega, el Purpurado recordó la exhortación del Papa Francisco para que en Venezuela se dé “una solución justa y pacífica” a la crisis que enfrenta desde hace años y que ha provocado la migración de por lo menos tres millones de personas.

El Cardenal Porras expresó su deseo de que el cambio “se pueda dar de manera pacífica, lo más pronto y con el menor trauma posible”.

En la entrevista el también Arzobispo de Mérida aclaró que los obispos no están “con unos o con otros, sino recogemos las inquietudes de la gente y buscamos transmitir que la Iglesia está con quienes representan y buscan la constitucionalidad y la paz, y no con los que ilegítimamente quieren mantenerse a toda costa en el poder”.

El Cardenal Porras afirmó que “no hay otra salida más que la negociación. Una palabra con connotaciones muy distintas a diálogo que está vetada en Venezuela, es casi como un insulto”.

“Huele a cambio…”.

El Cardenal Porras aclaró que durante las manifestaciones contra el régimen de Nicolás Maduro los estallidos de violencia por parte de la población “son esporádicos. Nosotros hemos trabajado para que no se responda así, sino con una paciencia activa y una búsqueda de soluciones por la vía menos dramática. Las muertes y desapariciones dejan heridas difíciles de sanar”.

En ese sentido, dijo que la presencia de obispos, sacerdotes y religiosos en las calles transmitió serenidad y confianza a la gente. “Fue muy útil para evitar el desbordamiento de las pasiones. Muchos de los que reprimen lo hacen forzados. Pero también tienen sentimientos religiosos y cuando estás cerca te dicen ‘Bendígame, padre’”, relató.

El religioso aseguró que en Venezuela “huele a cambio. Hay más optimismo. Hasta ahora la gente parecía muy desesperanzada, pero ha despertado un clamor. A muchos les está inspirando confianza ver cómo actúa Guaidó, saliendo a la calle y contando lo que va haciendo”.

Asimismo, el sacerdote diocesano Tony Medina dijo que “la gente está muy deseosa de Dios. Han seguido viniendo a Misa estos días, y en Navidad de hecho tuvimos que sacar sillas a la calle. Yo solo predico la Palabra de Dios. Les digo que, más allá de salir a las calles o violentar, con rodilla en piso (rezando) se resuelve mucho más de lo que se pueda imaginar”.

Según el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, desde el 21 de enero se han registrado al menos 43 muertes durante las protestas contra el Gobierno de Maduro.

El falso enfrentamiento entre el Papa y los Obispos por Venezuela por Rafael Luciani – Teologia Hoy – 30 de Enero 2019

La falsa división entre un Papa de izquierda y unos obispos de derecha

El actual proceso de reformas eclesiales que preside Francisco busca conceder mayor autonomía a las Conferencias Episcopales locales. En pontificados anteriores, la centralización del poder eclesial en manos de la Curia Romana causó un sin fin de abusos sobre las iglesias locales y regionales fruto de lo que Francisco describió, al inicio de su pontificado, como la patología del poder. En términos geopolíticos esto se ha traducido en un trabajo en conjunto y coordinado entre las autoridades eclesiásticas en Roma y las directivas de las conferencias episcopales locales. De este modo, la orientación de la narrativa geopolítica vaticana busca enfocarse en la cura pastoral y la atención humanitaria de los países en crisis, dejando el recurso diplomático de la negociación y la apelación a la multilateralidad como vías que pueden evitar salidas violentas y sangrientas de los regímenes políticos que se adueñan del poder. Corresponde a los obispos locales la calificación política y el posicionamiento ético frente a dichos regímenes. El Vaticano, desde los Pactos Lateranenses que le dieron carácter estatal en 1939, jamás ha calificado a un presidente de «dictador». No puede hacerlo. Experiencias como las de China, donde la Iglesia fue expulsada, sólo han podido ser sanadas muchos años después y con lentas negociaciones.

Sabiendo esto, el oficialismo venezolano ha buscado, por diferentes vías, debilitar la credibilidad de la Iglesia. En este juego han caído también sectores de la oposición polarizando así la dimensión pastoral de la acción eclesial bajo la idea de una supuesta división entre «un Papa de izquierda y unos obispos de derecha», o entre «un Papa que reconoce al gobierno ilegítimo de Maduro y unos obispos venezolanos que no lo reconocen». Este tipo de argumentaciones sólo otorgan mayor fuerza a la estrategia del gobierno de buscar que el pueblo pierda la credibilidad en la institución eclesiástica que, por naturaleza organizacional, actúa siempre de forma colegiada, es decir, con una inquebrantable unidad entre el Papa, los obispos y los fieles. ¿Acaso los que hoy critican a Francisco por haber hablado con Fidel Castro, levantaron su voz cuando San Juan Pablo II le dio la comunión a Pinochet? Ambos torturaron y asesinaron a miles de hermanos que pedían la misma libertad que hoy pedimos los venezolanos. Para la Iglesia la fe no es ideológica ni doctrinaria. Su único interés es la atención pastoral a las personas traducida en la promoción del bienestar para con los más pobres y sufridos de una sociedad, como lo es hoy la venezolana, pues —como dice Francisco— no podemos «considerar a nada ni a nadie como definitivamente perdido en las relaciones entre las naciones, los pueblos y los estados».

