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Quién es quién en la operación para buscar una «tercera vía» sin Maduro ni Guaidó en Venezuela – ABC – 7 de Diciembre 2019

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Maikel Moreno, Vladimir Padrino, Diosdado Cabello y Humberto Calderón Berti son los principales personajes involucrados en la trama para crear una Junta de Transición

El presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno; el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López; el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, y el exembajador de Juan Guaidó en Colombia, Humberto Calderón Berti, son los principales implicados en la trama para sacar a Nicolás Maduro del poder y formar una Junta de Transición en Venezuela, como ha informado ABC.

Estos son los perfiles de los cuatro protagonistas.

Maikel Moreno

La máxima autoridad del brazo judicial del régimen chavista es Maikel Moreno, presidente del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). También estuvo en el centro de la fallida sublevación del pasado 30 de abril y, según ha revelado el exjefe del Sebin Cristopher Figuera, fue precisamente el culpable de que aquella intentona no triunfara. Sus ambiciones, ya que él quería ser el presidente de la transición, habrían hecho descarrilar aquella operación, señaló en su día Figuera a ABC.

También ahora, según ha podido saber este diario, estuvo implicado en los contactos con el exembajador de Guaidó en Colombia para tratar de formar una Junta de Transición, representado por el abogado y exfuncionario del TSJ Framik Rojas.

Vladimir Padrino López

El encargado de mantener prietas las filas militares y apuntalar a Nicolás Maduro en el poder es Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa desde 2014 y principal responsable de la Fuerza Armada. Sin embargo, Padrino fue ya una pieza clave en las conversaciones que dieron lugar al pronunciamiento del 30 de abril, cuando se liberó a Leopoldo López de su arresto domiciliario y se trató de poner fin al régimen.

Sin embargo, esos planes acabaron fracasando y el ministro de la Defensa acabó reafirmando su lealtad a Maduro. Ahora, de acuerdo con la información con que cuenta ABC, ha vuelto a explorar una salida a la crisis a través de un representante que permanece en el anonimato por razones de seguridad.

Diosdado Cabello

Compañero de Hugo Chávez en la Academia Militar y hombre fuerte del régimen gracias a su gran poder sobre la Fuerza Armada, la Policía y la Inteligencia venezolanas, Diosdado Cabello es en la actualidad el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, el órgano creado por el chavismo para arrinconar al parlamento legítimo. Cabello, que mantiene un sordo pulso interno con Nicolás Maduro, estuvo representado por el capitán del Ejército Carlos Aguilera Borjas en las conversaciones con Humberto Calderón Berti para lograr una «tercera vía» que pusiera fin a la crisis en el país. Aguilera fue jefe de inteligencia y guardaespaldas de Chávez, y González fue responsable del Sebin, el temible Servicio Bolivariano de Inteligencia

Humberto Calderón Berti

Humberto Calderón Berti fue nombrado embajador en Bogotá por Juan Guaidó poco después de que este asumiera la presidencia interina en enero de este año. A finales de noviembre fue destituido por el propio Guaidó y Calderón Berti respondió con una rueda de prensa en la que acusó a personas del entorno del presidente encargado de irregularidades con los fondos para la operación fallida para el ingreso de ayuda humanitaria del 23 de febrero.

Según ha podido saber ABC, el exembajador participó en los contactos con miembros del chavismo para hallar una salida al régimen y en el borrador de una sentencia del Supremo aparece como miembro de la Junta de Transición que se trataba de gestar.

 

“Calderón Berti se ha burlado de los venezolanos”: Carlos Vechio por Jesús Mesa – El Espectador – 4 de Diciembre 2019

Carlos Vechio, embajador de Juan Guaidó en Estados Unidos.EFE

¿Qué implicaciones tienen las decisiones tomadas en la reunión del TIAR? 

¿Qué es lo más significativo? 

Lo que destacaba anteriormente, que es la primera vez que se sanciona a un grupo de personas vinculadas con el régimen de Maduro. Esto significa que los demás países entienden que esto no es solo un problema que trasciende fronteras. Y creo que eso queda reflejado en el compromiso de los países. Estamos en la dirección correcta de aumentar el multilateralismo de las sanciones, incluyendo no sólo Estados Unidos, sino ahora Latinoamérica.

