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Obispos de Venezuela piden un CNE imparcial para realizar elecciones – Diario Las Américas – 16 de Enero 2020

“Decimos que la realización de elecciones requiere un nuevo Consejo Electoral imparcial, actualización del registro electoral, voto en el exterior y supervisión de organismos internacionales. Exijamos nuestros derechos”, expresaron los obispos en el comunicado, informó El Nacional.

El cardenal Baltazar Porras expresó en Twitter que los políticos deben escuchar a la población y dejar de lado privilegios e intereses particulares.

“Quienes se dedican a la política, tanto en el gobierno como en la oposición, han de prestar atención a los clamores de la gente”, escribió.

El pasado 10 de enero, la Conferencia Episcopal de Venezuela expresó en un comunicado que es necesario “un cambio de rumbo” en Venezuela, que contemple “la salida de quien ejerce el poder de forma ilegítima y la elección en el menor tiempo posible de un nuevo presidente de la República”.

Carta de los obispos de Venezuela – 10 de Enero 2020

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CARTA FRATERNA DE LOS OBISPOS DE VENEZUELA

“Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin de los tiempos” Mt 28,20

A nuestros hermanos venezolanos en la nación y en la diáspora, a todos los pueblos e Iglesias hermanas de América y del mundo:

I. SALUDOS FRATERNOS

1.- Al inicio de este año 2020, como fruto de la oración y reflexión que acompañan y fortalecen nuestro compromiso con el pueblo al que pertenecemos y del cual somos pastores, impulsados por la conciencia del deber como profetas que hacen sentir el clamor de nuestra gente, dirigimos esta carta fraterna a todas las Iglesias hermanas de América y del mundo, a los hombres y mujeres de buena voluntad y a todos los hermanos de Venezuela que viven y luchan dentro del país o han ido a otras naciones como emigrantes.

2.- En comunión con el Santo Padre Francisco, quien en diversas oportunidades ha repetido que: “en la voz de los obispos venezolanos está la voz del Papa”, denunciamos la situación de crisis que golpea a nuestra nación y que, lejos de superarse, se agrava. Se trata de una crisis social, económica y política que se ha convertido en una “emergencia humanitaria” moralmente inaceptable, caracterizada por el menosprecio a la dignidad humana, pues viola el derecho fundamental a la vida, a la educación, a la salud, a la integridad y al desarrollo.

II. A NUESTROS HERMANOS VENEZOLANOS

3.- Como pastores, somos pueblo con ustedes y por eso compartimos sus alegrías, esperanzas, angustias y dificultades. Queremos consolar a los afligidos, proteger a los débiles y apoyar la edificación de una sociedad justa, libre y fraterna. Pueden contar con la Iglesia que continuará apoyando a todos, particularmente a quienes están pasando hambre, desolación, desatención médica, cárcel por motivos políticos, persecución y maltrato de su dignidad.

4.- Inspirados en los principios del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, reafirmamos que el pueblo, con sus diversas expresiones de vida social y cultural, es el auténtico sujeto y protagonista del cambio requerido en Venezuela, así como del desarrollo para enrumbar el país hacia mejores condiciones de vida. Esto implica actuar con la mirada puesta en el horizonte de los principios y valores fundamentales, sin dejarse manipular por quienes quieren comprar su conciencia con dádivas o con falsas promesas y expectativas. También conlleva la unión de esfuerzos, capaz de romper los intereses particulares de personas y grupos, y el surgimiento de un nuevo liderazgo político y social para guiar y acompañar a todos hacia un futuro de dignificación, en la justicia y en la libertad.

5.- Los últimos acontecimientos de atropello a la Asamblea Nacional nos llevan a reafirmar lo que expresamos el 12 de julio del año 2019 en la Exhortación dirigida al pueblo: “Ante la realidad de un gobierno ilegítimo y fallido, Venezuela clama a gritos un cambio de rumbo, una vuelta a la Constitución. Ese cambio exige la salida de quien ejerce el poder de forma ilegítima y la elección en el menor tiempo posible de un nuevo Presidente de la República. Para que sea realmente libre y responda a la voluntad del pueblo soberano, dicha elección postula algunas condiciones indispensables tales como: un nuevo Consejo Electoral imparcial, la actualización del Registro Electoral, el voto de los venezolanos en el exterior y una supervisión de organismos internacionales… igualmente el cese de la Asamblea Nacional Constituyente”. El referido cambio presidencial lo posibilitan los Art. 70 y 71 de la Constitución venezolana.

6.- Exigimos a los miembros de la Fuerza Armada guiarse por la sana conciencia de su deber, sin servir a parcialidades políticas, respetando la dignidad y los derechos de toda la población, como juraron ante Dios y la Patria. “¡En el nombre de Dios, pónganse del lado verdadero de la Constitución y del Pueblo al que pertenecen y juraron defender!” (Comunicado de la Presidencia de la CEV el 08 de enero 2020).

7.- Quienes se dedican a la política, tanto en el gobierno como en la oposición, han de prestar atención a los clamores de la gente, fijarse en sus necesidades y no en los acomodos que aseguran sus privilegios e intereses particulares. Valoramos la generosidad y la valentía de quienes han aceptado los riesgos del rescate de una verdadera democracia.

III. A LOS HERMANOS VENEZOLANOS QUE SE HAN IDO DEL PAÍS

8.- Millones de venezolanos se han visto forzados a salir de nuestra patria para mejorar su calidad de vida en otros países. Sabemos de las vicisitudes que han tenido que sufrir y los riesgos que ha supuesto su partida. Recuerden que Venezuela siempre se ha distinguido por ser un país de acogida a migrantes venidos de diversas partes del mundo. Los recibimos con sentido fraterno y los incorporamos a nuestro quehacer social y cultural. Muchos de ellos se integraron de tal forma, que formaron hermosas familias entre nosotros. Su aporte contribuyó 3 tanto al desarrollo material y humano de nuestra nación, como al fortalecimiento de la fe en cada una de nuestras Iglesias particulares. Los animamos a ustedes que están viviendo en tierra extranjera como ellos, a que se incorporen y se integren a estas nuevas culturas. No dejen de expresar su testimonio de fe y caridad brindando su participación en las obras de la sociedad y de la Iglesia. Sean siempre embajadores de la herencia recibida de nuestros antepasados, en especial, el espíritu de solidaridad, la alegría y la fraternidad. Dios los proteja. No olviden a los suyos y sientan nuestra proximidad en la oración y las bendiciones.

IV. A LOS PUEBLOS DE AMÉRICA Y DEL MUNDO

9.- Agradecemos de corazón la acogida que los países e Iglesias del continente y del mundo han brindado a quienes han emigrado para poder sentir la solidaridad y la real posibilidad de un trabajo y una condición que les permita vivir y contribuir con su familia que quedó en Venezuela. Lamentamos las actuaciones negativas de algunos venezolanos, así como su rechazo en diversos pueblos hermanos. Rogamos a las naciones que los reciben, prestarles los cuidados y atenciones que les permitan vivir con dignidad, aportando lo que pueden y son capaces de hacer.