«En la voz de los obispos venezolanos también resuena la mía»

¿Cuál es la posición del Papa Francisco? ¿es posible en la Iglesia, que exista un número 2 por encima del número 1? ¿acaso la Iglesia funciona como una democracia? ¿puede existir una división entre la postura del Papa —como pastor y jefe de estado—, su Secretario de Estado —el Cardenal Parolín—, y la Conferencia Episcopal venezolana que se ha manifestado en bloque al declarar a la presidencia de Maduro como ilegítima?

El 8 de Junio de 2017, el Papa Francisco dijo personalmente a los miembros de la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana que «en la voz de los obispos venezolanos también resuena la mía». A diferencia de otros pontificados, el reconocimiento de Francisco es a lo que han discernido y decidido los obispos locales, quienes conocen su realidad, y no lo que Roma pueda pensar desde lejos de nuestra realidad. Esto no sólo dice de la honradez de Francisco ante lo que vivimos, sino también de su humildad al querer llevar un proceso de reforma y «descentralización» en la Iglesia Católica, como lo indicó en su primera Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (n.16).

Las 4 condiciones del Vaticano siguen hoy vigentes

Hagamos un poco de memoria sobre los varios llamados públicos de Francisco en torno a la crisis venezolana. El 10 abril de 2014 hizo un fuerte reclamo a los líderes políticos por la violencia e instó a respetar la verdad y la justicia. Un año más tarde, el 1 de marzo de 2015, condenó la muerte de estudiantes que protestaban pacíficamente. Y en octubre de 2016 cuando aceptó la petición de facilitación que le hiciera primeramente la propia oposición nacional, el Vaticano dio a conocer el día 2 de diciembre las cuatro condiciones que debían acompañar una verdadera negociación con el gobierno: «elecciones, restitución de la Asamblea Nacional, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos».

El punto más álgido fue la denuncia del Papa ante el incumplimiento de dichas condiciones por parte del gobierno, lo que llevó a la culminación del proceso de diálogo y a esto se refirió en la rueda de prensa que ofreció durante el regreso de su viaje apostólico a Egipto, el 29 de abril de 2017. Ahí dijo que el diálogo «no resultó porque las propuestas no eran aceptadas» no sólo por la oposición política que, en ese momento, carecía de unidad política y estratégica, sino fundamentalmente por el gobierno, cuya falta de seriedad y coherencia la describió como un: «”sí,sí” pero “no, no”» y le hizo un «sentido llamamiento al gobierno para que se evite cualquier ulterior forma de violencia, sean respetados los derechos humanos y se busquen soluciones negociadas a la grave crisis humanitaria, social, política y económica que está extenuando la población».

Un día después de este viaje, ante la crueldad de la represión a miles de personas que protestaban en el país, el domingo 30 de abril de 2017 en su mensaje Urbi et Orbe, Francisco difundió y cuestionó para el mundo «la situación en Venezuela, con numerosos muertos, heridos y detenidos»; abogó por los «derechos humanos» y exhortó a «soluciones negociadas a la grave crisis humanitaria».

Algo que muchos olvidan es que, paralelo a todas estas denuncias, el Papa ya se había reunido con Susana Malcorra, canciller argentina del recién electo gobierno de Macri, para conseguir el pronunciamiento en bloque de los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Perú, Paraguay y Uruguay sobre la crisis venezolana. Una reunión que llevó a otras más, como parte del ejercicio silente de la diplomacia Vaticana y que inspiró lo que luego se crearía bajo el nombre de grupo de Lima.

La movilización de la Iglesia latinoamericana en contra de la represión del gobierno venezolano

Todas estas acciones del Papa y los pronunciamientos de la Conferencia Episcopal Venezolana produjeron algo que pocos han valorado: por primera vez en la historia de la Iglesia latinoamericana, todas las entidades locales y regionales alinearon su posición reiterando, a su vez, las varias denuncias hechas por el Papa. Veamos a qué nos referimos.

A casi dos meses del inicio de las protestas estudiantiles, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) fijó posición, el 2 de abril de 2014, de forma pública y oficial, mediante el comunicado que lleva por nombre: «Responsables de la paz y el destino democrático de Venezuela». Los Obispos comienzan su análisis con una premisa muy clara: «la causa fundamental de la actual crisis es la pretensión del partido oficial y autoridades de la República de implantar el llamado Plan de la Patria, detrás del cual se esconde la promoción de un sistema de gobierno de corte totalitario». Para lograr imponer este modelo de corte totalitario, basado en la lógica del pensamiento único y, por tanto, excluyente de todo otro modelo sociopolítico, se han puesto «restricciones a las libertades de información y opinión», se ha incrementado «la inseguridad jurídica y ciudadana» y se han promovido «los ataques a la producción nacional». Todo esto, bajo el peso de una «brutal represión de la disidencia política» (num. 2).

Las cosas no cambiaron. Antes bien, se siguieron agravando y el 31 de marzo de 2017 la Conferencia Episcopal Venezolana se pronunció denunciando que para el gobierno «todo gira en torno a lo político, entendido como conquista del poder, olvidando las necesidades reales de la gente». Ante la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de eliminar la Asamblea Nacional y suplantarla «por una representación de los poderes Judicial y Ejecutivo», indicó el episcopado que «no se puede permanecer pasivos, acobardados ni desesperanzados. Tenemos que defender nuestros derechos y los derechos de los demás. Es hora de preguntarse muy seria y responsablemente si no son válidas y oportunas, por ejemplo, la desobediencia civil, las manifestaciones pacíficas, los justos reclamos a los poderes públicos nacionales y/o internacionales y las protestas cívicas».