Sin embargo, en los últimos meses Estados Unidos ha moderado un poco el discurso frente a la situación de Venezuela. ¿Usted desde Washington ha notado algún cambio? 

No tengo ninguna duda la política norteamericana contra el régimen de Maduro se mantiene sin ninguna variación. Todo lo contrario, no sólo han sido palabras, sino hechos. Mientras todos estábamos reunión del TIAR, Estados Unidos sancionó a un grupo de buques que está llevando petróleo a Cuba. Además, las posiciones de todos los funcionarios de alto nivel estadounidenses han sido claras en la salida a la crisis de Venezuela pasa por la salida de Maduro. Entonces yo no he visto algo que me haga pensar que hubo un cambio de política. Porque la presión no solo viene de la administración, sino también del Congreso y de ambos partidos.

Yo diría que nunca se ha ido. La crisis de Venezuela trastoca a toda la región, pues es un gobierno que genera inestabilidad en la región, que patrocina grupos terroristas y tiene vínculos con el narcotráfico. También explotan ilegalmente el oro. Creo que esa situación toca a Estados Unidos y ellos lo entienden. Por eso han tomado acciones concretas para enfrentarlo.

Hay quienes dicen que el liderazgo de Guaidó se ha debiliitado.. ¿Cómo está hoy?

Hoy más del 80% de los venezolanos quiere salir de Maduro. Mi convicción es que va a haber un cambio y eso no lo van a poder parar. Es momento de mantener para lograr ese cambio. Además, Juan Guaidó es hoy la persona más importante y popular de Venezuela. Es también la única esperanza para salir de él. Ese respaldo se mantiene, en la calle se mantiene,  en la Asamblea Nacional y en la comunidad internacional.

¿Los últimos escándalos de corrupción no ponen en riesgo lo construido por ustedes en estos meses? Pareciera que de nuevo hay divisiones dentro de la oposición…

Lo que hay es un régimen corrupto para tratar de penetrar todas la instituciones de Venezuela, entre ellas a la Asamblea Nacional y a algunos diputados. La corrupción del régimen tiene sus tentáculos y actúa bajo ese amparo de criminalidad y indudablemente utiliza todo esta fuerza que tiene para tratar de quebrar lo construido por Juan Guaidó. Pero si Guaidó estuviera en el piso no estarían haciendo lo que están haciendo.

Creo que está profundamente equivocado. El liderazgo se lo ha ganado Juan Guaidó. Ha logrado ser la persona más popular de Venezuela por su convicción y por su coraje. Es quien ha dado la cara y ha articulado todo este esfuerzo. Indudablemente que Leopoldo López es parte de nuestro equipo, como lo es Julio Borges o Henry Ramos o los diputados que forman parte de la Asamblea Nacional. Creo que habla muy mal del embajador que se haya mantenido tanto tiempo si estaba tan incómodo. ¿Por qué no renunció? Si yo soy embajador y tuviera una posición como esa, hubiese renunciado. No esperar a que me destituyan. Me parece irresponsable y creo que se ha burlado del pueblo de Venezuela que reconoció en Juan Guaidó un liderazgo. Más bien creo que el exembajador tenía otras aspiraciones.

¿Cuáles aspiraciones?

Eso habría que preguntárselo a él.

Explicaciones que dar sobre una destitución inexplicable por Armando Martini Pietri – El Nacional – 6 de Diciembre 2019

A un ciudadano del relieve profesional, moral y ético de Humberto Calderón Berti no se le despide con una carta lacónica, mal redactada, peor concebida, de insensibilidad elocuente, sin disciplina de forma y orden, que hace pensar en una destitución atragantada, que no fue hecha por error o mal comportamiento sino con soberbia, venganza o, aún peor, estulticia. Un escrito deliberadamente consignado para herir.

¿Cumplió mal o incumplió instrucciones de la Asamblea Nacional en su gestión como embajador? Aunque el primer error grave es que tengamos un gobierno interino colegiado, ni la carta ni el destituidor aclaran nada. El Cucutazo selló su suerte cuando expresó: “Cumplí con mi deber de conciencia como embajador y ciudadano ante la Fiscalía General de Colombia, tenía evidencias y las presenté”.