10.- Les pedimos que escuchen el clamor del pueblo venezolano. Ante la declaración de normalidad que las autoridades y medios de comunicación del gobierno proclaman y difunden, denunciamos su falsedad y cinismo. Es inaceptable que un país con inmensas riquezas haya sido empobrecido por la imposición de un sistema ideológico que, lejos de promover el auténtico bienestar, ha vuelto la espalda a sus ciudadanos, por lo que hoy sufrimos el aumento de la desnutrición infantil, la destrucción del aparato productivo y el crecimiento de una especulación agobiante y la corrupción intolerable.

11.- Para quienes hoy están al frente del gobierno, lo que cuenta no es el bien común sino el interés desmedido de riqueza y poder hegemónico, capaz de resquebrajar todo intento de vivir en auténtica democracia. Vivimos en un régimen totalitario e inhumano en el que se persigue la disidencia política con tortura, represión violenta y asesinatos, a esto se añade la presencia de grupos irregulares bajo la mirada complaciente de las autoridades civiles y militares, la explotación irracional de recursos mineros que destruye amplias extensiones del territorio venezolano, el narcotráfico y la trata de personas.

12.- Reconocemos los esfuerzos realizados desde diversas instancias internacionales para atender la situación de Venezuela. Seguimos apostando al diálogo sincero y las negociaciones que reúnan las condiciones de respeto a los derechos fundamentales del pueblo venezolano: libertad, dignidad, justicia y democracia. Creemos que el apoyo internacional debe orientarse a exigir al actual gobierno venezolano la realización de elecciones libres y confiables, además de una ayuda solidaria y humanitaria para solventar la situación de emergencia de la mayoría de los venezolanos.

V. A LAS IGLESIAS HERMANAS DE AMÉRICA Y DEL MUNDO

13.- Les hacemos llegar nuestra gratitud por la acogida, atención y acompañamiento a tantos venezolanos llegados a sus naciones. Sabemos de la solidaridad con la que los han recibido, dando así muestra de la caridad fraterna sin límites que distingue a los discípulos del Señor Jesús. Ellos les hablarán de la triste situación que embarga a nuestra nación donde estamos dando una respuesta eclesial esperanzadora. Somos conscientes de la complejidad de recibir a tan gran número de personas y estamos seguros de que la herencia de una fe vivida y enriquecida por el trabajo en las parroquias, instituciones eclesiales y movimientos de apostolado de muchos de ellos, contribuirá al bienestar de sus comunidades cristianas. No pocos de ellos se han incorporado a participar como agentes evangelizadores. Les exhortamos a que los sigan acompañando en su compromiso y maduración en la fe.

VI. SALUDO FINAL

14. Hermanos venezolanos, Iglesias hermanas y pueblos del mundo: reiteramos nuestra vocación de pastores y servidores de todos. Nos hacemos eco de los clamores de libertad, justicia y sana convivencia que brotan de los corazones de quienes sufrimos en esta hermosa tierra de gracia. Imploramos la maternal protección de María de Coromoto, celestial patrona de nuestra nación que nos pide hacer lo que su hijo Jesucristo nos dice. Fraternalmente,

Los Arzobispos y Obispos de Venezuela.

Caracas, 10 de Enero 2020

Otra batalla perdida por Fernando Ochoa Antich – El Nacional – 15 de Diciembre 2019

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La declaración de Nicolás Maduro: “Soy cristiano de Cristo… cada día que pasa soy más creyente y tengo más fe en Dios y en la fuerza de Cristo, porque él me acompaña, él me abraza, él me protege… Creo en Cristo Redentor, el Cristo de los pueblos que enfrentó a los  fariseos, el Cristo que fue valiente para buscar la justicia, la igualdad y pidió respeto al humilde”… sostenida en un acto de respaldo a su gobierno realizado en el Círculo Militar de Caracas por un supuesto “Congreso de Movimientos Cristianos por la Paz” que, según afirmaron reúne 15.000 iglesias evangélicas, no ha sido analizada y discutida con la debida profundidad. Esa declaración es irresponsable, para no decir criminal,  porque no solo viola de manera flagrante el artículo 59 de la Constitución Nacional vigente sino que pretende comprometer de manera inaceptable la orientación laica que, casi desde su creación, ha mantenido el Estado venezolano. Es claro que una manifestación confesional de ese orden la emite con la deliberada intención de conquistar algo de popularidad, ante el rechazo generalizado de la sociedad venezolana y al mismo tiempo dividirla para, de esa manera, poder mantenerse en el poder.

Sin embargo, hay que resaltar que pocas horas después de tan inaceptables declaraciones, varias organizaciones evangélicas cuestionaron el acto. En efecto, el pastor Samuel Olson, presidente del Consejo Evangélico de Venezuela, declaró con gran firmeza: “El pueblo evangélico no es políticamente beligerante. Tenemos por principio fundamental la separación entre la Iglesia y el Estado, aun cuando como individuos tenemos la libertad de elección y expresión. Por lo tanto, no reconocemos las declaraciones de ningún representante religioso como si fuese la expresión del mundo evangélico en general”. Así mismo, varias organizaciones evangélicas: la Confederación Unión de Iglesias Cristianas, el Ministerio Internacional Rocío del Espíritu Santo, la Federación de Iglesias Centro Cristiano para las Naciones, el Ministerio Centro de Esperanza y la Red Internacional de Ministerios Apostólicos Amigos, expresaron su rechazo a dicho acto: “Los pastores que aparecen en el video carecen de toda veracidad al afirmar que son representativos de más de 17.000  iglesias evangélicas y de 8 millones de cristianos evangélicos en Venezuela”.

La posición mantenida por el pastor Samuel Olson demuestra un gran sentido de responsabilidad y madurez política y les garantiza a los venezolanos de otras confesiones religiosas la certeza de que la gran mayoría de las iglesias evangélicas en Venezuela consideran inconveniente intervenir en política de manera beligerante y creen en la separación de la Iglesia del Estado. Además, confirma la visión individualista de su concepción religiosa. Es importante conocer, para poder percibir el valor que le doy a esta declaración, que en América Latina numerosas iglesias evangélicas han considerado de gran importancia vincularse estrechamente al poder político.

Dos buenos ejemplos, de ese equivocado camino, son Brasil y México. La cercanía de los gobiernos de Jair Bolsonaro y de Manuel López Obrador con numerosas iglesias evangélicas se ha venido fortaleciendo, sin importar su ideología, de una manera muy  importante. Vincular la política con la religión siempre ha sido nefasto en la historia del hombre. Por esa razón nunca estuve de acuerdo con la candidatura de Javier Bertucci, un pastor evangélico, quien, aparentemente, dejó de serlo para poder ser candidato presidencial en las elecciones de 2018

Las lamentables declaraciones, de Nicolás Maduro en el Círculo Militar, en presencia de ese supuesto “Congreso de Movimientos Cristianos por la Paz”, tienen por objeto dividir la Iglesia Evangélica y enfrentarla a la Iglesia Católica, cuya posición crítica contra el régimen madurista es harto conocida. Creo que pierde el tiempo. La unidad de criterio demostrada por la jerarquía católica y los más importantes pastores evangélicos en Venezuela no lo va a permitir. Es una batalla que, estoy seguro, tiene perdida. Además, es por todos conocido que las iglesias de origen cristiano en el mundo han venido superando las causas que produjeron su división a través de la historia y coinciden en aceptar que, en los tiempos modernos, existen numerosos peligros, en particular los regímenes totalitarios que atentan contra el sentido religioso de sus pueblos. En general, la estrategia de Nicolás Maduro es: “dividir para reinar”. Hasta este momento ha logrado, parcialmente, alcanzar su objetivo. Su total carencia de escrúpulos le ha permitido utilizar la corrupción para generar divisiones en los cuadros militares y en pequeños sectores de la oposición democrática.