El 4 de abril 2017 se sumó la voz de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Venezuela contra «la falta de autonomía entre los cinco poderes públicos: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral y Ciudadano», y subrayó «la indolencia del gobierno nacional ante la situación crítica que vive nuestro pueblo, demostrando una vez más que solo le interesa la lucha por mantenerse en el poder» en un contexto de «inminente dictadura». El camino inmediato para salir de la crisis, se lee en el documento, ha de pasar por el cumplimiento de tres exigencias: «respeto al Estado de derecho, separación de poderes, legitimidad del Parlamento».

Tres días más tarde, el 7 de abril 2017, la Compañía de Jesús en Venezuela, a través de la editorial de su revista SIC del Centro Gumilla, hizo pública su posición oficial: «nos enfrentamos a una dictadura como ciudadanos y como cristianos», la cual se consuma, a juicio de los jesuitas, con «las decisiones asumidas por el Tribunal Supremo de Justicia en Sala Constitucional de fecha 28 y 29 de marzo que suponen un claro golpe de Estado y un desenmascaramiento definitivo del gobierno como una dictadura». Y añadió, en consonancia con la petición del Papa Francisco a través de su secretario de Estado, que la solución a la crisis actual del país pasa, necesariamente, por las siguientes condiciones: «democracia con elecciones, liberación de todos los presos políticos, pleno reconocimiento de la Asamblea Nacional, apertura a la ayuda humanitaria internacional y entierro de este modelo fracasado que atenta contra la vida de toda la población». Nada menos de lo que exigió el bloque político de oposición, que por intereses partidistas no lograba llegar a una estrategia unitaria y permanente.

A este movimiento eclesial, se unieron las distintas Conferencias Episcopales Latinoamericanas. Entre ellas, el 21 de abril 2017, la Conferencia Episcopal Panameña se solidarizó con la posición de los obispos venezolanos expresando que «la difícil situación del país cada vez se hace más insostenible». A este comunicado le siguió el de la Conferencia Episcopal Colombiana en pro de la labor de «obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos que en medio de dolorosas situaciones y privaciones, siguen trabajando por la defensa de los valores humanos». El día 26 de abril de 2017, la Conferencia Episcopal Ecuatoriana declaró que «se trata de una situación donde está muerta y desaparece toda posibilidad de opinión divergente o contraria a quienes están en el poder, se abre la puerta a la arbitrariedad, la corrupción y la persecución, un despeñadero hacia la dictadura». A lo largo de ese mes de abril se solidarizaron también, entre otras, las Conferencias Episcopales de Uruguay y Chile, así como la boliviana, que el 2 de mayo de 2017 se pronunció en torno a «la violencia fratricida, pobreza abrumadora y pérdida de la vigencia de los derechos humanos» en Venezuela.

Una nueva expresión de la colegialidad eclesial se manifestó, históricamente, entre el 9 y el 12 de mayo de 2017, cuando se celebró en San Salvador la XXXVI Asamblea Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Allí, todas las Iglesias locales de América Latina y el Caribe decidieron, unánimemente, tomar posición frente a la situación de nuestro país al observar que «se vuelve insostenible la falta de alimentación, la falta de medicinas y la falta de libertades». Tras la discusión se creó una Comisión de seguimiento de la situación sociopolítica y humanitaria venezolana. Es la primera vez que el conjunto de las Iglesias locales latinoamericanas se unen para levantar su voz en contra de lo que se vive sociopolíticamente en uno de sus países.

Un último ámbito de conciencia eclesial internacional que no podemos pasar por alto es el comunicado publicado por la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina. El 27 de abril de 2017, unas treinta universidades de catorce países latinoamericanos expresaron su «condena a los actos de represión que el gobierno está ejerciendo sobre quienes legítimamente salen a las calles a manifestar su protesta ante esta situación». Todas las universidades jesuitas del continente se unieron para denunciar «la intolerancia a la discrepancia y la militarización de la sociedad», y demandaron «a todos nuestros gobiernos y organismos internacionales que defiendan el Estado de derecho, la institucionalidad democrática y el libre ejercicio de la ciudadanía en Venezuela».

 El llamado del Vaticano a desconocer la Constituyente y retomar las 4 condiciones

Ante todos estos pronunciamientos internacionales, el 13 de mayo de 2017, poco antes de que oficiara la misa solemne en Fátima, el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolín, «número dos» de Francisco, declaró nuevamente que «la solución para la grave crisis en Venezuela son las elecciones». Como es lógico, toda elección supone un cambio de gobierno o transición política. Por ello precisó, como ha dicho el Pontífice en repetidas ocasiones, que «se necesita mucha buena voluntad, empezando por el gobierno, que debe dar señales de que desea resolver la crisis y tener en cuenta el clamor del pueblo».

Esto llevó a que el 4 de agosto de 2017, el mismo Papa enviara de nuevo un comunicado muy fuerte a través de la Secretaría de Estado diciendo que: «la Santa Sede pide a todos los actores políticos, y en particular al Gobierno, que se asegure el pleno respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, como también de la vigente Constitución; se eviten o se suspendan las iniciativas en curso como la nueva Constituyente que, más que favorecer la reconciliación y la paz, fomentan un clima de tensión y enfrentamiento e hipotecan el futuro; se creen las condiciones para una solución negociada de acuerdo con las indicaciones expresadas en la carta de la Secretaría de Estado del 1 de diciembre de 2016, teniendo en cuenta el grave sufrimiento del pueblo a causa de las dificultades para obtener alimentos y medicamentos, y por la falta de seguridad». Nuevamente se recuerdan las 4 condiciones que han de marcar la hoja de ruta hacia el restablecimiento de la democracia en Venezuela: «elecciones, restitución de la Asamblea Nacional, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos».