Desde entonces el desencuentro con Guaidó -no atendió sus llamadas en meses- y Leopoldo López, quien lo acusó de un daño irreparable al gobierno encargado. Pero ¿quién es el dañino? ¿Calderón Berti o López, que pretende ser titiritero de una administración, que se deja manipular y ofrece por ofrecer e incumple por resignación, y por eso en menos de un año pierde la mayor parte de la fe y esperanza? ¿Quién hace más daño, un embajador veterano, de carrera técnica y política intachable, ubicado en un país clave donde además es respetado, apreciado, que se toma la molestia de estar pendiente de cada detalle, hacer advertencias y dar consejos apropiados, o un círculo de fichas partidistas que no quieren ser molestados en sus repartos y ambiciones?

¿Diferencias en política exterior y nuevas estrategias, o quizás discrepancias entre ambiciones y egoísmos? Cambiar al embajador en Colombia pocos días antes de la reunión clave del TIAR en ese país es pésima estrategia, insensata y poco inteligente. ¿Cuál es el próximo, Gustavo Tarre?

Se repitieron en otra escala y dimensión temporal aquellos patéticos pitazos de Chávez a los empleados de la Pdvsa meritocrática y eficiente. Pitazo a pitazo aquel ignorante prepotente empezó a destruir la industria petrolera motivado solo por el afán de mando, control y hambre de dinero manejado a sus anchas.

Los que pitaron ahora están obligados a aclarar el despropósito de hoy. ¿Qué podredumbre tratan de ocultar arrancándose parte esencial del cerebro? Las verdades de un hombre digno deben ser respondidas. Destitución difícil de tragar.

Peligrosas majaderías de tontos

¿Estaba conspirando contra Guaidó? Hay que ser cándido virginal para creer semejante estulticia, burda desinformación que, en cualquier caso, debería ser probada. Entretanto, queda mal un gobierno interino que cada día logra convencer y convocar menos ciudadanos, a tal punto de que, pensando mal, hasta podría estar cumpliendo algún pacto oculto con el oficialismo.

Algunos discurren supuestos nexos con María Corina Machado, tan absurdo y simple que provoca risa, no tiene sentido ni atino. No porque no puedan entenderse dos venezolanos de talento y perseverancia conductores hacia una Venezuela moderna, libre, democrática y mucho mejor, sino porque no tienen escondrijos políticos. Claro que se conocen entre sí, pero no son conspiradores ni traidores, al contrario, si algo ha demostrado cada uno en su tiempo y circunstancia es que son frontales, abiertos, firmes en sus convicciones.

En esa consistencia están la cercanía y confianza que han asentado en el pueblo, no en complots de rincón como los que abundan en círculos politiqueros. En todo caso, no son indeseables ni delincuentes, al contrario, tienen mucho en común, profesionalismo, estudios, preparación, inteligencia y eficiencia, ¡ojalá se reunieran e intercambiaran!, sería magnífico para esta Venezuela necesitada de sus mejores mujeres y hombres de coraje, dignos, eficaces, probos, bien preparados y dispuestos a darlo todo por su país, los necesitamos más que nunca.

El interinato luce sordo, ciego, mudo, de nariz corta. Los enemigos de Calderón investigaron su pasado y presente, al no encontrar mancha susceptible de exponer al público como justificación para su destitución, inventaron pendejadas, como la denunciada por Carla Angola.

Transición es un proceso, no cohabitación

Las evidencias denuncian una cohabitación en marcha que no quieren alterar. Que nada ni nadie entorpezca el plan, a los culpables nunca les gustan ventanas abiertas. La transición se planifica, es un compromiso, no una pelea de gatos.

La despedida fue solo un memorándum seco de un jefe prepotente a un subalterno que se atrevió a pensar. ¡Qué daño hacen las juntas en esos diálogos con enemigos del conocimiento y libertad! Pareciera que, en la política venezolana del siglo XXI, pensar es un crimen y atreverse a contradecir o criticar un acto del caporal o comisario, es un pecado de honor. Y por eso, quien es intelectualmente superior a quienes le dan órdenes, no es bienvenido. Como diría Talleyrand: peor que un error es una estupidez.

No hay secretos en la vida, se va revelando ese socialismo endémico de Voluntad Popular, enfermizo por oculto, oscuro, disfrazado. No hay máscara que no termine por caer y dejar facciones crueles e hipócritas al descubierto. Muchos se preguntan si quienes pretenden sustituir la dictadura, no estaremos cambiando la bandera roja por una de varios colores, morado incluido.