La Fuerza Armada Nacional ha sido sometida a un proceso de división interna mediante la penetración de sus cuadros, a través de la corrupción, al permitírseles ejercer, sin ninguna justificación, innumerables cargos en la administración pública e irrumpiendo la meritocracia y los valores fundamentales del profesionalismo militar. Por otra parte, las últimas denuncias sobre parlamentarios incursos en presuntos hechos graves de corrupción, también forman parte de ese esfuerzo divisionista.

Escuché por televisión la filípica que dio el diputado Francisco Torrealba en el momento de entregar al fiscal general de la República, Tarek William Saab, unas supuestas pruebas referentes a esos delitos. Creo que es necesario investigar a profundidad dichos hechos para establecer las correspondientes sanciones políticas y penales. Pero también es importante entender que ante la imposibilidad de vencer el rechazo generalizado de la sociedad venezolana, Nicolás Maduro y su camarilla se dedican a provocar divisiones para sostenerse en el poder. De allí la importancia de la firme respuesta de las organizaciones religiosas, por lo cual no tengo dudas en afirmar que, gracias a la integridad, sentido de responsabilidad y claridad de criterio del liderazgo cristiano, la dictadura ha perdido otra batalla.

Iglesia en Venezuela, oscuridad o luz por Luis Ugalde S.J. – El Nacional – 15 de Noviembre 2019

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“Hay en cada pueblo una luz encendida, el maestro de

escuela;y detrás una boca que sopla, el cura” (Víctor Hugo)

Esta frase del gran escritor francés expresaba el pensamiento de los “Ilustrados”; en Venezuela (como en otros países) lo convirtieron en bandera de liberación nacional con la lógica conclusión de que hay que acabar con los curas y su Iglesia oscurantista. En consecuencia, hace siglo y medio el “Ilustre Americano” expulsó a los obispos, cerró todos los seminarios de formación sacerdotal, prohibió todas las congregaciones y órdenes religiosas masculinas y femeninas y expropió los bienes de la Iglesia, convencido de que cuanto menos Iglesia, más luz y vida tendría la nación.

Los tiempos cambian. Vengo de una intensa reunión de tres días donde sacerdotes y religiosos analizaban la actual tragedia educativa y el modo de mantener a la escuela abierta, con calidad y llena de niños, jóvenes y maestros, a pesar de que decenas de miles de ellos han sido obligados a abandonar la escuela y el país y muchos más trabajan en la pobreza.

Los sabios de 1880 no se hubieran imaginado que un siglo después en Venezuela los servicios educativos de la Iglesia en todos los sectores y niveles, desde el maternal hasta el universitario, se hubieran multiplicado y gozaran del máximo aprecio y demanda. Menos hubieran pensado que la Conferencia Episcopal (CEV) año tras año con sus lúcidos documentos iluminara, con gran coherencia, ética y valentía frente al poder tiránico; o que en las encuestas nacionales la Iglesia apareciera como la institución más apreciada por los venezolanos. Quien vaya a los barrios más pobres donde reina la penuria y el sufrimiento, allí se encontrará con una comunidad católica que vive la hermandad espiritual encarnada en ollas solidarias de comida, sencillos centros de salud, lugares de oración y modos de compartir que fortalecen la vida y activan la esperanza: Centros de movilización espiritual y social.

No se trata de enrostrar a nadie diciendo que la Iglesia tenía y tiene razón. Más bien es la hora de que cada persona y comunidad o agrupación saque lo mejor de sí y lo ponga al servicio de todos como quien comparte su salvavidas en medio del naufragio general. Lo que la Iglesia tiene de especialmente valioso es la memoria viva de Jesús y su Espíritu que renueva, inspira y fortalece, aun en los momentos más difíciles.  La inspiración de Jesús de Nazaret no es una propiedad privada que excluye, sino un patrimonio de la humanidad cuyos rescoldos todos (creyentes y agnósticos) llevamos dentro (a veces sin reconocerlo); al primer soplo vuelven a tomar fuerza y salen a la plaza pública para que hambrientos, sedientos, desterrados, enfermos, presos e ignorantes, se levanten juntos y caminen en la construcción de un “nos-otros” venezolano e indetenible. Las diversas profesiones y responsabilidades ciudadanas pueden tener los saberes instrumentales necesarios para mejorar, pero hay que prender la chispa. Las ganas de hacerlo y las fuerzas activadas para cambiar solidariamente este cerco de muerte por la liberación de vida vienen de la íntima convicción de que es verdad aquella sentencia misteriosa y aparentemente contradictoria de Jesús: Quien da la vida por otro, aunque parezca que la pierde la gana, como el grano de trigo que si cae en tierra muere para renacer multiplicado en espiga (Juan 12,24, Marcos 8,25 y 10,44).

Poca importancia tendrían las palabras de Jesús si él mismo no hubiera dado su vida por los amigos y no hubiera resucitado como espiga multiplicada por el Espíritu en aquella frágil iglesia primitiva de Jerusalén.

Hoy en Venezuela valoramos la Iglesia pero no basta. El momento pide y exige mucho más, una movilización creativa para animar el renacer de toda la nación. El clericalismo en política es tan malo como el militarismo; no así el renacer espiritual necesario para cambiar la política:desde dentro de su Espíritu hacia la calle, desde las ruinas nacionales a la reconstrucción, desde la exclusión y el odio a la reconciliación y reencuentro y abrazo como venezolanos sin barreras. Un verdadero milagro que no solo es posible sino necesario. Que la vida de cambio sociopolítico que se está dando en documentos episcopales y en numerosos pequeños grupos eclesiales contagie y movilice a toda la Iglesia y a todas las dimensiones nacionales para que la vida vuelva a Venezuela con gran renacer político, social y económico.

Janeth Márquez: “La crisis humanitaria nos cambió la vida totalmente” por Hugo Prieto – ProDaVinci –

 

Janeth Márquez: “La crisis humanitaria nos cambió la vida totalmente”

Hay una relación inversamente proporcional al bienestar en la conformación de Cáritas —el brazo institucional de la Iglesia Católica para atender a la población más vulnerable —, tanto en el mundo como en Venezuela. Mientras más miserables son las condiciones de vida de un país, más fortaleza, presencia y capacidades desarrolla Cáritas. Su relevancia es visible en países como Haití y Guatemala. Pero también en nuestro país que, a partir de 2014, cayó en el despeñadero en el que nos encontramos.