Un hecho aparentemente controversial sucedió el 10 de enero (2019) durante la juramentación de Maduro ante el Tribunal Supremo de Justicia para un nuevo período de gobierno. Dicho mandato ha sido desconocido por la comunidad internacional. La Secretaría de Estado del Vaticano decidió enviar a un Encargado de negocios ad interim, en vez de al Nuncio en Caracas. Hecho que no ha de pasar desapercibido cuando el protocolo vaticano siempre ha prescrito la presencia de un Nuncio, sea el del propio país o de otro vecino que lo represente en su calidad de Jefe de Misión en tales actos de investidura. Aquí se optó por un funcionario de menor rango, prácticamente desconocido. Ante las reacciones que surgieron, el Vaticano emitió un comunicado el pasado lunes 14 de enero explicando que «la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas con el Estado venezolano. Su actividad diplomática tiene como finalidad promover el bien común, tutelar la paz y garantizar el respeto de la dignidad humana», y añadió nuevamente el principio de colegialidad geopolítica bajo el cual actúa, siempre en coordinación con los obispos locales. Por eso, dice el comunicado, «la Santa Sede y los obispos del país trabajan juntos para ayudar al pueblo venezolano, que sufre las implicaciones humanitarias y sociales de la grave situación en la que se encuentra la nación».

«El nuevo período presidencial es ilegítimo y abre una puerta al desconocimiento»

Todas estas acciones y posiciones, frutos de una acción colegiada entre el Papa, los obispos y los fieles católicos, quedó claramente expresada y reconocida el 9 de enero de 2019 en la exhortación que lleva como título: «Lo que hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños a mí me lo hicieron» (Mt 25,40). Ahí, la Conferencia Episcopal Venezolana en pleno exigió al gobierno «el cambio que el país pide a gritos: la recuperación del Estado de Derecho según la Constitución y la reconstrucción de la sociedad venezolana, en dignidad, libertad y justicia para todos». Por tal motivo, dice la exhortación: «reiteramos que la convocatoria del 20 de mayo (para elegir el Presidente de la República) fue ilegítima, como lo es la Asamblea Nacional Constituyente impuesta por el poder ejecutivo. Vivimos un régimen de facto, sin respeto a las garantías previstas en la Constitución (…). La pretensión de iniciar un nuevo período presidencial el 10 de enero de 2019 es ilegítima por su origen, y abre una puerta al desconocimiento del Gobierno».

Así como los obispos han sido claros en no reconocer la legitimidad de Maduro, el Papa fue el primero en desconocer a la asamblea nacional constituyente impuesta por Maduro sin voto popular. No olvidemos que las acciones de una diplomacia muchas veces silente y poco perceptible iniciaron un proceso de concertación entre gobiernos latinoamericanos y conferencias episcopales locales, que fueron alzando sus voces para pedir, con el Vaticano: «elecciones, restitución de la Asamblea, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos».

Venezuela, Nicaragua, Yemen y Siria…

La decisión del Papa de incorporar a Venezuela el 25 de diciembre de 2018 en la lista de países que nombra en su mensaje Urbi et Orbi, es otro reconocimiento de un país que vive una severa tragedia humanitaria y en condiciones de estados fallidos, como Yemen y Siria, o totalitarios como Nicaragua. Es un mensaje fuerte y profético de la diplomacia vaticana que ha pasado desapercibido para muchos, y que ha sido enviado con contundencia a la comunidad internacional, reconociendo así, la necesidad de un cambio político urgente.

Hoy el Papa, en medio de nuevas críticas por parte de académicos y políticos latinoamericanos, especialmente de oposición, vuelve a insistir, el 7 de enero de 2019 en su Discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede: «Deseo para la amada Venezuela que se encuentren vías institucionales y pacíficas para solucionar la crisis política, social y económica, vías que consientan asistir sobre todo a los que han sido afectados por las tensiones de estos años y ofrecer a todo el pueblo venezolano un horizonte de esperanza y de paz». Vías que, como explicaron los obispos venezolanos, pasan por reconocer que «la Asamblea Nacional, electa con el voto libre y democrático de los venezolanos, actualmente es el único órgano del poder público con legitimidad para ejercer soberanamente sus competencias».

Lo que el Papa desea sigue siendo hoy el clamor de los nuevos líderes de la única y legítima Asamblea Nacional, elegida bajo el voto popular con una mayoría opositora abrumadora: «elecciones, restitución de la Asamblea, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos». Es esta la hoja de ruta vaticana para un proceso de transición hacia la democracia en Venezuela. Es la voz que llevan hoy nuestros jóvenes diputados con un mensaje que ha devuelto la esperanza en un cambio político en Venezuela que mira al bien común y se aleja de los intereses partidistas e ideológicos tanto de la oposición política como del oficialismo castrista.

No nos dejemos robar la esperanza, no perdamos la fe en las personas e instituciones que están trabajando por un cambio en Venezuela. Recordemos las palabras de Francisco en Paraguay: «las ideologías terminan mal, no sirven, las ideologías tienen una relación incompleta, enferma o mala con el pueblo porque no asumen al pueblo» (Visita Apostólica al Paraguay, 2015).