La verdad de Calderón Berti

«Al inicio de ese proceso empecé a recibir información de malos manejos. Pedí información, hice lo que correspondía, ordené una auditoría. No soy juez, y estaban en cuenta en Caracas. Como funcionario le envié informe al presidente Juan Guaidó.

¿Se criticó su divulgación? No es mi estilo. Cuando digo algo, lo hago de frente. El hecho no es que se filtrara, sino que hubo manejo irregular de recursos. La prensa está para decirlo. ¿Por qué criticar que la información se sepa? Lo triste no es que se haya sabido, sino ocurrido.

Pero no fue solo el tema de Cúcuta. Cuando iniciaron los diálogos tuve mis reservas y manifesté a representantes del gobierno interino que los estaban engañando. Eso molestó mucho. Señalé lo indelicado e imprudente en el manejo con un vecino fundamental como Colombia, insólito que sobre los diálogos se haya enterado por la prensa».

Calderón se reveló a sí mismo como lo que es y ha sido en sesenta años de trabajo y experiencia: “No soy indisciplinado, lo que no soy es sumiso, por mucho poder que se ostente. Mi obligación con Venezuela y mi familia es decir lo que pienso. Prefiero equivocarme de buena fe y no haciendo cosas indebidas. Quise dar un ejemplo de lo que va a ser una Venezuela distinta. No puede haber en las empresas públicas rebatiñas y reparto partidista (el nombramiento de una incompetente nueva directiva partidista y no experta para una empresa de alta especialización como Monómeros). La gente debe estar por sus credenciales, honestidad y transparencia».

No crean que el estalinismo es solo patrimonio de partidos socialistas. Hay muchos así, intolerantes frente al disentimiento. Eso no es democrático.

A esos que han saqueado el país, los vamos a buscar para que paguen. No participé en la redacción del Estatuto para la Transición. Es ley de la República. Dice hay que cesar la usurpación, tener un gobierno de transición unitario y luego ir a elecciones. ¿Quién puede pensar que, con este régimen en el poder, y sin supervisión internacional puede haber sufragios libres? Mientras Maduro esté en el poder no puede haber votaciones independientes. Todos queremos elecciones limpias, con un Registro Electoral depurado, en las que la diáspora pueda votar.

Va a venir la transición y será muy importante, sin una transición bien hecha nunca habrá democracia en Venezuela.

El Efecto Calderón por Víctor Antonio Bolívar Castillo – El Nacional – 4 de Diciembre 2019

Pudiera llevarnos mucho tiempo valioso conjeturar sobre los hechos escabrosos que a la postre ocasionaron la incoherente salida del más avezado embajador con el que contábamos. Sobre esos hechos ya tendremos de los órganos competentes colombianos los debidos pronunciamientos que sin duda fijarán a cada quien su responsabilidad. Creemos sí que, mientras tanto, deben precisarse y analizarse las repercusiones de esta herida abierta que está ocasionando el desangrado de una oposición que no ha sido capaz de luchar y vencer a sus propios demonios.

Desde esta, y otras tribunas, hemos sido consecuentes con el apoyo que le hemos dado cuando lo han requerido las circunstancias, pero también hemos sido firmes en emplazar, advertir y cuestionar cuando lo hemos considerado necesario, como hoy es el caso. Se abre un capitulo inédito que trae consigo situaciones difíciles de manejar, quizá la más importante por vital, que es el rescate de la confianza de todos aquellos venezolanos que hemos creído en una salida de esta dictadura bajo el liderazgo que nos ofreció como axioma el tantas veces mentado cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

Creímos en una estrategia, la aupamos y la hicimos nuestra consigna. Hoy lamentablemente vemos a ese liderazgo dividido, dando tumbos, sin un norte específico, que poco a poco quiere llevar embozalado al país a unas elecciones parlamentarias adelantadas porque tenemos a “un régimen que tiene el poder real, al que le pagamos los impuestos, y por eso se tiene que cambiar la estrategia para no ceder espacios”. Vale recordar que en otras dictaduras propias y ajenas también se pagaban impuestos. Podemos asegurar que habrá más de un jefe de partido que llevará a sus organizaciones a participar en el festín electoral parlamentario “porque es constitucional”, al que no se prestarían todos. Sería no solo un acto deshonesto con quienes hemos apostado a la salida que nos habían propuesto, sino una falta de coraje o una entrega que los haría indignos de dirigirnos.