Ciertamente, Cáritas era una organización de bajo perfil, de escasa recordación diría un publicista, pero empezó a crecer a raíz del deslave de Vargas en 1999. Hoy es una tabla de salvación para muchos venezolanos acosados por el hambre y las enfermedades endémicas. Es inquietante la extendida sombra que puede proyectar la ruina generalizada. Y aquí cabe también un juego de palabras: en la emergencia humanitaria, Caritas ha vivido su propia emergencia. Un cambio radical, una transformación a fondo. Es la parábola que traza Janeth Márquez, su directora Ejecutiva desde hace 20 años. La organización que dirige tiene presencia en todo el país, a través de 34 Cáritas diocesanas, que a su vez repican en más de 500 parroquias de zonas populares. Márquez, además, es socióloga, politóloga, con una maestría en Planificación de la UCV.

¿A partir de qué año empiezan a trabajar bajo el concepto de emergencia humanitaria compleja? ¿Es algo que ustedes captaron? ¿Pudieron establecer una línea de tiempo? ¿Una cronología del sufrimiento de la población venezolana? 

A partir de 2014—2015, empezamos a detectar la crisis. En las parroquias la gente decía que había un marcado deterioro, que el dinero no alcanzaba para comer, que los niños se desmayaban en las escuelas, en las que había, además, deserción estudiantil. Nos preguntamos si esto eran simples anécdotas y nos propusimos recabar información para saber qué estaba pasando y llegar a un diagnóstico. Mucha gente hablaba incluso de hambruna. Nos empapamos de la literatura sobre todo lo relacionado a la crisis humanitaria y buscamos información oficial.

¿Establecieron contacto con sus pares de América Latina? ¿Se crearon redes con otras organizaciones?

Sí, empezamos a estudiar a los países que enfrentaron una situación similar a la que hoy vivimos en Venezuela. La gente de Guatemala, de Perú, nuestros hermanos de África, entre otras cosas porque no queríamos inventar el agua tibia, no teníamos tiempo ni financiamiento para eso. Nos dimos cuenta de que en Venezuela no se publicaban cifras oficiales y sin cifras no se puede llegar a un diagnóstico. En 2016, a partir de nuestro sistema para recaudar información, diseñamos una herramienta de monitoreo que le sirviera a la Iglesia Católica. La alimentación fue nuestra prioridad ese año y nos resultó de gran ayuda la experiencia de Guatemala.

¿Qué arrojó ese primer diagnostico?

Hace 25 años hicimos un primer diagnóstico, pero lo dejamos de lado porque a partir de 2004, con las misiones del expresidente Chávez, la situación alimentaria mejoró y la desnutrición se redujo. Esa experiencia, para la cual nos habíamos formado, la retomamos en 2014. Le aclaro que la intención no era hacer un diagnóstico que pudiera ser equivalente al del Estado. La idea, repito, era diseñar una herramienta que le sirviera a la Iglesia.  ¿Qué arrojó ese diagnóstico? Que la desnutrición había aumentado al ocho por ciento, cifra que en sí misma es una señal de alarma. Ese informe se lo enviamos a diversas instituciones del Estado —al Ministerio de Alimentación, a la Fiscalía General de la República, a la Defensoría del Pueblo, entre otras— y dimos una rueda de prensa para alertar a la sociedad civil. Mosca, porque si bien el número es preocupante, la situación puede revertirse si no se aplican las políticas adecuadas. Nos comprometimos a mantener el sistema de monitoreo por un año.

Ustedes empezaron por el hambre, quizás porque las tres papas al día son vitales, pero a esta señal temprana de la crisis se agregan las enfermedades endémicas y también el descalabro de los servicios públicos en general, en especial el de salud y el acceso al agua potable. 

Aumentamos la muestra de cuatro a 10 Estados, como parte de nuestra  herramienta. A través del monitoreo trimestral detectamos que la desnutrición aumentó al 10 por ciento, indicador que marca el inicio de la crisis, incluso llegó al 15 por ciento. Pero en 2018 volvió a bajar. Nos preguntamos qué factores incidirían, tanto en forma negativa como positiva.  Entre los primeros la escasez de alimentos y el problema del agua que llegaba en forma espaciada, 10 días, luego 15 días, incluso un mes. ¿Cuál era la estrategia de la gente? Hacer dos comidas para ahorrarse una, beber el agua sin hervirla porque no había gas, y los enfermos con una condición de base, como la hipertensión o la diabetes, abandonaron los tratamientos. ¿Qué implicaba eso? Un deterioro generalizado de la salud de los venezolanos que viven en los sectores populares. La migración también afectó porque los padres se iban y al cabo de cuatro o cinco meses podían enviar una remesa de 10 o 20 dólares. Hubo gente que ni siquiera pudo enviar remesas.

Dijo que la desnutrición llegó a 15 por ciento, pero que en algún momento de 2018 comenzó a bajar. ¿Qué factores revirtieron esa tendencia?

Los bonos que dio el gobierno, bonos asociados a los procesos electorales que se realizaron tanto en 2017 (Asamblea Nacional Constituyente, elecciones municipales) como en 2018 (elección presidencial). Las bolsas CLAP y las remesas se combinaron con los bonos para que la desnutrición bajara al 10 por ciento, que sigue siendo el indicador que marca la crisis de un país. Actualmente, la desnutrición se ubica en 15 por ciento. La gente no tiene posibilidades de resolver su problema alimentario, su problema de salud, su problema de agua o sus carencias afectivas.  ¿Qué causa todo eso? Un colapso en la familia.

¿Qué herramientas de trabajo, procesos, mecanismos, implementaron ustedes  para atender a la gente?

La crisis cambió la vida de nuestra organización, totalmente. Nuestra misión era capacitar a la gente, incluso llegamos a crear microempresas. Ahora pasamos a proyectos asistencialistas. Desarrollamos la olla comunitaria. Hay más de mil en todo el país. Una sopa no resuelve el tema alimentario, pero nos permite ayudar y acompañarlos a los venezolanos más vulnerables. Pese a la prohibición legal, empezamos a desarrollar bancos de medicamentos. Hay más de 100 en toda Venezuela. ¿Qué podíamos hacer ante la escasez de medicamentos o ante la incapacidad de que los puedan comprar? Establecimos vínculos con Cáritas de España, de Italia y de otros países, para que los hipertensos, los diabéticos, pudieran seguir con sus tratamientos.

¿Qué hicieron en el plano organización, gerencial, administrativo? No sería descabellado pensar que la emergencia exigió, hasta un punto desconocido, sus capacidades

En todo el país nuestro personal era de 20 personas contratadas que contaban con el apoyo de un voluntariado numeroso. En estos momentos cada Cáritas diocesana tiene entre 10 y 15 personas contratadas. En el plano institucional, hemos desarrollado capacidades que no nos corresponden. Ahora somos nutricionistas, somos farmaceutas, a veces me pregunto: ¿Para qué tantos talleres si nosotros no queremos tener farmacias? Esto es por la emergencia, que en teoría debería durar hasta un año, una vez superada, volveríamos a nuestra misión para la que fui contratada: desarrollar proyectos, monitorear indicadores sociales y crear microempresas. Pero son tres años pesando niños, repartiendo medicamentos. Tres años que no salimos de esta emergencia.