El cardenal Sean O’Malley, consejero directo del Papa pide al ejército que apoye a Guaidó – Católicos en acción – 27 de Enero 2019

El arzobispo de Boston: “Guaidó podría evitar una guerra si tuviera más apoyo

El arzobispo de Boston: “Guaidó podría evitar una guerra si tuviera más apoyo”

El cardenal Sean O’Malley, consejero directo del Papa, desea un cambio en Venezuela y el apoyo de los militares y miembros del Gobierno al líder opositor y presidente de la Asamblea. Pide al ejército que apoye a Guaidó: “Es decepcionante que todavía no lo haya hecho”.

La crisis de Venezuela es uno de los temas de conversación principales en los corrillos de la jerarquía eclesial que acompaña al papa Francisco en su viaje a Panamá para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). La Santa Sede se ha implicado plenamente en los últimos tiempos —sin demasiado éxito— en la búsqueda negociada de una salida a la situación que vivía el país. El jueves lanzó un comunicado apoyando cualquier proceso que evite “ulterior sufrimiento a la población”. Una construcción retórica muy vaticana que permite aludir a la idea de una transición pacífica con unas elecciones libres al final del camino. Justo lo que propone ahora el jefe de la Asamblea y líder opositor del país, Juan Guaidó.Algunos pesos pesados de la Iglesia, sin embargo, empiezan a pronunciarse más claramente.

La figura de mayor relevancia eclesiástica —fuera de Venezuela— que ha hablado hasta la fecha sobre el tema ha sido el cardenal y arzobispo de Boston Sean O’Malley (Lakewood, Ohio, 1944) en una entrevista con EL PAÍS, America Magazine y Corriere della Sera. Consejero directo del Papa (forma parte del órgano de seis cardenales que le asesora en las reformas) y presidente de la comisión que Francisco creó a su llegada para prevenir los abusos, O’Malley pide el apoyo a Guaidó. “Esta mañana [del viernes] me ha decepcionado mucho leer que los militares no estén todavía con el presidente interino Guaidó. Venezuela ha heredado corrupción e incompetencia y la gente sufre mucho. Tiene que haber un cambio. Juan Guaidó ha propuesto una fórmula que podría evitar una guerra civil y más violencia si tuviera más gente apoyándole desde el Gobierno y el Ejército”, señala el hombre que cambió el rumbo de la Iglesia en Boston tras el histórico caso de abusos a menores que destapado en 2001.

El Vaticano ha evitado estos días pronunciarse de forma clara. No es el estilo y su diplomacia trabaja sigilosamente para no perder las vías de interlocución con el Gobierno de Maduro. Pero O’Malley, que goza de gran predicamento en la Iglesia católica y en Latinoamérica, no tiene duda de cuál será el papel de la Santa Sede en la crisis. “El Vaticano es muy cauteloso. Quiere hacer lo que piden los obispos de Venezuela. Tenemos la ventaja de contar con el cardenal Parolin, que fue nuncio en Caracas (2010-2013) y es hoy el Secretario de Estado de la Santa Sede (el número 2). Conoce bien la situación y a los obispos de allí. Es verdad que la intervención que se hizo hace poco no fue un gran éxito, pero el Vaticano quiere apoyar lo que quieren que se haga los obispos, que son los que están sobre el terreno”.

Los prelados venezolanos y una gran parte de la comunidad católica de ese país se han impacientado a menudo con los tiempos de la Santa Sede para tratar de mediar en la crisis. También con su ambigüedad respecto a la condena del Gobierno de Nicolás Maduro. El Vaticano, de hecho, estuvo presente con un representante en su ceremonia de investidura el pasado 10 de enero, algo que incomodó a parte de la jerarquía eclesiástica del país. En este momento, sin embargo, da la impresión, tal y como señala O’Malley, que no hay fisuras en la postura común. “Venezuela es un gran país, pero la gente sufre demasiado. Esperemos que esto [el movimiento de Guaidó] sea un paso hacia adelante”, apunta el cardenal respecto al intento de cambio de las últimas horas.

El paradero de Guaidó es otra de las grandes incógnitas estos días. También para la Iglesia. El arzobispo de Boston, que asegura sentirse muy cercano en Venezuela, no oculta la inquietud por la suerte que pueda correr la persona a quien él se refiere como “presidente interino”. “Rezo muy duro, estoy preocupado por su seguridad. Si esto fracasa, ¿cuál será el futuro de Venezuela? La gente se muere de hambre en el país con más petróleo del mundo. Es una desgracia”.

El Papa pide reunirse con los obispos venezolanos en la JMJ para traerle “paz y diálogo” a la crisis

El cardenal Porras no cree “en absoluto” que estalle una guerra civil: “Las armas están solo de una sola parte”.

Ante el agravamiento de la crisis en Venezuela, el Papa Francisco quiere reunirse con los obispos venezolanos que se encuentran en Panamá participando de la Jornada Mundial de la Juventud.

Lo reveló el obispo Mariano Párraga, en declaraciones periodísticas en las que también afirmó que, a su juicio, Nicolás Maduro debería dar un paso al costadotras las masivas protestas opositoras del miércoles.

Párraga, uno de los cinco obispos venezolanos que vinieron a Panamá, manifestó además su temor de que la situación en su pais derive “en una violencia muy grande, no sé si en una guerra civil”.

La Iglesia venezolana está muy enfrentada al Gobierno, definió como ilegal la última elección que reivindica a Maduro y consideró un “signo de esperanza” las protestas de este miércoles.

El obispo señaló que Francisco preguntó el jueves en su encuentro con los obispos centroamericanos si entre ellos se encontraba algún venezolano.