Y es aquí en este punto donde encaja una de las repercusiones de lo que llamo “El Efecto Calderón”, que ha puesto en evidencia a una oposición que cual uróboro se devora a sí misma. El pecado original se cometió cuando, para asegurarse espacios e intereses, los partidos le pusieron al diputado Juan Guaidó una verdadera camisa de fuerza en el Estatuto para la Transición. Así lo alertamos en su momento.

Otras repercusiones habrá cuando nos mostramos al mundo y al país como determinados a tomar medidas contra los hechos de corrupción, separando de sus cargos a los parlamentarios e iniciando una investigación, con la contradictoria remoción del embajador Calderón, quien fue el denunciante, dando pie a esas investigaciones en suelo colombiano.

Repercutirá también en el ya inminente 5 de enero. Lo que ese día acontezca no estará exento del escrutinio público, más ahora cuando el país espera una indispensable reformulación que ataje el desastre. De no ser así, y regodearnos con lo que se logró en un año, que por cierto se ha venido a menos, le estaríamos concediendo ad infinitum nuestro futuro a este régimen. Vale recordar el dicho de que los gobiernos no se miden por lo que han hecho sino por lo que han dejado de hacer.

«Les dije que si me querían fuera, tenían que destituirme» – El Nacional – 3 de Diciembre 2019

“Yo no era manipulable, era un obstáculo para ciertas cosas, tenía mi propio criterio y forma de pensar”, afirmó el ex embajador

Berti
Foto archivo | Detalló que siempre se dedicó a sus deberes.

En una entrevista con el periodista Sergio Novelli, el ex embajador de Venezuela en Colombia, Humberto Calderón Berti, afirmó que se le pidió la renuncia a través de Julio Borges, comisionado presidencial para las Relaciones Exteriores.

Durante sus declaraciones comentó: «Me pareció extraño porque yo no cometí ninguna falta. Les dije que si me querían fuera, tenían que destituirme». Dijo que estos días se ha demostrado que hay personas que dicen defender a los venezolanos, pero que no tienen las condiciones. 

Aclaró que durante su gestión en Colombia siempre se concentró en las acciones humanitarias. «La idea de darles la nacionalidad colombiana a 24.000 niños partió de mí; no tenían ni nacionalidad venezolana», añadió.

TIAR

Con respecto al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, expresó su confianza en que Colombia, que dirige la secretaría del acuerdo, lo llevará con éxito.

Asimismo, indicó que el presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, debería depurar la Asamblea Nacional, con el propósito de resolver los problemas internos. «Me pregunto: ¿si yo no hubiese dicho lo que dije la semana pasada, eso se sabe?», expresó. 

Oposición desentonada por Eddie A. Ramírez – Noticiero Digital – 3 de Diciembre 2019