¿Ustedes prácticamente abandonaron la misión inicial?

Nos estamos dedicando a lo que hicimos en la tragedia de Vargas. Durante seis meses ayudamos con la alimentación, con el agua, pero transcurrido ese lapso, la gente empezó a incorporarse a su barrio. Y nosotros volvimos hacer lo nuestro. Pero hoy es muy diferente. Le repito, llevo tres años ayudando en el tema de la alimentación, tres años pesando niños, tres años repartiendo medicamentos.

¿La emergencia humanitaria representa una prueba de estrés para ustedes?

Sí, hemos incorporado a nuestros procesos lo que llamamos el cuidado de los cuidadores. Nada que ver con Vargas, donde nuestro personal no era el afectado por la tragedia. Hoy la situación es muy distinta. Tenemos gente cuyos hijos están desnutridos o están fuera del país o no tienen los medicamentos. El 96 por ciento del personal se encuentra afectado por la crisis. El horario es de siete días a la semana a cualquier hora. Hemos incorporado a los indigentes a las ollas comunitarias. Es una población difícil, diferente. Aquí llega muchísima gente con temas de depresión, gente que se quiere suicidar y busca una palabra de aliento. Pacientes que necesitan ser operados. Si acaso dos de cada cien tienen posibilidad de que lo operen en una clínica. Eso significa que se van de aquí pensando que se va a deteriorar, que se va a morir dentro de poco, que sólo un milagro los puede ayudar. Toda esa carga emocional hay que trabajarla con nuestra gente.

Hay que decirlo, ¿No? Este país enferma.

Enferma. Nosotros recibimos llamadas de gente con edades entre 45 y 50 años, que tienen capacidad productiva y quieren morirse. O gente que se quiere suicidar porque los hijos se fueron. Hoy día, hay toda una población que depende de otro para vivir, así trabaje. Y eso hay gente que no lo aguanta, que no lo soporta. Pasan la línea, se vuelven depresivos, se suicidan. Nunca habíamos visto ese tipo de casos en Venezuela, así como tampoco casos de trata. Madres que han venido a denunciar que a sus hijas se las han llevado para la trata. Grupos del crimen organizado que se las llevan a Trinidad donde las convierten en esclavas sexuales. Nunca habíamos lidiado con eso.

El hecho de que la crisis humanitaria se haya normalizado, con todo lo que eso implica, nos vuelve inmunes ante esa realidad. Asumimos que es lo que nos toca vivir. 

Hemos visto tres formas de comportamiento. Uno, gente que piensa que la crisis llegó para quedarse y que por tanto hay que sobrevivir como sea, vendiendo gasolina, bachaqueando, haciendo no uno sino 10 tigres. Dos, gente a quien se le metió en la cabeza la idea de que se tiene que ir del país, me tengo que ir, me tengo que ir, aunque sean personas muy pobres que no tienen posibilidad alguna de hacerlo. Tres, gente que trata de sacar provecho de esto como sea. Nos estamos viendo de otra forma. Si un muchacho no va a la escuela… total, para qué, si aquí no hay trabajo. La gente se prepara para sobrevivir el día a día. Hasta allí llegan las expectativas.

Si la gente piensa que la crisis llegó para quedarse, ¿Por qué habría de sorprendernos el conformismo?

Ahora todos nos critican, dentro y fuera del país. Es que ustedes eran ricos, es que ustedes comían bien. Pensemos por un momento que lo que teníamos era… ¡Demasiado! Pero lo que tenemos hoy ni de cerca es una vida normal. Hacia allá tenemos que avanzar, tenemos que intentarlo, dale pa’allá. A la cooperación internacional le hemos dicho: Tenemos que ayudar a la gente, pero bajemos un poco en las ollas comunitarias, en los comedores, y hagamos más énfasis en proyectos que tengan que ver con medios de vida. Cáritas ha criticado los programas asistencialistas del gobierno, entonces, ¿Vamos a hacer algo parecido? ¿Qué es lo que hemos visto? A nuestros migrantes que en Trujillo no pueden comer, y pasan la frontera, ¿Pero cómo puedes vivir en una plaza, en una carpa durante tres años? Ah, porque me dan las tres papas. Al final, la gente se vuelve robots. ¿Y cuando no haya cooperación internacional? Porque eso no va a durar toda la vida.

Lo otro es que si tengo que robar, robo; si me puedo aprovechar del vecino, lo hago; si me tengo que prostituir, no lo pienso dos veces. 

Eso está estudiado. En las crisis empiezas a desarrollar estrategias, ya mencionamos algunas. Haces lo que puedes, emigras, vendes algo de valor, ¿Qué viene después? La degradación moral. Lo estamos viendo en estos momentos. La mamá que está preparando a su hija de ocho años o al niño que lo pasa a la guerrilla o a un trabajo esclavizante. Y lo ven normal. Esa degradación aumenta en la misma medida en que lo hace la crisis. Por eso hablamos de las estrategias y si no resuelves la crisis en un año vas a llegar a las estrategias de degradación. Y eso es lo que estamos empezando a ver en Venezuela. Si voy a conseguir algo dando la información de que el apartamento de mi vecino está vacío, a mí no me importa. Si fuimos amigos, si coincidimos en el mismo bando político, no me importa, siempre y cuando pueda conseguir algo, empiezo a vender al hermano, al tío. Eso pasó en Cuba. ¿Qué quieres que haga? Yo tengo que sobrevivir, yo tengo que darle de comer a mis hijos. 

Esa degradación tiene además una dimensión social. 

Las obras sociales, las iglesias eran muy respetadas en Venezuela, así como los servicios médicos y las escuelas, precisamente porque estaban al servicio de las comunidades. Pero ya hay cosas que no se respetan, pueden robar una iglesia, como pueden robar una escuela, pueden venir a aquí a robar. ¿Y cómo pueden hacerlo si aquí tenemos una olla comunitaria, si aquí ayudamos a la gente? Hemos llegado a ese punto de degradación.

¿Qué implicaciones pudiera tener para la sociedad venezolana que la crisis humanitaria se vuelva permanente? 