El Papa al llegar a Panamá expresó que quería hablar con nosotros. Lamentablemente, hasta ahora no pudimos contactarnos, pero no porque él no quiera. Él sabe lo que está pasando en Venezuela. Nos tiene en su corazón, nos apoya”.

“Lo único que pide el Papa, como los obispos venezolanos, es un clima de paz, diálogo, no de violencia y odio”, señaló.

Notimérica@notimerica

El obispo venezolano Mariano Parra pide a Maduro que “dé un paso al lado y se retire”http://bit.ly/2B5fpZr 

Obispo venezolano pide a Maduro que “dé un paso al lado y se retire”

El obispo de Coro (Venezuela), Mariano Parra, ha pedido al presidente de su país, Nicolás Maduro, “que dé un paso al lado y se retire”, en relación a los…

notimerica.com

Las palabras de Párraga parecieron salir al cruce de quienes consideran que existen diferencias entre Francisco y la Iglesia venezolana sobre el modo de plantarse ante el régimen y que hay miembros del clero venezolano que creen que el Papa tiene una postura débil.

El miércoles, el portavoz papal, Alessandro Gisotti, dijo que el Papa “sigue de cerca” lo que pasa en Venezuela, que “reza por las víctimas y por todos los venezolanos”, y que “la Santa Sede apoya todos los esfuerzos que permitan ahorrar ulterior sufrimiento a la población”.

Pero no dijo cuál es la posición del Papa ante la controversia sobre quién es el presidente legítimo del país, si Maduro o el titular de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó.

Vatican News

@vaticannews_es

Obispos Venezolanos piden el cese de la represión – Vatican News

En un nuevo comunicado en medio de la crisis que azota el país, los Obispos venezolanos recuerdan al alto mando militar y a todos los organismos de …vaticannews.va

El cardenal Porras no cree “en absoluto” que estalle una guerra civil

Por su parte, el cardenal venezolano Baltazar Porras desea que el ansiado cambio que están esperando en Venezuela se produzca “de manera pacífica y con el menor trauma posible”, según dijo en una entrevista a Efe en Panamá, donde se encuentra para asistir a la JMJ.

La autoproclamación de Juan Guaidó como presidente interino que ha abierto un escenario de incertidumbre en su país ha pillado al arzobispo de Mérida y administrador apostólico de Caracas en Panamá, pero desde la JMJ ha podido ponerse rápidamente en contacto con los máximos dirigentes del Vaticano.

Explica que aún no ha podido reunirse con el Papa Francisco, pero que “está en permanente contacto” con él.

“He estado continuamente en contacto tanto con la presidencia de la Conferencia episcopal como con el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, y con el sustituto de la secretaria de Estado, el venezolano Edgar Peña. El Papa sigue con gran interés y preocupación lo que sucede”, afirma.

Porras, hombre muy cercano al pontífice argentino, asegura que Francisco ha manifestado “completa sintonía con lo que el episcopado venezolano está haciendo allá”.

Comenta que desde Panamá ha recibido “una solidaridad enorme, no solo de los obispos de todo el mundo y de las delegaciones, sino de gente que por la calle se interesa de lo que está pasando en Venezuela y Nicaragua y que expresan solidaridad y esperanza por ese cambio que era necesario para vivir en libertad y en paz”.

“La verdad y el bien no están en estos momentos con quienes no respetan la vida, ni los derechos de los demás y la libertad hay que construirla entre todos”, asevera.

Porras espera que ese cambio en Venezuela “se pueda dar lo mas pronto posible y de la manera pacifica y con en el menor trauma también posible”.

La Iglesia del país, explica, va a seguir en estos días “acompañando a la gente” y pidiendo “como ha hecho hasta ahora” que haya respeto a la vida y a los bienes y que se reconozca “que hay una ilegitimidad en el ejercicio del poder, que debe ser para traer un bienestar para el pueblo”.

Para el cardenal, hasta ahora en Venezuela “ha pasado todo lo contrario, solo se ha traído pobreza, la falta de medicamentos, la violencia y este terrible éxodo”.

Porras no cree “en absoluto” que se den las condiciones para que estalle una guerra civil en el país porque para ello “tienen que existir dos grupos armados y las armas están solo de una sola parte”.

“Creo que hay mucha conciencia y serenidad y no solo en la dirigencia sino también en la población, que no quiere que se propicie ningún tipo de conflicto armado porque sería peor, porque las heridas que quedarían serían muy difíciles sanarlas y se acabaría con la búsqueda de una solución pacífica y lo menos traumática posible”, agrega.

No obstante, Porras insta a la población a “no desfallecer” y a que “no sea la emocionalidad y el fanatismo el que nos lleve por otros derroteros”.

Dice que la Iglesia y el Vaticano pueden ayudar con la diplomacia, que ha sido hasta ahora el papel que han tenido “de buscar que haya entendimiento y salidas a la situación que se ha creado, pues la misión de la Iglesia, sin ningún protagonismo, ha sido solo la búsqueda del beneficio de la población“.

Su esperanza es que “Dios y la Virgen den la responsabilidad tanto dentro y fuera del país. No solo los venezolanos sino también a otros Gobiernos para que se dé el cambio que hace falta para beneficio de todo el Continente americano”.

Porras indica que la JMJ tiene su dinámica y que un mensaje de Francisco sobre el asunto en medio de un acto podría “desviar el objetivo de este evento”, pero que es “muy probable que en el Ángelus del domingo o en el viaje de regreso el Papa haga una mención mas directa a esta situación“.