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El totalitarismo Siglo XXI se ha logrado imponer por las armas y la corrupción, pero la oposición tiene una alícuota de responsabilidad por no alinearse en momentos requeridos. Hemos sido constantes defensores de la unidad y del liderazgo político, con sus más y sus menos. Sin embargo, aunque no somos dueño de la verdad, a veces es conveniente expresar algunos desacuerdos con la esperanza de que se produzcan rectificaciones, si es que son necesarias, o al menos que se aplique una dosis de prudencia a la hora de tomar decisiones.
El desentono de la oposición, con algunas interrupciones que nos dieron esperanzas, no es nuevo. Tomemos como ejemplos un suceso del cual ayer se cumplieron diecisiete años, como fue el paro cívico, y la reciente destitución de Humberto Calderón Berti como embajador en Colombia.
El paro petrolero iniciado el 4-5 de abril del 2002 desencadenó un paro cívico al sumarse días después la CTV y Fedecámaras, con el desenlace de la renuncia de Chávez y su posterior regreso, consecuencia de errores de los protagonistas y también a la falta de sintonía de políticos de oposición. El paro cívico que arrancó tal día como ayer, hace diecisiete años, fue consecuencia del incumplimiento de la promesa de Hugo Chávez de rectificar su política económica y de no volver a violar la Constitución, ni perseguir a sus oponentes, lo cual ofreció cuando pidió perdón el 14 de abril de ese año.. Este paro fue convocado por la CTV, Fedecámaras y la Coordinadora Democrática en la que estaban representados todos los partidos de oposición. Al mismo se sumaron los petroleros por decisión individual, sin ser convocados por las organizaciones Gente del Petróleo y Unapetrol, creadas en junio de ese año.
Gradualmente, la mayor parte del liderazgo político marcó distancia y tildaron el paro de petrolero. Lo que muchos olvidan o quieren olvidar es que ese paro cívico obligó al gobierno a firmar un acuerdo que contemplaba designar árbitro electoral confiable, desarme de la población civil, compromiso con la libertad de expresión, adhesión a la Carta Democrática Interamericana, no utilizar cuerpos de seguridad para reprimir arbitrariamente y en forma desproporcionada. Este Acuerdo fue suscrito por representantes del gobierno y de la oposición, por el Secretario General de la OEA, Centro Carter y PNUD. Desde luego el gobierno no cumplió y una oposición no sincronizada no protestó con firmeza, ni acudió a las instancias internacionales firmantes para reclamar el incumplimiento.
Diecisiete años después, cuando el régimen está en su momento más débil y cuando contamos con un joven valioso que ha despertado muchas esperanzas, nos cayó un balde de agua fría con la destitución torpe de Humberto Calderón Berti, quien era nuestro embajador en Colombia, designado por la Asamblea Nacional y por el presidente (e) Juan Guaidó. En su carta en respuesta a su destitución, Calderón Berti destaca que el presidente (e) Guaidó y su equipo se distanciaron de él desde que la auditoría ordenada detectó “manejo impropio de unos recursos”, por lo cual acatando las leyes colombianas, Calderón la pasó a la Fiscalía General de ese país.
Así mismo, Calderón señaló que la injerencia de la Asamblea Nacional y particularmente de dirigentes políticos en el manejo gerencial de la empresa Monómeros Colombo Venezolanos es inconveniente e impropia y ha sido una pésima señal. En su carta Calderón reconoce que en programa de televisión hizo una referencia “somera” al diálogo en Oslo, del cual “dudó sobre sus posibilidades y resultados reales”, punto sobre el cual se puede o no estar de acuerdo, pero que no correspondía juzgar a un embajador y que solo requería de un llamado de atención y no su destitución. Su señalamiento posterior de responsabilizar a Leopoldo López por los fracasos de la oposición, sea o no cierto, no venía al caso.
A raíz de estas declaraciones que Calderón tenía que dar para informar de su actuación y alertar al país sobre conductas inapropiadas, le han llovido aplausos, críticas y hasta calumnias. El presidente (e) Guaidó, a quien siempre hemos apoyado, cometió un grave error al destituir al embajador, quien venía cumpliendo una excelente gestión. ¿Fue una pifia del presidente (e)? ¿Tomó esa decisión presionado por otros actores políticos? En todo caso él es el responsable, pero seguimos confiando en su coincidencia con el sentir generalizado de rechazo a la corrupción y al clientelismo político. Los partidos políticos deben rectificar y tocar al mismo son. Se lo deben a los ciudadanos asesinados, torturados, encarcelados y exiliados. Unámonos alrededor de los principios y valores necesarios para construir una nueva Venezuela. El régimen es quien no investiga a sus corruptos, salvo cuando tienen luchas internas de poder.
Como había) en botica: Primero Justicia, Voluntad Popular y Un Nuevo Tiempo enviaron una buena señal al separar e investigar a varios diputados señalados de corrupción gracias a Armando.info. El distinguido venezolano e incansable luchador Gustavo Coronel propone crear un Plan de Educación Ciudadana, es decir una fábrica de ciudadanos activos que prediquen y practiquen los principios y valores de la democracia ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!


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Para Calderón Berti y para quien lo despidió por Elías Pino Iturrieta – El Nacional – 1 de Diciembre 2019

Elías-Pino-Iturre-150x150.jpgLa gélida carta del presidente Guaidó para Humberto Calderón Berti presagiaba una terrible desilusión. No lo necesitamos porque vamos a cambiar la política exterior, decía el breve documento que le remitió, sin extenderse en pormenores ni asomar la cortesía de un saludo efusivo para quien había apechugado con el trabajo lleno de espinas que significó la representación de Venezuela en Colombia en horas de trifulca. Como no despedía a un cualquiera, debió tomarse la molestia de una explicación capaz de cubrir las formalidades de una decisión de envergadura, no solo para el destinatario sino también para los ciudadanos que la leeríamos con asombro y para las figuras del gobierno vecino que tal vez no esperaban una patada tan olímpica.