Sería la destrucción total de las instituciones fundamentales, empezando por la familia. Aquí se han perdido muchas cosas. Si ves las escuelas, por ejemplo, no se han incorporado ni el 50 por ciento de los alumnos y de los maestros. Papas, tíos, muchachos de Chamba Juvenil impartiendo clases. Es una destrucción total de la educación. Si ves la administración pública, los equipos son de hace 20 años y a las puertas lo que encuentras es un cementerio de carros. Tierra de nadie, pero con una grandes burbujas, porque si vas a un club privado o puedes pagar un restaurante o un bodegón, seguramente te haces la pregunta: ¿Realmente Venezuela está en crisis? Hay una gran brecha entre la realidad y la percepción que pudiéramos tener de ella. Pero sal de esas burbujas: ¿Y qué vas a ver? Una destrucción total de cosas. De los hospitales, ni se diga. La Organización Panamericana de la Salud dice que hay mejoras y yo se lo creo, pero son puntuales. ¿Qué significa? Que llegaron insumos para dos meses. ¿Y después qué? Vacunaron hasta agosto, pero esos niños necesitan la segunda y la tercera dosis, la vacunación tiene que ser permanente. ¿Y si no es así, qué pasa? Que por ahí se cuela una epidemia. Hay mejoras para reducir la emergencia, pero no para que vivamos en un país normal.

Cuando le oyó decir al representante del Estado venezolano en Bruselas que aquí no había una crisis humanitaria, ¿Qué pensó? ¿Qué fue lo primero que le vino a la mente?

Cualquier representante del Estado que vaya a un organismo internacional se aprendió el libreto. Coinciden en que aquí no hay crisis y si hay problemas se deben a las sanciones. Entonces, ellos se aprenden el libreto y lo van diciendo en todos lados donde van. Es una ofensa porque están negando lo que está viviendo toda una población. Gente que está muriendo, pero no se sabe, porque aquí no hay cifras. Están pasando cosas que no se visibilizan. Aquí fallece una persona en un hospital y no ponen la causa de muerte. Tenemos tuberculosis, tenemos paludismo y eso no se está evidenciando. Ni siquiera las redes sociales se están haciendo eco de lo que nos está ocurriendo.

La «Olla Solidaria» socorre a miles de venezolanos sumidos en la pobreza por Ludmila Vinogradoff – ABC – 12 de Agosto 2019

Multitud de venezolanos comen una vez al día gracias a la Iglesia Chiquinquirá
Multitud de venezolanos comen una vez al día gracias a la Iglesia Chiquinquirá – L.V.

La Iglesia católica con los voluntarios tiende su mano a los más necesitados para que no se mueran de hambre

La cita es el sábado en la Iglesia Chiquinquirá. Entre 80 y 100 voluntarios se reparten la tarea de preparar y servir unos 850 platos de comida a los necesitados, que vienen desde los alrededores de Caracas, los Valles del Tuy, Higuerote y de los barrios más pobres de la capital.

Hace tres años los obispos de la Conferencia Episcopal Venezolano decidieron lanzar el programa social la «Olla Solidaria» para alimentar a los pobres pero en la Iglesia Chiquinquirá decidieron ir más allá y bautizar su jornada como la «Olla Milagrosa» en honor a San Isidro Labrador, un santo muy venerado en Madrid.

Carlos Gerome, un hombre sin dentadura con edad indefinida que se ve maltratado por la crisis, no se sonroja al auto calificarse en «situación de calle» o mejor dicho en la indigencia, dice a ABC. «Vivo en Chacao bajo un puente. Vengo aquí porque no quiero seguir comiendo de la basura», dice apretando contra su pecho su deshilachado morral, de los que el régimen chavista regala a los niños en las escuelas públicas.

Gerome llegó a Caracas desde su natal isla de Margarita. En la capital lo atrapó la crisis, se quedó sin trabajo y ahora deambula como alma en pena sin dinero para regresar a su isla donde podía pescar y no se moría de hambre sacando una sola sardina al día.

Pero Caracas es otra cosa. El régimen de Nicolás Maduro ha salvado la capital de dejarla sin gasolina. Aunque escasea se consigue agua, gas y electricidad de manera racionada y a cuenta gotas. Pero en el interior los venezolanos pasan seis meses sin los servicios básicos y cocinando a leña.

Por la escasez aunque menos aguda, la capital se ha visto desbordada de indigentes, mendigos y desplazados de la provincia que no han podido escapar caminando por la frontera hacia Colombia, Perú y Chile.

La FAO de las Naciones Unidas señala que el hambre se triplicó en los últimos dos años (2016-2018). En su último informe afirma que casi 7 millones de venezolanos están en el umbral de la hambruna. La pobreza extrema o la indigencia se disparó del 11% a más del 30% de lapoblación mientras que el 90% de los venezolanos (unos 27 millones de personas) se ubica en el nivel de pobreza general.

Ana Acevedo, tiene 62 años y es abuela de siete nietos. Vive en Antímano, un barrio pobre de la capital venezolana. «Es la primera vez que vengo a este comedor. Vivo con mi hijo, la nuera y los nietos en una casita. Soy lavandera y de eso vivimos pero lo que ganamos lavando ropa no nos alcanza ni para comer. Nunca he visto tanta miseria en los últimos 29 años que vivo en el barrio. El próximo sábado voy a traer a mis nietos a comer en la iglesia Chiquinquirá», dijo rompiendo en llanto.

Elsy Da Costa y Alcira de Hopkins, son dos de las voluntarias que coordinan la logística del comedor católico desde hace dos años y medio. «Empezamos a preparar la comida, cortar las verduras y hortalizas el viernes por la tarde, la refrigeramos y el sábado amanecemos cocinando. Nos ayudan algunos chef de restaurantes y tenemos la donación de pan de las panaderías amigas».

El nombre de la «Olla Milagrosa» surge inspirada en el santo madrileño San Isidro Labrador, cuya olla nunca se vaciaba cuando daba de comer a los pobres. “Ese es el milagro, una vez no teníamos arroz y rogamos al cielo. Bueno, de pronto apareció un paquete grande de arroz y lo cocinamos para los pobres”, dijo a ABC Alcira de Hopkins.

La parroquia San Judas Tadeo comenzó hace dos años y medio el programa con 60 platos pero ese mismo día se duplicó a 120. «Ha ido aumentando de manera veloz por la crisis y el hambre. Ya vamos por 850 platos la jornada del sábado y la demanda crece de manera vertiginosa», dice Susana Mas, coordinadora del sector farmacéutico de beneficencia.

El centro católico ha carnetizado a 600 personas que frecuentan todos los sábados la parroquia. La mayoría son personas de tercera edad, mujeres y niños. Pero hay otros 250 que no están afiliados sino que vienen de vez en cuando, cuando tienen apetito. Mientras esperan su turno reciben charlas de evangelización y valores humanos.

 

Una iglesia venezolana es finalista de la XI Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo – ProDaVinci – 15 de Julio 2019

La Iglesia San Juan María Vianney en Media Legua estado Vargas es seleccionada entre 997 obras como una de 32 finalistas de la XI Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo. Formará parte de la exposición de la Bienal en Asunción Paraguay entre el 5 y 11 octubre 2019.

La Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo celebra su XI convocatoria este año, con la participación 22 países. En esta oportunidad se presentaron 997 proyectos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, España, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Portugal, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela. El jurado de la Bienal seleccionó de esta lista 210 proyectos entre los cuales figuran 4 obras en Venezuela:

  • Casa Guaparo – NMC Nómadas
  • Casa Núcleo – AGA estudio
  • Experimento Tropical Casa LP – Sánchez Taffur Arcquitectos
  • Iglesia San Juan maría Vianny Media Legua – Elisa Silva, Enlace Arquitectura

Tras la deliberación del jurado presidido por Gloria Cabral y Solano Benítez (Asunción), y formado por Gabriela Carrillo y Mauricio Rocha (Ciudad de México), Sandra Barclay y Jean Pierre Crousse (Lima), Josep Ferrando (Barcelona), Carlos Quintáns (La Coruña), Nicolás Campodónico (Rosario), Carla Juaçaba (Rio de Janeiro), Javier Corvalán (Asunción), y los comisarios de la XI BIAU Ana Román y Arturo Franco 32 obras fueron seleccionadas entre las cuales figura la Iglesia San Juan María Vianney de Elisa Silva y Enlace Arquitectura. Estas formarán parte de la publicación y exposición de la XI BIAU en Asunción Paraguay entre el 5 y 11 de octubre 2019. La ceremonia de inauguración y premiación se realizará el 7 de octubre.

La Iglesia está ubicada en un lugar privilegiado por su vista desde el lado norte de la cordillera de la costa hacia el Mar Caribe en el estado Vargas. Su razón de ser fue crear un lugar de culto donde la comunidad de Media Legua pudiera llegar caminando. El proyecto comenzó en el año 2008 con su diseño y luego se construyeron las fundaciones y paredes. Poco a poco, al paso de donaciones recibidas, se logró construir la estructura de la iglesia en un plazo de 10 años, aunque aún faltan los bancos, el mobiliario clérigo y el paisajismo. El proyecto se construyó con 47,000 USD, que fueron donados por la Fundación Adveniat de Essen Alemania, el Fondo Nueva Evangelización en Madrid y la Parroquia Santos Apostoles en Oviedo, ambos en España, y donaciones por entes privados en Venezuela. El Padre Abelardo Bazó inició el proyecto cuando fue párroco de Tarmas y ha sido su principal propulsor. Rafael Monterrey y su esposa Dilia han cuidado los predios de la Iglesia durante todo su proceso de construcción. Los cálculos estructurales fueron realizados por el Ingeniero Ricardo Silva y la estructura ha sido construida por personas de la comunidad.

La iglesia está hecha de bloques de cemento que actúan como paredes estructurales al ser rellenadas con concreto y cabillas de acero. Por encima de los 1,80 metros, comienzan a aparecer aberturas que crecen en tamaño a medida que suben fila por fila, creando paredes porosas que permiten que la luz entre y el aire circule. Tres aberturas traen el paisaje hacia el interior de la iglesia, enmarcando árboles y vistas.

Otros proyectos reconocidos en previas celebraciones de la BIAU han sido Alejandro Borges González en la III edición con Vivienda Unifamiliar Simbiosis II, Carlos Pou Ruan y Lucas Pou Ruan en la VI edición con la Villa del Cine, PA Puchetti Arquitectos en la VII edición con la Nueva Planta de Producción de Vacunas del Instituto Nacional de Higiene “Rafael Rengifo” Ciudad Universitaria de Caracas y  Enlace Arquitectura – Elisa Silva en la VIII edición con el proyecto Pavimento del Bulevar Sabana Grande. La BIAU es una iniciativa del Gobierno de España que inició en Madrid en el año 1998. Tras once ediciones representa una referencia fundamental de la arquitectura y del urbanismo en Iberoamérica.

Venezuela : Dramático video de los obispos – Conferencia Episcopal – 16 de Mayo 2019

La Conferencia Episcopal Venezolana ha distribuido un vídeo donde muestra los efectos que ha causado en el país la dictadura socialista bolivariana de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y la respuesta de la Iglesia ante las durísimas realidades sociales a las que se está viendo abocado el país.

Funcionarios de Maduro tocaron las puertas de la Conferencia Episcopal para pedir asilo por Rosalinda Hernández – TalCual – 5 de Mayo 2019

El monseñor Mario Moronta informó que en los próximos días denunciarán el ataque de la GN ante los tribunales. “Quienes atacan las iglesias de Venezuela no tienen temor de Dios”

Hace 20 días representantes de la administración de Nicolás Maduro tocaron las puertas de Conferencia Episcopal Venezolana para pedir asilo, en caso de una salida del mandatario, afirmó este domingo el monseñor Mario Moronta durante una eucaristía realizada en apoyo a la iglesia atacada por la Guardia Nacional en San Cristóbal, estado Táchira.

Altos dirigentes han acudido a varios obispos para consultar que en el caso de que hubiere una situación contraria a ellos, si se mantenía el derecho de asilo que universalmente se le reconoce a la Iglesia. Por supuesto, la Iglesia está abierta para proteger a todos los que requieran atención. Pero sin ser alcahuetes, ni encubridores, que no lo somos”, dijo.

Según dijo, ningún dirigente o representante del oficialismo se ha acercado al monseñor pero si a varios obispos de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV).

“Si me llegan pues también lo discutiríamos si se encuentran dentro de las propuestas de la protección. Hemos protegido y estamos protegiendo a muchas personas que han sido atacadas”

La eucarística en desagravio al ataque con bombas lacrimógenas que hizo la Guardia Nacional el pasado viernes a la iglesia Nuestra Señora de Fátima, fue oficiada por el obispo de San Cristóbal junto a más de 20 sacerdotes. Pidió por la conversión de quiénes están haciendo el mal.

“Ya es hora que el mundo se de cuenta de lo que está pasando en Venezuela (…) Pidan perdón públicamente es lo menos que pueden hacer”, dijo Moronta a los funcionarios de la GN

Informó que en los próximos días denunciarán este ataque ante los tribunales nacionales e internacionales. Los feligreses que se encontraban en la misa del pasado viernes también informaron que 40 guardias nacionales ingresaron a la iglesia con motos. “Quienes atacan las iglesias de Venezuela no tienen temor de Dios”.

Los jesuitas latinoamericanos denuncian el sufrimiento del pueblo venezolano bajo la tiranía de Maduro – CPAL – 11 de Marzo 2019

Periodista Digital de España publica el comunicado final Seminario ‘Búsqueda de alternativas políticas a la crisis venezolana’, convocado por la CPAL y realizado la semana pasada en Lima.

Su voz, te reconcilia con la Iglesia

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Venezuela: los esbirros chavistas arrestan a una joven en Caracas.

Igual que antes los obispos venezolanos, los jesuitas han sido mucho más claros y tajantes que el siempre calculador Papa Francisco, aunque usen su nombre y lo citen como referencia (Los obispos venezolanos condenan los arrestos y ataques contra ONGs).