El cardenal Sean O’Malley, consejero directo del Papa, desea un cambio en Venezuela y el apoyo de los militares y miembros del Gobierno al líder opositor y presidente de la Asamblea. Pide al ejército que apoye a Guaidó: “Es decepcionante que todavía no lo haya hecho”.

La crisis de Venezuela es uno de los temas de conversación principales en los corrillos de la jerarquía eclesial que acompaña al papa Francisco en su viaje a Panamá para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). La Santa Sede se ha implicado plenamente en los últimos tiempos —sin demasiado éxito— en la búsqueda negociada de una salida a la situación que vivía el país. El jueves lanzó un comunicado apoyando cualquier proceso que evite “ulterior sufrimiento a la población”. Una construcción retórica muy vaticana que permite aludir a la idea de una transición pacífica con unas elecciones libres al final del camino. Justo lo que propone ahora el jefe de la Asamblea y líder opositor del país, Juan Guaidó.Algunos pesos pesados de la Iglesia, sin embargo, empiezan a pronunciarse más claramente.

La figura de mayor relevancia eclesiástica —fuera de Venezuela— que ha hablado hasta la fecha sobre el tema ha sido el cardenal y arzobispo de Boston Sean O’Malley (Lakewood, Ohio, 1944) en una entrevista con EL PAÍS, America Magazine y Corriere della Sera. Consejero directo del Papa (forma parte del órgano de seis cardenales que le asesora en las reformas) y presidente de la comisión que Francisco creó a su llegada para prevenir los abusos, O’Malley pide el apoyo a Guaidó. “Esta mañana [del viernes] me ha decepcionado mucho leer que los militares no estén todavía con el presidente interino Guaidó. Venezuela ha heredado corrupción e incompetencia y la gente sufre mucho. Tiene que haber un cambio. Juan Guaidó ha propuesto una fórmula que podría evitar una guerra civil y más violencia si tuviera más gente apoyándole desde el Gobierno y el Ejército”, señala el hombre que cambió el rumbo de la Iglesia en Boston tras el histórico caso de abusos a menores que destapado en 2001.

 

El Vaticano ha evitado estos días pronunciarse de forma clara. No es el estilo y su diplomacia trabaja sigilosamente para no perder las vías de interlocución con el Gobierno de Maduro. Pero O’Malley, que goza de gran predicamento en la Iglesia católica y en Latinoamérica, no tiene duda de cuál será el papel de la Santa Sede en la crisis. “El Vaticano es muy cauteloso. Quiere hacer lo que piden los obispos de Venezuela. Tenemos la ventaja de contar con el cardenal Parolin, que fue nuncio en Caracas (2010-2013) y es hoy el Secretario de Estado de la Santa Sede (el número 2). Conoce bien la situación y a los obispos de allí. Es verdad que la intervención que se hizo hace poco no fue un gran éxito, pero el Vaticano quiere apoyar lo que quieren que se haga los obispos, que son los que están sobre el terreno”.

Los prelados venezolanos y una gran parte de la comunidad católica de ese país se han impacientado a menudo con los tiempos de la Santa Sede para tratar de mediar en la crisis. También con su ambigüedad respecto a la condena del Gobierno de Nicolás Maduro. El Vaticano, de hecho, estuvo presente con un representante en su ceremonia de investidura el pasado 10 de enero, algo que incomodó a parte de la jerarquía eclesiástica del país. En este momento, sin embargo, da la impresión, tal y como señala O’Malley, que no hay fisuras en la postura común. “Venezuela es un gran país, pero la gente sufre demasiado. Esperemos que esto [el movimiento de Guaidó] sea un paso hacia adelante”, apunta el cardenal respecto al intento de cambio de las últimas horas.

El paradero de Guaidó es otra de las grandes incógnitas estos días. También para la Iglesia. El arzobispo de Boston, que asegura sentirse muy cercano en Venezuela, no oculta la inquietud por la suerte que pueda correr la persona a quien él se refiere como “presidente interino”. “Rezo muy duro, estoy preocupado por su seguridad. Si esto fracasa, ¿cuál será el futuro de Venezuela? La gente se muere de hambre en el país con más petróleo del mundo. Es una desgracia”.

Ciudad de Panamá 

 

 

El Papa pide reunirse con los obispos venezolanos en la JMJ para traerle “paz y diálogo” a la crisis

El cardenal Porras no cree “en absoluto” que estalle una guerra civil: “Las armas están solo de una sola parte”.

 

Ante el agravamiento de la crisis en Venezuela, el Papa Francisco quiere reunirse con los obispos venezolanos que se encuentran en Panamá participando de la Jornada Mundial de la Juventud.

Lo reveló el obispo Mariano Párraga, en declaraciones periodísticas en las que también afirmó que, a su juicio, Nicolás Maduro debería dar un paso al costadotras las masivas protestas opositoras del miércoles.

Párraga, uno de los cinco obispos venezolanos que vinieron a Panamá, manifestó además su temor de que la situación en su pais derive “en una violencia muy grande, no sé si en una guerra civil”.

La Iglesia venezolana está muy enfrentada al Gobierno, definió como ilegal la última elección que reivindica a Maduro y consideró un “signo de esperanza” las protestas de este miércoles.

El obispo señaló que Francisco preguntó el jueves en su encuentro con los obispos centroamericanos si entre ellos se encontraba algún venezolano.

El Papa al llegar a Panamá expresó que quería hablar con nosotros. Lamentablemente, hasta ahora no pudimos contactarnos, pero no porque él no quiera. Él sabe lo que está pasando en Venezuela. Nos tiene en su corazón, nos apoya”.