Calderón Berti representa un fragmento del pasado que merece prolongación, el testimonio de que no todo se hizo mal en el lapso de la democracia representativa, de que hay hombres y hechos dignos de continuidad pese a la feroz campaña del chavismo contra lo que sucedió antes de su advenimiento. Profesional destacado, funcionario cumplidor de sus obligaciones, hombre público cuya carrera no fue ensombrecida por las manchas de la corrupción – a menos que se las fabriquen ahora- , defensor del régimen democrático en tiempos de aprieto, puede considerarse como un testimonio de la excelencia cada vez más esquiva que pudimos compartir los venezolanos antes de la llegada de la barbarie. Su incorporación al elenco de jóvenes que ahora orientan las lides políticas alentaba la posibilidad de un nexo de las cualidades del pasado próximo con las promesas todavía verdes de la actualidad, esperanza que languidece después de ver cómo el muchacho supuestamente flamante se deshace del funcionario supuestamente viejo con la deleznable excusa de que va a cambiar la política exterior.

Como no hay evidencias de la mudanza que el presidente encargado quiere hacer frente al concierto internacional, pues algo de ellas hubieran adelantado sus voceros y el responsable del área, parece pretexto trivial para el grosero adiós. Huero y lampiño subterfugio, además, pues justamente tal vez sean los avances en el trato con el resto de las naciones el único trofeo que pueda él levantar sin posibilidad de rebatimiento. De lo cual se deduce la existencia de motivos inconfesables en la explicación del puntapié, de complicidades de camarillas, rivalidades que trabajan en la oscuridad, pleitos de enanos, poderes tras el trono o bajo la alfombra, capaces de determinar las decisiones de quien debe tomarlas con ecuanimidad si pretende que la sociedad se encamine hacia destinos superiores. Por desdicha, la maroma del día no abre las puertas de un camino dorado para la república, sino sendero franco para el continuismo de la usurpación.

Mucho de la conducta de la usurpación se refleja en la infeliz peripecia. ¿No están circulado rumores que acusan a Calderón Berti de deslealtad y hasta de un insólito golpismo de dos motores contra Nicolás y contra Juan, o para anunciar que ya el encargado encontró a su substituto en los bajos fondos? Como tales comentarios provienen de sectores tóxicos de la oposición, es evidente el contagio con los perniciosos hábitos del oficialismo que se han adherido con pega loca a la sensibilidad de quienes supuestamente nos van a sacar de abajo. Para exhibirlos no encontraron mejor escenario que Colombia, uno de los apoyos vitales para la restauración de nuestra democracia, ni víctima más propicia que un hombre decente.

El entorno, jovencito, el entorno, dijo mi amigo Calderón Berti cuando mi alumno Guaidó le dio con la puerta en las narices.

Un error imperdonable por Asdrúbal Aguiar – El Nacional – 2 de Diciembre 2019

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Sacudirle a Venezuela la cultura caudillista, la del capataz político, costó mucho a la democracia, entre 1959 y 1999. Deja, sin embargo, resabios, en las cúpulas del partidismo, tanto que resucita al apenas iniciarse el siglo XXI, pero con una desviación perversa.

El general Juan Vicente Gómez, andino y acotado, cuya impronta como déspota de un gobierno de letrados marca la primera mitad de nuestro pasado siglo, hecha los dientes mirando a las montañas. Mira hacia el cielo y sabe de límites, como el permanecer en el poder hasta que Dios mande. Pero respeta, por ende, los sacramentos, las formas de urbanidad, las reglas que curan contra el caos social y aseguran la amistad civil.

No se muda de Caracas a Maracay sin antes asegurarse que se ha reformado, para ello, la Constitución. Y al concluir cada mandato no permanece siquiera un minuto más en el ejercicio del poder. Lo traslada al presidente de la Corte Federal o al del Consejo de Gobierno, mientras sale por una puerta e ingresa por la otra para juramentarse.