En el comunicado final del Seminario ‘Búsqueda de alternativas políticas a la crisis venezolana’, los jesuitas no se han cortado un pelo o mordido la lengua

“Un pueblo que pasa hambre, que no tiene dónde recibir atención médica, que no cuenta con los mínimos servicios públicos, que sobrevive a pesar del irrisorio valor de la paga que recibe”

“Un pueblo que es perseguido cuando protesta, que vive múltiples formas de control social y político, con un gobierno ahora cuestionado en su legalidad y cada vez más totalitario”

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Jesuitas de América Latina

Como servidores de la misión de Cristo en América Latina y El Caribe, entre el 4 y el 6 de marzo pasados nos reunimos 51 laicos y sacerdotes, incluyendo 19 jesuitas, de distintas áreas profesionales y académicas para reflexionar sobre alternativas políticas a la crisis de Venezuela. Fuimos convocados por la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y El Caribe – CPAL, contando además con el apoyo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya de Lima y la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas.

El Seminario tuvo como eje central de la discusión la tarea de clarificar los factores principales de la crisis que hoy vive el país y que afecta a la sociedad venezolana sin distinción de clases sociales, muy particularmente a los sectores más empobrecidos. Las deliberaciones del grupo se centraron en tres grandes preguntas:

  • ¿cuál es el papel de los diversos actores sociales, políticos y armados en la coyuntura venezolana?
  • ¿cuál es la postura de los países y bloques transnacionales de poder que inciden en la crisis del país?
  • ¿cuál debe ser el aporte y la ruta de actuación de la Compañía de Jesús a partir de los diversos escenarios probables?

El dolor y la miseria creciente del pueblo venezolano, dentro y fuera de su país, nos entristece y nos interpela. Somos conscientes de que las causas que han llevado al deterioro de la democracia y las condiciones de vida del pueblo venezolano son de vieja data en Venezuela; con todo, la actual situación de miseria y quiebre de la institucionalidad de la democracia es éticamente intolerable y políticamente insostenible.

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Una publicación compartida de Manos A La Obra Por Venezuela. (@manosalaobraporvenezuela) el 28 Feb, 2019 a las 7:58 PST

Los millones de migrantes presentes en casi todos los países de América latina (13% de la población venezolana) nos abren una ventana por la cual se asoma diariamente la pasión cotidiana -casi inaguantable- de la mayor parte de su pueblo; un pueblo que pasa hambre, que no tiene dónde recibir atención médica, que no cuenta con los mínimos servicios públicos, que sobrevive a pesar del irrisorio valor de la paga que recibe; un pueblo que es perseguido cuando protesta, que vive múltiples formas de control social y político, con un gobierno ahora cuestinado en su legalidad y cada vez más totalitario, que ha sido cooptado por un pequeño grupo de intereses corporativistas y que ha dilapidado escandalosamente la riqueza del país.

Queremos reafirmar que ejercemos nuestra misión de servicio en la Iglesia. Nos sentimos plenamente expresados en la posición de nuestros hermanos obispos de Venezuela quienes, conociendo de cerca el drama del país y el sufrimiento del pueblo, afirman que “vivimos un régimen de facto, sin respeto a las garantías previstas en la Constitución y en los más altos principios de dignidad del pueblo…

En esta crisis política, social y económica, la Asamblea Nacional, electa con el voto libre y democrático de los venezolanos, actualmente es el único órgano del poder público con legitimidad para ejercer soberanamente sus competencias” (111ª Asamblea plenaria Conferencia Episcopal de Venezuela, enero de 2019).””

 

En la “Fórmula del Instituto”, que contiene la quintaesencia de la experiencia y la inspiración de Ignacio de Loyola, se dice que la Compañía de Jesús fue fundada – entre otras misiones – para “reconciliar a los desavenidos”. Somos llamados a ser mensajeros de la reconciliación en la justicia y de la esperanza. “Para lograrlo tenemos que alcanzar una comprensión más profunda del misterio del mal en el mundo, y también del poder transformador de la misericordiosa mirada de Dios que trabaja por hacer de la humanidad una familia reconciliada y en paz” (Congregación General 36ª de la Compañía de Jesús, Decreto 1º, # 31). Por eso no nos quedamos contemplando únicamente los males, sino que también nos regocijamos con los múltiples signos de solidaridad y de generosidad que descubrimos entre el pueblo venezolano y entre nuestros pueblos hermanos, pues han alimentado la lucha y la resistencia pacífica y activa de las víctimas y sobrevivientes en ese hermano país.

Movidos a compasión ante el sufrimiento de tantas personas y después de analizar con profundidad la situación política, social, económica y geoestratégica de Venezuela buscando alternativas políticas a la crisis actual, los jesuitas queremos seguir:

  • impulsando, junto con muchas otras personas y organizaciones, alternativas políticas y de servicio que rescaten la centralidad y la dignidad inalienable de cada ser humano; y por eso rechazamos todas las formas de violar los derechos humanos, y toda manipulación del poder político que pretenda imponer un orden que no reconozca el disenso, la pluralidad, los derechos colectivos de los pueblos originarios, las libertades civiles y políticas, tal como están consagradas en la Constitución Bolivariana de 1999.
  • siendo solidarios y reforzar nuestro servicio y atención a los migrantes venezolanos en nuestros países, pues no solamente reconocemos su drama, sino que valorizamos su presencia y la riqueza que aportan en las sociedades que les acogen;
  • promoviendo, de diversas maneras, una comprensión cada vez más fina y completa de la realidad venezolana a través del trabajo de investigación, publicación, divulgación, enseñanza y formación que se realiza en nuestros diversos servicios apostólicos para contribuir a reducir la desinformación, los prejuicios y la polarización que existe en la opinión pública y generar una auténtica solidaridad.

Valoramos el interés de la comunidad internacional y sus iniciativas para ayudar al pueblo venezolano en la superación de la crisis. Creemos y defendemos expresamente el principio fundamental de la autodeterminación de todos los pueblos de la tierra. Por eso, afirmamos que la ayuda que se requiere para la solución de los problemas actuales de Venezuela amerita que las medidas de presión que se ejerzan desde el exterior deben ser pensadas de manera que no causen más daño a los que sufren y son afectados por el mal que se pretende corregir. Éticamente no es correcto ni bueno combatir un mal con otro mal que signifique empeorar la situación de miseria, exclusión y explotación de los pueblos, especialmente de los pobres e indefensos.

 

Tal como nos decía el Papa Francisco a los jesuitas en su discurso final a la 36ª Congregación general en noviembre de 2016, estamos convencidos de que “la Compañía de Jesús no está llamada a ocupar espacios sino a desatar procesos”. El Seminario realizado ha sido una bella experiencia de ese modo de servicio.

Rogamos al Señor nuestro Dios por todos los que forman el cuerpo apostólico de la Compañía de Jesús en Venezuela, así como por todos aquellos que acompañan, defienden, promueven y trabajan por la integración de los migrantes en diversos países del subcontinente. “Aun en los momentos en que afrontamos grandes desafíos y aparentes derrotas, seguimos soñando con ayudar a recrear un mundo diferente, porque hemos conocido “a Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar” (Efesios 3: 20). Por eso nos mantenemos firmes, “calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz”(Efesios 6: 15)” (Mensaje orante para aquellos jesuitas que trabajan en zonas de guerra y conflicto, 36ª Congregación General).

En nombre de los participantes,

Roberto Jaramillo Bernal, S.J.
Presidente de la CPAL

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