“Lo único que pide el Papa, como los obispos venezolanos, es un clima de paz, diálogo, no de violencia y odio”, señaló.

Notimérica@notimerica

El obispo venezolano Mariano Parra pide a Maduro que “dé un paso al lado y se retire”http://bit.ly/2B5fpZr 

Obispo venezolano pide a Maduro que “dé un paso al lado y se retire”

El obispo de Coro (Venezuela), Mariano Parra, ha pedido al presidente de su país, Nicolás Maduro, “que dé un paso al lado y se retire”, en relación a los…

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El miércoles, el portavoz papal, Alessandro Gisotti, dijo que el Papa “sigue de cerca” lo que pasa en Venezuela, que “reza por las víctimas y por todos los venezolanos”, y que “la Santa Sede apoya todos los esfuerzos que permitan ahorrar ulterior sufrimiento a la población”.

Pero no dijo cuál es la posición del Papa ante la controversia sobre quién es el presidente legítimo del país, si Maduro o el titular de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó.

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Obispos Venezolanos piden el cese de la represión – Vatican News

En un nuevo comunicado en medio de la crisis que azota el país, los Obispos venezolanos recuerdan al alto mando militar y a todos los organismos de …

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Por su parte, el cardenal venezolano Baltazar Porras desea que el ansiado cambio que están esperando en Venezuela se produzca “de manera pacífica y con el menor trauma posible”, según dijo en una entrevista a Efe en Panamá, donde se encuentra para asistir a la JMJ.

La autoproclamación de Juan Guaidó como presidente interino que ha abierto un escenario de incertidumbre en su país ha pillado al arzobispo de Mérida y administrador apostólico de Caracas en Panamá, pero desde la JMJ ha podido ponerse rápidamente en contacto con los máximos dirigentes del Vaticano.

Explica que aún no ha podido reunirse con el Papa Francisco, pero que “está en permanente contacto” con él.

“He estado continuamente en contacto tanto con la presidencia de la Conferencia episcopal como con el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, y con el sustituto de la secretaria de Estado, el venezolano Edgar Peña. El Papa sigue con gran interés y preocupación lo que sucede”, afirma.

Porras, hombre muy cercano al pontífice argentino, asegura que Francisco ha manifestado “completa sintonía con lo que el episcopado venezolano está haciendo allá”.

Comenta que desde Panamá ha recibido “una solidaridad enorme, no solo de los obispos de todo el mundo y de las delegaciones, sino de gente que por la calle se interesa de lo que está pasando en Venezuela y Nicaragua y que expresan solidaridad y esperanza por ese cambio que era necesario para vivir en libertad y en paz”.

“La verdad y el bien no están en estos momentos con quienes no respetan la vida, ni los derechos de los demás y la libertad hay que construirla entre todos”, asevera.

Porras espera que ese cambio en Venezuela “se pueda dar lo mas pronto posible y de la manera pacifica y con en el menor trauma también posible”.

La Iglesia del país, explica, va a seguir en estos días “acompañando a la gente” y pidiendo “como ha hecho hasta ahora” que haya respeto a la vida y a los bienes y que se reconozca “que hay una ilegitimidad en el ejercicio del poder, que debe ser para traer un bienestar para el pueblo”.

Para el cardenal, hasta ahora en Venezuela “ha pasado todo lo contrario, solo se ha traído pobreza, la falta de medicamentos, la violencia y este terrible éxodo”.

Porras no cree “en absoluto” que se den las condiciones para que estalle una guerra civil en el país porque para ello “tienen que existir dos grupos armados y las armas están solo de una sola parte”.

 

Daniel Verdú@DaniVerdu

El cardenal y arzobispo de Boston, Sean O’Malley (consejero del Papa), pide en esta entrevista el apoyo de los militares de Venezuela a Juan Guaidó. “Es decepcionante que todavía no lo hayan hecho”. https://elpais.com/internacional/2019/01/25/actualidad/1548445540_185164.html 

El arzobispo de Boston: “Guaidó podría evitar una guerra si tuviera más apoyo”

El cardenal Sean O Malley, consejero directo del Papa, desea un cambio en Venezuela y el apoyo de los militares y miembros del Gobierno al líder opositor y presidente de la Asambleaelpais.com

“Creo que hay mucha conciencia y serenidad y no solo en la dirigencia sino también en la población, que no quiere que se propicie ningún tipo de conflicto armado porque sería peor, porque las heridas que quedarían serían muy difíciles sanarlas y se acabaría con la búsqueda de una solución pacífica y lo menos traumática posible”, agrega.

No obstante, Porras insta a la población a “no desfallecer” y a que “no sea la emocionalidad y el fanatismo el que nos lleve por otros derroteros”.

Dice que la Iglesia y el Vaticano pueden ayudar con la diplomacia, que ha sido hasta ahora el papel que han tenido “de buscar que haya entendimiento y salidas a la situación que se ha creado, pues la misión de la Iglesia, sin ningún protagonismo, ha sido solo la búsqueda del beneficio de la población“.

Su esperanza es que “Dios y la Virgen den la responsabilidad tanto dentro y fuera del país. No solo los venezolanos sino también a otros Gobiernos para que se dé el cambio que hace falta para beneficio de todo el Continente americano”.

Porras indica que la JMJ tiene su dinámica y que un mensaje de Francisco sobre el asunto en medio de un acto podría “desviar el objetivo de este evento”, pero que es “muy probable que en el Ángelus del domingo o en el viaje de regreso el Papa haga una mención mas directa a esta situación“.

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