Ese andamiaje de ataduras o acotamientos ha saltado por los aires. Su disolución actual ocurre a la luz del día, más por la jactancia de ensoberbecidos que por deberes de transparencia; pues hasta se forjan fraudes a la legalidad o se falsifican documentos a conveniencia, como el de la muerte de Hugo Chávez o los que expide como baratijas la inefable sala inconstitucional.

El poder se ejerce a trompicones, en abierta colusión con la ilegalidad y la indecencia. Modela conductas y mentes bajo clara inspiración cubana, a lo largo de las últimas dos décadas. Aplana, incluso, la sobriedad característica de nuestra tradición caudillista.

¿A cuenta de qué viene esta perorata?

Leo recién la carta de despido de nuestro embajador en Colombia, Humberto Calderón Berti, hombre de Estado y reconocida trayectoria. En el pasado maneja con probidad y experticia al país petrolero que somos, y hasta preside la OPEP. Su adversario político, Carlos Andrés Pérez, incluso le nombra canciller de la República para atenuar la crisis democrática que se lo engulle.

La remoción de un diplomático es normal en el oficio, si se sabe hacer y con tacto. Ninguna relación hace con los cambios rutinarios de la burocracia. Me deja estupefacto, así, la razón que se alega en el caso de Calderón: el cambio de la política exterior por el encargado presidencial. Obvia, el redactor de tan insólita carta, que tal política es de Estado y no de gobierno, es de base constitucional y esencia permanentes. Es inmodificable, salvo en sus énfasis, exceptuándose al régimen usurpador de Nicolás Maduro.

Mal cabe el argumento obsecuente que algún parlamentario avanza, para decir que en democracia no hay empleos públicos por derecho, como lo pretendiera Evo Morales en Bolivia. ¡Y es que obvia el mal ejemplo de sus pares, atornillados como propietarios de partidos – piezas de museo – desde hace dos décadas y algo más, en algunos casos! Son los resabios a los que aludo, matizados por la ruptura corriente de los cánones para la convivencia sana y el respeto ajeno.

Lo ocurrido con Calderón es muy serio, salvo para los narcisistas digitales. Se ha comprometido a la nación y al prestigio del mismo gobierno parlamentario de Juan Guaidó. Trastorna los esfuerzos para la solución de la tragedia que lleva a cuestas Venezuela. No se midieron las incidencias sobre el gobierno ante el cual estaba acreditado, Colombia, que al paso sufre de manera gravosa al clan narco-criminal que tiene como vecino.

Cuando se decide nombrar a un embajador, no se olvide esto, antes de hacerlo el gobierno que le acredita consulta al gobierno de destino, al que le envía los antecedentes del candidato. Ha de ser aceptado por éste y de allí que se le dé o no el plácet. Su remoción concita, inevitablemente, iguales efectos bilaterales que han de cuidarse.

Pero vuelvo al principio, al desenfado en los modos que, si bien es propio de la fluidez dentro del llamado ecosistema imperante, no puede llegar a tanto como lanzar sobre la ruleta los asuntos vitales del Estado; sobre todo si se admite que el cese de la usurpación planteada en Venezuela ha de implicar un cambio de mentalidad, no una simple modificación de políticas públicas o de titularidades de cargos que se asignan a discreción de un conciliábulo clientelar.

En mi larga proximidad al espinoso mundo de la diplomacia, durante cuatro décadas de enseñanza y varios años de servicio exterior e internacional, dos aprendizajes me acompañaron. Los dejo a beneficio de inventario. No son consejos, pues no los doy a quien no me los pide.

El país perdió y vio achatado su territorio, o sufre de agresiones por potencias extranjeras, más por los desplantes y la falta de sensatez de algunos de nuestros gobernantes, sobre todo de los parlamentarios, que por obra de nuestras debilidades nacionales.

Desde cuando puse mi primer pie en la Casa Amarilla – era un estudiante menor de edad – y fui al encuentro del canciller de Venezuela, Ignacio Iribarren Borges, firmante del Acuerdo de Ginebra que destruyen los errores a mansalva del chavismo, entendí el compás del ambiente y de sus procederes casi vaticanos. Tanto que, en 1979, el presidente Luis Herrera, metafóricamente me los explica cuando ejerzo como vicecanciller provisional de otro gran veterano, José Alberto Zambrano Velazco: “La política exterior, querido Asdrúbal, no da votos, los quita todos cuando se yerra o se la hace depender de los enconos”.

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